“AÑO DEL BICENTENARIO DEL PERÚ: 200 AÑOS DE
INDEPENDENCIA”
Nombre: Zorro
Grado: “1” sección: “A”
Docente: Elvis Carlos Paucar
“El torito de la piel Brillante”
Erase una vez, una tarde, un día, pero no cualquier día, un momento inesperado, en
donde mi familia y yo teníamos unas pequeñas y redonditos cuycitos color café con
blanco, en donde eran en total una pareja de cuys, ósea hembra y macho. En ese día y
en ese momento, no teníamos la menor idea, ni mi madre y ni mi padre ni yo, de que en
ese día , nuestro dios todo poderoso, nos iba a regalar, pequeñas y dulces crías de cuys,
la cual yo como todos los días, habría las puertas de aquella pequeña casita, en donde
hay hablaban y Vivian mis hermosos cuyes, y de repente mis ojos ha primera vista, se
dirigieron y vi a los pequeños y hermosas crías de nuestros cuyes, dando pequeños
movimientos abriendo los ojos, en una preciosa tarde, y al momento donde yo vi a las
pequeñas criaturas mi primera sensación fue, de gran alegría, gozo y vital, y me di cuenta
que yo hace muchos días tenia ese deseo de que mis pequeños lo tuvieran a las crías de
los cuyes lo echaba de más, lo cuidaba delicadamente, les repartía su alfalfa, tenía
mucha concentración a ello, mis cuyes ya tenia esa certeza de que cada vez que yo abría
las puertas de coval, iban a poder comer productos saludables para ello y mucho más la
madre que tenía 2 pequeñas crías de cuys.
Entre todos aquellos días seguía con la rutina de visitar aquellos cuyes. Pero un día como
cualquier día vi asombrado, de que el día anterior que visite a mis cuyes, no los había
cerrado la puerta de su casita, me asuste y pensé que aquellos cuysitos que tenían, iban
hacer devorados por un gato, muy y muy cruel en que aquellos días se devoraba a los
animales pequeños como el: Pollito, patito, gansitos, cuycitos, etc. Luego yo me acerqué
más y más ha poder observar lo adentro y vi que gracias a, Dios mis pequeños cuyes,
estaban con vida en total fueron 4 sumando con todo.
Para mi fue un “gran“ “gran” ”gran” descuido, al igual. Me vi muy frustrado y
desanimado, y me pregunte que, si otra vez que pasara este acontecimiento y deje a si
mismo otra vez, ya no podría ver mas a mis pequeños cuycitos y tenía que ser más
cauteloso y no dejar todas las veces abierto la casita de los cuyes, pero tome una
decisión aquel día, de que ya no debía dejar abierto todas las veces cada que iba a ver a
mis cuyes.
Cuando iba a las veces a visitar a mis cuyes siempre tenia presente que debía siempre
cerrar la puerta de la casida de mi cuy. Un día mi hermana se encontró un pollito
pequeño, de plumas negras. Lo criaba con mucha dedicación y pasión, tenía un gran
desempeño por criar aquel pollito. Pero un día malo vino y apareció de la nada un gato
que con feroz y ardiente hambre quería comer una comida, después cuando mi hermana
había puesto en el corral a su pollito apareció el gato feroz en aquella noche en una
triste y lamentosa noche, donde el gato con sus garras pudo atrapar al pobrecillo pollito
pequeño de plumas negras quien estaba en su jaula ay adentro, después del
acontecimiento, en la mañana siguiente, pudimos observar el cadáver de aquel pollito
torturado por las garras del gato, cuyo gato era un terrible y terrible moustro salvaje y
asesino de muchos animalitos, que eran criados por su dueño y vecino, aquel gato
queramos atraparlo pero no lo podíamos atrapar, hasta que un día yo y mi familia
decidíamos debatir este caso, y quedamos en conclusión de que íbamos echarle veneno
a un plato con comida y lo dejaríamos arriba en mi techo. Nuestra finalidad era
envenenar a ese moustroso gato y deshacernos de él. Y pasaban los días y no teníamos
al gato en nuestra mano, luego lo echamos de menos esa acción, nos pusimos todos a
cuidar a nuestros cuyes y yo al cuidar a mis cuyes pude darme cuenta de que lo que
estaba haciendo estaba muy mal y me puse a mediar y pensé que lo que estaba haciendo
con el gato estaba muy mal de mi parte y en mi corazón salían estas palabras.
“Siempre en nuestras adversidades hay dificultades, de mal amor, varias
personas, pero debemos saber perdonar, 70 veces 7”