FRITZ PERLS
Primera conferencia. Laboratorio de terapia Gestáltica en Atlanta 1966
BASES TEÓRICAS
En mis charlas sobre terapia Gestáltica me guía un solo propósito: impartir una fracción de
significado de la palabra AHORA. Para mi, solo el ahora existe.
Ahora=experiencia=conciencia=realidad. El pasado ya no está y el futuro no ha llegado
todavía. Únicamente el ahora existe.
La situación que exhibe la psicología de nuestra época es que estamos divididos básicamente en
dos categorías: los interesados en la conducta y los interesados en la conciencia (awareness) o
falta de conciencia sea que se la llame estado de conciencia (consciousness), * experiencia o de
alguna otra manera-. El enfoque fenomenológico pone el acento en los mensajes evidentes por
sí mismos-existenciales en el puro sentido de la palabra- que recibimos a través de los órganos
de nuestros sentidos. Gracias a que vemos, oímos y sentimos es que conocemos: ello nos
suministra la información primaria acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con la vida.
Al conductista, en cambio, no le preocupa el fenómeno de la conciencia ni el enfoque subjetivo;
pero su método tiene sobre casi todos los demás la gran ventaja de trabajar con el aquí y ahora:
ve a este animal, mira a esta persona e investiga de qué modo se comporta este individuo. Si se
combina el enfoque fenomenológico, con su conciencia de lo que es, y el enfoque conductista,
con su énfasis en la conducta presente, se obtiene una síntesis de lo que estamos tratando de
lograr en terapia Gestáltica.
Cuando observamos la conducta, nos encontramos con dos clases básicas: conducta pública y
conducta privada. La primera es la conducta manifiesta y observable de la que pueden tener
conciencia los observadores y nosotros mismos, mientras que la segunda incluye aquellas cosas
de las que nosotros podemos ser concientes pero no un observador. A esta última suele
llamársela pensamiento, o especulación, o ensayo, o computación.
Antes de proseguir quisiera analizar brevemente cuatro enfoques filosóficos, tan como yo los veo.
El primer enfoque es la Ciencia- a la que denomino “sobreismo”- y nos permite hablar sobre
ciertas cosas, conversar sobre nosotros o sobre alguna otra persona, informar sobre lo que está
ocurriendo dentro de nosotros, discutir sobre nuestros casos clínicos. El hablar sobre cosas, o
sobre nosotros y los demás como si fuéramos cosas, evita toda respuesta emocional y otra
involucración genuina. En terapia, encontramos el sobreísmo en la racionalización y la
intelectualización, así como en el “juego de las interpretaciones” en el que el terapeuta dice
“Sobre esto versan sus dificultades”. Este enfoque se basa en la no involucración
(noninvolvement).
A la segunda filosofía la denomino “debeísmo” La mentalidad del “debe” se encuentra
manifiesta o encubiertamente en toda filosofía y, sin lugar a dudas, en toda religión. Aun en el
budismo hay un “debeísmo” implícito, ya que se nos dice que debemos experimentar el Nirvana,
que debemos alcanzar el estado en que estamos libres de todo sufrimiento, al menos, se lo alaba
como algo que vale la pena lograr. Las religiones están llenas de tabúes, de “debes” y “no
debes”- Estoy seguro de que todos ustedes perciben que crecen completamente rodeados por lo
que deben y no deben hacer, y que insumen gran parte de su tiempo en jugar a este juego en su
interior- el juego al que doy en llamar “juego del opresor y el oprimido” o “juego del
automejoramiento “ o “juego de la autotortura”. Tengo la convicción de que les resulta muy
familiar este juego. Una parte de ustedes se dirige a la otra y le dice: “Debes ser mejor, no
debes ser así, no debes hacer eso, no debes ser como eres, debes ser como no eres”. El
debeismo se funda en el fenómeno de la insatisfacción.
En los últimos tiempos ha surgido un tercer tipo de pensamiento: el ontológico, o enfoque
existencial, o “ser-ismo”. El serismo observa y percibe el mundo tan como es, tal como
somos, anulando la significación y encerrando entre paréntesis lo que debemos ser. A esto
podría denominárselo la eterna tentativa por alcanzar la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? La
verdad es uno de los que yo llamo “juegos de la adecuación”.
Aquí habré de apartarme un minuto del tema y hablar acerca de algunos de los juegos
importantes. Uno de los juegos principales que jugamos es el “juego del único ganador”: “yo soy
mejor que tu” “yo puedo superarte “ “yo puedo abatirte”. Otro juego importante es “el juego de la
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adecuación”: “¿Se adecua este concepto a la realidad?”, - “¿es esto correcto?”, “ Si yo veo tal y
cual cosa, ¿puedo hacer que se adecuen entre sí de modo de tener ante mis ojos un cuadro
amplio?” “¿se adecua la conducta de esta persona a mi concepto de lo que es un comportamiento
correcto?”. Estos son algunos de los juegos de la adecuación. Ahora bien: en el existencialismo,
el juego de la adecuación es la verdad. Entiendo por verdad tan solo la aseveración de que una
formulación nuestra se adecua a la realidad observable. Si alguien dice (estoy enojado contigo)
en un tono de voz suave y cortés, este no parece adecuado, si no incongruente con respecto al
enojo que dice tener. Si grita, en cambio, -¡estoy enojado contigo, maldito!-, su ira y su voz se
adecuan una a otra.
Pero ningún existencialista, con la posible excepción de Heidegger, puede realmente trasladar su
idea existencial a la conducta ontológica- que una cosa se explica por su misma existencia-.
Se preguntan una y otra vez-“¿Por qué?”-, y deben seguir entonces retrotrayéndose y pidiendo
apoyo: Sartre al comunismo, Buber al judaísmo, Tillich al protestantismo, Heidegger al Nazismo
en cierta medida, Binsvanwer al Psicoanálisis. Binsvanwer en particular, está tratando siempre de
volver a lo causal- esa confusión semántica- , de explicar el suceso por su precedente, por su
historia, incurriendo así en el error habitual de mezclar los recuerdos con la historia.
Tenemos , por último, el enfoque Gestáltico, que trata de comprender la existencia de cualquier
suceso a través del modo en que se produce, que trata de comprender el devenir merced al
cómo, no al porqué; merced al omnipresente formación Gestáltica ; merced a la tensión de la
situación inconclusa, que es el factor biológico.
En otras palabras en terapia Gestáltica tratamos de ser congruentes con todos los restantes
sucesos, en especial con la naturaleza, pues somos parte de ella.
El hecho de que nuestra vida no sea compatible con las exigencias de la sociedad no obedece a
que la naturaleza esté equivocada o a que nosotros estemos equivocados, si no a que el proceso
que ha sufrido la sociedad la ha apartado tanto de un funcionamiento sano, natural, que nuestras
necesidades y las de la sociedad y las de la naturaleza ya no concuerdan más. Nos topamos
repetidamente con ese conflicto, al punto que se vuelve dudoso que pueda existir en nuestra
insana sociedad una persona sana, totalmente cuerda y honesta.
Quisiera analizar ahora los que son, a mi juicio, los dos descubrimientos más importantes de
Freud. Freud afirmó ( no es este la manera como el lo formuló, sino como yo he comprendido lo
que el quiso decir) que en la neurosis hay una parte de nuestra personalidad o de nuestro
potencial que no está disponible. Pero lo dijo de un modo extraño; dijo: “ está en el
inconsciente”, como si existiera algo semejante a el inconsciente, en vez de haber simplemente
conducta o emociones desconocidas o no disponibles. Freud vio, asimismo, que lo que el
denominó “preconsciente” constituía la base de la formación Gestáltica. Nosotros decimos que
es el “fondo” sobre el cual aparece la figura. Podemos ir aún más lejos y señalar que solo una
pequeña porción de nuestro potencial- de lo que podríamos ser- está disponible.
El otro descubrimiento importante de Freud, que nunca retomó y que parece haberse perdido, es
su observación “Denken ist probearbeit” ( el pensamiento es trabajo de ensayo), que yo he
reformulado de este modo: “ el pensamiento es un ensayo teatral”, un ensayo que se lleva a
cabo en la fantasía del rol que debe representarse en la sociedad. Y cuando llega el momento de
la representación y uno no está seguro de que está sea bien recibida, aparece el miedo al público
(stage fryght). A este último la psiquiatría le ha dado el nombre de “ansiedad”: “ ¿Qué diré
cuando esté ante la mesa examinadora?”, ¿sobre que hablaré en mi conferencia?”. Al acudir a
una cita con una mujer, uno piensa, “que ropa me pondré para impresionarla”? y así por el estilo.
Todo esto es ensayar el papel que habrá de representarse. Creo que la frase de Freud “el
pensamiento es trabajo de ensayo” es una de sus grandes ideas. La razón de que Freud
no pudiera retomarla más adelante reside, en parte, en que todo ensayo se refiere al futuro,
mientras que a Freud le preocupaba el pasado. De modo que ese concepto no concordaba
con su teoría general y debió abandonarlo. Pero me gustaría que se detuvieran un
momento a pensar cuanto tiempo y cuánto potencial invierte cada uno de Uds. en
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reflexionar o ensayar para el futuro en comparación con el que invierten en meditar sobre
el pasado.
Volvamos al ahora.
Sostengo que toda terapia puede llevarse a cabo únicamente en el ahora. Cualquier otro
método constituye una interferencia. Y la técnica que nos permite comprender el ahora y
permanecer en él es “el continuo de conciencia”, por el cual se descubre y se toma cabal
conciencia de cada experiencia real. Si nos mantenemos en él, pronto nos enfrentamos con una
experiencia desagradable; por ejemplo, nos aburrimos, o nos sentimos incómodos, o nos vienen
ganas de llorar. En ese momento sucede algo que Freud no llegó a ver con claridad: nos
volvemos fóbicos. Freud vio que se producía un bloqueo activo para eliminar la experiencia, y
lo denominó “represión”; vio también la alienación de nuestra experiencia y la denominó
“proyección”. Lo que quiero puntualizar es que el momento crítico está dado por la frecuente
interrupción de nuestra experiencia en el ahora, sea cual fuere esta. Esta interrupción tiene lugar
por varios medios: iniciamos una explicación, descubrimos súbitamente que hemos abusado del
tiempo de que disponemos dentro del grupo, recordamos que teníamos que hacer algo
importante, o nos entregamos al vuelo esquizofrénico de ideas que el psicoanálisis llama
“asociación libre” ( aún cuando se trata de una di-sociación compulsiva). Esta interrupción del
continuo de conciencia impide la maduración, impide que la terapia tenga éxito, impide que la
vida conyugal sea más rica y profunda, impide que se solucionen los conflictos internos. El único
propósito de esta tendencia a la evitación es mantener el statu quo.
¿Y que es el statu quo? El statu quo consiste en aferrarnos a la idea de que somos niños.
Esto contraría el punto de vista psicoanalítico. Freud suponía que éramos infantiles a causa de
un trauma anterior, pero esto no es sino una racionalización introspectiva. Somos infantiles
porque tenemos miedo de asumir responsabilidades en el ahora. Asumir nuestro lugar en
la historia , ser maduros, significa renunciar a la idea de que tenemos padres, de que
tenemos que mostrarnos sumisos o rebeldes, o algunas de las otras variantes del rol de
niños que representamos.
Para ampliar esto último debo hablar de la maduración. La maduración es el pasaje del apoyo
ambiental a la autonomía. El bebé depende por entero del apoyo ambiental. A medida que
crece, aprende a pararse sobre sus propios pies, a crear su propio mundo, a ganarse la vida, a
adquirir independencia emocional. Pero en el sujeto neurótico este proceso no sigue su
curso normal. El niño en el neurótico infantil- no utilizará su potencial a favor de su autonomía
sino para representar roles espurios, cuyo objetivo es movilizar al ambiente para conseguir apoyo
en lugar de movilizar el potencial propio. Manipulamos el ambiente mostrándonos desvalidos,
haciendo el papel de tontos, formulando preguntas, halagando y adulando a los demás. El
resultado de ello es que llegamos en la vida-y especialmente en la terapia- al “punto enfermo”
(como lo llaman los psiquiatras rusos), al punto en que quedamos varados, al “impase”. El
impase se produce cuando no podemos apelar a nuestros propios recursos y no obtenemos
apoyo ambiental. En terapia Gestáltica nos encontramos con que esto ocurre una vez, y otra, y
otra. Por desgracia, el psicoanálisis tiende a fomentar, la infantilidad y la dependencia,
primero por sus fantasías acerca de que el paciente es un niño y todo debe vincularse con la
“imagen del padre” o con el “trauma infantil” o con la “transferencia”, y luego , al proporcionar una
y otra vez apoyo ambiental en la forma de interpretaciones intelectuales que rezan así: “sé que
Ud. es tonto e inmaduro. Sé lo que Ud. está haciendo. Sé más que Ud. Se lo explicaré todo”.
Pero ello le impide al sujeto comprenderse verdaderamente a sí mismo.
Es por este motivo que soy absolutamente dogmático en cuanto a qué nada existe más que en el
ahora, y que en el ahora el individuo se conduce de un modo que podrá o no facilitar su
desarrollo, su adquisición de una mayor aptitud para hacer frente a la vida, para conseguir lo que
antes estaba fuera de su alcance, para comenzar a llenar los huecos de su existencia. Todos
tenemos, en alguna medida, los huecos tan evidentes en los neuróticos y esquizofrénicos. Hay
personas sin ojos, otras sin oídos, sin piernas que las sostengan, sin perspectiva, sin emociones.
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Para llenar estos huecos, que suelen experimentarse como tedio vital, vaciedad, soledad,
debemos superar el impasse y sus frustraciones, que por lo general nos lleva a evitar tales
frustraciones y con ellas todo el proceso de aprendizaje.
Ahora bien: hay dos formas de aprender. La primera consiste en obtener información:
conseguimos que alguien nos informe sobre el significado de nuestros sueños, sobre la utilidad
de tal o cual concepto, o que nos diga cómo es el mundo. Luego introducimos esta información
en nuestra computadora y ponemos en práctica el juego de la adecuación. ¿Se adecua este
concepto a este otro? Pero la mejor manera de aprender no reside en computar información.
Aprender es descubrir: Des-cubrir lo que tenemos delante. Cuándo descubrimos, estamos
descubriendo nuestra propia capacidad, nuestros propios ojos, para encontrar nuestro
potencial, para ver que es lo que está pasando, para descubrir de qué manera podemos
hacer más amplia nuestra vida, para recurrir a medios que nos permitan hacer frente a una
dificultosa situación. Y a mi juicio todo esto tiene lugar en el aquí y ahora. No toda
especulación acerca de las cosas, no toda tentativa de obtener información y ayuda externas
produce maduración. De modo que las personas que trabajan conmigo tienen que hacerlo
mediante una referencia continua al presente. “estoy experimentando esto ; ahora siento esto;
en este momento no siento más deseos de trabajar; en este momento estoy aburrido”. A partir
de ello podemos pasar a diferenciar qué fragmento de la experiencia presente le es aceptable al
individuo, cuándo siente deseos de huir, cuándo se muestra dispuesto a tolerarse a si mismo,
cuándo siente que los demás lo toleran etc.. Todo esto se investiga en la realidad, en el
encuentro actual de cada cual con los demás .
Dicho de otro modo mientras que la mayoría de las psicoterapias tratan de llegar a lo más
profundo, nosotros intentamos llegar a lo más superficial. A mediada que surgen las necesidades,
las situaciones inconclusas, somos controlados por esa necesidad emergente y precisamos
ponernos en contacto con el mundo para satisfacerla. Utilizamos nuestros sentidos para
observar, para ver lo que está sucediendo. El mundo se abre. Esta capacidad de ver es la
salud. A la inversa, puede definirse al neurótico como aquel que no puede ver lo obvio- tal cual
ocurría en ese cuento de Anderson en el que solamente el niño señalaba lo evidente: que el rey
estaba desnudo-. Es por este motivo que cuándo comienzo a trabajar con un grupo suelo jugar al
maestro de escuela y pedirles que descubran y verbalicen lo obvio.
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