Objetivo
En el presente módulo comprenderás la importancia del trabajo del personal de salud a la luz
del enfoque de los derechos humanos.
Introducción
En ese módulo se brindas elementos reconocer al paciente como persona que goza plenamente
del derecho a la salud, con sus consecuentes deberes, así como los derechos, deberes y
responsabilidades asociados al personal que brinda el servicio de salud. De esta menara, se
redimensiona la relación médico-paciente en el marco de un movimiento nacional e
internacional que se esfuerza por abrir caminos en favor del derecho a la salud y el
reconocimiento de la dignidad humana, elemento de vital consideración en los dilemas que los
avances científicos y tecnológicos han impuesto a la bioética como disciplina encargada de su
estudio.
El siguiente esquema puede ayudarte a prepararte a organizar el aprendizaje:
LA SALUD COMO DERECHO HUMANO
¿Cuál es la relación entre la salud y los derechos humanos?
Entre la salud y los derechos humanos existen vínculos complejos:
La violación o la desatención de los derechos humanos pueden traer graves
consecuencias para la salud.
Las políticas y los programas sanitarios pueden promover los derechos humanos o
violarlos según la manera en que se formulen o se apliquen.
La vulnerabilidad a la mala salud se puede reducir adoptando medidas para respetar,
proteger y cumplir los derechos humanos.
A continuación figuran algunos ejemplos de cómo está formulado en los instrumentos de
derechos humanos el contenido normativo de algunos de los demás derechos humanos clave
que guardan relación con la salud:
Tortura: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o
degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a
experimentos médicos o científicos”.
Violencia contra los niños: Se adoptarán “todas las medidas legislativas,
administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda
forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos
o explotación, incluido el abuso sexual”.
Prácticas tradicionales nocivas: Se adoptarán “medidas eficaces y apropiadas (…)
para abolir las prácticas tradicionales que sean perjudiciales para la salud de los
niños”.
Participación: El derecho a una participación “activa, libre y significativa”.
Información: “Libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda
índole”.
Intimidad: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida
privada”.
Progreso científico: El derecho de toda persona a gozar de los beneficios del
progreso científico y sus aplicaciones.
El derecho a la educación: En particular a conocer los principios básicos de la salud y
la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y el
saneamiento ambiental y las medidas de prevención de accidentes, y a recibir apoyo
para aplicar esos conocimientos.
Alimentación y nutrición: El derecho de toda persona a una alimentación adecuada y
el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre”.
Nivel de vida: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado, incluso
alimentación, vestido y vivienda adecuados y a la asistencia médica y los servicios
sociales necesarios.
Derecho a la seguridad social: El derecho de toda persona a la seguridad social,
incluso al seguro social.
¿Qué se entiende por derecho a la salud?
Mary Robinson, cuando fungía como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos afirmó que:
“Derecho a la salud no significa derecho a gozar de buena salud,
ni tampoco que los gobiernos de países pobres tengan que
establecer servicios de salud costosos para quienes no disponen
de recursos. Significa que los gobiernos y las autoridades públicas
han de establecer políticas y planes de acción destinados a que
todas las personas tengan acceso a la atención de salud en el
plazo más breve posible. Lograr que eso ocurra es el reto al que
tienen que hacer frente tanto la comunidad encargada de
proteger los derechos humanos como los profesionales de la salud
pública”.
El derecho al grado máximo de salud que se pueda lograr (denominado “derecho a la salud”)
se consagró por primera vez en la Constitución de la Organización Mundial de la Salud
(1946) y más adelante se reiteró en la Declaración del Alma-Ata de 1978 y en la
Declaración Mundial de la Salud adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 1998. Ese
derecho ha sido reafirmado en toda una serie de instrumentos internacionales y regionales de
derechos humanos.
El derecho al goce del grado máximo de salud que se pueda lograr, previsto en el derecho
internacional relativo a los derechos humanos, entraña la reivindicación de que mediante un
conjunto de mecanismos sociales -normas, instituciones, leyes y un entorno propicio-, se
puede garantizar de la mejor manera el disfrute de ese derecho. La interpretación más
autorizada del derecho a la salud es la que figura en el artículo 12 del Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1976) que ha sido ratificado por 160 países (al
mes de septiembre de 2011).
En mayo del 2000, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales encargado de
supervisar la aplicación del Pacto, adoptó una observación general sobre el derecho a la salud.
Las observaciones generales sirven para aclarar la naturaleza y el contenido de los derechos
individuales y las obligaciones de los Estados Partes (de aquellos que han ratificado los
instrumentos correspondientes). En la citada observación se reconoce que el derecho a la
salud está estrechamente vinculado con otros derechos y depende de su realización, en
particular el derecho a la alimentación, a la vivienda, al trabajo, a la educación, a la
participación, al disfrute de los beneficios del progreso científico y sus aplicaciones, a la
vida, a la no discriminación, a la igualdad, a no ser sometido a torturas, a la vida privada,
al acceso a la información y a la libertad de asociación, reunión y circulación.
Grupos vulnerables y derecho a la salud
Sobre los grupos vulnerables y marginados de la sociedad recae una proporción desmedida de
problemas de salud. La discriminación explícita o implícita infringe uno de los principios
fundamentales de los derechos humanos y a menudo es la causa de la mala salud.
La prohibición de la discriminación no significa que no se deba reconocer que existen
diferencias, sino que el hecho de dar un trato distinto –y de no tratar casos iguales de la
misma manera- debe basarse en motivos objetivos y razonables que tengan como finalidad
corregir desequilibrios en la sociedad.
Por lo que respecta a la salud y la atención de salud, las razones por las que se prohíbe la
discriminación han evolucionado y actualmente, en resumen, está proscrita “toda
discriminación en lo referente al acceso a la atención de la salud y los factores determinantes
básicos de la salud, así como a los medios y derechos para conseguirlo, por motivos de raza,
color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o posición
social, situación económica, lugar de nacimiento, impedimentos físicos o mentales, estado de
salud (incluido el VIH/SIDA), orientación sexual y situación política, social o de otra índole que
tengan por objeto o por resultado la invalidación o el menoscabo de la igualdad del goce o el
ejercicio del derecho a la salud.”
Los gobiernos deciden libremente si pasan o no a ser partes en los tratados de derechos
humanos. Sin embargo, una vez que lo son, tienen la obligación de actuar de conformidad con
lo dispuesto en el instrumento correspondiente. Los tratados internacionales de derechos
humanos más importantes; esto es, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales (PIDESC) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP),
abordan en mayor profundidad los derechos establecidos en la Declaración Universal de
Derechos Humanos (DUDH) y establecen obligaciones legalmente vinculantes para los
gobiernos que los ratifican. A menudo se alude a ese conjunto de documentos como la “Carta
Internacional de Derechos Humanos”.
Sobre la base de esos instrumentos básicos, otros tratados internacionales de derechos
humanos se han centrado en categorías o grupos concretos de población como las minorías
raciales, las mujeres y los niños, o en cuestiones concretas, como la tortura. Para estudiar el
marco normativo de los derechos humanos aplicable a la salud es preciso tener en cuenta
todas las disposiciones que existen en materia de derechos humanos.
La supervisión de la aplicación de los tratados básicos de derechos humanos está a cargo de
comités de expertos independientes, conocidos como órganos de vigilancia de la aplicación de
los tratados, que se crean bajo los auspicios de las Naciones Unidas a los que éstos prestan
servicios. Cada uno de los seis tratados de derechos humanos más importantes tiene su propio
órgano de vigilancia, que se reúne periódicamente para examinar los informes de los Estados
Partes y entablar un diálogo constructivo con los gobiernos sobre la manera de cumplir sus
obligaciones en materia de derechos humanos.
Sobre la base del principio de transparencia, los Estados tienen que presentar a los citados
órganos sus informes sobre los progresos realizados en la esfera correspondiente, y darles una
amplia difusión entre su población.
Así pues, los informes pueden desempeñar una importante función catalítica, esto es,
contribuir a que se entable un debate nacional sobre las cuestiones de derechos humanos,
alentar la participación de la sociedad civil y generalmente promover un proceso de
supervisión de las políticas gubernamentales por parte del público. Al término de su período
de sesiones el órgano de vigilancia formula observaciones finales, en las que incluye
recomendaciones sobe la manera en que el gobierno interesado puede mejorar la situación de
los derechos humanos en su territorio.
Los organismos especializados, como la OMS (Organización Mundial de la Salud), pueden
desempeñar un papel importante, en la medida en que aportan información pertinente sobre
cuestiones sanitarias, lo cual facilita el diálogo entre el Estado Parte y el órgano de vigilancia
del tratado en cuestión.
Las organizaciones intergubernamentales regionales han creado arreglos regionales. El
mecanismo para la región de América fue establecido por la Organización de los Estados
Americanos y se basa en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Las medidas destinadas a lograr la plena realización de los derechos deben ser deliberadas,
concretas y orientadas lo más claramente posible hacia la satisfacción de las obligaciones que
incumben a los gobiernos. En ese sentido, es preciso utilizar todos los medios oportunos, en
particular adoptar disposiciones legislativas, ofrecer recursos judiciales y tomar las medidas
administrativas, financieras, educativas, y sociales.
Ello no exige ni concluye que cualquier tipo específico de gobierno o de sistema económico
pueda ser utilizado como vehículo para la adopción de las medidas de que se trate.
El principio de realización progresiva de los derechos humanos impone la obligación de obrar
de la manera más diligente y eficaz posible para alcanzar ese objetivo. Por consiguiente, se
aplica tanto a los países más pobres como a los más ricos, en la medida en que reconocen las
limitaciones relacionadas con los recursos disponibles, pero exige que todos los países traten
de hacer progresos de forma constante con miras a lograr la plena efectividad de los derechos
pertinentes.
A ese respecto, es importante distinguir, si un Estado Parte no puede o no quiere cumplir con
sus obligaciones. Durante el proceso relativo a la presentación de informes, los Estados Partes
y el Comité establecen indicadores y puntos de referencia nacionales para fijar objetivos
realistas para el siguiente período sobre el que se habrá de informar.
ENFOQUE DE LA SALUD BASADO EN LOS DERECHOS HUMANOS
Por enfoque de la salud basado en los derechos humanos se entiende:
Utilizar los derechos humanos como marco para el desarrollo sanitario.
Evaluar las consecuencias que tiene cualquier política, programa o legislación
sanitaria para los derechos humanos y adoptar medidas al respecto.
Tener en cuenta los derechos humanos en la concepción, la aplicación, la supervisión
y la evaluación de todos los tipos de políticas y programas (políticos, económicos y
sociales, entre otros) que guarden relación con la salud.
Los principios fundamentales que habría que aplicar en esos procesos podrían ser los
siguientes:
Respetar la dignidad humana.
Conceder atención a los grupos de la sociedad considerados como más vulnerables.
Garantizar que los sistemas sanitarios se hagan accesibles a todos, especialmente a
los sectores más vulnerables o marginados de la población, de hecho y de derecho,
sin discriminación por ninguno de los derechos prohibidos.
Adoptar una perspectiva de género y reconocer que los factores biológicos y
socioculturales influyen considerablemente en la salud de hombres y mujeres y que
en las políticas y los programas es necesario tener presentes esas diferencias.
Garantizar la igualdad y la no discriminación, ya sea voluntaria o involuntaria, en la
formulación y puesta en práctica de los programas de salud.
Desglosar los datos relativos a la salud para determinar si hay discriminación
subyacente.
Garantizar la participación libre, fructífera y efectiva de los beneficiarios de las
políticas o programas de desarrollo sanitario en los procesos de adopción de las
decisiones que los afectan.
Promover y proteger el derecho a la educación y el derecho a buscar, recibir y
difundir información e ideas relativas a las cuestiones de salud. Ahora bien, el
derecho a la información no debe menoscabar el derecho a la intimidad, lo que
significa que debe darse un trato confidencial a los datos personales relativos a la
salud.
Confrontar las consecuencias para los derechos humanos de cualquier ley, política o
programa sanitario con los objetivos de salud pública que se persiguen, y lograr que
exista un equilibrio óptimo entre la obtención de resultados positivos desde el punto
de vista de la salud pública y la promoción y protección de los derechos humanos.
Hacer referencias explícitas a las normas y reglas internacionales de derechos
humanos para poner de relieve la forma en que los derechos humanos se aplican a
una política, un programa o una ley sanitaria y la relación que existe entre ellos.
Perseguir como objetivo explícito fundamental de las actividades destinadas a
mejorar la salud la realización del derecho al goce del grado máximo de salud que se
pueda lograr.
Definir puntos de referencia e indicadores para supervisar la realización progresiva
de los derechos en la esfera de la salud.
Aumentar la transparencia y exigir una gestión más responsable de las cuestiones de
salud, como principio fundamental en todas las etapas del desarrollo de los
programas.
Establecer mecanismos de recurso para los casos de violaciones de los derechos
relacionados con la salud.
En términos generales, tener en cuenta los derechos humanos en las actividades de salud
pública puede resultar beneficioso en la medida que:
Se reconoce explícitamente el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr
como un “derecho humano” (y no como un bien o producto concedido por caridad o
posición social).
Al seguir un enfoque basado en los derechos humanos para concebir, aplicar y
evaluar las políticas y programas de salud, se dispone de una herramienta que
permite mejorar los resultados sanitarios.
Se aplica una estrategia que “potencia” el papel de la salud, y en la que los grupos
vulnerables y marginados interesados tienen una participación valiosa y activa.
Se cuenta con un marco, un vocabulario y un tipo de orientación útiles para definir y
analizar los factores determinantes básicos de la salud para darles respuesta.
Se dispone de normas que sirven de referencia para evaluar los resultados obtenidos
por los gobiernos en materia de salud.
Los gobiernos asumen una gestión más responsable de las cuestiones sanitarias.
Los mecanismos internacionales existentes supervisan la realización del derecho a la
salud como un derecho humano.
Se siguen normas y reglas internacionalmente aceptadas (por ejemplo, definiciones
de conceptos y grupos de población).
Los derechos humanos proporcionan directrices coherentes a los Estados, ya que
guardan relación con todas las actividades de las Naciones Unidas.
Aumenta el alcance de los análisis que se realizan y el número de colaboradores en
los países.
Se cuenta con una base sólida y fidedigna para las actividades de promoción de los
derechos humanos y la cooperación con los gobiernos, las organizaciones
internacionales, las instituciones financieras, y para la colaboración con los agentes
pertinentes de la sociedad civil.
Elementos que componen el derecho a la salud
Este derecho en cuestión fue revisado por la Observación General 14 del Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, comprende los siguientes elementos
esenciales:
a. Disponibilidad. El Comité menciona que el primer requisito relacionado con el
ejercicio y goce del derecho a la salud es la existencia de un número suficiente de
establecimientos, bienes y servicios públicos de salud y centros de atención de la
salud, así como de programas de salud. Dichos establecimientos deben contar con
agua limpia potable y condiciones sanitarias adecuadas, personal médico y
profesional capacitado, así como los medicamentos esenciales.
b. Accesibilidad. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles
a todos, sin discriminación:
I. No discriminación. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deben
ser accesibles, de hecho y de derecho, a los sectores más vulnerables y
marginados de la población.
II. Accesibilidad física. Los establecimientos, bienes y servicios de salud
deben estar al alcance geográfico de todos los sectores de la población.
Esto significa, sobre todo en lo que concierne a las zonas rurales, que los
servicios tienen que estar a una distancia razonable y que los
establecimientos cuenten con medios de acceso adecuados para personas
con discapacidades.
III. Accesibilidad económica. Esto significa que los pagos por servicios de
atención a la salud se basen en el principio de equidad, para asegurar que
incluso los sectores de población más desfavorecidos tengan acceso a la
salud.
IV. Acceso a la información. Ello comprende el derecho a solicitar, recibir y
difundir información sobre temas relacionados con la salud, sin menoscabo
del derecho a la intimidad respecto de los datos personales relativos a la
salud.
c. Aceptabilidad. Ello significa que todos los establecimientos, bienes y servicios de
salud deben ser respetuosos de la ética médica y de la cultura de las personas.
d. Calidad. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deber ser apropiados y de
buena calidad desde el punto de vista científico y médico.
El enfoque de integridad del derecho a la salud
El enfoque de integridad en los derechos humanos resulta de gran relevancia en relación con
el disfrute del nivel más alto de salud, dado que el ejercicio de este derecho humano es
determinante en el acceso a otros derechos, y a la vez es posible que se violen derechos
civiles y culturales relacionados con el acceso a la salud. La indivisibilidad e
interdependencia de los derechos humanos se manifiesta en la estrecha vinculación que
existe entre el derecho a la salud y el derecho humano a una alimentación adecuada, a un
medio ambiente sano, al acceso al trabajo y a condiciones adecuadas de trabajo, entre las
que se encuentran las relativas a la higiene y seguridad laborales.
El derecho a la no discriminación en el acceso a los servicios de salud y a los beneficios de la
seguridad social resulta una demanda central en las aspiraciones de la población, en vista de
la segmentación y desintegración de los sistemas de salud y seguridad social en el país.
El Estado mexicano tiene la obligación de respetar, proteger y satisfacer el derecho a la
salud; es decir, tiene que “….adoptar todas las medidas necesarias para garantizar a todas
las personas que se encuentren bajo su jurisdicción la oportunidad de satisfacer
adecuadamente las necesidades reconocidas en los instrumentos de derechos humanos,
que no pueden alcanzar mediante el esfuerzo personal….” (Declaración de Quito, 1998).
Asimismo, tiene la obligación de sancionar los delitos cometidos por servidores públicos o
personas naturales o jurídicas en casos de corrupción, que violen o atenten contra el
derecho a la salud.
De particular importancia en el derecho humano a la salud es la obligación del Estado de
garantizar niveles esenciales del derecho, aún en períodos de limitaciones graves de recursos,
y la obligación de progresividad y su correlativa prohibición de regresividad, pues no es posible
reparar el daño cuando por el rezago en la entrega de servicios de salud o la insuficiencia de
insumos y equipo, las personas pierden la vida o sufren daños irreversibles en su condición de
salud.
La gravedad que pueden adquirir las violaciones al derecho a la salud determinan la
urgente necesidad de avanzar en la juridicidad de los derechos económicos, sociales y
culturales , haciendo posible reclamar ante un juez o tribunal de justicia el cumplimiento
por parte del Estado mexicano, de varias de las obligaciones que se incluyen en el derecho
a la salud, como sería el acceso para todos, sin discriminación a los establecimientos
públicos y gratuitos de salud, el beneficio universal del programa de vacunación y la
garantía de recibir atención en caso de abortos legales y en situaciones de urgencia
médica.
El debido cumplimiento del derecho a la salud adquiere vital importancia en todo el ciclo de
vida de las mujeres, por su calidad de proveedoras tradicionales de salud en las familias y en
los sistemas público y privado de salud.
Sin lugar a duda, la atención a la salud en México representa un gran reto. La dinámica
demográfica y los cambios sociales, políticos y económicos requieren de un gran esfuerzo por
parte del sistema de salud para responder a las necesidades de la población en la materia.
Por ello, se hace necesaria la “conformación de un sistema de salud universal, equitativo,
solidario, plural, eficiente, de alta calidad, anticipatorio, descentralizado, participativo y
vinculado al desarrollo.
Limitaciones a los Derechos Humanos desde la perspectiva de la Salud Pública
Algunos derechos humanos no pueden ser objeto de restricciones bajo ningún concepto, como
el derecho a no ser torturado ni sometido a esclavitud, o el derecho a la libertad de
pensamiento, conciencia y religión. Las disposiciones en materia de limitación o derogación
previstas en los instrumentos internacionales de derechos humanos reconocen la necesidad de
limitar los derechos humanos en algunas ocasiones.
Los Estados a veces limitan el ejercicio de los derechos humanos alegando motivos de salud
pública, sin embargo se deben de reunir los cuatro criterios de los Principios de Siracusa sobre
las Disposiciones de Limitación y Derogación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos:
1. Se basa en uno de los motivos que justifican las limitaciones reconocidas por el
artículo pertinente del Pacto (seguridad y salud públicas, entre otras).
2. Responde a una necesidad pública o social apremiante.
3. Responde a un objetivo legítimo, y
4. Guarda proporción con este objetivo
Incluso en los casos en que se permita limitar los derechos para proteger la salud pública, esa
limitación debe tener una duración determinada y ser sometida a revisión.
La injerencia en el derecho a la libertad de circulación cuando se impone una cuarentena o un
período de aislamiento a causa de una enfermedad transmisible grave –como la fiebre del
Ébola, la fiebre tifoidea o la tuberculosis no tratada- constituye un ejemplo de limitación de
los derechos que puede ser necesaria, en determinadas circunstancias, por el bien público y,
por ende, se podría considerar legítima en virtud del derecho internacional relativo a los
derechos humanos.
En cambio, si un Estado restringe la circulación de personas – o encarcela a personas- con
enfermedades transmisibles como el VIH/SIDA no permite que los médicos traten a presuntos
opositores de un gobierno, o se niega a vacunar a los integrantes de una comunidad contra
graves enfermedades infecciosas, alegando motivos tales como la seguridad nacional o el
mantenimiento del orden público, tiene la obligación de justificar esas medidas graves.
Los derechos humanos proporcionan criterios con respecto a los cuales se pueden evaluar las
políticas y los programas sanitarios existentes y observar las diferencias en el trato dado a los
distintos grupos de personas, por ejemplo, en las manifestaciones, la frecuencia y la gravedad
de las enfermedades, así como la respuesta aportada por los gobiernos. Las normas y reglas de
derechos humanos también ofrecen una base sólida para que los sistemas de salud den
prioridad a las necesidades sanitarias de los grupos de población vulnerables o marginados.
Cuando se tienen en cuenta los derechos humanos, la atención no se centra en los promedios,
sino en los grupos de población de la sociedad que se consideran más vulnerables (por
ejemplo, los pueblos indígenas y tribales; los refugiados y los migrantes; las minorías étnicas,
religiosas, nacionales y raciales, etc.), y se hace hincapié en aquellos derechos concretos que
pueden contribuir a orientar la formulación de políticas y de programas sanitarios y los
procesos del sistema de salud (por ejemplo, el derecho de las personas a las que pueden
afectar las políticas, estrategias y normas sanitarias, a participar en el proceso en que se
adoptan las decisiones que les atañen).
El derecho a la salud en instrumentos internacionales y regionales
El derecho a la salud ha sido reconocido por múltiples instrumentos internacionales:
La Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, establece, en su Artículo 25, que:
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a
su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la
vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo
derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u
otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias
independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos
los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual
protección social.
El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (fue adoptado por la
Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2200A (XXI), de 16 de
diciembre de 1966 y entró en vigor el 3 de enero de 1976) en su artículo 123, también
reconoce el Derecho a la Salud al establecer que:
1. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona al
disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.
2. Entre las medidas que deberán adoptar los Estados Partes en el Pacto a fin de
asegurar la plena efectividad de este derecho, figurarán las necesarias para:
a. La reducción de la mortinatalidad y de la mortalidad infantil, y el sano
desarrollo de los niños.
b. El mejoramiento en todos sus aspectos de la higiene del trabajo y del
medio ambiente.
c. La prevención y el tratamiento de las enfermedades epidémicas,
endémicas, profesionales y de otra índole, y la lucha contra ellas.
d. La creación de condiciones que aseguren a todos asistencia médica y
servicios médicos en caso de enfermedad.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos (adoptado en San José, Costa Rica el 22
de noviembre de 1969) en su Artículo 26, establece la obligatoriedad de los Estados de buscar
su cumplimiento progresivo, y señala que es el Estado quien debe hacer uso del máximo de sus
recursos disponibles para garantizar el derecho a la protección de la salud.
El numeral 10 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos
en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, “Protocolo de San Salvador”,
(del 16 de noviembre de 1999), reconoce el derecho de toda persona a la salud y que los
Estados Partes se comprometen a reconocer a la salud como un bien público.
1. Toda persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del más alto nivel
de bienestar físico, mental y social.
2. Con el fin de hacer efectivo el derecho a la salud los Estados Partes se comprometen
a reconocer a la salud como un bien público, particularmente a adoptar las
siguientes medidas para garantizar este derecho:
a. La atención primaria de la salud, entendiendo como tal la asistencia sanitaria
esencial puesta al alcance de todos los individuos y familiares de la comunidad.
b. La extensión de los beneficios de los servicios de salud a todos los individuos
sujetos a la jurisdicción del Estado;
c. La total inmunización contra las principales enfermedades infecciosas;
d. La prevención y tratamiento de las enfermedades endémicas, profesionales y
de otra índole;
e. La educación de la población sobre la prevención y tratamiento de los
problemas de salud, y
f. La satisfacción de las necesidades de salud de los grupos de más alto riesgo y
que por sus condiciones de pobreza sean más vulnerables.
La Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (Adoptada por la Asamblea General en su
resolución 41/128, de 4 de diciembre de 1986), en su artículo 8.1, señala que: “Los Estados
deben adoptar, en el plano nacional, todas las medidas necesarias para la realización del
derecho al desarrollo y garantizarán, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades para
todos en cuanto al acceso a los recursos básicos, la educación, los servicios de salud, los
alimentos, la vivienda, el empleo y la justa distribución de los ingresos”.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre indica en su artículo XI
que: “Toda persona tiene derecho a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y
sociales, relativas a la alimentación, el vestido, la vivienda y la asistencia médica
correspondientes al nivel que permitan los recursos públicos y los de la comunidad”.
De igual forma existen otros instrumentos internacionales que establecen el derecho a la
protección de la salud, tal es el caso del inciso iv) del apartado e) del artículo 5 de la
Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial;
en el apartado f) del párrafo 1 del artículo 11 y el artículo 12 de la Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; en el artículo 24 de la
Convención sobre los Derechos del Niño, y en la Declaración y Programa de Acción de Viena de
1993.
Finalmente, la Observación General 14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales reconoce a la salud como un derecho humano fundamental e indispensable para el
ejercicio de los demás derechos humanos, de ahí que todo ser humano tenga derecho al
disfrute del más alto nivel posible de salud que le permita vivir dignamente. La efectividad del
derecho a la salud se puede alcanzar mediante numerosos procedimientos complementarios,
como la formulación de políticas en materia de salud, la aplicación de los programas de salud
elaborados por la Organización Mundial de la Salud o la adopción de instrumentos jurídicos
concretos.
El derecho a la salud en la legislación mexicana
El derecho a la salud está consagrado en el artículo 4º constitucional, que establece que “Toda
persona tiene derecho a la protección de la salud”. Por su parte, la Ley General de Salud,
reglamentaria del citado artículo constitucional, señala en el artículo 2º, las finalidades del
derecho a la salud:
I. El bienestar físico y mental del hombre, para contribuir al ejercicio pleno de sus
capacidades;
II. La prolongación y mejoramiento de la calidad de la vida humana;
III. La protección y el acrecentamiento de los valores que coadyuven a la creación,
conservación y disfrute de condiciones de salud que contribuyan al desarrollo social;
IV. La extensión de actitudes solidarias y responsables de la población en la
preservación, conservación, mejoramiento y restauración de la salud;
V. El disfrute de servicios de salud y de asistencia social que satisfagan eficaz y
oportunamente las necesidades de la población;
VI. El conocimiento para el adecuado aprovechamiento y utilización de los servicios de
salud, y
VII. El Desarrollo de la enseñanza y la investigación científica y tecnológica para la salud.
También resultan indispensable la observancia de las Normas Oficiales Mexicanas (NOM)
relativas a la prestación del servicio de salud, en su calidad de instrumentos legales que
contienen criterios fundamentales, cuyo propósito es mejorar la calidad de los servicios de
salud que prestan las instituciones del país, entre las cuales se encuentran las que tienen que
ver con aspectos de:
a. Carácter preventivo.
b. En materia de prestación de servicios médicos.
c. Trato adecuado a los usuarios de los servicios de salud (de carácter técnico-
administrativo, de capacitación, de infraestructura y administrativas) y de carácter
técnico-clínico (equipamiento).
En nuestro país existen aproximadamente 82 Normas Oficiales Mexicanas (NOM) expedidas por
la Secretaría de Salud, relativas a la manera en la que se prestan los servicios públicos de
salud; de ellas destacan, por las consecuencias derivadas de su inobservancia, así como por las
quejas que se han presentado ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, las
siguientes:
NOM-015-SSA2-1994, Para la Prevención, Tratamiento y Control de la Diabetes, y su
Codificación NOM-015-SSA2-1994;
NOM-007-SSA2-1993, Atención de la Mujer Durante el Embarazo, Parto y Puerperio y
del Recién Nacido. Criterios y Procedimientos para la Prestación del Servicio;
NOM-013-SSA2-1994, Para la Prevención y Control de Enfermedades Bucales, y su
modificación NOM-013-SSA2-1994;
NOM-010-SSA2-1993, Para la Prevención y Control de la Infección por Virus de la
Inmunodeficiencia Humana, y su modificación NOM- 010-SSA2-1993;
NOM-025-SSA2-1994, Para la Prestación de Servicios de Salud en Unidades de
Atención Integral Hospitalaria Médica-Psiquiátrica;
NOM-005-SSA2-1993, De los Servicios de Planificación Familiar, y su modificación
NOM-005-SSA2-1993;
NOM-003-SSA2-1993, Para la Disposición de Sangre Humana y sus Componentes con
Fines Terapéuticos;
NOM-009-SSA2-1993, Para el Fomento de la Salud del Escolar;
NOM-011-SSA2-1993, Para la Prevención y Control de la Rabia, y su modificación
NOM-011-SSA2-1993;
NOM-006-SSA2-1993, Para la Prevención y Control de la Tuberculosis en la Atención
Primaria de la Salud, y sus modificaciones NOM-006-SSA2-1993 y NOM-006-SSA2-1993;
NOM-090-SSA1-1994, Para la Organización y Funcionamiento de Residencias Médicas;
NOM-014-SSA2-1994, Para la Prevención, Tratamiento y Control de Cáncer del Cuello,
Útero y de la Mama en la Atención Primaria, y sus modificaciones NOM-014-SSA2-
1994, NOM-014-SSA2-1994 y NOM-014-SSA2-1994;
NOM-022-SSA2-1994, Para la Prevención y Control de la Brucelosis en el Hombre, y su
modificación NOM-022-SSA2-1994;
NOM-021-SSA2-1994, Para la Vigilancia, Prevención y Control del Complejo
Teniasis/Cisticercosis en el Primer Nivel de Atención Médica, y sus modificaciones
NOM-021-SSA2-1994 y NOM-021- SSA2-1994;
NOM-017-SSA2-1994, Para la Vigilancia Epidemiológica;
NOM-020-SSA2-1994, Para la Prestación de Servicios de Atención Médica en Unidades
Móviles Tipo Ambulancias, y sus modificaciones NOM-020-SSA2-1994 y NOM-237-SSA1-
2004;
NOM-016-SSA2-1994, Para la Vigilancia, Prevención, Control, Manejo y Tratamiento
del Cólera;
NOM-167-SSA1-1997, Para la Prestación de Servicios de Asistencia Social para
Menores y Adultos Mayores;
NOM-171-SSA1-1998, Para la Práctica de Hemodiálisis;
NOM-168-SSA1-1998, Del Expediente Clínico;
NOM-178-SSA1-1998, Que Establece los Requisitos Mínimos de Infraestructura y
Equipamiento de Establecimientos para la Atención Médica de Pacientes
Ambulatorios;
NOM-169-SSA1-1998, Para la Asistencia Social Alimentaria a Grupos de Riesgo;
NOM-173-SSA1-1998, Para la Atención Integral a Personas con Discapacidad;
NOM-190-SSA1-1999, Prestación de Servicios de Salud. Criterios para la Atención
Médica de la Violencia Familiar;
NOM-174-SSA1-1998, Para el Manejo Integral de la Obesidad;
NOM-028-SSA2-1999, Para la Prevención, Tratamiento y Control de las Adicciones;
NOM-027-SSA2-1999, Para la Prevención, Control y Eliminación de la Lepra;
NOM-030-SSA2-1999, Para la Prevención, Tratamiento y Control de la Hipertensión
Arterial;
NOM-031-SSA2-1999, Para la Atención a la Salud del Niño;
NOM-029-SSA2-1999, Para la Vigilancia Epidemiológica, Prevención y Control de la
Leptospirosis en el Humano;
NOM-205-SSA1-2002, Para la Práctica de la Cirugía Mayor Ambulatoria;
NOM-209-SSA1-2002, Para la Regulación de los Servicios de Salud. Para la Práctica de
Cirugía Oftalmológica con Láser Excimer;
NOM-206-SSA1-2002, Para la Regulación de los Servicios de Salud. Que Establece los
Criterios de Funcionamiento y Atención en los Servicios de Urgencias de los
Establecimientos de Atención Médica;
NOM-036-SSA2-2002, Para la Prevención y Control de Enfermedades. Aplicación de
Vacunas, Toxoides, Sueros, Antitoxinas E Inmunoglobulinas en el Humano;
NOM-032-SSA2-2002, Para la Vigilancia Epidemiológica, Prevención y Control de
Enfermedades Transmitidas por Vector;
NOM-037-SSA2-2002, Para la Prevención, Tratamiento y Control de las Dislipidemias;
NOM-041-SSA2-2002, Para la Prevención, Diagnóstico, Tratamiento, Control y
Vigilancia Epidemiológica del Cáncer de la Mama;
NOM-035-SSA2-2002, Para la Prevención y Control de Enfermedades en la
Perimenopausia y Postmenopausia de la Mujer. Criterios para Brindar la Atención
Médica;
NOM-038-SSA2-2002, Para la Prevención, Tratamiento y Control de las Enfermedades
por Deficiencia de Yodo;
NOM-039-SSA2-2002, Para la Prevención y Control de las Infecciones de Transmisión
Sexual;
NOM-034-SSA2-2002, Para la Prevención y Control de los Defectos al Nacimiento;
NOM-040-SSA2-2004, En Materia de Información en Salud, y
NOM-043-SSA2-2005, Para los Servicios Básicos de Salud. Promoción y Educación para
la Salud en Materia Alimentaria. Criterios para Brindar Orientación.
Por otra parte, las correspondientes leyes de salud locales, en su conjunto normativo, le dan
sentido práctico y operativo al derecho a la protección de la salud que consagra el artículo 4º,
párrafo tercero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y cuyas
directrices esenciales desarrolla la Ley General de Salud.
DERECHOS Y DEBERES DEL PERSONAL DE SALUD
Derechos del personal de salud
El personal de salud que labora en el Sector Salud tiene reconocidos ciertos derechos
conforme a la legislación nacional, las normas oficiales mexicanas y la carta de derechos de
los médicos.
Carta de los derechos generales de los médicos
Antecedentes
Después de un trabajo de sondeo en federaciones, sociedades, asociaciones, colegios y
consejos de medicina, comisiones estatales de arbitraje médico, hospitales públicos y
privados, facultades y escuelas de medicina, comisiones estatales de derechos humanos,
Secretaría de la Defensa Nacional y Secretaría de Marina sobre el proyecto de la Carta de los
Derechos Generales de los Médicos, el 2 de octubre de 2002 el grupo conductor se reunió para
aprobarlo de manera definitiva.
En esta carta se establecen los derechos de los médicos y en general del personal de salud.
Finalidad
Contribuir a que la relación médico-paciente se beneficie con la clara identificación de los
derechos y obligaciones de cada una de las partes y así mejorar la imagen de la profesión
médica ante la sociedad.
Derechos generales de los médicos
Ejercer la profesión en forma libre y sin presiones de cualquier naturaleza. El
médico tiene derecho a que se respete su juicio clínico (diagnóstico y terapéutico) y
su libertad prescriptiva, así como su probable decisión de declinar la atención de
algún paciente, siempre que tales aspectos se sustenten sobre bases éticas,
científicas y normativas.
Laborar en instalaciones apropiadas y seguras que garanticen su práctica
profesional. El personal de salud tiene el derecho de laborar en instalaciones
apropiadas y seguras y que cumplan con los lineamientos de las Normas Oficiales
Mexicanas en materia de salud, trabajo y protección ambiental.
Tener a su disposición los recursos que requiere su práctica profesional. Es un
derecho del médico recibir del establecimiento de donde presta su servicio: personal
idóneo, así como equipo, instrumentos e insumos necesarios, de acuerdo con el
servicio a otorgar.
Abstenerse de garantizar resultados en la atención médica. El médico tiene
derecho a no emitir juicios concluyentes sobre los resultados esperados de la
atención médica.
Recibir trato respetuoso por parte de los pacientes y sus familiares, así como del
personal relacionado con su trabajo profesional. El médico tiene derecho a recibir
del paciente y sus familiares trato respetuoso, así como información completa, veraz
y oportuna relacionada con el estado de salud. El mismo respeto deberá recibir de
sus superiores, personal relacionado con su trabajo profesional y terceros pagadores.
Tener acceso a educación médica continua y ser considerado en igualdad de
oportunidades para su desarrollo profesional. El médico tiene derecho a que se le
facilite el acceso a la educación médica continua y a ser considerado en igualdad de
oportunidades para su desarrollo profesional, con el propósito de mantenerse
actualizado.
Tener acceso a actividades de investigación y docencia en el campo de su
profesión. El médico tiene derecho a participar en actividades de investigación y
enseñanza como parte de su desarrollo profesional.
Asociarse para promover sus interese profesionales. La médica o el médico tienen
derecho a asociarse en organizaciones, asociaciones y colegios para su desarrollo
profesional, con el fin de promover la superación de sus miembros y vigilar el
ejercicio profesional, de conformidad con lo prescrito por la ley.
Salvaguardar su prestigio profesional. La médica o el médico tienen derecho a la
defensa de su prestigio profesional y a que la información sobre el curso de una
probable controversia se trate con privacidad, y en su caso a pretender el
resarcimiento del daño causado.
La salvaguarda de su prestigio profesional. Demanda de los medios de
comunicación respeto al principio de legalidad y a la garantía de audiencia, de tal
forma que no se presuma la comisión de ilícitos hasta en tanto no se resuelva
legalmente cualquier controversia por la atención médica brindada.
Percibir remuneración por los servicios prestados. La médica o el médico tienen
derecho a ser remunerados por los servicios profesionales que presten, de acuerdo a
su condición laboral, contractual o a lo pactado con el paciente.
Deberes del personal de salud
Es indiscutible que toda profesión debe fundamentarse en una ética y la medicina desde sus
orígenes ha sido consistente con ello. La ética médica es la base para generar confianza en el
ejercicio de la medicina. Sin ella no es posible establecer, como todos lo sabemos, una
satisfactoria relación médico-paciente. La sociedad debe saber que los médicos responden a
una ética y que por tanto, aplicarán todo su conocimiento y experiencia para mantener y, en
su caso, recuperar la salud de los miembros integrantes del cuerpo social.
Además, es necesario sostener que la ética médica no radica en un conjunto de normas, ni en
un manual de procedimientos, ella debe ser una vivencia existencial de la que nazca un
comportamiento humanista y solidario.
La deontología médica establece los deberes del personal de salud con un referente ético. Sin
embargo, las leyes, en la mayoría de las veces con contenido ético, establecen tanto los
deberes como las sanciones por la no observancia de las mismas.
La responsabilidad presupone un deber, pero no hay que confundirla con éste.
El deber o la obligación es la conducta que de acuerdo con la ley, se debe hacer u omitir.
En cambio la responsabilidad señala quién debe responder del cumplimiento o incumplimiento
de tal obligación.
Algunos deberes del personal de salud
El Artículo 33 de Ley de Profesiones lo obliga a poner todos sus conocimientos y
recursos técnicos al servicio de su cliente.
El Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Prestación de Servicios
Médicos, establece, entre otros deberes para el personal de salud, los siguientes:
Atención de conformidad con los principios científicos y éticos que orientan la
práctica médica. Artículo 9.
Obligación de proporcionar información completa, Artículo 29.
El Responsable del establecimiento está obligado a proporcionar, cuando lo
soliciten, el resumen clínico sobre el diagnóstico, pronóstico y tratamiento
correspondiente. Artículo 30.
Facilidades para la presentación de quejas. Artículo 51.
Requisitos de las Recetas. Artículo 64.
Solicitar al paciente autorización para ingresar a hospitales: Materno Infantil,
Planificación familiar, Salud mental, de rehabilitación, diagnóstico,
laboratorios, gabinete. Artículo 80.
Mal praxis
Sobre el médico pesa indudablemente el esmerado deber de cuidado en el ejercicio de su
profesión, estando obligado a impedir, con los recursos disponibles, aquellos resultados
adversos o fatales que sean consecuencia de su acción u omisión, en cuanto a la elección de
los medios y el método de empleo.
La doctrina denomina lex artis hace referencia al “conjunto de procedimientos, de técnicas y
de reglas generales de la profesión. De ahí que para determinar la conducta del profesional de
la salud conforme a lex artis, se deben tener presentes, actualmente, los estándares de
calidad del servicio en la época del tratamiento”.
Por consecuencia, la conducta del profesional de la salud, no acorde con la lex artis, da lugar
a lo que comúnmente se denomina malpraxis. Desde el punto de vista jurídico-volitivo se ha
considerado que la malpraxis deviene por dolo o culpa.
En el contexto del acto médico, la culpa “se singulariza como una falta, como un defecto de la
conducta o de la voluntad del intelecto; una desatención o un descuido, la carencia de los
conocimientos científico necesarios para el caso, o de la técnica aplicable. Estas limitaciones
evidencian que no se previó lo que era previsible o se le previó, pero no se observó la
conducta para evitarlo.
Por otra parte, resulta conveniente acotar que normalmente la malpraxis comprende el
concepto “iatrogenia” por lo que es oportuno abordar las características que conceptualizan
este término; así, la “iatrogenia”, que siguiendo la etimología del término, nos conduce a una
significación que vendría a empañar, más que aclarar el manejo del vocablo, en el campo de la
ciencia médica se refiere a “toda alteración del estado del paciente producida por el médico”.
El denominador común en las nociones referidas es el relativo a la circunstancia de que se
trata de un daño deliberado. Sin embargo, existen primordialmente tres aspectos de la
actividad del médico como originadores del deterioro del estado de salud del paciente, a
saber:
Los medicamentos o fármacos prescritos, que pueden ser contraindicados y por tanto
afectar la salud del paciente
La actividad quirúrgica y la utilización inadecuada de material de curación o
instrumental médico y
El menosprecio de la información proporcionada por el paciente.
En estas condiciones cabe señalar que la culpa en el campo de la ciencia o de la práctica
médica, engloba o comprende las siguientes manifestaciones:
a. Error
La medicina es una ciencia en constante evolución y, sobre todo, porque aun cuando
se conozcan las causas de las enfermedades, es decir, la etiología de las patologías,
siempre existirá el factor de reacción individual de cada enfermo, infinitamente
variable e imposible de ajustar a normas homogéneas de atención.
Es precisamente este factor el que convierte ahora y siempre a todo tratamiento,
incluso el más rigurosamente exacto, en un azar; aunque, desde luego, la
permanente actualización del médico, la práctica y la habilidad pueden disminuir
las posibilidades de error.
En México, como en el resto de los países occidentales, los casos más graves de mal
praxis son aquéllos en los que no se ha empleado la terapéutica adecuada a
consecuencia de un diagnóstico erróneo. El buen médico se revela por el
diagnóstico, siendo la parte más importante de la medicina, pues de éste depende el
tratamiento que deberá seguirse y, por tanto, la recuperación o deterioro en la salud
del paciente.
b. Error por insuficiencia de conocimientos
Suele también denominarse error por ignorancia y tiene lugar cuando el médico
emite un diagnóstico equívoco, respecto de una enfermedad con síntomas
patognomónicos, provocado por el desconocimiento de elementos que debía saber.
Se entienden por síntomas patognomónicos aquéllos que son reveladores del mal en
cuanto son exclusivos de una sola afección; en otros términos, estas enfermedades
tienen características propias e inconfundibles, que por sí solas determinan su
diagnóstico. En estos casos el error es grave, pudiendo asimilarse a ignorancia, que
es inexcusable, toda vez que basta con saber los síntomas para conocer la
enfermedad y poder tratarla adecuadamente. La excusa es inadmisible pues, por
tratarse de casos explorados y de alta incidencia, el médico se encuentra en la
obligación de reconocerlos inmediatamente o bien, al cabo de obtener los resultados
de determinados exámenes.
c. Error por negligencia en el diagnóstico
El médico es responsable cuando por negligencia o desidia inexcusable no procede a
la búsqueda de todos los factores que le pueden servir para llegar a determinar en la
forma más acertada cuál es el mal que padece el paciente. Este ha de utilizar todos
los medios de que disponga para verificar la exactitud de su diagnóstico. A manera
de ejemplo, los tribunales admiten fácilmente que el hecho de no haber verificado
con exactitud su diagnóstico mediante una radiografía, sobre todo en los casos de
torceduras, luxaciones y fracturas, constituye responsabilidad por negligencia,
solamente comprensible en casos de urgencia.
Para estimar que un médico incurre en este tipo de error, se deberá considerar que
se compromete la responsabilidad desde el momento en que no lo habría cometido
uno prudente, situado en igualdad de condiciones. Con objeto de evitar incurrir en el
error, se debe verificar la exactitud del diagnóstico, utilizando para ello todos los
medios al alcance para efectuar un buen pronóstico, toda vez que la omisión de uno
o más exámenes puede inducir a equivocaciones en el diagnóstico y,
consecuentemente en el tratamiento o demoras inútiles, así como su cuidadosa
interpretación.
En otros casos, el error de diagnóstico puede provenir de un incumplimiento del
deber del médico, de referir al paciente a un especialista o de obtener una opinión
colegiada de facultativos con más conocimientos.
Actúa en forma negligente, luego, el médico que no delega en un especialista los
casos que trascienden a su competencia e incurre, por ese hecho, en un error de
diagnóstico. Este deber de referencia al especialista no puede ser interpretado con
un criterio absoluto que deje de lado las urgencias y, en general, las vicisitudes que
rodean a la actividad médica.
d. Error por complejidad del cuadro clínico
Ocasionalmente, el médico se enfrenta al problema de emitir un diagnóstico cuando
los índices reveladores de un cuadro clínico guardan relación con dos o más
enfermedades; la similitud existente entre determinadas alteraciones de la salud
más o menos graves puede inducir a errar.
El estado actual de la medicina no permite una certeza absoluta en lo que respecta
al pronóstico de todos los padecimientos humanos, Sin embargo, existe una serie de
factores que son incontrovertidos para la generalidad de los médicos. Por ello, frente
a factores inconfundibles, no es permitido ni lícito desacertar en el diagnóstico, y si
se incurre en un equívoco, se revela la ignorancia de causas que necesariamente
deben conocerse, o negligencia en la búsqueda de los elementos requeridos para
identificar el cuadro clínico de la enfermedad.
Por lo contrario, se presentan cuadros clínicos que por su complejidad pueden
acarrear al error, no siendo necesariamente apreciados del mismo modo por los
médicos; ello explica la situación de que, ante un mismo caso, existan varios
criterios. Esta consideración permite establecer que la mayoría de las veces, el error
por complejidad del cuadro clínico no hace responsable al médico porque el
equívoco se debe, o a la imperfección de los conocimientos científicos, que aún no
han alcanzado la plenitud de desarrollo para determinar con certeza que se trata de
tal o cual padecimiento, o a imperfecciones en los medios de diagnóstico, que
impedirán verificar el pre pronóstico establecido, o simplemente a la carencia de
estos medios, en los casos en que sea imposible conseguirlos.
e. Impericia
Consiste en la realización de actos con una carencia de conocimientos técnicos,
científicos o destreza suficiente para realizar el procedimiento o cualquier otro acto
relacionado con el ejercicio profesional, mismo que debe exigirse, de acuerdo con el
grado académico real del profesionista.
La culpa por impericia significa insuficiencia de aquellos conocimientos que se
presuponen en una persona que ha efectuado estudios especiales en el ámbito de la
medicina, pudiendo indicar, además, falta de práctica, a pesar de que pudieran
tenerse los conocimientos necesarios.
La impericia, como falta de preparación, puede originar errores por deficiente
actuación o por omisión, ya sea en el diagnóstico o en el tratamiento. Siempre
existirá un margen de error aceptable, el cual sólo ha de ser admitido cuando se
refiera a puntos oscuros y discutidos por la ciencia médica.
De este modo, por impericia puede un médico dejar de practicar un examen
indispensable, no realizar un diagnóstico o hacerlo equivocadamente, no aplicar un
tratamiento o indicar uno que no es el adecuado. Es factible que frente a una
afección se precise de ciertos exámenes de laboratorio al alcance del médico, no
siendo solicitados por ignorar su existencia.
En la realización del acto quirúrgico es seguramente donde la impericia puede causar
los más graves y frecuentes daños, sea por la realización de una intervención inútil,
no indicada o impracticable, sea por la omisión de una operación adecuada en
momento oportuno, o por su ejecución empleando una técnica deficiente.
f. Imprudencia
La culpa por imprudencia consiste en no obrar con la debida precaución que la
ciencia médica hace aconsejable para evitar el riesgo a que puede llevar el acto
médico ejecutado sin mayor reflexión. Así, se caracteriza esta forma de daño por la
omisión de la debida precaución.
A modo de ejemplo, son acciones en que se aprecia un afrontamiento de riesgo, una
temeridad o ligereza, una falta de previsión inexcusable, un desprecio del cuidado,
los siguientes casos: ensayar medicamentos o procedimientos terapéuticos peligrosos
insuficientemente experimentados, forzar la dosis terapéutica más allá de los límites
señalados por la experiencia, ejecutar intervenciones graves con el objeto de
atender lesiones insignificantes, realizar operaciones sin el debido consentimiento
informado del paciente o de quien legalmente lo represente. En todo caso, la
valoración de la actuación imprudente de un médico es esencialmente relativa, pues
en muchos casos depende de las circunstancias y del medio en el cual desarrolle su
misión.
Así ha de ser diferente la apreciación según el grado de adelanto científico existente
en el lugar donde se presente la atención médica, así como la urgencia que implique
dicha atención.
g. Negligencia
En la culpa por negligencia o facultativa pasiva, la conducta se traduce en una
omisión. Consiste en el incumplimiento de un deber, en una falta de precaución, una
omisión de la atención y de la diligencia debida, una pereza volitiva; todas son
conductas que se cometen usualmente por vía de omisión, es decir, una actitud
pasiva del médico. Existe, de este modo, una falta de previsión de las fatales
consecuencias en que puede derivar la omisión, debido a esa ligereza del médico,
que le impide medir los resultados. Es el desprecio del cuidado lo que particulariza a
la negligencia, a diferencia de la imprudencia, cuya nota característica es la falta de
previsión.
Se define como la omisión de un deber, a sabiendas de ello y teniendo los recursos
necesarios para ello. Deber de cuidado: comprende los conocimientos y destrezas y
la adecuada utilización de los recursos tecnológicos a su alcance.
Son actos típicos de negligencia los olvidos quirúrgicos. También pueden llegar a
constituir negligencia: la falta de exámenes, la falta de diagnóstico, la falta de
tratamiento adecuado, el abandono del paciente, entre otros; pero de todas formas,
en la apreciación de la negligencia médica hay que atender las circunstancias del
caso. En efecto, si se abandonan objetos en la herida, ha de examinarse si durante el
curso de la operación ocurrieron accidentes imprevistos que hayan exigido la
atención del médico al punto de no preocuparse de la posibilidad de haber dejado un
cuerpo extraño. En la apreciación de las circunstancias, el facultativo no puede
aducir a su favor falta de conocimientos o de adiestramiento.
Responsabilidad Profesional
Responsabilidad penal
Existe el criterio en determinados abogados en el sentido de que si el médico ha procedido de
buena fe y dentro de los mínimos de preparación profesional, es muy difícil, en rigurosas
justicia, exigirle responsabilidad por perjuicios causados al paciente.
Sin embargo, la sociedad ya no exige estándares homogéneos de calidad en sus profesionales
de la salud, cumpliendo escrupulosamente con la lex artis (el debido proceder médico).
Desde el punto de vista penal, la responsabilidad de los médicos se define en la Ley de
Profesiones, que establece que los delitos que cometan durante su ejercicio serán castigados
por las autoridades competentes bajo los preceptos del Código Penal. En lo particular, el
artículo 228 del Código Penal para el Distrito Federal, establece para todos los profesionales,
técnicos y auxiliares, la responsabilidad de los delitos que cometan en el ejercicio de su
profesión (siendo aplicable a todas las profesiones). Este precepto dispone, además de las
sanciones fijadas para los delitos consumados, la suspensión de un mes a dos años en el
ejercicio profesional, la suspensión definitiva en caso de reincidencia y la obligación a la
reparación del daño por actos propios o de sus auxiliares, cuando obren bajo sus instrucciones.
El código penal establece, en el segundo párrafo del artículo 9, que “obra culposamente el
que produce el resultado típico, que no previó, siendo previsible, o previo confiando en que no
se produciría, en virtud de la violación a un deber de cuidado, que debía y podía observar
según las circunstancias y condiciones personales.
En delitos específicos que generalmente se agrupan en el capítulo de "Delitos cometidos por
servidores públicos”
La responsabilidad penal es independiente de la administrativa. Los procedimientos para
determinar una u otra se pueden desarrollar al mismo tiempo y en forma autónoma, aun
cuando provengan de un mismo hecho.
Responsabilidad civil
La responsabilidad civil requiere de la concurrencia de los siguientes elementos: 1) un hecho
ilícito; 2) la existencia de un daño; y 3) un nexo de causalidad entre el hecho y el daño.
Artículo 1910 Código Civil Federal: El que obrando ilícitamente o contra las buenas
costumbres cause daño a otro, está obligado a repararlo, a menos que demuestre que el daño
se produjo como consecuencia de culpa o negligencia inexcusable de la víctima.
Responden los profesionales contractualmente, por negligencia, impericia o dolo 2615 Código
Civil, (obligaciones de dar).
Responsabilidad objetiva 1913 del Código Civil Federal: Cuando por el uso de sustancias,
instrumentos o aparatos peligrosos por sí mismos se cause daño, se está obligado a repararlo.
El Artículo 1915 del Código Civil Federal establece que:
Cuando el daño se cause a las personas y produzca la muerte, la
incapacidad total permanente, parcial permanente, total
temporal y parcial temporal, el grado de la reparación se
determina atendiendo a lo dispuesto en la Ley Federal del Trabajo
tomando como base el cuádruplo del salario mínimo de la región
por el número de días que se señalan para cada una de las
incapacidades, incapacidad permanente y muerte.
Para calcular el monto de la indemnización cuando se produzca alguna lesión o incapacidad
temporal o permanente o el deceso del paciente, se aplica de manera supletoria la Ley
Federal del Trabajo:
Artículo 495 Ley Federal del Trabajo. Si el riesgo produce al trabajador una
incapacidad permanente total, la indemnización consistirá en una cantidad
equivalente al importe de mil noventa y cinco días de salario.
Artículo 500 Ley Federal del Trabajo. Cuando el riesgo traiga como consecuencia la
muerte del trabajador, la indemnización comprenderá: I. Dos meses de salario por
concepto de gastos funerarios; y II. El pago de la cantidad que fija el artículo 502.
Artículo 502 Ley Federal del Trabajo. En caso de muerte del trabajador, la
indemnización que corresponda a las personas a que se refiere el artículo anterior
será la cantidad equivalente al importe de setecientos treinta días de salario, sin
deducir la indemnización que percibió el trabajador durante el tiempo en que estuvo
sometido al régimen de incapacidad temporal.
Asimismo, en materia civil la víctima puede demandar la reparación por daño moral.
Ver la siguiente legislación:
Artículo 1916 Código Civil Federal. Por daño moral se entiende la afectación que
una persona sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor,
reputación, vida privada, configuración y aspecto físicos, o bien en la consideración
que de sí misma tienen los demás. Se presumirá que hubo daño moral cuando se
vulnere o menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de
las personas.
Artículo 1916 Bis Código Civil Federal. En todo caso, quien demande la reparación
del daño moral por responsabilidad contractual o extracontractual deberá acreditar
plenamente la ilicitud de la conducta del demandado y el daño que directamente le
hubiere causado tal conducta.
Cuando un hecho u omisión ilícitos produzcan un daño moral, el responsable del mismo tendrá
la obligación de repararlo mediante una indemnización en dinero, con independencia de que
se haya causado daño material, tanto en responsabilidad contractual como extracontractual.
Igual obligación de reparar el daño moral tendrá quien incurra en responsabilidad objetiva
conforme a los artículo 1913, así como el Estado y sus servidores públicos, conforme a los
artículos 1927 y 1928, todos ellos del Código Civil.
El monto de la indemnización lo determinará el juez tomando en cuenta los derechos
lesionados, el grado de responsabilidad, la situación económica del responsable, y la de la
víctima, así como las demás circunstancias del caso. (…)
La responsabilidad administrativa
Cuando los servidores públicos comenten omisiones a la normatividad, independientemente de
la responsabilidad civil y/o penal se les puede investigar y fincar una responsabilidad
administrativa.
En las leyes de responsabilidades de los Servidores Públicos, se establecen las conductas que
se consideran ilícitas, los procedimientos, las sanciones y el órgano de control que deberá
conocer.
El artículo primero de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos,
establece que:
Esta Ley tiene por objeto reglamentar el Título Cuarto de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, en materia de:
I. Los sujetos de responsabilidad administrativa en el servicio público;
II. Las obligaciones en el servicio público;
III. Las responsabilidades y sanciones administrativas en el servicio público;
IV. Las autoridades competentes y el procedimiento para aplicar dichas sanciones, y
V. El registro patrimonial de los servidores públicos.
Por otra parte, el artículo 8 de la misma ley establece un catálogo de deberes que debe de
cumplir cualquier servidor público.
DERECHOS Y DEBERES DE LOS PACIENTES
Derechos del paciente
En la Carta de los Derechos Generales de los Pacientes se enumeran los derechos de toda
persona y familiares que recibe una atención médica así como otros servicios de las
instituciones del sector salud.
Recibir atención médica adecuada
La paciente o el paciente tiene derecho a que la atención médica se le otorgue por personal
preparado de acuerdo a las necesidades de su estado de salud y a las circunstancias en que se
brinda la atención; así como a ser informado cuando requiera referencia a otro médico.
(Ley General de Salud, Arts. 51 y 89. Reglamento de la Ley General de Salud en materia de
Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 21 y 48).
Recibir trato digno y respetuoso
El paciente tiene derecho a que el médico, la enfermera y el personal que le brinden atención
médica, se identifiquen y le otorguen un trato digno, con respeto a sus convicciones
personales y morales, principalmente las relacionadas con sus condiciones socioculturales, de
género, de pudor y a su intimidad, cualquiera que sea el padecimiento que presente, y se haga
extensivo a los familiares o acompañantes.
(Ley General de Salud, Arts. 51 y 83. Reglamento de la Ley General de Salud en materia de
Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 25 y 48) .
Recibir información suficiente, clara, oportuna y veraz
El paciente, o en su caso el responsable, tienen derecho a que el médico tratante les brinde
información completa sobre el diagnóstico, pronóstico y tratamiento; se exprese siempre en
forma clara y comprensible; se brinde información con oportunidad con el fin de favorecer el
conocimiento pleno del estado de salud del paciente y sea siempre veraz, ajustada a la
realidad.
(Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención
Médica, Artículos 29 y 30, NOM 168 SSA1-1998, del expediente clínico, numeral 5.5).
Lo anterior incluye las situaciones en las cuales el paciente decida participar en estudios de
investigación o en el caso de donación de órganos.
(Ley General de Salud, Artículos 100, frac. IV, 320 y 321. Reglamento de la Ley General de
Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 80 y 81 NOM 168-
SSA1-1998 del Expediente Clínico, numeral 4.2 y 10.1.1).
Decidir libremente sobre su atención
El paciente, o en su caso el Responsable, tienen derecho a decidir con libertad, de manera
personal y sin ninguna forma de presión, aceptar o rechazar cada procedimiento diagnóstico o
terapéutico ofrecido, así como el uso de medidas extraordinarias de supervivencia en
pacientes terminales.
Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención
Médica, Artículos 80. NOM 168 SSA1-1998, del expediente clínico, numerales 4.2 y 10.1.1).
Otorgar o no su consentimiento válidamente informado
El paciente, o en su caso el responsable, en los supuestos que así lo señale la normativa, tiene
derecho a expresar su consentimiento, siempre por escrito, cuando acepte sujetarse con fines
de diagnóstico o terapéuticos, a procedimientos que impliquen un riesgo, para lo cual deberá
ser informado en forma amplia y completa en qué consisten, de los beneficios que se esperan,
así como de las complicaciones o eventos negativos que pudieran presentarse a consecuencia
del acto médico.
Ser tratado con confidencialidad
El paciente tiene derecho a que toda la información que exprese a su médico, se maneje con
estricta confidencialidad y no se divulgue más que con la autorización expresa de su parte,
incluso la que derive de un estudio de investigación al cual se haya sujetado de manera
voluntaria; lo cual no limita la obligación del médico de informar a la autoridad en los casos
previstos por la ley.
(NOM 168-SSA1-1998 del Expediente Clínico, numeral 5.6 Ley Reglamentaria del Artículo 5°
Constitucional relativo al ejercicio de las profesiones en el D.F. Artículo 36 Ley General de
Salud, Artículos 136, 137 y 138. Reglamento de la Ley General de Salud en materia de
Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 19 y 35).
Contar con facilidades para obtener una segunda opinión
El paciente tiene derecho a recibir por escrito la información necesaria para obtener una
segunda opinión sobre el diagnóstico, pronóstico o tratamiento relacionados con su estado de
salud.
(Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención
Médica, Artículos 29 y 30, NOM 168-SSA1-1998 del Expediente Clínico, numerales 4.9 y 5.5).
Recibir atención médica en caso de urgencia
Cuando está en peligro la vida, un órgano o una función, el paciente tiene derecho a recibir
atención de urgencia por un médico, en cualquier establecimiento de salud, sea público o
privado, con el propósito de estabilizar sus condiciones.
(Ley General de Salud, Artículos 55. Reglamento de la Ley General de Salud en materia de
Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 71 y 73).
Contar con un expediente clínico
El paciente tiene derecho a que el conjunto de los datos relacionados con la atención médica
que reciba sean asentados en forma veraz, clara, precisa, legible y completa en un expediente
que deberá cumplir con la normativa aplicable y cuando lo solicite, obtener por escrito un
resumen clínico veraz de acuerdo al fin requerido.
(Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención
Médica, Artículos32. NOM 168-SSA1-1998 del Expediente Clínico, numeral).
Ser atendido cuando se inconforme por la atención médica recibida
El paciente tiene derecho a ser escuchado y recibir respuesta por la instancia correspondiente
cuando se inconforme por la atención médica recibida de servidores públicos o privados.
Así mismo tiene derecho a disponer de vías alternas a las judiciales para tratar de resolver un
conflicto con el personal de salud. (Ley General de Salud, Artículos 54. Reglamento de la Ley
General de Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención Médica, Artículos 19, 51 y
52. Decreto de Creación de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico artículos 1, 2, 3 y 4).
Por otra parte, la Ley General de Salud establece que los beneficiarios tienen derecho a
recibir, bajo ningún tipo de discriminación, los servicios de salud, los medicamentos y los
insumos requeridos para el diagnóstico y tratamiento de los padecimientos, en las unidades
médicas de la administración pública, tanto federal como local.
Asimismo, en el Artículo 77 Bis 36 de la ley mencionada, se establece un catálogo de
derechos para los beneficiarios:
I. Recibir servicios integrales de salud;
II. Acceso igualitario a la atención;
III. Trato digno, respetuoso y atención de calidad;
IV. Recibir los medicamentos que sean necesarios y que corresponden al servicio de
salud;
V. Recibir información suficiente, clara, oportuna y veraz, así como la orientación que
sea necesaria respecto de la atención de la salud y sobre los riesgos y alternativas de
los procedimientos diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos que se le indiquen o se le
apliquen;
VI. Conocer el informe anual de gestión del Sistema de Protección Social de Salud;
VII. Contar con un expediente clínico;
VIII. Decidir libremente sobre su atención;
IX. Otorgar o no su consentimiento válidamente informado y a rechazar tratamientos o
procedimientos;
X. Ser tratado con confidencialidad;
XI. Contar con facilidades para obtener una segunda opinión;
XII. Recibir atención médica en urgencias;
XIII. Recibir información sobre los procedimientos que rigen el funcionamiento de los
establecimientos para el acceso y obtención de servicios de atención médica;
XIV. No cubrir cuotas de recuperación específicas por cada servicio que reciban;
XV. Presentar quejas ante los Regímenes de Protección Social en Salud... Así como
recibir información acerca de los procedimientos, plazos y formas en que se
atenderán las quejas y consultas; y
XVI. Ser atendido cuando se inconforme por la atención médica recibida.
Deberes del paciente
Los derechos no pueden ejercerse irresponsablemente. El paciente tiene una responsabilidad
con la salud pública, con la institución prestadora de la atención médica, el personal de salud
que lo atiende, consigo mismo y son sus familiares; no puede exigir a la institución lo que no
es capaz de darse a sí mismo; tiene que aceptar las normas hospitalarias y las de respeto a los
demás.
Estas obligaciones quedan estipuladas en el Artículo 77 Bis 38 de la Ley General de Salud:
I. Adoptar conductas de promoción de la salud y prevención de enfermedades;
II. Hacer uso de la credencial que los acredite como beneficiarios, como documento de
naturaleza personal e intransferible y presentarla siempre que se requieran servicios
de salud;
III. Informarse sobre los procedimientos que rigen el funcionamiento de los
establecimientos para el acceso y servicios de atención médica;
d. Colaborar con el equipo de salud, informando verazmente y con exactitud sobre sus
antecedentes, necesidades y problemas de salud;
V. Cumplir las recomendaciones, prescripciones, tratamiento o procedimiento general
al que haya aceptado someterse;
VI. Informarse acerca de los riesgos y alternativas de los procedimientos terapéuticos y
quirúrgicos que se le indiquen o apliquen, así como los procedimientos de consultas y
quejas;
VII. Cubrir oportunamente las cuotas familiares y reguladoras que en su caso, se le fijen;
VIII. Dar un trato respetuoso al personal médico, auxiliar y administrativo de los
servicios de salud, así como a los otros usuarios y sus acompañantes;
IX. Cuidar las instalaciones de los establecimientos de salud y colaborar a su
mantenimiento;
X. Hacer uso responsable de los servicios de salud;
XI. Proporcionar de manera fidedigna la información necesaria para documentar su
incorporación al Sistemas de Protección Social en salud y para la definición del
monto a pagar por concepto de cuota familiar;
En resumen las obligaciones y deberes de los pacientes y de sus familiares la podemos
enunciar de la siguiente manera:
Atender oportunamente sus padecimientos.
Tratar con respeto al personal de salud.
Conocer y cumplir con los requisitos solicitados y con los reglamentos de la unidad
médica.
En el caso de no ser derechohabiente, pagar la cuota fijada por la unidad médica.
Acudir puntualmente a cada cita.
Proporcionar información completa y veraz para la elaboración de la historia clínica.
Los familiares del paciente tienen la obligación de no abandonarlo.
BIOÉTICA
La ética es la reflexión crítica sobre los valores y principios que guían nuestras decisiones y
comportamientos.
Mientras que la palabra bioética es un neologismo acuñado en 1971 por el oncólogo Van
Rensselaer Potter (en su libro Bioethics: bridge to the future), en el que este autor englobaba
la "disciplina que combina el conocimiento biológico con el de los valores humanos".
En la actualidad abarca no sólo los aspectos tradicionales de la ética médica, sino que incluye
la ética ambiental, con los debates sobre los derechos de las futuras generaciones, desarrollo
sostenible, etc. (De hecho, el libro de Potter trataba las cuestiones éticas en relación al medio
ambiente con perspectivas evolutivas, pero posteriormente el término bioética se ha usado
sobre todo para referirse a la nueva ética médica y a la ética de los nuevos avances en
biomedicina).
En 1972 André Hellegers crea el Instituto Kennedy de Bioética, en la Universidad
Georgetown (Washington DC), siendo ésta la primera vez que una institución académica
recurre al nuevo término. Según Warren Reich (1993), la palabra bioética ha tenido éxito en
imponerse porque es muy sugestiva y poderosa: "sugiere un nuevo foco, una nueva reunión de
disciplinas de una forma nueva y con un nuevo foro que tendió a neutralizar el tinte ideológico
que la gente asociaba con la palabra ética".
El objetivo de la bioética, tal como la "fundaron" el Hastings Center (1969) y el Instituto
Kennedy (1972) era animar al debate y al diálogo interdisciplinar entre la medicina, la filosofía
y la ética, y supuso una notable renovación de la ética médica tradicional.
Pero ¿qué acontecimientos intervinieron en este nacimiento de la moderna bioética? Hoy está
claro que un factor determinante fue el surgimiento de una serie de "paradojas" creadas por el
propio avance de la medicina y la tendencia a extender las prestaciones sanitarias:
Para muchos autores, el nacimiento de la bioética (aunque todavía no se le daba ese
nombre) ocurrió en 1962, cuando en Seattle (estado de Washington) se decidió crear un
comité de legos (no médicos) para decidir qué pacientes tenían preferencia para beneficiarse
de la entonces reciente máquina de hemodiálisis. La pregunta subyacente era ¿por qué un
avance médico debería crear una nueva discriminación médica? ¿Quién y cómo elegía a los
candidatos? La novedad estribaba precisamente en que la respuesta a estos interrogantes no
recaía sobre los médicos, sino sobre una representación de la comunidad.
Aunque el Código de Núremberg (1948) había tratado por primera vez el tema de la
experimentación en humanos, en los años 60 se tomó conciencia de que incluso en una
sociedad democrática, la misma investigación biomédica sobre sujetos humanos planteaba una
gran cantidad de problemas que había que encarar adecuadamente.
En 1972 se divulga el llamado "caso Tuskegee", un estudio hasta entonces secreto, en el que
400 pacientes habían dejado de ser tratados contra la sífilis (a pesar de que ya existían
tratamientos eficaces) con objeto de estudiar la evolución "natural" de la enfermedad. El
congreso de los [Link]. establece la "Comisión Nacional para la Protección de los sujetos
humanos en el campo de las Ciencias Biomédicas y del Comportamiento".
En 1978 esta Comisión publica el llamado "Informe Belmont", con directrices para la
protección de los individuos que participen como sujetos de experimentación en Biomedicina,
basados en los principios de autonomía, beneficencia y justicia.
A partir de 1967, con los primeros trasplantes de corazón, se plantea el problema de cómo
definir la muerte clínica. En 1968 la facultad de medicina de la Universidad de Harvard
publica un artículo donde plantea el nuevo criterio basado en la muerte cerebral.
A su vez esto conectaba con algunos dramáticos casos de coma irreversible, lo que animó el
debate sobre la eutanasia y el "derecho a la propia muerte". En 1975 Karen Ann Quinlan
entra en coma irreversible y queda en estado vegetativo persistente. Los padres piden que la
desconecten del respirador artificial para que pueda morir en paz. Tras una denegación
judicial, hay un recurso, en el que el Tribunal Supremo de Nueva Jersey autoriza la
desconexión sobre la base del "derecho a una muerte digna y en paz". Se reconocía por
primera vez que la propia tecnología de soporte vital planteaba la cuestión sobre la eticidad o
no de mantener en estado vegetativo a individuos que nunca volverían a tener una vida
consciente.
Otro acontecimiento importante es el caso de David Vetter:
David Vetter nació con inmunodeficiencia severa combinada (SCID). Se trataba de una
enfermedad genética, muy poco frecuente, que se parece al sida. Los niños que la padecen
nacen aparentemente bien, pero en unos meses desaparecen de su sangre los anticuerpos
protectores que su madre les había proporcionado durante la gestación y su salud se deteriora
rápidamente. Su sistema inmune no puede elaborar de manera adecuada linfocitos, que se
encargan de destruir los agentes extraños que invaden nuestro organismo, y los niños
acababan muriendo en meses o en pocos años. Puesto que el problema genético de David
suponía un defecto en la elaboración de células T y B y estas células se producen en la médula
ósea, los doctores decidieron aplicarle un tratamiento innovador: destruir la médula de David
—con fármacos y radiación— y sustituirla con células de un donador sano, su hermana
Katherine. Si el tratamiento funcionaba, David podría, por fin, vivir con normalidad; si fallaba,
desarrollaría infecciones masivas, que ya no podrían ser curadas, y moriría. En 1984 se realizó
la operación. El trasplante fue bien, y durante un tiempo se tuvo la esperanza de que David se
curase. Pero, pasados unos meses, empezó a tener diarrea, fiebre y vómitos severos. Los
síntomas eran tan graves que David tuvo que ser sacado de la burbuja para el tratamiento.
Fuera de la burbuja, continuó empeorando, entró en coma y falleció. Su madre fue capaz de
tocar su piel por primera y última vez antes de morir. Siete años más tarde, una nueva
técnica, la terapia génica, fue utilizada para tratar a una niña, Ashanti, que tenía la misma
enfermedad que David. Esta niña, de apenas cuatro años de edad, afortunadamente, se
recuperó y, en la actualidad, tiene una vida normal.
Uno de los factores principales en la transición hacia la bioética fue la crisis del concepto
paternalista de beneficencia médica heredado de la tradición hipocrática. El médico ya no
puede imponerse, ni siquiera benevolentemente, al paciente, sino que éste ha de ser
informado, para que pueda ejercer sus irrenunciables derechos de autonomía y pueda
conceder el consentimiento a los tratamientos.
La universalización de los servicios sanitarios en gran parte de los países occidentales ha
obligado a plantearse cómo financiar y distribuir equitativamente unos recursos limitados, y
cómo regular el acceso a distintas tecnologías por parte de los ciudadanos. ¿Cómo se atienden
las necesidades básicas sanitarias de todos los pacientes? Pero ¿qué son necesidades básicas?
¿Cómo se diferencia entre lo necesario y lo accesorio?
En los años recientes, los avances en Genética y el desarrollo del Proyecto Genoma
Humano, en conjunción con las tecnologías reproductivas, están ampliando aún más el campo
de la Bioética, obligando a buscar respuestas a retos nuevos:
Cuestiones sobre reproducción humana asistida. Estatuto ético del embrión y del
feto. ¿Existe un derecho individual a procrear?
Sondeos genéticos y sus posibles aplicaciones discriminatorias: derechos a la
intimidad genética y a no saber predisposiciones a enfermedades incurables.
Modificación genética de la línea germinal: ¿es moral "mejorar" la naturaleza
humana?
Clonación y el concepto de singularidad individual; derechos a no ser producto del
diseño de otros.
Cuestiones derivadas de la mercantilización de la vida (por ejemplo: patentes
biotecnológicas).
Desde 1997 las discusiones o estudios sobre temas de reproducción asistida, trasplante de
órganos, genética, filiación y paternidad, entre otros, tomen como referente la clonación de
Dolly, acontecimiento que se constituye como el parte aguas de la investigación biomolecular
del siglo pasado. Aunque a primera vista, la oveja pareció impactar solamente al campo de la
experimentación animal, al percatarse del posible traslado de esta técnica a la
experimentación humana, los científicos, juristas, filósofos y bioeticistas, empezaron a prever
los posibles escenarios de ventajas e inconvenientes, de objeciones y justificaciones. (La oveja
Dolly nació el 5 de julio de 1996 pero su nacimiento se dio a conocer hasta el 23 de febrero de
1997, cuando los doctores Ian Wilmut y Keith Campbell del Instituto Roslin de Edimburgo,
Escocia, anunciaron que habían clonado exitosamente una oveja[1].
Con Dolly se comprobó que el Ácido Desoxirribonucleico (ADN) de las células somáticas de
mamíferos, aun decantada la diferenciación, no sufre modificaciones genéticas irreversibles
que las incapacite para desarrollar un adulto a término. Dentro de estos dos aspectos
señalados se enraíza el quid de las células troncales, que para entenderlo mejor, es pertinente
remontarse a los acontecimientos sucedidos después de Dolly: Gran parte de lo que hoy en día
sabemos sobre las células troncales proviene de los experimentos pioneros realizados a cabo
con ratones desde hace más de 20 años, de los que se han tomado las células embrionales
pluripotentes para efectuar cultivos celulares en el laboratorio. Pero en 1998 se dieron a
conocer, simultáneamente, los primeros experimentos con células troncales humanas, los
cuales fueron llevados a cabo, de forma separada e independiente, por dos grupos liderados
por los científicos norteamericanos Thomson y Gearhart, respectivamente. James A. Thomson
del Centro de Investigación Regional sobre Primates de la Universidad de Wisconsin, utilizó
células troncales embrionarias de embriones humanos congelados o recién fertilizados y,
publicó en la revista Science, el 6 de noviembre de 1998, los resultados de su equipo en el
artículo intitulado “Embryonic stem cell lines derived from human blastocysts” [Líneas
celulares troncales embrionarias derivadas de blastocitos humanos]. John D. Gearhart de la
Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, tomó como punto de
partida células fetales, publicando sus hallazgos en el artículo “Derivation of pluripotent stem
cells from cultured human primordial germ cells” [Obtención de células troncales
pluripotentes a partir de cultivos del primordio germinal humano], aparecido en la revista
Proceedings of the Nacional Academy of Sciences USA, también en el mes de noviembre.
Algunos científicos rápidamente se percataron de que las novedosas técnicas de la clonación y
de obtención de células troncales humanas, podían combinarse. Así surgió el concepto de
clonación terapéutica, a través de la cual, sería posible reconstruir o reparar tejidos dañados
utilizando nuevas células con las mismas características de las del tejido afectado; con la
ventaja adicional de tener la misma identidad genética al ser aportadas por el propio
paciente[2].
Documentos históricos que dieron origen a la Bioética
Código De Hammurabi (3000 A.C.).
Código de Hipócrates (500 A.C.).
Favorecer, no perjudicar.
Voto de la total entrega a la profesión.
Dedicación y fidelidad al enfermo buscando hacer el bien.
Hacer sólo lo que se sabe hacer.
Conducta honesta con el enfermo, su familia y la sociedad.
No divulgar las condiciones del enfermo ni las intimidades de su familia.
Fidelidad al maestro y compromiso de transmitir los conocimientos.
Juramento de Maimónides (1185).
Código de Núremberg (1946).
Declaración de Ginebra (1948) y enmendada por la 22a. Asamblea Médica Mundial,
Sídney, Australia (agosto de 1968).
Declaración de Helsinki; de la Asociación Médica Mundial (1964) y actualizada por la
misma asamblea en 1975, 1983, 1989, 1996 y 2000, en Tokio, Venecia, Hong Kong,
Somerset West y Edimburgo respectivamente.
Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos (1997).
Declaración sobre la Utilización del Progreso Científico y Tecnológico en Interés de la
Paz y en Beneficio de la Humanidad (1975).
Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras (1995).
Declaración sobre las Responsabilidades de las Generaciones Actuales para con las
Generaciones Futuras (1997).
Declaración Bioética de Gijón (2000).
Concepto de bioética
Algunas definiciones de bioética:
“La Bioética es la búsqueda ética aplicada a las cuestiones planteadas
por el progreso biomédico”. (Gay Durand).
“Llamamos Bioética a la búsqueda del conjunto de exigencias del respeto
y de la promoción de la vida humana y de la persona en el sector
biomédico” (De León Correa F. 1997).
“La Bioética es el estudio interdisciplinario del conjunto de condiciones
que exigen una gestión responsable de la vida humana (o de la persona
humana) en el marco de los rápidos y complejos progresos del saber y de
la tecnología biomédicas”. (David Roy 1979).
“Rama de la filosofía que determina la práctica adecuada de los actos
relacionados con la vida de la persona en particular y de los seres vivos
en general, orientados hacia la preservación de la vida, a la luz de los
principios morales”
La Encyclopedia of Bioethics (coordinada por Warren Reich) define la
bioética como "el estudio sistemático de la conducta humana en el área
de las ciencias de la vida y del cuidado sanitario, en cuanto que tal
conducta se examina a la luz de los valores y de los principios morales".
En la actualidad abarca no sólo los aspectos tradicionales de la ética
médica, sino que incluye la ética ambiental, con los debates sobre los
derechos de las futuras generaciones, desarrollo sostenible, etc.
“Disciplina que fomenta la buena práctica médica, mediante la búsqueda
del beneficio del paciente dirigida a preservar su dignidad, su salud y su
vida.”
Podemos decir que la Bioética es:
Un marco de reflexión ética interdisciplinario.
Es una ética práctica, de aplicación inmediata, en la medicina, en la biología, etc.
Es una reflexión ética que además soporta decisiones de salud pública, sociales y
legales.
Involucra a todo el mundo, sometiendo a prueba el sistema de valores.
Principios de la bioética
Mc Farlane Burnet, premio Nobel de medicina en 1952 expresó: "El propósito de la medicina en
el más amplio de los sentidos, es proporcionar a cada ser humano, desde el momento de su
concepción hasta su muerte, salud, en toda su magnitud y la expectativa de vida que le
permitan su constitución genética y los accidentes implicados en el vivir" y en consecuencia
con este magnífico planteamiento la Bioética ha de hacer lo posible por respetar
escrupulosamente y, al mismo tiempo, la autonomía, la beneficencia y la justicia del
individuo. Está obligada a ello aunque en la práctica resulte muy difícil y a veces
rigurosamente imposible. Ella obliga a extremar las precauciones y fundamentar del modo más
estricto los posibles criterios de decisión con independencia de la urgencia de los problemas
concretos y cotidianos.
Principio de beneficencia
Se trata de la obligación de hacer el bien. Es otro de los principios clásicos hipocráticos.
El problema es que hasta hace poco, el médico podía imponer su propia manera de hacer el
bien sin contar con el consentimiento del paciente (modelo paternalista de relación médico-
paciente).
Actualmente este principio viene matizado por el respeto a la autonomía del paciente, a sus
valores, cosmovisiones y deseos. No es lícito imponer a otro nuestra propia idea del bien.
No se puede buscar hacer un bien a costa de originar daños: por ejemplo, el "bien" de la
experimentación en humanos (para hacer avanzar la medicina) no se puede hacer sin contar
con el consentimiento de los sujetos, y menos sometiéndolos a riesgos desmedidos o
infligiéndoles daños.
Como dice Hans Jonas (1997 edición española), aunque la humanidad tiene un interés en el
avance de la ciencia, nadie puede imponer a otros que se sacrifiquen para tal fin. Matizado de
esta manera, el principio de beneficencia apoya el concepto de innovar y experimentar para
lograr beneficios futuros para la humanidad, y el de ayudar a otros (especialmente a los más
desprotegidos) a alcanzar mayores cotas de bienestar, salud, cultura, etc., según sus propios
intereses y valores.
También se puede usar este principio (junto con el de justicia) para reforzar la obligación
moral de transferir tecnologías a países desfavorecidos con objeto de salvar vidas humanas y
satisfacer sus necesidades básicas.
Este principio envuelve acciones de tipo positivo: prevenir o eliminar el daño y promover el
bien, procurando el mayor beneficio posible y limitando al máximo el riesgo (es necesario
aclarar que este principio no puede dejar de lado lo que el afectado entienda por
beneficioso). Pero se trata más bien de un continuo, de manera que no hay una separación
tajante entre uno y otro principio.
Principio de no maleficencia
Este principio ya se formuló en la medicina hipocrática: Primum non nocere, es decir, ante
todo, “no hacer daño al paciente”.
Se trata de respetar la integridad física y psicológica de la vida humana.
Es relevante ante el avance de la ciencia y la tecnología, porque muchas técnicas pueden
acarrear daños o riesgos. Pharmakon, hace referencia a un antídoto, remedio o cura, pero al
mismo tiempo veneno.
Principio de autonomía o de libertad de decisión
Se puede definir como la obligación de respetar los valores y opciones personales de cada
individuo en aquellas decisiones básicas que le atañen vitalmente.
Supone el derecho incluso a equivocarse a la hora de hacer uno mismo su propia elección. De
aquí se deriva el consentimiento libre e informado de la ética médica actual.
Ser respetado como persona autónoma significa, en primer lugar, reconocer el derecho de las
personas a tener su propio punto de vista, a elegir y a realizar acciones basadas en los valores
y creencias personales. Pero implica también tratar a los agentes de manera tal que se les
permita e incluso se les facilite actuar autónomamente. Sin embargo, la autonomía no es el
principio supremo (no funciona como una especie de principio “triunfo”), sino “un principio
moral en un sistema de principios”. Algo importante es señalar que en principio y mientras no
se demuestre lo contrario, toda persona es capaz de tomar decisiones sobre aquello que
afecte su vida.
Principio de justicia
Consiste en el reparto equitativo de cargas y beneficios en el ámbito del bienestar vital,
evitando la discriminación en el acceso a los recursos sanitarios.
Que los diagnósticos, tratamientos, medicamentos e insumos sean accesibles a todos los
pacientes en igualdad y equidad.
El principio de justicia y no discriminación (por raza, sexo, color, idioma, preferencia sexual,
etc.) en sentido formal significa que una persona no puede ser tratada de manera distinta que
otra, salvo que entre ambas se dé alguna diferencia relevante. Pero existen diversas teorías de
la justicia que interpretan de manera distinta los criterios materiales (sin los cuales aquel
principio es vacío).
Concretamente, los autores consideran que hay tres grandes tipos de teoría: las igualitaristas,
que hacen hincapié en el igual acceso a los bienes que toda persona racional desea; las
liberales, que destacan los derechos a la libertad social y económica; y las utilitaristas, que
ponen el acento en una combinación de criterios de la que resulta una maximización de la
utilidad pública.
Como se ha señalado muchas veces, esta concepción ha conformado, prácticamente desde su
formulación, el paradigma dominante en bioética. En la obra de Diego Gracia se encuentra
una clara y completa exposición de la discusión que ha tendido lugar en este campo en los
últimos 20 o 25 años, la operatividad de los principios de la bioética pasa, en su opinión, por
establecer alguna jerarquización entre los mismos que no dependa de la “ponderación de las
circunstancias de cada caso”.
Su idea viene a ser que estos cuatro principios no tienen el mismo rango, precisamente porque
su fundamentación es distinta: “La no-maleficencia y la justicia se diferencian de la
autonomía y la beneficencia en que obligan con independencia de la opinión y la voluntad de
las personas implicadas, y por tanto, tienen un rango superior a los otros dos”. Entre unos y
otros hay la diferencia que va entre el bien común y el bien particular. Por eso, añade Gracia,
los primeros configuran una “ética de mínimos y los segundos una ética de máximos”.
“A los mínimos morales se nos puede obligar desde fuera, en tanto que la ética de máximos
depende siempre del propio sistema de valores es decir, del propio ideal de perfección y
felicidad que nos hayamos marcado. Una es la ética del “deber” y la otra la ética de la
“felicidad”. También cabe decir que el primer nivel (el configurado por los principios de no
maleficencia y justicia) es el propio de lo “correcto” o (incorrecto), en tanto que el segundo
(el de los principios de autonomía y beneficencia) es el propio de lo “bueno” (o malo). Por
eso, el primero se corresponde con el derecho, y el segundo es el específico de la moral.
Por lo que se refiere a la propuesta anterior, su intento de jerarquización de los principios no
parece enteramente logrado. Es cierto que las razones utilitaristas (las que están ligadas con
la felicidad o con lo bueno) deben subordinarse a las razones de corrección (las que se
vinculan con los fines últimos), pero la división de los principios que él efectúa no se ve
justificada.
El fundamento de esa jerarquización (el hecho de que unos obligan con independencia de la
opinión y la voluntad de los implicados) parece envolver una suerte de petición de principio: si
se acepta el criterio, entonces, obviamente la autonomía ha de tener un rango subordinado,
pero lo que no se ve es por qué ha de ser ése el criterio de la jerarquía; esto es, queda sin
fundamentar por qué la opinión y la voluntad de los implicados – o sea, la autonomía – ha de
subordinarse a alguna otra cosa, a algún otro valor.”
Por otro lado, Gracia entiende que los principios del primer nivel “son expresión del principio
general de que todos los hombres somos básicamente iguales y merecemos igual consideración
y respeto”; pero si se acepta esto, no se entiende muy bien por qué la opinión y la voluntad de
un individuo ha de contar menos que la de otro, esto es, no se entiende por qué la autonomía
no es también expresión de ese principio general.
“Finalmente, la distinción entre esos dos niveles presupone dos ideas que no parecen
aceptables. Una es la tesis (no afirmada, explícitamente por Gracia, pero implícita en su
planteamiento) de que causar un daño a una persona es moralmente peor que no hacerle un
bien (por ejemplo, que matar es peor que dejar morir); esto es lo que parece estar en el fondo
de la prioridad que él atribuye al principio de no maleficencia sobre el de beneficencia, a
pesar de que se esfuerza (pero en este punto su exposición no parece del todo clara) por no
presentar estos dos últimos principios como el reverso y el anverso de una misma realidad,
sino como “una diferencia, entre el bien común y el bien particular”.
Pareciera que con lo antes expuesto se da una vuelta a la deontología médica tradicional, o
sea, la concepción de la ética médica y, por extensión, de la bioética como un código único de
preceptos y obligaciones aplicados según procedimientos burocráticos y respaldados
coactivamente.”
Es importante introducir algunas aclaraciones sobre cómo pueden plantearse las relaciones
entre el derecho y la bioética, y en qué consiste la aplicación de las normas jurídicas que
llevan a cabo los jueces y tribunales.
Aunque pueda considerarse que el derecho configura un mínimo ético, esto no quiere decir
que la moral empieza donde el derecho termina. Sin duda, esta última afirmación contiene
una idea ampliamente aceptada en nuestras sociedades (aunque bastante menos clara de lo
que parece a primera vista): la de que el derecho o, al menos, el derecho penal debe
abstenerse de regular –de prohibir- conductas que sólo tienen que ver con las opiniones
morales de los individuos; dicho de otra forma, que el derecho debe permanecer neutral
frente al pluralismo moral: no debe tratar de imponer un determinado código moral frente a
los demás; o como escribió John Stuart Mill:
“El único fin por el cual es justificable que la humanidad,
individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de
acción de un o cualquiera de sus miembros, es la propia
protección. (…) la única finalidad por la cual el poder puede, con
pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad
civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los
demás”.
Ahora bien, no hay ninguna contradicción en aceptar lo anterior y entender, al mismo tiempo,
que en un importante sentido, el derecho empieza donde termina la moral; esto es, que sin
una regulación detallada (legalista) unas instancias encargadas de aplicar las anteriores
normas a los casos concretos (los jueces) y el respaldo de la fuerza física para asegurar el
cumplimiento de esas decisiones (la coacción estatal), la moral (cualquier moral, incluida,
naturalmente, la que defiende la anterior idea del mínimo ético”), serviría de muy poco. El
derecho es –o debe ser- una prolongación de la moral, un mecanismo para positivar la ética.
Vistas así las cosas, la idea de “juridificar la bioética” no parece fácilmente discutible.
Como ha escrito Ramón Martín Mateo:
Es pues, necesario que el legislador intervenga ordenando conductas y
puntualizando “extremos de deducibles sin más de las vagas
formulaciones de la bioética, lo que no puede quedar al libre arbitrio e
interpretación de profesionales e investigadores (…)
“Sólo la ley puede decirnos cuándo y en qué condiciones puede
practicarse un aborto o realizarse un trasplante de órganos. La
fecundación artificial y sus consecuencias jurídicas: filiación y herencia
es también de la incumbencia del legislador. El internamiento
psiquiátrico imperativo, la vacunación obligatoria, las condiciones de
experimentación con humanos, la aceptación general de lo que se
considera muerte biológica, son entre otros, exponentes de campos para
los que es inexcusable el pronunciamiento de la ley.
Lo mismo puede decirse de los derechos sociales. De nada vale proclamar enfáticamente el
derecho a la salud de todos los ciudadanos, si no se adopta un estatuto que haga efectivo el
acceso a los servicios públicos sanitarios”.
La propuesta de legislar la ética se refiere, sin embargo, a otro aspecto de la cuestión. No
tiene que ver propiamente con lo que cabría llamar la conexión “material” entre el derecho y
la bioética, sino más bien con una conexión de tipo “metodológico”. Hay un tipo de conflicto
jurídico cuya resolución consiste justamente en “ponderar” principios contrapuestos y que,
para tratar con esos casos, se ha ido desarrollando una cierta metodología que podría resultar
de utilidad también para la aplicación a los casos concretos de los principios de la bioética.
La ética tiene la característica de ser única, en el sentido de que son los mismos principios
éticos los que rigen en cualquier ámbito de lo humano. Esto excluye que exista, por ejemplo,
una ética peculiar de la esfera de la política y contrapuesta a la que ordena la vida privada. En
relación con la medicina –o con la biología- ocurre lo mismo: los principios éticos que aquí
rigen no pueden ser otros que los principios generales de la ética, que adquieren una especial
modulación –como ocurre en el caso de la política- de acuerdo con ciertas características
típicas de esas esferas de actividad.
Si se examinan con cuidado los llamados “principios de la bioética”, puede llegarse a la
conclusión de que los mismos pretenden ofrecer respuesta, básicamente, a estos cuatro
problemas generales: a) ¿quién debe decidir (el enfermo, el médico, los familiares, el
investigador)?, b) ¿qué daño y qué beneficio se puede (o se debe) causar?; c) ¿cómo debe
tratarse a un individuo en relación con los demás? Y d) ¿qué se debe decir y a quién? Ahora
bien, si estos problemas se interpretan de la forma más abstracta posible, entonces no podrán
ser otra cosa que los problemas generales de la ética, esto es, diversos aspectos de la cuestión
generalísima: qué debo (o qué se debe) hacer. Y la respuesta –según lo dicho- tendría que
coincidir con los principios de la ética.
La formulación de los principios podría ser:
1. Principio de autonomía. Cada individuo tiene derecho a decidir sobre aquello que le
afecta (aquí, en particular, sobre su vida y salud).
2. Principio de Dignidad. Ningún ser humano puede ser tratado como un simple medio.
3. Principio de Universalidad (o de igualdad). Quienes están en las mismas condiciones
deben ser tratados de manera igual.
4. Principio de información. Todos los individuos tienen derecho a saber lo que les
afecta (aquí, lo que afecta a su salud).
Estos cuatro principios –y así formulados- es probablemente todo lo que necesitamos para
resolver lo que podemos llamar –recurriendo a terminología jurídica- casos fáciles. Así,
aceptamos sin más que es el paciente, y no el médico, quien tiene que decidir si se lleva a
cabo o no una intervención que comporta determinados riesgos; rechazamos que a una
persona pueda usársele como simple conejillo de Indias (lo que, por cierto no implica asumir
que con los conejos –sean o no de Indias- quepa hacer cualquier cosa); aceptamos también que
nadie puede estar excluido de los servicios de salud; y exigimos que cualquier persona que
vaya a participar en un ensayo clínico sea debidamente informada al respecto.
Pero hay también otros casos, los casos difíciles, en los que esos principios parecen resultar
insuficientes. Por ejemplo, ¿qué hacer cuando la persona afectada no puede tomar decisiones
sobre su vida o sobre su salud por su corta edad, por padecer ciertas insuficiencias de tipo
psíquico o porque está en estado de inconsciencia? ¿Y no es el trasplante de órganos un caso
en que parece usarse a un ser humano como un medio? La realización prácticamente de
cualquier ensayo clínico, ¿no presupone que, de alguna forma, unos enfermos –los que integran
el grupo de control- vayan a recibir un mejor trato que el grupo experimental y que el resto
de los enfermos que no participan en el ensayo?
Y si todos tenemos derecho a conocer lo que afecta a nuestra salud, ¿significa esto que el
médico tiene siempre la obligación de decirnos todo?
Si bien se mira, las insuficiencias de los anteriores principios para contestar a estas cuestiones
no derivan de que consideremos que hay casos en que no se pueden respetar esos principios.
Esto es, no parece que para hacer frente a esas dificultades tengamos que aceptar que hay
ocasiones en que puede ser lícito conculcar la autonomía, la dignidad, etc.; si así fuera, los
principios morales tendrían verdaderamente un escaso valor. Lo que ocurre es, más bien, que
esos principios establecen lo que puede o debe hacerse, pero dadas ciertas condiciones que,
sin embargo no podemos precisar de antemano.
Por ejemplo, el principio de autonomía lo entendemos en el sentido de que un individuo puede
decidir sobre aquello que le afecta, pero siempre y cuando esté en condiciones de hacerlo. Si
no se dieran esas condiciones, entonces estamos dispuestos a aceptar que otro pueda -o deba-
tomar por él esa decisión, precisamente para asegurar su dignidad, que no sea tratado peor
que otro, etc. En estos casos –los supuestos de paternalismo justificado- no tendría sentido
decir que estamos conculcando la autonomía de una persona, sino más bien que hemos
descubierto un nuevo principio moral, al haber aplicado las exigencias anteriores (de
autonomía, dignidad, etc.) a un conjunto de circunstancias típicas que antes no habíamos
considerado.
Si hiciéramos lo mismo en relación con los otros tres principios de dignidad, universalidad e
información, descubriríamos otros tantos principios, respectivamente, principio de utilitarismo
restringido, de la diferencia y del secreto.
Estos últimos podrían considerarse principios secundarios (los otros serían primarios), pues
derivan de los anteriores, en el sentido de que su fundamento son las ideas de autonomía,
dignidad, igualdad e información; parece también por ello plausible establecer en el discurso
práctico –por ejemplo, en su utilización en un comité de ética –una cierta prioridad en favor
de los primeros, que podría adoptar la forma de una regla de carga de la argumentación:
quien pretenda utilizar, para la resolución de un caso, uno de estos últimos principios (por
ejemplo, el de paternalismo frente al de autonomía, etc.) asume la carga de la prueba, en el
sentido de que es él quien tiene que probar que, efectivamente se dan las circunstancias de
aplicación de ese principio. De acuerdo con lo que, constituirán esos conjuntos de
circunstancias, la formulación de los nuevos principios podría ser:
I. De paternalismo justificado. Es ilícito tomar una decisión que afecta a la vida o
salud de otro si: a) este último está en una situación de incompetencia básica; b) la
medida supone un beneficio objetivo para él, y c) se puede presumir racionalmente
que consentiría si cesara la situación de incompetencia.
II. De utilitarismo restringido. Es lícito emprender una acción que no supone un
beneficio para una persona (o incluso que le supone un daño), si con ella: a) se
produce (o es racional pensar que podría producirse) un beneficio apreciable para
otro u otros; b) se cuenta con el consentimiento del afectado (o se puede presumir
racionalmente que consentiría), y c) se trata de una medida no degradante.
III. Del trato diferenciado. Es lícito tratar a una persona de manera distinta que a otra
si: a) la diferencia de trato se basa en una circunstancia que sea universalizable; b)
produce un beneficio apreciable, y c) se puede presumir racionalmente que el
perjudicado consentiría si pudiera decidir en circunstancias de imparcialidad.
IV. Del secreto. Es lícito ocultar a una persona informaciones que afectan a su salud, si
con ello: a) se respeta su personalidad, o b) se hace posible una investigación a la
que ha prestado consentimiento.
Si ahora volvemos la mirada hacia el derecho (que, al fin y al cabo, no pretende otra cosa que
hacer posible la solución de problemas prácticos desarrollando – o al menos, sin conculcar- los
principios de la moral), convendremos seguramente en que hay dos vías, no necesariamente
alternativas, para llevar a cabo esta operación, esto es, el paso de los principios a las reglas:
la vía legislativa y la judicial.
La primera tiene indudables ventajas (que se incrementan cuando los órganos que establecen
las reglas poseen una legitimidad indiscutida –por ejemplo, por su origen democrático- que
podría faltar en los jueces), pero también algunos inconvenientes.
En particular, no parece que éste sea el procedimiento –o el único procedimiento- a seguir
cuando las reglas tienen que referirse a circunstancias altamente imprevisible (como ocurre
cuando dependen de cambios científicos o técnicos) o que envuelven juicios de valor,
opiniones morales, etc., que están lejos de suscitar un consenso por parte de los legisladores.
El riesgo en estos casos es que las normas producidas no alcancen el nivel de concreción
deseable y/o resulten excesivamente rígidas. El desarrollo de la bioética ofrece algunos
ejemplos de este vano empeño por seguir única o preferentemente una vía “legislativa”.
Así, en materia de trasplantes, se establece la obligación de contar siempre con la
autorización de los familiares del fallecido al que se va a extraer un órgano y se prohíbe que el
donante pueda recibir una contraprestación económica.
Sin embargo, estas exigencias no tienen –como se pretende – carácter ético, sino que, a lo
sumo, se basan en criterios de oportunidad que son contingentes; es decir, es posible que,
dado el estado de opinión existente al respecto, sea mejor proceder de acuerdo con esas dos
exigencias.
Y algo parecido ocurre con la prohibición de efectuar ensayos con niños, con enfermos
mentales o con embarazadas que no necesariamente –cuando se entiende como una
prohibición absoluta –redunda en beneficio de esas categorías de personas. Se diría que, en
todos estos casos, el afán comprensible por evitar abusos lleva a situar la línea de lo
éticamente prohibido más allá de donde sería razonable trazarla.
Códigos de Ética en Investigación
La necesidad de respetar el consentimiento voluntario (más tarde conocido como
consentimiento informado).
El conocimiento por parte de los sujetos de investigación de la posibilidad de
retirarse de la investigación en cualquier momento.
Una cuidadosa ecuación riesgo-beneficio. (“Cada proyecto de investigación
biomédica en seres humanos debe ser precedido por una valoración cuidadosa de los
riesgos predecibles para el individuo frente a los posibles beneficios para él o para
otros. La preocupación por el interés del individuo debe prevalecer siempre sobre los
intereses de la ciencia y de la sociedad”).
Una adecuada elaboración del protocolo de investigación en función de investigación
previa en el laboratorio y en animales.
Aprobación por un organismo independiente (comité de ética u otro).
Indudablemente el espíritu de estos códigos y declaraciones es proteger a las poblaciones
vulnerables como son los pacientes, soldados, presos, niños, personas con discapacidades
mentales, entre otras. Esto involucra un principio de respeto por las personas, una valoración
de sus capacidades de decisión y la garantía de no explotación en tanto siempre queda abierta
la posibilidad de no participar. Se trata, además, de tomar todos los recaudos necesarios para
evitar lesionar o considerar a estas poblaciones como objeto de investigaciones dudosas.
¿Qué sucede con estos documentos y la crisis que plantea el sida? ¿Pueden estos códigos dar
cuenta de estos nuevos planteamientos?
Principales argumentos
No distinción entre terapia e investigación
Uno de los argumentos más fuertes provistos por los activistas del sida se basa en el rechazo
de la distinción entre terapia e investigación; ¿es necesario tirar por la borda esta distinción?
El rechazo de la distinción entre investigación y terapia fue uno de los argumentos que se
esgrimió para cuestionar la necesidad de los ensayos clínicos o la relevancia de ciertos
criterios científicos como el uso del placebo.
El argumento comienza por desafiar la diferencia entre terapia e investigación por
innecesaria; se esgrime que se trata de una manifestación elitista de la ciencia y el cuidado
del paciente, contrario al sentido profundo de autonomía. Se señala que al sujeto se le
respeta más asegurándole libertad de elección y participación en la investigación, y no
protegiéndolo de los riesgos de la investigación.
El argumento del consentimiento informado como criterio único
Uno de los argumentos en contra del derecho a drogas experimentales dice lo siguiente: “las
personas tienen derecho a la protección de riesgos evitables”. La mayor parte de la gente no
está en la posición de poder evaluar riesgos y beneficios de una sustancia experimental, sobre
todo cuando la ciencia no está segura. (Una vertiente de este argumento subraya la
incapacidad de los pacientes-sujetos de investigación para tomar decisiones). Por tanto, la
sociedad tiene la obligación de identificar medidas terapéuticas para prevenir la explotación y
el daño a sus miembros.
Un contrargumento señalará que en la medida en que la incertidumbre le concierne a la
persona en cuestión decidir y por tanto, la sociedad no tiene el derecho de obstaculizar el
acceso a bienes libremente elegidos.
Quien argumenta a favor del acceso irrestricto, puede conceder la diferencia entre terapia e
investigación pero puede reforzar su argumento utilizando al “consentimiento informado”
como criterio y no el de “riesgo-beneficio”. Desde este punto de vista no hay limitaciones en
la experimentación salvo el consentimiento.
Ante esta posición se puede objetar que el consentimiento identifica a la persona que quiere
realizar el experimento pero no puede definir el alcance de la investigación permisible.
Si los investigadores creen que no hay que evaluar los riesgos y beneficios para justificar un
experimento, pueden creer que cualquier cosa es permisible y que los sujetos deciden o no
tomar esos riesgos. El análisis riesgo-beneficio pasa a los sujetos posibles. Y aunque ello debe
formar parte de cualquier deliberación respecto de entrar o no en una investigación, aquí se
transforma un análisis personal en el sustituto para determinar si cualquiera puede ser
invitado a participar. El consentimiento legitimaría cualquier experiencia.
En el caso de la relación médico-paciente hay ciertas alternativas que cumplen un estándar
mínimo para ser sugeridas por el médico –no se va sugerir cualquier opción: ni terapias
alternativas dudosas, o prácticas poco científicas-; en el caso de las investigaciones a
desarrollar –si no existe ningún otro parámetro como puede ser un adecuado análisis de riesgo-
beneficio –hay que sopesar si se pueden considerar como opciones viables. Y esto implica otra
evaluación más.
El paciente no se encuentra en la misma situación que el sujeto de investigación –sólo el
primero elije entre alternativas viables -. El segundo no tiene ni la información fehaciente ni
la exigencia de un adecuado balance riesgo-beneficio como base mínima sobre la cual optar.
En este sentido, se encuentra en una situación mucho más desventajosa, aún si concedemos
que su capacidad de decisión es semejante en ambas situaciones.
Si se realiza una reconsideración de los puntos que los códigos de ética plantean veremos que
están presentes:
a. El consentimiento informado;
b. La posibilidad de retirarse de la investigación si así lo deseara;
c. La idea de un comité independiente del investigador y la entidad patrocinadora o la
propuesta de un representante de los pacientes;
d. El cálculo riesgo-beneficio, y
e. Un buen diseño científico.
Estos son recaudos que deben continuar presentes después de la crisis del sida aun cuando se
modifiquen y flexibilicen ciertas regulaciones.
En la propuesta actual se percibe una mayor flexibilidad, una mayor toma de conciencia de los
derechos y los intereses de pacientes con enfermedades terminales o en peligro de muerte.
Hay una crítica a criterios rígidos o procedimentales que en lugar de proteger, obstaculizan; a
burocracias ineficaces, y a tiempos de aprobación demasiado lentos.
Pero esto no implica ni rechazar la distinción terapia-investigación o suponer que no debe
buscarse ningún criterio científico, o que el único criterio para definir el alcance de una
investigación es el consentimiento informado, o que hay que desproteger a ciertos pacientes
para cumplir con sus deseos. Implica considerar la voz del paciente y la del investigador,
aunque tratando, tal como ya lo propusiera el Código de Núremberg, de beneficiar a los
pacientes sujetos de investigación.
Algunos dilemas actuales que se plantea la bioética en este siglo son:
Eugenesia (ingeniería genética).
Eugenesia somática terapéutica y de diseño (Vgr: para regenerar tejidos con fines
terapéuticos y bebés a la medida).
Eugenesia en línea germinal terapéutica y de diseño, afecta las generaciones futuras
Clonación (de individuo y terapéutica).
Reproducción asistida (fertilización in-vitro, madre subrogada).
Aborto.
Eutanasia, distanasia, ortotanasia.
Referencias legales en México en el campo de la Bioética y los Derechos
Humanos
En México, la Ley General de Salud (L.G.S) es el ordenamiento idóneo para la regulación del
tema que nos ocupa, no sólo por tratarse de la materia sanitaria, sino también por el ámbito
de competencia, ya que es de aplicación federal; pero aún no se ha reformado en el sentido
de incluir los temas de reproducción asistida, clonación terapéutica, investigación con células
troncales o terapia genética.
Las únicas disposiciones vigentes en cuanto a las llamadas “células progenitoras”, se refieren a
la disposición de órganos para trasplantes:
La donación en materia de órganos, tejidos, células y cadáveres, requiere del
consentimiento tácito o expreso de la persona para que, en vida o después de su
muerte, su cuerpo o cualquiera de sus componentes se utilicen para trasplantes. La
Ley General de Salud de manera explícita, señala los supuestos en los que se
requiere el consentimiento expreso: para la donación de órganos y tejidos en vida y
para la donación de sangre, componentes sanguíneos y células progenitoras
hematopoyéticas
El artículo 318 de la L.G.S., por su parte establece que la disposición del embrión y
de las células germinales, se sujeta a lo dispuesto en la propia Ley y demás
ordenamientos que resulten aplicables.
En México está prohibido el trasplante de gónadas o tejidos gonadales.
Cabe aclarar que la disposición de células germinales sí está permitida.
(Artículo 57 del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de
Control Sanitario de la Disposición de Órganos, Tejidos y Cadáveres de Seres
Humanos)
Se sanciona el uso, para cualquier finalidad, de tejidos embrionarios o
fetales producto de abortos inducidos. (Artículo 330 de la Ley General de
Salud.)
El aborto es un delito punible de conformidad con lo dispuesto por el Nuevo Código
Penal para el Distrito Federal y el Código Penal Federal.
ARTÍCULO 144. Aborto es la interrupción del embarazo después de la décima segunda
semana de gestación. Para los efectos de este Código, el embarazo es la parte del
proceso de la reproducción humana que comienza con la implantación del embrión
en el endometrio. Artículos 144-148 del Nuevo Código Penal para el Distrito Federal y
329-334 del Código Penal Federal.
Motivo de controversia aparte fue la reforma en el Distrito Federal para despenalizar
la interrupción legal del embarazo antes de las 12 semanas de gestación,
controversia que finalmente zanjó la Suprema Corte de Justicia de la Nación
declarando la constitucionalidad de dicha reforma.
Sólo podrá darse destino final a un feto previa expedición del certificado de muerte
fetal. (Artículo 350 bis 6 de la Ley General de Salud).
La disposición de sangre, componentes sanguíneos y células progenitoras
hematopoyéticas con fines terapéuticos estará a cargo de los bancos de sangre y
servicios de transfusión autorizados (Artículo 341 de la Ley General de Salud).
El fecundar óvulos humanos con cualquier fin distinto al de la procreación humana
constituye un delito en el Distrito Federal. (Artículo 154, fracción II del Nuevo Código
Penal para el Distrito Federal.)
La investigación sobre fertilización asistida sólo será admisible cuando se aplique a
la solución de problemas de esterilidad que no se puedan resolver de otra manera.
(Artículo 56 del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación).
En el Distrito Federal está expresamente prohibida la creación de seres humanos por
clonación. Si resultan hijos a consecuencia de la comisión de este delito, la
reparación del daño comprenderá además, el pago de alimentos para éstos y para la
madre (Artículos 154, fracción III y 155 del Nuevo Código Penal para el Distrito
Federal).
Los fetos serán sujetos de investigación solamente si las técnicas y medios
utilizados proporcionan la máxima seguridad para ellos y la embarazada (Artículo 52
del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación).
En México se utiliza el término de “viables” no en el sentido de la legislación
española (capacidad biológica durante el desarrollo embrionario o fetal), sino con la
acepción del Código Civil para el Distrito Federal, artículo 337: sólo se tendrá por
nacido al que desprendido enteramente del seno materno, vive veinticuatro horas o
es presentado vivo ante el Juez del Registro Civil (Artículo 317 de la Ley General de
Salud).
La eutanasia está penalizada en todos los estados de la república mexicana y en el
Distrito Federal por los códigos penales de cada entidad federativa.
La Voluntad anticipada y medicina paliativa está regulada solo en algunos estados
de la República Mexicana:
El Estado de Coahuila fue el primero en México que reguló en su Código Civil
este mandato.
En enero de 2008 se sanciona la primera Ley de Voluntad Anticipada por la
asamblea legislativa en el Distrito Federal cuyo objetivo es “establecer y
regular las normas, requisitos y formas de realización de la voluntad de
cualquier persona con capacidad de ejercicio, respecto de la negativa a
someterse a medios, tratamientos y/o procedimientos médicos que pretendan
prolongar de manera innecesaria su vida, protegiendo en todo momento la
dignidad de la persona, cuando por razones médicas, fortuitas o de fuerza
mayor, sea imposible mantener su vida de manera natural”.
En abril y septiembre de 2009 el Estado de Aguascalientes y el Estado de
Michoacán de Ocampo dictaron sendas leyes de voluntad anticipada con igual
propósito que la primera. Asimismo, en enero de 2012 en el Estado de
Guanajuato se promulga una ley en la materia.
Conclusiones
Dentro del vasto campo de la bioética caben cuestiones tan diversas como la liberación en el
medio ambiente de compuestos basados en la tecnología del ADN recombinante, las ciencias
biomédicas y la guerra, las investigaciones sobre y con niños, la ética sexual, el suicidio, la
política del control obligatorio de la natalidad, ingeniería genética, terapia génica, etc.
La Bioética no se debe limitar solamente al ejercicio de la medicina, de su práctica en el
contexto más amplio, sino ésta debe pretender encontrar todas aquellas vías que expliquen la
relación más acabada y completa existente entre el ser humano y las denominadas ciencias de
la salud. Sin dejar de ser una potente herramienta moral, siendo uno de sus objetivos
encontrar el nuevo marco racional y creativo que sustenta a cada nuevo avance en el
conocimiento científico, debe ser capaz, al mismo tiempo, de integrar tales avances al
quehacer médico diario, para el bien y en aras de la conservación de la vida.
La Bioética se puede considerar surgida en un intento por profundizar en la necesaria
búsqueda de la verdad, de todo aquello relacionado con el bien integral del paciente, es decir,
con las esferas psicológicas, biológicas y social de éste y así posibilitar la potenciación y
expresión, con la mayor fuerza posible de todos los elementos de la persona.
La Bioética toma y considera al ser humano en su relación estrecha con sus factores
ambientales, como naturaleza, cultura, religión, política y sociedad, entre otros. Su campo es
mucho más amplio y, sobre todo más interdisciplinario que el de la ética biomédica, la cual se
circunscribe más a los temas relacionados con los pacientes y el personal de la salud que los
atiende.
La Bioética no es sólo un código de derechos y obligaciones, sino una imprescindible
herramienta que posibilita la ayuda a nuestros semejantes a realizarse a plenitud como
personas, sobre la base de las leyes que rigen el movimiento y desarrollo de las ciencias de la
salud, que guíen a la persona y la conduzcan al enfrentamiento de la posibilidad técnica con la
ética.
En el horizonte bioético la regulación en virtud de las prescripciones interdisciplinarias del
comportamiento racionable y humano en lo concerniente a la investigación, a las terapéuticas
y a las aplicaciones de las biotecnologías, es la norma. En él se va mucho más allá del
conjunto de normas jurídicas que ordenan a los ciudadanos y a la sociedad y, más allá aún de
todas aquellas deontologías que definen, en su esencia, los principios y normas de la buena
conducta entre los médicos y los pacientes.
La bioética, en un sentido operativo, se presenta como un laboratorio experimental de la ética
en el campo de la vida y por lo tanto comprende una meta bioética racional de principios y
una bioética normativa, dirigida específicamente hacia la praxis. En ella la racionalidad
científica encuentra su debido lugar en nombre de la objetividad al tiempo que la
sugestividad, la tradición, la moral y los sentimientos resultan, por si solos incapaces de
fundamentarla y, mucho menos, establecerlas.
El avance tecnológico y científico de nuestros tiempos, sin lugar a dudas, le ha proporcionado
al ser humano la posibilidad de intervenir sobre la vida y salud de otros seres y sobre su
medio, lo cual ha producido modificaciones esenciales, profundas y de un efecto aún no
conocido hasta el presente en el campo científico y en el momento actual, de gran expansión
tecnológica, no se puede prever cuáles serán los límites de esas modificaciones; de aquí, que
desde la introducción de la tecnología en la asistencia médica, en sentido general, se haya
determinado el surgimiento de numerosos problemas jurídicos, éticos, morales y sociales que
estimularon, en su momento, la creación de Comités de Ética interdisciplinarios encargados de
introducir y hacer cumplir principios de moderación y de prudencia en indicaciones éticas, en
lugar de las morales juzgadas anticuadas; es decir, se convirtieron en motores impulsores del
desarrollo, indetenible, de la bioética.
ALGUNAS RECOMENDACIONES DE LA CNDH EN MATERIA DE SALUD
Recomendación general número 15
Entre otras, al Instituto Mexicano del Seguro Social, al Instituto de Seguridad y Servicios
Sociales de los Trabajadores del Estado, a la Secretaría de Salud, al Instituto de Seguridad
Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas y al Hospital de Pemex.
Violaciones observadas
No siempre se garantizan la disponibilidad, la accesibilidad, la aceptabilidad y la
calidad del derecho a la salud.
Falta de médicos, especialistas y personal de enfermería necesarios para cubrir la
demanda; la falta de capacitación para elaborar diagnósticos eficientes y otorgar
tratamientos adecuados.
Falta de infraestructura hospitalaria y de recursos materiales.
Trato contrario a la dignidad, poco respetuoso y, en algunos casos, conductas
discriminatorias que afectan el bienestar de los pacientes; la falta de atención,
maltrato, intervenciones quirúrgicas negligentes; inadecuada prestación del servicio
médico, etc.
Reiterado incumplimiento, por parte de los servidores públicos, del marco jurídico
interno e internacional en materia de salud, así como de las normas oficiales
mexicanas.
Recomendaciones
Proponer a la H. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y a las Legislaturas
de los estados que se asigne una partida presupuestal suficiente al Sector Salud.
Desarrollar los manuales para hacer operativas las políticas públicas de promoción
salud y de prevención de enfermedades a fin de proporcionar servicios de salud de
calidad a toda la población, garantizando el abasto y suministro de medicamentos.
Crear políticas eficientes para mejorar las condiciones sanitarias del medio
ambiente.
Capacitación al personal de salud de las instituciones públicas; etc.
Recomendación 42/2009
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observada
Menores M1 y M2, resultaron infectados de VIH/SIDA, por transfusiones sanguíneas
situación que se corroboró con los resultados positivos que el Banco Central de
Sangre del Centro Médico Nacional “La Raza” en México, Distrito Federal, llevó a
cabo mediante los procedimientos ELISA y Western Blot.
Todo ello viola los puntos 6.4., 6.16.1., 6.16.2. y 6.16.3. de la Modificación a la
Norma Oficial Mexicana NOM-010-SSA2-1993, y el punto 5.6. de la Norma Oficial
Mexicana NOM-168-SSA1-1998, Del expediente clínico,
Recomendaciones
Reparación del daño e indemnización, así como el apoyo psicológico y médico de por
vida.
Se dé vista a la Procuraduría General de la República.
Se dé vista al titular del Órgano Interno de Control en el IMSS.
Identificar a las personas que fueron sometidas a procedimientos de trasfusión
sanguínea, con el objetivo de descartar que se pudiera haber presentado algún otro
contagio.
Se establezcan cursos de capacitación y evaluación relacionados con los derechos
que les asisten a las personas que padecen de VIH/SIDA.
Evitar realizar acciones discriminatorias como el etiquetar a los pacientes con VIH.
Recomendación 49/2009
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Acciones y omisiones violatorias a los Derechos Humanos en perjuicio de los menores
de la Guardería ABC, S. C., en Hermosillo, Sonora, que resultaron fallecidos y
lesionados, de las personas que ahí laboraban y las que el día del siniestro
arriesgaron su integridad física al realizar el rescate, así como de los familiares de
los menores que acudían a la mencionada guardería, relativo al derecho a la vida, a
la integridad física y psíquica, así como al derecho a la salud, a la legalidad y
seguridad jurídica, derivados de una prestación y ejercicio indebido del servicio
público, por parte de servidores públicos del IMSS, del Gobierno del estado de Sonora
y del Ayuntamiento de Hermosillo, Sonora, así como de los responsables de la
Guardería ABC, S. C.
Además se dejaron de observar las siguientes Normas:
Norma Oficial Mexicana NOM-167-SSA1-1997 para la Prestación de Servicios de
Asistencia Social para Menores y Adultos Mayores.
Norma Oficial Mexicana NOM-002-STPS-2000, Condiciones de Seguridad,
Prevención, Protección y Combate de Incendios en Centros de Trabajo.
Recomendaciones
Se amplíen las vistas dadas al Órgano Interno de Control del IMSS, Contraloría
General del Estado de Sonora y Contralor Municipal de Hermosillo Sonora.
Al Director General del IMSS.
Se brinde la atención médica, quirúrgica, hospitalaria, farmacéutica, psicológica y
de rehabilitación a los menores lesionados hasta su total y plena recuperación, y se
otorgue apoyo psicológico a sus familiares.
Los menores que no ameritaron hospitalización, sean valorados médica y
psicológicamente, brinde la atención médica, quirúrgica, hospitalaria,
farmacéutica, psicológica y de rehabilitación de por vida a los menores que
resultaron lesionados.
La revisión de las condiciones en que operan las Guarderías Subrogadas por ese
Instituto a nivel nacional, así como en aquellas en la que el servicio se preste de
manera directa.
Que a los trabajadores de la Guardería ABC, S.C., se les brinde la atención médica,
quirúrgica, hospitalaria, farmacéutica, psicológica y de rehabilitación de por vida.
Verificar los contratos de subrogación que continúan vigentes y a favor de los socios,
responsables o administradores de la guardería ABC, S.C.
Al Gobernador Constitucional del Estado de Sonora:
Se suscriban los convenios de Coordinación en Materia de Protección Civil con los
municipios de la entidad y las áreas federales correspondientes a efecto de que el
Sistema Estatal de Protección Civil previsto en Ley No. 161 de Protección Civil para
el Estado de Sonora cumpla su cometido y se aplique adecuadamente en toda la
entidad federativa.
Al Presidente Municipal de Hermosillo Sonora:
Se instrumente el diseño y ejecución de un programa de capacitación a cargo de la
Unidad de Protección Civil de ese Municipio, destinado a los servidores públicos del
mismo, a efecto de que se identifiquen los riesgos que puedan poner en peligro la
vida o la integridad de las personas y se tomen las medidas preventivas o correctivas
necesarias, para evitar la repetición de actos como los que dieron origen al presente
pronunciamiento.
Recomendación 01/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Privación del derecho a la vida, por una inadecuada atención médica de un menor
por reacciones post-vacunales.
El médico, AR1, médico adscrito a la Unidad de Medicina Familiar número 53 omitió
realizar el manejo de V1 con antivirales como el aciclovir, que permitiera disminuir
la reacción de la administración de los virus de las vacunas, tratamiento que debió
ser administrado durante las primeras 24 horas de aparición del cuadro y por el
contrario se decidió iniciar el manejo de la víctima con antibióticos.
Se incumplió con la Norma Oficial Mexicana NOM-168-SSA1-1998, del Expediente
Clínico, toda vez que en varias constancias del expediente, tales como diversas notas
médicas y de prescripción, entre otras, se encuentran incompletas, son breves e
ilegibles, presentan exceso de abreviaturas, el nombre del médico tratante es
ilegible, no se precisa ni su firma, cargo, rango, matrícula, y especialidad.
Recomendaciones
Se repare el daño a quien tenga mejor derecho a ello, que se diseñen e impartan
cursos integrales de capacitación y formación en materia de derechos humanos, así
como del conocimiento, manejo y observancia de las Normas Oficiales Mexicanas en
materia de salud;
Que se establezca en los hospitales de ese Instituto Mexicano del Seguro Social, la
obligación para el personal médico, el entregar copia de la certificación y
recertificación que tramiten ante los Consejos de Especialidades Médicas, con la
finalidad de acreditar que se tiene la actualización, experiencia y conocimientos
profesionales necesarios, así como las constancias con las que acredite su
cumplimiento.
Se colabore ampliamente con esta Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la
presentación y trámite de la queja que promueva ante el Órgano Interno de Control
de ese Instituto, en contra del médico responsable que intervino en la valoración y
tratamiento de V1.
Se colabore en las investigaciones derivadas de la denuncia que presente la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos ante la Procuraduría General de la República.
Que en las Campañas Nacionales de Vacunación que se implementen desde ese
Instituto, se haga especial énfasis en informar a los derechohabientes y usuarios,
respecto de las posibles reacciones secundarias que se pueden presentar en las
personas vacunadas.
Recomendación 09/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
AR1, médico adscrito a la Unidad de Medicina Familiar número 53 del Instituto
Mexicano del Seguro Social ubicada en el municipio de Agua Dulce, Veracruz haya
omitido aplicar a V1 el “Plan C, para pacientes con choque hipovolémico por
deshidratación”, establecido en la norma oficial mexicana NOM-031-SSA2-1999, Para
la Atención a la Salud del Niño, implicó que la salud del menor se deteriorara a
grado tal de fallecer.
Recomendaciones
Se indemnice a los familiares de V1 o a quien tenga mejor derecho a ello, con motivo
de la responsabilidad institucional en que incurrió AR1.
Se reparen los daños psicológicos a los padres de V1, tendentes a reducir los
padecimientos que presenten, a través del tratamiento que sea necesario para
restablecer su salud física y emocional.
Entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten ante los Consejos de
Especialidades Médicas, con la finalidad de que acrediten tener la actualización,
experiencia y conocimientos suficientes para mantener las habilidades necesarias
que permitan brindar un servicio médico adecuado y profesional.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación y trámite
de la queja que promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano
del Seguro Social.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.
Se dote de equipo médico, ambulancia y personal médico calificado y suficiente en
todas las áreas de la Unidad de Medicina Familiar número 53 del Instituto Mexicano
del Seguro Social, ubicada en el municipio de Agua Dulce, Veracruz.
Recomendación 21/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica en agravio de v1, con un cuadro clínico de fimosis
esclerosante, balanitis y retención aguda de orina (RAO).
Recomendaciones
Se indemnice a V1, reparándole el daño.
Se repare el daño ocasionado a V1 y Q1, a través de los tratamientos psicológicos y
de rehabilitación necesarios, además de brindar a V1 el tratamiento médico.
Se diseñe e imparta un programa integral de capacitación y formación en materia de
derechos humanos, con especial énfasis en el contenido, manejo y observancia de las
Normas Oficiales Mexicanas en materia de salud, sobre todo por lo que hace a la
obtención del consentimiento informado de los pacientes.
Entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten ante los Consejos de
Especialidades Médicas, con la finalidad de acreditar que se tiene la actualización,
experiencia y conocimientos profesionales necesarios para brindar un servicio
médico adecuado.
Se colabore ampliamente con esta Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la
presentación y trámite de la queja que promueva ante el Órgano Interno de Control
de ese Instituto contra el médico responsable que intervino a V1.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente este organismo nacional ante la Procuraduría General
de la República.
Recomendación 24/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica en Hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social
en Saltillo, Coahuila, en agravio de V1 y V2.
Paciente V1, Madre, con un cuadro clínico de embarazo de 40 semanas de
gestación, en trabajo de parto e indicó como plan de manejo su ingreso al Servicio
de Tococirugía, así como realizarle una tricotomía y un enema.
Paciente V2, recién nacido con cardiopatía congénita.
El perito médico-forense de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos observó
que AR1 omitió realizar a V1 una adecuada exploración física con toma de signos
vitales y de la pelvis materna, con la finalidad de detectar oportunamente la
desproporción cefalopélvica, indicación absoluta de cesárea desde su ingreso,
además de que le suministró oxitocina, fármaco que se encuentra contraindicado
cuando existe desproporción cefalopélvica, situación que expuso innecesariamente a
V1 y V2 a un riesgo del bienestar materno-fetal y tuvo como consecuencia que se
presentara una distocia del parto (anormalidad en el mecanismo del parto que
interfiere con la evolución fisiológica del mismo), que terminó en una cesárea
aproximadamente 14 horas después.
El hecho de que AR1, el 20 de agosto de 2009, haya instruido que a V1 se le
practicara una amniotomía solamente con la finalidad de adelantarle su parto, sin
tener otra justificación por escrito y sin haber realizado una adecuada valoración y
vigilancia estrecha, constituyó una inadecuada atención médica, toda vez que no
había premisa alguna que indicara la necesidad de realizar el mencionado
procedimiento invasivo, aunado a que omitió suministrar inmediatamente a V1
antibióticos con la finalidad de disminuir el riesgo de infección ascendente materna
al feto, ya que fue hasta 12 horas después de la ruptura artificial de membranas que
se realizó la cobertura antimicrobiana, dejando de observar el contenido de la
Norma Oficial Mexicana NOM–007-SSA2-1993 para la Atención de la Mujer Durante el
Embarazo, Parto y Puerperio y del Recién Nacido, Criterios y Procedimientos para la
Prestación del Servicio.
Recomendaciones
Se repare el daño psicológico a V1 y a su esposo, a través del tratamiento médico,
psicológico y de rehabilitación.
Sean enviadas a este organismo nacional, las pruebas con que se acredite el
cumplimiento del acuerdo dictado por la Comisión Bipartita de Atención al
Derechohabiente del Consejo Técnico del Instituto Mexicano del Seguro Social, en el
que resolvió procedente el pago de la indemnización a favor de V1 y de su esposo.
Que en los hospitales de ese Instituto, se diseñen e impartan cursos integrales de
capacitación y formación en materia de derechos humanos, así como del
conocimiento, manejo y observancia de las Normas Oficiales Mexicanas en materia
de salud.
Entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten ante los Consejos de
Especialidades Médicas, con la finalidad de que acrediten tener la actualización,
experiencia y conocimientos suficientes para mantener las habilidades necesarias
que permitan brindar un servicio médico adecuado y profesional.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la ampliación de la queja
que se promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano del
Seguro Social, en contra del personal médico involucrado en los hechos de la
presente recomendación.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.
Recomendación 27/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica de mujer de 39 años de edad, a quien se le diagnosticó un cuadro
clínico de miopía alta y ordenó los estudios preoperatorios para realizarle una cirugía
facorrefractiva del ojo izquierdo y después del ojo derecho. Posteriormente, el Médico AR1 le
practicó a V1 una facoemulsificación, sin haber realizado un adecuado protocolo de estudio ni
tomar en cuenta los factores de riesgo que la predisponían al desprendimiento de retina,
además, de que en el posquirúrgico tampoco le indicó los cuidados oculares ni llevó a cabo un
seguimiento y vigilancia estrecha de la víctima y como consecuencia de ello la paciente sufrió
la pérdida de la visión en el ojo izquierdo y cursa actualmente con complicaciones del ojo
derecho.
Recomendaciones
Se indemnice a V1, con motivo de la responsabilidad institucional en que incurrió
AR1, médico adscrito al servicio de Oftalmología del Hospital General de Zona No.
194 del Instituto Mexicano del Seguro Social.
Se repare el daño ocasionado a V1, a través de los tratamientos psicológico y de
rehabilitación necesarios, que permitan restablecer su salud emocional a como se
encontraba previo a la violación a derechos humanos, además de brindar a V1 la
atención médica integral que requiera y que permita en la medida de lo posible
restablecer su salud física.
Gire sus instrucciones para que en los hospitales de ese Instituto a su cargo se
diseñe e imparta un programa integral de capacitación y formación en materia de
derechos humanos, con especial énfasis en el contenido, manejo y observancia de las
Normas Oficiales Mexicanas en materia de salud.
Se establezca la obligación para el personal médico de entregar copia de la
certificación y recertificación que tramiten ante los Consejos de Especialidades
Médicas, con la finalidad de acreditar que se tiene la actualización, experiencia y
conocimientos profesionales necesarios para brindar un servicio médico adecuado.
Se colabore ampliamente con esta Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la
presentación y trámite de la queja que promueva ante el Órgano Interno de Control
de ese Instituto contra el médico responsable que intervino a V1.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente este organismo nacional ante la Procuraduría General
de la República.
Recomendación 37/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica de mujer con un embarazo de 32 semanas de gestación,
como tratamiento era urgente una cesárea, debido a que el producto presentaba
hipomovilidad fetal y falta de oxigenación.
Recomendaciones
Reparación del daño e indemnización.
Que se reparen los daños físicos y psicológicos a V1, tendentes a reducir los
padecimientos que presente, a través del tratamiento médico, psicológico y de
rehabilitación que sea necesario para restablecer su salud física y emocional.
Se diseñen e impartan cursos integrales de capacitación y formación en materia de
derechos humanos, así como del conocimiento, manejo y observancia de las Normas
Oficiales Mexicanas en materia de salud.
Se exhorte a entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten ante
los Consejos de Especialidades Médicas con la finalidad de que acrediten tener la
actualización, experiencia y conocimientos suficientes para mantener las habilidades
necesarias que les permitan brindar un servicio médico adecuado y profesional.
Se adopten medidas efectivas de prevención que permitan garantizar que los
expedientes clínicos no se extravíen.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación de la
queja que se promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano
del Seguro Social, en contra de AR1, médico adscrito al Hospital 19.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.
Recomendación 39/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica a paciente con un cuadro cínico de Parkinson a quien
se le practicaron dos palidotomías; en la segunda perdió la capacidad del habla y
de deglutir sus alimentos.
El perito médico-forense de esta Comisión Nacional advirtió que V1 no era candidata
a la segunda palidotomía que se le practicó ya que no le ofrecía beneficio alguno,
sino por el contrario, la puso en riesgo de presentar efectos secundarios y de que se
agravara su padecimiento.
Implicaciones que AR1 tenía la obligación de conocer, es decir, que AR1 no debió
haber practicado a V1 una segunda palidotomía, ya que si bien es cierto que la
víctima presentó una lesión bilateral, también lo es que la mencionada intervención
quirúrgica no se puede realizar en ambos hemisferios cerebrales por el alto riesgo de
que se presenten efectos secundarios neurológicos, tales como trastornos de
lenguaje, cognitivos o de la marcha, por lo que tendría que haber indicado como
plan de manejo de V1 continuar con medicamentos y rehabilitación.
Recomendaciones
Instruya a quien corresponda, a efecto de que se tomen las medidas necesarias para
reparar el daño e indemnizar a V1.
Se reparen los daños físicos y psicológicos a V1, tendentes a reducir los
padecimientos que presente, a través del tratamiento médico, psicológico y de
rehabilitación que sea necesario, en los hospitales de ese Instituto a su cargo; se
diseñen e impartan cursos integrales de capacitación y formación en materia de
derechos humanos, así como del conocimiento, manejo y observancia de las Normas
Oficiales Mexicanas en materia de salud.
Se les exhorte a entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten
ante los Consejos de Especialidades Médicas con la finalidad de que acrediten tener
la actualización, experiencia y conocimientos suficientes para mantener las
habilidades necesarias que les permitan brindar un servicio médico adecuado y
profesional.
Se adopten medidas efectivas de prevención que permitan garantizar que los
expedientes clínicos que generen con motivo de la atención médica que brindan no
se extravíen.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación de la
queja que se promueva ante el Órgano Interno de Control.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.
Recomendación 57/2011
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica, por AR1, auxiliar del área médica adscrita a la Unidad
Médica del IMSS, ubicada en San Nicolás Obispo, municipio de Morelia, Michoacán,
quien aplicó a V1, V2, V3 y V4 insulina exógena en lugar de la vacuna contra la
hepatitis “B”, situación que afectó su estado de salud; por ello, V1, V2 y V3 fueron
trasladadas por sus madres Q1, Q2 y Q3 al Hospital Infantil de Morelia “Eva Sámano
de López Mateos”, perteneciente a la Secretaría de Salud de la citada entidad
federativa, donde el personal médico que las atendió les diagnosticó un cuadro
clínico de hipoglucemia.
Recomendaciones
Se tomen las medidas necesarias para reparar el daño.
Se reparen los daños físicos y psicológicos a V1 y V2, a sus familiares, y a los de V3,
tendentes a reducir los padecimientos que presenten y lleguen a presentar con
motivo de los hechos, a través del tratamiento médico, psicológico y de
rehabilitación de por vida que sea necesario para restablecer su salud física y
emocional.
Se diseñen e impartan cursos integrales de capacitación y formación en materia de
derechos humanos, así como del conocimiento, manejo y observancia de las Normas
Oficiales Mexicanas en materia de salud.
Que el personal médico adscrito a los diferentes centros hospitalarios de la
Delegación del IMSS en Michoacán, supervise la atención que los auxiliares vayan a
proporcionar a los pacientes.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación de la queja
que se promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano del
Seguro Social, en contra del personal involucrado en los hechos.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.
Que en las Campañas de Vacunación que se implementen desde ese Instituto se haga
especial énfasis en informar al personal que participe en las mismas los cuidados y
procedimientos que debe de seguir, elaborándose y repartiendo material en el que se
precise esa información, y se envíe a este organismo nacional constancias con las
que acredite su cumplimiento.
Recomendación 58/2011
Autoridades responsables:
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Inadecuada atención médica por AR1, quien omitió elaborar la historia clínica de
V1, y dejar constancia del tratamiento que se le proporcionó a la víctima, en
contravención con los lineamientos establecidos en la Norma Oficial Mexicana, NOM-
168-SSA1-1998, Del Expediente Clínico, y de forma inadecuada indicó como plan de
manejo una ultrasonografía abdominal, sin haber efectuado previamente el control
de laboratorio sanguíneo correspondiente, el cual le hubiera permitido detectar que
la víctima en realidad, estaba atravesando por una urgencia médica; es decir, con un
problema médico quirúrgico que requería de atención inmediata conocido con el
nombre de pancreatitis.
Recomendaciones
Se reparare el daño.
Que en los hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social, especialmente en el
Hospital General de Sub Zona No. 6, se diseñen e impartan cursos.
Se emita una circular en la que se les exhorte a entregar copia de la certificación y
recertificación que tramiten ante los Consejos de Especialidades Médicas con la
finalidad de que acrediten tener la actualización, experiencia y conocimientos
suficientes para mantener las habilidades necesarias que les permitan brindar un
servicio médico adecuado y profesional.
Se adopten medidas efectivas de prevención que permitan garantizar que los
expedientes clínicos que generen con motivo de la atención médica que brindan se
encuentren debidamente integrados.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación de la queja
que se promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano del
Seguro Social en contra del personal involucrado en los hechos de la presente
recomendación, enviando a esta Comisión Nacional las constancias que le sean
requeridas.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de las denuncias que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República, y remita a este organismo nacional las
constancias que le sean solicitadas.
Recomendación 89/2011.
Sobre el caso de la pérdida del expediente clínico de V1, en el Hospital General de Zona No. 3
“Dr. Héctor González Guevara” del IMSS en Sinaloa.
Autoridades responsables
Instituto Mexicano del Seguro Social
Violaciones observadas
Menor de edad a quien se le practicó una orquitectomía izquierda, es decir una
extirpación, así como una orquidopexis derecha, esto es una reparación, ambas en
los testículos; precisando que el testículo izquierdo se encontró necrosado y torcido,
y que la operación resultó con sangrado mínimo y sin complicaciones, por lo que su
pronóstico hacia la mejoría era favorable, precisándole que era necesario que
posteriormente acudiera a una cita con el servicio de Consulta Externa Pediátrica.
Pérdida del expediente clínico del paciente. Se observaron omisiones en el
cumplimiento del numeral 5.1, de la Norma Oficial Mexicana NOM-168-SSA1-1998,
del Expediente Clínico, el cual establece que los prestadores de servicios médicos
están obligados a integrar y conservar el expediente clínico,
Recomendaciones
Que se tomen las medidas necesarias para reparar el daño.
Se proporcione tratamientos psicológico y de rehabilitación necesarios, que permitan
restablecer su salud emocional.
Que en los hospitales de ese Instituto a su cargo se diseñen e impartan cursos
integrales de capacitación y formación en materia de derechos humanos, así como
del conocimiento, manejo y observancia de las Normas Oficiales Mexicanas en
materia de salud.
Se emita una circular dirigida al personal médico y administrativo en la que se les
exhorte a entregar copia de la certificación y recertificación que tramiten ante los
Consejos de Especialidades Médicas con la finalidad de que acrediten tener la
actualización, experiencia y conocimientos suficientes para mantener las habilidades
necesarias que les permitan brindar un servicio médico adecuado y profesional.
Que se adopten medidas efectivas de prevención que permitan garantizar que los
expediente clínicos que generen, con motivo de la atención médica que brindan, se
conserven y se vigile continuamente y que los mismos se encuentren debidamente
integrados.
Se colabore ampliamente con este organismo nacional en la presentación de la queja
que se promueva ante el Órgano Interno de Control en el Instituto Mexicano del
Seguro Social.
Se colabore debidamente en las investigaciones derivadas de la denuncia que con
motivo de los hechos presente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ante la
Procuraduría General de la República.