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Fundación y evolución de Roma antigua

La antigua Roma comenzó como una monarquía en el siglo VIII a.C. y eventualmente se expandió para abarcar gran parte de Europa y el Mediterráneo como un imperio. La leyenda dice que Roma fue fundada por Rómulo en el año 753 a.C. y pasó por periodos como una república y un imperio antes de dividirse y eventualmente caer en el siglo V d.C.
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Fundación y evolución de Roma antigua

La antigua Roma comenzó como una monarquía en el siglo VIII a.C. y eventualmente se expandió para abarcar gran parte de Europa y el Mediterráneo como un imperio. La leyenda dice que Roma fue fundada por Rómulo en el año 753 a.C. y pasó por periodos como una república y un imperio antes de dividirse y eventualmente caer en el siglo V d.C.
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Antigua Roma designa al Estado surgido de la expansión de la ciudad de Roma, que en su época de apogeo, llegó a

abarcar desde Gran Bretaña al desierto del Sahara y desde la Península Ibérica al Éufrates, provocando un importante
florecimiento cultural en cada lugar en el que gobernó.[cita requerida] En un principio, tras su fundación (según la
tradición en 753 a. C.) Roma fue una monarquía etrusca. Más tarde (509 a. C.) fue una república latina, y en 27 a. C. se
convirtió en un imperio. Al período de mayor esplendor se le conoce como Paz romana, debido al relativo estado de
armonía que prevaleció en las regiones que estaban bajo el dominio romano, un período de orden y prosperidad que
conoció el Imperio bajo la dinastía de los Antoninos (96-192) y, en menor medida, bajo la de los Severos (193-235).
Marcó la edad de oro de Occidente y el despertar de Oriente.

La fundación según la leyenda: Según la tradición romana, Rómulo (c. 771 a. C. – c. 717 a. C.) y su hermano gemelo
Remo (c. 771 a. C. – c. 753 a. C.) fueron los fundadores de Roma y del Senado romano. La historiografía actual considera
falsa esta tradición, fijando el origen de la ciudad a finales del siglo VII a. C.

Primera parte: Numitor era el rey de una ciudad de Lacio llamada Alba Longa. Fue destronado por su hermano Amulio,
quien lo expulsó de la ciudad, y procedió a matar a todos sus hijos varones excepto a su única hija Rea Silvia. Como no
quería que Rea Silvia tuviera hijos la obligó a dedicarse al culto de Vesta asegurándose de esta forma de que iba a
permanecer virgen. Rea Silvia se encontraba durmiendo en la orilla de un río y el dios Marte se quedó prendado de ella, la
poseyó y la dejó embarazada. Como consecuencia de esta unión, Silvia, tuvo dos gemelos a los que posteriormente llamó
Rómulo y Remo. Antes de que el rey Amulio se enterara del suceso, colocó a sus hijos en un cesta en el río Tíber para que
no sufrieran el mismo camino que sus tíos. La cesta embarrancó. Los pequeños fueron amamantados por una loba,
Luperca, y más tarde recogidos por el pastor Fáustulo y cuidados por su mujer, Aca Larentia. Se decía que habían sido
educados en Gabio, localidad del Lacio; más tarde se dedicaron al bandolerismo.

Segunda parte: Cuando crecieron, descubrieron su origen, por lo que regresaron a Alba Longa, mataron a Amulio y
repusieron a su abuelo Numitor en el trono. Éste les entregó territorios al noroeste del Lacio. En el 753  a. C. los dos
hermanos decidieron fundar una ciudad en ese territorio en una llanura del río Tíber, según el rito etrusco, en el preciso
lugar en donde embarrancó la cesta. Delimitaron el recinto de la ciudad (pomoerium) con un arado que sería la supuesta
Roma quadrata del Palatino. Rómulo juró matar a todo aquel que traspasara los límites sin permiso. Discutiendo sobre el
nombre de la ciudad decidieron que lo elegiría aquel que avistase más pájaros, prueba que superó Rómulo y otorgó a la
ciudad el nombre de Roma (muy similar a su nombre y en parte basado en la heroína Roma). Remo, enojado, discutió con
Rómulo y borró el surco de los límites de la futura ciudad. Cumpliendo el juramento, Rómulo lo mató. La ciudad fue
levantada en el pomoerium palatino, y Rómulo quedó como único soberano. Creó el senado, compuesto por cien
miembros (patres) cuyos descendientes fueron llamados patricios y dividió la población en 30 curias. Para poblar la
ciudad, Rómulo aceptó todo tipo de gente (asylum): refugiados, libertos, esclavos, prófugos, etc.

Muerte: Rómulo morirá en el 717 a. C. Existen varias versiones de su muerte, ya arrebatado por los cielos en medio de
una tempestad provocada por su padre Marte o bien asesinado por unos senadores discrepantes. En honor a la fecha de su
desaparición se celebraban las fiestas Nonas Caprotinas. Acabará divinizado y adorado bajo la advocación de Quirino.
Tras su muerte se producirá un año de interregnum hasta que el senado elige como rey a Numa Pompilio. En la cronología
actual la fecha de la fundación de Roma se fijó el 21 de abril de 753 a. C. Esta fecha era el año 0 para el Imperio romano,
ya que se la tomaba como punto de referencia para fechar eventos en el mundo romano. Se lo aludía como el Nacimiento
de Roma (200 aUC: Anno 200 ab Urbe Condita: «En el año 200 desde la Fundación de la Urbe o del Nacimiento de
Roma»). Recientemente, en noviembre de 2007, se produjo el hallazgo de la cueva que en la antigüedad era reverenciada
como el lugar donde se creía que habían sido amamantados los gemelos Rómulo y Remo.

La fundación según la historiografía: La ciudad de Roma surgió de los asentamientos de tribus latinas, sabinas y
etruscas, siendo los primeros habitantes de Roma en las siete colinas, en la confluencia entre el río Tíber y la Vía Salaria,
a 28 km del mar Tirreno. En este lugar el Tíber tiene una isla donde el río puede ser atravesado. Debido a la proximidad
del río y del vado, Roma estaba en una encrucijada de tráfico y comercio. Alrededor del siglo VIII a. C. los asentamientos
se unificaron bajo el nombre de Roma Quadrata. La leyenda, cuenta que Roma fue fundada por Rómulo el 21 de abril de
753 a. C. Rómulo, cuyo nombre se dice habría inspirado el nombre de la ciudad, fue el primero de los siete Reyes de
Roma en haber sido elegido. Los historiadores romanos dataron la fundación en el 753 a. C., y desde esa fecha contaron
su edad o calendario particular. Asimismo, también existe una teoría crítica de la fundación de Roma, aparte de la teoría
legendaria. La teoría crítica, sostenida por muchos autores viene a decir que Roma surge a partir del forum romanum.

Monarquía: La naciente ciudad-estado es gobernada por un rey (rex) elegido por un consejo de ancianos (senatus). Los
reyes míticos o semi-míticos son (en orden cronológico): Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Lucio
Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Lucio Tarquinio el Soberbio. El último de ellos, Lucio Tarquinio el Soberbio, fue
derrocado en el año 509 a. C. cuando la República Romana fue establecida.
República romana: La República romana fue establecida el año 509 a. C., según los últimos escritos de Tito Livio,
cuando el rey fue desterrado, y un sistema de cónsules fue colocado en su lugar. Los cónsules, al principio patricios pero
más tarde plebeyos también, eran oficiales electos que ejercían la autoridad ejecutiva, pero tuvieron que luchar contra el
senado romano, que creció en tamaño y poder con el establecimiento de la República. En este periodo se fraguarían sus
instituciones más características: el senado, las diversas magistraturas, y el ejército. Los romanos sometieron
gradualmente a los ocupantes de la península itálica, la mayoría emparentadas con las tribus itálicas (de origen indo-
europeo; como los samnitas) pero también etruscos. La última amenaza a la hegemonía de Roma en Italia llegó cuando
Tarento, una gran colonia griega, ayudó a Pirro de Epiro en 282 a. C. En la última mitad del siglo III a. C., Roma se
enfrentó con Cartago en las dos primeras Guerras Púnicas, conquistando Sicilia e Iberia. Después de derrotar a Macedonia
y la Dinastía Seléucida en el siglo II a. C., el naciente estado logra una enorme expansión tanto política como económica,
extendiéndose por todo el Mediterráneo. Mientras, los conflictos entre patricios y plebeyos caracterizaron la pugna
política interna (ver Secessio plebis) durante todo el periodo republicano, sólo paulatinamente lograrán los plebeyos la
plena equiparación política (aunque no social). La expansión trae consigo profundos cambios en la sociedad romana. La
inadecuada organización política (pensada para una pequeña ciudad-estado y no para el gran territorio que es ya Roma) se
hace patente para algunos, pero todos los intentos de cambio son bloqueados por la ultraconservadora élite senatorial. El
enfrentamiento entre las diversas facciones produce en el siglo I a. C. una crisis institucional, que conducirá a diversas
revueltas, revoluciones y guerras civiles.

Imperio romano: El vencedor ulterior de todas estas guerras civiles, César Augusto, abolirá de facto la república y
consolidará un gobierno unipersonal y centralizado de todo el territorio, conocido como Imperio romano. A partir de este
momento, la estabilidad política del imperio quedará ligada al carácter de los emperadores que sucederán a Augusto,
alternándose los periodos de paz y prosperidad con las épocas de crisis. Augusto, que inaugura la dinastía Julio-Claudia,
representa el periodo de máximo esplendor del imperio. A esta dinastía, terminada en el año 68 por el infausto Nerón le
seguirá el periodo de inestabilidad conocido como el año de los cuatro emperadores, donde se impondrá Vespasiano, que
inaugurará la dinastía Flavia, de origen no patricio. Les seguirán del año 96 al 180 los llamados "cinco emperadores
buenos" (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio), en la considerada "edad de plata" del Imperio.
Septimio Severo comienza el periodo de monarquía militar, y el fin de su estirpe llevará al periodo conocido como
anarquía militar, que se prolonga durante el resto del siglo III, hasta la llegada de Diocleciano, un largo periodo de luchas
intestinas por el poder donde los emperadores, nombrados por sus legiones, se suceden ininterrumpidamente.

Caída del imperio: Diocleciano (284 - 305) emprenderá una gran reorganización del Imperio, instituyendo la Tetrarquía.
Su sucesor Constantino I el Grande será el último emperador del imperio unificado. Poco después, el emperador Teodosio
divide el Imperio entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio. Éste se dividiría en el Imperio romano de Oriente —con sede en
Constantinopla— e Imperio romano de Occidente. El Imperio romano de Oriente fue muy rico y avanzado culturalmente
y sobrevivió durante aproximadamente mil años más. Constantino también institucionalizará el cristianismo, al hacerlo
religión oficial del Imperio. Las invasiones bárbaras pondrán la puntilla a un moribundo Imperio Occidental, dando paso a
la Edad Media. El último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo, será depuesto en el 476 por Odoacro, un godo. El
Imperio de Oriente (Posteriormente denominado Imperio bizantino por el historiador Hieronymus Wolf en el siglo XVI)
proseguirá su existencia hasta la caída de Constantinopla en el año 1453.

Estructura social y política: La primera estructura social y política de los latinos fue la familia: el padre (pater familias),
la esposa (unida al padre de familia por el rito sagrado de la torta), los hijos, las esposas de los hijos, los hijos de los hijos,
y las hijas no casadas. De la agrupación de algunas familias del mismo tronco, surgieron las gens, y de un conjunto de
familias surgieron las tribus. La familia está formada por los más próximos (agnados) pero, a medida que la familia se
extiende, se forma la gens o raza de un tronco común, integrada por la familia completa propiamente dicha (adnati) y por
los gentiles, todos aquellos procedentes del mismo antepasado. ¿Cómo se produce la unión de los diversos grupos, sea de
gens o de tribus? Cada grupo tiene un punto común de encuentro, generalmente para el culto religioso (aunque no
exclusivamente para tal fin), punto que constituye el embrión de las cívitas (ciudades).

La ciudad: La fundación de Roma se atribuye a tres tribus: los Ramnes, los Ticios y los Lúceres. Estos tres grupos
fundaron la llamada Roma Quadrata en el Monte Palatino. Otra ciudad fundada por otro u otros grupos en el Quirinal, se
unió a la Roma Quadrata, surgiendo así la civitas ('ciudad') llamada Roma. A los primeros ciudadanos romanos se les
llama patricios (o patres), porque o bien son padres de familia (páter familias) o bien son hijos de padres de familia
vinculados a la obediencia paterna (los hijos varones no alcanzaban la condición de padre de familia hasta que el padre
moría y se independizaban, pero se daba por descontado que alcanzarían esta condición). Los hijos de los patricios, al
cumplir 17 años (más tarde la edad fue rebajándose hasta los 14 años) adquirían la condición de ciudadanos plenos (con
tal motivo celebraban una festividad en que dejaban de vestir la toga praetexta propia de los muchachos y se colocaban la
toga virilis, propia de los hombres), pero continuaban sujetos a la potestad del padre hasta que este moría. A los patricios
corresponde el derecho pleno de ciudadanía: forman el pueblo y son de entre los habitantes los de clase social más
elevada. Sus derechos eran: el sufragio, el desempeño de cargos públicos políticos o religiosos, el derecho a asignación de
tierras públicas, los derechos civiles propios de las gens (tutela, sucesión, potestad, etc.), el derecho de contraer
matrimonio con otros miembros de las gens, el derecho de patronato, el derecho de contratación (el único que se extendía
también a los no patricios libres) y el derecho a hacer testamento (el conjunto de estos derechos constituía el ius qüiritium
o ius cívitatis). Como obligaciones citaremos: el servicio militar, y el deber de contribuir con ciertos impuestos al
sostenimiento del Estado.

Ciudades dependientes de Roma: Iniciada la expansión territorial romana muchas ciudades pasaron a depender de
Roma. Cuando una ciudad se sometía a Roma a discreción, sus ciudadanos quedaban con el estatuto jurídico de Dediticios
(Dediticius). Aunque la mayoría de las ciudades sometidas a discreción lo fueron después de la primera guerra púnica,
probablemente la institución es anterior. Roma se reservaba la soberanía eminente sobre estas ciudades, pero les devolvía
el usufructo, con excepción del ager publicus. Roma reconoció la autonomía de alguna de estas ciudades pero sus tierras
quedaron sometidas al diezmo de la cosecha, y en caso de exenciones, estas se daban a título personal (por ejemplo a los
habitantes de una ciudad aunque cultivaran tierras en otra ciudad). El diezmo se pagaba generalmente en especie y el
beneficio permitido al recaudador era limitado. Las ciudades sometidas a Roma, con su territorio rural incluido, no tenían
derecho a declarar la guerra por su cuenta, pero debían declarar la guerra forzosamente en caso de que Roma lo hiciera.
También tenían prohibido hacer convenios de ningún tipo con otros Estados o Ciudades. Además no podían acuñar
moneda y eran las monedas romanas las que tenían curso legal en todas estas ciudades.

Había varios tipos de ciudades vinculadas a Roma:

 Ciudades de derecho romano. Algunas ciudades recibieron el derecho completo de ciudadanía romana (civitas
óptimo jure), especialmente las antiguas ciudades aliadas de la Liga Latina, las ciudades Sabinas y gran parte de
las del País Volsco. Junto a ellas estaban las colonias que disfrutaban del derecho de ciudadanía.
 Ciudades latinas. Las ciudades sujetas llamadas Latinas eran las otras ciudades de la Liga Latina que no habían
recibido el derecho de ciudadanía, y las colonias de derecho latino (es decir las colonias que no tenían derecho
de ciudadanía). Los latinos y los romanos eran iguales en sus relaciones privadas, en los negocios, el comercio y
las sucesiones.
 Ciudades sin voto. Estaban en tercer lugar las ciudades con derecho de civitas pero sin voto (civitas sine
suffragio), que aunque podían llamarse ciudadanos, debían soportar todas las cargas cívicas (reclutamiento
militar, impuestos ordinarios, servicios y contribuciones especiales) sin compensación (sin derecho a votar).
Estas ciudades estaban administradas para los asuntos judiciales por un Prefecto anual designado por el Pretor
de Roma. Su administración civil estaba en manos de sus propios magistrados locales, generalmente de la
aristocracia.
 Ciudades confederadas no latinas. Finalmente estaban las ciudades confederadas no latinas, cuyos derechos
quedaban establecidos por los tratados particulares concertadas con cada una de ellas. Estas ciudades
suministran contingentes al ejército en cuantía prefijada de antemano, siendo el equipamiento del contingente a
cargo de la ciudad. Igualmente estas ciudades estaban gobernadas por magistrados locales surgidos de la
aristocracia.

El rey; Gobierna Roma un rey, representante de la institución monárquica, al que corresponde todo el poder ( imperium) y
dicta las órdenes (dictador), el cual era elegido entre el pueblo como jefe de una gran familia política (mágister pópuli).
Auxilian al rey los líctores, alguaciles que le precedían en sus actuaciones con el hacha y las varas. En su ausencia los
poderes administrativos correspondían a un delegado (praefectus urbis). Si el rey no designaba sucesor los ciudadanos
designaban en el interregno, por un periodo de cinco días, a un ínter rex, y después se elegía un nuevo rey, o bien se
designaba un nuevo ínter rex por otros cinco días con facultad de designar nuevo jefe.

El senado: Frente al rey se erige la institución del Consejo de Ancianos (senatus) para contrabalancear a la institución
real. Los primeros senadores son los representantes designados por cada gens. Tienen carácter vitalicio. Como el número
de gens es invariable (las sucesivas familias surgen siempre de un tronco común y por tanto se integra en alguna de las
gens existentes) también es invariable el número de senadores. No obstante había una excepción: cuando un senador
moría el rey estaba facultado para nombrar un sustituto temporal (hasta la designación del sustituto designado por la
gens). La costumbre del nombramiento real acabó concediendo al rey la elección de los senadores. El senado era un
órgano meramente consultivo, pero siendo emanado del pueblo, el rey lo convocaba a menudo y consideraba sus
propuestas. Sus reuniones se celebraban en el comitium (foro) en una sala llamada bule. Más adelante había un grupo de
gente que decidía quien iba a enfrentar al rey y quien manejaría las entradas de plata.

Divisiones de la población romana: las gens y las curias: La división de la población se hacía desde las gens:

 10 gens constituían una curia.


 10 curias constituían una tribu.
 10 "tribus" constituían una "civita".

El sistema decimal está presente en otros aspectos de la sociedad romana:

 Cada gens contribuía con diez soldados de infantería (miles o milicia), uno de caballería (eqües) y un senador.
 En las ciudades sometidas por Roma se establecía un Consejo de Cien Ancianos ( céntum-viri), cada uno de los
cuales era el cabeza de diez casas (diez casas = una gens), de donde surge la denominación de decuriones.

El sistema decimal pues rige en la sociedad romana, aunque, si bien al principio debieron responder a una realidad, con el
tiempo derivaron en una mera división teórica: pronto fue inexacto hablar de curias con diez gens al introducirse nuevas
familias, que aumentaban el número de gens de las curias existentes y más tarde el número de curias. Tampoco
correspondía a cada decurión el mando sobre diez casas. En cambio la aportación al ejército se mantiene básicamente. Así
pues, al pasar los años, los números primitivos dejan de corresponderse con la realidad pero se mantiene la tradición y así
las gens y familias son aumentadas o divididas por decreto, pero la realidad se impone y la división deja de ser geométrica
e inflexible. Así, cuando el número de senadores quedó fijado en trescientos, no quería decir que existieran sólo
trescientas gens, sino que entre todas las existentes (cuyo número podía ser mayor o menor) se designaban únicamente
trescientos senadores. Las curias dejaron de ser diez para pasar a un número indeterminado (hasta 30), cuyo conjunto
formaba la ciudad. También los 3000 infantes y 300 caballeros que formaban el ejército salían del conjunto, y no
considerando cada gens (así unos aportaban más y otros menos). La misma situación se reprodujo en las ciudades
sometidas a Roma. Las curias (diez gens) constituyeron muy pronto la base de la ciudad. Las curias se reunían en una
asamblea dirigida por el curio, y en presencia de un sacerdote (flamen curialis). El reclutamiento y los impuestos se hizo
desde muy pronto sobre la base de las curias. Los miembros de las curias eran los ciudadanos que votaban, y a las
votaciones se las llamaba "comicios curiales", celebrándose las votaciones por separado en cada curia. Normalmente se
celebraban comicios el 24 de marzo y 24 de mayo de cada año.

Los comicios: Las decisiones en Roma se adoptaban en los comicios, es decir en las votaciones de las asambleas. Los
comicios más antiguos son los comitia calata, convocados por el rey para solemnizar ciertos actos religiosos. Los
comicios políticos eran aquellos en los que votaba la población organizada en curias (inicialmente una curia eran diez
gens). Se convocaban el 24 de marzo y 24 de mayo y cuando el rey lo consideraba conveniente. Decidían sobre la
elección de monarca, asuntos políticos importantes y la concesión del derecho de ciudadanía. El convocante presentaba
una propuesta y los ciudadanos de la curia con derecho (probablemente un voto por cada padre de familia) la votaban.
Cada curia era un voto y se precisaba el de 16 curias (de un total de 30) para la aprobación.

Ciudadanos plenos, honorarios y clientes: Junto a los ciudadanos plenos o patricios —entendiéndose como tales los
cabeza de familia (páter familias) y sus hijos varones— estaban los ciudadanos “honorarios”, invitados de otras ciudades
que renunciaban a su antigua ciudadanía y aceptaban la ciudadanía honoraria romana. También estaban los clientes de los
patricios y los esclavos. El grupo de los clientes estaba formado básicamente por esclavos liberados por sus amos
patricios, y que después de su liberación permanecían vinculados (ellos y sus descendientes) a su antiguo amo (y a sus
herederos), quien ejercía sobre ellos cierta tutela y proteccionismo paternalista, a cambio de ciertos servicios y lealtades.
En este grupo se integraron también algunos extranjeros (habitantes de ciudades derrotadas a los que no se permitía residir
en su ciudad pero tampoco habían sido declarados esclavos, y que constituían como un grupo cliente de toda la ciudad de
Roma) y exilados sujetos al patronazgo de un patricio.

El ejército

Instrucción y entrenamiento: Durante cuatro meses los nuevos reclutas eran sometidos a un entrenamiento implacable.
Al concluir este período los supervivientes ya podían llamarse soldados -milites-. Los que no podían resistir el
entrenamiento eran rechazados. Primero se les enseñaba a desfilar marcando el paso. Luego se les llevaba de marcha,
forzándolos al máximo hasta que fueran capaces de recorrer 20 millas romanas -30 km- en cinco horas. Después tendrían
que recorrer la misma distancia cargados con todo su equipo, que incluía armas y armaduras, utensilios de cocina, estacas
para la empalizada, instrumentos para cavar y provisiones para varios días, pues al final de cada marcha tenían que
levantar un campamento con terraplenes y fosos de defensa. El entrenamiento continuaba hasta que eran capaces de
recorrer 24 millas -36 km- en cinco horas. En un principio los legionarios utilizaron bestias de carga y carros para
transportar el equipo. Pero el célebre general Cayo Mario impulsor de grandes reformas en el ejército, les obligó a
transportar personalmente casi toda la impedimenta necesaria para reducir el tamaño de las caravanas de intendencia (los
llamaban "las mulas de Mario"). El equipo completo debía pesar por lo menos 30 kg, y las armas y armaduras más de 20.
Los legionarios realizaban marchas tres veces al mes durante 25 años. Este entrenamiento y capacidad de desplazamiento
fue una de las causas por la que el ejército romano fuera tan superior a otros ejércitos. Esto era solo parte de la instrucción,
puesto que el programa de entrenamiento también incluía carreras, saltos, equitación y natación. Cuando se consideraba
que se encontraba en buena forma física comenzaba la instrucción en el manejo de las armas. Los reclutas aprendían a
atacar a una gruesa estaca clavada en el suelo con una pesada espada de madera y un escudo de mimbre que pesaba el
doble que un escudo normal. Se les insistía que golpearan de frente, sin describir arcos con la espada, que pueden evitarse
con más facilidad. También se les entrenaba en el lanzamiento de pesadas jabalinas de madera contra las estacas. Una vez
superado este paso, se les consideraba dignos de empuñar armas auténticas forradas de cuero para evitar accidentes, que
les parecerían ligerísimos en comparación con las pesadas armas de madera.

Los Efectivos: Una legión estaba formada por diez cohortes ((a no ser que fuera una corte de asalto o invasion que
estaban formadas pos unos 20 o 30 hombres)) de 480 hombres cada una lo que da la cifra de 4,800 hombres en total; eso
en teoría, ya que no parece seguro que las legiones hayan estado con sus cuadros completos, ni mucho menos.
Normalmente cada centuria formaba como un cuadro de 10 x 8 hombres. Como la segunda centuria de cada manípulo
bajaba para cerrar el hueco, la profundidad de la línea de combate de la legión era de 8 hombres. Puesto que tres eran las
líneas que una legión podía presentar, el frente de combate quedaba estructurado como una sucesión de líneas con 8
hombres de profundidad. Recordemos que en Cannas los manípulos formaron con su profundidad doblada, es decir, con
16 hombres; un experimento que costó a los romanos 50.000 muertos. Puesto que el secreto táctico de la legión no era
otro que su flexibilidad, la línea de combate con 8 hombres de profundidad era la más racional y la que mejor se adaptaba
a esa característica esencial. Pero si había que reducir la profundidad, esa misma flexibilidad operaba el milagro de
permitir "adelgazar" las líneas.

Clases sociales: La sociedad romana, como muchas otras sociedades antiguas, se basaba en la desigualdad, y, como en
toda sociedad desigual, la tensión entre las clases y su dialéctica es el motor de su historia y su principal característica. Las
clases que se distinguieron fueron cinco: patricios, plebeyos, esclavos, clientes y libertos. La tensión entre patricios y
plebeyos y las rebeliones de los esclavos fueron las más importantes noticias políticas; las tres primeras fueron las clases
con mayor actividad política; las otras dos, menos. Esta organización social no fue estática durante toda la historia de la
antigua Roma. Hubo tensiones, cambios, evolución.

En la Monarquía: En los primeros tiempos la desigualdad social se basaba en el nacimiento y en la religión. La sociedad
romana presentaba dos grandes tipos de ciudadanos: los libres y los no libres (los esclavos, lat. serví). Los ciudadanos
libres, a su vez, se dividían en privilegiados (los patricios, en lat. patricii) y en no privilegiados. Los ciudadanos no
privilegiados podían ser independientes (los plebeyos, en lat. plebeii) o dependientes (los clientes y los libertos, en lat.
liberti).

 Patricios: Eran las primeras familias asentadas en Roma y sus descendientes. Cada una pretende descender de
un antepasado más o menos divinizado (pater). Los que tienen un mismo pater forman una gens, llevan el
mismo apellido (nomen gentilicium) y celebran un mismo culto (sacra gentilicia). Desde el principio de Roma,
los patricios y sus familias constituyen el primer eslabón social. Estos patricios poseían esclavos, probablemente
muchas veces en gran número. Los patricios están en la base de la fundación de Roma y, por tanto, son
ciudadanos romanos. Tiene la exclusiva de los cargos públicos, y dirigen la vida de Roma. Más tarde el derecho
de ciudadanía se extiende a las llamadas minores gentes, es decir a los que procedentes de otras ciudades o
dentro de la misma ciudad sin ser patricios, adquirieron la ciudadanía romana. Los patricios decían que eran los
parientes de los fundadores de Roma. (Rómulo fue el fundador y primer rey de Roma)

 Clientes: Los clientes eran los extranjeros o refugiados pobres, sujetos a patronazgo de un patricio, el cual le
brindaba ayuda económica, lo defendía ante la ley, y lo dejaba participar de las ceremonias religiosas a cambio
de que éste lo acompañe en la guerra y lo ayude en todos los trabajos en el que el patricio lo solicitara. Los
patricios se enorgullecían de tener clientela grande o importante

 Plebeyos: Constituyen la mayor parte de la población (la multitud), compuesta también con extranjeros,
refugiados pobres o clientes que se habían enemistado con sus "patronos". Eran considerados hombres libres,
por lo que no podían participar en lo político ni en lo religioso.

 Esclavos: Es el destino normal de los presos de guerra. Legalmente, carecían de todo derecho: eran
instrumentum vocale ("herramienta que habla"). Hacían gratis los peores trabajos y de por vida. El trato
dependía del carácter personal del amo. Llegaron a ser numerosísimos con la expansión de Roma.
En la República: En esta etapa (509-27 a. C.) hubo fuertes tensiones sociales. Puede que de comienzos de la misma sea
una reforma social (atribuida por los historiadores antiguos al rey Servio Tulio) consistente en fundar la jerarquía social no
en el nacimiento ni en la religión, sino en el dinero y en la demarcación territorial. La plebe lógicamente crecía más que el
patriciado, porque en ella entraban las poblaciones anexadas por Roma y los extranjeros que venían a vivir a la Urbe. Pero
tan gran número de habitantes no se resignaba a estar en la vida pública de comparsa; y tampoco era rentable que ni
pagasen impuestos ni fuesen al servicio militar por no ser cives (ciudadanos). Los plebeyos lucharon mucho por su
equiparación política con los patricios. Algunos de los pasos que hubieron de dar fueron los siguientes:

 Lucha de los plebeyos para conseguir la igualdad de derechos:


 año 494. Huelga general. Los plebeyos se marchan de Roma, al Monte Sacro, ante la negativa de los patricios a
la igualdad política. Roma quedó colapsada. Los patricios tuvieron que ceder y pactar. Los plebeyos regresaron
con este pacto: no se perderá la libertad por impago de deudas; se aceptan como magistrados ordinarios dos
'tribunos de la plebe' (tribuni plebis) con derecho de veto a cualquier actuación del Senado, o de los otros
magistrados, que perjudique a la plebe, y con capacidad de acudir legalmente a cualquier plebeyo en apuros. Los
tribunos serán después los líderes de todo el movimiento reivindicativo; se acepta la legalidad de una asamblea
exclusivamente plebeya (concilium plebis).
 años 451-449. Ley escrita. Hasta este momento en Roma, los patricios juzgaban cada conflicto
conforme a la costumbre y a la tradición oral, lo que daba lugar a muchas irregularidades, porque no
había ley escrita. En esta época se redacta el primer código que ocupa 12 tablas (lex XII tabularum) y
se promulga a pesar de la resistencia inicial de los patricios. De aquí arrancará la obra jurídica de los
romanos que será uno de sus más importantes legados culturales para la humanidad.
 año 448. Canuleio consigue los dos cónsules alternen año a año con dos tribuni militum consulari
potestate de los que uno ya puede ser plebeyo, aunque este cargo no da la consideración de consularis
(para poder acceder al Senado).
 años 440. Matrimonio legal. La lex Canuleia sanciona el derecho al casamiento entre patricios y
plebeyos, que hasta el momento estaba rigurosamente prohibido por orgullo de casta y para vetar el
acceso de los plebeyos a la vida política.
 año 409. Cuestura. En este año los plebeyos acceden por primera vez a la magistratura.
 año 367. Consulado. En este año la Ley Licinia admitirá el principio, y en el 342 por primera vez los
dos cónsules serán plebeyos.
 años 356, 337 y 300. Se suceden la dictadura, la censura, la pretura y el pontificado (último reducto
del patriciado).
 años 287. El Senado reconoce fuerza de ley a las decisiones de las asambleas de la plebe, y admite que
estas prevalezcan sobre sus decisiones.

Llegado este momento, se puede decir que plebeyos y patricios tienen igualdad de derechos. Pero quedan las diferencias
económicas y religiosas. Patricios y plebeyos ricos se van a entender entre ellos en perjuicio de los plebeyos pobres, los
proletarii (cuya única riqueza es su prole, los hijos). La reforma social, que intentaron Tiberio y Cayo Graco y por la que
fueron asesinados, intentaba ayudar a estos hombres que tenían todos los derechos políticos pero carecían de comida.

 Clases sociales en la época republicana tras lo anterior:


 Cives (ciudadanos): patricii (patricios) y plebeii (plebeyos)
 Non cives: liberti (libertos) y serví (siervos)
 La ciudadanía romana:

Durante siglos es el título más deseado. Consiste en unos derechos ( iura) y unas obligaciones (munera). En esta época
abarca:

 ivra pvblica (derechos políticos): ius sufragii (derecho de voto); ius honorum (derecho de ser
elegible); ius sacrorum (derecho a tener religión o ser elegible para funciones sacerdotales); ius
provocationis (derecho de apelación al pueblo en procesos criminales).
 ivra privata (derechos civiles): ius commercii (derecho de propiedad: comprar, vender, testar...); ius
connubii (derecho a contraer matrimonio legal); ius legis actionis (derecho a ejercer acciones
judiciales).
 mvnera (obligaciones): census (obligación de inscribirse en el censo periódicamente); militia
(obligación de servir en el ejército durante el tiempo previsto); tributum (obligación de pagar los
impuestos; hasta el 167 a. C.).

 Adquisición del derecho de ciudadanía (civitas)


 por nacimiento: naciendo de matrimonio legítimo (iustae nuptiae) de un civis; siendo hijo de liberto o
extranjero favorecido con la concesión de la ciudadanía (civitatis donatio);
 por concesión legal: [Link].: por hacer una casa en Roma, o construir un barco capaz para 10000 modios
de grano, o por hacer condenar a un magistrado;
 por concesión del estado, representado, para el caso, por los comicios, el general vencedor, las
comisiones encargadas de fundar una colonia romana o el emperador.

 Pérdida del derecho de ciudadanía (civitas)


 perdiendo el status libertatis: por condena penal (venta pública trans Tiberim) por insolvencia, pronto
suprimida; por privación de agua y luz (interdictio aquae et ignis) o deportación; o por negarse al
censo, al servicio militar, por desertar, por caer preso en una guerra, o por violar los derechos de
gentes;
 perdiendo el status civitatis: renuncia a la ciudadanía (reiecto civitatis) o por hacerse civis de otra
ciudad.

 Los caballeros (equites) y la nobleza senatorial (nobilitas)

La caballería del ejército romano estaba formada por ricos que traían el caballo o que utilizaban caballos del estado.
Formaban un grupo social distinguido (caracterizados por un anillo de oro y una túnica bordada de púrpura), pero pronto
fueron insuficientes y hubo que sustituirlos con soldados pagados. Quedaron así como una burguesía dedicada no tanto a
la compra y explotación de tierras, como a los negocios bancarios. Raras veces se dedicaron a la política, donde los
consideraban despectivamente homines novi (sin antepasados ilustres). Frente a este ordo equester, está la nobilitas u
ordo senatorius, formado por patricios y plebeyos que tuvieron algún antepasado que desempeñase en su tiempo alguan
magistratura curul (cónsul, pretor, censor o edil). Esta nobleza senatorial es distinta de la nobleza patricia, y se va a
confundir en el Senado.

 Clientes, libertos y esclavos: Los clientes que fueron absorbidos por la plebe, llegaron a desaparecer al
comienzo de la república, pero después reaparecieron al arruinarse la clase media con las guerras y con los
productos que gratis mandaban a Roma los pueblos sometidos. Muchos no llegan a tener lazo jurídico con un
patronus y andan por Roma sin rumbo, detrás del rico o del político que más les ofrezca. Los esclavos, en
cambio, protagonizan en esta época importantes rebeliones.

En el Principado: Con Augusto se modifica algo la jerarquía, pero sigue estando basada en la riqueza. Se distingue entre
cives y no cives. Los cives, a su vez, pueden ser honestiores (los ricos) o humiliores (los pobres). Dentro de los
honestiores, se encuentran los clarissimi o pertenecientes al ordo senatorius, y los egregii o pertenecientes al ordo
equester. Los no cives, por último, son los liberti y los servi.
 El ius civitatis que ya en el 88 a. C. se había concedido a los itálicos, en el 212 d. C. se va a ampliar a todos los
libres del imperio, para resolver problemas fiscales y militares que tenía Roma. Ser ciudadano deja de ser
importante y, de paso, desaparece la posición privilegiada de Roma y de Italia en el Imperio.
 Augusto reforma los ordines, colocando en el senatorius a los ciudadanos con más de un millón de sestercios
(desempeñan las magistraturas republicanas y tendrán sandalias rojas, túnica laticlavia y, desde Marco Aurelio
-161-180-, título de clarissimi); y en el equester coloca a quien tenga 400000 (desempeñarán cargos nuevos:
prefecto, procurador; llevan túnica angusticiavia y anillo de oro; desde Aurelio tendrán título de egregii).
 Los esclavos aumentaron mucho en número. Se dice que algunas familias tenían más de 500 y que en Roma
había unos 250000. El trato se va suavizando por influencia estoica y cristiana. Adriano y Antonino Pío legislan
contra el mal trato.
 Los libertos aumentaron porque hubo muchas manumisiones. Augusto llegó a prohibir liberar por testamento a
más de 100. Algunos jugaron importante papel político.
 Los clientes siguen existiendo, en el sentido de que todo el mundo es cliente de alguien más importante. El
emperador tiene como clientes a los 150000 proletarios inscritos en la lista de necesitados para el reparto
gratuito de alimentos cada mes (annona).

En el Dominado: Si en la República y en el Principado había solo dos categorías (libres y esclavos), en el Dominado
aparecerá una clase social nueva, intermedia entre libres y esclavos: los colonos. La jerarquización se hace más fuerte y
estanca: casi un sistema de castas. Los cives, entonces, podían ser libres o colonos, generalmente pobres. Los cives libres
abarcaban a la familia imperial (nobilissimi), a los senadores (clarissimi, spectabiles), a los caballeros (egregii,
perfectissimi) y a la gente corriente, pobre a diferencia de los otros tres. Los no cives, por su parte, eran los esclavos y los
libertos, en ocasiones muy ricos.
Las novedades de esta época son:

 equivalencia del ordo senatorius y del equester (estos entran en el Senado);


 los humiliores quedan desde el IV fijados hereditariamente a su profesión (gremios);
 la esclavitud disminuye porque las nuevas formas de producción ya no la hacen indispensable;
muchos huyen y se hacen salteadores;
 los colonos son pobres y libres, pero quedan sujetos a la tierra del amo que ellos trabajan: tienen que
cultivarla perpetuamente, no pueden dejarla ni un día; no pueden ir a casarse fuera del dominio; los
hijos siguen la condición de los padres. Está naciendo así un nuevo sistema: el feudal.

La constitución de Servio Tulio y las nuevas divisiones de población

Las tribus_ El rey Servio Tulio estableció que el servicio al ejército y el pago del tributum (cuando por razones de
urgencia se impusiere) no afectaría solo a los ciudadanos personalmente, sino que se tendría en cuenta sus propiedades:
todos los ciudadanos que cultivaran un dominio (adsidui) o lo poseen (locupletes), sean o no ciudadanos romanos, están
obligados a la prestación del servicio militar. Los designados para cumplir las tareas militares se elegirían entre una nueva
división por propiedades. Así los soldados (entre 20 y 60 años) serían distribuidos en cinco clases (classes):

 1ª clase: Los que por sus posesiones aportaban una armadura (clássici). Correspondía esta clase a los que
poseían un heredium en pleno dominio (la mitad de las tierras romanas correspondían a los heredia poseídos en
pleno dominio, mientras la otra mitad se había ido fraccionando por sucesivas particiones hereditarias o por
ventas; un heredium era una finca rústica cuya extensión mínima era de veinte yugadas, es decir 5,4 ha, o sea
que la medida romana de la yugada era equivalente a 2.700 metros cuadrados). Iban armados con lanza (hasta),
yelmo (galea), coraza (lórica), escudo redondo (clípeus) y polainas (ócreae). Esta primera clase debía comprar
y mantener un caballo de donde fueron llamados éqüite, es decir caballeros.
 2ª clase: Los que poseían tres cuartos de un heredium (o sea al menos 40.500 metros cuadrados).
 3ª clase: Los que poseían la mitad de un heredium (al menos 27.000 m²).
 4ª clase: Los que poseían un cuarto de heredium (al menos 13.500 m²).
 5ª clase: Los que poseían un octavo de heredium (al menos 6.750 m²).

El armamento de las clases sucesivas era cada vez más ligero. Tras las cinco clases estaban los que no poseían nada
(cápite censi) que colaboraban en la milicia como carpinteros, herreros, músicos, etcétera. Por cada 80 soldados de 1ª
clase, debían salir 20 de clase 2ª, 20 de clase 3ª, 20 de clase 4ª y 28 de clase 5ª. Los soldados eran movilizados para la
campaña, y terminada esta eran licenciados. En cambio los caballeros permanecían en el ejército de forma continuada, y
sus integrantes salían de las familias de ciudadanos con mayor riqueza. Las diversas clases formaban la población
susceptible de actuar militarmente y se reunían en asamblea, en los llamados comicios centuriados (comitia centuriata). A
fin de facilitar las levas la constitución de Servio Tulio dividió la ciudad en cuatro circunscripciones territoriales llamadas
tribus, cada una con una población similar. Los soldados fueron divididos en dos categorías: los jóvenes (iúniores) entre
16 y 25 años; y los veteranos (séniores), de más de 25 años. Se estructuraban en Legiones, formando una legión 3.000
soldados (classes) y 1.200 auxiliares (vélites). Las legiones operaban en formaciones constituidas por filas de soldados: las
cuatro primeras filas estaban integradas por soldados con armadura completa ( hóplites u hoplitas). Una legión (4.200
hombres) se dividía en centurias (hasta un total de 42). Casi la mitad de los hombres de una legión disponían de armadura
completa (el número de hoplitas era de 2.000 por cada legión). Otros mil hombres eran soldados de 2ª y 3ª clase. El resto,
los auxiliares (velites) eran soldados de 4ª clase (en número de 500) y de 5ª clase (en número de 700). En una legión había
1.050 hombres de cada una de las cuatro tribus en que se dividía la ciudad; y en las centurias, cada tribu aportaba 25
hombres. En esta época Roma disponía normalmente de cuatro legiones (dos de ellas en campaña y dos de guarnición).
Cada legión contaba con trescientos caballeros. Todo lo que los soldados ganaran en la lucha, fueran muebles o
inmuebles, pasaba al Estado romano.

El censo: Este sistema de reclutamiento en razón de los bienes poseídos, hizo necesario establecer un censo de
propiedades y transmisiones, que se revisaba cada cuatro años. Un efecto inmediato fue el de dividir a la sociedad romana:
a la división ya existente entre patricios y plebeyos, se añadía ahora la división entre propietarios (los que tienen tierra,
sean ciudadanos o no) y proletarios (es decir los que crían hijos, mayoritariamente plebeyos, pero también con algunos
ciudadanos arruinados o desposeídos por sucesivas particiones). El censo se hacía cada cuatro años. Al año siguiente se
hacían sacrificios (lustrum) y los encargados del censo o censores renunciaban a sus cargos.

La justicia: El censo se creó en el año 212 a. C. La jurisdicción se concentra en la ciudad, y en la fase monárquica en el
Rey, que tiene su “tribunal” y ordena (jus o ius) en los días establecidos (díes fasti) sentándose en la llamada "silla curul"
(sella curulis) auxiliado por los alguaciles (líctores), y frente a las partes litigantes (rei).
Algunos delitos tienen jueces especiales:
 Los duoviri perduellionis para la insurrección.
 Los quaestores paricidii para el asesinato.
 Unos funcionarios especiales, llamados los tres viri nocturni se ocupan de las cuestiones relacionadas con
incendios nocturnos, policía de seguridad y vigilancia de ejecuciones.

La tortura sólo puede aplicarse a los esclavos. La detención preventiva es la norma general. La pena capital era aplicable a
quien alterara la paz pública, y por otros delitos. Tenía varias formas:

 A los testigos falsos se les arrojaba desde una altura (La Roca Tarpeya) era el destino de los traidores.
 A los ladrones de mieses se les colgaba.
 A los incendiarios se les quemaba vivos.

Existía el derecho de recurso (provocatio). El indulto correspondía al pueblo. Se daban además algunos tipos especiales de
indultos:

 El que se arrodillaba ante un sacerdote de Júpiter no podía ser apaleado en veinticuatro horas.
 El que entraba encadenado en su propia casa debía ser desatado.
 El criminal que al dirigirse a una ejecución se tropezaba con una vestal (virgen, especie de sacerdotisa), era
perdonado.

Las penas aplicadas más frecuentemente eran las multas (pagadas con la entrega de bueyes u ovejas) y el apaleamiento.
Los juicios civiles eran juzgados por el rey o por un comisario designado por este. La reparación se verificaba a menudo
por vía de transacción, y si no había acuerdo la pena (poena) era fijada por el juzgador. En caso de robo el ladrón podía
pagar una reparación satisfactoria. Si no podía o era irreparable el ladrón se convertía en esclavo del robado. En los casos
de injurias se concertaba una indemnización. En los casos de lesiones podía reclamarse el Talión (es decir provocar el
mismo daño).

La propiedad y los contratos: Según el dedepósito era adjudicado a los sacerdotes para sacrificios públicos. La parte
perdedora tenía treinta días para el pago de la prestación o de la deuda reclamada; si no lo hacía, se pasaba a la vía de
ejecución y se le obligaba a pagar salvo que aportara nuevos testigos que justificaran su derecho (víndex). Si se obstinaba
en no pagar o no podía hacerlo, se convertía en esclavo, pero durante un periodo de sesenta días la sentencia quedaba en
suspenso por si alguien se compadecía de él y pagaba la deuda, en cuyo caso quedaba libre. Si nadie se compadecía y
pagaba, el vencedor del juicio lo recibía en propiedad, y podía matarlo, venderlo como esclavo en el extranjero o
guardarlo para sí (en tal caso, al pasar a ser esclavo, esta condición se transmitía a sus descendientes), pero siempre para
usarlo fuera de los muros de Roma. Más tarde desapareció el paso a la esclavitud en favor del acreedor, y aquel que no
podía o no quería pagar era encarcelado en las llamadas lautúmiae ('cárceles'). El Estado ejercía la tutela de los menores y
de los incapaces. Los esclavos podían ser manumitidos, esto es liberados. La liberación podía ser privada (en cuyo caso el
amo tenía derecho a retractarse y recobrar al esclavo), o pública (en cuyo caso era perpetua e irrevocable).

Cultura: Esta fue el resultado de un importante intercambio entre civilizaciones diferentes: la cultura griega y las culturas
desarrolladas en Oriente (Mesopotamia y Egipto, sobre todo) contribuyeron a formar la cultura y el arte de los romanos.
Uno de los vehículos que más contribuyó a la universalización de la cultura romana, que pronto fue la de todo el imperio,
fue el uso del latín como lengua común de todos los pueblos sometidos a Roma. En los dos siglos que siguieron a la
guerra de Augusto, el imperio alcanzó su mayor extensión y realizó una intensa labor civilizadora. La cultura romana ya
no quedó limitada a Roma e Italia, sino que se extendió hasta las más lejanas provincias fronterizas. Se destacaron en la
tecnología, los edictos del los pretores, las disposiciones del senado, de la asamblea popular y de los emperadores y las
opiniones de los jurisconsultos romanos. Los principios fundamentales se han incorporado a la legislación de todos los
pueblos civilizados por Roma.

Situación de la mujer: En las familias ricas, la mujer debía llevar una vida de obediencia. El trabajo le era ajeno, excepto
el hilar y tejer. Como ama de casa debía supervisar las tareas domésticas, cumplidas por los esclavos. Para los romanos, el
crimen más grande que podía cometer una mujer era el adulterio, considerado no sólo un crimen de carácter moral, sino
una traición para los dioses tutelares.

Mitología romana, es decir las creencias mitológicas de los habitantes de la Antigua Roma, puede considerarse formada
por partes. La primera, principalmente tardía y literaria, consiste en préstamos completamente nuevos procedentes de la
mitología griega. La otra, mayoritariamente antigua y cúltica, funcionaba en formas muy diferentes a las de equivalente
griega. Los romanos no tenían relatos secuenciales sobre sus dioses comparables a la Titanomaquia o la seducción de
Zeus por Hera, hasta que sus poetas comenzaron a adoptar los modelos griegos en el último lapso de tiempo de la
república romana. Sin embargo, lo que si tenían, era:

 Un sistema muy desarrollado de rituales, escuelas sacerdotales y panteones de dioses relacionados;


 Un rico conjunto de mitos históricos sobre la fundación y auge de su ciudad por parte de actores humanos con
ocasionales intervenciones divinas.

Mitología antigua sobre los dioses: El modelo romano incluía una forma muy diferente a la de los griegos de definir y
concebir a los dioses. Por ejemplo, en la mitología griega Deméter era caracterizada por una historia muy conocida sobre
su dolor por el rapto de su hija Perséfone a manos de Hades. Los antiguos romanos, por el contrario, concebían a su
equivalente Ceres como una deidad con un sacerdote oficial llamado Flamen, subalterno de los flamines de Júpiter, Marte
y Quirino, pero superior a los de Flora y Pomona. También se le consideraba agrupado en una tríada con otros dos dioses
agrícolas, Liber y Libera, y se sabía la relación de dioses menores con funciones especializadas que le asistían: Sarritor
(escardado), Messor (cosecha), Convector (transporte), Conditor (almacenaje), Insitor (siembra) y varias docenas más.
Así pues, la «mitología» romana arcaica, al menos en los referente a los dioses, no estaba formada por relatos sino más
bien el entrelazamiento y las complejas interrelaciones entre dioses y humanos. La religión original de los primeros
romanos fue modificada por la adición de numerosas y contradictorias creencias en épocas posteriores, y por la
asimilación de grandes porciones de la mitología griega. Lo poco que se sabe sobre la religión romana primitiva no es
gracias a relatos de la época sino a escritores posteriores que buscaron preservar las viejas tradiciones del olvido en el que
estaban cayendo, como el estudioso del siglo I a. C. Marco Terencio Varrón. Otros escritores clásicos, como el poeta
Ovidio en sus Fastos (‘calendario’), fueron fuertemente influidos por los modelos helenísticos, y en sus obras se recurre
con frecuencia a las creencias griegas para rellenar los huecos de las tradiciones romanas.

Mitología antigua sobre la historia romana: En contraste con la escasez del material narrativo sobre los dioses, los
romanos tenían una rica panoplia de leyendas sobre la fundación y primera expansión de su propia ciudad. Además de
estas tradiciones de origen mayoritariamente local, a este surtido se injertó material procedente de las leyendas heroicas
griegas en una época temprana, haciendo por ejemplo a Eneas antepasado de Rómulo y Remo. La Eneida y los primeros
libros de Livio son las mejores fuentes exhaustivas para esta mitología humana.

Dioses nativos romanos e itálicos: Las prácticas rituales romanas de los sacerdotes oficiales distinguían claramente dos
clases de dioses: los di indigetes y los di novensides o novensiles. Los indigetes eran los dioses originales del estado
romano (véase Di indigetes), y su nombre y naturaleza están indicados por los títulos de los sacerdotes más antiguos y por
las fiestas fijas del calendario. Los novensides eran divinidades posteriores cuyos cultos fueron introducidos en la ciudad
en el periodo histórico, normalmente en una fecha conocida y como respuesta a una crisis específica o necesidad
percibida. Las divinidades romanas primitivas incluían, además de los di indigetes, un montón de los llamados dioses
especialistas cuyos nombres eran invocados al realizar diversas actividades, como la cosecha. Los fragmentos de los
viejos rituales que acompañaban a estos actos como el arado o la siembra revelan que en cada parte del proceso se
invocaba a una deidad diferente, estando el nombre de cada una de ellas derivado regularmente del verbo para la
operación. Estas divinidades pueden ser agrupadas bajo el término general de dioses asistentes o auxiliares, que eran
invocados junto con la deidades mayores. Los antiguos cultos romanos eran más un polidemonismo que un politeísmo: los
conceptos que los adoradores tenían de los seres invocados consistían en poco más que sus nombres y funciones, y el
numen o ‘poder’ del ser se manifestaba en formas altamente especializadas. El carácter de los indigetes y sus fiestas
muestran que los antiguos romanos no sólo eran miembros de una comunidad agrícola sino que también estaban
orgullosos de luchar y muy involucrados con la guerra. Los dioses representaban distintivamente las necesidades prácticas
de la vida diaria, como las sentía la comunidad romana a la que pertenecían. Se entregaban escrupulosamente a los ritos y
ofrendas que consideraban apropiados. Así, Jano y Vesta guardaban la puerta y el hogar, los Lares protegían el campo y la
casa, Pales los pastos, Saturno la siembra, Ceres el crecimiento del grano, Pomona la fruta, y Consus y Ops la cosecha.
Incluso el majestuoso Júpiter, rey de los dioses, era honrado por la ayuda que sus lluvias daban a las granjas y viñedos. En
su más amplio carácter era considerado, a través de su arma de rayos, el director de la actividad humana y, por su amplio
dominio, el protector de los romanos en sus expediciones militares allende las fronteras de su propio país. Prominentes en
la época más antigua fueron los dioses Marte y Quirino, que a menudo se identificaban entre sí. Marte era un dios de la
guerra al que se honraba en marzo y octubre. Los investigadores modernos creen que Quirino fue el patrón de la
comunidad militar en tiempos de paz. A la cabeza del panteón primitivo se encontraba la tríada Júpiter, Marte y Quirino
(cuyos tres sacerdotes, o flamines, tenían el mayor rango), y Jano y Vesta. Estos dioses antiguos tenían poca
individualidad, y sus historias personales carecían de matrimonios y genealogías. A diferencia de los dioses griegos, no se
consideraba que funcionaban de la misma forma que los mortales, y por ello no existen muchos relatos de sus actividades.
Este culto primitivo está asociado con Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, de quien se creía que tuvo como consorte
y consejera a la diosa romana de las fuentes y los partos, Egeria, a quien a menudo se identifica como una ninfa en las
fuentes literarias posteriores. Sin embargo, se añadieron nuevos elementos en una época relativamente temprana. A la casa
real de los Tarquinios se atribuyó en las leyendas el establecimiento de la gran Tríada Capitolina, Júpiter, Juno y Minerva,
que asumió el lugar supremo en la religión romana. Otras adiciones fueron el culto a Diana en el monte Aventino y la
introducción de los Libros Sibilinos, profecías de la historia del mundo que, según la leyenda, fueron compradas por
Tarquinio a finales del siglo IV a. C. a la Sibila de Cumas.

Dioses extranjeros: La absorción de deidades locales vecinas tuvo lugar a medida que el estado romano conquistaba el
territorio vecino. Los romanos solían conceder a los dioses locales del territorio conquistado los mismos honores que a los
dioses antiguos que habían sido considerados propios del estado romano. En muchas casos las recién adquiridas deidades
eran invitadas formalmente a llevar su domicilio a nuevos santuarios en Roma. En 203 a. C., la figura de culto
representativa de Cibeles fue retirada de Pesino (Frigia) y acogida ceremoniosamente en Roma. Además, el crecimiento
de la ciudad atrajo a extranjeros, a los que se permitía continuar con la adoración a sus propios dioses. De esta forma llegó
Mitra a Roma y su popularidad en las legiones extendió su culto hasta tan lejos como Bretaña. Además de Cástor y Pólux,
los asentamientos conquistados en Italia parecen haber contribuido al panteón romano con Diana, Minerva, Hércules,
Venus y otras deidades de menor rango, algunas de la cuales eran divinidades itálicas, procediendo otras originalmente de
la cultura griega de Magna Grecia. Las deidades romanas importantes fueron finalmente identificadas con los más
antropomórficos dioses y diosas griegos, y asumieron muchos de sus atributos y mitos

Arte de la Antigua Roma: Las primeras manifestaciones del arte romano nacen bajo el influjo del arte etrusco, enseguida
contagiado del arte griego, que conocieron en las colonias de la Magna Grecia del sur de Italia, que Roma conquistó en el
proceso de unificación territorial de la península, durante los siglos IV y III  a. C. La influencia griega se acrecienta
cuando, en el siglo II a. C., Roma ocupa Macedonia y Grecia. Hasta cierto punto puede pensarse que el arte de Roma es
una imitación y ampliación del arte griego, y por supuesto del arte etrusco, pero el espíritu que animó a los artistas
romanos es totalmente diferente de aquellos. La Roma conquistadora y urbanista trató de unir al sentido estético griego, el
carácter utilitario y funcional que sus obras requerían. Desde el punto de vista cronológico, el arte romano se desarrolló
con bastante homogeneidad y autonomía desde el siglo III a.C hasta el siglo V de nuestra Era. Siguiendo las etapas que su
devenir histórico marca, destacan al menos la República, hasta el año 27  a. C., y el Imperio, que se extendió desde los
tiempos de Augusto hasta la caída de Roma en manos de los bárbaros en el año 476 después de C. A causa del profundo
centralismo ejercido por Roma sobre sus provincias en todos los aspectos de la vida, se originó un arte muy uniforme sin
que pueda hablarse de escuelas provinciales, al menos durante la época imperial. No obstante, dada la amplitud del
Imperio y su constitución en diferentes momentos, no existe una contemporaneidad cronológica, pues en zonas donde el
arte helenístico está más consolidado sus formas artísticas están mucho más evolucionadas que en las provincias más
tardíamente incorporadas a la cultura romana.

Esquema de las artes en la Antigua Roma: - Monarquía romana, República romana e Imperio romano, cubren el
periodo desde el siglo VIII a. C. al siglo V d. C.. Se localiza primero en el Latium (Italia Central), y se extiende por toda
la Cuenca del Mediterráneo (Mare Nostrum). - El periodo anterior a la recepción de la cultura helenística ( siglo III a. C.)
desarrolla un arte latino emparentado con otros pueblos itálicos (sabinos y sobre todo etruscos) Loba capitolina .
- El periodo clásico del arte romano dura hasta el triunfo del cristianismo (siglo IV). Asimila y desarrolla la cultura griega
(órdenes arquitectónicos, diseño de los templos, concepción escultórica), incorporándola características propias, tanto en
materiales de construcción (mortero y cemento y hormigón romanos) como en elementos arquitectónicos (el arco -Arco de
triunfo- y la bóveda, orden toscano y orden compuesto, principio de superposición de órdenes) y formas escultóricas (el
retrato romano -exigido por el culto a los antepasados y la propaganda política, y que permite datar la evolución estilística
y de la moda, sobre todo en la expresión y el peinado- ya el relieve romano, caracterizado por la búsqueda de la
profundidad y la perspectiva) y pictóricas (los estilos pompeyanos, decorativos, narrativos o procurando el trampantojo).
- Desarrollo arquitectónico con gusto por lo colosal y magnificente, al tiempo que con un acusado sentido pragmático y
utilitario. (puentes y acueductos -puente de Alcántara, Pont du Gard, Acueducto de Segovia-, calzadas). Edificios públicos
(termas -termas de Caracalla-, teatro romano -Teatro Marcelo-, circo romano -Circo Máximo-, anfiteatros -Anfiteatro de
Capua, Coliseo, Anfiteatro de El Djem-, etc.), religiosos (templo romano -Templo de Vesta, Maison Carrée, Panteón de
Agripa-) y civiles (foro romano, basílicas, palacio romano -Domus Aurea de Nerón, construcción original del Palacio de
Letrán, luego convertido en residencia papal-, villa romana -Villa romana del Casale- con su versión de villa imperial
-Villa Jovis o de Tiberio en Capri, Villa Adriana-, casa romana -domus, vivienda (Roma Antigua)-).
- Escultura histórica narrativa (frisos corridos en relieve: Ara Pacis, Columna trajana), bustos, estatuas de cuerpo entero
(Augusto de Prima Porta) y excepcionalmente ecuestres (estatua ecuestre de Marco Aurelio).

Arquitectura de la Antigua Roma es uno de los testimonios más significativos de la civilización romana. Se caracteriza
por lo grandioso de las edificaciones, y su solidez que ha permitido que muchas de ellas perduren hasta nuestros días. La
organización del Imperio romano normalizó las técnicas constructivas de forma que se pueden ver construcciones muy
semejantes a miles de kilómetros unas de otras.

Historia: La arquitectura romana tieneNN su origen en la casa de paredes etrusca, sumada a influjos de la griega, sobre
todo después de las guerras púnicas (146 a. C.) y por lo tanto, presenta rasgos de ambas. Hoy se hace datar la arquitectura
romana de la fecha en que se construyeron la primera vía (Vía Appia) y el primer acueducto (Aqua Appia), año 312 a. C.
Por esta época y durante las conquistas de Roma en Sicilia y en la misma Grecia, los generales romanos solían llevarse
como trofeo de sus victorias gran cantidad de objetos artísticos. Por otro lado, los artistas griegos y etruscos, atraídos por
el poder económico de la señora del Mediterráneo, llevaron a Roma el gusto e incluso la pasión por las Bellas Artes y en
estas escuelas formaron sus artistas propios. El periodo de esplendor del arte romano abarca los dos primeros siglos del
Imperio. Pero ya a principios del siglo II de nuestra era, desde el tiempo de Adriano (año 117), se inicia la decadencia del
buen gusto que se acentúa en el siglo III y se confirma en el siglo IV por efecto de cierto barroquismo o irregularidad y
pesadez en los estilos aunque aumente el fasto y la magnitud de las obras. Pero la arquitectura, en cuanto arte de construir
sigue desarrollándose hasta la invasión de los bárbaros, por lo menos, en los principales centros de cultura. Pruebas de
esto son las grandes basílicas de Roma construidas en el siglo IV, no sólo las destinadas al culto cristiano, sino también las
civiles. Los restos de la colosal basílica civil de Constantino (también llamada de Majencio) que todavía se alzan en
Roma, sirvieron como fuente de inspiración a los arquitectos del renacimiento en el siglo XVI. La arquitectura de la
Antigua Roma es uno de los testimonios más significativos de la civilización romana.

Órdenes de la arquitectura romana : La arquitectura romana adaptó los tres órdenes griegos y el llamado etrusco
modificándolos y añadiéndoles otra forma de capitel que se definió por los arquitectos renacentistas con el nombre de
orden compuesto. De esta suerte, se cuentan cinco órdenes, a saber:

 el orden toscano o etrusco que permanece básicamente igual.


 el orden dórico romano que eleva su columna a dieciséis módulos, adorna su collarino o garganta, añade un
talón al ábaco, tiene el astrágalo en forma de junquillo que rodea al fuste y debajo de la corona de la cornisa
lleva dentículos o mútulos. Esta última diferencia le constituye respectivamente en las variantes de dórico
denticular y dórico modillonar, según los arquitectos del renacimiento.
 el orden jónico romano, que adorna más su capitel que el griego, reduce la magnitud de sus volutas, suprime
en ocasiones el astrágalo y eleva la altura del fuste.
 el orden corintio romano, se ostenta más florido aún que el griego y en él abunda, sobre todo, la hoja de
acanto. De ésta, lleva dos o tres series el capitel, dobladas hacia adelante y además de los dentículos admite
series de modillones adornados para sostener la cornisa.
 el orden compuesto, que llegó a ser el predilecto de los romanos no difiere del corintio sino en engarzarse más
los adornos y en alguna modificación accidental del capitel: éste se constituye por hojas de acanto sin calículos
y con cuatro volutas que salen por encima del cuarto de bocel de modo que parece compuesto de jónico y
corintio.

La arquitectura romana adoptó con frecuencia la superposición de un orden arquitectónico a otro diferente en un mismo
edificio, quedando el más sencillo y robusto debajo del más elegante y delicado, según es de notar en el grandioso Coliseo
romano. Fueron modelos de dichos órdenes en Roma:

 el Templo del Capitolio y el Foro Romano, del toscano


 el Templo de Marte y el Teatro de Marcelo, para el dórico
 parte del Teatro de Marcelo, el Templo de la Fortuna viril y el de la Concordia para el jónico
 el Panteón de Agripa y el Templo de Antonino y Faustina, en el corintio
 el Arco Triunfal de Tito y de Vespasiano y el de Septimio Severo, en el orden compuesto
 el Coliseo de Vespasiano de tres órdenes a la vez: dórico, jónico y corintio

En las colonias romanas se usaron también los mismos órdenes pero, generalmente, con menor perfección y con más
alteraciones que en el de la metrópoli. Son muy celebrados entre otros edificios:

 el anfiteatro y el templo de Roma y Augusto en Nimes (Maison Carrée)


 la Puerta negra en Tréveris
 el Templo de Vesta en Tívoli
 el Arco de Trajano en Ancona y en Benevento
 el palacio y el mausoleo de Diocleciano en Spalato (hoy, catedral)
 los templos de Baalbeck y de Palmira en Líbano y Siria respectivamente

A ellos, hay que añadir los mucho más numerosos monumentos presentes en la Península Ibérica. Los romanos recibieron
diferentes tipologías que modificaron o adaptaron a sus gustos o necesidades, desarrollando algunas gracias a nuevas
técnicas. Entre estas podemos señalar la domus, el templo, el teatro y los monumentos funerarios. Además desarrollaron
otras nuevas como:
 Basílicas. Eran palacios de justicia y también lonjas, las cuales tenían planta rectangular con su pronaos o
pórtico, sus naves (central y laterales) para el público, su transeptum o chalcidicum para los abogados su absis o
exedra par el tribunal, sus entradas principal y laterales y sus tribunas o galerías, sobre las naves laterales, con
vistas a la central.
 Arcos triunfales. Se dedicaban a honra de algún vencedor glorioso y se derribaban luego de haber pasado él en
triunfo haciéndose permanentes los construidos durante el Imperio. También se elevaban estos monumentos lo
mismo que las columnas u obeliscos en conmemoración de otros hechos gloriosos.
 Termas o edificios de baños para el servicio público.
 Anfiteatros, no conocidos por los griegos. Eran de planta circular o elíptica.
 Circos. Servían para las carreras de carros como los griegos hipódromos pero tenían una espina o muro
coronado de estatuas a lo largo de la línea media.
 Naumaquias. Eran anfiteatros cuyo fondo se llenaba de agua para representar combates navales.
 Puentes y Acueductos.
 Calzadas. Bien fundadas y sólidamente empedradas (ya con anchas losas, ya con menudos cantos) que partiendo
de Roma llegaban hasta los extremos del Imperio con sus márgines o aceras algo elevadas, sus columnas
miliarias para señalar las millas (los miles de pasos), sus puentes, etc.
 Foros =D

Asimismo, edificaron tipologías ya conocidas pero reinterpretadas:

 Los Templos: los romanos dispusieron los templos de una manera similar a los de los griegos (si bien se adoptó
mucho más que entre ellos la rotonda) hasta que al fin se modificaron disminuyendo el número de columnas
exteriores o sustituyéndolas por pilastras abovedando las naves pero sin acusarse al exterior la bóveda ni el arco
en los templos rectangulares.
 Sepulcros. Unas veces consistían sencillamente en una estela o cipo esculturado o una simple lápida sobre el
nicho que guardaba los restos y otras sobre todo durante el Imperio fueron suntuosos mausoleos como la mole
Adriana (hoy castillo de Santángelo) y la tumba de Cecilia Metela, en Roma. También llegaron a formarse
prolongadas series de sepulcros a lo largo de caminos como es muy de notar en la Vía Apia y verdaderos
panteones de familia y enterramientos subterráneos con nichos agrupados o en filas que se llamaban
columbarios conteniendo cada uno de éstos la urna cineraria de barro cocido o de piedra con relieves y con la
inscripción correspondiente.
 La Vivienda: la casa romana primitiva era de planta más o menos rectangular, tenía un patio en el centro
(atrium) al que se abrían los locales. Las casas eran en medianería, y los tejados vertían sus aguas hacia el atrio,
que solía tener debajo un aljibe, para guardar el agua. El local principal era el tablinium, donde se guardaban los
archivos familiares y los dioses familiares (penates). Solía estar en la fachada del atrio enfrentada a la entrada,
pero con el eje de la entrada desviado para que no pudiera verse la puerta desde la calle. Más adelante, por un
pretendido influjo griego, se abrió otro patio en la parte posterior, rodeado de columnas: el peristilo.

Escultura de la Antigua Roma: se desarrolló en toda la zona de influencia romana, con su foco central en la metrópolis,
entre los siglos VI a. C. y V. Originalmente derivado de la escultura griega, principalmente a través de la herencia de la
escultura etrusca, y luego directamente, por contacto con las colonias de la Magna Grecia y la propia Grecia, durante el
periodo helenístico. La tradición griega siguió siendo una referencia constante durante todo el curso del arte escultórico en
Roma, pero contradiciendo una creencia antigua y extendida de que los romanos eran sólo meros copistas, ahora se
reconoce que no sólo fueron capaces de asimilar y desarrollar sus fuentes con maestría, sino también aportar una
contribución original e importante a esta tradición, visible especialmente en el retrato, género en el que consiguió un gran
prestigio y que dejó ejemplos singulares de gran técnica y de alta expresividad, y en la escultura decorativa de los grandes
monumentos públicos, donde desarrolló un estilo narrativo de gran fuerza y carácter típicamente romano. Tras la
consolidación del imperio romano, otras influencias extranjeras, sobre todo orientales, determinaron una progresiva
separación del canon griego hacia una simplificación formal de tendencia abstracta, que estableció las bases del arte
bizantino, paleocristiano y medieval. Este proceso, sin embargo, se intercaló con varios períodos de recuperación del
clasicismo, así como el fortalecimiento del vínculo simbólico con el pasado, fueron útiles para el mantenimiento de la
cohesión cultural y política del vasto territorio. Ni siquiera la cristianización del imperio pudo determinar la exclusión de
referencias a la escultura clásica romana pagana, y hasta el siglo V, cuando la unidad política se rompió definitivamente,
los modelos clásicos siguieron siendo imitados, pero adaptados a los temas del nuevo orden social, político y religioso que
se había instaurado. El estudio de la escultura romana ha demostrado ser un desafío para los investigadores por su
evolución que es cualquier cosa menos lineal y lógica. Los intentos de imponer un modelo de desarrollo formal como un
sistema orgánico sobre la historia de la escultura romana se muestran inexactos y poco realistas. A pesar de algunos
desacuerdos entre los especialistas en muchos puntos, ya se tiene una idea más o menos clara sobre las características
generales de cada etapa evolutiva, pero, cómo fue su desarrollo y cómo se transforman de una a otra etapa ha demostrado
ser un proceso muy complejo y que aún está lejos de entenderse bien. Una tendencia duradera al historicismo y
eclecticismo, aún más pronunciada que la observada durante el helenismo, junto con la presencia de diferentes estilos, en
esculturas producidas en el mismo momento histórico para distintas clases sociales, e incluso dentro de una sola clase,
atendiendo a las necesidades de cada tema y situación, hacen que su comprensión sea aún más compleja. Además del gran
mérito intrínseco de la producción escultórica romana, el hábito generalizado de copias de obras anteriores griegas y
alusiones al clasicismo griego a lo largo de toda su historia, incluso por los primeros cristianos, mantuvo viva una
tradición y una iconografía que de otra forma podrían haberse perdido. Gran parte del conocimiento de la cultura y el arte
de la Grecia antigua, y más, la escultura romana —junto con la griega— tuvo una importancia fundamental en la
formulación de la estética del Renacimiento y el Neoclasicismo, que confirma su vitalidad y significado incluso en los
tiempos modernos, y es considerado hoy como uno de los organismos artísticos más importantes de la cultura occidental,
como lo demuestra el gran número de estudios especializados de que es objeto y de la fascinación que todavía tiene en el
público en general.

Escultura y sociedad romana: Roma era una sociedad muy visual. Con la mayoría de su población analfabeta e incapaz
de hablar el latín erudito que circulaba entre la élite, las artes visuales funcionaban como una especie de literatura
accesible a las grandes masas, lo que confirma las ideologías y la difusión de la imagen de personalidades eminentes. En
este contexto, la escultura disfrutó de una posición privilegiada, que ocupaba todos los espacios públicos y privados y
llenaba las ciudades con innumerables ejemplos de diversas técnicas. Gran parte de la escultura producida en Roma
pertenece a la temática religiosa o está relacionada de alguna manera. Incluso los retratos a menudo tenían asociaciones
con lo sagrado, como en todas las culturas, Roma no fue diferente en la práctica para producir imágenes de culto, que
estaban presentes desde los grandes templos públicos hasta las viviendas más modestas. No sólo las grandes esculturas en
bronce y mármol se convirtieron en algo común —las estatuas, grandes sarcófagos, relieves arquitectónicos, camafeos
grabados en las piedras preciosas—, pero aún más en estatuillas de terracota, placas funerarias sencillas, máscaras
mortuorias en cera , cuyo coste estaba al alcance de las clases más bajas, y en las monedas, que pueden ser vistas como
una especie de relieve en miniatura y se encontraban entre la masa del pueblo. Jaś Elsner dice: Este tipo de imágenes, la
búsqueda de los súbditos imperiales en todas las formas de la vida social, económica y religiosa, ayudó a construir una
unidad simbólica entre los diversos pueblos que componían el mundo romano, enfocando su sentido de la jerarquía en una
persona suprema. Cuando un emperador moría, sus herederos podían loar sus esculturas como a un dios —proclamando
una continuidad en la sucesión y erigiendo templos en su honor—. Cuando un emperador era derrocado, sus imágenes
eran violentamente erradicadas en damnatio memoriae, la supresión de la memoria que informaba a la población
visualmente de los cambios en la autoridad política (...). El politeísmo no era una religión de escrituras y doctrinas, en la
estructura de una Iglesia jerárquica y centralizada, era más bien un conjunto de lugares de culto, rituales y mitos,
gestionados por las comunidades y, a menudo, por los sacerdotes hereditarios. Era ecléctico y diverso, amplio, pluralista y
tolerante. Las imágenes y los mitos proporcionan las principales formas de «teología» en el mundo antiguo. Cuando el
cristianismo se convirtió en la religión oficial, el papel del arte cambió radicalmente, aunque no había perdido su
importancia central. El Dios cristiano no era conocido a través de imágenes, sino a través de las escrituras, de sus profetas
y comentaristas. Sin embargo, la escultura y su repertorio de representaciones naturalistas convencionales fue adoptada
por la iglesia naciente para la composición de alegorías y continuó siendo practicada como decoración en el ámbito
público y privado laico, como registro histórico o para el retrato hasta el final del imperio, incluso como forma de
enfatizar la herencia clásica compartida por todos y con el fin de establecer la unidad cultural en un momento en que las
periferias empezaban a desarrollar su propia cultura con un alto grado de independencia y se volvía cada vez más
complicada la tarea de mantener el territorio unificado.

Contexto histórico: El origen de Roma es controvertida, probablemente fue fundada a mediados del siglo VIII a. C. por
una mezcla de pueblos itálicos que vivían en la región de Lazio desde el siglo X a. C. Algunos sostienen la tesis de que
fue fundada por los etruscos, que vivían en el norte, y un mito dice que su fundación se debe a Rómulo y Remo,
descendientes de Eneas, héroe de Troya. Otras evidencias sugieren la presencia de pueblos transeuropeos de inmigrantes,
los Celtas y germánicos, que dejaron sus rasgos físicos en algunas familias de la aristocracia romana, como los Flavios, y
ha sido la causa de la presencia de nombres como Rufos y Rutilius, en un pueblo de tez oscura, básicamente.

Tradición etrusco-romana: Entre los siglos VII a. C. y VI a. C. Los etruscos dominaron la parte norte central de la
península Itálica, y al menos algunos de los semi-legendarios reyes de Roma fueron etruscos. Su arte, que ya estaba en
gran medida interpretado del periodo griego arcaico, se convirtió en el arte de los romanos. Así como harían más tarde con
el arte griego, los romanos no sólo copiaron los modelos etruscos sino que en sus guerras contra ellos, se apropiaron de
sus obras de arte para la decoración de su capital. Las primeras esculturas realizadas en Roma de las que hay noticia datan
del siglo VI a. C. y su estilo es totalmente etrusco. El famoso Apolo de Veyes, nos da una buena información sobre las
tendencias estéticas vigentes en ese momento. Los etruscos eran expertos en diferentes tipos de esculturas, desde la
estatuaria fúnebre y sarcófagos hasta los grupos monumentales, y en muchos aspectos se anticiparon a la estética de lo
prosaico que los romanos desarrollarían más tarde. Fueron maestros en escenas de género, que representaban la vida
común, personajes del pueblo en actividades características, y también en el retrato se mostraron artífices de primer orden.
Pero quizás donde habían sido más originales fue en el arte funerario. Desarrollaron una tipología específica para las urnas
funerarias, que consistía en una caja decorada con relieves y cerrada por una tapa en la que había un retrato del fallecido
de cuerpo entero reclinado, a veces acompañado por su esposa, un modelo que los romanos adoptarían en muchos de sus
sarcófagos. El Sarcófago de los esposos del Museo Nacional Etrusco, y el Hipogeo dei Velumni, una cripta en Perugia con
varios sarcófagos, son ejemplos bien conocidos. A pesar del progresivo abandono de la tradición etrusca durante la época
helenística que vendría después, se encuentran rastros todavía en el momento de la época de Augusto.

Helenismo y Neoclasicismo: Mientras tanto, Grecia evolucionaba hacia su clasicismo, cuyo apogeo ocurrió en el siglo
IV a. C. En aquella época Roma inició su expansión hacia el sur, obtuvo la independencia de los etruscos después de casi
un siglo de luchas por la supremacía regional, entrando en contacto más íntimo con el arte griego a través de las colonias
de la Magna Grecia, cuya cultura sofisticada impresionó a los romanos. Los nobles de Roma empezaron a querer obras
griegas en sus palacios, y se contrataban a artistas griegos para que realizaran copias de las composiciones más célebres, a
veces pagando precios fabulosos por ellas. Un poco más tarde, Alejandro Magno, conquistó Grecia y llevó su arte hasta la
Índia pasando por Pérsia y llegando a Egipto. El impacto de esta expansión tuvo dos significados, uno sobre los pueblos
conquistados, definiendo nuevas orientaciones para su cultura y arte, y otro inverso, sobre la propia cultura griega que
asimiló una variedad de elementos orientales. Con la fragmentación del imperio alejandrino después de la muerte del
conquistador, se formaron varios reinos de raíz local —Bitinia, Galacia, Paflagonia, Ponto, Capadocia, el Egipto de la
dinastia Ptolemaica—, que incorporaron nuevas costumbres griegas, evolucionando de manera propia. De esta fusión de
influencias orientales y griegas se debe el nombre helenístico. El interés por el pasado fue un rasgo distintivo de la época.
Fundaron los primeros museos y bibliotecas, como en Pérgamo y en Alejandría, hubo biografías de los más notables
artistas, la crítica de arte se desarrolló y los viajeros describieron la geografía, la historia y costumbres de las diversas
regiones que visitaban. El historicismo de la época dio lugar a que varios estilos anteriores fueran emulados en una
síntesis ecléctica, pero con un progresivo laicismo en el tema y una preferencia por las obras dramáticas y en movimiento,
cuya intensidad expresiva ha sido comparada por algunos con el estilo barroco. La infancia, la muerte y vejez, e incluso el
humor, temas casi sin precedentes en el arte griego clásico, fueron introducidos y cultivados. Además, se desarrolló entre
las élites de varias zonas el gusto por el coleccionismo de obras de arte, donde los romanos resultarían los más entusiastas.
En 212 a. C., los romanos conquistaron Siracusa, una rica e importante colonia griega en Sicilia, adornada con una
profusión de obras de arte helenístico. Todo fue saqueado y llevado a Roma, donde sustituyó la línea de la escultura
etrusca que todavía se estaba cultivado. El saqueo de Siracusa, fue el impulso final para el establecimiento definitivo de la
norma griega en el corazón de la República, pero encontró también la oposición. Catón denunció el saqueo y la
decoración de Roma con las obras helénicas, consideró que era una peligrosa influencia para la cultura nativa, y deploró
que los romanos aplaudieran las estatuas de Corinto y Atenas, y ridiculizaran la tradición decorativa en terracota de los
antiguos templos romanos. Pero todo fue en vano. El arte griego había sometido el gusto etrusco-romano en general, al
punto de que las estatuas griegas se encontraban entre los premios más codiciados de la guerra y eran exhibidas durante la
procesión triunfal de todos los generales conquistadores. En el triunfo de Lucio Emilio Paulo Macedónico tras la
conquista de Macedonia en el 168 a. C. desfilaron doscientas cincuenta carrozas llenas de estatuas y pinturas, y después de
la conquista de Acaya en el 146 a. C., que decretó el fin de la independencia griega y su sumisión al Imperio Romano,
Plinio dice que Cneo Lucio Mummio, literalmente llenó Roma de esculturas. Poco después, en el 133 a. C., el imperio
recibió en herencia el reino de Pérgamo, donde había una escuela pujante y original de la escultura helenística. —El
enorme Altar de Pérgamo, el Gálata suicida, o el intensamente dramático grupo Laocoonte y sus hijos, fueron tres de las
creaciones más impresionantes de esta escuela helenística.— Los artistas griegos se establecieron en Roma después de
que Grecia fuera conquistada en el 146 a. C., y muchos de ellos empezaron a producir copias de esculturas griegas, que
eran populares en Roma. Esta escuela helenística reprodujo los modelos de Praxíteles, de Lisipo y obras clásicas del siglo
V a. C. En esta escuela neoática de Roma destacó entre otros el escultor Pasiteles, originario de la Magna Grecia, aunque
convertido en ciudadano romano. Fue famosa la recopilación que hizo en un catálogo de las esculturas más famosas del
mundo. Como escultor se le atribuyen un Júpiter en oro y marfil y numerosas obras en bronce. La escuela del neoaticismo
representa la primera aparición en la historia de un movimiento que legítimamente puede ser llamado neoclasicismo.

Imperio romano: Un cambio en la tendencia puramente griega y en la formación de una escuela nacional de escultura en
Roma se produjo entre finales del siglo II a. C. o inicios del siglo I a. C. Un buen ejemplo es el Altar de Ahenobarbus,
considerado un precursor inmediato del gran arte imperial de Augusto. Creado como una ofrenda de Cneo Domicio
Aenobarbus por el fin de la campaña militar en Brindisi fue instalado delante del templo de Neptuno, que se había
construido al mismo tiempo. El altar fue decorado con varios frisos, algunos con escenas mitológicas más o menos
convencionales y comunes en la tradición griega. En uno de ellos hay una escena de culto, que representa a un sacerdote
preparando un sacrificio, a sus lados se encuentran los soldados y otros asistentes, que ya muestran la evidente
transferencia del estilo clásico tradicional para un tema narrativo típicamente romano, una crónica de la vida diaria y al
mismo tiempo, el éxito de su modelo político. Con Augusto, Roma se convirtió en la ciudad más influyente del imperio, y
también el nuevo centro de cultura helenística, como lo habían sido antes Pérgamo y Alejandría, atrayendo a un gran
número de artesanos griegos. Así como los sucesores de Alejandro habían contribuido a la supervivencia del arte griego,
enriqueciéndola con nuevos temas, ahora, en la era Augusta, Roma quiso dar su propia contribución a la continuidad y la
renovación de una tradición que ya había conseguido prestigio durante siglos y había dictado el carácter de todo el arte
producido allí. Pero más que la sólo transferencia de la atención cultural a Roma, que dio lugar a un cambio en lo que era
hasta entonces puramente griego y el surgimiento de una escuela romana, fue la formación de la idea de imperio y la
aplicación de la técnica griega para la temática típica de esta nueva Roma. En la consolidación del imperio fue de gran
importancia la acuñación de monedas, que son en realidad bajo relieves en miniatura. Julio César legalizó en Roma una
práctica helenista y oriental de impresión de la efigie con el gobernante vivo en las monedas, donde hasta entonces sólo
había imágenes de dioses o personajes históricos fallecidos, y Augusto dirigió esta práctica con mayor conciencia y
pragmatismo político, imponiendo su presencia visual y el mensaje del gobierno en la vida cotidiana de todos los
ciudadanos, y que ilustran cómo el arte y la agenda política podían unir esfuerzos para garantizar un sistema de control
social a gran escala. Este uso podía ejercer presión sobre la sociedad, corrían historias sobre la inaceptabilidad de las
monedas que mostrasen la imagen de emperadores odiados como Nerón. El primer gran monumento de la escultura
imperial fue el Ara Pacis entre el 13 y el 9 a. C., también obra maestra de la arquitectura romana. Dedicado a la diosa Pax,
celebraba el éxito del regreso del emperador Augusto tras sus victorias en las campañas de Galia e Hispania. El
monumento está decorado con frisos y relieves escultóricos que muestran procesiones, escenas alegóricas de la mitología
y sacrificios. En una escena se representa a Tellus, la Tierra Madre, en una interpretación muy diferente de su homóloga
griega, Gea. Aquí se la personifica con una fuerza violenta e irracional de la naturaleza, como se veía en vasijas griegas,
pero es una imagen realmente delicada y maternal de protección y nutrición. Otras escenas enfatizan los beneficios de la
Pax Augusta, y proporcionan una visión clara de los valores que en ese momento tenían los romanos como verdaderos —
una idea afirmada en repetidas ocasiones en la poesía laudatoria de la época—. Además, Strong afirma que en este
inmenso altar aparece por primera vez en el arte grupos donde tanto espectadores como protagonistas participan de una
misma escena, pero añade: Un extenso estudio de los relieves del Ara Pacis tiende a mostrar que estamos en presencia de
un arte en estado embrionario, aún lejos de la madurez, el escultor es heredero de la vasta experiencia del arte helenista,
pero todavía no ha aprendido a seleccionar. Parece oprimido por la novedad y la grandeza del tema, y la indecisión sobre
cómo se debe representar, se encuentra como probando un poco de todo. Pero vale la pena intentarlo, y a partir de aquí, en
más de un siglo de práctica, se podrán observar los triunfos del arte flaviano. Los artistas de la época Augusta no eran ni
académicos ni decadentes, ni siquiera imitadores. Eran pioneros recorriendo nuevos caminos que necesitaron mas de cien
años para ser plenamente explotados. Si en términos puramente artísticos la madurez tuvo que esperar algún tiempo para
desarrollarse, en términos ideológicos, el trabajo estaba bastante adelantado. Augusto demostró ser un gobernante capaz, y
que contaba con el apoyo del pueblo. Desde su primer consulado, fue acumulando los honores hasta serle ofrecido el
Imperio por el Senado y el estatus de «Augusto» a petición del pueblo. Su reinado fue un período de relativa paz y
prosperidad. Organizó su país y fomentó las artes, no sin aprovecharse de ellas para promover su imagen personal, como
era un uso generalizado entre los poderosos. Sobreviven muchas de las estatuas del emperador en los museos del mundo,
mostrándolo con una variedad de atributos, militares, civiles y divinos. Una de los más famosas es Augusto de Prima
Porta, que en realidad es una elaboración sobre el Doríforo de Policleto, demostrando que a pesar de los cambios sensibles
en la cultura de su tiempo, la tradición griega seguía siendo venerada y los modelos más antiguos copiados, tanto por sus
cualidades intrínsecas como por representar para la cultura romana una paternidad que le donaba mayor dignidad a la
nueva condición de la Roma imperial, con la figura del emperador como el mayor de todos los mecenas y héroes. Otros
historiadores consideran a la dinastía Julio-Claudia como un período de grandeza en el arte romano. Los aspectos que
Strong considera indicativos de una fase de incertidumbre sobre la estética —el espíritu mismo de la investigación en
varios frentes, la búsqueda de nuevos efectos de iluminación y tratamiento de superficies, nuevas formas para crear un
sentido narrativo eficaz, estudiando la naturaleza y tratando de resolver los problemas de representación de los grupos en
la perspectiva— se registran también como signos de consolidación de una escuela nacional de escultura genuina, se
refuerza esta impresión en los logros en el campo de los retratos que se venían sucediendo desde la República. Sin
embargo, es cierto que la influencia del neoclasicismo de la Escuela Ática se mantuvo firme, y modelos griegos
idealizados siguieron siendo utilizados para la difusión de la majestad imperial, combinados con un gusto por la
semblanza estableciendo un modelo innovador que fue seguido aún por muchos años.

Tipos de escultura
Retrato: En el retrato es donde Roma da su contribución más característica de la tradición fundada por los griegos, una
contribución que ha madurado mucho antes que en otros tipos de esculturas y que hicieron que el desarrollo de la
escultura en Roma, se dividiera en dos campos, con diferentes patrones de evolución, el retrato y los otros tipos. Desde la
época de la República el retrato fue muy bien valorado y con el tiempo osciló cíclicamente entre una tendencia clasicista
idealizante y otra de gran realismo, derivada en parte de la expresividad típica del arte helenista. Y entre los retratos, el
busto y la cabeza eran las formas más frecuentes. Retratos de cuerpo entero fueron menos comunes, aunque no raros. La
preferencia por el busto y la cabeza es un rasgo cultural típico romano que creó un enorme mercado en toda la cuenca
mediterránea, y se explica primero, por razones económicas, siendo mucho más barato que una estatua completa, pero
también por el convencimiento de una mejor identificación individual que prevaleció entre ellos. Para los romanos era la
cabeza y no el cuerpo ni los trajes o accesorios, los atributos del centro de interés en el retrato. Con la ascensión de
Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, el estilo mixto del idealismo y el realismo practicado por los artistas de la
dinastía Julio-Claudia sufrió un cambio, con la reanudación de las formas helenistas y con una gran énfasis en la
descripción realista del sujeto, incluso cuando se trataba del emperador. La técnica también se amplió con un uso
innovador de perforación, y los retratos femeninos de esta fase están generalmente adornados con peinados muy
complicados. Con Trajano, sin embargo, los cambios en este nuevo ciclo se inclinaron hacia la idealización, llevado a un
grado aún mayor con Adriano, cuyas preferencias helenistas estaban bien marcadas. Los retratos de Marco Aurelio,
también presentan la caracterización realista, mostrando un paso más hacia la descripción, consiguen un alto grado de
expresividad y tienen un gran impacto en el arte de todo el imperio. Pero entonces, mediante la influencia oriental y el
interés en los elementos geométricos consiguen los retratos adquirir un aspecto progresivamente más estilizado y
abstracto. Con Constantino esta tendencia llega a su punto más alto, junto con una sensación de monumentalidad que
recuerda el clasicismo de la época de Augusto. El estilo desarrollado bajo su reinado sería un precursor directo del arte
bizantino y representa el final de la edad de oro de la escultura romana. Mientras que los emperadores utilizaban los
retratos principalmente para la reafirmación del poder y su programa político, en la esfera privada se utilizaban en el
contexto funerario. Bustos, acompañados de inscripciones, elenco de familiares y amigos del fallecido decoraban altares,
tumbas y urnas cinerarias. Esta tradición estaba vinculada a una larga historia de mostrar máscaras mortuorias de cera o
terracota de antepasados ilustres en las procesiones funerarias de élite, para celebrar y demostrar su linaje patricio. Estas
máscaras estaban orgullosamente guardadas en el santuario familiar, el lararium, junto con bustos en bronce, terracota o
mármol. Se supone que la costumbre de la confección de máscaras mortuorias, que copian con exactitud las características
faciales de los muertos, fue una de las causas para el desarrollo del gusto para el realismo de los retratos romanos.

Estatuas: En el caso de la estatuaria cuando representaban los retratos del emperador en estado deificado, especialmente
en períodos en que la descripción realista estaba en vigor con más fuerza, se observa de inmediato una incongruencia entre
la forma de representación del cuerpo y la cabeza. Mientras que la cabeza se mostraba a menudo con todos los signos del
envejecimiento, los cuerpos estaban representados de acuerdo con los antiguos cánones de la escultura clásica griega,
idealizados con una eterna juventud y fuerza. Estas obras extrañas, a los ojos modernos, acostumbrados a disfrutar de una
estatua como un todo homogéneo, resultan comprensibles cuando se recuerda los convenios que regían el arte del retrato,
y cuando sabemos que las estatuas eran para los romanos una especie de simulacro simbólico y no una realidad. Así, se ha
sugerido que en realidad se trataba de un acuerdo entre dos partes diferentes, una para representar el cuerpo en términos
simbólicos y otra para la representación descriptiva de la cabeza con el fin de poder identificar claramente al personaje,
con un rechazo de la interpretación literal del conjunto. Las mismas convenciones parecían regir la estatuaria privada a la
hora de representar el genius del sujeto, y en este caso pertenecía al grupo de los monumentos funerarios. Con el mismo
propósito se hacía a menudo simplemente sustituyendo la cabeza de una célebre estatua de un dios por la de un patricio
romano o del emperador, pero parece no haber existido ninguna dificultad para los romanos en la diferenciación clara
entre las estatuas de culto y estatuas simbólicas, entre una estatua de un dios y una estatua de una persona como un dios.
Tampoco se dudaba en simplemente quitar la cabeza de una estatua de cualquier otra persona y reemplazarla por otra,
cuando se llevaba a cabo alguna damnatio memoriae. Esta práctica fue comentada de manera natural en la literatura de la
época, lo que confirma la independencia entre la cabeza y el cuerpo en el imaginario romano. Otros tipos de estatuas,
decorativas y de culto, en el arte romano no añade nada esencialmente nuevo, y sus ejemplares, aunque muchos de gran
calidad, no muestran nada que no hubiese sido experimentado a fondo antes por los griegos clásicos y los helenistas, las
copias romanas de obras de esta producción seminal continuaron produciéndose hasta el siglo V. Sin embargo, desde el
siglo segundo, y con mayor fuerza a partir de Constantino I, la creciente penetración de la influencia oriental determinó
una progresiva eliminación, con algunos períodos de recuperación, del canon griego, conduciendo a la formación de un
estilo sintético y de abstracción que sería el puente para el establecimiento del arte bizantino.

Sarcófagos: El uso de los sarcófagos era común entre etruscos y griegos, pero en Roma se usó extensivamente sólo desde
el siglo II, cuando la costumbre de la cremación de los muertos fue sustituida por el entierro, y se extendió por todo el
imperio. Su producción se estableció en tres centros principales —Roma, Ática y Asia— y se dividió en algunos modelos
diferentes. Uno, el más común, era una caja decorada con relieves figurativos y con una cubierta más o menos lisa, otro
tipo mostraba otra cubierta también decorada, que podrían incluir los retratos escultóricos del cuerpo completo de los
fallecidos, como si estuvieran sentados en un banquete, era un modelo que derivaba del arte etrusco. Ambos dieron lugar a
los ejemplares decorados con relieves de extraordinaria sofisticación y complejidad. Un tercer tipo, confinado en Roma,
tenía una decoración abstracta o floral y cabezas de animales, principalmente leones, en los extremos. De todos modos
había mucha variación y la mezcla entre estos modelos y su calidad y riqueza decorativa dependía de la riqueza de la
familia que realizara el encargo. El centro de producción asiático se caracterizaba por una preferencia de cajas de gran
tamaño y con formas arquitectónicas, con columnas a su alrededor y estatuas entre ellas, tenía una imitación de puerta en
dos de sus laterales con placas ornamentadas, y un techo en forma de prisma con acroteras, simulando una verdadera casa
o templo, y algunos podían tener unsa plataforma para su colocación en alto. Este tipo, a diferencia de los otros, fue
condecorado con frecuencia por los cuatro costados y podía ser un monumento independiente, instalado al aire libre en
cualquier necrópolis, mientras que los otros, aparecían usualmente en nichos de tumbas y su decoración se resumía a las
partes que eran visibles. La práctica romana de enterramiento en sarcófagos se continuó en la era cristiana, constituyendo
uno de los principales medios para el desarrollo de la iconografía religiosa.

Relieves arquitectónicos: En la tradición de los altares monumentales, columnas conmemorativas y arcos triunfales, los
relieves decorativos empleados en estas arquitecturas fueron un campo fértil para el desarrollo de un estilo narrativo típico
de los romanos. Ejemplos clásicos precursores fueron, el Altar Ahenobarbus y el Ara Pacis. Otro que merece tenerse en
cuenta es el friso de la Basílica Emilia (c. 54-34 a. C.) en el Foro romano, en un estilo helenizante vigoroso, con drásticos
escorzos y complementado con escenas de paisajes. De la dinastía Julio-Claudia casi nada sobrevivió, pero una prueba
que puede dar una idea del estilo de este período es un friso encontrado en Roma, que muestra una procesión de
magistrados y sacerdotes que llevan estatuillas votivas, junto con ayudantes, animales, músicos y otras figuras. Su interés
reside en el efecto de la perspectiva aérea producida por la inserción de las figuras en el segundo plano encima de la línea
de la procesión, un recurso que más tarde fue ampliamente utilizado en escenas históricas. La decoración del Arco de Tito
(c. 81-82) ha sido considerada como el punto más alto del estilo de Flavio. Los paneles que lo decoran y que muestran el
triunfo de Tito tienen excelentes cualidades de estética y demuestran una gran habilidad en el uso del escorzo para la
representación de la cuadriga del emperador, donde el carro aparece de frente hacia el espectador pero el artista puede
crear la impresión de que está haciendo un giro a la derecha. El otro panel, representa el saqueo de Jerusalén, utiliza el
mismo recurso, en otro contexto, y ambos tienen su efecto ilusorio reforzado por el uso racional de la luz y la sombra.
Pero sí es difícil hablar de un «estilo de Flavio», ya que en otros lugares se encontraron relieves más estáticos, de índole
bastante clasicista. Del reinado de Trajano es la famosa Columna de Trajano, que conmemoraba la campaña en Dacia
entre el 101 y 106. Es una gran columna completamente cubierta por un friso continuo que forma una espiral hacia la
parte superior, es un ejemplo perfecto del estilo narrativo de los relieves históricos romanos. Los episodios se funden unos
en otros sin interrupciones, excepto de vez en cuando con un árbol de separación. Trajano aparece varias veces en
diferentes situaciones. En total son casi 2.500 figuras talladas, y el nivel técnico se mantiene en todo el conjunto. Una
característica innovadora es el abandono de la perspectiva y el uso de figuras desproporcionadas con su paisaje
circundante, lo que delata la influencia oriental que penetró por aquel momento. Hoy sólo vemos las formas de mármol,
pero su efecto cuando fue completada debió de ser sorprendente ya que de acuerdo con la práctica de aquel tiempo, todas
las escenas fueron pintadas y adornadas con detalles de metal. Es posible que su autor fuera Apolodoro de Damasco. Poco
después se invierte la tendencia por el clasicismo. Destaca el Arco de Trajano en Benevento, en un excepcional estado de
conservación —sólo las esculturas fueron completadas bajo Adriano— y los once paneles de similar estilo, pero más bien
conseguidos, representan al emperador Marco Aurelio en varias escenas. Cuatro de ellos están ahora en los Museos
Capitolinos, y los otros fueron reutilizados en la época imperial a la decoración del Arco de Constantino. La Columna de
Marco Aurelio es otro gran ejemplo de la prevalencia clasicista en esta etapa, a pesar de que hay una multitud de figuras
que se agolpan en la espiral continua del friso que rodea el monumento, conserva un sentido del orden, elegancia, ritmo y
disciplina que está ausente en la columna de Trajano- Este interludio del clasicismo, sin embargo, terminaría con Septimio
Severo, cuyo Arco se acerca de nuevo al arte oriental en su sistema de proporciones y el acortamiento de su organización
de escenas sueltas, cuatro grandes paneles relatan las campañas en Mesopotamia. El mismo estilo continúa durante todo el
siglo IV, como se puede ver en los frisos superiores del norte y del sur del arco de Constantino, que muestran un marcado
contraste con los paneles más antiguos, de la época de Marco Aurelio. Los últimos ejemplos significativos de la escultura
romana arquitectónica son la base del obelisco de Teodosio I en el Hipódromo de Constantinopla, que ya parece un arte
más cercano al universo bizantino que romano.

Camafeos: En estos géneros menores, los camafeos son los más lujosos, limitados a las clases altas y eran usados
generalmente como joyas. Tallados en piedra semipreciosa como la ágata, calcedonia, jaspe, amatista y ónix, están
considerados esculturas en miniatura desde su apreciación por John Ruskin, cuando hasta entonces se consideraban como
una forma de grabado. Esta forma de talla fue introducida en Roma por los griegos helenistas, que fueron los primeros en
conseguir un alto grado de refinamiento en este género. Su pequeño tamaño no nos debe inducir a error en cuanto a la
pericia requerida para este tipo de trabajo, que requiere una intensa concentración y enorme sensibilidad para trabajar la
veta de la piedra y sus diferentes capas para obtener sutiles matices de color y efectos de luz y transparencia. Su datación
es muy problemática, y muchas piezas indican que se estaban elaborando en momentos diferentes. Los mejores ejemplares
se han convertido en piezas de coleccionista, y entre ellas podemos mencionar la fantástica Gema Augustea, un gran trozo
de ónix bicolor tallada con dos escenas compuestas de varios personajes. Durante el periodo imperial, los camafeos
gozaban de gran prestigio, lo que inspiró a los romanos a inventar un vidrio, que ofrecía la ventaja de permitir un mayor
control sobre el color y la transparencia, pero fue aún más difícil, largo y costoso trabajarlo que la piedra, presenta
considerables desafíos técnicos, que aún no ha sido totalmente desentrañado por los vidrieros contemporáneos. Sin
embargo se llegó a producir recipientes de camafeo de vidrio con decoración entera tallada, como el famoso Vaso de
Portland y el Vaso de las estaciones.

Juguetes: Los juguetes se encuentran en todas las culturas, y los romanos no fueron una excepción. Referencias literarias
abundan a partir del período helenístico, y todo indica que hubo una enorme variedad de objetos destinados al
entretenimiento de los niños, desde las tradicionales muñecas hasta los carritos de ruedas, muebles, figuras de guerreros y
animales, e incluso casas en miniatura de metal, madera o terracota. Los juguetes son objetos excelentes para el estudio de
las condiciones económicas y sociales de la época.

Estatuillas de culto privado: En el ámbito religioso están las estatuillas de culto privado de muchas deidades del panteón
romano y de las divinidades familiares y regionales. El hábito de antropomorfismo de los dioses fue heredado de los
etruscos y los griegos, prácticamente todas las fuerzas naturales y poderes abstractos tomaron para los romanos un aspecto
humano y recibieron culto, aunque su religión no fuese rígidamente organizada el culto privado tuvo un importante papel.
Los museos están llenos de estatuillas de culto doméstico, lo que demuestra su amplia distribución por todo el imperio. Su
calidad artística es muy variable, y se cree que la consumida por la gente común son poco atractivos, pero hay ejemplos de
gran refinamiento. En este campo no era el valor estético lo que tenía valor, sino su eficacia para los romanos como
puente de comunicación entre los mortales y lo sobrenatural. De función similar son las estatuillas-amuleto. En la
compleja y polimorfa religión romana la magia tenía un papel nada despreciable, en la que los amuletos encontraron su
lugar. Los griegos y los etruscos los usaban, y diversos autores clásicos hablan a su favor, como Plinio y Galeno. Los
romanos también hicieron una costumbre generalizada, especialmente durante la época tardo imperial. Aunque los
amuletos eran generalmente objetos pequeños y portátiles y no necesariamente de figuras, han sobrevivido una serie de
estatuillas que desempeñaban la misma función, representando a los espíritus protectores de los hogares asociados con los
ancestros, los Lares, profundamente venerados en santuarios domésticos, como Príapo, el dios fálico, cuya imagen era
considerada un poderoso remedio contra el mal de ojo, la esterilidad y la impotencia, y que estaba colocado en la parte
exterior de la entrada de las casas.

Objetos decorados: Los jarrones, vajillas, lucernas, tiradores de puertas y muchos otros tipos de objetos utilitarios con
decoración que se aproxima a la escultura propiamente dicha, una categoría muy variada de piezas que da fe de la amplia
aplicación de la escultura en la antigua Roma. Las lucernas y braseros estaban decorados con imágenes en relieve
mostrando escenas religiosas, mitológicas y eróticas, de acuerdo con la ubicación para la que estaban destinados, y podían
tener uno o más pies muy ornamentados. Platos, ollas, cuencos y vasos también podían representar relieves, o los cuellos
de formas extravagantes. En la cerámica destaca el tipo de la terra sigillata, una especie de vasija decorada con incisiones
y relieves, que fue ampliamente difundida, y las antefijas decorativas instaladas en los bordes de los techos, que podían
estar realizadas en formas abstractas o figurativas.

Escultura tardía imperial: Durante los últimos siglos del imperio (siglo III al siglo V) se vio el nacimiento de un
contexto cultural totalmente nuevo. A veces esta fase de transformación ha sido vista como una decadencia artística, pero
el canon griego fue el resultado de una época y un contexto determinado, y aunque dio forma a los orígenes artísticos de
Roma y a gran parte de su trayectoria, los tiempos y el territorio habían cambiado, y el clasicismo estaba empezando a
convertirse en una reliquia del pasado y una referencia simbólica o del historicismo en lugar de una realidad viva. Ahora
Roma tenía su propia historia, y entraba en un período de intensos intercambios con grandes culturas antiguas del Oriente
Próximo, cuyo cuerpo de ideas, religiones, arte y aspiraciones se volvían parte de la cultura romana. Del mismo modo, las
numerosas provincias imperiales, que se extendían desde Hispania, Galia y Britania a Persia, Arabia, Cáucaso y Norte de
África, desarrollaban estilos sincréticos con sus propias tradiciones locales, creando obras que fueron aceptadas tanto para
la visión metropolitana como para la provincial, aunque interpretados de manera diferente para cada lugar. En una época
de efervescencia cultural y gran diversidad de principios estéticos, la permanencia de los elementos clásicos en todas las
partes, modificados, es cierto, en diversos grados, todavía posibilitaba mantener canales abiertos de comunicación y actuó
como una especie de línea franca-artística. El sincretismo fue siempre una característica del arte romano, pero en la época
tardo imperial asumió un papel de crucial importancia. Después de la cristianización del imperio, las normas del arte
pagano fueron adoptadas por los emperadores cristianos sin dudarlo, aunque adaptadas a las nuevos temas. Cuando
Constantinopla se convirtió en la nueva capital, se llenó de alusiones arquitectónicas y artísticas a la «antigua Roma», un
deseo declarado de mantener la continuidad de las tradiciones antiguas, aunque fueran reformadas para satisfacer las
necesidades de un nuevo contexto. En realidad no fue una permanencia literal del clasicismo, lo que ocurrió fue una
continuidad «selectiva». Este proceso fue consciente y voluntario, como la literatura de la época lo confirma. Algunos
prototipos oficiales se mantuvieron, mientras que un gran repertorio de otros modelos, simplemente fue condenado al
olvido. El enmascaramiento de los rápidos cambios sociales y políticos que tuvieron lugar en las elegidas formas
procedentes de la herencia clásica proporcionaron una cohesión cultural importante en un momento en que los elementos
del imperio tendían a la diversidad, y cuando la fragmentación del estado se estaba convirtiendo en una amenaza real. La
élite siguió recibiendo una educación clásica y se mantuvo conservadora. Leían autores de renombre, y se familiarizaron
con la tradición ancestral, desarrollando el gusto por ella. Las ciudades, villas aristocráticas y los teatros estaban
decorados con imágenes aún paganas. La conversión de Constantino al cristianismo en el 312 determinó una ruptura con
esta tradición, aunque no inmediatamente ni de forma completa. El prestigio de estatuas paganas continuo en alza hasta el
siglo VI, ni siquiera la aparición del cristianismo y el destierro del antiguo culto por Teodosio I en 391 provocó una
inmediata destrucción de las imágenes religiosas y decorativas. Prudencio, a finales del siglo IV de nuestra era, también
recomendó mantener las estatuas de los ídolos paganos como «ejemplos de la capacidad de los grandes artistas, y cómo
espléndido ornato de nuestras ciudades», y Casiodoro relata cómo se hicieron esfuerzos todavía en el siglo VI de
conservar esculturas antiguas paganas como testimonio de la grandeza imperial para la posteridad. Con todo, poco
después de la política del papado y del imperio cambió, y los monumentos de la antigüedad comenzaron a ser saqueados
con el fin de retirar el material para su uso en otras obras mediante el estímulo de una ola asombrosa de iconoclasta por
todo el imperio que decretó la desaparición de la gran mayoría de la fabulosa colección de obras de arte acumuladas
durante siglos.

Uso del color como un recurso mimético y expresivo: Como complemento del trabajo de la talla de la piedra o el
bronce fundido, el efecto final de la pieza de la escultura era modificado con la adición de policromía en la superficie, una
práctica heredada de los griegos y realizada comúnmente, como lo demuestran los relatos históricos, y que daba a las
esculturas un aspecto diferente de cómo las vemos hoy en los museos, de piedra y bronce solamente. Este hecho histórico,
aunque conocido por lo menos hace dos siglos, todavía causa extrañeza, y de hecho dio lugar a una concepción errónea,
incluso entre los arqueólogos y conservadores de museos que creían que las obras originales se llevaron a cabo dejando
las apariencias del material empleado, error evidente que se perpetuó hasta hace poco. Este uso de pigmentos decorativos
era en realidad un hecho fundamental en el arte antiguo, y no había ninguna estatua, frisos y relieves que no recibieran por
lo menos detalles en color, si es que no estaban pintados completos. Además de la pintura se usaban, para insertar piezas,
otros materiales de colores como plata y oro, esmalte, nácar y vidrio, con lo que se conseguía poner en relieve ciertos
rasgos o partes anatómicas, y ciertos tipos de mármol de color y piedras nobles como el ónix y alabastro ricas en vetas
multicolores y transparencias, se utilizaba en algunas partes de las prendas de vestir de las estatuas para crear efectos más
lujosos. Recientes investigaciones publicadas junto con exposiciones temáticas de réplicas de grandes obras con la
restauración de sus colores originales, han ofrecido una visión completamente nueva del arte clásico.

Legado: Los romanos fueron los primeros en estar orgullosos de florecer en la sombra de una cultura extranjera. Virgilio
en su Eneida, hacia al espectro de Anquises declarar a Roma, aún por nacer, que estaría en las artes y las ciencias siempre
por debajo de los griegos, pero que la superaría en la guerra y en la administración pública. En otra parte el poeta se
jactaba porque su musa fue la primera en cantar versos a la manera de Teócrito, y otros casos similares abundan en la
literatura contemporánea de la época. Como se ha demostrado, toda la producción romana de escultura fue una devoradora
del ejemplo griego, y lo mismo ocurrió con las demás artes, como la poesía, la música y la arquitectura. Esto es un hecho,
pero ha sido interpretado por autores influyentes tales como Arnold Toynbee y Roger Fry en demérito de los romanos,
mirándolos como un pueblo esencialmente imitativo, una subespecie de helenismo, y cuyo único valor artístico habría
sido trasmitir para la posteridad la herencia griega. Esta opinión refleja la posición crítica de finales del siglo XIX, que, en
esencia, culpaba a los romanos por no ser griegos, pero, irónicamente, se deriva de los propios romanos, que mantenían en
relación con su papel de epígonos una actitud al mismo tiempo orgullosa y modesta. Pero, no ha impedido que sus
escultores desarrollaran algunos rasgos evidentes de originalidad, reconocidos por otros críticos, lo que hace esa
acusación, pese a basarse en una clara evidencia, no ser del todo justa. Por otra parte, juzgar una cultura antigua desde un
punto de vista moderno es siempre maniobra temeraria. Los romanos han sido por lo general caracterizados por un alto
espíritu público y una fuerte aversión al individualismo y excentricidades, que siempre causó terror a los griegos, donde
las antiguas tradiciones, públicas y familiares siempre fueron objeto de veneración extrema. Virgilio cuenta en Eneida la
historia de Eneas llevando en sus hombros a su padre en la huida de Troya, que se convirtió en un modelo de la
«piedades» romanas, el honroso deber hacia los padres, e incluso en tiempos difíciles por disputas políticas y élites
inmorales y decadentes, lo mismo si eran comunes entre toda la sociedad los comportamientos que hoy vemos cómo
crueles, entre las cualidades más apreciadas en Roma, estaban la parsimonia, severitas, frugalitas y simplicitas —
economía, dignidad y austeridad, frugalidad y sencillez— varias veces elogiadas en la literatura coetánea. Teniendo en
cuenta estos factores, su aparente falta de originalidad se vuelve relativa y se hace un rasgo de identidad cultural. De
cualquier manera, la escultura da mucho material para poder estudiar todo el legado romano y comprender su actitud
peculiar en el ámbito cultural. La caída en la oscura Edad Media, tanto por la destrucción previa de la mayoría de los
ejemplos, como el cambio en la concepción del arte y los valores culturales, la escultura romana tuvo en el renacimiento
una oportunidad de hacer una nueva escena en el panorama del arte. Y más que una aparición, de hecho fue fundamental
para el desarrollo de la nueva estética de la época. Rafael, consciente de la magnitud de la pérdida de obras antiguas en
épocas anteriores, deploró el hábito de reutilizar el mármol y el bronce para crear otros objetos, y el descubrimiento de
varios ejemplares de alta calidad de la escultura romana en este período causó sensación en la sociedad del renacentista,
estimulando copias y nuevas interpretaciones, la búsqueda ansiosa de restos en numerosas excavaciones arqueológicas, y
la salida de un flujo de reproducciones de grabados. Su influencia en la escultura de la época, es innegable. Durante el
barroco el interés por la estatuaria antigua, no disminuyó. Maestros tales como Bernini eran notorios amantes del arte
griego y romano, y su propia producción se debe en gran parte a ejemplos antiguos y a los temas clásicos. Tampoco se ha
reducido durante los períodos siguientes. En el siglo XVIII, se formó la costumbre entre las élites del «Grand Tour
Europeo», Roma era la visita obligada, y el deseo del conocimiento y de la adquisición de arte de la Antigüedad clásica se
convirtió en una locura determinando la aparición del neoclasicismo. Entre los siglos XVIII y XIX se formaron varias
colecciones privadas importantes en varios países, y en Inglaterra, en particular, servían también para garantizar la buena
reputación social de los propietarios y facilitar su acceso a cargos públicos. A pesar que los artistas neoclásicos admiraban
la producción griega, su reinterpretación del estilo clásico la realidad es que se basaba en los principios romanos, por el
simple hecho de que las obras conocidas en ese momento eran casi todas romanas, no griegas. A mediados del siglo XIX,
con la reapertura de Grecia hacia el occidente después de un largo dominio turco, con la realización de varias
investigaciones arqueológicas que sacaron a la luz una gran cantidad de obras originales griegas, y bajo la influencia del
gusto romántico del público que tendía hacia el helenismo, pero no al arte romano, éste cayó en desgracia. En el siglo XX,
sin embargo, la revolución moderna condujo a una drástica disminución en la capacidad del arte romano para inspirar a las
nuevas generaciones de artistas, mientras que las colecciones de escultura de la antigua Roma continúan hasta hoy
atrayendo a multitudes en todos los museos donde se exponen y son parte importante del patrimonio de una civilización
cuya memoria permanece viva, y de la que nuestra propia cultura nació

Pintura de la Antigua Roma: Los orígenes de la pintura romana se confunden con los de su escultura y de tal modo se
hallan en el arte helenista que aun los ejemplares que de ella se conservan, sobre todo, los mejores, se atribuyen hoy a
mano griega si bien la escuela llegara por fin a romanizarse. Los romanos admiraban la pintura griega tanto como la
escultura, y animaban a los artistas que trabajaban para ellos a hacer copias de obras griegas especialmente famosas o
populares. Los romanos tendían más que los griegos a decorar sus paredes con pinturas murales, y aunque siguen la
tradición griega, muestran en sus pinturas un gran colorido y movimiento. Las pinturas, con figuras individuales, grupos o
paneles enteros, se reproducían, se adaptaban, estropeaban o embellecían según el talento de los artistas y las exigencias
del cliente. Los procedimientos usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco. Aunque se sabe que
los romanos desarrollaron la pintura sobre tabla, los restos pictóricos conocidos más importantes son de tipo mural,
frescos protegidos con una capa de cera que avivaba los colores. Sus géneros, el decorativo de vajillas y muros y el
histórico y mitológico en los cuadros murales. Y aunque los descubiertos hasta el presente ofrecen más que todo un
carácter decorativo llegan a ser verdaderas composiciones pictóricas y se juzga con fundamento que hubo también otros
de pintura independiente a semejanza de los actuales de tabla o de caballete. Se cultivaron con dicho carácter decorativo
mural el paisaje, la caricatura, el retrato, los cuadros de costumbres, las imitaciones arquitectónicas y las combinaciones
fantásticas de objetos naturales constituyendo con estas últimas el género que los artistas del Renacimiento llamaron
grutesco, hallado en las antiguas Termas de Tito y que sirvió al célebre Rafael como fuente de inspiración para decorar las
Logias del Vaticano. Hay que citar los retratos pintados. En el Egipto romano se descubrió una excelente colección de
retratos sobre tabla, realizados para ser colocados sobre las momias. Igualmente en Pompeya, y pintados al fresco, se
descubrieron magníficos retratos como los del Panadero y su esposa, o el de una muchacha, ambos en el Museo de
Nápoles. Destacó también el arte pictórico de la civilización romana en el procedimiento del mosaico. No obstante, y en
general, el mosaico es usado sobre todo para suelos, siendo en época bizantina cuando sustituya a los frescos en los
muros. También en época romana se encuentra el mosaico extendido a cuadros pensiles según lo revelan algunos
ejemplares que se guardan en los museos y abrazando en uno y otro caso, asuntos y composiciones históricas. Se usaba
para decorar interiores. Siguen utilizando el opus tesselatum de origen griego, aportando como novedad el opus sectile. La
miniatura sobre pergamino fue otro género que estuvo muy en boga entre los bibliófilos romanos de la época de Augusto,
pero de ella no se han descubierto ni se conservan ejemplares anteriores al siglo III de nuestra era. Los principales
monumentos de pintura greco-romana que hoy existen se han extraído de las ruinas de Herculano, Pompeya, Stabia, el
Palatino de Roma y de las necrópolis de El-Fayun, en Egipto, además de los mosaicos descubiertos en numerosas
ciudades que fueron romanas. La mayor parte de las pinturas murales conocidas corresponde a casas particulares y
edificios públicos de Pompeya y Herculano, dos ciudades italianas que estaban de moda y que fueron arrasadas por el
volcán Vesubio en el año 79 d. C., aunque también se han encontrado algunas pinturas en Roma y en otros lugares. El
Museo de Nápoles, centro principal de estudio para el arte romano, conserva más de mil fragmentos de pintura al fresco,
arrancados de los muros de Herculano y Pompeya. Entre los más famosos cuadros murales de este arte greco-romano se
cuentan

 el de las bodas aldobrandinas (Museo Vaticano)


 el de Paris juzgando a las tres Diosas
 el de Io libertada por Hermes
 el de Ceres en su trono (de Pompeya, hoy en el Museo de Nápoles)

Entre los mosaicos, el de la Batalla de Isso, en el referido museo napolitano con otros muchos. En cuanto a miniaturas, las
más célebres y de las más antiguas de sabor pagano son

 los fragmentos de una Ilíada del siglo III en la Biblioteca Ambrosiana de Milán
 las cincuenta viñetas de Virgilio de la biblioteca Vaticana que datan del siglo IV al V.

Romanizada la pintura griega, tomó un carácter propio según puede verse en las decoraciones murales de Pompeya que
constituyen el llamado estilo pompeyano. Se distingue éste por la delicadeza, gracia y fantasía del dibujo, sobre todo, en
vegetales estilizados, por la viveza del colorido por el realismo y la voluptuosidad en las figuras y por cierto contraste de
colores y luces tal que aproxima el estilo al de la escuela impresionista moderna. Todo ello, aunque no sale del género
decorativo, refleja el espíritu de una sociedad bulliciosa, elegante, frívola y voluptuosa. La cerámica hispano-romana
carece de figuras pintadas y sólo las presenta en relieve y sin color distinto del fondo como puede observarse en los
llamados barros saguntinos.

Estilos: Se han distinguido varios estilos pictóricos bien diferenciados, y aunque se suceden cronológicamente, a veces
pueden coexistir.

Primer estilo o de incrustaciones: Tiene origen helenístico y corresponde al siglo II a. C., extendiéndose hasta principios
del siglo I a. C. Destaca por su decoración de paredes revestidas de mármol, donde la pared se divide normalmente en tres
bandas horizontales. La inferior juega el papel de zócalo, la zona media se descompone a su vez en diversas capas de
mármol, y la superior consta de un friso corrido generalmente blanco que completa la representación. Los mejores
ejemplos de este tipo de pintura se encuentran en la Casa del Fauno de Pompeya.
Segundo estilo o arquitectónico: Corresponde al siglo I a. C., perviviendo hasta los comienzos del Imperio. Muestra un
deseo de abrir los muros a una cierta idea de la perspectiva con el propósito de ofrecer una sensación de profundidad. Para
lograr esto incluye las denominadas arquitecturas pintadas sobre entablamentos, columnas, ventanas o nichos, que
conducen a un paisaje imaginario. Los mejores ejemplos son la casa de Augusto y la de Livia.

Tercer estilo u ornamental: Coincide con la primera mitad del siglo I. En esta fase desaparecen los efectos espaciales
arquitectónicos, y la decoración sigue enmarcando cuadros con figuras o paisajes, como los de la villa aparecida bajo la
Farnesina en Roma. Hay una menor preocupación por dar profundidad a las escenas, aumentando por el contrario los
elementos de carácter decorativo, como ocurre por ejemplo en la casa de Lucrecia. Por no pretender fingir el espacio
tridimensional, a este estilo también se le ha llamado de la pared real"

Cuarto estilo o del ilusionismo arquitectónico: Corresponde a la segunda mitad del siglo I a. C., siendo una especie de
síntesis de las tendencias anteriores, dominadas por una escenografía fantástica donde se combinan los motivos
imaginarios y las perspectivas arquitectónicas, dentro de lo que podíamos llamar barroquismo conceptual, donde se
acentúan los espacios y fingimientos ópticos. A estas pinturas se les da relieve por medio de estucos. Dentro de este
período se sitúa la casa de los Vetti, donde se aprecian algunos rasgos del mundo egipcio, y en la que destacan sus
pinturas por las delicadas escenas con figuras de amorcillos. Pero sin duda, el mejor ejemplo lo encontramos en los
frescos de la Villa de los Misterios de Pompeya.

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