Selecta
Selecta
estudio introductorio
1
Por suerte o por desgracia, esto puede cambiar en un futuro próximo con la construcción de estaciones lunares. O
tempora!
2
Ecuaciones de Cauchy–Riemann, integral de Riemann, lema de Riemann–Lebesgue, superficies de Riemann, teorema
de Riemann–Roch, geometría riemanniana, curvatura de Riemann, función zeta de Riemann, conjetura de Riemann. Por la
frecuencia de aparición de su nombre, seguramente Riemann sólo es comparable a Cauchy.
Los escritos de Riemann están llenos de mensajes crípticos para el futuro. … El espíritu de Riemann moverá a las
generaciones futuras como nos ha movido a nosotros.
Hoy, el nombre de nuestro autor es especialmente notable por estar ligado a lo que muchos
consideran como el principal problema abierto en matemática pura, la célebre &RQMHWXUD GH
5LHPDQQ sobre la distribución de los números primos. Estamos hablando, pues, de uno de los
mayores matemáticos de todos los tiempos, comparable a personalidades de la talla de
Arquímedes, Leibniz, Newton, Euler, Gauss, Hilbert o Poincaré.
Pero lo más notable del caso es que Riemann no constituye sólo un hito en el desarrollo de la
matemática, sino que también por otras razones merece un puesto en la historia del pensamiento
humano, como pensador de primer orden que fue. El matemático e historiador Freudenthal ha
escrito que, si hubiera vivido más tiempo, Riemann habría sido conocido como uno de los
grandes filósofos del siglo XIX. Su obra combinó de una manera verdaderamente genial e
intrigante problemas y planteamientos surgidos de la matemática pura, de la física y de la
filosofía. En el campo de la filosofía se vio influido por el anti-idealista Herbart, en el de la
física por Wilhelm Weber y por Gauss; de todos ellos tendremos ocasión de hablar en estas
páginas. La combinación de física, filosofía y matemática es evidente en la famosa conferencia
inaugural 6REUH ODV KLSyWHVLV HQ TXH VH IXQGD OD JHRPHWUtD, primero de los textos que
traducimos, y un verdadero jalón en la historia del pensamiento científico.
En realidad, no sólo esa, sino todas sus contribuciones revelan, con mayor o menor claridad,
la imbricación de aquellas tres fuentes del conocimiento. Como muestra de lo que venimos
diciendo, valga el siguiente texto, que debió escribir hacia 1852/53:
3
Dedekind, ‘Riemann’s Lebenslauf’ [1876], 542. Este artículo es la principal fuente para la biografía de Riemann, junto
con el de E. Schering, ‘Zum Gedächtniss an B. Riemann’ [1866]. Aparte de diversos artículos
firmados
por
E.
Neuenschwander, el más importante trabajo reciente sobre el tema es el libro de D. Laugwitz,
!
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"(*)+
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'3'045 (! (2
-6)
(Basel, Birkhäuser, 1999).
matemático, sólo he podido averiguar una anécdota (un H[XQJXHOHRQHP). Riemann, siendo un muchacho
de 11 a 12 años, está hablando con sus compañeros sobre los regalos que harán a sus padres por Navidad;
como han aprendido a trabajar el cartón [¿], quieren dar pruebas de la habilidad adquirida. Uno preparará
esto, el otro aquello. Yo, dice Riemann, he ideado un calendario perpetuo. Se ríen de él, pero lleva a cabo
su obra para asombro no sólo de sus pequeños amigos, sino de adultos más capaces de juzgar. Según me
dicen, no se trataba de una imitación mecánica, sino de un trabajo surgido de reflexiones propias. Mi
informante es uno de aquellos pequeños amigos, el hoy asesor gubernamental Busse.
Su capacidad de comprensión en temas matemáticos se me hizo manifiesta inmediatamente; con
Riemann bastaba la insinuación de una ley matemática, para verla llevada a una forma clara y fija, junto
con todas sus consecuencias y en el grado máximo de generalidad. Por razones pedagógicas o
psicológicas, sólo le ocupé con la matemática elemental, para que no tomase la forma por lo esencial, al
verse introducido demasiado pronto en asuntos trascendentes; mas quizá en su caso este tipo de
prevención no hubiera sido necesaria. Leyó todo lo que poseo sobre cuestiones euclideas, desde los
comentarios de Joannes Hernagius y del jesuita Clavius hasta Pfleiderer y Camerer y Hauber; lo que
poseía de la literatura sobre Arquímedes, Apolonio de Perga, etc., todo esto lo leyó, y tras leerlo se había
convertido en su segura propiedad. La $ULWKPHWLFDXQLYHUVDOLV de Newton y la *HRPHWUtD de Descartes no
le interesaron menos; aunque noté que Riemann, si no he errado en mis observaciones, mostraba menor
interés por la llamada geometría de cálculo. (El método mecánico no le decía mucho.) Lo que era
distintivo suyo, un don casi increíble de intuición, de fantasía constructiva, y a la vez de generalización
abstractiva, esto era lo que le atraía en los estudios. Poco después de pasar a Prima, había estudiado con
sus propios medios todo lo que contiene la colección Meyer–Hirsch, y sólo indicó una ley, ya no sé cuál,
4
que no le había resultado clara. En las primeras horas en que aprendió trigonometría plana, resolvió por sí
mismo, sin ayuda, todos los problemas trigonométricos (de manera sistemática).
Nunca perdió una hora de matemáticas, a no ser que estuviera enfermo; pero naturalmente no le pedía
que se limitara a seguir a sus compañeros, él que podía volar por delante de todos ellos; antes bien, me
preocupé de ofrecerle en cada clase algo adecuado para sus fuerzas, y siempre iba más allá de la frontera
que yo consideraba como su límite, así como el mío, trayendo con regularidad una plétora de resultados
que yo no había esperado en tal medida. Nunca fue dispensado de las lecciones de matemáticas. En el
primer año que estuvo en Prima (si no me equivoco, era Pentecostés) me pidió alguna lectura matemática,
“y si no fuera muy fácil, añadió con su tono de modestia, ¡me agradaría mucho!” Le indiqué mi estantería.
Volvió con la teoría de números de Legendre. Intente ver, le respondí, lo que es capaz de entender. Esto
era un viernes por la tarde. El jueves siguiente trajo de nuevo el libro. ¿Hasta dónde ha llegado? “Es un
libro maravilloso; ¡me lo sé de memoria!” — En el examen final, momento hasta el cual no había vuelto a
tener esa obra ante sus ojos, demostró que le era IDPLOLDU todo aquello que yo había preparado como
examinador, no sin dificultades, a fin de plantearle problemas apropiados siguiendo a Legendre; como si
se hubiera preparado especialmente para este tema de examen. — La teoría de números le atraía
especialmente.
Yo había acordado con mi librero que, en tanto fuera posible, me mostrara todas las obras
matemáticas que se publicaran en Alemania. Sucedía entonces con frecuencia que él conocía lo nuevo,
cosa característica y en su caso comprensible. No es preciso que mencione especialmente que conoció y
trabajó cosas como la *HRPHWUtD de Legendre y una enorme cantidad de problemas geométricos de mi
biblioteca. Sólo en el último año, dado que no entregaba a tiempo composiciones en latín y alemán, y
viéndome comprometido yo como director y a él mismo como mi favorito, hube de cumplir, para mi
propio dolor, la amenaza de no preocuparme durante un tiempo bastante largo de sus estudios
matemáticos. En el comité examinador que debía votar la _ de Riemann, puede declarar con motivo,
cuando hube de expresar mi juicio acerca de sus resultados en matemáticas, que tenía muchísimo más
que agradecerle a Riemann, que él a mí. En el último año, como trabajo secundario y entre otras cosas,
inventó por sí mismo toda la esférica, en cierto modo; pues casualmente no conocía en absoluto las obras
de Pohl y Schultze, etc., y al igual que el primero había partido de transferir la geometría plana, en tanto
fuera posible, al círculo. Lamento profundamente el no ser capaz de recordar nada de la sensatez y
simplicidad de sus demostraciones y desarrollos formales. Ya entonces era todo un matemático, que con
sus capacidades hacía que el maestro se sintiera indigente. — Sus abstracciones sobre las 5
dimensiones
espaciales no corresponden a los tiempos de escolar, sino al primer año como universitario.
Habiéndolo conocido en persona, sabe usted bien lo difícil que le resultaba desarrollar sus
pensamientos en una exposición oral fluida. A ello se añadía el que ninguna expresión le parecía
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9(9 8BKH8L#MIF
Se trata de una 7
4
, editada en Berlín (8ª edn.
1853).
5
En esos primeros años de carrera, Riemann leyó las obras de Euler, al tiempo que dedicaba sus esfuerzos a los tratados
'N%-
9(9
de Gauss (Dedekind, [1876], 543).
suficiente si no abarcaba todo lo que él quería significar, y que sentía un temor extraordinario de
considerar correcta una exposición que no fuera de una precisión irreprochable, como una fórmula
general que abarca todos los casos particulares. Por ello escribía, tanto en alemán como en latín, con
grandes sufrimientos lógicos y con constantes impedimentos, rechazando lo que acababa de encontrar tras
pensarlo rigurosamente, etc. Así, le resultaba muy difícil redactar. Nunca escribió mal, pero tampoco
nunca con rapidez ni facilidad. Poseía suficientes conocimientos gramaticales y lingüísticos para la
comprensión de los clásicos; al traducir le faltaba una mayor fluidez y soltura, pero en los fragmentos
difíciles era igual de los más inteligentes, y no dejaba nada sin comprender, justamente por ser difícil. En
su tiempo me contaron en Lüneburg que sus compañeros, cuando no habían sido capaces de comprender
un paso en Sófocles, Tucídides o Platón, recurrían a él pidiéndole consejo; pero uno de sus compañeros,
que está aquí y al que he preguntado acerca de este punto, no puede confirmarlo. — Yo por mi parte
siempre he considerado una gran suerte el haber tenido un alumno como Riemann, y aun hoy sigo
estando, y estaré toda mi vida, agradecido a él por los muchos estímulos que me ha dado, y por la alegría
que he sentido con su maravilloso talento y su desarrollo.
Riemann tenía pues grandes dificultades con la redacción, hasta el punto de que surgieron
dudas de si estaba en condiciones de finalizar sus estudios. Otro profesor, que lo alojó en su
casa, tuvo que encargarse personalmente de que entregara a tiempo las composiciones escritas,
y cuenta que siempre se quedaba atascado, a veces por dudas acerca de lo escrito, a veces por
nuevos pensamientos que le venían y que — en su opinión— era necesario insertar, o que
incluso motivaban cambios en la disposición original del escrito. Así que el buen profesor tenía
que acompañarle hasta entrada la noche y, tras haberse hecho contar el desarrollo que tendría el
escrito, acababa H[LJLpQGROH que acabara la composición de una manera más o menos
improvisada, y sin atender a la resistencia que oponía. La puntillosidad extrema y el rigor lógico
de Riemann, así como los aspectos oscuros de su personalidad, hacen que uno piense en figuras
del tipo de Kurt Gödel.
Como es natural en el hijo de un clérigo, Bernhard recibió una esmerada educación religiosa,
y, a su manera, permaneció fiel a ella toda su vida. Consideró siempre “ el auto-examen diario
ante la mirada de Dios” como un acto religioso fundamental, aunque abandonó la ortodoxia
6
familiar. También aquí, por lo que parece, se aplica lo de su independencia de pensamiento y
carencia de prejuicios, como puede verse en los fragmentos filosóficos ‘Sobre psicología y
almas’ . Siendo ya 3ULYDWGR]HQW, le contó a uno de sus antiguos profesores que estaba trabajando
en una obra filosófica en la que, partiendo de alguna base matemática (y, con toda probabilidad,
física) llegaba a demostrar la corrección de la historia bíblica de la creación y de otras doctrinas
fundamentales del cristianismo. Un eco de estas ideas se encuentra todavía en los escritos
filosóficos que el lector encontrará traducidos aquí.
El carácter y la personalidad de Riemann merecen mención especial, y aquí hay que decir
que nuestra perspectiva sobre el tema se enriqueció sustancialmente hace un par de décadas, con
7
la publicación de ciertas cartas de Dedekind. Su otro biógrafo contemporáneo, Schering,
6 'N%-
9(9
Dedekind [1876], 558.
%-
9(9
O
7
[1866], 369.
consideraba especialmente representativa la descripción que le dio un antiguo profesor de
Riemann, quien lo elogiaba como hombre taciturno, modesto y carente de pretensiones.
También decía aquel profesor –aunque Schering lo silenció– que Bernhard era muy retraído en
el trato con las damas; seguramente no es casualidad que se casara con la amiga de una de sus
hermanas. Pero las cartas que hoy conocemos van más allá de las descripciones un tanto
estereotipadas que se hacían en escritos de ocasión como los de Dedekind y Schering. En el
verano de 1857, Riemann trabajó muy intensamente para completar la redacción de la ‘Teoría
de las funciones abelianas’ , y a consecuencia de ello sufrió un auténtico colapso. Dedekind
arregló las cosas para que fuera a su casa, en las montañas del Harz, y pudiera recuperarse física
y psicológicamente. En las cartas que escribió a su familia con tal motivo, para aclararles la
Riemann …, de quien tanto os he contado, es ahora mismo muy infeliz; ha pasado todo el verano, hasta hace poco, en
Bremen, para preparar allí la publicación de ciertos trabajos verdaderamente notables; pero su vida solitaria y ciertos
problemas físicos le han vuelto hipocondríaco y desconfiado en grado sumo frente a los otros y frente a sí mismo, por
más que externamente parezca muy amigable. … Hay que hacer todo lo posible para arrancar a un hombre tan
excelente y científicamente tan importante como Riemann de su estado actual, realmente infeliz; pero no debe
percibir dicho objetivo con claridad; siempre ha sido difícil hacerle un favor, y sólo es posible conseguir que acepte
alguna amabilidad cuando consigue uno convencerle de que lo hace tanto en interés propio como en el suyo; odia
causar molestias a otras personas. Aquí [en Gotinga] ha hecho las cosas más increíbles, simplemente por razones
como creer que nadie le puede soportar, etc. Así que no necesito pediros otra vez que os preocupéis por él muy
seriamente.
8
Acerca de este y otros datos sobre la vida y circunstancias de Riemann, remitimos al lector a la tabla cronológica que
encontrará en la sección 8.
cambio a raíz de las nuevas ideas representadas por la Ilustración y la Revolución francesa. La
invasión napoleónica catalizó procesos de reforma en los estados alemanes, donde se optó por
renovar en profundidad las tradicionales universidades. Fue así como la apolillada y gremial
institución universitaria comenzó una revitalización, que justamente estaba en marcha en el
momento de nacer Riemann. El proceso afectó de modo desigual a distintas Universidades, y a
las distintas especialidades en cada una de ellas, de modo que no se completó hasta pasado
1850.
Así, no debe extrañarnos que Gauss fuera un profesor al viejo estilo, nada interesado en
enseñar matemáticas, porque ello significaba aburrirse explicando las ideas más elementales del
álgebra y los rudimentos del cálculo. De hecho, estaba acostumbrado a no discutir sus ideas
matemáticas, seguramente porque en sus años jóvenes no había nadie disponible que pudiera
seguirlas. De la figura de Carl F. Gauss, cuya sombra se proyecta sobre todos los trabajos
abordados por Riemann, apenas será necesario recordar algunos datos. El genial y precoz
matemático se reveló como una gran estrella a los 24 años, en 1801, con la publicación del
primer gran tratado de teoría de números, 'LVTXLVLWLRQHVDULWKPHWLFDH, y con el cálculo de la
9
trayectoria del asteroide Ceres sobre la base de sólo tres observaciones previas. Contribuyó
ideas originales a múltiples campos de la matemática y la ciencia: teoría de funciones, álgebra,
geometría no euclidea y geometría diferencial, teoría de números, astronomía, geodesia,
magnetismo, etc. No descuidó tampoco el cultivo de la experimentación de precisión, como en
sus trabajos con Weber sobre el magnetismo terrestre, a los que no sólo aportó nuevas ideas
teóricas y métodos matemáticos (la teoría del potencial), sino también importantísimos
refinamientos instrumentales. Ahora bien, el SULQFHSVPDWKHPDWLFRUXP nunca fue profesor de
matemática, sino catedrático de astronomía y encargado del Observatorio; de vez en cuando
impartía cursos sobre el método de mínimos cuadrados o sobre geodesia, pero esto era todo.
Por la misma época en que Riemann comenzó sus estudios, las cosas tenían un aspecto bien
distinto en la enseñanza impartida en la capital de Prusia. La Universidad de Berlín estaba
magníficamente dotada, contando con varios catedráticos en cada especialidad, lo que entonces
era un verdadero lujo. A fines de los años 1840 enseñaban allí Dirichlet y Jacobi, además de
Steiner y otros profesores; esto quiere decir que, salvo Gauss, los mejores matemáticos
alemanes se encontraban en Berlín. Además, Dirichlet y Jacobi fueron claros representantes de
las nuevas tendencias de la Universidad reformada: no enseñaban temas elementales, sino que
sus clases trataban asuntos relacionados con investigaciones en curso; ofrecían además
10
seminarios de investigación para estudiantes avanzados. Los estudiantes alemanes tenían la
costumbre de moverse de una Universidad a otra, y las noticias sobre la oferta en cada una de
ellas circulaban con facilidad. Todo esto nos ayuda a comprender por qué se mudó Riemann.
En Berlín, Bernhard asistió a las clases de Dirichlet sobre integrales definidas, ecuaciones
diferenciales y teoría de números, a las de Jacobi sobre álgebra y mecánica analítica, y a las del
3ULYDWGR]HQW Eisenstein sobre funciones elípticas. (Hasta donde sabemos, no escuchó los cursos
del famoso geómetra sintético Steiner.) El impulsivo y romántico Jacobi, aficionado a la
filología y la historia, gozaba de una enorme fama como matemático, habiendo destacado en
todos los campos de la disciplina, pero especialmente en análisis durante su competición con
10
Hay una traducción al español editada por la Academia de Ciencias de Colombia.
Jacobi creó, junto con Franz Neumann, el Seminario físico-matemático de Königsberg (Prusia), primer gran seminario
dedicado a las ciencias exactas. Conviene recordar que la institución del seminario fue inaugurada por filólogos e
historiadores hacia 1800, y que los científicos imitaron esa práctica.
Abel en torno al tema, entonces muy en boga, de las funciones elípticas (véase § 6.2). Dirichlet
era un gran maestro en cuestiones de análisis y de teoría de números; uniendo ambos campos,
inauguró el estudio de la teoría analítica de números (§ 6.3).
científicos de la ciudad y le permitió entrar en contacto, sobre todo, con el grupo de Fourier,
11
Legendre, que actuó como recensor del artículo, pudo emplear los resultados de Dirichlet para demostrar la Conjetura
de Fermat (a veces llamada “ último teorema” ) para el exponente 5.
entonces “ secretario perpetuo” de la Academia. Asimismo, condujo a que estableciera contacto
con Alexander von Humboldt, quien promovió la carrera de Dirichlet en Prusia.
Instalado en Berlín desde finales de los años 1820, Dirichlet se encargó de dar clases en la
Academia militar y en la Universidad, hasta que en 1855, a la muerte de Gauss, aceptó una
cátedra de matemática en Gotinga. En 1829, Dirichlet publicó un artículo clave en la historia del
análisis, demostrando con pleno rigor que las series de Fourier son aptas para representar una
clase bastante amplia de funciones reales (§ 6.1). Con esto se convertía en el principal
continuador de la obra de Fourier y Cauchy en terreno alemán, y a la edad de 27 años era ya
miembro de la Academia de Ciencias berlinesa. En general, Dirichlet fue una figura clave en la
transmisión de la tradición francesa del análisis y la física matemática a los países germánicos, y
en impulsar nuevos estándares de demostración. Su brillante carrera continuó con diversos
trabajos, entre los que destacan los dedicados a teoría de números: formas cuadráticas, enteros
algebraicos, números primos en progresiones aritméticas, etc. Dirichlet fue el primero en dar
clases sobre teoría de números en universidades alemanas, y también, según se ha dicho, el
primero en comprender y divulgar algunas de las ideas más complicadas de la gran obra de
juventud de Gauss, las 'LVTXLVLWLRQHVDULWKPHWLFDH.
Un último aspecto que conviene resaltar tiene que ver con características metodológicas de
los escritos y las clases de Dirichlet. Ante todo, está el tema del rigor; Jacobi llegó a decir:
Sólo él, no yo, ni Cauchy, ni Gauss, sabe lo que es una demostración plenamente rigurosa; nosotros sólo lo
aprendemos de él. Si Gauss dice que ha demostrado algo, lo considero muy verosímil, si lo dice Cauchy, se puede
apostar tanto a favor como en contra, si lo dice Dirichlet, es seguro; yo prefiero no entrar en esas sutilezas. …
D[irichlet] ha preferido dedicarse fundamentalmente a temas que ofrecen las mayores dificultades; por eso sus
trabajos no se han situado en el camino principal de la ciencia, y, aun habiendo recibido mucho reconocimiento, no
han tenido todo el que se merecen.
En acuerdo con esto, el reticente Gauss escribió a Humboldt que los trabajos de Dirichlet “ son
joyas, y las joyas no se pesan con balanza de tendero” . Otro aspecto metodológico muy
importante es que esas ‘joyas’ inician el camino hacia la matemática abstracta, un camino en el
que su discípulo Riemann representará un punto de inflexión. En su elogio de Jacobi, Dirichlet
decía que la tendencia más moderna en el análisis era la de VXVWLWXLU ORV FiOFXORV SRU
SHQVDPLHQWRV, y en esto radica justamente el aspecto contemporáneo de su estilo matemático.
Como escribió Minkowski, “ poseía el arte de doblegar los problemas con un mínimo de
cálculos ciegos y un máximo de pensamientos penetrantes” . Este arte, que Dirichlet desarrollaba
de una manera clásica y serena, fue llevado por Riemann, como veremos, a una dimensión
superior, radicalmente moderna y abstracta.
Pero volvamos a la estancia de Bernhard Riemann en Berlín. Ésta ofreció también intensas
experiencias personales, ya que Riemann vivió allí los turbulentos sucesos de la Revolución de
Marzo de 1848, durante la cual colaboró en la guardia del Palacio Real como miembro del
cuerpo estudiantil, con la misión de proteger al Rey. Ello le ha asegurado fama de conservador,
probablemente merecida. Su situación contrasta con la de Jacobi, que se ganó una buena
cantidad de dificultades por su apoyo a la fracasada revolución. Desde luego, Riemann no se
distinguió por actividades de carácter político, y hay motivos para decir que el único campo en
el que se movió con verdadera libertad fue el del pensamiento.
A la vuelta a Gotinga, en 1849, Bernhard se encontró con un cambio significativo, que afectó
profundamente al desarrollo de su obra. Wilhelm Weber, profesor de física, había vuelto a ser
12
admitido en la Universidad, de la que le habían alejado problemas políticos en 1837. Las clases
de Weber sobre física experimental ofrecían la combinación entre enseñanza e investigación que
se convirtió en la divisa de los profesores alemanes. Además, en 1850 fundó un Seminario
Físico-Matemático junto con otros tres profesores; el Seminario se destinaba a formar futuros
profesores de bachillerato, y en la práctica se convirtió en un foro para temas avanzados y
trabajos de laboratorio. Riemann entró en dicho Seminario en 1850, realizando prácticas de
laboratorio, y estableció un estrecho contacto con Weber, de quien se convirtió en ayudante
entre 1853 y 1854. Así pues, la figura de Weber nos ofrece una clave para los intereses físicos
de Riemann, y conviene detenerse un poco en ella.
Tras una formación más bien autodidacta en física, y una serie de trabajos experimentales
sobre ondas y sobre acústica, Weber entró en contacto con personajes de renombre y se
convirtió, en 1831, en colaborador de Gauss. Juntos trabajaron en el Observatorio del
magnetismo terrestre fundado en Gotinga, que fue el centro de una importante colaboración
internacional auspiciada por Humboldt. Subproducto del trabajo de aquellos años fue el famoso
telégrafo que Gauss y Weber instalaron sobre los tejados de la ciudad, para comunicar el
Observatorio magnético y el astronómico. Más tarde, Weber se centró en investigaciones sobre
electromagnetismo: introdujo nuevos estándares de precisión en la experimentación eléctrica,
creó instrumentos nuevos, introdujo unidades absolutas; y, no contento con ello, realizó una
importante contribución teórica unificando electrostática, electrodinámica e inducción. La teoría
de Weber, basada en fuerzas de acción a distancia, ha quedado olvidada, como suele pasar con
las sendas abandonadas en la historia de la ciencia, pero fue un hito importante en el camino
13
hacia la moderna teoría electromagnética. Es interesante ver cómo describe Dedekind los
cursos de Weber:
12
Fue uno de los “ siete de Gotinga” , profesores expulsados por mantener su fidelidad a la constitución de Hannover,
rehusando hacer el nuevo juramento de fidelidad al Rey, con )Q-
9el(9'$)5
que
-
se
(2R 4sellaba
-/'$) una restauración monárquica.
Pueden encontrarse referencias al respecto en los P
13
)'
)I89/-I(@' $#T!UI(2
- ) de Maxwell, editados por J. M. Sánchez Ron en
esta misma colección, y también en H. Herz, S (ed. M. García Doncel, Barcelona, UAB).
me causó la más profunda impresión el gran curso impartido por Weber, a lo largo de dos semestres, sobre física
experimental; la separación rigurosa entre los hechos descubiertos gracias a las experiencias más simples, y las
hipótesis ligadas a ellos por el entendimiento humano, ofrecía un modelo inigualable de la verdadera investigación
científica, como no lo había conocido yo nunca hasta entonces; especialmente, la construcción de la teoría eléctrica
tenía un efecto enormemente fascinante, que naturalmente se transformaba entre los oyentes en una reverente
14
admiración del magnífico aunque modesto profesor.
)CWM(X
9Y
![Z\ (! (2
"]. ^
! I(*)Q-!`_a
b/c)
9(d(9
Carta citada en W. Lorey, V V
14
(Leipzig, Teubner, 1916), 82.
15 'N%-
9(9
Dedekind [1876], 547–50.
A continuación reproduzco la famosa descripción que hizo Dedekind de las circunstancias en
16
que se desarrolló la habilitación. Conviene resaltar que Dedekind tenía también un contacto
estrecho con Weber, de modo que su relato puede considerarse de primera mano:
Riemann complicó de un modo esencial la preparación de su lección sobre las hipótesis de la geometría, debido a su
esfuerzo por resultar tan fácil de comprender como fuera posible a todos, incluyendo los miembros de la Facultad no
versados en matemáticas; con ello, empero, el tratado se convirtió en una admirable obra maestra también en lo
tocante a exposición, pues, sin comunicar la investigación analítica, indica con tanta precisión el camino seguido por
la misma, que es posible rehacerla completamente siguiendo dichas prescripciones. Contra la costumbre habitual,
Gauss no había elegido el primero de los tres temas propuestos, sino el tercero, ya que estaba deseando escuchar
cómo un hombre tan joven podría tratar un tema tan difícil; la lección, que superó todas sus expectativas, le dejó
completamente asombrado, y a la vuelta de la sesión de Facultad le habló a Wilhelm Weber de la profundidad de los
pensamientos expuestos por Riemann con el mayor reconocimiento y con una excitación rara en él.
Como escribió Riemann a su hermano, los dos primeros temas que Riemann había propuesto
17
estaban ya listos, pero al tener que preparar el tercero Bernhard se vio de nuevo “ en apuros” .
Tras acabar la tesis sobre series trigonométricas, se había enfrascado tanto en sus
investigaciones sobre la interrelación entre las leyes básicas de la física, que no fue capaz de
abandonar el tema para dedicarse a la lección de geometría. Aún le dio tiempo a escribir su
artículo inédito sobre la carga residual en botellas de Leyden, antes de redactar la famosa
conferencia, lo que le llevó unas 5 semanas. Es notable que el tratamiento riemanniano de la
geometría está cargado de implicaciones físicas, y de hecho viene orientado por cuestiones
acerca de cómo reconcebir las leyes físicas. Los dos temas que obsesionaban a Riemann, a
comienzos de 1854, se ligaron de manera inextricable en sus reflexiones. Esto explica, en cierta
medida, la gran repercusión que tuvo su lección inaugural sobre el desarrollo posterior de la
física teórica.
Con la habilitación, Riemann obtenía al fin la YHQLDOHJHQGL, aunque sin recibir a cambio de
sus clases más que el importe de la matrícula pagada por los pocos alumnos que asistían a ellas.
La publicación, en 1857, de ‘Teoría de las funciones abelianas’ le lanzó a la fama y condujo a su
nombramiento como profesor extraordinario, lo que por fin le aseguraba un pequeño salario
(tenía ya 31 años). Finalmente, en 1859 se convirtió en el sucesor de Gauss y Dirichlet,
reemplazando al segundo en la cátedra tras su muerte. Las universidades alemanas no tenían
especial tendencia a la endogamia, antes al contrario, pero en el proceso de selección se
consideró desde el principio a Riemann como candidato prioritario, lo que da idea del
reconocimiento y la fama que había logrado alcanzar. En opinión de los responsables, sólo dos
figuras en Alemania podían considerarse comparables a él: Kummer, el inventor de los
%-
9(9
O % a-
9(9 [1876], 549.
16
O
17
[1876], 547. Esos dos primeros problemas eran: 1) la historia de la cuestión de la representabilidad de una
función mediante una serie trigonométrica, y 2) la resolución de dos ecuaciones de segundo grado con dos cantidades
!-(d$#M
indeterminadas (Riemann, e , 112).
‘números ideales’ , de 49 años, y el famoso analista Weierstrass, de 44; el segundo era, como
escribió Weber, “ un meteoro que apareció hace 5 o 6 años, totalmente inesperado, en el
18
horizonte de la ciencia superior” . Con Gauss, Dirichlet y Riemann, Gotinga se convirtió —
según escribió a su muerte el mismo Weber— en “ la plantación de la orientación más
19
profundamente filosófica en la investigación matemática” .
2. Riemann filósofo.
Aquella filosofía que nos ocupa no se encuentra en absoluto IXHUD de los restantes
saberes, sino que se forma FRQ y HQ ellos, como una parte inseparable de ellos; tiene con
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"
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P. Dugac V
18
(Paris, Vrin, 1976), 180 y 182. Pese a la opinión de Weber y
'N%!-
9(9
otros, Weierstrass no fue invitado a ocupar la plaza ya que se opuso el correspondiente asesor gubernamental ( , 168).
Así que Riemann fue nombrado directamente, aun temiendo que esto causaría problemas con otros colegas suyos de igual
rango que todavía esperaban un nombramiento (o incluso de mayor edad, como Moritz Stern, un buen matemático a quien
su origen
19
judío
'N%dificultó
-
9(9 su carrera).
Dugac, Fh , 166.
%E
989'$)Q'N%E
L)Q-!6)iWM(X
9 WjdA(X82
-!lkA]I
Herbart, g
20
[1807], en (Aalen, Scientia, 1964), vol.1, 230. Texto
transcrito por el propio Riemann.
En 1853 encontramos a Riemann consultando obras de Fries y de Herbart, que tienen en común
el ser filósofos no idealistas, cercanos a la ciencia del momento; evidentemente, la obra del
kantiano Fries le interesó menos que la de Herbart, cuyos escritos adquirió la costumbre de
21
consultar todos los años. Ya hemos citado, al comienzo mismo, un texto donde Riemann registra
su deuda para con Herbart. Otro fragmento manuscrito de Riemann, rescatado ya por los
editores de sus obras completas, es explícito al respecto:
El autor es herbartiano en epistemología y psicología (Metodología y Eidología), aunque en general no puede asumir
la filosofía natural de Herbart ni las disciplinas metafísicas ligadas a ella (Ontología y Sinecología).
Datos tomados del m+n>o6p9qr"st@qQuvrLo6w9qt [Registro de préstamos] de la biblioteca universitaria de Göttingen. A partir de
21
1853 extrae las obras de Herbart todos los años, junto con las de otros autores herbartianos, entre los que puede destacarse a
Moritz Wilhelm Drobisch, matemático de Leipzig y autor de obras de lógica y psicología.
E. Scholz, ‘Herbart’ s Influence on B. Riemann’ , xyrLo6w9ztr"{G|\{ws!q}{w2r~{3 (1982), 413–40.
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Uno de los casos más famosos es el de Oersted, descubridor del efecto electromagnético producido por una corriente
eléctrica sobre una aguja imantada (1821).
filosofía alemana del momento, tuvo a gala definirse siempre como UHDOLVWD. Su rechazo de Fichte
supuso una vuelta a Kant, que va a ser un estímulo constante para él, si bien de una manera
esencialmente crítica. Herbart fue quien ocupó, en 1809, la cátedra de Königsberg que Kant había
dejado vacante a su muerte; en 1833 se trasladó a Gotinga, donde profesó hasta su muerte en 1841.
Ahora bien, este autor negó radicalmente la existencia de cualquier fuente de conocimiento D
SULRUL, y por tanto la concepción kantiana de las categorías del entendimiento y de las formas de la
intuición. A propósito de las categorías, decía:
la PXOWLWXG de errores cometidos acerca de las sustancias y las fuerzas demuestra fácticamente que ORV
FRUUHVSRQGLHQWHVFRQFHSWRVQRHVWiQILMRV\GHWHUPLQDGRVHQHOHVStULWXKXPDQRTXHQRVRQHQDEVROXWRFDWHJRUtDVR
FRQFHSWRVLQQDWRVVLQRSURGXFWRVPXGDEOHVGHXQDUHIOH[LyQHVWLPXODGDSRUODH[SHULHQFLD\DOWHUDGDSRUWRGRWLSR
GHRSLQLRQHV.
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Sobre las famosas formas del espacio y el tiempo, escribió palabras tan duras como las siguientes:
añadir un par de recipientes vacíos infinitos en los que los sentidos deben verter sus sensaciones, sin ninguna razón de
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la configuración y ordenación, fue una hipótesis completamente superficial, carente de contenido e inapropiada.
En línea con su realismo y anti-apriorismo, Herbart trató de encontrar una nueva e interesante teoría
del conocimiento: quizá por vez primera en un filósofo, aparece una orientación coherente con el
enfoque experimental e hipotético-deductivo de las ciencias naturales, en consonancia con la
metodología que empezaba a consolidarse en la conciencia de los científicos.
De hecho, las ideas epistemológicas de Herbart se desarrollaron bajo la influencia de un buen
conocimiento de la ciencia del momento, que le marcó profundamente. Al comienzo de su carrera,
época en la que expresa puntos de vista más convincentes para Riemann, realizó un estudio
detallado del cálculo infinitesimal y la mecánica. En su obra más importante y original, de la que
hemos tomado las citas anteriores: 'LH 3V\FKRORJLH DOV :LVVHQVFKDIW QHX JHJUQGHW DXI
(UIDKUXQJ 0HWDSK\VLN XQG 0DWKHPDWLN [1825, 1826],
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Herbart elaboró una psicología
matemática según el modelo de la física newtoniana: una ‘mecánica del alma’ dividida en
‘estática’ y ‘dinámica’ . Dicho trabajo se considera como un precedente inmediato e influyente
de la psicología científica, y los motivos que sugiere resultan, por lo demás, bastante kantianos.
Conviene decir que Herbart también es recordado especialmente en historia de la educación,
siendo considerado por muchos como el padre de la pedagogía.
Por otro lado, las propuestas filosóficas de Herbart parecen deber muchas sugerencias de
contenido a Leibniz, lo que me parece importante ya que de esta manera se convirtió en un puente
Para Herbart, todo conocimiento se origina en la H[SHULHQFLD, y no hay ninguna fuente de saber
DSULRUL; pero su posición no es empirista. La experiencia no ofrece sólo datos sensoriales brutos,
sino también una multiplicidad de UHODFLRQHV entre los elementos sensoriales, relaciones que son tan
objetivas y dadas como las simples sensaciones. Así, puede decirse que en la experiencia se nos
ofrece tanto una materia como unas formas, y éstas no tienen nada de subjetivo; he aquí uno de los
motivos profundos de la citada crítica a la teoría kantiana de las formas espacial y temporal.
Todavía más lejos del empirismo está la idea de que poseemos una capacidad específica de
UHIOH[LyQ, que es fundamental y se encamina a proponer conceptos adecuados de la realidad. Donde
Herbart dice “ reflexión” [Nachdenken] podría ponerse también “ meditación” , o incluso teorización:
literalmente, es un pensamiento que viene “ tras” [nach] la experiencia, que elabora sobre ella, la
reorganiza y la interpreta. El fruto de la reflexión son conceptos que van más allá de lo dado, de
26
{+or~/z!p9z>uv"{;~/z}Dz~rq!~r"{$n{{;qJp{;qcqtrq!~r"{?p{}DqIw{Lor~{\p{}{w9q}w2r~{ , en Herbart, j}AwXp2r~s!q;
AqtIq
(Aalen, Scientia, 1964), vols.5 y 6.
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En esto se aleja de Leibniz, cuyas mónadas no interactúan, “ no tienen ventanas” , sino que desarrollan su actividad de
acuerdo con un principio interno, y sólo se despliegan en coordinación debido a la armonía preestablecida [Leibniz 1714, §
7]. La diferencia entre ambos autores tiene justamente el efecto de evitar el racionalismo leibniziano.
modo que el entendimiento humano tiene un papel claramente activo y creativo en el conocimiento.
Esto, sin implicar apriorismo, nos sitúa lejos del empirismo. Puede decirse que experiencia y
reflexión equivalen a los dos aspectos fundamentales de la metodología hipotético-deductiva.
La reflexión es puesta en marcha por las contradicciones de la experiencia, y es que, en opinión
de Herbart, la experiencia tal como se nos aparece está cargada de contradicciones; el esfuerzo de
reflexión tiende a eliminarlas, ya que la realidad no puede ser contradictoria. Una cosa con sus
propiedades resulta algo contradictorio, porque la cosa no es más que la suma de las propiedades,
pero la cosa es unidad mientras las propiedades son múltiples. La noción del yo es todavía más
paradójica: la unidad de la conciencia se da en la multiplicidad de las representaciones, pero el
efecto se potencia por el hecho de que entre éstas está la representación del yo (representación de
un representar que remite a otras representaciones, y así hasta el infinito). Muchas otras nociones,
como las de espacio, tiempo, causalidad y cambio, dan lugar a múltiples contradicciones y aporías,
exigiendo un tratamiento propiamente filosófico o, como dice Herbart, metafísico.
Herbart había mostrado satisfactoriamente — según Riemann— que las nociones más básicas
de nuestro conocimiento del mundo, empezando por la propia idea de REMHWR con existencia
autónoma, no son sino conceptos a los que nos vemos llevados naturalmente al reflexionar sobre
las contradicciones de la experiencia:
Herbart ha suministrado la prueba de que también DTXHOORV conceptos que sirven a la concepción del mundo, y cuya
formación no podemos seguir ni en la historia ni en nuestro propio desarrollo, ya que nos son transmitidos
inadvertidamente con el lenguaje, todos ellos, en la medida en que son algo más que puras formas de conexión de las
representaciones sensoriales simples, pueden ser deducidos de esa fuente; y por tanto no requieren ser deducidos de
una constitución especial del alma humana, anterior a toda experiencia (como las categorías según Kant).
El matemático intentó mostrar que lo mismo sucede con nociones capitales como la de causalidad,
o la de continuidad. Pero continuemos con Herbart, con lo que él llama PHWDItVLFD, una verdadera
ciencia a cuyas partes Herbart da nombres bastantes pintorescos: Metodología, Ontología,
Sinecología y Eidología; estos nombres son los que usó Riemann para especificar dónde se
adhería al filósofo, y dónde no.
La 0HWRGRORJtD enseña cómo se deben modificar los conceptos tomados de la experiencia para
reducir las dificultades. Entre los principios de la Metodología está el de “ integración de los
conceptos” : ante el problema de poner un elemento que no puede simplemente ser puesto, ni
tampoco suprimido, aquél ha de ponerse en forma de multiplicidad o variedad [Mannigfaltigkeit].
Esto es, cuando hayas de añadir un elemento que entra en contradicción con los anteriores, divide y
vencerás. En esta línea, la identidad con contradicción de dos cosas se supera considerando que
cada una está compuesta de elementos más simples. Dicho camino, que Herbart considera
inevitable, conduce en su opinión a los elementos últimos de la realidad: la multiplicidad de “ los
reales” [Realen], que son la especie de mónadas de su 2QWRORJtD. Estos entes no deben
identificarse con átomos materiales, sino en todo caso deben pensarse como átomos metafísicos:
al igual que las mónadas de Leibniz, son inmateriales y esencialmente activos. En todo caso, las
contradicciones aparentes se resuelven en UHODFLRQHVHQWUHVHUHVVLPSOHV.
Ahora bien, Riemann indicó con claridad que repudiaba las ideas ontológicas de Herbart, y
en efecto no se encuentra en sus fragmentos filosóficos ninguna referencia a los “ reales” ni a las
mónadas. En uno de los fragmentos titulados ‘Sobre epistemología’ apunta de hecho una crítica
central a la ontología de Herbart, al decir que si un agente tiende a su autopreservación,
entonces no puede ser un ente, sino un estado o una relación. Un ente, como tal, no admite
variaciones de grado, no admite alteraciones frente a las cuáles pudiera reaccionar
preservándose; para que sean posibles desviaciones, se debe tratar de un estado o de una
relación. Pero si esto es correcto, entonces el carácter sustantivo de los “ reales” de Herbart
queda contradicho por los atributos centrales que el mismo autor les asigna. En todo caso, como
veremos más adelante, quedan residuos leibnizianos y herbartianos en las especulaciones de
Riemann acerca de psicología y acerca de la Naturaleza física. Riemann mantuvo la noción de
ciertos “ agentes” que tienden a su autopreservación, que están detrás de los fenómenos de
causalidad, y que además entiende como estados. Estados de alguna cosa, claro, pero en la
pregunta metafísica capital de cuál sea este (o estos) ente(s), cuyos estados son los “ agentes” ,
sus fragmentos filosóficos no dan respuesta.
Volviendo a Herbart, la llamada 6LQHFRORJtD es, ni más ni menos, una teoría del continuo,
que tenía por objeto aclarar y justificar las nociones que involucran la idea de continuidad: espacio,
tiempo, número y materia. En opinión de Herbart, el concepto de continuidad exige un tratamiento
metafísico porque es contradictorio: la continuidad supone la existencia de partes infinitesimales
unidas y separadas a la vez. A este respecto, hay que recordar las confusas discusiones sobre la
“ metafísica del cálculo” , que eran habituales a principios del siglo XIX, y a las que todavía
contribuye Gauss con ideas muy interesantes (y quizá un tanto herbartianas, véase § 6.2). Vale
la pena apuntar también que la noción de continuidad es central para la especulación filosófica
leibniziana, y que el propio Kant había puesto de manifiesto las dificultades y contradicciones
28
relacionadas con los conceptos de espacio, tiempo y materia. No es casualidad que Riemann
elaborara su propia lista de ‘Antinomias’ , donde figura de nuevo la contraposición entre
continuo y discreto.
Herbart consideraba que los conceptos que involucran la idea de continuidad han de entenderse
en el contexto de una teoría general sobre la construcción de ‘formas seriales continuas’
[continuierliche Reihenformen], de la que da una explicación que puede llamarse psicológica.
Como puede deducirse del texto citado más arriba, Riemann rechazó los detalles de la teoría
herbartiana de la continuidad. Sin embargo, parece que recogió algunas características muy
generales del enfoque herbartiano, lo que está en consonancia con la opinión de varios autores,
29
según los cuales la Sinecología de Herbart habría influido en sus teorías geométricas. Volveremos
a este tema más adelante.
Finalmente, llegamos a la (LGRORJtD, base metafísica de las teorías psicológicas de Herbart, que
incluye una elaborada teoría del yo. El concepto del yo no es en absoluto simple, sino uno de los
conceptos más ricos y, en apariencia, contradictorios de todo el conocimiento humano; esto basta,
en su opinión, para hacer ridícula la pretensión de Fichte de tomarlo como punto de partida
absoluto para la metafísica. Por otro lado, los “ reales” de Herbart son interactivos, actúan unos
sobre otros modificando su estado y dando lugar a reacciones de autopreservación; estas
reacciones de autopreservación son precisamente el origen de sus percepciones o
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representaciones; y es que, al igual que las mónadas, los reales son esencialmente perceptivos o
representativos. La psicología toma de la metafísica la idea de que el alma es un real: un ente
rigurosamente simple, que inicialmente no tiene representaciones, pero cuyas autopreservaciones
frente a las múltiples perturbaciones causadas por otros entes producen actos representacionales. El
alma en su cualidad simple nos es desconocida, ya que no puede ser ni sujeto ni objeto de la
conciencia; sólo en relación con todas sus representaciones, es el alma sujeto de la conciencia,
unidad indivisa pero sumamente activa. Con esto resulta claro que no hay nada de contradictorio en
la multitud de representaciones que tiene el yo.
Herbart afirma que, cuando diversas representaciones se presentan a un tiempo, necesariamente
entran en relaciones. Si sólo se presentase una, permanecería ilimitadamente, ya que cada una
tiende a perpetuarse (una especie de ley de inercia); al presentarse varias, entran en lucha y en un
complicado juego de relaciones. La psicología de Herbart estudia estas relaciones entre las
representaciones, cómo se oponen entre sí o se “ complican” unas con otras, cómo incluso pueden
“ fundirse” entre sí. Presta atención cuidadosa a las circunstancias de esas interrelaciones y a la
posibilidad de registrarlas por medio de leyes matemáticas, no en vano Herbart (como Kant)
concedía gran importancia a la elaboración matemática de las hipótesis científicas. Es a partir de
aquí, y no en la fundamentación ontológica, donde Riemann se adhiere a sus tesis. Según Herbart,
las representaciones más intensas pueden hacer desaparecer a otras bajo el umbral de la conciencia,
aunque esto no las elimina, sino que pueden resurgir (sobre todo si viene a la conciencia alguna otra
28
‘La antinomia de la razón pura’ [Kant 1787, 432-595], especialmente [454-489].
Por ejemplo, Russell, mq6oo{6zws!q>z!n{w2rzoz0JuMq/z}DqIwt0 (1897, reimpreso en New York: Dover, 1956), y
29
Aquella filosofía que nos ocupa no se encuentra en absoluto IXHUD de los restantes saberes, sino que se forma FRQ y HQ
ellos, como una parte inseparable de ellos; tiene con ellos una relación totalmente LQPDQHQWH.
la característica de nuestra ciencia [filosofía] es que toma los FRQFHSWRV como sus REMHWRV. Por el contrario, las
restantes disciplinas están absortas en la concepción de aquello que o bien está dado, o pudiera estarlo. Incluso la
matemática (pues del saber histórico no es necesario hablar), tal como se ha venido tratando, imagina sus fórmulas
abstractas siempre como fórmulas de casos posibles, y con gusto simboliza sus funciones mediante el
comportamiento de curvas, que sólo el espacio hace posible, a fin de volver con medios más ricos para dominarlas. A
este respecto formal — y solo a este respecto— puede ser separada de la filosofía. Tratada filosóficamente se con-
vierte ella misma en una parte de la filosofía que, para sus propias necesidades, debería crear una teoría de
magnitudes si no existiera ya alguna. [Herbart 1807, 275]
En este texto se apoya Scholz para defender que uno de los efectos que Herbart tuvo sobre
Riemann fue precisamente impulsarle a algo así como un tratamiento ‘filosófico’ de la matemática,
32
estimulando su enfoque conceptual y abstracto del tema. Herbart recomendaba que toda disciplina
madura se edificara lógicamente en torno a un concepto básico y central; Riemann se dedicó, en
efecto, a la búsqueda de conceptos básicos como por ejemplo el de variedad en función de los
cuales fuera posible reestructurar y reorganizar su disciplina.
Idea que sin embargo había sido planteada con toda claridad por Leibniz en su |\z{zpzu¡¢{ [1714], § 6, etc..
31
Ciertamente debemos tomar las relaciones causales de la experiencia; pero no debemos renunciar por ello a corregir y
complementar nuestra concepción de estos hechos de experiencia mediante la reflexión.
Por tanto, todos los conceptos que empleamos han surgido de la experiencia y la reflexión, sin
que haya ninguna idea innata, ningún elemento DSULRUL. En particular, ni el espacio ni el tiempo
son anteriores a lo dado, ni tampoco las “ categorías” (conceptos del entendimiento) kantianas.
Dicho de otro modo, los sistemas teóricos de la ciencia contienen siempre KLSyWHVLV,
entendiendo esta palabra no en el sentido newtoniano (el célebre “ Hypotheses non fingo” que
33
En este texto, ‘Sobre los métodos a emplear en la fisiología de los órganos sensoriales más finos’ , encontrará el lector
ulteriores precisiones sobre el método hipotético-deductivo, críticas a las consideraciones teleológicas y analógicas que eran
frecuentes entonces y a las que no había sido ajeno el propio Riemann en su juventud (véase § 2.3 y 2.4), y una interesante
elaboración de los clásicos métodos de {p2rLorLo y o"w9q6orLo .
Riemann cita), sino en el sentido moderno. Hipótesis es “ todo lo que el pensamiento añade a los
fenómenos” o, en términos herbartianos, lo que no viene inmediatamente dado en la
experiencia, sino que es añadido por la reflexión. Como se ve, el enfoque metodológico
preferido por Riemann es KLSRWpWLFRGHGXFWLYR, coherentemente con las enseñanzas de Herbart y
también de Weber. Juzgamos la corrección de una teoría considerando lo que la misma predice
como necesario o al menos como probable; estas predicciones son comparadas con lo
observado, y a menudo sucede algún fenómeno que contradice las predicciones o que al menos
resulta improbable a la luz de la teoría. Todos los cambios teóricos en la historia de la ciencia,
dice Riemann, son un resultado de este tipo de inadecuaciones, que motivan la búsqueda de una
nueva teoría más correcta.
Una peculiaridad del planteamiento riemanniano, muy propia de su tiempo, es que la mejora
o el refinamiento de los sistemas conceptuales se guía siempre por un SULQFLSLRGHHFRQRPtD, un
principio del PtQLPR. Intentamos siempre que la nueva teoría se mantenga tan próxima como
sea posible de la anterior, introduciendo el menor número de cambios posible, con el menor
alcance. No debe extrañarnos que Riemann no sea un popperiano, no sólo en el aspecto recién
mencionado, sino también en la idea implícita de que las sucesivas correcciones teóricas
34
progresan hacia un sistema conceptual que podrá llamarse verdadero de pleno derecho. La
diferencia –en todo caso no tan grande– entre Riemann y Popper nos da un claro indicio del
enorme impacto que en nuestra imagen del conocimiento han tenido las grandes revoluciones
conceptuales de la física a comienzos del siglo XX. Y es que cambios como los que han llevado
al concepto de espacio-tiempo, a una alteración de doctrinas básicas acerca de la mecánica y la
gravitación, o a abandonar las clásicas ideas de determinismo y causalidad al nivel cuántico, no
encajan demasiado bien con un planteamiento tan gradualista como el esbozado por Riemann.
De todos modos, al considerar (§ 3 y 5) las propuestas de este autor en física veremos que
seguramente fue el pensador decimonónico más abierto al tipo de innovaciones que luego se
impondrían.
Buena parte de los fragmentos sobre epistemología de Riemann se dedica a analizar el origen
de dos conceptos verdaderamente fundamentales de la ciencia de su tiempo: continuidad y
causalidad. Hemos citado ya la crítica de Riemann a la idea de Kant, de postular el esquema
causa–efecto como una “ categoría” o concepto del entendimiento. La doctrina kantiana de las
categorías garantiza, ciertamente, que dichos conceptos tienen aplicación QHFHVDULD en nuestro
conocimiento empírico, pero lo hace a un precio muy elevado, ya que QDGD nos dicen de cómo
son las cosas en sí mismas. Las categorías sólo son objetivas en el sentido débil de
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34
Popper enfatiza el carácter puramente del conocimiento científico hasta un punto que otros filósofos
consideran exagerado.
intersubjetivas: se imponen necesariamente a todo sujeto con una constitución como la nuestra,
pero no hay ninguna garantía de que sean válidas con respecto a las cosas en sí mismas. Por el
contrario, la doctrina de Riemann y Herbart pretende garantizar una REMHWLYLGDG mucho mayor:
hay una conexión directa entre los datos, formas y relaciones que nos vienen dadas en la
experiencia, y los conceptos que empleamos.
Herbart habría demostrado que el concepto de “ cosa con existencia autónoma” (es decir, de
ente u objeto permanente) surge por reflexión sobre lo dado, sobre la notable regularidad y
constancia en nuestras percepciones. Según Riemann, esto tiene la mayor importancia:
Esta prueba de su origen en la concepción de lo dado a través de la observación sensorial es importante para nosotros,
SRUTXHVyORDWUDYpVGHHOODSXHGHVHUFRQVWDWDGDVXVLJQLILFDFLyQGHXQDPDQHUDVXILFLHQWHSDUDODFLHQFLDQDWXUDO
Siguiendo esa misma línea, Riemann se propone mostrar cómo “ los conceptos básicos de la
matemática y la física” surgen también por refinamiento y mejora gradual de las ideas más
simples que dan cuenta de lo dado. Es interesante advertir que esos conceptos básicos son
(aparte del de objeto autónomo) los de variación continua y causalidad. Sin duda, Riemann está
sugiriendo que el concepto de FRQWLQXLGDG es la base del conocimiento matemático, y el de
FDXVDOLGDG la base de la teoría física. La matemática se estaría viendo más bien en relación con
geometría, topología y análisis, que como una simple ciencia de los números; y la concepción
riemanniana de la física sería típicamente “ clásica” , previa a la gran revolución cuántica del
siglo XX (como no podía ser menos).
¿Cómo surgen esos conceptos básicos? Una vez adoptado el concepto de objeto, chocamos
con la experiencia del cambio, pues éste contradice la idea de existencia autónoma. Buscando
mantener la idea de objeto inalterada en lo posible, nuestra reflexión nos lleva a entender los
cambios como variaciones continuas. Pero el objeto habría permanecido inmutable si no hubiera
sobrevenido alguna otra cosa, y aquí se encuentra el origen de la idea de causa. No entraremos
en detalles acerca de los demás comentarios que Riemann hace en torno a la causalidad, aunque
hay que llamar la atención del lector sobre el hecho de que se piensa en las causas como ligadas
siempre a algún agente. Esto parece una reminiscencia de la concepción leibniziana de las
mónadas, o la herbartiana de los “ reales” , aunque –según hemos visto– Riemann rechaza esta
última. En realidad, Riemann deja cautamente en el misterio cuáles puedan ser los componentes
últimos del mundo, los elementos sustantivos más simples cuyas relaciones despliegan todos los
fenómenos encontrados en la superficie de las apariencias.
Como en otros casos, por ejemplo el del mismo Popper, la metodología hipotético-deductiva
de Riemann se apoya en la noción de YHUGDG. Esta es entendida en la clásica versión de
correspondencia con los hechos que ya planteara Aristóteles:
I. ¿Cuándo es verdadera nuestra concepción del mundo?
“ Cuando la conexión entre nuestras representaciones se corresponde con la conexión entre las cosas.” …
II. ¿De qué modo se debe establecer la conexión entre las cosas?
“ A partir de las conexiones entre las apariencias.”
Pero incluso a este nivel Riemann consigue introducir reflexiones innovadoras que no han
dejado de tener sus correspondencias en el siglo XX. Concretamente, en vena herbartiana, el
matemático indica que la correspondencia interesante no se da entre elementos simples de
nuestros sistemas conceptuales y elementos simples de la realidad, sino entre las respectivas
UHODFLRQHV. Las relaciones entre los elementos de nuestra representación del mundo deben
reflejar fielmente las relaciones entre las cosas. Las explicaciones de Riemann a este respecto
recuerdan enormemente la famosa “ teoría figurativa” del pensamiento y el lenguaje propuesta
por Wittgenstein al comienzo de su 7UDFWDWXV. Las similitudes incluyen la terminología muy
riemanniana (véase § 6.2) de ‘Bild’ y ‘Abbildung’ , y las reflexiones acerca del grado de
“ finura” de la representación (dicho sea de paso, esta última palabra ofrece una buena
traducción castellana de ‘Bild’ , y no sólo de ‘Vorstellung’ ). Sería muy interesante saber si
Wittgenstein, además de estar influido por el físico Hertz, leyó también con cuidado las obras de
Riemann.
La reflexión sobre la noción de verdad, y sobre el papel que tienen las relaciones o
conexiones entre las apariencias como criterio clave de verdad, conduce a Riemann a intentar
una justificación del papel privilegiado que tienen las relaciones FXDQWLWDWLYDV en la ciencia. Con
Demócrito y los pensadores del XVII, comenzando por Galileo, Riemann traza la distinción
entre cualidades sensoriales –color, timbre y tono, olor, sabor– y relaciones cuantitativas (lo que
en el XVII se llamaba ‘cualidades primarias’ ). Las primeras no existen como tales fuera de
nosotros, aunque sí existen correlatos de las diferencias de intensidad o de cualidad, y de las
relaciones cuantitativas. De ahí que las relaciones cuantitativas tengan una relevancia especial
como fundamento último de los criterios que aplicamos para juzgar la verdad de las teorías:
De la reflexión sobre la conexión observada entre estas relaciones cuantitativas debe resultar el conocimiento de la
conexión entre las cosas.
Queda claro que el papel de la matemática en la ciencia es, según Riemann, esencial.
Lo que llevamos dicho de las teorías de Riemann acerca del conocimiento humano podría
dar la imagen de una concepción hondamente optimista, que se imaginaría un desarrollo gradual
de la ciencia hacia la plena verdad. Esta idea queda inmediatamente corregida cuando se
considera su fragmento titulado ‘Antinomias’ , que pasamos a comentar. Para empezar, es
sumamente llamativo que Riemann haya escrito este texto, cuyo referente no puede ser otro que
las famosas contradicciones o “ conflictos dialécticos” de la razón pura que Kant planteó y
analizó a lo largo de 100 páginas de su &UtWLFDGHODUD]yQSXUD. Dice mucho de su confianza y
35
su atrevimiento como pensador que Riemann tuviera el ánimo de enmendar la plana a una de las
secciones más uniformemente admiradas y respetadas de la magna obra kantiana.
Una DQWLQRPLD no es otra cosa que una antítesis inevitable, un par de proposiciones
contradictorias tales que cada una de ellas es deducible a partir de principios de la razón. Así
pues, Riemann piensa que en los conceptos que empleamos para enfrentarnos a la experiencia
(tanto la del mundo externo como la de nuestros fenómenos internos, mentales) subyacen
antítesis y contraposiciones inevitables. Por eso decíamos que el fragmento en cuestión muestra
que su concepción no es absolutamente optimista. Ahora bien, el detalle de estas antinomias no
coincide con las planteadas por Kant, como tampoco coinciden ambos autores en su manera de
entender las relaciones entre tesis y antítesis de cada antinomia. Tan significativas como la
similitud externa en el trabajo de ambos, son las desviaciones que introduce Riemann frente al
filósofo de Königsberg.
La primera antinomia de Kant tiene que ver con las nociones de espacio y tiempo: a la tesis
de que el mundo tiene un límite espacial y un inicio temporal, se contrapone la antítesis de que
el mundo es LQILQLWR en los dos sentidos. La contraposición entre finitud e infinitud aparece en la
tabla riemanniana, pero no como una antinomia particular, sino en el encabezamiento mismo:
todas las tesis de Riemann tendrían que ver con lo finito, y todas las antítesis con lo infinito (en
la práctica, en algún caso es difícil entender en qué consiste esa relación, como sucede sobre
todo con la antítesis de II, y quizá con la de IV). El encabezamiento de la tabla de Riemann, y
sus comentarios acerca de la relación general entre tesis y antítesis, resultan especialmente
interesantes como fuente para conocer algunas de sus opiniones sobre los fundamentos de la
matemática. Ya hemos dicho que las tesis designan siempre algo “ finito, representable” ,
mientras las antítesis presentan algo “ infinito, sistemas conceptuales que se sitúan en las
fronteras de lo representable” . Más concretamente,
Los sistemas conceptuales de la antítesis son precisamente conceptos determinados mediante predicados negativos,
pero no son representables positivamente.
Esto es algo que la tradición teológica había dicho siempre del concepto de Dios como ser
absoluto y providente; pero Riemann está diciendo que tampoco podemos representarnos de
modo positivo los conceptos, centrales en matemática, del infinito y del continuo (ni, por lo
demás, las ideas del alma y de la determinación voluntaria del futuro).
35
Concretamente, en el capítulo II del Libro I, Segunda Parte, División Segunda; la referencia que acabamos de dar es
significativa del estilo exageradamente sistematizante de Kant, que se refleja tantas veces en los contenidos de su filosofía.
A diferencia de lo que sucede en Kant, tesis y antítesis de cada antinomia riemanniana
guardan entre sí una relación interna, casi diríamos que orgánica. El modelo de esta relación
viene dado por el método de OtPLWHV que se emplea para fundamentar el análisis infinitesimal, y
que Riemann asocia, no ya con Cauchy o con d’ Alembert, sino con el mismo Newton. Aunque
los conceptos de la antítesis no son representables como tales, están bien determinados, y para
cada uno de ellos es posible construir un sistema conceptual finito que, “ por pura variación de
las relaciones de magnitud” , nos da en el límite el sistema de la antítesis. Esto establece la
aceptabilidad de los conceptos manejados en la antítesis, pero no elimina la antinomia: el
mundo puede ser, o bien discreto, o continuo; o bien Dios es intemporal, u obra en el tiempo; y
así en los demás casos. Si ahora nos preguntamos si Riemann se decanta por alguna de las
alternativas, en mi opinión la situación es la contraria: las antinomias se presentan con toda
seriedad, y Riemann se nos aparece (como veremos, y con todos los respetos) como el asno de
Buridán.
No podemos entrar en los detalles de las antinomias, porque una discusión pormenorizada
nos llevaría demasiado lejos, pero conviene al menos citarlas y cotejarlas con las de Kant. La
primera antinomia de Riemann es la contraposición entre la tesis de que espacio y tiempo son
discretos, y la antítesis de que ambos son continuos. Esto podría corresponderse, en cierto
36
modo, con la segunda antinomia de Kant, aunque los matices diferenciales son importantes.
Pero lo más interesante es que esa primera antinomia de Riemann tiene un reflejo directo en la
famosa lección sobre geometría: en ella se mantiene hasta el final la duda acerca de si la
realidad subyacente a nuestras representaciones espaciales es discreta o continua (§ 5).
En una lectura superficial, la segunda antinomia de Riemann se asemeja a la tercera de Kant
(ambas tiene que ver con el concepto de libertad), y la tercera de Riemann a la cuarta de Kant
(las dos se refieren al concepto de Dios). Pero cuando las analizamos con atención vemos que la
correspondencia no se mantiene: el famoso filósofo entiende por libertad la facultad de iniciar
un estado en sentido absoluto, mientras Riemann aclara que por libertad entiende, no el
concepto kantiano, sino el más aristotélico poder de decidir entre dos o más posibilidades dadas.
Esto le parece una idea perfectamente representable, “ finita” , ya que “ la libertad es fácilmente
compatible con la legalidad rigurosa del curso de la naturaleza” . Mientras tanto, el concepto de
determinismo (y en concreto, la determinación del futuro a través de nuestras acciones) le
parece estar en el límite de lo representable. En cuanto a la antinomia de Dios, Kant contrapone
la afirmación y la negación de un ser necesario, mientras Riemann contrapone la idea de un
36
La segunda antinomia de Kant consiste en la afirmación y la negación de que el mundo está compuesto por elementos
o sustancias simples; esto va más allá de simples enunciados acerca de espacio y tiempo, salvo que tengamos una
concepción muy sofisticada de estos últimos, como parece haber sido el caso de Riemann.
Dios que obra en el tiempo gobernando el mundo (a modo de alma suya), con la de un Dios
intemporal y providente.
La última antinomia de Riemann no tiene correlato en Kant. Aquí se considera representable
o “ finita” la idea de inmortalidad, cuya antítesis es el concepto del alma entendida como una
cosa en sí inteligible que es la base de nuestra apariencia temporal. Este planteamiento no es tan
paradójico como nos parece a primera vista a quienes nos hemos educado en una cultura
marcada por el cristianismo. Es de destacar que, en los escritos sobre psicología, Riemann habla
constantemente de almas, pero aclara también que la dinámica de las representaciones hace
superfluo el supuesto de un alma como substancia o cosa en sí.
37
Véase el fragmento ‘Sobre los métodos a emplear en la fisiología de los órganos sensoriales’ (1866).
Se trataba de una posición de principio, que en la práctica exigía un ILDW: la norma práctica
era dejar de lado las cuestiones relativas a lo que tienen de específico los fenómenos mentales
(por ejemplo, su carácter intencional, o la especificidad de las representaciones), concentrarse
en aquellos procesos que pueden ser objeto de un análisis físico-químico (por ejemplo, la
transmisión nerviosa de señales eléctricas), y confiar en que el avance en este último terreno
acabe abriendo camino a progresos importantes en el terreno de explicar lo específicamente
mental. En buena medida, todavía hoy estamos en esta situación de ILDW.
Las posiciones respecto al problema mente/cuerpo han variado mucho a lo largo de la
historia, incluyendo por ejemplo dualismos radicales, como sucede en Descartes. Más
interesante es la posición de Leibniz, un autor que tuvo su influencia en Riemann: en su opinión,
la doctrina correcta es la contrapartida absoluta del reduccionismo mecanicista, pues Leibniz
viene a defender que los fenómenos materiales no son más que epifenómenos de procesos
mentales. Las sustancias simples de que está hecho el mundo son las mónadas, caracterizadas
por actividades de tipo mental (percepción y apetición); las llamadas cualidades primarias no
son menos “ falsas” o aparentes que las secundarias: espacio, tiempo y movimiento no tienen
mayor existencia real que colores y sabores. Riemann y los autores que en él influyeron, sin ser
estrictamente leibnizianos, tienen bastante de herederos de esta tradición heterodoxa.
Leibniz planteó además una dificultad de principio frente a las normas prácticas de
investigación del reduccionismo mecanicista. Hay que confesar, escribió,
que la SHUFHSFLyQ y lo que de ella depende HVLQH[SOLFDEOHSRUUD]RQHVPHFiQLFDV, es decir, por medio de figuras y de
movimientos. Pues, si imaginamos que existe una máquina cuya estructura la haga pensar, sentir y tener percepción,
se la podrá concebir agrandada, incluso con las mismas proporciones, de tal manera que se pueda entrar en ella como
en un molino. Concedido esto, al visitarla por dentro no se encontrarán sino piezas que se empujan unas a otras, pero
jamás algo con que explicar una percepción. Por tanto esto hay que buscarlo en la sustancia simple y no en lo
38
compuesto o en la máquina.
Claro está que la objeción se dirige contra el mecanicismo del XVII, y como tal no es aplicable
sin más a un mecanicismo ‘newtoniano’ (de fuerzas) como era el del siglo XIX. En todo caso, la
objeción de Leibniz presenta de modo claro una sospecha: que los fenómenos mentales deben
ser objeto de investigación desde un principio, y no remitidos a una fase posterior de la
indagación, a riesgo de no poder explicarlos nunca. Cuando menos, o que nos sugiere es que
será imposible lograr una UHGXFFLyQ estricta de las representaciones mentales a leyes físico-
químicas simples. Esta idea ya resulta mucho más actual, porque hoy está bastante aceptado que
el reduccionismo estricto es utópico, y que la explicación de fenómenos a niveles de
organización más complejos exige el recurso a nuevas leyes y teorías.
una masa mental compacta, ligada consigo misma de la manera más íntima y variada.
Ahora bien, esos mecanismos bastan para explicar la estrecha conexión y compenetración entre
todas nuestras representaciones, y parecen hacer superfluo el supuesto adicional del alma como
portador unitario de las representaciones. Ideas que podrían muy bien ser lo que está detrás de la
cuarta antinomia de Riemann: la inmortalidad de la vida mental (o de la masa mental más
inclusiva) le parece natural y fácil de explicar, aún sin asumir la existencia del alma como
substancia o cosa en sí.
Puede parecer que la tesis de la permanencia de lo mental, subsistiendo sin necesidad de un
soporte material, es fuertemente espiritualista; pero hay indicios de que no es exactamente ésta
la situación en Riemann. Aunque las ‘masas mentales’ subsisten sin soporte material,
toda entrada o nacimiento, toda formación de una nueva masa mental, y toda reunión de las mismas, requiere un
soporte material. Todo pensar sucede pues en un cierto lugar.
En la ¥\¦¨©ª¦«¦¬¡¢© de Leibniz se encuentran ideas similares, a propósito de lo que llama en general ‘percepción’ : “ El
39
estado pasajero que envuelve y representa una multitud en la unidad o en la sustancia simple no es otra cosa sino eso que se
llama ®¯°@±/¯0®±²³¨ , que se debe distinguir de la apercepción o de la conciencia, … ” Leibniz [1714], §14; también § 16.
40
Leídas anacrónicamente, estas ideas tienen mucha actualidad ahora que, junto al modelo computacional clásico, han
surgido con fuerza los modelos de redes neurales.
Este supuesto se hace necesario, según Riemann, a la vista de los hechos fisiológicos conocidos
ya en aquel tiempo, en particular el papel del “ sistema cerebro-espinal” y los procesos físico-
químicos en el pensamiento. Además, según él, explica experiencias cotidianas, como por
ejemplo las relaciones que se establecen (en la memoria) entre una representación y las
formadas inmediatamente antes. Por último, explica los efectos materiales del pensamiento:
como toda representación tiende a reproducirse, tiende también a restablecer aquella forma de
movimiento de la materia en la que fue constituida.
Vemos pues esbozada la posición de Riemann sobre las relaciones entre alma o vida mental
y materia, unas relaciones que podrían llamarse de dependencia dinámica pero independencia
41
sustancial. Las ideas de Riemann acerca de la relación entre los procesos materiales y los
mentales fueron muy importantes en sus especulaciones físicas, al menos en un primer
momento, como veremos al comentar un texto suyo sobre física de 1853. Más adelante,
Riemann establecería nuevos desarrollos de sus tesis, a los que nos referiremos después, dejado
en segundo plano la interrelación alma/materia. Esto nos recuerda un problema que está siempre
presente al hablar de sus escritos filosóficos, y es que no resulta posible discriminar hasta qué
punto pudo abandonar esas ideas en sus últimos años (véase § 2.4 y § 3).
Los fragmentos reunidos por los editores de las obras de Riemann, Dedekind y Weber, pasan
a continuación a un tema sorprendente: la hipótesis del alma de la Tierra. Nuestro autor no se
plantea este tema de una manera literaria, o como una especulación ligera, sino que se toma esa
hipótesis con toda seriedad, tratando de someterla a un riguroso análisis de carácter
estrictamente científico. Su discusión sobre la asignación de un alma al conjunto de los procesos
que acontecen en (como diríamos hoy) la biosfera terrestre, se basa en parte en sus doctrinas
psicológicas ya vistas, y en parte en argumentos relativos a la finalidad de los procesos
biológicos. Por este motivo, la trataremos en el apartado siguiente.
)LQDOLGDG A comienzos de los años 1850, cuando sin duda escribió estos textos, Riemann
no ponía en duda la existencia de claros indicios de finalidad o teleología en el mundo orgánico.
Nadie negará, escribe, que sobre la Tierra “ se observa una intencionalidad” : se refiere a la
existencia de seres vivos y al “ desarrollo histórico del mundo orgánico” . Estos textos
fragmentos dejan claro que Riemann estaba bastante al día en temas biológicos, y resulta
probable que haya visitado cursos en Gotinga, quizá de Henle, un importante fisiólogo de la
época. Así, no hay duda de que Riemann está planteándose la explicación de pruebas históricas
de la evolución, como la existencia de fósiles. La evolución se entiende aquí en un sentido
Incluso esto tiene su contrapartida en la ¥§¦¨©ª!¦!«9¦>¬v"© , ya que Leibniz niega la existencia de almas completamente
41
proliferación de fuerzas, cosa que es coherente con su interés duradero en la unificación. Una
actuación según fines a los que se tiende, y con medios adecuadamente elegidos, sólo es posible
si hay una capacidad representacional, una facultad que permita representarse los fines deseados
y los medios posibles. Así, dice Riemann, la presencia de una intencionalidad bien ordenada
sólo puede deberse a un “ proceso de pensamiento” que constituye su causa; si el mundo
orgánico manifiesta una finalidad, la única explicación se encontrará en un proceso unitario de
pensamiento, un alma. A lo largo de la vida de la Tierra, “ las experiencias reunidas previamente
sirven de base a las creaciones posteriores” , para la aparición de organismos nuevos y más
perfectos. Se trata pues de un proceso de pensamiento que tiende a la perfección, “ progresa
hacia niveles superiores” , y con ello explica la evolución progresiva.
Ahora bien, Riemann está convencido de que sólo podemos buscar el sustrato de la actividad
mental “ en la materia ponderable” . Por desgracia, sus manuscritos no han dejado constancia de
las razones en que apoyaba esta tesis. El alma o proceso de pensamiento de la Tierra requiere
pues una localización. Dado que los hechos geológicos de la corteza terrestre parecen
explicables según causas mecánicas, hay que suponer que ese alma se localiza en el interior de
la Tierra. A continuación, Riemann trata de mostrar que las condiciones del interior terrestre son
adecuadas para el desarrollo de un proceso mental, basándose en múltiples datos biológicos y
fisiológicos. Es notable lo detallado que es su desarrollo de esta parte y los conocimientos de
fisiología que presupone. Probablemente Riemann manejaba el 0DQXDOGHDQDWRPtDKXPDQD de
Henle, citado también en su escrito de 1866 sobre el oído. En todo caso, dejamos al lector los
detalles del tratamiento “ científico” que da a la hipótesis del alma de la Tierra, que juzga
perfectamente adecuada “ desde el punto de vista de la ciencia natural exacta” .
42
43
‘Mecánica del oído’ , cuyo primer apartado sobre metodología encontrará traducido el lector.
Es el caso, por ejemplo, del famoso químico Liebig.
Vale la pena recordar que la idea del alma de la Tierra tenía una larguísima tradición. Puede
remontarse al Alma del Mundo que postulaba el filósofo neoplatónico Plotino (en el siglo III),
siendo importante posteriormente en la tradición hermética, y por tanto en el Renacimiento. Es
una idea perfectamente compatible con el espíritu de la 0RQDGRORJtD de Leibniz, quien no en
44
vano tenía fuertes influencias renacentistas, y desempeña un papel central en Fechner, autor
citado extensamente por Riemann. Por si fuera poco, se encuentra en una obra tan central de la
cultura alemana como el )DXVWR de Goethe: en la primera escena de la obra, Fausto consigue
atraer al Espíritu de la Tierra, absorviéndolo “ lejos de su esfera” con la ayuda de un libro
misterioso de Nostradamus. Antes de desaparecer de la vista del aterrado Fausto, el Alma dice:
En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción, subo y bajo en oleadas, me agito de un lado para otro. El
nacimiento y la sepultura son un mar eterno, una trama cambiante, una vida candente que voy tejiendo en el veloz
45
telar del tiempo, para hacerle a la divinidad su manto viviente.
Las almas actúan según las leyes de las causas finales, … Los cuerpos actúan según las leyes de las causas eficientes,
… Y los dos reinos, el de las causas eficientes y el de las causas finales, son armónicos entre sí.
Esta es la idea esencial que van a tratar de actualizar y desarrollar Lotze y Fechner.
La doctrina mecanicista defendía que todos los fenómenos del mundo natural pueden
explicarse haciendo uso de modelos mecánicos. En esta época, por supuesto, hablar de
Leibniz, ¥§¦¨©ª!¦!«9¦>¬v"© [1714], § 70: “ Según esto, vemos que cada cuerpo viviente tiene una entelequia [o mónada]
44
dominante, que en el animal es el alma; pero los miembros de ese cuerpo vivo están llenos de otros vivientes, plantas,
animales, cada uno de los cuales tiene también su entelequia o alma dominante.” Parecería incoherente no pensar que,
inversamente, nuestros cuerpos y almas no son sólo partes de otros cuerpos y almas más incluyentes.
E
´ ©µ>¶6·9¦ [1808] (Madrid, Espasa Calpe, 1998), 67; trad. Miguel Salmerón.
45
Goethe,
Leibniz ¦N®¸±²9·9¸ [1714, § 79].
46
“ mecánica” era hablar de newtonianismo, de manera que por “ modelo mecánico” hay que
entender un modelo diseñado según principios generales similares a los que están en juego en la
física de Newton. De modo muy simplificado, puede decirse pues que se trata de modelos
integrados por cuerpos en movimiento bajo la acción de fuerzas; o con algo más de detalle, los
ingredientes a emplear serían espacio y tiempo, átomos materiales, y fuerzas centrales de acción
47
a distancia. Se pensaba que esto era suficiente para explicar todos los fenómenos de la física,
aunque naturalmente un autor tan poco doctrinario como Riemann no podía estar de acuerdo
con esa concepción (véase el § 3). Y no sólo los fenómenos físicos: hacia 1840 surgió una
poderosa corriente en fisiología que proclamaba que las funciones vitales no son más que la
expresión de leyes físicas y químicas generales.
Este enfoque está ligado a grandes nombres como los de Helmholtz o du Bois-Reymond,
cuyas obras fueron clave para la renovación de la fisiología. Sin embargo, el primer gran
proponente del mecanicismo fisiológico no fue otro que Lotze, doctor en medicina y filosofía
por Leipzig, y luego profesor de filosofía en Gotinga. Tanto en su manual de patología general
publicado en 1842, como en un famoso artículo sobre ‘Fuerza vital’ de 1843, Lotze defendió de
manera radical el mecanicismo. Afirmaba el “ dominio universal del punto de vista mecánico” , y
decía que la vida es la suma de procesos no vitales, el conjunto de los procesos que produce el
48
cuerpo entero. Diversos autores, como Vogt y Büchner, se apoyaron en este tipo de ideas para
proclamar las doctrinas del materialismo; fueron los defensores de lo que Marx dio en llamar
materialismo vulgar. Todo ello causó una intensa polémica que se desarrollaría ante todo en los
años 1850, y que calentó el ambiente para la recepción de las doctrinas de Darwin. Por ejemplo,
en la reunión de la Asociación Alemana de científicos y médicos que tuvo lugar en Gotinga en
1854, y en la que participó Riemann, hubo una sonada discusión en torno a las ideas de Vogt. El
ilustre fisiólogo Rudolf Wagner, que había planteado una teoría del alma bastante más peregrina
que la de Riemann, habló ‘Sobre la creación del hombre y la substancia del alma’ . En los meses
siguientes, el asunto siguió discutiéndose en círculos cada vez más amplios, con Vogt criticando
49
los planteamientos de Lotze y Wagner, y con la intervención de muchos otros autores.
Los representantes de la ciencia académica estuvieron en general lejos de apoyar el
materialismo radical, y el propio Lotze, ya en su papel de filósofo, se encargó de idear un
sistema que establecía una “ mediación” entre el mecanicismo científico y cierta forma de
idealismo filosófico. Afirmando que el mecanicismo desempeña un papel esencial en la
47
Según el gran fisiólogo Emil du Bois-Reymond, comprender la naturaleza sólo puede significar el referir todos los
cambios en el mundo corpóreo a la mecánica de los átomos (‘Über die Grenzen des Naturerkennens’ , 1872). Citado por
Heidelberger, ‘The Unity of Nature and Mind: G. T. Fechner’ s non-reductive materialism’ , 215.
Véase K. Caneva, ¹¦!º¯°»·>¥\©6¼M¯°C©¨ª,·½!¯D¾¦¨¶Q¯°@¿©·2²¦¨3¦0ÀÁE¨!¯°N¬/¼ (Princeton University Press, 1993), 119–25.
48
Sobre este tema puede verse el libro de F. Gregory, ÂT±²¯¨·2² À²±1¥\©·9¯°²"©«2²L¶ÃIJ"¨GŲ"¨!¯I·9¯/¯¨·½Æ¾¯¨·Xµ°0¼Ç¯°Ã©¨6¼ (Dordrecht,
49
Reidel, 1977).
estructura del mundo, y que su presencia es universal, estipulaba a la vez que su significación es
estrictamente subordinada. Los objetos y los métodos de la ciencia exigen una aproximación
mecánica, causal y determinista, pero el mecanicismo está al servicio de algo superior, hacia lo
que tiende, que lo envuelve y le da fundamento. Esto lo había afirmado explícitamente ya en su
mencionado artículo sobre la ‘Fuerza vital’ , al decir que las objeciones religiosas al
mecanicismo son infundadas:
Se olvidan de que este mecanismo no ha surgido por su propia virtud, sino que la sabiduría de Dios lo creó, y lo ha
encargado, como al más fiel sirviente que nunca se abandona a su propio placer, de realizar las ideas de la
50
Naturaleza.
53
Se trata aquí de Ernst H. Weber, hermano mayor del físico Wilhelm, con quien escribió un libro sobre la mecánica del
aparato locomotor humano (1836).
3. Riemann físico.
Cuando oses algo nuevo, sé tan preciso como puedas; mas ten también
Plena certeza de que lo mirarán de reojo y te interpretarán mal.
Pues estás incurriendo en la terrible falta de la novedad,
54
Y no se ha hecho aún la horma a la que aquello se ajuste.
En 1850, Riemann no sólo entró en el Seminario físico-matemático del que ya hemos hablado,
sino también era miembro de un Seminario pedagógico que existía en la Universidad. En
Noviembre de ese año escribió para este seminario un trabajo titulado ‘Sobre la extensión,
ordenación y método de la enseñanza científica en los *\PQDVLD’ . Aquí se encuentra una frase
críptica, pero sumamente característica, sobre la que llamó la atención Dedekind:
Así, por ejemplo, es posible establecer una teoría matemática completa y cerrada en sí misma, que progrese desde las
leyes elementales válidas para puntos aislados hasta los procesos que se dan en el espacio o pleno continuo que nos
viene dado en la realidad, sin distinguir si se trata de fuerzas gravitatorias, o de electricidad, o de magnetismo, o del
equilibrio calorífico.
Tenemos ahí una clara expresión del principio que guiaría toda su especulación física: la
búsqueda de una teoría unificada de las distintas fuerzas, sobre el supuesto de un pleno espacial
continuo en el que sólo se dan acciones por contacto. Riemann niega toda acción a distancia, y
por tanto intenta explicar los fenómenos perceptibles como el resultado de leyes elementales de
carácter local. Como diría más tarde, en sus primeras lecciones universitarias sobre ecuaciones
en derivadas parciales (1854/55):
Las leyes verdaderamente elementales sólo pueden ocurrir en lo infinitamente pequeño, sólo para puntos del espacio
55
y el tiempo.
Estas ideas constituyen un auténtico OHLWPRWLY en la obra de Riemann. El esfuerzo por analizar
los fenómenos globales desde el punto de vista local no sólo caracteriza su especulación física:
es típico de su aproximación a la teoría de funciones complejas, diseñada en la tesis doctoral de
1851, es central en el enfoque geométrico que esbozó en la famosa lección inaugural de 1854, y
se expresa en las ideas metafísicas y psicológicas que defendió.
Las cuestiones de física le ocuparon mucho durante los años 1850, retrasando sus trabajos de
doctorado y habilitación; de hecho, da la sensación de que en los comienzos de su carrera
científica apostó más de una vez por un futuro como físico, o al menos como físico matemático,
con buenas dosis de teórico. Un claro indicio de la atención que dedicó a estas cuestiones se
ËA¯°ÌI¯/¸Å+©!±½·°Í$¬M¯
54
Klopstock, epigrama 67, anotado por Riemann, , 113.
encuentra consultando la lista de tesis que al parecer propuso para su GLVSXWDWLR doctoral en
1851. Se trata de una prueba que perduró durante mucho tiempo en Alemania, y en la que, a la
manera medieval, el doctorando proponía y defendía frente a varios oponentes una serie de
ideas clave. Las tesis, tal como se recogen en un borrador encontrado entre sus papeles, eran
56
éstas:
1) No existen fluidos magnéticos.
2) La “ inducción en líneas curvas” de Faraday es insostenible.
3) Se puede anteponer el cálculo diferencial al análisis, sin perdida de generalidad.
4) El péndulo de reversión no es el medio más idóneo para determinar la longitud de un
péndulo.
5) La doctrina de la conservación de la fuerza no está suficientemente contrastada desde el
punto de vista experimental.
6) El concepto de tensión no se ha concebido todavía con la precisión requerida en la teoría
eléctrica.
Resulta muy notable que el gran matemático sólo propusiera una tesis correspondiente a su
disciplina; las cuestiones tratadas muestran que estaba al día en física, y revelan además que se
interesaba tanto por cuestiones teóricas como experimentales. Vale la pena comentar algunas,
siquiera brevemente.
El viejo postulado de los fluidos magnéticos se mantenía todavía en las teorías de Poisson,
mientras que la tesis 1) está en línea con las ideas de Ampère o de Weber, apuntando a la
unificación electromagnética. La tesis 2) resulta muy interesante: daría la sensación de que, en
línea con autores alemanes como Fechner y Weber, Riemann considera que imposible elaborar
una teoría que elabore matemáticamente, en forma directa, las nociones introducidas por
Faraday; apuesta pues por una reinterpretación en términos de acciones en dirección central
(como Ampère y Weber, que emplean fuerzas centrales). Retrospectivamente, se encuentra aquí
el mayor KDQGLFDS de los teóricos alemanes del electromagnetismo: la relativa desconfianza
frente a las especulaciones teóricas de Faraday, y el estar demasiado directamente en la
tradición física newtoniana y francesa. Por otro lado, la tesis 6) apunta ya, posiblemente, a
temas característicos de la filosofía natural de Riemann, desarrollados en un trabajo de 1854 que
se publicó póstumamente (ver [Riemann 1892, 370–71]). Finalmente, la mención en 4) de la
doctrina de la conservación de la energía (o “ fuerza” , como se decía aún) es interesante por
varios motivos. Se trataba de una contribución teórica de primera magnitud, pero muchos físicos
(Maxwell inclusive) se mostraban reticentes igual que Riemann; fue sobre todo en el último
¾¯¨·©µ°»µ>¶ Î!Ï
55
Citado en Archibald, ‘Riemann and the Theory of Nobili’ s Rings’ , (1991), 269.
Riemann ËA¯°ÌI¯/¸Å+©!±½·°Í$¬M¯ , 112.
56
tercio del siglo cuando el principio de conservación de la energía pasó a dominar el panorama
de la teoría física; por otro lado, Helmholtz había planteado dificultades para la ley
electrodinámica fundamental de Weber, no del todo justificadas. (En cualquier caso, cuando
menos en lecciones de 1861 Riemann empleaba ya como base de sus desarrollos teóricos el
principio de conservación.)
Antes de seguir adelante, conviene indicar que la coexistencia, en el doctorado de Riemann,
de problemas de teoría de funciones y cuestiones de física matemática puede ser mucho más que
una simple coincidencia, apuntando a una conexión orgánica. Ya Felix Klein, en 1882, señaló
que puede encontrarse una conexión directa entre los trabajos eléctricos de Riemann y su teoría
de funciones, en especial el artículo sobre las funciones abelianas (1857). La versión particular
de esta tesis que dio Klein ha sido disputada por otros autores, pero la idea general no parece
sino confirmarse. Parece ser que Riemann aseguró a sus amigos italianos que “ había sido
llevado a su teoría analítica y su modo de pensar [en teoría de funciones] tras tratar con
57
cuestiones y problemas de física” . Al respecto hay puntos claros como la conexión que
estableció entre teoría del potencial y teoría de funciones, la influencia de la obra de George
Green sobre los métodos empleados en el trabajo de 1857, o los orígenes de la idea de ‘corte
transversal’ (véase § 6.2). En un artículo reciente se señala asimismo que una obra de 1854
sobre los anillos de Nobili, de la que luego hablaremos, presenta métodos característicos de la
58
teoría de funciones de Riemann: la determinación de las funciones por su comportamiento en
singularidades, los principios empleados para establecer la continuación analítica de la función
en el resto del dominio, y el tratamiento de problemas de valores frontera al estilo de Dirichlet.
Volveremos a estas cuestiones en la sección 6.
Según Dedekind, a comienzos de 1853 Riemann se concentró de manera casi exclusiva en
temas de “ filosofía natural” , de modo que sus ideas alcanzaron una forma madura. A fin de año
escribía a su hermano Wilhelm que, en dichas investigaciones, había “ llegado tan lejos, que sin
dudar podría publicarlas en esta forma” [Dedekind 1876, 547]. En breve comentaremos las
ideas centrales de la reelaboración de la física que planeaba. De momento, nos interesa
continuar señalando algunos datos sobre su actividad. En 1854 conoció a Rudolf Kohlrausch
cuando éste pasó un par de semanas en Gotinga, realizando experimentos eléctricos con Weber.
Riemann participó en dichos experimentos, y le comunicaba a su hermano lo siguiente:
Kohlrausch había realizado y publicado algún tiempo antes mediciones muy precisas de un fenómeno hasta entonces
inexplorado (la carga eléctrica residual en la botella de Leyden) y yo encontré la explicación del mismo a través de
mis investigaciones generales sobre las interrelaciones entre electricidad, luz y magnetismo. Hablé con K. sobre ello
Bottazzini & Tazzioli, ‘Naturphilosophie and its role in Riemann’ s mathematics’ , ¹¯/¿Iµ¯.ª.Ð ½²L¶6·9¦²"°@¯.ª!¯6¶Ã©·½!Êé·2²"ѵ¯6¶
57
Ò
(1995), 10.
Archibald ¦N®¸±²9·9¸ [1991], 260.
58
y esta fue el motivo de que desarrollara para él la teoría de este fenómeno y se la enviara. Kohlrausch me ha
respondido muy amablemente y me ha ofrecido enviar mi trabajo a Poggendorff, el editor de los $QQDOHQGHU3K\VLN
XQG&KHPLH, para su publicación, invitándome a visitarle en las vacaciones de otoño para proseguir la cuestión. La
cuestión es importante para mí porque es la primera vez que puedo aplicar mis trabajos a un fenómeno no conocido
previamente, y espero que la publicación de este trabajo contribuirá a procurarle una buena acogida a mi trabajo
59
mayor.
Todo indica que el “ trabajo mayor” son las ideas que se recogen en los fragmentos que
publicamos bajo el título de ‘Filosofía natural’ ; de hecho, los fragmentos escritos en 1853 están
redactados al modo de un artículo preparado para la imprenta.
Todavía en 1854, Riemann presentó una comunicación en la reunión de la Sociedad
Alemana de Investigadores de la Naturaleza, sobre la propagación eléctrica en cuerpos no
conductores. Un aspecto interesante de estos trabajos es que Riemann abandona la hipótesis
dualista para la carga eléctrica, defendida por Weber, por la hipótesis unitaria de Franklin, según
la cual sólo hay un tipo de electricidad (negativa). Además, Riemann trata de explicar los
fenómenos eléctricos suponiendo una tendencia de los cuerpos a persistir en su estado eléctrico,
idea íntimamente relacionada con sus especulaciones sobre el éter, de las que luego
60
hablaremos. Pero, aunque su relación con Kohlrausch continuó, el artículo antes mencionado
no llegó a publicarse, al parecer porque Riemann no quiso aceptar algunas modificaciones que
se le habían propuesto. Aún así, los $QQDOHQGHU3K\VLNXQG&KHPLH fueron la primera revista
importante en la que publicó un artículo original, ‘Sobre la teoría de los anillos de Nobili’
(1855).
Los anillos coloreados de Nobili son un fenómeno electroquímico descubierto por el
científico italiano en 1825, que a mediados de siglo atrajo la atención de diversos especialistas.
Empleando un electrodo plano, se producen depósitos electrolíticos en forma de bandas
concéntricas coloreadas; el caso es de interés ya que permite analizar con precisión la forma en
que la corriente eléctrica se propaga a través del electrolito, es decir, la propagación de la
electricidad a través de un conductor que no es filiforme, sino extenso. El tratamiento dado por
Riemann a la cuestión era de un gran refinamiento matemático, buscando evitar la introducción
de supuestos simplificadores, para así poder contrastar con todo rigor las ecuaciones
diferenciales básicas, de carácter local o infinitesimal. Inicialmente, la teoría del fenómeno se
había tratado de una manera muy cruda, hasta que el gran fisiólogo Emil du Bois-Reymond
logró, en 1847, proponer un modelo matemático más sofisticado y fiable, aunque aproximado.
Ahora bien,
abandonar la anterior concepción de los fenómenos cuya base estableció Newton, bien contrastada en la experiencia,
y reformarla gradualmente merced a los hechos que no permite explicar.
Una vez más queda claro el atrevimiento de Riemann como pensador y científico, la osadía y
carencia de prejuicios que –como escribió Dedekind– había llegado a desarrollar.
Es habitual decir que Riemann pretendía una formulación matemática unificada de las leyes
de todos los fenómenos físicos principales que se conocían en su tiempo. Esto es cierto, pero no
debemos olvidar que sus escritos constituyen una auténtica especulación teórica, guiada no sólo
por la matemática, sino también por consideraciones físicas y filosóficas. Si, por ejemplo,
revisamos el apartado que más arriba dedicamos a la epistemología de Riemann (§ 2.2),
veremos que aquí encuentran plena aplicación aquellas ideas. Las teorías científicas son
sistemas conceptuales que se derivan de la experiencia, pero en las que siempre hay elementos
añadidos por el pensamiento: hipótesis. Esos sistemas deben ser refinados y mejorados
gradualmente, proceso en el que nos guían aquellas predicciones que, a la vista de los hechos de
experiencia, resultan inaceptables o al menos improbables. Al final del fragmento ‘Sobre
epistemología’ se señala que los propios axiomas o leyes del movimiento de Newton son
hipótesis:
No me parece admisible la distinción que hace Newton entre leyes del movimiento, o axiomas, e hipótesis. La ley de
inercia es la hipótesis: si un punto material se encontrara sólo en el mundo y se moviera en el espacio con una cierta
velocidad, mantendría continuamente esa velocidad.
Siempre buscó unificar la naturaleza sobre la base de un sistema, concebido geométricamente, de procesos dinámicos
continuos en el éter, fundamentando su descripción en ecuaciones diferenciales que describían los procesos de
relación que se podían percibir directamente, esto es, las fuerzas y las interconversiones de fuerzas. Su proyecto fue
probablemente el primer intento de una teoría del campo unificada sobre una base matemática, muy en el espíritu de
los intentos posteriores de Einstein, y le asignó mayor importancia incluso que a sus esfuerzos en matemática pura,
62
hoy famosos.
62
Ý Norton Wise, ‘German concepts of force, energy, and the electromagnetic ether: 1845–1880’ , en Cantor y Hodge, eds.,
×Þ!63Ú/Ô0Ø1Ü2Û×Þß×0àGÔIÜá!ÔÕ
(Cambridge University Press, 1981), 267–307; cita en p. 289.
Citado por José Manuel Sánchez Ron en Maxwell, âßQÚÕÛ9Ü9×$ßÚÛÔÞÜ2ã àÛÚ/×$ß (Madrid, CSIC, 1998), xxxix–xl. Riemann
conocía los escritos de Faraday, prontamente traducidos al alemán, pero su teoría se desvía de propuestas clave del inglés.
medio etéreo resurgía con fuerza en la Cuestión 21 de su ÏSWLFD. Euler desarrolló esta
64
Véase I. Newton, åÕÛ"Þ!ÚÛ ØÛ×$ß1æçÜ9ÔæèÜ2ÛÚ/×$ß1é!ÔêçàÛ9ê9×$ßQ×0àã"ç^ÞçÜXëÕçê (Madrid, Alianza, 1987), vol. 2, 785; ì¡Ø1Ü2ÛÚç (Madrid,
64
Alfaguara, 1977), 304–07, así como los comentarios de Carlos Solís en 417–21. ÒIõ!ö
A. Speiser, ‘Naturphilosophische Untersuchungen von Euler und Riemann’ , í×!ëÕ@Ù[îÙ[ïÔÛ"Þ!ÔðëÞéiçÞ$ñMÔòóÙ?ô\çÜá!Ù
65
1 ∂ 2Z ∂ 2Z ∂ 2Z ∂ 2Z
F2 ∂ W 2 ∂ [12 ∂ [ 2 2 ∂ [32
= + + ,
siendo F la velocidad de la luz. Como se ve, el aparato matemático empleado aquí es muy
similar al de un Maxwell. Riemann pasaba a comprobar que los dos movimientos podían
combinarse dando lugar a una función velocidad admisible, lo que confirmaba la posibilidad de
68
una explicación unificada para ambos procesos. Para terminar, el matemático buscaba deducir
las leyes del movimiento del éter partiendo de un principio variacional.
En sus esfuerzos, Riemann intentó también incorporar los efectos electromagnéticos, yendo
más allá de su maestro Weber, aunque aquí encontró dificultades. Según vimos, Weber había
elaborado una unificación de los principios fundamentales del electromagnetismo en su artículo
‘Electrodynamische Maassbestimmungen’ (parte I, 1846). Por vez primera, la electrodinámica
de Ampère se unía con la electrostática de Coulomb y con una explicación de los fenómenos de
inducción descubiertos por Faraday. Para lograrlo, Weber introdujo una nueva OH\
HOHFWURGLQiPLFD IXQGDPHQWDO, con la peculiaridad de postular una fuerza de acción al estilo
newtoniano, pero que no dependía sólo de la distancia sino, a la vez, de la velocidad y de la
69
aceleración relativa de las partículas. Considerado en abstracto, este paso no tenía nada de
objetable, pero, al introducir una dependencia implícita de la fuerza respecto al tiempo, la ley de
Weber pareció inaceptable a algunos (como es el caso de Helmholtz; lo inadmisible era una
acción a distancia que no fuera instantánea). Si algo tardaba un tiempo en propagarse, debía en
el LQWHULP concretarse en algún tipo de sustancia física. Con estos desarrollos se estimulaba, en
la práctica, la aparición de teorías de campo, muchas de las cuales elaboraban la idea de un
campo de éter, y el primer intento serio en esta dirección se dio bajo la mirada del propio
Weber, en las especulaciones de Riemann.
Según Weber, dos partículas eléctricasHH 2Upositivas o negativas, según la hipótesis dualista todavía
vigente) se atraen con una fuerza ) = 2 (1 − 2 Y + 2 D ) , siendo ù su velocidad relativa, ç su aceleración
Ô ’y Ôø (que1 pueden
69
ser
relativa, y Ú una constante fundamental cuyaU magnitudFfijaron Weber F y Kohlrausch en un valor próximo a la velocidad de la
2
luz.
En sus clases de 1861, Riemann planteó la posibilidad de que las variaciones de densidad en
el éter fueran la clave para los fenómenos electromagnéticos. Siendo 9 el potencial
electrostático y X un potencial electrodinámico, se podría determinar el último conforme a la
ecuación
∂9
= div X,
∂W
en cuyo caso 9 podría interpretarse como la densidad y X como el flujo del éter. A la fuerza
electrostática le correspondería un gradiente de densidad estable, y a los efectos
electrodinámicos le corresponderían cambios de la densidad en el tiempo, y flujos asociados.
Además, Riemann creía que este enfoque dejaba posibilidades abiertas para la incorporación de
efectos gravitacionales. Con todo, sus diversos intentos quedaron sin publicar, ya que no hubo
tiempo de conseguir una integración plenamente satisfactoria de las diversas fuerzas físicas.
Lo que sí llegó a presentar Riemann para su publicación fue un intrigante artículo entregado
en Febrero de 1858 a la Sociedad Real de Ciencias de Gotinga, bajo el título ‘Una contribución
a la electrodinámica’ (sin embargo, la nota no llegó a publicarse por haberla retirado el propio
Riemann, y apareció a su muerte). Volvamos por un momento al trabajo de Weber y Kohlrausch
en 1854/55; se trataba precisamente de los experimentos en los que se midió la constante F de la
ley fundamental de Weber –esto es, la relación entre las unidades electrodinámica y
electrostática de carga–, encontrándose un valor próximo al de la velocidad de la luz. Estos
resultados fueron publicados por Weber en 1857, mencionando esa coincidencia de valores pero
enfatizando la diferencia entre la constante F, que en su opinión expresaba una velocidad de
masas eléctricas, y la velocidad de la luz, que no era sino un movimiento ondulatorio. Más
tarde, Maxwell utilizaría el dato como una pieza clave para la justificación de su concepción
70
electrodinámica de la luz.
Esa misma conexión constituía un elemento central del artículo riemanniano de 1858, como
muestra con toda claridad su primer párrafo:
Me permito comunicar a la Sociedad Real una consideración, en la que la teoría de la electricidad y el magnetismo se
pone en estrecha conexión con la de la luz y el calor radiante. He encontrado que los efectos electrodinámicos de las
corrientes galvánicas se pueden explicar si se supone que la acción de una masa eléctrica sobre las demás no acontece
instantáneamente, sino que se propaga hacia ellas con una velocidad constante (igual a la velocidad de la luz dentro
de los límites del error observacional). La ecuación diferencial para la propagación de la fuerza eléctrica resulta, bajo
71
este supuesto, la misma que para la propagación de la luz y del calor radiante.
70
En un artículo de 1861/62, Maxwell había visto la posibilidad de ondas electromagnéticas que se propagan a la
velocidad de la luz, basándose en un peculiar y famoso modelo mecánico a base de vórtices engranados (Maxwell, ×NØÙúÚÛ9Ü9Ù
[1998], xlvii–xlix). Más tarde, en ‘Una teoría dinámica del campo electromagnético’ (1865, ver ×NØÙÚÛ9Ü ., 159–60), dedujo ese
resultado matemáticamente, sobre la base de las ecuaciones del campo electromagnético.
Riemann ÓAÔÕÖIÔ , 288.
71
El trabajo es notable por tratarse de la primera aparición de un potencial retardado, lo que una
vez más hace aparecer a Riemann como un precursor de Maxwell. Un potencial de esas
características debía obedecer una ecuación de ondas, no una ecuación de continuidad, y aquí
estaba la mencionada analogía. De hecho, Riemann planteaba de una forma muy directa y
concisa la ecuación de ondas inhomogénea para un potencial 8:
∂ 28 ∂ 28 ∂ 28 1 ∂ 28
= 4π ρ ,
∂ [2 ∂ \2 ∂ ]2 α 2 ∂ W2
+ + −
y como solución suya, para una carga puntual total –I(W), el potencial retardado
I (W − α )
û
U
.
Partiendo de ahí, ofrecía una prueba según la cual dicho potencial retardado predecía, para la
acción entre dos conductores a lo largo de un cierto tiempo, una expresión que se corresponde
exactamente con el potencial para la ley de Weber. Sin embargo, había una inconsistencia
matemática en esta última derivación (una inversión errónea del orden de integración), como
señaló Clausius nada más aparecer el artículo, en los $QQDOHQGHU3K\VLNXQG&KHPLH, tras la
muerte de su autor.
Una peculiaridad de esta publicación es que Riemann eligió, contra sus preferencias teóricas,
seguir la vía de Weber y elaborar una teoría matemática sobre el supuesto de la acción a
distancia. Esto es una muestra de su amplitud de miras a la hora de teorizar, pero a la vez ha
tenido el efecto de difundir la idea errónea de que Riemann fue partidario declarado de la acción
a distancia de Ampère y Weber. El intermediario en esta difusión parece haber sido Maxwell
con su famoso 7UHDWLVH de 1873; allí mencionaba el intento de Riemann, pero criticaba a este
“ hombre eminente” diciendo, entre otras cosas, que si algo se transmite en el tiempo de una
72
partícula a otra, ¿cuál es su condición o estado durante ese período? Maxwell estaba pidiendo
alguna explicación en términos de campos, como la que Riemann ofrecía en sus trabajos
inéditos, que sólo se conocieron en 1876.
¿Por qué Riemann no llegó a publicar su artículo? Es natural conjeturar, como lo hacían
Clausius y los editores de sus obras, que el propio autor había advertido el error de cálculo
cometido, retirando el trabajo. Por otro lado, su amigo Betti creía que no era ésta la explicación,
sino que Riemann se encontraba a disgusto con un artículo que contradecía sus opiniones
teóricas, no sólo en el tema de la acción a distancia, sino también al seguir la hipótesis dualista
sobre la electricidad. Por fin, Schering ofrece una explicación algo distinta, al decir que prefirió
retrasar la publicación “ pues entretanto había encontrado un desarrollo de su ley gracias al cual
Primero elimina de todas las leyes de las interacciones aquellas determinaciones ligadas con acciones a distancia,
pues éstas son siempre dependientes de la condición del espacio circundante, y por ello una ley así expresada
involucra ya la inexpresada construcción del espacio. Para la acción de las masas, de la electricidad libre y de las
corrientes galvánicas cerradas, obtiene la necesaria transformación de las leyes conocidas considerando las fuerzas
como la expresión física de ciertas formas de movimiento de un medio que llena el espacio tridimensional, en general
de manera uniforme. Los puntos del espacio en los que se encuentran los cuerpos que actúan, se consideran entonces
como lugares infinitamente densos del medio, o, de una forma más intuitiva, como lugares en los que el medio sale
del espacio tridimensional en cuestión hacia el espacio multidimensional que lo circunda por todas partes. El medio
analítico empleado aquí puede describirse, empleando la designación hoy habitual, como la transformación de Pfaff
75
de la expresión de los momentos virtuales de las fuerzas.
La teoría redactada últimamente por Cauchy, sobre el movimiento del éter que describe los fenómenos luminosos, la
basó en una condición de mínimo para el valor de una integral definida. Añadiendo algunos miembros simples a la
función que aparece en esta integral, le dio una configuración tal que la condición de mínimo abarca las leyes de
todas las fuerzas antes mencionadas, y concretamente en una forma que es análoga a la del principio gaussiano de
mínima acción.
‘Commentatio mathematica’ , en Riemann, ÓAÔÕÖIÔ , p. 391–404, con aclaraciones de Dedekind y Weber en 405–23.
78
indicó en su famosa lección inagural sobre geometría (§ 5.5). Se encuentran aquí nociones
relacionadas con el cálculo tensorial que surgiría hacia fines de siglo de la mano de los italianos
Ricci y Levi-Civita.
La contribución más importante de Riemann a la física matemática fue su artículo de 1860
‘Sobre la propagación de ondas planas con amplitud finita’ . Los problemas estudiados aquí
guardan relación con la teoría de ondas de choque, retomada por la aerodinámica moderna,
aunque en una forma diferente a la que surgía en el análisis riemanniano. Desde el punto de
vista matemático, el trabajo dio lugar a la teoría de las ecuaciones diferenciales hiperbólicas, y
el método empleado por Riemann para la resolución de las mismas sigue explicándose hoy en
día. El lector encontrará traducido el anuncio de su memoria escrito y publicado por el propio
Riemann, que resulta interesante entre otras cosas por los comentarios que incluye sobre
metodología científica y de investigación matemática.
Durante el siglo XIX tuvo lugar una reforma en profundidad de las matemáticas, que sin duda
estuvo ligada a la profesionalización de esta disciplina y a las nuevas necesidades planteadas por
las mejoras de la enseñanza superior. Había ahora un número creciente de matemáticos
profesionales, dotados de medios de comunicación especializados (como el -RXUQDO de Crelle),
y las universidades se convertían cada vez más en centros de investigación. Además, era preciso
organizar la formación de nuevos profesionales, elaborando cursos de introducción al cálculo
infinitesimal y otras materias avanzadas, lo que hacía especialmente inoportunas las graves
lagunas existentes en los fundamentos de estas materias. El resultado fue que, por primera vez
en la historia, se recuperó e incluso se superó el nivel de rigor alcanzado por los antiguos
griegos, tal como se manifestaba en los admirados (OHPHQWRV GH JHRPHWUtD de Euclides.
Riemann se encontró con respuestas ya elaboradas para buena parte de estos problemas del
rigor, no en vano sus maestros fueron Gauss y Dirichlet.
Pero la recuperación del rigor no fue el único cambio fundamental en las matemáticas del
XIX. Durante ese siglo tuvo lugar una transformación revolucionaria que afectó a los objetos y
los métodos de la disciplina. Hacia 1800, la matemática era todavía –como lo había sido
tradicionalmente– una ciencia que trataba de objetos concretos y, hasta cierto punto, intuitivos:
números, figuras, ecuaciones y funciones. Hacia 1900, las semillas de la matemática
contemporánea, de carácter abstracto, están firmemente sembradas y comienzan a dar frutos. En
este proceso de transformación desde lo concreto a lo abstracto, Bernhard Riemann representó
un auténtico punto de inflexión. Puede decirse que fue el primer matemático abstracto, en el
sentido que este término adoptaría en el siglo XX; esta idea se refleja, dentro de un contexto
marcadamente crítico, en la siguiente cita tomada de una carta del matemático alemán Siegel al
francés Weil (1959):
La degeneración de la matemática comenzó con las ideas de Riemann, Dedekind y Cantor, que hicieron retroceder
80
más y más el sólido espíritu de Euler, Lagrange y Gauss.
Se dirá que es una magnitud todo lo que es susceptible de incremento o disminución, o a lo que es posible añadir o
sustraer algo ... la matemática no es nada más que la FLHQFLDGHODVPDJQLWXGHV, que encuentra métodos por medio de
81
los cuáles pueden ser medidas.
Así pues, magnitud es cualquier cosa que, estando compuesta de partes, puede experimentar
aumento o disminución; valgan como ejemplo volúmenes, longitudes, intervalos temporales, o
cantidades de dinero. Desde Aristóteles venía siendo tradicional distinguir dos tipos de
magnitudes, las GLVFUHWDV (caso del dinero) y las FRQWLQXDV (caso de las longitudes en
geometría); la comparación de magnitudes discretas se hace mediante los números naturales, la
medición de magnitudes continuas mediante los números reales. La teoría de las magnitudes
79
Schiller, carta a Goethe de 1796, que Riemann anotó (
, 113). La cita acaba: “ y más vacío” , palabras
que80Riemann ignoró, de forma muy significativa.
81
Citado en Laugwitz,
!"""#%$'&
()"!"! (Basel, Birkhäuser, 1996), p. 11.
Euler, *"+,-,/."!"#0&1
32'!,4
5&4-65!7&8!9#0&
32,:
;5 (1796), p. 9.
ofrecía así un marco unitario que abarcaba las dos ramas que constituyen los orígenes históricos
de la matemática (aritmética y geometría), con lo que aclaraba de manera bastante satisfactoria
82
los fundamentos de esa disciplina.
El propio Gauss tenía por costumbre hablar en estos términos. En su cuarta demostración del
teorema fundamental del álgebra, publicada en 1849, utilizó argumentos topológicos diciendo
que “ pertenece[n] a un dominio superior de la teoría abstracta de magnitudes” . No deja de ser
notable que Gauss considerase una teoría DEVWUDFWD de las magnitudes, en consonancia con la
tendencia ya mencionada de la matemática decimonónica. Parece un hecho histórico que la
elaboración de la idea de magnitud en una dirección cada vez más abstracta condujo a conceptos
básicos de la matemática contemporánea. Podríamos poner como ejemplos de ello a Grassmann
y a Weierstrass, pero sobre todo al propio Riemann, cuyas nuevas ideas respecto a las
magnitudes le llevaron a los conceptos fundamentales de conjunto y de variedad.
Posteriormente, la idea de magnitud, que resultaba vaga por diversos motivos, sería eliminada y
83
reemplazada por las nuevas nociones abstractas.
El lugar donde Riemann habla con más detalle de las magnitudes es, precisamente, su
famosa lección inaugural. Con vistas a aclarar y analizar la idea del espacio tridimensional, se
plantea allí la tarea de elaborar y precisar “ el concepto de magnitud múltiplemente extensa a
partir del concepto general de magnitud” ; en lo que sigue, Riemann dirá indistintamente
“ magnitud Q-uplemente extensa” o “ variedad Q-uplemente extensa” (esto es, Q-dimensional). El
espacio tridimensional no será más que un caso particular de variedad Q-dimensional, y las
variedades de cualquier dimensión no son otra cosa que magnitudes abstractas.
La discusión que hace Riemann del concepto general de magnitud se convertirá, pues, en un
esbozo programático de “ teoría abstracta de las magnitudes” , por retomar la expresión de Gauss.
Así, Riemann tendrá ocasión de hacer referencia a las magnitudes discretas y las continuas, a las
ideas de contar y medir, al DQDO\VLV VLWXV o topología, y finalmente a la geometría. El lector
puede consultar por sí mismo este riquísimo texto, y conviene siempre que recuerde la obsesión
de Riemann por lograr la máxima generalidad y precisión en sus afirmaciones. En lo que sigue
expondré, de una manera libre, mi interpretación de la discusión riemanniana en el apartado I.1
de su lección inagural.
Un análisis cuidadoso de la terminología de Riemann revela que el término “ magnitud” se
emplea como sinónimo de “ variedad” , si bien a veces se maneja también en el sentido más
82
Sin embargo, se planteaban problemas bastante graves con los números negativos (¿magnitudes menores que nada?) y
con los imaginarios; véase mi introducción a Dedekind, <=>6@?A.B+@!ACED3"GF6@?A.H&8JI
!K,4+.L!M5(N
J+.PO (Madrid, Alianza/UAM,
1998).
83
Un importante motivo de vaguedad era que, al tener un referente supuestamente real, determinados supuestos
esenciales de la teoría de magnitudes (como el de continuidad) permanecían implícitos; o también, en otra dirección, la
costumbre muy extendida de hablar de “ magnitudes variables” . Véase Dedekind, +QD "5&44 [1998].
estricto de “ cantidad” , de determinación métrica. Así como en la introducción de su escrito
Riemann busca enlazar con ideas bien conocidas, hablando de “ magnitudes” , en el desarrollo
más pormenorizado y técnico de sus concepciones da preferencia al término “ variedades” .
Seguiré aquí esta misma tendencia.
El comienzo mismo de la discusión plantea una de las mayores dificultades interpretativas,
porque esconde ya el profundo replanteamiento que Riemann va a proponer. Dice el matemático
que sólo es posible introducir “ conceptos de magnitud” cuando nos viene dado “ un concepto
general que admite diversas formas de determinación” . Estas “ formas de determinación”
[Bestimmungsweisen] constituyen los “ elementos” de una “ variedad” [Mannigfaltigkeit]. La
variedad puede ser discreta o continua, y en el último caso hablaremos de “ puntos” en lugar de
elementos. Aclaremos la idea con dos ejemplos, el primero de los cuales lo da el propio
Riemann. Entre los conceptos habituales en la vida diaria, el de ‘color’ es uno de los pocos que
dan lugar a una variedad continua, ya que la transición de un color (digamos, un cierto azul) a
otro (un verde) sucede a través de una infinidad de grados intermedios, a través de un intervalo
cromático continuo. Así pues, el conjunto de todos los colores es una variedad continua; por
otro lado, el conjunto de (digamos) las ciudades del planeta Tierra constituye una variedad
discreta.
Ese par de ejemplos basta para que resulte posible entender mejor la idea que Riemann había
definido en abstracto. Las “ determinaciones” o “ formas de determinación” de un concepto no
son otra cosa que sus LQVWDQFLDV, lo que vulgarmente llamaríamos los ‘objetos’ a los que se
aplica o –en la terminología de la época– que caen bajo el concepto. La “ variedad” , en el
sentido general que Riemann da a esta palabra, no es otra cosa que una colección de instancias,
una clase, un FRQMXQWR. La idea de definir la variedad como el correlato extensional de un
concepto general sigue el patrón del viejo principio, habitual en la tradición lógica, de asociar a
cada concepto un iPELWR, una H[WHQVLyQ, una FODVH de objetos. Riemann hace descansar su teoría
general de las magnitudes y las variedades en el SULQFLSLRGHFRPSUHKHQVLyQ, axioma básico de
84
lo que suele llamarse la teoría ingenua de conjuntos. Como es bien sabido, esta versión
decimonónica de la teoría de conjuntos se reveló contradictoria, al ser descubiertas (a partir de
1897) las llamadas ‘paradojas’ por Cantor, Russell y otros.
Al lector se le puede haber ocurrido una pregunta bastante obvia: ¿por qué Riemann habla de
“ variedades” y no de conjuntos? La respuesta es también simple: la terminología no estaba ni
mucho menos asentada en aquel momento, y la elección de términos resultaba especialmente
complicada en alemán. Cada autor adoptaba un término distinto, como puede verse consultando
las obras de Bolzano, Dedekind, Frege y Cantor. Riemann optó por un término que aparece con
mucha frecuencia en los escritos de Herbart (aunque no en el sentido técnico que le dio el
matemático) y que el propio Gauss había empleado, de manera poco sistemática, para plantear
ideas acerca del espacio Q-dimensional. Como es sabido, Gauss fue el primer gran matemático
que aceptó plenamente los números complejos, haciendo amplio uso de ellos. Cuando, en 1831,
decidió ofrecer una justificación de su uso, dijo que está justificado para determinar los puntos
de una “ variedad de dos dimensiones” ; y en sus lecciones habló también de “ variedades de Q
dimensiones” . Riemann recogió este uso lingüístico y lo generalizó todo lo posible, al ponerlo
en conexión con la idea de clase que venían manejando los lógicos. El propio Cantor, creador de
la teoría de conjuntos transfinitos, la llamó “ teoría de variedades” [Mannigfaltigkeitslehre]
desde 1878 a 1892.
Dado que las variedades o conjuntos vienen determinadas por un concepto, Riemann se ve
inducido a considerar que toda variedad nos viene dada con una cierta estructura, como
diríamos hoy, al menos en lo tocante a continuidad. Ya lo vimos en el ejemplo anterior: las
características del concepto de color hacen que la clase asociada tenga una estructura de
continuidad; lo mismo sucede con el concepto de lugar en el espacio, tal como habitualmente se
entiende; pero no con el concepto de hoja, con el de libro, ni con el de número natural, cuyas
clases o variedades correspondientes son discretas. De esta manera, Riemann no ve ningún
inconveniente en introducir una primera clasificación H[KDXVWLYD de todas las variedades en dos
tipos: las discretas y las continuas.
Ahora bien, para comparar dos variedades discretas, lo que hacemos es FRQWDU, así que por
esta vía encontramos los números naturales; para comparar dos variedades continuas, lo que se
hace es PHGLU, llegando así a los números reales positivos. Sin embargo, la posibilidad de medir
esconde diversas presuposiciones: que pueda determinarse una unidad de medida, y que sea
posible transportarla para efectuar la medición. Riemann conoce, a través de escritos de Leibniz
y Gauss, y por sus propios desarrollos del tema, que es posible investigar comparativamente las
variedades continuas aún en el caso de que no sea posible medir. Esta “ parte general de la teoría
de magnitudes, independiente de determinaciones métricas” , no es otra cosa que el DQDO\VLV
VLWXV, la topología. La topología –esa geometría de figuras de goma perfectamente flexibles y
estirables, como a veces se dice– respeta plenamente la estructura de continuidad de los objetos
investigados, pero hace abstracción de sus características métricas. Seguiremos hablando de este
tema en el § 5.
84
Esta interpretación y sus implicaciones se propusieron por vez primera en mi libro RS,T!"5&8(9&
!4+U#
V,W4
+@
X8Y#
+@![Z65!4+. (Madrid, UAM, 1993), así como en el artículo ‘Traditional logic and the early history of sets’ , 2'J
0&I
]\P+@_^`&:.4+@aC
+a\ERcb]]de5&
!
. f"g (1996), 5–71.
Las menciones de las magnitudes discretas y los números que se encuentran en la lección
sobre geometría son muy breves y asistemáticas; no hay duda de que Riemann las introdujo sólo
por su afán de completar y generalizar, de mencionar al menos los temas colaterales al que
centraba su atención. De este modo, no encontramos ninguna indicación de cómo surgen las
operaciones elementales de adición, sustracción, multiplicación y división, y aún las de
85
integración y diferenciación. Pero, en todo caso, sus indicaciones bastan para advertir que, a
través de este replanteamiento de la teoría de magnitudes en términos de variedades, Riemann
consideraba posible un tratamiento unificado de toda la matemática: desde la aritmética y el
álgebra, hasta la geometría, la topología y el análisis. Bajo su empleo del tradicional lenguaje de
las magnitudes se esconde una nueva visión abstracta de la matemática.
Riemann fue, pues, el primer matemático influyente que propuso el concepto de variedad o
conjunto como la noción matemática más básica. Basta una lectura atenta de la tesis doctoral
(1851) para advertir cómo emplea ya, en lo esencial, el moderno lenguaje de conjuntos y
aplicaciones [Abbildungen] como el más idóneo para verter su enfoque abstracto de la
matemática. Sus escritos tuvieron, además, una gran influencia sobre el desarrollo de las
investigaciones de Dedekind y Cantor, que pueden considerarse como los padres de una
matemática conjuntista madura. Así pues, no hay duda de que Siegel (en el texto citado más
arriba) tuvo muy buen tino en su intento de localizar a los padres de la matemática
“ degenerada” .
85
Las dos últimas operaciones se consideran elementales en una nota al § 20 de la tesis doctoral de Riemann (1851);
véase el apéndice a la ‘Teoría de las funciones abelianas’ .
(OHQIRTXHFRQFHSWXDO\DEVWUDFWR Ya he citado la afirmación de Weber, que
Gotinga se había convertido, con Gauss, Dirichlet y Riemann, en “ la plantación de la
86
orientación más profundamente filosófica en la investigación matemática” . Weber puede haber
tenido en mente diversas cosas al escribir esas palabras: los tres matemáticos desarrollaron su
disciplina en una dirección eminentemente moderna; los tres realizaron contribuciones
importantes, y en ocasiones muy profundas, a la física matemática; los tres reflexionaron a
fondo sobre los fundamentos de la matemática, a veces en conexión con ideas filosóficas. En la
terminología de la época, se puede decir que Gauss, Dirichlet y Riemann están entre los
principales representantes del HQIRTXH FRQFHSWXDO de la matemática, algo peculiar y
característico del siglo XIX, que dio origen a la matemática contemporánea. En este sentido, la
Gotinga posterior del cambio de siglo, liderada por Klein y Hilbert, fue la mejor continuadora
de su propia tradición decimonónica. Ahora bien, dentro del enfoque conceptual, Riemann
representa una inflexión fundamental, un giro hacia lo abstracto que le convierte en una figura
quizá única en la historia de la matemática.
Dirichlet mencionó el enfoque conceptual en una frase muy citada de su obituario de Jacobi.
Alli dijo que había en el análisis una tendencia cada vez más pronunciada “ a poner pensamientos
87
en el lugar de los cálculos” . Según aclaraba otro matemático de Berlín y alumno de Dirichlet,
Eisenstein, el origen de ese nuevo estilo de argumentación estaría en Gauss, Jacobi y Dirichlet; su
característica central es evitar “ cálculos y deducciones largos e intrincados” en favor de un
“ brillante expediente” : “ abarcar toda un área [de verdades matemáticas] en una sola idea principal,
y presentar de un golpe el resultado final con suma elegancia” , de tal modo que “ uno puede ver la
88
verdadera naturaleza de toda la teoría, la maquinaria interna y los engranajes esenciales” . Esto es
lo que sucede en la teoría de funciones de Riemann, o en sus ideas sobre los fundamentos del
análisis a propósito de las series trigonométricas; dichos textos ilustran de la mejor manera esas
nuevas tendencias.
El enfoque conceptual representaba una novedad esencial frente a la tradición del cálculo y de
la matemática anterior. Desde el surgimiento del álgebra literal hasta finales del siglo XIX, los
matemáticos tendieron a privilegiar las construcciones desarrolladas de una manera concreta por
medio de fórmulas. Incluso la geometría griega era, en buena medida, un asunto de construcción
de figuras con medios prefijados. Así las cosas, no es extraño que todavía hoy el hombre de la
calle identifique la matemática con la manipulación de fórmulas, hasta el punto de que le cuesta
comprender que exista la posibilidad de una matemática más abstracta, conceptual. Fue éste un
86
87
Dugac, hi
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@&8!"#j
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.5\P+@!"#
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!/.S#
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()k&8F6@
. (Paris, Vrin, 1976), p. 166.
88 Dirichlet,
(1889; New York, Chelsea, 1969), vol. 2, 245.
Citado en Wussing, l@
`
!
.H&:.`+a\m
K;P.neJ+6oDp+@!
aDS (MIT Press, 1969), 270; el pasaje está tomado del
65
&6",-65( de Eisenstein, escrito a los 20 años.
descubrimiento del siglo XIX, que sin duda tiene una gran importancia no sólo para la
matemática, sino para el pensamiento en general, y que alcanza una de sus plasmaciones más
logradas en lo que se llamó el enfoque conceptual.
Para aclarar lo que está en juego, puede ponerse, entre los muchos ejemplos posibles, el
siguiente, que tiene la ventaja de su sencillez. En el siglo XVIII, se solía definir una IXQFLyQ
como una expresión analítica compuesta por variables (letras del alfabeto), constantes (números
reales), y ciertas operaciones elementales (como pueden ser +, √, sen, log). Esto incluía el caso
de las funciones dadas a través de una serie infinita, bien entendido que los miembros de la serie
venían siempre determinados a través de una ley de construcción. Se admitía como algo obvio
que toda función será continua en el sentido moderno (salvo quizá en unos pocos puntos
aislados); tan asumido estaba que, de hecho, se entendía por función ‘discontinua’ la que
(siendo continua en el sentido moderno) obedece distintas leyes o expresiones analíticas en su
recorrido. Así que las IXQFWLRQHVFRQWLQXDH, en expresión de Euler, eran aquellas que obedecían
una única expresión analítica en todo su recorrido.
Las necesidades planteadas por diversos problemas de física matemática, y en especial el
estudio de las series trigonométricas de Fourier a principios del XIX, condujeron a debates
sobre si es admisible considerar funciones como las dadas por una gráfica trazada libremente
(que parecían ‘naturales’ en ciertos casos, desde el punto de vista físico). Fourier se vio llevado
a decir que una función no es otra cosa que una correlación bien definida entre números, que a
cada número real tomado como argumento le asocia un único valor ƒ([). Con esto se planteó
una cuestión de gran calado para los fundamentos del análisis: la aceptabilidad de funciones
definidas en términos puramente abstractos. Entretanto, Cauchy mostraba que es posible
establecer los teoremas básicos del análisis partiendo de meros conceptos generales: definió que
una función ƒ([) es FRQWLQXD si, para un incremento infinitesimal de [, el valor ƒ([) recibe
89
también un incremento infinitamente pequeño. Aquí no intervienen en absoluto las posibles
representaciones de la función mediante fórmulas, y sin embargo Cauchy procedía a desarrollar
los teoremas básicos de su curso de análisis.
Dirichlet terció en la discusión al proponer con toda claridad, en un artículo fundamental de
1829 sobre las series de Fourier, que se debe emplear el concepto abstracto de función. En este
sentido, dio el famoso ejemplo de la función que toma el valor I([) = 0 para [ racional, y I([)= 1
para [ irracional, una función que da infinitos saltos en cualquier intervalo, por pequeño que
90
sea. Entiéndase bien, la cuestión no era que Dirichlet tuviera interés en estudiar todas las
89
El concepto puede también precisarse sin recurrir a infinitésimos, según es habitual en manuales de análisis, y como
veremos
90
más abajo Riemann empleó esta versión.
Dirichlet, +oD3& , 169. Erróneamente, Dirichlet creía que esta función no era representable mediante una única expresión
analítica, y pensaba además que no tenía integral.
funciones que puedan definirse, arbitrariamente, en esos términos abstractos; la cuestión era
filosófica o metodológica: consideraba más conveniente desarrollar las teorías matemáticas
partiendo de conceptos generales y no de fórmulas. Y el motivo no era puramente estético, ni se
trataba de un mero ejercicio de lógica, sino que la motivación estaba en que un enfoque
conceptual permitía simplificar el tratamiento del análisis, y sobre todo generalizar los resultados,
obteniendo a la vez una importante clarificación acerca de la “ verdadera naturaleza” de la teoría.
Como diría Minkowski más tarde, Dirichlet fue un maestro en el arte de doblegar los problemas
matemáticos con un mínimo de cálculos ciegos y un máximo de pensamientos clarividentes.
Su enfoque fue retomado por Riemann ya en la tesis doctoral de 1851, así como en el trabajo
ulterior de 1854: al dar una nueva definición de la integral, Riemann daba un paso crucial hacia la
consolidación del concepto abstracto de función, y abría el camino al estudio de las funciones
discontinuas de variable real. Ahora bien, no todos los matemáticos estaban conformes con esta
nueva manera de proceder, que en realidad suponía una desviación importante con respecto a lo
tradicional. Alguno criticó la noción abstracta de función por ser “ puramente nominal” y carecer
de propiedades generales; Weierstrass, el gran rigorizador del análisis, opinaba también que el
concepto de función asociado a Dirichlet era demasiado general y no permitía obtener ninguna
conclusión concreta sobre las propiedades de las funciones. Weierstrass prefería trabajar con
clases de funciones para las que conocía representaciones analíticas explícitas, sobre todo
representaciones mediante series. Vemos así que el giro abstracto impuesto por Dirichlet y
Riemann estaba lejos de ser habitual en sus días. La gran influencia que tuvo la escuela de
Weierstrass hizo que la mayoría de los matemáticos alemanes, hacia fin de siglo, prefirieran una
matemática más próxima a la tradición de tomar como punto de partida representaciones
formales, fórmulas.
Ahora bien, el nivel de abstracción impulsado por Dirichlet y sus antecesores era mucho más
suave que el propuesto por Riemann, y es en este sentido que debe hablarse del último como un
personaje que supone una inflexión en el camino hacia la matemática abstracta. El significado
de lo que acabo de decir quedará más claro cuando hayamos revisado, en los § 5 y 6, los detalles
de algunas de sus contribuciones matemáticas. Pero podemos confirmar ya esa afirmación con
un par de citas; comencemos con dos detalles relativos al análisis de variable compleja.
Riemann contaba que ya hacia 1847, cuando estudiaba en Berlín, discutió con Eisenstein acerca
de la introducción de los números complejos en teoría de funciones. Ambos tenían opiniones
muy distintas sobre los principios que debían seguirse, ya que Eisenstein se mostró partidario de
basarse en el cálculo formal, mientras que Riemann tendía a considerar que la definición
esencial de una función (analítica) de variable compleja está en las ecuaciones en derivadas
91
parciales que llamamos de Cauchy–Riemann. Es decir, Eisenstein habría defendido algo así
como el principio de permanencia de las leyes formales, como guía para la extensión del análisis
al dominio complejo, mientras que Riemann esbozaba ya su innovador enfoque, que parte de
definir las funciones analíticas por medio de una propiedad característica abstracta. Este punto
de partida le permitía profundizar el enfoque conceptual abstracto de Dirichlet, al transferirlo al
análisis de variable compleja (véanse sus comentarios en el § 20 de la tesis doctoral, incluido
como apéndice a la ‘Teoría de las funciones abelianas’ ).
Veamos ahora unas declaraciones de Dedekind, autor al que sus contemporáneos criticaban
también por llevar la abstracción demasiado lejos, y cuyas construcciones conceptuales fueron
calificadas por alguno de ellos (con ironía) de “ demasiado incorpóreas” y por otro (sin ella) de
“ horrendas” . En lo tocante a sus temas de trabajo, Dedekind seguía los pasos de Gauss y
Dirichlet mucho más que los de Riemann, pero cuando llegaba la ocasión de expresar sus
preferencias teóricas y metodológicas, a Dedekind le venía siempre a la boca (o a la pluma) el
nombre de su amigo:
Las expresiones y las fórmulas pueden variarse a voluntad, y por tanto introducen un cierto
grado de arbitrariedad; están lejos de captar lo estrictamente esencial y general a los objetos que
se estudian por medio de ellas. Las representaciones tienen carácter externo, y hay que
privilegiar lo interno, las propiedades características definitorias. Dedekind seguía pues el
ejemplo de Riemann, tratando de localizar y precisar los conceptos básicos por medio de los
cuáles fuera posible un desarrollo abstracto de la teoría, edificándola de modo que estuviera “ en
situación de predecir los resultados del cálculo” , como dijo en un artículo del mismo año.
Contra lo que era habitual, tanto en análisis como en álgebra, las representaciones y fórmulas
debían relegarse siempre al final del desarrollo teórico. La misma idea, e idéntica referencia a
Riemann, se encuentran todavía en comentarios metodológicos del autor realizados en 1895.
La única pega de los planteamientos de Riemann es que apostó siempre por lo que le parecía
el enfoque conceptualmente idóneo, aún en el caso de que esto planteara dificultades en relación
al rigor. No se trata de que Riemann fuera indiferente a los problemas del rigor, recordemos que
era discípulo directo de Gauss y Dirichlet, pero sí es cierto que su actitud frente a esta cuestión
era claramente diferente de la de un Weierstrass o un Dedekind. Diríamos que para Riemann el
91
92
Dedekind +QD "5&44 [1876], 544.
Carta a Lipschitz, junio de 1876, en Dedekind,
(1932; New York, Chelsea, 1969), vol. 3, 223–24; véase también
p. 296 y vol. 2, 54–55.
rigor era un rasgo metódico muy importante, pero no un fin en sí mismo ni un VXPPXPERQXP.
A este respecto, la teoría de funciones nos da de nuevo algunos de los mejores ejemplos: la
noción de ‘superficie de Riemann’ , y la famosa cuestión del ‘principio de Dirichlet’ en el que
Riemann basó su desarrollo de la teoría (§ 6.2). Sólo en 1913, con un libro de Hermann Weyl
titulado precisamente /DLGHDGHODVVXSHUILFLHVGH5LHPDQQ, se llegó a presentar ambos puntos
sobre la base de un tratamiento riguroso.
Sin embargo, Riemann era consciente de la necesidad de tratar con cuidado los fundamentos
del análisis. Por ejemplo, aunque en la conferencia sobre geometría parezca identificar el
requisito de continuidad con el de diferenciabilidad, en sus lecciones dio ejemplos de funciones
continuas no diferenciables, antes de que fueran conocidos los famosos ejemplos de
Weierstrass. En temas del análisis real, seguía los mismos principios que sus contemporáneos, y
así podemos leer en una nota manuscrita:
En matemáticas, conceptos tales como continuidad, infinitud, similaridad y disimilaridad deben siempre tratar de
reducirse a igualdades y desigualdades. Sólo así pueden traerse a una plena claridad los métodos con los que se les
somete a cálculo (investigación). Las demostraciones de los teoremas fundamentales del cálculo infinitesimal se
93
hacen, al tener que resolver también estos problemas, algo más prolijas.
Y en otro lugar puede verse cómo empleaba, igual que Weierstrass, formulaciones en términos
de ε-δ (en su caso, ε-α) para precisar conceptos básicos como el de continuidad de una
94
función. Las carencias de rigor que se encuentran en su obra se derivan, en buena medida, de la
misma novedad de los caminos y enfoques intentaba hacer valer. Hay que decir que, en general,
la posteridad vino a darle la razón y a reconstruir sus planteamientos de forma totalmente
satisfactoria.
En todo caso, los trabajos de Riemann se hicieron famosos por los puntos oscuros que
podían llegar a encerrar. La oscuridad advertida por sus contemporáneos se debía a la
originalidad del enfoque, que exigía un largo período de tiempo para ser asimilado, complicada
por la necesidad de complementar y perfeccionar sus desarrollos. Valga como muestra la
declaración que le hacía Dedekind al otro editor de las obras de Riemann, Heinrich Weber,
cuando empezaban a discutir ese proyecto conjunto:
No soy el profundo conocedor de las obras de Riemann por el que Ud. me toma. Ciertamente conozco esas obras y
FUHR en ellas, pero no las domino, y no las dominaré hasta haber superado a mi manera, con el rigor habitual en la
95
teoría de números, toda una serie de oscuridades.
93
Riemann
q
, 111.
94
Riemann
, 46.
95
Carta de noviembre 1874,
,].. Riemann, I, 2, p. 14 (el
,].. se conserva en la Biblioteca Estatal y
Universitaria de Baja Sajonia, localizada en Gotinga).
En alguien como Dedekind, que convirtió la exigencia de demostrar todo lo demostrable en su
divisa, resulta llamativo encontrar una apelación tan clara a la mera FUHHQFLD, lo que da una
buena indicación del enorme respeto que sentía por su antiguo amigo. En un pasaje de su
biografía de Riemann nos ofrece lo que parece ser su explicación del peculiar modo de trabajo
riemanniano:
Su brillante capacidad de pensar y su fantasía anticipadora le hacían dar casi siempre –como se ponía de manifiesto
especialmente en conversaciones casuales sobre temas científicos– pasos muy grandes que no era tan fácil seguir, y si
se le pedía un examen más detallado de algunos miembros intermedios de sus deducciones podía quedarse
desconcertado, y le causaba algún esfuerzo acoplarse al razonar más lento de los otros y alejar rápidamente sus dudas.
Así, en sus lecciones a menudo le molestaba sensiblemente observar las expresiones de sus oyentes, … cuando, a
96
veces contra todas sus expectativas, se creía obligado a demostrar en particular un punto que para él era casi obvio.
1R VH GHEH LQWHQWDU OD FRPSUHQVLyQ GH OR LQILQLWR VLQR VyOR VH GHEH SHQVDU TXH WRGR DTXHOOR HQ OR TXH QR
HQFRQWUDPRVOtPLWHVHVLQGHILQLGR
De este modo no nos veremos nunca envueltos en las disputas acerca de lo infinito, pues sería ridículo que nosotros,
siendo finitos, intentásemos determinar algo infinito y, de esta forma, suponerlo finito, pues intentamos
97
comprenderlo.
Protesto contra el empleo de una magnitud infinita como si fuera completa, cosa que nunca está permitida en la
matemática. El infinito es sólo una IDoRQGHSDUOHU, cuando propiamente se habla de límites.
98
96
97
Dedekind +QD "5&44 [1876], 550–51.
98
Descartes, r_+.D3
&8!5& D'&+.S#
),s\]&4,4+.B+a\]X8 (Madrid, Alianza, 1995), 37.
Gauss,
, vol. 8, 216.
Pero también podrían ponerse ejemplos contrarios, especialmente tomados de Leibniz. Igual que
sucede con otras generalizaciones extremas, la anterior no se sostiene frente a la evidencia, y el
lector podrá comprobar que no es fácil encontrarla en trabajos históricos bien informados. Cuando
menos en Alemania –y en este punto probablemente tiene mucho sentido hablar de diferencias
entre culturas nacionales– hubo una tendencia significativa a admitir el infinito actual. La
atmósfera filosófica era favorable, especialmente debido al ambiente de recuperación de Leibniz;
ello se alió con otras razones matemáticas y lógicas, llevando a que matemáticos como Steiner,
Bolzano, Riemann y Dedekind se manifestaran a favor del infinito actual antes incluso de Cantor.
Y lo mismo sucedía con científicos y filósofos como los mencionados Fechner y Lotze, o como el
propio Weber.
Pasemos pues a Riemann. Hay que decir, ante todo, que sus puntos de vista requieren una
reconstrucción, ya que no hay ningún texto matemático suyo en el que se declare expresamente a
favor del infinito actual. Más bien, sus afirmaciones SUHVXSRQHQ que ese problema está ya
resuelto; comencemos –por variar– con ejemplos matemáticos. El mero hecho de que considerase
las variedades de dimensión arbitraria como conjuntos de puntos, sugiere ya que admitía el
infinito actual. Sin embargo, bien podría argumentarse que esta evidencia no es concluyente. Más
claro parece el hecho de que introdujera “ puntos en el infinito” en el contexto de su ‘Teoría de las
funciones abelianas’ , lo que le permitía considerar el plano complejo como una superficie FHUUDGD
y simplificar sus consideraciones teóricas. Todavía más llamativo es que, en la conferencia de
1854, no sólo se atreviera a considerar sin ningún reparo variedades Q-dimensionales, sino que
asumiera la existencia de variedades o espacios de infinitas dimensiones:
existen variedades en las cuales la determinación de posición exige, no un número finito, sino bien una sucesión infinita
o bien una variedad continua de determinaciones de magnitud. Constituyen variedades tales, por ejemplo, las determi-
naciones posibles de una función para una región dada, las configuraciones posibles de una figura espacial, etc.
Difícilmente podría haber escrito estas frases un seguidor ortodoxo de Aristóteles. Resulta
interesante, además, advertir cómo Riemann diferencia claramente el caso de una sucesión
infinita del de un continuo. Esto sugiere poderosamente que no cayó en el error de identificar lo
discreto con lo finito (la sucesión, igual que è, es un infinito discreto), lo que a su vez parece
confirmar que era un partidario del infinito actual.
Un comentario llamativo de Riemann acerca del infinito es el siguiente, que se encontró entre
sus manuscritos:
El conocimiento del hecho de que las series infinitas y las integrales múltiples se dividen en dos clases, constituye un
99
punto de inflexión en la concepción del infinito en la matemática.
La idea del camino a seguir para la solución de este problema le vino con la inteligencia de que las series infinitas se
dividen en dos clases esencialmente distintas, según que, al hacer positivos todos sus miembros, permanezcan
convergentes o no.
Las series de Fourier pueden ser de un tipo o de otro, pero la suma de las series infinitas del
segundo tipo depende del orden de sus términos; de hecho Riemann perfecciona el resultado de
Dirichlet demostrando que, al reordenarlos adecuadamente, se puede hacer que la serie converja a
un valor FXDOTXLHUD. Tras esto, comenta:
Las leyes de las sumas finitas sólo son aplicables a las series de la primera clase; sólo ellas pueden realmente ser
consideradas como una [mera] colección de todos sus miembros, no las series de la segunda clase; circunstancia que
había pasado inadvertida a los matemáticos del siglo pasado, principalmente por la razón de que las series de
potencias pertenecen, hablando en general (es decir, exceptuando valores aislados de la variable), a la primera clase.
Como vemos, el punto de inflexión está ligado ante todo a un problema de rigor y clarificación
conceptual; no deja de ser relevante el que, según Riemann, un tipo de series infinitas pueda
considerarse, en cierto modo, como la simple colección o conjunto (infinito, claro está) de sus
términos.
Es tiempo ya de pasar a lo que los escritos filosóficos de Riemann nos dicen acerca del infinito:
veremos que nos permitirán confirmar lo que sugieren los pasajes anteriores. Para empezar,
conviene discutir brevemente las posiciones de los filósofos que influyeron en él. Comenzando
por Leibniz, es bien sabido que en sus escritos filosóficos se mostró partidario declarado del
infinito actual, y que sus obras matemáticas no pueden reconstruirse sin hacer uso de los
infinitésimos. Para Leibniz, la infinitud era una característica esencial de Dios y de su creación; en
un texto célebre (citado por Bolzano en 1851 y por Cantor en 1883) dice:
Estoy en tal medida a favor del infinito actual, que en lugar de admitir que la naturaleza lo aborrece, como se dice
vulgarmente, sostengo que la afecta por todas partes para mejor mostrar las perfecciones de su Autor. Así, creo que
no hay ninguna parte de la materia que no sea, no digo ya divisible, sino actualmente dividida; y en consecuencia la
100
menor partícula debe considerarse como un mundo lleno de una infinidad de criaturas diferentes.
99
Riemann,
q
, 111.
100
J. E. Erdmann, r_
5&4;5!0&4k&-&0tuD
%v 0&4,4+.B+QD30&
(Berlín, 1840), 118. La misma idea se repite en la famosa wx+@!""#+,4+PyX8 ,
véanse sus puntos 57 y 64–67.
En cuanto a Herbart, al principio de su carrera, en la etapa en que estudió matemáticas con
detalle, fue partidario manifiesto del infinito actual. Mucho más tarde, a finales de los años
101
1830, declararía que el infinito sólo puede considerarse indeterminado e incompleto, y esta es
la tesis que por la que se le suele recordar; pero conviene repetir que Riemann indicó claramente
102
su preferencia por los escritos iniciales de Herbart. Entonces, Herbart hablaba del servicio que
la metafísica había prestado a la matemática al eliminar la aversión hacia el infinito, la cual
había llevado a los matemáticos a enseñar “ en formas extrañas, VLQ ese concepto fundamental,
aquello que VyOR a través de él fue accesible al propio GHVFXEULGRU” [alusión a Leibniz como
103
descubridor del cálculo]. Recordemos también la ontología de los “ reales” , versión herbartiana
de la monadología de Leibniz (§ 2.1). Todo esto sugiere que Riemann podría haber estado del
lado infinitista de Leibniz y del primer Herbart.
El texto que sirve para confirmar esa hipótesis es precisamente el de las ‘Antinomias’ , del que
ya hemos hablado. Aquí, las ideas de la tesis llevan el encabezamiento “ finito, representable” , las
de la antítesis “ infinito, sistemas conceptuales que están en las fronteras de lo representable” . Y en
la aclaración general leemos:
Los sistemas conceptuales de la antítesis son conceptos que están ELHQGHILQLGRV mediante predicados negativos, pero
no son representables positivamente. [cursivas añadidas]
En particular, el concepto de infinito está bien definido y resulta plenamente admisible, aunque no
admite conceptualización positiva. Lo infinito es, etimológica y conceptualmente, lo no-finito, lo
que se encuentra en el límite (frontera) de lo finito, cuando esto finito crece más allá de cualquier
cantidad asignable.
Hay varios aspectos de esta posición que merecen ser comentados. La concepción de
Riemann está algo lejos de lo que se encontrará en la obra conjuntista posterior de Dedekind y
Cantor. Aunque Riemann aceptaba el infinito actual, creía que no era posible definir ese
concepto directamente, pero su amigo Dedekind se encargó de enmendarle la plana. Según la
famosa definición de Dedekind, un conjunto & es infinito si y sólo si existe una aplicación
biunívoca ϕ: & → 6, siendo 6 un subconjunto de &. Por si fuera poco, Dedekind basó en esa
104
101
Herbart, z_{
|"}~"@
|iq5}''8
4{54-5
m8
0{ |044BQ3|0{ [1837]: “ Por el contrario, para una cantidad [Menge] 8
[]8
04 la
posibilidad de contar queda decididamente excluida, pues lo {
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8
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@_S4{4 ” (en "-k
|{G{
}{ , Aalen, Scientia, 1964, vol. 4, p. 88–89).
102
103
Riemann, {
}{ , 507–08.
104
Herbart, ~@{
}e3|044BQ3|0:B
|{T-5045 [1807], en "-k
|{G{
}{ (Aalen, Scientia, 1964), vol. 1, 174.
Esto también sorprendió mucho a Cantor, cuando Dedekind se lo comunicó en 1882; véase Dedekind, >@ B@
¡
3"}9¢@LH8}J{
G4S
£5N{
}JP¤ (Madrid, Alianza/UAM, 1998), 115–16, 174.
conjuntos finitos; lástima que Riemann no hubiera vivido más, para conocer su reacción ante
semejante inversión de lo que tradicionalmente se había considerado el orden natural de las
cosas. Por otro lado, cuando dice que el infinito no es representable positivamente, podría
entenderse que Riemann niega la posibilidad de investigarlo desde el punto de vista matemático.
Si es así, los logros de Cantor, desde el descubrimiento de que hay más puntos en un segmento
que números naturales, hasta la introducción de los números ordinales y cardinales transfinitos,
le habrían sorprendido enormemente.
En otro orden de cosas, hay que señalar un matiz filosófico muy importante. Los
comentarios de Riemann sobre finito e infinito aparecen en una tabla de antinomias, y se
entiende por antinomia una contradicción irresoluble, natural e inevitable para la razón. Esto
quiere decir que la mente humana no está en condiciones de elegir uno u otro de los términos o
proposiciones antitéticos que forman cada par. Hay que suponer que Riemann asumía esta
implicación, de donde se sigue que, en su opinión, una antitética irresoluble afecta al par de
conceptos finito/infinito. Podemos concebir las cosas, en los distintos ámbitos, desde el punto
de vista de lo finito y representable, o desde el punto de vista de lo infinito, en el límite de lo
representable. Ambos enfoques son admisibles y justificables, pero son contrarios, y además
resulta imposible dar argumentos para optar por uno o por otro. Este importante matiz, de cariz
típicamente filosófico, diferenciaría profundamente a Riemann de sus continuadores Dedekind y
Cantor. (Sin embargo –igual que en otros casos–, no es descartable que el fragmento sobre
antinomias fuera de comienzos de los años 1850, y que las ideas de Riemann al respecto
hubieran sufrido una evolución posterior.)
Algo análogo puede decirse del par de conceptos que constituyen la primera antinomia de
Riemann: discreto/continuo. Riemann aceptaba sin duda la concepción infinitista del continuo, y
de hecho consideraba el concepto de continuidad como idea básica y matriz de la matemática
(véase su escrito sobre epistemología). Pero debía pensar que no es posible definir ese concepto
directamente, punto en el que, de nuevo, su amigo Dedekind y más tarde Cantor se encargaron
de enmendarle la plana. Dedekind indicó en 1872 que un conjunto & dotado de un orden lineal
denso es continuo si y sólo si toda cortadura en & corresponde a un elemento de &; dijo,
además, que esta definición sirve de fundamento para un análisis general de los continuos. En
1883, Cantor definió un continuo, en términos de topología de conjuntos de puntos, como un
105
conjunto perfecto y conexo. De nuevo vemos que la evolución posterior de la matemática
tiende a dar definiciones incluso para estos conceptos altamente abstractos.
Ahora bien, tales definiciones sólo son posibles admitidas ciertas “ hipótesis” o axiomas, en
este caso los axiomas de la teoría de conjuntos, incluyendo el axioma de infinitud (que,
expresado informalmente, diría: existe un conjunto infinito). A este nivel es, precisamente,
donde se localizaron las intensas disputas sobre fundamentos que han estado vivas (aunque
fuera a nivel de brasas residuales) durante los últimos 130 años. La disputa principal es,
precisamente, la que enfrenta a finitistas/constructivistas y a infinitistas, o en otros términos, a
los partidarios radicales de lo discreto y de lo continuo. Puede decirse que el principal caballo
de batalla para el debate de fundamentos ha sido y es la idea del continuo. Teniendo esto en
cuenta, el lector podrá apreciar en su justa medida la sabiduría que se encierra bajo la apariencia
quizá simple de la primera antinomia de Riemann.
105
Véase Dedekind, ¥Q¦ §©¨5ª4«4§ [1998], 84–85, y sobre Cantor el libro de Grattan-Guinness, ¬i®©¨
¯®4¨°"®4¥U±W®±W«4¥@²
³8±Y´
¨¥@µ[¶°5µ«4¥· (Madrid, Alianza, 1984), 255–56 o también Ferreirós, ¸S®cµ"±¨5ª8¹9ª
µ«4¥K´G®±V«4¥@²
³8±º´j¨¥@µ[¶°5µ«4¥· (Madrid, UAM,
1993), 249–52. Un subconjunto » de n se dice ‘perfecto’ si contiene todos sus puntos de acumulación, ‘conexo’ (siguiendo a
Cantor) si dos elementos ·¼T·s½ de » pueden siempre enlazarse mediante una cantidad finita de elementos « 1, … , « n de » ,
manera que las distancias ·« 1, … , « n·s½ sean todas menores que un δ > 0 cualquiera.
5. Riemann matemático: topología y geometría.
Sin duda, el lector estará ya deseando encontrar unas palabras sobre las famosas ideas
geométricas de Riemann, si es que no ha saltado buena parte de las páginas anteriores en busca
de ello. Pasemos, pues, a sus contribuciones propiamente matemáticas, admitiendo de partida
que no se encontrará aquí un comentario sobre WRGD la obra de Riemann, sino sobre los aspectos
representados en la presente selección. Comenzaremos hablando de geometría y topología,
haciendo un especial esfuerzo por divulgar los conceptos que aquí se encuentran; luego (§ 6)
consideraremos las contribuciones de Riemann al análisis real y complejo, para acabar con su
famosa contribución a la teoría de números.
Es bien sabido que la geometría de Riemann se inscribe en uno de los capítulos más famosos
de la historia de la matemática, el desarrollo de las geometrías no euclideas, y que constituyó un
preparativo esencial para la teoría relativista de la gravitación. Puede decirse, abusando de una
expresión famosa, que aquí nos encontramos con tres gigantes subidos unos a hombros de otros:
Riemann sobre las espaldas de Gauss, y Einstein encima de aquél. A propósito de este
desarrollo de ideas, escribía precisamente Einstein en 1922:
Los conocimientos matemáticos que posibilitaron el establecimiento de la teoría de la relatividad general, hemos de
agradecérselos a las investigaciones geométricas de Gauss y Riemann. El primero investigó en su teoría de
superficies las propiedades métricas de una superficie inmersa en un espacio euclideo tridimensional, y mostró que
éstas pueden ser descritas mediante conceptos que sólo guardan relación con la propia superficie, y no con la
inmersión [en el espacio] … Riemann extendió la línea de pensamiento gaussiana a continuos de cualquier número de
dimensiones, y previó el significado físico de esta generalización de la geometría de Euclides con visión profética. …
las leyes naturales sólo adoptan su forma lógica más satisfactoria cuando son expresadas como leyes del continuo
cuatridimensional espacio-temporal.
Así, no resulta extraño que la lección de Riemann sobre geometría, un texto de sólo 15 páginas,
haya adquirido un aura legendaria.
El lector del famoso texto debe recibir una advertencia, que ya apuntaba al principio mismo
de la introducción. Por evitar el empleo de formalismo matemático, su exposición parecerá
inevitablemente vaga y difusa a los lectores que sean matemáticos de formación. Esto se ve
empeorado por el hecho de que Riemann no hizo –ni estaba en condiciones de hacer– explícitos
106
Frase de Newton, al final de un trabajo suyo sobre la cuadratura de curvas (integración), que Riemann empleó como
encabezamiento de un trabajo donde desarrollaba y aplicaba aspectos analíticos de su geometría diferencial: ‘Commentatio
mathematica’ , ¾
²¿ , 391.
todos los presupuestos de sus conceptos, especialmente de su idea de variedad (que en el
espacio de dos páginas pasa de hacer referencia a conjuntos en general, a designar variedades
diferenciables). Riemann hace libre uso de un lenguaje de estilo filosófico, que puede resultar
difícil al lector actual, aunque sea muy preciso; es importante asociar a cada término el
significado que Riemann define, y no cualquier sentido usual en el lenguaje de la calle.
Especiales dificultades plantean los términos ‘determinación’ , ‘variedad’ y ‘magnitud’ , de los
que me he ocupado en una sección anterior (§ 4.1). Además, el efecto de extrañeza se ve
aumentado por los importantes cambios que se han dado en la configuración de la matemática
desde entonces. ¿Vale la pena, a pesar de todos estos pesares, emprender la lectura? Lectores
como Dedekind y Weyl han señalado que la lección es una auténtica obra maestra en lo relativo
a exposición, y yo creo también que la respuesta es indiscutiblemente sí. Pero el lector debe
saber que le será útil tener alguna ayuda.
Según mi más íntima convicción, la posición de la teoría del espacio con respecto a nuestro conocimiento DSULRUL es
muy distinta a la de la pura teoría de magnitudes: nuestro conocimiento de aquélla se aleja completamente de HVD
convicción total de su necesidad (o sea, también de su verdad absoluta) que es propia de la ~OWLPD; debemos conceder
con humildad que, si el número es SXUDPHQWH un producto de nuestro espíritu, el espacio tiene también una UHDOLGDG
IXHUD de nuestro espíritu, y que no podemos prescribir sus leyes completamente DSULRUL.
108
Por dar otro ejemplo, Lobachevskii anunció en 1826, cuando ya estaba en posesión de sus
nuevas ideas geométricas, una “ prueba rigurosa del teorema de las paralelas” ; no se trataba de
107
También Gauss, en su obra inédita, había desarrollado la geometría hiperbólica. La principal novedad, clave para que
fuera posible un desarrollo completo, fue la introducción del tratamiento analítico basado en las funciones trigonométricas
hiperbólicas. El lector puede consultar, entre otras obras, la de J. Gray, ÀQ´
±]·S´>·-¦3±¨5ª¥ (Madrid, Mondadori, 1992).
una prueba matemática, sino empírica: había medido los ángulos de paralaje de Sirio y de otras
109
dos estrellas, constatando que su suma era muy próxima a 180°. Este cambio de perspectiva
marcó una transformación de gran alcance en la comprensión de la matemática: los objetos
matemáticos no están restringidos a lo real, sino que, por así decirlo, lo superan en la dirección
de lo posible.
En todo caso, las ideas planteadas por Lobachevskii y Bolyai entre 1830 y 1840 apenas
fueron objeto de atención; ni siquiera en el caso de Riemann tenemos ningún indicio de que las
conociera. Sólo en los años 1860, a raíz de la publicación de la correspondencia de Gauss,
comenzó una discusión abierta en torno a las geometrías no euclideas. Entretanto, Riemann
había leído su conferencia en 1854, y había logrado la aprobación entusiasta de Gauss, pero
nunca publicó la obra, seguramente porque esperaba escribir algún día un tratado riguroso y
detallado. Tras su muerte, Dedekind la editó en las memorias de la Academia de Ciencias de
Gotinga (1868); un joven testigo del momento contaba años más tarde:
Esta conferencia causó una tremenda sensación al ser publicada … Pues Riemann no sólo había abordado
profundísimas investigaciones matemáticas … sino también, en todo momento, la cuestión de la naturaleza interna de
110
nuestra idea de espacio, y había tocado el tema de la aplicabilidad de sus ideas a la explicación natural.
108
Gauss, ¾
²¿ , vol. 8, 201. La propia teoría de los números reales acabaría perdiendo también el aura de necesidad y
verdad
109
absoluta que Gauss aun le confería.
La suma de los ángulos de un triángulo, en la geometría Lobachevskii–Bolyai, es menor de 180°, y tanto más pequeña
cuanto
110
mayor sea el área del triángulo (de ahí la conveniencia de trabajar con triángulos astronómicos).
Felix Klein, Á"¥@²®4·°5µÂ
µGÃ"Ä@
²T´0ª'¸3µ«Å>ª¨
¿5®-°5µÂ ´
²nÆm±«Ç
¹)±«kª8¿ª8¹ÉÈ5Ê"§q˱"Ç"²Ç°5µ"´
²« (Berlin, Springer, 1926), 173.
realmente, una recta? La pregunta era más complicada de lo que podía parecer a primera vista, y
cuanto más larga y cuidadosa fuera la reflexión sobre este tema, más oscura se volvía la
presunta necesidad de la geometría euclidea. Herón de Alejandría había dicho que una línea
recta es una línea tensada al máximo; dicho con más precisión, una recta se distingue de las
curvas próximas a ella por tener longitud mínima. Pero esto todavía está lejos de llevarnos de
vuelta a Euclides.
En 1828, se publicó un famoso trabajo de Gauss que dio origen a la geometría diferencial
moderna, pero que también puede ponerse en relación con el problema de la naturaleza de las
rectas. Su título era ‘Disquisitiones generales circa superficies curvas’ , y en él se abría camino
al estudio de la geometría de las superficies desde un punto de vista LQWUtQVHFR; para ello, Gauss
definía el concepto de PHGLGD GH FXUYDWXUD de la superficie en cada punto. El objetivo de la
memoria era introducir un “ nuevo punto de vista” respecto a las superficies curvas:
Si no se consideran las superficies como contornos de cuerpos, sino como cuerpos, una de cuyas dimensiones es
infinitamente pequeña, y también se las considera flexibles, pero no extensibles,
entonces nos vemos llevados a considerar las propiedades “ absolutas” que aun se conservan al
111
deformar las superficies sin romperlas, estirarlas, ni plegarlas. Entre ellas está precisamente la
medida de curvatura en cada punto, pero también las consideraciones relativas a figuras
construidas sobre la superficie (ángulos que forman, su área, etc.), así como las consideraciones
relativas a las líneas mínimas o geodésicas sobre la superficie. Es notable cómo el trabajo de
Gauss aborda explícitamente las propiedades “ infinitesimales” de las superficies; no es fácil
traducir sus desarrollos a un lenguaje libre de esa idea.
Supongamos una superficie cualquiera en el espacio; a nivel local, en el entorno de un punto
3, las superficies sólo pueden (salvo casos degenerados) tener la forma de un gorro, o bien la de
una silla de montar; además, por 3 pasan dos curvas de la superficie distinguidas, que definen
las FXUYDWXUDVSULQFLSDOHV: son las curvas que tienen mayor y menor curvatura entre todas las
que pasan por 3. Gauss definió rigurosamente la curvatura . de la superficie en 3 (de un modo
que no detallaré aquí), obteniendo el resultado de que . es igual al producto de las curvaturas
principales N1 y N2 en 3. Se conviene en que la curvatura es positiva si la superficie tiene forma
de gorro, y negativa en el caso de la silla de montar; un plano euclideo (y las superficies que
pueden deformarse hasta coincidir con un plano, por ejemplo una superficie cilíndrica) tiene
curvatura cero en todos sus puntos. La curvatura gaussiana . permite dar un sentido a la
constante arbitraria en la que descansaban los trabajos de Lobachevskii y Bolyai, al menos en el
caso bidimensional (la medida de curvatura de Riemann hará lo propio para 3 o Q dimensiones).
La geometría plana de Lobachevskii–Bolyai queda caracterizada por una medida de curvatura
constante en todos los puntos, que puede ser negativa, o bien 0, en cuyo caso el plano es
euclideo.
Lo más importante, sin embargo, es que Gauss demostraba rigurosamente que el concepto de
curvatura es LQWUtQVHFR: que sólo depende de las características internas de la superficie, y no de
la posición de ésta relativa al espacio ambiente. El resultado le pareció a Gauss tan importante
112
que lo denominó “ teorema egregio” . Para aclarar lo que significa, supongamos que curvamos
y deformamos la superficie a voluntad, pero siempre sin alterar las longitudes de las curvas que
contiene; dichas transformaciones LVRPpWULFDV respetan las distancias intrínsecas entre sus
puntos (distancias medidas a lo largo de curvas en la superficie). Pues bien, el teorema egregio
dice que la curvatura gaussiana . es invariante bajo transformaciones isométricas. Es fácil ver –
compruébelo el lector con una hoja de papel– que una superficie plana finita se puede
transformar, de tal modo, en un cilindro, o también en un cono sin su cúspide. El resultado de
Gauss implica, pues, que la geometría intrínseca del plano es la misma que la geometría
113
intrínseca en un cilindro o un cono. Las rectas del plano se transforman, bajo la transformación
isométrica, en las llamadas JHRGpVLFDV de las otras superficies. Se denomina geodésica a la
curva que determina la distancia más corta entre dos puntos VREUH una superficie dada (y no en
el espacio tridimensional ambiente).
Si aplicamos esos resultados al problema de la naturaleza de las rectas, nos encontramos con
una grave dificultad. Ninguna condición que podamos expresar en términos de la geometría del
plano nos permitirá caracterizar la línea recta, porque esa misma condición (intrínseca) se aplica
a las geodésicas de las superficies que son sus imágenes bajo deformación isométrica.
Extrapolando al caso de tres dimensiones, ¿cómo podemos saber si lo que llamamos ‘rectas’ en
nuestro espacio no son más bien geodésicas de algún tipo? Análogamente, ¿cómo podemos
saber que nuestros ‘planos’ no son superficies curvas? Todo indica que Gauss era muy
consciente de estos problemas; en una carta de aquel tiempo escribe que el tema de su memoria
nos lleva a un plano impredictible. Esta investigación está profundamente interrelacionada con mucho más, yo diría
114
que con la metafísica del espacio, y encuentro difícil sacudirme las consecuencias de ello.
111
112
Gauss, ‘Disquisitiones generales circa superficies curvas’ [1828], ¾
²¿ , vol. 4, §13.
113
Gauss, ¥Q¦ §"¨5ª4«4§ [1828], §12.
Riemann hace referencia a los resultados de Gauss que hemos visto hasta aquí en el apartado II, sección 3, de su
lección.
114
Gauss, ¾
²¿ , vol.. 12, 8. Gauss también veía relaciones con la “ metafísica de los números imaginarios” , ya que éstos
se ligan inevitablemente con las variedades bidimensionales.
A la muerte de Gauss, su colega el profesor Sartorius von Waltershausen informaba de
conversaciones en las que Gauss había dicho que la tridimensionalidad podría ser una limitación
de nuestras mentes, y en las que comparaba a los hombres con planilandeses:
Podemos imaginar, dijo, una especie de seres que sólo son conscientes de dos dimensiones; quizá los que están por
encima de nosotros nos contemplen de forma semejante, y [Gauss] habría dejado de lado cierto número de problemas,
continuó diciendo de broma, que pensó que podría tratar geométricamente más adelante, en circunstancias
115
superiores.
Diversas afirmaciones de Gauss sugieren que veía una relación clara entre el artículo sobre
superficies curvas y la geometría no euclidea, y que su estudio le confirmaba en la idea de que
el espacio real bien pudiera ser no euclideo. Hay que resaltar que en dicha memoria enfatizaba
resultados sobre la suma angular en triángulos formados por geodésicas que están ligados a
resultados típicos de las geometrías no euclideas. Hacia el final del trabajo exponía el siguiente
resultado que, por simplificar, daré para superficies de curvatura . constante. Supongamos dado
un triángulo cuyos lados son geodésicas en la superficie, cuyos ángulos sean α, β, γ, y cuya área
o contenido de superficie sea σ; entonces la diferencia entre la suma de sus ángulos y π (dos
rectos) será
α+β+γ – π = .σ.
116
115
Ì
Citado por Bottazzini, ‘Geometry and “ metaphysics of space” in Gauss and Riemann’ , en Poggi y Bossi, eds.,
¥@¹)±"µ«kª¨5ª:·Í¹Éª8µÎ·B¨5ª
µ¨ (Dordrecht, Kluwer, 1994), 20.
YDULHGDGHVULHPDQQLDQDV. Es justo mencionar en este punto que, hacia el final de su vida, Gauss
parece haber estado obsesionado por el tema de los espacios Q-dimensionales, para los que
117
empleaba el nombre de ‘variedades’ .
116
Gauss, ¥Q¦ §)¨5ª4«4§ [1828], §27. También resaltaba que el exceso de la suma angular de un triángulo formado por
geodésicas
117
sobre dos rectos, es igual a la curvatura total del triángulo (§20).
En un curso de 1850/51 hablaba de ellas, extendiéndoles la métrica euclidea a nivel global; esto sugiere, de paso, que
quizá
118
no llegó tan lejos como Riemann en sus especulaciones (Bottazzini en ¥Q¦ §"¨5ª4«4§ [1994]).
Como tampoco lo tienen los ‘axiomas’ de Newton, véase el final del escrito sobre epistemología.
Formularemos las hipótesis de Riemann para el caso de 3 dimensiones, antes de proceder a
explicarlas en los términos más simples que podamos. Se trata de una secuencia de hipótesis
cada vez más restrictivas; las principales son:
1. el espacio es una variedad continua de 3 dimensiones (y, concretamente, una variedad
diferenciable);
2. las líneas dentro de esa variedad tridimensional son medibles y comparables, es decir, cada
segmento posee una longitud que no depende de la posición (no se ve afectada por un
movimiento en la variedad);
3. la longitud de un elemento o ‘porción infinitesimal’ de línea puede expresarse por medio de
una forma diferencial cuadrática definida positiva; esto determina la métrica en la variedad
y permite definir un concepto de PHGLGDGHFXUYDWXUD que generaliza la noción de Gauss;
4. los sólidos pueden moverse libremente en el espacio sin sufrir deformaciones métricas, o
como dice Riemann “ estiramientos” ; esto determina que la variedad tenga curvatura
constante (que es igual a 0 en el caso euclideo).
Pasemos pues a una explicación sucinta, comenzando por lo que son la topología y las
variedades de Q dimensiones.
V = ( [1 − [ 2 )2 + ( \1 − \ 2 ) 2 ,
donde ([1, \1) y ([2, \2) son las coordenadas cartesianas de los puntos del plano cuya distancia
hemos establecido. Otros tipos de geometría no prestan atención a las distancias, como sucede
en la proyectiva, que sin embargo conserva nociones como las de recta, cónica, o colineación (el
estar dos puntos en la misma línea). Generalizando aún más, se puede prescindir de las
características tanto métricas como proyectivas de las figuras, para quedarse sólo con
propiedades geométricas sumamente básicas. Esto sucede en la topología, donde se preserva la
noción de contigüidad o adyacencia de los puntos, o dicho de otro modo la noción de HQWRUQR de
un punto, pero donde las figuras pueden deformarse a voluntad, siempre –dicho informalmente–
que no se rasguen y que no peguemos dos puntos que estaban separados. Las propiedades
topológicas son invariantes bajo aplicaciones continuas cuya inversa también es continua
(aplicaciones bicontinuas). Entre estas propiedades está el número de agujeros que tenga la
figura, de ahí la broma habitual según la cual el topólogo puede llegar a confundir una taza de
café con un donuts (en terminología matemática, un toro).
Riemann fue uno de los primeros en concebir la topología como una rama autónoma de la
matemática, de carácter fundamental. La misma idea se halla sugerida en algunos escritos de
Gauss, y fue desarrollada en cierta extensión por otro de sus alumnos, Listing, profesor de física
en Gotinga y codirector del Seminario Físico-Matemático al que perteneció Riemann. En un
trabajo de 1849 sobre el teorema fundamental del álgebra (del que hablaremos en § 6.2) decía
Gauss:
Expondré la demostración en un ropaje tomado de la geometría de posición, pues aquella alcanza de esta manera la
máxima intuitividad y simplicidad. Pero en rigor el auténtico contenido de toda la argumentación pertenece a un
dominio superior de la teoría abstracta de magnitudes, independiente de lo espacial, cuyo objeto son las
combinaciones entre magnitudes ligadas según la continuidad – un dominio que hasta el momento ha sido poco
120
cultivado, y en el que tampoco podemos movernos sin un lenguaje tomado de las figuras geométricas.
Este es el texto que apunta más claramente a la necesidad de una nueva rama de la “ teoría
abstracta de las magnitudes” que debe ocuparse de cuestiones topológicas. Riemann empleó
‘definiciones’ de la topología que recuerdan bastante a la de Gauss en el apdo. II.1 de su lección
y el apdo. II de la ‘Teoría de las funciones abelianas’ . Ahí dice que esta disciplina considera
relaciones entre puntos y entre regiones de una variedad, sin presuponer que puedan introducirse
consideraciones métricas. Este último punto, la total independencia de consideraciones métricas,
es el que queda más claro en las, por lo demás, bastante oscuras definiciones de Riemann.
En cuanto a Listing, fue precisamente él quien acuño el término “ topología” , en una carta de
1836 y un trabajo de 1847 (9RUVWXGLHQ]XU7RSRORJLH, Gotinga). Riemann, en cambio, hablaba
119
Sobre este tema es recomendable la exposición de Guy Hirsch, ‘Topologie’ , en J. Dieudonné, ÏÄ5²JÐBÂÐ9´>Ñ Ç0ª:·«4¥ª8²J9´·
¹)±«ÇÐ
¹)±«kª8Ò°@· ÈÔÓÕ"ÕHÖyÈ5ÊÕ"Õ (Paris, Hermann, 1986).
120
Gauss, ¾
²¿ , vol. 3, 79.
de DQDO\VLV VLWXV, término que etimológicamente quiere decir lo mismo, y que tenía un
precedente ilustre en Leibniz (aunque empleado en otro sentido; los matemáticos europeos,
incluida otra figura clave como fue Poincaré, siguieron hablando de “ analysis situs” hasta el
primer tercio del siglo XX). Las contribuciones más importantes de Listing están relacionadas
con la demostración rigurosa del teorema de Euler sobre los polihedros y su generalización.
Aunque su obra no tuvo una gran influencia en Riemann, no hay duda de que debió estimular su
trabajo en este campo. Nuestro autor introdujo novedades esenciales en topología combinatoria,
relacionadas con las propiedades topológicas de superficies y variedades, y demostró muy
claramente el servicio que esta disciplina podía prestar al análisis y a la propia geometría
diferencial. Más tarde (§ 6.2) diremos algunas palabras sobre los métodos de investigación que
empleó en el contexto de la teoría de funciones.
Riemann nos dice, en una nota a su lección, que el apdo. I de ésta establece los prerrequisitos
para contribuciones a la topología. Efectivamente, en su primera sección plantea
consideraciones muy amplias, esbozando incluso un programa de estudio general del “ analysis
121
situs” que parece haber estimulado también los estudios de topología conjuntista. De todas
formas, en la lección se limitó a esbozar las ideas imprescindibles para las consideraciones
geométricas que quería desarrollar: variedad, dimensión, y parametrización.
El concepto de YDULHGDG es, según Riemann, el punto de partida adecuado para la topología y
en general para todas las ramas de la teoría de las magnitudes. Nuestro autor parece haber
llegado a este nuevo concepto reflexionando sobre las ‘superficies de Riemann’ , nuevos objetos
geométricos que había introducido en la teoría de funciones (§ 6.2). Estas superficies plantean el
problema de que no pueden darse en el espacio tridimensional, sino sólo en espacios de un
mayor número de dimensiones. (En este punto, es notable que, según su maestro Schmalfuss (§
1.1), las “ abstracciones” de Riemann “ sobre las dimensiones espaciales” se remontan a su
primer año como universitario, 1846–47.) Por otro lado, había que justificar la legitimidad de su
introducción, particularmente en el contexto del análisis, sometido entonces a exigencias
bastante rígidas a propósito del rigor. Surgían pues problemas fundacionales, que Riemann
considera en el fragmento sobre variedades y geometría que hemos traducido. Leyendo este
texto, resulta bastante plausible que el intento de Riemann por fundamentar su nuevas ideas
122
sobre superficies fue lo que le llevó al concepto de variedad. Si es así, el matemático habría
prefigurado, también aquí, el desarrollo contemporáneo de la cuestión.
121
Véase mi libro ×SØÙ"ÚÛ5Ü8Ý9ÜÞ
Ùß4à9áÞNØÚß4Þà@â
ã8ÚjáÞ)Ûà@Ù[äå5Ùß4àæ (Madrid, UAM, 1993) o el artículo ‘Traditional Logic and the
Early
122
History of Sets’ , ç'âJÛ
è0ÜéÞêPà@ânë`Ü:æß4à@âaì`àaêE×cí]ÚÛß]îeÛ5ÜÞ
ÙÛÞæ'ï"ð (1996).
Hay que decir que Gauss había justificado la introducción de los números complejos por la existencia de “ variedades
de dos dimensiones” (§ 6.2; ñÞ
âòÞ , vol. 2, 176), y esto dio a Riemann una pista. La conexión es similar a la que existe entre
el plano complejo de Gauss y las superficies de Riemann.
Inicialmente, Riemann consideraba sólo variedades continuas, que de hecho son el contexto
natural para la topología y las aplicaciones que de ella hacía nuestro autor. En un fragmento de
1852 o 1853 escribía:
Si entre un conjunto [Menge] de determinaciones distintas de un objeto [Gegenstand] variable es posible una
transición continua de cada una a cualquier otra, entonces la totalidad de aquellas constituye una variedad extensa
123
continua; cada una de ellas se llama un punto de la variedad.
123
Editado en Scholz, ‘Riemanns frühe Notizen zum Mannigfaltigkeitsbegriff und zu den Grundlagen der Geometrie’ ,
ç'âJÛ
è0ÜéÞyêPà@â'ë`Ü:æß4à@âaìóàaê×cí]ÚÛßuîeÛ5ÜÞ
ÙÛÞæ ôõ (1982), 222. La datación es también de Scholz. Una definición similar, escrita al
parecer algo después, se encuentra al principio del fragmento sobre variedades y geometría.
variedad Q-dimensional se requieren, precisamente, Q parámetros o coordenadas. Esto constituye
la clave de su concepto de dimensión, pero contribuciones posteriores mostrarían que esa idea,
intuitivamente correcta, necesitaba precisiones bastante sofisticadas.
Cantor demostró (1878) que los puntos de una variedad Q-dimensional pueden determinarse
mediante una sola coordenada, si bien la aplicación que estableció era discontinua. Más tarde,
Peano dio (1890) un famoso ejemplo de curva que llena un área plana, o sea, una función
FRQWLQXD de un segmento en un cuadrado. Todo esto, aparte de exigir clarificaciones a propósito
de la idea de curva, llevó a conjeturar que la definición de dimensión dada por Riemann
presupone aplicaciones bicontinuas. En estos términos, lo que Riemann establece es que, si hay
una aplicación biunívoca y bicontinua entre una variedad dada y el espacio euclideo Q-
dimensional ën, entonces la variedad también tiene Q dimensiones. Este es el teorema de
invariancia de la dimensión, demostrado por Brouwer en 1911.
Aunque Riemann disponía de toda una serie de resultados sobre topología de superficies y de
variedades Q-dimensionales, nada dice de ellos en la lección. Es natural, porque con lo anterior
124
bastaba para los propósitos limitados de una investigación sobre la noción de espacio. La
parametrización de la variedad mediante coordenadas abre el camino a la introducción de las
nociones analíticas que permitirán el desarrollo de la geometría diferencial. De lo que se trata,
ahora, es de dotar a la variedad de una PpWULFD: la variedad Q-dimensional sólo tiene
características topológicas, puede decirse que es “ informe” ; la métrica permitirá el paso a
formas geométricas y a conceptos como los de distancia y ángulo. El gran descubrimiento de
Riemann fue que una misma base topológica admite múltiples métricas distintas.
124
‘Fragment aus der Analysis Situs’ , ñÞ
âòÞ , 479–82. Según Scholz, que ha podido datar el original, este texto sobre
topología Ù -dimensional es de 1852/53, y por tanto Ú"Ùß4Þ
â
Üà@â a la lección sobre geometría.
encontrar una expresión para un elemento de línea GV, un segmento infinitesimal de la curva.
Aunque Riemann es perfectamente consciente de que hay múltiples respuestas posibles, va a
reducir sus consideraciones al caso más simple. Si el elemento de línea GV parte del punto 3,
suponemos que es posible introducir coordenadas locales en 3 de tal modo que
GV = G[1 + G[ 2 + G[ 3 ,
2 2 2
donde G[1, G[2, G[3 son las diferencias infinitesimales entre las coordenadas de los dos extremos
3 y 4 del elemento de línea. Las variedades con esta característica han dado en llamarse
ULHPDQQLDQDV; si comparamos la expresión anterior con la que dimos más arriba para la
distancia euclidea, veremos que cabe decir que las variedades riemannianas se comportan como
las euclideas a nivel local. Sin embargo, a nivel global se abre una amplia gama de
posibilidades.
La anterior expresión para GV sólo es válida en el entorno del punto 3; para hacerla valer en
otro punto 5 sería preciso introducir nuevas coordenadas locales en 5. Así que el siguiente
problema es encontrar una expresión general para el elemento de línea; en la lección, Riemann
sólo da indicaciones generales (aunque precisas) al respecto, pero en otro trabajo de 1861 la
125
introdujo explícitamente. Para que la variedad sea riemanniana, se debe cumplir en todo punto
que
ù ü
GV = ∑J öø÷ G[ G[ , o sea,
ö ÷ GV =
2
∑ J úøû G[ ú G[ û ,
ö5÷ ú5û
, =1 , =1
donde los Jýøþ varían continuamente con la posición dentro de la variedad, es decir, son funciones
continuas de las coordenadas [1, [2, … , [n. A la expresión de la derecha en la segunda ecuación
se le llama la IRUPD FXDGUiWLFD IXQGDPHQWDO, y se dice que es una forma cuadrática definida
positiva (ya que GV2 > 0 siempre, salvo que todos los G[ý sean cero). Con esto hemos alcanzado
el primer concepto fundamental introducido por Riemann en el apartado II.1 de su lección.
Dada la expresión general para GV, resulta fácil precisar el significado de los conceptos de
longitud de una curva, ángulo entre dos curvas, área y volumen, etc.; todas estas nociones
métricas dependen de las funciones Jýøþ . Por ejemplo, la longitud O de una curva vendrá dada por
una integral definida a lo largo de la curva, O = ∫ GV . También es posible ahora encontrar las
geodésicas, o curvas de longitud mínima entre dos puntos, para una variedad dada: se trata de un
problema de cálculo de variaciones, el cual conduce a una ecuación diferencial que deben
cumplir las geodésicas. Se demuestra por ejemplo que, en un dominio pequeño, cada dos puntos
de la variedad están unidos por una geodésica.
125
Véase ‘Commentatio mathematica’ , ÿ
, 401–04.
Veamos un ejemplo de forma cuadrática fundamental. Tras la formulación de la teoría de la
relatividad especial por Einstein (1905), el gran matemático Hermann Minkowski, que también
trabajaba en Gotinga, advirtió que estas ideas podían expresarse mediante la geometría
diferencial. Introdujo así el llamado universo de Minkowski, una variedad espacio-temporal de
4 dimensiones cuyos puntos representan sucesos, y cuya métrica viene dada de forma general
por
GV = G[1 + G[ 2 + G[ 3 − F 2 GW 2 .
2 2 2
Como digo, esta es la expresión global y no sólo local para GV; puede verse que se trata de un
espacio bastante sencillo, de curvatura constante y casi euclideo. Si se introduce un cambio de
variables, con la variable temporal imaginaria [4 = LFW (donde L = √–1), el tratamiento formal
del nuevo espacio es totalmente análogo al de un espacio euclideo cuatridimensional. La
condición de que GV sea invariante para sistemas de referencia de Galileo, tiene como
consecuencia la validez de las transformaciones de Lorentz, en las que se basó Einstein.
Riemann concluye el apartado II.1 diciendo que, para poder abarcar las “ diferencias
esenciales” entre todas las variedades representables mediante la forma cuadrática fundamental,
“ es necesario suprimir las que proceden de la forma de representación, lo que se logrará
eligiendo las magnitudes variables según un principio determinado” . Así pues, se necesitan
nuevos conceptos que permitan determinar en abstracto la naturaleza de una variedad dada, y
Riemann los localiza en la idea de PHGLGDGHFXUYDWXUD, generalización de la curvatura de Gauss
para superficies. La medida de curvatura tiene la función de expresar hasta qué punto las
propiedades geométricas de la variedad se diferencian de las propiedades de un espacio
euclideo; viene a ser una medida de la no-euclidianidad de la variedad.
Recordemos que la curvatura gaussiana era un concepto intrínseco, que no involucra la idea
del espacio ambiente en el que pueda estar inmersa la superficie en cuestión. Lo mismo pasa
con la curvatura de Riemann, así que no hay necesidad de pensar en la variedad como si
estuviera inserta en otra variedad de más dimensiones. La medida de curvatura se define
intrínsecamente, dentro de la variedad dada, sobre la base de la forma cuadrática fundamental
que expresa su métrica. En cada punto tendremos curvaturas distintas para distintas direcciones
Q −1
de superficie, aunque, como establece Riemann, bastan Q valores en cada punto para
2
determinar totalmente la métrica. Así, en una variedad bidimensional (una superficie) basta dar
una medida de curvatura en cada punto; en una variedad tridimensional, 3 curvaturas; en una
cuatridimensional como la de Minkowski–Einstein, 6 curvaturas; y así sucesivamente.
Para definir la curvatura, Riemann considera dada en un punto 3 una superficie lisa (una
subvariedad bidimensional) formada por geodésicas que pasan por el punto; en el caso de 3
dimensiones, la dirección de una geodésica quedaría dada por G[1, G[2, G[3, la dirección de otra
por G[1, G[2, G[3, y todas las demás geodésicas de la superficie lisa vienen expresadas en la
forma lineal binaria
G\ λG[ λG[ (para L = 1, 2, 3).
Queda así definida una dirección de superficie en el punto 3, y se trata de dar la curvatura de la
variedad en ese punto y esa dirección. No entraremos en detalles. Baste decir –con vistas a
facilitar la comprensión del texto original– que Riemann considera una cierta expresión
homogénea de segundo grado, a la que denominaremos Ω, y además el área o contenido de
superficie ∆ del triángulo infinitesimal de vértices (0,0,0), ([1, [2, [3), (G[1, G[2, G[3). El autor
afirma que, si se define la curvatura en 3 = ([1, [2, [3), para la dirección estipulada, como
.=−
3 Ω
,
4 ∆2
se obtiene una medida que, en el caso bidimensional, coincide exactamente con la curvatura de
Gauss.
Así pues, la curvatura de Riemann para una variedad tridimensional, en un punto 3, puede
verse como un conjunto de 3 valores, cada uno de los cuales viene a ser una curvatura gaussiana
para una dirección de superficie en 3. Estos valores de la medida de curvatura son
independientes entre sí, y pueden variar de un punto a otro en la variedad. De este modo, se ve
con claridad que las variedades riemannianas son, en general, de curvatura variable.
Tras la publicación de la lección de Riemann, varios autores comenzaron a estudiar los
aspectos analíticos de su trabajo, los invariantes diferenciales asociados con la geometría
riemanniana. Esto acabó llevando al desarrollo, entre 1887 y 1901, de lo que daría en llamarse
el FiOFXORWHQVRULDO, a manos de los matemáticos italianos Ricci y Levi-Civita. Los tensores, que
facilitan la expresión de propiedades geométricas y leyes físicas, se convirtieron en la
herramienta habitual para el tratamiento de la geometría diferencial riemanniana. De este modo,
la medida de curvatura se suele introducir mediante el denominado WHQVRUGHFXUYDWXUD.
El interés por la geometría diferencial y el cálculo tensorial se desató tras la publicación, en
1916, de la teoría general de la relatividad de Einstein. El gran físico consideraba un espacio-
tiempo de métrica riemanniana,
GV2 = J11 G[12 + 2 J12 G[1 G[2 + … + 2 J34 G[3G[4 +J44 G[42,
donde las funciones métricas J dependían de la presencia de materia en las distintas regiones
del espacio. La curvatura en cada punto, que es variable, se expresaba por medio del llamado
tensor de Ricci.
$SOLFDFLRQHVJHRPpWULFDV Con lo dicho hemos analizado las tres primeras
hipótesis clave de Riemann: la 1. nos llevó al campo de la topología, al concepto de variedad
continua Q-dimensional; la 2. y la 3. nos introdujeron en las consideraciones métricas de la
geometría diferencial (expresión para el elemento de línea GV y definición de curvatura).
Definidas así las variedades riemannianas de Q dimensiones y de curvatura variable, Riemann
había establecido un terreno de partida enormemente general, desde el que contemplar el caso
particular del espacio euclideo. Este espacio presenta la peculiaridad de que la curvatura es igual
en todos los puntos y en todas las direcciones de superficie; de hecho, la curvatura es siempre =
0. Como paso previo a su estudio, era natural considerar el caso algo más general de las
variedades de curvatura constante.
La hipótesis física que conduce a las variedades de curvatura constante es la siguiente: que
los sólidos rígidos puedan moverse libremente en el espacio, sin sufrir deformaciones métricas
(o como dice Riemann “ estiramientos” ). Esta hipótesis establece una cierta homogeneidad del
espacio, y es la forma más simple de concebir los fenómenos de la experiencia habitual, de
modo que la geometría había asumido siempre que tal era el caso. Pero Riemann estaba en
condiciones de afirmar que dicho supuesto no conduce directamente al espacio euclideo, sino
sólo a variedades de curvatura constante . = α, donde α será un número positivo o negativo, o
cero. Sin entrar en demostraciones (para las que puede verse el texto de Weyl), Riemann
afirmaba a continuación que en estas variedades la forma cuadrática fundamental que expresa el
elemento de línea puede ponerse en la forma:
GV = ( G[1 + G[ 2 + G[ 3 ) ,
1 2 2 2
( [1 + [ 2 + [ 3 )
α 2 2 2
1+
4
que doy aquí para el caso particular de 3 dimensiones. El lector apreciará que los J de la
expresión general para la forma cuadrática fundamental quedan reducidos a una única función
de la posición que depende sólo del parámetro α; además, en el caso euclideo tendremos α = 0 y
la expresión para GV se reduce efectivamente a la esperada.
En el caso de α negativo, lo que obtenemos son precisamente las geometrías de
Lobachevskii–Bolyai, con lo que el lector puede ahora apreciar hasta qué punto quedan
reducidas a un caso particular dentro del marco riemanniano. En la lección, Riemann no indicó
esta relación explícitamente; los historiadores tienden a pensar que, o bien no conocía la obra de
esos dos predecesores, o bien prefirió evitar alusiones demasiado explícitas a un tema
controvertido. El caso de α positivo lleva a las que a veces se denominan (de forma equívoca)
126
La ilustración que suele darse para esas geometrías viene sugerida por las consideraciones de
Riemann en el apartado II.5, aunque es más concreta que éstas. Un modelo euclideo, definible
dentro del espacio ë3, de la geometría hiperbólica en 2 dimensiones viene dado (como ya
vimos) por la pseudo-esfera que estudiaron Gauss y Beltrami; su único defecto es que no sirve
como modelo del plano hiperbólico completo, sino sólo de una parte del plano. Aquí es fácil ver
cómo puede ser que tengamos múltiples paralelas a una ‘recta’ (geodésica) dada. El modelo de
la geometría elíptica es la geometría sobre la esfera, donde las geodésicas o ‘rectas’ son los
círculos máximos. También este modelo tiene un defecto, fácil de subsanar: las ‘rectas’ se
cortan en dos puntos; la solución es considerar idénticos a cada par de puntos diametralmente
opuestos, o si se prefiere entender por ‘punto’ un diámetro de la esfera; ahora, cada dos ‘rectas’
embargo, esta segunda explicación no encaja demasiado bien, vista la radicalidad del resto de sus afirmaciones y de su
mismo punto de partida.
se cortan en un solo ‘punto’ , cumpliéndose todos los axiomas. El italiano Beltrami, que había
tratado a Riemann durante su estancia en aquél país, fue (en 1868) el primer matemático que
explicitó estas ideas, incluyendo también una consecuencia interesante: si hubiera una
contradicción en la geometría elíptica (o hiperbólica) se podría traducir a la geometría de la
esfera (pseudo-esfera), y por tanto a la geometría euclidea tridimensional. Recíprocamente,
suponiendo que la geometría de Euclides es consistente –no contradictoria–, también tienen que
serlo la geometría elíptica y la hiperbólica. Fue el primer resultado de consistencia relativa
establecido explícitamente por un matemático.
Durante el siglo XIX apenas se consideraron los espacios de curvatura constante, mientras
que los espacios más generales de Riemann cayeron en el olvido, como algo aparentemente
fantasioso. Ya dijimos que la forma más simple de concebir los fenómenos de nuestra
experiencia, la que los geómetras habían venido asumiendo, era pensar que los sólidos rígidos se
mueven libremente en el espacio, sin deformarse, estirarse ni contraerse. El gran fisiólogo y
físico Helmholtz, que escribió sobre estos temas en cuanto se publicó la lección de Riemann,
seguía dicho camino. Descartando la noción de línea o segmento unidimensional como una pura
abstracción (y descartando con ello el axioma riemanniano de la constancia de longitud para
segmentos), buscó una base de tipo operacional sobre la que establecer la geometría, y planteó
que la geometría presupone siempre el manejo de cuerpos rígidos (reglas) y su libre movilidad.
El punto de partida debía ser, pues, la constancia de las longitudes en un sólido rígido, y la
consecuencia: que sólo tienen sentido los espacios de curvatura constante. Sin embargo, este
razonamiento se alejaba de la sabiduría de Riemann, pues hacía pasar como “ hechos positivos”
lo que no son sino nuestras interpretaciones habituales de los hechos (hipótesis). No es
casualidad que el artículo de Helmholtz se titulara, en clara réplica a Riemann: ‘Sobre los
127
hechos en que se funda la geometría’ . Einstein (que a veces también se inclinó al
operacionalismo, aunque, como le gustaba enfatizar, sólo de forma oportunista y no sistemática)
acabaría mostrando que incluso desde el punto de vista físico tiene sentido ampliar más la
perspectiva y contemplar la posibilidad de espacios riemannianos en el sentido más general.
‘Über die Tatsachen, die der Geometrie zu Grunde liegen’ ,
"!#$&%(')
*+-,./'0'1,.324 65879:,;,.5$*+!0)<4%=
127
128
Nuestro autor dejó claro, en una nota a pie de página, que estaba especialmente insatisfecho con las breves
consideraciones del apartado III.3 de su lección: éste requería “ ser reformulado y desarrollado” .
Pero el atrevido pensador de Gotinga no se para aquí: el párrafo que sigue constituye una
joya que indica del modo más claro su estatura intelectual. La cuestión de la geometría a escala
infinitesimal está íntimamente ligada con el fundamento interno, físico, que pueda tener la
métrica. Si la realidad que subyace a nuestra representación del espacio es discreta, esto puede
ya ser bastante para determinar la cuestión. Ahora bien, si el supuesto del continuo físico es
correcto, “ el fundamento de las relaciones métricas debe buscarse fuera, en las fuerzas de enlace
que actúen” sobre el espacio. Como es natural, Riemann tenía aquí en mente los problemas de la
unificación de luz, calor, electricidad, magnetismo y gravitación, que le obsesionaban en sus
especulaciones físicas del momento (§ 3). Weyl creyó, en el entusiasmo de la recién formulada
relatividad general, que esas proféticas y oscuras palabras quedaban por fin aclaradas con la
contribución de Einstein. Hoy resulta posible intuir que iban aún más allá, y cabe esperar que
alguna contribución del siglo XXI, relacionada con el problema de la gravedad cuántica, nos las
129
haga ver a una luz nueva.
Huelga decir que, naturalmente, Riemann sólo pudo haber intuido aspectos muy parciales:
poco sabía de la noción contemporánea de campo, nada del espacio-tiempo einsteiniano, ni
tampoco (obviamente) de la mecánica cuántica. Si su frase sigue dando que pensar, se debe
sobre todo a la fascinación que puede llegar a ejercer un aforismo, y a la condensación de
connotaciones y sugerencias que puede llegar a encerrar.
Aunque la física del siglo XX ha dado la verdadera medida del valor de las ideas
geométricas de Riemann, éstas no tuvieron que esperar tanto para encontrar aplicaciones físicas.
La primera, de carácter más bien formal, la dio el propio Riemann en su trabajo de 1861,
conocido como el 3UHLVVFKULIW parisino y dedicado a un tema aparentemente muy lejano: la
propagación del calor en un cuerpo rígido homogéneo, con preservación de un sistema dado de
130
isotermas. Su estudio del problema aplicaba el aparato analítico básico de la geometría
diferencial, lo que le dio ocasión a desarrollar –todavía de una forma demasiado sucinta, de ahí
que no se le otorgara el premio– las ideas relativas a la forma cuadrática fundamental y la
medida de curvatura que hemos indicado en su momento. (Aquí se encuentra, entre otras cosas,
el símbolo de cuatro índices que puede interpretarse como tensor de Riemann, y lo que Einstein
llamaba la “ condición de Riemann” para las funciones J .) Otra aplicación más estricta fue el
empleo de un espacio riemanniano tridimensional para representar las relaciones de proximidad
131
entre los colores; Herbart se equivocaba al pensar que bastaban dos dimensiones. Todavía
otras aplicaciones surgirían en campos como la mecánica, por ejemplo el espacio de
129
Como probablemente sabe el lector, el problema más profundo que tiene planteada la física es lograr una unificación
entre la teoría relativista de la gravitación y la teoría cuántica; en esto trabajan los especialistas en gravedad cuántica,
guiados por la obra de Witten, en la que se emplean conceptos muy modernos de geometría y topología.
Riemann, ‘Commentatio mathematica’ , 7 ;D/ , 391–404.
130
configuración de un sistema. En general, desde el paso decidido a la abstracción que dio
Riemann, el pensamiento geométrico encuentra aplicación en los más diversos terrenos, por
alejados que parezcan de la idea tradicional del espacio.
El análisis matemático es la rama de esta disciplina que da cuenta del cálculo infinitesimal y
explora las muchas ramificaciones a que aquél ha dado lugar. Como es bien sabido, el análisis
es probablemente la rama de la matemática más fecunda en aplicaciones científicas, y en este
sentido resulta adecuado que Riemann, siempre tan interesado en los problemas científicos,
fuera ante todo experto en este campo. En él realizó las contribuciones que le darían enorme
fama en su momento, en especial su teoría de las funciones de variable compleja, con la que
enlaza su famoso trabajo sobre teoría de números.
$QiOLVLVUHDO Todo el que haya cursado una asignatura básica de análisis conoce la
famosa integral de Riemann, que recoge la idea intuitiva de la integral, como área encerrada por
la curva descrita por una función, en términos del límite de ciertas sumas. Durante el último
tercio del siglo XIX fue habitual saludar esta contribución como la máxima generalización
posible del concepto de integral (apreciación abandonada desde aprox. 1900). Esta famosa
contribución de Riemann se encuentra en la tesis que presentó para su habilitación como
profesor en Gotinga (1854), la cual sólo fue publicada por Dedekind en 1868, simultáneamente
133
con la lección de habilitación. Dicha tesis afrontaba un problema avanzado en el análisis de
variable real, ‘la representabilidad de una función mediante una serie trigonométrica’ . Fue
precisamente la generalidad con que Riemann quiso tratar esta cuestión, lo que le forzó a ofrecer
un concepto preciso y más general de la integral.
131
132
En esta dirección trabajó precisamente Helmholtz.
E
FGCarta de Poincaré a Klein, en ‘Sur les fonctions uniformes qui se reproduisent par des substitutions linéaires’ ,
):,.@?H' IJ (1882), 52–53.
133
No debe confundirse esta segunda tesis de habilitación (segunda tras la doctoral de tres años antes) con la lección
inaugural sobre geometría.
El desarrollo del cálculo y sus extensiones directas constituyó la casi totalidad del trabajo
matemático durante el siglo XVIII, siempre bajo la guía de problemas físicos. Pero Euler y sus
contemporáneos procedían tan absortos y entusiasmados en los grandes resultados que estaban
alcanzando, que descuidaron la cuestión del rigor. Algún autor ha afirmado que el desarrollo
histórico de la matemática es “ ilógico” , porque a menudo las premisas se analizan y establecen
más tarde que las conclusiones. Hilbert, más comprensivo, decía que el edificio de la ciencia no
se empieza por los cimientos, sino a media altura: la ciencia prefiere asegurarse cuanto antes
habitáculos cómodos, y construir hacia arriba desde ellos; sólo después, si aparecen signos de
debilidad, se decide a prestar atención a los fundamentos sobre los que dichas habitaciones están
construidas y fortificarlos.
Los signos de debilidad en los fundamentos del cálculo estaban claros a lo largo del siglo
XVIII: infinitesimales, diferenciales, fluxiones (Newton), cantidades infinitamente grandes, …
todos estos eran conceptos oscuros. El filósofo y obispo Berkeley apuntaba, con buen criterio,
que no era más fácil creer en los conceptos básicos del cálculo, que en verdades de la fe como la
trinidad divina; y es famosa la frase de d’ Alembert, quien recomendaba a sus alumnos: “ seguid
adelante, y la fe os llegará” . En 1784 la Academia de Ciencias de Berlín convocó un premio
para una teoría clara y precisa del infinito en matemática, pidiendo una explicación de cómo es
posible “ que se haya conseguido deducir tantos teoremas correctos a partir de unos presupuestos
134
contradictorios” . Con la profesionalización de la matemática en el siglo XIX, y el
establecimiento de cursos organizados para la enseñanza superior en dicha disciplina, esa
situación se hizo insostenible, y a lo largo del siglo el edificio del análisis se reformó hasta
alcanzar y sobrepasar el legendario rigor de la geometría.
La reforma del análisis está ligada sobre todo, en la memoria histórica, a los nombres de
Cauchy y Weierstrass; naturalmente, una narración detallada citaría muchos otros, y no en
último lugar el de Dirichlet. El caso es que el gran matemático francés Cauchy sentó las bases
para la eliminación de todos los conceptos oscuros, empleando de manera sistemática la noción
de límite y el cálculo con desigualdades (ya d’ Alembert había insistido repetidamente en que la
idea de límite era la clave del asunto, pero no desarrolló su enfoque en detalle). El famoso
&RXUV G¶DQDO\VH (1821) ofrecía una teoría bastante rigurosa de los límites, de las funciones
continuas, y de las series infinitas; otros tratados posteriores, como el 5pVXPp GHV OHoRQV
GRQQpHVjO¶eFROH5R\DOH3RO\WHFKQLTXH (1823), avanzaban hacia el cálculo y sus desarrollos.
135
Hay que decir, sin embargo, que Cauchy seguía empleando el lenguaje de los infinitésimos, y
los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si este uso era o no esencial. También Riemann
Véase [+/C# 6-, O#F]\^'_/-, , ser. 2, vol. 4 y 5. Del `aCB b, hay una reciente edición facsímil preparada por la Sociedad
135
inglesa en preparación).
Si la función I[ es siempre finita [acotada] y, al disminuir infinitamente todas las magnitudes [∆], la magnitud total V
de los intervalos en los que las oscilaciones de la función I[ son mayores que una cantidad dada, σ, acaba siempre
haciéndose infinitamente pequeña, entonces la suma 6 converge al hacerse infinitamente pequeños todos los δ.
Riemann resaltaba que se trata de una condición necesaria y suficiente para la integrabilidad, y
luego mostraba cómo ahora era posible integrar funciones altamente discontinuas. Como estas
funciones “ no han sido consideradas nunca” , daba un sorprendente ejemplo de función
integrable, con discontinuidades en un conjunto denso en . La idea de “ condensación de
singularidades” que Riemann empleó en este ejemplo sería luego sistematizada y generalizada
por Hankel y Cantor.
Fig. 13. Gráfica de la serie de Fourier para I[ [. Coincide exactamente con la función [ que
Riemann usa para elaborar el ejemplo del § 6 de su trabajo sobre series trigonométricas.
Con sus nuevas ideas acerca de la integral, Riemann estaba en condiciones de considerar
series de Fourier para funciones discontinuas. Las series de Fourier son un tipo de series de
funciones especialmente importante y con grandes aplicaciones prácticas. Con precedentes en el
siglo XVIII, emergieron en la magnífica obra de Joseph Fourier sobre la difusión de calor en
sólidos, 7KpRULH DQDO\WLTXH GH OD FKDOHXU (París, 1822). Se trata de uno de los ejemplos más
notables de cómo un problema de las ciencias naturales puede dar lugar a un desarrollo
puramente matemático de gran calado: las series de Fourier guiaron buena parte del progreso del
análisis de variable real a partir de entonces, incluyendo los inicios de la teoría de conjuntos de
puntos y la teoría de la medida. Fourier había advertido que, en general, todas las funciones ƒ([)
que pudieran aparecer en la física se podían representar, en el intervalo [0, 2π], mediante una
serie trigonométrica
D 0 + ∑ ( D f cos U[ + Ef sen U[ ) ,
∞
f =1
donde Dg , Eg son los llamados ‘coeficientes de Fourier’ y vienen dados en la forma de ciertas
integrales definidas dependientes de ƒ([). Los coeficientes de Fourier son, precisamente, la
razón de que Riemann necesitara considerar de nuevo la integral definida.
Los razonamientos originales de Fourier, aunque bastante convincentes, no eran rigurosos.
Pronto los matemáticos se pusieron a trabajar sobre el problema de la convergencia de la serie
de Fourier para una función ƒ([) dada. Dirichlet fue precisamente quien, en 1829, consiguió dar
una demostración correcta de la convergencia para un cierto tipo de funciones acotadas y
continuas salvo en un número finito de puntos. El motivo de estas restricciones era,
precisamente, garantizar la existencia de la integral de ƒ([) y la posibilidad de determinar los
coeficientes al modo de Fourier. Su trabajo establecía criterios de rigor aún más altos en
análisis, a propósito de series condicionalmente convergentes y límites dobles. Pero no es
necesario revisar aquí la historia del tema, ya que el lector puede consultar la magistral
exposición que realiza el propio Riemann al comienzo de su escrito. Tendrá así ocasión de verle
ejercer de historiador de la matemática, escribiendo con una elegancia y una claridad conceptual
envidiables.
Con su artículo, Dirichlet había definido condiciones VXILFLHQWHV sobre ƒ([) para su
representación mediante series de Fourier. Riemann quiso proceder al revés, investigando cuáles
son las condiciones QHFHVDULDV para que una función sea representable mediante una serie
trigonométrica (de Fourier o no) convergente. Aunque los resultados a los que llegó no eran
‘redondos’ , motivo por el cual nunca publicó su trabajo, su planteamiento le llevó a desarrollar
medios de trabajo totalmente nuevos, que tuvieron una gran influencia. Su herramienta básica
era el estudio de una función )[ obtenida por doble integración formal de la serie
trigonométrica en cuestión, y su resultado más conocido era el WHRUHPDGHORFDOL]DFLyQ (§ 9 del
escrito) según el cual la convergencia de la serie en un punto sólo depende del comportamiento
de la función en su entorno. Pero lo más importante fue que el enfoque de Riemann sugería toda
una serie de nuevas cuestiones en el estudio de las series trigonométricas. Al poco de publicarse
su memoria, Heine planteó el problema de demostrar que la serie de Fourier para cada función
es única, y Cantor desarrolló esa línea de trabajo empleando las herramientas y los resultados
riemannianos, e iniciando con ello la serie de consideraciones que le llevarían a su teoría de
conjuntos.
Una gran diferencia entre los trabajos de Cauchy o Dirichlet y el del propio Riemann está,
como hemos visto, en que el último abordaba por vez primera en la historia una investigación
seria de las funciones reales discontinuas. Encontramos expresada aquí la tendencia
característica del siglo XIX hacia la PDWHPiWLFDSXUD: los problemas y temas de trabajo ya no
vienen dictados exclusivamente por el estudio de la naturaleza, sino que tienen su origen en una
problemática interna a la propia disciplina. El propio Riemann resaltaba en su trabajo que, “ para
todos los casos de la Naturaleza” , basta considerar funciones continuas salvo quizá en una
cantidad finita de puntos aislados, que es lo que había hecho Dirichlet. Aun así, Riemann veía
dos buenas razones para interesarse por un enfoque más general, siendo la primera la estrecha
conexión entre el asunto y “ los principios del cálculo infinitesimal” , por lo que la generalización
serviría para aclarar y precisar dichos principios. No hay duda de que aquí acertó: su trabajo
estimuló grandemente el estudio de las funciones de variable real; su definición de la integral
fue gradualmente reformulada en términos de teoría de conjuntos y teoría de la medida,
137
llevando a teorías de la integración más avanzadas, como la integral de Lebesgue.
La segunda razón que tenía Riemann para interesarse por las funciones discontinuas surgía
de la posibilidad de aplicar las series de Fourier en teoría de números, donde “ parecen ser de
importancia precisamente aquellas funciones cuya representabilidad mediante series
trigonométricas no ha investigado Dirichlet” . La idea de conectar análisis y teoría de números
fue la más importante contribución del propio Dirichlet, de la que hablaremos en el § 6.3.
137
La integral de Riemann presentaba ciertos ‘defectos’ que fueron advertidos hacia 1900, como que la integrabilidad no
se preserva en el paso al límite, y que los procesos de diferenciación e integración no son totalmente reversibles. Véase el
trabajo de Hawkins en Grattan-Guinness, hLi/jlkmjk/njoqprj
prsiOo#tu<pwvixkOo#y3z4nByso4{ [1984]; dicho artículo y los de Grattan-
Guinness y Dauben en la misma colección dan información adicional sobre las series de Fourier.
sí, una minoría aplastante, al estar encabezada por Cauchy, Gauss, Abel y Jacobi; nos interesa
aquí centrarnos en el segundo de ellos, no en vano era el único autor citado por Riemann en su
tesis doctoral.
La aceptación plena de los complejos llevó por un lado al magnífico edificio del análisis de
variable compleja, y por otro a la teoría de los números (complejos) algebraicos. Fue
precisamente en este segundo contexto que Gauss tomó por fin, en 1831, la decisión de defender
las “ magnitudes complejas” frente a las críticas:
La transposición de la teoría de los restos bicuadráticos al dominio de los números complejos podría quizá parecer
escandalosa y antinatural a algunos, menos familiarizados con la naturaleza de las magnitudes imaginarias y
atrapados en falsas nociones acerca de ellas, y podría dar lugar a la opinión de que con ello la investigación se sitúa
igualmente en el aire, recibe una posición tambaleante, y se aleja totalmente de la intuitividad. Nada podría ser más
138
infundado.
Gauss venía empleando los números complejos y la idea de asociarles puntos del plano (el plano
complejo) nada menos que desde su tesis doctoral en 1799, dedicada a demostrar el teorema
fundamental del álgebra. Pero, como dijo Abel, el comportamiento de Gauss era el del zorro que
esconde sus huellas: en su tesis reformulaba la idea original hasta no dejar rastro de la
concepción del plano complejo, al igual que sucedió en otros trabajos posteriores.
El hecho de que los números complejos y sus operaciones tienen una interpretación natural
en términos de los puntos del plano, quedó establecido con detalle en ese anuncio de 1831; la
representación geométrica de Gauss, e ideas similares de otros autores, desempeñaron un papel
central en la aceptación generalizada de los complejos a partir de entonces. Sin embargo, para
Gauss la representación geométrica no era más que una ejemplificación de cómo los complejos
sirven para caracterizar situaciones concretas. La “ verdadera metafísica de las magnitudes
imaginarias” apuntaba, según él, a algo más abstracto: en matemática se estudian ante todo
relaciones, y sucede que podemos vérnoslas con un sistema de objetos cuyas relaciones no
permiten ordenarlos “ en una única serie ilimitada, sino sólo en series de series, o lo que es lo
139
mismo, con una variedad de dos dimensiones” . La existencia de variedades de dos
dimensiones es la razón última de que el matemático necesite emplear números complejos, y
desde este punto de vista los números racionales o los negativos no están mejor justificados.
También el empleo de métodos topológicos estaba prefigurado en Gauss: la demostración
del teorema fundamental del álgebra (nombre algo anticuado) puede verse como un capítulo de
la teoría de funciones. Y precisamente en la nueva demostración del teorema que Gauss ofreció
138
Anuncio de la ‘Theoria residuorum biquadraticorum’ (1832), donde se empleaba una extensión de las ideas de teoría
de números al caso de los números enteros complejos p + |} (con p , | enteros). Gauss, ~it;/i , vol. 2, 174.
Gauss, o
+kB}s , 176. Conviene recordar que este texto es muy anterior a la lección donde Riemann introduce el
139
concepto de variedad (§ 5), y que Riemann cita explícitamente este trabajo de Gauss en su lección.
en 1849, para celebrar el 50 aniversario su doctorado, se hacía libre uso de funciones
(polinómicas) complejas y se analizaba de una manera esencialmente topológica su
comportamiento. Gauss era aquí explícito acerca de la necesidad de estudios topológicos, que
describía en unos términos que su discípulo retomaría tanto en la lección de 1854 como la
‘Teoría de las funciones abelianas’ (véase § 5.4). Un último dato fundamental es que, antes de la
teoría de las superficies curvas (§ 5.2), Gauss había escrito otro trabajo relacionado con la
geometría diferencial, con el cual ganó un premio de la Academia de Ciencias danesa en 1822.
Se trata de ‘Solución general del problema de aplicar las partes de una superficie dada sobre las
140
de otra, de modo que la imagen sea similar al original en las partes mínimas’ . Este tipo de
aplicación, “ similar en las partes mínimas” , es lo que hoy llamamos aplicación FRQIRUPH. En el
trabajo, Gauss volvía a comportarse como el zorro: no hablaba en absoluto de análisis complejo,
pero su solución al problema equivalía a establecer que la aplicación conforme viene dada por
una función analítica de variable compleja.
Riemann leyó estos trabajos de Gauss en sus primeros años como estudiante universitario, y
fue capaz de captar sus implicaciones tanto para la geometría (según vimos) como para la teoría
de funciones. De hecho, el enfoque riemanniano de la teoría de funciones lleva mucho más allá
la interrelación entre cuestiones analíticas y cuestiones geométricas que Gauss había comenzado
a explorar. Queda claro, pues, que, aparte de su deuda con la tradición francesa, el enfoque
riemanniano era deudor sobre todo de su maestro Gauss.
En cuanto a Cauchy, llegó a publicar más de 200 artículos sobre variable compleja a lo largo
de su vida. Comenzó a trabajar sobre la idea de integración compleja en 1814, exponiendo con
gran claridad sus resultados sobre la integral definida entre límites complejos una década más
141
tarde. El trabajo de Cauchy fue una lenta labor de exploración y reconocimiento; por ejemplo,
sólo en 1851 expresó la idea de que era esencial requerir de las funciones analíticas la existencia
de una derivada independiente de la dirección (esto es, que la derivada en ] = D no dependa del
camino por el que nos aproximemos a D). Entonces decidió emplear como punto de partida las
ecuaciones diferenciales de Cauchy–Riemann (véase más abajo). En ese mismo año, Riemann
presentaba un enfoque muy general y ambicioso del análisis de variable compleja en su tesis
doctoral, partiendo del mismo tipo de consideraciones. Al parecer había considerado definitorias
142
las ecuaciones de Cauchy–Riemann desde 1847.
Pero las ideas de Riemann sólo vieron la luz pública en 1857 con una obra maestra, ‘Teoría
de las funciones abelianas’ , cuyos primeros apartados encontrará traducidos el lector. Esta obra
141
Para entonces, dichos resultados eran bien conocidos por Gauss, que los analiza en una carta de 1811. El omnipresente
Gauss también había obtenido algunos de los resultados de Abel y Jacobi, que mencionaremos más abajo. Como tantas
veces, no llegó a publicarlos: se tomaba muy en serio su lema @pn#kp{.ivQGps0nBt;p (pocas obras, pero maduras).
fue un pilar fundamental del merecido renombre del que gozó en vida, lo que es fácil
comprender conociendo algunos detalles de las circunstancias históricas del caso. Para situar el
tema de su artículo, conviene comenzar hablando de las funciones elípticas, que fueron tema de
una fascinante competición entre Abel y Jacobi hacia 1830. El problema de calcular la longitud
de arco de una elipse había llevado ya en el siglo XVII a integrales de la forma
∫ 5( [, 3( [ ) ) G[ ,
donde 3 es un polinomio y 5 es una función racional. De ahí que las integrales de esta forma se
dieran en llamar HOtSWLFDV; no tenían solución en forma cerrada y planteaban notables
dificultades y oscuridades. Abel y Jacobi fueron los primeros en clarificar la cuestión, sobre la
base de dos novedades esenciales: considerando valores complejos de la variable, y centrándose
en las funciones inversas de las anteriores (que eran funciones analíticas y simplificaban
notablemente el problema). Vemos aquí un ejemplo del papel que ha desempeñado la variable
compleja como fuente de grandes clarificaciones en el universo del análisis.
A dichas funciones inversas de integrales elípticas se les dio en llamar IXQFLRQHVHOtSWLFDV, y
centraron una parte muy importante del trabajo en análisis durante todo el siglo. La competición
de Abel y Jacobi les granjeó enseguida una merecida fama (que le llegó tarde al primero, muerto
prematuramente). Tras sus trabajos quedaron planteados varios problemas importantes, entre
ellos el ‘problema de inversión de Jacobi’ , que pedía soluciones para las integrales de funciones
algebraicas cualesquiera; o lo que es lo mismo, se pedía determinar las llamadas, en aquel
entonces, “ funciones trascendentes abelianas” . Conviene decir que aquí se estaba empleando
una noción ampliada de función, que desde el punto de vista actual es espuria, ya que estas
‘funciones’ arrojan más de un valor para cada argumento. La cuestión era considerada del
máximo interés: Weierstrass publicó en 1856 una solución del problema de inversión para las
llamadas integrales hiperelípticas, y con ello pasó de ser un desconocido profesor de instituto a
143
una nova en el firmamento de la matemática alemana. Pero con los métodos empleados por
estos autores, parecía imprescindible una prolija elaboración caso por caso. El artículo de
Riemann (1857) ofrecía nada menos que una solución general para el problema de Jacobi, sobre
la base de métodos radicalmente nuevos, que no se basaban en prolijos cálculos sino que
ofrecían algo así como una panorámica a vista de pájaro. Se comprende la excitación que
despertó y la gran fama que le atrajo, igual que había sucedido ya con sus antecesores.
El planteamiento de Riemann combina elementos geométricos (más propiamente,
topológicos) con otros que tienen su origen en la física matemática (ecuaciones diferenciales, y
en concreto teoría del potencial), para dar un tratamiento general de los problemas del análisis
Dedekind o
kB}s [1876], 544.
142
complejo en una variable. Sin embargo, nada de eso es lo que el propio Riemann consideraba
más característico de su planteamiento. Su énfasis recayó siempre en el carácter DEVWUDFWR de
sus principios (véase § 4.2), que permitían estudiar las funciones de variable compleja
144
“ independientemente de expresiones [analíticas] para las mismas” . Se trataba de dar con una
definición abstracta del concepto de función analítica –las ecuaciones de Cauchy-Riemann– y a
continuación introducir las condiciones indispensables para caracterizar cada función concreta.
Este es precisamente el motivo que le llevó a introducir consideraciones topológicas y a emplear
medios de la teoría del potencial, porque en ellos encontraba condiciones suficientes, e
independientes entre sí, para caracterizar cada función. Las formas de representación concretas
(mediante series, mediante integrales) debían aparecer sólo después, como un resultado de la
teoría general. No hace falta subrayar que este planteamiento metodológico hace de Riemann un
autor central, un verdadero punto de inflexión en el camino hacia la matemática abstracta del
siglo XX.
Visto el énfasis de Riemann en las consideraciones abstractas, independientes de formas de
representación, es posible entender lo divergente que era su planteamiento con respecto al de
Weierstrass. El tratamiento que el matemático de Berlín da a las funciones analíticas descansa
siempre en el empleo de series de potencias (series de Laurent convergentes), y su objetivo
prioritario era establecer formas particulares de representación de funciones. No en vano
Weierstrass era buen amigo de Kronecker y, aunque no fuera tan purista como para prohibir los
145
números irracionales, siempre fue un claro partidario de los medios de trabajo constructivos.
El purismo de Weierstrass se hacía notar, además, en que sólo estaba permitida la
representación mediante series, y no mediante integrales, cosa que acabó siendo ridiculizada por
matemáticos posteriores. Felix Klein tenía en mente a Weierstrass cuando resaltaba cómo
Riemann había sido ajeno a cualquier prejuicio y rigidez, empleando los más diversos métodos
y buscando interrelaciones entre las diversas ramas de la matemática. Esta característica, con la
que Klein se identificaba, ponía a los matemáticos de Gotinga en las antípodas de la escuela de
Berlín.
El planteamiento de Weierstrass estaba mucho más en la línea de la tradición, por ejemplo la
de Legendre, Abel y Jacobi, mientras que Riemann seguía los pasos de la tendencia conceptual
de Cauchy y Dirichlet, dándole un poderoso y atrevido impulso. Eso sí, Riemann perdió la
primera ronda de la competición: los métodos de Weierstrass eran susceptibles de un
tratamiento sumamente riguroso, mientras que los de Riemann tuvieron que esperar medio siglo
Así obtuvo un doctorado
o#yo#t}:{HkpnZ{p y algo después su primera plaza en Berlín, todo a los 40 años.
143
Como dice en el art. 19 de su tesis ( ~it;/i , 35); estas ideas se analizaban con detalle en el art. 20, traducido como
144
derivada ; “ siempre será independiente del valor particular del diferencial G]” . Esta es la
147
condición de que la derivada en ] = D no varíe con el camino por el que ] tiende al punto D, y
sugiere la idea de considerar, en general, todas las funciones (representables o no) que cumplan
dicho requisito, que hoy llamamos IXQFLRQHVDQDOtWLFDV. Definía Riemann:
Una magnitud compleja variable Z se llama función de otra magnitud compleja variable ], cuando varía con ella de
tal modo que el valor del cociente diferencial ; es independiente del valor del diferencial G].
A continuación, mostraba que esta condición es equivalente a la validez de las ecuaciones de
Cauchy–Riemann (siendo Z = I(]), ] = [+\L, Z = X+YL):
∂X ∂Y ∂X ∂Y
∂[ ∂ \ ∂\ ∂[
= ; =− .
Estas ecuaciones ofrecen una condición necesaria y suficiente para que una función compleja
sea analítica, y una condición de carácter abstracto, por lo que Riemann las consideró el punto
148
de partida ideal para su teoría. En el artículo sobre las funciones abelianas prefirió poner en su
∂Z ∂Z
lugar la condición equivalente L
∂[ ∂ \
= . Partiendo de cualquiera de esas definiciones, se
deduce que las partes real X e imaginaria Y de la función satisfacen la ecuación en derivadas
parciales que caracteriza a un potencial bidimensional. Resulta que X y Y son funciones
145
Por este motivo le he calificado de semi-constructivista, ya que trabaja al estilo constructivo sobre la base (no
constructiva) de . Esto le aproxima al enfoque defendido en el siglo XX por Bishop.
Riemann, ;/ , 3–43.
146
Riemann,
B [1851], 4.
147
148
Entretanto, Weierstrass tomaba como definición la posibilidad de representar la función localmente mediante series de
potencias, y de desarrollar la función por prolongación analítica. Citicaba el enfoque de Riemann diciendo que la clase de las
funciones diferenciables no está delimitada con precisión.
potenciales, un hecho del que Riemann sacará partido a la hora de determinar funciones
particulares mediante propiedades abstractas.
Por otro lado, Riemann mostraba cómo la representación geométrica de los números
complejos abre el camino a una concepción directa y más simple de las funciones analíticas.
Presenta la idea del plano complejo al modo de Gauss, representando ] = [+\L mediante el punto
de coordenadas ([, \) en un plano $, y sugiere que consideremos la función Z = I(]) como una
correspondencia entre los puntos del plano $ y los de otro plano %. Si la función es continua,
dice, “ se podrá concebir dicha dependencia de la magnitud Z respecto a ] como una aplicación
[Abbildung] del plano $ en el plano %” . Si ahora se analiza qué efecto tiene la condición de
analiticidad de la función sobre el tipo de aplicación establecida, se llega a la conclusión de que
impone una DSOLFDFLyQ FRQIRUPH: un triángulo infinitesimal en $ tiene como imagen otro
triángulo en % de ángulos iguales y lados proporcionales, y por tanto las “ partes mínimas” del
plano $ son “ similares” a las de su imagen. Esta idea de ‘similaridad en las partes mínimas’ es
precisamente el concepto de aplicación conforme, y Riemann remitía al trabajo de Gauss sobre
el tema que hemos mencionado (1825).
Tras esa introducción al tema, Riemann presentaba la idea que es característica de su
enfoque y que supone un paso decisivo más allá de Gauss: las superficies de Riemann. Su
objetivo era lograr medios adecuados para el estudio de ‘funciones’ multivaluadas, como lo eran
las abelianas. Cauchy y Puiseux habían estudiado ya el tema desde un punto de vista puramente
El ejemplo más simple y típico es la función I] = √], que tiene un punto de
149
analítico.
ramificación en ] = 0 (y también en ] = ∞). Si partimos de un cierto valor de Z para un punto en
el entorno de 0 (por ejemplo, Z = L para ] = –1), y observamos cómo varía la función al moverse
el argumento en círculo alrededor de 0, nos encontramos que al cabo de una vuelta no se obtiene
otra vez el valor anterior (L en este caso) sino uno distinto (a saber, –L); otra vuelta más, y
volvemos al valor inicial. En general, esto puede suceder tras Q (o incluso infinitas) vueltas en
torno al punto de ramificación.
El tratamiento tradicional de las funciones multivaluadas, al estilo de Puiseux, era muy
limitado y no permitía avances significativos. Riemann tuvo aquí una idea genial al considerar
la situación desde un punto de vista geométrico: lo que sucede en el caso anterior es que la
función Z= √] tiene dos “ ramas” , siendo cada rama prolongación de la otra (véase la figura). En
general, a toda función multivaluada puede asociarse una superficie, en la que están
representados los puntos de ramificación y el modo en que las distintas ramas de la función
149
El último en un importante artículo de 1850 sobre el comportamiento de las funciones algebraicas en el entorno de
puntos de ramificación (>B;G
G)< #-¡ ¢/£ , 365–480). De hecho, Puiseux distinguió entre lo que hoy llamamos
polos y puntos de ramificación, y comenzó a trabajar sobre integrales de funciones algebraicas. Se ha podido confirmar que
Riemann conocía su obra.
están conectadas entre sí en torno a dichos puntos. Esto, que en principio es sólo una curiosa
“ invención geométrica” , como dijo Klein, se convirtió en una herramienta poderosísima:
Riemann se vio llevado a estudiar las propiedades topológicas de las VXSHUILFLHVGH5LHPDQQ,
descubriendo relaciones profundas entre dichas propiedades topológicas y las propiedades
analíticas de las funciones.
He aquí cómo introducía Riemann su genial “ invención” en la tesis de 1851:
Para las consideraciones siguientes restringimos [el dominio de] variabilidad de las magnitudes [, \ [e.d., de la
variable independiente ]= [+\L] a una región finita, considerando como el lugar del punto [([, \)] no ya el propio
plano [complejo] $, sino una superficie 7 desplegada sobre el mismo. Elegimos esta forma de presentación, en la que
consideraremos inobjetable el hablar de superficies que yacen unas sobre otras, para dejar abierta la posibilidad de
que el lugar del punto [([, \)] se extienda múltiples veces sobre la misma parte del plano. Pero presuponemos que en
tal caso las porciones de superficie yuxtapuestas no estarán conectadas a lo largo de una línea, de modo que no tiene
150
lugar un plegamiento de la superficie, ni una división en partes disconexas.
Riemann
B [1851], 7.
150
151
Si bien la definición que daba Riemann en su tesis era más general; el orden de conexión de Riemann es igual a la ¤¥
¦O
¤¤§&¡.0<¤¨
©
#
¤ de la superficie, cambiada de signo.
privadas), la idea de emplear disecciones se le ocurrió a raíz de una conversación con Gauss sobre
152
un tema de física.
En la ‘Theorie der Abel’ schen Funktionen’ , Riemann consideraba superficies cerradas y
empleaba un método de análisis basado en considerar sistemas de curvas cerradas en el interior de
la superficie. El número máximo de curvas cerradas que no delimitan una parte de la superficie
constituye un invariante apropiado para caracterizarla topológicamente. Se trata del llamado
SULPHUQ~PHURGH%HWWL, Q = 2S, siendo S lo que Clebsch denominó en 1865 el JpQHUR de la superfi-
153
cie. La importancia de estas nociones topológicas quedó resaltada de forma espectacular con la
formulación del célebre teorema de Riemann–Roch. Éste determina el número de funciones
algebraicas linealmente independientes sobre una superficie, en función del género S de dicha
superficie. Riemann estimó que, para funciones con polos simples en P puntos dados, el número
de “ constantes arbitrarias” para determinarlas era ≥ P–S+1. En su lección sobre geometría (apdo.
154
I.1) decía Riemann que la topología se había hecho imprescindible para la teoría de las funciones
complejas multivaluadas; esta idea encontró una brillante y muy profunda confirmación en el
teorema de Riemann–Roch, yendo más allá de cualquier resultado contenido en su tesis.
Pero volvamos a la propia tesis. Disponiendo ya de la definición general de función analítica,
que conecta la teoría de funciones y la teoría del potencial, y manejando la idea de las superficies
de Riemann, nuestro autor se dispone a buscar condiciones minimales para definir una función
analítica cualquiera. Las condiciones o datos definitorios son de carácter global, y están
seleccionados de tal modo que no haya relaciones cuantitativas entre ellos, es decir, que sean
independientes y puedan pues elegirse arbitrariamente. Dichos datos son:
1. la superficie de Riemann, que fija las características de ramificación de la función, y
2. condiciones analíticas respecto al comportamiento de la función en polos y (en 1857)
singularidades logarítmicas, respecto a los valores que toma su parte real en la frontera de la
superficie (eventualmente seccionada), y respecto a la norma de su parte imaginaria.
El instrumento clave que permitía a Riemann determinar la función partiendo de ese conjunto de
datos era el SULQFLSLRGH'LULFKOHW, que todavía sin este nombre aparecía en el art. 16 de su tesis.
Esta herramienta analítica, tomada de la teoría del potencial y generalizada por el propio
Riemann, fue motivo de dificultades para su planteamiento.
Véase A. Weil, ‘Riemann, Betti, and the birth of topology’ , ªH6$
«O¬Z#¯®°:¡-#²±°²¬+©´³>/>µ¶B
O-¡ ·¸ (1979), 91.
152
153
Riemann estudiaba también las relaciones numéricas entre los nuevos invariantes y el ' orden de conexión'
, cuestión algo
porque su definición de dominio simplemente conexo cambió entre 1851 y 1857 (véase Scholz, ¹+-¡.$
G-¡
ºcomplicada
154
$&»¼¬0)&»¶/B1¡-½#.»¶ ¬0¬ , Basel, Birkhäuser, 1980, 63–64).
‘Teoría de las funciones abelianas’ , apdo. 5, ;/ , 107–09; Riemann afirma haber encontrado dicho resultado ya en
1852. Su alumno Gustav Roch precisó el resultado en el artículo: '
algebraischer Funktionen' , >B;3¬4¾B¿$
+6B<GBQ4»=Àl
º
Über die Anzahl der willkürlichen Konstanten in
G)< ÁÂ (1864), 372-376.
No entraremos aquí en una discusión detallada del principio de Dirichlet (para lo que debe
verse el texto del propio Riemann y nuestras notas). Se trata en realidad de un nombre acuñado
por el propio Riemann para la generalización de una herramienta analítica empleada por Gauss
y Dirichlet (e independientemente por William Thomson, Lord Kelvin) con vistas a establecer la
existencia de determinada solución de la ecuación de Laplace ∆X = 0 para la función potencial.
Un tanto paradójicamente, Riemann parece haber aprendido y desarrollado el principio no a
través de Dirichlet, sino leyendo a Gauss, como por otra parte lo había hecho el propio Dirichlet
(véanse las indicaciones precisas que da el propio Riemann en el apdo. 3 de la ‘Teoría’ y
téngase en cuenta que no asistió a clases de Dirichlet sobre teoría del potencial, pero sí había
155
leído asiduamente el trabajo de Gauss). En su artículo, Riemann empleaba dicho principio
obteniendo resultados espectaculares, pero sin que sus argumentos de base fueran suficientes.
En 1870, Weierstrass leyó ante la Academia de Berlín una crítica del principio de Dirichlet,
mostrando con un ejemplo que la H[LVWHQFLD de la función en cuestión no está garantizada D
SULRUL. Planteaba así dificultades que exigían una nueva vuelta de tuerca en el rigor analítico.
La objeción fue considerada un argumento definitivo en contra del enfoque de Riemann,
aunque –como se ha dicho– lo que sucedió más bien es que la decisión a favor de Weierstrass ya
estaba tomada, y la mayoría de los matemáticos se sintieron aliviados por no tener que aprender
el empleo de los abstractos métodos riemannianos. En cuanto al propio Riemann, al parecer era
consciente de que había carencias en su exposición del principio, pero lo consideraba sólo como
uno (muy expeditivo) entre varios métodos posibles de establecer sus resultados. Esta
apreciación se vio confirmada por los resultados de varios matemáticos del XIX que, desde
Neumann a Poincaré, elaboraron métodos alternativos para establecer el teorema fundamental
en el que se basa el enfoque riemanniano (formulado a continuación en el apdo. 3 del texto
traducido). Finalmente, Hilbert logró en 1904 reconstruir el principio de Dirichlet, en versión
modificada, empleando métodos más rigurosos del cálculo de variaciones, los llamados
“ métodos directos” . Pocos años después el enfoque riemanniano lograba al fin triunfar.
En el art. 20 de su tesis (traducido como apéndice), Riemann daba un ejemplo de la potencia
de sus métodos abstractos estableciendo una caracterización de las funciones algebraicas. En su
enfoque, lo común a una clase de funciones queda reflejado, no en la forma de representaciones
analíticas, sino de “ condiciones de frontera y de discontinuidad” . Dada una superficie de
Riemann de una o varias hojas, y una función sobre ella cuyas discontinuidades son puntos
aislados en los que se hace infinita (polos), entonces la función es algebraica, e inversamente.
(En términos modernos, toda función PHURPRUID sobre una superficie compacta es algebraica.)
º
¶µ¶O £
E. Neuenschwander, ‘Interactions among the French school, Riemann, and Weierstrass’ , Ã^0/)< ªH¨6
155
(1981), 87–105, especialmente p. 98. Sobre el principio de Dirichlet, se recomienda el libro de Bottazzini, Ä#°®°&»¶
A continuación, en el art. 21, Riemann daba otro ejemplo del alcance sus métodos, el célebre
WHRUHPDGHDSOLFDFLyQ de Riemann:
Dos superficies planas simplemente conexas pueden siempre relacionarse de tal modo, que a cada punto de la una
corresponde un único punto de la otra que se desplaza continuamente con aquél, y que sus partes mínimas
correspondientes son similares [aplicación conforme]; además, la correspondencia para un punto interior y de un
punto de frontera puede determinarse arbitrariamente; mas con ello queda determinada la relación para todos los
156
puntos.
Para ello basta demostrar que existe una aplicación conforme entre un dominio simplemente
conexo y el disco unidad, cosa que Riemann hacía sin el debido rigor. Como ha dicho Ahlfors,
se trata de uno de los teoremas más importantes del análisis complejo, que dio lugar a
numerosos trabajos de autores posteriores. Para demostrarlo se emplearon diversos medios y en
el proceso surgieron importantes desarrollos analíticos y topológicos, hasta que el teorema de
Riemann, convenientemente modificado, encontró sus primeras demostraciones rigurosas hacia
1910.
Además de la aplicación de sus ideas a las funciones abelianas, Riemann las empleó también
para el tratamiento de la serie hipergeométrica, en otro artículo escrito en 1856 y publicado en
157
1857. El asunto se inscribe en la teoría de ecuaciones diferenciales ordinarias y debió ser, para
sus contemporáneos, el ejemplo más convincente de la potencia de sus nuevos métodos.
Riemann ofrecía una visión general y muy clara de las difíciles contribuciones previas de Gauss
y Kummer, relativas a la transformación de dichas series. Como indicaba el propio Riemann,
Kummer había logrado en un trabajo de 1835 establecer un procedimiento para encontrar todas
las transformaciones posibles de cierto tipo,
pero el desarrollo efectivo del mismo exigía discusiones tan prolijas, que ya en el caso de las transformaciones de
grado tres se abstuvo de llevarlo a cabo, y se contentó con desarrollar completamente las transformaciones de grado
uno y dos, y las compuestas de ambas. En la memoria que anunciamos se aplica a estas [funciones] trascendentes un
método cuyos principios se han expresado en la disertación inaugural del autor (Art. 20), mediante el cual se obtienen
158
todos los resultados encontrados anteriormente, casi sin cálculos.
Riemann lograba determinar el número de expresiones distintas equivalentes para los distintos
casos (casi 900 en total) prácticamente sin necesidad de cálculos. Entretanto, la obra de
Kummer es un ejemplo típico del enfoque tradicional de las matemáticas, centrado en el cálculo
formal. De ahí que esas líneas resulten especialmente significativas.
‘Contribuciones a la teoría de las funciones representables mediante la serie gaussiana È (α, β, γ, ³ )’ , en ;/ , 67–83.
157
Como indicaba Riemann mismo, se trata de series de funciones que resultan de utilidad para resolver problemas de física
matemática, especialmente en astronomía.
‘Selbstanzeige’ , ;/ , 85.
158
Riemann publicó también un artículo sobre las funciones theta, que es continuación de la
memoria sobre funciones abelianas, e impartió clases sobre estos asuntos que desarrollan el
tema. Como ha escrito Narasimhan, el conjunto de estas obras “ constituye uno de los grandes
tesoros de la matemática” por la originalidad y la cantidad de nuevas ideas que contienen.
Abrieron el camino a la teoría de las superficies de Riemann compactas, y “ forman la base de
159
muchos grandes temas matemáticos” .
La teoría de funciones riemanniana, al igual que otras contribuciones matemáticas suyas,
ofrecía un replanteamiento del tema muy profundo, pero a la vez visionario: era una llamada a
enfocar todo el problema de un modo nuevo, o cuando menos a intentar restablecer con medios
más tradicionales sus resultados. Esta segunda fue la manera en que habitualmente se trabajó
sobre teoría de funciones durante la segunda mitad del XIX. Como diría Klein, los métodos
riemannianos eran entonces “ una especie de arcano de sus alumnos directos” , y fueron vistos
160
con desconfianza por los restantes matemáticos. Los discípulos de Weierstrass, y sobre todo
Schwarz, abordaron los resultados de Riemann en versiones mucho más limitadas, empleando
medios puramente analíticos ajenos a la teoría del potencial. Otros autores emplearían métodos
ligados a la geometría algebraica, a la teoría de invariantes, e incluso al álgebra pura. Carl
Neumann (en 1865) y el propio Klein (en 1882) intentaron rehabilitar y desarrollar el enfoque
del propio Riemann, pero sin demasiado éxito. Lo que se necesitaba era, primero, obtener
versiones rigurosas de los métodos analíticos de Riemann (Hilbert, 1904), y segundo, una puesta
en limpio de la idea de superficie de Riemann y cuestiones relacionadas.
El problema quizá más interesante era el de las superficies de Riemann. En sus escritos,
nuestro autor las introducía de una manera tentativa, como un medio auxiliar, sin duda
sumamente útil, pero prescindible. No cabe duda de que era muy consciente de la dificultad que
suponía poner su novedosa idea en claro, pero también es cierto que dio los primeros pasos en
esa dirección: todo indica que esa reflexión fue lo que le llevó al concepto fundamental de
YDULHGDG Q-dimensional y a un primer esbozo de topología general. El camino, sin embargo,
161
estaba lleno de dificultades y cuestiones espinosas, empezando por los problemas –simples sólo
en apariencia– de qué es una curva y qué es un dominio. Aclaraciones fundamentales al respecto
vendrían con el desarrollo de la topología conjuntista, y entre otras cosas con los intentos de
restablecer el teorema de aplicación de Riemann.
Véase el Prefacio de Narasimhan a la edición 1991 de Riemann, ;/ , 9–10, y los comentarios detallados en 10–16.
159
160 º
‘Riemann und seine Bedeutung für die Entwicklung der modernen Mathematik’ , 46-¡-½#
¯ÉL/
Ê 6B<$Klein,
&»(B4» Â (1894), 71–87, en p. 79.
Véanse el § 5.4 y el fragmento sobre variedades y geometría; sobre topología general, el fragmento en ;/ , 479–82.
161
Pero ya a mitad de camino llegó un cambio importante con Felix Klein, para quien las
superficies de Riemann pasaron a ser algo más que una brillante invención geométrica y un
medio auxiliar “ útil” . Como dijo en su libro de 1882:
La superficie de Riemann no sólo ilustra intuitivamente las funciones que entran en consideración, sino que las
GHILQH.
162
Las primeras definiciones y pruebas rigurosas al respecto llegaron en 1913, con el libro de
Herman Weyl /D LGHD GH OD VXSHUILFLH GH 5LHPDQQ. Weyl compartía la opinión de Klein,
llegando a decir que las superficies de Riemann son lo originario, la “ tierra virgen” donde
crecen y prosperan las funciones. Presentaba con rigor las variedades conexas
163
bidimensionales, y definía una superficie como una variedad conexa bidimensional que admite
triangulación. Sobre la base del principio de Dirichlet, en la versión hilbertiana, Weyl pasaba a
desarrollar todos los aspectos esenciales de la teoría de funciones clásica. Con esto se cerraba
definitivamente la era del predominio weierstrassiano, y se abría el período más moderno de
triunfo pleno de la tendencia abstracta.
Klein, Ëa½#@ÌH
GRÍ ¡"Ä#O#
+¿:»=/½B;$:¡. È^BB)
#NBÎ<6¯Ï.»¶; (Leipzig, 1882), 555.
162
163
Aunque todavía faltaba un importante detalle: el axioma de separación de Hausdorff (1914).
O, más bien, de que dada una cantidad cualquiera de primos 1, … , n, existe otro mayor que todos ellos (ya sabemos
164
que los griegos evitaban el infinito actual); consideraba Euclides el número = 1 · 2 ·… · n + 1, y afirmaba que, o bien es
primo, o tiene un divisor primo necesariamente distinto de 1, … , n (©^¨4¡ , Madrid, Gredos, 1991, vol. 2, proposición
IX.20). Los resultados sobre el teorema fundamental de la aritmética se encuentran en el Libro VII y el comienzo del IX.
también la presencia de importantes “ huecos” sin números primos en la sucesión numérica.
Bastaba hacer cuentas para ver que, en general, los primos tienden a ser cada vez más escasos
según se avanza en è; la pregunta era obvia: ¿puede decirse algo preciso acerca de la
distribución de los números primos, de su frecuencia de aparición? En este marco se sitúa la
contribución de Riemann.
En lo relativo a los medios técnicos empleados, su contribución se encuadra en la teoría
analítica de números. Con el desarrollo de la teoría de números, los medios empleados se han
ido diversificando y complicando cada vez más: de los métodos más puros se pasó a métodos
algebraicos, analíticos y geométricos. El caso todavía muy reciente de la celebérrima Conjetura
de Fermat, demostrada por Andrew Wiles tras 350 años de esfuerzos, es un perfecto ejemplo de
ello: el simplísimo enunciado de Fermat ([Ð \Ð ]Ð no tiene soluciones enteras para Q > 2)
sólo ha podido demostrarse sobre la base de ideas geométricas y analíticas sumamente
avanzadas, relativas en particular a curvas elípticas y funciones modulares.
La teoría analítica de números fue la principal creación original de uno de los maestros de
Riemann, Dirichlet, quien empleó las series de Fourier para investigar propiedades de los
números primos. Hay que decir enseguida que Euler había empleado ya, de forma ocasional
pero muy importante, series infinitas en el contexto de la teoría de números. Fue Euler quien
introdujo la función que hoy –siguiendo a Riemann– se denota por ζ(V):
∞
1 1 1
∑ + +.
Ò QÑ
ζ(V) = =1+
=1 2 Ñ 3Ñ
(léase función zeta). Euler consideraba valores reales de V y demostró, sobre la base del teorema
fundamental de la aritmética, un resultado muy importante:
El empleo que dio Euler a este resultado –considerando el caso ζ(1), que da la llamada serie
harmónica, la cual es divergente– fue ofrecer una nueva demostración de que existen infinitos
números primos. En cuanto a Dirichlet, sus métodos le sirvieron entre otras cosas para una
generalización de este resultado de Euler, el teorema siguiente, que se cuenta entre los más
importantes de la teoría de números: toda progresión aritmética D, D+G, D+2G, … , cuyo primer
término D y diferencia común G sean primos relativos, contiene infinitos números primos.
165
Fue idea original de Riemann estudiar ζ(V) como una función de variable compleja, con el
objetivo de obtener nuevos resultados sobre la distribución de los primos. Al hacer esto, estaba
ampliando el campo de la teoría analítica de números, poniéndolo en conexión con el análisis de
165
Dirichlet, ‘Beweis des Satzes … ’ (1837), en Öר;Ù/× , vol. 1, 307–42.
variable compleja al que tanto estaba contribuyendo. El propósito de Riemann en su artículo,
que remitió a la Academia de Ciencias de Berlín tras ser nombrado miembro correspondiente de
ella, era obtener fórmulas explícitas o aproximadas para la frecuencia o densidad de números
primos menores que un número real dado [. Representemos por π([), como es habitual,
166
el
número de primos no superiores a [; en la segunda parte de su trabajo, Riemann muestra cómo
el comportamiento de π([) se relaciona con log ζ(V), a través de lo que hoy se llama la
transformada de Mellin. La famosa Conjetura surgió como un producto colateral del trabajo,
que se encuentra hacia la mitad del mismo, debido a que el estudio de las singularidades de log
ζ(V) conduce a investigar las raíces de ζ(V).
Las fórmulas de Euler para ζ(V) convergen sólo en tanto la parte real de V es mayor que 1,
Re(V) > 1, pero la función se puede prolongar analíticamente al resto del plano complejo. Lo
primero que hace Riemann es obtener una fórmula que determine la función en todo el plano,
empleando el teorema del resto de Cauchy. Resulta entonces que ζ(V) es una función meromorfa
con una única singularidad en V = 1 (un polo simple). A continuación, Riemann obtiene una
HFXDFLyQIXQFLRQDO que relaciona ζ(V) y ζ(1–V), a saber:
Ó Ó
Γ( 2 ) ζ ( V) = π Γ ( 1−2 ) ζ (1 − V)
1−
− Ó − Ó
π 2 2
(si bien Riemann escribe Π en lugar de Γ). Luego obtiene de nuevo esa ecuación funcional a
partir de la representación integral de Γ, para finalmente, realizando el cambio de variable V = ½
+ LW, introducir la función ξ(W). Empleando ésta, la ecuación funcional puede expresarse de una
manera muy simple: ξ(W) = ξ(–W).
Es inmediatamente a continuación donde se encuentra la formulación de la Conjetura de
Riemann, expresada en términos de ξ(W). El lector debe tener en cuenta que, dado el anterior
cambio de variable, lo que vale para la parte real de W habrá de aplicarse a la imaginaria de V, y
viceversa. Traducido en términos de la función zeta, Riemann comienza estableciendo que ζ(V)
sólo puede ser igual a cero en la llamada “ banda crítica” 0 ≤ Re(V) ≤ 1. Un poco más adelante
escribe que “ es muy probable” que todos los ceros de ζ(V) estén sobre la “ línea crítica” Re(V) =
½, es decir, que sean de la forma V = ½ + LE. Y dice:
Sería deseable, en todo caso, una prueba rigurosa de esto; mas yo, tras algunos breves intentos en vano, he dejado a
un lado su búsqueda provisionalmente, dado que parecía superflua para el objetivo inmediato de mi investigación.
La fórmula que obtuvo, y sus variantes, desempeñan un papel importante en la teoría de los
números primos. Entre otras cosas, es importante conocer el tamaño de la diferencia entre π([) y
la integral logarítmica OL([), tema sobre el que se había especulado desde tiempos de Gauss.
Riemann creyó haber confirmado la opinión de que π([) < OL([) para grandes [, si bien aquí hubo
de ser corregido por autores posteriores, empezando por Littlewood. Afortunadamente,
comprobamos que también Riemann podía equivocarse.
La memoria de Riemann ha estimulado desarrollos muy importantes en teoría de números
durante los siguientes 140 años, o sea, hasta hoy. Incluso el trabajo de Wiles sobre el llamado
último teorema de Fermat se liga históricamente con la Conjetura de Riemann a través de una
serie de conjeturas planteadas en los años 1940 por André Weil y demostradas en 1974.
Volviendo atrás, ya en los años 1890 se produjeron grandes progresos relacionados con aquel
trabajo: en concreto, von Mangoldt completó diversos detalles y lagunas en la exposición
167
riemanniana, y tuvieron lugar aportaciones muy importantes de Hadamard y de la Vallée
Poussin. Empleando el mismo tipo de métodos que Riemann, y habiendo demostrado un
168
resultado que es consecuencia (muy débil) de su Conjetura, el francés y el belga lograron en
1896, independientemente, completar la demostración de una proposición conjeturada por
Gauss un siglo antes: el 7HRUHPDGHORVQ~PHURVSULPRV. Este viene a decir que π([), el número
[
de primos no superiores a [, tiene una buena aproximación en la función
ln [
para valores
grandes de la variable.
El problema de los ceros de ζ(V) sobre la “ banda crítica” , y en torno a la “ línea crítica”
indicada por Riemann, ha resultado ser una de las cuestiones más espinosas y difíciles de la
teoría de números, y ha atraído a numerosos autores posteriores. El inglés Hardy demostró en
1914 que hay infinitas raíces de ζ(V) que satisfacen la Conjetura, y junto con Littlewood realizó
169
importantes descubrimientos adicionales. Resulta notable que, como estableció Siegel en un
artículo de 1932, Riemann había ya anticipado y superado notablemente el trabajo de Hardy y
Von Mangoldt, ‘Zu Riemanns Abhandlung … ’ , Ü>ÝÞBØ;ßàá3â4ãBØ¿Ø6×Bä<ß×GÞBßåQàß4æ=çèéàê
ëç ìì/í (1895), 255–305.
167
Que ζ(î ) no tiene ninguna raíz con parte real 1, esto es, no tiene raíces sobre la recta Re(î ) = 1. Hadamard, ï+×/Þ#ðØ6×-î
168
vol.1691, 189–210; de la Vallée Poussin en ñHßßàá×-î^å×Gá
àò¶ÝóOç#å×-î¿ò¶óBä
×ßóO×-î^å×Hô@ؤÞ-Û×/á0á×-î , ser. 1, õö , parte II.
Hardy, ÷aÝá0á×Oó/ê×åùø
àbú
רbî , vol. 2, 6–9.
170
Littlewood, en manuscritos que quedaron inéditos a su muerte. Las aproximaciones a la
Conjetura de Riemann incluyen resultados estadísticos como el de Levinson, quien demostró
que al menos un tercio de los ceros de ζ(V) están en la línea crítica; y también aproximaciones
puramente ‘empíricas’ por computación efectiva, renovadas con la llegada de los grandes
ordenadores (en 1987 se habían computado 1.500 millones de raíces, sin encontrar un
171
contraejemplo).
Antes de terminar y dar la palabra al propio Riemann, parece adecuado intentar una reflexión
sobre la concepción unitaria en la que se basó, o que consiguió erigir –como también podría
ser–. Los escritos de Riemann discurren por múltiples campos de la matemática, la física
matemática, la física teórica, e incluso la filosofía y la fisiología, pero los conocedores de su
obra siempre han resaltado la profunda unidad que se esconde tras esa diversidad aparente.
Encontramos un intenso intercambio de ideas e inspiraciones entre todos sus campos de trabajo:
entre las distintas ramas de la matemática, pero también, y de un modo especial, entre sus
ocupaciones filosóficas, físicas y matemáticas.
El problema de explicar la unificación de elementos tan heterogéneos puede abordarse de
varias maneras. Comparando la obra de Riemann con un edificio, una posible explicación
estaría en la existencia de EDVHV o cimientos que afectan a todas las partes de la obra. Este fue el
planteamiento de Weyl, quien sin duda dio con un punto clave al enfatizar la importancia en
Riemann de un “ motivo epistemológico” como es el principio de comprender el mundo a partir
de su comportamiento a escala infinitesimal (luego hablaremos de ello). Pero semejante enfoque
adolece sin duda de reduccionismo, y no parece que la imbricación de la obra de Riemann
pueda explicarse tan sólo a base de mencionar ese o algún otro OHLWPRWLI. Siguiendo con la
comparación anterior, otra vía de explicación apelaría a la habilidad de Riemann para establecer
SXHQWHV entre las distintas partes de su obra. Semejante capacidad sólo puede ponerse en
práctica con éxito cuando se dispone de un excelente dominio de los distintos bloques que se
170
171
Dicho trabajo puede verse en las obras completas de L. Siegel, y también en la última edición de las de Riemann.
Sobre este tema véase J. Echeverría, ‘Modelos empíricos en matemáticas: la conjetura de Riemann como ejemplo’ ,
ñHؤû#Ý#Ø ì/ü#õ , nº 600, 77–100. Para una historia de la conjetura de Riemann, el estudio de H. Edwards, ýHä
×þGàßßRÿ î ×/ê
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Ý#ß (New York, Academic Press, 1974).
Weyl, ø
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ó-î^àßåQßàê0ÞBØ;àá>î.óBä
×ßóO× (Princeton Univ. Press, 1949).
quiere relacionar, y de una gran capacidad de pensamiento sistemático. Riemann poseyó sin
duda estas virtudes, a las que unía una magnífica habilidad para pensar las implicaciones
últimas de una idea o un enfoque nuevos, tanto en la dirección del análisis como en la de la
síntesis. Obviamente, sólo las muy especiales condiciones intelectuales que reunió explican sus
éxitos.
Como decíamos ya al principio de esta introducción, Riemann fue un gran pensador, un
pensador sistemático, penetrante y claro. En este sentido, se tiene la tentación de compararlo
con los más grandes de la tradición occidental, por ejemplo –y por no elegir otros nombres que
173
el lector pudiera considerar desmesurados– con su admirado Leibniz. Al leer los escritos de
Riemann, se tiene la impresión de que nada de lo que nos ofrece se ha logrado mecánicamente:
ninguna generalización surge de un mero interés en generalizar, el espíritu de sistema nunca se
antepone al interés por lo particular, etc. Todas sus investigaciones, incluso las que nos pueden
resultar más ajenas o sorprendentes (sobre psicología, sobre el alma de la Tierra), están guiadas
por objetivos claramente fijados y de profunda relevancia. Teniendo siempre a la vista esos
objetivos, Riemann es un maestro en analizar las posibles vías de tratamiento, modificarlas y
reconcebirlas, proponer nuevos planteamientos, y elaborar sus implicaciones.
Como hemos intentado hacer palpable en esta introducción, matemática, física y filosofía
fueron tres ámbitos que Riemann tuvo siempre presentes, y entre los que continuamente trazó
puentes y conexiones. Empecemos por los dos temas en los que trabajó más profesionalmente,
física y matemática; hacia 1855 no estaba claro si Riemann se decantaría por uno o por otro, y
174
de hecho su primer artículo publicado era de física. La reflexión conjunta sobre estos ámbitos,
guiada por autores de la talla de Newton, Euler, Gauss y Weber, dio resultados espectaculares.
Como hemos visto, hay múltiples indicaciones de que la teoría de funciones riemanniana surgió
elaborando sobre estímulos y analogías físicas, tal como le aseguró el propio Riemann a su
175
amigo italiano Betti. Buena muestra de ello es la conexión que establece con la física
matemática al otorgar un papel central a los métodos de teoría del potencial, pero también la
idea de emplear “ cortes transversales” como herramienta de análisis topológico se le ocurrió en
el curso de una conversación con Gauss sobre física.
En otras obras, inversamente, Riemann dio cumplidas muestras de su capacidad para
reformular las teorías físicas en términos matemáticos nuevos. En esto consiste lo esencial de
sus esfuerzos en el campo de la filosofía natural –guiados también por motivos de carácter
inevitablemente filosófico–. Ello sucede de nuevo en sus trabajos sobre geometría, donde el
173
Una pregunta obvia es ¿qué habría pasado si Riemann hubiera vivido 70 años, como Leibniz?
‘Teoría de los anillos coloreados de Nobili’ , ñHßßàá×ß åר"ø
ë îä<Ù ÞBßåw÷ ë×þQä
× ü (1855). Véase Archibald,
174
Ýú
ç8óBäêç
[1991].
concepto de espacio físico se pone a la luz de una novedosa y muy amplia elaboración
matemática. Además, no mucho tiempo después Riemann aplica las herramientas analíticas que
había desarrollado para la geometría en el tratamiento de un problema físico sobre la teoría del
calor. Vemos, pues, cómo Riemann recorre constantemente los caminos de ida y de vuelta entre
matemática y física. Es un aspecto de su obra en el que se nos revela como un autor clásico, pre-
contemporáneo (aunque no lo fuera en muchos otros sentidos).
Hay, eso sí, un principio fundamental que le guía en muchos de sus trabajos en ambos
terrenos, el OHLWPRWLI de buscar las leyes básicas simples en lo infinitesimal, y deducir a partir de
ahí el comportamiento global. No es casualidad que Weyl haya detectado muy bien este
principio, porque también para él fue determinante. Ya vimos cómo Riemann avanzó en la
dirección de una formulación de la física en términos de campos, sobre la base de principios de
acción ORFDO contigua (aspecto en el que le superó su contemporáneo Maxwell). Su intenso
trabajo en física matemática elaboraba, pues, sobre la idea de que las ecuaciones diferenciales
no nos dan sólo una descripción útil, sino que apuntan a leyes de la naturaleza. En este sentido,
hemos citado su afirmación de que las leyes naturales verdaderamente elementales “ sólo pueden
ocurrir en lo infinitamente pequeño, sólo para puntos del espacio y el tiempo” . Esta idea guió
toda su obra en física y física matemática, pero también su trabajo geométrico, donde se explora
la rica fenomenología global que puede darse en espacios cuyo comportamiento a nivel local
está determinado por leyes simples (las variedades riemannianas, que son localmente euclideas).
El mismo principio encuentra expresión de nuevo en sus teorías acerca de las funciones de
variable compleja: fue tratando de comprender qué hacía posible la prolongación analítica de las
funciones (el paso de lo local a lo global), que Riemann se vio llevado a las ecuaciones que
llevan su nombre y el de Cauchy. Tanto Klein como Weyl han señalado que, al convertir ese
“ principio de localidad” en una auténtica piedra angular, Riemann fue a la matemática lo que
Faraday y Maxwell a la física del XIX.
Dentro de los límites estrictos de la matemática, en el sentido contemporáneo, Riemann es
uno de los que más claramente han intuido –o apostado por– la unidad intrínseca de todas las
ramas de su disciplina. Quizá fue el autor que más visionariamente adivinó este principio de
unidad, en el que tanto insistirían posteriormente Klein y Hilbert, así como los Bourbaki. Hemos
visto numerosos ejemplos de los puentes que Riemann establece en matemática, y bastará que
recordemos un par de ejemplos. Su teoría de funciones apuesta por un punto de vista abstracto,
en el que la variable compleja se liga íntimamente con la teoría del potencial, por un lado, y con
la idea geométrica de las ‘superficies de Riemann’ y la topología, por otro. Recíprocamente, su
175
Véase U. Bottazzini y R. Tazzioli, ‘àê0ÞBØ ú@ë$äáÝ4î.Ýú@ë$ä
× and its role in Riemann’ s matehamtics’ , ý
×Oð/Þ#×9åRÿ ë$ä:î-êÝä<Ø6×9å×-î
þGàê
ëþGàê)ä Þ#×-î ì
(1995), p. 10.
aproximación al problema de las geometrías y el espacio se basa en una perspectiva analítica: la
geometría diferencial, construida de nuevo sobre una base topológica. Y su genial trabajo en
teoría de números, a la que contribuyó el gran problema abierto que es su Conjetura, descansa
sobre fundamentos de teoría de funciones. Todo ello da idea de la manera en que los conceptos
provenientes de distintas ramas de la matemática se entrelazan y fertilizan recíprocamente en su
obra, siempre al servicio de nuevos puntos de vistas más abstractos y unificadores.
El “ principio de localidad” mencionado arriba es un buen ejemplo de idea que no sólo
admite una expresión física y matemática precisa, sino que se funda en argumentos filosóficos
de plausibilidad: el propio Weyl lo llama un “ motivo epistemológico” . Y esto nos recuerda que
ejemplos como los de la geometría riemanniana y sus especulaciones sobre filosofía natural
ponen de manifiesto algo más que la interacción física/matemática. Ponen de relieve, también,
el importante papel que las cuestiones filosóficas desempeñaron en toda la obra de Riemann. Su
clara preferencia por un enfoque conceptual y abstracto de la matemática, que hace de él un
autor tan contemporáneo, deriva con bastante claridad de sus concepciones epistemológicas. Por
otro lado, no debemos olvidarnos de la indudable relevancia que tuvieron para él los motivos
empíricos, la atención a los datos experimentales. Un buen ejemplo de la presencia de este
último elemento se encuentra en el trabajo fallido de 1858 sobre electrodinámica, aquél en el
que Riemann emplea un potencial retardado que establece una íntima relación entre luz y
electromagnetismo (recordemos que le guiaban los delicados experimentos de Weber y
Kohlrausch, que en parte había presenciado). En clave muy herbartiana, experiencia y reflexión
mantienen una interacción constante en los trabajos de Riemann.
Ya que hemos mencionado la filosofía, hay que enfatizar que la preferencia de Riemann por
las ideas de Herbart no es casual. Se trataba de una filosofía fácilmente compatible con sus ideas
científicas, armonizable con los planteamientos de autores como Weber y Gauss. El ejemplo
más claro de ello es la epistemología que Riemann defendió, mucho más actual que la de
contemporáneos suyos tendentes al idealismo o al positivismo. Llama la atención cómo, en sus
escritos filosóficos, Riemann no se detiene en ningún tipo de barrera disciplinar, entrando con
rigor no sólo en el campo de la psicología (todavía entonces bajo la etiqueta de ‘filosofía’ ) sino
incluso en el de la biología. Pero, sobre todo, sus trabajos filosóficos son una buena muestra de
la capacidad de penetración de su pensamiento, de su rigor al perseguir las implicaciones de las
ideas defendidas, tanto hacia arriba (sus consecuencias) como hacia abajo (sus presupuestos) y,
diríamos, en todas direcciones.
Ahora bien, lo que quizá fue la mejor muestra de esa capacidad de 'XUFKGHQNHQ es el
notable tren de ideas que desplegó, a lo largo de varios años (aprox. 1849–54), en relación con
las VXSHUILFLHV GH 5LHPDQQ y las YDULHGDGHV. Buscando cómo aplicar su concepción de las
funciones analíticas a las ‘funciones’ multivaluadas, Riemann se ve llevado a la “ invención
geométrica” de sus superficies, y al estudio topológico de las mismas. Pero nuestro autor no se
contenta con desarrollar las implicaciones de esos principios para el análisis de variable
compleja, sino que le preocupa vivamente el problema fundacional que sus superficies plantean.
Es necesario elaborar un planteamiento que dé cabida a las consideraciones topológicas y a una
geometría multidimensional: Riemann encuentra la solución en el concepto clave de YDULHGDGQ-
dimensional. Y este resultado se convierte, a su vez, en nuevo punto de partida para
elaboraciones en todas las direcciones. Hacia abajo, las variedades ofrecen un modo muy
interesante de reconcebir los fundamentos de la matemática, leyendo la vieja idea de magnitud
en sentido conjuntista. Lateralmente, Riemann generaliza las consideraciones topológicas a
variedades Q-dimensionales. Pero, al poco tiempo, ve también la posibilidad de someter los
principios de la geometría a un análisis mucho más profundo, desde este nuevo punto de vista
(fertilizado con las ideas de Gauss), y así surge esa contribución clave que fue su lección
inagural de 1854. Finalmente, el desarrollo geométrico se presta a nuevas especulaciones
físicas, que dan origen a los sorprendentes párrafos finales de la lección, que Einstein calificó de
verdadera “ adivinación” .
Una obra tan polifacética, de tantas dimensiones como la de Riemann, no hubiera sido
posible sin el peculiar ambiente intelectual de su época, que estimulaba la interacción y la
circulación de ideas entre distintas disciplinas. Como estudiante, Riemann asistió a clases de
filosofía, teología, matemática, física, fisiología, y se sintió libre de cultivar estas diversas
disciplinas de una manera seria. Me gustaría acabar expresando el deseo de que logremos
recuperar ambientes de libertad e interrelación rigurosa como los de aquel tiempo, evitando
miopes consideraciones de fronteras disciplinares (donde hay que incluir también la manida
distinción entre ciencias y humanidades). Y, finalmente, quisiera repetir con Weyl: ¡ojalá los
escritos de Riemann sigan contribuyendo, como ya lo han hecho en gran medida desde su
aparición, a impulsar la vida de las ideas!
8. Vida y circunstancias.
1826 El 17 de septiembre nace Georg Friedrich Bernhard en Breselenz, un pueblo cercano al Elba, en
el Reino de Hannover. Es el segundo de los seis hijos de un pastor luterano.
Crelle funda el -RXUQDOIUGLHUHLQHXQGDQJHZDQGWH0DWKHPDWLN. Por esta época, la ciencia y
las universidades alemanas están en pleno proceso de revitalización. Dirichlet, futuro maestro de
Riemann, se encuentra a punto de volver de París, donde ha estudiado matemáticas y física.
1839 Bernhard recibe su educación elemental en casa, guiado sólo por su padre, lo que seguramente
estimula su carácter muy tímido y reservado; teniendo 10 años pasa a colaborar con aquél un
maestro.
1840 Riemann asiste al *\PQDVLXP o instituto en Hannover, y más tarde (desde 1842) en Lüneburg.
Aquí, el director del instituto reconoce su talento matemático y le presta obras de Euclides,
Arquímedes, Descartes, Newton y Legendre, entre otros, que el joven asimila con rapidez.
La enseñanza secundaria ha sido objeto de una profunda renovación en los estados alemanes, en
un proceso que asegura una educación matemática sólida a los alumnos, a la vez que garantiza
plazas remuneradas para los estudiantes universitarios de esta disciplina.
1850 Tras asistir a algunas clases de ciencias y de filosofía, en particular las de Weber sobre física
experimental, Riemann entra en el recién creado Seminario Físico-Matemático de la universidad.
Establece un estrecho contacto con el gran físico, de quién será ayudante entre 1853 y 1854. En
toda esta época dedica gran parte de sus esfuerzos a la física, y lee con interés las obras
filosóficas de Herbart (quien había sido profesor en Gotinga hasta 1841).
Los seminarios son instituciones típicas de las reformas universitarias alemanas, encaminadas a
poner a los alumnos en contacto con la investigación. Esta costumbre comienza a principios de
siglo en el campo de las humanidades, siendo luego imitada por los científicos.
1851 En diciembre entrega y defiende su tesis doctoral, sobre los fundamentos de la teoría de
funciones de variable compleja, bajo la supervisión (quizá un tanto nominal) de Gauss. En su
informe, éste señala que el trabajo va mucho más allá de los requisitos de una tesis, mostrando
una “ mente creativa, activa y decididamente matemática, acompañada de una fértil y maravillosa
originalidad” [ ].
1854 El 10 de junio recibe su “ habilitación” como 3ULYDWGR]HQW (profesor a título privado) en Gotinga,
con dos famosos trabajos: una tesis sobre funciones trigonométricas y una lección sobre
geometría. La fecha del acto se ha retrasado, en parte porque Riemann no conseguía alejarse de
la investigación sobre las leyes físicas, que le absorbía, para preparar su lección; entretanto.
Puede ahora comenzar a dar clases, aunque en míseras condiciones económicas.
1855 Muere Gauss el 23 de febrero, y la universidad, que pretende seguir contando con el primer
matemático vivo, contrata a Dirichlet (para ello, se crea una nueva cátedra de matemáticas, ya
que Gauss era oficialmente astrónomo). Muere el padre de Riemann y una hermana; entra en
contacto con Dedekind, que se convertirá en amigo íntimo y editor de sus obras.
1858 Año que comienza con penalidades para Riemann: muere su hermano y una hermana menor, de
modo que Riemann se hace cargo del resto de su familia (dos hermanas); todo esto le causa una
intensa depresión. En otoño, los matemáticos italianos Brioschi, Betti y Casorati visitan Gotinga,
conociendo a Riemann; el contacto establecido entonces se reanudará en 1863.
1859 Dirichlet muere en mayo, y Bernhard se convierte directamente en su sucesor, lo que da una idea
de su fama y rápido ascenso en la carrera académica.
Es nombrado miembro de la Academia de Gotinga y corresponsal de la de Berlín. Con ese
motivo viaja a esta ciudad, en compañía de Dedekind, visitando a Weierstrass, Kummer y
Kronecker, y publica su famoso artículo sobre la frecuencia de números primos (con la conjetura
de Riemann).
1860 Visita la ciudad de París en abril, conociendo a Serret, Bertrand, Hermite, Puiseux y Briot.
1862 En junio se casa con Elise, amiga de una de sus hermanas. Al mes siguiente sufre una pleurisia,
que degenera en tuberculosis; la causa última han sido, probablemente, las difíciles condiciones
de vida sufridas en la infancia y los tiempos de estudiante y 3ULYDWGR]HQW.
Viaja a Italia con el fin de recuperarse de sus dolencias, siguiendo el consabido consejo médico y
la práctica de la burguesía culta alemana. Se establece en Sicilia, y a la vuelta se demora en
ciudades como Nápoles, Roma y Florencia.
1863 Aunque vuelve tras la primavera a Gotinga, enseguida se manifiesta de nuevo la enfermedad y
retorna a Italia, donde permanecerá buena parte de los días que le restan. Se establece en Pisa,
donde nace una hija y muere otra de sus hermanas. Establece una intensa amistad con Betti, y
contacto estrecho con Beltrami, Brioschi y Casorati, recibiendo una oferta de cátedra en Pisa, que
se siente obligado a rechazar.
Pese a todo, estas estancias le resultan magníficas, no solo por el clima, la naturaleza y el arte,
sino también por una sensación de libertad que experimenta, fuera de la atmósfera algo cerrada
de Gotinga.
1865 Vuelve por fin a Alemania en octubre, pese a que su salud sigue sin ser buena; con todo,
consigue trabajar algunas horas diarias durante los meses de invierno. En junio de 1866 decide
hacer su tercer viaje a Italia, esperando de nuevo una mejoría. Muere junto al Lago Maggiore, al
norte de Italia, el 20 de julio del 66. Poco antes ha sido nombrado miembro extranjero de la
Academia de París y la Royal Society de Londres.
Es la época dorada de la escuela de Berlín, guiada ante todo por Weierstrass; también el tiempo
en que se fundan numerosos institutos de investigación científica en las universidades alemanas,
y, en otro orden de cosas, el tiempo de la unificación alemana. La publicación de las cartas y
escritos de Gauss estimula un debate abierto sobre las geometrías no euclideas, como la de varios
inéditos de Riemann estimula un primer debate sobre la matemática abstracta.
Agradecimientos
En la preparación de esta obra han colaborado especialmente las siguientes personas: Antonio Durán, por
su amabilidad al facilitarme el acceso a bibliografía importante; José F. Ruiz y Javier Ordóñez, por el
material que pusieron a mi disposición; Guillermo Curbera, revisando la traducción de algunos textos;
Renato Alvarez, que me ayudó con algunas ilustraciones; y como siempre Ralf Haubrich, cuya ayuda me
permitió acceder desde Sevilla al rico mundo bibliográfico y científico de Gotinga.
Quiero también dar las gracias a José Manuel Sánchez Ron por haberme animado a emprender el
trabajo y haber respaldado su publicación. Y a Dolores, por razones que ella conoce mejor que nadie.
Finalmente, me gustaría dedicarlo a la pequeña Inés, y a otros matemáticos del futuro.
Los escritos aquí traducidos, con una única excepción, se han tomado de la última edición alemana de las
obras de Riemann:
Esta obra incluye la edición de 1892 de las obras de Riemann, junto con las adiciones tomadas de
diversos manuscritos que se publicaron en 1902: 1DFKWUlJH, editadas por M. Noether y W. Wirtinger.
176
Existe una edición francesa de las obras, en traducción de L. Laugel: 2HXYUHV PDWKpPDWLTXHV (París,
1898).
La excepción es el texto ‘Sobre variedades y geometría (1852/53)’ , traducción de dos fragmentos
177
extraídos de un artículo de Erhard Scholz, hasta entonces inéditos. Conviene señalar, por otro lado, que
me he tomado la libertad de reordenar los fragmentos filosóficos de Riemann, y en un caso he alterado
también el título que daban los editores alemanes (no proveniente del autor).
Los números de página que aparecen en las referencias que doy en el texto corresponden a la edición
de :HUNH de 1892, y por tanto son los de las ediciones más accesibles. Pero la mencionada edición de
Narasimhan (1991) es especialmente recomendable ya que incluye varios textos, de procedencia diversa,
que ofrecen complementos importantes para una apreciación de la obra y la biografía de Riemann.
Además, contiene exhaustivas bibliografías de W. Purkert y E. Neuenschwander.
Existe una traducción anterior al castellano de la lección inagural de Riemann sobre geometría,
realizada por Vidal Abascal, aunque no he podido tenerla a la vista. Otras ediciones: italiana, …
—————
Con respecto a la biografía de Riemann, las principales referencias son los trabajos de R. Dedekind y
E. Schering, contenidos en las :HUNH antes citadas, y especialmente el reciente libro:
176
La edición original de las obras apareció en 1876 (Leipzig, Teubner), pero la de 1892 introduce algún cambio y nueva
paginación. Las adiciones en àóëê
Ø 4æ=× (Leipzig, Teubner, 1902) son especialmente relevantes en lo relativo a las lecciones
que177Riemann impartió en Gotinga. Ambos textos se encuentran reunidos también en la anterior de Dover (New York, 1953).
‘Riemanns frühe Notizen zum Mannigfaltigkeitsbegriff und zu den Grundlagen der Geometrie’ , ñHØ6óë$ä
ðO×âZÝ#Ø °ä:î-êÝ#Ø °Ý²â
Û>àó/ê>ò¶óBä
×ßóO×-î õ (1982), 213–32.
Además de ellos, es recomendable la entrada ‘Riemann’ en el 'LFWLRQDU\RIVFLHQWLILFELRJUDSK\ (8 vols.,
New York, Scribner’ s, 1981), que fue redactada por H. Freudenthal.
La bibliografía disponible en castellano sobre temas relacionados con el desarrollo de la matemática
contemporánea es muy escasa. Aparte de obras con carácter general –entre las cuales se recomienda el
conocido trabajo de Morris Kline y las obras de Hans Wussing–, se tratan aspectos de la obra de Riemann
en:
J. Gray, ,GHDV GH HVSDFLR, Madrid, Mondadori, 1992, cap. 12. [Esta obra contiene también una
introducción a las teorías de la relatividad.]
P. M. Harman, (QHUJtD IXHU]D \ PDWHULD /D HVWUXFWXUD FRQFHSWXDO GH OD ItVLFD HQ HO VLJOR ;,;,
Madrid, Alianza.
Resulta muy relevante también la edición de obras de Maxwell en esta misma colección:
En lo tocante a estudios que analizan en detalle las contribuciones matemáticas de Riemann, cabe
destacar los siguientes:
Umberto Bottazzini, 7KH +LJKHU &DOFXOXV $ KLVWRU\ RI UHDO DQG FRPSOH[ DQDO\VLV IURP (XOHU WR
:HLHUVWUDVV, New York, Springer, 1986.
John Derbyshire, 3ULPH 2EVHVVLRQ %HUQKDUG 5LHPDQQ DQG WKH JUHDWHVW XQVROYHG SUREOHP LQ
PDWKHPDWLFVNueva York, Plume, 2004.
Jeremy Gray, /LQHDU 'LIIHUHQWLDO (TXDWLRQV DQG *URXS 7KHRU\ IURP 5LHPDQQ WR 3RLQFDUp Basel,
Birkhäuser, 1986.
Jeremy Gray, ed. 7KH 6\PEROLF 8QLYHUVH *HRPHWU\ DQG SK\VLFV Oxford University
Press, 1999.
Además de estas obras, el lector consultará con provecho los trabajos que han ido citándose en notas a lo
largo de este estudio-introducción.
Finalmente, daremos algunas referencias respecto a los que Riemann consideró como sus maestros
más inmediatos. En general, para la mayoría de los autores que se han ido citando, son recomendables los
artículos del 'LFWLRQDU\RI6FLHQWLILF%LRJUDSK\ editado por Gillispie (New York, Scribner, 1980). A nivel
más específico, pueden consultarse
G. W. Dunnington, &DUO )ULHGULFK *DXVV 7LWDQ RI VFLHQFH, New York, 1955. Reprint with an
introduction and commentary by Jeremy Gray, with a brief biography of the author by Fritz-Egbert
Dohse. Mathematical Association of America, 2004.
K. H. Wiederkehr, :LOKHOP :HEHU (UIRUVFKHU GHU :HOOHQEHZHJXQJ XQG GHU (OHNWUL]LWlW, Stuttgart,
1967.
En cuanto a Herbart, uno de sus libros fue traducido al castellano con introducción (no especialmente
interesante para temas relacionados con Riemann) de J. Ortega y Gasset:
J. F. Herbart, /D SHGDJRJtD JHQHUDO GHULYDGD GHO ILQ GH OD HGXFDFLyQ, Madrid, La Lectura, 1914;
Barcelona, Humanitas, 1983.