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Salmo 35: Defensa y Justicia Divina

El salmo 35 describe cómo el salmista pide protección a Dios contra sus enemigos que lo persiguen y traman el mal contra él, pidiendo que sean avergonzados. Además, el salmista afirma su inocencia y cómo sus enemigos lo tratan injustamente a pesar de que él los trata con bondad. El salmo 91 describe cómo el que confía en Dios no teme ningún mal, pues Dios ordena a sus ángeles que lo protejan en todos sus caminos y le responderá cuando lo invoque.

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Salmo 35: Defensa y Justicia Divina

El salmo 35 describe cómo el salmista pide protección a Dios contra sus enemigos que lo persiguen y traman el mal contra él, pidiendo que sean avergonzados. Además, el salmista afirma su inocencia y cómo sus enemigos lo tratan injustamente a pesar de que él los trata con bondad. El salmo 91 describe cómo el que confía en Dios no teme ningún mal, pues Dios ordena a sus ángeles que lo protejan en todos sus caminos y le responderá cuando lo invoque.

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SALMOS 35

1 Combate, oh SEÑOR, a los que me combaten; ataca a los que me


atacan. 2 Echa mano del broquely del escudo, y levántate en mi
ayuda. 3 Empuña también la lanza y el hacha para enfrentarte a los que me
persiguen; di a mi alma: Yo soy tu salvación. 4 Sean avergonzados y
confundidos los que buscan mi vida puestos en fuga y humillados los que traman
el mal contra mí. 5 Sean como paja delante del viento, con el ángel del SEÑOR
acosándolos. 6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo, con el ángel del SEÑOR
persiguiéndolos. 7 Porque sin causa me tendieron su red; sin causa cavaron
fosa para mi alma. 8 Que venga destrucción sobre él sin darse cuenta, y la red
que él mismo tendió lo prenda, ¡que caiga en esa misma destrucción! 9 Y mi
alma se regocijará en el SEÑOR; en su salvación se gozará. 10 Dirán todos mis
huesos: SEÑOR, ¿quién como tú, que libras al afligido de aquel que es más
fuerte que él, sí, al afligido y al necesitado de aquel que lo despoja? 11 Se
levantan testigos malvados, y de lo que no sé me preguntan. 12 Me devuelven
mal por bien para aflicción de mi alma. 13 Pero yo, cuando ellos estaban
enfermos, vestía de cilicio; humillé mi alma con ayuno, y mi oración se repetía en
mi pecho. 14 Como por mi amigo, como por mi hermano, andaba de aquí para
allá; como el que está de duelo por la madre, enlutado me encorvaba. 15 Pero
ellos se alegraron en mi tropiezo , y se reunieron; los agresores, a quienes no
conocía, se juntaron contra mí; me despedazaban sin cesar. 16 Como bufones
impíos en una fiesta, rechinaban sus dientes contra mí. 17 ¿Hasta cuándo,
Señor, estarás mirando? Rescata mi alma de sus estragos, mi única vida de los
leones. 18 En la gran congregación te daré gracias; entre mucha gente te
alabaré. 19 No permitas que se regocijen a costa mía los que injustamente son
mis enemigos, ni que guiñen el ojo con malicia los que sin causa me
aborrecen. 20 Porque ellos no hablan paz, sino que piensan palabras engañosas
contra los pacíficos de la tierra, 21 y abrieron bien grande su boca contra mí;
dijeron: ¡Ajá, ajá, nuestros ojos lo han visto! 22 Tú lo has visto, SEÑOR, no
calles; Señor, no estés lejos de mí. 23 Despierta y levántate para mi defensa y
para mi causa, Dios mío y Señor mío. 24 Júzgame conforme a tu justicia, oh
SEÑOR, Dios mío; que no se rían de mí. 25 Que no digan en su corazón: ¡Ajá, lo
que queríamos! Que no digan: ¡Lo hemos devorado! 26 Sean avergonzados y
humillados a una los que se alegran de mi mal; cúbranse de vergüenza y
deshonra los que se engrandecen contra mí. 27 Canten de júbilo y regocíjense
los que favorecen mi vindicación; y digan continuamente: Engrandecido sea el
SEÑOR, que deleita en la paz de su siervo. 28 Y mi lengua hablará de tu justicia
y de tu alabanza todo el día.
SALMO 91

El que habita al abrigo del Altísimo
se acoge a la sombra del Todopoderoso.

Yo le digo al SEÑOR: «Tú eres mi refugio,
mi fortaleza, el Dios en quien confío.»

Sólo él puede librarte de las trampas del cazador
y de mortíferas plagas,

pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.
¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!

No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día,

ni la peste que acecha en las sombras
ni la plaga que destruye a mediodía.

Podrán caer mil a tu izquierda,
y diez mil a tu derecha,
pero a ti no te afectará.

No tendrás más que abrir bien los ojos,
para ver a los impíos recibir su merecido.

Ya que has puesto al SEÑOR por tu* refugio,
al Altísimo por tu protección,
10 
ningún mal habrá de sobrevenirte,
ninguna calamidad llegará a tu hogar.
11 
Porque él ordenará que sus ángeles
te cuiden en todos tus caminos.
12 
Con sus propias manos te levantarán
para que no tropieces con piedra alguna.
13 
Aplastarás al león y a la víbora;
¡hollarás fieras y serpientes!
14 
«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;
lo protegeré, porque reconoce mi nombre.
15 
Él me invocará, y yo le responderé;

estaré con él en momentos de angustia;


lo libraré y lo llenaré de honores.
16 
Lo colmaré con muchos años de vida
y le haré gozar de mi salvación.»

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