5 CUENTOS
Uga la tortuga
La perseverancia
Y es que había optado por no intentar siquiera realizar
actividades tan sencillas como amontonar hojitas secas
caídas de los árboles en otoño, o quitar piedrecitas de
camino hacia la charca donde chapoteaban los calurosos
días de verano.
-¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego
acaban haciendo mis compañeros? Mejor es dedicarme a
jugar y a descansar.
- No es una gran idea, dijo una hormiguita. Lo que
verdaderamente cuenta no es hacer el trabajo en un
tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo
mejor que sabes, pues siempre te quedará la recompensa
de haberlo conseguido.
No todos los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay
labores que requieren tiempo y esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de
hacer, y siempre te quedarás con la duda de si lo hubieras logrados alguna vez.
Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La
constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos;
por ello yo te aconsejo que lo intentes. Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz.
- ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien que
me ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.
Pasaron unos días y Uga, la tortuga, se esforzaba en sus quehaceres.
Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía porque
era consciente de que había hecho todo lo posible por lograrlo.
- He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles metas,
sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes fines.
FIN
La liebre y la tortuga
El esfuerzo
En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y
vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y
se burlaba de ello ante la lentitud de la tortuga.
- ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta!
Decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a
la liebre:
- Estoy segura de poder ganarte una carrera.
- ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.
- Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y
veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy ingreída, aceptó la apuesta.
Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los
puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la
incredulidad de los asistentes.
Astuta y muy confiada en si misma, la liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó
haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que
caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y
frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida,
mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.
Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta
distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era
muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!
Ese día la liebre aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse
jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza es un obstáculo para
alcanzar nuestros objetivos. Y que nadie, absolutamente nadie, es mejor que nadie
Esta fábula enseña a los niños que no hay que burlarse jamás de los demás y que el exceso
de confianza puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás
padres, estaremos encantados de recibirla.
Un conejo en la vía
La compasión
- ¿A quién, a quién?, le preguntó Daniel.
- No se preocupen, respondió su padre-. No es nada.
El auto inició su marcha de nuevo y la madre de los chicos
enciendió la radio, empezó a sonar una canción de moda
en los altavoces.
- Cantemos esta canción, dijo mirando a los niños en el
asiento de atrás. La mamá comienzó a tararear una tonada.
Pero Daniel miró por el vidrio trasero y vió tendido sobre
la carretera el cuerpo de un conejo.
- Para el coche papi, gritó Daniel. Por favor, detente.
- ¿Para qué?, responde su padre.
- ¡El conejo, le dice, el conejo allí en la carretera, herido!
- Dejémoslo, dice la madre, es sólo un animal.
- No, no, para, para.
- Sí papi, no sigas - añade Carlitos-. Debemos recogerlo y llevarlo al hospital de
animales. Los dos niños estaban muy preocupados y tristes.
- Bueno, está bien- dijo el padre dándose cuenta de su error. Y dando vuelta recogieronn al
conejo herido.
Pero al reiniciar su viaje fueron detenidos un poco más adelante por una radiopatrulla de la
policía vial, que les informó de que una gran roca había caído sobre la carretera por donde
iban, cerrando el paso. Al enterarse de la emergencia, todos ayuaron a los policías a retirar
la roca.
Gracias a la solidaridad de todos pudieron dejar el camino libre y llegar a tiempo al
veterinario, que curó la pata al conejo. Los papás de Daniel y carlos aceptaron a acogerlo en
casa hasta que se curara
Unas semanas después toda la familia fue a dejar al conejito de nuevo en el bosque. Carlos
y Daniel le dijeron adiós con pena, pero sabiendo que sería más feliz en libertad.
FIN
El caballo y el asno
Un hombre tenía un caballo y un asno.
Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose
cansado, le dijo al caballo:
- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó víctima de
la fatiga, y murió allí mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso la
piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero
fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno
encima!
Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que honestamente te lo pide, sin
que lo notes en ese momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y los demás
padres, estaremos encantados de recibirla.
Daniel y las palabras mágicas
Cuento sobre la amabilidad para niños
Daniel juega muy contento en su habitación, monta y desmonta palabras sin cesar.
Hay veces que las letras se unen solas para formar palabras fantásticas, imaginarias, y es
que Daniel es mágico, es un mago de las palabras.
Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere.
Es muy divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un buenos días,
preciosa debajo de la almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de color
azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y hacen sentir bien:
gracias, te quiero, buenos días, por favor, lo siento, me gustas.
Daniel sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar con ellas y ver la cara de
felicidad de la gente cuando las oye.
Sabe bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que te abren la puerta de
los demás.
Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Daniel te pregunta: ¿quieres intentarlo
tú y ser un mago de las palabras amables?
FIN
5 FABULAS
El hijo del rey y el león pintado
Un rey, cuyo único hijo era aficionado a ejercicios marciales, tuvo un sueño en el cual fue
advertido que su hijo sería matado por un león.
Temeroso de que el sueño se hiciera realidad, construyó para su hijo un agradable palacio,
y para su diversión embelleció las paredes con dibujos de todas las clases de animales de
tamaño natural, entre los cuales estaba el de un león. Cuando el joven príncipe vio esto, y al
ser confinado adentro, su pena explotó, y estando de pie cerca del dibujo del león, dijo:
–¡Oh usted, el más detestable de los animales! por un sueño intimidante de mi padre, y por
lo que él vio en su sueño, he sido encerrado en este palacio como si yo fuera un malvado.
¿Qué haré ahora?–
Terminando estas palabras, y sin más pensarlo, estiró sus manos hacia un árbol de espinas,
tratando de cortar un palo de sus ramas de modo que pudiera golpear al león. Pero una de
las espinas del árbol perforó su dedo y le causó un gran dolor e inflamación, de modo que
el joven príncipe cayó en un desvanecimiento. Una fiebre violenta de repente se apoderó de
él, y murió no muchos días más tarde.
“Afrontemos con paciencia y buen conocimiento nuestros problemas, buscando una
solución correcta y no con desesperación y enojo. Obtendremos así mejores resultados.”
El gusano de seda y la araña
Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa
muy propia de su orgullo:
¿Qué dice de mi tela el señor gusano?.
Esta mañana la empecé muy temprano,
y ya estará acabada al mediodía.
Mire qué sutil es, mire qué bella….
el gusano con sorna respondía:
usted tiene razón: así sale ella.
Moraleja:
Consideremos la calidad de la obra y no el tiempo que se ha tardado en hacerla.
El león y el ratón
Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo.
Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que
le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león
echó a reir y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a
un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al
lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
— Días atrás — le dijo –, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en
agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y
cumplidos.
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las
cumplirán
Las ranas pidiendo rey
Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación
a Zeus para que les enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca.
Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor
pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y
dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo
rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde
Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo.
Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró
a todas sin compasión.
Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto,
en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.
La zorra y las uvas
Era una tarde muy soleada y calurosa. Una zorra, que había
estado cazando todo el día, estaba muy sedienta.
“Cómo me gustaría encontrar agua”, pensó la zorra.
En ese momento vió un racimo de uvas grandes y jugosas
colgando muy alto de una parra. Las uvas parecían maduras y
llenas de zumo.
“¡Oh, oh!” dijo la zorra mientras la boca se le hacía agua. “ El
zumo dulce de uva sacia my sed!”.
La zorra se puso de puntillas y se estiró todo lo alto que pudo,
pero las uvas estaban fuera de su alcance.
No queriendo abandonar, la zorra tomó impuso para alcanzar las uvas. Fue inutil, no pudo
alcanzar las uvas.
La zorra saltó y brincó una y otra vez pero no pudo alcanzar las uvas en ninguna ocasión.
Al final la zorra estaba más sedienta y cansada que nunca.
“¡Qué tonta soy!” dijo la zorra con rabia. “Las uvas están verdes y no se pueden comer. De
todas maneras, ¿para qué las querría?.
Y así se marchó la zorra.
Moraleja: Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.
5 POEMAS
EL AMOR
Estar nuestro querer
gozándose en sí mismo
al pasmo de un instante
no soñado. Vivido.
Sin pedir ni dar nada
ver mi fondo en tu fondo.
Ser objeto e imagen
como el agua del pozo.
Beatitud de lo cierto:
aquiescencia de Dios.
Nescencia de la duda:
presencia de tu amor.
COMPAÑEROS
"...Mal vestido y triste,
voy caminando por la calle vieja".
A. Machado
Y yo te acompaño. Voy contigo. Hablamos.
No nos separa nada: ni distancia, ni sexos.
Vamos del brazo juntos, caminando
como dos compañeros.
A veces te detienes. Levantas la cabeza.
Miras, sin ver, el cielo.
Y es como una cascada
de luz sobre mis hombros tu silencio.
Sonríes contemplando
la inmensa soledad del campo abierto,
y dices algo hermoso
sobre el río, los álamos, el pueblo...
SONRÍO Y LLORO
A veces siento tristeza y no lo entiendo
pues dinero y familia no me faltan
pues salud y amigos no me fallan
A veces siento alegría y no lo entiendo
pues no tengo quien me quiera
pues no tengo quien lo sepa
y sin embargo todos dicen: sonríe,
que las penas se irán diluyendo
Sonrío y lloro. Y no lo entiendo.
QUÉDATE EN MÍ
Ya no luches contigo
guerrero trashumante
Quédate en mí
Escucha la canción
que susurran mis manos y mis senos
Aprisiona la ternura
Apacigua mi arena
ansiosa de mar
LA PRIMAVERA BESABA...
La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
5 LEYENDAS
La Leyenda Del Mico Brujo
En todo Centroamérica se conoce la leyenda del “Mico Brujo”.
En algunas partes también le dicen la Mona.
Decían nuestros antepasados que había unas mujeres que
a las once de la noche se daban tres volantines para atrás
y luego tres para adelante; que esta mujeres tenían un
guacal blanco y que a la última voltereta vomitaban el
alma en el guacal. Ya sin alma, tomaban figura de monos
o micos y se dedicaban a hacer “diabluras”.
Y así, estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la
noche, se trepaban a los árboles y tiraban frutas a la
gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un
lugar a otro y arrojando pedradas contra las piedras de la calle. Muchas personas han
tratado de agarrar y matar a la mona o al mico, pero de nada les sirve, pues cuando ya están
cerca y creen tenerlo acorralado se les esfuma como por encanto.
También contaban nuestros antepasados que estas mujeres podían convertirse en chanchas
grandes, negras y llenas de lodo.
Apenas veían a la persona “señalada”, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir. Embestían
furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla
y hacerle perder el conocimiento. Al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y
con los bolsillos vacíos.
La Leyenda de la Segua
Hay varias leyendas de la Segua. Una de ellas cuenta que es una joven muy linda, que
persigue a los hombres mujeriegos para castigarlos.
Se aparece de pronto en el camino pidiendo que el
jinete la lleve en su caballo, pues va para el pueblo más cercano. Y dicen que ningún
hombre se resiste a su ruego. Hay quienes le ofrecen la delantera de la montura y otros la
llevan a la polca.
Para ella es lo mismo. Pero a medio camino, si va adelante vuelve la cabeza y si va atrás
hace que el jinete la vuelva. Entonces aquella hermosa mujer ya no es ella.
Su cara es como la calavera de un caballo, sus ojos echan fuego y enseña unos dientes muy
grandes, al mismo tiempo que se sujeta como un fierro al jinete. Y el caballo, como si se
diera cuenta de lo que lleva encima, arranca a correr como loco, sin que nada lo pueda
detener.
Otras leyendas cuentan que las Seguas son varias. Y no faltan ancianos que aseguren que
cuando ellos eran jóvenes atraparon a una Segua. Pero que una vez atrapada y echa
prisionera se les murió de vergüenza. Y que al día siguiente no encontraron el cadáver, sino
solamente un montón de hojas de guarumo, mechas de cabuya y cáscaras de plátano.
La Leyenda del Jilguerillo
Cuenta la leyenda que hace cientos de años una tribu indígena se
estableció en la zona Atlántica de nuestras tierras. Entre ellos
había un guerrero muy cruel llamado Batsu.
Un buen día Batsu decidió buscar esposa y escogió a Jilgue, una hermosa joven que
acostumbraba pasear por el bosque cantando como un pajarillo.
Cuando Jilgue se enteró de las intenciones de Batsu huyó a esconderse en el bosque.
Batsu estalló en cólera cuando supo que la joven había desaparecido y mandó a sus
guerreros a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se
acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue había desapareció. Entonces Batsu mandó
a quemar el bosque. Cuando las llamas comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si
salía podía salvarse.
Ella le respondió que prefería la muerte. El fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto
vieron como Jilgue cayó al cuelo u agonizó. Pero un pajarillo color ceniza, con el pico y las
patas rojas, comenzó a cantar sobre sus cabezas. No era el canto de un pájaro, era la voz de
Jilgue, que desde entonces se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan
los bosques de nuestras tierras.
Leyenda de la Tatuana
Apareció en mitad de la plaza del pueblo como quien
planta un árbol y espera que de fruto al instante. Erguida
hasta la arrogancia, saludable y en ademán de invitar a la
cata del fruto prohibido. Dijeron que había llegado en
barco sin que pudiera afirmarse que lo vieron arribar en
playa o puerto alguno.
Corrían los tiempos de la Inquisición y su temible brazo
castigador conseguía vadear las aguas del Atlántico sin
perder nada de su lava destructora, cuando la mujer más
hermosa a la que accediera mirada humana se presentó
bajo el nombre de Tatuana.
Apenas transcurridos unos meses, y sin que tampoco nadie pudiera explicar de dónde
salieran los dineros, montó casa. Y era casa de postín y mucha juerga por la que no hubo
hombre maduro ni joven que no se dejara caer , cuando menos, alguna nochecita.
El tiempo pasaba y los adoquines se embriagaban noche y día de chillones atuendos
coronados por generosos escotes.
Todos sabían y callaban, hasta que llegó el día en que la Tatuana celebraba fiesta de
aniversario de la feliz inauguración de su casa cuando con mandado de la Inquisición
vinieron a buscarla y a prenderla.
“Y de qué se me acusa” quiso saber. La respuesta sólo llegó tras varios días de encierro al
conducirla ante el Tribunal . Se le acusaba de bruja por haber hechizado a todos los hombre
s de la localidad, amén de muchos extranjeros de paso.
No tuvo defensa ni tortura pues la condena fue inmediata: moriría quemada viva.
La Tatuana, aún espléndidamente ataviada de fiesta en la víspera de su ajusticiamiento,
miró desde lo más profundo de sus negros ojos a los de su carcelero y le rogó que le
concediera un último deseo: un carbón para dibujar.
Por la mañana vinieron a buscarla para conducirla hasta la pira. En uno de los muros, con
trazo firme y algo infantil, se veía navegando y alejándose un velero como el que decían
que la había traído alas costas de América, el catre aún caliente y la celda vacía.
Leyenda de la llorona
En la ciudad de México durante el siglo XVI la gente cuenta que una
noche se comenzaron a escuchar muchos llantos, sollozos y quejidos de dolor, por eso es
que todos se preocuparon, pero tampoco podían salir a ver qué sucedía, era simplemente
una mujer a la que tal vez habían abandonado.
Todos los días siguieron escuchándose los quejidos y demás sonidos que ella emitía, con el
tiempo algunos osados que no tenían miedo salieron a ver de qué se trataba y así lograron
verla caminando con su traje totalmente blanco y su cabello suelto llorando por toda la
ciudad, con el tiempo alguno que otro la siguió para ver a donde se dirigía, pero cuando ella
llegaba hacia el lago desaparecía como si se metiera dentro de las aguas.
Nadie sabe mucho de esta mujer, solo se dice que estaba en busca de sus hijos, que sus
llantos parecían traídos desde el inframundo y la apodaron como La llorona.