● Resultados de aprendizaje
● Contenidos
● Créditos
Proyectos Agropecuarios
Diagnóstico de la situación problémica
en la población, organización o en la
empresa agropecuaria rural
El análisis de la problemática en el sector agropecuario puede abordarse, según el grado de
organización, en tres niveles: primero, cuando se enfoca a una población dispersa pero más o
menos definida (vereda, vocación productiva, etc.), en segundo lugar, a una organización
(como por ejemplo las del sector solidario) y finalmente a empresas agropecuarias propiamente
dichas.
En todos los casos se requiere de un diagnóstico acertado, dadas las particularidades de la
población rural y las dinámicas territoriales tan disímiles entre las diferentes comunidades y
actividades productivas.
Resultados de
aprendizaje
● Reconocer el modelo organizacional según criterios técnicos.
● Establecer un modelo organizacional teniendo en cuenta necesidades del entorno y
parámetros técnicos.
● Verificar el proceso de implementación del modelo organizacional de acuerdo con
parámetros definidos.
● Ajustar plan de implementación del modelo de desarrollo organizacional cumpliendo
parámetros técnicos.
Desarrollo de
contenidos
● Introducción
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● 1
Desarrollo rural y políticas agrarias en Colombia
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● 2
Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (SNIA)
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● 3
Diagnóstico rural participativo (DRP)
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● 4
Clasificación y registro de usuarios del servicio público de extensión agropecuaria
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● Glosario
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● Material complementario
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● Referencias bibliográficas
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Introducción
El conocimiento del contexto histórico del desarrollo rural en el mundo, en la región
latinoamericana y por supuesto en Colombia, son el punto de partida del diagnóstico de
las problemáticas que afectan las comunidades, regiones u organizaciones rurales.
Se puede decir que a partir de la conjugación de varias corrientes de pensamiento, sean estas
científicas o no, con el modo de vida generado en la industrialización de la producción, se
concibe que existe una continua transformación de la sociedad que no es cíclica y que es
catalizada por diversos factores socio-políticos, donde se esclarece la posibilidad de intervenir,
como sujetos de cambio, de manera creativa y transformadora la vida y el curso de las
sociedades hacia el bienestar de todos sus actores. En este sentido, es común ver de manera
frecuente términos como desarrollo humano, desarrollo sostenible, progreso, desarrollo
económico, industrialización del campo, desarrollo territorial, innovación y desarrollo rural, en
medio de discusiones y planteamientos en distintos contextos.
“El desarrollo territorial rural es definido como un proceso de transformación productiva
e institucional en un espacio rural determinado, cuyo fin es reducir la pobreza rural. De
acuerdo con Schejtman y Berdegué (2004), la transformación productiva tiene el propósito de
articular, competitiva y sustentablemente, la economía del territorio a mercados dinámicos. El
desarrollo institucional tiene los propósitos de estimular y facilitar la interacción y la
concertación de los actores locales entre sí y entre ellos y los agentes externos relevantes, y de
incrementar las oportunidades para que la población pobre participe del proceso y sus
beneficios”
(Fernández et al., 2019).
El concepto de desarrollo rural cobra hoy día vigencia en tanto persisten crisis sociales,
económicas, institucionales, políticas, etc., las que nos dicen que hoy es evidente de manera
general, una profunda crisis estructural de la ruralidad en la región de latinoamérica y el
caribe, agudizada en el caso Colombiano por la implementación de modelos de desarrollo
fracasados, un conflicto armado de graves consecuencias y otros factores socioeconómicos
como el efecto de la corrupción en las instituciones y sus entornos.
A partir de la implementación del punto N°01 del “Acuerdo final para la terminación del conflicto
y la construcción de una paz estable y duradera” (2016) contemplado en el Acuerdo de La
Habana, se determinaron los lineamientos para una reforma rural integral (RRI), que supone
una transformación estructural del campo colombiano.
En consecuencia, el gobierno nacional avanzó en la expedición del nuevo marco normativo
para la atención a la ruralidad, la ley 1876 del 29 de diciembre de 2017, “Por medio de la cual
se crea el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria y se dictan otras disposiciones”, acto
que deroga la ley 607 del 2000 (norma enfocada al asistencialismo). El SNIA pone a
disposición de los actores involucrados con el desarrollo rural en Colombia los recursos y
canales para la gestión del fortalecimiento de la productividad y competitividad del sector
agropecuario de una manera integral; es decir, contemplando también, además de las
capacidades técnicas individuales, las capacidades sociales (asociatividad, cooperación,
economías colaborativas), el acceso y uso de los recursos tecnológicos, la compatibilidad con
la sostenibilidad ambiental y las capacidades de participación política de las comunidades
rurales.
En el proceso de intervención de una comunidad o territorio podemos distinguir al menos cuatro
fases, una primera diagnóstica donde se identifican los problemas junto a sus causas y
consecuencias a corto, mediano y largo plazo, seguido de un proceso de formulación y
planeación de las acciones para solucionar o mitigar la problemática identificada y
demás requisitos para la intervención (formulación del proyecto). Una tercera de ejecución de
las actividades donde se concreta lo planteado en la formulación y finalmente una de
evaluación del proyecto, donde se revisa el cumplimiento de los objetivos y el impacto
generado.
La fase de diagnóstico de cualquier proceso de planificación, es un ejercicio donde los actores
involucrados tienen un logro importante al contactarse directamente con la comunidad y
así abrir espacios para el encuentro y el diálogo en materias de interés común. Es el
primer eslabón en un proceso de planificación, razón que lo sitúa como una actividad esencial e
imprescindible para generar un plan de intervención de impacto positivo, eficaz y coherente con
los intereses de la población, los entes involucrados y la institucionalidad; además, una
adecuado diagnóstico contribuye en gran medida a la prevención, mitigación de riesgos y
amenazas al éxito del proyecto formulado.
1. Desarrollo rural y políticas agrarias en Colombia
No existe una elaboración histórica completa y sistemática sobre las políticas de reforma
agraria y de tierras en Colombia. La historia de esas políticas es una tarea pendiente para la
academia de ciencias sociales (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013). Sin embargo,
Catherine LeGrand presenta un trabajo destacable en 1988, un relato riguroso y con un análisis
coherente con las políticas emitidas durante el período 1850-1950.
“Mariano Arango (1994) hizo uno de los mejores relatos históricos, donde combina el análisis
con las principales políticas de tierras desde 1874 hasta los proyectos de ley presentados a
comienzos de la administración Barco en 1987. El estudio de Kalmanovitz y López, la
agricultura colombiana en el siglo XX (2006) es una buena aproximación a una historia
económica de las políticas en mención durante un período extenso” (CNMH, 2013).
Cuando se referencia a la problemática del campo y la
ruralidad, se habla de la cuestión agraria.
El tema fue ampliamente abordado en los estudios, por demás muy serios, de Jesús Antonio
Bejarano Ávila (El Salado, Ibagué, Tolima, 24 de diciembre de 1946 - Bogotá 15 de septiembre
de 1999), economista e historiador que profundizó en diversos temas relacionados con la
historia agraria en Colombia y quien profundiza el debate académico relacionado con el
desarrollo agrario.
Como actor mediador en el conflicto armado durante el gobierno de Gaviria, un mes después
de la muerte de Jaime Garzón, Bejarano es asesinado y su crimen aún se encuentra en la
impunidad. De los principales aportes del maestro Bejarano se encuentran: “El régimen agrario;
de la economía exportadora a la economía industrial y economía y poder. La Sociedad de
Agricultores de Colombia SAC y el desarrollo agropecuario colombiano (1985), donde
desentraña temas centrales en sus investigaciones, como la “transición de la economía
preindustrial a una industrial en Colombia” y el segundo relacionado a uno de los ejes donde se
ha articulado la política agraria y los poderes relacionados con la cuestión agraria en Colombia,
el gremio de la SAC. El legado del maestro Bejarano es esencial para comprender la historia de
la cuestión agraria (Machado, 1997).
En el Régimen agrario parte de la premisa de que la transición hacia la economía
industrial supone unas relaciones con el exterior diferentes de las que existían hasta los
años treinta, cuando el desarrollo colombiano era inducido en lo fundamental por
impulsos exteriores "que al ser recogidos por el sector exportador se encargan de
ordenar las relaciones económicas internas" (Machado, 1997, p.241).
De esta manera, se puede decir que antes de 1930, punto de inflexión de la economía
capitalista mundial (crisis de 1929, conocida como “La gran depresión”), la dinámica económica
en Colombia se encontraba impulsada casi totalmente desde el exterior. Con fines prácticos,
siguiendo el esquema de las políticas agrarias propuesto por Mariano Arango Restrepo, escritor
pionero en la literatura de la economía agrícola, se puede denominar a los años anteriores de
la década de los años treinta como “colonización premoderna”, como primer período de análisis
(1874-1923). Jesús Bejarano plantea que a diferencia de las premisas marxistas (postulados de
gran aceptación en la comunidad académica), en las tres últimas décadas del siglo XIX y las
dos primeras del siglo XX en Colombia se genera,
"un proceso de apropiación de la tierra, de formación de la gran propiedad territorial que
no conlleva, con la misma intensidad, un proceso de expropiación en cuanto se apoya
fundamentalmente sobre la expansión de la frontera agrícola y no sobre la expropiación
de los pequeños productores". Se trata entonces de un proceso en el que se forma una
capa de pequeños productores paralela a la gran propiedad rural. (Machado, 1997,
p.241).
Bejarano concluye que la gran peculiaridad de todo este proceso del caso colombiano es la
apertura del mercado interior, no a través de la formación de una clase trabajadora asalariada
sino por el surgimiento y consolidación de los productores cafeteros basados en la pequeña
propiedad. La industrialización, por ende, se ve obstaculizada para penetrar al campo
(Machado, 1997).
Esta época está marcada por cientos de confrontaciones y
una aguda violencia entre colonos y terratenientes.
En vista de este obstáculo, la “revolución en marcha” de López Pumarejo (presidente de
Colombia 1934-1938 y 1942-1945) logra generar las condiciones para la industrialización
del campo sin realizar una reforma agraria redistributiva, que era la demanda del
movimiento campesino entonces como ahora. Las reformas son bien conocidas y
básicamente tratan dos puntos:
El impulso para el uso productivo de las tierras y la formalización de terrenos baldíos.
El fomento de las actividades agropecuarias a través de préstamos y acceso a tierras por
contrato.
Esta reforma, aunque importante, para nada mejora las condiciones de pobreza en el campo, ni
genera el impacto esperado en el desarrollo rural. Se puede decir que del régimen agrario se
pasa a un régimen territorial, donde el papel principal es ahora de los terratenientes, grandes
inversionistas del agro y comerciantes, principalmente de café, banano y caña de azúcar. A la
par de los fenómenos que conllevan la concentración de la tierra que no se logra frenar y las
relaciones sociales que de ello se desprenden, se evidencia una creciente pauperización de la
mano de obra agraria, la apropiación de terrenos baldíos para generación de valor por
especulación y no para la productividad de la tierra.
La agudización de los conflictos entre los partidos recién institucionalizados (liberal y
conservador) se suma a los conflictos por la posesión de tierras y retroalimenta una crisis que
acosa la ruralidad desde el siglo XIX y que aún se encuentra vigente respecto a la tenencia de
la tierra y el acceso a los factores productivos. Este primer lapsus del desarrollo agrario en
Colombia, se caracteriza pues, por el fomento a la colonización mediante la adjudicación de
baldíos, más bien al final de un período con guerras civiles políticas y una guerra con tintes
sociales que fue la guerra de los mil días (Arango, 1987).
Segundo período
El segundo período se puede identificar entre 1924 y 1936, y se puede denominar “Conflicto
agrario”, caracterizado por las medidas sobre tenencia de la tierra, que aunque no se aplicaron
sino hasta más adelante en el tiempo, fueron muy importantes, como la Ley 74 de 1926 acerca
de la parcelación de grandes predios de arrendatarios. La adjudicación de baldíos se hace
más exigente y se forman gremios agrarios muy importantes.
En esta época se lleva a cabo una gran inversión en infraestructura de obras públicas, lo que
absorbe parte de la mano de obra encareciendo la subsistencia y los jornales, desencadenando
la insurgencia de arrendatarios sobre todo en Cundinamarca y Tolima.
Después de la gran depresión de 1929, al regresar los trabajadores de las obras públicas al
campo, los conflictos agrarios se agudizan, muchas tierras regresan al estado y grandes
haciendas se parcelaron por acción legislativa y judicial.
Debido a las dificultades del gobierno al verificar la identificación de verdaderos propietarios de
las tierras, se empiezan a exigir los títulos de traspaso del estado a los propietarios (sentencia
de la Corte Suprema de Justicia en 1926) y se dificulta el acceso al crédito por esta exigencia.
Lo anterior permitió la reversión al estado de muchas tierras donde habían conflictos (Arango,
1987).
Tercer período
El tercer período abarca desde la emisión de la ley 200 de 1936 hasta la segunda guerra
mundial.
Asciende Alfonso López Pumarejo a la presidencia de la República, que con una actitud de
respuesta a las demandas sociales orientadas por principios liberales no emite leyes de
manera inmediata pero aplica las existentes para la parcelación de varias haciendas como la
“Tolima”.
Dos años después empieza a legislar para cambiar efectos negativos de leyes anteriores,
permitiendo legalizar títulos de propiedad dudosos y de colonos de “buena fe” y procurando un
mayor uso productivo de las tierras, causando, con estas acciones legislativas, exactamente
efectos contrarios, regresivos por cuanto, al suprimirse la exigencia de 1926 del título
original de adjudicación del estado, permitió la legalización de gigantes proporciones de
tierra a los terratenientes.
La idea del gobierno de Pumarejo, en palabras de su ministro Darío Echandía, era
transformar el latifundio ocioso en empresa capitalista, esto se pretendía lograr dando un
periodo de 10 años para la explotación de la tierra, pero al no reglamentar la subutilización de
esta y aceptar la ganadería extensiva e incluso la silvicultura como actividades válidas, las
intenciones liberales del gobierno Pumarejo catalizan la concentración de la tierra y del capital,
transformando las tierras agrícolas y ganaderas con el consiguiente desplazamiento forzoso de
aparceros y colonos (Arango, 1987).
Cuarto período
El cuarto período abarca desde la segunda guerra mundial en 1940 al asesinato de Jorge
Elíecer Gaitán en 1948.
Esta época se caracteriza por los efectos del primer intento de reforma agraria del
gobierno Pumarejo, de las políticas de Eduardo Santos y de un segundo período de
Pumarejo. A escala mundial por una guerra de proporciones inimaginables (con la
consecuente restricción de importaciones y la acumulación de divisas), que es el trasfondo
internacional del surgimiento de movimientos armados a partir de movimientos
campesinos radicalizados y organizaciones políticas agitadas, lo que da origen al
conflicto armado.
En este período un fenómeno marca la historia de Colombia, el asesinato de Jorge Elíecer
Gaitán (causando un estallido social denominado el bogotazo), que dará los insumos para
el inicio en el siguiente período, de una nueva ola de violencia, colonización de tierras y
políticas fiscales. La ley 74 de 1926 se empieza aplicar en 1938 en Tena, Cundinamarca, para
parcelar la hacienda “Chitaque” en la que sus propietarios se negaban a hacerlo.
Las medidas proteccionistas del gobierno Santos (sustitución) frente a las importaciones se ven
reversadas en la posguerra, pues la producción interna no fue suficiente, disparando los
precios de los alimentos hacia 1943, donde se tuvieron que controlar, pero esta medida no
funcionó al no abarcar los productos agrícolas básicos; este control se derogó en 1945.
En este período hay déficit de alimentos por efecto de la desaparición de la aparcería y el
rápido crecimiento industrial. Se expide en el segundo gobierno Pumarejo la ley 100 de
1944, que intentando restablecer la aparcería en Colombia fue en contravía de la anterior ley
200, al ampliar el tiempo para restitución de la tierra al estado de 10 a 15 años, un nuevo
desacierto, pero que ayuda a los cafeteros, que se recuperan hacia 1952.
Se crea el Fondo Nacional del Café para almacenar lo que no se vendía al mercado
norteamericano, pues el europeo estaba cerrado debido a la reconstrucción por la guerra.
Muchos alimentos encarecieron por esto, pero se lograron contener en cierto grado las alzas
con algunas importaciones (Arango, 1987).
Quinto período
El quinto período: colonización, política fiscal y violencia. Desde 1949 a 1960 es una
época de mucha actividad de la Federación Nacional de Cafeteros, que pasa de fomentar la
parcelación de haciendas en el período anterior, a fomentar la colonización e impulsar la
aparcería en este nuevo período. El gobierno de Mariano Ospina Pérez estableció el Instituto
de Parcelación, Colonización y Defensa Forestal, en 1949: compraron y parcelaron haciendas,
pero se adjudicaron de manera sesgada a miembros del partido conservador.
En 1954, la dictadura militar organizó colonizaciones pero esta inversión, por demás muy
grande, se perdió por el fracaso del proceso en menos de dos años. A la legislación impuesta
hasta el momento, se suma la carga tributaria de la tierra. En 1954 la burguesía
vallecaucana fundó la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC) con un impuesto
adicional al predial. La junta militar expidió el decreto 290 de 1957 que obligaba a los dueños
de las tierras mecanizables un uso del 100% y a los dueños de las tierras cultivables en un
15% como mínimo, so pena de ver quintuplicado el impuesto predial en diez años, este era del
2%. Luego la medida se restringe a 10.000 de hectáreas. En cuatro regiones de Colombia, esto
acompañado de estímulos y exenciones a los empresarios agrícolas.
La dictadura cedió y surge el frente nacional, que continúa la propuesta de tributación de
la tierra, lo que atemoriza a los terratenientes y los mueve hacia la reforma agraria. Los
cuales iniciaron un período de violencia que desplaza a los campesinos hacia las urbes y tierra
planas del Valle y el Tolima, acabando con casi 400 mil fincas, la mayoría en zonas de ladera.
Una segunda fase de la violencia entre 1954 y 1962 causa un detrimento en el valor de la renta
y el salario real (Arango, 1987).
Sexto período
El sexto período corresponde al reformismo agrario, de la ley 135 de 1961 al acuerdo de
chicoral (1972). Se generan las condiciones, por diversos factores entre los que se destacan
un temor a impuestos sobre la tierra y el avance de movimientos revolucionarios en Cuba y
otros países, la presión de estados unidos y el avance electoral del Movimiento Revolucionario
Liberal (MRL).
La Ley 135 pretende una reforma en la tenencia de la tierra, fomentar la producción,
mejorar las condiciones de vida y el grado de organización de los campesinos y
conservar recursos naturales. Esta ley y los demás intentos de reforma agraria en Colombia
han sido de efectos escasos, apenas con logros en colonización y alguna incidencia leve en la
tenencia de la tierra. El Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), institución
encargada de ejecutar la ley 135, invierte la mayoría de sus recursos en distritos de riego que
concentran el beneficio económico en términos de tierra adquirida unas 10 veces más en estas
áreas, que en el resto del país, debido al costo de los distritos.
La agricultura a gran escala se intensifica. Finalmente, la reforma surte efecto en un
favorecimiento de medianos y grandes propietarios. Durante el gobierno de Guillermo León
Valencia (1962-1966) la reforma prácticamente no avanzó, hasta la posesión de Carlos Lleras
Restrepo, quien impulsa la reforma y crea la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos
-ANUC- (Arango, 1987).
Séptimo período
El DRI (1970) y el desmonte de la reforma agraria (1973-1983). En 1972, producto de una
iniciativa del frente nacional, contrarreformista, en reacción a los avances del INCORA, por
cierto muy lentos, surge el pacto de Chicoral, que con la promesa de legalización impulsa de
nuevo la colonización a través de una titulación de baldíos, abandonando después a su suerte
a los colonos que avanzaron hacia la Amazonía, el litoral Pacífico, el Darién y el piedemonte
araucano. Se crea el Fondo de Desarrollo Rural (DRI) como alternativa a la reforma agraria,
intensificando la producción a partir de los avances generados de la revolución verde. El
presidente Virgilio Barco, en 1986, se abandera de la reforma agraria en su programa y
promulga la ley 30 de 1986 (Arango, 1987).
El análisis del desarrollo rural desde las políticas agrarias, después de Arango en 1987, se
puede abordar desde la perspectiva de Absalón Machado, una de las autoridades
académicas más sobresalientes sobre el tema agrario en Colombia.
Octavo período
Reactivación temporal de la reforma agraria (1988-1994). El presidente Betancur organizó
una comisión de diálogo nacional para mermar la violencia y una subcomisión agraria
conformada por distintos gremios y organizaciones, incluso los grupos armados, donde se
establece un acuerdo de reforma agraria, pero este no tuvo el consenso del campesinado y no
logra aprobarse sino hasta la presidencia de Barco a través de la ley 30 de 1988.
Básicamente, al igual que otros mecanismos como el acuerdo de Chicoral, se define en estas
normas los criterios para calificar los predios como adecuadamente o no explotados y los
parámetros para, por ejemplo, expropiar para la reforma, hasta ahora estos puntos declarados
inexequibles por el Consejo de Estado.
La ley 30 al fin aplica una norma de función social de la propiedad y todo predio rural es
susceptible, aquí, de ser parte de la reforma. Con esta ley también se introducen elementos
modernizadores como el fortalecimiento del Fondo Nacional Agrario (FNA), se crea un
fondo de capacitación y el Fondo Nacional de Adecuación de tierras, centros de
arrendamiento de maquinaria agrícola, se facilitan las negociaciones de predios para su
adquisición, programas regionales de reforma, entre otros mecanismos políticos para la mejora
de la productividad y equidad en la ruralidad (Machado, 2009). Como resalta Machado del
discurso del Presidente Virgilio Barco en el acto de sanción de la Ley 30 de 1988:
“La importancia que el gobierno de Barco le dio a la recuperación de la reforma agraria quedó
expresada en su afirmación contundente de que era en sí misma - una terapia para la
reconciliación nacional y social y el mecanismo más eficaz para integrar a la vida política, social
y económica a los colombianos marginados de las áreas rurales - ” (Machado, 2009, p.163).
Noveno período
El quiebre definitivo de la reforma denominado el mercado de tierras (1995 a 1999). La
globalización de la economía con la consiguiente apertura de mercados, la nueva constitución
de 1991, las intenciones de modernización del estado (la aplicación de las políticas neoliberales
producto de la receta del consenso de Washington en los años 80), la agudización del conflicto,
el narcoparamilitarismo, el despojo de tierras, la violación de derechos humanos, las acciones
guerrilleras, el asesinato sistemático de la Unión Patriótica, la crisis económica (1998-2001), la
incidencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y los intentos de acuerdos de paz,
son, entre otros, los hechos del contexto en los intentos de reforma agraria hasta el cambio de
siglo.
El Estado colombiano, liderado por César Gaviria, se retira del proceso directo de redistribución
de tierra que solo llevaba dos años operando bajo la Ley 30. Se deja bajo las leyes del
mercado el intercambio de tierras, con la apertura de líneas de crédito subsidiadas (Ley 160 de
1994). En los 90 hubo una gran intervención a través de los proyectos PNUD-FAO, que dio
origen a la ley 160. En este período vuelve a concentrarse la tierra a los niveles anteriores a
Barco, por efecto sinérgico de todos los factores mencionados anteriormente. Como
consecuencia de ello, nadie quería comprar tierras a pesar de las facilidades para las
transacciones orientadas desde el estado, el fracaso de esta política es rotundo, pues se pensó
para un país sin violencia; es decir, para otro país. El Ministerio de Agricultura se dedicó al
fortalecimiento de las cadenas productivas más que a la redistribución de la propiedad
(Machado, 2009).
Décimo período
La política de atención a los desplazados por la violencia (década del 2000). El
contundente fracaso de la política neoliberal del mercado de tierras de Gaviria, el creciente
reclamo de los desplazados y los organismos defensores de DDHH, la conquista de los
espacios de poder por parte de los “señores de la guerra” y grandes terratenientes en
articulación con parte de la institucionalidad del país, en palabras de Absalón Machado, la
opinión de ciertos gremios acerca de la obsolescencia de la reforma agraria frente a los nuevos
desafíos de la apertura de mercados (globalización), generan una respuesta de parte del
Estado, enfocada a la atención de la población desplazada por la violencia hacia las
urbes y que constituyen una gran crisis humanitaria a finales del siglo XX.
Esta concentración de esfuerzos hacia la población desplazada atacando consecuencias más
no las raíces, hace que se desatienda la ruralidad de manera prioritaria en cuanto a la
reforma y el problema agrario en general, aunque sean las propias causas originadoras
del conflicto: El mercado de tierras dominado por el narcotráfico y el apoyo paramilitar, el
dominio de los demás actores armados sobre tierras y recursos, la concentración, una vez más
y como constante a lo largo de casi dos siglos, de la tierra en manos de una proporción cada
vez menor de propietarios, la pobreza y despojo, incluso de los valores y dignidad del
campesinado, la judicialización de los campesinos productores de coca al verse presionados
por la falta de oportunidades laborales y productivas y los grupos armados, la ausencia del
Estado en la periferia rural, la parapolítica (alianza entre políticos y paramilitares para el control
de los territorios y las entidades públicas), la carencia de programas efectivos para el desarrollo
rural y la inequidad de las políticas de desarrollo entre otras de carácter histórico y
socio-cultural (Machado, 2009).
Las iniciativas para la atención integral de los desplazados por el conflicto armado pueden
resumirse en La Ley 387 de 1997 y el Decreto 2562 del 2000, creándose el Sistema Nacional
de Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia y un Consejo Nacional para los
temas de políticas y recursos. En cuanto al tema específico de tierras, el Decreto 2007 de
2001 reglamenta la atención oportuna para el retorno voluntario a su lugar de origen. Otras
referencias normativas son: CONPES 3057 de 1999, Sentencia SU1150 de 2002, Ley 975 de
2005 (Ley de justicia y paz), la normativa relativa a la extinción de dominio de tierras
susceptibles de adjudicación también cobra mucha importancia. A pesar de la amplia
documentación académica, de sentencias judiciales y testimonios de las víctimas y
declaraciones de la contraloría, defensoría del pueblo, etc., los documentos públicos no son
explícitos en el reconocimiento de un conflicto interno y por tanto, de la relación entre la
tenencia de la tierra y el conflicto (Machado, 2009).
Decimoprimer período
De la atención humanitaria de los desplazados a la reparación de las víctimas del
conflicto interno (del 2011 a la actualidad).
Con la aplicación de la controvertida Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005), la atención a la
ruralidad se continúa ejerciendo desde la mitigación de los efectos del conflicto. Mientras se
opera, con muchas dificultades la ley mencionada, con una clara intención de reparar las
víctimas del conflicto y a raíz de la ineficacia del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria
(INCORA), la liquidación del fondo DRI, la terminación del Plan Nacional de
Rehabilitación (PNR), los ajustes y reducciones del gasto público y en general de lineamientos
políticos, el gobierno de Uribe Vélez reestructura el sector agropecuario con la creación del
Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (INCODER) mediante el Decreto Ley 1300 de
2003 y posteriormente liquidado en 2015, consecuentemente con la política de mercado de
tierras y reducción de las políticas de desarrollo rural.
Este instituto, al ser la combinación de otros cuatro, fue un fracaso debido a la inoperancia,
falta de estructura orgánica, claridad del desarrollo rural, la corrupción, la parapolítica y la
escasa credibilidad entre la ciudadanía, en especial la rural. Un proyecto de ley se lanza para
reestructurar totalmente la legislación agraria (Proyecto de Ley 30 de 2006), del cual, según
expresa Machado, varios analistas coinciden en que deja espacios abiertos para la legalización
de tierras ilegalmente apropiadas por paramilitares, narcotraficantes y otros actores sociales
(art.155), en argucia de que la Ley 200 de 1936 ya lo dictaminado, efectivamente sirviendo este
argumento para posiblemente legalizar hechos de apropiación punibles por cuanto sean tierras
de campesinos desplazados (Machado, 2009).
Frente al tema de la reforma agraria, de manera general, Machado deja ver que hubo dos
momentos en la historia de Colombia, donde debió resolverse el problema o al menos iniciado
su resolución: En la transición de premodernidad (colonización) a modernidad y en los inicios
de la modernización (1945-1960), donde también surgen los grupos armados organizados
reclamando una solución al problema de tierras.
Afirma que en el inicio del Frente Nacional estaban dadas las condiciones necesarias para
realizar con éxito una reforma agraria y que en otros momentos, según Albert Berry (2002),
como en los años 30, en 1961 con la Ley 135 y en la constitución de 1991, también fueron
clave, por lo cual pudieron haber sido decisivos para una reforma agraria que reclama la
ruralidad desde el siglo XIX. Cabe mencionar que el mismo Machado en el año 2000, en su
“Agrarismo y ruralidad”, recalca que una reforma redistributiva radical no es viable
económicamente pues un pequeño productor no puede defenderse solo en el contexto de la
globalización de la economía y la mundialización de la cultura (Centro Nacional de Memoria
Histórica, 2013).
A partir del acuerdo de La Habana (2016), se abre una nueva oportunidad para el desarrollo
rural, que de hecho enfrenta retos más grandes y complejos, pero que debe asumir de la mano
del estado colombiano, las instituciones, los gobiernos y el sector privado, aprovechando la
sinergia de los distintos actores que ofertan los mecanismos, herramientas y servicios de
atención a la ruralidad, donde también se encuentra el Servicio Nacional de Aprendizaje
(SENA) como un actor importante en el fortalecimiento de capacidades integrales y en la
gestión del desarrollo rural a partir del ejercicio de la extensión rural (agropecuaria), la
formación para el trabajo, la empleabilidad, la gestión de proyectos, el fortalecimiento de la
empresa agropecuaria y agroindustrial, entre otras acciones conjuntas con distintas entidades
públicas y privadas, aprovechando el marco que ofrece el nuevo Sistema Nacional de
Innovación Agropecuaria (2017) y sus subsistemas.
2. Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (SNIA)
La Ley 1876 de diciembre 27 de 2017 Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria se
crea con el fin de dar respuesta al primer punto del acuerdo de paz y derogar la Ley 607 de
2000 que creó la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (UMATA) y reglamentó
la asistencia técnica directa rural; en esta normativa se establecen los criterios para la creación,
articulación y puesta en marcha de tres subsistemas, además, de su respectiva reglamentación
mediante decretos, resoluciones y ordenanzas.
A continuación se brindará una explicación breve de la jerarquía de las normas, la aplicación
de la Ley 1876 de 2017 (SNIA) y normas reglamentarias para la formulación de proyectos
agropecuarios.
2.1 Jerarquía de las normas en Colombia
1.
2.
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Recurso. Jerarquía de las normas en Colombia
2.2 Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria Ley 1876 de diciembre 27 de 2017
La Ley 1876 de diciembre 27 de 2017 del Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria,
se establece con el objeto de crear y poner en marcha el Sistema Nacional de Innovación
Agropecuaria (SNIA), compuesto por subsistemas, planes estratégicos, instrumentos de
planificación y participación, plataformas de gestión, procedimientos para su implementación,
así como mecanismos para su financiación, seguimiento y evaluación; además crea nuevas
funciones, competencias y mecanismos de articulación de las entidades y organismos de
coordinación del orden nacional y territorial que componen el SNIA y crea el servicio público de
extensión agropecuaria y normas para su prestación (Diciembre 27 de 2017 DO N° 50.461).
La Ley 1876 de 2017 se crea en el artículo 4 del SNIA, como un subsistema del Sistema
Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCCT), que será coordinado
por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR); el SNIA está integrado por tres
subsistemas:
1. Subsistema nacional de investigación y desarrollo tecnológico agropecuario
2. Subsistema nacional de extensión agropecuaria
3. Subsistema Nacional de formación y capacitación para la innovación agropecuaria
En la formulación de proyectos productivos agropecuarios se debe tener en cuenta las
orientaciones que en materia de normatividad existente en el país, la Ley 1876 de 2017
Diciembre 27 de 2017 DO N° 50.461 es el marco normativo que guía la política agraria en
Colombia; en el Título III, artículo 24 define la extensión agropecuaria como un bien y un
servicio de carácter público, permanente y descentralizado; y comprende las acciones de
acompañamiento integral orientadas a diagnosticar, recomendar, actualizar, capacitar, transferir,
asistir, empoderar y generar competencias en los productores agropecuarios para que estos
incorporen en su actividad productiva prácticas, productos tecnológicos, tecnologías,
conocimientos y comportamientos que beneficien su desempeño y mejoren su competitividad y
sostenibilidad, así como su aporte a la seguridad alimentaria y su desarrollo como ser humano
integral.
La norma establece cinco aspectos que se deben tener en cuenta en el momento de prestar el
servicio de extensión agropecuaria, como son:
Al mismo tiempo estos aspectos hacen parte de la herramienta de registro y clasificación de
usuarios en la que se debe registrar a los productores para poder ser beneficiarios de los
proyectos agropecuarios que sean gestionados en el municipio.
En el proceso de extensión agropecuaria los profesionales del sector deben realizar el
acompañamiento a productores según el grado de organización, si son población dispersa pero
definida por un territorio (vereda) o línea productiva (ganadera, agrícola, agroindustrial); si
hacen parte de una organización comunitaria (asociación, cooperativa, etc.) o si tienen una
empresa agropecuaria rural. En este acompañamiento el extensionista fortalece, capacita y
acompaña a la organización en temas normativos para ello debe tener en cuenta el PDEA que
en el artículo 29 lo define como el Plan departamental de extensión agropecuaria el cual es el
instrumento de planificación cuatrienal en cada departamento, que en coordinación con sus
municipios, distritos y demás actores del SNIA, definirá los elementos estratégicos y operativos
para la prestación del servicio de extensión. En este mismo artículo 29 se hace referencia a los
elementos mínimos que debe tener el PDEA (Congreso de Colombia, 2017):
1. Líneas productivas priorizadas a atender mediante los servicios de extensión agropecuaria,
sus limitantes y requerimientos.
2. Población objeto del servicio caracterizada respecto a sus condiciones socioeconómicas,
culturales y productivas.
3. Estrategias y actividades requeridas para dar solución a las problemáticas y/o potenciar los
sistemas productivos, el capital social, el capital humano, y la gestión de los recursos naturales,
con sus respectivos cronogramas de ejecución.
5. Los objetivos, indicadores y metas en términos de productividad, competitividad y generación
de ingresos.
6. La planificación financiera y de gastos asociados a la prestación del servicio.
7. Programas y proyectos regionales para la generación de capacidades, acceso a mercados y
provisión de bienes, servicios e infraestructura sectorial, con los cuales deba articularse el
servicio de extensión agropecuaria.
8. Las acciones regionales de manejo sostenible de los recursos naturales, de gestión del
riesgo agroclimático y de adaptación al cambio climático.
9. Los sistemas territoriales de innovación, alianzas interinstitucionales, redes e iniciativas
orientadas a la innovación agropecuaria regional, que deban ser articuladas con el servicio
público de extensión agropecuaria.
10. La articulación con los planes y programas de prestación de servicios de extensión o
asistencia técnica agropecuaria adelantados con recursos de los Fondos Parafiscales
Agropecuarios y Pesqueros. En el caso que el PDEA incluya productores ya beneficiados por la
parafiscalidad agropecuaria, en la definición de la tarifa del servicio no se tendrá en cuenta el
aporte correspondiente.
11. Programas y proyectos para mejorar y/o mantener el estatus sanitario, fitosanitario y de
inocuidad en la producción agropecuaria.
12. Desarrollo y uso de nuevas tecnologías para la información y la comunicación TIC para
impulsar, apoyar y/o soportar los distintos procesos de gestión de conocimiento que hacen
parte de la extensión agropecuaria.
2.3 Resolución 407 de octubre 30 de 201
La Resolución 407 de 2018 en el Capítulo IV artículo
4.2 adopta los lineamientos para los Planes
Departamentales de Extensión Agropecuaria que a
continuación se describen:
El PDEA como instrumento de planificación del subsistema de extensión agropecuaria. En la
formulación se debe tener en cuenta documentos como el Plan Estratégico de Ciencia
Tecnología para el Sector Agropecuario (PECTIA), planes y acuerdos estratégicos, Agendas
integradas de competitividad, planes de desarrollo municipal, plan agropecuario municipal y
departamental, Planes de Acción para la Transformación del Regional (PART), Planes de
Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), Planes Integrales Comunitarios y Municipales de
Sustitución y Desarrollo Alternativo (PISDA), Programa Nacional Integral de Sustitución de
Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), esquemas y planes de ordenamiento territorial vigentes, zonas
de protección nacional, regional, local; aptitud y vocación de uso generados por la Unidad de
Planificación Rural Agropecuaria (UPRA); Estudio general de suelos para los departamentos;
Plan de Manejo y Ordenamiento de Cuencas (POMCA); datos del censo nacional agropecuario
2014.
Fuente: Secretarios de Cadenas Pecuarias Ministerio de Agricultura
Participación de los actores en la formulación del PDEA
En la etapa de formulación participan los municipios y distritos, realizando el fortalecimiento de
los Consejos Municipales de Desarrollo Rural (CMDR) que son los espacios de diálogo y
concertación de las necesidades e iniciativas en materia de extensión agropecuaria; entre los
actores que deben tener representación están las comunidades étnicas, las mujeres, los
jóvenes y cualquier otra población.
Formulación cuatrienal del PDEA
Solo se debe formular para un periodo no mayor de cuatro años en los cuales las entidades
prestadoras del servicio de extensión agropecuaria prestarán el servicio a partir de las
orientaciones del PDEA.
Preparación Diagnóstico Análisis Identificación Divulgación del PDEA
En esta etapa los equipos formuladores de las secretarías de agricultura departamental y con el
acompañamiento técnico de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), determinan los tiempos,
movimientos recursos, mecanismos de coordinación con los municipios y demás actores del
SNIA para la puesta en marcha del proceso.
Esta fase debe tener en cuenta tres consideraciones, primero revisión de la información
secundaria, establecer las capacidades del territorio, tipos de cadenas productivas importantes,
características demográfica y los instrumentos de planificación para el sector agropecuario;
segundo identificación de principales problemas o retos cómo operan las cadenas productivas
sus principales problemas o retos, etc y por último caracterización de los usuarios, que es el
levantamiento de la información primaria con la que se clasifica a los productores por niveles
según los criterios de gradualidad establecidos por el MADR en el instrumento de registro y
clasificación de usuarios.
Se realiza el estudio de la información primaria y secundaria con el fin de establecer, en un
primer lugar la composición socio productiva, segundo identificar las principales problemáticas,
retos y brechas en extensión agropecuaria, tercero la población sujeto del servicio respecto a
sus condiciones socioeconómicas, culturales y productivas y en cuarto lugar las características
de los mercados en los que se mueven los productos agrícolas.
Es la base en la cual se concretarán los programas de extensión agropecuaria del PDEA los
cuales deben incluir líneas de acción, ejes temáticos, estrategias, actividades, objetivos,
indicadores, las metas a alcanzar y el cronograma. Luego desde los municipios y distritos se
deben formular y ejecutar proyectos de extensión agropecuaria, teniendo en cuenta los
parámetros establecidos en los programas de extensión agropecuaria del PDEA.
Al finalizar el proceso de formulación del PDEA, pasa a sanción de la Asamblea Departamental
quien mediante ordenanza los aprueba y pasa a divulgarse a los actores del SNIA a través de
medios electrónicos y/o físicos.
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2.4 Resolución 422 de 05 de julio de 2019
Mediante esta resolución se reglamenta el artículo 33 de la Ley 1876 de 2017; tiene por objeto
reglamentar la relación con el procedimiento y los requisitos de habilitación de las Entidades
Prestadoras del Servicio de Extensión Agropecuaria (EPSEA) para la elaboración, publicación y
actualización del registro de EPSEA habilitadas para la prestación del servicio público de
extensión agropecuaria. A continuación, se relacionan los aspectos más relevantes:
Requisitos de habilitación de Entidades Prestadoras del Servicio de Extensión
Agropecuaria (EPSEA)
Las entidades que pueden inscribirse en el registro de EPSEA son las que se encuentran en el
artículo 32 de la ley 1876 de 2017 y que acrediten los requisitos del artículo 33 de la misma
Ley. Las entidades que deseen constituirse como EPSEA deben tener un equipo mínimo con
los siguientes perfiles:
Director
Un (1) profesional titulado en alguna de las siguientes profesiones: administración; economía;
contaduría pública; agronomía; biología, microbiología y afines; ingeniería agrícola, forestal y
afines; ingeniería agroindustrial, alimentos y afines; ingeniería agronómica, pecuaria y afines;
medicina veterinaria; zootecnia; ingeniería administrativa y afines; ingeniería industrial y afines;
antropología, artes liberales; sociología, trabajo social y afines; derecho; con tarjeta profesional
vigente.
Coordinador de proyectos agropecuarios
Un (1) profesional titulado en alguna de las siguientes profesiones: agronomía; biología,
microbiología y afines; ingeniería agrícola, forestal y afines; administración; economía;
ingeniería agroindustrial, alimentos y afines; ingeniería agronómica, pecuaria y afines; medicina
veterinaria; zootecnia, con tarjeta profesional vigente.
Coordinador administrativo y financiero
Un (1) profesional titulado en alguna de las siguientes profesiones: agronomía; biología,
microbiología y afines; ingeniería agrícola, forestal y afines; administración; economía;
ingeniería agroindustrial, alimentos y afines; ingeniería agronómica, pecuaria y afines; medicina
veterinaria; zootecnia, con tarjeta profesional vigente.
Coordinador de procesos asociativos y comerciales
Un (1) profesional titulado en alguna de las siguientes profesiones: administración; economía;
ingeniería administrativa y afines; ingeniería industrial y afines; antropología, artes liberales;
sociología, trabajo social y afines con tarjeta profesional vigente.
Coordinador ambiental
Un (1) profesional titulado en alguna de las siguientes profesiones: ingeniería ambiental,
sanitaria y afines; ingeniería civil y afines; geología, otros programas de ciencias naturales;
administración; ingeniería agrícola, forestal y afines; biología, microbiología y afines, con tarjeta
profesional vigente.
Asesor jurídico
Un (1) profesional titulado en derecho, con tarjeta profesional vigente, con título de posgrado en
alguno de los siguientes niveles de formación: especialización universitaria; maestría;
doctorado.
Capacidades para ejecutar los PDEA: son las capacidades humanas, técnico productivas, de
mercadeo y comercialización, así como las capacidades sociales integrales y el fortalecimiento
de la asociatividad, desarrollo empresarial, innovación, investigación y uso de las TIC, gestión
sostenible de recursos naturales y desarrollo de habilidades para la participación de los
productores en la política pública sectorial, con que debe contar la entidad que pretende
habilitarse como EPSEA.
Vínculo comprobable con organizaciones de formación, capacitación, ciencia, tecnología
e innovación: en este ítem las entidades deben demostrar, mediante documento idóneo, que
cuentan con vínculos vigentes, tales como contratos, convenios, alianzas y/o acuerdos, con
entidades de educación, de formación y/o de capacitación en el sector agropecuario, o con
centros de investigación y de desarrollo tecnológico, que en general adelanten actividades de
ciencia, tecnología e innovación del sector agropecuario.
Capacidad Financiera: las entidades deben acreditar la siguiente capacidad financiera: 1.
Índice de Liquidez mayor o igual a 1.00 veces. (Activo Corriente / Pasivo Corriente); 2. Índice
de endeudamiento menor o igual al 75.00%. (Pasivo Total / Activo Total).
Constitución y situación legal conforme: las entidades que deseen registrarse como EPSEA
deben cumplir con los requisitos establecidos en el Artículo Noveno de la presente Ley.
Requisitos especiales para la habilitación de las Unidades Municipales de Asistencia
Técnica Agropecuaria (UMATA), Centros Provinciales de Gestión Agroempresarial
(CPGA): tanto las UMATA como los CPGA, pueden realizar el proceso de habilitación como
EPSEA para poder prestar el servicio de Extensión Agropecuaria en el municipio
correspondiente.
Recurso humano, formación profesional experiencia y desarrollo de competencias
las dos entidades UMATA y CPGA deben contar con un equipo de profesionales que presente
los siguientes perfiles:
Director
Un (1) profesional en áreas agropecuarias o profesiones afines con el sector agropecuario,
medio ambiental o pesquero con tarjeta profesional vigente; así como experiencia en el sector
agropecuario, medio ambiente o pesquero no menor de tres (3) años.
Coordinador de proyectos agropecuarios
Un (1) profesional titulado en alguna de las profesiones de los siguientes núcleos básicos de
conocimiento en: agronomía; biología, microbiología y afines; ingeniería agrícola, forestal y
afines; administración; economía; ingeniería agroindustrial, alimentos y afines; ingeniería
agronómica, pecuaria y afines; medicina veterinaria; zootecnia, con tarjeta profesional vigente
(si aplica), con título de posgrado en alguno de los siguientes niveles de formación:
especialización universitaria; maestría; doctorado, con experiencia profesional específica de
dos (2) años en coordinación, ejecución y supervisión de proyectos agropecuarios, pesquero,
acuícola, forestal o desarrollo rural.
Capacidades para ejecutar los Planes Departamentales de Extensión Agropecuaria
(PDEA): se definen como las capacidades humanas técnico-productivas, de mercadeo y
comercialización, así como las capacidades sociales integrales y el fortalecimiento de la
asociatividad, desarrollo empresarial, innovación, investigación y uso de las TIC, gestión
sostenible de recursos naturales y desarrollo de habilidades para la participación de los
productores en la política pública sectorial, con que debe contar la entidad que pretende
habilitarse como EPSEA.
Vínculo comprobable con organizaciones de formación, capacitación, ciencia, tecnología
e innovación: las entidades UMATA y CPGA que pretendan habilitarse como EPSEA, deberán
cumplir con los mismos requisitos que las entidades privadas y que se relacionaron
anteriormente.
Para mayor información sobre requisitos solicitados por la ley puede
consultar este recurso, donde encontrarán la normatividad vigente en el
sector agropecuario en Colombia.
Recurso. Resolución 0422 del 05/07/2019
2.5 Decreto 1319 de 01 de octubre 2020 - Fondo Nacional de Extensión Agropecuaria (FNEA)
El Decreto Ley 1319 define la naturaleza, el objeto y la forma de operación del fondo,
importante para el entendimiento de la reglamentación referente a la administración de los
recursos que beneficiarán los usuarios del servicio público de extensión agropecuaria.
“El Fondo Nacional de Extensión Agropecuaria (FNEA) operará como una cuenta, sin
personería jurídica, conformado por subcuentas departamentales y/o subsectoriales,
adscrito y bajo la administración de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), el cual estará
destinado a la financiación de la prestación del servicio Público de Extensión
Agropecuaria, ejecutado a través de los Planes Departamentales de Extensión
Agropecuaria (PDEA)”
(Decreto ley 1319 de 2020).
Según reza el Decreto, los recursos del FNEA de acuerdo con lo establecido estarán
conformados por:
Para mayor información sobre los lineamientos establecidos en el decreto
1319 de 2020 puede dirigirse al siguiente recurso, donde encontrará el
decreto único del sector administrativo agropecuario, pesquero y de
desarrollo rural, relacionado con el Fondo Nacional de Extensión
Agropecuaria - FNEA.
Recurso. Decreto 1319 de 2020
2.6 Ley 464 de 29 de diciembre 2017 - Agricultura familiar campesina y comunitaria ACFC
El ministerio de agricultura y desarrollo rural adopta
mediante la resolución 464 de 2017 los lineamientos
estratégicos de política pública para la Agricultura
Campesina, Familiar y Comunitaria (ACFC)
En esta normativa se busca mediante la implementación de los lineamientos coadyuvar a la
implementación de varios aspectos de la reforma rural integral, para esto plantea como objetivo
general de los lineamientos estratégicos de la política pública para la ACFC, planificar y
gestionar la acción integral del Estado y orientar la institucionalidad social o privada, dirigida al
fortalecimiento de las capacidades sociales, económicas y políticas de las familias,
comunidades y organizaciones de agricultura campesina, familiar y comunitaria, sobre la base
de un desarrollo rural con enfoque territorial que mejore la sostenibilidad de la producción
agropecuaria y que genere bienestar y buen vivir a la población rural. (MADR, 2017).
En el proceso de fortalecer y proteger la ACFC deben socializarse varias definiciones algunas
de las cuales son:
1.
2.
3.
4.
5.
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En esta norma se encuentran los criterios para la caracterización e identificación de la
población, como que su actividad económica predominante sea la agropecuaria, uso de mano
de obra familiar o comunitaria, la Unidad Agrícola Familiar (UAF) no debe ser mayor a uno (1)
y residir o vivir dentro del perímetro funcional de la finca, o territorio colectivo del cual se
derivan sus medios de vida.
El documento adjunto llamado lineamientos estratégicos de política pública para la
agricultura campesina, familiar y comunitaria; es donde se direcciona la política de ACFC, en
el marco conceptual, diagnóstico de la ACFC, teniendo como base los ejes estructurantes de
los lineamientos de política pública ACFC de que trata el artículo 8 de la resolución 464 de
2017.
Para mayor información sobre los lineamientos establecidos en la
resolución 464 de 2017 pueden dirigirse al siguiente recurso, donde
encontrarán la normatividad vigente en el sector agropecuario en
Colombia.
Recurso. Resolución 464 de 2017
3. Diagnóstico Rural Participativo (DRP)
El DRP es una metodología, utilizada para realizar diagnósticos en comunidades rurales.
Tiene la característica de ser participativa, esto quiere decir, que en el desarrollo de las técnicas
escogidas para la recolección de la información los integrantes de la comunidad intervienen
activamente en la construcción de las respuestas y en la toma de decisiones. El DRP da
la oportunidad a todos los miembros de la comunidad a participar en el diagnóstico
independientemente de no saber leer y escribir, producto de las herramientas utilizadas
(Instituto de Formación Permanente, 2008, Diagnóstico rural participativo y planificación
comunitaria).
El DRP es un conjunto de técnicas y herramientas que permite que las comunidades
hagan su propio diagnóstico y de ahí comiencen a auto-gestionar su planificación y
desarrollo. Esta metodología es versátil y dependiendo de la habilidad del equipo facilitador es
posible utilizar la información no solo para identificar las necesidades y problemas de la
comunidad en los aspectos técnicos, sociales, ambientales, o económicos; sino que puede
iniciarse un proceso de identificación de ideas para innovación o procesos de investigación. Su
objetivo principal es “apoyar la autodeterminación de la comunidad a través de la participación
y así fomentar un desarrollo sostenible.” Expósito, 1999.
Igualmente propone siete pasos que conducen al diseño de la planeación para el
diagnóstico, para esto propone establecer un objetivo del diagnóstico, seleccionar y preparar
el equipo facilitador, identificar participantes potenciales, identificar las expectativas de los y las
participantes en el DRP, discutir las necesidades de información, seleccionar herramientas de
investigación y por último diseñar el proceso de diagnóstico, Exposito, 1999.
Para el trabajo de campo, se exponen tres pasos o momentos iniciales para abordar el
trabajo con la comunidad identificada; el primero presentación del equipo DRP en la
comunidad, segundo el análisis de la situación actual con sus problemas, potencialidades y
limitaciones y por último la búsqueda de soluciones haciendo énfasis en problemas y
potencialidades. Exposito, 1999.
Paso seguido se muestra una serie de técnicas y herramientas participativas (Caja de
Herramientas) que pueden ser usadas teniendo en cuenta el objetivo planteado, las
necesidades de información que haya identificado el equipo facilitador y las características
identificadas en la comunidad. Expósito,1999.
En la etapa final del proceso de diagnóstico llamado análisis, documentación y presentación
el autor hace un recorrido por las clases de variables que podemos obtener en este proceso
(cualitativas y cuantitativas); recuerda que los documento obtenidos en los talleres (mapas,
registros, fotos, videos, encuestas, etc.) deben tenerse siempre presentes para poder
consultarlos nuevamente, con el fin de completar información o de obtener datos que no se
identificaron en un primer momento; la elaboración del informe es un paso muy importante
porque es en este documento que se consolida las fortalezas, necesidades y problemas
que presenta la comunidad; en este momento se convierte en el insumo para el siguiente
paso en la formulación de proyectos agropecuarios. Expósito,1999.
Para mayor información sobre Diagnóstico Rural Participativo consultar el
siguiente documento.
Recurso. Diagnostico Rural Participativo
4. Clasificación y registro de usuarios del servicio público de extensión agropecuaria
Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR,
(2019), el registro de usuarios del servicio público de extensión agropecuaria, se establece
como el proceso mediante el cual se caracteriza a los usuarios del servicio público de extensión
agropecuaria, como factor determinante en la formulación de los Planes Departamentales de
Extensión Agropecuaria (PDEA), de igual forma se utiliza para la gradualidad en el
otorgamiento del subsidio a la tarifa, la focalización y priorización para la prestación del servicio
(Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Actores intervinientes: los actores que intervienen en el registro de usuarios son cinco (5), en
primer lugar se encuentran los usuarios del servicio público de extensión agropecuaria quienes
formarán parte las asociaciones u organizaciones de productores, estas deberán solicitar su
inscripción y registro ante el municipio correspondiente al lugar donde se ubiquen los predios
(Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
En segunda medida se encuentran las alcaldías municipales y distritales, a través de las
secretarías de agricultura o la dependencia que designen, estos velarán por la veracidad de la
información depositada en el registro.
En tercer lugar, las gobernaciones departamentales, a través de las secretarías de
agricultura o la dependencia que designen, velarán porque los municipios actualicen el
registro durante los tres (3) meses de cada año. (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
En cuarto lugar, se encuentra la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), quien será la
encargada de gestionar la articulación de la información de los productores agropecuarios, ya
sean desarrollados con recursos públicos o privados, dicha información será utilizada de
acuerdo con las normas de Habeas Data. La información reposará en los servidores de la ADR,
quien será la encargada de administrar y actuará como responsable en el tratamiento de los
datos. De igual forma, la ADR tendrá la facultad de adelantar procesos sancionatorios a través
de sus Unidades Técnicas Territoriales (UTT). (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Finalmente, se encuentra el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR), la cual
deberá promover la interoperabilidad de los sistemas de información para incorporar y
actualizar la información en el registro de usuarios del servicio de extensión agropecuaria.
(Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Clasificación de usuarios del servicio público de extensión agropecuaria: según el
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR, (2019, la
clasificación de usuarios de extensión agropecuaria consiste en identificar el nivel en el que se
encuentran, por cada uno de los aspectos del enfoque para la prestación de este servicio
público, para las diversas actividades productivas. Dicha información obtenida a través de la
herramienta dispuesta por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, será el insumo
principal para adelantar la clasificación respectiva (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Criterios de calificación: para la calificación de los usuarios del servicio de extensión
agropecuaria, está definida en función de la mejora en sus capacidades y condiciones, así
como también los logros y progresos frente al enfoque de la prestación del servicio enmarcados
en los objetivos propuestos en los PDEA. (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia
de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Criterios para la clasificación de usuarios del servicio de extensión agropecuaria.
Fuente: MADR – ADR, 2019
Fuente: MADR – ADR, 2019
Niveles de clasificación de usuarios: de acuerdo a los criterios de calificación anteriormente
mencionados, se definieron cuatro (4) niveles de clasificación, los cuales se identificarán por
cada aspecto del enfoque para la prestación del servicio, para cada usuario de extensión
agropecuario. La figura 4, muestra los niveles, donde el 1 corresponde al nivel bajo y el 4 al
nivel superior (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR,
2019).
Método de clasificación: Teniendo en cuenta que la clasificación de usuarios del servicio
público de extensión agropecuaria debe definirse para las diferentes actividades productivas,
presentadas en la figura 5. (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo
Rural - ADR, 2019).
Actividades productivas y componente ambiental
Fuente: MADR – ADR, 2019
El método de clasificación se enmarca en aplicar una serie de preguntas por cada
componente definido (30), de tal modo que permita una calificación del 1 al 4, donde 1 es el
escenario básico y 4 el escenario superior o ideal (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
La clasificación de usuarios en el marco de los PDEA: Según el Ministerio de agricultura y
desarrollo rural agencia de desarrollo rural, (2019): el Plan Departamental de Extensión
Agropecuaria (PDEA), es el instrumento de planificación cuatrienal en el cual cada
departamento, en coordinación con sus municipios, distritos y demás actores del SNIA,
mediante el cual se definirán los elementos estratégicos y operativos para la prestación del
servicio de extensión agropecuaria.
Finalmente, se encuentra el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR), la cual
deberá promover la interoperabilidad de los sistemas de información para incorporar y
actualizar la información en el registro de usuarios del servicio de extensión agropecuaria.
(Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo Rural - ADR, 2019).
Por último, se ha diseñado una herramienta para el diagnóstico territorial de usuarios, donde se
puede detallar el nivel en que se encuentran los usuarios por cada aspecto del enfoque para la
prestación del servicio, la media geométrica individual definida por cada aspecto y la meta
definida por el territorio. (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Agencia de Desarrollo
Rural - ADR, 2019).
Para mayor información sobre los lineamientos establecidos en la
resolución 464 de 2017 pueden dirigirse al siguiente recurso, donde
encontrarán la normatividad vigente en el sector agropecuario en
Colombia.
Recurso. Resolución Nº 464 de 2017
Glosario
Agenda Dinámica Nacional de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación
Agropecuaria (Agenda I+D+i):instrumento de planificación y gestión para la focalización de
recursos y de acciones de I+D+i tendientes al fortalecimiento, dinamización y optimización del
SNIA en torno al mejoramiento de la productividad y competitividad sectorial. (Congreso de la
República, 2017).
Comunidad Linkata:comunidad temática dirigida a gestionar, divulgar y transferir conocimiento
y tecnologías agropecuarias, con el fin de dinamizar y potenciar el relacionamiento entre los
resultados del sector generador de I+D y los prestadores de servicios de asistencia técnica,
asesoramiento, consultoría y extensión agropecuaria. (Congreso de la República, 2017).
Extensión Agropecuaria: proceso de acompañamiento mediante el cual se gestiona el
desarrollo de capacidades de los productores agropecuarios, su articulación con el entorno y el
acceso al conocimiento, tecnologías, productos y servicios de apoyo; con el fin de hacer
competitiva y sostenible su producción al tiempo que contribuye a la mejora de la calidad de
vida familiar. Por lo tanto, la extensión agropecuaria facilita la gestión de conocimiento, el
diagnóstico y la solución de problemas, en los niveles de la producción primaria, la poscosecha,
y la comercialización; el intercambio de experiencias y la construcción de capacidades
individuales, colectivas y sociales. Para tal efecto, la extensión agropecuaria desarrollará
actividades vinculadas a promover el cambio técnico en los diferentes eslabones que
constituyen la cadena productiva, la asesoría y acompañamientos a productores en acceso al
crédito, formalización de la propiedad, certificación en BPA, entre otros (Congreso de la
República, 2017).
Innovación abierta o colaborativa: se refiere al proceso de concepción y desarrollo de una
innovación que ocurre en un marco de colaboración entre diversos actores o agentes, de modo
que la innovación resulta altamente cohesionada con el entorno en el que se produce, y por
ende cuenta con una mayor probabilidad de adopción y éxito. Además, permite reconocer los
conocimientos, capacidades y experiencias de los actores y agentes que intervienen en la
innovación (Congreso de la República, 2017).
Innovación agropecuaria: introducción de productos, bienes, servicios, procesos y métodos
nuevos en el ámbito productivo, de transformación o adecuación de la producción,
administrativo, organizacional, financiero y crediticio, informático, de mercadeo y
comercialización, que incorporen mejoras significativas en el desempeño del sector
agropecuario (Congreso de la República, 2017).
STI :son espacios prácticos en los cuales los procesos de investigación, formación de
capacidades, de aprendizaje interactivo, así como de transferencia de tecnología y extensión,
establecen dinámicas conjuntas de articulación institucional que concretan, impulsan y
consolidan los procesos de ciencia, tecnología e innovación en los territorios. (Congreso de la
República, 2017).
Ordenamiento productivo y social del territorio: proceso de planificación participativo y
multisectorial de carácter técnico, administrativo y político, que permite la armonización de los
usos agropecuarios y la tenencia de la tierra rural, privilegiando el adecuado equilibrio entre la
producción agropecuaria (agrícola, pecuaria, forestal, acuícola, pesquera, la adecuación y
transformación de la producción), el uso eficiente del suelo, y la sostenibilidad social, ambiental
y económica, orientado al logro de la competitividad sectorial. (Congreso de la República,
2017).
Organización Comunitaria:todos aquellos productores agropecuarios organizados de forma
asociativa, cooperativa, solidaria u otras formas de organización (Congreso de la República,
2017).
Parques Científicos, Tecnológicos y de Innovación Agropecuarios (PCTIA):zonas
geográficas especiales destinadas a promover la innovación agropecuaria basada en el
conocimiento científico y tecnológico y a contribuir a la productividad empresarial y la
competitividad regional. (Congreso de la República, 2017).
Plan Departamental de Extensión Agropecuaria (PDEA): instrumento de planificación
cuatrienal que define los elementos estratégicos, operativos y financieros para la prestación del
servicio público de extensión agropecuaria en el área de influencia de un departamento y sus
municipios. (Congreso de la República, 2017).
Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agropecuaria (PECTIA): herramienta
de planificación que define los objetivos estratégicos, estrategias y líneas de acción en materia
de ciencia, tecnología e innovación sectorial para aumentar la competitividad, sostenibilidad y el
mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Se formula para un período de 10
años. (Congreso de la República, 2017).
Plataforma siembra: es el aplicativo electrónico del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
destinado a la recopilación, gestión, divulgación y seguimiento de la información de los
proyectos, resultados, avances y oferta tecnológica sectorial originada en el Sistema Nacional
de Innovación Agropecuaria (SNIA). (Congreso de la República, 2017).
Redes de innovación: conjunto de actores que interactúan a través del intercambio de
conocimientos con el fin de compartir información, conceptos, aplicaciones, metodologías,
experiencias y prácticas de trabajo (Congreso de la República, 2017).
Ruralidad: es el conjunto de interacciones sociales, económicas y culturales que se surten en
espacios de baja e intermedia densidad poblacional y cuyas actividades económicas
preponderantes están estrechamente relacionadas con el medio natural y sus
encadenamientos productivos. (Congreso de la República, 2017).
Sector agropecuario: se entiende por sector agropecuario cuya actividad económica está
circunscrita a los ámbitos agrícola, pecuario, forestal, acuícola y pesquero, así como la
adecuación y la transformación de la producción, los servicios de apoyo asociados y la
comercialización de productos primarios. (Congreso de la República, 2017).
Sistemas Territoriales de Innovación Agropecuaria:los Sistemas Territoriales de Innovación
(STI) son entendidos como sistemas complejos que favorecen y consolidan relaciones entre
diferentes grupos de actores tanto públicos como privados, que articulados en redes de
conocimiento tienen el propósito de incrementar y mejorar las capacidades de aprendizaje,
gestión de conocimiento agropecuario e innovación abierta que emergen en un territorio
particular establecido a partir del reconocimiento de interacciones específicas entre sus
dimensiones biofísicas, culturales, institucionales, socioeconómicas, entre otras.
Material complementario
Autor, (año del documento o Tipo de material ( Video, capítulo de Enlace del Recurso o
material), Nombre del documento o libro, articulo, otro) Archivo del
material. documento o material
Agencia de desarrollo rural, (2019). PDF Ver
Resolución 0422 de 2019
Expósito, (2003) Diagnóstico rural PDF Ver
participativo.
Ministerio de agricultura y desarrollo PDF Ver
rural, (2017). Resolución 0464de
2017
Presidencia de la república, (2020). PDF Ver
Decreto 1319 de 2020
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[Link]://[Link]/descargas/informes2013/agraria/politi
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reglamenta las materias técnicas del Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria - SNIA.
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Resolución 422 de 2019. [Agencia de Desarrollo Rural]. Por la cual se reglamenta el artículo 33
de la Ley 187 de 2017. Julio 5 de 2019.
Resolución 464 de 2017. [Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural]. Por la cual se adoptan
los lineamientos estratégicos de la política pública para la Agricultura Campesina, Familiar y
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Sierra, P. H. (1998). Concepto y tipos de ley en la constitución colombiana. Universidad
Externado de Colombia.
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