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REVISTA DE PASTORAL LITÚRGICA
[Link] *Aspectos de la Eucaristía
*Sacramentales
en las Iglesias
orientales católicas
*Fe, bautismo
y pertenencia a la Iglesia
año 61 (2021) núm. 362
Centre de Pastoral Litúrgica 362
+ Diputació 231. 08007 Barcelona octubre / diciembre 2021 (año 61)
Phase
( 933 022 235 – wa 619 741 047
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phase Fundador
Pere Tena †
Director
José Antonio Goñi
Consejo
Luis Fernando Álvarez, sdb (Madrid)
Dionisio Borobio (Salamanca)
Juan María Canals, cmf (Madrid)
REVISTA DE PASTORAL LITÚRGICA
Manuel Carmona (Jaén)
Ángel Cordovilla (Madrid)
Lino Emilio Díez, sss (Madrid)
Juan Javier Flores, osb (Roma)
Jaume Fontbona (Barcelona)
Aurelio García (Valladolid – Roma)
Luis García (León)
Jaume González (Barcelona)
Ramiro González (Ourense)
Jordi Latorre, sdb (Barcelona)
Mons. Julián López (León)
Alejandro Pérez (Málaga)
Salvador Pié (Barcelona)
Jordi-Agustí Piqué, osb (Montserrat – Roma)
Lluís Prat (Solsona)
Guillermo Rosas, sscc (Santiago de Chile)
Fernando Sedano (Puebla)
Josep Urdeix (Barcelona)
Publicado por Precio de suscripción para el 2021:
Centre de Pastoral Litúrgica España: 71,00 €
+ Diputació 231. 08007 Barcelona Otros países (envío correo aéreo): 105,00 $
( 933 022 235 – wa 619 741 047
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Precio de este número: 15,00 €
ISSN 0210-3877 / D.L.: B 7504-1961 Imprenta: Ulzama Digital, S.L.
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año 61
octubre – noviembre – diciembre 2021
núm. 362
Aspectos sobre la Eucaristía.
Sacramentales en
las Iglesias orientales católicas.
Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia
Editorial
VIII Memorial Pere Tena de Pastoral Litúrgica:
Matías Augé Benet (José Antonio Goñi Beásoain de
Paulorena).......................................................................... 419
Artículos
Ricardo Reyes Castillo
La transmisión de la celebración eucarística e Internet... 421
Luis García Gutiérrez
La significatividad de la misa estacional presidida por
el obispo................................................................................ 435
Corrado Maggioni
La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su
pueblo.................................................................................... 457
José Manuel Fernández Rodríguez
Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas
según sus usos litúrgicos propios y el «Codex Canonum
Ecclesiarum Orientalium»..................................................... 469
Pablo Blanco Sarto
El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia
según Benedicto XVI.............................................................. 499
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418 Sumario
Ramiro González Cougil
El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia
Católica».............................................................................. 511
Puntos de vista
Los ritos sacramentales y la misión educadora de la Iglesia
(Enrique García Ahumada).............................................. 527
La autoridad de las lenguas habladas. Un importante
Decreto vaticano sobre las traducciones litúrgicas (Andrea
Grillo).................................................................................. 532
La Torá y la Ley divina (Juan Javier Flores Arcas)........... 536
«The Mystery of the Eucharist in the life of
the Church». Síntesis de las ideas principales
del documento (Luis Javier García-Lomas Gago)........ 541
Noticias
El 52° Congreso Eucarístico Internacional de Budapest.
«Todas mis fuentes están en ti» (Sl 87,7) (5-12 septiembre
2021) (Vittore Boccardi)..................................................... 547
Libros
Misceláneas y actas de Congresos recientemente
publicadas............................................................................. 565
Bibliografía en francés, 2021 (Emilio Vicente de Paz).... 566
Índice
Índice general del año 61 (2021)......................................... 575
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Editorial
VIII Memorial Pere Tena
de Pastoral Litúrgica:
Matías Augé Benet
José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena
Desde la revista Phase felicitamos al padre Matías Augé Benet por
el VIII Memorial Pere Tena de Pastoral Litúrgica1 que se le acaba de
conceder y cuya entrega se hará efectiva el miércoles 9 de febrero
de 2022, a las 12:00h en el aula magna del Seminario Conciliar de
Barcelona.
De esta manera se quiere poner de relieve el servicio que Matías
Augé, reconocido liturgista, ha realizado para divulgar la reforma
litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II a través de sus clases
en diferentes centros y particularmente del Pontificio Instituto
Litúrgico San Anselmo de Roma, de sus múltiples conferencias,
de sus escritos en revistas de prestigio en el ámbito de la liturgia
1 Tras la muerte del liturgista monseñor Pere Tena (1928-2013), miembro
fundador del Centre de Pastoral Litúrgica y de la revista Phase, se creó una
distinción litúrgica con el fin de mantener viva su memoria y los postula-
dos litúrgicos que él defendió y transmitió. Y así seguir promoviendo todo
aquello que ayuda a vivir la liturgia de la Iglesia en nuestro mundo actual y
recordando de manera constante la importancia de la pastoral litúrgica en la
vida cristiana.
En las anteriores ediciones este Memorial se ha concedido a la Abadía de
Montserrat (2015); a monseñor Julián López y Juan María Canals, cmf (2016);
a monseñor Víctor Sánchez (2017); a la parroquia de Santa Eulalia de Vila-
picina de Barcelona (2018); a monseñor Piero Marini (2019); a Juan Javier
Flores Arcas, osb (2020) y al Instituto de Liturgia ad instar Facultatis del Ateneo
Universitario Sant Pacià (2021).
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420 Editorial
y, entre otras, en nuestra revista Phase (ya en el año 1965 publicó
su primera colaboración), de sus asesoramientos y consejos en
diversidad de ámbitos de la liturgia.
Matías Augé Benet nació en Perafort (Tarragona) en 1936 y es
sacerdote de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón
Inmaculado de María (Claretianos). No cabe duda de que es uno
de los liturgistas más importantes del postconcilio. Ha destacado
en su vida académica como profesor del Instituto de Teología de
la Vida Consagrada Claretianum (Roma), de donde es presidente
emérito, como profesor del Pontificio Instituto Litúrgico del
Ateneo San Anselmo de Roma, donde ha enseñado durante más
de cuarenta años, como profesor en la Facultad de Teología de
la Pontificia Universidad Lateranense y en otras instituciones
universitarias eclesiásticas. Del 1994 al 2015 ha sido consultor de
la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacra-
mentos y participa actualmente en diversas de sus comisiones.
Cuenta con centenares de títulos, entre libros y artículos especiali-
zados, sobre liturgia e historia de la vida consagrada. En el Centre
de Pastoral Litúrgica tiene dos libros en la colección Biblioteca
Litúrgica: Liturgia: Historia, celebración. Teología, espiritualidad, y A
través del año litúrgico. Cristo mismo, presente en su Iglesia.
José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena
Doctor en liturgia y director de la revista «Phase».
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Núm. 362 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 421-433
La transmisión de la celebración
eucarística e Internet
Ricardo Reyes Castillo
Abstract: The aim of this paper is Resumen: La intención de este
to clarify some of the funda- escrito es aclarar algunos de los
mental elements of the Eucha- elementos fundamentales de
ristic celebration in order to la celebración eucarística para
understand the extent to which comprender hasta qué punto
we must defend the vibrant debemos defender el cora-
heart of our faith. To this zón palpitante de nuestra fe.
aim, it explains the mode and Para ello se explica el modo y
liturgical permissibility of the la permisividad litúrgica de la
celebration of the Mass broad- celebración de la misa trans-
casted by TV or streaming and mitida por TV o streaming y la
the distinction of the celebra- distinción de las celebraciones
tions interactively broadcas- transmitidas interactivamente a
ted through videoconferencing través de portales de videocon-
sites in the emergency time of ferencia en el tiempo de emer-
Covid-19, seeking to offer a gencia de Covid-19, buscando
useful tool for all for a greater ofrecer una herramienta útil
understanding of the Eucharist para todos de cara a una mayor
and the participation in it. comprensión de la Eucaristía y
la participación en ella.
Keywords: self-giving, Eucharist,
Internet, relationship, unity. Palabras clave: donación, Eucaris-
tía, Internet, relación, unidad.
Ricardo Reyes Castillo. Nació en Grenoble, Francia, 1974; de
padres panameños. Sacerdote de la diócesis de Roma desde
2003. Doctorado en Sagrada Liturgia por el Pontificio Ateneo
San Anselmo. Actualmente presenta servicio ante la Santa Sede
en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
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422 Ricardo Reyes Castillo
C ada momento de crisis nos plantea nuevos retos, mostrando
nuestras carencias y convirtiéndose en una oportunidad para
descubrir nuevos recursos (cf. Sl 94,12). Por eso estamos llamados
a vivir este tiempo en profundidad, a callar para escuchar nuestra
voz y, sobre todo, la voz de Dios, que es la única capaz de dar sentido
a la precariedad de nuestros días. Se ha abierto un tiempo de gracia
por el que todos, fieles y pastores, estamos urgidos a redescubrir
la santidad de la liturgia y a interrogarnos profundamente para
comprender el sentido de lo que está sucediendo y aprovechar las
oportunidades, para dar un verdadero fundamento al futuro que
queremos reconstruir.
En la época de la pandemia, muchos sacerdotes trataron de acom-
pañar a las personas en sus dificultades permaneciendo cerca
de ellas, aunque estuvieran físicamente distantes, utilizando las
tecnologías web. Sin duda, tales iniciativas fueron dictadas por
el profundo celo apostólico y la inclinación paternal de muchos
pastores. Porque como dijo el papa emérito Benedicto XVI:
El entorno digital no es un mundo paralelo o puramente virtual,
sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchas personas,
especialmente de los jóvenes.1
Pero, al mismo tiempo, no debemos perder de vista que la «Iglesia
está con el pueblo», como nos recordó el papa Francisco, y lamen-
tablemente a través de estas celebraciones digitales caemos en el
absurdo de una Iglesia en la que estamos juntos sin estarlo real-
mente. El Santo Padre también nos instó a estar atentos al peligro
de una fe virtual, gnóstica, sin contactos reales, pero vivida vía
streaming, que termina por «viralizar» los sacramentos. No solo
eso, sino que lo reiteró:
Una familiaridad sin comunidad, una familiaridad sin pan, una
familiaridad sin la Iglesia, sin el pueblo, sin los sacramentos es peli-
grosa. Puede convertirse en una familiaridad –digamos– gnóstica,
una familiaridad para mí solo, desvinculada del pueblo de Dios. La
familiaridad de los apóstoles con el Señor fue siempre comunitaria,
1 Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunica-
ciones Sociales, 12 de mayo de 2013.
Núm. 362 – Phase 61 (2021) 421-433
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La transmisión de la celebración eucarística e Internet 423
fue siempre en la mesa, signo de la comunidad. Siempre fue con el
Sacramento, con el pan.2
La «celebración digital» de hoy, por tanto, puede identificar la
excepcionalidad del momento, pero sigue siendo un túnel del
que hay que salir.
Por ello, explicaré el modo y la permisividad litúrgica de la celebra-
ción de la misa transmitida por TV o streaming y la distinción de las
celebraciones transmitidas interactivamente a través de portales
de videoconferencia en el tiempo de emergencia de Covid-19,
buscando ofrecer una herramienta útil para todos de cara a una
mayor comprensión de la Eucaristía y la participación en ella.
1. Contexto general
No se puede pretender hablar de liturgia, y mucho menos vivir
la liturgia, sin tener en cuenta todos los peligros que amenazan
al hombre de hoy: un pensamiento débil en el que ya no hay una
verdad, sino el carácter fragmentario del conjunto en el que todo
es posible y sustituible. Una sociedad líquida en la que todo pasa
y nada permanece. Una visión nihilista en la que triunfa lo útil. El
punto de apoyo de todo acto humano es la búsqueda exasperada
de lo útil, nuevo criterio de verdad, que le lleva a alejarse irreme-
diablemente de lo Verdadero y del misterio del propio hombre.
Ciertamente, en una cultura orientada a la utilidad, lo primero que
pierde valor es lo que no es medible, cuantificable, no monetizable,
los sacramentos in primis.
También hay que tener en cuenta los efectos que los medios
digitales pueden tener en las relaciones, porque de hecho están
evolucionando y no son solo relaciones cara a cara, y esto hay que
reconocerlo.3
2 Francisco, Homilía en la Celebración en la Capilla de Casa Santa Marta, 17
de abril de 2020.
3 «Ha cambiado, pues, la concepción de la relación, no entendida ya
como capacidad de acoger al otro con su diversidad y vivir juntos, sino buscada
como forma de autorrealización y de felicidad personal. De acontecimiento dual,
la relación se ha convertido en un evento personal, a caballo entre la esfera de
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424 Ricardo Reyes Castillo
Sin embargo, hoy asistimos a un panorama inédito y poco estu-
diado: grupos ya establecidos, de la parroquia y no solo, celebran
sus reuniones utilizando el espacio virtual y en línea a través de
una red social. La relación pasa de ser «personal y comunitaria»
a ser digital y mediada por pantallas. Al tratarse de un fenómeno
completamente nuevo, sabemos poco sobre las posibles conse-
cuencias en la persona y en el grupo de dicho cambio, aunque
esta modalidad complica sin duda la evaluación y la gestión de la
información propias de la comunicación:
El hecho de que la mediación se realice a través de una máquina
tiende a reducir la conciencia de estar en contacto con otras personas.4
2. Otras formas de culto cristiano
El tiempo de la cuarentena fue una oportunidad para redescubrir
la belleza de la oración individual y familiar, el tesoro que escon-
den la Liturgia de las Horas y la Sagrada Escritura. Así como la
meditación del santo Rosario y otras muchas oraciones a la Virgen
Madre, maestra del silencio.
De hecho, podemos considerar este momento particular como un
momento privilegiado para devolver a la oración su valor, para
devolverle su verdadera esencia original.5 Es fundamental reen-
contrarnos con la vida interior y comprender que en la oración tiene
lugar algo mucho más grande que nosotros mismos: es un acto que
toca a la persona en todas sus dimensiones y la lleva a la unidad.
En efecto, al orar, el cristiano participa en un acto histórico (en la
oración me apoyo en el pasado, vivo el hoy y vislumbro el mañana
en la certeza de la vida eterna –Cristo «ayer, hoy y siempre»–), en
un acto cósmico (todo el universo da un vuelco en el encuentro
entre Dios y el hombre) y, sobre todo, en un acto que desvela el
lo privado y la de lo público» [Rosa Grazia Romano, «Il bisogno di relazione
nell’era digitale», Studium Educationis 3 (2017) 11].
4 D. McQuail, Sociologia dei media, Bologna 2007, 118.
5 Cf. M. Magoni, «La domenica non andando alla messa. “Dovere” andare
a messa senza “potere” andarci», Rivista di pastorale liturgica, Numero speciale
2 (Giugno 2020) 17-19.
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La transmisión de la celebración eucarística e Internet 425
gran misterio de la victoria de Cristo sobre la muerte que libera
definitivamente a la persona.
Es el momento de estar en comunión con Él a través de la medita-
ción de la Palabra de Dios. El Dios infinito «habla a los hombres
como amigos, movido por su gran amor (cf. Ex 33,11; Jn 15,14-15)
y mora con ellos (cf. Ba 3,38), para invitarlos a la comunicación
consigo y recibirlos en su compañía».6 Todo creyente, como esposo
del Verbo hecho carne y guiado por el Espíritu Santo, está llamado
a profundizar en «el alimento de las Escrituras, que ilumine la
mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los
hombres en el amor de Dios».7 Por eso, todos estamos llamados a
una «lectura frecuente de las divinas Escrituras».8
Del mismo modo, es necesario redescubrir cómo la Liturgia de las
Horas es un verdadero instrumento para marcar el tiempo ilumina-
dos por Cristo. Además, la oración con el Salterio es una verdadera
arma en la lucha espiritual, un remedio contra los pensamientos y
una guía en la santificación de los fieles.9 Es importante recordar
que la Liturgia de las Horas, según el Concilio Vaticano II,10 es una
celebración litúrgica de toda la Iglesia porque en ella:
Cristo une a sí toda la comunidad humana, de tal manera que se
establece una íntima unión entre la oración de Cristo y la de todo el
género humano […]. En Cristo radica, por tanto, la dignidad de la
oración cristiana, al participar esta de la misma piedad para con el
Padre y de la misma oración que el Unigénito expresó con palabras
en su vida terrena y es continuada ahora incesantemente por la Iglesia
y por sus miembros.11
6 DV 2.
7 DV 23.
8 DV 25.
9 «La santificación humana y el culto a Dios se dan en la Liturgia de las
Horas de forma tal que se establece aquí aquella especie de correspondencia
o diálogo entre Dios y los hombres» (OGLH 14).
10 «Esta función sacerdotal (de Cristo) se prolonga a través de su Iglesia…
no solo celebrando la Eucaristía, sino también de otras maneras, principal-
mente recitando el Oficio divino» (SC 83).
11 OGLH, 6 y 7.
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426 Ricardo Reyes Castillo
3. La Eucaristía
Por eso, hoy más que nunca hay que devolver su lugar a la ora-
ción, especialmente a la Eucaristía, verdadero punto de unidad y
fuente de la novedad del ser cristiano. Para ello es necesaria una
verdadera y propia formación litúrgica, que se interrogue sobre el
verdadero significado de la «participación activa de los fieles» y
subraye cómo esta, según el Concilio Vaticano II, no es una simple
participación, sino un dar a Dios «su lugar» como verdadero prota-
gonista de la celebración que actúa concretamente en la vida de los
fieles a través de la acción litúrgica.12 Resulta entonces fundamental
subrayar algunos aspectos de la Eucaristía: su carácter de relación,
su carácter de donación total y su carácter de acontecimiento único
que conduce a la unidad de la persona.
– Relación: Toda la Escritura es un continuo acercamiento
de Dios a su criatura para llevarla a la vida plena. Cristo, al
encarnarse y entrar en relación con el hombre, ha creado una
vía de comunicación entre el cielo y la tierra, Dios entra en
diálogo directo con su criatura. La encarnación es el aconte-
cimiento fundamental, a través del cual Dios nos muestra su
ser relación, pero sobre todo nos muestra la necesidad de que
esta relación sea real y concreta, ligada a gestos y palabras.
Por eso, nuestra fe es una espiritualización encarnada y los
Sacramentos son los acontecimientos en los que se concreta
esta relación. A través de lo que ocurre en la celebración, como
lugar de encuentro con Dios y con los hermanos, no solo somos
atraídos sino que somos injertados en el diálogo con Aquel
que es relación. Estar en relación con Dios, especialmente a
través de la vida sacramental, supone la presencia de los fieles
como miembros del cuerpo de Cristo unidos a su cabeza. La
Eucaristía, de hecho, es la fuente de la comunión que crea la
Iglesia como pueblo de Dios.13 Los cristianos somos un pueblo
12 Cf. R. Reyes, L’unità nel pensiero liturgico di Joseph Ratzinger, Roma CLV
2011, 254-257.
13 «Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida
cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente
con ella. Y así, sea por la oblación o sea por la sagrada comunión, todos tienen
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La transmisión de la celebración eucarística e Internet 427
que encuentra su identidad en el encuentro real con el Señor
y con los hermanos, con quienes formamos la Iglesia.
– Donación: La Eucaristía es una relación personal por la que
el Señor se entrega totalmente, haciéndonos partícipes de su
ser, de su pasión, muerte y resurrección. Es en el partirse de
Cristo por nosotros, en su entrega total hasta la muerte, donde
somos transformados. Jesús dirá a sus discípulos: «Haced esto
en memoria mía», porque el único modo en que el hombre
puede experimentar la eternidad de Dios es saboreando la
entrega de Dios por él. En la invitación de Jesús a partir el pan
en su memoria hay un doble mandato: celebrar la Eucaristía
y convertirse en Eucaristías vivas. Entonces entendemos las
palabras de san Pablo: «Os exhorto, pues, hermanos, por la
misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como
sacrificio vivo, santo y agradable a Dios; este es vuestro culto
espiritual» (Rom 12,1). El verdadero culto espiritual es la ora-
ción de toda la persona que, al llevar su ofrenda al altar, con
espíritu contrito y humillado, participa en los sufrimientos
de Cristo para «ser glorificados con Él» (Rom 8,17). Por eso la
Eucaristía es el acontecimiento por excelencia a través del cual
la vida de todo hombre encuentra sentido y es un verdadero
encuentro, un verdadero acto de amor al mismo tiempo único
y eterno.
– Unidad: la Eucaristía es el lugar donde se realiza la unidad
del amor en la que el hombre encuentra una respuesta a su
propia existencia y, frente a un mundo caracterizado por la
separación, tiene la posibilidad de ser profundamente uno
en sí mismo y con Dios. La verdadera novedad de la liturgia
cristiana es la unidad que se realiza siempre en la celebración y
en la vida del cristiano al experimentar el misterio pascual. La
en la celebración litúrgica una parte propia, no confusamente, sino cada uno
de modo distinto. Más aún, confortados con el cuerpo de Cristo en la sagrada
liturgia eucarística, muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo
de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este
augustísimo sacramento» (Lumen Gentium 11).
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428 Ricardo Reyes Castillo
propia acción litúrgica de la misa se caracteriza por la unidad
intrínseca entre Eucaristía y Palabra de Dios:
La Eucaristía es nuestro pan de cada día [...].La virtud propia de
este alimento es que produce la unidad, de modo que, reducidos
a ser el cuerpo de Cristo, convertidos en sus miembros, seamos lo
que recibimos [...]. Y así también las lecturas que escucháis cada
día en la Iglesia son el pan de cada día, y escuchar y recitar los
himnos es el pan de cada día. Estos son los soportes necesarios
para nuestra peregrinación terrestre.14
En la celebración eucarística, donde el hombre experimenta la
unidad de Dios y con Dios, tiene lugar la unidad de lo real: el
hombre se unifica en sí mismo y recibe la posibilidad de estar en
comunión con el otro. El hombre es unificado en sí mismo: la mate-
ria recibe el esplendor del espíritu, que la llena de luz, y al mismo
tiempo el espíritu recibe fuerza a través del elemento corporal. De
hecho, la actitud litúrgica es siempre una actitud física y espiri-
tual, por lo que el acto de adorar con el cuerpo refleja y brilla de la
adoración del espíritu. El dónde el hombre recibe la posibilidad de
estar en comunión con el otro: a medida que la oración se expande,
la unidad del hombre se abre a toda la realidad, abriéndose en la
caridad a la comunión con el otro, formando la Iglesia. La Eucaristía
es, pues, el lugar de unión con Cristo, en el que la Iglesia encuentra
su esencia y en el que se realiza la unidad entre liturgia y vida, que
posee en sí misma esa fuerza que impulsa al cristiano a proclamar
la victoria de Cristo sobre la muerte, elevando la mirada al cielo.
De ahí la centralidad de la Pascua en la celebración litúrgica: en el
misterio pascual, de hecho, se encuentra el verdadero centro que
unifica al cristiano y a toda la Iglesia. La liturgia eucarística es, pues,
el corazón palpitante de la Iglesia, fuente vital del cristiano, lugar
de encuentro entre las Iglesias hermanas e impulso primordial de
toda misión.
14 San Agustín, Discursos 57, 7, 7 (Opere di Sant’Agostino XXX/1), Roma
1982, 171-173; cf. PL 38, 389.
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La transmisión de la celebración eucarística e Internet 429
4. Liturgia e Internet
Teniendo en cuenta el aspecto relacional, de donación y unidad
propios de la Eucaristía, podemos preguntarnos sobre el modo y
las posibles consecuencias del uso de Internet en la transmisión
de las celebraciones. Sin duda, la red nos plantea nuevos retos y
oportunidades para la evangelización, pero debemos ser pruden-
tes y pedir al Espíritu Santo que nos ilumine sobre el futuro de la
Iglesia, teniendo en cuenta todos los posibles riesgos.15
Pero hay que distinguir claramente entre las celebraciones euca-
rísticas transmitidas por streaming o televisión y las celebradas
interactivamente a través de portales de videoconferencia.
Las primeras, en realidad, muestran a quienes las miran detrás de
un dispositivo, un acontecimiento que tiene lugar en otro sitio, pero
que se conserva en su integridad y es, por tanto, total en sí mismo:
Toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su
Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya efi-
cacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna
otra acción de la Iglesia.16
En ese evento está Cristo y su cuerpo que es la Iglesia. Así, las
personas que están postradas en una cama o enfermas, o que por
válidas razones no pueden participar en la Eucaristía, siguiendo
las transmisiones televisivas viven la celebración eucarística, en
un modo diferente, no de una manera plena o real. Ciertamente,
el dolor y el sufrimiento de no poder participar en modo pleno
a la Eucaristía, es aquella ofrenda santa y pura que le agrada al
Señor. Por este motivo aquellos que están imposibilitados a asistir
a la celebración eucarística, ofreciendo sus dolores cotidianos,
de hecho participan al sacrificio de Cristo y uniéndose a él se
convierten así en Eucaristías vivas, hombres y mujeres capaces
15 «Durante esta cuarentena la liturgia católica, la trabajosamente recupe-
rada por Sacrosanctum Concilium y su reforma, ha sufrido un golpe enorme:
también emprendedores de lo sagrado, con sotana o sin ella, han hecho su
parte» [L. Diotallevi, «Liturgia in quarantena: possibili effetti», Rivista di
pastorale liturgica, Numero speciale 2 (Giugno 2020) 11].
16 SC 7.
362 [Link] 429 16/12/2021 16:29:55
430 Ricardo Reyes Castillo
de dar la vida por Cristo y por la Iglesia. Durante la época de la
pandemia, estas celebraciones retransmitidas por streaming o por
televisión, como las presididas por el Santo Padre, fueron una
gran ayuda para conservar y hacer crecer el deseo de la misa en
muchos fieles. Sin embargo, como el propio Papa ha demostrado,
son circunstanciales, es decir, pueden ser de ayuda en un momento
determinado, pero ciertamente no durante un periodo de tiempo
estable y continuado.
Hay que ser muy prudentes con las celebraciones eucarísticas inte-
ractivas a través de portales de videoconferencia.17 Normalmente,
en este tipo de celebraciones, el sacerdote que preside se encuentra
en un lugar diferente al de los fieles. Sin embargo, existe el peligro
de que los fieles puedan interactuar leyendo las lecturas, cantando
el salmo responsorial y otros cantos litúrgicos, y respondiendo a
las invocaciones del sacerdote celebrante desde sus propias casas.
Este modo tiene muchos riesgos porque hiere la relacionalidad
del acontecimiento sacramental, su carácter de donación total y
su singularidad como Sacramento que conduce a la unidad. En
realidad se lesiona en la raíz aquello que es propio de la Eucaristía,
el encarnarse de Cristo y su manifestarse al mundo entero. Cristo
resucitado aparece a los discípulos en modo real, come con ellos
y se deja tocar, mostrando su amor a través de un evento concreto
y tangible, el partir el pan, y permaneciendo en la historia como
memorial. Este no es un simple recuerdo sino un evento único y
vivo en el que se hace presente la victoria de Cristo sobre todo
límite y que da un sentido a nuestra existencia.
Por este motivo no se puede reducir el valor y la importancia fun-
damental de la relación interpersonal que se vive en la Eucaristía.
Esta es una relación histórica en la cual el celebrar juntos presupone
la presencia de los fieles, un encuentro real, como también debe ser
17 Sintobin refiriéndose a las celebraciones a través de Zoom afirma: «La
de participar y celebrar juntos mediante una plataforma digital, en lugar de
mirar como extraños mientras el sacerdote “dice” a solas la Misa transmitida,
es ciertamente una solución mejor» (N. Sintobin, «Celebrazioni Digitali? Una
domanda dall’esperienza», La Civiltà Cattolica (4078, maggio/giugno 2020,
396-398).
362 [Link] 430 16/12/2021 16:29:55
La transmisión de la celebración eucarística e Internet 431
tangible el acontecimiento que une al pueblo de Dios con Cristo en
un único acto de amor capaz de transformar y llevar a la unidad
el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por eso, la Eucaristía, siendo
Sacramento de unidad, debe celebrarse en un único lugar, a través
de relaciones reales y concretas (no digitales) que den frutos de
comunión creando y dando vida a la comunidad:
No se va a misa simplemente para comulgar, sino para vivir la comu-
nión. No cabe duda de que las herramientas telemáticas ponen en
contacto a las personas, anulando en cierto modo las distancias no
solo con la voz, sino también con la imagen en directo. Esto logra
ciertamente una comunión afectiva pero, por muy preciosa que sea,
nunca podrá sustituir la alegría de la presencia física.18
Es importante, a este respecto, cuanto se afirma en el documento
La Iglesia e Internet:
La realidad virtual no puede sustituir la presencia real de Cristo en
la Eucaristía, la realidad sacramental de los demás Sacramentos y
el culto compartido en el seno de una comunidad humana de carne
y hueso. No hay Sacramentos en Internet.19
Aquí se abre otro tema interesante: el espacio o lugar de oración
como reunión de fieles en torno al Señor. No es casualidad que la
Iglesia, ἐκκλησία, de la raíz veterotestamentaria qãhãl, significa
«asamblea del pueblo». Y así como Israel adquiere su identidad
de pueblo elegido al recibir la Ley en el Monte Sinaí, la Iglesia es
estar juntos en torno a Cristo, Palabra y sacramentos. Por eso san
Pedro20 habla del edificio espiritual hecho de piedras vivas, no de
una estructura inerte, sino de algo vivo, construido por personas
concretas y fundado en el único capaz de permitir la unidad. Es
precisamente el celebrar juntos la Eucaristía lo que constituye la
Iglesia.
18 S. Sirboni, «La comunione spirituale. Ragioni, uso e abuso», Rivista di
pastorale liturgica, Numero speciale 2 (Giugno 2020) 20.
19 Pontificio Consiglio delle Comunicazioni Sociali, La chiesa e Inter-
net, Città del Vaticano, 2002.
20 Cf. 1Pe 2,4-10
362 [Link] 431 16/12/2021 16:29:55
432 Ricardo Reyes Castillo
Por último, creo que con el uso del mundo digital se corre el riesgo
de vivir la vida sacramental como un compromiso a la baja. La
convocatoria y la presencia real de un pueblo festivo predispone
a elevar los ojos al cielo, mientras que mirar a través de una pan-
talla hace que la oración sea horizontal y que la participación, más
que adoración, se convierta en diálogo entre los fieles. Esto puede
reducir la celebración a un ritual o, peor aún, a un espectáculo
en el que el sacerdote se convierte en protagonista. Este riesgo
es real y se incrementa aún más por el hecho de que el celebrante
está absorbido por la cámara de vídeo y en la pantalla mira a los
participantes presentes y los participantes le miran a él y a las otras
personas en los recuadros de la teleconferencia. De hecho, la aten-
ción se centra más en el medio que en la oración y la intimidad con
Dios. Entonces se puede perder de vista que la verdadera belleza
de la Eucaristía es volverse hacia el Señor.
5. Conclusiones
Mi intención en este trabajo ha sido aclarar algunos de los elemen-
tos fundamentales de la celebración eucarística para comprender
hasta qué punto debemos defender el corazón palpitante de
nuestra fe. Soy consciente del gran dolor que muchos fieles han
experimentado al no poder participar en la celebración eucarística
y estoy seguro de que este prolongado ayuno provocará un mayor
deseo de estar con el Señor a través de la vida sacramental.
Lo que no podemos hacer es caer en una banalización de lo que
es precioso, la misa, por nuestra propia necesidad. Ha habido
santos mártires que dieron su vida para defender la Eucaristía
y nosotros debemos hacer lo mismo. Hoy el enemigo está más
escondido, no tiene espadas, ni nos amenaza con insultos, pero,
de forma solapada se insinúa a través del concepto de que «todo
está permitido». Baste pensar en los métodos de distribución de
la Eucaristía («hostia take-away», para llevar) que se alejan del
espíritu de la propia liturgia.
Quisiera concluir con un ejemplo. Todos podemos despedirnos de
un ser querido con una llamada telefónica, pero es muy diferente
cenar juntos, escuchar a la otra persona mirándola a los ojos y salu-
362 [Link] 432 16/12/2021 16:29:55
La transmisión de la celebración eucarística e Internet 433
darse con un abrazo. La amistad con Dios debe ser atesorada como
una perla preciosa. Por eso no podemos empobrecer la belleza y
la profundidad del encuentro con el Señor que se produce en los
Sacramentos para satisfacer nuestras necesidades personales.
Debemos comprender que la Eucaristía es un don que recibimos
gratuitamente de Dios, algo muy elevado, algo sagrado, y debemos
acogerlo y contemplarlo con veneración y amor. Dios nos ha dado
a su Hijo, una persona concreta: amémoslo, atesorémoslo y sobre
todo aprovechemos esta oportunidad que Dios nos da de estar
con él. Hagamos como María de Betania, que supo elegir la parte
mejor, para estar a los pies de Cristo. San Agustín, comentando este
pasaje, dice que Jesús se dirigió a Marta y exclamó: «Tú todavía
estás en el viaje por mar, ella ya está en el puerto».21 La parte mejor es
estar con el Señor, que es el único puerto seguro. Oremos para que
este tiempo de pandemia se convierta en una fuente de novedad
en nuestras vidas y en una oportunidad para encontrar nuevos
recursos que nos permitan crecer humana y espiritualmente.
21 San Agustín, Discurso 104, 3.
362 [Link] 433 16/12/2021 16:29:55
VIII Memorial Pere Tena
de Pastoral Litúrgica
Al Dr. Matías Augé Benet, cmf
Miércoles 9 de febrero de 2022,
a las 12 del mediodía,
en el Aula Magna
del Seminario Conciliar de Barcelona,
calle de la Diputación 231
Centre de Pastoral Litúrgica
de Barcelona
362 [Link] 434 16/12/2021 16:29:56
Núm. 362 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 435-455
La significatividad de
la misa estacional
presidida por el obispo
Luis García Gutiérrez
Abstract: This article delves into Resumen: El presente artículo se
the Stational Mass of the adentra en la misa estacional
bishop in order to show its del obispo para mostrar sus
most important theological aspectos teológicos y litúrgicos
and liturgical aspects that will más destacados que permitan
enable a good pastoral care of llevar a cabo una buena pasto-
the liturgical celebration in the ral de la celebración litúrgica en
life of the particular Church. la vida de la Iglesia particular.
This celebration will be framed Esta celebración se enmarcará
within the whole of the episco- en el conjunto del ministerio
pal ministry in the diocese and episcopal en la diócesis y más
more specifically in the litur- concretamente en el ministerio
gical ministry of the bishop as litúrgico del obispo en cuanto
moderator of the liturgical life moderador de la vida litúrgica
of the diocese. diocesana.
Keywords: diocese, Eucharist, Sta- Palabras clave: diócesis, Eucaristía,
tional Mass, bishop. misa estacional, obispo.
Luis García Gutiérrez es sacerdote de la diócesis de León y licen-
ciado en liturgia, ejerce su ministerio como canónigo de la
colegiata de San Isidoro y vicario general; estuvo al frente del
Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.
362 [Link] 435 16/12/2021 16:29:56
436 Luis García Gutiérrez
Junto a un único altar que el obispo preside (SC 41).
Ha de tener una consideración especial la concelebración en la que
los presbíteros de una diócesis concelebran con el propio obispo, en
la misa estacional […] el signo de la unidad del sacerdocio y de la
Iglesia, que es característico de toda concelebración, se manifiesta
de una manera más evidente (OGMR 203).
L a presente colaboración pretende mostrar los aspectos teoló-
gico-litúrgicos más destacados de la liturgia estacional que el
obispo preside. No pretende ofrecer un compendio de rúbricas y
recomendaciones prácticas para la buena marcha de esta celebra-
ción, sino que, a partir de los libros litúrgicos reformados por el
Concilio Vaticano II y sus praenontanda, se atenderá más bien a los
aspectos teológico-litúrgicos en orden a una buena pastoral de la
celebración litúrgica en la vida de la Iglesia particular.
Por razones obvias, antes de abordar todo ello se hace necesario
encuadrar esta celebración tan significativa en el conjunto del
ministerio episcopal en la vida de la diócesis y en el específico
ministerio litúrgico de quien es el moderador de toda la vida
litúrgica de la Iglesia particular.
Concluiremos con algunas aplicaciones de orden más práctico y
que se deducen de los libros litúrgicos actuales.
1. El obispo en la vida de la diócesis
Antes de llegar al campo litúrgico, se hace necesario partir
de los aspectos más destacados del ministerio del obispo en
relación al pueblo de Dios que le ha sido confiado; todo ello
sin pretender, no obstante, ser exhaustivos en la presentación
de la teología del ministerio episcopal ni en la reflexión sobre
la Iglesia particular.
Sin entrar en la discusión sobre la conveniencia del término «Iglesia
particular» o «Iglesia local» –que aquí usaremos indistintamente–,
hay que afirmar el origen de las diócesis: estas no nacen como una
división de la Iglesia universal sino «mediante la concentración
Núm. 362 – Phase 61 (2021) 435-455
362 [Link] 436 16/12/2021 16:29:56
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 437
de la Iglesia en su propio carácter del acontecimiento»;1 dicho con
otras palabras, la Iglesia particular no es una delegación de otro
órgano más extenso o una distribución administrativa del pueblo
de Dios, sino la realización de la Iglesia universal en un lugar y en
un tiempo concretos.
Para destacar este aspecto, el Concilio Vaticano II cuando habla
de la diócesis y del ministerio episcopal, recurre genialmente al
término «portio», que expresa al mismo tiempo la singularidad
–diócesis– y la referencia al conjunto –Iglesia universal–:
Cada obispo, que está al frente de una Iglesia particular, ejerce su
gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido
confiada, no sobre otras Iglesias ni sobre la Iglesia universal. Pero,
como miembro del Colegio episcopal y legítimo sucesor de los Após-
toles, cada uno tiene el deber, por voluntad y mandato de Cristo,
de preocuparse de toda la Iglesia. Aunque esto no se realiza por
medios de un acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, mucho
al progreso de la Iglesia universal.2
La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un
obispo para que la apaciente con la colaboración del presbiterio.
Así, unida a su pastor, que la reúne en el Espíritu Santo por medio
del Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En
ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una,
santa, católica y apostólica.3
Así mismo, desde los mismos orígenes la Iglesia local está vincu-
lada a la misión de un obispo, sucesor de los apóstoles y garante de
1 S. Pié-Ninot, Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana,
Salamanca 2007, 335.
2 Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen
Gentium (LG), núm. 23. Texto original en latín: «Singuli Episcopi, qui parti-
cularibus Ecclesiis praeficiuntur, regimen suum pastorale super portionem
Populi Dei sibi commissam».
3 Concilio Vaticano II, Decreto Christus Dominus sobre el ministerio
pastoral de los obispos (ChD), núm. 11. Texto original en latín: «Dioecesis
est Populi Dei portio, quae Episcopo cum cooperatione presbyterii pascenda
concreditur, ita ut, pastori suo adhaerens ab eoque per Evangelium et Eucha-
ristiam in Spiritu Sancto congregata, Ecclesiam particularem constituat, in qua
vere inest et operatur Una Sancta Catholica et Apostolica Christi Ecclesia».
362 [Link] 437 16/12/2021 16:29:57
438 Luis García Gutiérrez
la comunión con el papa y, por lo tanto, con el resto de las Iglesias
y con la Iglesia universal;4 y viceversa, la misión del obispo queda
siempre referida a un lugar concreto. En efecto, así se entiende
porqué desde el primer milenio fueron prohibidas las ordenaciones
absolutas, es decir, aquellas en las que el ordenado no se vinculaba
a una portio concreta. Incluso, hoy en día, los obispos auxiliares
y otros prelados que tienen una misión en la curia vaticana, por
ejemplo, se les da el título de una diócesis histórica; de forma que,
si bien es cierto que no tienen fieles, formalmente sí tienen una
Iglesia local a su cargo.
Son bien significativas, en este sentido, las palabras que, ya a prin-
cipios del siglo ii, san Ignacio de Antioquía dirigía a los cristianos
de Esmirna:
Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al presbiterio
como a los apóstoles. Respetad a los diáconos como al mandamiento
de Dios. Nada de lo que atañe a la Iglesia lo hagáis sin el obispo. Solo
ha de considerarse válida aquella Eucaristía que esté presidida por
el obispo o por aquél en quien él mismo delegue. Donde aparezca
el obispo, esté allí la comunidad, así como donde esté Jesucristo, allí
está la Iglesia católica. No es lícito bautizar ni celebrar la Eucaristía
sin el obispo. Sin embargo, lo que este apruebe, es agradable a Dios
para que todo lo que hagáis sea sólido y válido.5
De estas palabras se deduce de forma inmediata la misión capi-
tal del obispo y la directa relación que tiene su ministerio con la
misión de santificar. En efecto, en estos dos números reseñados se
enumera la celebración litúrgica de la Eucaristía y el sacramento
del bautismo; precisamente dos sacramentos clave, directamente
relacionados con el nacimiento y nutrimento de la vida de los
cristianos.
Pero, además de la misión de santificar, el obispo ejerce en su
diócesis la misión de enseñar y de gobernar bajo la guía y en
4 Cf. LG 18, 20 y 22.
5 San Ignacio de Antioquía, «Carta a los esmirniotas (cap. VIII, 1-2)»,
en Fuentes Patrísticas 1, J. J. Ayán Calvo (ed. ), Madrid 1991, 177.
362 [Link] 438 16/12/2021 16:29:57
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 439
comunión con el papa y asistido por los presbíteros y diáconos.6
Este triple munus fue puesto de relieve de forma eminente en el
Concilio Vaticano II7 y mantenido con firmeza en toda la reflexión
eclesiológica posterior.
El Pontifical Romano expresa esta triple misión en los praenotanda
de la ordenación del obispo, al describir los ritos de la ordenación.
El uso que se hace del Evangeliario en la celebración se relaciona
con la misión de predicar la palabra de Dios:
Por la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza del
ordenando mientras se pronuncia la plegaria de ordenación, y por la
entrega del mismo en manos del ordenado, se declara como función
principal del obispo la predicación fiel de la palabra de Dios.8
Este rito es acompañado de las siguientes palabras:
Recibe el Evangelio y proclama la palabra de Dios con deseo de
instruir y con toda paciencia.9
Por su parte, el rito de la unción con el santo crisma expresa la
misión del sacerdocio supremo que en adelante le compete al orde-
nado en unión con Cristo sacerdote: «Por la unción de la cabeza se
significa la peculiar participación del Obispo en el sacerdocio de
6 Cf. CEC 880 y 886.
7 El decreto Christus Dominus describe como un «deber» esta triple misión
en su capítulo segundo, cuando aborda la relación de los obispos con las
Iglesias particulares o diócesis: deber de enseñar (núms. 12-14), deber de
santificar (núm. 15) y deber de regir y apacentar (núm. 16). Véase también
LG 24: «Los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor, al
que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misión de enseñar a
todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos
los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos,
consigan la salvación».
8 Pontifical Romano, reformado por mandato del concilio Vaticano II, reformado
por su santidad el papa Pablo VI y revisado por su santidad el papa Juan Pablo II,
aprobado por la Conferencia Episcopal Española y confirmado por la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ordenación del Obispo, de
los presbíteros y de los diáconos (PRO), Barcelona 21998, núm. 26.
9 PRO 50.
362 [Link] 439 16/12/2021 16:29:57
440 Luis García Gutiérrez
Cristo».10 En el mismo sentido se expresan también las palabras
que dice el ordenante mientras realiza la unción:
Dios, que te ha hecho partícipe del sumo sacerdocio de Cristo,
derrame sobre ti el bálsamo de la unción, y con sus bendiciones te
haga abundar en frutos.11
Finalmente, la entrega del báculo pastoral indica su responsabi-
lidad de gobierno:
Por la entrega del báculo pastoral, [se significa] su función de regir
la Iglesia que se le ha confiado.12
Las palabras que acompañan al rito son bien elocuentes:
Recibe el báculo, signo del ministerio pastoral, y cuida de todo el
rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar, como pastor
de la Iglesia de Dios.13
Por su parte, la eucología, en la plegaria de ordenación del obispo,
insiste de forma más directa en el munus sanctificandi del ordenado
cuando suplica al Señor para él que ejercite el sumo sacerdocio
sirviendo a Dios sin tacha día y noche, que distribuya los minis-
terios y los oficios según la voluntad divina, que perdone los
pecados, que ofrezca los dones de su santa Iglesia y que desate
todo vínculo; todo ello con la fuerza del Espíritu que recibe como
sumo sacerdote.14
2. El obispo, moderador de la vida litúrgica de la diócesis
Centrándonos ya en el munus sanctificandi, el Concilio Vaticano II
afirmó la responsabilidad que el obispo tiene en su diócesis en el
campo litúrgico:
10 PRO 26.
11 PRO 49.
12 PRO 26.
13 PRO 54.
14 Cf. PRO 47.
362 [Link] 440 16/12/2021 16:29:57
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 441
El obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey,
de quien deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus
fieles.15
Esta responsabilidad nace de su ordenación y de la participación
del sacerdocio de Cristo en su grado más alto, pues ejercita este
ministerio en la persona de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Al
recibir la plenitud del sacerdocio, se convierte en el instrumento por
medio del cual se comunica la gracia de Dios a todos los miembros.
En virtud de esta elección y consagración, adquiere la grave res-
ponsabilidad de
promover incansablemente por todos los medios la santidad de los
fieles y se empeñará para que el Pueblo de Dios crezca en la gracia
mediante la celebración de los sacramentos.16
El Código de Derecho Canónico vigente ha codificado también esta
responsabilidad del obispo cuando afirma:
Ejercen en primer término la función de santificar los obispos, que,
al tener la plenitud del sacerdocio, son los principales dispensado-
res de los misterios de Dios y, en la Iglesia a ellos encomendada, los
promotores y custodios de toda la vida litúrgica.17
Por esta razón se puede afirmar sin vacilar que el obispo encuen-
tra su cometido principal en la celebración de los sacramentos y
de los demás actos de culto a Dios, de modo que su vida no solo
esté al servicio del sacerdocio bautismal de los fieles, sino que en
la celebración litúrgica encuentren la fuente de su espiritualidad:
Con la consagración episcopal el obispo recibe una especial efusión
del Espíritu Santo que lo configura de manera especial a Cristo,
Cabeza y Pastor. El mismo Señor, «maestro bueno» (Mt 19,6), «sumo
sacerdote» (Heb 7,26), «buen Pastor que ofrece la vida por las ovejas»
(Jn 10,11) ha impreso su rostro humano y divino, su semejanza, su
poder y su virtud en el obispo. Él es la única y permanente fuente
15 Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la
sagrada liturgia (SC), núm. 41.
16 Congregación para los obispos, Directorio para el ministerio pastoral
de los obispos Apostolorum Successores (año 2004) (AS), núm. 34.
17 CIC, can. 835 § 1.
362 [Link] 441 16/12/2021 16:29:57
442 Luis García Gutiérrez
de la espiritualidad del obispo. Por tanto, el obispo, santificado en
el Sacramento con el don del Espíritu Santo, es llamado a responder
a la gracia recibida mediante la imposición de las manos, santifi-
cándose y uniformando su vida personal a Cristo en el ejercicio del
ministerio apostólico.18
Esta vida espiritual se ordena a la misión recibida y se alimenta
con la celebración de la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, y los
demás actos de piedad que la Iglesia propone para la oración y
meditación:
La conciencia de este deber comporta que el obispo celebre cada día
la Eucaristía y rece la Liturgia de las Horas, se dedique a la adora-
ción de la SS. Eucaristía ante el Tabernáculo, al rezo del Rosario, a la
meditación frecuente de la Palabra de Dios y a la lectio divina. Tales
medios alimentan su fe y la vida según el Espíritu, necesaria para
vivir plenamente la caridad pastoral en la cotidianidad del cumpli-
miento del ministerio, en la comunión con Dios y en la fidelidad a
su misión.19
En este sentido, se entiende que es parte de su deber ministerial,
recordando las palabras de la carta a los Hebreos, ofrecer la celebra-
ción eucarística y ha de orar por las necesidades de sus fieles, pues
está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para
ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Heb 5,1).
Ante este deber del obispo diocesano en relación hacia el pueblo
de Dios que le ha sido confiado, les corresponde a los fieles una
sincera estima por su persona y su ministerio, pues ellos, sacer-
dotes, diáconos y fieles laicos, son los beneficiarios de la caridad
pastoral del pastor diocesano; así lo recuerda el Concilio:
Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica
de la diócesis en torno al obispo.20
Pero la responsabilidad del obispo en el campo litúrgico no queda
restringida a un ámbito meramente espiritual y sacramental,
18 AS 33.
19 AS 36.
20 SC 41.
362 [Link] 442 16/12/2021 16:29:57
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 443
sino que se extiende también al munus regendi. Forma parte de su
gobierno pastoral en favor de la diócesis que le ha sido encomen-
dada el cuidado, la vigilancia y la disposición de normas para que
la sagrada liturgia cumpla su cometido de ser alabanza a Dios y
santificación de los hombres,21 y se realice según el sentir y las
normas de la Iglesia; dicho con otras palabras: para que la pastoral
litúrgica sea verdaderamente efectiva en la diócesis y produzca
sus frutos de santidad y de vida cristiana.
Esta obligación ha sido indicada por el Concilio, en razón de la
dimensión comunitaria y eclesial de la celebración litúrgica:
Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones
de la Iglesia, que es «sacramento de unidad», esto es, pueblo santo,
congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos.22
Así pues, el directorio ya citado, desarrollando este principio, sin-
tetiza el deber de tutela que tiene el obispo diocesano en relación
con la vida litúrgica:
Como Pontífice responsable del culto divino en la Iglesia particular,
el obispo debe regular, promover y custodiar toda la vida litúrgica
de la diócesis. Deberá por esto vigilar para que las normas estable-
cidas por la legítima autoridad sean atentamente observadas y, en
particular, cada uno, tanto los ministros como los fieles, cumpla la
función litúrgica que le corresponde y no otra, sin introducir jamás
cambios en los ritos sacramentales o en las celebraciones litúrgicas
según preferencias o sensibilidades personales. Compete al obispo
dictar oportunamente normas en materia litúrgica que obliguen a
toda la diócesis, siempre en el respeto de cuanto haya dispuesto el
legislador superior.23
La tutela sobre la vida litúrgica diocesana se extiende a la dignidad,
orden y decoro de las celebraciones –referido tanto a los objetos
como a los ministros y a la música sagrada–,24 a la inculturación,25
21 Cf. SC 10.
22 SC 26.
23 AS 145.
24 Cf. AS 146.
25 Cf. AS 147.
362 [Link] 443 16/12/2021 16:29:58
444 Luis García Gutiérrez
a la pastoral del domingo,26 al sentido comunitario de las celebra-
ciones de los sacramentos, sacramentales y de la Liturgia de las
Horas.27 Así mismo, es competencia del obispo diocesano la regu-
lación de los ejercicios de piedad,28 de la dedicación de templos,29
de la pastoral en la iglesia catedral,30 y de la creación y restauración
de iglesias e imágenes sagradas.31
Queda pues claro que cuando el obispo organiza la liturgia e ins-
truye a sus fieles acerca de cómo deben realizarla, lo hace en base
a que él mismo es el principal ministro del culto cristiano. Para
realizar esta misión se ha de servir de diversos medios y, del mismo
modo, los fieles le deben obediencia, que es la forma concreta de
vivir la comunión de amor sobrenatural en la Iglesia.
Esta misión cultual y litúrgica, como se ha dicho, se relaciona con
los otros dos munus; en efecto, al abordar el munus docendi y munus
regendi, el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apos-
tolorum Successores establece conexiones con el munus sanctificandi.
Así, por ejemplo, la misión de enseñar se cumple de manera emi-
nente con la homilía, pues, formando esta parte de la celebración
litúrgica, «sobresale entre todas las formas de predicación y en
cierto sentido las resume».32 Esta predicación litúrgica ha de tener
tres características: ha de exponer la verdad católica, ha de distin-
guirse por un lenguaje sencillo y familiar, y ha de estar adaptada
a las capacidades de los presentes.33
Sin dejar el munus docendi, también el obispo debe velar para que
la catequesis tenga la debida relación con la liturgia,
26 Cf. AS 148.
27 Cf. AS 149 y 150.
28 Cf. AS 151-153.
29 Cf. AS 154.
30 Cf. AS 155.
31 Cf. AS 156 y 157.
32 AS 122.
33 Cf. Ibíd.
362 [Link] 444 16/12/2021 16:29:58
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 445
así se evita el riesgo de reducir el conocimiento de la doctrina cris-
tiana a un bagaje intelectual inoperante o el de empobrecer la vida
sacramental, que se traduce en un ritualismo vacío.34
El munus regendi no solo se orienta hacia los actos de gobierno
administrativo de la diócesis, sino que también ha de ejercerlo
con la preocupación de que el pueblo cristiano a él confiado viva
la caridad y el testimonio cristianos; ambos encuentran su fuente
y sustento en la celebración litúrgica:
[…] Se realiza en la vida cristiana la recíproca relación que existe entre
predicación, liturgia y testimonio. Animados por la escucha de la
Palabra y nutridos por los Sacramentos, los fieles se empeñarán en el
ejercicio de la caridad que da prueba auténtica de la fe que profesan.35
Para infundir en los fieles el sentido de la caridad cristiana, el Obispo
enseñe que la participación activa y consciente en la liturgia, sobre
todo en la Eucaristía, lleva necesariamente a la práctica de la caridad
con los pobres y necesitados.36
El obispo diocesano tiene, por lo tanto, una función rectora y
magisterial en la liturgia; podemos concluir este apartado con la
referencia al Ceremonial de los Obispos que, en el magnífico número
9, recurre a la doctrina conciliar y a los textos orientales:
El obispo, en efecto, es «el administrador de la gracia del sumo
sacerdocio» y de él dependen en el ejercicio de su potestad tanto los
presbíteros, que ciertamente han sido constituidos para ser próvidos
cooperadores del orden episcopal y verdaderos sacerdotes del Nuevo
Testamento, como los diáconos, que, ordenados para el ministerio,
están al servicio del pueblo de Dios en comunión con el obispo y su
presbiterio; así pues, el propio obispo es el principal administrador
de los misterios de Dios, como es también el moderador, promotor
y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia que le ha sido enco-
mendada. Pues a él le «fue confiada la tarea de ofrecer a la Divina
Majestad el culto cristiano y de regularlo según los mandamientos del
34 AS 127.
35 AS 194.
36 AS 199.
362 [Link] 445 16/12/2021 16:29:58
446 Luis García Gutiérrez
Señor y las leyes de la Iglesia, que su criterio particular determinará
más tarde para su diócesis».37
3. La misa estacional: principal manifestación de la Iglesia
local
La misión del pastor diocesano y el deber que tiene en el munus
sanctificandi nos sirve de marco para abordar en este momento
la celebración de la misa estacional; para ser comprendida en su
profundidad y extensión, hemos de tener en cuenta los principios
eclesiológicos y teológicos anteriormente esbozados.
Por su alto grado de significatividad para la Iglesia local, la misa
estacional destaca por encima de cualquier otra celebración. Esta
es la Eucaristía que el obispo preside como gran sacerdote de su
grey, sobre todo en la iglesia catedral, rodeado de su presbiterio
y de los ministros y con la participación plena y activa de todo el
pueblo santo de Dios.38
La palabra «estacional» tiene su origen en las antiguas statio roma-
nas que el Papa hacía en los distintos títulos de la Urbe con el fin
de que todo el clero y el pueblo de la ciudad de Roma participara
en la misma sinaxis eucarística presida por él en las principales
festividades y en las ferias de Cuaresma:
la palabra «statio» designaba una asamblea convocada, según un
plan prefijado, para un día y un templo determinados. Todo el
clero de la ciudad se congregaba en torno a su obispo; los fieles de
las diversas demarcaciones se suman también por grupos que los
representan.39
Estas asambleas eucarísticas surgen a raíz de la creciente estima que
el pueblo de la ciudad de Roma comenzó a tener por las basílicas
37 Ceremonial de los Obispos, reformado por mandato del Concilio Ecuménico
Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II (CO), reimpresión
corregida, 2008, núm. 9.
38 Cf. CO 119.
39 X. Basurko, Historia de la liturgia (Biblioteca Litúrgica 28), Barcelona:
CPL 2006, 191.
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La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 447
erigidas sobre las tumbas de los mártires y fueron muy potenciadas
por el papa san Gregorio Magno.
Aunque la referencia a las estaciones romanas ya ha desaparecido
en el Misal Romano actual, su testimonio ha pervivido hasta el
Misal promulgado por el papa san Juan XXIII en el año 1960, donde
todavía se señala el lugar de la estación para algunas de las fiestas
del calendario.40
La reforma auspiciada por el Concilio Vaticano II buscó la noble
sencillez41 en las celebraciones litúrgicas. Este principio puede apli-
carse también a la liturgia episcopal. Se rompe así la concepción de
las ceremonias pontificales, heredada de la tradición multisecular
de la Iglesia, y que insistían más en lo visual, lo deslumbrante y
lo áulico, para pasar una concepción de la liturgia donde se per-
sigue la activa participación de todos, es decir, el encuentro con
Jesucristo Resucitado:
Las celebraciones sagradas presididas por el obispo manifiestan el
misterio de la Iglesia en el que Cristo está presente; no son, por tanto,
un simple adorno ceremonial. Además, es conveniente que tales
celebraciones sirvan de modelo para toda la diócesis y destaquen por
la activa participación del pueblo. Por tanto, la comunidad reunida
tome parte en estas celebraciones con el canto, el diálogo, el silencio
sagrado, la atención interna y la participación sacramental.42
Desde esta concepción teológica de la celebración litúrgica se com-
prende el porqué del abandono de la expresión «Misa Pontifical».
En efecto, los nuevos libros litúrgicos, al adoptar la terminología
clásica y más antigua para esta celebración –misa estacional–,
han querido significar el paso de una liturgia más centrada en la
solemnidad externa de los ritos pontificales en torno al obispo, a
40 Puede verse, por ejemplo, la tabla de las estaciones cuaresmales en M.
Riguetti, Historia de la Liturgia I, Madrid 1960, 753.
41 Es bien conocido el número 34 de Sacrosanctum Concilium reclamando
estas características para los ritos: «Los ritos deben resplandecer con una noble
sencillez; ser claros por su brevedad y evitar las repeticiones inútiles; han de
adaptarse a la capacidad de los fieles y, en general, no deben precisar muchas
explicaciones».
42 CO 12.
362 [Link] 447 16/12/2021 16:29:58
448 Luis García Gutiérrez
una celebración donde la atención se centra en la asamblea que
celebra, jerárquicamente organizada, y donde todos los ministros
ejercen su función. Por esta razón se entiende el interés que muestra
el Ceremonial de los Obispos cuando pide que
se convoque a ella al mayor número posible de fieles, concelebren
los presbíteros con su obispo, ejerzan su ministerio los diáconos, y
los acólitos y lectores cumplan su cometido.43
En la liturgia preconciliar, la «misa pontifical era un rito cerrado en
un ceremonial preciso, sin referencia al pueblo ni al clero que no
era parte activa del mismo»,44 por el contrario, la misa estacional
«manifiesta la unidad de la Iglesia local, así como la diversidad de
ministerios en torno al obispo y la sagrada Eucaristía».45 No cabe
duda de que, una vez más, la liturgia está siendo expresión de un
nuevo rostro de la Iglesia y de una concreta visión del ministerio
episcopal que han querido ser puestos de relieve por el Concilio.
En realidad, se puede hablar de una eclesiología eucarística: la
Iglesia, de manera especial, acontece y se manifiesta cuando celebra
la Eucaristía.46
Como se ha repetido constantemente, «la liturgia es epifanía de
la Iglesia». Es decir, en la celebración litúrgica la Iglesia aparece y
se manifiesta como lo que es en verdad: comunidad de creyentes;
jerárquicamente ordenados; oyentes de la Palabra; convocados por
Dios para proclamar, celebrar y acoger la salvación en Jesucristo;
impulsados a impregnar la caridad cristiana en las realidades
temporales y a anunciar el Reino de Dios. Pues bien, en la misa
estacional esta manifestación sucede de modo eminente.
43 CO 119.
44 J. Sancho Andreu, «El obispo, maestro de liturgia, según el “Caere-
moniale Episcoporum”», in Cum vobis et pro vobis. Homenaje de la facultad de
teología a monseñor Roca Cabanellas, Ramón Arnau García – Roberto Ortuño
Soriano (coord.), Valencia 1991, 358.
45 CO 119 y SC 41.
46 Cf. Commentari ai documenti del Vaticano II, Sacrosanctum Concilium – Inter
Mirifica, S. Noceti – R. Repole (ed.), Bologna 2018, 168.
362 [Link] 448 16/12/2021 16:29:58
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 449
Esta condición epifánica de la misa estacional nos hace recordar
la célebre y solemne afirmación del primer concilio de Nicea, en
su canon 8, cuando afirma la vinculación exclusiva e indisoluble
entre obispo, Iglesia y Eucaristía:
precisamente porque no hay más que una Eucaristía, aquella bajo el
obispo, solo es posible que haya un único obispo en cada Iglesia.47
Así nos lo enseña la historia: en un contexto urbano en el que la
multiplicación de parroquias no hacía necesaria la dispersión de
los presbíteros,
la iglesia local era la asamblea eucarística donde el pueblo de Dios
de una ciudad se reunía «en un mismo lugar», en torno al único
altar y bajo la presidencia del único obispo rodeado del colegio de
los presbíteros y ayudado por los diáconos.48
Así pues, desde sus orígenes más antiguos y por su propia iden-
tidad, la misa estacional está vinculada a la Iglesia de un lugar
concreto; tanto si el obispo la preside en la iglesia catedral como si
lo hace en otro templo significativo o una parroquia –en cuyo caso
la celebración estará referida respectivamente a toda la diócesis o
a una comunidad concreta, parroquial o no–.
La entidad de misa estacional celebrada en una parroquia u otro
templo distinto a la iglesia catedral es un aspecto poco explorado
en el estudio y la reflexión litúrgica y que merecería la pena pro-
fundizar, si bien no podemos hacerlo en este momento. La misma
constitución Sacrosanctum Concilium ya insinúa que la parroquia
presidida por el párroco es visibilización de toda la Iglesia, algo
que sucede con la diócesis presidida por el obispo:
Las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace
las veces del obispo. Estas, en cierto modo, representan a la Iglesia
visible establecida por todo el mundo.49
En uno u otro caso, la misa estacional manifiesta a esta Iglesia
concreta, aquí y ahora, con sus miembros y ministerios concretos.
47 Cf. G. Alberigo, Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bologna 31972, 9.
48 S. Pié-Ninot, Eclesiología, 334.
49 SC 42.
362 [Link] 449 16/12/2021 16:29:58
450 Luis García Gutiérrez
De manera que la comunidad cristiana, convocada en su máxima
expresión y manifestación para celebrar los divinos misterios, no
es la aglomeración de seres anónimos y dispersos, sino de quienes
se reconocen mutuamente como Iglesia convocada por el Señor
«junto a un único altar que el obispo preside».50
Esto ha de acontecer de manera especial en los días más destacados
del año cristiano:
En determinadas ocasiones y en las fechas más relevantes del año
litúrgico prepárense estas celebraciones, que son manifestación plena
de la Iglesia particular, e invítese a ellas al pueblo de los diferentes
lugares de la diócesis y, en la medida de lo posible, a los presbíteros.
Para que los fieles y presbíteros que han de venir de todas las partes
puedan reunirse más fácilmente, anúnciense tales celebraciones
varias veces, en diversos lugares de la diócesis.51
Por esta razón, especialmente en esos días más solemnes, la misa
estacional y la iglesia catedral son dos realidades que se relacionan
mutuamente, no obstante lo afirmado anteriormente. En efecto, la
iglesia donde el obispo tiene su cátedra tiene una significatividad
especial para la diócesis. En dicha cátedra
el obispo local o diocesano se sienta como signo de su presidencia
de la asamblea eucarística y de cabeza de la Iglesia local, representa
a su diócesis en el seno de la comunión de las Iglesias, dispensa los
dones del Espíritu y recibe la plenitud del sacramento del Orden.52
Por esta razón, la cátedra se reserva exclusivamente para el uso
del obispo y no puede ser ocupada por un presbítero o diácono.
50 SC 41.
51 CO 13. Más adelante, el mismo Ceremonial de los Obispos concreta más en
qué días no debe faltar la misa estacional: «Esta forma de misa se observará,
especialmente, los días más solemnes del año litúrgico, cuando el obispo
elabora el sagrado crisma y en la misa vespertina en la Cena del Señor, en
las celebraciones del santo fundador de la Iglesia local o del patrono de la
diócesis, en el aniversario del obispo, en las grandes asambleas del pueblo
cristiano y también en la visita pastoral» (CO 120).
52 J. Fontbona, Ministerio ordenado, ministerio de comunión, (Biblioteca
Litúrgica 36), Barcelona: CPL 2009, 128.
362 [Link] 450 16/12/2021 16:29:58
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 451
En la catedral se da el único caso en que se prevé la existencia de
otra sede en otro lugar oportuno:
Excepto en los casos previstos por el derecho, en la cátedra se sienta
el obispo diocesano u otro obispo a quien él autoriza. Para el resto
de los obispos o prelados que puedan estar presentes se prepararán
asientos en un lugar adecuado, pero que no sean de forma semejante
a la cátedra. La sede para el presbítero celebrante se preparará en
un lugar diferente.53
Además, la catedral, por ser signo del templo espiritual que son los
fieles de una diócesis, está llamada a convertirse en el centro de la
vida litúrgica de ese territorio, a ella han de prestar especial vene-
ración los fieles54 y esta ha de ser modelo ejemplar de observancia
de las normas litúrgicas.55 Esta ejemplaridad puede extenderse a
toda celebración presidida por el obispo en cualquier iglesia:
Queda, pues, claro en qué han de ser un modelo las celebraciones
episcopales; no en una forma espectacular o enrevesada de ceremo-
nial, sino en las actitudes de fe y reverencia que se compartan y en la
participación activa del pueblo, el cual, hasta la renovación litúrgica
era prácticamente ignorado en las «misas pontificales», circunstancia
agravada por la disposición del coro en la mayoría de las catedrales
españolas, en el centro de la nave, rodeado por altos muros, y por
las rejas que separan la capilla mayor del lugar de los fieles, para los
que casi no hay lugar en estos magnos edificios.56
En la misa estacional, junto con la presidencia del obispo diocesano,
es realmente expresiva la concelebración litúrgica de los presbíte-
ros, especialmente de los miembros del presbiterio diocesano y de
los religiosos con un encargo pastoral parroquial. La concelebra-
ción en sí misma es expresión de la unidad del sacerdocio:
53 CO 47.
54 El Ceremonial de los Obispos destaca que se debe celebrar con especial
solemnidad el aniversario de la dedicación y debe convocar a los fieles, por
parroquias o zonas de la diócesis, a que hagan peregrinaciones y visiten
piadosamente la iglesia catedral (cf. CO 45).
55 Cf. CO 43-46.
56 J. Sancho Andreu, «El obispo, maestro de liturgia, según el “Caeremo-
niale Episcoporum”», 356.
362 [Link] 451 16/12/2021 16:29:59
452 Luis García Gutiérrez
Todos los presbíteros, juntamente con los obispos, participan del
único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo, de manera que
la unidad misma de consagración y de misión exige su comunión
jerárquica con el orden episcopal. Los presbíteros manifiestan
perfectamente, algunas veces, esta comunión con los obispos en la
celebración litúrgica y profesan celebrar la Eucaristía unidos a ellos.57
Pues bien, el valor de la concelebración se incrementa en cuanto a
su significatividad y expresividad en la misa estacional:
Ha de tener una consideración especial la concelebración en la que
los presbíteros de una diócesis concelebran con el propio obispo,
en la misa estacional, sobre todo en los días más solemnes del año
litúrgico: en la misa de ordenación del nuevo obispo de la diócesis o
de su coadjutor o auxiliar, en la misa crismal, en la misa vespertina
de la Cena del Señor, en las celebraciones del santo fundador de la
Iglesia local o del patrono de la diócesis, en el aniversario del obispo,
y con ocasión, por último, del sínodo o de la visita pastoral. Por esta
misma razón, se recomienda la concelebración cuantas veces los
presbíteros se encuentren con el propio obispo, sea con ocasión de
los ejercicios espirituales o de alguna reunión. En estos casos, el signo
de la unidad del sacerdocio y de la Iglesia, que es característico de
toda concelebración, se manifiesta de una manera más evidente.58
Para concluir con el tema de la misa estacional, se hace necesario
destacar que el Ceremonial de los Obispos considera tan importante
la presidencia del obispo diocesano, que en el capítulo tercero se
describe la posibilidad, ciertamente extraña y heredada el pasado,
de que presida la Misa sin que celebre la Eucaristía. En este caso, al
menos, preside la liturgia de la palabra y bendice al pueblo al final
de la celebración.59 Solamente en casos excepcionales, si el obispo
57 Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis sobre el ministerio
y la vida de los presbíteros, núm. 7.
58 Misal Romano reformado por mandato del concilio Vaticano II, promulgado
por la autoridad del papa Pablo VI, revisado por el papa Juan Pablo II. Edición
típica según la tercera edición típica latina, aprobada por la Conferencia Episcopal
Española y confirmada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos (año 2016). Ordenación General del Misal Romano (OGMR),
núm. 203.
59 Cf. CO 175.
362 [Link] 452 16/12/2021 16:29:59
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 453
ni siquiera preside estos dos momentos de la misa y solo asiste,
entonces ni se sienta en la cátedra ni usa las vestiduras litúrgicas.60
4. Conclusiones
Después de todo lo dicho, es claro que la liturgia presidida por el
obispo diocesano constituye un momento privilegiado donde el
ministerio del obispo se muestra no solo en su dimensión cultual
y litúrgica, sino también en el aspecto profético y real: por esta
razón, ha de ser tenida en gran estima y consideración.
Los libros litúrgicos insisten en que estas ocasiones sean un ver-
dadero encuentro del pastor con su comunidad diocesana y por
esto deben planificarse de modo que se posibilite y favorezca la
asistencia de fieles laicos, ministros, diáconos y sacerdotes: así la
celebración aparecerá como una epifanía de la Iglesia local.
Por esta razón y desde el punto de vista de la pastoral litúrgica,
es muy importante la necesaria preparación de las celebraciones
que el obispo preside.
Dicha preparación debería incluir:
– La organización de los diversos ministerios que intervienen
y la necesaria coordinación entre ellos –léase, por ejemplo, la
coordinación entre el cantor y el organista o entre el organista
y el salmista–.
– La redacción, mesurada y prudente, de las oportunas monicio-
nes que han de explicar o aclarar tanto los ritos que se celebran
y la Palabra de Dios que se proclama, como el sentido de que
sea el pastor diocesano quien los presida.
– Donde se permitan las acomodaciones, la selección de los dis-
tintos textos que han de decirse tanto de la eucología como de
la Palabra de Dios. En atención a quien preside y a la prepara-
ción de la homilía, esta selección debe hacerse necesariamente
en coordinación con el obispo.
60 Cf. CO 186.
362 [Link] 453 16/12/2021 16:29:59
454 Luis García Gutiérrez
– La correcta disposición del espacio celebrativo y de los lugares
litúrgicos, pues estos, además del uso funcional, por encima
de todo tienen un valor simbólico, que muestra los diversos
ministerios y los distintos momentos de la celebración. En el
caso de la liturgia episcopal, la cátedra debe ser considerada
como un lugar preeminente hacia donde converge la atención
de todos en muchos momentos de la celebración.
– El repertorio cuidado de la música y el canto, y la determi-
nación de los instrumentos musicales que intervienen y el
momento en que lo hacen.
– La selección adecuada de las vestiduras litúrgicas y demás
insignias episcopales, que deben resplandecer por su noble
sencillez, alejadas de toda forma de ostentación decimonónica,
sino más bien acorde con los gustos estéticos de cada época y
de cada lugar; dicho esto, es cierto que no deben despreciarse
los muchos tesoros artísticos que la Iglesia atesora en sus
sacristías, relegándose del uso litúrgico para el que fueron
creados.
Todo ello hace que la liturgia presidida por el obispo se convierta en
modélica para la diócesis. Pero sin olvidar que tanto la preparación
como la ejecución ejemplar no tienen por objeto el construir una
celebración bella, bien orquestada o estéticamente espectacular.
El fin último de toda celebración también se ha de perseguir, y
de modo eminente, en la liturgia que el obispo preside: la activa
participación de todo el pueblo cristiano –desde el propio obispo
hasta los fieles laicos, sacerdotes, diáconos y ministros–. De esta
forma, por medio de los gestos y palabras, silencios y cantos, el
creyente y Dios se hacen contemporáneos y acontece la historia de
la salvación en el aquí y el ahora.
La insistencia de los libros litúrgicos en la necesaria participación
de los diversos ministerios hace que sea imprescindible la figura
del maestro de celebraciones; recurrimos a la expresión «maestro
de celebraciones» en lugar de la consabida y tradicional «maestro
de ceremonias» pues parece más en consonancia con el espíritu de
la liturgia tras la reforma del Concilio Vaticano II. Él debe coordinar
362 [Link] 454 16/12/2021 16:29:59
La significatividad de la misa estacional presidida por el obispo 455
oportunamente a los cantores, ayudantes, ministros y concelebran-
tes en todo lo que se tenga que hacer y decir: esta coordinación hará
que la celebración se desarrolle con un ritmo adecuado y que cada
ministro intervenga en su momento justo, al mismo tiempo que se
respeten también los momentos de silencio y oración.
Así mismo, el maestro ha de estar adornado de la necesaria
paciencia y diligencia, para que su ministerio no distraiga de
la celebración sino que aparezca como un servidor discreto y
piadoso, que no dice y hace más de lo estrictamente necesario e
imprescindible. Él tiene la responsabilidad de que la celebración
presidida por el obispo resplandezca por su dignidad, sencillez y
orden; debe prepararla y dirigirla en estrecha colaboración con él
y con todos aquellos que tienen algún ministerio o cometido que
cumplir en ella.
Es bien significativo que el Ceremonial de los Obispos pida que el
maestro de celebraciones, además de ser verdaderamente experto
en la sagrada liturgia –su historia, su naturaleza y sus leyes y
preceptos–, también deba ser experto en temas pastorales. Esta
petición responde al deseo de que todo lo que organice y prepare
en las celebraciones episcopales esté ordenado a la fructuosa par-
ticipación del pueblo de Dios, como se ha dicho anteriormente;
de modo que el provecho espiritual es la norma suprema y última
de la acción litúrgica.
En este mismo sentido y para favorecer la participación y la pastoral
litúrgica, el maestro de celebraciones debe conocer e incorporar
a la celebración –si no son contrarias a las normas litúrgicas– las
legítimas tradiciones del lugar donde tiene lugar dicha celebra-
ción con el obispo, de modo que la asamblea vea reflejada sus
costumbres y usos litúrgicos. En este sentido, es muy común que
en muchas catedrales o colegiatas exista una consueta donde el
maestro iba anotando esas tradiciones con el fin de recordarlas
para años sucesivos, convirtiéndose así en norma.
362 [Link] 455 16/12/2021 16:29:59
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bios, ha llegado hasta nuestros días, buscando la
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Núm. 362 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 457-468
La liturgia de la Palabra,
el diálogo entre Dios y su pueblo*
Corrado Maggioni
Abstract: This article highlights Resumen: El presente artículo
the value of the liturgy of the resalta el valor a la liturgia de
Word in the Eucharist, reveal- la Palabra en la Eucaristía, mos-
ing how the dialogue that takes trando cómo el diálogo que se
place between God and his da entre Dios y su pueblo en esa
people in this part of the litur- parte de la celebración litúrgica
gical celebration illuminates ilumina el banquete eucarís-
the Eucharistic banquet. tico.
Keywords: dialogue, God, Eucha- Palabras clave: diálogo, Dios, escu-
rist, listening, people, Word. cha, Eucaristía, Palabra, pueblo.
Corrado Maggioni es sacerdote montfortiano, doctor en liturgia,
profesor en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de
Roma y presidente del Comité Pontificio para los Congresos
Eucarísticos Internacionales.
* Este texto ha sido tomado de L’Osservatore Romano (12 de julio de 2020)
p. 8 y (16 de julio de 2020) p. 8 y traducido al español por Lino Emilio Díaz
Valladares, sss.
362 [Link] 457 16/12/2021 16:29:59
458 Corrado Maggioni
M ientras exhalaba el aliento de vida en el hombre, nada más
haberlo modelado del polvo de la tierra, Dios ya pregustaba
la alegría del diálogo de amor con él. La comunión entre ellos, libre-
mente decidida por el Creador, debía ser correspondida también
por la obra de sus manos, con igual libertad y amor.
Sabemos que el diálogo sufrió un freno por culpa del «no» de
Adán y Eva al supremo deseo. Pero Dios no dejó de comunicarse,
en obras y palabras, haciendo llegar su voz a la humanidad, en
modos y tiempos variados, hasta la máxima revelación y realiza-
ción «del misterio de su voluntad» (Ef 1,9) con la encarnación del
Verbo eterno. Lo expresa el autor de la carta a los Hebreos, cuando
comienza su escrito diciendo:
En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente
a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por
el Hijo (Heb 1,1-2).
Desde la creación hasta la nueva creación en Cristo trascurre,
por tanto, una historia de palabras dichas por parte de Dios y de
respuestas dadas o no dadas por parte del hombre. La Biblia es el
depósito escrito de este incesante diálogo entre Dios y la huma-
nidad: desde Abrahán, experto en la escucha obediente de la voz
del cielo, hasta el pueblo de Israel, generado a los pies del Sinaí
por una alianza establecida de palabra en vista de traducirse en
conducta de vida, o hasta los profetas y, después, a lo largo de
los siglos, hasta la plenitud del tiempo, cuando el Verbo divino,
haciéndose hombre por todos los hombres, respondió plenamente
amén al eterno amén de Dios a la obra de sus manos.
El diálogo entre Dios y el pueblo, que adquirió a precio de la
sangre del Hijo, es todavía actual y halla excelente expresión en
la celebración de la Eucaristía: la liturgia de la Palabra entreteje,
sin cesar, la comunión entre Dios y cuantos cumplen su voluntad,
en Cristo, con Cristo y por Cristo.
Cuando, en el pueblo reunido para celebrar la nueva alianza, se
abre el libro y se da voz a las Escrituras, estas dejan de ser relato
de acontecimientos pasados para convertirse en diálogo actual
entre Quien habla a través de la Escritura y cuantos, aquí y ahora,
Núm. 362 – Phase 61 (2021) 457-468
362 [Link] 458 16/12/2021 16:30:00
La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su pueblo 459
acogen el perenne mensaje. Así se expresa la constitución conciliar
Dei Verbum:
La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que
el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de
distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como
del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia (DV 21).
Se resume aquí un largo discurso, que subraya la realidad viva de la
Palabra divina, que tiene su ámbito de actuación en la celebración
litúrgica y su cumplimiento en la vida de los creyentes.
Escribe al respecto san Cesáreo de Arles:
Os pido, hermanos y hermanas míos, que me digáis: ¿qué os parece
más importante, la Palabra de Dios o el Cuerpo de Cristo? Si queréis
responder a la verdad, debéis decirme ciertamente que la Palabra
de Dios no es menos importante que el Cuerpo de Cristo. Además,
así como tenemos cuidado, cuando se nos distribuye el Cuerpo de
Cristo, de no dejar caer nada de nuestras manos al suelo, del mismo
modo debemos tener igual cuidado de no dejar escapar de nuestro
corazón la Palabra de Dios, cuando se nos comunica, pensando o
hablando de otra cosa. Porque no será menos culpable quien escucha
la Palabra de Dios con negligencia, que quien deja caer al suelo por
negligencia el Cuerpo del Señor (Sermo 78,2).
Como las primeras, también la última página de la Biblia se cierra
con un diálogo que tiene el sabor del lenguaje «eucarístico»:
Mira, yo vengo pronto y traeré mi recompensa conmigo para dar a
cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y
el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ves-
tiduras para tener acceso al árbol de la vida y entrar por las puertas
en la ciudad. […]. El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! […]. Dice el
que da testimonio de estas cosas: «Sí, vengo pronto». Amén, ¡Ven,
Señor Jesús! La gracia del Señor Jesús esté con todos (Ap 22,12-21).
1. La escucha de Dios que habla
El Concilio Vaticano II quiso que los tesoros de la Sagrada Escritura
fuesen ofrecidos con mayor abundancia en la liturgia (cf. Sacro-
sanctum Concilium 51). El motivo es la importancia y el valor de
362 [Link] 459 16/12/2021 16:30:00
460 Corrado Maggioni
la Palabra de Dios proclamada en la asamblea litúrgica, según lo
afirmado en Sacrosanctum Concilium 7:
Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción
litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona
del ministro, […] sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está
presente con su fuerza en los Sacramentos […]. Está presente en su pala-
bra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla.
De ahí tanto la opción de adoptar en la liturgia la lengua viva, com-
prensible para quien escucha, como la de revisar la distribución de
los textos bíblicos a leer en la misa, cuyo resultado es el leccionario.
Comentando la más abundante oferta de lecturas bíblicas en los
domingos y en las ferias, observaba Pablo VI:
Todo esto ha sido ordenado de tal manera que estimule cada vez
más en los fieles el hambre de la Palabra de Dios (cf. Am 8,1), y, bajo
la acción del Espíritu Santo, impulse al pueblo de la Nueva Alianza
hacia la perfecta unidad de la Iglesia (Constitución apostólica Missale
Romanum, 3 abril 1969).
La liturgia de la Palabra es una acción realizada ante todo por la
misma Palabra divina, operante en quien la acoge con fe: he ahí
la razón por la que debe ser una «experiencia» a vivir con agra-
decimiento por quien participa en ella. No se lee la Escritura en
la asamblea eucarística con el fin de aprender o explicar hechos o
palabras del pasado (algo que caracteriza más bien a la catequesis),
sino para escuchar a Dios que nos habla ahora a nosotros, a través
del relato de tales hechos y palabras de salvación.
La Misa no es simplemente una oración comunitaria en la que
se leen las sagradas Escrituras, sino que es una acción cultual en
la que la Escritura deja de ser letra escrita, para convertirse en
Palabra viva. Sin Escritura no hay liturgia: sería incomprensible,
dado que el fundamento de la celebración son los hechos históri-
cos realizados por Dios para nuestra salvación, testimoniados en
las Escrituras; pero sin liturgia, la Escritura no sería Palabra viva,
pronunciada por Alguien realmente presente, ahora, para nosotros
que estamos aquí y le escuchamos.
La proclamación litúrgica de las Escrituras tiene como finalidad
de anunciar la salvación que se hace acontecimiento real en los
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La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su pueblo 461
santos signos. Se habla, en este sentido, de «eficacia sacramental»
de la Palabra, o sea de actualizar cuanto es anunciado a los oídos.
Pensemos en lo que Jesús dice en la sinagoga de Nazaret, después
de haber abierto el rollo/libro del profeta Isaías, de haber leído un
pasaje y de haber vuelto a enrollar el volumen: «Hoy se ha cumplido
esta Escritura que acabáis de oír» (cf. Lc 4,16-21). Los ojos de todos
los presentes «clavados en él» mientras hablaba, son modelo, son
ejemplo, para nosotros que escuchamos el Evangelio durante la
misa. Si la Escritura es la narración del plan de salvación revelado
y realizado en Cristo, la liturgia es la donación sacramental de la
salvación revelada y realizada por Cristo. Él es el misterio des-
velado en las Escrituras; y es misterio comunicado en la liturgia.
Lo que Cristo anuncia en el Evangelio, lo cumple en el encuentro
sacramental con él.
En la celebración se expresa la Palabra creadora y vivificadora de
Dios: en la medida en que es recibida con fe, produce fruto. Lo
subraya Isaías en un célebre oráculo del Altísimo:
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino
después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para
que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra,
que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi
deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55,10-11).
En esta luz, leemos la extraordinaria fuerza de las palabras de
Cristo, Verbo hecho carne, que alcanzan rápidamente su efecto:
«“Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmedia-
tamente dejaron las redes y lo siguieron» (Mt 4,19-20); «“Lázaro, sal
afuera”. El muerto salió» (Jn 11,43-44); «Talitha qumi (que significa:
“Contigo hablo, niña, levántate”). La niña se levantó inmediatamente
y echó a andar» (Mc 5,41-42); «“Zaqueo, date prisa y baja, porque es
necesario que hoy me quede en tu casa“. Él se dio prisa en bajar y lo
recibió muy contento» (Lc 19,5-6).
San Agustín escribe que «la boca de Cristo es el Evangelio. Reina en
el cielo pero no deja de hablar en la tierra».1 Tal verdad era todavía
recordada en la Edad Media por el Pontifical Romano-Germánico:
1 San Agustín de Hipona, Discursos, 85, 1: PL 38, 520.
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462 Corrado Maggioni
«Se lee el Evangelio, en el que Cristo habla con su boca al pueblo
[…] y cuando resuena en la iglesia el Evangelio, es como si el
mismo Cristo hablase al pueblo».2 He aquí el por qué la liturgia
de la Palabra nos concede recibir la Palabra de la boca de Cristo,
presente en las acciones litúrgicas: aquí se halla el culmen de la
potencia de cuanto sale de la boca de Dios, que tiene fuerza perfor-
mativa, o sea destinada a dar forma a la vida de quien la acoge, y
no simplemente informativa: es una espada de doble filo (cf. Heb
4,12), es luz, es pan, es norma de comportamiento para todos; la
Palabra del Señor crea, juzga, convierte, consuela, perdona, indica
el camino, desvela los pensamientos divinos, inspira la fuerza de
practicarlos.
El Espíritu que ha hablado por medio de los profetas y ha inspi-
rado a los autores sagrados para poner por escrito la Revelación,
vivifica la Escritura «convirtiéndola» en Palabra viva, dirigida
por el Viviente a personas vivas. La fuerza de la Palabra está, no
obstante, condicionada por la receptividad de los corazones, como
explica la parábola del sembrador:
«Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la
palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del
ciento por uno» (Mc 4,20). ¿Quién, si no el Espíritu, abre las mentes a
la inteligencia de lo que sale de la boca de Dios y mueve los corazones
a sentir su calor? En la medida de la docilidad prestada a su magiste-
rio, él suscita en los creyentes el consenso a Cristo, Palabra del Padre,
y lo imprime en su existencia: «Poned en práctica la palabra y no os
contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos» (Sant 1,22).
A la participación interior en la liturgia de la Palabra contribuye
también en gran medida el componente exterior: no basta, en
efecto, que las lecturas sean proclamadas en una lengua comprensi-
ble, si ello acontece sin la atención y la escucha receptiva necesarias
para que la Palabra divina toque los corazones y los ilumine.
2 C. Vogel – R. Elze (eds.), Le Pontifical Romano-Germanique du dixième
siècle, Le Texte I, Città del Vaticano 1983, XCIV, núm. 18, 334.
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La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su pueblo 463
2. La liturgia de la Palabra ilumina el misterio eucarístico
La liturgia de la Palabra no es simplemente una parte introductoria,
como una especie de preludio a lo que viene después, sino que
es parte esencial de la celebración eucarística: «Las dos partes de
que consta la misa, a saber: la liturgia de la Palabra y la eucarística,
están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de
culto», recuerda Sacrosanctum Concilium 56. Y los Prenotandos del
leccionario explican que
en la Palabra de Dios se anuncia la alianza divina, y en la Eucaristía
se renueva esa misma alianza nueva y eterna. En una, la historia de
la salvación se recuerda con palabras; en la otra, la misma historia
se expresa por medio de los signos sacramentales de la Liturgia
(núm. 10).
Para comprender la relación entre Palabra y Banquete, basta
referirse al relato de Emaús (Lc 24,13-35), en el que resalta la
presencia de Cristo que habla y actúa. Ante todo Jesús parte para
sus discípulos el pan de la Palabra, explicando el propio misterio
en todas las Escrituras –comenzando por Moisés y siguiendo
por los profetas– y, luego, partiendo el Pan de la vida, les hace
partícipes de su misterio. Tanto el Antiguo como el Nuevo Tes-
tamento tienen en el centro la luz de Cristo: «Ignorar las Escri-
turas es ignorar a Cristo», advierte san Jerónimo.3 La revelación
en palabras del amor que se dona infinitamente, se concreta
en el gesto eucarístico de la fracción del Pan, que es comunión
vital con el Resucitado. Un ejemplo elocuente del vínculo entre
Palabra y mesa eucarística se ofrece en la misa del II Domingo
de Pascua, en el que se lee, en los tres ciclos –con diversas lec-
turas y salmos– el evangelio de la aparición del Resucitado a
los apóstoles, Tomás incluido. La antífona de comunión canta:
«Trae tu mano y métela en el agujero de los clavos: y no seas
incrédulo, sino creyente» (cf. Jn 20,27). La palabra que Jesús
dirige a Tomás, la dirige ahora a cuantos se acercan a la Comu-
nión: ya no son los signos de los clavos sino los santos signos del
Cuerpo y la Sangre del Señor los que suscitan la fe, concediendo
3 San Jerónimo, Prólogo, Comentario sobre el profeta Isaías.
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464 Corrado Maggioni
celebrar Pascua a quien participa. O sea, abrirse a la confesión:
«Señor mío y Dios mío», ante Cristo realmente presente en el Pan
y en el Vino consagrados, reviviendo la misma experiencia que
vivió santo Tomás.
La dinámica dialógica que atraviesa la entera celebración se explica
así en Sacrosanctum Concilium:
En la liturgia, Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el
Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración
(núm. 33).
De la Palabra se escucha el significado de la celebración que se está
realizando y esta interpreta la Palabra que se proclama (cf. OLM 3).
En tal perspectiva destaca el siguiente movimiento: la Palabra genera
la oración de la Iglesia y la oración re-genera la Palabra. Para interpretar
e interiorizar el mensaje de la liturgia de la Palabra intervienen y
colaboran, con específica característica, tanto las oraciones como
los cantos de la misa.
La oración litúrgica, en efecto, no es otra cosa que la reacción de la
Iglesia a lo que sale de la boca de Dios. Son respuesta las oraciones
que el sacerdote dirige a Dios en nombre de todos, en particular
la plegaria eucarística: la acción de gracias elevada al Padre por el
don de su Hijo, incesantemente prodigado en el sacramento, no
se comprendería sin referencia a la divina Palabra.
Junto a las oraciones están las aclamaciones y los cantos, que
expresan la voz de la comunidad celebrante que dialoga con su
Señor: le exalta, le alaba, le invoca, le ama. El canto no es sola-
mente un elemento natural de cohesión, sino también una potente
manifestación del sentir de la Iglesia celebrante, porque, más que
la predicación, el canto estimula la fantasía y toca el corazón. Lo
subraya bien san Agustín, evocando la emoción suscitada en él por
los himnos que la comunidad cristiana de Milán elevaba a Dios,
bajo la guía de san Ambrosio:
Cuando me acuerdo de aquellas lágrimas que derramé oyendo los
cánticos de vuestra Iglesia, muy a los principios de haber recuperado
mi fe, y contemplando que ahora mismo siento moverme, no con los
tonos y la canturía, sino con las palabras y cosas que se cantan, cuando
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La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su pueblo 465
esto se ejecuta con una voz clara, y con el tono que les sea más propio
y conveniente, vuelvo a reconocer que esta práctica y costumbre de
la Iglesia es muy provechosa y de grande utilidad (Confesiones, X, 33).
3. Modalidad y objetivo del diálogo
La liturgia de la Palabra tiene la función de mantener vivo el diá-
logo que Dios va teniendo con su pueblo peregrino en la historia. Al
movimiento descendente de la Palabra, proferida para santificar,
convertir, iluminar, configurar con Cristo, corresponde entonces el
ascendente de la Iglesia orante, hecho de escucha, interiorización,
alabanza, profesión de fe, agradecimiento, aclamación, contem-
plación, docilidad, compromiso personal y comunitario.
La proclamación de la Palabra se declina con el misterio de la asam-
blea litúrgica. Esta no es un reunirse cualquiera, sino un recogerse
con motivo de la Palabra de Dios que llama, convoca, reúne a
todos aquellos que se dejan interpelar por ella (cf. OLM 7 y 8). La
importancia de la comunidad litúrgica es subrayada por los textos
bíblicos que describen la santa convocatoria de todos los hijos
de Israel para escuchar la voz de Dios y reaccionar al conocer su
voluntad: Dios habla a su pueblo y el pueblo conoce su voluntad,
le aclama y responde: «Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le
obedeceremos», sellando el intercambio de palabras con un pacto
de sangre (cf. Ex 19,3-6; Ex 24,3-8; Jos 24,1-27; Esd 8 y 9). Dialogar
ritualmente con Dios reconduce a la categoría de la Alianza, o sea
de entregar la vida para practicar las palabras salidas de la boca
del Altísimo: es la peculiar vocación del pueblo de Israel.
Es así también para la comunidad de la nueva y eterna alianza,
el «nuevo» Israel, la Iglesia. La asamblea eucarística es el lugar
privilegiado en el que Cristo revela y realiza el misterio de la
comunión con Dios y con los hermanos. Lo que crea y recrea la
Iglesia es la efectiva realización sacramental en ella de lo que el
Evangelio anuncia: o sea, la escucha mueve a los hijos de la Iglesia
a entregarse a sí mismos a la voluntad del Padre, por Cristo, en el
Espíritu Santo. A ejemplo de la Virgen en la hora de la anunciación:
«He aquí la esclava del Señor» (Lc 1,38).
362 [Link] 465 16/12/2021 16:30:01
466 Corrado Maggioni
El diálogo entre Dios y su pueblo se realiza mediante el lenguaje
ritual, lleno de dinámicas que se entrecruzan. El aspecto dialogante
resalta en el discurso directo con que se relacionan los interlocu-
tores. Al anuncio de la proclamación del Evangelio, la asamblea
se dirige directamente a Cristo, aclamando: «Gloria a ti, Señor»;
y al terminar dicha proclamación, la aclamación «Palabra del
Señor» por parte del ministro ordenado, es corroborada por la
aclamación dirigida a Aquel que, presente, ha hablado: «Gloria
a ti, Señor Jesús».
El desarrollo de la liturgia de la Palabra es acompañado por signos,
gestos, aclamaciones, silencio, cantos, posturas corporales. La tarea
de leer las Escrituras Sagradas se confía a varios ministros orde-
nados y a laicos, sin olvidar, no obstante, que es toda la asamblea,
en cuanto tal, la que está implicada en la liturgia de la Palabra,
siendo la primera protagonista, después de Dios, del diálogo de
alianza que les vincula.
Asumido que es el corazón de los creyentes el espacio por exce-
lencia en el que actúa la Palabra y se formula la respuesta a ella,
existe un lugar particular en el que es anunciada: el ambón. Debe
ser un lugar importante en el espacio celebrativo, reservado para
la proclamación de la Palabra o de «palabras» significativas: textos
bíblicos, homilía, pregón pascual, intenciones de la oración uni-
versal (cf. OGMR 309; OLM 16 y 32-34). También el espacio en el
que se hallan los fieles debe ser adecuado por visibilidad, acústica,
disposición, de modo que se favorezca la escucha de la Voz divina.
Un componente relevante es el ritmo de la acción, inspirado en
la experiencia natural de que lo que ritma la vida es el latido del
corazón. La proclamación de la Palabra no se puede acabar en
pocos instantes, ahogada por las prisas del lector o la distracción
de los oyentes. Sobre el ritmo inciden también las moniciones, que
no deben prevalecer sobre el texto bíblico, ni por extensión ni por
importancia: están al servicio de la acogida de la Palabra más que
de la comprensión del texto escrito (cf. OLM 15).
El diálogo de la asamblea con Aquél que le habla está marcado
por la alternancia entre escucha y respuesta, silencio y canto, acla-
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La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su pueblo 467
mación y gestos: signarse la frente, la boca y el corazón mientras
se aclama «Gloria a ti, Señor», tradicionalmente expresa que el
Evangelio ilumina los pensamientos, guía las palabras, compro-
mete el corazón de los creyentes; el Evangelio es proclamado por
el ministro ordenado; para honrar al Señor realmente presente en
su Evangelio se llevan velas y se usa incienso. En el ritmo también
influye al alternarse de lector, salmista, cantor, sacerdote o diá-
cono; estar sentados y ponerse de pie para escuchar el Evangelio;
la procesión con el Evangeliario mientras se canta el Aleluya; el
canto del Credo, la súplica comunitaria en la oración universal.
4. La exégesis existencial de la Palabra
El hecho que las Escrituras sean utilizadas en la liturgia mediante
la propuesta de pasajes concretos, despierta la atención sobre su
interpretación a diversos niveles. El contenido de una «perícopa»
puede ser entendido a nivel verbal, o sea lo que el texto dice; con-
textual: el mensaje del pasaje concreto en relación con los otros
textos de la liturgia de la Palabra; global, el contenido del pasaje
es considerado a la luz de la dinámica de toda la celebración; pro-
fundo, el mensaje de la Palabra es dirigido a la vida espiritual de los
fieles. La exégesis histórico-crítica de la Escritura, propia del ámbito
académico, se diferencia de la exégesis orante de la Palabra, propia
de la Iglesia celebrante; en todo caso, el objetivo del diálogo entre
Dios y el hombre es siempre la exégesis existencial de la Palabra,
testimoniada en la vida de los santos, de los creyentes. La práctica
del Evangelio es su interpretación más convincente y más creíble.
Si ante un mismo pasaje del Evangelio la exégesis histórico-crítica
reacciona de modo unívoco, exponiendo en la diversidad de pers-
pectivas y de escuelas cuanto de hecho el texto dice –profundiza
en su vocabulario, estructura, contexto, relación con otros pasajes
bíblicos–, no sucede lo mismo en el momento de la celebración
litúrgica. La exégesis de la Iglesia orante no se detiene simplemente
en lo escrito, la Iglesia en oración interpreta la Revelación en acto,
síntesis vital del diálogo entre Dios y el hombre, canonizado en la
Sagrada Escritura y actuado en el misterio del culto, para ser tra-
ducido en vida de fe, esperanza y caridad por parte de los orantes.
362 [Link] 467 16/12/2021 16:30:01
468 Corrado Maggioni
En esta perspectiva, la liturgia de la Palabra resplandece con luz
propia, proveniente del encuentro del mensaje de estos pasajes
bíblicos: la primera lectura supera el sentido literal para ser releída
a la luz del texto evangélico que, a su vez, habla a la luz de los
otros textos, incluido el salmo responsorial, la segunda lectura, la
aclamación al Evangelio. Como ya se ha dicho, la exégesis orante
de la Iglesia encuentra natural expresión en las oraciones y en los
cantos de toda la celebración.
Cuanto sale de la boca del Señor no cesa de convertirse en acon-
tecimiento salvífico en la medida en que halla consenso actual
en el ánimo de los creyentes, superando lo ya conocido del texto
escrito, leído y meditado otras muchas veces. Y porque el hablar
de Dios e inagotable y siempre nuevo, nunca repetitivo en las
diversas celebraciones que jalonan el año litúrgico, necesitamos
volver a escuchar aquella voz para adecuar cada vez más a ella
nuestra conducta cotidiana. Mediante la Eucaristía, el Resucitado
re-aparece entre los suyos, mostrándose a ellos vivo para hablar-
les de sí mismo y asimilarles a su misterio. Decía bien san León
Magno que «cuanto era visible de nuestro Redentor ha pasado a
los sacramentos»;4 y san Ambrosio: «en tus sacramentos, oh Cristo,
yo te encuentro cara a cara».5
No debe, pues, escapar que la escucha litúrgica de Dios está orien-
tada a la exégesis vivida de la Palabra, dado que la manifestación de
la voluntad divina está dirigida a modelar la vida de los creyentes:
aquí la Palabra divina alcanza el efecto para el que salió de la boca
del Altísimo y es proclamada en la misa. Lo explica bien san Atana-
sio cuando, narrando la vida de san Antonio abad, subraya cómo
este, participando un día en la misa, escuchó que en la lectura del
Evangelio el Señor le dirigía precisamente a él su voz: «Si quieres ser
perfecto, vete, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, y después
ven y sígueme». Antonio obedeció prontamente, interpretando con
la vida la palabra del Señor (cf. Vida de san Antonio, 2-4; Oficio de
lectura del 27 de Enero). ¡La exégesis del Evangelio es la caridad!
4 San León Magno, De Ascensione Domini II, 2.
5 San Ambrosio, De Apologia prophetae David 12,58.
362 [Link] 468 16/12/2021 16:30:01
Núm. 362 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 469-498
Los sacramentales en
las Iglesias orientales católicas
según sus usos litúrgicos propios y
el «Codex Canonum
Ecclesiarum Orientalium»*
José Manuel Fernández Rodríguez
Abstract: Within this range of Resumen: Dentro de esta gama de
sacred rites of the Eastern ritos sagrados de las Iglesias
Rite Catholic Churches we deal católicas de rito oriental nos
with the sacramentals, some ocupamos de los sacramentales,
of which are contained in the unos están contenidos en la
Divine Liturgy and the celebra- Divina Liturgia y en la celebra-
tion of the sacraments, while ción de los sacramentos, otros
others are part of the life of forman parte de la vida de los
the faithful, and still others are fieles, y algunos otros están
related to persons and things. relacionados con las personas y
In this study we will present con determinas cosas. En este
the notion of sacramental and estudio exponemos la noción de
the classification of sacramen- sacramentales y la clasificación
tal according to the previously de los sacramentales según los
mentioned approaches. criterios mencionados.
Keywords: blessing, Divine Liturgy, Palabras clave: bendición, Divina
sacramental sign, sacraments, Liturgia, signo sacramental,
sacramental, sanctification, sacramentos, sacramentales,
tradition. santificación, tradiciones.
José Manuel Fernández Rodríguez es teólogo seglar, licenciado
en Estudios Eclesiásticos y en Teología Histórico-Dogmática,
y Doctor in Theologia por la Facultad de Teología de Granada
(IHS) en España.
*
Estudio de investigación dedicado a la praxis sacramentaria de las
Iglesias orientales.
362 [Link] 469 16/12/2021 16:30:01
470 José Manuel Fernández Rodríguez
1. Preliminares
1.1. Elenco y mundo sacramental de las Iglesias orientales católicas1
En la vasta cristiandad oriental existe hoy una serie de Iglesias
orientales sui iuris que están en plena comunión con la Sede
Romana; estas son iglesias de largas tradiciones milenarias ori-
ginariamente enclavadas y dispersadas a lo largo y ancho del
Oriente cristiano, en su inmensa mayoría están localizadas en
Europa central y oriental. Tales iglesias se unieron –o reafirmaron
su unidad– a Roma a lo largo del segundo milenio en distintos
periodos y en determinados lugares de Europa y Oriente.
El número de Iglesias orientales que, actualmente, forman parte
de la Comunión católica son veintitrés. En este estudio de temá-
tica sacramentaria abarcamos sin exclusión alguna a las iglesias
pertenecientes a las cinco grandes tradiciones (o ritos) de Oriente
que son: alejandrina, antioquena, armenia, caldea y bizantina.
Los grupos de cristianos católicos de los cinco ritos orientales que
compone la membresía actual de las Iglesias orientales católicas,
a los que nos referiremos en adelante, son: los católicos de rito
alejandrino (coptos, etíopes, eritreos); los católicos de rito antio-
queno (sirios, malankares, maronitas); los católicos de rito arme-
nio (armenios, georgianos); los católicos de rito caldeo (caldeos,
malabares); y, por último, el grupo más mayoritario, los católicos
de rito bizantino o greco-católicos (albaneses, bielorrusos, croatas
y serbios, búlgaros, griegos católicos, greco-melquitas, ítalo-alba-
neses, macedonios, rumanos, rusos, rutenos, checos y eslovacos,
ucranianos, húngaros).
El mundo sacramental del Oriente cristiano es muy misterioso y
bastante diverso desde el punto de vista doctrinal y litúrgico por
la envergadura de la misma riqueza patrimonial que custodian y
1 Cf. J. M. Fernández Rodríguez, Las Iglesias Orientales Católicas. Su nuevo
contexto e identidad eclesial (CPL Libri 31), Barcelona: CPL 2017; y «Los católicos
orientales en su diáspora por el mundo», Scriptorium victoriense 65/ 3-4 (2018)
451-513, esp. 455-456.
Núm. 362 – Phase 61 (2021) 469-498
362 [Link] 470 16/12/2021 16:30:01
Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 471
conservan las Iglesias de Oriente en sus respectivas tradiciones
orientales.
El presente trabajo tiene como finalidad hacer una exposición y des-
cripción de unos determinados actos sagrados, considerados por
la teología católica de rango inferior a los sacramentos, llamados
sacramentales, que las Iglesias orientales practican habitualmente
en sus usos litúrgicos propios, y, además, algunos de ellos están
regulados por el nuevo Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium de
1990, (en adelante CCEO).
Dentro de esta descripción nos acercaremos al concepto de sacra-
mental que, actualmente, existe en la teología católica oriental, y en
cuanto a la exposición haremos una enumeración de los sacramen-
tales ajustándonos a varios criterios: 1) los que están relacionados
con los lugares, los elementos y los objetos de culto, 2) los que están
contenidos en los sacramentos y en la vida litúrgica, y 3) aquellos
que se relacionan directamente con las personas y las cosas. Por
último, haremos unas observaciones finales sobre la validez de
los sacramentales en las Iglesias orientales y la diferenciación de
los usos particulares de unas iglesias a otras en función de la tra-
dición eclesial a la que pertenezcan. Y, según esta variada praxis
sacramental, cabe preguntarse: ¿estos ritos sagrados pueden sufrir
una evolución o también una involución, según su uso o desuso en
la comunidad eclesial, que pudiera acarrear una total extinción?
1.2. Noción de sacramentales
Por lo general, la teología bizantina y las teologías orientales desco-
nocen la distinción católica clásica entre sacramentos (sacramenta)
y sacramentales (sacramentalia). Hay que aclarar que el término
sacramental no es común entre las Iglesias orientales, si bien es
cierto que puede entrar dentro del marco de las acciones sagradas
que preservan en su vida litúrgica actual.
Los cristianos de Oriente, sobre todo los sirios (orientales y occiden-
tales), llaman a los sacramentos más bien misterios y tienen unos
nombres característicos para denominar a las acciones sagradas,
362 [Link] 471 16/12/2021 16:30:02
472 José Manuel Fernández Rodríguez
para llamar al misterio usan el término siríaco râzâ’2 (o rôzô en
siríaco occidental) que se corresponde más bien con el vocablo
griego mystêrion (empleado desde muy antiguo por los griegos,
hoy por los bizantinos), por lo que prefieren hablar de «misterio»
en lugar de sacramento, y usan los vocablos râzê/rôzê que corres-
ponden al plural griego mystêria.3
Por su parte, los cristianos orientales católicos comparten, en
parte, la terminología técnica propia en vigor de la teología cató-
lica oficial, aunque conservan los usos litúrgicos propios a cada
rito oriental. Una muestra de esta terminología se recogió en la
redacción de los cánones del nuevo CCEO, concretamente en el
cap. VIII (cáns. 867-895). He aquí la noción de sacramentales que
se sancionó:
Son signos sagrados por los que, a imitación en cierto modo de los
sacramentos, se significan y se obtienen, por intercesión de la Iglesia,
unos efectos principalmente espirituales, los hombres se disponen a
recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican la diversas
circunstancias de la vida.4
En el encabezamiento de la definición se identifica que estos ritos
sagrados, al igual que los sacramentos, pertenecen a la categoría
de signo sacramental.5 Además, en las dos últimas finalidades se
concreta el valor pedagógico de los sacramentales al orientarlos
hacia los sacramentos en su efecto principal (gracia) y al subrayar
la santificación de la vida del cristiano por la recepción de los
sacramentos en determinados momentos de su vida.
2 Cf. I.-H. Dalmais, «Raza et sacrement», en P. De Clerck – É. Palazzo
(dirs.), Rituels. Mélanges offerts à Pierre-Marie Gy, Paris: Les Éditions du Cerf
1990, 173-182; K. Luke, «The Technical Term Raza’», Christian Orient IV/3
(1983) 112-122; y A. Raes, Il «raza» ossia il Mistero. Descrizione della Messa solenne
in rito siro-malabarese, Roma 1952.
3 Cf. J. M. Fernández Rodríguez, «Los Sacramentos en la tradición
siríaca», Diálogo Ecuménico 50/156 (2015) 14-25, esp. 11-16.
4 CCEO, can. 867 § 1.
5 Cf. J. M. Fernández Rodríguez, «El signo sacramental: “Sus elementos
estructurales e implicaciones ecuménicas”», Diálogo Ecuménico 47/147 (2012)
31-118.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 473
2. Enumeración de los sacramentales
Sobre los ritos sacramentales, al ser numerosos y variados, es
lógico que el CCEO remita a las normas del derecho particular
de cada una de las Iglesias sui iuris (can. 867 § 2). En la siguiente
exposición, en la que contemplamos a todas las Iglesias orientales
unidas a la Santa Sede, establecemos una triple división: a) sacra-
mentales referidos a los lugares, elementos y objetos de culto; b)
sacramentales contenidos en los sacramentos y en la vida litúrgica;
y c) sacramentales relacionados con las personas y las cosas.
a) Sacramentales referidos a los lugares, elementos y objetos de culto
Las Iglesias orientales hacen uso de una variedad de bendiciones
y consagraciones para santificar y purificar cosas que se destinan
al culto sacramental. Normalmente, la consagración se realiza —y
opera su eficacia— a través de la oración, la bendición con la señal
de cruz y la epíclesis.6 El objetivo último de los ritos consagrato-
rios es separar del ámbito profano un determinado lugar, elemento u
objeto, y convertir por la invocación del Espíritu Santo en un lugar
santo y en elementos u objetos cultuales. La lista de los sacramen-
tales es bastante variada:
– Dedicación de una iglesia y consagración del altar:7 el rito
universalmente adoptado entre los cristianos orientales para
la dedicación de una iglesia, el único que conocen los caldeos8
6 Cf. S. Salaville, «Spiritus Liturg. orient. et doctr. de l’Epicl. in theol.
Orient.», en Acta Conventus Velehradensis t. V, Olomucii 1927, 131-139; Íd.,
«L’Épiclèse d’après Jean Chrysostome et la tradition occidentale», Echos
d’Orient 11 (1908) 101-112; Íd., «Les fondements scripturaires de l’épiclèse»,
Echos d’Orient 12 (1909) 5-14; M. Chaîne, «La consécration et l’épiclèse dans
le missel éthiopien», Bessarione (1909-1910) 181-209; P. L’Huillier (évêque),
«Théologie de l’épiclèse», Verbum Caro 14 (1960) 307-327; y A. M. Triacca,
«Teología y liturgia de la epíclesis en la tradición oriental y occidental», Phase
25 (1985) 379-424.
7 CCEO, can. 871.
8 Para el ritual caldeo, cf. F. Yakan, «La consécration de l’huile pour la
sanctification de l’autel», en A. M. Triacca – A. Pistoia (eds.), Les bénédictions
et les sacramentaux dans la liturgie. Conférences Saint-Serge XXXIVe Semaine
d’Études Liturgiques, Paris, 23-26 juin 1987, Roma: Ed. Liturgiche 1988, 309-324.
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y los coptos,9 es la consagración del altar recién erigido con
la unción por el santo mŷron,10 la parte más importante de la
consagración, (entre los bizantinos,11 se purifica primero el
altar con agua bendita, y luego también se hace la unción de
las paredes o los muros del templo como una extensión de la
del altar)12 o con un aceite consagrado solemnemente a tal fin
(entre los caldeos). Un templo consagrado puede ser reducido,
por el obispo, a un uso profano no sórdido si no se puede
reparar o no se necesita para el culto divino.13
– Bendición de los cementerios, tanto si son propiedad de la
Iglesia como el espacio acotado para los fieles difuntos en
un cementerio civil, y en el caso de no estar bendecido, ha de
bendecirse por el sacerdote cada sepultura.14
– Consagración del antimension por el obispo (entre los bizanti-
nos), que lleva inscrito el nombre del obispo que lo consagra
y la fecha de la consagración.
– Consagración de las tablas de madera, como altares portáti-
les (la ṭablīṭō), entre los sirios occidentales y los coptos, por
9 Para el ritual copto, cf. R. Coquin, «La consécration des églises dans
le rite copte, ses relations avec les rites syrien et byzantin», L’Orient Syrien 9
(1964) 149-187.
10 Este uso litúrgico está atestiguado desde la época del Pseudo-Dionisio
Areopagita, De Hierarchia Ecclesiastica 4, 12 (PG 3,484C).
11 Para el ritual bizantino, cf. S. Salaville, Cérémonial de la consécration d’une
église selon le rite byzantin, Vatican 1937; A. K. Fyrillas, «Le rite byzantin de
la consécration et dédicace d’église», La Maison-Dieu 70 (1962) 131-134; P. J.,
«Ordo de la dédicace au rite byzantin ancien (Codex Barberini)», La Maison-
Dieu 70 (1962) 135-140; y V. Ruggieri, «Consacrazione e dedicazione di chiesa
secondo el “Barberinianus graecus 336”», Orientalia Christiana Periodica 54
(1988) 79-118.
12 En la consagración de una iglesia, lo primero que tiene lugar es la consa-
gración del altar, porque se piensa que desde el altar la gracia de santificación
se esparce al resto del templo. Esto está afirmado por Simeón de Tesalónica,
De la consécration de l’église (PG 155,305A).
13 CCEO, can. 873.
14 CCEO, can. 874.
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el obispo o el patriarca con la unción por el santo mŷron. Los
maronitas también hacen uso de la tablītō.15
– Consagración del mŷron por el patriarca, y los obispos de las
iglesias no patriarcales, el Jueves Santo.16
– Bendición del óleo de los catecúmenos.
– Consagración del óleo santo,17 ordinariamente por el obispo,
entre los caldeos, los malabares, los coptos (los etíopes y los
eritreos), los melquitas y los sirios por el obispo –y entre los
maronitas y los armenios por el patriarca o catholicós– el Jueves
Santo.18
15 Cf. J. Madey, «Autel», en: J. Assfalg – P. Krüger (eds.), Petit Dictionnaire
de l’Orient Chrétien, Turnhout: Brepols 1991, 76-77.
16 La consagración del mŷron (santo crisma) es sancionada por el nuevo
código de derecho canónico oriental: «El santo mŷron, hecho de aceite o de
otras plantas y de aromas, es consagrado solo por el obispo, salvo el derecho
particular según el cual esta potestad se reserve al Patriarca» (CCEO, can. 693). A
falta de aceite de oliva para confeccionar el mŷron, los armenios y los malabares
han utilizado otros aceites vegetales (sésamo) o animales. Los armenios, en su
caso, se sirven a menudo del aceite de sésamo (cf. PG 133,192-193). Los coptos
preparan el santo crisma a base de aceite de oliva y bálsamo, pero le mezclan,
como hacen otros cristianos orientales, muchos otros ingredientes y esencias
odoríferas, cf. L. Villecourt, «Un manuscrit arabe sur saint chrême dans
l’Église copte», Revue d’Histoire Ecclésiastique 17 (1921) 501-514; 18 (1922) 5-19;
«La lettre de Macaire, évêque de Memphis sur la liturgie antique du chrême et
du baptême à Alexandrie», Le Muséon 36 (1923) 33-42; «Livre du chrême», Le
Muséon 41 (1928) 49-80; y A. Van Lantschoot (ed.-trad.), «Le ms. Vat. Copte
44 et le Livre de Chrême, ms. Paris Arabe 100», Le Muséon 45 (1932) 181-234.
17 A lo largo de varios siglos, del siglo ix al xvi, en la confección del óleo santo,
los bizantinos han mezclado tanto agua como vino al aceite de oliva que se
consagraba para la unción de los enfermos. Los rusos modernos (desde el siglo
xvi en adelante) solo mezclan al aceite de oliva el vino que se usa propiamente
para la celebración eucarística.
18 Entre los italo-grecos (o italo-albaneses) establecidos en Sicilia e Italia
meridional, a partir de la instrucción Sanctissimus del 31 de agosto de 1595
del papa Clemente VIII, se reconoce explícitamente la legitimidad de la
antigua práctica griega que autoriza al sacerdote griego a bendecir el óleo
de los enfermos. Normalmente, entre los bizantinos (como hacen los rusos,
los rutenos, los ucranianos y los rumanos unidos), el aceite de oliva para los
enfermos es bendecido por los sacerdotes durante cada celebración en casa
del enfermo, según el uso de la Iglesia griega. Entre los melquitas, el aceite
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476 José Manuel Fernández Rodríguez
– Consagración de la iconostasis (iconostasio), de los iconos de
la iglesia y de los iconos privados (entre los bizantinos), y
consagración de las cruces (cruz del altar, entre los bizantinos,
entre los sirios occidentales –malankares–, y entre los sirios
orientales –caldeos católicos– y malabares).
– Consagración de los vasos, los ornamentos sagrados, el incen-
sario y otros objetos de culto.19
– Gran consagración del agua (llamada gran hagiasma, entre los
bizantinos), en la fiesta de la Epifanía (fiesta del bautismo de
Jesús).20
– Pequeña consagración del agua (agua bendita, o pequeño
hagiasma, entre los bizantinos).
– Bendición de las imágenes (iconos, pinturas, estatuas). Por
ejemplo, la bendición de las imágenes de la Virgen y de los
santos, entre los coptos, incensadas por el sacerdote antes del
comienzo de la liturgia eucarística (misa).
– Bendición litúrgica del trigo, del pan, del vino, del aceite (en
las vigilias de las fiestas, entre los bizantinos).
– Bendición litúrgica de frutos (en la Transfiguración), y de
hierbas, de palmas, y de flores y de ramos (en Pentecostés para
de los enfermos es bendecido, indistintamente, tanto por el obispo como por
los presbíteros. Cf. J. Dauvillier, «Extrême-onction dans les Églises orien-
tales», en R. Naz (dir.), Dictionnaire de Droit Canonique V, Paris: Letouzey et
Ané 1953, cols. 744-750. El nuevo CCEO, en su can. 741, autoriza al sacerdote
que confiere el sacramento a bendecir el óleo de los enfermos.
19 Cf. E. Hammerschmidt, «Ustensiles liturgiques», en J. Assfalg – P.
Krüger (eds.), Petit Dictionnaire de l’Orient Chrétien, Turnhout: Brepols 1991,
459-462; Íd., «Vêtements liturgiques», en Petit Dictionnaire de l’Orient Chrétien,
Turnhout: Brepols 1991, 467-473.
20 Cf. Th. Spasky, «La pratique de l’Hagiasma», La Pensée Orthodoxe 2 (13)
(1986) 93-106; J. M. Sauget, «Bénédiction de l’eau dans la nuit de l’Épiphanie
selon l’ancienne tradition de l’Église maronite», L’Orient Syrien 15/3 (1959)
319-378; y I.-H. Dalmais, «La sanctification des eaux et la fête de l’Épiphanie
dans la tradition syro-antiochienne et ses dérivées», en A. M. Triacca – A.
Pistoia (eds.), Les bénédictions et les sacramentaux dans la liturgie. Conférences
Saint-Serge xxxive Semaine d’Études Liturgiques, Paris, 23-26 juin 1987, Roma:
Ed. Liturgiche 1988, 59-71.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 477
alfombrar las iglesias, entre los bizantinos; y fiesta de ramos
o palmas, entre los etíopes).
b) Sacramentales contenidos en los sacramentos y en la vida litúrgica
La riqueza sacramental de la vida de las Iglesias orientales está des-
tinada a la santificación litúrgica de los fieles que son introducidos
en el ámbito litúrgico de los misterios sagrados, que contribuyen
en mayor o menor medida a la divinización del cristiano.21
1) CCEO lo cotidiano del oficio divino, o santificación del tiempo,
oración de la Iglesia que santifica las principales horas del
día y de la noche, cuya costumbre se remonta a los comienzos
mismos del cristianismo. Entre los bizantinos, la participación
al oficio cotidiano, la glorificación del Nombre de Dios «en
todo tiempo y lugar» tiene un valor de santificación de toda la
vida del cristiano. En todos los ritos orientales, este ciclo diario
se suma a los ciclos semanal y anual para santificarlos y hacer
revivir los grandes acontecimientos de nuestra Redención.
La santificación del ciclo temporal (diario, semanal, anual)
expresa y afirma la pertenencia del tiempo natural al orden
de la salvación, establecido por Dios.
2) Los días de fiesta y de penitencia. Dentro del ciclo temporal
existen fiestas y días de penitencia que configuran el calen-
dario litúrgico de cada Iglesia oriental sui iuris. Las Iglesias
orientales unidas tienen, además de los domingos, cinco días
de fiesta de precepto comunes a todas ellas: la Natividad,
21 Para los sacramentales contenidos en los siete sacramentos y en la vida
litúrgica de los ritos orientales seguimos a I.-H. Dalmais, Las liturgias orien-
tales, Bilbao: Desclée de Brouwer 1991, 71-195; y «Note sur la Confirmation
dans les rites orientaux», Lumière et Vie 10/51 (1961) 73-79; M.-J. Rouët de
Journel, «Les liturgies orientales (4ª p.: Les sacrements)», en R. Aigrain (dir.),
Liturgia. Encyclopédie populaire des connaissances liturgiques, Paris: Bloud et Gay
1943, 942-952; y también varios trabajos de autores del fascículo monográfico
titulado Las liturgias orientales II, en RLArg 27/205 (1962): M. Sardonil, «La
liturgia eucarística», 103-164; S. Sola, «Los ritos de la iniciación cristiana:
bautismo y confirmación», 165-187; L. Lell, «Los ritos de la penitencia, de la
enfermedad y de la muerte», 188-220; «La liturgia del matrimonio», 247-259;
y R. Arrieta, «El sacramento del orden», 221-246.
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478 José Manuel Fernández Rodríguez
la Epifanía y la Ascensión de Jesucristo, la Dormición de la
Virgen María, y los santos Apóstoles Pedro y Pablo.22 Las fies-
tas comunes a todas las Iglesias orientales son en definitiva
fiestas universales; son observadas tanto en Oriente como
en Occidente. Los domingos y demás días de precepto, son
así llamados porque está preceptuada la participación en la
divina Liturgia, y los fieles tienen la obligación de participar
en ella y abstenerse de aquellos trabajos que por sus efec-
tos impiden celebrar el culto litúrgico o misa en el día del
Señor, o de gozar de la alegría propia del día del Señor, o no
fomentan el descanso necesario en el séptimo día (Gn 2,3).23
En alguna Iglesia oriental existe el precepto de celebrar las
alabanzas divinas, no como sustitutivo de la divina Liturgia,
sino como alternativa.24 Existen otras fiestas que no son de
precepto, dedicadas a los santos preferentemente orientales.
Sirva como ejemplo, en el calendario bizantino se celebra
al día siguiente de algún misterio del Cristo la fiesta del
protagonista (o figura central); al día siguiente a la Epifanía
(o Bautismo del Señor) se celebra a san Juan Bautista; al día
contiguo a la Presentación de Jesús en el templo se recuerda
a los santos Simeón y Ana; al día siguiente a la Anunciación
del Señor se celebra san Gabriel. Otras liturgias, como la
armenia y la caldea, en sus respectivos santorales tienen
menos santos y se suelen trasladar al domingo. Cada liturgia
oriental celebra a los santos autóctonos del lugar. Los días y
los tiempos penitenciales son más numerosos en Oriente que
en Occidente. Los cristianos orientales mantienen los cuatro
tiempos penitenciales: el Adviento, la Cuaresma, y otros dos
que disponen a dos grandes fiestas universales: los santos
Apóstoles y la Dormición de María. La forma de realizar las
praxis penitenciales suele variar de unas Iglesias a otras: por
lo general, el ayuno consiste en no ingerir alimento alguno
desde las doce de la noche hasta las doce del mediodía: su
22 CCEO, can. 880 § 3.
23 CCEO, can. 881 § 4.
24 CCEO, can. 881 § 1.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 479
ruptura se llama «desayuno». La abstinencia hace referen-
cia a no comer carne y sangre de algunos animales, a veces
prohibidos por la ley mosaica, como animales impuros y
sofocados. Suelen ser días penitenciales los miércoles y los
viernes.25
3) Ritos ligados a la celebración de los misterios principales. Estos
ritos tienen en sí mismos un valor de santificación, aunque
son inseparables de su contexto litúrgico y están destinados
a preparar la ceremonia de los santos misterios en los cuales
tales ritos culminan.
a) Ritos conexos del bautismo: entre los bizantinos (rusos,
rutenos, ucranianos, serbios, búlgaros, rumanos, melqui-
tas, griegos,…), las primeras oraciones sobre el neonato, la
consignación del catecumenado, la renuncia a Satanás, la
profesión de fe, la bendición del óleo de los catecúmenos,
la consagración del agua con el santo mŷron, la unción pre-
bautismal, el don del vestido blanco, la tonsura postbau-
tismal. Los sirios y los maronitas imparten unas primeras
oraciones sobre el infante, luego la exuflación y la triple
signación cruciforme en la frente sin la unción con aceite
que la acompaña entre los coptos, luego hacen una unción
tras la primera signación;26 entre los armenios no existen
25 Cf. C. de Francisco Vega, Las Iglesias orientales católicas. Identidad y
patrimonio, Madrid: San Pablo 1997, 341-342.
26 Los coptos tienen por costumbre bautizar a los niños a los 40 días tras su
nacimiento y a las niñas a los 80 días. Antes de bautizar realizan varios ritos
prebautismales: una oración de purificación sobre la madre del infante, luego
dos primeras oraciones, una de ellas sobre los catecúmenos (generalmente se
recitan varias a causa de su retraso bautismal), y con el óleo de los catecúme-
nos hacen múltiples unciones en forma de cruz en varias partes del cuerpo.
Luego, la renuncia al demonio con los brazos extendidos en cruz, los neófitos
están completamente desvestidos y despojados de todas las joyas de oro o de
plata. Sigue la profesión de fe, y de nuevo unciones y oraciones. Después, la
bendición del agua por triple infusión de aceite santo, triple insuflación en
el agua, triple división del agua en forma de cruz. Siguen nuevas oraciones,
nueva triple infusión ahora con el santo crisma en forma de cruz en el agua
y agitación del agua con la mano. Cf. M.-J. Rouët de Journel, «Les liturgies
orientales (4ª p.: Les sacrements)», 947-948.
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480 José Manuel Fernández Rodríguez
ni la signación de la cruz sobre la frente del bautizando,
ni los exorcismos, ni el óleo de los catecúmenos, todas las
unciones se hacen con el santo crisma; los caldeos no han
conservado huella alguna del catecumenado, pero parece
que comportaba una imposición de las manos y una unción
en la frente. La renuncia a Satanás y la profesión de fe, la
bendición del óleo de los catecúmenos, la consagración
del agua con la infusión del santo mŷron (crisma), el rito
de la unción prebautismal que, los coptos, los armenios,
los caldeos, la sitúan antes de la consagración del agua,27
ausente en el ritual armenio que, sin embargo, conserva
una bendición del óleo que se refiere explícitamente a ella;
los malankares amplían esta unción a todo el cuerpo, a imi-
tación de la costumbre general de la unción prebautismal,
la colocación de los vestidos blancos que salvo los caldeos
los demás la sitúan tras la crismación (confirmación), y los
sirios, los coptos y los caldeos desacralizan las aguas tras
el bautismo.
b) Ritos conexos de la crismación: la unción por el santo mŷron
de varias partes del cuerpo del neófito siempre comple-
tamente desvestido28 (entre los bizantinos, en la frente,
los ojos, la nariz, la boca, los oídos, el pecho, las manos y
los pies, en otros también la espalda, y a veces en todo el
cuerpo; los maronitas, siguiendo el uso latino, hacen la
27 Para toda la tradición oriental, «esta unción prebautismal es una unción
de combatiente, fortifica al catecúmeno para la lucha suprema contra las
potencias del mal; y sin duda los sirios fieles al uso antiguo no distinguen
entre el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos. En uno y en otro
caso se trata del combate contra las potencias del mal» (I.-H. Dalmais, Las
liturgias orientales, Bilbao: Desclée de Brouwer 1991, 83).
28 Entre los cristianos de Oriente, sobre todo entre los bizantinos orto-
doxos y a veces incluso entre los greco-católicos, se introdujo la costumbre
de administrar la crismación del mŷron por medio de un pequeño pincel o
simplemente de un pequeño utensilio en cuya extremidad se coloca un poco
de algodón, llamado aleiptron (instrumento para ungir).
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 481
unción de la frente),29 entre los coptos seguidas de una
imposición de las manos (llegan a hacer hasta un total de
36 unciones).30 Entre los bizantinos (sobre todo ortodoxos)
la unción sagrada en la coronación del emperador.31 Tras la
crismación, todos los cristianos orientales, a excepción
de los bizantinos, colocan en la frente del recién crismado
una cinta en forma de corona más o menos adornada. Esta
coronación va acompañada de diversas fórmulas.
c) El conjunto de los ritos de la liturgia eucarística: sus efec-
tos espirituales son igualmente inseparables de los de la
comunión eucarística. Por ejemplo, las bendiciones, los
ritos anexos: ostensión de los santos Dones, la conmixtión,32
la intinción33 del pan y vino, los ritos de la paz, la lectura
de las Sagradas Escrituras, los incensarios sucesivos, las
procesiones litúrgicas (la procesión de los evangelios,
29 Cf. E. Herman, «Confirmation dans l’Église orientale», en R. Naz (dir.),
Dictionnaire de Droit Canonique IV, Paris: Letouzey et Ané 1949, cols. 122-128,
esp. col. 123.
30 Una vez crismado, el bebé es llevado por el diácono ante el altar donde el
sacerdote le pone unas gotas de aceite sobre los párpados, las cuales, según la
creencia supersticiosa popular, le inmunizarán contra el mal de ojo frecuente
en Egipto. Cf. S. Sola, «Los ritos de la iniciación cristiana: Bautismo y Con-
firmación», RLArg 27/205 (1962) 186.
31 Cf. F. E. Brightman, «Byzantine imperial coronations», The Journal of
Theological Studies 2 (1901) 359-392; G. Ostrogorsky, «Evolucija vizantijskogo
obrojada koronovanija», en [Link]., Vizantija, Iuzhnye Slavjane i drevnjaja Rus’,
Zapadnaja Europa, (en honor de V. Lazarev), Moskva 1973, 33-42; A. Kniazeff,
«Les rites d’intronisation royale et impériale», en A. Pistoia – A. Triacca
(eds.), Les bénédictions et les sacramentaux dans la liturgie. Conférences Saint-
Serge xxxive Semaine d’Études liturgiques, Paris 23-26 juin 1987, (Bibliotheca
«EL». Subsidia 44), Roma: Ed. Liturgiche 1988, 125-164. Para la significación
teológica de la unción del emperador y su historia, cf. M. Jugie, Theologia
dogmatica christianorum orientalium, t. III: Theologiae dogmaticae graeco-russorum
expositio de sacramentis. Tractatus de sacramentis seu mysteriis, Paris 1930, (« De
chrismatione imperatorum »), 151-162.
32 La conmixtión consiste en dejar caer en el cáliz un trocito de pan consa-
grado.
33 La inmixtión o intinción consiste en marcar el Pan con una gota de Vino
consagrado, que se hace en forma de cruz.
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482 José Manuel Fernández Rodríguez
de los santos dones y de la comunión), la comunión se
recibe bajo las dos especies, excepto en los armenios y los
maronitas. La despedida de los fieles, a excepción de los
sirios, está acompañada por una última bendición con la
cruz y, entre los coptos, por una aspersión con el agua de
las abluciones.
d) Ritos conexos a la ordenación: las ordenaciones menores
están orientadas a la gracia de la ordenación. Los mala-
bares y los armenios católicos en su momento adoptaron
todas las órdenes menores del rito romano (acólito, lector,
subdiácono). Los armenios consideran como órdenes
menores: el portero, el lector, el exorcista, el acólito y el
subdiaconado, y como órdenes mayores: el diaconado
y el sacerdocio (que incluye presbiterado y episcopado);
las mayores se subdividen: junto a los diáconos, tienen
los archidiáconos; junto a los sacerdotes, los doctores.
Ciertamente, los armenios han instituido un grado inter-
medio entre el sacerdote y el obispo, el de los doctores,
llamados vartapets («vardapetas»), con una ordenación
particular.34 Normalmente, los católicos orientales admi-
ten como órdenes mayores: el diaconado, el presbiterado
y el episcopado. Los coptos tienen como órdenes menores:
el lector y el subdiácono, y como órdenes mayores: el dia-
conado, el presbiterado y el episcopado, y añaden otras
dos: la ordenación del archidiaconado y del egumenado
que no pueden ser consideradas más que como simples
sacramentales de institución eclesiástica.35 Los maronitas
34 «Estos son clérigos que poseen estudios de teología y están obligados a
guardar el celibato. Son los religiosos de la Iglesia armenia, a los cuales, por el
contrario, no se les exige que vivan en monasterio. De las filas de estos vartapets
son elegidos los obispos. Se distinguen por su vestimenta llevan un capuchón
cónico que cubre el bonete eclesiástico» (J. M. Fernández Rodríguez, «Los
sacramentos en la tradición litúrgica de las Iglesias armenias», Proyección
LXVII, 274 [2019] 291-292).
35 Cf. M. Jugie, «Monophysite (Église Copte): IV. Dogme et croyances. Les
Sacrements. («Le rituel»)», en DThC X~2, Paris: Letouzey et Ané 1929, cols.
2288.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 483
ordenan, curiosamente, cantor a los niños a los 7 años y
lector o subdiácono a los 12 años, y los coptos ordenan
diáconos a niños hasta de 6 años, por lo que abundan
considerablemente entre ellos.36 Entre los caldeos existe el
cantor y el lector. Los demás cristianos orientales conocen
la tonsura monástica, en forma de cruz, como acceso al
diaconado, y tienen bendiciones para el ostiario, el exor-
cista y el acólito. Entre los coptos, la tonsura se da al inicio
de la ordenación del lectorado, y tienen una bendición
para la promoción del cantor (o salmista), ahora bien no
consideran el cantorado como un orden distinto. Entre los
sirios existe el cantor, el lector, el acólito y el subdiácono, y
una bendición especial para los cantores (o salmistas).37 Las
bendiciones litúrgicas y sacerdotales, entre el sacerdocio
y el episcopado, que no constituyen ningún grado sacer-
dotal, como son las bendiciones honoríficas (institución
de los corepíscopos, entronización de los metropolitas y,
entre los bizantinos, entronización de los egúmenos38 o los
archimandritas).39
e) Ritos anexos a la ordenación: todos los cristianos orienta-
les suelen tener un rito de consagración del patriarca (o
catholicós). Los bizantinos conservan una consagración
en el ministerio patriarcal con un carácter más o menos
sacramental.40 Entre los sirios, la consagración de los
36 Sobre los coptos y los maronitas, cf. M.-J. Rouët de Journel, «Les litur-
gies orientales (4ª p.: Les sacrements)», 944.
37 Cf. J. M. Fernández Rodríguez, «La praxis sacramental de las Iglesias
sirias de rito siro-occidental», Theologica Xaveriana Vol. 70, 190 (2020), {Theo-
logica Xaveriana (2020): 1-25.
38 Un egúmeno (también llamado hegúmeno o igumeno) es el superior de un
pequeño monasterio (título equivalente al de un prior en la Iglesia católica),
que tiene jurisdicción sobre los religiosos o las religiosas de dicha comunidad,
y sobre los fieles del lugar.
39 Un archimandrita es un monje sacerdote. Originariamente, se llamaba
archimandrita al abad de un gran monasterio.
40 Para la ordenación bizantina de los patriarcas, cf. A. von Maltzew, Die
Sacramente der Orthodox-Katholischen Kirche des Morgenlandes, Berlin 1898.
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484 José Manuel Fernández Rodríguez
patriarcas es especialmente pomposa. Los armenios
tienen una ceremonia muy elaborada de entronización
y de unción para un catholicós (o patriarca). Los coptos
hacen una entronización patriarcal que tiene todas las
características de un misterio,41 si bien no consideran el
metropolitano ni el patriarcado como órdenes distintas
del episcopado.
f) Los diversos grados de la profesión monástica. 42 Los
armenios conocen la tonsura monástica como una simple
ceremonia preparatoria para la recepción de las órdenes
propiamente dichas. Entre los sirios, el candidato al clero
religioso (a monje) recibe la tonsura en una ceremonia reli-
giosa. Los etíopes monofisitas tienen tres fases sucesivas de
profesión religiosa. La consagración monástica efectuada
por un obispo o un monje sacerdote, entre los bizantinos,43
consta de la emisión de los tres votos monacales (castidad,
pobreza, obediencia), sellada con la tonsura cruciforme y
la imposición de un nuevo nombre.44
g) Los ritos conexos del matrimonio: los diferentes ritos
orientales varían en cuanto a la especificación del inter-
cambio del libre consentimiento mutuo de los esposos,
que hacen la esencia del sacramento.45 El consentimiento
41 Para el ritual copto de consagración patriarcal, cf. O. H. E.-KHS Burmes-
ter, The rite of Consecration of the Patriarch of Alexandria, Cairo: Publications
de la Société d’Archéologie copte 1960.
42 Cf. P. Raffin, Les rituels orientaux de la profession monastique (Spiritualité
orientale 4), Abbaye de Bellefontaine ²1974.
43 Para la tradición bizantina, cf. M. Wawryk, Initiatio monastica in Liturgia
byzantina (OCA 180), Roma: PIOS 1968.
44 CCEO, cáns. 462-470.
45 A excepción de los rutenos y los ucranianos que, desde Pedro Moghila y
por la influencia de la teología y liturgia católica latina, han puesto el acento
en el intercambio de los consentimientos al punto de reducir el rito de la
coronación a un simple apéndice, el resto de orientales hacen de este rito un
elemento constitutivo del matrimonio, y el nuevo código de derecho canónico
para todos los católicos orientales sanciona expresamente este tradición.
Anteriormente, la normativa matrimonial oriental católica estaba regulada
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 485
es necesario expresarlo de un modo explícito, sea al prin-
cipio del oficio de los esponsales, como los melquitas y los
rumanos católicos; sea al inicio del oficio de la coronación,
como los rusos y los serbios. Respecto a la coronación,
todas las iglesias concuerdan en considerarlas como una
de las solemnidades necesarias para la validez del con-
trato matrimonial.46 En todos los ritos orientales, salvo
en el rito caldeo que los tienen estrechamente unidos, se
distinguen claramente dos oficios: el de los esponsales y
el de la coronación. En el rito de los esponsales, entre los
bizantinos, el sacerdote recibe a los esposos en la entrada
de la iglesia, si su consentimiento es libre, los bendice, les
entrega un cirio encendido, les hace la señal de la cruz
y los introduce en el templo. En todos hay las bendicio-
nes de los esposos y la entrega solemne de los anillos.
Algunos rituales practican otras costumbres: entre los
coptos, el rito del beso del novio sobre la frente de la novia
(antiguo rito en vigor desde el siglo iv en Alejandría), que
permanece vivo aún hoy entre los rutenos. Los sirios, los
coptos y los armenios han sacralizado con una bendición
la presentación de las joyas y las vestiduras de la novia.
Los sirios tienen por costumbre arcaica sancionar los
desposorios con la entrega a la prometida de una pequeña
cruz que se colgará al cuello.47 Todos los ritos orientales
por el Motu proprio de Pío XII, Crebrae allatae sunt (22 de febrero de 1949),
AAS 41 (1949) 2, 89-117. Para los melquitas, cf. A. Hage, Les empêchements
du mariage dans l’Église Melkite et leur évolution depuis l’origine jusqu’au Motu
Proprio «Crebrae allatae sunt» de 1949, Romae: PIOS 1955.
46 Cf. R. P. Raes, «Le consentement matrimonial dans les rites orientaux»,
Ephemerides liturgicae 47 (1933) 34-47. Para el consentimiento de los esponsales
regulado por el nuevo CCEO, cáns. 776, 817-827, 837.
47 Este uso está atestiguado en el ritual armenio del siglo x como un rito
característico de los esponsales, en efecto, la oración que acompaña a la impo-
sición de la cruz sigue empleándose entre los armenios católicos, aunque el
rito haya desaparecido. Entre los sirios (jacobitas) está recogido como uso
tradicional en el Nomocanon de Barhebræus. Entre los coptos, se encuentra
atestiguado al menos desde el siglo xiii. En todos estos ritos originariamente
había solo un anillo entregado por el novio a la novia o en su nombre. Los
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486 José Manuel Fernández Rodríguez
tienen el rito de la coronación y su levantamiento (entre
los bizantinos, con doble fórmula de bendición). El rito
nupcial incluye (junto a la colocación de las coronas
en la cabeza de los esposos, la unión de sus manos y la
bendición) la bendición de la copa de vino, costumbre
antigua en vigor, tanto en Oriente como en Occidente,
por la inmixtión de un fragmento de pan consagrado, y
la participación de la copa de vino santificada. Los sirios
han conservado la importancia del cortejo nupcial que
sigue al rito de la coronación y conduce a los esposos a
la sala del banquete. Entre los coptos, hasta mediados
del siglo xix, antes de la coronación, los cónyuges eran
ungidos en la frente, el pecho y las manos, costumbre
que aún hoy día parece estar en vigor. Los armenios, los
coptos y los etíopes celebran el rito nupcial (coronación)
durante la liturgia eucarística, los bizantinos lo celebran
fuera de la misma, mientras que entre los latinos se dan
las dos posibilidades.
h) Ritos conexos a la unción de los enfermos, designada desde
antiguo «rito del óleo santo»: la bendición del santo óleo
caldeos han unido estrechamente al rito de los esponsales con el anillo y la
cruz, el de la participación de la copa llena de vino bendito. Cf. I.-H. Dalmais,
Las liturgias orientales, Bilbao: Desclée de Brouwer 1991, 168-169. Sobre el
diverso derecho canónico particular de cada Iglesia oriental, cf. W. Selb – H.
Kaufhold, «Droit canon oriental», en: Petit Dictionnaire de l’Orient Chrétien,
Turnhout: Brepols 1991, 130-142. Para una breve reseña y bibliografía del
derecho canónico de las Iglesias orientales unidas, cf. W. Selb, «Droit canon
oriental catholique», en Petit Dictionnaire de l’Orient Chrétien, Turnhout: Bre-
pols 1991, 142-145. Algunas Iglesias patriarcales y arzobispales (maronita,
copta, siro-malabar, greco-melquita…) emprendieron, tras la promulgación
del CCEO en 1990, un proceso de elaboración de un derecho particular para su
Iglesia, cuyo objetivo era completar el ya existente derecho canónico oriental
común (los cuales fueron promulgados y publicados sucesivamente: los maro-
nitas en 1996, los coptos en 2003-2004, los malabares en 2003, los melquitas en
2004…). Véase como ejemplo un estudio crítico reciente sobre la codificación
del derecho particular de la Iglesia greco-melquita católica: Raji Al Bdeiwi
(ed.), The Particular Law of the Greek-Melkite Catholic Church, Roma: Pontificio
Istituto Orientale & Valore Italiano 2020.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 487
de los enfermos48 y la unción en forma de cruz de varias
partes del cuerpo (los bizantinos hacen siete unciones: en
la frente, la nariz, los labios, las orejas, las dos manos, el
pecho, la espalda y los dos pies). Hay quienes afirman que
es el sacramento más disminuido y falsificado en Oriente,
que lo han olvidado casi por completo ciertas Iglesias,
como los caldeos, los etíopes y los armenios gregorianos.
Otras han introducido extrañas deformaciones.49 Pese a
que no les falta razón en la afirmación, el enfoque no es
correcto, porque los bizantinos le dan bastante importan-
cia a las unciones. Por casi todo Oriente se halla extendida
la costumbre de conferir la unción con el óleo bendito
incluso a personas que gozan de buena salud para curarlas
de sus enfermedades espirituales. Los bizantinos (grie-
48 «El óleo que se ha de utilizar en la unción de los enfermos debe estar ben-
decido, y en principio por el sacerdote mismo que administra el sacramento,
a no ser que el derecho particular de la propia Iglesia sui iuris diga otra cosa»
(CCEO, can. 741).
49 Cf. M.-J. Rouët de Journel, «Les liturgies orientales (4ª p.: Les sacre-
ments)», 944.
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488 José Manuel Fernández Rodríguez
gos50, rusos51, melquitas52…) y los coptos administran la
unción no solamente a los enfermos, sino también a las
50 Entre los ítalo-grecos en la administración del sacramento pueden
intervenir varios sacerdotes, pero –a condición de que no sea cuestionada su
validez– uno solo debe efectuar a la vez las unciones y pronunciar la fórmula.
51 Los rusos católicos usan, para la administración del sacramento de la
unción de los enfermos, las reglas tradicionales contenidas en su Trebnik (el
Trebnik –Ritual– es el libro litúrgico que contiene todas las acciones sagradas
ministeriales de la Iglesia: sacramentos, consagraciones y bendiciones). En
1945 fue publicado en Roma un Trebnik que albergaba un rito ordinario, que
prescribe la participación de siete sacerdotes, y un rito abreviado. Para la admi-
nistración emplean algún tipo de bastón (o bastoncillo). Para la preparación
del óleo santo una rúbrica autoriza a verter ya sea agua o vino. Los rutenos
y los ucranianos unidos emplean una nueva edición, publicada en 1946 en
Roma, del Malyj Trebnik («Pequeño Trebnik»), cuyo uso se hizo obligatorio
entre los ucranianos católicos. El oficio ha sido abreviado: el sacramento es
conferido por tres sacerdotes e incluso uno solo administra ordinariamente la
unción de los enfermos. El Trebnik prescribe que las unciones pueden hacerse
con el pulgar o con ayuda de pinceles (θρυαλλίδες), allí donde exista una
u otra costumbre, estas unciones se hacen en forma de cruz en varias partes
del cuerpo, según las costumbres de las distintas regiones. Los rutenos han
combinado en este sacramento usos bizantinos con algunas ventajas del rito
latino. El sacramento se administra por siete o tres sacerdotes, pero uno solo
es suficiente en caso de no poder encontrar a varios sacerdotes (cf. CCEO,
can. 737 § 2). Entre los rumanos unidos, el sacramento del santo óleo es
administrado por siete sacerdotes, aunque en caso de necesidad uno solo es
suficiente, para las unciones se sirven de un bastoncillo recubierto de algodón.
Al igual que el resto de los bizantinos eslavos unidos, los rumanos tienen dos
ritos del sacramento, uno largo (u ordinario) y otro abreviado, recogidos, por
ejemplo, en las ediciones del typicon (Tipic Bisericesc, Blaj 1931) y del eucologio
(Eujologion sau Molitvenic, Blaj 1940).
52 Entre los melquitas, según el rito abreviado publicado en 1923, las uncio-
nes se hacen con el pulgar, y tan solo se permite hacer uso de un bastoncillo
recubierto de una bola de algodón cuando se trata de una enfermedad con-
tagiosa; así también se hacía entre los rutenos. Los nuevos rituales rumano
y ruso consagran el uso del pincel y el nuevo ritual ruteno lo autoriza. Para
el rito abreviado de los greco-melquitas católicos, cf. J- B. Darblade, «Rite
abrégé de l’Huile Sainte chez les Melkites Catholiques», Proche-Orient Chrétien
1 (1951) 86-100. Estos y otros detalles de este sacramento entre los católicos
unidos en J. Dauvillier, «Extrême-onction dans les Églises orientales», en
R. Naz (dir.), Dictionnaire de Droit Canonique V, Paris: Letouzey et Ané 1953,
cols. 725-789, esp. cols. 744-750. El CCEO, en su can. 742, solo menciona, sin
especificar nada más, que las unciones y las fórmulas han de hacerse según
el orden y el modo prescritos en los libros litúrgicos.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 489
personas sanas (la llamada unción penitencial), dado que
están en estado de pecado,53 así también entre los maroni-
tas que ungen a todos los asistentes a la celebración, (los
griegos la distribuyen el miércoles santo en las iglesias
como complemento de la penitencia y preparación para la
comunión; los rusos la administran la noche del miércoles
santo o la mañana del Jueves Santo; entre los rutenos,
desde el siglo xviii, ha dejado de practicarse el Jueves Santo
y los rumanos católicos ya no la practican). Los melquitas
católicos acabaron con esta evolución consecuentemente,
en cuanto que, si bien aceptaron la costumbre griega,
han excluido, sin embargo, al celebrar este oficio el día
de Pascua (Jueves Santo), la fórmula solemne («Padre
santo») con la imposición de las manos que acompaña a
cada unción, y luego queman inmediatamente el aceite
restante. De tal manera que el rito existe hoy paralelo al
misterio del óleo santo propiamente dicho.54 Los rusos
tampoco pronuncian la fórmula: «Padre santo». Entre los
etíopes, su desuso es probable que se deba a la falta de
aceite en la región o simplemente que haya perdido su
significado sacramental.55 Los maronitas tienen un cere-
monial prestado (tomado) del ritual romano, lo mismo que
los sirios católicos y los armenios católicos. Los caldeos
católicos han adoptado el ritual romano junto a algunos
detalles del ritual bizantino, en especial lo que se refiere
53 Los coptos hacen una unción sobre la frente a todos los que se presentan
en la celebración, cuya finalidad es la de preservarlos de las fuerzas maléficas
del Maligno. Su ritual (el oficio del óleo santo a los enfermos) es idéntico en
algunas partes al ritual bizantino. Cf. L. Lell, «Los ritos de la Penitencia, de
la Enfermedad y de la Muerte», RLArg 27/205 (1962) 213. Para los ritos copto
y etíope, cf. M. Chaîne, «Rituel (copte) (éthiopien) de l’Extrême-Onction»,
Bessarione 17, v. 29 (1913) 420-451; 18, v. 30 (1914) 21-41, 212-231.
54 Cf. I.-H. Dalmais, Las liturgias orientales, Bilbao: Desclée de Brouwer
1991, 129; R. Hotz, Los sacramentos en nuevas perspectivas. La riqueza sacra-
mental de Oriente y Occidente, Barcelona: Sígueme 1986, 237; y J. Dauvillier,
«Extrême-onction dans les Églises orientales», en R. Naz (dir.), Dictionnaire
de Droit Canonique V, Paris: Letouzey et Ané 1953, cols. 747-748.
55 Cf. G. Weigel, El cristianismo oriental, Buenos Aires: Difusión 1945, 185.
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490 José Manuel Fernández Rodríguez
a las unciones (en los cinco sentidos: los ojos, las orejas,
las narices, la boca, las manos y los pies). Por encima de
las variantes rituales propias de cada Iglesia se percibe un
fondo común, cuyo nombre lo expresa: el rito de la lámpara,
las unciones se hacen con el aceite bendito que alimenta
unas pequeñas lámparas (el aceite consagrado que se
vierte en la «lámpara de la unción»).
i) Las exequias eclesiásticas: los ritos funerarios y las oraciones
litúrgicas (absolutorias, intercesoras) para los difuntos.
Las exequias consisten en el rito que dispone la Iglesia
para todos los fieles difuntos, incluidos los catecúmenos,
con ocasión del sepelio por la inhumación o la cremación
si no es elegida por razones contrarias a la fe.56 Si se trata
del cadáver de un niño se le rodea de flores y velas como
signo de inocencia, si se trata del cadáver de un adulto
se lava como signo de su condición pecadora con el fin
de ser presentando a Dios con el alma limpia y se le viste
con un traje nuevo en recuerdo de su bautismo. El día del
funeral es llevada la mortaja a la iglesia y colocada hacia
Oriente, de donde Cristo vendrá como juez según una
piadosa tradición. Allí se celebran las exequias según cada
rito oriental. Luego se conduce al sepulcro, que sella el
sacerdote con una pala haciendo la señal de cruz, al tiempo
que formula: «Se sella este sepulcro del difunto siervo
de Dios N. hasta la segunda venida de nuestro Señor y
Dios Jesucristo, en el nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo».57 Cuando se trata de ritos funerarios de
diáconos y sacerdotes u obispos, el cadáver no se lava
sino que se limpia con una esponja empapada en aceite
y se le reviste de los ornamentos sagrados.58 En algunas
56 CCEO, can. 875-879.
57 Fórmula recogida por C. de Francisco Vega, Las Iglesias orientales cató-
licas. Identidad y patrimonio, Madrid: San Pablo 1997, 339.
58 Entre los bizantinos ortodoxos también se practica la unción de los muertos,
cuyo origen se remonta al uso extendido en la antigüedad de embalsamar y
ungir con aceite odorífero los cuerpos de los difuntos. Es natural que los cris-
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 491
zonas existe la costumbre de dar una o tres vueltas a la
parroquia, en señal de duelo de la comunidad por la
pérdida de su ministro. Por el contrario, los cadáveres de
los patriarcas, los obispos y los exarcas son los únicos que
pueden ser enterrados en los templos.59 En general, los
cristianos orientales suelen tener un ritual propio para
cada categoría de fieles: hombre, mujer, infante, clérigos
de los diversos órdenes (monjes, etc.).60 Los bizantinos
(griegos) conservan en el rito del entierro dos costumbres
antiguas conmovedoras: el beso dado al difunto antes
del sepelio y la fórmula absolutoria puesta en su mano.
Entre los armenios se bendice la sepultura en el cemen-
terio, se coge un poco de tierra, se bendice y se arroja a la
tianos, que hacían un amplio uso del aceite consagrado, lo hayan usado para
ungir a sus difuntos. Hacia finales del siglo v, el Pseudo-Dionisio Areopagita
informa que se vierte aceite consagrado sobre los muertos (PG 3,573B). En
1260-1261, el patriarca Nicéforo II testimoniaba que, en su tiempo, esta praxis
era seguida por un buen número de sacerdotes y en diferentes lugares, y la
condena rigurosamente. Eran también siete sacerdotes quienes realizaban
el mismo oficio que el del εὐχέλαιον, eujélaion, «óleo de la oración», que
comportaba los maitines, la consagración del aceite, las siete lecturas y una
conclusión, y era pronunciada la misma oración que acompaña a la santa
unción de los enfermos. Algunos obispos reprobaron esta práctica, mientras
que otros la admitían; esta controversia muestra que, en aquel entonces, era
concebida como un rito sacramental. Fue necesaria toda la autoridad de
Simeón de Tesalónica († 1429) para zanjar el debate, él toleraba la unción
de los difuntos, que era practicada con lo que queda del óleo santo o con
el aceite de la lámpara de las iglesias, pero proclamó expresamente que no
constituye para nada el sacramento, ni debe seguirse el «rito del óleo santo»,
ni servirse del aceite de los enfermos (Περὶ τῶν ἱερῶν τελετῶν, cap. 283-292:
PG 155,516-532). El oficio fue recogido en los eucologios de los siglos xv y xvi,
bajo el título Τὸ νεκρώσιμον ἔλαιον, Eleosvjaščenie nad umeršimi, «La unción
de los muertos». Ahora bien, en cuanto dejó de ser sacramental, la unción
de los muertos perdió toda su importancia a los ojos de los fieles, se rebajó al
rango de las numerosas ceremonias en favor de los difuntos. Finalmente, el
art. 164 del Nomocanon la prohibió (A. Paulov, Nomokanon pri Bolšom Trebnik,
Moscou 1897). Hoy día, no subsisten más que algunos vestigios en el rito de
los funerales de los clérigos (o ministros).
59 CCEO, can. 874 § 3.
60 Por ejemplo, para la Iglesia malabar, cf. S. Nedumthacady, Tumsa. The
Syro-Malabar Funeral Ritual. Excerptum e Dissetatione, Roma: PIOS 1976.
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tumba en forma de cruz, y, en último lugar, se bendice la
tumba entera. Los caldeos tienen, como usos litúrgicos
postfunerarios propios, unos oficios de consolación para
los dos días siguientes al entierro y se corresponden
con el oficio de felicitación que sigue al nacimiento. La
devoción por los muertos no acaba con la sepultura del
difunto. Todas las Iglesias orientales se distinguen por
su depurada devoción, desde tiempos antiguos, por sus
fieles difuntos.61 Existen determinadas conmemoraciones
por los difuntos, además de las exequias, y que varían de
unos lugares a otros:
– «A los tres días de la muerte (sentido de la resurrección, en
que, en algunas de las Iglesias sui iuris, se celebra la divina
Liturgia como mejor forma de asociar al difunto a la muerte
y resurrección de Cristo);
– A los nueve días (en recuerdo de la hora nona en que Jesús,
inclinando la cabeza, expiró);
– A los cuarenta días (en recuerdo de la ascensión del Señor,
para pedir que el alma del difunto sea llevada a la gloria);
– Y al cumplirse el año (en que los cristianos se reúnen para
celebrar el aniversario del dies natalis)».62
c) Sacramentales relacionados con las personas y las cosas
El voto y el juramento. El CCEO establece como sacramental, para
las Iglesias sui iuris, el voto, que consiste en «la promesa delibe-
rada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor, debe
cumplirse por la virtud de la religión»63. El voto (o el juramento)
puede ser tanto público como privado, y no obliga más que a quien
lo emite. Si los votos son emitidos antes de la profesión religiosa,
61 Cf. L. Lell, «Los funerales», RLArg 27, n. 205 (1962) 213-219. En este
sentido, véase Ph. Rouillard, Histoire des liturgies chrétiennes de la mort et
des funérailles, Paris: Cerf 1999, un estudio sobre la historia de las liturgias
cristianas funerarias desde los primeros siglos hasta nuestros días.
62 C. de Francisco Vega, Las Iglesias orientales católicas. Identidad y patri-
monio, Madrid: San Pablo 1997, 340.
63 CCEO, can. 889 § 1.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 493
quedan suspendidos mientras el religioso emisor permanezca en
el convento o ligado a la orden o congregación religiosa.64
La señal de la cruz. Este signo es un gesto esencial y común a toda
práctica ritual, que, para los cristianos orientales, conlleva un sig-
nificado particular de salvación. Entre los bizantinos, la señal de
la cruz se hace uniendo el pulgar a los dos primeros dedos de la
mano, en honor de la Santísima Trinidad, y llevando la mano de
la derecha a la izquierda. Los coptos la hacen con un solo dedo y
moviendo la mano de la izquierda a la derecha. Los etíopes usan
muy raramente la señal de la cruz.
La veneración de los iconos. Las Iglesias católicas de rito bizantino
tienen una larga y rica tradición sobre la veneración de las imágenes
sagradas o iconos, y, aunque algunas Iglesias orientales descono-
cen tales prácticas conservan por influencia de otras iglesias una
representación iconográfica. En el Oriente ortodoxo tuvo lugar
una fuerte querella en torno a las imágenes sagradas, en la que el
melquita Juan Damasceno (siglo viii) fue el ferviente defensor de su
culto,65 cuyo eco se dejó sentir en casi todas las Iglesias orientales,
y, finalmente, la veneración de los iconos recobró nueva fuerza a
partir del concilio II de Nicea (787).66 Pese a que la tradición oriental
siempre se ha inclinado por el culto a los santos mediante los iconos
en cuanto que muestran la representación pictórica de la historia
de la salvación, algunas Iglesias orientales católicas han adoptado
o han alternado tanto los iconos como las imágenes en el culto a
los santos.67 Los maronitas tienen en sus iglesias como adornos los
iconos, las imágenes sagradas y las estatuas, su culto se introdujo
tardíamente, cuyo estilo es de los siglos xviii y xix. Los coptos han
introducido el iconostasio (de cedro con incrustaciones de marfil)
y los iconos en sus templos, bajo influencia ortodoxa melquita, las
64 CCEO, can. 889 § 4, 890, 893, 894.
65 Cf. N. Baladi, «Les Saintes Images. Leur nature et pouvoir d’après S.
Jean Damascène», Proche-Orient Chrétien 1 (951) 13-25.
66 Para ampliar información sobre la querella iconoclasta, cf. L. Bréhier,
La Querelle des Images, (Science et Religion), Paris 1904.
67 CCEO, cáns. 886-887.
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494 José Manuel Fernández Rodríguez
santas imágenes son incensadas antes de la liturgia. Los etíopes
adornan sus santuarios con santas imágenes, y las paredes de las
iglesias rupestres (de Tigray y Lalibela) con frescos antiguos que
han sido renovados a lo largo de los siglos.68 Entre los armenios está
ausente la veneración de los iconos o imágenes, y su consagración,
en la piedad popular, si bien es cierto que conservan magníficas
pinturas murales de inspiración bizantina en sus iglesias, pero la
decoración interior de sus templos suele ser bastante sobria. Los
sirios orientales (caldeos católicos y malabares) veneran la cruz
como símbolo cultual;69 pero parece ser que, entre los siglos xii y
xiv, bajo influencia bizantina, han sido introducidas esporádica-
mente las imágenes en algunos de sus templos, sin que pueda,
por tanto, hablarse de una veneración de los iconos propiamente
dicha. Los caldeos en general tienen como único adorno los iconos,
no poseen estatuas, el interior de sus santuarios suele ser pobre
de decoración.70 Los sirios occidentales (siro-malankares) conocen
también la iconografía (iconos, pinturas, iluminaciones), más que
por influencia bizantina, por la influencia latina y siro-malabar.71
El culto a las reliquias de los santos. Se trata de una costumbre bastante
arraigada y extendida por todo Oriente comenzada a partir del
siglo iv con los descubrimientos y traslados de las reliquias que
hicieron aumentar su culto, tanto en Oriente como en Occidente,
68 Cf. A. Prigent, «Coptes et Éthiopiens. Fastes des Eglises d’Orient», en:
Orient biblique et chrétien, Paris: Larousse 1981, 52-60; y F. Anfray, La Etiopía
cristiana, Barcelona: Fundación La Caixa 1992, 20-21.
69 Por ejemplo, la «Cruz de Santo Tomás» que es la cruz simbólica y
emblema identificativo de los cristianos tomitas, cf. J. Vazhuthanapally,
«Cruz de Sto. Tomás», en: E. G. Farrugia (dir.), Diccionario Enciclopédico del
Oriente Cristiano, Burgos: Monte Carmelo 2007, 191; y T. Kariyilakulam, «St.
Thomas Cross – Sacred Symbol of Syrian Christian Spirituality», Christian
Orient XXXI, 3 (2010) 168-172. Una breve reseña recogida en J. M. Fernández
Rodríguez, La Cristiandad de Santo Tomás en la India. Orígenes, divisiones y
situación actual, Salamanca: UPSA 2020, 57-58.
70 Parece ser que los caldeos conservan un culto de las imágenes sagradas,
véase E. Melly, «Le culte des saintes Images dans l’Église syrienne-orientale»,
L’Orient Syrien I/3 (1956) 291-296.
71 Cf. J. Madey, «Images», en Petit Dictionnaire de l’Orient Chrétien, Turn-
hout: Brepols 1991, 259-261.
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Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 495
hoy conserva una finalidad litúrgica.72 Los bizantinos veneran los
huesos de los santos (y los mártires), y creen que, por estas santas
reliquias, Dios envía su gracia a quienes se acercan a estos restos
imperecederos con fe y esperanza. Entre los bizantinos, las reli-
quias tienen varios usos litúrgicos, uno de ellos al servicio mismo
de la divina Liturgia, las usan para el antimension, y otro en un rito
sacramental, las emplean en la consagración de una iglesia y su
altar. En el antimension, un paño de seda, utilizado para la consa-
gración eucarística, en el que está representada la deposición de
Jesucristo en el sepulcro, se hallan cosidos algunos fragmentos
óseos de un santo. En sus orígenes, el antimension debió ser una
especie de «altar portátil». El antimension se consagra con el mismo
rito que el altar (epíclesis, aspersión con agua bendita y unción por
el mŷron). En Occidente, las reliquias se guardan en un relicario
que, normalmente, se encuentra en algunas iglesias catedralicias.
En Oriente, las reliquias se conservan en un cofre, que se coloca en
la base del altar antes de la consagración del mismo.73 El proceso
de dedicación o inauguración de una iglesia bizantina comporta
tres partes. En primer lugar, la construcción del altar. En segundo
lugar, la consagración del altar. En tercer lugar, la traslación y la
deposición de las reliquias de los santos. La distinción entre las reli-
quias de los mártires, que antiguamente se requerían, y las de los
santos, que no han sufrido el martirio, simplemente ya no existe.
Ahora bien, este orden enumerado es el que viene descrito en los
manuscritos, pero según el ritual bizantino, que, actualmente,
se encuentra en el Eucologio, la traslación y la deposición de las
reliquias tiene lugar antes de la construcción y consagración del
72 CCEO, can. 888. Para una aproximación histórica a las imágenes y las
reliquias en la cristiandad bizantina del primer milenio, cf. M. Kaplan, La
chrétienté byzantine du début du VII siècle au milieu du XI: images et reliques, moines
et moniales, Constantinople et Rome, Paris: Armand Colin 1997.
73 Los primeros relicarios aparecieron en Palestina y Siria y experimenta-
ron en estas provincias un gran auge en los siglos V y VI, así como en Arabia.
Acerca del origen de la antigua costumbre de venerar las reliquias de los
mártires y los relicarios, véase M. C. Comte, Les reliquaires du Proche-Orient
et de Chypre à la période protobyzantine (IVe-VIIIe siècles): Formes, emplacements,
fonctions et cultes (Bibliothèque de l’Antiquité Tardive Séries 20), Turnhout:
Brepols 2012.
362 [Link] 495 16/12/2021 16:30:04
496 José Manuel Fernández Rodríguez
altar.74 Para la consagración de una iglesia, los sirios, al igual que
los bizantinos, a tenor de la prescripción del ritual sirio, colocan
las reliquias en lugar conveniente (cerca del altar), aunque sin con-
siderarlo elemento constitutivo de esta dedicación. Los armenios
conservan también el culto de los santos y a sus reliquias. Para los
cristianos, las reliquias de los santos o mártires representan una
característica común del cristianismo, un asunto de fe, objetos de
culto y un signo de poder.75
Algunas iglesias orientales comparten ciertas costumbres sociales
propias o recibidas por influencia de otra tradición oriental. Los
coptos y los etíopes practican la circuncisión, el culto a los ángeles y
a los santos.76 Entre los cristianos de Oriente, la piedad y el culto a
María –incluso a través de los iconos– están muy arraigados en la
religiosidad popular de sus comunidades orientales.77 Entre los
etíopes y los eritreos también han pervivido en el tiempo algunas
prácticas pseudo-religiosas o paganas tales como las supersticiones
(incluyendo la magia y la brujería).
74 Cf. A. K. Fyrillas, «Le rite byzantin de la consécration et dédicace
d’église», La Maison-Dieu 70 (1962) 132-133.
75 Cf. E. Bozoky – A.-M. Helvetius (eds.), Les reliques. Objets, cultes, symbo-
les, [Actes du colloque international de l’Université du Littoral-Côte d’Opale
(Boulogne-sur-Mer), 4-6 septembre 1997], Turnhout: Brepols 1999; y A. M.
Migdal, Regina Coeli. Les images mariales et le culte des reliques. Entre Orient et
Occident au Moyen Âge, Turnhout: Brepols 2017.
76 Cf. M. de Fenoly, Le Sanctoral Copte, Beyrouth 1960; E. O’Leary de Lacy, The
Saints of Egypt, London 1937; E. A. W. Budge, The book of saints of the Ethiopian
Church, 4 vols., Cambridge 1928; y T. A. Lepisa, The cult of Saints in the Ethiopian
Church, Roma: Pontificia Università Gregoriana 1963.
77 Cf. I. Lemann, La Vierge Marie dans l’histoire de l’Orient, Paris: Victor
Lecoffre 1904; Poncelet, «Notes sur le culte de la Vierge dans l’Église Armé-
nienne», Congrès Marial de Bruxelles t. I (1921) 64-71; J. Beaufois, «Le culte
de la Vierge chez les Grecs modernes», Congrès Marial de Bruxelles, t. I (1921)
205-209; G. Nollet, Le culte de Marie en Ethiopie, Palermo 1949; M. Gordillo,
Mariologia Orientalis (OCA 141), Roma: PIOS 1954; J. Nasrallah, «Marie dans
la sainte et divine Liturgie suivant le rite byzantin», Marie IV (1950) 62-74;
Íd., Marie dans la sainte et divine Liturgie byzantine, Paris: Nouvelles Editions
latines 1955; [Link]., Maria e la Chiesa del Silenzio, Roma: Academia Mariana
Internazionale 1957; y [Link]., «Mariología Oriental», Estudios Marianos XXII
(1961) 9-108.
362 [Link] 496 16/12/2021 16:30:04
Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas... 497
Hay que advertir que numerosas prácticas religiosas y paganas
proliferaron a lo largo del tiempo en todas las tradiciones orien-
tales. Como nota particular, en el imperio Bizantino de los siglos
v al xv, ciertas prácticas religiosas populares, tales como el signo
de la cruz, los iconos, los peregrinajes y las reliquias de los santos,
eran los usos más frecuentes por parte de los creyentes, pero algunas
prácticas paganas han sobrevivido durante mucho tiempo en el
mundo bizantino. La creencia popular en las curaciones milagro-
sas, la predicción del futuro y la ubiquidad de fuerzas domínicas
aún hoy siguen formando parte de la vida cotidiana.78
3. Observaciones finales
Los sacramentos de las Iglesias orientales son difíciles de descri-
bir por las características de los usos propios de cada tradición
oriental, porque según las regiones presentan diferentes perfiles,
simbolismos, creencias y religiosidad.
Hay que tener en cuenta que, en la configuración y evolución de
un sacramental, juegan un papel crucial ciertas costumbres reci-
bidas o arraigadas en cada lugar, lo cual facilita el auge de lo que
se conoce como religiosidad y piedad popular, y también el hecho
de que puedan proliferar prácticas desviadas que degeneran en
formas mágicas, supersticiosas o folklóricas.
Los sacramentales pueden, como se ha visto, variar de unas Iglesias
orientales a otras, y quizás dentro de una misma tradición oriental,
según cada región, tanto en la forma, como en el contenido o en
su naturaleza sacramental; ahora bien, como son de institución
eclesiástica, cada Iglesia particular puede instituir o determinar
qué ritos o acciones sagradas pueden pasar al catálogo de los ritos
sacramentales y practicarse en su vida sacramental y litúrgica.
Esto quiere decir que, lo mismo que pueden surgir nuevos sacra-
mentales, hay otros sacramentales que simplemente desaparecen
de la práctica religiosa porque o bien caen en el olvido o bien pier-
78 Cf. G. T. Dennis, «Popular religious attitudes and practices in Byzan-
tium», Proche-Orient Chrétien 43, fasc. 3-4 (1993) 273-294.
362 [Link] 497 16/12/2021 16:30:04
498 José Manuel Fernández Rodríguez
den su importancia en la liturgia, al evolucionar los ritos sagrados,
y, finalmente, los cristianos orientales dejan de hacer uso de ellos.
En este proceso de desaparición –o más bien de abolición– de cier-
tos ritos sacramentales tuvo mucho que ver la fuerte latinización
ejercida por la Iglesia católica romana en las Iglesias orientales
una vez confirmada o reafirmada la unión con Roma a lo largo
de la Edad Media y Moderna, mediante la cual quiso implantar
el rito latino (hoy llamado rito romano) por doquier, sin tener en
cuenta las antiguas costumbres propias de cada iglesia oriental.
En la actualidad, numerosas Iglesias orientales católicas se hallan
inmersas en un proceso reformativo de orden «inverso», es decir,
de deslatinización para recuperar la pureza de sus genuinas tradi-
ciones ortodoxas y orientales.
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Núm. 361 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 499-510
El inicio del camino.
Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia
según Benedicto XVI
Pablo Blanco Sarto
Abstract: Baptism is born of water Resumen: El bautismo nace del
and immerses the new Christian agua y sumerge al nuevo cris-
in the resurrection of Christ. tiano en la resurrección de
These lines address the litur- Cristo. En estas líneas se
gical dimension of the act of aborda la dimensión litúrgica
faith, according to the studies del acto de fe, según los estu-
of the Bavarian theologian. This dios del teólogo bávaro. Este
bath of regeneration influen- baño de la regeneración influye
ces all the dimensions of the en todas las dimensiones de la
person: from the cognitive to persona: desde la cognoscitiva
the ethical, without forgetting a la ética, sin olvidar las rela-
the relational and emotional cionales y emocionales. Al ser
ones. Being the common patri- patrimonio común de todos
mony of all Christians, the first los cristianos, el primero de
of the sacraments constitutes a los sacramentos constituye un
good bridge and starting point buen puente y punto de partida
for ecumenical dialogue, as the para el diálogo ecuménico, tal
Second Vatican Council recalls como recuerda el Concilio Vati-
(cf. UR 22). cano II (cf. UR 22).
Keywords: Church, ecumenism, Palabras clave: conocimiento, ecu-
evangelization, knowledge, menismo, evangelización, Igle-
liturgy, relationship. sia, liturgia, relación.
Pablo Blanco Sarto ha estudiado filología, filosofía y teología,
siendo doctor en las dos últimas disciplinas, en Roma, Múnich
y Pamplona. En la actualidad enseña teología sacramentaria,
ecumenismo y doctrina del Vaticano II en la Facultad de Teo-
logía de la Universidad de Navarra.
362 [Link] 499 16/12/2021 16:30:05
500 Pablo Blanco Sarto
L a fe nace de la acción del Espíritu por el rito del agua, enciende
una luz en la vida y en la mente, y nos proporciona un hogar
en el que vivir y entender: nace del bautismo, ofrece una nueva
luz que se añade a la inteligencia –como recordaba san Juan Pablo
II en la encíclica Fides et ratio 1− y nos permite habitar esa casa de
Dios, en la que nosotros somos «piedras vivas», según la bonita
expresión de san Pedro (1Pe 2,5). Si aplicamos la imagen de la
vida cristiana como una peregrinación (por ejemplo, a Santiago
de Compostela), podríamos decir que esta necesita del agua, de
la luz y del refugio a lo largo del camino. Como homenaje al papa
Francisco, quien cumplirá en breve ochenta y cinco años, y al papa
emérito Benedicto XVI, quien hará los noventa y cinco la próxima
primavera, me parecía que sería un buen modo de afrontar este
bonito e interesante tema siguiendo el hilo de la encíclica Lumen
fidei (2013), un texto escrito por ambos papas, «a cuatro manos»,
como se dijo en su presentación. La luz de la fe constituye el primer
documento magisterial del papa Francisco, a la vez que presenta
una evidente huella de su predecesor. En este sentido, los desarro-
llos del papa-teólogo realizados con anterioridad nos van a resultar
especialmente útiles a la hora de comprender su contenido.1
1. Fe y bautismo
Concluyen de modo perentorio Francisco-Benedicto en Lumen fidei
41:
La transmisión de la fe se realiza en primer lugar mediante el
bautismo. Pudiera parecer que el bautismo es solo un modo de
simbolizar la confesión de fe, un acto pedagógico para quien tiene
necesidad de imágenes y gestos, pero del que, en último término,
se podría prescindir. […Por el contrario,] mediante el bautismo nos
convertimos en criaturas nuevas y en hijos adoptivos de Dios. […]
En el bautismo el hombre recibe también una doctrina que profesar
y una forma concreta de vivir, que implica a toda la persona y la pone
en el camino del bien. Es transferido a un ámbito nuevo, situado en
un nuevo ambiente, con una forma nueva de actuar en común, en la
1 Me ha resultado también esclarecedora la exposición de K. Koch, La Iglesia
de Dios. Comunión en el misterio de la fe, Santander: Sal Terrae 2014, 101-117.
Núm. 361 – Phase 61 (2021) 499-510
362 [Link] 500 16/12/2021 16:30:05
El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia... 501
Iglesia. El bautismo nos recuerdxa así que la fe no es obra de un indi-
viduo aislado, no es un acto que el hombre pueda realizar contando
solo con sus fuerzas, sino que tiene que ser recibida, entrando en la
comunión eclesial que transmite el don de Dios: nadie se bautiza a sí
mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Hemos sido bautizados.
El gesto de recordar la fecha del bautismo propiciado por el actual
Papa presenta pues un bonito significado y un profundo simbo-
lismo de la importancia de este sacramento.
1.1. Renacer del agua
El agua es necesaria para el camino. Como Nicodemo, hemos de
volver a nacer de nuevo:
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar
por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? (Jn 3,4).
Con la fe, el creyente supera el mero monólogo interior, y llega a
un verdadero diálogo con Jesucristo en la Iglesia, por medio del
sacramento fontal. En Bautismo, fe y pertenencia a la Iglesia (1976)
profundizaba el teólogo Ratzinger sobre el origen sacramental de
la incorporación a la Iglesia y, por tanto, de la fe. Así,
el bautismo funda comunidad de nombre con el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo. Bajo este aspecto, es comparable al proceso de la
celebración del matrimonio, que crea entre dos personas una nueva
comunidad, en la que se expresa que –a partir de ahora– constituyen
una unidad nueva.2
Con el bautismo nace la comunión con la Trinidad que crecerá a lo
largo de toda la existencia cristiana; esta inicial dimensión trinitaria
resulta evidente desde el bautismo recibido en nombre de las tres
Personas divinas. Por eso, insistía Ratzinger, la fe requiere un largo
proceso de aprendizaje, un continuo catecumenado:
La fórmula bautismal, que propiamente es un credo dialogado,
presupone un largo proceso de aprendizaje. No solo quiere ser
2 J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos. Materiales para una teología
fundamental, Barcelona: Herder 1985, 34.
362 [Link] 501 16/12/2021 16:30:06
502 Pablo Blanco Sarto
aprendido y entendido como texto, sino que debe estar ejercitado
como expresión de una orientación existencial.3
La fe supone recorrer un largo camino: fe y obras, teoría y práctica,
ortodoxia y ortopraxis constituyen un requisito para recibir el bau-
tismo, al menos en los adultos.4 Vuelve a aparecer de esta forma
una idea recurrente en Ratzinger: la intrínseca unión entre logos y
ethos, conocimiento y acción, verdad y amor, así como recuerda la
necesidad de la conversión para alcanzar la fe.5 El sacramento no
es la simple realización del acto litúrgico, sino que supone todo
un proceso, un largo camino, que exige la puesta en acto de todas
las facultades de la persona: entendimiento, voluntad, emociones,
sentimientos, pues la fe cristiana supone también un ethos: «Solo
quien conoce a Jesús como camino, puede encontrarle también
como verdad».6 La ética constituye también un requisito para
alcanzar la verdad, y por eso requiere una conversión previa,
que supere el abismo de la duda y las tinieblas de la sola razón.
Ratzinger cierra aquí el círculo al vincular la fe, la Iglesia y el bau-
tismo: no existe la fe como una decisión individual de alguien que
permanece encerrado en sí mismo.
«¿Cuáles son los elementos del bautismo que nos introducen en
este nuevo «modelo de doctrina?», pregunta el número 42 de
Lumen fidei. Sobre el catecúmeno se invoca, en primer lugar, el
nombre de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, veíamos. Se
le presenta así desde el principio un resumen del camino de la fe…
Así se ve claro el sentido de la acción que se realiza en el bautismo,
la inmersión en el agua: el agua es símbolo de muerte, que nos
invita a pasar por la conversión del «yo», para que pueda abrirse
a un «Yo» más grande; y a la vez es símbolo de vida, del seno del
3 Ibíd., 39.
4 El problema del bautismo de los niños lo aborda en un anexo en Lumen
fidei 46-49; cf. también Evangelio, catequesis, catecismo, Valencia: Edicep 1996,
24-26.
5 Cf. J. Rollet, Le Cardinal Ratzinger et la théologie contemporaine, Paris: Cerf
1987, 115-127.
6 J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos. Materiales para una teología
fundamental, 40.
362 [Link] 502 16/12/2021 16:30:06
El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia... 503
que renacemos para seguir a Cristo en su nueva existencia. De este
modo, mediante la inmersión en el agua, el bautismo nos habla
de la estructura encarnada de la fe. La acción de Cristo nos toca
en nuestra realidad personal, transformándonos radicalmente,
haciéndonos hijos adoptivos de Dios, partícipes de su naturaleza
divina; modifica así todas nuestras relaciones, nuestra forma de
estar en el mundo y en el cosmos, abriéndolas a su misma vida
de comunión». Junto a la dimensión trinitaria, se encuentra la
cristológica, al identificarnos con Cristo como hijos adoptivos de
Dios y, «por Cristo, con Él y en Él», con toda la Trinidad. El bonito
gesto que hace el ministro de las Iglesias orientales de bendecir a
la asamblea con el niño recién bautizado –¡es templo del Espíritu,
sagrario de la Trinidad!− expresa de modo gráfico esta tremenda
realidad de la inhabitación.
1.2. La fe nace de un rito
Una fe que no fuera recibida en la Iglesia, no sería una fe cristiana.
Ser recibido en la comunidad creyente es una parte de la fe misma y
no solo un acto jurídico complementario. Esta comunidad creyente,
a su vez, es comunidad sacramental: vive de algo que no se da a
sí misma. Si la fe incluye poder ser aceptado y recibido por esta
comunidad, debe ser también –y al mismo tiempo– un ser acep-
tado y recibido en el sacramento. Continuaba el teólogo Ratzinger:
El acto del bautismo expresa, pues, la doble trascendencia del acto
de fe: la fe es un don a través de la comunidad que se da a sí misma.
Sin esta doble transcendencia, es decir, sin la concreción sacramen-
tal, la fe no es cristiana. La justificación por la fe pide una fe que sea
eclesial. Y esto quiere decir que es sacramental, que se recibe y se
hace propia en el sacramento.7
La fe nos viene de Cristo, por medio de la Iglesia y del sacramento
del bautismo. Esta nace cuando se unen encuentro y conocimiento,
por lo que supone una relación personal con Cristo y comunitaria
en la Iglesia, todo ello a través de los sacramentos. Y por Cristo,
7 Ibíd., 46.
362 [Link] 503 16/12/2021 16:30:06
504 Pablo Blanco Sarto
entramos en relación con toda la Trinidad, hasta convertirnos en
morada suya.
Para ilustrar todas estas ideas, valga una breve imagen que el
entonces prefecto Ratzinger tomaba del evangelio, y en la que se
resumen amor y conocimiento que proceden del encuentro del cre-
yente con Cristo en su Iglesia. A Dios no se le conoce simplemente
con el entendimiento, sino también con la voluntad y los afectos.
Por eso el conocimiento de Dios, el conocimiento de Cristo, es un
camino que reclama la totalidad de nuestro ser. Lucas explica del
modo más hermoso ese estar en camino nuestro, en el relato de los
discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).
Así, este camino de los discípulos de Emaús es al mismo tiempo
una descripción de la Iglesia, una descripción de cómo madura el
conocimiento que lleva a Dios.8
La fe vuelve a esos discípulos de Emaús solo cuando se encuen-
tran a Cristo «al partir el pan», como a nosotros nos viene solo
en la Iglesia. La fe tiene su consumación en los sacramentos y en
la celebración litúrgica. Toda verdadera transmisión de la fe ha
de respetar esta táctica que Cristo usó en Emaús: les explica las
Escrituras y parte el pan. Confluyen entonces múltiples elementos:
razón y relación, experiencia y conocimiento, comunión e Iglesia,
conversión y sacramentos. Es entonces cuando el creyente se dirige
a Jesucristo y exclama con gran libertad: «quédate con nosotros»
(Lc 24,29), y Dios se queda y nos da la fe.
2. «Creo en la Iglesia»
La estructura del bautismo [continúa la encíclica Lumen fidei 43],
su configuración como nuevo nacimiento, en el que recibimos un
nuevo nombre y una nueva vida, nos ayuda a comprender el sentido
y la importancia del bautismo de niños, que ilustra en cierto modo
lo que se verifica en todo bautismo. El niño no es capaz de un acto
libre para recibir la fe, no puede confesarla todavía personalmente
y, precisamente por eso, la confiesan sus padres y padrinos en su
8 J. Ratzinger, Convocados en el camino de la fe, Madrid: Cristiandad 2004,
301-302.
362 [Link] 504 16/12/2021 16:30:06
El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia... 505
nombre. La fe se vive dentro de la comunidad de la Iglesia, se inscribe
en un «nosotros» comunitario. Así, el niño es sostenido por otros,
por sus padres y padrinos, y es acogido en la fe de ellos, que es la fe
de la Iglesia, simbolizada en la luz que el padre enciende en el cirio
durante la liturgia bautismal. Esta estructura del bautismo destaca
la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la trans-
misión de la fe. A los padres corresponde, según una sentencia de
san Agustín, no solo engendrar a los hijos, sino también llevarlos a
Dios, para que sean regenerados como hijos de Dios por el bautismo
y reciban el don de la fe.9
Nada de anabaptismos o bautismo solo de adultos: en este sentido,
resulta también elocuente el reproche de este gran converso a sus
propios padres, por no haberle bautizado de niño, al principio de
las Confesiones.10
2.1. El hogar de la fe
La fe constituye así también una casa, un cobijo, un refugio, un
albergue para el creyente y el peregrino. En su Introducción al
cristianismo, a la vez que insistía en la dimensión personal del
acto de fe, Joseph Ratzinger hablaba sobre su dimensión social,
eclesial y comunitaria. Es evidente que la fe no es el resultado de
una cavilación solitaria en la que el yo deja volar la fantasía y, libre
de toda atadura, medita exclusivamente sobre la verdad. Por el
contrario, el acto de fe
es más bien el resultado de un diálogo, la expresión de una escucha,
de una recepción y una respuesta que, mediante el intercambio entre
el yo y el tú, lleva a la persona, al «nosotros» de quienes creen lo
mismo. San Pablo dice que la fe viene «de la escucha» (Rom 10,17).11
Fides ex auditu: la fe no es fruto de mis pensamientos, sino que me
viene de fuera. Por eso, la palabra no es algo de lo que dispongo
9 Cf. De nuptiis et concupiscentia, I, 4, 5: PL 44,413: «Habent quippe inten-
tionem generandi regenerandos, ut qui ex eis saeculi filii nascuntur in Dei
filios renascantur».
10 Conf. XII,18.
11 J. Ratzinger Introducción al cristianismo, 79; cf. también Íd., Palabra en la
Iglesia, Salamanca: Sígueme 1976, 20.
362 [Link] 505 16/12/2021 16:30:06
506 Pablo Blanco Sarto
y cambio a mi antojo, sino que es anterior a mí mismo: precede
siempre a mi pensamiento.
La nota peculiar del acontecimiento de la fe es el carácter positivo
de lo que viene a mí, de lo que no nace en mí y me abre a lo que no
puedo darme a mí mismo.12
La fe nace del diálogo: el creyente no es un pensador como el de
Rodin, que monologa reconcentrado en sí mismo, sino alguien que
habla y escucha, manteniendo una animada conversación.13 Es
cierto que la fe viene de fuera, pero también resulta profundamente
interiorizada; solo cuando se da a la vez obediencia y expresión de
la propia personalidad, hay verdadera fe. La fe nace de la unión.
El teólogo, entonces en Tubinga, explicaba la dimensión social
y comunitaria de este acto de fe con la etimología de la palabra
«símbolo»: symbolum viene de symballein, un verbo griego que
significa concurrir, fusionar. El trasfondo de la imagen proviene
de un rito antiguo: dos partes de un anillo o de una placa que
se podían unir entre sí era la señal por la que se reconocía a los
huéspedes, los mensajeros o las partes contratantes. «Symbolum
es la parte que necesita de la otra para ensamblarse, generando
así unidad y reconocimiento mutuo: expresa la unidad y, a la vez,
la posibilita».14 Por eso la fe se fundamenta en un símbolo, en la
recitación conjunta del credo:
12 J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, 81; cf. también Íd., Evangelio,
catequesis, catecismo, 23.
13 Sobre la importancia de la Iglesia y de lo que Ratzinger llama la Wir-
Struktur, puede verse A. Bellandi, Fede cristiana come “stare e comprendere”.
La giustificazione dei fondamenti della fede nelle opere di Joseph Ratzinger, pro
manuscripto, Roma: Pontificia Università Gregoriana 1993, 220-227, 361; D.
Kaes, Theologie im Anspruch von Geschichte und Wahrheit, St. Ottilien: Disser-
tationen Theologishe Reihe 1997, 53ss. La filiación guardiniana de esta idea
aparece desarrollada en F.-X. Heibl, «Theologische Denker als Mittarbeiter
der Wahrheit – Romano Guardini and Papst Benedikt XVI», Mitteilungen des
Institut Papst Benedikt XVI (2008/1) 72-82.
14 J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos, 84; R. Tura, «La teologia
di J. Ratzinger. Saggio introduttivo», Studia Patavina 21 (1974) 154-155.
362 [Link] 506 16/12/2021 16:30:06
El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia... 507
No es una doctrina aislada en sí misma para sí misma, sino una forma
de nuestro culto divino y de nuestra conversión, que es un viraje
hacia Dios y también hacia los demás, para glorificar todos a Dios.15
De modo parecido, en una conferencia sobre la catequesis pronun-
ciada en París y Lyón en enero de 1983, el recién nombrado prefecto
volvía a hacer mención de la dimensión eclesial del acto de fe al
hablar sobre la crisis de la catequesis, y que nos puede servir de
recapitulación de lo anteriormente visto. La fe no se dirige tan solo
a situarnos ante el Tú de Dios y de Cristo: es también el contacto
con aquellos a los que Dios mismo se ha comunicado.
La fe no es solamente un «yo» y un «tú», sino también un «noso-
tros». En este «nosotros» está vivo el memorial que nos hace volver
a encontrar lo que habíamos olvidado: a Dios y a su enviado. Dicho
de otra manera: no hay fe sin Iglesia.16
La conclusión parece clara y definitiva: una relación personal
y social al mismo tiempo, en el seno de la Iglesia, constituye la
dimensión profunda del acto de fe. Lo personal debe integrarse
armónicamente en lo eclesial y comunitario: el «creo en Jesucristo»
se pronuncia siempre «en» la Iglesia. Cristo, la Iglesia, la fe y el
15 Ibíd., 85; sobre la historia y la importancia del credo, Ratzinger ha
publicado Noch einmal: «Kurtzformeln des Glaubens» (1973) y Das I Konzil von
Konstantinopel 381 (1981), recogidos después en Teoría de los principios teológicos,
143-153 y 131-143. Así, del «creo» hemos de pasar al «creemos» de los símbolos
africanos, que se convierte a la vez en confesión, oración y adoración. Junto a
la dimensión personal del acto de fe, hemos de referirnos a la dimensión social
y eclesial, pues son esenciales para la fe la profesión personal de esta misma,
la palabra y la unidad que la hace operante y, finalmente, la comunidad que
llamamos Iglesia. «La fe cristiana no es idea, sino vida; no es espíritu para sí,
sino encarnación: espíritu en el cuerpo de la historia y en el nuestro» (ibíd.,
85). La esencia de ese entrar en la Iglesia supone «obediencia y servicio: supe-
ración del propio yo, liberación del yo mediante aquello que no puedo hacer
ni pensar; ser libres por el servicio a la totalidad». Sin este acto personal y libre
de entrar en la comunidad de creyentes y confesantes en Cristo, no puede
haber un verdadero acto de fe. Ratzinger quería pues también profundizar
en el sentido comunitario de la fe y de la vida del cristiano al internarse en el
mismo misterio de Dios.
16 J. Ratzinger, «Transmisión de la fe y fuentes de la fe», Scripta Theologica
15 (1983) 20.
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508 Pablo Blanco Sarto
bautismo salen al encuentro de toda la persona y toda la existencia
del creyente, podríamos concluir. El acto de fe constituye por tanto
un complejo y rico equilibrio entre distintos elementos; procede
sobre todo a la síntesis entre todos ellos. La fe crece en un deter-
minado ámbito, que es lo que llamamos Iglesia.17
2.2. La señal de la alegría
La Iglesia es un albergue, un alegre refugio, una comunidad cre-
yente que transmite la alegría de la resurrección de Cristo y de la
gracia que él nos ha conquistado. La alegría de la fe (2013) es una
condición necesaria del cristiano, nos recuerda el papa Francisco.
También en otro artículo de 1977 titulado significativamente Evan-
gelio: la fe como confianza y alegría, Ratzinger profundizaba en estos
aspectos antropológicos y relacionales de la fe, sin renunciar por
ello a la aludida dimensión de conocimiento. El punto de partida
eran las críticas a la fe formuladas por parte de Nietzsche y del
ateísmo del siglo xx: «¿No nos ha prohibido el cristianismo [comer
d]el árbol que está en el centro del Paraíso y, como consecuencia,
nos lo ha prohibido todo?»,18 tal como Benedicto XVI recordará
también al principio de la encíclica Deus caritas est (2005). Frente
17 En otro lugar, refiriéndose a la unidad del credo, añadía Ratzinger a este
respecto en 1975, ya como profesor en Ratisbona, al remitirse a su vez a uno
de sus maestros. El autor de Catolicismo. Aspectos sociales del dogma (1938),
Henri de Lubac, esclarecía esta idea de creer en comunidad al explicar que,
en su opinión, Dios no es soledad sino ek-tasis, salida total de uno mismo. La
fe no será nunca solitaria, sino siempre solidaria. Aplica por tanto la categoría
de la apertura al acto de fe: «Y esto significa que «el misterio de la Trinidad
nos ha abierto una perspectiva enteramente nueva: el fundamento del ser
es communio». Crecer trinitariamente significa volverse communio. En el
terreno histórico, esto quiere decir que el yo de las fórmulas del credo es un
yo colectivo: el yo de la Iglesia creyente al que pertenecen todos los «yoes»
particulares como creyentes. El yo del credo abarca también el paso del yo
privado al yo eclesial» (Teoría de los principios teológicos, 24; la cita es de H. de
Lubac, La foi chrétienne. Essai sur la structure du Symbole des Apôtres, Paris 1970,
13). La fe requiere apertura a Cristo y a su Iglesia, a imagen de la Trinidad,
que se abre hacia el mundo creado y redimido.
18 J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos, 88; se cita a F. Nietzsche,
Also sprach Zaratrustra (1892), y A. Camus, Les noces (1939).
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El inicio del camino. Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia... 509
a esta inquietante acusación, el teólogo Ratzinger proponía como
única alternativa clara el evangelio:
El mensaje de Jesús es evangelio no porque nos guste de entrada de
modo incondicional, o porque nos parezca cómodo o agradable; sino
porque procede de aquel que tiene la verdadera clave de la alegría.
No siempre la verdad resulta cómoda para el hombre; sin embargo,
solo la verdad hace libres, y solo la verdad es alegre.19
Amor y verdad, relación y conocimiento, y después, cruz y resu-
rrección, dolor y alegría: el principio y el final del evangelio están
en la misma línea. Esta alegría evangélica, fruto de la fe, tiene
remotos orígenes: «su alegría se hunde en las raíces más profundas
de nuestro ser. Una de las pruebas –y no la más pequeña– de su
fortaleza es el hecho de que nos sostiene incluso cuando todo lo
demás, en nuestro entorno, son tinieblas. La alegría cristiana se
dirige precisamente a los cansados y agobiados, a los que no ríen
en este mundo».20 Esta alegría fundamental sería un factor estruc-
turante de la persona que ha entrado en directa relación con Cristo
en su Iglesia; se trata de convertir en una fiesta lo que para otros
constituiría un río de lágrimas. La clave está en la cruz de Jesús: allí
puede recuperarse la alegría perdida, pues acaba en resurrección.
19 Teoría de los principios teológicos, 91; sobre la alegría como condición de
posibilidad de la teología de Ratzinger, puede verse: J. Murphy, Christ our joy.
The theological visión of pope Benedict XVI, Ignatius Press, San Francisco 2008,
passim. Verdad, libertad, alegría: esta sería la misión de la Iglesia: ofrecer esa
verdad encarnada en Cristo y donada por él a la Iglesia. Para hacer frente a la
acusación nietzscheana de la cruz como la más aborrecible alienación y la más
alta expresión del carácter negativo del cristianismo, Ratzinger explicaba el
significado de la cruz en un tono positivo y existencialista; esta sería el apoyo
a nuestra existencia no con palabras, sino con un acto de tal radicalidad que
hace que Dios penetre de un modo tan incisivo en la carne, que hace que
Dios muera en su Hijo hecho hombre. Quien es amado hasta tal punto que
el otro identifica su vida con el amor y no es capaz de seguir viviendo sin él
hasta la muerte, resulta amado de verdad. Si Dios nos ama así, es que somos
verdaderamente amados. Entonces el amor es verdad y la verdad es amor, y
la vida merece la pena. Precisamente esto es el evangelio: «El cristianismo es,
desde su mismo núcleo, gozo, posibilidad de ser y estar alegres: aquel jaire,
«alégrate» con el que inicia su andadura, resume toda su esencia» (ibíd., 93-94;
se refiere a Lc 1,28; cf. «Fede e teologia», Sacra Doctrina 38, 1993, 8-12).
20 J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos, 94-95.
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510 Pablo Blanco Sarto
Donde la alegría está ausente, donde desaparece el sentido del
humor, es seguro que ahí no está el Espíritu de Jesús. Y a la inversa:
la alegría es signo de la gracia. Quien, desde el fondo de su corazón,
se siente contento, quien ha sufrido pero no ha perdido la alegría, no
puede estar lejos del Dios del evangelio, cuya primera palabra –en
el umbral del nuevo testamento– dice: ¡alégrate!21
Es esta de la fe una alegría compartida: el bautismo es además
un sacramento esencialmente ecuménico, pues es un patrimonio
común compartido con todos los cristianos.
En el centro de la catedral luterana de Riga hay una pila bautismal
[evocaba el papa Francisco] que se remonta al siglo xii, cuando Leto-
nia fue evangelizada por san Mainardo. Esa pila es señal elocuente
de un origen de fe reconocida por todos los cristianos de Letonia,
católicos, luteranos y ortodoxos. Ese origen es nuestro bautismo
común. El Concilio Vaticano II afirma que «el bautismo constituye
un poderoso vínculo sacramental de unidad entre todos los que con
él se han regenerado» (Unitatis redintegratio, 22). La primera carta de
Pedro se dirige a la primera generación de cristianos para hacerles
conscientes del don recibido con el bautismo y de las exigencias
que comporta. También nosotros, en esta semana de oración [por la
unidad de los cristianos], concluía el actual obispo de Roma, estamos
invitados a redescubrir todo eso, y hacerlo juntos, yendo más allá
de nuestras divisiones.22
Hemos de lanzarnos todos los cristianos a anunciar esta alegría
de la fe que nace del agua del bautismo y vive en la Iglesia de
Cristo. El camino que comenzó con el rito del agua para todos los
cristianos ha de concluir con el alimento de la Eucaristía. Tenemos
que recorrer juntos ese camino y superar –poco a poco– la dificul-
tades surgidas (cf. UR 22), para que al final –como los discípulos
de Emaús– podamos celebrar todos en torno a la misma Mesa del
Señor. Es esa la llamada del bautismo.
21 Ibíd., 97; se cita a J. Pieper, Zustimmung zur Welt. Eine Theorie des Festes,
München 21964.
22 Francisco, Audiencia general, 20 de enero de 2016.
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Núm. 362 – octubre / diciembre – Phase 61 (2021) 511-526
El concepto «gloria» en
el «Catecismo de la Iglesia Católica»
Ramiro González Cougil
Abstract: The author intends to ana- Resumen: El autor se propone ana-
lyse the term «glory», so present lizar el término «gloria», tan
in the Liturgy and in the piety of presente en la Liturgia y en la
the common people, as it appears piedad del pueblo sencillo, tal
in the Catechism of the Catholic como aparece en el Catecismo
Church. The author is interested de la Iglesia Católica. Al autor
in knowing the meaning and le interesa conocer el signifi-
sense of this term in a book that cado y sentido de este término
contains the faith believed, cel- en un libro que contiene la fe
ebrated, put into practice and creída, celebrada, puesta en
prayed by the Church. práctica y orada de la Iglesia.
Keywords: show forth the glory, Palabras clave: manifestar la gloria,
increasing it, communicate it, aumentarla, comunicarla, crear
create for love, communicating por amor, comunicar la verdad,
the truth, the glory of God is la gloria de Dios es que el
man fully alive, radiating the hombre viva, irradiar la Majes-
majesty of God. tad de Dios.
Ramiro González Cougil, sacerdote de la diócesis de Orense,
doctor en liturgia, ejerce su ministerio como canónigo de la
catedral, delegado de liturgia y profesor emérito en el seminario
diocesano.
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512 Ramiro González Cougil
P retendemos analizar el término «gloria» en el Catecismo de la
Iglesia Católica. Es una expresión muy utilizada en la liturgia
(«Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama
el Señor», en la Liturgia de las Horas: Gloria al Padre y al Hijo…)
y en la piedad sencilla del pueblo (en el rosario y en muchas otras
oraciones). Nos interesa conocer el sentido y significado de este
término «gloria» en un libro que contiene la fe creída y celebrada,
actuada y orada1 de la Iglesia. Son muchos los números en los que
encontramos el término «gloria», en la obra citada.
1. Punto de partida
El número 293 del CCE versa sobre el mundo, «creado para la gloria
de Dios».2 Se trata de «una verdad fundamental que la Escritura y
la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar». San Buenaventura
escribe: «non propter gloriam augendan, sed propter gloriam
manifestandam et popter gloriam suam communicandam» («no
para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla»).3
Dios no necesitaba crear para acrecentar su gloria y, comunicando
su gloria, tampoco la acrecienta. «Dios no tiene otra razón para
crear que su amor y su bondad».4 «Aperta manu clave amoris
creaturae prodierunt».5 El Aquinate destaca que la clave de la
creación es el amor de Dios y su bondad. Luego, la gloria de Dios
en la creación va siempre unida a su amor y su bondad. Dios ha
creado y sigue creando exclusivamente por amor.
El Concilio Vaticano I explica más los conceptos indicados por san
Buenaventura y santo Tomás. Podría resumirse así: 1. Dios, en su
plena libertad y, conforme a un proyecto providente al comienzo de
1 Cf. Juan Pablo II, Constitución apostólica «Fidei depositum» para la
publicación del Catecismo de la Iglesia Católica escrito en orden a la aplicación
del Concilio Ecuménico Vaticano II, Getafe-Madrid: Asociación de Editores
del Catecismo 1992, 7-11.
2 Es el título que precede al núm. 293, cf. Concilio Vaticano I: DS 3025.
3 San Buenaventura, In libros sententiarum 2, 1, 2, 2, 1.
4 CCE 293.
5 San Tomás de Aquino, Senten. 2, prolog.
Núm. 362 – Phase 61 (2021) 511-526
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El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 513
la historia, creó de la nada las criaturas espirituales6 y corporales.
2. Las creó en su bondad y por su omnipotencia no para acrecentar
su bienaventuranza, ni para perfeccionarse, sino para manifestarla
por medio de las criaturas.7 Podemos deducir de lo anterior que
Dios crea manifestando y comunicando su bondad, mostrando
su poder omnímodo y su felicidad. Su felicidad no se acrecienta
por el hecho de crear.
«La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y
esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido
creado».8 Cuando se hace real esta comunicación y manifestación
de la bondad de Dios, allí se hace presente su gloria. De un modo
precioso, lo expresa también el Catecismo: «Lo que se manifiesta de
Él [Dios] en la creación y en la historia la Escritura lo llama Gloria,
la irradiación de su Majestad (cf. Sl 8; Is 6,3)».9 Gloria significa
aquí todo aquello que se manifiesta de Dios en la creación10 y en
la historia.11 La Majestad de Dios, irradiando hacia la creación y
la historia, es la gloria de Dios.
San Ireneo afirma a propósito: «Porque la gloria de Dios es el
hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios:12 si ya la
6 CCE 350: «Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin
cesar y que sirven sus designios salvíficos con las otras criaturas: “Ad omnia
bona nostra cooperantur angeli” (“Los ángeles cooperan en toda obra buena
que hacemos”) (Santo Tomás de Aquino, Sth 1, 114, 3, ad 3)».
7 Cf. DS 3002.
8 CCE 294.
9 CCE 2809. Y este mismo número dice: «Al crear al hombre “a su imagen
y semejanza” (Gn 1,26) Dios “lo corona de gloria” (Sl 8,6), pero al pecar, el
hombre queda “privado de la gloria de Dios” (Rom 3,23)».
10 El CCE 2416 hace referencia a los animales: «Por su simple existencia,
lo (a Dios) bendicen y le dan gloria (cf. Dn 3,57-58)».
11 Esto puede decirse también del arte sacro, que glorifica a Dios. Dice al
respecto el CCE 2502: «El arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde
por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración,
el Misterio trascendente de Dios, Belleza sobreeminente e invisible de Verdad
y de Amor, manifestado en Cristo…».
12 El hombre está llamado a la bienaventuranza. Mediante ella «el hombre
entra en la gloria de Cristo (cf. Rom 8,18) y en el gozo de la vida trinitaria»
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514 Ramiro González Cougil
revelación de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres
que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el
Verbo procurará la vida a los que ven a Dios».13 El famoso texto del
gran teólogo Ireneo, pone en claro que la gloria de Dios es que el
hombre viva, sin duda porque refleja la bondad y el amor de Dios.
El Padre quiere hacer siempre de los hombres «hijos adoptivos por
medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para
alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1,5-6). Los nacidos de Dios y
de la gracia contribuimos a la alabanza de la gloria de Dios. En este
sentido, es próxima en el significado la frase del CCE 2781: «Porque
la gloria de Dios es que nosotros le reconozcamos como “Padre”,
Dios verdadero». Reconociéndole así, reflejamos su Gloria que
es su Majestad, su trascendencia, su belleza ternura y felicidad.
«El primer hombre» fue creado bueno y «constituido en amistad
con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación…
amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la
gloria de la nueva creación en Cristo».14 La realidad armónica en sí
misma y con la creación del primer hombre, será superada solo por
la gloria reflejada por la creación nueva, realizada por la pasión y
resurrección de Cristo. Por Cristo, muerto y resucitado, se realiza
la creación nueva y, en esta, brilla su gloria. Aquí gloria es sinónim0
de bondad, omnipotencia, belleza, trascendencia y felicidad.
El fin último de la creación es que Dios, Creador de todos los seres,
se hace por fin «todo en todas las cosas» (1Cor 15,28), procurando al
mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad (AG 2).15
Dios, creador de todo, se convierte en el «todo» en todas las reali-
dades, manifestando así su gloria y la dicha de los humanos.
CCE 1721. «Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, “nadie
verá a Dios y seguirá viviendo”, porque el Padre es inasequible…», CCE 1722.
13 San Ireneo, Adversus haer. 4, 20, 7.
14 CCE 374.
15 Nuestra justificación (Dios nos hace interiomente justos) «tiene por fin
la gloria de Dios y de Cristo, y el don de la vida eterna», CCE 1992.
362 [Link] 514 16/12/2021 16:30:07
El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 515
2. Los textos más destacados
Vamos a hacer un repaso de aquellos textos en los que aparece el
término «gloria» en el CCE.
2.1. Textos entresacados del Antiguo Testamento
– «Ante la gloria de Dios tres veces santo, Isaías exclama: “¡Ay
de mí que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impu-
ros!” (Is 6,5).16 La santidad de Dios y la pobreza del hombre
despiertan el temor en el profeta. Esa santidad reflejada y
contemplada de algún modo por el profeta, le hacen sentirse
perdido.
– «A Moisés, que pide ver su gloria, Dios le responde»17 que
hará pasar ante su vista su bondad (belleza) y pronunciará
su nombre (YHWH) (Ex 33,18-19).18 Y el Señor pasa delante y
proclama dos veces el nombre indicado, «Dios misericordioso
y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad» (Ex
34,5-6). Moisés proclama que el Señor es un Dios que perdona
(cf. Ex 34,9). En este caso la gloria de Dios es su ser que Moisés
ve veladamente. Un Dios que trasluce bondad, belleza, mise-
ricordia, clemencia, perdón, amor y fidelidad.
– La fe19 de la Iglesia nos dice que «Dios quiere comunicar libre-
mente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el “designio
benevolente” (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del
mundo en su Hijo amado, “predestinándonos a la adopción
16 CCE 208.
17 CCE 210.
18 CCE 2142-2143: «El segundo mandaniento prescribe respetar el nombre
del Señor […]. Por eso, el hombre no puede usar mal de él […]. No lo empleará
en sus propias palabras, sino para bendecirlo y glorificarlo (cf. Sl 29 2; 96,2;
113,1-2)». Dar gloria al Nombre de Dios es: adorarlo, bendecirlo, cantar su
bondad, reconocer su Majestad, su amor, su ternura y misericordia.
19 CCE 273: «Solo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipo-
tencia de Dios. Esta fe se gloría de sus debilidades con el fin de atraer sobre sí
el poder de Cristo (cf. 2Cor 12,9; Flp 4,13)». La fe es glorificada (experimenta
gozo, reconocimiento, felicidad) en sus debilidades, así se sentirá fortalecida
por el poder de Cristo.
362 [Link] 515 16/12/2021 16:30:08
516 Ramiro González Cougil
filial en él» (Ef 1, 4-5).20 Este plan o designio es una gracia comu-
nicada al principio de los siglos (cf. 2Tim 1,9-10). El Dios uno
y trino, comunicando su vida bienaventurada en la creación
y en toda la historia de la salvación, en las misiones del Hijo
y Espíritu Santo, cuya prolongación es la misión de la Iglesia
(cf. AG 2-9), comunica su gloria.
– «Las “diez palabras” (los diez mandamientos) pertenecen a la
revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria».21 Dios
las pronuncia en medio de una teofanía, en medio del fuego
(Dt 5,4). En estas diez palabras, Dios se revela a sí mismo y su
gloria (su ser, su omnipotencia, su trascendencia, su felicidad,
su Majestad).
2.2. Textos del Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento, Jesús es el personaje central que mani-
fiesta y refleja la gloria de Dios, porque es su Primogénito, su
amado en quien se complace. Vamos a analizar aquellos textos
que se refieren a él.
– «Los apóstoles confiesan a Jesús como “la imagen de Dios invi-
sible” (Col 1, 15), como “el resplandor de su gloria y la impronta
de su esencia” (Hb 1, 3)».22 En Jesús de Nazaret encontramos el
brillo de Dios y como el sello de su ser. «El credo del Concilio
de Constantinopla (año 381) confiesa: con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria» (DS 150).23 La referencia
es al Espíritu Santo y confiesa que los cristianos le dan la misma
gloria y adoración que al Padre y al Hijo.
– «Las primeras confesiones de fe de la Iglesia afirman, desde
el principio (cf. Hch 2,34-36), que el poder, el honor y la gloria
20 CCE 257.
21 CCE 2059; CCE 2218: «El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma
el derecho de la madre sobre su prole». Glorificar aquí es: alabar, bendecir,
amar, etc.
22 CCE 241.
23 CCE 245.
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El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 517
debidos a Dios Padre,24 convienen también a Jesús (cf. Rom
9,5; Tt 2,13; Ap 5,13, porque Él es de “condición divina” (Flp
2,6)».25 En este caso, se le tributan al Hijo los mismos honores
del Padre. Gloria aquí complementa al honor y poder. En ella
se refleja la belleza, el amor, la Majestad de Dios.
– El himno de Efesios 1,3-6 es una bendición preciosa al Padre
por Jesucristo. En Cristo nos ha elegido «para ser sus hijos
adoptivos […]. según el beneplácito de su voluntad, para
alabanza26 de la gloria de su gracia27 con la que nos agració en
el amado».28 Hemos sido elegidos para alabar la gloria de la
gracia que hemos recibido de Cristo. En la gracia del Padre y
de Cristo se trasluce también la gloria (belleza, misericordia,
felicidad, ternura, etc.) de ambos. «El bautizado consagra la
24 El CCE 2828, comentando la petición del Padrenuestro «danos hoy
nuestro pan de cada día», dice: «Jesús nos enseña esta petición; con ella se
glorifica, en efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno
más allá de toda bondad». Glorificar al Padre es reconocer su bondad más
allá de toda bondad de la tierra. Él es la Bondad personificada.
25 CCE 449.
26 CCE 2639: «La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera
más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo
que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los cora-
zones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria. Mediante ella, el
Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de
Dios (cf. Rom 8,16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados
y por quien glorificamos al Padre».
Importante: dar gloria a Dios por lo que es en su identidad. Significativo es
amar a Dios en la fe antes de verle en la gloria (el cielo, la plenitud de la feli-
cidad, la sublime belleza y trascendencia). Es importante destacar que por el
Hijo damos gloria (honor, alabanza, acción de gracias) al Padre.
27 CCE 2640: «San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la
admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo y las subraya tambien
respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los hechos de los apóstoles:
el tullido curado por Pedro y Juan (cf. Hch 3,9), la muchedumbre que glorifi-
caba a Dios por ello (Hch 4,21), y los gentiles de Pisidia que «se alegraron y se
pusieron a glorificar la Palabra del Señor» (Hch 13,48). Glorificar es un modo
de honrar la grandeza, amor, trascendencia y poder de Cristo y del Espíritu
Santo.
28 Cf. CCE 1077.
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518 Ramiro González Cougil
jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le
permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre».29 La oración
del cristiano consagra a Dios su jornada. En ella ordena toda
su vida a glorificar a Dios: alabarle, darle gracias, reconocer
su presencia, honrar su nombre, proclamar su misericordia y
Majestad en todos los acontecimientos de la creación y de la
historia de la salvación.
– Jesucristo «bajó del cielo» (Jn 3,13; 6,33), «ha venido en carne»
(1Jn 4,2), porque «la Palabra se hizo carne, y puso su morada
entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del
Padre como hijo único, lleno de gracia y de verdad […]. Pues
de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia» (Jn
1, 14.16).30 Juan confiesa que los apóstoles y demás discípulos
han visto la gloria del Hijo, una gloria recibida del Padre que
trasluce gracia, verdad y plenitud.
– «Jesús nació en la humildad de un establo […]. En esta pobreza
se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2,8-20). La Iglesia no se
cansa de cantar la gloria de esta noche».31 La pobreza del mis-
terio de Navidad trasluce la realidad insondable del cielo. El
Jesús niño, en la humildad y pobreza de Belén de algún modo
nos revela la felicidad del cielo.
– «Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando
así la confesión de Pedro. Muestra también que para “entrar
en su gloria” (Lc 24,26), es necesario pasar por la Cruz en
29 CCE 2157.
30 CCE 423.
31 CCE 525. Pero la Iglesia es probada y lo será «antes del advenimiento
de Cristo». Tendá una prueba final y será perseguida. Se «desvelará el “Mis-
terio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa», que ofrecerá
una solución aparente de los problemas. «La impostura religiosa suprema
es la del Anticristo… un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí
mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf.
2Te 2,4-12; 1Te 5,2-3; 2Jn 7; 1Jn 2,18-22). Glorificarse a sí mismo es lo contrario
de dar gloria a Dios. CCE 675, CCE 677: «La Iglesia solo entrará en la gloria
del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su
muerte y Resurrección (cf. Ap 19,1-9)». La gloria del Reino es la plenitud de
la felicidad eterna o el cielo.
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El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 519
Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la
montaña: la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimien-
tos del Mesías (cf. Lc 24,27) […].La nube indica la presencia
del Espíritu Santo (“Spiritus apparuit in nube clara”)».32 Jesús
manifiesta en unos instantes la gloria que le corresponde como
Hijo de Dios. De este modo confirmó la confesión de Pedro en
Cesarea de Filipos (Mt 16,13-20). Manifiesta a la vez que la cruz
es el camino para entrar en su gloria. Luego la cruz refleja la
gloria del Tabor. Sin la cruz no se puede entrar en el cielo, en la
felicidad plena. En la montaña se manifiesta la santa Trinidad.
En la nube «clara» (resplandeciente) se manifiesta el Espíritu
Santo.33
– «Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en
que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado tu
Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado
comprendiesen que tu Pasión era voluntaria y anunciasen
al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del
Padre».34 «La Transfiguración nos concede una visión antici-
pada de la gloriosa venida de Cristo “el cual transfigurará este
miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo”
(Flp 3,21)».35 En la Transfiguración se da una anticipación
de la venida definitiva y triunfante de Cristo. Él tiene poder
para glorificar nuestro cuerpo miserable en un cuerpo que
trasparenta la gloria como el de Cristo. La Transfiguración es
siempre trasparencia de la gloria, de lo inmortal y definitivo.
– Esta transparencia de la gloria de Dios se da también en las
imágenes de Cristo, de la Virgen María y de los santos. Dice
a este propósito el Damasceno: «La belleza y el color de las
imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos,
del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi
32 CCE 555.
33 Santo Tomás, STh 3, 45,4 ad 2.
34 Liturgia bizantina, Kontakion de la Fiesta de la Transfiguración, en CCE 555.
35 CCE 556.
362 [Link] 519 16/12/2021 16:30:08
520 Ramiro González Cougil
corazón para dar gloria a Dios».36 Las imágenes, como la crea-
ción, nos estimulan en orden a dar gloria (alabar, bendecir,
reconocer la belleza, sentirse inundado por la presencia, dar
gracias) a Dios.
– La Iglesia permanece fiel a «la interpretación de todas las
Escrituras» dada por Jesús mismo, tanto antes como después
de su Pascua: «¿no era necesario que Cristo padeciera eso y
entrara así en su gloria?» (Lc 24,26-27.44-45).37 Se trata aquí de
la interpretación de los padecimientos y muerte de Jesús, que
hace la Iglesia en fidelidad a las Escrituras, interpretadas por
el mismo Jesús. En este sentido, el evangelista san Lucas pone
en boca de Jesús un profundo interrogante sobre la necesidad
de que Cristo sufriera la pasión para entrar en su gloria. La
pasión se convierte en el instrumento necesario para llegar a
la gloria. La pasión se ilumina y en ella reverbera la luz de la
gloria. Era necesario pasar por la cruz a la resurrección.
– «La justificación [de los hombres] nos fue merecida por la
pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva,
santa y agradable a Dios». La justificación se nos concede por el
bautismo. Nos hace interiormente justos por su misericordia.
«Tiene por fin la gloria de Dios y de Cristo, y el don de la vida
eterna (cf. Concilio de Trento: DS 1529)».38 La justificación que
nos viene de Cristo a través del Bautismo busca la gloria de
Dios y de Cristo. Por la justificación del hombre se refleja la
gloria (belleza, omnipotencia, amor, gracia y bondad) de Dios
y de Cristo.
– «Fuimos, pues, con él sepultados por el bautimo en la muerte,
a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros
vivamos una vida nueva (Rom 6,4; cf. Col 2,12; Ef 5,20)». Es la
36 CCE 1162.
37 CCE 572.
38 CCE 1992.
362 [Link] 520 16/12/2021 16:30:08
El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 521
segunda parte del «sepultados con Cristo».39 Por el bautismo
hemos sido consepultados en la muerte de Cristo. Para que,
como Cristo fue resucitado por la majestad del Padre40 (dona-
dor de una vida nueva, glorificada), así nosotros tengamos una
vida nueva. La gloria del Padre se acerca en su significado a
la vida nueva.
– «El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su
Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y
sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta
para siempre (cf. Lc 24,31; Jn 20,19.26)». Desde el momento
de la Resurrección el cuerpo de Jesús fue envuelto de la gloria
que le corresponde como Hijo de Dios. Esta gloria comporta
propiedades sobrenaturales nuevas: inmortalidad, impasibi-
lidad, transparencia, superación de barreras, etc.
– Durante los cuarenta días en que come y bebe con sus discí-
pulos, les enseña cosas del reino (cf. Hch 1,3), su gloria aún
queda velada bajo los rasgos de una humanidad terrena (cf.
Mc 16,12; Lc 24,15; Jn 20,14-15; 21,4).41 El resplandor y brillo
propios del Hijo de Dios son todavía velados por una huma-
nidad normal, la que tenía antes de morir en la tierra.
– «La última aparición de Jesús termina con la entrada irrever-
sible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la
nube (cf. Hch 1,9; cf .también Lc 9,34-35; Ex 13,22) y por el cielo
(cf. Lc 24,51) donde él se sienta para siempre a la derecha de
Dios (cf. Mc 16,19; Hch 2,33; 7,56; cf. también Sl 110,1)».42
– La aparición previa a la Ascensión se concluye con la entrada
de Cristo glorioso en el cielo. Es su entrada en la gloria que
39 CCE 628.
40 CCE 434: «La Resurrección de Jesús glorifica el nombre de Dios Salva-
dor (cf. Jn 12,28), porque, de ahora en adelante, el Nombre de Jesús es el que
manifiesta en plenitud el poder soberano del “Nombre que está sobre todo
nombre” (Flp 2,9)». Glorificar es sinónimo aquí de manifestar (traslucir) la
plenitud del poder del Nombre de Jesús (Dios Salvador).
41 CCE 659.
42 Ibíd.
362 [Link] 521 16/12/2021 16:30:08
522 Ramiro González Cougil
le corresponde como Hijo de Dios. La nube que envuelve al
Señor simboliza la gloria (la felicidad eterna) y el cielo (la vida
eterna e inmortal), donde se sienta a la derecha del Padre para
siempre.
– «El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este
tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María
Magdalena: “Todavía no he subido al Padre” […]. Esto indica
una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo
resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre».43
La gloria del Resucitado (en sus condiciones y cualidades
sobrenaturales) , antes de subir al cielo, está de algún modo
oculta (no se manifiesta siempre) y se refleja en las palabras
de Jesús a la Magdalena. Cuando suba al Padre aparecerá esa
gloria totalmente resplandeciente.
– «Cuando por fin Cristo es glorificado (Jn 7,39), puede a su vez
enviar el Espíritu44 a los que creen en él: Él les comunica su
Gloria (cf. Jn 17,22), es decir, el Espíritu Santo que lo glorifica
(cf. Jn 16,14)».45 Cristo es glorificado por la resurrección (se
reviste de las cualidades sobrenaturales del cuerpo resuci-
tado), desde entonces envía el Espíritu Santo a los que creen.
Les comunica su Gloria, la que Él ha recibido del Padre.46 Esa
Gloria es el Espíritu Santo que glorifica a Cristo. En este texto,
claramente se afirma que Espíritu Santo y Gloria se identifican.
– «Jesús entrega su espíritu en las manos del Padre (cf. Lc 23, 46;
Jn 19, 30) en el momento en que por su Muerte es vencedor de la
43 CCE 660.
44 CCE 729: «Solamente cuando ha llegado la hora en que va a ser glo-
rificado, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su Muerte y
Resurrección serán el cumplimiento de la Promesa hecha a los Padres (cf.
Jn 14,16-17.26; 16,7-15; 17,26)». La glorificación de Cristo tiene lugar cuando
Cristo es entregado a la pasión y muerte, y cuando resucita.
45 CCE 690.
46 CCE 1204: «La multitud de los hijos de Dios, mediante su cultura humana
propia, asumida y transfigurada por Cristo, tiene acceso al Padre, para glo-
rificarlo en un solo Espíritu». La glorificación (honor, culto, alabanza, acción
de gracias, adoración) del Padre tiene lugar en el Espíritu.
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El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 523
muerte, de modo que, “resucitado de los muertos por la Gloria
del Padre” (Rom 6,4), en seguida da a sus discípulos el Espíritu
Santo dirigiendo sobre ellos su aliento (cf. Jn 20,22)».47 Jesús
muriendo vence a la muerte y entrega su espíritu en manos del
Padre. El Padre le resucita de entre los muertos por su Gloria.
Esta Gloria se trasluce en el Espíritu Santo, comunicado a los
apóstoles mediante el aliento que les insufla.
3. Conclusión
La gloria es la comunicación y manifestación de Dios en la creación
y en la historia de la salvación. Dios ha creado y lo sigue haciendo,
por amor y para comunicar su bondad; no crea buscando su per-
feccionamiento ni su felicidad. Dios comunica su gloria también
en las «misiones» del Hijo y del Espíritu Santo que se prolonga en
la misión de la Iglesia.
En los diez mandamientos se manifiesta también la gloria de Dios.
Creando los seres manifiesta su felicidad y gratuidad. La sagrada
Escritura considera gloria la irradiación de la majestad de Dios.
La gloria de Dios se manifiesta en el hombre vivo y la vida del
hombre es la visión de Dios. El hombre vivo contribuye a la ala-
banza de la gloria de Dios. La gloria de Dios es que el hombre le
reconozca como Padre, como Dios verdadero. La gloria de Dios
coincide con la felicidad del hombre.
Dios, siendo «todo en todos», manifiesta su gloria y la felicidad del
hombre. La gloria de Dios no se puede contemplar plenamente sin
experimentar la muerte. En este mundo se contempla esta gloria
veladamente. La gloria de Dios es su ser mismo que trasciende lo
visible y sensible.
Jesucristo es la cumbre de la manifestación de la gloria de Dios. Él
es el resplandor de la gloria del Padre. El honor y la gloria debidos
al Padre, convienen también al Hijo. Nuestra elección, en Cristo,
para ser hijos adoptivos, ha sido para alabanza de la gloria de su
47 CCE 730.
362 [Link] 523 16/12/2021 16:30:08
524 Ramiro González Cougil
(del amado) gracia. En la gracia del Padre y del Hijo se trasparenta
la gloria de ambos. En la fe de la Iglesia recibe la misma gloria el
Espíritu que el Padre y el Hijo. En Cristo, que se encarnó, hemos
visto la gloria del Padre que recibe como Hijo único.
En la pobreza del Hijo, nacido en Belén, se manifiesta la gloria del
cielo. La realidad gloriosa del cielo está en el Dios hecho hombre
en Belén.
En la Transfiguración, Jesús muestra su gloria divina de un modo
fuera de lo común. Son muchos los signos que reflejan esta gloria.
Para entrar en su gloria hay que pasar por la cruz. La cruz refleja
la gloria. La pasión se convierte en el instrumento necesario para
llegar a la gloria. La Transfiguración nos ofrece una anticipación de
la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos. Él transfigurará
este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo.
En el mencionado acontecimiento, Moisés y Elías contemplan
la gloria de Dios en la montaña. La nube indica la presencia del
Espíritu Santo. Los discípulos, en la medida de lo posible, han
contemplado la gloria de Cristo. Cristo fue resucitado de entre
los muertos por la gloria del Padre. Se nos pide llevar una vida
nueva y glorificada.
Las imágenes de Cristo, de la Virgen y los santos trasparentan la
gloria de Dios. Las imágenes nos estimulan para dar gloria a Dios.
El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios. Su tarea a lo
largo del día es glorificar a Dios.
La justificación recibida en el bautismo comporta la gloria de Dios
y de Cristo.
El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de la Resurrec-
ción. El Padre le resucita de entre los muertos por su gloria. Durante
los cuarenta días que pasó en la tierra, su gloria estaba velada bajo
los rasgos de una humanidad terrena. La última aparición de Jesús,
termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria
divina, simbolizada en la nube.
Jesús, a partir de la Ascensión, concluye con la entrada gloriosa en
el cielo. Hay una diferencia entre la manifestación de la gloria del
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El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia Católica» 525
Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. Se
refleja en las palabras de Cristo a la Magdalena: «No me toques,
todavía no he subido al Padre». Cuando, por fin, Cristo es glori-
ficado, puede enviar el Espíritu que lo ha glorificado. Comunica
a los apóstoles su gloria (el Espíritu), la que Él ha recibido del
Padre. Esta comunicación se actúa mediante el aliento o soplo del
resucitado. Con él comunica el Espíritu que es su gloria.
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NOVEDADES
Variedades sobre la liturgia
y los sacramentos hoy
Por Dionisio Borobio García. 416 págs.
El objetivo de esta publicación es recoger, revisar
y completar algunos temas o perspectivas sobre
este amplio tema. Puede servir o ayudar a quienes
se dedican a la; a los pastores que se pregun-
tan cómo revitalizar las diversas situaciones
liturgico-sacramentales; y a los mismos laicos
comprometidos en la preparación y celebración
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Bautismo – Confirmación y
Eucaristía
Por Jaume Fontbona i Missé. 628 págs.
Nueva edición ampliada. Este libro presenta,
en primer lugar, el concepto de sacramento y
después estudia de manera esmerada y precisa
los tres sacramentos de la iniciación cristiana,
desde la perspectiva bíblica, histórica, sistemá-
tica y litúrgica. Y como novedad, ofrece textos de
antiguas anáforas.
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02 01 361 [Link] 304 05/10/2021 11:56:35
Puntos de vista
Los ritos sacramentales
y la misión educadora de la Iglesia
Enrique García Ahumada, fsc
Un ministro muy importante de la Iglesia primitiva era el didás-
kalos, traducido por doctor o por maestro, que era un formador
de cristianos:
En la Iglesia establecida en Antioquía había profetas y maestros:
Bernabé, Simeón apodado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén,
hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo (Hch 13,1).
San Pablo en dos pasajes coloca a los maestros entre los principales
ministros constructores de la Iglesia.
Dios puso en la Iglesia primero apóstoles; en segundo lugar, profe-
tas; en tercer lugar, maestros; luego, los milagros; después, el don
de curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas
(1Cor 12,28).
Dice que Jesús »dispuso que unos fueran apóstoles, otros, profetas;
otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros» (Ef 4,11).
La síntesis más amplia de la vida de la primera comunidad cristiana
de Jerusalén, reconocida descriptora de los rasgos esenciales de
la Iglesia, declara:
Enrique García Ahumada es hermano del Instituto de los Hermanos de
las Escuelas Cristianas, es licenciado en catequesis y pastoral y doctor
en teología, enseña en el Seminario Pontificio de Santiago de Chile
y en la Universidad Finis Terrae, es profesor de estado en religión y
asesor de la Sección Catequesis del Consejo Episcopal Latinoameri-
cano (CELAM).
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528 Puntos de vista
Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la
comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Pero el temor se
apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios
y signos. Todos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en
común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el importe
de las ventas entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían
diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu;
partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sen-
cillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo
el pueblo. Por lo demás, el Señor agregaba al grupo a los que cada
día se iban salvando (Hch 2, 42-47).
Muestra cuatro funciones esenciales de la Iglesia: didascalia (se
mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles); koinonía
o sentido de comunión y comunidad (en la comunión […] con
un mismo espíritu […] todos los creyentes estaban de acuerdo
y tenían todo en común); liturgia (en la fracción del pan y en las
oraciones […] acudían diariamente al Templo con perseverancia
[…] partían el pan en las casas […] alabando a Dios) y diaconía
(vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el importe de las
ventas entre todos, según la necesidad de cada uno). El texto es
clave en eclesiología.
Jesucristo en su último acto fundacional de la Iglesia le definió su
misión al enviar a los apóstoles:
Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a
guardar todo lo que yo os he mandado (Mt 28,18-20).
Incluye dos tareas educativas: hacer discípulos y enseñar a guardar
todo lo mandado. La Vulgata latina en vez de hacer discípulos
(mazeteúsate) tradujo docete, enseñad, que se ha entendido reduc-
tivamente como transmitir la verdad revelada.
Ciertamente, Jesús puso a Pedro como autoridad doctrinal en la
Iglesia.
¡Simón. Simón! Sábete que Satanás ha solicitado el poder cribaros
como trigo, pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y
tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22,32).
362 [Link] 528 16/12/2021 16:30:09
Puntos de vista 529
Le encargó otra vez ante los demás apóstoles con insistencia apa-
centar corderos y ovejas, fieles y autoridades:
Después de haber comido, preguntó Jesús a Simón Pedro: «Simón,
Simón, ¿me amas más que estos?». Respondió él: «Sí, Señor, tú sabes
que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Volvió a
preguntarle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Respondió él, «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dijo Jesús: «Apa-
cienta mis ovejas». Insistió por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me
quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez
«¿me quieres?». Y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te
quiero». Le dijo Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad
te digo que, cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde
querías, pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro
te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la
clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió:
«Sígueme» (Jn 21,15-19).
La autoridad doctrinal es compartida por los sucesores de los
apóstoles en comunión con Pedro y fieles a la tradición apostólica.
Pablo insiste a Timoteo, a quien deja a cargo de la Iglesia en Éfeso,
de seguir esa tradición fiel a Jesús:
Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de
Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina
que has seguido fielmente. Rechaza, en cambio, las fábulas profanas
y los cuentos de viejas. Ejercítate en la piedad (1Tim 4,6).
Timoteo, guarda el depósito. Evita las palabrerías profanas, y tam-
bién las objeciones de la falsa ciencia; algunos que la profesaban se
han apartado de la fe (1Tim 6,20).
Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí, basadas en la fe
y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el depósito mediante el
Espíritu Santo que habita en nosotros (2Tim 1,13-14).
Más amplio que transmitir la enseñanza doctrinal es educar, o
conducir a la virtud:
Cuando Israel era niño, lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Y cuanto
más los llamaba, más se alejaban de mí: ofrecían sacrificios a los
Baales e incienso a los ídolos. Yo enseñé a caminar a Efraín, tomán-
dole por los brazos, pero no sabían que yo los cuidaba. Los atraía
con cuerdas humanas, con lazos de amor; yo era para ellos como
362 [Link] 529 16/12/2021 16:30:09
530 Puntos de vista
las personas que alzan a un niño contra su mejilla; me inclinaba y le
daba de comer (Os 11,1-4).
La meta de la educación es la santidad:
Porque yo soy Yahvé, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues
yo soy santo (Lv 11,44).
Que vuestra conducta sea santa en todo momento, como santo es el
que os ha llamado. Pues así está escrito: Seréis santos, porque santo
soy yo (1Pe 1,16; ver 1Jn 3,3).
La distinción es importante. Todo cristiano tiene la misión de
educar en su doble tarea, en lo positivo, de inspirar virtudes con-
ducentes a la santidad con su vida y con su palabra ojalá bíblica:
«Instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantando a Dios, de
corazón y agradecidos, salmos, himnos y cánticos inspirados»
(Col 3, 16). Con el ejemplo ha de afianzar en la caridad y en la
participación litúrgica:
Fijémonos los unos en los otros para estimular nuestra caridad y
nuestras buenas obras, sin abandonar nuestras asambleas, como
algunos acostumbran a hacerlo; antes bien, animaos unos a otros,
tanto más cuanto que veis que se acerca el Día (Heb 10,24-25).
Ante lo negativo corresponde la corrección fraterna:
Si tu hermano llega a pecar, ve y corrígele, a solas con él. Si te escucha,
habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo
uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de
dos o tres testigos. Si los desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si
también desoye a la comunidad, considéralo como al pagano y al
publicano (Mt 18,15; ver Gal 2,14; 6,1-2).
Lamentablemente, hoy la práctica sacramental no considera fun-
ción esencial de la Iglesia formar cristianos. Al celebrar bautismo
y confirmación, hay unción con el santo crisma proclamando:
Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les has
dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, y les has concedido
el perdón de los pecados, les unge con el crisma de la salvación, para
que, incorporados a su pueblo santo, permanezcan como miembros
de Cristo sacerdote, profeta y rey hasta la vida eterna.
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Puntos de vista 531
No menciona el rol de educar la fe, conferido o acrecentado a los
sujetos de esos sacramentos de iniciación cristiana. Es discutible
si el común de los bautizados y bautizadas se sienten sacerdotes,
profetas y reyes en algún sentido y lo ejercen.
En cambio, propongo proclamar en la celebración del Bautismo y
de la Confirmación que:
[…] incorporados a la Iglesia madre y maestra enviada a evangelizar,
crezcan como discípulos misioneros, miembros de Cristo Salvador.
El rito bautismal propondría una clara concepción de Iglesia
evangelizadora bien fundamentada y comprometedora, cosa
hoy ausente. Eso favorecería la pastoral del bautismo de niños,
empeñada en que los padres quieran iniciarlos y educarlos como
cristianos. En ambos sacramentos la preparación de padrinos como
educadores y evangelizadores sacaría también provecho del rito.
Los liturgistas podrían lograr esta innovación.
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532 Puntos de vista
La autoridad de las lenguas habladas.
Un importante decreto vaticano sobre
las traducciones litúrgicas*
Andrea Grillo
El pasado 22 de octubre, se aprobó un Decreto de la Congregación
para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos que interviene
como aclaración detallada del contenido de Motu proprio Magnum
Principium (2017). Se trata de restablecer una correcta relación entre
los diferentes niveles de experiencia eclesial: entre el latín y las
lenguas habladas, entre texto litúrgico y Conferencias Episcopales,
entre Conferencias Episcopales y Congregaciones romanas. No
se podría entender este documento si no se recordara lo que ha
ocurrido en los últimos veinte años: la pretensión de regular los
conflictos de interpretación relativos a la »traducción de los textos
litúrgicos» con una lógica deductiva unilateral. Pensar en las len-
guas habladas como traducción del latín y en las competencias de
los obispos como irrelevantes con respecto a las Congregaciones
había conducido a un resultado inevitable: las nuevas traduc-
ciones se bloqueaban o, si se aprobaban, avergonzaban. Esto se
debe a un doble punto ciego en el que nos habíamos deslizado sin
discernimiento: la idea de que en la liturgia las lenguas habladas
eran una concesión. Y que la competencia real sobre cada lengua
recaía únicamente en la Sede romana. Esta lectura, desconfiada de
las lenguas modernas por la nostalgia de una universalidad católica
Andrea Grillo es doctor en teología litúrgica y profesor en el Pontificio
Ateneo San Anselmo de Roma y en el Instituto de liturgia pastoral
de la abadía de Santa Justina de Padua.
*
Traducción al español de Lino Emilio Díez Valladares, sss. Texto original
en italiano, «L’autorità delle lingue parlate. Un importante Decreto vaticano
sulle traduzioni liturgiche» [en línea], Cittadella editrice <[Link]
[Link]/munera/lautorita-delle-lingue-parlate-un-importan-
te-decreto-vaticano-sulle-traduzioni-liturgiche/> [Consulta: octubre 2021].
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Puntos de vista 533
identificada con la lengua latina, confiaba en que solo podía ser
fiel a la tradición bajo dos condiciones. Si el latín siguiera siendo
la lengua de la experiencia y si Roma pudiera controlar el paso del
latín (en el que seguía siendo objetivamente fuerte) a cualquier otra
lengua. Al controlar la fuente, la universalidad parecía asegurada
y la paz garantizada. Pero el diseño era manifiestamente ingenuo
y sin ninguna posibilidad de éxito.
En realidad, el Consejo ya había comprendido, de forma irrever-
sible, que las cosas son menos lineales y mucho más complejas.
Intentemos decirlo en unos pocos puntos:
a) La experiencia de la fe ya no se vive y se expresa inmediatamente
en latín. Esto es cierto desde hace algunos siglos, pero se ha hecho
evidente, incluso en Roma, desde el momento en que el latín
ha dejado de ser la lengua materna de alguien. Como lengua
técnica, el latín ha perdido toda la carga simbólica y metafórica
que solo corresponde a las lenguas vivas. Como ya no lo hablan
los niños, las madres, los comediantes y los poetas, ha caído en
desuso. Se puede utilizar, pero solo como lenguaje técnico. Pero
¡la liturgia no es una técnica!
b) Esto significa que experimentamos la fe, en primer lugar, en
lenguas distintas del latín. Se convierten así en la fuente de
nuestra expresión, así como de nuestra experiencia. Por ello,
las versiones de textos latinos en lenguas modernas no solo
deben reconocer el poder del latín como lengua de partida, sino
también el de las lenguas habladas como lenguas de llegada.
c) Esto también modifica las competencias eclesiales. La primera
competencia de síntesis no puede ser la romana, sino la local,
donde la síntesis entre el latín y la lengua hablada se experimenta
materno more y paterno sensu. La pretensión de controlar desde
Roma el uso del inglés en Australia o Kenia o Nueva Zelanda
perdió de vista la lógica de las lenguas y la experiencia de la fe
en el plano vivencial y expresivo.
d) Por eso liturgia auténtica solo puede ser la fiel. Pero la fidelidad
debe evaluarse cuidadosamente en tres niveles diferentes,
que se entrecruzan y nunca permiten que un nivel prevalezca
362 [Link] 533 16/12/2021 16:30:09
534 Puntos de vista
sobre los demás. Esto se recoge de forma ejemplar en 4 núme-
ros del decreto más reciente (núms. 20-23). Los cito aquí en su
integridad:
20. El can. 838 § 3, pide a las Conferencias Episcopales «preparar
fielmente las versiones de los libros litúrgicos en las lenguas verná-
culas». El adverbio fielmente implica una triple fidelidad: al texto
original, a la lengua particular a la que se traduce y, por último, a la
comprensibilidad del texto por parte de los destinatarios iniciados
en el vocabulario de la revelación bíblica y de la tradición litúrgica.
21. Fidelidad, sobre todo, al texto original, es decir, en lengua latina,
presente en los libros litúrgicos propios del rito romano. Se entiende
que, al tratarse de una traducción, el texto latino sirve siempre de
referencia en caso de duda sobre el sentido correcto. En segundo
lugar, no se debe excluir que la versión de los textos litúrgicos en
una lengua más difundida, ya confirmada por la Sede Apostólica,
puedan utilizarse también como ayuda interpretativa.
22. Fidelidad, pues, a la lengua a la que se traduce, ya que cada lengua
tiene sus propias peculiaridades. El cometido de la traducción con-
siste en conjugar el respeto a la idiosincrasia de cada lengua dando
»plena y fielmente el sentido del texto original del texto latino».
23. Por último, fidelidad a la comprensibilidad y a las «necesidades
espirituales» de los destinatarios, teniendo en cuenta que «el texto
litúrgico, como signo ritual, es un medio de comunicación oral». La
tarea de traducción exige, entre otras cosas, prestar atención a los
distintos géneros literarios (oraciones presidenciales, aclamaciones,
cantos, moniciones, etc.), así como al hecho de que hay textos destina-
dos a la proclamación, a la escucha o a ser pronunciados coralmente.
Se entiende que el lenguaje litúrgico –términos, elementos, signos–
debe ser explicado en la catequesis a la luz de la Sagrada Escritura
y de la tradición cristiana.
La triple fidelidad ilustra bien el objetivo, que es la «participación
activa» del pueblo en el acto de culto. La labor de traducción, de
hecho, no solo mira al pasado, sino también y sobre todo al futuro.
Esto se subraya con gran propiedad en el número 13:
13. La preparación de la versión de los libros litúrgicos presupone
una valoración que tenga en cuenta, en primer lugar, la lengua, sus
prerrogativas y su difusión, contemplando su uso en un futuro
362 [Link] 534 16/12/2021 16:30:09
Puntos de vista 535
próximo, a partir de su aprendizaje por parte de las jóvenes genera-
ciones. La adopción de las lenguas vernáculas en la liturgia debe tener
en cuenta, entre otras cosas, que el criterio fundamental es la parti-
cipación del pueblo en las celebraciones litúrgicas y no otro tipo de
conveniencias, como, por ejemplo, implicaciones socio-identitarias.
Es precisamente aquí donde entra en juego el papel que desempeña
el magnum principium para guiar la labor de traducción. Tal y como
se formuló en el documento de 2017, ahora resuena en el núm. 19:
19. De hecho, «el fin de las traducciones de los textos litúrgicos y de
los textos bíblicos, para la liturgia de la palabra, es anunciar a los fieles
la palabra de salvación en obediencia a la fe y expresar la oración
de la Iglesia al Señor. Para ello, es necesario comunicar fielmente a
un pueblo determinado, con su propio lenguaje, lo que la Iglesia ha
querido comunicar a otro por medio de la lengua latina. No obstante
la fidelidad no pueda juzgarse por las palabras individuales, sino
en el contexto de todo el acto de la comunicación y de acuerdo a su
propio género literario, sin embargo, algunos términos específicos
también deben ser considerados en el contexto de la fe católica ínte-
gra, porque cada traducción de textos litúrgicos debe ser congruente
con la sana doctrina».
El principio de la «traducción dinámica» refleja precisamente la
condición histórica de la lengua latina. Es una fuente, pero está
situada. Y la correlación entre el latín y las lenguas habladas no
es una operación sencilla, sino compleja, porque no es unívoca,
sino biunívoca. El latín nos permite entender el italiano, pero el
italiano nos permite entender el latín. Para respetar esta comple-
jidad, necesitamos una «regulación articulada de las distintas
competencias». Esta es la intención fundamental del Decreto,
que de forma clarividente desbloquea una situación que estaba
paralizada. Porque la lectura ideológica de los últimos 20 años
pedía al latín ser lo que ya no ha sido durante siglos y a las lenguas
habladas no ser aquello en lo que se han convertido con el paso
de los siglos: lugares de experiencia y expresión primaria del
misterio pascual. Es decir, autoridades que el latín debe tener en
cuenta. El nuevo decreto ofrece en detalle la forma administrativa
y estructural de este importante reconocimiento.
362 [Link] 535 16/12/2021 16:30:09
536 Puntos de vista
La Torá y la Ley divina
Juan Javier Flores Arcas, osb
La liturgia de la Palabra tiene su antecedente inmediato en la lec-
tura de la Palabra de Dios en la liturgia sinagogal.
El rabinismo tiene una máxima que manifiesta cuáles son sus prio-
ridades que dice así: «Tres dones preciosos hizo el Santo, ¡bendito
sea!, a Israel: la Torá, la tierra de Israel y el mundo venidero».
También nosotros, los cristianos, tenemos en la Nueva Alianza
tres grandes dones: la Palabra de Dios, la Iglesia de Jesús y la vida
en el Espíritu.
Por lo tanto, compartimos con el pueblo judío la Palabra divina,
más en concreto la Torá.
Desde tiempos de Rabí Gamaliel II (fines del siglo I dC) los judíos
clasificaron los libros del Antiguo Testamento en la Torá, los Pro-
fetas y los Escritos.
La Torá la forman los primeros cinco libros de la Biblia hebrea y
contiene cientos de mandamientos que los judíos deben seguir
en su vida diaria. La medida de adherencia a la amplia gama de
pautas difiere entre los judíos ortodoxos y los judíos reformistas.
La Torá o la Ley comprende los cinco libros del Pentateuco. Los
profetas (Nebiin) se subdividen en anteriores y posteriores, y son
ocho libros en total. Los Escritos (Ketubin) son once, un total de
24 libros.
Hoy los estudiosos opinan que los libros de la Torá se compusieron
en los siglos xii-xi aC y están más o menos de acuerdo que el lla-
mado Pentateuco quedaría completo unos 400 años antes de Cristo.
La lectura de la Torá y de los profetas es el elemento central del
culto sinagogal y está íntimamente unida al Shemá, donde, citando
Juan Javier Flores, monje benedictino de la abadía de Santo Domingo de
Silos (Burgos), doctor en liturgia.
362 [Link] 536 16/12/2021 16:30:10
Puntos de vista 537
Deuteronomio 6,7 se manda repetir las palabras de la Torá a los
hijos y hablar constantemente de ellas.
Estudiar la Torá, recordarla, enseñarla, es una actividad fundamen-
tal de la piedad judía y, por ello, aparece de diversas maneras en
la liturgia, especialmente en la sinagoga, ya que esta, desde época
precristiana, se convirtió en el lugar natural de la proclamación
pública y de enseñanza de la Escritura.
Todo judío está obligado a estudiar permanentemente la Torá;
por eso además de hacerlo en el culto sinagogal, debe hacerlo en
otras situaciones, de tal forma que su estudio pase al centro de la
vida religiosa.
A partir de la destrucción del segundo templo, este estudio se
convierte en uno de los tres pilares del mundo, pues representa
la alianza entre Dios y su pueblo, y la presencia de la Shekhiná en
medio de Israel depende de su cumplimiento y estudio. Desde
entonces, el judaísmo es la religión de la Torá, en la que tiene
carácter religioso no solo realizar sus contenidos, sino también
los actos previos, como estudiarla, practicarla, narrarla y trans-
mitirla.
La Torá, estudiada y llevada a la práctica, es el sacrificio que Dios
quiere de sus fieles.
Últimamente unas palabras del papa Francisco sobre ella han
hecho levantar una cierta polémica, hasta el punto de que ha tenido
que hacerse una aclaración por parte del cardenal Kurt Kock,
actualmente presidente del Pontificio Consejo para la promoción
de la unidad de los cristianos. Hubo un malentendido que casi se
convierte en un conflicto entre católicos y judíos.
Unas palabras del papa Francisco en la audiencia general del 11
de agosto de 2021 parecían sugerir que la Torá –el texto que recoge
la ley judía– estaría caduca y obsoleta.
El Papa reflexionaba sobre el sentido de vivir únicamente desde
el cumplimiento de la norma frente a hacer vida el mandamiento
del amor. Para ello, echaba la vista atrás adentrándose en refe-
rencia bíblica tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
362 [Link] 537 16/12/2021 16:30:10
538 Puntos de vista
para remarcar que «la Torá, la ley de hecho, no está incluida en
la promesa hecha a Abrahán». Sin embargo, aclaraba a conti-
nuación que «no se debe pensar que san Pablo fuera contrario
a la ley mosaica. No, la observa. Más de una vez, en sus Cartas,
defiende su origen divino y sostiene que esta posee un rol bien
preciso en la historia de la salvación. A partir de ahí, señalaba que
«la ley no da la vida, no ofrece el cumplimiento de la promesa
porque no está en la condición de poder realizarla». A su vez el
papa Francisco defendía que «la Ley es un camino que te lleva
adelante hacia el encuentro», incluso la llega a presentar como
«pedagogo hacia la fe en Cristo».
Fueron estas reflexiones las que provocaron de inmediato un
revuelo en la comunidad judía hasta el punto que el rabino Rasson
Arousi, presidente de la comisión del Gran Rabinato de Israel para
el diálogo con la Santa Sede, llegó a escribir una carta a la Santa
Sede en la que exigía una aclaración desde Roma para «asegurarse
de que cualquier conclusión despectiva extraída de esta homilía
sea claramente repudiada».
El rabino Arousi, dirigiéndose al cardenal Kurt Koch, le pedía
que transmitiera su angustia al papa Francisco, ya que de alguna
manera se podía deducir una «enseñanza despectiva hacia los
judíos y hacia el hebraísmo». Decía precisamente que «el Papa no
solo presenta la fe cristiana como algo que reemplaza a la Torá,
sino que afirma que esta última ya no da vida, lo que implica que
la práctica religiosa judía en la era actual es obsoleta».
Ante tales acusaciones, el papa Francisco ha pedido al cardenal
Koch que subrayara por carta al rabino Arousi que sus palabras
sobre la Torá no deben tomarse sobre un juicio o condena sobre
la ley judía.
Dicho rabino argumentaba también que los comentarios del Papa
que aludían a que «la Ley […] no da vida por sí misma», parecían
sugerir que la ley judía está obsoleta.
El cardenal Kock, con claridad y precisión, ha recordado unas
palabras del papa Francisco cuando decía que «las confesiones
362 [Link] 538 16/12/2021 16:30:10
Puntos de vista 539
cristianas encuentran su unidad en Cristo, el judaísmo encuentra
su unidad en la Torá».1
Un artículo en el L’Osservatore Romano (30 de agosto de 2021, p.
1) firmado por el arzobispo de La Plata, Argentina, Mons. Víctor
Manuel Fernández titulado precisamente: «Ley y gracia para
judíos y cristianos» aclaraba que cristianos y judíos no decimos
que lo que vale es el cumplimiento exterior de ciertas usanzas sin
el impulso interior de Dios. Argumenta también, siguiendo el hilo
del discurso del Papa y aludiendo a las palabras de san Pablo, que
la justificación por la fe, en realidad está retomando convicciones
profundas de ciertas tradiciones judías porque si se afirma que la
propia justificación se obtiene por el cumplimiento de la Ley con el
propio esfuerzo, sin ayuda divina, se estaría cayendo en la peor de las
idolatrías, que consiste en adorar a uno mismo, a las propias fuerzas
y a las propias obras, en lugar de adorar al único Dios.
El teólogo argentino recuerda a su vez que en los textos del Antiguo
Testamento y en muchos escritos extrabíblicos hay evidencia de
una «religiosidad de confianza en el amor de Dios», pues los textos
invitan a un cumplimiento de la Ley accionado en lo profundo del
corazón por la acción divina.
La «emunà», actitud de profunda confianza en Yahvé que activa
el auténtico cumplimiento de la ley, «está en el corazón mismo de
la exigencia de toda la Torá», afirma el arzobispo, el cual evoca la
tradición judía para salir de la polémica afirmando que las tradi-
ciones judías también reconocen que para cumplir la Ley en su
totalidad se requiere un cambio de corazón.
Los cristianos y los judíos no dicen que lo que cuenta es el cumpli-
miento exterior de ciertas costumbres sin el impulso interior de Dios.
En realidad, la teología judía coincide con la doctrina cristiana en este
punto, sobre todo si partimos de la lectura de Jeremías y Ezequiel,
1 Francisco, Discurso a los participantes en un Congreso Internacional orga-
nizado por el Consejo Internacional de Cristianos y Judíos [en línea], Santa Sede,
<[Link]
documents/papa-francesco_20150630_iccj.html> [Consulta: octubre 2021].
362 [Link] 539 16/12/2021 16:30:10
540 Puntos de vista
donde aparece la necesidad de purificación y transformación del
corazón.
Tenemos que seguir insistiendo que
judíos y cristianos reconocen que la ley externa no puede cambiarnos
por sí sola sin la obra purificadora y transformadora de Dios [Ez 36,
25-27], que ya ha comenzado a hacerse presente en su Mesías (Gal
2, 20-21).
Es bueno también recordar que según la doctrina agustiniana y
tomista sobre la teología paulina de la nueva ley, la esterilidad de
una ley externa sin ayuda divina no es solo una característica de
la Ley judía, sino también de los preceptos que el mismo Jesús nos
dejó, pues sabemos que incluso la letra del Evangelio mataría si
no tuviera la gracia interior de la fe que cura.
362 [Link] 540 16/12/2021 16:30:10
Puntos de vista 541
«The Mystery of the Eucharist
in the life of the Church»
Síntesis de las ideas principales
del documento
Luis Javier García-Lomas Gago, osb
Introducción
Recientemente, tras mucha discusión y no poca expectación mediá-
tica, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha aprobado en
su sesión plenaria de noviembre de 2021 el documento titulado
El misterio de la Eucaristía en la vida de la Iglesia. A la espera de una
traducción íntegra del documento, destacamos aquí sus ideas
principales, de gran interés no solo por su actualidad, sino por su
teología y su toma de conciencia de los signos de los tiempos que
en la vida de la Iglesia hacen necesaria una profundización del
misterio eucarístico.
El documento se presenta estructurado en cuatro grandes partes.
Un prólogo sobre la presencia de Cristo como motivo inspirador
del documento, una primera parte dedicada al don de Cristo de sí
mismo en la Eucaristía, una segunda parte dedicada a la respuesta
del cristiano ante el don de Cristo, y finalmente un epílogo sobre
la relación entre Eucaristía y misión de los cristianos.
La presencia de Cristo (1-7)
El documento comienza aludiendo a la presencia de Cristo en
medio de los hombres durante los duros tiempos de la pandemia.
La presencia de Cristo se hace especialmente significativa en la
celebración de sus misterios, lo que da sentido al documento,
Luis Javier García-Lomas Gago, monje benedictino de la abadía de Santo
Domingo de Silos (Burgos).
362 [Link] 541 16/12/2021 16:30:10
542 Puntos de vista
centrado en el papel que en la vida de la Iglesia tiene la Eucaristía.
Los efectos de la pandemia en la práctica sacramental y la soli-
citud pastoral de los obispos son motivos que han determinado
a la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos a elaborar un
documento como este sobre la participación en la Eucaristía
como medio fundamental de Cristo de hacerse presente entre
nosotros.
El don de Cristo (8-28)
El don de Cristo, en su venida a los hombres, es la salvación, la par-
ticipación de la naturaleza divina (2 Pe 1,4). Para ello, la Eucaristía
se convierte en algo esencial, pues, en palabras del papa Francisco
que recoge el número 9 del documento, en ella la creación se pro-
yecta hacia la divinización.
El documento parte del don de Cristo a través de su Encarnación,
Muerte y Pasión por nosotros, que es lo que se hace presente en la
Eucaristía. La realidad del pecado humano, del mal, es redimida
por Cristo, el nuevo Adán, que al ofrecer su vida por nosotros nos
permite hacernos hijos de Dios y heredar el Reino. Leyendo en este
sentido el relato de la Última Cena, el documento afirma que en la
gestualidad y las palabras de Jesús se revela la ofrenda libre de su
vida por nosotros y el perdón de nuestros pecados.
Esta libre ofrenda ha sido comprendida tradicionalmente como el
sacrificio del propio Cristo, ofrenda y víctima al mismo tiempo.
Por eso puede afirmar el documento que en cada Eucaristía se
hace presente todo lo que Cristo hizo por nosotros, incluyendo
su muerte sacrificial y su resurrección. Pero al mismo tiempo,
la Eucaristía ha sido comprendida como memorial y como
banquete. Como memorial es la re-presentación del sacrificio
de Cristo, que nos reconcilia con el Padre. Como banquete, es la
nueva Pascua donde el pueblo se alimenta de Cristo, el nuevo
cordero pascual.
En cada celebración eucarística toda esta densidad de significados
se hace presente, y de ahí toma fuerza la Iglesia para su actividad
y su vida. El sacrificio de Cristo, hecho presente de nuevo sacra-
362 [Link] 542 16/12/2021 16:30:10
Puntos de vista 543
mentalmente, permite a la Iglesia participar del culto que se tributa
a Dios en el cielo.
Una vez retomados los aspectos esenciales del misterio eucarístico,
el documento pasa a exponer la secular convicción de la Iglesia
acerca de la presencial real de Cristo en las especies eucarísticas.
El pan y el vino convertidos en cuerpo y sangre de Cristo son la
expresión del don del mismo Cristo, que sigue dándose a su Igle-
sia. El documento recuerda al mismo tiempo el papel del Espíritu
Santo en el cambio que se da en las especies, y se acerca a explicar
de forma sencilla pero exacta el misterio de la transubstanciación
y de la realidad de la presencia de Cristo.
La fe en esta presencia, de acuerdo con el documento, tiene muchas
manifestaciones: el «amén» pronunciado ante el sacerdote cuando
ofrece el cuerpo de Cristo al fiel, la genuflexión ante el sagrario, el
ayuno eucarístico, etc.
Si, como bien recuerda el documento, al recibir la comunión reci-
bimos el don de Cristo para continuar con nuestra peregrinación,
esto significa que entramos en comunión con Él y con todos los
demás que forman parte del Pueblo de Dios, al que cada uno de
nosotros se incorporó por medio del bautismo. Este último aspecto
vincula Eucaristía e Iglesia, dos realidades que se relacionan de
forma profunda, pues, como dice el documento, la Esposa de
Cristo nace del amor sacrificial del Esposo, derramado en la cruz
y re-presentado en la Eucaristía. Esta comunión eclesial, fruto de
la Eucaristía, no se limita a la Iglesia presente, sino que nos vincula
a la comunión de todos los santos.
De esta aserción deriva el documento la importancia de la parti-
cipación en la Eucaristía dominical, como expresión de nuestra
unidad en el cuerpo de Cristo. El cristiano que no asiste a misa en
domingo priva al cuerpo de Cristo de uno de sus miembros, dice
el documento. Sin Eucaristía, no hay recepción del don de Cristo.
Nuestra respuesta al don de Cristo (29-56)
El don de Cristo, representado sacramentalmente en la Eucaristía,
suscita una respuesta entre los cristianos, respuesta que, como dice
362 [Link] 543 16/12/2021 16:30:10
544 Puntos de vista
uno de los prefacios comunes del Misal Romano, es una respuesta
de alabanza que Dios no necesita, sino que es su mismo don. Por
eso la respuesta inicial y principal es siempre la acción de gracias:
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Esta acción de gracias implica que los fieles puedan y deban par-
ticipar de forma activa y consciente en la acción litúrgica. Hemos
de ser conscientes del don recibido, escuchando la Palabra procla-
mada y viviendo el misterio celebrado con las apropiadas posturas
corporales, cantos y respuestas. En ello, la belleza de la celebración
juega un papel esencial. Al mismo tiempo, la acción de gracias de
los cristianos se prolonga en la adoración eucarística fuera de la
misa, donde prolonga la donación de Cristo mismo.
Quien participa dignamente del misterio eucarístico se ve al mismo
tiempo transformado y renovado. La vida moral del cristiano fluye
de la gracia que se recibe en los sacramentos, singularmente en la
Eucaristía. Así, el amor de Cristo, su don, puede permear todos los
planos de la existencia de los hombres y mujeres, permitiendo un
mundo más fraterno y unido. La solidaridad con el don de Cristo
debe ser también solidaridad con el mundo herido y sufriente,
especialmente con los más pobres.
En este sentido el documento deja traslucir una preocupación por
la vivencia cristiana de los fieles y su relación con la Eucaristía. Los
laicos, desde su compromiso con el mundo, no pueden desenten-
derse de la coherencia que una vida eclesial conlleva. Por eso, y en
relación con la polémica desatada sobre la posible denegación de
la comunión al presidente Biden, el documento meramente dice
los laicos que ejercen alguna forma de autoridad pública tienen
una responsabilidad especial de formar sus conciencias de acuerdo
con la fe de la Iglesia y la ley moral, y de servir a la familia humana
defendiendo la vida humana y su dignidad.
Esta defensa de la vida y su dignidad, en todas sus fases, es algo
que la Eucaristía debe suscitar en cada cristiano, agudizando su
atención por los pobres y descartados, por aquellos que viven en
los márgenes de la sociedad, de la misma manera que la atención
del cristiano debe estar también en el cuidado de la casa común.
362 [Link] 544 16/12/2021 16:30:10
Puntos de vista 545
En su compromiso, los fieles cristianos se comportan como agentes
del Reino, que ayudan a hacerlo venir a este mundo.
Ahora bien, la participación en la Eucaristía no solo implica un
dinamismo de transformación de nuestras relaciones con el pró-
jimo, sino que también implica una conversión personal. Escu-
chando la llamada de Cristo a la conversión, los fieles acuden a la
Eucaristía en busca también del perdón de sus pecados veniales.
De esta forma, el documento pone el acento también en el carácter
medicinal de la Eucaristía. Al mismo tiempo, recuerda el docu-
mento la relevancia del pecado mortal en relación con la partici-
pación en la Eucaristía. En pecado mortal, nadie debe participar
en la Eucaristía o celebrarla. Comulgar en pecado mortal es querer
expresar una comunión que ha sido rota de hecho.
Lo mismo sucede con la comunión eclesial y la enseñanza de la
Iglesia. El rechazo obstinado de las enseñanzas de la Iglesia en la
propia vida personal es una ruptura con la Iglesia que la comunión
eucarística no sana, sino que denuncia y que puede llegar a ser hasta
causa de escándalo. La comunión es con Cristo y con la Iglesia, y
supone una comunión no solo invisible (estado de gracia), sino
también visible. Por ello se pide a los fieles un cuidadoso examen de
conciencia, confiando siempre al mismo tiempo en la misericordia
de Dios, puesta a disposición de todos los fieles en el sacramento
de la Reconciliación.
Finalmente, se recuerda a todos los fieles que la Eucaristía ha sido
para la vida de los santos pan para el camino. Con el ejemplo de
vida eucarística de algunos santos (el beato Carlo Acutis, san José
Sánchez del Río o santa Isabel Ana Seton), el documento concluye
esta parte invitando a todos a renovar el fervor eucarístico, en la
esperanza de que este fervor ayude también a aquellos que se han
alejado de la Iglesia a volver a su seno.
Enviados (56-59)
El documento de los obispos de Estados Unidos concluye con el
mandato de llevar a los demás lo vivido en la Eucaristía. Igual que
Cristo fue enviado por el Padre, así todos los que participan de
362 [Link] 545 16/12/2021 16:30:10
546 Puntos de vista
la Eucaristía son enviados al terminar la celebración a vivirlo en
sus vidas, a testimoniarlo con sus obras y con su palabra, dando
gloria a Dios. Todos los fieles están llamados a participar de la
evangelización, siendo discípulos misioneros.
Crecer en amor al misterio de los misterios, ese es, según los obis-
pos, el objetivo final del documento. Tomar conciencia del inmenso
don de la presencia de Cristo en toda su Iglesia, desde la ermita
más sencilla a la mayor de las catedrales. En todas ellas se halla
en Señor, dándosenos en la Eucaristía. Adorémoslo, tengamos sed
de quien tuvo sed por nosotros, y llevemos a otros a adorarle. Con
esa invitación concluye el documento de los obispos de Estados
Unidos.
362 [Link] 546 16/12/2021 16:30:10
Noticias
El 52° Congreso Eucarístico Internacional
de Budapest
«Todas mis fuentes están en ti» (Sl 87,7)
(5-12 septiembre 2021)*
Vittore Boccardi, sss
En su videomensaje del 31 de enero de 2016 durante la Statio orbis
de Cebú, el papa Francisco había anunciado:
Al final del Congreso, me complace anunciar que el próximo Con-
greso Eucarístico Internacional se celebrará en 2020 en Budapest,
Hungría.
Debido a la pandemia mundial provocada por el Covid-19, la cele-
bración, inicialmente prevista del 13 al 20 de septiembre de 2020,
se aplazó un año y ha tenido lugar, en un clima epidemiológico
más sereno, del 5 al 12 de septiembre de 2021.
El escenario del Congreso fue Budapest, una gran ciudad de esa
Europa donde la fe cristiana parece haber agotado su impulso vital.
La capital magiar no era nueva en la experiencia del Congreso, ya
que en 1938 se celebró allí el 34º Congreso Eucarístico Internacio-
nal, al que Pío XI envió como Legado al cardenal Pacelli, que poco
después se convertiría en el papa Pío XII. Era entonces la víspera
de la Segunda Guerra Mundial, y en Hungría ya se respiraban los
presagios de la inminente catástrofe.
Vittore Boccardi, sss, del Comité Pontificio para los CC. EE. II.
* Traducción al español de Lino Emilio Díez Valladares, sss. Texto original
en italiano en el Comité Pontificio para los CC. EE. II. [en línea] < [Link]
[Link]/content/congressieucaristici/it/Budapest-2020/
[Link]> [Consulta: octubre 2021].
362 [Link] 547 16/12/2021 16:30:10
548 Noticias
Actualmente, Hungría tiene una población de unos 10,2 millones
de habitantes. De ellos, el 55% son católicos y el resto son agnósti-
cos, calvinistas (16%), luteranos (3%) y ortodoxos griegos (menos
del 1%). Tras la caída del «telón de acero» y la disolución del Pacto
de Varsovia en 1989, las distintas Iglesias húngaras han incre-
mentado su cooperación ecuménica, especialmente en los temas
sociales que afronta el país. Budapest, la capital, tiene alrededor
de 1.700.000 habitantes dentro de un área metropolitana de más
de 3 millones. Su ubicación en Europa Central - Oriental y su his-
toria han contribuido a convertir la ciudad en un popular destino
turístico visitado, antes de la actual pandemia, por más de cinco
millones de turistas al año.
Insertándose en la realidad y en la historia de Hungría, el Con-
greso Eucarístico Internacional se centró en el contexto de la nueva
evangelización, que implica la reafirmación de la fe, el compromiso
pastoral de carácter catequético y litúrgico, la atención sincera a la
caridad en el ámbito social, la educación de un laicado maduro, un
mayor esfuerzo en la comunión eclesial y en el camino ecuménico.
El tema elegido para la asamblea eucarística, «Todas mis fuentes
están en ti», nos instó a redescubrir en la Eucaristía la fuente de
la vida y de la misión evangelizadora de la Iglesia en la sociedad
posmoderna y globalizada. Dejados atrás los esplendores de un
pasado no muy lejano, mediante un obligado baño de realismo, el
Congreso –con sus celebraciones, momentos de encuentro, estu-
dio y testimonio– ofreció posibilidades para nuevas primaveras
evangélicas.
En términos numéricos, este evento internacional se vio obligado a
sufrir las limitaciones impuestas por la pandemia a los viajes inter-
nacionales, pero ello no impidió que se reunieran representantes
de 75 países del mundo. La mayoría de los peregrinos procedían
de países desde los que, gracias a la contención de Covid-19 y a la
introducción del Green Pass (pasaporte de vacunación), era posible
llegar a Budapest sin particulares restricciones. Además, debido
al dilatado tiempo de preparación, el Congreso gozó de un desa-
rrollo ordenado y de la ampliación de las propuestas religiosas y
culturales.
362 [Link] 548 16/12/2021 16:30:10
Noticias 549
1. El simposio teológico (2-4 septiembre 2021)
Tradicionalmente, la puerta de entrada al Congreso es el Simpo-
sio teológico, cuyo objetivo es reunir a teólogos y pastores para
profundizar en el tema del Congreso y ofrecer nuevas pistas para
el camino de las Iglesias. El Centro San Adalberto de Ezstergom
fue el lugar elegido para el encuentro, donde los participantes se
reunieron en la tarde del jueves 2 de septiembre.
La ciudad de Esztergom, a poco más de 50 kilómetros al norte de
Budapest, fue la primera capital del Estado húngaro y la sede mile-
naria del cardenal Primado de Hungría. Está dominada por una
gran basílica que, desde un espolón rocoso, domina el recodo del
Danubio que hoy separa Hungría de Eslovaquia. Su importancia
histórica sugirió, desde el primer año de preparación, la idea de
celebrar aquí el simposio teológico.
Durante dos días, el encuentro examinó la Eucaristía desde dife-
rentes puntos de vista gracias a doce ponentes procedentes de
Europa, África y América Latina. Hubo unos 300 participantes,
en su mayoría académicos, profesores de los seminarios del país,
teólogos, agentes de pastoral, algunas religiosas y estudiantes de
teología... Este encuentro, según las palabras de bienvenida del
cardenal Erdő, debería haber respondido a la pregunta:
¿Cómo puede la Eucaristía ofrecer vida y esperanza al hombre del
siglo xxi, que vive entre temores, que querría proteger la creación
pero no sabe exactamente cómo, consciente de que sin el cristianismo
el mundo sería más pobre pero incapaz de hacer que esta fuerza
extraordinaria sea vital y eficaz para la humanidad de hoy?
La profundización del tema del Congreso fue ofrecida por Mons.
Pierangelo Sequeri (La Eucaristía, fuente de vida cristiana), por el
obispo camerunés Joseph-Marie Ndi-Okalla (Características teoló-
gicas de la liturgia eucarística en África), por eruditos húngaros como
Lajos Dolhai, rector del instituto teológico de Eger y presidente de
la comisión teológica del Congreso, por Kàroly Hafenscher, presi-
dente del Sínodo de la Iglesia Luterana Húngara (El punto de vista
del Concilio Ecuménico sobre la Comunión), por el Maestro General de
la Orden de los Dominicos Gerard Francisco Timoner (La Sinaxis
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Eucarística, paradigma de la sinodalidad), por el Exarca Apostólico
de la Iglesia Greco-Bizantina Católica Manel Nin i Güell, por el
franciscano brasileño Antonio Luiz Catelan Ferreira, por la profe-
sora austriaca Marianne Schlosser (Teología de la adoración) y por el
obispo auxiliar de Zagreb Mons. Ivan Šaško (Eucaristía y sacramento
de la reconciliación). En las tardes de los días del Simposio, los talleres
celebrados en los espacios del Centro San Adalberto contaron con
la participación de otros distinguidos estudiosos que presentaron
temas seleccionados relacionados con la teología, la pastoral, la
exégesis bíblica, la historia y la eclesiología eucarística.
Las celebraciones tuvieron lugar en la inmensa Catedral Primacial
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, y fueron presididas
sucesivamente por los cardenales Péter Erdő, Gerard Lacroix y
Mons. Piero Marini, presidente del Comité Pontificio para los
Congresos Eucarísticos.
El sábado, 4 de septiembre, justo cuando el Simposio teológico de
Esztergom llegaba a su fin, en la plaza Juan Pablo II de Budapest y,
al mismo tiempo en las demás diócesis del país, se celebró un ágape
gozoso que reunió en total a más de cinco mil personas necesitadas.
En la capital, el ágape contó con la presencia del cardenal Primado
junto con algunos ministros. Sentados en una mesa con unos 600
invitados –familias necesitadas, ancianos y personas solas–, las
autoridades eclesiásticas y políticas consumieron el típico gulasch
de ternera y el pastel del Congreso Eucarístico preparado para la
ocasión. El evento, cuya organización práctica se confió a las órde-
nes religiosas, a Cáritas y a los movimientos eclesiales, pretendía
mostrar el amor gratuito de Dios por los pequeños y los pobres.
Esta mesa fue un espacio de comunión y de fiesta para acoger a
personas que, de otro modo, no habrían podido participar en el
Congreso.
En esa misma víspera del Congreso, la comunidad judía de Buda-
pest invitó a los obispos y a los invitados de honor del Congreso
a la gran sinagoga de la calle Dohány para un encuentro musical
destinado a mostrar la fuerza del diálogo judeo-cristiano. En el
gran edificio de estilo morisco-oriental del siglo xix, coronado por
dos altas torres, tras los saludos del Gran Rabino y del Arzobispo,
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el concierto fue introducido por la voz desnuda de un solista que,
en el silencio general, entonó la oración de Shemá Israel.
El diálogo entre ambas religiones es aún más significativo si se
tiene en cuenta que Budapest es una de las ciudades europeas con
mayor presencia judía en términos numéricos, y que los ciudada-
nos judíos han desempeñado un papel fundamental en la cons-
trucción de la Hungría moderna. Hoy, tras la tragedia de la Shoah
y las distancias fomentadas por la nomenclatura comunista en la
época de la «guerra fría», las relaciones entre católicos y judíos son
amistosas y cordiales, y la Iglesia, empezando por sus dirigentes,
no deja de subrayar que el antisemitismo «no es cristiano, sino
profundamente inhumano y totalmente inaceptable».
2. La semana del Congreso (5-12 septiembre 2021)
El domingo 5 de septiembre se inauguró el 52º Congreso Eucarís-
tico Internacional en la Plaza de los Héroes, en el centro ideal de la
capital, con una gran fiesta de bienvenida y con la misa solemne en
la que participaron también las más altas autoridades del Estado.
Las actividades propias del Congreso comenzaron el lunes 6 de
septiembre en el Hungexpo Budapest, el recinto ferial de la capital
húngara, situado en las afueras de la ciudad pero bien comunicado
con el centro. El pabellón utilizado como sede del Congreso tenía
capacidad para unas 15 mil personas; los otros pabellones, unidos
por un amplio vial cubierto, albergaban los talleres de las tardes,
los servicios de acogida y catering, la sala de prensa y diversas
exposiciones.
Cada jornada congresual comenzaba con la celebración de la litur-
gia de las Laudes presidida por un obispo y continuaba con una
catequesis general seguida de la experiencia de un testimonio. Tras
una pausa marcada por un momento de animación (bailes folclóri-
cos, cantos corales, música u otras formas de entretenimiento), se
celebraba la Eucaristía a las 11.30 horas en el gran podio central. El
almuerzo concluía la mañana. A primera hora de la tarde, a partir
de las 14.30 horas, se celebraban talleres en los distintos pabellones,
facilitados por la traducción simultánea y la transmisión de vídeo
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en las grandes pantallas HD de última generación repartidas por
todo el recinto.
Las catequesis generales, encomendadas a algunos cardenales,
fueron inauguradas por el cardenal João Tempesta que, debido a
las dificultades causadas por la pandemia, se conectó por video-
conferencia desde Río de Janeiro para presentar la Eucaristía como
fuente de amor activo. En los días siguientes participaron repre-
sentantes de todos los continentes: el cardenal Lacroix de Quebec
reflexionó sobre la Eucaristía como fuente de paz; el Patriarca de
Babilonia de los Caldeos, Louis Raphael Sako, recordó las difíciles
condiciones de los cristianos iraquíes; el cardenal Charles Maung
Bo de Myanmar, legado papal del Congreso Eucarístico Internacio-
nal de Cebú, recordó los retos a los que está llamada a responder su
Iglesia particular y desarrolló el tema de la Eucaristía como fuente
de paciencia; el cardenal nigeriano John Onaiyekan presentó la
doctrina eucarística postconciliar; el arzobispo de Praga, cardenal
Dominik Duka, mostró que la única Iglesia que puede resultar
atractiva para el hombre de hoy, es la Iglesia de la Eucaristía.
Entre los testimonios que siguieron inmediatamente a las cateque-
sis principales, recordamos el del sacerdote ucraniano Konstantin
Szabó, quien, con evidente emoción, repasó la larga historia de
persecución y resistencia que ha marcado a la comunidad greco-
católica de su país. Le siguieron el brasileño Moysés Azevedo, que
relató el nacimiento y desarrollo de la comunidad Shalom, ahora
diseminada por todo el mundo; Barbara Heil, antigua misionera
protestante; Mary Healy, teóloga y biblista. El propio Presidente de
la República de Hungría, János Áder, ofreció su testimonio como
cristiano implicado en las instituciones políticas.
Las sesiones de la tarde, distribuidas en varios pabellones de la
Hungexpo, se limitaron a poco más de una hora para dejar espacio
a las demás actividades de los peregrinos. Resonaron las palabras
de hombres y mujeres de la Iglesia, obispos, religiosos y laicos,
que pudieron ilustrar ideas y actividades, proponer reflexiones e
iniciativas estrechamente vinculadas a la Eucaristía y sus diversos
aspectos.
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La dimensión ecuménica del Congreso –absolutamente normal en
un país centroeuropeo en el que siempre se han entrelazado dife-
rentes credos y religiones y en el que conviven Iglesias históricas
de diferentes confesiones– se manifestó de diversas maneras. El
Metropolita Hilarión, presidente del Departamento de Relaciones
Exteriores del Patriarcado de Moscú, pronunció un significativo
discurso en el Congreso en el que subrayó que las Iglesias católica
y ortodoxa, aunque no estén en perfecta comunión, están unidas
por la fe en la presencia real de Cristo en el sacramento de la Euca-
ristía. Es muy significativa la presencia de Bartolomé, Patriarca
Ecuménico de Constantinopla, que intervino en varios momentos
del Congreso, como se detalla más adelante.
Por último, las celebraciones litúrgicas diarias. La liturgia de las
Laudes y la celebración de la Eucaristía fueron presididas por
Obispos de diversos países y continentes y estuvieron animadas,
de modo muy rico, por grupos corales e instrumentales que eviden-
ciaron no solo la gran cultura musical de Hungría, sino también la
importancia que la liturgia sigue teniendo en la piedad del pueblo.
3. Acontecimientos especiales
La Misa de apertura (domingo, 5 de Septiembre)
La inauguración del Congreso se celebró en el gran escenario eri-
gido en la céntrica Plaza de los Héroes. El lugar, rico en elementos
políticos e históricos, alberga el Monumento del Milenio con estatuas
de los líderes de las siete tribus que fundaron Hungría a finales del
siglo ix y otras figuras de la historia húngara. La construcción del
monumento, que comenzó con la celebración del primer milenio
de Hungría (1896), no se terminó hasta 1929. A la sombra del monu-
mento se halla el cenotafio dedicado «a la memoria de los héroes
que dieron su vida por la libertad de su pueblo y la independencia
nacional». El conjunto está coronado por una columna en la que
la estatua del arcángel Gabriel sostiene la corona de san Esteban
y la cruz apostólica del reino magiar.
Fue en esta misma plaza donde, el 29 de mayo de 1938, el cardenal
Pacelli, legado pontificio, celebró la misa conclusiva del 34º Con-
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greso Eucarístico Internacional, en la vigilia de la segunda guerra
mundial que, una vez más, habría de convulsionar la fisonomía
de la Europa central.
La ceremonia de apertura, como anticipo de la misa inaugural,
puso en escena una intensa representación que, bajo el título
genérico de Hungría, Tierra de María, presentaba las tradiciones
populares cristianas de la cuenca de los Cárpatos que vinculan la
fe del pueblo húngaro de hoy con una tradición religiosa milenaria.
A las 16.00 horas de aquel espléndido y soleado domingo, comenzó
la celebración de la Eucaristía, presidida por el cardenal Angelo
Bagnasco, (el Santo Padre no consideró necesario nombrar un
Legado en vista de su presencia en la celebración final de la Statio
orbis), presidente del Consejo de Conferencias Episcopales Euro-
peas. Concelebraron unos sesenta obispos y varios cardenales,
entre ellos Lacroix, Porras Cardoso, Hollerich, Onaiyekan, Soo-
jung, Fitzgerald, Sarah, Kambanda, el patriarca maronita Boutros
Rai y el patriarca greco-melquita Absi. Junto a las máximas auto-
ridades del Estado, se encontraban numerosos representantes de
las escuelas católicas de la archidiócesis y mil doscientos niños y
niñas que celebraban su Misa de Primera Comunión.
En su discurso de bienvenida, el cardenal Primado Péter Erdő,
tras agradecer a Dios la posibilidad de realizar esta celebración,
subrayó la esencia del Congreso Eucarístico:
Agradezco a la Divina Providencia que hoy podamos inaugurar
oficialmente el 52º Congreso Eucarístico Internacional. Tras el apla-
zamiento del año pasado, sentimos que nuestra vida no depende solo
de nuestros esfuerzos humanos. Doy las gracias al Comité Pontificio
para los Congresos Eucarísticos Internacionales por su ayuda y su
trabajo; a los organizadores húngaros por su gran apoyo y a toda la
sociedad húngara por su generosa disponibilidad […]. Que el Señor
nos conceda poder sentir en estos días que Cristo está con nosotros en
la Eucaristía. No deja sola a la Iglesia, a los pueblos, a la humanidad.
Toda nuestra fuerza y nuestras esperanzas vienen de Él. La Eucaristía
es la fuente de la que se nutre nuestra vida cristiana, nuestra misión.
¡Señor Dios, quédate con nosotros! ¡Danos fuerza y luz para nuestra
misión en el mundo de hoy! Concédenos vivir junto a ti aquí en la
tierra y luego en la eternidad.
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En su homilía, el cardenal Bagnasco saludó a los niños que reci-
bían la Primera Comunión, animándoles a encontrar en Jesús un
amigo que no traiciona. A continuación, se dirigió a los jóvenes de
las escuelas católicas, instándoles a vivir su experiencia educativa
sin prejuicios hacia la dimensión religiosa y cristiana.
Hoy en día, dijo, la gran debilidad del pensamiento también da lugar
a dificultades en la fe. La fe, en efecto, no es enemiga de la razón, sino
que la busca, del mismo modo que la razón necesita de la fe para ser
verdaderamente ella misma.
Y llamó la atención de los alumnos sobre el hecho de que sus vidas
serán hermosas si llegan a ser útiles.
Por último, el Cardenal se dirigió a la asamblea con una renovada
y sentida invitación:
vosotros, todos los que más sentís el peso de la cruz, los que lloráis,
los perseguidos por la justicia, los que os sentís sin voz y sin patria,
los desconocidos del dolor [...] animaos de nuevo, el Señor está cerca,
está al lado de cada corazón que se abre a él. Vino al mundo no solo
para compartir la condición humana, sino sobre todo para elevarnos
a la Trinidad. Este misterio es grande, pero está aquí, en este altar, y
permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos.
Tras la misa, los huéspedes del 52º Congreso fueron invitados a
una recepción en el castillo Vajdahunyad, situado en el adyacente
parque de la ciudad, copia parcial de un castillo de Transilvania
construido para la Exposición del Milenio (1896) y que se hizo
muy popular.
Actividades tradicionales
También hay otras actividades que se han convertido en tradi-
cionales dentro de la semana del Congreso. Por ejemplo, en la
tarde del miércoles 8 de septiembre, se celebró la misa en grupos
lingüísticos en distintas parroquias de Budapest. Las celebraciones
fueron seguidas de ágapes fraternales y otros eventos musicales
o culturales.
Por la tarde del jueves, 9 de septiembre, en la basílica de San Este-
ban, repleta de fieles, tuvo lugar un tiempo de solemne adoración
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comunitaria animada por las nuevas comunidades y por movi-
mientos y asociaciones que habían participado activamente en la
realización de esas jornadas eucarísticas internacionales.
El viernes 10 de septiembre, el estadio László Papp, con capacidad
para doce mil participantes, acogió una velada juvenil de música,
testimonios, reflexión y oración. También esta ha sido una cita
tradicional desde el Congreso de Guadalajara del año 2004.
Por último, el sábado 11 de septiembre por la mañana se celebró
un encuentro de familias en la isla Margarita. La isla, que conserva
los restos del monasterio donde vivió la santa de la que toma
su nombre, está situada en medio del Danubio y cuenta con un
parque muy concurrido en los meses de verano, gracias a los dos
puentes que la conectan con ambas orillas. Las familias pudieron
participar en debates, actos musicales, conferencias de personajes
famosos, mientras que los niños participaron en programas de
manualidades, búsqueda del tesoro, geocaching, escalada y juegos.
Más de setenta casetas ofrecieron a los participantes un sinfín de
oportunidades de conocimiento y diálogo.
A lo largo de toda la semana del congreso, se instalaron quioscos
en la plaza de San Esteban que presentaban el trabajo y las activi-
dades de congregaciones y grupos religiosos, así como productos
agro-alimenticios típicos de Hungría, ejemplos del patrimonio
natural húngaro, soluciones industriales y técnicas, actividades
culturales y deportivas. Además en la plaza se instaló un escenario,
en el que se presentaron los programas del festival Ars Sacra. En el
mismo escenario se celebró la «Semana del Libro de San Esteban»,
un prestigioso encuentro de los editores católicos que presentaron
producciones más recientes.
La procesión eucarística (sábado, 11 de Septiembre)
Por la tarde del sábado 11 de septiembre, en el gran escenario
preparado en la plaza de Kossuth, a las 15.00 horas comenzó el
programa introductorio para la celebración de la Misa y la proce-
sión eucarística por las calles de Budapest.
Antes del comienzo de la celebración, el Patriarca ecuménico
de Constantinopla, Bartolomé, se dirigió a la multitud presente.
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Subrayó que la Iglesia, en la santa liturgia, reúne a los fieles en un
solo cuerpo, sin distinción de raza, sexo, edad e independiente-
mente de la condición social, cultural o económica. Subrayó que las
iniciativas de la Iglesia para proteger el entorno natural y la cultura
de la solidaridad están enraizadas en la experiencia eucarística y
en la teología. La vida misma de la Iglesia, añadió, es ecología y
solidaridad aplicada y, por tanto, «cualquier cosificación y explo-
tación de la creación y del prójimo distorsiona la cosmología y la
antropología cristianas». Bartolomé también defendió amplia-
mente la necesidad de reconciliación entre la Iglesia de Oriente
y la de Occidente: «La realización eucarística de la Iglesia en el
cáliz común y en el testimonio cristiano compartido en el mundo
es el deseo y el sueño de todos nosotros. Los cristianos de Oriente
y Occidente, de hecho, pertenecen al mismo espacio espiritual».
La misa en la plaza del Parlamento fue presidida por el cardenal
Peter Erdő que, en su homilía, destacó como un don especial de la
Providencia de Dios la posibilidad de celebrar juntos la Eucaris-
tía en ese lugar tan significativo para la nación. A continuación,
subrayó la veneración del pueblo magiar a María Madre de la
Iglesia, recordando el episodio de la vida del rey san Esteban, el
cual, al verse sin heredero al trono, ofreció su corona a la Virgen
María para que protegiera a los húngaros, recién integrados en la
comunidad de naciones europeas, de las innumerables amenazas
que se cernían sobre ellos. La Virgen María, añadió el cardenal,
acogió esta ofrenda, y durante un milenio los húngaros y el cris-
tianismo han recorrido juntos el camino de la historia.
Al finalizar la misa, se inició la procesión eucarística.
Esta noche –había dicho el Primado– encendemos nuestras velas
para que una vez más nos reunamos con Jesús en su banquete de la
vida, para que sus palabras sigan resonando en los hogares de las
familias, en las iglesias, en las cárceles, en los campos de trabajo,
en secreto y en público. Y después de la Misa nos pondremos en
marcha con el Santísimo Sacramento, para anunciar a la ciudad y
al mundo el milagro de la presencia de Jesús y pedir su bendición
sobre todos nosotros.
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Recorriendo la centralísima avenida Andrassy en toda su exten-
sión, la procesión llegó, tras recorrer 4,5 kilómetros, a la Plaza de
los Héroes. En una hora y media, la cabeza de la procesión había
llegado a su destino, pero la cola de gente seguía saliendo aún de
la plaza de Kossuth. En el centro de la devoción estaba la carroza
especial con la Eucaristía colocada en la gran custodia de 1,60
metros, a cuyos pies se arrodillaron el Cardenal Arzobispo, el
presidente del Comité Pontificio para los Congresos y el Nuncio
papal. La procesión, iluminada por miles de velas y antorchas,
fue creciendo a medida que avanzaba, entre dos devotas alas de
la multitud.
Más de doscientos mil participantes, entre oraciones y cantos; dece-
nas de miles de jóvenes. La intensa participación se vio favorecida
por una organización perfecta y bien calibrada, con un sistema de
sonido extendido a lo largo de todo el recorrido que retransmitía
en directo cantos y oraciones populares, cuyos textos aparecían en
grandes pantallas situadas a lo largo de la avenida, a pocos cientos
de metros de distancia entre ellas. La bendición conclusiva con el
Santísimo Sacramento fue seguida, como siempre, del canto del
himno del Congreso, tras el cual la asamblea se disolvió.
La Statio orbis (domingo, 12 de Septiembre)
Por primera vez desde el año 2000, el Papa volvió a presidir la
Statio orbis del Congreso. A su llegada al aeropuerto de Budapest,
alrededor de las 7.45 horas, Francisco fue recibido por el Viceprimer
ministro, Zsolt Semjén, y dos niños vestidos con trajes tradicionales
le ofrecieron flores. Desde allí se dirigió al Museo de Bellas Artes,
situado en el lado occidental de la Plaza de los Héroes, donde fue
recibido por el Presidente de la República, János Áder, y el Primer
Ministro, Viktor Orbán. Juntos se dirigieron a la Sala Románica,
donde tuvo lugar una reunión a la que también asistieron el Secre-
tario de Estado del Vaticano y el Secretario para las Relaciones con
los Estados.
A continuación, el Papa se dirigió al Salón del Renacimiento,
donde tuvo lugar el encuentro con los treinta y cinco obispos
locales. En un discurso incisivo, lleno de pistas sobre cómo debe
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estar presente la Iglesia en la sociedad húngara, Francisco pidió a
los obispos «conservar las raíces religiosas y la historia de la que
procedemos, pero sin quedarse mirando hacia atrás: mirar hacia
adelante y encontrar nuevas formas de anunciar el Evangelio» y
hacer del ministerio episcopal «una voz profética». Para llevar a
cabo esta misión, el Papa pidió a los obispos que sean, sobre todo,
testigos del Evangelio, sin ceder a la tentación de «encerrarse en
la defensa de las instituciones y de las estructuras», y que «sean
testigos de la fraternidad», porque
vuestro país es un lugar donde conviven desde hace mucho tiempo
personas procedentes de otros pueblos. Diversas etnias, minorías,
confesiones religiosas e inmigrantes han transformado este país en
un entorno multicultural. Esta realidad es nueva y, al menos al prin-
cipio, atemoriza. La diversidad siempre da un poco de miedo porque
amenaza las seguridades adquiridas y desafía la estabilidad lograda.
Finalmente recomendó
mostrar siempre, junto a los sacerdotes y colaboradores pastorales,
el verdadero rostro de la Iglesia: un rostro acogedor hacia todos,
también hacia quienes llegan de fuera.
En la siguiente sala, la Sala de los Mármoles, tuvo lugar luego el
encuentro con representantes del Consejo Ecuménico de las Igle-
sias y con algunas Comunidades judías de Hungría. Francisco les
ofreció un amplio discurso, todo ello impregnado del espíritu de
fraternidad e integración, deteniéndose en la imagen del Puente
de las Cadenas que une las dos partes de la ciudad:
No las funde, pero las mantiene unidas. Así deben ser los vínculos
entre nosotros. Cada vez que ha habido una tentación de absorber al
otro, no se ha construido, sino que se ha destruido; lo mismo cuando
se ha querido crear guetos en lugar de integrar.
Después, salió a la plaza y en el papamóvil recorrió las calles entre
los fieles antes de celebrar la Eucaristía. En su homilía, comentando
el Evangelio del domingo, pidió una «renovación del discipulado»,
pasando de la admiración por Jesús a su imitación.
Al término de la misa, Mons. Piero Marini, presidente del Comité
Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales, dirigió
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al Pontífice un discurso de saludo y agradecimiento. Finalmente,
tras los ritos finales de la misa, Francisco pronunció el Ángelus,
expresando un último deseo:
Eucaristía significa «acción de gracias» y al final de esta celebración,
que clausura el Congreso Eucarístico y mi visita a Budapest, quiero
dar las gracias de todo corazón. Gracias a la gran familia cristiana
húngara, a la que quiero abrazar en sus ritos, en su historia, en sus
hermanas y hermanos católicos y de otras confesiones, todos en
camino hacia la plena unidad […]. Al renovar mi gratitud a las auto-
ridades civiles y religiosas que me han acogido, quiero decir köszönöm
[gracias]: gracias a ti, pueblo de Hungría. El himno que acompañó
al Congreso se dirige a vosotros así: «Durante mil años la cruz fue
la columna de vuestra salvación, también ahora el signo de Cristo
sea para vosotros la promesa de un futuro mejor». Esto es lo que os
deseo, que la cruz sea vuestro puente entre el pasado y el futuro.
Y concluyó así: «¡Isten, áldd meg a magyart! [¡Dios bendiga a los
húngaros!]». Las palabras pronunciadas por el Santo Padre en la
lengua local conmovieron a todos, también porque son la primera
frase del himno nacional magiar.
Después de la misa, Francisco se dirigió al aeropuerto, donde
tuvo lugar la ceremonia de despedida antes de despegar hacia
Bratislava.
4. Para concluir
La celebración del Congreso en Budapest, en el corazón de una
Europa secularizada en la que el Evangelio y las formas de per-
tenencia religiosa se han convertido en marginales, planteó a los
organizadores numerosos retos. ¿Cómo hacer de la celebración de
la Eucaristía una fuente de vida de la que todos puedan nutrirse,
una manifestación del Evangelio para que tanto los creyentes
habituales como los ocasionales puedan encontrarse con Dios
en la humanidad del Señor Jesús? ¿Cómo podemos hacer de la
Eucaristía celebrada un lugar «inclusivo» y no «exclusivo», un
espacio disponible para acoger diferentes caminos espirituales,
un signo de comunión y misericordia de la «Iglesia en salida»?
¿Cómo recuperar la «dimensión social» de la Eucaristía, generando
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procesos históricos de crecimiento que, a partir de la celebración
sacramental, comprometan a las comunidades cristianas a huma-
nizar el mundo? En resumen: ¿cómo hacer de la Iglesia el lugar de
la comunión con el «Cristo total» en el sacramento, en la caridad y
en la misión sin separar a Cristo Cabeza de su Cuerpo, es decir, la
comunión sacramental con Cristo de la comunión que se da con
sus miembros?
Las aperturas ecuménicas, que tienen una tradición consolidada
en el país, fueron en esta dirección. Vividas con convicción y
apoyadas por valiosos testimonios, impregnaron de alguna
manera el tiempo del Congreso. También hubo un contacto
especial con la liturgia y las costumbres de los católicos de rito
oriental, incluso a través de la Divina Liturgia celebrada con
la participación de 50 obispos católicos de rito oriental en la
basílica de San Esteban.
Otra característica específica del evento fue la atención prestada a
los rom (gitanos), una minoría que constituye el 10% de la pobla-
ción húngara. Esta atención viene de lejos, ya que la Conferencia
Episcopal ha traducido la Biblia a la lengua lovári (romaní), y más
recientemente también el Ordinario de la Misa. En este sentido, el
miércoles 1 de septiembre, en San Esteban, tuvo lugar el estreno
mundial, en forma de concierto, de la «misa rom» en lengua lovári
compuesta especialmente para el Congreso por Gergő Oláh Patrik,
con la participación de la Orquesta Filarmónica Nacional y dos
solistas bien conocidos por el público local. Entre el auditorio se
encontraba el Presidente de la República de Hungría. La misma
misa se repitió luego durante la celebración del jueves 9 de sep-
tiembre en la Hungexpo.
El Congreso propició el encuentro entre la comunidad de creyentes
húngaros y los huéspedes llegados de todo el mundo. Cardenales
y obispos de distintos países presidieron las diversas acciones
litúrgicas y pronunciaron las catequesis más importantes. Los
numerosos testimonios presentaron también historias de sufri-
miento: el de los cristianos perseguidos en Oriente Medio, o el
de las iglesias greco-católicas bajo el yugo comunista, y los de la
atención a los niños abandonados, los toxicómanos o los sin techo.
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Incluso personalidades conocidas en el ámbito artístico o político
han dado un importante testimonio de su fe.
Además de las iniciativas caritativas que marcaron las jornadas del
Congreso, para dejar un recuerdo permanente del evento, se está
trabajando en la construcción de una estructura al servicio de las
familias que viven cualquier tipo de dificultad, desde las crisis de
pareja hasta la discapacidad, la enfermedad, etc. Será una oferta
permanente que, con la ayuda de psicólogos, médicos, agentes
sociales y pastorales, responderá a las necesidades puestas de
manifiesto por el reciente sínodo sobre la familia.
Por último, parece útil reconocer el progresivo redescubrimiento
de la adoración eucarística que ha propiciado el Congreso. Cier-
tamente, la Eucaristía es ante todo una celebración, pero cada vez
más, sobre todo por parte de los jóvenes y de diversas «nuevas
comunidades», se ha redescubierto la adoración eucarística orga-
nizada en diversas iglesias de la ciudad de forma más o menos
permanente. El Secretariado General lanzó en varias ocasiones el
llamamiento a una adoración mundial, a la que se han adherido
numerosas parroquias y comunidades de todo el mundo.
El obligado retraso en la celebración del Congreso debido a la
pandemia permitió calibrar mejor la realización de un evento for-
zadamente condicionado por la crisis del turismo y de los viajes.
La participación extranjera, que a principios de 2020 se esperaba
que fuera masiva, se vio diezmada aunque, a pesar de todo, setenta
y cinco países de todo el mundo estuvieron representados. Por
supuesto, la mayoría de los peregrinos eran europeos que, gracias
al green pass, pudieron viajar libremente a Hungría.
Diversos factores contribuyeron al éxito de este difícil Congreso: la
participación masiva de los húngaros, la unidad de la Conferencia
Episcopal y, por último, la breve visita del papa Francisco, que voló
a Hungría solo para la Statio orbis de clausura del Congreso. En
esa celebración final, en la que participaron más de cien mil fieles,
se pudo experimentar la universalidad de la Iglesia, la inmensa
familia de los bautizados reunidos en torno a Pedro. Alimentados
por la Palabra y el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los presentes
362 [Link] 562 16/12/2021 16:30:11
Noticias 563
dieron testimonio de su comunión y fueron enviados como buenos
testigos del amor de Dios.
Ha sido importante la labor de miles de voluntarios, en gran parte
jóvenes, pertenecientes a movimientos y asociaciones (scouts, etc.)
Su participación fue un signo de la vitalidad de las comunidades
locales y construye la esperanza de una Iglesia cada vez más activa
y generosa. También fue fundamental la colaboración entre la
Iglesia y el Gobierno que, con motivo del evento, destinó fondos
especialmente para la restauración y construcción de nuevas
iglesias. Además del trabajo de la Secretaría de Estado de Asuntos
Religiosos, fue fundamental el acuerdo con las fuerzas policiales
y el municipio de Budapest. Otros pequeños pero significativos
signos de participación vinieron del Banco Nacional, que acuñó
una moneda de plata conmemorativa con tema eucarístico, con
un valor nominal de 10.000 florines, y de Correos, que emitió un
sello de 900 florines con el logotipo del Congreso.
La experiencia de comunión con los pobres, el arte, la ciencia, la
música, la fuerza de los testimonios, las diferentes etnias, el ejemplo
y el entusiasmo de los creyentes de todos los continentes, aportaron
un mensaje de recuperación, de esperanza, de renacimiento tras los
difíciles meses de la pandemia. Una fuerte inyección de confianza.
En el Congreso aparecieron los grandes problemas del mundo,
que se debatieron de forma honesta y generosa: los límites de los
recursos de la Tierra y la búsqueda alarmada de la humanidad
para que el mundo no se vuelva inhabitable. El encuentro con
otros cristianos, con personas de otros credos y otras visiones del
mundo ¡ha reavivado el deseo de la plena comunión! Por todo ello,
el Congreso Eucarístico de Budapest, partiendo de la Eucaristía,
fuente de todo don, ha inyectado en las venas secretas de Hun-
gría, de Europa y del mundo, nuevas fuerzas de renovación que
el Espíritu hará fructificar.
¡Isten, áldd meg a magyart! [¡Dios bendiga a los húngaros!]
362 [Link] 563 16/12/2021 16:30:11
BIBLIOTECA LITÚRGICA
30,00 €
Epistemología del año litúrgico.
Análisis de distintos métodos de estudio y
presentación del método spes
Por Ignasi M. Fossas Colet, osb. 320 págs.
El estudio del año litúrgico ha transcurrido por numero-
sos senderos, captando en cada uno sus riquezas y sus
límites. Un estudio de los métodos con los que, otros
autores, se han aproximado a la profundidad de esta
materia desde la teología, la espiritualidad, la historia,
la liturgia comparada, la aproximación catequético-ped-
agógica, la psicología, la antropología; y la presentación
del propio método al que ha llamado SPES, en referencia
a los tres ámbitos que engloba: somático, psico-emotivo,
espiritual.
Centre de Pastoral Litúrgica
Diputació 231 – 08007 Barcelona
933 022 235 – 619 741 047
cpl@[Link] – [Link]
02 03 361 [Link] 334 05/10/2021 11:58:07
Libros
Misceláneas y actas de Congresos
recientemente publicadas
Centro di Azione Liturgica (ed.), Liturgia: chiamata per tutti alla
santità battesimale. «Scelti per essere Santi e Immacolati di fronte a Lui
nella carità» (Ef 1, 4). 70ª Settimana Liturgica Nazionale, Messina,
dal 26 al 29 agosto 2019, Roma: Centro Liturgico Vincenziano
-Edizioni Liturgiche 2020, 240 pp.
El presente libro publica las actas de y segunda alianza; Ildebrando
la 70ª Semana Litúrgica del Centro Scicolone sobre la iniciación cris-
de Acción Litúrgica que tuvo lugar tiana como llamada fundamental
en Messina del 26 al 29 de agosto de a la santidad; de Giuseppe Busani
2019. Dedicada a la santidad como sobre las formas de la liturgia y
una llamada del bautismo para santidad del cristiano en la historia;
todos los cristianos, cuenta con de Elena Massimi sobre los jóvenes
las intervenciones, entre otros, de y la liturgia con el deseo de una
Pasquale Basta sobre la celebración liturgia viva.
de la santidad de Dios en la primera
Carmine Matarazza (ed.), Per Paschale Mysterium. Studi inter-
disciplinari sulla celebrazione del mistero cristiano in onore di mons.
Salvatore Esposito, Roma: Centro Liturgico Vincenziano-Edizioni
Liturgiche 2021, 528 pp.
Esta miscelánea pretende ser un Esposito en la Facultad de Teolo-
homenaje agradecido al trabajo gía de la sección Santo Tomás de
realizado por monseñor Salvatore Aquino.
Fabio Trudu (ed.), Teologia dell’eucaristia. Nuove prospettive a partire
dalla forma rituale. Atti della XLVII settimana di studio dell’Associazione
Professori di Liturgia. Cassano Murge, 26-29 agosto 2019 (Bibliotheca
«Ephemerides Liturgicae». «Subsidia» 193), Roma: Centro Litur-
gico Vincenziano-Edizioni Liturgiche 2020, 224 pp.
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566 Libros
Las intervenciones de la XLVII captar en un segundo momento la
semana de estudio de la Asociación singular contribución de la teología
de Profesores de Liturgia de Italia litúrgica a cada uno de estos temas.
están recogidas en este volumen. En el diálogo a dos voces entre teó-
El tema tratado es el impacto de logos sistemáticos y liturgistas, ha
la nueva forma celebratoria que surgido la necesidad de que la teo-
surge del Misal de Pablo VI sobre logía de la Eucaristía actual integre
la teología eucarística a partir de cada vez más en su pensamiento
los temas principales de la teología la nueva forma ritual y la nueva
sistemática. La perspectiva se toma forma de pensar el sacramento a
de las categorías clásicas de pre- partir de su celebración concreta.
sencia, sacrificio y comunión, para Jose Antonio Goñi
Bibliografía en francés, 2021
Annik Aussedat-Minvielle, Ritualia Gallica II/3. Formulaires et
formules: Pénitence. Enseignement de la foi. Conseils de vie chrétienne
(RITGAL), Turnhout: Brepols 2019, 2016 pp.
El ritual es un libro litúrgico muy El volumen II/3 consta de tres
interesante, aunque poco estu- partes: (1) «La Penitencia», que
diado. Esta colección facilita la agrupa la penitencia pública, las
labor, pues contiene textos de sacra- absoluciones y confesiones genera-
mentos y sacramentales, recogi- les, la confesión privada, el examen
dos de alrededor de 620 ediciones de conciencia, las instrucciones
de diferentes rituales impresos sobre la contrición, el aplazamiento
en Francia entre 1476 y 1800 para y denegación de la absolución, los
132 diócesis, proporcionando así consejos a los sacerdotes y a los
nuevo material a los historiadores, penitentes, la confesión de infantes,
no solo acerca de la historia de la absoluciones diversas, excomunio-
liturgia en Francia, sino también nes, pecados reservados al papa
para la de las mentalidades, usos y obispos; (2) «La doctrina de la
y costumbres. fe», que se enseñaba con reglas
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Libros 567
memorísticas, luego con los cate- presente obra se basa en su tesis
cismos, y también con moniciones doctoral sobre la historia y con-
y explicaciones acompañando los tenido de los rituales diocesanos
diversos ritos; (3) los «Consejos de y romanos impresos en Francia
la vida cristiana». desde 1476 hasta 1800.
Annik Aussedat-Minvielle trabajó Este libro fue galardonado con el
durante cuarenta años en el Ins- Premio Saintour 2020 de la «Acade-
tituto de Investigación e Historia mia de las Inscripciones y Lenguas
de los Textos (CNRS), de París. La Antiguas».
Chantons en Église – 1000 chants pour la messe et la louange, París:
Bayard 2021, 672 pp.
En esta colección aparecen los Navidad, Cuaresma, etc.), los
cantos más populares en las parro- sacramentos (bautismo, matrimo-
quias de Francia, incluidos 200 nio, exequias), himnos de la liturgia
cantos del repertorio de nuevas de las horas y temas espirituales
comunidades como Emmanuel y (unidad, creación, etc.).
Chemin Neuf. También contiene Este es el libro de cantos litúrgicos
los primeros cantos litúrgicos de más completo hasta la fecha, para
Lucien Deiss, Joseph Gelineau, parroquias, capellanías estudian-
Julien David, etc., y una veintena de tiles, comunidades religiosas y
cantos en latín. El libro presenta los grupos de oración. Se reúnen por
textos completos de la Liturgia de primera vez, en un solo volumen,
la Misa, según la última traducción más de 1.000 cantos, en una obra
de la tercera edición típica. destinada a quienes quieran reno-
Un importante índice temático var su repertorio.
completa el trabajo: partes de la Además, las canciones están dis-
Misa (canto de entrada, comunión, ponibles para su descarga en la
etc.), tiempos litúrgicos (Adviento, plataforma Chantons en Église.
Adrian Florentin Craciun – André Lossky – Thomas Pott (eds.),
Liturgies de pèlerinages (Semaines d’études liturgiques Saint-Serge
66), Münster: Aschendorff Verlag 2020, 294 pp.
La peregrinación expresa un pro- realidad suprasensible. La peregri-
fundo deseo de movimiento, así nación va más allá de un enfoque
como de superarse a uno mismo, en cultural o turístico, para finalmente
dirección hacia una meta, de la que expresar una auténtica búsqueda
se espera respuesta a una búsqueda de Dios, que se puede sustanciar
más o menos consciente de una no solo en la devoción personal o
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568 Libros
individual, sino en formas comu- El coloquio presentó investigacio-
nitarias de culto. nes propuestas por los distintos
Son estos actos litúrgicos, que no se ponentes, sin que sus publicaciones
dan en otros lugares, sobre los que agrupadas pretendieran agotar
han querido reflexionar los organi- las cuestiones litúrgicas relaciona-
zadores de esta 66ª Semana de Estu- das con las peregrinaciones. Entre
dios Litúrgicos. La obra subrayó el otros aspectos, la peregrinación
papel que puede jugar la liturgia cristiana puede hacer que se tome
con ocasión de una peregrinación. conciencia de la importancia de la
vida sacramental y de la Eucaristía
en particular.
François Dermange – Christophe Chalamet (eds.), Le culte
protestant. Une approche théologique (Pratiques), Ginebra: Labor et
Fides 2021, 240 pp.
La principal editorial protestante se revisan los diferentes momentos
en francés acaba de publicar esta litúrgicos del culto, explicando su
obra colectiva, en la que han significado y su relevancia para la
tomado parte más de veinte profe- vida comunitaria de los creyentes.
sores de la Facultad de Teología de Los editores de la obra son François
la Universidad de Ginebra. Dermange, doctor en teología y
El argumento del libro es la forma profesor de ética en la Univer-
del culto a Dios tal como se rea- sidad de Ginebra, y Christophe
liza en las iglesias y comunidades Chalamet, que fue profesor en la
eclesiales separadas. Si bien las Universidad de Fordham (Nueva
diferentes formas y momentos del York) y actualmente es profesor
culto se han fijado ya desde hace asociado de teología sistemática en
mucho tiempo, su significado no la Facultad Autónoma de Teología
siempre está claro hoy, incluso para de la Universidad de Ginebra.
los mismos protestantes. En el libro
Gilles Drouin, «Nouvelle traduction du Missel romain: enjeux
théologiques et pastoraux d’une réception», La Maison-Dieu 305
(2021) 43-61.
El principal desafío de la nueva decisiva de un largo viaje, que
traducción del Misal Romano es comenzó con el Congreso de Tra-
su recepción, tanto por parte de ducciones Litúrgicas de 1965 y des-
los fieles como del clero. Esta tra- embocó en la Instrucción «Comme
ducción se encuentra en una etapa le prévoit» (1969) que sentó las
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Libros 569
bases para la elaboración del Misal del Agnus Dei, y el uso en el Credo
de 1970 en las lenguas vernáculas. de la expresión «consustancial con
Es el resultado de la aplicación de el Padre».
dos documentos: la instrucción Una de las principales ventajas de
«Liturgiam authenticam» (2001) este Misal es que brinda la opor-
que modificó las reglas en el sen- tunidad de hablar sobre liturgia,
tido de mayor literalidad y el motu incluso entre ministros ordena-
proprio «Magnum Principium» dos, para insistir en una formación
de 2017 del papa Francisco, que –para todos– que tienda menos
supone un reequilibrio en los cri- a las explicaciones y más a la
terios de traducción. Este Misal mistagogía.
no es estrictamente nuevo: está
Gilles Drouin, sacerdote de la dió-
marcado por la misma sobriedad
cesis de Évry, es director del Insti-
en la rúbrica que el anterior.
tuto Superior de Liturgia del Insti-
El artículo selecciona, a modo tuto Católico de París y presidente
de ilustración, tres ejemplos de electo de la «Societas Liturgica»,
cambios de traducción: el «Orad, además de muchas otras responsa-
hermanos», que introduce una bilidades en el campo de la ciencia
doble propuesta, el cambio en la litúrgica.
traducción del acto penitencial y
Isaïa Gazzola, «L’expérience liturgique d’une église», La Maison-
Dieu 303 (2021) 21-56.
El autor es monje cisterciense en inseparables: acción, razón y emo-
la abadía francesa de Lérins y pro- ción. Atraviesa nuestros cuerpos
fesor de liturgia en varios centros físicos y actúa con el cuerpo comu-
académicos franceses. En este artí- nitario al que pertenecemos. En ella
culo muestra cómo sucede la expe- toma forma la palabra de Dios. En
riencia litúrgica en una iglesia: pasa los ritos hay varios lenguajes que
por el lenguaje del cuerpo y por la se relacionan con nuestros cinco
ritualidad que allí se desarrolla, sentidos y a través de los cuales la
para hacernos partícipes de nuestra experiencia de la fe toma forma y se
propia santificación. despliega en nuestra vida, tal como
La iglesia es ese lugar que no solo lo revela el Ritual de Iniciación
acoge el rito, sino que lo constituye Cristiana de Adultos.
en su realidad concreta. Permite que Como nuestras iglesias, los ritos
sea el lugar esencial donde puede constituyen umbrales que invitan
darse la experiencia litúrgica en la a entrar, quedándose en espera,
que surge la fe. Esta experiencia a «estar con» Cristo e invitando a
se desarrolla en tres componentes proseguir el camino. Lo mantienen
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570 Libros
en secreto, no por miedo a la revela- misterio. Dan paso al silencio que
ción, sino por modestia para man- constituye el arca que custodia la
tener la tensión entre lo visible y lo Palabra y le permite resonar en el
invisible que está en el corazón del fondo del ser.
Jean-Yves Hameline, Sur le culte divin et la musique. Écrits rassem-
blés. Achille Davy-Rigaux (ed.) (ELSEM 4), Turnhout: Brepols 2020,
816 pp.
Jean-Yves Hameline (1931-2013), fue textos de Hameline relacionados
sacerdote de la diócesis de Nantes, con la liturgia, el canto y la música
teólogo, liturgista y musicólogo eclesiástica, muchos de los cuales
especialista en canto gregoriano y fueron publicados por el Centro de
música eclesiástica, formado con Música Barroca de Versailles, con
el canónigo Jean Jeanneteau y en el que colaboraba habitualmente,
Solesmes con Dom Cardine y Dom o en la revista «La Maison Dieu»,
Jean Claire. Además, fue profesor a cuyo equipo de redacción perte-
en París, en el Instituto Superior de necía. Pero también recoge muchos
Liturgia, en el Instituto de Música escritos suyos dispersos, a menudo
Litúrgica y en el Instituto Católico poco conocidos en el ámbito aca-
de París, así como director del Ins- démico y difíciles de encontrar,
tituto de Música Sacra de Angers. relacionados con el culto cristiano,
Publicó numerosos artículos sobre considerado en el estrecho y com-
la antropología de los ritos, recogi- plejo vínculo que mantiene con la
dos en su mayor parte en «Une poé- música a lo largo de la historia del
tique du rituel» (1997) y en «Petite cristianismo. No es un volumen
poétique des arts sacrés» (2014). para ser leído en su totalidad de
El editor, Achille Davy-Rigaux, una vez, sino una obra de consulta.
ha reunido en esta obra todos los
Institut Supérieur de Liturgie–Institut Supérieur d’Études
Œcuméniques, Dieu guérit-il encore? Ressources liturgiques, discer-
nement œcuménique (Patrimoines), París: Cerf 2021, 276 pp.
Del 28 al 30 de enero de 2020, en (católica, ortodoxa, protestante) en
vísperas de la pandemia, los dos torno a la curación como cuestión
institutos superiores arriba citados pastoral y teológica.
organizaron un encuentro con tres Este volumen, recogiendo las
facultades teológicas parisienses ponencias de dicho encuentro, que
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Libros 571
se articulan en cuatro enfoques surgen cuestiones comunes, en
–histórico, humanístico, bíblico y particular sobre la diversidad de
práctico–, contribuye al discerni- los carismas, el lugar de la Palabra
miento litúrgico y ecuménico sobre de Dios, las reglas que garantizan
la cuestión. Además de los artículos la libertad de las personas implica-
de fondo, se presentan y analizan das, el carácter eclesial de las reu-
varias prácticas litúrgicas, permi- niones en torno a los enfermos, etc.
tiendo a los responsables pastora- Así pues, esta publicación consti-
les desarrollar criterios para apoyar tuye una verdadera herramienta
las iniciativas tomadas en cada de trabajo, que puede ser utilizada
una de las Iglesias. Pero estas actas tanto en los equipos de acompa-
también ofrecen una reflexión teo- ñamiento como por los ministros
lógica, basada en varias tradiciones responsables y estudiantes de
cristianas, al mismo tiempo que teología.
Florian Laguens, Pour toi Seigneur, París: Salvator 2021, 192 pp.
Son muchas las obras dedicadas libro es un recurso precioso para
a la Eucaristía, pero pocas expli- la formación de los monaguillos,
can detalladamente su desarrollo que pueden entrar así en todas las
pensando en los monaguillos y en dimensiones de su servicio. Esto no
los adultos que los acompañan. se reduce a ayudar al sacerdote en
Esta guía responde precisamente el plano material, sino que contri-
a esta necesidad, en un momento buye a su propio crecimiento en la
en el que el lenguaje simbólico fe: debe llevar a toda la asamblea a
se escapa a la mayoría y cuando unirse a la acción de Cristo que vive
incluso muchos practicantes ya no en su Iglesia».
conocen el significado de los gestos El autor es doctor y profesor de
y de las palabras que se utilizan en filosofía, docente e investigador
la liturgia. Por tanto, más allá de en las Facultades Libres del Institut
una recopilación de normas sobre de Philosophie Comparée y en el
cómo realizar los ritos, se trata de Collège des Bernardins, y tiene una
una auténtica catequesis. larga experiencia como ceremo-
El obispo de Grenoble, Guy de Keri- niero y ministro del altar.
mel, afirma en el prefacio: «Este
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572 Libros
Bénédicte Mariolle, «Le “culte distancié” à l’épreuve de la mort.
Pour une nouvelle approche du fait sacramentel», La Maison-Dieu
304 (2021) 9-27.
La crisis causada por la pandemia y sacramentos en la dinámica de
las restricciones del confinamiento Sacrosanctum Concilium, recen-
dieron lugar a multitud de pro- trándolos en el misterio pascual.
puestas inéditas para mantener Propone una relectura del Ritual
el «acceso» a los sacramentos de de Exequias como un camino de
forma virtual, incluso «en dife- interpretación de las resistencias
rido». La inadecuación de estas mencionadas y una comprensión
propuestas se ha hecho patente de la sacramentalidad de manera
ante la imposibilidad de reunirse, que las relaciones interpersonales,
de comulgar o de acompañar a al ser inscritas en el espacio y en el
los moribundos. ¿No se estarán tiempo, se convierten en lugar de
tocando los límites de un modelo experiencia pascual en el encuentro
en que los sacramentos son pensa- con Cristo muerto y resucitado.
dos solo de manera objetiva como Bénédicte Mariolle, religiosa de
artículos de consumo, meros ins- las Hermanitas de los Pobres, ha
trumentos de salvación, corriendo defendido su tesis doctoral sobre
el riesgo de ubicarlos en la misma el viático en el ICP, enseña en el
sociedad de consumo? Instituto Superior de Liturgia del
El artículo propugna otro modelo mismo y pertenece al consejo de
teológico que permita pensar los redacción de LMD.
Philippe Robert, Découvrir la liturgie eucharistique, París: Salvator
2021, 178 pp.
La misa es un misterio inagotable. litúrgica de tal manera que ayude
No porque sea incomprensible y a vivir desde la Eucaristía. Se trata
solo accesible para los iniciados, precisamente de «conducir» al
sino sobre todo porque nunca ter- lector al misterio, pero a través de
minamos de explorarlo. Y este libro la atención a los ritos. Para ello,
intenta dar respuesta a la necesidad debemos prestar atención a lo que
permanente de comprender lo que la liturgia ofrece para ver, oír, tocar,
hacemos, más aún, lo que experi- oler, gustar, en una palabra, experi-
mentamos en la misa. mentar. ¿No es esta la mejor manera
Gracias a sus conocimientos de de entender lo que constituye «la
música y de liturgia, el autor ha fuente y la cumbre de la vida cris-
adquirido una gran experiencia en tiana» (en palabras del propio Con-
el ejercicio de desplegar la acción cilio Vaticano II)?
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Libros 573
Philippe Robert es musicólogo, compuesto numerosos cantos litúr-
liturgista y profesor en el Instituto gicos y es autor de varios libros
Superior de Liturgia de París. Ha sobre música y liturgia.
Laurent de Villeroché, «La liturgie, un autre rapport au temps
sous la pression de l’accélération», La Maison-Dieu 304 (2021) 55-75.
La crisis sanitaria ha producido hecha de apertura y de disponi-
un auge inusitado de las celebra- bilidad, sin sumisión, para una
ciones grabadas y transmitidas interacción real y profunda.
telemáticamente, y en la forma de Trasponiendo esta aproximación al
«consumirlas» se ha revelado nues- tema de la liturgia, el autor señala
tra forma «acelerada» de vivir el cómo esta –cuya vocación es intro-
tiempo. Apoyado en los trabajos ducir la eternidad de Dios en el
de Hartmut Rosa, el autor retoma tiempo de los hombres– favorece
la cuestión de la aceleración de la una interacción con el tiempo que
historia, característica del mundo pasa, dejándose atraer por un por-
contemporáneo, que permite a los venir ya percibido pero que no ha
hombres multiplicar experiencias alcanzado la plenitud. Nuestras
y colmar aparentemente su ansia celebraciones ofrecerían la posi-
de eternidad. Sin embargo, esta bilidad del sosiego, situándonos
aceleración conlleva una alienación en un tiempo «liminal». Abrirían
mayor que no puede satisfacer a un camino de cumplimiento del
los hombres, sino que les conduce designio de Dios y nos harían des-
al desencanto y a la sensación de cubrir que verdaderamente estamos
absurdo, interrumpiendo así el con él.
progreso que había caracterizado al
Sacerdote eudista, Laurent de Ville-
siglo precedente. Rosa propone, no
roché es profesor en el Instituto
una deceleración que sería ilusoria,
Superior de Liturgia de París y
incluso mortífera, sino procurar
miembro del Servicio Nacional de
una «resonancia» con el entorno,
Pastoral Litúrgica y Sacramental de
con el prójimo, con las actividades
la Conferencia Episcopal Francesa.
y con la naturaleza. Una resonancia
Michel Wackenheim, Le signe de croix. Un geste pascal dans la vie
liturgique (Patrimoines), París: Cerf 2021, 441 pp.
La señal de la cruz, tal como se demuestran que la ritualidad de
practica hoy, es la culminación de los cristianos ha variado conside-
una larga y compleja historia salpi- rablemente a lo largo de los siglos.
cada por innumerables textos que
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574 Libros
Tras una sección histórica, cuyo ligado al misterio de la muerte y
objetivo es identificar textos y auto- resurrección de Jesús. Hacer la
res emblemáticos, y antes de una señal de la cruz es desear seguir
sección más teológica, dedicada a a Cristo muerto y resucitado y
una tipología y una hermenéutica participar de la vida misma de la
de la señal de la cruz en el siglo xxi, Trinidad.
la sección central trata dos áreas Michel Wackenheim fue responsa-
de la reforma litúrgica posconci- ble de la pastoral litúrgica y sacra-
liar particularmente significativas: mental de la diócesis de Estras-
la Plegaria Eucarística, donde el burgo hasta 2009, y luego arcipreste
Concilio enlaza con la Antigüedad de la catedral de Notre-Dame en
cristiana, favoreciendo un acer- Estrasburgo hasta hoy. También
camiento mistérico al signo de la ha sido editor de la revista litúrgica
cruz; y el RICA, donde la señal de Signes d’Aujourd’hui y de la revista
la cruz se convierte en memorial de musical Signes musiques, y ha com-
la inmersión de los bautizados en el puesto numerosos cantos litúrgicos
misterio trinitario, intrínsecamente y catequéticos.
Ugo Zanetti, La Liturgie de Saint Marc dans le Sinaï arabe 237. Édi-
tion et traduction annotée (Jerusalemer Theologisches Forum 38),
Münster: Aschendorff 2021, 240 pp.
La Liturgia de San Marcos, una y el estado incompleto de algunos
liturgia muy antigua de proceden- de ellos.
cia egipcia, tiene características que El autor es monje benedictino de
la distinguen claramente de otras Chevetogne (Bélgica), y en esta
anáforas, en particular la presencia obra nos ofrece el texto del manus-
de intercesiones antes del relato de crito árabe «Sinaí 237» –con traduc-
la institución, así como la oración ción al francés comentada y con
por la inundación de las aguas del un ensayo de reconstrucción del
Nilo. Aunque hoy en día apenas modelo griego– dando fe de que
se usa, los coptos todavía conser- esta liturgia también se celebró en el
van esta anáfora bajo el nombre de marco del Patriarcado de Jerusalén
Liturgia de San Cirilo. Su historia es en una forma adaptada para el uso
difícil de reconstruir, dado el escaso bizantino.
número de manuscritos antiguos
Emilio Vicente de Paz
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Índice
Índice general del año 61
(2021)
Temas
«Sana tradición y legítimo progreso» (SC 23)................. núm. 359
¿«Contaminaciones» del rito romano?............................ núm. 360
Celebrar la liturgia en tiempo de pandemia................... núm. 361
Aspectos sobre la Eucaristía. Sacramentales en las Igle-
sias orientales católicas. Fe, bautismo y pertenencia
a la Iglesia...................................................................... núm. 362
Editoriales
Sana tradición y legítimo progreso (José Antonio Goñi
Beásoain de Paulorena)........................................... 5-8
—, ¿Todavía podemos hablar de rito romano? ............... 147-148
—, Aurelio García Macías: «Dotado de la adecuada
doctrina litúrgica» ....................................................... 291-292
—, VIII Memorial Pere Tena de Pastoral Litúrgica:
Matías Augé Benet....................................................... 419-420
Artículos
La necesidad de una «tradición viviente» (Juan Javier
Flores Arcas).............................................................. 9-16
—, El valor esencial de la liturgia....................................... 305-318
Sugerencias para un revivir de la liturgia en esta nueva
situación (Dionisio Borobio García)....................... 17-24
Conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso
(Matías Augé Benet )................................................... 25-34
362 [Link] 575 16/12/2021 16:30:13
576 Índice
Reforma litúrgica: tradición, interpretación y sentido
(Paula Marcela Depalma Sinbaldi).......................... 35-40
—, ¿Una Iglesia doméstica implica una liturgia domés-
tica? ............................................................................... 335-342
La liturgia entre la tradición y el progreso (José Manuel
Bernal Llorente)...................................................... 41-48
A la búsqueda de un lenguaje litúrgico no religioso.
La oración litúrgica entre tradición y progreso
(Goffredo Boselli)....................................................... 49-57
Sana tradición y legítimo progreso (Pedro Fernández
Rodríguez)................................................................... 59-66
La sana tradición y el legítimo progreso en la liturgia.
Una relectura de «Sacrosanctum Concilium» 23
(Mario Alberto Haller).............................................. 67-78
—, La comunión en la mano: balance y perspectivas.... 177-208
La revisión de la liturgia: entre «sana tradición» y «legí-
timo progreso (Cesare Giraudo)............................... 81-106
Los hermanos de Betania y tres doctores de la Iglesia.
Nuevas inscripciones en el «Calendario Romano
General» (Salvador Aguilera López)....................... 107-113
La unidad sustancial del rito romano. Una cuestión
indefinida (Jaume González Padrós)...................... 149-157
El rito romano, ayer y hoy. Malentendidos y nuevas
fisonomías (Francesco Bonomo)................................ 159-176
Pandemias e historia de la liturgia (Alfonso Ivorra
Robla)........................................................................... 293-303
La participación en las celebraciones virtuales (Gui-
llermo Rosas)............................................................... 319-333
La Iglesia en tiempos de epidemias y pandemias
(Manuel Gómez-Tavira)............................................. 343-359
La transmisión de la celebración eucarística e Internet.
(Ricardo Reyes Castillo)........................................... 421-433
La significatividad de la misa estacional presidida por
el obispo (Luis García Gutiérrez)........................... 435-455
La liturgia de la Palabra, el diálogo entre Dios y su
pueblo (Corrado Maggioni)...................................... 457-468
362 [Link] 576 16/12/2021 16:30:13
Índice general del año 61 (2021) 577
Los sacramentales en las Iglesias orientales católicas
según sus usos litúrgicos propios y el «Codex Cano-
num Ecclesiarum Orientalium» (José Manuel Fer-
nández Rodríguez)................................................. 469-498
Fe, bautismo y pertenencia a la Iglesia según Benedicto
XVI (Pablo Blanco Sarto)........................................... 499-510
El concepto «gloria» en el «Catecismo de la Iglesia
Católica» (Ramiro González Cougil)...................... 511-526
Puntos de vista
«Celebrar la Palabra de Dios». Un comentario al margen
de la Nota de la Congregación para el Culto Divino y
la Disciplina de los Sacramentos (Juan Javier Flores
Arcas)........................................................................... 115-118
—, La Torá y la Ley divina................................................. 536-540
El acceso de las mujeres a los ministerios instituidos
(Jaume Fontbona Missé)........................................... 119-123
—, El diaconado femenino y masculino.......................... 396-398
Gramática y sintaxis del ministerio eclesial. «Spiritus
Domini» como cambio de paradigma» (Andrea
Grillo) ......................................................................... 124-128
La autoridad de las lenguas habladas. Un importante
decreto vaticano sobre las traducciones litúrgicas
(Andrea Grillo).......................................................... 532-535
¿Una liturgia paganizada? (Josep Lligadas Ven-
drell)............................................................................ 128-131
—, Una propuesta de reforma del leccionario ferial del
tiempo ordinario.......................................................... 228-265
Usos y abusos litúrgicos en el rito romano (Juan María
Canals Casas)............................................................. 209-223
Misas privadas vs concelebración eucarística en la
basílica vaticana (José Antonio Goñi Beásoain de
Paulorena).................................................................. 224-227
Pastoral litúrgica en la postpandemia (Dionisio Boro-
bio Garcia).................................................................. 361-376
362 [Link] 577 16/12/2021 16:30:13
578 Índice
Se puede celebrar «manteniendo las distancias» (Lino
Emilio Díez Valladares)........................................... 376-380
El papa Francisco afianza la reforma litúrgica del Vati-
cano II (José Manuel Bernal Llorente) ................. 381-395
Los ritos sacramentales y la misión educadora de la Iglesia
(Enrique García Ahumada)...................................... 527-531
«The Mystery of the Eucharist in the life of the
Church». Síntesis de las ideas principales
del documento (Luis Javier García-Lomas Gago).... 541-546
Documentación litúrgica
«¡Volvamos con alegría a la Eucaristía!». Carta de la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos a los presidentes de las conferencias
episcopales de la Iglesia católica (15 de agosto de
2020)............................................................................... 399-404
Noticias
El ministerio de la liturgia en el ministerio sacerdotal... 133
La Liturgia, lugar del verdadero encuentro con el Dios
vivo................................................................................ 133
«Tradición-adaptación-traducción» (SC 37-38). La
cuestión de la traducción del Misal Romano y el
problema en diferentes lenguas................................. 134-135
IV Congreso internacional «Iglesia y música: textos y
contextos» (Jordi Guàrdia Romeu)........................... 135-139
«El “mysterium” de la asamblea. En la base de un pro-
blema actual» (Fernando López-Arias)................... 267-268
Nuevas invocaciones en las Letanías en honor de san
José................................................................................. 268-269
XLV Jornadas de la Asociación Española de Profesores
de Liturgia (Jaume González Padrós).................... 405-407
El 52° Congreso Eucarístico Internacional de Budapest.
«Todas mis fuentes están en ti» (Sl 87,7) (5-12 sep-
tiembre 2021) (Vittore Boccardi).............................. 547-564
362 [Link] 578 16/12/2021 16:30:13
Índice general del año 61 (2021) 579
Libros
Bibliografía reciente en español (José Antonio Goñi).... 141-143
—, Bibliografía reciente en italiano.................................. 278-284
—, Bibliografía reciente en inglés..................................... 409-410
Bibliografía reciente en alemán (Guillermo Rosas)....... 410-415
Bibliografía en francés, 2021 (Emilio Vicente de Paz).. 565-574
Misceláneas y actas
de Congresos recientemente publicadas
Centro di Azione Liturgica (ed.), Liturgia: chiamata
per tutti alla santità battesimale. «Scelti per essere Santi
e Immacolati di fronte a Lui nella carità» (Ef 1, 4).......... 565
Carmine Matarazza (ed.), Per Paschale Mysterium.
Studi interdisciplinari sulla celebrazione del mistero
cristiano in onore di mons. Salvatore Esposito................ 566
Fabio Trudu (ed.), Teologia dell’eucaristia. Nuove prospettive
a partire dalla forma rituale. Atti della XLVII settimana di
studio dell’Associazione Professori di Liturgia. Cassano
Murge, 26-29 agosto 2019.............................................. 566-574
Reseñas bibliográfica
Miquel dels Sants Gros i Pujol, Estudis de litúrgia i
patrística (segle ii-ix) (Josep Urdeix)............................ 143-144
La nueva «Collectio missarum de beata Maria Virgine» de
la Conferencia Episcopal Argentina (Rodrigo Mar-
tínez)............................................................................. 271-275
Angel García Ibáñez, Conversione e Reconciliazione.
Trattato storico-teologico sulla penitenza postbattesimale
(Juan Javier Flores Arcas)........................................ 276-277
Gregori Estrada, Música vocal litúrgica (Jordi Guàrdia
Romeu).......................................................................... 285-288
362 [Link] 579 16/12/2021 16:30:13
362 [Link] 580 16/12/2021 16:30:13
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*Fe, bautismo
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año 61 (2021) núm. 362
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