Me interesaría poder desarrollar ciertos aspectos de la unidad temática 3 acerca de: “El cogito
cartesiano y el sujeto de la ciencia”. Siendo que a partir del sujeto que inaugura Descartes,
como correlato de la ciencia, Lacan (en La ciencia y la verdad) afirma que “el sujeto con el que
operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia”. Con lo cual esto ubica
psicoanálisis en un plano de vinculación con la ciencia. Esto no lleva a preguntarnos si a
condición del cogito es que Freud pudo dar cuenta del inconciente. Allí estaríamos
acercándonos a otro de los puntos del programa que refiere a: Freud cartesiano.
Para poder llevar adelante mi argumentación he tomado diferentes textos del programa que
iré en lo posible marcando; así como la clase 2 del Seminario 11 de Lacan que no está en el
programa de la materia, pero que me fue sugerido en consulta, que es “el sujeto de la
certeza”. Del mismo modo también tomé un capítulo de un libro que figura en la bibliografía
ampliatoria: Rolando Karothy “Vagamos en la inconsistencia”, el capítulo se llama: “el
psicoanálisis y sus relaciones con la ciencia”.
Antes de comenzar a desarrollar la operación de lectura que realiza Lacan del cogito en
comparación con Freud, me interesaría señalar algunas coordenadas que establece Milner
sobre la lectura de Lacan en “La obra clara” en el capítulo 2: “El doctrinal de la ciencia”. Allí
Milner dice que Lacan plantea una ecuación, a la que me referí al comienzo.
Esto nos hace afirmar: Que el psicoanálisis opera sobre un sujeto (no sobre un yo moi, sino un
enunciador supuesto); Que hay un sujeto de la ciencia (hipótesis del sujeto de la ciencia), Que
estos dos sujetos hacen uno (ecuación como tal).
Las tres afirmaciones tienen en común que hablan del sujeto. Esto nos lleva al axioma del
sujeto: “hay algún sujeto, distinto de toda forma de individualidad empírica”. Por lo tanto, la
ciencia moderna, en tanto moderna, determina un modo de constitución del sujeto.
Según Milner, Lacan tuvo una insistencia particular en el comentario del “Cogito” cartesiano.
Esta insistencia reposa en la tesis de que Descartes es el primer filósofo moderno, en tanto
moderno. Y según Milner, Lacan, a lo moderno, lo hace coincidir con todo lo que es sincrónico
con la ciencia galileana.
Ahora bien, qué implica la ciencia galileana. Aquí, como dice también Lacan en La ciencia y la
Verdad, Koyré es nuestro guía. En Estudios de historia del pensamiento científico Koyré afirma
que la ciencia moderna no ha brotado perfecta y completa de los cerebros de Galileo y
Descartes. Y hace el señalamiento de que la revolución galileana y cartesiana había sido
preparado por un largo esfuerzo del pensamiento.
Para no extendernos demasiado, podemos apuntar que esta ciencia moderna es la física
matematizada, con lo cual, al matematizar el objeto, lo despoja de sus cualidades sensibles. Es
un objeto puramente hipostaseado.
Anteriormente, sólo se conocía a través de la experiencia sensible que captaba el intelecto
agente (aristotelismo/escolástica). Así esta episteme, planteaba dos sistemas: el celeste y el
terrestre, correspondientes al perfecto inmutable y al imperfecto cambiante.
Gracias al anudamiento de las ciencias naturales con las ciencias físicas, existe un solo sistema:
el universo. Dando como resultado que se unifiquen los anteriores existentes y, por lo tanto,
todo pasa a estar gobernado por las mismas leyes. Esta revolución del pensamiento implica
que la naturaleza pasa a estar escrita en caracteres geométricos, con lo cual, lo que le queda al
hombre es leer sus caracteres y hablar su idioma.
Hay un párrafo de Lacan en “Psicoanálisis y cibernética” al respecto que dice, al momento en
que el hombre piensa que el gran reloj de la naturaleza funciona solo, y sigue marcando la
hora incluso cuando él no está, nace el orden de la ciencia. Este orden de la ciencia estriba en
que, de oficiante de la naturaleza, el hombre ha pasado a ser oficioso. No la gobernará salvo
obedeciéndola. Igual que el esclavo, intenta hacer caer a su amo bajo su dependencia
sirviéndole bien.
Del mismo modo que Galileo y sus contemporáneos realizan esta operación en la física,
Descartes hará lo mismo en la filosofía. Y como entendemos que la actitud del filósofo no es
sin sus circunstancias, el estado de espíritu que describe Descartes, según Koyré, es el estado
de espíritu del hombre culto de la época. Se trata de la crisis de una cultura. No de una crisis
personal de Descartes.
Hasta aquí estaríamos en el escepticismo de Montaigne. Pero Descartes se propone en sí
mismo emplear todas las fuerzas de su espíritu para seguir adelante. Allí, dice Koyré,
sobreviene la ruptura, proponiéndose dudar de todo, no en el sentido escéptico, sino como
método. De manera de llegar a algún tipo de conocimiento cierto, del que no pueda dudar,
una vez pasado por el tamiz de la duda.
Así comienzas sus meditaciones; dudando de los sentidos, de la existencia del mundo exterior,
e incluso de las ideas innatas como las matemáticas. En este último caso debe construir una
hipótesis que Koyré tilda de maniqueísta, y es la existencia de un Genio Maligno que me haga
dudar de que, por ejemplo, 2+2 no sean 4. Esto es lo que se conoce como la duda hiperbólica,
no sin angustia previa, que lo catapulta su única certeza. Si él duda, engañado o no, él piensa,
algo está pensando y por lo tanto alguna cosa “es”: cogito ergo sum.
Ahora bien, en este punto es donde, podríamos decir, se dividen los caminos. Porque es
verdad que Descartes no se detiene allí y pasa, como dice Milner, a la conciencia y al
pensamiento cualificado. Esto es la avanzada del cogito del cual se valió la filosofía racionalista
y el hombre moderno.
Pero Lacan, y esto adentrándonos en el “sujeto de la certeza”, no se apoya en esta avanzada y
se dedica a suspender el paso del primer tiempo al segundo. Con este fin, encierra al Cogito en
su enunciación estricta y cierra esa enunciación sobre sí misma. Se asegura así la insistencia del
pensamiento sin cualidades, detenido justo antes de polemizarse en duda, concepción,
afirmación, negación, etc.
Ahora bien, el pensamiento sin cualidades no sólo es adecuado para la ciencia moderna. Lacan
demuestra que también es necesario para fundar el inconsciente freudiano. El pivote del
programa de Freud reside en esta constatación que el hecho del sueño parece imponer: hay
pensamiento en el sueño.
De ello se sigue el razonamiento: si hay pensamiento en el sueño (en la agudeza, en los
malogros de la vida cotidiana) entonces el pensamiento no es lo que dice de él la tradición
filosófica, principalmente no es un corolario de la conciencia de sí. Freud, por una vía distinta
se topa con el mismo sujeto.
Así Lacan va a decir en “el sujeto de la certeza” el inconciente es lo evasivo, lo evanescente
podríamos decir nosotros. Pero que puede circunscribirse a una estructura temporal. Porque si
tomamos al cogito como una “enunciación”, primero dice “pienso” y luego dice “soy”. El sujeto
aparece allí como en efecto evanescente.
Aquí me interesaría tomar una frase de Lacan que dice que aquí se revela cierta disimetría
entre Freud y Descartes. Que no están en el paso inicial de la fundamentación de la certeza del
sujeto. Sino que dice que radica en que el sujeto está como en su casa en el campo del
inconciente. Y justamente, porque Freud afirma su certeza, se da el progreso mediante el cual
nos cambia el mundo.
ELC