EL PRINCIPIO DEL TESORO
Randy Alcorn
CAPITULO 1
LA RELACION CON EL DINERO
Mateo 13.44
La parábola del tesoro escondido es una de las muchas veces en las que Jesús se refiere al dinero y las
posesiones. De hecho, 15% de todo lo que Él dijo se refiere a este tema; es más que sus enseñanzas sobre el
cielo y el infierno, juntas.
¿POR QUÉ INSISTIÓ TANTO JESÚS EN EL DINERO Y LAS POSESIONES?
Porque hay una conexión fundamental entre nuestra vida espiritual y nuestra forma de pensar acerca del
dinero, y de manejarlo. Nosotros trataremos de divorciar nuestra fe de nuestra economía, pero Dios la ve
como inseparables.
En Lucas 3, Juan el Bautista le está predicando a una multitud de personas que se han reunido para oírlo y
recibir su bautismo. Tres grupos distintos le preguntan qué deben hacer para mostrar el fruto de su
arrepentimiento. Juan da tres respuestas:
1. Todos deben compartir su ropa y su comida con los pobres (v. 11)
2. Los recaudadores de impuestos no deben exigir más dinero del que es justo (v. 13)
3. Los soldados se deben contentar con su sueldo, sin extorsionar para obtener dinero (v. 14)
Las tres respuestas tienen que ver con el dinero y las posesiones. Sin embargo, nadie le había preguntado eso
a Juan el Bautista. Le habían preguntado que debían hacer para manifestar el fruto de la transformación
espiritual. Entonces, ¿por qué habló Juan de otras cosas?.
Nuestra forma de relacionarnos con el dinero y las posesiones no sólo es importante, sino que es central en
nuestra vida espiritual. Tiene una prioridad tan elevada para Dios, que Juan el Bautista no pudo hablar de
espiritualidad sin hablar acerca de la forma de manejar el dinero y las posesiones.
Veamos otros pasajes. Zaqueo lo mostró cuando habló con Jesús (Lc 19.8). ¿La respuesta de Jesús? “Hoy ha
venido la salvación a esta casa” (v.9). El enfoque nuevo y radical de Zaqueo con respecto al dinero
demostraba que su corazón había sido transformado.
También podemos ver a los convertidos en Jerusalén, que vendieron alegres sus posesiones a fin de ayudar a
sus necesitados (Hch 2.45; 4.32-35), y los ocultistas de Éfeso, que demostraron que su conversión era
auténtica cuando quemaron sus libros de magia, valorados en lo que hoy equivaldría a millones de dólares
(Hch 19.19). La viuda pobre se destaca en las páginas de las Escrituras por haber dado dos moneditas. Jesús
la elogió (Mr 12.44).
Hay un fuerte contraste cuando Jesús habla de un hombre rico que gastó en sí mismo todas sus riquezas.
Tenía planes de echar abajo sus graneros para construir otros más grandes, almacenando para sí de manera
que se pudiera retirar pronto y tomar la vida con tranquilidad. Pero Dios le llamó necio (Lc 12.20). La mayor
acusación en su contra, y que demostraba su estado espiritual, es que era rico para sí mismo; no rico para
Dios.
Cuando un joven le preguntó a Jesús que debía hacer para ganar la vida eterna, Jesús fue claro (Mt 19.21).
Aquel joven estaba obsesionado con sus tesoros terrenales. Jesús lo llamó a algo más elevado: los tesoros del
cielo. El sabía que el dinero y las posesiones eran el dios de aquel hombre. Se daba cuenta de que no iba a
servir a Dios, a menos que demostrara que el dinero era su dios.
¿LISTO O TONTO?
El joven no estuvo dispuesto a dejarlo todo para obtener un tesoro mayor; en cambio, nuestro viajero que
entró al campo sí. ¿Por qué? Porque el viajero comprendió la ganancia que aquello le reportaría.
¿Siente lástima por el viajero? Al fin y al cabo, su descubrimiento le costó todo lo que tenía. Pero no nos
debemos compadecer de este hombre; lo debemos envidiar. Su sacrificio palidece comparado con su
recompensa. Piense en la proporción entre el costo y los beneficios. ¡Los beneficios superaron grandemente
al costo! El viajero hizo unos cuantos sacrificios a corto plazo para obtener una recompensa a largo plazo.
Usted se lamentará diciendo: “¡Le costó todo lo que poseía!”. Sí, pero eso le hizo ganar todo lo que
importaba. Si nos perdemos la palabra “gozo”, nos lo perdemos todo.
Aquel hombre no estaba cambiando unos tesoros menores por otros más grandes, movido por una pesada
obligación, sino por el gozo y el júbilo. Habría sido tonto no haber hecho exactamente lo que hizo. La
historia de Cristo acerca del tesoro en el campo es una lección objetiva con respecto a los tesoros del cielo.
Por supuesto, por grande que fuera el valor de esa fortuna terrenal, no tendría valor alguno en la eternidad.
De hecho, este es exactamente el tipo de tesoro en cuya búsqueda la gente gasta la vida. Jesús apela a lo que
nosotros valoramos – los tesoros terrenales y temporales – con el fin de hacer una analogía sobre lo que
debemos valorar: los tesoros celestiales y eternos.
Lo que trata de decir Jesús es que los tesoros en la tierra no son malos, sino que no duran (Pr 23.5). Cristo
nos advierte a no hacer tesoros en la tierra porque siempre se pierden, o ellos nos dejan a nosotros mientras
vivimos o nosotros los dejamos cuando morimos.
Jesús funciona aquí como el máximo marcador de dinero. Nos dice que de una vez por todas cambiemos el
vehículo de inversión. Nos indica que hagamos transferencia de nuestros fondos desde la tierra hasta el
cielo. Según Jesús, almacenar tesoros terrenales no es sólo algo errado, sino absurdo.
UNA MENTALIDAD DE TESORO
Lee Mr 6.20. Jesús nos da el lugar indicado para hacer tesoros. Jesús tiene una mentalidad de tesoro, sólo nos
dice que dejemos de almacenarlos en el lugar indebido.
”Haceos”. ¿No le parece raro que Jesús nos ordene hacer algo que es para nuestro mayor beneficio? ¿Acaso
hacerlo no sería egoísmo? NO. Dios espera que actuemos movidos por un interés en nosotros mismos que
esté iluminado, y nos ordena hacerlo. Quiere que vivamos para Su gloria, y lo que es para su gloria siempre
es para nuestro bien.
El egoísmo aparece cuando tratamos de ganarlo a expensas de otro. Pero cuando usted almacena tesoros en
el cielo, esto no hace que disminuya la cantidad de tesoros que están a disposición de los demás. Todo el
mundo gana, nadie pierde.
Jesús habla de una gratificación diferida: el hombre que halla el tesoro en el campo, paga un precio ahora al
dejar todo cuanto tiene…pero pronto va a adquirir un fabuloso tesoro, va a hacer con gozo sus sacrificios a
corto plazo. El gozo presente procede de la expectación del gozo futuro.
“Haceos tesoros en el cielo”. ¿Por qué? ¿Es lo correcto? No sólo eso, sino que es inteligente. Estos tesoros
perduran. Si tiene esta idea bien clara en su mente, ya está listo para oír el secreto del principio del tesoro.
EL PRINCIPIO DEL TESORO
No nos llevamos nada con nosotros…pero lo podemos mandar por delante
Así de sencillo. Si damos en lugar de guardar, invertimos en lo eterno, y no en lo temporal, estaremos
almacenando en el cielo unos tesoros que nunca dejarán de pagarnos dividendos.
Un consejo de los expertos en planificación es: “no piense en un mes o tres años por delante sino en treinta
años por delante”. Cristo, el máximo Consejero, nos dice que pensemos no sólo en treinta años por delante,
sino en treinta millones de años.
El dinero que Dios nos encomienda aquí en la tierra es un capital para hacer inversiones eternas. Todos los
días son oportunidades para comprar más acciones en Su Reino.