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Transferencia y contratransferencia en entrevistas

El documento discute los conceptos de transferencia y contratransferencia en el contexto de la entrevista psicológica. Define la transferencia como la actualización de sentimientos, actitudes y conductas inconscientes del entrevistado hacia el entrevistador, y la contratransferencia como las respuestas y efectos que el entrevistador experimenta debido a las manifestaciones del entrevistado. Ambos fenómenos son inevitables en la relación entre entrevistador y entrevistado y deben ser manejados adecuadamente para que la entrevista sea efect

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Transferencia y contratransferencia en entrevistas

El documento discute los conceptos de transferencia y contratransferencia en el contexto de la entrevista psicológica. Define la transferencia como la actualización de sentimientos, actitudes y conductas inconscientes del entrevistado hacia el entrevistador, y la contratransferencia como las respuestas y efectos que el entrevistador experimenta debido a las manifestaciones del entrevistado. Ambos fenómenos son inevitables en la relación entre entrevistador y entrevistado y deben ser manejados adecuadamente para que la entrevista sea efect

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Levin: “Aspectos transferenciales y contratransferenciales en los Procesos

Diagnósticos”
ACERCA DE LA ENTREVISTA PSICOLÓGICA
Bleger señala y distingue a la entrevista psicológica como "aquello que intenta el
estudio y la utilización del comportamiento total del sujeto en todo el curso de la
relación establecida con el técnico [entrevistador], durante el tiempo en que dicha
relación se extienda”.
Más adelante dirá: "Es una relación de índole particular que se establece entre
dos o más personas... Consiste en una relación humana en la cual uno de sus
integrantes [entrevistador] debe tratar de saber lo que está pasando en la misma
y debe actuar según ese conocimiento". Finalmente señalará que la entrevista
es "un campo de trabajo en el cual se investiga la conducta y la personalidad de
seres humanos".
Según este autor, hay presentes tres ejes iniciales:
El comportamiento y la personalidad del sujeto.
Lo que se constituye en ese marco de encuentro, ese particular vínculo.
Los roles que cada una de las partes adquiere a partir del mismo.
No es de ninguna manera 'estático' sino que, por el contrario, son numerosos los
factores que incidirán sobre el mismo y las relaciones entre ellos.
Al decir de Bleger existen dos partes definidas: “alguien que se constituye como
entrevistado y alguien que protagoniza el rol de entrevistador”.
Los observables plantean al entrevistador, una serie de variables que deberá
sortear, resolver y sobrellevar en aras de efectivizar su rol y, por sobre todo, su
objetivo de trabajo.
Las preguntas que surgen, entonces, son:
¿Cuáles son las sensaciones y pensamientos que llegan a despertar en uno
mismo, dichas conductas del entrevistado?
¿Qué actitud debería ser tomada, cuándo y cómo llevarla a cabo?
CUANDO LA TRANSFERENCIA HACE SU APARICIÓN
No solo el entrevistado puede presentar “dificultades” a la hora de entrar en una
entrevista psicológica. Recordemos que también es el mismo entrevistador el
que se encuentra implicado en el campo de la entrevista. Podríamos señalar tres
ítems iniciales que pueden llegar a incidir en el desempeño de rol del
entrevistador amateur:
-El manejo de la ansiedad.
-El nivel de formación y de experiencia del profesional.
-Los propios “puntos oscuros” de su historia y las propias resistencias que se re-
editan a la hora de escuchar al entrevistado.
La ansiedad se torna obstaculizadora de nuestro desempeño de rol.
El nivel de formación (estudio, supervisión e investigación) posibilitan una
mayor adecuación en las intervenciones, pudiendo conocer más sobre los
diferentes cuadros psicopatológicos y sobre el trabajo del síntoma.
El nivel de experiencia incide en el desarrollo de las entrevistas, puesto que el
factor “sorpresa” del relato del entrevistado, el haber escuchado y trabajado con
casos similares, y el conocer mínimamente las posibles reacciones y
consecuencias de determinadas intervenciones, aminoran el monto de ansiedad
e incertidumbre, y posibilitar una intervención más acertada.
Aquí haremos hincapié en uno de los ítems fundamentales para el ejercicio del
rol: la escucha. Ya que escuchar implica por un lado, mantener una especial
actitud de concentración y, por el otro, requiere dejar de lado nuestras propias
opiniones, posiciones, sensaciones, valores e ideales.
Para ello debemos anexar al menos dos grandes conceptos que estamos
acentuando:
Como lo nombra Bleger: la disociación instrumental; o bien -aunque con
algunas diferencias conceptuales- al decir de Freud: la atención flotante;
conceptos centrales en la práctica profesional.
El segundo, entrelazado a lo mencionado anteriormente, abordando el concepto
de lo que se denomina transferencia.
En el campo de la entrevista, todo tipo de expresión que realiza tanto el
entrevistado como el entrevistador, pueden provocar diferentes reacciones y
sensaciones en el otro.
Como bien es señalado por Veccia “El entrevistador acomete varias tareas
simultáneas: Escucha y observa mientras en el ´fondo´ de su mente aparecen
asociaciones, pensamientos, fantasías, recuerdos, relacionados con lo que
manifiestan los entrevistados”.
El entrevistador constituye el estímulo más importante... ya que es EL
ESTÍMULO propiamente dicho. ¿Qué significa ello? Que inevitablemente la mera
presencia del entrevistador incide en el otro y en todo el acontecer de la
entrevista.
LA TRANSFERENCIA A LA LUZ DE LA CONDUCTA
Uno suele hablar de transferencia dentro de la labor terapéutica, pero, ¿acaso
no se genera también, en cierta forma, durante el curso de un psicodiagnóstico?
Encontramos en el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalís: "[La
transferencia] designa, en psicoanálisis, el proceso en virtud del cual los deseos
inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo
de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación
analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un
marcado sentimiento de actualidad...".
Completando la lectura, agregamos desde Bleger las siguientes definiciones:
"...Son fenómenos que aparecen en toda relación interpersonal... Es la
actualización de sentimientos, actitudes y conductas inconscientes por parte del
entrevistado, que corresponden a pautas que éste ha establecido en el curso del
desarrollo y, en particular, en la relación interpersonal con su medio familiar...
Son actitudes afectivas que el entrevistado vivencia o actúa en relación al
entrevistador...Asigna roles al entrevistador y se comporta en función de los
mismos... En la transferencia se podría encontrar lo que se espera del
entrevistador...”.
En definitiva, podríamos decir, la transferencia conlleva a la acción. Sin embargo,
este proceder puede tener tanto fines positivos como negativos.
Al decir de Freud: "¿...Por qué la transferencia se nos opone como resistencia
en el tratamiento psicoanalítico? Allí donde la investigación analítica tropieza con
la libido, encastillada en sus escondites, tiene que surgir un combate. Todas las
fuerzas que han motivado la regresión de la libido se alzarán, en calidad de
resistencias, contra la labor analítica, para conservar la nueva situación... De
este modo, la transferencia que surge en la cura analítica se nos muestra
siempre, al principio, como el arma más poderosa de la resistencia y podemos
deducir la conclusión de que la intensidad y la duración de la transferencia son
efecto y manifestación de la resistencia...Tenemos que decidirnos a distinguir
una transferencia "positiva" y una "negativa", una transferencia de sentimientos
cariñosos y otra de sentimientos hostiles...”.
Podemos agregar unos párrafos más que amplían los términos expresados:
“…Hemos visto ya que el analizado repite en lugar de recordar, y que lo hace
bajo las condiciones de la resistencia… Repite todo lo que se ha incorporado a
su ser partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus
tendencias inutilizables y sus rasgos de carácter
patológico…De las reacciones de la repetición que surgen en la transferencia
parten luego los caminos ya conocidos para la evocación de los recuerdos, los
cuales surgen sin esfuerzo aparente una vez vencidas las resistencias”.
“…A todas luces, el peligro de los estados transferenciales reside en que el
paciente confunda su índole, tomando por vivencias reales y actuales lo que no
es sino un reflejo del pasado…”.
El enojo, la desconfianza, el miedo a llegar a ser “descubierto” por ese otro
extraño que “se entromete” en su vida, inclusive el miedo a descubrir su “locura”,
entre otras tantas actitudes, obstaculizan y restringen la libre expresión de sus
pensamientos, fantasías, sentimientos y emociones.
Nosotros debemos posibilitar disminuir esos pensamientos y fantasías de tinte
persecutorio, para lograr mantener una transferencia positiva que facilite el
despliegue de sus pensamientos y sentimientos.
ADENTRÁNDONOS AL CONCEPTO DE “CONTRATRANSFERENCIA”
Hasta aquí hemos expuesto lo que mayormente le ocurre al sujeto que se integra
a un proceso de entrevistas. Pero, ¿qué ocurre en relación al propio
entrevistador? ¿Acaso está exento de todo ello?
Evidentemente el entrevistador también es influenciado por la presencia del
entrevistado, quien le genera –consciente o inconscientemente- toda una serie
de desencadenantes, producto de escenas, pensamientos, sensaciones,
sentimientos, que, de no mediar una adecuada percepción de ellos, el curso de
la entrevista será seguramente desvirtuado.
Siguiendo los conceptos vertidos por Bleger: “La contratransferencia son los
fenómenos que aparecen en el entrevistador, las respuestas a las
manifestaciones del entrevistado, el efecto que tiene sobre él... Es un indicio de
gran significación y valor para orientar en el estudio que realiza…".
Como lo enuncia Freud: “…La transferencia surge espontáneamente en todas
las relaciones humanas…”.
Desde el inicio de la pre-entrevista, el entrevistador comienza a conformar un
imaginario vinculado con lo oído, percibido y dialogado con el entrevistador.
En el comienzo de la entrevista, un cúmulo de supuestos, imágenes
yuxtapuestas, pensamientos y asociaciones personales, se ponen en marcha
en el devenir del discurso del entrevistado. El entrevistador, a partir del discurso
del sujeto, empieza a percibir un entrecruzamiento de sensaciones,
pensamientos y actitudes que favorecen o bien entorpecen dicha escucha y
exploración de la personalidad.
Nuestra historia personal juega un papel preponderante en la función de
escucha. Muy frecuentemente ocurre que el sujeto nos relata un determinado
episodio, conflicto o preocupación que inclusive nosotros mismos hemos estado
atravesando o bien nos mantiene en alerta.
Como es señalado en el Diccionario de Psicoanálisis“…Ningún analista va más
allá de lo que le permiten sus propios complejos y resistencias internas, lo cual
tiene como corolario, la necesidad de someterse él mismo a un análisis
personal”.
La importancia de poder “pensar” nuestras intervenciones en el campo de las
entrevistas. Este pensar implica tener presente:
1) Qué preguntar, teniendo en cuenta el por qué y el para qué de nuestra
intervención, es decir, qué es lo que queremos llegar a obtener o producir en el
otro.
2) Contemplando el momento exacto en el cual lo realizó, inclusive
evaluando si es verdaderamente el adecuado para el sujeto y en el curso de la
entrevista; en otras palabras, si lo va a poder “escuchar” y hacerse eco del
mismo.
3) Evaluando los posibles desenlaces de dicha intervención, aunque
sabemos bien, por supuesto, que muchas veces logramos llegar a conocerlo
desde su consecuencia posterior, es decir, de la respuesta que nos dará a
posteriori.
Vale agregar que dentro de un proceso psicodiagnóstico, nuestras principales
intervenciones deben girar en torno a la obtención de aclaraciones y
ampliaciones de los datos que nos va dando el sujeto.
Un párrafo de Freud complementa lo señalado hasta aquí: “La atención flotante
es no intentar retener especialmente nada... en cuanto esforzamos
voluntariamente la atención con una cierta intensidad comenzamos también, sin
quererlo, a seleccionar el material que se nos ofrece... Si nos dejamos guiar por
nuestras esperanzas, corremos el peligro de no descubrir jamás sino lo que ya
sabemos, y si nos guiamos por nuestras tendencias, falseamos seguramente la
posible percepción... Debe escuchar al sujeto sin preocuparse de si retiene o no
sus palabras...”.
Podríamos referir aquí diferentes aspectos de lo que se denomina
“contratransferencia”. Existe una amplia variedad de emociones y pensamientos
que pueden llegar a invadirnos en el momento de estar frente a un sujeto que
ingresa en entrevistas o bien se encuentra en tratamiento.
Al decir de Maladesky “Aun el mejor terapeuta experimentado, se siente
movilizado frente a las situaciones que observa ya que algo siempre tiene que
ver con su propia historia…”.
A modo didáctico, los podríamos agrupar en diferentes tipos de reacciones
internas:
Partiendo de la percepción que tenemos sobre el sujeto que entrevistamos y de
los primeros avances en el curso de la entrevista, podrían ponerse en juego una
serie de pensamientos y sensaciones basados en el cómo nos “cae”, a quién nos
hace recordar, los sentimientos de atracción o rechazo generadas por ser del
mismo o diferente sexo, por su apariencia general (vestimenta, rasgos físicos,
etc.) o bien, por sus rasgos más destacables (aspecto físico, estudios, situación
familiar) por su postura o la actitud de seducción que presenta, etc.
Otros tipos de efectos que pueden llegar a generarse en uno mismo serían, por
ejemplo, cuando aparecen momentos de “distracción”. Dichos pensamientos e
imágenes pueden estar basados en tareas pendientes, situaciones
recientemente vividas que aún quedaron inconclusas, o algún acontecimiento de
la vida personal de uno mismo.
Otro estilo de manifestaciones contratransferenciales podrían llegar a ser las
reacciones de enojo, “bronca”, fastidio, por el cómo nos está hablando y se dirige
a nosotros, o porque suele faltar, o no cumplir con el pago de honorarios. Se
suman a estos, el sentir que no se llegan a observar avances en su tratamiento,
no desea realizar los gráficos de una técnica, no amplía lo que se le pide, o no
responde lo que uno está buscando obtener.
Hay también posibles reacciones manifestadas a través del cuerpo mismo, como
ser sensaciones de cansancio, sueño, agotamiento o aburrimiento.
Pueden surgir, asimismo, otro tipo de reacciones físicas o fisiológicas como ser
dolor de cabeza, cervical, estomacal, sentir necesidad de ir al baño, inquietud y
necesidad de pararse, necesidad de fumar, de tomar algo, bostezar, cerrar los
ojos, u otros manifestaciones o dolores agudos.
Es válido aclarar en este punto, por supuesto, que muchos de estos últimos
indicadores pueden también llegar a ser ajenos o independientes a la situación
contratransferencial. Estas manifestaciones físicas deben ser tomadas en
consideración cuando se presentan, por sobre todo, en un momento
determinado de nuestra labor profesional con el sujeto entrevistado.
Por último, así como fueron citadas toda una serie de manifestaciones
“negativas” pertenecientes al entrevistador, también puede ocurrir,
particularmente en un tratamiento, que surjan expresiones positivas por parte del
sujeto, y que producen en uno mismo, otro tipo de reacciones.
Es claro que aún en un tratamiento, el terapeuta debe evaluar constantemente
cuándo hablar, qué decir y cómo decir, respetando el timing del paciente y lo que
verdaderamente puede llegar a ser escuchado, en aras de la dirección de la cura.
Es cierto que, como nos lo indica la Escuela Francesa, en un inicio de tratamiento
es necesario sostener un lugar de “Supuesto Saber” para que el paciente pueda
entrar en transferencia. El peligro de ello, sin embargo, es permanecer en ese
lugar y por sobre todo, creerlo nosotros mismos.
EL PSICODIAGNÓSTICO: “TRANSFERENCIA - CONTRATRANSFERENCIA”
¿Qué debemos hacer, entonces, ante todo este panorama presentado?
¿Podemos hablar de “transferencia” en un proceso psicodiagnóstico?
Como es señalado por Veccia “El proceso psicodiagnóstico es pues un proceso
dinámico, transferencial-contratransferencial…”.
Podríamos enunciar aquí, en definitiva, que en ese lazo tan particular y acotado
que se genera a partir del proceso psicodiagnóstico, ambos sujetos,
entrevistador y entrevistado, transitan en forma paralela al motivo de los
encuentros, junto a un constante fluir de sentimientos, imágenes y pensamientos
que se van generando en esa situación particular, con ese otro particular, y en
ese momento histórico particular.
Será de fundamental importancia para la adecuada formación del profesional, la
continuidad y profundización en sus estudios y el desarrollo dentro del campo de
la investigación, tener su propio espacio de psicoterapia para poder trabajar
aquellos puntos cruciales de su historia, y llevar adelante el trabajo de
supervisión de la tarea profesional.
Con el seguimiento de este “trípode”, muy probablemente el ejercicio del rol le
resultará más llano y su posición profesional permitirá que el entrevistado pueda
ser escuchado plenamente.

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