JORGE VINATEA REINOSO
Jorge Segundo Vinatea Reinoso nació en la casa número 71 de la calle San Camilo el 22
de Abril de 1900 y fallece en la calle de la Recoleta en 1931. Sus padres fueron el
Escribano Estatal don José de Vinatea y la señora Elena Reinoso de Vinatea. Jorge fue el
octavo de 18 hermanos. Estudió la primaria en la Escuela Fiscal Nro. 951 de la calle de
Los Mercaderes, en la que sobresale por su inteligencia y su afición por el dibujo y la
pintura. Era un niño aplicado y de buen humor: obtuvo en esta Escuela la primera
Medalla, de las tres Medallas de Oro que en su corta carrera profesional, lograría
adjudicarse.
Conoce y asiste al Centro Artístico de Arequipa en el que obtiene el Primer Premio para
Artistas de oficio a los 12 años de edad, con “Palacete Español” sorprendente y reve-
ladora obra. Con el paso de los años considera ineficiente el método y la formación
académica de este Centro y por eso viajará a Lima a estudiar en la recién fundada
Escuela Nacional de Bellas Artes dirigida por el maestro Daniel Hernández Morillo.
“Los Descalzos” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
Pero aún en su niñez Vinatea realiza una serie de caricaturas, muy originales, en un
cuaderno de bloc en el que también deja escritas las normas que conducían al niño que
recién tenía 13 años:
“La Institución a la cual pertenezco por mi voluntad me ordena:
1°- Amar con abnegación a mi Patria y respetar sus leyes. Defender, con ardor, a éstas
- y a aquella cuando sean ofendidas.
2°- Ser verdadero amigo de los demás hombres y auxiliarlos cuando lo necesiten.
3°- No mentir jamás por nada ni por nadie y respetar mi palabra empeñada.
4°- Ser valiente, despierto y alegre y jamás inclinar la cabeza.
5°- Ser cortés con todos, sin distinción de clases.
6°- Ser obediente a las órdenes de mis superiores, sin preguntar el porqué de ellas.
7°- Practicar, siempre que pueda, el bien por amor al bien y no con la esperanza de -
recibir recompensa.
8°- Ser económico y guardar para la vejez.
9°- Hablar con moderación y asear mi persona.
10°- Proteger a los animales y las plantas porque son seres inferiores.”
Jorge Segundo Vinatea Reinoso.
Fotografía de Retrato de Torero de una Acuarela de Vinatea Reinoso.
Posteriormente Vinatea deja, en un texto suyo titulado “Filosofía”, la siguiente frase:
“……..La obligación en que se encuentra el hombre de conservar su existencia.”
Y en su parte final aparecen las palabras de Kant:
“……..Las quejas y los gemidos – hasta un simple grito arrancado por un dolor
corporal -- son indignos de ti.”
“Nuestro Amo y Señor de los Milagros” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
(Veamos en esta obra los rostros de los feligreses: expresionismo muy similar al de Van
Gogh, al que Vinatea no conocía. Van Gogh fue divulgado…. aquí muy posteriormente.)
Las ordenanzas escritas en este bloc, fueron leyes de la vida del singularísimo Vinatea
Reinoso. Siempre vivió alegre e irónico, de allí su afición por la caricatura, el box y el
futbol. Vinatea no confesó a nadie su enfermedad (TBC), ni se condujo por la tristeza y el
aislamiento; por el contrario lo hizo producir, en los últimos siete años de su vida, lo que
hubiera querido hacer en una vida normal y acomodada. Su hermana menor Judith fue su
única confidente, quien le atendió cuando Vinatea regresó a Arequipa para tomar un
descanso. Y en la calle de la Recoleta Vinatea pidió a su hermana el hábito de San
Francisco de Asís y recostado en el lecho final, cerró los ojos escuchando las plegarias en
la dulce voz de su hermana menor.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso: tema: Andino.
Estudió su educación secundaria en el Colegio Nacional de la Independencia Americana
obteniendo la Medalla de Oro de su promoción. En diciembre del año de 1917 presentó su
primera exposición de caricaturas en el Estudio Fotográfico de los Hermanos Vargas
(Portal de San Agustín) Con la ayuda de su hermano Manuel Segundo viajó a Lima en
año de 1918 para estudiar arte; y ese mismo año hace una exposición de caricaturas en
la capital. A partir de 1919 integra la primera promoción de estudiantes de arte en la
ENBA, teniendo como profesores al maestro Daniel Hernández, a José Sabogal y el
escultor español Manuel Piqueras Cotolí. El año de 1920 ingresó a trabajar como
ilustrador y caricaturista en la revista “Mundial” de la que llegaría a ser Director Artístico.
El genio intelectual de Vinatea Reinoso se aprecia en la parte inicial del discurso que
ofreció en la Escuela Nacional de Bellas Artes a fines de 1922, formulaciones estéticas sin
precedentes:
“A medida que avanza la altura crece el horizonte; así mismo a una mayor conciencia y
dominio artísticos, se hace más dilatado y amplio el mundo de emociones que utilizan
como su intérprete al artista. Y por una paradójica sensación de infinito, de vacío, de
alma, de belleza, se siente el artista más ignorante y pequeño a medida que más sabe y
que más alto vuela.”
“La Escuela Nacional de Bellas Artes, en la santa cruzada iniciada el 19, prosigue
silenciosamente laborando y conquistando almas devotas del color y de la forma. Con
motivo de la exposición de trabajos del año pasado, ha creído sentir muy cerca la
aquiescencia y comprensión a su nobilísima labor y advertir que en la educación estética
que de su trascendente acción se desprende, va depurando los gustos y abriendo los ojos
a la nueva moral.”
“Admiraos si no ha de ser su labor forzosa e inevitablemente eficaz para crear un alma
visual, una personalidad que asome a los ojos y sienta la caricia del alma de las cosas;
hacer pensar con los ojos, crear el raciocinio visual de manera que los ojos dejen de ser
solo espejos; cambiar el gusto; hacer comprender que la pintura y la escultura no son una
reproducción de lo natural, precisa, acabada, detallista en su sentido objetivo, en toda su
evidencia aislada, fría y útil que se ve, sino que es la interpretación de la emoción que se
siente ante el objeto. El artista no reproduce el objeto sino que crea el alma del objeto a
base de emociones de color, de línea y de forma, de manera que la misma emoción que
percibió el artista pueda ser sentida por todos aquellos que sienten el diálogo de las
cosas. Hacer comprender que no es pintura poner rojo porque lo que se ve tiene ese color
originario, o verde lo que así también lo es, sino considerar que entre nuestros ojos y lo
verde y lo rojo existe el aire ya sea iluminado o sombrío, sin considerar que aquellos
colores existen gracias a las sugestiones luminosas y a las influencias decisivas de los
objetos que los rodean; sin considerar que los colores puros, crudos, huérfanos, no
existen y no significan nada como tales, sino que los únicos verdaderos e intrínsecos
colores son los grises, todo en la naturaleza es gris, con más o menos intensidad, quizás
si se usan en la pintura los colores puros en su sentido originario no se suponga que su
rol sea valer como tales, pues su significación en el conjunto artístico es gris por los
colores de tono igualmente intenso que los rodean.”
JORGE SEGUNDO VINATEA REINOSO, 1922
Caricaturas Originales del niño Jorge Vinatea a sus 12 años de edad.
“Bodegón con Ají” Óleo de Jorge Segundo Vinatea Reinoso.
“Indio con Caña y Granadilla” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
Estos tres párrafos sobre el arte y la vivencia artística de Jorge Vinatea Reinoso (1922)
los desarrolla Octavio Paz ya en la década del 60 y que en un artículo que sobre Rufino
Tamayo titula “Del Arte a la Ofrenda” lo comienza con la frase “La experiencia estética es
indecible.” Y lo continúa sustentando “Reducida a su forma más inmediata y pura es un
placer, esto es, un tipo particular de relación con un objeto real o imaginario, que sus-
pende, así sea momentáneamente, nuestra facultad razonante. El objeto nos seduce y la
fascinación que ejerce sobre nosotros va de la beatitud a la repulsión, del agrado al dolor.
Aunque la gama de sensaciones es casi infinita, todas ellas tienen en común para-lizar
nuestra razón y cuando no la perdemos del todo, el placer la transforma y de reina la
convierte en cómplice de nuestras sensaciones. Protagonista o escandalizado e im-
potente censor, el juicio participa en nuestro desvarío. Su luz ilumina la representación de
una acción insensata, guía los pasos de la pasión o le opone ilusorios obstáculos. Es un
elemento más, un nuevo condimento, del extraño brebaje, la espuela que apresura o
retarda la carrera. ¿Cómo escribir sobre arte y artistas sin abdicar de nuestra razón, sin
convertirla en servidora de nuestros gustos más fatales y de nuestras inclinaciones menos
premeditadas? Nuestros gustos no se justifican: mejor dicho, satisfacerse, en-contrar el
objeto que desean, es su única justificación. A mis gustos no los justifica mi razón, sino
aquellas obras que los satisfacen. En ellas, no en mi conciencia, encuentro la razón de mi
placer. Pero poco o nada puedo decir sobre esas obras, excepto que me seducen de tal
modo que me prohíben juzgarlas y juzgarme. Están más allá del juicio, me hacen perder
el juicio. Y si me decido a juzgar, no me engaño ni engaño a nadie so-bre el verdadero
significado de mi acto; lo hago solo para añadir placer a mi placer. Tal es, o debería ser, el
punto de partida de toda crítica. Y tal es su primer alto. ¿Pues si a la luz de la reflexión, mi
placer se evapora? No me quedaría más remedio que confesar que mis sentidos se
engañaron y me engañaron. Me hicieron pasar por pasión fuerte y duradera lo que era
apenas una sensación fugitiva. El juicio me enseña a desconfiar de mis sentidos y
emociones. Pero los sentidos son irreemplazables. El juicio no puede substituirlos porque
su oficio no es sentir. Tendré que adiestrarlos, hacerlos a un tiempo más fuertes y más
delicados, ora resistentes ora frágiles; en una palabra más lúcidos. Oiré con la vista y con
la piel, me cubriré de ojos. Todo, el juicio mismo será tacto y oreja. Todo deberá sentir.
Pero también pensaré con los ojos y con las manos: todo deberá pensar. Aunque la crítica
no destrona al sentir, se ha operado un cambio: el juicio no es ya un criado sino un
compañero. A veces un aliado, otras un cómplice, y siempre un testigo exigente e
insobornable. Penetra conmigo en el mundo cerrado de las obras y aunque mis ojos, mis
oídos y mi tacto, la emoción y el instinto, van adelante, él (ciego, sordo e impasible)
ilumina sus pasos. Si me acerco al cuadro para escuchar su palpi-tación secreta (la marea
del rojo, el lento ascenso del verde hacia las superficies) él toma el pulso a la fiebre.
Deshace y rehace el objeto que contemplo y descubro que aquello que me parecía un
organismo vivo solo es un ingenioso artefacto. Poco a poco me enseña a distinguir entre
las obras vivas y los mecanismos. Nada me dice sobre el misterio de la creación, pero me
revela los secretos de las astutas fabricaciones y traza así la frontera entre arte e industria
artística. En fin al gustar las obras, las juzgo; al juzgarlas, gozo. Vivo una experiencia
total, en la que participa todo mi ser.
La crítica no solo hace más intenso y lúcido mi placer, sino que me obliga a cambiar mi
actitud ante la obra. Ya no es un objeto, una cosa, algo que acepto o rechazo y sobre lo
cual, sin riesgo para mí, dejo caer una sentencia. La obra ya forma parte de mí y juzgarla
es juzgarme. Mi contemplación ha dejado de ser pasiva: repito, en sentido inverso, los
gestos del artista, marcho hacia atrás hacia el origen de la obra y a tientas, con torpeza
rehago el camino del creador. El placer se vuelve creación. La crítica es imitación
creadora, re-producción de la obra. Cierto, el cuadro que contemplo no es idéntico al del
pintor. Me dice cosas que no le dijo al pintor. No podría ser de otro modo, ya que lo ven
dos pares de ojos distintos. No importa, gracias a la crítica ese cuadro es también obra
mía. La experiencia estética es indecible, no incomunicable ni irrepetible. Nada podemos
decir sobre un cuadro, salvo acercarlo al espectador y guiarlo para que repita la prueba.
La crítica no es tanto la descripción de una experiencia, en sí misma indecible, como la
historia de unos hechos o gestos (en el sentido épico de la palabra) que la consumaron y
la convirtieron en obra. Acto, obra: gesta. Tal es, o debería ser, el fin de toda crítica.
OCTAVIO PAZ.
ojos que lo ven que el artista debe afinar y desarrollar su sensibilidad a tal punto
que la mano vea y piense, que la piel medite y sienta los colores, que los ojos y los oídos
expresen el juicio y el dictamen, y que, finalmente, el intelecto sea capaz de elaborar un
espectro ultrasensible. También desarrolla Octavio Paz que la razón o el juicio no son los
que determinan nuestros gustos, nuestros apetitos, nuestras inclinaciones instintivas:
nuestra sensibilidad. El “amor a primera vista” ha sido el origen de extraordinarios
romances e historias amorosas. “Nuestro placer -dice el sabio- no lo satisfacen los juicios
o pensamientos, sino los objetos de nuestros gustos más íntimos.” Ha habido hasta hace
poco una verdadera guerra entre la racionalidad y la sensibilidad. El doctor
norteamericano Daniel Goleman ha zanjado ya este problema desde que publicó su libro
“La Inteligencia Emocional” (1994) en el que demuestra que las reacciones sensitivas son
mucho más primitivas y determinantes que la capacidad razonante del cerebro humano y
están ubicadas en estratos cerebrales y neuronales tan primerizos que pueden ser
encontradas muy desarrolladas en todos los mamíferos. Vinatea Reinoso es el primero
en el mundo en hablar sin titubeos, y artísticamente, del “alma de las cosas”, del “mundo
de emociones que utilizan como su intérprete al artista” y de que el arte “crea un alma
visual, una personalidad que asome a los ojos y sienta la caricia del alma de las cosas”,
que el arte “hace pensar con los ojos y crea el raciocinio visual”; “el artista no reproduce el
objeto, sino que crea el alma del objeto a base de emociones de color, de línea y de
forma.” Posteriormente, 1969 en “Visual Thinking” o “El Pensamiento Visual”, Rudolf
Arnheim también expresa en su libro: que todo pensar posee como fundamento las
percepciones, incluso los procesos básicos de la visión implican mecanismos típicos de
razonamiento. Carlos Baca-Flor sufría esa sensación de infinito, de vacío, de alma, de
belleza, por la que se sentía el artista más ignorante y pequeño, a medida que más sabía
y cuando más alto volaba: ¡Indudable! Casi a todos los artistas nos sucede eso cuando
verdaderamente estudiamos, aprendemos y practicamos, obteniendo avances y
desarrollos de nuestros talentos.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
NOTAS AUTOBOGRÁFICAS DE VINATEA REINOSO (escritas en 1931)
“Nació en Arequipa en abril de 1900. Su tierra natal no pudo proteger ni orientar
debidamente sus cualidades por la carencia de institutos y profesores adecuados. Su
aprendizaje autodidacta se redujo a la copia y a la iluminación a la acuarela. La caricatura,
como arte más cercano a su espíritu crítico y humorístico, fue su manifestación personal.
A los 17 años hizo una exposición de caricaturas, a los 18 viajó a Lima gracias a la
protección de su hermano Manuel Segundo e hizo una nueva exposición humorística que
le hizo incorporarse al periodismo como dibujante humorístico colaborando, durante los
últimos 10 años, en “Mundial” y algunos otros periódicos. A los 19 años ingresó como
alumno a la Escuela Nacional de Bellas Artes que fundó el gobierno bajo la dirección del
magnífico pintor nacional don Daniel Hernández.
Fue de los primeros mencionados durante sus estudios. Fue el primer pintor egresado de
la Escuela que ganara medalla en la calificación de fin de estudios. Su vida artística está
unida a la vida de la Escuela porque continúa como profesor auxiliar de pintura. Ha
expuesto durante todos los años de su aprendizaje en los salones de fin de año. Ha
expuesto una vez en Los Ángeles, [Link]… Su labor pictórica está de acuerdo con el
movimiento nacionalista del país. Su nacionalismo peruanista y autóctono no se basa ni
nace del arte incaico, arte nacional que en sus manifestaciones pictóricas y escultóricas
está ya calificado por el tiempo y su valor intrínseco, que se trata de mistificar con
innovaciones modernistas que le hacen perder su sabor y pasta realmente peruanos. Su
labor pinta la vida que hace actualmente el indígena peruano, lo mismo que el criollo,
tratando de demostrar su esencia peruana y autóctona que la mezcla de razas y
costumbres trata de borrar.
Su tendencia es decorativa con la sensibilidad moderna de los volúmenes y el color. Su
factura amplia y simple, en el sentido expresionista debido a su capacidad técnica. Sus
composiciones son sólidas por el equilibrio y el desenfado de sus elementos.
En octubre de 1924 hizo su primera exposición personal de pintura. Ha viajado en
diferentes ocasiones por el sur del Perú conociendo y estudiando los tipos y costumbres
del Cuzco, Puno y Arequipa, núcleos característicos de peruanidad. Ha reunido traba-
jando durante los últimos siete años un lote que piensa exhibir en Buenos Aires.”
JORGE SEGUNDO VINATEA REINOSO.
A continuación vamos a recordar algunos pasajes del trabajo “Aproximaciones a Jorge
Vinatea Reinoso” que publicamos hace ya más de 20 años:
“El Joven maestro cobra para la pintura peruana una nueva dimensión. Incomprendidas
características de su obra lo revelan hoy como el más peruano de los pintores, el más
raigal, así como el más original y puro. No hay pintor que haya tenido mayor dominio
sobre la materia plástica que él, y como vamos a ver más adelante, nadie ha logrado
conceptos artísticos o concepciones estéticas más profundas sobre el Perú y Latino-
américa.
El arte de Vinatea Reinoso es un arte difícil, compacto, denso, profundo y sintético.
Vinatea ha captado en nuestro país, que es el motivo de su pintura, las eternas e in-
decibles emociones que el alma andina ha diseminado en el ambiente nacional. En cada
apreciación reiterada de sus obras se van descubriendo nuevos contenidos estéticos. Así
lo manifestó en 1932 la Señora Mercedes Gallagher de Parks: “Para los artistas débiles o
superficiales, los meramente bonitos, la impresión es cada vez menor, mientras que para
los vigorosos, al contrario, aumenta con la repetición. Es lo que sucede con Vinatea; no se
le goza plenamente la primera vez, pero mientras más se le ve, más gusta, y mayores
bellezas se descubren en él.” Al culminar sus estudios en la ENBA obtuvo la Medalla de
Oro de la Promoción. Con quien se le puede comparar, es con Pedro Figari Solari, 1861-
1938, uruguayo a quien se le considera genio. Compa-rándolos ¿cómo podríamos
calificar a Vinatea? Simplemente con las cuatro signifi-cativas palabras: Jorge Segundo
Vinatea Reinoso.
La nota de condolencia que envía don Daniel Hernández a la revista “Mundial” con
ocasión del fallecimiento de Vinatea a los 31 años, es importante y explícita en la
valoración del arte del joven maestro. Esta pequeña nota hay que leerla cuidadosamente
porque representa el juicio de la mayor autoridad plástica del país en aquel entonces:
“…Ha sido para mí un golpe terrible – dice el maestro Hernández – la prematura
muerte de Jorge Vinatea Reinoso, porque las nobles cualidades de su carácter, su
modestia y su gran talento le habían conquistado mi sincero afecto.”
“…Es una pérdida altamente sensible para mí, por el cariño que le profesaba, lo es
también para la Escuela de Bellas Artes, en la cual inició su carrera, primero como
sobresaliente alumno, llegando después muy rápidamente a una actuación activa y eficaz
como profesor auxiliar que le ha captado general aprecio y cálida simpatía, y finalmente lo
es para el Perú que pierde en él un artista de valor indiscutible, porque no es una
promesa sino una brillante realización de sorprendente y personalísima producción
artística, la que ha dejado surgida al calor de su inspiración en los poquísimos años que el
destino le ha permitido vivir.”
DANIEL HERNÁNDEZ MORILLO.
La pintura de Vinatea resulta pues ante los ojos del maestro Hernández: “una
sorprendente y personalísima producción artística”. No se olvide que inmediatamente
antes de venir don Daniel Hernández de París a la Dirección de la Escuela Nacional de
Bellas Artes en Lima, perteneció a la Sociedad de Artistas Franceses, participó en la
Exposición Universal de París por el siglo XX el año de 1900 obteniendo la Medalla de
Oro con su obra “Amor Cruel” y con su obra “La Perezosa” obtuvo la Condecoración de la
Legión de Honor-1901 por lo que fue declarado Honoris Causa en todos los Salones.
Tuvo conocimiento pleno de los movimientos artísticos, de vanguardia en esos tiempos y
hoy considerados “clásicos” y se debe saber, además, que en la biblioteca del Centro
Artístico de Arequipa, Vinatea estudió las copiosas reproducciones de esas vanguardias
que aparecían en los sendos tomos de “Historia del Arte” de Karl Woermann. E
igualmente se debe considerar el calificativo que Vinatea Reinoso da a su obra en la nota
autobiográfica que fue escrita en 1931 y destinada a ser enviada a Buenos Aires, en paso
hacia París, para su tan anhelada exposición en esas metrópolis: en esa nota Vinatea
dice de su arte que: “Su tendencia es decorativa con la sensibilidad moderna de los
volúmenes y el color. Su factura amplia y simple en el sentido expresionista debido a su
capacidad técnica.” No podemos ser tan ridículos como para pensar que Vinatea Reinoso
“adivinó” el término “expresionismo” cuando sabemos que aún el apelativo del
“Impresionismo” derivó de la frese de un periodista despectivo, en la Ciudad Luz. En este
mismo sentido debemos interpretar, si consideramos el obstinado afán de Vinatea por ir a
estudiar arte a un centro de calidad profesional, la singularidad de su estilo pictórico:
Vinatea Reinoso, como César Vallejo, no era un provincianito lerdo que en su
vagabundeo encontró el pasaje del éxito. No. Vinatea, con el gran talento que tuvo, quiso
ubicarse en los niveles del arte universal. ¿Dónde se podrían encontrar esos niveles en
los tiempos de Vinatea? Por excelencia en París y Europa. Pero Vinatea era de
condiciones económicas limitadas: Por eso se consoló con estudiar en la recién fundada
Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima. Vinatea no pintó ni trabajó para mantener su
obra en el anonimato; Vinatea hizo sus trabajos con el conocimiento de su fatal
enfermedad (de la que nunca se quejó y que inclusive no la hizo conocer a nadie) Tuvo
una fuerte vocación religiosa, franciscana, era un hombre completo, intachable,
integérrimo, un genio incomparable: Su arte estaba elaborado para competir en la escena
mundial, la más amplia y la más arriesgada. Eso es lo que quería Vinatea que cumpliesen
sus cuadros es que se comparen con los producidos en Méjico, Buenos Aires, Londres,
París, Madrid, Moscú. Para ello ahorró centavo a centavo, sol a sol. Pero la fatalidad cegó
su vida a los 31 años (tuberculosis), a la vez que internacionalmente el crac financiero
determinó la devaluación de sus ahorros. Si Jorge Vinatea Reinoso hubiera nacido en
Holanda o Suiza otra sería la dimensión de su popularidad y renombre internacional.
Nosotros nos atrevemos a decir lo que muchos callan por mediocridad, envidia y celos.
Vinatea Reinoso pertenece efectivamente a lo que la crítica internacional denomina
postimpresionismo. Y entre los más famosos están Vincent van Gogh, James Ensor y
Edvard Munch. Nosotros decimos, sin temor a equivocarnos, que Vinatea es simple y
extraordinariamente Jorge Vinatea Reinoso: uno de los mejores pintores de la América de
la década de 1920-30 e incluso uno de los mejores pintores universales de esa década.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Felinos Andinos.
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Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
“Procesión de Checacupe” Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
Recordemos también que el naturalismo-impresionista al que se acerca el realismo típico
del arte arequipeño, tuvo su escuela y se estableció como costumbre o tradición en
Arequipa con las prácticas que al “plein-air” fomentaron Fernando Zeballos y sobre todo
don José Gabriel Álvarez, saliendo al campo a pintar paisaje. Esta tradición se la
estableció para todos los sábados y domingos que tuvieron su lugar de cita en la casa del
Beaterio y otras veces en el lugar campestre que se establecía previamente. Don
Fernando Zeballos falleció el año de 1902. Así pues Vinatea no pudo conocerlo y por eso
es que viaja a Lima. Si Vinatea Reinoso hubiera expuesto en Buenos Aires o París, su
arte habría tenido mayores reconocimientos. En aquellos tiempos en Europa se
desarrollaba una verdadera fiebre de nuevas escuelas e “ismos” artísticos: el
impresionismo fue una condena o repulsión al arte europeo tradicional e irrespirable: el
academicismo y el formalismo exigido por las grandes Academias de Arte en Europa
chocaron frontalmente con la aparición del fenómeno complejo de la modernidad cultural:
El arte de Courbet, de Millet, de Daumier, en general, todo arte que reflejara el pasado en
su forma de estatismo o academicismo perdió sentido para el arte moderno iniciado con el
impresionismo. Este sentimiento era percibido por nuestro Jorge Vinatea Reinoso: de allí
que su arte fue calificado por él mismo como “Tendencia decorativa con la sensibilidad
moderna de los volúmenes y el color.” Y el “sentido EXPRESIONISTA debido a su
capacidad técnica.” Pues bien, como hemos dicho los padres del expresio-nismo fueron
Vincent van Gogh, James Ensor y Edvard Munch principalmente y que el expresionismo
alemán e ismos sucesivos fueron desarrollos desenfrenados de éstos fundamentalmente.
La catalogación de los ismos y las escuelas del arte moderno, como decía Antoni Tapies,
no es más que la necesidad que de ello tiene la historiografía y el periodismo para
hacerse más llano el camino que muchas veces es complejo, alterado e intrincado de la
vida del arte: que es, como alguna vez lo dijo la pintora y filósofa Ananí Gutiérrez Aguilar
uno de los procesos más sutiles y a la vez más complejos por los que se manifiesta el
espíritu humano.
No debemos ni podemos aferrarnos a la miopía cuando un peruano como César Vallejo
se ha impuesto en el orbe con un título superior al Premio Nobel: POETA UNIVERSAL;
por qué tenemos que adoctrinarnos bajo la tutela de los Juan Acha, Mirko Lauer y de los
Luis EnriqueTord mediocrizándonos en la luminosa Arequipa? Adoptemos una men-
talidad desencadenada, libre y audaz: Carlos Baca-Flor, Jorge Vinatea Reinoso, Luis
Duncker Lavalle, Miguel Ángel Espinoza Salas, César Vallejo Mendoza son genios: se
atrevieron con esfuerzo y mucho talento a crear nuevas y trascendentales realidades y
mundos artísticos: los hicieron ¿cómo desconocer el gran mérito del maestro Jaime
Charres Vargas que ha conseguido el nivel de Conservatorio para la Escuela de Música
de Arequipa y que actualmente está construyendo un soberbio local para esa institución?
Abajo: “Indios” Acuarela de Jorge Vinatea Reinoso.
Nuestra primera investigación tituló “Aproximaciones a Jorge Vinatea Reinoso”. Si Vinatea
hubiera expuesto en Buenos Aires o en París se encontraría, en el peor de los casos,
como Carlos Baca-Flor y Vallejo: ignorado en su patria, pero con una preponderancia
mundial innegable. Estos tres artistas geniales crearon un arte muy superior y diferente al
producido en el Perú que por esa nefasta falta de insurgencia y de soberanía autonómica,
se arrastra servil y obsecuente tras los mandatos del imperio mundial neoliberal.
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“Feria de Pucará” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
Patricio Ricketts Rey de Castro dejó escrito algo que debe ser leído con mucha atención y
seriedad:
“Jorge Vinatea Reinoso fue un milagro. Su genio difícilmente encontrará émulo en la
plástica peruana de todos los tiempos… Ambicionaba Vinatea llevar su trabajo a Buenos
Aires en tránsito a Europa. Este proyecto se convirtió en obsesión. Privóse de todo para el
viaje. Ahorró centavo a centavo, mientras la crisis económica consumía sus minúsculos
recursos. Es patético que solamente consiguiese llegar a la celada de la muerte, en su
tierra natal, y más todavía que quien sólo vivió para la pintura, nunca llegase a contemplar
obra superior a la creada por sus manos… Fue Vinatea Reinoso un artista de rara pureza,
disciplina y honradez; y un hombre limpio y generoso, con una bondad de niño.
Ascéticamente dedicado a la creación, consciente de la brevedad de sus días, lo dio todo,
trabajando sin descanso. Su atelier semejaba una celda de anacoreta en ayuno y vigilia:
decoro en la pobreza y humildad en el quehacer, en medio de la magnificencia de sus
lienzos, cuyos marcos tallaba de noche… Su vida adulta se redujo a trece años de
consagración absoluta, cinco de ellos dedicados a formarse como artista. No hizo ni se
interesó por nada que no fuese el arte. Platónicamente enamorado de una alumna
inalcanzable, Elena Izcue, no se unió a ninguna mujer. A todo supo re-nunciar, como no
fuese al pincel y la paleta. A ellos y a la enseñanza entregó sus horas.”
“Su facilidad para los ejercicios de arte gráfico, con que se ganaba la vida, fue pasmosa.
En minutos sus caricaturas y carátulas a la acuarela bajaban a los talleres de MUNDIAL,
revista donde la creatividad del Director Artístico era tan admirada como la dulzura de su
carácter, el jugueteo de su ironía y su recia voluntad viril… Fue Jorge Vinatea Reinoso un
ser espiritual, inmune a la frivolidad y el sensualismo, alejado de las capillas y de sus
pasiones, e irreductible a los “ismos” ideologías y políticas. Los intereses de campanario
no fueron los suyos. Conocía a los hombres y desdeñaba su retórica. Había nacido para
pintar, no para predicar mediocremente con los pinceles. Sin hacer alardes de indepen-
dencia, dejó claro que no seguía a nadie ni se parecía a ninguno. Y que tampoco era
manipulable. Habiendo poblado de indios y de peruanísimas realidades sus telas —
“crudo” tejido por manos andinas --- se cuidó de no terciar en las polémicas del
Indigenismo, ni en ninguna de las muchas de su tiempo. Huelga agregar que unos y otros
le abandonaron a su espléndido aislamiento.” PATRICIO RICKETTS REY DE CASTRO,
Lima 25 Diciembre. 1973.
“Feria de Pucará” Acuarela de Jorge Vinatea Reinoso.
¿Cómo actúa el neoliberalismo dominante? Simplemente impone sino a la fuerza de
manera subliminal. Impone lo que en arte y cultura: la desidentificación, lo alienante, lo
confuso, lo degradante, lo extranjerizante, etc… Bien, sabiendo esto tenemos, con
audacia, que navegar en el sentido de la contracorriente, en todos los sentidos y en todas
las circunstancias.
Las pinturas “Joven de la chalina roja” y “Hombre de poncho y sombrero” son creaciones
que Vinatea realiza a partir de su propio rostro, por falta de modelos adecuados; cuando
vimos que el largo cuello de Vinatea se escondía dentro de las chalinas que lucen esos
personajes; largo cuello que se muestra al natural o en graciosa versión tanto en las
fotografías de estudio del maestro como en sus autocaricaturas. Vinatea no era un
campesino y tampoco es el joven de la chalina roja, por lo que no se trata pues de
autorretratos.
El rigor, la disciplina, la autocrítica y la exigencia han sido la base para su aprendizaje.
Técnica y concepto son absolutamente inseparables en él. Vinatea crea un arte
completamente nuevo. Su técnica es expresión inmediata de su afán espiritual: Lo que
salta a primera vista es un arte mestizo, tosco, simple, grueso, fuerte, vital, directo, joven,
vigoroso. Sin refinamientos artificiales, sin retóricas, sin el más mínimo asomo de doblez,
de engaño, de efecto. Vinatea recia y contundentemente, en forma noble y elegante crea
la pintura peruana encarnando e interpretando en sí mismo a su país. El expresionismo
de Vinatea se lo puede ver con más precisión en su “Bodegón con ají” donde el juego del
contraste del fondo amarillo con la base violeta es enriquecido por el contrapunto entre el
verde del mortero y el naranja de la pastilla de jabón y del ají. Rápida, gruesa,
desenfadada y fuerte es la pincelada. Este pequeño bodegón es clave para poder ubicar a
Vinatea en el concurso del arte mundial. Vinatea no aplana el color: lo sintetiza; no
destruye la perspectiva ni la forma: las refuerza con el enfatización de la línea, con el uso
de fondos obscuros en su definición. Vinatea construye un lenguaje que le permite
expresar el mundo como él lo siente, lo concibe y lo vive; y él no siente del mundo, como
Paul Gauguin, el deseo de perderse o de condenarlo o rectificarlo moralmente. Vinatea
expresa su visión vitalista de la vida, su ánimo optimista, vigoroso, esplendoroso y joven.
No hay ni un solo rasgo de decrepitud, decadencia ni cansancio en su obra. Ni uno solo.
En Gauguin la actitud espiritual fundamental es evasiva, negativa y de fuga, mientras que
la pintura de Vinatea es congruente con el ánimo de la cultura de la que se convierte en
exponente: la nueva y joven, por derecho, cultura latinoamericana.
Mariano Melgar, Dibujo a la Tinta por Jorge Vinatea Reinoso.
Jorge Vinatea Reinoso es uno de los fenómenos más singulares del arte moderno;
démonos un duchazo en agua fría y dejemos de considerarnos inferiores a los europeos;
No tengamos miedo al reconocer la realidad de las maravillas producidas en el Perú
ancestral. Optemos por una conciencia elevada al rango de la de Pachacutec y la de José
Carlos Mariátegui: Mariátegui no pudo conocer la obra de Vinatea Reinoso porque José
Sabogal Diéguez se lo impidió. Pero nosotros podemos ver aquí casi todas las obras del
arequipeño. El año de 1997 en la única exposición que de la obra completa de Vinatea se
hizo en Lima: más de doscientas pinturas muy elaboradas, fuertes e inten-sas quedamos
mareados, confusos, desorientados, enfermos: se trataba de doscientas obras muy
impactantes, de una calidad no vista antes por nosotros: la obra de Vinatea evidencia,
ahora para nosotros, algunas faces no apreciadas en su real magnitud y calidad en
tiempos anteriores; estas son: Vinatea no presenta al hombre peruano como inferior; tiene
una visión magnificente del ser humano; goza del efecto impactante y fuerte de la pintura
en el sentido expresionista; elabora toda una metafísica en su arte; tiende a mostrar a las
arquitecturas y personajes peruanos colmados de majestad, monumentalismo, grandeza,
hieratismo: interpretando magistralmente el espíritu nacional. Tiende a ver impregnada su
iconografía de trascendentalidad. Su técnica es absolutamente moderna: no copia a nadie
ni se parece a ninguno: originalísimo. Veamos sus particularidades:
MONUMENTALIDAD Y GRANDEZA.- Comenzando con lo más peruano de lo peruano
miremos la imponencia que adjudica Vinatea Reinoso al “Indio de Paucartambo” que se
encuentra justamente en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima: ¡semejante
hombre!... y ¡qué tal delicadeza y audacia la del artista! Luce el Indio cual un poderoso
roble majestuosamente inquietante, mira con cierto desdén al observador sobre su
bellísimo poncho de franjas de bermellón y otras ocre amarillas, poncho de cuello escueto
desde donde nos mira un descendiente de Wayna Cápac con un gesto bizarro. Solo están
a la vista el rostro coronado con una montera y sus poderosos pies y piernas de tronco
nos retrotraen a la majestuosidad del Cóndor. Importantes personalidades y estudiosos
nos refieren que efectivamente aún hay altos y fornidos Indios en Cuzco. ¡Qué fortaleza!
Este hombre es un verdadero roble tanto por la profundidad de su raigambre como por la
grandeza de su raza y no está demás: por la longevidad que su estirpe ostenta como
blasón. Sus pies emergen de un hermoso empedrado, y más al fondo se ve un callejón
cuyas arquitecturas sirven de recio tapiz para este hombre indescriptible.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
“Cargador Puneño” acuarela, no es ni un más ni un menos, es un hombre recio que posa
para el artista con su poncho doblado en el hombro izquierdo, con las manos cogidas por
sobre la cintura: normal, no es un indiecito, por el contrario es todo un personaje. De
mirada impasible, sin temor ni inferioridad: un personaje honrado por su dignidad y su
gesto. Sus pies ostentan cierto tipo de zapatos. A todo el personaje muy bien coloreado lo
resalta un fondo beis muy suave.
Otro tema de gran peruanidad “El Cuzco” al óleo, compuesto con un fondo de ciudad en el
que destaca el perfil de la Catedral y un conjunto arquitectónico manchado con deliciosas
tierras pasteles, ante el que, rodeada por cinco llamas o camélidos andinos, una mujer
con montera y de espaldas al observador, se yergue y se implanta a todo furor ante
cualquier impudicia. Recia, magistral, se impone el personaje como un tótem, como lo que
es: los majestuosos Andes que se esmeraron en ubicar y crear el ombligo o centro del
mundo. Magistralmente Vinatea no solo pinta la realidad de la vestimenta negra obscura
muy típica y necesaria del Cuzco, sino que nos confiere a través del personaje
interiorizarnos en el obscuro mundo interior de la cosmovisión andina tan pretérita y tan
necesaria para nuestra autenticidad identificativa.
Otro personaje conmovedor es “Vendedora de Naranjas” óleo sobre lienzo raso; Vinatea
jamás permitiría un material impropio para la especificidad de su arte: de pincelada ancha
y desenfadada, tratada con texturas simples y aparentemente ligeras, pero en esa
ligereza y expontaniedad está su arte. Enorme la mujer cusqueña, ocupa casi todo el
cuadro; sentada, como en reposo, sobre un batiente alto, con un cierto desgano voltea a
punto de decir “por qué me pintas, qué tengo de especial”. Y en realidad tiene mucho de
especial: su expresión, su dimensión, la sabiduría de una mujer de setenta años. Y sobre
todo, como dice Juan Ciro Goyzueta Mendiguri, el fastuoso valor de las Mamachas o
matronas de Cusco y Puno. Una Mujer, con mayúsculas, es y fue en el Incario un
componente nuclear en la comunidad andina o Ayllu, realizaba labores de administradora,
todas las labores domésticas las compartía con las ñustas jóvenes y con los hombres que
aún no trabajaban en el campo. La mujer ancestral peruana tuvo mucho más valor y
autoridad en organización y conducción de la familia o Ayllu, ostentaba autoridad
connatural muy pareja con la de los varones. Como hemos ya manifestado, el Incario o
Tahuantinsuyo fue una especie de Imperio, pero con una jerarquización mucho más
horizontal, más comunitaria. En la cultura de nuestros ancestros no existía el concepto del
“yo” sino el de “nosotros”, no existía la forma de la propiedad privada: todo era parte
indivisa de una comunidad. El fenómeno “Caral” es un antecesor, lejano en el tiempo,
pero muy cercano en el centro geográfico mismo del Tahuantinsuyo: no existieron armas
ni fortificaciones militares: la nuestra ha sido y es una gran raza vapuleada por quinientos
años de opresión salvaje basada en la codicia y el infausto afán desmesurado de hurto y
dominio desalmado… Esa grandeza es la que trasunta en los fondos del arte de Vinatea
Reinoso. De allí su gran valor social, histórico y nacional para el Perú actual. Un valor que
debemos recuperar urgentemente.
“Chacarero con Poncho y Chalina” es ya la representación de un criollo con los atuendos
típicos del “Characato”: Sombrero de ala ancha, chalina blanca y poncho grueso, rudo
como el carácter de los arequipeños. Cubierto por el sombrero nos fisgonea un rostro
joven, apuesto y de barba descuidada. La pintura está ejecutada sobre un fondo gris-
pardo que aparece como zonas descubiertas aludiendo la presencia de unas nubes en lo
alto y un fondo campestre en la esquina inferior izquierda. La imagen está vista desde
abajo y en su conjunto se pueden apreciar el originalísimo estilo de Vinatea en el que
nunca se podrán desenmarañar las cuitas y la extraordinaria gracia, por ejemplo, de la
monumentalidad del personaje creado a partir del propio rostro del artista.
“Estudio de Denudo Femenino”, a diferencia de Carlos Baca-Flor, Vinatea Reinoso en su
pintura realiza muy escasos “estudios” propiamente dichos. Conocedor de un muy
acertado dibujo desde su adolescencia, en Lima adquiere, a la sombra del maestro
Hernández, el conocimiento de la plástica del óleo y la consecución de sus latentes
grises, y en cuestión de grises con el único que se le puede comparar es con el Greco. En
Vinatea Reinoso el gris es vibrante y vivo: empleando la mezcla de colores casi sin asomo
del negro, color que sí es poderoso en el Greco. El greco (Candía, 1541–Toledo, 1614) es
considerado como un pintor del final del Renacimiento por Wikipedia, nosotros que
tenemos muy marcada tendencia al reflejo de la verdad y a la consideración del Arte
como uno de los cajones más altos del espíritu humano, debemos señalar que, siendo
así, el Greco es partícipe de los finales del Renacimiento, pero también es fundacional del
modernismo y sobre todo del expresionismo. España, como cualquier país que ha sido
regentado como un imperio tiende a hacerse propietaria de muchas cosas que ni le son
propias y que tampoco han nacido en su suelo. El caso del Greco es tan especial que
bien podemos decir que bajo su égida arrasó con todos los movimientos artísticos
modernos. De esas modernidades, de las que hay una confusión total, nos es más
preciso considerar como el arte moderno occidental, al producido a partir de fines de la
década del 50 del siglo XIX iniciando la modernidad del arte occidental el impresionismo.
En este arte moderno César Vallejo y Vinatea Reinoso son creadores cuya alta calidad les
es negada en su propio país. Eso no es problema, nosotros escribimos para Arequipa y
para el resto del mundo. Porque los limeñitos colonialistas nunca van a emanciparse. Así
nos es tan moderno el arte de Vinatea Reinoso como lo es el producido por Miguel Ángel
Espinoza Salas, quien es un genio lamentablemente desconocido. Lo que es necesidad,
deber y obligación de las autoridades arequipeñas es la creación de un buen museo de
artes, convocando para ello a los artistas más competentes y a las personalidades más
sanamente comprometidas con el desarrollo de nuestra Región. Y para terminar con esto
de la monumentalidad y grandeza volvamos al cuadro “Estudio de Desnudo Femenino”
realizado en la ENBA de Lima: una imagen excepcional véase cómo Vinatea Reinoso en
su sencillez artística crea un ser que supera largamente a Fernando Botero, comparable
únicamente a los niveles divinos de Miguel Ángel Buonarotti. Miguel Ángel el Universal al
que sí es muy comparable César Vallejo, éste nuestro gran CÉSAR ABRAHAM cambió la
poesía para siempre. Muchos lo estudian, lo interpretan, lo imitan, le honran, lo
homenajean, pero nadie lo iguala. Vallejo hizo en los tiempos modernos lo que Miguel
Ángel hizo con la pintura en el Renacimiento. El neoliberalismo no quiere saber nada de
capacidad humana, verdad, sensibilidad, desarrollo, humanismo, etc. no quiere saber
nada de eso, NADA. Y nosotros desde aquí reiteramos y refregamos en los ojos nublados
de los capitalinos por ejemplo la obra que dos veces aparece en este trabajo con el título
de “Pescadores de Camarón” y “Hombres Trabajando en la Playa” puesto que esa pintura
nació como especie de copia de un cuadro italiano que fue des-trozado y construido en
magnificencia de grandeza por Jorge Vinatea Reinoso. Las di-mensiones que Vinatea
confiere a estos personajes no llegan a ser deformadoras ni exageradas, sino
simplemente imprimen y expresan una gran fuerza y dimensión del ser humano, como las
de Miguel Ángel, sin que lleguen a ser rechonchos ni imágenes de físico culturistas.
Diseño o Dibujo Original de Jorge Vinatea Reinoso. Tema: Andino.
Estos Dibujos Originales y desconocidos para todos los Vinateólogos se publicaron en el
último número de la revista “Mundial” del año de 1928. Existe en esa edición una gran
cantidad de dibujos de temática andina que al verlas por primera vez nos sorprendieron
como todas las obras del genial Vinatea. Cuando un investigador estudia a fondo una
temática lo hace hasta llegar a conocer las intimidades de la persona investigada.
“Desnudo Femenino” Óleo sobre Lienzo por Jorge Vinatea Reinoso.
“Jorge Vinatea Reinoso” Óleo de Carlos de la Riva.
“Festejo de Carnaval” Acuarela por Jorge Vinatea Reinoso.
“La Arlesiana” Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
QUIETISMO, HIERATISMO
El arte del antiguo Egipto, de la antigua Persia, de los Mayas y de los Aztecas, evidencian
estas características por ese afán incomprensible de crear cosas para la eternidad; en el
antiguo Perú también predominan estas características: y cómo no habría de ser tolerable
y plausible, que Vinatea nos haya hecho llegar en sus pinturas estas cualidades
emblemáticas y portentosamente colosales. Veamos mejor estas condiciones en:
“Arequipa”: grande, majestuosa obra; una síntesis de toda Arequipa, y, curiosamente, los
únicos que parecen moverse con el temor propio de su especie, son los audaces cuyes
que aparecen en la parte inferior, todo lo demás es quietismo: una imponente presencia
del carácter y del espíritu de Arequipa. El loncco chacarero de la izquierda apenas cabe
en el soporte, en cuyas proporciones se encuadra perfectamente Arequipa; a su lado el
obediente y fiel asno, acompañando a su leal amigo y siendo él mismo una imagen
fundamental de las tradiciones arequipeñas. Al fondo el impasible Misti resaltando sobre
un cielo tumultuoso, pero sabiamente aquietado por la pincelada gris del genio
arequipeño. En el medio la fulgente ciudad de sillar blanco: con “la cabezona”, Santa
Catalina y hasta con la presencia de las dos torres de la Catedral en el extremo derecho.
El puente Bolognesi y hasta un pequeño trozo de brillo de las aguas del Chili. En el primer
plano derecho: una meza de madera acompañada por dos tinajas de chicha de jora; sobre
la meza el crucifijo del Cristo ornado por un cirio encendido y una jarrita de terracota con
flores, un poquito más a la izquierda un gran vaso de chicha “caporal” precedido por un
choclo y un rocoto bien rojo. Y casi al centro de la pintura un apetitoso plato con el sabor
incomparable de los grandes camarones. Y en el centro mismo del cuadro la esquina de
un libro representando la sabiduría, la cultura y el extraordinario romance que es nuestra
Arequipa.
Otra obra en la que apreciamos el luminoso “estatismo” es “Orillas del Lago” – Puno.
Pareciera que la obra está sin terminar: pareciera; pero está perfectamente terminada en
el soberbio estilo de Vinatea. Todo es quietismo, incluso el hombre que trata de mover
una de las balsas se impregna del quietismo de la totalidad. Esta obra tiene las
características de Trilce: por sus defectos deja entrever su grandeza. Y… para no
aburriros veamos el carácter icónico de los “Chacareros Arequipeños”. Esta es una de las
composiciones más completas y más bellas de la obra vinateana. Es otro resumen de
Arequipa pero vista en uno de sus poblados del campo. Magistral composición,
singularísima perspectiva, un poco al estilo de la pintura china, en las partes bajas los
primeros planos, al centro una chichería-picantería y más arriba y al fondo el poblado,
incluyendo su capilla o iglesia; en la parte más alta las agrestes texturas de los cerros
arequipeños. Esta es una hermosa composición salida de la inagotable imaginación de
Vinatea Reinoso. Todo está en su sitio, pero todo está tocado por la monumentalidad y el
quietismo con el que Vinatea rinde culto: a las dimensiones de Arequipa y a la fecundidad
y abundancia que primaron en el gran Tahuantinsuyo.
“Dama Arequipeña” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
METAFÍSICA Y TRASCENDENCIA
“Tantahuasi” no es la estructura de una panadería. “Tanta” es pan, como muchos saben y
“huasi” es casa; por lo que debemos interpretar como la casa donde se hace el pan; pero
esta obra desarrolla una temática de trascendencia, de evolución universal (véase sus
cielos) y de una metafísica colmada de avatares de fábula y metafísica, adviértase las
arquitecturas del fondo que tienen dimensiones magníficas como evocando la grandeza
de nuestro Tahuantinsuyo. Vinatea fue un gran admirador de la poesía vallejiana: Vallejo
es trascendente por antonomasia. Percatémonos de la mujer, que en primer plano se
inclina para recoger un poco de agua del pozo: pareciera ser y no ser, es casi translúcida,
parece un hermoso fantasma. No sabemos el por qué, toda la cultura Tiahuanaco se nos
presenta como una inconmensurable puerta de traslado de este a otros mundos; es más,
toda la Arqueología Peruana está impregnada de la trascendencia del Ande nacional
peruano. La interpretación del cielo, en esta obra, es una fascinación interpretativa de la
evolución cósmica. Nadie podrá negar que se trata de una belleza inspirada en el Cusco,
pero qué trato tan singular y paradigmático del color café o siena tostada. El óleo está
elevado aquí a niveles, solamente comparables con los del Greco.
La imaginación demoledora de Vinatea Reinoso en “Joven de la Chalina Roja” es una de
las obras pictóricas de Latinoamérica que cuestionan el arte universal, escudriñando,
desde lo más interno del alma de la iconografía andina, el atrevimiento del invasor
europeo y peninsular. La mirada de este hombre estruja y exprime los actos de
vandalismo que vinieron a realizar los intrusos europeos en las tierras originarias de los
“Indios”. La iluminación magistral de una lámpara o vela desde abajo engrandece el poder
inquisitorial y atrevido del “Joven de la Chalina Roja”.
En “Interior de la Compañía” – Arequipa debemos acomodarnos bien sobre un consis-
tente sillón para poder ver la metamorfosis que va realizando el arte del pincel de Vinatea
Reinoso en nuestra propia mente. Si aguzamos nuestra atención sobre esta bella pintura
nos preguntaremos ¿qué tiene de especial este cuadro? Bien ejecutado y al estilo
expresionista se ven un púlpito de madera con sus tallados en la parte de su escalera que
son ilegibles y abocetados como en todo buen expresionismo; el conjunto de bancas
religiosas que avanzan por la parte baja izquierda, los inmensos portales y el techo
abovedado en la parte superior. Las dos mujeres un poco inquietas, pero pequeñas ante
el conjunto de la composición, nos dicen la hora temprana en la que se iniciará la Misa en
unos momentos. Pero hay dos cosas verdaderamente inquietantes en esta pintura
aparentemente anodina: las manchas blancas e intensas que perfilan la parte baja del
púlpito; la presencia de una luz blanca intensa en el lugar más propicio del púlpito, con
otra ventana de luz blanca donde estaría la cabeza de algún misionero o sacerdote
predicador, y la entrada raudal de la luz desde la gran portada de la iglesia que perfila el
capitel del púlpito a la vez que hace declaración del elemento más cargado de simbología
y de trascendentalismo: la Luz.
GRACIA Y PLENITUD
Estas dos características se encuentran en la totalidad de las obras de Jorge Vinatea
Reinoso. Su inclinación hacia una belleza sublimada por él mismo, es evidente en el
“Retrato de Dama Arequipeña” con fondo amarillo intenso, fue pintada a partir de una
modelo que posó para los alumnos de la ENBA en 1921; pero justamente aquí Vinatea
hace gala de su gran capacidad creativa, no solo al imponerle un fondo amarillo intenso,
sino que además le da un gesto de personalidad tan noble, altivo y elegante, que no
cometemos error en titularlo nosotros “Retrato de Dama Arequipeña”. Esta creación
vinateana es tan perfecta que, desde cuando la vimos por primera vez, se nos ocurrió en
compararla a la archifamosa “Gioconda” o “Mona Lisa”; ¿por qué hacemos la
comparación? Porque Vinatea Reinoso es un simple desconocido para el mundo; capaz,
sin embargo, de crear arte de primerísimo nivel mundial en su época.
. “Arequipa” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Vendedor de Fruta” Óleo de Vinatea Reinoso.
“Balseros en la Orilla” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Joven de la Chalina Roja” Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Interior de la Compañía” Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Señorita Clotilde Chiarella Fuller” Óleo sobre Lienzo por Jorge Vinatea Reinoso.
Veamos a continuación el “Retrato de la Srta. Clotilde Chiarella Fuller” que Vinatea la ha
tomado festejando la fiesta de carnavales: las obras vinateanas muestran un desenfado
total, una expontaniedad sorprendente ¡qué acabado ni acabado! Vinatea es un genio en
cuanto a representación de la gracia se refiere. La señorita Clotilde Chiarella es una
belleza consumada: en las partes del bombacho del vestido verde y de los plumones que
cogen sus manos Vinatea ha impuesto pinceladas muy cargadas de pasta blanca de óleo.
En “La Arlesiana” Vinatea no se esmera en producir gracia, la belleza sale de sus manos
a borbotones.
“Poblado de Pachacutec” (Terral) Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
Un arte que necesita una serie de observaciones para ser consumido en su extraordinaria
dimensión es “Pachacutec”, zona de Arequipa por donde aún en nuestros tiempos se
producen intensos ventarrones y no menos cargados terrales. Y aunque en nuestras
primeras apreciaciones nos preguntábamos ¿por qué Vinatea ha limpiado sus pinceles en
el cielo de este cuadro? Ahora ésta es una de las obras más preciosas que hayan podido
salir de las manos de un arequipeño.
“Indio de Paucartambo” Óleo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Puno”, “Indio de Paucartambo”, “Feria en Pucará”, “Procesión de Checacupe” Estos
cuadros de los más importantes en la obra vinateana, definen lo que podríamos llamar su
“estilo general”. Sin embargo en este pequeño conjunto de obras, ya podemos hallar
diferencias, sobre todo acerca del color: en Lima el predominio de los grises y de la
temática religiosa, en Arequipa la fuerte luz y la presencia de notorios contrastes entre la
intensa claridad atmosférica y los grises obscuros; en Puno, nuevamente el predominio de
grises de altísimo nivel, la interpretación de la trascendentalidad del ser, la penetración
más profunda, que en arte, se haya hecho del el espíritu indio, la tendencia definida a la
contemplación y el éxtasis, la creación de un gran espacio de silencio interno, la
profundidad telúrica y mística en el personaje, el viento, el frío y la música en el cielo; en
Cuzco estalla el color fuerte, puro y variado, en contraste con fondos grises, pardos y
naranjas. Sin embargo, y siempre observando la gran fuerza expresiva de su arte,
debemos reconocer el extraordinario dominio del dibujo y de los grises que lo elevan,
definitivamente, al nivel de gran arte universal.
Se puede observar ya en este conjunto de obras que la pintura de Vinatea es
fundamentalmente interpretativa, lírica. Nunca se pierde en detalles superfluos o
anecdóticos, que no tengan que ver con su preocupación fundamental: captar el espíritu
del Perú, espíritu al que él infunde su aporte personal de modelo y anhelo nacional,
logrando una configuración trascendente del mismo. Esto es que el artista logra imágenes
representativas de una realidad mayor (América Latina) tal vez sin habérselo propuesto.
En el conjunto de estas obras se aprecia una pincelada ancha y definida, habiendo
pintado Vinatea previamente los fondos con colores grises de soporte; es decir grises
sobre los que aplicará luego “toques”, pinceladas o restregados con una cantidad mayor
de pasta de óleo, logrando una vibración encendida por su relación con el fondo previo,
para, finalmente aplicar pinceladas muy cargadas, lo que el Dr. Luis Alberto Sánchez
llamaba “zarpazos” densos y muy gruesos que confieren a la obra una original e
impresionante factura. Por esto el empastado no es parejo en todo el cuadro, en el que
busca el engrosamiento y la deliberada “tosquedad” de su pintura.
“Detalles de la Campiña” Óleo sobre Lienzo de don José G. Álvarez.
“Vendedora de Naranjas” (Cusco) Óleo por Jorge Vinatea Reinoso.
La impresión que nos causó las reiteradas visitas a la única exposición de la obra
completa de Vinatea en el año de 1997, por iniciativa de la Telefónica del Perú, nos
saturó, embriagó y colmó nuestras expectativas, pues era una impresión demoledora y
descomunal el poder ver en unas cuantas horas lo que un gran talento se había
encargado de ejecutar como la obra de toda una vida, conocedor de sus enormes
posibilidades. Escribimos en esos mismos momentos: “La pintura de Vinatea es
absolutamente nueva y original: su extraordinario dominio del dibujo y de los grises lo
colocan como un gran maestro en el difícil arte de la pintura; ninguno, como él, ha tenido
semejante devoción por el arte del color: los grises. Es definitivamente Vinatea Reinoso
un Apóstol, un gran maestro y genio de la pintura universal y moderna. Recién ahora
comprendemos el gran entusiasmo que tuvo don José Ruiz Rosas cuando hizo la
corrección de nuestro primer estudio sobre Vinatea. Es ahora que dimensionamos la
exigencia que nos hizo el Doctor Enrique Azálgara Ballón de publicar obligatoriamente
estas expresiones; es ahora y solo ahora que comprendemos el intento de nacionalizar o
confiscar todas las obras de Vinatea Reinoso por parte del general Juan Velasco
Alvarado. Y que por ese intento sea que muchas de las obras del joven genio pasaron,
por el recelo ante la pérdida, a la categoría de desaparecidas. Y esa condición ha
potenciado la obra del joven arequipeño a un exótico estado larvario y de inexistencia que
multiplica sus vigores atractivos e insondables en extremos metafísicos.
“Cusco” Óleo sobre Lienzo de Jorge Segundo Vinatea Reinoso.
Se dan, sin embargo, en esa especie de ascetismo cromático y factural-textural una
variedad dentro de los grises, una suavidad-reposo y a la vez una sorprendente
estabilidad y equilibrio. De su ascetismo emana un espíritu, una filosofía, una luz. Los
grises elevados, llevados a una eclosión del color, que sin los toques apastelados no
tendrían una resolución final holística. Algunas obras de Vinatea han sido abrillantadas,
por terceras manos, con barnices innecesarios, dado que la intención del artista ha sido
crear un arte opaco, tosco y denso, como ya habíamos manifestado. Con el barnizado
puede verse un cuadro “más bonito” pero menos bueno. El colorido original tiene mucho
de terroso, logra una armonización a base de ocres grises sutilmente presentes en toda la
obra y así también con la presencia de los sienas obscuros en los trajes de los personajes
y en los ambientes crean esa opacidad típica de Vinatea. El motivo estético de esta
opacidad es el de corroborar ese carácter grueso, medio, terruginoso y hasta un tanto
torpe o tosco. Su estilo es congruente o dimanante de su profunda identificación con lo
latinoamericano, con lo que no tiene mucho brillo, lo que tiene que ver más con la tierra,
con lo amplio y lo opulento o, mejor, con lo generoso y extenso.
Otra característica ocasional y que aparece con fuerza y belleza únicas, es el
apastelamiento con gran énfasis expresivo que conducen a una gracia, suavidad y
dulzura extremas. “Atardecer en el Titicaca”: los goces que produce este cuadro van en
continuo crecimiento. Nuevamente simple con el tono violeta suave como dominante y las
luces blanco-amarillas, rosadas y naranjas: el portento y la majestad en las alturas,
desafiando con dignidad al mismo cielo al que finalmente alcanzan. López Albújar y
Valcárcel dicen que el sentido cósmico el indio lo tiene por su relación con los andes, con
las alturas y las profundidades. Véase aquí este cuadro bellísimo y enternecedor, donde
la gente labora sencillamente o pastorea, o simplemente contempla. Las tierras pasteles
van in crescendo en su empaste, logrando la exaltación en el primer roquedal del fondo. A
este efecto debe el cuadro mucho de su bella imponencia. En el caserío del fondo cada
una de las paredes cobra vida, parecen apretujarse, atisbar o simplemente permanecer.
En este cuadro nos asalta la tentación de preguntarnos ¿qué material ha usado el artista?
En “Procesión Serrana” se presenta también una gran variedad de tierras pasteles que se
encuentran al trajinar por nuestro territorio. Son simples tierras granuladas, depositadas
de la manera más simple y natural, como pasta o barro de colores sobre el yute crudo,
probablemente preparado solo con una mano de cola. El artista en su amor a los
materiales simples y sencillos ha querido dignificar al crudo, actuando con su color marrón
en las sombras de la fachada de la iglesia y del fondo y en parte de las casas que asoman
por la zona derecha. La muchedumbre avanza bajo un sol intenso, que pareciera azotar
aún más la bellísima imagen que, en lo alto, permanece crucificada. Ensangrentada y
dolorosa avanza en un entendimiento especial con la gente que guarda el duelo muy a su
manera, con la presencia de la música del violín, la quena y la tinya. Por eso el perrito
ladra y la llama voltea un poco sorprendida. El Crucificado lleva consciente el dolor de
ellos, los pobres más pobres a quienes defendía Bartolomé de las Casas. Ellos ¿tendrían
por qué conocer y profesar a profundidad la doctrina del Nazareno? Pero es ciertamente
la fe del pueblo serrano, muy diferente a la que ha pintado Vinatea en Lima, la que ha
inspirado este cuadro.
“Tantahuasi” Óleo sobre lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
En Vinatea sucede algo muy parecido (sino igual) a lo que sucedió en la primera etapa de
las pinturas de Vincent van Gogh: “la grandiosa fealdad”, los personajes lucen un tanto
desgarbados “mal dibujados”, hay ciertas faltas de proporción, como la niña de pie
adelante y la sentada al lado del perro, que pareciera en todo caso una enana con cabeza
diminuta. Las figuras tienen algo de inestables y quebradizas, hay “inexactitudes”,
“olvidos”, “errores”. El gran dibujante cometiendo errores en una de sus creaciones
preferidas. Se ha dado una especie de metamorfoseo, una serie de alteraciones del
lenguaje plástico, por acción de los sentimientos y emociones que el artista desea
transmitir.
“A Orillas del Titicaca” Óleo sobre Lienzo de Jorge Vinatea Reinoso.
“Campiña con Sauces” Óleo de don José G. Álvarez.