Sobre el breviario
.........................................................................................................................................................
.........................................................................................................................................................
.........
Consideraciones espirituales para rezar con mayor devoción la liturgia de las horas
J.A Fortea
i
Editorial Dos latidos
© Copyright José Antonio Fortea Cucurull
Todos los derechos reservados fortea@[Link]
Editorial Dos Latidos
Benasque, España
Publicación en formato electrónico en julio de 2016 [Link]
ii
Versión para tablet
iii
Sobre el breviario
.........................................................................................................................................................
.........................................................................................................................................................
.........
Consideraciones espirituales para rezar con mayor devoción la liturgia de las horas
José Antonio Fortea
iv
Índice ......................................................................................................................
Introducción 1
Reflexiones varias 3
Las partes de cada hora 9 Las distintas horas canónicas 16 Los laicos y el oficio 23 Algunas
cuestiones prácticas 28
Conclusión 38
v
vi
Introducción
Los seres humanos somos débiles y con el tiempo fácilmente se puede introducir una cierta
rutina en el rezo del breviario. Esta obrita surge del deseo de ayudar a los sacerdotes en el
desempeño de esa parte tan noble de sus funciones sacerdotales como es la de salmodiar para
la alabanza de Dios. Es un librito sin pretensiones, breve, una pequeña charla puesta por
escrito.
Unos años antes había escrito otra obra para que el sacerdote se pudiera preparar cada día
para la santa misa. Ese libro titulado Las aguas vivas que borbotean tuvo un efecto tan positivo
en mí para celebrar el santo sacrificio con más devoción que muy pronto me vino la idea de
algo parecido para el rezo del breviario.
A veces una pequeña consideración espiritual basta para retomar el breviario con nuevo
entusiasmo, con nueva fuerza. Todos necesitamos sacar brillo de nuevo al oro de nuestra
alabanza.
El respeto sumo a la Sagrada Escritura nos debe hacer estar atentos al rezo de la salmodia. En
el rezo del breviario, ese respeto se transforma en adoración hacia el que ha escrito esos
salmos y textos sagrados. Lo que en otros momentos del día en nosotros es solamente fe, en el
rezo de los salmos se transforma en adoración.
Sin más preámbulos doy paso a estas reflexiones que componen esta humilde colección de
pensamientos.
1
Reflexiones varias
bendice al señor, alma mía
Salmo 103, 1
Las siguientes reflexiones sobre el rezo del breviario, más que leerlas de una sola vez, es
preferible leerlas poco a poco. Lo ideal sería leer una reflexión antes de rezar de una hora
canónica. En el fondo, estas breves páginas, mejores o peores, son tan solo un medio para
recordarnos a nosotros mismos la conveniencia de prepararnos para la salmodia.
Se sacaría mucho más fruto del rezo del breviario si uno dedicase medio minuto a prepararse a
ese rezo. Ese medio minuto cambiaría toda la hora canónica. También será una óptima
costumbre guardar unos diez segundos de silencio al acabar, para meditar un brevísimo
momento antes de retornar al trabajo ordinario.
Durante la misa, cuántas veces me gustaría alargar más la liturgia de la Palabra: leer más
extensamente, meditar más tiempo. En la liturgia de las horas puedes hacerlo.
Una forma bella de considerar el rezo del breviario es como un modo por el que se nos
concede poder estar más tiempo meditando la Palabra y, además, repartido a lo largo del día.
Y es que la liturgia de las horas es como un tipo de lectio. Pero la liturgia no es sólo una lectio,
es un lectura y alabanza a la vez.
3
La Eucaristía se recibe. La Palabra de Dios también se recibe. Las horas canónicas son un modo
de recibir ese don divino. Escuchamos a Dios en su Palabra y le hablamos a Dios a través de la
Palabra.
La Palabra salva. Salva porque la Escritura es portadora de salvación. Cierto que lo que salva es
la gracia. Pero la Escritura lleva a la gracia. Cada hora canónica siembra en tu alma al menos
una gracia si haces todo con atención y reverencia.
¿Qué tengo que hacer durante la hora canónica? La acción más simple: escuchar, ponerme a la
escucha, abrir mi ser a la Palabra. También hay que desechar toda tensión. No se realiza mejor
la acción de escuchar por ponerse en tensión. Hay que aprender a descansar orando, y a orar
descansando.
Dios como Maestro durante la hora canónica. Nosotros los sacerdotes somos maestros del
pueblo fiel. En cada hora, Él es el Maestro.
Necesitamos el viático de la Palabra. La cual es salida de su boca, escrita por su mano. Que la
Palabra penetre en ti. Que la Voz Divina se pose en tu alma.
La Palabra como candelabro de siete brazos que luce. Cristo en el centro, rodeado por tres
brazos que representan a todos los profetas que escribieron los libros del Antiguo Testamento,
y por otros tres que representan a los apóstoles que escribieron los libros del Nuevo.
Alguien se puede preguntar por qué no hay una lectura de un fragmento del Evangelio en el
breviario. Eso se debe a que el Evangelio, como si de un centro se tratara, se lee en la santa
misa que es el centro de la liturgia. El resto de horas son los ecos de la misa, del mismo modo
que las demás lecturas sagradas son ecos respecto al Santo Evangelio.
4
De todas maneras, tanto el Benedictus como el Magnificat o el Nunc dimitis son cánticos del
Evangelio, y en ese sentido el Evangelio está presente en la liturgia de las horas. Pero para
dejar clara esa centralidad de la misa, alrededor de la cual giran las horas canónicas, sólo en la
eucaristía se leen las enseñanzas de Jesús.
Esa singularidad de la misa se refuerza en el hecho de que en las horas son Zacarías, Santa
María y Simeón los que proclaman las alabanzas del Señor. Es decir, no habla directamente
Jesucristo, no leemos partes en las que Jesús hable, por la razón antes indicada.
El rezo del oficio divino forma parte de tu trabajo sacerdotal. Rézalo:
-con preparación
-con pausa
-con dignidad
-con concentración -con una postura digna
Dejar de rezar el breviario por el trabajo es un sinsentido, porque el rezo canónico de las horas
es parte del trabajo del sacerdote. Todo sacerdote ha de realizar ese mínimo de trabajo
cultual. E insisto y recalco la palabra “trabajo”.
Nuestro trabajo como sacerdotes es uno de los pocos en el que nuestra labor consiste en
dedicar unos tiempos a la oración y otros a las labores pastorales. Si nos dedicáramos sólo a la
pastoral, no estaríamos haciendo bien nuestra labor. El culto divino, la alabanza a Dios, forma
parte de nuestras diarias labores, no se trata de una devoción, de algo que hago porque
quiero. Me
5
he comprometido a la liturgia de las horas al ser ordenado como diácono.
La liturgia divina conviene que sea rezada a horas fijas y, desde luego, repartidas durante la
jornada para consagrar todo el día a Dios. Alguno puede sentir la tentación de pensar que el
breviario interrumpe su trabajo. Pero hay que entender que la liturgia de las horas está
pensada para interrumpir el trabajo, porque su misión es que hagamos un parón y elevemos
nuestra mente y nuestro corazón a Dios.
Concentrar las horas canónicas en dos momentos del día supone no haber entendido su
sentido. Detener unos minutos el trabajo para ofrecer ese sacrificio de alabanza supone una
diaria manifestación de que lo primero es la alabanza al Creador. Las prioridades deben estar
claras.
Tampoco es un gasto de tiempo dedicar medio minuto antes de cada hora canónica a preparar
el alma para comenzar a entonar ese cántico divino.
Salmodiar supone unirse a los coros de los ángeles en su alabanza a la Trinidad. Los ángeles
nos acompañan en el rezo si se lo pedimos.
La mente y el cuerpo deben unirse a la voluntad en este oficio. También el cuerpo ora, bien
decorosamente sentado, bien arrodillado, haciendo lentamente la señal de la cruz, respetando
los silencios sagrados, participando en esta veneración del nombre de Dios a través de los
textos divinos. La mente debe concentrarse totalmente en esta tarea.
Cada Gloria al Padre supone una glorificación de la Santísima Trinidad. Cada Gloria al Padre es
una contestación del alma a lo dicho en el salmo.
6
De cada versículo que nos impacte o en el que se nos abra el entendimiento de una verdad
divina, conviene hacer una pequeña anotación para meditarlo más veces, pues nada de lo que
el Señor nos diga debe ser olvidado, sino que sus gracias deben ser rumiadas.
Rezar las partes canónicas a sus horas, supone una consagración de la jornada, el día se
santifica. Santificanos el día, santificando el nombre de Dios.
Cuando uno está de viaje es preferible rezar el oficio sentado en un coche o en una plaza con
ruidos, que (como hacen algunos) rezarlo todo seguido al comienzo del día para, como dicen,
tener eso resuelto.
La cuestión no es si disfrutas con el breviario. La cuestión es si realizas bien el misterio de la
sagrada alabanza. Incluso en la mayor de las sequedades, la salmodia es verdadera oración. El
gusto puede faltar totalmente y no por ello tiene menos fruto.
Si quieres que la Palabra resuene en tu alma, antes has de hacer el silencio dentro de las
paredes de tu espíritu.
Es una comunicación de espíritu a Espíritu.
Ora el cuerpo, ora la mente, ora el espíritu.
Según sea la preparación, así será el acto de la alabanza litúrgica.
En presencia de los ángeles y con los ángeles.
7
Las partes de cada hora
bendice su santo mombre,
Salmo 103, 1
Dios mio, ven en mi auxilio
Se comienza pidiendo ayuda para orar. Sin la ayuda de la gracia que Dios envía, nuestra mente
se despistaría, nuestros pensamientos se desperdigarían. Además nos marcamos con la santa
cruz de Cristo al hacer esa petición, porque, en verdad, necesitamos del auxilio de Dios para
orar.
Pues recordemos lo que nos enseña San Pablo: Nadie puede decir Jesús es el Señor, sino por el
Espíritu Santo (I Cor 12, 3). Es decir, sin la ayuda que proviene de la Tercera Persona,
podríamos proferir esas palabras (Jesús es el Señor) de un modo meramente material, pero no
como un acto de fe. Del mismo modo, sin la ayuda de ese Hálito Santo que proviene de la boca
del Padre, el rezo del breviario sería una mera pronunciación física de palabras sin ningún acto
interior en nuestra alma.
No sólo alabamos a Dios llevando nuestras cruces de cada día, cierto. Pero recuerda que tu
unión a la pasión de Cristo da mucho más valor a tu alabanza. Tal como sea tu sacrificio vital,
así será tu glorificación en la liturgia.
La Cruz es lo que da vida a la vida. La Cruz de cristo vivifica y llena la liturgia.
9
Gloria al Padre
Tras pedir ayuda para comenzar a orar, lo primero de todo, lo absolutamente primero, es
honrar a la Santísima Trinidad. El fin de todas estas plegarias es glorificar a Dios.
Aleluya
Ese aleluya al comienzo del rezo es un breve recuerdo, brevísimo de la Resurrección de Cristo.
Himno
Viene entonces la glorificación a través de la palabra humana. En el breviario no todo es
Palabra de Dios, también hay partes totalmente humanas. El himno es como incienso de
glorificación que se esparce alrededor del altar de la adoración. Altar que está en el centro del
alma.
Salmos
Los salmos son el cuerpo esencial de cada hora, los tres grandes pilares que sustentan cada
hora. Dios nos entregó el Libro de los Salmos para que pudiéramos orar con su Palabra. Es un
libro que Dios nos da para orar.
El cántico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, es como otro salmo. Aun no
perteneciendo al libro de los salmos, cada cántico fue escrito por Dios para que pudiéramos
orar con él.
La Iglesia con gran sabiduría ha dispuesto que, en las dos principales horas canónicas, a los
salmos se les añadieran dos
10
cánticos para enriquecer con más pasajes escriturísticos las laudes y las vísperas. La voluntad
de la Iglesia, por tanto, es la de enriquecer, añadir más pasajes de las Escrituras.
Los salmos son el pensamiento de Cristo. Cuando los salmos hablan de los enemigos, yo
siempre pienso en mis únicos enemigos: el mundo, el demonio y la carne. Los salmos no
hablan de hechos pasados, te hablan ahora mismo a ti. Son el mensaje de Dios para ahora. Son
la respuesta a tus preguntas.
Antífonas
Las antífonas como una respuesta al salmo. Están pensadas como una jaculatoria. Son
versículos muy escogidos que se prestan para repetirlas como jaculatorias durante el día. En
cualquier caso, aunque no se usen como jaculatorias para alimentar la presencia de Dios
durante la jornada, son una respuesta del alma al acabar la oración del salmo.
Las antífonas también tienen un cierto carácter de recopilación respecto al salmo que se va
rezar o ya se ha rezado. Por eso se colocan al principio y al final de éste, como si lo abrazaran.
Como si la antífona nos hiciera fijarnos en una idea esencial antes de comenzar y al acabar.
Lectura breve
Para que a la oración sálmica se uniera la escucha del resto de las Escrituras, desde muy
antiguo se añadió una pequeña lectura bíblica. La lectura lleva a la meditación, por eso está
indicado que se haga un momento de silencio tras esta lectura. Bien es cierto que la pausa de
oración se puede hacer ahora o tras el rezo de cada salmo. Recuerda que este silencio también
es oración.
11
Responsorio
Es una respuesta a la lectura, una respuesta coral: uno lee la primera parte, la comunidad le
responde repitiendo esa antífona. El responsorio es como una combinación armoniosa de
antífonas.
Cántico evangélico
Por fin llegamos a ese momento del rezo en que todos los textos de la Escritura desembocan
en un texto del Evangelio. Un Zacarías y María nos predican cada día. Cada día escuchamos a
ese sacerdote del Templo que representa al Antiguo Testamento, y a María que representa al
Nuevo.
Si el cuerpo esencial de las laudes y las vísperas son los salmos y el cántico que les acompaña,
el centro esas horas es el Benedictus y el Magníficat. Es como si los salmos y la lectura breve
culminaran en estas dos alabanzas. Es como una ascensión hasta llegar a las palabras del
Evangelio.
Preces
La Iglesia preocupada por las necesidades del prójimo nos recuerda que no debemos
preocuparnos únicamente de nuestras almas, sino que también debemos pedir por los
hermanos. En este momento ejercemos la intercesión por todos.
Oración final
La alabanza se transforma en una solemne oración dirigida al Padre. Toda la hora es como una
ascensión a un monte para orar.
12
Esta oración es la culminación, el punto más alto. Supone llegar a la cima en la que tras
alabarle, por fin, nos dirigimos solemnemente a Él.
En las horas menores se dice oremos y se deja un momento de pausa, en laudes. Hagámonos
conscientes en ese pequeño momento de silencio de que nos vamos a dirigir a Dios,
hagámosnos conscientes de su grandeza y de nuestra pequeñez.
Es un momento tan importante éste de la oración final que culmina todo, que antes se dice
oremos para que nos preparemos. Estabas orando y, sin embargo, la misma oración te pide
que te hagas consciente de que estás orando.
Para eso, insisto, hay que respetar el momento de silencio que exige la rúbrica. En ese
momento de silencio hazte consciente de que ésa es el momento en el que vas a llegar a la
cima de todo el acto litúrgico que has realizado.
En ese momento de silencio, puedes imaginar que vas a hablar delante justamente del Trono
del Altísimo como sacerdote que eres. O bien, puedes simplemente hacer silencio dentro de tu
alma, el silencio de las potencias espirituales (cogitativa, imaginación, memoria), para que así
al recitar la oración, ésta resuene con fuerza dentro de las paredes desnudas de tu alma.
Aunque en las laudes y vísperas no se dice oremos, sirva el recuerdo de esa invitación de las
horas menores para hacer con más preparación esa oración última. Incluso en las laudes y
vísperas, preparémonos para ese momento en el que el sacerdote se dirige solemnemente a la
Divinidad.
13
El Señor nos bendiga
La misa acaba una petición de que el Señor nos bendiga. Necesitamos su bendición, tanto en lo
espiritual como en lo corporal, en todos nuestros asuntos de la vida. Hemos comenzado con la
señal de la cruz y acabamos marcándonos de nuevo con esa cruz. Hemos comenzado pidiendo
su ayuda para orar, acabamos pidiendo su ayuda para continuar con la jornada.
La hora acaba con una bendición pedida o impartida. Impartida si preside las laudes o las
vísperas un clérigo que bendice a los que han alabado con él. Pedida si uno pide a Dios que le
bendiga. En la bendición final, sea pedida o impartida, recibirás tanto cuanta sea tu fe en que
recibes su bendición.
Una recapitulación sintética de estas partes podría ser la siguiente: -Dios mío, ven en mi
auxilio: la puerta de entrada a la alabanza
-himno: atrio.
-salmos: cuerpo esencial de la hora.
-lectura breve: la escucha de una enseñanza de Dios. -responsorio: la respuesta ante la
escucha.
-cántico: centro de la hora, hemos llegado al Evangelio. -preces: función intercesora.
-padrenuestro: recapitulación de todo en una oración simple. -oración final: culminación de
toda ascensión
14
15
Las distintas horas canónicas
bendecid al señor, todas sus huestes.
Salmo 103, 21
Nunca insistiremos suficientemente en la importancia de rezar el oficio a sus horas. De ofrecer
el incienso de nuestra alabanza en sus horas naturales. Las personas que vivían al aire libre, en
pequeñas poblaciones que no impedían ver el cielo en todo su esplendor y tenían poca luz
artificial sentían de forma natural que la naturaleza misma les invitaba a recogerse en la
oración en el amanecer y en el atardecer. Son dos momentos en los que hasta la naturaleza los
marca como especialmente propicios para recogerse en oración si uno contempla el
espectáculo del sol emergiendo u ocultándose.
A ello, las almas amantes de Dios, añadieron el acordarse de Él en la mitad del día y antes de
sumergirse en el descanso nocturno. Con eso ya tenemos las horas del breviario. Horas estas a
las que hay que unir el oficio de lecturas que en los monasterios se rezaba por la noche, antes
del amanecer. Después los monjes se dedicaban a orar personalmente hasta el amanecer, hora
en la que rezaban las laudes.
Laudes
Yo las rezo después de mi oración mental. La primera oración litúrgica de mi jornada
sacerdotal.
16
Todos mis actos litúrgicos del día comienzan profiriendo: Señor, ábreme mis labios, y mi boca
proclamará tu alabanza.
La belleza de guardar silencio en el interior de mi alma, desde la noche del día anterior, hasta
que digo ese versículo. Que ese versículo sea la primera palabra que profieren mis labios en el
día.
A veces me ayuda imaginar que estoy en el escaño de un coro benedictino salmodiando,
concentrado en la alabanza divina, centrado únicamente en que fluya la Palabra de Dios a
través de mi boca.
Esta hora es perfecta para dar gracias a Dios por existir un día más. No des por supuesto que
cada día te levantarás para seguir con tu vida ordinaria. Porque ciertamente habrá un día que
no te levantarás. Un día en el que el sueño de la noche se unirá al sueño de la eternidad. Esta
hora canónica es, por tanto, la más adecuada para dar gracias por el hecho de que se te
concedan más horas. Salmodia en honor de Aquél que te da más tiempo.
Recuerda lo que dice el salmo invitatorio: Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcais el
corazón.
Otro versículo del invitatorio que expresa muy bien el espíritu de esta hora es: Entremos a su
presencia dándole gracias.
El invitatorio es como la puerta de entrada a la primera hora canónica. El himno sería el atrio,
el invitatorio la gran puerta de entrada.
Reza el Señor, ábreme los labios con suma lentitud, con la sensación de estar penetrando en el
atrio de la oración de
17
alabanza, de la alabanza y la gloria a Aquél que te da la vida. Según penetres en ese atrio, así
continuarás caminando por el resto de los cánticos, versículos y oraciones. Atrio divino, pues
su mano talló esos versos.
Dios mío, ven en mi auxilio, es ya un versículo de un salmo. Al rezarlo ten la sensación de
entrar a través de un pórtico. Y recuerda, al rezar el salmo del invitatorio, que según se entra,
así se sigue. Si entras con devoción, adorando, seguirás así durante todo el tiempo de esa
liturgia. Si entras distraído, por pura obligación, será una oración desabrida, vacía.
Los salmos del invitatorio no son salmos cualquiera: son salmos de entrada al Templo, de
ingreso en el monte Sión, son salmos para comenzar una nueva vida.
Es muy importante ofrecer a Dios las primicias del día. Ofrecer al Dios Creador del Tiempo,
Dador de las horas, el primer tiempo de cada día. El alma al levantarse está más tranquila,
como con más silencio interior.
Hora Sexta
De las tres horas canónicas yo suelo rezar la de sexta. La rezo a las doce en punto del
mediodía, interrumpiendo lo que esté haciendo en ese momento.
Me hago consciente de que por primera vez en el día digo Dios mío, ven en mi auxilio, puesto
que antes he comenzado con Señor, ábreme los labios. Ambas oraciones son muy bellas,
hacerse consciente de que es la primera vez que se recita es un modo de decirla con el corazón
y no sólo con los labios.
18
Recordamos con agradecimiento y adoración, la hora en que Cristo fue elevado en la Cruz.
La hora sexta te ofrece la oportunidad de ponerte ante Jesús. Con tu espíritu ve ante Él.
Es uno de los cinco momentos sagrados de la liturgia diaria de las horas. Cuanto más sagrado
hagas este momento, más te santificará.
Esta hora es como un oasis en mitad de la mañana. Como si entráramos delante del Trono de
Jesucristo, para ofrecerle un breve saludo.
Es una óptima costumbre interrumpir lo que se esté haciendo en cuanto suene la campana (si
es el caso) para alabar a Dios, para unirnos a Cristo en la Cruz.
Aunque suelo rezar la hora sexta, si uno va a rezar la hora menor entre las 9.00 am y las 12:00
pm, rezo tercia. Si rezo entre las 3:00 pm y las 6:00 pm, rezo nona.
Oficio de Lecturas
Yo lo rezo una hora después de finalizar la comida. Pone fin al descanso
tras el almuerzo. Es como un mojón en el camino que indica de forma
nítida y fija cuando comienza de nuevo mi trabajo.
El oficio de lecturas tiene un cierto carácter de enseñanza. Pero antes de
aprender se rezan los salmos para alabarle: la alabanza antes de la
enseñanza.
El Padre te va a enseñar como un maestro en esta hora canónica. Lo hace a
través de dos lecturas: una divina y otra humana.
Esta hora es como un oasis en mitad de la tarde. Como si entráramos delante del Trono de
Jesucristo a escucharle como Sabio en la Ciencia Divina. Precisamente no rezo esta parte del
breviario al comienzo del día,
19
para que no forme una unidad con laudes y mi oración personal, prefiero que santifique esta
parte del día, la que comienza tras el descanso del mediodía.
Si se rezan las horas en estos momentos del día que sugiero es como si hubiera un oasis de
oración en mitad de la mañana (sexta) y otro en mitad de la tarde (oficio de lecturas).
La mayor parte de los sacerdotes rezan el oficio de lecturas antes de las laudes. Yo prefiero
este orden aquí propuesto para repartir las horas canónicas a lo largo del día.
Vísperas
Yo lo rezo justo antes de la cena. Las laudes son el comienzo de la mañana, las vísperas el final
de la tarde. En medio de ellas hay dos oasis de oración.
Esfuérzate en comprender este oficio sacerdotal del rezo del breviario como un modo de
ofrecer un sacrificio espiritual.
Llama a los ángeles para que estén a tu lado.
Reza las vísperas con la Virgen María, como el apóstol San Juan debió rezar con ella todos los
días al caer el día.
Completas
Yo lo rezo justo antes de irme a la cama. Es la última cosa que hago en el día antes de meterme
en mi dormitorio.
Esta liturgia consagra a Dios las horas del sueño. También el sueño debe ser alabanza. Para
continuar la adoración que he realizado durante las completas, tras el rezo de éstas mi mente
debe guardar el silencio interno. Si mantengo la presencia de Dios, el diálogo con el Espíritu
Santo,
20
desechando todo lo que me distrae, la noche quedará totalmente santificada.
No debe haber conversaciones con el mundo tras completas. Las completas hay que
entenderlas como una consagración de la noche: hay que dedicar a la oración el tiempo que
nos queda hasta dormirnos sin entretenernos en pensamientos mundanos o del trabajo para
así consagrar perfectamente tanto el final del día como el comienzo de la jornada cuando nos
despertemos, ofreciendo así las primicias del día y su final.
Hay un bello paralelismo entre el silencio tras las completas y el silencio antes de las laudes. Lo
cual se preserva en los monasterios y en los seminarios. En el seminario, era tan edificante ver
a todos los compañeros dirigirse a las habitaciones en silencio, recogidos; y lo mismo por la
mañana. Sólo tras la acción de gracias de la misa, nos saludábamos alegres mientras íbamos a
desayunar. También el sacerdote secular hará bien en conservar esa santa costumbre cuando
salga del seminario.
21
22
Los laicos y el oficio
bendecid al señor, todas sus obras.
Salmo 103, 22
En este escrito me he centrado más en el clero, porque suelen ser los frailes y sacerdotes los
que rezan el breviario. Pero la salmodia de los laicos da tanta gloria a Dios como la de los
sacerdotes. La liturgia de las horas tiene tantos beneficios para el alma de los unos como de los
otros.
Hay laicos que desean introducirse en un camino más profundo de oración, el guía de las almas
puede recomendarles el rezo de esta liturgia. Un modo magnífico de santificar toda la jornada,
de no olvidar a Dios ni en el trabajo ni en el descanso. Un modo de introducirse en la oración
sálmica y de ejercitar el sacerdocio común de los fieles. El laico puede ofrecer este sacrificio de
alabanza sobre el altar de su corazón. El oficio divino es un modo especialmente adecuado de
ejercitar ese sacerdocio.
Haciendo esto no estamos sugiriendo un modo de oración poco laical. En el siglo V debió ser
precioso ver en aquellas primitivas basílicas cómo, al caer la tarde, se reunían el clero y el
pueblo en torno al obispo para orar todos juntos con los salmos. Qué preciosa estampa
debieron ser esos lugares sacros en los que iba decreciendo la luz natural, y en los que se veían
algunas lámparas de aceite y ya algunas velas, y el rumor de los salmos subiendo hasta el trono
de Dios.
23
Si el laico tiene mucho trabajo, puede elevar su alma a Dios cinco veces al día bajo este simple
esquema, aunque sólo sea para acordarse de Dios y decirle algo, aunque sólo sean tres o
cuatro frases salidas del corazón:
8:00 am laudes
12:00 pm Sexta
4:00 pm oficio de lecturas 7:00 pm vísperas
00:00 am completas.
Un modo de hacer del día algo santo, una ofrenda agradable a Dios, en los casos en los que el
laico esté convencido de que no tiene tiempo para más, puede ser sólo rezar un salmo en cada
una de estas horas. Una madre de familia me comentaba que rezaba las laudes todas las
mañanas mañana, pero sólo eso. Y que los domingos esas laudes las rezaban en familia,
preparando una mesa como si fuera un altarcito con una cruz, con los niños poniendo
encargándose de adornarlo con flores.
Antes he dicho en los casos en los que el laico esté convencido de que no tiene tiempo para
más, he dicho eso porque, en realidad, cualquier laico siempre dispone de tiempo para
dedicarlo a Dios. Otra cosa es que él esté convencido de que no posee ese tiempo. DIOS ES
SEÑOR DEL TIEMPO. QUIEN ES GENEROSO CON DIOS, DIOS LE DA TIEMPO.
Lo he puesto con mayúsculas, porque ésta es una verdad esencial que debemos recordar una y
otra vez cuando vayamos a adorar al Señor de la Historia. A Dios le es fácil dar tiempo.
Mientras que quien es tacaño con el tiempo para su Creador, cada vez tendrá menos tiempo.
Hay quienes no tienen tiempo y cada vez tendrán menos. Hay quienes tienen muchísimo
trabajo, pero siempre tienen tiempo para el Dador de la vida y la salud.
24
Desde luego una familia en la que los padres y los hijos rezan juntos las partes del oficio que
pueden según sus horarios es una familia sobre la que recaerán numerosísimas bendiciones.
Cada hora es un perfume que llega a la presencia del Padre. Aunque sólo un miembro de la
familia rece el oficio o parte de éste, puede hacerlo con gran solemnidad: colocando un poco
de perfume delante de una imagen o un crucifijo, encendiendo algunas velas, poniendo
incienso.
Laico que lees estas líneas, recuerda siempre que una mujer casada con hijos puede tener un
espíritu sacerdotal mucho más grande que el de un presbítero.
En parroquias muy grandes, con tres misas diarias y mucha afluencia de fieles, puede ser
interesante ofrecer a los fieles la posibilidad del rezo de laudes o vísperas con toda
solemnidad. Se puede empezar por organizar el rezo de laudes los viernes, por ejemplo, para
no interferir con los horarios de las misas dominicales.
Una vez que se cuenta con un número fijo de personas que asisten a este rezo, para dar mayor
solemnidad se pueden colocar tres asientos a cada lado del altar y el sacerdote enfrente del
altar. El sacerdote puede ir revestido con capa pluvial y los seis fieles con albas o trajes como
los de los coros. Se puede colocar un bello incensario sobre el ara como símbolo de la oración
que asciendo hasta el Trono de Dios.
Una vez que se consolide el rezo digno de, por ejemplo, las laudes, se puede continuar
expandiendo esa costumbre a otros días. Sobre todo, se puede animar a ejercer esta función a
personas jubiladas.
25
La solemnidad del acto litúrgico resulta esencial: capa pluvial, albas, procesión con cruz,
incienso. Si el rezo se reduce a unas pocas personas rezando en los primeros bancos, eso no
atrae a nadie. Si se hace de esto un bello acto litúrgico, la gente vendrá a verlo y algunos de
entre ellos se unirán.
26
27
Algunas cuestiones prácticas
¿Y si me equivoco?
dad gracias al señor
Salmo 105, 1
Si me equivoco de oficio, ¿tengo que comenzar de nuevo desde el principio? La respuesta es
no. Desde muy antiguo ha existido esta máxima para el breviario: error corrigitur ubi
deprehenditur, el error se corrige donde se encuentra.
Es decir, cuando uno se da cuenta de que se ha equivocado de día de la semana, o está
rezando de feria cuando es una fiesta, o está rezando laudes de nuevo porque la cinta estaba
mal colocada, entonces uno acaba el salmo ya empezado y prosigue en el oficio adecuado.
¿Es necesario recitar oralmente el oficio?
El clérigo para cumplir con el rezo del oficio individual no hace falta que lo haga de un modo
oral, basta con leerlo. Hago esta aclaración porque algunas personas se les ha ocurrido esta
pregunta y les ha entrado el escrúpulo. La Congregación para el Culto Divino respondió a esta
cuestión en el sentido que he dicho.
28
¿El clérigo cumple con la obligación si se une a la oración de una comunidad que reza otro
oficio?
La respuesta es sí. Sea que ese día ellos recen una determinada fiesta o solemnidad, sea que
tienen un oficio divino totalmente distinto del breviario romano. Uno cumple uniéndose al
oficio de cualquier comunidad católica.
¿El clérigo cumple con la obligación de rezar la hora canónica sin leerla ni recitarla, sólo
escuchándola?
Hoy día en Internet hay webs que leen el oficio divino. El clérigo cumple con la obligación del
breviario de este modo, porque la obligación es la de rezar el oficio. Da lo mismo si los
versículos entran en nuestra mente a través del sentido de la vista o a través del sentido del
oído. La oración es algo del espíritu.
¿Se puede escuchar el oficio en el coche mientras se conduce?
El oficio divino es parte del trabajo del clérigo. Ésta ha sido una idea clave repetida una y otra
vez en esta breve obra. El sacerdote, por tanto, debe esforzarse en hacer lo mejor posible esa
labor de culto a Dios. Por tanto, cualquier cosa que le distraiga de ese culto debe ser apartada
por respeto a Dios. Mucho más si aquí se trata de hacer dos cosas simultáneamente. Un acto
litúrgico bien hecho nos atrae la bendición de Dios. Cuanto mejor hecho, más bendición atrae.
El culto mal hecho atrae el castigo. El culto litúrgico mal hecho es un modo de expresar lo poco
que nos importa Dios.
La liturgia de las horas es parte del trabajo del sacerdote. Por tanto, el sacerdote no puede
alegar que tiene mucho trabajo para
29
no hacer el oficio divino. Porque, insisto, el oficio divino es parte de su trabajo.
Ahora bien, si un sacerdote un día, excepcionalmente, no ha podido rezar una hora canónica y
se va a hacer muy tarde para rezarla. Entonces, y sólo entonces, es mejor rezarla
simultaneándola con otra actividad que no rezar esa hora. Pero hacer algo así debe ser inusual.
Incluso hacer esto una sola vez a la semana es signo de que hay que organizar mejor las
actividades del día. Es preferible hacer menos cosas, pero honrar dignamente a Aquél que es
tres veces santo.
Si uno tiene un largo viaje en coche, debe parar el coche y alabar a Dios. Después podrá
continuar su andadura con la bendición del Altísimo. Haciendo eso no realiza algo heroico,
simplemente es su trabajo.
El laico que no tiene obligación de rezar el oficio ciertamente sí que puede orar mientras
conduce. Pues, dado que no tiene obligación de ofrecer ese sacrificio espiritual, si decide orar
mientras conduce, no estará realizando deficientemente el culto a Dios, sino que estará
santificando su tiempo de conducción. Porque en ese caso el laico está conduciendo y, de
paso, alaba a Dios. Mientras que el clérigo sí que tiene obligación de cumplir con el oficio
divino. Si no fuera así, el sacerdote podría después tener la tentación de cumplir su obligación
con la liturgia de las horas mientras pone orden en su casa, cava un huerto, yendo en bicicleta
o mientras toma su cena a solas.
Cuando un sacerdote está desayunando, si quiere puede ver una misa en la televisión. Nada
malo hay en ello. Le servirá para orar mientras come. Pero el sacerdote cuando celebra misa,
debe sólo celebrar misa. Lo mismo vale para el acto litúrgico que es el rezo de las horas.
30
Cuando un sacerdote y un laico van en un coche, el sacerdote puede pedirle al laico que
conduzca mientras él va al lado salmodiando. Si el sacerdote ora en voz alta, los dos orarán y
los dos se santificarán.
¿Se puede sustituir el oficio por otras oraciones?
La Congregación para el Culto Divino determinó, para la tranquilidad de la conciencia de los
clérigos, que si un día un sacerdote tiene varias misas en una mañana o una tarde, o varias
horas de confesiones o u otro tipo de trabajos pastorales similares, podrá dejar una o varias
horas canónicas según sea el volumen de trabajo que le impidió razonablemente cumplir con
el oficio divino.
Ahora bien, de la contestación de la Congregación queda claro que eso debe ser excepcional.
La Congregación no quiso cargar la conciencia de un sacerdote que un determinado día se
encuentra con un inesperado gran volumen de trabajo que no le deja tiempo libre.
Pero no fue voluntad de la Congregación que los sacerdotes se eximieran de forma habitual del
oficio divino en razón del trabajo. Si un sacerdote tiene muchísimas labores pastorales, tiene
que organizarse. Como excepción, por razón del muchísimo trabajo, se puede dejar de rezar
una parte del oficio un día. Pero esta situación no puede convertirse en una costumbre.
Por lo tanto, el sacerdote o puede o no puede rezar el oficio, según lo cual, en conciencia
estará eximido de esa obligación o no. Pero no puede él mismo cambiar el objeto de aquello a
lo que se ha obligado ante Dios.
31
¿En qué postura es mejor rezar el breviario?
Rece el sacerdote el breviario en la postura que más devoción le dé. Si se concentra más
estando sentado, hágalo sentado. Si le da más devoción hacerlo de rodillas ante el sagrario,
hágalo así. Si está mucho tiempo sentado durante el día y prefiere estirar un poco las piernas,
puede hacerlo paseando. En esto la Iglesia le da libertad para rezarlo donde desee y en la
postura que desee.
¿Es recomendable rezar el breviario paseando?
Nada de malo hay en ello. Durante varios siglos, era normal ver a los párrocos con su sotana
rezando el breviario paseando por las calles de sus pueblos. Constituía no sólo una estampa
muy bonita, sino que era un recuerdo para todos los feligreses de la necesidad de orar. Pero se
trataba de calles tranquilas, sin automóviles, donde uno podía centrarse muy bien en la
oración.
¿Es recomendable rezar el breviario en el confesario con interrupciones?
Sí, es preferible ofrecer ese servicio de estar en el confesionario para bien de las almas,
aunque el rezo del breviario sea usualmente interrumpido. Es tan importante que los
sacerdotes estén sentados en el confesionario que la Iglesia siempre ha considerado que era
licito y hasta recomendable ese rezo fragmentado ante un bien tan grande para los fieles.
32
¿Se cumple con la obligación rezándolo en un lugar de mucho ruido y distracciones?
Hay que alabar a Dios del mejor modo posible. Ahora bien, es preferible rezar las horas
canónicas en sus momentos naturales aunque este rezo sea en medio del ruído, que por hacer
este acto de forma más recogida rezarlas demasiado juntas.
Es preferible que las horas vayan santificando los distintos momentos del día, aunque eso
implique rezarlas en un autobús con la radio puesta y muchas distracciones, a rezarlas muy
bien pero concentradas en un pequeño espacio de tiempo.
Por tanto, dos principios a tener en cuenta:
-hay que rezar las horas lo mejor posible
-las horas se rezan lo mejor que uno pueda en el lugar donde uno se encuentra
No hay que tener escrúpulo de conciencia por las grandes distracciones que nos vengan en
estos casos, sobre todo durante los viajes largos. El breviario cumple la función de santificar
ese tiempo del viaje.
¿Y si mi aplicación no tiene la fiesta de esta diócesis en la que estoy?
Si salgo de mi casa y me doy cuenta de que en esta diócesis es una solemnidad, y la aplicación
me ofrece sólo un día de feria. En ese caso récese el oficio del día de feria si no se cuenta con
el libro litúrgico para buscar el común de la fiesta en cuestión. Uno cumple con la obligación
canónica con aquello que tiene a su disposición.
Pero si uno se da cuenta de ese hecho de antemano, hay distintos modos de subvenir a esa
carencia de la aplicación general. No es
33
necesario explicar esos modos para no entrar en cuestiones técnicas que siempre son
cambiantes. Pero quédese la conciencia tranquila del sacerdote que se ve obligado a rezar un
oficio por otro oficio.
Concluyendo, si de antemano se da cuenta, disponga las cosas para rezar el oficio correcto. Si
se da cuenta ya tarde, se aplica la vieja máxima officium pro officio, cumple rezando un oficio
por otro.
¿Y si se me olvida de rezar una hora o no he podido hacerlo?
La obligación del oficio permanece. Récese la hora cuando se pueda. Y si hay un rezo
comunitario de vísperas y uno no ha rezado todavía la hora menor, uno puede unirse al rezo
comunitario y después rezar la hora menor.
¿Para evitar problemas puedo rezar todo el oficio concentrado en dos momentos?
Hacer eso supone no haber entendido que el breviario es una liturgia del tiempo, una
santificación de los distintos momentos del día. Un sacerdote que hiciera eso cumpliría con el
oficio, pero no habría entendido el sentido del mismo oficio.
Es preferible rezar con distracciones durante un viaje, que concentrarlo todo en uno o dos
momentos.
¿Y si me he olvidado el breviario en casa durante un viaje y llego a casa por la noche tarde?
Hoy día casi todo el mundo tiene móviles y es fácil pedir a alguien un móvil para rezar el
breviario. Pero si uno viaja con 34
desconocidos y no es conveniente, al llegar por la noche a casa sólo estaría obligado a rezar
completas. Rezar todo el breviario seguido, en un caso así, no es ni el espíritu de ese acto
litúrgico ni la voluntad de la Iglesia.
Dígase lo mismo de un sacerdote que tiene una avería en su coche y tiene que ir al taller,
atender los asuntos parroquiales urgentes y llega tardísimo a su casa después de la hora de la
cena y tiene que rezar todas las horas canónicas menos laudes. Con tranquilidad de conciencia
bastará que rece las completas antes de acostarse. No es la mente de la Iglesia que un
sacerdote retrase notablemente su descanso para cumplir con un oficio entero que
inculpablemente no le fue posible hacerlo.
Si ese sacerdote tiene la costumbre de orar una hora ante el sagrario antes de acostarse,
tampoco tiene obligación de sacrificar su oración personal por el mero hecho de cumplir con la
ley. Si le da devoción rezar las horas canónicas una detrás de otra, hágalo. Pero si no es así,
basta con que rece vísperas, haga su oración mental y acabe con completas. Es decir, en casos
imprevistos y excepcionales, váyase al espíritu de la Ley sin crearse preocupaciones pensando
que se peca.
¿Estoy en pecado mortal si no rezo el breviario?
La ley que obliga a un clérigo al rezo del oficio es santa, obliga en conciencia, pero no se debe
ver como una obligación férrea que nos lleva al pecado mortal si surge una ocasión
excepcional e imprevista. No es la mente de la Iglesia que un clérigo tenga que rezar todo el
oficio entero después de la cena. Pero si sólo son algunas horas, inténtese distribuirlas entre la
cena y el descanso nocturno, haciendo pausas entre ellas, cambiando de actividad entre ellas.
35
Desde luego el sacerdote que voluntariamente deja de rezar laudes o vísperas sin ninguna
razón, comete un pecado grave contra la promesa que hizo a su obispo de rezar las horas
canónicas. Y si deja de rezar las horas menores sin ninguna razón, comete pecado venial.
¿Es preferible realizar la liturgia de las horas con vestidura sacerdotal?
El sacerdote no debe tener escrúpulo de conciencia por rezar las completas o las laudes
vestido con un pijama. Tampoco, en lugares de muchísimo calor, por rezar el breviario vestido
con el mínimo que requiera la dignidad. Ahora bien, aunque no ofendemos a Dios por orar de
esa manera, sí que es preferible revestirse con hábito clerical (clergyman o sotana) para
ejercer este oficio litúrgico. Si el oficio divino es un acto de alabanza, todo lo que contribuya a
esa alabanza multiplicará el efecto de bendición sobre el que lo hace: velas, incienso, postura
respetuosa. Que duda cabe que la vestidura no será algo indiferente.
36
37
Conclusión
Estimado compañero sacerdote que has llegado al final de este librito, te animo a que
coloques en tu breviario pequeños trozos de papel que te recuerden un pensamiento antes de
comenzar el rezo de éste. ¡Qué gran cosa es adorar bien a Dios en la liturgia de las horas! Los
sacerdotes debemos profundizar en la alabanza del Misterio de Dios toda nuestra vida. Y si
rezas con un móvil o una tablet, puedes tener en el mismo dispositivo un documento donde
puedas leer algún pensamiento devoto antes de emprender la oración litúrgica. Un solo
pensamiento meditado unos segundos puede ser la sal que cambie enteramente el sabor de
toda esa oración.
Laicos, recordad que, a veces, vosotros dais más gloria a Dios que los sacerdotes. Ojalá que el
altar de vuestro corazón esté siempre, continuamente, envuelto con el incienso del
recogimiento del que medita las Escrituras, y que a las horas determinadas incenséis
solemnemente alrededor de ese altar. Que revestidos con vuestra alba blanquísima, ceñidos
con el cíngulo del ascetismo, rodeéis ese altar que está en el centro de vuestro espíritu y sobre
el que se manifiesta la gloria del Altisimo.
38
[Link]
39
José Antonio Fortea Cucurull, nacido en Barbastro, España, en 1968, es sacerdote y teólogo
especializado en el campo relativo al demonio, el exorcismo, la posesión y el infierno.
En 1991 finalizó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. En
1998 se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de
Comillas. Ese año defendió la tesis de licenciatura El exorcismo en la época actual. En 2015 se
doctoró en el Ateneo Regina Apostolorum de Roma con la tesis Problemas teológicos de la
práctica del exorcismo.
Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (España). Ha escrito distintos
títulos sobre el tema del demonio, pero su obra abarca otros campos de la Teología. Sus libros
han sido publicados en ocho lenguas.
[Link]
40