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Fe Pública Notarial: Conceptos y Aplicaciones

El documento resume la doctrina, legislación y jurisprudencia sobre la fe pública notarial. Según la doctrina, la fe pública notarial es la potestad que el Estado confiere al notario para asegurar la verdad de hechos y actos jurídicos que le consten, y que sus afirmaciones se tengan por auténticas mientras no se demuestre lo contrario. La legislación aplicable es el Código Notarial, cuyo artículo 31 establece los efectos de la fe pública notarial. La jurisprudencia analiza aspectos como la naturale
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Fe Pública Notarial: Conceptos y Aplicaciones

El documento resume la doctrina, legislación y jurisprudencia sobre la fe pública notarial. Según la doctrina, la fe pública notarial es la potestad que el Estado confiere al notario para asegurar la verdad de hechos y actos jurídicos que le consten, y que sus afirmaciones se tengan por auténticas mientras no se demuestre lo contrario. La legislación aplicable es el Código Notarial, cuyo artículo 31 establece los efectos de la fe pública notarial. La jurisprudencia analiza aspectos como la naturale
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INFORME DE INVESTIGACIÓN CIJUL

TEMA: FE PÚBLICA NOTARIAL

ÍNDICE:

1. DOCTRINA

a. Concepto

b. Fundamentación

c. Características

2. LEGISLACION APLICABLE

a. Código Notarial

3. Jurisprudencia

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DESARROLLO:

1. DOCTRINA

a. Concepto

“La fe de conocimiento se le conoce también como dación de fe


notarial y en el derecho francés e italiano, por identificación
del documento y su constancia.
La fe de conocimiento es una derivación de la fe pública en
general, Esta es asentimiento, certeza, verdad que se presta a la
manifestación del funcionario que por delegación del Estado, la
ejerce o reviste.
Es autoridad legítima que se atribuye al notario, para que las
escrituras por él autorizadas sean auténticas y sus respectivos
contenidos sean tenidos por ciertos.”1

“La fe pública notarial es la potestad que el Estado confiere al


notario, para que a requerimiento de parte, y con sujeción a
determinadas formalidades, asegure la verdad de hechos y actos
jurídicos que le consten, con el beneficio legal, para sus
afirmaciones, de ser tenidas por auténticas mientras no se
impugnen mediante querella de falsedad””2

Fe quiere decir creencia, convicción, persuasión, certeza,


confianza en la verdad de algo que no se vio pero se tiene, por la
honradez o autoridad moral y jurídica del funcionario que
certifica o expide testimonio de ellos.
La Fe publica notarial o extrajudicial es la potestad del notario
de asegurar la verdad de hechos y actos jurídicos que le constan y
deben tenerse como cierto mientras no se demuestre en la vía
judicial su falsedad. Cuando no hay falsedad, sino simples
inexactitudes no es necesario argüirla.”3

“El elemento esencial en toda la actividad notarial lo representa


la fe pública, delegada en el notario por el Estado y que es la
que impregna al fedatario público, la legitimidad para autenticar
los hechos que se den en su presencia.”4

b. Fundamentación

“a) Podríamos enumerar en primer término como función principal la


necesidad de que las relaciones jurídicas tengan plena eficacia y

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validez. Sin la fe de conocimiento que da el notario, comenzarían
las dudas y los interrogantes sobre la validez de los actos
celebrados y las usurpaciones y suplantaciones de personas, los
fraudes y cualquier otra maquinaria delictiva, serían frecuentes.
La identidad que se logra entre titular del derecho y el que lo
ejerce en ese instante, da la seguridad absoluta de que se trata
de una misma y única persona, gracias a esa fe que el funcionario
da de la certeza del hecho.
b) Se establece la debida correlación entre titulares, partes
comparecientes.
c) Como se dijera en el citado II congreso Internacional del
notariado, es una necesidad impuesta por el tráfico jurídico.
d) Evita la nulidad de las relaciones jurídicas.
e) Es calificación o juicio que sólo será desvirtuada muy
difícilmente por la querella de falsedad.
f) Es expresión de íntimo conocimiento del notario. Su Juicio se
lo forma en base a innumerables factores que llegan a formar su
convicción, desde la fisonomía, el aspecto, la voz las intenciones
exteriorizadas, expresiones, consultas y tantas otras actitudes o
aspectos que lo otorgantes, que concretarán en la psiquis del
notario el juicio de valoración definitivo que servirá para la
conclusión final: conocer, tener conocimiento, certeza, seguridad
de que tal persona es la que corresponde al titular cuyos derechos
u obligaciones viene a ejercer o cumplir.
g) Ese juicio lo emite el notario como perito en derecho y tiene
un extraordinario contenido moral. De ese juicio dependerá en
muchos casos, la tranquilidad espiritual y material de muchas
personas.”5

c. Características

“Resumiendo, podemos afirmar que la fe pública notarial en tanto


es una manifestación de la fe pública general, participa de las
notas características de aquella, con la particularidad de la
intervención notarial (el sujeto fedatario) y de su campo de
actuación. Es claro que la intervención notarial y su campo de
actuación específico impregnan a la fe pública notarial de ciertos
caracteres que podemos resumir diciendo que se trata de una
función de naturaleza pública, limitada, de ejercicio
independiente; imperativa en aquellos supuestos en que la ley
impone la intervención notarial para reconocer validez y eficacia
a los actos o negocios jurídicos de los particulares, quienes
deberán requerir al notario para su actuación.
La fe pública notarial presenta el rasgo particular de actuar en
el desarrollo normal del Derecho con un carácter preventivo,

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preconstituyendo una prueba eficaz para ser usada en juicio y
fuera de él.”6

“El escribano forma su juicio sobre la identidad de las personas,


y cuando tiene la certeza de que son quienes dicen ser manifiesta
ese juicio en forma escrita al asentar el en protocolo redactando
la escritura pública su clásico doy fe.
En la formación de ese juicio han participado diversos elementos
que podríamos dividir en humanos y materiales.
En los primero está ante todo, el sujeto compareciente, luego el
sujeto autorizante. El primero será el objeto de la investigación,
el segundo (escribano), su juzgador único y definitivo.
De los materiales serán hechos salientes, su físico con todas sus
bellezas, fealdades, defectos, gesticulaciones y cuanto motivo le
individualice o distinga. Constataciones de edades, documento,
estado civil, vecindad, nacionalidad, lenguaje (hasta el mínimo
detalle de pronunciamiento). Por eso la ley enumera y obliga a
mencionar algunos de ellos, para que en la posterior confrontación
de otro notario que le toque intervenir, se vea facilitada su
inquisición con estos elementos, que constituyen factores
decisivos para el juicio de calificación.
Otros elementos han quedado generalmente fuera de la disposición
legal. Sin embargo, la presentación escrita o verbal de otro
depositario de la fe pública o persona de solvencia moral, o la
verificación de firman en un instrumento anterior, o comprobación
en documentos, cédulas o libretas con fuerza legal similar al
instrumento público, son también hechos determinantes y serios en
el referido juicio notarial de calificación de identidad.”7

2. LEGISLACION APLICABLE

a. Código Notarial8

Artículo 31°.- Efectos de la fe pública


El notario tiene fe pública cuando deja constancia de un
hecho, suceso, situación, acto o contrato jurídico, cuya finalidad
sea asegurar o hacer constar derechos y obligaciones, dentro de
los límites que la ley le señala para sus atribuciones y con
observación de los requisitos de ley.
En virtud de la fe pública, se presumen ciertas las
manifestaciones del notario que consten en los instrumentos y
demás documentos autorizados por él.

3. Jurisprudencia

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“II.- NOTAS GENERALES SOBRE EL DERECHO NOTARIAL Y LA FE PUBLICA:
Posiblemente el concepto de fe pública se asocia a la función
notarial de manera más directa que a cualquier otra actividad
humana y ello es elemento esencial para que al Derecho notarial se
le reconozca autonomía orgánica y científica, que se lo define
como la rama científica del Derecho público que constituyendo un
todo orgánico, sanciona en forma fehaciente las relaciones
jurídicas voluntarias y extrajudiciales mediante la intervención
de un funcionario que obra por delegación del poder público.
Consecuentemente, el notario es el funcionario público, que por
delegación del poder del Estado, y revestido con plena autoridad
para el ejercicio de su función, aplica científicamente el derecho
en su estado normal cuando a ello es requerido. Así, la doctrina
nacional señala que la fe pública notarial consiste en la potestad
delegada en el notario por el Estado, a efecto de que otorgue
autenticidad a ciertos documentos contentivos de actos o hechos
jurídicos, que las partes voluntariamente otorguen o realicen en
su presencia, respectivamente, cumpliendo los requisitos de fondo
y forma que la ley establece. Y en consecuencia, la función de dar
fe, es una función eminentemente pública, atribuida por el Estado
a un órgano o funcionario dependiente, como resultado de una
necesidad social que tiene por objeto dotar a ciertas relaciones
jurídicas privadas de fijeza, certeza y autoridad, para que surtan
los efectos consiguientes. La fe pública se encuentra ligada de
una manera más directa a un profesional privado (notario), en
vista del ejercicio coetáneo de una función pública, que tiene
como esencial objetivo dotar de autenticidad a los documentos que
con su intervención modelan las relaciones jurídicas privadas. En
resumen, la función notarial se encomienda para su desempeño a
particulares, que según nuestra legislación deben ser abogados,
mediante una licencia que expide el Estado.
III.- JURISPRUDENCIA DE LA SALA.- Sobre el régimen jurídico para
el ejercicio del Notariado, esta Sala ha examinado en su
jurisprudencia varios aspectos, que son importantes de recordar:
1- ) En sentencia N 649-93. de las catorce horas con cuarenta y
cinco minutos del día nueve de febrero de mil novecientos noventa
y tres, se expresó : II.-Debe tenerse presente la naturaleza de la
función Notarial, que la Sala entiende como el ejercicio privado
de una función pública, recogida en alguna medida por la propia
Ley Orgánica de Notariado, cuyo artículo 3, dispone "La persona
autorizada para ejercer el notariado tiene fé pública". Es una
función que se ejerce por delegación y con supervisión del Estado,
de modo que en su forma de ejercicio independiente, se liga a la
norma del artículo 17 de la misma ley, que obliga a los notarios a

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tener oficina abierta al público. Y tiene sentido mandarlo así,
porque al ser el notariado una autorización privilegiada a
determinadas personas, es una condición razonable y lógica la de
que el Notario debe estar disponible a prestar al servicio, por
medio de una oficina abierta al público. Incluso por la naturaleza
de esta profesión, el Notario no puede excusar el prestar servicio
a ninguna persona, tal como en situaciones calificadas se le
permite al abogado, ya que el especial énfasis de su función es
"asesorar", "interpretar" y "autenticar", lo que las partes desean
llevar a cabo por su medio, sin que pueda o deba sentirse
inclinado a favorecer a alguna de ellas. Del Notario se exige,
entonces, contrariamente a lo que sucede en el caso del abogado,
que sea neutral, objetivo, y que actué dando fe de lo que en su
presencia se acordó en beneficio de las partes que comparecen ante
él y no de una sola de ellas. Ahora bien: si debe tener oficina
abierta al público y estar disponible a la prestación del
servicio, por el tipo de función que ostenta, no se concibe cómo
pueden coincidir en el tiempo la prestación de servicios a la
administración pública (como tal servidor público) y el ejercicio
de la función notarial, que a su vez implica tener una oficina
abierta, en la que no podrá estar presente la mayor parte del
tiempo. Desde el ángulo estrictamente jurídico es imposible
encontrar conciliación en la prestación del doble servicio: uno,
la prestación del servicio al Estado, como funcionario de planta,
que implica dedicación, simultáneamente con otro, el ejercicio de
la función notarial (revestida de un carácter igualmente público),
en una oficina diferente, abierta a una clientela, pero que,
asimismo, de principio, implica dedicación a ella, pues requiere
el despliegue de actividad adicional fuera de la oficina
profesional. Y debe agregarse más: no solamente hay imposibilidad
de tipo material para simultáneamente estar prestando un servicio
al estado -como funcionario de planta- y ejerciendo libremente la
profesión del Notariado, sino que hay de por medio un problema
ético, pues de acogerse una tesis facilitadora de lo anterior,
habría una tentación poderosa para diferir asuntos de la llamada
"cosa pública", en beneficio de los que atañen al fuero personal
del abogado-funcionario, a la manera de una colisión de intereses,
que ciertamente debe evitarse con un criterio restrictivo, a
propósito de que cada día se percibe una actitud más y más
acomodaticia en este campo.- III.-Ciertamente, en esta acción no
se cita el artículo 141 de la Ley Orgánica del Poder Judicial,
pero es notable la identidad gramatical que tiene con el artículo
19 impugnado, en lo que se refiere a la incompatibilidad de los
funcionarios y empleados del Poder Ejecutivo, Poder Judicial y
municipalidades, para ejercer la abogacía, aun cuando sean

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abogados. Esa identidad se da, especialmente, respecto de la
redacción que tuvo el artículo 141 original, según Ley N 8 de 29
de noviembre de 1937. Está claro que este numeral fue modificado
para incluir funcionarios de otros órganos o entes públicos, según
reforma de Ley N 6024 de 15 de diciembre de 1976, situación que no
se repite en la Ley Orgánica de Notariado, por razones que no
podrían expresarse, desde que es campo reservado a la ley y en
tales condiciones imposible de contenerse en esta resolución.
Pero, lo anterior significa que hay y ha habido, en esta materia,
un deseo de proteger a la función pública. Esto se confirma
particularmente con el texto de la primera Ley Orgánica de
Notariado que tuvo el país, del doce de octubre de mil ochocientos
ochenta y siete, que disponía de manera más absoluta y
apropiada:"Artículo 23.- El ejercicio del Notariado es
incompatible con cualquier otro empleo o cargo público, que exija
un servicio diario de tres o más horas. El que aceptare cargo ó
empleo de esa clase, cesará en sus funciones de Notario. Cesará
también aquél a quien sobrevenga alguno de los impedimentos
señalados en" IV.- Ahora bien: lo que se ha venido considerando
como una prohibición, debe entenderse más correctamente como una
incompatibilidad, ya que lo que se pretende evitar es una
situación de conflicto entre ser funcionario público y
simultáneamente ejercer otra función _que también es pública_ como
es la de Notario. Esta incompatibilidad es insoslayable, si
tenemos en cuenta que la función pública merece protección y así
incluso se ha estimado de siempre, como que al funcionario público
se le veda desempeñar otra función o trabajo, en el tanto pueda
menoscabar el estricto cumplimiento de sus deberes, o comprometer
su imparcialidad o su independencia. Esta tesis no es extraña al
espíritu constitucional, tal como puede colegirse del principio de
responsabilidad de los funcionarios (artículo 9), del principio-
deber de legalidad (artículo 11), así como de la exigencia de que
la administración pública funcione a base de eficiencia e
idoneidad (artículo 191).- V.- Podría afirmarse, no sin razón, que
lo más apropiado sería que en cada Ley Orgánica, o en cada
estatuto institucional, se incluyera un elenco de
incompatibilidades con la función pública, mas tal tesis sería de
difícil consecución, por manera que tampoco es absurdo que en la
Ley Orgánica de Notariado sea donde se incluya una
incompatibilidad genérica. Ahora bien: según queda expresado, la
Sala encuentra razonable un régimen de incompatibilidades para el
funcionario público, porque, en el fondo, hay en la prestación del
servicio público una exigencia moral por parte de la sociedad. Es
obvio que de no existir una norma como la aquí impugnada, se
correría el riesgo inminente de que se falte a la función pública

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(administrativa) o a la función notarial. Eventualmente a ambas,
con perjuicio para la administración y también para los usuarios,
lo que desde ningún punto de vista se puede aceptar.- VI.- Por
supuesto, se nota que hay una omisión en la norma impugnada, ya
que la incompatibilidad que en ella se expresa tiene un alcance
limitado a ciertos funcionarios, dejando fuera de su previsión
otros, que estarían en similares condiciones y que, si Así fuera,
deberían también estar sometidos a un mismo régimen. Esta omisión
es inapropiada y encuentra la Sala que debe ser corregida, pero
tal debe ser una tarea del legislador el que valorará, caso por
paso, cada situación para la incompatibilidad o no, en aras de la
función, tarea impostergable, si se quiere, pero del legislador al
fin, que debe ocuparse de regular la situación, toda vez que en
estos momentos puede ser que en otras sedes (fuera del Poder
Ejecutivo, Judicial y las municipalidades), esté ocurriendo lo que
el artículo 9 impugnado quiso evitar. En resumen, pues, el
contenido de la citada norma no es inconstitucional ya que se
entiende que hay un sistema de garantías para el ejercicio de la
función pública, sistema que tiene también un soporte ético, y que
guarda estrecha relación con la realización del principio de
igualdad de trato para todos los administrados. Ahora bien, como
evidencia una omisión, será la Asamblea Legislativa la que, dentro
de su competencia, proceda a corregirla. No queda a la Sala sino
hacer ese señalamiento.- VII.- De los dictámenes que la
Procuraduría General de la República aportó al expediente, queda
claro que el Notariado es una profesión distinta e independiente
de la abogacía. No se trata en esta acción, ni está de por medio
esa discusión, establecer si se paga o no al profesional, en
concordancia con esa doble condición. Eso corresponde ser dirimido
en otra sede o jurisdicción, pero se deja registro de esa
circunstancia”9
“El recurrente afirma que el instrumento público en el cual consta
la compraventa del lote objeto de litigio, otorgado ante el
Notario Público Ronald Odio Hernández a las 16,00 horas del 23 de
junio de 1977, "está apreciado, como elemento de hecho, por el a
quo, con error de derecho con violación de los artículos 735 y 737
el primero, porque el acto que tiene fe notarial es la compraventa
y no las circunstancias ajenas al acto principal que no tienen
relación directa con el acto principal, sobre todo, en cuanto se
trate de obligaciones en las cuales las partes sólo mediante actos
claros de manifestación de voluntad pueden desprenderse de un
instrumento público, y el segundo texto porque se toman en cuenta
términos simplemente enunciativos, como son los relativos a la
posposición de una hipoteca de primero a segundo grado, con

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alcances que no tienen, como son los de obligarse a garantizar el
destino o uso del terreno vendido.".- En cuanto al primer
aspecto, la jurisprudencia ha resuelto reiteradamente que la
función notarial "convierte al Notario en un testigo privilegiado
con la potestad de afirmar, de un modo cierto, que los hechos
ocurrieron ante él, como los refiere en la escritura, pero sin que
esa fe pública alcance a dar por verdaderas las manifestaciones de
los otorgantes, porque en cuanto a ellas el Notario se limita a
consignar lo que le dicen o le hacen creer, basándose en la simple
fe ajena, que no está protegida por el artículo 735.- En resumen,
para combatir las afirmaciones del Notario es indispensable atacar
la fe pública notarial mediante una querella de falsedad o en la
vía civil cuando la ley lo permite (artículo 207 del Código de
Procedimientos Civiles)." (Sentencias de Casación No.123 de las
14,45 horas del 6 de diciembre de 1967 y la de 14,30 horas del 31
de marzo de 1970, entre otras). De manera que la fe pública
notarial en este caso se refiere a la constancia que deja el
notario de que las partes comparecieron ante él e hicieron una
serie da manifestaciones.- Lo cierto es que por regla general lo
que el notario anota, por ejemplo, es que los contratantes
comparecen ante él y dicen haber celebrado el contrato en la forma
que allí lo relatan; de esto es de lo que da fe el Notario, de la
veracidad del hecho de que los comparecientes se presentaron ante
él y dijeron lo que el Notario afirma que manifestaron, y esto es
lo que en el presente caso tiene el valor de prueba establecido
en los artículos 735 y 737 del Código Civil, que corresponden hoy
a los artículos 370 y 371 del Código Procesal Civil vigente.- En
el sub judice, el Notario Ronald Odio Hernández dio fe de que
comparecieron ante él el representante de la sociedad de esta
plaza denominada "Urbanizadora Rohrmoser Sociedad Anónima" y doña
Margarita Solórzano Burgos, "y dijeron" que dicha sociedad
urbanizadora le vendía a la actora el lote en autos referido, "que
es terreno para construir situado en la ampliación número dos,
Favorita Norte, de esta urbanización" y que "La acreedora se
compromete a posponer a segundo grado la mencionada hipoteca si la
adquirente obtuviere un préstamo a largo plazo con el Instituto
Nacional de Seguros o cualquier otra institución autónoma pública
con el objeto de construir en el lote vendido una casa de
habitación".- El Notario da fe de que vendedora y compradora
comparecieron ante él a las 16 horas del 23 de junio de 1977, y
que hicieron todas las manifestaciones contenidas en la escritura,
sin que se haya demostrado su falsedad, para destruir el valor
probatorio del documento público. Tampoco puede afirmarse que la
fe pública del notario se limite al "acto principal", que sería la
compraventa, pues del texto de la escritura no se llega a esa

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conclusión, extendiéndose la fe pública a todas las
manifestaciones que el Notario hace constar que se hicieron en su
presencia. El compromiso de la sociedad vendedora de postergar su
hipoteca, constituida en el acto de venta, si la compradora
obtenía un crédito para construir una casa de habitación en el
lote adquirido por esa escritura, está directa y evidentemente
enlazado con la convención principal. Del dicho de las partes -
contenido en el instrumento público-, se concluye además, que el
lote vendido lo era para realizar en él una edificación, tanto al
consignar que su naturaleza era "terreno para construir" como al
establecer la obligación de la urbanizadora de posponer su
hipoteca si el comprador lograba obtener un crédito para construir
en el lote vendido una casa de habitación. En consecuencia, no
se han dado las violaciones alegadas por el recurrente, en
relación con los artículos 735 y 737 del Código Civil, toda vez
que la sentencia recurrida le ha dado el correcto valor probatorio
a la escritura aludida, que hace fe pública de las manifestaciones
de las partes hechas ante el Notario Ronald Odio Hernández a las
16 horas del 23 de junio de 1977.- Tampoco se ha producido la
violación a las leyes de fondo que cita el recurrente como
infringidas.”10
“.- No encuentra la Sala que, en consideración del documento base
de la disputa, es decir, la escritura pública otorgada ante el
Notario Público, Licenciado José María Guevara Navarrete, a las 14
horas del 22 de julio de 1991, se haya actuado incorrectamente por
los juzgadores del Tribunal de Instancia, al estimar que se trató
de un préstamo y no de una compraventa con pacto de retro. Si bien
el artículo 370 del Código Procesal Civil establece que "Los
documentos o instrumentos públicos, mientras no sean argüidos de
falsos, hacen plena prueba de la existencia material de los hechos
que el oficial público afirma en ellos haber realizado él mismo, o
haber pasado en su presencia en el ejercicio de sus funciones", en
reiteradas ocasiones ha sostenido esta Sala que "... para atacar
un negocio simulado no se requiere impugnar o argüir de falso el
documento público, pues el Notario consigna en la escritura
pública que los contratantes comparecen ante él e indican haber
celebrado el contrato en la forma relatada ahí, y es,
precisamente, de esto que da fe el Notario, del dicho de las
partes, no de haberse realizado el contrato en los términos
exactos que indican los comparecientes; si de esto último diera fe
el Notario, sólo se podría destruir mediante una declaratoria de
falsedad en la vía penal. Limitándose a consignar lo dicho por los
contratantes, ello es lo único que tiene valor de plena prueba,
pues esos son los hechos que pasan en su presencia, lo que dicen

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los contratantes, según lo relata la escritura, sin que pueda
tenerse por cierto y real el contrato tal y como lo refieren las
partes, porque bien pueden convenir en una cosa y manifestar otra
(Casación número 123 de las 14 horas 45 minutos del 6 de diciembre
de 1967; Sala Primera de la Corte número 311 de las 15 horas 30
minutos del 31 de octubre de 1990). La acción de nulidad por
simulación no lastima para nada el principio de la fe pública,
pues constituye un ataque al contenido intrínseco de la escritura
pública y no al contenido extrínseco de ella; se ataca el
contenido volitivo o psicológico manifestado por las partes y no
propiamente el documento. La concepción, según la cual para atacar
un instrumento público por simulación debe, de previo, argüirse de
falso, deriva de una confusión entre la simulación y el fraude que
son dos figuras afines, y cuya distinción no cabe formularla en el
presente asunto. La impugnación del documento por falsedad debe
intentarse cuando haya sido alterada la verdad material de las
manifestaciones de los comparecientes o de los hechos ocurridos en
presencia del documento. La veracidad de las manifestaciones y
consentimiento de las partes intervinientes, elemento subjetivo,
quedan al margen del documento y su autenticidad, y admiten prueba
en contrario, sin que ello vaya en detrimento de la fe atribuida
al instrumento público. Es decir, no se ataca la verdad objetiva
contenida en el documento, sino su sinceridad, la cual no puede
garantizar el Notario. En suma tal y como lo ha afirmado la
Casación, la fe pública notarial protege lo que el Notario afirma
haber realizado él mismo o haber pasado en su presencia; pero no
se extiende a hacer verdaderas las manifestaciones de los
otorgantes. Por lo que sin atacar de falsa la escritura, bien
puede demostrarse la inexactitud de esas manifestaciones, por
otros medios de prueba (Sala de Casación No. 22 de las 14:30 hrs.
del 31 de marzo de 1970 y sentencia No. 30 de las 14:45 horas del
20 de marzo de 1991).”11

“El Notario Público no puede garantizar la veracidad de lo


manifestado ante él. No puede escudriñar lo más profundo de la
voluntad real de los comparecientes y afirmar su veracidad. Tan
solo hace constar que, ante él, comparecieron las partes y
manifestaron su voluntad en un determinado sentido. Ahora, si esta
manifestación corresponde o no a un querer verdadero, es algo que
trasciende el valor de documento público en el cual se hizo
constar y no se quebranta el citado artículo 370 al determinarse,
por otros medios probatorios, la simulación en el acto rogado. No
existe, en sí, falsedad en el documento notarial, pues es cierto
lo dicho en éste por funcionario público, a saber: la
comparecencia ante él de las partes y la manifestación realizada.

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Ya esta Sala, en su sentencia Nº 30 de las 14:40 horas del 20 de
enero de 1991, había dicho, al respecto, lo siguiente: "IV.- ...
La acción de nulidad por simulación no lastima para nada el
principio de la fe pública, pues constituye un ataque al contenido
intrínseco de la escritura pública y no al contenido extrínseco de
ella; se ataca el contenido volitivo o psicológico manifestado por
las partes y no propiamente el documento. La concepción, según la
cual para atacar un instrumento público por simulación debe, de
previo, argüirse de falso, deriva de una confusión entre la
simulación y el fraude que son dos figuras afines, y cuya
distinción no cabe formularla en el presente asunto. La
impugnación del documento por falsedad debe intentarse cuando haya
sido alterada la verdad material de las manifestaciones de los
comparecientes o de los hechos ocurridos en presencia del
funcionario público que tiene a su haber la fe o autenticación del
documento. La veracidad de las manifestaciones y consentimiento de
las partes intervinientes, elemento subjetivo, quedan al margen
del documento y su autenticidad, y admiten prueba en contrario,
sin que ello vaya en detrimento de la fe atribuida al instrumento
público. Es decir, no se ataca la verdad objetiva contenida en el
documento, sino su sinceridad, la cual no puede garantizar el
Notario. En suma tal y como lo ha afirmado la Casación, la fe
pública notarial protege lo que el Notario afirma haber realizado
él mismo o haber pasado en su presencia; pero no se extiende a
hacer verdaderas las manifestaciones de los otorgantes. Por lo que
sin atacar de falsa la escritura, bien puede demostrarse la
inexactitud de esas manifestaciones, por otros medios de prueba
(Sala de Casación Nº 22 de las 14:30 hrs. del 31 de marzo de
1970).". En consecuencia, no han existido las violaciones
achacadas por el recurrente, sobre el particular.”12
“En términos generales, la función notarial consiste en anotar lo
que los otorgantes le indican y de ello, es precisamente, de lo
que se da fe. Además, la fe pública, por medio de la cual se da
autenticidad a actos realizados en presencia de un funcionario de
esta naturaleza, ha sido definida como “Veracidad, confianza y
autoridad legítima atribuida a notarios (…) acerca de actos,
hechos y contratos realizados o producidos en su presencia; y que
se tienen por auténticos y con fuerza probatoria mientras no se
demuestre su falsedad (…)” (Guillermo Cabanellas. Diccionario
Enciclopédido de Derecho Usual. Editorial Heliasta, 1989. Tomo
IV. Pág. 37). Respecto al tema, la Sala Constitucional, en su
sentencia número 6821-97 de 15 horas 57 minutos del 21 de octubre
de 1997, expresó: “ II.- Posiblemente el concepto de fe pública
se asocia a la función notarial de manera más directa que a

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cualquier otra actividad humana y ello es elemento esencial para
que al Derecho notarial se le reconozca autonomía orgánica y
científica, que se lo define como la rama científica del Derecho
público que constituyendo un todo orgánico, sanciona en forma
fehaciente las relaciones jurídicas voluntarias y extrajudiciales
mediante la intervención de un funcionario que obra por delegación
del poder público. Consecuentemente, el notario es el funcionario
público, que por delegación del poder del Estado, y revestido con
plena autoridad para el ejercicio de su función, aplica
científicamente el derecho en su estado normal cuando a ello es
requerido. Así, la doctrina nacional señala que la fe pública
notarial consiste en la potestad delegada en el notario por el
Estado, a efecto de que otorgue autenticidad a ciertos documentos
contentivos de actos o hechos jurídicos, que las partes
voluntariamente otorguen o realicen en su presencia,
respectivamente, cumpliendo los requisitos de fondo y forma que la
ley establece. Y en consecuencia, la función de dar fe, es una
función eminentemente pública, atribuída por el Estado a un órgano
o funcionario dependiente, como resultado de una necesidad social
que tiene por objeto dotar a ciertas relaciones jurídicas privadas
de fijeza, certeza y autoridad, para que surtan los efectos
consiguientes. La fe pública se encuentra ligada de una manera más
directa a un profesional privado (notario), en vista del ejercicio
coetáneo de una función pública, que tiene como esencial objetivo
dotar de autenticidad a los documentos que con su intervención
modelan las relaciones jurídicas privadas. (…) III.- LA
RESPONSABILIDAD DEL NOTARIO.- La sola idea de la responsabilidad
tiene como supuesto principal la violación de una norma jurídica
por parte del sujeto obligado. Si el ejercicio del notariado es
una función del poder público, la responsabilidad es la garantía
de la actuación correcta y de estos principios generales se
infiere que existe responsabilidad del notario en los diversos
aspectos del ejercicio profesional: responsabilidad civil, penal,
administrativa y disciplinaria (…)”. Como se obtiene de lo
expuesto, lo pasado ante Notario Público, en el entendido de que
actúa en forma neutral y objetiva, concede certeza y autoridad,
desde que autentica, lo expresado en las escrituras, y en estos
términos, no tiene razón alguna este órgano colegiado para dudar
de lo consignado en la número ocho de once horas del siete de
noviembre de mil novecientos noventa y uno. Los autorizantes se
limitaron a plasmar en el documento, la voluntad de las partes
contratantes, en los términos y modo en que pactaron, sin que por
la sola manifestación del señor Campos Brenes, sea posible dejar
sin efecto lo indicado en una de las cláusulas de esta
escritura.”13

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FUENTES CONSULTADAS

1
EMERITO GONZALEZ, (Carlos). Derecho Notarial. Buenos Aires,
Argentina. La Ley Sociedad Anónima e Impresora. 1971. Pág. 431-
433. (Localización Biblioteca de Derecho Universidad de Costa
Rica. Signatura 345.733. g643d)
2
LARRAUD, (Rufino). Curso de Derecho notarial. Buenos Aires,
Argentina. Ediciones Depalma. 1966. Pág. 651. (Localización:
Biblioteca de Derecho Universidad de Costa Rica. Signatura
345.733 L333c c.1)
3
PALACIOS ECHEVERRIA, (Iván). Manual de Derecho Notarial. San
José, Costa Rica. IJSA. 1992. Págs. 62-63. (Localización
Biblioteca de Derecho Universidad de Costa Rica. Signatura
345.733 P153m)
4
BOGARIN PARRA, (Alicia). Conceptualización del Régimen Notarial
en Costa Rica. San José, Costa Rica. Consejo Nacional para el
mejoramiento de la Administración de Justicia. 2001. Pág.
345.733 B674c,
5
EMERITO GONZALEZ, (Carlos), [Link]. Pág. 443-444.
6
SABORIO VARGAS, (María Antonieta) La Fe Pública Notarial, Tesis
de Grado para optar por el Título de Licenciada en Derecho.
Facultad de Derecho Universidad de Costa Rica. 1988. Pág. 36.
(Localización: Biblioteca de Derecho Universidad de Costa Rica.
Signatura Tesis 1910)
7
EMERITO GONZALEZ, (Carlos), [Link]. Pág. 438-439.
8
CODIGO NOTARIAL. Ley 7764 del diecisiete de abril de mil
novecientos noventa y ocho.
9
SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Resolución
Nº 6821 de las quince horas cincuenta y siete minutos del
veintiuno de octubre de mil novecientos noventa y siete.
10
SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Resolución Nº 320
de las catorce horas veinte minutos del nueve de noviembre de
mil novecientos noventa.
11
SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Resolución Nº 42
de las quince horas del catorce de mayo de mil novecientos
noventa y siete.
12
SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Resolución Nº 79
de las quince horas veinte minutos del treinta de noviembre de
mil novecientos noventa y tres.
13
TRIBUNAL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO SECCION SEGUNDA. II Circuito
Judicial. Resolución 320 de las once horas quince minutos del
cinco de octubre de dos mil uno.

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