“Lejos de que la filosofía se nos aparezca como una duplicación inútil de la vida, para nosotros
es, al
contrario, la instancia sin la cual la vida corre el riesgo de disiparse en la ignorancia de sí y en el
caos”.
(“Loin que la philosophie nous apparaisse comme un inutile redoublement de la vie, elle est au
contraire
pour nous l’instance sans laquelle la vie aurait chance de se dissiper dans l’ignorance de soi et
le chaos”.
Merleau-Ponty, Maurice, Le primat de la perception et ses conséquences philosophiques.
1946, précédé
de Projet de travail sur la nature de la perception. 1933, La nature de la perception. 1934.
Lagrasse:
Editions Verdier, 1996, p. 56. )
Las filosofías trascendentales, liberales, fracasan en la tarea de situarnos en la historia
irracional que
vivimos y de proporcionarnos los criterios para vivirla: subliman, con demasiada rapidez, lo
empírico, al
individuo. El materialismo histórico retorna a lo empírico, a la naturaleza, pero carece de una
filosofía del
individuo en sociedad que permita asumir esta naturaleza. Es necesario reinterpretar esta
propuesta para
evitar su desviación hacia una lectura puramente económica de lo social.
¿Cómo se produce lo social, lo económico, lo político, la coexistencia?
Merleau-Ponty busca el origen de lo social y de nuestra inclusión en éste desde nuestra
inserción
primordial en la Naturaleza.9 Antes de la transformación de la naturaleza por el trabajo,10
existe un
ámbito social que nace, primero, del cuerpo mezclado con el mundo y, después, de la palabra
que se hace
disponible en el lenguaje. Debemos, entonces, volver a la fuente de lo sensible, al lugar donde
nace la
coexistencia. Esta es la tarea de la filosofía como búsqueda destinada a comprendernos a
nosotros mismos
como coexistentes.
Gracias a este enraizamiento del hombre, por su cuerpo, en la Naturaleza —que remite a una
temporalidad originaria en nosotros—, podemos formarnos la idea de una historia que no está
sujeta a un
sentido necesario y que, sin embargo, tiene sentido.
reconocimiento, un asunto importante en el pensamiento político de Merleau-Ponty.
Humanismo y terror
(1947) y Las aventuras de la dialéctica (1955).
La generación de Merleau-Ponty se involucra activamente en el debate entre las posiciones de
Hegel y
Marx sobre la posibilidad de reconocimiento en la historia. La polémica se abre a otras
dimensiones e
implica la discusión sobre el estatuto de la naturaleza y del espíritu (en el sentido colectivo),
sobre la
posibilidad del sentido en la historia y sobre lo universal y el individuo.14 MerleauPonty
ingresa al
debate, pero desde un escenario en el que la dimensión del individuo, algo olvidada por Marx
y Hegel, es
el punto de partida de la reflexión.