ZACARÍAS: (Hebreo: זְכ ְַרי ָהZeḥaryáh) es uno de los profetas menores, a quien se atribuye el libro que lleva su nombre.
Su
nombre significa Yahveh Ha Recordado. Zacarias "el grande" se llama a sí mismo hijo de Berekías hijo de Idó (Zac 1:1,7)
pero en otros pasajes se omite el nombre de Berekías.
Probablemente nació en algún lugar de Babilonia, puesto que su actividad profética empezó tan solo diecisiete años
después del regreso del exilio, y es razonable pensar que para entonces tenía más de diecisiete años, aunque todavía se
le consideraba joven. 1
Tanto Hageo como Zacarías fueron llamados y enviados por Dios para exhortar a los habitantes de Jerusalén a completar
la construcción del templo. Estos profetas tuvieron un papel clave animando a los ancianos y a las personas bajo
Zorobabel, el gobernador y Josué, el sumo sacerdote, para completar el programa de construcción (Esdras 5:1-2; 6:14).
Éstos eran tiempos difíciles para la pequeña comunidad judía, ya que enfrentaban la continua oposición de los
samaritanos de la región. La construcción en el sitio del templo comenzó de nuevo en el año 520 a.C., y el edificio se
completó unos cuatro años más tarde. Con el apoyo y la ayuda de Dios, su determinación y arduo trabajo finalmente
dieron frutos.
Según la interpretación cristiana, una de las profecías mesiánicas que recogería el libro de Zacarías en el capítulo 11:12-
13 haría referencia al precio (treinta piezas de plata) que los sacerdotes principales ofrecieron a Judas por entregarles a
Jesús. Ver el Evangelio de Mateo en el capítulo 26 y versículo 15.
En otra de las profecías de Zacarías (14:4-5 sobre la llegada del día del Señor) se dice que el monte de los Olivos se
separaría en dos y se allanaría, como el valle del Hinón se allanó por un terremoto que ocurrió en tiempos de Ozías (o
Azarías), rey de Judá que reinó desde el 809 al 759 a. C. En el registro de terremotos anteriores al siglo xx cristiano, hay
uno datado en octubre del 759 a. C. en Israel, y tal año es precisamente el último año del reinado de Ozías en Judá. En
fecha hebrea era el año 3002 de la Era Hebrea que comenzó un 7 de octubre, el mismo día y mes de ese terremoto en
Israel.
El propósito del libro
Sin duda alentar y fortalecer al remanente de judíos que regresaron del cautiverio en Babilonia y que trabajaba en la
reconstrucción del templo. Y esto lo hace en varias formas:
Reafirmando el compromiso de Dios con la restauración y preservación del remanente fiel, ahora y en el futuro
(anticipando así los tiempos de feroz hostilidad que aún vendrán).
Insistiendo en el propósito firme de hacer de Jerusalén ("el lugar de sus pies"), la capital del mundo por medio
del Mesías que había de venir (Zac 6:12-13) (Zac 14:8-9,16).
Tengamos presente que este libro contiene el "Programa divino para la restauración de Israel", un bosquejo
profético que abarca desde los días del profeta hasta el establecimiento del reino en el final de los tiempos.
Presentándose, al menos en 56 ocasiones a lo largo del libro, como "Jehová de los ejércitos", "el Señor
Todopoderoso" (según la Septuaginta). Aquel cuyo propósito nadie puede desbaratar.
La venida del Mesías
Las profecías de Zacarías incluyen varias referencias a la primera y segunda venida de Jesucristo. Describe la entrada de
Cristo a Jerusalén en un asno (Zacarías 9:9), cuando fue traicionado por 30 piezas de plata (11:12), y cuando fue
traspasado (12:10). Zacarías también describe el Día del Señor como el momento en que: “se afirmarán sus pies en aquel
día sobre el monte de los Olivos” (14:4), comenzando su reinado como Rey en el Reino de Dios en la Tierra.
A pesar del hecho de que Judá va a ser severamente castigada por sus pecados, Dios no la olvidará ni la abandonará para
siempre. Por último, el pueblo de Judá volverá a ser “recordado por Dios”, y Jerusalén será una gran ciudad, próspera y
pacífica. Ése será un período en el que todas las familias de la Tierra irán a Jerusalén a adorar a Cristo como Rey, y Señor
de los Ejércitos (Zacarías 14:9, 16).
¡El mensaje de Zacarías realmente está lleno de esperanza!
En Zacarías 4:6 leemos: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Eterno de los ejércitos”. La
iglesia, el templo espiritual, no sólo va a construirse a través del esfuerzo o habilidades humanas (2 Corintios 6:16).
Cristo prometió: “edificaré mi iglesia” y que ésta nunca dejaría de existir (Mateo 16:18).
Depende de cada uno de nosotros comprobar dónde está esa Iglesia verdadera en la actualidad. Examine la enseñanza
bíblica acerca de la Iglesia en la sección “La Iglesia: el Cuerpo de Cristo”.