ISSN 469-0414
“No es tarea de la literatura venir a hacer justicia” o lo que tienen para decir
Austen, Brontë y “las malas de los cuentos”.
Entrevista a Sandra Comino1
Por Ana López Galli
Ubicar a Sandra Comino puede ser una
osadía. Sus horas se reparten entre la
escritura literaria, la de reseñas,
entrevistas, respuestas a bibliotecarios y
docentes urgidos de recomendaciones;
también, el dictado de talleres de lectura,
las frecuentes visitas a escuelas de todo
el país y la lectura de cartas de sus
lectores. La amplitud de espacios que
abarca su trabajo muestran una vida
1
transformada en militancia: es que
Sandra lee desde pequeña, y tal vez por
ello dedica sus horas a ampliar el número de niños que puedan compartir su suerte.
Ubicarla puede ser una osadía pero es, no obstante, imperioso. En efecto, en una revista
que tematiza el género, el trabajo de Sandra Comino se vuelve un referente. Tal vez
porque creció leyendo a las escritoras del siglo XIX, aquellas que, en los albores del
feminismo, firmaron con seudónimos de hombre para publicar novelas que invitaran a
construir nuevas formas de subjetividad para las mujeres.
Tal vez sea porque aquello que Sandra encontraba en la lectura de tales escritoras se
cuela también, finalmente, en sus libros. Esto es, personajes femeninos atravesando
1
Sandra Comino nació en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1964, y reside en la ciudad de Buenos
Aires. Es escritora, periodista y docente. Estudió Literatura Infantil con Lidia Blanco. Fue Miembro del
Comité organizador de la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires y de ALIJA. Integró el Comité
Editorial de la revista La Mancha y colaboró en diversos medios gráficos de Argentina y el exterior, entre
ellos en el suplemento Radar libros de Página 12. Su primera novela fue Así en la tierra como en el cielo
(1997), fue finalista en el concurso Premio Norma-Fundalectura, Colombia. La enamorada del muro (1999)
recibió el Primer Premio del concurso “A la Orilla del Viento” de Fondo de Cultura Económica de México. La
Casita Azul, (2001) fue Premio Iberoamericano de novela, Cuba. Es autora también de: El pueblo de Mala
Muerte (2005, cuentos), Esto no es para vos (2009, ensayo), Nadar de pie (2010, novela), Desde las gradas
(2011, cuento), La bruja del Laurel (2014, novela), entre otros.
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distintas situaciones que las instan a habitar el género con la complejidad que ello implica.
Así, reflejan un arco que va desde posiciones empoderadas a otras más conservadoras.
Como dato de color, Sandra narra cada tanto en la red, una especie de crónica. Sus
personajes principales parecen conformar un linaje femenino donde ella misma es “la
tipa”; sus hijas, “las tipitas” y su nieta, “la tipitita”. Los relatos de momentos compartidos
remiten a la cálida armonía de las mujercitas March: diálogos que fluyen horizontalmente,
donde prima el aprendizaje mutuo, el respeto y la camaradería. Juntas protagonizan
escenas que “la tipa” narra con humor, como la que reproducimos a continuación:
“Tardecita en el escritorio. La tipa desplazada de su silla. Tipitita en el trono.
-Aba ¿me poné la peli del vetidoteleste?
-¿Cenicienta?
-É un cuento de “alas” pero la chica del vetidoteleste no tiene alast… te dite atí
“cuento de alast”.
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-Ah, bueno. Pero no tengo la del dibujito… tengo la peli de “personas”.
-¿Y tiene mala?
-Sí. Es la misma pero no es de dibujitos.
-¿A vé?
La tipa pone la película de Cenicienta. Saltea la parte de la muerte de la madre
(algo similar ocurrió con la madre de la criatura registrado en: Esto no es para vos
pero con otra peli). Cuando aparece Cate Blanchette, la tipitita dijo:
-Ti. Decala. É la mala.
Sí. Le gustan las malas.
Después de ver un rato la peli…primer plano del padre de Cenicienta, tipitita dijo:
-Aba… ¿po qué a éte le guta la mala?
-La verdad que no sé…andá a saber.
A continuación cuando aparece de nuevo Cenicienta, tipitita se baja de la silla del
escritorio:
-Mecorvamost a cugar al avión. Vostdetíteñorespataqueros te ponen losttinturones
y to toy la pilota… ¿dale?
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Nos subimos al avión (dos colchonetas de Pocahontas de las infancias de las
tipitas).
La tipitita que quiere ser lobo… le gustan las malas y jugar al avión”.
(Extraído del sitio de Facebook personal de la autora- 16/05/18)
Por último, el trabajo de Sandra Comino constituye un referente porque, lejos de
oportunismos, escribe con el compromiso que supone la palabra literaria, esto implica una
actitud atenta ante las modas, la escritura fácil, “a pedido”; por todo ello nos interesa su
mirada como escritora y como crítica, de modo que valió la pena el intento, pudimos
encontrar un espacio- tiempo de encuentro y aquí va lo conversado:
Aquelarre: Durante una entrevista en 2016 dada en Uruguay, en el marco de un
encuentro de IBBY, sostuviste: “Podés abordar determinado tema desde la escritura si es 3
algo que te atraviesa. Si lo hacés porque se puso de moda es un panfleto”. ¿Te parece
que eso puede ocurrir con los libros que abordan cuestiones relativas al género y la
diversidad? ¿Qué desafíos presenta en la escritura literaria este tiempo que pone en
cuestión los estereotipos de género?
Sandra Comino: Sostengo absolutamente lo que dije en aquella oportunidad. Creo que
una escribe desde su ideología, sus gustos, sus miedos, sus obsesiones y cuando se
esfuerza por abordar un tema o quiere ajustarse a determinadas cuestiones salta la
traición. Tarde o temprano sale a luz la esencia, y la esencia poco tiene que ver con la
imposición. Es así que cuando leés te das cuenta cuando un personaje está sostenido por
la convicción o si está a la deriva por aprovechar la ocasión. En toda la literatura siempre
hay temas que se ponen de moda o que la escuela necesita para “trabajar”, pero hay algo
cierto: solo se publica lo que la sociedad tolera debatir. Hoy es el aborto, las cuestiones
de género y la diversidad; antes fueron la muerte, el divorcio, Malvinas, etc. La edición se
facilita en la medida que el tema se vuelve visible en la sociedad. Si lo escribiste antes
nadie te lo edita. La casita azul (2002) y Nadar de pie (2010) deambularon por editoriales
unos cuántos años. De todos modos, creo que hay que revisar el lenguaje, como hay que
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revisar tantas cosas y qué bueno que esto suceda para cuestionar el patriarcado que está
encarnado muy profundamente. Pero (siempre hay un pero) la literatura es literatura y
punto. No es tarea de la literatura venir a hacer justicia. Si la hace mejor. Pero no es su
tarea.
Aquelarre: En tus libros siempre aparecen referencias a escritoras de los siglos XVIII y
XIX (Austen, Brontë, Alcott, Montgomery). Vos misma sostenés en algunas entrevistas
que ellas forman una parte sustancial de su propio “camino lector” ¿Qué vigencia tienen
hoy esas lecturas y qué aporte pueden hacer a la construcción de subjetividad de las y los
lectores actuales?
Sandra Comino: Tuve
un comienzo bravo. Leí
Jane Eyre a los 8 años y
de ahí no paré de leer.
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Me marcaron esas
lecturas de mujeres que
cuestionaban lo que
pasaba en su época.
Con el correr de los años
y recordando las cosas
que me atraían puedo
ver que esas mujeres, en
el contexto de producción de su época, no eran sumisas como la mayoría de las heroínas.
Las protagonistas principales de Austen se negaban a casarse porque esa alianza era
arreglada por la familia dado que sólo heredaban los hombres, de hecho en la obra de
Austen aparece el dinero como algo importante que puede ayudar a ser más libre, por lo
menos a las mujeres. Las Brontë luchaban por publicar en un mundo machista donde
podían hacerlo con seudónimos masculinos. Alcott creó una heroína (Jo March) que
rechazaba un amor para poder irse a estudiar, educada en un matriarcado y situándose
en el contexto de su escritura en 1848, Jo cuestionaba el castigo corporal en la escuela, el
mundo machista de las editoriales.
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Y estas mujeres fueron (y son) subestimadas por quienes no las leyeron en profundidad.
Esto, que aparentemente parece contradecir la primera respuesta, no es así. El escritor
escribe desde y con su ideología. El lector se identifica desde la suya. Y es ahí donde se
construye una alianza. Esto no se puede dar con textos fabricados para abordar ciertos
temas. Creo que esos libros son olvidables a corto plazo.
Por supuesto que hoy no son lecturas elegidas espontáneamente por los jóvenes porque
hay un mercado editorial que los apabulla y un mundo en el medio, pero cuando llegan
por alguna razón a leerlos les gusta. Además, el cine siempre tiene una mirada hacia la
obra de estas mujeres, incluso indaga hasta en sus biografías.
A: Sin embargo, existen ciertas líneas de crítica que cuestionan los modelos de mujer que
podían encontrarse en la literatura del siglo XIX, como así también la idea de amor
romántico que promoverían los libros de las autoras que nombraste, Jane Austen por
ejemplo. Nos gustaría saber cómo pensás que puede leerse a la mujer y al amor en esos
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textos, es decir, si es posible ir más allá del amor romántico.
S.C.: Austen critica una época, critica a la burguesía y critica al machismo.
En la biografía que realiza Claire Tomalin se afirma que creer que Austen era una autora
esencialmente romántica, es desconocerla y no haberla leído profundamente. Esto
también es destacado por Virginia Woolf, que sostiene que Jane Austen puede parecer
superficial solo aparentemente.
En Miss Austenregrets, un film basado en cartas de Jane Austen que aborda sus últimos
años de vida, se expone muy bien la preocupación que tenía por el dinero. La
preocupación de la autora era ganar dinero con su obra, ya que era una época en la que
los bienes familiares eran heredados por los hombres. Por ello, cuando enfermó, la
angustiaba que su madre y su hermana quedaran desamparadas sin su protección. Aun
así no se casó.
En sus novelas hay una diferencia entre las mujeres que sólo quieren casarse y las que a
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pesar de su edad no lo hacían si no estaban enamoradas. En la obra de Austen este
detalle no es una cursilería romántica sino una decisión ideológica. Entonces, sus
heroínas eligen, al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las mujeres burguesas
que ella critica ferozmente utilizando el recurso de la ironía. En este sentido, establece
una diferencia muy marcada entre las primeras y aquellas otras mujeres desesperadas
por enamorarse, incluso entre las hermanas de Elizabeth en Orgullo y Prejuicio, las
mujeres de la alta sociedad de Londres en Sentido y sensibilidad, en Mansfield Park.
Aún hay más ejemplos: en Persuasión habla del amor en la madurez y deja claro que
para Frederick es más seductora Anne, que es una mujer grande para la época, que una
joven. Louise es más joven que Anne, pero Anne es más interesante, tema que, por otra
parte, trata con mayor profundidad en Lady Susan; aún más, Austen se opone a la
superficialidad de las mujeres snob, las describe de manera insoportable, observa su
superficialidad. La superficialidad de los ricos. Pero también reconoce que esas son las
mujeres que resultan elegidas por los hombres (aunque no todos, por supuesto; si no, no
amaríamos tanto a Darcy o al coronel Brandon).
En una conversación de Jane con su sobrina Fanny (rescatada en la película de la BBC
que nombré al comienzo), cuando Fanny dice que quiere enamorarse a toda costa, le
pregunta acerca de cómo encontrar un Darcy, Jane le responde que no tiene idea, que
ese perfil de hombre sólo existe en las novelas y que si cree que ella escribe novelas
románticas es porque no entendió nada; esto mismo reafirma el hermano de Jane que
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presencia la conversación. A diferencia de las novelas románticas, los “héroes” de Austen
no rescatan a las heroínas, todo lo contrario.
Por ello, leer a Austen sólo como una autora romántica es ignorar que, ante todo, es
satírica e irónica, de hecho, La Abadía de Northanger es una sátira a las novelas góticas
populares.
Tanto Austen como las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, priorizaron la escritura
en sus vidas. Considerando que Austen publicó en 1811 y Charlote Brontë en 1847, si las
ponemos en contexto, podríamos decir que son mujeres feministas que critican la
sociedad patriarcal. Así, tanto Jane Eyre como Jo March, se enamoran de hombres
grandes y feos comparados con los jóvenes que las pretendían, este detalle ha enojado a
muchas lectoras de Mujercitas, ofendidas porque Jo rechaza a Laurie. Sin embargo, Jo
prefiere irse a estudiar antes que casarse, y banaliza el amor que él siente; Laurie, por
otra parte, con tal de pertenecer a la familia March, termina casándose con la más 7
superficial de todas, Amy. En este punto, Alcott coincide ideológicamente con Jane
Austen cuando habla de la elección de los hombres.
A: En la actual legislación, la literatura es convocada para abordar contenidos de
Educación Sexual Integral, ¿qué observación podrías hacer al respecto? ¿Cómo puede
abordarse en el aula un libro que habla “sobre un tema” potenciando diversas
construcciones de sentido desde los lectores?
S.C: Los libros tienen que entrar por placer, por curiosidad, por la nada misma. Después
si ese libro da para charlar sobre determinado tema es el plus de la literatura que JAMÁS
se busca desde la escritura. Por lo tanto si existe y es disparador para hablar de cualquier
tema, bienvenido. Todo libro que conmueve dispara conversación. Creo que la ESI le abre
la puerta a la literatura que transita estos temas, pero un libro “escrito para…” es un libro
de información (sin subestimar este género). Confío en los mediadores en este camino.
En el criterio de selección que priorice el trabajo del lenguaje. Y vuelvo a decir que para
“informarse” existen los libros de información.
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A: En los últimos años, por lo menos durante el trabajo realizado desde el Plan Nacional
de Lectura, la presencia de la lectura literaria en las aulas se ha incrementado
exponencialmente. Eso supone acceder a porciones de público cada vez más amplias y
no necesariamente familiarizadas con la lectura. Las editoriales, por su parte, poniendo en
la mira la posibilidad de entrar en las aulas, afinan sus condicionamientos. ¿Qué retos
plantea este panorama a la tarea de escribir?
S.C: El reto a la hora de escribir es cómo contar lo que deseo contar sin pensar en otra
cosa más que en el lenguaje y en la historia. Ahora y siempre. Punto.
Hay un antes y un después a partir del trabajo del Plan Nacional de Lectura en cuanto a
ingreso de literatura en la escuela. Lo digo con convicción por lo que se hizo y con tristeza
por como terminó con la actual gestión de este gobierno, todavía hoy voy a escuelas y las
docentes me cuentan que extrañan la llegada de libros con todo lo que ello implicaba en
comunidades donde si no hay libros en la escuela los chicos no leen porque no los tienen
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en sus hogares. La lectura entró en la escuela como un derecho y como consecuencia la
lectura de literatura y libros de divulgación, libros que de otro modo no hubiesen salido
jamás de las librerías, porque una buena selección es fundamental. Todos sabemos que
la distribución es un tema difícil en nuestro país, que los libros no llegan a todos lados,
que el mundo termina en Buenos Aires. Bueno, el Plan de Lectura llevaba libros a cada
rincón del país, y con todo lo que costó que esos libros circularan, que los docentes
abrieran las cajas, que permitieran que los chicos se los llevaran a sus casas.
En cuanto a la edición con la mirada en la escuela me da mucho miedo. Tenemos
editoras y editores que fisuran los permisos, por suerte hay editoriales que son
transgresoras.
A: ¿Qué escritores contemporáneos recomendarías para leer con niños y adolescentes?
S.C: Martín Blasco, Paula Bombara, Liliana Bodoc, Andrea Ferrari, Sandra Siemens,
Cristina Ramos, Sergio Aguirre, Ema Wolf…podrá seguir.
A: ¿Qué libros dentro de la historia de la literatura resultan imperdibles?
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S.C.: Empezando por Dailan Kifki, Un Elefante ocupa mucho espacio, La torre de cubos
siguiendo por Irulana y el ogronte, La chica pájaro, El mar y la serpiente, Lucía no tardes,
El país de Juan, Azul la Cordillera, pasando por la trilogía de Liliana Bodoc. Hay un antes
y un después en la LIJ con Liliana Bodoc. Creo que no sabemos la cantidad de escritores
geniales que tenemos. Escritores e ilustradores. No sé si hay países con una comunidad
tan grande de escritores e ilustradores como tenemos acá en Argentina.
A: En 2002, en tu ponencia “Esto no es para vos” y luego en tu libro homónimo, vos
planteabas la necesidad de una literatura “para resistir”. ¿Qué forma adquiere esa
necesidad en el contexto actual?
S.C.: La literatura es un refugio, es un lugar que sostiene constantemente. Siempre hay
un libro que te rescató de algún lugar de dolor, que te devolvió el entusiasmo o que te
dejó afuera del mapa. De modo que la literatura es un territorio como dice Mercedes
Mainero. En este momento creo que “resistir” que tiene que ver con la lectura de libros
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que ayuden a formar a un lector literario con juicio crítico. Siempre debe ser así pero
ahora más que nunca porque se limitan los espacios, se recorta todo y ante la
construcción ficcional que hacen los Medios de lo que ocurre es importante saber
distinguir. Y eso creo yo que lo aporta mucho la lectura, la lectura entre líneas, no creerse
todo lo que el poder hegemónico te quiere hacer creer, depende de tu lucidez. Y eso te lo
otorga la lectura, primero porque
si querés ficción tenés toda la
literatura a disposición (digo para
no buscarla en las noticias) y
segundo porque entre personas
que leen y las que no, existe una
desigualdad. Lo creas o no. Te
parezca autoritario o no: es así.
La última frase de Sandra
permanece resonando y nos lleva a pensar en el derecho a la literatura. La entrevista
puede entonces ser leída al revés, desde la última pregunta hacia la primera.
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A modo de cierre intentaremos el ejercicio:
Si es que existen desigualdades entre quienes leen y no, si es que la escuela se vuelve
garante de tal acceso, atender a los modos de leer se vuelve indispensable y esto es
porque, como sabemos, el hecho de proponer un listado de libros y actividades de lectura
no garantiza en sí la formación de un lector de literatura.
Al menos dos cuestiones parecen estar al acecho (más allá de la responsabilidad que le
cabe al Estado). La primera tiene que ver con el peligro de la edición a demanda de los
temas que la escuela necesita “trabajar”; la segunda, con los abordajes propuestos por los
mediadores. En este sentido, la gran invitación de Sandra es repensar el lugar desde el
cual nos acercamos a los textos, aun
considerando que puedan “ser un
disparador para hablar de un tema”, el
desafío es, en primer lugar, no hacer
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de ello un límite para la construcción de
sentido que una obra ofrece. El
desafío es, también, revisar los
lugares desde los que realizamos la
selección literaria; esto nos lleva a
preguntarnos por qué decidimos dejar
de lado ciertos tipos de libros2, si no es
que podríamos complejizar el esquema
desde el cual los abordamos, si es que
no resulta una ocasión interesante para
buscar matices, complejizar lecturas y
discutir, en suma, a través de qué
modos somos hablados por la literatura
de todos los tiempos.
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Nos referimos puntualmente a la obra de las escritoras de los siglos XVIII y XIX mencionadas en la
entrevista.
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