BELGRANO
Dos siglos de legado / 1820-2020
2. INVESTIGACIONES
BELGRANO
Dos siglos de legado / 1820-2020
2. INVESTIGACIONES
Belgrano. Dos siglos de legado: 1820-2020: investigaciones / Fernando
Enrique Barba ... [et al.]; prefacio de Manuel Belgrano; prólogo de
Tristán Bauer. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Instituto
Nacional Belgraniano, 2020.
Libro digital, PDF - (Belgrano. Dos siglos de legado / 2)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4172-10-5
1. Historia Argentina. 2. Historia de América del Sur. 3. Investigación Histórica.
I. Barba, Fernando Enrique. II. Belgrano, Manuel, pref. III. Bauer, Tristán, prolog.
CDD 982 ord. II. Título.
CDD 982
Esta obra forma parte de los homenajes del Ministerio de Cultura de la Nación por el año
del general Manuel Belgrano (DCTO-2020-2-APN-PTE).
1ª edición, septiembre 2020
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Londres, 1815 (Gentileza Museo Municipal de Artes Plásticas Dámaso Arce, Olavarría)
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Coordinación académica de la obra: Matías Dib
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Lic. Diana Gladys Álvarez
ÍNDICE
PRÓLOGO por Tristán Bauer 11
INTRODUCCIÓN por Manuel Belgrano 13
INVESTIGACIONES 17
La travesía de Cerro y Zamudio. La búsqueda de un camino 18
apto para carretas entre Chile y Buenos Aires
Fernando Enrique Barba
Belgrano en la Literatura argentina. Tres calas 28
Pedro Luis Barcia
Semiótica belgraniana: el poder de las imágenes en la revolución 52
Miguel Carrillo Bascary
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno 88
revolucionario: La comisión diplomática de Manuel Belgrano y
Bernardino Rivadavia a Europa. El “negocio de Italia” y sus relaciones
con Manuel de Sarratea y el conde de Cabarrús (1813-1816)
Matías Dib
LOS AUTORES 151
PRÓLOGO
ARGENTINA 2020, AÑO DEL
GENERAL MANUEL BELGRANO
A doscientos años de su fallecimiento
y doscientos cincuenta de su nacimiento
¿ Cómo nos encuentra a los argentinos y a las argentinas este aniversario?
¿Por qué es importante recuperar el legado de Belgrano?
El creador de nuestra bandera fue un hombre que pensó su presente y el
futuro con valores que aun hoy tienen renovada vigencia: libertad, unión, igual-
dad, solidaridad. Leer sus obras y estudiar su historia nos acercan a un patriota
comprometido con su pueblo, quien sin dudas, hubiera luchado una vez más por
poner a la Argentina de pie.
Hoy, el mundo atraviesa una dura pandemia que nos obliga a repensar todos
los estamentos en los que se construye nuestra humanidad. Como en aquellos
tiempos de lucha por la independencia, se abren nuevos horizontes que deman-
dan grandes esfuerzos de nuestra Patria. Tenemos a nuestro favor la posibilidad
de ejercitar la memoria histórica, en la cual la figura de Belgrano tiene una poten-
cia simbólica que nos permite pensar y construir el porvenir entre todos y todas.
Belgrano, que nació en un territorio bajo dominio español, cincuenta años
después moría en una tierra libre donde ya flameaba la bandera que él mismo
creó. Fue un luchador incansable por la independencia y por la soberanía: realizó
grandes hazañas como el Éxodo jujeño, resultó victorioso en las batallas de Tu-
cumán y Salta y atravesó derrotas como Vilcapugio y Ayohuma.
Cuando la nación emprendió sus primeros pasos hacia la soberanía fue revo-
lucionario de Mayo. Cuando la Patria clamó libertad, allí estuvo como guerrero
de la independencia. Fueron suyas las causas más justas: promover la igualdad
entre hombres y mujeres, difundir el valor de la educación, defender a los pue-
blos originarios, plantear otro esquema de distribución de la riqueza y fomentar
el comercio, la industria y la agricultura como bases de una economía producti-
va, sin descuidar el respeto por la naturaleza.
En estos tiempos tan aciagos debemos recuperar el espíritu de quien fuera
hacedor de tamañas hazañas colectivas. Belgrano es para nosotros símbolo de
la unidad nacional, de la libertad y de la independencia. Por eso más que nunca
es necesario recordar su ejemplo y honrar su figura y su obra como una motiva-
ción para construir una Argentina más justa, solidaria e igualitaria.
11
Belgrano: Dos siglos de legado 1820-2020 es una publicación que promueve
el conocimiento de la trayectoria de nuestro prócer. En este segundo volumen
se incluyen investigaciones sobre su figura relacionadas con la literatura, la sim-
bología, las relaciones exteriores y la promoción del conocimiento de nuestro
territorio.
El Ministerio de Cultura de la Nación y el Instituto Nacional Belgraniano acer-
can a todos los argentinos y las argentinas esta obra para mantener viva la gran-
deza de un hombre que, despojado de riquezas y honores, entregó su vida a la
lucha por una mejor nación, por un territorio libre con más igualdad. Todo home-
naje resulta exiguo comparado con su inagotable legado.
Prof. Tristán Bauer
Ministro de Cultura de la Nación
12
INTRODUCCIÓN
E
l Instituto Nacional Belgraniano presenta la obra Belgrano: Dos siglos de
legado 1820-2020, orientada a la investigación y a la difusión de la figura
de Manuel Belgrano, en ocasión de cumplirse los doscientos años de su
fallecimiento y el 250º aniversario de su natalicio, en el año 2020.
Este Instituto fue oficializado el 12 de agosto de 1992 por el Decreto Nº 1435
del Poder Ejecutivo Nacional, fijándole como su finalidad primordial la exaltación
y divulgación de la vida y obra del prócer.
Su principal competencia es la investigación histórica para realizar estudios
historiográficos, críticos, filosóficos, militares, económicos, educacionales, pe-
riodísticos, jurídicos y políticos referentes a la acción pública y privada de este
Padre de la Patria. Se aboca al estudio y registro de la toponimia y demás de-
nominaciones belgranianas, de efigies, distintivos y emblemas. También a la
formación de registros bibliográficos, iconográficos, numismáticos, filatélicos,
entre otros.
El conocimiento sobre Belgrano se difunde a través de publicaciones, del si-
tio en Internet del Instituto ([Link]) y mediante cursos y
conferencias en su sede y en establecimientos educativos, civiles, militares y
centros culturales del país. Complementan la agenda federal, las actividades de
divulgación belgraniana de las filiales del Instituto Nacional en todos los puntos
del país.
Desde su creación, el Instituto ha colaborado con las autoridades nacionales,
provinciales, municipales y privadas que, por más de medio siglo, han requerido
asesoramiento, consejo o dictamen respecto de la fidelidad histórica en temas
relacionados con la persona de Belgrano.
Además de su competencia específica en la investigación histórica y en la
difusión de la vida, obra e ideario de Belgrano, corresponde al Instituto Nacional
Belgraniano la organización de los actos nacionales oficiales en su homenaje,
con lo que sumado a la realización permanente de las actividades ya descriptas,
se mantiene vigente y acrecentada la figura cumbre del héroe.
Teniendo en consideración el histórico y permanente interés por el legado
patriótico de nuestro prócer, el libro Belgrano: Dos siglos de legado 1820-2020
tiene por objeto, a su vez, satisfacer la demanda de todos aquellos argentinos
que por distintos motivos (educadores, investigadores, autores de publicacio-
nes especializadas, estudiantes de distintos niveles o simples ciudadanos) le
reclaman a este Instituto Nacional Belgraniano, como depositario de la memoria
belgraniana por antonomasia histórica.
13
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Esta segunda entrega incluye cuatro capítulos de investigaciones escritas por
especialistas en las diversas áreas temáticas belgranianas que han abordado
aristas y facetas esenciales de la personalidad y del accionar del ilustre general
Belgrano, contextualizadas en la época en que le cupo desenvolverse.
Es de señalar que esta segunda “serie” de la obra incluye aquellos trabajos
que son investigaciones históricas propiamente dichas. Se trata de aportes so-
bre la figura de Belgrano y la historia argentina y americana que han sido distin-
guidos en esta entrega puesto que contienen un mayor sesgo de originalidad
y severidad documental por su contacto directo con las fuentes primarias de
archivo (mayoritariamente manuscritas y en muchos casos inéditas).
A lo largo de dichas páginas, el lector podrá toparse con investigaciones que
procuran aportar nuevas luces a la interpretación de la labor fundamental que
realiza Manuel Belgrano en la etapa fundacional de la Patria, con la rigurosidad
de estilo que exige la disciplina histórica.
A través de esta importante iniciativa académica que pretende exponer la vi-
gencia del pensamiento y la prédica de nuestro singular Manuel Belgrano, el Ins-
tituto Nacional Belgraniano, que me honro en presidir, se gratifica hondamente
de brindarle el presente homenaje a un hombre que es “uno de los poquísimos
que no tiene que pedir perdón a la posteridad y a la severa crítica de la historia”,
como acertadamente dijera Domingo Faustino Sarmiento.
En su lecho natal de Buenos Aires, Manuel abandonó esta vida terrenal pen-
sando, según sus palabras, “en la Eternidad hacia donde voy y en la tierra querida
que dejo”. Enraizado en lo más profundo de la argentinidad, continuó diciendo:
“Espero que los buenos ciudadanos trabajarán por remediar sus desgracias”.
A 250 años de su nacimiento y en el bicentenario de su paso a la inmortalidad,
nos dejó un legado ineludible que aún debemos cumplir.
Lic. Manuel Belgrano
Presidente del Instituto Nacional Belgraniano
14
Introducción
Óleo del Gral. Manuel Belgrano por P. C. Ducros Hicken, del año 1952 (Instituto Nacional Belgraniano).
15
Biografía cronológica
Investigaciones
17
Fernando E. Barba, “La travesía de Cerro y Zamudio. La búsqueda de un
camino apto para carretas entre Chile y Buenos Aires”, en Belgrano. Dos siglos
de legado 1820-2020, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 2020,
pp. 18-27.
ERRO Y ZAMUDIO. LA BÚSQUEDA
DE UN CAMINO APTO PARA CARRETAS ENTRE CHILE
Y BUENOS AIRES
Fernando E. Barba
Palabras clave: Viajes, Rutas, Reconocimiento territorial
Keywords: Trips, Roads, Territorial recognition
Resumen
A fines del siglo XVIII nació y se desarrolló a ambos lados de la cordillera de los
Andes el interés por “redescubrir” el viejo camino que se decía había existido y
que era apto para ser transitado todo el año por carretas y que, además, unía
antiguamente Buenos Aires con Chile. Las razones para ello eran múltiples, sien-
do la primordial la agilización del tránsito comercial, así como su consiguiente
abaratamiento entre ambos territorios; además se esperaba asegurar las rutas
interiores y mejorar tanto su defensa como de la frontera en general. Otra de las
razones era la de perfeccionar el conocimiento de la geografía interior de las
Pampas.
Belgrano, como secretario del Consulado, dispuso varias comisiones de ex-
ploración, entre ellas, uno de los viajes de José Santiago Cerro y Zamudio, cuya
travesía sirvió para incentivar el anhelo de abrir nuevas rutas y aumentar el co-
nocimiento de los territorios del sur mendocino en función de la defensa del
territorio, la explotación de los recursos naturales y la facilitación del comercio
entre ambas partes de la cordillera, promoviendo a la vez los viajes de Molina,
Hernández y Luis de la Cruz.
LA TRAVESÍA DE CERRO
Y ZAMUDIO
La búsqueda de un camino apto para carretas
entre Chile y Buenos Aires
Fernando E. Barba
A
fines del siglo XVIII nació y se desarrolló a ambos lados de la cordillera de
los Andes el interés por “redescubrir” el viejo camino que se decía había
existido y que era apto para ser transitado todo el año por carretas y que,
además, unía antiguamente Buenos Aires con Chile. Las razones para ello eran
múltiples, siendo la primordial la agilización del tránsito comercial, así como su
consiguiente abaratamiento entre ambos territorios; además se esperaba ase-
gurar las rutas interiores y mejorar tanto su defensa como de la frontera en ge-
neral. Otra de las razones era la de perfeccionar el conocimiento de la geografía
interior de las Pampas. Pedro de Angelis afirmaba que:
el descubrimiento de este camino es debido a los indios. En 1793, uno de
ellos, salió del parlamento de Negrete con una comunicación oficial del
general Ambrosio O’Higgins, Comandante de la frontera del Arauco, para el
Virrey de Buenos Aires, la entregó y volvió al cabo de sólo dieciséis días de
viaje. La prontitud con que desempeñó su comisión inspiró a D. José San-
tiago Cerro y Zamudio el deseo de sacar provecho de este acontecimiento
y después de haberse cerciorado de su realidad, se ofreció al Consulado de
Buenos Aires a pasar la Cordillera.1
Sin embargo, Cerro debió esperar para su viaje un tiempo más para conseguir
el apoyo deseado.
En los primeros años de la decimonovena centuria solo eran conocidas
perfectamente las rutas de Uspallata y del Portillo; los otros caminos que se
decía que existían eran más conocidos de palabra que sobre el terreno, por
ello surgieron diversos proyectos relativos a su “redescubrimiento”. Simultá-
neamente, hubo interés en realizar el reconocimiento de los territorios exteriores
a las fronteras que resultaban, en su conjunto, prácticamente desconocidas; se-
1 Pedro de Angelis, Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna
de las Provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, Lajouane, 1910, Tomo V, Proemio al Diario de
Hernández, p. 8.
19
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
gún Cerro, las descripciones que se habían hecho de la América eran totalmente
imperfectas.
En 1798 el síndico procurador del Consulado de Buenos Aires, Vicente Anto-
nio de Murrieta, recordaba que José Perfecto de Salas, quien había sido fiscal de
la Real Audiencia de Chile y asesor del virrey del Perú, había recopilado durante
muchos años una gran cantidad de información que acreditaba la existencia de
un camino desde las pampas, que pasaba por la ribera del río Negro y llegaba
a la cordillera donde decía, equivocadamente, “nace el río”. También aseguraba
que en Buenos Aires se hallaban “muchos fragmentos” del camino y las guías
que se despachaban por los oficiales reales para los envíos de mercaderías ha-
cia Chile.
Si se toma como base un informe presentado por Joaquín de Villarreal al rey
Fernando VI, allí se indicaba la existencia de un camino con carril de 1500 varas
de ancho que cruzaba la cordillera al oriente de Valdivia “cercana a la ciudad
arruinada de Villarrica”. De todas maneras, Murrieta, como todos en aquella épo-
ca, tenía una visión totalmente equivocada de la geografía y especialmente de la
hidrografía de la pampa occidental, ya que él también repetía, aunque con algo
de cautela, que “el río Negro, [logra tener] comunicación con Mendoza por el Río
Diamante, que dicen toca al Negro”.2
Pero en dichos proyectos se volvía en forma reiterada al problema del indio y
a la necesidad de ocupar y asegurar nuevos territorios. Uno de los factores que
alentaban estas ideas era la larga paz que se vivía en la pampa bonaerense y la
cual se quería, mientras se pudiera, aprovechar.
Recién en 1802, Pedro Cerviño expresó sus opiniones al respecto en las pági-
nas del Semanario de Agricultura. Luego de una serie de consideraciones donde
se observa claramente la incorporación de las teorías fisiocráticas y liberales en
los pensadores del Río de la Plata, trataba sobre la conveniencia de establecer
guardias en el río Negro. Para ello esperaba contar con la colaboración de los
propios indios que mantenían frecuentes relaciones con los estancieros estable-
cidos al sur del Salado. Creían que:
como ya no estamos en el caso de cuando se pobló América. Entonces fue
preciso concentrar las fuerzas para resistir el ataque de los bárbaros; hoy
no tenemos porque temerles, su número es muy inferior al nuestro para
que puedan infundirnos recelos. Una guardia guarnecida con cien hom-
bres es inexpugnable para ellos [...] Las barreras naturales son los parajes
destinados por la naturaleza para establecer las Guardias. La mejor fron-
2 Expediente promovido por el señor síndico, sobre que se continúe el reconocimiento del río Negro,
año de 1798, en Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, Buenos Aires, Imprenta de Mayo, 1880,
T. II, p. 390 y ss.
20
La travesía de Cerro y Zamudio
tera es la que se forma de los ríos, por las dificultades que presenta a los
enemigos que intenten pasarla, y porque sirve de apoyo a las estancias
que se recuesten contra sus márgenes. Llevando la nuestra al Río Negro,
haremos de una vez, lo que hemos de hacer en muchas si las situamos
más acá; cubriremos bastante extensión para que se vayan establecien-
do, y ahorraremos los costos que se han de invertir en cada traslación.3
Cerro conocía estas ideas, que eran coincidentes con la del secretario del
Consulado don Manuel Belgrano, y propuso, entre otras cosas y como veremos
más adelante, no solo el reconocimiento del camino, sino también de las parcia-
lidades, puntos aptos para establecerse, entre otros.
¿Quién era Cerro y Zamudio? Él mismo lo explica en una nota del 6 de junio de
1803 al Consulado de Buenos Aires en la que dice que era natural de la ciudad
de Concepción de Penco y que fue ayudante mayor del Batallón de Milicias de la
Villa de Quillota. En 1793, siendo cadete del Regimiento de Blanquillos en Penco
obtuvo permiso para viajar a Lima, donde enfermó y por ello solicitó la baja del
servicio que le fue concedida. Luego se trasladó a Pasco donde estudió sobre
las prácticas de la minería y el beneficio de los minerales. En 1795 regresó a San-
tiago de Chile donde fue designado con el cargo antes mencionado de ayudante
mayor de Milicias “desempeñando este honroso cargo por término de seis años
en que escaso de facultades y sin esperanzas de sueldo hice renuncia de este
empleo” con el objeto principal de dedicarse de lleno a la minería, como “lo he
verificado hasta noviembre de 1802 según se acredita del certificado del señor
Teniente Gobernador de Córdoba”.4 Estas aclaraciones las realizaba a efectos
de avalar su capacidad y conocimientos para realizar la expedición para la cual
solicitaba apoyo oficial y que más adelante se verá.
En efecto, Cerro y Zamudio partió, en un primer viaje, el 26 de noviembre de
1802 de Talca rumbo al norte donde, luego de cinco leguas, encontró un ria-
chuelo denominado Pilarcó. Luego de cruzarlo y recorrer, según su estima, otras
siete leguas, hizo noche en la estancia de Juan Manuel Bravo. Al día siguiente,
se encaminó con rumbo este, cruzó el río Claro y penetró en tierras de Ignacio
Vergara; ese día recorrió alrededor de 10 leguas. El día 28, siempre con rumbo
este continuó por el camino del día anterior hasta encontrar el río Lontué, al cual
bordeó siempre por su margen derecha; y prosiguió hacia la cordillera por su
principal afluente, el río Colorado, cruzando al actual territorio de Mendoza para
encontrarse con el río Grande y su valle.5 Es decir, en solo tres días de marcha
3 Semanario de Agricultura, Industria y Ganadería: Tomo I, Nº 14 y ss. “Carta de D. Cipriano Orden Beto-
ño, en la que se proponen los medios de hacer útiles los terrenos desiertos que nos rodean”.
4 Archivo General de la Nación, División Colonia. Legajo 55; 9-30-7-4; f. 3 y ss.
5 Ídem, foja 1.
21
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
cruzó la cordillera y recorrió algo más de 120 kilómetros. Si bien es cierto que
Cerro no informa el nombre del paso que utilizó, este debe haber sido muy pro-
bablemente el paso de las Peñas o tal vez el Portillo de Mora que se encuentra
algo más al sur y muy cerca de las nacientes del Colorado.6
Además del reconocimiento de este primer camino, comerciantes chilenos
oriundos de Curicó le informaron de la existencia de un camino directo a aquella
localidad. Cerro, guiado por un par de indios de los toldos del cacique Antipán,
retornó entonces a Chile por el paso del Planchón y llegó a los dos días, el 2 de
diciembre, luego de atravesar el río Teno, a la casa del capitán Vergara, distante
cinco leguas de Curicó. Según afirma Lacoste, este es el primer reconocimiento
oficial de dicho paso.7 De allí regresó a los toldos del citado cacique, donde re-
sidió por varios días, y realizó a la vez, averiguaciones de todo tipo relacionadas
con los accidentes geográficos y otros datos que le sirvieran para mejorar sus
conocimientos sobre el tránsito en las pampas. Recién el 27 de enero de 1803
reemprendió el viaje, cruzó los ríos Atuel, Diamante y Luján y el 5 de febrero entró
en la ciudad de Mendoza.
La descripción del recorrido que debía de efectuarse en el actual territorio
argentino para, una vez cruzada la cordillera, dirigirse a Buenos Aires, la realizó
recién el 9 de octubre de 1803, desde Malargüe. Por tratarse de la primera des-
cripción del recorrido, transcribiré la primera parte, puesto que el camino se unía
al ya existente entre Mendoza y Buenos Aires:
Debo salir del valle nombrado de las Animas que se halla al pié de la Cor-
dillera de este lado (habitación de los caciques que han venido en mi com-
pañía) y tomando el rumbo este venimos a dar con un cerro nombrado
Nevado; todo este camino es llano, y de buenas aguas, y por todo el nos
acompaña hasta dicho cerro un riachuelo a la banda norte nombrado Sa-
lado, con muy buenas aguas y varias vertientes, todo él excelente para
siembras y crianzas a todos rumbos. En dos o tres días se anda al trote
de caballería. Para el costado del norte dejamos a la ciudad de Mendoza
en distancia de 80 a 90 leguas, cuya extensión se compone de campos,
abundantes de aguadas y pastos todo el año; al mismo rumbo dejamos
unas grandes salinas en distancia de 10 leguas de las que se abastece
dicha ciudad y el reino de Chile. Pasado dicho cerro vamos a dar con el
6 Ramiro Martínez Sierra, El mapa de las Pampas, Buenos Aires, 1975. El autor afirma que, de acuer-
do a la descripción, el cruce se realizó por el paso de Valle Grande. A pesar de ello y, de acuerdo a lo
informado por Cerro, sostengo que este se refería a los valles Paso de las Leñas o tal vez Portillo de
Mora, que son los más cercanos a las nacientes del río Colorado.
7 Pablo Lacoste, Sistema Pehuenche. Frontera, sociedad y caminos en los Andes Centrales Argentino
Chilenos (1658-1997), Mendoza, 1998, p. 56.
22
La travesía de Cerro y Zamudio
río Diamante, siempre al rumbo este, su distancia siete leguas, poco más
o menos, y debemos costearlo a dicho río por la banda del oeste cerca
de dos días de camino hasta pasarlo; este río toma algún caudal por el
motivo que el Atuel se le entra por la parte del oeste, tiene fácil tránsito por
varias partes echándole animales caballares sueltos para que aplanen el
piso que es arenoso, por cuyo motivo esta fangoso. Todo este río tiene ex-
celentes maderas de algarrobo. De aquí tomamos siempre el rumbo este
hasta dar con el río Chadileufú, y por otro nombre el Tunuyán, buscándole
el paso de los Ancayes; río de poco caudal y el piso arenoso.8
Desde allí se iba hacia el río Quinto y la Punta de los Sauces, donde, como se
dijo, entroncaba con el camino conocido.
Puede apreciarse que la descripción era muy somera; las referencias que da
están muy alejadas unas de las otras y comete algunos errores al considerar
que el Atuel es afluente del Diamante y confundir el Chadileufú con el Tunuyán.
Una vez llegado a Buenos Aires dirigió al virrey y al Consulado la citada nota
que utilizaba para acompañar el diario de su viaje, pero también para ponderar
las virtudes de la ruta por él “descubierta” y así solicitar una ayuda para realizar
una nueva y más detallada inspección de la misma. Comenzaba indicando que
se había propuesto “descubrir el camino de carretas que en la antigüedad se
transitaba desde esta a la Capital de Chile, Penco y demás ciudades de aquel
reino libre todo de los obstáculos que nos presenta la cordillera que por tantos
años tiene impedido y menguado el comercio interno de estas provincias con
aquel reino” debiendo realizar solamente algunas tareas para desembarazar al-
gunos portezuelos del lado argentino. Aclaraba además que el camino que había
realizado no era el de Uspallata ni el del Portillo, tampoco un tercer camino que
estaba entre los dos y que “en estos últimos tiempos se trató por el Gobernador
de Chile de hacerlo practicable sin otro interés que el corto ahorro que se lograba
por este rumbo” sin poder lograrlo por lo “fragoso y áspero de la cordillera del
Tupungato”. Aclaraba también que su camino no debía confundirse con el cami-
no de carretas que había “anunciado repetidas veces” Fernando Puchi porque el
mismo salía a Boroa y a la imperial Villarrica y Valdivia, dejando al norte, a una
distancia de 90 a 100 leguas a Penco, Talca y a la Villa de Canchenes.
Debe señalarse que además de las claras ventajas que obtendría el tráfico
comercial se tornaría simultáneamente seguro y franco a todo Chile hasta Val-
paraíso, facilitándose desde allí el comercio con los puertos del Pacífico, y así
evitar la navegación por el Cabo de Hornos. Además, según Cerro y Zamudio,
debía esperarse –y esto lo tomó muy seriamente Belgrano–, el aumento del
8 Archivo General de la Nación. División Colonia, Legajo 55,9-30-7-4; f. 3 y ss.
23
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
territorio controlado por el blanco, llevándose la frontera al tan deseado río
Negro. Precisamente y tomando dicha noción como base Cerro manifestaba la
repetida idea de aquel entonces de que con dicho avance se podría mantener
la paz y la amistad con las diferentes agrupaciones indígenas, jugando el rol
no solo de proveedoras y consumidoras del comercio español sino también de
defensoras de dichos territorios. También creía en la posibilidad de establecer
poblaciones blancas de labradores, quienes estarían en contacto con el resto
del territorio justamente por medio del camino que él había reconocido y espe-
raba perfeccionar.
Por todo ello, solicitaba apoyo para realizar nuevamente el viaje porque esta-
ba listo, como decía:
para conducirme por el mismo camino en la clase de correo a Penco, Talca
u otras cualesquiera ciudades de aquel reino con la calidad de que se me
recomiende por el Excelentísimo Señor Virrey al cacique que hubiere más
inmediato en estas pampas para que me acompañe hasta el río Diamante
ordenando que a este efecto se detenga uno o dos indios de los que se
hallan en esta para que se lo hagan entender a dicho cacique, que por mi
parte sólo llevare un acompañante que me ayude a arriar nuestros caba-
llos; en cuyo caso me hará entender esta Junta que auxilios me facilita
para esta expedición, y cual su remuneración o premio sin perjuicio del que
me corresponda formalizada y realizada debidamente dicha expedición.9
Luego de una serie de tramitaciones, entre las que se destaca el aval del vi-
rrey Joaquín del Pino quien redactó la carta solicitada a un cacique a fin de que
acompañara a Cerro hasta el Diamante e indicar que también debían hacerlo
dos blandengues seleccionados por el comandante de aquellos, el 30 de junio
de 1803 Belgrano redactó las instrucciones10 –a las que debería ceñirse el explo-
rador–, bastante minuciosas en las que se le indicaba que “saldrá de la Guardia
de Luján, desde donde empezará su diario”. De las mismas surgen claramente
cuáles eran por entonces los intereses, conocimientos, ideas y proyectos relacio-
nados con los extensos territorios que se extendían desde la frontera de Buenos
Aires hasta la de Mendoza.
Se le indicaba expresamente que debería diariamente marcar los rumbos,
distancias y tiempo de recorrido; señalar las lagunas y cañadas, su extensión,
cantidad y calidad de las aguas y si eran permanentes o estacionales. Lo mismo
debía hacerse con todos los ríos que se atravesasen, describiendo las caracte-
9 AGN, expediente citado, f. 7.
10 Ídem, f. 16 y ss.
24
La travesía de Cerro y Zamudio
rísticas de sus cauces y costas; debía procurar el origen y final de aquellos, si las
crecientes eran periódicas o eventuales y en este caso en qué estación eran más
frecuentes. Con respecto al río Colorado se le decía que en caso de acercarse
“preguntará a los indios la distancia a que se halle y a que rumbo demora”. Con
respecto al Negro se le advertía que debía cuidar de “averiguar las circunstancias
del paraje que llaman Choelechuel y si es o no paso preciso para el Río Negro
y cuanto dista este río del Colorado en aquel paraje” y “saber la distancia a que
está [...] desde el paso por donde atraviese el Diamante”; y en relación con Salinas
Grandes también debía “cuidar de averiguar a qué distancia y rumbo están las
Salinas cuando se halle en su meridiano, averiguando también de los indios si es
único el camino que haga y si hay otros por que prefirieron el que llevan”.
Con respecto a las poblaciones indígenas, se le solicitaba que tratara de ave-
riguar el número de habitantes de la región comprendida entre Buenos Aires y el
río Diamante, sus costumbres y si vivían en parcialidades aisladas o formaban
una federación. Si le daban mucha importancia a las relaciones que tenían con
los “pampas, con los de la cordillera y los del sur del río Negro; si son amigos o
enemigos y si tienen algún comercio recíproco”. También el comisionado habría
de informar sobre la fauna y flora de la región a reconocer, por eso debía prestar
atención a las “resinas, gomas y sales, [...] las plumas y peletería deben llamar su
atención, [...] pero sobre todo las lanas largas son de mucho interés y pueden lle-
gar a ser un ramo del comercio”; por ello no solo debía averiguar qué indios criaban
ovinos productores de lana sino también debía convencerlos sobre las eventuales
utilidades que les podría reportar el aumento de los rebaños. Belgrano opinaba al
respecto que “esta preciosa materia es capaz por si sola de unir a los indios con
nosotros, estableciendo un interés mutuo en la permuta que hagan de la que les
sobra, uniendo sus intereses con los nuestros de manera que se convenzan que
nuestra amistad les es provechosa”.
Con estas instrucciones partió Cerro y Zamudio hacia Chile. El 25 de agosto
se encontraba en el Valle de las Ánimas y desde allí informaba que el cacique
del lugar le iba a mostrar un camino “sin cordillera” directo a Penco, denominado
de Antuco, y el de Chillán, los que estaban “inmediatos y me han convidado para
ir a sacar piñones a los piñales que están cerca”. También comunicaba sobre el
tráfico de ganado:
los indios Güiliches este año han llevado a la plaza de Valdivia 500 bueyes
vendidos a 10 pesos cada uno, y muchas más vacas vendidas por los indios
Pampas, [...] asimismo me dicen que en todo este año han pasado por éste
camino más de 2.000 vacas, un individuo sólo, que es don Lucas Arriarán,
vecino de la capital de Chile 600 y tantas vendidas por el apoderado de don
Miguel Teliz, Juan Morel; 700 y tantas vendidas por don Clemente Segura, ve-
cino de Mendoza, 700 y tantas sacadas de la estancia nombrada las Catitas.
25
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Inmediato a Mendoza, se encuentran siete chilenos que están invernando
en estos lugares; no he podido averiguar con que destino, creo sea el de
conducir contrabandos, el que hace cabeza es un Brito.11
Pese a las previsiones tomadas, Cerro solo pudo llegar a Talca el 16 de di-
ciembre; justificaba su tardanza por las lluvias y nevadas, la flacura de sus ani-
males y la “indispensable cortesía con los caciques que me cumplimentaron”.
Desde allí informó de su arribo al capitán general de Chile, don Luis Muñoz de
Guzmán, mencionándole cuál era su misión y pidiendo auxilios para poder com-
plementar su tarea hacia el lado oriental de la cordillera. La nota de respuesta,
del 8 de enero de 1804, trasuntaba cierta molestia de parte de Muñoz, ya que
le recordaba que la misión de reconocer la frontera y caminos del sur estaba
encomendada por el rey tanto a la Presidencia como al Virreinato y que no solo
consistía en inspeccionar el camino, sino también en ubicar puntos de defensa
de las posesiones españolas y le reprochaba no haberlos señalado en la parte
desconocida del trayecto,
pues por lo que hace en su aproximación a la Cordillera Oriental por las
parcialidades de los Pehuenches de Malargüe que he sabido extrajudicial-
mente y su entrada a ese partido de Talca poco avanzamos, siendo unos
parajes sumamente traficados por los chilenos, y de los indios amistados
con éste gobierno, y el de Mendoza por donde se halla la comunicación
mas directa a esta Capital.12
A pesar de su posición, prometió ayudarlo, aunque ese apoyo no se concretó,
ya que en forma simultánea encomendaba al capitán Barrios y a Justo Molina el
reconocimiento de los pasos de Aneva y Alico respectivamente, entregándoles a
los comisionados cuatrocientos pesos; a la vez ordenó al gobernador de Valdivia
el reconocimiento del boquete de Villarrica. Explica Martínez Sierra que lo que le
sucedió a Cerro en esta oportunidad se conoce por una carta que este remitió al
capitán general explicándole que, como consecuencia de no haberle entregado
ningún tipo de auxilio el intendente de Concepción, “había decidido volver a Bue-
nos Aires por el camino que ya había transitado, para dirigirse desde allí hacia el
sur para reconocer la unión del Diamante con el Río Negro”.13
A pesar de los insistentes reclamos, Cerro no consiguió ningún tipo de ayu-
da y, en mayo de 1804, al enterarse de que el grupo que transportaba cauda-
les de los comerciantes de Santiago a Buenos Aires se hallaba detenido en el
11 Ídem, p. 18.
12 Ídem, p. 23.
13 Ramiro Martínez Sierra, op. cit., p. 200.
26
La travesía de Cerro y Zamudio
Valle de Santa Rosa debido a las nevadas, se ofreció, nuevamente sin éxito,
para conducirlos a través de los pasos por él reconocidos. Cerro y Zamudio
debió esperar hasta el año siguiente para intentar una nueva travesía, cuando,
habiendo retornado a Buenos Aires consiguió el apoyo del virrey Sobre Monte.
Esta vez sería acompañado por el científico Sourryère de Souillac quien debía
realizar el relevamiento del camino.14 La travesía de Cerro y Zamudio sirvió
para incentivar el anhelo de abrir nuevas rutas y aumentar el conocimiento de
los territorios del sur mendocino en función de la defensa del territorio, la ex-
plotación de los recursos naturales y la facilitación del comercio entre ambas
partes de la cordillera, promoviendo a la vez los viajes de Molina, Hernández y
Luis de la Cruz.
Precisamente por ello, de entre todos los viajes posteriores al de Cerro, se
destacó el realizado en 1806 por Luis de la Cruz desde el fuerte de Ballenar
(Antuco) hasta Buenos Aires por sus aportes al conocimiento de las parciali-
dades indígenas de la zona que atravesó, a la toponimia y muy especialmente
a los conocimientos geográficos relativos a la cuenca hidrográfica de los ríos
Desaguadero-Salado. Sin embargo, y con relación al último aspecto referido,
cabe señalar que no se tomó en cuenta su informe debido a que sus noticias di-
ferían diametralmente con las que por entonces eran aceptadas, especialmente
de “autoridades” como la del piloto Basilio de Villarino, cuyo informe, en lo que es
de interés para este trabajo, era tomado como certero y definitivo cuando seña-
laba que el río Diamante confluía con el Negro. Con respecto a la consideración
que se tenía en la época sobre las opiniones de Villarino, son claras y elocuentes
las palabras del antes citado Murrieta quien decía que la “explicación de Villarino
tiene a favor de su ascenso (se refería al río Negro) cuanta autoridad es decible,
porque habla con sus propias experiencias y es efecto de sus profundas inves-
tigaciones y todos los demás sucesos tienen una comprobación irrefragable en
los monumentos que se han transmitido a la posteridad”. Pasaron muchos años
hasta que, nuevos viajeros, confirmaron que los datos aportados por de la Cruz,
eran, en su conjunto, veraces.
14 Pablo Lacoste, Sistema Pehuenche, op. cit., p. 56.
27
Pedro Luis Barcia, ”Belgrano en la literatura argentina. Tres calas”, en Belgrano.
Dos siglos de legado 1820-2020, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano,
2020, pp. 28-50.
Palabras clave: Proyección, Relación Historia-Literatura, Desconocidos
Key words: Projection, Relation between History-Literature, Unknown
Resumen
Se aborda la presencia de la figura de Belgrano y sus acciones en los tres gé-
neros literarios –lírico, dramático y narrativo– en la literatura argentina, con
especial atención a textos poco conocidos y desconocidos por los estudios
especializados.
BELGRANO EN LA
LITERATURA ARGENTINA
Tres calas
Pedro Luis Barcia
Introducción
L
as inestables relaciones entre Historia y Literatura se perfilan ya desde el plano
mítico griego, cuando advertimos que las Musas eran hermanas entre sí, como
hijas todas de Melpómene y Apolo. De modo que Clío (Historia) convivía en el
coro junto a Melpómene (la tragedia), Talía (la comedia), Calíope (la épica), y Erato (la
lírica). Y los escritores griegos, muy tempranamente, tomaron de la cantera histórica
materia para sus obras, es el caso de Los persas de Esquilo o La ocupación de Mileto.1
Si venimos a lo de casa, comprobamos que son tres las figuras históricas
de nuestro siglo XIX que destacan con su presencia en la literatura. La parte del
león se la lleva Juan Facundo Quiroga, favorecido por la peculiar índole de su
carácter y por su final trágico, que dio abundante pábulo a los tres géneros: lírico,
dramático y narrativo. Le sigue San Martín, con abundante presencia en la lírica
popular y letrada, y en el teatro, y exigua en la narrativa, salvo en la modalidad de
las tradiciones, que son abundantes.2 Y el tercero es Juan Manuel de Rosas que
motivó, en vida, una larga “Biografía de Juan Manuel de Rosas”, nacida de la
pluma gauchesca del federal Luis Pérez, precursor de Hilario Ascasubi, unitario,
quien, de alguna manera, comienza a escribir las composiciones que reunirá en
su Paulino Lucero contra este poeta rosista, estimulado por Florencio Varela, que
con lucidez vio el instrumento partidario en que podía convertirse esa poesía
gauchipolítica.3 La novela le va a hacer espacio en la pluma popularísima y ágil
de Eduardo Gutiérrez y el teatro lo tendrá de protagonista en un par de obras.4
1 He desarrollado las relaciones entre la materia histórica y la dramática, en: Pedro Luis Barcia, San
Martín en el teatro argentino, Buenos Aires, Docencia (en prensa), esp. los capítulos I y II, que proponen
el encuadre teórico para el desarrollo posterior que estudia esa relación en el teatro argentino.
2 “La especie de las tradiciones narrativas”, en “Tradicionario sanmartiniano”, en Pedro Luis Barcia,
Ideario de San Martín, Buenos Aires, Academia Nacional de Educación, Instituto Nacional Sanmartiniano
y Grupo Petersen, 2015, pp. 311-407.
3 Luis Pérez ha tardado en hacerse sitio en las historias de la literatura argentina, incluso en la subhistoria
de la gauchesca, pese a haber sido el autor de varios periódicos escritos íntegramente en esa simpática
modalidad expresiva nuestra.
4 Pocos son los que conocen al creador de nuestro Himno Nacional, Vicente López y Planes, como au-
tor de una extensa “Loa” a Juan Manuel de Rosas que puede leérsela en: Cancionero federal. Selección
y notas de Héctor Pedro Blomberg, Buenos Aires, Anaconda, 1934, pp. 139-142.
29
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
En esta sintética aproximación, cabe decir que la figura de Belgrano se hace
menos visible que la tríada anterior. Es escasa su proyección en la narrativa.
Cabe, en primer lugar, recordar el género de las tradiciones históricas. Un capí-
tulo interesante de la presencia de Belgrano en lo popular es la materia de las
tradiciones históricas. En un trabajo publicado en el Aula Palma,5 ordené una lista
de veintiséis tradicionistas argentinos (v. op. cit. p. 31 y ss.). De entre ellos, quie-
nes abordaron materia belgraniana son dos, Pastor Obligado, situadas a lo largo
de su decena de series de Tradiciones argentinas, y la prolífica Ada María Elflein,
autora de más de 400 tradiciones. En su cantera se pueden rescatar estas sim-
páticas versiones de rasgos de vida e índole espiritual de don Manuel desde la
óptica de Juan Pueblo. A ellos refiero.6
Y alcanza protagonismo en nuestros días con la novela de María Esther de
Miguel: Las batallas secretas de Belgrano (1995), a la que no me referiré por ra-
zones de espacio, pero que no requiere mayor comentario, dada su amplia difu-
sión, en tanto enderezo mi atención a piezas menos conocidas.
Con el espacio de redacción sensatamente acotado en esta publicación,
debo restringir mi tratamiento de la materia solo a algunas calas en ella. La pri-
mera es la consideración de la poesía belgraniana del período independentista
(1810-1824, si su cierre es la batalla de Ayacucho, y 1827, si lo es Ituzaingó),7 y
recortadamente en ella, el campo de los poemas desconocidos sobre nuestro
prócer. En este lapso podemos considerar diversos niveles: la poesía folklórica,
la poesía gauchesca y la poesía popular, esta última con base en el Cancionero
popular de Zeballos. Las tres formas dichas están compuestas en verso de arte
menor. Luego, abordaré la poesía letrada del neoclasicismo –abundante en loas,
cantos, elegías y otras formas complejas– compulsada en La lira argentina y en
la Colección de poesías patrióticas. Cierro este enfoque con la consideración de
poesías desconocidas, no incluidas en ninguna de las dos obras citadas.
La segunda cala es sobre la materia teatral, con especial atención en una obra
que generó una curiosa e interesante polémica: La América libre de Demaría. Y
la tercera cala, la consideración de un relato olvidado de Ernesto Sabato, que
no ha sido recogido en los volúmenes colectores de su obra. Es decir que, muy
apretadamente, abordaré muestras de los tres géneros literarios aristotélicos.
5 Pedro Luis Barcia, “Ricardo Palma y la Argentina: Pastor S. Obligado, su discípulo argentino”, en Aula
Palma, Lima, Instituto Ricardo Palma, Universidad Ricardo Palma, 2006, pp. 21-51.
6 Puede verse también, sobre el aporte de las tradiciones al conocimiento histórico, lo señalado por
Rómulo Carbia en: Historia critica de la historiografía argentina. La Plata, Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, UNLP, 1939, cap. IV, apartado 5: “Las tradiciones”, pp. 358 y ss.
7 El lapso comprendería desde la “Canción” de Esteban de Luca (“La América toda /se conmueve al
fin”, 1810), nuestro primer himno patrio por adhesión popular; hasta “Canto lírico a Ituzaingó”, de J. C.
Varela, 1827.
30
Belgrano en la Literatura argentina
Primera cala: la poesía belgraniana del período independentista
Veamos, abocetadamente, la poesía de arte menor con motivos belgranianos
en nuestras letras.
La poesía folklórica
La compulsa de la más completa de las colectas de nuestros poemas tradicio-
nales históricos, la documentada obra de Olga Fernández Latour de Botas: Can-
tares históricos de la tradición argentina,8 nos deja con poca materia belgraniana
en las manos: apenas tres escuetas menciones. La primera, la más generosa, es
la glosa en décimas de la cuarteta que dice:
Ahí te mando, primo, el sable.
no va como yo quisiera:
del Tucumán es la vaina
y de Salta la contera (poema 5, pp. 10-12).
El contexto del poema nos sitúa con referencias a los dos triunfos de Belgra-
no en el noroeste argentino. Lo curioso de la glosa es que el protagonista de ella
y quien escribe estos versos es el general Goyeneche a Pío Tristán, derrotado y
comprometido por juramento a no volver a tomar las armas contra los criollos.
Es todo un acierto colocarse en la óptica del vencido para celebrar desde ella al
vencedor.
Los hijos de estas llanuras
tienen valor admirable;
Belgrano, grande y afable,
a mí me ha juramentado,
y pues todo está acabado,
ahí te mando, primo, el sable.
Y, al cabo, comenta en origen de esta glosa:
Aseguran por muy cierto
que a Goyeneche, Tristán,
con un soldado alemán
8 Cantares históricos de la tradición argentina. Selección, introducción y notas de Olga Fernández
Latour de Botas, Buenos Aires, Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas, 1960.
31
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
esto escribió medio muerto;
que aquel tuvo a desacierto
de haberse juramentado,
por lo cual, desesperado,
dijo, al verse sin arrimo:
“Maldito sea mi primo
y el padre que lo ha engendrado”.
Las décimas dejan constancia del valor y desempeño de los jefes argentinos
en ambas batallas:
Cada jefe un testimonio
dio de ser un adalid:
Díaz Vélez, más que el Cid;
Rodríguez, como un demonio;
Aráoz por patrimonio
tiene la índole guerrera;
de Figueroa a carrera
me libre si no me mata.
Estoy ya de mala data.
No va como yo quisiera.
Forest, Superí y Dorrego
Perdriel, Álvarez y Pico,
Zelaya, en laureles rico
y Balcarce, brotan fuego;
Arévalo de ira ciego
en sus ardores no amaina;
me han cebado una polaina
los tales oficialitos.
Y cantan estos malditos:
“Del Tucumán es la vaina”.
Una segunda presencia en el cancionero folklórico, se da en una cuarteta que
consolida el compromiso de los soldados con su jefe:
Manuel me ha dado una cinta,
Belgrano me dio un cordón:
por Manuel yo doy la vida,
por Belgrano, el corazón (6, p. 13).
32
Belgrano en la Literatura argentina
Esta adhesión cordial al jefe es una de las composiciones formularias de la
tradición oral: cambian las circunstancias, cambian los nombres de los caudi-
llos, manteniendo el eje de la copla:
Quiroga me dio una cinta, Quiroga me dio una cinta,
y López me dio un cordón. y Rozas me dio un cordón.
Por Quiroga doy la vida, Por Quiroga doy la vida,
por López, el corazón (18, p. 38) por Rozas, el corazón. (18c, p. 39)
Esto es cuanto ha registrado la autora de presencia belgraniana en el cancio-
nero folklórico. Pero puedo sumar otro aporte, perdido en medio de una crónica
de la época. Me refiero a una estrofa que, en forma de cielito, entonaban los sol-
dados de Belgrano, y la recogió de viva voz el coronel Lorenzo Lugones en sus
apuntes Campañas del Ejército Auxiliar del Perú.9 La métrica está alterada en la
reproducción. Al lado doy la versión que correspondería al oído popular:
Cielito, cielo que sí, Cielito, cielo que sí,
cielito del puente de Márquez; cielito del puente ‘e Márquez;
no andés pintando Chupa no andés pintándolos Chupa,
que están podridos los charques que están podridos los charques.
Chupa Verde era uno de los sobrenombres con que los soldados afectuosa-
mente llamaban a su general. Proviene, aclara Lugones, de cuando “el ejército
marchaba de Potosí a Vilcapugio, el General llevaba un uniforme de campaña
todo verde, pantalón y pelliza, con guarniciones de piel de mono. Tan luego
que los soldados lo vieron con ese traje se les ocurrió llamarlo Chupa Verde.”10
En la derrota de Vilcapugio, el general había quedado enteramente desequi-
pado, sin más que lo encapillado y un capotón a la grupa. De Chuquisaca se
le mandó un vestido todo azul, pantalón y casaca de faldones cortos, con
solapas coloradas. La vez primera que el general se dejó ver con este unifor-
me, los soldados le pusieron el nombre de Blandengue viejo, de la Guardia de
Chascomús” (p. 54).
La cuarteta se refiere a que la única provisión de carne que en un momento
tuvo la tropa era de un charque rancio y pasado. Belgrano ordenó limpiarlo y me-
jorarlo para dar al menos algo de munición de boca a los suyos. Los rancheros
hacían lo que podían con esa carne. “Y el día en que se recibían esas raciones
intomables, pasaba por chiste, y lo soldados de la Patria, tan contentos con el
9 Recuerdos históricos sobre las campañas del Ejército Auxiliar del Perú en la guerra de la Independen-
cia, Buenos Aires, Imprenta de la Revista, 1853, p. 54.
10 Es decir: “Chaquetilla Verde”.
33
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
charque podrido como con la carne buena, le cantaban a Belgrano la siguiente
coplilla” (p. 54).11
La poesía gauchesca
Si la folklórica nos aportó tres menciones del prohombre y la popular una media
docena de poemas breves –como se verá–, no se hallan huellas belgranianas en
la poesía gauchesca. Así como Bartolomé Hidalgo cantó el triunfo de San Martín
en Maipú y su victoriosa entrada en Lima en sendos vivaces poemas, Belgrano
no motivó la modalidad gauchesca. Llama la atención este silencio, cuando el
personaje era de arraigada adhesión cordial popular.
La poesía popular. Cancionero popular de Zeballos
Para la poesía belgraniana popular, la principal fuente es el Cancionero popular
(1905) organizado por Estanislao Zeballos.12 Todo su contenido está en verso de
arte menor, excepto nuestro Himno Nacional, que va acompañado de un exten-
sísimo estudio.13
El primer texto del Cancionero referido a Belgrano resulta curioso. Se trata de
un poema del género “disparate”, anónimo, pero cuyo autor sería Cabello y Mesa,
el director de El Telégrafo Mercantil, en cuyas páginas apareció el 15 de noviem-
bre de 1801. Se titula: “Historia del doctor Buñuelos, escrita en francés por M.
Baudein y traducida al castellano por don Sancho Rabioles” (poema XXXVII, pp.
59-64, ed. cit.). Es un largo romance burlón que explica el sentido del apellido del
personaje ridiculizado: “Buñuelos”: lo vacío o lleno de solo aire.
Mi padre, que Dios descanse personajes muy antiguos
se llamó Alfonso Buñuelos, y ricos, de estar bien hechos,
buñuelos no como quiera y también como otros muchos
sino buñuelos de viento, que nada tienen por dentro (p. 60).
11 Como “Cielito de Belgrano” (XLII, p.171), lo recoge el Cancionero popular de Zeballos. Ver cita en la
nota siguiente.
12 La primera edición: Cancionero popular de la “Revista de Derecho, Historia y Letras”. Compilado y re-
impreso por Estanislao S. A. Zeballos, Tomo I (único editado), Buenos Aires, Imp. Lit. y encuadernación
de Jacobo Peuser, 1905. Citaré por mi edición: Estanislao S. Zeballos, Cancionero popular, Estudio
preliminar e índices de Pedro Luis Barcia, Buenos Aires, Docencia, 2019, 416 pp.; mi estudio: “El Can-
cionero popular y su aporte a la conciencia de la identidad nacional”, pp. VII a LV.
13 En su Correo de Comercio, Belgrano incluyó cuatro poemas: uno, antologizable, de inspiración hora-
ciana, de Vicente López y Planes, y tres del funcionario montevideano José Prego de Oliver.
34
Belgrano en la Literatura argentina
La autoría del poema se la asigna Zeballos a Cabello, en nota al texto, y allí
registra este comentario: “Según tradiciones y documentos de respetable origen,
de mi archivo, el doctor Buñuelos era el doctor Manuel Belgrano, que en 1794 ha-
bía regresado a Buenos Aires con las ideas, iniciativas y horizontes intelectuales
de un joven educado en Europa” (nota 2, p. 59).
Consigno este detalle menor pero significativo –que no he visto recogido en
trabajos belgranianos–, por ser el escarnio a un joven renovador, portador de
aires modernos europeos en el seno de la tradicional sociedad porteña. Y se
recuerdan tres sobrenombres populares aplicados a nuestro hombre: “Doctor
Buñuelo” (en boca de los porteños), “Chupa Verde” y “Blandengue Viejo”, en boca
de sus soldados.
Encontramos luego una décima y cuatro cuartetas que acompañaron a la
guirnalda y palma, ambas talladas en plata, que le regalara a Belgrano el pueblo
de Potosí (Cancionero, LXV, pp. 194-195). A la décima la entonan “Las potosinas
constantes” y las cuartetas comentan los triunfos de Salta y de Tucumán, y se
cierran con estos versos: “Este suelo americano / pone toda la esperanza / de
restaurar su bonanza / solo en tu mano, Belgrano”. Este, como otros textos coe-
táneos de los hechos de armas llevados adelante por el prócer, destacan el ser-
vicio “americano” de sus esfuerzos, con lo que la poesía advertía en esos días la
perspectiva y proyección continental de sus campañas, que otros no apreciaron.
Más adelante incluye la “Canción fúnebre a la muerte del general Belgrano”
(LXXXII, pp. 215-216) como anónima. Identificamos a su autor: Esteban de Luca,
que dice: “al suelo americano / dio libertad y honor”. Su coro es: “Ven, oh, grande
Belgrano llega, oh sombra sublime, / del luto nos redime, / del llanto y del dolor”.
El poema XCXIX (pp. 232-233) se intitula: “Décimas a la gloriosa memoria
de Belgrano” y lo firma “Una gaucha de Chascomús”, sin duda fray Francisco de
Paula Castañeda, quien le dedicara al prócer otros tres poemas elegíacos. Cito
de muestra algunas estrofas:
Si a su sepulcro, viajero, Recuerda, en fin, que diez años
llegas por casualidad como militar sirvió,
o te lleva la amistad en los cuales padeció
a darle el adiós postrero, muchos y muy graves daños,
recuerda que fue el primero y que a daños tan tamaños
que nuestros fierros rompió, cedió su naturaleza
que a los tiranos venció con toda aquella grandeza
y con su mano guerrera, de alma, que lo distinguiera
cuanto la Patria le diera cuando todo lo cediera
al bien público cedió. para morir en pobreza.
35
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Recuerda que, ya sin ropa Recuerda, pensando en él
y otros auxilios debidos, grandes hechos que la historia
por medios desconocidos grabara para memoria
supo mantener su tropa; con la pluma y el pincel:
y que apurando la copa planta en su tumba un laurel:
de desaires nunca usados, rinde el llanto de tu faz
se vino con sus soldados hasta su sepulcro y haz
desde el mismo Tucumán, que diga tu alma piadosa:
sin un bocado de pan “Con Dios, Belgrano reposa.
a contener los malvados. Belgrano, descansa en paz.”
Recuerda, en fin, que diez años cedió su naturaleza
como militar sirvió, con toda aquella grandeza
en los cuales padeció de alma, que le distinguiera,
muchos y muy grandes daños: cuando todo lo cediera
y que a males tan tamaños para morir en pobreza.
La última de las piezas belgranianas del Cancionero es una décima anónima,
glosada en quintillas: “Al señor don Manuel Belgrano, general del Ejército del Perú
y gloria de la Patria (CXXXV, pp. 305-306). El poema es atendible porque es una
de las pocas poesías de entonación no elegíaca destinadas al prócer:
Tiemble todo americano,
no piense España en quimeras:
pues rige nuestras banderas
nuestro don Manuel Belgrano.
Este ilustre americano,
de Apolo y Marte blasón,
hoy, en nuestra protección
es, con intrepidez suma:
Franklin, si empuña la pluma,
si la espada, Washington (p. 305).14
En las quintillas, se extiende el elogio: “es enérgico y humano / y la virtud es su
esencia”, “en Tucumán fue la acción / que ganó con tanta gloria”, “amante de la
razón / es afable, no imperioso / sabio sin ostentación, / Cicerón, es delicioso”.
14 Es simpática la acentuación aguda, para la rima, en el verso final.
36
Belgrano en la Literatura argentina
La poesía belgraniana independentista neoclásica.
Lira argentina y Colección
“El amor, como a la guerra, / lo hace el criollo con canciones”, Copla popular
“La Patria es una musa que influye divinamente”, Fray Cayetano Rodríguez
“Y sin Homero, ¿qué fuera ya de Aquiles?”, Juan Cruz Varela
“Y a par de los Ulises, ¡cuál asoman / los Homeros divinos!”,
J. C. Varela (Lira, CXIX)
“De todo triunfa el tiempo sin las Musas. / Un héroe, al fin, no es héroe, que perdido /
debe quedar su nombre en las confusas / tinieblas del olvido”,
J. C. Varela, “Por la libertad de Lima” (Lira, CVIII)
Esta provincia poética tiene dos manifestaciones netamente diferenciadas: la
popular, compuesta en versos de arte menor (de hasta 8 sílabas) –que es la
métrica preferida y practicada por el pueblo–, y la poesía letrada que se enfila en
los modelos de la poética neoclásica del momento (loa, canto, elegía). En esta
segunda tónica, en el caso de Belgrano, domina la elegía por sobre la lírica cele-
bratoria. Una vez más, los argentinos lloran por lo que ya no tienen, y que no su-
pieron elogiar o destacar suficientemente en vida de la figura ahora lamentada.
La compilación más copiosa de la poesía independentista es La lira argenti-
na.15 No es una selección, sino obra de acarreo de cuanto material pudo colectar
el autor. En la Lira domina con generosidad la poesía letrada neoclásica; rescata,
además, algunos valiosos poemas gauchescos de Bartolomé Hidalgo, varios
textos compuestos en la curiosa lengua “rústico patriótica”, de fray Francisco
de Paula Castañeda, y muy escasos ejemplos de poesía de entonación popular.
En su generoso seno, la Lira recoge algo más de una decena de poemas de
autores conocidos, de asunto belgraniano, todos, sin excepción, motivados por
la muerte del prohombre, que he señalado como lo dominante; y cinco sonetos
anónimos (LXXXVIII, 381-385), de los cuales retraigo algunos versos significati-
vos: “Viste, pues, luto, patria malhadada, / tu robusta columna ya no existe, / va
a la tumba tu honor” (381) y : “¡Provincias de la Unión, no el torpe olvido / nota de
ingratitud, vil, degradante, / sea el laurel destinado al más constante / patriota
militar que habéis tenido” (384).
Tres son los vates locales que dedicaron poemas a Belgrano: Castañeda, cua-
tro; Esteban de Luca, tres textos líricos y Juan Crisóstomo Lafinur, tres elegías,
y el un décimo poema es obra de Juan de la Cruz Varela.16
15 La lira argentina o Colección de las piezas poéticas dadas a luz en Buenos Aires durante la guerra
de su Independencia. Edición crítica, estudio y notas de Pedro Luis Barcia, Buenos Aires, Academia
Argentina de Letras, MCMLXXII, 699 pp. La primera edición es de 1824.
16 Vicente López y Planes publicó un par de sonetos no recogidos en Lira.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
El franciscano denuncia en sus líneas poéticas la incomprensible desaten-
ción de las autoridades y el pueblo de Buenos Aires ante la muerte de Belgrano:
“porque es un deshonor a nuestro suelo, / es una ingratitud que clama al cielo”.
En una carta en verso endecasílabo, que firma con uno de sus múltiples seudó-
nimos, “Una gaucha de Morón” (LXXVI, pp. 334-337), dice:
[...] La verdad digo,
y también lo dirá el que fue testigo
del triste funeral, pobre y sombrío,
que se hizo en una iglesia junto al río
en esta capital, al ciudadano
Brigadier general Manuel Belgrano (13-16).17
Y celebra una de las muchas excelencias del ilustre muerto:
Ese desinterés y esa grandeza
del alma, en ceder con la mayor franqueza
los cincuenta mil pesos soberanos
para la educación de sus paisanos,
en Tarija, en Jujuy, en el Tucumán
y en Santiago Lestero, cuyo plan
de gratuitas escuelas ha dejado
con ciencia por su mano trabajado,
tan solo le han servido a que fuera
enterrado tan pobre cual viviera (25-34).
Muy al uso de Castañeda, se responde a sí mismo con otra carta en verso,
firmada por “El Teofilantrópico” (LXXVII, 330-338):
Más día llegará, y es mi consuelo,
que gozándose paz en nuestro suelo,
la patria, y su gobierno y excelencia
demostrarán con hechos que la ausencia
del general Belgrano es tan sensible
como el volver a verle es imposible.
Y en su honor y memoria un monumento
suntuoso elevarán por complemento
17 Una nota del autor apunta: “La de Santo Domingo, los días 27 y 28 de julio, a los que asistieron
únicamente sus hermanos, sobrinos y algunos otros amigos.”
38
Belgrano en la Literatura argentina
que publique a la luz de la nación
del amor de la patria el galardón.
El gacetero, entonces, cual debía,
del héroe nos pondrá la biografía
en la ministerial, o de otro modo
para que la conozca el mundo todo,
y una vez, en cada año, con canciones
de tan heroica vida las acciones
recordará enlutado el Sud indiano
al pie del monumento de Belgrano (21-38).
La tercera de las composiciones no fue recogida por Lira, y la he señalado
rescatada por el Cancionero de Zeballos: “Décimas a la gloriosa memoria de
Belgrano”. Nuestro prohombre murió en el desastrado año 1820, en medio de
revueltas y enfrentamientos civiles, lo que explica sus últimas palabras: “¡Ay,
Patria mía!”.
Esteban de Luca le destinó primero una pieza de alto tono imprecatorio, atra-
vesada por un vibrato movido por la indignación por la generalizada indiferencia
del medio ante las últimas instancias del noble patriota que muere ignorado y
al que llama “el mejor de sus hijos”: “A la muerte del general Belgrano” (LXXXVI,
371-378). Es el más logrado, estéticamente hablando de los poemas que se le
destinara al héroe: “Con la muerte / de tan grande varón, su fuerte escudo /el
apoyo más firme de su gloria, / perdió entonces la hermosa Buenos Aires” (46-
49). El segundo poema, “Octavas (LXXXVII, 379-360) es de menor tensión lírica.
Y finalmente, le dedica una “Canción fúnebre”, en verso corto, reeditada por El
Argos de Buenos Aires, al cumplirse un año de la desaparición del prócer.
Por su parte, Lafinur, que recuerda haber sido alumno de la Academia funda-
da por Belgrano, le destina un “Canto fúnebre” (XCIV, 382-397), un “Canto elegía-
co” (XCV, 398-401): “Murió Belgrano, ¡oh, Dios!, así sucede / la tumba al carro, el
¡ay! doliente al ¡viva! /, la pálida azucena a los laureles!” (18-20). Cierra su tríada
con un poema que exalta la oración fúnebre que Valentín Gómez pronunciara en
las exequias (XCV I, 402-405).
El décimo poema es de Juan Cruz Varela, “Canto a la muerte del señor ge-
neral don Manuel Belgrano” (XCIII, 386-391) de versos bien cortados pero que
no abordan la personalidad del personaje, y giran su retórica en torno al tema
universal de la muerte.
En síntesis: los poemas mejor compuestos son los de De Luca; los de mayor
vibración lírica, los de Lafinur; y los más sentidos y personales, los de Castañeda.
La segunda colecta de poemas independentistas es la Colección de poesías
patrióticas.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Esta obra, concluida en 1826, quedó en pliegos de imprenta y nunca alcanzó
a ver la luz, al parecer por desapego por detalles tipográficos, de su antólogo
Juan de la Cruz Varela. La di a conocer en edición, con estudio preliminar e ín-
dices, en 2018.18 Se trata de una antología, a diferencia de la Lira que es una
compilación. El criterio cerradamente neoclásico de Varela ha dejado fuera de su
colecta la poesía popular y la gauchesca. La obra se divide en dos alas: “Cancio-
nes y Odas” y “Cantos”, con ordenación cronológica en cada sector. Pero, respec-
to de la materia belgraniana, presenta una curiosidad. Al final de ambas partes
de la obra, reúne las elegías de corte neoclásico que la muerte del prohombre
generara, los poemas LII a LVIII (ed. cit. pp. 280 a 306): los textos de Esteban de
Luca, los de Juan Crisóstomo Lafinur y el poema propio vareliano, ya comenta-
do. Todos ya reunidos por la Lira, se advierte la condena a las tinieblas exteriores
de los poemas de Castañeda, rara avis de la época: unitario antirrivadaviano y
enemigo personal de Varela.19
Poesías desconocidas de la Independencia argentina
Finalmente, atendamos a los poemas que no fueron incluidos en Lira, ni en Co-
lección ni Cancionero, material disperso ignorado por la crítica que di a conocer
en Poesías desconocidas de la Independencia argentina.20
Rescaté una cuarta pieza de Castañeda: “Elegía. Poesías rústico-patrióticas.
Un gaucho llora la pérdida del general Belgrano” (poema LXXXV, pp. 188-189, de
mi ed.):
¡Ya lo dije! Y su nombre la memoria
de sus hechos recuerda, y las acciones
que del Sud llenarán toda la historia.
Lloran otros las doctas producciones
que impresas nos dejó en el Consulado.
Y aun en el campamento, mil lecciones;
lloran porque su espada y pluma han caducado.
... Lloro y lamento con tenaz gemido
la muerte de un patriota religioso,
católico, cristiano y bien nacido
y al que en Salta, a un ejército vencido
18 Colección de poesías patrióticas (Inédito de 1826). Edición, estudio preliminar, apéndices y notas de
Pedro Luis Barcia, Buenos Aires, Docencia, 2018, 372 pp.
19 Como aporte novedoso, se incluye la partitura musical de la “Canción patriótica” de De Luca, p. 301.
20 Poesías desconocidas de la Independencia argentina. Edición, estudio preliminar y notas de Pedro
Luis Barcia, Buenos Aires, Docencia, 2018, 301 pp.
40
Belgrano en la Literatura argentina
lo recibió cual padre, el más piadoso:
Todos somos hermanos, dice y clama:
“Prisionero nadie es, nadie oprimido”
Lloro, sí, y lloro y mi lamento aclama
a ese que antes de entrar en las batallas
pone ante los altares y oye misa
confundiendo a esos héroes faramallas,
Con la tropa hermanado, en voz sumisa
el rosario repasa, y sus misterios
no son como para otros farsa y risa.
El religioso y firme intelectual que era Castañeda, destaca su labor en los dos
frentes: el escritorio consular y el campo de batalla. Y en este, el sentido devoto
de sus gestos, que San Martín supo estimar y mantuvo como valiosos para sos-
tener vivo el espíritu de la tropa.
Y, dulcis in fundo, rescatemos el mayor y único poema de glorificación bel-
graniana por sus triunfos militares. La única poesía que los celebra, en medio
del coro lastimero de las elegías que se le dedicaran. Se trata de la: “Canción al
general don Manuel Belgrano, vencedor en Salta y Tucumán” (poema XVI, pp.
80-90 de mi ed.).
Su autor es José Agustín Molina (1773-1838), obispo de Camaco, con sede
en Tucumán. Tuvo una participación importante en la solicitud a Belgrano para
que defendiera Tucumán de la presencia realista, en 1812. Consumada la victo-
ria contra Pío Tristán, fue quien pronunció la oración sagrada en el tedeum de
acción de gracias.
Sus dos poemas más significativos –más allá de un cancionero, diríamos,
“familiar”–21 son unas octavas al triunfo sanmartiniano en Maipo (Lira, LXIII, pp.
271-283, mi ed.) y esta “Canción” que no halló sitio ni en Lira, ni en Colección.
Se trata de una extensa silva, de más de 400 versos que comentan los pasos
de guerra de ambas batallas. El poema, muy al gusto neoclásico, asocia lo local
y lo mítico: el Aconquija y el Pindo, el campo de las Carreras y el campo de Marte,
los gauchos y Belona, y así parecidamente. El poema alcanza buen ritmo y tono,
con algunas perífrasis artificiosas, p. ej, para decir “sangre”: “salpicados / del
carmín que el humano cuerpo encierra”; o “caballo”: “Hasta el centro la tierra se
estremece / batida del tenaz cuadrupedante”.
21 Puede verse este conjunto de poemas de arte menor en el Cancionero popular de Zeballos, pp.
335-416, de mi ed.
41
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
El arranque se da a la manera del modelo de los poemas épicos:
Canto las grandes célebres victorias
del septiembre famoso y del febrero,
el invencible acero,
la energía, el valor canto y las glorias
del almo americano,
el ínclito, inmortal, bravo Belgrano.
El obispo de Tucumán exalta la actitud de sus conciudadanos y de la paisana-
da en el esfuerzo de sumarse todos a la formación de las filas:
De la campaña acuden con presteza
cada cual en el bruto más brioso:
(por ellos es famoso
Tucumán que fomenta su nobleza)
forman de cuero crudo
nuevo linaje de broquel o escudo.
Unidos a los cuerpos militares,
sin otras armas que la chuza y lanza,
con tranquila confianza,
se ofrecen a la lid por centenares:
el discreto caudillo
benigno acoge su valor sencillo.
Como se reitera en crónicas, epistolografía, memorias y versos, Belgrano
siempre se adelanta con su ejemplo al pedir algo a los suyos:
Da orden de avanzar con tono grave
nuestro intrépido jefe, ya soldado
tan bravo y denodado
que aún más que con la voz, con obra sabe
persuadir lo que ordena,
así el primero descendió a la arena.
Los versos hacen justicia de los cuerpos y los jefes en la lucha:
Número seis, morenos, cazadores,
artilleros y cuerpos de a caballo,
panegíricos no hallo
que igualen vuestros bélicos primores,
42
Belgrano en la Literatura argentina
vuestras columnas fuertes
lo han sido de la América en mil suertes.
Y vos, heroicos jefes subalternos,
que del primero los dos brazos fuisteis,
por lo mucho que hicisteis,
vuestros nombres serán sin duda eternos:
claros Balcarce, Vélez:
vos fuerais Alejandros si yo Apeles.
Quiero destacar un pasaje que puede pasar inadvertido en la “Canción”: los
triunfos de Tucumán y Salta generaron poemas en la boca del pueblo que los
cantaba en los festejos del carnaval. Interesante proyección de los inmediatos
hechos que hacen historia en las canciones populares:
Tucumán, en transportes de alegría
(cada pueblo, sin duda, hará lo mismo)
celebra tu heroísmo
y hasta el ínfimo vulgo, noche y día
en rústicas canciones
te colma sin cesar de aclamaciones.
Su carnaval de este año no ha tenido
más asunto que loar nuestras hazañas
de las grandes campañas
de Tucumán y Salta, los he oído
cantarlas, una a una,
en verso, que formaban por fortuna.
La “Canción” de Molina es el más meritorio poema dedicado a los triunfos de
Belgrano en toda la poesía independentista.
Segunda cala: Belgrano en el teatro del siglo XIX
En nuestro siglo XIX, Belgrano se asoma en dos obras teatrales, de muy diverso
valor. La primera es Defensa y triunfo del Tucumán,22 fechable en 1821, se la de-
22 Luis Ambrosio Morante, Defensa y triunfo del Tucumán, Pieza militar en dos actos, Buenos Aires,
Inst. de Lit. Arg. , UBA, 1926: Sec. Documentos. Tomo IV, n° 3. Dio a conocer esta obrita Paul Groussac,
en La Biblioteca, Buenos Aires, T. VI, pp. 127-151. La incorporó, parcialmente, solo el acto I, Mariano
Bosch en apéndice a su Historia del teatro en Buenos Aires, Buenos Aires, Establecimiento Tipográfico
El Comercio, 1910, pp. 498-501.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
fine como “Pieza militar en dos actos”. Su autor sería el reconocido actor Luis
Ambrosio Morante. La atribución de autoría la sugiere Groussac en su presenta-
ción al editarla en La Biblioteca.
Se estrenó el 30 de julio de 1821 en el Coliseo, con la presencia, en palco, del
gobernador Martín Rodríguez, Rivadavia y Sarratea. La función se dio en benefi-
cio de la actriz Ana Rodríguez Campomanes, quien la dedicó “al ilustre porteño
general don Manuel Belgrano”. Su estreno no fue feliz. El Argos de Buenos Aires,
el 4 de agosto la comenta: “La batalla de Tucumán se parece demasiado a las
demás batallas que se dan en nuestro teatro: nada la hace recomendable sino
su título y su objeto; y son los respetos a éste que al Argos lo detiene para no
hacer de ella la censura que correspondía. Sin embargo, no puede excusarse de
decir que es muy triste este modo de honrar a los héroes, vivos o muertos, y al
público que los venera”.
Dice Bosch. “Mucho tiempo duró el recuerdo del héroe en el teatro. Más de
una composición poética fue leída allí. El 14 de agosto, día de beneficio de la
Montes de Oca, comenzó la función con una loa en honor de aquel, original del
actor Joaquín Culebras, en la que se veía al héroe de Salta y Tucumán, ascender
a los cielos, y ser coronado allí por Jove. Marte y Apolo, en persona. Aun allí el
héroe hablaba de “la siempre inmaculada virgen pura María de las Mercedes,
que fue, indudablemente una trauville de Culebras, pues aquellos habitantes del
Olimpo pagano, hasta entonces no habían oído hablar de tan ilustre señora” (p.
117).23 La obra se volvió a representar el 31 de diciembre de 1833.
Está compuesta en verso octosílabo, más que fluido, acuoso, carente de brío,
que solo alcanza en pocos momentos. El autor se basó para su guion de los par-
tes de batalla y el comentario de los diarios coetáneos al dar a conocer el triunfo
de Tucumán. El principal valor de la piecita es que ella es la primera presentación
en escena de la imagen de Belgrano encarnada por Morante.24
En su primer acto, asistimos a un parlamento entre un oficial, enviado de Pío
Tristán que intima a Belgrano, “el sublevado” a que deponga las armas. Antes de
que responda el general, el coro del pueblo dice a una: “Triunfen felices los ame-
ricanos”, lo que es refrendado por Belgrano, con cierto énfasis retórico: “Para que
mis esforzados / campeones hagan ceniza / a los siervos de Fernando”. El oficial
español le recuerda la dispersión del ejército criollo en Yaguarón y Huaqui. A lo
que responde el general que recuerde la guida de Yavi, y el otro le espeta lo de
Suipacha, río Blanco y las Piedras. Es un diálogo en que se repasan las suertes
de los combates para uno y otro bando. Despide al parlamentario y convoca a
23 Esta composición no ha llegado hasta nosotros.
24 Morante (1784-1837) fue músico, actor y autor teatral, de activa participación en los teatros de
Buenos Aires y Santiago de Chile. Obras teatrales suyas: El Veinticinco de Mayo, El hijo del Sud, Cornelia
Bororquia.
44
Belgrano en la Literatura argentina
reunión de jefes. Cuando la tropa lo viva, él aclara: “No, hijos / los vivas de vues-
tros labios / pertenecen a la Patria/ digna tan solo de lauros”.
El segundo acto no es otra cosa que el comentario en verso del parte de la
batalla de Tucumán, al cual sigue casi al pie de la letra.
La segunda obra con presencia belgraniana es La América libre de Bernabé
Demaría.25 Su producción se ciñe a la obra de nuestra atención; a dos poemas
de materia histórica: Descubrimiento del Océano pacífico, La conquista del Perú,
ambos de 1905. Un relato en prosa, Revelaciones de un manuscrito y un tomo
de Poesías líricas. La obra teatral interesante para nuestra atención belgraniana
es el drama histórico con un prólogo y tres actos: La América libre26 estuvo con-
cluida en 1860. En 1906 reunió toda su producción en un tomo Obras literarias
de Bernabé Demaría, en la que hace retoques y agregados al texto de 1860. Tal
vez son los que hizo para 1861, al representar la obra para sortear a la censura,
como se verá.
La obra se fue componiendo en tanto Mitre tenía en proceso de edición su
obra magna sobre Belgrano: “lo que se va publicando ya de la Historia de Mitre”.
En la Presentación con que precedió la obra, elogia el trabajo de Mitre (V. pp. 398
y 399).
Es una obra en verso, dominantemente en octosílabo, que pasa al endecasí-
labo en momentos de cierto énfasis o tensión dramática. La acción comienza el
1° de enero de 1809 y finaliza el 25 de mayo de 1810.
El autor concibió que el Prólogo podría ser representado en forma indepen-
diente: “Este Prólogo puede ponerse solo en escena y como pieza de un acto,
y como episodio histórico preliminar a la Independencia” (p. 450). En la escena
inicial están Belgrano y Castelli que debaten sobre la situación política y la suge-
rencia de la infanta Carlota en un trono rioplatense. Belgrano es más entusiasta y
confiado que su primo, que muestra cierta sorna y recelo. Llegan Paso y Alberti.
Todos los que se hallen al comienzo pertenecen al Club de los Siete. Al golpear
dan una contraseña, una copla de clave para identificarse. Luego llega French. Se
suceden las escenas con la incorporación de otros. La idea conspirativa es la de-
rrocar a Liniers, a quien ven como simpatizante con el Gobierno español (p. 442).
25 El autor era escribano, periodista –colaborador de La Reforma Pacífica, de Nicolás Calvo- y político.
Nació en Buenos Aires, el 17 de enero de 1924. Se educó en la ciudad natal y en Montevideo, donde
residió entre 1844 y 1847. Estudió pintura, viajó a Europa donde estudió con Antonio Esquivel. Hizo
cursos en la Academia y expuso y ganó premios en Sevilla y Granada. Después de 1852 regresó al país,
donde puso una Academia. Pintó alrededor de 400 obras, gran parte de ellas sobre la época de Rosas,
de preferencia escenas gauchescas. Fue senador desde 1876. Era buen orador. Murió en 1910.
26 La América libre. Drama histórico en un prólogo y tres actos por Bernabé Demaría, edición de la
FFyL de la UBA, Inst. de Lit. Argentina, 1936, Serie Textos Dramáticos, [Link], n° 4. La terminó de componer
el 17 de enero de 1860. Se representó el 27 de abril de 1861, en el Teatro Colón.
45
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
La escena 8ª (en rigor corresponde a un Cuadro, porque hay cambio de esce-
nario) se sitúa en la Sala de la Fortaleza. Liniers espera a Saavedra. Llega este
y Beruti. Le pregunta si cuenta con el apoyo del ejército. Manda, entonces, que
se disuelva la manifestación al frente del edificio, encabezada por Álzaga. Llega
el obispo Lué, prepotente. Saavedra se altera. Se escuchan gritos de “¡Muera el
francés Liniers!”.
Lué señala que los Patricios están ubicados en la plaza y que esto se debe a
que algunos ambiciosos están operando [...] y mira a Saavedra. Debaten Saavedra
y Lué. Saavedra dice que sacó a los Patricios para defender a Liniers y que los
sediciosos que están en la plaza responden a intereses políticos particulares.
Debate sobre la situación y Lué pide que los Patricios abandonen la plaza. Liniers
se lo ordena a Saavedra.
En la escena 13ª vemos a Belgrano solo pronunciando un monólogo en el
que estima débil a Liniers, lo que haría peligrar los proyectos independentistas
larvados.
Una escena capital es la 14ª (p. 437) porque en ella irrumpe Florencia, mujer
casada, que dice ser madre de un hijo de Belgrano. Florencia es como una hipós-
tasis teatral de la real María Josefa Ezcurra.27 Entra Saavedra y se suspende el
diálogo con Florencia. Los cabildantes le piden a Liniers, de parte del pueblo, que
firme la renuncia. Liniers lo hace. Saavedra abre la ventana y se escuchan vivas
al reconquistador: “¡No queremos otro que nos mande!”. Belgrano quita a Lué la
renuncia y la rompe. Liniers dice que castigará a los cabecillas de este engaño.
Así se cierra el episodio de este Prólogo.
El acto primero se inicia en la Fortaleza, con un diálogo entre Paso y Alberti.
Se enteran que la Junta de España ha destituido a Liniers y ha designado a
Cisneros. Liniers no resiste. Alberti dice: “¡Son los últimos fulgores / del sistema
colonial!”.
Entra Belgrano y comenta que han sido aprobadas las sugerencias de la Re-
presentación de los hacendados para mejorar el comercio. Saavedra apunta que
el embajador inglés ha demorado la decisión de Carlota. Belgrano expone su
opinión (p. 457).
27 Atentos a la documentación del Gral. Isaías José García Enciso en su libro El coronel Pedro Rosas
y Belgrano, el hijo primogénito del creador de la bandera, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones His-
tóricas Juan Manuel de Rosas, 2000, 315 pp. Belgrano conoció a María Josefa Ezcurra, a los 17 años
de ella, en un sarao en casa de Martiniano Altolaguirre, en 1796, cuando era secretario del Consulado.
Ella era soltera. El 20 de agosto de 1803 es obligada por su padre a casarse con su primo Juan Esteban
Ezcurra. Con la caída del virrey Cisneros, Juan Esteban, monárquico decidido, se va a España a radicar-
se, pero María Josefa no lo acompaña. Y nunca lo volverá a ver. Pedro Pablo fue concebido después
de abril de 1812, que es cuando María Josefa se encuentra con Belgrano en Tucumán. Se separa de él
en enero de 1813. El hijo nacerá en julio de 1813, de modo que fue concebido sobre fines de diciembre
de 1812.
46
Belgrano en la Literatura argentina
La escena 4ª es un diálogo entre Alegría y Dolores, su amiga y acompañante.
Alegría, hija del virrey Cisneros, confiesa que está enamorada de Belgrano, al
tiempo que es pretendida por Caspe, a quien rechaza (p. 459). En la escena 9ª,
Caspe interpela a Belgrano sobre su relación con Alegría. El diálogo se desplaza
a un enfrentamiento entre un español y un criollo, en el contexto de vasallaje y
libertad. Belgrano revela su actitud política frente a Cisneros. En las escenas
siguientes, llegan papeles que la Junta ha huido y España está acéfala. El virrey
dice: “¡En nuestra España todo está perdido!”
En el acto segundo, el virrey y Guaicolea comentan lo que el pueblo dice sobre
una nueva Junta local. Entra Alegría y apoya a su padre. Belgrano discute con
Alegría (pp. 491 y ss), sobre el sentido de la fidelidad debida a España.
En la escena 5ª, se enfrentan Alegría y Florencia (pp. 494 a 502). Es la escena
básica entre las dos enamoradas. Florencia repite lo del hijo en tanto Alegría le
recuerda que está casada y no tiene derecho a obligar a nada a Belgrano.
En la escena siguiente, Saavedra, Beruti, French, Belgrano y jefes españoles
discuten sobre la situación. Es rescatable un notable discurso pronunciado por
Belgrano (p. 503). Entra el virrey y Saavedra le pide la dimisión. Belgrano dice: “He-
mos resuelto de hecho / reasumir nuestro derecho / y gobernarnos nosotros”.
En la escena 8ª quedan los españoles solos en escena jugando a los naipes,
entran Castelli y French y exigen la renuncia de Cisneros, a quien la amargan la
partida pues iba ganando en ella.28
La escena 11ª muestra a Alegría desolada al saber el destino de su padre y la
posición política de su amado Belgrano. En la siguiente, ella recibe una carta de
este. En la escena 13ª, se da el encuentro y despedida de ambos. Belgrano le da
un beso en la frente al irse (pp. 517-520).
El acto tercero despliega los sucesos posteriores a la constitución de la nueva
Junta de gobierno.
Enterado el sobrino del general, don Domingo Belgrano, hizo una presen-
tación a la Municipalidad solicitando que como la obra contenía “referencias
inconvenientes a la vida privada” de su tío, se evite la exhibición y la publica-
ción. El planteo propuso la consideración de aplicar censura previa a una obra
dramática.
Había un antecedente de este tipo de cuestiones, presentado a propósito
de la obra Camila, por parte del cura de Mercedes, para no afectar a la familia
O’Gorman. Se discutió, entonces, el derecho de la Municipalidad a censurar una
obra no estrenada, y las consecuencias de tal medida, y sus muchos etcéteras. El
mismo autor, Demaría sugirió la creación de un tribunal censor y elevó su obra con
28 El autor introduce aquí una nota que reafirma su respeto por la verdad histórica, en la medida que
dice que aquí la altera: “Aunque son Martín Rodríguez y Castelli y no French, quienes ejecutan esta esce-
na, hacemos esta variación por los mismos motivos que damos en la escena 18 del Prólogo” (p. 510).
47
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
algunas enmiendas para salvar la dificultad. La Comisión se constituyó con Luis
Domínguez, Miguel Cané y Mariano Larsen. El dictamen resultó, en síntesis, este:
1. No se puede prohibir la publicación, con censura previa, de un libro.
2. Otra cosa es la representación teatral que implica trascendencia social y
pública. Pero no se acepta la intervención por el hecho de sentirse un fami-
liar agravado, sino porque afecta al público decoro. Insiste la Comisión que
hay censura teatral en Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
3. “La Municipalidad debe prohibir que en el drama La América libre se atri-
buya al general Belgrano los actos indecorosos en que se le hace figurar”
(folio 4). Y que se puede representar “haciendo las pequeñas supresiones
que el mismo autor indica en el original remitido”.
4. La observación se hace a propósito de las relaciones de Belgrano con una
mujer casada. Pero nada dice la comisión sobre el embarazo.
5. También censura los episodios con Alegría: “En medio de las preocupa-
ciones de la Revolución de Mayo, el drama presenta a Belgrano, uno de
sus directores, requebrando de amores a una mozuela descocada, que se
llama Alegría”, la que, a su vez, es pretendida por uno de los fiscales de la
Real Audiencia. Hay “escenas de coquetería” y “los dos rivales riñen de una
manera poco decente.”
Demaría recurrió a una salida insólita: dejó las escenas tal cual estaban pero
las atribuyó a otro personaje: Mariano, en lugar de Belgrano.
Pero, antes de representar la obra, le envió el manuscrito a Mitre, quien le res-
pondió con una extensa carta estimativa.29 El historiador le señala los escollos
de escribir en teatro sobre contemporáneos. Halla inmotivada la presencia de
Florencia, pues no agrega nada a la acción. Se hace eco “de una anécdota vulgar
de la época, que corre respecto de Belgrano; pero que solo a una persona le he
oído referir vagamente”. “Belgrano tuvo en su juventud las debilidades del amor
a las mujeres; pero ninguno de esos amores está enlazado a su vida, a no ser
a lo último, cuyo fruto es la hija que aún vive” (p. 553). Deja de lado a Pedro y
acepta a Manuela Mónica. A diferencia de la futura opinión de la Comisión, Mitre
opina que la figura de Alegría es oportuna, con algunos toques para mejorar su
intervención.
El drama se presentó una sola vez, corregido. Nunca más puedo represen-
tarse, pese a las gestiones que hizo el autor frente a Jerónimo Podestá y otros
empresarios.
29 La edición de la obra la transcribe textualmente. No hay espacio para reproducirla aquí.
48
Belgrano en la Literatura argentina
Tercera cala: narración de Ernesto Sabato
Siempre con la intención de aportar materiales nuevos o poco conocidos refe-
rentes a la presencia de Belgrano en nuestra literatura, abordo ahora un texto de
Ernesto Sabato no incluido en ninguno de sus libros, ni en compilaciones de sus
obras. Me refiero al relato titulado: “20 de junio de 1820”, recogido en un volumen
antológico titulado Crónicas del pasado.30
El texto fue concluido en su finca de Santos Lugares, en 1963. Lleva dos epí-
grafes. Uno, tomado de un texto escolar, referente a la muerte de Belgrano. El
segundo, de Carlos Ibarguren, de su libro En la penumbra de la historia, acerca de
que en el atrio de Santo Domingo se solía ver a una mendiga, que llamaban “la
Capitana”, quien supuestamente había acompañado a Belgrano en sus caminos
del norte argentino y fue testigo de los esfuerzos, derrotas, triunfos y padeci-
mientos del general. Y, por su fidelidad, Belgrano la habría designado Capitana.
Este texto es el motivador de las páginas de Sabato.
En el relato sabatiano, la Capitana oficia de conciencia viva de los valores de
Belgrano en la hora de su agonía y muerte. Ella ha sido testigo de toda la cam-
paña del Norte. La narración tiene por primer escenario a un hueco del atrio de
Santo Domingo, donde acurrucada, la vieja mujer escucha las vociferaciones
de Jorobado: “Aura tenemos tres gobernadores por falta diuno. ¿Quién los en-
tiende?”. La mendiga dice: “Hoy en día ya no hay patria. Dejame de sonceras.
General hubo uno solo.”
La escena se desplaza a un fogón de cocina en torno del cual se sientan
paisanos, negros y un chiquilín que quiere saber qué pasó con don Manuel en el
Norte. El narrador de los hechos es el cabo Anchorena, criollo que narra lenta-
mente los hechos, en tanto aguza un palito con su cuchillo. Va dejando caer sus
reflexiones como gotas densas de humanísimo afecto a su jefe.
Es notable la calibrada transcripción que hace Sabato de la oralidad del Cabo:
“Se nos caiban las lágrimas de loj ojoj cuando vimoj a este hombre tan sufrido,
tan enfermo, tan delicado, que parecía hab er nacío p’andaren los salones y vestir
con sedas, agotao, muerto de hambre. Entonces gritamos que moriríamos con
él, que nun- ca lo abandonaríamos. Y yo puedo decirles, carajo, que si alguno se
habría acobardao estaba dijpuesto a matarlo con mis propias manos”.
“Jamás nadie ha visto quejarse al General”, dice y reitera que en todo dio el
ejemplo a su tropa.
El muchachito pregunta: “-¿Y por qué le quitaron el mando?”. Amoscado, el
cabo responde: “Mocito, esas son cosaj e los gobiernos, esa gente que manda
30 Ernesto Sabato, “20 de junio de 1820”, en Crónicas del pasado. Selección y prólogo de Julia Constela,
Buenos Aires, Jorge Álvarez editor, 1965, pp. 9-23.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
desde la ciudá. Pa ellos todo es muy fácil, pero yo pagaría cualquier cosa pa
verlos en junción, allá, a quinientas leguaj de Guenoj Aires. Pero le prometo que
naides habería podido hacer lo que mi general hizo nel Alto Perú. Naides, niño.”
La evocación va marcando las jornadas en que la retirada hacia el sur fue do-
lorosa. Hasta alcanzar Salta y Tucumán. Luego el relevo del general San Martín.
Y finalmente, el retorno de Belgrano a Buenos Aires, una larga y lenta travesía
penosa, enfermo, sin la menor ayuda del Gobierno.
Así quedó el general, en medio de sus sufrimientos, abandonao, sin un rial.
Agatas lo visitaba alguno que otro amigo, el dotor inglés y yo, que le servía
lo que podía servirse [...] Se puede decir que esos tres meses de Buenos
Aires han sio tres meses de agonía. [...] A mí, que estaba paro en la puerta,
me llamó y me dio el ricuerdo de la bala que en la batalla del Tucumán no lo
mató de milagro. Dispués de haberse confesao y de recibir los santoj olios,
echó una mirada como si se despidiera, y aunque casi no podía hablar, con
mucho ejuerzo entuavia dijo: Ay, patria mía.
Doblan las campanas a duelo, y la Capitana ve llegar el féretro a Santo Domin-
go, al tiempo que cierra sus ojos para siempre. Muere el mismo día de su general
y ya nada quiere ver de esta tierra.
Cierro aquí mis aportes, ceñido por el atendible espacio acotado. Ellos avan-
zan, básicamente, en el rescate de piezas poco conocidas referidas a la presen-
cia de Belgrano en nuestra literatura.
50
Miguel Carrillo Bascary, “Semiótica belgraniana. El poder de las imágenes
en la revolución”, en Belgrano. Dos siglos de legado 1820-2020, Buenos Aires,
Instituto Nacional Belgraniano, 2020, pp. 52-87.
Palabras clave: Bandera, Belgrano, Revolución, Semiótica, Símbolos
Key words: Flag, Belgrano, Revolution, Semioti, Symbols
Resumen
La creación de nuestra bandera no fue un episodio único, sino que se encadena
con otros elementos simbólicos de los que se sirvió Belgrano con originalidad y
rara habilidad con el fin de transmitir el ideario de la revolución. El prócer multiplicó
y resignificó otras manifestaciones del poder y de la nueva identidad social,
conformando una constante efectiva para motivar a ejércitos y poblaciones a un
dramático compromiso en la lucha por la emancipación de la Patria.
SEMIÓTICA BELGRANIANA
El poder de las imágenes en la revolución
Miguel Carrillo Bascary
Introducción
M
anuel Belgrano, a quien se identifica como “creador de la bandera”, reci-
bió una educación muy superior al común de sus contemporáneos, un
factor que lo transformó en protagonista capital del proceso revolucio-
nario. Otra característica propia fue la personalidad que forjó en el servicio pú-
blico; que le permitió proyectar sus ideas de avanzada en un compromiso total
que lo llevó al liderazgo superando crudas circunstancias. Un tercer elemento de
su vida fue la visión de trascendencia, del catolicismo que testimonió con sus
conductas hasta el punto de confiarle a su amigo Pedro Andrés García: “nuestra
causa nada tiene que agradecer a los hombres; ella está sostenida por Dios y Él
es quién la ha salvado” (carta del 20 de octubre de 1812).1
Inicialmente Belgrano recibió la educación elemental que ofrecía Buenos
Aires, pero la fortuna familiar le permitió continuar sus estudios en España, con
todo lo que significaba en la época. En las aulas de Salamanca y Valladolid su
mente se desarrolló en el campo de la Lógica, la Filosofía y hasta de la Teología,
ciencias que serán la base de su extraordinaria capacidad para lo simbólico.
Paralelamente, acrisoló su carácter en una disciplina que tenía mucho de
monacal, bien que con las licencias propias de la estudiantina hispánica. Tuvo
entonces ocasión de mostrar sus inquietudes en temas que hoy llamaríamos
“extracurriculares”, particularmente en la naciente Economía política y en
los idiomas vivos, rubro donde desplegó una notable facilidad. Su distinción
entre sus condiscípulos y la responsabilidad que acreditó ante sus maestros,
le permitió acceder a obras y autores que figuraban en el Index librorum
prohibitorum. Oportunamente quiso ser fiel a sus raíces americanas y desechó las
comodidades que le ofrecía una promisoria carrera en la Vieja Europa. Capitalizó
el bagaje que acumuló en las aulas y lo canjeó por las posibilidades del cargo
de secretario perpetuo en el recién creado Consulado de Buenos Aires. Cuando
las aguas del Plata acunaron su llegada al puerto de Santa María de la Trinidad
de los Buenos Aires, poco había cambiado la ciudad que lo vio nacer. Esa gran
1 María Teresa Piragino, Epistolario Belgraniano, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia,
1970, p. 168.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
aldea era chata en su arquitectura, pero también en lo cultural y en profundidad
de miras la atenaceaban el monopolio y los intereses mezquinos encarnados en
sus personeros. El monarca estaba lejos, literalmente más allá de un océano. En
las polvorientas calles porteñas reinaba el analfabetismo, con mayor éxito que
las débiles directivas reales. Esta realidad condicionará el desarrollo americano
hasta que un lúcido autodidacta, Domingo Sarmiento, comprendió la necesidad
de “educar al soberano” y gozó del poder para hacerlo (1868-1874).
Cuando en 1794 regresó a su Patria, además del indudable gozo del
reencuentro con su madre y hermanos, Manuel tomó pronta conciencia de
la férrea resistencia con que los moldes conservadores intentarían lastrar las
jóvenes ansias de su alma inquieta. No ocurrió así, su voluntad lo impulsó
por las arideces de las tareas administrativas y tuvo fuerzas para soslayar
las tentaciones que le ofrecía la tolerancia cómplice con el contrabando. Las
memorias del Consulado develan sus afanes y frustraciones. Hemos de
entender que ese espíritu superior que era Belgrano comprendió con notable
perspicacia que no bastaba con ocuparse de los actos propios de su servicio.
Para cambiar la realidad tampoco alcanzaban las sutilezas de tertulias, salones
y discusiones de cafés. Menos aún la débil disciplina de la instrucción miliciana,
ni los circunstanciales comentarios a la salida de misa. Contra la elite comercial
Belgrano lidiará con las armas de un intelecto cultivado en su vida familiar y
forjado a la europea. Sin dudas que en sus momentos de reflexión Belgrano
habrá lucubrado cómo llegar a las mentes de quienes firmaban torpemente con
una cruz y de quienes solo se conmovían con el lucro. Es aquí donde afloró un
aspecto evidente del nivel cultural del prócer, el que da materia a este ensayo.
Los últimos diez años de la vida terrena de Belgrano tuvieron intensidad
inusitada, que revelaron hasta qué punto pudo desarrollarse su mente inquieta
y su carácter forjado al servicio de su generosa voluntad, pleno de ideas que
procuró transmitir a una sociedad mayormente iletrada, un valladar formidable
para su visión progresista. No se arredró, buscó nuevos caminos y para insuflar
su llama apeló a recursos semióticos. En tan difícil medio Belgrano descubrió una
capacidad extraordinaria para operar herramientas que hoy utiliza la Psicología
de masas. En síntesis, advirtió que, para llegar a sus contemporáneos, el poder
de las imágenes era muy superior a la Lógica. En este cometido Belgrano fue
un creativo artífice conducido por su intuición, lo que agiganta sus logros. Para
esto tomó objetos del entorno a los que presentó como evidencias palpables de
un nuevo orden; resignificó ceremonias y se apropió de conductas enraizadas
en las tradiciones, como vehículos que le permitieran representar valores muy
distintos a los que inspiraban las costumbres vigentes. Propuso y logró que el
pueblo aceptara símbolos con los que referenció conceptos abstractos de gran
complejidad, como el “estado de Derecho”, por caso. Hasta la poesía se rindió a
su intelecto como arcilla en las manos del alfarero. En suma, Belgrano construyó
54
Semiótica belgraniana
un mensaje político novedoso que insufló civismo en los laxos vínculos de la
colonia. Con actos simples, fácilmente comprensibles, proyectó un mensaje
cuyos ecos anticiparon el futuro y que aún resuenan a lo largo de dos siglos.
Su decisión de seguir a Nuestro Señor Jesucristo trascendió a la piedad
personal. Su sensibilidad por la dimensión de la trascendencia, enriquecida
en una fe madura y comprometida con la gran causa de la dignidad de los
pueblos en el marco de su libertad política le permitió desactivar la prédica
del clero españolista que, a los ojos de un pueblo proclive a la superstición,
pretendía identificar a la revolución con la herejía. Esta faceta particular revela
a un sincero creyente, que rechazó servirse de la Liturgia y de la religiosidad
natural con propósitos espurios. Vivió su fe en lo cotidiano, como quien conoce
un secreto, y procuró compartirla con sus contemporáneos en la oración y en
los actos.
Para fundamentar las manifestaciones previas, se recopilan ejemplos que nos
aporta el designio de Belgrano en materia de la Simbólica. Intentaremos ordenar
su legado a partir de las numerosas banderas cuyo ondear en la historia le deben
entidad; también se analizarán los escudos, expresión literal de la Heráldica
medieval, a los que Belgrano otorgó una fuerza nueva, popular y no dinástica;
así como los premios que dispuso para alentar los esfuerzos revolucionarios.
También traeremos hasta el presente otras manifestaciones de la inigualable
capacidad semiótica de aquel verdadero padre de la Patria.
La escarapela nacional
En la percepción de muchos argentinos subsiste la equivocada idea de que surgió
en la Semana de Mayo por “inspiración” de French y Beruti, una tesis abonada
por décadas de enseñanza oficial. Se ignora que en 1941 quedó probado que el
suceso es poco menos que una leyenda.2 Otros atribuyen a Belgrano la creación
de la escarapela, pero para superar el equívoco basta leer el oficio que dirigió al
Triunvirato (Docs. t. IV, p. 483).3 Por entonces, el prócer advirtió la necesidad de
la divisa, pero como era un simple coronel al comando de una posición no tenía
facultades para crearla; por eso la solicitó al Gobierno. De su propia mano puede
leerse que pidió que se ordenara la escarapela nacional, para que en caso de
un combate “no se equivoque con la de nuestros enemigos” (Docs. t. IV, p. 417).
2 Comisión de Antecedentes de los Símbolos Nacionales, French y la divisa de Mayo, Buenos Aires,
Círculo Militar, 1941, 60 pp.
3 Instituto Nacional Belgraniano, Documentos para la historia del general Don Manuel Belgrano,
colección documental cuyos tomos III al VII se referenciarán en el presente como Docs., señalando a
continuación el tomo y la página de la cita.
55
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Su diseño lo dispuso el Triunvirato por
decreto del 18 de febrero de 1812,
donde ordenó, “se halla, reconozca
y use la escarapela nacional de las
Provincias Unidas del Río de la Plata,
declarándose por tal la de colores
blanco y azul celeste” (Docs. t. IV, pp.
418 y 484). Bajo esta forma indirecta,
la iniciativa del prócer fue causa
de la creación de este emblema de
nacionalidad, una acertada decisión
que certifica su atención sobre todo
Figura 1 Diseño primigenio de la escarapela
aquello que podía contribuir a la
nacional (código cromático: B / Az--).
identidad patriota. Figura 1
Las muchas banderas de Belgrano
Estos vexilos tienen algo de mágico, tempranamente advertido por la humanidad.
Su ondear contra los cielos parece darles vida propia y elevan el espíritu de
quienes las miran. A su lado, otros símbolos resultan estáticos, fríos, sin
alma. Desde la noche de los tiempos los lábaros acompañan a la civilización,
evolucionando en decenas de formas y miles de combinaciones cromáticas.
Hoy las banderas se ven con profusión y sus usos se multiplican, como la
experiencia cotidiana lo certifica. Su morfología define que son dispositivos
aerodinámicos, construidos con textiles o con materiales sintéticos afines.
Hasta un niño puede señalar su doble función: identificar a un conjunto
humano y marcar una posición. Desde esta realidad evidente se les puedan
asignar roles complementarios, por ejemplo: evidenciar el poder y trasmitir un
concepto, tanto concreto como abstracto.
La mayoría de las banderas nacionales enraízan sus orígenes en la
leyenda. En la Antigüedad se las consideró sagradas, imágenes mismas
de los dioses, y por eso se guardaban en los templos; allí se ofrendaban en
prueba de gratitud las que se conquistaban en guerra. De esta sacralidad
deriva la “liturgia” cívica que las rodea y que cuaja en su ceremonial. Belgrano
supo apreciar esta potencialidad. Su praxis fue absolutamente empírica,4
pero allí mismo destaca la fina percepción de su espíritu. Son numerosos los
4 Faltaba más de un siglo para que el estudio sistémico de estos emblemas quedara consagrado;
debemos remontarnos hasta 1957, cuando el doctor Whitney Smith acuñó el término “Vexilología” y fijó
las bases de la disciplina.
56
Semiótica belgraniana
lábaros vinculados con el general Belgrano. Aquí se tratarán aquellos cuya
creación puede atribuírsele, hasta el punto que alguien ha dicho que fue un
“constructor serial” de banderas. Seguidamente se referenciarán otras, cuyo
uso debió ser autorizado por él. Como pauta de expresión, lo haremos en
orden cronológico.
La bandera izada en Curuzú Cuatiá. En su paso por Santa Fe hacia Paraguay,
está probado que Belgrano hizo comprar piezas de gro de lana “como para
banderas” de colores “encarnado”, azul y amarillo (oficio a la delegación de la Real
Hacienda del 23 de octubre de 1810). Conforme a los usos castrenses sirvieron
para identificar a los diversos elementos del ejército: la Primera división llevó
una enseña roja; la Segunda, una azul, y amarilla la Tercera. También consta
que en la ceremonia de formación del pueblo de Curuzú Cuatiá se bendijo una
bandera (oficio de Belgrano a Moreno, 3 de noviembre de 1810 - Docs. t. III, vol. I,
p. 323). No se ve factible que fuera una enseña de ordenanza ya que estas eran
de paño blanco;5 tampoco una rojigualda de uso naval, por lo que cabe admitir
que el prócer la haya compuesto con los colores divisionales sumados, aunque
lamentablemente se ignore su diseño. Es significativo que la segunda bandera
usada en el Paraguay revolucionario,
de junio a agosto de 1811, fuera azul,
amarilla y roja, en franjas horizontales.6
Por iniciativa del presidente del Instituto
Belgraniano de Curuzú Cuatiá, doctor
Horacio Rodríguez, la Ordenanza Nº 496/
1988 adoptó esos colores como enseña de
tal ciudad; con sus colores dispuestos en
Figura 2 Bandera de Curuzú Cuatiá
franjas horizontales, amarilla, roja y azul,
(código cromático: Am / R / Az). Fuente:
aunque esta disposición sea totalmente elaboración propia.
arbitraria.7 Figura 2
La bandera nacional creada en Rosario, el 27 de febrero de 1812. En el oficio
de esta fecha, que Belgrano dirigió al Gobierno, consta que a las seis y media
de la tarde nació la bandera que los argentinos reconocemos como emblema
oficial de nuestra Nación. El contexto del documento indica que el carácter de
5 Tratado I, título I, artículo 10, p. 4 en Ordenanzas de S. M. para el régimen, disciplina, subordinación y
servicios de sus ejércitos (Reales Ordenanzas de 1768), t. I, 436 pp., Secretaría de Guerra, Madrid, 1768;
tomado desde [Link]
path=72508 [consultado el 17 de julio de 2019].
6 Referida por Benjamín Vargas Peña, en p. 24 de La Bandera, Asunción, ed. del autor, 1933, 110 pp.
7 Horacio J. Rodríguez, pp. 6, 7 y 15 de La bandera de Curuzú Cuatiá, Curuzú Cuatiá, ed. autor, 1988,
16 pp.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
“nacional” alude a “América del Sur”, tal como lo expresó el prócer con la fórmula
del juramento que tomó a sus hombres (Docs. t. IV, p. 421). Entendemos que el
éxito de su pedido de escarapela alentó al prócer a componer la bandera que
presentó, la que describe como: “blanca y celeste8 conforme a los colores de la
escarapela nacional” (Docs. t. IV, p. 422). Con esto señaló la fuente inmediata de
su elaboración. La comunicación originó una dura reconvención del Triunvirato
que condenó lo actuado y ordenó sustituir la bandera creada por la que se usaba
en el Fuerte de Buenos Aires, es decir, la naval española (Docs. t. IV, p. 423), lo
que el prócer no llegó a conocer por haberse ausentado de Rosario para asumir
el comando del Ejército Auxiliador.
Sobre el diseño original de nuestra bandera se ha discutido extensamente,9
aunque hoy se admite como prueba capital el retrato que realizó al prócer Casimir
Carbonnier (Londres, 1815), donde se observan con claridad dos banderas,
blancas en el cuerpo superior y celeste en el inferior, en un todo de acuerdo con
la escarapela primigenia (Figuras 3 y 4). Así lo destaca con su fina caligrafía el
mismo Belgrano en el oficio del 27 de febrero de 1812, donde refiere sus colores
como “blanco y celeste”. Presumiblemente, la pieza permaneció en las baterías
de Rosario y fue retirada cuando el comandante de la posición recibió la orden
de sustituirla dada por Rivadavia el 3 de marzo de 1812, (Docs. t. IV, p. 423), sin
que se conozca hoy su destino final.10
Un esquema11 ilustra la forma en que la escarapela puede desplegarse con
toda naturalidad dando forma a la enseña primigenia, conforme a la visión que
Belgrano expresa en su oficio al gobierno. Figura 5
En la bandera nacional se cumple cabalmente el ciclo de todo símbolo:
elaboración, propuesta, recepción, oficialización y enriquecimiento.12 Fue creada
por Belgrano teniendo como base la escarapela decretada por el Triunvirato. La
presentó y propuso como “bandera nacional” a la guarnición y pueblo del Rosario,
8 Puede señalarse, con razón, que el celeste no es una coloración heráldica; pero estamos tratando
de banderas y en Vexilología el tono se admite desde antiguo y en forma pacífica, como lo demuestran
las enseñas de Baviera y la república de San Marino. Aún, si así no fuera, cabe recordar lo que dijera
Luis Messía de la Cerda y Pita “La Heráldica es la ciencia de las excepciones” (en p. 11 de Heráldica
Española, Madrid, Aldaba, 1990, 230 pp.). Como prueba cabe citar que la Real Cédula del 4 de julio
de 1523 por la que Carlos V dio blasón a la ciudad México, la que reza: “Que tengan por sus Armas
conocidas un escudo, azul, de color de Agua, en señal de la Gran Laguna, en, que la dicha Ciudad está
edificada” (Alejandro Encinas Rodríguez, Ciudad de México: Memoria de siete siglos, México, edición
del autor, 2017, 172 pp.).
9 Síntesis, en p. 132, Eduardo Rosenkrantz, La Bandera de la Patria, Bs. Aires, Grito Sagrado, 1988,
246 pp.
10 Trata este punto en detalle Mario Quartaruolo, en p. 70 de “Forma y destino de la primera bande-
ra”, Revista Historia Nº 12, Bs. Aires, 1966, 158 pp.
11 En p. 58 de Miguel Carrillo Bascary, La Bandera Nacional de la Libertad Civil, su historia y su
pueblo, San Salvador de Jujuy, Instituto Belgraniano de Jujuy, 2ª edición, 2018, 348 pp.
12 Antonio Castagno, Símbolos y mitos políticos, Bs. Aires, Eudeba, 1980, 93 pp.
58
Semiótica belgraniana
Figura 4 Detalle de la figura 3, donde se
visualizan dos banderas.
Figura 3 Óleo de Casimir Carbonnier para el que
posó Belgrano (Londres, 1815).
que la recibieron en forma positiva, oportunidad en la que previsiblemente se la
bendijo. La propuesta se perfeccionó en la solemne ceremonia del 25 de mayo en
Jujuy, donde fue formalmente bendecida y jurada. Luego de su triunfal bautismo
de fuego en Salta su uso se extendió y mutó a una forma trifranjada, que el 25
de julio de 1816 oficializó el Congreso como bandera “menor” de las Provincias
Unidas (ley del 25 de julio de 1816 (Registro Oficial,13 t. I, p. 370). En 1818, con el
agregado del sol, se consagró su diseño definitivo, en su carácter de “bandera
de guerra” (Docs. t. IV, p. 453 y R. Of. t. I, p. 458). La etapa de oficialización se
perfeccionó a lo largo de los años a través de sucesivas normas. Se destacan:
el Decreto Nº 10 302/1944, sobre
patrones de los símbolos; la Ley Nº 23
208, que admitió el uso de la enseña
con sol por todos los argentinos y
el Decreto Nº 1650/2010, que fijó
sus características con precisión
técnica.14 La fase de enriquecimiento
Figura 5 Diagrama de la representación
del símbolo en la experiencia del material: de la escarapela a la bandera.
pueblo al que representa comenzó el Fuente: elaboración propia.
13 Registro Oficial de la República Argentina, t. 1810/1821, Bs. Aires, edición oficial, 1879, 778 pp. Esta
colección de normas será citada en el texto con la referencia “R. Of.”.
14 Pueden consultarse las referencias normativas en el portal Infoleg: [Link]
ge_id=112.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
27 de febrero de 1812; se extiende hasta el presente, capitalizando en ella todos
los hechos positivos de nuestra historia común y se proyecta hacia el futuro de
la Nación, como un legado concreto para las nuevas generaciones.
La bandera nacional presentada en Jujuy. El 25 de mayo de 1812 Belgrano la
exhibió, dispuso que fuera solemnemente bendecida y luego la hizo jurar por
el ejército, oportunidad en que la calificó como “bandera nacional”, cuando en
Rosario no la había llamado así. Esto surge de comparar los documentos del
caso, lo que no implica negar que a la del 27 de febrero le haya reconocido ese
adjetivo, como algunos han llegado a pretender, ya que hay una relación evidente
que la identifica como tal (Docs. t. IV, p. 426). Cuando el gobierno supo del evento
reprochó a Belgrano por no haber cumplido la orden del 3 de marzo. El prócer
respondió con su emotiva nota del 18 de julio donde afirmó: “La Bandera la he
retenido, y la desharé para que no haya ni memoria de ella [...] pero si acaso me
preguntaren por ella, responderé que se reserva para el día de una gran victoria
por el Ejército, y como esto está lejos, todos la habrán olvidado y se contentarán
con lo que se les presente” (Docs. t. IV, p. 433).
Bien advertía el prócer lo corto de la memoria popular, aun tratándose de un
símbolo ensalzado poco menos que sesenta días antes. Nada hace suponer que
Belgrano haya incumplido con su palabra, la veracidad le era característica, por
lo que el ejército bajo su mando careció de enseña que lo identificara, desde la
retirada de Jujuy hasta enero de 1813, cuando le entregó una nueva. Esto hace
evidente que la fuerza no tuvo bandera en la batalla de Tucumán, lo que algunos
silencian en su empeño de legitimar el uso de una de las divisas de Macha, como
veremos.
La bandera del Ejército Auxiliador, 1813. Como general triunfante en Tucumán,
al continuar su avance para liberar del poder realista a Salta, Jujuy y a las regiones
del Alto Perú, Belgrano adoptó una nueva enseña que llamó “bandera del ejército”
cuya estructura es meramente especulativa pero que la lógica determina que
fuera idéntica a la izada en Rosario (Docs. t. IV; p. 433). No se trató de la que
presentó en Jujuy reconstituida, lo que se prueba en forma documental con la
orden de pago del 25 de enero de 1813;15 por el raso necesario para confeccionar
la nueva pieza, algo que muchos olvidan cuando sugieren que el prócer la
preservó “deshecha”, traicionando su palabra de hacerlo así. Bajo sus pliegues se
requirió a las tropas el compromiso de fidelidad al nuevo gobierno corporizado
en la Asamblea General; fue durante la ceremonia del 13 de febrero, a orillas del
15 El recibo fue publicado por Roberto Marfany, entre las páginas 108/109 de “Origen de la Bandera
Argentina”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, volumen LIV-LV, Bs. Aires, A.N.H.,1981/1982.
60
Semiótica belgraniana
río Pasaje (Docs. t. IV, p. 433) y para hacerlo se utilizó el ceremonial de “juramento
de banderas” previsto en las Reales Ordenanzas de 1768.16 Tras su bautismo de
fuego en Salta, participó en la campaña del Alto Perú y pudo preservarse en las
batallas de Vilcapugio y Ayohuma.17 Esto quedó probado con los términos que el
propio prócer consignó en la “Proclama a los pueblos del Perú” (Tucumán, 25 de
febrero de 1814),18 donde luego de invocar a la Virgen de las Mercedes, Belgrano
escribió: “He depositado en sus manos la bandera del Ejército que en medio de
tantos peligros he conservado”, referencia que nos indica que las encontradas en
la capilla de Titiri, en las cercanías de Macha y a las que se aludirá más adelante,
no pudieron ser las que identificaban al ejército. La que alude Belgrano es la
misma que entregó a San Martín cuando lo reemplazó al mando de la fuerza
citada, a quien el 6 de abril de 1814 le escribió: “conserve la Bandera que le dejé,
y que la enarbole cuando todo el ejército se forme” (Docs. t. VII, p. 456). Esto
explicaría que el Libertador haya tenido presente su diseño cuando a fines de
1816 hizo confeccionar la enseña del Ejército de los Andes y las que llevaron sus
unidades en la campaña a Chile. Se trataría de la “bandera vieja” que Belgrano
ofrendó a la Virgen de la Merced el 24 de septiembre de 1816, y en ceremonia nos
describió en detalle.19 Según Ernesto Fitte20 y Guillermo Palombo21 la emplearon
los unitarios en la batalla de La Ciudadela (4 de noviembre de 1831); donde fue
tomada por Quiroga y entregada después a José Ruiz Huidobro, que lo sucedió
en el mando; quien a su vez se la envió a Rosas mediante nota del 8 de abril de
1836, luego de lo cual se desconoce su destino.
La casi olvidada “bandera de la Virgen”. Sobre esta pieza existe muy escasa
bibliografía aunque se preserva en el Archivo de Tucumán un excepcional
documento22 al que la historiografía no ha dado la trascendencia que merece.
Fue difundido en la edición del 25 de junio de 1912 por el diario El Orden de esa
provincia.23 Allí se relata que Belgrano ordenó hacer una bandera que presentó
públicamente en octubre de 1812, estimamos que durante la procesión en la
16 Reales Ordenanzas, tomo I, tratado IX, artículos 1 a 4, pp. 414 a 416.
17 José M. Paz, en Memorias póstumas, Bs. As., Imp. La Revista, 1855, quien en t. I, p. 125, señala, que
en el epílogo de Vilcapugio, Belgrano “tomó la bandera del ejército y excitó personalmente a las tropas
al combate”.
18 Cita de p. 139, de Guillermo Palombo y Valentín Espinosa, Documentos para la historia de la
Bandera Argentina, Bs. Aires, Inst. Estudios Iberoamericanos, 2001, 276 pp.
19 Palombo, G. y V. Espinosa, op. cit., p. 175.
20 “Banderas que ondearon en la patria”, en p. 35 de Anales del INB Nº 2, Bs. Aires, INB, 1996, 197 pp.
21 “Los orígenes de la Bandera nacional argentina”, en p. 225 de Anales Nº 9, Bs. As., INB, 2000, 376 pp.
22 Trascripción del original hoy en el Archivo de Tucumán, informado por el investigador Ing. Juan
Carlos Medina.
23 Puede verse también a Gigliola Petrelli, “Belgrano y la Virgen de la Merced”, p. 263, III Congreso
Nacional Belgraniano–Belgrano Siglo XXI, Bs. Aires, INB, 2016, 518 pp.
61
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
que donó su bastón a la Virgen. Tenía un luminoso color celeste, que según la
tradición identifica a la Virgen María.24 En la publicación se da cuenta de una
información sumaria, donde la testigo Gertrudis Zavalía, dijo:
el general Belgrano mandó hacer esa bandera colocándola en ese día en la
torre de la Merced entre otras dos banderas; que de ahí se la sacó y llevó
al campo de batalla, reconocido como el terreno del hospital, y el general
Belgrano al reconocerla a Nuestra Señora de las Mercedes como Generala
de los Ejércitos, hizo prestar juramento a su tropa, bajo dicha bandera […]
Que la bandera era de tamaño común, a la que tienen los ejércitos, de raso
celeste y entre dos ramos de laureles figuraba una cruz oscura, de cuyos
brazos colgaba un escapulario.
Otra testigo, Margarita Helguera, declaró:
Que la bandera que ella conoció era del tamaño común de las banderas,
de raso doble celeste; en el medio de la bandera tenía una cruz; como si
quisieran coronarla venían unos gajos de laureles coronándola en forma de
corona. Que esa bandera fue mandada a hacer por el general Belgrano en el
mes de octubre después de la batalla de la Ciudadela, y [es] la misma bajo
la cual las tropas del general Belgrano juraron, reconociéndola a Nuestra
Señora de las Mercedes como Generala de los ejércitos de la Patria.
Se hizo constar también: “que la bandera fue bendecida por el capellán de
ese entonces de las tropas argentinas, Don Pedro Miguel Aráoz, tío abuelo de la
declarante”. Estos testimonios señalan que en las fiestas de la advocación de
La Merced se colocaba esa enseña en la torre del templo; hasta que en 1864 el
párroco entendió que el paño estaba muy estropeado y discontinuó la práctica.
Así lo relató el presbítero Joaquín Tula, cura de La Merced, que en 1912 recibió
la reliquia de manos de un feligrés cuya madre la había guardado tras azarosas
circunstancias.25 Posteriormente se pierde todo rastro de esta bandera. Su falta
nos interpela desde el silencio. Figuras 6 y 7
La Bandera Nacional de la Libertad Civil. Fue creada por el mismísimo Belgrano
como testimonio del heroísmo del pueblo jujeño en las batallas de Tucumán y
Salta (Docs. t. IV, pp. 439 y 446) y es la que él mismo entregó al Cabildo de Jujuy
(Docs. t. IV, p. 443) en el curso de la solemne ceremonia del 25 de mayo de 1813,
24 En p. 54 de Michel Pastoureau, Azul historia de un color, Barcelona, Paidós, 2010, 242 pp.
25 Carlos Páez de la Torre, “Una donación de doña Rita”, en diario La Gaceta, 6 de febrero 1991,
Tucumán.
62
Semiótica belgraniana
Figura 6 Reconstrucción de la hipotética bandera de la Virgen, elaborada por la Lic. G. Petrelli y el Ing.
Juan Carlos Medina.
Figura 7 Reconstrucción de la hipotética bandera de la Virgen. Fuente: elaboración propia.
que el gobierno mandó celebrar en todas las jurisdicciones de las Provincias
Unidas por ley del 5 de mayo de 1813 (R. Of. t. I, p. 211). Jujuy la atesoró como
preciada reliquia y hoy puede admirarse con emoción en la Casa de Gobierno
de esa provincia. Su autenticidad está acreditada con decenas de documentos;
63
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
su representatividad fue reconocida por distintos pueblos y autoridades a lo largo
de más de doscientos años. La referencia al término “libertad civil” con que fue
nombrada alude al concepto que hoy se enuncia como “Estado de Derecho”; fue
reconocida como “símbolo patrio histórico” de la Nación argentina, por la Ley Nº
27 134; en igual carácter lo hizo el Parlamento del NOA, integrado por representantes
de esa región (Resolución LR/ 091 de 2012); es por toda lógica la bandera oficial
de la provincia de Jujuy desde 1994 (Ley Nº 4816, ratificada por Ley Nº 5772 de
2013) y enseña de la ciudad de La
Quiaca (Ordenanza Nº 6/ 2015).26 En
consecuencia, puede ser considerada
como la protobandera de la soberanía27
que, eventualmente, habría identificado
a las Provincias Unidas si se hubiera
dispuesto su independencia en 1813,
ya que la práctica internacional de
entonces preveía formar las enseñas
Figura 8 Bandera Nacional de la Libertad Civil,
de un estado con su blasón aplicado
según Ley Nº 27 134.
sobre un paño de diseño y colores Fuente: imagen elaborada por Francisco
alegóricos. Figura 8 Gregoric conforme la pieza original.
La bandera para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile. Su descripción
consta en el proyecto de constitución que redactó Belgrano (1815), en el marco
de las negociaciones que lo llevaron a Europa y que desempeñó junto a Rivadavia
y Sarratea. Se transcribe su texto:28
Artículo 1º.- La nueva Monarquía de la América del Sur tendrá por
denominación el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile; sus armas
serán un escudo que estará dividido en campo azul y plata; en el azul que
ocupará la parte superior se colocará la imagen del Sol, y en el Plata dos
brazos con sus manos que sostendrán las tres flores de los distintivos de
Mi Real Familia, llevará la Corona Real, y se apoyará sobre un tigre y una
vicuña: su pabellón será blanco y azul celeste.
Si bien el intento no prosperó, el aporte vexilográfico del prócer es muy
significativo, porque expresa identidad cromática con la enseña que ya se
26 Citas normativas reproducidas en Miguel Carrillo Bascary, op. cit., p. 279 y ss.
27 M. Carrillo Bascary, ídem, p. 139.
28 Texto completo del documento en: [Link]
titucion-monarquica-de-1815/html/13437fac-c264-48ac-9fc3-c5bde424b4c4_2.html [20 de agosto de
2019].
64
Semiótica belgraniana
usaba en las Provincias Unidas. Se reitera que, acorde a la usanza de la época,
cuando esta bandera se usara en forma oficial debía llevar cargado el blasón
monárquico.
Las banderolas de lanza. Luego de Vilcapugio, y debido a la carencia de sables,
Belgrano dotó a su caballería de lanzas a las que complementó con banderolas
“que eran bastante grandes, de género blanco y celeste”, según relaciona el
general José María Paz.29
Otras probables banderas belgranianas
Hay otras enseñas vinculadas al prócer a las que no podemos sindicar como
creadas por él, pero que en su condición de general debió autorizar que las
usaran sus subordinados. Prueba de ello es que el retrato que Carbonnier pinta
al prócer exhibe con claridad dos banderas blancas y celestes, idénticas a las
atribuidas al Ejécito Auxiliador, lo que revela que sus divisiones poseían banderas
particulares. En este grupo pueden señalarse las siguientes.
Las banderas del Regimiento 6. Aludidas por Belgrano al responder a la
reconvención del gobierno (Docs. t. IV, p. 433), lo que ratifica que las unidades a
su cargo tenían enseñas particulares. Se ignoran sus diseños, pero es improbable
que correspondieran a los previstos por las Reales Ordenanzas. Lo factible es
que fueran similares a las banderas que se analizan seguidamente.
Las banderas de reclutas. Son las que Belgrano hizo enviar al Alto Perú, como
forma de convocar a los interesados en sumarse a las fuerzas patriotas. La
meticulosidad del prócer hace suponer que impartió precisas órdenes sobre
su confección. Julio Luqui-Lagleyze y María Cristina D’Andrea30 informan que
los Anales de Potosí describen así una de estas banderas: “tenía dos colores a
sus extremos azul celeste y al medio blanco y un rótulo que decía: A las armas
por la independencia de la América del Sud en el Ejército de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, bajo la protección de su Generala Ntra. Señora de
Mercedes”. Otras similares fueron despachadas a diversos puntos del Alto
Perú,31 a las que refiere Eustaquio Díaz Vélez en su “Proclama a los habitantes
29 J. M. Paz, op. cit., tomo I, p. 150.
30 “La más antigua descripción de la Bandera Argentina”, en p. 101, de Anales Nº 12, Bs. As., INB,
2008, 288 pp.
31 Un estudio en particular de estas enseñas, en p. 117 de Adolfo Mario Golman, Enigmas sobre las
primeras Banderas Argentinas, Bs. Aires, De los Cuatro Vientos, 2007, 244 pp.
65
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
del Perú (Potosí, 22 de mayo de 1813), donde los insta a alistarse “bajo las
banderas de la Patria” (Docs. t. VI, p. 192).
La bandera del cuartel general en Potosí. Los Anales potosinos referencian
otro lábaro sobre el que los investigadores citados transcriben:32 “El domingo
10 [octubre de 1813] plantaron la bandera de la Patria con las insignias de la
libertad del borreón [gorro] y las manos unidas en la Casa de Moneda”. Cabe
inferir que, si el cronista no describió los colores, debieron ser los conocidos,
celeste y blanco; la particularidad estuvo en el escudo, obviamente similar al
usado por la Asamblea General desde comienzos de ese año.
La bandera del Regimiento Patricios en el Alto Perú. También esta debió ser
autorizada por Belgrano, por hallarse en la unidad bajo su mando. Creadas
cuando las Invasiones Inglesas, las banderas regimentales eran las indicadas
por las Reales Ordenanzas de 1768.33 A consecuencia de la victoria en Tucumán,
Belgrano fue designado como capitán general de los ejércitos del Perú y brigadier
coronel del Regimiento Nº 1, con lo que quedó bajo su mando directo. La relación
de los tiempos indica que sería aventurado decir que Belgrano inspiró la enseña
usada por Patricios en 1813, pero ciertamente que avaló su uso. Debemos su
descripción a Luqui-Lagleyze34 a partir de lo relatado en los Anales, cuando la
tropa partió de Potosí rumbo a Vilcapugio: “El jueves 16 [septiembre 1813] salió
el Nº1 con 1.400 hombres con su bandera de la Patria, entre azul y blanca y
una cruz en el medio que tenía dicha bandera y arriba del escudo en la lanza,
la insignia de la libertad”. El autor35 reconstruye esta enseña con dos paños,
celeste el superior y blanco el otro; con la clásica cruz borgoñona en rojo; el
escudo de la Asamblea en su centro y escudetes en las esquinas, aludiendo al
origen porteño de la unidad. Esta insignia sería una mixtura entre la que usaba
el Ejército, con la cruz aspada, y el blasón de la libertad aplicado. Se trataría de
una nueva enseña, adaptada a los tiempos revolucionarios. Repárese que el 27
de abril de 1813 la Asamblea había mandado sustituir con su nuevo escudo
a las armas del Rey, pero las mantuvo en las “banderas y estandartes que las
tengan” (R. Of. t. I, p. 210).
32 J. Luqui-Lagleyze y M. D’Andrea, ídem, p. 104.
33 Ver Isaías García Enciso, “La primera bandera del Regimiento Patricios”, en Anales Nº 7, Bs. Aires,
Instituto Nacional Belgraniano, 1997, 218 pp.
34 “Banderas históricas de los Patricios”, en p. 253 de Patricios de Bs. Aires, de Isidoro Ruiz Moreno
y Miguel De Marco, Bs. Aires, Edivern, 2000, 263 pp.
35 J. Luqui-Lagleyze, op. cit., p. 69.
66
Semiótica belgraniana
La llamada “bandera de la división Estopiñan” (también designada como “de la
Puna” y “de Abra Pampa”). Es una antigua reliquia que la tradición oral identifica
con la enseña de la “división del Ejército Auxiliador comandada por Juan Marcos
Estopiñan”,36 que fue preservada tras Ayohuma y que permaneció en el seno
de esta familia, hasta que en 1912 se entregó al Gobierno de Jujuy.37 Durante
algunas décadas se mostró junto a la Bandera Nacional de la Libertad Civil y hoy
se guarda en el Museo Histórico Juan Galo Lavalle de esa provincia. Su paño es
azul cerúleo y lleva una estrecha franja blanca central.
Las banderas de Macha. Algunos sentirán la tentación de sumar en esta relación
estas enseñas que se encontraron en 1883 en la capilla de Titiri dependiente del
curato de San Pedro de Macha en la provincia de Potosí. Suele decirse que son
dos, pero en realidad existió otro par (Acta de Colquechaca 1885),38 de colores
rojo y azul que hoy se consideran perdidas. Una de las existentes, de similar
factura que la bandera argentina, fue cedida por Bolivia a nuestro país y se
expone en el Museo Histórico Nacional desde 1896. Como se sabe, la restante
lleva los colores invertidos y se guarda en el museo Casa de la Libertad, en Sucre.
Mucho es lo que se ha escrito y debatido sobre estas piezas. Quien difundió el
hallazgo lucubró que estuvieron presentes en la batalla de Ayohuma, en base
a circunstanciales y vagas semipruebas, que los críticos siempre juzgaron con
benignidad. Este verdadero “relato” oficia de causa legitimante para que se
mantengan las conclusiones del religioso. Desde 1957 el investigador Jorge
Fernández Díaz, en una serie de artículos publicados en el diario La Capital de
Rosario y en la revista Historia, que culminó con su ponencia en el IV Congreso
Interamericano de Historia (Bs. As.,1966), planteó que esta pieza fue la que izó
Belgrano en Rosario (1812) y plantea que la actual enseña nacional argentina
sería obra de Mariano Moreno. Sobre esta suposición, a la que se adscribió el
museo de Sucre, se articuló una suerte de teoría del complot que encubriría “cuál
fue el diseño de nuestra primera bandera”, cuestión que no se abordará en el
presente.
Las banderas del Consulado de Buenos Aires. No puede atribuirse a Belgrano
su creación, pero tampoco olvidarse que en su condición de secretario presidió
la comisión de corso de la Corporación, por lo que participó en el proceso de su
36 Destacamos que, en la obra de Luis Güemes, Güemes documentado, t. 9, tabla inserta “B”; consta
que el sargento “Juan Marcos Estupiñan” fue nombrado portaestandarte del escuadrón de Gauchos del
Valle del Ejército de Observación, el 30 de julio de 1820, lo que evidentemente contradice a la tradición
consignada en el texto.
37 Ver p. 73 de Ricardo Rojas, Historia de la Bandera, Bs. As., Cía. Sudam. de Billetes de Banco, 1915,
88 pp.
38 Reproducida por Adolfo Mario Golman, op. cit., p. 202.
67
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
adopción. La Guerra de las Naranjas, que
en 1801 enfrentó a España y a la Francia
napoleónica contra Portugal perjudicó
al comercio en el Río de la Plata. La
debilidad española determinó que el
Consulado respondiera a las demandas
de los comerciantes armando en corso
Figura 9 Reconstrucción hipotética de
al bergantín San Francisco Javier y a la bandera del Consulado, según Tjarks
la goleta Carolina, cuyas operaciones (código cromático: Am / R / Am / R /
obtuvieron interesantes éxitos,39 a la par Am). Fuente: elaboración propia.
que protegieron a las embarcaciones
con registro hispano. Como era usual,
esas naves izaron el pabellón que
identificaba a su armadora, la corporación
mercantil. Germán Tjarks de Boer,40 quien
estudió ampliamente los documentos
preservados en el Archivo General de la
Nación, indica que emplearon la bandera Figura 10 Reconstrucción hipotética de
mercante hispana (amarilla con dos finas la bandera del Consulado, según Fitte y
franjas rojas), con el escudo del Consulado Furlong. (Código cromático: B / Az --).
Fuente: elaboración propia.
pintado a mano, cuyo recibo identificó 41
(Figura 9). Según los cánones de la
época vale interpretar que el blasón estaba junto a la driza y no en el centro
del paño; más adelante se aportarán otras referencias sobre este emblema.
Por su parte, autores de la talla académica de Ernesto Guillermo Furlong42 y
Armando Vega Herrera43 afirman que el Consulado usó una bandera blanca y
celeste, de conformidad el blasón propio del Consulado, hipótesis que es muy
factible atento a los usos navales corrientes (Figura 10). La divergencia merece
un estudio más profundo, pero en el contexto el protagonismo de Belgrano
respecto de tal enseña parece indudable.
39 Así lo señala Germán Tjarks en p. 47 de “Los corsarios del consulado y una batalla naval criolla”,
en Revista Historia Nº II, Bs. Aires, 1958, 158 pp.
40 Ver en p. 537 de El Consulado de Buenos Aires, Germán Tjarks, t. II, Bs. Aires, 1958, 974 pp.
41 AGN, Div. Colonia, Sec. Gob.; Sala 9; An. 4; Est. 8; Nº 2, citado por Tjarks, nota 9, p. 49 en “Los
corsarios”.
42 “El espíritu religioso del General Belgrano”, Estudios Nº 9, Bs. As, 1920, p. 404.
43 En p. 212 de “Origen e itinerario y gloria de la Bandera Argentina”, Anales Nº 10, Bs. Aires, 1997,
376 pp.
68
Semiótica belgraniana
Escudos
Es evidente que durante su estancia en España Belgrano accedió a conocimientos
significativos sobre la Heráldica. Sin duda que no fueron sistémicos, ya que el culto
por la disciplina nunca fue popular; aunque todo indica que la “gaya ciencia” atrajo
su atención. Se estima, que en las noches de tabernas y en los amplios patios del
saber, cuando otros temas habían quedado agotados, la Heráldica pudo ser tema
de conversación con sus ocasionales compañeros universitarios. Sus inquietudes
quizás lo llevaron a consultar alguno de los tratados que acumulaban polvo en las
bibliotecas, sin olvidar que en los tiempos borbónicos la simbología del poder era
una realidad mucho más presente que en nuestro siglo. Así lo revelan las acciones
posteriores de Belgrano y su apreciación sobre la simbología de algunos escudos,
como veremos. Para una mente entrenada en la hermenéutica y en la analogía,
las complejidades de la ciencia del blasón debieron ser estímulo gratificante para
el joven Belgrano. Como ejemplo, interesan las notables apreciaciones que hizo
sobre el escudo de la Asamblea, el que luego identificó a la República Argentina.
Cuenta José María Paz44 que su general le manifestó en privado:
La forma de gobierno adoptada [democrática, republicada] por ella [la
Constitución de 1819], no es en mi opinión la que conviene al país; pero
habiéndola sancionado el Soberano Congreso Constituyente, seré el
primero en obedecerla y hacerla obedecer […] “Que no teníamos ni las
virtudes ni la ilustración necesarias para ser República y que era una
monarquía moderada lo que nos convenía. No me gusta ese gorro y esa
lanza en nuestro escudo y quisiera ver un cetro entre esas manos que son
el símbolo de la unión de nuestras provincias.
Estos párrafos nos ilustran acabadamente el significado que Belgrano atribuía
al escudo nacional. También revela el cambio de su pensamiento político en su
ocaso y evidencia su acierto en evaluar la inmadurez política de nuestro pueblo.
El escudo que porta la Bandera Nacional de la Libertad Civil. En realidad, es una
interpretación subjetiva del diseño usado por la Asamblea General que, se estima,
llegó a conocimiento de Belgrano estampado en los despachos oficiales en forma
de lacre o sello, por lo que sus colores se evidenciaron como los representaba
la Heráldica, según la codificación de Silvestro di Pietrasanta (siglo XII), donde el
44 Citado por Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano, p. 122, t. IV, Bs. As., Jackson, 1887, 472 pp.
Quien reproduce estas citas con algún cambio y agrega que, al referirse al escudo, Belgrano fijó “su vista
en el blasón argentino que tenía delante de sí”. Nada dice sobre esto José M. Paz en su obra citada (t.
I, pp. 330 y 331).
69
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
azur va en rayado horizontal, lo que explica lo subido del campo superior de la
pieza ordenada por Belgrano, y el plata, que consta sin trazado alguno. En cuanto
a las cargas y guarniciones correspondía “verlas en sus colores”, como se dice
en Heráldica. Empero, Belgrano incluyó una pequeñísima pero muy significativa
variante, incorporando como terminación del gorro una mascaypacha, símbolo del
poder del Inca; un factor trascendente en la lucha que se libraba en la región. Esto
evidencia el alto valor que asignaba el prócer a las culturas americanas, signo de
pluralismo y hasta de reivindicación de las raíces originarias de América.45
El escudo para la escuela a instalarse en Jujuy. Es un símil del anterior y está
pintado sobre madera, magnífica pieza que se preserva en la Casa de Gobierno
jujeña. La correspondencia de diseño con el de la bandera es pasmosa; pero
el de la escuela suma una rebuscada
leyenda que en el entendimiento de la
época constituye un principio liminar de
la educación pública tal como la concebía
el pensamiento belgraniano:46 “Venid que
de gracia se os da el néctar agradable y el
licor divino de la sabiduría”. La autoría de
Belgrano se prueba con la carta que dirige
a Teodoro Sánchez de Bustamante el 10
de julio de 1813 (Docs. t. VI, p. 302), donde
menciona que dejó pintando el escudo. Es
factible que el prócer se haya motivado
en el decreto del 27 de abril de 1813 que
ordenó sustituir las armas del Rey por las
de la Asamblea (R. Of. t. I, p. 210). Figura 11 Figura 11 Escudo para la escuela de Jujuy.
El blasón del Reino Unido del Río de la Plata, Perú
y Chile. Es el tercero que puede atribuirse al prócer.
Aparece en el proyecto de constitución para esa
eventual monarquía americana. Es notable la forma en
que Belgrano concibió unir los emblemas dinásticos
borbones (tres lises), con varias referencias netamente
vernáculas: el Sol, un “tigre” (puma) y una vicuña. Tiene
campo partido, en azur y plata; al igual que los blasones
reseñados previamente. Figura 12 Figura 12 Blasón
proyectado para el Reino
Unido del Río de la Plata,
Perú y Chile
45 Sobre este símbolo tan significativo puede ampliarse en M. Carrillo Bascary, op cit., p. 111.
46 M. Carrillo Bascary, op. cit., p. 123 y ss.
70
Semiótica belgraniana
De medallas y otros premios materiales
En los juegos sagrados de la Antigüedad se premiaba a los vencedores con
coronas vegetales; efímeros trofeos que señalaban el logro y gratificaban a su
poseedor con mayor significado que el vil metal. En el curso de combates y
batallas el arrojo y los méritos bélicos también merecieron ser destacados por
el general, quien dispensaba su reconocimiento frente a todo el ejército, para
estímulo de los pares del homenajeado. Esto se simbolizaba entregándole
algún objeto que recordara la hazaña; bien podía ser un arma de carácter
particularmente valorable; un penacho casco u otro elemento que pudiera
lucirse en forma evidente. La Arqueología señala diversas maneras con que
las distintas culturas sistematizaron estos favores. En Roma, pueblo guerrero
por antonomasia, donde un valiente tenía muchas ocasiones mostrarse, se
usaban correajes sobre el peto, con medallones adosados que relataban las
hazañas del portador. La materialidad de estos premios estaba directamente
relacionada con la trascendencia de la acción virtuosa. Durante el siglo XVII y
particularmente en el XVIII, el uso de brillantes uniformes se impuso como una
práctica común, por lo que la singularidad del distinguido debió codificarse,
con lo que surgió el derecho premial y la Medallística, tales como los
conocemos. En tiempos de Napoleón la práctica de otorgar condecoraciones
fue abundante. Las medallas perdieron valor pecuniario, pero mantuvieron
en alto la consideración hacia sus destinatarios; se llevaban sobre el pecho,
bien visibles al observador y, de ser varias, se alineaban cuidadosamente,
suspendidas de cintas con diversos colores, lo que indicaba la ocasión del
merecimiento y otros conceptos. También existieron premios de conjunto que
se daban a las unidades que se distinguieran por sobre otras; para esto se
adoptaron dos sistemas. El primero fue condecorar a la bandera del cuerpo,
cosiéndole la presea al paño o a cintas anudadas en lo alto del asta. El segundo
fue más personalizado, ya que los efectivos de la unidad recibían cordones de
colores para llevar sobre el pecho, destacados con diversas formas de nudos
o bien se impusieron escudos de metal o tela donde se burilaban o bordaban
las referencias necesarias para recordar la acción en que se obtuvieron. Este
último criterio rigió en el ejército español y luego se extendió a las tropas criollas,
por lo que también lo implementó Belgrano, como veremos. Oportunamente, y
para desbrozar cualquier atisbo de dudas, la Asamblea decretó el 5 de marzo
de 1813 que los escudos eran “premios militares” otorgados por el Ejecutivo
en carácter de condecoración para quienes se distinguieran por sus “servicios
a la patria” (R. Of. t. I, p. 200).
Si bien los testimonios coinciden en que Belgrano era muy apegado a los
reglamentos esto no constituye un absoluto. Dos episodios que muestran
su notable decisión de trascenderlos cuando la ocasión lo ameritaba. A días
71
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
de reasumir el mando del Ejército Auxiliador, Belgrano destacó el valor que
un grupo de soldados mandados por Lamadrid desplegó en Culpina47 (31
de febrero de 1816), lo hizo entregándoles una cinta celeste para llevar en el
ojal de la casaca con el nombre de la acción, bordado en letras de plata para
la tropa y en oro para los oficiales. La otra fue cuando distinguió al teniente
coronel Manuel Eduardo Arias por el notable triunfo que logró junto a sus
gauchos en la batalla de Humahuaca (1º de marzo de 1817). En la oportunidad
Belgrano asignó a los oficiales una medalla “pendiente de una cinta celeste y
blanca”, mientras que a la tropa le impuso “una cinta celeste en la chaqueta”
con el nombre del logro en blanco. En rigor, disponer estos premios era atributo
del director supremo, según el decreto del 26 de agosto de 1814 (R. Of. t. I, p.
281). Pueyrredón, quien desempeñaba el cargo, se vio determinado a ratificar
la acción de Belgrano por decreto del 27 de abril de 1817 (R. Of. t. I, p. 415).
Vemos así, que en nuestro prócer privó la inmediatez de la oportunidad por
sobre el reglamento.
Que Belgrano haya distinguido al pueblo de Jujuy con la bandera legada no
implicó que olvidara a los de Tucumán y Salta; su espíritu sensible no lo hubiera
tolerarlo. Les cedió las medallas de oro con que la Asamblea del XIII lo premió
por sus victorias48 y le encargó al maestro platero Pedro Pablo Caballero preparar
dos cadenitas de plata para exhibirlas en forma más lucida. De esto da cuenta
el académico Ricardo Rojas49 a partir de los documentos que halló en el Archivo
de Jujuy.
Otra evidencia del reconocimiento de que gozaba públicamente Belgrano en
materia de Simbología es cuando el gobierno le encargó el diseño de la medalla
por la defensa de Salta (oficio a Pueyrredón, del 10 de noviembre de 1817),
discernido por decreto del 28 de noviembre de 1817,50 que luego sirvió de base
al actual blasón de esta provincia.51
47 José M. Estrada Abalos estudia ampliamente los premios militares dados por Belgrano en “Con-
decoraciones en el ejército del Perú”, Anales Nº 11, Bs. As., INB, 2004, 450 pp. Particularmente, en p.
117 describe los premios de Culpina siguiendo el testimonio de Gregorio Aráoz de Lamadrid, jefe de
esa operación militar.
48 La primera presea rezaba: “Bajo la protección de N. Sra. de Mercedes – Generala del Ejército” y la
fecha de la victoria de Tucumán; en su reverso se leía: “Viva la Religión, la Patria y la Unión”. La otra, dice
“Salta – Victoria del veinte de febrero de mil ochocientos trece/ Libertad de las Provincias Unidas del Río
de la Plata”. Las medallas ingresaron al Museo Histórico Nacional en 1890 y hoy se muestran colocadas
sobre la “Tarja de Potosí”. Puede ampliarse en Fernando Chao, “Cuatro medallas de la Independencia
acuñadas en Potosí en 1813”, p. 107 de Belgrano, Roberto Elissalde, compilador, Bolsa de Comercio
de Rosario, 2012, 410 pp.
49 Rojas, R., op. cit., p. 58.
50 Rodolfo Mom y Laurentino Vigil, tomo I, p. 277, Historia de los premios militares, Bs. Aires, Minis-
terio de Guerra, 360 pp.
51 Antonio Sorich, La Estrella de Salta, en [Link] [12 de junio
de 2019].
72
Semiótica belgraniana
Incentivos a la producción y lauros estudiantiles. Desde el Consulado Belgrano
promovió otorgar premios52 para impulsar las actividades agropecuarias y de
otros rubros (Memoria del Consulado 1796 – Docs. t. II, p. 37). También para
estimular los estudios; así, en el artículo 6o de su reglamento para las escuelas
consta: “los jóvenes que sobresalgan, se les dará asiento de preferencia, algún
premio, distinción de honor, procediéndose en esto con estricta justicia” (Docs.
t. VI; p. 202). Previó algo similar para los alumnos de las escuelas de Dibujo
(Acta del 27 de septiembre de 1799); de Matemáticas y para la de Náutica
(Reglamento, artículo 12).
Otras manifestaciones
Como en todas las épocas, en la sociedad colonial el pueblo era sensible a las
manifestaciones escenográficas del poder. Constituye una constante que los
actos públicos expresan esa potestad, por eso se emplean para impresionar
al pueblo y al enemigo. Autores bioconductistas documentan extensamente
la forma en que los animales expresan sus fuerzas ante los ocasionales
contendores; sus indicaciones se trasuntan en el género humano.
En el caso del Virreinato del Río de la Plata sus habitantes vivenciaban la
potestad del monarca mediante elaboradas manifestaciones, lo que se evidenciaba
particularmente en el paseo del pendón real, en las juras, en la recepción de los
nuevos virreyes y en la arquitectura efímera empleada en diversas ocasiones.
Durante los Austrias este lenguaje social llegó al cenit y cuando los borbones,
mantuvo su vigencia si bien disminuyó algo en importancia. También los oropeles
barrocos de la liturgia católica cumplían similar función patentizando el poder
clerical, que a veces acompañaba y otras competía con el del monarca. Tras
el pronunciamiento de 1810 se mantuvo esta constante, a fin de fortalecer el
ideario patriota. De esto hubo manifestaciones concretas, como la pirámide
levantada en 1811 en la “plaza de la Victoria”, que es el ejemplo típico; también en
las “Fiestas Mayas”; en los tedeums por los triunfos y hasta se trasuntó en obras
de teatro y canciones populares. Fueron de diversa naturaleza y jerarquías; de
carácter bélico, como el celeste con que se pintaban las cureñas de los cañones
(Docs. t. VI, p. 43) o tan sutiles y bucólicos como una poesía en clave de sangre
y heroísmo.
Sobre las ceremonias a las que también podríamos calificar como liturgias
cívicas, la perspicacia de Belgrano destaca netamente en comparación, por
52 Puede ampliarse en p. 160 y ss. de Pedro Navarro Floria, Manuel Belgrano y el Consulado de Bs.
Aires, cuna de la Revolución, Neuquén, Instituto Nacional Belgraniano, 1999, 170 pp.
73
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
ejemplo, con la representación orquestada por Castelli en Tiahuanaco (25 de
mayo de 1811) quien desarrolló una puesta en escena totalmente original en
un ámbito que le resultaba casi desconocido y en cuyo transcurso prescindió
totalmente de quienes eran sus naturales destinatarios. El resultado fue lógico,
un completo fracaso en su propósito de alinear a los pueblos con el movimiento
revolucionario encarnado en un ejército dirigido por porteños. Por el contrario,
Belgrano aprovechó formas ceremoniales ya vigentes en la experiencia social;
a las que resignificó mediante sutiles pero sustanciales innovaciones, esto le
granjeó la adhesión del medio social en el que se desarrollaron. Quizás el ejemplo
más acabado sea el juramento de fidelidad a la autoridad de la Asamblea General
Constituyente que prestó su ejército el 13 de febrero de 1813 a orillas del río
Pasaje. Para la misma Belgrano se basó en la ceremonia de jura de fidelidad a
las banderas del rey que prestaban los reclutas el incorporarse a filas; lo que él
mismo cumplió cuando se enlistó en los Patricios. Por entonces, esta práctica
estaba minuciosamente preceptuada en las “Reales Ordenanzas de 1768”
(ver en su tomo I, tratado IX, artículos 1 a 4, pp. 414 a 416). En la ocasión, la
gran diferencia que introdujo Belgrano fue disponer que se concretara ante “la
bandera del Ejército” que había mandado a preparar en Tucumán y que luego
conocieron las tropas en pleno. Tan sutil fue esta manifestación, que algunos
protagonistas como Paz53 y Lorenzo Lugones54 creerían recordar que juraron esa
bandera; sin percatarse de su error pese a los claros términos con que Belgrano
ofició al Gobierno describiendo la solemne ceremonia que involucró a cada
uno de sus hombres (Docs. t. V, p. 392). Esta confusión se trasladó a buena
parte de la bibliografía, con lo que persiste en la opinión de muchos y hasta
originó la sanción de la Ley Nº 24 273 (1993) que ordenó erigir un monumento
en recuerdo del “juramento a la bandera” nacional, lo que niega la realidad de los
hechos. Recientemente, a pedido de los institutos belgranianos de Salta y de
Gral. Güemes, en sesión plenaria y solemne del Instituto Nacional Belgraniano
(1º de diciembre de 2015) se ratificó la correcta y documentada interpretación
de aquel hecho, tomando como basamento principal la documentación oficial
con que Belgrano comunicó el acontecer a las autoridades de entonces. Este
pronunciamiento55 desbroza la cuestión y establece el histórico significado del
acto. La meticulosidad de Belgrano en materia de ceremonial se documenta,
por ejemplo, en la conmemoración del 25 de mayo de 1813 en Santa Cruz de la
53 J. M. Paz, op. cit., t. I, p. 72.
54 Lorenzo Lugones, en p. 35 de “Recuerdos Históricos, sobre las campañas del Ejército Auxiliar del
Perú en la Guerra de la Independencia”, El coronel Lorenzo Lugones, Bs. Aires, publicación oficial, 1896,
172 pp.
55 Texto completo en: [Link]
del-rio-pasaje-13-de-febrero-de-1813 [27 de mayo de 2019].
74
Semiótica belgraniana
Sierra (Docs. t. VI, p. 293) o en la Orden del Día al Ejército del 23 de septiembre
de 1817 (Docs. t. V, p. 205).
Ha de haber sido profundamente emotivo para el espíritu de Belgrano la
ceremonia en que presentó a su Ejército la bandera “menor” de las Provincias
Unidas de Sudamérica independizadas el 9 de julio de 1816. Este embrión de
la Bandera Oficial de la Nación a la que más adelante se le agregó el sol había
sido sancionada el 25 de julio de 1816 por el Congreso de Tucumán (R. Of. t. I,
p. 370). Belgrano la presentó a sus hombres con las siguientes palabras “una
nueva Bandera del ejército os presento para que conociéndola sepan que ella
ha de ser vuestra guía y punto de reunión” (orden general, del 24 de septiembre
de 1816 - Docs. t. V, p. 203). De esta forma se vio reemplazada la que él había
concebido en Rosario; la que recreó en Jujuy para la ceremonia del 25 de mayo
de 1812 y que reinstaló como emblema de su ejército el 13 de febrero de 1813.
No era idéntica a la oficializada en 1816 y quizás por esto Belgrano nunca
se consideró “creador de la Bandera argentina”; pero tuvo la satisfacción de
que sus colores quedaran consagrados como emblema de una nación libre e
independiente. ¿Qué más?
Fiestas patrias. La Asamblea General declaró “fiesta cívica” los 25 de mayo,
por ley del 5 de ese mes, en 1813, origen de nuestra actual conmemoración (R.
Of. t. I, p. 211). La celebración se constituyó en la principal liturgia cívica en los
lindes del antiguo virreinato y Belgrano tuvo buen cuidado de hacer respetar el
mandato, como lo detalla particularmente en los actos cumplidos en Jujuy, lo
que se replicó en otras ciudades que estaban dentro de su ámbito de acción.
Ejemplo: en Santa Cruz de la Sierra, en 1813 (Docs. t. VI, p. 29) y en Potosí, en
1814.56
Juramentos. La fina sensibilidad de Belgrano con respecto a lo que hoy cono-
cemos como Psicología social y la tradición de las fiestas votivas de la cultura
hispánica, determinaron que pusiera especial atención en los juramentos,
como ceremonias solemnes destinadas a afirmar los nacientes valores cívicos,
patriotas y también los religiosos. Se procuraba así desmentir las aseveraciones
de impiedad con que los españolistas acusaban a los revolucionarios. El primer
juramento que testimonia la actuación pública de Belgrano es el que tomó a la
guarnición de Rosario el mismo día que creó la bandera nacional. Contra lo que
se ha divulgado equivocadamente, allí no se “juró la Bandera”. El prócer nos dejó
de su puño y letra la fórmula que así lo evidencia:57
56 J. M. Paz, op. cit., t. I, p. 95.
57 G. Palombo y V. Espinosa, op. cit., pp. 67 y 68.
75
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Soldados de la Patria: En este punto hemos tenido la gloria de vestir la
escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno: en aquél,
la batería de la Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas;
juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América
del Sud será el templo de la Independencia, de la unión y de la libertad. En
fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria! (proclama anexa al
oficio del 27 de febrero, 1812 - (Docs. t. IV, p. 421).
En el histórico párrafo no hay ninguna referencia a la bandera que acababa de
crear. Como quedó documentado, Belgrano demandó a sus hombres jurar vencer
a los enemigos para que América del Sur fuera “el templo de la independencia,
de la unión y de la libertad”. La primera jura solemne de nuestra bandera ocurrió
el 25 de mayo de 1812, en Jujuy, en una ceremonia que Belgrano describe
puntillosamente al Gobierno (oficio del 29 de mayo de 1812 - Docs. t. IV, p. 426).
Allí dio cabal cumplimento a la orden contenida en el artículo 61 del decreto del
23 de marzo de 1812 por la que el Triunvirato instruyó a los comisarios de guerra
(R. Of. t. I, p. 143) que usaran el ceremonial castrense de jura de banderas para
evidenciar el voto que se reclamaba a las tropas.58
Otro juramento de altísima significación fue el ocurrido el 13 de febrero de
1813 a orillas del río Pasaje, cuando el ejército prestó obediencia a la Asamblea
General que se había constituido un par de semanas antes en Buenos Aires.
También Belgrano describe en detalle el acto (Docs. t. V, p. 392); por lo que
corresponde tener presente aquí las consideraciones volcadas previamente. En
concordancia y en su condición de capital general de toda la región, Belgrano
dispuso juras de similar objeto en las ciudades bajo su jurisdicción. Por caso, en
Tarija (Docs. t. VI, p. 141), Salta (Docs. t. V, p. 423), Santa Cruz de la Sierra (Docs.
t. IV, pp. 437 y 445) y Charcas.59 Tampoco podemos olvidar el juramento público
y solemne que requirió a los realistas derrotados en Tucumán que sin dudas
causó profunda impresión social.
Las banderas trofeos y su distribución. Desde la Antigüedad, se las consideró
preciados trofeos para los vencedores. Por tradición se exhibían como signos
de la victoria y luego se destinaban a los templos como ofrendas votivas. La
costumbre mantenía plena vigencia en tiempos de Belgrano, quien supo emplear
las enseñas capturadas como elemento de propaganda revolucionaria, para
elevar la moral de criollos y enaltecer a los gobiernos criollos.
58 R. Rojas, op. cit., quien desde p. 16 recrea el acto en vívidos términos.
59 Historia de la Villa Imperial de Potosí, t. 2, p. 149, vertido por A. M. Golman, op. cit., p.122.
76
Semiótica belgraniana
El 24 de septiembre de 1812 las armas patriotas triunfaron en Tucumán y se
capturaron tres banderas y un estandarte de caballería (Belgrano al Gobierno,
26 de septiembre de 1812 - Docs. t. IV, p. 573) que el prócer mandó a Buenos
Aires con el agregado de un segundo estandarte (Docs. t. IV, pp. 600 y 641).
Luego de Tucumán, Belgrano usó de las prerrogativas de los generales exitosos,
cuando se dirigió al gobierno pidiendo que las dos banderas del Real de Lima y
los estandartes de Cochabamba “se coloquen en el Templo de Nuestra Madre
y Señora de las Mercedes, como dedicadas por el Ejército de mi mando en
demostración de la gratitud a tan Divina Señora” (Docs. t. V, p. 185); lo que así
se hizo (Docs. t. V, p. 187). Más aún, las banderas conquistadas en Salta fueron
remitidas al santuario de la Virgen de Luján, en reconocimiento de la gracia
recibida (oficio datado en Jujuy, el 3 de mayo de 1813 - Docs. t. VI, p. 80). Esto
se concretó “a los pies de María de Luján”, el 10 de julio de 1813 (Docs. t. VI,
p. 306). Otras cuatro las envió al gobierno, en Buenos Aires pidiendo que dos
se depositaran en la iglesia del convento de Santo Domingo y las otras en el
templo salteño de La Merced (oficio del 3 de mayo de 1813 - Docs. t. VI, pp. 137 y
138). A consecuencias del triunfo en Salta, Belgrano remitió dos de las banderas
capturadas a Buenos Aires (oficio del 27 de febrero de 1813), pidiendo que una
se destinara a la Catedral porteña y que la otra se retornara para instalarse
en La Merced de Tucumán, como testimonio visible del logro de su pueblo.
Esto lo convalidó el gobierno y el Cabildo tucumano acusó recibo de la pieza
tomada en el “Campo de las Carreras”, la que hoy se preserva en la basílica de
la Merced (Docs. t. V, p. 185). La segunda bandera trofeo existente en Tucumán
es la del Regimiento de Picoaga, obtenida por el coronel Arias en la batalla de
Humahuaca, que el Cabildo porteño devolvió a Belgrano quien, a su vez, la derivó
al templo mercedario (oficio del 2 de mayo de 1817 - Docs. t. V, p. 204).
El bastón de mando. El triunfo en la batalla de Tucumán fue reconocido por
los contemporáneos como una gracia especialísima de Ntra. Sra. de la Merced,
por lo que dio lugar a las celebraciones pertinentes, el 28 de octubre de 1812,
fiesta de los santos Simón y Judas, patronos de la ciudad. Belgrano dispuso
que participara su ejército, oportunidad en que reconoció como “generala60” a la
Virgen de la Merced, lo que evidenció entregándole su bastón de mando.61 Fue
un gesto que quedó profundamente grabado en la memoria popular,62 que José
60 Por Decreto Nº 9471 del 22 de septiembre de 1943 (Boletín Oficial de la Nación, 30 de septiembre
de 1943) se formalizó el grado otorgado.
61 Este tipo de bastón es un símbolo ancestral del poder, como lo manifiesta una de sus variedades, el
cetro real. La historia militar reconoce su uso (aún hoy) a los generales y otros oficiales de alta gradua-
ción. Lo que no resulta tan conocido es que Belgrano entregó dos bastones a la Virgen.
62 Para afianzarlo, Belgrano expidió una Orden del Día para el Ejército, datada el 23 de septiembre de
1817, en donde delineó puntillosamente el acto conmemorativo.
77
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
M. Paz, testigo del evento, describe con vívidos detalles.63 El bastón cedido era muy
modesto, una simple vara “de mimbre, con cordón de seda y dos borlas”, tal como
lo relata el cronista tucumano Julio P. Ávila.64 Páez de la Torre65 nos explica que
poco después, el general lo reemplazó por “un bastón más importante, que hizo
confeccionar en Buenos Aires y que envió a Tucumán con su hermano Joaquín.
Este era de marfil, con puño de oro”; y es el que actualmente se preserva en el
tesoro de la basílica mercedaria en Tucumán.66 Cada 24 de septiembre, fiesta de
la advocación y aniversario de la célebre batalla, se coloca en manos de la imagen
sagrada que recorre la ciudad acompañada por decenas de miles de fieles.
El Santo Rosario. Otra de las facetas de la religiosidad de Belgrano es la devoción
por la piedad, muy extendida en las familias católicas de su época hasta el
punto en que, sobre el filo de la tarde, cuando las campanas llamaban al rezo
del Angelus, muchas familias se reunían para orar con el Rosario, incluyendo a
la servidumbre. El “Diario de marcha” (Docs. t. V, p. 153) que nos dejó Belgrano
sobre su viaje de Buenos Aires a Rosario en 1812, consigna que hizo rezar esta
tradicional oración a su tropa los días 29 y 30 de enero; todo hace pensar que
ocurrió lo propio en los restantes. El académico Cayetano Bruno67 afirma que
el Rosario fue práctica obligatoria en el ejército y que muchas veces lo dirigía
el propio Belgrano; lo mismo relata José M. Paz.68 Sin embargo, entiendo que
esta práctica no se debió exclusivamente a la decisión de tan devoto jefe ya
que la Real Cédula del 24 de julio de 1635, suscripta por Felipe IV,69 exhortaba a
las autoridades para que promovieran el Rosario en los ámbitos propios de su
accionar, pero sin que fuera una obligación civil. Por esto, con propia sensibilidad,
Belgrano flexibilizó este largo rezo para los jóvenes que asistirían a las escuelas
que dotó con el premio recibido por sus triunfos. Así, en el reglamento que
redactó dispuso: “9º […] al concluirse la escuela por la tarde, rezarán las letanías
a la Virgen, teniendo por patrona a Nuestra Señora de las Mercedes. El sábado a
la tarde le rezarán un tercio de Rosario” (Docs. t. VI, p. 204).
63 J. M. Paz, op. cit., t. I, p. 64.
64 En p. 383, de La ciudad arribeña, San Miguel de Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 1920,
474 pp.
65 Carlos Páez de la Torre, “El largo reinado del bastón”, diario La Gaceta, Tucumán, 7 de julio de
2019, [Link] [4 de agosto de
2019].
66 No confundirlo con el que recibió del Cabildo de Buenos Aires por su triunfo en Salta (29 de sep-
tiembre de 1813).
67 En p. 203, de La Virgen Generala, estudio documental, Rosario, Didascalia, 1995, 264 pp.
68 J. M. Paz, op. cit., t. I, p. 64.
69 Libro I, Título I, Ley XXI, en t. 7, p. 10 de la “Novísima Recopilación de las Leyes de España”, en Los
códigos españoles, concordados y anotados, 2ª edición, Madrid, 1872, 548 pp.
78
Semiótica belgraniana
Los escapularios mercedinos. Otro notable gesto de Belgrano que sirvió para
afianzar la revolución en el pueblo fue la imposición de escapularios a su
tropa cuando inició el avance hacia el Alto Perú, en enero de 1813. En realidad,
aprovechó hábilmente la iniciativa de las monjas mercedarias que sabedoras
de su religiosidad le enviaron 4000 escapularios70 de la invocación. Belgrano
pudo restar relevancia al gesto y disponer que sus capellanes los distribuyeran
como meros objetos religiosos. Por el contrario, el prócer, los convirtió en
distintivo patriota y, para esto, dispuso que sus efectivos recibieran el
sacramental con las mayores solemnidades; así consiguió despertarles nuevo
entusiasmo y un envidiable sentido de cuerpo; Paz describe la ceremonia en
detalle.71 Los Anales de Potosí testimonian que cuando los Patricios salieron
para ir a combatir en Vilcapugio iban revestidos con esos escapularios.72 Más
tarde, cuando Belgrano cedió el mando del Ejército a San Martín, le encareció:
“no olvide los escapularios a la tropa” (carta del 6 de abril de 1814 - Docs. t.
V, p. 199).
La poesía al servicio de la libertad americana. Es muy conocido que Belgrano
tuvo particular delicadeza para con las mujeres patriotas, cuyos méritos por
servicios a la Patria señaló reiteradamente; reconociéndolas como factor activo
en la revolución, pese a la masculinizada sociedad de aquel entonces. Donde
destaca la finura de Belgrano hacia la mujer es con doña Juana Azurduy, cuyas
acciones de guerra en el Alto Perú la hicieron trascender de su tiempo y que
la proyectan como un paradigma de femineidad para la sociedad actual. Ella
participó en docenas de encuentros de armas y, en la acción de Villar, hoy
departamento de Chuquisaca (3 de marzo de 1816) al mando de su tropa,
conformada fundamentalmente por yamparaes, conquistó la bandera de los
cazadores de elite conocidos como Los Verdes. El emblema tenía especial
significado ya que con él al frente los españoles reconquistaron La Paz, Puno,
Arequipa y Cuzco. Jefe de los vencidos era el sanguinario coronel José Santo de
la Hera y estaba ricamente adornada con oro.
Siempre fue un logro muy especial conquistar en batalla una bandera
enemiga. Para los romanos el logro trascendía la vida del protagonista y se
grababa en su lápida. La tradición indicaba que, al terminar la batalla quien
conquistaba un vexilo se lo presentaba a su general como reconocimiento
70 Estos objetos religiosos recuerdan al hábito de los monjes; son dos piezas de tela con imágenes
o símbolos religiosos, unidas por cintas, que, según la conocida promesa mariana, quien lo revista
devotamente en su vida será rescatado por María Santísima de las penas del Purgatorio el sábado
posterior a su muerte.
71 . J. M. Paz, op. cit, t. I, p. 65.
72 J. Luqui-Lagleyze, “Banderas históricas de los Patricios”, en Patricios, p. 254.
79
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
del triunfo y, al mismo tiempo, como evidencia del valor personal. El jefe
disponía en consecuencia, ocasión donde se advierten conductas muy
variadas; a veces desprendía alguno de los bordados en oro que solían llevar
con profusión los antiguos lábaros y lo entregaba al soldado como un premio
material; pero la conducta más común, la que tenía efectos más importantes
en la psicología de los pueblos y en la dinámica del poder, era remitir las
banderas-trofeos a la más alta autoridad del país, para que fuera exhibida
ante el pueblo como símbolo material de la victoria. Tras los festejos del caso,
las enseñas capturadas se preservaban en las iglesias, para manifestar el
agradecimiento a Dios por la victoria alcanzada, como lo vemos en muchos
templos del país y del exterior.
En razón de la guerra en curso, Azurduy no pudo presentarse ante Belgrano
que estaba en Tucumán. Cuenta el espía sueco Jean Adam Graaner,73 que
el prócer hizo escribir sobre el paño “los versos siguientes que él mismo
compuso: Desde hoy seréis ya bandera / Por mejor mano creada, / Seréis en
toda la frontera. / ¡Tiemble el tirano! La Hera / Abata su pompa vana; / Y para
gloria de Juana / De Azurduy, diga que de él / A pesar de ser cruel / Triunfó
una americana”. Son nueve líneas inflamadas de pasión guerrera, pedestal del
valor de su heroica destinataria. El hecho demuestra de qué formas creativas y
espontáneas usaba el prócer para enaltecer los méritos de sus subordinados.
En el caso concreto tuvo la fineza de dedicar a la amazona una poesía, que
poco tenía que ver las que se ofrendaban a las bellas en las tertulias citadinas.74
El prócer escribió a Pueyrredón diciéndole que por “conductos fidedignos me
consta que ella misma arrancó de las manos del abanderado ese signo de tiranía
a fuerza de su valor” (oficio del 26 de julio de 1816).
Otra evidencia del Belgrano poeta, surge del relato de Lorenzo Lugones75
sobre la jura del 13 de febrero de 1813:
A distancia de cien pasos del paso del río, sobre la ribera que gira al oeste,
a la altura de un notable barranco, había un árbol que por su magnitud
se distinguía sobre todos los de sus cercanías; limpiando una parte de
su corteza, hacia media altura de un hombre, en medio de un círculo de
palma y laurel, dibujado en el tronco del árbol se grabó una inscripción
73 En p. 55 de Las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816, Bs. As., El Ateneo, 1949, 188 pp.
74 En p. 134 de Las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816, Bs. As., El Ateneo, 1949; cuenta que la
enseña fue devuelta por Belgrano a doña Juana, lo que contradice Luis Güemes (Güemes documentado,
t. 4, p. 367) en base a documentos que transcribe, señalando que la pieza se destinó a alguno de los
templos de Salta. Juan M. Beruti en sus “Memorias curiosas” (p. 1038) refiere que el 13 de marzo de
1817 la pieza fue recibida en Buenos Aires y que se colocó en la Catedral, Biblioteca de Mayo, t. IV, Bs.
As., edición oficial, 1960, 3897 pp.).
75 L. Lugones, op. cit., p. 35.
80
Semiótica belgraniana
que decía; Río del Juramento, y más abajo la siguiente estrofa: Triunfaréis
de los tiranos / Y a la patria daréis gloria / Si, fieles americanos / Juráis
obtener victoria.
Este verdadero hito de la historia patria desapareció hace muchos años, un
facsímil afronta la intemperie como renovado testimonio de la lírica belgraniana.
Aceros como lauro. En el desempeño de Belgrano como brigadier general en jefe
del Ejército Auxiliador del Perú se apunta un hecho prácticamente olvidado que
recrea la antigua práctica de premiar a los subordinados entregándole un arma.
También fue la teniente coronel Juana Azurduy76 quien recibió de Belgrano una
espada como premio por la toma de la bandera de Los Verdes.77 Una ofrenda a
su coraje que sin dudas habrá causado profunda impresión en aquel pueblo en
guerra y un notable estímulo para los oficiales del Ejército. Como antecedente se
menciona que, ya en 1801, intervino Belgrano en la asignación de un sable con el
escudo del Consulado al capitán Juan B. Egaña y un escudo de plata con iguales
armas al marinero Manuel Díaz, en recompensa por sus méritos en el combate
naval contra la nave portuguesa San Juan Bautista.78
Belgrano y el himno argentino. La canción patria no quedó al margen en la
consideración del prócer. Así resulta del oficio que dirigió al Gobierno, tomando
razón de haberse declarado como “única Marcha nacional” y que “ha dispuesto
transmitir y publicar entre los individuos del Ejército de mi mando” (oficio del 23
de junio de 1813 - Docs. t. V, p. 251).
Dos monumentos alegóricos. Conocedor de la fragilidad de la memoria popular,
Belgrano quiso perpetuar los triunfos en la consideración general. Hasta tal
punto llevó su acertada decisión que aún persisten dos monumentos que
nos recuerdan las victorias de Salta y Chacabuco; el primero es netamente
laudatorio, el segundo remite a las negruras de la muerte, en la que sin distinción
desaparece toda bandería.
Acallados los disparos y restablecida la calma sobre el campo de batalla
de Salta, los caídos de ambos ejércitos (más de 500) fueron depositados en
una fosa común. Sobre ella Belgrano hizo colocar una humilde cruz. Poco más
tarde ordenó al gobernador Feliciano Chiclana que la reemplazara por otra,
curiosamente pintada de verde, con la leyenda “A los vencedores y vencidos
76 Recibió este grado a pedido de Belgrano (decreto del 13 de agosto, 1816 - R. Of. t. I, p. 613).
77 En p. 102 de Juan P. Echagüe, Estampas históricas y valoraciones críticas, Bs. As., Kraft, 1950,
294 pp.
78 G. Tjarks, El Consulado…, t. II, pp. 929 y 930 y Los corsarios…, p. 50.
81
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
el 20 de febrero de 1813’’ (Docs. t. VII, p. 195). Esto lo avaló la Asamblea por
decreto del 6 de marzo de 1813 (R. Of. t. I, p. 200).79 Por otra parte, cuando el
22 de febrero de 1817 llegó a Tucumán la noticia del triunfo de San Martín en
Chacabuco, primera gran batalla de su epopeya, con generosa actitud mandó
Belgrano erigir un monumento en “campo del honor” donde se consumó el logro
de Tucumán.80 Era una modesta pirámide de mampostería, muy parecida a la de
Mayo.81 Por los azares del tiempo se confundió el motivo que justificó la erección
del obelisco, lo que permite valorar la decisión de Belgrano. De esta manera se
registra otra muestra más de la percepción del prócer, quien con tan sencillos
elementos supo captar la atención popular sobre dos momentos históricos que
en su tiempo sacudieron la emotividad patriota. Hoy sus sucedáneos conmueven
a las generaciones presentes.
Bandas capitulares. Durante su segunda comisión como general en jefe del
Ejército Auxiliador, Belgrano tenía jurisdicción sobre los cabildos de Jujuy, Salta,
Tucumán, Santiago, La Rioja y los del Alto Perú; aunque de forma irregular por
hallarse bajo dominio realista. En aquella época se hizo constar en los libros
capitulares de la ciudad de Santiago del Estero (acta del día 26 de junio de
1817),82 la libranza de una “orden de pago para costear las ocho bandas que
se han hecho por disposición del Excmo. Señor Capitán General y Jefe del
Ejército, brigadier general Don Manuel Belgrano para el uso de los individuos
de este Ayuntamiento en todas las funciones [a] que concurran”. La referencia
indica: que medió una orden directa de Belgrano indicando que las bandas eran
atributo de la autoridad y de la dignidad cívica correspondientes a los ocho
miembros de ese Cabildo; que debían usarse en ocasiones solemnes; por lo
que es factible que todos los cabildos de la jurisdicción las hayan empleado,
ya que no es razonable que la autorización beneficiara a los magistrados de
Santiago del Estero, solamente. ¿Qué características tenían estas bandas? Nada
79 Las inclemencias del tiempo afectaron su integridad, a fines del siglo XIX cayó y se partió. Reco-
gieron los restos unos seminaristas, quienes los llevaron a su director de estudios, monseñor Bernabé
Piedrabuena, el que los entregó al gobierno. En mayo de 1899 se restauró y colocó en un soporte de
hierro y cristal ejecutado en Buenos Aires; el que se instaló en el atrio de la Catedral salteña y años más
tarde se derivó a la iglesia de La Merced de esa ciudad, donde hoy se encuentra. En el campo de Cas-
tañares se dispuso una cruz en hierro y a su lado se levantó un impresionante monumento, inaugurado
el 25 de mayo de 1913.
80 Gregorio Lamadrid, Memorias del Gral. La Madrid, t. I, apéndice, p. 596. Bs. As., Kraft, 1895, 602 pp.
81 En 1858 estaba en ruinas; el teniente coronel Emilio Salvigni la reconstruyó y dotó de una reja forja-
da que la destacó. El gobernador Marcos Paz delineó en su derredor la plaza General Belgrano, que se
ejecutó bajó el gobierno de Federico Helguera, en 1878. Desde entonces sufrió diversas modificaciones,
la última en 2012.
82 En t. VI, p. 821, Academia Nacional de la Historia, Actas capitulares de Santiago del Estero, Bs.
Aires, Kraft, 1951.
82
Semiótica belgraniana
lo indica, aunque puede suponerse que llevarían los colores nacionales. El acta
santiagueña revela, una vez más, la peculiar sensibilidad de Belgrano por los
símbolos y cómo sabía instrumentarlos en beneficio de los altos objetivos de
su gestión. Considerando que los cabildos de la primera década de la libertad
precedieron a los gobiernos de provincias, puede decirse que las bandas
capitulares que dispuso Belgrano son directos antecedentes de las que hoy
distinguen a los ejecutivos provinciales.
Conclusiones
Se han reseñado así las múltiples manifestaciones del pensamiento simbólico
del general Belgrano, que puso en evidencia su pensamiento progresista,
alineado con el ideario revolucionario, el que con tanto sentido de oportunidad
supo instrumentar para contribuir a formar la identidad de la Nación; legitimar
la acción de sus instituciones y el poder de un Estado en pleno proceso de
formación. En este acontecer, el intelectual que era Belgrano se transformó en
un hombre de acción plenamente consciente del poder de los símbolos, los
que usó con decisión y que, cuando fue preciso, debió crearlos como medio
para divulgar ideales nuevos en el contexto de un pueblo comprometido en su
dramática etapa fundacional.
83
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
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Az = Azul
Az - - = Celeste
B = Blanco
R = Rojo
86
Matías Dib, “Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno
revolucionario. La comisión diplomática de Manuel Belgrano y Bernardino
Rivadavia a Europa. El “negocio de Italia” y sus relaciones con Manuel de
Sarratea y el conde de Cabarrús (1813-1816), en Belgrano. Dos siglos de legado
1820-2020, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 2020, pp. 88-149.
Palabras clave: Relaciones exteriores, Belgrano, Rivadavia, Sarratea, Comisión
diplomática, Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile
Key words: Foreign affairs, Belgrano, Rivadavia, Sarratea, Diplomatic
commission, United Kingdom of Río de la Plata, Perú and Chile
Resumen
Con este artículo de investigación se procura elucidar el desarrollo, los entrete-
lones y los resultados de la compleja comisión diplomática de Manuel Belgrano
y Bernardino Rivadavia a Europa, durante el año de 1815, considerando su estre-
cha interrelación con la misión que venía cumpliendo allí previamente Manuel de
Sarratea. Todo ello bajo el amparo de las relaciones exteriores y búsqueda de le-
gitimidad del gobierno revolucionario de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El estudio histórico de las fuentes documentales recabadas se dirigió pun-
tualmente a justipreciar y sopesar los frutos de la diputación americana en
países europeos, entre los cuales se cuenta el extenso Memorial al Rey por los
Diputados Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia y también el breve proyecto
denominado “Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile”.
Inclusive, exponer los notorios resultados en el acervo ideológico del propio
Belgrano, considerando las cambiantes y dificultosas alternativas de política in-
terior y exterior que debió atravesar en el cumplimiento de su deber oficial.
RELACIONES EXTERIORES
Y BÚSQUEDA DE LEGITIMIDAD
DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO
La comisión diplomática de Manuel Belgrano
y Bernardino Rivadavia a Europa. El “negocio
de Italia” y sus relaciones con Manuel de
Sarratea y el conde de Cabarrús (1813-1816)
Matías Dib
Introducción
L
a temática planteada en el presente artículo se inserta dentro de líneas de
investigación histórica, tanto españolas como americanas, que hubieron de
otorgarle especial atención al examen de la política externa que los prime-
ros gobiernos patrios hispanoamericanos tuvieron con los estados de Europa.
El estudio de la búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario de las
Provincias Unidas del Río de la Plata recobra singular dimensión en el marco de
las conmemoraciones por el bicentenario de las independencias hispanoameri-
canas (1816-1825).
El eje de la indagación se circunscribió, pues, a objetar el calificativo de fra-
caso rotundo que la comisión diplomática de Manuel Belgrano y Bernardino
Rivadavia a Europa recibió en la preceptiva historiográfica nacional. Al mismo
tiempo, sopesar en su adecuado momento histórico lo que significó dentro del
proceso político y constitucional de las entonces Provincias Unidas del Río de
la Plata. Inclusive, comentar los notorios resultados en el acervo ideológico del
propio Belgrano, considerando las cambiantes y dificultosas alternativas de
política interior y exterior que debió atravesar en el cumplimiento de su deber
oficial.
La estrecha interrelación de los nuevos diputados con Manuel de Sarratea,
quien ya ejercía una representación permanente ante países europeos, motivó
el análisis en este artículo de la totalidad de los legajos correspondientes a la
misión diplomática de Sarratea, como podrá advertirse, los cuales se hallaban
en su mayoría inéditos.
Ello, a partir de un planteo metodológico analítico-sintético contrastado en la pro-
fusa documentación histórica de primera mano seleccionada. Se ha realizado, pues,
una recopilación, diagnosis y sistematización de lo recabado heurísticamente.
89
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Con este enfoque integral en el análisis de las relaciones diplomáticas exte-
riores subyace una actividad y proyección de Manuel Belgrano hasta ahora poco
conocida y que no ha alcanzado suficiente caudal investigativo, al menos desde
el análisis predominantemente histórico. Máxime teniendo en cuenta, a su vez,
la ocasión de cumplirse el Bicentenario del fallecimiento del general Manuel Bel-
grano y el 250º aniversario de su natalicio, en el año 2020.
La comisión exterior de Manuel de Sarratea en Inglaterra
Con la desilusionadora vuelta de Fernando VII al trono español, cundía la amena-
za militar al ex Virreinato rioplatense de enviar, desde Cádiz, una fuerza expedi-
cionaria, que se conjeturaba entre los 10 000 y 12 000 hombres,1 para recuperar
el dominio de América tanto como para restaurar el orden en las revoltosas pro-
vincias del Río de la Plata y penar severamente a sus jefes e incitadores.
Tal cuadro, gravemente apremiante para el proceso revolucionario rioplatense,
motivó la resolución en el gobierno de Buenos Aires de enviar misiones diplomáticas
a diferentes destinos, tales como la de Manuel de Sarratea, permanente ante países
europeos con sede en la corte de Londres y autorización para entrar a España.
Entre las instrucciones dadas a Sarratea por dicho gobierno, se encontraba
la necesidad de consolidar las relaciones entre las Provincias del Río de la Plata
e Inglaterra; considerar a Inglaterra como nación favorecida; destacar la política
de comercio libre de los reformadores de América en oposición al monopolio de
Cádiz; que no se envíen tropas españolas a América y las que se han enviado
que retornen a Europa. Por último, solicitar armamentos de todo género.2
Esta delegación en Sarratea implicaba un paso previo por Río de Janeiro,
donde hubo de reunirse aquel con Lord Strangford, enviado especial allí de la
corona británica. En oficio de Strangford al vizconde Castlereagh, desde Río de
Janeiro, el 18 de diciembre de 1813, se lee que Sarratea procuraría inducir a la
corte de Londres a renovar su interposición y los buenos oficios británicos entre
el gobierno rioplatense y el español, que funcionaran como barrera al “deseo de
venganza” que pudiera tener España.3 Según Strangford, Sarratea le manifestó
que Gran Bretaña no podía rehusarse a prestar su ayuda en solucionar “la forma
1 El proyecto de la expedición punitiva al Río de la Plata encontraba sus raíces en un plan anónimo
presentado en 1813. Opción que barajaba la Secretaría de Marina española tras la victoria del general
Manuel Belgrano en la célebre batalla de Tucumán contra las fuerzas realistas.
2 Ver Oficio del Gobierno a Manuel de Sarratea, Buenos Aires, 19 de noviembre de 1813, en Archivo
General de la Nación, Buenos Aires, República Argentina, Relaciones Exteriores, Gran Bretaña, 1813-
1814, Misión de D. Manuel de Sarratea a Londres, Sala X, legajo 1-1-5, folios 2 a 4.
3 Cfr. Foreign Office 63/148 en C.K. Webster, Gran Bretaña y la Independencia de América Latina. 1812-
1830, t. I, Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1944, pp. 122-129.
90
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
más efectiva de garantizar la indemnidad de las provincias hispanoamericanas
y su seguridad contra el futuro resentimiento de la Madre Patria”.4
El asunto que más urgencia y preocupación revestía para el comisionado
Sarratea era el de la venida al Río de la Plata de las tropas de España. En carta de
Sarratea a Manuel García, durante su estancia en Río de Janeiro, fechada el 5 de
enero de 1814, le dice que contrario a lo que creía confirmado, ahora empezaba
“a creer que se ha suspendido”.5
Al estimar ya cumplida su misión en aquel destino, Sarratea oficia al Go-
bierno para avisar de su partida a Inglaterra, comunicándole que Lord Stran-
gford y el Almirante inglés le han franqueado la fragata inglesa para su viaje
a Londres.6 Arriba a Plymouth el 14 de marzo y el 20 a Londres, mantiene el
28 una conferencia con el ministro de Relaciones Exteriores Lord Liverpool,
en la que se redujo a pedir solamente que se lleve a efecto el armisticio cele-
brado entre las Provincias Unidas y Portugal. El 1° de abril informa en oficio
al gobierno no haber tenido noticias acerca de la salida de una expedición
militar de la Península con destino al Río de la Plata. Agrega allí que ha podi-
do “adquirir que el espíritu público de España está muy prevenido contra los
movimientos coloniales y que todo está allí por la guerra. Que el foco de esta
opinión es Cádiz por el interés inmediato de la llave mercantil que constituye
aquel pueblo”.7 En otro oficio dirigido el 6 de abril anuncia que la Gazeta de Ma-
drid del 16 de febrero informa acerca de una expedición al mando del general
Lacy de 4000 hombres con destino a socorrer Montevideo para “hacer entrar
al engañado pueblo de Buenos Aires en los deberes de la justicia”8; pero que
considera no ha de ser inmediata.
Por un nuevo oficio de Sarratea al gobierno, una semana más tarde, le infor-
ma acerca de las noticias de Europa: ruptura de negociaciones de Chatillon, ele-
vación de Luis XVIII al trono francés y la posibilidad de hallarse Fernando VII en
Madrid. Apenas sepa acerca de su localización, dice, se dirigirá personalmente
a la corte, para elevar al conocimiento de Su Majestad el amor y fidelidad de las
Provincias del Río de la Plata.9
El 23 de abril Sarratea vuelve a participar al gobierno: acerca de la entrada de la
familia real en España y que se dispondrían tropas en Cádiz con dirección a distin-
tos puntos de América, entre ellas 2000 a Montevideo. Se compromete a confirmar
la noticia.10 El retorno de Fernando VII a su reino aminoraba las posibilidades
4 Cfr. Foreign Office 63/148 en C.K. Webster, Gran Bretaña … , pp. 122-129.
5 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 13.
6 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 32 a 33.
7 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 56.
8 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 62.
9 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 75 a 76.
10 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 83 y 85 a 86.
91
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
de negociación de Sarratea con una Inglaterra cada vez más mesurada en rela-
ción a las posesiones coloniales de España en América.
Esta vez, una carta de Sarratea a Posadas (5 de mayo) le sirve para reflexio-
nar sobre la conducta que convendrá adquirir si España pretendiera restablecer
su autoridad en América. Opina que “no sabemos con qué semblante mirará el
Rey los movimientos de América”11 y que si los españoles “insisten en reponer
todas las cosas al pie antiguo”,12 será preciso “arrojarse a caso cerrado a correr
la fortuna de la guerra”.13
En el marco de la incertidumbre por la política peninsular, especula Sarratea
que convendría mucho no desviarse jamás de las claves ya comunicadas, “como
son la unidad nacional y reconocimiento del Soberano y que se trasluzca que
solo aspiramos a obtener las ventajas que son consiguientes a la calidad que
nos concede la Constitución Española de porción integrante de la nación”.14
Sarratea, como hábil diplomático que se muestra, jugaba con varias barajas
a la vez. Se valía de la prudencia puesto que sostenía: “aún estamos a oscuras
con respecto a varias noticias de España, que deben darnos la luz necesaria para
reglar nuestra conducta ulterior”.15 Le pide a Posadas “que se haga cargo de la
necesidad de ganar tiempo, aguantando la vela y de prepararse para todo lo que
pueda sobrevenir”.16
El 9 de mayo el gobierno envía un oficio a Sarratea, por el cual se refiere a la
poca disposición de los gobernantes españoles para concluir la guerra en estas
provincias del Plata. Al tiempo que menciona la negociación con Montevideo
entablada por el embajador español y el británico en Río de Janeiro, para lograr
una solución pacífica al conflicto. Insinúa que ya no hay reconciliación posible
con España y le pide a su comisionado manifieste al gobierno británico que “solo
bajo la garantía única de quedar en manos de los americanos la administración
interior del país en todos sus ramos es que podrá reanimarse la confianza que
es necesaria para concordar los intereses nacionales con los derechos de estos
Pueblos”.17 Agregaba que los votos constantes de los americanos son libertad
y seguridad y que “estos bienes no pueden obtenerse si el gobierno económico
depende en manera alguna de influencia española”.18
El 7 de junio Sarratea escribe de forma oficial al gobierno. Le comenta que
sus relaciones con la corte de España estaban dirigidas a conocer la dirección
11 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 118.
12 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 118 v.
13 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 118 v.
14 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 120 v.
15 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 118.
16 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 121.
17 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 125.
18 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 125.
92
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
que adoptarán los ministros españoles en sus negocios con América. Contem-
pla la posibilidad de trasladarse él mismo a la corte para “influir en la parte que
pueda en las primeras deliberaciones del gobierno”.19 En tal sentido, adjunta co-
pia de una representación suya al rey, fechada en Londres el 25 de mayo, por
la que le promete fidelidad del gobierno de Buenos Aires, justifica la política del
mismo en la ausencia de Fernando, en la disolución de la Junta Central y la pre-
sencia francesa en España. Menciona allí las disensiones con la metrópoli y la
mediación del embajador británico cerca de la corte de Portugal y la intervención
del ministro plenipotenciario español, siendo él comisionado a los efectos de
buscar la conciliación.20
Sin embargo, tres meses más tarde, Sarratea no abrigaba mayor esperanza
de la acogida que hubiera tenido tal representación, como se desprende de su
carta del 16 de agosto de 1814 a García desde Cheltenham. Por dicho conducto
le comunica también acerca de las últimas noticias que llegaron de Cádiz, según
las cuales no se enviaría la remesa de 6000 hombres a Montevideo bajo las
órdenes del general Murillo.21
La misión de Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano a Europa
Anoticiado el director supremo Gervasio Antonio Posadas de la toma de pose-
sión del mando de Fernando VII, dispuso enviar diputados ante la corte de Es-
paña, expresamente autorizados para tratar con el rey. Los monarcas europeos
apoyaban unánimemente al rey español que había retornado de su cautiverio en
Bayona, en las disidencias con sus posesiones americanas. Significaba un re-
fuerzo a las gestiones del diputado Sarratea a quien le avisa el 9 de septiembre la
novedad y le ordena suspender su viaje a la Península,22 pidiéndole permanezca
en la corte de Londres.
De tal forma, el director Posadas propuso el 13 de septiembre de 1814 al con-
sejo de estado el nombramiento de Manuel Belgrano23 y del Dr. Pedro Medrano
(que al renunciar será suplantado por Bernardino Rivadavia)24 como enviados
ante el gobierno español (Figuras 1 y 2). En los oficios del gobierno fechados el
19 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 146.
20 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 149 a 152.
21 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 200 a 203.
22 A.G.N., S. X, 1-1-5, folios 209 a 210.
23 A.G.N., Buenos Aires, División Gobierno Nacional, Misión de Don Bernardino Rivadavia y Don Manuel
Belgrano a Londres (Gran Bretaña) y Madrid (España), Sala X, legajo 1-1-3, folio 8.
24 Según comentará el propio Rivadavia en una carta al secretario Nicolás Herrera del 8 de febrero de
1815, la no concurrencia del abogado Medrano fue “por la falta de opinión que tenía en el país el logro
de la comisión”. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 112 v.
93
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
24 de noviembre, adjuntando los poderes e instrucciones conferidos a los comi-
sionados, argumenta que Rivadavia está completamente autorizado a negociar
con los ministros y agentes de todas las cortes extranjeras y, particularmente, con
los de Francia, Rusia, Inglaterra, Austria y los Estados Unidos en la misión diplomá-
tica consignada. Se extienden esos poderes también a Sarratea y Belgrano.
Figura 1 Retrato original del general Manuel Figura 2 Miniatura de Bernardino Rivadavia
Belgrano por Monsieur François Casimir por Andrew Robertson (Londres, 1815), Museo
Carbonnier (Londres, 1815). Museo Municipal Lázaro Galdiano, Madrid, España.
de Artes Plásticas Dámaso Arce, Olavarría,
Prov. de Buenos Aires, Argentina.
Manifiesta el director la urgencia de comunicarle a Fernando VII sobre el esta-
do y ánimo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.25 El retorno del “Deseado”
al trono español, según la óptica europea, quitaba el “pretexto” de la revolución
rioplatense y la consecuente erección del gobierno que la representaba. La ne-
cesidad de adoptar, pues, un partido favorable a la causa libertaria motivó al
gobierno a mandar una nueva misión a Europa.
25 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 8, 9,10, 13 y s/n. Cfr. asimismo A.G.N., Buenos Aires, División Gobierno
Nacional, Misión de Don Bernardino Rivadavia y Don Manuel Belgrano a Londres (Gran Bretaña) y
Madrid (España), Sala X, legajo 1-4-5, folios s/n.
94
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
Tras la aprobación del consejo de estado, disponía el director que Belgrano y
Rivadavia26 se dirijan a Londres, deteniéndose en Río de Janeiro para establecer
contacto con la corte de Portugal y también con Lord Strangford,27 en aras de
actualizar las informaciones. Tras entregarle unos pliegos al embajador inglés,
ya en Londres, deberían convenir con Sarratea28 el viaje a Madrid o al sitio de
residencia de la corte española, según el artículo 1º de las instrucciones ostensi-
bles o públicas,29 firmadas el 9 de diciembre de dicho año por Posadas y Nicolás
Herrera.
De acuerdo al artículo 2º los enviados debían presentar sus felicitaciones a
Fernando VII por su regreso al trono español pero también debían (artículo 3º)
informar de la situación política de las provincias rioplatenses, subrayando: “la
fiera agresión de los mandones intrusos de la península, […] los estragos que ha
causado en el país la guerra sostenida cruelmente por los gobernantes y virreyes
de la Regencia”.30
Si se repasa el artículo 4º era palmaria la férrea decisión de las Provincias
Unidas del Río de la Plata de luchar denodadamente en pos de su autonomía. Si-
guiendo el artículo 5º, los diputados rioplatenses estaban autorizados a aceptar:
“proposiciones sobre condiciones, y bases de justicia, que examinadas por las
provincias en la Asamblea de sus Representantes puedan admitirse sin chocar
con la opinión de los `pueblos´”.31 Era esta una estrategia pergeñada para evadir
los compromisos definitivos por parte de los comisionados rioplatenses en la
capital española.
Igualmente, el gobierno del Plata pretendía alargar las negociaciones a fin de
demorar o diferir la temible partida de la expedición punitiva de Cádiz, sin preci-
pitarse a resolución alguna que ciñera su accionar. Esta era la esencia del plan
26 El gobierno oficia a Rivadavia y Belgrano que “siendo tan apretada la situación del erario no le
provee con las cantidades que quisiera; sin embargo les manda entregar 20 mil pesos que habrá de
remitirles 10 mil cada semestre”. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 14.
27 El 30 de noviembre, desde Río de Janeiro, el vizconde Strangford le escribe al vizconde Castlereagh
para anoticiarlo que el gobierno de Buenos Aires ha aceptado su recomendación de cesar la resistencia
a España, ya desvanecidas las dudas sobre la legitimidad de los depositarios de la autoridad. Confía que
enviará diputados para que se dirijan a España y se comuniquen con el rey. Le decía: “abrigo el mayor
deseo de que el gobierno español no deje escapar esta oportunidad, quizá la última, de restablecer un
entendimiento amistoso entre España y sus colonias”. Cfr. Foreign Office 63/169 en C.K. Webster,
Gran Bretaña y …, pp. 133-134. El pretexto para la insinuación que Strangford le hiciera a Posadas al
respecto se ocasionaba en la toma de Montevideo producida el 23 de junio de 1814 por las armas de
la revolución de Buenos Aires.
28 El gobierno habíale ya avisado por oficio del 29 de noviembre a Sarratea de la salida de Rivadavia
y Belgrano en una misión especial ante el rey de España “para que pueda preparar de antemano una
aceptación favorable a esta diputación”. A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 256.
29 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo.
30 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
31 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
95
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
político y los movimientos sobre los que venía insistiendo Sarratea durante todo
ese año 1814, al decirle a Posadas que “dirija todas sus operaciones al importan-
tísimo objeto de ganar tiempo”32 y que “mantenga ese tenderete mientras que se
maduran los amasijos de aquí; alimente las esperanzas de todos con la idea de
que las cosas van a componerse a satisfacción de unos y otros”.33
En comparación con las instrucciones públicas, los alcances de las reserva-
das expedidas a Bernardino Rivadavia el 10 de diciembre de 1814 eran mucho
más reveladores. Obsérvese que según el artículo 1º: “pasará solo a España a
tratar con el Rey en los negocios de la comisión, dejando en Londres a su socio
Don Manuel Belgrano, para que según el resultado de sus diligencias en aquella
corte pueda operar con las extranjeras”.34 El gobierno de Buenos Aires le indica-
ba a Rivadavia, en consecuencia, trasladara consigo a Madrid las dos terceras
partes de los fondos que llevaban ambos diputados para los gastos de la comi-
sión, quedando con la restante Belgrano en Londres.35
Por el artículo 2º aquel debería tener: “muy presente en el desempeño de la
comisión que las miras del gobierno, sea cual fuere la situación de España, sólo
tienen por objeto la independencia política de este continente, o a lo menos la
libertad civil de estas Provincias”.36 En un mismo tono de severa dignidad, el di-
rector le pedía a Rivadavia que en caso peligrar el curso de la negociación,
hará ver con destreza que los americanos no entrarán jamás por partido
alguno que no gire sobre estas dos bases: o la venida de un príncipe de
la casa real de España que mande en soberano este continente bajo las
formas constitucionales que establezcan las Provincias; o el vínculo y de-
pendencia de ellas de la corona de España, quedando la administración en
todos sus ramos en manos de los americanos.37
En las instrucciones secretas también se aprecia la insistencia del gobierno
del Río de la Plata en aplicar el mecanismo de consulta de la resolución por la
Asamblea: “el tratado deberá sancionarse en la Asamblea de los diputados de
estas Provincias por haberse reservado esta facultad”.38
La parte más delicada de su comisión surgía del artículo 3°. En caso de que
Fernando VII o el gabinete español insistieran en la subordinación y servil depen-
dencia de las Provincias Unidas a su autoridad, el diputado debía dirigirse, ya no
32 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 203.
33 A.G.N., S. X, 1-1-5, folio 203.
34 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
35 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 25, 27 y 28.
36 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
37 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
38 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
96
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
a Madrid, sino a otra corte extranjera: “porque el fin es conseguir una protección
respetable de alguna potencia de primer orden, que bien sea con su influjo o con
su fuerza pueda sostener nuestras pretensiones contra las tentativas opresoras
de España”.39 Podría leerse esto como el objetivo de que algún otro gabinete apo-
ye la independencia y al afianzarse se termine la guerra. En tal sentido, pronto
advertirán los nuevos comisionados, tanto como Sarratea, que el rey no estaba
dispuesto a negociar con las posesiones coloniales sino a recuperarlas por la
fuerza bélica; sin ofrecer perdón alguno a sus súbditos americanos.
Por el artículo 5º, y previo a su traslado a Madrid, Rivadavia debía informarse
por vía de Sarratea respecto de la política inglesa para con la América española,
en busca de negociar el referido apoyo de una potencia extranjera “respetable”.
Durante las siguientes semanas de diciembre de 1814, los flamantes dipu-
tados fueron munidos de un pliego que deberían mantener cerrado hasta su
llegada a Londres,40 de copias de las instrucciones, diplomas respectivos a su
comisión y oficios de los asuntos de Chile y Montevideo.41 Asimismo recibieron
el pasaporte firmado de mano de Posadas para su viaje al exterior,42 una con-
testación en que se les facultaba para librar contra los fondos del estado, una
recomendación de Mr. Steaples para el secretario de estado de los negocios
extranjeros en Londres, un oficio del director supremo para Lord Strangford y
asimismo una representación al rey.43 Una semana antes de su partida, el go-
bierno les solicita, incluso, procuren enviar de Europa buenos artistas en fábrica
de armas y profesores de matemáticas, prefiriendo los españoles por la ventaja
del idioma.44
Los nuevos diputados de Buenos Aires en su paso
por Río de Janeiro
Los comisionados Belgrano y Rivadavia partieron de Buenos Aires el 28 de di-
ciembre de 1814, a las 6.45 h de la tarde,45 a bordo de la corbeta Zephir y llegaron
a Río de Janeiro el 12 de enero de 1815.46 Allí mantuvieron diversas entrevistas
con Lord Strangford, quien les aseguró que su gobierno no admitiría la intromi-
sión de Brasil en el Río de la Plata, garantía de significativa relevancia ya que
39 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
40 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 36 y 37.
41 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 38 y 39.
42 A.G.N., S. X, 1-4-5, 2º subtítulo, folio sin nº.
43 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 46-47 y 48 a 50.
44 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 58.
45 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 62.
46 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 67.
97
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
esfumaba el temor de que las fuerzas expedicionarias españolas hallasen res-
paldo en Brasil. Era preocupación del directorio supremo que se presentaran los
diputados ante el príncipe regente de Portugal y la infanta Carlota Joaquina de
Borbón, para resolver el tema de los insurgentes de la Banda Oriental, a fin de
manifestar los recelos de las Provincias Unidas de una guerra próxima al gabi-
nete portugués por los preparativos hostiles advertidos en las fronteras con el
Reino del Brasil.47
Apenas llegados los diputados Belgrano y Rivadavia a Río de Janeiro, el 14 de
enero de 1815,48 presentan un oficio a Fernando de Portugal, por el cual felicitan
al príncipe regente y a Carlota de Borbón. Les instruyen sobre su comisión y ex-
ponen acerca de los incidentes producidos en la frontera con la Banda Oriental,
pidiendo, por tanto día y hora para una audiencia.49 Les responde al día posterior
el primer ministro de la corte de Río de Janeiro, marqués de Aguiar, que habría
de admitirlos a las 10 de la mañana del día 16.50
Mientras tanto, durante ese 15 de enero, los representantes porteños le ad-
virtieron al encargado de negocios de España Andrés Villalba acerca de los per-
juicios para América y la monarquía que resultarían de la expedición del general
Morillo. Villalba les aconsejó rápidamente arribar a Madrid en la corbeta de gue-
rra Abascal que se pondría a disposición de los diputados para prevenir la salida
de la expedición y evitar la intervención, en el conflicto españoles-americanos,
de una potencia foránea. Sin embargo de creer en lo conveniente de la medida,
según dicen Belgrano y Rivadavia al gobierno de Buenos Aires: “le hemos hecho
entender la falta de facultades para alterar un capítulo expreso de nuestras ins-
trucciones […] y hemos convenido en el temperamento de consultar a Vuestra
Excelencia”.51
Al día siguiente (el 16 de enero de 1815), Villalba escribía al director supremo
del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata diciéndole que, en pos
de la tan esperada pacificación, desearía bregue aquel por una suspensión de
hostilidades con las tropas del rey; reprima las licencias de los redactores de
las gacetas y disuada los que planifican una independencia quimérica, en orden
a evitar la llegada de la temida expedición de Cádiz. Ratifica al director su pro-
47 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 40 a 41 y 52 a 53.
48 Ese mismo día se difunde a los ayuntamientos, jefaturas de armas y gobernadores una “circular
reservada” que da la Asamblea revelando el carácter, hasta entonces secreto, de la comisión diplomática
enviada.
49 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 92.
50 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 93.
51 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 70 a 71. Efectivamente, enterado luego el gobierno de Buenos Aires de las
proposiciones de Villalba a los diputados para que vayan en derechura a la Península, les ordena el 24
de febrero de 1815 atenerse escrupulosamente a las instrucciones y hacer escala primero en Londres.
Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 145.
98
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
puesta a los diputados de una corbeta para partir derechamente a España: “pues
no podrá menos de desagradar a Su Majestad el que en nuestras disensiones
domésticas tome parte, ni tenga inteligencia, ninguna potencia extranjera”.52
Le preocupaba a Rivadavia que pese a sus esfuerzos por inspirar confianza,
el príncipe Fernando, Carlota, Villalba, dice, “y todos los españoles que se hallan
en esta corte, se han portado como si el objeto de nuestra misión fuese una
intimación de guerra”.53
El ministro de relaciones exteriores marqués de Aguiar había observado,
dice, igual comportamiento descortés con ellos. Si bien el trato fue “cariñoso y
atento”54 en lo personal, en lo relativo a los negocios de la comisión “llegó a ser
fanfarrón e injuriante”.55 Los comisionados le presentaron los diplomas como
diputados para el rey de España, el oficio del director Posadas felicitando al prín-
cipe y princesa y reclamando sobre los procedimientos de los jefes portugueses
de esas fronteras. Aguiar los leyó contestando que lo haría presente al príncipe
y les avisaría.
Por otra parte, el 18 de enero los diputados instruyen al director supremo del
recibimiento que les ha hecho el ministro británico en la corte de Río de Janei-
ro: “Inmediatamente que nos fue posible después de nuestro desembarco en
esta corte, nos presentamos en esta posada del Excelentísimo Señor Vizconde
Strangford […] le entregamos los pliegos de Vuestra Excelencia los que recibió”.56
Habrían de mantener varias entrevistas más en lo sucesivo con Strangford.
Transcurridos 8 días sin novedades de la contestación de la corte brasilera,
los diputados le ofician a Aguiar y protestan nuevamente para que les informe
de la resolución del príncipe regente sobre los puntos de sus reclamaciones an-
teriores.57 El preindicado ministro contestó con otra cita para tres días después,
a la que concurrieron Belgrano y Rivadavia. Les dio Aguiar “una contestación a
nombre de su Príncipe, concebida en términos generales de atención al punto
de felicitarle, sin decirnos nada a nombre de la Princesa, a pesar de que por su
medio nos habíamos dirigido a ella”,58 explica ofuscado Rivadavia y “cayó en las
reclamaciones que le habíamos hecho sobre la conducta que se observaba en
las fronteras de parte de los portugueses, repitiéndonos lo mismo que nos había
dicho en la primera entrevista: esto es, que no se tenía noticia de nada de lo que
nos quejábamos”.59
52 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 77 v.
53 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 106 v.
54 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 107.
55 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 107.
56 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 97-98.
57 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 140.
58 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 107 v.
59 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 107 v.
99
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Asevera Rivadavia que desde su entrada a la corte brasilera se les había
mostrado una conducta hostil a sus personas; que la princesa Carlota se ha-
bía puesto “a la cabeza del partido más enconado y personal contra Buenos
Aires y sus dependencias […] agitada de las pasiones de odio y venganza”.60
Y que obstinadamente se había negado Carlota a recibir a los diputados, se-
gún se los había asegurado Villalba, figura a la cual también critica Rivadavia
por haberlos tratado injuriosamente, “no visitándonos, negándose a convites
de ministros extranjeros, causándolo expresamente en nuestra concurrencia:
y en fin cediendo cada vez más al bárbaro y vulgar influjo de los españoles
aventureros, que se hallan reunidos aquí”.61 Respecto de aquellos españoles,
relata que “todos nos hacen la guerra, proyectan asesinatos, insultos, derra-
man calumnias e inventan y vociferan cuanto pueda degradarnos”.62 Concluye
Rivadavia su relación sobre la conducta diplomática llevada junto a Belgrano
hasta entonces, que lo más prudente era esperar la partida a Londres aunque
“desgraciadamente no sabemos cuándo será porque no hay por ahora buque
de guerra, que vaya para Inglaterra”.63
Mientras tanto Sarratea, no habiendo recibido aún el oficio del 29 de no-
viembre del año anterior,64 escribe el 25 de enero al director supremo. Le
informa que en Londres se había difundido la noticia de que este gobierno
se disponía a despachar diputados a la Península, con el objeto de cumpli-
mentar al rey por su advenimiento al trono de España y, que en razón de ello,
le escribió a Belgrano, adjuntando copia de la carta.65 Su intención era preve-
nir estos planes, pues en realidad desconocía que Belgrano y “otro diputado
nuestro cuyo nombre no he podido averiguar aún”66 (por Rivadavia) aún se
hallaban en Río de Janeiro y habrían de dirigirse luego a Londres, según las
instrucciones que llevaban. Le solicitaba Sarratea al director y, más espe-
cíficamente a Belgrano, que se suspenda todo procedimiento hasta que él
pudiera sugerirle sus ideas “sobre el objeto a que presumo pueda dirigirse la
misión de que se trata”.67
Sus fundamentos para tales prevenciones quedan expresos en el primero
de ambos documentos, profundamente reveladores del accionar diplomático
de Sarratea y de lo complejo de la situación política desde mayo de 1810 para
60 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 108 v.
61 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 109.
62 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 109 v.
63 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 110.
64 Ver infra nota 28.
65 A.G.N., Relaciones Exteriores, Gran Bretaña, 1813-1814, Misión de D. Manuel de Sarratea a Londres,
Sala X, legajo 1-1-6, folios 40-42 y 43-44.
66 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 44.
67 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 44 v.
100
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
los revolucionarios rioplatenses: “La resistencia de esas Provincias a no ceder
la jurisdicción gubernativa, que se creyeron con derecho a apropiarse durante
la invasión de España, está justificada desde que la Soberana Declaración de
4 de mayo [de 1814], ha decidido que no fue Gobierno legítimo, sino un club
de facciosos criminales el que abusó de la fuerza para despojarlas de este
derecho”.68 La rectificación argumentativa para no adherirse dócilmente a la
reinstauración de la monarquía absoluta en la figura de Fernando VII, quedaba
explicitada por Sarratea:
Pero la conducta actual del gobierno de la península (si es cierto el destino
que se supone a la dicha expedición) [se refiere a la de Cádiz para el Río de
la Plata] demuestra claramente que, no obstante que nuestros gobiernos
no han simpatizado con el que se ha proscrito en la península han incurri-
do, sin embargo, en el mismo Real desagrado, que si se hubiera adherido a
los principios que aquel ha profesado.69
El 30 de enero Belgrano escribe una carta a Anchorena, en la que le expresa
su deseo de partir pronto hacia Europa, pues considera que su misión en Río de
Janeiro está concluida. Aquejado por sus habituales males físicos y preocupado
por la situación de su Patria, le pregunta si habían concluido las discordias y
afirma cuán necesaria es la unión.70
Durante el mes de febrero de 1815 los comisionados porteños, a la espera
de su salida hacia Londres, y frustrados los efectos favorables de sus gestio-
nes con el príncipe71 y la infanta de Portugal,72 tanto como con el ministro de
España; se abocaron a indagar a Lord Strangford sobre el punto más urgente
de su comisión: la posibilidad de la llegada de la expedición punitiva española
al Río de la Plata y las características de su composición. Tal como le venía
ocurriendo a Sarratea las informaciones eran cambiantes y contrapuestas
mes a mes. Rivadavia le informa a Herrera en su carta del 8 de febrero
que las noticias que hacían volar, eran y son que para el ocho de enero
salía sin falta la expedición compuesta de cien velas, 60 transportes con
200 hombres cada uno, 30 cañoneras, y 10 buques de Guerra, un navío y
68 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 42.
69 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 42.
70 Marcos Estrada, Belgrano y Anchorena en su correspondencia, Buenos Aires, 1966, pp. 82-83.
71 Rivadavia se queja ante Herrera que el príncipe Fernando los había desairado todo cuanto podía y,
agrega: “en nada más pudo ofendernos que en no querernos admitir a su presencia, sin dignarse dar el
menor pretexto o disculpa”. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 106 v.
72 A la que Rivadavia se atreve a calificar de “arpía” por sus manejos con la diputación. A.G.N., S. X,
1-1-3, folio 153 v.
101
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
las demás fragatas y bergantines, el total de la tropa trece mil hombres al
mando del Murillo […] que la Expedición venía también provista a beneficio
de tres millones dados por el comercio de Cádiz.73
Añade Rivadavia que él y Belgrano notando “las exageraciones, improbabi-
lidades y contradicciones”,74 juzgaron “era la ocasión más oportuna de hacer a
Strangford explicaciones más directas y exigirlas de él, lo que no habíamos podi-
do lograr hasta ahora”.75 El ministro británico se mostró evasivo en el asunto por
lo que, según relata Rivadavia de la reunión que mantuvieron en la casa de aquel,
se vio en la necesidad de decirle que el gobierno de Buenos Aires no estaba ya
en el caso de ser puramente dirigido y que Strangford “no era en esto libre como
debíamos suponerlo convencidos del interés y adhesión personal, que tenía bien
probada, a favor de nuestro estado”. Apelando a las buenas relaciones que se
tenían con el diplomático inglés desde los primeros años de la revolución, vieron
los agentes que era indispensable concurrir en persona y sin demora a su minis-
terio. Grafica el momento Rivadavia cuando cuenta que: “a esto el Lord saltaba
en la silla y mudaba de colores más que un prisma; entonces le apuramos más
y le hicimos la siguiente interrogación para recordarle; que no podíamos com-
prender; cómo se había empeñado tan fuertemente en nuestra misión cuando
no debía ocultársele que no había de conseguir efecto ninguno, sino el que los
diputados si no fuesen sacrificados, al menos sufriesen mil insultos y vejacio-
nes”.76 Strangford les contestó que lo averiguaría todo pero les hizo saber “que
muchas cosas se hacían, aunque supiésemos su ningún efecto, por llenar la opi-
nión, que la Inglaterra con este paso llenaba sus deberes, que si a éste se negaba
España, la Inglaterra se hallaría con justicia para obrar abiertamente en favor y
defensa de sus intereses, que no había de sacrificar por las pasiones de unos
particulares o de cualquier Nación”.77 Finalmente, mandó a decirles que no había
podido descubrir nada positivo de la expedición y que su venida era improbable
pero no imposible.
Una semana más tarde (15 de febrero), Rivadavia vuelve a comunicarse con
Herrera. Le repite no haber tenido noticias ni impresos, mientras que los comer-
ciantes ingleses y muchos españoles han recibido correspondencia y gacetas
de Buenos Aires. Que únicamente están al tanto del reemplazo de Posadas por
Carlos María de Alvear (sobrino del director renunciante y que venía ejerciendo
el alto cargo desde enero de 1815). Refiere noticias sobre la expedición de Cádiz
73 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 111 y 111 v.
74 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 111 v.
75 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 111 v.
76 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 112.
77 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 112 v y 113.
102
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
(compuesta por alrededor de 10 000 hombres)78 y otras cosas de España, al
mismo tiempo de las esquivas conferencias con Lord Strangford.79
Por su parte, Sarratea le envía el 22 de febrero desde Londres una epístola a
Posadas, sumamente reveladora del decantado negocio que venía pergeñando
ante la complejidad de las circunstancias. Le comunica que ha recibido noticias
desde París sobre la insurrección del Cuzco, que abarcaría todo el Perú; de la
suerte del Virrey de Lima y que la expedición militar destinada al Río de la Plata
se dirigiría a tierra firme. Sobre todo la preocupación del agente es que se encon-
traba a oscuras, falto de instrucciones terminantes por parte de Posadas. Que
si no recibía algunas comunicaciones que lo guíen en el sentido en que debía
trabajar y los objetos que debía promover se contraería “al negocio incoado en
Italia”,80 añadiendo que “la conducta que adopte en el curso de él será reglada
por la expedición militar de Cádiz”.81 Manifiesta Sarratea sentir “que está indica-
do romper del todo los vínculos”82 pues no podía contarse más con el gobierno
español “para determinar de la suerte futura de nuestras Provincias”.83
En su fugaz paso por Río de Janeiro (poco más de dos meses) Belgrano y
Rivadavia no fueron recibidos ni por el príncipe regente ni por la princesa Carlota;
y con respecto a sus reclamos acerca de incidentes desatados en la frontera con
la Banda Oriental (el auxilio con tropas del pío Pardo a los insurgentes orienta-
les)84 fueron desoídos con incredulidad.
En una carta a Alvear del 28 de febrero, continuación de la larga epístola a
Herrera de semanas previas, concluye Rivadavia de las tratativas en la corte bra-
silera que los portugueses no darán auxilio directo a los españoles, aunque sí
indirectos.
Respecto al otro de los puntos de mayor atención para los diputados, sobre si
Inglaterra hará algo positivo por Buenos Aires, si observará una absoluta neutra-
lidad o se inclinará a favor de los españoles; determinarlo, considera Rivadavia el
único recurso y a su vez el mayor peligro para el gobierno directorial.
Mientras durara el cautiverio de Fernando VII, Inglaterra había mantenido
una posición neutral entre España y sus posesiones americanas aventurándo-
se incluso en ofrecer su mediación. Sin embargo, el tratado secreto celebrado
entre España e Inglaterra el 5 de julio de 1814 garantizaba a los británicos la
78 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 129 a 131. Esta información se ratifica en el oficio al gobierno de Rivadavia
y Belgrano desde Río de Janeiro el 17 de febrero de 1815. Comunican individualmente la noticia de la
expedición al mando de Morillo.
79 A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 121 a 125.
80 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 57.
81 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 57.
82 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 56 v.
83 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 57.
84 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 134 a 136.
103
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
admisión a comerciar con las colonias españolas en caso de darse esa aper-
tura económica. Todo el asunto, pues, se reducía entonces, a conocer qué se
podía esperar o temer de los ingleses. Elucubra Rivadavia que si esta nación
auxiliaba a los españoles ello iría contra sus propios intereses, la opinión y
popularidad de la misma y hasta contra la conservación del poder marítimo. A
tales fundamentaciones podía interponerse a su vez un temor racional, estima
el diputado, que “el gabinete inglés no dejaría de tomar todos los medios de
seguridad que pudiese, con respecto a los intereses ingleses que existen en
esas provincias y que esto, consistiendo en que una expedición considerable
invada ese país no puede ser de otro modo que poniéndose secretamente de
acuerdo con los españoles invasores”.85
Su juicio respecto del papel inglés con los americanos es que “ningún auxilio
se consigue de los ingleses, porque Strangford aunque se puede asegurar que
está decidido a nuestro favor y que cree imposible la conciliación con los espa-
ñoles; no solo tiene un medio legítimo de evadirse, sino que realmente está sin
facultades”.86
Coincidentemente, Sarratea tampoco creía posible un apoyo de Gran Bretaña
a la causa revolucionaria: “había poco que esperar de su intervención en nues-
tras diferencias domésticas”.87 Recordemos que el artículo 5º de las instruccio-
nes secretas conminaba a Rivadavia a sondear la opinión de Sarratea sobre la
política inglesa.
Finaliza Rivadavia su sustanciosa carta confidencial a Alvear, sosteniendo
que no se aguarde nada favorable de los españoles “porque ni ellos demorarán
un día la invasión, como la puedan practicar ni entrarán por concierto ninguno,
que libre al país de un estado servil y colonial”.88
En otra carta reservada (del 3 de marzo), Rivadavia le informa a Alvear haber
instruido personalmente a Manuel García sobre su comisión política y que pese
a la desconfianza previa sobre la conducta de este enviado,89 se han puesto de
acuerdo y lo encuentra plenamente unido a los principios de la comisión.
García tenía como objeto negociar con la corte portuguesa y oportunamente
indagar allí a Lord Strangford sobre las chances de un apoyo o protección britá-
85 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 155.
86 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 155 v.
87 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 227 v.
88 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 156 v.
89 Manuel García se hallaba en Río de Janeiro desde el 23 de febrero de 1815, concomitantemente
con Belgrano y Rivadavia, aunque estos dos últimos ignoraban su presencia y el objeto de su comisión,
encomendada por el mismo director Carlos de Alvear. Le decía Rivadavia a Alvear en extensa carta del
28 de febrero: “No se ha podido encontrar a García y solo hemos averiguado que hace seis días que
llegó, que anda con varios europeos y que ha estado con repetición en lo de Villalba, donde también
habita Salazar: esta conducta es muy extraña”. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 157.
104
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
nica, mediante la entrega de dos pliegos, uno para remitirse a las cortes de Ingla-
terra y otro para el plenipotenciario inglés. Rivadavia se queja, con sorpresa, ante
Alvear del procedimiento que implicaba la existencia de ambos pliegos, pues
en ellos se les hace en cierto modo una injusticia, acusándolos de negligentes.
Paralelamente a la nueva misión de García (he aquí la incongruencia que pertur-
baba a Rivadavia), se encaraban gestiones de mediación diplomática a cargo de
los otros representantes en el exterior (Sarratea, Belgrano y Rivadavia).
El pliego para Strangford contenía la tristemente célebre carta de Alvear del
25 de enero de 1815, que finalmente García no le entregó al embajador inglés en
la corte de Brasil, aunque sí le reveló su contenido cuando se entrevistaron allí
el 26 de febrero. Su texto, harto conocido, era más que elocuente de la intento-
na desesperada del nuevo director de conseguir el apoyo británico, aunque (sin
eufemismos) significara someterse al yugo extranjero: “En estas circunstancias
solamente la generosa nación británica puede poner un remedio eficaz a tantos
males, acogiendo en sus brazos a estas Provincias, que obedecerán su gobier-
no, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único
remedio de evitar la destrucción del país”,90 se lee entre sus párrafos.
Dirá Strangford a Castlereagh del asunto: “M. García era portador de una carta
que me dirigía el general Alvear de la que acompaño traducción […] una resolu-
ción tal de parte de su gobierno de considerar este llamado como el último que
encontrarían justificado hacernos y de recurrir a cualquier extremo si pareciera
que Gran Bretaña estaba firmemente resuelta a no prestarles protección algu-
na”.91 A continuación, refiere Strangford que le pidió a García pusiera por escrito
lo esencial de sus instrucciones y que, tras verificarlo, manifestó verbalmente a
García que era imposible darle información alguna sobre el papel a desempeñar
por la corte inglesa “en la diferencia entre España y sus colonias”, pues no había
recibido instrucción alguna sobre este punto.92 En ese mismo oficio, Strangford
le anuncia a su ministro que Belgrano y Rivadavia viajan a Inglaterra para persua-
dir al gobierno británico que medie entre España y las Provincias Unidas.
En suma, Rivadavia manda regresar al joven oficial escribiente Rufino
Basavilbaso, según arguye, “porque hace un aumento de gasto desproporcio-
nado a su trabajo y que no podemos soportar el transporte de él a Inglaterra, nos
costaría 500 pesos”.93 Efectivamente, los diputados planeaban que promedian-
do la semana entrante habrían de salir hacia Inglaterra.
90 Cfr. Carlos A. Pueyrredón, “Gestiones diplomáticas en América” en Academia Nacional de la
Historia, Historia de la Nación Argentina, tomo VI, 1ª parte, Buenos Aires, El Ateneo, 1962, pp. 380-381.
91 Oficio del 14 de marzo de 1815 desde Río de Janeiro. Cfr. Foreign Office, 63/181 en C.K. Webster,
Gran Bretaña y … , p. 140.
92 Cfr. Foreign Office, 63/181 en C.K. Webster, Gran Bretaña y … , p. 140.
93 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 160 v.
105
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Al día siguiente, Belgrano y Rivadavia solicitan autorización al gobierno (por
razones de seguridad) para enviar sus comunicaciones a través de Basavilbaso,
quien les ha justificado su honradez y conducta y que por lo mismo esperan sea
colocado en su antiguo empleo.94
Belgrano y Rivadavia comisionados en Londres. El “negocio de
Italia” transmitido por Sarratea. Memorial al Rey por los
Diputados y Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata,
Perú y Chile
Los delegados abandonaron Río de Janeiro el 16 de Marzo de 1815,95 a bordo de
la fragata Inconstante, alcanzando el puerto de Falmouth el 7 de Mayo.96 Es en-
tonces cuando se anotician del cambio de la situación europea (Napoleón había
abandonado su retiro de la Isla de Elba y retornado al trono francés) que alteraba
el propósito de la misión. El 13 de mayo Belgrano y Rivadavia se pusieron en
contacto con Sarratea,97 quien les expuso sus planes para demorar la partida de
la expedición punitiva y (ante la intransigencia de Fernando VII), si era factible,
incitar la desunión de la familia real española.
A esos fines, Sarratea había prefigurado en los meses anteriores lo que
se denominaba confidencialmente como el “negocio de Italia”, iniciado antes
que Belgrano y Rivadavia llegaran a Londres. El pensamiento de negociación
partía de algunos considerandos históricos: los soberanos europeos coliga-
dos contra el “corso” Napoleón Bonaparte habían desconocido la validez de
la abdicación y de las renuncias del rey español Carlos IV, en Aranjuez y en
Bayona; como obra de la coacción ejercida por el emperador de Francia. Por
consiguiente, si se negaban a reconocer a Carlos como soberano legítimo de
España y sus Indias, ello importaría consecuencias de algún tenor. La parti-
cular situación del rey daba cierta cabida a la especulación política que Sa-
rratea había pergeñado en combinación con el directorio de Posadas: desde
el verano de 1812, se hallaba exiliado Carlos IV en Roma con su mujer María
Luisa de Parma, los infantes menores y con su valido Manuel de Godoy, el
titulado Príncipe de la Paz. Desterrado el monarca padre en la corte papal
(primero en el palacio Borghese y luego en el Barberini) subsistía con la pen-
sión que le enviaba su hijo Fernando VII; quien ya repuesto en la monarquía
94 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 161 a 162.
95 A.G.N., Relaciones Exteriores, Gran Bretaña, Misión de Don Manuel de Sarratea a Londres, 1816-
1817, Sala X, legajo 1-1-7.
96 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-3, folios 169 a 170.
97 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 172.
106
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
de España, no lo dejaba volver a la Península por temor a que le disputara
el trono.
En virtud de lo expuesto, Sarratea “se resolvió al único arbitrio que se pre-
sentaba con alguna probabilidad de buen éxito”98 para la causa de la libertad
de las provincias del Río de la Plata: “recurrir al Rey Don Carlos IV haciéndole
entender que aquellas provincias le aclamaban a él exclusivamente y que en de-
fensa de sus derechos no querían ni podían reconocer alguno en el Príncipe Don
Fernando”.99 Los efectos de esta medida debían ser, “imposibilitar a la Inglaterra
y demás naciones el que pudiesen ayudar a Fernando VII contra las nominadas
provincias; hacer ilegítimos sus procedimientos y legalizar la resistencia de Bue-
nos Aires, dividiendo, consiguientemente, la opinión”.100
Sarratea esperaba de ello “algún más feliz resultado que de cualquier otro
recurso que se tocase en tan críticas y casi desesperadas circunstancias”.101
Esa preocupación se trasluce claramente en la correspondencia que mantiene
con Buenos Aires, durante las largas semanas que, mientras tanto, Belgrano y
Rivadavia viajan embarcados desde Brasil a Inglaterra.
El 14 de marzo de 1815, por ejemplo, Sarratea escribió a Posadas. Además
de hacer referencia a la posibilidad de que la expedición de Cádiz se dirija al Río
de la Plata, por lo cual aconseja tomar medidas preventivas, le menciona la de-
licada situación política de España, sentenciando: “esta es la ocasión de dar en
tierra para siempre con el Rey Fernando, no solo para quitarnos de encima este
conjuro, sino porque habiendo llegado las cosas a este extremo, ya es imposible
terminar con él de ningún otro modo”.102
El 27 de marzo, en otra epístola, refería ofuscado:
My Lord Castlereagh nos ha honrado la otra noche en el debate de la Casa
de Comunes, con el horrorífico título de rebeldes y declarado formalmente
que jamás se prestará a proteger a los de esta clase que tratan de sacudir
el yugo de sus legítimos soberanos […] yo considero al Rey Fernando como
el único rebelde, puesto que se ha sublevado contra los pueblos y no a
estos que solo se ocupan de repeler su agresión.103
La estrategia final de las tratativas secretas con Carlos IV (articuladas entre
Sarratea y el directorio) especulaba con activar un doble mecanismo político:
98 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
99 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
100 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
101 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
102 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 63 v.
103 A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 89 y 90.
107
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
obtener, primero, una declaración espontánea de Carlos IV, hecha en virtud de su
soberanía, por la que separe totalmente la América de la España, constituyéndo-
la en dos o más monarquías constitucionales,104 absolutamente independientes,
poniendo en ellas a sus hijos. Luego, que el propio rey padre comunique esa
resolución a los soberanos de Europa, solicitándoles lo apoyen contra cualquier
tentativa de su hijo Fernando. La finalidad, confiesa luego Sarratea, era “cruzar
los intereses entre el padre y el hijo, poniendo a este en la necesidad de ceder a
tiempo para prevenir el riesgo de que, el Rey Carlos 4º, abusase del influjo con
que le brindaban las provincias disidentes de América”.105
En cuanto a la ejecución material de tales complejas y delicadas intrigas,
Sarratea venía echando mano de un agente, el conde Domingo Cabarrús
Galabert, al que le había dado los conocimientos y la dirección que convenía al
plan desde enero de 1815.
Tal gestión era sincrónica con la confirmación que Sarratea obtiene de sus
informantes de haber salido la expedición de Cádiz. Sarratea había encontrado
en Londres a tal intrigante y aventurero, cuya reputación le venía por ser hijo del
renombrado economista español Francisco Cabarrús, aunque distaba mucho de
la notabilidad de su padre. Por sus relaciones, este 2º conde de Cabarrús gozaba
de la confianza personal del rey Carlos y de la reina María Luisa y por tanto Sa-
rratea le había pedido que fuese a Roma en calidad de su enviado íntimo a tratar
con el monarca verbal y reservadamente. Debía hacerle exposición para que se
resolviera a sostener sus derechos en territorio americano, empeñando su real
palabra al objeto de emplazar una monarquía constitucional en el Río de la Plata,
cuyo titular fuera uno de sus hijos, Francisco de Paula.
El regreso inesperado de Bonaparte al trono de Francia era providencial se-
gún Sarratea y reportaba consecuencias favorables para los disidentes de His-
panoamérica así como también para el “negocio de Italia”. Así lo argumenta en
la citada carta a Posadas del 27 de marzo cuando manifiesta que tal aconteci-
miento sirve para “neutralizar la alianza ofensiva y defensiva de las dos casas
reinantes de España y Francia, más la concurrencia del gobierno de Su Majestad
Británica para que los vasallos disidentes de América entren en la obediencia de
su legítimo Soberano”.106 Renglones adelante añade: “Hasta ahora no sé de nin-
gún pueblo que haya sacudido el yugo de su gobierno sin ayuda extranjera […]
Por tanto, solo en el negocio incoado descubro la matriz de concluir nuestros ne-
104 Debía decir Carlos IV en su Manifiesto: “consulté a este intento a mis más ilustrados Ministros y
Obispos y el resultado de mayores sufragios, de más sólidos apoyos fue el establecer dos monarquías
independientes en dichas Américas, colocando en ellas a mis muy amados hijos los Infantes Don
Carlos y Don Francisco de Paula, bajo las bases que más consultasen el interés de la España y el de
ambas Américas”. Cfr. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
105 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 228 v.
106 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 84 v y 85. El destacado es original del texto.
108
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
gocios por nosotros mismos […] y sin que tengamos que confesarnos deudores
del favor a ningún gobierno extranjero”.107
Interpretaba Sarratea que la reinstalación del emperador vuelto de Elba daba
nuevas facilidades a los reyes padres para entrar en materia sobre el “negocio
de Italia” que se trataba de promover y que podía remover los tropiezos que en-
contrarían antes en el influjo del rey Fernando en las cortes de Roma y París. El
estado de fermentación de España y toda esta situación europea hacía esperar
que Carlos sería apoyado por los demás soberanos. De lograrse tal propósito,
pergeñaba el enviado, se obtendría la independencia de las Provincias Unidas,
neutralizando al mismo tiempo la hostilidad contra ella de las monarquías abso-
lutistas europeas y finalizando la cruenta guerra americana.
La expedición de Morillo, con más de cinco semanas de viaje, a pesar de llevar
la delantera no desestimaba todavía la confianza de Sarratea en que surtiera
efecto la trama secreta de la negociación de Italia. Se reitera Sarratea en la nece-
sidad de ganar tiempo a esos efectos. En otra carta de Sarratea a Posadas del
29 de marzo le comunica que vio una carta que asegura la llegada de Belgrano
y Rivadavia a Río de Janeiro y espera su pronta venida a Inglaterra. Opina que
no se conseguirían los resultados propuestos dado que la expedición lleva ya
40 días de viaje y que la corte de Madrid tiene demasiada confianza en ella: “no
hay duda que si se pudiesen ganar ahí tres meses o cuatro de tiempo, sería de
grandísima utilidad porque durante él, se sazonaría tal vez el asunto que traemos
aquí entre manos”.108
En ese sentido, una carta a Alvear del 3 de abril revela explícitamente la es-
trategia de Sarratea cuando ya observa frustradas sus tratativas en la capital
inglesa: “Si no produjesen efecto los medios indicados al Señor Don Gervasio
para neutralizar, por algún tiempo las fuerzas españolas, es menester ponerse
entonces en manos de la fortuna de la guerra y pelear como caballeros”.109 Mien-
tras tanto, debía diferirse, para más adelante, las medidas de ruptura completa
con Fernando VII, generando la confianza que todo iría a terminarse pacífica-
mente en España con la venida de los diputados. Se observa, descarnadamente,
la idea de ganar tiempo para que se ejecute el incoado negocio de Italia cuando
le sugiere que
no se trasluzca de ninguna manera, el verdadero plan que tenemos aquí
y el sentido en que, actualmente, estamos trabajando […] Aguántese ahí
la vela en el ínterin, que el tiempo puede ser fecundo en resultados felices
por acá […] si es preciso pelear espero que lo harán Vuestras Mercedes de
107 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 85 y 85 v.
108 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 94.
109 A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 123 v.
109
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
modo que se aumenten algunos grados a la reputación que ha adquirido
Buenos Aires […] Que se levante un grito general y que todo el mundo que
ha nacido en ese suelo, concurra a defenderlo; porque sino ignominia y
ultraje es lo único que está reservado para sus hijos […] Salvemos la tierra
y luego lavaremos nuestros trapos sucios.110
Finalmente, reflexionando con madurez sobre la materia, los nuevos comisio-
nados resolvieron entrar en el proyecto, dijo Belgrano.
¿Qué razones del momento entraron en la consideración de los diputados
recién llegados a Londres? Anoticiados de “la metamorfosis del gobierno fran-
cés”,111 de la frialdad de Inglaterra y aun de los Estados Unidos,112 dice Belgrano,
“observábamos la reacción que se obraría en la familia de España con este he-
cho”.113 Evaluaron aprovecharse, a su vez, del “largo trastorno que amenazaba
entonces a la Europa y de la indigente situación del rey Carlos, de la reina María
Luisa y de su privado para arrancar de estos cuanto contribuyese a hacer sóli-
damente independientes las Provincias del Río de la Plata”;114 amenazadas por
la expedición de Morillo. El prócer empleaba un argumento jurídico a favor del
plan que remitía al principio de retroversión de la soberanía: “pudiendo nosotros
apoyar el proyecto en el derecho que nos asistía de escoger a este infante, lo
mismo que habían hecho los españoles escogiendo a Fernando y despojando a
su padre del reino”.115 Por último y principal, observa Belgrano, “que así desviába-
mos la guerra de nuestro suelo”.116
Postergado en primera instancia el proyecto por el rey padre, el conde, que,
para el mes de mayo, estaba de vuelta en Londres de su primera entrevista en
Roma,117 fue presentado por Sarratea a los diputados Rivadavia y Belgrano.
Del informe de Cabarrús a Sarratea (fechado el 1º de junio de 1815), donde
detalla su actuación en el “negocio de Italia”, se pueden conocer los pormenores
de su primera misión ante “la familia real de España proscripta y confinada en
Italia”.118 Admitida la comisión, salió aquel para París, donde le fueron confirma-
das las instrucciones (todas verbales, según relata), que se ceñían a pedir al rey
su anuencia a la elección de su tercer hijo para soberano y asimismo a “un en-
110 A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 124, 124 v, 125 v y 126.
111 Tal así definía Sarratea la vuelta al trono de Francia del emperador Napoleón tras el escape de la
Isla de Elba. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 108.
112 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Archivo Histórico. Colección General
Manuel Belgrano (1714-1889) Manuscritos, 2, 288.
113 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
114 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
115 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
116 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
117 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 238-243.
118 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 239.
110
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
lace con una de las princesas del Brasil, enlace necesario con la única potencia
continental y vecina de la América Meridional”.119 Debía, igualmente, obtener la
contestación de los reyes y pedirles que cometiesen la discusión del plan a eje-
cución a una persona de su confianza que viniese a conferenciar con Sarratea a
un punto determinado y medio entre Londres y Roma.
Cabarrús partió, a esos fines, el 23 de febrero de París a Italia, arribando el 4 de
marzo a Florencia. Allí supo que luego que llegase a Roma sería observado y segui-
do por los espías del Papa, del palacio y del embajador español. De los dos caminos
que tenía para optar hacia Roma, prefirió el más corto y directo por el Apenino, por
Siena y Viterbo. Aunque aclara que si no fuera por estar plagado de obstáculos y
peligros al secreto de su comisión, hubiera deseado tomar el tránsito por Pesaro,
donde se hallaba el Príncipe de la Paz del que podía obtener un apoyo preliminar al
negocio, sabedor del enorme influjo que tenía Godoy en los reyes padres. El Papa
Pío VII se había plegado a las presiones de Fernando VII, y ordenado la salida de
Godoy de Roma en septiembre de 1814, por lo que para el arribo de Cabarrús, ya se
hallaban separados Carlos IV y María Luisa de su hombre predilecto.
El 8 de marzo llegó Cabarrús a Roma y esa misma tarde fue a San Pedro.
Sin aguardar el día 9 a la presentación pública, urgido por la privada a la reina
y a sabiendas que esta subía todas las tardes después de comer al cuarto de
la condesa (de San Martín), Cabarrús subió a esperarla para conversar. Relata
el agente que en un momento que la condesa los dejó solos aprovechó los ins-
tantes para decirle a la reina que el único objeto de su viaje a Italia era hacerle
comunicaciones muy importantes y que pensaba dárselas cuando no hubieran
testigos. La reina le indicó que a las nueve y media de aquella misma noche,
“hora en que se retiraba el Rey y en la que introducido por el cuarto de la Condesa
y por la escalera más interior del cuarto de la Reina”,120 habría de exponerse el
objeto de su comisión. Al cabo, en una conferencia que duró más de dos horas
le manifestó Cabarrús a la reina que la independencia pecuniaria de los reyes
dependería siempre de su independencia política. Le explicó:
que ni una ni otra existirían mientras el Rey, por un acto vigoroso de sobe-
ranía y de autoridad paterna en su familia, no diera a conocer a la Europa
y a la corte de Madrid, que si la mitad de sus vasallos le buscaban a tres
mil leguas de distancia por su árbitro en sus agitaciones civiles y ponían
de nuevo en sus augustas manos el cetro que un puñado de facciosos le
había arrancado, para trasladarlo a las de un hijo respetuoso y sumiso, la
otra caería a sus pies el día en que su Rey se presentase en España.121
119 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 239 v.
120 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 241.
121 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 241.
111
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
A continuación le transmitió que habría de asegurarse al Príncipe de la Paz,
una garantía política, un asilo y una tesorería independientes a la muerte del rey.
Le hizo ver las ventajas privadas para sus majestades y las políticas y comer-
ciales para los españoles de ambos hemisferios, siendo, según Cabarrús, que la
unión o divorcio eterno dependían del fallo de los reyes. Le afirmó que los ame-
ricanos españoles querían concluir su revolución, “obteniendo un soberano de
su elección y que perteneciese a la augusta y venerable dinastía de sus reyes”122
pero que si tal testimonio deferente era despreciado, “los americanos llevarían
a otro príncipe el cetro del Nuevo Mundo, envuelto en una constitución”.123 La
reina le contestó que si dependiera de ella la admisión de esas proposiciones, ya
hubiera enviado esa misma noche al infante a América, que no era la primera vez
que se le presentaban proyectos semejantes y que daba por cierta la aprobación
de Godoy y de Carlos IV.
Al día siguiente, 10 de marzo de 1815, a las siete de la tarde, Cabarrús tuvo
oportunidad de hacer la misma exposición al rey. Este le contestó “que sentía
no se hubieran hecho aquellas proposiciones seis meses antes y el no tener
persona con quien asesorarse, que se hallaba rodeado de espías y enemigos
y en una sujeción y dependencia tan indecorosa, como escasa, desatendido
por el gobierno pontificio y considerando Roma no ya como asilo, sino como
prisión”.124 A ello respondió Cabarrús que no buscaba sorprender ni apresurar
las resoluciones de Su Majestad y que aguardaría sus órdenes. Sin embargo,
informa Cabarrús, que el 13 de marzo los reyes marcharon a Viterbo, ante las
amenazas del Papa y del ministro Antonio Vargas (plenipotenciario de Fernan-
do en Roma), de arrestar a Godoy y enviarlo a Mallorca. Así es que, escribe el
conde, “me mandaron seguirlos e hicieron depender del dictamen del Príncipe
y de las meditaciones de su conciencia la admisión de mis proposiciones”.125
Tardó aquel más de 10 días en alcanzarlos en Verona. Llegado allí el Príncipe
de la Paz pudo conferenciar con él en tres oportunidades y a presencia de la
reina. Resultó del suceso que Godoy prometió se accederían a las proposicio-
nes del conde bajo tres condiciones:
1ª que Inglaterra favorecería o no estorbaría la ejecución de la operación.
2ª que en el probable caso “de que los resultados inmediatos de esta opera-
ción fuesen nuevas persecuciones y privación de auxilios pecuniarios de
parte de la corte de Madrid, la subsistencia conveniente se asignaría”.126
122 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 241 v.
123 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 241 v.
124 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 242.
125 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 242 v.
126 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 243 v.
112
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
3ª que siempre y en adelante, tanto para Godoy, como para Josefa Tudó
(Condesa de Castillo Fiel y, a la sazón, su amante) y sus hijos, se asegura-
ría un asilo y una subsistencia correspondiente a su alta dignidad.
Luego de ello, Cabarrús se trasladó de retorno a Londres por el Tirol, toda la
Alemania y Flandes”127 aseverando que Godoy “se obligó a aguardar dos meses
mi regreso o mi contestación en Venecia en sus cercanías”.128 Concluye su infor-
me el Conde que espera felices resultados de una “negociación tan honrosa”,129
contestando a Sarratea que los reyes padres estaban dispuestos a sostener sus
derechos y también a mandar a su hijo el infante Francisco de Paula para que
personalmente ayudase a proteger tales derechos.130
Subsiguientemente, y a la luz de las altas expectativas de lo recién descrip-
to, los diputados y el enviado Sarratea redactaron varios documentos que el
conde de Cabarrús debería llevar para proponerlos a la aprobación y a la firma
de Carlos IV, en ocasión de una segunda ronda de negociaciones:131
• Dos declaraciones de los diputados Belgrano y Rivadavia y del enviado Ma-
nuel de Sarratea, en el marco de la negociación con Carlos IV para que mandase
a su hijo, Francisco de Paula, a establecer un Reino independiente en el Río de la
Plata. En la primera, comprometiéndose a auxiliar económicamente al rey y even-
tualmente (si aquel falleciera) a la reina María Luisa de Borbón, y en la segunda a
otorgar al Serenísimo Príncipe de la Paz, la pensión anual de un infante de Castilla
(100 000 duros al año); firmadas ambas en Londres el 16 de mayo de 1815.132
• Un breve memorial de Sarratea ante Carlos IV, en el que se refiere a la situa-
ción y las pretensiones de las Provincias Unidas del Río de la Plata y lo insta a
entrar en el proyecto pues, le culmina diciendo: “la obra de levantar un trono en
el nuevo Mundo sobre bases que honren al siglo en que vivimos, serán el monu-
mento más permanente del glorioso reinado de Vuestra Majestad.133
127 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 243 v.
128 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 243 v.
129 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 243 v.
130 Cfr. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
131 Rivadavia y Belgrano, observando algunas conductas impropias del conde de Cabarrús, habían
procurado infructuosamente que el agente para el segundo viaje a Italia fuera el criollo José María
Olaguer, quien se hallaba en Londres.
132 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº. Ver asimismo el borrador del tratado convenido entre
Belgrano, Rivadavia y Sarratea con Cabarrús por el que “en el caso de que la corte de Madrid resentida
por tan justos medios, retire o suspenda las asignaciones en parte o en todo que están acordadas al
Rey Nuestro Señor Don Carlos IV, será inmediatamente socorrido correspondiente de dinero efectivo”. Y
eventualmente, se comprometen a auxiliar a María Luisa; en Londres, a 11 de junio de 1815. Cfr. A.G.N.,
S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
133 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 251.
113
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
• Un extenso memorial134 dirigido al rey por Belgrano y Rivadavia. Estos expo-
nen allí concisamente los hechos y circunstancias que impulsaron la erección
de un gobierno en la capital de Buenos Aires, independiente del de Cádiz; los
principios según los que fue instituido; los límites a que ha estado confinado;
sus repetidos esfuerzos por la paz y conciliación, y el actual estado de aquellos
pueblos de América. Por lo que se desprende del documento, los pueblos ameri-
canos nada quieren saber con los de España, puesto que el soberano monarca:
“es el único con quien han contratado los establecimientos de América; de él es
de quien únicamente dependen, y el que sólo los une a la España”.135 Belgrano,
principal autor ideológico del Memorial, brinda una ajustadísima enunciación e
interpretación del principio jurídico del pacto que hace incompatibles la fidelidad
al monarca con la dependencia de España. Se remite para ello a la celebrada ley
1ª título 1º libro 3º de Indias, arguyendo que
es cabalmente el documento más auténtico de la facultad de las Provin-
cias del Río de la Plata para reclamar su independencia de la España, y
de la legitimidad con que puede a Vuestra Majestad concedérsele […] Es
indudable que esta ley sólo es obligatoria al monarca, y que ninguna rela-
ción tiene con la España. Luego en el momento que este compromiso del
soberano, es no sólo oneroso sino destructor a aquellos pueblos, y que
ellos renunciándole, por los mismos títulos que lo consiguieron, piden la
separación de aquella corona, no sólo no puede negárseles, sino que debe
protegérseles; siendo este el único medio de que el monarca haga efectiva
su real palabra de consultar siempre la mayor importancia y mejoras de
aquellos países.136 Figura 3
A despecho de hallarse en interdicción con la ley citada, se incluía, a la vez, un
proyecto de convenio cuyo objeto era tratar con Carlos IV la creación de un reino
en las Provincias Unidas del Río de la Plata y la cesión de este a su hijo Francisco
de Paula.137 En el borrador de esta declaración, escrito por Belgrano, el monarca
padre nombraba a su tercer hijo
para el gobierno y administración de la América del Sur, confiriéndole
el título de rey y cediéndole para ahora y siempre cuantos derechos me
corresponden o puedan corresponder al nominado mi hijo, sus herede-
ros y sucesores; para que con absoluta independencia de la España la
134 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
135 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
136 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
137 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
114
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
gobierne y administre, mantenga y conserve bajo la constitución que le
dictaré con que se concilie la permanencia del trono y el bien general de
aquellos pueblos.138
Estas súplicas ya aparecían en el Memorial y se configurarían como un pedi-
do de excepción a ley del 14 de septiembre de 1519 (dictada otrora por Carlos V).
Figura 3 Primera página del Memorial al Rey por los Diputados Belgrano y Rivadavia (Gentileza Archivo
General de la Nación).
138 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
115
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Figuraba sucesivamente además, entre la colección de documentos que
debía llevar Cabarrús en su segundo viaje, un manifiesto que Carlos IV debía
firmar, por el cual cedía al dicho infante de Paula “el dominio y señorío de
los territorios que formaban el virreinato de Buenos Aires, la presidencia de
Chile y provincias de Puno, Arequipa y Cuzco con sus costas e islas adya-
centes”.139 Allí sale a la luz un pequeño proyecto de constitución para una
nueva monarquía que tendría el nombre de “Reino Unido del Río de la Plata,
Perú y Chile”.
En su primer artículo se determina que: “sus armas serán un escudo que
estará dividido en campo azur y plata: en el azur, que ocupará la parte supe-
rior, se colocará la imagen del sol, y en el plata dos brazos con sus manos que
sostendrán las tres flores de lis, distintivo de mi real familia: llevará la corona
real, y se apoyará sobre un tigre y una vicuña: su pabellón será blanco y azul
celeste”.140
Se desprende de ello que Belgrano amalgamó en este escudo heráldico para
el nuevo reino, emblemas dinásticos de los borbones (las tres lises), con refe-
rencias claramente vernáculas, tales como el sol, un “tigre” (puma) y una vicuña.
Desde el punto de vista vexilográfico, la definición de los colores del pabellón era
coincidente con la bandera creada y enarbolada por Belgrano el 27 de febrero de
1812 en la Villa de Rosario.
Dicho proyecto constitucional habría sido elaborado por Belgrano como re-
dactor exclusivo y no con la coautoría de Rivadavia que se le agrega. Llevaba
la firma autógrafa de los tres comisionados en Londres: Sarratea, Rivadavia y
Belgrano. Constaba de una introducción abultada, no propiamente un preámbu-
lo, que planteaba lineamientos generales y cinco capítulos (haciendo un total de
catorce artículos) que hacían referencia a las atribuciones:
1. del poder político (arts. 2 a 6; donde se evidenciaba la omnipotencia real
con facultades equivalentes a las de un jefe de estado constitucional);
2. del legislativo (arts. 7 a 11; compuesto de una alta Sala y una Sala de Re-
presentación de los Comunes, con las atribuciones de ambas cámaras
propias de naciones parlamentarias);
3. del apéndice del Poder Ejecutivo, es decir, los ministros (art. 12, advir-
tiendo que ninguna orden real habría de cumplirse sin autorización de
un ministro);
4. del poder judicial (art. 13, que se refería a la inamovilidad de los magistra-
dos y la creación de jurados), y
139 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
140 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, primer folio, sin nº.
116
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
5. del “común de la Nación”, en el art. 14, que contiene una interesante decla-
ración de principios y garantías: “la Nación gozará con derecho de propie-
dad inalienable la libertad de culto y conciencia, la libertad de imprenta,
la inviolabilidad de las propiedades y seguridad individual en los términos
que clara y distintamente acuerde el Poder Legislativo”.141 Figura 4
Figura 4 Segunda y tercera foja del proyecto de Constitución para el “Reino Unido del Río de la Plata,
Perú y Chile” (Gentileza Archivo General de la Nación).
141 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
117
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
El documento concluía con una exhortación, en primera persona, del rey a su
hijo; donde añadiría el monarca padre: “y pido a todos los soberanos de Europa,
y a mis muy amados hijo e hija, príncipes regentes de la corte del Brasil, el que
os reconozcan por rey legítimo e independiente de los tres Reinos Unidos, Río de
la Plata, Perú, y Chile”.142 Figura 5
Figura 5 Última foja del proyecto de Constitución para el “Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile”,
con las firmas autógrafas de Sarratea, Belgrano y Rivadavia (Gentileza Archivo General de la Nación).
142 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
118
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
No debe extrañar demasiado el contenido y propuestas de estos últimos
instrumentos citados (Memorial y Constitución) puesto que la amplitud de las
instrucciones otorgadas a Belgrano, y más que nada a Rivadavia, los revestía
del poder para negociar soluciones que incluyeran regencias, monarquías cons-
titucionales fundadas por alianzas matrimoniales entre príncipes españoles y
portugueses o de cualquier otra nacionalidad.
Provisto de todos esos documentos, salió Cabarrús para Italia el 27 de junio
de 1815. Sus nuevas instrucciones (firmadas por Sarratea) eran muy explícitas
de cómo debía regir su accionar al dirigirse por segunda vez a la residencia de
los reyes padres. Se le indicaba que dado que su primer viaje a Italia podría haber
levantado sospechas, debía fijar la idea que “las cuentas pendientes de la testa-
mentaria de su finado padre con algunas casas de Holanda”,143 lo colocaban en
la necesidad de promover su liquidación y finiquito. Se apelaba también a la pru-
dencia y sagacidad del enviado para la custodia de aquellos papeles tan com-
prometedores que portaba. Tanto el Memorial como el resto de los documentos,
estimaba Sarratea, eran “más que suficientes para convencer de la legalidad y
política que justificaran la medida de que se trata”.144 Debía procurar permanecer
en la corte de Carlos IV el menor tiempo posible y emplearlo para remover cual-
quier duda que pudiera suscitarse en el ánimo del rey sobre los pormenores del
plan que habría de ejecutarse.
En el caso de que el monarca vacilase, Sarratea lo instruía a Cabarrús para
que persuada a Carlos IV y le haga considerar que “la medida que adopta no cau-
sa una desmembración de los dominios de la corona, porque esta es inevitable
ya”.145 Agregando que la España no debía ocuparse tanto del derecho que alega
a la posesión de las provincias rioplatenses, como de los medios que posee para
hacerlos valer. Reflexiona Sarratea, para brindarle argumentos de negociación a
Cabarrús con el rey, que “en tanto puedan las provincias de América combatir
por sí solas con el poder de la península, puede no mezclarse la intervención
extranjera, pero si diesen señales de sucumbir a él, entonces es más que ve-
rosímil que recibirían una ayuda más o menos eficaz”.146 Sin embargo, le hace
una advertencia Sarratea de lo riesgoso que sería cunda cualquier insinuación a
que pudiera intervenir el gobierno de Francia directamente en la operación: “Es
de absoluta necesidad el que esta cuestión no se agite fuera de los límites de la
familia real porque, si una vez admite Su Majestad el Rey Padre la intervención
de una potencia extranjera, es consiguiente que el hijo use de la recíproca”.147
143 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 244.
144 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 245.
145 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 245.
146 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 246.
147 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 246 v.
119
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
En la estrategia urdida del “negocio de Italia”, el conde debía evitar que Godoy
volviera a la capital inglesa con él a finiquitar el plan, separándose sospechosa y
precipitadamente de los reyes, como se deslizó de los informes de la primera mi-
sión. Cabarrús, luego de disponer lo conveniente a la ejecución del último paso del
plan, se alejaría de la residencia real para hacer tiempo pretextando “visitar alguna
que otra capital de Alemania, ínterin le lleguen algunos documentos de España
que ha pedido y son absolutamente necesarios para las liquidaciones pendientes
en Holanda”.148 La primera diligencia en tal caso sería pasarle noticia a Sarratea
“por duplicado y por distintas vías bajo cubierta a los Señores Hullet Brothers &
Cía. 28 Austin Friars de que su amigo Don N. Durán se dispone a pasar a esta capi-
tal a asuntos mercantiles y que lo atienda cuando llegue […] Esta noticia se recibirá
como el indicante de que todo queda arreglado definitivamente”.149
Asunto de la mayor importancia era cómo debía salir el propio Cabarrús con
Francisco de Paula a Londres. En forma incógnita y bajo el objeto ostensible de
viajar por el Norte de Europa, el infante partiría con un equipaje portátil, poco
boato y con solo un gentilhombre y un ayuda de cámara.
Admitido pues el plan por los reyes padres y hallándose ya el infante en la
capital inglesa, asegura Sarratea, “concertaría yo mismo con la persona que Sus
Majestades tuviesen a bien autorizar al efecto los pormenores y formalidades
del pacto de Su Alteza con los pueblos sobre que debía reinar y las negociacio-
nes que deberían abrirse enseguida con el rey Fernando 7º”.150
Por artículo adicional a las instrucciones dadas al conde de Cabarrús, se lo
previene que en caso de fallecimiento de Carlos IV (rumor que cundía en algunos
papeles franceses hacia fines de junio de 1815), procure que la reina y el Príncipe
de la Paz avalen el plan bajo la autoridad de una última voluntad del rey.151 La
inclusión por capítulo reservado de esta suerte de testamento apócrifo, entre
los papeles que debía llevar Cabarrús, motivaría las más sordas desavenencias
entre Sarratea, Belgrano y Rivadavia.
Indistintamente, los comisionados porteños, debieron de variar los planes
primitivos obedeciendo a dos nuevos incidentes que trastornaban la política in-
terna y la externa.
En Buenos Aires se había producido la caída de Alvear y el nombramiento
de Ignacio Álvarez Thomas como el nuevo director supremo de las Provincias
Unidas del Río de la Plata (con carácter interino y de suplente de José Rondeau).
Por oficio del 3 de junio de 1815, el gobierno les ratifica a los comisionados sus
poderes e instrucciones para la labor de su misión. Con respecto a la expedición
148 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 244 v.
149 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 249.
150 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 229 y 229 v.
151 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 259-260 y 263.
120
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
punitiva de Cádiz, informan Álvarez Thomas y Gregorio Tagle a los diputados
que se estaban tomando las más activas providencias para rechazarla.
Por su parte, en Europa se produce la derrota de Napoleón tras la batalla de
Waterloo (18 de junio de 1815) que derivó en la restauración de Luis XVIII en
Francia provocando una reacción del autoritarismo monárquico absolutista con-
tra las ideas liberales. Tal suceso, que devendrá en hito histórico, en lo inmediato
malogró las negociaciones con Carlos IV e hizo trastabillar el plan en curso. De-
clinó el rey padre decididamente del “negocio de Italia” bajo el presunto consejo
de su confesor. Ello se desglosa de la correspondencia del conde de Cabarrús a
Sarratea entre el 27 de junio y el 23 de septiembre de 1815.
La piedra de toque en el curso del meduloso “asunto de Italia ”es la carta del
21 de julio de 1815, que escribe el conde desde Venecia, donde, apesadumbrado,
le informa a Sarratea acerca del fracaso de sus negociaciones en la corte del rey
Carlos IV. El desaliento se expresa ya en las primeras líneas. “¿Cómo empezaré
esta carta que lleva la frustración de todas nuestras esperanzas y de todos los
ofrecimientos?”.152 La frustrante misiva contiene la primera conferencia de Caba-
rrús con María Luisa y con Godoy. Después de decir que había hallado trastorna-
das y cambiadas las disposiciones favorables del rey en las que le dejó en Vero-
na, añade que nada hay que esperar, espontáneamente, de Carlos IV. La batalla
de Waterloo y sus resultados, no menos que las continuas instigaciones de los
agentes del rey Fernando cerca de su padre, habían obrado esta mudanza; que
esta había influido hasta en el valimiento de la reina María Luisa y el Príncipe de la
Paz, hasta el punto de hacer desterrar de aquella corte a su secretario Carrasco y
a alejar de Godoy a “Pepita” Tudó y a sus hijos. Asimismo, que el Príncipe de la
Paz y la reina, en consecuencia, a pesar de no haber variado en sus principios y
en sus deseos, no podían ya hacerlos valer con el rey. Le revelan doña María y
su mayordomo a Cabarrús que Carlos IV no cesaba de repetir como un hecho
las doctrinas generales de los gabinetes de Europa, desde que eran vencedores
del emperador Napoleón, de legitimidad en las dinastías y en las sucesiones,
que no dejaba esperanza de convencimiento sus ideas de una reacción general
en los sistemas de gobierno, pareciéndole ya tan inevitable como necesaria y
preferente.
Cabarrús les dijo que considerando de su deber apurar todos los medios y
recursos, estaba resuelto a dirigirse personalmente al rey y enterarle de todo lo
que tenía orden de comunicar y de acordar con él. Que entonces, amedrentados
ofrecieron tentar algunas instancias y le citaron para el día siguiente, señalado por
el conde de San Martín mayordomo mayor del rey, para que Cabarrús besase la
mano a Su Majestad. En efecto, habiendo vuelto después de haber visto el conde
152 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
121
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
al rey, se hallaba la reina en su cuarto y en la mayor aflicción. Le dijo el mayor-
domo de ella que sus instancias habían sido inútiles y añadió que nada había
que esperar de un hombre que nada quería oír, que nada atendía a Su Majestad
ni al príncipe, que estaba enteramente entregado a San Martín, que le confiaba
cuanto se decía y escribía, que se había puesto en tales términos de impaciencia
y suspicacia que todo lo temían de él y que si volvía a hablarle hasta las mayores
perfidias contra ella, contra el príncipe y contra él lo creería esperándose que,
recelando de todo, sería capaz de hacer arrestar al conde y comunicar el plan a
su hijo.
Cabarrús, sin embargo, queriendo apurar todos los medios que le eran pres-
criptos, propuso la evasión del joven Francisco sin anuencia del rey, pero la reina
se estremeció al oír la proposición y manifestó las más temibles consecuencias
que aquella tendría para ella y para el príncipe.
En aquel estado, no quedando al conde otro remedio que el de dirigirse al rey,
al día siguiente, se valió del mayor enemigo que tenía para conseguir una se-
gunda audiencia del soberano. Para adormecerle sobre el verdadero objeto, no
solo de la conferencia, sino también de los dos viajes a aquella corte; le pidió su
protección para con el rey y le manifestó un memorial para Su Majestad. En ese
documento, Cabarrús solicitaba recomendación para su hijo Fernando a fin de
que se le conceda una excepción al decreto de expatriación del 31 de mayo de
1814,153 permitiéndosele volver a España y establecerse en una casa de campo
en la costa de Granada.
Exitosa esa estratagema, y mientras esperaba Cabarrús los 3 días de empla-
zamiento para la nueva reunión donde presentaría su nota (el 22 de julio), Godoy
devolvió los documentos que se le habían confiado y añadió que si quedaba un
medio de verificar el objeto de la comisión del conde era hacer intervenir a Vargas
y de que se trate con la corte de Madrid. Cabarrús, no autorizado a aquella des-
viación y variación total, contestó que consultaría a su principal.154
En la siguiente carta a Sarratea del 27 de julio, el conde confirma la frustración
de todas sus esperanzas y el recelo de que se llevase a efecto las comunicacio-
nes de este negocio al rey Fernando; anuncia que aquel recelo le había hecho
recoger todos los documentos dejados a la reina y resolver su salida próxima
para Munich, si la conferencia pendiente con el rey Carlos no surtía efecto al-
guno. Malograda esta también por la renuencia continua del rey padre a entrar
en negociación ulterior, Cabarrús le escribe a Sarratea desde Munich el 15 de
agosto, diciendo, sin embargo, que sigue la operación pues intenta llevar a cabo
el plan por un medio extraordinario; que comunicará sus ideas luego de que la
153 Cfr. Carta de Cabarrús a Carlos IV. Venecia, 24 de julio de 1815. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 268-269.
154 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 252 a 253 v.
122
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
haya combinado con Luis Durán.155 Según estaba prescrito en las instrucciones del
conde (dadas en junio por Sarratea), Munich era el punto de reunión de Cabarrús
con el tal Mr. Durán. Este comerciante habría de servir como una suerte de ayuda
de Cámara del infante partiendo ambos del puerto de Bremen a alguno de Gran
Bretaña. Le decía: “deberá recordársele que el Señor Infante con el nombre que
tenga en el pasaporte, entre como natural de Buenos Aires”156 mientras tanto
Cabarrús habría de dirigirse “a Hannover u otro punto populoso donde no pueda
ser observado de ministros o agentes del gobierno de España”.157
Tal como puede advertirse con la expresión “un medio extraordinario” y para
no ver desbaratado del todo el “proyectillo de Italia”; Cabarrús planificó ya no la
evasión sino seriamente el secuestro158 del infante de Paula y su traslado secre-
to a Buenos Aires. Enseguida tales figuraciones disparatadas fueron refutadas
con indignación por Belgrano, Rivadavia, y hasta por el propio Sarratea que en
carta del 29 de agosto de 1815, dirigida a Cabarrús, acusa recibo de las comu-
nicaciones anteriores del conde (del 27 de julio, 10 y 17 de agosto)159 donde pro-
ponía y hasta preparaba la evasión del infante por mar, “sin la intervención de las
personas que debían concurrir a ella”.160 Sarratea censuraba al conde indicándo-
le dar por concluido el asunto: “La ejecución de este negocio es inseparable del
modo en que se ha concebido y prevenido a usted y el realizarlo de otro diferente
y, más particularmente, del que se sirve usted insinuar, no solo no concilia el
objeto propuesto, sino que acarrea inconvenientes de consideración al negocio
mismo de que se trata y a la marcha de otros ulteriores”.161
De tal forma, y pese a la insistencia particular del agente Cabarrús, finiquitaba
el intrigante y delicado “negocio de Italia”.
155 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 254 v.
156 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 249.
157 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 249.
158 “El Conde que se vio con un éxito tan contrario a lo que nos había prometido y, que en verdad,
nosotros no esperábamos escribió que se proponía robar al Infante para traerlo”, acusaba Belgrano.
A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
159 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 254 v a 255.
160 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 230 v.
161 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 265.
123
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
El plan de Rivadavia en París y Madrid. Las serias desavenencias
con Sarratea
Caído el “negocio de Italia” (tras la derrota definitiva de Napoleón)162 y ante la falta
de fondos pecuniarios para sostenerse en la delegación,163 los tres comisiona-
dos rioplatenses habían acordado unánimemente en dos puntos: que Belgrano y
Rivadavia suspendieran toda gestión ante la corte de España a la espera de los
acontecimientos y que además Belgrano y Sarratea volvieran a Buenos Aires,
quedando solo Rivadavia en Londres.164 El propósito, explica Belgrano, era que
Rivadavia se quedase en Europa “sobre todo, para seguir una relación con el
gobierno de España que lo entretuviese y separase de ideas de expedición”.165
Sarratea informa lo convenido al director supremo en oficio del 30 de agosto
de 1815, resolviéndose él mismo a “regresar a esa [Buenos Aires] lo más pronto
posible”166 (principios o mediados de octubre).167
Entre los motivos de la determinación conjunta tomada por los diputados, ana-
lizaba Sarratea, que ínterin no se pronunciaran las Provincias Unidas decididamen-
te por algo, no podía agitarse en Londres ni el negocio empezado ni ningún otro.
Por ende, habían decidido que uno de los tres comisionados (Rivadavia) debía
quedarse en Londres “haciendo figura para los españoles, a fin de que no atribu-
162 Por una carta posterior a García del 13 de diciembre, Sarratea justificaba el mal éxito del “negocio
de Italia” con la nueva situación de Europa: “a la batalla de Waterloo debemos el no haber concluido
el trabajo; el [nexo?] de Italia se nos echó a tierra y se retrajo de todos los compromisos que había
contraído anteriormente”. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 331.
163 El 23 de julio de 1815, Sarratea le reclama a Nicolás de Herrera: “nos vemos precisados a mendigar,
lo que el secretario de gobierno no quiere darnos”. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 175. La falta absoluta de
recursos para los tres comisionados la expresa igualmente Rivadavia en carta a García del 2 de octubre
de 1815. Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 183.
164 Cfr. Carta de Rivadavia a Álvarez Thomas. Se muestra preocupado por la situación en Buenos Aires,
porque se quedará a la brevedad solo en Europa por la partida de Belgrano y Sarratea. Participándole
que Belgrano le informará sobre el estado de la comisión, Londres, 15 de septiembre de 1815. A.G.N.,
S. X, 1-1-3, folio 182.
165 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
166 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 191 v.
167 Son repetidos los testimonios del deseo de Sarratea de dejar la diputación y retornar al país, aún
previo a saber del malogro del “negocio de Italia”. El 12 de julio de 1815 le había escrito a Francisco
Xavier de Viana: “a mí no me queda más arbitrio que poner la proa a ese hemisferio […] Cambiaría
Chascomús o Melincué con tranquilidad y contento y aun daría algo encima, por la residencia de
Londres con las agonías que la acibaran.” A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 173 v. En carta a Herrera del 23
de julio le confesaba: “yo no puedo prolongar mi estada aquí más tiempo”. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio
175 v. Cancelado el plan de Italia, Sarratea le comunicaba a García: “Aunque el nuevo gobierno me ha
prevenido que continúe en este encargo, me encuentro en la absoluta imposibilidad de poderlo hacer
y, aun cuando no militase esta razón, poco o nada interesa al servicio público mi permanencia aquí en
las presentes circunstancias” (5 de septiembre). A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 198. Otra epístola al mismo
destinatario el 4 de octubre ratificaba esta voluntad: “me preparo para embarcarme con destino a la
tierra, a mediados del presente; esto es dentro de diez días […], quiera Dios que no me reciban con un
aguacero de palos”. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 205 v.
124
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
yesen a pifia la venida de los diputados en lo muy bastante”.168 Para seguir ese
plan, Sarratea puso a Rivadavia en contacto con Juan Manuel de Gandasegui,
director de la compañía de Filipinas, a quien, por su parte, el ministro de Indias
Miguel de Lardizábal le había encargado se pusiera en autos sobre la diputación
de Buenos Aires.169
Contrario a lo informado al gobierno en el citado oficio del 30 de agosto,
Rivadavia le comunicó entonces a Sarratea un proyecto de trasladarse a París,
una vez que se hubiesen embarcado Belgrano y Sarratea a América, para po-
nerse en comunicación con el embajador de España o con Pedro Benito Gómez
Labrador –representante español en el célebre Congreso de Viena–. La confe-
rencia sobre este asunto, cuenta Sarratea, duró hasta las dos y media de la ma-
ñana y Rivadavia no alegó en su apoyo “una sola razón que no me determinase
a combatirlo, concluyendo con decirle que pues que había de recaer sobre él la
responsabilidad de sus resultados”.170
Rivadavia, por su parte, que estaba esperando la contestación de Madrid a
la apertura de su conducto intermediario con dicha corte, identifica en ese mo-
mento un punto de inflexión en el vínculo con Sarratea: “sin precedente causa ni
motivo el más mínimo por la parte de Don Manuel Belgrano ni por la mía rompió
su comunicación con nosotros y comenzó a contrariar a cuanto el mismo había
convenido”.171
Así las cosas y los conflictos entre los diplomáticos se habrían de exacerbar
merced a la extensa distancia de Buenos Aires a Europa. Prueba de la conse-
cuente lentitud en el intercambio epistolar es el oficio del gobierno de las Pro-
vincias Unidas del Río de la Plata a los comisionados Belgrano y Rivadavia. Si
bien fechado el 10 de julio de 1815, llega a sus destinatarios los últimos días de
octubre por la fragata Hostpour. Allí se argumentaba que:
Después del regreso de Napoleón al Imperio de la Francia, y conocidos los
principios antiliberales del Señor Don Fernando VII han cesado las causas
que dieron mérito a la misión de Ustedes cerca de la corte de España: en
esta virtud he resuelto revocar los poderes que les fueron conferidos al
expresado fin, debiendo en su consecuencia restituirse a estas provincias
para dar cuenta de lo que en ejercicio de su representación hubiesen obra-
do hasta la fecha.172
168 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 319 v.
169 Archivo General de Indias (Sevilla, España), Estado, 98, n° 32/1/1. Papeles del Archivo del virrey
del Perú José de Abascal.
170 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 30 v.
171 A.G.N., Buenos Aires, Biblioteca Nacional, leg. 318, 5290. Asimismo en: Ibídem, leg. 213, 2334.
172 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 175.
125
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Con fechado idéntico y por esa última fragata de guerra llegada a Londres, el
gobierno le avisaba esta medida a Sarratea a través de un oficio173 y, además, por
carta particular de Álvarez Thomas. En la misiva, el director aprobaba su conduc-
ta diplomática y revocaba los poderes de los diputados Belgrano y Rivadavia, al
haber cesado los motivos que ameritaban su misión y porque, le explicaba, “no
está el país para sostener tantos diputados”.174
Dicha epístola es indicadora, asimismo, de los objetivos políticos del nuevo
responsable del ejecutivo rioplatense. La necesidad de ganar tiempo para la
causa de la revolución queda implícita en tanto le pide a Sarratea “barajar el
proyectillo de Italia y entretenerlo sin pasar a compromisos serios, hasta que
veamos en que pasa el congreso general y el rumbo que deben tomar las rela-
ciones exteriores”.175 En consonancia con ello, se revelan efectos futuros para
las Provincias Unidas, cimentados en las esperanzas que auguraba el retorno
del corso francés. Le señalaba a Sarratea que se reduzca “a trabajar sobre la
proyección de nuestra independencia, haciendo que se ahorre sangre, puesto
que, por lo visto, los españoles no se juntan más con las Américas, a lo menos
con las de este rumbo”.176
En virtud de esta disposición del 10 de julio (desactualizada con los últimos
acontecimientos europeos) que iba dirigida a Belgrano y Rivadavia, Sarratea
cambió absolutamente su firme decisión de volver a Buenos Aires y se resolvió
a permanecer en Europa.177 Evidentemente ambas cuestiones obstaculizaban
los planes rivadavianos de trasladarse desde Londres a París y emprender
desde el continente una negociación con la corte española: “he empezado a
obrar solo e insistiendo, en el mismo plan en lo sustancial me he abierto otro
rumbo”,178 le decía Rivadavia a García en carta del 2 de octubre. La derrota de
Napoleón en Waterloo podía interpretarse como invalidante de la orden del 10
de julio.
Considerando que la revocación de los poderes de Belgrano y Rivadavia se
había librado sobre un supuesto que ya no existía, Belgrano se dirige a Rivadavia el
30 de octubre y lo insta a permanecer en el Viejo Continente, pasando a Francia: “no
es de cumplirse por su parte la orden del Gobierno para que regrese a Buenos
173 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 160 y 161.
174 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 166.
175 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 165 v.
176 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 165 v.
177 Cfr. Oficio de Sarratea al Gobierno. Da cuenta de quedar enterado de haberse revocado los
poderes que le fueron conferidos a Belgrano y Rivadavia. Londres, 13 de noviembre de 1815. A.G.N.,
S. X, 1-1-6, folios 272-273. Cfr. Asimismo Oficio de Sarratea al Gobierno. Agradece la aprobación del
director supremo y de la Junta de Observación acerca del desempeño de su misión diplomática y la
orden de continuarla. Londres, 13 de noviembre de 1815. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 275-276.
178 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 183.
126
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
Aires. Yo soy testigo de lo que usted ha trabajado y sé sus actuales relaciones
que el gobierno no podía saber, ni era dable que estuviese a sus alcances, así
como no lo estaba del estado político de la Europa, según se infiere por la fecha
del orden”.179
Se agriaron aún más las relaciones y la sórdida lucha entre Sarratea y Rivadavia
pues, mientras el primero entendía que el segundo debía someterse a la deter-
minación gubernamental que ordenaba su regreso a la capital del Río de la Plata,
Belgrano y Rivadavia comprendieron, con toda lógica, que este último permane-
ciera en Europa y tratara con la corte de Madrid, como lo habían acordado los
tres enviados. Tal parecer se consustanciaba con sus instrucciones secretas
que ordenaban que Rivadavia solo se trasladara a España (el pliego cerrado con
el que habían salido de Buenos Aires y abierto al llegar a Londres).
Belgrano explica que Sarratea, desde el momento que recibió el pliego del
gobierno del 10 de julio, “salió a propalarlo, diciendo que ya no teníamos repre-
sentación alguna; que él era el único que tenía los poderes y enseñó el pliego
a personas que lo publicasen”.180 Para atajar el perjuicio que tal conducta de
Sarratea podía ocasionar a las relaciones ya entabladas de Rivadavia, Belgrano
manifiesta: “yo he hecho entender que este se hallaba con poderes e instruccio-
nes que Sarratea ignoraba e ignoraría siempre”.181
Positivamente, el 15 de noviembre Rivadavia le informa al gobierno que en
breves días se dirigiría a Francia. Asimismo le pide a Belgrano (que habría de em-
barcarse con destino a Buenos Aires en la fragata Devron el 16 de noviembre de
1815, a las 6 de la mañana),182 que transmita al gobierno las razones por las que
permanece en Europa183 y todo lo que se había obrado hasta aquel momento en
la comisión diplomática.
Ese mismo día 15, por su parte, Sarratea le comenta a Álvarez Thomas en
tono irónico sobre este proyecto, al que califica de ridículo: “Don Bernardino
Rivadavia que me había hecho entender que suscribía al sacrificio de quedarse
aquí solo por el sacrosanto servicio de la Patria, ahora que ha tenido libertad y
aun orden de hacerlo habla de irse a París”.184 Añade Sarratea, sin disimular su
enojo, que “este hombre ha descubierto un apetito desordenado de meterse en
lo que no le importa”185 y “que se ha conducido conmigo con una falta de sinceridad
179 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 184.
180 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
181 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
182 La demora del regreso de Belgrano a su Patria, cumpliendo la orden gubernamental y lo acordado
con los otros dos agentes americanos, la había causado la detención del buque en que había contratado
su pasaje. Cfr. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
183 A.G.N., S. X, 1-1-4, Misión Rivadavia a Londres, París y Madrid, 1815-1820, folio 2.
184 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 317 v.
185 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 317 v.
127
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
abominable y está relleno de vanidad, de presunción y de nulidad para el efecto
en que se trata”.186
Sarratea era un orador de fuste y habilísimo político pero su carácter de urdi-
dor lo llevó a verter apreciaciones denostativas de sus colegas en la diputación
extranjera, tal como se desprende de la documentación original.
Como a Sarratea le preocupaba que Fernando VII se las ingeniara en convencer
a Rivadavia de llegar a una reconciliación que implicara el sometimiento a España,
desacreditó a Rivadavia intrigando al extremo para que naufragara su aludido pro-
yecto de trasladarse a la Península e iniciar allí mismo las gestiones irrealizadas
en Inglaterra. Evidencia de sus artimañas la aporta el propio Sarratea cuando en
correspondencia privada a García del 20 de noviembre afirma: “Ya he transmitido al
embajador español, por un conducto indirecto, la noticia de que las explicaciones
de Don Bernardino puede recibirlas como de él individualmente, pero que se engaña-
rá mucho si las considera en otro respecto”.187 El conducto indirecto de Sarratea era
el mismo Gandasegui, a quien personalmente y por escrito le aclaró que Rivadavia
no era ya un agente del gobierno de Buenos Aires (calidad bajo la cual dos meses
atrás se lo había presentado) y que se hallaba especialmente inhabilitado para agi-
tar ningún negocio público que tuviese relación con el Río de la Plata.188
A despecho de las intrigas y suspicacias citadas, Rivadavia se trasladó a París
el 23 de noviembre de 1815, para empezar a tratar en un punto neutral más próxi-
mo a la corte española, confiado en haberse “proporcionado una vía privada y
felizmente muy oportuna, de hacer una apertura reservada y sin carácter alguno
público al ministerio de Madrid”.189 En la capital francesa, Rivadavia se entrevistó
con el dicho Gandasegui quien contaba con la autorización del ministro de esta-
do Pedro Cevallos. Rivadavia alcanzó a disipar las prevenciones de Gandasegui
con expresiones complacientes que este último interpretó como un preludio de
reconciliación de las Provincias Unidas con el gobierno de su “legítimo rey”.
186 A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 317 v y 318.
187 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 320 v. En un oficio a Álvarez Thomas del día siguiente, Sarratea reiteraba
las razones por las que había desaprobado el “plan absurdo” de Rivadavia y añadía que este había
prescindido de sus argumentos contrarios a ejecutar el proyecto. Sin embargo, se jactaba Sarratea
de haber salvado él todos los inconvenientes que podría ocasionar aquel, promoviendo algún negocio
público en Francia, pues, en tal caso, habría de aparecer en esa transacción no como diputado ni agente
acreditado del gobierno de Buenos Aires, “sino como fulano de tal”. Cfr. A.G.N. S. X, 1-1-6, folios 321-325.
188 A.G.N., S. X, 1-1-7, folios 30-31 y 34-36. Las intrigas de Sarratea contra Rivadavia son explicitadas
asimismo en su carta a Matías Aldao del 3 de abril de 1816, donde se lee: “Hace tiempo […] que el
forro de la casaca de este caballero no me pareció muy limpio. Tomé mis disposiciones para seguirlo
ahí por medio de un agente en sus comunicaciones, fuesen directas con el ministerio Español, con
su embajador residente en esa o con Don N. Labrador […] debo asegurarle que el viaje de Rivadavia a
Madrid, no solo no es de acuerdo con nuestro gobierno sino en contravención directa a las disposiciones
de este […] haríamos grande injusticia a nuestro país en suponer que solo está poblado de Rivadavias”.
A.G.N. S. X, 1-1-6, folios 156 v y 157.
189 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
128
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
El 8 de enero de 1816 Rivadavia envía al gobierno copia de una real orden con
fecha 21 de diciembre de 1815, comunicada por Cevallos. En ella se le mandaba
ir a Madrid y presentarse ante el rey a tratar de los objetos de su comisión, “bajo
la seguridad de que de ningún modo será ofendida su persona”.190 Evidentemen-
te, este salvoconducto gestionado por Gandasegui prueba que no se había deja-
do impresionar por las interposiciones de Sarratea en contra del viaje de Rivadavia.
Consecuentemente, Rivadavia se dispone a obedecer el deseo de Fernando 7º,
pidiendo al gobierno de Buenos Aires instrucciones y órdenes al efecto.191 Mien-
tras esperaba estas, el director supremo, desconocedor aún del curso de los
planes que Rivadavia pergeñaba prontamente tratar en España, le impartía unas
instrucciones (del 19 de febrero de 1816), con poderes para entablar todo género
de relaciones con cualquier potencia, aunque sujeto a la ratificación de las auto-
ridades de las Provincias del Río de la Plata.192
Esos amplios poderes que se le otorgaban a Rivadavia eran independientes
de los de Sarratea, que seguía creyéndose hasta entonces el único autorizado
para tratar con las altas autoridades españolas. Para Rivadavia era fundamental
contar con esta aprobación de su gobierno antes de emprender el viaje a Madrid
y lo postergó todo lo posible esperando recibir las últimas comunicaciones de
Buenos Aires, que al cabo, llegarán tardíamente.
Urgido por la noticia que Sarratea podía conseguir una audiencia en la corte,
Rivadavia partió de París el 28 de abril de 1816, arribó a Madrid el 20 de mayo y
el 21 se presentó ante Cevallos, exhibiendo la credencial de su comisión y expli-
cándole el objeto de ella.193
Las dos bases inalterables del accionar de Rivadavia, de acuerdo a su testi-
monio, fueron:
La 1ª que yo no había de hacer proposición alguna ni soltar prenda a pun-
to determinado y la 2ª que mis reclamaciones habían de ser por un plan
común a toda la América. Asentados estos dos principios y el que todo de-
bía sujetarse a la confirmación de la autoridad de esas Provincias […] nos
proporcionaba un escudo que nos cubría de la vista demasiado alarmante
entonces de la liga victoriosa de los soberanos.194
190 A.G.N., S. X, 1-1-4, folios 10 y 11.
191 A.G.N., S. X, 1-1-4, folios 8, 10 y 11.
192 La amplitud de las instrucciones a Rivadavia se desprenden del artículo único de ellas, donde se
le pide tratar de “neutralizar todo proyecto de expedición de la Península con dirección a estas playas
y […] continuar “las relaciones de que ha dado cuenta al Brigadier Don Manuel Belgrano”. A.G.N., S. X,
1-1-4, folio 27.
193 A.G.N., S. X, 1-1-4, folio sin numerar.
194 A.G.N., Buenos Aires, Biblioteca Nacional, legajo 318, pieza 5290. Asimismo en: Ibídem, legajo
213, pieza 2334.
129
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Se refería tanto a la Santa Alianza (acuerdo firmado entre Rusia, Austria y
Prusia el 26 de septiembre de 1815) y a la Cuádruple Alianza (suscrita el 20 de
noviembre de 1815 por aquellos tres estados más Inglaterra); ambas con el fin
de garantizar el mantenimiento del orden absolutista y reprimir cualquier intento
de alterar la situación política de la Europa de la Restauración.
La negativa de Rivadavia a formular proposiciones, que respondía a la repeti-
da premisa de entretener a la corte madrileña, impacientó a Cevallos.
El ministro de Estado le pidió el 27 de mayo a Rivadavia que presentara por
escrito sus peticiones, lo cual efectivizó el diputado al día siguiente celebrando
ambos una cordial y animada segunda conferencia.195 Cevallos le dijo a Rivadavia
que Cabarrús se había presentado en Madrid como diputado de Sarratea con
proposiciones tan desatinadas como insolentes para la soberanía del rey. Se
refería a la creación de un reino independiente en el Río de la Plata y Chile, es
decir, una monarquía constitucional. Rivadavia procuró amenguar esas malas
impresiones pero la actitud de Cevallos ya se había vuelto refractaria.
Desde entonces Rivadavia quedó a la espera de que Cevallos le abriese la
oportunidad de considerar sus expresiones y proseguir su comisión.196
Sin embargo, el 21 de junio, el ministro de Estado español transmite al emisa-
rio porteño una real orden por la cual se le ordena a Rivadavia retirarse de Espa-
ña, bajo la salvaguarda de la garantía real. Se alega, entre otras razones, que se
sospecha de la legitimidad de sus poderes pues según se informara Cevallos por
Sarratea aquellos estaban revocados;197 carecer de instrucciones específicas y
la presencia de corsarios de Buenos Aires en las cercanías de Cádiz con el ob-
jeto de hostilizar el comercio; por lo cual interpretaba la corte de Madrid que los
designios de Buenos Aires eran simplemente ganar tiempo.198
Una semana más tarde, con la amargura y desazón de la decisión real,
Rivadavia contesta el oficio a Cevallos en un último intento de conciliar los áni-
mos.199 Finalmente, el 6 de julio Cevallos reitera a Rivadavia lo manifestado en su
195 Rivadavia le confesará a Pueyrredón: “Desde la precitada sesión no me quedó duda de que el
Deseado y el buen cristiano de su ministro me habían llamado con el piadoso y justo fin de comprarme
a costa de los que llaman honores, empleos, cruces, promesas y, para que les sirviese de primer
instrumento contra mi patria”. A.G.N., Biblioteca Nacional, 318, 5290. Asimismo en: Ibídem, 213, 2334.
196 Ver Oficio de Rivadavia a Cevallos. Suplica al rey una contestación respecto a que envíe a las
Provincias Unidas uno o más sujetos para que, instruidos de la situación de los pueblos, informen con
verdad y exactitud acerca de los mismos. Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-4, folio 45.
197 Rivadavia califica esta conducta obstaculizante de Sarratea como “criminal”. Cfr. A.G.N., Biblioteca
Nacional, 318, 5290. Asimismo en: Ibídem, 213, 2334.
198 A.G.N., S. X, 1-1-4, folios 62-63. Unos meses más tarde, cuando Rivadavia explica privadamente
al director supremo Pueyrredón, el punto de vista de la negociación que había pretendido entablar con
el Rey de España, se justifica aseverando: “Sobre todo ganábamos tiempo”. A.G.N., Biblioteca Nacional,
318, 5290. Asimismo en: Ibídem, 213, 2334.
199 A.G.N., S. X, 1-1-4, folios 64-67.
130
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
último oficio y le comunica que “en tal estado el decoro del Rey no permite que
por más tiempo se prolongue la permanencia de usted en la Península”.200 Sin
otro recurso que tomar, en orden al único punto de sus últimas instrucciones, Ri-
vadavia abandonó Madrid y partió nuevamente rumbo hacia París el 15 de julio.
Dada la flamante declaración de la independencia de las Provincias Unidas en
Sud América (9 de julio de 1816), Rivadavia (que no tenía aun instrucción oficial
del nuevo estado político de su Patria) permaneció ese año en París, según sus
propias palabras, sumido en la impotencia y agitado “por salir de la inquieta e
inútil situación en que me hallo”.201
No finalizaron allí las adversidades del compañero de Belgrano. Por carta a
Pueyrredón del 18 de noviembre de 1816, Rivadavia le explica circunstanciada-
mente las intrigas y manejos de Sarratea y Cabarrús cuando se cruzaron en
su gestión ante la corte de Madrid, para entorpecerla y contrariarla. Amparado
Cabarrús en la recomendación que obtuviera del rey Carlos para su hijo Fernan-
do, se queja Rivadavia, “hablaba tan abundantemente mal”202 de Belgrano, de él
“y de todos los americanos y su causa como de su protector y poderdante Don
Manuel Sarratea”.203
Presumía por algunos indicios confiables que Cabarrús había “vendido” el
secreto del “negocio de Italia” en la secretaría de estado española, lo cual era
de gravísima importancia para la diputación de Buenos Aires, y dice Rivadavia,
“especialmente para mí en tan críticas circunstancias”.204
Si bien ya desde octubre de 1816 que Rivadavia sabía de la declaración de
la independencia, debió aguardar hasta el 12 de diciembre para recibir en París
la primera comunicación oficial (fechada el 31 de agosto) sobre tan importante
suceso. El gobierno le adjuntaba el acta impresa por el Congreso de Tucumán y
le advertía, a su vez, por el compromiso que podría correr si se encontrara aun
“residiendo en la corte de nuestros antiguos señores”.205
200 A.G.N., S. X, 1-1-4, folio 52.
201 A.G.N., Biblioteca Nacional, 318, 5290. Asimismo en: Ibídem, 213, 2334.
202 A.G.N., S. X, 1-1-4.
203 A.G.N., S. X, 1-1-4.
204 A.G.N., S. X, 1-1-4.
205 A.G.N., S. X, 1-1-4, folio 38.
131
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
El grave altercado entre Belgrano y Cabarrús.
Mediación ambigua de Sarratea
Ahora bien, el frustrado “asunto de Italia” (incluido el descabellado plan de
Cabarrús de evasión del infante hacia América), los crecientes recelos entre
Sarratea y Rivadavia por dirimir a quién correspondía mantener el carácter de la
diputación oficial en Europa, y todos estos manejos en las relaciones diplomáti-
cas exteriores se habían dificultado por la discrepancia generada, principalmen-
te, por los límites del poder negociador del conde de Cabarrús.
La jugosa correspondencia personal londinense mantenida por Belgrano y
Sarratea entre el 23 de octubre y el 16 de noviembre de 1815, mientras el prócer
transitaba sus últimas semanas en la residencia de St. James’s y Sarratea se
hallaba en el apartamento de Albany (Picadilly), es altamente expresiva del tono
severo que adquirió este conflicto.
El contrapunto epistolar se origina en la extraviada carta de Belgrano a
Sarratea de mediados de octubre de 1815, donde le pide las cuentas del conde
de Cabarrús. Mientras se aprestaba a regresar a su ciudad natal, Belgrano tenía
pensado, como era de su frecuente honestidad, presentar una cuenta detallada
de los fondos invertidos en las gestiones llevadas a cabo durante la comisión
diplomática.
El 23 de octubre Sarratea le responde que la demora en la presentación de esos
gastos se debía a que faltaba la rendición de las cuentas de Durán pero finalmente
le envía lo solicitado el día 25. Belgrano la recibe y le responde que como ese nego-
cio “ha corrido por mano de usted, será preciso que usted la examine y luego que
la apruebe me la remitirá para examinarla yo y entregarla a mi compañero para
que, poniéndonos de acuerdo, la pueda llevar a Buenos Aires”.206
Evidentemente, este recto espíritu fiscal exasperó a Sarratea quien enten-
día que Belgrano quería comunicar al gobierno más de aquello de lo que le
correspondía. En consecuencia, el viernes 27 de octubre de 1815, le devuelve
a Belgrano la adjunta cuenta de Cabarrús, a la que nada se le ocurre objetar.
Añade que no tenía lugar su regreso premeditado a Buenos Aires y le pide que se
lo comunique a Rivadavia. Figuras 6 y 7
En su prolijo cometido de honradez administrativa, Belgrano comprobó que
el conde no había rendido con claridad sus cuentas y que de hecho acabó mal-
versando los fondos que le habían facilitado para su misión a la corte de Carlos
IV; enmarañando las negociaciones y acrecentando su propia complejidad. De-
cidió entonces dirigirse a Sarratea ese mismo día para que este le entregara la
documentación pertinente de lo acontecido respecto de Francisco de Paula: “las
206 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 y folio 296 v.
132
Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
instrucciones que copié y se dieron al Conde; igualmente el artículo separado,
la copia del informe de Baquijano que también se le dio entre los documentos
justificativos de la Representación e igualmente las cartas del expresado Conde,
después de su primera entrevista con el Príncipe de la Paz, en este segundo viaje
para sacar copias de ellas”.207
Su tocayo se molestó con el “ahínco extraordinario”208 de Belgrano en reco-
ger dichos papeles al regreso del Conde y fue esquivo a los requerimientos del
prócer; agravando con ello la discordancia entre los dos enviados americanos.
Motivado por la lacónica respuesta de Sarratea del día 27, Belgrano dio rienda
suelta a su acendrada pluma y por carta del sábado 28 de octubre le enumeró
una serie de advertencias respecto de los gastos que había hecho Cabarrús en
su segundo viaje. Complicando seriamente las cosas, en la mañana del domingo
29 de octubre, Sarratea recibió en su casa al Conde y le comunicó las apreciacio-
nes y conceptos que Belgrano vertió a su respecto, mostrándole la citada misiva.
Cabarrús le manifestó sentirse muy herido por las glosas que Belgrano hiciera
de su cuenta. Acto seguido Sarratea se entrevistó con Belgrano y las relaciones
se agriaron a tal punto que la discordancia devino en ruptura.
El lunes 30, casi por azar, Belgrano y Cabarrús se encontraron en el escritorio
de los hermanos Hullet. Según relata Sarratea, el general le dirigió la palabra al
conde “con un aire risueño y afectuoso”209 generando que este se sintiera “do-
blemente irritado con este falso doblez y pasaron palabras de que no podían
retroceder por supuesto ni uno ni otro honoríficamente”.210
207 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 y 296.
208 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 286 v.
209 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 16.
210 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 16.
133
BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Figura 6 y 7 Cuenta de gastos del segundo viaje a Alemania e Italia del conde de Cabarrús. Copiada
por Sarratea. Londres, 25 de octubre de 1815. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 301. (Gentileza Archivo General
de la Nación).
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Cabarrús se desahogó largamente por escrito a Sarratea el 3 de noviembre
para defender su proceder y rebatiendo con desprecio cada imputación, según
el orden numérico con que fuera hecho:
1. Belgrano argumentaba que dicha cuenta debía presentarla al gobierno “y
allí, pasando el examen conveniente, se hallará que no hay un documento
que la justifique”.211 Cabarrús replicaba que solo debía corresponderse con
Sarratea pues “para nada conocí a Don Manuel Belgrano”212 sintiendo, de-
cía, tener que “contestar a personas y a materias tan extrañas para mí”.213
2. Solicita Belgrano que se acredite la primera partida de 120 libras (a razón
de 60 libras mensuales por los meses de mayo y junio en Londres). A lo
que el conde contesta: “es tan cierto que todo gobierno que emplea un
individuo debe pagarlo”214 y que dado que Sarratea no le señalara ningún
sueldo, “había fiado, sin embargo, bastante de mi delicada circunspección
para autorizarme a tomar lo que necesitaba para mi moderada pero decen-
te subsistencia”.215
3. Objeta Belgrano la quinta y sexta partidas pidiendo se justifiquen con el “iti-
nerario y precio de las postas en los diferentes estados que ha corrido”.216
Ofendido Cabarrús responde que “ni a un postillón se exigiría una cuenta
posta por posta y no es viajando noche y día, embargados los sentidos
por el sueño y el cansancio, que se siente para semejantes menudencias,
para hacer asientos del cebo, del mozo de cuadra, del agua para ruedas, de
portazgos a mil precios distintos, etc.”.217
4. Belgrano es fulminante en este punto relativo a la séptima partida (que se
refería al gasto de 140 libras en 80 días de posadas) atribuyéndolo a un
capricho del conde por haberse detenido en Venecia y en Munich “después
que su comisión no fue admitida”.218
211 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297.
212 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303. La falacia del agente en este primer punto se deja ver cuando
Sarratea le escribe al gobierno dos semanas más tarde: “el conde de Cabarrús fue expresamente a
enterar a dichos señores juntos del estado del negocio, de todas las circunstancias de él y de cuanto
le había ocurrido en su primer viaje”. A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 8 v. Se suma el testimonio de Belgrano del
mismo suceso, cuando afirma que a los dos días de su llegada a Londres, “se nos presentó el conde de
Cabarrús a instruirnos del pormenor de sus conversaciones con el Rey, Reina y Príncipe de la Paz para
conseguir que el Infante ya dicho viniese a esta [fuese a Buenos Aires]”. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo,
folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
213 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303.
214 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303.
215 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303.
216 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297.
217 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303 y 303 v.
218 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297.
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Ante este reproche Cabarrús alude a “la instrucción reservada”,219 el llama-
do artículo adicional a las instrucciones que le fueran dadas el 24 de junio.
Aquel expresaba: “En el caso de que […] Carlos Cuarto, hubiese fallecido,
según lo anuncian algunos papeles franceses, el conde de Cabarrús con-
traerá sus esfuerzos a inclinar el ánimo de la Reyna y del Serenísimo Señor
Príncipe de la Paz, a fin de que se realice todo el plan de que va encargado
bajo la autoridad de una última voluntad de Su Majestad”.220 Desatendien-
do que el plan eventual dependía de confirmar la presunta muerte del rey
padre y de conseguir esa declaración (simulacro de testamento que coro-
nara en el Plata a Francisco de Paula), vimos que Cabarrús prosiguió con el
“negocio de Italia” procurando la fuga del infante. Para tal maniobra se atu-
vo capciosamente a las últimas líneas de aquel artículo reservado: “Pero
si, desgraciadamente y lo que no es de esperar no se pudiese verificar todo
lo prevenido, el Señor Conde no perderá un momento, ni se dispensará
esfuerzo para conseguir la evasión de Su Alteza, que es lo principal de la
medida”.221
5. “Pasen las partidas de gastos reservados en palacio y de viajes a Strá: la
de sueldo y gratificación a la ayuda de Cámara […] parece una arbitrariedad
del Señor Conde en disponer así de los fondos que se le confiaron”.222
Las acriminaciones de Belgrano en este punto provocarán una humorada
del Conde: “me propongo hacer de ellas un texto de sermón, que gustará
mucho al Señor Belgrano”.223 En cuanto al sueldo y gratificación por los ser-
vicios que hizo en palacio su criado, ironiza que “es de ley para todo criado
que no se parezca al de Belgrano”.224
6. En otro orden de observaciones Belgrano advertía: “los portes de cartas
son enormes […] el paraje de Ostende hasta aquí, los reparos del caleche
parecen regulares, pero no hallo la de los gastos particulares en orden
cuando, por otra parte, aparecen los de las posadas a la excesiva cantidad
de treinta y cinco francos diarios en el continente”.225 En un tono de eviden-
te fastidio, el conde replicaba: “Yo he recibido en Venecia y en Munich toda
mi correspondencia por el espacio de tres meses de Londres, de París, de
Málaga y de Bruselas; no he recibido solo las cartas de Vuestra Señoría”.226
Respecto de sus gastos diarios (de mesa, cuarto y criado) dice que eran de
219 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303 v.
220 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 260 y folio 263.
221 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 260 y folio 263.
222 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297.
223 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303 v.
224 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303 v.
225 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
226 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303 v.
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20 a 22 francos, pero añade, “acaso no hay otros gastos…? Ahórreme us-
ted por Dios pormenores indecorosos a ambos y baste decir que, habiendo
podido y debido tener coche, no lo tuve y que sin él no se puede gastar
menos de lo que he puesto”.227
7. En cuanto a las partidas de la cuenta de Durán, Belgrano vuelve a cargar
sobre lo expuesto en el cuarto punto: la arbitrariedad de Cabarrús de
prolongar su residencia en el continente “pasando los límites de sus ins-
trucciones”228 y generando nuevos gastos. Sindica que la cantidad de 30
francos diarios en el Continente “es enorme”229 y nada objeta a la compra
de la berlina y sus composturas. Con causticidad rebate el conde esta acu-
sación: “¿Por dónde cree el Señor Belgrano que un comerciante [Durán],
acostumbrado a una existencia decente y cómoda, la dejaría por compla-
cerse y que será ni justo ni posible regatear sus servicios como las de un
mandadero?”.230
8. Ante la acusación del general que el conde había recibido de los Señores
Hullet hermanos y compañía una partida de 150 libras231 y no de 100
como consigna aquel, a Cabarrús no le queda más remedio que ser fran-
co y reconocer: “por error de memoria, no mencioné cincuenta libras más
recibidas de los Señores Hullet la víspera de mi salida de Londres”.232
La diatriba belgraniana justificada al servicio de la transparencia de los
negocios públicos alcanza también a Sarratea: “No sé por qué deja usted
a nosotros el disponer del coche que ha empleado Durán: usted tiene el
mismo interés que nosotros en él”,233 conminándolo a que intervenga “para
que esos fondos de nuestro gobierno vuelvan a entrar al camino que les
corresponde”.234
9. Belgrano alega verse sorprendido por los resultados de la cuenta de Cabarrús.
En primer lugar, por haberse absorbido el Conde solo, toda la cantidad de
dinero destinada para su comisión y, en segundo lugar, por haber ido aquel
en persona a decirles a Belgrano y Rivadavia “que habían sobrado algunas
libras y ahora aparece que ha suplido para atender a sus gastos”.235
227 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 303.
228 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
229 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
230 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 304.
231 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
232 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 304.
233 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
234 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v.
235 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 223 v y folio 297 v a 298.
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Estos reparos provocan la más extensa y arrogante contestación de Cabarrús:
“debe sorprender que un empleado de mi clase en una comisión tan importan-
te y cerca nada menos que de nuestros augustos Soberanos, no haya gastado
como de ley se señala a un correo de gabinete”.236
Luego añade, ya con un tinte amenazador, “que Belgrano, ocupado muy gra-
tuitamente del honor de Vuestra Señoría [por Sarratea] y del mío, nos hace sin
duda el favor de creer que o no le conocemos o carecemos totalmente de él. Por
mi parte, lo convenceré muy presto de lo contrario”.237
Creciendo en intensidad el despecho de Cabarrús, opina: “debo la odiosa e
inútil inquisición actual a la indigna desconfianza y malicia del Señor Belgrano
[…] solo el que no me conozca osará suponer que podía tener por objeto una vil
y ratera estafa”.238
El conde repele la crítica de Belgrano a su índole dispendiosa, en un aire jac-
tancioso: “si en tres meses he gastado en el Continente, viajando, seiscientas
libras o sean tres mil duros, no he hecho, sino vivir con la decencia que toda mi
vida”.239
Concluye, sin menguar el tono de su exposición, que espera de Sarratea “una
orden al General Belgrano de darme una satisfacción indispensable”.240
A la postre de todos los acontecimientos de la misión diplomática, susten-
tará ante el gobierno tales impugnaciones fiscales, diciendo: “para mí no era
hombre de bien el que presentaba cuentas como él, sin un documento que las
justificase”.241 Trazaba de Cabarrús el rasgo de una persona poco confiable, ex-
plicando “que le había hecho esas reflexiones para que tratase de ponerse a
cubierto; pues yo había de dar cuenta al gobierno y con documento hasta del
último medio que hubiera gastado del estado; que además era pobre y necesi-
taba de todos recursos; y no era regular mirar con indiferencia sus intereses”.242
Con todo lo explicitado, estimo, puede comprenderse mejor cómo es que Bel-
grano y Cabarrús, estuvieran a punto de batirse a duelo en la mañana del viernes
3 de noviembre de 1815; episodio indecoroso que alcanzó a impedir Rivadavia.
Presuroso, a las 7 am, este acusa a Sarratea de haberse hecho cómplice de un
236 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 304.
237 A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 304 y 304 v.
238 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 304 v. Más adelante, Belgrano señalará que Sarratea les había dicho
que Cabarrús había “inventado un paso tan ridículo con sólo el designio de apoderarse de los fondos
que se le habían destinado para el objeto”. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre,
Manuscritos, 2, 288.
239 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 305.
240 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 305 v.
241 Tales conceptos los vierte Belgrano en su “Informe al Gobierno relatando los pasos y ocurrencias
en su misión a Brasil e Inglaterra (3/2/1816)”. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre,
Manuscritos, 2, 288.
242 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
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crimen que “compromete los intereses y la opinión de nuestra patria y ataca los
respetos y obligaciones que nos impone nuestra comisión”.243 Y le ordena que
“desista de perpetrar escándalo de tan gran trascendencia”.244 Una hora más tar-
de escribe Rivadavia a José María Olaguer, que oficiaba de padrino de Cabarrús,
para que interceda e impida el mentado duelo: “Cabarrús ha desafiado a Belgra-
no no sé el paraje de la cita ni la hora […] luego que reciba esta, pase a los par-
ques y persiga a Belgrano con toda diligencia y así que lo encuentre, le entregue
el adjunto”.245 Así lo hizo Olaguer, en el momento más acalorado de la disputa.
Belgrano leyó la carta de Rivadavia y, según él mismo relata, “considerando la
trascendencia, que traería la publicidad del hecho, viendo también que su mismo
padrino se le había vuelto en contra, me despedí”.246
Rivadavia culpabilizaba a Sarratea de tal escándalo, pues comentaba de los
duelistas que “a la verdad no son los dos los principales autores”.247
En el mismo sentido, Belgrano creía del altercado que:
todo era obra de Sarratea […] el dio la carta al Conde; que fue sabedor de
todos sus pasos; que era su consultor, y a todas horas estaban juntos;
por último que le proporcionó hasta las pistolas por medio de su crédito,
dándole un papel para que las fuera a recibir de la casa del armero, donde
el mismo Sarratea las había hecho preparar: hecho que sólo puede ser
obra del corazón más inicuo que no reparando en los medios aspira a la
perdición de un hombre honrado que no le ha dado el más mínimo motivo
de guerra.248
Sentenciaba Belgrano respecto de Sarratea: “el gobierno juzgará de todo lo
que hallase conveniente […] y decidirá si un sujeto de esa clase puede tener sus
comisiones en país extranjero”.249
Por su parte, “para no ser considerado como hombre de sucios manejos
o débil”250 Sarratea justificará su conducta ante el director supremo de haber-
le pedido a Cabarrús una explicación a las objeciones que Belgrano hiciera de
su cuenta. A Sarratea le preocupaba ciertamente su reputación: “el carácter de
defraudador que procuran imprimir en el del Conde, no me deja exento del de
243 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
244 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
245 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
246 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
247 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
248 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
249 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº.
250 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 287.
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Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
negligente y abandonado por los intereses del estado”.251 Y en cuanto a haber
precipitado al conde para pedirle a Belgrano una reparación por sus ofensas y
en definitiva, promovido el duelo, Sarratea se defiende diciendo que ese desa-
gradable incidente le había causado “incomodidad y desasosiego”.252 Reconoce,
asimismo, que aquel rompimiento no tuvo mayores consecuencias, pues,
Rivadavia “previno los deseos de todos”;253 aunque opina que de aquel asunto
“lo menos que se hable, será lo mejor”.254
Disipado el riesgo del duelo, Belgrano escribió el 7 de noviembre a Sarratea
para que le respondiera su carta del 28 de octubre (sobre la famosa cuenta de
Cabarrús) y siguió insistiendo con la reunión de todos los papeles del “negocio
de Italia”, a lo que su tocayo contestó con evasivas el 8 de noviembre. Ese mis-
mo día Belgrano le pide a Sarratea que “no le remita extractos, sino las copias
completas de la correspondencia de Cabarrús en el segundo viaje, la de las ins-
trucciones y la cuenta de gastos, que también he pagado a los Señores Hullet en
la tercera parte que se me ha señalado, incluyéndose la de los gastos que causó
en su primer viaje”.255
Sarratea le responde severamente el 11 de noviembre con la intención de
cerrar la correspondencia con Belgrano. Le expresa que había obtenido la acla-
ración de los Hullet y luego se adentra en el espinoso tema del auxilio pecunia-
rio (las polémicas £600) que Belgrano y Rivadavia franquearon para el segundo
viaje del conde a la corte de rey padre. Sarratea explica que, al arribo de ambos
diputados, él les comunicó el estado de ese negocio y que ellos no vacilaron en
cooperar, haciendo frente a los gastos de dicho viaje porque, arguye, “poseían
los medios de hacerlo con más desahogo que yo”.256 Señala que sus arbitrios
a aquella fecha se hallaban agotados257 y que estaba comprometido con sus
banqueros,258 pues los Hullet le tenían hechas anticipaciones de consideración.
Concluye Sarratea que el monto de la suma gastada por el conde ascendía a
900 libras, 0 chelines, 0 peniques, salvo un saldo de 75 libras, 12 chelines a favor
del Conde.259
251 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 287.
252 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 16.
253 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 16 v.
254 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 16 v.
255 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 224 y folio 298 v a 299.
256 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 299.
257 Por carta a Viana del 12 de julio de 1815 Sarratea venía quejándose de la imposibilidad de su
subsistencia en Europa así como de cumplir la comisión que le había confiado el gobierno. Le dice,
pues, que si no hubieran llegado tan a tiempo los diputados Belgrano y Rivadavia, “sin su auxilio, estaba
ya en la absoluta necesidad de suspender todo procedimiento. Ellos han hecho frente a los gastos
precisos para continuar”. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 173.
258 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 229 v.
259 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 299 v.
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No se da satisfecho Belgrano de esta carta conclusiva de Sarratea y toma la
pluma por última vez el 16 de noviembre de 1815, en su residencia londinense
de la 38 St. James’s Street y a instantes de partir hacia el Plata. Le contesta a
Sarratea, por empezar, rebatiendo una falacia: “que ha padecido equivocación,
cuando dice que los Señores Hullet le han manifestado una orden nuestra [de
Rivadavia y Belgrano] para que se incorporen los gastos del primer viaje del Con-
de de Cabarrús, con los del segundo”.260
Respecto de la presunta buena disposición de los nuevos diputados a
desembolsar la suma necesaria para continuar el “negocio de Italia”, Belgrano
es terminante: “A mí jamás me ha pedido usted que hiciese frente a los gastos
del segundo viaje del Conde expresado, ni le he oído hablar a usted de la materia
con el Señor Don Bernardino Rivadavia”.261
Le adjudica a este último la formalidad de la adhesión al plan, coligiendo que
antes de la llegada de los nuevos diputados no la tenía. Recrimina Belgrano a
Sarratea que pese a ser él “un testigo presencial y el escribiente, me quiso usted
hacer creer que había sido la mano directora de este negocio”.262
La persistencia de Belgrano en solicitar los papeles mencionados queda táci-
tamente enunciada en los siguientes términos que dirige a Sarratea: “Si usted no
me hubiera dado injerencia en este negocio, si usted no me hubiera consentido
firmar semejantes papeles, si usted se hubiera opuesto a que contribuyese a
gastos con los fondos que sabía usted se me habían señalado para vivir aquí
y en una palabra, me hubiese dejado a oscuras de todo, ahora no tendría obli-
gación de dar cuenta al Gobierno”.263 Y por otra parte le recuerda el carácter
secreto de las gestiones: “Muchas veces le he oído a usted convenir con el Señor
Rivadavia acerca de la importancia de recoger todos los papeles del poder del
Conde para no dejar un rastro en la negociación que pudiese traicionar el país”.264
Procurando dejar sentado su rol en la comisión exterior, el enojo de Belgrano
sube otro punto cuando le aclara a Sarratea que no componía parte de diputa-
ción alguna y que solo ha sido “un agente particular del gobierno con mis órde-
nes respectivas en la misma línea y al mismo objeto que usted”.265
Indignado por la protesta que hiciera Cabarrús a sus reparos a la tan aludi-
da cuenta y, a su vez, por la propia negativa de Sarratea a objetar algo de ella;
Belgrano le señala a Sarratea contradicciones entre las oposiciones que este le
había hecho verbalmente sobre algunas de las partidas de gastos del conde.
260 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 224 v.
261 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 224 v.
262 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 224 v.
263 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 224 v.
264 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 225.
265 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 225.
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Firme en su defensa de los intereses del erario público, lo acusa de mirar “con in-
diferencia una cuenta de gastos con dinero del estado, sin el menor documento
justificativo”266 y le reitera que debía presentarla al gobierno.
Al mediodía de ese 16 de noviembre esta epístola le fue entregada a Sarratea,
quien habrá de tomarse un buen tiempo para elaborar una extensísima respues-
ta a lo que consideraba un cúmulo de calumnias sobre su persona. La susodicha
contestación irá adjunta con el oficio de Sarratea dirigido al gobierno el 8 de ene-
ro de 1816. Los motivos estribaban en que Belgrano ya había partido de Londres
hacia Buenos Aires, prometiéndose, según dijo, “dar parte de todo al gobierno”.267
Su primer descargo se refiere a la consulta verbal que, dice Sarratea, le hicie-
ran los Hullet sobre a qué cuenta habrían de cargarse los gastos del programado
segundo viaje de Cabarrús. Aquel contestó “que los gastos del nuevo viaje citado
los abonarían los Señores Belgrano y Rivadavia, y que los mismos determinarían
sobre el modo de llevar su cuenta corriente”.268
Reconoce Sarratea, no obstante, que nunca le habló a Belgrano sobre quién
debía hacer frente a los gastos del segundo viaje de Cabarrús, pero, se justifica
diciendo que “no deberá ofenderse al menos que haya considerado lo comunica-
do a uno, lo mismo que si fuesen a ambos”269 y el mismo argumento maquiavé-
lico emplea para explicar el haberle comunicado con más extensión a Rivadavia
los detalles del “negocio de Italia” y tan solo ligeramente a Belgrano.270
Se queja Sarratea del fervoroso celo de Belgrano de dar cuenta al gobierno
“de más operaciones que las suyas”271 y dedica varios párrafos de su epístola
para justificar su ruptura de relaciones tanto con Belgrano como con Rivadavia.
Contrariado, expresa: “de las solas seis u ocho personas de nuestro país con
quienes se ha comunicado aquí, con el único con quien han tenido que tratar
algo que parezca negocio, se han puesto en combustión y complotándose para
denigrarle”.272 Figura 8
266 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 225.
267 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 225.
268 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 8.
269 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 8.
270 En la noche del 13 de mayo de 1815, apenas arribados los nuevos comisionados a Londres,
Sarratea instruyó a Rivadavia de los pormenores del “negocio de Italia”. Efectivamente, Belgrano no
recibió la misma información, pues, según relata en su informe final, “tuve el gusto de verlo y saludarlo,
únicamente, sin entrar en más conversación con él, por hallarme bastante indispuesto y verme precisado
a ponerme en la cama”. A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
271 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 13 v.
272 A.G.N., S. X, 1-1-7, folio 13.
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Figura 8 Informe de Belgrano al gobierno tras la misión diplomática a Europa (primera foja) (Gentileza
Archivo General de la Nación).
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Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
A modo de conclusión
Retornado el general Manuel Belgrano a su Patria, con el informe al gobierno
de su comisión diplomática del 3 de febrero de 1816,273 el directorio quedó im-
puesto del infortunado “negocio de Italia” pero cifraba aún algunas esperanzas
de éxito en la labor de los comisionados que permanecían en el Viejo Continen-
te. Prueba de ello es el oficio del director Álvarez Thomas al Congreso General
Constituyente, fechado el 6 de marzo de 1816, por el cual confiaba que Sarratea
y Rivadavia no dejarían de “entablar nuevas relaciones que cuando menos pro-
duzcan el efecto de mantener en división los ánimos de los que pudieran unirse
en nuestra ruina”.274
Mencionamos a lo largo de este artículo la intención del ejecutivo porteño
de consolidar las relaciones con Gran Bretaña para que oficiara de mediador en
la discordancia con España y aventara el peligro de las represalias que pudiera
tener Fernando VII con sus súbditos americanos; tal como se desprende de las
instrucciones dadas a Sarratea primero y a Rivadavia y Belgrano después.
Sin embargo, los comisionados pudieron comprobar en su accionar que la
estrategia británica frente al Río de la Plata, por esos años, era la de adoptar una
actitud prudente respecto al reconocimiento de las Provincias Unidas y, a su vez,
no dañar los intereses españoles, al menos en apariencia visible.
Procurando definir el carácter del gabinete inglés, Sarratea analizaba que, si
bien la opinión general y el espíritu público de Inglaterra estaban cada vez más
pronunciados en favor de la emancipación de América, no debía soslayarse que
“el interés político-mercantil, que es el agente que más poderosamente influye
en ella, puede satisfacerse sin ser acompañado de aquellas circunstancias esen-
ciales a nuestra independencia política y territorial”.275
Bien definía Rivadavia la matriz de la política inglesa, cuando escribía al se-
cretario Herrera: “teniendo fuerzas como las poseen con superioridad no ha de
permitir que sus amigos se engrandezcan a costa de un amiguito que ellos van
teniendo por su hechura, pues lo que decididamente apetecen estos señores, es
tener muchos amigos pequeños”.276
Más terminante es Belgrano respecto de lo que podía esperarse del influjo
inglés para el sostén de la causa americana: “el acelerar el reconocimiento de
nuestra exigencia política o, mejor diré, el realizar esta pende del mejor modo
273 “Relación de mis pasos y ocurrencias en mi viaje al Brasil e Inglaterra extendida de orden verbal del
Excelentísimo Señor Supremo Director interino” en A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo
Mitre, Manuscritos, 2, 288.
274 Museo Mitre, Documentos del Archivo Belgrano, t. VII, Buenos Aires, Coni Hermanos, 1916, pp.
97-98.
275 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 232 v.
276 A.G.N., S. X, 1-1-3, folio 122.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
con que se negocie con España porque ella sea la primera a reconocerla; pues el
que Inglaterra o cualquiera otra potencia lo haga, mientras las cosas permanez-
can como las he dejado en Europa, es del todo imposible, y no hay que esperarlo
jamás”.277
Descartada, pues, la intercesión favorable de Inglaterra, y frustrado el po-
lémico “negocio de Italia”, el mentado proyecto rivadaviano de trasladarse a
la Península (vía París) aparecía como la última posibilidad diplomática. Así
lo veía Belgrano al emprender su regreso a Buenos Aires. Contrariamente, para
Sarratea era inconveniente aparecerse implorando en una corte enemiga.
La gestión postrera de Rivadavia simulaba una conciliación exterior de las
Provincias Unidas con la metrópoli mientras, intrínsecamente, se aceptaba lo
irreductible de ambas posiciones. La estrategia política del gobierno de Buenos
Aires desde fines de 1813 venía siendo alimentar en Madrid, como acertada-
mente había expresado Sarratea, “las esperanzas de transigir pacíficamente
nuestras diferencias pendientes”278 y así “paralizar las expediciones militares que
se intenten contra esa parte”.279
Las derivaciones previsibles de la aludida expedición punitiva al Río de la Pla-
ta eran la preocupación principal del gobierno del Plata y de sus representantes
en el extranjero. Consecuentemente, con ello, la necesidad de ganar tiempo para
salvar la causa de la revolución por la libertad e independencia sudamericana.
Atendidos estos objetivos primarios y a luz de las circunstancias históricas, el
resultado de la compleja comisión diplomática de Manuel Belgrano y Bernardino
Rivadavia a Europa debe ser justipreciado. Todo ello, resignificado bajo el ampa-
ro de las relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucio-
nario de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Por otra parte, las cartas y oficios de Rivadavia y Sarratea al gobierno direc-
torial durante 1816, así como el meduloso informe de Belgrano al regreso de su
labor europea, son muy elocuentes respecto de la inquietud de los diputados que
se involucraron en el “negocio de Italia” en clarificar su conducta diplomática. La
intención era disipar las acusaciones infundadas e invectivas calumniosas con-
tra ellos, que venían propalándose en Buenos Aires respecto de haber cometido
actos de traición a la causa pública.280
Sarratea había asumido para sí la conducción del polémico “negocio de Italia”,
como un “recurso de que eché mano, impelido por la crisis de las circunstancias”,281
277 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
278 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 192.
279 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 192.
280 El Congreso de Tucumán dispuso, a fines de septiembre de 1816, indagar reservadamente el
comportamiento de los enviados Sarratea y Rivadavia. Cfr. A.G.N., Sala X, legajo 2-1-7 (139), A 33.
281 A.G.N., S. X, 1-1-6, folio 231 v.
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Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
según sus propias palabras. Temeroso de la decisión de Belgrano de dar cuenta
en detalle al gobierno de todo lo ocurrido en la comisión exterior y que ese testi-
monio fuera lesivo a su integridad, Sarratea procurará desmentir las imputacio-
nes del prócer por todos los medios disponibles a la distancia282 (retornará de
Londres recién en enero de 1817).
Esta reivindicación es aplicable, aún con mayor énfasis en la figura de Belgrano,
que ya en su época (y en la posterior) era tenido como la perfección ideal del
patriotismo más puro y desinteresado, juicio común por todos los partidos.
Siendo el hombre más preparado en política de su época, Belgrano se halló
subordinado a su compañero diplomático Rivadavia, a quien respetó caballe-
rosamente en cada instancia, a pesar de algunos pareceres encontrados. Adi-
cionalmente, su organismo aquejado por enfermedades, lo obliga a morigerar
muchas veces su reconocida agilidad en las tareas referidas a la comisión.
Por otra parte, la reciente estada en Europa ha modificado en algo la perspec-
tiva de su óptica política. Dado su bagaje informativo de sistemas e instituciones
de la Restauración, Belgrano es invitado a una sesión secreta a las 12 horas del
6 de julio de 1816, en el Soberano Congreso Constituyente reunido en Tucumán.
Belgrano se explayó allí sobre la situación interna y externa señalando que en
Europa, así como antes era necesario republicanizarlo todo, ahora la tendencia
era “monarquizarlo todo”.283 Propuso como forma de gobierno una monarquía
constitucional, “llamando la dinastía de los incas por la justicia que en sí en-
vuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono”.284 Esta
propuesta belgraniana de coronación de un descendiente del Inca, fue incom-
prendida por los diputados protagonistas del Congreso,285 pero apoyada nada
menos que por José de San Martín, Martín Miguel de Güemes y Juan Martín
de Pueyrredón. Se los fustigó a estos en la prensa periódica señalando que se
trataba de un “complot de los militares”, dado que los cuatro jefes revestían los
más altos cargos políticos y castrenses.
282 Cfr. A.G.N., S. X, 1-1-6, folios 321 a 325.
283 Acta de la sesión secreta del Congreso de Tucumán del 6 de julio de 1816 en A.G.N., Sala VII,
Fondo Documental Congreso General Constituyente (1816-1819), Legajo 1, documento nº 7.
284 Acta de la sesión secreta … en A.G.N., S. VII, F.D.C.G.C. (1816-1819), Leg. 1, doc. nº 7. El 12 de julio
de 1816 oficia Belgrano al director supremo del estado Pueyrredón: “sería la casa de los incas la que
debería representar la soberanía nacional, única porque anhelo tanto más cuanto Vuestra Excelencia
sabe que, se ha hecho atroz injusticia de conceptuarme por un traidor que trataba de vender mi patria a
otra dominación extranjera”. A.G.N., Sala VII, Legajo 4, Documentos del Congreso Constituyente reunido
en Tucumán.
285 Ver carta de Belgrano a Manuel Ulloa, catedrático de la Universidad de San Francisco Javier
(Sucre), Tucumán, 18 de Octubre de 1816 en A.N.H., Epistolario Belgraniano, Buenos Aires, Academia
Nacional de la Historia, 1970. Prólogo de Ricardo Caillet-Bois. Recopilación de María Teresa Piragino,
carta número 157, pp. 299-301.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Es sintomático que tres días más tarde de la decisiva participación de Belgrano,
los diputados del Congreso proclamaran la independencia.
La vía monárquica, es advertible, se mantuvo; se ve como la solución me-
nos quimérica, ante las derivaciones complejas de la coyuntura política europea,
pero tenía, a su vez, fuerte raigambre en la tradición hispana.
El Memorial al Rey por los Diputados Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia y
también la Constitución para el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile, surgi-
dos en el fragor de la compleja misión a Europa durante 1815, son documentos
que indican esta adaptación de Belgrano a su época, en la que la salida de una
monarquía constitucional emergía inevitable, tanto como lejana la posibilidad de
un gobierno republicano. En Europa, observaba Belgrano, al escribir su informe
de febrero de 1816, “no hay quien no deteste el furor republicano”.286
Respecto de la fe republicana en Belgrano vale recordar que fue ávido es-
pectador de la Francia revolucionaria, lo cual le hizo pronunciar sus conocidas
palabras:
como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Fran-
cia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres
de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad,
igualdad y propiedad y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el
hombre, fuese como fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la
naturaleza le habían concedido y aún las mismas sociedades habían acor-
dado en su establecimiento directa o indirectamente.287
Sin embargo no fue Belgrano un liberal puro; sino más bien fue ecléctico, por
íntimas razones religiosas y sociales. Pese a que admiró el orden profundamen-
te democrático instaurado por George Washington en su momento,288 ahora le
ha impactado la monarquía, no precisamente absolutista, sino la constitucional
inglesa y piensa que en el estado anárquico que vive la nación en ciernes, acaso
un gobierno similar, centralizado y fuerte, con los derechos individuales asegura-
dos, podría ser el dique que contuviera el desborde del desgobierno y amenguara
nuestras tremendas disensiones internas.
Fútil resultaría alistarse en el remanido y anacrónico debate sobre el monar-
quismo y/o republicanismo de Belgrano. Del contenido de sus escritos así como
de su accionar en la Patria y fuera de ella se derivan jalones que atestiguan su
286 A.G.N., S. X, 1-4-5, 4º subtítulo, folio sin nº y Museo Mitre, Manuscritos, 2, 288.
287 “Autobiografía del Gral. Belgrano” 1ª parte, en A.G.N., Archivo Lamas, 2656, folio 2.
288 Belgrano se ufanó por difundir lo más que pudo el célebre “Discurso de Despedida de Washington
al pueblo de los Estados Unidos”, al punto que realizó la traducción y la remitió al Gobierno desde
Alurralde, con fecha 2 de febrero de 1813.
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Relaciones exteriores y búsqueda de legitimidad del gobierno revolucionario
dedicada preocupación y decidida participación en el proceso constitucional e
institucional argentino:
• su confección del Reglamento a los pueblos de las Misiones
(30/12/1810);289
• su influencia en la firma del Tratado del 12 de Octubre de 1811 con la Junta
de Paraguay;
• su acatamiento a la Asamblea General Constituyente del Año XIII;
• sus ya mencionados aportes en el Memorial y en la Constitución, aunque
esos instrumentos, fuera de las particulares alternativas que los motivan,
no hayan tenido una plasmación política efectiva;
• su medulosa intervención en la sesión secreta del Congreso de Tucumán el
6 de julio de 1816 con la propuesta de una “monarquía temperada” incási-
ca; uno de los primeros proyectos de unificación basados en la conciencia
de la existencia de la Patria hispanoamericana;
• su firme oposición y rechazo al traslado del Congreso de Tucumán a Bue-
nos Aires, obstáculo al proceso federal, opinión compartida con Güemes y
con San Martín, y
• su juramento de obediencia a la constitución de 1819, a pesar del evidente
carácter centralista y unitario de esta que él no compartía.
Manuel Belgrano, pragmático e intuitivo, siguió demostrando hasta el final
de su protagonismo en la escena política que era un verdadero estadista de la
realidad americana.
289 “Reglamento para el régimen político y administrativo y reforma de los Treinta Pueblos de
Misiones”, Campamento de Tacuarí, 30 de diciembre de 1810, en A.G.N., Sala X, 3-1-1.
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LOS AUTORES
Fernando E. Barba
Doctor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNLP. Miembro de
número de la Academia Nacional de la Historia, en la que se desempeña actual-
mente como presidente. Miembro correspondiente de las Academias de Espa-
ña, Perú, Uruguay, Paraguay y otras.
Profesor titular dedicación exclusiva en el área de Historia Argentina y direc-
tor del Instituto de Historia Argentina en la Facultad de Humanidades (UNLP).
Director del Doctorado de Historia y director del Centro de Historia Argentina
y Americana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la
UNLP.
Entre sus últimas publicaciones se pueden mencionar: Los autonomistas del
70. Buenos Aires. Auge y frustración de un movimiento provinciano con vocación
nacional. Buenos Aires entre 1868 y 1878 (Biblioteca Testimonial del Bicentena-
rio, 2017) y Orígenes históricos de la fundación de La Plata. La cuestión capital
de la República y la fundación de la capital de la provincia de Buenos Aires (2016,
Municipalidad de La Plata).
Ha participado en sesenta Congresos y Jornadas nacionales e internacionales,
siempre como expositor y eventualmente como conferencista o comentarista.
Pedro Luis Barcia
Doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Presidente de la Aca-
demia Argentina de Letras, reelegido tres veces. Profesor titular de Historia de
la Literatura Argentina en la Universidad Nacional de La Plata. Investigador Prin-
cipal del CONICET. Director del Instituto de Estudios Americanistas “Julián Cá-
ceres Freyre”, Universidad Austral. Académico de número del Instituto Nacional
Sanmartiniano y de la Academia de Ciencias y Arte de San Isidro. Es autor de
40 libros y un centenar de artículos relacionados con las letras, la literatura y la
historia.
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BELGRANO / Dos siglos de legado 1820-2020 / 2. Investigaciones
Miguel Carrillo Bascary
Vexilólogo. Abogado. Profesor en Ciencias Jurídicas. Actual presidente del Institu-
to Belgraniano de Rosario. Miembro fundador de la Asociación Argentina de Dere-
cho Constitucional. Fue presidente de la Junta de Historia de Rosario (2007-2010).
Promovió las normas que oficializaron las banderas de Jujuy, Mendoza, Tu-
cumán y Rosario; el reconocimiento de la Bandera de la Libertad Civil como sím-
bolo histórico y el ceremonial vexilológico del Monumento a la Bandera. Asesor
técnico del jurado del concurso para la bandera de Tierra del Fuego.
Publicista y autor de diez libros, en el que se destaca La Bandera de la Libertad
Civil: su historia y su pueblo.
Profesor Adjunto por concurso en Derecho Constitucional I y II (Facultad de
Derecho, UNR). Ha dictado cursos de grado y posgrado en diversas universida-
des. Curador de diversas muestras históricas/institucionales. Ha estado a cargo
de numerosos proyectos de transferencia, publicación e investigación en temas
de su especialidad, en el ámbito de: Municipalidad de Rosario, Facultad de De-
recho (UNR), Instituto Belgraniano de Rosario y Junta de Historia de Rosario.
Becario internacional sobre procedimiento ante organismos internacionales.
Matías Dib
Licenciado y profesor en Historia por la Facultad de Historia y Letras de la Univer-
sidad del Salvador. Doctorando en Historia.
Como agente del Ministerio de Cultura de la Nación, desempeña tareas de
investigación histórica en el Instituto Nacional Belgraniano, conformando el
equipo que publica la Colección de Documentos para la Historia del General Don
Manuel Belgrano, tomos IV al VIII. Intervino, a su vez, como autor en: La Bande-
ra Nacional de la República Argentina, Manuel Belgrano y la Economía Política e
Ideario de Belgrano. Colaboró en otros varios libros institucionales y publicó una
veintena de artículos de investigación sobre historia argentina y americana.
Ejerce la docencia universitaria en la cátedra Historia de la Política Exterior
Argentina de la carrera de Historia (USAL).
Instructor registrado en INAP (Instituto Nacional de Administración Públi-
ca). Ha dictado numerosas conferencias y talleres de capacitación en temas
históricos.
Integra el Grupo Jóvenes Investigadores de la Academia Nacional de la Histo-
ria; la cual le otorgara el diploma de honor y la medalla de oro por haber obtenido
el mayor promedio en la carrera de Historia, promoción 1998.
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