Ciencia ficción
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Amazing Stories, primera revista estadounidense de ciencia ficción.
Ciencia ficción es la denominación de uno de los géneros derivados de la
literatura de ficción, junto con la literatura fantástica y la narrativa de terror.
Algunos autores estiman que el término es una mala traducción del
inglés science fiction y que la correcta es ficción científica.1 Nacida
como género en la década de 1920 (aunque hay obras reconocibles muy
anteriores) y exportada posteriormente a otros medios, como
el cinematográfico, historietístico y televisivo, tiene un gran auge desde la
segunda mitad del SIGLO XX debido al interés popular acerca del futuro que
despertó el espectacular avance tanto científico como tecnológico alcanzado
durante todos estos años.
Es un género especulativo que relata acontecimientos posibles desarrollados
en un marco imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en
los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales. La acción puede girar
en torno a un abanico grande de posibilidades (viajes interestelares, conquista
del espacio, consecuencias de una hecatombe terrestre o cósmica, evolución
humana a causa de mutaciones, evolución de los robots, realidad virtual,
civilizaciones alienígenas, etc.). Esta acción puede tener lugar en un tiempo
pasado, presente o futuro, o, incluso, en tiempos alternativos ajenos a la
realidad conocida, y tener por escenario espacios físicos (reales o imaginarios,
terrestres o extraterrestres) o el espacio interno de la mente. Los personajes
son igualmente diversos: a partir del patrón natural humano, recorre y explota
modelos antropomórficos hasta desembocar en la creación de entidades
artificiales de forma humana (robot, androide, cíborg) o en criaturas no
antropomórficas.
Índice
1Introducción
2Historia de la literatura de ciencia ficción
o 2.1Protociencia ficción y ciencia ficción primitiva (1818-1937)
2.1.1Ciencia ficción primitiva
2.1.1.1Europa
2.1.1.2España
2.1.1.3Estados Unidos
o 2.2La Edad de Oro (1938-1950)
o 2.3La Edad de Plata (1951-1965)
o 2.4La Nueva Ola
o 2.5El ciberpunk
o 2.6Postciberpunk
o 2.7Subgéneros contemporáneos
3La ciencia ficción en otros medios
o 3.1En las revistas
o 3.2En el cine
o 3.3En la televisión
o 3.4En la historieta
o 3.5En los juegos
4Premios
o 4.1Literarios
o 4.2Cinematográficos
5Subgéneros
o 5.1Ciencia ficción hard y soft
o 5.2Principales géneros
6Temas frecuentes
7Aportes de la ciencia ficción a la ciencia
o 7.1Terminología
8Véase también
9Referencias
10Bibliografía adicional
11Enlaces externos
Introducción[editar]
Entre los estudiosos del género no se ha podido llegar a un consenso amplio
sobre una definición formal, siendo este un tema de gran controversia. En
general se considera ciencia ficción a los cuentos o historias que versan sobre
el impacto que producen los
avances científicos, tecnológicos, sociales o culturales, presentes o futuros,
sobre la sociedad o los individuos.
La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que
conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de
coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo
relatado es aceptable como especulación racional.2
La ciencia ficción es un tipo de ficción no realista que no está basada en fenómenos
sobrenaturales.3
Su nombre deriva de una traducción bastante literal del término en inglés, ya
que la traducción apropiada siguiendo las reglas del castellano sería «ficción
de/sobre la ciencia» (dos sustantivos, como el nombre original en inglés), y
algunos lo llevan a traducir «ficción científica» (sustantivo más adjetivo) pero
esto sería en inglés «scientific fiction». Si bien muchos expertos opinan que
debería utilizarse este último, ficción científica, el término ya está arraigado a la
cultura popular.
El término original en inglés se escribe con un guion de unión cuando ocupa la
función de un adjetivo o de un complemento. Por ejemplo: science-fiction
novel («novela de ciencia ficción»). Para tales casos, en inglés, puede usarse si
se lo desea la abreviatura «sci-fi». Este uso anglosajón del guion ha dado lugar
a nuevos malentendidos lingüísticos pues el guion en español aglutina
sustantivos donde el segundo modifica al primero, 4 es decir, al contrario que en
inglés. Por tanto, el uso «ciencia-ficción» en castellano no solo es una falta de
ortografía sino que se distancia aún más del significado original en inglés. En
español la regla ortográfica del término «ciencia ficción», escrito correctamente
siempre sin guion, no es otra que la de la adjetivación del segundo substantivo,
como en los términos «hombre lobo» u «hombre rana», escritos siempre sin
guion. En castellano también se utilizan las iniciales «CF» para referirse al
género.
Historia de la literatura de ciencia ficción[editar]
El término «ciencia ficción» fue acuñado en 1926 por Hugo Gernsback cuando
lo incorporó a la portada de una de las revistas de narrativa especulativa más
conocidas de los años 1920 en Estados Unidos: Amazing Stories. El uso más
temprano del mismo parece datar de 1851 y es atribuido a William Wilson, pero
se trata de un uso aislado y el término no se generalizó con su acepción actual,
hasta que Gernsback lo utilizó de forma consistente (después de hacer un
intento previo con el término «scientifiction» que no llegó a cuajar).
Es muy posible que hoy se usara la palabra «cientificción», pero Gernsback se
vio obligado a vender su primera publicación, que tenía ese nombre. Sin darse
cuenta, había vendido los derechos sobre el término y muy a pesar suyo se vio
obligado a dejar de usarlo y utilizar en su lugar el término «ciencia ficción».
De modo, que hasta el año 1926 la ciencia ficción no existía como tal. Hasta
esa fecha las narraciones que hoy día no dudamos en calificar de ciencia
ficción recibían diversos nombres, tales como «viajes fantásticos», «relatos de
mundos perdidos», «utopías», o «novelas científicas».
El canadiense John Clute denomina a esta época anterior a la eclosión del
género proto ciencia ficción.
Protociencia ficción y ciencia ficción primitiva (1818-1937)
[editar]
A pesar de la existencia de una protociencia ficción francesa que consta de Le
voyageur philosophe dans un pays inconnu aux habitants de la Terre (1761)
de Daniel Jost de Villeneuve y El año 2440 (1771) del prerromántico
francés Louis-Sébastien Mercier, e incluso de una española (integrada por
el Viaje estático al mundo planetario, 1780, de Lorenzo Hervás y Panduro y
el Viaje de un filósofo a Selenópolis (1804) de Antonio Marqués y Espejo, para
muchos (para los anglosajones, sobre todo) la primera obra de ciencia ficción
con contenidos similares a los del género, tal y como hoy se entiende, se
remonta a 1818, año en que se publica Frankenstein o El moderno
Prometeo de Mary Shelley. Aunque algunos ven elementos de ciencia ficción
en leyendas y mitos muchos siglos antes. En la mitología griega, se cuenta
que Dédalo, el padre de Ícaro y constructor del Laberinto de Creta, construyó
estatuas de madera que eran capaces de moverse solas (¿una primitiva
referencia a los modernos robots?). Y en el folclore judío también está presente
el mito del Golem. Incluso el viaje a la Luna fue objeto de iniciativas literarias
antes de 1818. Luciano de Samosata, SIGLO II, en una novela corta, Historia
Verdadera, relata un viaje a la Luna en un barco arrastrado por una
providencial tromba de agua. Sin embargo, las más conocidas primerizas
historias de viajes a la Luna son la de Cyrano de Bergerac, en el SIGLO XVII, y la
del Barón de Münchhausen, SIGLO XVIII. Sin embargo, Carl Sagan e Isaac
Asimov coinciden en que Somnium (1634) de Johannes Kepler es el primer
relato de ciencia ficción como tal. Somnium describe a un aventurero que viaja
a la Luna y muestra la preocupación de Kepler por el tema de cómo se verían
los movimientos de la Tierra desde la Luna.
Ilustración de L’histoire comique contenant les états et empires du soleil de Cyrano de Bergerac.
Habrá algunos que cuestionen la calificación de estas obras como ciencia
ficción (ni siquiera como proto ciencia ficción). El propio John Clute excluye la
obra de Bergerac frente a otros que consideran que Otros Mundos es auténtica
ciencia ficción, ya que a pesar de estar escrito en tono de comedia recurre a los
términos científicos de la época. En cualquier caso, cualquiera de estos
clásicos cuentos heredan gran parte del espíritu del racionalismo cartesiano del
siglo XVII que sentó las bases de la ciencia moderna.
Resulta difícil establecer límites. Clute, en su enciclopedia ilustrada, pone en
duda la existencia del género antes de finales del siglo XVII pero cita como
precursor a Tomás Moro; que en su más famosa obra, Utopía (1516), describe
en forma de narración una sociedad perfecta que reside felizmente en la isla
Utopía.
Sin embargo, como se comenta más arriba, casi todos los expertos reconocen
que la obra que supuso un antes y un después en la concepción de la literatura
de ficción científica fue la obra de Shelley.
Los primeros años tras la aparición de Frankenstein dieron pocos frutos. Se
puede destacar quizá otra de las obras de Shelley como El último hombre.
En la década de 1830, el estadounidense Edgar Allan Poe anticipó igualmente
la narrativa de ciencia ficción (o ficción científica) en relatos como La
incomparable aventura de un tal Hans Pfaal, El poder de las
palabras, Revelación mesmérica, La verdad sobre el caso del señor
Valdemar, Un descenso al Maelström, Von Kempelen y su descubrimiento,
etc.5 Dichos relatos reúnen algunos de los elementos primitivos de la ciencia
ficción, como el mesmerismo y los viajes en globo —muy en boga en aquella
época— y la especulación cosmológica, también presente en su visionario
ensayo Eureka, en el cual parecen describirse los agujeros negros y algo
parecido al Big Crunch (op. cit. p. 11).
Posteriormente, en la década de 1850 aparece el que probablemente pasa por
ser uno de los autores más prolíficos del SIGLO XIX en el campo de las
aventuras de corte científico: Julio Verne, quien en 1863 publicó su primera
obra con contenido de ficción científica: Cinco semanas en globo. La aparición
de esta obra supone un hito. A partir de su publicación, este género empieza a
transformar sus intenciones. La ciencia subyacente pasa de ser un motivo de
inquietud o de preocupación por lo desconocido, a ser un soporte de historias
de aventuras y descubrimientos.
Ciencia ficción primitiva[editar]
Europa[editar]
Ilustración de un trípode realizada por Alvim Corréa para la edición francesa de 1906 del clásico
de H.G. Wells La guerra de los mundos.
La rama europea de la ciencia ficción comenzó propiamente a finales
del SIGLO XIX con las novelas científicas de Julio Verne (1828-1905), cuya
ciencia se centraba más bien en invenciones, así como con las novelas de
crítica social con orientación científica de H. G. Wells (1866-1946). Sin
embargo, aunque Wells suele ser reconocido como el gran iniciador del género,
Roger Luckhurst demuestra que solo fue el más influyente de una corriente que
comenzó pocos años antes.
Wells y Verne rivalizaron en la primitiva ciencia ficción. Los relatos y novelas
cortas con temas fantásticos aparecieron en las publicaciones periódicas en los
últimos años del SIGLO XIX, y muchos de ellos emplearon ideas científicas como
una excusa para lanzarse a la imaginación. Aunque es más conocido por otros
trabajos, Sir Arthur Conan Doyle también escribió ciencia ficción. El único libro
en el que Charles Dickens se aventura en el territorio de la especulación
científica y los extraños misterios de la naturaleza (en contraposición a los
claramente sobrenaturales fantasmas de Navidad) fue en su novela Bleak
House (1852) en la que uno de sus personajes muere por «combustión
humana espontánea». Dickens investigó casos registrados de tal efecto antes
de escribir sobre el tema para ser capaz de contestar a los escépticos que se
escandalizaran con su novela.
El siguiente gran escritor británico de ciencia ficción tras H. G. Wells fue John
Wyndham (1903-1969). A este autor le gustaba referirse a la ciencia ficción con
el nombre de «fantasía lógica». Antes de la Segunda Guerra
Mundial Wyndham escribió exclusivamente para las revistas pulp, pero tras la
contienda se hizo famoso entre el público en general, más allá de la estrecha
audiencia de los fanes de la ciencia ficción. La fama le vino de la mano de sus
novelas El día de los trífidos (1951), El kraken acecha (1953), Las
crisálidas (1955) y Los cuclillos de Midwich (1957).
Fuera del ámbito anglosajón hay que destacar la figura de Karel Čapek,
introductor del término robot en su obra teatral R.U.R. y creador del clásico de
la ciencia ficción La guerra de las salamandras en 1937.
España[editar]
Artículo principal: Ciencia ficción española
Mucho tiempo antes de que la novela de H.G. Wells, La máquina del tiempo,
viera la luz, el escritor Enrique Gaspar ya había publicado una novela sobre
viajes temporales. De su imaginación nació El Anacronópete, que podría ser
considerada como la primera novela en la que una máquina del tiempo aparece
como elemento central. Editada en Barcelona a principios de 1887. No
obstante, a finales del siglo XIX y principios del XX, numerosos escritores de
prestigio escriben relatos, novelas y obras de teatro de ciencia ficción, como
por ejemplo Miguel de Unamuno, Azorín, Vicente Blasco Ibáñez, Agustín de
Foxá, Ramiro de Maeztu o Jardiel Poncela. Muchos de estos relatos fueron
publicados en una antología por Santiáñez-Tió e incluso se van editando poco
a poco textos inéditos o de difícil acceso.
Estados Unidos[editar]
En los Estados Unidos de América el género puede remontarnos a Mark
Twain y su novela Un yanqui en la corte del rey Arturo, una novela que
exploraba términos científicos aunque fueran enmarcados en una ficción
caballeresca. Mediante el recurso a la «transmigración del alma» y la
«transposición de épocas y cuerpos» el yankee de Twain es transportado hacia
atrás en el tiempo y arrastra consigo todo el conocimiento de la tecnología del
siglo XIX. Los resultados son catastróficos, ya que la caballeresca aristocracia
del rey Arturo se ve pervertida por el notable poder de destrucción que ofrecen
máquinas como las ametralladoras, los explosivos y el alambre de espino.
Escrita en 1889, Un yankee parece predecir sucesos que tendrían lugar 25
años después en 1914, cuando las viejas ideas caballerescas europeas en lo
tocante al arte de la guerra acabarían hechas pedazos por las armas y las
tácticas de la Primera Guerra Mundial.
Otro autor que escribió algunas historias de este tipo es Jack London. El autor
de las novelas de aventuras en el salvaje Yukon, Alaska, y el Klondike, también
escribió historias sobre extraterrestres (The Red One), sobre el futuro (El talón
de hierro) o sobre los conflictos del futuro (La invasión sin precedentes).
También escribió una historia sobre la invisibilidad y otra sobre un arma de
energía para la que no existía defensa alguna. Estas historias impactaron en el
público estadounidense y comenzaron a perfilar algunos de los temas clásicos
de la ciencia ficción.
Pero el autor estadounidense que mejor simboliza el nacimiento en Estados
Unidos de la ciencia ficción como género de masas es Edgar Rice
Burroughs quien, poco antes de la Primera Guerra Mundial, publicó Bajo las
lunas de Marte (1912) en varios números de una revista especializada en
aventuras. Burroughs siguió publicando en este medio durante el resto de su
vida, tanto fantasía científica como historias de otros géneros (misterio, horror,
fantasía y, cómo no, su personaje más conocido: Tarzán); pero, las historias
de John Carter (ciclo de Marte) y Carson Napier (ciclo de Venus), aparecidas
en aquellas páginas, hoy día se consideran joyas de la ciencia ficción más
temprana.
No obstante, el desarrollo de la ciencia ficción estadounidense como género
literario específico hay que retrasarlo hasta 1926, año en el que Hugo
Gernsback funda Amazing Stories, creándose la primera revista dedicada
exclusivamente a las historias de ciencia ficción. Por otra parte, dado que como
es bien conocido, fue él quien eligió el término scientifiction para describir a
este género incipiente, el nombre de Gernsback y el vocablo al que dio origen
han quedado unidos para la posteridad. Las historias que se publicaban en
esta y otras exitosas revistas pulp (Weird Tales, Black Mask...), no gozaban del
aval de la crítica seria, que en su mayoría las consideraban sensacionalismo
literario, sin embargo fue en estas revistas, que mezclaban a partes iguales la
fantasía científica con el terror, donde empezaron a brillar algunos de los
grandes nombres del género, como Howard Phillips Lovecraft, Fritz
Leiber, Robert Bloch, Robert E. Howard, etc. Todo ello atrajo a muchos lectores
a las historias de especulación científica propiamente dicha.
La Edad de Oro (1938-1950)[editar]
Artículo principal: Edad de Oro de la ciencia ficción
Con el surgir en 1938 del editor John W. Campbell y su actividad en la
revista Astounding Science Fiction (fundada en 1930) y con la consagración de
los nuevos maestros del género: Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A.
Heinlein, la ciencia ficción empezó a ganar estatus como género literario,
especialmente con este último, que fue el primer autor que consiguió que se
editaran historias del género en publicaciones más generales, y fue también el
que le dio mayor madurez al género e influyó poderosamente en su desarrollo
posterior.
Las incursiones en el género de autores que no se dedicaban exclusivamente a
la ciencia ficción también generaron un mayor respeto hacia el mismo; caben
destacar Karel Čapek, Aldous Huxley, C. S. Lewis y en castellano Adolfo Bioy
Casares y Jorge Luis Borges.
Después de la Segunda Guerra Mundial se produce una transición del género.
Es la época en la que los cuentos empiezan a ser desplazados por las novelas
y los argumentos ganan en complejidad. Las revistas mostraban llamativas
portadas con monstruos de ojos de mosca y mujeres medio desnudas, dando
una imagen atrayente para lo que era su público principal: los adolescentes. Se
fundan nuevas revistas: hasta 15 nuevas publicaciones en un solo año; y
alguna incluso atraviesa el océano Atlántico como la francesa Galaxie (prima
hermana de la estadounidense Galaxy que empieza a publicarse el año 1950),
pero ahora el género empieza a salir del terreno exclusivo del pulp.
La Edad de Plata (1951-1965)[editar]
Aviones despegando desde una plataforma en la estratosfera. Ilustración de 1953 para un periódico
realizada por Helmuth Ellgaard.
Posiblemente, el que puede tal vez considerarse como primer título notable de
la posguerra no fue escrito por un autor habitualmente catalogado como
escritor de ciencia ficción y, de hecho, el libro ni siquiera fue catalogado como
tal por su editor; pero sin duda lo es, y le dio a su autor fama mundial; nos
referimos a 1984 (1948) de George Orwell. Pero la mejor tarjeta de visita del
período de los años 1950 es su interminable lista de escritores que han sido la
columna vertebral del género hasta casi finales de siglo: Robert A.
Heinlein, Isaac Asimov, Clifford D. Simak, Arthur C. Clarke, Poul
Anderson, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Frank Herbert, Stanislav Lem y
muchos otros.
En cuanto a los títulos, de esta época son libros que hoy son considerados
clásicos: Crónicas marcianas o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Mercaderes
del espacio de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, Más que
humano de Theodore Sturgeon; sin olvidar El fin de la eternidad de Isaac
Asimov, y Lotería solar o El hombre en el castillo de Philip K. Dick. Algunas de
ellas serían adaptadas al cine o la televisión; La naranja mecánica de Anthony
Burgess es un buen ejemplo de ello. También es en esta época cuando
empiezan a otorgarse los premios Hugo, cuya primera edición fue en 1953.
En realidad, pese a que desde el punto de vista académico se ha venido en
calificar como «edad de oro» a la etapa comprendida entre los
años 1938 y 1950, para muchos, esta época debería extenderse unos quince
años.
Otra novela importante de este período es Dune (1965) de Frank Herbert.
La Nueva Ola[editar]
Artículo principal: Nueva ola literaria
Los años transcurridos entre 1965 y 1972 son el período de mayor
experimentación literaria de la historia del género. En Reino Unido, se puede
asociar con la llegada de Michael Moorcock a la dirección de la revista New
Worlds. Moorcock, entonces un joven de 24 años, dio espacio a las nuevas
técnicas ejemplificadas en la literatura de William Burroughs y J.G. Ballard. Los
temas empezaron a distanciarse de los tan manidos robots e imperios
galácticos de las edades de oro y plata de la ciencia ficción, centrándose en
temas hasta entonces inexplorados: la consciencia, los mundos interiores,
relativización de los valores morales, etcétera.
En Estados Unidos, los ecos de los cambios experimentados en el panorama
británico tuvieron su reflejo. Autores como Samuel Ray Delany, Judith
Merril, Fritz Leiber, Roger Zelazny, Philip K. Dick, Ursula K. LeGuin, Philip José
Farmer y Robert Silverberg, representan la esencia de las nuevas vías de este
género literario.
El ciberpunk[editar]
Artículo principal: Ciberpunk
En la década de 1980 las computadoras cada vez más ubicuas y la aparición
de las primeras redes informáticas globales dispararon la imaginación de
jóvenes autores, convencidos de que tales prodigios producirían profundas
transformaciones en la sociedad. Este germen cristalizó principalmente a través
del llamado movimiento ciberpunk, un término que aglutinaba una visión
pesimista y desencantada de un futuro dominado por la tecnología y
el capitalismo salvaje con un ideario «punk» rebelde y subversivo,
frecuentemente anarquista. Una nueva generación de escritores surgió bajo
esta etiqueta, encabezados por William Gibson, Bruce Sterling y Neal
Stephenson.
Postciberpunk[editar]
Artículo principal: Postciberpunk
A principios de la década de 1990 ocurrió un cambio significativo en la literatura
de ciencia ficción. Autores antes plenamente ciberpunk o que nunca habían
pertenecido a esa corriente, comenzaron a rechazar explícitamente los clichés
de dicho género, y de paso, a considerar a la tecnología con una visión más
positiva. Es notorio que esto ocurría casi al mismo tiempo que se daba la
acelerada introducción de las computadoras e Internet en la vida cotidiana.
Conforme los autores empezaron realmente a usar las computadoras y la red
global, sus opiniones y obras empezaron a cambiar y a rechazar la rebeldía y
exaltación de la marginalidad del ciberpunk.
En las novelas postciberpunk, es mucho más frecuente que los protagonistas
sean integrantes respetables de sus comunidades: científicos, militares,
policías e incluso políticos. Aun en el caso de personajes más marginales, su
interés suele residir en mantener o mejorar el statu quo, no en destruirlo, tal y
como era lo típico en el ciberpunk; y cuando no lo hacen, suelen ser los
antagonistas.
La primera novela etiquetada como postciberpunk es Snow Crash (1992)
de Neal Stephenson. Además de Stephenson, han sido etiquetados como
postciberpunk autores tan dispares como Nancy Kress, Greg Egan, Tad
Williams, Charles Stross o Richard Morgan.
Subgéneros contemporáneos[editar]
En épocas recientes, a la ciencia ficción se le han agregado varios subgéneros
cuyos nombres usan también el postfijo «punk». Esto por analogía con el
«ciberpunk», que es ciencia ficción centrada en la cibernética. Estos
subgéneros responden en ocasiones a impulsos estilísticos de los autores, o a
la demanda de los lectores y espectadores, pidiendo más obras con el mismo
estilo de ciertas obras originales. Entre estos subgéneros están:
El Steampunk, o ciencia ficción centrada en la presencia anacrónica
de ciertas tecnologías avanzadas basadas en, o coexistiendo con
el motor a vapor, y situadas durante la Revolución Industrial y
la época victoriana.
El Biopunk, donde la ficción se centra en el impacto de grandes
avances de la biotecnología. Pudiendo situarse tanto en el futuro,
presente o en un pasado anacrónico. Ejemplos de obras de este
estilo son el filme Gattaca, o la saga de videojuegos Bioshock.
El Retrofuturismo, que retoma en tono serio o irónico, el entusiasmo
por el futuro y la imaginería optimista de los años 1930, 1940 y 1950,
ejemplos de este género serían obras como Sky Captain y el mundo
del mañana.