ORACIÓN 1
HOMBRES: Te agradecemos Cristo el haber orientado nuestra vida por medio de la fe
hacia el tesoro del Reino. Incluso cuando erramos el camino y aparecen en nuestras
vidas otros intereses que se apoderan de nuestro corazón, volvemos a sentir tu
llamada cariñosa que nos reorienta.
MUJERES: Creer es una dicha; saberte cerca de nosotros, fuente de gracia y de vida.
La alegría del Evangelio es conocer tu persona; es más, sentirnos conocidos,
orientados y amados por ti, de manera gratuita, continua y generosa.
TODOS: Eres el verdadero tesoro, porque has venido a hacer fiesta en el corazón
humano. Sentimos en este espacio íntimo del Cenáculo la necesidad de gritar a los
cuatro vientos: “Hemos encontrado el tesoro; tenemos junto a nosotros la perla de
gran valor”.
ORACIÓN 2
HOMBRES: Mantén Señor, mi lámpara encendida. Que la noche, la rutina, el paso del
tiempo, no me haga descuidado, rutinario, anodino, pusilánime, mediocre. Merece la
pena trabajar en constancia y silencio, aguardando tu llegada.
MUJERES: Vas a venir como esposo que nos invitas a la fiesta, no quiero dormirme,
Señor, con la enfermedad de lo mundano, y que me hace descuidado, somnoliento y
apático. Concédeme caminar, Señor, por este mundo con la fe suficiente, aunque
pequeña, para que mi lámpara nunca se apague.
HOMBRES: Desde lo hondo a ti grito, Señor. Señor escucha mi voz; estén tus oídos
atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá
resistir?
MUJERES: Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Mi alma espera en el
Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la
aurora.
TODOS: “Aguarde Israel al Señor como el centinela la aurora; porque del Señor viene
la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. “
ORACIÓN 3
MUJERES: “Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva, cura su
fiebre posesiva, y ábrela al bien de mis hermanos”.
HOMBRES: En mis manos has puesto Señor estas responsabilidades que te he
presentado. Todo lo que has cargado sobre mis hombros con la colaboración de mi
libertad, me llegan envueltas en tu amor infinito.
MUJERES: Me exiges porque me amas, y porque crees en mis posibilidades. Nunca
pones sobre mis hombros lo que no me conviene; y cuando la carga es superior a mis
fuerzas, me haces ver que eres Tú el que llevas la parte más dura.
HOMBRES: ¿Cómo confías tanto en mi debilidad, Señor? ¿Por qué te fías tanto de
mí? No me permites escurrirme, ni echarme atrás, no permites que mi vida se rodee
del sinsentido, el entretenimiento fácil y el vacío.
TODOS: Me quieres activo y disponible, trabajador y honrado, servicial y constructivo.
Quieres que evite todo afán de protag’onismo y de acaparar. Que haga lo que tenga
que hacer con conciencia de servidor, porque sé aquello que has dicho: “no todo el
que me dice Señor, Señor, entrará el Reino de los cielos, sino en que cumpla la vo
luntad de mi Padre que está en los cielos”.
ORACIÓN 4
TODOS: Señor Jesús, contigo y en tu nombre queremos en esta tarde pedirle al Padre
del cielo: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana. Inspíranos el
gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a
mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido”.
MUJERES: “Que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los
tiempos y crezcamos en fidelidad al Evangelio: que nos preocupemos de compartir en
la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y
así les mostremos el camino de la salvación”.
HOMBRES: Queremos decirte, Señor, que nunca pides lo que previamente no das. El
examen que has hecho y sigues haciendo a nuestras vidas, se alimenta en el hecho
de que eres el tesoro que nos pone en valor.
TODOS: No podemos darte ni dar lo que tú no nos hayas dado previamente. Haciendo
continuamente este examen, sabemos que cuando lo hagamos un día de forma
definitiva seremos acogidos en tu misericordia.