1.
- Introducción y antecedentes
La vida jurídica es marcada por la intervención de múltiples organismos
creados con miras a satisfacer intereses colectivos que pueden, activa o
pasivamente, ser sujetos de derecho, patrimoniales o extrapatrimoniales.
Bautizadas como personas morales, estas son titulares de un patrimonio
distinto que el de sus miembros, tienen prerrogativas y soportan las cargas
que le son propias. Los acreedores de uno de los miembros del grupo no
están, en principio, autorizados a hacerse de los bienes pertenecientes a
estos últimos. (Teyssié, 1999, p. 303)
El hombre como ser social busca del otro para llevar a cabo acciones. Su
sentimiento gregario así se lo exige, complementando sus debilidades y
haciendo trascender su obra frente a la temporalidad de su vida. El hombre
necesariamente está vinculado a una serie de conjuntos sociales con cierta
permanencia. Asociarse es una forma de trascender. Para los grandes
proyectos y aspiraciones deben conjugarse esfuerzos, unirse con los
demás. En forma individual y aislada, el ser humano “puede lograr ciertos
fines, limitados a sus esfuerzos y posibilidades; empero, hay ciertos fines
que trascienden a su propia vida individual, aislada y que no pueden
cumplirlos sino asociándose a otras personas o destinando parte de sus
bienes al logro de esos fines” (Varsi Rospigliosi, 2014, p. 243)
2.- Antecedentes
Las entidades que hoy conocemos como personas jurídicas, aun cuando
tengan pocas cosas en común, tienen una larga data en el derecho. Aun con
cierta duda, es usual remitirse a Roma. También hay referencias en las XII
Tablas en donde se hace referencia a las asociaciones, en la tabla VIII-27,
considerando que estas entidades podían organizarse de forma autónoma
bajo un estatuto propio el que era considerado válido siempre y cuando no
transgreda el Derecho Público. (Pazos Hayashida, 2017, p. 13)
Así, esta unión exhibe innumerables características de la persona humana:
nacimiento, registro, personalidad, capacidad, domicilio e incluso, en cierto
modo, muerte y sucesión. Nacimos envueltos en el concepto de persona
jurídica, de existencia ficticia pero indiscutible, que encuentra en el propio
Estado la más fundamental e importante de sus expresiones. (Chaves, 1974,
p. 268)
Ya sea en el mundo animal, mundo humano o mundo jurídico los
organismos o colectividades siempre han existido, existen y lo seguirán
haciendo hasta el fin de la humanidad. Ya que todo organismo, por regla
general, tiende a la socialización con el objetivo de encontrar mejores
oportunidades de las que tendrían por individual o por el simple instinto de
supervivencia. En cuanto al mundo jurídico, se cuenta con referencias de su
existencia en Roma y en las XII tablas. El hombre, entonces, crea una ficción,
estas son las personas jurídicas que, para sorpresa de algunos, tienen
semejanzas con las propias personas naturales, verbigracia, ser titular de
derechos, obligaciones lo cual involucra la capacidad de contratar o hacerse
responsable, tener un nombre, domicilio, etc.
Es dable señalar que la regulación de las personas jurídicas en el Código
Civil de 1984 responde a una concepción tridimensional del Derecho la que,
en términos generales, subyace a través del articulado de todo el Libro
Primero. La aplicación de esta peculiar y comprensiva visión del fenómeno
jurídico, permite distinguir en la persona jurídica –cualquier persona jurídica-
la presencia necesaria, simultánea y en recíproca exigencia, de tres niveles
integrados por el dato formal derivado del aparato normativo, por las
conductas humanas intersubjetivas que constituyen la dimensión
sociológica existencial de las personas jurídicas y por los fines valiosos que
las caracterizan y les otorgan sentido. (Fernández Sessarego, 2004, p. 221).
Asimismo, la Constitución peruana reconoce el derecho fundamental a
asociarse[1] y constituir fundaciones, así como diversos tipos de entidades
sin fines de lucro sin autorización previa y con arreglo al ordenamiento
jurídico. Precisamente, el Tribunal Constitucional peruano ha desarrollado el
doble contenido que tendría este derecho. Se ha planteado, por un lado,
como una prerrogativa inherente a toda persona que le permite asociarse
libremente, sin que sea necesaria autorización alguna y siempre y cuando se
haga de acuerdo a ley. Pero también se ha entendido como forma de
organización jurídica que se genera como consecuencia del ejercicio del
propio derecho, organización que estaría limitada por el objetivo para el cual
ha sido creada, esto es, la realización de actividades sin fines de lucro.
(Pazos Hayashida, 2017, pp. 49-50)
Por tanto, cuando hablamos de las personas jurídicas en nuestro Código
Civil peruano, esto es, la asociación, fundación y comité, debemos tener
presente que ellas responden a las normas, valores y fines valiosos, o sea a
la “Teoría tridimensional del Derecho” y al derecho fundamental a asociarse
como cualidad inherente a toda persona por su condición de tal siempre y
cuando lo haga en el marco de la ley y cuyas finalidades carezcan de lucro.
En el presente trabajo abordaremos algunos aspectos resaltantes, a nuestro
juicio, de las personas jurídicas de derecho privado en el Código Civil
peruano.
3.- La asociación
De conformidad con nuestro artículo 80 del CC la asociación es:
“una organización estable de personas naturales o jurídicas, o de ambas, que
a través de una actividad común persigue un fin no lucrativo”.
Como organización se concibe como medio necesario para que la
autonomía de las personas se expanda a formas de convivencia inspiradas
en valores solidarios y fructíferos, así como medio de expresión del derecho
constitucional de asociación de la persona, recogido por el artículo 2, inciso
13 de la Constitución Peruana. (Seoane Linares, 2005, p. 133)
Apoya actividades caritativas, culturales, políticas, de caza, de pescadores,
deportistas, de defensores de sitios o monumentos en peligro. (Teyssié,
1999, p. 314)
En toda asociación existe un estatuto[2] que regula lo atinente a su
organización, precisa sus fines, su sistema operativo, el rol o funciones de
sus diversos órganos. (Fernández Sessarego, 2004, p. 250).
Lo dicho líneas arriba no debe confundirse con la realización de actividades
económicas por parte del ente con la finalidad de coadyuvar a la realización
del objeto para el cual ha sido creado. No cabe duda que la realización de
ciertas actividades es imprescindible para alcanzar las metas de la entidad.
Dichas actividades se realizan con la finalidad de generar recursos, sin que
ello afecte el carácter no lucrativo de la asociación. (Pazos Hayashida, 2017,
p. 51)
En el mismo sentido, una doctrina francesa advierte que los miembros de la
asociación ponen en común permanentemente sus conocimientos o su
actividad con un propósito que no sea la participación sobre las ganancias
-lo que no impide que se obtenga alguna forma de ganancia pero excluye
que las mismas se distribuyan entre los miembros (Teyssié, 1999, p. 303)
Por tanto, cuando hablamos de asociación nos referimos a un grupo de
personas naturales o jurídicas, o ambas, que, en virtud a su derecho
inherente a asociarse, realizan actividades de carácter no lucrativo
(caritativas, culturales, políticas, de caza, de pescadores, deportistas, de
defensores de sitios o monumentos en peligro) pero de carácter económico
lo cual involucra que puedan percibir dinero mas no repartírselo entre ellos
sino destinarlo a la finalidad noble que hayan elegido.
Para ilustrar lo expuesto basta observarse los casos más simples y
comunes de la vida diaria, como sería el de un club deportivo. En este
particular tipo de asociación cada persona individual cumple un rol
específico dentro de una organización. Encontramos así a los dirigentes
-cada uno de ellos con sus propias funciones-, a los jugadores del equipo de
futbol, donde a su vez también existen determinados roles como el del
arquero, el del centro delantero o el del defensa. Se trata, en fin, de una
organización de personas que es el único modo en que los hombres actúan
cuando se reúnen para cumplir determinados fines valiosos. (Fernández
Sessarego, 2004, p. 250).
Varsi Rospigliosi señala que cuenta con dos órganos: la asamblea general y
el consejo directivo
El primero es el órgano supremo. Se encarga de decidir la función de la
asociación. Reúne a todos los asociados.
El segundo el órgano de gobierno. Se encarga de establecer las directrices
que deben guiar a la asociación. Ejecuta los actos aprobados por la
asamblea y hace cumplir el Estatuto. Reúne a los asociados elegidos por la
asamblea general. Cuenta con un Presidente y un secretario y, dado el caso,
con otros cargos (vicepresidente, vocales). (Varsi Rospigliosi, 2014, p. 280)
La asociación se puede disolver por cualquier de las causales siguientes:
o De pleno derecho cuando no pueda funcionar según su estatuto (art.
94)
o Por liquidación según lo acordado por su respectiva Junta de
Acreedores de conformidad con la ley de la materia (art. 95).
o Cuando sus actividades o fines sean o resulten contrarios al orden
público o a las buenas costumbres. (art. 96).
De conformidad con el artículo 98 del CC:
“Disuelta la asociación y concluída la liquidación, el haber neto resultante es
entregado a las personas designadas en el estatuto, con exclusión de los
asociados. De no ser posible, la Sala Civil de la Corte Superior respectiva
ordena su aplicación a fines análogos en interés de la comunidad, dándose
preferencia a la provincia donde tuvo su sede la asociación”.
4.- La fundación
De acuerdo a nuestro artículo 99 del CC la fundación es:
“una organización no lucrativa instituida mediante la afectación de uno o más
bienes para la realización de objetivos de carácter religioso, asistencial,
cultural u otros de interés social”.
En esta definición encontramos, por ejemplo, que la fundación es una
persona jurídica, y que, para adquirir tal calidad, debe cumplir con una serie
de pasos que deben concluir con la correspondiente inscripción. De otro
lado, la fundación se caracteriza por ser no lucrativa, es decir que las
utilidades que obtenga como consecuencia de sus actividades no son
distribuidas, sino reinvertidas hacia la misma finalidad. Ahora bien, no debe
soslayarse el hecho de la afectación patrimonial, el cual será utilizado para
financiar las actividades de la fundación, o los fines para los cuales se
requerirá el patrimonio. (Seoane Linares, 2005)
Un atento sector de la doctrina nacional señala que el que se introduzca un
elemento indeterminado como el “interés social” conlleva un serio riesgo de
arbitrariedad por parte de los Registros Públicos al momento de calificar la
inscripción de una fundación, pues siempre se podrá discutir el grado de
interés de la sociedad en cierto tema o utilidad para esta. De esta suerte
estima que la interpretación del “interés social” debe ser la más amplia
posible, pues en caso contrario se corre el riesgo de dejar fuera actividades
que podrían ser de interés para la sociedad, pero cuya novedad impida el
que esto se entienda así por el registrador. (De Belaúnde López de Romaña,
2010, p. 365).
Otro sector de la doctrina nacional advierte (posición que además
compartimos) que la fundación no cuenta con miembros en estricto sino
con gestores del patrimonio a título de administradores que se encargan de
salvaguardar el patrimonio. (Pazos Hayashida, 2017, p. 53)
Por tanto, entendemos por fundación a aquel grupo de bienes afectados a
realización de objetivos de carácter religioso, asistencial, cultural u otros de
interés social que no cuenta con miembros sino con gestores que se
encargan de administrar los bienes a su cargo para cumplir el fin para lo
cual se constituyó la persona jurídica. Asimismo, cuando tenga por objetivo
un ”interés social” la interpretación que se deberá realizar de tal objetivo
deberá ser la mas amplia posible con miras a no impedir que se llevan a
cabo actividades en beneficio de la sociedad solo por su carácter novedoso
o desconocido.
Siguiendo a Varsi Rospigliosi, Cuenta con dos órganos: el administrador y
el Consejo de supervigilancia de fundaciones
El primero es el órgano de funcionamiento y gestión mientras que el
segundo es el órgano fiscalizador. (Varsi Rospigliosi, 2014, p. 283)
De conformidad con el artículo 103 el Consejo de Supervigilancia de
Fundaciones es:
“la organización administrativa encargada del control y vigilancia de las
fundaciones”.
De acuerdo con el artículo 109 del CC el Consejo de Supervigilancia podrá
solicitar la disolución de la fundación cuando:
“su finalidad resulte de imposible cumplimiento”.
Según el artículo 110 del CC:
“El haber neto resultante de la liquidación de la fundación se aplica a la
finalidad prevista en el acto constitutivo. Si ello no fuera posible, se destina, a
propuesta del Consejo, a incrementar el patrimonio de otra u otras
fundaciones de finalidad análoga o, en su defecto, a la Beneficencia Pública
para obras de similares propósitos a los que tenía la fundación en la localidad
donde tuvo su sede”.
5.- El comité
Según nuestro artículo 111 del CC el comité es:
“La organización de personas naturales o jurídicas, o de ambas, dedicada a la
recaudación pública de aportes destinados a una finalidad altruista.
El acto constitutivo y el estatuto del comité pueden constar, para su
inscripción en el registro, en documento privado con legalización notarial de
las firmas de los fundadores”.
Para el ponente del libro de personas, el comité se distingue de la fundación,
en que el primero adquiere existencia legal por la decisión de un grupo de
personas que se organizan libremente para administrar bienes que no
provienen de una o más personas determinadas -el fundador o los
fundadores-, ni totalmente de propio peculio sino del público en general al
cual se dirigen para la recaudación de aportes. La fundación en cambio
adquiere existencia legal por la decisión de una o mas personas que luego
una vez creada la fundación, no tienen en ella ninguna intervención en
calidad de miembros. De otro lado, mientras que en el comité los
administradores se autoconstituyen, en la fundación son designados por el
fundador o en su defecto por el Consejo de Supervigilancia de Fundaciones.
(Fernández Sessarego, 2004, p. 345)
En la medida que nos encontramos ante una persona jurídica conformada a
partir de la participación de varios promotores, el legislador consideró
remitir este tipo de entidades a un esquema organizacional similar al de las
asociaciones, con la manifiesta diferencia de que el comité siempre tiene un
carácter temporal: busca efectuar la recaudación y luego asignar lo
recaudado a los beneficiarios. Por ello, su existencia siempre es efímera,
restringida al tiempo en que se pueda alcanzar la meta de recaudación o
que se cumpla el plazo expresamente contemplado para ello. (Pazos
Hayashida, 2017, p. 57)
En la jurisprudencia registral también se ha considerado dos elementos
inherentes a su naturaleza, aparte de su naturaleza asociativa, como el ser
abierto a la afiliación y de tener existencia efímera. (Seoane Linares, 2005, p.
181)
Siguiendo a Varsi Rospiglios, su organización cuenta con dos órganos:
la asamblea general y el consejo directivo.
El primero es el órgano supremo, se encarga de decidir la función de la
asociación. Reúne a todos los asociados.
El segundo es el órgano de gobierno, se encarga de establecer las
directrices que deben guiar al comité. Ejecuta los actos aprobados por la
asamblea y hace cumplir el estatuto. Reúne a los asociados elegidos por la
Asamblea General. Cuenta con un presidente y un secretario y, dado el caso,
con otros cargos (vicepresidente, vocales). (Varsi Rospigliosi, 2014, p. 286)
Por tanto, entendemos por Comité aquel grupo de personas naturales,
jurídicas o ambas que se reúnen para recaudar bienes del público en general
(y no aportando bienes de su propio patrimonio) con el objetivo de realizar
actividades no lucrativas pero de carácter económico lo cual involucra que
puedan percibir dinero (producto de los bienes) mas no repartírselo entre
ellos sino destinarlo a la finalidad noble que hayan elegido dejando de existir
una vez cumplida tal finalidad (carácter efímero).
Sus causales de disolución son las siguientes:
– cuando actividades o fines sean o resulten contrarios al orden público o a
las buenas costumbres (art 120).
– cuando se cumpla con la finalidad propuesta, o ella no se haya podido
alcanzar (art. 121).
Según el artículo 122 del CC:
“El consejo directivo adjudica a los erogantes el haber neto resultante de la
liquidación, si las cuentas no hubieran sido objetadas por el Ministerio
Público dentro de los treinta días de haberle sido presentadas. La
desaprobación de las cuentas se tramita como proceso de conocimiento,
estando legitimados para intervenir cualquiera de los miembros del comité.
Si la adjudicación a los erogantes no fuera posible, el consejo entregará el
haber neto a la entidad de Beneficencia Pública del lugar, con conocimiento
del Ministerio Público”.