Rodrigo era un niño desconsiderado y molesto para muchos de sus conocidos, solía tener
un actitud déspota y nada considerada con los demás. Al no faltarle nada en la vida, las
pequeñas cosas no las valoraba y pensaba que a él jamás nada le podría faltar. Una noche,
después de un agotador día de ser molesto con los demás, llegó al fin su hora de dormir.
Estando en su cuarto y ya tarde, los ojos de Rodrigo se empezaron a cerrar poco a poco,
hasta que cayó en un sueño profundo, ha decir verdad, sería un sueño que jamás olvidaría.
Rodrigo despertó o eso pensaba él, todo iba normal hasta que llegó la hora de pararse de la
cama. Al darse cuenta que su cuerpo no respondía pegó un grito de desesperación y miedo.
Aquel niño déspota, carente de empatía, ahora dependía de la ayuda de los demás.
Rodrigo era incapaz de sentir sus piernas y brazos, de hecho era incapaz de sentir algo, ya
no se valía por sí mismo. El grito de Rodrigo rápidamente captó la atención de su madre
quien llegó corriendo y preguntando repetidas veces “¿Qué sucede? ¿Qué te pasó?”
Rodrigo le preguntaba a su madre que había pasado, por qué no sentía sus piernas y no se
podía mover. La madre un poco extrañada le explicó algo que se supone él ya sabía.
Rodrigo aún no entendía y no creía lo que estaba viviendo, pues una noche antes él se
movía por completo y no comprendía cómo pudo pasar algo así de la noche a la mañana. A
lo largo del día empezó a notar que su rutina era solamente quedarse acostado o en una
silla de ruedas que su mamá movía por la casa, pero que la mayoría del tiempo dejaba en la
ventana, para que él pudiera ver el exterior mientras ella se apuraba con lo demás. Rodrigo
notaba con pena cómo los niños de afuera se asomaban a lo lejos o pasaban por su
ventana con la intención de verlo, pero eran miradas raras, miradas que lo hacían sentir que
no encajaba ni encajaría nunca con ellos. En la tarde la madre decidió sacarlo a dar una
vuelta, para que el aire le pegará y le ayudará a relajarse pues su mañana había sido algo
complicada. En el trayecto su madre se encontró con una vecina con quien se puso a
platicar, mientras tanto a Rodrigo se le acercaron algunos de los niños que vivían en su
calle y se empezaron a burlar de él, le dijeron todos los insultos posibles que se les pudo
ocurrir, y aunque por dentro él estaba sintiendo rabia y tristeza, no importaba mucho,
porque no podía hacer nada al respecto.
Así, fueron pasando los días, las semanas e inclusive los meses, Rodrigo aún no podía
creer todo lo que le estaba pasando, su vida había dado un giro totalmente inesperado, ya
no podía sentir el agua al bañarse, no podía abrazar a su madre ni a alguno de sus
familiares e inclusive ni siquiera podía sentir dolor, no podía sentir absolutamente nada,
para él su vida era una pesadilla interminable. Su vida había perdido sentido, pues sentía
que de tenerlo todo, había pasado a no tener nada pues ni todo el dinero del mundo podría
regresarle su dependencia y al recordar la forma en la que había tratado a los demás
tampoco tendría un amigo en quien confiar.