Estrategias de Estudio para Niños 3-5 Años
Estrategias de Estudio para Niños 3-5 Años
HABITOS DE ESTUDIO
No es nuestra intención exponer la fórmula ideal de estudiar y aprender, porque consideramos que
cada persona es distinta, pero sí proporcionamos al estudiante algunas técnicas para el desarrollo
de sus habilidades.
Primero, se deben determinar sus hábitos y habilidades de estudio, para lo cual le sugerimos
responder el siguiente cuestionario.
Conteste las siguientes preguntas, marcando con una X en el cuadro que mejor describe sus
actividades en general; los números que aparecen delante de las opciones le servirán para
cuantificar su puntuación.
MAS DE LA MENOS DE LA
CASI SIEMPRE MITAD DEL LA MITAD DEL MITAD DEL CASI NUNCA
TIEMPO TIEMPO TIEMPO
4 3 2 1 0
Al hacer un examen:
10. ¿Al comienzo del examen hace planes para 4 3 2 1 0
una correcta distribución de tiempo entre las
preguntas?
¿Cómo se calificó?
Comentario 1
¿Cuántas veces hemos escuchado esto? “Tengo 40 años. Casi no me acuerdo de cuando yo era
estudiante, como soy mayor se me dificulta más el estudio”.
Error muy grande, no hay mejor o peor época para estudiar. Se han hecho estudios en
universidades que han demostrado que personas de alrededor de los 50 años, tienen la misma
capacidad para el estudio que cuando tenían 19.
Comentario 2
“Con la enseñanza abierta se me dificulta empezar, como no hay un instructor que esté diciéndome
qué hacer, cómo hacerlo, no hay fechas de exámenes y, además, tengo la oportunidad de diferir
los estudios sin que nadie me presione, dejo todo para el final”.
Diferir las cosas, dejarlas para después, es un vicio que todos tenemos, unos más que otros. Una
técnica probada para romper el hábito de relegar las cosas para después, es una de las mejores
tácticas en el buen manejo de nuestro tiempo. Utilizar agendas o programas diarios de estudio nos
hace darnos cuenta de dónde estamos y los avances logrados.
Comentario 3
“Me siento y leo un capítulo de principio a fin, creo que no puedo concentrarme. Anoche me senté
por dos horas leyendo el capítulo 5, pero a la mitad me sentí desconcertado, recordando lo buena
que estuvo la fiesta del fin de semana”.
Debe establecer horarios determinados para el estudio y concentrarse en lo que está leyendo, así
como también decidir cuál es su mejor momento del día para que, en términos energéticos,
productivos y activos, esté listo para estudiar. Si no lo sabe, ensaye diferentes horarios. Levántese
una hora antes de lo habitual y después de un ligero regaderazo, tómese un café y estudie una
hora mientras la casa está en calma. Quizá usted no sepa que es una persona madrugadora. Un
estudiante comentó que su mejor momento para estudiar es de las 10 de la noche a las 2 de la
mañana. Conozca su mejor momento para concentrarse y capitalícelo.
COMO ESTUDIAR
Es necesario pasar un tiempo estudiando para aprender, pero pasar tiempo estudiando, no
garantiza un aprendizaje eficaz.
Usted sabe que esto es cierto, porque tarda tiempo leer una asignatura; sin embargo, ha tenido la
experiencia de pasar una hora leyendo afanosamente diez páginas de su libro de texto y, al final,
no tener la menor idea de lo que leyó.
Actualmente la humanidad no conoce ningún medio de aprender sin esfuerzo. El método que se
expone a continuación tal vez exija más atención por hora de la que ha puesto hasta el momento,
pero piense en todo lo que quiera hacer aparte de estudiar… compromisos, partidos de futbol,
trabajo que hacer… ¿Está dispuesto a esforzarse más cada hora que estudie para terminar más
pronto, y además con mayor grado de aprendizaje?, si la respuesta es afirmativa, este método le
será de utilidad para lograr lo que otros estudiantes han alcanzado: cambiar esfuerzo adicional por
tiempo libre.
Hay que admitir que estas traducciones al español presentan el inconveniente de estar formadas,
en cada caso, de dos o más palabras, pero es necesario tener en cuenta que, además de
corresponder al significado en inglés, ofrecen otras ventajas, tales como claridad y precisión para el
estudiante de habla española y también una equivalencia nemotécnica.
PQRST = EFGHI. No obstante, a lo largo de esta explicación del método se utilizarán las siglas
originales.
La primera etapa en el método de estudio PQRST consiste en un examen preliminar del material
que se va a estudiar. Usted ya sabe lo que es un examen preliminar; muchas veces ha visto un
avance de la próxima película que se va a exhibir en el cine, una rápida ojeada para ver lo que
viene más adelante, para conocer el plan e idea generales, y despertar su interés en ver más,
aunque no se ven los detalles, lo cual es exactamente lo que tiene que hacer en el examen
preliminar.
Se puede efectuar este examen preliminar mediante cualquiera de los siguientes procedimientos.
Muchos autores de textos dividen su material en temas o subtemas, otros colocan breves títulos
descriptivos al principio de los temas; si esto se ha hecho, el análisis de estos títulos le
proporcionará una idea más clara y general del asunto que va a estudiar y debe aprender.
Si el autor no emplea títulos para los temas puede encontrar oraciones clave, en el primero o en el
último de los párrafos, que proporcionan una idea general sobre el contenido de éstos. Un vistazo
rápido le indicará si el autor emplea estos medios de estudio; si es así, estas oraciones clave
equivalen en importancia a los títulos de los temas.
Si el autor no hizo nada de lo anterior, quizá preparó un resumen al final del artículo o del capítulo,
en el que incluyó las principales ideas contenidas en los mismos. Si se dispone de estos sumarios
contará con excelentes elementos para hacer el examen preliminar del material. Primero lea el
resumen, con el propósito de obtener una idea general del capítulo.
Si no dispone de ninguno de estos tres elementos para hacer el examen preliminar, tiene que
depender del más difícil, pero más valioso y útil de los procedimientos: el del escudriñamiento, que
consiste en leer rápida, pero cuidadosamente una página de arriba a abajo, no leyendo palabra por
palabra, ni siquiera mirando a cada una de las oraciones, sino tomando una frase aquí y otra allá
para tener una idea de lo que el autor trata, y conocer el procedimiento general que emplea.
Desarrollar esta habilidad de escudriñar rápidamente y bien, requiere cierta práctica, pero una vez
obtenida se convierte en una gran ayuda para examinar determinado material y ver lo importante y
trascendente que puede resultar.
Detectar exactamente lo que el autor quiere transmitir, facilita localizar y reconocer los puntos más
importantes de las páginas que se van leyendo.
La segunda etapa del método de estudio PQRST, consiste en formularse preguntas, desde que
lee el título del capítulo o del tema y cuando desarrolle el examen preliminar, haga algunas
preguntas que considere podrán constatarse mediante una cuidadosa lectura del material.
La tercera etapa del método consiste en leer, es decir, en obtener información mediante la lectura
y no leer solamente las palabras. La lectura eficiente exige ser activo. Cuando empezamos la
lectura de un libro, muchos de nosotros nos sentamos en una silla cómoda, nos recargamos sobre
su respaldo, colocamos los pies sobre el escritorio, el libro sobre nuestras rodillas y comenzamos.
Nuestros ojos están activos, leen palabra por palabra, todo lo que está escrito en la página, pero
nuestra mente suele distraerse. El resultado es que se lee un párrafo palabra por palabra, y
entonces nos damos cuenta de que no tenemos la menor idea de lo leído.
La trascendencia de la lectura eficaz depende de la actitud; dicho de otra manera: hay que pensar
intensamente en lo que se está leyendo. La mente no es como un terreno seco que absorbe el
conocimiento sin ningún esfuerzo y que lo toma tan sólo al entrar en contacto con él. El
conocimiento es, más bien, como una pelota que ha sido pateada al aire, que debe perseguirse y
atraparse, antes de hacer algo con ella.
Aprenderá en el mismo grado en que su mente se conserve atenta y comprenda cada aspecto de
lo que está leyendo. Todo aprendizaje es un trabajo que pide a su cerebro entrar en acción, y esto
ocurre cuando actúa el interés y el dinamismo en relación con el material que se va a aprender.
El cuarto paso de nuestro método de estudio consiste en hablar para describir o exponer los
temas leídos. Esto quiere decir, que exprese oralmente con sus propias palabras, lo que ha leído.
Cuando termine de leer un párrafo, reclínese hacia atrás, deje de ver su libro y vuelva a decir lo
que el autor ha mencionado. Después de que haya dominado la ejecución de esta etapa, tal vez
prefiera leer toda una sección o capítulo antes de detenerse para volver a repetir lo que ya ha
leído. Puede serle de utilidad el mirar el título del tema, cuando haya leído varias páginas para
recordar mentalmente lo que se ha mencionado en él. Si lo que está leyendo no tiene temas con
títulos, entonces subraye las partes importantes conforme lo vaya leyendo.
Los subrayados le recordarán los puntos importantes y le servirán, para reconstruir el tema, en su
imaginación, tan completamente como sea posible. Si el libro no es de su propiedad, naturalmente
no podrá subrayarlo. En este caso, podrá describir de memoria lo que ha leído y después confirmar
con el texto, si su resumen ha sido correcto. Al terminar su exposición será conveniente que vuelva
a pensar en los puntos más importantes para comprobar si recuerda suficientes detalles que
abarquen los hechos que se mencionan en la descripción.
Conviene que este recordatorio se haga en forma verbal, o sea, decir realmente las palabras en
voz alta o murmurándolas. Cada uno hemos tenido la experiencia de pensar en algo y decirnos: sí
es una buena idea, sé todo sobre eso, y más tarde cuando empezamos a explicar la idea a alguna
otra persona, nos encontramos con que no somos capaces de expresarla correctamente. Una idea
vaga e incierta, que no puede explicarse con palabras efectivas y claras, tal vez no tenga ningún
valor para nadie. Es claro que no se puede hablar de un asunto ni presentar un examen sobre él
con buenos resultados, si sólo se tiene una idea indefinida o confusa sobre el tema. Después de
todo, la única forma que se dispone para decir si podemos expresar con palabras un tema, por
estar suficientemente claro en nuestra mente, es precisamente ¡expresarlo mediante palabras!
La etapa que hemos llamado hablar para describir o exponer los temas leídos, contribuye también
en mucho para lograr la comprensión de lo que se estudia; es otro de los elementos esenciales del
aprendizaje.
Si descubre la organización que ha empleado el autor, y si puede expresar sus ideas con sus
propias palabras, seguramente que ha aprendido el material bastante bien y podrá utilizarlo.
Aprovechará lo que aprende, tanto como pueda aplicar el conocimiento adquirido en las
situaciones que lo necesite, ya se trate de exámenes o de otras actividades en su vida laboral o
social con gran provecho personal.
La realización de esta etapa le brindará un medio valioso y seguro de saber el grado de eficiencia
que ha tenido su estudio. Le permitirá saber si necesita o no estudiar un poco más un tema dado y
sobre qué puntos necesita un estudio adicional. Es una pérdida de tiempo tanto volver a estudiar el
material que ya conoce y comprende claramente, así como estudiar material nuevo cuando el
básico no ha sido realmente aprendido.
Si puede reconstruir el tema que ha leído, a partir de sus anotaciones, sabrá perfectamente bien
que puede seguir adelante sin dedicar más tiempo a lo que ya aprendió.
Esta es realmente una forma abreviada de la etapa anterior ya descrita, pero se efectúa, con fines
de repaso, tiempo después de su primer estudio. Lo que se debe recordar es que el repaso se
basa en la meditación sobre el material que se está revisando, más bien que en pasar los ojos
rápidamente sobre él. Cuando se repasa, se aprende de memoria determinado material no porque
sus ojos lo vean por segunda o tercera vez, sino como resultado de lo que sucede cuando su
cerebro empieza a examinar el material completamente por segunda o tercera ocasión.
Si se considera el repaso como un examen (para ver cuánto recuerda y para determinar cuáles son
sus puntos débiles, en lugar de mirar sólo sus notas o material), encontrará que recordará más y
que podrá explicar sus conocimientos con gran provecho al hacer exámenes o al aplicarlos en
otras actividades.
Conclusión
Esta es la técnica de estudio PQRST; se ha comprobado que cada una de las etapas es un
eslabón necesario de una cadena que conduce a un estudio más eficiente. No hace milagros. No
puede proporcionar aprendizaje, salvo que le dedique tiempo y trabajo; sin embargo, si está
pensando: “Este sistema puede ser bueno, pero tarda más tiempo del que puedo dedicarle al
estudio y es muy complicado de seguir” conviene tener presente las siguientes condiciones:
a) Con cualquier tiempo que le dedique, si lo divide entre lectura y meditación, como se ha
descrito anteriormente, podrá aprender y recordar más, que si omite la parte relacionada con la
meditación.
b) Si para estudiar emplea breves períodos, desligados entre sí, y no sigue un plan sistemático de
estudio, el tiempo empleado no le dará buenos resultados como los que obtendría con el total
de ese mismo tiempo si lo distribuyera y lo usara sistemáticamente.
La mayor parte de la gente informa que cuando se usa correctamente el método, resulta más
sencillo y fácil de llevar a cabo de lo que suponían. De modo que pruébelo; no lo deje pasar sin
haberlo ensayado.
EL PROCESO DE APRENDIZAJE
Poca gente aprende con eficiencia. No es difícil hacerlo, pero pocos lo intentan. Muchas personas
creen que el aprendizaje se obtiene automáticamente, con sólo leer o escuchar. Nunca se les
ocurre pensar que el aprendizaje sea una ciencia basada en principios y procedimientos bien
definidos. Cualquiera que sea su capacidad o su nivel escolar puede enseñarle a usar estos
principios con eficacia siempre que necesite aprender algo.
Solamente estudiamos por una razón: para aprender. Sin embargo, casi toda la gente con
pensamiento confuso estudia para cumplir la tarea, para leer determinado número de páginas, o
quizá para ocupar cierta cantidad de tiempo. Ninguno de estos propósitos tiene importancia. El
objetivo debería ser el de obtener un determinado éxito mediante el aprendizaje. La finalidad real
del estudio es la de adquirir la capacidad de hacer algo nuevo, la de lograr entender algo, en vez
de dar vuelta a cierto número de páginas. Sin embargo, esta idea nunca se le ha ocurrido a mucha
gente.
Nuestra definición de aprendizaje abarca mucho más que esto. Una persona ha aprendido, según
la capacidad para poder realizar eficientemente cualquier cosa que necesite en su vida, y si logra,
además, triunfar personalmente sin distinción de cuántos hechos conozca, y salvo que pueda
emplearlos con eficiencia para hacer su trabajo adecuadamente, vivir satisfecho y desempeñarse
generalmente bien en la vida, no habrá aprendido nada valioso desde el punto de vista práctico.
Para que algo sea valioso para usted, su educación debe ayudarle en alguna forma para vivir mejor
o con más satisfacciones. No hay caso en adquirir conocimientos, a menos que ellos le capaciten
para hacer algo con mayor eficiencia, ya sea tratándose de su próximo trabajo o de todo el trabajo
que implica vivir una vida de satisfacciones. En el mundo de hoy generalmente se juzga a una
persona por lo que puede hacer y no por el número de datos que haya archivado en su cerebro.
Por tanto, para ser eficiente en lo que le interesa, el aprendizaje debe proporcionarle mejores
formas para hacer algo. En pocas ocasiones podrá aprender a hacer las cosas mejor sin estudiar
primero los hechos. Esta es condición esencial para mejorar la ejecución de su trabajo. Para que
los conocimientos sean útiles deben aprenderse en relación con algo que pueda hacer. Mientras
está aprendiendo deberá pensar en aplicar esos conocimientos para llegar a ser más eficiente en
la vida.
Si no sabe juzgar cómo va a ayudarle el material comprendido en cualquier lección o curso dado, la
falla probablemente se debe a que no ha pensado en el trabajo que se le dejó hacer, más bien que
en el material que se le proporcionó. La tarea posiblemente pueda ayudarle, pero no la ha
analizado lo suficiente para ver cómo podría hacerla; por tanto, no pase ligeramente el material que
se le asigna sólo por creer que no le será útil; por lo contrario, examine las actividades en que
trabajará más adelante en su vida, tenga presente las obligaciones y las responsabilidades que le
corresponderán como ciudadano o como Oficial de Protección y trate de relacionar su trabajo
académico con alguna actividad o situación en que podrá encontrarse en el futuro no muy lejano.
Motivación
Motivación quiere decir tener el deseo de hacer algo. Se dice que tiene motivación cuando estudia,
si sabe exactamente lo que espera obtener con su estudio, y si realmente le interesa lograrlo. Una
persona está motivada para hacer un trabajo, cuando sabe exactamente lo que se espera que
haga y se da cuenta del porqué debe hacerlo. Esto se debe principalmente al hecho de que está
logrando algo que busca y que desea, porque se da cuenta de lo provechoso que le será
obtenerlo. En esta situación tenemos los factores que producen una buena motivación.
Para tener motivación al preparar una lección, y como consecuencia aprenderla mejor y más
fácilmente, deberá hacer dos cosas con los materiales que estudie:
Primero: Determine con claridad en su propia mente, lo que debe conseguir durante ese período de
trabajo. A esto se le llama definir los objetivos de trabajo; el paso formularse preguntas del método
PQRST es una forma de hacerlo. Defina su objetivo; no diga entre dientes “debo aprender algo
sobre las drogas”, en cambio imagínese exactamente lo que deberá averiguar de ese tema, tal vez
en este ejemplo: lo que son las drogas, sus principales fuentes de origen y el daño que producen
en el organismo humano.
Segundo: Conteste la pregunta ¿cómo me va a ayudar en mi vida futura este material? No estará
adecuadamente motivado para estudiar una clase, salvo que pueda encontrar las formas en que
ese material pueda ser de utilidad para usted. Siempre relacione, tanto como sea posible, el
material que está estudiando con el trabajo que espera llegar a realizar en su carrera o las
necesidades que pueda encontrar; estudie todo desde el punto de vista del valor que tendrá para
usted, en lo que deba hacer más tarde en la vida.
Concentración
La concentración es el segundo factor que se necesita para el aprendizaje. Representa el enfoque
total de su atención, la potencia absoluta de su mente sobre el material que está tratando de
aprender. Prácticamente la mitad de la atención no se está utilizando en el aprendizaje. El 50% de
la atención que presta se desperdicia en alto grado. Pero aun trabajando únicamente con el
restante 50% de atención, adquiere los conocimientos que se le van presentando, esto es verdad,
porque el restante 50% de atención que queda entre tener nada más una idea y el 100% de
atención, es lo que permite entender y recordar el material. El primer 50% de atención llevará los
datos e ideas de sus ojos y oídos a su mente; pero sin permitir usar este material ni retenerlo. Los
conocimientos y las ideas se detienen en los linderos de la mente y se desvanecen rápidamente
cuando sólo se les concede el 50% de atención.
Para concentrarse efectivamente en su trabajo, ante todo debe estar preparado para hacer ese
trabajo. Deberá estar motivado y haber desarrollado cierta clase de interés o de curiosidad
respecto al material. Algunas veces esto es difícil de hacer, pero encontrará muy poco material en
sus cursos sobre el cual no pueda desarrollar un genuino interés; si trata sinceramente de
relacionarlo con su carrera o vida futura. El interés se presenta, generalmente, como consecuencia
del conocimiento; si empieza a aprender algo sobre un asunto, irá desarrollando, generalmente,
cierto interés sobre el mismo, conforme aumenta su conocimiento sobre sobre él.
También hay determinados hechos mecánicos que puede observar, como son aquellos que le
ayudarán a concentrarse. Cuando estudie, procure ante todo aislarse de los elementos físicos que
puedan atraer su atención. No se necesita ser un genio para saber qué es lo que llamará
especialmente su atención, por ejemplo, entre la historia del patrullaje y la fotografía de un ser
querido, que está en su escritorio.
Cuando vaya a estudiar, instálese en una habitación en la que el menor número posible de cosas
entre en competencia con su materia de estudio, en lo que se refiere a la atención. Tal vez pueda
aprender mientras escucha a algunas personas comentando el nuevo número musical tan bonito
que salió a la venta o mientras ve la televisión con el partido de futbol de su equipo favorito o los
recuerdos de su cita de la última noche; pero ¿por qué seguir el camino más difícil? ¿Por qué no
alejar de su vista o de su oído todas esas cosas cuando tiene que estudiar? Primero termine de
estudiar y después siéntese a platicar y a pensar en otras cosas, haga una cosa a la vez; estudie
cuando le corresponda hacerlo.
Actitud
Ya hemos visto que el aprendizaje es un proceso activo, no precisamente de absorción, si pudiera
ser como una esponja y, sin ningún esfuerzo de su parte, pudiera absorber el agua del
conocimiento conforme se derrama sobre usted; la escuela lo colocaría en condiciones tales que
únicamente se sentaría para ser educado, pero esto no es posible. Usted no es una esponja, más
bien es como un jugador de béisbol en el jardín central que tiene que correr, girar, brincar, para
atrapar la pelota que caiga por ahí; la educación, en un análisis final, depende completamente de
que tome parte activa en los procesos de aprendizaje en que le coloca su empresa o corporación.
Cuando descubre ideas, hechos o principios nuevos se encuentra en un proceso de aprendizaje y
de acuerdo a su actitud ante estos hechos, aprende gracias a su participación en este proceso.
Organización
No se puede aprender con eficiencia una materia por medio del simple procedimiento de repetir de
memoria todos los hechos que se relacionan con ella. Antes de que pueda emplear el material que
ha aprendido debe conocer la organización de ese material, es decir, la forma en que todo se
reúne para formar una estructura completa.
Cuando un profesor inicia su exposición tiene en mente una guía general de información y de
ideas, que quiere transmitir a sus alumnos; usted, salvo que identifique la estructura que está
intentando describir, probablemente se perderá los detalles.
¿Recuerda cuánto más fácil es reunir las piezas de un rompecabezas, si previamente lo ha visto
completo? Lo mismo puede decirse de lo que se expone en una clase o en un capítulo de su libro
de texto. Si puede comprender la idea básica de lo que se trata y los puntos principales que
expone el autor o el maestro, podrá seguir cada una de las ideas individuales y colocar cada una
de las piezas de la información con mayor facilidad e inteligencia. Si conoce el todo, puede decidir,
mucho más fácil y acertadamente, en dónde encaja cada una de las partes que proporciona el
maestro o autor.
Este procedimiento se conoce como método “del todo a la parte”. Primero se adquiere el concepto
general de lo que se va a aprender y después los detalles por medio de un estudio más específico.
Si al principio del curso examina los resúmenes de los libros de trabajo, suponiendo que cuenta
con ellos, dispondrá de un excelente procedimiento para tener una idea general de lo que va a
tratar el curso. Otra manera de efectuar un examen preliminar consiste en estudiar el índice del
texto. Anteriormente se consideraron varias formas de realizar un examen preliminar sobre la
organización y los objetivos del material que se lee; en cuanto a las clases que reciba, si antes de
iniciarlas dedica un momento para hacer un repaso del trabajo que se dejó o se vio en ellas,
obtendrá muy buenos resultados. Estudie nuevamente el índice del capítulo que se haya señalado
para tener claramente establecida en la mente su organización. Encontrará que puede seguir la
exposición de los temas mucho más fácilmente y entender con mayor claridad la importancia de los
datos presentados durante el período escolar. Los detalles adquieren significado cuando descubre
la relación entre ellos y el tema como un todo. Por lo que debe permanecer constantemente atento
cuando lea o escuche, para relacionar, con la idea que previamente se había formado de todo el
tema, los detalles que el autor o maestro le han proporcionado.
Comprensión
El quinto factor para un aprendizaje provechoso es el de la comprensión, ésta es realmente la
verdadera finalidad hacia la que conducen los cuatro factores anteriores. La actitud es necesaria
porque la comprensión es la consecuencia del análisis y la síntesis de los hechos e ideas (que son
procesos reactivos). La organización es necesaria, ya que uno debe percibir la relación entre las
partes de la información y los principios, antes que pueda comprenderse su significado e
importancia. La motivación, actitud, organización y concentración podrían compararse con las
cuatro patas de una mesa, en la cual la comprensión vendría a ser la cubierta de la misma, las
patas son necesarias puesto que sostienen la cubierta, lo que hace que la mesa tenga una función
y se use.
Repetición
Pocas cosas, de las que nos suceden, tienen tal efecto emocional que se nos quedan grabadas al
primer contacto. Hablando en términos generales, para recordar una cosa debemos repetirla. La
materia que se estudia quince minutos al día durante cuatro días, o aun quince minutos a la
semana, durante cuatro semanas, es probable que se recuerde mucho mejor que la que se estudia
en una hora y nunca más vuelve a revisarse. Este procedimiento se conoce como principio de la
práctica distribuida; si quiere obtener más provecho de las horas que dedica al estudio, dedique
cierto tiempo al repaso, lo que le proporcionará mejor comprensión y mejor memoria que un
estudio concentrado, por una sola vez y sin repaso alguno.
La repetición no tiene que consistir en volver a leer el material. Probablemente la forma más eficaz
de repaso no consista, de ningún modo, en volver a leer el material, sino mentalmente, en recordar
el material leído sobre un tema y en consultar el libro de texto o sus notas, únicamente para
confirmar el orden del material para comprobar y complementar lo memorizado. La forma de hacer
esto se explicó detalladamente con anterioridad, para aprender y retener en la memoria.
Tenga presente que no sólo con leer estos principios sobre el aprendizaje se convierte en una
persona que aprende eficientemente. Para aprender bien necesita practicarlos hasta saber cómo
usarlos hábilmente y hasta que adquiera el hábito de emplearlos en sus estudios.
Obviamente es mucho más fácil revisar algo que ya se ha visto y fijarlo firmemente, que volver a
aprender el material, que casi se ha olvidado. Por tanto dedique unos cuantos minutos para revisar
el trabajo del día antes de comenzar con el que corresponde al del día siguiente.
Este es el momento en que reorganiza sus notas del día y si es necesario, las completa. Estos
cuantos minutos de repaso, poco después de clases, bien pueden proporcionarle más aprendizaje
y memoria, en menor tiempo y con menos esfuerzo que cualquier otra cantidad de tiempo que
dedique al estudio.
Segundo, dedique un tiempo permanente para el estudio de sus clases del día siguiente, además
del correspondiente al repaso antes señalado. Si puede distribuirlo satisfactoriamente, será muy
conveniente que inicie su estudio a la misma hora todos los días. Si lo hace así evitará el riesgo de
tener que estudiar y que no pueda hacerlo por haberse confundido con la distribución de tiempo;
todos hemos vivido esa experiencia, en la que a veces intentamos hacer un determinado trabajo,
pero nos ocupamos de él hasta muy tarde; si quiere adquirir la rutina para estudiar a determinada
hora, todos los días y sencillamente, evite hacer cualquier otra cosa durante ese tiempo, así estará
en mejores condiciones de no interrumpir su estudio por una deficiente administración de su
tiempo.
Tercero, procure disponer de un lugar particular para estudiar. Esto no quiere decir, por supuesto,
que no pueda estudiar en cualquier otro lugar y en condiciones diferentes. Quiere decir que cuando
tenga que hacer un estudio formal, procure ir a ese lugar para hacerlo. Ya se ha hablado acerca de
la necesidad de evitar distracciones al estar estudiando, por lo que no es necesario describir las
características de un buen lugar para estudiar. En síntesis, debe ser un lugar en que la
conversación, las actividades de los amigos, el ruido considerable o el recuerdo de cosas más
agradables que el estudio, no interfieran con su esfuerzo en lograr la atención. Lo mejor es
disponer de una mesa que solamente contenga sus materiales de trabajo y su silla, que podrá
tener un cojín, pero que no sea tan cómodo que estimule la pasividad.
Su memoria es bastante buena para que le sirva satisfactoriamente si la usa como se debe. Tiene
la suficiente capacidad mental para recordar lo que sea necesario. Sobreentendiéndose que usará
esa habilidad en la forma en que se explica aquí.
Hay dos puntos principales que le ayudarán a aprovechar su memoria más eficientemente: el
primero es el propósito de recordar; cuando tiene una cita para el sábado por la noche, usted la
recuerda, ¿no es verdad? Indudablemente que cuando hizo sus planes para esa cita su intención
era recordarlos y recordar la cita. Por tanto, cuando esté escuchando una clase o leyendo un
trabajo, afirme y repita: “aquí hay algo que necesito recordar, aquí hay algo que voy a retener por
ser importante que lo recuerde”, solamente esto permitirá a una persona común, duplicar la
eficiencia de su memoria.
La mayoría de los “olvidadizos” y “distraídos” son así, no porque carezcan de capacidad para
recordar, sino simplemente fallan al intentar recordar. Por ejemplo, sería ingenuo suponer que el
profesor que es una enciclopedia ambulante de conocimientos técnicos, no pudiera recordar dónde
puso el lápiz si intenta recordarlo. No olvidó dónde puso el lápiz; realmente nunca notó dónde lo
puso. Muchos estudiantes que se quejan de tener mala memoria realmente nunca prestaron
atención a las cosas que dicen “no recordar”. En sus estudios, si realmente se esfuerza por
localizar los datos importantes y archivarlos en su mente, como referencia permanente, podrá
recordarlos mejor de lo que generalmente lo hacía.
El segundo factor que debe tener en cuenta para desarrollar su memoria, consiste en conocer bien
el material. Cuántos más hechos pueda relacionar con una materia mejor la recordará. Por
ejemplo, si además de saber el nombre de un señor, conoce también el de su esposa e hijos, cuál
es el aspecto de ese hombre y qué hace para ganarse la vida, resultará más fácil recordar su
nombre que si ignora todo acerca de él, salvo que se llama Juan Pérez; reunir y organizar un grupo
de ideas para que se relacionen entre sí, y se asocien con su mente, le ayudará a recordarlas
mucho mejor que si intenta acordarse de cada una de las ideas por separado. Lo cual, como puede
ver, es otra forma de obtener la idea total, la organización. La mayor parte de los cursos para
mejorar la memoria, de los que ha oído hablar, se basan en este principio de la asociación de
ideas.
Aquellos que se preocupan por mejorar su velocidad en la lectura descubren que pueden
aumentarla muy rápidamente y sin perder eficacia en el aprendizaje de lo que leen.
Hay cursos comerciales que aseguran enseñarle a leer mucho más aprisa y a recordar casi todo lo
que lee. Comunican resultados que van desde 35 hasta 200% de mejoramiento en cuanto a
velocidad de la lectura, hecha en tan poco tiempo como lo es un período de laboratorio de 20 horas
que se proporciona en seis u ocho semanas. ¡Realmente logran esta mejoría! Puede decirse, sin
exageración, que la mayoría de tales cursos realmente mejorarán el promedio de velocidad de
lectura de una persona al doble de su velocidad inicial, pudiendo recordarse, además, casi tanto
como se lee. Sin embargo, lo que no se conoce generalmente es que, cuando un determinado
estudiante desea hacer un verdadero esfuerzo aumenta su velocidad de lectura en la misma
proporción, sin ninguna ayuda exterior.
Para mejorar la lectura, tenemos que reconocer, ante todo, un hecho importante; la mayoría de
nosotros no leemos con toda la rapidez que podríamos hacerlo ni tan aprisa que podamos
comprender todo lo que leemos. Así como no caminamos aprisa como podríamos hacerlo, sino que
más bien caminamos a un paso, que es más cómodo, más conveniente y descansado para
nosotros; en la misma forma leemos al ritmo más fácil, no más eficiente. Debido a que esto es
cierto, puede aumentar su velocidad de lectura en un tercio o más con sólo sentarse y estar atento,
concentrado en el material que lee, y prosiguiendo su trabajo tan aprisa como pueda sin caer
lánguidamente, en una velocidad que lo conduzca a su cómodo ritmo de lectura acostumbrado.
Todos lo hemos hecho instintivamente, cuando hemos tenido prisa en leer una carta o un mensaje
importante. El curso de laboratorio para una lectura rápida está preparado, sencillamente, para
hacer un hábito de este proceso de lectura. Existen muchos ingeniosos mecanismos para mejorar
su velocidad de lectura y para mantenerla rápida, pero puede hacerlo casi tan bien en su propia
habitación gracias a su propia fuerza de voluntad.
Escoja alguna de sus materias y lea alguna parte, durante, digamos treinta minutos a su velocidad
normal. Cuente el número de palabras que lea. Al día siguiente lea por otros treinta minutos y
compruebe qué rápidamente puede leer el trabajo al mismo tiempo que lo comprende. Fuerce sus
ojos para abarcar grupos de palabras en un renglón y salte rápidamente de uno a otro grupo, en
vez de moverlos lentamente de una palabra a otra del renglón. Al mismo tiempo, fuerce su mente
para que realmente se ponga a trabajar en la lectura y profundice en el tema, con la idea de
comprender cuanto el autor exprese. El leer más aprisa tiene que ser un proceso de trabajo en
equipo, entre los ojos y el cerebro. Los ojos y todo el cuerpo tienen que dirigirse hacia una
actividad física intensa que cubra el material con el que está trabajando.
La mente tiene que estar alerta para adquirir este material, tan pronto como se lea en vez de
esperar pasivamente a que algunas partículas de conocimientos salten hasta el cerebro y
permanezcan perdidas en él. Observará que aun desde la primera vez que trate de mejorar la
velocidad de su lectura, leerá, indiscutiblemente más aprisa y probablemente, con mucha más
penetración y retención de las que tenía antes. Anote el número de palabras leídas durante el
segundo período de treinta minutos. Vea cuánto ha mejorado en relación con el día anterior.
Al día siguiente haga lo mismo otra vez, tómese el tiempo y cuente el número de palabras leídas
para saber lo que ha mejorado. Alrededor del cuarto o quinto día, tome otro de sus temas de
lectura y siga el mismo método con él; deberá vigilar siempre su mente para saber si en verdad
está asimilando lo que está viendo, le sorprenderán los resultados en cuanto a lo mucho que
recuerda. Es sorprendente ver como la mayoría de la gente descubre que recuerda más, esto se
debe a que, en las cómodas condiciones del viejo método de estudio, su mente trabajaba menos
que sus ojos.
Es fácil aumentar la velocidad de lectura con sólo que se lo proponga, pero a menos que practique
con regularidad durante un período prolongado, no obtendrá una mejoría permanente, porque
volverá a sus antiguos hábitos de ocio.
A esto se debe que la lectura de laboratorio produzca los mejores resultados, pues establece
condiciones en las que se motiva al alumno intensamente para que lea a la velocidad más rápida
posible, sin que dependa tanto de su propia fuerza de voluntad y obtener así de él su máximo
esfuerzo. Se le habitúa a este paso hasta que se acostumbra tanto a él, que se transforma en su
forma normal de lectura. Entonces habrá formado el hábito de leer rápidamente. Sin embargo, si
usted usa el método aquí descrito puede alcanzar los mismos resultados que proporciona el
laboratorio de lectura. Cuanto más se ejercite en aumentar su velocidad de lectura, mejores y más
permanentes serán los resultados que obtenga.
Tal vez no quiera leer más aprisa. Quizá hasta ahora ha leído a un ritmo pausado en vez de
emplear uno más vivo. Si dispone de tiempo para obtener lo que quiere de toda su lectura formal y
recreativa, sin aumentar la velocidad, probablemente no haya ninguna razón para que la aumente.
Por otra parte, si considera que necesita mayor velocidad no tiene que sentarse y desear nada más
poder leer más aprisa. Puede lograrlo muy rápidamente, si está dispuesto a contribuir con su
esfuerzo para leer con toda la rapidez que pueda en la mayoría de sus lecturas. Más bien, quizá
tendrá que poner todo lo que esté de su parte en este esfuerzo adicional para disfrutar, de este
modo, del tiempo sobrante que tardaba en leer el mismo material.
Cierto material puede leerse más rápido que otro. Obviamente el material difícil y complejo no
puede leerse eficientemente a un ritmo tan rápido como el que se emplea en la lectura del material
recreativo. La lectura eficiente requiere que varíe la velocidad de su lectura para adaptar las
dificultades del material con sus propósitos: diversión, comprensión, ideas generales, etcétera.
Esto se obtiene en forma natural si fuerza sus ojos para ir tan aprisa como pueda esforzar su
cerebro para asimilar el material, pero no más aprisa.
El olvido ocurre más rápidamente, casi inmediatamente después de que se deja de estudiar una
materia. La mayor pérdida queda comprendida dentro de las horas siguientes. La velocidad con
que se olvida disminuye gradualmente conforme pasa el tiempo. De ser posible prepare el repaso
de su material, para hacerlo unas doce o veinticuatro horas después de que haya sido estudiado
por primera vez; el segundo, como una semana después y, finalmente, unas tres semanas más
tarde. Encontrará que esta distribución del tiempo, al hacer sus repasos, resultará la más útil para
asegurar el máximo de memoria sobre el material que ha estudiado y revisado. Tal vez no
dispondrá del tiempo necesario para revisar detalladamente todo el material de estudio durante los
intervalos señalados, pero si selecciona cuidadosamente el que le sea verdaderamente importante
recordar y si lo revisa como se ha indicado en este párrafo, seguramente que obtendrá lo que
necesita.
Pruebas objetivas
El examen que se aplica para obtener el Certificado de Oficial de Protección es una prueba objetiva
(de selección múltiple, falso y verdadero, y de tipos comparables), probablemente obtendrá
mejores resultados si sigue estos procedimientos:
a) Lea la pregunta cuidadosamente. Después vuelva a leerla y exprese su significado con sus
propias palabras. Revise cada palabra de la pregunta para ver si en su interpretación omitió
alguna idea.
b) En un pedazo de papel prepare su respuesta antes de escribirla definitivamente. En esta forma
puede organizar sus pensamientos, revisar su respuesta en busca de posibles omisiones, y
presentar una exposición más coherente y lúcida de lo que podría, si nada más escribiera sus
pensamientos según se le fuera ocurriendo.
c) Escriba con una buena pluma o un lápiz bien afilado para que su escritura pueda leerse
fácilmente, que no sea débil ni imperceptible ni confusa ni apretujada; evite omisiones en sus
renglones.
d) Cuide su escritura, ortografía y puntuación. No importa cuánta historia o literatura, o lo que sea,
pueda saber, ya que causará muy mala impresión a su examinador que sus preguntas se
contesten con garabatos casi ilegibles, con oes que parezcan aes o con rasgos caprichosos
que sólo oscurecen las letras.
e) Vuelva a leer sus respuestas después de haber terminado su prueba; asegúrese de que estén
completas, y revise sus pensamientos, ortografía y puntuación. Todos estos factores se
relacionan con su dominio de una materia determinada.
Vamos ahora a analizar algunos procedimientos que pueden emplearse para aumentar la eficiencia
de su aprendizaje; éstos pueden considerarse como instrumentos que le ayudarán a emplear los
seis principios psicológicos.
Anotar
Tomar notas es el primero de los medios para aprender qué vamos a analizar. Después de
escuchar una clase o una conferencia, la única forma que existe para revisar y refrescar la
memoria sobre lo que se dijo depende de las notas que tomó durante la clase. Sus notas deben ser
sistemáticas, coherentes y legibles, si es que piensa hacer algún repaso que valga la pena. En el
caso de libros, siempre puede volver, otra vez, a leer el material sin tener que tomar notas. Sin
embargo, esto conlleva tiempo y cuesta trabajo, especialmente si el material se encuentra en un
libro de la biblioteca o en algún otro lugar que no sea su propia oficina o habitación. Los minutos
que dedica a tomar notas sobre el material que lee serán muy valiosos cuando empiece a repasar
los exámenes. Usted no tendrá que buscar el material original ni leerlo nuevamente, página tras
página, para repasar los puntos principales que necesite.
Hay cinco principios fundamentales que deberá observar, si desea que las notas que toma sean de
lo más eficientes.
Descubrir las ideas del que habla o escribe, pero expresarlas en sus propias palabras y no las de
él.
Recordando la importancia de la comprensión, conforme escuche una clase o lea un capítulo,
pregúntese constantemente: ¿Cuál es la idea que se oculta entre todas esas palabras?, por
supuesto deberá anotar los datos que escuche o que lee, pero vaya un poco más allá para ver si el
que habla o el que escribe implica o manifiesta un principio, una idea o datos concretos. Busque
tales ideas o principios y, cuando identifique alguno, anótelo (un procedimiento para hacer esto es
la etapa que hemos llamado examen preliminar), examine el material que tiene que leer para
obtener una idea general del mismo. Después, conforme vaya leyendo, tome notas y se dará
cuenta como se reúnen las diversas partes para formar un todo. Descubrirá así la organización que
sigue todo el escrito, lo cual le permitirá identificar la idea completamente.
Si sabe que va a escuchar una conferencia especial, importante, anote el título de la misma y
busque en la biblioteca algunas referencias al respecto. Examínelas para tener una idea de lo que
el conferenciante podría tratar en su exposición. Muchas veces se desarrolla esta aptitud al hacer
los trabajos escolares ordinarios; pero adquiera la idea general de lo que va tratar para que pueda
organizar más inteligentemente sus notas.
Ahora estará de acuerdo que tomar notas no es un simple trabajo mecánico que consiste en
escribir las palabras que oye o lee, se trata de un examen rápido, cuidadoso, y del análisis de las
palabras que le permitan anotar el sentido sin tener que escribirlas todas y cada una de ellas.
Dominar el arte de captar las ideas importantes del que habla o del autor, y registrarlas con sus
propias palabras, para un estudio y un aprendizaje, es un auxiliar cuya utilidad aumentará según
vaya desarrollando esta aptitud.
Sea breve
Mucha gente empieza con la mejor de las intenciones a tomar notas en una conferencia y se rinde,
con disgusto, después de un breve período porque encuentra que mientras escribe una frase, ha
perdido tres más, ¿de qué sirve entonces tomar notas? Aprenda a juzgar lo que es importante
cuando tome notas, no trate de escribir todo lo que se diga; por lo contrario, escuche atentamente y
anote todo lo que al mencionarse parezca importante. Todo buen conferenciante hace pausas
entre sus puntos importantes, las que enriquece con ilustraciones y comentarios para que el
auditorio tenga tiempo de asimilar lo fundamental, antes de proseguir con otro punto.
ARMAS DE FUEGO
DEFINICION FORMA DE PORTARLAS
CALIBRES FORMA DE DESENFUNDAR
TIPOS FORMA DE EFECTUAR EL DISPARO
Lo cual le proporciona una descripción temática de la clase, pero carece de información. Procure,
para evitar toda posible confusión en sus notas, no registrar solamente los títulos o los temas
presentados, sino que también incluya el contenido utilizable en cada uno de ellos. Es claro que no
cometerá este error si anota las ideas mencionadas en vez de apuntar exclusivamente las palabras
escogidas.
Cuando haya ordenado y reorganizado sus notas así, habrá hecho una guía de estudios para
repasar; las guías de estudio representan un papel muy importante en el plan de trabajo de cada
estudiante. Una guía de estudios permite autoexámenes rápidos, según se vio anteriormente;
leyendo los encabezados de una guía de estudios recordará aspectos de una materia específica
que haya estudiado.
Subrayar
Cuando esté leyendo sus propios libros y quiera hacer un repaso de materias en forma fácil y
eficiente, dispone de un magnífico medio para ello; hacer subrayados conforme lee, ponga
atención en las frases y oraciones que encierran las ideas principales del tema; subraye estas
palabras. Y cuando esté listo para repasar no le llevará tanto tiempo buscar y descubrir los detalles
importantes. Algo más, en estas condiciones está actuando enérgicamente, descubriendo la
organización del autor y comprendiendo lo que dice, cuando localiza las oraciones clave del
capítulo. Esta es una manera rápida de enfocar la atención en los aspectos importantes cuando
haga su repaso y, en algunas ocasiones, casi tan eficaz como la de tomar notas.
Resumir
Otro medio para aprender consiste en saber resumir. El resumen es una exposición breve (algunas
veces consta de una oración, otras de un párrafo o dos) que proporciona los elementos esenciales
del material visto ampliamente en el capítulo o clase. Si lo definimos en otra forma, podemos decir
que es un relato corto de las principales ideas presentadas por el escritor o el maestro, un repaso
de los datos y conceptos. Este es un valioso auxiliar para el aprendizaje que algunas veces se
encuentra en los libros de texto; le facilitará aprender, repasar y recordar el material general no
técnico, que se explicó y discutió con cierta extensión, si usted mismo hace un compendio escrito
al respecto; pero si se trata de material sumamente complejo y técnico, el resumen no es
adecuado. Para esta clase de material necesitará sus notas y resúmenes, en cambio, si le han
proporcionado unas ideas, discutidas extensamente cada una de ellas, puede resumir el capítulo,
la tarea o la clase, sacando las principales ideas con sólo unas cuantas palabras que las expliquen.
Algunas veces esto es más rápido, fácil y tan útil como tomar notas del material. Se dará cuenta al
hacer esto, que se trata de una forma abreviada de la etapa hablar para describir o exponer los
temas leídos.
Escuchar
Saber escuchar es una habilidad de tanta importancia que se han dedicado a este tema numerosos
volúmenes enteros; no obstante, aunque brevemente, lo trataremos como uno de los principios del
aprendizaje. Todos los procedimientos estudiados anteriormente sobre el proceso de aprendizaje,
se aplican escuchando. Usted deberá estar motivado para escuchar con provecho; no prestará
gran atención ni comprenderá lo que se esté explicando a menos que realmente quiera y se
esfuerce por aprenderlo. Debe actuar, si mantiene una actitud pasiva, tanto del cuerpo como de la
mente, esperando que los puntos de vista del maestro queden debidamente impresos en su
cerebro, puede tener la absoluta seguridad de que no será así. Su cerebro tiene que estar atento.
Concédale un descanso a su cuerpo si es que así tiene que hacerlo, pero su mente tiene que
reaccionar a lo que va a aprender, lo que va a decir y, si quiere recordarlo, piense que el escuchar
debe ser un proceso totalmente activo para que tenga provecho.
Todo lo que le permita tomar la actitud debida cuando lea, también le ayudará a reaccionar
debidamente para escuchar; para que esté más seguro, la mejor de las formas es, probablemente,
tomar notas. La necesidad de concentración queda implícita en lo que se ha dicho acerca de la
actitud. Si se desea escuchar con eficiencia y entender lo que se va a decir, se debe conceder toda
la atención al que habla. “Escuchar con los oídos” es un método cómodo de pasar el tiempo en
clase, pero esta manera de escuchar no proporciona ningún provecho para aprender ni retener las
materias. Salvo que la concentración sea tal que no solamente los oídos, sino la mente entera
enfoquen el tema que se está escuchando, se perderá lastimosamente el tiempo que se pasa
sentado en clase o frente a un libro.
Conviene tener presente que conceder sólo la mitad de la atención a lo que se va a aprender no
tiene utilidad alguna. Cuide que su atención se concentre en cosas importantes, en las ideas que
esté presentando el que habla, y que sean de utilidad para usted. Algunos de los que escuchan se
distraen con ciertos modales, con pequeños detalles del que habla o con su actitud que, en
ocasiones, puede ser molesta. Por supuesto que quien sabe hablar tratará de evitar estos molestos
hábitos; pero quien sabe escuchar puede ignorarlos y concentrarse en el tema a pesar de ellos.