0% encontró este documento útil (0 votos)
27 vistas2 páginas

Ulises y los Feacios: Un Regreso Heroico

Cargado por

RoddXD
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
27 vistas2 páginas

Ulises y los Feacios: Un Regreso Heroico

Cargado por

RoddXD
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ULISES ENTRE LOS FEACIOS

Ulises se dirigió hacia el palacio de los reyes feacios y se presentó ante la reina. Ella y su esposo sintieron
simpatía por aquel desdichado náufrago y organizaron una fiesta para agasajarlo. Durante la fiesta los
rapsodas del rey, entre otras canciones, cantaban las hazañas de Ulises en la guerra de Troya. Al oírlas, Ulises
no pudo impedir que le brotaran las lágrimas. Y cuando el rey quiso saber la causa de aquel llanto, Ulises le
respondió: ”Es que yo soy el propio Ulises, de quien hablan esas canciones y las hazañas que ensalzan tus
rapsodas son las mías”. Al oir estas palabras, el rey y todos los que allí estaban le rindieron homenaje, le
hicieron costosos regalos y lo convencieron para que pasase un tiempo con ellos. Pero llegó el momento de
partir y con mucha tristeza, la princesa Nausica se acercó a él y le dijo: “Adiós, extranjero. Adivino que ya no
volveré a verte. Cuando estés en tu amada patria piensa alguna vez en la princesa Nausica.” Y Ulises contestó:
“Todos los días de mi vida te recordaré, hermosa Nausica, porque tú eres quien me ha devuelto la vida.”
Al otro día se hizo a la mar con rumbo a Itaca.

ÍTACA: la tela de Penélope

En Itaca sucedía que los nobles de la corte ambicionaban que la hermosa Penélope, reina del lugar y
esposa de Ulises, se casara con alguno de ellos. Eran malos y codiciosos y lo que querían en realidad era
posesionarse de los bienes y las tierras del rey desaparecido. Juzgaban que Ulises debía de haber muerto y
que como Telémaco era muy joven aún, no encontrarían obstáculos para conseguirlo. Y los nobles fueron a
instalarse en el palacio y permanecieron allí largo tiempo comiendo y bebiendo y disfrutando de las riquezas
de Ulises. Esta situación molestaba mucho a la reina quien no sabía cómo deshacerse de ellos. Porque
además, quería mucho a su marido y confiaba en que él volvería algún día. Por eso, imaginó un plan para
aplazar indefinidamente su respuesta a los pretendientes. Instaló un telar y comenzó a tejer una hermosísima
tela. Cuando los nobles volvieron a presionarla para que les diera una respuesta, ella les dijo: “No puedo dar
ninguna respuesta hasta que no acabe de tejer esta tela.” Y para ganar tiempo, trabajaba todo el día en su
tarea y por las noches, destejía lo que había hecho durante el día.
Telémaco tenía cuatro años cuando Ulises partió hacia la guerra de Troya que duró diez años. La vuelta a su
patria le llevó otros diez años, así que Telémaco tenía ya veinticuatro años. Todos los jóvenes de Itaca habían
marchado a Troya con Ulises y no habían vuelto. Por eso Telémaco se había criado con ancianos y mujeres: no
tenía el valor y la experiencia de su padre. Sufría mucho por el acoso de los pretendientes a su madre pero no
se atrevía a enfrentarlos.
Viendo esta situación, la diosa Atenea se presentó ante el joven y le reveló que su padre estaba vivo y que no
tardaría en volver aunque debía decírselo aún a su madre. Le aconsejó que se enfrentara a los pretendientes y
le infundió el valor necesario para hacerlo.
Telémaco se enfrentó a los nobles y los instó a que se fueran de su palacio. Pero ellos, aunque estaban
asombrados, no le hicieron caso. Entonces el joven aseguró que se embarcaría para ir en busca de su padre y
así lo hizo.

ÍTACA: TELÉMACO

Los pretendientes se alegraron al ver partir a Telémaco y volvieron a sus grandes fiestas en el palacio. Pero
con el transcurso de los días empezaron a inquietarse pues temían que el joven encontrara realmente a Ulises
y lo trajera de vuelta. Enfurecidos, se embarcaron a su vez para seguir a Telémaco y darle muerte.
Desembarcaron allí cerca, en una pequeña isla donde debían pasar todas las naves que llegaran a Itaca, y se
dispusieron a esperar a que llegara la nave en la que navegaba Telémaco.
ÍTACA: ULISES EN SU PATRIA

Ulises llegó a Itaca y desembarcó disfrazado de un viejo mendigo. Se dirigió al porquerizo que siempre le
había sido fiel y sin revelarle su identidad, permaneció allí unos días.
Mientras tanto, la diosa Atenea se dirigió a Telémaco que había anclado en una lejana isla y le ordenó que
volviera a Itaca.
Telémaco volvió y al pasar por la isla donde lo aguardaban los pretendientes, Atenea lo ayudó envolviendo el
barco en un manto de niebla para que no lo vieran.
Cuando Telémaco llegó, se dirigió directamente donde estaba el porquerizo. Encontró allí al mendigo y lo
trató con mucha amabilidad. Se disculpó por no poder recibirlo en el palacio el cual estaba invadido por los
pretendientes de su madre que cometían allí todo tipo de iniquidades. Entonces Ulises se quitó el disfraz de
mendigo y reveló a su hijo quién era en realidad.
Telémaco se dirigió al palacio y sin hacer caso de los pretendientes que habían vuelto furiosos, se dedicó a
esperar a su padre quien le había dicho que no debía decir a nadie aún que había vuelto.
Ulises llegó al palacio vestido otra vez de mendigo y la nodriza lo recibió y se ofreció a lavarle los pies
cansados. Al hacerlo, vio la cicatriz que tenía en una de sus piernas y lo reconoció. Pero Ulises le pidió que no
dijera nada aún.
Los pretendientes se burlaban de ese anciano mendigo y la reina lo defendió. Luego se dirigió al anciano y le
dijo: “Mi esposo, el héroe más grande que jamás haya existido, tenía la costumbre de colocar estas doce
hachas una al lado de la otra en la pared y solía ejercitarse en el juego de clavar, con gran precisión, entre cada
una de ellas, una flecha disparada por su brazo. Acosada por mis pretendientes y descubierto mi ardid de la
tela que nunca se acaba, he dicho que me casaría con el que lograse hacer lo que hacía mi esposo.”
Al día siguiente, los pretendientes se dispusieron a realizar el juego de las flechas. El mendigo también
participaba lo cual ocasionaba las burlas de los otros.
Todos dispararon sus flechas pero ninguno logró siquiera acercarse al objetivo. Entonces disparó el anciano y
una por una fue acertando todas las flechas en el lugar correspondiente. Los pretendientes no podían creerlo
y se quedaron atónitos. Entonces Ulises se quitó el disfraz y dijo: “Ya ha terminado el concurso. Yo soy dueño
de mi esposa y de mi palacio.” Y se abalanzó sobre los nobles que trataron de resistir. Y a pesar de que ellos
más que Ulises y los suyos, pronto fueron vencidos.
Penélope no podía creer lo que había sucedido pero reconoció inmediatamente al hombre, bello como un
dios, que era su esposo y su alegría no pudo ser más grande.
Así terminaron las aventuras de Ulises, iniciándose una felicidad merecida que duró hasta su muerte.

También podría gustarte