Diálogo entre amigos en casa
Diálogo entre amigos en casa
ESCENA PRIMERA
SE ABRE LA PUERTA DE CALLE, ENTRA JUAN. SE QUEDA PARADO EN LA PUERTA, ESPERANDO QUE ENTRE
MARTÍN.
JUAN. — (ASOMÁNDOSE): Ven, pasa. (APARECE MARTÍN CON DOS BULTOS.) ¿Tienes miedo de entrar?
MARTIN — (ENTRANDO): Mira, ya te dije que no quiero molestar. . .
JUAN: Pero sí no hay ningún problema,¿Somos amigos, no?
MARTIN— Bueno. . . Recién me conoces... (OBSERVA LA CASA. PAUSA. EL RELOJ SE ACELERA AL MIRARLE
MARTÍN.)
JUAN: ¿Te gusta la casa?
MARTIN: ¡Sí!. . . Escúchame. . . Perdona que insista. . . Déjame hablar. . . Ya sé que tu eres un buen muchacho y que si
dependiera de ti no existiría ningún problema. .. Ya se, ya sé que según tu, con tu papá tampoco hay problema,
pero creo que es mejor sí esperamos que venga y decida él mismo. . . Es una cuestión de ética, ¿te das
cuenta?... ¿No me expliqué?
JUAN.: ¿Ética?. . ." (MARTÍN ADVIERTE QUE JUAN NO PUEDE COMPRENDER LA PALABRA ÉTICA.)
MARTIN — ...de ética..., de principios. No es lo mismo que tu viejo encuentre cómodamente instalado en la casa a un
desconocido, a que él llegue. Le explicamos las cosas y, si me quedo, sea él quien lo decida.
JUAN — Es que papá es muy bueno.
MARTÍN. — Por más bueno que sea… ¿No puedo ser un ladrón, yo? ¿No puedo ser un asesino?
JUAN. — No.
MARTIN — ¿Qué sabes?
JUAN — Yo sé que no. Yo investigo, ¿qué te crees? (MARTÍN SE SORPRENDE.)
MARTIN — …¿investigas?... (SE TOCA INCONSCIENTEMENTE LA BARBA).
JUAN. — Claro... soy investigador....
MARTIN. — (Natural): Qué carajo vas a investigar. . . Yo te estoy hablando en serio.
JUAN. — (Cortante) Yo también te hablo en serio! (Pausa)
MARTIN. — (TEMIENDO HERIR A JUAN ENTRA CONCIENTEMENTE EN SU JUEGO) ¿…investigas….?
JUAN. — ¡Claro!... Por mi cuenta... Aquí, en casa.
MARTIN. — ¿Qué investigas?
JUAN. — De todo. . . Los robos. . . Los crímenes.
MARTÍN. — ¿Qué crímenes?
JUAN. — ¿Cómo qué crímenes -¿Nunca leíste un diario? Yo junto todos los recortes... y después sigo las pistas ¿viste?
Igual que "Sherlo Olms".... (Pausa.).... Me gusta descubrir (Pausa.)
MARTIN. — eres medio raro, tu.
JUAN. — Para mí el raro eres tú…
MARTIN — ¿Yo? ¿Por qué? (Sonríe.)
JUAN — ¡Qué sé yo! … Haces un montón de cumplidos y no tienes dónde caerte muerto.
MARTIN. — (SONRIENDO COMPRENSIVO) tu no entiendes eso es lo que pasa. Tu no entiendes que yo no, quiero que
tu papá.,...
JUAN. — El que no entiende eres tú. Si papá siempre me dice porque no me busco un amigo. Lo que pasa es que tú no
conoces a mi papá. (Pausa)
MARTIN. — ¿No tienes amigos, tu?
JUAN — No. Bueno… tenía… en la escuela (PAUSA) ¿tu estudias?
MARTIN — Sí…
JUAN — Yo sé leer… Leo de corrido. (MARTÍN NO SABE QUÉ DECIR)
MARTIN — ¿Cuántos años tienes? (SE TOCA INCONCIENTEMENTE LA BARBA)
JUAN — Veintiocho, ¿y tú?
MARTIN — Veinticinco
JUAN — Parece más… claro… con esa barba. ¿Sabes a quién te pareces?
MARTIN — No me digas que al “Che” Guevara porque tengo barba… (LE GUSTARÍA PARECERSE AL CHE GUEVARA)
JUAN. — No, a otro. No me puedo acordar el nombre. En serio. Tengo un dibujo en el libro. En seguida, te lo muestro.
(SALE.) Es un tipo muy importante. ¡Acá está! Tiene nombre de calle, ¿Sabes?
MARTIN — ¿De calle?
JUAN — (ENTRANDO) Sí (HOJEA) Mira, aquí está “Bartolomé Mitre”. Se te parece, ¿o no?
MARTIN— Déjate de joder. (SE RÍE.)
JUAN. —Si eres igual. Fíjate.
MARTIN. — Tú estás loco. ¿En qué me parezco?
JUAN — (LEYENDO): Abajo hay dos números
MARTÍN— Debe ser el año que nació y qué murió
JUAN. — 1862 – 1868. ¿Seis años vivió?
MARTIN. — No, perdona. Son los años en que fue presidente de la Argentina.
JUAN. — ¿.Fue presidente seis años?
M ARTIN. —Sí.
JUAN — Mira si algún día llegas a presidente. La cara ya la tienes… (VA A GUARDAR EL LIBRO)
MARTIN. — (SONRÍE): No me gustan los políticos...
JUAN. — ¿Ninguno? (SE DETIENE EN LA PUERTA.)
MARTIN. —No.
JUAN. —Papá dice que hay algunos que son genios.
MARTIN. — ¡Sí, genios... genios de la promesa… Prometen de bien!
JUAN. — ¿No te gustaría ser presidente?
MARTIN. —No.
JUAN. — ¿Y astronauta?... Que todos te vean por la televisión, caminando por la luna.
MARTIN. — No.
JUAN. — ¿Y campeón?
MARTIN. — ¿Campeón de qué?
JUAN. — Campeón... campeón de cualquier cosa. Sentirte grande... fuerte
MARTIN —No quiero sentirme así
JUAN. — Si eres campeón, sí. . .
MARTIN. — Cállate, loco. (MARTÍN RECHAZA TODAS LAS IMÁGENES FICTICIAS.)
JUAN. — (SONRIENDO): eres raro, tú, ¿eh?. . . (SALE. MARTÍN SE MIRA AL ESPEJO CON SATISFACCIÓN. VA
HASTA EL RELOJ Y LO PONE A LAS 19 HORAS. LAS AGUJAS VUELVEN SÚBITAMENTE A LA HORA
CERO)
MARTIN — (DEJA EL RELOJ. MIRA CON DISGUSTO LA CASA. MINTIENDO) Linda casita, eh.
JUAN. — (ENTRANDO SIN EL LIBRO): Te va a gustar.
MARTIN. — Vamos a ver qué dice tu papá.
JUAN. — ¿Ves que eres raro?
MARTIN. — Perdona. Sabes lo que pasa. No todos los días aparece un tipo que te ofrece una casa donde vivir...
Además en este mundo de mierda cuando te ofrecen algo piensas en seguida qué es lo que te van a pedir.
JUAN. — Yo no te pido nada.
MARTIN. — No, no quise decir que tú me pidas algo. Al contrario. Lo que quise decir... (JUAN BAJA LA CABEZA. SE
SIENTE HERIDO. MARTÍN COMPRENDE.) Bueno, mejor no hablamos más del tema. Vamos a ser amigos.
¿Está bien? Aunque no me quede en tu casa, vamos a ser amigos lo mismo.
JUAN. — Yo quiero que te quedes. .. .Dijiste que la casa era linda.
MARTIN. — Sí. Es linda.
JUAN. — Entonces te quedas.
MARTIN. — Está bien. Vamos a ver, ¿eh?... (Pausa.) ¿Cómo era que te llamabas?
JUAN. — Juan. Papi me dice Nene. ¿Y tú?
MARTIN. — Martín.
JUAN. — Martín. (Piensa.) "El Presidente Martín". ¿Qué estudias?
MARTÍN. — Filosofía...
JUAN. — (Pausa. Mirando el bulto de los libros): Yo sé leer.
MARTIN. — (Desconcertado); Sí... ya me lo dijiste.
JUAN. — ¿Por qué no me prestas los libros? (MARTÍN SE SORPRENDE.)
MARTIN. — (ADIVINANDO LA INTENCIÓN DE JUAN): ¿Quieres ver mis libros?
JUAN. —.Sí.
MARTIN. — Bueno. . . Mira. (ABRE LA BOLSA.) Trátalos bien. ¿eh?
JUAN. — (Saca un libro. Lo mira como un objeto raro): Filosofía — de — la historia. Me gusta.
MARTIN. — ¿Te gusta?
JUAN. — ¿Me lo prestas? (Casi ofendido porque Martín no contesta en seguida.) ¿No me lo prestas?
MARTIN. — Sí, sí, te lo presto... ¿Para qué lo quieres? (Juan lo mira estupefacto.)
JUAN. — (Pausa); ¿Cómo para qué? (PAUSA. PROFUNDAMENTE ASOMBRADO .) ¿Eres loco? ¿Para qué sirve un
libro?...
MARTÍN. —. . .para leer...
JUAN: Claro. . . Me asustaste. . . Creí que no sabías para qué sirve un libro…
MARTIN. — Lo que pasa. . . es que a lo mejor, no te gusta. . . Si quieres, te presto otro que te puede gustar más…
JUAN. — ¿Qué sabes lo que me gusta?. . . No me lo quieres prestar...
MARTIN. — No, no. Te lo presto. Es que a lo mejor te resulta pesado… para leer…
JUAN. — No, Martín. Si yo leo de corrido. Por ahí me paro un poco si encuentro alguna palabra nueva... Pero casi nunca
tengo problemas.
MARTIN. — Bueno. . . es que aquí vas a encontrar muchas palabras nuevas.
JUAN. — (Pausa): ¿Qué te pasa?
MARTIR. — Nada... (Juan lo mira fijamente buscando la verdad.)
JUAN. — Yo sé lo que quieres decir. . . tú piensas que yo no lo voy a entender.
MARTIN. — No te lo tomas así…
JUAN. ¿Viste cómo me di cuenta? ¿Soy o no soy un investigador?
ESCENA SEGUNDA
PADRE. — Hola, nene. (A Martín.) Buenas noches, permiso, ¿eh? Suben en seguida. (Para el Padre es totalmente
normal el hecho da encontrar un desconocido en la casa.)
JUAN. — Hola, papi. ¿Me escuchas?
PADRE. — (Desde adentro) Sí, nene. En seguida
JUAN. — Encontré un amigo, papi.
PADRE. — Muy bien…
JUAN. — Tiene cara de presidente. Se va a quedar a vivir aquí, con nosotros.
PADRE. — Me parece muy bien.
JUAN. — Se llama Martín. Tiene muchos libros porque estudia. . .
PADRE — ¡Ah! ¡Pero qué bien! Un amigo así te hace falta. No como esos muchachotes del bar que eran unos
maleducados y te sacaban la plata.
JUAN (A Martín): ¿Viste que no hay ningún problema? Papi, le voy a dar mi Habitación, así va a estar más cómodo.
PADRE. — Bueno...
MARTIN. — No, escúchame... Yo no quiero que tu...
JUAN. — ¿Otra vez haces cumplidos? ¡Papi!
PADRE. — Ya bajo, nene. Estoy ocupado.....
JUAN. — Hace cumplidos, papi.
PADRE. — Dile que no sea cojudo. Que haga de cuenta que está en su casa.
MARTIN. — Escúchame, Juan. . . yo no quiero
JUAN. — No seas cojudo. Hace de cuenta que estás en tu casa.
MARTIN. — La habitación es tuya, no, Juan. No quiero,
JUAN. — Es la mejor de todas…
MARTIN. — ¡Es que es tuya… Es tu habitacion. Yo me puedo arreglar en cualquier lado. Escúchame, no quiero
provocar molestias ni que por mí tengan que cambiar nada.
JUAN. — ¡Papi!
PADRE. — ¡Ya voy, nene! (Ruido de inodoro)
JUAN. — ¡Hace cumplidos!
PADRE. — ¿Le dijiste que no sea cojudo?
JUAN. — Ya le dije. ¿Terminaste?
PADRE. — Me estoy lavando las manos. Ahora, bajo y lo arreglo yo...
JUAN. — (Retador) Ahora viene papi.
MARTIN. — Escúchame; Juan. Lo único que pido es que no cambien nada. No quiero que haya cambios por mi culpa.
¿Me entiendes?
PADRE. — (Entra secándose las manos): Nada, nada de culpas. Mucho gusto. Usted es un amigo de mi hijo y la casa es
suya. No se imagina cuántas veces le dije al nene que se buscara un buen amigo.
MARTIN. — Yo le agradezco mucho, señor...pero... quisiera…
PADRE. — Nada, nada de peros. Nene, lleva las cosas a la habitación.
JUAN. —Sí, papi. (SALE CON LOS BULTOS.)
PADRE. — (VE EL ESPEJO NUEVO. VA HASTA ÉL CON ANSIEDAD. CAMBIA TOTALMENTE AL MIRARSE. CON
PROFUNDO DESAGRADO): Este espejo... tengo que cambiarlo. . . la imagen se deforma y uno no se ve bien.
(MARTÍN LO MIRA SORPRENDIDO. EL PADRE SE DA CUENTA Y TRATA DE JUSTIFICARSE.) Si hay una
cosa que me molesta son los espejos que deforman la silueta. Siéntese. Siéntese y póngase cómodo. Así que
usted se llama Martín. Estoy, gratamente sorprendido. Cuénteme, cuénteme porque estoy en ascuas. En
realidad, desconocía que el nene y usted fueran amigos. ¿Cómo se encontraron? ¿Hace mucho que se
conocen?
MARTIN. — En realidad, señor nos conocimos esta tarde. . .
PADRE. — (ASOMBRADO): ¿Esta tarde?... ¿No se conocían de antes?.. .
MARTIN. — No, señor, comprendo que le parezca extraño pero nos conocimos hace unas dos horas.
PADRE. — ¿Hace dos horas?...
MARTIN — (JUSTIFICÁNDOSE) Yo le dije a Juan que Usted se sorprendería… (CASI ESTÁ POR IRSE)
PADRE— ¿Sorprenderme? ¡Estoy Perplejo! ¡A primera vista! ¡Que emocionante! ¿No le parece? No hay nada que
hacer. La vida es una novela. Una novela como esas de la televisión donde siempre aparece gente nueva
y se estiran… y se estiran. Así nuestra vida también se va estirando. Yo sie mpre le digo al nene que sin
darnos cuenta todos los días somos personajes de la gran novela del mundo. Yo pienso que todos somos
protagonistas de nuestra propia vida. (TRATA DE AGRADARLE A MARTÍN CON SUS CONCEPTOS).
Lo importante es triunfar. Usted es joven y se sentirá seguro, eso es natural, pero no crea que es fácil
convertirnos en héroes de nuestra propia novela… Por eso me apasiona ver las telenovelas.
Uno aprende tantas cosas… Hay momentos en que se siente… que uno… ya no es uno, y vive toda esa
pasión de la actriz… o del actor, y se inflama … qué quiere que le diga, yo me inflamo. ¡Esos dramas tan
reales!... ¡Esas complicaciones tan actuales!...¡Tan de nuestra época!... ¡Y qué época nos ha tocado vivir!...
¡Fascinante! Realmente no sabría cómo llamarla… Es tan eléctrica.
MARTIN— (ESTÁ MUY NERVIOSO. LOS CONCEPTOS DEL PADRE LE REPUGNAN): Yo diría simplemente que estamos
en el siglo XXI. (PAUSA. EL PADRE SE DESCONCIERTA)
PADRE — ¡Claro! Ya estamos en el siglo XXI (No sabe decir) Cómo pasa el tiempo, ¿He? ¡Quién lo hubiera dicho! ¡La
radio, la televisión, el internet, los viajes por el espacio, el progreso! Todo en tan pocos años. Yo siempre le
digo al nene que cuando se quiera acordar se va a encontrar peinando canas.
El se ríe. Claro, él es tan jovencito… igual que usted… porque con esa barba a mí no me engaña. Se ve en seguida
que es un muchachito. No sé por qué se me ocurre que usted debe ser un picarón (COQUETAMENTE, SE
DA CUENTA DE MARTIN Y SE CALMA)… NO me haga caso. Estoy hablando solo como una cotorra. Soy
tan charlatán. ¿No le parece? (PAUSA, MARTÍN ESTA ABSTRAÍDO EN OTROS PENSAMIENTOS.
SÚBITAMENTE REACCIONA)
MARTIN— ¡Sí, señor… digo… no, señor! (pausa)
PADRE — Yo quisiera decirle algo…
MARTIN — Lo escucho…
PADRE — Es algo un poco delicado, ¿Sabe?...
Se trata del nene… Yo creo que usted lo puede ayudar. (EL PADRE BUSCA LA COMPLICIDAD DE MARTÍN. DENTRO DE
SU ALIENACIÓN ES MUY ASTUTO)
MARTIN — Por supuesto, en todo lo que me sea posible…
PADRE — El nene es muy bueno…
MARTIN — Sí….
PADRE — Pero es muy tonto, ¿Vio? El se pasa la vida con sus recortes de diario y sale muy poco.
Si no fuera por la televisión no conocería nada de la vida.
MARTIN — Yo no creo que Juan se tonto. Es más bien ingenuo…, le falta un poco de experiencia…
PADRE. — ¡Eso! Usted es un muchacho inteligente, ¿eh? ¡Claro que sí! No tiene experiencia... Además, la madre lo
abandonó cuando era niño... Era Una loca. No pensaba más que en los hombres, ¿sabe?
(MELODRAMÁTICO.) Al nene le faltó una buena madre. Todos necesitan una madre. ¿Quién no la necesita?
Madre hay una sola, ¿no le parece? ¿Usted tiene mamá?
MARTIN. — (TOTALMENTE NATURAL). No, no tengo.
PADRE. — Bueno, no se ponga triste. Aquí se va a encontrar a gusto. Yo, le puedo hacer un poco de papá... y de
mamá... Yo con el nene hago hasta de mano. Así que no se preocupe (SE ACERCA A MARTIN
LENTAMENTE MIENTRAS QUE MARTIN ESTA ABSTRAIDO): “cariño no le va a faltar”. (PAUSA.
SÚBITAMENTE EL PADRE, CON UN ARRANQUE INCONTENIBLE LE MANOSEA LA RODILLA.
INMEDIATAMENTE SE REPRIME. MARTÍN LO MIRA MUY SERIAMENTE. YA SE LO VEÍA VENIR. EL
PADRE SABE QUE SU ACTITUD ES INJUSTIFICABLE Y TRATA DE DESVIAR LA CONVERSACIÓN.)
PADRE. — Así que usted estudia...
MARTIN. — (MUY SERIO) Sí, señor. (SE TOCA INCONSCIENTEMENTE LA BARBA.)
PADRE. — Yo traté de estudiar cuando era joven. En la escuela fui siempre el mejor en urbanidad..., y recuerdo que hice
un curso por correspondencia. ..
MARTIN — (CASI AGRESIVO): ¿Qué curso?
PADRE. — Sobre arte... arte culinario. Pero no lo pude terminar... ¡El correo andaba tan mal! (NO SABE QUÉ DECIR
PARA SALIR DE LA SITUACIÓN. MARTÍN ESTÁ MUY SERIO. EL PADRE VE EL RELOJ QUE MARCA SIEMPRE
LAS CERO HORAS E INVENTA) ¡Ah! ¡Qué tarde, que tarde que es!… ¡Nene!
JUAN. — (DE ADENTRO): ¿Qué, papi?
PADRE. — ¿Arreglaste la habitación?
JUAN. — Sí. Ya termino.
PADRE. — Así. Entonces preparare la cena.
MARTIN. — Nosotros ya comimos.
PADRE. — ¿Ya comieron?
JUAN. — Sí, papi. Comimos en la calle.
PADRE, — ¿Cenaron juntos?... ¡Qué romántico!... ¡La vida es una novela! ¿Usted no quiere comer algo más?
MARTIN. — No, gracias. Me gustaría darme un baño.
PADRE. — ¡Muy buena idea! Así va a descansar mejor. ¡Nene! (JUAN ENTRA.) Dale una toalla limpia para que se bañe,
después haces la cama aquí y te acuestas.
JUAN. — Esta noche voy a leer el libro que me prestó Martín.
PADRE. — Nada de libros. La noche se hizo para dormir, y no para leer.
JUAN. — Yo quiero leer.
PADRE. — No me hagas caprichitos. A la camita que ya es tarde.
JUAN. — (A MARTÍN): ven a ver la habitación. De paso te doy la toalla. (SALE. MARTÍN MIRA AL PADRE, LUEGO AL
RELOJ, NUEVAMENTE AL PADRE Y SALE.)
PADRE. — No se pongan a charlar. ¡Nene!
JUAN. — ¿Qué?
PADRE. — Me oíste, ¿no?
JUAN. — Sí, papi.
(PADRE SALE. EN SEGUIDA VUELVE A ENTRAR Y SACA UNA PISTOLA DE ABAJO DEL SOFÁ. LA ESCONDE EN LA
CÓMODA. SE MIRA EN EL ESPEJO CON DISGUSTO Y VUELVE A SALIR. ENTRAN JUAN Y MARTÍN.)
JUAN. — El baño está arriba. El agua caliente es la llave de la izquierda, (LE DA LA TOALLA) ¿Te bañas solo?
MARTIN. — Sí.
JUAN — A mí me baña papá... ¿No quieres que le diga que te bañe?
MARTIN. — No, no, no quiero. Ya soy grandecito.
JUAN. — Si quieres le digo.
MARTIN — No, Juan. Te juro que no quiero.
JUAN. — Estás haciendo cumplidos.
MARTIN. — No, Juan. Termínala. (LEVANTA LA VOZ.) Yo me bañé solo toda la vida.
JUAN — Está bien. No te enojes.
MARTIN— Perdóname,
PADRE. — (DE ADENTRO): ¿Qué pasa?
MARTIN- — Nada. Todo está muy bien.
JUAN. — Se quiere bañar solo, papi.
PADRE. — Dile que si quiere lo ayudo.
JUAN. — No, Dice que no quiere.
PADRE. — Bueno. No te olvides de hacerte la cama.
JUAN— (A MARTÍN): ¿Me ayudas?
MARTÍN. — Sí. Perdóname si te grité. (HACEN LA CAMA)
JUAN. — eres un enojón, ¿he?
MARTIN. — Es que eres un cabezón. A cada rato lo llamas a tu papá. No se puede hablar contigo.
JUAN. — Es que papá es muy bueno, ¿sabes? Me ayuda siempre. Me: viste, me baña, me acuesta... ¡qué se yo!
MARTIN. — ¿De qué: trabaja tu papá?
JUAN. — Trabaja de noche.
MARTÍN. — Será sereno… o cuidador...
JUAN. — ¿Sabes que no sé?... ¡Papi! En que trabajas…
MARTIN. — ¡Cállate!. No seas animal.
PADRE — Taxis, nene. Taxis.
JUAN — Taxis
MARTIN. — Escúchame, Juan. ¿Es posible que conversemos sin que llames a tu papá en cada momento?
JUAN. — ¿Qué te pasa? ¿No te gusta mi papá?
MARTIN. — Tú no entiendes nada. No te enojes y trata de entenderme.
JUAN. — No, Martín. Si yo nunca me enojo. (PAUSA.)
MARTIN. — Eres un tipo increíble. A veces pareces un boludo, pero otras, te juro que me sorprendes. Voy a bañarme.
¡Solo! (LE DICE A JUAN QUE SE DETIENE TRAS DE EL, MARTIN SONRÍE. VA A SUBIR. SE DETIENE.) Te voy a dar otro
libro más que te va a servir… El Diccionario.
JUAN. — ¡Ah, sí! En la escuela tenía uno... Yo quiero el otro .
MARTIN. —Te presto los dos. Si encuentras una palabra que no sabes qué significa, la buscas, en el diccionario y chau
JUAN. — ¿Me prestas los dos, no?
MARTIN. — Sí, Juan, sí. Te presto los dos. ¡Desconfiado! (SUBE.)
JUAN. — ¡Anda a bañarte! ¡Presidente Martín! (SE DESVISTE SE PONE SU PIJAMA Y SE ACUESTA…) ¡Papi! Ya estoy en la
cama. (TOMA EL LIBRO Y SE PONE A LEER. HAY UNA PAUSA. ESCONDE EL LIBRO. ENTRA EL PADRE VESTIDO DE
MUJER Y CON UNA PELUCA. SE MIRA EN EL ESPEJO Y MURMURA: "TENGO QUE CAMBIAR ABSOLUTAMENTE ESTE
ESPEJO... CADA DÍA ME HACE MÁS VIEJA". SE ACERCA LENTAMENTE Y SE SIENTA A LA CABECERA. JUAN SE
INCORPORA A MEDIAS Y RECLINA SU CABEZA SOBRE LOS PECHOS POSTIZOS DEL PADRE. ESTE LO ACARICIA
SUAVEMENTE. LA ESCENA OSCILA DE LO GROTESCO A LO TIERNO.)
ESCENA TERCERA
PADRE. — ¿Cómo está mi nene?
JUAN. — Bien.
PADRE. — ¿Estás contento?
JUAN. — Sí (Pausa.) Esta noche te pusiste el perfume que me gusta a mí.
PADRE. — Es el perfume que usan nueve de cada diez estrellas.
JUAN. — ¿Te lo pusiste para mí?
PADRE. —Sí, para la más hermosa criatura...
JUAN. — .. .que jamás haya pisado. . .
LOS DOS. —... ¡el orbe!... (AMBOS SE RÍEN, DE LA FRASE APRENDIDA HACE TIEMPO EN ALGUNA TELENOVELA.)
PADRE. — ¿De dónde sacamos esa frase?
JUAN. — ¿No te acuerdas? Fue de aquella telenovela... en la que iban los dos en la camioneta… Que antes habían ido
a cenar…
PADRE. — ¡Ah, sí! Esa telenovela, en que él le dijo a ella: “No sé que carajo me pasa pero me estoy enamorando de ti”.
JUAN. — Sí.
PADRE. — ¡Qué mala era esa novela! Bueno, tenía cosas lindas también. La parte esa en que él vuelve de Europa y ella
está llorando en el puerto. También él... dejar a la pobre chica esperando cinco meses.
JUAN. — Y ella al final lo dejó a él.
PADRE. — ¡Y qué bien que hizo! Se quedó con el estudiante de ciencias económicas, ¿te acuerdas? Ese muchacho
buen mozo que conoció mientras el baboso del novio estaba en Europa...
JUAN. — Sí… toda esa novela fue triste...
PADRE. — A mí no me gustó. Fue más mala que buena. (HAY UNA PAUSA.)
JUAN. — (CON MUCHA TERNURA) : papi. . .
TADRE. — ¿Qué. querido?
JUAN. — Si tu te fueras a Europa. . . o te murieras... yo no podría seguir viviendo. (PAUSA.) Me moriría.
PADRE. — (ACARICIANDO EL CABELLO DE JUAN): Vamos, nene. No pienses en esas cosas. Si Tu y yo somos la
misma persona. No nos vamos a separar nunca. (PAUSA.)
JUAN. — Papi...
PADRE. — ¿Qué te pasa? (PAUSA.)
JUAN. — Estás gordito. . .
PADRE. — (Furioso): ¡No me digas esas cosas! ¡Sabes que tengo un trauma con mi gordura!
JUAN. — (SE ARRODILLA EN LA CAMA): Está enojado, está enojado... está enojado...
PADRE.— eres malo, ¿eh?
JUAN — ¡Está enojado... está enojado! (PAUSA) ¡Ven!
PADRE— No voy nada
JUAN— Ven, papi. Ven.
PADRE — ¿Por qué me mortificas?
JUAN — Ven..., ven. Inflame los cachetes.
PADRE — (LOS INFLA Y LOS DESINFLA EN SEGUIDA.): No te inflo nada, no te lo mereces.
JUAN — Si Papi. Sé bueno
PADRE — eres un sinvergüenza. Eso es lo que eres (INFLA LOS CACHETES Y JUAN SE LOS REVIENTA CON LAS MANOS.
REPITEN ESTE JUEGO VARIAS VECES, CADA VEZ CON MAYOR RAPIDEZ. RÍEN Y JUEGAN HASTA ENTRAR EN UN
VERDADERO VÉRTIGO DE RISAS Y CACHETES QUE SE REVIENTAN. DEBE BUSCARSE LA LIBRE IMPROVISACIÓN DE LOS
ACTORES. HAY CACHETES ALEGRES, TRISTES… ETC.)
ESCENA CUARTA
(MARTÍN SACUDE LA CABEZA. MIRA ABSORTO EN DERREDOR SIN COMPRENDER. JUAN ABRE LOS OJOS Y SE
INCORPORA.)
JUAN. — ¿Ya se fue? ¿Me hice el dormido, viste?... Que te pasa?
MARTIN. — Nada. . . nada. ..
JUAN. — ¿Estás, triste?
MARTIN. — No. Al contrario.
JUAN. — Me quede despierto para leer el libro. ¿En serio que no estás triste?
MARTIN. Ya te dije que no.
JUAN. — Dime, Martín. ¿Somos o no somos amigos? ¿Qué te pasa, Martín?
MARTIN. — Lo único que lamento es que tú duermas aquí. Ya sé, ya sé lo que quieres decir. Yo quería que no tuvieran
que cambiar nada, pero las cosas siempre cambian, ¿no es cierto?
JUAN. — ¡Claro! ¡Como en la historia!. . . (Pausa. Martín lo mira asombrado.) Aquí dice que si las cosas no cambiaran
no habría historia… Lo leí hace un rato... es lo primero que dice el libro. (Pausa.)
MARTIN. — Aprendes rápido, ¿eh? ¿Qué más leíste?
JUAN. — Eso nada más. ¡Ah no! Ahora me acuerdo, "El cambio puede ser lento... o violento".
MARTIN. — ¡Muy bien! ¡Me impresionas!. . .
JUAN. — Y tú que creías que yo no lo iba a entender. . .
MARTIN. — No quise decir eso. . .
JUAN. — Ah... Encontré una palabra y no sé qué quiere decir. . . (ABRE EL LIBRO): Ya te digo.
MARTIN. — Voy a buscar el diccionario. . . así la encontramos juntos. . . (SALE Y VUELVE, CON EL DICCIONARIO.)
JUAN. — ¡Acá está! "Paulatino". Dice: "el paulatino cambio de los acontecimientos".
MARTIN. — Fíjate bien cómo se hace… ¿Sabes como el abecedario?
JUAN. — me estás tomando el pelo. Yo ya tuve un diccionario.
MARTIN. — No te enojes.
JUAN. — No, Martín, si yo nunca me enojo. .. No me gusta enojarme, ¿sabes?
MARTIN. — Me parece bien. Vamos a ver ¿con qué letra empieza paulatino?
JUAN. — Con pe de papi.
MARTIN. — Bien, Busquemos la pe de papi.
JUAN. — Déjame a mí solo, a ver si me acuerdo. ¿La pe viene después de la "o", no?
MARTIN. — Sí. La o después de la eñe, la eñe después de la ene, la ene después de la eme, la eme después de la ele...
JUAN. — ¡Para! Acá está... Paulatino... poco a poco, lento, grad ual... ¡Claro! El paulatino cambio, el lento cambio. . . ¡El
lento cambio de los acontecimientos! ¡Es bacán el diccionario!, es medio estúpido pero es un invento bárbaro!
MARTIN. — ¿Cómo estúpido? (Pausa.)
JUAN. — Por eso de ordenar las palabras según el abecedario. . . a, be, ce, de. . .
MARTIN. — ¿Y cómo las vas a ordenar, genio?. . .
JUAN. — ¡Qué se yo!... el sentido,... la importancia.
MARTIN. — ¿La importancia? (Sonríe) Vamos a ver, ¿cuál es la primera palabra qué pondrías?
JUAN. — Yo. .. Papá. En la vida lo más importante es el padre.
MARTIN. — Pero hay padres buenos y padres jodidos. . . (Pausa.)
JUAN. — Yo pondría nada más a los padres buenos... Los demás al final, en el último renglón.
MARTIN. — Estas loco, ¿eh?
JUAN. — ¿Y tu qué palabra pondrías? (PAUSA. MARTÍN LO -MIRA CON DULZURA. SABE QUE JUAN NO LO VA A
ENTENDER PERO IGUALMENTE AVENTURA.)
MARTIN. — Yo pondría... (INCONSCIENTEMENTE SE TOCA LA BARBA. ¿HABLA CON PUDOR Y MODESTIA. NO DESEA
CONVENCER A JUAN)... Libertad... Revolución. . .Amor. . . Vida. . . ¿No estás de acuerdo?
JUAN. — Bueno. . . Amor me gusta. (MARTÍN SE SORPRENDE.) Libertad... vida me gusta también... ¿Es tan
importante la .Revolución? (MARTÍN SONRÍE. EL RELOJ ACELERA.)
MARTIN. — (SIN ÉNFASIS): Es muy importante, Juan. La historia se acelera con la Revolución. (MARTÍN LO MIRA. VE DE
PRONTO EN JUAN UNA REMOTA POSIBILIDAD DECIDE EXPERIMENTAR EL NIVEL DE ENTENDIMIENTO DE JUAN.)
"Es el arma de los oprimidos... contra los opresores... y la búsqueda desesperada de la libertad... p ues el
hombre es libre por naturaleza... y las estructuras del mundo lo; rinden esclavo. (PAUSA. EL ROSTRO DE MARTÍN
SÚBITAMENTE CAMBIA. LA PALABRA "ESCLAVO" LE HA DOLIDO. SU MENTE SE LLENA DE PENSAMIENTOS
AMARGOS ACERCA DEL MUNDO ALIENADO QUE OPRIME A LOS SERES HUMANOS. SU VOZ CA MBIA. HAY DOLOR Y
ANGUSTIA. HABLA COMO ALUCINADO. SIN MIRAR A JUAN.) La rebelión de los hombres contra las estructuras
que los reprimen se llama Revolución y sólo en ella los hombres encuentran la plenitud de su libertad".
JUAN — ¿Te lo sabes de memoria, Martín?... (PAUSA. MARTÍN DESPIERTA.)
MARTIN. — (LENTAMENTE SE LEVANTA Y VA HASTA EL ESPEJO): Sí, si.... parece un cuento de memoria, ¿viste?
(LA ANGUSTIA VUELVE A DOMINARLO.) Sabes, Juan... Revolucionarios... quedan pocos... (Pausa.)
JUAN. — ¿Qué quieres? ¿Que hagamos una revolución? Hacemos una chiquita entre los dos.
MARTIN.— Cada uno, Juan, cada uno debe comenzar por liberarse haciendo su propia revolución. (DESESPERADAMENTE
SE TAPA LOS OÍDOS PARA NO ESCUCHARSE. SE PONE DE PIE DE GOL PE. MIRA ATÓNITO A JUAN).
Bueno...me voy a dormir. . .
JUAN. — Estás triste. . .
MARTIN. — No, estoy cansado. (Se levanta.)
JUAN. — Yo te veo raro, Martín... y para mí que estás triste. . .
MARTIN — Chau, hasta mañana.
JUAN. — Martín...
MARTIN — ¿Qué?
JUAN. —Ven. . . . (Martín se acerca.) Inflame los cachetes.
MARTIN. — ¿Para qué?
JUAN. — tu ínflalos. . . (MARTÍN LOS INFLA Y JUAN SE LOS REVIENTA.)
MARTIN. — ¿Qué haces? (Se ríe.)
JUAN— ¿Ves? Ya se te fue la tristeza.
MARTIN. — También, con un loco como tú, con las cosas que haces… Chau, hasta mañana. (Sale.)
JUAN. — Chau. No te olvides de apagar la luz. . .
MARTIN. — No te preocupes… Chau.
(JUAN SE ACOMODA Y SIGUE LEYENDO. DE TANTO EN TANTO BUSCA EN EL DICCIONARIO. EL TIC -TAC DEL
RELOJ SE HACE FUERTE Y LUEGO DÉBIL.)
MARTIN. — (Entrando): Perdona que te interrumpa. Es que encontré un libro muy bonito y te lo quiero regalar. (LE DA UN LIBRO.)
JUAN. —. Gracias. ¿A ver? ¿De qué se trata?
MARTIN. — Algo sobre el sexo. . . es muy interesante. . . estoy seguro: te va a gustar. (El tic-tac se hace muy fuerte.
Los dos miran. Reloj las agujas comienzan a caminar y el espejo estalla).
ACTO SEGUNDO
Al, día siguiente, o cien años después.
CUADRO PRIMERO
Todo el Segundo Acto se mueve entre una magaña de libros. Se ve un montón de libros en el piso. Hay libros y
papeles desparramados por todas partes. El desorden es más que evidente. El espejo ha sido cambiado y el reloj
tiene un funcionamiento casi normal.
ESCENA PRIMERA
EL PADRE BAJA LAS ESCALERAS. VE LA CAMA VACÍA. SE DIRIGE HACIA EL MONTÓN DE LIBROS Y HABLA.
PADRE. — ¡Ne ne !... Levántate, Nene... ¿Hasta cuándo van a seguir así? (SE VE EN EL ESPEJO.) Yo ya no aguanto
más... Yo no aguanto más... Anoche los esperé hasta la una de la mañana... ¡Quién sabe a qué hora habrán
llegado! (Por el espejo.) Tengo que cambiarlo... No hay espejo que sirva... (DEJA DE ACTUAR DELANTE DEL
ESPEJO Y VUELVE AL MONTÓN DE LIBROS.) ¡Nene, le-van-ta-te!... (APARTA ALGUNOS LIBROS Y QUEDA AL
DESCUBIERTO EL PIE DE JUAN.) ¡Por última vez, querido! ¡Levántate!... Vamos... ¡d e ja ese libro!
JUAN — (AGARRADO A UN LIBRO A MODO DE ALMOHADA): Estoy cansado...
PADRE— ¡Claro! ¿Cómo no vas a estar cansado? Todas las noches de juerga. ¿A ti te parece que esta es forma de
vivir? Esto ya no es una casa, es cualquier cosa. Uno ya no sabe donde meter las manos para comenzar a
ordenar. Yo no puedo vivir en el desorden ya tuve suficiente paciencia. Esto y harto de libros y papeles…
¡Claro! A ustedes qué les importa, total está la pavota que limpia. Pero esto se acabó. ¡Se acabó!... Vamos,
nene. Deja ese libro y levántate… Nene, te estoy hablando… ¿Me escuchas?
JUAN —… ¿Qué?...
PADRE— Nene, ¿estás loco?... Vamos, levántate, deja ese libro y anda a lavarte la cara.
JUAN. — (SE LEVANTA POCO A POCO):..Para qué me hiciste grande papi.
PADRE. — (NO SABE QUÉ CONTESTAR): ¿Para qué va a ser? Para que seas un hombre. . .
JUAN. — Ah. . . para eso. . . Tengo que decírselo a Martín. . . Tengo sueño. ..
PADRE. — Tú no estás nada bien, nene.
JUAN. — Es que de noche me despierto. . . Tengo pesadillas. . .
PADRE. — ¿Cómo no te vas a despertar?. . . Uno necesita comodidad para dormir, para eso se inventaron las camas. . .
JUAN. — ¿Y los antiguos?
PADRE. — ¿Qué?
JUAN. — Los antiguos no tenían camas. . . Dormían en el piso. (SE ACUESTA EN EL SOFÁ.)
PADRE. — ¡Claro! Por eso se murieron todos. . . Las personas normales duermen en la cama. . .
JUAN.— Tú no sabes nada. Los antiguos eran mucho más fuertes que nosotros. . . Medían como dos metros y tenían
unos músculos bárbaros. . . ¡En serio! Pregúntale a Martín que sabe. . .
PADRE. — Bueno... Pero antiguos ya no quedan... Es una lástima... Ahora estamos en el siglo XXI y hay que vivir de
otra manera. Con orden, con limpieza, con horario... Yo ya no aguanto más (APARECE MARTÍN CON UNA TOALLA
EN EL HOMBRO.) El desorden me pone histérico. ¡Sí! A usted también le digo, Martín. ¿Le parece que e n esta
casa viven personas normales? Díganme... Contéstenme ustedes, porque yo realmente ya no sé…
JUAN. — ¿A ti qué te parece, Martín? (MARTÍN HACE UN GESTO CON LA CABEZA Y EL HOMBRO, COMO DICIENDO "¿QUÉ SÉ YO".)
PADRE. — ¿Qué quiere decir con?... (REPITE EL GESTÓ DE MARTÍN). (MARTÍN REPITE EL GESTO Y JUAN TAMBIÉN.) ¿Tu
también, nene? ¿A qué estamos jugando? ¿Al oficio mudo? (REPITE EL GESTO DE MARTÍN. (MARTÍN Y JUAN
TAMBIÉN REPITEN.)
JUAN. — "Ras tas tas".... Mira, Martín. . . "Ras tas tas" (JUAN Y MARTÍN REPITEN EL GESTO AL RITMO DE "RAS TAS TAS" Y
TARAREANDO.) (EL PADRE MIRA, ASOMBRADO.) ¡ "Ras tas tas", papi! ¡ "Ras tas tas"!
PADRE. — ¡Nene! ¿Dónde aprendiste esas cosas?
JUAN. — No te enojes, papi. (Sigue tarareando,).
PADRE. — ¡Claro que me enojo! ¡Basta! ¡Terminen de hacerse los payasos! (JUAN Y MARTÍN DEJAN DE MOVERSE Y
TARAREAR.) Hasta ahora me callé la boca porque creí que era mejor no decir nada. Pensé que - necesitaban
distraerse, salir, divertirse. No quise interponerme entre ustedes dos. Pero ya hace un mes que llevan esta vida
disoluta. (COMIENZA A RECITAR. DISIMULANDO, CADA TANTO SE MIRA DE REOJO EN EL ESPEJO) Llegó el momento
de hacer una reflexión, un alto en el omino, una pausa para la meditación. Los abusos son siempre perniciosos
para el espíritu y para el cuerpo. Por lo tanto, hijos míos, ahora que aún estamos a tiempo, cambiemos de vida.
Demos un golpe de timón y tomemos la senda de la virtud y la templanza. Así, guiados por los sentimientos
nobles del alma, realizaremos el milagro cotidiano de la transformación del mundo y veremos... (NO RECUERDA).
y veremos… (RECORDANDO) ...florecer en nuestro derredor un jardín; producto de nuestras buenas acciones.
JUAN y MARTIN (Cantando): Amén.
JUAN. — Bien, papi. ¿De dónde lo sacaste? Parecías "'al cierre, de un mensaje a la conciencia"'. Muy bueno, ¿no es
cierto, Martín?
MARTIN. — Muy bueno. Muy bueno. Realmente extraordinario. (PEQUEÑA PAUSA. EL PADRE LOS MIRA, DESCONCERTADO.)
PADRE — También me aprendí otro.
JUAN. — ¿Otro más?
PADRE.— Pero este es un verso.
JUAN. — ¡Dale, papi! (A MARTÍN.) ¡En verso y todo!
MARTIN. ¡Que lo diga! ¡Que lo diga!
JUAN. — ¡Silencio! (Pausa.)
PADRE. —- (Carraspea): De nada sirve la vida / vivida en el frenesí / no van a ninguna parte / los que la viven así. ¡Ya está!
MARTIN. — Muy bueno, muy bueno. (SE VA HACIA LA ESCALERA.)
JUAN. — (APLAUDIENDO) : ¡Bárbaro! ¡Te pasaste, papi!
MARTIN — (SUBIENDO LA ESCALERA): ¡Increíble! La reencarnación de Shakespeare! (Sale.)
JUAN. — (YÉNDOSE DETRÁS DE MARTÍN.) ¡Muy bien! ¿Viste que nunca es tarde para aprender? ¡Qué bien lo recitaste,
papi! ¿No es cierto, Martín? (Sale.)
MARTIN. — (De adentro): Buenísimo, buenísimo, me llegó hasta el corazón. (EL PADRE QUEDA SOLO. ESTÁ
DESCONCERTADO. VA HASTA LA ESCALERA.)
PADRE. — ¡Nene!... ¡Mañana te recito otro!
JUAN. — (DE ADENTRO): ¡Bueno, no te vayas a olvidar!
PADRE. — ¡Ya lo estoy estudiando!... (NO HAY RESPUESTA. SE SIENTE REALMENTE SOLO. SIN EMBARGO, TRATA DE
SOBREPONERSE. VA AL ESPEJO Y RECITA): "De nada sirve la vida / vivida en el frenesí / no van a ninguna parte /
los que la viven así"... (MIRA EN DERREDOR Y VE QUE TODO SIGUE DESORDENADO COMPRENDE QUE MARTÍN Y JUAN
LO ENGATUSARON. VA HASTA LA ESCALERA.) ¡Martín!
MARTIN.— (De adentro): ¡Ya bajo!
PADRE. — Venga un momentito que quiero hablar con usted. (Pausa.)
ESCENA SEGUNDA
MARTIN. — (SECÁNDOSE LA CARA): Dígame.
PADRE. — Martín, con el asunto de la poesía se me olvidó algo muy importante ¿Dónde está el nene?
MARTIN. — Se está lavando. Muy bueno el verso,
PADRE. — Hablemos como amigos, sin rodeos, sin ocultarnos nada... ¡A calzón quitado; Como suele decirse...
(PAUSA, MARTÍN SE ARREGLA LOS PANTALONES.) ¿A dónde se fueron anoche?...
MARTÍN. —... Por ahí, qué sé yo...
PADRE.— Sea sincero conmigo. ¿A dónde me lo lleva; Martín?
MARTIN.—Ya le dije... A veces vamos al cine... Otras veces a caminar... En fin... Un poco de todo.
PADRE. — Usted me está ocultando algo. ¿Por que no me dice la verdad? Entre amigos no hay que ocultarse
nada. ¿No le parece? (Pausa.)
MARTIN — Bueno (Pausa) Estoy de acuerdo hablemos a calzón quitado… ¿Usted dónde va de noche?
PADRE— ¿Quién, yo? A ningún lado… ¿A trabajar, no?
MARTIN — ¿Con los taxis?
PADRE — ¡Claro! (PAUSA. EL RELOJ ACELERA)
MARTIN.— ¡Vamos, papi! (HAY UNA PAUSA. YA PARA LA PIEZA.)
PADRE — Martín… (MARTIN SE DETIENE) ¿El nene también sabe?
MARTIN. — No sé...
PADRE.— Ya no, quiere que lo bañe... (PAUSA. LOS DOS SE MIRAN.)
MARTIN.- ¿Y?...
PADRE. — No se haga el que no sabe. Mi nene está, cambiando. ¿Quien tiene la culpa, eh?
MARTIN. — No sé.
PADRE.— Sí que sabe. Por favor, Martín, No quiero que discutamos. Lo que pasa es que estoy preocupado. Sí, muy
preocupado. No lo tome a mal, pero yo no quiero que el nene siga leyendo esos libros. (PAUSA.) ¡Le hacen
mal! ¿Le parece normal dormir toda la noche bajo un montón de libros? Mi nene antes no era ASÍ. Mi nene fue
siempre puro.
MARTIN. — ¡El nene, el nene, el nene! No se da cuenta que el nene ya tiene un par de...
PADRE. — No se atreva a hablarme así. Yo sé todo lo referente al nene.
MARTIN. — Usted no sabe una mierda. (MARTÍN ESTÁ A PUNTO DE ESTALLAR. LA IRA HACE SALTAR CHISPAS DE SUS OJOS.)
PADRE. —Martín, me está faltando el respeto.
MARTIN. — Hablo como se me antoja.
PADRE. — Yo he aprendido a quererlo en todo este tiempo. ¿Así paga mi cariño?
MARTIN. — ¡Me limpio el culo con su cariño!
PADRE. — Usted es injusto.
MARTIN. — ¿No me diga? “Recítate un versito sobre la justicia, papi”.
PADRE. —Yo lo, quiero al nene, ¿sabe? Y usted: no me lo va a sacar. ¡Es mío! Yo lo crié. El nene no está bien de la
cabeza. No quiero que se enferme.
MARTIN. — El único enfermo de la cabeza es usted.
PADRE. — ¡Yo soy una persona normal! (PAUSA. MARTÍN, LO MIRA CON SARCASMO Y LUEGO SALE DE LA HABITACIÓN)
¿Adónde va, Martín? ¿Adonde va? ¡Le estoy hablando!... (SE QUEDA PARADO, INMÓVIL Y JADEANDO. JUAN BAJA
LAS ESCALERAS LEYENDO UN LIBRO.)
ESCENA TERCERA
ESCENA CUARTA
MARTIN. — (ENTRANDO): Ya se fue… Déjalo, no lo toques... ¡No ¡No toques! ¿No ves que se tiene que la secar la
goma?... ¡Ven!... ¡Ven te digo! (JUAN ENTRA DE ESPALDAS MIRANDO EL LIBRO QUE QUEDÓ EN LA HABITACIÓN.
MARTÍN A SU ESPALDA GRITA...) ¡Aquí estoy!
JUAN. — (GIRA RÁPIDAMENTE Y QUEDAN FRENTE A FRENTE CON LOS BRAZOS SEPARADOS DEL CUERPO.)
¡Ya me tienes podrido! (MARTÍN SE ALEJA CAMINANDO LENTAMENTE HACIA ATRÁS LA VISTA FIJA EN JUAN.)
¡No muevas esa mano, Sheriff!
MARTÍN.— Entrégate, D’jango. No me obligues a matarte.
JUAN. —Jamás me entregaré. No tienes autoridad en Nuevo México, Sheriff.
MARTIN. — Entonces, prepárate a morir.
JUAN.—Tú lo quisiste: Sheriff…¡Saca! ¡Estoy esperando!... (AMBOS SE MIRAN FIJAMENTE, LUEGO HACEN ADEMÁN. DE
SECAR ARMAS Y DISPARAN. JUAN TRASTABILLA COMO HERIDO DE MUERTE Y CAE POR EL RESPALDO DEL SOFÁ
QUEDANDO SUS PIES ARRIBA DEL RESPALDO Y LA CABEZA EN EL PISO DE CARA AL PÚBLICO. PERMANECE EN ESTA
POSICIÓN. MARTÍN SE APOYA EN EL RESPALDO DEL SOFÁ Y MIRA.) ¡Qué mala fue esa película!
MARTÍN. — Yo no la elegí.
JUAN. — Yo tampoco. La que quiso entrar fue la Polaca.
MARTIN. —Échale la culpa a la Polaca,
JUAN. — Te juro que yo no quería ir.
MARTIN. — Vamos, Juan. Que la Polaca lo que menos quería era ir al cine, y tu lo sabes muy bien. (Pausa)
JUAN. — Bueno... ella también quiso... al final…
MARTIN. — (Pausa): ¿tú tienes miedo a la Polaca?
JUAN—…. No…
MARTIN. — ¿La acompañaste hasta la casa...después del cine?
JUAN. — Sí...
MARTIN. — ¿Te invitó a pasar?... (PAUSA. JUAN NO SE ANIMA A HABLAR. SE INCORPORA.)
JUAN. — i El libro!... ¡El libro!... Vamos a, ver como quedó. (SALE CORRIENDO. DE ADENTRO.) Quedó fenomenal,
Martín. (VUELVE CON EL LIBRO.) Casi no se nota que estaba roto... (MARTÍN LO MIRA.) Quedó... muy bien...
(ENTRA CON EL LIBRO Y MARTÍN SE LO QUITA.)
MARTIN. — Siéntate... (Pausa.)
JUAN. — (COMPRENDE QUE NO TIENE ESCAPATORIA): Bueno... ¡Sí!... Subimos... Lo que pasa es que... quiero,
¿viste...? Me leí todo en el libro..., pero. . .la Polaca es, muy buena... Me habla mucho y me pregunta... me
desviste y me besa... Es blanca... La piel es toda blanca... Me dice que no me ponga nervioso, pero la rodilla...
Tiembla, ¿viste?... En el libro no dice nada de La rodilla... así que yo trato de estar como si nada. Anoche
cuando me quedé tranquilo, me dijo que... y yo le inflé los cachetes... y ella también los infló... Y cuando la vi
toda blanca con los cachetes inflados por primera vez... ¡Era! hermosa!... Y ella me comenzó a... y yo también
comencé y... y entonces de golpe... ¡No sé qué me pasa! ¡No sé qué me pasa. Martín!
MARTIN. — Está bien, cálmate.
JUAN. — El libro lo leí todo, Martín.
MARTIN. — Ya sé, Juan. No te preocupes.
JUAN. — (TOMA EL LIBRO): Habría que escribirles a los del libro.
MARTIN. — Está bien... ¿Qué quieres escribirles?
JUAN. — Lo de la rodilla... Para que no tiemble. (LLORA Y MARTÍN LO COJE ENTRE SUS BRAZOS)
MARTÍN. — (CAMBIA, SU ROSTRO. HAY EN ÉL UNA GRAN TERNURA Y UNA GRAN INDIGNACIÓN CONTRA EL MUNDO.
POCO A POCO SE IRÁ EXALTANDO. EL RELOJ SE OYE MUY FUERTE.) Escúchame, Juan. (LE SACA EL LIBRO Y LO
TIRA.) Los libros son sólo un intento de descripción del hombre. La vida, Juan, la vida juega, corre, grita, suda,
respira y revienta afuera de los libros. La vida no es una novela ni un tratado de psicología. (COMIENZA A
EXALTARSE. PARECE UN VOLCÁN A PUNTO DE ESTALLAR. TODA SU RABIA Y ANGUSTIA ACUMULADA COMIENZA
A MOSTRARSE EN EL DOLOR DE SUS PALABRAS.) La, vida es piel, frotar barrigas, reír, llorar, buscarse y no
encontrarse... ¡jugar! Jugar, desgarrarse hasta lo último y perder, porque siempre se pierde en este juego de
vivir. La libertad no existe, sólo existe el jugar a libe rarse. ¡Pero hay que aceptar el juego, Juan! O pegarse un
tiro e irse al diablo. (MIRA EL RELOJ Y GRITANDO SE PONE DE PIE, SACUDE EL RELOJ Y DESCARGA PUÑETAZOS
EN LA MESA. ARROJA LOS LIBROS QUE ENCUENTRA A SU PASO. NO HAY HISTERIA EN ÉL. SÓLO RABIA Y
VIOLENCIA CONTENIDAS CONTRA UN MUNDO CASTRADOR.) ¡Tenemos el derecho de jugar como nos dé la gana!
¡Hay que rebelarse contra todo lo que impida ese derecho! ¡Estamos en el s iglo XXI! ¡La era Digital! Eso sólo
quiere decir que pesan sobre nosotros una enorme cifra de años de frustraciones, una gran cantidad de tiempo
mutilado que pesa sobre nuestros penes. Se acabó él: verbo deber. Si en la vida todo es solamente juego
¡vamos a jugar como nos dé la gana! ¡Yo debo, tú debes, él debe! ¡Yo no debo nada! ¡Y tú tampoco! Y a quien
te diga que debes, ¡reviéntalo! ¡Písalo! ¡Destrúyelo! I Esa es la revolución, Juan. La revolución no termina
nunca. (SE DETIENE JADEANTE. SU MIRADA TIENE LA FIEBRE DE LA LOCURA.) Tu revolución está ya en
marcha... Te está esperando, Juan. Tu revolución comienza en la vagina de la Polaca. Rebélate contra el
mundo, sublévate contra una herencia de mutilación y a b o r to . . . y p e ne tra… siente la piel, entrégate al
juego, vibra, Juan, vibra. (LAS MANOS DE MARTÍN TIEMBLAN. SU LOCURA TIENE LA GRANDEZA DE LO POÉTICO.
VUELVE A ABRAZAR A JUAN PARA DARLE SU CALOR Y SU FUERZA. SU MIRADA SE DULCIFICA Y LE BROTAN LAS
LÁGRIMAS.) Revuélcate abrázalo hasta sentir la plenitud... y d e sg árrate ... inúndate de silencio y de ternura.
(PAUSA. SONRÍE. EL SILENCIO SE VUELVE MÁGICO.) La era Digital, el siglo XXI, el mundo, la historia... en ese
momento... desaparecen... Sólo tu y la Polaca, desnuditos, como Adán y Eva entre los yuyos del paraíso... tu...
la Polaca... y el silencio (JUAN SE QUEDA ATÓNITO. ENCANDILADO)
MARTIN. —¿ Adonde vas?
JUAN. — Tengo que hablar con la Polaca.
MARTIN. — siéntate.
JUAN.— Tengo que hablarle.
MARTIN. — Siéntate. A esta hora no la vas a encontrar. ¡Siéntate te digo!
JUAN. — (Se sienta): ¡A mí no me des órdenes!, Me siento porque quiero. Yo no debo nada.
MARTIN. — Aprendes rápido, ¿en? Esta noche vamos a salir otra vez. No empieces con que tienes ganas de ir al cine.
Yo tengo que ir a una reunión, así que iremos a tomar algo y nos separamos. A las cuatro de la mañana nos
encontramos en el lugar de siempre y volvemos juntos. ¿Está bien?
JUAN — (ASIENTE) ¿Qué reunión es esa?
MARTIN — Los amigos de la facultad.
JUAN — ¿Los revolucionarios? (PEQUEÑA PAUSA) ¿tú no conspiras con ellos?
MARTIN — Conspirar. Esa es la conspiración del café con empanadas. (SE TOCA INCONCIENTEMENTE LA BARBA)…
Bueno, me voy a estudiar…
JUAN — Yo voy a investigar. (VA HACIA LA MESA)
MARTIN — ¿Cómo anda eso?
JUAN— (BUSCANDO LOS DIARIOS): estoy con el asunto de la mujer que asalta taxis… ¿Sabes una cosa?... No, no
te digo nada. Es imposible. Pero es como para sospechar. ¿eh?
MARTIN — ¿Sospechar qué?
JUAN — Nada, nada, No me hagas caso… (MARTÍN MIRA EL RELOJ CON LIGERA DESESPERACIÓN Y SALE. JUAN NO
ENCUENTRA SUS DIARIOS ) ¡No están… Martín!
MARTIN— (ENTRA) : ¿Qué pasa?
JUAN— No encuentro mis diarios
MARTIN — No encuentro mis diarios, ¿Te fijaste bien?
JUAN — Estoy seguro que estaban… aquí…
(SE INTERRUMPE Y MIRA FIJAMENTE A MARTIN, LUEGO LA PUERTA POR DONDE SALIÓ EL PADRE Y NUEVAMENTE A
MARTÍN. JUAN SE ENCUENTRA DELANTE DE LA VERDAD… A MODO DE EDIPO CIERRA SUS OJOS Y SE SIENTA
LENTAMENTE EN LA SILLA Y ADOPTA LA POSICIÓN FETAL EL ESPEJO SE RAJA.)
MARTIN. — (Se acerca): Cálmate, Juan. Abre los ojos. Abre los ojos.
ESCENA QUINTA
ENTRA EL PADRE CON UN MONTÓN DE PAQUETES.
PADRE.:— ¡Ay, qué cansado!; Cuánta gente jodida por todas partes! No hay nada que hacerle. Las compras hay que hacerlas bien
temprano. La gente se come todo... ¿Qué pasa?... Nene, ¿qué te pasa? ¿Qué haces con los ojos cerrados?"¿A qué
están jugando? ¿A la gallinita ciega?.... Nene, no te hagas el payaso... Abre los ojos. Mírame. ¡Nene! ¡Te ordeno que
abras los ojos! Ya estoy cansado de anormalidades. (JUAN ABRE LOS OJOS Y MIRA POR PRIMERA VEZ LA REAL IMAGEN
DE SU PADRE. SUENA LA CAMPANA EN EL RELOJ. MARTÍN SE TOCA INCONSCIENTEMENTE LA BARBA Y MI RA EL
RELOJ. ESTE SE ACELERA MUCHÍSIMO PERO DÉBILMENTE.) (Pausa.) Nene... ¿por qué me miras así? (SE MIRAN
FIJAMENTE. APAGÓN.)
CUADRO SEGUNDO
ESCENA PRIMERA
JUAN Y MARTÍN VUELVEN BORRACHOS. SON LAS CINCO DE LA MAÑANA. TRAEN UNA BOTELLA EN LA MANO.
MARTIN. —Vamos… venga pichicho... venga... Venga, que ya estamos en casa. (JUAN ENTRA EN CUATRO PATAS Y
LADRANDO. ESTÁ MUCHÍSIMO MÁS BORRACHO QUE MARTÍN.)
ESCENA SEGUNDA
UNA INTENSA LUZ VERDE INUNDA ÉL ESCENARIO. JUAN ESTA" PARADO CON EL TORSO DESNUDO EN EL PROSCENIO. UNA
MÚSICA ELECTRÓNICA 'MEZCLADA DE TORMENTA Y DE TIC-TAC DE RELOJES VA CRECIENDO. ES EL SUEÑO DE JUAN. DOS
SOGAS COMO PÉNDULOS BAJARÁN DEL TECHO.
JUAN. — ¡Martín!... ¿Dónde estás, Martín?... ¡Papi!... ¡Papi!... ¡Martín!... ¿No hay nadie?...
PADRE. — (APARECE EN UNA DE LAS S OGAS HAMACÁNDOSE. TIENE PUESTA UNA PELUCA): Aquí estoy, nene. . .
JUAN. — ¿Qué haces ahí colgado?
PADRE. — Marco el tiempo, querido. Marco el tiempo. Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac. . .
JUAN. — Me rompiste el libro.
PADRE. — Tienes que Investigar, tic-tac, tic-tac.
JUAN. — ¡Mentira! ¿Qué hora es?
PADRE.- El Siglo XXI, querido… La era Digital… Tic, Tac, Tic Tac.
MARTIN.— (APARECE HAMACÁNDOSE EN LA OTRA SOGA) No te vayas a enamorar, Juan. Hay que acelerar el tiempo.
La Revolución Juan. Tic Tac, Tic Tac...
JUAN. — Era toda blanca, con los cachetes inflados…
PADRE. — No le hagas caso a Martín, Mira qué bien marca el tiempo tu papi... Tic Tac...Tic Tac...Tic Tac...Tic... Tac.
MARTIN. — ¡Llegaste a la vida envuelto en sangre! Marca la revolución, Juan. . . Tic Tac, Tic Tac. . .
PADRE. — No le hagas caso a Martín. El se va a ir algún día y no va a volver.
MARTIN. — Voy a volver cuando termine de marcar el tiempo.
JUAN. — Yo también quiero jugar...
PADEE. — Sube conmigo, querido. . .
MARTIN. — Ven, Juan. Marca el tiempo conmigo.
PA DRE. — El nene es mío. Yo lo crié.
MARTIN — Usted no sabe marcar el tiempo.
JUAN — ¡Yo quiero jugar!
PADRE — Yo estoy en el 2014 Tic Tac, Tic Tac.
MARTIN. — Juan en el 2014 fornico con la Polaca. Tic Tac, Tic Tac. ..
JUAN — ¡Voy a ser padre!...
PADRE. — ¿Fornicaste, nene? ¡Fornicaste! (LLORANDO) Tic Tac, Tic Tac. . . Tic Tac, Tic Tac. . .
JUAN. — Era toda blanca, papi. . .
PADRE. —La culpa la tiene el espejo. . . tic tac, tic tac. . .
JUAN. — Tú no entiendes. Ya te cambié veinte veces el espejo
PADRE. —Los libros tienen la culpa... Tic Tac, Tic Tac,
JUAN. — ¡Voy a ser padre!
MARTIN. — Las píldoras, tic tac. . . Las píldoras. Tic Tac,
PADRE. —Yo estoy en el 2014 Tic Tac. . .
MARTIN. —Hay que acelerar el tiempo Juan. Tic Tac. . . Tic Tac.
JUAN. —¡Yo quiero ser padre!... ¡Déjenme jugar! (MARTÍN, Y EL PADRE REPITEN AL MISMO TIEMPO)
MARTIN. — Las píldoras tic tac. ..
PADRE. — La era Digital Tic Tac, Tic Tac…. Tic Tac, Tic Tac
(LA MÚSICA CRECE; MARTÍN Y EL PADRE REPITEN EN OFF Y SALEN DE ESCENA. JUAN QUEDA SOLO ESCUCHANDO
LAS VOCES. TRATA DE TAPARSE LOS OÍDOS. APAGÓN Y EN LA OSCURIDAD, JUAN GRITA)
ESCENA TERCERA
HAY UNA BREVE PAUSA. APARECE MARTÍN ENCENDIENDO LA LUZ. JUAN ESTÁ SENTADO EN LA CAMA, JADEAN DO .
MARTIN. — ¿Qué te pasa, Juan?
JUAN. — Quiero ser padre, Martín. Quiero ser padre. . .
MARTIN. — Cálmate. .. Estás soñando. . .
JUAN.— Quiero ser padre…
MARTIN. — ¡Despiértate, Juan!. . . Vuelve a la realidad. . .
PADRE. — (BAJANDO LAS ESCALERAS). ¿Qué pasa?
MARTIN. — (CACHETEANDO A JUAN): Ya pasó... Fue sólo una pesadilla.
PADRE. — ¡Nene! Nene querido. ¿Qué te pasa ?... (LO ABRAZA.)
JUAN. — Quiero ser padre. . .
PADRE— Si, querido... ¿cómo no?... Ya pasó... Ya pasó. La culpa es suya, Martín. ¿Se da cuenta de lo que hizo?
JUAN. — ¡Déjame!
PADRE. — ¡Nene! ¡Yo soy tu papi! Soy yo querido.
JUAN. — ¡Déjame!.. ¡ Quiero un hijo! ¿No entienden? ¡Quiero un bebé! (HAY UN PROFUNDO CAMBIO EN JUAN.)
PADRE. — ¡Nene!. . . ¡Estás loco!.. (A MARTÍN.) ¡Usted y sus libros de mierda!. . .
MARTIN. — No diga estupideces.
PADRE. — ¡Váyase! ¡Váyase de esta casa! Agarre sus libros y váyase.
JUAN. — ¡Cállate!
PADRE.— Nene, no te permito que me levantes la voz,
JUAN. — ¿Qué es lo que tú no me permites? Tic Tac, Tic Tac, Tic Tac...
PADRE. — Nene, ¡estás loco!
JUAN, — ¡No me llames más nene!
PADRE. — (A MARTÍN): Esos son los libros que usted le da ¿Qué está esperando? ¡Ya le dije que se vaya! ¡Agarre
esos libros inmundos y mándese a mudar!
JUAN. — Martín no se va.
PADRE. — ¡Tu cállate!
JUAN. — ¡Martín se queda! (JUAN DESPIERTA EN EL GRITO. MIRA ABSORTO EN DERREDOR. PAUSA.)
PADRE. — ¿Ah, sí?... Muy bien-. . . Entonces el que se va soy yo. (LOS MIRA. NINGUNO DE LOS DOS SE INMUTA.) ¡Me voy!
(PAUSA.) Nene, estoy hablando en serio... ¿No dices nada? ¿No te importa? (JUAN VACILA Y BAJA LOS OJOS.)
¡Está bien! (SALE.)
JUAN. — (HAY UNA PAUSA.) Se va ir. ..
MARTIN. — No aflojes.
MARTIN. — Se va...
MARTÍN — ¿De qué hablamos anoche? ¿Ahora te tiras para atrás? ¡Juan!...
JUAN— ¿Qué?
MARTIN — ¿Me oyes?... Llegó el momento más importante. No puedes aflojar... ¡Abre los ojos! Tu viejo te reventó la
vida. Te vendó los ojos para engañarte. Ayer descubriste la verdad. Tu viejo es un ladrón y un asesino. Te cagó
la vida, Juan. Piensa que hasta ayer no eras ni siquiera un hombre. No puedes aflojar ahora. No puedes
perdonar. (JUAN VA AL ESPEJO Y OBSERVA SU IMAGEN. EL PADRE BAJA LAS ESCALERAS CON UNA VALIJA. PIENSA.
TIENE PUESTA LA PELUCA Y UNOS SENOS ENORMES. EVIDENTEMENTE QUIERE EXPLOTAR LA IMAGEN DE LA MADRE .)
PADRE —.Bueno... (MELODRAMÁTICO.) Ha llegado el supremo momento. Yo que te crié desde niño y me rompí el
espinazo al pie del piletón, recojo ahora el amargo fruto de tu ingratitud. ¡Adiós, hijo, mío! (SE VA CAMINANDO
LENTAMENTE. AL LLEGAR A LA PUERTA SE DETIENE. ES EVIDENTE QUE NO PIENSA IRSE. LA VALIJA ESTÁ VACÍA
Y SEGÚN SUS CÁLCULOS JUAN SE TENDRÍA QUE ARROJAR EN SUS BRAZOS. PERO JUAN SE APARTA DE ÉL.)
¡Nene¡ Me voy. Mira que no me vas a ver nunca más. (Pausa.) ¡Ay, yo me desmayo! Me desmayo. . . No me
siento bien, nene siento bien. (YA BUSCANDO LA SILLA PARA HACER SU DESMANO ESPECTACULAR. MARTÍN
ADIVINA LA INTENCIÓN Y LE PATEA LA SILLA.) Me desmayo... ¡No me desmayo nada! (JUAN VA A LA CÓMODA
Y SACA EL REVÓLVER. PAUSA. SE LO MUESTRA A SU PADRE. ESTE RETROCEDE. JUAN DEJA EL REVÓLVER.) (A
ESCENA CUARTA
La figura de Martín es gloriosa, está satisfecho. El cambio ha sido logrado. Se ha hecho justicia y su imagen de
revolucionario ha sido satisfecha. Juan vuelve lentamente y se sienta. Martín Lo abraza, lo levanta en el aire, da
vueltas con él.
MARTIN. —Bueno. Se acabó. . . (Ríe.) Muy bien, Juan.
JUAN. — Pude, ¿viste?
MARTIN. — Te voy a hacer un regalo.
JUAN. — Un bebé...
MARTIN. — (COMPRENSIVO) ¿Empezamos de nuevo con la paternidad? (ENFÁTICO) Juan, te regalo todos mis libros.
JUAN. — Gracias, Martín.
MARTIN. — Te los mereces. Lo lograste. ¿Te das cuenta qué significa?
JUAN. -— Sí, Martín. (JUAN SE DESPLOMA. MARTÍN LO COMPRENDE Y PROCURA DARLE ÁNIMOS.)
MARTIN. — ¡Ahora eres libre! ¡Puedes jugarte la vida como quieras! Puedes enfrentar al mundo, ¿te das cuenta?
Puedes mirarte al espejo. (SE TOCA LA BARBA, CON SATISFACCIÓN. ESTÁ ENLOQUECIDO POR AL TRIUNFO, PERO
CONOCE LO DIFÍCIL QUE ES MANTENERSE. CON TREMENDO DOLOR Y PROFUNDA HUMANIDAD COMIENZA A DECIR SUS
VERDADES.) No tengas miedo. Esto es muy importante. ¡No tengas miedo! Te van a hacer pedazos si tienes
miedo. . . La gente está a la espera del temeroso para descargar en él su frustración irremediable, La era
Digital. La realización de los sueños del hombre!... ¡Míralos, Juan! Renuncian a reconocerse aquí en la tierra y
fabrican la ilusión de encontrar la verdadera dimensión de sí mismos en el espacio... una dimensión más
satisfactoria, un espejo más indulgente, una imagen más aceptable. ¡Imágenes, imágenes e imágenes. Espejos
que le digan que son lindos, que el hombre es el conquistador del espacio. Imágenes que le nublen su miseria.
Míralos, cómo cacarean detrás de la pantalla de una computadora como maricas reventados! ¡La inteligencia
científica prostituida por la imbecilidad humana! No se dan cuenta que viajarán a través del universo llevando
su castración a cuestas. No dejes que te pisen, Ahora tienes muchas cartas para perder, porque siempre
perdernos en este juego de vivir, en esta búsqueda de lo imposible. Juégatelas todas, Juan. No te guardes
ninguna. Juega como más te guste. No hay otra cosa en la vida.
JUAN. — Sí, Martín.
PADRE. — (DESDE AFUERA): ¡Nene! ¡Estoy aquí afuera, querido!... Si me necesitas llámame...
MARTIN. — No le habrás nunca Juan. Si le abres estás perdido. (MARTÍN SALE HACIA SU HABITACION.)
PADRE. — (DESDE AFUERA): ¿Me oyes nene?
JUAN. — (PROCURA ANIMARSE. MARTÍN VUELVE CON SU CAMPERA EN LA MANO. GRITA.) ¡Yujuuuuu!. . Hicimos la
revolución!. . . Yujuuu!.. . (NATURAL.) ¿Y ahora qué hacemos? (EL RELOJ SE PONE EN MARCHA.)
MARTIN.— (CON TERNURA): ¿Cómo qué hacemos? Has lo que quieras. Eres libre, ¿no? Animo, Juan. (PAUSA. CON
TODA HONESTIDAD SE DISPONE A DECIRLE, LA DOLOROSA PERO INEVITABLE VERDAD.) Bueno, me voy.
JUAN. — (Pausa.) ¿Adonde vas?
MAKTIN. — ¿Qué se yo?. . . Voy a remontar vuelo y perderme entre las nubes. Adiós, Juan. (PAUSA.) ¿Qué te pasa?
(MARTÍN SABE PERFECTAMENTE LO QUE LE SUCEDE A JUAN Y SE DISPONE A DIALOGAR CON ÉL
PARA QUE COMPRENDA QUE TIENE QUE COMENZAR DE NUEVO.)
JUAN. — ¿Té vas?
MARTIN. — (SEÑALANDO EL RELOJ): Tengo que irme... Ya no me necesitas. "Hiciste tu revolución. Ahora eres libre.
(PAUSA. OTRA DOLOROSA, VERDAD.) Tengo que pasar a buscar a la Polaca.
JUAN. — ¿La Polaca?
MASTÍN. — Siempre vamos juntos a todas partes. Somos inseparables. (PAUSA.)
JUAN.— Yo quería ser padre. . .
MARTIN— Juan tienes el mundo en las manos! ¡Eres libre! (JUAN SE COLOCA DELANTE DE LA PUERTA.) ¿Qué haces?
JUAN. — Tú no te vas.
MARTIN. — (COMPRENSIVO): Tienes que comprender, Juan
JUAN. — ¿Comprender qué? ¿Que yo quiero, ser padre en la época de los anticonceptivos? tú no te vas. (HAY UNA
PAUSA.) ¿Quién me va a inflar los cachetes, eh? (MARTIN SE TOCA INCONSCIENTEMENTE LA BARBA.)
MARTIN. — (CON DULZURA): Juan, el amor es un proceso. Tienes que superar ese infantilismo de los cachetes.
(PAUSA.)
JUAN. — ¿Qué es el amor?... (PAUSA.)
MARTIN. — (SE TOCA INCONSCIENTE LA BARBA.) Qué sé yo... Es un proceso... Como la revolución. (POR PRIMERA
VEZ MARTIN SE DA CUENTA QUE SUS PALABRAS SON FALSAS. Y COMIENZA A DESESPERARSE BUSCANDO
OCULTAR LA FALLA.)
JUAN. — ¿Proceso?... Frustración... Liberación...Castración...Revolución. (PAUSA.) ¿Qué me hiciste, Martín? (PAUSA.)
MARTIN. — (EXPLICANDO Y EXCUSÁNDOSE. TRATA DE ENTENDER QUÉ ES LO QUE REALMENTE LE PASA A JUAN ):
Solo, quise que te sacaras a tu papá de encima.
JUAN. —- Yo era feliz con mi papá.
MARTIN. — Tu papi es un delincuente! ¡Tú mismo lo descubriste! ¿Quieres que te lo llame? ¿Quieres volver con él?
JUAN. — ¡No!
MARTIN. — ¿Entonces qué quieres de mí?
JUAN. — (PAUSA.) Quiero que me des otro papá. (PAUSA.) Uno que no sea marica ni delincuente. (MARTIN COMIENZA
A COMPRENDER QUE JUAN NECESITA AMOR-PARA SEGUIR VIVIENDO. MIRA EL RELOJ DESESPERADO. NO
PUEDE IRSE SIN SABER POR QUÉ NO SUPO VER Y COMPRENDER LA FALTA DE AMOR DE JUAN, SUS
CACHETES. ... JUAN CORRE Y TOMA EL REVÓLVER.) ¡Tus me vas a hacer de papá porque si no te mato!
(MARTÍN LO MIRA FIJAMENTE. NO TIENE MIEDO A MORIR. SOLO LE INTERESA EL BIEN DE JUAN Y QUIERE
DESCUBRIR LA VERDAD DE LO QUE SUCEDE.)
MARTIN. — Cálmate, Juan...
JUAN— Ponte la peluca, Martín.
MARTÍN. — Escúchame, Juan.
JUAN. — ¡Ponte la peluca! (MARTÍN VACILA. LUEGO SE PONE LENTAMENTE LA PELUCA.-LA FIGURA ES GROTESCA, PERO HAY
UNA GRAN DIGNIDAD EN MARTÍN QUE SUPERA LA IMAGEN PAUSA.) Ven, Martín... ínflame los cachetes. (PAUSA.
FINALMENTE MARTÍN LO HACE. JUAN SE LOS REVIENTA CADA VEZ CON MÁS RABIA.) ¡Inflame los cachetes!. . .
¡Inflame los cachetes! (SE DETIENE JADEANTE.)… Está bien... anda nomás... (MARTÍN SIGUE SIN
COMPRENDER)
MARTÍN. — No tengo, un padre nuevo para darte... Tienes que empezar solo…
JUAN— Está bien... anda nomás.
MARTIN. — La culpa no es mía.
JUAN. —Ya sé. . . estamos en el siglo XXI
MARTIN. — Algún día voy a volver.
JUAN. — Ya sé... cuando se terminen de marcar los tiempos. . .
MARTIN. — (CON DOLOR): Adiós, Juan.
JUAN. — Martín… sácate la peluca. O van a pensar que eres marica.
(MARTÍN VA A SACARSE LA PELUCA Y DESCUBRE SU IMAGEN EN EL ESPEJO. SE ACERCA. SE QUITA LA PELUCA Y DE
PRONTO SUS OJOS SE ABREN DESMESURADAMENTE Y SU MANO TOCA LA BARBA. C OMIENZA A COMPRENDER. MIRA LA
PELUCA. MIRA SU IMAGEN QUE POR PRIMERA VEZ NO LE SATISFACE. COMPRENDE QUE QUEDÓ PRESO DEL MISMO
PROBLEMA QUE DENUNCIABA Y QUE HA HECHO LA REVOLUCIÓN TAMBIÉN PARA SATISFACER UNA IMAGEN DE SÍ MISMO.
COMPRENDE QUE ESTA IMAGEN LE NUBLÓ LA VISIÓN DE LA TOTALIDAD DE JUAN Y ENTONCES CON DESESPERACIÓN SE
ARRANCA LA BARBA. SE DESPOJA DE LA IMAGEN ALIENANTE. MARTÍN SÓLO VIO LA NECESIDAD DE CAMBIO Y NO VIO "EL
BEBE" QUE SIMBOLIZA "LA CREACIÓN VITAL", DEL HEROÍSMO LIBERADO, NI "LOS CACHETES", EXPRESIÓN VITAL
INDIVIDUAL DEL AMOR. PERO MARTÍN NO VIO ESO, NO PORQUE NO LO QUERÍA VER, SINO PORQUE LA, NECESIDAD DE
SATISFACER UNA IMAGEN ALIENADA DE REVOLUCIONARIO LE NUBLÓ LA VISIÓN TOTAL. JUAN ESTÁ POSTRADO EN EL
SOFÁ. MARTÍN INTENTA ACERCARSE A ÉL E INFLARLE LOS CACHETES PERO EL RELOJ DA LA HORA CON UN CAMPANAZO.
YA ES TARDE. EL TIEMPO DE LA REVOLUCIÓN HA TERMINADO. MARTÍN SALE LENTAMENTE: JUAN SE INCORPORA Y CORRE
HACIA LA PUERTA GRITANDO): "Martín"... (EL PADRE DESDE AFUERA LO LLAMA) “Nene, estoy aquí afuera, si me necesitas
“llámame" (JUAN SE SIENTE SOLO, MIRA EN DERREDOR Y DESCUBRE LA BARBA Y LA PELUCA. NI PAPÁ NI MAMÁ. SÓLO
UNA BARBA Y UNA PELUCA, DOS ALIENACIONES FRENTE A ÉL PARA ELEGIR. ENTONCES VE EL REVÓLVER. LO TOMA Y LO
LEVANTA HASTA SUS OJOS PARA SUICIDARSE. ENTONCES DESCUBRE AL PÚBLICO Y LO MIRA FIJAMENTE Y SONRIE, DEJA
EL REVÓLVER Y VA HASTA LA PLATEA): "No hay alguien, tan siquiera una persona, que me infle los cachetes... (BAJA A
LA PLATEA Y BUSCA A ALGUIEN QUE LE INFLE LOS CACHETES. LUEGO VOLVERÁ AL ESCENARIO Y MIRANDO AL
ESPECTADOR QUE LO HAYA HECHO): "Alguien en el 2014 me infla los cachetes'''.
TELON