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El problema eres tú

Copyright © L. A. Cotton 2019


Todos los derechos reservados.

Este libro es un trabajo de ficción. Los nombres, personajes, lugares y eventos son producto de la imaginación del autor o se usan
de manera ficticia. Cualquier parecido con personas o eventos reales es pura coincidencia.
Publicado por Delesty Books
Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o utilizada de ninguna manera sin el permiso por escrito del autor, excepto para
que un revisor pueda citar pequeñas frases solo para fines de reseñas.

Diseño de portada: Lianne Cotton


Traducción: Daisy Services for Authors
Cuando juegas más sucio, más dura es la caída.
Tabla de contenido
Dedicatoria
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Epílogo
Playlist
Agradecimientos
Dedicatoria
Para cualquiera que esté luchando por equilibrar lo que cree que debería
estar haciendo con lo que quiere hacer…
Solo tenemos una vida.
Vívela.
Capítulo 1
Hailee
—Hijo de puta. —Cierro de golpe el cajón de mi tocador y camino
pisoteando hacia el baño contiguo a mi habitación. El que a regañadientes
comparto con mi hermanastro.
—¡Jason! —Grito, hurgando en el cesto de la ropa sucia, haciendola
volar por todas partes. Se me corta la respiración en ráfagas cortas y rápidas
—. Jason, lo juro por Dios, voy a…
—¿Algún problema, cariño? —La cabeza de mi mamá aparece por la
puerta. Agarra una camiseta que le aviento y la hace bola en sus manos,
mirándome como si me estuviera volviendo loca.
—Jason se robó todos mis sostenes.
—Hailee Raine, estoy segura de que él no ha hecho eso. —Su expresión
dice que lo cree posible, su frente lisa se llena de arrugas—. ¿Estás segura
de que no están todos allí?
Hace un gesto hacia el cesto; en el que todavía estoy hurgando como
una persona que ha perdido la razón.
Levanto las cejas mientras grito—: No encuentro ninguno. Tuvo que ser
él, lo voy a matar.
—Cariño. —Deja escapar un suspiro cansado—. ¿Podrían Jason y tú
intentar llevarse bien este año? Es el último año, prácticamente son adultos.
Estas tontas bromas que ustedes dos se juegan…
—¿Denise, has visto mi billetera?
—Creo que la dejaste junto a la cafetera —le grita mamá a su nuevo
esposo, mi padrastro, Kent—. Mejor voy a ayudarlo y luego necesito irme o
llegaré tarde al gimnasio, pero, nena…
Hace una pausa y vuelve a mirar al baño.
—Por favor, inténtalo, por mí.
—Claro, mamá, nos vemos más tarde —le digo con los dientes
apretados, la mentira saliendo de mi lengua con facilidad. Sonríe,
deseándome un buen primer día antes de desaparecer por el pasillo.
Hace mucho tiempo aprendí a no esperar que mi mamá intervenga en
una de nuestras peleas. Pero no importa; no la he necesitado para pelear mis
batallas.
—Jason —grito, irrumpiendo en su habitación. Ni siquiera me molesto
en tocar, caminando directamente hacia adentro. Por suerte para mí, está
poniéndose los jeans. Aunque no habría sido la primera vez que lo veo
desnudo.
—Buenos días —dice secamente, pasándose una mano por su pelo de
recién despertado.
—¿Dónde están?
—¿Qué cosa? —Sus cejas se arrugan, pero su máscara de inocencia no
me está engañando.
—Mis sostenes, imbécil. Sé que los agarraste.
—Si quisiera robar sostenes, podría pensar en formas más creativas. —
En sus ojos brilla la picardía y yo entrecierro los míos, fulminándolo con la
mirada.
—Es el primer día de escuela. Necesito un sostén. —De ninguna
manera podría sobrevivir un día entero sin uno. No soy una de esas chicas
con el estómago y el pecho planos. Tengo mis curvas, a veces más de lo que
me gustaría; especialmente en la clase de gimnasia cuando el señor Tinney
nos hace jugar al quemado o voleibol.
—Devuélveme uno —le digo—. Y olvidaremos este pequeño incidente.
—No tengo idea de lo que estás…
—¿Quieres guerra? —Siseo al sentir una oleada de irritación extenderse
a través de mí—. Bien, y te convendría recordar que la venganza es un plato
que se come frío.
—Oh, Me muero de miedo. ¿Qué vas a hacer, cortarme con esos? —
Jason sonríe, bajando sus ojos hacia mi pecho, donde mis pezones se han
endurecido por el aire frío. Me rodeo con las manos y la ira burbujea entre
mis venas.
Odio es una palabra fuerte, pero es el único sustantivo que describe con
precisión lo que siento por mi hermanastro. Se ríe entre dientes, arrojando
objetos al azar en su mochila. Me sorprende que incluso se estuviera
molestando en hacerlo. El último año es básicamente una formalidad para
los Rixon Raiders. Pasarán más tiempo en la cancha de fútbol este semestre
que sentados en clase, porque su desempeño en el campo es mucho más
importante que cualquier calificación, obviamente.
Poniendo los ojos en blanco, murmuro—: ¿Así es como quieres jugar?
—Le doy una oportunidad más para que cambie de opinión, pero debería
haber sabido que no lo haría. Jason Ford puede ser mi hermanastro, pero
todavía es un imbécil de proporciones épicas.
—Como dije, Hailee Raine… —Se para ahí con esa arrogancia,
sabiendo cuánto odio cuando mi madre me llama así—. No tengo idea de lo
que estás hablando.
—Bien, pero no digas que no te lo advertí. —Le hago la seña del dedo
del medio antes de salir de allí, su risa presumida se escucha detrás de mí.
Cuando finalmente bajo las escaleras quince minutos después, Kent me
mira con el ceño fruncido, o, mejor dicho, mira a lo que tengo puesto.
—No preguntes —digo, sin ánimo de seguir uno de sus tontos intentos
de broma.
—No iba a decir nada —responde con una media sonrisa, mientras
agarro la caja de Pop-Tarts del gabinete y meto una en la tostadora.
—Esas cosas te pudrirán los dientes.
—¿Esta parece la cara de alguien a quien le importa?
—Seamos honestos. —Jason entra en la habitación—. Nadie va a
mirarte a la cara hoy.
—Jódete —articulo.
—Escuché eso —se queja Kent ganándose una risita.
Son tan malos el uno como el otro. De tal palo tal astilla. Jason tiene el
buen aspecto de su padre: cabello castaño rebelde, ojos azul hielo
enmarcados por largas pestañas y una sonrisa que podría encantar incluso a
la chica más mojigata para dejar caer sus bragas. Pero es más que eso. Jason
proviene de una larga línea de jugadores de fútbol americano. Siempre ha
circulado el rumor de que Kent se hubiera dirigido directamente a la NFL
antes de que una lesión en el último año terminara su exitosa carrera
universitaria con los Penn Quakers. Debe haber sido una píldora muy dura
de tragar, pero ahora Jason está listo para seguir sus pasos. Y toda la ciudad
no podría estar más orgullosa. Alguien páseme el balde, necesito vomitar.
La tostadora suena, y agarro una servitoalla de papel, utilizándola como
un guante para agarrar la Pop-Tart.
—Esa es para mí, adiós —le digo—. Trata de no romperte una pierna.
Le guiño un ojo a Jason antes de salir de la casa.
Mi mejor amiga, Felicity o Flick, como suelo llamarla, ya me está
esperando al final del camino de entrada en su Beetle amarillo.
—Hoy te vestiste de manera bastante interesante. —Sofoca una
carcajada cuando entro.
—Ugh, ni me digas. —Me pongo los lentes en la cabeza para mantener
el cabello alejado de mi cara mientras muerdo la Pop-Tart, dejando que la
sobrecarga azucarada reduzca un poco mi ira—. Jason se robó todos mis
sostenes.
Tuve que improvisar y usar el top de un bikini. Tiene un poco de
relleno, pero es obvio para cualquiera que me conociera que no tiene el
soporte habitual. Sin embargo, con el clima aún caliente, no es como que
me pueda poner otra cosa que no sea una blusa delgada. No, a menos que
quiera pasar el día sudando y sin soporte.
Flick suelta una risita mientras conduce.
—Realmente pensarías que tiene cosas más importantes que hacer con
su vida dado que es su último año.
—Oh no, Jason todavía tiene tiempo más que suficiente para hacer que
mi vida sea un infierno. Pero no te preocupes. —Le dedico una sonrisa—.
Estoy tramando su desaparición mientras hablamos.
Ella hace una mueca.
—No es que no haya disfrutado que lo hayas puesto en su lugar una o
dos veces en los últimos años, pero ¿no crees que deberías ... retroceder?
Estuvo mal el año pasado, pero este año él estará… —Se estremece, sin
terminar su pensamiento.
Flick tiene razón.
Desde que Jason y yo fuimos forzados a vivir en la misma casa en sexto
grado, cuando su padre y mi madre anunciaron que se mudarían juntos,
hemos estado en guerra. Jason no quería una hermana y yo no tenía tiempo
para un hermano. Especialmente uno tan molesto y engreído como Jason.
Somos polos opuestos: él: popular y atlético; y yo: artística y de espíritu
libre. Jason vive y respira por su adorado deporte, como la mayoría en
Rixon. Pero yo no. Apenas se las reglas del juego. No hace falta decir que, a
medida que crecíamos, la brecha entre nosotros sólo se hacía más grande. A
él le encanta molestarme y mi pasatiempo favorito es pasar mis días
tramando mi dulce venganza.
—El hecho de que todos los demás piensen que caga diamantes, no
significa que tenga que arrodillarme a sus pies y aceptar todo de buena
gana.
Flick levanta las cejas.
—Sin embargo, aunque no cagara diamantes, podría verle el culo todos
los días.
—Retráctate. —Casi me ahogo con un bocado de Pop-Tart—.
Retráctate, ahora mismo.
—¿Qué? —Su suave risa llena el auto—. Nunca probaría la mercancía,
pero no está de más mirar.
—Oh, Dios mío, no puedo escuchar esto. No a primera hora de la
mañana en un lunes. —Me meto los dedos en los oídos, pero ella no se
calla.
—¿No me digas que nunca has echado un vistazo a los chicos cuando
están en tu casa? Debes haber echado un vistazo a Asher o Cameron.
—¿Felicity Giles, quién eres y qué has hecho con mi mejor amiga?
—¿Qué? —Ella sonríe—. Sólo digo, te apoyo en odiar al equipo entero,
pero eso no significa que no podamos apreciar su físico…
—Ya está bueno. —Me inclino, poniendo mí mano sobre su boca—.
¿Mejor por qué no te callas?
No quiero ni pensar de esa manera en Jason y sus amigos.
Especialmente en Cameron Chase. Él se ha deleitado en hacer mi vida
miserable tanto como mi hermanastro desde que comenzamos la
secundaria. Por supuesto, no siempre fue así. Cuando nos mudamos con
Jason y su padre, Cameron había sido el catalizador de la hostilidad abierta
de su mejor amigo hacia mí. Durante los últimos cinco meses de sexto
grado, creí tontamente que podríamos ser amigos. Pero luego ocurrió el
verano antes de entrar al bachillerato y todo cambió.
Todo.
Y me di cuenta de que Cameron Chase era tan imbécil como lo era mi
nuevo hermanastro.
La escuela de Rixon Highschool aparece a la vista y Flick se estaciona,
su bettle vintage sobresale como el negrito en el arroz al lado de todos los
modelos nuevos y brillantes de Honda y Ford. Como yo, mi mejor amiga no
se ajusta a las masas. Salimos y nos dirigimos hacia el edificio principal y
toda mi ira anterior se disuelve ante la perspectiva de volver a la rutina
escolar. A diferencia de la mayoría de mis compañeros de clase que están
emocionados de volver con sus amigos, reviviendo recuerdos de sus
escapadas de verano, yo tengo ganas de volver a clase, especialmente a la
clase de arte.
—Respira profundo. —Flick inhala profundamente cuando llegamos a
las puertas—. Nuestro último primer día del bachillerato. Nunca
comenzaremos un año aquí de nuevo. El año que viene, seremos estudiantes
universitarias.
Agarro la manija de la puerta y la miro.
—Será mejor que hagamos que valga la pena entonces. —Sonrío. Una
genuina sonrisa. Porque ella tiene razón.
Un año.
Sólo tengo que sobrevivir un año más. De esta ciudad y su querido
equipo de fútbol; de mi hermanastro y los imbéciles que tiene como amigos.
Entonces seré libre.
Pero a pesar de mi entusiasmo por lo que depara el futuro, muy lejos de
Rixon, si tengo algo que ver con eso, es el último año, y tengo la intención
de aprovecharlo al máximo.
Entonces una voz familiar se apodera de mí, un cruel recordatorio del
Universo de que, si bien aún deambulo por los pasillos de la escuela, no hay
escapatoria.
—Te ves bien, solecito.
Mis ojos se levantan para encontrar a Cameron Chase, el receptor
estrella de los Rixon Raiders y el mejor amigo de mi hermanastro,
sonriéndome.
—Sabes que no me gusta que me llamen así —digo con calma,
mostrando mi irritación.
—Lo sé —responde con un aire de indiferencia, sus hombros se alzan
en un encogimiento de hombros—. Bonita chi… camiseta.
Su mirada se posa en mi pecho antes de levantarse lentamente hacia mi
cara otra vez, la diversión brillando en la profundidad de sus ojos azules.
—¿Hace frío aquí o es que estás feliz de verme?
Cameron me guiña un ojo, antes de deslizarse alrededor de mí y Flick.
Aparta mi mano del pomo de la puerta y retrocedo, sorprendida por los
pequeños rayos de electricidad que me atraviesan. Se detiene por un
segundo, mirándose la mano, antes de sacudir la cabeza y metiéndose
dentro del edificio, dejando que la puerta se cerrara detrás de él ... y justo en
mi cara.
Con un profundo suspiro, la abro y me deslizo adentro, Flick
siguiéndome.
—Pero es que mira ese culito —susurra, inclinándose cerca, observando
la forma de retirada de Cameron mientras los chavos tropiezan entre ellos
para apartarse del camino de Cameron. Pero no estoy mirando su trasero.
Mis ojos arden en la parte posterior de su cabeza, imaginando todas las
formas dolorosas en que puedo lastimarlo. Mira por encima de su hombro,
nuestros ojos se encuentran y dejo escapar un gemido frustrado.
Conozco esa mirada.
La había visto lo suficiente a lo largo de los años. Pero nunca la había
visto en Cameron antes. Claro, siguió las bromas y los esfuerzos de Jason
para encontrar nuevas formas de hacerme enojar. Pero nunca había sido tan
descarado al respecto.
Le devuelvo la mirada, deseando que mire hacia otro lado. Pero para mi
sorpresa, e irritación, se da la vuelta por completo, caminando hacia atrás,
con los ojos fijos en mí. Se me hace un nudo en el estómago, la intensidad
de su mirada me desarma. Parece que quiere matarme o devorarme, y
conociendo a Cameron de la manera que lo hago, sé que no es lo último.
¿Mierda, qué lo tiene tan nervioso?
Excepto por la boda, había evitado a los tres lo más posible durante el
verano. Se habían ido mucho tiempo: asistían a campamentos de fútbol
americano y luego practicaban y el señor Bennet los había dejado
vacacionar en su casa en Los Hamptons como un regalo de cumpleaños
para Asher. En la rara ocasión en que estaban en la casa, yo me desaparecía,
encerrándome en mi habitación. Pero por la forma en que Cameron me está
mirando, cualquiera pensaría que había matado a su cachorro y quiere una
venganza lenta y dolorosa.
—¿Esto, Hails, qué está pasando ahora? —La voz de Flick me saca de
mis pensamientos, pero no es suficiente para salvarme de la trampa en la
que me había atrapado—. ¿Por qué Cameron te está mirando así?
Pasa su brazo por el mío, pero antes de que pueda responder, Jason
aparece de la nada y se estrella contra Cameron, los dos haciendo esa
incómoda cosa de abrazar a un chico. Finalmente sacudo la sensación
persistente de sus ojos y voy a mi casillero.
—Eso fue extraño —agrega Flick.
—Probablemente solo estaba disfrutando del espectáculo. —Mis ojos se
posan en mi pecho y en la obvia situación del pezón.
—Tal vez —reflexiona ella, poco convencida.
Tampoco estoy convencida. Porque estoy bastante segura de que
Cameron me había estado enviando un mensaje.
Y se parecía mucho a que empiece el juego.
Capítulo 2
Cameron
—Joder, sí, último año —Asher agita las cejas mientras se apoya
casualmente en su casillero. La mayoría de los chicos ya se habían ido a sus
clases, pero no nuestro pequeño grupo. No tenemos prisa. No es como si
alguien nos fuera a decir que nos pusiéramos en movimiento.
—Mierda, hombre, ¿viste a Hailee? —Joel Mackey, un estudiante de
segundo año, y nuestro nuevo ala cerrada, sonríe—. ¿Podemos agradecerte
por eso, Jase?
Mis ojos vagan distraídamente hacia donde ella va alejándose por el
pasillo con su mejor amiga. Sin embargo, no me demoro, deslizando mi
mirada hacia Jason, quien se encoje de hombros con indiferencia. Le gusta
hacerle bromas a Hailee, pero no le gusta presumir de eso; no fuera de
nuestro trío.
—Bueno, por mi parte, disfruté el espectáculo.
Antes de que sepa lo que está sucediendo, mi mano choca con Joel,
golpeándolo en la cabeza. Grita como una pequeña perra, su sonrisa
reemplazada por una mueca.
—Muestra un poco de respeto, esa es la hermana de tu mariscal de
campo.
—Hermanastra —Jason me corrige, dándome una mirada graciosa.
—Lo siento, Jase, solo estaba bromeando —murmura Joel, quitando la
huella de mi mano de su piel.
No tenía la intención de golpearlo, pero escucharlo hablar así sobre
Hailee no me agradó nada. Además, la idea de que el pequeño cabrón la
hubiera estado mirando por un rato de todas las personas a ella… Las
únicas personas a las que se les permitía meterse con ella ... mirarla ...
hablar con ella ... somos Jason, Asher y yo.
—Hola, Jason, Cam. —Khloe Stemson, animadora principal y un dolor
enorme en el culo, se nos acerca—. Se ven bien.
Sus ojos pasan por encima de Jason y aterrizan en mí, y se lame los
labios como la víbora que es.
—Estaba pensando que probablemente deberíamos juntarnos para
hablar sobre la presentación del equipo titular…
—No ahora, Khloe. Tenemos que irnos a clase. —Jason la empuja,
moviendo la cabeza para que lo sigamos. Los ojos de ella se fijan en mí otra
vez, lujuria y desesperación brilla en ellos, pero si piensa que voy a
salvarla, está ladrando al árbol equivocado. Khloe no es el tipo de chica que
salvas. Ella es el tipo de chica que follas y luego sigues adelante.
Con rapidez.
—¿Realmente vamos a clase? —Asher pregunta mientras caminamos
por el pasillo desierto.
—¿Tu qué crees? —Jason se queja—. No puedo creer que estemos
atrapados con Khloe todo el año.
—Como si no te la hubieras follado ya. —Asher le da un codazo a Jase
que lo arrastra con una mirada dura.
—Exactamente —gruñe—. Y no estoy buscando repetir el acto. Primero
muerto.
El desprecio gotea de sus palabras, como si la idea de estar con una
chica más de una vez fuera una locura. Pero luego, cuando las chicas se
arrojan sobre ti como lo hacen con Jason, no puedo culparlo.
Ser un Rixon Raider viene con un cierto conjunto de privilegios. Nos
tratan como dioses en los pasillos de la escuela y fuera de las puertas de la
escuela, en la ciudad, no es muy diferente. Es fácil dejarse llevar por todo.
Las chicas. La atención. El respeto. Pero ser el mariscal de campo, estrella
del equipo es algo completamente diferente. Jason Ford no es solo un Rixon
Raider. Él es el Rixon Raider. El chico del cual las leyendas están hechas, y
todos sabemos que tiene un boleto de ida directamente al estrellato de la
NFL.
—¿Así que, cuál es el plan? —Dice Joel y la cabeza de Jason se gira
como si hubiera olvidado por completo que él está con nosotros.
—Deberías ir a clase.
—Pero…
—Más tarde, Mackey. —Lo empujo hacia las escaleras, y él se aleja,
con los hombros caídos, el desánimo ardiendo en sus ojos.
—El pequeño hijo de puta tiene pelotas para estar hablando de Hailee
así —dice Asher y mi columna vertebral se endereza.
—Hailee se lo comería vivo. Pero nadie la tocará. —gruñe Jase—. Todo
el mundo sabe que ella no está a su alcance.
Gracias a la mierda.
—Cualquiera pensaría que la quieres para ti, la forma en que actúas…
—¿Qué mierda acabas de decir? —Jason tiene a Asher inmovilizado
contra la pared antes de que pueda reaccionar.
—Cálmate, hombre. —Los ojos de Asher están muy abiertos, sus manos
a los lados en señal de rendición, mientras yo observo.
Los juegos de bromas entre Jason y Hailee no son más que rivalidad
entre hermanos que se caen mal. Muy jodidamente mal. Asher y yo hemos
estado alrededor el tiempo suficiente para saber cómo es entre ellos, así que
por qué Asher está presionando el tema ahora es algo interesante.
—Solo estaba jugando, hombre —se atraganta—. No quise decir nada
con eso.
—Así que no digas esa mierda. —Relaja su agarre y Asher se deja caer
por la pared, frotándose la garganta—. Sabes que apenas puedo tolerar su
trasero y ni siquiera me hagas hablar de Denise. Juro que debería haber
descubierto una forma de sabotear la boda antes de que la llevaran a cabo.
No puedo creer que mi padre se haya casado con esa odiosa presumida.
No es ningún secreto que Jason tiene problemas. Me hubiera gustado
decir que las recientes nupcias de su padre con la madre de Hailee es la
razón de su enojo, pero él siempre ha sido así. Desde que éramos niños,
tiene un chip gigante en el hombro, enojado con el mundo y con todos los
que están en él.
—No sé —dice Asher—. Ella siempre ha sido amable cuando nosotros
vamos. Ofreciéndonos galletas y leche, coqueteando y todo eso. Oye, si
necesitas que te ayude a tirar una bomba sobre su dicha de recién casada,
estoy más que dispuesto. Ya sabes, todos para uno…
Él sonríe, arqueando las cejas y Jase le aplica una tacleada, los dos caen
de nuevo en la pared, pero esta vez con una sonrisa en la cara.
—Señor Ford, señor Chase y señor Bennet, qué sorpresa. —El director
Finnigan aparece, con las manos entrelazadas en la espalda, la
desaprobación grabada en su expresión mientras ve a mis dos mejores
amigos desenredarse.
—Buenos días, señor. —Jason se pasa una mano por el cabello
desordenado para tratar de arreglarlo—. ¿Cómo está hoy?
—Mucho mejor ahora que los veo —dice inexpresivo—. ¿Confío en
que no puedo esperar más que trabajo duro y un enfoque maduro para su
experiencia escolar este semestre?
—Por supuesto, señor.
—Me alegra escuchar eso. Sería una pena que te pasaras en la banca en
tu último año. —El director nos da una mirada mordaz antes de ocuparse de
sus asuntos.
—Hijo de puta… —Asher murmura por lo bajo—. Como si realmente
pudiera hacer eso.
—Está enojado porque la junta escolar lo anuló el año pasado. —Hubo
un incidente con nuestros rivales Rixon East High. Todos nuestros nombres
se aclararon al final, pero el director Finnigan había hecho su misión ver
que se limpiara la reputación del equipo de fútbol americano, sin importar
lo que eso significara.
Finnigan no lo entendió. Viniendo el de fuera de la ciudad el año
pasado, no entendió lo que era vivir en Rixon, jugar en Rixon. No entendía
que la gente mirara hacia otro lado si no te veían nada bueno, incluso si te
reconocieran como un Raider. Porque Rixon, Pennsylvania, es una ciudad
de fanáticos. Y resulta que tiene una de las rivalidades más antiguas en la
historia de la liga escolar. Una rivalidad que se extiende fuera del campo y
en la vida de las personas. Una rivalidad tan arraigada en la historia de la
ciudad, la gente la acepta tan fácilmente como aceptan el 4 de julio o el día
de acción de gracias.
—El entrenador nos advirtió que él podría ser un problema este año, por
lo que debemos tratar de mantener nuestras narices limpias. —Jason abre
con su hombro la puerta del campo de atletismo y cruzamos el jardín hasta
el gimnasio.
—A la mierda —dice Asher—. Thatcher buscará venganza después de
lo que le hiciste a Aim… —Se calla cuando Jase le tira una mirada dura—.
Culpa mía. Solo digo que, después de lo que sucedió, él quiere sangre.
—Que haga el intento —gruñe Jase—. Si vienen a nuestro territorio,
entonces eso depende de ellos. Finnigan no puede echarnos la culpa de nada
a nosotros si tiene las huellas de ellos por todas partes.
—¿Eso es todo, simplemente darnos la vuelta y dejar que vengan por
nosotros? —Asher lanza a Jase una mirada incrédula. Pero los ojos de Jase
se oscurecen, un brillo perverso en su mirada entrecerrada cuando dice—:
¿Quién dijo algo sobre darse la vuelta?

~~~
—Vayan a las duchas y salgan de aquí —dice el entrenador Hasson. Ya
estoy completamente desnudo, tomando mi basura mientras me meto bajo
la regadera.
—¿Bell esta noche? —Asher dice desde algún lugar detrás de mí y Jase
gruñe—: Sí.
Jase no quiere hablar, rara vez lo hace después de realizar ejercicios en
el campo, pero Asher habla lo suficiente por los tres juntos. Cuando
limpiamos la suciedad de nuestra piel y dejamos que los chorros calientes
relajen los músculos de nuestros cuerpos, agarramos nuestras toallas y
volvemos al vestidor.
—¿Qué demonios les pasa? —Jase ladra a los pocos tipos restantes que
nos están mirando.
—Yo… esto, mierda… —Es Joel quien da un paso adelante, sus ojos
evitando a su mariscal de campo, optando por el piso.
—Escúpelo, Mackey —le digo, moviéndome a mi casillero.
—Hailee, ella hmm…
¿Hailee?
Que mierda.
Entonces mis ojos se posan en el banco frente al casillero de Jase. El
banco donde estaba su bolso deportivo. El que debería haber estado lleno de
ropa y no lo está.
—Oh, mierda… —silbo entre dientes, sin saber si estar impresionado o
preocupado por su vida.
—Ella no se atrevería… —Jase agarra su bolso y lo pone boca abajo—.
Ella se llevó todo.
Suena tranquilo. Pero su tono es letal.
Mierda. Hailee pagará por esto, y hay algo muy mal dentro de mí,
porque la idea hace que mi polla cobre vida.
Mi historia con Hailee Raine es complicada. Cuando ella y su madre se
mudaron con Jason y su padre, ella no había sido más que su molesta
hermanastra. Pero rápidamente supe que Hailee Raine no era fastidiosa en
lo absoluto. Ella es inteligente e ingeniosa, y no aguanta nada de Jason.
Desde el primer día, ella se enfrentó a él; lo miró directamente a los ojos
mientras él la enfadaba, riéndose de sus coletas, gafas y su overol de
mezclilla manchado de pintura. La había llamado Pippi Calzaslargas y dijo
que no jugaba con chicas que parecían haber sido rechazadas en las tiendas
de segunda mano. Hailee lo pateó en la espinilla y salió corriendo. Pero ella
no se lo había contado a nadie y ni había llorado. Eso me llamó la atención.
Pero seis años es mucho tiempo. Ahora somos mayores y Hailee es un
tipo diferente de molestia. Toda desarrollada, su cuerpo se había llenado en
todos los lugares correctos desde la secundaria. Me di cuenta. Demonios,
todos nos habíamos dado cuenta. Es por eso por lo que Jason había puesto
esa regla de mierda en noveno grado, el año en que a ella le crecieron las
tetas. Era una regla tácita antes, pero ese año Jason oficialmente estableció
la ley.
Hailee Raine estaba fuera del alcance del equipo.
Pero eso no fue lo suficientemente bueno para Jase. No, él extendió la
regla a toda la escuela. Fue excesivo, yo lo sabía. Asher lo sabía. Todos lo
sabían. Pero como todos también conocían la reputación de su hermanastro
de cumplir con sus amenazas, nadie se atrevió a invitarla a salir. Y durante
los últimos tres años, Hailee había sido una paria social. Pero nunca dice
nada, es muy reservada, tiene un pequeño círculo de amigos y prefiere
perderse en el estudio de pintura que en el espíritu escolar. Aunque una
parte de mí no puede evitar preguntarse si le gusta ser así o si ella aceptó su
destino.
Debería haber sentido una pizca de culpa por eso, pero no lo hago.
Debido a que la verdad es que Jason no es el único que tiene problemas con
sus compañeros de equipo, o con cualquier otra persona, en relación con
Hailee.
—Los encontré. —Grady, otro estudiante de último año, entra
rápidamente al vestidor, sosteniendo una pila de ropa—. Pero no te va a
gustar lo que le hizo a tu jersey.
Él muestra el jersey blanco y azul cobalto y la levanta, con una extraña
mezcla de miedo y diversión en sus ojos.
—Joder —murmura alguien mientras todos notamos el dibujo de un par
de tetas que cubren la mitad de su jersey. Si no fuera extraño, en realidad
diría que es un buen dibujo. Realmente muy bueno.
—Yo digo que es una copa D —grita alguien más. Pero Jason no
responde. Simplemente le arrebata el jersey a Grady, la ira irradiando de él,
lo mete en su bolso y comienza a vestirse.
A Jason le gusta pensar que tiene a Hailee bajo control. Le gusta pensar
que él es quien tiene la sartén por el mango, que es el gallo del gallinero.
Pero en los últimos años, ella ha agarrado valor. Yendo más contra nosotros.
En contra de Jason. Es como si no le importara una mierda y eso ha creado
algunos momentos bastante entretenidos.
Hay algo acerca de obtener una reacción de ella que hace que mi sangre
bombee. Aunque él nunca lo admitiría, Jason y su hermanastra son la pareja
perfecta.
Gracias a Dios, a mi mejor amigo le queda una pizca de moralidad.
Porque verlo ir tras su hermanastra después de esto es ir demasiado lejos,
incluso para mí.
No es que yo la quiera para mí.
No es así.
Simplemente no me gusta la idea de que alguien más la tenga tampoco.
Capítulo 3
Hailee
Toda la semana esperé a que Jason tomara represalias. Pero para mi
sorpresa, nunca lo hizo. De hecho, el martes por la mañana, cuando salí de
mi habitación para bajar, casi me tropiezo con una bolsa llena con mis
sujetadores. Había llevado a cabo una investigación exhaustiva para revisar
que estaban bien. No hubo ni una sola queja. Ni trampa oculta. Sólo mis
sostenes en toda su gloria de super soporte habitual. Cualquiera podría
haber pensado que era una bandera blanca.
Pero yo no soy cualquiera.
En todo caso, sé que el gesto es un señuelo, destinado a despistarme de
cualquier cosa que él tenga planeada.
Así que esperé toda la semana.
Y esperé.
Mis antenitas de vinil en alerta máxima cada vez que me he encontrado
a Jason y sus amigos en los pasillos de la escuela. Pero apenas miran en mi
dirección, justo como me gusta. Excepto por Cameron. Sus ojos siempre se
demoran demasiado. Como si estuviera conspirando; planeando mi caída.
Es desconcertante, pero no lo pienso demasiado. ¿Tal vez se sienta
particularmente idiota este año? Lo que sea que sea, no me importa, porque
no importa lo que manden en mi dirección, puedo manejarlo.
Lo había estado manejando durante los últimos cinco años y medio.
Todos piensan que Jason y yo nos odiamos. Pero no se trata de odiarlo,
sino de odiar todo lo que él representa.
¿Que él puede lanzar un balón?
Como si fuera la gran cosa. También pueden miles de otros chicos de
dieciocho años. Personalmente, no entiendo el enamoramiento de la nación.
Hacer deporte no hace de alguien una buena persona. No los hace
confiables o amables. En mi experiencia, los jugadores de fútbol americano
generalmente son pendejos engreídos que se preocupan más por sus pollas y
ganar partidos que por lo que sucede en el mundo que los rodea. O de cómo
sus acciones afectan al mundo a su alrededor.
—Tierra a Hailee —Flick me fulmina con la mirada y parpadeo,
reteniendo los recuerdos.
—¿Sí?
Se mete una papita a la boca y frunce el ceño.
—Te ves extraña.
—Y tú no deberías hablar con la boca llena.
—No mires ahora —baja la voz—. Pero Jason acaba de entrar.
¿Entonces qué hago? Miro.
Que me digan que no haga algo es como una bandera roja para que
reaccione. Mamá me llama terca, pero prefiero que me digan que soy
obstinada. Jason ni siquiera mira en nuestra dirección.
Extraño.
—Huh —digo, comenzando a sentirme un poco decepcionada por su
falta de represalias.
—¿No me digas que realmente quieres que venga por ti? —Flick me
mira boquiabierta, mientras empujo una papa frita alrededor de mi plato,
cubriéndola con una deliciosa combinación de salsa de tomate y mayonesa.
—No digo que quiera que él… —Mis palabras mueren en mi lengua
cuando siento ojos en mí. Levantando mi rostro, mi mirada se encuentra
con la de Cameron.
—Si no supiera mejor, diría que Cameron Chase tiene interés en ti. Es la
cuarta vez esta semana que lo veo mirando para acá —dice ella, con sus
labios torciéndose.
—Sí —resoplo—. Y los cerdos pueden volar.
—¿Sería tan extraño? Lo conoces desde hace años.
—¿Es en serio? —Es mi turno de mirarla boquiabierta—. ¿Olvidaste
que ayudó a mi hermano esa vez que me robaron la bicicleta y la ropa
cuando estaba nadando junto al arroyo y tuve que caminar tres millas a casa
sólo con mi traje de baño y chanclas?
Por supuesto, solo teníamos trece años en ese entonces, pero había
tenido ampollas durante una semana y la insolada que me di estuvo
buenísima también.
—¿O el momento en noveno grado cuando él y Asher se colaron en la
casa cuando Jason estaba enfermo y decidieron asustarme con esas extrañas
máscaras de payaso o aquella vez que…?
—Así que le gusta provocarte… Sabes, algunas personas llaman a eso
juego preliminar. —Sus cejas se mueven sugestivamente.
—Oh, Dios mío, hablas en serio.
Flick se encoge de hombros.
—Lo que digo es que te está mirando como si fueras oxígeno y se
estuviera ahogando.
No, eso no es cierto, de ninguna manera.
¿O sí?
Discretamente miro de nuevo al equipo de fútbol americano. Siempre se
sientan en las mismas mesas; los que están al lado de las ventanas que dan a
la pista de carreras. Cameron no me está mirando ahora. Está hablando con
una pequeña rubia: una joven llamada Kayla, o tal vez era Kylie. No estoy
segura, porque a diferencia de la mayoría de los chicos en Rixon High, no
es mi misión en la vida conocer a todos. De hecho, podría contar a mis
amigos con los dedos de una mano. Pero es más fácil así. Cuando
comenzamos el bachillerato y la gente se dio cuenta de que soy la
hermanastra de Jason, me miraron de manera diferente y rápidamente me
convertí en un peldaño hacia la realeza de Rixon High.
Algo que no tenía ganas de ser.
Nunca.
Los veo juntos. Cameron sonriendo, ella prácticamente en su regazo,
con los ojos saltones y tímida, de una manera totalmente obvia.
—¿Son esos celos que veo en tu rostro?
Me inclino sobre la mesa y presiono mi mano contra la frente de Flick.
—¿Estás segura de que te sientes bien? —Nunca habíamos hablado
mucho sobre Jason y sus amigos, y mucho menos de haberlos mirado. Pero
he atrapado los ojos de Felicity vagando en su dirección más de una vez
esta semana.
—Niégalo todo lo que quieras, pero sé estas cosas —la risa llena su voz
—, y te estoy diciendo que Cameron está interesado en ti.
En hacer mi m vida un infierno, mejor dicho.
Pongo los ojos en blanco, pero descubro que mi mirada vuelve a él. La
rubia está acariciando su barbilla ahora con el pecho apretado contra el
suyo. Dios, no estoy celosa. Tengo náuseas. La forma en que las chicas se
arrojan sobre ellos es asquerosa. Los Raiders no salen con las chicas. Ellos
se las follan nada más. Se rotan entre las chicas como un buffet de todo lo
que puedas comer. Y las chicas de la escuela están demasiado dispuestas a
estar en el menú.
—¿Recuerdas esa prueba que tuvimos que hacer en la feria de trabajo el
año pasado? —Flick dice, sus ojos recorren las mesas que el equipo de
fútbol ocupa—. ¿Cuántas chicas crees que respondieron cazadoras de
jugadores de futbol americano para la pregunta “¿dónde te ves dentro de
cinco años?”
Me rio por lo bajo.
—Demasiadas.
—Es muy patético.
—Desesperado —agrego, sintiendo una extraña inmersión en mi
estómago. Ignorándola aparto mi plato, me pongo mis lentes y saco mi
cuaderno de dibujo y lápices de colores.
—¿En qué estás trabajando? —Flick se inclina para ver mejor—. Wow,
eso es bueno, Hails, realmente bueno.
El orgullo se hincha en mi pecho. No dibujo para otras personas, pero
nunca está de más escuchar que alguien aprecia tu arte. La pieza, un boceto
de niños que ingresan a la escuela que titulé “prisa del primer día”, me
había llevado horas, pero aún no está terminada. Me gusta llevar un
proyecto conmigo en momentos como este.
Momentos en los que necesito escapar de toda la mierda que viene con
ser la hermanastra de Jason Ford.
—Mmm, Hails. —La voz de Flick arruina mi concentración y la
fulmino con la mirada.
—¿Qué?
—¿Es esa la forma de saludar a tu... amigo?
Miro por encima del hombro para encontrar a Asher Bennet de pie
detrás de mí, con una sonrisa engreída en su rostro.
—¿Qué es lo que quieres? —Con el lápiz entre los dedos, la columna
rígida, me preparo para cualquier mierda que esté a punto de tirarme.
Las mesas que nos rodean se han quedado en silencio. Todos saben que
Jason y yo somos hermanastros. Todos también saben que no hay amor
perdido entre nosotros. Por lo general, no viene detrás de mí durante la
escuela, prefiriendo mantener nuestros juegos fuera del alcance del público,
por lo que cada vez que él o uno de sus amigos se acerca a mí,
generalmente garantiza la atención de todos.
—Solo quería devolverte esto. —Toma algo de su espalda y lo deja caer
sobre la mesa frente a mí.
Mis ojos se abren y luego se entrecierran con desprecio.
—¿De dónde demonios sacaste esto? —El calor inflama mis mejillas
mientras cubro el familiar sujetador de encaje negro con mis manos,
arrastrándolo lentamente hacia mí. Es una pregunta estúpida, una que ya sé
la respuesta, pero me ha pillado desprevenida.
—Lo dejaste en mi casa. —Asher se acaricia la mandíbula, alzando la
voz unos decibelios para asegurarse de que todos en las inmediaciones lo
escuchen—. Cuando nosotros… ya sabes…
Sus cejas se arquean, una sonrisa malvada pegada en su rostro.
La mesa frente a nosotros se ríe, un murmullo comienza a formarse a mi
alrededor. Hijo de puta. Aprieto mis manos en puños, mis uñas mordiendo
mis palmas. No hay forma de hacer esto a mi favor y, por el brillo arrogante
en sus ojos, lo sabe.
Sé que, si miro a la mesa de fútbol, Jason estará observando cómo se
desarrolla su plan tal como había esperado. Fui tonta al bajar la guardia.
Pero después de tres días de silencio radial, una pequeña parte de mí
esperaba que finalmente hubiera llamado una tregua. Estúpida. Nunca habrá
una tregua entre nosotros, y había dejado de preguntarme hace mucho
tiempo por qué me odiaba tanto.
Pero me niego a darme la vuelta y tomar su mierda.
No puedo.
Manteniendo mi mirada en Asher, y no en la mesa de fútbol, me pongo
de pie, y antes de que pueda detenerme, lo abofeteo. El chasquido de mi
palma contra su mejilla atraviesa el aire y sus ojos se oscurecen.
—Que…
—Lo prometiste —chillo con un gusto digno de un Oscar—. Prometiste
que no se lo dirías a nadie. Pensé… pensé que significaba algo para ti.
Pensé que me amabas.
Él se echa hacia atrás.
—¿Am… te amaba? —Asher se echa a reír, pero sale todo ahogado—.
Nunca dije…
—Seguro que lo hiciste. —Me acerco a él, bajando los ojos y mirándolo
con lo que espero que sean ojos convincentes de cachorrito—. Justo
después de que ... lo hicimos, dijiste que me amabas.
Por el rabillo del ojo, veo a Jason moviéndose hacia nosotros, la ira
ardiendo en sus ojos azules. Sabiendo que tengo su atención, continuo.
—Sé que estás preocupado por lo que Jason dirá, Ash, pero está bien.
—Mis manos se deslizan por su pecho y su expresión cae—. Podemos estar
juntos. Jason no… Oh, hola, Jason.
Finalmente lo miro.
—¿Qué coño estás haciendo? —Dice todo enojado, desprecio saliendo
de su cuerpo.
Dando un paso atrás, me acerco a Jason, separándonos de miradas
indiscretas ya que ahora tenemos la atención de toda la cafetería.
—Crees que eres tan jodidamente astuto —le digo con los dientes
apretados, aún sonriendo—. Tendrás que esforzarte mucho más que eso
para avergonzarme.
En el segundo que dije las palabras, veo que sus ojos se iluminan.
Mierda. Usualmente no cedo, pero él se metió debajo de mi piel tanto.
Demasiado tarde ahora, sin embargo, lo he desafiado abiertamente. Y Jason
nunca retrocede de un desafío.
Una de las pocas cosas que tenemos en común.
—Jase. —El sonido de la voz ronca de Cameron me sorprende. Ni
siquiera me había dado cuenta de que se había acercado a nosotros.
Mis ojos se alzan hacia donde él está al lado de Asher.
—Vamos, ella ni siquiera lo vale —dice con frialdad, sin siquiera
estremecerse cuando las palabras salen de sus labios, sus ojos se niegan a
encontrarse con los míos.
Pero me desarma.
Incluso ahora, después de todos estos años, es difícil olvidar que
Cameron no es un buen tipo. Es un imbécil, al igual que mi hermanastro,
Asher y el resto del equipo de fútbol. Pero hasta esta semana, nunca había
sido tan obvio sobre su aversión hacia mí. No es que realmente importara
porque el sentimiento es completamente mutuo.
Flick se equivoca.
Está muy equivocada.
Cameron no me desea, lo único que busca de mí es arruinarme. Y aparte
de ser la pequeña puta de mi hermanastro, no tengo idea de por qué.
—Deberías escucharlo, Jase —me burlo—. No quisiera que la gente
piense que eres…
—Está bien, Hails. —Los brazos de Flick me rodean la cintura y ella
comienza a alejarme—. Creo que tu trabajo aquí está hecho.
Los tres me miran, una mezcla de confusión, desprecio y desafío brillan
en sus ojos. La mayoría de las chicas habrían tenido miedo. La mayoría de
las chicas habrían corrido a los baños y llorado por la posibilidad de que los
chicos más populares de la escuela la ataquen.
Pero no soy la mayoría de las chicas.
—¿Qué demonios fue eso? —Flick sisea en el momento en que salimos
de la cafetería. Empuja mi bolso hacia mí.
—¿Qué? No iba a esperar y dejar que Asher hiciera eso.
—¿Pero llamar a Jase así?
Me encojo de hombros y me dirijo hacia el estudio de arte. Luego tengo
un período libre y el señor Jalin está más que feliz de que use uno de sus
salones, siempre y cuando limpie después de que termine. Y necesito
eliminar mis frustraciones.
Flick me alcanza.
—Oye, no quise decir…
Me detengo y me encuentro con su mirada de disculpa.
—Lo sé. ¡Yo solo... ugh! Es muy irritante. ¿Crees que quiero pasar el
último año yendo y viniendo con él? Confía en mí, no es lo que quiero. Pero
tampoco no puedo hacer nada.
Lo había intentado antes y no funcionó. En noveno grado había
decidido ignorarlos. Si no reaccionaba, se aburrirían, ¿verdad?
Incorrecto.
La gota que colmó el vaso fue cuando Jason le pagó a Macauley Denver
para que me invitara al baile de primavera. Fue tan dulce e insistente, y
compartimos una aversión común al equipo de fútbol. Había sido imposible
decirle que no, pero debería haber sabido que todo era una artimaña.
Debería haber sabido que mi torcido hermanastro tenía algo que ver con
eso. Pero tenía catorce años y, como toda adolescente, quería una noche de
normalidad.
La madre de Macauley nos había llevado a la escuela y, como un
verdadero caballero, me abrió la puerta y me cogió la mano cuando
entramos en el gimnasio. Después de encontrarnos una mesa, Macauley se
había asegurado de que estuviera cómoda antes de ir y traernos una bebida.
Había visto a los otros chicos bailar, reír y sonreír, y durante esos preciosos
minutos, me sentí como uno de ellos. Hasta diez minutos después, cuando
vi a Macaulay besándose con su verdadera cita, Sarah McKrinsky. Jason
había disfrutado mucho al decirme la verdad, sonriéndome con Cameron y
Asher flanqueando su costado como malvados lugartenientes. Podría haber
salido corriendo de allí con lágrimas en los ojos y el corazón hecho jirones,
pero no lo hice. Porque Jason me subestimó. No se dio cuenta de que cada
vez que jugaba conmigo, cada vez que intentaba hacerme sentir menos, me
hacía más fuerte. Y mis paredes eran tan impenetrables ahora, que no estoy
segura de que hubiera algo más que pudiera hacer para lastimarme.
Para molestia de mi hermanastro, me había quedado en el baile esa
noche. Flick y su cita estaban más que felices de dejarme ser su violinista,
así que bailamos y reímos hasta que la música se acabó y las luces se
encendieron. Macaulay incluso se había disculpado; diciendo que se sintió
intimidado para aceptar. Después de todo, no le dices a Jason Ford que no.
Incluso entonces, a la tierna edad de catorce años, la gente lo trataba de
manera diferente debido a su talento en la cancha. Por el legado de su
padre. Los alumnos de noveno grado rara vez tenían reclutadores
universitarios para verlos, y mucho menos pedir un compromiso verbal con
su escuela, pero Jason lo consiguió. Pronto me di cuenta de que iba a
empeorar a medida que creciéramos. Ignorarlo no iba a funcionar, así que
no tuve más remedio que intensificar y jugar a la altura de sus trucos.
No fue ninguna sorpresa cuando nunca me volvieron a invitar a salir.
—Lo sé, lo sé. —Flick suspira—. Pero me preocupo por ti. Sé que
nunca lo ha llevado demasiado lejos, pero algo se siente diferente este año.
Ella no está equivocada. Yo también lo siento. El cambio. El cambio en
el aire.
¿Pero qué opción tenía?
Esta es mi escuela, mi vida y estaré jodida si Jason Ford también me lo
roba.
Capítulo 4
Cameron
Dejo a Asher y Jase en el gimnasio con la excusa de que tengo que
reunirme con el consejero. Es mentira, pero no necesitan saber eso. Los
pasillos están vacíos mientras me dirijo al estudio de arte. Hailee tiene un
período libre, lo que significa que sólo hay un lugar donde ella podría estar.
Así que no es una sorpresa cuando la encuentro en uno de los salones más
pequeños. La puerta está entreabierta y entro, cerrándola detrás de mí. Es un
riesgo venir aquí, pero nadie se atrevería a cuestionarme. Y si alguien
soltara la boca, haría girar el asunto a mi ventaja. Digamos que le estoy
haciendo un favor a Jase, advirtiéndole que retroceda.
Hailee está sentada a horcajadas sobre una silla, de espaldas a mí. Su
cabello rubio oscuro está recogido en un moño desordenado, los mechones
caen alrededor de su cara mientras pasa el pincel contra el lienzo en largos
trazos furiosos. De vez en cuando, se detiene, inclinando la cabeza,
revelando la delicada pendiente de su cuello. La camiseta holgada que lleva,
sin duda para proteger su ropa debajo, combinada con sus gafas negras con
montura, no debería hacerla parecer tan atractiva. Pero lo hace. Se ve como
para comérsela.
Ella elige ese momento exacto para sacarse los audífonos que yo no
había notado que llevaba puestos. Los hombros de Hailee se tensan como si
me sintiera y mira por encima del hombro.
—Vete. —Su voz es fría, sus ojos no mucho más cálidos cuando se
clavan en los míos.
Alzando mis manos en señal de rendición, digo—: Vengo en son de paz.
—¿Me tomas por una estúpida de remate o qué?
El veredicto estaba aún por decidirse. La forma en que ella había
volteado la pequeña broma de Jason y Asher antes fue imprudente.
Divertida como la mierda, pero temeraria de todos modos.
—Estoy aquí para controlar el daño.
—¿Control de daños? —Levanta la frente y Hailee levanta la pierna de
la silla para ponerse de pie y mirarme—. No somos amigos.
La forma en que levanta la barbilla al decirlo hace que mi polla se pare.
Jesús, esta chica me vuelve loco.
—No, no lo somos. —Pero hubo un momento en el que quería eso: ser
su amigo.
Joder, no debería haber venido aquí. Frotando una mano sobre mi cara,
suelto un suspiro frustrado.
—¿Qué quieres, Cameron? —Hailee cruza los brazos sobre el pecho y
ladea la cadera hacia un lado—. Estoy ocupada.
—Necesitas retroceder, Solecito —le digo, y sus ojos color miel brillan
con desprecio. Maldita sea esta chica. Esta terca niña imprudente. No me
había dado cuenta, pero había comenzado a moverme hacia ella como si me
estuviera enrollando con un hilo invisible.
—¿Cameron, qué estás…? —Traga saliva, mirándome mientras me
detengo justo en frente de ella. El aire se mueve a nuestro alrededor, espeso
y pesado. Siempre mantengo mi distancia de Hailee. Miro, pero nunca toco.
Pero estando aquí con ella justo allí quiero tocarla. Joder, quiero tocarla.
Sorprendiéndonos a ambos, extiendo la mano y le agarro un mechón de
pelo entre mis dedos.
—Tienes. Que. Retroceder —digo en voz baja a pesar de la advertencia
entretejida en mis palabras—. Jase necesita enfocarse en el equipo, en la
temporada; no necesita distraerse con tus juegos.
Su mirada se ensancha, sus labios de color rosa suave se separan cuando
contiene el aliento y aparta la mano.
—¿Mis juegos? —Casi se atraganta con las palabras—. Jódete,
Cameron. Sabes que todo es culpa suya. Siempre me ha odiado. Él empuja
y empuja. Pero no me romperé. Nunca me romperé.
Hailee tiembla, siento sus vibraciones.
—¿Estás segura de eso? —Alzo una ceja hacia ella, avanzando más en
su espacio, obligándola a retroceder. Sus piernas deben haber golpeado la
silla porque tropieza. Mi mano vuela hacia su cintura, estabilizándola, y
pequeños rayos de electricidad me atraviesan cuando nuestros ojos se
encuentran. Hailee me mira con esos ojos abiertos de par en par nublados
por la confusión. Mierda. Ella también lo ha sentido. Lo sentí el lunes
también, la mañana en que le había tomado el pelo por su camiseta.
Esto es malo… realmente jodidamente malo.
Sin embargo, no hago ningún movimiento para alejarme. Aléjate
imbécil.
—¿Cameron, qué demonios estás…?
Bajo la cabeza, para estar cara a cara. Sus ojos arden de ira, pero no me
pierdo la forma en que su respiración se vuelve a recuperar.
—Aléjate, Solecito. Con el tiempo, Jase se aburrirá si tú simplemente
retrocedes.
—He estado allí, hecho eso, y no funcionó —dice—. Dos palabras...
Macauley Denver, ¿recuerdas eso?
¿Recordarlo?
Había estado plagado de recuerdos por semanas.
Ignorándola, le digo—: Uno de ustedes debe retroceder antes de que
esto se ponga realmente feo y ambos sabemos que él no lo va a hacer.
Jase juega con Hailee, pero todo es una mierda inofensiva. Claro, podría
haber herido sus sentimientos de vez en cuando o sufrir la extraña
vergüenza a manos de los chicos en la escuela, pero podría haber sido
peor… mucho peor.
Sin embargo, esta vez es diferente. La temporada pasada había sido dura
para Jason. Las tensiones entre los Raiders y los Águilas de Rixon East eran
más altas que nunca y estaban buscando sangre. Sabía que era probable que
Hailee quedara atrapada en el fuego cruzado. Jason la usó como su propio
saco de boxeo personal. Pero después de llamarlo antes en la cafetería…
Hailee podría haber sido la bandera roja y Jase el toro. No dudaba que él ya
estuviera planeando su venganza. Y, esta vez, no sería una broma infantil.
Ella respira hondo y mis ojos se dirigen automáticamente a su boca.
Cierro la distancia entre nosotros hasta que mis labios se ciernen sobre los
de ella.
—Última advertencia, Solecito —susurro, tan cerca que casi puedo
saborearla—. Retrocede o no digas que no te lo advertí.
Sus palmas se disparan, golpeando contra mi pecho y me tambaleo
hacia atrás.
—Jódete, Cameron. A la mierda con todos ustedes.
—Hailee, vamos…
No tenía la intención de usar su nombre, simplemente se me salió de los
labios. Pero ella me interrumpe.
—Vete. Vete antes de que grite y bien sabes que lo haré. Juro que lo
haré. Puedes ser un Raider, pero no me importa. —Sus ojos se ven salvajes,
perforando los míos con tanto odio que mi estómago se hace nudos. Pero
eso es algo bueno. Ella necesita odiarme.
Con una sonrisa, comienza a retroceder.
—No vengas a llorar cuando él te arruine.
Su rostro palidece y sé que recuerda cada broma, cada vez que Jase fue
tras ella. Antes de que pueda decirme algo más, me escabullo del estudio
cerrando la puerta a mi espalda.
Diciéndome a mí mismo que casi no la había besado.

~~~

—Entonces, ¿qué dijo la señorita Hampstead? —Asher pregunta


mientras nos reunimos fuera de clase.
—Nada más quería checar de nuevo mis solicitudes universitarias.
Jase se burla.
—Como si ella no supiera exactamente a dónde te diriges.
—Nada es un hecho —digo en voz baja mientras nos dirigimos al
vestidor.
—Irás a Penn conmigo. —Pronuncia las palabras sin dudarlo. Sin ni una
pizca de duda. Como si ya fuera un trato hecho.
Le doy una mirada dura.
—Yo no soy el chico de oro de Rixon. La comisura de mi boca se
levanta—. No hay garantía de que los reclutadores me ofrezcan algo.
—Van a venir —dice, interrumpiéndome—. Ya sabes que están
interesados.
—Sin embargo, necesito tener otras opciones. —Además, ni siquiera
estoy seguro de sí recibiré la llamada o de que Penn sea lo que quiero. Es
una escuela de Ivy League y Ivy League significa que es cara. Entonces,
aunque tiene uno de los mejores programas de fútbol americano en el país,
también han mostrado interés en mí Pittsburg y la universidad estatal de
Michigan que probablemente vendrían de la mano con becas deportivas,
hay mucho en qué pensar.
—¿Qué pasa contigo? —Jase me examina mirándome sobre su hombro,
mientras empuja la puerta con la espalda—. Has estado de mal humor toda
la mañana.
—Necesita acostarse con alguien —interviene Asher, arrojando su bolso
al banco—. ¿Cuánto llevas, hombre, como un mes?
—Vete a la mierda. —Me quito la camiseta y la hago bolita,
lanzándosela.
—¿Fiesta en mi casa esta noche?
—Ya lo sabes. Pero no inviten a Khloe o al equipo de animadoras —
dice Jase—. Es solo la primera semana del semestre y ya estoy harto de
ellas.
—¿Tal vez deberíamos invitar a Hailee? —Asher sonríe—. Para que
conozca gente.
Los ojos de Jase se abren, sus fosas nasales se dilatan.
—En serio, me vas a hablar de ella. ¿Ahora, quieres que alguien termine
en urgencias?
Asher le da una palmada en la espalda.
—Llámalo motivación. El entrenador dijo que necesitabas traer tu mejor
juego esta temporada.
—Siempre traigo mi mejor juego, hijo de puta.
—Bueno, entonces puedes traer tu súper mejor juego.
—¿Escuché a alguien decir fiesta? —Joel asoma la cabeza por las jaulas
de los casilleros.
—Sí, en mi casa esta noche. Corre la voz. Pero no a las porristas. Sin
embargo, invita al equipo de gimnasia, esas chicas son tan flexibles como
un resorte. —Asher sonríe—. Oye, Cam, ¿tal vez puedes acostarte con
Miley?
—Quizás lo haga. —Sonrío. Miley no es una acosadora de etapa cinco
como la mayoría de las chicas de Rixon.
—¿Ustedes tres se van a quedar sentados todo el día como si fueran
niñitas? —El entrenador aparece en la puerta—. ¿O vamos a entrenar?
Nos apresuramos a ponernos las hombreras y los tacos y salimos por la
puerta al campo de fútbol.
—Vengan aquí —el entrenador retumba, y nos movemos para formar
dos semicírculos a su alrededor, la primera fila se pone de rodillas—. Está
bien, silencio, silencio.
Poco a poco todos nos quedamos en silencio.
—Ha sido una buena semana. Han entrado en el semestre con la
dedicación y la motivación que espero. Jason. —Se dirige a mi mejor amigo
y nuestro capitán—. Te ves bien, hijo. ¿Estás listo para llevar a tu equipo
hasta el final esta temporada?
—Sí, señor.
—Lo siento. —El entrenador Hasson tuerce la cara y ahueca la oreja—.
No te escuché.
—Dije, SÍ, SEÑOR —grita Jase, su voz transmitiéndose a través del
campo.
—Eso se escuchó mejor, hijo. El año pasado fue duro. —El hace una
mueca—. Sabíamos que Rixon East vendría por nosotros con todo lo que
tenían, y lo hicieron. Deberíamos haber estado yendo a ese partido por el
campeonato. Pero este año, el estatal es nuestro. Ahora reúnanse.
Rodeamos al entrenador, hombro con hombro, hasta que se desliza en la
formación, sosteniendo el puño en el aire. Le siguen treinta y cinco puños,
luego los de Asher y luego los míos. Finalmente, Jase levanta el puño y dice
—: Raiders en tres. Uno dos…
Nuestro grito de batalla llena el aire, la onda de energía palpable. No
hay nada más eléctrico, más gratificante, que estar al lado de tus
compañeros de equipo, tu familia, listos para una nueva temporada. Todos
lo sentimos: la anticipación, el indicio de lo que vendrá. Tuvimos mala
suerte el año pasado, perdiendo una oportunidad en el Campeonato Estatal
ante Rixon East. El único consuelo fue que esos hijos de puta sufrieron una
aplastante derrota contra Fieldson Hills.
Este año, sin embargo, este año es nuestro. Jase está consumido con la
idea de ganar, de ser el mejor, de obtener su anillo de campeonato antes de
graduarnos. Y nada ni nadie se interpondría en su camino. Jason Ford
derribará a cualquiera que se atreva a tratar de detenerlo, y no puedo evitar
preguntarme si eso se extiende a mí. Su mejor amigo. Su hermano; tal vez
no en sangre, pero en todas las formas que cuentan.
Todos sabemos que el deporte significa sacrificio. Significa mañanas
duras en el gimnasio y largos días en el campo. Significa poner todo lo
demás detrás del juego: familia, chicas, clases, a pesar de que el director
Finnigan tendrá algo que decir al respecto. Si quieres ser el mejor, tienes
que darlo todo. Cualquier cosa menos no es una opción. Tienes que vivir,
comer y respirar hasta desangrar los colores de tu equipo. Pero todo valdrá
la pena al final. Cuando llegue la llamada, todo valdrá la pena.
¿No es así?
Capítulo 5
Hailee
—No puedo creer que él haya dicho eso. —Flick sacude la cabeza con
incredulidad cuando le cuento todo sobre la pequeña broma de Cameron
antes, mientras comemos un helado en Ice T’s, un lindo y pequeño lugar en
el centro.
—Créelo. Quiero decir, ¿quién demonios cree que es? —Cameron no
me ha dicho una palabra en años, a excepción del extraño insulto o la
amenaza rara.
Lame su cono de oreo y fresa, frunciendo el ceño.
—Y yo que realmente pensé que tenía interés en ti.
—Confía en mí, a Cameron Chase no le intereso —resoplo—. Nada
más quiere que deje de jugarle bromas a su querido mariscal de campo.
—¿Qué vas a hacer?
—¿Hacer?
—Sí. —Sus ojos se clavan en los míos—. Quiero decir, él te amenazó.
—No es nada nuevo, Flick. —He estado lidiando con su mierda durante
años—. Si Jason retrocede, yo también lo haré, pero ambas sabemos que
eso nunca sucederá.
—Así que supongo que sé la respuesta a mi próxima pregunta. —La
culpa brilla en sus ojos causándome inclinar mi cabeza mientras la estudio.
—¿Algo que quieras decirme? —Mi ceño se alza mientras lamo la
cuchara.
—Bueno, estaba pensando, ya que es el último año y todo, y ya que
nunca volveremos a tener estas experiencias… —Flick inhala
profundamente.
Cualquier cosa que vaya a decir es un disparate de tiempo completo
—Este, tal vez, si quieres, digo…
Podríamosiralapresentancióndelequipotitulardelpróximofindesemana. —
Las palabras salen en una explosión de aliento con aroma a fresa.
—Espera un minuto. ¿Quieres ir a esa cosa? Nunca vamos. —Odiamos
esas cosas. Sin mencionar el hecho de que es una noche entera dedicada al
equipo de fútbol americano en toda su estúpida gloria.
—Lo sé, lo sé. —Ella baja la cabeza avergonzada—. Es que hice esta
estúpida lista.
—¿Lista? —Eso me llama la atención—. ¿Qué lista?
Flick desliza su bolso sobre la mesa y saca una pequeña hoja de papel
doblada, dudando.
—Es estúpido… —Sus dedos lo agarran como si fuera el santo grial.
Pero ahora estoy intrigada.
—Déjame verla. —Se la arrebato de los dedos y la desdoblo, alisando el
papel sobre la mesa—. Número uno, empezar un nuevo pasatiempo.
Mis ojos se levantan hacia los de ella.
—¿Por eso te inscribiste en el club de lectura?
—Me gusta leer. —Sus hombros se alzan en un pequeño encogimiento
de hombros mientras agita la pajita alrededor de su vaso—. Ahora puedo
hacerlo con otras dieciséis personas.
—Bien número dos, saltarse una clase. Pero nosotras…
—Sin tener una excusa válida. —Flick me da una mirada puntiaguda—.
Escabullirte para ir a comprar chocolates y tampones porque tienes tu
período no cuenta.
Le saco la lengua.
—Veamos la siguiente. Número tres, asistir a la presentación del equipo
titular. Oh, ya sé, podríamos pintarnos las uñas de azul el color de los
Raiders y hacer pancartas también —sonrío, medio esperando que ella se
ría conmigo. Pero ella no lo hace.
Arrancándome la lista, Flick me mira con el ceño fruncido.
—No tienes que ser tan perra al respecto. —Su expresión vacila y la
culpa se enrosca en mi corazón.
—Lo siento… —Le doy una media sonrisa—. Eso fue una mierda, lo
que dije.
—Sí, lo fue. Puede que yo no disfrute el espíritu escolar tanto como
todos los demás, pero eso no significa que no quiera experimentar todo de
una sola vez, Hails. Este es el último año. Nuestro último año antes de ir a
la universidad y…
—¿Estás asustada? —Lo veo ahora, la nubosidad en sus ojos, lo extraña
que ha estado actuando toda la semana.
—No tengo miedo —deja escapar un profundo suspiro—. Lo que pasa
es que estoy… mira…
Flick cruza los brazos sobre la mesa y se inclina hacia delante.
—No todas podemos ser como tú, Hails. Estás tan endurecida. Nada de
lo que alguien dice o hace te afecta. La mayoría de los chicos de nuestra
edad se esconden detrás de una máscara, pretendiendo ser fuertes e
intocables, pero tú no. No tienes que fingir porque así es como eres.
—No estoy... endurecida.
¿Lo estoy?
Y si lo estoy, es solo porque mis circunstancias me habían hecho así.
—¿Sabes cuántos chicos de la escuela me invitaron a salir el año
pasado? —Flick pregunta, y frunzo el ceño, preguntándome qué demonios
tiene eso que ver con algo—. Ninguno, Hails. Ni uno solo.
—¿Y qué? Ellos se lo pierden, Flick. Eres un buen partido...
Ella sacude la cabeza, la tristeza la inunde.
—No lo entiendes. —Sus muros se derrumban y detesto que haya sido
yo quien la puso así. No peleamos, nunca. Así que no entiendo lo que está
sucediendo en este momento—. No importa... olvida que dije algo.
—No, espera. —Pongo mi mano sobre la de ella—. Dime. Soy tu mejor
amiga, quiero saber.
Pensé que sabía todo sobre ella, pero obviamente estaba equivocada.
Con los ojos apretados, Flick contiene el aliento tembloroso. Cuando los
vuelve a abrir, fijando sus suaves iris verdes en mí, se me encoje el
estómago y sé que no me va a gustar lo que ella va a decir.
—Eres tú —dice rotundamente.
—¿Yo? —Me ahogo, sintiendo que me acaban de mover el tapete.
Duro. Con el estómago cayendo en picada.
—Sí. No. —Hace una mueca—. Eso ha sonado bastante mal.
¿Yo?
Yo soy la razón por la que los chicos no la invitan a salir. Eso no tiene
sentido porque tampoco me preguntan a mí. Y nunca me ha importado eso
antes. Salíamos con chicos todo el tiempo en El Callejón.
—No sé lo que tú... oh. —La verdad está escrita en toda su cara,
simplemente no quería verla.
—Sí, oh. —Flick me sonríe con tristeza—. Tú estás fuera de los límites,
Hails, sabes que lo estás. Nadie te mirará porque tienen miedo de…
—Jason.
Ella asiente.
—Y yo soy tu mejor amiga. Acercarse a mí sería como acercarse a ti y
eso es demasiado arriesgado.
—No eres un jodido riesgo, Flick —digo sintiendo que aumentan mis
niveles de irritación—. ¿Realmente quieres salir con un imbécil que deja
que mi hermanastro dicte con quién puede y no puede salir?
—No, no lo hago. Pero ese no es el punto… —Deja las palabras
colgando.
—Entonces, ¿cuál es el punto?
—Quiero que me inviten a salir, maldita sea, Hails. Quiero ir a los
bailes escolares de bienvenida y de invierno. Quiero ir al baile de
graduación.
—¿Tú quieres ir? —Me recuesto en mi silla, el peso de su confesión me
deja sin aliento.
—Te quiero; sabes que lo hago. Pero ser tu mejor amiga no es fácil a
veces, Hailee, y eres tan… ajena a eso.
—No soy… —presiono mis labios, tragándome la discusión alojada en
mi garganta. Porque Flick tiene razón. Hasta ahora, no tenía idea de que ella
se sentía así.
—No quiero ser la próxima Khloe Stemson. No quiero unirme al equipo
de porristas y lanzarme a los pies de los Raiders, eso no es lo que quiero.
Simplemente no quiero graduarme y tener todos estos arrepentimientos. —
Lanza la lista en el aire con un profundo suspiro—. Lo siento he herido tus
sentimientos.
—Lo siento, por ser una perra tan endurecida que arruina tu vida.
—Hails…
—Es broma. —Levanto mis manos—. Estoy bromeando. —
En su mayor parte eso es cierto.
—Necesito ir al baño; ya vuelvo. ¿Puedo conseguirte algo más, yo
invito?
—No, gracias, no debería. —Su mirada se dirige al mostrador—. Pero
aceptaría uno de esos brownies con cubierta de maní como una oferta de
paz.
Con una sonrisa débil y un corazón pesado, me pongo de pie.
—Considéralo hecho. —Al entrar en la tienda, me dirijo hacia la parte
de atrás donde están los baños.
La admisión de Flick me ha pillado completamente desprevenida. No se
podía negar que Jason había complicado las cosas desde que me mudé a
Rixon, pero no es como si hubiera arruinado mi vida. Todavía voy a la
escuela, disfruto del arte, y Flick y yo participamos en eventos escolares
que no están relacionados con el fútbol americano todo el tiempo. Por
supuesto, no tenemos un gran grupo de amigos y no nos invitan a ninguna
fiesta, pero estábamos bien. Contentas de hacer cosas por nuestra propia
cuenta.
O, al menos, eso pensé.
Después de lavarme las manos, voy al mostrador para comprar el
brownie de Flick y una malteada de fresa para mí. No quiero que ella se
resienta conmigo. Somos mejores amigas desde que entré en matemáticas
de séptimo grado y me senté junto a la chica con ojos del color de la salvia,
habíamos sido nosotras dos contra el resto del mundo. Pero ella tiene razón,
este es el último año. Nuestro último año juntos. Flick tiene planes de irse a
la universidad de Pensilvania el año próximo, y yo espero salir del estado e
ir a Michigan. Tienen un gran programa de arte en su Escuela de Arte y
Diseño. Cuando llegue el año que viene, habrá kilómetros entre nosotras,
así que supongo que lo menos que puedo hacer es apoyarla para que
complete su estúpida lista.
No totalmente de acuerdo con la idea, pero dispuesta a darle una
oportunidad a mi mejor amiga, pago el pedido y agarro mis artículos antes
de volver a salir. Pero cuando mis ojos se posan en nuestra mesa, me
congelo. He dejado a Flick sola durante diez minutos, pero ahora no está
sola. Jason, Asher y Cameron están sentados con ella y se están riendo.
Todos ellos.
Con cautela, salgo y me paro al final de la mesa.
—¿Me he perdido algo?
La cara de Flick palidece ante el sonido de mi voz y entrecierro los ojos,
preguntándole en silencio qué demonios estaba pasando.
—Esto… —se aclara la garganta—. Jase y los chicos van a la tienda a
comprar suministros para la fiesta.
¿Jase y los chicos? Ella lo hace sonar como si fueran viejos amigos.
—¿Y eso debería importarme porque…?
Flick contiene el aliento, pero no tiene la oportunidad de responder
porque mi hermanastro se levanta de la mesa, sus duros ojos fijos en mí.
—Asher pensó que ustedes querrían venir. Le dije que es una estúpida
idea.
—Déjame aclarar esto, ¿nos estás invitando a una fiesta? —Eso tiene
escrito la palabra trampa por todos lados.
Asher se encoge de hombros y mete las manos en los bolsillos.
—No es la gran cosa.
Mis ojos eluden a Cameron que está en silencio. Quiero saber qué
piensa sobre esto después de que me advirtió explícitamente que
retrocediera.
¿Es esto una prueba?
¿Alguna forma diabólica de ver si yo caigo?
Va a estar muy decepcionado. O dependiendo de la forma en que lo
mires, tal vez él estaría impresionado.
—Vaya, gracias por la invitación, pero estoy ocupada lavando mi
cabello. —Dejo caer el plato de Flick frente a ella y me siento—. Ahora, a
menos que quieras algo más, deberías…
—¿Qué hay de ti, Felicity? —Jase arrastra las palabras, un brillo
perverso en sus ojos—. ¿Quieres venir de fiesta con nosotros?
Mi mirada se amplia y ella baja la cabeza, el calor enciende sus mejillas.
—Mierda, hombre, creo que ella quiere venir. —Los ojos de Asher se
iluminan como si la idea de hacer que Flick eligiera irse con ellos fuera
demasiado tentadora—. Vamos, Felicity, te cuidaremos.
Mi cabeza gira hacia donde está parado Jase y lo fulmino con la mirada.
—Métete conmigo, juega tus bromas tontas, bien, pero déjala a ella
fuera de esto, ¿de acuerdo? Ella no merece tus…
—Hails —dice Flick en voz baja—. Está bien, sé que están bromeando.
—No, no seas así, nena. —Asher le sonríe—. Tienes razón, Hails no es
bienvenida, pero haríamos una excepción por ti. ¿Verdad, Jase?
Sus ojos se posan en mi mejor amiga, oscuro y penetrante, el tiempo se
me figura una eternidad. Me recuerda al lobo feroz listo para saltar sobre
caperucita roja. El rubor en las mejillas de Flick se profundiza bajo la
intensa mirada de Jason. Y antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo,
salto y golpeo mis palmas contra su pecho.
—Retrocede —espeto, empujándolo con fuerza.
—Jesús, mujer, ¿es que te volviste loca? Nos estábamos divirtiendo un
poco.
—Bueno, no lo hagas. Ella nunca te ha hecho nada.
Nuestros ojos se encuentran el uno al otro, hirviendo de ira y odio.
—No es que no disfrute ver a los dos desgarrarse el uno al otro… —La
voz de Cameron me sobresalta, y parpadeo, rompiendo mi punto muerto
con Jason. Su labio se curva en una sonrisa petulante como si supiera que
había ganado esta ronda.
Bastardo.
—Sí, sí —dice Jason, frotándose la mandíbula—. Bueno, esto ha sido
entretenido, pero tenemos lugares más interesantes donde estar, hermanita.
¿Hermanita?
Es apenas dos meses mayor que yo.
—Sí, como el coño de Jenna Jarvis —se ríe Asher, y le lanzo una
mirada de disgusto—. ¿Qué?
Él hace un puchero.
—Eres un cerdo.
—No, cariño, soy un Raider y realmente sabemos cómo montar…
—Salgamos de aquí, estoy aburrido. —Cameron comienza a alejarse.
Asher le lanza un beso a Flick antes de irse tras su amigo, pero Jason se
mantiene en su lugar. Sus ojos siguen fijos en mí.
—¿Qué? —Ladro.
Sin otra palabra, sacude la cabeza y va tras ellos.
—¿Y quieres experimentar todo eso? —Digo incrédula, dejándome caer
en el banco.
—No, no quiero... Dios, tienes razón —dice Flick, con las mejillas aún
rosadas. Pero cuando la veo mirar a los tres caminando hacia el auto de
Asher, riendo y bromeando, me doy cuenta de que ella quiere eso. Ella
quiere ir a su estúpida fiesta y emborracharse y besarse con un tipo al azar.
Quizás incluso besarse con uno de ellos. Reprimo un estremecimiento.
Estoy tan consumida por la rivalidad entre Jason y yo, la guerra
interminable y odiando al equipo de fútbol americano, que no pude ver lo
que estaba frente a mí.
Flick me ha estado complaciendo.
Todo este tiempo pensé que éramos iguales. Pensé que compartíamos un
odio mutuo por todo lo relacionado con el espíritu escolar y los Rixon
Raiders.
Pero ella no lo hace, en realidad no.
Ella fingió.
Y ella lo hizo todo por mí.
Capítulo 6
Cameron
—¿Soy yo o Felicity Giles se puso más buena este año? Esos jodidos
overoles feos no suelen tapar todo lo bueno, pero en ella se ven…
—¿Primero Hailee, ahora Felicity? —Se burla Jase—. Lo siguiente es
que te unirás a la banda y usarás uno de esos horribles suéteres.
Sus cejas se arquean cuando le lanza a Asher una mirada puntiaguda a
través del espejo retrovisor.
—No estoy diciendo que me la follaría, pero no puedes negar que
ambas tienen esa cosa de chica geek que les luce muy bien.
Sus palabras hacen que algo se apriete en mi pecho y me froto la palma
de la mano contra la pierna. Hailee no es geek, ella es… Hailee. Sin pedir
máscaras, es ella misma. Siempre lo ha sido.
—¿Podemos por favor no hablar más de ella? —Jase gime. —Todo lo
que quiero es echarme uno esta noche, encontrar alguna gimnasta flexible
para follar y olvidarme de la jodida Hailee Raine y su madre. —Sus labios
se fruncen, la sangre se escurrió desapareciendo de sus nudillos mientras
agarra el volante.
Justo entonces el celular de Asher suena.
—Oh, mierda —dice, y miro hacia atrás—. Thatcher acaba de tuitear
hablando mierda sobre nosotros.
—Déjame ver eso.
El tono de Jase es frío cuando extiende su mano hacia atrás esperando
que Asher se lo entregue.
—Hijo de puta —suspira, lanzándome el teléfono.

@ ThatcherMC1: Rixon East está listo para competir con RHS este
año. Los Raiders correrán asustados después de que las Águilas les den
con todo. #ÁguilasGanaran #RaidersEstanJodidos

—Está buscando sangre —dice Asher.


—Él es puro ruido y pocas nueces. —Jase lo hace menos, pero veo el tic
en su mandíbula. Hay mucho odio entre Lewis Thatcher y mi mejor amigo.
Habían pasado juntos por las ligas menores, su rivalidad solo crecía con el
tiempo. Las cosas finalmente llegaron a un punto crítico el año pasado,
cuando la hermana de Thatcher, Aimee, se metió. Y todo se volvió una
mierda.
—Somos más fuertes en papel y en el campo —agrega, sonando
arrogante.
—Sin duda —apenas es un gruñido desde el asiento trasero. Pero
entonces Asher empuja su rostro entre los dos asientos delanteros—. ¿Son
nuestro tercer partido, verdad?
Asiento.
—Entonces, ensuciemos un poco nuestras manos antes de eso.
Mostrémosle a Thatcher que este año vamos a poner toda la carne en el
asador.
—¿Pensé que habíamos terminado con esa mierda? —Digo—. Finnigan
solo está buscando una excusa para poner en la banca a Jase.
—Finnigan me hace los mandados —se burla Jase.
La casa de Asher aparece a la vista y Jase se estaciona, terminando
efectivamente nuestra conversación. Salimos, tomamos los suministros del
maletero y volvemos a donde algunos de los otros chicos ya están pasando
el rato. Los padres de Asher son geniales y como están mucho fuera de la
ciudad por negocios, solemos pasar el rato aquí. Su casa es más grande que
la mayoría de nosotros, gracias a la exitosa compañía de tecnología de su
padre. También tiene un pequeño lago donde tienen motos acuáticas y una
pequeña lancha con motor diesel, como si la enorme piscina y la hoguera
para fogatas no fueran suficientes.
Es bastante impresionante.
Jase se une a los muchachos, dejándonos a mí y a Asher para llevar la
cerveza y los bocadillos adentro. Arrojo las bolsas sobre el mostrador y lo
veo con una mirada dura.
—¿Por qué demonios sigues mencionando a Hailee?
—Porque esa mierda es graciosa. Nunca había visto a Jase tan sacado de
onda sobre una chica.
—Es su hermana. ¿Se te olvida ese pequeño detalle?
—Aun así… no es que sean hermanos de sangre.
—Algo está muy mal contigo. —Cruzo mis brazos sobre mi pecho,
dejándolo lidiar con las bolsas—. No provoques problemas, Ash, no los
necesitamos. No este año.
—Sí, sí. —Se mete en el refrigerador para guardar las cervezas. Cuando
termina, se apoya contra el mostrador, sus ojos buscando los míos—.
Todavía no puedo creer que sea el último año. ¿Has pensado en lo que
harás?
Arrastrando una mano por mi cara, sacudo mi cabeza.
—No es tan simple.
—Sí, lo sé. Pero si sabes que Penn no es una opción…
—¿Qué está tomando tanto tiempo? —Jase aparece en la puerta, sus
ojos duros y evaluativos.
—Solo agarrando un poco de cerveza, hombre.
Asher agarra un paquete de seis y me arroja una bolsa de frituras.
—Venga. —Roza a Jase y sale.
—¿Estás bien? —Jase inclina la cabeza hacia mí y asiento.
—Sí, estoy bien.
Sus ojos se posan en mí un segundo más, luego se da la vuelta y sigue a
Asher. Me recuesto contra el mostrador, soltando el aliento que había estado
conteniendo. Jase no lo entiende. Él no entiende como alguna cosa podría
tener prioridad sobre el fútbol americano. Sobre la universidad. Supongo
que eso es lo que lo hace diferente, lo que le da una ventaja que otros
jugadores no tienen. Él está lo suficientemente desprendido de la vida como
para hacer los sacrificios necesarios, y algo más. No le preocupa la familia
porque su equipo, el deporte, es su familia. Supongo que lo había aprendido
de su padre. Pero mi padre no fue una estrella de fútbol en ascenso, y
aunque me apoya, apoya al equipo, también tiene otras cosas que requieren
su atención.
A veces, me siento como si estuviera parado en una encrucijada: un pie
plantado firmemente en mis sueños de fútbol y universidad y la promesa de
llegar hasta la NFL; el otro permanece arraigado en la vida real, donde los
sueños no siempre se hacen realidad y la vida no siempre es justa. Y
equilibrar los dos ... bueno, es un trabajo duro.
—Hey, Cam, toma una bolsa extra de frituras. —La voz de Asher corta
mis pensamientos y reprimo toda mi mierda y la guardo bien. Porque ahora
mismo soy un Raider, y el fútbol y todo lo que conllevaba tiene que ser mi
prioridad.

~~~
—Solo digo —Mackey se pone de pie, balanceándose ligeramente en el
centro de nuestro círculo de sillas—. Alabama se ve apretado este año, y
Clemson se ve más fuerte que nunca, pero mi dinero está con Ohio.
Un mar de vasos arrugados llueven sobre él mientras levanta las manos
para protegerse la cara.
—Vamos, Jase, hombre, ayuda a un chico. ¿Ohio te quiere, verdad?
¿Qué piensas?
Mis ojos se posan en Jase, que está sentado en una silla, con las piernas
estiradas delante de él, sus ojos ligeramente vidriosos por tomar demasiadas
cervezas.
—No se puede negar que Ohio traerá todo lo que tienen este año, pero
no es esta temporada lo que me interesa, es la próxima. Y se rumorea que
Penn ha reclutado a uno de los mejores mariscales de campo del país. —Él
sonríe de lado—. Él será un jodidísimo gran cambio de juego.
Risas tranquilas se agitan alrededor de la hoguera.
—No es que esté haciendo de menos a los Leones de Nittany, no lo
estoy haciendo —dice Grady—. Pero sabes que no han ganado un
campeonato nacional desde mil novecientos ochenta y seis, ¿verdad?
Jase se encoge de hombros y la arrogancia sale de él.
—Escuché que Deontay Syracuse se va a comprometer con Penn. Es el
mejor DT del país en este momento. Juntos, seremos imparables.
Alguien deja escapar un silbido bajo.
—¿Y qué hay de ti Chase? ¿Ellos también te quieren, verdad?
Es mi turno de encogerme de hombros, tomando un gran trago de
cerveza. Los ojos de Jase se deslizan hacia los míos, pero no habla.
—Todavía estoy decidiendo.
El agudo tono de llamada de Asher atraviesa el denso silencio que había
descendido sobre nosotros, y se pone de pie.
—El entretenimiento ha llegado. —Con una sonrisa arrogante
desaparece mientras Grady, Mackey y algunos de los otros muchachos
comienzan a checar la alineación del equipo de Penn para este año.
Cuando Asher reaparece, su brazo está colgado alrededor de una linda
morena que reconozco del equipo de gimnasia.
—Chicas, bienvenidas —declara—. Siéntanse como en casa. Las
bebidas están en la cocina.
Hace girar a la chica y señala la casa.
—La piscina está justo allí, siéntase libres de meterse a nadar. Pero si lo
hacen, probablemente deberían saber sobre la regla.
—¿Cuál regla? —una de ellas pregunta.
—Sí, es todo el asunto de que mi papá quiere mantener el agua limpia.
—Lucha contra una sonrisa—. Él prefiere que todos nademos desnudos.
Menos productos químicos.
—Sí, pero más fluidos corporales —grita uno de los chicos, y la risa
retumba a nuestro alrededor cuando las chicas ponen los ojos en blanco,
riendo y susurrando sobre las maneras de hablar de Asher.
Pero funcionó. Un par de ellas se separa de sus amigas y comienzan a
quitarse la ropa. De acuerdo, no se desnudan, pero sus pequeños bikinis
dejan muy poco a la imaginación.
—Joder, sí —dice Mackey, saltando y quitándose la camiseta—.
Espérenme.
Da un salto corriendo y se avienta de bombita al agua, enviando una
lluvia en dirección a las chicas. Echan la cabeza hacia atrás, riendo, se
toman de las manos y salen tras él.
Las cosas se intensifican rápidamente del equipo pasando el rato y
discutiendo la próxima temporada de fútbol universitario a una fiesta total.
Asher pone en marcha el sistema de sonido antes de unirse a las chicas en la
piscina, y Jenna Jarvis se dirige directamente hacia Jason, deslizándose
sobre su regazo y pasando sus dedos por su cabello. Él baja la cabeza,
arrastrando su lengua a lo largo de su mandíbula, y ella se abre
voluntariamente, chupándola en su boca. Sin dulces conversaciones, sin
coacciones, ni promesas de cosas que nunca cumplirá. Pero las chicas como
Jenna son un caso raro que no encuentras con facilidad. Saben que es lo que
Jason quiere y todavía están dispuestas a entrar en la jaula de los leones.
Sólo por la oportunidad de decir que tuvieron la oportunidad de
domesticarlo.
Todavía los estoy mirando por el rabillo del ojo cuando Miley Connor
entra en mi campo de visión.
—Cameron Chase, que gusto verte aquí. —Ella sonríe, pero no de esa
manera tímida, de por favor, elígeme, sino más bien de esa manera de una
persona a otra.
—¿En qué andas, Miley?
—No contigo, aparentemente —Su mirada cae a mi entrepierna, y le
doy una risa gutural.
La otra cosa sobre Miley… ella no tiene filtro. Tomando la silla a mi
lado, Miley toma un sorbo de su bebida. Se ve bien, los pantalones cortos y
la camiseta sin mangas moldeados a su cuerpo delgado, tonificado por
horas de práctica. Miley es como el resto de nosotros, una atleta. Ella sabe
todo sobre el sacrificio, sobre estar en la mejor condición física. Y a
diferencia de muchas de sus compañeras de equipo, no tiene tiempo de
perseguir a los jugadores de fútbol americano. No con su mirada puesta
firmemente en los Juegos Olímpicos.
Por eso me agrada.
Con Miley no siento ninguna expectativa, ni presión para prometer
cosas que no puedo darle. Nos acostamos, nos usamos para escapar por un
rato. Y cuando terminamos, tomamos caminos separados hasta la próxima
vez.
—¿Por qué tan triste, Chase? Es el último año —dice mirando a la
fiesta.
—¿Alguna vez te cansas de esto? —Le pregunto en voz baja.
—Me canso de no poder comer lo que quiero cuando quiero, ¿si eso es
lo que quieres decir? —Miley deja escapar un largo gemido—. Lo que no
daría por poder ir a Pizzas de Pepe y comerme una de pepperoni y cebolla
completa y luego enfermarme con helado de galletas. Pero es el sacrificio
que hacemos.
Ella me mira sonriendo.
—¿Un pajarito me dijo que te vas a comprometer temprano con
Alabama?
—Ese pajarito estaría en lo cierto.
—Bien. —La envidio por estar tan segura, tan segura de su futuro.
—Es una jugada arriesgada, pero es el mejor programa del país y quiero
ser la mejor. —Ella me da una cálida sonrisa—. ¿Qué pasa contigo, un
pajarito, también conocido como toda nuestra clase, dice que Penn te quiere
a ti igual que a Jason?
—Están interesados, pero todavía no me he comprometido.
—Universidad de Élite —silba entre dientes—. Impresionante.
—No soy solo una cara bonita y uno de los mejores receptores abiertos
del estado, ¿lo sabes? —Le sonrío.
—No, Cameron Chase, no, no lo eres. También eres muy, muy bueno
con tu lengua. —Sus ojos se oscurecen con lujuria—. ¿Quieres salir de
aquí?
—Pensé que nunca preguntarías. —Bebo el resto de mi cerveza y me
pongo de pie, esperando que Miley haga lo mismo. Asher me llama la
atención a través de la piscina. Él conoce el trato conmigo y con Miley, pero
está demasiado ocupado con uno de sus amigos como para que me importe
una mierda.
—Estamos fuera —le digo a Jase cuando lo pasamos.
—¿Aquí? —pregunta, y sé que quiere decir si vamos para arriba o a
otro lugar.
Miro a Miley que se encoge de hombros.
—Soy fácil de complacer.
—Apuesto a que sí —se ríe Jase, y le lanzo una mirada dura.
—Cuidado con este, Jenna —dice Miley con un toque de amargura—.
He oído que muerde.
Jenna levanta la cara del cuello de Jason, su labio curvado con
arrogancia.
—Oh, sé que lo hace. Pero yo muerdo más fuerte.
Bueno, está bien entonces.
—Vamos, Chase —se ríe suavemente Miley, y meto las manos en los
bolsillos, siguiéndola hacia la casa de Asher—. Lugar elegante.
—Sí, los padres de Ash están cargados de dinero.
—No me digas.
Entramos y Miley hace una pausa, dejándome guiar el camino. Me
detengo para tomar un par de botellas de agua y luego la llevo arriba a la
habitación de invitados que los Bennet me dejan usar cada vez que me
quedo aquí. No lo llamaría exactamente mi habitación, pero nadie más se
queda aquí. Incluso me dieron una llave el año pasado.
—¿Qué es esto? —Pregunta Miley cuando me detengo afuera de la
puerta familiar y saco la llave de mi billetera—. ¿Tu cuarto rojo del dolor?
—Algo así —le sonrío—. ¿Por qué, te da miedo?
—No, Chase. Pones un buen espectáculo, pero veo debajo de toda esa
mierda de macho Raider.
Sus palabras me toman por sorpresa, pero disimulo mi expresión.
—¿Sabes lo que es esto, verdad?
—Sí, sí —responde ella sacudiendo la cabeza—. Follamos, nada más y
nada menos. No te estoy pidiendo nada.
Con un breve asentimiento, abro la puerta y la atraigo hacia adentro. A
veces, en los momentos tranquilos después del sexo con Miley, me pregunto
cómo sería abrirse a ella; para contarle todos mis miedos más profundos,
mis secretos más oscuros. Sin embargo, no somos el uno para el otro, y no
quiero eso, no con ella de todos modos.
Pero la vida no es justa y no siempre podemos tener lo que queremos.
Lo sabía mejor que la mayoría de la gente.
Capítulo 7
Hailee
—Esta es una mala idea. —Flick me arrebata la botella de mezcla de
vodka y toma un gran trago—. Esta es una muy mala idea.
Se cubre la boca con el dorso de la mano antes de que le salga un
eructo.
—Vamos, tenemos que ser rápidas. —Agarro su mano, atrayéndola a
través de los árboles que bordean la propiedad de los Bennets.
—No puedo creer que te deje convencerme de esto —gruñe en voz baja
mientras el bosque se hace más denso, las sombras nos tragan enteras.
—Considéralo algo para agregar a tu lista.
—Hails.
—Oh, vamos, Flick. Ya dije que iría contigo a la estúpida presentación
del equipo titular y consideraré el baile de bienvenida…
—¿Lo harás? —La esperanza en su voz me hace sentir como la peor
mejor amiga de todas, pero entierro la emoción y me concentro en la tarea
que tengo entre manos.
Cuando Jason, Cameron y Asher se alejaron de nosotros en Ice T’s,
supe que no podía dejarlo así. Incluso si Cameron me hubiera advertido que
retrocediera. ¿Una cosa era meterse conmigo, pero meterse con Flick? Eso
es completamente inaceptable, especialmente después de que me enteré de
que realmente ella quería ir a su estúpida fiesta. Entonces, mientras ella
devoraba su brownie de disculpas, elaboré un plan.
—Está bien —digo deteniéndome en el borde de los árboles justo donde
se encuentran con la entrada de Asher—. Dame la bebida.
Necesito más coraje ruso para lo que estoy a punto de hacer. Es estúpido
e imprudente, y podría verme caminando en arenas movedizas si alguien
me atrapa, pero valdría la pena.
Bebo el resto de la mezcla de vodka, mi estómago se revuelve cuando el
sabor amargo inunda mis sentidos. Cuando termino, arrojo la botella a la
maleza y extiendo la mano.
—Ahora dame las otras cosas.
Flick vuelve a tener hipo antes de entregarme la lata y la pegatina.
—¿Estás absolutamente segura de esto?
—¿Necesitas preguntar?
—Supongo que no. Pero, Hails, no tienes que hacer esto, no por mí.
—Silencio ahora, necesito concentrarme. —Leo las instrucciones de
nuevo, mis ojos vidriosos hacen todo un poco borroso. Cuando estoy segura
de que lo tengo, le presto atención a Flick—. Espera aquí, ¿de acuerdo? No
tardaré mucho.
Deslizando mi capucha sobre mi cabeza, jalo el cordón para ocultar la
mayor parte de mi cara y lentamente me alejo de los árboles.
El frente de la casa está lleno de oscuridad; todo el ruido y la música
viene de atrás. Nunca antes había estado en la casa de Asher, pero todos
saben que sus padres son ricos. Había escuchado a chicos en la escuela
hablar sobre sus infames fiestas en el lago que se encuentra en la parte de
atrás de su propiedad. Mis ojos se mueven de izquierda a derecha,
asegurándome de que no hay nadie alrededor, antes de cruzar la entrada a la
fila de autos. El Jeep de Asher, la camioneta de Cameron y, finalmente mi
objetivo, el Dodge Charger 1969 que Jason ha restaurado.
Moviéndome por el cuerpo del auto, me agacho frente al cofre. Mis
dedos tiemblan, mi corazón late contra mi caja torácica, mientras quito la
pegatina y la coloco al frente y al centro en la elegante pintura negra.
Eliminando cualquier bolsa de aire, aliso el logotipo de los Águilas de
Rixon East en el cofre y luego me pongo a trabajar en la pintura en aerosol.
—Hails —el susurro de la voz de Flick se oye a través de la brisa
cuando me inclino sobre el cofre para alcanzar el parabrisas, rociando con
tanta precisión como puedo, dada la falta de luz y mi actual falta de
sobriedad—. Date prisa.
—Ya casi termino. —Retrocediendo para examinar mi trabajo, sonrío
para mí misma. Jason me va a matar. Si hay algo que ama casi tanto como
al deporte, es a este auto. Y cuando se dé cuenta... mierda. De repente se me
ocurre que podría no ser la primera sospechosa en aparecer en la mente de
Jason.
Los Raiders tienen una historia medio turbulenta con los de Rixon East
High. Una rivalidad que se remonta a décadas. Una rivalidad que se ha
hecho más grande desde que Jason se convirtió en mariscal de campo para
los Raiders. Mierda. ¿Y qué tal si él pensaba que alguien del otro equipo lo
había hecho? Podría ser el fósforo que enciende una mecha a fuego lento.
Sin embargo, ya es demasiado tarde para preocuparme. No tenía forma de
quitar la pegatina o la pintura en aerosol.
Recogiendo toda la evidencia, la meto en mis bolsillos y reviso el
camino de entrada nuevamente antes de esconderme en las sombras. Pero el
sonido de las voces me sobresalta y corro de regreso al Jeep de Asher,
agachándome detrás de él.
—¿Estás segura de que estás bien para llegar a casa?
Es Cameron. Gracias a Dios. Al menos no era Jason; tal vez aún podría
salir de esto sin ser atrapada. Los autos están estacionados frente al garaje
doble contiguo a la casa, por lo que si nadie viene por aquí, estoy bien.
—Sí —dice una voz femenina—. Soy una chica grande, puedo
cuidarme sola. Sin embargo, es lindo que te importe.
Él suelta una carcajada y se me hace un nudo en el estómago. Cameron
y una chica. No debería haberme sorprendido. Las palabras Raider y
mujeriego prácticamente van de la mano.
—Gracias —él le dice—. Por… ya sabes.
—Siempre es un placer, Chase. Vendría corriendo cualquier día de la
semana por ese truco que haces con tu… —El suave ronroneo del motor de
un automóvil ahoga sus palabras. Gracias a Dios, porque realmente no
quiero escuchar todo sobre las increíbles habilidades de Cameron en la
cama.
Arrastrándome hacia la otra esquina del Jeep, me inclino un poco para
tratar de ver a quien Cameron le está diciendo buenas noches. Pero todo lo
que capto es el destello de cabello largo y oscuro antes de que ella se suba a
un Uber.
Ahora es mi oportunidad, tengo que salir de aquí. Agachándome de
nuevo, salgo de detrás del Jeep y corro. Pero justo antes de llegar a la línea
de los árboles, el bote se cae de mi bolsillo y rueda por el suelo con un
ruido fuerte. Me congelo, mi cuerpo se paraliza mientras contengo la
respiración, esperando. Tal vez Cameron ya había entrado, tal vez él estaba
...
—¿Qué coño?
Mierda.
¡Mierda!
Mi pulso golpea contra mi cráneo mientras trato de descubrir mis
opciones. Podría correr hacia los árboles y esperar que no me persiguiera, o
podría dar la vuelta y confesar. De cualquier manera, no se ve bien para mí.
Tengo la esperanza de estar a salvo en la cama cuando Jason descubriera mi
último trabajo.
Decido arriesgarme, doy un paso, lista para zambullirme por los árboles,
pero los pasos crujen en la grava detrás de mí.
—¿Quién está ahí? Thatcher, si eres tú, será mejor que…
Me doy la vuelta lentamente, aflojando el cordón de mi capucha para
revelar mi cara. La máscara de furia de Cameron vacila por un segundo, con
los ojos muy abiertos. Pero rápidamente se estrechan peligrosamente
mientras él se acerca.
—¿Solecito, qué carajo?
—Hmm, hey. —Le doy una sonrisa irónica.
Me agarra del brazo y me pregunto qué demonios está haciendo hasta
que me empuja más hacia las sombras.
—¿Qué demonios Cam…?
Levanta la cabeza hacia la casa donde hay una cámara CCTV. Mierda.
¿Por qué no había pensado en eso? Probablemente porque estás borracha
con vodka y con mucha adrenalina, idiota.
—Ahora —su voz es fría—. ¿Quieres explicarme qué coño crees que
estás haciendo?
—Yo, sobre eso… Bueno, pensé que el auto de Jason necesitaba un
pequeño cambio de diseño —Sale más como una pregunta que el tono
sarcástico por el que había estado esperando.
Cameron deja escapar un suspiro exasperado y estoy segura de que lo
escucho susurrar—: No me lo estás haciendo fácil. Pero supongo que mis
oídos me están engañando. ¿No podrías simplemente alejarte, verdad? —
Sus ojos me clavan en el lugar.
Pero joder con eso.
Y que lo jodan a él.
—Entonces tal vez deberías controlar a tu chico. —Lo señalo con mi
dedo hacia él—. Puedo aceptar que me juegue bromas a mí. Pero no que
meta a Flick. Ella no es parte de esto.
Se inclina y curva sus dedos alrededor de los míos.
—¿Y no crees que cuando se entere de que hiciste esto, vendrá por ti
con todo lo que tiene? Piénsalo, Solecito.
—Deja de llamarme así. —No puedo pensar con claridad cuando lo
dice.
La boca de Cameron se curva, solo una fracción, pero suficiente para
que yo sepa que está disfrutando esto. Estúpido. Es igual que mi
hermanastro. Peor aún, porque hubo un momento en que realmente creía
que él era diferente. Pero yo era joven y tonta y yo había aprendido mi
lección sobre Cameron Chase.
—¿Qué vas a hacer? —Frunce el ceño ante eso, así que agrego—: ¿Vas
a decirle?
—Déjame preocuparme por Jason, preocúpate por ti misma.
—¿Qué demonios significa eso?
Más voces atraviesan el aire y Cameron mira hacia la puerta al lado del
garaje.
—Mierda —murmura—. Necesitas salir de aquí.
—¿Pero qué pasa?
—Hailee, vete. Ya mismo.
—¿Hails? —Flick sale de en medio de los árboles, sus ojos vidriosos y
amplios, el pánico grabado en sus rasgos suaves. Cameron maldice por lo
bajo—. ¿Están ambas borrachas?
Él suena enojado.
—Yo... nosotras... —Mis ojos se mueven hacia la puerta, el sonido
metálico atrapa mi atención.
—Sácala de aquí, ahora. Y no vuelvas. —Cameron no me está hablando
ahora, está mirando a Felicity como si de alguna manera ella tuviera la
culpa de todo esto.
—No la mires así —comienzo, pero Flick ya tiene su mano sobre mi
brazo, tratando de alejarme.
—¿Hey, Chase, estás aquí afuera? —La voz de mi hermanastro está
cerca ahora—. Creí haber escuchado un auto.
—Vete, ahora —la voz de Cameron es un susurro letal.
El vodka obviamente le dio a Flick súper fuerza porque me empuja
hacia los árboles como si no pesara nada, la cara de Cameron ya no es
completamente visible a través de las hojas.
—¿Qué demonios fue eso? —sisea.
Pero no puedo responder porque no tengo una respuesta.
—¡Hijo de puta! —El estallido de la voz de Jason, la ira que gotea de
cada sílaba, ahoga todos mis pensamientos.
—Mierda. —Salto a la acción—. Tenemos que salir de aquí, ahora.
Mi mano encuentra la de Flick y comienza a tirar mientras me muevo
rápidamente por el bosque. Habíamos caminado a la casa de Asher desde la
casa de Flick. Ella vive a unas cuantas cuadras de la casa de él, pero es lo
suficientemente lejos para que Jason nos encuentre si no nos apuramos.
Una vez que estamos libres de la propiedad de los Bennets, corremos.
Ninguna de nosotras es muy atlética, pero no necesitamos una excusa esta
noche. Nuestros pies golpean el suelo, los árboles y las ramas se apresuran a
nuestro lado, las sombras bailan en mi visión. Cuando salimos del bosque a
la calle, nunca había estado más feliz de ver la casa de Flick a lo lejos.
—Vamos —digo sin aliento, enredando mi brazo con el de ella y
mirando por encima de mi hombro por última vez—. Probablemente
deberíamos entrar.

~~~

Cuarenta minutos más tarde, las dos estamos bañadas y acostadas en la


cama de Flick en pijama.
—No puedo creer que Cameron te haya atrapado —dice, mordiendo un
Twizzler.
—Me pregunto qué le diría a Jason.
—Creo que lo sabrás pronto.
—¿Que se supone que significa eso? —Mis cejas se arrugan.
—Bueno, sí le dice a Jason, puedes esperar algunas represalias terribles,
y si no lo hace, entonces supongo que estás a salvo, por ahora.
—Lo haces sonar como un episodio de Juego de Tronos.
—Más bien la Batalla de los Sexos —bromea, y yo empujo su hombro
con el mío.
—Fue extraño, ¿verdad? Cameron podría haberme descubierto allí
mismo, pero no lo hizo. Nos dijo que nos fuéramos. —Flick sonríe y agrego
—: ¿Qué?
—Nop. Nada…
—Vamos dime.
—Sé qué piensas que a él no le atraes, Hails, pero tienes que admitir
que parecía un poco como si te estuviera protegiendo.
—¿Protegiéndome? —Mi voz está llena de incredulidad—. Dos
minutos antes le estaba diciendo buenas noches a la zorra que se acababa de
follar.
—¿La zorra que se acababa de follar? —Flick explota de risa, rodando
sobre su espalda, pero no me estoy riendo. Ya no sabía lo que estoy
haciendo. El último año ha resultado ser más confuso de lo que esperaba.
Me doy la vuelta también, acostada hombro con hombro con ella.
Ambas miramos al techo, dejando que los eventos de la noche se asienten
sobre nosotras.
—¿Te divertiste?
—¿Divertirme? —ella se resiste—. Que Cameron te expulse de la
propiedad de Asher Bennet después de que le pusiste una pegatina al auto
de Jason, no es mi idea de diversión, Hails. ¿Por qué?
La sospecha gotea de su pregunta.
—¿Tú te divertiste?
—Creo que estoy mal de la cabeza —admito. Porque si bien me había
aterrorizado encontrarme cara a cara con Cameron, no podía negar que a
una parte de mí le había gustado. El peligro, la emoción palpitante cuando
pegué la pegatina en el auto de Jason con el logo de su rival.
—No estás mal de la cabeza —suena triste Flick—. Estás tan
acostumbrada a estar a la defensiva, a jugar estos estúpidos juegos con
Jason, que ha alterado tu percepción de lo que es divertido y lo que no lo es.
—¿Quieres decir que estoy endurecida? —Me estremezco al recordar la
palabra que me había llamado antes en Ice T’s. Ya se siente como si hubiera
sido hace una vida.
—Sí y no. Creo que estás endurecida, Hails, pero has tenido que estarlo,
lo entiendo. Pero esta cosa contigo y Jason, la constante de ida y vuelta; no
tienes que demostrarle nada a él.
¿Demostrarle algo?
¿Ella piensa que estoy tratando de demostrarle mi valentía?
—Eso no es lo que estoy haciendo —digo, pero cuando salen las
palabras, me doy cuenta de que tal vez tiene razón. Jason había sido tan
rápido en descartarme cuando nuestros padres decidieron estar juntos por
primera vez. Ni siquiera me dio una oportunidad. Y tal vez parte de mí en
involucrarme en esta batalla de voluntades con él fue más que tirarlo del
pedestal en el cual la escuela, la ciudad y todos lo pusieron. Tal vez en el
fondo, quería que él se diera cuenta de que yo soy una buena persona. Una
persona que vale la pena conocer.
Una hermana que vale la pena tener.
Ugh. Odiaba sentirme así. Débil y a su merced.
Odiaba sentir que la opinión de Jason sobre mí me importa en absoluto.
Rodando sobre mi costado, me alejo de Flick. Después de un par de
segundos de silencio, su voz flota sobre mí.
—Lo siento, no quise molestarte.
—Está bien —me atraganto, tragando las lágrimas que amenazan con
caer.
No voy a llorar.
No por esto.
Y definitivamente no por mi gilipollas de hermanastro y sus amigos.
—Simplemente no quiero verte lastimada —dice, rodando detrás de mí.
Flick desliza su brazo alrededor de mi cintura y se acurruca contra mi
espalda—. Te conozco, Hails, y sé que nunca dejarías que las cosas fueran
demasiado lejos, ¿pero Jason? No estoy tan segura de él. Él tiene que ser el
mejor, llegar a la cima, cueste lo que cueste. Ya deberías saber eso.
Yo lo sé.
Él es frio. Enfocado. Determinado a tener éxito pase lo que pase.
Y por mucho que me lavara el coco, incluso si sigo la corriente de sus
jueguitos, no soy como él. Estoy endurecida, sí, pero aún tengo
sentimientos. Todavía siento dolor. Córtame y estoy bastante segura de que
sigo sangrando de color rojo, a diferencia de Jason, que sangraría de azul y
blanco. O tal vez incluso negro para que coincida con el color de su alma.
Mi mejor amiga tiene razón. Si no tengo cuidado, este juego entre Jason
y yo me va a lastimar hasta que no quede nada. Es de lo que Cameron me
había estado advirtiendo también. Jason no se detendría. Él seguiría
presionando, seguiría viniendo por mí, hasta que me rindiera.
Pero incluso sabiendo que podría lastimarme, que al final, Jason podría
romper con éxito mis paredes, aún no sabía si podría hacerlo.
No sabía si podría alejarme.
Capítulo 8
Cameron
—Después de que Thatcher hablara mierda en Twitter y Snapchat toda
la semana, apuesto a que ha sido él. —Asher toma un largo trago de su
cerveza y se deja caer en una de las sillas en su sala de juegos.
—Bueno, tiene ganas de morir, si fue él. —Todo el comportamiento de
Jason irradia ira. Después de ver su auto, y la obra de Hailee, pensé que iba
a detonar. Asher actuó rápidamente y dio por terminada la fiesta, enviando a
todos a casa, mientras intentábamos limpiar su auto y calmarlo. Habíamos
quitado la pegatina sin ningún daño, pero la pintura iba a necesitar quitarse
profesionalmente.
—No podemos llegar a ninguna conclusión —digo—. Si vamos tras
Thatcher y nos equivocamos, eso podría costarnos…
—Sí, pero vamos, hombre.
Asher cruza las manos detrás de la cabeza.
—¿Quién más es lo suficientemente tonto como para hacer algo
como… Hailee? —Sus ojos se iluminan—. Podría haber sido ella.
—Nah, hombre —digo tratando de fingir que no tengo idea—. Está
dispuesta a una broma o dos, ¿pero daño criminal?
Jason está callado. Demasiado jodidamente tranquilo. Lo miro por el
rabillo del ojo, tratando de averiguar qué está pasando en esa cabeza suya.
—¿Revisaste el circuito cerrado de televisión? —le pregunta a Asher
quien asiente.
—Como dije antes, mi viejo apagó el sistema antes del verano cuando
comenzó a fallar. Todavía no ha podido arreglarlo.
Gracias al cielo.
Jase gruñe, frotándose la mandíbula.
—No, Hailee no lo haría. Ella es atrevida pero no tiene pelotas lo
suficientemente grandes como para hacer algo como esto. Tiene que haber
sido Thatcher.
No sé qué hacer. Por un lado, podría confesar y entregarle a Hailee justo
a sus pies o podría callarme la verdad y darle más munición para perseguir
a Thatcher.
De cualquier manera, esto está a punto de estallar.
¿Pero podría delatar a Hailee sabiendo que Jason la perseguiría con todo
lo que tiene?
—Aun así —digo tomando mi decisión—. Sin evidencia, debes de
tomarlo con cuidado. Finnigan está ansioso por encontrar una excusa y
tomar represalias fuertes contra ti. Si llegas a tener problemas con él, lo
hará.
Jase se recuesta, considerando mis palabras. Si bien a Asher le gusta
generar problemas, yo siempre he sido la voz de la razón de Jase.
—Joder, quiero destruir a ese pedazo de mierda.
—Entonces, hazlo en la cancha, donde más le dolerá. —Thatcher se
parece mucho a Jason; testarudo, arrogante y dedicado al ciento por ciento
al juego. Perder contra los Raiders sería casi tan bueno como cualquier
represalia que Jase y Asher pudieran soñar para él.
—O vamos al otro lado del río y le mostramos a ese cabrón de qué se
tratan realmente los Raiders —dice Asher con una sonrisa malvada.
Lo corto con una mirada dura, pero Jase me sorprende cuando dice—:
No, Chase tiene razón. Aunque estoy noventa y cinco por ciento seguro de
que fue él o uno de sus muchachos, no podemos devolver el golpe. Aún no.
No con Finnigan respirándonos en la nuca.
Asher gruñe por lo bajo, pero no discute. Cuando Jase dice algo,
siempre es su última palabra, siempre lo ha sido.
—Sin embargo, eso no significa que no debo de vengarme de Hailee.
—Ahora estamos hablando. —Asher se frota las manos, travesuras
bailando en sus ojos—. ¿Podemos jugar con Felicity también?
La expresión de Jase se endurece; solo por una fracción de segundo,
pero lo veo.
Interesante.
—No, Hailee tiene razón, esto es entre ella y yo. —Excepto él ha estado
muy feliz de hacernos hacer su trabajo sucio de vez en cuando.
Asher se encoge de hombros.
—Sí, lo que sea, hombre.
—Voy a agarrar otra cerveza —digo—. ¿Ustedes quieren?
Ambos asienten y los dejo. Tenía razón en mentirle a Jason. Si él
supiera que Hailee fue quien estuvo detrás de lo que le sucedió a su auto,
bueno, no quiero pensar en lo que haría. Pero me doy cuenta de que ahora él
nunca va a renunciar a este juego de gato y ratón con ella. Y si él dirige mal
su ira de Thatcher hacia ella, las cosas aún podrían ponerse feas.
A menos que Hailee fuera puesta en su lugar de una vez por todas.

~~~

Llega el lunes y todos hablan sobre la próxima presentación del equipo


titular. Siempre es un gran problema que toda la escuela se presentara para
apoyar a los Raiders y dar la bienvenida al equipo titular de este año. Khloe
había estado explotando el teléfono celular de Jase todo el día queriendo
saber cuándo podrían reunirse para planear nuestra gran entrada.
Eventualmente, ella lo inmovilizó durante su período libre, pero lo dejé para
que la enfrentara solo, diciéndole que necesitaba ir a una clase. Él había
señalado que ya voy tarde, pero solo le sonrío y lo dejo allí.
No había esperado caminar directamente hacia Hailee mientras doy la
vuelta al pasillo vacío.
—Necesito hablar contigo. —Me agarra del brazo y me mete en el
armario del conserje.
—Qué gusto verte. —La fulmino con la mirada, confundido acerca de
lo que siento por su maltrato. Por un lado, a mi polla le gusta. Si el bulto
duro en mis jeans es algo por lo que me puedo guiar, le gusta mucho. Pero
mi cabeza sabe que es un juego peligroso el que está jugando.
—¿Por qué no le dijiste a Jason que fui yo? —Sus ojos se entrecierran
con sospecha, pero no la culpo. ¿Cómo podría hacerlo cuando ella tiene
todo el derecho de desconfiar de mí?
—Entonces, ¿escuchaste los rumores? —Una lenta sonrisa tira de mis
labios—. ¿Sobre cómo Rixon East cruzó el río y dañó el auto de nuestro
capitán?
—Cameron…
—Solecito… —Mi sonrisa crece.
—Dios, eres irritante. —Hailee retrocede, dejando algo de espacio entre
nosotros, pero es el armario del conserje, así que realmente no hay mucho.
Levanto las cejas, desafiándola.
—¿Yo? ¿Yo soy irritante? Es posible que desees mirarte por un largo
tiempo en el espejo, Sole…
—Deja de llamarme así —espeta, antes de soltar un suspiro exasperado
—. ¿Por qué lo hiciste, por qué me protegiste?
—¿Crees que yo te estaba protegiendo a ti? —Mi mirada se endurece
mientras cruzo los brazos sobre mi pecho—. Perdón por reventar tu
pequeña burbuja, pero no fui yo quien te protegió. Ese fui yo protegiendo a
mi mejor amigo de sí mismo. De hacer algo realmente jodido.
—Él es un hombre adulto —se burla ella—. Estoy bastante segura de
que es bastante capaz de soportar las consecuencias de sus acciones.
Es el turno de Hailee de levantar una ceja.
—No lo entiendes.
¿Cómo podría ella entenderlo?
—Ja, fútbol. —La palabra está envuelta en amargura—. Todo gira en
torno al fútbol americano, ¿no?
Hailee sacude la cabeza con incredulidad.
—Jason tiene toda su carrera por delante. No necesita ser distraído por ti
y tu incapacidad para saber cuándo detenerte.
—Mi… —Su expresión se desliza y un rayo de culpa me atraviesa, pero
es rápidamente seguido por otra cosa. Lo que vive dentro de mí que se ha
acostumbrado a ver a Hailee pelear con Jason. La que disfruta de su boca
inteligente y sus acciones imprudentes.
Me hace anhelarlos.
Mierda, estoy tan mal cuando se trata de ella.
—Admítelo, Solecito. Eres igual que él. No puedes soportar la idea de
perder ante él. —Bajo mi rostro al de ella—. Creo que te gustan estos
juegos. Te gusta toda la atención que te damos. La atención que yo te doy.
Sus ojos arden de ira mientras contiene el aliento. Es solo una pequeña
acción, pero suficiente para atraer mi mirada hacia sus labios. Esos labios
besables de color rosa suave.
Me voy a ir a la mierda.
Ella ya me odia, bien podría odiarme un poco más.
Alcanzo un mechón de su cabello sedoso, igual que cuando la visité en
el estudio de arte.
—¿Cameron? —Pregunta, su voz incierta y suave, y muy diferente a
ella—. ¿Por qué me miras así?
—¿Así como, Hailee?
Pasa saliva, su lengua sale para deslizarse por su labio inferior.
Y ya está hecho.
La delgada cuerda de mi control se rompe, mi boca se estrella contra la
de ella mientras enrosco mis manos en su cabello y nos aprieto contra el
estante. Los dedos de Hailee agarran mi jersey, acercándome más ¿o estaba
tratando de alejarme? No lo sé, no me importa, porque el sabor de sus
labios sobre los míos, la forma en que mi lengua se desliza contra la de ella,
me consume hasta que me ahogo en nada más que Hailee increíble Raine.
Mi mano baja a su cintura, deslizándose alrededor de su trasero para
acercarla, uniendo nuestros cuerpos como dos piezas de un rompecabezas.
Estoy duro como una roca, mi polla presionada contra su estómago y
mierda, si no se siente bien. Si ella no se siente bien. Pero apenas estoy
entrando en el beso, rodando mis caderas contra las de ella para obtener un
poco más de fricción, cuando ella golpea sus manos contra mi pecho,
empujando con fuerza.
Me tropiezo cuando ella grita—: ¿Qué demonios, Cameron?
Sus mejillas están sonrojadas, sus labios hinchados.
—¿Qué demonios fue eso? —No sé si se dio cuenta, pero sus dedos
recorren sus labios, tocándose, como si no estuviera segura de que hubiera
sido real. Pero entonces su confusión se desvanece, reemplazada por ira.
Al rojo vivo, ira ardiente.
Y toda es dirigido a mí.
—Eso fue… no puedes hacer eso. —Las palabras salen ásperas, pero
ella está sin habla y no puedo evitar sentirme satisfecho de haberla afectado
tanto. Porque joder ella también me afectó a mí.
—¿No puedo besarte? —Bromeo—. Creo que acabo de hacerlo.
—Bueno, no lo vuelvas a hacer. —Le arden las mejillas, el ascenso y la
caída de su pecho son rápidos. Oh, ella quiere que lo vuelva a hacer bien,
simplemente no quiere admitirlo.
Al entrar en el espacio de Hailee hasta que su espalda golpea el estante
de almacenamiento, la miro. Todavía sigue sin aliento, la confusión
nublando sus ojos.
—Me deseas.
—Eso no es cierto —responde ella—. Esto… nosotros… te odio.
Sus palabras dicen una cosa, pero no he terminado de jugar con ella.
Deslizando mi mano a lo largo de la curva de su cuello, me inclino, rozando
mis labios sobre la concha de su oreja.
—Puedes odiarme todo lo que quieras, Solecito, pero eso no cambia el
hecho de que probablemente estés mojada por mí en este momento.
Su jadeo suave llena el pequeño espacio y la siento temblar.
—Jódete —escupe, tratando de moverse a mi alrededor, pero la
inmovilizo, deslizando mi pierna entre las suyas y presionando suavemente.
Quiero tocarla, para probar mi teoría.
Pero sé que no debería.
Sé que, si lo hago, me gustaría volver a hacerlo, y eso sería realmente
peligroso.
—Cameron, si no me dejas en los próximos tres segundos, voy a… —
Un gemido estrangulado deja sus labios como si estuviera luchando contra
su propio cuerpo cuando aprieto mi rodilla contra ella y prácticamente se
monta en mi pierna.
—¿Eso se siente bien, Solecito? —Lo hago de nuevo y su cabeza cae
hacia atrás, otro suave gemido escapa de sus labios. Pero cuando mis dedos
caen sobre la cintura de sus jeans, y una de mis yemas acaricia la piel
desnuda de arriba, se congela.
Siento el cambio en el aire, la temperatura enfriándose junto con su
brillo helado.
—Quítame. Las. Malditas. Manos De. Encima. —El veneno en sus
palabras me hace retroceder lentamente. Parece furiosa, la ira cayendo de
ella en olas oscuras. Pero Hailee puede negarlo todo lo que quiera; siento la
química entre nosotros. El tira y afloja.
Y sé que ella también lo siente.
Sus ojos arden en los míos, su cuerpo tiembla. Nunca había visto a
Hailee tan excitada y una mierda, si no quiere creer que han sido mis
caricias, por mis besos, lo que la hizo sentir así. Un latido pasa mientras
estamos allí, encerrados en una batalla de voluntades. Eventualmente, sus
ojos se dirigen hacia la puerta y me alejo, dándole paso libre antes de hacer
algo realmente jodidamente estúpido.
Hailee se apresura hacia la puerta, agarrando el pomo, pero en el último
segundo mira hacia atrás.
—Crees que puedes hacer lo que quieras porque eres un Raider y eso es
patético, pero no me asustas, Cameron. Ninguno de ustedes lo hace.
El desafío arde en sus ojos y parte de mí está impresionado. Incluso
ahora, en un armario oscuro conmigo, todavía trata de mantener la ventaja.
—¿Es por eso por lo que estás corriendo?
—No estoy… —Sus labios se aprietan cuando se niega a dar otra ronda
de pelea conmigo, y sonrío
—Creo que ambos sabemos que estás corriendo —digo—. Pero debes
tener cuidado, Solecito.
—Sí. —Ella levanta la barbilla—. ¿Y por qué debo tener cuidado?
—Porque puedes correr, pero ambos sabemos que no puedes esconderte.
Las cejas de Hailee se fruncen como si yo fuera un rompecabezas que
ella quiere resolver, pero luego con un pequeño movimiento de cabeza se
va, mi risa la sigue todo el camino.
Capítulo 9
Hailee
Cameron me besó.
Pasaron cuatro días y todavía no puedo entenderlo. Habíamos pasado de
discutir, lanzar insultos de un lado a otro, a él presionándome contra el
estante en el armario del conserje y besándome. Solo que besarme no le
hacía justicia a la forma en que sus labios se habían sentido contra los míos.
Si los besos tuvieran nombres, los de Cameron se llamarían peligrosos. Es
como si hubiera tomado todo el odio entre nosotros, todo el estira y afloja y
lo desatara en mí. No había sido dulce o tierno, o un reconocimiento de
sentimientos enterrados durante mucho tiempo. Fue un beso de odio,
alimentado por la continua tensión entre nosotros. Ciertamente no fue por
emociones que ninguno de nosotros quería sentir. Emociones que me niego
a reconocer.
No. No estoy aceptando eso como una posibilidad.
Es el mejor amigo de mi hermanastro.
Un Raider.
Sin mencionar que es uno de mis verdugos.
Cameron Chase es todo lo que odio.
Y, sin embargo, no he podido olvidar la sensación de sus labios
moviéndose contra los míos, la forma en que me había abrazado, me había
tocado. Así que hice lo único que se me ocurrió: pasé la semana fingiendo
que él no existía.
Por supuesto, no le dije a Flick; eso solo alimentaría su teoría de que
Cameron realmente siente algo por mí. Incluso después del beso, todavía no
estoy convencida de que lo haga. Su lealtad a mi hermano, el hecho de que
sea un Raider, el hecho de que ha pasado tantos años burlándose de mí
como lo ha hecho Jason, todo eso me dice lo que necesito saber sobre un
tipo como Cameron Chase.
Pero esta noche, no había forma de escapar de él.
—¿Recuérdame por qué estamos aquí de nuevo? —Gruño, siguiendo a
Flick mientras ella se adentra en el mar azul y blanco.
—Porque —grita sobre su hombro, con una sonrisa cursi en su rostro—.
Es el último año y lo estamos experimentando todo, tú acordaste a ayudar a
tu mejor amiga a cumplir su lista de tonterías, ¿recuerdas?
—¿Cómo podría olvidarlo? —Le saco la lengua—. Siempre y cuando
sepas lo doloroso que es para mí. ¿Te dije que realmente odio el fútbol?
Mi respuesta es un poco demasiado fuerte y algunas personas a nuestro
alrededor me lanzan dagas.
—Hails —dice Flick, acercándose a mí y empujando su brazo a través
del mío—. Estamos aquí para divertirnos. Sé que odias el fútbol americano.
Sé que realmente te duele estar aquí, pero esta es la última vez que
tendremos la oportunidad de hacerlo. Dentro de cuatro años, no querrás
mirar atrás y lamentarte de no haber venido a una de estas cosas.
No puedo imaginar un escenario en el que eso suceda.
Mis ojos escudriñan el campo de fútbol, asimilando los grupos de chicas
emocionadas, el ruido desgarrador, la banda de música tocando ante un
público distraído. El aire es eléctrico, cargado con la energía de ochocientos
chicos reunidos para rendir homenaje a su equipo. Pero lo único que se
agita dentro de mí es un dolor de estómago leve y un mal caso de ojos
rodados.
—No te muestres tan malhumorada. —Flick suelta una risita,
empujándome un puñado de palitos luminosos.
—¿Se supone que debo saber qué hacer con estos?
Ella sacude la cabeza, la diversión brilla en sus ojos, y levanta las
muñecas.
—Ajústalos y úsalos.
—¿Pero para qué?
—Ya verás —es todo lo que dice cuando agarra mi mano y me atrae
hacia la multitud, me sorprende lo tranquila que está con todo esto.
La sección de las gradas donde nos han invitado a sentarnos está
abarrotada. Letreros hechos en casa llenan la multitud y los chicos se
derraman al borde del campo. El grupo de porristas se reúne cerca del
escenario elevado donde están parados el director Finnigan y el entrenador
Hasson. Es el fanatismo del fútbol americano en su máxima expresión,
todos esperando echar un vistazo al equipo titular de este año; el equipo que
esperan les traiga a casa el campeonato estatal.
Flick logra encontrarnos dos asientos a mitad de camino en las gradas
junto a un grupo de chicas jóvenes con el logotipo de los Raiders en sus
mejillas. Con orgullo agitan sus letreros caseros de “Yo ♥ Jason” y
“Llámame Cameron” nos ofrecen sonrisas llenas de orgullo, pero el saludo
más agradable que puedo reunir es rodar los ojos y fruncir los labios. A
pesar de que saben, como todas las otras chicas de Rixon, que la mayor
atención que pueden esperar de mi hermanastro es una follada y una
palmada en el culo al terminar, no les importa. Supongo que obtienes un
pase gratis por ser un imbécil engreído e idiota cuando eres un recluta de
cinco estrellas, con numerosos récords de temporada, persiguiendo el récord
histórico de yardas de pase del campeonato estatal. Solo lo sé porque Kent
mantiene una tabla en la cocina que suma todas las estadísticas de Jason.
Todas las mañanas, mientras disfruto de mi café acompañado de una Pop-
Tart, recibo un pequeño recordatorio de que Jason y el fútbol americano,
son parte de mi vida, me guste o no.
Solo por unos pocos meses más.
—Me sorprende que no hayas hecho algo. —Le doy un codazo a Flick,
señalando a las chicas—. Desde que tú quieres ya sabes… experimentar
esto y todo
—Compórtate —responde ella con una sonrisa sardónica—. Oh, mira,
está a punto de comenzar.
Flick da un pequeño aplauso y me quejo por lo bajo.
La banda de música entra en formación, pero es imposible escucharlos
por encima del rugido de la multitud. La fuerza de esto se estrella contra mí,
haciendo que mi corazón se caiga, electrificando los pelos a lo largo de mis
brazos y la parte posterior de mi cuello.
—Mierda —le digo a nadie en particular. Al mirar a Flick, veo que está
sonriendo, con los ojos fijos en la banda mientras tocan el himno de la
escuela. La mascota del equipo, una cabeza vikinga azul gigante, se mete en
el campo frente a un águila roja y blanca. La gente abuchea y la risa se
extiende por las gradas como una ola.
—¿Esto es en serio? —Le pregunto a Flick por el costado de mi boca,
consciente de que todos a nuestro alrededor están completamente absortos,
viendo a un vikingo de espuma tratar de derribar a un águila del mismo
material. Afortunadamente, la exhibición del espectáculo vergonzoso no
dura demasiado, y salen del campo, el Vikingo victorioso, por supuesto.
Estoy a punto de preguntarle a Flick para qué necesitamos las varitas
luminosas, cuando los focos se apagan, hundiendo todo el lugar en la
oscuridad.
—Qué… —La adrenalina me atraviesa y mi corazón se catapulta a mi
garganta, mientras las luces de neón se destacan contra el fondo oscuro, y
los latidos iniciales de Get Ready for This estallan a través del sistema de
sonido. Ahora me doy cuenta de que todos los letreros y pancartas están
pintados con pintura de neón, y las porristas están vestidas con camisetas
blancas, con una R de azul neón estampada contra su pecho, palitos
brillantes alrededor de sus muñecas y tobillos. Incluso yo no puedo negar
que la configuración de la luz negra es efectiva.
Cuando su exhibición termina, la multitud vuelve a estallar, enviando
temblores reverberando a través del lugar, y paso mi brazo por el de Flick.
—Esto es una locura —le digo, acurrucada a su lado.
—A mí me gusta —exhala, y por un segundo se me encoge el
estómago. Seguramente, no voy a perder a mi mejor amiga, la única
persona que siempre me ha entendido, por el fútbol americano, ¿no es así?
Mis pensamientos se evaporan rápidamente cuando la canción
‘Whatever It Takes’ de Imagine Dragons retumba en la cancha. Ni una sola
persona permanece sentada. La fuerte multitud de ochocientas personas está
de pie, vitoreando, aplaudiendo, aullando y gritando. Es frenético. Salvaje.
Es la locura del bachillerato en su mejor momento. E incluso yo, la persona
más anti-futbolista que ha vivido en Rixon, no puede negar que la atmósfera
es eléctrica. Infecciosa. Aunque quiero bloquearlo todo, odiarlo tanto como
siempre lo he odiado; se filtra en mí, corriendo por mis venas como fuego.
Y no importa cuán peligroso sabes que es, cuánto más seguro es escapar de
las llamas, no puedes evitar detenerte y verlos arder.
Pero el hechizo se rompe cuando mis ojos se posan en mi hermanastro
que lleva a su equipo al campo, el número uno en su camiseta se ilumina
con pintura de neón; Cameron, número catorce, a su derecha; y Asher, el
cuarenta y dos, a su izquierda. Los tres están un poco por delante del resto
del equipo. Me recuerdan a un general y sus lugartenientes que conducen a
su ejército a la guerra; con las cabezas en alto, pintura de guerra en sus
rostros, cascos colgando a los costados como armas mortales. Sus nombres
perforan el aire cuando las chicas gritan y los chicos vitorean. Incluso Flick
parece lista para unirse al coro hasta que le pellizco el brazo y la miro con
dureza.
—¿Qué? —Se encoge de hombros—. Al pueblo que fueres…
Sus cejas se mueven antes de volverse al campo y gritar—: Te amamos
MC, quiero tener bebés contigo.
—Oh, Dios mío. —Pongo mi mano sobre su boca, ahogando su risa—.
Estás demente.
—Se necesita uno para conocer uno —murmura, quitando mis dedos de
su boca—. Mira a Cameron, se ve todo poderoso.
—No te atrevas a repetir eso.
Es muy tarde. Mis ojos lo miran. La forma en que sus hombreras se
estrechan en sus caderas, cómo los pantalones ajustados se aferran a sus
musculosas piernas y otros lugares.
—Tienes un poco de baba. —Flick presiona su pulgar en la esquina de
mi boca—. Justo ahí.
—Vete a la mierda —gruño, apartando su mano—. ¿Esto ya casi está
por terminar?
Ella hace un puchero.
—No eres divertida.
—No, esto no es divertido. —Ahora que el zumbido inicial ha
desaparecido, estoy lista para partir.
—Quedémonos para el discurso del entrenador Hasson y luego nos
vamos, ¿te parece?
—Bien —resoplo, sabiendo que ella me tiene justo donde me quiere—.
Pero me debes una.
Aunque, en el fondo, sé que es al revés.

~~~

Una hora después, todavía no nos hemos ido. Flick se está divirtiendo y
supongo que mi corazón no está completamente hecho de piedra porque
verla tan feliz me hace feliz.
—Voy a hacer pipí —le digo mientras pasamos entre la multitud.
Después de que el entrenador Hasson volvió a todos locos con su discurso,
presentó a su equipo titular para la próxima temporada. Conozco todos y
cada uno de los nombres, todas las caras. Todos lo hacemos. La única
diferencia es que no me importa.
—Te voy a esperar en el puesto de helado, responde Flick con un
bocado de algodón de azúcar—. Esto está bueno.
Se chupa los dedos pegajosos y sonríe.
Después de la presentación, todos se han mudado al estacionamiento
donde el comité social había instalado puestos para recaudar dinero para el
equipo. Han mantenido el tema de la oscuridad, pero habían colgado
pequeñas luces de neón entre los puestos. Es molestamente efectivo, como
todo lo demás esta noche.
—Creo que tienes que usar los baños en el estadio.
—Excelente. —Porque realmente quiero volver allí.
Salgo hacia la imponente estructura. A diferencia de la mayoría de las
escuelas de bachillerato de la zona, Rixon High tiene un estadio construido
específicamente para cinco mil espectadores que, el día del partido del
próximo viernes, estará lleno e incluso habrá personas de pie. Cuanto más
lejos estoy del estacionamiento, más oscuro se vuelve, pero apenas puedo
distinguir la señalización de los baños. Al entrar, espero encontrar a otros
chicos, pero me saluda un silencio ensordecedor. Las luces automáticas
parpadean, calmando mi pulso acelerado, pero aun así me apresuro, ansiosa
por salir de aquí y regresar con Flick.
Cuando termino, me lavo las manos y vuelvo al pasillo, esperando que
las luces parpadeen. Pero no lo hacen. Así que avanzo, agitando mis manos
en el aire con la esperanza de activar los sensores.
—Mierda —murmuro cuando no pasa nada.
Envolviendo mis manos alrededor de mi cintura, comienzo a caminar
hacia la salida cuando una mano se engancha alrededor de mi boca, tirando
de mí hacia las sombras, ahogando el grito que me arranca de la garganta.
Una ola de miedo se apodera de mí cuando me empujan contra la pared, con
los ojos salvajes, esforzándome contra la oscuridad, buscando
frenéticamente algo, alguien… cualquier cosa. Pero cuando una figura se
para frente a mí, me presiono contra el frío cemento, desesperada por
fundirme en las sombras y volverme invisible una vez más.
—¿Jason? —Espeto, el temblor en mi voz me traiciona—. ¿Eres tú?
Silencio.
—Esto es bajo, incluso para ti. —Cuando la figura todavía no responde,
mi voz se quiebra—. ¿J- Jason?
Incluso en la oscuridad, vestido con una sudadera negra y pantalones de
chándal, una máscara negra que oculta su rostro, sé que es un chico. Es
demasiado alto, demasiado ancho y musculoso… demasiado mortal para ser
una chica.
—Jason renuncia esta mala imitación de Viernes 13 —digo tratando de
calmar el pánico en mi voz—. Me atrapaste, lo reconozco.
Levanto mis manos en señal de rendición, pero la figura me sigue
observando en silencio.
Una pequeña voz en el fondo de mi mente susurra: ¿Y si no es Jason?
¿Qué pasa si es un asesino en serie y estás a punto de ser destripada como
un pez? Pero reprimo los pensamientos. Es una reacción instintiva a la
situación, al miedo que me araña la garganta. Es Jason.
Tiene que ser.
—Al diablo con esto —murmuro, preparándome para correr. Pero
cuando voy a despegar, otras dos figuras salen corriendo de las sombras,
agarrando mis brazos y sujetándome contra la pared.
—Jason —siseo mientras mi cerebro intenta procesar lo que está
sucediendo—. Esto ya no es divertido. Diles a los idiotas que tienes por
amigos que retrocedan antes de que grite.
Sus manos se aprietan y golpeo contra ellas, pero son demasiado
fuertes, y probablemente voy a tener moretones mañana.
—Cameron, Asher, me han hecho muchas cosas malas en el pasado,
pero esto es…
La figura, Jason, se come la distancia entre nosotros en pasos largos y
seguros, deteniéndose a escasos milímetros de mi cuerpo.
—¿Jason? —jadeo, ya no estoy convencida de que es él y de que no voy
a ser destripada como un pez.
El miedo se apodera de mí, mientras él mete la mano en su bolsillo.
Contengo el aliento cuando él comienza a levantar el brazo, esperando el
destello de metal. Pero nunca llega. En cambio, mi visión se oscurece
cuando algo me pasa por la cabeza y esta vez sí grito. El silencio ha sido
bastante inquietante. Pero esto es peor.
Esto es jodidamente aterrador.
—Cálmate —dice alguien, pero la sangre que late entre mis oídos hace
difícil distinguir si es Jason o Asher o Cameron. O alguien completamente
diferente. Mi corazón se estrella violentamente contra mi pecho,
haciéndome difícil respirar ya que cada escenario posible de lo que está por
suceder me inunda la mente.
—Por favor —lloriqueo—. Detente, por favor, detente…
Una mano se cierra sobre mi boca de nuevo, gimoteo, luchando por
respirar, el olor a poliéster domina mis sentidos. Pero todo se detiene
cuando siento que algo se mueve contra mi estómago, pintando patrones
tortuosos. Oh, Dios. Mi respuesta de lucha se marchita y muere, dejándome
paralizada, mientras espero el destello de dolor. Pero nunca llega cuando un
objeto contundente se mueve sobre mi camiseta. Confundida, y ahogada en
un tsunami de miedo y paranoia, dejo que mi cuerpo se vuelva
completamente laxo cuando mis captores comienzan a alejarme de la pared,
guiándome a solo Dios sabe dónde. Los segundos pasan, mis piernas
tropiezan para seguir adelante. Y luego el mundo se vuelve una abrumadora
mancha de color y ruido cuando me arrancan la capucha de la cabeza.
—¿Q-qué? —Parpadeo rápidamente, aspirando el aire avaricioso,
mientras me tambaleo hacia los sonidos.
Pero cuando mi visión comienza a asentarse, me doy cuenta de que algo
anda mal.
Muy mal.
Estoy al borde del estacionamiento, mirando hacia la presentación. Y
todos me están mirando.
Todo el mundo.
La risa comienza como una tormenta. El retumbar del trueno a lo lejos
en la distancia, acercándose cada vez más con la luz. Hasta que está justo en
mí; cada retumbar como un violento escalofrío en mi columna vertebral,
cada crujir como una sacudida en mi corazón.
—¿Hails?
Flick se abre paso entre la multitud, con los ojos llenos de pánico.
—Qué… —Sus ojos se posan en mi pecho y jadea—. Oh, mierda.
El color se va de su rostro.
Mis dedos alcanzan el dobladillo de la camiseta, estirándola para poder
distinguir las palabras. Allí, pintadas con bolígrafo azul, están las palabras
—Monto a los Raiders por diversión.
La vergüenza arde en mí, flameando mis mejillas, cuando me encuentro
con la mirada comprensiva de mi mejor amiga.
—Voy a matarlo —grito, sin importarme quién pueda oírme.
Ella da un paso cauteloso hacia mí.
—Jason no ha hecho esto.
—Por supuesto que sí —siseo, ya buscando en la multitud su cara
engreída.
—No, no lo hizo, Hails. —Algo sobre la convicción en su voz me
detiene, la miro de reojo—. Ha estado aquí todo el tiempo.
—Pero eso no es…
—Lo es, lo prometo.
Justo entonces, lo siento. Mis ojos se levantan y, efectivamente, Jason
está allí, en medio de mi audiencia reunida, sus ojos clavados en mí. Flick
tiene razón. No pudo haber sido él.
—¿Y Asher? —Pregunto, mi voz temblorosa.
—Él estaba justo allí también. Los vi en el puesto de los helados, no se
ha movido.
No sé qué sentir cuando finalmente digo—: ¿Y Cameron?
—Él estaba allí al principio, pero no estoy segura, no lo sé —Suena
como si estuviera disculpándose y no lo entiendo. No tiene nada de qué
sentirse mal. No fue su culpa.
—Ya veo. —Se me hela la sangre.
—Vamos —dice, tomando mi mano—. Vámonos de aquí.
La dejo alejarme de los susurros, las miradas y las risitas. Jason y sus
amigos han sido malos conmigo durante años. No era nada nuevo. Nada a
lo que ya no estaba acostumbrada. Pero esto, esto fue diferente.
Y no puedo evitar recordar las palabras de Cameron, “no vengas a
llorar cuando él te arruine.”
Capítulo 10
Cameron
—¿Necesitas decirme algo? —Jase está bloqueando la puerta de Bell,
con las manos en los bolsillos y la sospecha brillando en sus ojos. Nos
dirigimos directamente hacia aquí desde la presentación del equipo, pero
había conducido mí carro en lugar de ir con él y Asher.
—Todo lo que necesitas saber es que lo manejé.
—¿Lo manejaste? —Levanta las cejas—. No sabía que necesitaba ser
manejado.
Suelto un suspiro exasperado, paso una mano por mi cabeza y debajo de
mi nuca.
—Mira, no puedes darte el lujo de arruinar este año. Hailee, ella es un
problema que no necesitas.
—¿Entonces, pensaste que lo arreglarías por mí? —Se endereza de la
pared, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Simplemente no quiero verte arruinar la temporada por ella.
Él entrecierra su mirada, buscando algo en mi cara. Algo para lo que no
tengo la respuesta. Contengo el aliento, esperando. Aliviado como la mierda
cuando una rara sonrisa levanta la comisura de su boca.
—Mierda, hombre, no puedo creer que hayas hecho eso. Parecía lista
para echarse a llorar y no creo haberla visto llorar antes.
Mi pecho se aprieta al recordar cómo Hailee se había congelado cuando
la agarré. Cómo sus suaves curvas se habían tensado bajo mis dedos. Había
sido lo mismo cuando la besé, excepto que rápidamente se suavizó bajo mis
caricias. Su cuerpo se derritió contra el mío a pesar de que había tratado de
luchar contra él.
Toda la semana, después de nuestro beso en el armario del conserje, la
había observado. Ella había tratado de evitarme; mantenía la cabeza baja
cada vez que pasábamos por el pasillo de la escuela y me di cuenta de que
no se sentaba en la cafetería a almorzar. Pero hubo momentos en que no
sabía que la estaba mirando. Una leve curiosidad estaba pintada en su
expresión y algo que se parecía mucho a la lujuria que brillaba en sus ojos.
Hailee podía negarlo todo lo que quisiera, pero besarme había despertado
algo dentro de ella. Lo había sentido.
Los dos los sentimos.
Pero no importa lo bien que se haya sentido presionada contra mí, lo
bien que se había sentido tener mis labios sobre los de ella, ella es un
problema que ninguno de nosotros necesita.
Entonces, hice lo que debería haber hecho todo el tiempo: la aparté de la
única manera que sabía cómo hacerlo.
—Sí, bueno, espero que la mantengas alejada de tu espalda por un
tiempo. Pero también debes detener esa mierda. Tenemos suficiente de qué
preocuparnos con Finnigan respirándonos en la nuca y luego está esta
mierda con Thatcher.
—Tranquilo, hombre, todo está controlado. —Me da una palmada en la
espalda antes de abrir la puerta—. Vamos, yo invito los tragos.
Lo sigo al interior donde nos encontramos con un bajo estruendo de
vítores. Bell es nuestro lugar; un bar dirigido por un ex Raider que vistió el
lugar para ser un monumento viviente para el equipo. Los recortes de
periódicos y las fotografías cubren la pared, y había una enorme vitrina de
trofeos que albergan algunas de las piezas de recuerdos de los Raiders más
preciadas por Jerry, el propietario: balones firmados, cascos, talones de
boletos de entrada a los partidos. Incluso tenía su viejo jersey firmado por
Jerome Maddox, un Raider que ganó dos súper tazones con los Acereros de
Pittsburg.
—Amigos —nos saluda Jerry mientras cada uno de nosotros tomamos
un taburete en el bar—. ¿Qué puedo ofrecerles?
—Dos Bud Lights por favor, J. —Jase saca su billetera, pero Jerry
sacude la cabeza—. El primero va por la casa. Si ustedes no siguieran
viniendo, el negocio no sería la mitad de bueno de lo que es.
—Bell siempre será territorio de los Raiders. —Jase asiente con la
cabeza mientras Jerry toma nuestras cervezas.
—¿Cómo se ve el equipo? —Nos entrega a cada uno una botella sin
dudarlo, otra ventaja de ser un Raider—. ¿Crees que iremos hasta el estatal?
—Puedes apostar por ello —dice Jase.
—Tengo que traer a casa el objeto brillante antes de ir a la universidad.
—Él mueve su dedo anular, la luz golpea su anillo de Campeonato—.
Escuché que los del este ya están hablando mucho.
La esquina de la boca de Jerry se alza. Nadie sabe lo que está pasando
tanto como Jerry.
—Los del este pueden intentarlo. Tuvieron suerte el año pasado. Este
año, no lo harán.
—Maldita sea, hijo. Tienes toda la razón. Recuerdo mi último año, mil
novecientos ochenta y uno, esa temporada fue brutal. —Sus ojos se llenan
de recuerdos del pasado—. Nadie pensó que llegaríamos a los play-offs.
Nuestro último partido fue contra los Águilas en su estadio. Fue una pelea
de perros. Para el cuarto tiempo, estábamos llegando a veintiséis puntos a
cero. Había muchachos sangrando, más lesiones de las que podíamos contar
y un equipo que apenas estaba de pie. Seré sincero con ustedes, muchachos,
pensé que todo había terminado. Todos lo hicimos.
—¿Qué pasó? —Le doy por su lado al viejo. Había escuchado la
historia antes; todos los que entraron por la puerta de Bell lo hicieron en un
momento u otro.
—El entrenador Royston nos reunió y nos dijo: “la fuerza crece en los
momentos en que no puedes seguir, pero sigues adelante de todos modos”.
Llegamos a ese cuarto tiempo sintiéndonos derrotados, pero salimos
victoriosos y ganamos el Estatal. Tráelo a casa esta temporada, hijo. —Se
dirige a Jason—. Toda la maldita ciudad cuenta contigo.
Por el rabillo del ojo, veo a mi mejor amigo. Sus ojos están
entrecerrados, oscuros, todo su comportamiento es letal. Ganar el Estatal es
el sueño de la mayoría de los equipos de fútbol americano de bachillerato,
pero no es solo un sueño para Jason, es un rito de iniciación. Está en su
sangre. Y lo quiere más que cualquier otra cosa. No solo lo quiere, lo
necesita. A veces me pregunto si lo necesitaba más que el aire que respira.
—Ustedes tómenlo con calma ahora. —Jerry nos da las buenas noches y
va a atender a otros clientes, y nos movemos a donde se había congregado
el resto del equipo.
—¿Por qué? —Grady habla—. Ustedes dos hijos de puta nunca tienen
que pagar por su cerveza, y el resto de nosotros sí.
Jase levanta una ceja mientras se desliza en uno de los bancos de la
mesa.
—Porque es él MC, imbécil —dice alguien.
—¿Y Chase, qué tiene él que yo no tenga? —Grady me sonríe y lo
mando a la jodida.
—Intenta tres ofertas en la mesa de las escuelas de la División Uno,
incluida Penn —me sonríe Mackey como si me estuviera haciendo un favor.
Asher se pone rígido a mi lado y luego golpea su mano sobre la mesa.
—No sé de nadie más, pero no quiero hablar de cerveza gratis. Quiero
hablar de patear el culo de Marshall.
Un coro de “infiernos sí” estalla en nuestra esquina del bar. Saltando
sobre el banco de cuero, lanza su cerveza al aire.
—¿Qué dicen ustedes, creen que podemos patear el trasero de Marshall?
Todo el lugar estalla y pongo los ojos en blanco ante Jase, que no mira a
nada como si Asher no estuviera de pie en el banco, azotando a los clientes
de Jerry en un frenesí.
—No puedo oírte. —Se ahueca la oreja, jugando con su audiencia
embelesada. —Dije, ¿creen que vamos a patearle el culo a los Mosqueteros
el viernes?
Kaiden se levanta de un salto, Mackey también. Hasta que la mayoría
de los jugadores más jóvenes se ponen de pie vitoreando y saltando de un
lado a otro. Pero no me muevo. Tampoco Jase o un puñado de los otros
jugadores mayores. Hemos estado allí, hecho eso. No me disgusta que ellos
lamieran todo: la atención, la emoción de usar un jersey azul y blanco, pero
sé que hay un mundo entero esperándome. Un mundo fuera de Rixon y los
Raiders. Y mientras su tiempo llegue; para mí, para Jase y Asher, ya está
aquí.
Se supone que es el momento decisivo de nuestra carrera futbolística en
el bachillerato y, sin embargo, ya no sé si mi corazón está en eso.
Y algunos días, no sé cómo lidiar con eso.

~~~

Pronto llega el lunes y con él la anticipación para el primer partido de la


temporada.
—Buenos días —digo sofocando un bostezo mientras entro a la cocina,
yendo directo al refrigerador.
—Hola, cariño —mi madre me da una cálida sonrisa mientras ayuda a
mi hermano menor, Xander, a comer su cereal, pero veo los círculos
oscuros alrededor de sus ojos.
—Ameron. —Aplaude vigorosamente, el cereal medio masticado
rociando de su boca.
—Hola, amigo. —Tomo un cartón de leche mientras le revuelvo el pelo.
—¿Ameron día futbo? —Xander me sonríe como si yo fuera la mejor
jodida cosa que jamás haya vivido y mi pecho se aprieta. El pequeño es
lindo y tan ajeno que lo envidio.
Envidio a un niño de tres años.
Qué jodidamente patético.
—Sí, amigo. —Me recuesto contra el mostrador—. Tengo práctica hoy.
Tenemos nuestro primer partido el viernes.
—¡Ido día! —Sus ojos se iluminan—. ¿Mamá, vamos a un día con
Ameron?
—Ya veremos, bebé. —Ella le dirige una sonrisa tensa, sus ojos se
posan en los míos y luego se hunden. Pero no antes de ver el destello de
arrepentimiento allí—. Ya veremos.
—¿Tal vez la madre de Asher podría llevarlo? —Sugiero ya que no
sería la primera vez que la señora Bennet lo lleve—. Si tú estás, ya sabes…
—Sí —sale en silencio mientras limpia a mi hermano—. Ya veremos.
—Buenos día familia. —Mi padre entra en la cocina—. ¿Y cómo
estamos todos esta mañana?
Atrae a mamá para darle un abrazo, le da un beso en la cabeza y
comparten una sonrisa íntima antes de ir a la cafetera.
—¿El primer partido de la temporada es el viernes entonces? —Él se
dirige a mí—. ¿Cómo te sientes?
—Bien —digo apenas prestándole atención mientras veo a mamá
recoger a Xander y desaparecer por el pasillo—. Estoy listo.
—Es un gran año, hijo. —Papá sorbe su café—. Desearía que las cosas
pudieran ser fáciles.
—Está bien, papá. —Lo corto. No quiero hacer esto, no ahora mismo—.
Todavía no he decidido nada, todavía hay tiempo.
Él asiente, entendimiento se ve en sus ojos.
—Haré todo lo posible por estar allí, pero…
—Lo sé. —Las palabras casi me ahogan.
—Marshall podría ser un primer partido complicado. Tienen una fuerte
defensa con ese chico Belson, ¿verdad?
—Sí, pero creo que podemos hacerlo. Nuestra ofensiva parece fuerte y
el entrenador nos tiene practicando jugadas hasta que estemos azules de la
cara.
—Bien, eso está bien. Xander estará con Katie después de la escuela los
lunes, miércoles y viernes, tenemos citas.
—Mierda, papá, ya te dije que puedo cuidarlo. Puedo hablar con el
entrenador y tal vez pensar…
—Cameron, es el último año. —Suspira, apenas capaz de mirarme a los
ojos—. Este año es importante, hijo. Y a Xander le gusta estar con Katie. Sé
que quieres ayudar, pero esto es importante para nosotros. Tu futuro es
importante para nosotros.
—¿Cómo está ella, papá? —Digo las palabras sobre el nudo en mi
garganta—. ¿De verdad?
Se pasa una mano por la cara dejando escapar un suspiro exasperado.
—Tu mamá va a estar bien, hijo. Muy bien, este nuevo doctor está en
todo; están ajustando sus medicamentos y haciendo algunas pruebas. Tengo
un buen presentimiento.
—Bien, eso está bien. —Porque Dios solo sabe que necesitamos un
descanso.
—Solo necesito que te concentres en la escuela y el fútbol americano,
Cameron. —Él se acerca a mí—. ¿Prométeme que harás eso?
Mi padre me aprieta el hombro y, de alguna manera, logro asentir.
—Lo prometo. —Sale estrangulado. ¿Qué más puedo hacer?
Pero cuando mi papá se despide y va a buscar a mamá y Xan, no puedo
evitar sentir que hay algo que no me está diciendo.
Capítulo 11
Hailee
—Buenos días, mi amor. —Mi madre está ocupada preparando el
desayuno cuando finalmente bajo las escaleras—. No olvides que tenemos
que ir a buscar las fotos de la boda el miércoles.
Gimo en silencio.
—Excelente. —Por qué me habían obligado a hacerlo cuando debería
haber sido algo que un esposo hace con su nueva esposa, está más allá de
mi entendimiento. Pero Kent está ocupado, así que ha sugerido que fuera en
su lugar.
—¿Hailee Raine, puedes al menos intentar fingir que estás interesada?
Esto es importante para mí.
—Lo sé, mamá, es que yo… —Al presionar mis labios, trago las
palabras que quiero decir y finjo una sonrisa—. El miércoles suena genial.
¿Puedo invitar a Flick?
—Ya le dije al Señor Fetton que nos esperara a las tres. —Ella me
conoce muy bien—. ¿Entonces como estuvo tu fin de semana?
Detecto un rastro de sospecha en su tono.
—Mi fin de semana estuvo bien. —Sale un poco más agudo de lo que
pretendía.
Había pasado la mayor parte del sábado en mi habitación. Flick había
venido y habíamos visto películas de terror ridículas y atragantado de
comida chatarra; entonces ayer, yo me la pase trabajando en un par de
proyectos de arte.
Mamá inclina la cabeza y me estudia.
—¿Estás segura? Te ves como si…
—Estoy bien. —Sonrío de nuevo.
—Porque si algo pasara…
—No pasa nada, mamá. —Es posible que ella hubiera escuchado sobre
la presentación del equipo; los rumores vuelan por nuestra ciudad más
rápido que los rayos, pero de ninguna manera voy a mencionarlo. Quiero
olvidarlo todo.
—Está bien. —acepta, algo llama su atención sobre mi hombro—.
Buenos días, Jason.
Me pongo rígida pero no miro hacia atrás para saludar a mi
hermanastro. No lo había visto en todo el fin de semana, y después del
viernes por la noche, realmente no quiero verlo. Puede que no hayan sido
sus manos las que me agarraron en el estadio y me humillaron, pero sabía
que él había puesto a Cameron a cargo. Y como un buen perrito faldero, él
había seguido las órdenes de su amo.
Mis músculos se tensan mientras me preparo para su engreída
observación al respecto. Pero nunca llega. En cambio, le ofrece a mamá un
breve saludo, sin dedicarme más de una mirada.
Extraño.
—Tu papá ya se fue —mi mamá mantiene su tono de voz alegre.
—Entendido. —Jason agarra una barra de energía y una de sus bebidas
de proteínas y se va. No me lanza una mirada mordaz ni lanza ningún
insulto a la espalda de mi madre.
Ciertamente es la primera vez, y me tiene más nerviosa que nunca.
Mamá se deja caer contra el mostrador y suelta un profundo suspiro.
—No nos la pone fácil, ¿verdad? —La tristeza se apodera de sus rasgos
y lo odio un poco más por hacerla sentir mal.
—Él es Jason. —Tomo un sorbo de mi jugo.
—Lo sé, lo sé. Está bajo mucha presión con el equipo y la universidad.
Pero pensé, esperaba que tal vez con la boda y siendo el último año y todo,
él…
—Mamá. —Colocando mi vaso sobre el mostrador, voy hacia ella,
tomando sus manos entre las mías—. No dejes que te afecte.
—Es diferente cuando Kent está con nosotros.
Sí, porque Kent es el que regula todo, absorbiendo parte de la hostilidad
de su hijo hacia mí y mamá. Y siempre tiene una excusa por la falta de
voluntad de Jason para asistir a comidas o viajes familiares. “Necesita
concentrarse en el fútbol americano”, diría Kent, “está bajo mucha presión.”
Pero mi mamá no es idiota. Jason la odia casi tanto como me odia a mí.
Hubo un tiempo en el que me llegue a preguntar si Jason me odiaba por
ella. Pensé que tal vez solo era un niño enojado de doce años, enojado
porque su padre estaba tratando de reemplazar a su madre. Pero ya no
somos niños y Jason nunca intentó tener una buena relación con mi mamá.
Y él solo se había vuelto más frío conmigo. Además, por lo que había
escuchado, la relación del señor y la señora Ford se rompió mucho antes de
que mamá y yo entráramos en la escena. Mi madre había sido una madre
soltera que luchaba y Kent había estado recogiendo las piezas de su vida
cuando se conocieron, y aunque no estaba entusiasmada con la posibilidad
de tener una nueva familia, después de lo que mi padre le hizo, quería que
ella fuera feliz.
Incluso si hubiera elegido a un ex jugador de fútbol americano
universitario que entrenaba fútbol americano de secundaria, con un hijo que
respiraba fútbol como si fuera aire. Pero al menos Kent ya no jugaba. Eso
hubiera sido demasiado para soportar.
La abrazo y mamá pega su mejor sonrisa.
—¿Quizás solo necesita algo de tiempo para acostumbrarse?
—Tal vez. —Lo dudo, había tenido años para acostumbrarse a que
estuvieran juntos antes de la boda, pero no quería reventar su burbuja—.
Me tengo que ir, Flick me está esperando.
—Que tengas un buen día, nena. —Ella besa mi cabeza, y agarro mi
bolso, antes de deslizarme hacia el pasillo, mi estómago se aprieta con cada
paso.

~~~

Una vez que encuentra un lugar para estacionarse, Flick apaga el motor
y se gira hacia mí.
—Está bien —inhala profundamente—. Puedes hacerlo.
—¿Hacer qué?
—Entra allí con la cabeza bien alta, por supuesto.
—Correcto —respondo, confundida—. ¿Hay otra opción?
—Bueno, estoy preparada para agregar otra cosa a mi lista.
—¿Lo estás?
—Sí. —La travesura brilla en sus ojos—. No quiero terminar en prisión,
pero lo haría por ti.
—¿En prisión? —Reprimo la risa que burbujea en mi pecho.
—En las buenas y en las malas, nena. —Flick mueve las cejas—. Lo
digo en serio, si quieres obtener una venganza, estoy dentro. Muy dispuesta.
Lo que Cameron hizo fue…
—No quiero venganza —digo, sintiendo que mi voz se apaga.
Mi mejor amiga se echa hacia atrás, con los ojos muy abiertos por la
sorpresa. —Lo siento, creo que te escuché mal porque sonaba mucho como
que dijiste, no quieres vengarte.
Me encojo de hombros y digo—: Es cierto, he terminado con esto.
—¿Pasó algo más? —Frunce el ceño—. Algo que no me hayas dicho…
—Tu tenías razón. Ha ido demasiado lejos y si no me alejo, seré yo
quien termine lastimada. Ya no puedo jugar sus jueguitos. Se terminó.
Algo había cambiado cuando Cameron me besó, no es que alguna vez lo
admitiera a nadie. Por una fracción de segundo, en realidad pensé que le
interesaba. Su beso fue demasiado intenso. Sus caricias demasiado
desesperadas. Y casi me había enamorado de eso; anzuelo, línea y plomo.
Pero ahora, me doy cuenta de que todo era parte del juego.
Un juego que, hasta el momento en que sus labios se fijaron en los
míos, siempre había estado más que dispuesta a jugar. Incluso me había
considerado un oponente digno. La chica que se negó a dejar que los
Raiders la pisotearan. Pero algo es diferente este semestre.
Cameron había ido tras la única cosa que siempre había protegido.
Mis emociones.
Me había hecho sentir algo. Cosas que no quería sentir. Las reglas
habían cambiado y, en el fondo, sabía que, si seguía jugando, mi reputación
y cordura no serían lo único en juego.
—Vaya, Hailee Raine. ¿Será que finalmente has madurado?
—Vete al carajo. —Le doy un manotazo en el brazo—. Es que tengo
cosas más importantes en las que enfocarme.
—¿Quieres decir cómo ayudarme con mi lista? —Parece tan presumida,
y murmuro indignada por lo bajo—. Me debes una, ¿recuerdas?
Mi amiga me mira haciéndome ojitos, como el gato con botas en la
película del ogro.
Cuando salimos de su Bettle y nos dirigimos a la escuela, no puedo
evitar pensar que había cambiado una forma de tortura por otra.

~~~

—Es como si fueras invisible —susurra Flick el jueves mientras nos


sentamos en nuestro lugar habitual en la cafetería.
—Me parece bien —murmuro alrededor de un bocado de taco.
—Sí, pero quiero decir, es raro, ¿verdad? —Sus ojos miran por encima
de mi hombro y sé que estaba mirando la mesa de fútbol americano—.
Después del viernes pasado, esperaba que recibieras una reacción violenta.
—Paul Rankle me preguntó si hago tríos, y Finley Palmer me preguntó
si quería montar su polla en el gimnasio. Creo que eso es suficiente
reacción. —Hubo otras cosas durante la semana: notas en la clase de inglés
y un par de ofertas en el almuerzo, y cada vez que entraba a clase el salón
caía en silencio. Pero en general, nadie dijo nada sobre el viernes. Sé que no
significa que la gente no hable de eso a puerta cerrada; simplemente no
quieren arriesgarse a cabrear a su querido capitán de fútbol americano.
—Supongo —dice—. Y vi algunas cosas en el baño de chicas.
—¿Lo hiciste? —Mis ojos se abren—. Por supuesto que sí.
Suelto un suspiro exasperado. Todos saben que las chicas están un poco
por encima cuando se trata de romper a una de las suyas. Los chicos pueden
ser los que rompen corazones por aquí, pero las chicas son las que arruinan
la reputación.
—Probablemente fueron Khloe y su escuadrón de perras. Sabes que a
ella no le gusta la idea de que alguien más esté “montando Raiders por
diversión”. Ella usa comillas en las últimas palabras y me rio entre dientes.
—Khloe se puede quedar con ellos. —Miro discretamente sobre mi
hombro. Jenna Jarvis está enrollada con Jason como una erupción cutánea
mientras el resto del equipo de gimnasia se sienta entre todos ellos. Mi
mirada va directamente a Cameron y la morena se acurruca contra él y de
regreso a mi amiga—. Aunque parece que el equipo de porristas está fuera
y el equipo de gimnasia está dentro.
—Bueno, esas chicas son más flexibles. —Flick se burla y mi cara se
arruina.
—Esa es una imagen que no necesito mientras estoy almorzando.
—Entonces, sobre el partido de mañana.
—No eso de nuevo, Flick. Ya te dije que no voy a ir. —Asistir a una
presentación de equipo fue una cosa, ¿pero un partido? Después del viernes,
no se me ocurre nada peor.
—Pero tienes que venir. —Hace un puchero, de nuevo haciéndome
ojitos. —O de lo contrario tendré que ir sola, y no querrás eso, ¿verdad?
¿Tu mejor amiga, triste y sola en una multitud de cinco mil personas?
—Te odio.
—No, eso es mentira, me amas, y porque me amas, vendrás al partido
inaugural conmigo. —No es una pregunta, así que no respondo. Pero la
fulmino con la mirada. Muy fuerte.
La suave risa de Flick llena nuestro pequeño rincón de la cafetería.
—Va a ser muy divertido —dice.
—Sí, tal vez perderán. —Sonrío, la idea me llena de una enfermiza
sensación de satisfacción.
—Hails, no puedes decir eso. Es de mala suerte o algo así.
—Bien, bien. —Bombeo el aire con el puño—. Arriba los Raiders.
—Eso está mejor —asiente con aprobación—. Mucho mejor. Te
haremos fanática de los Raiders muy pronto.
Limpiamos nuestra mesa y salimos de la cafetería, pero cuando
doblamos la esquina, Cameron está en su casillero. Levanta la cabeza y sus
ojos se fijan en mí. Pero tan rápido como se clavan en mi cara, se alejan.
Como si yo no fuera nadie.
Como si no me hubiera besado la otra noche y luego me hubiera
humillado frente a la mayoría de la escuela.
¿Y lo peor?
No sé qué duele más.

~~~

El viernes por la noche, me encuentro regresando al único lugar en el


que pensé que no pisaría jamás. Pero mi mejor amiga es implacable, y al
final, pensé que era más fácil terminar con eso ahora que pasar todo el
semestre tratando de esquivar sus avances. Casi había esperado que ella me
llegará con un jersey de los Raiders y una gorra a juego, pero había dicho
que podíamos dejar eso para después.
Como si esta noche fuera a volver a suceder.
—Es emocionante. ¿No te parece? —Grita sobre el ruido de la multitud
mientras nos metemos en las gradas junto con el resto de Rixon. Toda la
ciudad cierra en las noches en que hay partidos y aquellos que no tuvieron
la suerte de obtener boletos estarán acampados alrededor de sus televisores
listos para ver el partido inaugural de los Raiders contra los Mosqueteros de
Marshall.
—Emocionante, sí —me quejo cuando encontramos nuestros asientos.
El campo ya es una colmena de actividad; la banda de música actuando
mientras las porristas animan a la frenética multitud.
Al igual que la noche de la presentación del equipo, el aire es eléctrico.
Pero esta noche es diferente. Más, de alguna manera. La multitud tiene
hambre, la energía de cinco mil personas cruje por el estadio Dawson. Pero
nada podría haberme preparado para la oleada que siento cuando el equipo
rasga la enorme pancarta azul y blanca.
—Mi corazón late tan fuerte —admite Flick, con los ojos brillantes de
alegría, la piel enrojecida. Se ha convertido en una de ellas ahora. Su
corazón se sincroniza con el ritmo de la multitud, el ritmo del tambor de la
banda. Una buena amiga habría estado emocionada por ella; contenta de
estar teniendo todas estas nuevas experiencias de vida que podría marcar en
su lista. Pero supongo que había perdido mi título de buena amiga cuando
no me había dado cuenta de que ella quería estas experiencias en primer
lugar.
Imagine Dragons retumba en la cancha, apenas ahogando el estridente
canto mientras todos cantan la letra de sus amados Raiders. Mis ojos
inmediatamente encuentran el número uno y cuarenta y dos, hasta
finalmente aterrizar en Cameron, el catorce en su jersey destaca como un
letrero de neón que mis ojos no pueden evitar si lo intentara.
—No me odies —Flick atrae mi atención, presionando contra mi
costado—. Pero creo que me encanta esto.
—Lo sé —susurro, mi estómago se hunde. Porque lo sé. Ella está
radiante. Como si estar aquí, en la multitud, es su vocación.
—Solo prométeme que no te convertirás en una de ellas —respondo,
tratando de aclarar mi decepción.
—¿Ellas? —pregunta, apenas capaz de apartar su mirada del campo.
—Sí, una Khloe Stemson o una Jenna Jarvis. Prométeme que no
cruzarás esa línea.
Las cejas de Flick se arrugan como si estuviera hablando en otro
idioma. Pero antes de que ella pueda responder, los capitanes del equipo son
llamados para lanzar la moneda. Cuando Jason y sus compañeros de equipo
regresan al resto de su equipo, ella chilla.
—¡Sí, ganaron el volado!
—¿Ah, sí? —Pregunto, sin tener idea de lo que está sucediendo en el
campo.
—Sí, mira. —Señala a Jason y Cameron y algunos otros que ahora están
trotando en el campo—. Parece que van a patear para el otro equipo.
—¿Y se supone que debo saber qué significa eso?
Ella sacude la cabeza suavemente.
—Sólo mira, lo entenderás.
—Si tú lo dices.
—Sí, ahora presta atención. —Flick empuja su cabeza hacia el campo y
yo gimo.
Será una larga noche.
Capítulo 12
Cameron
Mis músculos arden por el esfuerzo, el sudor rueda por mi espalda y
gotea por mi frente mientras nos reunimos en el vestidor, esperando al
entrenador. Este entra con sus entrenadores asistentes, luciendo tan fresco
como la lechuga.
—Así es como se hace, señoritas —dice quitándose la gorra y
pasándose una mano por el cabello canoso—. Ofensiva, sigan trabajando
duro, ejecutando esas jugadas rápidas que hemos estado practicando y
tendremos a Marshall comiendo de la palma de nuestra mano. Defensiva,
manténganlos inmovilizados. Bennet, buen bloqueo, hijo. Su mariscal de
campo ha completado tres de cuatro pases, pero sigan encima de él y se
cansará.
Asher me sonríe al otro lado de la habitación y pongo los ojos en
blanco.
—Sin embargo, tengan cuidado con su corredor, él tiene una tendencia a
ampliar su espacio y meterse entre nuestros muchachos.
—Yo me encargo de él, entrenador. —Asher levanta su casco—. Nadie
me pasará.
—Realmente me alegra oírlo, hijo. Ahora reúnanse. —Nos hace señas
—. Sé que hay mucha presión en este momento. La gente se decepcionó
cuando no pasamos la primera ronda del año pasado. Demonios, yo estaba
decepcionado, pero esta es una nueva temporada.
Se escuchan murmullos bajos a mi alrededor cuando los muchachos
recuerdan cómo se había sentido ser eliminado gracias a Rixon East.
—Está bien, está bien —grita el entrenador Hasson sobre el ruido,
esperando silencio—. Déjenme decirles algo sobre ganar el estatal. No se
trata de suerte o de qué escuela tiene los mejores jugadores o la mayor
cantidad de dinero, se trata de trabajo en equipo y corazón. Se trata de
aprovechar cada oportunidad y convertirla en algo de lo que se está
orgulloso. No juegues por ti mismo, juega por los otros diez hombres en el
campo. Los hombres que te observan desde los laterales.
—Este podría ser sólo el partido inaugural, pero aquí, ahora, ustedes
hagan lo que hacen; salgan y jueguen como campeones, ¿me escuchan?
—Sí, señor.
—Dije, ¿me escuchan?
—¡SÍ, SEÑOR! —Nuestras voces se funden juntas, resonando en las
paredes.
—Eso es lo que me gusta escuchar. Asher, hijo, llévatelo.
Se mueve hacia el centro del grupo, con los ojos entrecerrados y los
hombros cuadrados.
—¿Quiénes somos?
—Raiders —todos gritamos en sincronía bien ensayada.
—Dije quiénes somos?
—¡RAIDERS!
—¿Y nosotros qué somos?
—Familia —nuestras voces resuenan por la habitación, reverberando a
través de mi pecho.
—¿Y qué vamos a hacer?
—Ganar.
—Dije qué vamos a hacer?
—¡GANAR!
—Maldita sea, claro que lo haremos —grita el entrenador sobre el ruido
—. Ahora salgamos a jugar.
Lanza su portapapeles al aire, y salimos corriendo del vestidor, con los
puños en alto, con el espíritu en alto. La adrenalina corre a través de mí
mientras reboto en la punta de mis pies, estirando mi cuello de lado a lado.
La noche en que jugamos siempre es enérgica, adictiva y lo consume todo.
Durante esos cuarenta y ocho minutos no hay lugar para pensar en otra cosa
que no sea la victoria.
El rugido de la multitud al volver a entrar en la cancha es ensordecedor,
el resplandor de las luces del viernes por la noche cegadora. Somos dioses
ahora, y esta es nuestra arena.
—Disfrútalo, hermano —Jase me da una palmada en la espalda—. Este
año es nuestro. ¿Estás listo?
Sus ojos están oscuros, casi negros. Nunca he visto a nadie entrar en la
zona como él lo hace.
Asintiendo, me pongo el casco, muerdo con fuerza el protector bucal y
salgo a nuestra zona de anotación. Marshall ya está en el campo en la línea
de treinta y cinco yardas, listo para comenzar. Nuestros jugadores se ponen
en posición, esperando el silbatazo. Suena y su pateador golpea el balón.
Mis ojos se fijan en él, siguiendo su proyección mientras navega por el aire,
largo y profundo.
—Es tuyo, catorce —grita alguien.
Sigue volando, cortando el aire como una bala. Me dejo caer,
moviéndome bajo la trayectoria del balón, alineándome para la captura. No
necesito pensar, las acciones están impresas, instintivas como memoria en
mis músculos. Rodillas sueltas, manos acunadas, el balón cae con un ruido
sordo y lo meto en mi cuerpo, cerrando mis dedos alrededor del cuero.
—¡CORRE! —Otra voz grita, haciendo eco por el entrenador y sus
hombres al margen, nuestra multitud de cuatro mil personas en las gradas.
Pero no necesito aliento, mis ojos ya están escaneando el campo,
anticipando la ruta hasta el final. Los bloqueadores de Marshall ya se
mueven campo abajo, una ola de negro y amarillo vienen hacia mí, pero veo
una abertura y despego, bombeando mis piernas tan rápido como me llevan.
La adrenalina dispara mis sinapsis, disparando alrededor de mi cuerpo
como pequeños rayos, impulsándome hacia adelante.
Paso el centro del campo en los cuarenta, con la estampida de los
jugadores de Marshall justo detrás de mí, pero sigo corriendo más fuerte.
Me sigo moviendo. Al ver una mancha de amarillo y negro en mi periferia,
me hago pequeño, como si fuera a abrazarme a mí mismo, preparándome
para el golpe, pero nunca llega, uno de nuestros muchachos se estrella
contra su bloqueador, sacándolo de la jugada. Treinta yardas... veinte... diez;
ahora no pueden atraparme mientras vuelo hacia la zona de anotación, nada
entre mí y la anotación sino aire fresco. Golpeando el balón contra el suelo,
me encuentro empujando entre mis compañeros de equipo cuando la
multitud estalla.
—Noventa y cinco yardas, nene —grita Grady—. Así es como se hace.
Me golpea con el puño mientras nos movemos campo arriba para que
nuestro pateador intente la conversión. La pelota navega limpiamente a
través de los montantes dándonos el punto extra, llevando nuestra ventaja a
treinta y ocho a seis. Marshall necesita un milagro ahora para arañar una
victoria.
Cuando volvemos corriendo a la banca, Jase me saluda, presionando su
casco contra el mío. —Es por eso por lo que Penn te quiere.
Me da una sonrisa rara.
—Un partido menos, quedan otros nueve y luego vamos hasta la final.
La convicción en su voz es mortal, y sé que Jason cree cada palabra que
sale de su boca.
Ganaremos la estatal.
Y yo iré a Penn con él.
Y tendríamos largas y exitosas carreras de fútbol universitario... juntos.
En su mente, no hay otra opción.
—¿Hey, estás bien? —Me agarra del hombro, con los ojos fijos en mi
cara.
—Sí, estoy bien. —La mentira sale de mi lengua—. Vamos, tenemos un
partido que ganar.

~~~

Ganamos cuarenta y seis a doce al final. Nuestra ofensiva fue rápida,


nuestra defensiva impenetrable. Y en palabras del entrenador —los
superamos como en un sueño—. Pero la victoria me sabe agridulce.
Después de que salimos del campo y volvemos al vestidor, recibo un
mensaje de voz de papá diciendo que no podrían asistir al partido. Lo había
dejado diez minutos después del saque inicial. Entonces, mientras mis
compañeros de equipo están entusiasmados por ver a sus amigos y
familiares que esperan afuera para felicitarnos, todo lo que quiero es algo de
aire.
No es que no aprecie que la gente venga a apoyarnos, lo hago, pero es
un doloroso recordatorio de que no tengo a la gente que más quiero
esperándome en la multitud reunida.
—Jugaste bien, Cam —Khloe se acerca a mí mientras espero al resto de
los chicos.
—Gracias —gruño, pateando la tierra con mi tenis.
Se acerca y sus tetas rozan mi brazo.
—¿Vas a ir a Bell?
—No estoy seguro de lo que los chicos quieren hacer todavía. —No
tengo ganas de celebrar.
Mis ojos recorren el estacionamiento hacia donde Asher y algunos de
los otros muchachos firman autógrafos y se toman fotos con los fanáticos,
mientras Jase y su padre hablan con el entrenador.
—Bueno, tal vez podríamos, ya sabes —Su voz se apaga cuando veo a
Hailee a través del estacionamiento, caminando con Felicity hacia esa
chatarra que ella llama auto.
¿Qué está haciendo aquí?
Odia el fútbol americano, casi tanto como odia a Jason. Y después de la
presentación del equipo, nunca pensé que volvería a pisar este lugar. Ese
fue un poco el punto. Sin embargo, aquí está ella. Burlándose de mí.
Haciéndome desear que las cosas fueran diferentes.
—¿Entonces, qué piensas? —La mano de Khloe se apoya en mi brazo y
la miro con el ceño fruncido.
—¿Qué?
—Dije que tal vez podamos pasar el rato alguna vez, ¿solo nosotros
dos? —Código “ella quiere que me la eche”.
—Escucha, Khloe, no estoy… —Los ojos de Hailee me encuentran,
entrecerrándose con desprecio, odio irradiando de ella, incluso desde el otro
lado del estacionamiento. O tal vez no es odio, tal vez son celos.
Moviendo mi brazo alrededor del brazo de Khloe, evalúo la cara de
Hailee para una reacción. Sus labios se separan cuando su aliento se
detiene. Bingo. Bajando la cabeza hacia el oído de Khloe, susurro—: Creo
que tendrás mejor suerte con Mackey. Ese chico tiene ganas de celebrar y sé
que piensa que estás muy buena.
A diferencia de mí, que no toma chicas de segunda mano, la mayoría de
los chicos comparten chicas.
—¿Sí? —Me sonríe, pero aún tengo los ojos fijos en Hailee.
Observa por un segundo antes de sacudir un poco la cabeza y subirse al
auto de su amiga. Quería sacarle una reacción, involucrarla después de una
semana de ignorarnos el uno al otro. Se supone que me haría sentir mejor,
para darme ese hormigueo de emoción que siento cada vez que
interactuamos. Pero esta vez, todo lo que siento es el amargo aguijón del
desánimo y un arrebato de arrepentimiento.
—Hey, hombre —Asher se acerca—. ¿Fue esa Hailee la que acabo de
ver subir en la carcacha de Felicity?
—¿Hailee, estuvo aquí, en un partido de fútbol? —Khloe mira por
encima del hombro con una sonrisa burlona—. Wow, ella tiene bolas más
grandes que yo…
—Creo que veo a Mackey allá —le digo, interrumpiéndola.
—¿Sí? —La esperanza brilla en sus ojos.
—Sí, mira. —Señalo hacia dónde está parado con el resto de los chicos
—. Deberías ir a saludar.
—E-está bien. Nos vemos. —Ella se aleja con un salto en su paso y
Asher dice—: ¿Qué demonios fue eso?
Encogiéndome de hombros, pateo la tierra nuevamente
—Le dije que a Mackey le gusta ella.
—A él le gusta cualquier escoba con patas.
—Suerte para ella entonces.
—¿Estás bien, hombre, tus padres vinieron?
Sacudiéndole la cabeza, murmuro—: No.
—Mierda, hermano, lo siento. Escucha, ¿quieres ir a casa y pasar el
rato? Mamá está preparando lasaña. —A pesar de que sus padres están
mucho tiempo fuera de la ciudad, cada vez que vuelven, la Sra. Bennet
insiste en tener un tiempo familiar de calidad.
—No, probablemente debería ir a casa y asegurarme de que todo esté
bien.
—¿Estás seguro?
—Sí, pero dile a tu mamá y a tu papá que les mando saludos.
Asher me da una palmada en la espalda antes de dirigirse a su Jeep.
—Hey, Chase —es la voz de Jase—. ¿Vienes a Bell?
Comienza a caminar, algunos chicos se quedan atrás, esperando que su
mariscal de campo dé la orden.
—Necesito ir a casa.
—Vamos, hermano, siempre celebramos las victorias juntos. —Tiene
razón, lo hacemos. Pero no estoy de humor esta noche.
—Me necesitan de vuelta en casa. —No es una completa mentira.
—Sé que están pasando algunas cosas con tu mamá, pero es el último
año. —Suena irritado—. Saben que debes priorizar al equipo. No tienes que
sentirte cul...
—Te veo mañana, ¿de acuerdo? —Le ofrezco un pequeño asentimiento,
esperando que lo deje ir.
Me estudia durante un par de segundos más y luego se encoge de
hombros.
—Sí, lo que sea, hombre. Te llamare mañana. —Jase está enojado, pero
no lo entiende.
Quizás nunca lo hará.
Y hasta hace poco, nunca había sido un problema.
Capítulo 13
Hailee
Desde que había asistido al partido de fútbol con ella anoche, Flick
acordó seguirme el rollo de ir a El Callejón. Es nuestro lugar de reunión
habitual, principalmente porque el equipo de fútbol rara vez viene por aquí.
Prefieren ir a Bells, un bar del centro. El propietario es un gran fanático del
fútbol, y deja que el equipo entre y salga a su antojo. No hace falta decir
que lo evito a toda costa. Incluso si tienen las mejores papas fritas de la
ciudad.
Pero El Callejón es genial. Tiene patinaje sobre ruedas; bolos; una
pequeña sala de juegos; un comedor y, en un fin de semana, Tate, el dueño,
deja tocar a las bandas locales. No es como Jerry, el dueño de Bells, que
deja que el equipo beba y hagan lo que quieran sea bueno o malo, pero aun
así puedes pasar un buen momento.
La segunda razón por la que me encanta tanto El Callejón. Es que está
justo en la frontera entre Rixon/Rixon East con unas impresionantes vistas
sobre el río Susquehanna. Es como mi propia Suiza. Una zona libre de
fútbol americano, intacta por la rivalidad entre los Raiders y los Águilas.
Cualquiera es bienvenido a pasar el rato aquí, pero Tate te patearía el trasero
más rápido de lo que podrías decir “arriba los Raiders” si se enterara de
cualquier problema.
¿Mencioné que Tate es mi tipo de gente?
—¿Entonces, lo odiaste tanto como esperabas? —Flick me pregunta
mientras ponen frente a nosotras las malteadas que pedimos, papas fritas
con tocino y queso y encontramos una mesa.
—Fue... bueno, supongo. Pero no me apresuraré a conseguir mis boletos
para el juego de la próxima semana.
—Aguafiestas. —Me saca la lengua, y luego dice casi jadeando—. Los
chicos se veían bien, ¿verdad? Con esos pantalones ajustados y hombreras.
—Realmente eso no me emociona. —Me encojo de hombros mientras
agito las fresas en mi batido.
—Lo siento —se ahoga Flick—. ¿Pero estás ciega?
—Simplemente no encuentro sexy a los jugadores de fútbol. —Excepto
tal vez uno, pero él es un imbécil con el que no quiero tener nada que ver.
Nunca. De nuevo.
Flick me examina, sus ojos entrecerrados buscando mi cara.
—¿Qué? —Pregunto, incómoda con su mirada inquisitiva.
—Estás escondiendo algo.
—No lo estoy. —Gran respuesta, idiota.
—Hails…
—Flick… —Me encuentro con su mirada de acero con la mía.
—Es él, ¿no, Cameron, se ha metido debajo de tu piel?
—¿Qué? No.
—Estás siendo cautelosa. Sé que algo pasó. Es mejor que me lo digas
ahora o yo solo...—
—Bien —siseo—. Bien. Solo mantenlo en secreto, ¿de acuerdo?
Mis ojos inspeccionan las inmediaciones por cualquier chico de la
escuela. Acercándome a la mesa, me inclino sobre mis brazos.
—Él me besó.
—¿Te besó? —Sus ojos casi se salen de su cabeza—. ¿Y no me lo
dijiste? ¿Cuándo esto pasó? ¿Hubo lengua? ¿Fue bueno? Por supuesto que
fue bueno; es Cameron Chase por el amor de Dios.
—Flick. —Le doy una mirada fulminante—. Respira.
—Yo... vaya. —Una expresión soñadora se apodera de ella—. Él te
besó.
Su expresión cambia a una presumida.
—Lo sabía. Sabía que está interesado en ti.
—¿Has olvidado lo que me hizo?
—Juego previo, Amiga. Te lo digo, todo es juego previo.
—Tienes una visión muy extraña del mundo.
—Solo digo que ser un imbécil de cinco estrellas va de la mano con ser
un Raider. Esos tipos son, bueno, son una ley en sí mismos. Así es como es.
Tú sabes que el entrenador tiene todas estas reglas sobre que salgan y que
las chicas sean una distracción.
—¿Entonces eso les da licencia para acostarse con la mitad de las chicas
en la escuela y nunca volver a llamarlas? —Mi ceño se alza. No estoy
comprando esa idea, de ninguna manera.
—Eso no es lo que digo, pero toda la ciudad los coloca en este pedestal.
No es de extrañar que sean como son cuando lo piensas.
—¿Hay algo que tú necesitas decirme a mí? —Le volteo las cartas a
ella.
—¿Qué? ¡No! —Ella se sonroja y las campanas de alarma suenan en mi
cabeza—. Sólo digo…
—Suena como si los estuvieras defendiendo si me preguntas.
—Oh detente. —Flick me lanza una mirada desconcertada—. Todos
saben que los muchachos del equipo son mujeriegos. No salen, no se
enamoran, y ciertamente no besan a las chicas por el mero gusto de
besarlas.
Es su turno de levantar una ceja.
—Besan a las chicas por el bien de seguir siendo importantes todo el
tiempo.
—¿Dónde te besó Cameron?
—¿Q-qué? —La miro boquiabierta, sintiéndome caliente.
—Responde la pregunta, Hails.
—¿Dónde crees que me besó? En la boca, idiota. —Aunque no puedo
negar la idea de que él me besara en otros lugares, me tenía presionando las
rodillas. Contrólate Hailee Raine. Lo odias, ¿recuerdas? Lo. Odias.
—No, quiero decir, ¿dónde te besó, en una fiesta, en el pasillo de la
escuela? ¿Estaban en tu casa o en tu cuarto? Tonta.
—Yo… esto… en el armario del conserje en la escuela.
—Oh, esto sigue mejorando. —Flick sonríe la diversión bailando en sus
ojos—. Y cómo, por favor dime, ¿terminaste en el armario del conserje con
él?
—No importa.
—¿No importa, me estás jodiendo? Creo que importa. Creo que importa
mucho. Él te gusta, ¿no?
¿Él me gusta?
No a mí no me gusta Cameron Chase.
Lo odio con cada fibra de mi ser.
—Ya no voy a hablar más de esto —digo, metiéndome un puñado de
papas fritas en la boca.
—Bien, pero sé que hay más. Y recuerda, Hails, la verdad saldrá a la
luz, siempre lo hace.

~~~
Una hora después, Flick finalmente ha renunciado a la idea de que había
más entre Cameron y yo. Mi tratamiento de silencio cada vez que ella lo
mencionaba probablemente tuvo algo que ver con eso.
—Chicos lindos a las dos en punto. —Miro de reojo a los chicos lindos
que acaban de entrar mientras jugábamos hockey de mesa—. El rubio es
lindo.
Mi mejor amiga sigue mirando en su dirección.
—Menos mal que me gusta él alto, moreno y guapo entonces. —Le
dirijo un guiño juguetón, hundiendo el disco en su objetivo abierto. Los
muchachos deben haber notado que los observamos porque uno de ellos le
da un codazo al otro, y ambos miran en nuestra dirección.
—¿Qué pasa con Cameron?
—¿Cameron quién? —Ladeo la cabeza, pero su sonrisa vacila como si
viera directamente a través de mi artimaña.
—Bien, tómalo de esa manera. ¿Tal vez deberíamos invitarlos?
—Ay no, mierda, demasiado tarde. —Murmuro, bajando los ojos y
susurrando—: Vienen para acá.
Flick chilla un poco emocionada.
—Se supone que íbamos a tener una noche de chicas —protesto, pero
ella simplemente pone los ojos en blanco.
—¿Qué mejor manera de hacerte olvidar todo sobre el que no será
nombrado, que los chicos lindos?
—No lo sé. —Los miro de nuevo. Se habían dirigido de nuevo al
mostrador, probablemente cuando notaron mi ceño fruncido, pero seguían
mirando hacia acá mientras ordenan bebidas. Yo había estado bromeando
cuando ellos entraron por primera vez, esperando que ella se olvidara del
tema de Cameron. Pero ahora no estoy tan segura de querer que vengan
para acá.
—Está en mi lista —espeta ella—. Número diez, acostarme con un tipo
al azar.
Escupo un poco de refresco en el aire.
—Con calma, ¿quién dijo algo echarse uno?
Definitivamente no estoy buscando eso.
—Dilo por ti. —Flick suspira, bajando la voz—. Ya perdiste tu
virginidad. Ahora es mi turno, Hails. No quiero ser la única chica en la
universidad que aún no lo ha hecho.
—Flick, vamos. No fue como que la única vez que lo hice, fuera algo
por lo que gritar. —Había sido incómodo y tan rápido que no estaba segura
de que hubiera sucedido, y nunca había vuelto a ver al chico. No es
exactamente una primera vez para recordar.
—No digo que quiera dormir con él. —Su mirada se mueve hacia los
dos chicos otra vez—. Pero no diría que no a la segunda base.
—No sé. —Pero ya es demasiado tarde. Los chicos ya se dirigen hacia
nosotras, el rubio mira a mi mejor amiga mientras el moreno me sonríe—.
Hola, soy Toby.
—Hola —dice Flick con entusiasmo—. Soy Felicity, y esta es mi amiga
Hailee. ¿Y tú eres?
—Jude —dice suavemente.
—Bien, Jude, ¿quieres comprarme un trago?
Toby y yo vemos cómo Flick lo agarra de la mano y no le queda al
chico más remedio que seguirla hasta la barra.
—¿Ella siempre es así? —Su voz se apaga.
—No —digo luchando contra una sonrisa—. De verdad que no.
Y no estoy segura de qué hacer con esta nueva versión de mi mejor
amiga.
—Supongo que me hará ver como un completo imbécil si no te
pregunto si quieres algo de tomar.
—No te juzgaré. —Levanto mis manos. Entonces se me ocurre algo—.
Hey, ¿vives por aquí? No te reconozco de la escuela.
—Ah, eso sería porque voy a Rixon East.
—Lo supuse.
—¿Supongo que eres una Raider?
—¿Es así como nos llamas en estos días? —La comisura de mi boca se
levanta—. En realidad, odio el fútbol americano.
—¿De verdad, y todavía no te han echado?
Me rio de eso. Toby es divertido y tiene una bonita sonrisa.
—Por favor, ¿no me digas que juegas?
—¿Te parece que soy un deportista? —No, no lo parece. Es alto y
delgado, construido más como un jugador de baloncesto o nadador que
como un jugador de fútbol americano—. No, tampoco es lo mío. Soy más
del tipo creativo.
—No bromees, yo también.
—¿Sí?
—Sí, espero ir a Michigan el próximo año a la Escuela de Arte y
Diseño.
—Muy bien. —Toby sonríe y me encuentro devolviendo el gesto—.
Entonces, sé que esto puede parecer un poco extraño, pero en realidad nos
dirigimos a una fiesta. ¿Quieres venir?
—¿Es esta fiesta en Rixon East? —Le pregunto porque de ninguna
manera iría a una fiesta en la que mi hermano y sus amigos deportistas
podrían estar.
—Sí, está al otro lado del río. ¿Eso es un problema?
—No es un problema para mí —respondo con una sonrisa, justo cuando
Flick y Jude regresan.
—¿Qué pasa? —Jude le pregunta a su amigo.
—Invité a Hailee a venir de fiesta con nosotros. ¿Vienes? —Mira a
Flick y sus ojos se iluminan, fijándose en Jude—. Por supuesto que sí.
—Genial —dice su nuevo amigo—. ¿Entonces quieres salir de aquí?
—Suena bien. —Paso mis manos por mis jeans y seguimos a los chicos
fuera del edificio. Avanzan un poco, por lo que Flick aprovecha la
oportunidad para pasar su brazo por el mío.
—Una fiesta del este; ¿Estás segura? Si Jason se entera…
—Que se entere. Él no es mi guardián, Flick. ¿Qué pasó con “oh, él es
tan lindo”? —Le doy una mirada aguda mientras seguimos a Jude y Toby.
—Oh, yo voy a la fiesta. —Sonríe—. Pero primero me tengo que
asegurar de que tú sepas lo que estás haciendo.
—¿Todo bien? —Jude llama a donde Flick y yo nos habíamos detenido.
Tomo su mano, me dirijo hacia su auto y le digo—: Todo está bien.
A pesar de que Rixon y Rixon East se dividen por el río Susquehanna,
solo es un trayecto de quince minutos hasta la fiesta. Jude se detiene frente
a una casa de campo. Carros y camionetas se alinean en la calle, la débil
vibración de la música se filtra por las ventanas.
—Mierda —Flick silba entre dientes—. Este lugar es…
—Impresionante, ¿eh? —Toby sale y viene a abrir mi puerta. Salgo,
sintiéndome repentinamente desvestida con mis jeans, la camiseta de Vans y
mis tenis gastados. Rixon East es famoso por ser más rico que Rixon.
Nuestro vecindario no es pobre en ningún sentido, pero Rixon Este se jacta
de más propiedades ubicadas en los hermosos alrededores con árboles
frondosos y casas de alquiler carísimas junto al río.
La casa ante nosotros no es la excepción.
—¿Conoces a alguien que vive aquí? —Me quedo boquiabierta y Toby
se echa a reír—. Sí, él que vive aquí es mi primo. Vengan.
—¿Primo? —Flick articula mientras seguimos a los chicos adentro. Me
encojo de hombros. Ya es demasiado tarde para preocuparse por quién sea
el primo de Toby.
Hasta que entramos, solo para encontrarnos con un mar de rojo y
blanco.
—¿Esto, Toby, quién dijiste que es tu primo? —Pregunta Flick, el
pánico brilla en sus ojos mientras me mira de reojo.
—Lewis Thatcher, nada más y nada menos que el mejor maldito
mariscal de campo del estado —interviene Jude.
Casi me ahogo con el aire en mis pulmones. El primo de Toby es Lewis
Thatcher, MC de los Águilas de Rixon East, y el archienemigo de Jason.
Mierda.
La mirada de Flick se hace grande sobre el hombro de él, pero sacudo la
cabeza discretamente. Nadie sabía quién soy yo. Podríamos disfrutar de la
fiesta, mezclarnos y permanecer fuera del radar.
Al menos ese es el plan.
Capítulo 14
Cameron
—Aquí tienen, muchachos. —Sara, una de las meseras de Bell nos pasa
nuestros platos de comida. Ganemos o perdamos, nuestro ritual después de
un partido es ir a Bell el sábado por la noche, y cuando Jase me llamó esta
mañana, no dudé en decir que sí.
Cuando llegué a casa anoche, mi mamá y Xander estaban dormidos. Así
que mi papá tomó dos cervezas heladas, esperando para brindar por nuestra
primera victoria de la temporada. Nos quedamos despiertos hasta tarde,
viendo viejas cintas de partidos, hablando de las ligas menores. Pero no
hablamos sobre el elefante en la habitación.
Y esta mañana, cuando finalmente me arrastré fuera de la cama, con los
músculos adoloridos y los huesos magullados, mi mamá parecía de buen
humor. Incluso nos había preparado a todos el desayuno. Fue agradable.
Normal.
Era como en los viejos tiempos.
—Necesitan algo más, solo llámenme, ¿de acuerdo?
—Me vendría muy bien —comienza Mackey pero Sara lo interrumpe
—. Regresa y me buscas cuando tengas veintiún años, chico sexy.
Ella le guiña un ojo y le dedica una pequeña sonrisa antes de alejarse,
poniendo un meneo extra en su paso.
Mackey se recuesta contra su silla y gime.
—Lo que no pagaría por montar eso.
—Sara está buena, pero no se folla a los jugadores de fútbol americano
—dice Asher, arrojando salsa de tomate por toda su comida—. Ni siquiera
el mariscal de campo, ¿no es así, Jase?
—Ella tiene una boca demasiado inteligente para mí. Me gusta que mis
mujeres hablen menos y chupen más.
—Sí —agrega Mackey—. Pero imagina lo que puede hacer con esos
labios carnosos.
Una expresión tonta se apodera de él y Grady se inclina y lo golpea en
la cabeza.
—Saca tu cabeza del desagüe. Tenemos un partido en el que centrarnos.
—Amigo, barrimos el piso con Marshall anoche. Creo que se nos
permite un poco de tiempo de inactividad.
—Malditos estudiantes de segundo año —se queja alguien.
—Escuché eso.
—Relájate —le dice Jase a Mackey mientras corta su hamburguesa
especial por la mitad. La cosa es demasiado grande para intentar comerla
entera—. Lo entendemos, estás loco, pero Kaiden tiene razón, lo único en
lo que debes concentrarte es en el próximo partido, y el siguiente, hasta la
semana diez. ¿Entendido?
—Entiendo —se queja Mackey—. No significa que no pueda mirar,
¿verdad?
Sus ojos se giran a donde Sara está sirviendo a otra mesa.
Jase y yo compartimos una mirada divertida. Sabemos cómo era: las
hormonas furiosas, el zumbido de ser dioses caminando entre los hombres.
En un pueblo como Rixon, hace de un titular del equipo una insignia de
honor que abre puertas: a las universidades, a las chicas, a un pase gratuito
para fastidiar de vez en cuando. Pero también viene con expectativa y
presión. Expectativa de ser el mejor; trabajar duro y darlo todo. Joel
Mackey podría no entenderlo ahora, pero después de una temporada con el
entrenador Hasson y su equipo, lo hará. Esos tipos te destrozan hasta que no
eres más que sangre y huesos y luego te reconstruyen hasta que te
endureces, por dentro y por fuera. Hasta que ningún equipo, sin importar
cuán grande, fuerte o agresivo, sean una amenaza. El programa de fútbol de
Rixon High construye guerreros. Jóvenes moldeados, llenos de corazón,
valor y determinación. Como al entrenador Hasson le gusta recordarnos
cada oportunidad que tiene, “los grandes hombres no nacen, se hacen”.
Y Rixon High es la mejor.
Pero no se puede negar que a veces es una carga pesada para el hombro.
Y desahogarse un poco de vez en cuando es la única forma de avanzar.
—Entonces, Jase —dice Grady—. ¿Cuál es el plan para la semana de
los rivales?
—Eso es para que yo lo sepa y tú lo descubras. —El brillo perverso en
los ojos de mi mejor amigo llama mi atención.
—Oh vamos. Faltan solo dos semanas; puedes contarnos.
—Mis labios están sellados.
—Pero implicará un pequeño viaje a través del río, ¿estoy en lo cierto?
—Deberíamos ir a su lugar, poner en el blanco a algunos vikingos en su
casa de campo —dice Kaiden.
—O hackear sus cuentas de redes sociales y poner puras mierdas de
ellos. —Mackey sonríe, claramente impresionado con su propia idea.
—Hablando de eso, Thatcher está hablando de nuevo en Twitter. —
Kaiden levanta su teléfono celular—. Mira esta mierda.
Le entrega a Jase su celular y los dos escaneamos la pantalla.

@ ThatcherMC1: ¿Qué es negro, azul y destrozado por todas partes?


Los Raiders después de que los derrotemos
#VamosPorUstedes #SemanaDeRivales

Jase se tensa a mi lado.


—Es un jodido idiota.
—Si sigue así —dice Kaiden, recuperando su celular—. Su entrenador
tendrá que intervenir. Snapchat es una cosa, pero Twitter es otra bestia.
—No te preocupes. En dos semanas, el único tweet que enviará es:
hashtag estoy ardido.
Todos los chicos aúllan de risa, pero no puedo evitar preguntarme qué
tiene Jason bajo la manga.
Y si incluso quiero saberlo.

~~~

Una hora después, nos mudamos a la mesa de billar.


—Chase, tú eres el siguiente. —Grady me indica que tome mi tiro, justo
cuando mi teléfono celular vibra.
—Espera —digo, sacándolo de mi bolsillo—. Es mi papá. Ya vengo.
Al entrar en el pasillo que conduce a los baños, presiono para responder.
—¿Papá?
—Hola, hijo. —Suena cansado, su voz plana y vacía. Mundos lejos del
hombre que había dejado en casa antes.
Mis sentidos se ponen en alerta máxima.
—¿Está todo bien?
—Es tu madre, ella… —Mi estómago se desploma cuando su voz se
quiebra. Se aclara la garganta, forzando las palabras—: Odio llamarte
cuando sales con los chicos, pero necesitamos tu ayuda. Xander está...
—Voy para allá, papá. —El miedo me inunda. Papá rara vez llama. Si lo
hace, generalmente es porque Katie no puede cuidar a Xan. Entonces, el
hecho de que haya llamado un sábado por la noche cuando estoy con el
equipo. Sé que es malo.
Asher me encuentra mirando mi teléfono celular.
—¿Todo bien?
—No estoy seguro. —Lo meto en mi bolsillo, frotando una mano por
mi cara—. Me necesitan de vuelta en casa.
—¿Tu mamá?
—Sí, eso creo. —Mi mente está disparada en cien direcciones diferentes
tratando de descubrir qué podría haber sucedido.
—Mierda, hombre, lo siento. ¿Hay algo en lo que?
—No, todo está bien. Estoy seguro de que está bien. Xander
probablemente se molestó de nuevo. —Asher sabe más que la mayoría de
los chicos sobre mi madre y sus cambios de humor. Es por eso que me
quedo en su casa a veces cuando las cosas se vuelven demasiado intensas en
casa.
Hace cuatro años, cuando mamá descubrió que estaba embarazada de
Xander, las cosas se pusieron difíciles por un tiempo. Ninguno de los dos
estaba listo para ser padres otra vez. Yo tenía catorce años y mi vida giraba
en torno al fútbol americano y ellos eran mis mayores seguidores, y nunca
se perdían un solo partido. Después de que nació mi hermano, mi mamá
tuvo problemas. Los médicos dijeron que tenía depresión posparto. Mi
padre se tomó un tiempo libre para ayudar con la casa y con mi hermanito.
Con algunos medicamentos y terapia, las cosas mejoraron y para cuando
Xander cumplió un año, parecía que mamá estaba volviendo a su estado
normal.
Pero ella nunca lo hizo, en realidad no.
Y la habíamos estado viendo luchar contra su propio cerebro desde
entonces.
—Dile a Jase que…
—¿Dile a Jase qué? —Aparece él en el pasillo, con las cejas fruncidas,
los brazos cruzados sobre el pecho.
—Mi papá me necesita de vuelta en casa.
—¿De nuevo? —Ni siquiera se molesta en enseñar su desaprobación.
—Sí, es mi mamá.
—¿Pensé que ella estaba mejor? —Hago una mueca por la dureza en su
voz. Pero no podría culparlo totalmente por su falta de compasión. No es
como si estuviera contándole a todos los problemas de mi familia, mis
padres mantienen todo en secreto para ellos en estos días. Es un tema
delicado; mi mamá no quiere que nadie sepa.
—Ella está bien, pero algo debe haber sucedido. Necesito irme. —Voy a
moverme alrededor de él, pero su mano sale disparada, presionando contra
mi pecho.
—¿Estás seguro de que todo está bien? —Sus ojos buscan los míos y
quiero creer que le importa, que no solo está preocupado de que esto es una
distracción para mí. Para el equipo.
—Sí, hombre. Te veré mañana. —Nos gusta ir al gimnasio los
domingos, en la casa de Asher—. ¿Me haces un favor?
—Cualquier cosa.
—No hagas nada estúpido mientras no estoy.
La comisura de la boca de Jase se levanta mientras Asher se ríe.
—¿Acaso lo haríamos?
Les doy una mirada dura a los dos, esperando que presten atención a mi
advertencia, antes de deslizarme por el pasillo y salir por la entrada trasera,
no queriendo enfrentar un aluvión de preguntas de los chicos.
Quiero creerle a mi papá cuando dice que mamá está mejorando, que
este nuevo doctor está seguro de que puede ayudar, pero hemos estado en la
misma situación en los últimos tres años. Cada vez que su estado de ánimo
se estabiliza y comienza a sentirse como ella otra vez, otra oleada de
migrañas, letargo y ansiedad la atacan. Y cada vez que sucede, la severidad
de sus cambios de humor empeora. A veces solo dura unos días, otras veces
dura semanas. Es por eso por lo que, al final, papá contrató a Katie para que
cuide a Xander. Él necesitaba volver a trabajar, y yo tenía escuela y fútbol.
Le ofrecí ayudar más, abandonar la práctica y priorizar a mi familia, pero él
no lo aceptó. Ninguno de ellos lo haría. El fútbol es mi boleto para la
universidad, mi futuro. Sin embargo, no detiene la culpa. Lo llevo conmigo
como un peso permanente en mi pecho.
En el fondo, creo que es por eso por lo que las cosas se sienten
diferentes este año. Ahora estoy por graduarme, jugando en mi última
temporada. Si todo sale según lo planeado, me iría a la universidad el
próximo verano; dejando a papá para criar a Xander y cuidar a mi mamá. Sé
que no quieren que ponga mi vida en espera, pero ya no soy un niño. Y no
puedo evitar preguntarme si ahora es el momento en que necesito dar un
paso adelante y asumir más responsabilidades en casa.
Mi casa está a solo unas cuadras de Bell y antes de darme cuenta, estoy
entrando en la cochera. Es tarde, casi las nueve y media. Xander ya debería
estar dormido soñando con cachorros, héroes y hablando de autos de
carrera, pero obviamente algo ha sucedido. Con un corazón pesado, el
miedo me hace un nudo en el estómago al pensar en lo que encontraría
adentro, salgo del carro y me dirijo a la casa.
—Hey —grito, cerrando la puerta detrás de mí—. Soy yo.
—Estamos aquí —la voz de papá se filtra por el pasillo y la sigo hasta la
sala de estar. Está sentado en el sillón con Xander acurrucado en su regazo.
Los ojos de mi hermano pequeño se abren y él sonríe—. Ameron está asa.
—Hola, amigo, ven aquí. —Me agacho, abriendo los brazos. Salta del
regazo de mi padre y se acerca a mí, sus pequeñas piernas moviéndose tan
rápido como pueden. Recogiéndolo, estudio su rostro. Había estado
llorando, con los ojos hinchados y doloridos. Mi mirada pasa sobre su
hombro y papá hace una mueca, pasando una mano por su rostro.
—¿Qué pasa, pequeño amigo?
—Mamá, izo llora.
—Estoy seguro de que ella no lo hizo en serio. —Le revuelvo el pelo
mientras entierra su rostro en mi hombro—. ¿Qué tal si te acurruco en la
cama y termino esa historia que comenzamos la otra noche?
Xan asiente, negándose a aflojar su agarre en mi cuello.
—Vamos entonces, amigo. Cuento para dormir será. —Llevo al
hombrecito a su habitación, sacándolo de mis brazos y metiéndolo en su
cama.
—¿Quieres una historia?
Sus labios se presionan cuando deja caer sus ojos soñolientos. Joder,
verlo así retuerce algo dentro de mí.
—Hey, Xan —me arrodillo a un lado de su cama, tirando de las mantas
alrededor de su pequeño cuerpo—. Mamá te quiere. Lo sabes ¿verdad?
Me mira por debajo de su mata de cabello castaño.
—Lo e.
—A veces no es muy buena para mostrarlo, amigo. —Le acaricio el
pelo, apartándolo de su rostro para poder ver sus ojos—. Pero ella te ama
mucho y estoy bastante seguro de que eres su favorito, siempre lo serás.
—¿Shi? —Sus ojos se iluminan—. Ella me ama.
—Así es, ella lo hace. Ella te lo compensará, ¿de acuerdo? —Siempre lo
hace, ya fuera helado en Ice T’s o llevarlo al parque. En sus días buenos, mi
mamá encuentra maneras de borrar todos los días no tan buenos de la mente
de mi hermano pequeño.
—Kay, Ameron. —Él bosteza, cierra los ojos y se acurruca en la
almohada.
—Está bien, amigo. Duerme tranquilo. —Le doy un beso en la cabeza
—. Te veré en la mañana.
Xander está dormido en segundos. Lo arropo y salgo de su habitación,
cerrando la puerta. Reviso a mi mamá, pero ella también está durmiendo, su
expresión serena como si sus sueños fueran el único lugar donde encontrara
consuelo en estos días. La idea me rompe el corazón.
Antes de quedar embarazada de Xander, mi mamá había estado tan llena
de vida, ella era mi mayor apoyo. Es difícil resentir al pequeño porque lo
amo con algo feroz. Pero a veces, cuando se pierde otro partido u olvida
preguntar cómo estuvo el entrenamiento, no puedo evitar desear que las
cosas fueran como solían ser. Antes de que ella se enfermara.
Abajo, encuentro a papá en la cocina, bebiendo un vaso de whisky.
—¿Qué tan malo fue? —pregunto.
—No voy a mentir, hijo, estoy preocupado. —Sus ojos se cierran
mientras inhala profundamente—. Nunca la había visto así antes, estaba…
El dolor en su voz me rompe y voy hacia él, tirando de él en mis brazos.
—Va a estar bien, papá. —Lo aprieto fuerte, pero cuando digo las
palabras, no sé si las creo. Nos habíamos aferrado a la esperanza de que mi
mamá estuviera bien por tanto tiempo, no creo que ninguno de los dos se
hubiera detenido a considerar la alternativa.
¿Y si ella no se recupera nunca?
Capítulo 15
Hailee
Dos horas después de la fiesta, logramos mezclarnos. Toby y Jude
mantienen nuestros vasos llenos y la conversación fluye tranquilamente. Es
refrescante estar de incógnito; salir con personas que no me conocen o mi
vínculo con los Raiders. Y cuando Toby se acerca a mí, su brazo rozando el
mío, no me retiro. Él es bueno. No es como su primo y sus amigos
deportistas que están ocupados jugando al pong de cerveza afuera mientras
las chicas semidesnudas chapotean en la piscina compitiendo
desesperadamente por su atención.
—¿Esto es divertido, verdad? —Flick me dice cuando los muchachos
desaparecen.
—Sí. —Sonrío, tomando otro trago de mi vaso. Es más que nada
ponche, el sabor amargo del licor apenas se nota.
—Toby es lindo. —Sonríe—. Es una pena que sea primo del mariscal de
campo de los Águilas.
—Cállate —siseo, escaneando la cocina en busca de signos de él—.
Todavía no pueden saber quién soy.
—¿Y si se enteran? —Ella me da una mirada de desaprobación.
—No lo harán.
Flick parece lista para discutir cuando las explosiones resuenan a
nuestro alrededor. La gente comienza a gritar y se desata el infierno.
Agarrando mi brazo, ella me tira hacia abajo detrás del mostrador mientras
la sangre late entre mis oídos.
—¿Qué demonios es eso? —Flick tiembla cuando los fuertes estallidos
continúan lloviendo sobre la casa—. ¿Balazos?
—De ninguna manera —digo sin aliento, mi corazón está a punto de
salírseme del pecho. Es Rixon East, aquí no se arman balaceras. Pero
seguro que eso ha sonado como un tiroteo.
—Hijos de puta —ruge alguien, y un grupo de hombres con jersey rojas
y blancas se apresuran a través de la cocina y salen por la puerta trasera. El
aire huele a humo, una neblina llena en el aire cuando me asomo por
encima del mostrador.
Flick me agarra del brazo.
—Hails, qué…
—¿De verdad crees que estarían allá si hubiera sido un disparo?
—Son fuegos artificiales —dice alguien, mi cabeza se gira hacia un tipo
que se acerca a las ventanas—. A mi hermano le encantan.
Más personas entran a la cocina, la curiosidad los vence. Me encojo de
hombros y voy a la puerta de atrás.
—Hailee, qué… —La abro y salgo. El ruido se ha detenido ahora, pero
hay un grupo de tipos peleando en el extenso césped de los Thatcher.
—Oh, mierda —grita alguien—. Pelea.
La gente sale de la casa con ganas de ver lo que sucede. Pero cuando
mis ojos se posan en Jason y Asher entre la pelea, jadeo.
—¿Jason, qué demonios haces aquí?
Los ojos de mi hermanastro se fijan en los míos justo cuando uno de los
muchachos de Rixon East le da un puñetazo en la mandíbula. Su cabeza se
echa hacia atrás, la sangre rociando el aire.
—¡Jason! —Mi voz suena en el patio mientras me abro paso entre la
creciente multitud.
—Espera —dice Toby desde algún lugar detrás de mí—. ¿Lo conoces?
—Algo así —murmuro, viendo a Jason pelear contra dos tipos mientras
Asher maneja el tercero—. Él es mi hermanastro.
Mi voz es tranquila mientras escupo esas palabras.
—Oh, mierda —dice frotándose la mandíbula—. No tenía ni idea.
¿Por qué será?
Jason vive en el centro de atención, yo no. Y él es un Ford, donde yo
soy una Raine. A menos que nos conozcas, nunca llegarías a esa
conclusión.
Los muchachos ahora se rodean unos a otros, la multitud se abre y
tienen sed de sangre. Uno de los muchachos avanza sobre Jason, pero yo
grito—: Ya para.
Sin pensarlo, me precipito en el círculo y me paro frente a él,
utilizándome a mí misma como escudo.
—Muévete, perra —escupe el tipo, un desagradable moretón
formándose alrededor de su ojo—. Antes de que yo…
—Retrocede, Thatcher, ella es mi hermana. ¿Realmente quieres
comenzar algo que sabes cómo va a terminar?
El tipo, Lewis Thatcher, me fulmina con la mirada y sus ojos brillan con
interés mientras se frota la mandíbula. Es un tipo malvado: alto, corpulento,
con ojos mordaces y pelo corto. Pero estoy atrapada en la parte donde Jason
me ha llamado su hermana.
Nunca me había llamado su hermana antes, a menos que viniera de la
mano de un insulto.
—Tienes cinco minutos para salir de aquí. —Los hombros de Lewis
Thatcher se relajan cuando da un paso atrás, sus amigos hacen lo mismo.
—¿Flick? —Le hago señas para que venga a mí mientras está parada en
el borde del círculo que se formó, con lágrimas en las esquinas de sus ojos
—. Vamos.
Abrazo a mi amiga, ambas estamos asustadísimas.
Jason se limpia la boca. Parece salvaje, sus ojos hierven de ira, su labio
está manchado de sangre y, por una vez, lleva el cabello despeinado. Asher
no se ve mucho mejor. Los dos inclinan la cabeza hacia Lewis Thatcher y
sus amigos antes de retroceder lentamente.
—Hailee, tú y Felicity vayan a esperar junto al Jeep de Asher.
—Pero…
—Ahora, Hailee.
Me estremezco ante la severidad de su tono y Flick comienza a
alejarme.
—Vamos, Hails —dice temblorosa—. Debemos irnos.
Miro hacia atrás para ver a Jason y Asher aún enfrentados con los
chicos de Rixon East. Sorprendida por el alivio que siento cuando
comienzan a seguirnos.
Llegamos al Jeep de Asher, estacionado en la calle al amparo de las
sombras.
—Entra —dice—. Está sin seguro.
Flick no pierde el tiempo saltando dentro, pero dudo, mi mirada
frenética evalúa a Jason.
—Métete en el maldito Jeep, Hailee —gruñe mientras sus ojos miran
hacia los míos. Tiene un corte profundo en el labio y una sombra oscura
alrededor de la mejilla, pero no son sus heridas lo que me llama la atención.
Son sus ojos. Están completamente oscurecidos.
Es salvaje.
—Pero…
—Súbete. Al. Maldito. Jeep. —Agarra la puerta, esperando que yo
entre. Con un profundo suspiro, me subo al lado de Flick, Jason cierra la
puerta detrás de mí. Ella me lanza una mirada preocupada pero no dice
nada. La tensión cuando Asher y Jason entran es tan fuerte que apenas
puedo respirar.
—Bueno, no esperaba eso —dice Asher mientras enciende el motor y
sale a la carretera, sus ojos se deslizan hacia mi hermanastro—. Esto podría
ser un problema…
—No digas ni una palabra —Jason lo interrumpe, pero no me pierdo la
mirada silenciosa que comparten. Quiero preguntarle qué quiere decir, por
qué podría ser un problema, pero algo me dice que no me gustará la
respuesta. Derrotada, me recuesto contra los asientos de cuero, mirando por
la ventana.
El viaje de regreso cruzando el río no tarda mucho, pero se sienten
como horas. Nadie habla Flick está callada, con los ojos cerrados y la pierna
temblando agitada. De vez en cuando, los ojos de Asher se encuentran con
los míos en el espejo retrovisor, pero no puedo descifrar la expresión de su
rostro. Y Jason… bueno, él está presente físicamente, pero su mente está a
millones de kilómetros de distancia. Perdido por la ira que irradia de él
como un campo de fuerza.
Está furioso.
Y algo me dice que tiene que ver conmigo.

~~~

A la mañana siguiente, estoy acostada en la cama, no lista para enfrentar


las secuelas de la noche anterior. Cuando Asher se detuvo frente a nuestra
casa, Jason me ordenó que entrara mientras los dos se quedaban en el Jeep
para hablar. Solo lo sabía porque los había visto desde mi ventana. Algo
estaba mal, pero fuera lo que fuera, no sentían que fuera necesario decirme.
Pendejos.
Mi teléfono celular suena y me inclino para agarrarlo de la mesa de
noche. Tengo dos mensajes de Toby.

Toby: ¿Llegaste a casa bien? Estaba preocupado.

Sonrío al ver la notificación, mientras abro el mensaje más reciente.


Toby: Buenos días, solo quería asegurarme de que Ford no te mató en el
camino a casa.

Rodando sobre mi espalda, mis dedos vuelan por la pantalla.

Yo: estoy bien, gracias. Eso fue bastante impredecible.


¿Las cosas siempre son así en las fiestas del otro lado del río?

Toby: no. Las cosas solo se salen de control si aparece tu hermano.

Así que no es la primera vez que algo así había sucedido. Interesante.
Almaceno ese fragmento de información para otro momento.

Yo: Hermanastro. Y confía en lo que te digo, desearía que no lo fuera.

Toby: Me preguntaba por qué no lo mencionaste…

Yo: No sabía que era importante.

No es exactamente una línea de apertura que funciona bien para mí:


“Hola, soy Hailee Raine y, por cierto, mi hermanastro es Jason Ford”.

Toby: No lo es. Pero la próxima vez, probablemente deberíamos evitar


una fiesta de los Águilas…

Mi corazón da un pequeño salto inesperado con las palabras “la próxima


vez”.

Yo: ¿La próxima vez?


Qué presuntuoso de tu parte.

Estoy sonriendo ahora.

Toby: ¿Eso es un sí?

Yo: Lo voy a pensar.

Cuando presiono enviar, mi celular comienza a sonar.


—Hola —le digo a Flick, mi voz todavía está llena de sueño.
—Oye. Lo de anoche estuvo bueno.
—Ugh. Ni lo digas. —Gruño, tirando mi brazo sobre mi cara—. No
puedo creer que aparecieron allí.
—No puedo creer que pensara que estábamos en medio de un tiroteo.
Casi me da un infarto anoche.
—Sí, fue una locura. ¿Pero adivina quién me envió un mensaje?
—¿Ah, sí? Eso es divertido porque Jude también me envió un mensaje.
Esto lo ha dicho casi chillando.
—Oh. —De repente no me siento tan especial—. ¿Crees que lo
planearon?
—¿Importa? —Flick se burla—. Están muy buenos, son agradables y
les gustamos. Incluso después de descubrir quién es tu hermano.
—Hermanastro —la corrijo.
—Como si eso importara. Jason te sacó de esa fiesta como si fuera tu
padre.
—Por favor, no me lo recuerdes. —Me vengaré de eso.
Un día.
Aparto las sábanas y salgo de la cama, escuchando a Flick mientras me
cuenta los por menores de sus mensajes de texto de ida y vuelta con Jude.
Aparentemente, hasta se habían besado en la fiesta y, si no la conociera
mejor, podría decir que a mi mejor amiga la ha flechado cupido.
Entro al baño que comparto con Jason, buscando cualquier señal de
vida, pues hay una puerta que da a cada habitación. Al no escuchar nada,
salgo al pasillo y bajo las escaleras. Me encantan los domingos por la
mañana. Kent y mamá siempre salen temprano de la casa para jugar golf en
pareja con nuestros vecinos; y si Jason está en casa, rara vez sale antes de
las diez y luego se dirige directamente a la casa de Asher. Pero cuando llego
al último escalón y escucho el bajo rugido de las voces provenientes de la
cocina, me detengo. Ahuecando mi mano alrededor de mi teléfono, susurro
—: Flick, tengo que colgar.
—¿Colgar? Pero estaba a punto de contarte más.
—Creo que Jason y los muchachos están aquí. Te llamaré más tarde.
—Ah, vale.
Nos despedimos y colgamos, y camino de puntillas por el pasillo. Jason
está hablando con Asher, pero no puedo escuchar a nadie más. Me cierno,
esforzándome por escuchar.
—Él podría usarla contra ti —dice Asher, y escucho a Jason burlarse.
—Como sí cualquier cosa que pudiera hacerle a ella me fuera a
molestar.
—Amigo, puedes odiarla, pero ella todavía es parte de tu familia. Si tu
padre o su madre se enteraran… —La voz de Asher se apaga y mi columna
se pone rígida cuando me doy cuenta; están hablando de lo de anoche.
Sobre mí.
Sin pensar, irrumpo en la cocina, mis ojos de inmediato se posan en
Jason y Asher… y Cameron, sentados en la barra del desayuno. Jason gime,
frotándose la cara con una mano, mientras Cameron se pone tenso.
Ignorándolo me concentro en mi hermanastro, le digo—: ¿Por qué me
usarían contra ti?
—Hailee… —Es una advertencia, su voz baja y fría. Pero joder con eso.
Jugaron lo suficiente con mi vida sin arrastrarme a su rivalidad con Rixon
East.
—Jódete —escupo, la frustración y la furia lamiendo el interior de mi
estómago—. No te pedí que aparecieras en esa fiesta anoche y arruinaras
todo.
Por el rabillo del ojo, noto que la expresión de Cameron se endurece,
sus dedos se curvan alrededor del borde del mostrador.
Y luego me doy cuenta de que solo estoy usando una delgada camiseta
sin mangas y un short de pijama.
Excelente.
Lo mejor que me ha pasado en estos días.
—No deberías haber estado allí en primer lugar. Joder, Hailee, es
territorio del Este. Esos cabrones…
—¿Crees que me importa eso, en qué equipo juegan? Que yo estuviera
allí no tenía nada que ver contigo.
—Vamos, Hails, esperas que creamos… —Asher traga sus palabras
cuando lo pongo en su lugar con una mirada dura.
Alzo las manos, una risa amarga se derrama de mí.
—Están locos, todos ustedes. —Mis ojos se abren mucho—. Si deben
saberlo, Flick y yo fuimos a esa fiesta porque ustedes se aseguraron de que
no nos inviten a ninguna aquí. Ni siquiera sabíamos que era una cosa de los
Águilas hasta que Toby dijo…
—¿Toby, quién diablos es Toby? —Cameron finalmente habla, así que
me doy la vuelta para verlo.
—¿Realmente te vas a sentar allí y actuar como si te importara? —Casi
escupo las palabras. Como un buen imbécil que es permanece con una
mascará de piedra, mis palabras saliendo de su expresión impenetrable
El silencio se extiende ante nosotros, el aire se vuelve denso. Con un
suspiro exasperado, vuelvo a mirar a Jason.
—¿Por qué te importa tanto que Lewis Thatcher sepa quién soy? Nunca
antes te había importado.
—Porque podrían venir por mí a través de ti.
Me burlo de eso. Está hablando mierda pura. No soy nada para él, nadie.
Entonces, la idea de que alguien me haga daño para llegar a Jason es la cosa
más estúpida que jamás haya escuchado.
—Si ese es el caso —le digo—, entonces me sorprende que no me
hayas entregado voluntariamente—. Mi mirada fija en la de él, desafiándolo
a demostrar que estoy equivocada.
La mandíbula de Jason se aprieta cuando se curva y desenrolla el puño
contra el mostrador, una y otra vez, como si estuviera trabajando los
músculos de la mano y el problema en su cabeza.
—Confía en mí, hermanita —se enfurece—. No quieres terminar en
medio de esto.
—¿Estás bromeando? No pedí terminar en medio de nada. —Mi voz es
aguda, pero ya estoy harto de su mierda—. No eres mi dueño, Jason. Todos
los demás pueden tratarte como el jugador que el mundo esperaba, pero a
mí no me importa.
Mi sangre hierve de desprecio.
Jason se pone de pie.
—Puedes irte a la mierda —dice, saliendo de la habitación.
—Eso salió bien. —Asher me da una sonrisa irónica y pongo los ojos en
blanco. Pero él no ha terminado—. Sabes, tienes razón. Crees que hacemos
tu vida un infierno, pero si te pones en medio de las cosas con Thatcher y
Jase, las cosas podrían ponerse muy complicadas.
—¿Qué hizo que Thatcher quisiera usarme para vengarse de él?
Asher va a responder, pero Cameron dice—: Ash, no lo hagas —
sacudiendo la cabeza.
Mis ojos se posan en los suyos.
—¿Me van a dejar así sin decirme nada?
—Es por tu propio bien.
—Oh, por favor, como todo lo que haces es por mi bien.
—Y con eso, me voy. —Asher se levanta y comienza a irse—. No hagas
nada que no haría, amigo. Aunque viéndose tan bien como se ve ella…—
Sus ojos me recorren, provocando un escalofrío en mi columna
vertebral, no del tipo bueno.
—No te culparía si lo hicieras.
—Cerdo.
—Perra. —Desaparece en el pasillo dejándome sola con Cameron.
El último lugar donde quiero estar.
Capítulo 16
Cameron
—Es un cerdo repugnante —dice Hailee cuando la puerta se cierra
detrás de Asher.
—Nada más está jugando contigo.
—Me llamó perra. —Me dirige una mirada de esas que matan,
retándome a estar en desacuerdo.
—Sí, pero no quiso decir eso. Asher es... complicado. Actúa al dios del
fútbol malcriado mejor que la mayoría de nosotros, pero lo conozco bien. Y
el Asher que Rixon High ve no es la versión que sé que existe debajo de su
máscara.
—Lo que sea. —Hailee cruza los brazos sobre su pecho, llamando la
atención sobre sus suaves curvas.
Por supuesto que ha tenido que irrumpir en la cocina usando nada más
que esa pijamita, su cabello sedoso colgando sobre sus hombros como una
enorme flecha que dice “mírame las tetas”.
Me obligo a mirar hacia otro lado, ordenando en silencio a mi polla que
se controle.
—¿Estás bien? —digo, rompiendo el silencio ensordecedor. Los ojos de
Hailee se entrecierran mientras me mira.
Y si las miradas mataran…
—No puedo creer esto —murmura—. Fui a esa fiesta para escapar de
toda tu basura y ahora estoy en medio de una estúpida rivalidad futbolística
gracias al imbécil de mi hermano. Entonces, dime Cameron, ¿cómo
demonios se supone que debo sentirme?
—Si sirve de consuelo, les dije que no hicieran nada imprudente.
—Vaya, ¿de verdad? Mira lo bien que funcionó. —Se burla—. Dios,
realmente quiero pintar algo en este momento, necesito mi terapia.
El silencio nos envuelve, la atmósfera es casi tóxica. Hailee tiene todo
el derecho de estar enojada. Demonios, también estoy enojado. Les dije que
no hicieran nada estúpido, les advertí que se mantuvieran lejos de Rixon
East. Pero debería haber sabido que no escucharían. Jason hace lo que
quiere, cuando quiere, le importa una mierda lo que pase después. Pero
nunca antes tuvo que preocuparse por nadie más que por sí mismo y el
equipo. Ahora que la gente del este sabe sobre Hailee cambia las cosas. Y
lo admita o no, hace que Jase sea vulnerable.
—Necesito irme. —Comienza a moverse hacia la puerta, pero me
enderezo en el mostrador.
—Deberíamos…
—¿Qué, Cameron? —Los ojos de Hailee se ven como platos, mientras
me corta con una mirada que me hace sentir cinco palmas de alto—. ¿Qué
debemos hacer, pretender que realmente podemos soportarnos? ¿Ir a otra
ronda de ajedrez verbal o tal vez quieres empujar una bolsa sobre mi cabeza
y arruinar otra blusa perfectamente buena?
Escucho sus palabras, siento el veneno detrás de ellos, pero estoy
demasiado distraído por sus labios para realmente dejar que se asienten en
mis huesos. Demasiado centrado en la forma en que su boca se curva con
cada sílaba.
—Oh, Dios mío —chilla—. Lo estás haciendo de nuevo. Estás
totalmente mirándome las...
Acorto la distancia entre nosotros, apretándola contra la pared,
enredando un mechón de su cabello entre mis dedos. Es un movimiento
audaz dado el odio con el que me mira, sin contar el hecho de que su
hermanastro está justo afuera, pero es una muy buena vista, mejor que
apretar su cabello en mí mano y golpear mi boca contra la de ella, que es lo
que realmente quiero hacer.
—¿Alguna vez dejas de hablar? —pregunto.
—¿Alguna vez consideraste buscar ayuda profesional? —Aparta la vista
de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras lucha con una
sonrisa.
—Oh, Solecito, lo único que me está volviendo loco eres tú.
—Este no es un juego, Cameron. Esto, nosotros, no es atracción lo que
sientes; es odio. Yo. Te. Odio.
Inclinándome, le paso la nariz por la barbilla, seguro de sentir que su
cuerpo tiembla, que le falta el aliento.
—Sigue diciéndote eso, Solecito.
Sus manos presionan contra mi pecho mientras me mira, pero no me
está engañando. Hailee está enojada, sí, pero también está excitada. Sus
pupilas están dilatadas, su piel cálida y enrojecida. Y no quiero nada más
que descubrir todas las otras formas en que puedo hacerla sonrojar.
Pero ella dice—: No volveré a hacer esto contigo. No voy a ser esa
chica. —Dando un pequeño empujón, Hailee se agacha debajo de mi brazo,
liberándose de mi agarre—. Aléjate de mí, Cameron.
Pero cuando ella se va, sé que estoy jodido.
Porque las reglas han cambiado, y sé que no puedo alejarme de ella.
Ni aunque quisiera.

~~~

Después de darme cinco minutos para calmarme, encuentro a Jase


afuera, lanzando un balón. Él luce como una mierda: un moretón oscuro
alrededor de un ojo y un corte en el labio. La ira irradia de él como una
señal de advertencia que dice—: Aléjate —pero yo no le tengo miedo. Y
necesitamos hablar de esto.
—Debería haberte escuchado —dice entre dientes, moviendo el balón y
enviándolo a volar a través del neumático.
Cruzando los brazos, me encojo de hombros.
—Te dije que era una mala idea, pero no podías saber que ella iba a
estar allí.
—Ella no debería haber estado allí, estúpida de mierda.
—Sabes que no estaba allí para causarte problemas.
—¿Estás seguro? —Me arrastra con una mirada dura—. ¿Cómo puedo
estar seguro de que esto no fue parte de su plan de vengarse de mí por tu
pequeño truco en la presentación del equipo? —Levanta las cejas, sin
embargo, ese es Jason, tan cauteloso con los motivos ocultos de todos.
Supongo que viene con el territorio; cuánto más alto escalas, menos puedes
confiar en las personas que te rodean. Porque todos quieren ser parte de la
leyenda.
—Porque, hombre, Hailee podría comenzar tus juegos casi tanto como
tú, pero ella no eres tú. Además, odia el centro de atención. ¿Realmente
puedes imaginarla yendo a una fiesta del otro lado del río y anunciándose
como la hermanastra de Jason Ford?
Reflexiona sobre mis palabras, sus ojos clavados en el suelo.
—Ha hecho que las cosas sean realmente difíciles para mí. Mi papá
sabe que chocamos mucho, pero si se entera, yo, joder. —Su puño se cierra
a su lado—. No sé qué se supone que debo hacer con esto.
—Los del este ahora saben que es tú familia, así que bien podrías
comenzar a tratarla así. La semana de Rivales es en unos cuantos días. Si
van a intentar algo, puedes apostar tu trasero, qué será entonces.
Jase se mete los dedos en el pelo y tira de los extremos con frustración.
—Nunca se va a quedar conforme con eso. Y honestamente, no estoy
seguro de poder hacerlo. Sabes que no me cae bien. —Él me mira—. Nunca
me caerá bien.
—No tiene que caerte bien. —Las palabras se atascan en mi garganta—.
Pero ella está en medio de esto ahora, te guste o no.
Su expresión sombría me dice que sabe que tengo razón.
—No nos la va a poner fácil —y, al decirlo, parece derrotado.
—Ella no necesita hacerlo. Un semestre; sólo necesitamos pasar un
semestre y luego termina la temporada.
—Un semestre —repite como si lo estuviera probando por tamaño—.
Lo juro por Dios, hombre, si ella me echa a perder esto…
—Eso no va a pasar. —Si Hailee sabe lo que le conviene, se va a quedar
con la cabeza baja y la boca cerrada, y todo esto con Thatcher se
desvanecería. Y si no… bueno, no quiero pensar en eso ahora.
—Mierda. —Jase deja que el balón vuele y golpee el borde exterior del
neumático. Jason le atinó.
Él nunca falla.
Mirando a mi mejor amigo a los ojos, digo—: Necesitas mantener la
cabeza sobre esto, ¿de acuerdo?
—Sí —murmura—. Es que…
—Lo sé.
El fútbol, esta vida, es todo lo que sabe. El aire que respira.
Y para alguien como Jason, perder incluso una onza de control no es
una opción.

~~~

El lunes por la mañana en la sala de pesas es una mierda. El entrenador


no quiere que seamos arrogantes después de nuestra aplastante victoria
sobre Marshall, así que nos hace trabajar muy duro, lo que significa que la
práctica será una doble perra. También les había dado a Jason y Asher un
regaño por su apariencia, pero no hace preguntas, no quiere saberlo.
Mientras estén lo suficientemente en forma para jugar y se mantengan fuera
del camino del director Finnigan, eso es todo lo que importa.
El zumbido en el vestidor es contagioso, todos siguen emocionados por
la victoria del viernes por la noche.
—Entonces, escuché que Levinson se ve bien esta temporada. —Dice
Layton, uno de los nuevos jugadores—. Mi primo va allí y dijo…
—Levinson puede comerme el culo —aulla Asher—. ¿La temporada
pasada no estuvieron seis derrotas contra cuatro?
—Las cosas cambian, hombre. Te digo que consiguieron este nuevo
entrenador, realmente los hizo entrenar duro durante el verano.
Asher se encoge de hombros.
—Lo creeré cuando lo vea.
—No te sientas tan seguro, Ash —interviene Jase—. Tratamos todos los
partidos como si estuviéramos jugando el puto campeonato, ¿entiendes?
—Sí, sí, no te preocupes, hombre. Conocemos el trato.
—Oh, mierda —alguien grita—. Hey, MC, será mejor que vengas a ver
esto.
Es Grady.
Mi columna se eriza cuando Jase cruza la habitación hacia él, mirando
por encima del hombro del chico, con los ojos fijos en la pantalla.
—Hijo de puta —gruñe, con el puño apretado contra su muslo.
—¿Algún problema? —pregunto.
—Es hora de ir a entrenar, señoritas —dice el entrenador—. Y espero
que no sea un teléfono celular eso que estoy viendo, Grady. Sácalo de mi
vista, hijo, y sal al campo rápido. Si no estás allí en diez, puede pasar las
próximas dos horas ejecutando ejercicios laterales. ¿Me entiendes?
—Sí, sí, entrenador, lo entiendo. —Grady murmura cuando Jase se
dirige a su casillero. Parece furioso, ojos entrecerrados, fosas nasales
ensanchadas.
—¿Qué pasa? —pregunto, pero él niega con la cabeza.
—Ahora no —dice Jase. —Tenemos una práctica que terminar.
Eso despierta mi interés. Lo que sea que haya visto en el celular de
Grady lo tiene todo alterado, lo que significa que sea lo que sea, no es
bueno. Y mi instinto me dice que solo hay dos cosas que pueden poner a mi
mejor amigo así.
Lewis Thatcher.
Y su hermanastra.
Capítulo 17
Hailee
—Necesitamos hablar. —Flick me está esperando afuera de mi clase de
literatura, con una expresión sombría.
—Está bien… —Mis cejas se fruncen.
—Aquí no. —Mira de arriba abajo el pasillo—. Ven.
Su mano encuentra la mía, y nos abrimos paso entre la corriente de
chicos que van y vienen de clase.
—Flick, espera, ¿qué es lo que está pasando?
—Eres una vendida, traidora. —Un hombro se estrella contra el mío,
tirándome hacia atrás.
—¿Disculpa? —Me doy la vuelta, mirando la forma en retirada de la
chica.
—Está bien, tenemos que irnos, ahora mismo. —Flick agarra mi mano
nuevamente y comienza a tirar de mí.
—Felicity Giles, ya dime.
—Piensa que es demasiado buena para nosotros, para los Raiders. —
Las palabras se apoderan de mí, mi mirada aterriza en un grupo de chicas
junto a la puerta del baño de chicas. Todas se echan a reír cuando notan que
las estoy mirando.
—¿Qué dijiste? —Me erizo, entrecerrando los ojos en su cabecita, pero
Flick no se rinde mientras sigue tirando de mí hacia las puertas principales.
—Eres una desgracia —se burla alguien más hasta que me doy cuenta
de que todos me están mirando.
Todo. El. Mundo. Me. Está. Mirando.
Para cuando llegamos a las puertas principales, me han insultado de
todas las formas posibles: puta, prostituta, ramera, y algunas más que nunca
había escuchado antes. Por fin salimos del edificio y mi respiración es
irregular, mi pecho apretado mientras miro hacia las puertas.
—¿Qué demonios está sucediendo?
Flick se muerde el pulgar, sus ojos se niegan a encontrarse con los míos.
—Flick —insisto—. ¿Qué está pasando?
—Está bien, no entres en pánico… —Finalmente levanta la mirada—.
Pero Thatcher publicó algo en Snapchat y la gente lo ha estado
compartiendo.
—¿Él hizo qué? —Ni siquiera tengo Snapchat.
Ella asiente.
—Es malo, Hails, realmente malo.
—Ya veo. —Mi voz es plana, mi estómago se revuelve—. ¿Peor que lo
del día de la presentación del equipo?
Sus labios se presionan en una delgada línea.
—Muéstrame —le digo.
—Hails, no estoy segura…
—Muéstrame. —Extendiendo mi mano, espero a que me dé su celular.
Desliza su dedo un par de veces por la pantalla antes de dármelo. Un jadeo
se escapa de mis labios cuando mis ojos se posan en una foto mía. Excepto
que no soy yo. Es mi cara pintada con Photoshop, bastante convincente,
sobre el cuerpo de una chica y ella lleva un jersey de los Águilas, chupando
provocativamente una paleta.
—La hermana de Ford chupa bien la polla de los Águilas. —Mi voz se
apaga—. ¿De dónde diablos salió esta foto?
Inclinándome más, puedo ver mejor.
—Oh, Dios mío. ¿No es esa una de mis fotos del anuario del año
pasado? —Lo recuerdo ahora. Había estado en el estudio de arte y Denny
Marcus, el fotógrafo del anuario, me hizo reír a carcajadas—. ¿Cómo
demonios la consiguieron?
—No importa. Ahora todos piensan que…
La fulmino con la mirada.
—No estás ayudando, Flick.
—Lo siento, es que… mierda. ¿Hails, qué vas a hacer?
—Nada. No voy a hacer nada. —Si no avivo el fuego, las llamas se
extinguirán.
—Cuando Jason se entere…
—¿Qué, conducirá hasta el otro lado del río a defender mi honor? Por
favor. —Sale amargo—. No le importará esta basura. Deberíamos volver.
Muevo mi cabeza hacia las puertas.
—¿En serio? Pensé que al menos nos saltaríamos el resto de las clases.
—Es una foto. No me voy a esconder por una foto. —Aunque parece el
anuncio de una película porno barata.
—Claro, si tú lo dices. —Flick se arrastra detrás de mí cuando
volvemos a entrar al edificio—. ¿Qué clase tienes ahora?
—Matemáticas.
—Asher está en esa clase contigo, ¿verdad?
Frunzo el ceño sin saber a dónde va con esto.
—Cuando se digna a aparecer, sí. ¿Por qué?
Ella me dirige una mirada comprensiva y dice—: Porque algo me dice
que esto va a ponerse peor antes de que mejore.

~~~

Flick no estaba equivocada. En matemáticas recibí cuatro notas


amenazándome, me arrojaron numerosas bolas de papel y algunas de las
amigas de Khloe Stemson pasaron toda la clase pateando el respaldo de mi
silla.
Como esperaba, Asher no se presentó, pero había visto al equipo a
través de la ventana, corriendo en la pista de atletismo.
—¿Cómo estuvo? —Flick me agarra del brazo tan pronto como salgo
del salón, manteniéndome cerca de ella mientras luchamos contra el tráfico
del pasillo.
—¿Las matemáticas son divertidas? —Le doy mi mejor sonrisa y ella
me la devuelve con una mirada aguda.
—Está bien —admito—. Estuvo mal. Para la noche del partido, estoy
segura de que esperan que me vea obligada a usar el disfraz de águila de
espuma y ser arrojada a la cancha para recibir una paliza pública de Vinnie -
el vikingo.
Flick sofoca una risita.
—Lo siento. Sé que no es divertido, pero eso evoca todo tipo de
imágenes locas.
—Bueno, gracias. —Aprieto mis labios, rodando los ojos, mientras
caminamos por el pasillo. Si me concentro mucho, casi puedo bloquear los
insultos.
Casi.
—¿Sabes lo que realmente me molesta? —Digo cuando llegamos a
nuestro casillero—. Cuando Cameron me humilló, nadie me defendió. Pero
ahora todos piensan que he estado jugando con el enemigo y todos están en
una misión personal para defenderlos a ellos. Es patético.
—Es fútbol americano —responde mi mejor amiga.
Cambio algunos libros y cierro mi casillero. Luego voy a clase de
historia, la única que comparto con Cameron, si es que se digna a honrarnos
con su presencia.
—Está bien —anuncio mientras nos detenemos fuera del salón—.
Deséame suerte.
Flick apoya sus manos en mi hombro.
—Tú puedes. Y si alguien te da una mierda, solo recuérdales que
montas a los Raiders y chupas la polla de Águilas. Demonios, chica, esos
son los objetivos de las zorras esas que andan detrás de ellos. —Me guiña
un ojo antes de darme la vuelta y empujarme al salón.
Todos los ojos se posan en mí mientras camino hacia el final del salón.
Me gusta pensar que tengo una paciencia excelente cuando se trata de mis
caprichosos compañeros de clase, pero después de una hora de ser pateada
en la clase anterior, un asiento en la última fila parece la apuesta más
segura.
—Zorra traidora —susurra alguien mientras camino. Pero no muerdo el
anzuelo. No bajo la cabeza ni me avergüenzo.
No les voy a dar el gusto.
Pero mi silencio los alimenta, los silenciosos insultos comienzan a
agitarse por el salón como una ola lista para estallar en la costa, hasta que el
maestro, el señor Henson finalmente interviene.
—Lo siento, por llegar tarde, señor. —Cameron irrumpe en el salón y
dejo caer la cabeza sobre la mesa gimiendo. Puedo sobrevivir cincuenta y
cinco minutos al escuchar que soy una puta traidora, pero no puedo soportar
escucharlo frente a él.
Sus ojos encuentran los míos al otro lado del salón, oscureciéndose
cuando comienza a dirigirse hacia mí.
—Señor Chase. —El señor Henson suena enojado—. Me gustaría que
tome su habitual…
—Cambio de planes, señor. —Ni siquiera mira al señor Henson—. Voy
a necesitar un asiento en la parte de atrás, Jones.
Cameron se dirige al chico a mi lado, como si estuviera a su servicio—:
Muévete.
El murmullo lo sigue hasta que llega al pupitre a mi lado. El tipo que ya
estaba sentado allí casi se tropieza para moverse.
—Ahora, si todos están en sus asientos —el señor Henson corta a
Cameron con una mirada dura—. Podemos comenzar.
Diez minutos después de la lección, Cameron golpea su bolígrafo contra
el borde de mi escritorio.
—¿Qué? —digo en voz baja, nuestros murmullos se ahogan por la
discusión entre el maestro y un par de chicos de enfrente del salón.
—¿Estás bien?
—¿Tú qué crees? —susurro, volviendo mi mirada al frente del salón.
Ignoro a Cameron por el resto de la clase. Cuando finalmente suena la
campana y todos comienzan a empacar sus cosas, un pedazo de papel
aterriza en mi escritorio. Lo abro casualmente, manteniendo mi mano sobre
la página para evitar cualquiera pueda leerlo, es decir, los ojos de Cameron.
Alguien suelta una risita mientras yo enrollo la vil nota y salgo de allí.
Apenas he salido por la puerta cuando escucho—: ¿Quién diablos
escribió esto?
La dureza de la voz de Cameron reverbera a través de mí, haciéndome
estremecer, pero no miro hacia atrás.
No puedo.
—Hailee, espera —llama, pero comienzo a empujar a través de la
multitud tan rápido como puedo.
Pensé que podría manejarlo. Pensé que no importaba lo que la gente
dijera de mí; las mentiras que contaban. Pero al parecer, incluso yo tengo
una línea. Y esa línea es un relato detallado de lo que alguien piensa que
merece una prostituta traidora como yo.
Puta traidora.
Cualquiera que me conozca, realmente me conozca, sabe que no salgo
con cualquiera y mucho menos que me acuesto con tipos al azar.
Las lágrimas queman el fondo de mis ojos cuando salgo por las puertas
principales al aire fresco. Pero no lloraré. No por un grupo de chicos que
han estado muy felices de ignorarme durante toda mi existencia en el
bachillerato. Además, siento ira, no dolor.
—¿Hailee, podrías esperar?
—Vete, Cameron. —Le digo por encima del hombro mientras me dirijo
directamente al estacionamiento, ignorando el hecho de que me ha llamado
por mi nombre y no por ese estúpido apodo que generalmente le encanta.
—Espera. —Su mano se curva alrededor de mi hombro.
—¿Qué quieres de mí? —Me doy la vuelta, encogiéndome de hombros,
entrecerrando los ojos.
—Yo… —Su respuesta muere cuando da un paso atrás, poniendo algo
de distancia entre nosotros. Se pasa una mano por el pelo corto.
—Déjame en paz, eso es todo lo que quiero.
Pero Cameron no se mueve. No hace nada. Sólo se queda allí,
mirándome, su expresión oscura; su mirada es tan intensa que me siento
desnuda. Voy a alejarme, pero él se mueve rápidamente, su mano me agarra
por la muñeca.
—¿Ha sido así toda la mañana?
—¿Que te importa?
Algo brilla en sus ojos, pero no me ofrece una respuesta, dejo escapar
un profundo suspiro.
—Sabes —digo—. Todo lo que quería era que este año pasara rápido.
Sabía que nada cambiaría con Jason, sabía que todavía estaría obsesionado
con jugar sus estúpidos partidos. Pero estaba bien con eso. Era entre
nosotros. Todavía podría quedarme en las sombras.
—Lo arreglaré —dice enigmáticamente.
—¿Arreglarlo? —Mi voz es incrédula—. ¿Sabes que es tu culpa que yo
esté en esta situación, verdad?
—Si no hubieras ido a esa fiesta.
—¿Tienes que estar bromeando, qué te pasa? Tengo diecisiete años,
Cameron. Se supone que debo ir a fiestas, conocer chicos y emborracharme.
Pero espera, no puedo hacer eso porque tú y el imbécil de mi hermano se
aseguraron de eso.
Un par de chicos pasan junto a nosotros, con los ojos muy abiertos por
la curiosidad. Cameron me agarra del brazo y tira de mí hacia su camioneta
hasta que estemos ocultos entre su vehículo y el que está al lado.
—Sé que te hacemos pasar un mal rato, pero es mejor así.
—¿Mejor? —Contengo el aliento—. ¿Para quién, para ti, para Jason? —
La ira vibra en mi pecho mientras lo fulmino con la mirada.
—Yo... —exhala—. La cosa es que…
Cameron presiona sus manos a cada lado de mi cabeza, encerrándome.
—Hice lo que hice en la presentación del equipo porque Jason estaba
listo para destruirte.
—¿Entonces me estabas salvando? Por favor. —Una risa amarga sube
por mi garganta—. Hiciste lo que hiciste porque eres igual que él. Él da las
órdenes y tú vienes corriendo como un buen samaritano.
—Cuidado, Solecito. —Sus palabras son bajas. Ásperas. Como si todo
esto fuera un juego para él. Pero no es un juego, es mi vida. Y se está
desmoronando por su culpa y su estúpida rivalidad con Rixon East.
—¿O qué? —Mi espalda presiona más en el costado de su camioneta,
inmovilizada en mi lugar por su intensa mirada.
—¿Realmente quieres saber la respuesta a esa pregunta? —La ceja de
Cameron se alza, un desafío silencioso.
Esto se siente diferente. Estoy enojada, sí, pero no puedo negar que hay
algo más hirviendo debajo de mi piel. Algo desconocido. Un profundo
anhelo que trato de luchar, trato de ignorar desesperadamente, cada vez que
me encuentro cerca de Cameron Chase.
—¿Qué pasa, Solecito? —Se inclina y baja su rostro al mío—. ¿Se
comieron tu lengua los ratones?
—¿Por qué? —Las palabras se derraman de mis labios—. ¿Por qué me
estás haciendo esto?
—¿Qué crees que estoy haciendo?
Trago saliva cuando sus ojos miran hacia mi boca, como lo habían
hecho antes en el armario del conserje y otra vez en mi cocina la otra
mañana.
—Jugando conmigo así —eso sale en un susurro de mis labios.
—¿Qué pasa si te digo que esto no es un juego?
¿No es un juego?
¿Qué demonios significa eso?
—Yo, no, no entiendo.
Cameron se acerca, sus piernas rozan las mías. Mis manos vuelan,
aterrizando en su pecho, desesperado por mantenerlo allí. Pero en el
segundo que lo toco, sus ojos se cierran, un gruñido carnal retumba en su
pecho. Se lo traga, sacudiendo un poco la cabeza. Cuando vuelve a
encontrar mi mirada, sus iris se han oscurecido. Sus ojos entrecerrados.
—¿Cameron?
—Dame un minuto. —Un latido pasa, y otro, la energía crepita entre
nosotros como una tormenta eléctrica.
Necesito irme. Necesito alejarlo y moverme. Pero estoy enraizada en el
lugar, perdida en sus ojos gris azulados y todas las cosas que no está
diciendo. Mi corazón galopa en mi pecho, mi mente nada con pensamientos
confusos. Cameron no es el buen tipo aquí, lo sé. Sin embargo, no puedo
romper el hechizo que me ha lanzado.
Y no estoy segura de querer hacerlo.
¿Qué demonios es lo que me pasa?
—Cameron —digo finalmente rompiendo la tensión—. Debería irme.
—No puedes irte —dice, su voz apenas audible.
—Cameron, no estoy haciendo esto. —Lo que sea qué es esto—. No
soy…
Una de sus manos se desliza a lo largo de mi clavícula, deslizándose por
mi cuello, su pulgar acariciando la piel allí. Lucho contra un gemido.
—Puedes odiarme, Hailee. Me lo merezco, lo sé. Pero no me insultes
fingiendo que no sientes esto. —Baja la cabeza hacia la mía, inhalando
profundamente—. Dime que lo sientes.
Puedo sentir algo muy bien, cavando en mi muslo.
Tragando fuerte, trato de procesar lo que está sucediendo. Por qué mi
corazón es un tren fuera de control, chocando con mi caja torácica como si
tratara de escapar. Por qué me hormiguea la piel y siento calor por todas
partes.
—Lo sientes —susurra de nuevo, su cálido aliento de menta bailando
sobre mi cara—. Sé que lo sientes.
Si levantara un poco la barbilla, nuestros labios se tocarían. Nos
estaríamos besando. Pero no quiero eso.
¿O sí?
—Yo… —Quiero decirle que no lo siento, que no tengo idea de lo que
está hablando, pero obviamente hay algo muy mal en mí porque lo siento.
Yo lo siento. Pero no puedo decirle eso.
No lo haré.
En cambio, le digo—: Te odio.
Antes de que pueda retirar las palabras, la otra mano de Cameron
ahueca mi cuello y fija su boca contra la mía, su lengua separa suavemente
mis labios y se desliza dentro. Me besa lenta y profundamente, allí mismo,
en el estacionamiento de la escuela, al costado de su camioneta.
Y todo lo que puedo pensar es que Cameron Chase me está besando…
Cameron Chase me está besando.
Besándome.
El calor inunda mi estómago, haciendo que mis muslos se aprieten
juntos, mientras él me pega contra su camioneta, besándome más profundo,
más fuerte. Nuestras lenguas se baten en duelo, luchando por el dominio.
Pero él gana, y me derrito bajo sus caricias. La forma en que me muerde el
labio, pasando su boca sobre mi mandíbula, mi cuello, chupando y
mordisqueando.
—Cameron. —Se supone que es una advertencia, una señal para que
reduzca la velocidad. Un recordatorio de dónde estamos y qué estamos
haciendo.
Un recordatorio para mí misma de controlarme.
Pero el placer escapa de mi garganta, y gimo suavemente.
—Joder, sabes bien —murmura, sus labios y manos explorando mi piel,
mi cuerpo, como si no pudiera tener suficiente de mí. Lo cual no tiene
sentido porque nos odiamos.
Lo odiaba.
Lo odio.
—Espera. —Me separo y él gime, dejando caer su rostro en la curva de
mi hombro—. ¿Qué demonios estamos haciendo?
Mi voz tiembla mientras trato de recuperar el control de mí misma, mis
estúpidas emociones volubles.
—Cameron —digo clavando mis dedos en sus costillas cuando no se
mueve.
—Aléjate de mí.
Da un paso atrás, sus labios se curvan en una sonrisa molesta y sexy.
—No estás poniéndomelo fácil, Solecito.
—Lo juro por Dios, si me vuelves a llamar así, yo…
—¿Tú qué, vas a besarme otra vez? —Su sonrisa se transforma en una
sonrisa petulante.
—Me voy ahora —le digo bruscamente—. Por favor no me sigas.
Porque podría rogarte por cosas que no debería querer. Me escabullo
entre él y su camioneta y comienzo a alejarme, pero su mano engancha mi
muñeca.
—Cameron. —Su nombre deja mis labios con un suave suspiro.
—Solo dime una cosa —dice.
—¿Qué? —Digo en un suspiro. Pero no es sólo Cameron con quien me
siento frustrada.
—¿Odiarme te hace sentir tan bien como a mí?
—Adiós, Cameron. —Mis ojos caen hacia donde sus dedos están
enrollados alrededor de mi muñeca y él me suelta.
—Lo que tú digas, Solecito. —Siempre tiene que decir la última palabra
—. Pero recuerda, Hailee.
Mi nombre en sus labios hace que mi estómago se revuelva un poco.
—Puedes correr, pero no puedes esconderte.
Capítulo 18
Cameron
Hailee se apresura a regresar dentro de la escuela, pero no voy tras ella.
Necesito un poco de aire. La chica se mete debajo de mi piel hasta que no
puedo pensar con claridad.
Cuando la seguí hasta aquí, no había planeado besarla de nuevo. Nada
más quería hablar, descubrir qué demonios estaba pasando. Pero luego la
tiré por el costado de mi camioneta y la tentación fue demasiada. Verla
pelear sobre si admitir que sentía que esto crecía entre nosotros fue la gota
que derramó el vaso.
Mierda.
Ella está jugando con mi cabeza. Haciéndome querer cosas que no
puedo tener. Pero ahora están sucediendo cosas más importantes, como el
hecho de que alguien le había enviado una nota en la clase de historia llena
de insultos, eso hizo que me dieran ganas de golpear algo, o alguien.
Cuando terminó la práctica y Jase, me muestra la foto que Thatcher
había agregado a su historia de Snapchat, casi me salgo de mis casillas. Sin
embargo, lo que no estaba esperando era cómo reaccionarían el resto de los
chicos en la escuela. En el momento en que la encontré sentada al final de
la clase, supe que algo estaba pasando. Hailee no se esconde; ella
generalmente se sienta al frente, ansiosa por responder preguntas y
participar. Pero estaba callada, escondiéndose detrás de sus lentes, con los
ojos desprovistos de la chispa que habitualmente veo allí. Y en el momento
en que la vi leer la nota, vi que su expresión se endurecía, la sangre se le fue
de la cara, supe que era la punta del iceberg.
Guardando todo adentro, me dirijo en dirección a la cafetería,
sorprendido cuando veo a Hailee sentada con Felicity en su mesa de
siempre.
—Esa mierda que Thatcher publicó está en todas partes —dice Asher,
acercándose a mi lado, mirando a las chicas—. ¿Qué dijo ella en la clase de
historia?
—No mucho, pero alguien le envió una nota y fue malo.
—Escuché a un grupo de chicos en el pasillo hablando de ella como si
ella fuera, ya sabes.
—No —digo en voz baja.
Él me mira.
—¿Qué pasa contigo, pareces tenso? Tal vez necesites llamar a Miley y
pedirle que te ayude a resolver esos…
—En serio, amigo, dije que no.
—Dios, alguien tiene su período. ¿O es esta mierda con Jase y Hailee?
Se calmará con el tiempo, ¿sabes? —Me da una palmada en la espalda—.
Thatcher tiene otros ases bajo la manga.
No estoy tan seguro de eso.
Aunque la foto de Hailee es obviamente manipulada, los chicos ven lo
que quieren ver, y gracias a Thatcher, Hailee se ha convertido en el enemigo
público número uno. No importa que yo hubiera hecho algo similar en la
presentación del equipo porque eso no la había enfrentado a nosotros. Por
muy jodido que sea, para la mayoría de las chicas en la escuela, ser llamada
por montar a un Raider hubiera sido una insignia de honor. Pero dormir con
el enemigo, incluso si es un rumor, es un crimen que nuestros fanáticos no
perdonaran.
—Vamos, podría comerme un pequeño caballo. —Asher me toma por
los hombros y se adelanta a la línea. Excepto que no espera, se desliza hacia
el frente, dándole a la dama una gran sonrisa. Hacen una pequeña charla
sobre el próximo partido el viernes, mientras yo agarro un sandwich y lo
agrego a su bandeja. Trabaja su encanto hasta que ella le hace un guiño de
complicidad, dejándonos pasar sin pagar.
Nos abrimos paso a través de las mesas hacia Jase que ya está sentado
en nuestra mesa, Jenna Jarvis prácticamente follando su pierna.
—¿Qué pasa? —dice fríamente.
—Tenemos un problema —respondo en voz baja, señalando a Hailee.
—Ella estará bien. —Jase se traga sus palabras mientras vemos a un
chico acercarse a su mesa. Flick lo fulmina con la mirada cuando se deja
caer en el banco al lado de Hailee.
—Tal vez deberíamos… —comienzo, pero Jase me interrumpe con una
sacudida de su cabeza—. Ella puede manejarlo sola.
No lo dudo, pero ella está en esta situación por su culpa. Debido a
nosotros. Y eso no me sienta bien.
El chico está diciendo algo, con una sonrisa satisfecha en su rostro,
mientras se inclina cerca de ella. Demasiado cerca. Engancha su brazo
alrededor de la cintura de Hailee, y me preparo para intervenir, pero ella lo
golpea en la cara. El chico aúlla de risa, retrocediendo, pero veo la sorpresa
en su expresión.
Todos lo hacemos.
Asher silba entre dientes.
—Mierda, esa chica tiene bolas de acero.
—Las va a necesitar —se queja Jase como si él supiera, y aceptara, que
esto va a empeorar.
Bueno, a la mierda con eso.
—Es muy triste —dice Jenna, girando su cabello alrededor de sus dedos
—. Ella podría haber sido una de nosotras, pero en lugar de eso eligió follar
a Thatcher solo para conseguir una…
Jase la empuja de su regazo y ella aterriza en el banco junto a él con un
ruido sordo.
—¿Ay, Jase, por qué demonios fue eso?
—Estoy aburrido. —Su voz es fría—. Vete.
—Idiota. —Jenna mantiene la voz serena, pero sus mejillas arden de
vergüenza cuando hace un gesto para que sus amigas la sigan, y se alejan,
tratando de retener algo de dignidad. Algunos de los muchachos aúllan de
risa, pero pronto se callan cuando Jase les envía una mirada dura a todos en
la mesa.
Mis ojos vuelven a encontrar a Hailee al otro lado del comedor. Tiene la
cabeza baja, empujando una ensalada alrededor de su plato.
—Deberíamos ir allí.
—¿Te golpearon demasiado fuerte en el entrenamiento? —Jase resopla.
—Lo que digo es que, si no hacemos algo para terminar esto, empeorará
mucho antes de que mejore. Y si se pone tan mal, y el maestro equivocado
escucha algo, podría aterrizar en el escritorio de Finnigan. Y eso es un
problema que no necesitamos.
Mi mejor amigo me mira por un segundo, restregándose la cara.
—Chicas de mierda —murmura Jase, empujándose desde el banco. Se
pone de pie y nos mira a los dos—: Vamos, no voy a hacer esta mierda yo
solo.
—Oh, demonios, sí, estoy dentro. Tal vez pueda tocar a Felic…
—Ni se te ocurra ponerle un dedo encima —ladra Jase.
—¿Ah, sí? —Asher se echa hacia atrás como si hubiera sido abofeteado
—. ¿Pero por qué, pensé que todas, excepto Hailee, estaban a nuestro
alcance?
—Porque yo lo digo, imbécil.
Asher levanta las manos en señal de rendición, sus labios se tuercen.
Cuando llegamos a su mesa, Hailee y su amiga nos miran boquiabiertas.
—¿Sí? —ella dice rotundamente—. ¿Qué necesitas?
—De ti, nada. Pero yo sí puedo ayudarte. —Jase se deja caer al lado de
Felicity. Sus ojos se abren, mirando entre él y Hailee y de regreso.
—¿Qué está pasando ahora?
—Nos necesitas —dice como si fuera así de simple.
—Hmm, no —bromea Hailee—. No, eso no es cierto.
—Eso no es lo que él piensa. —Jase mueve la cabeza hacia donde el
tipo que ella había abofeteado nos mira. El pequeño hijo de puta parece
listo para orinarse, con los ojos clavados en el suelo mientras lo miro con
los ojos entrecerrados.
—Pfft —se queja Hailee—. Lo manejé bien.
—Eso hiciste, Hails —agrega Asher, deslizándose a su lado. Me siento
al otro lado, mirándola por el rabillo del ojo.
—No me llames así —dice, con un tono defensivo en su voz—. No
somos amigos.
—Parece que lo somos de donde estoy sentado. —Él sonríe.
—Si no recuerdo mal. —Hailee lo fulmina con la mirada—. Nada de
esto hubiera pasado, si no hubieras arruinado la fiesta y empezado a pelear
con Thatch...
—¿Peleando? —Asher bromea cuando Jase se recuesta, mirándola con
una expresión oscura—. No, nena, eso no fue una pelea, fue sólo el
calentamiento.
Hailee se burla, sus ojos rápidamente se mueven hacia su hermanastro.
—Esto ha sido divertido y todo, pero pueden irse ahora. —Ella
chasquea los dedos.
—Sí, creo que fue una mala idea. Estoy fuera. —Jase se levanta y se
aleja mientras Asher me lanza una mirada de “¿qué debemos hacer ahora?”
Pero antes de que pueda decir algo, Hailee me mira con frialdad y dice
—: No sé qué es esto, pero no necesito que finjas ser mi amigo. Me las he
arreglado bien sin ti todo este tiempo; creo que sobreviviré a esto.
—Está bien —digo, dándome cuenta de que tal vez Jase tiene razón. Tal
vez venir aquí fue un gran error—. Hazlo a tu manera, Solecito. Ash,
vámonos.
—Pero… —Sus ojos se posan en Felicity, pero cuando sacudo mi
cabeza, deja escapar un largo suspiro—. Bien, ya voy. No hagan nada que
no haría, señoritas. Nos vemos.
Todos miran mientras nos alejamos de Hailee y su amiga, pero pueden
mirar. Si ella es demasiado terca para admitir que nos necesita, entonces
tendremos que hacerlo alrededor de ella.
—Ella es muy terca —murmura Asher mientras empuja la puerta con el
hombro—. Pero su amiga está calmada. Me gusta eso. Significa que
probablemente sea una verdadera fiera.
—¿Alguna vez piensas con la cabeza que llevas sobre los hombros?
—Fútbol y coño. —Se encoge de hombros, una sonrisa perezosa le
parte la cara—. ¿Qué más hay?
Quiero decirle que, un día, conocerá a una chica que hará que todo lo
demás se vuelva insignificante. Una chica que se meterá debajo de su piel y
le roerá el alma. Pero él no está listo para escuchar las palabras y yo no
estoy listo para admitir que sé de qué demonios está hablando. Así que, en
lugar de eso, le rodeo el hombro con el brazo y le digo—: Vamos,
Casanova, probablemente deberíamos aparecer en una clase o dos.

~~~

Nuestra pequeña escena en el almuerzo calmó los viciosos rumores que


se extendían por los pasillos, pero aun así no detuvo a algunos chicos y
chicas, pensando que podían hablar de Hailee como si fuera la puta de la
ciudad.
—Necesitas hacer algo —le digo a Jase mientras caminamos de la
última clase al vestidor.
—Intenté eso y ella me lo arrojó a la cara.
—Entonces, diles la palabra al equipo para que anulen los rumores.
Me fulmina con la mirada.
—¿Por qué estás tan preocupado por esto? Es sólo una foto.
—¿Y estás de acuerdo con que todos piensen que Hailee se lo da a los
Águilas? ¿A Thatcher? —Levanto las cejas, desafiándolo. No es como si
pudiera decirle la verdad; que cada vez que escucho que alguien la llama
puta o vendida, quiero romperles la cara. No le gustara escuchar eso.
—Necesitas ponerle fin, ahora. Antes de que Finnigan escuche algo que
le dé motivos para mirar más de cerca este rencor entre nosotros y los del
este.
Jase rueda sus hombros hacia atrás, su mirada endurecida se clava en la
mía. Pero no responde, simplemente entra al vestidor. Después de seguirlo,
voy directo a mi banco y comienzo a quitarme la ropa.
—Sí, bueno, no me importaría que me chupara la polla.
Mis ojos se vuelven hacia dos de los jugadores nuevos acurrucados
sobre un teléfono celular.
—¿Qué es eso? —Pregunto, poniéndome los pantalones.
El que sostiene el teléfono palidece.
—Hmm, nada, no es nada. —Deja caer el celular en su bolso y aprieta
los labios.
—No, en serio. ¿Qué fue eso? —La irritación me recorre la columna—.
Porque sé que no es lo que creo que es.
Me acerco lentamente a ellos, listo para atacar.
—Sé que no eres lo suficientemente estúpido como para hablar así de la
hermanastra de tu mariscal de campo.
El silencio desciende sobre el vestidor, pero solo tengo ojos para el
joven que parece listo para orinarse.
—Vamos, Chase —tartamudea con una sonrisa débil, como si fuéramos
viejos amigos—. No es así, yo no estaba…
—Entonces, dime cómo es. —Lo alcanzo, sacando el celular de su bolsa
abierta. Está tan blanco como un fantasma ahora que empujo el celular
hacia él y ladro—: Desbloquéalo.
Con dedos temblorosos, pasa el dedo por la pantalla y pone la
contraseña.
—Lo ... lo siento, hombre, estábamos bromeando.
Veo el destello de la cara de Hailee en la pantalla, pero mantengo mis
ojos fijos en su cara. No puedo ver esa mierda, no otra vez. No si quiero
evitar cometer un gran error. Agarrándolo por el cuello, tiro con fuerza y
nos pongo cara a cara.
—Esto no es sólo un equipo, es una familia. Nos faltas el respeto a uno
de nosotros, nos faltas el respeto a todos. ¿Quieres hablar mierda sobre la
hermana de tu MC? —Se me corta la respiración cuando entrecierro los
ojos sobre él.
—Yo, lo siento. —Su cara está pálida.
—Chase, relájate. —La demanda de Jase apenas penetra mi ira, pero
siento que se mueve detrás de mí—. Chase.
Su mano aterriza en mi hombro y me estremezco, empujando al chico
hasta que tropieza hacia atrás.
—¿Estás hablando mierda de Hailee? —le pregunta Jase.
—No era…
—Chase tiene razón. Este es un equipo. Mi. Maldito. Equipo. —Su voz
es fría—. ¿Me entiendes?
El chico asiente, murmurando una disculpa incoherente.
—Eso va para el resto de ustedes. —Jase se da la vuelta y recorre con la
mirada a cada uno de sus compañeros—. ¿Alguien más quiere hablar mal
de Hailee?
Se encuentra con puro silencio.
—Eso pensé. Hailee está fuera de los límites. Siempre lo ha estado. Si
alguien necesita recordar eso, no tengo problemas con hacerlo. Esta mierda
con la foto termina ahora.
Los ojos de mi mejor amigo buscan los míos. Sus labios están
fruncidos, la rabia brota de él, pero me da un pequeño asentimiento de
comprensión y se lo devuelvo. Puede que Jase no hubiera querido
intervenir, pero no le había dado otra opción.
Ahora espero no tener que arrepentirme después.
Capítulo 19
Hailee
Después de que Jason, Asher y Cameron intentaron sentarse con
nosotros en el almuerzo del lunes, las cosas se calmaron y, cuando llegó el
viernes, mi foto era una noticia vieja. En cambio, todos estaban hablando
del primer partido de los Raiders fuera de casa contra los leones de
Levinson.
—Hola, Hailee —dice una chica que apenas reconozco mientras Flick y
yo vamos a almorzar.
—Hmm, hola —le respondo, mis cejas se tensan, antes de mirar a mi
amiga—. ¿Qué ha sido eso, qué demonios está pasando ahora?
Ella me mira con aire de suficiencia y le pregunto—: ¿Qué?
—Creo que eres la nueva figura popular de Rixon y todos quieren jugar
contigo.
—No seas ridícula. —Así que un par de personas habían tratado de
hablar conmigo e incluso me habían preguntado si entre mis planes está ir a
ver el partido esta noche. Lo cierto es que no, obviamente. Pero mi falta
total de espíritu escolar ya no parecía calificarme como la paria social. Y
por mucho que no quisiera admitirlo, Flick tiene razón. La gente ha
mostrado interés en mí de repente.
Con una sonrisa, pasa su brazo por el mío cuando entramos en la
cafetería.
—Ya sabes, vinieron a sentarse contigo por alguna razón.
—Sí, pero… —Dudo. Sé a qué se refiere, pero no tiene ningún sentido
—. Déjame entenderlo. Primero, me tratan como una leprosa porque Jason
emitió algún tipo de regla general de Hailee está fuera de los límites. Luego
me convierto en la puta de la escuela por una foto falsa que Lewis Thatcher
hizo circular. ¿Y ahora, qué soy? Monedita de oro, porque Jason y los
chicos se sentaron con nosotras en el almuerzo; durante unos cinco minutos,
debo agregar.
—¿Jason y los chicos? —Flick sonríe, sus ojos burlándose de mí.
—Oh, vete a la mierda —me quejo—. Sabes a lo que me refiero.
Se me había salido, nada más.
—No digo que tenga sentido, sólo digo que creo que hizo algo.
—¿Hizo algo? —Me burlo—. Apenas me ha dicho dos palabras desde
el lunes.
Hubo un gruñido extraño aquí o allá cuando nos cruzamos en casa, y él
se había sentado y cenado con nosotros anoche, para sorpresa de todos.
Pero no tengo la ilusión de que Jason y yo estemos más cerca de hacernos
amigos. Ese barco ha zarpado hace mucho tiempo.
No es que quiera eso de todos modos.
No lo hago.
Flick se encoge de hombros cuando nos formamos en la fila del
almuerzo.
—Pero podría haber dicho algo detrás de escena. ¿Le dijo a la gente que
necesita ser un poco más amable contigo, tal vez? —Sus cejas se levantan
sugestivamente.
—Has conocido a mi hermanastro, ¿verdad? Ser amable no está en su
capacidad emocional.
—Es un imbécil, no lo estoy negando. —Sus labios se fruncen como si
las palabras dejaran un sabor agrio en su boca—. Pero piénsalo. Nunca deja
que nadie más se acerque a ti. Sin embargo, la segunda vez que Thatcher
envió esa foto, casi arde Troya.
¿Arde Troya? Pero si esto no es una conspiración.
—¿Y yo soy qué? —Siseo en voz baja, consciente de todas las miradas
indiscretas y oídos en nuestras inmediaciones—. ¿Se supone que debo
perdonar todo lo que me ha hecho los últimos seis años y convertirme en
parte del club de fans de Jason?
Como si eso fuera a suceder alguna vez. Cargo mi bandeja con algunos
artículos para el almuerzo y sigo a Flick hasta el mostrador de servicio.
—Supongo que suena un poco tonto cuando lo pones de esa manera.
—¿Tú crees? —Disparo sin poder mantener la incredulidad fuera de mi
voz.
—¿Y cómo están mis dos chicas favoritas? —Asher Bennet aparece de
la nada y nos abraza, guiándonos a nuestra mesa habitual. Me escabullo de
su abrazo dejándolo a él y a Flick caminando juntos, dándole una mirada de
reojo en el proceso. Ella se encoge de hombros como si no fuera gran cosa.
Traidora.
—Entonces. —Se sienta junto a Flick como si se uniera a nosotros para
almorzar todos los días—. Me preguntaba…
—Con cuidado, puede que te duela la cabeza. —Sonrío, apuñalando un
trozo de pasta con el tenedor sin fingir que es la cara de Asher.
—Ay. Muy quisquillosa, Raine. Muy quisquillosa. De todos modos,
como decía. —Le presta atención a mi mejor amiga y ella la lame, colgando
de cada una de sus palabras. Se me encoge el estómago—. ¿Les gustaría
venir a una fiesta mañana por la noche?
—No —le digo al mismo tiempo que Flick chilla—: Sí.
La risa retumba en el pecho de Asher.
—Puedo ver que vamos a tener que mantenerte vigilada —le habla a
Flick, pero es a mí a quién están dirigidas.
—Puedes irte ahora —resoplo. Ya es bastante malo que este sentado en
nuestra mesa. ¿Pero coquetear con Flick? Eso es suficiente para hacerme
vomitar y aún no he tomado un solo bocado de mi almuerzo.
—Deberías venir. No hay algún motivo oculto, lo juro.
Esas son sus palabras de despedida cuando se pone de pie, con los ojos
demasiado tiempo en mi amiga. Cuando se retira a su mesa, Flick chilla de
alegría.
—Una fiesta —grita, bajando la voz cuando le doy una mirada irritada
—. Una fiesta en la casa de Asher Bennet. No puedo creer esto.
—¿En realidad no quieres ir?
—Hails, por favor. —Ella gime, rodando los ojos teatralmente—. Esto
nunca nos ha pasado antes. Y está en mi lista.
—Creo que tu lista se está convirtiendo rápidamente en una forma de
convencerme de vender mi alma al lado oscuro.
—Oh, no seas tan dramática. Es solo una fiesta. Y quién sabe, tal vez te
diviertas un poco. —Ella se inclina más cerca—. Además, Cameron estará
allí.
Sus ojos bailan ante la insinuación.
—Ni siquiera… —advierto. No quiero pensar en Cameron, ni ahora, ni
nunca.
Jamás.
Pero mis ojos tienen una mente propia, deslizándose hacia donde él y el
resto del equipo están sentados. Levanta la cabeza, sus ojos azul grisáceo se
clavan en mí, pero me alejo rápidamente, sintiendo mis mejillas calientes.
Sin darse cuenta de la situación, Flick dice—: ¿Qué? —Ella me mira
con los ojos llenos de fingida inocencia.
—No importa.
Inclinando su cabeza, ella me estudia.
—Está bien que te guste, ¿sabes?
—No —inhalo bruscamente. No me cae bien. No lo hace—. Lo que sea.
¿Podemos hablar de algo más?
Una lenta sonrisa tira de su boca.
—¿Eso significa que vendrás conmigo?
—¿Tengo otra opción?
—No —su sonrisa se convierte en una sonrisa burlona—. No, estás
sentenciada.

~~~

Soy una idiota consumada o la mejor amiga que una chica puede tener.
El jurado aún está discutiéndolo y, cuando me bebo el resto de mi bebida,
aplasto el vaso y lo tiro en uno de los botes de basura que Asher ha
colocado estratégicamente alrededor de su patio, que es tan grande, si no
más grande, de lo que todos dicen que es. El lugar es enorme.
—Creo que estoy borracha —le digo.
—¿Deberíamos tomar otra? —Flick no suena demasiado sobria
mientras deambulamos entre la multitud de personas reunidas para celebrar
la victoria del equipo contra los Leones de Levinson anoche. Según todos
los que estaban ahí, decían que había sido un partido fácil para los Raiders,
llevándolos un paso más cerca de los play-offs.
Ni siquiera había peleado cuando Flick apareció antes en la puerta de mi
casa con una bolsa llena de ropa y una sonrisa que ni siquiera la gente más
despiadada podría haber rechazado. Pero hasta ahora, no estaba resultando
ser tan malo. Logramos evitar a mi hermanastro y sus amigos, o tal vez
ellos nos estaban evitando. De cualquier manera, bebimos y bailamos e
incluso nos unimos en un juego de cerveza pong o dos.
Al principio fue extraño que la gente gritara mi nombre.
Mi nombre.
Hailee. Hailee. Hailee.
Pero no puedo negar, incluso en mi estado ligeramente intoxicado, que
fue emocionante. Me emocionó la gente gritando mi nombre. Oh, Dios, me
estoy convirtiendo en Jason. La idea me hace estremecer.
—¿Qué dijiste? —La cabeza de Flick se gira hacia la mía.
—No dije nada.
—Sí, lo hiciste. Dijiste, te estás convirtiendo en Jason.
—No. —Le saco la lengua y ella frunce el ceño.
—Necesito orinar. Mierda, tengo que orinar ya mismo. —Flick me
empuja en una silla de jardín, bailando como si tuviera hormigas en sus
pantalones—. Quédate aquí, ¿de acuerdo? Vuelvo enseguida.
La despido con la mano mientras el mundo gira. Alzando mis piernas
sobre el brazo de la silla, cuelgo mi cabeza de la otra hasta que no puedo
ver nada más que estrellas centelleantes sobre un vasto telón de fondo de
negro. Es tan pacífico y tranquilo, a mundos de distancia de la fiesta que
puedo escuchar vagamente a mi alrededor.
—¿Cómoda? —una voz dice desde las sombras, y una cara tan
impresionante que contengo el aliento y llena mi visión. Sus intensos ojos,
nariz recta y mandíbula fuerte; incluso al revés Cameron es guapísimo.
Le sonrío, dando un pequeño suspiro que evita el hipo.
—Uy. —Me tapo la boca con la mano para sofocar mi sonrisa soñadora.
Él se ríe entre dientes, dejándose caer en otra silla cercana—. Me
preguntaba a dónde te habías metido.
—¿Sí? —Giro mi cuerpo para verlo mejor, pero no me siento. Me gusta
la sensación de estar al revés. Sin gravedad.
—Sí, esperaba poder bailar contigo.
—Bailar, sí, claro.
No se ríe. ¿Por qué no se está riendo?
—¿Estás hablando en serio? —Casi me ahogo con las palabras.
Sus hombros se levantan.
—Seguro que sí. —Suena indiferente—. Me gusta bailar.
—¿Estás borracho?
—No tan borracho como tú.
Le saco la lengua y sus ojos brillan como un rayo en una tormenta.
—Entonces, es el baile de bienvenida pronto.
Baile de Bienvenida.
Solo la palabra me hace sentir náuseas.
—Prefiero meterme atizadores calientes en los ojos.
—Entonces, ¿no vas a ir? —pregunta.
—No, no voy a ir al baile de bienvenida. —¿O sí?
—Claro que sí, Solecito. Es un rito de iniciación, tienes que estar allí.
—Flick quiere ir. —Pongo mis manos juntas, dejándolas caer en mi
regazo.
—Flick habla con mucho sentido.
Echándole un vistazo, le pregunto—: ¿Tú vas a ir al baile de
bienvenida?
Su expresión se oscurece.
—Más o menos viene con el territorio.
—Ahh, ya sé, quieres ganar otra competencia, ya entiendo.
Su cara se arruga con disgusto.
—No es realmente algo que me interese, pero al entrenador le gusta que
le demos algo a todos y a todos les…
—Ey. —Alzo las manos—. No digas más, vas a ganar la votación y ser
el rey del baile.
—No, ese será tu hermano.
—Hermanastro —gruño, y Cameron se ríe.
El suave sonido a la deriva sobre mí, envolviéndome como una manta
cálida.
—Tienes una risa agradable —le digo, mis ojos se cierran.
—Y estás más borracha de lo que pensé. ¿Cómo vas a llegar a casa esta
noche?
—Creo que voy a dormir aquí mismo. —Estiro mis brazos sobre mi
cabeza, acurrucándome más en la silla, pero luego mi mundo se inclina
cuando unas manos fuertes me levantan.
—Oh, no, no lo harás —dice Cameron—. Puedes quedarte en la casa. A
Asher no le importará.
—Flick… necesito decirle a Flick. —Las palabras salen confusas
mientras mantiene su brazo alrededor de mí y me guía hacia la casa.
La gente grita su nombre, también el mío, mientras nos abre paso por el
mar de cuerpos que todavía beben y ríen. Pero es extraño. No siento que se
están riendo de mí. No esta vez. Pero entonces, tal vez todo el vodka en mi
torrente sanguíneo me está dando una falsa sensación de confianza. Tal vez
ya me he quedado dormida y todo esto es un sueño.
De cualquier manera, envuelta en los brazos de Cameron, no es el peor
lugar para estar.
Aunque lo odie.
—Ya casi llegamos —dice cuando llegamos a la parte superior de la
escalera.
—Asher tiene una casa muy bonita —murmuro mientras se detiene en
una puerta. Veo a través de los ojos vidriosos como Cameron saca una llave
de su billetera y abre la puerta—. Eso no es espeluznante en absoluto.
—¿Crees que dejo que cualquiera se quede en mi habitación? —Sus
ojos se oscurecen, fijándome en el lugar, robando la respuesta sarcástica de
la punta de mi lengua.
¿Su habitación?
¿Tiene una habitación en la casa de los Bennet, pero por qué?
Antes de que pueda hacer la pregunta, el aire sale de mis pulmones
cuando Cameron me recoge como un bebé y me lleva a la habitación.
—Que…
—Relájate, Solecito, estás casi muerta ahí parada.
¿Lo estoy?
Ahora que lo menciona, me siento bastante cansada y borracha.
Definitivamente borracha.
Mis dedos se curvan en la polo de Cameron y lo respiro.
—Hmm. —Se me encoge el estómago. Huele bien, demasiado bien.
Como jabón con un toque de algo misterioso, tal vez whisky o tequila. Tan
bien que cuando comienza a acostarme en la cama, no lo suelto y Cameron
cae sobre mí. Aterrizamos con un ruido sordo, nuestros cuerpos enredados,
nuestras caras casi tocándose.
—Mierda, Hailee, lo siento. —Presiona sus manos en el colchón a
ambos lados de mi cabeza para quitarme algo de su peso—. No fue mi
intensión aplastarte.
—Está bien. —Alcanzando por él, trazo su mandíbula. Es tan guapo que
debería ser ilegal. El aire cambia a nuestro alrededor cuando me inclino,
rozando mis labios sobre los suyos, una… dos veces… hasta que mi boca se
inclina sobre la suya y lo beso.
Estoy besando a Cameron Chase.
Y se siente bien.
Tan bien.
El calor explota en mi estómago, corriendo hacia mis terminaciones
nerviosas, haciendo que mi piel hormiguee y mi cuerpo zumbe. Podría
besarlo para siempre. Sus labios son tan suaves y cálidos, y sabe a todo lo
que ansío y nunca supe que quería.
—Hailee —su voz está ronca.
—No —susurro, salpicando pequeños besos sobre sus labios, chupando
y mordisqueando—. Sin pensar.
No importa que nos odiemos. Nada importa en este momento, excepto
su boca sobre la mía.
Envolviendo mi brazo alrededor de su cuello, acerco a Cameron,
empujando mi nariz contra la suya.
—Joder —respira, ajustándose sobre mí para que seamos dos piezas de
un rompecabezas que encajan a la perfección. Una de sus manos se desliza
hasta mi muslo y engancho mi pierna alrededor de su cadera, frotándome
contra él. Desesperada por aliviar el dolor que crece dentro de mí.
Los ojos de Cameron se cierran, la manzana de Adam se balancea en su
garganta. Pero luego baja la cabeza, presionando un beso en el hueco de mi
cuello, chupando la piel sensible entre sus dientes. Grito, pasando mis
manos por su pecho hasta el borde de su camiseta. Necesito sentirlo.
Tocarlo. Quiero pintar mis dedos sobre cada centímetro de su piel.
Se mece, haciéndonos gemir a los dos.
—Cameron, más… —jadeo—. Necesito más…
Algo se está formando dentro de mí, una tormenta de fuego barre mi
vientre y corre hacia mi núcleo. Mi boca busca la suya nuevamente,
besándolo fervientemente.
Pero rápidamente me doy cuenta de que Cameron no me devuelve el
beso. Está tan quieto como una estatua, la aspereza de sus respiraciones es
el único sonido que llena el silencio. Presiono mi boca contra la suya
nuevamente para asegurarme de que no me devuelve el beso.
—Cameron. —Retrocedo para mirarlo—. ¿Qué pasa?
—No podemos. —Su voz suena divertida, pero quiere esto. Sé que lo
hace. Está justo allí en sus ojos mientras me mira. Su dureza presionándose
en mí, provocándome. Tentándome con todas las cosas que quiero y no
debería.
Me recuesto y lo beso una vez más, necesitando que me devuelva el
beso.
—Hailee. —Se separa, mirándome, su expresión fría ahora—. Necesitas
parar.
Parar.
Parpadeo hacia él, segura de haberlo escuchado mal. Porque no puede
querer detenerse, no cuando esto se siente tan bien.
—Tenemos que parar —repite las palabras, enviando mi estómago a una
caída libre.
Eso no está bien. Se supone que debe querer más. Para anhelarme como
yo lo hago.
Sin embargo, había dicho la palabra y ahora cuelga entre nosotros como
un glaciar, frío e implacable.
Me aparto, aplastándome contra el colchón, girando la cabeza hacia un
lado para evitar su mirada de disculpa. Suelta un profundo suspiro.
—Deberías dormir un poco. Encontraré a Flick y le haré saber que estás
aquí arriba.
Con los ojos cerrados, las lágrimas quemando mi garganta, espero a que
se vaya.
Había besado a Cameron. Prácticamente me le había ofrecido y él no
me había aceptado. El rechazo me quema como ácido hasta que siento
náuseas.
A punto de decirle que se vaya, que me deje sola, siento la cama
hundirse y él se inclina sobre mí, presionando un beso en mi cabeza.
—Buenas noches, Hailee —susurra, y luego se va.
Agarro una almohada y entierro mi cara en ella, dejándome ahogar en
mi mortificación hasta que finalmente me quedo dormida.
Algún tiempo después, en la periferia de mis sueños, siento la cama
hundirse a mi lado.
—¿Cameron? —murmuro apenas despierta.
—No, soy yo.
—¿Flick? —Mis ojos buscan en la oscuridad, ignorando el hoyo gigante
en mi estómago.
—Vuelve a dormir, Hails; ya es tarde.
—¿Estás bien? —Ella suena algo graciosa.
—Estoy bien —solloza, deslizándose debajo de las sábanas—. Vamos a
dormir.
—Buenas noches, Flick.
—Buenas noches, Hails.
Pero cuando el tirón del sueño me hunde, estoy casi segura de haber
escuchado llorar a mi mejor amiga.
Capítulo 20
Cameron
Después de una noche inquieta durmiendo en el sofá de Asher,
finalmente me arrastro y voy a la cocina, donde lo encuentro limpiando el
desastre.
—¿Sucedió algo entre tú y Felicity? —Voy directo al grano.
—¿Algo? —Me mira por encima del hombro—. ¿Cómo qué?
—¿Te acostaste con ella?
—No, no me acosté con ella. ¿Por qué, dijo ella algo? —Continúa
arrojando a una bolsa negra todos los vasos y botellas vacías. A veces me
pregunto que ama más; la fiesta o la mañana siguiente, porque nunca había
visto a un chico limpiar como Ash lo hacía.
—No, pero la vi y ella parecía molesta. —No había querido hablar de
eso, y sabía que Asher había desarrollado un extraño interés en ella. Pero
por el ceño fruncido grabado en su rostro, tal vez me había precipitado a
pensar eso.
—¿Y naturalmente crees que tuve algo que ver con eso? —Sus ojos se
abren con incredulidad—. Gracias por el voto de confianza.
Me sirvo un vaso de agua y me recuesto contra el mostrador.
—Solo pensé que… olvídalo.
—Esas chicas te tienen todo confundido. Te vi llevando a Hailee a tu
habitación, y no fui el único. —Me da una mirada acusadora—. Espero que
sepas lo que estás haciendo.
—Estaba borracha y no tenían forma de llegar a casa. ¿Qué se suponía
que debía hacer, dejarla dormir en el patio?
—Antes de toda esta mierda con Thatcher, eso es exactamente lo que
habrías hecho. Demonios, probablemente también hubieras hecho algo
mucho peor. —Frotando una mano sobre mi cabeza y bajando por la nuca,
suelto un profundo suspiro. Pero Asher no ha terminado—. ¿Te gusta, no?
—Yo…
—Advil. —Jase entra en la habitación y me trago las palabras—.
Necesito un Advil.
—Sí claro, hombre. Ya sabes dónde están. —Asher me lanza una
mirada que me dice que esta conversación no ha terminado.
—¿Con quién terminaste anoche? —le pregunta a Jase, quien toma dos
píldoras y bebe un vaso de agua antes de hundirse en uno de los taburetes.
—Kayla o Kylie, mierda si puedo acordarme.
—¿En serio, pensé que ella tenía sus ojos puestos en Cam? —Asher me
sonríe y lo tiro a espaldas de nuestro amigo.
Jase se encoge de hombros, ninguno más sabio.
—Ella no se quejaba cuando tenía mi polla en su boca.
—Entonces, hmm —me aclaro la garganta—. Probablemente deberías
saber que Hailee y Felicity están durmiendo arriba.
—¿Qué coño? —Se pone rígido, su estado de ánimo se vuelve más
negro que una nube tormentosa—. Dije invitarlas a la fiesta, no invitarlas a
una pijamada.
—Hailee estaba borracha, ¿verdad, Cam?
—Sí. La puse en mi habitación.
Los ojos de Jase se reducen a hendiduras.
—¿La metiste a tu cuarto?
—Relájate, no así. —Disimulo mi expresión—. Pero no sabía qué más
hacer con ella.
—¿Y Felicity está allá arriba también?
Asiento, seguro de haber captado un nudo en su voz cuando dice su
nombre.
—¿Le dijiste algo?
—¿A quién? —Él frunce el ceño.
—A Felicity.
Jase retrocede, con los ojos muy abiertos.
—¿Qué coño le iba a decir?
—No sé, parecía molesta por algo. Pensé que tal vez Asher tenía…
—Una vez más, gracias por eso —agrega Asher mientras se mueve por
la cocina limpiando los mostradores, silbando una melodía demasiado
alegre para esta hora de la mañana.
—No, no le dije nada. Estaba demasiado ocupado inclinando a Kayla
sobre la cama de tu mamá y tu papá. —Le sonríe a Asher, y la sangre
desaparece de su rostro.
—Dime que, no. No, otra vez, hombre. Prometiste…
—Relájate. —Se ríe oscuramente—. Usé una de las habitaciones.
—¿Ella todavía está allá arriba?
—¿Tú qué crees?
—Úsalas y déjalas, nene. —Asher levanta las caderas golpeando el aire.
Cuando ruedo los ojos, agrega—: Deberías intentarlo alguna vez, Cam, o de
lo contrario Miley podría tener la impresión equivocada, pensando que estás
buscando algo más que el pequeño arreglo que tienes. Hablando de la
encantadora Miley, ¿por qué no la vi anoche?
—Vete a la mierda —articulo.
Justo entonces, el sonido de voces femeninas flota en la cocina.
—Que alguien se deshaga de ella, por favor —se queja Jase, pero ya es
demasiado tarde. Hailee y Felicity aparecen en la puerta.
—Esto, hola. —Ella no me mira a los ojos y en ese momento sé que lo
recuerda. Mierda. Esperaba que estuviera demasiado borracha para
recordar.
—Damas, entren, tomen asiento, el desayuno será servido en… —Asher
se frota la mandíbula—. ¿No creo que alguna de ustedes quiera preparar el
desayuno?
Hailee se sube a uno de los taburetes y entierra la cara en su brazo.
—¿Felicity? —Asher le sonríe.
—Ugh —se queja, su mirada cansada se dirige a Jase. Se sienta rígido,
sin hacer nada para ocultar su disgusto a las chicas que interrumpen nuestra
rutina matutina.
—Bien. —Felicity se frota las manos—. ¿Qué tienes?
—Creo que hay huevos, tocino, cosas para hacer panqueques. —La
invita al refrigerador y los dos se ponen a trabajar. Es raro. Nunca habíamos
hecho esto antes. Siempre salimos a comer, y no recuerdo si alguna vez
hemos incluido chicas en nuestro ritual del día siguiente.
—Estaré afuera. Necesito un poco de aire. —Jase desaparece por la
puerta trasera dejándonos a los cuatro. Estiro el brazo sobre el mostrador,
empujando el brazo de Hailee.
—¿Estás viva? —Susurro, y ella me mira—. Apenas.
—¿Café?
Sacudiendo un poco la cabeza, articula—: Agua.
—Agua. —Agarro una botella de agua, con cuidado de no interponerme
en el camino de Felicity y Asher mientras colocan todos los ingredientes;
ella ladrándole órdenes, disfrutándolo bastante, si el brillo en sus ojos es
algo por lo que me puedo guiar.
—Toma. —Deslizando la botella hacia Hailee, también le tiro una caja
de Advil.
—Gracias. —Hailee destapa la botella y saca dos pastillas,
tomándoselas juntas—. Creo que necesito recordar mis límites.
—Está bien desatarse de vez en cuando.
—Si mal no recuerdo, estabas sobrio. —Sus ojos tienen un significado
tácito y siento como que me golpearon en el estómago.
Ignorándola, le digo—: Tomé un par de cervezas. Al entrenador no le
gusta que…
—Mejor cállate. —Levanta la mano y vuelve a enterrar la cara—.
Duele.
Sus palabras son apenas un susurro.
—¿Seguro que sabes lo que estás haciendo? —Le pregunto a Asher.
Tiene una huella de harina en la cara y otra en la camiseta.
—Se supone que debes batir la masa, no echártela encima —dice
Felicity mirando desde la sartén. El olor a tocino ahumado flota y mi
estómago gruñe.
—Vuelvo enseguida. Intenten no matarse el uno al otro. —Le lanzo una
sonrisa divertida a Asher y él me manda a la jodida por encima del hombro
de Felicity mientras ella intenta mostrarle cómo batir correctamente.
Afuera, Jase está sentado en una de las sillas del patio.
—Ella no me cae bien.
—¿Quién, Hailee?
—No, Felicity —gruñe.
—No sé, ella me parece agradable.
Jase me arrasa con una mirada fulminante.
—¿Por qué están aquí?
—Porque le dijiste a Asher que las invitara a la fiesta.
¿Qué otra razón iba a haber?
—Lo que sea. Simplemente no quiero que ella piense que esto significa
algo.
—¿Por qué pensaría Felicity…?
—Hailee, imbécil. Enfócate.
—Amaneciste de buen humor, por lo que veo.
—Estoy harto de esta mierda con Thatcher. El enterarse de mi relación
con Hailee fue lo peor que pudo haber sucedido. Ahora tengo que fingir que
realmente me importa una mierda.
—Si te hace sentir mejor, no creo que ella vaya a tener la idea
equivocada en el corto plazo.
Hailee no es como la mayoría de las chicas. Ella no ve señales que no
están allí. En todo caso, los años de tantas bromas y cosas que han sucedido
con Jason la han endurecido. Ahora ella desconfía de los demás; siempre
cuestionando los motivos de las personas. De hecho, son mucho más
parecidos de lo que alguno de los dos se da cuenta. Excepto donde el frío
exterior de Jason la ha afectado, ella no había logrado hacer ni una muesca
en el duro caparazón de mi amigo.
—Semana de los rivales. —Su voz no expresa ninguna emoción—.
Normalmente vivo para esta mierda, pero algo es diferente este año.
No necesita decirme. Lo siento desde que entramos a la escuela el
primer día del semestre. Tal vez es nuestra inminente temporada final como
Raiders, la expectativa de traer a casa el trofeo estatal. O tal vez es la
distancia que crece entre nosotros mientras nuestras vidas comienzan a
tomar caminos diferentes. Yo quiero ir a la universidad. Quiero una carrera
jugando fútbol americano. Pero no lo quiero tanto como lo hace Jase. Y
durante el verano, a medida que los días hasta el último año se han
acercado, el hoyo en mi estómago crece y crece hasta que me siento
dividido en dos.
Parte de mí sigue siendo Cameron Chase, número catorce, receptor
estrella de los Rixon Raiders, esperando el visto bueno de un equipo de la
primera división. Pero la otra parte ya no sabe quién es él. Tengo miedo de
lo desconocido; de cómo será el futuro de su familia si él se va. Y las dos
partes de mí ya no se unen mucho que digamos.
—Al menos ellos vienen a jugar de visitantes. No tenemos que
preocuparnos de que hagan algún truco en su casa la noche del partido.
Hace un par de años, en nuestro segundo año y en el primer año de
Jason como primer mariscal de campo, pusimos a los Águilas en su lugar.
Fue una pelea de perros; ambos equipos luchando por la victoria. Las
tensiones eran altas y los ánimos estaban crispados. Jase se había metido
con dos de sus extremos defensivos después de que siguieron jugando
sucio, sosteniéndolo repetidamente y tratando de agarrar su casco, y había
ocurrido una pelea grande en el campo.
Jase aprieta el puño contra su muslo y su pierna golpea contra el patio.
—Quiero destruirlo. Quiero…
—El desayuno está servido. —La voz de Asher atraviesa el aire y Jase
se levanta de su silla, dirigiéndose adentro.
Él está a punto de estallar. Pero la semana de rivales siempre es muy
importante en nuestro calendario. El entrenador Hasson ya nos ha advertido
que permanezcamos lejos del este la próxima semana, una advertencia que
todos sabemos que viene directamente del director Finnigan. Sin embargo,
eso no significa que Thatcher y sus muchachos no vengan a buscarnos a
nosotros, y ahora que saben lo de Hailee, es muy probable que ella esté
directamente en el centro de la diana.
Regreso adentro, la escena de Asher y Jase desayunando con Hailee y
Felicity, sin tratar de matarse, es una de las cosas más extrañas que jamás he
presenciado.
—Amigo, necesitas probar el tocino. La chica sabe cocinar. —Asher
toma otra pieza del plato y se la mete en la boca, sonriéndole a Felicity.
—¿Debes ser un cerdo? —Ella lo regaña y él se sonroja. Las mejillas de
Asher Bennet se ponen rojas como una remolacha.
¿Qué demonios está pasando ahora?
—Esto se ve genial, Felicity, gracias —digo, dejándome caer en el
taburete al lado de Hailee. Ella se tensa, sin mirarme mientras empuja
huevos revueltos alrededor de su plato.
—¿No tienes hambre? —pregunto, luchando contra una sonrisa.
—Vete a la mierda —se queja, reanudando su movimiento alrededor de
la comida.
—Entonces —dice Felicity, completamente ajena a los diversos grados
de tensiones que persisten sobre nosotros—. ¿Semana de rivales, cómo se
sienten acerca del gran partido del viernes?
Jase la mira como si le hubiera crecido una segunda cabeza mientras
Asher se ríe entre dientes.
—Te estás convirtiendo en una gran fan, ¿verdad, Fee?
—¿Fee? —Ella casi se atraganta con la palabra.
—¿Qué? —Él se encoge de hombros—. Supuse que necesitabas un
apodo, ahora todos somos amigos.
Fee no parece convencida.
—¿Por qué? —dice ella, sus ojos se deslizan hacia Jase nuevamente.
¿Qué está pasando entre ella y mi mejor amigo?
—Nunca sé si creer lo que sale de tu boca.
—Porque no deberías confiar en un Raider —dice Hailee.
—Bueno, bueno, Hails —dice Asher con aire de suficiencia. —No
mentí sobre la fiesta, ¿verdad?
—Esto ha sido divertido y todo —el sarcasmo gotea de la voz de Jase
—. Pero ¿están planeando largarse de aquí pronto?
El silencio cae sobre el desayunador de Bennet. Felicity baja los ojos y
se muerde el labio con ansiedad. Pero Hailee no parece sorprendida. De
hecho, ella parece extrañamente aliviada cuando se encuentra con su mirada
helada.
—Será un placer. —Se levanta de su taburete rápidamente, las patas de
metal raspan las baldosas y golpea a Felicity—. Vámonos.
—Yo... uh, sí. Adiós. —La amiga de Hailee se despide con la mano y
ambas huyen de la cocina.
—Eres un imbécil —grita Asher, empujando su plato lejos de él.
—¿Y acabas de darte cuenta de eso? —Jase responde, mientras continúa
desayunando como si no acabara de correr a su hermanastra y su amiga de
la mesa como niñas regañadas.
Capítulo 21
Hailee
Salgo de la casa de Asher con Flick detrás de mí. Dios, mi hermanastro
es un idiota redomado. No pudo ni ser cortés durante diez malditos minutos
mientras desayunábamos. El desayuno que mi mejor amiga había
preparado, nada más ni nada menos.
Lo dicho, es un pendejo.
—¿Hails, podrías caminar un poco más lento?
—Necesito alejarme de aquí, Flick. —La ira me impulsa hacia adelante
hasta que pisoteo el camino de entrada de los Bennet, con los brazos
balanceándose a mis costados, respirando en ráfagas agudas—. Esto, venir
aquí, fue una mala idea.
—Es un imbécil, tienes razón. Pero Asher es otra cosa.
Me doy la vuelta, mirándola.
—Por favor, no me digas que estás enamorada de Asher Bennet, el
mismo Asher que sé que es un hecho que se ha acostado con todo el equipo
femenil de atletismo. —Probablemente con todas al mismo tiempo,
conociéndolo.
—No, no me gusta, por Dios. ¿No puedes respirar por un segundo? —
Se alisa el pelo hacia atrás y se recompone—. Simplemente creo que es
divertido y que le agradamos.
—Ahora le agradamos, Flick. Ahora. Después de que Thatcher
descubriera quién soy. ¿No te das cuenta de lo mal que está eso? Si nunca
hubiéramos ido a esa fiesta con Toby y Jude, ¿realmente crees que
estaríamos aquí ahora?
—Bueno, no. —Sus hombros se hunden en señal de derrota, el dolor
brilla en sus ojos cuando se bajan al suelo.
Me siento como una perra, pero ella ha sido demasiado rápida para ver
lo bueno en Asher. Demasiado cegada por la promesa de fiestas en su casa y
por recibir dulces palabras de parte de él en la cafetería. Flick no ha
recibido la peor parte de sus bromas y sus trastadas durante los últimos
cinco años y medio, pero había estado allí a mi lado para presenciarlo.
Entonces, el hecho de que esté lista para pasar por alto eso, lo hace parecer
trivial de alguna manera. Como si nada de eso realmente importara porque
son Raiders. Y si te extienden una invitación a su círculo íntimo, la aceptas,
independientemente de cualquier mierda que haya pasado antes.
—Mira, lo siento, está bien. —Trato de aclarar mi irritación—. Sé que
quieres encajar. Sé que tienes tu lista y quieres que el último año sea uno
para recordar. Pero podemos divertirnos sin ellos.
Mis ojos revolotean sobre su hombro y vuelven a la casa.
—¿Qué pasa con Cameron?
—¿Qué hay de él? —Me duele el pecho al recordar cómo me había
rechazado anoche y luego actuó como si nada hubiera pasado esta mañana.
—Te gusta —agrega—. Yo sé que te gusta.
—No importa —digo en voz baja, sintiendo que mi pecho se contrae—.
Es el mejor amigo de Jason, Flick, es un Raider. Se supone que nuestros
mundos no coexisten.
Cuanto más rápido lo entienda mi estúpida cabeza, mejor. Cameron le
es leal a Jason, lo que lo convierte en mi enemigo. Entonces, a pesar de
cualquier atracción entre nosotros, es una mala idea. Muy mala. Porque
Cameron Chase no solo me haría daño. Dada la posibilidad, me arruinaría
por completo.
Y no puedo permitir que eso suceda.
No lo haré.
—Pero…
—Vamos. —La interrumpo, terminé de hablar de él—. Podemos
caminar de regreso a tu casa.
Ella asiente, siguiéndome por el largo y sinuoso camino de entrada.
—¿Hey, estabas llorando anoche? —pregunto, el vago recuerdo de
repente inunda mi cabeza.
—¿Qué, cuándo?
—¿Cuándo llegaste a la cama? Creí oírte llorar.
—No. —Sale de sus labios un demasiado rápido, la miro por el rabillo
del ojo—. Si Asher te lastima Flick…
—Hails, no sé lo que crees que escuchaste, pero te equivocas. Estoy
bien. Todo está bien. En cuanto a Asher, como dije, no me gusta, me cae
bien y es todo. —Conozco a Flick desde que teníamos doce años. Sé lo que
ella dice. Las pequeñas cosas que hace cuando no es completamente
honesta.
Y en este momento, sé que ella está mintiendo.
Pero si Asher no era el que la había hecho sentir mal... ¿quién fue?

~~~

El jueves por la mañana, las cosas finalmente parecen estar volviendo a


la normalidad. Casi he sobrevivido a la semana de rivales. Thatcher no ha
publicado más cosas en las redes sociales sobre mí, ha estado demasiado
ocupado publicando bravuconerías para el gran partido de mañana. Jason,
Asher y Cameron nos han dejado en paz en su mayor parte.
Sé que Flick se siente abatida por el reciente cambio de opinión de
Asher en lo que respecta a su floreciente amistad. Pero al negarse a perder
el rumbo, se centró en dos cosas: su lista y qué ponerse para el baile de
Bienvenida del próximo fin de semana. El mismo baile que a pesar de los
acontecimientos recientes, ella todavía insistía en que asistiéramos.
—¿Estás esperando el partido del viernes? —Me pregunta Kent cuando
entro en la cocina. Apenas despierta, agarro una taza de café y luego me
dejo caer en uno de los taburetes.
—¿Partido, qué partido?
—Sé que no vives debajo de una roca, Hailee. Es la semana de rivales.
Ni siquiera puedes ignorar eso.
—Oh, no voy a ir.
—Por supuesto que lo harás. Es algo importante para Jason y el equipo,
y tenemos entradas para la sección familiar.
—¿A quién tuviste que sobornar para obtener más? —Los jugadores
reciben dos boletos cada uno para sus familias y los extras son como oro en
polvo.
—Entrenador Hasson —confiesa, tirando de su corbata como si la cosa
estuviera demasiado apretada.
—¿Va a ir mamá?
—Ella irá. No se lo perdería por nada del mundo.
Por supuesto no. Me trago las palabras.
—Sé que las cosas no siempre han sido fáciles entre tú y Jason, pero
realmente espero que ahora que estamos casados, las cosas me…
—Buenos días. —Mi mamá entra rápidamente en la cocina con un
aspecto demasiado brillante y alerta para las siete y media de la mañana.
—Buenos días, esposa. —Kent la agarra cuando pasa junto a él y la
besa con más entusiasmo de lo que necesito presenciar.
—¿Les importaría ser menos efusivos? —resoplo.
La mirada soñadora de mamá se desliza hacia la mía.
—Buenos días, nena. —Tiene las mejillas sonrojadas y suena un poco
sin aliento. Asco—. ¿Cómo estás?
—Estaba bien hasta que entraste y comenzaste a chuparle la cara a
Kent.
—¿Te dijo las buenas noticias? —Ella sonríe, desenredándose de sus
brazos y yendo directamente hacia la cafetera.
—¿Me vas a dejar ir a Nueva York para mi cumpleaños?
—Buen intento, pero no, cariño. Tenemos entradas para el partido de
mañana.
—Oh eso. —Aprieto los dientes.
—Hailee, esto es importante para…
—Jason. Sí, sí, ya escuché un argumento muy convincente de Kent. Si
acepto ir, ¿al menos pensarás en dejarme ir a Nueva York? Uno de mis
artistas favoritos tendrá una exposición próximamente en el Met que
realmente quiero ver.
Mi madre y Kent comparten una mirada y él le da un pequeño
asentimiento.
—Bien —dice ella—. Si vienes al partido el viernes y a la cena que el
entrenador Hasson está preparando después, entonces lo pensaremos.
¿Cena en casa del entrenador Hasson? Con todo el equipo y sus
familias. Necesitaré refuerzos.
—¿Hay un boleto extra para Flick?
—Sé perfectamente que ustedes dos vienen como siamesas, Hailee. —
Kent me da una cálida sonrisa—. Dile que pasaremos por ella antes del
partido.
—Bien, entonces tienen un trato.
Un partido de fútbol americano y una cena en la casa del entrenador
Hasson a cambio de un viaje a Nueva York por mi cumpleaños.
Es un pequeño precio que pagar.

~~~

Más tarde ese día, tengo una hora libre, así que me dirijo al estudio.
Solo llevo allí quince minutos cuando la voz del señor Jalin resuena por el
lugar.
—Ah, Hailee.
Dejo caer el pincel sobre el caballete, giro la silla para mirarlo y me
pongo las gafas en la cabeza.
—Buenos días, señor.
—Lindo. —Su mirada de cejas gruesas barre mi lienzo—. Eso se ve
muy bien, Hailee. Particularmente me gusta lo que has hecho con los trazos
amplios.
Se acerca, trazando las gruesas marcas de pincel con los dedos, con
cuidado de no acercarse demasiado.
—¿Utilizarás esto como tu pieza para aplicar a las universidades?
—Creo que sí.
—Buena elección. —Me ofrece una sonrisa tranquilizadora—. Creo que
lo harás bien.
—Gracias, señor.
—Ahora la verdadera razón por la que estoy aquí. —Juntándose las
manos a la espalda, el Señor Jalin me mira con una expresión reservada—.
Eres una artista muy talentosa, Hailee. Una de las mejores que he visto
pasar por las puertas de Rixon High. El entrenador Hasson y yo estábamos
hablando, y él se preguntó si este año, para la presentación de la noche de
los de último año, intentamos algo un poco diferente.
—Lo... lo siento, no entiendo. —La mención del equipo de fútbol
americano me deja un poco atónita.
—Cada año, al entrenador Hasson le gusta presentar un recuerdo a sus
jugadores del último año. Por lo general, es una fotografía para marcar su
tiempo con los Raiders. Pero este año, pensamos que sería bueno incluir un
retrato.
—Quiere que... pinte al equipo. —Trago saliva, mi boca repentinamente
seca.
—Bueno, sí. ¿A menos que haya un problema?
—No, no, señor, es que…
Limpio mis manos húmedas por mi delantal, cientos de razones por las
que es una mala idea inundando mi cabeza. Pero a pesar de que mi voz
interior me grita que no lo haga, todo lo que puedo pensar es en el Señor
Jalin, director del departamento artes plásticas de Rixon; y el entrenador
Hasson me habían pedido que hiciera esto.
A mí.
—La noche de los de último año está a poco más de dos meses —
continúa mientras yo todavía estoy tratando de procesar lo que esto
significa si estoy de acuerdo—. Significará muchas horas de trabajo y
tendrás que pasar un tiempo con los jugadores, ir y verlos practicar, pero
creo que puedes lograrlo.
—¿Hay un estilo particular que el entrenador Hasson tenga en mente?
Mis pensamientos comienzan a dispararse en un millón de direcciones.
¿Querría algo más tradicional como un retrato de realismo o tal vez algo
más fluido como un retrato impresionista?
—¿O tengo rienda suelta?
—Todo depende de ti, dentro de lo razonable, por supuesto. —Su
expresión se vuelve seria—. Esto no es algo para tomar a la ligera, Hailee.
Este proyecto realmente podría ayudarte a hacerte un nombre localmente.
No necesita decirme. Para una chica de un pueblo pequeño que vive en
Rixon, es el equivalente a que se le pidiera hacer una exposición en el
museo de Penn o el museo de arte de Filadelfia.
—Lo haré —digo con convicción. Tendría que preocuparme por los
detalles más finos más tarde cuando descubra la dirección que quiero tomar
—. Gracias, señor, por pensar en mí.
—Sólo recuerda, necesitamos que esto sea un éxito, Hailee. He estado
luchando contra la junta escolar durante años para canalizar más dinero en
nuestro departamento. Este podría ser el comienzo de una relación
mutuamente beneficiosa entre nosotros y el departamento de deportes.
—Entiendo. —No hay presión entonces.
—Al entrenador Hasson le gustaría informarte más, así que si pudieras
hacer arreglos para reunirte con él lo antes posible. —El señor Jalin me da
un pequeño asentimiento antes de dejarme sola. Es casi como si las estrellas
se estuvieran alineando. Mamá y Kent insisten en que asista a la cena en la
casa del entrenador Hasson mañana por la noche y ahora tengo una razón
válida para estar allí.
Pero mientras miro mi pintura, perdiéndome en los remolinos de azul y
gris, la energía nerviosa vibra a través de mí. Estar cerca del entrenador
Hasson significa estar cerca del equipo. Y estar cerca del equipo significa
estar cerca de Cameron; algo que quiero evitar a toda costa. Pero esta es una
oportunidad demasiado buena para rechazarla, y se verá genial en mi
currículum si me aceptara en la universidad que quiero. He entrado en el
extraño espectáculo local y he exhibido algunas piezas en la escuela antes,
pero esto podría ser una gran oportunidad para mí.
El plan sólo tiene un defecto fatal: hacer que Jason se porte lo
suficientemente bien como para que yo complete el proyecto.
Capítulo 22
Cameron
El rugido de la multitud es ensordecedor. Ha sido durante todo el
partido, que resulta ser brutal, tal como todos esperábamos. Los Águilas
hacen una anotación, nosotros hacemos una después de ellos; tiran al piso a
nuestro MC, derribamos a Thatcher dos veces más y más fuerte. Estamos
agotados; deshechos mental y físicamente, y a pesar de superarlos, los
Águilas están liderando por cinco. Pero estamos en cuarto y gol, con once
segundos restantes en el reloj, lo que significa que tenemos tiempo para una
jugada final.
Y la necesitamos para sumar puntos.
—Tiempo.
Se escucha el grito del entrenador a través del campo y nos movemos
para recibir sus instrucciones.
—Está bien —dice—. Nos tienen atrapados, lo sé. Tú lo sabes. Pero
este partido debería haber sido nuestro al llegar al segundo tiempo. Jase,
¿qué estás pensando, hijo?
Todos miramos a nuestro MC y capitán, apenas sorprendidos de que el
entrenador lo deje tomar el control. Confía en Jase. Todos lo hacemos.
—Deberíamos ejecutar la roja cincuenta y nueve. Contraataque en
flecha —dice con calma, a pesar del fuego en sus ojos. No solo quiere esta
victoria, la necesita.
—¿Catorce? —El entrenador me mira a los ojos—. ¿Estás listo para
esto?
—Lo estoy. —Asiento.
—Eso es lo que quería escuchar. Ahora salgan y háganse cargo de los
negocios. Raiders en uno.
Nuestro grito de batalla se extiende por el campo, avivándonos.
Dándonos la fuerza que necesitamos para una jugada final.
—¿Estás listo? —Jase trota hacia mí.
—Terminemos con ellos. —El entendimiento pasa entre nosotros
cuando me ofrece una rara sonrisa.
—Ve por ellos, hermano.
Todos nos ponemos en posición detrás de la línea de golpeo, esperando
la llamada de Jase. El repite la jugada, antes de señalar—: Hut. —Grady,
nuestro centro, dispara la pelota hacia él y finge a la izquierda. Me quito,
empujando más allá de la seguridad. Mi mejor amigo se echa hacia atrás,
levanta el brazo y deja volar la pelota, directamente hacia la zona de
anotación y mi destino. Muevo mis piernas con fuerza, corriendo más
rápido de lo que jamás había corrido en mi vida. Tenemos que ganar, tengo
que poner mis manos en ese balón.
No se trata solo de fútbol americano, sino de Hailee. Sobre borrar la
sonrisa presumida de la cara de Thatcher cuando los derrotemos. Pero se
mueve rápido, demasiado rápido. Mierda. En un movimiento arriesgado, me
aparto del suelo y me lanzo hacia adelante, estirando mis dedos hasta que
siento que mis músculos se rasgan, el dolor me golpea el hombro. Pero vale
la pena cuando siento el familiar cuero liso rozar mis dedos.
—Anotación —grita el locutor mientras mi cuerpo choca con el suelo
duro. La multitud enloquece mientras permanezco acostado, mirando las
luces. Me duelen los músculos y me arden los pulmones y estoy bastante
seguro de que me he lastimado algo, pero no importa. Lo logramos.
Lo conseguí.
Jase y Ash son los primeros en alcanzarme, poniéndome de pie y luego
el resto de los muchachos están sobre nosotros, empujándonos como si
hubiéramos ganado el campeonato. Pero Jase no está celebrando con
nosotros, está mirando al otro lado del campo, con los ojos fijos en
Thatcher.
—Vamos hombre. —Me abro paso entre la multitud y le rodeo el
hombro con el brazo, hasta que le digo en voz baja—: No aquí, no ahora.
—Otro día —gruñe, su voz inquietantemente tranquila—. Otro día.

~~~

Dos horas más tarde, todavía en la cima de nuestra victoria contra Rixon
East, nos apiñamos en el hogar del entrenador Hasson para la cena anual de
la semana de rivales. Es una casa con vista al río con suficiente espacio para
albergar al equipo y sus familias.
—¿Amigo, por qué están Hailee y Fee aquí? —Asher me da un codazo
en el brazo e inclina su cabeza hacia donde las chicas acaban de entrar,
ambas parecen ciervos encandilados con los faros de un coche.
—No tengo idea. —Tomo un largo trago de mi refresco, sintiendo el
dolor profundo en mi hombro.
Más tarde, después de la cena, el entrenador se hará de la vista gorda
cuando todos atacamos su refrigerador por cervezas. Pero por ahora,
mientras las familias del equipo están presentes y sobrias, espera que nos
portemos con decoro.
—Vinieron con mi papá y Denise —gruñe Jase, uniéndose a nosotros.
Mis ojos van a la cerveza en su mano.
—¿En serio? —pregunto, mi ceño se arquea.
—¿Qué? —Se encoge de hombros—. Necesitaba una.
Poniendo los ojos en blanco, lucho contra una sonrisa. Jason no sigue
las reglas, él las hace. Y sabe que nadie le dará una mierda por eso.
—Sabía que estaban en el partido —agrega Asher aun mirándolos—.
Pero no tenía idea de que vendrían aquí. Creo que ella me está acosando.
Rocío refresco en el aire, riéndome de la ridícula declaración.
—¿Hablas en serio?
—Tan serio como un ataque al corazón —dice sin expresión, cruzando
los brazos sobre el pecho mientras sus ojos se estrechan en Hailee y su
amiga. Pero ellas nunca miran en nuestra dirección.
Había sido lo mismo toda la semana. Después de la desastrosa mañana
en la casa de Asher, después de la fiesta, Hailee me ha evitado como la
peste. Y le di espacio, porque ¿qué más podía hacer? Ella me besó. Trató de
hacer mucho más que eso y la rechacé.
No me arrepiento de haberla detenido de que pasara algo más esa
noche; ella estaba borracha y Jase estaba justo al final del pasillo
cogiéndose a una de las gimnastas. Pero me arrepiento de cómo se
desarrollaron las cosas entre nosotros.
Simplemente no sé cómo arreglar las cosas o si vale la pena intentarlo.
—Aquí está él —la voz del señor Ford suena por encima del ruido—. El
hombre del momento. Felicidades, hijo.
Se dirige hacia mí y me da una palmada en la espalda.
—Ese fue un momento del salón de la fama sin dudarlo.
—Gracias, señor —le digo, mis ojos mirando a Jase—. No podría
haberlo hecho sin mi mariscal de campo.
—Claro, por supuesto. Buen partido, hijo. —El señor Ford le tiende la
mano a Jase, quien la toma con una leve vacilación.
—Gracias, papá. —Sus palabras son cortadas, y todos sentimos la
tensión entre padre e hijo.
—Jason —la madre de Hailee irrumpe en nuestro pequeño grupo—. Eso
fue… estoy muy orgullosa de ti, cariño.
Ella trata de atraerlo para abrazarlo, pero él retrocede. Denise vacila,
cubriendo su rechazo con una amplia sonrisa.
—Todos estamos muy orgullosos de ti, de todos ustedes. Y pensar que
podrían traer a casa el grande este año.
Todos sofocamos nuestra risa ante su falso entusiasmo, incluso Jase
lucha con una sonrisa confundida.
—Está bien, cariño. —El señor Ford envuelve a su esposa en un abrazo
de lado—. Dejemos que los chicos se diviertan. Quiero hablar con Henry.
Henry, o el entrenador Hasson como lo conocemos, está afuera en su
enorme parrilla, una nube de humo ondeando en el aire.
—Este es tu año, hijo, todos contamos contigo —son las palabras de
despedida del señor Ford cuando nos deja para divertirnos.
Treinta minutos después, todos nos reunimos afuera por orden del
entrenador. Él y su esposa nos sirven hamburguesas y perritos calientes,
bistecs y costillas. Estuvo bien, pero extraño a mis padres. No habían estado
en el partido para vernos vencer a los Águilas y no están aquí para celebrar
con nosotros.
Y lo odio.
Esta es la temporada más importante de mi vida, y no están aquí para
verla, para compartirla conmigo. Es una mierda, pero no tengo más remedio
que poner una sonrisa y celebrar con mis compañeros de equipo.
Después de que todos han comido, el entrenador Hasson se pone de pie,
exigiendo silencio.
—Discurso —grita uno de los muchachos y una oleada de risas llena el
aire.
—Calma, calma —dice el entrenador—. Hay un par de cosas que quiero
decir, así que tengan paciencia conmigo. En primer lugar, quiero agradecer
a mi esposa, Sandra.
Mira cálidamente a la mujer a su lado, ella le sonríe en respuesta.
—Sin ella, no sería la mitad del hombre que soy. Y estoy agradecido de
que me permita darles la bienvenida a todos a mi casa año tras año.
Todos aplauden ante eso, levantando sus vasos y botellas en el aire para
brindar por la señora Hasson.
—Ahora a mis muchachos. —Sus ojos recorren a cada uno de nosotros
—. Lucharon duro esta noche. No se rindieron cuando las cosas se pusieron
difíciles, se clavaban los talones y seguían empujando. Estoy muy orgulloso
de ustedes. No solo por enseñarles a esos tipos al otro lado del río cómo
jugar, sino por mantener la cabeza y no dejar que provoquen que se rebajen
a sus estándares.
Su mirada cae sobre Asher, Jason y yo, transmitiendo un mensaje tácito.
—La semana de rivales ha terminado. Ganamos. Y esto se termina aquí,
¿me escuchan?
Todos le damos un guiño imperceptible, la irritación surge de Jase en
oleadas. Respeta al entrenador, escucha sus órdenes dentro y fuera del
campo, pero todos sabemos que esta cosa entre él y Thatcher es personal.
Entonces, aunque hemos ganado esta noche, hemos pateado a Thatcher en
el culo mientras estábamos en la cancha, sabemos que no ha terminado.
Ni por asomo.
El entrenador se pasa la mano por la cara y traga saliva.
—Volveré a hacer todo esto dentro de unas semanas en la noche de los
de último año, así que no insistiré mucho más. Pero sepan esto, entrenar a
los Raiders es un privilegio, uno que no tomo a la ligera. Y este año, es
nuestro año. Lo siento en mis huesos, este año lo traeremos a casa.
El patio del Hasson entra en erupción, mis compañeros de equipo
haciendo la mayor parte del ruido mientras gritamos y vitoreamos. Espera a
que todos se callen antes de continuar—: Y finalmente, tengo un anuncio
que hacer. ¿Dónde está la señorita Raine?
Busco entre la multitud y mis ojos ven a Hailee, sus mejillas ardiendo
de vergüenza, mientras levanta una mano.
—La señorita Raine ha accedido amablemente a trabajar con el equipo
en un emocionante proyecto de arte esta temporada. Me gustaría que todos
le mostraran todo su respeto.
Un murmullo de gruñidos le responde, mientras Asher y yo
compartimos una mirada confusa.
—¿Qué coño? —articulo mientras trato de procesar lo que dice el
entrenador.
¿Hailee va a trabajar con el equipo, en un proyecto de arte?
¿Qué demonios significa eso?
Pero lo más preocupante, ¿por qué demonios ha aceptado eso en primer
lugar?
~~~

No veo a Hailee por el resto de la noche. Eso es hasta que entro para
tomar otro trago y casi camino directamente hacia ella.
—Mierda. —Mis manos vuelan, estabilizándola—. Lo siento.
—Está bien. —Se encoge de hombros, alisándose el pelo de la cara y
metiéndolo detrás de una oreja—. Estaba…
Hailee señala por encima de mi hombro hacia la puerta trasera y
comienza a moverse a mi alrededor.
—Espera —me apresuro, agarrando su brazo. Sus ojos caen hacia donde
mis dedos se curvan alrededor de su muñeca y luego lentamente se levantan
hacia los míos, sube las cejas, claramente enfadada.
—Lo siento. ¿Podemos hablar un minuto?
—¿Quieres hablar aquí? —Parece incrédula y no puedo culparla. No
después del fin de semana pasado. Pero necesito despejar el aire entre
nosotros porque durante toda la semana he sentido como si algo pesado
estuviera presionando mi pecho.
Una idea surge en mi cabeza y mi labio se curva hacia arriba.
—¿Alguna vez has visto la sala de trofeos del entrenador?
—Sabes que no. —Su boca refleja la mía.
—Bien, entonces, te espera un gran tour. —Espero, dejándola tomar la
decisión. Es un riesgo dado que su familia está aquí, pero todos están
afuera, disfrutando de la cálida noche y la buena compañía.
—Es solo para fines de investigación —dice Hailee en voz baja,
bajando la mirada.
—¿Investigación?
—Para lo de la noche de los de último año.
—Oh, sí, eso. —Me paso una mano por la cara. Casi había olvidado el
anuncio del entrenador de que Hailee va a pintar a los jugadores del equipo
que se van a graduar, pero sólo porque una vez que me di cuenta de que
podría significar pasar un tiempo individual con ella, no podía pensar en
otra cosa que no fuera ella y yo. Solos. Juntos.
—¿Cameron?
Parpadeo, sacudiendo los pensamientos en mi cabeza.
—Esto, sí, vamos —digo antes de hacer lo que debería, alejarme—.
Está justo en esta dirección.
Capítulo 23
Hailee
Sigo a Cameron por el pasillo hasta una habitación grande, mis ojos se
abren de par en par en las filas y filas de vitrinas y estantes.
—Vaya. —No sé dónde mirar primero—. No tenía ni idea.
—Sí. —Se acerca a una de las vitrinas—. El entrenador fue alguien muy
importante en su época.
—No me digas. —Paso mis ojos por la colección de plata—. ¿Cuál es
ese?
Pregunto señalando una pequeña figura de bronce y Cameron suelta una
risita suave.
—Ese es el Heisman.
—Oh, creo que he oído hablar de eso.
Sus ojos brillan, divertidos.
—Es un gran premio.
—¿Algo que ver con el fútbol americano universitario, verdad?
Él repite mis palabras, murmurando por lo bajo.
—¿Cómo es que has vivido con Jason y su padre durante seis años y
todavía no sabes nada de esto?
—Tengo excelentes habilidades para evitarlo. —Me dirige una mirada
de reojo y siento que me sonrojo—. No quise decir…
—¿Entonces, no me has estado evitando en toda la semana?
El aire en la habitación se vuelve denso cuando los ojos gris azulados de
Cameron me miran fijamente.
Aclarándome la garganta, logro ahogarme.
—Creo que estaba bastante claro después del sábado. —Él da un paso
adelante y trago, retrocediendo, con cuidado de no tocar los trofeos—.
Cameron.
—¿Sí, Solecito? —La comisura de su boca se inclina hacia arriba.
—Prometiste que esto era sólo para fines de investigación.
—¿Es así como le vamos a decir? —El humor baila en sus ojos mientras
sigue avanzando hacia mí, y a pesar de saber que necesito escapar, me
encuentro perdida en su tormentosa mirada.
Mi espalda finalmente golpea la pared, la reverberación sacude mis
huesos. Presiono mis palmas contra él para evitar alcanzarlo. Pero Cameron
se inclina, tocando su cabeza con la mía, abrumándome por completo.
—No puedo dejar de pensar en ti —admite, tan silenciosamente que
suena más como una ráfaga de aire cálido que palabras reales—. El sábado
hice lo correcto, Hailee. Estabas borracha y yo…
—Ya sé que esto se trata de desear lo que no puedes tener. —Mis ojos
arden de desafío, deseándome mantenerme fuerte.
—Desearía que fuera así de simple. —Suelta un profundo suspiro.
—¿Qué estamos haciendo, Cameron? —¿Qué estás haciendo Hailee?
Agrego en silencio mientras respiro su esencia.
Durante toda la semana, me dije que evitarlo era lo mejor, que
necesitaba alejarme de Cameron y sus juegos mentales. Fue fácil cuando lo
vi con el equipo, la rotación constante de chicas compitiendo por su
atención. Cameron Chase, receptor abierto, número catorce, pertenece a
todo Rixon. Es de ellos para poseer, de ellos para adorar, de ellos para amar.
Pero hubo momentos con él, cuando éramos solo nosotros dos, cuando
parecía que era mío. Como si me estuviera ofreciendo una parte de sí
mismo.
Y todo lo que tenía que hacer era extender la mano y tomarlo.
Pero no quiero las sobras. No soy otra cazadora de jerseys que se
conforma con lo que él quiera darle. Quiero todo de él o nada. Algo. Pero
sabía que nunca podría dármelo.
—Dime qué estás pensando —dice, atrayéndome aún más bajo su
hechizo.
Sin embargo, es solo eso. Un hechizo. Y cuando se rompa, seré Hailee
Raine, la hermanastra de Jason nuevamente y él será Cameron Chase, el
mejor amigo de mi hermano.
Es por eso por lo que, no importa cuánto lo desee, y lo hago, finalmente
puedo admitirlo, hago un esfuerzo con las palabras—: Estoy pensando que
esto, nosotros, nunca podría funcionar.
El desafío brilla en sus ojos mientras baja su boca hacia la mía.
—¿No lo sabes, Solecito? Soy un Raider y los Raiders nunca se rinden.
Se me encoge el estómago cuando Cameron me besa. No porque la
sensación de sus labios moviéndose contra los míos no se sienta bien, lo
hace. Se siente como si todo mi cuerpo estuviera en llamas, cada golpe de
su lengua hace que el fuego arda más y más hasta que me quema la
necesidad. Pero porque él me ha dado la razón. Es un Raider, siempre será
un Raider. Y un día, él y mi hermanastro cabalgarán juntos hacia la puesta
de sol, dejándonos a mí y al resto de Rixon sin otra opción que esperar y
observar.
Y entonces, ¿dónde me deja eso?
—Cameron… —respiro contra sus labios mientras me devora. Se
acomoda sobre mi cuerpo una y otra vez, robando el aire de mis pulmones,
y todo pensamiento racional de mi cabeza.
—Dame esto, Hailee. —Hace una pausa, su boca se cierne sobre la mía,
sus ojos me clavan en el lugar—. Necesito esto, por favor.
Hay algo tan vulnerable en la forma en que dice las palabras que me
duele el corazón. Me recuesto, finalmente llevo mis manos a su cara,
permitiéndome tocarlo.
Dándome y a él, este momento.
Mis dedos se deslizan contra su barba, trazando los ángulos de su rostro.
Dejo caer la otra mano sobre su bíceps, pintando el tatuaje que se asoma
debajo de su manga.
—¿Te gusta, no? —pregunta, y yo asiento.
—Es hermoso. —Nunca había encontrado tatuajes realmente atractivos
antes, pero mirando la flor de cerezo y el colibrí entintados en el brazo de
Cameron, me dan ganas de dibujar en su piel. Para marcarlo con mi propia
huella.
—Tú eres hermosa. —Sus dedos gentilmente agarran mi barbilla,
forzando mi cara a la suya. Cameron no duda esta vez, trazando la comisura
de mis labios con su lengua. Sus manos se deslizan por mi cuerpo,
anclándolas en mi cintura y tirando de mí. Un pequeño jadeo sale de mí
cuando siento el contorno de su dureza contra mi estómago. No creo que
alguna vez me haya acostumbrado al hecho de que Cameron me desea. Me
embriaga de deseo. Me excita de una manera que nunca antes había
experimentado.
Pero, sobre todo, hace que todos los recuerdos de sus complicidades en
las bromas de Jason se desvanezcan en nada.
—Quiero sentirte —murmura entre besos—. Déjame tocarte, Hailee.
La cruda desesperación en su voz hace que mi corazón lata
salvajemente en mi pecho. Y cuando una de sus manos encuentra la franja
de piel entre mi suéter y la cintura de mis jeans, casi me muero, justo frente
a sus ojos.
—Cam… —Mi voz es temblorosa, mis respiraciones vienen en breves y
rápidas explosiones.
—Dime lo que necesitas, Hailee.
Mis dedos se retuercen en su jersey para jalarlo más cerca, besándolo
con más fuerza. La mano de Cameron trabaja más abajo, desabrochando
expertamente mis jeans. Mete la mano dentro, rozando mis bragas húmedas.
—Dios —gime, alejándose del beso para mirarme. No dice nada, sólo
me mira mientras frota mi clítoris sobre el delgado material. Mis rodillas se
doblan, mi estómago se aprieta de necesidad, mientras trago un gemido—.
Necesito sentirte, Hailee.
Asiento, dejando caer mi cabeza contra la pared. Cameron engancha
mis bragas a un lado y desliza sus dedos a través de mi humedad,
provocando una cadena de pequeños jadeos de mis labios. Sus ojos son
salvajes, mientras me mira. Oscuros y entrecerrados, hirviendo de pura
lujuria.
—Hailee —traga saliva—. Yo, esto…
—Ey, Chase, ¿estás… —Asher irrumpe en la habitación, sus ojos se
agrandan cuando aterrizan sobre mí y Cameron enredados como amantes en
la oscuridad. Entro en pánico tratando de alejar a Cameron, pero él me
presiona más contra la pared, protegiéndome, sus dedos aún dentro de mí.
—Hmm, el entrenador te está buscando, pero puedo ver que estás
ocupado.
—Ash —gruñe Cameron.
Alza las manos.
—No he visto nada. —Hay una emoción en su voz. Humor. Y quiero
que el suelo se abra y me trague entera—. Pero es posible que deseen darse
prisa.
Asher inclina la cabeza hacia el pasillo.
—Sí, dame un minuto. —Cameron suena frío ahora, y el fuego muere
dentro de mí. Trato de liberarme nuevamente, pero él es demasiado fuerte y
se niega a dejarme ir.
—Hails —Asher sonríe—. Te ves bien.
Se gira y se va, cerrando la puerta detrás de él.
—Oh, Dios mío —gimo apretando los ojos.
—Asher no dirá nada. —Cameron finalmente retira los dedos y
retrocede. Mis ojos se abren y se posan en él, pero él mira a través de mí.
Se me encoge el estómago mientras juguetea con el botón de mis jeans.
—Debería irme —me atraganto, deseando que diga algo.
—Hailee, lo siento. Lo que pasa es que…
No son las palabras que quiero escuchar, así que lo interrumpo.
—Sí, yo también —susurro.
Y luego, sin mirar atrás, salgo corriendo de allí.

~~~

—¿Dónde demonios has estado? —Flick se apresura hacia mí,


deslizando su brazo por el mío—. Te fuiste como por media hora.
¿Eso es todo? Se sintió como si hubiera estado con Cameron por más
tiempo. El tiempo había dejado de existir en la sala de trofeos del
entrenador Hasson. Pero había caído de regreso a la tierra con un ruido
sordo cuando Asher nos encontró.
Nos había visto.
Dios, que desastre.
Le creo a Cameron cuando dice que Asher no dirá nada, pero eso no
hace que el hecho de que él sepa sea más fácil.
—¿Estás bien? Te ves... no sé, sonrojada.
Lo cual, por supuesto, me hace sonrojar más intensamente.
—Estoy bien, me encontré con Cameron.
—Ya veo. —Sus ojos bailan de emoción—. Y...
—¿Y qué? —Frunzo el ceño.
—¿Y de qué hablaron ustedes dos?
—Nada importante. —Me encojo de hombros, la culpa me inunda.
Me da una mirada extraña.
—Estás escondiendo algo, Hailee Raine. —Flick se inclina más cerca,
bajando la voz—. ¿Lo arrastraste al baño y lo besaste de nuevo?
Algo como eso.
—¿En serio? —Disimulo mi expresión—. Estamos en la casa del
entrenador Hasson rodeados de todo el equipo, sin mencionar a sus
familias.
Aunque ahora que lo pienso mejor, no he visto a Cameron con sus
padres. Escuché a Jason decir que nunca más han vuelto a los partidos,
desde que su mamá tuvo a su hermano menor hace unos años.
—Sí, supongo que eso podría ser incómodo si Jason o tu madre
entraran. —Ella sofoca una risita—. ¿Pero van a tener que acostumbrarse a
estar cerca el uno del otro si están haciendo el proyecto de arte, verdad?
Correcto.
Gimo en silencio, preguntándome si había cometido un terrible error al
aceptar este encargo.
—Conozco esa mirada. —Flick nos guía de regreso al enorme patio.
—¿Cuál mirada? —Le sigo la corriente.
—Te estás enamorando de él.
—No seas ridícula. —Una risa estrangulada escapa de mis labios, pero
no me estoy riendo por dentro. Porque ella no puede estar en lo cierto.
En realidad, no puedo estar enamorándome de Cameron Chase.
¿O sí?
Capítulo 24
Cameron
—Tienes un visitante —susurra Asher mientras trotamos en la cancha.
Mis ojos siguen su dedo solo para encontrar a Hailee sentada sola en las
gradas.
—Ella debe estar comenzando su proyecto.
—Proyecto de arte, cierto —él arrastra las palabras—. Así le decimos
ahora. Porque si el proyecto incluye conocerse de cerca y personalmente
como los vi a los dos en la sala de trofeos del entrenador el viernes por la
noche, entonces me apunto de primerito.
—En serio, debes dejar de hablar —gruño, buscando a Jase en el
campo. Asher se da cuenta y sofoca una carcajada.
—No te preocupes, él está trabajando con el entrenador en algunas
jugadas nuevas.
Lo nivelo con una mirada dura, pero solo alimenta su curiosidad.
—¿Entonces, cuál es el trato? ¿Desde cuándo cuidarla implica tener los
dedos enterrados profundamente en su…?
—Ash, lo juro por Dios si tú…
—Por Dios. —Sus manos vuelan hacia arriba—. Es broma, estoy
bromeando. Pero estoy empezando a pensar que esto con ella no es un
juego. Ella te gusta de verdad.
—Yo no…
Me da una mirada puntiaguda.
—Oh joder, sí, te gusta totalmente. Jase va a volverse loco.
—Nunca te enteraste de esto, ¿me oyes? Fue un error.
—Sí, sí, lo que tú digas, hombre. —Asher me da una palmada en la
espalda—. Sólo sé cuidadoso. Esa chica está loca. Y esto con ella, Jase y
Thatcher sólo empeorará antes de que mejore.
Eso es exactamente lo que me preocupa.
Todos esperábamos que Thatcher hiciera un movimiento durante la
semana de rivales, pero no hemos escuchado ni al viento venir de su lado
del río. Sin embargo, no significa que no vaya a devolver el golpe, significa
que está esperando su momento. A la espera de atacar.
—Chase, Bennet, vengan para acá, señoritas, tenemos ejercicios para
ejecutar —grita uno de los entrenadores asistentes. Con una última mirada a
las gradas y a Hailee, reprimo todos los pensamientos que pasan por mi
cabeza y me concentro en la tarea en cuestión. Desquitándome con los
chicos de la defensa.

~~~

Después de un entrenamiento agotador, me quedo atrás mientras el resto


de los muchachos entran al vestidor.
El entrenador está ocupado hablando con Hailee. Tiene un cuaderno de
dibujo en sus manos y una sonrisa plasmada en su rostro mientras le
muestra lo que sea que es en lo que ha estado trabajando.
—Chase, ven aquí, hijo —su voz retumba por el campo y me quito el
casco y corro hacia ellos—. ¿Qué pasa, entrenador?
Mis ojos rozan la cara de Hailee mientras paso una mano por mi cabello
húmedo, pero ella mantiene su mirada fija en el cuaderno en su mano.
¿Puedes enseñarle a la señorita Raine el almacén? Quiere explorar
algunos de los viejos álbumes de fotos para…
Él la mira y ella sonríe.
—Inspiración.
—Inspiración, cierto. —El entrenador aprieta los labios—. ¿Puedo
confiar en que la vas a ayudar a encontrar lo que necesita?
—Por supuesto, señor.
—Y si necesitas algo más, solo pregunta. —Él asiente severamente y
nos deja solos.
—Oye. —Le doy una sonrisa—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, gracias. —Sus ojos recorren los míos.
—Escucha, quería hablar contigo, después de la otra n…
—Ahora no —dice Hailee, agarrando el cuaderno de dibujo contra su
pecho como un escudo. Como si ella necesitara una armadura contra mí. El
pensamiento me da un puñetazo en el pecho—. Necesito concentrarme en
este proyecto si quiero terminarlo a tiempo y no puedo permitirme ninguna
distracción.
—¿Es eso lo que soy? —La comisura de mi boca se inclina hacia arriba.
Ser una distracción para ella suena como algo con lo que puedo estar de
acuerdo.
—Cameron, lo digo en serio. —Me dirige una mirada entrecerrada, pero
estoy seguro de que capto un brillo en sus ojos.
—Sin distracciones. —Levanto mis manos—. Lo prometo. Vamos, te
mostraré dónde está el almacén, pero probablemente debería advertirte,
huele a tacos viejos.
Su nariz se arruga, y me rio entre dientes.
—¿Creías que pintar al equipo sería todo glamoroso?
—No sé lo que pensé. —Sigue está agarrando ese escudo suyo—. Para
ser honesta, aquí me siento un poco fuera de mi ambiente.
—Déjame ver lo que has hecho.
—Mejor no. —Sus dedos aprietan su cuaderno con más fuerza—. Es
solo un boceto en este momento. Quería atraparte en acción.
Un sonrojo sexy se extiende por su cuello y en sus mejillas y no me
pierdo la forma en que casi se atraganta con la palabra “acción”.
—Estoy pensando en hacer una composición menos tradicional, algo
que capture la esencia del deporte en lugar de la del jugador.
—Suena complicado. —No tengo ni puta idea sobre el arte y las
composiciones ni nada de eso.
—No lo es, en realidad no. Pero necesito suficiente materia prima para
trabajar.
—¿Entonces, puedo…? —Extiendo mi mano, esperando que ella me
permita. Hailee me mira con ojos cautelosos, sus dedos golpeando
suavemente el cuaderno de dibujo. Un silencio incómodo se extiende entre
nosotros.
—Está bien —digo después de lo que parece una eternidad—. No tienes
que…
Con un suspiro suave, Hailee finalmente me entrega el cuaderno y lo
abro.
—Mierda, Hailee, esto es increíble. —Había capturado a Grady, uno de
los otros jugadores del último año, a mitad de la rutina de ejercicio,
arrojando su cuerpo contra el trineo de bloqueo. Solo es un bosquejo, pero
las líneas y las sombras atrapan el impacto de una manera que nunca
hubiera creído posible—. Tienes mucho talento.
Empiezo a pasar a otra página, pero ella agarra el cuaderno.
—Está bien, eso es suficiente.
—Espera, quiero ver más. —Se lo quito, manteniéndolo fuera del
alcance, lo abro en otra página. Se me abre la boca, el aire deja mis
pulmones.
—Como dije —su voz es tímida, incierta —es solo un esbozo en este
momento. Algo para trabajar una vez que éste en el estudio.
Mis ojos beben cada detalle. La curva de mi brazo mientras me preparo
para lanzar el balón, mi postura amplia y mi mirada entrecerrada mientras
busco a mi compañero de equipo a través de la cancha. El intrincado
sombreado alrededor del catorce en mi jersey, dando la ilusión de que el
material se mueve con el aire.
—¿Cameron? —Su voz es tranquila, pero reverbera hasta mi alma.
—Sí, lo siento. —Cierro el cuaderno de dibujo y se lo devuelvo.
—Lo último será mucho mejor. —Hailee se coloca el pelo detrás de la
oreja.
Sé que probablemente debería decir algo, pero me he quedado sin
palabras.
—Vamos —me las arreglo para no ahogarme, así que recorremos el
resto del camino en silencio.
No es que quiera que ella piense que no me gustaba el boceto, me gusta.
Me gusta mucho, pero me había hecho algo. Ella me había hecho algo.
Y no sabía cómo deshacerlo, incluso si quería.
—Está bien, aquí estamos —le digo, empujando la puerta del almacén.
Los ojos de Hailee se posan en las cajas polvorientas.
—Hay muchas cosas aquí.
—Sip. El entrenador es una especie de acumulador. Buena suerte con
eso. —Le ofrezco una sonrisa, pero ella no me la devuelve.
Mierda, estoy siendo un imbécil.
—Bueno, el baile de bienvenida es esta semana. —Trato de cambiar de
táctica—. ¿Con quién vas a ir?
—¿Cómo en una cita? —Las palabras se atascan en su garganta.
—Sí, ya sabes, un chico te invita a salir, te vistes muy bonita y te trae
flores, posas para fotos incómodas. —Deja. De. Hablar. Estúpido.
—¿No es eso para el baile de graduación?
—La misma cosa. —Me encojo de hombros de repente sintiéndome
como un completo idiota—. ¿Entonces qué, tienes una, quiero decir?
¿Por qué estoy presionando esto? No quiero escuchar sobre Hailee y su
cita.
—De hecho, sí.
¿Tiene una cita?
Mierda.
—Flick. —Hailee frunce el ceño y me mira con una expresión extraña
—. Voy a ir con Flick.
—Claro. —El alivio me inunda, aliviando la opresión en mi pecho—.
Eso es agradable.
¿Agradable?
—¿Estás bien, estás actuando un poco extraño?
—¿Yo? Estoy bien. —Me encojo de hombros, retrocediendo, pero
golpeo la esquina de una pila de cajas—. Mierda.
Mis manos se disparan y logro estabilizarlas. Cuando vuelvo a mirar a
Hailee, ella está luchando contra una sonrisa.
—Entonces, debería, eh, irme. Yo debería irme. —¿Qué mierda me
pasa?
Es el maldito boceto. Tiene poderes vudú o algo así porque me siento
fuera de balance.
—Está bien. —Ella me observa, su expresión mucho más juguetona que
hace cinco minutos.
—¿Nos vemos por ahí? —Mi voz se eleva al final haciéndola sonar
como una pregunta y no quiero nada más que golpear mi cabeza contra la
pared. Pero antes de que Hailee concluya que estoy completamente
chiflado, me despido con la mano y salgo de allí.
Capítulo 25
Hailee
—¿Estás segura acerca de esto? —Respiro profundamente, pasando mis
manos por el ajustado vestido plateado que Flick había insistido en que
usara. Fue el primero que me probé y ella había saltado de la cama,
chillando de alegría, declarándolo “el indicado”. Pero incluso ahora, con
mis tacones y mi sutil maquillaje, no estoy segura.
—Creo que voy a vomitar —digo, agarrándome el estómago mientras
nos acercamos al gimnasio.
—Hails. —Flick se da la vuelta, las capas de su propio vestido se
despliegan como una cascada—. Tú puedes hacerlo. No es noveno grado.
No vas a entrar allí y ser el hazmerreír de la escuela. Es el último año.
Somos personas mayores y nos lo merecemos. ¿De acuerdo?
Sonríe de oreja a oreja, está feliz.
—Está bien —respondo a pesar de que mi mente grita “no, no, no”.
—Aunque hubiera sido muchísimo más divertido si tuviéramos citas —
agrega, y le doy un codazo en las costillas—. Soy tu cita.
—Lo sé, y sinceramente, no lo querría de otra manera, hermana. —Me
sonríe otra vez—. ¿Ahora qué dices, vamos allí con la cabeza bien en alto y
nos divertimos?
—¿Estás segura de que no quieres irte de aquí y pasar el rato con Jude y
Toby?
Sé que se han estado mensajeando. Toby me ha enviado algunos
mensajes de texto algunas veces, solo que tengo la impresión de que está un
poco desconfiado ahora que sabe quién es mi hermanastro. Pero
probablemente es lo mejor. Toby es agradable, y nos llevamos bien, pero no
provoca una legión de mariposas en mi estómago. Él no es el tipo que
consume todos mis pensamientos.
Mi cuerpo vibra con energía nerviosa ante la idea de ver a Cameron.
Toda la semana habíamos bailado uno alrededor del otro; mirándonos a
través de la cafetería, sentándonos cerca, pero sin tocarnos en la clase de
historia y hubo otro momento, el miércoles después de la práctica, cuando
lo pillé mirándome la boca. Cualquiera que sea esta cosa entre nosotros, se
está construyendo. Creciendo en algo más con cada día que pasa. Sé que es
peligroso enredarse con él; además es el mejor amigo de Jason. Y no soy lo
suficientemente ingenua como para pensar que alguna vez estaría bien
conmigo y con Cameron juntos. Pero tampoco puedo detenerme. Me muero
por él. Ansío la forma en que me hace sentir. La emoción de estar juntos.
Es oficial, estoy completamente loca de lujuria con Cameron Chase. Y
él está allí, sin duda, luciendo muy bien y muy digno de tener a los demás
derramando baba ahora más que nunca. Había bromeado más de una vez
sobre qué le guardaría un baile. De acuerdo, probablemente no podríamos
haber bailado por él imbécil de mi hermano, pero saber que quiere bailar
conmigo es suficiente.
¿No es así?
Flick agarra mi mano y comienza a tirar de mí hacia la puerta. Con cada
paso, el ritmo de la música refleja los latidos de mi corazón. Bum. Bum.
Bum.
—Estás nerviosa. —Me observa detenidamente.
—No, no lo estoy. Estoy enojada de que quieras que me ponga este
vestido.
—El vestido se ve muy bien en ti, al igual que tu cabello y maquillaje.
Ahora deja de preocuparte. Es una fiesta. Se supone que vienes a divertirte.
Diversión, cierto.
Podría divertirme, claro que sí.
Pero cuando entramos, tengo catorce años otra vez, viendo a mi cita
besar a otra chica. Excepto que Cameron no está besando a la chica con la
que está hablando. Pero se ven bastante cerca; su mano en su brazo
mientras sonríe a algo que él le dice. Flick se da cuenta y tira de mí en la
otra dirección, con una sonrisa divertida en sus labios.
Encontramos el bar, en realidad, es solo una mesa larga y el señor
Henderson se viste con un esmoquin haciendo algunas bebidas de aspecto
raro, y ordenamos dos cócteles sin alcohol y luego vamos a sentarnos en
una mesa vacía al borde de la pista de baile. Khloe Stemson y el resto del
escuadrón de perras están enredadas en el cuerpo de sus citas como lo que
son, unas regaladas, pero no hay ni un jugador de fútbol americano a la
vista entre ellos.
—Supongo que todavía están molestas con Jason y el equipo. —Flick
reflexiona, bebiendo su mojito sin licor.
—Y el equipo de gimnasia todavía está en buenos términos con ellos.
—Muevo mi cabeza hacia donde Jason tiene a Jenna Jarvis presionada
contra la pared, atacando su cuello con la boca.
—Ella es una guarra —dice Flick con frialdad.
—¿Vaya, amiga, estás celosa?
—Digo, solo mírala. Ella sabe que él no se comprometerá y aun así se
arroja a él en cada oportunidad.
—Tal vez es sólo sexo.
—Sí, claro. Las chicas no sólo tienen sexo. Se dicen que sí para sentirse
mejor. Pero el sexo para las chicas viene con sentimientos. Es simple
biología.
—Hmm. —Levanto un dedo—. Tuve sexo sin sentimientos.
—Eso es diferente. —Ella arruga la cara—. Tú estás hecha de otro
material.
—Oye. —Le doy un manotazo en el brazo—. Podría haber captado
fácilmente sentimientos por Austin, pero después del sexo, me di cuenta de
que no era algo que tuviera prisa por volver a hacer.
Le dedico una sonrisa juguetona y su expresión hosca se desvanece.
—¿Realmente fue tan malo?
—No fue bueno, eso es seguro.
—¿Entonces, por qué lo hiciste?
—No lo sé. —Me encojo de hombros—. Creo que quería terminar con
eso de una vez. Y Austin había parecido agradable en ese momento. Fue
hace mucho tiempo, probablemente estoy re-virginizada.
Flick se ríe de eso.
—Somos un desastre. Estás lanzando miradas de muerte a Cameron
porque está hablando con una chica, y yo estoy sentada aquí hablando de
sexo cuando apenas he llegado a la tercera base con un chico. —Ella gime y
deja caer la cabeza sobre la mesa.
—Vamos, no todo es malo. Tal vez tú y Jude, ya sabes.
—Chicas, qué bueno que vinieron. —Asher Bennet se cierne sobre mí,
con un brillo perverso en sus ojos—. Y ambas se ven preciosas.
—¿Preciosas, en serio? —Arrugo la nariz. Es un milagro que alguien se
enamorara de su encanto o falta de él. Aunque ni siquiera puedo negar que
se ve bien con sus pantalones color carbón y su camisa blanca lisa con las
mangas enrolladas, su cabello rubio oscuro revuelto en su típico estilo
relajado de Asher Bennet—. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
—Tan quisquillosa como siempre, Raine.
Flick se asoma por la mesa y lo mira boquiabierta. Una lenta sonrisa se
extiende por su rostro.
—Tú y yo, Giles, vámonos.
—¿Ir? ¿Ir a dónde?
—A follar en mi Jeep, ¿a dónde crees?
—Oh, Dios mío —ella exhala, y pienso por un segundo que podría
desmayarse.
—A la pista de baile, Felicity. —Asher mueve la cabeza hacia la
multitud de chicos bailando—. Vamos a bailar.
—¿B-bailar? —Ella me dice en voz alta y la veo con los ojos muy
abiertos.
—Ve, es lo que querías ¿verdad? Bailar y divertirte. —Y no tengo
planes inmediatos de hacer el ridículo delante de toda nuestra clase.
Con las mejillas de un tono rojo intenso, Flick deja que Asher la levante
y caminan de la mano hacia la pista de baile. El año pasado, ella no lo
habría mirado dos veces ni a él ni a Cameron, ni mucho menos a mi
hermanastro. Pero este año, ella es diferente.
Tal vez las dos lo somos.
Observo mientras Asher baila círculos, círculos literales, a su alrededor,
pero ella se ríe, sus ojos brillan de felicidad. No pasa mucho tiempo antes
de que tenga toda la pista de baile comiendo de la palma de su mano y justo
en el centro de su atención está mi mejor amiga, en su momento de gloria.
Mi mirada vaga hacia donde había visto a Cameron antes. Ahora está
solo, observando a Asher y Flick, con una expresión extraña en su rostro.
Sintiéndome valiente, me levanto y me dirijo hacia él, pero cuando casi lo
alcanzo, una chica lo abraza y él hace lo mismo, sonriéndole. La misma
sonrisa que me había dado más de una vez.
Mi estómago se hunde cuando me escondo en las sombras junto a la
pared, presionándome hasta que la oscuridad me traga por completo.
¿Qué estaba pensando?
¿Que vendría aquí esta noche y que Cameron realmente iba a querer
bailar conmigo?
¿Pasar tiempo conmigo? Eres una idiota.
Tragando mi orgullo, regreso a mi mesa solo para darme cuenta de que
Flick ya no baila con Asher. Escaneo el gimnasio cuando mi bolso vibra.
Toby: ¿Qué haciendo?

Yo: En el baile de Bienvenida y esto está aburridísimo.

Toby: Deberías venir de fiesta con nosotros…


no es una cuestión de fútbol americano, lo prometo.

¿Otra fiesta con Toby?


¿Realmente quiero eso? Mis dedos se ciernan sobre el botón de
respuesta y luego estoy escribiendo.

Yo: Ok

Aprieto enviar antes de que pueda arrepentirme. Realmente no quiero ir,


pero lo último que quiero hacer es quedarme aquí y ver a Cameron y alguna
otra chica bailar y besarse.
Justo entonces, puedo ver a Flick. Me apresuro hacia ella, entrecerrando
la mirada cuando veo su expresión sombría.
—¿Qué pasó? —le pregunto.
—N-nada. —Se limpia el maquillaje, rayas de rímel manchando su
rostro.
—Flick, sé que has estado llorando.
—Aquí no, ¿de acuerdo? —Dice, sus ojos recorren mi cuerpo como si
estuviera buscando algo o a alguien—. ¿Podemos irnos?
—Toby me envió un mensaje de texto, invitándonos a una fies…
—Eso suena perfecto. —Ella agarra mi mano y comienza a tirar de mí
hacia la puerta.
—Bien —me rio entre dientes—. Porque ya dije que sí.
Recibo otro mensaje de Toby diciendo que está cerca y que tardará unos
diez minutos.
—¿Estás segura de que estás bien? —Le pregunto a Flick nuevamente
mientras se abraza a sí misma, negándose a mirarme a los ojos—. ¿Asher
hizo algo?
—Estoy bien, Hails. Lo prometo.
—Lo juro por Dios, si él te lastima, le voy a cortar los huevos. —Su
interés en mi mejor amiga está creciendo. El único problema es que no
puedo entender si es una gran broma o si realmente le gusta. De cualquier
manera, Asher Bennet se la comería viva, algo que no tengo intención de
dejar que suceda.
—No es Asher.
—¿No es él?
—No.
—¿Pero es un chico? —Porque mi instinto me dice que es un chico.
Algo está sucediendo con mi mejor amiga, simplemente no sé qué.
Sus ojos se deslizan lentamente hacia los míos y presiona sus labios
para dar un pequeño asentimiento.
—Pero no quiero hablar de eso.
El hecho de que ella no sienta que puede hablar conmigo me duele. Pero
tampoco he sido sincera sobre Cameron. Entonces le ofrezco una cálida
sonrisa y le digo—: Está bien, pero cuando estés lista, aquí estaré para ti.
—Gracias. —Flick solloza—. Ugh, el baile de bienvenida resultó ser
una mierda.
—Te lo dije.
—Pensé que… —Un fuerte suspiro escapa de sus labios—. No sé, tal
vez toda esta cosa de la lista sea una estupidez.
Acercándome a ella, aprieto su mano.
—No es estúpido. Es valiente. Y estoy orgullosa de ti, Felicity Giles.
—¿Sí? —Sus ojos se iluminan.
—Sí. Podrías haberte quedado callada y dejarme aplastar tu último año
y no lo hiciste. —El resplandor de los faros nos ciega a los dos y levanto el
brazo para ver mejor el auto que se acerca.
—Es Toby, vamos. —Flick agarra mi mano y tira de mí hacia ella.
—¿Ansiosa? —Murmuro y ella me lanza una mirada mordaz sobre su
hombro.
—El baile de bienvenida puede haber sido lo peor, pero la noche aún es
joven y no planeo dejar que este vestido se desperdicie.
—Te ves muy bien —estoy de acuerdo.
—Maldita sea, claro qué sí. Jude no va a saber qué lo golpeó. —Se fue
la chica triste que había encontrado minutos antes.
—Flick —digo—. No tienes que…
—No, no escucho. Necesito esto, Hails. —No estoy exactamente segura
de a qué se refiere, pero el brillo en sus ojos me dice que no discuta.
Toby baja la ventanilla, su mirada recorre mi cuerpo y sus ojos se
oscurecen de lujuria.
—Hey. —Me da una sonrisa perezosa.
—Hola.
—Hola, Toby. —Los ojos de Flick miran más allá de él hacia el auto.
—Te ves bien, Felicity —la voz de Jude se dirige hacia nosotras y una
amplia sonrisa se extiende por su rostro.
—¿Listas para irse de aquí? —Toby pregunta y ella asiente
ansiosamente, subiéndose a la parte de atrás. Dudo, mis ojos mirando hacia
el gimnasio.
—¿Hailee?
—Sí. Ya voy. —Me meto dentro del auto y aparto de mi cabeza todos
los pensamientos del baile y de Cameron Chase.

~~~

—¿Por qué tan triste, hermana? —Flick toma un sorbo de su bebida,


balanceando su cuerpo al ritmo sensual. Estamos vestidas muy formal para
la última fiesta a la que Toby nos trajo, pero esta noche nos destacamos por
diferentes razones.
Demasiado para tratar de escapar.
—Simplemente no estoy de humor —digo, escaneando el lugar. Los
chicos están hacinados en cada centímetro de la casa. No es tan grande
como la casa de Lewis Thatcher, pero tampoco he visto a ningún jugador de
fútbol, por lo que al menos eso es bueno.
—Toby parece entusiasmado. —Flick hace un gesto hacia los
muchachos cuando nos dan otra ronda de bebidas.
—Supongo.
Los ojos de mi mejor amiga se entrecierran y ella me agarra del brazo y
me atrae hacia ella.
—Estás deprimida.
—No lo estoy. Sólo estoy… —Totalmente sin pensar en lo bien que se
veía Cameron.
—Deberías haber ido y hablar con él. —Flick deja escapar un suspiro
exasperado, pero no respondo—. Bien. Sé una aguafiestas. Pero por favor
no arruines mi diversión. Necesito esto, Hails. De hecho, estoy pensando
que podría hacerlo.
—¿Hacerlo? —La miro sin comprender.
—Sexo, Hails. Podría tener sexo.
Mi mano sale disparada, asfixiando su boca.
—Dios, Flick, baja la voz.
—¿Qué? —Sonríe—. Está bien decirlo en voz alta.
—¿Estás borracha? —Qué rápido, si sólo hemos tomado dos tragos.
—No, no estoy borracha. Simplemente estoy aprovechando esta
oportunidad. Jude está buenísimo y me está mandando todas las señales
correctas.
—¿Entonces esto no tiene nada que ver con lo que sucedió hace un
rato? —le pregunto levantando las cejas.
—No fue nada.
Oh, si fue algo importante, pero ella no quiere admitir lo que sea que
paso.
Mis ojos encuentran a Jude y Toby sobre su hombro. Se dirigen de
regreso a nosotros.
—Simplemente no tomes decisiones precipitadas. Jude parece un buen
tipo, pero tú primera vez debería ser con alguien que te guste, que realmente
te guste.
—¿Como tú hiciste?
—¿Uno de esos es para mí? —digo, alertando a Flick sobre el hecho de
que los chicos han vuelto. Ella me lanza una sonrisa de agradecimiento,
antes de volverse hacia Jude y tomar su nueva bebida de él.
—¿Quieres bailar? —ella le pregunta.
Él se encoge de hombros, pero Flick no se desanima. Agarrando su
mano, lo conduce a la sala contigua donde están bailando.
—Ella me cae bien —dice Toby—. Es un verdadero personaje.
—¿Es esa tu forma educada de decir que es agresiva? —Me rio y él
sonríe.
—Ella persigue lo que quiere, no tiene nada de malo. —Sus ojos se
entrecierran mientras se demoran en mí y bajo la mirada, necesitando
romper la conexión.
Toby es amable. Un buen chico. Constantemente se cerciora de que esté
bien, me da bebidas y me hace reír. Y no parece tan desanimado de saber
que mi hermanastro es Jason Ford como había pensado al principio. Pero a
pesar de todo esto, Toby no le prende fuego a mi mundo.
No hace que mi corazón lata violentamente en mi pecho ni despierta el
deseo en mi vientre.
Él es dulce. Amable y atento. Es todo lo que quiero que me guste.
Todo lo que debería haberme gustado.
Solo hay un pequeño problema.
Él no es Cameron Chase.
Capítulo 26
Cameron
—¿Vas a usar esa cosa toda la noche? —Le pregunto a Jase, mirando
divertido la corona de plástico que lleva en la cabeza.
—Ya tuve tres ofertas para chuparme la polla y Lisa Tenby me dejó
follarla en el baño de chicas, así que sí, me la voy a dejar toda la noche.
¿Qué te pasa por el culo de todos modos?
—Nada, estoy bien. —Mis ojos buscan en el mar de cuerpos, esperando
vislumbrar a Hailee. Pero no la veo por ningún lado.
No la he visto en horas desde que llegó con Flick.
Jase me fulmina con la mirada, su dura mirada arde en mi rostro
mientras toma un sorbo de su bebida.
—¿Estás seguro de que te sientes bien?
—Sí. —Asiento, mirando de nuevo a la multitud. No me gustan los
bailes escolares, nunca lo han hecho, pero cuando eres un Raider y juegas
para el entrenador Hasson, no son opcionales. Se espera que aparezcamos,
sonríamos y le demos a la gente lo que quiere. La mayoría de los
muchachos lo aprovechan, como la oportunidad de ser reyes por una noche.
Pero yo no.
—Miley se ve sexy —dice Jase y mis ojos se deslizan hacia los suyos
—. ¿Qué está pasando ahí?
—Es casual. —Levanto mis hombros en un ligero encogimiento.
—En serio. Pero vamos, hombre, ¿te gusta? He visto la forma en que
ella te mira.
—Solo somos amigos, Jase. —Nada más. Nada serio. Pero no parece
convencido.
—Sí, bueno, mantenlo así. Lo último que necesitamos es alguna
distracción. Y ella es un problema ambulante. Voy al baño. —Se abre paso
a través del gimnasio, separando el mar de cuerpos como si fuera Moisés.
Y tal vez lo es.
Para una ciudad como Rixon, Jason es un boleto para que su nombre
aparezca en los periódicos nacionales. La gente no puede esperar el día,
dentro de cinco años, cuando puedan decir que conocen a la nueva estrella
de la NFL.
Veo a Asher cerca de las puertas hablando por teléfono. Las líneas de
preocupación están grabadas en su rostro, y me enderezo, me hormiguea la
columna. Pero antes de que pueda ir allí y averiguar si está bien, sus ojos
me encuentran al otro lado del lugar y hace una mueca.
Nos encontramos a mitad de camino, justo cuando está terminando la
llamada.
—¿Todo bien? —le pregunto mientras está mirando su teléfono celular.
—Yo, estaba hablando con Fee.
—¿Fee, con Felicity?
—Sí, sí. —Traga saliva y se pasa una mano por el pelo—. Ella, uh, me
pidió que te dijera que la llames de inmediato.
—Yo, pero ¿qué querría ella? Hailee. —El aire sale de mis pulmones—.
¿Tienes su número? —
Por supuesto que sí, acaban de hablar por teléfono. Pero todo está un
poco confuso, mi corazón late con fuerza en mi pecho.
—Puse mi número en su teléfono cuando preparó el desayuno. Será
mejor que la llames, sonaba aterrada. Cuando le pregunté qué pasaba, ella
dijo que no había tiempo para explicar… —agrega y mis ojos se clavan en
los suyos.
—Envíame un mensaje de texto con su número y dile a Jase que tuve
que irme.
—Mierda —respira—. ¿Qué le digo?
—Dile que es mi madre o algo así. —No importa. Necesito llegar a
dónde está Hailee. Si Felicity llamó es porque algo importante ocurre.
—¿Cam? —La voz de Asher me saca de mis pensamientos.
—¿Sí?
—Dije, ¿estás seguro de que sabes lo que estás haciendo? Tal vez esta
no sea una buena idea...—
—Solo envíame un mensaje con su número.
—Mierda, sí. Está bien. —Comienza a teclear en su teléfono y espero el
mensaje entrante, y luego me largo de aquí.
Una vez que me alejo del baile, saco mi celular y llamo a Felicity.
—¿Cameron? —ella se apresura—. ¿Eres tú?
—¿Qué pasó?
—Yo ... ella ... mierda, esto es malo, Cameron. No sé qué…
—Ve más despacio. ¿Dónde estás? —Estoy casi en mi camioneta.
—En una fiesta, al otro lado del río.
Mierda.
—Bueno. —Controlo mi ira—. ¿Puedes enviarme un mensaje con la
dirección? Me llevará unos quince minutos.
Si rompo el límite de velocidad.
—Sí, sí. Y gracias. No sabía a quién más llamar.
—No me agradezcas todavía —digo antes de colgar. Al llegar a mi
camioneta, casi arranco la puerta de sus bisagras.
Una fiesta del este.
Dejaron el baile de bienvenida y se fueron a una fiesta al otro lado del
río. Asher tiene razón; no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo.
Porque es al último lugar al que debo ir. Especialmente sin respaldo. Pero
Hailee está allí, y por la desesperación en la voz de Felicity, lo que ha
pasado no es bueno.
Maldición.
Cuando salgo del estacionamiento y piso el acelerador, la energía
inquieta me atraviesa. Hailee me necesita. Bueno, la realidad es Felicity
quien me necesita, pero no estoy a punto de jalarme del cabello por el hecho
de que me ha llamado para pedirme ayuda.
Sin embargo, no puedo negar que una pequeña parte de mí está enojada.
Había pasado la mayor parte de la noche buscando a Hailee, con la
esperanza de volver a verla, y todo el tiempo ella había estado en una fiesta
del este con ese imbécil Toby, sin duda. Mis manos se aprietan alrededor
del volante. Siempre supe que Hailee sería un problema. Pero si Jason se
enterara de esto, las cosas se complicarían muchísimo.
No puedo dejarla allí, no lo haré. Porque Hailee Raine está debajo de mi
piel.
Y lo que es peor, me gusta que ella este allí.

~~~

—¿Qué diablos pasó? —Estoy fuera de mi camioneta y encima de


Felicity en un segundo, sacando el cuerpo inerte de Hailee de los brazos de
su amiga y poniéndolo en los míos.
Yo... ella... no lo sé. Dios. —Su voz tiembla—. Esto es un desastre.
Felicity llora mientras deslizo mis manos debajo de los muslos de
Hailee y la levanto, acunándola contra mí. Ella gime, con la cabeza rodando
hacia un lado.
—¿F-Flick? —murmura confundida.
—Tranquila, te tengo —digo, con la voz espesa. Al mirar hacia la casa,
es obvio que la fiesta todavía sigue en su interior.
—Cameron, tenemos que irnos. Ella necesita…
—Sí. —Mis ojos vuelven a Felicity—. Está bien.
Al venir a abrir la puerta trasera de mi camioneta, Felicity me ayuda a
meter a Hailee dentro y la tendemos en los asientos. Doy la vuelta al lado
del conductor y subo, mis manos agarran el volante mientras la miro a
través del espejo retrovisor. Parece una muñeca de trapo, con el pelo suelto
alrededor de la cara y el maquillaje manchado alrededor de los ojos. El
ascenso y la caída de su pecho son elaborados.
Felicity se desliza a mi lado y deja escapar un profundo suspiro.
—Lo siento —dice—. No sabía a quién más llamar.
—Dime lo que sucedió. —Todavía no he girado la llave en el
encendido, energía corre por mis venas.
—Conduce, y te lo diré. —Felicity me mira con una mirada que me dice
que sabe exactamente lo que estoy pensando—. Cameron, tenemos que
irnos antes de que alguien te vea aquí.
—Bien —digo en voz baja—. Está bien.
Prendiendo el motor, salgo del camino de entrada y salgo a la calle.
—Está bien, habla —le digo mientras la casa se hace más pequeña en el
reflejo del espejo retrovisor.
—Toby le envió un mensaje cuando estábamos en el baile, invitándonos
a otra fiesta. Me dio la impresión de que Hailee estaba enojada contigo, así
que nos fuimos.
¿Enojada... conmigo?
No era la primera vez, pero ni siquiera le había hablado en el baile.
—¿Qué le hizo? —Las palabras se alojan en mi garganta, la ira aumenta
en mi pecho.
—¿Qué? Dios no. Toby es un buen chico, Cameron. Lo juro. Pero algo
sucedió. Estábamos bebiendo lo mismo y estaba bien, pero Hailee comenzó
a actuar realmente extraño. Yo quería que volviéramos a casa, pero ella dijo
que quería quedarse y divertirse. Lo siguiente que sé es que ella
desapareció. La buscamos por todas partes.
—¿Nosotros?
—Sí, Jude, Toby y yo.
Toby.
Ya estoy harto de escuchar el nombre de ese hijo de puta.
—¿Qué pasó?
—No pudimos encontrarla en ningún lado, pero alguien dijo que la
habían visto entrar a la casa de la piscina, la casa de la piscina que todos
decían que estaba prohibida... —su voz se apaga.
—¿Y?
—Y la encontramos ahí, así, casi desmayada en el sofá. Ella estaba
completamente ida. Toby y Jude fueron a buscarle agua y averiguar qué
sucedió, así que te llamé y logré sacarla de allí.
—¿Por qué no esperaste a que ellos volvieran?
—Supongo que entré en pánico. Quiero decir, mírala. Esa no es Hails,
ella no se pone en ese estado. ¿Y si alguien le dio algo?
Miro a Felicity y su mirada se desvía.
—¿Algo como qué, Felicity? —Eso ha salido rudo.
Ella respira hondo.
—¿Qué pasa si alguien la drogó?
Mis ojos vuelven al espejo retrovisor. Tiene razón, Hailee no está
borracha, está completamente perdida.
—¿Crees que ella fue drogada?
—Algo así, sí.
—Mierda. —Mi espalda se endereza, la ira ondeando por mi columna
vertebral. Quiero darle la vuelta a la camioneta, volver a la fiesta y golpear
a alguien hasta que descubra exactamente lo que sucedió esta noche. Pero
sé que eso no ayudaría a la situación. Y en este momento, no ayudaría a
Hailee.
—¿Deberíamos llevarla al hospital?
—Creo que ella estará bien —le digo, revisándola de nuevo—. Necesita
dormir.
—Se supone que debe quedarse en mi casa, pero si mi mamá y mi papá
la ven así, se van a poner como locos.
—Está bien, puede quedarse conmigo. —Las palabras se derraman
antes de que pueda detenerlas. Mantengo mis ojos en el camino, pero siento
que la amiga de Hailee me mira.
—Ella te gusta.
No sé por qué, pero el hecho de que no sea una pregunta me irrita.
—De mi boca no va a salir una palabra —digo fríamente.
—Bien. —Felicity sofoca una sonrisa—. No voy a decir nada más.
—Bien. —Apenas es un gruñido, pero no quiero hablar de esto, no aquí.
No con ella.
El viaje a través del río es lo suficientemente rápido y antes de darme
cuenta, estoy estacionándome afuera de la casa de Felicity.
—¿Estás seguro de que la cuidarás? —ella me pregunta en voz baja.
Resoplo molesto, y ella traga saliva, y agrega—: Ella es mi mejor amiga y
no siempre has sido amable con ella. Tengo que preguntar.
—Me aseguraré de que ella esté bien. —Espero que todos estén
dormidos para poder evitar conversaciones incómodas esta noche.
—Ella actúa con dureza, pero todo esto, tus tontos juegos, ella no es tan
dura como crees, Cameron.
No confío en mí mismo para responder, así que le doy un asentimiento a
Felicity y espero a que salga de la camioneta.
Diez minutos después, me detengo en mi casa. Hailee todavía duerme
profundamente en el asiento trasero, murmurando suavemente de vez en
cuando. Saliendo de mi camioneta, doy la vuelta y abro la puerta de atrás.
Su cuerpo está perdido en el sueño, y cualquier otra cosa que este en su
sistema, cuando la levanto y entro, la llevo directamente a mi habitación.
—¿F- Flick, qué pasó? —Ella comienza a moverse mientras la acuesto
en mi cama.
—Ssh —Aparto los cabellos sueltos de su cara—. Te traeré un poco de
agua.
—¿C… Cameron? —Los ojos de Hailee se abren y ella me mira, la
confusión nubla su expresión. —¿Qué es? Oh, Dios.
Se tapa la boca con la mano y empieza a tener arcadas.
—Mierda, está bien, yo te llevo. —Ayudándola a levantarse de la cama,
la llevo a medias al pequeño baño contiguo a mi habitación. Hailee se
desploma en el suelo agarrando el inodoro, justo a tiempo para volver el
contenido de su estómago. Me agacho, separándole el pelo de la cara.
Parece tan pequeña y frágil, así como esta; nada como la chica fuerte, terca
e imprudente que sé que es.
Alguien le ha hecho esto.
El pensamiento me da un puñetazo en el estómago.
Tratando de tirar de la cadena del baño, Hailee finalmente lo logra antes
de hundirse en mi cuerpo con un gemido de dolor.
—¿Te sientes mejor? —le pregunto.
—No sé lo que estoy sintiendo en este momento. —Su voz está
atontada, sus palabras lentas.
—Vamos, vamos a limpiarte. —Le encuentro un cepillo de dientes y
una toalla de repuesto antes de ayudarla a ponerse de pie—. Te daré unos
minutos. Probablemente puedo prestarte una camiseta vieja si quieres.
Su vestido está arrugado y manchado, pero todo lo que veo es lo
hermosa que se veía en el baile.
—Yo, eh… sí, eso sería bueno, gracias. —Ella no me mira y me duele.
Más de lo que debería.
Asintiendo con la cabeza por el nudo en mi garganta, la dejo sola y voy
a buscar un viejo jersey de futbol americano que pueda usar. Es un
movimiento bastante tonto, uno por el que sin duda me dará una mierda
cuando se sienta mejor, pero no puedo negar que la idea de verla en los
colores de mi equipo es demasiado tentadora para no hacerlo.
Llamo a la puerta del baño, la abro y meto la mano dentro.
—Aquí tienes.
Hailee me arrebata el jersey y cierra la puerta en mi cara. Me dejo caer
en la silla en la esquina de mi habitación, frotándome la sien. No es así
como vi pasar la noche. Pensé que iría al baile, saldría con los muchachos,
vería a Hailee desde el otro lado del lugar e imaginaría bailar con ella,
reclamándola como mía, justo en frente de toda nuestra clase. Pero entonces
Miley me arrinconó y lo siguiente que supe fue que estaba siendo arrastrado
por los anuncios de la corte del baile.
Me siento aliviado de que Flick hubiera llamado a Asher. Si no lo
hubiera hecho, podría haber sido Toby cuidando a Hailee en este momento,
y no yo. La idea hace que mi pecho se apriete. Especialmente cuando no
puedo estar seguro de que no fue él quien le ha dado algo en la fiesta.
Mierda, ella no debería haber estado allí, en territorio de los del este.
Thatcher había dejado en claro que la perseguiría. Esto tiene su nombre
escrito por todas partes. Me siento aliviado de que Flick la haya encontrado
antes. Joder. Ni siquiera puedo pensar en eso. La idea de que alguien tocara
a Hailee y la lastimara, es casi demasiado para soportar. Inhalando, echo la
cabeza hacia atrás y cierro los ojos. Se siente como una eternidad hasta que
el sonido del crujido de la puerta del baño me hace abrirlos. Ella está parada
allí en nada más que mi viejo jersey y sus bragas, me doy cuenta de que mi
plan ha fracasado. Porque se ve completamente a gusto con mi jersey, sin
mencionar que parece que nació para vestirlo.
—Yo, eh… —Sus mejillas se sonrojan mientras tira del dobladillo de mi
camiseta—. Así que quizás vomité un poco sobre mi vestido e intenté
lavarlo y ahora está todo mojado, y no pude…
—Está bien. —Me pongo de pie, cerrando la distancia entre nosotros,
diciéndome que mire a cualquier parte menos a sus largas y suaves piernas
—. ¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera atropellado un camión. Pero viviré. —Su mirada
se posa en el suelo mientras se pone el pelo detrás de la oreja—. Ojalá
supiera lo que pasó.
—Creemos que es posible que te hayan dado algo en un trago.
—¿Creemos? —Sus ojos se levantan hacia los míos, y mi pecho se
aprieta, haciendo todo tipo de cosas raras.
—Sí, Felicity y yo.
—Ella te llamó, ¿eh? —Una sonrisa incierta juega en sus labios—. Lo
cual es realmente extraño porque yo no tenía idea de que ustedes dos
estaban intercambiando números de teléfono.
Hailee deja escapar una risa incómoda.
—Ella llamó a Asher.
—¿Asher? Flick tiene el número de Asher? ¿Cómo es que yo no sabía
eso? —Ella frunce el ceño—. Entonces llamó a Asher, ¿y qué más?
Es mi turno de mirar al piso. Juego al fútbol americano contra algunos
de los mejores jugadores. El hecho de que hombres con el doble de mi
tamaño me tacleen y me tiren al suelo es normal. Sin embargo, Hailee, una
chica de la mitad de mi tamaño me desarma por completo.
—Ella llamó a Ash y le pidió que yo la llamara.
—¿Pero por qué haría eso? Y más al punto, ¿por qué la llamaste?
Mis ojos se entrecierran ligeramente.
—Hailee, vamos…
—¿Por qué, Cameron? —Sus ojos me clavan en el lugar.
—Porque no mereces nada de esto —admito—. Y estaba preocupado.
—Pero…
—Venga. —La corto—. Es tarde, probablemente deberías descansar un
rato.
Mi cabeza señala la cama y su ceño se arquea. Agrego—: Yo voy a
dormir en el piso.
—Cameron. —Mi nombre en sus labios suena bien. Demasiado
jodidamente bien—. No voy a hacerte dormir en el suelo.
El color le sube por el cuello hasta las mejillas. Hailee se agacha a mi
alrededor y se sube a la cama, deslizándose debajo de las sábanas. Una
parte de mí había esperado que ella peleara; que insistiera en que la llevara
a su casa.
Pero ella no lo hizo.
Y como el tonto que soy, quiero creer que significa algo.
Me quito la camiseta y comienzo a desabrocharme los pantalones
mientras Hailee hace todo lo posible por no mirar. Pero siento sus ojos en
mí más de una vez. Me arrastro en la cama a su lado, con cuidado de no
acercarme demasiado. Mientras busca el interruptor de la luz, sumerjo la
habitación en la oscuridad.
—Bueno, esto no es incómodo —susurra Hailee. Y aunque está oscuro
y apenas puedo verla, estoy al tanto de todo. El suave sonido de cada
respiración que toma, la corriente cálida que fluye entre nosotros. La forma
en que me hormiguea la piel y mi pulso se acelera ante su proximidad, a
pesar de que ni siquiera la he tocado.
Girándome de costado, trazo el perfil de su rostro.
—Descansa. —Ahogo las palabras para evitar hacer algo estúpido.
Como decirle que no me parece nada incómodo.
Que se siente casi perfecto.
—Buenas noches, Cameron.
—Buenas noches, Solecito.
Pasa un momento de silencio y luego su voz somnolienta corta el
silencio.
—¿Cameron?
—¿Sí?
—Gracias.
Cuando siento el tirón del sueño, mi cabeza es un revoltijo de
pensamientos. De mí y de Hailee. De todas las razones por las que esta es
una muy mala idea. Pero uno se destaca sobre todos los demás. Es la
primera vez que me duermo con una chica en mi cama.
Y me gusta.
Me gusta mucho.
Capítulo 27
Hailee
—Ameron, Ameron está en casa. —La voz me sorprende, y abro un ojo,
tratando de orientarme. ¿Dónde diablos estoy? Me sacudo el cerebro en
busca de una explicación cuando un niño de cabello oscuro y cara rellenita
llena mi visión.
—No eres Ameron —dice, con un pequeño ceño fruncido que arruga su
rostro.
¿Ameron?
Gruño, apartándome el pelo de mi cara. ¿Qué demonios?
Todo se estrella contra mí a la vez. El baile de bienvenida. La fiesta con
Toby. Cameron sosteniendo mi cabello mientras vomitaba todo menos mi
alma en su inodoro. El inodoro en el baño al lado de su habitación.
Su habitación.
Oh, Dios, estoy en la habitación de Cameron.
En.
Su.
Cama.
Echo un vistazo y, efectivamente, Cameron está acostado, boca arriba,
con el brazo debajo de la cabeza, roncando suavemente.
—¿Quién tú? —pregunta el niño mientras trepa a la cama, instalándose
entre Cameron y yo.
—Soy Hailee.
—¿Ailee? Soy Ander.
—Encantada de conocerte. —Le doy mi mejor sonrisa a pesar del
pánico en mi pecho—. ¿Hmm, Cameron? Cameron, despierta. Tenemos
compañía.
—¿Xan? —dice Cameron, su voz llena de sueño—. ¿Mierda, Xander?
Se endereza y se frota los ojos. Vuelan hacia los míos, muy abiertos con
alarma, y yo me rio entre dientes, agachando la cabeza.
—¿Ienes novia, Ameron?
—Qué, yo… uh, no, amigo. Ella es mi amiga…
—Ailee. —Asiente—. Ella es bonita.
—Está bien, amigo, es hora de que te vayas. —Cameron recoge al niño
y sale de la cama sin molestarse en ponerse la ropa—. Ya vuelvo.
Articula sobre su hombro y asiento, sintiendo mis mejillas sonrojarse.
Cuando desaparecen de la habitación, me hundo en las almohadas,
gimiendo de mortificación. Estoy en la cama de Cameron.
La cama de Cameron.
Y nos acaba de atrapar el niño más lindo al que había visto.
Justo cuando pensaba que mi vida no podía volverse más loca.
Dos minutos después, Cameron regresa a la habitación y se lleva el aire
con él.
—Lo siento por eso. —Pasa una mano sobre su cabeza, sus ojos se
lanzan a mi alrededor.
—Tu hermano es adorable —digo, tirando de las sábanas alrededor de
mi cuerpo, consciente de que estoy vestida solo con su jersey y mis bragas,
y él lleva sus calzoncillos negros ajustados. Mantén tus ojos en su rostro,
Hailee. En. Su. Rostro.
—Sí, aunque es como un torbellino.
—Es un niño lindo.
—No te dejes engañar. —Él se ríe y compartimos una sonrisa—. ¿Cómo
te sientes?
Cameron se sienta en el extremo de la cama, sus ojos ardiendo sobre mí.
—Estaré bien, supongo. Todavía no puedo creer que alguien me haya
hecho eso.
Me duele la cabeza y mis músculos son como el plomo, sin mencionar
el hecho de que mi estómago siente que algo ha muerto allí. Pero ahora
tengo cosas más importantes de las que preocuparme, como el hecho de que
Cameron está aquí casi desnudo; su duro abdomen y todo su cuerpo me
ruegan que lo toque.
Dios, quiero tocarlo.
¿Qué demonios me pasa?
—Sí, bueno, la gente puede hacer todo tipo de locuras en nombre del
fútbol.
—¿Eso te incluye a ti? —Levanto las cejas, mientras bajo la cara,
mirándolo a través de mis pestañas.
—He hecho algunas cosas de las que no estoy orgulloso, sí. —Cameron
traga saliva como si las palabras fueran difíciles de decir.
—Bueno, viniste anoche, así que gracias.
—No fue nada.
Pero no fue nada, fue algo.
Los acontecimientos de la noche anterior son bastante confusos. Pero
recuerdo con perfecta claridad que Cameron había venido corriendo
después de la llamada SOS de Flick.
Se acerca más, inclinando su cuerpo hacia mí. Me siento un poco
mareada de repente.
—¿Qué puedes recordar de la fiesta? —pregunta gentilmente.
—Yo… —Un fuerte suspiro escapa de mis labios—. No mucho, para
ser honesta. Dejamos el baile y Toby vino a recogernos. Dijo que no era una
cuestión de fútbol, así que pensé que sería divertido.
Mi voz se apaga, mi mirada cae a mis manos sobre las sábanas.
—¿Por qué dejaste el baile?
Mis ojos se fijan en los suyos, pero no respondo. ¿Qué voy a decir?
¿Qué me había ido porque lo vi con una chica? Encogiéndome de hombros,
tomo sus sábanas.
—Fui para hacer feliz a Flick y ella parecía molesta por algo, así que
nos fuimos.
—Gracioso. —Su ceño se levanta ligeramente—. Porque ella dijo que te
fuiste porque estabas enojada conmigo.
Mis mejillas arden.
—Ella necesita aprender a mantener la boca cerrada. —Voy a matarla.
—Te busqué, pensé que podría sacar provecho de ese baile. —Su labio
se curva hacia arriba—. Pero ya te habías ido.
—Sí, bueno, me parecías bastante ocupado, así que pensé que no era
gran cosa. —Envolviendo mis brazos alrededor de mi cintura, bajo la
mirada nuevamente.
—Hailee —su voz calma algo dentro de mí—. Miley no es…
Él deja escapar un suspiro exasperado.
—Me viste hablando con Miley.
—No te vi hablando con nadie, Cameron, olvídalo. —No quiero
sentirme así, todo sobre él hablando con otra chica, es irracional. Ilógico. Es
completamente patético. Pero no puedo negar que los celos me queman
cuando dice su nombre.
—Miley es solo una amiga, no necesitas preocuparte por ella.
—No importa. —No puedo mirarlo a los ojos.
—¿Por qué actúas así? —pregunta.
Finalmente lo miro.
—¿Así cómo?
—Como una perra.
—Qué manera de recordarme que no eres el caballero de brillante
armadura. —Tiro de las sabanas y salto de su cama—. Yo debería irme.
—Espera, más despacio, Hailee. Deberíamos hablar.
—No tenemos nada de qué hablar —grito mientras me meto en su baño,
esperando que mi vestido este lo suficientemente seco como para usarlo, de
lo contrario será incómodo explicarles a mi madre y Kent por qué estoy
sólo en mis bragas y uno de los viejos jersey de Cameron.
—Gracias a Dios —respiro cuando encuentro mi vestido bastante
limpio y seco. Lanzo mi vestido sobre el toallero, me echo un poco de agua
en la cara y trato de domar mi cabello pasando mis dedos por él. No es
perfecto, pero servirá. Luego robo una gota de pasta de dientes para
refrescarme el aliento. Pero cuando me miro en el espejo, me encuentro con
unos tormentosos ojos grises.
—Déjame sola —le espeto a Cameron mientras bloquea la puerta,
mirándome con una expresión oscura.
—Sácame.
—Cameron, vamos. Hiciste algo decente anoche, pero no lo
convirtamos en algo que no es.
—¿Y qué sería eso, Solecito?
—¿Sabes cuál es el problema contigo? —Me doy la vuelta y lo fulmino
con la mirada. Estoy cansada, sedienta, no del todo segura de que había
terminado de vomitar, y estoy harta de los juegos.
De ida y vuelta.
El estira y afloja.
Todos estos sentimientos que no son bien recibidos que siento cada vez
que me mira.
—Oh, me encantaría saber todo lo que piensas que está mal conmigo.
—Se apoya contra el marco de la puerta bloqueando mi salida. No es que
estuviera lista para irme; todavía necesito vestirme.
—Estás en tu derecho —le digo—. Estás acostumbrado a que las
personas cedan ante todas tus demandas. Quieres saltarte la clase, eso está
bien porque eres un Raider. Quieres follarte a las chicas y luego patearlas a
la acera y no tener ninguna responsabilidad, genial, eres un Raider. Pasas
años haciendo que mi vida sea un infierno y luego, una vez que haces algo
bueno, ¿solo se espera que, qué? Que deje caer mis bragas y te deje…
Me trago las palabras cuando la expresión de Cameron se vuelve
hambrienta, su labio curvado en una sonrisa irritante.
—¿Te molesta la idea de que me folle a otras chicas, Solecito? —Da un
paso adelante y me obliga a volver al baño.
—Cameron, vamos, esto es una locura. —Pero sigue viniendo hasta que
mi trasero golpea la encimera de mármol. Mis manos vuelan detrás de mí,
estabilizándome, y él se echa a reír.
—¿Sabes lo que pienso? —dice—. Creo que eres una prejuiciosa. No
sabes nada de mí o de mi vida. Sólo ves el juego. No podrías sacar tu
cabeza de tu trasero el tiempo suficiente para ver lo que realmente está
pasando aquí.
Mis labios se separan en un jadeo.
—No soy…
—¿Pero quieres saber lo que realmente pienso? —Cameron baja la
cabeza y me aprieta más contra el mostrador hasta que el borde áspero me
muerde la piel—. No me odias, te odias a ti misma. Soy todo lo que
detestas, pero de todos modos me deseas.
—Yo…
Su boca se cierne sobre mis labios, tan cerca que puedo sentir su cálido
aliento. Mi cuerpo comienza a temblar, mi estómago se anuda con tanta
fuerza que me siento un poco mareada.
—¿Por qué sigues haciendo esto? —susurro, apenas capaz de hablar.
Cameron es demasiado. Su mirada inflexible, su cuerpo pegado al mío. Sus
manos. Dios, sus manos comienzan a acariciar mis costados, lo que
dificulta pensar con claridad, y mucho menos respirar.
—Quiero que lo admitas. —Me acaricia la nariz con la suya—. Admite
que me deseas y luego te dejaré en paz.
—¿Lo harás? —Trago saliva, mi mente nadando con todas las cosas de
Cameron Chase.
Él asiente lentamente, sus ojos aún fijos en los míos. Nunca lo había
notado antes, o tal vez simplemente me había negado a verlo, pero son de
un tono azul oscuro con manchas de gris plateado. Me recuerdan a un rayo
en un cielo tormentoso. Encajan realmente, considerando lo peligroso que
resulta Cameron para mi vida cuidadosamente construida.
—Estoy esperando, Solecito —dice cuando no respondo.
—Está bien. Si eso significa que me dejarás en paz, te deseo —digo con
la menor emoción posible—. No tiene sentido, va en contra de todo lo que
defiendo y, para ser honesta, me decepciona mucho, pero es la verdad.
¿Feliz ahora?
—¿Solecito? —Una lenta sonrisa tira de la esquina de su boca.
—¿S-sí?
—Cállate.
Y entonces me besa. Cameron Chase me levanta como si no pesara
nada, me deja caer sobre la encimera y me besa.
—Cameron, espera. —Mis dedos agarran sus hombros, deteniéndolo
mientras me las arreglo para separarme—. ¿Qué estamos haciendo?
Él suelta un gruñido gutural.
—Digamos que resolver nuestras diferencias. —Una de sus manos se
desliza sobre mi hueso de la cadera y debajo de su jersey dibujando un
suave gemido de mis labios—. No lo pienses demasiado, Hailee.
No lo pienses demasiado.
Claro.
Yo puedo hacer eso.
Puedo hacerlo.
Cameron se lanza sobre mí otra vez, atacando mi boca. Mete su mano
en mi cabello, acercándome, pasando su lengua por mis labios y dentro de
mi boca. Y maldita sea, voy de buena gana. Había pasado tanto tiempo
peleando, de estar a la defensiva. No puedo negar que, por una vez, se
siente bien rendirse. Para cambiar a la ofensiva por un cambio.
Para dejar de pensar y simplemente sentir.
Mis piernas se enrollan alrededor de sus caderas y Cameron arrastra mi
cuerpo hasta el borde del mostrador, apretándome. Sigue medio desnudo y
no puedo resistirme a alcanzar su pecho, trazando sus abdominales con mis
dedos. Su cuerpo es perfecto, las horas de entrenamiento y
acondicionamiento físico evidentes en los planos duros de su pecho, los
músculos tensos de su cuello y hombros y bíceps.
—Joder, eso se siente bien —raspa contra mi boca mientras yo continúo
pintando patrones en su piel. El conocimiento que le afecta de la forma en
que me afecta a mí, es poderoso. Embriagador.
Y quiero más.
Enrollo mi otro brazo alrededor de su cuello, anclándonos juntos,
besándolo más profundamente. He besado a otros chicos antes. Chicos en
El Callejón y en la extraña fiesta a la que fuimos. Pero nunca había besado
a nadie así. Es fuego y hielo. Dos opuestos que se unen con consecuencias
peligrosas.
Cameron roda hacia mí otra vez, su dura longitud golpea el lugar
correcto.
—Oh Dios —gimo, una ola de necesidad se estrella sobre mí. Él está en
lo correcto. Lo deseo a él.
Deseo a Cameron Chase.
Hay algo muy malo en mí para desear lo único que odio. Pero tal vez
Flick tiene razón. Tal vez todo había llevado a este punto.
—No soy Dios, Solecito —me muerde la oreja—. Sólo el número
catorce.
Agarrando su barbilla, miro fijamente los ojos tormentosos de Cameron.
—¿Dime que no te referiste a ti mismo con el número de tu equipo?
—Soy un engreído, ¿recuerdas? —Arquea las cejas, retándome a
discutir. Pero no estoy buscando ir a otra ronda de ajedrez verbal con él, así
que estrello mis labios contra los suyos, exigiendo más. Necesitando más.
Los dedos de Cameron se deslizan por mis muslos hasta el borde de mis
bragas y me congelo. Besar es una cosa, pero dejar que me toque es algo
completamente distinto.
—Necesito sentirte —dice con voz ronca—. Y sé que lo quieres.
Prácticamente estás montando mi pierna.
Mi cabeza rueda hacia atrás contra el espejo mientras lo castigo con una
mirada dura. Él se ríe de nuevo, deshaciéndose suavemente de mis bragas
hasta que se convierten en un charco en el suelo. El mármol se siente frío
contra mis muslos, pero cuando Cameron se acomoda entre mis piernas
nuevamente, su bóxer abultado, me olvido por completo de todo lo demás.
—¿Estás mojada para mí, Hailee?
—¿Por qué no te enteras? —digo, sorprendiéndonos a los dos. Las cejas
de Cameron se arquean cuando se inclina para capturar mis labios
nuevamente, empujando su lengua contra la mía con un gruñido
hambriento. Sus dedos se deslizan a través de mi humedad, provocándome.
Cameron rompe el beso, tocando su cabeza con la mía, sus ojos
hirviendo de calor, mientras lentamente desliza un dedo dentro de mí.
Quiero moverme, escapar de su intensa mirada. Pero él me tiene atrapada.
Acorralada. Y cuando él curva su dedo hacia arriba y se frota, me rindo.
Cameron Chase me posee ahora, y voluntariamente me entrego.
—Joder, estás tan apretada —se atraganta, agregando un segundo dedo,
estirándome.
Mis ojos se cierran cuando él comienza a trabajarme, largos y lentos
golpes, pasando la yema de su pulgar sobre mi clítoris.
—Ojos abiertos —exige—. Quiero verte cuando te corras.
Me trago la respuesta sarcástica en la punta de mi lengua, gimiendo en
cambio, cuando mi cuerpo comienza a temblar.
—Yo... —Mi voz se pierde cuando intensas olas de placer comienzan a
rodar sobre mí—. Más.
La otra mano de Cameron se desliza por mi estómago, rozando el
costado de mi pecho. Me arqueo hacia él, buscándolo, necesitando más.
Necesitando todo.
—Tan ansiosa —susurra contra mis labios.
—Voy a… Oh, Dios. —Su dedo rueda sobre mi pezón y envía un rayo
de calor atravesándome. Apenas puedo respirar, pero no importa. Cameron
me ha barrido en su tormenta de fuego y no me importa si me quemo.
De hecho, quiero quemarme.
Quiero arrojarme directamente a las llamas.
—Puedo sentirte, Solecito. —Su voz se demora en el borde de mi
delirio inducido por el deseo—. Estás cerca.
Asiento, un suave gemido después de un suave gruñido saliendo de mis
labios. Cameron hace algo con sus dedos, algo más profundo, más intenso,
y mi mundo explota en pequeñas estrellas blancas. Y allí, en la encimera de
su baño, ahogada por el placer, tratando de recuperar el aliento, me doy
cuenta de que no solo él es peligroso en la cancha.
Cameron Chase es peligroso para mi corazón
Capítulo 28
Cameron
El cuerpo de Hailee se derrite contra el mío, su respiración rápida y su
piel enrojecida. Joder, se ve bien en la encimera de mi baño en nada más
que mi camiseta. Nunca antes había dejado que una chica usara mi número,
pero tengo un extraño deseo de asegurarme de que nunca se lo quite.
Mierda, Chase, contrólate.
—Cameron —suspira, luchando contra una sonrisa—. No puedo sentir
mis piernas.
Desenredándome de su cuerpo, retrocedo, dándole algo de espacio. Está
sobre mí y no quiero nada más que llevar mis dedos a mis labios y
chuparlos, pero Hailee está en pánico. Lo veo escrito en toda su cara.
—¿Estás bien? —Le pregunto, sin importarme que tengo una feroz
erección que es imposible de ocultar en mis boxers.
—Sí, eso fue…
Me preparo para su respuesta mordaz, pero en lugar de eso, me toma
por sorpresa.
—Increíble —suspira.
—¿Sí? —Sonando demasiado contento conmigo mismo, me encojo de
hombros.
Pero es ella.
Hailee hace desaparecer parte de la otra mierda. La presión constante.
La preocupación por mi mamá. Sobre elegir una universidad. Y aunque
disfruto mucho del tira y afloja entre nosotros, también la disfruto sólo a
ella.
Los momentos tranquilos.
Estar cerca de Hailee es como un soplo de aire fresco, y ya ansío otro
golpe.
—Dejaré que te limpies. —Mi labio se curva en una sonrisa. No puedo
evitarlo. Saber que la había hecho correrse de esa forma, me hace cosas.
Cosas serias.
Cosas que no había anticipado.
—Está bien. —Ella me regala una pequeña sonrisa mientras salgo del
baño.
Si no aparecemos pronto, Xander vendrá a buscarnos. Por supuesto,
haciendo preguntas sobre mi amiga. Un montón de preguntas y sé que no
puedo confiar en él para quedarse callado frente a mis padres, así que
cuando lo llevé a la cocina, les di una breve explicación de por qué tengo a
la hermanastra de Jason en mi habitación un sábado por la mañana.
Por supuesto, probablemente no esperaban que tuviera mis dedos
profundamente dentro de ella y mi lengua bajando por su garganta.
Cuando Hailee reaparece, está vestida, si llamas usando mi jersey sobre
la parte superior de su vestido, vestida.
—Yo, hmm, ¿está bien? —Sus ojos bajan al piso—. No quiero salir de
la casa solo con mi vestido.
—Es genial, puedes pedírmela prestada, tengo muchas más. —Hailee
contiene el aliento y yo retrocedo—. No quise decirlo así.
—Está bien. —Ella se mueve para sentarse en mi cama—. Entonces…
—Escucha Hailee, yo…
Los gritos de Xander perforan el aire y mi cuerpo se tensa.
—Mierda. —Mi corazón da un vuelco en mi garganta—. Necesito ir.
Quédate aquí, ya vuelvo.
—E-está bien.
Salgo de mi habitación y corro escaleras abajo, dando dos pasos a la
vez.
—Mamá, mamá. —Xander grita y mientras rodeo la cocina, mi mundo
explota. Mi madre está en el suelo, la masa de panqueques salpica los
gabinetes, rayando los azulejos y su blusa.
—Papá —grito, corriendo a su lado—. Mamá, mamá, ¿puedes oírme?
Suavemente sacudo sus hombros. Está fuera de combate, pero veo el
suave ascenso y caída de su pecho. Ella está respirando.
Gracias a Dios, ella está respirando.
Girándola sobre su costado, miro a Xander.
—Hola, amigo, ¿a dónde fue papá?
—A la ienda, or arabe.
—¿Se fue a buscar jarabe?
Xander asiente con los ojos muy abiertos y llenos de lágrimas.
—¿Mama, bien?
—Mamá va a estar bien, amigo. Muy bien. —Pero cuando digo las
palabras mi estómago se desploma. Mi mamá no está bien.
Ni siquiera un poquito.
—Oh, Dios. —Al oír la voz de Hailee, respiro bruscamente—. ¿Se
encuentra ella bien?
—Ailee —grita Xander.
—Hola, bonito. —Va hacia él, acariciando su cabello.
—Sé que esto es probablemente mucho pedir. —Me encuentro con su
mirada preocupada—. ¿Pero puedes sacarlo de su silla y llevarlo a la sala?
—Por supuesto. ¿Deberíamos llamar al 911? —Sus ojos señalan el
cuerpo sin vida de mamá.
—No lo sé.
—¿Cameron? —Mi padre entra por la puerta de atrás—. ¿Qué pasó?
Deja caer la bolsa de comestibles en el mostrador, las cosas se derraman
por todas partes, y corre hacia mí.
—No sé, escuché a Xander gritar y la encontré así.
Mi papá me quita de en medio y revisa a mamá.
—Karen, cariño, ¿puedes oírme? —Sus dedos trazan suavemente su
rostro y ella comienza a moverse, y un alivio como nunca había conocido
antes se estrella contra mí.
—¿C- Clarke? ¿Qué pasó? —Mi mamá trata de sentarse, pero se
desploma en el suelo. Mi papá desliza su brazo debajo de su cuello
acunando su cabeza en su regazo—. Te desmayaste, cariño.
—¿Sí? —Lágrimas se acumulan en el rabillo de los ojos de mi mamá y
me doy cuenta vagamente de la mirada de Hailee ardiendo en la parte
posterior de mi cabeza—. ¿Dónde está Xander?
—Xander está bien, mamá —la tranquilizo, deslizando mis ojos hacia
Hailee. Ella me da un pequeño asentimiento, mi hermano se aferra a ella
como un mono araña.
—¿Por qué no Hailee y tú lo llevan al estudio mientras yo llamo al
doctor Kravis?
—Estás seguro…
—Cameron, ahora, hijo. —Mi papá mira a mi mamá y me doy cuenta
de que quiere proteger su privacidad y su dignidad.
—Claro, si me necesitas, grita. —Me acerco a Hailee y Xander—.
Vamos, vamos a mostrarle a Hailee tus juguetes.
En el momento en que entramos en el estudio, Xander se retira de los
brazos de Hailee y se deja caer al suelo.
—Ven, Ailee. ¿Gusta Aze?
—¿Aze? —repite en voz baja.
—Blaze y los Monster machines.
—Yo, eh, no sé cuál es ese.
Sonrío, observando a Xander agarrar su mano y llevarla más adentro de
la habitación. Y se me ocurre que no soy el único interesado en Hailee
Raine. Ella escucha pacientemente mientras Xan la pone al tanto de todo lo
relacionado con Blaze. Cuando él está absorto en el juego, Hailee se aleja,
acercándose a mí.
—¿Tu mamá va a estar bien? —pregunta.
Moviéndome al sofá, espero a que ella se una a mí.
—Honestamente —confieso—. No lo sé.
—¿Qué tiene?
—Depresión posparto y ansiedad.
La frente de Hailee se arruga y sé lo que está pensando.
—Pero no estoy seguro de que eso sea todo —admito—. Hace unos días
mi padre me dijo que se está haciendo algunas pruebas.
—¿Qué pruebas?
—No estoy seguro. —Entierro mi cara en mis manos, frotando mis ojos
con la palma de mis manos, dejando escapar un suspiro tembloroso. Había
visto a mi mamá desvanecerse más veces de las que podía contar; la había
visto en medio charcos de lágrimas, sollozando por algo tan trivial como
quemar la cena. La había visto incapaz de levantarse de la cama durante
días y días, quejándose de que estaba demasiado exhausta. Pero nunca la
había visto tan insensible antes.
—Oye. —Los dedos de Hailee rozan mi brazo, persuadiéndome para
encontrar su mirada—. Si necesitas hablar, estoy aquí.
La miro perdido por las palabras. Ella se ofrece a estar allí para mí, así
como así. Sin juzgarme. Sin preguntas, ni motivo oculto.
Es más, de lo que merezco y, sin embargo, quiero tomarlo. Quiero
derramar mi corazón sobre esta chica.
—¿Cameron? —La cabeza de mi papá aparece por la puerta—. ¿Puedes
venir un segundo?
Sus ojos van a la chica a mi lado.
—Lo siento, qué grosero de mi parte. Soy el padre de Cameron, Clarke.
Eres la hermana de Jason, Hailee, ¿verdad?
—Sí, señor, es un placer conocerlo.
—Desearía que fuera en mejores circunstancias. ¿Mi hijo dijo que te
metiste en un pequeño lío anoche y te ayudó?
—Así fue —su voz es tranquila.
—Bueno, me alegro de que estés bien. ¿Cameron? —Su mirada vuelve
a la mía, y me levanto, siguiéndolo por el pasillo.
—¿Está bien?
—El doctor Kravis quiere que vayamos directamente a Rixon General.
Katie viene a recoger a Xander.
—Papá, puedo cuidarlo...
—Deberías llevar a Hailee a casa y luego ir a la casa de los Bennets, ¿de
acuerdo? —Agarra mi hombro, apretándolo suavemente—. Te llamaré en
cuanto sepamos algo.
—Está bien. —Me paso una mano por la cara—. Voy a empacar la
maleta de Xander.
El asiente.
—Ella va a estar bien, hijo. —Mi padre suspira y se aleja por el pasillo.
Regreso al estudio para encontrar a Hailee en el piso jugando a los autos de
carreras con Xander. Los observo desde el marco de la puerta, con un nudo
en el pecho. Ella está sonriendo, dejando que mi hermano pequeño le pase
un auto rojo por las piernas.
Como si me sintiera mirando, los ojos de Hailee se alzan hacia los míos
y sonríe.
—Hola —articula.
—Oye. —Me acerco a ellos—. ¿Adivina qué, amigo? Katie viene a
recogerte.
—Atie, la iero. —Da un pequeño aplauso y comienza a juntar la pila de
autos. Hailee ayuda y en poco tiempo, no hay evidencia del desorden.
Recojo a Xander y lo tiro sobre mi hombro, la risa del niño llena la
habitación, aliviando un poco el dolor que había sentido al ver a mamá así.
—¿Está bien si esperamos a que Katie venga a recogerlo y luego te
llevo a tú casa?
—Está bien. —Su expresión ha cambiado, pero no tengo tiempo ni
energía para tratar de descifrarla.
~~~

El camino a la casa de Hailee es tranquilo. Estoy perdido en mis


pensamientos; preocupándome por mamá, sintiéndome culpable por Xander
quedándose con Katie en lugar de su familia. En lugar de estar conmigo. Y
algo había cambiado con Hailee. No es tanto lo que dijo sino todo lo que no
dijo.
Demonios, ¿a quién intento engañar?
Probablemente ya lamenta haberme dejado besarla, tocarla como yo lo
había hecho. Se había ablandado en mi casa. Había bajado la guardia. Pero
ahora estamos en mi camioneta, yendo a su casa, y es como si anoche, esta
mañana, todo hubiera sido un sueño. Un hermoso sueño donde te despiertas
y te das cuenta de que los recuerdos increíbles no son recuerdos en
absoluto, sino una realidad alternativa que tu mente creó para burlarse de ti.
Mis dedos se aprietan alrededor del volante mientras mis emociones me
golpean como un tsunami.
—¿Cameron? —La voz de Hailee me castiga y la miro.
—¿Sí?
El sonido de mi celular corta la tensión y miro hacia la consola para ver
el nombre de Jase parpadeando en la pantalla.
—Mierda —murmuro por lo bajo. Hailee también debe haber notado su
nombre porque ella inclina su cuerpo hacia la ventana, mirando Rixon
pasar.
Todo se va a ir a la mierda, y parece que no puedo encontrar una manera
de suavizarlo. Quiero que hablemos. Para descubrir qué significa lo que
pasó esta mañana para ella. Para nosotros. Pero no hay tiempo ahora.
La casa de Hailee aparece a la vista y suspiro aliviado cuando me doy
cuenta de que el auto de Jason no está en el camino de entrada.
—Él ya debe estar en casa de Asher —le digo.
—Supongo.
Me detengo junto a la camioneta del Señor Ford y miro a Hailee. Ya no
está mirando por la ventana, pero tampoco me está mirando a mí.
—Hailee…
—Cameron…
Ambos nos reímos entre dientes, sus ojos brillando hacia mí.
—Tú primero —dice.
¿Por dónde empezar? Hay tanto que quiero decir. Pero parece que no
puedo ordenar mis pensamientos confusos, así que digo lo primero que se
me ocurre.
—Sabes que no podemos contarle a Jason sobre esto.
El dolor brilla en sus ojos.
—Claro, por supuesto. —Hailee agarra la manija de la puerta y empieza
a salir de la camioneta.
—Espera, mierda, eso no fue lo que quise decir.
—Está bien. —No me mira a los ojos—. Sé que no significa nada. Solo
fuimos nosotros resolviendo nuestras diferencias, ¿verdad?
Su mirada finalmente se desliza hacia la mía. Está enojada. Y ella tiene
todo el derecho de estarlo. Pero no puedo pensar con claridad.
—Hailee, eso no es lo que crees.
—Espero que tu mamá esté bien, de verdad. Adiós, Cameron —
murmura antes de empujar la puerta y escapar de mi camioneta. La
frustración se hincha en mi pecho. Está huyendo. Ella puede fingir que es
mi culpa, pero mi jodido error es sólo una excusa: la salida que estaba
buscando para escapar de mí. De nuevo.
—Esto no ha terminado, Hailee —le digo, mirándola fijamente,
retándola a negarlo. Sus labios se separan como si fuera a decir algo. Di
algo, ruego en silencio.
Pero en el último segundo, sacude un poco la cabeza y se aleja.
Capítulo 29
Hailee
Después de que Cameron me trajo a casa, paso el día escondida en mi
habitación, trabajando en mi proyecto de arte. Me las arreglé para encontrar
suficientes fotografías de los jugadores en acción en el almacén. Había
nueve en total. Lo que significa nueve retratos individuales. El señor Jalin
tiene razón; va a significar bastante tiempo de trabajo duro en el estudio,
pero le doy la bienvenida porque sé que valdrá la pena.
Después de esta mañana en la casa de Cameron, necesito una
distracción. Algo para ocupar mis pensamientos, así no me pasaré cada
minuto despierta repitiendo la forma en que me besó, la manera en que mi
cuerpo había cobrado vida ante cada caricia. Mi piel comienza a
hormiguear, mi estómago se aprieta cuando dejo que los recuerdos me
cubren. Frustrada conmigo misma, intento concentrarme en la tarea que
tengo frente a mí, eso es más importante.
Dibujar siempre ha sido una forma de relajarme, desconectarme de la
vida y perderme en nada más que el roce de un pincel contra un lienzo
nuevo o el rasguño de un lápiz finamente afilado contra una página
impoluta en mi cuaderno de dibujo. No puedo recordar un momento en que
no me haya encantado dibujar. Cuando era niña, siempre hacía garabatos y
coloreaba y hacía que mamá tallara papas de diferentes formas para poder
pintarlas de maneras diferente. Pero cuando nos mudamos con Jason y su
padre, se convirtió en mucho más para mí que un simple pasatiempo. Era
una forma de expresarme; para resolver mis frustraciones.
Y es sólo mío.
No necesito un equipo detrás de mí animándome o una audiencia
gritando mi nombre. De alguna manera, el arte es el extremo opuesto al
deporte y la ironía no se me escapa.
Y no es que nada más me guste, resulta que también soy bastante buena.
Mientras miro el dibujo de Cameron, no puedo evitar sonreír. He
capturado su fuerza y físico a la perfección. Sin darme cuenta, mis dedos
comienzan a aparecer sobre su rostro, cubierto por su casco. Despertar en su
cama esta mañana ha sido una sorpresa, pero no había sido tan incómodo
como esperaba.
Como debería haber sido.
De hecho, hubo momentos en que no se sintió raro en lo absoluto.
—¿Hailee, puedes venir aquí por favor? —La voz de mamá corta mis
pensamientos y dejo escapar un profundo suspiro.
—Estoy ocupada —grito, agregando más sombra alrededor del casco de
Cameron
—Es importante.
Renegando, cierro el cuaderno de dibujo y bajo las escaleras.
—¿Sí? —Me arrastro hasta la cocina.
—Esa actitud, jovencita. —Mamá me da una sonrisa juguetona.
—Lo siento estaba trabajando. —Saco un taburete y me dejo caer sobre
él—. La cosa de arte que el Señor Jalin y el entrenador Hasson me pidieron
que hiciera.
—Oh, sí —dijo Kent—. ¿Cómo va eso?
—Va bien, supongo. Aunque no es exactamente lo mío.
—Es fútbol americano, Hailee, no es el trabajo del diablo.
—Kent —dice mamá en voz baja.
Sacude su periódico, ofreciéndome una sonrisa de disculpa.
—¿Querías algo? —Trato de cambiar de tema, no queriendo entrar en
todas las razones por las que detesto el fútbol americano.
—Kent y yo hemos estado hablando, y desde que viniste al partido con
nosotros y a la cena del entrenador Hasson después —toma un sobre blanco
de la mesa—: Kent uso algunas de sus conexiones y bueno, feliz
cumpleaños, nena.
Le arranco el sobre, la emoción bailando en mi estómago mientras lo
arranco y saco el contenido.
—Me conseguiste las entradas —grito.
—Las conseguimos.
—Gracias —sonrío, saltando del taburete y abrazándola—. Muchas
gracias.
—De nada. —Mamá me devuelve el abrazo, riendo suavemente—.
Pero…
—Sin peros, mamá. —Desenredándome de ella, hago un puchero—.
Tengo dieciocho años.
—Todavía tienes diecisiete años por otras dos semanas y media, Hailee.
Y Nueva York es un viaje de tres horas y media que es… —su voz se apaga
mientras mira a Kent.
—Lo que tu madre está tratando de decir es que nos sentiríamos mucho
mejor de que fueras a Nueva York… si Jason te acompaña.
La sangre se me va a los pies.
—No.
—Hailee, sé razonable —reprende mamá—. Tenemos cuatro boletos
para la exposición. Pensamos que podrías llevarte a Flick, y Jason podría
preguntarle a Asher o a Cameron.
—¿Honestamente crees que querrán pasar el rato conmigo en una
exhibición de arte por mi cumpleaños?
Este día no podría ser peor. Primero, Cameron arruinó lo que había sido
uno de los mejores momentos de mi vida, y ahora mi mamá y mi padrastro
pretenden que yo juegue a la familia feliz con Jason, en mi cumpleaños,
nada menos.
—Prefiero no ir —digo, cruzando los brazos sobre el pecho.
—¿Ir a dónde? —Jason entra en la cocina y yo gimo en silencio.
—Obtuvimos entradas para Hailee para una exposición que quiere ver
en el Museo Metropolitano en Nueva York —dice mamá, y él se la queda
viendo como si se hubiera convertido en una marciana.
—¿La vas a dejar ir a Nueva York? ¿Sola?
Me erizo, mis dientes rechinando.
—Bueno, no. Felicity iría con ella, y esperábamos… —Mamá mira a
Kent nuevamente y finalmente él deja el periódico—. Nos gustaría que tú y
uno de los chicos las acompañen.
—¿Cuándo es?
No sé quién está más sorprendido: mamá, Kent o yo.
—¿Qué? —Jason agrega mientras todos lo miramos fijamente—. No
puedo perderme ni un partido, pero si es una semana de descanso, por mi
está bien.
—Es el diecinueve de octubre —dice mamá.
—Es en una semana de descanso.
—Eso lo resuelve entonces —ella dice—. ¿No son buenas noticias,
Hailee?
—Genial —me quejo, disparando dagas con los ojos a Jason. Mientras
que él me mira con los suyos entrecerrados, pero de alguna manera no hay
malicia en ellos.
¿Qué demonios está pasando ahora?
—Creo que el padre de Asher tiene un lugar donde podemos quedarnos,
le preguntaré.
—¿Quieres quedarte? —Suelto. Esto se pone cada vez mejor. O peor,
según como lo vea.
—Bueno, sí, a menos que planees dormir en el auto.
Kent se levanta de la mesa, yendo al lado de Jason.
—Esa es una gran idea, hijo. Estoy seguro de que los dos nos
sentiríamos mejor sabiendo que te estás quedando en algún lugar que es
propiedad de Neil. —Sus ojos se posan en los de mi madre y ella asiente
con una sonrisa.
—Solo una noche, nada más.
Una noche en Nueva York, nada más y nada menos con mi hermanastro
y sus amigos.
Mátame, camión.
—Y nada de irse de fiesta —él agrega, con expresión tensa. Jason
asiente, aceptando sus términos, pero veo el brillo travieso en sus ojos.
—Probablemente deberíamos ponernos en marcha si queremos alcanzar
la hora feliz en El Royal —dice Kent, mirando su reloj.
—¿Ustedes dos estarán bien? —Mamá nos mira dudosa—. Hay dinero
en el mostrador para que ordenen algo de comida y dejé algunos bocadillos.
—Creo que lo tenemos, Denise. —El labio de Jason se tuerce y le gana
una mirada severa de su padre. Él le dice a mamá que es hora de irse y salen
de la cocina, dejándonos a los dos solos.
—¿Por qué? —No pierdo el tiempo antes de preguntar.
—¿Por qué, qué? —Jason va al refrigerador y saca una cerveza para él.
—¿Por qué aceptaste ir a Nueva York?
—¿Necesito una razón? —Desenrosca la botella, se recuesta en el
mostrador y toma un gran trago de ella.
—El Metropolitano es un museo.
—¿Crees que realmente planeo ir a una estúpida exhibición de arte?
—Pero mamá dijo…
—Deja que tu mamá y mi papá piensen lo que sea que tengan que
pensar para respirar mejor. Podemos irnos juntos y cuando lleguemos allí,
cada uno se irá por su cuenta.
Por supuesto, ese es su plan.
Imbécil.
—Y aquí pensé que en realidad podrías tener un hueso decente en tu
cuerpo.
Da un paso adelante, su labio curvado en una sonrisa arrogante.
—El hecho de que haya tenido que tolerar esta mierda con Thatcher no
significa que seamos amigos. Ni en tus sueños, Hailee.
O, mejor dicho, en mis pesadillas.
—Jódete, Jason —gruño, sintiendo mi mandíbula tensarse.
Sus ojos brillan con algo, pero no me quedo para averiguar qué porque
ya me ha rebosado la copa.
Y no me importa.

~~~

Cuando llega el domingo por la mañana, mi estado de ánimo no es


mucho mejor. Gracias a mamá y Kent, tengo las entradas para una
exposición que desesperadamente quiero ver. Pero ahora vienen de la mano
con Jason. Dios, se veía tan presumido anoche cuando reveló su gran plan.
Básicamente había secuestrado mi cumpleaños para que él y sus amigos
pudieran ir a Nueva York y vivir la gran vida por una noche, porque,
aunque mamá había conseguido cuatro boletos, no tengo la ilusión de que
habrá cinco de nosotros viajando juntos.
Me estoy secando el cabello con una toalla cuando una notificación
suena en mi teléfono. Lo ignoro porque probablemente es Flick. Pero
cuando suena de nuevo y otra vez, finalmente me estiro sobre el escritorio y
lo agarro. Al desbloquear la pantalla, frunzo el ceño cuando veo la cantidad
de mensajes de texto que tengo de mi mejor amiga. Al abrir el más reciente,
siento que la sangre se drena de mi cara.

Flick: llámame. ¡Ahora!

Se me encoge el estómago, pero antes de que pueda responder, el


nombre de Flick aparece en la pantalla, su tono de llamada corta el silencio.
—¿Qué demonios? —Murmuro cuando golpeo en contestar.
—¿Hails? —Ella suena un poco sin aliento.
—¿Sí?
—Estoy afuera.
—¿A fuera de dónde? —Voy a la ventana y, efectivamente, estacionado
junto a la acera, está su Bettle amarillo—. ¿Por qué estás fuera de mi casa?
Mi voz tiembla cuando mi subconsciente lentamente comienza a
despertarse, las campanas de alarma suenan en el fondo de mi mente.
—Solo toma tus cosas y vámonos. Oh —agrega—. Y prométeme que
no mirarás Snapchat.
—No tengo Snapchat, lo sabes.
—Bien, eso está bien —dice, sonando distraída, mientras me pongo
unos zapatitos planos.
—Estaré contigo en un momento. —Mi corazón se estrella
violentamente en mi pecho.
—Está bien. —Flick suspira aliviada—. ¿Y Hails?
—¿Sí?
—Te quiero y lo siento. Lo siento mucho. —La línea se corta y miro mi
teléfono, mis dedos temblando. Antes de saber lo que estoy haciendo, abro
la tienda App y encuentro el ícono de Snapchat. Prométeme que no mirarás,
ha dicho. Dejando escapar un gemido frustrado, meto mi teléfono en el
bolsillo y agarro mi bolso.
Sea lo que sea, no puede ser peor que la última broma de Photoshop de
Thatcher.
¿O sí podría?
Pero cuando salgo de la casa y veo la expresión sombría de Flick, sé que
estoy equivocada.
Simplemente no anticipé cuánto.
Capítulo 30
Cameron
Xander se arrastra sobre mis piernas, moviendo su pequeño auto arriba
y abajo, haciendo todos los ruidos que lo acompañan.
—Espera, amigo —le digo, sintiendo mi bolsillo vibrar. Logro sacar mi
teléfono sin interrumpir su juego.

Asher: Necesitas ver esto.

Es un enlace sin descripción. Lo abro y mi mundo se desvanece.


—¿Ameron? —La voz de mi hermano me sorprende.
—Hmm, lo siento, amigo, necesito… —Trago el enorme nudo en mi
garganta, sacándolo de mis piernas para poder pararme—. Volveré, ¿de
acuerdo?
—Kay, emano —dice. Había aprendido una nueva palabra gracias a
Asher, pero como Xan todavía no puede pronunciar bien la r muy bien,
hermano se convirtió en “emano”.
Camino hasta el final del estudio y llamo a Asher.
—¿Qué coño estoy mirando? —Siseo tan silenciosamente como puedo.
—No estoy completamente seguro. Thatcher publicó el enlace en su
historia de Snapchat. Parecía sombrío, así que lo revisé.
—Es… ella —casi me ahogo con las palabras—. Es Hailee.
—Joder —dice Asher—. Quiero decir, sí, lo pensé, pero, mierda.
—¿Ya Jase ha visto esto?
—No lo sé; él viene en camino.
—Mantenlo allí. Lo digo en serio, Ash, no dejes que se vaya.
—Vamos, hombre, sabes que se va a poner como loco cuando vea esto,
si aún no lo ha hecho.
Mis notificaciones comienzan a estallar, los persistentes pitidos
dificultan la concentración.
—Mierda, está en todas partes —Asher deja escapar un largo suspiro—.
Mi teléfono está enloqueciendo con tantas notificaciones.
—El mío también —digo en voz baja, mirando a Xander que todavía
juega con sus juguetes—. Tengo que irme.
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé, pero Hailee…
—Mierda, se volverá loca cuando vea esto, si todavía no lo ha hecho.
Por eso es por lo que necesito llegar a ella.
—Te llamaré más tarde. Solo asegúrate de que Jase se quede en tu casa,
¿de acuerdo?
—Sí, sí, yo me encargo.
—Hey, amigo. —Voy con Xander y lo levanto—. Vamos a buscar a
mamá y papá, ¿de acuerdo?
Ella pasó todo el día de ayer en el hospital para monitorearla, pero al
final la dejaron venir a casa y esta mañana se veía mucho mejor.
—Soy Aze el Monster Achine. —Da vueltas a su automóvil por el aire
mientras lo llevo por el pasillo hasta la cocina, donde mis padres están
sentados en el mostrador del desayunador mirando unos papeles.
—¿Todo bien? —pregunto.
—Todo está bien. —Mi madre sonríe con calidez, pero algo no me
parece sincero, y lo hace mientras le entrega unos papeles a mi papá y le
tiende los brazos a Xander—. ¿Y cómo está mi niño favorito?
—Mamá, soy Aze —grita de alegría.
—Claro que sí, bebé. —Ella revuelve su cabello, presionando su rostro
más cerca de él.
—Necesito salir. ¿Van a estar bien?
—Estamos bien, hijo. —Mi papá ha recogido los papeles en una
ordenada pila—. Haz lo que necesites hacer. Vamos a llevar a este pequeño
monstruo a comer un helado y luego al parque, pero nos gustaría sentarnos
más tarde para hablar contigo sobre algunas cosas, ¿de acuerdo?
Se me encoge el estómago.
—¿Qué cosas? —Miro entre ellos, intentando leer entre líneas. Pero
cuando mi mamá baja la mirada, protegiéndose detrás de mi hermano, lo sé.
Y el hoyo en mi estómago se abre de par en par.
—Me puedo quedar —le digo—. Si es importante, puedo…
—Ve —mi papá se levanta y viene hacia mí, apretando mi hombro—.
Puede esperar hasta más tarde. Diles a los chicos que dije felicidades por la
victoria del viernes.
—Yo, hmm ... sí, está bien. —Mis ojos se vuelven hacia mi mamá y
Xander, ella me regala una sonrisa débil. Algo está mal, algo para lo que
necesitan contarme mientras estoy sentado y calmado. Me siento sin
aliento. He estado esperando semanas para saberlo y ahora, el día que
deciden que están listo para saber la verdad, necesito llegar a Hailee.
Mierda.
—Estará bien —agrega mi papá cuando no me muevo—. Todo estará
bien, hijo.
Pero ya no le creo.

Quince minutos después, me estaciono frente a la casa de Felicity y


apago el motor. Estaba a punto de enviarle un mensaje de texto para
averiguar dónde estaba Hailee, cuando ella me había ganado mandándome
un mensaje. Agarrando mi teléfono, rápidamente le envío un mensaje de
texto a Asher haciéndole saber que estoy con Hailee. Su respuesta es
directa.

Ash: Jase está aquí, pero está listo para matar a alguien.
Podría necesitar refuerzos

Una idea loca aparece en mi cabeza, pero algo me dice que lo haga.
Felicity haría cualquier cosa por su mejor amiga.

Yo: Le voy a pedir a Felicity que vaya

Ash: ¿Te has vuelto loco? ¡Él no la soporta!

Yo: Solo déjala entrar cuando llegue

Ash: Espero que sepas lo que estás haciendo…

No estoy seguro de saber nada más. Entonces, ignorando su mensaje de


texto, inhalo profundamente y salgo de mi camioneta, dirigiéndome a la
casa de Felicity. La puerta se abre y Felicity me fulmina con la mirada.
—Ella está arriba. —Su voz es plana cuando se hace a un lado para
dejarme pasar—. No quiere hablar conmigo sobre eso. Y sé que no es mi
culpa, pero no puedo evitar pensar que si hubiera hecho más en la fiesta
entonces…
Solloza sus palabras mientras entierra la cara en sus manos.
—Hey —digo, sintiéndome como una mierda—. No es tu culpa.
Felicity me mira.
—Tienes razón. Esto es tu culpa. —Sus labios se aplanan en una línea
sombría—. Bueno, la culpa es de Jason. Pero eso te hace culpable por
asociación.
—Felicity, por favor…
—No, nada de por favor, Cameron. Alguien la drogó, la desnudó y la
filmó… —Traga saliva y una nueva ola de lágrimas le recorre la cara—.
Esto ha ido demasiado lejos. Le dije que se detuviera. Le dije que dejara
esta estúpida rivalidad con Jason. Le dije...
Pero no habría importado. Thatcher quería venganza. Quería humillar y
lastimar a Jason de la misma manera en que él lo había hecho.
Y Hailee era el blanco perfecto.
—Necesito que hagas algo por mí —le digo.
—¿Yo? —Su voz tiembla, sus ojos verdes muy abiertos con
incredulidad.
—Sé que es mucho pedir, pero necesito que vayas a la casa de Asher y
le ayudes a convencer a Jase de que no haga algo estúpido.
La sangre se drena de su rostro.
—¿Qué quieres que yo vaya a qué? —pregunta, aclarándose la garganta.
—Sé que puede ser difícil. —Felicity se burla de eso—. Pero lo último
que necesitamos en este momento es que Jase cruce el río y haga algo que
solo empeorará las cosas.
Sin mencionar poner en peligro todo su futuro.
—Cameron, no sé…
—Por favor. No hay nadie más a quien pueda pedírselo. —Y hay algo
en ella. La forma en que había tomado el control esa mañana en la cocina
de Asher, haciéndonos a todos desayunar como si realmente mereciéramos
su amabilidad.
—Bien. Bien. Pero me debes una. Y será mejor que encuentres una
manera de arreglar esto porque mi mejor amiga está allá arriba y ella está
destruida. Deshecha, Cameron. Y lo odio. Odio verla así.
Me paso una mano por la cara, la sangre late entre mis oídos. Felicity
tiene razón, por supuesto que tiene razón. Jason, Asher, incluso yo, todos
tenemos algo que ver al arrastrar a Hailee a esta mierda.
Felicity está ocupada poniéndose los zapatos cuando dice—: Mi
habitación es la última a la izquierda. Te enviaré un mensaje de texto
cuando hayamos contenido a Jason. Y no te preocupes por mis padres, están
fuera de la ciudad por la noche.
Sonrío al escuchar eso.
—Gracias.
—Y hay una caja de brownies en el mostrador de la cocina. —Ella
señala el pasillo—. Son sus favoritos.
—Brownies, lo tengo.
—Y, por último, no la lastimes. Sé que ustedes dos tienen esta cosa
extraña en la que ambos fingen que no les importa. Pero a ella le importa.
Hailee está interesada en ti Cameron; pero es demasiado terca para
admitirlo. Y creo que a ti también te interesa. Así que te advierto, como su
mejor amiga, si la lastimas, encontraré una manera de destruirte. Estoy
hablando por completo de la venganza al estilo Carrie.
Me ahogo con el aliento en mis pulmones.
—Dios —murmuro.
—Hablo en serio, Cameron. —Sus ojos se estrechan peligrosamente.
Oh, no lo dudo. Asher tiene razón, son los silenciosos de los que te
tienes que cuidar.
Felicity me da una breve inclinación de cabeza y sale por la puerta,
libero el aliento que he estado conteniendo. Todo es un jodido desastre y lo
peor de todo es que aún no había terminado. Cuando tenga que ir la escuela
mañana, todos habrían visto el video de Hailee. Y ella tendría que caminar
por los pasillos de la escuela sabiendo que lo habían visto.
Mi puño se curva mientras trago el rugido que se acumula en mi
garganta. No puedo dejar que mis emociones se apoderen de mí, no
mientras Hailee está arriba. Así que lo guardo todo bien dentro de mí y voy
a buscar la caja de brownies y luego voy a buscarla.

~~~

Con los brownies en la mano y el corazón en la garganta, golpeo mi


nudillo contra la puerta solo para encontrarme con silencio.
—Hailee, soy yo. Cameron. —Así se hace, gilipollas.
Silencio.
—¿Hailee? —Me asomo por la puerta entreabierta—. Puedo en…
—No —espeta ella, apenas mirándome a los ojos.
—Lástima, Solecito, estás atrapada aquí conmigo. —Me deslizo dentro,
cerrando la puerta detrás de mí, consciente de que la acción parece absorber
todo el aire de la habitación.
Hailee está sentada en el medio de la cama de Felicity, con la espalda
presionada contra la cabecera, las rodillas dobladas, abrazando un cojín
rosado y esponjoso. Lágrimas silenciosas le recorren las mejillas. Parece tan
frágil y triste, un completo contraste con la chica con la que estoy
acostumbrado a tratar. Y la visión de ella me destripa, aprieta mi corazón
tan fuerte que pienso que puedo desmayarme.
—Lo siento mucho. —Me acerco, mis ojos revolotean entre el extremo
de la cama y la silla del escritorio. Optando por la opción más segura, dejo
caer la caja de brownies sobre el escritorio y tomo la silla.
—¿Tú… viste el video? —Ella palidece, una nueva ola de lágrimas
inunda sus ojos—. ¿Jason… lo vio?
Aprieto los labios y me pregunto qué demonios se supone que deba
hacer aquí.
—Oh Dios —gime.
—Oye, todo estará bien. Nos aseguraremos de eso.
—Probablemente toda la escuela lo haya visto ahora. No puedes hacer
que la gente no lo vea, Cameron.
No, no puedo. Pero puedo amenazar a cualquier hijo de puta que trate
de mencionarlo, por si acaso intentan mencionar alguna vez esa mierda en
los pasillos de la escuela.
—Sigo tratando de recordar lo que pasó —dice Hailee, su voz tranquila
—. Sigo intentando ver sus caras, escuchar sus risas, pero no hay nada. Eso
es lo que más odio. Que me hicieran eso y yo ni siquiera pueda recordarlo.
¿Y si ellos?
Ella tiene una arcada y el sonido está tan lleno de dolor que me abre el
pecho.
—¿Y si intentaron hacer… más?
—¿Más?
Sus ojos se deslizan hacia los míos, ensanchándose con significado.
—No —digo, poco dispuesto a creerlo—. Thatcher está jodido, pero no
lo haría. ¿Por qué, crees que alguien te lastimó?
Las palabras se atoran en mi garganta.
Asumí que el video era el final, pero ¿y si no lo fuera y si alguien
realmente la hubiera lastimado físicamente?
La bilis sube por mi garganta mientras respiro por la nariz, tratando de
no perder la calma.
—No, yo… no lo creo. No sentí nada. ¿Sabes? —Se encoge de hombros
como si no fuera gran cosa.
Pero es un gran problema.
—Joder —gruño, agarrando la parte posterior de mi cuello—. Y yo,
nosotros…
La había tocado ayer por la mañana. Yo. Después de que alguien podría
haber. Salto, caminando de un lado a otro.
—Cameron —dice Hailee, pero no puedo pensar con claridad. No
puedo sacar la imagen de mi cabeza de ella acostada allí, mientras alguien
le quitaba el vestido de su cuerpo, riendo, susurrando sobre cuánto la
deseaba, lo fácil que era.
La bilis sube por mi garganta. No se puede reconocer a nadie en el
video, el ángulo de la cámara se centra en Hailee. En su cuerpo.
La mano de Hailee se curva alrededor de mi brazo y me congelo, mi
corazón martillea en mi pecho.
—Está bien. Estoy bien. Yo sabría si sucedió algo y sé que no.
Pero podría haberlo hecho. Si Flick no la hubiera encontrado cuando lo
hizo, podrían haberlo hecho.
Lentamente, me vuelvo hacia ella. Los ojos de Hailee están rojos e
hinchados, y su sonrisa no los alcanza.
—Nada de esto está bien —digo en voz baja—. Cuando pienso en ellos
haciéndote eso ... de ellos posiblemente lastimándote, yo...
Tragando, envuelvo un brazo alrededor de su cintura, anclándonos
juntos, y bajo mi cabeza hacia la de ella, aspirando su aroma.
—Fue una broma cruel, Cameron. —Las dos manos de Hailee me
agarran de los brazos ahora, pero no puedo averiguar si ella me sostiene
más cerca o intenta mantenerme a una distancia segura—. Jason hará una
locura.
—Tranquila. —Presiono mi pulgar contra sus labios—. Jase es la última
persona de la que quiero hablar en este momento.
Esta mierda con Thatcher, entre él y Hailee, tiene que terminar.
Debería haber terminado hace mucho tiempo.
Sus ojos brillan de sorpresa cuando contiene el aliento tembloroso.
—¿Por qué estás aquí, Cameron, por qué viniste?
Es la pregunta que me hice más de una vez mientras conducía aquí.
Pero en el momento en que abrí ese enlace, no pude pensar en nada más que
llegar a ella.
—Porque me preocupo por ti, Hailee —confieso—. Me preocupo
mucho por ti.
Su expresión vacila y luego entierra su rostro en mi pecho, sollozando
en mi camiseta. Mis manos se deslizan en su cabello, haciendo que su cara
se vuelva hacia la mía.
—Arreglaré esto, lo prometo.
Aún no sé cómo, pero lo haré. Esto ha ido demasiado lejos. Hailee no
merece esto. Ella nunca se ha merecido nada de esta mierda.
Y yo había sido demasiado cobarde como para detenerlo.
Las lágrimas se acumulan en las esquinas de sus ojos y deslizo una
mano por su rostro, quitando las gotas de humedad con la yema del dedo
pulgar.
—No llores, Solecito —le digo. No puedo soportarlo.
La boca de Hailee se curva.
—Realmente odio cuando me llamas así.
—Y a mí me encanta la forma en que te sonrojas cuando lo hago.
—¿Qué estamos haciendo, Cameron? —Sus ojos me clavan en donde
estoy, buscando respuestas. Respuestas que quiero darle, pero no estoy
seguro de que esté lista para escuchar.
—Lo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo —me ahogo,
apretando mi agarre sobre ella.
Y luego la beso.
Capítulo 31
Hailee
—Cameron, espera. —Mis manos se deslizan hacia su pecho,
empujando suavemente. Él se echa hacia atrás, sus ojos ardiendo de lujuria
y algo que no quiero reconocer—. No podemos…
—Podemos —dice sin dudarlo—. Dime que no quieres esto, Hailee.
Mírame a los ojos y dime que no me deseas.
Te deseo.
Te deseo tanto que me aterroriza.
Pero las palabras están atrapadas en mi garganta y todo lo que puedo
hacer es devolverle la mirada.
—Hailee, he terminado de fingir —Cameron exhala, bajando su cabeza
hacia la mía—. Te deseo. Te he deseado desde el primer día que te vi.
—Solo éramos niños. —Pongo los ojos en blanco. No había forma de
que pudiera decir eso.
¿O sí?
Las manos de Cameron se deslizan por mis brazos, descansando sobre
mis hombros.
—Te deseo, Hailee Raine. A ti. —Sus ojos arden en los míos,
encendiendo un fuego en mi estómago.
—Pero si nosotros nos odiamos. —Es una pelea perdida. Una que sé
que ninguno de los dos quiere seguir luchando. El tirón de su boca en una
sonrisa me lo dice.
—No, Solecito, no es odio, es algo más.
Choco mis labios con los suyos. No quiero escuchar lo que él piensa
que es esta cosa entre nosotros, todavía no. Sólo quiero sentir. Olvidar.
Quiero que me ayude a escapar de la mierda en que se ha convertido mi
vida, aunque sea por un momento.
Cameron gime con aprobación mientras empujo mi lengua dentro de su
boca, presionando mi cuerpo contra el suyo. Pero no es suficiente. Necesito
más.
Lo necesito todo de él.
Mis brazos se enredan alrededor de su cuello y jalo hasta que caemos en
la cama de Felicity con una respiración entrecortada y una maraña de
miembros.
—Mierda… Flick —digo con voz áspera—. No deberíamos.
—Ella no está aquí. —Cameron me mira, su peso me aplasta de la
manera más perfecta—. Le pedí que fuera a calmar a Jase.
—¿En serio? —Mi ceño se levanta, insegura de cómo me siento al
respecto.
—Si quieres parar… —Él comienza a alejarse, pero mis dedos se clavan
en sus hombros.
—No quiero parar —exhalo, mi corazón se estrella violentamente en mi
pecho.
—Gracias a Dios. —El alivio se apodera de él y Cameron baja la cabeza
para besar mi mandíbula, moviéndose más abajo para chupar el hueco de mi
cuello. Un suave gemido se abre paso hasta mi garganta, derramándose
como un suspiro necesitado. Se balancea sobre sus cuclillas—. Arriba.
Me siento hacia adelante, dejándolo sacarme la camiseta sobre la
cabeza, temblando mientras sus dedos rozan mi piel desnuda. Cameron se
quita su camiseta y mis ojos beben centímetros y centímetros de músculos
bronceados. Nuestros ojos se conectan, mientras él se arrastra sobre mí,
presionándome contra el colchón.
—Quiero tocarte, Hailee. —Su mirada tiene una pregunta silenciosa, y
asiento, mi boca seca, todos mis pensamientos se han nublado por el deseo.
La anticipación vibra a través de mí cuando se inclina hacia adelante,
presionando un beso en la curva de mi pecho. Las manos de Cameron se
deslizan debajo de mi espalda, hurgando con el broche de mi sujetador, y el
material se desprende de mi cuerpo mientras lo saca, el aire frío baila sobre
mi piel sensible. Sus ojos se oscurecen con lujuria, la manzana de Adán
presionando contra su garganta mientras sus dedos trazan sobre mis
pezones.
—Perfecto —susurra, antes de capturar uno de ellos en su boca.
Me arqueo de la cama, sofocando un gemido.
—¿Te gusta eso, Solecito? —Cameron me mira a través de sus pestañas
oscuras. Al presionar mis labios, lucho contra una sonrisa, pero él ve a
través de mí, bajando su cabeza una vez más para darle a mi otro pecho la
misma atención. La sensación de su boca caliente, el roce de su mandíbula
contra mi piel hace que mi corazón lata violentamente, mi estómago se
pone tan tenso que jadeo su nombre.
Cameron chupa y mordisquea un camino desde mis senos hasta la
clavícula hasta la pendiente de mi cuello.
—¿Qué deseas, Hailee? —susurra contra la concha de mi oído enviando
escalofríos a mi columna vertebral.
—A ti —finalmente admito—. Te deseo, Cameron.
Todo su cuerpo parece relajarse mientras me sonríe. Esta vez no es
arrogante ni presumido, es genuino. Caliente. Y suaviza algo dentro de mí.
—¿Qué? —pregunta, todavía apoyado sobre mí.
—¿Es esto real? —Me muerdo el labio, la energía nerviosa me
atraviesa.
—Es real. —Cameron me besa, profundamente y sin prisas, su lengua
se arremolina con la mía mientras mueve sus caderas contra mí. No se
puede negar que él me desea, pero espero que él quiera más que solo este
momento.
Pero he ido ya demasiado lejos para preocuparme por las consecuencias
ahora. Lo necesito. Lo necesito de una manera que me confunde, me excita
y hace que mi cabeza nade entre las posibilidades. Sigue besándome,
tranquilizándome silenciosamente que esto es real. Que no voy a abrir los
ojos y descubrir que todo es un sueño.
Mis manos corren por su pecho, encontrando su camino hacia la cintura
de sus jeans y libero el botón, deslizando mis manos dentro, agarrándolo.
—Joder, Hailee —se atraganta cuando comienzo a acariciarlo. Está tan
duro y pesado en mi mano, su cuerpo responde a mi toque—. Eso se
siente…
Cameron traga, besándome de nuevo.
Pero luego su mano engancha la mía, sujetándola junto a mi cabeza.
—Tu turno. —Él sonríe, presionando un beso rápido en mis labios antes
de dejar mi cuerpo frío. Cameron se quita los jeans y el bóxer de las
caderas, antes de quitarme lo que queda de mi ropa.
—Podría acostumbrarme a esto. —Su mirada hambrienta recorre mi
cuerpo mientras se acaricia de arriba abajo. Pero solo tengo ojos para él. Su
cuerpo esculpido y hombros anchos, su cintura que resalta la deliciosa V
que la mayoría de las chicas sólo sueñan con tocar.
Vuelve a subirse a la cama, arrodillándose entre mis piernas. Pasa sus
manos por mis pantorrillas y me envía pequeños rayos de electricidad.
Bajándose sobre mí, se agarra, empujando su erección contra mi clítoris.
—Cam —jadeo—. C- condón.
—Espera —dice, su voz gruesa—. Solo déjame…
Se frota contra mí otra vez, deslizándose a través de mi humedad,
enviando deliciosas olas de calor a través de mí.
—Te sientes tan bien, Hailee.
—Más —jadeo, retorciendo los dedos en las sábanas—. Necesito más.
Mi cabeza rueda hacia atrás, y me doy cuenta vagamente del sonido del
papel de rasgándose, de las manos de Cameron entre nosotros. Y luego él
está allí, empujando dentro de mí, robando el aire de mis pulmones.
—Miiierdaaa —dice con voz áspera, dejando caer su rostro en la curva
de mi hombro. Unos cálidos labios me besan, chupando y saboreando,
mientras me aferro a sus hombros. Sus brazos se enganchan alrededor de
mis piernas, arrastrándome más cerca, mientras comienza a empujarse.
Lento al principio, golpeando un punto profundo dentro de mí que hace que
mi barriga se apriete y me quedo sin aliento en la garganta.
—Oh, Dios —sollozo mientras Cameron acelera el paso, conduciéndose
con golpes profundos. Lo encuentro en cada empuje, rodando mis caderas
para encontrarme con las suyas hasta que nada más que el sonido de piel
sobre piel y nuestros gemidos llenan la habitación.
—Joder, Hailee, no puedo… —murmura contra mi boca, nuestros besos
se vuelven desordenados; todos los dientes, la lengua y la desesperación
ardiente mientras ambos corremos hacia el borde.
Comienza como una ola suave rodando hacia la orilla y luego se estrella
sobre mí como un poderoso tsunami que me derriba, dejándome sin huesos
y sin aliento mientras me aprieto a su alrededor.
—Mierda —gruñe Cameron, enterrando su rostro en mi cuello,
chupando la piel allí de una manera que sé que dejará una marca, mientras
él se deja ir dentro de mí.
—Eso fue… —su voz suena apagada mientras ambos montamos en las
persistentes olas de placer.
Pero ninguna palabra parece hacer justicia a lo que siento. Estar con
Cameron ha sido increíble. Se ha sentido bien. Como una limpieza del
pasado. Pero, sobre todo, lo había cambiado todo.
Y no estoy segura de poder regresar a como era antes.

~~~
—¿Estás bien? —Cameron me pregunta mientras estamos recostados
uno al lado del otro algún tiempo después, los sonidos de nuestras
respiraciones desiguales finalmente vuelven a la normalidad.
—Lo estaré —digo, tirando de la sábana por mi cuerpo—. Flick me va a
matar.
Rueda sobre su costado, sus ojos sobre mí.
—No, no lo hará. Podemos comprarle sábanas nuevas.
Reprimo una carcajada.
—No puedo creer que hayamos hecho eso.
—Créelo, Solecito. —Cameron se inclina, presionando un beso hasta el
final de mi nariz—. Y eso es solo el comienzo.
¿Comienzo?
Seguramente no quiso decir eso.
—No te veas tan preocupada.
—¿Pero, qué hay de Jason? —Lo miro.
—¿Qué hay de él? —Cameron suena normal, pero noto el ligero tic en
su mandíbula cuando menciono el nombre de mi hermanastro.
—Por lo que sabemos, él fue quien puso a Thatcher en esto…
—Es un imbécil, Hailee, lo sé. Pero él sigue siendo tu hermanastro,
nunca haría eso. Además, él y Thatcher trabajando juntos, no lo compro…
Cameron se detiene y frunce el ceño.
—¿Cameron, qué es? —Sus ojos se habían nublado con algo.
—¿Te arrepientes? —Me roza la mandíbula, inclinándose para robarme
un beso.
—¿Te arrepientes de qué?
—De esto, de nosotros. —La vulnerabilidad brilla en su tormentosa
mirada, haciendo que mi pecho se contraiga.
—No, no lo hago.
No me arrepiento de nada de lo que sucedió entre nosotros este año
porque todo condujo a este punto. Acostada aquí en sus brazos, sintiéndome
segura y apreciada.
—¿Por qué? —pregunto—. ¿Tú te arrepientes?
Una pequeña sonrisa tira de la esquina de su boca.
—Lo único que lamento es de no haberlo hecho antes.
Le doy un manotazo en el pecho, pero Cameron me agarra de la muñeca
y me pone de costado.
—Supongo que Flick tuvo razón todo el tiempo.
—¿Y qué dijo exactamente Fee? —Sus cejas se levantan
juguetonamente.
—Ella parece pensar que todo esto, las bromas y demás, es una especie
de juego previo extraño.
—Supongo que se podría decir que así fue.
—Cameron, vamos…
Él se encoge de hombros, pasando su nariz por mi mandíbula. Aspiro
con dureza, mis ojos revoloteando, cientos de mariposas volando en mi
estómago.
—Nunca te he odiado, Hailee. Odiaba no poder tenerte. Pero Jase…
—No —insisto—. No arruines esto.
Cualquier mención de mi hermanastro solo está destinada a reventar la
burbuja temporal de dicha que habíamos creado para nosotros.
—Sabes, tendremos que hablar de esto, nosotros, eventualmente —él
dice.
—Lo sé. Yo quiero que sea nuestro por un tiempo más.
Cameron asiente, inclinándose para capturar mis labios nuevamente.
Nuestras lenguas se arremolinan en largas y perezosas lamidas.
—¿Puedo decirte algo? —pregunta finalmente alejándose.
—Cualquier cosa. —Alejándome para poner algo de espacio entre
nosotros, lo miro a los ojos—. Tú puedes decirme cualquier cosa.
—Tengo miedo, Hailee. Estoy tan jodidamente asustado de que mi
mamá esté mal.
Oh, Dios, su mamá. Ni siquiera había pensado preguntarle cómo estaba
porque había estado lidiando con mi propia crisis.
—Está ella…
—Ella está bien. La dejaron ir a casa anoche después de algunas horas
de monitoreo, pero los encontré revisando todos estos documentos y ambos
actuaban con cautela. Mi papá dijo que querían hablar conmigo esta noche,
que todo iba a estar bien, pero tengo este presentimiento… —Su voz se
quiebra y mi corazón se rompe junto con él. Envolviendo mis brazos
alrededor de él, atraigo a Cameron hacia mí—. Se supone que este año es
mi año, Hailee. Se supone que debo estar entusiasmado con la universidad,
con el futuro. Y todo lo que puedo pensar es qué pasa si algo está mal,
realmente mal…
—Está bien —digo suavemente—. Estoy segura de que todo va a estar
bien.
—Y lo peor es —Cameron se echa hacia atrás para mirarme, su
expresión golpeada—: No puedo decirle a nadie. Quiero decir, Ash sabe
algunas cosas, pero Jase no lo entiende. No entiende porque el fútbol
americano lo es todo para él. Su objetivo final. Pero tengo que pensar en
Xander, mi familia. Mi padre quiere que me concentre en el deporte, en
ganar el estatal, pero ¿qué tipo de persona me convierte en eso?
—Cameron, tienes dieciocho años. Es el último año, estoy segura de
que si las cosas estuvieran… bueno, estoy segura de que tu padre te lo diría
si necesitara más ayuda.
Me da una pequeña sonrisa, pero se sigue viendo triste.
—Ya no sé nada —suspira—. El fútbol, el equipo… Jase; siempre me
parecieron tan importantes, pero ahora mamá podría estar enferma,
realmente enferma, y tú estás atrapada en el fuego cruzado en esto con
Thatcher y yo simplemente no sé.
—Ssh. —Presiono mis labios en la esquina de su boca—. Estoy aquí,
estoy aquí.
Estaré aquí mientras me necesites.
Cameron se aferra a mí como si fuera una balsa salvavidas y él se
estuviera ahogando, y me doy cuenta de que hay mucho más en el tipo
irritante y arrogante que sé que es. Está soportando el peso del mundo; las
presiones y expectativas del equipo contra la situación de su familia. Y
ahora, por razones que todavía no entiendo, él también se había ocupado de
mis preocupaciones.
He pasado casi seis años odiándolo. Por ser el compañero de Jason. Por
estar cerca, incluso por ayudar a mi hermanastro a hacer que mi vida fuera
un infierno. Odiaba a su estúpido equipo de fútbol, eso no ha cambiado.
Odio lo que ellos defienden, lo que representan. La forma en que las
personas adoran el suelo sobre el que caminan y excusan su
comportamiento de mierda porque usan un jersey azul y blanco. Odio toda
la maldita institución.
Pero tampoco puedo negar que, aunque odio a los Rixon Raiders con
cada fibra de mi ser, estoy bastante segura de que me estoy enamorando de
uno.
Capítulo 32
Cameron
Dejé a Hailee dormida en la cama de Felicity. Ella estaba exhausta.
Después de hablar, besarnos y tocarnos un poco más, ella comenzó a
bostezar. Así que le dije que descansara un poco y que vendría a verla más
tarde. Necesito un poco de aire. No de Hailee, ella ha sido perfecta. Todo lo
que necesito y ni siquiera me había dado cuenta. Pero ella había dicho algo
cuando estábamos juntos, algo que no podía sacudirme.
Dirigiéndome a la casa de Ash, apenas me sorprende pasar a Felicity
cuando sale, Asher pisándole los talones.
—No sé si quiero saber qué pasó aquí —Le digo mientras los dos la
vemos salir de la casa, con los puños apretados a los costados, la ira
saliendo de ella en oleadas.
—Solo Jase siendo su regular gilipollas. —Él se encoge de hombros—.
Voy a asegurarme de que ella esté bien.
Le asiento y él se va tras ella. Al menos ahora tenemos la casa para
nosotros. Encuentro a Jase en la cocina, tomando una bebida de proteínas
de aspecto chistoso.
—¿Fuiste tú? —Lo miro a los ojos y le ruego a Dios que Hailee este
equivocada.
—¿Qué mierda dijiste? —Los ojos de Jase se estrechan peligrosamente
mientras se eleva a su altura máxima.
—Dime que no lo hiciste. Mírame a los ojos y dime que no arreglaste
todo esto para arruinarla.
Ni siquiera lo había considerado hasta que Hailee plantó la semilla. Pero
mientras yacía allí, mirándola, se había arraigado, convirtiéndose en algo
feo. Algo que no pude parar de pensar.
Sin embargo, es algo difícil de considerar. Jason odia a Thatcher, por lo
que la idea de que se coludieran para lastimar a Hailee está fuera de
discusión. Especialmente dada la historia entre ellos. Pero no puedo evitar
preguntarme si él había tenido algo que ver en todo lo que sucedió y como
sucedió.
—Crees que tuve algo que ver con… —Se pasa una mano por la cara,
dejando escapar un profundo suspiro—. No, no lo hice. Pero una parte de
mí desea haberlo hecho. ¿Es eso lo que quieres escuchar?
—Pero Aimee…
—Aimee no tiene nada que ver con esto.
—Te follaste a la hermana de Thatcher y le enviaste un video de ustedes
haciéndolo. —Fue algo bajo, incluso para mi mejor amigo, y había
aumentado las apuestas en su guerra. Pero había tenido sus razones. Por
muy errático que sea su comportamiento, Jase nunca actúa sin motivación o
provocación y Aimee lo lastimó de una manera que pocos lo habían hecho.
—Sí, bueno, ella es una perra intrigante que obtuvo lo que se merecía.
—Hay algo muy malo contigo; Lo sabes bien, ¿cierto? —Yo no supe lo
que planeaba hacerle a Aimee, pero incluso si lo hubiera sabido, no habría
podido detenerlo. Él la había dejado entrar, sólo para que ella se lo regresara
en su cara. Y en su lógica retorcida, Jason solo había estado matando dos
pájaros de un tiro.
—Vete a la mierda, Chase. No sabes cómo es caminar en mis zapatos.
—Ay si como no. Tienes toda esta maldita ciudad a tus pies. Pero eso no
significa que puedas caminar por encima de todo el mundo, Jase. Hay
consecuencias por tus acciones. El hecho de que no hayas apretado el
gatillo no significa que no tenga tus huellas por todas partes. Si no hubieras
comenzado esto con Thatcher, Hailee nunca habría quedado atrapada en el
fuego cruzado.
—¿Crees que me importa una mierda? —Él cruza los brazos sobre el
pecho y levanta una ceja. —No tienes idea de lo que es vivir con ella. Fingir
que todo está bien cuando no está jodidamente bien. Mi madre se fue por su
culpa.
—¿Hailee? —Frunzo el ceño, confundido—. Tu madre no se fue por
culpa de Hailee. Ella se fue porque tu papá no podía dejar de lado su
pasado.
Él estaba casado con el deporte, el futuro que había perdido, el futuro
que Jase tenía a su alcance.
La ira se enciende en sus ojos, el músculo de su mandíbula late.
—Estoy hablando de Denise, imbécil. Mis papás estaban resolviendo las
cosas hasta que ella apareció. —Casi escupe las palabras.
—Jase, vamos, se acabó. —Las cosas habían sido difíciles entre su
madre y su padre mucho antes de que Denise entrara en escena—. Esta cosa
con Hailee, no es justa. Ella no es su madre. No puedes seguir castigando…
—¿Crees que la estoy castigando? —Ladra con un brillo perverso en los
ojos—. No estoy castigando a Hailee; simplemente no me cae bien. Ella
piensa que su madre caga moneditas de oro. No tiene idea de qué perra
maldita es realmente. ¿Sabes que ella lo persiguió? Ella pasó meses
husmeando alrededor de mi padre mientras él y mi madre estaban tratando
de resolver las cosas. La pillé llamándolo, incluso los pillé casi una vez
follando y escuché que mi mamá lo descubrió todo.
—Mierda, hombre, no sabía.
—No, no lo sabías. —Su expresión es cautelosa.
—¿Nunca dijiste nada? —Pero entonces no es una sorpresa. Jase es un
libro cerrado para todos los que lo rodean. Yo incluido.
—¿Qué se supone que debía decir? ¿Mi padre, un héroe local, un
hombre al que todos adoran, es un hijo de puta infiel que se preocupa más
por mojarse la polla con alguna ramera que por arreglar su matrimonio?
—¿Sabe que lo sabes?
—¿Qué piensas? —él gruñe.
El señor Ford no lo sabe. Si lo hiciera, no había forma de que Jase
hubiera estado viviendo bajo su techo porque la bomba habría explotado
hace mucho.
—¿Podrías haberte ido con tu madre, mudarte a Pittsburg y haber
transferido escuelas?
—¿Y arriesgar todo mi futuro?
Incluso ahora, con la verdad expuesta ante él, todo se reduce al fútbol
americano. No puedo culparlo por resentir a la madre de Hailee. Odiarla,
incluso. Pero Hailee no es su madre. Ella no es la parte responsable aquí.
Ella era solo otra niña inocente atrapada en el desastre que sus padres
crearon.
Y ella no tiene idea de la verdad de la situación.
—Lo entiendo —admito—. Yo también la odiaría. Pero Hailee es otra
cosa.
—Hailee es una perra santurrona que cree que es mejor que yo. Ella
siempre lo ha hecho. ¿Sabías que su viejo era un gran jugador de fútbol
americano en la universidad?
Sacudo mi cabeza, la ira ondeando por mi columna vertebral por la
forma en que habla de ella. Pero no estoy a punto de comenzar algo que no
estoy seguro de poder terminar.
Jase continúa—: Sí, fue corredor para los Rutgers. Embarazó a Denise
cuando estaban en el tercer año y la dejó a cargo del bebé mientras él
perseguía el fútbol americano y con quien acostarse.
—No tenía ni idea. —Pero explica algo de la actitud de Hailee hacia el
fútbol, hacia nosotros. Hacia el equipo.
Había crecido sin padre porque él eligió el juego, la vida, antes que ella
y a su madre.
—¿Si la odias tanto, por qué no le has dicho la verdad?
Los ojos de Jase se oscurecen, pero veo la vacilación allí. Cuando él no
responde, agrego—: ¿Sabes lo que pienso? Creo que la estás atacando
porque no puedes ir tras Denise. En el fondo, sabes que tu padre elegirá a
Denise porque la ama, y la gente hace una locura en nombre del amor. Y
eso te asusta.
Conozco al señor Ford desde que yo era un niño y nunca lo había visto
actuar con la primera señora Ford, como lo hace con Denise. No sólo la
ama, la adora. Y por primera vez, Jason no es la primera cuerda en la vida
de su padre.
—No sabes de qué mierda estás hablando.
—¿No? —Sabe que tengo razón. Jason todavía es un niño de doce años
que descubrió que su padre se había enamorado de otra mujer.
—No —la voz de Hailee atraviesa la habitación y mi estómago se
hunde. Mierda, se supone que ella no debía estar aquí. Se supone que debía
estar en la casa de Felicity, donde la había dejado dormida.
—¿Qué coño estás haciendo aquí? —Gruñe Jase.
—Vine a buscar a Flick; ella no contestaba su teléfono.
Se queja de algo por lo bajo, la irritación irradiando de él, pero Hailee
agrega—: Estás bromeando, ¿verdad? Lo que dijiste sobre mí, sobre mi
madre. ¿Es una broma cruel?
El dolor en su voz me atraviesa como balas. Quiero darme la vuelta y
decir algo para consolarla, para arreglar esto, pero estoy enraizado en el
lugar, incapaz de moverme, el peso de su mirada arde en mi espalda.
—Es la verdad, hermanita —dice Jase burlonamente, y quiero clavarle
el puño en la cara solo para callarlo—. Tu madre no es la mujer honorable
que crees que es.
—No —susurra, con la voz quebrada—. No te creo, estás mintiendo.
Otra vez estás tratando de lastimarme.
—¿No te sientes tan engreída ahora, verdad? —Jase se ríe amargamente
—. Me odias, odias todo lo que defiendo porque tu padre era un pedazo de
mierda que no se puso de pie y se responsabilizó por sus errores, pero eso
no impidió que tu madre hiciera una jugada sobre mi padre. Ella
prácticamente le rogó que la follara. Estaba lista para abrir las piernas como
una…
—Necesitas retroceder. —Me pongo delante de Jason, protegiendo a
Hailee de él.
Sus labios se curvan en una sonrisa viciosa cuando se da cuenta de la
verdad, oscureciendo su mirada.
—Lo sabía. Sabía que ella te ponía jodidamente duro. Todos estos años,
seguiste mi mierda, jugaste el juego, pero no fue para mi beneficio,
¿verdad? Fue para ella. La estabas protegiendo. La elegiste a ella sobre mí.
—¿Te elegí, recuerdas? —Le doy una mirada aguda, mis puños se
cierran a mis costados mientras me obligo a mantener la calma, a no
dejarme llevar por su juego malicioso.
—No, hombre. —Jase sacude la cabeza—. No me elegiste. La elegiste a
ella. ¿Te la estás follando?
El fuerte aliento de Hailee me hace estremecerme. Pero no me doy la
vuelta para mirarla todavía, no puedo.
—Te hice una pregunta. —Él se rasca la mandíbula, esperando una
respuesta.
—No —miento, odiándome a mí mismo. Miro a mi mejor amigo a los
ojos y miento. Pero sé que, si confieso, esto terminaría mal. Mucho peor de
lo que ya se puede esperar.
—¿Pero quieres, no?
—Jase, hombre, vamos. No hagas esto.
—¿Hacer qué, preguntarle a mi mejor amigo si durante todo este tiempo
ha estado planeando apuñalarme por la espalda y todo por una perra creída?
—Sus ojos pasan por encima de mi hombro hacia Hailee y mi columna se
pone rígida.
—No es así y lo sabes. —Mis dientes se aprietan detrás de mis labios
mientras trato de controlar la ira que hierve en mis venas. Pero por mucho
que quiero protegerla, defender el honor de Hailee contra Jason y su lengua
cruel, necesito que sus ojos estén lejos de ella y más en mí.
—No, ya no sé nada. —Él inclina la cabeza y se frota la mandíbula con
dureza—. Confié en ti. Te confié mi vida. Fuimos tú y yo, hermano. Íbamos
a ser imparables. Nada se interpondrá entre nosotros, ¿recuerdas?
Jase se come la distancia entre nosotros hasta que nos encontramos cara
a cara, mirándome como si ya no me reconociera. Golpeando su hombro
contra el mío, dice—: Espero que ella valga la pena. —Y luego sale de la
cocina.
Suelto el aliento que he estado conteniendo, girándome lentamente para
mirar a Hailee. Está pálida, su rostro es una máscara de tristeza mientras
lágrimas silenciosas corren por sus mejillas.
—Hailee, yo…
—No lo hagas. —Su voz tiembla mientras retrocede—. No lo hagas.
—Lo siento. Lo siento mucho.
El silencio nos envuelve. Pesado y sofocante. Pero no sé cómo
solucionar esto. Se suponía que ella no debía estar aquí, se suponía que ella
no debía escuchar nada de esto.
Después de unos segundos, Hailee finalmente rompe la tensión.
—¿Es verdad, él estaba diciendo la verdad?
—Yo...creo que sí. —Trago, mi garganta seca. Jason es muchas cosas,
pero no es un mentiroso. Si hace algo, siempre es dueño de esa mierda.
—Pero mi mamá no… ella no haría eso. —Hailee cruza sus manos
temblorosas alrededor de su cintura, como si se estuviera sosteniéndose—.
No después de lo que le hizo mi papá…
—Incluso los adultos cometen errores, Hailee.
—¿Y Jason, qué quiso decir con que me hayas elegido?
Mierda.
¡Mierda!
—Yo, hmm… —Me aclaro la garganta, tratando de desalojar el jodido
bulto gigante atrapado allí—. Tal vez deberíamos hablar de esto en otro
momento.
—No, creo que deberíamos hablar de esto ahora. —Me fulmina con la
mirada y quiero que el suelo se abra y me trague entero. Nada de esta
conversación terminara bien, no después de la revelación de Jase. Pero ella
me está mirando con esos ojos de color miel, persuadiéndome de todas mis
verdades, sé que tengo que confesar.
—Sexto grado, cuando te mudaste con Jase y su padre.
—Yo lo recuerdo. Pensé que querías ser mi amigo. —La tristeza se
apodera de ella.
—Yo quería. —Mi pecho se aprieta—. Me agradabas. Eras un soplo de
aire fresco, siempre te enfrentaste a Jason y te negaste a rendirte ante él. Te
admiraba.
—¿Qué cambió? —dice con frialdad, lo mordaz en su voz convierte mi
sangre en hielo.
—Jason comenzó a ponerse celoso. Nunca dijo nada, pero me di cuenta
de que cuanto más hablaba contigo, más se burlaba de ti. Justo antes del
verano, se lo hice saber y me dijo que tenía que elegir. Él o tú.
El dolor pasa por su rostro.
—Y tú lo elegiste.
—Sé que no tiene ningún sentido, Hailee, pero no lo elegí, te elegí a ti.
Vi la forma en que Jason te miraba. Él te odiaba. Estaba en mal estado y
realmente no lo entendía, pero sabía lo cruel que podía ser. Sabía que nunca
te dejaría en paz si yo admitía la verdad.
—¿La verdad?
—Me gustabas. Incluso en aquel entonces, cuando era demasiado joven
para entender a las chicas o algo así. Sabía que eras diferente. Fuiste la
primera chica con la que siempre quise estar, para conocerla.
—Hiciste mi vida miserable ese verano.
—Lo sé. —La culpa me hace un nudo en el estómago cuando los
recuerdos me invaden.
Pasamos todo un verano burlándonos de ella, jugándole bromas,
robándole sus cosas y haciendo de su vida una miseria. Era como si Jason
me estuviera probando; haciéndome demostrar mi lealtad. Y lo había
aceptado porque esperaba que, si jugaba a sus juegos, eventualmente
retrocediera y la dejara sola. Pero no lo hizo. Y para cuando me di cuenta de
que no iba a hacerlo; fue muy tarde. Se había trazado una línea entre
nosotros. Hailee a un lado; Jason, Asher y yo en el otro. A medida que
pasaron los años, me dije que era lo mejor, que admitir lo que sentía por ella
solo agregaría combustible al fuego. Así que me mantuve alejado. Jugué los
juegos de Jase y, en algún momento, incluso los disfruté. Porque
provocarla, empujarla a tomar represalias, fue mi oportunidad de sacarle un
impulso, de prestarme atención.
Fue la única forma en que pude mantener un pedazo de Hailee Raine en
mi vida.
—¿Realmente se supone que debo creer, que todo este tiempo, estuviste
de acuerdo con sus estúpidos juegos porque ... yo te gustaba? —La duda en
los ojos de Hailee es suficiente para matarme, pero la miro a los ojos y
asiento.
—No tiene sentido…
—Tienes toda la razón, no lo tiene —escupe—. No somos niños,
Cameron. Esto ya no es la secundaria. Esta es mi vida. Y todo ha sido un
gran juego para ti. He sido un gran juego…
—¿Qué? —El pánico me araña la garganta—. No ha… eso no es…
—Necesito irme.
Se gira sobre sus talones y hace una línea recta hacia la puerta, pero
corro hacia ella, enganchando su muñeca.
—Espera —me atraganto—. Tenemos que hablar de esto.
Queda mucho sin decir. Demasiado que necesito intentar explicar. Pero
cuando Hailee se encuentra con mi mirada salvaje, veo la derrota en sus
ojos.
—Sabes —dice en voz baja, su tono plano me abre el pecho—. Siempre
supe que tenía razón sobre ti. No puedo confiar en ti.
Ella se encoge de hombros y huye, llevándose un pedazo de mi corazón
roto y ensangrentado.
Esta mañana había sido uno de los mejores momentos de mi vida. No se
había sentido como una traición o un juego. Se había sentido real.
Tan cierto como el sol.
Ahora parece como que fue hace mucho tiempo.
Pero ahora, a la dura luz del día, todo se había ido a la mierda. Y no
puedo evitar pensar, que tengo que culparme a mí mismo.
Capítulo 33
Hailee
—Hailee, cariño, ¿está todo bien? —La voz de mamá se cuela a través
de la grieta en la puerta, pero la ignoro, al igual que las tres veces anteriores
que ha venido a verme.
Después de escuchar el argumento de Jason y Cameron, hui de la casa
de Asher y me escondí en mi habitación. Todo lo que creía saber era
mentira. Mi mamá y Kent no se habían conocido después de que él y la
mamá de Jason se separaron, para nada. Mi madre era la otra mujer. Y todo
este tiempo, Jason lo sabía.
Lo sabía y nunca había dicho una palabra.
No era de extrañar que odiara a mi madre, o a mí, por ese hecho.
Siempre he sido tan crítica sobre él y los Raiders. Marcada por mis propias
experiencias de crecer sin un padre debido al fútbol americano. Gary
Broker había sido una estrella en ascenso en la NCAA. No tenía tiempo de
criar un bebé, de jugar a la familia feliz con la chica que accidentalmente
embarazó. Tenía mejores cosas que hacer con su tiempo, el ciclo
interminable de chicas, fiestas y atención, y todo lo que tenía era un par de
fotos granuladas de él y ni un solo buen recuerdo. Incluso después de que
yo naciera, él no quería tener nada que ver conmigo. Hubo un puñado de
reuniones incómodas cuando era niña, pero no pasaron de mi séptimo
cumpleaños cuando finalmente maduró y se estableció con su otra familia,
la que realmente le importó una mierda.
Mi madre había pasado años metiéndome ideas en la cabeza,
diciéndome que no se podía confiar en tipos como él. Atletas. Deportistas.
Chicos que estaban más centrados en sus carreras que en conseguir una
buena chica. Pero todo fue una mentira. Porque nos habíamos mudado a
Rixon y ella había logrado oler a Kent Ford. Héroe de fútbol americano
local y leyenda en ascenso, si no hubiera sido por su accidente que terminó
su carrera.
Dios, fui tan ingenua.
Todo este tiempo, había odiado a Jason cuando mamá no solo lo había
traicionado a él, ella también me había traicionado a mí.
—Hailee —su voz me saca de mis pensamientos—. Voy a entrar, nena.
Ella aparece alrededor de la puerta, dándome una sonrisa preocupada.
—Has estado aquí horas arriba; te perdiste la cena.
—No tengo ganas de comer en este momento.
—¿Pasó algo ... con Jason? —Sus labios se fruncen como si fuera una
conclusión perdida—. Está actuando más gruñón de lo habitual.
Por supuesto que supondría que es por él. Porque durante años se había
mantenido al margen mientras nos atacábamos, y nunca había intentado
arreglar el desastre.
El desastre que ella había creado.
—¿Alguna vez ibas a decirme? —Las palabras se derraman de mis
labios.
—¿Decirte? —dice ella, sentándose en el borde de mi cama—. ¿De qué
demonios estás hablando?
—¿Cómo conociste a Kent, mamá?
Su expresión vacila, pero se recupera rápidamente.
—Conoces esa historia, nena. Nos mudamos a Rixon y Kent fue lo
suficientemente bueno como para ayudarme con una llanta ponchada y el
resto como dicen es historia.
—Lo sé todo.
—¿Lo sabes todo? —Ella inclina la cabeza—. Hailee, no estoy
segura…
—Jason me lo dijo. —Ella inhala bruscamente, el ruido perfora el aire y
mi corazón. Pero ella no dice nada. No trata de decirme que él está
equivocado, que ella no tiene idea de a qué me refiero—. ¿Sabías que él lo
sabía?
Escuché a Jason decirle a Cameron que no creía que su padre lo supiera,
así que supuse que ella no tenía ni idea.
—Sospeché que él sabía algo, sí. —Mi mamá baja los ojos, pero veo el
arrepentimiento allí, la vergüenza coloreando sus mejillas.
—Entonces, ¿es verdad, tuvieron una aventura?
—Nena. —Me alcanza, pero le arrebato la mano—. Los asuntos del
corazón nunca son tan sencillos.
Mi madre da un pequeño suspiro.
—¿Asuntos del corazón? —Me rio amargamente—. Rompiste su
matrimonio, mamá. Arruinaste la familia de Jason…
—No es tan simple. —El pánico se eleva en su voz ahora—. Kent y
Maryanne estaban teniendo problemas, él se sentía muy solo.
—¿Entonces, pensaste qué harías qué? ¿Ofrecerle un hombro para
llorar? Una cama cálida por la noche. ¿En algún lugar para que él escape de
su matrimonio de mierda?
—Hailee Raine —me regaña, su expresión endureciéndose—. Sé que
estás molesta, pero sigo siendo tu madre.
Lo cual es el punto de mi reclamo. Se supone que los adultos deben dar
el ejemplo, ser los que regañan a sus hijos por cometer errores. No de la
otra manera.
—Me mentiste —le digo—. Todos estos años, mentiste. Pasé años
asombrada de tu fuerza, mamá. Me criaste sola, nunca le pediste nada a
papá. Te admiré por no tomar la ruta fácil, por no conformarte con cualquier
viejo.
Y había habido bastantes en el camino.
—Y tuve que averiguar por Jason que todo era una mentira.
—Hailee, por favor, déjame explicarte... —Las lágrimas ruedan por sus
mejillas, pero no la consuelo.
No puedo.
—Me criaste a tu imagen, mamá. Me hiciste creer en la autoestima, en
nunca conformarme con algo menos de lo que merezco. Pero también me
endureciste. Todas esas historias advirtiéndome acerca de tipos como mi
papá, que me metiste en la cabeza. Y luego me trasladaste a una ciudad
donde el fútbol americano es más importante que cualquier otra cosa, y te
juntaste con una leyenda local del fútbol americano, nada más ni nada
menos. Y nunca me quejé. Ni una sola vez. Porque me alegré por ti. Porque
era tu momento de disfrutar la vida, de ser feliz. Y ahora descubro que todo
es mentira. Que fuiste tras Kent sabiendo que tenía una esposa y una
familia.
La miro fijamente, mis ojos son implacables.
—Vete —digo fríamente.
—Hailee, sólo espera un minuto…
—Dije que te vayas. Ni siquiera puedo mirarte en este momento.
—Hailee Raine. —Palidece.
—Fuera —grito—. VETE. VETE. VETE.
Las palabras salen de mi garganta como una explosión fea. Mi mamá
solloza en sus manos, huyendo de mi habitación. No tenía la intención de
perder la calma, pero no puedo mirarla. No puedo sentarme aquí y escuchar
sus excusas vacías.
Ella me ha mentido.
Día tras día, me había mirado a los ojos y me había ocultado este sucio
secreto imperdonable. Había pasado casi seis años viviendo con Jason,
tolerando su mierda, por ella. Porque ella era feliz. Porque ella merecía un
hombre que la tratara como merecía ser tratada.
Agarrando la almohada más cercana, la pongo contra mi cara, gritando
de frustración. Crecí sin un padre, pero nunca sentí que me hiciera falta.
Mamá era mi mamá y papá, todo en uno. Me abrazó cuando me lastimé,
lloró conmigo en películas tristes, me ayudó con proyectos de ciencias y
tareas. Donde mi padre había estado ausente en cada hito, mamá había
estado allí. Ciento diez por ciento. Eran completamente opuestos el uno del
otro.
Pero al final, resultó que tenían una cosa en común.
Ambos me traicionaron de la peor manera posible.

~~~

Algún tiempo después, me despierto con el sonido de gritos.


Desorientada, me siento, frotándome los ojos secos y doloridos. Había
llorado tanto que no estaba segura de que me quedaran lágrimas.
—La estabas follando mucho antes de que mamá se fuera —ruge Jason,
la ira en su voz es evidente incluso desde mi habitación.
—Jason, necesitas controlarlo, ahora. —Kent suena tranquilo, sereno,
mientras me arrastro por el pasillo con poca luz—. No tenías derecho a
decirle.
—¿Cuántas veces tengo que decirte? No se lo dije. Ella escuchó una
conversación entre…
—¿Crees que me importa cómo se enteró, hijo? Esa no era la forma
correcta.
—Crees que hay una manera correcta de descubrir que tu madre es una
rompe hogares que… —El sonido de un golpe en la piel atraviesa el aire y
me estremezco, bajando de puntillas las escaleras.
—Tócame otra vez —La voz de mi hermanastro es baja. Letal. Y por
una fracción de segundo, temo por el bienestar de Kent. Pero a pesar de ser
un imbécil como es Jason, no creo que realmente lastimaría a su padre.
—Jason, no. Lo siento. Simplemente no aprecio que hables de Denise
de esa manera. Esto es un desastre, hijo. Si tan sólo hubieras venido antes a
mí.
—¿Qué hubieras hecho? ¡Lo hubieras terminado? ¿Intentando arreglar
las cosas con mamá?
—Eso no es…
—No lo creo —gruñe Jason—. Mi madre se tuvo que ir. Ella se fue por
tu culpa. Por ella. Y te preguntas por qué no puedo soportarla a ella.
—Suficiente —espeta Kent—. Denise es mi esposa, Jason. Nada de lo
que podrías haber dicho o hecho iba a cambiar eso. La amo. Y lamento que
las cosas pasaron de la manera en que lo hicieron, realmente lo hago, pero
la vida no siempre es fácil, hijo. Es desordenada, difícil y a veces duele.
Estoy arraigada al lugar, mis dedos se curvan alrededor de la barandilla.
Nunca había escuchado a Jason y su padre discutir antes. No siempre eran
cordiales el uno con el otro, pero supuse que eso se debía a Jason. Estaba
desapegado, desprovisto de emoción. Pero ahora me doy cuenta de que
había mucho más de mi hermanastro de lo que parece y por mucho que no
quiera sentir simpatía por él, no puedo evitarlo.
He sabido la verdad durante unas horas, él había vivido con ella durante
años.
¿Por qué nunca me lo había dicho? No podría haber sido para
protegerme, eso no tenía sentido. Había expresado su desprecio por mí en
más de una ocasión. Pero una pequeña parte de mí no pudo evitar
preguntarse si quería evitarme el dolor que conlleva saberlo.
Una puerta se cierra de golpe, sacándome de mis pensamientos, y corro
escaleras arriba, encerrándome en mi habitación. Podría haber sentido
simpatía por Jason, pero Flick tiene razón, yo estoy endurecida. Porque,
aunque sé que tiene dolor, aunque sé que probablemente necesita a alguien
tanto como yo en este momento, no puedo ser esa persona para él.
No puedo perdonarlo.

~~~

Cuando llega el lunes por la mañana, estoy exhausta. Apenas he


dormido anoche. Mi conversación con mamá y la que había escuchado
entre Jason y Kent, se repitieron una y otra vez, hasta que mis sueños se
convirtieron en una realidad sesgada; mentiras y verdades se convierten en
una red enmarañada de incertidumbre. Jason no había regresado a casa y
supuse que se había quedado en casa de Asher o con su último acostón.
Escuché que Kent le aseguró a mamá que las cosas iban a calmarse, como si
la verdad fuera algo que todos podríamos esconder debajo de la alfombra e
ignorar. Pero lo que sea que necesiten decirse a sí mismos para llevar una
vida fácil.
—Buenos días, te ves como una mierda. —Las cejas de Flick se juntan
—. ¿Qué pasó?
—Es una larga historia.
—Tengo tiempo —mira el reloj en el tablero—, once minutos,
cuéntamelo todo.
Así que le cuento lo que sucedió, desde el momento en que Cameron
apareció ayer en su casa, hasta que escuché a Jason y Kent discutiendo
anoche.
—Está bien, déjame aclarar esto —dice, entrando al estacionamiento de
la escuela—. Tuviste sexo delicioso con Cameron; ¿descubriste que tu
madre y Kent tuvieron una aventura a espaldas de la señora Ford,
efectivamente terminando su matrimonio y Jason lo supo todo este tiempo?
—No te olvides de que Cameron fue un imbécil conmigo todos estos
años porque mi hermanastro lo hizo elegir entre él y yo. —Mis labios se
aplanan en una línea apretada.
—Ni siquiera sé por dónde empezar. Comencemos con el sexo. —Sus
ojos brillan con posibilidades—. Sí, definitivamente comencemos allí,
aunque me debes mucho por el hecho de que tuviste sexo en mi cama. ¿En
serio, por qué en mi cama?
Su nariz se arruga.
—Flick, concéntrate. —Gruño, enterrando mi rostro en mis manos, en
parte por vergüenza y en parte por la frustración de que incluso
estuviéramos hablando de esto—. ¿Escuchaste algo de lo que acabo de
decir? Cameron básicamente me trató como una mierda todos estos años
porque...
—Él te estaba protegiendo, obviamente —dice las palabras sin dudarlo,
con los ojos en blanco como le hace cuando piensa que estoy siendo una
tonta, mientras la miro.
—Protegiéndome, cierto.
—Vamos, Hails. —Se inclina, alejando mis manos de mi cara—. No se
puede negar que tiene un cierto romanticismo.
—Romanticismo —murmuro por lo bajo, empujando la puerta y
saliendo del auto. —Bueno, romántico o no, no estoy segura de cómo me
siento al respecto.
—Entonces, ¿no vas a tener una reunión de estilo Romeo y Julieta en la
cafetería? —Sus cejas se mueven y frunzo los labios.
—¿Sabes que ambos terminaron muertos? —Mi ceño se alza y ella
sofoca una carcajada—. Eso no va a suceder, Flick. Además, parece que has
olvidado un detalle muy pequeño, tengo que sobrevivir a eso primero.
Señalo a la multitud reunida, todos mirando en mi dirección.
—Mierda —silba entre dientes—. Quizás deberíamos saltarnos las
clases hoy. No estoy segura…
—No. —Me subo la mochila al hombro y comienzo a avanzar,
ignorando el coro de insultos.
Puta.
Prostituta.
La perra de los Águilas.
Me muerdo el interior de la mejilla, forzando la construcción de
lágrimas.
—No dejaré que Lewis Thatcher, o cualquier otra persona, me saque de
la escuela —digo con vacilante convicción.
¿Entonces todos habían visto el video de mí desmayada y desnuda?
Qué vergüenza por verlo en primer lugar. Tengo cosas más importantes
de las que preocuparme ahora. Al igual que mi madre la rompe hogares y
mis pensamientos conflictivos de un hermanastro que había pasado la
mayor parte de los seis años odiando.
Sin mencionar al tipo que consume todos mis pensamientos, pero me da
latigazos a cada oportunidad.
Flick se aplasta a mi lado, deslizando su brazo por el mío.
—O eres muy valiente —susurra, mientras su mirada fija envía señales
de advertencia a algunas chicas cercanas que señalan y ríen descaradamente
—. O muy estúpida.
—Sí —exhalo, sintiendo que las miradas prejuiciosas de mis
compañeros de clase se rozan contra mí cuando ingresamos a la escuela—.
Te haré saber cuál soy cuando lo averigüe.
Lo que realmente quiero hacer es girar y correr, alejarme mucho de
ellos. Pero no me acobardare. Hoy no. No sobre el video o mis compañeros
de clase. Yo soy mejor que eso.
Mejor que ellos.
Y se necesitaría más que esto para romperme.
Capítulo 34
Cameron
—Organícense, señoritas —el entrenador retumba por el campo
mientras yo tiro el balón por tercera vez esa mañana—. ¿Catorce, tenemos
un problema, hijo?
—No, señor —respondo, maldiciendo por lo bajo.
—¿Y tú, mariscal de campo, algo que quieras decirme?
—No, señor —Jase hace eco de mis palabras, mirándome a través del
campo.
No lo había visto desde que se fue ayer. Pero eso estuvo bien para mí;
tenía cosas más grandes con las que lidiar.
—Está bien, ejecútalo de nuevo. —El entrenador Hasson suena enojado
y no lo culpo. Estamos desenfocados, la tensión entre Jase y yo ondea por el
campo como una tormenta en el horizonte.
—¿Qué tal si intentas atraparlo esta vez? —Alguien se ríe entre dientes,
pero lo dejo pasar y me coloco en posición para la jugada.
—Hunt —la voz de Jase se hace eco a nuestro alrededor cuando Grady
le quita el balón, y yo despego, girando detrás de él y bajando por el lado
derecho del campo. Él deja volar el balón y yo sigo su proyección, pero
algo me llama la atención.
Hailee.
Ella está sentada en las gradas, con los lentes enmarcando su rostro, el
cuaderno de dibujo balanceado sobre sus rodillas.
—Madre de Dios —grita el entrenador, mientras mis dedos rozan el
cuero y la pelota rueda fuera de mi alcance—. Tráeme a la ofensiva. Ahora.
Suelto un profundo suspiro mientras corro hacia la banca, pero Jase se
para frente a mí.
—¿Qué demonios te pasa hoy? —dice con los dientes apretados y le
lanzo una mirada dura.
—¿De verdad tienes que preguntar?
—Tal vez deberíamos. Tal vez si transmitiéramos toda esta basura entre
nosotros, en realidad lograrías atrapar uno o dos pases. —Está cara a cara
conmigo ahora, nuestros hombros cuadrados, los ojos fijos el uno en el otro.
La cancha se ha quedado en silencio, la tensión crepita en el aire
mientras todos esperan para ver qué pasa.
—Aléjate, Chase —dice con frialdad.
—Tú vete a la mierda.
—Si ustedes dos no llegan aquí en los próximos dos segundos —dice el
entrenador—. Voy a golpear sus malditas cabezas.
Jase exhala un profundo suspiro y sacude la cabeza como si no pudiera
creer lo que acaba de pasar entre nosotros y luego hace algo que nunca
esperé.
Él se marcha.
Obligándome a respirar y calmarme, lo sigo, uniéndome al grupo.
—¿Me desperté en un universo alternativo donde mi receptor no puede
atrapar el maldito balón y mi mariscal de campo está gruñendo a sus
compañeros de equipo en lugar de hablarles con el maldito respeto que se
merecen? —Sus ojos se clavan en mí y en Jase cuando nos paramos hombro
con hombro, a pesar del vasto océano entre nosotros.
—Lo siento, entrenador —se queja Jase—. Han sido un par de días
difíciles.
Sus ojos se deslizan hacia los míos.
—¿Disculpa, que dijiste? —El entrenador Hasson ahueca su oreja—.
Porque sonaba como si te hubieras crecido un coño de la noche a la
mañana, Ford. Es la semana cinco. Estamos en la mitad del camino,
señoritas. ¿Crees que podemos permitirnos soltar el balón ahora, sin juego
de palabras, Chase? Los play-offs están casi a nuestro alcance, pero
debemos mantener la cabeza. ¿Me escuchas?
—Sí, señor —algunos murmuramos.
—Lo siento, no te escuché.
—Sí, señor. —Nuestras voces se funden en una.
—Bien, ahora sal y juega como el equipo que sé que pueden ser. Chase,
hijo, espera un momento.
Los ojos de Jase me siguen mientras yo me quedo atrás mientras todos
los demás se colocan en posición.
—¿Tengo que estar preocupado? —El entrenador no se anda por las
ramas—. Estás jugando al balón, arruinando las jugadas, y sé que llegaste
tarde al acondicionamiento esta mañana. ¿Algo que quieras decirme, hijo?
Sus ojos se suavizan mientras espera respuestas.
Respuestas que no tengo.
Porque mientras todo se cae a la mierda a mi alrededor, no puedo
decirle.
No puedo decirle las palabras incluso si quisiera.
—Estoy bien, entrenador —me atraganto, sintiendo el peso de la
mentira sobre mi pecho—. Estaré bien.
Sus ojos se entrecierran con sospecha.
—Vamos, entonces. Tenemos un partido que ganar el viernes. —El
entrenador me da una palmada en la espalda y me tiro hacia adelante, mis
ojos se acercan a donde Hailee está sentada sola. Yo quiero ir para allá.
Disculparme por lo de ayer y explicar todo, pero ¿cuál es el punto? Apenas
me había mirado toda la mañana, sus defensas más altas que nunca.
Finalmente tuve mi momento con ella, sólo para que me lo arrancaran
en un abrir y cerrar de ojos.
Y apesta.
—Chase, vámonos —espeta el entrenador, y sacude la cabeza,
librándome de los pensamientos. Yo quiero a Hailee. La deseo tanto. Pero
quiero muchas cosas. Universidad. Una beca. Un futuro brillante.
Pero a veces los sueños no se hacen realidad.
A veces se incendian y no hay nada que puedas hacer sino tratar de
evitar quemarte junto con ellos.

~~~

—Está bien, tengo que preguntar, ¿qué demonios está pasando contigo y
Jase? —Ash golpea su mano contra el casillero al lado del mío, bloqueando
mi salida.
—No estoy de humor —le digo, cortándolo con una mirada dura.
—Me vale mierda porque intenté preguntarle a él y casi me muerde la
cabeza. Así que ahora te pregunto. Y no me des nada de eso, “todo está
bien”. Yo estaba en la práctica. Te vi perder el balón como un profesional.
No olvidemos el hecho de que ustedes dos parecían listos para pelear.
—Dije que no quiero hablar de eso. —Veo a Hailee por el rabillo del ojo
y me recuesto contra el casillero, siguiéndola con los ojos. Ella no me mira;
ella no tiene que hacerlo. Siento su vibra “aléjate de mí” desde donde está
parada.
—¿Qué está pasando allí? —La voz de Ash corta mi trance—. Porque
estoy sintiendo un serio juju oscuro viniendo de ella.
—Me supera. —Me encojo de hombros, agachándome a su alrededor y
siguiendo a Hailee por el pasillo.
—Entonces, ustedes dos son…
—Nada. —Hago una mueca, mi pecho apretándose. No somos nada.
Fuimos algo.
Solo que ya no estoy seguro de que lo fuéramos.
—Por Dios, tratar de sacarte respuestas es como sacar a Mackey de las
tetas de Khloe.
—Así que deja de preguntar.
—Vamos, hombre, soy yo. Sé que algo pasó entre tú y Jase y apostaría
mi herencia que tiene algo que ver con ella. —Apunta con el dedo a Hailee,
quien se aleja por el pasillo.
—No es mi historia para contar. —Acelero el ritmo.
—¿Qué demonios significa eso? —Me llama, pero estoy demasiado
concentrado en la chica que tengo delante. Se desvía a la izquierda lejos del
flujo de chicos que se dirigen a la cafetería y se dirige hacia el
departamento de artes.
—Hailee —grito cuando está a punto de desaparecer por las puertas.
—Vete, Cameron. —Ni siquiera me mira. Bien podría haber arrancado
mi corazón y pisotearlo.
—Nada más quiero hablar, por favor. —Yo necesito hablar.
—Estoy ocupada. Tengo que trabajar en el proyecto.
Al diablo con el maldito proyecto, quiero decir. Te necesito.
—Por favor —mi voz se quiebra, traicionándome, pero llama su
atención. Lentamente, Hailee se gira para mirarme, con las cejas fruncidas
—. ¿Qué, Cameron?
—Yo —las palabras se atoran en mi garganta—. Lo siento.
—¿Eso es lo que querías decirme? —Se burla—. No tengo tiempo para
esto. He tenido una mañana de mierda.
—¿Qué pasa? —
—¿En serio, Cameron o se te olvida lo del video que Thatcher salpicó
en las redes sociales? —El dolor arde en sus ojos.
Mierda.
—No, quiero decir, por supuesto que no… —Pero sí. Había estado tan
preocupado que lo había olvidado todo. Tuve acondicionamiento físico,
luego práctica y mi cabeza estaba por todos lados después del fin de
semana. Así se hace imbécil. Pero ahora que lo menciona, noto las miradas,
el murmullo de un grupo de chicos que pasan.
—¿Qué mierda están mirando? —Espeto, sintiendo mis músculos
tensarse.
—Cameron, no lo hagas. —La advertencia de Hailee apenas penetra en
la niebla roja que desciende sobre mí.
—Estoy sorprendido, que él quiera a la zorra de Thatcher.
Estoy con el chico en un segundo. El aire sale de sus pulmones cuando
su espalda golpea la pared, el sonido reverbera a nuestro alrededor.
—¿Qué mierda dijiste? —Mis dedos se aprietan alrededor de su
garganta, la sangre drenando de su rostro.
—Yo… yo… —El chico farfulla.
—Cameron, esto no está ayudando. —Hailee se mueve en mi periferia.
—¿Crees que puedes hablar de ella así?
—Tienes que dejar esto. —La pura desesperación en la voz de Hailee
me hace soltarlo y el chico se desliza por la pared, tosiendo y balbuceando.
—Vete a la mierda de aquí —digo con voz áspera, mis ojos fijos en
Hailee y no en él.
Se escapa y yo exhalo un largo suspiro.
—¿Ha sido así toda la mañana?
Hailee me mira como si no me reconociera y mi pecho se aprieta.
—¿Qué fue eso? —Ella se enfurece—. No necesito que me protejas,
Cameron. Me iba bien sin…
—Hailee, por favor. —Cierro la distancia entre nosotros, apretándola
contra la pared, y la encierro con mis manos a cada lado de su cabeza—. Lo
siento, ¿de acuerdo? Lo que quiero decir es que… —Mierda. Estoy
jodiendo todo. Pero no puedo pensar con claridad.
—Necesito irme. —Hailee deja escapar un suspiro exasperado, sus
hombros caídos por la derrota. Quiero decir algo para arreglarlo, para
arreglarnos, pero ella ya no es la única rota. Y cuando intento hablar, nada
más que un fuerte suspiro escapa de mis labios.
—Te veré por ahí, Cameron. —Ella me da una sonrisa débil y sale de
entre la pared y yo, desapareciendo por las puertas giratorias y todo lo que
puedo hacer es mirar.

~~~
A medida que pasa la semana, las cosas sólo empeoran. Jase y yo
apenas podemos estar juntos en la misma habitación sin que la tensión
alcance el punto de ebullición. Asher no sabe qué lado tomar o por qué
incluso tiene que tomar lados en primer lugar. Y quiero matar a alguien
cada vez que los oigo mencionar el video de Hailee. Afortunadamente,
cerrar esa mierda es lo único en lo que podemos estar de acuerdo, y entre
nosotros habíamos anulado cualquier mención del video en los pasillos de
la escuela.
—Buenos días. —Mi papá entra rápidamente en la cocina.
—Hola. —Muevo la cuchara a través de mi cereal con poco entusiasmo.
—¿Gran partido mañana?
—Supongo.
—Cameron, hijo, todo va a estar bien.
—No puedo hacer esto. —Empujo el tazón y me pongo de pie—. No
puedo fingir que todo está bien; todo no está bien.
—Hijo, mírame. —Mi papá viene a mí, colocando sus manos sobre mis
hombros—. Vamos a superar esto, hijo, todos nosotros. Pero lo que necesito
de ti en este momento, lo que tu mamá y yo necesitamos, es que continúes
como siempre. Ir a la escuela, concentrarte en el deporte y hacernos sentir
orgullosos.
—Pero cómo puedes… —Las palabras mueren en la punta de mi lengua
—. No sé cómo se supone que debo hacer eso, papá, no cuando ella está…
—Tranquilo, hijo, tranquilo. —Me abraza fuerte—. Lo superaremos, lo
prometo. Pero necesito que seas fuerte. ¿Puedes hacer eso por mí, puedes
hacerlo por tu mamá?
Demasiado asfixiado para responder, le doy un asentimiento
imperceptible. La mano de mi papá aprieta la parte posterior de mi cuello,
persistente, como si él necesitara este momento tanto como yo. Cuando se
aparta para mirarme, veo el miedo en sus ojos. Refleja el mío.
—Todo normal como siempre, al menos por ahora, ¿de acuerdo?
Trago saliva, el aire seco áspero contra mi garganta. Mi padre acerca su
cabeza a la mía e inhala dolorosamente. No dice nada esta vez; no tiene que
hacerlo. Nada está bien y todo está en juego. Y una parte de mí está enojado
porque me han estado ocultando esto. Pero ellos son los adultos, los que
toman las decisiones. Tienen que elegir cómo y cuándo darles la noticia a
sus hijos. Por supuesto, Xander es demasiado niño para entender. Todo lo
que sabe es que su mamá se enferma a veces, que ella grita y llora y luego
lo abraza con fuerza y se disculpa una y otra vez. Y está en mal estado, pero
una parte de mí lo envidia. En cierto nivel, su inocencia lo protege de las
cosas por venir.
Mi estómago se desploma.
—Tengo que irme —me apresuro, soltándome del abrazo de mi papá.
—Cameron.
—Estoy bien, papá. Solo necesito un poco de aire. —Y necesito que él
no me mire así. Como si lo peor ya hubiera pasado—. Tengo entrenamiento
después de la escuela, así que llegaré tarde.
—Xander estará en casa de Katie. Tu madre y yo estaremos…
—Sí, lo entiendo. —Agarro mi mochila, las llaves y lo despido. Es un
movimiento. Pero no sé cómo lidiar con esto, cómo manejar la ira y el
miedo que se encuentra dentro muy desconsiderado de mi parte. No sé
cómo espera que vaya a la escuela y juegue fútbol como si todo estuviera
igual.
Cuando realmente nada volverá a ser igual.

~~~

Todos estamos reunidos alrededor del entrenador Hasson para su charla


previa al partido. Las últimas veinticuatro horas han sido un aturdimiento,
mi cabeza está ocupada con dos cosas: mi mamá; y está mierda con Jase,
Thatcher y Hailee. Ella no me ha mirado ni dos veces en toda la semana y
me siento perdido. Es una locura, cómo la única chica que había pasado la
mayor parte de los seis años manteniendo a raya se ha convertido en la
única chica que quiero a mi lado más que nada. He pensado en tratar de
hablar con ella nuevamente, explicarle, pero en el fondo, no sé qué decir. Y
si ella me rechaza nuevamente, no estoy seguro de poder manejar eso.
—Catorce, tu cabeza está en orden, ¿verdad, hijo?
—Claro, entrenador. —Mi casco cuelga en mi mano mientras asiento.
—St. Odell tiene algunos grandes jugadores. Mantén los ojos abiertos y
la cabeza baja, ¿me oyes?
Una ronda de gruñidos llena el vestidor.
—Este es el indicado, señoritas. Ganamos esto y no hay quien nos pare.
Somos los que atrapan, los que vencen. —Sus ojos de acero recorren a cada
uno de nosotros—. Reúnanse, Raiders en uno.
El vestidor se electrifica mientras nos preparamos para salir corriendo al
campo. Me concentro en la enorme R azul y blanca pintada junto a la
puerta; nuestro amuleto de la suerte, un recordatorio de quiénes somos y
hacia dónde vamos.
—Hey —Jase viene a mi lado después de que el círculo se rompe—.
¿Estás bien?
Es la primera vez que intenta hablar conmigo fuera de la práctica en tres
días.
—Si te preocupa que no pueda hacer el trabajo —digo—. Lo haré.
—Chase. —Me engancha la muñeca y lo miro—. Vamos, eso no es…
Un fuerte suspiro escapa de sus labios.
—Esta mierda entre nosotros, no se siente bien.
—Sí, bueno, muchas cosas ya no están bien. —Me encojo de hombros y
me uno a mis compañeros de equipo mientras salimos al campo bajo las
brillantes luces del viernes por la noche, rezando en silencio para que pueda
pasar la próxima hora.
Capítulo 35
Hailee
—No puedo creer que te haya dejado convencerme de esto —le susurro
a Flick mientras nos sentamos en medio de un mar de azul y blanco.
—Llámalo investigación. —Ella me lanza una sonrisa graciosa.
—Más bien me parece una tortura lenta y dolorosa.
—¿En serio, Hails, me vas a decir que ni una pequeña parte de ti quiere
estar aquí para animarlo? —Su ceño se levanta, su expresión dudosa.
—¿Animar a quién?
La muy presumida tiene el descaro de sonreír.
—Si crees por un segundo que creo esto entre tú y —mi mejor amiga se
inclina más cerca asegurándose de que nadie a nuestro alrededor pueda oír,
no es que alguien pueda por encima del ruido—: Catorce se acabó,
entonces tú eres más tonta que yo. Oh, aquí vienen.
Imagine Dragons explota en el sistema de sonido, manando a la
multitud en un frenesí. Sólo que no provoca la adrenalina en mis venas
como lo había hecho antes. No cuando he pasado la última semana tratando
de evitar a mis compañeros, lo cual fue difícil cuando pasas casi siete horas
del día con ellos. Como si eso no fuera suficiente, el ambiente en casa es
tóxico. Y Cameron apenas me ha mirado en toda la semana. Entonces,
sentarme entre cuatro mil fanáticos de los Raider, alentar al equipo a la
victoria, no es exactamente mi idea de escapar de toda la mierda que sucede
en mi vida.
Pero Flick es más que persistente y si finjo mucho e intento evitar
buscar a Cameron en el campo, puedo convencerme de que estoy aquí solo
para fines de investigación.
Bueno, casi.

~~~

Al entrar en el último cuarto, el partido está empatado. Ha sido difícil de


ver. Algo está mal con los Raiders, todos lo sienten. Mi hermanastro está
enojado, gritándole a sus compañeros de equipo cada vez que tiran el balón
o no hacen la jugada, y el entrenador Hasson parece listo para volar un
empaque en más de una ocasión.
—Esto debería haber sido un paseo por el parque para ellos —se queja
Flick a mi lado.
Realmente ha encontrado su paso como la última fan del equipo, la
gorra azul y blanca con orgullo sentada sobre su cabeza.
—Vamos —grita cuando nuestra defensa derriba una de las ofensivas de
los Santos de St. Odell; la multitud responde con un rugido feroz.
Los jugadores cambian, mis ojos siguen al número catorce mientras él
trota en el campo, moviéndose en posición. Jason grita la jugada, y parece
que hay una respiración colectiva alrededor del estadio mientras mueve el
balón hacia Cameron, quien despega por el jardín izquierdo, justo debajo de
su trayectoria. La multitud está embelesada, con un crujido de anticipación
en el aire, mientras engancha su mano lista para recibir el balón. Es un buen
pase, una captura aún mejor, y la multitud se vuelve loca, el ruido
ensordecedor.
—Corre, corre —grita Flick, sus uñas clavándose en mi brazo con tanta
fuerza que estoy segura de que podría sacarme sangre.
Pero no grito, no puedo. Mis ojos están demasiado centrados en
Cameron, la forma en que corta el aire, sus fuertes piernas se comen los
marcadores del patio. Treinta… veinte… diez…
—Oh Dios —mi mejor amiga respira mientras el mundo se desacelera.
Un liniero de los Santos aparece de la nada, en curso de colisión con
Cameron.
—Flick —mi voz tiembla mientras observo, junto con el resto de la
multitud, mientras el enorme jugador defensivo choca con Cameron,
lanzándolo por los aires. Su cuerpo navega hacia atrás y aterriza con fuerza.
Todo el estadio hace una mueca, el fuerte silbido de cuatro mil alientos me
pone los pelos de punta y la energía nerviosa se revuelve en mi estómago.
No es mi primer partido. He visto a otros jugadores recibir un golpe. He
observado cómo los cuerpos están esparcidos por el campo como muñecas
de trapo, pero nunca antes había sentido el impacto.
—Flick. —Mi voz ya no suena como la mía mientras me aferra a mi
amiga mientras veo a los jugadores pululando el cuerpo sin vida de
Cameron.
—Está bien —dice Flick, con la voz entrecortada—. Estará bien. Los
jugadores reciben golpes así todo el tiempo
Pero no se ve bien.
No se levanta y se sacude como suelen hacerlo los jugadores. Él
simplemente se queda allí, inmóvil.
Mortalmente quieto.
El miedo se apodera de mí, haciendo que mi corazón se derritiera al
estrellarse violentamente contra mi pecho. Los árbitros están ahora en la
cancha, tratando de despertar a Cameron, que aún no se ha movido. ¿Por
qué no se está moviendo? Jason se quita el casco y comienza a caminar al
lado de su mejor amigo, pasando una mano por su cabello húmedo, una y
otra vez, mientras Asher mira con el resto de sus compañeros de equipo.
—Levántate —suspiro.
¿Por qué no se levanta?
Después de lo que parece una eternidad, Cameron se sienta lentamente
y todo el estadio toma ese primer aliento con él.
—Gracias a Dios —jadeo, apenas capaz de pronunciar las palabras
sobre el nudo en mi garganta.
Dos oficiales ayudan a Cameron a ponerse de pie, y Jason y Asher
flanquean su costado mientras lo conducen al área del equipo en la banca.
Un lento aplauso se desarrolla alrededor de las gradas hasta que todos se
ponen de pie aplaudiendo por su amado número catorce.
El partido se reanuda rápidamente, como si mi mundo casi no hubiera
terminado, y los Santos toman su posición ofensiva. Pero estoy demasiado
ocupada mirando a Cameron. Se ha quitado el casco ahora, con la cabeza
baja mientras uno de los entrenadores asistentes y el personal médico lo
revisan.
—Algo está mal —digo alcanzando a Flick cuando Cameron salta
arrojando su casco hacia abajo y comienza a alejarse. Jason va tras él, los
dos encerrados en una batalla de voluntades mientras Cameron lo fulmina
con la mirada y luego articula algo que no puedo descifrar, mi distancia
hace que sea demasiado difícil leer sus labios.
—¿Él está…? —Flick se traga sus palabras cuando ambas vemos a
Cameron salir del campo sin siquiera mirar atrás.
—Se fue —digo, declarando lo obvio, sintiendo mi estómago hundirse
en el olvido—. Él se acaba de ir.
—Tal vez deberías ir tras él —sugiere Flick.
—¿Qué? —Parpadeo hacia ella. No puedo pensar con claridad. Algo no
se siente bien. Había sido herido, sí, pero parecía estar bien saliendo del
campo, entonces, ¿qué demonios había pasado en esos pocos minutos entre
él sentado y furioso?
Y entonces me doy cuenta.
Su mamá.
Oh, Dios, ¿y si algo hubiera pasado con su madre?
Había estado fuera de juego toda la noche; pases a tientas y jugadas
erróneas. Incluso un espectador novato como yo podía ver que la cabeza de
Cameron no estaba allí.
—Solo quedan unos minutos en el reloj. —Flick me da un codazo—. Si
te escabulles ahora, no tendrás que lidiar con el gentío a la salida.
Probablemente esté en el vestidor.
—Flick, no puedo —Me mira de reojo y sacudo mi cabeza un poco,
apenas capaz de creer las siguientes palabras de mi boca—. ¿Estarás bien
aquí sola?
Una sonrisa irónica tira de sus labios.
—Por favor, nací para esto. —Ella inclina la orilla de su gorra—.
Además, quiero verlos darle con todo a los Santos.
—Bueno. —Inhalo profundamente. ¿Estoy realmente a punto de
intentar entrar en el vestidor de los Raiders?
Sí, sí lo estoy.
Porque si Cameron está dolido, quiero estar allí para él. Quiero
consolarlo como él me ha consolado.
Con un pequeño asentimiento, me disculpo con la gente de nuestra fila
mientras me abro paso hasta el final. Cuando llego al final de las gradas,
estoy sin aliento y un poco desorientada pero rápidamente encuentro mi
dirección y me meto en el estadio, caminando por el otro lado hacia donde
están los vestidores. Escucho a la multitud estallar, las vibraciones haciendo
eco en todo el lugar, haciendo que mi pulso se dispare. Por la ferocidad del
rugido, sé que los Raiders han anotado, incluso antes de que el sistema de
sonido haga el anuncio.
Cuando finalmente llego a las puertas azules, me detengo. No puedo
simplemente irrumpir allí.
¿Y si Cameron se está duchando?
¿O recibiendo atención médica?
¿Y si no quiere verme?
De repente, sintiéndome fuera de mi lugar, me apoyo contra la pared
justo enfrente de las puertas. El partido terminará en un par de minutos, lo
que significa que no pasará mucho tiempo antes de que el resto del equipo
esté allí.
—Disculpe, señorita. —Un guardia de seguridad se me acerca—. No
puedes estar aquí abajo.
—Yo, soy Hailee Raine. —El reconocimiento brilla en sus ojos, pero
me deja terminar—. La hermanastra de Jason Ford, necesito hablar con él.
Fue lo primero que me vino a la mente.
—Bueno, por supuesto. —Él sonríe cálidamente ante la mención de
Jason—. Tu hermano jugó un gran partido esta noche. Arriba los Raiders.
—Sus ojos se iluminan mientras bombea el aire con el puño. Al darse
cuenta de su desliz momentáneo, se aclara la garganta, su máscara
profesional se desliza de nuevo en su lugar.
—No puedes entrar allí, pero me alegrará hacerle saber que estás
esperando aquí.
Mierda, eso no es lo que quiero.
—Gracias.
Él asiente cortésmente antes de deslizarse por las puertas prohibidas.
Me dejo caer en el suelo frío, levantando las rodillas. Debería haberme
metido antes de que el equipo regresara. Pero ya es demasiado tarde. Tendré
que esperar.
Y solo tendré que esperar que cuando aparezca, Cameron me hable.

Sentada allí en el piso duro, aprendo algo nuevo sobre los jugadores de
fútbol americano: les gusta pasar su maldito tiempo en las duchas. Treinta y
cinco minutos después de que el estadio se vació, los jugadores finalmente
comienzan a salir, sin apenas prestarme atención, demasiado concentrados
en la fiesta a la que se dirigen, sin duda. Pero cuando aparecen Asher y
Jason, me pongo de pie de un salto y doy un paso adelante.
—Hails, qué sorpresa. —Ash me da una sonrisa fácil, pero no me pierdo
la tensión alrededor de sus ojos.
—Yo, es que… —Esto no es incómodo en absoluto—. Vine a ver si…
—Él ya se fue. —La voz de Jase es fría, sus ojos duros mientras me
estudian. Pero sorprendentemente, por una vez, no siento que su desprecio
esté dirigido a mí.
—¿Se fue? —Me ahogo.
Pero he estado esperando aquí más de cuarenta minutos. A menos
que… mierda. Cameron debe haber regresado aquí, agarró sus cosas y salió
del estadio inmediatamente. En cuyo caso, lo había perdido de verlo por
poco.
Se me encoge el estómago.
—Así que los dejaré hablar.
Asher me da un asentimiento antes de lanzar su bolso sobre su hombro
y dirigirse a Jason.
—Llámame más tarde si me necesitas. —Sale por el largo pasillo y
Jason deja escapar un profundo suspiro, moviéndose para apoyarse contra la
pared al lado de la puerta justo enfrente de mí.
—Nunca pensé que estaría aquí. —Rompo el silencio.
—Ninguno de los dos. —Uno de mis hombros se alza en un pequeño
encogimiento de hombros mientras pateo mi pie contra el piso.
—Nunca lo había visto así, no en todos los años que lo he conocido. Es
como si ni siquiera estuviera en el campo…
—Creo que algo está mal.
—¿Mal?
—Sí. —Trago saliva preguntándome cuánto debería decirle—. Con su
mamá.
—Ella tiene depresión o alguna mierda. Creo que el haber tenido a
Xander la dejó mal.
—Jason —lo regaño, deseando saber lo que le había sucedido para ser
tan malo—. Es más que eso. Tal vez si no fueras así…
Dejo que las palabras mueran en mi lengua. No estoy aquí para discutir
con él. Solo quiero estar allí para Cameron.
—Vamos, dilo. Crees que estoy demasiado involucrado en el deporte
para ver lo que realmente está pasando aquí.
—¿No lo estás? —Lo corto.
—Yo… joder. —La expresión de Jason se endurece, pero luego se
suaviza cuando deja escapar un suspiro exasperado—. ¿realmente está
pasando algo con su mamá?
Asiento.
—Creo que sí. Me contó algunas cosas.
—¿Qué cosas? —Eso llama su atención.
Aprieto mis labios juntos en desafío. No es mi decisión revelar los
secretos de Cameron.
—Él nunca me dijo nada —agrega Jason cuando no ofrezco una
explicación.
—¿Estás seguro, tal vez estuvo tratando de decírtelo todo el tiempo y
simplemente no estabas escuchando? —Mi voz se eleva, la tensión entre
nosotros aumenta con ello.
Pasa una mano por su cabello castaño rebelde, sus ojos se oscurecen.
—Deberías ir tras él.
—¿Disculpa?
—No pienses que esto significa que estoy bien con ustedes dos. No lo
estoy. Pero si lo que dices es cierto, Chase necesita a alguien en este
momento y probablemente soy la última persona que quiere ver.
—Jason —suspiro—. Eres su mejor amigo.
—Uno que vale mierda por lo que me doy cuenta —se queja.
Me quedo sin palabras. Ni una sola vez, había escuchado a Jason
reconocer sus defectos. Siempre es tan arrogante y frío. Infalible. Sin
embargo, parece completamente perdido esta noche; el fuego en sus ojos se
extinguió en nada más que una llama moribunda.
—Él regresará —digo sin dudar. Porque el vínculo entre los tres excede
lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Son hermanos. Unidos por
hilos invisibles que nunca entenderé realmente.
—Dile que lo siento —dice, y algo pasa entre nosotros. Un
entendimiento mutuo que nunca pensé que tendríamos—. ¿Puedes hacer
eso por mí?
Demasiado ahogada para responder, asiento.
—¿Y Hailee? —Él no ha terminado. —Lo que hizo Thatcher; fue
demasiado, él te metió en medio de una guerra en la que no tienes nada que
ver. Lo siento.
Lo miro boquiabierta sin saber si estoy escuchando correctamente. Esto
siempre sería uno de los momentos más surrealistas de mi vida.
Pero lo tomaría.
Si finalmente significa no estar en el lado opuesto de la línea de Jason,
lo tomaría.

~~~

Flick acuerda dejarme en la casa de Cameron. El trayecto es tranquilo.


Estoy demasiado perdida en mis pensamientos para responder realmente
alguna de sus preguntas. Y hay muchas. Estoy pensando en la extraña
conversación con Jason. Distraída por la aprensión que me revuelve el
estómago.
Eventualmente, sin embargo, se calla y acepta el silencio como la banda
sonora del corto viaje.
—¿Estás segura acerca de esto? —Flick finalmente dice mientras nos
detenemos afuera de su casa.
—No, pero tengo un mal presentimiento. —Los jugadores no salen del
campo sin una buena razón, no los Raiders. Y especialmente no los
receptores estrella.
—Debería esperar por ti.
—No —digo—. No te preocupes, me las arreglo por mi cuenta.
Además, si el peor de los casos se hiciera realidad y Cameron me
cerrara la puerta en la cara, no quiero que nadie lo presencie.
—Está bien, entonces, ve por él, tigre. —Flick se acerca y aprieta mi
mano, ofreciéndome una sonrisa tranquilizadora. Salgo y camino hacia la
puerta de los Chase. La casa está cubierta de oscuridad, sin signos de vida.
La camioneta de Cameron está estacionada en el camino de entrada, pero el
auto de su padre no está. No sé si eso es una buena señal o no.
Respirando hondo, me giro para mirar a Flick, que me levanta el pulgar
antes de salir y desaparecer en el camino.
—Puedes hacer esto —me susurro a mí misma. Pero cuando voy a
llamar, me doy cuenta de que la puerta está entreabierta—. ¿Cameron?
Agachándome dentro, soy recibida con puro silencio.
—¿Cameron? —La sangre late entre mis oídos. Está tranquilo, el lugar
sumido en la oscuridad. Pero la puerta había estado abierta—. ¿Hola, hay
alguien en casa?
Llamo de nuevo recibiendo en respuesta el sonido de mi propio corazón
latiendo salvajemente contra mi pecho.
Deslizando mi mano en mi bolsillo, agarro mi teléfono, por si acaso,
mientras me muevo más dentro de la casa.
—¿Cameron? —Esta vez es un susurro. Pero el lugar parece desierto. Y
luego lo escucho. Un suave murmullo. Corriendo por el pasillo, irrumpo en
la cocina y me detengo—. ¿Cameron?
Está tirado en el suelo contra uno de los mostradores, con la cara
enterrada en las manos. Lentamente levanta sus ojos hacia mí y lo que veo
allí en sus ojos gris azulados me rompe el corazón. Cameron Chase,
receptor estrella de los Raiders, está hecho pedazos. Sus ojos están rojos e
hinchados, sin el brillo habitual, y sus puños están ensangrentados y
magullados.
—Cameron. —Caigo de rodillas y me acerco a él, tomando sus manos
en las mías, inspeccionando sus heridas—. ¿Qué hiciste?
—No importa —su voz se quiebra cuando deja caer la cabeza contra el
gabinete.
—Necesito limpiarte las heridas. ¿Tienes un botiquín de primeros
auxilios?
Sus ojos se cierran mientras toma una respiración irregular que siento
hasta mi alma. Quiero consolarlo, envolver mis brazos alrededor de él y
preguntarle qué está mal, pero algo me detiene.
—¿Cameron, un botiquín de primeros auxilios? —digo distrayéndolo a
él y a mí misma.
—Yo, eh, sí, hay uno en el gabinete por allá. —Él mueve su cabeza, sus
ojos se clavan en los míos. La intensidad en su mirada es casi demasiado
para soportar.
Encuentro el botiquín y corro hacia él, arrodillándome entre sus piernas
extendidas.
—Esto puede arder. —Sisea mientras yo limpio la sangre de sus
nudillos, la piel lastimada y destrozada—. Espero que el otro chico haya
salido peor.
—Estoy bastante seguro de que la pared me ganó —dice rotundamente,
y mi estómago se hunde.
—Está bien, el siguiente. —El silencio desciende sobre nosotros
mientras continúo limpiando sus heridas. Cameron no habla; no necesita
hacerlo, su dolor se arremolina a nuestro alrededor como una tormenta
furiosa.
Cuando termino, dejo a un lado el botiquín y rozo suavemente su
mandíbula con mis dedos.
—¿Quieres hablar de eso? —pregunto en voz baja, dejando que mis
palabras se establezcan entre nosotros.
—¿Hablar? —se burla—. No estoy seguro de que haya algo más que
decir, Hailee.
Mi pecho se contrae.
—Pruébame —le digo con un aire de desafío. Porque en este momento,
Cameron necesita a alguien. Y quiero ser esa persona para él.
Quiero quitarle su dolor y hacerlo mío.
Capítulo 36
Cameron
—¿Qué haces aquí, Hailee? —Es una mierda decir eso cuando vino a
buscarme, me limpió los nudillos rotos y no pidió nada a cambio. Pero
ahora estoy preguntando, y no estoy seguro de querer saber las respuestas.
Todo se está desmoronando a mi alrededor. Durante toda la semana,
apenas he logrado mantenerme a flote, mantener mi cabeza fuera del agua.
Y luego, esta noche, en el campo, algo se rompió.
Yo me había roto.
—Yo… —Pone sus manos juntas, sus ojos se mueven por todas partes
menos hacia mí.
Está nerviosa, rezuma de ella, golpeándome como una pared de
ladrillos.
—Estaba preocupada por ti. —Sale suavemente mientras finalmente fija
sus ojos en mí—. Te golpearon y no sabía si… y luego te vi salir de allí y
me di cuenta de que nunca te pregunté cómo estaba tu madre, y pensé
que…
—Ella tiene un tumor cerebral. —Mi pecho se contrae, la verdad aprieta
mi corazón como una prensa. Aspiro, tratando de obtener más aire en mis
pulmones. No tenía la intención de decir las palabras, pero al ver a Hailee
correr a la cocina, con la preocupación brillando en sus ojos, se rompió algo
en mí. O tal vez se solucionó algo.
Ya no sé nada.
—¿Un tumor cerebral? —Ella palidece—. Cameron, lo siento mucho.
Lanzando sus brazos a mi alrededor, Hailee me atrae a su abrazo y me
dejo llevar. Es tan jodidamente fácil que sé que si alguien podría verme
pensarían “qué coño”. Pero no me importa. Desde que me senté frente a
mamá y papá hace cinco noches, mientras intentaban explicarme lo que
estaba sucediendo, he estado caminando aturdido. Incapaz de procesar la
verdad, mi nueva realidad.
Mi mamá no está deprimida, tiene un tumor. Durante cuatro años, la
vimos perderse por los cambios de humor, los altibajos y el letargo
paralizante. Pero no era su cerebro, no en lo más mínimo. Es un invasor, un
tumor de cuatro pulgadas que comprime su lóbulo frontal.
Las manos de Hailee me frotan la espalda mientras me aferro a ella,
luchando contra las lágrimas que habían estado atrapadas en mi garganta
desde el sábado.
—Cameron —su voz es tranquila—. Mírame.
Me aparto suavemente, sosteniéndome con el brazo extendido.
—Estoy aquí. Dime que necesitas. Dime qué puedo hacer.
El alivio es inmediato, cayendo sobre mí como un maremoto imparable.
Toda la semana había querido hablar con Hailee, confiar en ella. Estar con
ella. Había sido como atravesar arenas movedizas cada día más y más bajo,
amenazando con ahogarme en mi ira, dolor y confusión.
No debería haber estado en la escuela y definitivamente no debería
haber estado en ese campo de fútbol esta noche. Pero mis padres me
hicieron prometer que continuaría como si todo fuera normal.
Normal.
Era una maldita broma si alguna vez escuche una.
Querían que fuera fuerte, que llevara la carga y que no me derrumbara.
Pero no soy fuerte; me estoy rompiendo en los bordes. Poco a poco todo se
deshace. Y envuelto en los brazos de la chica que ha tenido mi corazón por
más tiempo del que quiero admitir, finalmente me dejo caer.
—Quédate conmigo, Hailee —ahogo las palabras de mi garganta que
está en carne viva por todas las lágrimas que he llorado—. Necesito que te
quedes conmigo.
—Si quieres que me quede contigo, entonces aquí voy a estar. —Ella
me regala una sonrisa incierta, pero es suficiente.
En ese momento, lo es todo.
Sin más palabras, me pongo de pie, tirando de Hailee conmigo y la llevo
a mi habitación. Mis padres decidieron salir esta noche. El doctor Kravis ha
programado su cirugía para la próxima semana, así que mi papá insistió en
que pasaran un tiempo juntos. Por si acaso.
Por si acaso.
Mierda.
—¿Cameron? —Pregunta Hailee, mientras me congelo.
—Lo siento, yo estoy…
—Ey, está bien. —Ella aprieta mi mano antes de moverse delante de mí,
tirando suavemente hacia mi habitación. Cuando llegamos a la puerta,
Hailee no duda en entrar. El aire es denso a nuestro alrededor, los
acontecimientos de las últimas semanas nos pesan mucho a los dos.
—Cameron —dice soltando mi mano y volviéndose hacia mí—. Yo…
—Ven acá. —Agarro su mano, jalándola hacia mí hasta que miro sus
ojos color miel que brillan con nada más que compasión y comprensión—.
No tienes idea de lo que significa para mí que tu estés aquí.
—Fui al vestidor —admite—. Justo después de que dejaste el campo.
Fui a buscarte. Pero ya te habías ido.
—Necesitaba espacio. Cuando ese bloqueador me abordó, fue como si
todo me golpeara. Mi mamá. Esta cosa contigo y Thatcher. Xander. Suena
tonto, pero mi vida pasó ante mis ojos y yo… —Trago saliva. Sonando
como loco. Pero Hailee no parece asustada.
Ni siquiera un poquito.
—No es tonto —dice—. Te lastimaste y dadas las circunstancias es
comprensible, Cameron. Estás bajo mucha presión y…
—Pero eso es todo. —Paso una mano rápida sobre mi cabeza—. Estoy
bajo presión por el fútbol, por el equipo. Incluso con todo lo que está
sucediendo, mi mamá y mi papá son tan insistentes en que siga jugando,
que continúe como si nada hubiera cambiado cuando, realmente, todo ha
cambiado. Mi madre necesita cirugía, ella podría…
El dolor me abruma y mis ojos se cierran. Los dedos de Hailee se
retuercen en mi polo mientras se inclina más cerca.
—Morir —escupo la palabra—. Ella podría morir, Hailee.
Mi cabeza cae sobre la de ella, el peso de la verdad casi me rompe.
—Lo siento. Lo siento mucho —repite una y otra vez, su cara rozando
la mía mientras besa suavemente la comisura de mi boca. Ella no puede
arreglar esto, nadie puede. Tenemos que entregar esa responsabilidad a los
médicos de Rixon General y esperar a Dios, orar, que puedan extirpar el
tumor y devolvernos a mi mamá de una vez.
No me doy cuenta de que estoy llorando otra vez hasta que Hailee besa
mis mejillas. Joder, yo no lloro. Yo soy Cameron Chase, uno de los mejores
receptores del estado. Me he enfrentado a algunos de los jugadores
defensivos más grandes y duros del país. Pero Hailee entiende; en algún
nivel lo hace. Y no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a
alguien hasta este momento.
—Tranquilo —susurra, su voz una suave caricia—. Estoy aquí,
Cameron. Estoy aquí.
Hailee traza mis labios con sus dedos, persiguiéndolos con su boca
hasta que nos besamos. Pequeños besos inciertos. Mis manos se deslizan en
su cabello para poder inclinar su rostro, profundizando el beso, deslizando
mi lengua contra la de ella, necesitando estar más cerca.
Necesitando más.
Me besa ferozmente, exigiendo lo mismo de mí, acercándome, uniendo
nuestros cuerpos hasta que somos una maraña de besos y extremidades,
suspiros y caricias. Todavía me siento vacío, la agonía de lo que va a venir
pesando en la boca de mi estómago, pero Hailee llena parte del vacío. Cada
golpe de su lengua marca un parche en el agujero en mi corazón; cada toque
de sus labios es una venda para mi dolor.
—¿Está bien? —murmura contra mis labios, sus manos se sumergen
debajo de mi camiseta y corren sobre mi cálida piel. Asiento, demasiado
nervioso para hablar. Necesito esto.
La necesito a ella.
Más de lo que hubiera creído posible.
Hailee pinta patrones sobre mi piel, tomándose su tiempo para delinear
mis abdominales. Se siente como la primera vez que la toqué; mi cabeza se
nubla con demasiadas emociones, demasiados pensamientos. Mi cuerpo la
desea, mi polla se presiona dolorosamente contra mis jeans, pero ella
merece que yo este cien por ciento en este momento.
—Hailee, espera… —No puedo creer que estoy diciendo las palabras.
Ella retrocede, mirándome, y su expresión se suaviza.
—Está bien.
Tomando mi mano entre las suyas, me tira de la cama y me empuja
suavemente hacia abajo. Aterrizo con un ruido sordo, cayendo sobre mis
codos. Hailee se quita lentamente la ropa. Su suéter sale primero, revelando
una extensión de piel cremosa, seguida de sus jeans.
—Joder, eres hermosa —susurro, recorriendo mis ojos sobre cada
centímetro de ella. Se deja caer de rodillas y agarra el botón de mis jeans,
antes de tirar de ellos por mis piernas, empujándome a levantar mis pies
para poder quitarlos por completo.
Mis ojos la miran, la suave curva de sus labios, el rubor de su piel,
cuando se da cuenta de que estoy sin ropa interior.
—¿Tienes un condón? —pregunta y asiento hacia la mesita de noche,
con la garganta seca y la piel caliente. Hailee se levanta y va al cajón,
recogiendo un paquete cuadrado, mientras me quita la camiseta. Luego se
desabrocha el sujetador y lo deja caer al suelo, antes de deslizar sus dedos
en sus bragas y empujarlas sobre sus caderas.
—Ven aquí —digo, incapaz de disfrazar la lujuria en mi voz. Ella viene
de buena gana, trepando por mis piernas para estar a horcajadas sobre mí.
Con una mano presionada en la parte baja de su espalda, entierro la otra
profundamente en su cabello, acercando su rostro al mío mientras capturo
sus labios. Besos calientes, húmedos y desesperados. Hailee gime mi
nombre y mi polla se crispa. Quiero adorarla, pasar mi tiempo
familiarizándome con cada inmersión y curva de su increíble cuerpo. Pero
no puedo esperar. No esta noche. Ahora no.
—Te necesito —susurro contra sus labios.
—Entonces, tómame —responde ella, mirándome con lujuria y amor.
¿Amor?
La emoción se estrella contra mí y me deja sin aliento.
¿Hailee realmente me ama?
Mierda, no es posible.
¿O sí lo es?
Más importante aún, ¿la amo?
A quién diablos estoy engañando, no la amo.
¿Entonces, por qué demonios mi garganta está seca y mi corazón late
tan fuerte que creo que podría estallar en mi pecho?
Hailee se echa hacia atrás un poco, rasga el envoltorio y me pasa el
condón. Mi cabeza cae hacia atrás en un gemido. Joder, cada vez que me
toca es como la kriptonita. Pero no es nada comparado con la forma en que
se siente hundiéndose sobre mí.
—Cam —exhala, su cuerpo es un lío tembloroso.
—Lo sé, nena lo sé. —Enrollo mi mano alrededor de la parte posterior
de su cuello, recogiendo su cabello en mi puño, sosteniéndola quieta,
necesitando saborear el momento. La sensación de ella apretada a mi
alrededor, su piel contra la mía, sus curvas moldeadas alrededor de mis
líneas duras. Pero Hailee está impaciente, balanceándose contra mí, la
intensidad de la posición nos hace gemir a los dos.
—Necesito moverme —gime, con los ojos vidriosos y la piel
enrojecida.
Mi mano se hunde en la curva de su cadera cuando comienza a
montarme, moviéndose una y otra vez, alejando toda la oscuridad hasta que
no hay nada más que nosotros. Los sonidos de nuestros cuerpos
moviéndose uno contra el otro, nuestras fuertes respiraciones y gemidos
tranquilos.
Sintiendo el cosquilleo familiar en la base de mi columna, comienzo a
empujar hacia arriba, encontrándome con Hailee cada vez que gira las
caderas.
—Cam más duro, más duro… —jadea, sus uñas rastrillando mi pecho,
la sensación me lleva más cerca del borde. Me recuerda que estoy vivo. Que
estoy aquí en este momento y que tengo que luchar.
Por mi mamá.
Mi futuro.
Mi familia.
Los gritos de Hailee aumentan, su ritmo se acelera cuando comienza a
perder el control. Tirando de su cabello suavemente para hacer que se
incline hacia atrás, bajo la cabeza, succiono el hueco de su cuello,
mordisqueo la piel allí, empujándola más cerca del borde.
—Cameron… —Mi nombre cae de sus labios mientras se aprieta a mi
alrededor, empujándome más dentro de su cuerpo, apretándome tan fuerte
que veo estrellas. Yo quiero quedarme allí. Para vivir en esta burbuja y
nunca irme. Pero sus paredes me aprietan de nuevo y caigo justo al borde
con ella, abrazándola mientras mis músculos se contraen y me corro muy
fuerte.
Sé que eventualmente tengo que salir de entre sus piernas, pero justo
allí, en este momento, no quiero hacerlo.
Capítulo 37
Hailee
—Buenos días. —El timbre profundo de la voz de Cameron envía
escalofríos por mi columna vertebral.
—Buenos días. —Abro un ojo, luchando contra una sonrisa mientras
estiro mi cuerpo, mis piernas rozan las suyas haciendo que mi barriga se
apriete.
—Tenía casi miedo de despertar, en caso de que anoche hubiera sido un
sueño. —Sus ojos se iluminan de emoción.
Emoción en la que no quiero perderme demasiado. Todavía no. No
cuando todavía hay tantas cosas a nuestro alrededor.
—Ven acá.
Cameron arrastra mi cuerpo más cerca del suyo, encendiendo un fuego
en mi vientre.
—Me podría acostumbrar a esto —dice.
Enterrando mi rostro en la curva de su hombro, me permito disfrutar el
momento. Estoy en la cama de Cameron, otra vez. Y no me siento
incómoda o extraña o como si estuviera cometiendo un terrible error, del
cual me arrepentiría más tarde.
Se siente bien.
—Gracias. —Su voz hace que levante la cabeza de su pecho, y lo miro
—. Por venir a buscarme anoche, gracias.
Cameron toca su cabeza con la mía, inhalando un tembloroso aliento.
—No estaría en ningún otro lugar. —Enrollando mi brazo alrededor de
su hombro, lo inhalo, el persistente aroma de sexo inunda mis sentidos—.
¿Deberíamos esperar una visita de Xander en cualquier momento?
—Tuvo una pijamada en casa de Katie, pero probablemente debería
advertirte que mis padres están en casa. —Mis ojos se abren y él sonríe
contra mi mejilla—. ¿Eso va a ser un problema?
—No lo sé; dime tú.
—Quiero que te conozcan —espeta, alejándose suavemente para ver mi
reacción.
—Ya conocí a tu…
—Quiero decir oficialmente, Hailee. Quiero presentarte a ellos como mi
chica.
¿Su chica?
—No te veas tan preocupada. Esto es una cosa buena. —Cameron me
roba un beso mientras aún me recupero de sus palabras.
Su chica.
Me había llamado su chica.
—Pero Jason…
—Tendrá que superarlo. La vida es demasiado corta, Solecito. Me doy
cuenta de eso ahora. Nunca se sabe lo que está a la vuelta de la esquina y no
voy a perder otro segundo preocupándome por lo que Jase podría o no decir
porque estoy enamorado de su hermanastra.
—¿Enamorado? —me ahogo—. ¿Me amas?
Mi corazón va a estallar fuera de mi pecho. Se ve tan tranquilo, tan
normal, y estoy teniendo un ataque de histeria.
Los labios de Cameron se curvan, esbozando una gran sonrisa mientras
se ríe.
—¿No lo habías descubierto ya? Estoy completamente —me besa—, y
totalmente. —Beso—. Súper enamorado de ti, Hailee Raine.
—Oh.
Oh.
Sus cejas se arquean.
—No creo haberte visto nunca sin palabras. No sé si sentirme halagado
o algo preocupado. —La diversión baila en sus ojos.
—Creo que necesito un minuto.
—¿Debería…? —dice con el pulgar hacia la puerta y comienza a
desenredarse de las sábanas, pero me envuelvo alrededor de él,
arrastrándolo de regreso a la cama—. Espera.
—¿Espero? —sonríe—. ¿Hay algo que quieras decirme?
—Cameron —lo reprendo—. No puedes simplemente lanzarme algo
como esto y esperar que esté de acuerdo con eso.
—Bueno, esperaba que sintieras lo mismo por mí. —Deja las palabras
colgando entre nosotros mientras baja la cabeza, capturando mis labios de
nuevo. Rodándome sobre mi espalda, Cameron presiona las líneas de
nuestros cuerpos, borrando cualquier espacio, y dudas, entre nosotros.
—Yo…
Un golpe en su puerta nos sobresalta a ambos y Cameron se congela
sobre mí.
—¿Sí?
—Soy yo, hijo. ¿Tu mamá quiere saber si tienes hambre?
El calor arde en sus ojos mientras se endurece entre mis piernas.
—Yo, eh, sí, claro, papá. —Su voz se quiebra de lujuria—. Pero dile que
haga un plato extra.
Me arden las mejillas mientras sacudo la cabeza en silencio con
incredulidad.
—Ya veo. —Su padre se aclara la garganta—. Bueno, vamos a ... hmm,
los veremos a los dos pronto.
—Claro, papá. Gracias.
—Cameron —siseo al segundo que los pasos de su padre se alejan—.
¿Qué demonios?
—Es hora de conocer a mis padres. —Me guiña un ojo y me da un beso
en la cabeza antes de trepar por mí y la cama, sin molestarse en tratar de
ocultar su erección.
Quiero enojarme con él, argumentar que esto se mueve demasiado
rápido, que está completamente loco. Pero mientras lo veo ponerse los jeans
y una camiseta limpia, no puedo encontrar nada para protestar. Porque él
me ama.
Cameron Chase me ama.

Diez minutos después, estoy teniendo dudas.


—No estoy segura de que esto sea…
—Hailee, para. —Cameron me toma en sus brazos—. Te van a adorar.
Me mira con tanta intensidad que siento que mi garganta se contrae.
—Sí, pero…
—Sin peros. Te necesito, ¿de acuerdo? —Su expresión se suaviza—.
Por favor, haz esto por mí.
Arqueando mi frente, dejo escapar un suspiro exasperado.
—No estás jugando limpio. —Quiero estar allí para él, lo hago. Pero no
es justo usar su situación en mi contra.
Maldito sea.
—Te lo dije una vez antes, soy un Raider. Y los Raiders nunca se
rinden. Incluso si tenemos que jugar un poco sucio a veces. —Algo brilla en
su rostro, pero desaparece antes de que pueda descifrar lo que era—.
¿Lista?
Me encojo de hombros antes de contestar—: Supongo.
Cameron me conduce a su cocina, su mano firmemente alrededor de la
mía.
—Buenos días —dice sin importarle el mundo—. Hailee se va a quedar
a desayunar. ¿Espero que esté bien?
Una mujer con el pelo corto y oscuro y los mismos ojos gris azulados de
Cameron nos sonríen.
—Por supuesto, está bien, cariño. Hailee, soy Karen, la madre de
Cameron, es un placer conocerte. —Ella se acerca y me abraza—. Y en
mejores circunstancias esta vez. Lamento que hayas tenido que ver eso,
cariño.
—También es un placer conocerla —digo mientras Cameron me rodea
con el brazo y me guía hacia uno de los taburetes.
—Hailee —dice el Señor Chase con una sonrisa cautelosa—. Es bueno
verte otra vez. —
—Hola. —Le doy un pequeño saludo mientras me siento y mientras
Cameron ayuda a su madre a obtener algunos platos adicionales del
gabinete.
—¿Cómo estuvo el partido anoche?
Cameron se pone rígido, pero se recupera rápidamente.
—En realidad, quiero hablar con ustedes sobre eso. —Viene y se sienta
a mi lado, tomando mi mano entre las suyas, como si necesitara el contacto
—. Mientras mamá está pasando por su tratamiento, creo que debería dejar
el equipo.
La señora Chase jadea, el sonido es casi doloroso, mientras las cejas de
su esposo se tensan mientras se mueve incómodo en el taburete.
—Hijo, no hay necesidad de…—
—Solo escúchame, papá, por favor. —Cameron se pasa una mano
enérgica por la cara—. Esta semana ha sido un infierno para mí; mi juego
está apagado. Estoy enojado, confundido… no es lo que necesito en este
momento o lo que el equipo necesita. Quiero estar aquí para ustedes, para
Xander. Necesito estar aquí.
Con la última palabra, su pecho se agita como si se hubiera quitado un
peso de encima.
—Pero, hijo, los reclutadores…
—No importa, papá. Esto es más importante. Mamá es más importante.
Me siento como una extraña. Esta es una conversación que Cameron
debería haber tenido en privado con sus padres, pero luego me aprieta la
mano, sus ojos se posan en mi rostro aturdido. Me da una sonrisa tan
vulnerable pero tranquilizadora al mismo tiempo, me doy cuenta de que, a
pesar de mis reservas, me necesita aquí. En un extraño giro de los
acontecimientos, le estoy dando a Cameron la fuerza que necesita para
expresar sus pensamientos a sus padres.
—Oh, cariño, ven aquí. —los brazos de la señora Chase se enroscan
alrededor del cuello de su hijo mientras lo abraza por detrás, olisqueándole
el hombro—. Lo siento. Lo siento mucho.
Me trago mis propias lágrimas. Esta es una familia; tres personas que
simplemente intentan dar lo mejor de sí con la mano de mierda que la vida
les ha dado. Los padres de Cameron no lo presionan para que siga con el
fútbol y la escuela debido a las expectativas o la presión, lo hacen por él.
Porque saben lo que el deporte y su futuro significan para él. Pero es una
carga demasiado pesada para Cameron. Anoche fue prueba de eso.
—No tienes nada por lo que lamentarte, mamá. He tomado mi decisión.
Hablaré con el entrenador a primera hora el lunes.
El señor Chase está callado, sus ojos estudian a su hijo.
—No tomes decisiones precipitadas, ¿está bien, hijo? Este es tu futuro.
Superaremos esto, de la misma manera que lo hacemos todo: juntos. Si
necesitas un descanso, bien. Pero no tiene por qué ser el final del fútbol
americano. No cuando estás tan cerca de todo por lo que has trabajado tan
duro.
Padre e hijo comparten una larga mirada, los dedos de Cameron todavía
están firmemente entrelazados con los míos. Finalmente, la señora Chase
rompe el silencio sofocante colocando platos de panqueques y tocino frente
a nosotros.
—Espero que tengan hambre —dice, con una expresión cálida mientras
nos mira a mí y a su hijo.
—¿Mamá, qué pasa? —Cameron pregunta, notando que ella nos mira.
—Nada, cariño. Me alegra que tengas a Hailee. —Ella traga saliva, una
máscara de tristeza cae sobre ella mientras fija su mirada en mí—. Me
alegra que mi hijo te tenga.
Asiento, demasiado ahogada para responder.
—Lo siento. —La señora Chase sonríe—. He preparado toda esta
comida y ahora todos están tristes.
—Está bien, mamá. Comamos, me muero de hambre. —Me da un guiño
discreto y me indica que coma.
Y lo hago.
Porque algo me dice que no importa lo asustada que este esta familia; en
este momento, necesitan consolarse con las pequeñas cosas.

~~~

—Tus padres me cayeron bien —digo cuando estamos de vuelta en la


privacidad de la habitación de Cameron.
—Son buena gente —dice, dejándose caer en la cama y empujándome
con él. Aterrizamos con un ruido sordo, mi cuerpo yace sobre el suyo.
—Estuvieron bien con el hecho de que yo estuviera aquí esta mañana.
Él se encoge de hombros.
—Creo que no les di mucha advertencia, pero tengo dieciocho años,
Hailee. No es como si fuéramos niños. —Cameron roza su nariz contra la
mía, besándome suavemente—. Me alegro de que estuvieras allí conmigo.
He estado tratando de encontrar las palabras toda la semana, pero cada vez
que he tratado de abordar el tema con ellos, simplemente no podía hacerlo.
—¿Realmente quieres dejar el equipo?
—Sí, no, no lo sé. —Aprieta la cabeza contra las almohadas, con los
ojos fijos en el techo y deja escapar un suspiro entrecortado—. Es tanta
presión, ¿sabes? Si no puedo estar al cien, soy una carga.
—Sí, pero no es necesario que renuncies. El entrenador lo entenderá si
necesita tiempo libre, todos lo harán.
—Tal vez. —Sus ojos vuelven a los míos—. O tal vez me acabo de dar
cuenta de que hay más en la vida.
—Te encanta ser un deportista.
—Si me encanta. —Sus ojos se iluminan—. Pero no es todo lo que
quiero. No como Jason.
—Está bien, puedes hablar conmigo sobre esto.
—Siempre ha sido su plan. Dominaríamos el equipo juntos y luego
iríamos a Penn, pero ahora todo es diferente.
—¿Diferente?
—Sí —sonríe, pero su sonrisa está llena de tristeza. Mi corazón se
aprieta por el chico del que había jurado que no me enamoraría y ahora
estoy tan dentro en mis sentimientos por él, que no estoy segura de
encontrar mi salida.
Y estoy bien con eso.
Más que bien.
—Hubo un tiempo en que lo quería, cuando seguía pensando, este es el
mes en que mamá mejorará. Pero ella nunca lo hizo y con cada episodio mis
sueños se alejaban cada vez más hasta que ya no estaba seguro de que
fueran míos. —Cameron hace una pausa y se lleva el labio inferior a los
dientes como si estuviera sopesando si debía decir lo que tenía en mente.
—¿Qué? —Lo empujo un poco a que me diga.
—Y luego todo pasó contigo.
—¿Conmigo?
—Sí. Ese primer día del semestre, te vi y fue como si te volviera a ver
por primera vez.
—Cameron… —Agacho la cabeza, me arden las mejillas.
—Oye, no te escondas de mí, Hailee. —Sus dedos se deslizan debajo de
mi barbilla, haciéndome volver a él—. Nunca te escondas.
—Yo… esto, nosotros, no se suponía que sucediera.
—Pero lo hizo, y quise decir lo que dije, lo único que lamento es que no
sucediera antes. —Me pone en su pecho, pasando su mano arriba y abajo
por mi espalda, provocando escalofríos en mi columna vertebral.
—¿Cameron?
—¿Sí, Solecito?
—Bésame.
Su mano se desliza hacia mi cara, inclinando mi cabeza hacia atrás para
poder ver sus ojos azul grises brillando. Él sonríe cálidamente,
desencadenando una legión de mariposas en mi barriga y dice—: Eso puedo
hacerlo.
Capítulo 38
Cameron
Tiro del cuello de mi camisa. Es de color gris oscuro, con las mangas
enrolladas; muy diferente de mi jersey o mi polo habitual. Pero quiero que
esta noche sea perfecta, por eso había llamado a Flick para pedirle un
consejo.
Respirando hondo, llamo a la puerta de Hailee, rogando a Dios que la
abra ella y no su mamá o peor aún el señor Ford. Se abre y mi corazón da
un vuelco. Hailee está parada allí con una falda de mezclilla, una camiseta
blanca que tiene un escote pronunciado en el pecho y unos tenis con un
poco de tacón. Su cabellera rubia está recogida sobre su cabeza, sus lentes
mantienen los mechones sueltos alejados de su rostro. Es sencillo, discreto,
pero nunca había visto algo más hermosa.
—Hola —finalmente digo encontrando mi voz—. Te traje esto.
Le lanzo la caja de brownies y me froto la nuca.
—¿Has estado hablando con Flick de nuevo? —Su ceño se arquea.
—Tal vez. —Sonrío—. Mencionó que te gustaban cuando vine… pero
no pudimos comerlos.
Las mejillas de Hailee se tornan de un tono rojo intenso, sus ojos se
oscurecen. Me inclino, incapaz de resistir el tirón, y beso su mejilla.
—Te extrañé. —Paso mis labios contra su oreja y sus dedos se curvan
en mi camisa, arrastrándome más cerca.
—Solo han pasado unas pocas horas. —Gira la cabeza ligeramente, sus
labios se ciernen sobre los míos. La electricidad cruje entre nosotros, los
pelos de mis brazos se me paran, junto con otras partes. Estoy tan
interesado en esta chica, que bien podría haber entregado mi corazón y mis
bolas en un pequeño paquete y decirle que me las devuelva cuando termine
con ellas.
Robando un beso rápido, me aparto poniendo algo de distancia entre
nosotros.
—Probablemente deberíamos irnos, hice una reservación.
—¿Ah sí? —Su boca se curva y no puedo resistirme a sumergir mi
cabeza para reclamar sus labios nuevamente.
—Te ves hermosa, Solecito.
—Cam… —Hailee suspira contra mi boca, el ruido suave es una línea
directa a mi polla—. ¿Estás seguro de que no podemos quedarnos en casa?
Sus brazos me rodean el cuello.
No quiero nada más que llevarla a su habitación y hundirme
profundamente en ella, perderme en ella, pero también quiero que
salgamos, que disfrutemos una noche juntos antes de la próxima semana.
—Necesitamos esto. —Sonrío contra sus labios—. Además, no planeo
dejarte fuera de mi vista esta noche.
Hailee se echa hacia atrás, frunciendo el ceño.
—No puedo quedarme fuera toda la noche.
—¿Tu mamá o Kent van a tener un problema con eso?
—Bueno, no, no lo creo, pero…
—Ve y prepara algo para que te puedas poner mañana, Solecito, y te
espero en mi camioneta.
—Tan mandón —se queja antes de girar sobre sus talones y marchar de
nuevo por las escaleras. Pero no voy a mi camioneta. La espero. Incapaz de
separarme de ella ni por un segundo.
Cuando baja las escaleras unos minutos más tarde, empujo la puerta y
voy hacia ella.
—¿Lista?
Ella asiente.
—¿Me vas a decir a dónde vamos?
Enganchando mi brazo alrededor de su cintura, beso su cabeza y le digo
—: Es una sorpresa.

~~~

Diez minutos después, detengo la camioneta en un lugar de


estacionamiento y apago el motor.
—El Callejón —dice Hailee—. ¿Vamos a El Callejón?
—¿Sí, está bien?
—Sí, quiero decir, me encanta aquí, ¿pero estás seguro de que quieres
estar aquí?
—¿Qué tiene de malo?
—Nada, no es nada… —Ella aprieta los labios.
—¿Hice algo incorrecto? Es solo que Felicity me dijo que…
—¿Felicity te dijo que me trajeras aquí? —Hailee me mira con
incredulidad.
—Bueno, sí. Quiero que esta noche sea perfecta. Dijo que amas esos
brownies y que debería evitar usar mi jersey de fútbol americano y que
amas este lugar… así que aquí estamos.
Su expresión se suaviza cuando se arrastra por el asiento y se inclina
hacia mí. Acuna mi rostro en sus manos, Hailee me besa.
—Es perfecto. Simplemente no quiero que te sientas incómodo.
Eso me llama la atención.
—¿Por qué me sentiría incómodo? —Vamos a jugar bolos y a cenar.
Nada del otro mundo.
—Porque esto es Suiza.
—¿Suiza? —Ahora soy yo quien la mira boquiabierto.
—Sí. —Ella se ríe entre dientes—. Allí no serás Cameron Chase,
receptor abierto de los Raiders; nada más serás Cameron, mi cita.
—¿Y eso es algo malo? —Porque suena casi perfecto para mí.
—Bueno, no, solo pensé… no importa, es una tontería.
—Hailee, detente. Nada que puedas decir o hacer es una tontería.
¿Ahora dime qué está pasando en esa cabeza tuya?
—Es que estás acostumbrado a pasar el rato en Bell o en fiestas en la
casa de Asher. Esto —sus ojos se dirigen a El Callejón—, no es
exactamente algo a lo que estás acostumbrado.
Hailee baja la mirada y mi pecho se aprieta. ¿Ella realmente piensa que
me importan una mierda dónde estamos? Podríamos haber estado en la
cafetería de la escuela rodeados de nuestros curiosos compañeros de clase y
no me habría importado.
Le robo otro beso antes de mostrarle una sonrisa.
—Vamos o llegaremos tarde.
—Tarde, pero… —Su voz se ahoga cuando salgo de la camioneta
esperándola.
—¿Lista? —Extiendo mi mano cuando ella se acerca a mí, aun
frunciendo el ceño.
—¿Qué estás planeando, Cameron Chase?
—¿Por qué no vienes a descubrirlo?
Tate, el dueño, nos recibe adentro.
—Cameron, Hailee, me alegra que hayan llegado. Su mesa está lista.
Miro a la chica a mi lado, sonriendo cuando veo su expresión atónita.
—Hmm, Tate —dice en voz baja—. ¿Qué está pasando ahora? ¿Y cómo
se conocen ustedes dos?
Hailee levanta la vista de él hacia mí y otra vez.
—Mis labios están sellados, Hailee, lo siento. —Él me ofrece una
sonrisa de complicidad, que nos lleva a la parte de restaurante del edificio.
Había pedido un cubículo específico con vistas al río. El Callejón podría
haber sido la Suiza de Hailee, pero no pasa mucho tiempo antes de que la
gente nos vea, susurrando y señalando mientras seguimos a Tate, mi mano
en la parte baja de la espalda de Hailee.
—Todos están mirando —susurra, su postura tensa.
Me inclino hacia adelante, acariciando la concha de su oreja y respondo
—: Déjalos mirar.
No tengo ningún problema con que todos sepan que ella es mía. De
hecho, si no pensara que ella me patearía las bolas, la habría besado,
dándoles el espectáculo que esperan.
—¿Espero que esté bien? —dice Tate cuando nos detenemos en el
último stand quitando el letrero escrito a mano “reservado”. Es tan privado
como puede ser, pero Flick había rechazado mi primera sugerencia de
pedirle a Tate el uso exclusivo del lugar.
—¿Conoces a Hailee? —Me había preguntado con aire de diversión
antes de proceder a decirme que solo necesitaba ser yo mismo, no Cameron
el Raider, sino el tipo debajo de la bravuconería y nada más.
—Es genial, gracias. —Le tiendo la mano y él la estrecha antes de
dejarnos.
Hailee tartamudea, sus ojos se mueven del cubículo hacia mí.
—¿Qué está pasando ahora?
—Estamos a punto de cenar y luego voy a patear tu lindo trasero en el
boliche.
Tomo su mano y la empujo suavemente para que se siente, mientras yo
me acomodo frente a ella.
—Entonces, ¿qué hay de bueno aquí? —Recojo el menú.
—No puedo creer que Tate nos haya reservado una mesa.
—Podría haber sido peor. Podría haber reservado todo el lugar para
nosotros dos.
Espero ver su nariz arrugarse ante la obscena idea exagerada, pero no es
así. En cambio, sus pupilas se dilatan, ese rubor sexy se extiende por su
cuello.
—¿Hubieras querido que hiciera eso? —le pregunto.
—Tal vez. —Se muerde el labio inferior, con el deseo hirviendo en los
ojos.
Mi ceño se alza.
—¿Sí, aquí? —Examino el lugar rápidamente, imaginando todos los
lugares donde podría ponerla y…
—¿Hailee? —Un chico de cabello oscuro se acerca a la cabina, sus ojos
se mueven entre nosotros.
—Hola, Toby. —Su expresión cambia.
Toby
Mi columna se pone rígida.
—Lo siento, no quería interrumpir, puedo ver que estás ocupada. —Él
traga saliva—. Sólo quiero disculparme por lo que pasó. No me respondiste
y yo…
—Tienes que irte, ahora. —digo molesto, mis dedos se curvan alrededor
de la mesa de formica.
—Cameron —dice Hailee suavemente—. Está bien. Toby, este es
Cameron, mi…
—Su novio. —Lo miro fijamente y le envío un mensaje silencioso. El
pie de Hailee me patea debajo de la mesa y me sacude en mi asiento.
—Compórtate —articula—. Lamento no haberte devuelto el mensaje de
texto, Toby, pero no me sentía bien, no después de…
—Sí, yo lo entiendo. —Se pasa una mano por el pelo—. Me sentí mal
por lo que sucedió, y quería que supieras que no tenía idea de que Thatcher
iba a sacar esa mierda. Él podrá ser mi primo, pero eso no estuvo bien.
—¿Ya terminaste? —digo fríamente
Por fin, el tipo me mira directamente a los ojos y dice—: Sí, ya terminé.
—Su mirada vuelve a Hailee—. Y lo siento de nuevo. Supongo que nos
veremos por ahí.
Ella le da un pequeño asentimiento y él se va, yo suelto un gran suspiro
de alivio.
—No tenías que ser tan grosero. —Hailee me regaña, intentando y sin
poder mantener la diversión fuera de su voz.
—¿Grosero? Ese fui yo siendo educado, Solecito.
—Cameron, vamos… —Me dirige una mirada matadora, pero no estoy
dispuesto a renunciar. No sobre esto.
—Hailee. —Me inclino hacia delante, bajando la voz—. Te llevó a una
fiesta donde te drogaron.
Las palabras se alojan en mi garganta.
—Yo nunca voy a estar de acuerdo con eso. —Tuvo suerte de que no le
plantara mi puño en la cara.
—Lo sé, pero es que… Tú también me hiciste algunas cosas de mierda,
Cameron.
Sus palabras me cortan como un cuchillo y mis ojos se cierran cuando
inhalo profundamente.
—Nunca vas a dejarme olvidarlo, ¿verdad? —Mi estómago se hunde
cuando me encuentro con sus ojos una vez más, asustado de lo que podría
encontrar allí.
—Estoy segura de que hay formas de compensarme. —La lujuria gotea
de sus palabras y mis ojos se fijan en los de ella.
—¿Sí? —Prácticamente jadeo y su sonrisa crece.
Y así, todos los pensamientos sobre Toby y Thatcher se evaporan.

~~~

Una hora después, llenos de hamburguesas y malteadas de El Callejón,


atraemos bastante público. Pero sólo tengo ojos para la chica frente a mí.
Con cada pregunta que hace, cada roce de mis dedos contra los de ella,
Hailee se relaja. Hemos hablado de todo: su mamá, su papá, cómo se metió
en el arte, sus planes para después de la graduación.
—¿Entonces, La escuela de arte y diseño en la Universidad de
Michigan?
—Sí —dice ella sirviéndose una gran cucharada del helado que
habíamos decidido compartir—. Me interesa la Universidad de Michigan.
—No me digas. —Mi corazón se acelera; un plan, aunque loco, se
desarrolla en mi mente.
—¿Qué harás si decides no jugar en la universidad? —Hailee vuelve la
atención hacia mí.
—Honestamente, no lo sé. Siempre me han gustado los números, así
que tal vez negocios o finanzas o algo así.
—Y puedes hacer eso casi en cualquier lugar —dice—. Para que puedas
permanecer local si tu familia lo necesita. Mierda, lo siento. No quise
decir…
—Hailee. —Cubro su mano con la mía—. Está bien. Estoy bien.
¿Estoy aterrorizado por lo que traerá la próxima semana? Sí. Pero tengo
que confiar en que los médicos saben lo que están haciendo. Y con Hailee a
mi lado, todo parece mucho más fácil de procesar.
—¿Has pensado lo que le vas a decir al entrenador? —cambia de tema.
—Aún no. Pero no puedo pensar en el equipo hasta después de la
cirugía.
Dándome un asentimiento tranquilizador, Hailee sonríe.
—Ella estará bien, Cameron.
—Yo espero que sí. —De repente ya no tengo hambre. Porque la
realidad es que no estoy pensando más allá de la cirugía. Ni el “qué pasa si”
o “tal vez”. Porque Hailee tiene razón, mi mamá estará bien.
Ella tiene que estarlo.

Después de ganarme dos veces en los bolos, conduzco a Hailee de


regreso a mi casa. La tensión entre nosotros está casi en el punto de ruptura.
Toda la noche, Hailee me ha provocado con besitos y caricias sutiles. Me
sorprende lo táctil que es conmigo, dadas las constantes miradas y susurros
dirigidos en nuestra dirección. Pero ambos estamos demasiado borrachos el
uno del otro como para preocuparnos.
Cuando entro en el camino de entrada y apago el motor, Hailee se
vuelve hacia mí.
—Gracias por esta noche. Fue perfecta.
—No. —Me inclino, capturando un mechón de cabello entre mis dedos
—. Tú eres perfecta.
Hailee baja los ojos, sonrojada. Pero le agarro suavemente la barbilla,
obligándola a mirarme.
—Pase lo que pase la próxima semana, no cambiará lo que siento por ti.
Quiero que sepas eso.
—Cameron, yo…
—Espera, escúchame, ¿de acuerdo? —Necesito sacar esto de mi pecho
—. Podré enojarme y confundirme y probablemente lo arruine, pero sé que
te amo y estoy tan jodidamente aliviado de tenerte a mi lado en medio de
esto.
Hailee se sube a la consola y sube a mi regazo, deslizando sus piernas
sobre las mías y rodeando mi cuello con sus brazos.
—No voy a ninguna parte. Ya deberías saber que no me rompo
fácilmente. —Se inclina para besarme, provocándome con su lengua.
—Nunca quise romperte —confieso—. Solo quería que me vieras.
Al presionar su cabeza contra la mía, los ojos de Hailee brillan con
feroz posesividad.
—Te veo, Cameron.
—Y. yo. Te. Veo.
Capítulo 39
Hailee
—Tal vez no fue una buena idea —digo mientras nos sentamos en la
camioneta de Cameron en el estacionamiento de la escuela. Él ha insistido
en recogerme.
Girando su cuerpo hacia mí, deja escapar un largo suspiro. Los chicos
ya habían empezado a notarnos y sé que no pasará mucho tiempo antes de
que toda la escuela se entere, si aún no lo han hecho después de nuestra cita
en El Callejón anoche.
—Hailee, mírame. —Mis ojos se deslizan lentamente hacia los suyos—.
Te amo. Nada de lo que alguien haga o diga cambiará eso.
Las mariposas revolotean salvajemente en mi estómago. No pensé que
alguna vez me acostumbraría a escucharlo decir esas palabras. Incluso si
aún no las he repetido.
Un fuerte golpe nos sobresalta, y Asher presiona su cara contra la
ventana de Cameron.
—¿Van a sentarse allí toda la mañana?
Cameron gime.
—Lo siento. —Él me habla, y yo me rio entre dientes.
—Fee y yo estamos esperando.
Eso me hace girar la cabeza alrededor de Cameron para encontrar a
Flick de pie al lado de Asher, como un ciervo encandilado con luz. Abro la
puerta, salgo de la camioneta y doy la vuelta para encontrarme con mi
mejor amiga.
—Hola —dice, regalándome una pequeña sonrisa—. Esto es… ¿qué es
esto exactamente?
Voy a responder, pero Cameron sale y me abraza, tirando de mí contra
su pecho.
—Hailee y yo estamos juntos.
Flick sonríe mientras los ojos de Asher casi se salen de su cabeza.
—¿Juntos, juntos o como folla amigos juntos, porque pensé que…? —
Sus labios se aplanan ante lo que Cameron le está diciendo en silencio.
Miro a Cameron y él baja la cabeza, capturando mis labios en un suave
beso.
—Pido disculpas ahora por cualquier cosa que pueda salir de su boca.
—Escuché eso —se queja Asher.
—Se supone que debías hacerlo.
—No es que no esté feliz por ti —continúa—. Lo estoy, pero ¿Jase sabe
sobre esto?
El brazo de Cameron se aprieta a mi alrededor cuando dice—: No
importa.
Asher mira más allá de mí a su mejor amigo.
—Hay tanto que quiero decir, pero, oh ... hablando del diablo.
Todos giramos en la dirección que él está buscando para encontrar a
Jason caminando hacia la escuela con algunos de los muchachos del equipo.
Como si nos sintiera observando, sus ojos nos encuentran a través del
césped, fijándose en Cameron y yo. Todo se ralentiza: la corriente de chicos
que entra al edificio, la incesante charla y la risa, el oxígeno que se filtra por
mi cuerpo. Sé que las cosas serán incómodas, pero no había esperado que se
sintiera como una nueva línea entre nosotros. Prácticamente puedo sentir el
cambio en el aire, la pared invisible se eleva entre nosotros. Cameron,
Asher, Flick y yo a un lado; y Jason por el otro.
Me estremezco al darme cuenta.
—Oye —la voz de Cameron me ancla de nuevo a él—. Todo irá bien; él
vendrá a nosotros.
Besa mi mejilla.
Flick me mira nerviosamente y le ofrezco una débil sonrisa. Pero es
Asher quien rompe la sofocante tensión.
—Bueno —dice—. Supongo que somos tú y yo, Fee, nena.
Echa el brazo alrededor de mi mejor amiga, quien me lanza una mirada
con la expresión de “ayuda”. Una sonrisa tira de mi boca. Es una lástima
que ella lo hubiera puesto a él en la zona de amigos por su chico misterioso
porque, a pesar de las tendencias de mujeriego de Asher, ellos hacen una
pareja muy linda. Pero tengo suficiente de qué preocuparme sin
involucrarme en la vida amorosa de mi mejor amiga.
—¿Estás listo? —Le pregunto a Cameron en voz baja, pero por
supuesto Asher lo escucha.
—¿Listo, listo para qué?
La expresión de Cameron cae cuando dice—: Tengo que hablar con el
entrenador.

~~~

Sobrevivimos el día en la escuela. Después de que el rumor casi explotó


con noticias de Cameron y yo, las cosas se calmaron. Pero voy a tener que
acostumbrarme a mi nueva popularidad ahora que estoy con un Raider.
Con un Raider. Eso es algo que nunca pensé que diría.
—¿Por qué sonríes? —Cameron me pregunta cuándo se encuentra
conmigo fuera de clase.
—Oh nada. —Sonrío, dejando que me quite la pila de libros—. Pero
tener un novio tiene sus usos.
Nos detenemos en mi casillero y cambio los libros que necesito para la
tarea con los que tengo en los brazos de Cameron. Cuando termino, me
encuentro abarrotada contra el banco de casilleros, con los tormentosos ojos
azul grisáceos fijos en mí. El pasillo se está vaciando, pero algunos chicos
nos observan con leve curiosidad y diversión.
—Tenemos una audiencia. —Mis manos se deslizan por su pecho
mientras muevo mi cabeza hacia el grupo de chicas jóvenes que miran
abiertamente en nuestra dirección.
—Probablemente deberíamos darles algo de qué hablar entonces. —
Cameron cierra la distancia entre nosotros, fijando su boca sobre la mía, su
lengua deslizándose entre mis labios—. Dios, te amo.
—Yo también te amo —digo un poco más fuerte de lo que pretendía
ganándonos una ronda de gritos y alaridos de algunos de los compañeros de
equipo de Cameron que nos pasan—. Estoy enamorada de ti.
Es la verdad, estoy completamente enamorada de Cameron Chase.
—¿Sí? —Se echa hacia atrás—. ¿No lo dices porque quieres mi cuerpo
o para decir que te echaste unos con un Raider?
Extiendo la mano, pellizcando su pezón antes de deslizar mi mano por
su sólido pecho, contando mentalmente los bordes de sus abdominales.
—Bueno, esto es definitivamente una ventaja adicional…
Su risa suave se apodera de mí, dándome una cálida sensación blanda
dentro.
—Joder, esperamos demasiado por esto. ¿Lo sabes bien? Deberíamos
haber sido tú y yo todo el tiempo.
—Yo… —No sé qué decir a eso. Pero no tengo que decir nada porque
Cameron vuelve a inclinar su boca sobre la mía. Estoy tan perdida en el
beso, en la forma en que sus labios moviéndose contra los míos, que casi no
escucho a alguien aclararse la garganta.
Pero Cameron lo escucha y se aparta, exhalando un largo suspiro.
—Entonces, los rumores son ciertos —dice una chica con el pelo largo
y oscuro—. Cameron Chase finalmente está fuera del mercado.
—Miley, esta es mi novia Hailee. Hailee, esta es Miley.
Miley.
Yo conozco a esta chica. Es la misma del baile de bienvenida y estoy
bastante segura de que es la chica de la noche de la fiesta de Asher cuando
pegué la calcomanía al auto de Jason.
—Hola. —Levanto la mano para saludarla.
—Hola. —Su mirada fría me recorre, pero no parece mordaz como
algunas de las chicas de nuestra clase—. Hubiera estado bien que me
pusieras sobre aviso.
Ahora está mirando a Cameron, con el dolor persistente en sus ojos.
—Dame un segundo —me dice antes de guiar a Miley por el pasillo
fuera del alcance de los chismosos. Se me hace un nudo en el estómago
cuando los veo hablar. Se quedan cerca, él la mira fijamente y ella lo mira.
Es hermosa, delgada y tonificada, una atleta con seguridad. Y por mucho
que no quiera sentir celos, me quema como ácido.
Después de un minuto o dos, Miley asiente y gira sobre sus talones y se
aleja por el pasillo. Cameron se acerca a mí lentamente, sus ojos me miran.
Tratando de decirme cosas que no puedo descifrar.
—Así que esa es Miley —le digo—. Ella es bonita. ¿Fueron ustedes dos
algo?
—Hailee, no hagas esto. —Suelta un profundo suspiro—. Miley no es
importante para mí.
—¿Pero ella era alguien para ti?
Cameron me aprieta contra el casillero otra vez, ahuecando mi
mandíbula, inclinando mi rostro hacia el suyo.
—Escúchame cuando digo esto. Eres tú, a la que amo. Tú, a quién
necesito. Miley era alguien para llenar el vacío por un rato. Pero eso es
todo. Tú y yo, esto, es real. —Baja la cabeza hacia la mía—. Te necesito,
Hailee. Te necesito tanto que me aterroriza.
La vulnerabilidad brilla en sus ojos como estrellas en el cielo nocturno.
Levantando mi mano contra su mejilla, lo inhalo y digo—: Y aquí estoy
contigo. —Cada pieza—. Ahora llévame a casa y muéstrame cuánto me
necesitas.

~~~

Cameron no vuelve a la escuela después de eso. Quiere estar allí para


las citas de su mamá y ayudar con Xander. Así que me sorprendió cuando
me pidió que fuera al partido con él el viernes por la noche.
—¿Estás bien? —Aprieto su mano mientras vemos a los Raiders salir
corriendo al campo. Estamos en la sección familiar, usando sus dos boletos
reservados para sus padres, y Asher había tenido la amabilidad de dejar que
Flick tuviera uno de sus boletos ya que sus padres están fuera de la ciudad.
—Estoy bien. —Cameron asiente antes de inclinarse para capturar mis
labios en un beso lento.
—Hmm, muchachos, justo aquí. Estoy aquí.
—Lo siento. —Echo un vistazo alrededor de Cameron y le hago una
mueca a mi mejor amiga.
—Eres tan linda que ni siquiera puedo enojarme contigo, ugh —gime,
reajustando su gorra de los Raiders—. Necesito un hombre.
—¿Qué pasa con Ash…
Pongo mi mano sobre la boca de Cameron.
—No le pongas ideas en la cabeza.
—Él es agradable y todo —dice Flick ignorándome por completo a
Cameron y a mí—. Pero él no es mi tipo.
—¿Hay algún otro tipo además de atleta creído y arrogante?
—Solecito —advierte Cameron.
—¿Qué? —Me hago la tonta—. Es verdad. Ustedes los deportistas son
todos igua...
Baja la cabeza y me hace callar con los labios y la lengua. Me derrito
contra él y un par de personas detrás de nosotros se ríen.
—Cam —respiro—. Tenemos que… parar.
—No eres divertida. —Es su turno de poner mala cara.
—¿Cómo está tu mamá, Cameron? —Los dos nos volvemos hacia Flick
y su expresión se vuelve seria.
—Ella está tan bien como se puede esperar, gracias. La buena noticia es
que su médico parece seguro de que extirparon todo.
—Eso es genial.
Es grandioso. Karen ha sobrevivido a la cirugía y su pronóstico se ve
bien. Todavía no ha salido del todo, tiene un largo camino por delante si los
médicos deciden que necesita radioterapia; pero todo es tan positivo como
podría ser, dadas las circunstancias.
Envolviendo mi brazo alrededor de la cintura de Cameron, me acurruco
a su lado. A pesar de que la cirugía de su madre salió bien, él ha decidido
permanecer fuera de la lista para el partido de esta noche. El entrenador y
sus compañeros de equipo le rogaron que se quedara en la banca, pero al
final, él decidió mirar desde las gradas. Creo que, en el fondo, todavía está
esperando la llamada para decir que algo había salido mal.
—Ella está bien —susurro, apretándolo más fuerte. Cameron me mira y
sonríe.
—Lo sé. —Me besa de nuevo y Flick se queja.
—Creo que los dos me caían mejor cuando se odiaban.

~~~

—Estás prácticamente radiante. —Flick entrelaza su brazo con el mío


mientras seguimos a Cameron por la parte trasera del estadio para ver al
equipo y felicitarlos por una merecida victoria.
—Estoy feliz —admito—. Él me hace feliz.
—Bueno, duh. —Ella se ríe entre dientes—. Te las arreglaste para
agarrarte un Raider. Supongo que algunas cosas se hacen realidad.
La miro boquiabierta, incapaz de enseñar mi indignación, pero solo se
ríe más fuerte.
—Deberías ver tu cara. Solo agradece que no te di para tu cumpleaños
una camiseta estampada #YoMontoUnRider impresa en ella. —Flick guiña
un ojo.
—Estás celosa.
Sus ojos se nublan por un segundo, el aire a nuestro alrededor se enfría
considerablemente, pero luego Flick sonríe como si nada hubiera pasado.
—Por supuesto que estoy celosa. Quiero decir, tengo ojos. Míralo.
Así que lo hago.
Cameron golpea los puños y abraza a sus compañeros. Sus amigos.
Estamos revoloteando mientras él hace lo suyo, dejando que Kaiden y
Asher le cuenten jugada por jugada de cada anotación como si no
hubiéramos estado al frente y al centro viendo todo el partido. Pero me doy
cuenta de que probablemente es su forma de incluirlo en la victoria.
—¿Cómo están las cosas en casa? —Flick aparta mi atención de
Cameron.
—Está todo raro. Mi mamá y Kent están actuando como si nada hubiera
pasado, y Jason apenas los saluda, por lo que no ha cambiado mucho allí.
Estoy en ese lugar extraño donde quiero enojarme con ella, pero no estoy
segura de tener la energía para seguir así por mucho más tiempo.
—Mira —dice mi mejor amiga—. Ella cometió un error. Sí, fue un
jodido y épico error, pero no puedes evitar de quién te enamoras. Tú de
todas las personas debería saber eso.
—Es que… —Flick tiene razón, siempre la tiene. Pero no sofoca el
aguijón de la traición de mi mamá. Creo que me dolió más el hecho de que
ella haya mentido todo este tiempo que el hecho de que ella haya tenido una
aventura.
La gente tenía amoríos todo el tiempo. No lo apruebo, pero ella y Kent
son adultos. Ellos sabían lo que estaban haciendo. Jason y yo sabiendo no
habría cambiado nada.
Pero algo me dice que él no tiene prisa para perdonar a su padre.
—¿Y tú y Jason, qué está pasando allí?
—Sí, hermana. —Él aparece de la nada—. ¿Qué está pasando ahí?
Flick pone los ojos en blanco, pero él apenas la mira dos veces.
—No seas idiota, Jason.
Alza las manos.
—Vengo en son de paz. —Sus ojos se dirigen hacia donde está Cameron
—. ¿Cómo está el?
—¿Por qué no le preguntas a él? —No hay malicia en mis palabras.
Cameron tiene razón; la vida es demasiado corta. Después de sentarme
con él en la sala de espera del hospital mientras su madre se sometía a una
craneotomía que le salvó la vida, me di cuenta de que este rencor entre
Jason y yo, las cosas con Thatcher no importan. Esto es el bachillerato. Los
chicos son malos y se deprimen unos a otros. Pero el mundo real, donde las
cosas son difíciles, dolorosas e inciertas, no está esperando. El bachillerato
no me define. Sé lo que valgo, y este momento, aquí mismo, me define.
Jason pasa una mano enérgica por su cabello húmedo cuando me acerco
a él y pongo mi mano sobre su brazo.
—Deberías ir a hablar con él; él te echa de menos.
No importa lo que Jason piense o no piense de mí, nuestras vidas están
entrelazadas ahora. Le guste a él o no. Estoy enamorada de su mejor amigo,
su hermano en todas las formas que cuentan, por lo que tenemos que
encontrar una manera de coexistir.
—Es que yo… —vacila.
—Ve —digo en voz baja—. Él te necesita; necesita saber que estás de
acuerdo con todo esto.
Cameron podría haber dicho que estaba listo para dejar el equipo, pero
yo sabía que no lo estaba. Realmente no. Pero esta cosa entre él y Jason lo
está influyendo para que tome la decisión equivocada. E
independientemente de lo que yo pensara sobre el fútbol americano, no
quiero que renuncie a sus sueños.
Como si sintiera que lo observamos, la cabeza de Cameron se gira hacia
nosotros. Sus ojos se oscurecen cuando ve a Jason a mi lado. Dejo caer mi
mano sobre la espalda de mi hermanastro y lo empujo hacia adelante.
—Ve, te arrepentirás si no lo haces. Créeme.
Capítulo 40
Cameron
Observo a Hailee y Jason mientras él decide si venir o no. Ella quiere
que él lo haga, está justo allí en sus ojos color miel. Pero yo no hago ningún
movimiento; esto tiene que venir de él.
Hailee está ahora de mi lado. Puede que ella sólo haya estado en mi vida
oficialmente durante unos días, pero ha estado allí en cada paso del camino.
En el hospital mientras esperábamos a que mi mamá saliera de la cirugía,
esperando afuera del vestidor mientras le decía al entrenador que necesitaba
tomarme un tiempo fuera del equipo. Ella había estado allí, sin hacer
preguntas. Ella me entiende. Entiende lo que yo necesito. Y ella ha estado
allí.
Significa el mundo entero para mí.
Pero Jason piensa de una forma diferente. A sus ojos, la empatía y la
compasión son debilidades. Rasgos que significan dejar que la gente se
acerque, algo que rara vez él hace. Entonces, cuando comienza a dirigirse
hacia mí, me preparo para cualquier mierda que esté a punto de salir de su
boca.
—Hola —dice.
—¿Qué hay? —Ladeo la cabeza. Desde que tengo memoria, los dos
hemos sido inseparables, pero ahora parece que hay una cancha entera entre
nosotros.
—No me sentí bien ahí afuera esta noche. —Jase me mira, su cabello
cayendo sobre sus ojos ligeramente.
—Obtuviste la victoria; eso es todo lo que importa, ¿verdad? —No tenía
la intención de que sonara como una indirecta, pero él se estremece.
—Vamos, hermano, no es… Mira, me equivoqué, lo entiendo. —Su
expresión no coincide con el Jason que conozco, el tipo que está un paso
más cerca de ganar el estatal—. Pero tú no me lo dijiste, no lo hiciste…
—Tú no querías escucharlo. —Mis ojos se cierran—. No eres como el
resto de nosotros, Jase. Estás tan concentrado en el fútbol, en el futuro…
—Pero esto es diferente. Yo hubiera… —Suelta un profundo suspiro—.
¿Cómo está?
—Mi madre está bien, pero todavía no saben si necesita radioterapia. —
El doctor Kravis sigue optimista de que pudo extraer todas las células
tumorales, pero dado que era un meningioma de grado dos, todavía hay una
posibilidad de que pudiera reaparecer.
—Joder —sisea Jase—. Lo siento mucho, hombre.
—Ella está viva y pudieron sacar todo, eso es en lo que nos estamos
enfocando en este momento.
La espera de que ella saliera de la cirugía es algo que nunca quiero
volver a experimentar. Esas seis horas fueron insoportables. Si no hubiera
sido por las preguntas incesantes de Xander y tener a Hailee a mi lado, creo
que me hubiera vuelto loco.
Jase se frota la nuca. Quiere decir algo, puedo verlo en sus ojos.
—¿Qué? —pregunto.
—No, no importa.
—Vamos, dilo.
—¿Crees que volverás al equipo… ahora que ella está bien?
Sacudo la cabeza con incredulidad. Incluso ahora, él no puede ver más
allá del deporte.
—Joder, eso no salió como esperaba. —Se pasa una mano por la cara—.
Lo que estoy tratando de decir es que entiendo por qué no pudiste jugar esta
noche; para ser honesto, me sorprende que hayas venido.
Yo no quería hacerlo, pero mi papá insistió. Incluso mi mamá me había
dado su bendición.
—Lo que quiero decir es que te necesito. Tú, Chase y yo. Necesitamos
pasar por esto juntos.
—No sé si…
—Lo sé. —Levanta las manos—. Y lo entiendo, lo hago. Pero
trabajamos demasiado para esto, tú te partiste el lomo por esto.
—Escucha, Jase, no estoy seguro de que Penn esté…
—A la mierda Penn. Tienes que hacer lo mejor para tu familia, lo
entiendo. Siempre fue mi sueño de todos modos. Pero este año, es nuestro.
Puedo hacerlo sin ti, pero honestamente —Jase me mira fijamente—. No
quiero.
—¿Te preocupa no ser nada sin tu receptor de estrella? —Sonrío.
—Maldita sea, sí lo estoy. Kaiden es bueno. Pero él no es él número
Catorce. —Me regala una de sus raras sonrisas—. Entonces, ¿qué dices,
Chase, estás dentro?
—No puedo prometer nada, pero si mi mamá sigue bien y los médicos
están contentos con su progreso, sí, estoy dentro. —El entrenador ya había
dicho que podía reducir mi tiempo en los entrenamientos si era necesario.
El alivio se instala en los ojos de mi mejor amigo, sus hombros caídos,
y por primera vez en mi vida, veo a Jason Ford bajar sus defensas. Lo que
acaba de decir le ha salido de adentro.
Y eso significa mucho para mí.
A pesar de todos los altibajos y eventos de las últimas semanas, el
hecho de que finalmente hubiera logrado mirar más allá de sí mismo y del
deporte, es muy significativo.
—Entonces, tú y Hailee, ¿eh? —Gira la cabeza hacia donde están las
chicas fingiendo no mirarnos.
—Sí, ¿va a ser un problema? Porque seré claro desde ahora; si me haces
elegir, será ella, no lo dudes. —Es mi mejor amigo, pero ya no soy su títere.
Necesito a Hailee. Realmente no puedo explicarlo, pero la necesito. Y ahora
que finalmente la tengo, no tengo planes de hacer nada para poner en
peligro eso.
—Supongo que será mejor que me acostumbre entonces. —Jase se
encoge de hombros, pero veo la tensión alrededor de sus ojos—. Sabes,
todavía necesitamos vengarnos de Thatcher por lo que le hizo.
—Jase, no estoy seguro…
—Su caída está cerca, de una forma u otra, él va a caer.
—¿Quién va a caer? —Hailee finalmente se acerca, la culpa brilla en
sus ojos—. Lo siento, no podía esperar más.
—Está bien. —Engancho un brazo alrededor de ella, atrayéndola hacia
mi costado.
—Entonces, ¿de qué estaban hablando?
—Pregúntale a tu noviecito. —La esquina de la boca de Jase se inclina
y lo mando a la jodida.
—¿Pregúntale a tu noviecito, qué cosa? —Ash aparece, su brazo se
cierne casualmente alrededor de Felicity, quién parece menos que
impresionada de ser arrastrada a nuestra pequeña reunión.
—Creo que están tramando algo —dice Hailee, lanzándome una mirada
dudosa.
—No estamos tramando nada —le digo—. Lo prometo.
Pero los ojos de Jase se encienden con algo peligroso, y supe que no
dejaría pasar esto con Thatcher.
—¿Los chicos quieren saber si nos dirigimos a Bell? —Ash pregunta,
su brazo todavía abrazando a Felicity.
—No estoy seguro… —comienzo, pero Hailee presiona su mano contra
mi estómago—. Está bien, si quieres ir, podemos ir.
Ella asiente tranquilizadoramente.
—¿Fee, nena, te anotas?
—¿Prometes dejar de llamarme así? —Felicity le pone los ojos en
blanco a Ash.
—Prometo emborracharme e intentar toquetearte un poco. —Él me
guiña un ojo y pillo a Jase poniéndose rígido. Me estoy perdiendo algo.
Algo que involucra a mis dos mejores amigos y a Felicity. Pero antes de que
pueda tratar de averiguar qué demonios está pasando, Jase dice—: ¿Qué
estamos esperando entonces?
Lo seguimos, como si los cinco, juntos, fuera lo más normal del mundo.

~~~

—Déjame adivinar, ¿esto está en tu lista?


—¿Lista, qué lista? —Le pregunto a Hailee, escuchando la
conversación de ella y Felicity, cuando llegamos a la puerta de Bell.
—Hmm, no me di cuenta de que estabas allí. —Hailee me mira con los
ojos muy abiertos, como si la hubieran atrapado haciendo una travesura.
—¿Dónde creías que estaba?
—Adentro con Asher y Jason.
—Siempre estaré donde sea que estés tú. —Me inclino, besándola. En
verdad, había llamado a mi papá para preguntarle cómo sigue mi mamá,
pero él me aseguró que ella está bien, y Xander está con Katie. Después de
la semana más dura de nuestras vidas, él quiso, no, me exigió, que tratara de
disfrutar una noche con mi novia y mis amigos.
—Oh Dios, necesito un trago. Algo fuerte. Es cierto que el propietario
no ficha al equipo aquí, ¿verdad?
Me rio entre dientes, todavía besando a Hailee. Ella se separa, mirando
a su amiga.
—¿Tú quieres beber, aquí?
Felicity se encoge de hombros.
—Tiempos desesperados, Hails, tiempos desesperados. —Se mete
dentro dejándonos a Hailee y a mí solos.
—Ella está actuando de manera extraña. —Hailee suelta un suspiro
frustrado, y dudo, preguntándome si revelar o no mi teoría—. ¿Cameron?
Atrapado.
—Entonces, creo que algo podría estar pasando con Felicity y los
chicos.
—¿Los chicos? —Hailee palidece—. ¿Qué quieres decir con los chicos?
—Asher y Jase.
—Crees que... no... —La risa estrangulada sale de ella—. Flick no se
acercaría a Jason, y esto con ella y Asher es una broma. Es sólo un juego.
Quiero decir, es Asher, él es…
—Está bien. —Bajo mi cabeza a la de ella—. Sólo respira.
Probablemente estoy equivocado. Probablemente no sea nada.
Estoy bastante seguro de que sí está pasando algo, pero también me doy
cuenta de que Hailee no está lista para escucharlo.
—Por supuesto, te equivocas. Ella no, no, simplemente no puedo. —
Hailee niega con la cabeza, una mirada de alarma plasmada en su rostro
antes de entrar en Bell. Sigo lamentándome haber dicho algo. Pero conozco
a Jase y conozco a Ash y he sentido que algo ha estado sucediendo por un
tiempo. Y si tengo razón, tiene un desastre escrito por todas partes.
En el segundo que entro en el bar, me reciben con gritos y aplausos.
Jase y Ash se paran al frente y al centro, el resto del equipo se reúne detrás
de ellos gritando mi nombre a coro. Es posible que no haya estado en el
campo esta noche, ayudándolos a asegurar la victoria llevándolos un paso
más cerca del estatal, pero esta es su forma de incluirme. De mostrarme
que, sin importar lo que suceda de aquí en adelante, todavía soy parte del
equipo.
Aún somos familia.
—Es bueno verte, hombre. —Grady se me acerca y me abraza—. Nos
enteramos de lo de tu mamá. Si hay algo en que te podamos ayudar, cuenta
con ello.
—Gracias, hombre, lo aprecio —digo las palabras sobre el nudo en mi
garganta. Kaiden es el siguiente, y luego Mackey y algunos de los otros
estudiantes de segundo año. Cada uno de ellos ofrece sus palabras de
apoyo, cada uno recordándome por qué he amado tanto el deporte, desde
que tengo memoria.
Porque es más que solo un juego.
Es más que el colmo de la victoria o el dolor de la pérdida. Es la
hermandad y la familia, y saber que todos se respaldan sin importar qué.
—Ey. —Hailee aparece a mi lado cuando los chicos finalmente me
dejan tener algo de espacio—. ¿Estás bien?
—En realidad sí, me siento bien. —La beso, sin importarme quién
pueda vernos, ganándonos otra ronda de aplausos. Sus dedos se tuercen en
mi jersey y cuando se aparta, el sonrojo más lindo aparece en sus mejillas
—. Oh, Dios, eso fue tan vergonzoso.
—Ahora eres una Raider —digo luchando contra una sonrisa mientras
la recargo a mi lado, guiándonos hasta donde nos esperan Jase, Ash y
Felicity.
—¿Supongo que puedo agradecerles a ustedes dos por la cálida
bienvenida? —Les pregunto a los chicos.
—Sólo queremos que sepas que el equipo está detrás de ti ciento diez
por ciento. Decidas lo que decidas, te respaldamos —dice Ash.
—Siempre —agrega Jase y no sé quién está más sorprendido. Asher,
Hailee o yo.
—Sí, sí —se queja—. No te acostumbres demasiado. Sigo siendo el
bastardo de corazón frío que todos detestan.
Su dura mirada se dirige a Felicity, quien finge no darse cuenta.
Pero me doy cuenta.
Solo espero que Hailee no lo haga porque no quiero que esta noche
termine en drama. Quiero disfrutar el momento: mis amigos, mi equipo y
mi novia compartiendo alegremente en uno de mis lugares favoritos.
Después de semanas de incertidumbre, de sentirme empujado en
diferentes direcciones, finalmente siento que puedo respirar. Y sé qué se
debe en gran parte a Hailee. Ella hace desaparecer toda la otra mierda. Ella
me mantiene cuerdo en los momentos más inquietantes, los momentos en
que mis pensamientos se vuelven oscuros y se van a lugares donde no
quiero estar.
Y aunque es pronto, sé que no quiero estar en ningún lugar donde ella
no esté.
Sin pensarlo, salto a la mesa de un cubículo vacío y espero a que el
lugar se calle. Hailee me mira como si hubiera perdido la cabeza. Y tal vez
sí, pero si la vida me ha enseñado algo en las últimas semanas, es que nunca
sabes lo que está a la vuelta de la esquina.
—Sólo quiero decir algunas palabras.
Todos mis compañeros de equipo hacen un alboroto, pisotean contra el
suelo y golpean las mesas.
—Muéstrenle respeto al chico —grita Jerry desde su posición detrás de
la barra, y le doy un gesto de agradecimiento.
Cuando todos se callan, continúo—: Al comienzo de esta semana, voy a
ser sincero, no sabía si alguna vez volvería a ponerme el jersey. El fútbol
americano es importante para mí, pero no lo es todo. La familia es lo que
importa. —Mis ojos encuentran a mis mejores amigos—. La amistad,
apoyarse mutuamente, estar allí cuando las cosas tocan fondo, eso es lo que
hace que ser un Raider sea especial. ¿La emoción de la victoria es adictiva?
Demonios, sí, lo es. Pero es saber que, si pierdes, si tus sueños se incendian
frente a tus ojos, todavía tendrás un equipo, una familia, para soportar la
carga contigo.
Tomo una bocanada de aire porque la necesito para poder seguir.
—A estas alturas, probablemente todos sepan que mi familia tuvo que
enfrentar tiempos difíciles recientemente. Y me hizo cuestionar todo lo que
creía saber. Pero independientemente de lo que traigan las próximas
semanas, una cosa es segura, siempre seré un Raider. Y no podría pensar en
un mejor equipo para ganar el estatal.
—¿Eso significa que te quedas? —Grita Grady y lucho contra una
sonrisa.
—¿Necesitarás a tú receptor estrella, verdad?
—Genial. —Él sonríe y el lugar estalla en vítores.
Jase y Ash están sobre mí en el momento en que salto de la mesa. Jase
agarra la parte posterior de mi cuello y presiona su cabeza contra la mía, sus
ojos dicen todo lo que sé que nunca dirá. Y luego Ash se une a nosotros, sus
brazos rodean nuestros dos cuellos, acercándonos.
—Gracias a Dios, no tengo que perder más horas de sueño por decir de
qué lado estoy.
Un momento de entendimiento pasa entre nosotros tres. Estamos en el
precipicio de algo, todos podíamos sentirlo. Todo lo que tenemos es este
momento antes de que todo cambie.
—¿Crees que te comprometerás cuando vengan los reclutadores la
próxima semana? —Ash pregunta y mis ojos encuentran a Hailee parada
con Felicity junto a la barra.
—Sí, estoy listo.
El fútbol americano es parte de mí, parte de quien soy. Y me lo debo a
mí mismo, a mi familia, para ver a dónde me lleva.
—Bueno, no nos mantengas colgando. ¿Cuál elegirás?
—Michigan —digo sin dudarlo—. Me voy a comprometer con
Michigan.
Es una decisión precipitada, una que sé que tendré que hablar con mis
padres, sin mencionar a Hailee. Pero la vida es preciada y no quiero pasar ni
un minuto perdiéndola. Si las cosas van mal con mamá, cruzaría ese puente
cuando llegara el momento. Todavía tenemos nueve meses antes de irnos a
la universidad. Mucho podría cambiar entre ahora y entonces.
Pero aquí, en este momento, quiero el sueño.
Quiero el deporte que tanto amo.
Y quiero a la chica.
Epílogo
Hailee
—Oh, Dios mío, es tan grande.
—Sé algo que es grande —Asher se da la vuelta y le dirige a Flick una
sonrisa maliciosa.
—Asher, de verdad. —Ella pone los ojos en blanco antes de fijar su
mirada una vez más en el horizonte de Nueva York cuando cruzamos el
puente. Jason gruñe, sus ojos se hacen dos líneas delgadas mientras se
enfoca en el camino, pero lo ignoro porque Cameron está equivocado.
Tiene que estar equivocado.
A Flick no le gusta mi hermanastro, no hay nada que pueda gustar en él.
—¿Estás emocionada? —Los labios de Cameron rozan la concha de mi
oreja, enviando un rastro de calor que me atraviesa. Aprieto mis piernas
mientras su suave risa se apodera de mí.
—Sí, siempre quise ver una exposición de Reba. No puedo creer que
Kent haya logrado conseguirnos boletos.
—Los boletos son tuyos —dice Jason—. Ya te lo dije, no voy a una
exposición de arte. Además, los primos de Ash nos van a dar el recorrido,
¿verdad?
—¿Qué? —Pregunto, mirando de él a Cameron y viceversa—. No
dijiste nada sobre los primos de Asher.
Este viaje ha sido robado oficialmente por mi hermanastro.
Se supone que es para celebrar mi cumpleaños.
Es posible que hayamos encontrado una tregua temporal ya que sucedió
todo con la mamá de Cameron, pero no tengo la ilusión de que dure.
Demasiado ha sucedido entre nosotros. Pero durante este fin de semana,
pondremos de lado nuestras diferencias. Cameron necesita este fin de
semana, todos lo hacemos. Y nada lo va a echar a perder.
Nada.

~~~
Treinta minutos después, después de luchar contra el tráfico de la
ciudad, finalmente estamos en el hotel.
—Mierda, Hails, no lo puedo creer. Nuestra vista es maravillosa, puedo
ver Empire State. La voz de Flick tiene un tinte de asombro mientras me
hace señas a la ventana de piso al techo en nuestro alojamiento para pasar la
noche.
La suite del ático con vistas a la Quinta Avenida es ridícula. Pero Flick
ha insistido en que comparta habitación con Cameron, así que no puedo
quejarme demasiado. Jason y Asher comparten la otra habitación doble, con
dos camas King, y Flick ha tomado felizmente la sencilla.
—Nueva York —suspira soñadora—. Todavía no lo puedo creer. Y
escuché a Asher decirle a Jason que sus primos nos van a llevar a un club.
Un club, Hails. Estoy tan emocionada.
Mis cejas se pellizcan mientras intento compartir su entusiasmo.
—¿Un club? No estoy segura…
—Oh no, no comiences, Hailee Raine. Esta es una oportunidad única en
la vida. ¿Sabes cuántos chicos de la escuela matarían por estar aquí ahora?
Estamos aprovechando esto. —
—Déjame adivinar —le digo—. Está en tu…
—Calla. No dejes que los chicos escuchen. Ya es bastante malo que
Cameron nos haya escuchado antes. No quiero que piensen que estoy… —
Su voz se apaga cuando algo llama su atención sobre mi hombro. Miro
hacia atrás para encontrar a Jason y Asher observándonos.
—¿Van a estar paradas allí todo el maldito día o podemos salir de aquí?
—¿Al menos puedes tratar de ser amable? —Le pregunto a Jason, pero
él simplemente gruñe y va al refrigerador.
—¿Entonces, cómo están mis dos chicas favoritas? —Asher se acerca a
nosotras, pero me agacho antes de que pueda colgarse de mí. Pero su brazo
rodea a Flick. Se está convirtiendo en un hábito.
—Esto es genial —le sonríe Flick—. No puedo creer que tu papá nos
permita quedarnos aquí.
—Créelo, nena. —Él le devuelve la sonrisa—. Pero todavía no has visto
nada. Mis primos conocen los mejores lugares para ir de fiesta.
—Asher, no estoy segura…
—Hails. —Me lanza una mirada seria—. Una noche. Tenemos una
noche. Deja ese ceño fruncido y sube al tren del amor.
—¿Tren del amor, en serio?
—Está bien para ti, tú tienes a Chase para atender... tus necesidades. —
Sus cejas se mueven—. El resto de nosotros necesitamos ir de cacería.
—Asher. —Flick le da un codazo en las costillas—. Eso es vulgar.
—No, nena. Es simple biología. A menos que estés…
—¿Te está molestando? —Cameron aparece detrás de mí, rodeándome
con el brazo y tirando de mí contra su pecho.
—¿Quién, yo? —Asher finge sorpresa.
—¿A qué hora es la exposición? —Cameron pasa sus labios sobre mi
oreja.
—Comienza a las dos.
—¿Entonces, tenemos algo de tiempo para dar una vuelta por ahí?
—Sí, tenemos un par de horas. —Flick se escapa del abrazo de Asher y
lo agarra del brazo—. Deberíamos irnos, quiero verlo todo.
—Por supuesto que sí —se queja Asher, siguiéndola como un perro
faldero.
—Esto va a ser interesante —digo mientras los seguimos.
Mi hermanastro y su mejor amigo, mi novio, Flick y yo.
¿Qué podría salir mal?

~~~

—¿Entonces te gustó? —Le pregunto a Flick cuando salimos del


museo. Dejamos ir a los chicos a pesar de que Cameron insistió en que
quería venir. Él necesita divertirse y no quiero monopolizar todo su tiempo.
Además, sabía que, si Cameron venía, Asher querría venir, y no había
forma de que yo quisiera que él hiciera una escena en uno de los museos
más prestigiosos del país.
—Yo… —Ella duda—. A ti te gustó y eso es lo importante. Y al menos
ahora puedo decir que visité el metropolitano.
—Fue tan inspirador. Su trabajo es realmente algo serio.
—Y me encantaría saberlo todo alguna vez, pero —señala a los chicos
que están al pie de las escaleras—: ¿Quién demonios es esa?
Jason está hablando con una chica, una chica muy hermosa y muy bien
vestida.
—Supongo que es la prima de Asher.
—No dijo que parecía una súper modelo. —Flick me agarra del brazo y
me atrae hacia ellos.
—Estoy segura de que es buena gente, a pesar de estar emparentada con
Asher.
—Hails, él no es tan malo.
—¿Pero tampoco es material para novio, verdad?
Ella enrolla sus labios.
—¿Flick? —Le pregunto de nuevo.
—Ya te lo dije, no me interesa. Pero no está de más divertirse un poco.
—Hmm, no estoy segura de que Asher sea el tipo de persona que tú…
—Fee, ven aquí. Quiero presentarte a Vaughn y Riley.
—Vamos, Hails. Quiere presentarnos a sus primos. —Ella me lanza una
sonrisa juguetona, saltando los últimos pasos y acercándose a Asher como
si fueran los mejores amigos.
Y se me ocurre, tal vez hacia allí se dirige esta cosa extraña que están
pasando.
—Fee, Hails, este es mi primo Riley y su hermana Vaughn.
—Ey —dice el chico, sus ojos recorren a Flick y luego a mí. Cameron
se acerca, susurrando cuánto me ha extrañado en mi oído. Riley sonríe de
lado.
—¿Ella es tuya?
—En realidad, él es mío —digo, juntando la mano de Cameron en la
mía.
—Entendido.
La sonrisa de Riley se transforma en algo menos seductor y más
sincero.
—¿Y tú? —Gira la cabeza hacia Flick, que se sonroja profundamente.
—¿Yo? Estoy, eh, estoy muy soltera —grazna ella.
—Pero mantendrás tus sucias garras lejos de ella. —Asher rodea a Riley
con el brazo y lo aparta.
—Si no lo conociera mejor —dice Vaughn mientras sale tras ellos—.
Diría que mi primo está enamorado.
—¿Oye, hombre, estás bien? —Cameron le pregunta a Jason quién está
enraizado en el lugar, observando la retirada de Vaughn.
—¿Qué? Sí, estoy bien. —Mira a Flick con furia—. Sabes que está
bromeando, ¿verdad? Ash no te quiere. Simplemente le gusta jugar contigo.
—Esto… —Ella cierra la boca, la vergüenza le quema las mejillas.
—Jason no seas tan imbécil —lo regaño.
—Sí, hombre, vamos. Sólo tenemos una noche —agrega Cameron—.
Tratemos de llevarnos bien.
—Lo que sea —se queja él antes de alejarse tras Asher y sus primos.
—¿Estás bien? —Le pregunto a Flick.
—Por favor, estoy bien. —Ella sonríe, pero es forzada—. Vamos,
deberíamos seguirles el ritmo.
Flick pasa junto a nosotros y corre tras ellos.
—Eso fue raro.
—No te preocupes por Jase —dice Cameron—, está enojado porque su
mejor amigo se está metiendo con su hermana.
—Lo haces sonar tan romántico. —Me inclino, presionando un beso en
sus labios.
—Más tarde —Cameron suspira—. Más tarde, voy a besar cada
centímetro de ti.
—¿Eso es una promesa? —Mis dedos se retuercen en su suéter y él
sonríe.
—Lo es.
—Lo espero con ansías. —Me robo otro beso—. Vamos, antes de que
los perdamos.
—Espera. —Me engancha la muñeca—. Lo que Asher dijo antes, sobre
la cosa.
—¿La cosa? —Recuerdo vagamente a Asher preguntándole a Cameron
si me había contado sobre el asunto, pero había estado demasiado ocupada
contemplando la vista de la ciudad.
—Sí. —La garganta de Cameron se mueve—. Decidí a dónde quiero ir
a la universidad.
—¿Te decidiste? —Mi corazón se acelera.
—Así es.
—Está bien —digo sobre el nudo en mi garganta. No habíamos hablado
mucho sobre eso, nuestra relación es nueva y no quiero hacer ninguna
suposición—. Donde quiera que vayas, haremos que funcione.
—Bien, porque elegí ir a Michigan.
—Michigan… como en…
Una lenta sonrisa aparece en su rostro mientras asiente.
—¿Eso está bien?
—¿Vas a ir a la escuela en Michigan?
—Si tú quieres…
—Claro que quiero. —Lanzo mis brazos alrededor de él—. Realmente
lo quiero.
—Gracias a Dios porque ya hice un compromiso verbal.
Le doy un manotazo en el pecho, apenas capaz de creerlo. Sabía que
Cameron estaba buscando universidades nuevamente desde que la cirugía
de su mamá salió bien. Pero en el fondo, esperaba que siguiera a Jason a
Penn, y aunque odiaba la idea, nunca me habría interpuesto en su camino.
—Jason… —comienzo, pero él me interrumpe.
—Él es importante para mí, pero esta es mi decisión, no la suya.
Y aunque llega casi seis años tarde, finalmente me eligió.

~~~

Cameron
—¿Qué pasa contigo? —Le pregunto a Jase mientras contemplamos el
club. Hailee y Flick bailan abajo en medio de la pista de baile llena de
gente. Quería que fuera con ellas, pero yo quiero que disfrute un tiempo con
su mejor amiga, y yo quiero hablar con el mío.
—Has tenido un palo en el culo toda la noche. ¿Es por ella?
—¿Ella? —Me mira fríamente, tomando un largo trago de su cerveza.
Pensé que podríamos tener problemas para ingresar al club, pero resultó que
los primos de Asher conocen a todo el mundo, así que nos dejaron entrar
fácilmente. Es genial, incluso si hubiera preferido volver al ático con
Hailee. Solos, desnudos y yo enterrado tan profundamente dentro de ella
que no sé dónde comienzo y dónde termina ella.
—Sabes de quién estoy hablando. —Mi mirada se desvía hacia las
chicas mientras ríen y bailan, ajenas a todos los chicos que las miran con
hambre en los ojos.
—¿Estás de acuerdo con eso? —Jase voltea las mesas sobre mí—. ¿Con
ella allí abajo mientras esos tipos se la comen con los ojos? Si ella fuera
mía…
—¿Tú estás de acuerdo con eso? —Le respondo y él sabe muy bien que
no me refiero a su hermanastra.
—¿A qué mierda te refieres?
—La miras, lo sabes. —Lucho contra una sonrisa—. Cuando crees que
nadie está mirando, la miras.
Suelta una risa estrangulada.
—No sé de qué mierda estás hablando. La única chica que tengo en la
mira esta noche es Vaughn.
—¿De verdad, hombre? Es la prima de Asher.
—¿Eso no te detuvo, verdad? —Suelta un largo suspiro y se vuelve para
apoyarse en la baranda del balcón, dando la espalda a la pista de baile y a
las chicas.
—Es diferente y lo sabes, no voy a discutir contigo.
—¿Es diferente? No me jodas. —Su dura mirada me mira a mí y luego
a Asher y sus primos. Parece hambriento. Vicioso. Se parece al Jase que
conoce antes de que el desastre comenzara.
Golpeo mi mano contra su estómago mientras él da un paso adelante.
—No hagas esto. No necesitas probar nada. Todo lo que vas a hacer es
lastimarla.
—¿Lastimar a quién?
Con un movimiento de desaprobación de mi cabeza, lo dejo ir. Jase vive
para sus juegos, pero un día vendrán y lo morderán en el culo. Y por mucho
que no quisiera que Felicity se enredara con él, tal vez ella es la chica que
finalmente lo ponga en su lugar.
—¿Cuál es su problema? —Asher se une a mí, pasando sus ojos sobre
el gentío de abajo.
—¿Quién, Jase? La misma mierda de siempre.
—Le gusta, ya sabes —dice como si no fuera nada—. Nunca lo
admitirá, pero lo hace. Esa chica lo tiene loco.
Lo miro de reojo, pero él está demasiado ocupado mirando la pista de
baile, mirando a las chicas.
A Felicity.
Está mirando a Felicity.
—¿Y qué hay de ti? —Le pregunto, sin saber si es terreno que quiero
pisar—. ¿También te tiene loco?
Él se encoge de hombros, jugando con calma. Pero veo la tensión
alrededor de su mandíbula. A él también le gusta. Mierda.
—No importa —dice—. Ella no está interesada en mí.
—¿No me digas que está interesada en Jase?
—No estoy seguro. Ella dice que no, pero la veo observándolo a veces
con esa mirada en los ojos, estoy bastante seguro de que algo sucedió entre
ellos hace días en mi casa.
—¿Cuál mirada?
Asher exhala un suspiro tembloroso mientras agarro la barandilla.
—La mirada que sueles darle a Hailee. La misma mirada que dice que
quieres algo, aunque sabes que es una muy mala idea.
—¿Funcionó para nosotros, no?
Se ríe de eso, pero está lleno de amargura.
—Eres la excepción a la regla. Además, no eres un bastardo cruel como
Jase. Él desgarraría a Fee con los dientes y luego se deleitaría con sus
huesos solo porque puede. —Su mandíbula se aprieta—. Y, sin embargo, te
apuesto a que antes de que termine el semestre ella va a caer en sus brazos.
—Tal vez ella sólo necesita saber que hay otras opciones sobre la mesa.
—Le doy una mirada dura.
—Tal vez. —Algo brilla en su rostro, pero lo disimula rápidamente—.
¿Vamos a ir allí antes de que un trajeado te robe a tu chica de debajo de tus
propias narices?
Mis ojos se centran en Hailee nuevamente. Asher tiene razón, dos tipos
se están acercando a ellas.
—Vamos —digo, vaciando mi cerveza y golpeándola en la repisa.
Bajamos las escaleras, navegando el mar de cuerpos. Al instante miro a
los hijos de puta que miran a Hailee. Sus ojos se abren y se entrecierran
cuando me pongo detrás de ella, deslizando mi brazo alrededor de su
cintura.
—Hola —me dice por encima del hombro.
—Te extrañé. —Beso la punta de su nariz antes de enredar nuestras
manos juntas y descansarlas sobre su estómago. El chico hace una mueca
antes de alejarse. Miro a Asher, quien me lanza una sonrisa divertida
mientras tira de Flick a sus brazos. Ella va de buena gana, con una sonrisa
descuidada plasmada en su rostro.
—¿Qué tan borracha está Felicity? —Le pregunto a Hailee mientras
gira sus caderas contra mí, enviando un rastro de electricidad que me
atraviesa.
—Asher cuidará de ella —grita sobre la música.
Eso es precisamente lo que me preocupa.
—No estoy seguro… —Hailee se gira en mis brazos, golpeando su boca
contra la mía. Mis manos se deslizan por su espalda, encontrando la curva
de su trasero. Se ve más peligrosa que el pecado en ese vestido tipo negro
ceñido y los tacones que hacen que sus piernas parezcan más largas.
Nuestras lenguas se arremolinan, lamiendo lentamente y reflejando la
forma en que se mueven nuestros cuerpos. No tengo la costumbre de bailar,
pero por Hailee camino sobre brasas. Hay algo magnético en ella. Y estoy
completamente impotente contra sus encantos.
—Llévame a casa, Cameron —gime contra mis labios—. Te necesito.
Mierda.
Quiero arrojarla sobre mi hombro y largarme de aquí, pero la noche aún
es joven y hay que considerar a Felicity y mis amigos. Aunque ella y Asher
parecen más que cómodos envueltos en los brazos del otro.
—Más tarde —le digo, robando otro beso—. Felicity quiere aprovechar
al máximo la noche.
Los ojos de Hailee se oscurecen mientras me mira.
—Te amo. —Ella lucha contra una sonrisa—. Te amo mucho.
La acerco, la emoción me golpea el estómago. Hailee me rodea la
cintura con los brazos y me agarra con fuerza mientras nos balanceamos,
bailando a nuestro ritmo.
Hace solo unas semanas, mi futuro era incierto, una nube negra se
cernía sobre mí robándose toda la luz. Pero ahora tengo todo lo que siempre
he querido. Tengo al equipo y el estatal está a nuestro alcance. A mamá le
está yendo tan bien como se puede esperar dadas las circunstancias. Y tengo
una chica que me ama incondicionalmente.
Soy un afortunado hijo de puta. Pero si las últimas semanas me han
enseñado algo, es no dar nada por sentado.
Y tengo la intención de aprovechar al máximo mi vida, comenzando
con la chica en mis brazos.

~~~

Hailee
—¿A dónde vas? —Murmura Cameron, su mano me alcanza mientras
trato de desenredarme de las sábanas.
—Agua —digo—. Necesito agua.
El aire es diferente en Nueva York. Grueso y húmedo, se pega a la piel y
aprieta sus pulmones.
—¿Me puedes traer también una botella, por favor?
—Está bien. —Paso mis dedos sobre su mandíbula, el calor me inunda
al recordar lo intenso que ha sido entre nosotros cuando regresamos a la
habitación.
Me pongo la camisa de Cameron y la abrocho rápidamente por si
alguien todavía está despierto, aunque dado el estado de Jason, Flick, Asher
y sus primos llegaron, dudo que alguien lo esté.
Llego silenciosamente al pasillo, corro a la cocina y saco dos botellas de
agua del refrigerador, haciendo una pausa cuando escucho un ruido. Mi
corazón salta a mi garganta y me regaño en silencio. Probablemente es solo
alguien roncando. Pero cuando vuelvo de puntillas al pasillo, lo escucho de
nuevo. Un suave crujido. Un gemido ahogado. Mis ojos se abren en la
oscuridad para encontrar la fuente del ruido, sólo para encontrarme con una
puerta cerrada tras otra puerta cerrada. Hasta que mis ojos se posan en la
habitación que Flick ha ocupado. La puerta está ligeramente abierta. Ella ha
bebido. ¿Tal vez ella se siente mal? Me apresuro a su puerta, deteniéndome
afuera. Un sollozo apagado atraviesa el aire y entro en la habitación.
—¿Flick, estás bien?
Un culo desnudo me saluda.
El culo desnudo de Jason mientras penetra a mi amiga.
—Oh, Dios mío —jadeo justo cuando los ojos de Flick se posan en los
míos sobre su hombro.
—Hails —grita, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y nublados
por la lujuria. Su cuerpo se cierra sobre sí mismo cuando Jason maldice por
lo bajo, antes de salir de mi mejor amiga.
Mi mejor amiga.
... y mi hermanastro.
Juntos.
Me doy la vuelta y salgo de allí. Cameron tenía razón. Algo está
pasando.
Algo entre los dos.
Una de las personas que más amo en el mundo.
Y una de las personas que más odio.
La vida se ha vuelto mucho más complicada.

Fin
Playlist
Somebody That I Used To Know – Goyte, Kimbra
Whatever It Takes – Imagine Dragons
Hard Feelings/Loveless – Lorde
Hell To The Liars – London Grammar
War Of Hearts – Ruelle
Where’s My Love – SYML
Runnin’ (Lose It All) Sofia Karlberg
Love To Hate It – Off Bloom
All We Do – Oh Wonder
All The Stars – Kendrick Lamar, SZA
Ready For War – Tommee Proffit, Liv Ash
Irrestible – Fall Out Boy ft. Demi Levato
My Motto – Jade Bird
I Hate You, I Love You – Gnash, Olivia O’Brien
I Can’t Make You Love Me – SOAK
Mercy – Lewis Capaldi
Water Under The Bridge – Adele
Crazy In Love – Sofia Karlberg
Send Them Off! – Bastille
Can’t Hold Us Down – Tommee Proffit, Sam Tinnesz
Agradecimientos
Este libro nunca se suponía que existiera. Tuve algo de tiempo libre y
quise escribir algo nuevo. Cuatro semanas y noventa y seis mil palabras
después, la historia de Hailee y Cam estaba lista. No creo que alguna otra
historia haya salido de la manera en que esta la hizo. Inicialmente, pretendía
que fuera un romance intimidante. Algo más oscuro de lo que estoy
acostumbrada a escribir, pero Cam (oh, Cameron) tenía otras ideas. Verás,
no guío a mis personajes, ellos me guían y, bueno, aquí estamos. Pero para
aquellos de ustedes que querían un poco más de imbécil con su
protagonista, no tengan miedo, creo que Jason lo mantendrá a raya.
Como cualquier autor les dirá, escribir una historia solo requiere una
persona, pero la publicación necesita un pueblo. Y tengo que agradecer a un
montón de personas.
Primero, mi editor, Andie. Sinceramente, no sé qué haría sin sus
palabras de aliento, bofetadas virtuales y abrazos muy necesarios. Sé que a
veces soy un desastre, pero lástima, ¡estás atrapada conmigo!
A continuación, un gran agradecimiento a mi equipo beta: Becky, Bre,
Jamie y Tami por leer la versión sin pulir de este libro, y ayudarme a darle a
Cameron y los Raiders una auténtica voz de ‘fútbol americano’.
Ginelle, extraordinaria revisora de lectura, estoy muy feliz (y aliviada)
¡Te conseguí a tiempo! Gracias por ser tan minuciosa y oportuna.
A Sarah Puckett y Wen Ross, por dar vida a Hailee y Cameron, ¡me
encanta! ¡Y Brandie y Krystyn en Audiobook Obsession por ayudarme a
preparar el audiolibro para el lanzamiento!
Para mi grupo de promoción Rixon Raiders, ¡ustedes son la bomba! No
en serio. He estado muy agradecida de tenerlos a todos en mi esquina listos
para difundir el amor de los Raider. ¡Muchas gracias!
Mis chicas independientes, ya saben quién son. Me encanta nuestro
espacio seguro para chatear, ventilar y explorar lo que funciona y lo que no.
¡Gracias por apoyarme!
Para mis grupos de lectores/spoilers: estar presenteno es fácil para mí,
pero estoy haciendo todo lo posible para compartir este viaje salvaje con
todos ustedes. Gracias por quedarse.
Para todos los bloggers, bookstagrammers y los que hacen reseñas que
me han apoyado con este lanzamiento, sin ustedes, no habría un
lanzamiento, ¡así que gracias!
Y finalmente, a mis hijos. Los descuido mucho más de lo que debería,
pero hago todo esto por ustedes y por un futuro mejor. ¡Mamá los quiere!

Hasta la próxima vez,


LA
xo
Sobre la autora
Romance adictivo, dramático y tenso

Autora de novelas para jóvenes adultos y nuevos adultos, LA es más feliz


escribiendo el tipo de libros que le encanta leer: historias adictivas llenas de
angustia adolescentes, tensión, giros y vueltas.

Home es una pequeña ciudad en el medio de Inglaterra, donde actualmente


ella hace malabares con ser autora a tiempo completo con ser madre/árbitro
para dos personas pequeñas. En su tiempo libre (y cuando no está acampada
frente a la computadora portátil) lo más probable es que encuentres a LA
inmersa en un libro, escapando del caos que es la vida.

LA le encanta conectarse con los lectores. Los mejores lugares para


encontrarla son

[Link]
[Link]/authorlacotton
[Link]/authorlacotton

El problema eres tú
Copyright © L. A. Cotton 2019
Todos los derechos reservados.
Este libro es un trabajo de ficción. Los nom
Cuando juegas más sucio, más dura es la caída.
Tabla de contenido
Dedicatoria
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítu
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Epílogo
Playlist
Agradecimien
Dedicatoria
Para cualquiera que esté luchando por equilibrar lo que cree que debería
estar haciendo con lo que quiere hacer…
Capítulo 1
Hailee
 
—Hijo de puta. —Cierro de golpe el cajón de mi tocador y camino
pisoteando hacia el baño contiguo a mi ha
batallas.
—Jason —grito, irrumpiendo en su habitación. Ni siquiera me molesto
en tocar, caminando directamente hacia adentro.
haber sabido que no lo haría. Jason Ford puede ser mi hermanastro, pero
todavía es un imbécil de proporciones épicas.
—Como d

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