MENTIRAS VAN, MENTIRAS VIENEN.
Ayer me sucedió algo extraordinario. Digo esto porque lo ordinario hubiese sido que
me sienta ofendida, decepcionada o humillada y monte en cólera al ver que algunas
personas coincidieron al mentirme directamente a la cara. En otra época sucedió así
pero ahora, contrariamente a lo habitual y con la calma más profunda me limité
simplemente a escuchar y observar.
Fue como estar en lo que se llama un vulgar cinematógrafo de pacotilla, mirando una
película de mal argumento, de absurdo guión y aun más, con pésimos actores.
Todos hemos mentido alguna vez, sea cual fuere el motivo. ¡¡Pero qué joder y
aburrición!! Aprendí que uno sólo puede mentirse a sí mismo, la verdad emerge de
cualquier manera y suele golpear duramente. Con ese aprendizaje que dá el paso de
los años, si uno(a) está dispuesto(a) a aprehenderlo, se logra cierto grado en la
claridad de percepción. Se descubre que es mejor no mentir-se. Los años de
experiencia transcurridos, la naturaleza y la vida misma ponen al alcance de todos (si
así lo quieren), la capacidad de “Ver” más allá .
Si bien es posible que existan muchas “realidades”, (ojo que realidad tiene mucho que
ver con verdad), la realidad más frecuente es esa que te sacude a diario, la que te
aguijonea constantemente, la que te abofetea en la cara, aquella de la que no puedes
huir. Por lo tanto es mejor enfrentarse a ella.
Me traslado a aquellos momentos, mientras estas personas en un curioso y cursi
monólogo hablan en exceso, argumentan sin criterio, explican lo inexplicable, actúan
inventando la imagen de seres que jamás podrían llegar a ser, mencionan sentimientos
que ignoran por completo, contando historias que sus ojos y sus cuerpos desmienten a
gritos. En una actuación grotesca tratando de convencer: ¿A quién?. No es a mí por
supuesto.
Me causan gracia y cierta lástima. Lejos de sentirme mal soy una espectadora alejada,
muy ajena. Ya no siento que insulten mi inteligencia, quizás la suya propia si es que la
tienen.
Como sucede con cualquier película absurda y barata y cuyo final sabía
anticipadamente que sería el mismo, en cada uno de los casos, rápidamente me puse
de pie y me marché. Porque si de historias mal contadas se trata… Hace mucho que
dejé de perder mi tiempo.
LIGIA SORIA GALVARRO ( De: “Absurdos momentos de grima” )
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