Y he aquí el velo° del santuario fue rasgado en dos, de arriba abajo, y la tierra fue sacudida, y las rocas
fueron partidas,
«Mateo 27:51 Biblia Textual3»
° Éxo_26:31-33.
El Señor Jesucristo fue clavado en la cruz a las nueve de la mañana. Al mediodía, el hombre había hecho
todo lo que podía haberle hecho al Cordero de Dios. Durante las tres horas siguientes las tinieblas
rodearon la cruz, la que llegó a ser un altar donde el Cordero de Dios se ofreció como el sacrificio por
los pecados del mundo. El Antiguo Testamento da luz adicional sobre lo que ocurrió en la cruz. El
profeta Isaías, en el capítulo 53 de su profecía, versículo 10, dice: Con todo eso, Jehová quiso
quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá
linaje. . . En el Salmo 22, versículo 1, leemos: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por
qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Fue en la cruz donde Jesucristofue
desamparado por Dios y herido. Murió cual ningún otro hombre porque “entregó el Espíritu”, o sea,
‘despidió Su Espíritu’. Cuando nosotros sentimos el estertor de la muerte, hacemos lo posible por
conservar aquel resuello final porque queremos tanto la vida. El Señor Jesús murió de buena gana, y
dejó voluntariamente que Su Espíritu saliera de Su cuerpo.
Consideremos ahora los incidentes relacionados con la muerte de Jesús. El Espíritu de Dios cubrió la
cruz con un manto de silencio para que usted y yo no la miráramos para satisfacer nuestra curiosidad. El
murió allí por sus pecados suyos y por los pecados míos. El versículo 51 de este capítulo 27 del evangelio
según Mateo, nos dice:
Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos1, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se
partieron; (Mat. 27:51)
El velo del templo se rasgó de arriba abajo, ese era el velo que cubría la entrada del Lugar Santísimo, al
otro lado del cual no podía entrar más que el sumo sacerdote el día de la Expiación; era el velo que,
ocultaba la presencia del Espíritu de Dios (Éx. 26:31-33; Lev 16:2), indicaba que la habitación del Dios
tres veces Santo era inaccesible al hombre, hasta el cumplimiento de los tiempos. Pero ese velo
desgarrado en el instante en que se consumaba sobre la cruz el verdadero sacrificio de expiación por el
pecado proclamaba a los ojos de todo el pueblo reunido en el templo para la oblación de la tarde, (las
tres, Mat 27:45) que en adelante el acceso al trono de la gracia (figurado sobre el arca de la alianza en el
lugar santísimo) qué había estado cerrado a toda la humanidad; está ahora abierto. La vida y la muerte
de Jesús nos muestran cómo es Dios, y quito para siempre el velo que Le ocultaba de la humanidad.
El verbo griego, sjízo (σχίζω) G4977, se emplea para referirse al velo que se rasgó y a las rocas que se
partieron. De este verbo viene nuestro término “esquizofrenia” que significa “personalidad dividida“.
El velo, el cual ya dijimos que separaba el lugar santo del Lugar Santísimo. Este recinto abrigaba
antiguamente el arca, sobre la cual estaba una chapa metálica llamada el propiciatorio y sobre esa chapa,
dos querubines, entre los cuales YHWH moraba. El sumo sacerdote entraba una vez al año, en el día de
la expiación, y rociaba sangre sobre el propiciatorio. El velo se describe como de unos 10 a 15 mm. de
espesor, 18 m. de largo y 9 m. de ancho. El peso era enorme, tanto que se decía que eran necesarios dos
bueyes para poder levantarlo.
Con la muerte de Cristo algunos hechos notables sucedieron. Una de ellas fue un terremoto, y otra fue
la rotura del velo del templo, no de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. No fue el hombre quien
rasgó el velo; fue Dios quien lo hizo. El velo habla de la carne de Jesús.
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Así que, hermanos, teniendo confianza para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús, la cual
nos abrió un camino nuevo y vivo, por medio del velo, esto es, de su carne; «Hebreos 10:19-20»
Cuando se rasgó Su carne en la cruz, Cristo había pagado la pena de nuestros pecados en Su propio
cuerpo; y el camino a Dios había quedado bien abierto. Su vida estaba simbolizada por el velo que
realmente excluía al hombre de la presencia de Dios. En el evangelio según San Juan, capítulo 14,
versículo 6, leemos:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Ya no nos hace falta un sacerdote ni un predicador para mediar por nosotros. Nadie tiene que acercarse
a Dios por nosotros. Podemos acercarnos directamente al trono de Dios como pecadores, por medio de
Cristo. Permítanos poner énfasis sobre el hecho de que el único camino que podemos tomar para llegar
a Dios, es el Señor Jesucristo. Cuando Él murió en la cruz y entregó el Espíritu, pagó allí por los pecados
suyos y los míos; como lo dice el Apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo, capítulo 2, versículo 5:
Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.
Cuando consideramos debidamente la muerte de Cristo, nuestros corazones duros y empedernidos
debieran rasgarse. El corazón que no se rinde, que no se derrite donde se presenta claramente a Jesucristo
crucificado, es más duro que una roca.
Nunca fueron desplegados en forma tan tremenda la naturaleza y los efectos horribles del pecado que
en aquel día, en que el amado Hijo del Padre colgó de la cruz, sufriendo por el pecado, el Justo por el
injusto, para llevarnos a Dios. Rindámonos voluntariamente a su servicio.
Nota:
1) Mateo y Marcos colocan esta rasgadura del velo después de la muerte de
Cristo. Lucas lo coloca antes de las palabras, Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu. Ambos eventos ocurrieron en ese mismo momento
incomparable. Mientras que el Dr. Lucas combina la oscuridad de las tres
horas con el desgarro del velo, lo cual indica:
a. Que después de que la oscuridad terminó, todos los eventos
restantes, hasta la muerte del Salvador, se sucedieron de forma
rápida, casi simultánea; y
b. Que la rasgadura del velo, que ocurrió en el mismo momento de su
muerte, tiene una conexión estrecha con la oscuridad sobrenatural y
con los milagros subsecuentes.
Bibliografía
A través de la Biblia. Por el Dr. John Vernon McGee
Comentario Bíblico Mundo Hispano, © Copyright © 1997 por Editorial Mundo Hispano.
Comentario al N.T. © por C. William Barclay. © 1995 por Clie versión española.
Comentario al N.T. por Mattew Henry. Editorial Unilit Miami, Fl. 33172,1999
GNOMON OF THE NEW TESTAMENT BY JOHANN ALBRECHT BENGEL. ED. SECUNDA OF 1759.
Comentario al N.T por Luis Bonnet y Alfredo Schroeder, © Casa Bautista de
Publicaciones 1970
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