Kenneth E.
Hagin
REDIMIDO
De La Pobreza, Enfermedad, y Muerte Espiritual
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REDIMIDO
De La Pobreza, Enfermedad, y Muerte Espiritual
Por Kenneth E. Hagin
Segunda edición
Octava Imprenta 1998
ISBN-13:978-0-89276-101-2
English Title: Redeemed From Poverty, Sickness, and Spiritual Death
En los Estados Unidos
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Colombia.
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Contenido
1. Redención de la Maldición de la Pobreza
2. Redención de la Maldición de la Enfermedad
3. Redención de la maldición de la Muerte Espiritual
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Capítulo 1
Redención de la Maldición de la Pobreza
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el
que es colgado en un madero), Para que en Cristo Jesús
la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin
de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y
si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham
sois, y herederos según la promesa.
Gálatas 3:13,14,29
¡Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley! ¿Cuál es
la maldición de la ley? La única forma de poder
averiguarlo es volviendo a la ley. La expresión “La ley”
como encontrada en el Nuevo Testamento se refiere
generalmente al Pentateuco, los cinco primeros libros
de la Biblia. Al volver a estos libros – o la ley –
encontramos que la maldición, o castigo, por romper la
ley de Dios es triple: pobreza, enfermedad, y muerte
espiritual.
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I Timoteo 4:8
8 Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso,
pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene
promesa de esta vida presente, y de la venidera.
Algunos quisieran que creyésemos que no tenemos
ninguna promesa en este vida de ninguna bendición
material o de otra clase, pero esta Escritura declara
enfáticamente que sí.
De acuerdo con Deuteronomio 28:15-17,38-40, la
maldición de la pobreza vendría sobre los hijos de Dios si
le desobedecían. Era una maldición que vendría sobre
ellos por no guardar y hacer conforme a todos Sus
mandamientos y Sus estatutos.
Pablo dijo: escribiendo a la iglesia en Filipos, “Mi Dios,
pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:19).
Todo lo que os falta incluiría necesidades financieras,
materiales, y otras. De hecho, en este capítulo Pablo
está hablando de cosas financieras y materiales.
Jesús mismo dijo: “Mas buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas”. (Mateo 6:33). Estas cosas que os serán
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añadidas son cosas materiales en la vida – algo para
comer, algo para vestir, etcétera.
Algunos parecen tener el concepto de que si una persona
es cristiana, creyente en Dios, es una marca de humildad
– una marca de piedad – el vivir en pobreza y no poseer
nada. Piensan que deberían ir por la vida con la suela de
los zapatos salida, la punta del sombrero salida, y el
asiento de los pantalones gastado – apenas siendo
capaces de continuar.
Pero esto es lo que Jesús dijo. Él dijo: “buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas”. No quitadas; ¡El dijo que os
serán añadidas! ¡Gloria a Dios!
LUCAS 6:38
38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada,
remecida y rebosando darán en vuestro regazo;
porque con la misma medida con que medís, os
volverán a medir.
Primero, hagamos esta pregunta: ¿Es la verdad? ¿Dijo
Cristo la verdad, o estaba mintiendo? Yo creo que es la
verdad, ¿no es así? Ahora nota que Él dijo, “darán”.
Claro está, Dios está por detrás de ello, pero Él dijo,
“(ellos) darán en vuestro regazo”.
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Recuerdo que un amigo me preguntó hace un tiempo,
“¿Hermano Hagin, predicas alguna vez sobre Lucas 6:38?”
“Bueno”, le contesté, “He usado esa escritura. No sé si la
he usado nunca como texto, pero la he citado en mi
predicación en varias ocasiones”.
Este hombre contestó, “Bueno, no hace mucho tuvimos
aun ministro en nuestra iglesia que predicó durante una
reuniones de dos semanas, y se refirió a esa escritura cada
noche. Una noche predicó un sermón al respecto. Sabes,
yo nunca había pensado demasiado acerca de ese
versículo hasta que él lo enfatizó tanto. Luego, en el último
servicio de la reunión, después de que nuestro pastor
había recibido la ofrenda para él, el evangelista dijo:
‘Hermanos, estoy impresionado por el Espíritu Santo a
recibir una ofrenda para esta iglesia para poner un sistema
de aire acondicionado’”.
Mi amigo, el cual enseñaba la clase bíblica de hombres,
una larga clase de unos 100, continuó contándome acerca
del último servicio.
“El evangelista le dijo a la congregación de unos 1.800,
“¡Quiero recibir los $10.000 dólares esta noche! Suena
demasiado, lo sé, y ya han dado durante esta reunión,
pero quiero retarles”. Nos leyó este texto nuevamente el
cual había mencionado cada noche, “Dad y se os dará”.
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Luego dijo: “No quiero que nadie dé lo que esté al alcance
de sus medios. Da lo que no esté al alcance de tus medios.
Si te parece que puedes dar $50 pero no $100, da los
$100. si piensas que puedes dar $500 pero no $1.000, da
los $1.000. Allí es donde está la bendición – y esa es la
verdad”.
Luego añadió: “Voy a poner mi Biblia aquí en el altar, y
quiero que vengan y pongan su dinero en este versículo de
escritura y digan, “Quiero Señor, estoy actuando de
acuerdo a tu Palabra”. Yo oraré en especial por ustedes,
pero sé que Dios se lo va a devolver. Dará resultado a tu
favor. Y si no lo hace, yo me aseguraré de que se te
devuelva el dinero, y nada más se dirá del asunto”.
El maestro de Escuela Dominical dijo: “Hermano Hagin, yo
tenía varios hombres de negocios en mi clase. Dos de ellos
se me habían acercado con anterioridad para pedirme que
orara ya que sus negocios estaban a punto de quebrar. A
no ser que Dios hiciera algo en 30 días, dijeron que
tendrían que cerrar las puertas”.
Continuó, “Hermano Hagin, yo soy testigo del hecho de
que uno de estos hombres dio $500 en aquella ofrenda y
otro dio $250. En realidad fue dinero prestado, ¡pero en
30 días ambos negocios se salieron del peligro! Dios los
bendijo inmensurablemente”.
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El Señor, en Malaquías 3:10, habló estas palabras: “Traed
todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y
probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si
no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré
sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.
De hecho, no hemos dado en realidad hasta que hemos
pagado nuestro diezmo.
Un hombre me dijo: “Hermano Hagin, el pagar el diezmo –
eso está solamente bajo el Antiguo Testamento. Está
solamente bajo la Ley de Moisés. ¿No lo sabía?”
Yo me avergonzaría al demostrar tal ignorancia de la Biblia
al hacer dicha declaración. Abraham pagó diezmos 500
años antes de que la ley fuera dada a Moisés. Jacob
pagó diezmos 250 años antes.
“Sí”, dijo alguien, pero no hay ninguna escritura en el
Nuevo Testamento sobre el pagar el diezmo”.
Esta gente debería aprender a leer. Mira en Hebreos 7:8.
¿Qué sucede con esto? Esto es Nuevo Testamento, ¿no?
“Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres
mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de
que vive”. Se está refiriendo a Cristo.
La Bendición de Abraham es Nuestra
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Casi cada vez que obtienes algo bueno de la Palabra de
Dios, o la promesa de algo bueno y una escritura en la
que apoyarte, alguien salta y dice, “Eso es sólo para los
judíos. Esto no es para nosotros hoy en día”.
Quiero que sepas que la bendición de Abraham nos
pertenece a nosotros. No solo le pertenece a los
descendientes físicos de Abraham; ¡nos pertenece a
nosotros!
Recuerda como dijo nuestro versículo para este capítulo,
“para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham
alcanzase a los gentiles… Y si vosotros sois de Cristo,
ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según
la promesa”. (Gál 3:14,29).
¡La bendición de Abraham es nuestra! No nos la pueden
quitar nunca más. Esos desconfiados, incrédulos,
matadores del gozo, y vendedores de la duda no serán
capaces de quitárnosla. ¡La bendición de Abraham es
mía – la bendición de Abraham es nuestra – a través de
Cristo Jesús! ¡Aleluya!
La Bendición de Abraham era una bendición triple. Lo
primero que Dios le prometió a Abraham fue que él le
iba a hacer rico.
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“¿Quieres decir que Dios nos va a hacer a todos ricos?” Sí,
eso es lo que quiero decir.
“¿Quieres decir que Él nos va a hacer a todos millonarios?”
No, eso no es lo que he dicho.
Pero Él nos va a hacer ricos. Puede que no entiendas lo
que la palabra “rico” significa. El diccionario dice que
significa “provisto por entero”, o “abundantemente
suplido”. Gloria a Dios, ¡en Cristo hay completa
provisión!
En cierta ocasión tuve un auto, pero me gastaba
demasiada gasolina – sólo me daba 13 millas y media
por galón en la carretera. Este auto en particular tenía la
reputación de no gastar mucha gasolina, así que le
dieron una revisión al motor, le cambiaron las bujías de
encendido y el condensador, y trabajaron con el
carburador.
Mientras miraba, el mecánico me dijo: “Predicador, aquí
hay algo que está mal. No sé por qué lo hicieron, pero
en este modelo cambiaron el carburador. Hay un
engaste por dentro y otro por fuera. Puede colocarse en
rico o en flaco. En este caso está colocado en rico. Esta
colocado para que reciba una provisión completa”.
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Dios no prometió que recibiríamos una provisión flaca,
sino una provisión rica. ¡Tenemos una provisión
abundante! ¡Gloria a Dios para siempre!
Prediqué una reunión hace varios años en una pequeña
ciudad de New Jersey para el pastor A.A. Swift de la
Iglesia Pentecostal Trinitaria. En aquel tiempo él tenía 70
años de edad. Yo no predicaba en estas líneas en
aquellos tiempos – predicaba hasta llegar allí y
alrededor de ellos. Sabía que era verdad, pero nadie
más estaba predicando que Dios nos había redimido de
la maldición de la pobreza, así que no sabía si debía
declararlo o no.
Sabiendo que el hermano Swift era un hombre de Dios, un
veterano en Pentecostés considerado ser uno de los más
destacados maestros Bíblicos del Evangelismo completo,
hablé con él acerca de algunas de estas escrituras.
“Hermano Hagin, tienes toda la razón”, dijo él. “Deberías
predicarlo donde quieras que vayas. Dios nos ha
prometido hacernos ricos a todos”.
Luego dijo: “Déjame que te cuente como lo descubrí.
Recibí el espíritu Santo en 1908, y en 1911 mi esposa y
yo fuimos a la China de misioneros. (Esto fue mucho
antes de que hubiera una organización del Evangelio
Completo o algún círculo Pentecostal).
13
Nací y me crié en Londres, vine a Canadá, y luego a los
Estados Unidos, así que tenía algunas conexiones en
Inglaterra, y una misión de allí nos sostenía. Nos daban
$1.236 al año. Esto era $103 al mes de sustentación. Y
pasamos el año 1911, o casi todo, en China como
misioneros.
Pero cada vez que iba a orar – tenía un lugar donde iba a
hacer mis oraciones secretas – el Espíritu de Dios
trataba con mi corazón y me decía, “Envía tu renuncia. Si
esta gente supiera que crees en el hablar en lenguas, no
te sostendrían, por que ellos no creen que el hablar en
lenguas es la evidencia del bautismo del Espíritu Santo.
Tú te has mantenido callado, lo cual es lo mismo que
recibir el dinero bajo falsas pretensiones. No puedes
predicar lo que la Biblia enseña. A hurtadillas puede que
lo comunique a unos pocos, pero si fueras a salir
abiertamente a predicarlo, eso sería el fin. Quiero que
prediques la verdad completa”.
“Señor, ¿qué debo hacer?” el Hermano Swift finalmente le
preguntó al Señor. “Si hago tal cosa, mi esposa y yo y
nuestros hijos seremos desprovistos de todo sostén aquí
en China. Sería lo suficientemente difícil quedarse sin
sostenimiento en América en 1912, aún más en la China.
¿Qué debo hacer?”.
14
Dios le contesto: “Quiero que les devuelvas esta estación
de misiones a ellos. No estaría bien que la robaras de
ellos. (Y no estaría bien). Tú vete a otro lugar y empieza
una nueva obra”.
“Señor, ¿empezar una nueva obra en China en 1912 sin
nadie que la mantenga?”
“Eso es lo que quiero que hagas”.
“Señor, no podremos seguir adelante”.
“¿No sabías que Yo prometí hacerte rico?”.
El Hermano Swift contestó, “Si lo hiciste, yo no lo sabía.
Pero sí que estría contento de saberlo”.
Entonces el Espíritu del Señor preguntó, “¿Has leído
Gálatas 3:13,14 donde dice que Cristo de redimió de la
maldición de la ley, siendo hecho maldición por ti, para
que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles;
eso es, a ti? “Lo rimero que le prometí a Abraham fue
que le haría rico”
Al contarme esto el Hermano Swift, me dijo: “Luego las
cosas se me empezaron a abrir. Abrí la Biblia y lo leí – y
claro está, ¡allí estaba! Envié mi renuncia y fui a otro
lugar y empecé una nueva obra. Por los primeros seis
meses, fue difícil”.
No pienses que no habrá pruebas. Pero sólo porque
vienen las tareas, las pruebas se amontonan, y parece
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que no está resultando, no quiere decir que no es
verdad. Verás, Dios no siempre paga en sábado por la
noche. Dios no siempre paga a principios de cada mes.
Pero quiero decirte – Dios sí que paga más tarde o más
temprano. ¡Más tarde o más temprano llega el día de
cobrar!
Mucha gente piensa que se han escapado con el pecado ya
que se escaparon con él una semana y el juicio no les ha
caído. Se han escapado dos semanas y el juicio no les ha
caído. Siguieron así durante un mes o más y el juicio no
vino. Empezaron a sentirse un poco mejor, un poco más
fácil. Dijeron: “Bueno, parece que me he salido con la
mía”. Pero quiero decirte que más tarde o más
temprano, vendrá.
“Durante los primeros seis mese de aquel año”, me contó
el hermano Swift, “parecía que mi esposa y yo y
nuestros dos hijos pequeños nos íbamos a morir de
hambre en China, sin ningún tipo de sostén de
Inglaterra, sin nadie de América para mantenernos.
¿Qué hicimos?
“Bueno, yo me mantuve calmado, dulce y callado – no hice
mucha oración. Simplemente le recordé a Dios de lo que
Su Palabra decía. Sabía que iba a hacer algo al respecto.
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“Cuando el año había pasado y yo lo examiné, ¡Dios me
había dado $3.750 dólares americanos!”
en 1912, $30750 eran como $15.000 o más hoy día. Él
había estado recibiendo “1.236 al año. Este año recibió
tres veces más. Dios le prometió que lo haría rico.
¡Gloria a Dios para siempre!
De hecho, amigos, muchos de nosotros no somos pobres
porque hemos honrado a Dios – sino porque le hemos
deshonrado. (He dado escrituras que lo prueban).
Alguien dijo: ¡Oh, sí, pero Hermano Hagin, le tengo miedo
al dinero”.
“¿Por qué” le pregunté.
“La Biblia dice que el dinero es la raíz de todo mal…”
la Biblia no dice tal cosa ni mucho menos. La Biblia dice:
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1
Tim. 6:10). Tú podrías ser culpable de ese pecado y no
tener un céntimo. El tener dinero no es malo; lo que es
malo es que el dinero te tenga a ti.
Si el dinero llega a ser un señor del hombre, eso es malo.
Un hombre puede amar el dinero de tal manera que lo
recogería en cualquier sitio y de cualquier manera. Si le
cortaras las manos, lo cogería con los dedos de los pies,
lo cogería con los dientes. Si le quitaras los dientes, lo
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mordería con las encías. Si eso está en él, lo recogerá de
una manera u otra. Es su señor.
La Palabra dice que la plata y el oro son de Dios (Hageo
2:8). La Biblia dice que los millares de animales en los
collados son Dios (Salmo 50:10).
¿Por qué puso Dios todas estas cosas aquí, entonces? ¡Por
supuesto no lo puso todo aquí para el diablo y su
cuadrilla! Si lo hizo, entonces Él ama a los hijos del
diablo más que a sus propios hijos.
Esto sería como si un hombre dejara que sus hijos pasaran
hambre y no pagara la renta mientras iba al otro lado de
la calle y le pagara la renta a otra mujer y diera a comer
a los hijos de la otra mujer. Dios no ama al diablo más
que nos ama a nosotros. ¿No es así?
Alguien dijo: “Hermano, parece que soy otro Job”. ¿Qué
quieres decir con que eres otro Job? Gloria a Dios, si
eres el Job de Dios, recibirás tu sanidad. Job se sanó.
Algunos piensan, “Pobre Job – se pasó la vida enfermo,
sufriendo y afligido”.
De hecho, el libro entero de Job sucedió en el transcurso
de nueve meses. Si Job enfermó alguna otra vez en su
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vida, no lo sé. La Biblia no lo dice. Y si hubiere padecido
algo más, la Biblia nos lo hubiera dicho.
¡Dios sanó su cuerpo! Dios le dio otra esposa. Dios le dio
10 hijos más. Dios le dio el doble de lo que tenía al
principio: el doble de camellos, el doble de ovejas, el
doble de vacas, y el doble de mulas. Y Job vivió 140
años más. Él vivió para poder ver los hijos de sus hijos
hasta la cuarta generación. ¡Gloria a Dios! Este es el
modo en que Dios hace las cosas. Si está mal el ser
próspero, entonces Dios hizo mal el hacer todo aquello.
PROVERBIOS 19:17
17 A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que
ha hecho, se lo volverá a pagar.
Siempre hay quienes son desafortunados en la sociedad.
Dios nos ha bendecido y prosperado, y Él no quiere que
seamos avaros. El quiere que ayudemos a otros, así que
Dios dijo: “A Jehová presta el que da al pobre”. Si el Señor
se te acercara hoy y te dijera, “Necesito $100”, (se lo
prestarías ¿O si uno de tus hermanos viniera y te pidiera
prestados $100, se los prestaría si pudieras?
“A Jehová presta el que da al pobre” es lo que la Biblia
dice. Y Dios dijo, “Yo se lo devolveré”. Yo creo que lo hará,
¿No lo crees tú? No creo que mintiera al respecto.
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¿Y cómo va a devolverlo? No lo sé, pero creo que podemos
tener una idea al ver Lucas 5:4-7, donde Cristo le pidió
prestada a Pedro su barca. Él le devolvió a Pedro dándole
dos barcas enteras de peces. Algo es cierto con respecto
al Señor: ¡No hay nada de tacaño en Él!
Yo quiero que la gente sepa que estoy a favor de Dios.
Estoy a favor de la bendición. Voy a aprovecharme de
aquello que me pertenece en Cristo. Y quiero que tomes
tu posción. Ahora sabes cuál es la bendición. ¡Aleluya!
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Capítulo 2
La Redención de la Maldición de la Enfermedad
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición…
Gálatas 3:13
DEUTERONOMIO 28:15-22, 27-29, 35, 58-61
15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios,
para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus
estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti
todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
16 Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo.
17 Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar.
18 Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la
cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.
19 Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.
20 Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y
asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres,
hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de
la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado.
21 Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te
consuma de la tierra a la cual entras para tomar
posesión de ella.
21
22 Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y
de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con
añublo; y te perseguirán hasta que perezcas...
27 Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores,
con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado.
28 Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de
espíritu;
29 y palparás a mediodía como palpa el ciego en la
oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no
serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá
quien te salve.
35 Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y
en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu
coronilla, sin que puedas ser curado.
58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de
esta ley que están escritas en este libro, temiendo este
nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS,
59 entonces Jehová aumentará maravillosamente tus
plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y
permanentes, y enfermedades malignas y duraderas;
60 y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de
los cuales temiste, y no te dejarán.
61 Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está
escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti,
hasta que seas destruido.
Podemos ver claramente en estas escrituras que la
enfermedad es una maldición de la ley, las terribles
22
dolencias enumeradas aquí – de hecho, toda
enfermedad y toda dolencia, de acuerdo con el versículo
61 – son parte del castigo del rompimiento de la ley de
Dios.
La versión Reina Valera de estas escrituras nos llevaría a
creer que Dios mismo puso enfermedades y aflicciones
sobre Su pueblo, ya que lee, “El Señor te herirá…”
El Dr. Robert Young, autor de Hints to Bible Interpretation
(Sugerencias Para la Interpretación de la Biblia). Señala
que en el Hebreo original, el verbo está en el sentido
permisivo y no en el causativo. De hecho, debería haber
sido traducido algo así: “Él Señor permitirá que sea
herido… Él Señor permitirá que estas plagas te
ataquen…”
Muchos otros verbos fueron traducidos en el sentido
causativo en la Versión Reina Valera. Por ejemplo, Isaías
45:7 lee, “Que formó la luz y creo las tinieblas, que hago
la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago
todo esto”. ¿Creó Dios el mal? No. Eso haría de Dios un
diablo. Dios puede que lo permita, pero Él no lo crea.
Amós 3:6 declara en la Versión Reina Valera, “¿Se tocará la
trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo?
¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya
hecho?” Si Dios comete el mal, entonces Él no tiene
23
derecho alguno de juzgar al hombre por el pecado. Hay
una gran diferencia entre la comisión y la permisión.
Cuando el Rey Saúl se apartó del Señor, Primera de Samuel
16:14 dice: “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le
atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová”.
Lo que sucedió en realidad fue que el pecado de Saúl
quebrantó la comunión con Dios, y Dios permitió que el
espíritu malo del diablo le atormentara.
El Hebreo original de estas escrituras estaba en el sentido
permisivo, pero ya que el lenguaje español no tiene un
sentido permisivo correspondiente, los verbos fueron
traducidos en el causativo.
No, Dios no envía plagas y enfermedades sobre Su pueblo
como estos versículos parecen indicar. La Palabra de
Dios no enseña que estas cosas vienes directamente de
Dios.
Cuando el pueblo de Dios rompió sus mandamientos, ya
no estaban más bajo Su divina protección. Todo lo que
Él podía hacer era permitir que el diablo trajera esas
aflicciones sobre ellos. Su pecado y maldad trajo esas
terribles plagas sobre ellos.
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Deuteronomio 28 da una lista de varias dolencias en la
maldición de la ley quebrantada. Entre ellas están: la
mortalidad, tisis (tuberculosis), fiebre (incluyendo todos
los tipos, como la tifus, escarlatina, tifoidea, viruelas, y
toda clase de fiebres eruptivas), inflamación, ardor, la
úlcera de Egipto, tumores, sarna) Toda clase de
dolencias en la piel), comezón, locura y ceguera.
De acuerdo con el versículo 60, podemos añadir esto a la
lista “todos los malos de Egipto, delante de los cuales
temiste”. Y el versículo 61 incluye todo lo demás:
“Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está
escrita en el libro de la ley”.
Podemos concluir de estas escrituras que las
enfermedades y dolencias son parte de la maldición de
la ley – y deberían venir sobre nosotros. Pero Gloria a
Dios, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” (Gál.
3:13).
La Enfermedad: ¿Bendición o maldición?
¿Es la enfermedad una bendición o una maldición? La
palabra de Dios declara que es una maldición. Algunos
te harían creer que Dios “bendice” a Sus hijos con
enfermedades y dolencias. (Si lo hace, yo preferiría que
otro recibiera tal “bendición”.) ¡Pero, de acuerdo con la
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Palabra de Dios, la enfermedad en una maldición, y la
salud es una bendición!
La dolencia es la quietud rota. La enfermedad es dolor y
sufrimiento. Hace esclavos de la familia y amistades
quienes deben cuidar de sus seres queridos. La dolencia
y la enfermedad son enemigos de la humanidad.
La enfermedad es un ladrón y bandolero. Les ha robado a
muchas madres jóvenes de su salud, belleza y gozo. Le
ha robado a su esposo de su esposa, y les ha despojado
a los hijos de su madre, ya que ella ya no es capaz de
cumplir con sus deberes de esposa y madre.
Las dolencias han robado muchos hombres jóvenes,
viniendo a ellos en medio de su masculinidad,
llenándoles de ansiedad y temor, robándoles la fe.
La enfermedad y la dolencia roban a la gente de la
felicidad, salud, y el dinero que necesitan para otras
cosas.
La enfermedad: ¿Es La Voluntad de Dios?
La enfermedad y la dolencia no son la voluntad de Dios
para Su pueblo. Él no quiere que una maldición esté
sobre Sus hijos, a causa de su desobediencia; Él quiere
bendecirles con salud.
26
“Ho, sí”, algunos me han dicho, “Yo creo que Dios era el
sanador de Israel bajo el Antiguo pacto, y Él quería que
el pueblo de Israel tuviera salud, pero nosotros no
estamos viviendo bajo aquel pacto”.
Eso es verdad. Pero si el Antiguo Pacto proveía para la
sanidad y el Nuevo Pacto (o Testamento) no lo hace,
¿me pregunto si el Nuevo Pacto es tan bueno como el
viejo? Gracias a Dios la Biblia dice que el Nuevo Pacto es
mejor:
HEBREOS 8:6
6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto
es mediador de un mejor pacto, establecido sobre
mejores promesas.
Permíteme recordarte que nuestro texto es del Nuevo
Testamento: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley,
hecho por nosotros maldición” (Gál. 3:13).
No es la voluntad de Dios que estemos enfermos. En los
tiempos de la Biblia, no era la voluntad de Dios que los
hijos de Israel estuvieran enfermos, y ellos eran siervos
de Dios. Hoy en día, nosotros somos hijos de Dios. ¡Si no
era Su voluntad que ni Sus siervos estuvieran enfermos,
no podría ser Su voluntad que Sus hijos estuvieran
27
enfermos! La enfermedad y la dolencia no son del amor.
Dios es amor.
En Lucas 13, Jesús estaba enseñando en una de las
sinagogas en el día de reposo. Una mujer entró quien
estaba encorvada. Podía haber tenido artritis o algo por
el estilo, ya que su cuerpo estaba encorvado en una
posición estacionaria. Jesús la llamó a ella y le dijo:
“Mujer, eres libre de tu enfermedad”. (v. 12).
Cuando el principal de la sinagoga se enojó porque Cristo
sanó a la mujer enferma, Jesús dijo: “Y a esta hija de
Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no
se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”
(v. 16). Jesús dijo que era Satanás el que había atado a
esta mujer.
Predicando en casa de Cornelio, Pedro dijo:
HECHOS 10:38
38 Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a
Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes
y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque
Dios estaba con él.
Esta escritura aclara que la gente que Jesús sanaba
estaban oprimidos por el diablo.
28
Algunos hoy en día te harían creer que Dios envía
enfermedades a la gente para bendecirles. Te dirán,
“No vayas a esas reuniones donde oran para que los
enfermos se sanen. Eso es del diablo”.
¡Si tienes razón, entonces Dios y el diablo han debido de
cambiar de trabajo últimamente! Hace dos mil años,
Satanás oprimía a la gente y Jesús los sanaba.
La Biblia nos dice, “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y
por los siglos” (Heb. 13:8). ¡Jesús nunca cambia! Desde
el principio hasta el fin de Su ministerio público, Cristo
combatió con Satanás. Su guerra no era en contra de los
hombres, sino contra los demonios que vivían en ellos.
Nunca le digas a nadie que la enfermedad es la voluntad
de Dios para nosotros. ¡No lo es! La sanidad y la salud
son la voluntad de Dios para la humanidad. Si la
enfermedad fuera la voluntad de Dios, el cielo estaría
lleno de enfermedad y dolencia.
Recuerda, Jesús en su andar en la tierra era la voluntad de
Dios en acción. Él vino a revelarnos al Padre. Él es la
Palabra de Dios. Él es Dios hablándonos a nosotros, (ver
Juan 1:14; Heb. 1:1-2). ¡Si quiere saber lo que Dios
piensa acerca de la enfermedad, mira a Jesús! ¡Él
anduvo sanando a los enfermos!
29
ISAÍAS 53:4,5
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre
él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Mateo cita una porción de estas escrituras:
MATEO 8:17
17 Para que se cumpliese lo dicho por el profeta
Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras
enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
El Espíritu Santo, volviendo a mirar al calvario, escribió en
el tiempo pasado a través de Pedro:
1 PEDRO 2:24
24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados.
Leí de la pluma del Dr. John Alexander Dowie sobre cómo
él recibió luz sobre el tema de la sanidad divina¹.
30
El Dr. Dowie era pastor de una iglesia Congregacional en
Newton, un suburbio de Sydney, Australia, cuando las
plagas bubónicas atacaron allí alrededor de 1875. Gente
se moría como moscas. El Dr. Dowie enterró a 40
miembros de su congregación, en menos de un mes.
Cuatro más murieron y aun tenía que ser enterrados, y
muchos más habían sido atacados con la plaga. No había
cura.
Un día después de visitar los muchos miembros de su
rebaño, el Dr. Dowie volvió a su casa y se sentó en su
estudio, con los brazos cruzados sobre el escritorio, la
cabeza encima de los brazos, llorando delante del Señor.
“Dios, ¿se van a morir todos?” lloró. “¿Vas a llevártelos a
todos? ¿De dónde ha venido esta plaga? ¿Eres Tu el autor
de esto?” Él estaba afligido al pensar en las familias que
serían quebrantadas por la plaga; en los niños que
quedarían huérfanos.
“Entonces las palabras del Espíritu Santo inspiradas en
Hechos 10:38 se me presentaron delante todas llenas de
luz, revelando a Satanás como en corruptor, y a Cristo
como al sanador”, el Dr. Dowie escribió muchos años más
tarde.
“Mis lágrimas fueron secadas”, dijo el Dr. Dowie, “mi
corazón fue fortalecido. Vi el camino de la sanidad, y la
31
puerta a él estaba abierta ampliamente, así que dije: ‘Dios,
ayúdame ahora a predicar la Palabra a todos los que están
muriendo alrededor, y a contarles que es Satanás el que
aun corrompe, y Jesús aun libera, porque “Él es el mismo
hoy…” ’”
No tuvo que esperar mucho tiempo. Dentro de unos
minutos, dos hombres jóvenes entraron en su estudio,
suplicándole sin aliento, “¡Oh, venga ahora mismo, María
se está muriendo!” Él Dr. Dowie corrió a la calle detrás de
ellos, sin siquiera pararse a coger su sombrero. Estaba
furioso que Satanás hubiera atacado a esta joven inocente
miembro de su rebaño.
El Dr. Dowie entró en la habitación de María y la encontró
en convulsiones. Su médico, habiendo perdido toda
esperanza, se estaba preparando a salir. Se volvió al Dr.
Dowie y señaló, señor, ¿no son misteriosos los caminos?”
La revelación que el Dr. Dowie acababa de recibir de la
Palabra de Dios estaba ardiendo en su corazón. “¡Los
caminos de Dios!” el explotó. “¡Cómo se atreve a llamar a
esto el camino del Señor! ¡No, señor, esta es la hora del
diablo!”
El desafió al doctor, el cual era un miembro de su
congregación, “¿Puede usted orar la oración de fe que
salva al enfermo?”
32
El doctor contestó, “Usted está demasiado excitado, lo
mejor es decir que la voluntad de Dios sea hecha”, y se
marchó.
“¡Excitado! Esa palabra era bastante inadecuada ya que yo
estaba casi frenético con ira impartida Divinamente y odio
para con el inmundo destructor, Enfermedad, que estaba
cumpliendo la voluntad de Satanás”, escribió Dowie.
“‘No es así’, exclamé, ‘ninguna voluntad de Dios envía tal
crueldad, y yo nunca diré “qué la voluntad de Dios sea
hecha” a las obras de Satanás las cuales el mismo Hijo de
Dios vino a destruir, y ésta es una de ellas…’ Oh, cómo
ardía la Palabra de Dios en mi corazón…”
Furioso al ataque de Satanás, el Dr. Dowie oró la oración
de fe por María. Años más tarde él dijo que oró algo así:
“¡Nuestro Padre, ayúdame! Y Espíritu Santo, enséñame a
orar. Intercede ahora por nosotros, oh, Jesús, Salvador,
Sanador, Amigo y Abogado para con Dios el Padre.
¡Escucha y sana, Dios Eterno! De toda enfermedad y
muerte libra a esta dulce niña Tuya. Descanso en tu
Palabra. Reclamamos la promesa ahora mismo. La Palabra
es verdad, ‘Yo soy el Señor tu Sanador’ Entonces sánala
ahora. La Palabra es verdad, ‘Yo soy el Señor, Yo no
33
cambio’. Dios que nunca cambias, prueba que eres el
Sanador ahora, la Palabra es verdad, ‘Estas señales
seguirán a los que creen. En mi Nombre, pondrán las
manos sobre los enfermos, y sanarán’. Y yo creo, y pongo
las manos sobre ella en el Nombre de Jesús, y reclamo esta
promesa ahora. Tu Palabra es verdad. ‘La oración de fe
salvará al enfermo’. Confiando en Ti solamente, te pido,
oh, sálvala ahora, por la causa de Jesús, ¡Amén!”
Las convulsiones de la muchacha cesaron inmediatamente,
y cayó en tal profundo sueño que su madre temió que se
había muerto. “No está muerta”, le aseguró el triunfante
Dr. Dowie. “Vi que Cristo había oído y que una vez más,
como hacía tiempo en la casa de Pedro, ‘Él la tocó y la
fiebre la dejó’”.
Después de varios minutos, el Dr. Dowie despertó a María.
Ella se volvió a su madre y exclamó, “¡Madre, me siento
tan bien!”
Recordando el modo en que Jesús había ministrado a la
muchacha que Él había resucitado de la muerte en los
tiempos de la Biblia, el Dr. Dowie preguntó, “¿Y tienes
hambre?”
“Oh, sí”, contestó ella. “Tengo tanta hambre”.
El Dr. Dowie le instruyó a la enfermera de María para que
le preparara una taza de chocolate y pan con mantequilla.
34
Calladamente dando gracias al Señor, fue a la habitación
siguiente, donde el hermano y la hermana de la muchacha
estaban en cama con la misma plaga. Después de orar,
ellos, también fueron instantáneamente curados.
“Al salir del hogar donde Cristo el Sanador había sido
victorioso”, el Dr. Dowie recordó, “no pude por menos que
tener en mi corazón parte de la canción triunfante que
resonaba en los Cielos, sin embargo yo me encontraba
maravillado a mis propias extrañas obras, y aún más a mi
descubrimiento de que EL ES EL MISMO HAY…”
desde aquel día en adelante, el Dr. Dowie ministró a su
rebaño sobre la sanidad divina y oró por su sanidad. Nunca
perdió otro de sus miembros con la plaga.
Pero ¿no es extraño que el médico, el cual era un miembro
de la iglesia de Dowie, trataba a la gente y les daba
medicina, pero cuando llegaban al punto en que la ciencia
médica no podía hacer nada, lo llamaba la voluntad de
Dios?
Me desconcierta el hecho de que la gente tome medicina y
haga todo lo que pueda para ponerse mejor, pero si
sugieres que le pidan a alguien que ore por su sanidad,
dicen: “Puede que no sea la voluntad de Dios el sanarme”.
35
¿Por qué no pidieron la voluntad de Dios para empezar? Si
no es la voluntad de Dios que se pongan bien, no deberían
tomar ninguna medicación o tratamiento. ¡Tratando de
ponerse bien estarían fuera de la voluntad de Dios!
No tengo intención de desacreditar a la profesión médica.
Los doctores están luchando con el mismo diablo que
nosotros. Simplemente quiero señalar que este es un
razonamiento humano y un pensamiento erróneo, y les ha
robado a muchos de las bendiciones de la sanidad y la
salud.
La Dra. Lilian B. Yeomans era una doctora que practicaba
medicina y cirugía hace muchos años en uno de los
hospitales más grandes de New York. Ella empezó a tomar
pequeñas cantidades de droga para tranquilizarle los
nervios y ayudarle a dormir cuando se encintraba agotada
por tanto trabajo. Llegó el momento en que dependía
tanto de las drogas – especialmente morfina – que se
volvió una adicta. Directamente tomaba 50 veces más que
la dosis normal de morfina que normalmente se le
recetaba a un hombre adulto además de otras drogas.
Aunque la Dra. Yeomans tomó todas las curas celebradas
en su día y desesperadamente trató de parar de tomar
drogas, se puso peor. Una enfermera la describió como a
“un esqueleto con un demonio por dentro”. Sus amistades
la consideraban un caso sin esperanza.
36
La Dra. Yeomans había sido salva de joven, pero se había
apartado del Señor. Cuando se encontró a la puerta de la
muerte, se inmersió en su tan abandonada Biblia, volvió a
la comunión con el Señor, y fue sanada en 1898 del
terrible hábito a la droga que casi había reclamado su vida.
Después de recibir esta sanidad, la Dra. Yeomans predicó
el evangelio durante unos 40 años. Cuando ella y su
hermana heredaron cierta propiedad, la transformaron en
un “hogar de fe”, recibiendo a personas abandonadas por
la ayuda médica quienes buscaban sanidad para sus
cuerpos.
La Dra. Yeomans dijo que casi toda esta gente fue sanada
por medio de trabajar con ellos hasta que recibieron
suficiente fe edificada en sus corazones (espíritus) para
recibir sanidad de Dios. En uno de sus libros ellos dio el
ejemplo siguiente de fe edificada en un paciente.
Un día una mujer en los últimos períodos de tuberculosis
fue traída al hogar. Los doctores habían declarado que
estaba fuera del alcance de la ciencia médica. Cuando la
ambulancia trajo adentro a la mujer, la Dra. Yeomans sabía
que se estaba muriendo. Si aun hubiera estado
practicando la medicina, la Dra. Yeomans habría
empezado a administrar fuertes drogas inmediatamente.
37
En lugar de esto, la mujer fue llevada a un cuarto de arriba,
y la Dra. Yeomans empezó a leer la Biblia. Pasó unas dos
horas leyendo Escrituras con respecto a la sanidad divina;
especialmente Deuteronomio 28 y Gálatas 3:13.
Luego le instruyó a la moribunda a que se repitiera a sí
misma en todo momento en que estuviera despierta, “De
acuerdo con Deuteronomio 28:22, la tisis (o tuberculosis)
es una maldición de la ley. Pero de acuerdo con Gálatas
3:13, Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley. Por
lo tanto, yo ya no tengo la tuberculosis más”.
A la mañana siguiente, la Dra. Yeomans le preguntó a la
mujer si había estado repitiendo lo que ella le había
instruido que dijera. Ella contestó que parecía que lo
hubiera dicho 10.000 veces, pero que no podía entender lo
que significaba. La Dra. Yeomans le leyó más escrituras y le
pidió que continuara repitiendo las mismas palabras.
Al día siguiente la historia fue la misma. A la tercera
mañana, la mujer aún no comprendía. La Dra. Yeomans ni
aún había orado con ella, aunque ella había estado en su
“hogar de fe” tres noches. (Yo creo que a veces oramos
por la gente demasiado pronto. Deberíamos instruirles
más en la Palabra primero).
A la tarde del tercer día. La Dra. Yeomans y su hermana
estaban ayudando a preparar la cena cuando oyeron una
38
conmoción de arriba. Su nueva paciente vino corriendo
bajando las escaleras, gritando a todo tope, “Hermana
Yeomans - ¿Lo sabía? ¡Cristo me he redimido, y no tengo la
tuberculosis más! ¡Ahora se he ido!”
Verás, La Dra. Yeomans se dio cuenta que el camino al
corazón es a través de la mente. Sabía que si la mujer se
dijera a sí misma lo suficientemente a menudo, “De
acuerdo a Deuteronomio 28:22, la tisis es una maldición
de la ley. Pero de acuerdo a Gálatas 3:13, Cristo me ha
redimido de la maldición de la ley. Por tanto, yo ya no
tengo tuberculosis nada más”, la verdad eventualmente se
registraría en su corazón.
Yo te desafío a que tomes estas escrituras y que intercales
en lugar de la tisis el nombre de la enfermedad de la que
tu o cualquier ser querido desea ser sanado, porque
Deuteronomio 28:61 dice que toda enfermedad es una
maldición de la ley. Obrará resultado para ti también.
Justo antes de su muerte, La Dra. Yeomans publicó un libro
de salmos, himnos y cánticos espirituales titulado Gold of
Ophir (Oro de Ophir). Estos eran los salmos, himnos y
cánticos espirituales (Col. 3:16) que el Espíritu de Dios le
dio a su hermana.
La dra. Yeomans dijo que cuando ella y su hermana
oraban, su hermana cantaba cánticos o salmos en lenguas
39
y luego cantaba la interpretación. A veces los cantaba en
profecía. La Dra. Yeomans los apuntó y los coleccionó en
este libro. Uno de esos cánticos espirituales dados por el
Espíritu de Dios a la hermana de la Dra. Yeomans era
basado en Gálatas 3:13:
Cristo me redimió de la maldición de la ley,
Al colgar de aquel árbol vergonzoso,
Y todo lo peor se contiene en la maldición,
Y Jesús me ha liberado.
No bajo la maldición, no bajo la maldición,
Jesús me ha liberado.
Por enfermedad, tengo salud; por pobreza, riqueza.
Desde que Jesús me ha rescatado.
¹Gordon Lindsay, John Alexander Dowie (Dallas, Christ fort
he Nations, Inc., edición 1980).
40
Capítulo 3
Redención de La Maldición de la Muerte Espiritual
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el
que es colgado en un madero),
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham
alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe
recibiésemos la promesa del Espíritu.
- Gálatas 3:13-14
La primera maldición que Dios dijo que vendría sobre el
hombre por quebrantar Su ley se encuentra en Génesis
2:17, donde Dios le dijo a Adán, “porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás”.
Adán y Eva podían comer del fruto de todos los árboles en
el Huerto del Edén menos del fruto del árbol del
conocimiento del bien y del mal. La maldición de la
muerte espiritual vendría sobre ellos si desobedecían a
Dios. Génesis 3:22-24 nos dice que el hombre
desobedeció a Dios, fue sacado del Huerto, y no pudo
comer más del árbol de la vida. Se volvió esclavo del
pecado y de la muerte.
41
La muerte ha sido siempre un misterio para el hombre. No
era parte de la creación o parte del plan original de Dios.
La Biblia nos dice que la muerte física es un enemigo de
Dios y el hombre. Primera de Corintios 15:26 nos dice
que la muerte física es el último enemigo que será
destruido.
Antes de que podamos entender la muerte, sin embargo,
debemos entender que el hombre no es un ser físico. El
hombre es un ser que posee un alma y vive en un
cuerpo (Tesalonicenses 5:23).
Jesús le dijo a Nicodemo, “Es necesario nacer de nuevo”.
Nicodemo estaba pensando desde el punto de vista
natural cuando le preguntó, “¿Cómo puede un hombre
nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez
en el vientre de su madre, y nacer?”.
Jesús explicó: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo
que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:4-6).
El Nuevo Nacimiento es el renacimiento del espíritu
humano. El hombre real es el espíritu. Es espíritu opera a
través del alma: el intelecto, sensibilidades, y voluntad. Y
el alma opera a través del cuerpo.
42
El hombre real (tu espíritu) y tu alma viven en un cuerpo
físico. Cuando mueres físicamente, tu espíritu y alma dejan
el cuerpo y van a su hogar eterno.
En Lucas 16, Cristo nos dio la experiencia del hombre rico y
Lázaro:
LUCAS 16:19-24
19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de
lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.
20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que
estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,
21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa
del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los
ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y
fue sepultado.
23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y
vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten
misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la
punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua;
porque estoy atormentado en esta llama.
Ambos Lázaro y el hombre rico aun estaban conscientes. El
hombre no se muere con un animal, como algunos
quisieran que creyeras. Y no hay tal cosa como “el
dormir del alma”.
43
Varias clases de muerte son referidas en la Biblia, pero hay
tres clases con las que necesitamos familiarizarnos: (1) la
muerte espiritual; (2) la muerte física; (3) la muerte
eterna, la cual es el ser echado al lago que quema con
fuego y azufre.
La muerte espiritual es aquella que se apodera de nuestros
espíritus más bien que de nuestros cuerpos. La muerte
física es una manifestación de la muerte espiritual. La
segunda muerte es la última finalidad de la muerte, o el
hogar de los muertos espiritualmente.
La muerte espiritual llegó a la tierra primero, luego se
manifestó a sí misma en el cuerpo físico destruyéndolo.
La muerte física es una manifestación de la ley que está
obrando en el interior. Pablo la llamó: “La ley del pecado
y de la muerte”. (Rom. 8:2).
Cuando Dios le dijo a Adán: “el día que de él comieres,
ciertamente morirás”, no se refería a la muerte física,
sino a la muerte espiritual. Si el hombre nunca se
hubiera muerto espiritualmente, no se habría muerto
físicamente.
La muerte espiritual significa la separación de Dios. En el
momento en que Adán pecó, fue separado de Dios.
Cuando Dios bajó al fresco del día, como era su
44
costumbre, a andar y hablar con Adán, Él llamó, “Adán…
¿Dónde estás?” Y Adán dijo: “Me escondí”. Fue
separado de Dios.
Cuando Adán y Eva escucharon al diablo, él se volvió su
Padre espiritual, y tenía la naturaleza del diablo en sus
espíritus. Esto es la muerte espiritual. Aquella naturaleza
inmediatamente empezó a manifestarse a sí misma en la
familia humana. Eventualmente, el hijo primogénito de
Adán y Eva mató al segundo hijo.
El hombre estaba ahora unido al diablo. Era un desechado,
desterrado, sacado del Huerto sin ninguna base para
acercarse a Dios.
El hombre ya no responde al llamado de Dios. Responde
solamente a su nueva naturaleza; a su nuevo maestro. El
hombre es más que un trasgresor; más que un
quebrantador de la ley y pecador. El hombre es el hijo
del diablo espiritualmente, y él comparte la naturaleza
de su padre.
Jesús le dijo a los fariseos: “Vosotros sois de vuestro padre
el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El
ha sido homicida desde el principio, y no ha
permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él.
Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es
mentiroso, y padre de mentira”. (Juan 8:44).
45
Los fariseos eran muy religiosos. Iban a la sinagoga los días
de reposo. Oraban. Pagaban sus diezmos. Ayunaban.
Hacían muchas de las otras cosas refinadas y buenas.
Pero mintieron acerca de Cristo y lo mataron. Jesús dijo
que eran hijos del diablo. Tenían las características del
diablo.
Esto explica porque el hombre no puede ser salvo por su
conducta o buenas obras; el debe nacer de nuevo. Si el
hombre no fuese hijo del diablo, podría actuar
correctamente y estaría bien. Pero ya que es un hijo del
diablo, incluso si trata de actuar bien, aun irá al infierno
cuando muera – al lago que quema con fuego y azufre,
lo cual es la segunda muerte.
¿Por qué? El hombre no puede estar en la presencia de
Dios tal y como es, por que tiene la naturaleza de su
padre, el diablo, en él. El hombre tenía que ser salvo por
medio de alguien que pagara el castigo por sus pecados
y le diera una nueva naturaleza.
Podría coger una mula vieja y tratar de convertirla en un
caballo de carrera, pero no resultará. Podrías afilarle los
dientes, abrillantarle los cascos, alimentarles con lo
mejor, hacer que corriera alrededor de la pista cada día,
y colocarle en el mejor establo. El día de la carrera,
cuando sonara el disparo, todo lo que dará serán
46
zancadas por la pista porque es una mula. No está en él
– no está en su naturaleza – el ser un caballo de
carreras.
Sin embargo puedes coger un caballo de carreras, e
incluso sin darle el cuidado debido, cuando suena el
disparo, ¡allí va disparado! Es su naturaleza. Nace y se
cría para carreras. Para poder hacer que la mula llegara
a ser un caballo de carreras, tendría que ser renacida
como un caballo de carreras, y eso es imposible.
El hombre, sin embargo, quien es un espíritu viviendo en
un cuerpo, ¡puede ser renacido! ¡Su naturaleza puede
ser cambiada! ¡Él puede llegar a ser una nueva criatura
en Cristo Jesús!
No importa cuánta educación pueda conseguir cuántos
dólares tenga, o cuán religioso sea – el hombre de por sí
no puede estar en la presencia de Dios, porque su
naturaleza es mala.
El hombre está perdiendo hoy, no por lo que hace, sino
por lo que es (lo que hace es el resultado de lo que es).
El hombre necesita vida de Dios, porque está muerto
espiritualmente. Gracias sean dadas a Dios, ¡Cristo nos
ha redimido de la muerte espiritual!
JUAN 5:26
47
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así
también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.
El nuevo hombre, Jesucristo, no tenía muerte en Él. Él no
nació como nacimos nosotros. Él no tenía la naturaleza
espiritual de muerte – el diablo – en él. Sin embargo
Hebreos 2:9 dice que el probó la muerte por todos los
hombres. El cargó sobre Él mismo nuestra naturaleza
pecadora. Hebreos 9:26 dice que Él “quitó de en medio el
pecado (No pecados)”. Él cargó sobre Sí mismo nuestra
naturaleza de pecado, la naturaleza de la muerte
espiritual, para que nosotros pudiéramos tener vida
eterna.
Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y
destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que
la tengan en abundancia”. (Juan 10:10).
También dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi
palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no
vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a
vida”. (Juan 5:24).
Jesús vino a redimirnos de la muerte espiritual. Adán fue
desechado del árbol de la vida por rechazar la Palabra
de Dios. Pero de acuerdo con Apocalipsis 2:7, todos
aquellos que ahora aceptan y obedecen la Palabra de
Dios son traídos de vuelta al árbol de la vida.
48
Este nuevo Nacimiento no toma lugar gradualmente. ¡Es
instantáneo! Es un don de Dios recibido en el momento
en que creemos.
Efesios 2:1 dice que a vosotros que estabais muertos en
delitos y pecados (esa es la muerte espiritual) Él ha
vivificado - ¡hecho vivos! – Los versículos 8 y 9 nos dicen
cómo sucedió:
EFESIOS 2:8-9
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto
no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
No por obras. ¡Esto desinfla el globo del ego! El hombre
quiere hacer algo para salvarse a sí mismo. Quiere tener
parte de ello. Pero no puede. Él debe admitir
simplemente su necesidad de ayuda y su estado de
desesperación. Debe admitir que es solamente lo que la
Biblia dice que es – un perdido pecador – luego debe
venir y aceptar el don de la redención que Cristo le
compró.
ROMANOS 8:14-16
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de
Dios, éstos son hijos de Dios.
49
15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para
estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el
espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba,
Padre!
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de
que somos hijos de Dios.
¿Has pasado de la muerte espiritual a la vida espiritual?
¿Es Dios tu Padre? ¿Puedes mirar al cielo y decir “Padre
Dios”? ¿Está Su Espíritu dentro de tu espíritu dando
testimonio de que eres un hijo de Dios? ¿Tienes el Espíritu
Santo en tu espíritu clamando, “Abba, Padre”?
Sí, si has nacido de nuevo.
Si no lo has hecho, ¡acepta a Cristo como a tu Salvador
hoy!
50
Las Bendiciones de la Redención son Examinadas
Raramente han sido las Buenas Nuevas proclamadas con
mayor maestría que en el clásico libro de Kenneth e.
Hagin, Redimido.
Usando como su texto, Gálatas 3:13,14, el Rev. Hagin
explica con gran detalle como Jesucristo nos redimió de la
maldición de la Ley del Antiguo Testamento y abrió el
camino para que gozáramos de las bendiciones de
Abraham: prosperidad, salud, y bendiciones espirituales.
Todo creyente necesita estar bien arraigado en las
enseñanzas cubiertas en Redimido. Sus tres capítulos se
titulan: “Redimido de la Maldición de la pobreza”,
“Redimido de la Maldición de la Enfermedad”, y “Redimido
de la Maldición de la Muerte”. Unidas estas enseñanzas
contienen un corto pero intenso curso de teología: un
curso de estudio que cambiará tu vida.
51
Sobre el Autor
El ministerio de Kenneth E. Hagin ha alcanzado más de 50
años desde que Dios le sanó milagrosamente de un
corazón deformado y de una enfermedad incurable de la
sangre, a la edad de 17 años. Hoy en día la extensión de
los ministerios de Kenneth Hagin es mundial. El
programa de radio, “Faith Seminar Of the Air”
(Seminario de Fe al aire), es oído de costa a costa en los
Estados Unidos y se recibe en más de 80 naciones. Otros
ministerios incluyen: The Word of Faith (La palabra de
Fe), una revista gratis mensual en ingles; Cruzadas de Fe,
conducidas por toda la nación; La Escuela Bíblica por
Correspondencia RHEMA; el Centro de Entrenamiento
Bíblico RHEMA; la asociación de Graduados de RHEMA y
la Asociación Ministerial Internacional RHEMA; y un
ministerio de prisiones.
Kenneth Hagin Ministries
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