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Descubrimiento de la identidad sexual

Alejo, un hombre tranquilo y comprometido con su novia Eva, experimenta una crisis emocional tras la llegada de Julián, un nuevo compañero de trabajo que despierta en él deseos inesperados. A pesar de su vida estable y predecible, Alejo se siente atraído por Julián, lo que lo lleva a cuestionar su relación con Eva y su propia identidad. La historia explora el conflicto interno de Alejo mientras intenta reconciliar sus sentimientos y su futuro con Eva frente a su creciente deseo por Julián.

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Lucía Lucero
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Descubrimiento de la identidad sexual

Alejo, un hombre tranquilo y comprometido con su novia Eva, experimenta una crisis emocional tras la llegada de Julián, un nuevo compañero de trabajo que despierta en él deseos inesperados. A pesar de su vida estable y predecible, Alejo se siente atraído por Julián, lo que lo lleva a cuestionar su relación con Eva y su propia identidad. La historia explora el conflicto interno de Alejo mientras intenta reconciliar sus sentimientos y su futuro con Eva frente a su creciente deseo por Julián.

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La vida le resultaba fácil, simple.

Su mamá decía que siempre fue un chico tranquilo, no


molestaba ni molestaban. Un perfecto gris. Aunque constantemente lo tildaban de aburrido,
no tenía problemas con esa definición. Le parecía adecuada y él no tenía conflictos con su
personalidad. Apreciaba ser apacible.

Cuando nos detenemos un poco en su infancia notamos que siempre tuvo los mismos
amigos que a su vez, eran sus mismos vecinos. Excepto Ramiro, que lo conoció en el tercer
año de la primaria. Desde el instante en que se sentaron en el pupitre contiguo al otro,
resultó adecuado caracterizar su relación como: uña y mugre; o culo y calzón.

Fue creciendo rodeado de familiaridad, sin ser expuesto a ningún cambio violento. A los 14
años conoció a Eva, en el cumple de la hermana de Ramiro. Ella tenía 12. En ese entonces,
la diferencia de dos años de escolaridad era un abismo. Siempre se sonreían en los recreos
pero no oficializaron la relación hasta los 15 años de Eva: sentados en una plaza,
confesaron su más profunda devoción, el uno por el otro.

Eva era una chica a las que llaman comúnmente como estudiosas. Desde el inicio del
periodo escolar destacó por su prolijidad, cumplimiento y orden; prefería terminar sus
deberes antes que jugar, desplazaba cualquier actividad si interfería con el estudio.

La relación fue predecible y tranquila. Crecieron acompañando al otro sin demandas ni


exigencias, consolidando una relación de absoluta confianza y fidelidad. Y en su décimo
aniversario, se comprometieron en matrimonio.

¿Por qué es necesario todo el preámbulo? Porque verdad fue, ni él mismo se creía lo que
estaba pasando. Repasaba cada capítulo de su vida y nunca hubo una señal, un episodio
que le explicara el comportamiento (y pensamientos) de los últimos días. Nada tenía
sentido.

Todo comenzó con la llegada del nuevo compañero de trabajo; o unos días después. Julián
arribó a la oficina con una sonrisa amable y una seguridad abrumadora. Alejo, curioso, lo
siguió con la mirada mientras le enseñaban la rutina. Encontró fascinante cómo prestaba
genuina atención a cada palabra, cómo ponía a prueba la funcionalidad de cada objeto que
le presentaban, aprendiendo con eficacia de robot. De repente, Julián desvió la mirada de
su trayecto educativo para mirarlo tan directamente que sus ojos se hicieron fuego:
¿advertencia o premonición? Un escalofrío le recorrió la entrepierna mientras observaba
una sonrisa de satisfacción en su nuevo compañero de trabajo.

Se sorprendió, Alejo bajó la mirada tan repentinamente que dejó al descubierto su intento
de ser sutil. Nunca se había sentido tan vulnerable, ni nervioso. No entendía por qué.
Respiró, durante la inhalación liberó su mente de pensamientos, en la exhalación enfocaba
el curso de pensamientos. “Estoy revisando el balance de agosto”. Repitió la secuencia
hasta que el control se hallaba otra vez en sus manos.

Terminó sus tareas y se preparó para salir cuando se percató de que todavía el reloj no
marcaba el cese de la jornada laboral. Para su sorpresa había finalizado en tiempo récord.
Se dirigió a la cocina a tomar una merecida taza de café. Mientras colocaba un poco de
agua en la pava eléctrica, escuchó una voz desde atrás que le incomodaba enfrentar:
- ¿Podés poner un poco de agua para mí? - mencionó para luego disculparse alegremente -
Perdón, soy Julián, soy nuevo acá. Estoy muy nervioso y aunque no sé si el café es buena
idea, lo necesito. -

Julián gesticuló dramáticamente, luciendo confiado. Alejo se sorprendió ante esa


presentación: directa, decidida y agradable. Alejo nunca hubiese actuado así, él era gris.
Rieron en complicidad aunque los nervios no dejaban de notarse en Alejo. Seguía sin
entender por qué.Observó a su nuevo compañero desenvolverse con franqueza. Su sonrisa
era encantadora. Tomaron el café juntos mientras intercambiaron preguntas por consejos.
Se despidieron. Alejo caminaba hacia su oficina y se encontró sonriendo mientras pensaba
en las manos de Julián sosteniendo la taza con firmeza sin dejar de contar anécdotas de su
antiguo trabajo. Sus manos, su boca… Otro escalofrío le recorrió la entrepierna. Nada tenía
sentido.

Julián se movía con una gracia ancestral, como si no supiese - o sí - que encantaba a todo
aquello que lo rodeaba. Se dirigía a las personas abiertamente, con una afabilidad difícil de
repeler. Irradiaba una sexualidad intangible. Su mera presencia bastaba para que la tensión
sexual surgiera entre aquellos presentes. Hombres y mujeres lo deseaban. No se
consideraba un “cazador” porque nunca tuvo que desplegar una campaña pero creía que
sólo era cuestión de esperar para ver la presa llegar, ansiosa por ser devorada.

Alejo se levantó con un peculiar buen humor, la saludó a Eva que todavía estaba en la
cama y se dirigió a la oficina. Durante el camino su mente se dirigía constantemente a
recordar el encuentro con Julián. Sus manos fuertes, su media sonrisa pícara cuando quería
resaltar una ironía. Cómo se le marcaban los músculos de la pierna subiendo las escaleras.
La línea de su cuello. Su pecho. Un calor inmediato se apoderó de su cuerpo en el mismo
momento que sintió la erección rozar la tela de su pantalón. Respiró: durante la inhalación
despejó su mente, a través de la exhalación acomodaba sus pensamientos. “Me voy a casar
con Eva, soy feliz con ella”. Sin mediar, ni cavilar sobre el asunto, intentó enterrar el suceso
en el más profundo rincón del inconsciente.

Llegó a la oficina decidido a no dejarse llevar por fantasías sin sentido. Pasó fríamente al
lado de Julián y se sentó a terminar con sus obligaciones. ¿Qué significaba esa ridiculez?
Se presentaba un compañero de la nada y él, de repente, no podía evitar deseos carnales.
Deseos que nunca experimentó. No lograba explicarse ni entenderse. ¿Miedo al
compromiso? ¿Alguna crisis de edad? ¿Aburrimiento?

Como por arte de magia, se le presentó la oportunidad de un viaje laboral. El momento justo
para él pero Eva tomó la novedad con angustia y desánimo. Entre abrazos y llantos, Alejo le
explicó que era lo mejor para los dos, para su futura familia. Si lo pensaba bien, sólo eran
cuatro semanas y, aunque nunca se habían separado tanto tiempo, eran lo suficientemente
fuertes como para resistirlo.

Para Alejo, transcurrió el tiempo con velocidad. El trabajo resultó ser más exigente de lo
esperado pero lo mantuvo activo, alejado de pensamientos que no construían nada.
Charlaba con Eva cada vez menos. Estaba preocupado por ella. La notaba distante y, tal
vez, perdida. Se sintió responsable por dejarla sola. Llamó a Ramiro, su mejor amigo, para
que la visite y se asegure de su bienestar, por lo menos hasta su regreso. Ramiro dudó pero
aceptó. Cuando regresó, todo le resultó distinto. O lejano.

Eva lo abrazó, triste. Alejo le besó la frente preguntándose si cuatro semanas habían sido,
al final, demasiado tiempo. La devolvió el abrazo, envolviendola fuerte como si no la fuese a
soltar. Eva era su mejor amiga, la persona en la que más confiaba. Desde chicos se
alentaron, se apoyaron mutuamente. Crecieron juntos, maduraron juntos. Lo último que
quería era que sus acciones terminarán con ella sufriendo.

Regresaron a casa con una tímida conversación. Alejo observó a Eva con extrañeza
aunque siguió como si nada. Todo le resultaba lejano. Respiró mientras contemplaba la
ruta, las líneas amarillas en movimiento dibujaban un patrón que le pareció hermoso. Miró a
Eva, la mujer de su vida, y decidió que nada se iba a interponer en el plan que ya habían
trazado. Había que mantener la cautela. Ser precavido. Prestar atención. Y sólo era
cuestión de esperar a que transcurra el debido proceso de sanación. Volverían a estar bien.

Alejo llegó a la oficina absorbido por las estrategias y sistemas ha utilizar para recomponer
su relación y reparar el daño que el viaje a Brasil había causado. Se mantuvo enfocado toda
la jornada laboral hasta que, sin notarlo, reparó en que ya había pasado media hora del
horario de salida. Se dirigió a la cocina, ensimismado, revisando qué ofrecían las carteleras
del cine. Levantó los ojos y una sonrisa encantadora le preguntó, mientras le ofrecía una
taza de café:

- ¿Me extrañaste? - Disfrutando de la incomodidad generada en Alejo, Julián continuó -


¿Cómo la pasaste en Brasil? Lástima que no nos pudimos despedir... - mencionó
pícaramente.

Le resultaba fascinante, todo su cuerpo respondía al deseo de forma casi inmediata. Nunca
había experimentado semejante emoción, le costaba mantenerse firme. Alejo tomó la
bebida ofrecida, quiso sonreír aunque no supo precisar si su cuerpo le respondía
satisfactoriamente. Respiró, se concentró en el patrón del vapor. Respondió que le resultó
agotador, que casi no realizó visitas turísticas porque los horarios laborales fueron muy
extensos pero que en sumatoria fue una experiencia realmente gratificante, por lo menos,
en el marco laboral.

La conversación fluyó amablemente, Alejo comentaba una experiencia en un atardecer


particularmente deslumbrante en Brasil. Julián observaba los dedos de Alejo tocarse entre
sí mientras hablaba; sus labios se movían delicadamente, con cautela. Sus ojos se
concentraban o en los bordes brillantes de la taza o en el vapor. Se acercó bruscamente, ya
no podía escapar.

Alejo sentía su respiración muy cerca, su lengua reclamaba por un sabor que no había
probado. Quiso desviar la mirada pero sólo podía concentrarse en los labios que tenía en
frente. Sin saberlo, un impulso desconocido, rebelde y tempestivo, lo empujó a tomar la
cintura de Julián y apretar todo su cuerpo con el suyo, besando sus labios, saciando lo que
su lengua demandaba. Se escuchaba una respiración jadeante a medida que se
desabotonaban la camisa. Sentía su miembro arder como nunca antes. Una energía
vigorizante se desprendía del intercambio de caricias y abrazos. Mientras rozaba con su
dedo índice el bulto que yacía debajo del pantalón, Julián le preguntó si se sentía seguro.
Alejo nunca había sentido nada similar pero sí sabía que lo deseaba. Le respondió con un
beso y un firme sí. Pero el sonido de unos pasos los interrumpieron. Se separaron
instantáneamente. Alejo todavía sentía el sabor de Julian en su boca. Respiró.

Alejo bajó las escaleras, acelerado. El momento había pasado y ahora tocaba medir las
consecuencias. ¿Cómo había pasado? Se sentía traicionado por sí mismo. Ceder ante
deseos carnales de esa forma, en el trabajo. Estaba demente. Desquiciado.

Siguió caminando, empezó a contar en un bucle eterno hasta siete. No la hacía desde niño.
No entendía cómo, cuándo. Si fue el viaje a Brasil. ¿Estoy en otro tiempo paralelo? ¿Cómo
dejo que un instante de pasión arriesgue años de trabajo y esfuerzo? Repasó todo el
conocimiento que tenía de él, de su infancia, de su vida. No entendía. El pecho se acortaba.
Respiró, se sentó en el banco de la plaza. Ya casi era la hora del cine, la vería a Eva. Debía
calmarse. Ni él sabía que estaba ocurriendo, menos iba a involucrarla. ¿Qué le podía decir?
¿Cómo se explica?

Respiró, ya conocía la secuencia. El juego de luces y sombras mostraban distintas


tonalidades del mismo verde. Empezó a ordenar el caos, a planear estrategias. Respiró
antes que el pánico terminara de romperlo en ¿Llanto? Respiró. Tenía un plan.

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