Estrategias para No Volver a Engordar
Estrategias para No Volver a Engordar
.
a ENGORDAR
fIN
.
Enterocitos
fOUT
Sangre Músculo
fll
flg Tejido
adiposo
Autor: Vicente
[Link]
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Agradecimientos
Agradezco a Ana, Andrés y Miguel sus valiosos comen-
tarios sobre este manuscrito.
Aprovecho para agradecer a Gary Taubes todo su tra-
bajo desenmascarando el paradigma del balance energé-
tico. Sus ideas han tenido un efecto positivo en mi vida.
2
Derechos de autor y de uso
Este documento está
realizado bajo licencia
Creative Commons
«Reconocimiento-
NoCommercial-
SinObraDerivada 4.0
Internacional» .
3
Índice General
.1. Introducción 1
1.1. Me presento . . . . . . . . . . . . . . . . 1
1.2. El fraudulento paradigma de la energía . 4
3. La fisiología de engordar 16
3.1. Fase 1: periodo postprandial . . . . . . . 19
3.2. Fase 2: periodo postabsortivo . . . . . . . 23
3.3. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . 24
3.4. Reflexiones sobre la causalidad . . . . . 28
ii
7. Qué comer 60
7.1. Tenemos un problema de salud y resol-
verlo no pasa por seguir como hasta ahora 61
7.2. Comer de forma saludable no es un fracaso 64
7.3. Olvidemos los macronutrientes . . . . . 65
7.4. ¿No son estas ideas demasiado radicales? 67
7.5. Comer mal no se puede “compensar” co-
miendo bien . . . . . . . . . . . . . . . . 69
7.6. Hay que tener un plan sólo para “hoy” . 71
7.7. No soy un gurú . . . . . . . . . . . . . . 72
8. El pan 74
8.1. La llegada de los farináceos a la dieta . . 75
8.2. Razones para sospechar . . . . . . . . . . 76
8.3. El señuelo de las harinas integrales . . . 78
8.4. El gluten . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
8.5. “Sin gluten” no significa “con productos
sin gluten” . . . . . . . . . . . . . . . . . 82
8.6. Dejar el pan no es peligroso . . . . . . . 83
8.7. Échale un vistazo al blog del Dr. William
Davis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84
iii
9. El colesterol 85
9.1. ¿Colesterol bueno y colesterol malo? . . 87
9.2. ¿Son reales los datos del colesterol? . . . 91
9.3. ¿El exceso de colesterol se acumula en las
paredes de las arterias y eso causa enfer-
medad cardiovascular? . . . . . . . . . . 92
9.4. ¿Cómo se produce el engaño del colesterol? 95
9.5. ¿De verdad son las cosas como las cuento? 99
9.6. Los fármacos para el colesterol no salvan
vidas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
9.7. La segunda hornada de mentiras . . . . 103
9.8. Factores de riesgo . . . . . . . . . . . . . 104
9.9. Modelo farmacológico de la medicina . . 105
9.10. ¿Fundación Española de…? . . . . . . . . 107
9.11. ¿Cuáles son los efectos secundarios de
estos fármacos? . . . . . . . . . . . . . . 109
9.12. ¿Cómo afecta lo que como al perfil lipídico? 111
9.13. ¿Qué hago si tengo el colesterol alto? . . 113
Bibliografía 173
vi
Cap. 1 IntroducciÓn
.1.1. Me presento
Me llamo Vicente y soy ingeniero. No tengo formación
reglada ni en medicina ni en nutrición, y lo que cuen-
to en este documento es únicamente mi opinión, no un
consejo médico ni un tratamiento.
He tenido sobrepeso y obesidad de adulto. El peso
más alto del que tengo constancia fue de 95 kg. A me-
diados de 2013 el médico me pidió que adelgazara, y me
aconsejó controlar y reducir las calorías que ingería. Le
hice caso y comencé a controlar mi ingesta calórica y
perdí algo de peso, pero la pérdida se estancó. Llevaba
unos tres meses comiendo unas 1200 kcal/d. No había
dejado de comer la misma cantidad que me había hecho
perder peso, pero ya no bajaba. En ese momento empe-
cé a leer en internet sobre el efecto rebote, tratando de
entender cómo evitarlo. De acuerdo con lo que aprendí,
cambié mi forma de comer y quizá como consecuencia
de ello volví a perder peso, de tal forma que a finales de
ese mismo año ya había alcanzado todos mis objetivos
de pérdida de peso. En el momento de escribir este texto
han pasado ya más de 7 años desde finalicé la bajada de
peso.
He recuperado parte del peso, pero había bajado de-
masiado, hasta 70 kg, y creo que es normal que subiese.
No me peso, pues esa información no me sirve para ha-
cer nada diferente de lo que ya hago. Tengo algo de grasa
en el abdomen, pero creo estar delgado. En una revisión
médica (finales de 2019) me pesaron y la báscula dijo que
peso 80 kg.
Mi forma de comer, mi dieta, mientras tuve proble-
mas de peso no era ideal. Bebía más Coca-Cola que agua,
y aunque en general mi forma de comer era saludable,
con cierta frecuencia consumía productos con azúcar o
de bollería.
Viéndolo desde la distancia, no fui nada inteligente.
Dejé pasar el tiempo sin leer sobre nutrición y sin buscar
una respuesta al problema de peso y de salud que tenía.
Desde que empecé a leer sobre nutrición, no he deja-
do de hacerlo. No sé si en este tiempo he aprendido algo
2
sobre nutrición, pero lo cierto es que tengo mis ideas,
y una opinión bastante crítica con muchas de las cosas
que se nos cuentan sobre cuáles son las causas y las so-
luciones para la obesidad, o lo que se nos cuenta sobre
lo que se ha publicado en la literatura científica sobre la
obesidad. Bajo mi punto de vista es necesario poner en
cuestión todo lo que creemos saber sobre nutrición, obe-
sidad y adelgazar. Ninguna fuente es fiable, ni siquiera
las dependientes de estamentos oficiales.
No tengo ningún tipo de interés económico tras mis
opiniones. Ni lo tengo, ni lo tendré nunca. Si creé un blog
sobre nutrición, fue exclusivamente por mi deseo de co-
municar mis puntos de vista. El tiempo que he dedicado
a leer y a escribir sobre nutrición, lo he dedicado porque
entiendo que hay mucha gente con problemas de peso
y con problemas de salud, que quizá se podrían prevenir
o corregir si tuviéramos mejor información sobre nutri-
ción. Y sólo conseguiremos mejor información con una
actitud activa ante el problema y mucho más crítica con
los mensajes que recibimos de la mayoría de los que, su-
puestamente, se preocupan por nuestra salud.
3
1.2. El fraudulento paradigma de la
energía
Vivimos inmersos en el paradigma de la cantidad de
energía. Si engordas, te dicen que has comido demasia-
do, que cuentes las calorías y que reduzcas la ingesta ca-
lórica. Si miras el envase de cualquier producto comesti-
ble, encuentras una etiqueta que te dice cuántas calorías
tiene ese producto. Puedes instalarte aplicaciones en el
móvil que te ayudan a contar cuántas calorías ingieres
y cuántas calorías quemas andando a lo largo del día. El
mensaje que recibimos la gente de a pie es que el con-
trol del peso corporal es una cuestión de energía: regular
cuánta energía ingerimos y cuánta energía gastamos ha-
ciendo ejercicio físico.
Pero es un paradigma fraudulento que nace de una
interpretación errónea de una ley de la física. Nuestro
peso corporal no es determinado por la cantidad de ener-
gía de la comida y el ejercicio físico que hacemos.
Cuando tomamos decisiones pensando en términos
de energía, lamentablemente tomamos decisiones equi-
vocadas.
4
Voy a tratar de resumir mis ideas en este documento.
Muchas gracias por leer lo que escribo.
NO vuelvo
a ENGORDAR
fIN
.
Enterocitos
fOUT
Sangre Músculo
fll
flg Tejido
adiposo
fIN
.
fOUT
fll
flg Tejido
adiposo
fll
flg Tejido
adiposo
11
afectan a calorías entrantes y calorías salientes son los
únicos que existen en el proceso de engordar o adelgazar.
Puntos importantes que quiero resaltar:
1. Una fórmula no puede expresar un balance. La
fórmula CICO no es la ecuación del balance de
energía. Y, como hemos visto, la diferencia es ob-
via.
2. La resta de calorías entrantes y calorías salientes
sólo es correcta cuando se restan dos valores con-
cretos: los obtenidos al resolver la verdadera
ecuación del balance de materia o energía.
3. La errónea creencia de que la fórmula CICO es una
ecuación de balance energético lleva a la conclu-
sión de que las causas y soluciones a la obesidad
se encuentran en los factores que afectan a calo-
rías entrantes y calorías salientes en el cuerpo.
El modelo que he empleado en esta explicación es
sencillo, pero eso no afecta a la conclusión. Reto a cual-
quiera a que complique el modelo como considere opor-
tuno y consiga eliminar lipogénesis y lipólisis de la ecua-
ción final que obtenga. Nunca planteando un balance de
12
materia o energía va a llegar a una fórmula, ni a la fór-
mula CICO en concreto.
Por no alargar este capítulo, he incluido explicaciones
adicionales sobre el fraude que es CICO en el Anexo A.
15
Cap. 3 La fisiologÍa de engordar
.
Lo que se almacena en nuestros adipocitos cuando en-
gordamos son triglicéridos, es decir, grasa. En condicio-
nes normales esa grasa procede de la grasa dietaria, pero
el funcionamiento de nuestro cuerpo no es tan sencillo
como que si consumes más grasa engordas más ni, por
supuesto, tampoco es que si consumes más calorías en-
gordas más.
La secuencia de acontecimientos en las horas poste-
riores a una comida es que parte de la grasa dietaria es
almacenada en el tejido adiposo, en un proceso que es
regulado hormonalmente: por ejemplo, cuanto mayores
son los niveles de insulina, mayor es el porcentaje de la
grasa dietaria que es almacenado inicialmente en el te-
jido adiposo. El resto de la grasa dietaria queda en la
sangre y el resto de órganos/tejidos tienen mecanismos
fisiológicos que les permiten evitar que los ácidos gra-
sos plasmáticos (no esterificados) se acumulen en exce-
so. Sencillamente, si los hay en exceso, su energía puede
disiparse en forma de calor sin producir ATP que no se
necesita en ese momento. Es decir, la secuencia de acon-
tecimientos puede ser que el tejido adiposo captura una
cantidad de grasa dietaria en función del medio hormo-
nal y de la presencia de sustratos (triglicéridos encapsu-
lados en lipoproteínas y ácidos grasos no esterificados
ligados a albúmina) y que, posteriormente, el resto de
órganos de nuestro cuerpo tiene capacidad para desha-
cerse de la carga dietaria que no ha entrado en el tejido
adiposo. Cabe pensar que esto será especialmente así en
individuos sanos y activos físicamente.
17
finalización del periodo postprandial hasta la siguiente
comida.
La grasa dietaria es absorbida en el intestino por los
enterocitos. Los enterocitos embarcan la grasa en quilo-
micrones, unas lipoproteínas de gran tamaño, pero no lo
hacen en cuanto absorben la grasa sino que almacenan
en su interior parte de la grasa (quizá la recién ingeri-
da, al tiempo que embarcan en quilomicrones la que ya
tienen almacenada, más antigua). No se sabe cuáles son
los mecanismos que regulan la generación de los quilo-
micrones, pero parece ser que están relacionados con la
ingesta: la grasa dietaria de una determinada comida es
embarcada en quilomicrones también en las siguientes
comidas, como parte de una primera fase rápida de au-
mento en la concentración de los quilomicrones.
La grasa dietaria acaba llegando en quilomicrones a
sangre, donde también encontramos grasa embarcada
en VLDL (lipoproteínas procedentes del hígado) y áci-
dos grasos libres (ligados a albúmina), procedentes del
tejido adiposo blanco (lipólisis intracelular) o proceden-
tes de las lipoproteínas, en lo que se denomina spillover:
son ácidos grasos que son sacados de las lipoproteínas
por la acción de la LPL (lipoproteína lipasa) pero que no
18
acaban entrando en los tejidos sino que se quedan en
plasma). Una gran parte de la carga de los quilomicro-
nes, quizá la mitad, acaba en el plasma sanguíneo. De
forma esquemática:
Azúcares
Harinas insulina
Quilomicrones FFA
Grasa Lipoproteínas LPL proc. de LPL Tejido
Enterocitos en sangre
dietaria adiposo
. lipoproteínas
LPL
VLDL Spillover
Depósito
Ácidos grasos Tejido
Hígado
libres en muscular
sangre
19
La elevación de los niveles de insulina provoca que la li-
poproteína lipasa (LPL), que es sintetizada por los pro-
pios adipocitos, se desplace desde el interior de los mis-
mos hasta el endotelio capilar, pared en la que las lipo-
proteínas son atrapadas para extraer su contenido (como
si fueran cargueros que atracan en un puerto para pro-
ceder a descargar su contenido).
Insulina
Quilomicrones spillover
VLDL NEFA . LPL
Insulina
FA
Adipocito Adipocito Adipocito
Insulina
TG
20
dentro de los adipocitos, de esos ácidos grasos libres (FA)
a triglicéridos (TG) almacenados en dichos adipocitos.
La insulina no sólo fomenta que la grasa dietaria sea
absorbida por el tejido adiposo, sino que además bloquea
la liberación de ácidos grasos (lipólisis) durante varias
horas tras una comida.
Aunque los adipocitos obtienen ácidos grasos de qui-
lomicrones, VLDL y ácidos grasos libres en plasma, la
fuente principal de los ácidos grasos absorbidos son los
quilomicrones.
Como ya he dicho, una gran parte de los ácidos gra-
sos extraídos de las lipoproteínas no entran en el tejido
adiposo y quedan en sangre formando parte del depósi-
to de ácidos grasos libres plasmáticos. A mayor insulina
mayor es la proporción de ácidos grasos que son cap-
turados por el tejido adiposo y menor es, por tanto, la
proporción que pasa a plasma (spillover).
Conforme pasan las horas, las concentraciones de in-
sulina se reducen, el tejido adiposo es menos propenso
a seguir capturando ácidos grasos y son más los ácidos
grasos procedentes de las lipoproteínas que van a parar
a plasma.
En la parte final de este periodo el tejido muscular au-
21
menta su captura de ácidos grasos, presuntamente como
consecuencia de la elevación de las concentraciones de
ácidos grasos en plasma. En general el tejido muscular
tiene un consumo de ácidos grasos que es proporcional
a la concentración de estos en sangre2 . Y si los hay en
exceso, la energía contenida en los mismos puede ser di-
sipada en forma de calor sin generar ATP gracias a las
proteínas desacopladoras presentes en el tejido muscu-
lar.
Azúcares
Harinas insulina
Depósito
Ácidos grasos Tejido
Hígado
libres en muscular
sangre
23
Azúcares
Harinas insulina
Depósito
Ácidos grasos Tejido
Hígado
libres en muscular
sangre
3.3. Conclusiones
Como hemos visto en la exposición anterior, tras una co-
mida lo primero que sucede es que nuestro tejido adipo-
24
so almacena una cierta cantidad de grasa en función tan-
to de los cambios hormonales producidos por esa comida
como de la cantidad de sustratos (ácidos grasos libres y
triglicéridos en lipoproteínas) que hay en ese momen-
to en sangre. La parte de la grasa dietaria que sobra será
gestionada por el resto de órganos/tejidos, por lo que ca-
be pensar que no va a ser tan engordante como lo que ha
entrado directamente en el tejido adiposo en el periodo
postprandial. Nótese el factor tiempo: la teoría del balan-
ce energético usa juegos de palabras para establecer que
el tejido adiposo actúa en último lugar, almacenando lo
que sobra cuando el resto de órganos/tejidos han cogido
lo que necesitan. Pero, sin embargo, en realidad es el te-
jido adiposo el que actúa en primer lugar y no lo hace en
base a la ecuación del balance energético, sino atendien-
do a las señales fisiológicas que recibe, tanto hormonales
como de presencia de sustratos.
Es importante resaltar que el consumo de ácidos gra-
sos del tejido muscular no es fijo, sino que es adaptativo
y se ve influenciado por las acciones del tejido adipo-
so: si es necesario el músculo puede consumir los ácidos
grasos que el tejido adiposo no ha captado en el periodo
postprandial, evitando de esa forma que se acumulen en
25
plasma. Es decir, hay órganos/tejidos que tienen capa-
cidad para eliminar sin más (e.g. disipándolos en forma
de calor) los ácidos grasos que se acumulan en exceso en
sangre, no porque se necesiten esos ácidos grasos para
cubrir las necesidades energéticas, sino más bien lo con-
trario, porque se están acumulando y no se necesita más
ATP. En ese sentido el músculo tiene una eficiencia va-
riable y adaptativa. No es una obviedad que engordemos
por comer “de más“: la causa puede ser el consumo de
“no-comida“ (lo que facilitaría la entrada directa de la
grasa en el tejido adiposo) o tener una fisiología que no
es suficientemente flexible para regular correctamente
los niveles de ácidos grasos en sangre (a causa nueva-
mente de una incorrecta alimentación pero quizá tam-
bién por una insuficiente o inadecuada actividad física).
En base a los procesos fisiológicos relacionados con
la acumulación de grasa corporal es razonable plantear
la posibilidad de que sean la calidad de lo que come-
mos y nuestro estado de salud, nervios, descanso, ina-
nición, etc. los que determinen si se produce o no engor-
de o adelgazamiento. Nuestro interés por mantener el
peso corporal nos llevaría en tal caso a crear las condi-
ciones adecuadas para que nuestro tejido adiposo no se
26
vea inclinado a almacenar grasa y para que nuestros ór-
ganos/tejidos gestionen correctamente la grasa dietaria
que el tejido adiposo no almacena en el periodo post-
prandial. Cuidar la calidad de lo que comemos sería, co-
mo decía, una medida lógica para evitar engordar. Ser
activos físicamente sería otro de los caminos obvios pa-
ra mantener esa flexibilidad metabólica que permitiría a
nuestro cuerpo gestionar sin problemas los altibajos en
la cantidad de comida.
De forma gráfica, lo que parecería conveniente sería
pensar en que la comida sea realmente comida y no pro-
ductos comestibles, para que no entre fácilmente en el
tejido adiposo y, por otro lado, mantener un buen esta-
do físico gracias al deporte que nos permita gestionar de
forma saludable nuestra grasa en sangre:
Azúcares
Harinas insulina
Quilomicrones FFA
Grasa Lipoproteínas LPL proc. de LPL Tejido
Enterocitos en sangre
dietaria adiposo
. lipoproteínas
LPL
VLDL Spillover
Depósito
Ácidos grasos Tejido
Hígado
libres en muscular
sangre
27
3.4. Reflexiones sobre la causalidad
La secuencia temporal de acontecimientos fisiológicos
cuando comemos, y pasadas unas horas tras la última
comida, lleva a la conclusión lógica de que la causa por
la que engordamos no tiene por qué ser la establecida
fraudulentamente por la teoría del balance energético.
En esencia, esta teoría supone que para un determinado
nivel de actividad física el músculo y el tejido adiposo
marrón tienen un consumo fijo de energía, por lo que
comer “en exceso” hace que lo que no usan estos tejidos,
lo que sobra cuando todos los órganos/tejidos han con-
sumido lo que necesitan, tenga que almacenarse en el
tejido adiposo. Suele expresarse como “si tu cuerpo gasta
1800 y comes 2000, pues claro que vas a engordar“.
28
está en las matemáticas, está en el comportamiento del
cuerpo que:
1. inventa con errores de pensamiento y juegos de
palabras,
.
órganos/tejidos
Otros Tejido adiposo
órganos/tejidos Sangre
30
Cap. 4 ¿QuÉ nos engorda?
.
Si no es el exceso de comida, ni el sedentarismo, si no
son las calorías, ¿qué es lo que nos hace engordar?
¿Qué es lo que causa otros crecimientos en un ani-
mal? ¿Qué hace que un niño crezca en altura? ¿Qué es lo
que hace que un deportista aumente su masa muscular?
¿Qué es lo que hace que crezca un tumor? La respuesta
siempre nos la da la biología, nunca la energía. Afirmar
que en un crecimiento se ingiere más energía de la que
se gasta es descriptivo, y en ningún caso, ninguno, nos
habla de la verdadera causa del crecimiento.
Realidad Impostura
Acumulación de Acumulación de
Diagnóstico grasa en el energía en el
tejido adiposo cuerpo
Reducir lipogénesis
Aumentar lipólisis Reducir la energía
Solución Aumentar oxidación acumulada en el
de grasa cuerpo
.
¿? Dieta
hipocalórica
32
4.2. La hipótesis hormonal
Ante el problema de un crecimiento anormal en una per-
sona, presumo que el médico buscaría causas hormona-
les, algún tipo de desregulación, por ejemplo en la hor-
mona del crecimiento. Sin embargo con la obesidad se
ningunea la biología y se tira de prejuicios: si alguien
tiene exceso de peso, el problema es la glotonería y la
vagancia. Y el remedio es ser tan virtuosos como los del-
gados, que aparentemente no comen tanto y hacen más
ejercicio físico. Según esos prejuicios, causa y solución,
defecto y virtud, son cuestiones psicológicas y de com-
portamiento. Y se intentan justificar esos prejuicios con
pseudociencia presuntamente derivada de las leyes de la
termodinámica.
La respuesta de los adipocitos al medio hormonal es
compleja, y no hay una única hormona involucrada. Pe-
ro entre ellas destaca la insulina4,5 . La insulina es una
hormona secretada por las células β del páncreas, que
responden a los niveles de glucosa en sangre6 . En con-
creto, los alimentos que más estimulan la insulina son
los carbohidratos, especialmente los que están en polvo
(sacarosa y harinas/cereales) o en formato líquido. La in-
33
sulina secretada por el páncreas llega por la vena portal
hasta el hígado, y éste regula la cantidad de glucosa que
libera a sangre en función de la concentración de insuli-
na que detecta. Además retira de la circulación sanguí-
nea parte de la insulina, por lo que la insulinemia en la
vena portal es muy superior a la que se encuentra en la
circulación periférica.
La insulina, por tanto, tiene como función informar al
hígado de la glucemia, con el objetivo de mantenerla en
unos límites muy estrictos. Demasiada glucosa en sangre
es tóxica.
Pero la insulina también modula la cantidad de áci-
dos grasos que entran y salen en los adipocitos. La in-
sulina fomenta la captura de ácidos grasos, que son al-
macenados en forma de triglicéridos en los adipocitos, al
tiempo que disminuye la tasa de liberación de los mis-
mos. En resumen, la insulina fomenta el almacenamien-
to neto de grasa en las células grasas7 . Sin acción de la
insulina nuestro tejido adiposo no almacena triglicéri-
dos8 .
En términos generales se puede decir que durante el
día almacenamos grasa en los adipocitos, mientras que
por la noche la liberamos9 . La explicación pudiera ser que
34
durante varias horas tras cada comida los niveles de in-
sulina están elevados, con lo que existe almacenamiento
neto de grasa en el cuerpo. Por la noche, mientras dormi-
mos, los niveles de insulina son muy bajos y se produce
una liberación neta de grasa.
Por ejemplo, un descanso nocturno inadecuado po-
dría engordar, simplemente cambiando la forma en la
que nuestro cuerpo reacciona a la insulina10 . Si un des-
canso insuficiente produjera que el hígado no detectara
correctamente la insulina (si lo hiciera “resistente a la
insulina”), eso podría provocar niveles de glucosa e insu-
lina más elevados y durante más tiempo de lo normal.
Y eso podría engordarnos, sin haber cambiado nuestra
ingesta energética y sin haber cambiado nuestro plan de
ejercicios.
De la misma forma, las situaciones de estrés pueden
regular al alza los niveles de cortisol, una hormona que,
entre otras cosas, modula los efectos de la insulina. Eso
podría resultar en que se incrementara la grasa corporal,
en que se imposibilitara la pérdida de peso o, en algún
caso, que se adelgazara11 .
Ni dormir ni los nervios tienen calorías, pero sin em-
bargo pueden afectar a la grasa corporal. Otras sustan-
35
cias presentes en el ambiente o en los alimentos que co-
memos pueden tener efectos similares sobre la grasa cor-
poral, aun no teniendo calorías12,13 .
También el estado de la persona importa. Ante los
mismos alimentos y con exactamente las mismas calo-
rías unas personas pueden tener respuestas hormonales
más acusadas que otras, y engordar en distinta medida14 .
Pensar que la insulina es la única hormona involucra-
da en la obesidad es simplista, pero hablar de hormonas
es infinitamente más lógico y “científico” que hablar de
teorías milagro como la del balance energético15 .
38
Cap. 5 ¿QuÉ podemos Hacer para
adelgazar?
.
Lamentablemente nadie tiene hoy en día la respuesta a
esa pregunta. Podemos encontrar mil y un consejos en
internet que nos dan las claves para “perder grasa”, pe-
ro la realidad es que en la literatura científica no existe
documentado ni un solo método que haya sido útil pa-
ra hacer perder una cantidad importante de peso a lar-
go plazo. Hay gente que sí consigue adelgazar, pero esa
gente no confirma la efectividad, sino la inefectividad del
método. Son la excepción que confirma la regla de que
los métodos de adelgazamiento no funcionan.
Entre esas dietas mágicas, de origen pseudocientífi-
co y cuya efectividad nunca se ha demostrado, destacan
las dietas hipocalóricas por ser las recomendadas por los
organismos oficiales20 . Muy lamentable.
5.1. ¿Es posible adelgazar?
No lo tengo claro. Es posible que no todo el mundo pue-
da adelgazar con una dieta y un plan de ejercicio físico.
No me parece que engordar como engordamos actual-
mente sea un proceso “natural”, ni cualitativa ni cuan-
titativamente. Es posible que engordar induzca cambios
en nuestro organismo difícilmente reversibles, como por
ejemplo un aumento en el número de células grasas21 , y
que dificulten alcanzar y mantener un peso normal.
La estadística dice que muy poca gente deja de ser
obesa y mantiene un peso normal. Estamos hablando de
uno de cada 200 hombres obesos22 . A mí me cuesta creer
que nadie tiene fuerza de voluntad para mantener una
dieta y perder el peso que le sobra. Para mí es eviden-
te que no adelgazamos porque no sabemos hacerlo o
porque no es posible hacerlo. Argumentar que la gente
no se esfuerza lo suficiente para conseguirlo me parece
absurdo y falto de base.
40
5.2. Dietas hipocalóricas y el efecto
rebote
Las dietas hipocalóricas son “dietas milagro”. Su funda-
mento es pseudocientífico, pues, lógicamente, de una ley
universal de la física no se puede deducir la respuesta de
un ser vivo ante la restricción de comida. Si alguien cree
que las matemáticas garantizan el éxito de la restricción
calórica como método para perder peso en un animal,
no está pensando con claridad. Las pruebas científicas
lo que muestran es que con restricción calórica práctica-
mente nadie consigue perder una cantidad importante
de peso a largo plazo22-25 . Los resultados documentados
hablan de 3 kg perdidos al cabo de 4 años de hacer dieta.
4 kg si se acompaña la dieta con ejercicio físico.
Las dietas hipocalóricas basan su popularidad en el
fraude del balance energético, pero también en un es-
pejismo: producen resultados a corto plazo. Pero de la
misma manera que hacen perder un poco de peso a cor-
to plazo, tienen otro efecto: provocan una reacción en el
metabolismo que busca recuperar la grasa perdida1,26 . La
pérdida de peso se paraliza poco a poco, y se empieza a
41
recuperar el peso a partir de los seis meses de estar a die-
ta. Es el conocido como “efecto rebote”. La evolución del
peso corporal es típica27 :
0 . .
Grupo1
. .
Grupo2
−2
Peso perdido (kg)
−4
−6
−8
−10 .
.
0 5 10 15
Mes
42
5.2.1. ¿Qué causa el efecto rebote?
Digamos que peso 95 kg y bajo hasta 70 kg. Ahora sólo
tengo que mantenerme en ese peso, ¿correcto?
Muy bien, pues de acuerdo con lo que está publicado
en la literatura científica, en comparación con una per-
sona que nunca ha tenido obesidad, pero que también
pesa 70 kg y tiene mi misma composición corporal, mi
cuerpo en este momento tiene1 :
43
Una de las razones por las que el cuerpo puede com-
portarse de esa forma es que, al haber engordado, no sólo
los adipocitos se hayan llenado de grasa, sino que se ha-
yan creado nuevos adipocitos a partir de preadipocitos21 .
Hipertrofia
.
Hiperplasia
.
46
5.4. El control del apetito
Hablar de apetito, de saciedad, de control del tamaño
de las raciones, etc. es seguir pensando en términos de
cantidad. Sacar a pasear al perro cuando se siente ham-
bre, comer con la televisión apagada, consumir alimen-
tos saciantes, consumir productos con pocas calorías o
usar platos más pequeños son consejos que buscan redu-
cir o controlar la ingesta energética. Siendo que las die-
tas hipocalóricas nunca han demostrado ser útiles para
adelgazar, todos estos consejos tienen una utilidad como
mínimo dudosa, aunque de verdad puedan ser efectivos
para reducir la ingesta.
48
pocas palabras, presumimos que una dieta que funciona
no genera hambre.
Sin embargo las dietas hipocalóricas se basan en for-
zar el hambre con la esperanza de que el cuerpo deci-
da responder a ese ataque liberando y quemando grasa
corporal. No están pensadas a partir del conocimiento
de cómo funciona el cuerpo humano, sino para combatir
los pecados de la glotonería y la vagancia.
Los que defienden la teoría del balance energético
creen que si una dieta funciona, lo hace porque consigue
que comas menos. Lo cierto es que si una dieta funcio-
na, cabe esperar que se reduzca la ingesta por la falta de
apetito. No funcionará porque se reduzca la ingesta, se
reducirá la ingesta porque estará funcionando.
52
Cap. 6 La gran farsa de la nutriciÓn
.
Las autoridades sanitarias nos advierten sobre los peli-
gros de obtener consejo nutricional de cauces no oficia-
les, cuando la realidad es que cuando se analiza críti-
camente el mensaje procedente de esas mismas autori-
dades, la única conclusión posible es que prácticamente
todo lo que nos cuentan, todo lo que creemos saber de
nutrición, sobre colesterol, grasas saturadas, cereales in-
tegrales, pirámide nutricional, dieta equilibrada, balance
energético, etc. carece de fundamento.
Lo que sucede en el mundo de la nutrición es inacep-
table para la población en general, pero especialmente
para las personas que sufren diabetes o prediabetes, a
las que se aconseja seguir una dieta que agrava su con-
dición y que lleva a un uso cada vez mayor de fármacos
para la diabetes.
6.1. La base de la pirámide nutricio-
nal
Se nos dice que más de la mitad de la comida que in-
gerimos, en términos de calorías, tiene que venir de los
hidratos de carbono. Y en la base de la pirámide nutri-
cional lo que encontramos es: cereales, harinas, pan, etc.
Pero no consumir hidratos de carbono no genera pro-
blemas de salud49,50 , ni nuestro cerebro necesita que co-
mamos alimentos con hidratos de carbono51 , ni nos va-
mos a quedar sin energía, ni nada parecido. Por el contra-
rio, en experimentos controlados su consumo está aso-
ciado a un aumento de los factores de riesgo cardiovas-
cular52-60 .
54
6.3. Los alimentos con colesterol
El colesterol dietario apenas altera los niveles de coles-
terol en sangre63 . Aun suponiendo que tener niveles ele-
vados de colesterol en sangre fuera algo peligroso, algo
que es mucho suponer, la conexión entre colesterol die-
tario y colesterol en sangre es demasiado débil como pa-
ra promover una limitación en su consumo. Incluso las
autoridades norteamericanas, que en términos de cien-
cia nutricional se mueven en la era paleolítica, ya han
eliminado la limitación en el consumo de colesterol die-
tario en la última versión de sus recomendaciones dieta-
rias para los americanos69 .
55
6.5. Los cereales integrales
Los cereales integrales tienen fama de ser saludables.
La propaganda en este sentido es tan intensa, que
de forma sarcástica en inglés se hace referencia a
ellos como “healthy-whole-grains”: granos-integrales-
saludables. Lo cierto es que los cereales integrales parece
que son mejores para la salud que los refinados72 , pero
eso no quiere decir que sea más saludable consumirlos
que no consumirlos. Cuando se han comparado dietas
que incluyen cereales con dietas que no los incluyen, el
resultado indica que el consumo de cereales, refinados o
integrales, lo mismo da, no debería ser recomendado73-77 .
56
con el pretexto de evitar otros alimentos sobre los que
las pruebas de peligrosidad son inexistentes.
Las pruebas científicas son abrumadoras en el senti-
do de que la primera opción de tratamiento para cual-
quier persona con diabetes debería ser una dieta limita-
da en hidratos de carbono36,38,78-86 , como por otro lado es
de simple sentido común. De forma resumida79 :
1. La hiperglucemia es la característica más destaca-
ble de la diabetes. La restricción de carbohidratos
tiene el máximo efecto en bajar los niveles de glu-
cosa en sangre.
2. Durante la epidemia de obesidad y diabetes bási-
camente el incremento calórico en la dieta se pue-
de atribuir a un incremento en el consumo de car-
bohidratos.
3. Los beneficios de las dietas bajas en carbohidratos
no requieren que se baje de peso.
4. Aunque bajar de peso no es un requisito para ob-
tener beneficios, no hay ninguna intervención die-
taria mejor para ello que la restricción en carbohi-
dratos.
57
5. La tasa de abandono de las dietas bajas en car-
bohidratos es al menos igual que las de otras in-
tervenciones dietarias, con frecuencia es mejor.
59
Cap. 7 QuÉ comer
.
No le voy a decir a nadie qué tiene que comer, ni una
planificación de comidas encaja demasiado en mi forma
de entender lo que es comer de forma saludable. Pero sí
quiero hacer unas reflexiones generales en voz alta, de
ámbito más bien filosófico o de motivación.
La comida, si de verdad es comida, procede de las
granjas, el campo, el bosque, los ríos o los mares. Si no
es así, no es comida, sino tan sólo un producto comesti-
ble y cuyos efectos sobre la salud están bajo sospecha.
Si un producto sólo existe porque una industria procesa
los productos naturales, mezclándolos y cambiando sus
propiedades, el resultado no es comida: es no-comida.
¿Qué comer? Comida. Tan sencillo como eso. Cada
persona es diferente y puede necesitar o soportar una
dieta diferente —quizá muy diferente—, pero dudo mu-
cho que una dieta basada en productos industriales sea
mejor opción para alguien que comer “comida”.
Como aclaración, para mí “dieta” es la forma de co-
mer de cada uno. Si hablo de dieta no estoy refiriéndome
exclusivamente a los que prestan atención a lo que co-
men: todos seguimos una dieta, queramos o no. Por el
contrario “estar a dieta” significa que estamos haciendo
un cambio temporal en nuestros hábitos con un objetivo.
Si el cambio es permanente no estamos a dieta, sino que
hemos cambiado de dieta.
63
7.2. Comer de forma saludable no es
un fracaso
Somos animales. Pero, lamentablemente, unos animales
lo suficientemente listos como para montar una indus-
tria alimentaria que ha creado productos comestibles sa-
brosos, baratos y que duran mucho sin estropearse, y lo
suficientemente tontos como para incluir esos productos
en nuestra dieta. Es una situación anormal. No debería-
mos haber cambiado nuestra forma de alimentarnos. Al
menos, no de forma irreflexiva.
¿Forma parte de nuestra alimentación tradicional co-
mo animales la tarta al whiskey? ¿y un doughnut? ¿y una
barra de pan? ¿y unos “cereales de desayuno”?
No consumir esos no-alimentos no es renunciar a
ellos, porque nunca deberían haber entrado en nuestra
dieta. Es como si alguien dijera que yo, que no fumo,
estoy renunciando a fumar. No es cierto: no renuncio a
nada, porque fumar no es lo “natural” en un animal, por
mucho que fumar le pueda gustar a quien lo hace.
Yo no oculto mi forma de comer. Elijo siempre lo que
creo que me conviene, y, si es necesario, me puedo que-
64
dar sin comer. Cuando eso sucede, apenas lo noto, pues
ayunar no suele producirme un hambre excesiva. Tengo
la suerte de haber podido adelgazar y mantenerme en
un peso ideal. Haber sido obeso y estar delgado hace un
poco más fácil responder a los comentarios que a veces
surgen sobre por qué no pruebo ciertas cosas. Supongo
que todo el mundo lo entiende.
67
tes). ¿Te parece una lista de alimentos radical o peligro-
sa?
Y si estás sano, y en el contexto de una dieta salu-
dable, no creo que el arroz, las patatas o unas lentejas
te vayan a hacer daño. También un poco de chocolate
negro (cacao 85 % o superior), aunque tenga un poco de
azúcar, puede ser aceptable. En este momento consumo
uno de 99 % de cacao.
Yo miro la lista de ingredientes, y si lo que veo me pa-
rece comida, lo consumo. Por ejemplo, no consumo nata
líquida que venden en tetra-brick porque le añaden ca-
rragenanos. ¿Son los carragenanos algo que buscamos
consumir al comprar nata? ¿Son un alimento en su esta-
do natural? Otro ejemplo: consumo chistorra a base de
carne de cerdo, sal, pimentón y ajo. Y ningún ingrediente
más.
68
Ingredientes
cuenta
Agua
bebe cero
Cereales
consume
Resiste
las tentaciones
Grasa
olvida las cero
Calorías Azúcar
Introduzcas
no los
en
tu casa
73
Cap. 8 El pan
.
El pan —o en general las harinas— merece atención es-
pecial. Parece mentira, pero el pan es un “deal breaker”:
hay gente que prefiere estar gorda o enferma, antes que
dejar de comer pan. Y no es una forma de hablar. La in-
dustria del cereal nos dice que lo de la adicción a la co-
mida es un mito, pero es evidente que hay algo diferente
en el pan, algo que no sucede con los huevos, la carne o
las espinacas. Si por motivos de salud crees que hay que
dejar de comer huevos, lo haces. Si crees que hay que
dejar de comer pan, te lo piensas.
¿Es el pan malo para la salud?
La cuestión es que, por un lado, nutricionalmente las
harinas no son gran cosa, y, por el otro, sí hay datos pu-
blicados en la literatura científica que justifican descon-
fiar de sus efectos sobre el peso corporal y la salud. Evitar
las harinas no es irracional y, aunque nos digan lo con-
trario, el gluten no es una proteína más, ni un problema
exclusivamente para los celíacos.
3. Gluten
76
del pan puede haber evolucionado a peor con el tiem-
po16,93-95 . Cuanto más fino es el grano de la harina, pre-
sumiblemente mayor va a ser la velocidad con la que va
a ser digerida y absorbida, y mayor va a ser la respuesta
glucémica e insulinémica provocada.
También se ha sugerido que el abandono de los tra-
dicionales procesos de fabricación del pan, en los que
el proceso de fermentación era de larga duración, y la
adopción de un proceso más corto, con una fermenta-
ción incompleta y una masa madre diferente, ha contri-
buido a aumentar la intolerancia al pan96,97 . Por otro la-
do, la moderna técnica de deamidación del gluten en los
productos industriales, para mejorar entre otras cosas su
solubilidad, también ha demostrado provocar reacciones
adversas en humanos, al margen de la alergia al trigo98 .
Otro factor a tener en cuenta es que el trigo que se
consume actualmente no es el mismo que el trigo de ha-
ce unos miles de años. La industria del cereal niega que
haya sido modificado “genéticamente”, pero es un argu-
mento falaz, pues nadie dice que haya sido así: la modi-
ficación se hizo por medios ajenos a la ingeniería gené-
tica. Lo cierto es que Norman Borlaug recibió el Premio
Nobel en 1970 por su papel en la Revolución Verde y la
77
creación de una variedad de trigo más productiva: el tri-
go semi-enano. Hay que echarle valor para decir que no
se ha cambiado el trigo, cuando al responsable de hacer-
lo le galardonaron con un Nobel, por cambiarlo. Un tema
diferente es que ese nuevo trigo sea peor que las varie-
dades anteriores. Pero algunos experimentos científicos
apuntan en ese sentido99,100 .
8.4. El gluten
Se ha acuñado el término “sensibilidad al gluten no ce-
líaca” (NCGS, de sus siglas en inglés) para referirse a
los problemas de salud supuestamente causados por el
79
gluten en personas que ni son celíacas ni tienen alergia
al trigo102 . Incluso la industria del cereal reconoce que
una dieta sin gluten puede ser beneficiosa para “sínto-
mas gastrointestinales y sistémicos en individuos con lupus
sistémico eritomatoso, dermatitis herpetiforme, síndrome
del intestino irritable, artritis reumatoide, diabetes tipo 1,
tiroiditis y psoriasis.”101
Hay quien duda de la existencia de la NCGS, pero hay
experimentos científicos que confirman que es real99,103 .
No está claro qué porcentaje de la población encaja en el
concepto de NCGS, pero se barajan cifras de 0.6 a 6 %104 .
Como digo, no está nada claro, pues, por ejemplo, un
15 % de la población padece síndrome de intestino irrita-
ble105 , una condición que mejora con las dieta sin gluten.
Si a esas cifras se suma un 1-2 % de la población, que
tiene celiaquía, la incidencia de problemas causados o
agravados por el gluten no parece despreciable.
En un estudio hecho en Italia, sólo el 14 % de los que
creían tener problemas con el gluten realmente los te-
nían (de forma aproximada: la mitad celiaquía, la otra
mitad NCGS)106 . Parece que además de una base real,
también hay cierta psicosis colectiva con el tema del glu-
ten.
80
El gluten representa una gran parte de las proteínas
presentes en el trigo, y está formado por glutenina y glia-
dina. A diferencia de otras proteínas que se encuentran
en los cereales, las proteínas del gluten son parcialmente
resistentes a ser procesadas en el intestino, lo que pro-
voca una exposición continua del sistema inmune intes-
tinal a esas proteínas107 . En concreto, la gliadina es una
proteína que ningún ser humano puede digerir comple-
tamente, celíaco o no. La gliadina tiene un efecto en to-
das las personas, que es aumentar la permeabilidad in-
testinal (a través de una proteína denominada zonuli-
na), lo que podría detonar o hacer progresar enfermeda-
des de tipo autoinmune72,102,108,109 , que a priori no pensa-
ríamos relacionadas con el consumo de gluten. Algunos
datos sugieren una reducción de los fenómenos autoin-
munes en personas con celiaquía, a partir del momento
en que adoptan una dieta sin gluten110 . También se ha
reportado una mejora de la funcionalidad de las células
β del páncreas en personas con riesgo de diabetes tipo
1, condicionada a la exclusión del gluten de la dieta111 ,
y se ha sugerido que quizá una dieta sin gluten podría
ayudar a prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 1107 .
Además de lo anterior, se ha comprobado in vitro que
81
el gluten una vez digerido bloquea la unión de la leptina
con sus receptores112 , lo que podría crear resistencia a la
leptina y una desregulación del apetito. El efecto se dio
para concentraciones normales en el cuerpo cuando se
consume gluten.
En definitiva, se suele decir que el gluten es una pro-
teína más y que sólo afecta a los celíacos. Yo no lo tengo
tan claro.
NOTA: el gluten también está presente en cebada y cen-
teno.
82
8.6. Dejar el pan no es peligroso
No estamos hablando de medicarnos por nuestra cuenta,
sino de dejar de consumir un alimento nutricionalmente
muy pobre100,113 y que, indiscutiblemente, viene cargado
con un exceso de azúcares de rápida absorción que nues-
tro cuerpo no necesita para nada51,114,115 . Los farináceos
(los cereales de desayuno, las galletas, el pan, la pasta o
la pizza) son perfectamente prescindibles en una alimen-
tación saludable.
Por supuesto los efectos de las harinas de cerea-
les pueden ser diferentes en diferentes personas. Quien
piense que le va bien consumiendo harinas que siga ha-
ciéndolo. Y si alguien —por ejemplo porque sufre una
enfermedad de origen autoinmune— cree que dejar de
consumir harinas puede ser beneficioso para su salud,
que lo pruebe un tiempo, y en función del resultado que
decida si reintroduce las harinas en su dieta. Pero no es
necesario creer que el gluten nos causa problemas para
justificar dejar las harinas: no son ninguna maravilla.
83
8.7. Échale un vistazo al blog del Dr.
William Davis
El Dr. William Davis publica regularmente historias de
personas que han mejorado su peso corporal y su sa-
lud dejando de consumir harinas de cereales. Sólo son
anécdotas personales, pero las fotografías de “antes” y
“después” son muy interesantes.
[Link]
84
Cap. 9 El colesterol
.
El colesterol es una sustancia vital para nuestro orga-
nismo. Es, por ejemplo, el principal componente de la
mielina116 , una sustancia que recubre el tejido nervioso
y permite que las señales eléctricas se propaguen a gran
velocidad por los axones neuronales. También es el sus-
trato empleado para producir sales biliares, hormonas y
vitamina D117 . El colesterol es tan importante que todas
las células del cuerpo pueden crearlo, aunque el hígado
tiene un papel protagonista en ese sentido.
El colesterol tiene una función importante en nues-
tro cuerpo. No se debería administrar un fármaco que
altera esa función salvo que hubiese una razón bien
fundamentada para hacerlo. A día de hoy esa ra-
zón no existe y, sin embargo una gran parte de la
población es sometida a tratamiento para la hiper-
colesterolemia (i.e. colesterol elevado), con unos fár-
macos cuyos beneficios para la salud, demostrados
científicamente, son ridículos y que no carecen de
preocupantes efectos secundarios.
El colesterol es esencial
para el funcionamiento de
todos los órganos del ser
.
humano, pero es sin
embargo la causa de la
enfermedad cardíaca
coronaria
Akira Endo
Creo que tener un
colesterol alto no tiene
.
absolutamente nada que
ver con la enfermedad
cardíaca
Dr. Malcolm Kendrick
86
9.1. ¿Colesterol bueno y colesterol
malo?
Todos hemos escuchado hablar del colesterol bueno y del
colesterol malo, ¿verdad? Pero no hay tal cosa. En la san-
gre el colesterol circula “encapsulado”, junto con trigli-
céridos, en unas estructuras denominadas lipoproteínas.
Las lipoproteínas pueden circular por la sangre, pues su
superficie externa es hidrófila, a diferencia de los trigli-
céridos y el colesterol, que son hidrófobos.
Hay distintos tipos de lipoproteínas. En la superficie
de las mismas hay unas proteínas denominadas apolipo-
proteínas, que de alguna manera identifican el tipo de
encapsulado de cara a los receptores que hay en ciertas
células del cuerpo.
El hígado realiza el encapsulado y produce y libe-
ra unas lipoproteínas denominadas VLDL (lipoproteínas
de muy baja densidad). El VLDL tiene muchos triglicé-
ridos y poco colesterol, razón por la que es poco denso.
El VLDL circula por la sangre y va liberando su carga
de triglicéridos, que van a parar a las células del cuer-
po (mediante la acción de la lipoproteína lipasa), lo que
87
hace que su densidad cambie, pasando a denominarse
IDL (lipoproteínas de densidad intermedia), que poste-
riormente se convierten en LDL (lipoproteínas de baja
densidad). El IDL tiene las mismas apolipoproteínas que
el VLDL, siendo la única diferencia que tiene menos car-
ga de triglicéridos. En la conversión de IDL a LDL se pier-
den algunas apolipoproteínas, por lo que esos dos tipos
de partículas son vistos de distinta forma por los recep-
tores celulares.
Nótese que la lipoproteína lipasa es liberada al medio
intersticial por las células musculares y adiposas, lo que
facilita que los ácidos grasos procedentes del VLDL sean
almacenados en el tejido adiposo o usados como fuente
de energía en los músculos118 . El efecto es el mismo sobre
otras lipoproteínas cargadas de triglicéridos y colesterol:
los quilomicrones creados en el intestino y que llegan
al torrente sanguíneo a través del conducto torácico del
sistema linfático (ver Capítulo 3). La insulina estimula la
producción de lipoproteína lipasa en los adipocitos, pero
no en las células musculares, favoreciendo de esa forma
la acumulación de los ácidos grasos como grasa corporal
en lugar de su oxidación119 .
Además de las lipoproteínas anteriores, el hígado
88
también secreta lipoproteínas HDL (lipoproteínas de alta
densidad), que tienen apolipoproteínas características, y
cuya función es retirar de la circulación otras lipoproteí-
nas y llevar su carga de vuelta al hígado.
En definitiva, si hubiese unas partículas malas y otras
buenas, estaríamos hablando de las partículas, las lipo-
proteínas, y no de la carga, el colesterol, que es el mismo,
igual de bueno o de malo, cuando viaja dentro de unas o
de otras.
Es revelador que originalmente los científicos creye-
ron que lo problemático para la salud era la cantidad
de partículas que había en sangre, pero como en aquel
entonces (1960’s) no existía la tecnología necesaria para
contar partículas, lo que hicieron fue medir la cantidad
de colesterol, como una forma de estimar, más o menos,
la cantidad de partículas120 . A partir de ahí, el colesterol
ha sido demonizado como si fuera tóxico para nuestro
cuerpo.
89
El marketing para
demonizar el colesterol ha
sido tan prolongado y
efectivo —es posiblemente
la mejor campaña de
.
marketing que se ha
realizado nunca— que la
gente cree que bajar el
colesterol es el objetivo, un
beneficio en sí mismo. Es el
Gran Engaño del Colesterol
Zoë Harcombe
90
9.2. ¿Son reales los datos del coleste-
rol?
Tengamos en cuenta además que, en los resultados de los
análisis clínicos, los datos que se nos dan no siempre son
fiables. Algunos de esos datos no se miden, sino que se
calculan haciendo suposiciones que pueden ser correctas
en término medio, pero no necesariamente ciertas para
una persona concreta, como que se consume un cierto
tipo de dieta, que todo el mundo tiene la misma propor-
ción de triglicéridos en las lipoproteínas o que todas las
partículas LDL son del mismo tamaño. La realidad es que
el dato LDL de los análisis suele ser calculado mediante
la ecuación de Friedewald121 :
LDL = TOTAL–HDL–TG/5
donde TOTAL es el colesterol total y TG son los triglicé-
ridos.
Si a pesar de lo que leas en este capítulo, sigues cre-
yendo conveniente estar pendiente de tus niveles de co-
lesterol, a falta de unos datos más fiables, quizá la mejor
opción sea considerar únicamente datos que sí se miden
91
y observar los cocientes TOTAL/HDL o TG/HDL, cocien-
tes que si son pequeños pueden ser indicadores de que
estamos bien122 .
92
La enfermedad cardíaca
coronaria es una afección
extremadamente compleja
y. la esperanza de que
puede ser prevenida o
eliminada simplemente
bajando el colesterol no
parece tener fundamento
Dr. Michel de Lorgeril et al.
Los científicos no saben cómo se produce la enferme-
dad cardiovascular123,124 . Barajan hipótesis pero en reali-
dad no conocen con certeza las causas y mecanismos por
los que se desarrolla.
Es cierto que cuando se forma ateroma en una arte-
ria, en la placa hay colesterol, calcio, células, etc. Pero eso
no significa que la causa de que se haya formado la placa
haya sido una cantidad excesiva de colesterol en sangre.
La realidad es que el ridículo efecto de los fármacos que
bajan el colesterol no parece guardar relación con cuánto
bajan el colesterol, ni el grado ni la progresión de la ate-
rosclerosis parecen guardar relación con los niveles de
colesterol (medidos en autopsias o con angiografías)125 .
93
Se nos dice que las partículas LDL, por su reducido
tamaño, se incrustan en la pared de la arteria y eso des-
encadena una serie de procesos fisiológicos que acaban
desarrollando el ateroma. También se habla de que las
peligrosas serían las partículas LDL oxidadas o las partí-
culas LDL densas y pequeñas. De ser ciertas esas hipó-
tesis, la causa real de la enfermedad cardiovascular sería
lo que nos hace tener ese tipo anormal de partículas. Por
lo pronto, no hay que olvidar que se sigue sin hablar de
una relación causa-efecto, simplemente se ha compro-
bado que estadísticamente es más frecuente que haya
enfermedad si se tiene ese tipo de partículas. El cam-
bio en el patrón de partículas, involucrado o no en la
cadena de causalidad de la enfermedad, sería una con-
secuencia más provocada por la verdadera causa de la
enfermedad. Y esa causa no es tener colesterol, porque
todos tenemos colesterol y no todos tenemos ese tipo
de partículas. Tampoco parece que sea tener un coleste-
rol elevado lo que cause tener un patrón de partículas
—supuestamente— aterogénico126 .
94
9.4. ¿Cómo se produce el engaño del
colesterol?
Nos han hecho creer que el colesterol en sangre es un
peligro para la salud y que los fármacos que reducen el
colesterol son poco menos que un regalo caído del cielo.
Ninguna de las dos cosas es cierta.
¿Cómo es posible que se nos esté engañando de esta
manera? No se hace de una única forma:123,127-129
95
ni en enfermedad cardiovascular, que es lo que se
usa para hacer propaganda a estos fármacos.
96
te mueras de una cosa, pero te hace morir igual,
solo que por una causa diferente.
Por ejemplo, en un estudio130 definieron como re-
sultado relevante del mismo si los participantes
sufrían “isquemia miocárdica recurrente con prue-
bas objetivas y que necesite hospitalización de
emergencia”. Morirse no era un resultado igual de
relevante para los autores del estudio.
20
40
60
80
100
0.
.
4S 1994,s,NNT=36
CARE 1996,s,NNT=128
.
1998,s,NNT=38
antes de tiempo.
LIPID
estatina
AFCAPS 1998,NNT=-1176
PROSPER 2002,NNT=347
.
MRC/BHF 2002,sNNT=57
ALLHAT-LLT 2002,NNT=746
.
2004,s,NNT=42
control
PROVE IT-TIMI
CARDS 2004,t,NNT=53
IDEAL 2005,sf,NNT=595
TNT 2005,f,NNT=2273
ASPEN 2006,NNT=-806
SPARCL 2006,NNT=-465
JUPITER 2008,t,NNT=59
SEAS 2008,z,NNT=-246
GISSI-HF 2008,NNT=-139
SEARCH 2010,f,NNT=1370
SHARP 2011,zf,NNT=-231
SEAS(follow-up) 2014,z,NNT=-26
IMPROVE-IT 2015,zf,NNT=-1000
2016,NNT=295
HOPE-3
102
de morir antes. f: grupo de control también medicado
con estatina. z: estatina+ezetimibe. t: parado antes de
tiempo. s: prevención secundaria
103
9.8. Factores de riesgo
Tener un colesterol elevado
es uno de los más
.
importantes factores de
riesgo de enfermedad
cardiovascular
National Institutes of
Health
108
9.11. ¿Cuáles son los efectos secunda-
rios de estos fármacos?
Alterar la producción endógena de colesterol no es nin-
guna broma. Las estatinas en concreto actúan inhibien-
do una enzima (HMG-CoA) en el camino del mevalona-
to142 , que es el responsable, entre otras cosas, de sinteti-
zar el colesterol. La acción de las estatinas no sólo reduce
el colesterol, sino que altera todo un conjunto de impor-
tantes productos intermedios y de señales bioquímicas
involucradas en diversas funciones celulares.
109
HMG-CoA
Inflammatory
Bacterial LPS Cholesterol
Cytokines
.
Inflammatory Oxidative
eNOS
Cytokines Stress
.
Las personas obesas tienen un problema de fuerza de volun-
tad: no son capaces de dejar de comer y llevan vidas seden-
tarias. Además, no se dan cuenta de que estar gordos es un
riesgo para la salud. O se dan cuenta pero les importa poco.
Pero tú sí eres inteligente, tú si sabes que la obesidad es un
riesgo para la salud y quieres ayudarles, recriminándoles que
sólo saben hacerse las víctimas y que no ponen de su parte
para mejorar su salud. No entiendes que la gente les disculpe,
cuando lo que necesitan es simplemente esfuerzo y sacrificio,
en lugar de dejadez y complacencia.
¿Tiene sentido? ¿Sabemos más que las personas que tie-
nen exceso de peso? ¿Vemos cosas que ellos no ven? ¿Sabemos
qué tienen que hacer si quieren adelgazar? ¿Es autoaceptarse
lo mismo que despreocuparse de la propia salud?
La obesidad puede acarrear problemas de salud, pero los
mensajes humillantes para la gente que tiene problemas de
peso son tan poderosos y dañinos, que un porcentaje relevan-
te de la población obesa preferiría morir unos años antes, per-
der una pierna o volverse completamente ciega, antes que ser
obesos157 . Y, sin embargo, hay gente que cree que todo es tan
sencillo como que siguen siendo obesos porque no se esfuer-
zan. ¿Qué sentido tiene eso?
Si fuera tan simple, ¿no les
parece que ya lo habría
hecho? Todos esos
comentarios
. no creaban una
solución, todo lo que hacían
era entristecerme y
deprimirme, y nuevamente,
hacerme comer más
Anónimo
117
y psicológicas adversas de la obesidad están relacionadas con el
exceso de peso en sí y/o con el estigma de la obesidad.”160
“¿Dónde están las pruebas de que inculcar un sentimiento
de identidad dañado es una buena forma de hacer que la gente
adopte comportamientos saludables?”166
10.2. Imagine
Imagina que existe un remedio homeopático para la obesidad
y que ese remedio es promocionado por todos los profesiona-
les de la salud del país, pero ha fracasado tantas veces como
ha sido testeado en estudios científicos. Y en la vida real casi
nadie consigue adelgazar. Sin embargo, toda esa información
es ignorada por los expertos y se le oculta a la población, al
tiempo que se insiste en que superar el problema de la obe-
sidad es tan sencillo como aplicar ese remedio. ¿Te parecería
razonable que los defensores de la homeopatía vejaran e in-
sultaran constantemente a las personas obesas, instándolas a
asumir la responsabilidad de su salud y argumentando que el
problema es que no se toman la molestia de aplicar el medi-
camento?
Por aberrante que parezca la fábula, exactamente eso es
lo que está sucediendo con la obesidad. Se está humillando
y hostigando a las personas que tienen un problema de peso,
por no aplicar un remedio, el “come menos y muévete más”,
118
que no sólo está basado en pseudociencia, es que NUNCA ha
demostrado ser efectivo para ayudar a adelgazar. En ni un solo
estudio científico.
119
¿Es ésa tu percepción del problema? ¿Tú eres el superin-
teligente que se da cuenta de todo, mientras las personas que
tienen un problema de peso son tan “cortitos” que no ven lo
obvio? ¿Además de vagos y glotones, también son tontos?
123
Tener sobrepeso no me hacía
ignorante. Sabía que tenía que
.
comer bien. Sabía que tenía
que hacer ejercicio. Todo eso
lo sabía. Hacerlo era otra cosa
Anónimo
124
solución tiene que ser que coman menos. El método fracasa
casi siempre y para los expertos el fracaso del método no ha-
ce sino confirmar que los obesos no tienen fuerza de voluntad
para mantener una dieta a largo plazo. Sus prejuicios se ven
confirmados.
Prejuicios
Fr
Co
El tratamiento
ac
me
aso
de la obesidad
n m ucho y se m
basado. en la
ignorancia y
a
los prejuicios
ric
a ló
ue
n
oc
ve
p
po
co hi
ta
Die
125
10.7. ¿Son peligrosas la autoestima y
la autoaceptación?
¿La obesidad mala? No
hombre no. Todavía hay quien
.
habla de que hay que aceptar
la diversidad corporal..uff
¡peligro!
Anónimo
Es la normalización de la
obesidad
. y el sobrepeso en
nombre de la autoestima.
Yeah! Y así nos va
Anónimo
129
No debemos caer en el error
de transmitir a las personas
que
. sufren sobrepeso que éste
se debe a su genética o
metabolismo y que por tanto
no está bajo su control
Anónimo
130
10.10. No sé si adelgazar me compen-
sa
Si no voy a poder comerme un
bocadillo cuando vaya al
.
fútbol con mis amigos, no sé si
adelgazar me compensa el
sacrificio
Anónimo
Para mí, decidir seguir realizando una acción que sabes que
perjudica tu salud, es síntoma de que sufres una adicción.
Siendo que además el “alimento” citado es siempre un produc-
to procesado, es decir, añadido a la dieta de forma artificial,
no me parece razonable argumentar que el problema está en
la persona. Los alimentos de verdad no generan adicción: el
problema es el consumo de productos ajenos a nuestra dieta
natural como animales.
Lo cierto es que no comparto en absoluto el comentario de
esta persona. No sólo es que comer como ahora como me com-
pense porque me mantengo delgado, es que estoy convencido
de que comiendo así me estoy cuidando. Tengo clarísimo que
de existir una dieta que nos mantenga sanos y delgados, la que
sea, sí compensa cambiar de hábitos. Sospecho que en algún
131
caso, este tipo de comentarios pueden ser una forma de evitar
reconocer que no pueden adelgazar. Serían personas que lo in-
tentan constantemente, que nunca lo consiguen y que siendo
que creen que la culpa es suya (“si hubiera mantenido la dieta
habría mantenido el peso perdido”), evitan atormentarse con
la culpa que creen tener convenciéndose a sí mismos de que
no quieren adelgazar.
Aparte de la adicción, ¿qué puede llevar a alguien a creer
que no le compensa? En mi opinión, el problema es que las
personas de cierta edad, rondando los 50 años en el caso que
comento, llevan décadas con unos hábitos que identifican con
su forma de vida. Además, comer ciertos productos es una par-
te importante de su relación con otras personas. Ahora, de re-
pente, dejar de comer lo que les gusta, en lo que se basa a
veces su vida social, es visto como un fracaso que tiene, ade-
más, implicaciones negativas al margen de la salud. Y si nadie
en su entorno lo hace, y si las fuentes oficiales les siguen di-
ciendo que los excesos de un día se “compensan” comiendo
menos otro día, ¿qué razón hay para renunciar a la cervecita
o al bocadillo? Luego comes algo a la plancha, quitas la grasa,
y asunto resuelto. Les es muy sencillo justificar que no nece-
sitan cambiar nada.
Hemos crecido inmersos en la teoría del balance energéti-
co, la que nos permite comer lo que nos venga en gana, siem-
pre que luego compensemos. Esto ha coincidido con una epi-
demia de obesidad. Mi impresión es que mientras desde las
132
instituciones oficiales se siga propagando esa pseudociencia,
mucha gente que tiene exceso de peso va a seguir eligiendo
creer que sin renunciar a nada se puede adelgazar. Porque lo
dicen fuentes oficiales, y porque quieren seguir comiendo co-
mo siempre han hecho. Mientras esos mensajes oficiales pon-
gan palos en las ruedas, veo complicado cargar las culpas so-
bre quien se agarra a esas teorías para no cambiar nada, aun-
que, como es mi caso, creamos que no tienen razón.
De cualquier forma, reitero que estamos hablando de per-
sonas que dicen que no saben si quieren hacer algo, adelga-
zar, que realmente no saben hacer. Analizar sus motivaciones,
cuando llevan décadas siendo engañados sobre las causas del
problema y las opciones que tienen para adelgazar, es dar car-
ta de naturaleza al engaño.
10.11. Conclusiones
Si la obesidad no tiene una cura conocida, ¿significa eso
que no hay razón para dejar de consumir porquerías? Yo no
he dicho eso, ni nada remotamente parecido. Lo que estoy
diciendo es que se está engañando a la población sobre las
causas y los remedios para la obesidad. Y esas mentiras tienen
consecuencias especialmente gravosas para las personas que
sufren obesidad.
133
Si queremos resolver el problema de la obesidad:
1. Encontremos un remedio para la obesidad que funcio-
ne (por supuesto, demostrado con pruebas científicas,
no con charlatanería).
.2 Difundamos ese remedio desde las instituciones públi-
cas (y mientras tanto dejemos de propagar la pseudo-
ciencia del balance energético).
3. Respetemos tanto a quien no quiera aplicar el remedio,
si es que existe esa persona, como a quien el remedio
no le funciona.
No estoy diciendo que estemos fallando en el tercer pun-
to, digo que no se cumple ninguno de los tres puntos ante-
riores175,176 , y que la malinformación en los dos primeros es la
principal razón por la que no se cumple el tercero.
134
Cap. A MÁs sobre la pseudociencia del
balance energÉtico
139
A.4. Falacia de ambigüedad
El hombre es el ser más
inteligente en el planeta
Tierra. Las mujeres no son
.
hombres. Por tanto, las
mujeres no son tan
inteligentes como los
hombres.
Falacia de ambigüedad
140
situación se está usando la falacia de ambigüedad con la
expresión “déficit calórico”.
Para
. perder grasa tienes que
estar en déficit calórico
Anónimo
141
do y creen estar defendiendo algo obvio. Han sido engañados
con la falacia de ambigüedad.
En definitiva, “déficit calórico” siempre es una expre-
sión falaz: se juega con dos significados, uno que es el re-
sultado que se quiere obtener (“pérdida de energía”) y otro
que es el supuesto método que se debe seguir para obtener
el resultado. El truismo del primer significado (“para perder
energía hay que perder energía”) se usa para hacer creer que
el método que hay que seguir para adelgazar es el del segundo
significado.
142
Si un día consumo 2500 kcal y
mi
. gasto energético es de 2400
kcal, voy a engordar. La
energía no puede desaparecer
Anónimo
143
te importante es la resta entre calorías entrantes y calorías
salientes.
144
A.7. Condiciones fisiológicas inde-
pendientes, ¿pueden tener la
misma causa?
Si hay acumulación de energía en un animal, si el animal crece
de alguna manera, en el órgano que crece entra más energía
de la que sale. Eso es cierto. El error se comete al deducir cau-
salidad. El error es decir que se acumula energía por ingerir
más energía de la que se gasta. Deducir causalidad no está
justificado.
Si una persona aumenta su masa muscular, ingiere más
energía de la que gasta. ¿Aumenta su masa muscular por con-
sumir más energía de la que gasta? ¿Es eso lo que dicen las
leyes de la termodinámica, que para desarrollar la musculatu-
ra hay que comer mucho y hacer poco ejercicio? ¿Dicen eso
en el caso de la grasa corporal pero no en el caso de la masa
muscular? La contradicción es insalvable para los defensores
de esta pseudociencia.
Si un niño está creciendo, ingiere más energía de la que
gasta. ¿Está creciendo porque ingiere más energía de la que
gasta?
¿Por qué crece un tumor? ¿Por qué se produce el gigantis-
mo?177 ¿Por qué se produce el enanismo?
¿Por qué la obesidad es el único crecimiento en el que se
habla de “ingerir más energía de la que se gasta” como causa
145
del crecimiento? ¿De verdad la obesidad es la única situación
en la que el balance energético es la causa del crecimiento, y en
todos los demás crecimientos la causa es biológica/hormonal?
Pensémoslo un momento: si las leyes de la física hablaran
de causas, si de verdad dijeran que la causa de que se acu-
mule energía en el cuerpo es que entra más de lo que sale,
eso tendría que ser así en cualquier acumulación de energía,
en el tejido que sea, pues el principio de conservación de la
energía se cumple siempre: ¡es inviolable! Eso significaría que
condiciones fisiológicas que suceden de forma independien-
te tienen la misma causa, y eso es imposible. Esta contradic-
ción demuestra (por reducción al absurdo) que el principio
de conservación de la energía no habla de causas.
146
A.8. Una pseudociencia que carece de
verosimilitud fisiológica
148
caso del negocio, el asesor ningunea las consecuencias reales
de adoptar esas medidas.
El colmo del asunto es que el asesor presume de ser el de-
fensor de la postura “basada en la ciencia” y acusa a los que
critican el absurdo de la situación de estar negando el cumpli-
miento de leyes inviolables.
No estamos hablando de casos puntuales, sino de lo que la
mayor parte de expertos en nutrición llevan haciendo décadas.
¿A alguien le extraña que no consigamos controlar nuestro
peso corporal?178
149
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esperabas adelgazar cebándote con harina de ce-
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bono para que nuestro cerebro tenga energía.
[52] Vicente. ¿Quieres subir los triglicéridos y empeo-
rar tu riesgo cardiovascular? No es complicado: si-
gue una dieta baja en grasa y alta en hidratos de
carbono.
[53] Vicente. Incluso modestas reducciones en la inges-
ta de carbohidratos podrían conllevar importantes
beneficios.
[54] Vicente. Una dieta alta en carbohidratos empeora
el riesgo cardiovascular.
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