¿Quién fue Aníbal?
Aníbal
(Aníbal Barca; Cartago, hoy desaparecida, actual Túnez, 247 a.C. - Bitinia, actual Turquía,
183 a.C.) Militar cartaginés. Era hijo de Amílcar Barca, quien, según la leyenda, le hizo
jurar odio eterno a los romanos ante los dioses. Tras la muerte de su padre (229 a.C.) y el
asesinato de su cuñado Asdrúbal (221 a.C.), Aníbal asumió la jefatura del ejército
cartaginés, que ya entonces controlaba el sur de Hispania.
¿Qué hizo Aníbal?
Su vida transcurrió en el conflictivo período en el que Roma estableció su supremacía en
la cuenca mediterránea, en perjuicio de otras potencias como la propia República
cartaginesa, Macedonia, Siracusa y el Imperio seléucida. Fue el general más activo de la
segunda guerra púnica, en la que llevó a cabo una de las hazañas militares más audaces
de la Antigüedad: Aníbal y su ejército, en el que se incluían treinta y ocho elefantes de
guerra, partieron de Hispania y atravesaron los Pirineos y los Alpes con el objetivo de
conquistar el norte de Italia,
Qué hizo Aníbal para vencer a los Romanos?
Juró a los 11 años que nunca sería amigo de Roma y emplearía «el fuego y el hierro para
romper el destino» de esta ciudad.
Así lo empezó a hacer con la conquista en el año 219 a.C de Sagunto, ciudad española
aliada de Roma, cuyo ataque precipitó una nueva guerra entre las dos grandes potencias
mediterráneas, la República de Roma contra Cartago.
La respuesta de Roma fue inmediata: se preparó para llevar la guerra a África y a la
Península Ibérica. Uno de los dos cónsules de ese año se dirigió a Sicilia a preparar un
ataque sobre la propia Cartago, mientras el otro cónsul, Publio Cornelio Escipión (el padre
de «El Africano»), se dirigió al encuentro de los hermanos Barca en la Península. No
obstante, los planes de Aníbal iban más allá de combatir en España. Ante la sorpresa
general, decidió invadir Roma a través de los Alpes, en parte obligado por la inferioridad
naval y las dificultades financieras para armar una armada. Aníbal partió con un ejército
compuesto por 90.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 37 elefantes, que fue
incrementándose al principio del camino con tropas celtas y galas, que también se
sumaron a la ofensiva contra Roma.
La travesía, que tuvo lugar en invierno, se desarrolló en quince días, pero el precio
pagado en vidas humanas fue muy alto, ya que al llegar a la altura de Turín tan solo
quedaban vivos 20.000 infantes, 6.000 jinetes y un elefante. Aníbal, además, perdió su ojo
derecho a causa de una infección durante el dificultoso trayecto. Con todo, en la batalla
de Cannas el 2 de agosto del 216 a.C. Aníbal venció a un ejército muy superior en
número al suyo empleando una táctica envolvente y aprovechando las condiciones del
terreno (estrecho y plano). Como resultado, las fuerzas de Aníbal causaron cerca de
50.000 muertos, entre los que figuraba el cónsul Lucio Emilio Paulo, dos ex-cónsules,
dos cuestores, una treintena de tribunos militares y 80 senadores.
La derrota dejó vía libre para que Aníbal arrasara la ciudad, lo cual sorprendentemente no
hizo. Ningún ejército romano se encontraba cerca de la ciudad y se sucedieron
situaciones de pánico dentro de sus muros. Las mujeres escondieron a sus bebés, hasta
el último de los hombres se armó y un único grito resonaba: «Hannibal ad portas»
(Aníbal está a las puertas). El dejar con vida a Roma condenó irremediablemente a Aníbal
a una guerra de desgaste, lejos de sus puertos y sin refuerzos a mano, que no podía
ganar.
¿Quién venció a Aníbal?
Tras la invasión de África por parte de Escipión el Africano, el Senado púnico lo llamó de
vuelta a Cartago, donde fue finalmente derrotado por Escipión en la batalla de Zama.
Los refuerzos que Escipión había obtenido y el apoyo parcial de la caballería númida
-parte de la cual no cambió de bando y siguió combatiendo para Cartago- ni siquiera
bastaban para equilibrar las fuerzas: los números de los cartagineses eran superiores
y además contaban aún con unos 80 elefantes de guerra, que habían sido una de sus
mejores armas a lo largo del conflicto.
Aníbal situó a los paquidermos al frente de la formación con la intención de desbaratar las
líneas romanas, formadas por tres líneas de infantería en el centro y dos alas de
caballería -una númida y una itálica-. Muy parecida era la formación de los cartagineses,
pero más compacta en las filas de la infantería. La intención de ambos comandantes
era llevar a cabo una maniobra desde los flancos para rodear las filas enemigas,
algo que el general cartaginés esperaba conseguir rompiendo primero la formación
romana con sus elefantes.
Los refuerzos que Escipión había obtenido y el apoyo parcial de la caballería númida
-parte de la cual no cambió de bando y siguió combatiendo para Cartago- ni siquiera
bastaban para equilibrar las fuerzas: los números de los cartagineses eran superiores
y además contaban aún con unos 80 elefantes de guerra, que habían sido una de sus
mejores armas a lo largo del conflicto.
FORMACIÓN BATALLA DE ZAMA
Formación de combate al inicio de la batalla: la infantería en el centro, con las fuerzas
más veteranas en la retaguardia, y las dos alas de caballería en los flancos. La infantería
romana (en rojo) está distribuida en varias unidades pequeñas, mientras que la
cartaginesa (azul) forma filas compactas con los elefantes de guerra en primera línea.
Sin embargo, a lo largo de la guerra los romanos ya habían aprendido el mayor punto
débil de aquellas enormes bestias de guerra: si entraban en pánico se convertían en un
peligro para su propio bando. Por ello, nada más empezar el combate hicieron sonar las
trompetas para asustar a los animales, a los que luego la infantería ligera atacó con
jabalinas y piedras. Como había previsto Escipión, los elefantes intentaron huir,
primero desde los flancos -sembrando el caos entre la caballería de los
cartagineses- y luego a través de las líneas romanas: el cónsul había dispuesto la
infantería en diversas unidades separadas en vez de una fila compacta, dejando un
espacio por el que los paquidermos pudieron escapar sin llevarse por delante a los
romanos.
La caballería romana aprovechó entonces el caos para hostigar a las dos alas de
caballería enemiga, que se batieron en retirada dejando a la infantería sola en el corazón
del campo de batalla. En ese punto los cartagineses aún conservaban la ventaja numérica
y, además, su formación más compacta que la romana les facilitaba la maniobra
envolvente. Pero las tornas cambiaron cuando los caballeros romanos, habiendo
puesto en fuga a sus adversarios, dieron media vuelta y atacaron la formación
cartaginesa desde la retaguardia, rodeando a la infantería y determinando el resultado
de la batalla.