En 1854,4 Meucci construyó un aparato para conectar su oficina (en la planta baja de su casa) con
su dormitorio (ubicado en el segundo piso), debido a que su esposa estaba inmovilizada por
el reumatismo. Sin embargo, Meucci carecía del dinero suficiente para patentar su invento, aunque
sí patentó otros inventos que él creía más rentables, como un filtro económico para la depuración
del agua y el uso de la parafina en la fabricación de velas (que hasta ese momento se fabricaban
con grasa de animales, muy contaminantes y sucias).5
En 1860 Antonio Meucci hizo público su invento, el teletrófono. En una demostración pública, la voz
de un cantante se trasmitió a una considerable distancia. La prensa italiana de Nueva York publicó
una descripción del invento y un tal Sr. Bendelari se llevó a Italia una copia del prototipo y la
documentación necesaria para producirlo allí, pero no se volvió a saber de él, como tampoco se
materializó ninguna de las ofertas que surgieron tras la demostración. 6
Consciente de que alguien podía robarle la patente, pero incapaz de reunir los 250 dólares (unos
7900 dólares de 2016)7 que costaba la patente definitiva, tuvo que conformarse con
un cáveat (‘aviso’, trámite preliminar de presentación de documentación para la patente, con
vigencia de un año) que registró el 28 de diciembre de 1871 y que pudo permitirse renovar ―por
10 dólares (314 dólares de 2016)―78 solo en 1872 y 1873.6
En cuanto tuvo el acuse de recibo de la Oficina de Patentes volvió a intentar demostrar el potencial
de su invento. Para ello ofreció una demostración del «telégrafo parlante» a un empresario llamado
Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la Western Union Telegraph Company. Cada vez
que Meucci trataba de avanzar se le decía que no había hueco para su demostración, así que a los
dos años, Meucci pidió que le devolvieran su material, a lo que le contestaron que se había perdido. 9
En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describía el teléfono, pero lo
mencionaba como tal.10 Cuando Meucci ―que vivía cerca de Nueva York― se enteró, pidió a un
abogado que reclamara ante la Oficina de Patentes de los Estados Unidos en Washington, algo que
nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington se enteró de que toda la
documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido. 9
Una investigación posterior puso en evidencia un delito de prevaricación por parte de algunos
empleados de la Oficina de Patentes sobornados por la compañía de Bell. En un litigio posterior
entre la empresa Bell Telephone Company (creada en 1877) y Western Union, afloró que existía un
acuerdo por el cual Bell pagaría a la Western Union un 20 % de los beneficios derivados de la
comercialización de su invento durante 17 años.11
Diez años después, en un proceso legal de 1886, Meucci tuvo que demandar incluso a su propio
abogado, sobornado por el poderoso Bell. Sin embargo Meucci supo hacer entender al juez que no
cabía duda en cuanto a la autoría del invento registrado. A pesar de la declaración pública del
entonces Secretario de Estado: «existen suficientes pruebas para dar prioridad a Meucci en la
invención del teléfono».11
A pesar de que el Gobierno de Estados Unidos inició acciones legales por fraude contra la patente
de Alexander Graham Bell, el proceso embarrancó en el arenal de los recursos por los abogados de
Bell, hasta cerrarse en 1889 debido a la muerte de Meucci. 9
Meucci falleció pobre y amargado y jamás vio la gloria y el reconocimiento de su talento, el cual
chocó con su escaso conocimiento del inglés y su poca desenvoltura ante las artimañas legales y
los ingentes intereses económicos de las grandes corporaciones de Estados Unidos. 12
El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los Estados
Unidos publicó la Resolución n.º 269, por la que se honra la vida y el trabajo del inventor italiano. En
la misma se reconoce que fue Antonio Meucci en vez de Alexander Graham Bell quien inventó el
teléfono.13 Reconoció además que Meucci demostró y publicó su invento en 1860 y concluye con un
reconocimiento a su autoría en dicha invención.