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⛮ Capítulo 1: Regla número uno para el estudiante de primer año: "Nunca

contradecir al líder de las novatadas"

⛮ Capítulo 2: Regla número dos para el estudiante de primer año:


"Responder todas las preguntas del líder de las novatadas"

⛮ Capítulo 3: Regla número tres para el estudiante de primer año: "Obedecer


las ordenes de sus veteranos"

⛮ Capítulo 4: Regla número cuatro para el estudiante de primer año: "Nunca


olvidar las advertencias de sus mayores"

⛮ Capítulo 5: Regla número cinco para el estudiante de primer año: "Deben


respetar la autoridad de los veteranos"

⛮ Capítulo 6: Regla número seis para el estudiante de primer año: "Escucha


cuidadosamente las explicaciones de los mayores"

⛮ Capítulo 7: Regla número siete para el estudiante de primer año: "No


importa la situación, los estudiantes mayores siempre te darán una
enseñanza"

⛮ Capítulo 8: Regla número ocho para el estudiante de primer año:


"Demuestra tu capacidad"

⛮ Capítulo 9: Regla número nueve para el estudiante de primer año: "Mantén


y cumple una promesa"

⛮ Capítulo 10: Regla número diez para el estudiante de primer año: "No
cuestiones las elecciones de tus superiores"

⛮ Capítulo 11: Regla número once para el estudiante de primer año: "No
interferir con lo asuntos de los veteranos"
⛮ Capítulo 12: Regla número doce para el estudiante de primer año: "Los
veteranos no pueden cuidar de si mismos"

⛮ Capítulo 13: Regla número trece para el estudiante de primer año:


"Demostrar a los mayores que se es un estudiante digno de la facultad"

⛮ Capítulo 14: Regla número catorce para el estudiante de primer año:


"Debes comprender el significado de la dignidad de un estudiante de
ingeniería"

⛮ Capítulo 15: Regla número quince para el estudiante de primer año:


"Debes ser el ganador de la prueba impuesta por los veteranos"

⛮ Capítulo 16: Regla número dieciséis para el estudiante de primer año:


"Demuéstrale la fuerza de tu espíritu a los veteranos"

⛮ Capítulo 17: Regla número dos para el estudiante de primer año: "La
actitud de un integrante de la novatada no es su verdadera naturaleza"

⛮ Capítulo 18:Regla número dos para el estudiante de primer año: "No debes
preocupar a los veteranos"

⛮ Capítulo 19: Regla número dos para el estudiante de primer año: "El
engranaje tiene un significado importante"

⛮ Capítulo 20:Regla número dos para el estudiante de primer año: "Se claro
con los veteranos"

⛮ Capítulo 21: Regla número dos para el estudiante de primer año: "Los
novatos tienen derecho a elegir"

⛮ Capítulo 22: Regla número dos para el estudiante de primer año: "No mirar
directamente a los ojo a tus veteranos"
⛮ Capítulo 23: Regla número dos para el estudiante de primer año: "Confiesa
tus verdaderos sentimientos al veterano"

⛮ Capítulo 24: Regla número dos para el estudiante de primer año: "Tomar
una decisión difícil conlleva tiempo"

⛮ Capítulo 25: Regla número dos para el estudiante de primer año:


"Mantente alejado del líder de las novatadas"

⛮ Capítulo 26: Regla número dos para el estudiante de primer año:


"Permítele al líder de las novatadas tomar una decisión"

⛮ Capítulo 27: Regla número dos para el estudiante de primer año: "El líder
de las novatadas permanecerá a tu lado"

⛮ Capítulo 28: Regla número dos para el estudiante de primer año: "El
corazón del veterano pertenece al novato"
Capítulo 1
Regla número uno para el estudiante de primer año: "Nunca contradecir al
líder de las novatadas"39

—¿Qué susurras? ¡Habla en alto!

Él anunció la orden al igual que un guardia castigando a los prisioneros. Sólo


que los prisioneros no estaban en realidad en una prisión, todos ellos se
encontraban sentados en la sala de reuniones de la facultad de ingeniería con
el rostro blanco. Los estudiantes mayores estaban alineados delante de los
nuevos alumnos, mirándolos con ojos fijos y furiosos, como si los novatos los
hubiesen ofendido en alguna vida pasada.

Arthit, un joven arrogante, con una mirada feroz, era el líder del equipo de
novatadas del departamento de ingeniería. Fue él quien castigó a los nuevos
estudiantes por su nula comprensión a su pedido y silenciosa respuesta.44

Pero hablando francamente, aunque los novatos hablaran tan alto como
actores en un escenario, eso no sería suficiente para los estudiantes de tercer
año.

¿Por qué no estaban satisfechos? Los estudiantes mayores tienen ese derecho,
ellos heredaron ese poder de las generaciones anteriores. Eso significaba que
todo lo que esos novatos estaban por experimentar, los veteranos ya habían
pasado por ello. Ese era sólo el comienzo, a partir de ese día en adelante su
trato para con los novatos seria cada vez peor.

Durante algunos segundos, los estudiantes de tercer año permanecieron en


silencio con caras severas hasta que Arthit, con voz calmada y, al mismo
tiempo, manteniendo esa actitud arrogante, habló con severidad y preguntó:
—Voy a preguntarles de nuevo, ¿Díganme cual es el número de alumnos del
primer año?

La sala de reuniones estaba envuelta en silencio. Y eso era exactamente lo que


Arthit pretendía. Era comprensible que los novatos no respondieran a su
pedido cuando apenas habían pasado dos días desde el inicio del semestre.

¿Cómo los alumnos del primer año podrían recordar los nombres y los números
de sus camaradas? Les sería imposible considerando que la universidad de
ingeniería poseía la mayoría de los estudiantes de la universidad, un poco más
de mil personas. Era más fácil resolver la ecuación integral que adivinar ese
número. La situación llevó a los alumnos del primer año a sentirse aún más
estresados e intimidados por sus mayores. ¿Quién dijo que para crear una
atmósfera extraña hay que usar palabras aterrorizantes?12

Arthit les había demostrado que no, no era necesario. Su poder podía ser
mostrado de maneras diferentes. Además de que una de las reglas de los
veteranos era tener conversaciones educadas, pero al ser pronunciadas en tal
tono, obligó a que los estudiantes de primer año a mantenerse cabizbajos,
asustados en completo silencio.

—¿No van a responder? Entonces, ¡Eso significa que ninguno de ustedes está
interesado en sus compañeros, a tal grado de que ni siquiera conocen sus
nombres!13

El líder de las novatadas comenzó a caminar lentamente a lo largo de las filas


de los recién llegados, demostrando su poder sobre ellos mientras paseaba sus
ojos severos sobre sus cabezas, como si los estuviera amenazando con
condenarlos sólo con su mirada.
Y su táctica funcionó. La mayoría de los jóvenes se sorprendió cuando miraban
hacia arriba furtivamente hasta toparse con sus ojos viles, logrando incluso que
algunas lloraran silenciosamente.

Arthit en realidad no era un villano o psicópata al que, observar las lágrimas de


los jóvenes le trajera especial placer. Pero estaba convencido que dar esa
impresión era parte fundamental de sus deberes como líder de las novatadas.
Aun así, cuando una chica bonita comenzó a llorar, él mismo sintió la necesidad
de abrazarla y reconfortarla de inmediato. Pero los estudiantes de tercer año
tuvieron que mantener un rostro terrible y severo a pesar de sus sentimientos.
Por lo que dejó que las lágrimas de los ojos de la estudiante de primer año se
derramaran por sus mejillas...no le gustaba ver a las mujeres llorar,
especialmente a una niña bonita.32

No fue necesario que ella derramara más lagrimas ante los estudiantes de
tercer año, porque un chico a su lado le ofreció un pañuelo de papel, un chico
bonito.38

— ¡Tú, levántate!

"Estoy justo aquí, haciéndoles preguntas, ¡Y él decidió atender a la chica en


lugar de responder a mi pregunta!" pensó Arthit.8

¡Ese novato estaba solicitando su número de teléfono justo allí! ¿Quiere que
muestre el tipo de hombre que es? ¡Se los mostrara!11

—¡Levántate en tu lugar! —Arthit le ordenó a la persona que le tendió el pañuelo


a la chica.

El llanto de la novata empeoró, estaba realmente asustada después de


escucharlo gritar, pero en cambio el chico al que le había ordenado levantarse
no mostró estar para nada asustado. Por el contrario, con un rostro tranquilo
se levantó en de su lugar en plena fila.6

Arthit era alto, media nada menos que 178 centímetros, pero aun así el novato
era cerca de 10 centímetros más alto que él. El chico era la descripción de un
niño bonito, cejas oscuras y características faciales expresivas. El novato
parecía estar lleno de valentía, después de analizarlo, Arthit se puso aún más
furioso.26

"Novato, ahora vas a enterarte de lo feroz que puedo ser" pensó Arthit.15

—¡Di tu nombre y número de alumno, en alto! —gritó.

—Mi nombre es Kongpob, número de estudiante 0062.32

—¿Cuántos alumnos están inscritos en el primer año?¡Responde!

—No lo sé.

—¿Por qué no lo sabes?

—Porque no los he contado.34

No sólo las cejas de los presentes se levantaron después de escuchar tal


declaración, él de inmediato quiso hacerlo tragarse sus palabras de un
puñetazo, acto que con certeza iban a llevarlo a tener problemas en el futuro.
Pero, por el momento, ahí entre los alumnos que estaban en el salón de
asambleas, rodeado por cientos de recién llegados, tuvo que preservar la
apariencia de la decencia.1

Arthit trató de controlarse y decir con voz firme lo siguiente:

—Deberías de saber esa información—vociferó—Además, en todas las


preguntas que haga es tu obligación es dar una respuesta ¿Entendido?3

—Entendido.
Arthit asintió y luego sacó una cadena con un colgante en forma de un
engranaje color marrón y, habiendo demostrado su autoridad frente a todos,
con el colgante en la mano le preguntó al alumno del primer año:

—¿Ves este colgante de engranaje?

—Sí, lo veo.

—¡Este engranaje es un símbolo de nuestra facultad, es el orgullo de cada


alumno de la universidad de ingeniería, de todos nosotros, no sólo de una
persona! ¡No lograran obtenerlo, si no me demuestran que son dignos de
recibirlo, así que si no van a luchar por él son libres de irse de una vez! ¡Pero si
lo hacen no serán miembros de esta facultad!4

La última frase que él pronunció lo hizo mirando a todos los novatos mientras
ellos quedaban congelados de miedo al instante. Sus destinos dependían de él.

—Si todos ustedes, alumnos del primer año se comportan como deben,
obedeciéndonos en todo y participando en las actividades de estudiantes,
entonces logran obtener este símbolo precioso de la Facultad de Ingeniería,
pero si nos contradicen o se atreven a desafiarnos, ¡automáticamente fallaran!

... Y no era una broma. Tales amenazas eran verdaderas, como los estudiantes
del primer año imaginaron, las palaras de Arthit dieron frutos: varios de ellos,
se pusieron pálidos, listos para perder la conciencia. Arthit se dio cuenta del
efecto de sus duras palabras e incluso sonrió victorioso en sus pensamientos.
Después continuó aterrorizando a su actual víctima:

—¡Ahora responde, Kongpob! Si no te doy ese engranaje, ¿qué es lo que harás?44

Arthit irradiaba excelencia, esperaba que el novato respondiera "No lo sé" de


nuevo, y entonces lo castigaría para que aprendiera su lección. Lo haría
someterse a él, dejándole claro quién era el que estaba al mando. Arthit bufó al
silencio del novato y se giró de vuelta a su lugar para anunciar el castigo frente
a todos los recién llegados, pero en cuanto estuvo de espaldas, la voz del
novato lo obligó a detenerse.4

—Voy a quitarte el tuyo—después de decir aquello todos los ojos se fijaron en


Kongpob.34

—¿Qué? ... ¿Qué acabas de decir? —gruñó, creyó no haber escuchado bien las
palaras del novato—¡Repítelo!

Arthit perforó con ojos al novato de primer año, pero este en cambio mantuvo
su expresión tranquila y dijo claramente:

—Si no me das el colgante, voy tomaré el tuyo y lo haré mío.

Un susurro de sorpresa fue escuchado en el pasillo, y los estudiantes de tercer


año quedaron sorprendidos. Fue un insulto, una bofetada directa. Athit perdió
la compostura y, olvidándose de la regla de la decencia, tomó al novato
insolente por el cuello de su camisa.

—¡Dilo de nuevo! ¿Dices que me arrebataras mi colgante?

—Sí, eso dije.

—¿Y cómo planeas hacerlo?

—Voy a hacerte mi esposa—el silencio en la sala de reuniones fue mortal.96

La mano firme de otro alumno de tercer año interrumpió a Arthit, que estaba
listo para golpear al insolente novato. Kongpob, quien se veía tranquilo
continuó:

—Se dice que los amantes lo comparten todo, por ello, si eres mi esposa, lo que
sea tuyo será mío también.33
—¡Tú, pedazo de mierda! — Arthit retiró la mano, y un rugido de desaprobación
se extendió por la sala, incluyendo los labios de sus compañeros de tercer año
eran una linea fina, se sentía más humillado que enfadado por la declaración
del novato. Ese impudente se había atrevido a ofender al líder de las novatadas
y tendría que responder por ello.

—¡Cállense! — después de pronunciar su orden los murmullos cesaron, todos


se quedaron quietos.

Arthit volvió a su posición y de nuevo fijó la vista en su ofensor. ¿Qué era lo que
estaba planeando? El novato no parecía ser bisexual ni gay. Aun así, cuales
quieran que fuesen sus intereses a Arthit no le importaba, él no tenía miedo del
novato. ¿Quería hacerlo su esposa? ¡Que lo intentara! Hasta ese entonces no
hubo ningún novato que se atreviera a contradecirlo. Su venganza lo haría
arrepentirse.23

— ¡Inténtalo, ya veremos si eres capaz de hacer lo que dices, pero ahora el


engranaje está en mi poder y yo, como mayor, tengo el derecho de darte
órdenes!11

Arthit dio una sonrisa perversa y anunció el castigo.

—Kongpob, número 0062. ¡200 abdominales! ¡Ahora!

—Entendido— Kongpob no pareció estar molesto, él sonrió después de aceptar


el castigo y con buena actitud obedeció y comenzó a hacer los abdominales,
recibiendo las miradas simpáticas de sus colegas estudiantes del primer año.

Arthit en el frente lo observó en silencio con una mirada soberbia, no escondió


la alegría que produjo su venganza. ¡Ese novato quien era sólo un niño bonito
quería hacer el líder de las novatadas su esposa, no lo lograría ni en sus
sueños!91
Una interrogante surgió en el aire, ¿Quién de los dos se convertiría en la esposa?
El veterano o estudiante de primer año.
Capítulo 2
Regla número dos para el estudiante de primer año: "Responder todas las
preguntas del líder de las novatadas"

–¿Quién les permitió levantar la cabeza? ¡Mantengan la vista abajo!

Posiblemente, quien viera la escena, podría malinterpretarlo. Pero ese no era


entrenamiento para soldados, sólo era una orden dada para los alumnos del
primer año por Arthit, el líder de las novatadas. Su intención era buena, quería
que absorbieran algo de vitamina D del sol del mediodía.21

Si, exactamente esa era la razón. Ese era un día soleado, justo por la tarde, en
medio del estadio de fútbol.

Los rostros de los estudiantes del primer año parecían estar quemados sobre
las mejillas, el sudor les escurría por las espaldas. Pero los veteranos actuaban
con plena indiferencia, con el propósito de intimidar más aun a los pobres
novatos, castigados de rodillas en la hierba del estadio.

–¿A qué hora estaba programada esta reunión?

Un leve murmullo de voces silenciosas por parte de los estudiantes del primer
año fue oído a través del estadio. Arthit no pudo resistir más el silencio y habló
tan alto como pudo para todo el estadio:

–¡Hablen fuerte y claro! ¿A qué hora estaba programada esta reunión?

–Al medio día...

¿Creen que el campo de fútbol es pequeño, como la sala de reuniones que tiene
su propio efecto de eco? ¿No conocen el dolor por el que tienen que pasar los
veteranos? Los integrantes del equipo de bienvenida necesitaban beber
limonada con miel para poder soportar el dolor después del entrenamiento.
Pero, aunque la garganta los matara al hablar, los veteranos nunca hacían uso
del micrófono ni del altavoz. Estaban dispuestos a mostrarles a los novatos el
verdadero significado de actitud. Podrían perder la voz, pero su espíritu sería
siempre lo que más destacaría de ellos. Por lo tanto, el que tenía que sufrir más
era sin duda el líder de las novatadas, siendo él el responsable de enseñarles el
orden a los novatos, su voz tenía que ser aún más alta, sin contar que él debía
hablar más qué sus compañeros veteranos. ¿Quién dijo que era fácil actuar
como un buen superior?
Arthit aclaró su garganta antes de gritar la siguiente pregunta:2

–¿Ustedes saben qué hora es en este preciso momento?52

Una vez más, se hizo el silencio, no hubo respuesta de los jóvenes novatos. Los
veteranos comenzaron a enfadarse. Arthit, sin esperar un minuto más por la
respuesta, continuó:

–¡Se acabó el tiempo, ya no aceptaré una respuesta! Voy a decirles exactamente


qué hora es, justo en este momento son las doce con dieciocho minutos y
cincuenta y siete segundos. Eso quiere decir que ustedes, novatos, están
atrasados. Y nosotros, los veteranos, hemos estado aquí esperando por ustedes
bajo el sol abrazador todo el tiempo que se retrasaron. ¿No saben cuál es el
significado de responsabilidad? ¿Olvidaron sus cerebros en casa?13

Arthit no quitó los ojos de los novatos que estaban acostados en la hierba, con
la cabeza baja sin atreverse a moverse o a decir una palabra por miedo a ser la
causa de su propia desgracia. Pero regañarlos era sólo el comienzo.

–Ya que esta es la primera vez, les daré otra oportunidad.

Los novatos respiraron profundamente, y continuaron en sus posiciones, de


cabeza baja. La voz del líder de las novatadas se escuchó en alto y anunció
nuevamente en el estadio:
–¡Voy a elegir uno de ustedes para que responda mi pregunta, y si él o ella no
puede hacerlo, todos serán castigados!1

El fuego en sus corazones se apagó tan rápidamente como este se encendió, la


esperanza de los recién llegados había desaparecido.

... Los novatos hicieron enojar a los veteranos, y ahora el destino de todos
estaría en manos de alguno de ellos... sin duda una prueba peligrosa. ¿Y si ese
infeliz no lograba responder a la pregunta? No sólo él sería castigado, sino
también el culpable del sufrimiento al que someterían al curso completo. Arthit
lo sabía bien, él mismo estableció esas reglas para que el novato que escogiera
fuera odiado por sus compañeros. Y la víctima, por supuesto, no podía ser otra
persona más que él. Simplemente, el candidato perfecto.

–¡Número de estudiante 0062, levántese y venga al frente!14

Kongpob fue al frente de acuerdo con la orden dada. Sus camaradas querían
apoyarlo, pero no encontraron la suficiente fuerza de voluntad para levantar
sus cabezas. El rostro de Kongpob era serio y valiente, y sin duda, Arthit lo notó.

Para la venganza nunca es demasiado tarde. Arthit se acordaba bien de ese


novato, él mismo que había tenido la valentía de a contradecirlo el día anterior.

Por supuesto que le gustaría unir a un grupo de veteranos y darle una lección
en ese insolente en algún lugar escondido de ojos curiosos para que aprendiera
una lección. Pero eso, por desgracia, no sería muy civilizado.5

¿No es mejor elegir un lugar donde hay cientos de testigos? De esa forma no
sería necesario infringir heridas ni tener que dar explicaciones por ellas más
tarde... Él sabía cómo vengarse de una manera más sofisticada.1

Arthit sonrió maliciosamente, ya había preparado un plan para la masacre de


esa tarde. Estaba observando atentamente al novato 0062, Kongpob estaba de
pie ante él, irradiando valentía, dispuesto a escuchar la pregunta que definiría
el destino de todos los recién llegados.

–Ayer te pregunté cuál era el número de estudiantes que entraron este año en
la universidad. ¿Lo recuerdas?

–En la Facultad de Ingeniería hay 1178 estudiantes matriculados, y en la carrera


de ingeniería industrial somos 216 personas.21

Kongpob respondió rápidamente sin dejar de mostrase calmado, por supuesto


que esperaba esa pregunta de su superior, estaba listo para responder en
cuanto este dejara de hablar y así lo hizo.

Pero, en realidad Arthit no sabía cuántas personas fueron admitidas en la


universidad, él sólo verificó la lista de estudiantes inscritos en ingeniería
industrial, por lo que sabía que efectivamente se habían matriculado 216
personas.8

"Bien dicho, pero no he venido aquí para jugar contigo... Tal vez te he
subestimado, pero en vano me pase la tarde pensando en este plan y no estoy
dispuesto en ser derrotado ", pensó Arthit, no por nada había creado un plan
de respaldo, él se aclaró la garganta y dijo:2

–Es correcto, pero esa no es la pregunta que quería hacer, ¡Ahora, mira a tu
alrededor, y cuenta en voz alta el número de estudiantes de primer año aquí
presentes!1

Kongpob se volteó y comenzó, fila tras fila, a contar sus camaradas. Todos ellos
todavía estaban sentados con la cabeza baja. Los veteranos igualmente
permanecieron con los mismos rostros de piedra. Como era de esperarse, y
podía verse claramente, no todos los estudiantes asistieron a la reunión, pero
el proceso de contar fue aún más intenso, envuelto en una atmósfera llena de
suspenso. Especialmente cuando terminó de contar a los estudiantes de la
última fila, obligando a Kongpob a decir:

–En este momento hay ciento sesenta y dos estudiantes de ingeniería


industrial.

–¿Entonces cuántos estudiantes están faltando?

–54 estudiantes.

Arthit asintió estando de acuerdo.

–Ahora, escucha mi pregunta y responde.

Una vez más Arthit miró a Kongpob, quien no mostró señales de miedo.
Entonces, con el escenario que había planeado para su venganza, él sonrió e
hizo la pregunta que literalmente tomó a algunos por sorpresa.

–Lo que quiero saber es ¿En dónde están esos 54 estudiantes faltantes?10

No hubo respuesta.

Si, eso era lo que Arthit había planeado, que el novato se quedara sin palabras.
Incluso si se fuera una mente tan brillante como Einstein probablemente
tampoco sabría a dónde fueron esas 54 personas. Podrían estar en cualquier
parte en lugar de participar en una reunión de estudiantes. Porque en realidad,
el departamento de ingeniería industrial no obligó a los jóvenes a asistir a las
reuniones.

Pero la falta de asistencia se transformó automáticamente en un inevitable


castigo para el resto de los estudiantes. Por esta razón, todos los presentes
serian castigados. Pero Arthit estaba especialmente satisfecho con su principal
víctima, él mismo ofensor del día anterior...El insolente de Kongpob.
"¿Qué se siente quedarte sin palabras?" Arthit se burló en su mente "¡Ahora
descubrirás lo las consecuencias de desobedecer a tu líder, vas a ser la razón
por la cual serán castigados los compañeros de tu clase!"

Después de regodearse con el silencio del novato, Arthit se dirigió a los


estudiantes del primer año:2

–¡Levanten la cabeza! ¡Miren todos como su amigo no puede responder a la


pregunta! Es por culpa suya que todos ustedes serán castigados.

– ¡Esos estudiantes no han ido a ninguna parte!11

Kongpob interrumpió el discurso de Arthit, forzándolo a girar y levantar sus


cejas con sorpresa.

–¿Qué es lo dices? – Arthit exclamó molesto.

–Los cincuenta y cuatro estudiantes no fueron a ninguna parte.1

Estaba claro que las palabras de Kongpob no coincidían con la realidad, por lo
que, sin duda, su declaración confundió al público. ¿Cómo se atrevía ese novato
a decir una cosa así?

"Pobre idiota ..." pensó Arthit "No puedes mantener la boca cerrada, ¡Si yo no
te enseño una lección adecuadamente, no entenderás nada! Bueno, te voy a
mostrar la verdad".

–¡Abre bien los ojos, está claro que no todos tus compañeros están aquí!, así
que, ¿cómo puedes decir lo contrario?

Arthit apuntó a los alumnos sentados en filas. La explicación que el novato dio
a su pregunta hizo que el público entrara en conmoción.

–Ellos realmente no fueron a ninguna parte, están aquí porque sus almas y
corazones están aquí.43
"¿Acaso eres un sentimental con delirio de héroe proveniente de alguna serie
coreana, ¿Realmente crees que esa respuesta va a salvarte a ti y a tus
compañeros del castigo? ¡Me vas a escuchar!" pensó Arthit.7

–Ya veo, tus amigos son muy generosos. Si ellos han enviado sus corazones y
almas, entonces todos tendrán suficiente fuerza para correr 54 vueltas
alrededor del estadio, una por cada estudiante ausente, ¿Es lo justo, o no?

–No, ellos me han dado sus almas y corazones sólo a mí.

–¿Y por qué sólo a ti?

–¡Para llenar el vacío que me ha dejado darte mi corazón!90

Se hizo un silencio de muerte.

La situación era muy incómoda. Además, ¿Cómo se atrevía a decir tal cosa? Por
supuesto, Arthit se enfureció.

–¡Kongpob!26

–¿Sí?

–¡Te ordeno que des 54 vueltas alrededor del estadio!

–¡Sí señor!11

Kongpob obedeció sin duda y corrió hacia el estadio bajo el sol abrasador,
acompañado de las opiniones simpatizantes de sus colegas a quienes él había
logrado proteger.

–¡No hay nada que ver! ¡Ustedes también serán castigados, 54 sentadillas,
ahora! – demandó Arthit, antes de volver a su lugar sin prestar atención a todas
las miradas llenas de odio a su espalda. A él lo temían y detestaban, pero en
cambio, a Kongpob lo admiraban con aprobación, aquello era lo único que
Arthit no planeó.
"No hay vuelta atrás" pensó el líder de las novatadas "¡Te arrepentirás estúpido
insolente!"

Entonces, la batalla por el engranaje dio comienzo. Los veteranos perdieron


contra los novatos 0 a 1.
Capítulo 3
Regla número tres para el estudiante de primer año: "Obedecer las
órdenes de sus veteranos"

–¡Nombre y número de estudiante!

–P...Praepailin, número 0744–dijo la chica de primer año con una voz


temblorosa, ella tenía un aire asustado y sus ojos parecían que estaban a punto
de llorar. Daba la impresión de ser muy miserable en ese momento. Su mirada
asustada suavizó el corazón de Arthit, este no era tan cruel, por ello cambió su
tono a un mejor que sonara con humor, pero aun manteniendo la misma
expresión fría.1

–¿Cómo puedo ayudarte?

–¿Puedes darme tu firma?

Ella entregó a Arthit un pequeño libro. Cada estudiante había recibido el mismo
cuadernillo con la tarea de recolectar 1.000 firmas de sus superiores,
incluyendo los nombres y números de estudiante. Esa era la orden de los
veteranos. Arthit era un estudiante de tercer año y, por lo tanto, la joven
también debía pedirle que firmara su cuaderno. Vestir la camisa con la marca
de un estudiante de ingeniería superior, lo hizo un objetivo para los "cazadores
de firmas". Aunque, pesar de ello, pocos tuvieron el coraje suficiente para
acercarse a él para pedir su firma. Él estaba sentado en compañía sus amigos,
y su grupo de veteranos que parecía más banda de criminales liberados que
estudiantes de tercer año. Era increíble que una chica como esa no hubiera
tenido miedo de abordarlos. Ella era muy hermosa, de piel blanca, baja estatura
y con una bonita cara. Arthit decidió que era digna de su benevolencia.

–De acuerdo, pero antes de firmar tu cuadernillo, necesitas hacer algo por mí.
Claramente el término "cazadores de firmas" había sido dado con justicia, y ello
no significaba que la tarea fuera una experiencia agradable. Ese también era un
juego brutal. Más aún si se deseaba obtener un ejemplar tan raro como la firma
del líder de las novatadas, sumado a esto se necesitaba hacer un esfuerzo extra
para obtenerla. Por lo tanto, no había nada extraño en que el rostro de
Praepailin se pusiera pálido. Ella se atrevió a preguntar:

–¿Qué debo hacer por usted?

La chica se asustó, pero ¿A que le temía esa belleza? Si Arthit era realmente
agradable con las chicas nuevas y, sobre todo, si eran bonitas. Por lo tanto, la
tarea para Praepailin no sería especialmente terrible, al contrario de lo que ella
esperaba.

–Bien, lo que debes hacer es gritar lo siguiente, ¡Amo al super guapo de Arthit!
tres veces.22

–¿Cómo?

–¿Quieres que firme? ¡Entonces hazlo!

Los veteranos que estaban sentados en la mesa se rieron a carcajadas,


Praepailin silenciosamente bajó los ojos.... ¿Qué hay de malo con su orden?
¿Por qué ella bajaba los ojos? Esa era la tarea más suave que podría existir. Una
tarea especial para una chica particularmente hermosa. ¡Si lo hacía esperar por
un largo tiempo, entonces cambiaría el método y le exigiría un beso!15

–¡Vamos, apresúrate que todavía tengo que comer! ¡Estoy realmente


hambriento!

Las amenazas son una motivación excelente, desde el punto de vista de Arthit,
él mismo vio como la chica se sacudía del susto, pero ella continuaba en
silencio. Cabe destacar que todo estaba ocurriendo en medio del comedor para
los alumnos, justo al mediodía, por lo que alrededor había cientos de
estudiantes de varias facultades.

Por supuesto, Praepailin tenía miedo de atraer la atención de todos, aun así, no
tardo en comprender que no tenía elección alguna.

–¡Amo al super guapo de Arthit! ¡Amo al super guapo de Arthit! ¡Amo al super
guapo de Arthit! – dijo Praepailin.1

Los veteranos comenzaron a zumbar con aprobación, y Arthit sonrió


ampliamente.

Sin embargo, la chica quien le había hecho esa confesión tan apasionada
deseaba retirarse rápidamente. Arthit sostuvo su mano delgada, respondiendo
como todo un caballero.

–Gracias por la confesión. Y ahora, para probar tu amor por mí, dame tu número
de teléfono.34

¡Qué truco inteligente! ¡Si no hacia un movimiento en ese momento, podría


después arrepentirse! Arthit aprovechó hábilmente la excelente oportunidad.
En cuanto a Praepailin, sus manos estaban atadas, no tenía elección, debía
completar la petición. Arthit obtuvo su número, y sólo después de guardarlo en
sus contactos él le devolvió su cuadernillo, dándole un guiño a Praepailin, que
hizo que se sonrojara.

–¡Arthit, sí que fuiste inteligente, hasta obtuviste su número! – sus amigos


exclamaron.

–Mira al maestro y aprende.

Arthit no parecía estar avergonzado. Él tenía el talento nato de un seductor,


nadie se le podría comparar en ese arte.30
–¿No quieres pedir el de ese chico también? - dijo uno de los veteranos e hizo
un gesto para que Arthit se volteara.

Y entonces vio a un grupo de veteranos alrededor su enemigo jurado, el mismo


quien había ofendido a Arthit frente a sus amigos y con quien quería una furiosa
venganza.

¡Este sujeto insolente!

–Número 0062, Kongpob.12

Kongpob se detuvo y se giró hacia la mesa, él iba pasando detrás del sitio en
donde estaban todos los veteranos encargados de impartir las novatadas, por
ello juntó y bajó las manos en un saludo tradicional tailandés.

–¿Tienes mi firma? –Arthit demandó.

–Todavía no–

–Dame tu cuadernillo–ordenó.

Kongpob obedeció, él sacó el cuadernillo de su maleta y se lo entregó. Arthit


ojeó rápidamente su contenido.

"! Vaya, conseguiste muchas firmas, cerca de quinientos o seiscientos,


pero...espera un minuto ¿Por qué algunas firmas parecen extrañas?" pensó
Arthit.

Estaban escritos el nombre, número de alumno y diez dígitos ... Sí, se trataba
de números de teléfono, y ¡También había un comentario!

"Estoy soltera, llama a cualquier hora del día o de la noche "

"Las mujeres te dan sus números de teléfono a montones, mientras que yo


tengo que recurrir a trucos sofisticados para apenas conseguir uno" pensó
Arthit "Muy bien, entonces, ¡Te voy a mostrar, héroe de la película coreana, una
lección!"32

Arthit quería romper el cuadernillo de Kongpob, pero se contuvo. No podía


hacerlo en un lugar público, en presencia de cientos de personas, era
importante preservar su reputación de una persona decente. Se relajó un poco
y empezó a replantearse rápidamente el plan de venganza.

–Veo que has reunido muchas firmas, ¿Crees que puedes hacer algo por mí?

–Si, puedo hacerlo.5

–¿Ves esa mesa de allá atrás?

Arthit apuntó a una gran mesa en medio del comedor a una distancia de cerca
de cinco mesas del lugar donde estaban sentados.

–La veo–aseguró Kongpob.

–Ve hasta allá, y sobre la mesa tienes que decir tres veces en voz alta, estas
palabras...–Arthit sonrió ampliamente, antes de pronunciar su sentencia, ––
Decir "Me gusta ser follado por hombres"77

Arthit notó cómo Kongpob había cambiado su cara. Esa petición era un insulto
para todo hombre, pero para Arthit aquello aun no era suficiente.

–Espera, eso no es todo. Después de que hacerlo, tienes que preguntarle esto a
diez chicos "podrías follarme", una vez que lo hagas te devolveré tu
cuadernillo.61

Arthit mantuvo el cuadernillo en su poder como una promesa de que su


petición sería completada. Le gustó mirar al preocupado y enojado Kongpob
frente a él, quien no podía hacer nada más que obedecer. Ese era la el trato.

–¿Por qué te quedas callado? Hazlo a menos de que seas un cobarde.


Arthit sonrió y Kongpob fue derrotado. Con su última frase, el estudiante de
primer año cobró fuerza y se dirigió a la mesa ancha en el fondo, y tal como
Arthit se lo había indicado, se subió a esta y gritó frente a toda la cafetería: –¡Me
gusta ser follado por hombres, me gusta ser follado por hombres, me gusta ser
follado por hombres!21

En un instante, todos los ojos estaban sobre él. A continuación, se bajó de ahí y
se paró frente a una mesa ocupada por un grupo de chicos.

–¿Podrías follarme?32

Los estudiantes, a quienes dirigió, quedaron sorprendidos. Todos en el


comedor estaban atónitos. Excepto una persona quien sonreía mientras
observaba la escena con aire de superioridad.

"Bueno, ¿Cómo te sientes ahora, novato insolente?" pensó Arthit.

–Listo ya está– declaró públicamente haber terminado aquello que se le había


ordenado.

¡Ahora las chicas entenderían que, hombres tan bonitos, no son realmente
hombres, sino gays! ¡Y no sólo gay, sino un pasivo! Arthit eligió específicamente
un castigo tan sofisticado en represalia para ese momento. Kongpob sugirió
que se estaba dispuesto a que le dieran por detrás, esta vez era él quien había
sido avergonzado frente a sus amigos.27

–Eso le servirá como lección.

Arthit observó cómo Kongpob se ofreció a otros estudiantes frente los ojos
curiosos de todos los presentes en el comedor. Finalmente, Kongpob terminó y
volvió a la mesa de los veteranos.3

–Hecho, terminé.
–Eso estuvo bien, tienes una voz fuerte, ten, toma tu cuadernillo.

Arthit dio el cuadernillo a Kongpob, se levantó, tomó el plato y se dirigió a la


salida con sus amigos.

–¡Oye, Espera! – Kongpob lo llamó–Todavía no has firmado.

Kongpob le ofreció el cuadernillo a quien creyó había olvidado firmar, pero


Arthit no tenía intenciones de tomarlo. En lugar de eso preguntó:

–¿Cuándo dije que firmaría?48

Era una simple y breve pregunta, pero esta fue profundamente dolorosa, al
igual que piedras gigantes que golpeando en el fondo de su corazón.

La orden que Kongpob acaba realizar había sido suficientemente dolorosa,


pero lo que le hizo sentirse destrozado fue escuchar esas palabras.

En ese momento, se dio cuenta de que el líder de las novatadas nunca prometió
realmente darle su firma. Había sido demasiado ingenuo en realizar todo lo que
se este le ordenó. Era sólo una gran trampa, preparada desde el principio para
humillarlo y él mismo, sin saberlo, dejó que lo convirtieran en la victima de ese
cruel juego.12

–Aunque, hay una cosa en la que sí puedo ayudarte.

Al oír que Arthit le ofrecía su ayuda amablemente, Kongpob alzó la vista,


sorprendiéndose cuando este lo agarró de la corbata para atraerlo hacia él.
Arthit susurró dos palabras en sus oídos:

–Puedo follarte.114

Él soltó su corbata y la gran sonrisa del ganador apareció en la cara del líder de
las novatadas. Arthit dio media vuelta y salió de la cafetería, dejando al
perdedor solo en ese lugar.
La guerra por el engranaje, veterano contra el estudiante de primer año 1 a 1.
Capítulo 4
Regla número cuatro para el estudiante de primer año: "Nunca olvidar las
advertencias de sus mayores".

–¿Dónde está la etiqueta con su nombre?

Para cualquiera, esta pregunta pareciera ser la más común, pero para un
novato quien asistió a la sala de reuniones de la facultad de ingeniería sin la
etiqueta con su nombre escrito, la frase pronunciada por el líder de las
novatadas, parecía ser una sentencia de muerte. Arthit perforó al novato con
una mirada severa, aparentando ser capaz de leer incluso sus pensamientos.
Finalmente, el desafortunado estudiante tuvo coraje de responder:

–La olvidé...

Arthit suspiró con pesadez, como si estuviera cansado de repetir lo mismo todo
el tiempo.

–¿Crees que les entregué esa etiqueta de identificación por diversión? ¿No
comprendes su importancia? –Arthit preguntó, su mirada feroz no se suavizo–
Gracias a esas etiquetas, sus compañeros de clase pueden conocer sus
nombres sin necesidad de preguntárselos, o es que no quieres que sepan quién
eres?12

El novato sacudió la cabeza, negando desesperadamente. Tartamudeando


respondió:

–No, eso no es así.

Por supuesto, esa respuesta no fue suficiente. Arthit se pensó sus palabras por
un momento antes de decir:
–De acuerdo, si dejó su identificación en casa sin motivo alguno probablemente
es porque piensa que sus amigos ya lo conocen lo suficiente como para no
necesitar usar la etiqueta con su nombre, vamos a comprobarlo, ¿No lo cree?

Entonces se volvió a los alumnos del primer año, sentados en el suelo del salón
de reunión.

–¡Levanten la cabeza y miren a su compañero! ¿Quién de ustedes sabe cuál es


su nombre?

Ninguno de ellos se atrevió a abrir la boca, pero no porque no conocieran el


nombre del novato, sino por el miedo que le tenían al líder de las novatadas.
Después de todo, quien cometería el error de responder a su pregunta cuando
seguramente les aguardaría un castigo severo. Claramente era una pregunta
con trampa, equivalente a subir voluntariamente a la guillotina; por supuesto,
nadie estaba dispuesto a ser el sacrificio.

–Entonces, ¿No saben el nombre de este estudiante?, ¿Nadie es amigo de suyo?


–Arthit repitió con desaprobación.

El novato inclinó la cabeza con tristeza mientras se preparaba mentalmente


para escuchar su sentencia. Arthit ya había abierto la boca para anunciar el
castigo, pero una voz, pronunciada de repente, se lo impidió:

–Su nombre es Em.16

Arthit fue obligado a dar la vuelta en busca del responsable.

–¿Quien dijo eso?

–¡He sido yo!


Uno de los estudiantes estiró el brazo y se levantó para ser regañado. Los ojos
de Arthit se extendieron, el osado estudiante que se atrevió a darle una
respuesta era nada menos que su viejo conocido, Kongpob.6

"De nuevo imitando a un super héroe, tenía que ser el salvador de estudiantes
de primer año, mi maldito dolor de cabeza" pensó Arthit.18

–0062, Kongpob.5

–¿Dices que conoces a este estudiante? – Arthit preguntó con voz desafiante.

–Sí–El tono confiado de Kongpob irritó al líder de las novatadas.

"Siempre con tanta seguridad, Muy bien, veamos que tan bien dices conocerlo"
pensó Arthit.

–¡Dame tu tarjeta de identificación! – Él se dirigió al estudiante Em.

Los veteranos del comité de bienvenida no tardaron en conseguir su maleta de


donde rápidamente sacaron la tarjeta de identificación del novato para
entregársela al líder de novatadas. Arthit sonrió con suficiencia, estaba listo
para terminar el juego de un solo golpe.

–¿Cuál es el verdadero nombre de tu amigo?

–Kathavut.

–¡Di su Apellido!

–Thaypraset.

–¡Fecha de nacimiento!

–12 de diciembre de 1998.10


Acertaba de nuevo ¡Acaso se engulló el registro de ciudadano de su amigo!
Arthit quería rugir de tanta rabia. EL insolente Kongpob sabía exactamente
cómo responder a todas sus preguntas.5

"Tal vez chico y Kongpob son amigos desde hace mucho tiempo "pensó Arthit
"Es por eso por lo que conoce todos los detalles. ¡Pero yo soy más listo que tú,
difícilmente vas a deshacerte de mí!"

–¡Puedes volver a sentarte! –exclamó, girándose hacia Em–Al parecer, tu amigo


te conoce suficientemente bien. ¡Y ahora vamos a comprobar lo bien que tu
amigo conoce al resto de sus compañeros de clase!

Em quiso soltar el aire que había retenido por su nerviosismo, pero al escuchar
lo que demandó el líder de las novatadas se dio cuenta que no podía estar
completamente tranquilo. Porque, aquel castigo del que se acababa de librar
había sido transferido para su amigo Kongpob que le ofreció su apoyo. Y,
considerando que entre ellos parecía existir un tipo de resentimiento, estaba
seguro de que dicho castigo seria severo.

–¡Todos, giren sus etiquetas de identificación hacia abajo! –demandó Arthit.

Los alumnos del primer año no imaginaron la razón detrás de su orden y nadie
se atrevió a cuestionar las razones del líder de las novatadas. Después de que
todos los estudiantes cumplieron con su mandato, Arthit dio su siguiente
orden:

–¡Número 0023, levántate!

El número solicitado era una alumna de aspecto tierno además de pequeño.


Ella se levantó apresuradamente del suelo, sosteniendo el borde de su
camiseta. Asustada por escuchar su número de estudiante salir a gritos de la
garganta de Arthit, no logró comprender que el quien estaba en problemas en
este juego no era ella, sino Kongpob.
El líder de las novatadas se acercó a un estudiante que no estaba lejos de
Kongpob y, volviéndose hacia él, volvió a pedir:

–Dígame, cómo se llama su compañera.

Kongpob comprendió el juego que Arthit estaba iniciando, y la clara desventaja


en la que deseaba ponerlo. Pero, aun así, no tenía otra opción más que
obedecer a su mandato, a eso se atenía si jugaba bajo las reglas de los
veteranos, los menores siempre debían responder a sus preguntas.

–Su nombre es Maprang–respondió Kongpob claramente y en voz alta.

Sin embargo, Arthit notó que su voz no fue tan confiada como lo estaba antes.

–¡Muéstrame tu etiqueta! – Arthit ordenó le ordenó a la chica.

En la placa estaba escrito: "Maprang", y de nuevo, Kongpob tuvo la razón. Aun


así, eso no hizo desistir al líder de las novatadas.

–¡Número 0038!

Esta vez, un joven de físico denso se alzó.5

–¡Dime su nombre!

–Su nombre es Oak.

El propio Arthit apresuradamente giró la etiqueta el mismo del estudiante hacia


arriba, viendo escrito con marcador negro "Ok" sobre el papel.

"¡Maldita sea!" Arthit gruñó en su mente "¡Crees que lo sabes todo, novato! Pero
en esta sala hay más de doscientos estudiantes, y es imposible que los
recuerdes todos".

–¡Número 0151! – esta vez fue una niña de gafas, con el cabello peinado hacia
atrás.
Hubo silencio.

¡Arthit logró alcanzar su objetivo! ¡El novato estaba mudo!

–¿Por qué no contestas? ¿Cuál es el nombre de su compañera? – repitió.

–Porque no lo sé–dijo Kongpob.

"¡Finalmente, encontré su punto débil! Arthit celebró en su interior "Veamos


cómo reaccionas ahora, ¡Te enseñaré una lección, que recordaras por mucho
tiempo! Pero, el castigo físico como las abdominales o girar con la cabeza
agachada hasta marearte no es suficiente para un idiota de tu tamaño, ¡Me he
preparado mejor!

–¡0151, dame tu etiqueta!

Arthit se acercó a la chica, tomó su tarjeta de identificación, y con tono


cauteloso, dijo:

–Se los repetiré una vez más, les dimos esas etiquetas, para que todos ustedes
entiendan lo importante que es conocer a sus compañeros. Pero ¿De qué sirven
mis esfuerzos por enseñarles, si a ustedes ni siquiera les interesa recordar los
nombres de los demás?

Él terminó su discurso, demostrándole una vez a los recién llegados la tarjeta


de identificación, la misma que consistía en un papel naranja unido a un
cordón. Y entonces, con las manos en alto, la rompió en pedazos.

–Si ustedes no ven valor en esto, entonces no hay necesidad de que la usen.

La etiqueta fue destrozada en pequeños pedazos, bajo las miradas aturdidas de


todos los alumnos. Y, quien estaba especialmente frustrado era el novato
causante de sus acciones, Kongpob.2
–Recuerden, esto es una lección para ustedes, agradézcanselo a su camarada
quien no parece darle especial importancia a su significado.4

Arthit arrojó los trozos de papel en el suelo, volviendo a su respectivo lugar a la


cabecera de los veteranos.

–Hoy mi misión está cumplida, espero que mañana vea a cada uno de ustedes
con sus etiquetas. Aunque, bueno, si piensan que sus compañeros ya los
conocen lo suficiente, entonces no tienen que usarlas. ¿Entendieron?

–¡Entendimos! – respondieron en coro los estudiantes de primer año.

Arthit asintió con la aprobación. Él creía que aquel acto de castigo público habia
sido realmente necesario, porque a veces, para mantener la disciplina en un
gran grupo de personas, era necesario mantener viva su admiración y temor.
Dejar a los estudiantes del primer año considerarlo un demonio, un hombre sin
corazón quien no se suavizaría con nada les enseñaría correctamente como
respetar a los veteranos. Y parecía que esa estrategia realmente había
funcionado. May todavía no podía moverse después de esa escena tan
dramática de destruir su etiqueta frente a todos y, los demás novatos, parecían
sentirse confusos y culpables.

¡A esa situación es a donde los llevaba la desobediencia! Arthit pasó a un lado


de Kongpob, sin olvidar lanzarle una mirada desafiante. Kongpob rápidamente
dejó su lugar y se fue directo hacia la chica, cuya etiqueta había sido reducida a
pequeños trozos por el líder de las novatadas.

Kongpob le dirigió una mirada cálida a la chica cabizbaja y limpió sus lágrimas.
Recogió los trozos de papel desde el suelo y se volvió hacia ella:

–Disculpa, ¿Cuál es su nombre?17

–Es May–Ella respondió con entre sollozos.


Kongpob asintió con entendimiento, y luego sacó la etiqueta de su cuello, tomó
una pluma y escribió en ella. Cuando terminó, él le entregó la etiqueta.

–Tomalá.

En el reverso Kongpob había escrito "May 0151". Ella aceptó el gesto con
gratitud. Arthit, quien notó lo que estaba pasando, no podía estar más fuera de
sí, la rabia le subió por la garganta.6

–¡Ustedes dos!

El líder de las novatadas se apresuró en llegar hasta ellos.

–¿Qué es lo que estás haciendo, Kongpob? –susurró Arthit.

Kongpob respondió con calma:

–Le cedo mi etiqueta a mi amiga.

–¿Quién te dio permiso?

–¿Quién me dio permiso? Nadie, yo tengo la culpa de no recordar el nombre de


mi compañera de clase por lo que, es mi deber asumir la responsabilidad de
ello.21

Arthit, una vez que recuperó el aliento perforó a Kongpob con los ojos.

Pero esta vez, el acto no era para contradecir o retar a Arthit, él simplemente
había hecho lo que creía correcto.

El jefe de los veteranos se relajó un poco y dijo:

–¿Comprendes que, si se la das a ella, te quedaras sin etiqueta?

–Entiendo.
Kongpob conocía las reglas de las novatadas y voluntariamente aceptó su
destino. Con esa desventaja, Arthit podría hacer lo que quisiera con él.

–De acuerdo, pero como no tienes una identificación, significa que tampoco
tienes un nombre, por lo tanto, estas violado las reglas y tienes prohibido
sentarte con sus compañeros, estarás solo en las actividades, y si uno de sus
compañeros es castigado, tú recibirás el mismo castigo, pero con la diferencia
de que el tuyo será aumentado al doble. ¿Entendido?6

–Entiendo–respondió Kongpob.

Arthit se giró de vuelta hacia la puerta del salón de la asamblea, sintiéndose


extraño. Por una parte, estaba convencido de haber cumplido sus deberes con
dignidad y castigado a Kongpob adecuadamente. Pero, por el otro, tenía una
inusual sensación de haber perdido ante el maldito novato que estaba tan
decidido a ayudar a sus amigos.4

Se dio cuenta de que no sólo odiaba cada palabra que salía de la boca de
Kongpob, esas que le hacía quererlo golpear con fuerza varias veces al día, sino
que también detestaba sus deslumbrantes y decididos ojos.
Capítulo 5
Regla número cinco para el estudiante de primer año: "Deben respetar la
autoridad de los veteranos".

–¿No les enseñaron a trabajar en equipo? ¿Saben lo que es la unidad?

Claro que se los enseñaron. Para haber llegado a la universidad y no conocer


una palabra tan simple, era imposible. Pero los novatos, a quienes Arthit les
ordenó reunirse a las cuatro de la tarde en el estadio, parecían tan capaces de
realizar dicha tarea al igual que niños del jardín de infantes.

–¡Nosotros organizamos la reunión para tener un grupo ordenado! Mientras


ustedes se alinean así de lento nos dan a entender que están listos para recibir
un castigo porque, aparentemente, no tienen idea de lo que es la unidad o es
que acaso no saben lo que significa ¿No tienen suficiente cerebro para
comprenderlo? – gritó el líder de las novatadas de forma desenfrenada.

Ese día, los novatos estaban vestidos con camisetas estampadas con el logo de
la universidad de ingeniería y pantalones de entrenamiento, por ello,
adivinaron que las actividades realmente difíciles estaban por comenzar.

–Bien les recordaré lo siguiente, esta es una advertencia que no repetiré: si uno
de ustedes cree que sea capaz de aguantar, sea responsable de manejarlo,
¡Quien quiera irse es libre de hacerlo!

Habitualmente la práctica se dividía entre los alumnos del grupo general y un


grupo especial de alumnos propensos a problemas de salud, porque no todos
pueden aguantar las tareas dadas por el equipo de bienvenida, que difería sólo
un poco del entrenamiento para ser un cadete en la escuela militar. Pero
muchos novatos optaban por fingir para entrar el grupo especial para evitar las
tareas más severas, por lo que tuvieron que abandonar esa idea.1
Algunos consideraron la opción de irse, pero después de las siguientes palabras
de Arthit, se arrepintieron.

–Pero si se van, no olviden que serán sus colegas quienes aprenderán lo que es
la unidad, no sólo por ellos, sino también por ustedes.7

¿Y con esa amenaza, cómo alguien se atrevería a irse? ...

¿Quién desertaría sabiendo que el castigo por su partida haría sufrir a los
novatos restantes? Ninguno de los estudiantes del primer año quería parecer
egoísta.

Arthit miró entre de las filas y no vio las manos levantadas, por lo que, con
aprobación comenzó a decir:

–Debo elogiar su espíritu de equipo, al fin veo un poco de unidad, pero eso no
es suficiente, miren a sus espaldas, vean a mis compañeros en aquel lugar del
otro lado del estadio, tienen que correr y alinearse de aquel lado del estadio en
tres minutos, ¡Háganlo ya, no hay tiempo que perder! ¡Serán castigados por
cada segundo de retraso! ¿Entendido?

–¡Entendido!

Los novatos escucharon la orden y sus rostros se pusieron pálidos. El estadio


de la universidad era tenía un área igual al de un campo de fútbol completo, y
no era posible atravesarlo en solamente tres minutos.

Arthit continuó con voz demandante:

–Bien, si entendieron, entonces vayan, ya comenzó a avanzar el tiempo,


¡Corran!

La carrera debía realizarse formados en filas, mientras iban tomados de la


mano, y aquello sólo complicaba la tarea. Algunos de los chicos rápidamente
se cansaron, el sudor comenzaba a escurrir de sus rostros, sus respiraciones se
volvieron aceleradas. Una de las chicas, completamente debilitada, seguía
moviéndose con la cabeza baja.

–¿Hay algo mal con ella? ¿No puede respirar?

De repente, la chica cayó al suelo, y por buena suerte Arthit había estado
prestado atención en ella. El líder de las novatadas corrió hacia la chica y apoyó
su cabeza en su hombro. Desafortunadamente, el equipo médico de la
universidad estaba en el otro extremo del estadio por lo que no vio lo que
estaba pasando. Con ella en brazos, Arthit gritó:

–¡Enfermera, alguien se siente mal!

La voz de Arthit atrajo la atención de los estudiantes presentes, provocando que


las miradas de todos se dirigieran hacia él, curiosos de ver que era lo que estaba
sucediendo en la última fila.

–¡No vengan aquí! ¿Quién les ha permitido que dejaran sus


posiciones?!Mantengan la vista al frente! –gritó Arthit.

Aquella orden rígida fue dada para parar el pánico en las filas de los novatos.
Todos se vieron obligados a alejarse de la escena. Kongpob estaba en la última
fila, debido a su castigo por ya no contar con una etiqueta de identificación por
lo que pudo ver frente a él todo lo que estaba sucediendo. Finalmente, el
equipo médico llegó.

–¡La chica está hiperventilando! –anunció Arthit.

–¡No coloques su cabeza horizontalmente, necesitamos encontrar una bolsa y


dejarla respirar, y enviarla urgentemente a la enfermería!

La demanda fue rápida y precisa, no se necesitaron explicaciones adicionales.


La enfermera cogió a la chica y la llevó del estadio directo a la enfermería. Arthit
los siguió con su mirada y sólo después de que se alejaran hasta no poder verlos
más sintió que el incidente estaba resuelto. Con cara imperturbable se giró
hacia los alumnos del primer año:

–¡Les dije que si se creían incapaces de a aguantar la actividad, era mejor que
se fueran, no seré responsable de ustedes ni de su salud, si algo les sucede no
haré nada para ayudarles, y serán sus colegas quienes reciban el castigo por su
incompetencia!

¡Otra vez debía darles más amenazas a los alumnos! En ese tiempo los alumnos
estuvieron realizando tareas por una hora entera y algunos se sintieron
incapaces de correr más. Debido al temor de atentar contra su salud, cerca de
diez personas, en especial mujeres, levantaron las manos y pidieron estar fuera
de la actividad, petición que los novatos acordaron. El resto continuó
corriendo, hasta que el cielo comenzó a oscurecerse. Finalmente, los alumnos
del primer año oyeron la orden que ellos esperaban desde hace muchas horas
atrás:

–¡Por hoy es suficiente, espero que hoy hayan aprendido algo sobre la unidad,
y que no olviden esta lección! ¡Fuera de aquí!

–¡Gracias!

Los novatos agradecieron a los veteranos de acuerdo con la tradición y


comenzaron a dispersarse, arrastrando los pies con cansancio. Ellos parecían
robots a los que la batería estaba llegando a su fin. Especialmente Kongpob
quien había realizado la tarea al doble, por ser un infractor de las reglas de la
universidad. El sudor le escurría por su cuerpo y el estómago le gruñó de
hambre. Estaba deseoso de asearse y de por fin comer algo, pero entonces vio
a su amigo Em caminando con dificultad cerca de él.

–¡Hola, Em! ¿Te sientes bien?


–¡No! ¡Me duelen las piernas!

"Parece que se te torció el tobillo" pensó Kongpob.

El viejo amigo de la escuela de Kongpob, Em, le echó una mirada sugerente,


dándole a entender que su lesión no importaba. Aunque era claro que su pierna
le estaba causando mucho dolor. Él se mantuvo corriendo con normalidad,
pero después de un movimiento extraño inevitablemente se lastimó.

–Vamos a la enfermería, deja que la enfermera te vea la pierna, si continuas así


podría ser peor–sugirió Kongpob, a lo que Em estuvo de acuerdo.

Kongpob llevó a su amigo a la enfermería sin decirle que a él también le dolía el


pie y quería preguntar por un remedio para bajar la hinchazón. Varias
enfermeras estaban sentadas en la mesa de asistencia médica, junto con la
mayoría de los alumnos de segundo año y algunos estudiantes de tercer año.

Em se dirigió a una de ellas:

–Disculpa, creo que me lastimé la pierna.

–¿Te está doliendo tu pierna? Siéntate, voy a revisarte.

En la etiqueta de la enfermera se leía su nombre, "Fang". Ella preguntó la zona


exacta que le molestaba, por lo que Em tuvo que quitarse los zapatos antes de
que ella le hiciera un examen médico, en cuanto termino ella dio su diagnóstico:

–Es solo una torcedura, basta con untar pomada anti-inflamatoria y después de
dos o tres días el dolor pasará, sólo que se nos ha terminado, hace unos minutos
que envié a un amigo para comprar más, así que espera un poco a que regrese.

Em miró a Kongpob, como si esperase una solución de él. Ambos tenían un


hambre atroz, y al escuchar que la lesión no era peligrosa, no había necesidad
urgente de esperar por los medicamentos.
–¡Entonces no hay problema, más tarde puedo ir a comprar medicinas para mi
amigo, gracias! –intervino Kongpob.

De inmediato la enfermera lo reconoció como el alumno de primer año quien


había sido tan valiente de enfrentase con el líder de las novatadas, y de repente,
ella cambió de tema.

–¡Tú eres Kongpob! espera un momento, uno de mis amigos quería hablar
contigo sobre el concurso de estrellas del primer año. Queremos nombrarte
como representante de la facultad, ¿Podrías quedarte un poco a esperarlo, o
estas muy apresurando por otro compromiso?

En realidad, Kongpob nunca tuvo dificultad en participar en concursos, pero


solo si era realmente necesario. Pero en ese momento su estómago era el que
mandaba, por lo tanto, no quería nada más además de comer.

–Si, en realidad íbamos a comer.

–¡En ese caso, coman aquí con nosotros! tenemos comida de sobra, sólo espera
un minuto, voy a llamar a mi amigo–ella les señaló los platos con comida sobre
la mesa, para después marcar en su teléfono el número de su amigo.

Cuando Fang terminó la conversación y se volteó hacia ellos, vio que ambos
novatos aún estaban de pie junto a ella.

–¿Por qué no tomaron la comida?

–¿realmente crees que podemos comer con ustedes?"

Kongpob preguntó confuso. Él sabía que esos platos eran comprados


especialmente para los enfermeros que permanecían en el turno de la noche.

Fang respondió suavemente:


–¡Por supuesto, ordenamos mucho, incluso pedimos comida para a el comité
de bienvenida que por lo general comen doble porción, ellos siempre están tan
hambrientos que nunca llenan con solo una!

Esa explicación los ahuyentó al grado en que las ganas de comer se esfumaron
por un solo motivo.3

–¡Si es la comida de los estudiantes mayores no me atrevería a comerla!

La expresión de sorpresa de la Em hizo que la enfermera estallara de risa.

–¿Ustedes les tienes miedo? Sus mayores no son tan malos, ellos solo cumplen
con sus deberes. Todas las tareas que ustedes hacen, los veteranos también las
hicieron en algún momento. Las actividades son para enseñarles, no para
divertirse. ¡Ellos tuvieron que ser capacitados por meses para poder ser parte
del comité de bienvenida y asegurarse de que sabrían que hacer en caso de
alguna emergencia para que ustedes no tuvieran problemas!

Kongpob escuchó atentamente Fang. Su historia era algo nuevo para él. Tal vez
ella estaba en lo correcto, Kongpob vio lo rápido y ansió que Arthit habló con
enfermeras durante una emergencia con la chica enferma. El líder de las
novatadas estaba concentrado en su deber mantuvo la sangre fría. Kongpob ya
había notado ese lado de Arthit anteriormente. Entendía que no sólo
mostraban rigidez, superioridad e intransigencia.

Incluso cuando los novatos realizaron el trabajo correctamente, ellos los


declararon perdedores y los castigaron injustamente. Por lo tanto, a los
menores no les agradaba el comité de bienvenida y discutían secretamente
entre ellos, comentarios que no estaban en los términos de lo más halagadores.
Todo esto, para ellos, era un fenómeno nuevo en su vida estudiantil. Y Fang
estaba compartiendo su experiencia con ellos:
–No quiero que ustedes estén resentidos con sus veteranos, ellos solamente
cumplen con los deberes que les fueron asignados, además, ¿Saben ustedes
quienes se preocupan más por los novatos de la facultad? Exacto, al comité de
bienvenida.3

Aquellas palabras fueron toda una revelación para ambos novatos.

Las palabras de Fang hicieron que Kongpob pensara:

"¿Es verdad que los del comité de bienvenida están preocupados por nuestro
destino, eso realmente aplica para Arthit? Él parece que simplemente me odia
por mi lengua afilada"

Kongpob admitió que él mismo habló muy osadamente con el líder de las
novatadas. Pero lo hizo para ayudar a sus amigos. Él no había pensado que eso
sólo irritaría a Arthit aún más, tanto que, hasta cierto punto, los castigos dados
por él llevaron a Kongpob al borde de la desesperación. Y,para colmo, su
oponente no parecía tener una gota de simpatía. ¿Cómo alguien puede creer
que los veteranos se preocupan por los novatos? ¡Cuando estos sólo se burlan
de ellos! Kongpob estaba inmerso en sus pensamientos sin lograr encontrar
una respuesta a sus preguntas.

Fang interrumpió sus pensamientos:

–¡Vamos, siéntense y coman, aquí tienen unas naranjas para ustedes,


compramos varios kilos y no todos comieron!

Fang le entregó a Kongpob y Em un plato con arroz y huevo frito además de dos
naranjas para cada uno. Rechazarla era inútil, por lo que ambos no tuvieron
otra opción que sentarse y comenzar a comer. Justo cuando la comida en sus
platos estaba por desaparecer y se disponían a pelar las naranjas, escucharon
una voz familiar detrás de ellos. A diferencia de que el tono de esta voz era
excepcionalmente suave y tranquilo.
–Fang, oye ¿La chica que se enfermó ya fue a casa? Fui a buscarla, pero no la
encontré.18

–Sí, ella ya se fue.

–El bálsamo se vende frío y caliente, y no sabía cuál de ellos necesitabas, así
que te traje ambos.

La voz del veterano se endureció en cuanto vio que su amiga no estaba sola en
la enfermería. Arthit vio a los dos "invitados", uno de ellos era aquel con el que,
bajo ningún motivo, quería hablar.

–¿Qué están haciendo aquí? – Arthit gritó a los alumnos de primer año tomando
una actitud completamente diferente y con una voz áspera e irritada.7

Ahora él nuevamente asumió el papel de un líder severo.

Los novatos estaban listos para levantarse de sus asientos y esperar la


sentencia de este, pero Fang deshizo el malentendido inmediatamente:

–Hice que Kongpob y su amigo esperan a mi amigo, a él le gustaría hablar de la


convocatoria de luna y estrella. ¡Queremos que Kongpob nos represente!"

Arthit no estaba satisfecho con aquella explicación. Por ello, sin cambiar su cara
hosca, dijo con voz despreciativa:

–¿Por qué lo harán nuestro representante, quieren que la facultad pierda?


Parece tan... su comportamiento no es bueno, será una vergüenza para nuestra
facultad.11

Arthit habló con una sonrisa inocente, Kongpob se vio obligado a permanecer
en silencio, porque recordó que el líder de las novatadas, en primer lugar era
mayor que él y, en segundo, por su antigüedad en la facultad tenía la autoridad
para castigarlo. Además, a los chicos como él nunca se les podía dar gusto.
Arthit sintió su superioridad por lo que decidió que lo que dijo había sido
suficiente.

Antes de partir, entregó a la enfermera un paquete y dijo:

–Ahí están ambas pomadas.

–Gracias, los chicos estaban esperando por esto– dijo Fang, tomando el
paquete.

Arthit se confundió por un momento. Él no sabía que los novatos estaban


heridos y que necesitaban tratamiento.

–¿Kongpob, tú también lo necesitas? ¿Te duele la pierna, o es tu pie?–preguntó


Fang.

–Sí, lo necesito para mi pie, gracias–afortunadamente Kongpob aceptó la


ayuda.

Entonces, de repente, el amigo de Fang entró como un estallido en la sala y


gritó:

–¡Fang! ¿Dónde está ese novato, quiero verlo!– Por un minuto, todos se
sorprendieron, porque ellos no esperaban que alguien se atreviera a entrar en
la enfermería de esa forma.

–Este tipo es un heterosexual con un gran cuerpo varonil con los rasgos llenos
de gracia – él no esperó la respuesta de Fang, yendo por sí mismo hasta su
"víctima" Kongpob, exclamando con entusiasmo:16

–¡No te levantes, es más, quédate quieto! ¡Eres tan guapo! ¿En dónde te
estuviste escondiendo de mí, chico? ¡En definitiva, si tú representas a nuestra
facultad, no hay duda en que ganaremos!
Kongpob sonrió secamente, y Arthit hizo un rostro descontento, tomó un plato
de comida y fue a comer en un rincón, por su apariencia era claro que no quería
presenciar la escena. En realidad, la participación en el concurso no era algo
particularmente difícil, pero Minnie, el nombre del amigo de Fang, habló por
mucho tiempo y con gran detalle, los novatos estaban atrasados para irse a
casa.2

–¡Muy bien, entonces te llamaré para informarte de la fecha de la sesión de


fotos! ¡Espera mi llamada! - ordenó Minnie.

–¡Llámalo sólo para el concurso, Minnie, te conozco! –Fang bromeó.

–¡Voy a llamar para asuntos del concurso, después de todo, sentir alegría con
sólo escuchar su voz no es suficiente para mí, así que debo verlo
personalmente! –replicó Minnie.

El humor en la sala fue interrumpido por la declaración de Arthit quien exclamó:

–¿Por qué te estás riendo tan alto? ¿No piensas en que estas estorbando a
quienes todavía están trabajando? –preguntó severamente el líder de las
novatadas–Fang, alguien te está buscando.

–Y, ustedes, si ya terminaron de hablar sobre el concurso, entonces ¡fuera de


aquí! –Kongpob y Em saltaron de sus asientos, ante la orden de Arthit, listos
para irse a casa.

–¡Hey, esperen!–volvió a hablar. Los chicos se esforzaron un poco en girarse,


pensando en que ellos serían regañados nuevamente–¡Vengan, extiendan sus
manos!–dijo severamente.

Kongpob por un momento pensó que Arthit sacaría una vara y los golpearía en
los brazos. Sin embargo, él estiró las manos y esperó el castigo. Pero por más
que esperó no sintió el dolor, porque lo que fue puesto en sus manos por Arthit
fueron sólo naranjas.

–Tomen, mi amiga Fang le dio estas naranjas, así que llévenlas con ustedes–
dijo Arthit, tomando otro recipiente de arroz de la mesa y rápidamente se retiró,
dejándolos perplejos.

–Pensé que nos iba a castigar–dijo Em, aliviado.

–Yo igual–Kongpob asintió estando de acuerdo, aun mirando las naranjas en


las manos.

Y en su cabeza él oyó las palabras de Fang:

–¿Saben ustedes quienes se preocupan más por los novatos de la facultad?


Exacto, al comité de bienvenida.

¿Realmente él se preocupaba por ellos?

Arthit tenía una expresión severa en la cara, una manera grosera de hablar, para
Kongpob todo lo que recordaba de él era terrible, por ello, verlo a él dándoles
naranjas simplemente, hacía que su visión del líder de las novatadas y ese
veterano frente a él, no coincidieran entre sí.

Kongpob sintió una calidez en su corazón que hizo que le fuera imposible evitar
sonreír. Tal vez las palabras de Fang fueran ciertas. Y aquel veterano que
parecía ser un demonio con los novatos en realidad estaba muy preocupado
por ellos.

De esa forma no podía odiarlo, no cuando tenía ese sentimiento al ver la


amabilidad reflejada en sus ojos.+

El demonio, incluso cuando era malvado, era muy adorable.


Capítulo 6

Regla número seis para el estudiante de primer año: "Escucha


cuidadosamente las explicaciones de los mayores".

Las clases con el grupo creativo de la universidad fueron agradables para los
estudiantes de primer año. En ellas, el segundo año les enseñó a cantar,
participar en juegos educativos llenos de diversión y, en general, les ayudaron
en todas las de la vida estudiantil, hasta la organización de las comidas.

Los alumnos mayores que participaban en el grupo creativo sonrían


ampliamente, estaban de buen humor a toda hora y siempre estaban
dispuestos a dar buenos consejos. Los estudiantes del primer año intentaron
crear relaciones estrechas con ellos, apodándoles "ángeles" de la universidad.
Si bien eran la contraparte de los demonios, a quienes así consideraban, los de
primer año, a los veteranos del comité de bienvenida.5

Especialmente los estudiantes del primer año se enfadaron cuando los


veteranos de tercer año interfirieron en las actividades impartidas por el grupo
creativo. Un día, cuando los novatos bailaban y cantaban una de las rutinas
puestas por los de segundo año, el comité de bienvenida demandó:2

–¡Deténganse! No puedo seguir escuchándolos, mi paciencia llegó a su fin–


Arthit interrumpió en una esquina. Los novatos se quedaron en silencio, rectos
como soldados y bajaron la cabeza, para no encontrarse con la mirada del feroz
líder de las novatadas–¿Eso es todo lo que pueden hacer? ¿Y quién les enseñó a
hacer eso?1

–¡He sido yo! – la líder de segundo año del grupo creativo levantó la mano, una
hermosa chica de aspecto chino. Ahora ella estaba destinada a convertirse en
la víctima de las críticas y asumir toda la responsabilidad, sólo por los veteranos
que estaban insatisfechos. Arthit preguntó con una voz severa:

–Muéstrame, por favor, cómo los estas entrenando.

Aunque las responsabilidades del grupo creativo y del comité de bienvenida


fueran diferentes, los primeros tenían que obedecer las órdenes de los
veteranos debido a que eran más jóvenes que ellos y, por lo tanto, de posición
más baja en la jerarquía de los alumnos. En ese aspecto, los integrantes del
grupo creativo no tenían mucha diferencia respecto a los novatos. Ellos se
alinearon, pasaron sus brazos sobre los hombros de sus compañeros, uno al
lado del otro, y en un coro concertado comenzaron a cantar. El grupo creativo,
estaba conformado sólo por unas diez personas, pero su voz era alta y clara,
dejando impresionados a los alumnos del primer año.

Pero no a los veteranos.

–¿Eso es todo lo que puedes hacer? ¡No es de extrañar que no puedas


enseñarles correctamente a los novatos! –con una expresión de descontento,
Arthit emitió su crítica.

Protestar era inútil, las reglas se los impedía. Sólo había dos normas en la vida
estudiantil de todo ingeniero:

1. Los veteranos siempre tienen razón.

2. Si algo no se adapta a ti, acostúmbrate.

Por lo tanto, el grupo creativo tuvo que aguantar la situación y aceptar el


castigo.

–Les ordeno que canten hasta que los alumnos del primer año entiendan cómo
hacerlo por si mismos–la orden era, por decirlo de una forma, inconclusa.
El jefe de los veteranos no especificó cuando el grupo creativo podría parar.
Entonces, de hecho, su orden podía interpretarse en que, no importaba si estos
perdían la voz, debían seguir cantando a gritos, como menores, los compañeros
de segundo año no se quejaron. Ellos se abrazaron nuevamente por los
hombros y empezaron a cantar aún más alto y más armoniosamente bajo las
miradas simpatizantes de los novatos. En realidad, cantar eslóganes no es una
cuestión tan simple. Aunque los lemas estudiantiles eran bastante cortos, las
gargantas de los integrantes del grupo creativo estaban cansadas después de
dos o tres repeticiones, y las constantes inclinaciones del cuerpo hacia
adelante, obligatorias para cantar, los llevaron a tener mareos.

Los estudiantes de segundo año no pararon, haciendo sentir a los estudiantes


más jóvenes se sentían culpables por su castigo, llegando a lamentarse por
ellos. Algunos incluso derramaron lágrimas, otros enviaron a las miradas
suplicantes al líder de las novatadas, pidiendo piedad a nombre de los de
segundo año. Pero el corazón de una persona como Arthit no era tan fácil de
suavizar. Él no estaba castigando realmente al grupo creativo, su verdadero
objetivo eran los estudiantes de primer año, que fueron forzados a ver cómo
sus colegas mayores, a los que conocían como "ángeles", sufrían por la
negligencia de los novatos. Este movimiento indirecto no tuvo menos efecto
que el castigo físico más severo. Arthit también retrató una mirada indiferente,
como si no fueran eslóganes los que cantaban una y otra vez el grupo creativo,
sino un estruendoso chillar de pájaros. Ni siquiera tenía en mente en
interrumpir el castigo que les había impuesto.

–¿Por cuánto tiempo planeas continuar con esta injusticia? ¡Yo tomaré tu
ordene en su lugar! – dijo alguien entre los novatos, refiriéndose a las novatadas
como un acto vil, Arthit no se sorprendió cuando descubrió la identidad de ese
hombre valiente.5
Después de todo era un viejo conocido, 0062, ¡Kongpob!4

–¡No lo apruebo! ¡Aquí no necesitamos héroes! Así que siéntate– gritó Arthir–
¡Pero...! –acentuó– Si no estás conforme, ¡sal de aquí! ¡Elige!

Kongpob estaba desesperado por la situación. Había recibido la "tarjeta


amarilla" por violar las leyes estudiantiles por lo que estaba sentado por
separado del resto de los novatos, y si se las arreglaba para recibir una "tarjeta
roja" sería definitivamente echado de la reunión y de las novatadas. Hasta
podía ser excluido de la universidad, haciendo que, eventualmente Kongpob
tomará más en serio las ordenes de Arthit, y se planteara que tanto valía la pena
arriesgarse por sus colegas de segundo año.

El líder de las novatadas quedó satisfecho con esta demostración de


rendimiento. ¡Finalmente, había logrado poner en su sitio a ese imitador de
protagonista coreano! Arthit nuevamente se volvió al equipo creativo, cuyos
miembros continuaron gritando el lema de la universidad, ya con la voz ronca.
Si no los detenía en unos cuantos minutos, tal vez perderían la capacidad de
hablar o incluso de hacer cualquier sonido.5

–¡Te lo estoy pidiendo adecuadamente, así que, por favor, acepta! – Arthit se
volvió bruscamente al remitente de la petición. Sin creer que ese hombre
insolente volvía a contradecirlo ¿Tan rápido había perdido completamente su
miedo?

–¡Denegado! – cortó Arthit, sin permitir que Kongpob se explicara.

El jefe de los veteranos creyó que con negación dada a voz firme sería suficiente,
pero estaba equivocado.

–¡Te lo imploro, cambia tus órdenes! –... ¿Acaso ese novato no entendía el
idioma?1
–¡He dicho que no estoy de acuerdo!

–¡Pero te lo estoy pidiendo por favor!

–¡Mi respuesta sigue siendo que no!

–¡Te lo pido, acepta por favor!

–¡Kongpob!3

Arthit perdió la paciencia, sus ojos estaban rojos de rabia. El novato seguía
repitiendo la misma frase, como si quisiera jugar con sus nervios. Atmósfera
estaba densa hasta el límite. Incluso los miembros del grupo creativo pararon
su canto, toda la atención se centró en ambos, de pie en lados opuestos.

–¡Fuera del auditorio, no quiero volverte a ver en las reuniones! - ordenó Arthit.

Esas palabras obligaron al público a dejar de respirar, porque de acuerdo con


las reglas tácitas de la facultad, ese castigo era el más alto. El propio Kongpob
también se quedó aturdido, aunque estuviera preparado para lo peor. Aun así,
no se arrepintió de su decisión, sólo había sido fiel a sus principios. Por ello,
aceptando su castigo, Kongpob fue a la salida. Caminó lentamente y con
pesadez al levantar las piernas, como si los grilletes fueran colocados en sus
pies, haciéndose a la idea de que a partir de ese momento estaría realmente
privado de todos los derechos de un estudiante en el departamento de
ingeniería.

Kongpob aún no había cruzado la puerta, cuando el silencio se rompió de


repente.

–¡Pido permiso para hablar, por favor! – Arthit se volvió hacia el novato que
levantó la mano.

–¿Qué quieres? –Em, un amigo íntimo de Kongpob, se levantó para hablar.


Él no parecía estar especialmente seguro de sí mismo. Pero, aun así, expresó
claramente su petición:

–Le pido permiso para que le permita a mi amigo quedarse, y nosotros


cantaremos el lema de la facultad en lugar de miembros del grupo creativo– La
sola osadía de atreverse a presentar esa propuesta no pudo suavizar el humor
de Arthit, al contrario, sólo logró irritarlo.

Pero bueno, ¿Qué era lo que sus ojos veían? ...El grupo de amigos del héroe se
levantaba en su apoyo.

–¡Denegado! – Arthit repitió la frase que llevaba diciendo ya varias veces en la


reunión. Pensó en castigar a Em, pero no tenía tiempo para planear un buen
castigo, para él ni para las otras voces que sonaban desde todos los lados:

–¡Le imploro que retire su orden!

–¡Pido permiso para hablar, por favor!

Los estudiantes de primer año levantaron la mano y exigiendo su derecho a


hablar.

–¡Alto, cállense todos! –Arthit gritó con todas sus fuerzas. Las voces estaban en
silencio. Sin embargo, se sintió que el equilibrio de poder en la sala cambió de
lado, aunque fuera sólo un poco. Si antes de los alumnos del primer año se
sentaban con la cabeza baja resignados y con lágrimas en los ojos, ahora sus
ojos tenían la chispa del deseo de luchar. Arthit se dio cuenta al verlos de que
tendría que retroceder.

–¡De acuerdo!... ¡Voy a dejarlos cantar en lugar de los estudiantes del segundo
año, aun asi, respecto a su amigo, a él no le permitiré volver!

Sí, Arthit cedió ante sus suplicas, pero no huyó de la situación. No planeaba
perdonar Kongpob por sus constantes quejas simplemente porque sus amigos
pidieron que lo hiciera. Varias manos del primero que estaban a punto de exigir
al líder de las novatadas que reconsiderara su decisión subieron la mirada hacia
él, aun así, Arthit pretendió no darse cuenta. Con el rostro duro se giró hacia
Kongpob de pie a unos pasos de la salida:

–¿Qué haces aquí todavía?¡Largo!

Kongpob miró a Arthit a los ojos y vio en ellos la llama ardiente de su rabia. ...
Obviamente, era inútil tratar de conseguir algo de simpatía.

–Entendido– Kongpob obedeció. Sin embargo, no fue a vagar por la facultad, se


quedó justo afuera del salón de reuniones, sentado a un lado de la puerta y
comenzó a escuchar atentamente.

En el exterior, los novatos empezaron a cantar el lema de la facultad, después


el de la universidad, y así sucesivamente en un círculo por cerca de diez
minutos. Entonces todo estaba quieto, y Kongpob se acercó a la puerta para
escuchar bien las voces dentro del salón de asamblea. Entonces la puerta se
abrió, y las primeras personas a salir fueron los del grupo de novatadas. Al verlo
Arthit se detuvo, dirigiéndose a él inmediatamente como si fuera su mayor
enemigo.3

–¿Qué haces aquí?

–Estoy esperando a mis amigos– dijo Kongpob con voz sencilla y sincera. Tal
vez él perdió su estatus de estudiante de ingeniería, pero todavía conservaba a
sus amigos.

Los veteranos miraron a Arthit buscando aprobación en su rostro. Su líder


asistió, y todos ellos se colocaron a su alrededor, acorralándolo por completo,
sus rutas de fuga estaban bloqueadas. Fue entonces cuando Arthit dijo con
severidad:
–¿Sabes por qué te saqué de la reunión? – Incluso en una situación tan tensa,
Kongpob se mantuvo en calma antes de decir en voz baja:

–Porque te molesté.

–¿Y por qué me molesté?

–Porque me ofrecí como remplazo del grupo creativo.

–¡No! ¡Te separé porque no necesitamos un héroe!1

–¿No necesitan un héroe? –Kongpob no esperaba tal explicación. Su rostro se


mostró intrigado–¿Piensas que cada vez que levantaba la mano lo hacía para
llamar la atención de los demás? Yo sólo quería ayudar a mis amigos...

–¿Y tus amigos se sentarán por siempre a esperar que a tú los ayudes? –
Kongpob no encontró una respuesta válida. Incluso creyó que comenzaba a
entender lo que el líder de las novatadas aparentemente quería enseñarle.

–Sí tus amigos siempre están a la espera de que alguien más los ayude ¿Qué
sucederá cuando enfrenten una situación difícil? ¿Podrían tomar una decisión
por sí mismos, hacer frente al problema? Si se acostumbran a ser sólo
observadores, temo que no tendrán el corazón para hacer frente a sus
problemas. ¡Y, por mi parte, no permitiré que haya estudiantes de ingeniería
débiles! –... Por primera vez, los veteranos dieron una explicación razonable en
lugar de recurrir a la fuerza bruta. Ahora, Kongpob entendía la motivación de
sus acciones. Dándose cuenta de que incluso ellos tenían sus propios motivos
lógicos para el uso de castigos y órdenes. Su objetivo era enseñar a los alumnos
de primer año a ser decididos y fuertes, justo como debía ser un estudiante de
ingeniería.

–¿Nos vamos? –dijo uno de ellos, Arthit asintió antes de continuar con su
lección.
–Considerando que hoy alentaste a sus amigos a hablar por sí mismos, te
autorizo a asistir a la próxima reunión, pero recuerda, esta es mi última
advertencia, no toleraré otra de tus demandas de héroe.

–Lo he entendido– respondió Kongpob con seguridad.

Los veteranos abrieron el círculo en que habían encerrado al novato, para


después comenzar a dispersarse. Arthit también comenzó a avanzar, cuando
estuvo a unos cuantos pasos, antes de detenerse y regresar al escuchar el
llamado de Kongpob a su espalda.

–¡Espera, quiero preguntarle algo!

–¿Qué quieres saber? –respondió Arthit con irritación.

–Cuando te pedí que firmaras mi libreta. No estaba intentando ser un héroe,


Entonces ¿Por qué me diste un castigo?

–¿Por qué piensas que lo hice? –Él sabía la razón de su pregunta en el fondo de
su alma, Kongpob todavía estaba ofendido por su castigo y, al parecer, ahora
quería saber sus razones para poder vengarse.

Probablemente, él sospechaba que el castigo había sido una broma cruel de su


parte, por mero capricho. Por ello, se descolocó por completo al enterarse del
extraño razonamiento que había tenido Kongpob para darle significado a sus
actos.

–Creo que te gusto.23

–¿Qué dijiste? – balbuceó Arthit con creciente enojo.17

Kongpob sonrió ligeramente antes de decir:


–Las personas dicen que cuando nos gusta alguien, a veces buscamos provocar
a esa persona para atraer su atención, y tú no haces más que castigarme, así
que es porque posiblemente te gusto, ¿cierto?22

¡Ese novato impudente! ¿Qué tipo de teoría era esa? ... ¡Estaba totalmente loco!
¡En definitiva iba a castigarlo!

–¡Justo así! ¡Así me gusta!4

–¡Por supuesto que no! –exclamó en alto Arthit, provocando que varios
estudiantes del primer año se voltearan.

–¿Qué están esperando para irse de aquí? ... ¡Se les permitió irse, así que largo!

–Entendido– Kongpob obedeció.

Irritado, Arthit pasó junto a sus colegas, retirándose con el rostro molesto. Por
otro lado, Kongpob se puso de pie sin disimular su mirada insistente,
observándolo fijamente hasta que el líder de las novatadas desapareció de su
vista.

–¿De que estaban hablando? Escuchamos sus gritos furiosos– Sus amigos,
quienes en cuanto lo vieron lo rodearon al igual que los veteranos, pidieron
explicaciones.

Kongpob no pudo evitar esbozar una sonrisa en su rostro.

–Nada especial, sólo estaba provocándolo.


Capítulo 7
Regla número siete para el estudiante de primer año: "No importa la
situación, los estudiantes mayores siempre te darán una enseñanza"

– Una porción de arroz frito con albahaca, pollo y huevos, por favor– Arthit
ordenó automáticamente el plato habitual, porque su cerebro ya estaba
ocupado con otros pensamientos alejados de su opción de menú del día,
aquellos eran sobre estudiantes del primer año. Estaba cansado de reprender
a los novatos por sus errores interminables, cansado de pensar en nuevos
métodos de castigo.

En realidad, ser miembro del comité de bienvenida no era tan divertido. Tenía
que gritar incluso si sufría un severo dolor de garganta, provocado por las
actividades a las que se sometían el comité. Era necesario mantener un rostro
tan severo por tanto tiempo que, al acabar el día, no podía sentir los músculos
de la cara. Y todo para cumplir con el papel honroso de ser el líder de las
novatadas. Tal vez los nuevos alumnos se preguntaban por qué los veteranos
eran tan crueles, pero no tomaban en cuenta que, al final del día, eran ellos
quienes asumían la responsabilidad por los actos de los novatos.

"Si los novatos están agotados. Nosotros, los veteranos, estamos doblemente
cansados", aquella era la frase que repetían todos los días los veteranos que
eran miembros del comité de bienvenida.

Por esta razón, justo después de las reuniones, el líder de las novatadas decidió
parar a comer para ganar fuerza antes después de cumplir sus deberes como
veterano. Se vistió con una camiseta cómoda y pantalones cortos para pedir
algo de comer en el lugar más cercano. Por lo general no tardaba más de seis
minutos en el restaurante. Pero, en ese momento, enormes filas de estudiantes
hambrientos estaban alineadas por todo el lugar. En ese lugar la comida tenía
que ser ordenada con antelación, además de que encontrar un lugar para
sentarse también era una tarea difícil. Afortunadamente, esa noche, Arthit
consiguió la última mesa libre, se dejó caer en el asiento y desdobló el periódico
que estaba sobre la mesa.

"Que suerte" pensó Arthit, "Finalmente tengo un minuto para leer, en estos
últimos días, no tengo absolutamente nada de tiempo para enterarme de las
noticias"7

Esa mañana él había estado estudiando, por la tarde se hizo cargo de sus
deberes como líder del comité de bienvenida y, antes de ir a dormir, planeo la
dinámica para la reunión del día siguiente. Su vida continuaba en un círculo.
Incluso si un meteorito hubiera caído en América. Él no lo sabría.

Arthit terminó de leer al mismo tiempo en que sus oídos escucharon la


pregunta:

–¿Puedo sentarme contigo?

–Siéntate, no hay problema–dijo mecánicamente, sin levantar la vista.

El dueño de la voz se sentó frente a él y agradeció:

–Gracias, P'Arthit.

–De nada– respondió sin interese. De repente, llegó a él la duda ¿Cómo sabia
esa persona su nombre?

El jefe de los veteranos bajó el periódico y miró al intruso frente a él. Esa
persona estaba vistiendo una camiseta simple y pantalones cortos, al igual que
él. Pero, aunque su vestimenta fuera similar, su posición en la jerarquía de los
alumnos era diferente. Al fin y al cabo, Arthit era el líder de las novatadas y el
chico frente a él, un novato. Y no cualquier novato...
... ¡Era 0062 Kongpob!8

–¿Qué haces aquí? – Arthit preguntó con descontento, una vez más poniendo
su máscara del líder áspero de las novatadas.

–Bueno... Te he pedido permiso para sentarme en esta mesa, y me has dejado


hacerlo. Hay muchas personas en el restaurante, y no hay lugares disponibles–
respondió Kongpob con simpleza.

Arthit miró alrededor del restaurante. Y tal como Kongpob había declarado,
todas las mesas estaban ocupadas. Pero, compartir la mesa con un novato
ponía en peligro su dignidad como líder de las novatadas. Arthit estaba a punto
de expulsar a Kongpob de la mesa, cuando una mujer llegó a la mesa, una
empleada de la cafetería.

–¡Niños, lo lamento, hoy las mesas están llenas de gente!... Siéntense, juntos,
¡por favor!1

Tal vez la mujer escuchó el desagradable discurso de Arthit o había notado su


mirada irritada, por lo que tomó la decisión de intervenir para evitar un
conflicto. En cualquier caso, el líder de los veteranos tuvo que permanecer en
silencio, en aceptación muda. Al final, él era un cliente regular en ese
restaurante, y muchas veces ella colocaba una porción extra a su plato. Arthit
no quería arruinar su imagen.

La mujer volvió la mirada hacia Kongpob:

–¿Usted ya hizo su pedido?

–Todavía no, pediré una tortilla de huevo con arroz y carne de cerdo.

–Muy bien, espere un minuto.


Mientras esperaba a que el cocinero preparara su solicitud, Arthit no pudo
soportar la tensión e hizo un comentario despectivo:

–Tortilla de huevo con arroz... es comida de niños.21

Entonces, la confrontación comenzó. Kongpob sospechó que el líder de los


veteranos no había olvidado sus pasados enfrentamientos, y al parecer estaba
tratando de encontrar la forma de irritarlo como acto de venganza. Y, Kongpob,
al ser un novato no podía contradecir lo dicho por un veterano.

–Bueno, es porque no puedo comer comida picante.

–¡Te ves sano como un toro, pero no puedes soportar la comida picante, justo
como una chica! – dijo Arthit con tono desafiante, haciendo ver a Kongpob
como un completo idiota.25

"Si eres tan valiente como para sentarte conmigo en la misma mesa "pensó
Arthit, "Veamos si disfrutas tu comida, averigüemos quien de los dos es más
fuerte" Arthit no tenía dudas, para él, Kongpob era igual a un niño.

–Hijo, aquí tienes tu leche rosa–dijo la mujer, dejando el vaso frente a él.67

"¡Maldición! Me olvidé de mi estúpido pedido"– pensó Arthit.

–¿No se ha equivocado de mesa? Yo, no pedí eso –el líder de las novatadas
comenzó a negar con voz tartamudeaste.3

–Hijo, ¡Por supuesto que es tuyo! ¡Recuerdo bien que es lo que pides todos los
días!26

Estaba atrapado.

Era inútil pensar en otra excusa, por ello, con rendición Arthit aceptó la leche
rosa frente a él evitando mirar a Kongpob.2

–Y, aquí tienes tu café frío.


–Gracias–Kongpob tomó su vaso y sin esconder la sonrisa de su rostro,
observando con descaro la bebida color rosa del líder de las novatadas,
después dijo:

–No sabía que nuestros estudiantes mayores disfrutan tomar leche rosa.

–¡Tú, idiota! – fue lo único que dijo Arthit, su cabeza estaba ocupada buscando
una maldición adecuada.

... Aunque, ¿Qué era lo que estaba mal con su elección de bebida? ... ¿Habría
algún problema si al líder de las novatadas le gustaba la leche rosa? ...Era
deliciosa, ¡Una bebida dulce y refrescante! Arthit a menudo la ordenaba, la
leche rosa era, tal vez, su bebida favorita. Aunque, probablemente, tal producto
no encajaba muy bien con la imagen prefabricada de un veterano duro. Por lo
que, había decidido abstenerse de beber leche rosa para evitar ser visto por
algún novato.3

Pero hoy, había tenido mala suerte. Lo que tanto intentó evitar estaba
sucediendo. Su secreto había sido revelado, y no frente a cualquier novato, fue
descubierto por el insolente de Kongpob.

¡Maldita sea! ...

Arthit abrazó un deseo ardiente de vengarse, se imaginó cómo su vaso de leche


era derramado en la cara del joven frente a él, pero la mujer regresó a su mesa.10

–Arroz con huevos revueltos y carne de cerdo– anunció dejando el plato en la


mesa con la comida recién preparada. Kongpob alcanzó su plato, pero Arthit lo
detuvo.

–¡No tan rápido! Espera, por ahora, hace falta algo.

Kongpob dejó caer la cuchara sobre su plato y miró a Arthit, quien se aclaró la
garganta con un aire de importancia y habló en tono demandante.
–Como tu compañero mayor, quiero enseñarle algo... ¿Sabes cuánto esfuerzo
se necesitó para cultivar ese arroz?

–Lo sé–Kongpob asintió con la cabeza. Pero, por experiencia, el estudiante del
primer año imaginaba que el líder de las novatadas estaba planeando algo
sucio.

–Quiero que muestres respeto por las personas que cultivaron el arroz en tu
plato. ¿Podrías recitar una oración dando gracias a la comida?

–Si puedo.

–Entonces, di esta oración en voz alta y clara para que todos puedan oír que
estás agradecido por todos los granos de arroz en cada mesa de este comedor–
ese pedido podía ser fácilmente considerado como otro castigo. Después de
todo estaban sentados en un restaurante lleno de clientes y él le estaba
pidiendo que recitara una oración en voz alta, claramente un comportamiento
inusual que dejaría a los clientes del restaurante perplejos.

– ¿Por qué no dices nada? ¿No estas agradecido por el arroz en tu plato?

El líder de los veteranos bufó con desafío, insinuándole a Kongpob que no tenía
el suficiente coraje para realizar su orden.

Kongpob dejó pasar un segundo, respiró con fuerza y se levantó de su asiento


para hablar en alto frente a todo el restaurante.

–Cada plato de arroz, cada plato de comida debe ser consumido. ¡Cada grano
de arroz tiene valor, no hay que desperdiciar lo sagrado! ¡Hay muchas personas
con hambre en el mundo que necesitan granos!3

Los clientes del restaurante miraron a Kongpob con sorpresa y perplejidad,


algunos empezaron a susurrar, obviamente, tratando de adivinar la razón de su
repentino y extraño acto.1
Arthit se burló furtivamente. Su plan había resultado un éxito, y ese sólo era el
comienzo. Él extendió la mano y tomó el plato de Kongpob.

–Esto es para ti, toma tu nuevo plato, ¡come bien! – Arthit intercambio sus
platos, dándole su comida de arroz frito con pollo y huevo, templado con
albahaca.

–Veo que realmente aprecias el arroz... ¡Por ello, pensé, que es justo que comas
más! Toma, te cambio mi plato con huevo, el arroz y el pollo... Para que puedas
comer más, yo ya estoy lleno. ¿O no quieres aceptar mi noble oferta?

Kongpob se quedó sorprendido por la repentina y extraña amabilidad


manifestada por Arthit. De cualquier forma, el estudiante del primer año no
tuvo oportunidad de negarse ante su mayor, y renunció a su furtivo intento de
negar el plato propuesto.

–Bon Appetit– dijo Arthit con voz aterciopelada, pero para Kongpob ese tono
suave era peor que la voz severa de líder de las novatadas como era habitual.
Porque eso significaba que estaba a punto de ser engañado, más
descaradamente que nunca. Y todo lo que podía hacer era bajar la cabeza y
obedecer a su malvado e insensible mayor.

Kongpob tomó una cuchara de arroz, cerró los ojos con fuerza antes de verter
su contenido en su boca. Entonces comenzó a sentir el fuego ardiente del
picante recorriendo su boca hasta llegarle al cerebro. Se apresuró en tomar un
trago de café helado para disminuir el dolor, aun así, unas cuantas lágrimas
salieron de sus ojos.9

Arthit también comenzó a comer, le dio un bocado a su huevo en tortilla con


arroz y carne de cerdo, bebió su leche de frutas con el placer de ver al novato
revoltoso sufriendo ante él y se dio el derecho de reírse del sufrimiento de
Kongpob.
El líder de los veteranos quedó satisfecho consigo mismo, él le había dado otra
lección a ese sujeto insolente. Tal vez sus intenciones iban hacia el camino
correcto... Pero, eso no importaba, él estaba en su penúltimo año, y Kongpob
era un joven que se atrevió a llevarle la contraria a un veterano, esa era razón
suficiente para que mereciera el castigo.

Aun cuando había sido él quien planeó el castigo, se sorprendió cuando


Kongpob comenzó a comer, teniendo el suficiente coraje para soportar incluso
ese tonto castigo...Como si, fuera inmune a las provocaciones de Arthit.1

Un ruido proveniente de su bolsillo llamó su atención. La vibración del celular


de Arthit interrumpió sus pensamientos. Tenía la llamada entrante de un
amigo, uno de los veteranos del comité de bienvenida.

– Hola... ¿Qué es lo que dices? ... estoy comiendo justo ahora... ¿Es realmente
necesario? Bueno, está bien, voy para allá–dijo Arthit su amigo en el teléfono.
Después, con la bocina cubierta por su palma, se volvió hacia Kongpob:

– ¡Tengo que irme, pero debes comerte todo ese arroz, hasta el final, no dejes
ni un solo grano, que no se te olvide que el arroz tiene un valor muy alto!

Arthit hizo una mueca y se apresuró a salir del restaurante, dejando a Kongpob
con un plato casi lleno de arroz cubierto por salsa.

El líder de las novatadas desapareció de su vista, y Kongpob suspiró


estoicamente hasta sentirse libre.

Cada vez que se enfrentaba a Arthit, sabía que no sería fácil sobrellevarlo...
pero, por contradictorio que le pareciera, cada vez sucedía, quería correr el
riesgo. Se suponía que debía estar enojado con el líder de los veteranos, y con
justa razón. Pero, por algún motivo, no podía. Tal vez reaccionaba de esa forma
por su inicial actitud desafiante, y Arthit simplemente había respondido de la
misma manera.3
Kongpob comenzó a separar los trozos de picante de su comida. Sabía que
Arthit no volvería para verificar si el realmente había cumplido con su orden.
Pero, a pesar de eso, Kongpob no consiguió la fuerza para romper su promesa,
por ello, preparó su estómago y se dispuso a terminar el arroz hasta el final. Su
boca estaba roja e hinchada, no podía sentir sus labios y la lengua le ardía de
una forma insoportable, tanto que perdió el sentido del gusto.2

– ¡La cuenta por favor! – Kongpob llamó a la mujer del restaurante.

– ¡No es necesario! ¡El cliente con el que te sentaste pagó ambas cuentas!

Kongpob se sorprendió, sólo una persona estuvo sentada en la misma mesa


que él. Él intentó contener sus pensamientos, y se levantó para pagar su bebida.

–Disculpa, ¿Cuánto le debo por el café helado?

–Ya han pagado por usted... El hombre que compró la leche rosa.

Kongpob asintió, pensó en comprar agua para apaciguar el ardor en su boca,


pero de pronto, cambió de idea...

–Entonces voy a pedir otra bebida, una leche rosa por favor– pidió Kongpob,
pagando su pedido y recibiéndolo al instante. Al tenerlo, observó su vaso de
leche de frutas, color rosa suave.

La leche rosa, por supuesto, no ayudó a Kongpob a deshacerse del intolerable


dolor en su boca, pero ayudó a entender por qué no podía estar enojado con
una persona como Arthit así este fuera tan intolerante... Sólo porque él tenía
una debilidad por lo dulce.16
Capítulo 8
Regla número ocho para el estudiante de primer año: "Demuestra tu
capacidad".

Todos cantaban y bailaban, viviendo el momento con diversión.

Los novatos bailan con todas sus fuerzas, aliviando la tensión después del
encuentro con los veteranos. Esa vez, el castigo que recibieron de ellos,
consistió en flexionar las rodillas como si estuvieran sentados sobre una silla
invisible, por cinco minutos. Las piernas de los alumnos de primer año estaban
completamente entumecidas después de los tres minutos y difícilmente podían
soportar hasta que la cuenta regresiva se detuviera. ¡Pero ahora, a pesar del
difícil esfuerzo físico previo, nadie podía parar su danza! Por decirse de una
manera clara, estaban cooperando al máximo para recuperar el buen humor
después del encuentro con los alumnos de tercer año. Las risas no cesaron
hasta que los miembros del grupo creativo les pidieron parar.1

–¡Gracias, por hoy acabamos! –exclamó uno de ellos– ¡Recuerden que quien
quiera participar en la competición, debe registrarse en la lista a las siete de la
noche!

El grupo creativo repitió la última frase, para recordarles a los jóvenes que las
inscripciones estaban abiertas, intentaban fomentar la iniciativa para que
participar del evento más importante para los estudiantes del primer año.

–¡Las competiciones entre estudiantes del primer año consisten en la


realización de competencias de varios deportes, para demostrar el rendimiento
y sincronización de los novatos de cada facultad!–prosiguieron, sin agregar que
también habría competencias para los integrantes de los equipos designados.
Kongpob miró el reloj en su muñeca, ya eran seis y media. Estaba deseoso de
salir disparado de ahí para por fin ir a cenar, pero, apenas dio la vuelta para
alejarse de la audiencia, alguien lo llamó.

–¡Espera Kong!–reconoció la voz, era su amigo más cercano, Em.

Kongpob se detuvo a esperar a que su amigo se acercara.

–¿Estás libre? Quiero inscribirme en la competición de baloncesto ¿Te unirás


conmigo al equipo?– preguntó apresuradamente.

En la oferta de Em, no había nada sorprendente. En su tiempo libre después de


la escuela, él jugaba regularmente baloncesto con Kongpob. La mayoría de las
veces, jugaban con chicos más jóvenes por diversión. Pero, aunque no jugaban
realmente en serio, tenían la suficiente capacidad para ganar en competencias
callejeras. Por ello, Kongpob asintió y respondió brevemente:

–Bueno, vamos, pero que sea rápido que quiero cenar.8

Kongpob pensó en un principio que ir hambriento sería una clara desventaja,


escuchando en su mente la frase: "un soldado hambriento, no llega lejos". Para
calificar para competir y poder participar en el equipo, era necesario demostrar
sus habilidades, y jugar de estómago vacío, le sería difícil. Por lo tanto,
cambiaron de planes para hacer la cafetería su primera parada. Sus amigos y él
comieron toda la comida que pudieron para reunir sus fuerzas, ya que,
también, estaban agotados después del encuentro con el comité de
bienvenida.

Cuando terminaron la comida, faltaba muy poco para la hora señalada para el
registro. Se apresuraron al corredor de deportes de la universidad y, apenas
cruzaron el umbral, vieron a una multitud de estudiantes de la Facultad de
ingeniería, no sólo novatos, sino también chicos mayores. Uno de ellos, chico
bien alimentado, con el alma de una niña, que se hacía llamar Minnie. Cuando
vio a Kongpob, Minnie se apresuró a saludarle:3

–¡Kongpob, mucho tiempo sin verte! estaba aburrido, ¿cómo llegaste aquí?

–Hola Minnie, mi amigo y yo queremos entrar al equipo de baloncesto–dijo


Kongpob con cortesía, cruzando las manos a la altura del pecho en el típico
saludo tailandés. La declaración de Kongpob hizo que Minnie se agitara.

–¿Quieres jugar en un equipo de baloncesto, pero eso no hará la competición


de las estrellas de la universidad difícil para ti?1

Y tenía razón. Kongpob ha olvidado ese pequeño inconveniente, ahora también


participaría en competiciones deportivas para novatos además de ser parte de
la competición más importante a nivel campus, la de la estrella y luna de la
universidad.

Kongpob fue elegido por estudiantes mayores como candidato a luna. Minnie


no aprobó la decisión del novato de participar en otra actividad. Muchos
alumnos de primer año desistieron de representar a la facultad de ingeniería
cuando vieron la foto y la entrevista de Kongpob en la página del concurso en
el sitio de la universidad. 

–En ese caso, no es necesario que te inscribas, Kongpob. Me olvidé que estarás
representándonos en la competencia de luna y estrella de la universidad.

Kongpob sacudió la cabeza. Él se sentía capaz de hacer ambas actividades


además de que no estaba acostumbrado a retroceder. Él se giró hacia Minnie
para obtener su permiso:

–¿Puedo inscribirme como un jugador sustituto?


–Bueno, en ese caso, sí. Pero sólo como un jugador sustituto–dijo con
reproche–¡Ahora que lo recuerdo! ¿Kongpob, ya pensaste, qué habilidades
especiales tienes?

Lo había olvidado también, en la competencia los participantes serian


evaluados no solo por su apariencia, sino además tendrían que demostrar sus
habilidades en el escenario en el plazo máximo de cinco minutos. Para
Kongpob, fue un dolor de cabeza pensar en que podría hacer que durara un
total de cinco minutos, porque no sabía que haría además de presentarse, lo
que duraría al menos, unos cinco segundos. Minnie miró con esperanza al
novato, y Kongpob prefirió eludir la pregunta con cuidado.

–Todavía no he preparado un número, pero ya pensé en algo.

–¡Kongpob, tenemos que apresurarnos, no dudes en decirme si no tienes ideas,


puedes ir a verme, ten por seguro que te ayudaré, este año llevaré a la
universidad a la victoria, así que tú no tengas miedo, créeme!

Minnie habló con tanta confianza y entusiasmo, como si estuviera


preparándose para un concurso de reina de la belleza. Kongpob apenas y
esbozó una sonrisa seca. No estaba asustado de la competición, y el título de
luna de la universidad le interesaba poco, si no es que decía nada. Si hubiera
sabido que la participación en la competición se convertiría en una molestia, lo
habría rechazado desde el principio.

–¡Vamos a inscribirnos o llegaremos tarde! –dijo Em.

Kongpob asintió y dijo adiós a Minnie. Fue entonces cuando miró alrededor de
la habitación, tratando de encontrar la mesa de las inscripciones. No le fue
difícil encontrarla, un grupo de chicos, de casi diez personas se aglomeraban
alrededor de una mesa, detrás de las cuales había una chica organizando las
listas.
Kongpob y Em fueron a la mesa, pero antes de alcanzar su objetivo, oyeron
voces familiares. Kongpob se volvió a la fuente del sonido congelándose en
cuanto lo hizo.

Un grupo de estudiantes de tercer año de la facultad de ingeniería, que


rebasaban la cantidad de diez personas entraron en el salón. A pesar de que sus
rostros mostraban indiferencia, la atmósfera en la sala se volvió pesada. Los
novatos, temerosos de los veteranos, se limitaron a esparcirse hacia las orillas
con miedo e intención de evitarlos. Los rostros de algunos estudiantes de tercer
año no eran familiares para Kongpob. Tal vez porque eran de otros
departamentos. Pero quien destacaba era uno de los veteranos miembro del
comité de bienvenida, quien lideraba al grupo sin fijarse en nadie a su
alrededor, pero Kongpob lo reconoció al instante.... Era el jefe de los veteranos,
Arthit.

Kongpob observó a Arthit conducir a los estudiantes de tercer año hacia la mesa
de inscripción y comenzar a hablar con la chica a cargo de las listas, después se
giró hacia todos los presentes para anunciar en alto:

–¡Todos los que se ha inscrito para participar en la competición, vengan aquí!

Aunque los novatos todavía no estaban por completo enterados de lo que


estaba pasando, tenían el presentimiento de que la presencia de veteranos,
cuyos rostros se parecían muy ásperos, no era un buen presagio. Y estaban en
lo correcto. Cuando Kongpob, Em, y cerca de más de treinta jóvenes avanzaron,
oyeron a los alumnos mayores conversar entre ellos:

–¿Estos son todos?

–Mantén la compostura... No, eso no va a resultar...

–Bueno, te dije...
Las palabras de crítica hicieron desaparecer a los pocos alumnos del primer
año. Aquellos que deseaban participar en competiciones deportivas estaban de
pie en filas frente a la mesa, Arthit dio un paso adelante, miró alrededor de la
multitud con una mirada fría y empezó a hablar:

–¡No los llamamos aquí para ayudarlos, o para darles algún consejo, deben
arreglar sus problemas por ustedes mismos! ¡Hoy he venido aquí para dejarles
saber que, desde el inicio de las competiciones deportivas entre los estudiantes
del primer año, el departamento de ingeniería nunca perdió en ningún deporte!
¡Y les advierto, no tienen el derecho de romper esa tradición!–Arthit terminó su
discurso.4

Los estudiantes del primer año se congelaron en silencio. Los novatos


entendieron las intenciones de los veteranos, ellos no habían llegado para
darles un emotivo discurso que los animara a esforzase en las competiciones...
Su presencia ahí era sólo para asustar a los alumnos del primer año e
indirectamente para ejercer presión sobre ellos para que nos les quedara otra
opción más que ganar. En realidad, las competiciones deportivas entre
estudiantes del primer año eran tomadas como un evento divertido, cuyo
objetivo era familiarizarse entre estudiantes novatos de diferentes facultades.
Entre los alumnos de primer año se empezaron a escuchar murmullos,
defendiendo el verdadero objetivo de las competiciones deportivas, por lo que,
al escuchar las duras palabras de los veteranos uno de ellos no pudo soportar
hacerles frente.

–Pero las competencias de primer año se realizan para que podamos aprender
lo que es la unión, y aprendamos a perder, vencer y perdonar ... ¿Eso no es así?1

Arthit se volvió hacia el hablante. El jefe de los veteranos percibió que entre los
otros novatos estaba sentado Kongpob, y al principio pensó que era él quien
nuevamente buscaba sobresalir y hacerse el héroe, como era su hábito. Pero el
alborotador era otro estudiante quien estaba sentado más cerca. Kongpob no
lo había visto antes, aparentemente, este estudiante era de otro departamento.
El chico habló con osadía y audacia, al parecer, no tenía miedo de los alumnos
mayores e incluso se notaba que deseaba desafiarlos. Uno de los integrantes
del comité de bienvenida, con el nombre de Prem, rápidamente le contestó:

–¡Sí eso es lo que crees, ve a amamantarte del seno de tu madre, querido!

–¿Qué dices? ¡He preguntado de forma amigable! ¡Y tú insultas a mi madre!

El novato exclamó ofendido, toda su mirada irradiaba furia. Prem consideró su


comportamiento como una falta de respeto hacia los alumnos mayores y
respondió de forma agresiva:

–¡Yo soy el mayor aquí y tú un simple novato! ¿No sabes quién está a cargo? ¿O
estás tratando de ser castigado?

–¡Ven, no te tengo miedo, que hayas nacido antes que yo, no significa nada!25

–¿Qué fue lo que dijiste?

El estudiante mayor, cuya dignidad fue pisoteada, apretó sus puños, listo para
atacar al novato. Arthit apresuró a bloquear su camino, interponiéndose entre
ambos.

–¡Basta Prem, tranquilízate!

–¡Escucha como habla, ese novato tiene que ser golpeado para conocer su
lugar!

–¡Atrévete! ¿Piensas que soy débil?–gritó el chico de primer año, enojado por
sus palabras.
Prem levantó las manos frente al pecho, en la posición de lucha, listo para
involucrarse en una pelea.  Kongpob, quien estaba sentado detrás del novato,
saltó y agarró a su compañero de la muñeca para tratar de tranquilizarlo.

–Ignórale, no dejes que te provoque.

–¡Cómo no voy a molestarme si he hecho una pregunta, y ese idiota me


respondió con insultos! –exclamó el alumno del primer año, Prem más
enfureció al escuchar el insulto dirigido a él.

–¡Es todo, lo lamentarás! –contratacó el alumno mayor, con los puños


preparados, sin darse cuenta que sus compañeros se posicionaron a sus lados
para detenerlo. Por último, Arthit perdió los estribos y gritó una orden.

–¡Ambos deténganse! ¿No tienen vergüenza?

La disputa acabó con la furia de su voz, todos, incluidos los alumnos mayores,
se quedaron callados. Los lados opuestos sólo percibieron que los ojos de todos
los presentes en el gimnasio se dirigen a ellos.

Arthit dejo de sostener los hombros de Prem y se volvió hacia el alumno de


primer año.

–¿Quieres saber por qué estamos aquí? ¡Se los diré!

El jefe de los veteranos tomó aire en sus pulmones, preparándose para su


discurso, y se volvió al grupo de estudiantes del primer año con intención de
leer sus rostros, después comenzó a decir las razones detrás de su presencia.

–¡Ustedes, estudiantes de primer año, probablemente piensen que van a


participar en una competencia sin peso, pero para nosotros, los veteranos, su
rendimiento en los juegos es una demostración de lo que ustedes son capaces
de hacer! De esa forma sabremos si tienen el potencial de convertirse en
estudiantes dignos ¡Cuánta más importancia les den a estos juegos, mejor
demostraran la seriedad con la que abordan los retos! Pero si son negligentes,
sin dar lo máximo para llegar al final, y están dispuestos a aceptar la derrota
desde el principio, ¡entonces no son dignos de formar parte de nuestra facultad
de ingeniería! –Arthit dijo esas palabras con espíritu, no con la posición del jefe
del comité de bienvenida, sino como representante de la generación más
antigua de la Facultad de Ingeniería.3

En realidad, Arthit no estaba seguro de que la facultad de ingeniería en realidad


ganara en todas las competiciones de los juegos para novatos. Pero, cuando él
era uno, se ofreció a presentarse en un equipo de baloncesto, y los alumnos
mayores les dijeron exactamente lo mismo. Como resultado, su generación
ganó en todos los juegos. Incluso sus compañeros del comité de bienvenida
también habían participado en ellos.

Así, ellos creían ese discurso debía ser transmitido de generación en


generación, para darles una prueba de lo fuerte que era el espíritu de los
alumnos de la Facultad de Ingeniería. La facultad de ingeniería, que contiene a
la mayoría de los estudiantes de la universidad, debe proteger su honor y
vencer sobre todas en las competiciones. 

–¡Definitivamente vamos a ganar!

Arthit se volvió y miró al novato que se atrevió a interrumpir su discurso. Esta


vez fue, de hecho, su viejo amigo, un jugador aficionado, con aspiración a ser
un super héroe.1

Kongpob soltó a su compañero y avanzó para encontrarse cara a cara con el


jefe del comité de bienvenida, sin mostrar una sombra de miedo en su
rostro. Kongpob encontró la mirada despreciativa de Arthit.

Arthit respondió amenazante:


–¡No hables antes de tiempo, en lugar de eso, demuéstralo! ¡Recuerda que eres
el rostro de la facultad, representaras a todos los alumnos de ingeniería y
perder o ganar será totalmente tu responsabilidad!

–Estoy consciente de ello, es por eso que te aseguro que vamos a ganar, y que
nosotros, los alumnos de primer año, también somos dignos del orgulloso
título de estudiantes de ingeniería, y no vamos a dejar que nadie nos subestime.

Kongpob no gritó y no presumió frente a los alumnos mayores, sus palabras


estaban impregnadas de confianza debido a sus habilidades. Y estas mismas
parecieron hacer efecto en los alumnos del primer año, y hasta en los
estudiantes del tercer año que los rodeaban.

–Eso está por verse.

Arthit terminó de hablar y asintió con la cabeza hacia sus compañeros. Lo


siguiente que hicieron los alumnos mayores fue dirigirse a la salida del salón de
deportes, seguidos por exhalaciones de los pulmones relajados de los alumnos
del primer año.

Una vez fuera se detuvieron los integrantes del comité de bienvenida,


separándose de los demás alumnos mayores.

–¡No debiste haber impedido que golpeara a ese idiota!–Prem se quejó.

Prem tenía un brillo y apariencia de un residente del sur. Se había inscrito en la


carrera de ingeniería civil. Arthit hizo un gesto cansado antes de hablar.3

–¿Por qué empezar una pelea en presencia de cientos de testigos, van a llamar
la atención de los profesores, al menos pensaste en eso?

–Bueno, tienes razón. ¡Pero escucha, ese tipo bonito que está
desobedeciéndote todo el tiempo, ¡estoy seguro de que está buscando
problemas!–Prem cambió el tema, refiriéndose a Kongpob en lugar de su
propio altercado anterior. 4

Arthit asintió y respondió de mala gana:

–Bueno, al parecer esa es su naturaleza, ya estoy cansado de castigarlo.2

Arthit ya había advertido a Kongpob que no debería tratar de actuar como un


héroe. Por lo que no quería unirse al enfrentamiento esta vez, después de todo,
la disputa podría agravar la atmósfera ya calentada por Prem y el novato.

–¿Eso es todo? ¿Vas a dejar que alardee todo lo que quiera?

Arthit se detuvo cuando escuchó el comentario despectivo de su amigo, quien


parecía no haber escuchado una palabra de los labios de Kongpob. Creyendo
que todos los novatos eran imprudentes.

Pero Arthit sabía que no era así. Un ejemplo de ello era el caso de Kongpob.

–No se le debe subestimar–Arthit dijo en voz baja, obligando a su compañero a


su vez a preguntar.9

–¿Qué dijiste?

–Nada–dijo Arthit y apresurado se fue en camino contrario.

Los pensamientos del líder de los veteranos circulaban en un solo lugar, irritado
por ser el representante de la generación más vieja de la facultad.

Incluso en su mente le era imposible admitirlo, pero en el interior él creía que,


en definitiva, Kongpob iba a ganar.
Capítulo 9
Regla número nueve para el estudiante de primer año: "Mantén y cumple
una promesa".

–¡Oye, Kong! ¡Kong! ¿Qué es lo que buscas? ¡Te he estado llamado varias veces
y no respondes!

Em saludó a Kongpob, quien estaba flotando en alguna parte, manteniendo sus


pensamientos en las nubes. No tardó en rendirse y regresar su atención a la
cancha de baloncesto, donde las competiciones estaban a punto de comenzar.

Y, contrario a lo que su amigo creía, los pensamientos de Kongpob no estaban


ocupados en el nerviosismo por obtener la victoria en los juegos de los alumnos
del primer año.

Él estaba preocupado por algo totalmente diferente. No era algo lo que lo


mantuvo distraído, sino alguien.9

Su rostro apareció en su mente, materializando sus recuerdos del día anterior.

El sonido del silbato sonó con fuerza, y eso sólo significaba que el juego de
baloncesto entre los alumnos del primer año de la facultad de ingeniería y
pedagógica estaba llegando a su fin. El equipo de soporte de los ingenieros y
los jugadores actuales en el campo gritaron con alegría. ¡Se habían llevado la
victoria!

–¡Lo hicimos, llegamos a la ronda final!

Kongpob escuchó los gritos animosos de Em, quien enseguida corrió al banco
de sustitutos para celebrar con Kongpob. Él le dio un choque de manos a su
amigo que se acercó con la palma en alto, e intentó fingir una sonrisa a pesar
de que su apariencia era la de un hombre cansado algo que no encajaba para
nada con la atmósfera festiva de la victoria.

Em frunció el ceño, no quiso mantenerse callado y le preguntó Kongpob con un


hilo de sospecha en su voz:

–Kong, ¿qué hay de malo hoy contigo? ¿Ha pasado algo para que estés tan
serio? ganamos, necesitamos alegrarnos por ello.

–Estoy bien, sólo acabo de notar que los estudiantes de tercer año no vinieron
a ver el juego.2

Kongpob sacudió los hombros, percibiendo que accidentalmente había dicho


exactamente lo que tenía en su cabeza.

En realidad, era eso lo que lo mantuvo con la vista fija en la entrada del
gimnasio. El líder de las novatadas no se dignó a aparecer en todo el partido.
Pero su falta de interés no fue cosa de ese día. Desde el día anterior, cuando las
competiciones deportivas de los alumnos del primer año comenzaron, sólo los
estudiantes de primer y segundo años eran los únicos que parecían tener
interés en las actividades. Y aquello era manía de la facultad de ingeniería, el no
mostrar ningún interés en sus menores. A diferencia de los veteranos de otras
facultades. Ni siquiera cuando habían exigido la victoria.

–Ellos tienen miedo de tragarse sus palabras, recuerda cómo nos amenazaron
como si fuéramos unos enclenques, ya verás cuando ganemos, ¡Quiero ver sus
rostros cuando recibíamos el trofeo! Voy a regodearme y restregarlo en sus
rostros– limpiando el sudor de su cara, dijo un nuevo amigo de Kong, Wad, un
chico de origen chino con extraños ojos grandes.4

Em lo recordaba, Wad no tardó en meterse en una pelea con estudiantes de


tercer año el día del registro de juegos.
Kongpob conoció el Wad más de cerca durante el entrenamiento, antes de las
competiciones de baloncesto. Kong supo que Wad estába estudiando en el
departamento de química, y estaba firmemente contra el sistema SOTUS y no
le gustaba para nada darle sus respetos a ningún alumno mayor de la facultad.5

Pero a Wad le gustaba el baloncesto por lo que él accedió a participar en los


juegos entre los estudiantes del primer año. Era un jugador habilidoso y hasta
consiguió el lugar del capitán del equipo por ello. Wad era un poco emocional,
era fácil de provocar y perder el control.

El día del conflicto con los alumnos del tercer año, Wad se prometió salir
victorioso en las competiciones, con ello se sentía que estaba protegiendo su
honor. Les demostraría que no estaban sobre él de ninguna forma. Esa promesa
fue lo que utilizó como motivación para concentrarse en el juego.

–Vamos a descansar, mañana es el último juego, no importa si vienen o no, si


ganamos será inevitable que no se enteren–dijo Em, dándole unas palmaditas
en el hombro a Kongpob, dejándolo en el campo de deportes después de que
él se apresurara a las duchas.

Kongpob se levantó del asiento y se dirigió a las duchas con sus compañeros.
De nuevo no pudo resistirse y miró a la puerta, después a la parte del gimnasio
donde estaban todos los alumnos de ingeniería en donde sólo vio chicos de
primer año con pancartas, quienes ya estaban holgazaneando y animando a
sus amigos.

Generalmente, las competiciones entre los alumnos del primer año se


realizaron durante la noche por tres días consecutivos. Todos los alumnos se
dividieron en grupos para dar apoyo a su universidad en diferentes deportes.
Todas las competiciones se realizaron bajo la regla de que, si se perdía por
primera vez, el equipo estaba eliminado de la competencia. Hasta la fecha, los
estudiantes de ingeniería del primer año no habían tenido en realidad algún
rival fuerte en ningún juego de ningún deporte. Al parecer, las amenazas de los
estudiantes de tercer año realmente trajeron frutos y se convirtieron en una de
las fuentes de motivación para los futuros ingenieros.

Kongpob, aunque sólo era un jugador de reserva, trabajó duro durante toda la
semana. Recordaba su promesa a si mismo de probarle a los estudiantes de
tercer año su derecho a ser llamado estudiante de la Facultad de Ingeniería e
hizo todo lo posible para hacer que esta promesa se cumpliera y mostrarle al
equipo de novatadas que los recién llegados contaban con un gran potencial.

Ellos incluso pasaron a la ronda final, y esos veteranos no se dignaron a


aparecer. Ni en un solo partido.

Incluyendo al dueño del rostro al que Kongpob tanto buscaba en la multitud.3

Kongpob no sabía por qué sus ojos estaban tercos en seguir buscando a la
misma persona. A pesar de las pocas esperanzas de que se presentara. Aun así,
Kong esperaba desde el fondo de su corazón voltear y encontrarse con su
mirada irritada.11

Volvió a hacerlo, examinó los rostros en las gradas durante un largo período de
tiempo y, de vez en cuando, tuvo que obligarse a regresar su concentración de
vuelta al juego, reprochándose repetidas veces a si mismo por tener ese tipo de
comportamiento.

"¿Estás loco, Kongpob?" gruñó para sí mismo con frustración.8

Kongpob sacudió la cabeza, y se dijo a sí mismo que era hora de descansar su


cuerpo antes de la competencia de mañana. Se despidió de sus amigos, cogió
una motocicleta y se fue hacia su departamento.
Era cerca de siete de la noche, y la competición de voleibol estaba a punto de
terminar. Antes de volver a casa, Kongpob decidió ir a conseguir algo de cenar
en una tienda cercana.

En realidad, comió antes de la competición, pero el juego fue tan largo que
tenía hambre de nuevo. Kongpob se decidió a ir por un plato simple, y su
elección cayó en kebabs de cerdo, un par de brochetas de asado en la parrilla.
Un olor que lo recibió apenas se bajó de la motocicleta y emitió un suspiro
satisfactorio al saborear ese aroma delicioso.2

–Una porción de pinchos de cerdo con una dosis de arroz, por favor.

–Tendrás que esperar un poco, aún están asándose–dijo el vendedor,


volteando las brochetas.

Kongpob no se dio cuenta de que no había ningún kebab de Shish listo en esta
tienda, pero sería una pérdida de tiempo irse a buscar algún otro lugar en
donde tuvieran algo de su antojo, así que decidió esperar.

–Está bien– Kongpob asintió y se cruzó de brazos, distrayéndose en contar el


costo de la comida en su mente.

De repente, oyó otro comprador hablando con el dueño de la tienda:

–Señor pediré, una porción de cerdo y una dosis de arroz, por favor.

–Espera un minuto, aún no se han cosido, pero pronto estarán listos– el reciente
diálogo que mantuvo con el vendedor se repitió con un nuevo visitante, uno
que desvió la atención Kongpob de las matemáticas dando vueltas en su
mente.

Él levantó los ojos atraído por su voz.


–Bien– Arthit le dijo al vendedor, dándose cuenta de la persona a su lado quien
tenía los ojos fijos en él.

Y el jefe de los veteranos escondió por un momento un vaso de leche rosa detrás
de la espalda, el mismo que sorbió con serenidad antes de hacer el pedido. Su
rostro cambió a una expresión rigurosa y severa en cuestión de segundos.

–Hola, P'Arthit– dijo Kongpob, y unió las palmas en un saludo formal.

Arthit respondió brevemente el saludo con una mirada indiferente. El jefe de las
novatadas parecía haber cambiado su postura relajada a la usual, y la
atmósfera relajada que prevaleció antes de repente se volvió sombría, creando
un ambiente incómodo entre ambos.

–Quedamos en las finales de competencia de baloncesto, y en todos los demás


deportes también– Kongpob intentó crear el terreno para una conversación
entre los dos.

–¿Y por qué me lo dices?

Kongpob sintió una sensación desagradable de recibir tal reacción de la


persona a quien buscaba durante las competiciones de baloncesto, tan ansioso
por verlo aparecer, y ahora que se encontraban por casualidad en una tienda
de comida, con el olor de cerdo cocido y shish de kebabs en el aire, no recibía
más que decepción. Él reunió fuerza antes de tratar de explicarse:

–No te he visto en las competiciones por lo que pensé aun no lo sabias.

–Que pasaran a la ronda final no es de mi interés, lo único importante es la


victoria–dijo, dándole una respuesta fría y dura, característica del jefe de los
veteranos. Los sentimientos de Kongpob fueron destruidos con esas simples
palabras.
Esa es la razón por la cual los estudiantes de tercer año no participan en la
competición. En sus ojos, la emoción de los jóvenes por ganar cada pequeña
ronda no tenía importancia, los novatos no entendían que lo único de valor era
una victoria completa.

–No te preocupes, yo, seguro, ganaré– Kongpob dijo con confianza, como si
estuviera actuando alguna parte de película dramática.2

... Arthit resopló en su interior, el novato se creía un superhéroe, ¿creías que era
perfecto? ... Nadie podía ganar en todo. Las personas tienen debilidades. De lo
contrario no existiría la palabra perdedor.1

–¿Realmente piensas así? He oído que participas en el concurso de estrellas


universitarias, ¿cierto? – Kongpob sintió que detrás de esa simplicidad con la
que Arthit comenzó a hablar tenía un doble sentido escondido.

Y estaba en lo correcto. Arthit no esperó una respuesta y, con una sonrisa, le


preguntó:

–¿Recuerdas que te conté que el departamento de ingeniería nunca perdió


contra a nadie? Si quieres que te reconozca, debes ganar en todo.

El "Ganar en todas las competiciones" para Kongpob significaba tener el título


de Luna de las estrellas de la universidad.

Claramente no pensaba que la victoria en la competición de las estrellas de la


universidad fuera fácil de ganar. En esa competición, los participantes serían
juzgados no sólo por la apariencia, sino también de acuerdo con sus talentos y
habilidades. Probablemente, cada año, el título de luna y estrella de la
universidad era concedido a representantes de diferentes facultades. Y en el
campus había más facultades que sólo ingeniería.
Y, aunque la competición de las estrellas de la universidad ha sido un evento
popular entre los alumnos del primer año. El ganador de este curso no recibe
ningún premio especial ni debe ayudar al mundo dando un buen ejemplo como
hace Miss Universe, pero aun así, ese concurso era un indicador del prestigio. Y
Minnie no habría elegido a Kongpob como candidato de la facultad de
ingeniería, si no hubiera recibido apoyo secreto de todos los alumnos del
primer año.

Pero, lo más importante fue que, desde el principio, Kongpob no planeaba


ganar en esa competición. Para convertirse en la luna de la facultad, siendo el
representante de las diez facultades, debía en realidad ser el mejor, y convencer
a todos de que lo era, aquello era por mucho una tarea extremadamente difícil.

Así que las condiciones impuestas por Arthit, para reconocer el esfuerzo de
Kongpob, eran difíciles de alcanzar.

Arthit vio el rostro de Kongpob cambiar en ese momento. Él sabía que Kongpob
perdería. Evaluó la apariencia del novato como un chico promedio, además de
creer que Kongpob no tenía habilidades especiales, aparte de retratarse a sí
mismo como un héroe. Cuando este perdiera, él encontraría un castigo para
todos los recién llegados que fuera digno. Después de todo, aunque ganaran en
todos los deportes, no obtendrían el título de estrella de la universidad, por lo
que eso significaría su fallo en el cumplimiento de lo que habían prometido.
Toda responsabilidad por el curso caería sobre los hombros de una persona,
eso era lo que más le entusiasmaba. No era nada sorprendente que Kongpob
no pudiera esbozar una sonrisa. El novato se congeló, quedándose en silencio
hasta que ambos se giraron hacia el puesto de comida, al escuchar la voz del
vendedor.

–¡Los Shish kebabs están listos!


Arthit extendió la mano con el dinero y tomó su bolsa de kebabs de cerdo y
arroz, luego se volvió hacia Kongpob dándole mirada fría con el ego elevado, y
se retiró.

... Arthit sentía el triunfo revolotear en su pecho ¡Lo había hecho! ¡Le cerró la
boca! Que intentara el novato ser héroe después de probar la derrota. En
definitiva sabía que el último en reír era quien mejor lo pasaba.5

"Veamos como intentas ahora ser un héroe" Arthit se burló en su mente, abrió
el vaso de leche de color rosa que hábilmente escondido de los ojos del novato
y lo acercó a sus labios para celebrar la victoria. La sonrisa en su rostro era
increíble...hasta que escuchó la voz del novato exclamar a su espalda.1

Arthit se detuvo.

–Y si yo gano ¿Qué me darás?7

Arthit casi se atragantó con la leche, se aclaró la garganta antes de girarse y


hacerle una pregunta para asegurarse de que no había escuchado mal:14

–¿Qué quieres decir? ¿Crees que mereces algo?

El novato suspiró y dijo:

–Bueno, estamos apostando eso quiere decir que si pierdo voy a hacer lo que
quieras, pero si yo gano, debes cumplirme un deseo.

Esta vez, Arthit perdió su don de hablar en situaciones difíciles, lo que oyó y
sintió en el fondo de su corazón estaba desafiando su capacidad de actuar. El
jefe de los veteranos estaba en verdad enojado.

– ¡¿Cómo te atreves Kongpob a tratar de negociar conmigo?!–Arthit gritó con


rabia. Y Kongpob apenas sonrió, no tenía miedo del hombre frente a él.

Tosió y comenzó a explicar con calma:


–He presentado una propuesta... puedes aceptarla o rechazarla. En realidad,
soy yo quien está en desventaja con la apuesta... ¿O tienes miedo de que gane?

La primera parte de la conversación de Kongpob no impresionó a Arthit, pero


la última frase lo irritó fuertemente. Ese pequeño bastardo. La gente dice que
las aguas en donde reposa el diablo son tranquilas hasta que irrumpen en ellas.
Pero ese novato no era cualquier hombre, él era otro pequeño diablo.

¿Cómo se atrevía a jactarse delante del líder de los veteranos? ¿No tenía miedo
de las consecuencias?

Si él tenía las agallas de retar a Arthit a un desafío, el jefe de las novatadas no


tendría miedo de aceptar. Por supuesto que no iba a dejar que lo
menospreciara insinuando que una persona como Arthit tendría miedo de
perder.

– Bien, acepto tu oferta. Después de todo, estoy seguro de que alguien como tú
perderá, no sólo en la competición de luna, también en cualquiera en la que
participes.

Arthit cerró el trato con Kongpob, sin olvidar añadir un comentario despectivo
con un toque de amenaza. Algo que no hizo cambiar la expresión de Kongpob
en su rostro:

–No olvides ir a verme mañana, sólo para ver si pierdo o no.10

– ¡No te cansas!–Una vez más, Arthit no encontró las palabras para expresar su
rabia contra Kongpob. Él se alejó bruscamente con rabia, y el novato, que no
recibió una respuesta a su pregunta, se mantuvo con los ojos fijos en él mientras
se alejaba.6

En realidad, Kongpob desafiaba sin darse cuenta a los veteranos.


Su emoción al verlo se apagó a lo largo de la conversación, además de que, al
parecer, Arthit sólo buscaba provocarlo. Cuando lo único que quería Kongpob
de él era ver a los estudiantes de tercer año animando a los novatos en los
juegos. Era ambicioso y no sólo deseaba su presencia en los partidos de
baloncesto, también en las demás competiciones. Quería que los veteranos
fueran testigos del esfuerzo con el que los novatos se llevarían la victoria.

En cuanto a la apuesta, y proponer un castigo para el perdedor fue una cuestión


secundaria, sólo un juego divertido que simplemente llamaría la atención de
Arthit para que se tomara más en serio las competiciones de los alumnos del
primer año. Kongpob sabía que era correr un riesgo, pero su suerte no era todo
lo que necesitaba para ganar. El tiempo lo diría. Faltaba menos de un día para
saber la respuesta.

–¡Eh! ¡Kong! ¡Kongpob! ¿Estás en las nubes? ¡El juego va a comenzar!–La voz de
Em trajo Kongpob vuelta a la realidad. Ahora estaba en la cancha de
baloncesto, donde daría comienzo el juego final. Se decidió casi de último
momento que Kongpob entraría en la primera mitad del juego.

Y a pesar de ello no podía despegar sus ojos de la audiencia.

Kongpob suspiró para su pesar, dándose unas palmadas en las mejillas


dispuesto a dirigir su atención a lo que estaba en juego... Al final, le
decepcionaba darse cuenta de que Arthit realmente no iba a aparecer.

Una persona como el jefe de los veteranos probablemente no se preocupaba


por la posible derrota de los estudiantes del primer año. Pero Kongpob
esperaba que, al menos, la propuesta que presentó ayer, provocara a Arthit y
este se dignara a ir. Sólo eran un montón de esperanzas vacías.

El plan de Kongpob no funcionó.


Kongpob ya no esperaba la aparición del líder de las novatadas, ya estaba
preparándose para ser parte de los tradicionales abrazos de ánimo de los
jugadores antes del partido y cantando los eslóganes del equipo a todo
pulmón.

Pero, justo antes de comenzar de nuevo el coro, no tuvieron tiempo ni de tomar


aire. Los sonidos vagos de la tribuna de los animadores del departamento de
ingeniería. El capitán levantó la cabeza y preguntó:

–¿Qué está pasando?

Todos los jugadores del equipo se volvieron a la fuente del sonido y vieron la
causa de la agitación. Un gran grupo de alumnos de tercer y cuarto año de la
universidad de ingeniería, con cerca de veinte personas, entró en el pasillo. Los
veteranos estaban alrededor de la cancha de baloncesto con una mirada
indiferente, como si estuvieran analizando el territorio. La atmósfera hizo que
los novatos sintieran aún más la presión.

– Y yo que pensé que no vendrían, bien, no importa, ya que están aquí vamos a
mostrarles como ganan el titulo los novatos –dijo Wad, que quería venganza.

Kongpob también vio al mismo estudiante de tercer año a quien esperaba.

El capitán del equipo de animación retomó el canto de los eslóganes, y esta vez
los jugadores gritaron con más confianza.

– ¡Facultad de Ingeniería a la batalla!

Junto con sus voces los chicos a cargo de los tambores los hicieron retumbar
desde las gradas. Esta vez, tenían que enfrentarse contra la Facultad de
Ciencias Naturales, uno de los líderes en todas las competiciones y un rival
constante de Ingeniería. En general, el juego no debería tornarse en ningún
momento aburrido.4
El equipo atacó, luchando hasta escuchar el pitido final.

–¡El juego se terminó!

Todos los ojos se volvieron hacia el marcador. Los ingenieros ganaron con una
puntuación de 83–76.

– ¡Lo hicimos! ¡Ganamos!– gritó Em, dando una palmada en la espalda de


Kongpob.

Esta vez, Em no tuvo que correr hacia los banquillos para darle unos cinco a su
amigo. Kongpob, él mismo, corrió como loco y saltó alrededor del campo de
baloncesto siendo la imagen de la alegría misma.

Se escuchó a alguien gritar:

– ¡La facultad de ingeniería ganó en el fútbol, marcamos una penalidad!

El grito de ánimo se hizo escuchar por todo el estadio, ya que hoy se produjeron
los últimos partidos de las dos últimas competiciones deportivas, en
baloncesto y fútbol. En cuanto a otras competiciones deportivas realizadas ese
día era la misma noticia, los ingenieros ya habían obtenido la victoria en todos
los deportes.

Así, el departamento de ingeniería se convirtió en el campeón absoluto de las


competencias de los estudiantes de primer año. Defendiendo el honor del
primer curso de ingeniería, estando más que de sí mismos.

Kongpob analizó casualmente la reacción de los estudiantes del tercer año,


algunos parecían alegres, pero principalmente sus rostros expresaban
indiferencia.
Especialmente el rostro frío de los integrantes de la novatada, sin embargo,
todos están acostumbrados a eso. Kongpob no tenía tiempo para hacer más
observaciones cuando Minnie llegó gritando al gimnasio:

– ¡Kongpob! Kong, chico, ¿dónde te metiste? Tienes que venir conmigo,


necesitas cambiar de ropa para tu actuación en el concurso de estrellas.

Minnie tomó la mano de Kongpob y lo arrastró sin dejar de hablar.


Encontrándose con un grupo de tercero año, casi de frente a esa persona a
quien sus ojos buscaban.

– ¡No te olvides de ver mi actuación en el concurso de luna y estrella! –exclamó


Kongpob en dirección al jefe de los veteranos.

Arthit se volvió al escuchar la voz de Kongpob, y sus ojos se encontraron por un


segundo. Casi de inmediato, Minnie arrastró a Kongpob lejos, hacia la salida.

Pero ese segundo en que sus ojos se encontraron fue suficiente para Kongpob.
Porque ahora él lo sabía, el por qué estaba buscando los ojos de la misma
persona en las gradas. La respuesta de donde consiguió la fuerza para ganar.16

Era porque necesitaba el triunfo sí quería obtener algo de Arthit.2

Algo simple, pero importante.

Esa simple acción llamada apoyo.


Capítulo 10
Regla número diez para el estudiante de primer año: "No cuestiones las
elecciones de tus superiores".

El escenario estaba listo. La iluminación estaba lista. Y, a pesar de eso, Kongpob


no lo estaba.1

– ¡Buenas noches, por fin, ha llegado el momento que ustedes esperaron! ¡La
competición de las estrellas de la universidad comenzará ahora!

Kongpob escuchó las voces de dos chicas que serían las presentadoras
anunciar el inicio de la competición. Después de que sus voces se apagaran un
rugido de gritos de aprobación de la tribuna se escuchó con fuerza por todo el
corredor.

Debido a que muchas personas querían asistir al concurso al final del evento se
planeó un concierto con una banda famosa, celebrando el final de la
competición entre los alumnos del primer año. Por ello, algunos de los
estudiantes comenzaron a llamar al evento la noche de liberar el espíritu. Y se
lo estaban tomando muy en serio.1

No sólo los de nuevo ingreso, incluso los alumnos de grados superiores querían
divertirse ese día, así que la mayoría estaba presente en la tribuna o
paseándose por los pasillos. Todos aguardando el inicio de la competición de
luna y estrella de la universidad, observando ansiosamente algún movimiento
en el escenario, hasta el momento, vacío.1

Pero Kongpob, que estaba detrás de las cortinas al fondo del escenario, tenía
sentimientos encontrados. Sí era sincero, no estaba seguro de lograr llevarse la
victoria.

Ganar como luna de la universidad no era un desafío fácil.


El principal componente de éxito en el deporte era el espíritu de equipo,
trabajar como uno en el partido. Pero en la competición de las estrellas cada
participante sería evaluado individualmente. Kongpob estaba consciente de
que el programa incluía, entre otras cosas, una presentación conjunta entre los
postulados a luna y estrella de la facultad a la que representaran. Pero, al final,
seguía siendo una lucha que ganaría una sola persona. Un puesto por la luna y
otro para la estrella.

Pensándolo mejor, Kongpob se dio cuenta de su arrogancia al hacer dicha


promesa. Ahora, por ello, la carga en sus hombros se sentía más pesada.

Esta vez, Kongpob no tenía a quien culpar, él mismo se había metido en aquella
situación gracias a su lengua afilada. Prometiéndole sin dudar al líder de las
novatadas que ganaría. Con la cabeza en alto le afirmó que se llevaría el título
de luna y si no lo cumplía era más que seguro que Arthit buscaría un cruel
castigo con el cual recordarle su derrota. No por nada Kongpob ya era un
enemigo jurado del líder de los veteranos. Eso le hizo pensar, incluso que Arthit
se las arreglaría para castigar a sus compañeros si no conseguía ganar.

No le temía a sufrir solo. Por ello no había problema. Pero, lo conocía lo


suficiente como para tener sus dudad, y ahí, Kongpob si se sentiría
terriblemente culpable si él fuera la causa del sufrimiento de sus compañeros
de curso.

¿Valía realmente el esfuerzo y la osadía de retarlo sólo para obtener algo de


Arthit?

Kongpob suspiró aun preocupado. Su nerviosismo podía leerse fácilmente en


su rostro por lo que Minnie se acercó a él para animarlo antes de pedirle que se
preparara para salir.
–Kongpob, no estés tan preocupado o dime, ¿Por qué estás tan serio? ¡Tienes
que sonreír! El futuro ganador debe tener una gran sonrisa en su rostro, piensa
en la recompensa. ¡Escuché que este año el concurso tiene muchos
patrocinadores! Si ganas, vas a tener muchas ofertas en puerta.

Kongpob dejó que la única frase que su cerebro retuvo retumbara en su


cabeza..."Si ganas".

Esa era, después de todo, la verdad. Si Kongpob ganaba, Arthit estaría obligado
a hacer lo que fuera que él le pidiera. Kongpob pensó en la cara furiosa del jefe
de las novatadas e involuntariamente sonrió. Se sentía confiado, animado en
intentarlo. Con la sonrisa burbujeando en sus labios se giró a mirar a Minnie.

– ¡Sólo mencioné el premio y esa hermosa sonrisa resurgió! ¡Me encanta ese
entusiasmo! Sin duda eres el más apuesto.

–Estudiante del primer año, ¿estás listo?–escuchó a su espalda.

Kongpob no tuvo tiempo de responder, tenía que apresurarse en subir al


estrado. Minnie dio pasos largos para alcanzarlo y acompañar a Kongpob que
ya caminaba junto a Praepailin.

– ¡Vamos, hijos míos! ¿Qué esperan?–ambos sintieron una palmada en la


espalda antes de comenzar a caminar.

La luz en el salón fue apagada en sincronía con el inicio del espectáculo.


Kongpob miró hacia las filas traseras, intentando ver los rostros de los
presentes. Él sabía con certeza que esa persona en su cabeza debía estar ahí.
Pero, así ansiara encontrarlo entre los demás debía concentrarse para ganar.
Kongpob respiró profundamente y se concentró en su discurso.

El espectáculo al fin daba comienzo.


– Antes, no estábamos interesados en ver la competencia ¿Por qué nos has
arrastrado hasta aquí?– Prem le reclamó a Arthit, mordisqueando con pereza
trozos de carne frita. Los veteranos bajaron del escenario y se dirigieron a los
lugares donde los alumnos menores fueron instalados, más cerca de la zona
donde se vendían las bebidas, dulces y otros pequeños aperitivos. Había
relativamente pocas personas en ese sector ya que la mayoría de los
espectadores estaba más cerca del escenario, esperando el inicio de los
discursos.

Arthit parecía desinteresado en la competición, manteniendo la cara


inexpresiva. Y con aburrida pereza le explicó a su compañero el motivo de su
presencia:2

–Quiero ver el concierto después del concurso, no las actuaciones de los


estudiantes.1

– ¿Ver sólo el concierto, entonces por qué tu obsesión con venir antes de que
den las seis de la tarde? – Prem dijo con desconcierto, forzando Arthit reír de
apresurada.

Hoy, el jefe de las novatadas terminó sus prácticas de laboratorio casi la dar las
cinco de la tarde e inmediatamente llamó a Prem para invitarlo a ver las
competiciones de baloncesto. Arthit ni siquiera se cambió de ropa y no comió
más que una merienda para ahogar el rugido de su estómago hambriento.1

Arthit estaba cansado de las quejas de Prem.

–Yo quería venir solo, te llamé para que me acompañaras, y sin decirme trajiste
a diez personas más.

Esta vez, su amigo se quedó callado. Prem sacó un pedazo de carne seca y Arthit
arrugó los labios al olerla.
– ¿Y sí terminamos asustando al novato? Varios han puesto una cara de pánico
al vernos a todos juntos.

–No importa, no ganará– Arthit fanfarroneó con confianza, haciendo una cara
arrogante y satisfecha. –Ganar en equipo es fácil, pero para ganar la
competencia de las estrellas del campus es diferente.

Arthit estaba convencido de que Kongpob podría tener talento, sí, pero este no
le ayudaría a ganar la apuesta. Menos por haberlo retado. Su iniciativa no tenía
buenos motivos, eso le quedaba claro.

Se relajó. Aquello ya no tenía importancia.

Arthit saboreaba en su boca el consuelo de que, cuando Kongpob perdiera la


apuesta, él iba a ser libre de pedirle algo totalmente vergonzoso delante de
todos los estudiantes de la facultad. Iba a asegurarse de que fuera tan
deshonroso que el pobre novato querría ir a orarles a los monjes por algo de
honor. Y se iba a mofar de ese insolente 0062 por haberse atrevido a retar al jefe
de los veteranos.

– ¡Y ahora los representantes de la Facultad de Ingeniería subirán al escenario!–


la voz de la presentadora hizo regresar a Arthit a la realidad, obligándolo a girar
la cabeza hacia el escenario.

Las luces se apagaron, y desde la posición de Arthit junto con los demás
integrantes del grupo de novatadas las personas del escenario se veían
sumamente pequeñas como si fueran hormigas.

Todo el auditorio estaba inmenso en gritos de apoyo a los concursantes, de


aquellos que se mantenían aplaudiendo con euforia sus palmas.

El novato estaba vestido con ropa sencilla. Una camisa ligera y vaqueros
oscuros. La ropa de Kongpob era mucho más modesta que de otros
participantes, algunos de ellos vestidos con ropas coloridas, iguales a la ropa
tradicional tailandesa. Praepailin estaba vestida con una blusa sin mangas,
bonita y con gracia, además de una falda; Su cabello decorado con una
guirnalda.

–Buenas noches, nosotros representamos a la facultad de ingeniería y


cantaremos algunas canciones. ¡Si conocen la letra, por favor, acompáñenos!1

Arthit tosió al escuchar el coro inicial de la canción. Sonrió para sus adentros,
perdiendo el interés por lo que estaba pasando en el escenario. No se había
percatado de la tensión en sus huesos por el inicio de la presentación del
novato, y al fin podía relajarse. Estaba claro que iba a ser un fracaso.

El jefe de los veteranos volteó hacia Prem, robándole un pedazo de carne de sus
manos, listo para escuchar la infantil canción.

Era peor de lo que pensaba.

En el micrófono, Kongpob comenzó a cantar la letra de dicha canción. Arthit


había acertado, era infantil. Él estaba cantando la canción de Doremon. Un
anime japonés. Él mismo que veía en el canal nueve todos los domingos y
sábados por la mañana.9

Kongpob y Praepailin cantaban alternándose las letras. El público en el


auditorio reía y cantaba hasta que la melodía cambió. Los oyentes gritaron con
euforia una vez que ubicaron la melodía de una popular canción con letra en
inglés.

El ritmo del YMCA de Village people, pegajoso como la letra misma, llenó la piel
y boca de los espectadores. Cantando en unísono las siglas. Algunos alzaron sus
brazos, bailando de forma icónica. Esto, sin duda, sorprendió a Arthit. El
entusiasmo en el auditorio era palpable.7
... En realidad, las voces de Kongpob y Praepailin eran agradables de escuchar,
no fue menos emocionante observar su rendimiento y la emoción con la que
desempeñaron su actuación. Todas las caras estaban en ellos, adoptando su
humor alegre de inmediato.

Unos minutos después la música terminó, y la luz sobre el escenario


desapareció. En la mitad de la oscuridad, se podía ver cómo los organizadores
del evento hacían aparecer una guitarra y acomodaban un par de sillas en
medio de la tribuna.

– ¡Imagino que estarán están cansados! ¡Así que, para finalizar, tocaremos una
música lenta, si todavía tienen fuerza, canten con nosotros!– anunció Kongpob.

Kongpob era quien tenía la guitarra en su regazo, pero antes de dar inicio él se
la entregó a Praepailin, quien se sentó a su derecha y comenzó a afinar el
instrumento. Era muy inusual, porque, era comúnmente visto que era el chico
quien tocaba la guitarra mientras la chica cantaba. En cualquier caso, este
acomodo causó una ovación de pie y quedaron aún más interesados en lo que
estaba por venir. Finalmente, Kongpob agregó letra a los suaves sonidos
melódicos de la guitarra.

Kongpob logró que Arthit contuviera la respiración al escuchar la canción. Su


voz sonaba dentro de su cabeza.8

"Te he estado observando desde hace mucho tiempo, pero no me atrevía a


mirarte a los ojos así que me limité a mirar hacia otro lado.21

Tengo miedo de que un día descubras la verdad que tanto te he escondido.

Manteniendo este secreto de todos.

Pero, aunque sea difícil de admitir, mi alma ya no aguanta más.

Cuanto más me acerco a ti, más quiero ver lo que hay dentro de tu corazón.
Al encontrar sus ojos, mi corazón se acelera y no puedo evitarlo más. Es tan
difícil para mí ocultar este amor.

Dímelo, por favor, en el fondo de tu alma, sí alguna vez has pensado igual sobre
mí.

Dime, amor, lo que está en tu corazón".24

Al escuchar las últimas notas el auditorio se llena de una avalancha de


aplausos. Entonces el espectáculo impresionante del departamento de
ingeniería se dio por terminado. Las anfitrionas del concurso anunciaron el final
de los actos.

– Aplaudan con fuerza, la demostración de la Facultad de Ingeniería ha


terminado, y por lo que veo, muchos han quedado fascinados, yo le quiero
preguntar a nuestros participantes: ¿Por qué eligieron estas canciones para su
rendimiento?

–Nuestra elección sobre esas canciones es porque reflejan esos períodos de


vida a través de los cuales hemos pasado. La primera canción es sobre nuestra
infancia. En cuanto a la segunda canción, narra sobre la vida adulta, está en la
que estamos entrando. Nos convertimos en adultos y descubrimos nuevos
sentimientos, uno de ellos es el amor, tener alguien a quien podamos decir que
estamos enamorados–respondió Kongpob. La segunda parte de su explicación
despertó los gritos dela audiencia. Por supuesto, las chicas disfrutaron
especialmente del tono romántico del discurso.1

En realidad, las razones por las que decidieron elegir aquellas canciones para
su actuación eran otras completamente distintas. La canción, el secreto del
artista Pota fue la única canción conocida que el Praepailin podía tocar. En
cuanto a la primera canción, la eligieron por su popularidad, todos sabían la
letra y podían cantarla gracias a la nostalgia. Por lo tanto, Kongpob ofreció a
Minnie la idea de actuar exactamente con esas canciones, y Minnie apoyó esa
decisión. Juzgando por el inusual repertorio de canciones probablemente, su
actuación no sería similar a la de otras facultades. Kongpob ensayó mucho cada
verso y consiguió cantar la canción. Estaba orgulloso. El novato sonrió mientras
Minnie los felicitaba. En general, el rendimiento fue exitoso, y el público lo
aceptó con una explosión de aplausos.7

Arthit, aunque lejos de los escenarios, también se incluía en la reacción de


apoyo del público, esperando al discurso que venía después de mostrar algún
talento, e incluso Prem, uno de sus amigos del grupo de veteranos se acercó a
darle su veredicto.

– Si, ellos definitivamente pasaran a la siguiente etapa.

Arthit frunció el ceño y de repente perdió el apetito. Guardó el paquete de carne


seca en su bolsillo y con confianza le respondió a Prem al oído.

– Bueno, de esta etapa no pasarán, ten por seguro que van a tener problemas
con las preguntas.2

Arthit habló de los novatos con desdén, pero en el fondo de su corazón estaba
sintiendo un poco de miedo.9

Olvidó que este novato era una persona inteligente. Él demonio sabia como
manejar cualquier situación, estaba en su sangre. Kongpob parecía incapaz de
tener miedo. E incluso lograba atraer a la gente y hacer que estos lo siguieran,
ya fueran compañeros de clase o simples espectadores, incluso el propio jurado
estaba encantado.3

Entonces, en el tiempo en que se perdía en sus pensamientos, no sólo Kongpob,


también Praepailin llegaron a la etapa final, dejando a los cinco candidatos
para el título de luna y estrella de la universidad.
Kongpob y Praepailin vistieron sus uniformes estudiantiles y se quedaron en el
escenario para empezar a responder a las preguntas que fueron seleccionadas
al azar de una canasta.

– ¡Kongpob de la Facultad de ingeniería, pase al frente!

Kongpob tomó un sobre con el número siete y se lo entregó al presentador,


quien tenía los sobres con preguntas.

Aquello parecía un concurso de belleza.

–Entonces, la pregunta para Kongpob es...–el anfitrión hizo una pausa, durante
el cual un efecto musical sonó, diseñado para agravar aún más la tensión.

La audiencia contuvo la respiración, contento con la intriga, el presentador


continuó:

– ¿Qué crees sobre el programa de educación de los novatos, SOTUS?


¿Deberíamos cancelar este programa? da tu respuesta y explícate.11

Una pequeña pregunta, una en donde debía concentrarse en hablar de ella


durante mucho tiempo para darle profundidad. Pero al parecer el universo
estaba poniéndolo a prueba ese día. ¿Por qué el sistema SOTUS tenía que ser
mencionado en las preguntas de los estudiantes universitarios? Era arriesgado
responder a esa pregunta, especialmente para Kongpob, que era un estudiante
de ingeniería, donde el sistema SOTUS operaba en su totalidad. Kongpob sabía
que muchos estaban de acuerdo con la existencia de ese sistema, pero también
a muchos les desagradaba. Era en toda regla una pregunta trampa, diseñada
para ser polémica, equivocarse era sencillo y juzgando su posición, era un
suicidio.

Kongpob se quedó en silencio, confuso, atrapado en sus pensamientos. Respiró


hondo y tomo el micrófono.
Al final, decidió decir lo que estaba en su corazón:

– Creo que todos los sistemas en este mundo tienen ventajas y desventajas, y la
utilidad de cada sistema depende de cómo lo empleamos. El sistema SOTUS
también tiene sus ventajas: nos enseña la unidad, todos hemos venido a
aprender desde diferentes partes, el entrenamiento en el sistema SOTUS nos
permite encontrar puntos de contacto más rápidos y fáciles. Pero si los que son
los responsables del control del sistema no desempeñan sus deberes lo
suficientemente bien, siendo crueles, esto llevará a la desobediencia de los más
jóvenes, por lo que no respetarán a los veteranos, algo que puede llevar a serios
conflictos. Así, no puedo decir si deseo cancelar el sistema SOTUS, porque para
responder a esta pregunta usted necesita considerar los objetivos que los
creadores del sistema buscan. Pero puedo confirmar como una persona que fue
recientemente admitida en los novatos, que nuestros camaradas más antiguos
quienes recurrieron a los métodos del sistema SOTUS, tenían ciertos objetivos
justificados, imagino que querían estudiantes del primer año que vieran la vida
estudiantil en la universidad como un reto y fueran lo más exitosos posible.1

Aunque Kongpob no dio una respuesta clara a la pregunta, logró abordar el


tema dado y presentar su opinión de la mejor manera posible. Por lo que fue
aprobado y aplaudido.

Arthit miró a la pantalla del proyector y vio cómo Kongpob agradeció la


audiencia y volvió a su lugar. Después de eso, el jefe de los veteranos se alejó
del escenario y cruzó hacia el otro lado del podio sin decírselo a Prem que
estaba a un lado de él.

Prem notó que Arthit se iba y lo llamó:

– ¡Eh! Arthit ¿A dónde vas?


– Ya vuelvo– dijo y se alejó del grupo de amigos, sin oír las respuestas de los
candidatos de otras facultades de la Universidad y el apoyo de la estrella y luna
del año pasado antes de que el jurado diera voz a su decisión.

Entonces llegó la hora esperada. Pero antes de que los premios principales
fueran dados, los presentadores comenzaron anunciando a los ganadores los
títulos adicionales.

– Entonces, ahora será anunciado el ganador en la nominación de voto popular.

El premio dado por el público sería entregado al competidor que marcó el


mayor número de votos del público, así como a otras personas que no son
miembros del jurado, por ejemplo, los miembros de la asociación de
estudiantes o egresados.

Se seleccionaron dos ganadores: un chico y una chica. Esta vez, uno de los
ganadores fue una estudiante de la Facultad de Educación.

– Y el premio a voto popular para el concursante masculino es para...–el efecto


sonoro aumentó el grado de tensión emocional. Finalmente, el anfitrión
anunció en alto el ganador. – ¡Kongpob Sutthilak, estudiante de la Facultad de
Ingeniería!

Kongpob se congeló, sintiendo como pronto su rostro se convertía en el centro


de atención, y entonces percibió que tenía que ir hacia adelante para recibir el
premio. Este parecía un cinturón de campeón; que venía acompañado de
juguetes y tarjetas de regalo de varias instituciones. Kongpob sonrió al
fotógrafo, y el público lo aplaudió amigablemente.

Pero quien hubiera pensado que, en el fondo de su alma, Kongpob estaba un


tanto decepcionado.
Recibir el reconocimiento de voto popular es, por supuesto, un honor, pero no
fue una victoria en la competencia de estrella y luna. Normalmente, diferentes
personas se convierten en los ganadores de las cintas, más aparte el titular de
la estrella o luna de la universidad. Esto se hizo para garantizar varios
ganadores, tantos como fuera posible durante la competición. Así, las
posibilidades de obtener otro premio, serían muy pequeñas. Lo que significaba
que era muy probable que Kongpob perdiera la apuesta.

El sentimiento de decepción en el corazón de Kongpob creció cada vez más,


mientras que el presentador anunciaba los vencedores en las otras categorías.
Y, por supuesto, su nombre entre ellos ya no sonaba.

Por fin, llegó el momento del anuncio de la estrella de la universidad.

– ¡El premio principal de la estrella de la universidad de este año en la categoría


femenina es para Praepailin Pataraxon, alumna de la Facultad de Ingeniería!

La multitud de espectadores del área de ingeniería volaron en la escena.


Aunque la Praepailin no tenía un aura más fuerte que otros participantes, era
excepcionalmente, sonrió de forma maravillosa mostrando su belleza natural.
Además, la Praepailin respondió perfectamente a la pregunta que le fue
presentada y, sin duda, era digna del título de una estrella de la universidad.

Después de darle el premio y tomar una fotografía, los presentes nuevamente


se quedaron en silencio en anticipación del anuncio del último ganador del
concurso.

– ¡El premio principal de la luna de la universidad de este año en la categoría


masculina es para!...1

Kongpob suspiró suavemente, o al menos trató de hacer su mejor. En ese


momento, cualquier castigo que Arthit le sugiera, el novato estaría obligado a
cumplirla. Kongpob lamentó secretamente haberse ofrecido de esa forma al
líder de la novatadas. Exigirle una apuesta había sido un gran error.

Kongpob asistió valientemente cuando la luz en el escenario se apagó y la


música tensa comenzó a sonar. Por último, el anfitrión llegó a anunciar el
nombre del ganador...

... El ganador, cuyo rostro seria iluminado por la luz de los reflectores.

– ¡El ganador es Kongpob Sutthilak, alumno de la Facultad de Ingeniería!

El titular se quedó un poco confuso.

¿Era una especie de broma? ¡Era difícil de creer! El novato acababa de


convertirse en el dueño del voto popular y estaba por hacerse acreedor del
título de luna de la universidad.1

¡Era cierto! El Kongpob percibió eso sólo cuando recibió la cinta premiada de la
universidad, un ramo de flores y otros premios. Las luces de las cámaras
brillaron frente a él, aclamando por los gritos de júbilo de los novatos. Los
pertenecientes a la facultad de Ingeniería se levantaron de sus asientos y
comenzaron a aplaudir, cantar porras y bailar.

La Facultad de Ingeniería acababa de ganar, oficialmente todos los premios de


deportes y no sólo esos, también el título de luna y estrella.

¡Tales logros eran dignos de enorgullecerse!

La competición de las estrellas de la universidad terminó con éxito, los


participantes dejaron el escenario, dando a los organizadores la oportunidad
de instalar equipos musicales para el concierto en homenaje a los juegos de
cierre entre estudiantes del primer año.
Así que Kongpob bajó del escenario, estaba rodeado por personas que
deseaban ser fotografiadas junto a él.

Uno de los más emocionados fue Minnie, el hombre se autoproclamó el creador


de los reyes de belleza. Él abrazó a Kongpob con lágrimas de felicidad en sus
ojos, feliz porque ambos alumnos recibieron los títulos ganadores.

Kongpob estaba generalmente cansado de sonreír para cada fotografía, había


posado con innumerables estudiantes desde que recibió el título. Al final, la
luna de la universidad empezó a buscar una oportunidad para huir y descansar.
Cuando logró estar en un lugar aislado detrás del escenario, descubrió que no
estaba solo, además del novato había otra persona. Kongpob se sorprendió con
creces cuando descubrió que se trataba de la misma persona con quien había
hecho la apuesta que casi hace que se le detuviera el corazón en el escenario.
¡El líder de los veteranos, Arthit!

Kongpob no pensó que se encontrarían tan pronto. Y, al parecer, Arthit estaba


esperando por él.

Kongpob estaba a su espalda, tosió para hacerse notar y cuando Arthit se giró,
Kongpob juntó sus manos en una saludo formal, sin olvidarse de mostrar su
respeto a él por ser un alumno mayor.

– ¡P'Arthit, gané!

– ¡Eso ya lo sé, sólo dime ya que es lo que quieres! – Arthit dijo directamente,
así como el líder de los veteranos, manteniendo el orgullo que los estudiantes
mayores se empeñaban en demostrar. Pero su rostro, a pesar de estar lleno de
irritación, se mostraba dispuesto a aceptar ser el perdedor.

–En ese caso, quiero que...


Kongpob hizo una pausa, aparentemente para forzar el corazón de Arthit a latir
más rápido, pero no por el simple hecho de disfrutar su tensión. Él se sentía
culpable, un tanto decepcionado porque Arthit había asumido que Kongpob
presentaría un castigo para él que acabaría con su reputación como líder de la
novatada. Pero Arthit que se consideraba un hombre de palabra se sentía
obligado a cumplir los términos del ganador.

Arthit, en estado de horror, miró directamente a Kongpob y mantuvo los ojos


en él esperando su decisión, no podía hacer nada si él había perdido.

–Necesito pensarlo mejor, así que pronto te lo diré.

¿Qué? ¿El novato estaba jugando con él? A Kongpob no debía extrañarle que un
Arthit furioso no pudiera contenerse y comenzara a gritar.

– ¡Estas tratando de evitar darme una respuesta! ¡Comenzaste a hablar, así dilo
de una vez!

Kongpob no tuvo tiempo de responder, ya que fue interrumpido por la


estridente música de entrada para el concierto, proveniente del escenario.

– ¿P'Arthit, te gustó la canción? – Kongpob cambió de tema. La actitud agresiva


de Arthit también lo hizo, sus cejas dejaron de estar fruncidas sólo por un
pequeño lapso de tiempo por la confusión.

– Las canciones no estuvieron mal, he escuchado mejores.

– No, no me refiero a eso, hablo sobre la última canción que canté hoy– la
explicación Kongpob puso a pensar a Arthit.

¿Cuáles fueron las canciones que Kongpob presentó en el escenario hoy? La


música de anime, Doremon y el YMCA, a parte le faltaba una...

La última. La canción de amor.


Arthit se acordó de la letra y miró al novato con recelo. Los ojos de Kongpob
brillaron, él sonrió. El jefe de los veteranos se sintió incómodo por su mirada
por lo que decidió terminar con la absurda conversación.

– ¡Eres un idiota!21

Kongpob quería reír porque esperaba exactamente esa reacción.

Arthit permaneció con rostro severo, fingiendo que no se preocupaba por los
sentimientos de los demás. Kongpob quería volver a ver el rostro indignado del
líder de los veteranos desde que estaba pensando en él justo al inicio del
concurso. Se sentía feliz de haber obtenido el título de luna de la universidad.
Quería que Arthit y él hablaran de otra cosa pero, antes de que pudiera pensar
en algo, alguien los interrumpió.

– ¡Kongpob! ¿Cómo estás? ¡Soy un representante de la unión de estudiantes y


me gustaría hacerte una entrevista!–dijo una chica de gafas con una cámara
apuntando a Kongpob.

La nueva luna de la universidad pensó que había logrado escabullirse y


esconderse de aquellos que quisieran conversar con él pero, para su sorpresa,
estos aún lo perseguían. Y finalmente lo terminaron encontrándolo. Arthit se
apresuró a dejar el lugar de la conversación, y Kongpob no tuvo otra alternativa
que dejarlo ir. No pudo siquiera detenerlo.

– ¿Cómo se siente al ganar el título de luna de la universidad? – la chica


comenzó la entrevista sin previo aviso.

– Bien... en realidad no sé qué decir– dijo Kongpob sin prestarle atención, lo que
obligó a la entrevistadora a lanzar más preguntas.

– Bueno, ¿cómo no puedes saberlo? ¿Estás con emocionado, sorprendido?


¿Cómo es ser la luna brillando en un cielo lleno de estrellas?
La pregunta hizo Kongpob pensar por un minuto.

– Creo que no sólo hay una luna y las estrellas en el cielo– Kongpob declaró con
una sonrisa, su atención no estaba del todo con ella, así que la chica se acercó
más a él y cuestionó su vaga respuesta.12

– Interesante, entonces ¿Para ti, qué más hay en el cielo?

La cara Kongpob se iluminó en una media sonrisa. Sus ojos dejaron de ver el
lugar por donde Arthit había huido antes y dio una respuesta corta cuyo
significado para él era claro.

–Es un secreto.
Capítulo 11
Regla número once para el estudiante de primer año: "No interferir en los
asuntos de los veteranos"1

– ¡Cuarenta y cuatro! ¡Cuarenta y cinco! ¡Cuarenta y seis! ¡Cuarenta y siete!

– ¡Paren! ¿Todavía no entienden como se hace? ¿Cuántas veces desde el inicio


del semestre se los he pedido? ¡No hay ni un solo progreso! ¡Vamos, otra vez
van a comenzar de nuevo! ¡Empiecen! – en el mismo número que la vez
anterior, casi llegando a la meta pero que era algo a lo que los alumnos del
primer año ya están acostumbrados, recibieron la tarea de detenerse y
comenzar desde cero, abrazarse mutuamente por los hombros y sentarse
cincuenta veces.

Los novatos tenían en mente que después de los juegos deportivos entre los
estudiantes del primer año, su vida sería buena, más porque la facultad de
ingeniería mostró sus mejores habilidades y ganó en competiciones en todos
los deportes, además, los representantes de ingeniería fueron los que ganaron
los títulos de estrella y luna universitarias. Por esta razón, los alumnos
esperaban que los veteranos apreciaran el espíritu de unidad de los novatos.

Estaban equivocados.

Al final, los veteranos permanecieron siendo crueles encargados de la


novatada, con aquella rigidez característica. Alumnos de tercer año que todavía
eran demonios a los ojos de los del primer año, tal vez, se habían vuelto aún
más terribles que antes, probablemente porque faltaba sólo una semana para
la despedida y el cierre de las reuniones diarias con la novatada. Por lo tanto,
aspiraban a confirmar nuevamente su reputación severa, de lo contrario el
concepto cruel de los veteranos habría sido ensuciado. Y aquellos que se
echaran atrás a tan poco de no serían capaces de completar su primer año. No
sabían de antemano que sucedía, pero sí que era cuestión de agachar la cabeza
y aceptar su destino.

Los novatos se tomaron el uno al otro por los hombros y estaban listos para
comenzar la ejecución de la orden, pero no tuvieron tiempo para empezar
contar cuando la puerta del salón de reuniones se abrió y cinco o seis caras con
una expresión rigurosa en sus rostros, entraron en la sala. Sus rostros no eran
familiares, pero los jóvenes adivinaron que eran estudiantes del cuarto año de
universidad de ingeniería, porque tan pronto como los encargados de la
novatada se voltearon y vieron a los visitantes, ellos pusieron rectas las
espaldas, agacharon la cabeza en un saludo formal y en unísono saludaron.

Aquellos a quienes el saludo fue dirigido asintieron en respuesta y entraron en


el centro del pasillo, Los alumnos de tercer año educadamente cedieron su
lugar a ellos y presentaron a los visitantes a los alumnos del primer año:

– ¡Novatos, estos son los estudiantes del cuarto año! ¡Saluden!

Los jóvenes saludaron en voz alta, después de que se les ordenara a sentarse y
prepararse para oír a la generación más vieja, aquella que tenía poder sobre los
más jóvenes por completo. El corazón de los novatos latió con entusiasmo, no
sabían el propósito de los estudiantes de cuarto año al llegar al salón de
reuniones.

Además, si los alumnos del tercer año ya eran mentores irracionalmente


severos, ¿qué podría esperarse de la generación más vieja? En el caso de que
fuera forzarlos a realizar castigos más elaborados, probablemente eso daría
lugar a la muerte.

Casi no respiraron a la espera de sus órdenes. Pero entonces, contrario a sus


suposiciones, ellos hablaron.
– ¡Novatos, hemos escuchado que ustedes tuvieron buenos resultados en los
juegos de los estudiantes! ¡Muchas felicitaciones!

No hubo castigos sino palabras orgullosas.

Los integrantes encargados de la novatada se veían sorprendidos, que los


estudiantes de cuarto año dieran sus felicitaciones era inusual, en la mayoría
de los casos, los veteranos usaban sólo palabras destinadas a ejercer presión o
herir a los jóvenes. Sólo porque tenían el derecho de hacerlo, y todos los
alumnos tenían que regirse bajo la ley que decía que quien llegaba más
temprano, era un superior; quien llegaba más tarde, eran novatos; y sí se
compartía antigüedad serían camaradas. Entonces los estudiantes que
entraban en la universidad más tarde, tenían que obedecer y respetar a
aquellos que habían comenzado a estudiar antes. De acuerdo con este
principio, sólo los del último año eran quienes podrían controlar a los
estudiantes de tercer año.
Los estudiantes del cuarto año volvieron la atención hacia el grupo de la
novatada que estaban silenciosos y con la espalda lo más recta posible.

–Bueno, en cuanto a ustedes, estudiantes de tercer año, estoy empezando a


dudar de que sean capaces de hacer un buen trabajo, así como los novatos.
Recibí informaciones que castigan a los jóvenes, forzándolos a correr,
agacharse, hacer abdominales con saltos, empujarlos e incluso pedir para
ejecutar 54 vueltas alrededor del estadio.

Kongpob rápidamente levantó la cara al escuchar las últimas palabras. El


estudiante mayor habló sobre el día en que Kongpob fue castigado por los
veteranos, y eso, sin contar las flexiones y el hecho de que Kongpob fue
castigado dos veces más severamente con otros compañeros por no tener una
insignia con un nombre. La verdad, después de eso Kongpob no volvió a ser
castigado con tanta crueldad, ya no se atrevió a arriesgarse a levantarse de su
lugar y ser un héroe. Al escuchar a los alumnos de cuarto año, Kongpob
consiguió contenerse y sentarse tranquilamente al lado de sus camaradas en
lugar de explicar lo que había pasado, no quería ser castigado.

Y, aunque todo eso podría ser llamado como asuntos de tiempos pasados, los
castigos no fueron olvidados por los espectadores, y los novatos tenían
presente de quién era el hombre sin corazón que dio todas aquellas órdenes.

– ¿Quién es el líder?

– ¡Yo!–Arthit dio un paso al frente atendiendo al llamado con una cara sin miedo
y tranquilidad en función de su papel principal de jefe de la novatada. Él
esperaba más preguntas de los estudiantes del cuatro año, con un aire serio.

–Explique las razones por las cuales usted castigó a los novatos injustamente.

–He castigado a los alumnos del primer año para mantener la disciplina–dijo
una respuesta clara.

Todos los novatos conocían ese motivo, pero más de una vez, muchos de ellos
cuestionaron los métodos utilizados, que obligaron a los alumnos del primer
año a realizar tareas repetidas varias veces y sin poder complacer a los
veteranos. Algunos jóvenes creían que el grupo de la novatada se comporta de
esa manera para regocijarse de su poder, y no con buenos objetivos de entrenar
la disciplina de los novatos. Era un tema importante que mantenía inconformes
a los jóvenes por un largo tiempo, y ahora que hablaban de este, ellos se
congelaron.

–Ya que eres capaz de dar tales órdenes, creo que puedes soportar los mismos
castigos y cumplirlos.

– ¡Lo soy!

– ¡Entonces, demuéstralo, háganlo ahora, frente a los alumnos de primer año!


Al final del discurso de los veteranos, el líder de la novatada se volvió a sus
camaradas y pronunció con voz fuerte una medida de castigo.

–Estudiantes de tercer año, atentos a la orden, suban y bajen cien veces además
de cien flexiones. Yo, al ser su líder, me comprometo a realizar adicionalmente
cincuenta y cuatro vueltas al campo. ¡Empiecen!

– ¡Entendido!–gritaron conformes, expresando su disposición a llevar a cabo las


medidas de sanción en contra de ellos, después de que se alinearon, pusieron
sus manos sobre los hombros de la los otros y comenzaron a ponerse en
cuclillas, realizando el número de repeticiones pedidas.

Es importante resaltar que los veteranos se ofrecieron para realizar ejercicios


en una mayor cantidad de lo que ellos lo que pidieron a los novatos. Los
estudiantes del primer año observaron lo que estaba pasando con los ojos
aburridos.

Algunos de los estudiantes más jóvenes pueden haber experimentado algún


sentimiento de venganza reprimido siendo al fin satisfecho mientras
observaban a los veteranos realizar el castigo. Pero la mayoría de ellos se
mantuvieron sin una sonrisa sobre su rostro. Pero lo que todos compartían era
el desconcierto. De cierto modo, los jóvenes entendieron porque el jefe a cargo
de las novatadas era quien estaba a cargo del sistema SOTUS.

Además, cuando los alumnos del primer año tuvieron problemas, los veteranos
fueron los primeros en ayudarles en encontrar una solución, no directa pero
siempre motivaron a los jóvenes a terminar lo que habían comenzado, llevando
todo hasta el final.

Tal vez el orgullo de los alumnos del primer año nació gracias a las acciones de
los veteranos. Por lo tanto, muchos jóvenes no pudieron mantenerse
escépticos al castigo, se sentían incómodos en una situación en la que los
veteranos eran castigados.

Kongpob quería levantar la mano y pedir permiso para asumir el castigo él


mismo, pero temía que la situación sólo empeorara. Además, ellos nunca
permitirían que un novato asumiera el castigo asignado a ellos. Así que,
manteniendo el orgullo de los alumnos de tercer año, los estudiantes más
jóvenes tuvieron que soportar y observar el proceso de castigo. Y aunque sus
superiores a cargo de la novatada fueran de caras duras, acostumbrados a
entrenar y a mantenerse firmes, estaban completamente sudados y respirando
con pesadez, como si estuvieran a punto de perder completamente sus fuerzas.

Sin excluir a Arthit.

Sin embargo, él fue el único que salió del salón de reuniones para cumplir el
segundo castigo. Ejecutar cincuenta y cuatro vueltas al campo.

Después de la reunión, Kongpob tenía toda la intención de seguir Arthit. Pero,


antes de que pudiera salir de la sala de reuniones, escuchó la voz de Em.

–Kong, ¿a dónde vas?

–Quiero ver a P'Arthit correr.

–Vamos, ¿realmente crees que va a correr? Tú mismo no pudiste realizar toda


la distancia, no lo dejaran hacerlo

Varios de sus compañeros empezaron a opinar lo mismo, y Kongpob debía de


admitir que incluso él lo creía. Después de todo, no superó todas las vueltas,
sólo ejecutó seis o siete después de que la enfermera le pidiera sentarse y
descansar con otros alumnos.6

Si se forzaba a recorrer toda esa distancia, eso ciertamente lo haría terminar en


un hospital. Y, aun así, a la mañana siguiente, los pies de Kongpob todavía
estaban vergonzosamente heridos. Arthit ya había realizado una gran cantidad
de ejercicios y, sin duda, estaba mucho más cansado que Kongpob el día de su
castigo. Por lo tanto, Kongpob no estaba seguro de que Arthit tuviera fuerza
para dar más de tres vueltas al campo.

–Quiero comer, pero tenemos que regresar a reparar el informe de mañana, no


puedo creer que a pesar de toda la tarea todavía nos pondrán un examen–
Kongpob escuchó a Em quejarse. Él miró al reloj, eran casi seis de la noche, hora
de la cena.

La lectura de los libros llevaría mucho tiempo, y si Kongpob iba a ver a Arthit, se
quedaría sin tiempo. Aunque, eventualmente, si Arthit seguía ahí él no sería de
mucha ayuda.

Así que Kongpob abandonó esa idea y fue a cenar con Em y otros amigos, y
luego regresó a su edificio en su motocicleta para comenzar a preparar el
informe del inglés. Cuando terminó, fue a la planta baja para imprimir su
trabajo. Después de eso, regresó a la sala y empezó a ojear sus apuntes de
análisis matemático, la materia que presentaría al día siguiente.

Después de haber estudiado sólo la mitad de la materia, Kongpob se sintió


cansado y con sueño aunque su mente aun no pudiera librarse del todo de las
formulas atrapadas en su cabeza. Eran las nueve de la noche, y el novato
decidió que un vaso de café le ayudaría a hacerle frente a las tareas que aún le
faltaban por terminar. Kongpob miró a la ventana y notó que estaba lloviendo.
¿Cuándo comenzó esa lluvia? Una vez se sentó detrás de los libros de texto,
Kongpob dejó de prestar atención a su alrededor.

El novato sacó un paraguas, salió de la habitación, bajó al primer piso de


ascensor y se entró en una tienda de conveniencia cerca del albergue para
comprar algunos refrigerios, comer y deshacerse de la somnolencia. Él caminó
bajo el paraguas, pero la lluvia se hizo más fuerte y algunas personas estaban
escondidas de la lluvia en la tienda.

En el camino a la tienda, Kongpob casi chocó con una motocicleta estacionada


en la acera. Por lo que se detuvo justo cuando dos alumnos llegaron,
completamente empapados, apresurados por esconderse de la lluvia. Kongpob
escuchó sin planear su conversación, ambos se gritaban para hacerse escuchar
sobre la lluvia.

– ¡Qué desastre, un aguacero!

–Sí, no parece que vaya a quitarse pronto, ¿Aun será buena idea ir a la facultad,
o es mejor volver?

– ¿Estás loco? ¡No! La lluvia seguro se calmará, no todos los días vez corriendo
a un alumno de los últimos cursos en el estadio.

–No lo sé, se está poniendo peor ¿Cómo alguien podría correr ahora?

–Tienes razón... Tal vez no haya nadie, también es difícil de ver en la oscuridad.

Kongpob congeló. El novato pensó en el único hombre que podría estar


corriendo alrededor del estadio justo en ese momento.

Esperaba equivocarse.

La respuesta que surgió en la cabeza de Kongpob le hizo olvidar el propósito de


su visita a la tienda. Él inmediatamente corrió hacia su edificio, tomó la
motocicleta, se aseguró de tomar el paraguas y corrió hacia la universidad. Tal
vez lo que decía ese chico eran sólo rumores, pero él tenía que asegurarse de
ello con sus propios ojos, para estar seguro.

Kongpob estacionó la motocicleta cerca del campo y empezó a buscar al


hombre del que hablaban. La luz de varias linternas en el estadio eran visibles,
pero debido a la fuerte lluvia, el paisaje no era del todo visible. La silueta de
Arthit no era visible.

Suspiró con la posibilidad de que en realidad no estuviera esa persona ahí en


su pecho.

En realidad, ¿quién correría a esa hora, e incluso con la lluvia cayendo con esa
fuerza? Sólo hizo falta que escuchara de cualquiera que Arthit podría estar
corriendo en el estadio y eso fue suficiente para que Kongpob no dudara en
correr hacia ahí.

El novato volvió a suspirar con cansancio, maldiciendo en voz alta. Él se volvió


dispuesto a volver a su edificio, pero una especie de sonido seco lo detuvo.

Fue un sonido silencioso de lejos. Pero a pesar de la lluvia, Kongpob percibió


que era la caída del hombre que corría al rededor del estadio. La persona a la
que esperaba ver.

Kongpob se apresuró hacia él sin perder un segundo en dudar. El estudiante de


primer año se congeló al ver el estado del jefe de las novatadas.

Cada parte de su cuerpo estaba completamente empapada, incluyendo sus


cabellos, pantalones, una camiseta negra de cuello redondo bajo su uniforme
de veterano; Pero, sobre todo, Kongpob quedó aturdido con la expresión
completamente exhausta en su rostro, uno que demostraba haber estado
luchando con terminar el castigo.

–P'Arthit, ¿Qué estás haciendo? ¡Está lloviendo, para, deja de correr!–Kongpob


se apresuró a estirar el paraguas sobre su cabeza, quedándose él mismo bajo la
lluvia.

Pero eso al novato no le importaba porque no era nada comparado con el


estado de fatiga del líder de las novatadas.
Arthit respondió con una voz jadeante y lo más dura que pudo.

–Déjame en paz, sólo faltan cinco vueltas y voy a correr hasta el final.1

¿Tenía que dar cinco vueltas más? Entonces, ¿Desde las seis de la tarde hasta
ese momento, Arthit había estado corriendo alrededor del estadio, justo cómo
prometió? ¿Y no quería parar hasta que hubiese terminado de correr todas las
vueltas?1

Kongpob ni siquiera ejecutó la mitad de las vueltas según lo exigido por su


castigo, y ahora él no podía entender por qué Arthit insistía en soportar tal
sufrimiento para el bien de honrar su posición de veterano... ¿Y sólo para el bien
de quién? ¿Todo se trataba de orgullo?

–Pero Arthit, estas empapado, puedes enfermarte, necesitas dejar esto, irte a
descansar– Kongpob intentó insistir. Pero su consejo fue nuevamente
rechazado.6

– ¡Si quieres ayudarme, vete lejos de aquí y mantente al margen, no me impidas


completar la tarea!

– ¡Bien, en ese caso, voy a correr contigo!– Kongpob anunció su decisión y


empezó a correr en paralelo con él, a lo largo del camino sosteniendo un
paraguas Arthit hasta que él se detuvo para darle una rígida orden.2

-– ¿Qué estás haciendo? ¡Ya te dije que te vayas!

Pero Kongpob se prohibió renunciar, así que repitió sus palabras anteriores con
un tono insistente y sincero.

–No. Si no te detienes, no voy a dejar de correr detrás de ti.

– ¡Kongpob!–Arthit gritó con fuerza el nombre del alumno del primer año
después de perder la paciencia.
Kongpob sabía que Arthit estaba enojado, pero no podía dejar al líder de la
novatada en una carrera en el estadio bajo un aguacero. Y él no lo habría hecho
si no fuera por la intervención de una tercera persona, con la apariencia tan
dura que la atmósfera se hizo aún más pesada.

Kongpob y él se volvieron al ver al amigo de Arthit, miembro del grupo de la


novatada, quien se acercó a ellos, escondiéndose de la lluvia con un paraguas.
Arthit no se sorprendió con la apariencia de su amigo y se quejó con él con una
expresión irritada en la cara:

–Un grano en el trasero me está impidiendo terminar, resuelve este problema


para que pueda continuar.

El amigo de Arthit cambió el foco de su atención hacia el novato. Él le preguntó


a Kongpob la razón de su atrevimiento al contradecir a un superior.

–Novato, ¿qué estás haciendo aquí?

–No entiendo ¿Por qué debería estar corriendo en un aguacero? Si no se


detiene, voy a correr con él.

Kongpob esperaba que el compañero de Arthit se apiadara de su propio amigo,


y el novato pensó en sacrificarse y correr la distancia faltante para demostrar el
espíritu que él había adquirido. Pero todo resultó de forma diferente de lo que
había planeado en su cabeza. El veterano no escuchó su propuesta, en cambio,
dio una explicación simple y rápida.

–Este es un castigo para el jefe de las novatadas, y no para un estudiante de


primer año.

–Pero...

– ¡Deja de hablar, no voy a permitir tu petición! ¡Ahora, vete!


Y con esa sentencia se acabaron sus posibilidades de protestar.

Kongpob sabía que era inútil argumentar. Si él no obedecía la orden de un


veterano, y de uno tan grande como ese gigantesco chico parecido a un épico
mítico tailandés, probablemente él simplemente lo forzaría a irse.

Kongpob miró a Arthit con perplejidad. El líder de las novatadas se alejó y


continuó corriendo bajo la lluvia, una que gradualmente disminuyó.

Kongpob permaneció de pie, solo, y después siguió los pasos de Arthit bajo el
pabellón del estadio.

¿Por qué?

¿Por qué los estudiantes del tercer año sólo se limitaban a ver a su propio
compañero ser forzado a correr? ¿Por qué no lo ayudaban? ¿Por qué debería
estar solo? ¿Por qué, Kongpob, no puedo recorrer las vueltas restantes en lugar
de Arthit?2

El humor pensativo de Kongpob desapareció por la sorpresa de ver a la


multitud de personas sentadas una vez que llegó al pabellón del estadio. Todas
esas personas eran estudiantes de ingeniería, los miembros del grupo de
animación, enfermeras, incluyendo Fang, quien, después de ver Kongpob, se
acercó a él.

– ¡Kongpob, estas empapado! Necesitas una toalla. Ve a sentarte con sus


amigos, voy a buscarla.

¿Sentarse con sus amigos?

Kongpob miró a la mesa, donde estaba Fang. El novato abrió los ojos con
sorpresa cuando vio cerca de veinte de sus compañeros de clase, también de
pie debajo de un techo. Algunos de ellos estaban vestidos con ropas casuales
de la misma forma que Kongpob, algunos todavía estaban tenían el uniforme y,
al parecer, aquellos que no regresaron a sus casas a lo largo de día. Había una
chica de gafas, Kongpob la saludó:

– ¡Oye Kong, ven a sentarse con nosotros!

Ella recordaba el nombre del novato, porque por culpa de Kongpob perdió su
etiqueta el día en que el alumno de primer año no pudo responder a la pregunta
del jefe de las novatadas, y luego Kongpob le entregó la suya, aun cuando él fue
castigado por ello. Ella, desde ese momento, estaba terriblemente asustada
con de los veteranos y lloró amargamente. Pero tampoco pudo evitar cambiar
ese miedo por empatía y ansiedad por lo que estaba pasando.

– ¿Por qué están aquí?–Kongpob les preguntó, tratando de entender lo que


estaba pasando.

May se apresuró en responderle con una sonrisa.

–Llegamos hace cerca de una hora, después de las clases en la biblioteca,


volvíamos a los edificios y pasamos por el estadio así que pudimos ver que
P'Arthit todavía estaba corriendo, llamamos a nuestros compañeros y ellos
también quisieron venir a ver.

May y sus amigos comenzaron a decirle los detalles Kongpob.

–Sí, acabamos de tomar una foto y la publicamos en Facebook así todos la


verán y compartirán, ¡Ya tiene muchas reacciones!

Kongpob se dio cuenta de que él no era el único que sabía que Arthit todavía
estaba cumpliendo su castigo, empeñado en terminar todas las vueltas
impuestas.

El tono de llamada de su teléfono interrumpió la conversación. Kongpob había


olvidado que llevaba su celular con él. Lo tomó del bolsillo de sus pantalones
cortos, aun húmedos. Agradeció que la tela fuese gruesa y que la humedad no
hubiese llegado a su teléfono.

El nombre de un amigo cercano de Kongpob brillaba en la pantalla y él


respondió a la llamada.

–Hola, Em.

– ¡Kong! ¡Noticias urgentes! ¡Acabo de ver en Facebook, que el jefe de las


novatadas todavía está corriendo por el estadio!

–Sí, lo sé, estoy justo al lado del campo.

–No creí que fuese verdad que aun estuviera corriendo, y menos ahora que está
lloviendo mucho, no puede ser que pueda correr bien bajo toda esa lluvia. ¿Está
loco o qué?

¡Realmente, sólo un loco sería capaz! Una persona normal no lo haría.1

Arthit era sin duda un verdadero loco. Y sus supuestos amigos, aunque ellos
sabían que el jefe de los veteranos estaba sufriendo, no extendieron una sola
mano de apoyo. Sólo se levantaron de sus asientos y esperaron con ansiedad
hasta que Arthit terminara de cumplir su promesa.9

Fue cuando Kongpob se dio cuenta de lo grande que era la dignidad y el sentido
de honor del líder de los veteranos. El novato comprendió por qué Arthit tomó
el cargo del jefe de las novatadas.

Kongpob se preguntó si llegaría el día en que Arthit le pediría ayuda, si alguna


vez aceptaría la simpatía que él le ofrecía.

Kongpob miró a través del velo de lluvia que gradualmente se detenía, cuando
Arthit terminó la carrera.
Veteranos y el equipo médico se apresuraron hacia él, llevando consigo una
toalla en la que envolvieron a Arthit que estaba temblando de frío. Kongpob no
desobedeció a sus piernas que se movieron en su dirección sin pensar hasta
alcanzarlo, ignorando la presencia de los demás veteranos.

– ¿P'Arthit, todavía puedes caminar?

A pesar de que el jefe de los veteranos estaba tan agotado que apenas podía
hablar él encontró la fuerza para levantar la voz.

–Novato ¿Por qué sigues aquí?, vate a casa, no es asunto tuyo.

La última frase fue una prohibición a Kongpob de permanecer en la cancha,


quería ayudar a Arthit a llegar al automóvil al que se dirigían, el cual estaba
aparcado cerca de ahí.

– ¡Iré contigo!

Arthit volvió a levantar la cabeza. La ropa del líder de las novatadas se secó
lentamente, pero su rostro aun húmedo mantuvo una expresión severa.

Estaba furioso. Arthit hizo de nuevo la misma pregunta.

– ¿Por qué nos estás siguiendo?

– ¡Deja que te acompañe!

– ¡No! ¡Estudiantes de primer año no deben lidiar con los asuntos de los
estudiantes del tercer año, no te entrometas en los asuntos de los veteranos!

– ¿Entonces los estudiantes de primer año no tienen derecho a preocuparse por


los estudiantes de tercer año?–gritó Kongpob en alto frente todo el estadio. Los
presentes se congelaron en silencio, transformando diferentes puntos de vista
en la cabeza de la mayoría.

Kongpob miró a Arthit con una mirada implorante.


Él quería saberlo. Ansiaba una respuesta sincera.

Esperaba que Arthit que entendiera que no sólo Kongpob, sino muchos otros
estudiantes del primer año estaban preocupados por él y querían asegurarse
de que está bien.

En respuesta, Arthit simplemente desvió la mirada y se volvió hacia su amigo.

– ¡Vámonos! ¡Ya le he dicho que no se entrometa en los asuntos de sus


superiores, y si no obedece voy a castigarlo hasta acabar el año!

Después de amenazar al novato, Arthit se volvió y se dirigió al automóvil, junto


con los demás veteranos. Sólo los alumnos del primer año y miembros del
grupo de animación permanecieron en el estadio, y empezaron a dispersarse,
ya que la lluvia había disminuido.+

–Kongpob, vamos–la voz de May obligó al reflexivo Kongpob a salir de sus


pensamientos.

Él asintió con la cabeza y siguió a los demás al edificio en donde pudieran


cubrirse de la leve lluvia, la misma que caía en el suelo y creaba arroyos de agua
que inevitablemente se unían a la corriente.

Así fue como Kongpob se sentía en ese momento.

Seguía intentando transmitirle a Arthit algo importante, pero sus esfuerzos


eran inútiles y no parecían llevarlo a ninguna parte.1

Y, probablemente, nunca lograría llegar a tocar su corazón.


Capítulo 12
Regla número doce para el estudiante de primer año: "Los veteranos no
pueden cuidar de si mismos".3

El teléfono sonó.

Sus oídos escucharon el timbre de llamada. Estiró la mano hacia la mesita junto
a su cama. Pero sus piernas no podían moverse.

Arthit estaba inmóvil, y su condición podría ser descrita en tres palabras,


muerto de agotamiento.

La razón de su estado deplorable, fue su demostración sobre la ejecución del


castigo más severo jamás dado por los veteranos en presencia de estudiantes
del primer año. El castigo consistió de cien flexiones, cien abdominales, cien
saltos y, finalmente, el más pesado cincuenta y cuatro vueltas alrededor del
campo de fútbol bajo una lluvia torrencial.13

El cuerpo de Arthit no estaba sólo increíblemente cansado. El jefe de los


veteranos parecía estar con un pie en el otro mundo.

Después de que los amigos le ayudaron a entrar en el coche, perdió la


conciencia. Ellos, asustados, le dieron primeros auxilios y se dirigieron hacia un
hospital para ver a un médico. Pero afortunadamente, a lo largo del camino,
Arthit recuperó la conciencia y les ordenó que lo llevar de vuelta a su
dormitorio. Lo único que él quería en aquel momento era dormir. Además, de
que sería contraproducente que esa historia llegase a los oídos de los
profesores.

En el dormitorio los chicos ayudaron a Arthit a llegar a su habitación. Sus


piernas temblaban tanto que prácticamente no podía caminar solo sin
necesidad de apoyárse en el hombro de alguno de ellos.
Arthit se cambió de ropa antes de dormir y se le ordenó tomar varios
medicamentos. Entre ellos de resfriados, antiinflamatorios y analgésicos. Sólo
después de que Arthit finalmente se adentró en las sabanas sobre su la cama
pudo descansar. Al verlo tan mal, uno de sus amigos se ofreció a pasar la noche
para ayudarle en caso de que Arthit empeorara o necesitara ayuda de
emergencia.

Arthit totalmente desconectado de su alrededor se despertó cerca de la


medianoche. Sintiendo su cuerpo caliente con posible fiebre, un leve dolor de
garganta, y sus piernas como si hubiera pasado un camión sobre ellas. Él
literalmente se arrastró hacia el baño, con los ojos compasivos de su amigo
observándolo.

Al final, los amigos de Arthit ya no podían aguantar ver su sufrimiento, y lo


llevaron al hospital para ser examinado por un médico. Por supuesto, el médico
reprendió al paciente por sobrecargarse más de lo que su cuerpo permitía, y
recetó a Arthit un conjunto de medicamentos, y también le impuso un vendaje
en el tobillo izquierdo, lo que fue especialmente doloroso. Ellos llevaron a Arthit
de vuelta al dormitorio y lo dejaron sobre la cama. Arthit parecía haberse
convertido en un tronco, encadenado a su lugar, el ejercicio extremo estaba
causando estragos, no podía moverse. Ni siquiera consiguió alcanzar su celular.

Estaba cansado de pedirle ayuda a cada uno de sus amigos en turno para
cuidarlo.

–¡Prem, Prem! ¡Pásame el teléfono!

–Agárralo tú.5

Prem suspiró y extendió el teléfono a Arthit antes de continuar comiendo sus


patatas fritas, con entusiasmo, fijando la mirada en la televisión. Pareciendo
que su supuesto amigo no estaba muy interesado en el sufrimiento de Arthit, y
era imposible decir exactamente si había ido a ayudar o sólo abandonar sus
deberes y relajarse.

Arthit miró a la pantalla de su celular y atendió la llamada:

–Te escucho.

–¡No lo creo! Hijo de puta, ¿todavía está vivo?17

Un saludo osado, pero Arthit no se sorprendió. Él estaba acostumbrado desde


que pasó a ser el líder de la novatada a principios del semestre.

–¡Casi morí, ayer creí ver a mi abuelo¡

El camarada través rió y respondió en un tono más suave dijo:

–Mira, todavía puedes bromear, así que no es tan malo, me dijeron que te
llevaron al hospital, ¿quién te hizo correr todas las vueltas, acordamos que
serían sólo veinte?

Arthit estaba conversando con Dear, un estudiante del cuarto año, el mismo
que se presentó el día anterior en la reunión con alumnos del primer año. Quien
el año antes de Arthit, fue el líder de la novatada, el mismo que enseñó de ello
a los estudiantes del tercer año.

Dear ordenó que los veteranos que se castigaran a sí mismos, de hecho, todo
eso fue pensado con antelación para que los alumnos del primer año
comprendiesen que los alumnos del cuarto año están por encima del tercer año
en la jerarquía. Y que no eran los únicos que seguían reglas en la facultad.

Los alumnos del cuarto año no estudiaron a los novatos, pero ellos sin duda
dieron a demostrar su autoridad como una generación mayor. Para que los
jóvenes respetaran la posición en la jerarquía estudiantil, se decidió demostrar
su influencia de la manera más simple: encontrar un chivo expiatorio. Ya que,
de acuerdo con los novatos, los de tercer año malversaban su poder sin temer
de a tener consecuencias ya que ellos no podrían ser castigados por nadie. Por
ellos, los estudiantes del tercer año tuvieron que aceptar ese papel
desagradable de humillarse frente a los estudiantes de cuarto año.

–Tenía miedo de no ser lo suficientemente capaz a los ojos de los novatos.

–Bien, estarás feliz entonces, tus fotos en Facebook tienen tantas respuestas de
novatos apoyándote. Ellos también nos criticaron por ser muy crueles contigo,
ahora toda la facultad nos odia, no contábamos con eso.–Dear se quejó, y
Arthit, confundido, no supo que responder.2

Al principio, él no creía que los novatos se reunieran alrededor del estadio a


verlo correr. Arthit pensó que no se atreverían a mostrar su interés en lo que
hacía el jefe de los veteranos. Tal vez los novatos experimentaron un
sentimiento satisfactorio de venganza, observando cómo los veteranos fueron
obligados a ejecutar el castigo que les impusieron a ellos varias veces.1

Y la promesa de correr cincuenta y cuatro vueltas, en su opinión, a los ojos de


los novatos fue como presumir que era capaz de todo. Sólo por ello no renunció
a su palabra. No importó lo difícil del desafío, iba a cumplirlo, así tuviera que
aguantar su cuerpo adolorido. Justo como en ese momento.

–Bien, entonces descansa, ya no voy a interferir en tus métodos. ¡Mejórate


pedazo de idiota!– Dear bromeó, se despidió mostrándose preocupado por
Arthit.5

–Exageraste, Arthit. - Prem expresó su opinión.

Athit se encogió de hombros y esquivó su comentario sin interés:

–No podía hacer nada además de obedecer, esas son las reglas.
La ley, que era para ser cumplida por cada miembro del equipo de novatadas,
y en particular la persona que asumió los deberes fue aquella que los asignaba.
Cuando Arthit pidió a Kongpob, dar las cincuenta y cuatro vueltas, él sabía que
el novato no llevaría ese castigo hasta el final, pero siendo quien dio
originalmente orden, asumió la responsabilidad, de que él mismo, podía
ejecutar la tarea. Al fin y al cabo, el jefe de los veteranos probó que podría
hacerlo, a pesar del hecho de que estaba en cama por hacerlo, y tenía que
ignorar la ansiedad de los demás sobre su salud.

Pensando en eso, Arthit recordó las últimas palabras que escuchó de cierta
persona molesta. Pero lo que dijo no fue lo que ocupó principalmente su mente.
Fue su mirada.

Él no podía adivinar lo que esa mirada significaba. No era apenas una enojada.
En ella había un dolor escondido, tan fuerte, que Arthit no encontró el coraje
para mirarlo a los ojos otra vez. Incluso él parecía sentirse culpable por su
condición.

¿Pero por qué se sintió culpable? Él no hizo nada mal. Sí, alejó Kongpob de esa
forma, pero fue porque siempre interfería en sus asuntos. Este cretino amaba
ser un héroe. Él sólo estaba buscándose problemas.22

Cuanto más Arthit pensaba, más sentía que su dolor de cabeza, dolor en los pies
y las piernas, crecía.

Arthit intentó arrojar pensamientos irritantes de su cabeza y llamó a su amigo,


serenamente sentado frente a la televisión, haciendo ruidos mientras
masticaba su comida.

–¡Prem, tengo hambre! Ve, compra sopa de arroz, y un vaso de leche rosa fría.

Prem asistió al programa de televisión, pero él no se sorprendió con la extraña


elección de comida de Arthit. Ellos son amigos desde hacia mucho tiempo
atrás, desde el inicio de sus estudios. La apariencia de Arthit era dura, pero sus
gustos podían ser los de un niño. Prem no pudo resistirse a hacer un comentario
sarcástico:

–Déjame ver si entendí, no te sientes bien, pero ¿estas de ánimos para tomar
leche rosa? Esa mierda es demasiado dulce, te dolerá el estomago.

–Tú nunca entiendes nada, la leche rosa es el mejor remedio para mí, hace más
efecto que las píldoras que me recetaron, mis piernas van a recuperarse muy
rápido si tengo azúcar en mi sistema, ya verás. Así que cállate y ve por ella.11

Prem tomó la declaración de Arthit con un poco de duda. Si la leche en realidad


sería una cura para los pies de Arthit, iba a necesitar más que un vaso, hasta
unos litros.

–Bien, si tu lo dices iré a comprarlo mientras tú te quedas aquí acostado y


descansando, pequeño invalido.

La última palabra Prem la gritó en voz alta y con burla, luego se fue a la calle
para comprar comida de acuerdo con la petición de su amigo enfermo. Prem
ignoró un poco Arthit, pero no se olvidó de que eran amigos y que debía cumplir
con sus funciones de cuidarlo.

Era alrededor de siete de la noche. La hora en que los estudiantes salían a cenar,
y ya que las tiendas cerca del dormitorio estaban alineadas, como si fuera un
festival sobre la distribución de comida gratuita, la compra de la sopa de arroz
se prolongó durante un largo período de tiempo. Y cuando Prem llegó al
quiosco de bebidas, vio una fila de cerca de diez personas. Suspiró y se acercó
al vendedor.

–Un vaso de leche rosa, por favor.–Prem dijo molesto. La presencia de uno de
los integrantes de la novatada llamó la atención de uno de los estudiantes en
fila, quien se acercó con las manos juntas en un saludo formal.
–Hola, P'Prem.

Prem se giró y saludó con la cabeza al novato, era el ganador del concurso de
estrellas, en especificó la luna de ese año.

–Hola–A Prem le agradó que ese estudiante tuviera una buena educación. Ya
que, aun estando fuera de la universidad, él todavía mostró una actitud
respetuosa. Pero la siguiente frase de Kongpob estropeó su reciente buena
impresión sobre él.3

–Vaya, ¿Te gusta la leche rosa?5

Prem cambió su cara, él se olvidó de que acababa de pedir esa bebida, aquello
podría arruinar su reputación. Pero sería aun más sospechoso explicarle al
novato que él no había pedido la leche para sí mismo. Por ello, Prem utilizó su
voz de tipo duro y respondió:

–¿Por qué preguntas?

–Me recuerda... - Kongpob se detuvo, dándose cuenta de que no debió haber


preguntado por la bebida. Se quedó en silencio, pero sus pensamientos seguían
en el vaso de leche rosa.

Esa bebida le recordaba a un rostro en especifico.

Desde el día anterior, la noticia de la ambiciosa carrera de Arthit se extendió por


toda la universidad, a través de estudiantes de primer año, compañeros de
Kongpob, para llegar a estudiantes de otras áreas, recibiendo reacciones
positivas y negativas. Algunos admiraron el acto de Arthit, algunos juzgaron que
era un espectáculo, y algunos no entendieron por qué los veteranos fueron tan
exagerados con el castigo. Kongpob estaba entre los últimos.
Kongpob, por supuesto, entendió que esta misión era un deber y una cuestión
de honor para los veteranos. Pero al mismo tiempo, no entendía ¿Cómo Arthit
fue incapaz de percibir que tanta gente estaba preocupada por él en ese
momento?

Exigirle demasiado a su cuerpo no podría pasar sin dejar huellas. Kongpob hizo
todo lo posible para ayudar a Arthit, pero todos sus esfuerzos fueron
rechazados, tomados como innecesarios. Esa actitud de parte de Arthit hizo
que el corazón de Kongpob sufriera, y aún más verlo sobre exigirse.

De vuelta en su dormitorio, el estudiante del primer año abrió la puerta del


balcón y se dedicó a ver lo que estaba pasando en el balcón del dormitorio
opuesto, pero las ropas tendidas de Arthit impidieron que Kongpob pudiera ver
algo.

Por días Kongpob no consiguió descubrir detalles sobre el estado de salud del
jefe de los veteranos.

Como de costumbre, fue a sus clases, pero estaba inquieto. Kongpob no podía
dejar sus pensamientos fuera de aquel asunto. Su mente lo llevaba de nuevo al
momento, cuando vio Prem pedir leche rosa.

El sonido de una llamada de teléfono móvil regresó a Kongpob al mundo real.


El teléfono de Prem estaba sonando, él tomó el teléfono y empezó a hablar lo
suficientemente alto, para que otros pudieran oírlo.

–Hola, Flash, ¿qué quieres? Hombre, lo siento, me olvidé de ello... Sí, entiendo
¿Lo necesitas ahora?

Prem empezó a mirar a ningún lugar en especifico con un aire incómodo, y


luego volvió a encontrar la mirada de Kongpob.

–¿Conoces a Arthit, no?


–Sí– Kongpob asintió en respuesta a la pregunta extraña de Prem.

El estudiante de tercer año debería saber que Kongpob era un novato, además,
el que era odiado por Arthit. Aparentemente, Prem decidió asegurarse de ello
nuevamente antes de asignarle a Kongpob una tarea.

–Entonces llévale esta sopa de arroz y pide la leche, vive en el edificio Ron Di,
habitación 618. Tengo un asunto urgente así que debo irme.

Fue una orden inesperada y rápida.

Kongpob ni tuvo tiempo de abrir la boca antes de que Prem le entregara el


pedido con comida y dinero, y luego se echara a correr, dejando el Kongpob
perplejo.

Entonces, la sopa de arroz y la leche rosa ¿no eran para él?

Luego estaba la pregunta que le hizo antes de irse. La mente de Kongpob se


tomó un segundo para analizar la situación.

Eso quería decir que los compró para Arthit. ¡Era el mismo nombre que
constantemente aparecía en los pensamientos de Kongpob! El novato sonrió
ampliamente. Él no creía que iba a tener una oportunidad tan maravillosa de
estar cerca al fin de la persona por la que estaba tan preocupado.1

Kongpob rechazó su pedido de café helado y lo cambió por la leche rosa.


Después de haber recibido un vaso frió con la bebida, se dirigió a una carretera
familiar a su dormitorio, pero esa vez dobló una cuadra antes, camino al edificio
opuesto. En el ascensor, apretó el botón sexto piso y, una vez que las puertas
se abrieron, se apresuró con una sonrisa a la habitación 618.

Habitación, a la que él regularmente veía desde su balcón.11


Kongpob se detuvo frente a la puerta, sintiendo una extraña excitación. El
novato se preguntó qué sucedería si los amigos del jefe de los veteranos
estuvieran dentro además de Arthit. Entonces, Kongpob, probablemente, sería
echado fuera apenas entrar y no tendrá tiempo para preguntarle a Arthit sobre
su salud. Pero lo aceptaba, por lo menos, ya fuera por un minuto, él iba a tener
la oportunidad de verlo.3

Kongpob enderezó la espalda y golpeó la puerta.

Hubo silencio. Ninguna respuesta.

Kongpob golpeó de nuevo, pero no hubo señales de vida detrás de la puerta.

¿Arthit estaba durmiendo? ¿O Kongpob se equivocó de cuarto?

Dudoso estaba a punto de llamar a la puerta por tercera vez, antes de ser
interrumpido en sus pensamientos por un grito proveniente del interior de la
habitación:

–¡Entra ya! ¡No está encerrada!–exclamó una voz conocida, la misma que usaba
para las reuniones de la novatada.

Después de recibir el permiso para entrar, Kongpob giró la manija de la puerta,


y miró alrededor de la habitación con curiosidad. El interior estaba decorado
con colores claros y simples, era tan espacioso como el cuarto de Kongpob. Los
objetos de Arthit estaban dispersos al azar, elocuentemente dando información
sobre el carácter del dueño, quien en ese momento estaba solo y acostado en
la cama, relajado mientras hojeaba cómics. Arthit ni siquiera bajó el libro de sus
manos para ver al recién llegado. Él comenzó a murmurar:

–Sabes que estoy enfermo, y tienes el descaro de golpear la puerta. ¿Porque


desapareciste por casi una hora, Prem? ¿Fuiste a comprar la comida o a
hacerla?7
–Lo siento, la fila era larga.

Arthit percibió que un tratamiento tan educado no podía venir de su viejo


amigo. Así que, extrañado por ello se incorporó en la cama, para mirar al
visitante. Sus ojos se abrieron con asombro.

–¡Kongpob! ¿Cómo llegaste aquí?–gritó Arthit, señalando al novato con el dedo,


como si viera un fantasma.8

En su mente se repitió la pregunta:

"¿Cómo llegó hasta aquí 0062? ¿Cómo sabe donde vivo?"

Kongpob le dedicó una sonrisa antes de explicarle a Arthit la situación.

–P'Prem tuvo que ir a resolver un asunto con urgencia y me pidió traerte la sopa
de arroz y la leche.

El novato apuntó a un paquete con comida y leche, una especie de evidencia


física, de que decía la verdad. En este momento Arthit quería que sus piernas se
recuperaran, sólo para que él pudiera patear al estúpido de Prem. Ese amigo
traidor.15

"¿Qué clase de emergencia te hizo dejar a tu amigo? ¿y en quién confías para


darme la comida, es el hombre cuyo rostro detesto? ¿Para que hice esa ridícula
demostración de coraje sólo para que ahora este novato me vea postrado en
esta cama, casi en estado vegetal?" pensó Arthit.14

El jefe de los veteranos, cubrió su rostro con el libro deseándole al cielo que la
tierra se lo tragara.

Arthit pensó en ponerle fin a la vergüenza. Trató de levantarse para echar a


Kongpob de su habitación, pero no reacciono a tiempo. El chico de primer año
ya había entrado y tomando asiento al pie de la cama y comenzó a hacer
preguntas:

–Dime, ¿cómo te sientes?

–¡Estoy bien!–mintió Arthit. El líder de los veteranos quería por lo menos de


alguna manera, preservar su imagen gloriosa de severo villano de cómic.

Una que había podido mantener por un tiempo. Pero enfermo, acostado en la
cama, sólo despertaba simpatía.

–¿Estás seguro? Entonces ¿Por qué tienes una pierna vendada?

Arthit maldijo en su mente y apresuradamente escondió debajo de una manta


prueba de su impotencia. Él habló en su defensa:

–¡Por nada!–exclamó Arthit.2

–Claro, sí, me imagino que la vendaron sólo por diversión.11

Arthit no tuvo tiempo de pensar en una explicación creíble, y sus excusas de


nivel de un estudiante del jardín de infantes era fácil de detectar. Sin embargo,
Kongpob decidió no continuar con el interrogatorio, pero se puso de pie y se
acercó a él. Hacia el lado en donde Arthit estaba acostado en la cama.

Arthit gritó sorprendido:

–¿Qué estás haciendo?

En vez de responder, Kongpob colocó su mano sobre la manta que cubría el pie
de Arthit, sin pedir su permiso, y silenciosamente tocó su dedo del pie. Eso fue
suficiente para que Arthit se estremeciera de dolor.

–¡Qué carajo te pasa!


–Ves, estás lastimado,apuesto a que no puedes caminar ¿verdad?– Kongpob le
dio una mirada cansada, un claro "te lo dije".

–Ese es mi problema, ya puedes volver a casa.

–¿Cómo puedo irme cuando estas en esa condición? No pareces estar bien,
mejor voy a servir la sopa en un tazón. Debes tener hambre.

El novato no estaba interesado en aparente amable oferta de Arthit para salir


de su habitación. Optó por comportarse como si estuviera su casa. Él tomó un
tazón y una cuchara, encontró una pequeña mesa al estilo japonés y la puso en
la cama de Arthit para servir su cena. Esta consistía en un tazón de sopa de arroz
con carne de cerdo y huevo, así como un vaso de leche.

Kongpob, se sentó en una silla frente a Arthit y empezó a ver a su alrededor.


Arthit estaba confundido, no esperaba ese nivel de atención. Pero la ayuda del
chico de primer año se contrarresto frente a su boca suelta.

–¿Por qué todavía estás aquí?

–Estoy esperando a que termines de comer para poder lavar el plato. No puedes
levantarte y hacerlo por tu cuenta, ¿cierto?

Las palabras de Kongpob se convirtieron como un bate de hierro que golpeó en


su orgullo, un lugar débil para el jefe de las novatadas. Así que él trató de
levantarse, furioso de que el novato se jactara en cada oportunidad que tenia
de su condición. Pero al final, al sentir el dolor punzante de sus piernas Arthit
llegó a la conclusión de que no tenia sentido sentido iniciar una pelea, porque
ni siquiera tenía fuerza para levantarse de la cama y empujarlo fuera de su
habitación si el novato se ponía difícil.
Por lo tanto Arthit ignoró las palabras de Kongpob, bajó la cabeza para
examinar el plato y con una expresión de rabia en su cara y se rindió a comer la
sopa.

Kongpob estaba examinando la decoración de la habitación del jefe de los


veteranos. Su atención fue atraída por la puerta de cristal deslizante del balcón,
y como las cortinas no estaban cubriéndola, le fue posible ver el balcón
opuesto.

El balcón donde a Kongpob le gustaba observar secretamente el cuarto


opuesto. Ese en donde estaba.

Esa versión invertida le resultó inusual. Se preguntó muchas veces, qué hacia el
inquilino del cuarto opuesto, queriendo averiguar como era y no podía creer
que estuviera ahí, con Arthit. Viéndolo le pareció que su propio apartamento
era tan lejano y solitario, que ni las palabras describían lo que su pecho estaba
experimentando. Estaba ahí con él, cuando en su habitación sólo podía verlo
cuando colgaba su ropa.

Kongpob notó la ropa seca en el balcón de Arthit y adivinó que estaba colgada
desde el día anterior por la noche.

–P'Arthit, tu ropa está seca, voy a recogerla, podría llover y se mojarse de nuevo.

Arthit sólo colocó una cuchara de sopa en su boca y se apresuró a tragar su


contenido, para no decir nada. Todo su ser quería prohibirle a Kongpob seguir
en su habitación, pero el novato volvió a dejarlo con las palabras en la boca, no
tuvo tiempo para decir nada cuando Kongpob ya estaba empujando la puerta
para salir al balcón. Él recogió toda la ropa y volvió a la habitación.

El novato le hizo otra pregunta:

–P'Arthit, ¿donde guardas la plancha de ropa?4


–¿Qué? ¡No! ¡No tienes que plancharlas! ¡Sólo ponlas en ese rincón!

Esta vez, el propietario inmediatamente rechazó los servicios del huésped


inesperadamente atento, pero sus negativas no ayudaron en nada.

Kongpob seguía sosteniendo la ropa en sus manos.

–¿Sólo vas a dejarla ahí? No, prefiero plancharla ya que tu no puedes.15

El novato mostró prácticamente cuidados maternales. Kongpob descubrió que


la plancha que tanto exigía y la tabla de planchar, estaban en el armario debajo
de la televisión. Tomó ambos, además del control remoto y lo colocó en la cama
de Arthit.

–¿P'Arthit, no quieres ver la televisión? Aquí está el mando a distancia para que
puedas cambiar de canal.

Arthit no recibió ese tipo de tratamiento ni siquiera de sus amigos más


cercanos. Cuando Prem estaba de servicio en su habitación, simplemente tomó
el control remoto para su uso único y ni siquiera pensó en preguntarle a Arthit
era lo que él quería ver. Y los otros compañeros que fueron a ayudarle no
mostraron mucho interés en sus asuntos personales.11

Excepto ese hombre quien cuidaba de todo; desde atenciones a sus


necesidades, y después hasta de sus ropas. Cuando Arthit intentó echarlo, él no
se fue. ¿Por qué estaba haciendo eso? El jefe de los veteranos no encontró una
respuesta.11

Todo eso le recordó las últimas palabras del novato y la mirada de Kongpob el
día en que hizo su carrera.

Arthit estaba comiendo muy lentamente porque estaba viendo la televisión y


entonces, furtivamente, encontró a Kongpob doblando sus ropas. En realidad,
estaba completamente ajeno a las noticias en la televisión, y él ni siquiera
entendía de que hablaban.

Cuando Arthit terminó de comer, Kongpob colgó su ropa planchada en el


armario y comenzó a limpiar la mesa y por ultimo lavó su plato. Luego se
percató que en la cabecera de la cama de Arthit había medicamentos.

–P'Arthit,¿Estas tomando tu medicamentos? Cuando comiste, me olvidé de


preguntarte si ya lo habías hecho.

El novato habló con voz culposa. Al parecer, Kongpob se preocupó de no haber


prestado atención en eso. Y en realidad, en la etiqueta, de los comprimidos
decía que se debían tomar antes de las comidas.

Kongpob las tomó. Él parecía molesto.

–¿Por qué no me avisaste? ¿Cómo vas a estar bien si no tomas tus


medicamentos a la hora correcta? ¡La próxima vez, no te olvides de hacerlo!

¿Lo estaba reprendiendo? ¡Ese novato tenia agallas! El jefe de los veteranos no
iba a soportar que un chico de primer año le dijera que hacer. Arthit estaba
enfadado así que le gritó con molestia.

–¡Deja de interferir en mis asuntos, yo no soy niño Kongpob, que no se te olvide


que soy mayor que tú!8

La sala se quedó en silencio.

... y ese silencio hizo que Arthit se sintiera aún más incómodo.

Él sabía que Kongpob fue con buenas intenciones. Pero, por otro lado, Arthit
tuvo que mantener su dignidad de veterano y no podía darse el lujo de ser
dependiente de nadie.2
Kongpob no parecía enfadado, él sólo suspiró suavemente, se sentó en la cama
al lado del enfermo Arthit y dijo con una voz suave:

–Sé que eres el más viejo de los dos, pero sabes que ahora no estás bien, cuando
estás enfermo, alguien debe cuidar de ti. Cuando ya estés bien, puedes darme
un castigo. Así que, por favor, hazme caso.

Estas palabras no eran una amenaza o una orden, eran más como una sutil
suplica. Kongpob miró a los ojos de Arthit.

... Y de nuevo, la mirada de aquel hombre hizo que Arthit se sintiera derrotado.31

El jefe de los veteranos se giró, extendió la mano y tomó las medicinas sobre la
palma de Kongpob y bebió el agua que él le ofreció. Kongpob tomó su vaso de
vuelta y se fue hasta el lavabo para lavarlo. En ese momento, Knot entró en la
habitación, amigo de Arthit, el que estaría de servicio esa anoche.

–Oye Arthit, me encontré con P'Dear y él preguntó por ti y ...–Knot no terminó


la frase al darse cuenta de la presencia de un extraño en la habitación.1

Kongpob, al verlo dejó lo que estaba haciendo y juntó las manos en un saludo
formal.

–Buen día, P'Knot.

–Hola, oye, no estamos en la facultad, deja las formalidades.

Knot no comprendió la situación en la que se encontraban. Asi que le dio un


saludo formal a Kongpob al verlo que se quedó callado. A Kongpob le pareció
extraño que lo hiciera, los veteranos nunca lo hacían hacia un menor. Él leyó el
ambiente, un nuevo amigo estaba ahí para ver Arthit, así que decidió no a
molestarlos.

El novato se dirigió a la persona en la cama.


–Creo que me debo ir, P'Arthit.

El estudiante del tercer año ni siquiera miró al novato, y asintió con una
expresión indiferente, como debería ser el jefe de los veteranos. Kongpob salió
de la habitación después de eso, Knot confundido, preguntó:

–¿Qué estaba haciendo aquí?

–Hola Knot–Arthit hizo un gesto indiferente–Sólo estaba planchando mi ropa.15

–¿Qué? ¿Por qué lo obligaste a hacer eso?–Knot preguntó aun más confundido.

Pero Arthit no quería explicar nada en ese momento. Simplemente se encogió


de hombros y se recostó en el respaldo de su cama.

–Tengo sueño.

El jefe de los veteranos cerró los ojos, insinuando que la conversación había
terminado.

No quería responder a ninguna pregunta. Sintió que su fiebre aumentaba, su


cara estaba ardiendo, su cabeza no estaba clara, se sentía extraño. Era por eso,
esa debía ser la única razón por la cual disfruto tan fácilmente de ser atendido.26

Y, sin embargo, Arthit continuó pensando en ese novato.11

No importó cuanto intentó no pensar en él, fue inútil borrarlo de sus


pensamientos. Recordaba cada momento en que estuvo ahí, como si las
memorias estuvieran impresas en una película repitiéndose en su mente.8

Arthit estaba seguro de Kongpob quería transmitirle un tipo de enseñanza.

El primer año no estuvo enojado con sus arrebatos. Sin ofenderse por recibir
malos tratos como respuesta a sus atenciones, implorándole con la mirada que
comprendiera.
Alegando que Arthit debía pensar en los sentimientos de quienes se
preocupaban por él.
Capítulo 13
Regla número trece para el estudiante de primer año: "Demostrar a los
mayores que se es un estudiante digno de la facultad".

Finalmente llegó el día en que los estudiantes de primer año de la universidad


de ingeniería estaban esperando. Durante dos meses, los novatos asistieron a
las reuniones de la novatada, estudiando constantemente para los exámenes,
aguantaron castigos en un ambiente tenso creado por los estudiantes de tercer
año. Pero ese día todo llegaba a su fin. El día de la clausura de las reuniones
había llegado.

En general, las reuniones se organizaban por separado para los estudiantes de


primer año dependiendo de cada departamento de ingeniería, ya que era más
fácil mantener el orden en un grupo separado de novatos. Pero en la clausura
de las reuniones, todos los novatos de los departamentos de la facultad de
ingeniería fueron convocados.

Por lo que a las seis de la tarde el estadio estuvo lleno de filas de estudiantes de
ingeniería de primer año, siendo cerca de 800 personas. Además, de algunos
estudiantes mayores que deseosos de ver ese importante evento.

–¿Cómo estás, Kong?

Kongpob miró a la persona que se dirigió él y sonrió al ver a su compañero del


departamento de ingeniería química en la fila siguiente.

–¡Wad, pensé que no vendrías!– dijo Kongpob con animo a su amigo.

Wad era uno de los estudiantes que se oponía fuertemente al sistema SOTUS y
a menudo no asistía a las reuniones, por lo que Kongpob se sorprendió por su
presencia en el estadio.
–Yo también pensé en no hacerlo, pero quería un engranaje ¡Es una baratija
genial!32

Su motivación infantil hizo reír a Kongpob. Había olvidado que, además del
cierre de las reuniones, se celebraría una ceremonia de distribución de
engranajes. Después de todo ese era el símbolo más importante del
departamento de ingeniería. Había engranajes de dos tipos, uno con el símbolo
de la universidad y otro con el emblema de la facultad. No sólo eso en realidad
ya que algunas áreas del departamento de ingeniería utilizaban anillos de
generación en lugar de engranajes de acuerdo con la tradición establecida. Por
ello, obtener engranajes significaba que los estudiantes mayores aceptaban
completamente a los estudiantes novatos, como una familia unida en la
facultad de ingeniería.

Por lo tanto, adquirir engranajes era considerado el primer paso de los


estudiantes de primer año en su viaje para adquirir el honor y la dignidad de un
verdadero ingeniero. Las condiciones para obtener un engranaje eran seguir
diferentes instrucciones de entrenamiento y fueron determinadas por la
severidad del equipo encargado de impartir las novatadas.

Por supuesto, el tema principal seguía siendo el líder del grupo. Ese veterano
que pertenecía al departamento de ingeniería industrial. Antes era famoso por
su rostro cruel, pero en ese momento sólo se hablaba de su última hazaña, de
cómo, heroicamente ejecutó su propio castigo, recorriendo una gran distancia
a través del estadio bajo una lluvia torrencial. Las fotos de Arthit corriendo,
rápidamente se difundieron a través de Facebook y al instante se convirtió en
un incentivo de culpabilidad por las quejas que lo llevaron a realizar tal castigo.
Los estudiantes de primer año de otras ramas de ingeniería estaban ansiosos
por verlo con sus propios ojos.
A la hora señalada, los veteranos aparecieron en el estadio. Todos los ojos se
fijaron en la persona más famosa, la cabeza del grupo quien iba acompañado
de treinta veteranos de otros departamentos. Todos vestidos con el uniforme
de ingeniería y mantenían sus rostros severos, como si fueran miembros de la
mafia.6

Arthit asumió sus deberes como el líder principal y saludó en voz fuerte sin
recurrir a un micrófono a los estudiantes de primer año reunidos.

–¡Buen día, estudiantes de primer año!

–¡Buenos días!– Respondieron con alegría los novatos, ansiosos de por


escuchar el discurso del líder de las novatadas. Arthit miró a la audiencia con
ojos fríos y continuó.–Veo que en la reunión de hoy hay 791 estudiantes de
primer año, a pesar de que esperábamos ver sólo a 750. Bien, ya que no
conocemos a todos, me gustaría ver cómo es su espíritu de equipo.

Arthit comenzó su discurso con cumplidos y un susurro de sorpresa recorrió las


filas de estudiantes de primer año que esperaban un tratamiento
completamente diferente al del legendario líder de las novatadas. Sin embargo,
los estudiantes de primer año del departamento de ingeniería industrial
permanecieron en silencio porque conocían el estilo del comportamiento de
Arthit desde el principio, podía darles una palmada amigable en la espalda y
luego asestarles un golpe duro. Y eso fue lo que pasó. Después de la siguiente
declaración de Arthit, todos los novatos estaban tranquilos.

–Pero cuando revisé sus cuadernos con las firmas de los estudiantes mayores,
y descubrí que no estaban todas las 1000 firmas que prometieron recolectar,
me sentí sumamente decepcionado, así que, novatos ¿saben lo que eso
significa?
Los veteranos se presentaban en diferentes sesiones con los novatos por
separado, algunas tareas eran iguales y se llevaban a cabo juntas. Una de ellas
fue la recolección de firmas al comienzo del semestre, los estudiantes de primer
año recibieron cuadernos que tuvieron que haber llenado con las firmas de los
estudiantes mayores. Una semana antes de la reunión, los novatos tuvieron que
entregaron sus cuadernos para ser revisados.

Por supuesto, no era fácil recolectar 1000 firmas y muchos estudiantes no


terminaron esa tarea, cosa que no pasó desapercibida por el equipo de
novatadas. Por lo que la tarea no se completó con éxito y los estudiantes de
tercer año decidieron castigarlos de manera más rigurosa, una de las pruebas
más elaboradas para los novatos.

–Probablemente ni siquiera logren convertirse en ingenieros. ¡Los ingenieros


deben mantener su palabra! Y hoy me han demostrado que no son capaces de
hacer una simple tarea, así que dudo que estén preparados para pasar de año.
Ahora quiero preguntarles. ¿Todavía quieren ser estudiantes de la facultad de
Ingeniería?

–¡Si queremos!– Sin dudar, los estudiantes de primer año gritaron. Después de
presenciar el enojo del líder de las novatadas, la mejor salida era responder en
lugar de elegir el silencio.

–Bien, me tomaré la libertad de asumir que están listos. ¡Quiero que traigan los
engranajes!– La última oración de Arthit fue dirigida a estudiantes de tercer año
que trajeron dos bandejas en las que llevaban los codiciados engranajes–Estos
engranajes pueden ser llamados también como el corazón del departamento
de ingeniería, son únicos y exclusivos de la facultad. Para obtenerlos deben
probar que son dignos. Si no pueden hacer eso, estos engranajes se quedarán
con nosotros y se les privará del derecho a llamarse estudiantes de la facultad
de Ingeniería.22
Los novatos tragaron en seco al escuchar las palabras de Arthit, dándose cuenta
de que no era una amenaza común. Como en toda facultad, en la de ingeniería
también había una historia contada a voces, una leyenda sobre cómo los
engranajes de uno de los cursos fueron escondidos en una caja fuerte en alguna
parte de la universidad. Se decía que ese curso fue despojado de cualquier
derecho de un estudiante de ingeniería por lo que tuvieron que someterse a la
novatada durante un año más para lograr obtener esos derechos.

Así que los novatos escucharon atentamente el discurso, temiendo en que si se


perdían de una palabra esta podría determinar su destino.

–Les ordeno que canten el himno universitario y luego el eslogan según el


número de generaciones que hay en la facultad de ingeniería. Mientras lo
hacen, iré hasta ese edificio.–dijo Arthit con voz severa, señalando con el dedo
índice su objetivo– Sí no los escucho desde allá ¡Consideren que han fallado la
prueba!

Los ojos de los estudiantes de primer año siguieron el lugar señalado. Miraron
el edificio de siete pisos del departamento de ingeniería. Este estaba justo a un
lado del estadio, sin embargo, si Arthit subía a al último piso, era poco probable
que llegara a escuchar las voces de los novatos. El equipo de novatadas se
encargó de impedirles inmediatamente protestar o pedir una segunda
oportunidad por adelantado.

–Recuerden, sólo tienen una oportunidad así que ¡Hagan lo mejor que puedan!

–¡De acuerdo!– Los estudiantes de primer año respondieron más fuerte que
nunca, como si otra fuerza hubiera despertado en ellos para luchar por el honor
de ser llamados estudiantes de la facultad de Ingeniería.

El líder de la novatada, Arthit, asintió en respuesta y fue al edificio de siete pisos


con un grupo de veteranos. Otra parte del equipo permaneció en el estadio para
observar. Nadie ayudaría a los estudiantes de primer año, tenían que confiar
sólo en ellos mismos para llevar a cabo la tarea.

El lugar en donde estaban los veteranos fue llenado por filas de estudiantes de
primer año, un novato de la rama de ingeniería civil nombrado presidente del
curso como su representante. Este, con una voz de confiada y firme, dio la orden
de comenzar a cantar. En ese instante los estudiantes de primer año
comenzaron a cantar el himno con todas sus fuerzas.2

Cantaron a capela el himno que antes podían realizar. Durante dos meses
desde el inicio de las reuniones, se les enseñó un himno largo e incomprensible
para un novato, bastante extraño para el oído de un estudiante de primer curso
pero, que de tantas veces repetir, se convirtió en una música que se instaló
firmemente en sus corazones, logrando que las letras salieran como agua por
sus labios. Aunque los estudiantes de primer año nunca habían estado juntos,
siempre practicado separados por departamentos. Milagrosamente la
diferencia de tonos fue casi nula, fusionándose en un coro.

Los estudiantes de primer año cantaron con la esperanza de que los veteranos
que habían subido al último piso del edificio los escucharan.

Arthit llegó al edificio de ingeniería y presionó el botón del séptimo piso en el


ascensor. Él salió al corredor, siendo apenas una mancha visible para los
novatos en el estadio, mientras que sus compañeros observaron a los
estudiantes de primer año a través de la ventana.

–Prem ¿cómo se escuchan?– le preguntó Arthit a su amigo cercano, quien llevó


consigo una gran cámara DSLR y estaba filmando las filas delgadas de novatos
con la habilidad inherente de un profesional. Prem levantó la vista de la lente
de la cámara y saludó a Arthit.

–¡Ven a verlo por ti mismo! ¡Están lindamente alineados!


Arthit fue hacia Prem, se paró a su lado, inclinó la cabeza y miró el estadio. Antes
de que sus oídos alcanzaran los silenciosos ecos de la música, pudo
concentrarse para escuchar a los novatos cantando el último verso del himno
universitario. Luego se reagruparon en forma de círculo humano antes de
comenzar a cantar. Los novatos eran muchos y para encajar en un círculo tenían
que alinearse en varias filas. Como resultado, la forma del círculo no era la más
ideal, como si fueran niños del jardín de infantes, sin ninguna coordinación. Al
mismo tiempo, Arthit les dio un poco de crédito al estar bajo los rayos
anaranjados de la puesta de sol, una imagen inusual y hermosa que ocultaba el
pequeño desastre. Arthit se tomó unos segundos para admirar la vista en
silencio.

Ese día era el último.

En cuanto terminara el dia, sus deberes como líder no serán relevantes y


abandonaría el lugar en silencio. Ya no tendría que hacer ejercicios físicos para
aumentar su resistencia y prepararse para reuniones con los novatos. No
tendría que elogiar a los estudiantes de primer año o castigarlos a muerte.11

El dolor físico de los entrenamientos y del pasado castigo aún seguía dándole
una molestia, pero este pronto desaparecería ya que las reuniones entre
mayores y novatos habían terminado. Arthit conservaría los recuerdos de las
dificultades que conllevaban esas reuniones, la responsabilidad que tuvo que
asumir como líder y la confrontación con el impetuoso estudiante de primer
año por el cual fue desafiado el primer día y sobre todo, como el cómo trató de
lidiar con ello, recurriendo a una variedad de métodos de castigo que
resultaban siempre en una confrontación, en donde, por desgracia terminaba
perdiendo su autocontrol.
Recordando todo eso, le fue imposible no sonreír. Por otra parte, Arthit sintió
un leve atisbo de temor, esa era otra etapa de su vida que se terminaba. Y
volvería a ser sólo un veterano, tendría que ceder sus poderes para dar órdenes
como líder a los estudiantes de segundo año, dejando a los novatos seguir con
sus vidas. Eso incluía a todos los estudiantes de primer año. Él ya no podría
meterse en sus vidas.

El sonido de la cámara lo devolvió a la realidad. Arthit notó que su amigo le


había apuntado con la lente. Él frunció el ceño con desagrado.

–¿Qué estás haciendo, Prem?

–Tomando una foto de tu rostro ¡deberías tu expresión!

Sin darse cuenta, Arthit se convirtió en el modelo de fotografía de Prem. El jefe


de los veteranos hizo una mueca de disgusto, mientras que Prem trató de
hacerlo posar hasta que otro miembro los interrumpió. Knot se acercó a ellos.

–Vayámonos Arthit, el edificio está por cerrar.

Los veteranos tenían que salir del edificio, la primera señal fue que el cielo se
estaba oscureciendo rápidamente. Arthit lideró a los miembros de su grupo
para cumplir con sus deberes como jefe de los veteranos una última vez.1

El sol se ocultó detrás del horizonte y se encendió la iluminación artificial del


estadio, los estudiantes de primer año seguían cantando y aún no se habían
detenido. Se les había pedido repetir el himno muchas veces, igual a las
generaciones inscritas en la facultad de Ingeniería, es decir, 35 veces.2

Los chicos bajaron y subieron de acuerdo con el procedimiento establecido, al


mismo tiempo, gritando con todas sus fuerzas. Algunos novatos no pudieron
soportarlo yendo a las gradas para descansar. Los otros restantes seguían
luchando hasta el final a pesar de su notable fatiga, gritando ruidosamente
mientras abrazando a sus compañeros.

Arthit regresó al estadio. Esta vez subió al nivel superior de las gradas, para que
todos los estudiantes de primer año pudieran verlo bien, después de estar en la
sima habló en voz clara y fuerte.

–Cuando llegué al último piso del edificio, escuché cómo estaban intentando
cumplir con la tarea. ¡Cantan de forma débil! ¡El alineado es pésimo! ¡Si eso es
todo lo que sus voces pueden hacer, entonces no son dignos de ser llamados la
generación más joven de la Facultad de Ingeniería! Mis colegas en las gradas,
pueden irse ¡La reunión ha terminado!1

Las últimas palabras del líder confundieron a los novatos. Los estudiantes de
primer año estaban aún más molestos cuando vieron que todos los estudiantes
mayores que los miraban desde las gradas realmente comenzaron a bajar y no
parecían querer incluirlos de ninguna forma. Aunque los novatos trataron de
hacer lo mejor, el resultado les había parecido insuficiente.

–¿Qué están esperando? ¡Les pedí que se fueran!– Repitió el líder de las
novatadas, cortando como una filosa cuchilla los corazones y esperanzas de los
estudiantes de primer año, incluso logrando que algunos comenzaran a llorar.
Pero ninguno de los 791 estudiantes presentes se atrevió a hablar, habían
hecho un gran esfuerzo en cumplir la tarea, y causar un conflicto arruinaría todo
el trabajo. Eso significa un completo fracaso.

Todos los estudiantes de primer año estaban callados, sabiendo que las
palabras no servirían de nada. El estado de ánimo de todos fue expresado por
el presidente del curso, quien dio un paso al frente y se dirigió al líder de las
novatadas, levantando la mano para obtener el permiso de hablar.
–¿Podemos cantar una vez más?

Los novatos que ya estaban saliendo del estadio se detuvieron. Arthit miró
alrededor y dijo drásticamente.

–¡Pueden! ¡Les daré una oportunidad! ¡Y esta es la última!

Al oír que este había accedido, los estudiantes de primer aplaudieron.


Decididos a usar su única oportunidad al máximo. El presidente del curso
regresó con sus compañeros y comenzó a dirigirlos.

Los jóvenes estudiantes de ingeniería abrazaron sus hombros, inclinaron sus


cabezas y empezaron a cantar cada vez más fuerte, ejecutando los lemas como
deberían hacerlo los estudiantes de primer año en el departamento de
ingeniería. Esa vez, trabajando más juntos más que nunca.

Aunque al mismo tiempo, los novatos sintieran el temor de que no sería nunca
suficiente su esfuerzo para el equipo de novatadas. Después de que terminaron
de cantar, el líder regresó a su lugar en las gradas y por segunda vez, emitió una
frase difícil de procesar.

–¡Novatos! ¡Esta es su última presentación en el estadio como estudiantes


novatos de esta universidad! ¡Y desde este momento, tienen prohibido volver a
cantarlo como uno!1

Quitarles el derecho a cantar automáticamente fue considerado como un mal


presagio, eso significaba automáticamente que no podrían unirse como
estudiantes de la Facultad de Ingeniería en ningún evento.

Los esfuerzos realizados por los estudiantes de primer año durante casi dos
meses de capacitación se volvieron en nada. La mayoría de los novatos no
pudieron contenerse más y lloraron. Kongpob sintió una sensación
desagradable y dolorosa en su pecho, quería levantar la mano y pedir permiso
para volver a intentarlo, aunque sabía que sus esperanzas de una tercera
oportunidad eran imposibles. Pero antes de que los estudiantes de primer año
tuvieran tiempo de hacer algo, su atención fue nuevamente capturada por la
voz del líder de las novatadas.

–¡Porque a partir de hoy no sólo son estudiantes de nuestra universidad! ¡Cada


uno de ustedes puede considerarse ya un oficial estudiante de la facultad de
Ingeniería!

La última oración hizo que los estudiantes de primer año se detuvieran en


silencio. Poco a poco, empezaron a entender cuál era el significado y sus
respiraciones se volvieron irregulares. Todos esperaban las siguientes palabras
de Arthit.

–¡Estudiantes de primer año, lo hicieron bien! ¡Han aprobado!14

Casi todos los estudiantes corrieron a los brazos de sus amigos. Aquellos que
estaban derramando lágrimas antes de saber que habían aprobado
comenzaron a llorar con más fuerza, pero esta vez de alegría y alivio.
Finalmente se convirtieron en parte de la facultad de ingeniería, ¡Y eso era algo
de lo cual estar orgullosos!2

–¡Les pido a todos los estudiantes mayores que saluden a los nuevos miembros
de nuestra facultad!– Arthit le pidió a sus compañeros que bajaron de las gradas
pero no habían abandonado el estadio. Ellos se dispersaron alrededor de los
estudiantes de primer año, luego se alinearon y entregaron pulseras blancas en
símbolo de salud y buena suerte a los estudiantes de primer año.1

Los veteranos se alinearon frente a los novatos y cantaron ambos himnos.


Después de completar el canto, el equipo tomó las bandejas con los engranajes
y comenzaron a distribuirlos entre los jóvenes. Fang le entregó el suyo a
Kongpob.
–Kongpob ¡felicitaciones!

–Muchas gracias.–Kongpob juntó las manos en un saludo formal y sonrió,


tomándolo cuidadosamente el collar, el cual estaba envuelto en un sobre
transparente.

Finalmente, vio el símbolo de la facultad de ingeniería que había sido tan difícil
de conseguir. Un hermoso y dorado engranaje. Grabado en este el nombre de
la facultad y el número de generación, exactamente el 59.10

Kongpob aprendió que el engranaje fue elegido como el emblema del


departamento de ingeniería porque simbolizaba la unidad. La función de un
engranaje depende de los dientes, si uno de ellos está dañado, el mecanismo
no podría funcionar, ni unirse al mecanismo de más engranajes. Los
estudiantes de primer año pudieron obtener sus habilidades debido al hecho
de que todos aplicaron conjuntamente, uniendo su fuerza física y moral en la
lucha por el título de ser un estudiante de ingeniería. Y esa victoria les fue
otorgada por su trabajo de equipo no porque alguno de ellos diera la cara por
los demás, como alguien le dijo a Kongpob una vez.

Por ello, entendió claramente que todo lo que Arthit les enseñó, incluso si eran
lecciones difíciles, estas contenían un significado oculto. Lo único que le
parecía una lástima era de no tener la oportunidad de enseñar valiosas
lecciones de vuelta.

Pero, al menos, todos sus encuentros podían considerarse puede considerarse


pequeños pasos que lo acercaron a esa persona. Kongpob estaba perdido en
sus pensamientos cuando escuchó un extraño ruido de cámara a su lado. Se
volvió hacia este y vio a un hombre mayor que le era familiar y que se volvió a
inclinar hacia la cámara. Kongpob se apresuró a poner sus manos juntas en un
saludo formal.
–P'Prem ¿estás aquí también?

–Bueno, sí, he estado tomando fotos de todos– la apresurada explicación


confundió a Kongpob, pero Prem perdió interés en él y fue a buscar otros
modelos.

El fotógrafo levantó la cámara para capturar un panorama espectacular, pero


luego le apareció una advertencia de que la tarjeta de memoria estaba llena.
Prem se maldijo había fotografiado muchos lugares y filmando las canciones,
por supuesto que la memoria estaría llena, más si se olvidó de llevar una tarjeta
de memoria de respaldo.

Prem bajó la cámara y comenzó a ver las fotos y vídeos, buscando aquellos que
pudiera eliminar para liberar un poco de memoria. En el proceso, su atención
fue capturada por dos fotos en específico.

Prem no era tímido en admirar su talento como fotógrafo, pero esas fotos eran
especiales y diferentes que las demás. Y su belleza no estaba en el ángulo
hábilmente elegido o en el juego de luces y sombras, sino en la expresión de los
rostros de los protagonistas de las fotografías.4

Eran personas llenas de júbilo. A quienes, en sus miradas, era fácil de observar
que ambos pensaban en alguien querido.

Una leve sonrisa se asentó en sus labios.

Aquella expresión le dio a las fotos una belleza natural.

Prem pensó que esas eran las mejores fotos del termino de las reuniones entre
los mayores y novatos.
Capítulo 14
Regla número catorce para el estudiante de primer año: "Debes
comprender el significado de la dignidad de un estudiante de ingeniería".

–¿Hoy? Sí, estoy libre... entiendo.

–¿Estás hablando con tu novia, Kong? ¡Qué dulce eres!

Em estaba ocupado comiendo pasta con salsa roja, pero eso no le impedía
mantener un oído atento en la conversación telefónica de su mejor amigo. El
resto de sus amigos que también estaban reunidos en la mesa se interesaron
en saber con quién hablaba Kongpob, especialmente, como había dicho Em,
porque Kongpob estaba usando una voz demasiado dulce. Además, si la luna
de la universidad estaba hablando con una chica, que debía ser su novia,
entonces esa chica tendría amigas a las que podría presentar. Por ello, sus
compañeros esperaron una respuesta de Kongpob, él tomó una cucharada de
arroz frito y dijo casualmente.

–Una veterana, con quien comparto número de estudiante, me invitó a cenar.

Con ello, las esperanzas de sus amigos se habían derrumbado. Con caras
aburridas, continuaron comiendo de sus platos.

¡El destino era una perra! Tenían a un amigo guapo, pero no podían utilizarlo.
Desde el momento en que Kongpob ganó el título de luna de la universidad
había muchas personas se acercaban a su grupo de amigos, sólo porque
querían conocerlo mejor. Era una variedad de personas en realidad: chicas,
gays y de más. Pero Kongpob nunca parecía estar interesado en nadie. Él
conocía a mucha gente, y era agradable con cada uno de ellos. Uno de sus
principales encantos era que daba la impresión de vivir en su propio mundo.12
–Bien, qué pena, tienes tantas virtudes y no haces uso de ellas ¡No lo entiendo!
– dijo Em irritado.

–¡No tengo absolutamente nada de tiempo! Los estudios y las actividades


toman todo mi tiempo, además, este sábado también es la iniciación. –
contestó Kongpob diciendo la verdad.1

Eso no significaba que no estuviera interesado en las chicas o que quisiera


interesarse en alguien, simplemente que no quería centrarse en otras cosas que
lo distrajeran de terminar el entrenamiento con el equipo de novatadas,
además de estar involucrado en una serie de proyectos estudiantiles que le
quitaban todas sus fuerzas.

–Por cierto, hablando sobre la iniciación... Me gustaría saber qué harán los
mayores. Sí vas a cenar con una veterana ¿podrías preguntarle lo qué pasará? –
Em acarició el hombro de Kongpob, ladeando la cabeza con una sonrisa
encantadora.

Sus otros amigos también se apresuraron en apoyar aquella solicitud para el


beneficio de todos. Por supuesto, debido a la presión, Kongpob no tuvo otra
opción más que prometer intentar obtener la información correcta.

A las seis de la tarde, Kongpob fue a realizar esa tarea secreta en un restaurante
de barbacoa cerca de la universidad, donde tenía previsto reunirse con su
compañera de código. La comida ahí era barata y deliciosa además de que la
ubicación era conveniente, por lo tanto, la mayoría de las mesas estaban
ocupadas o reservadas por estudiantes universitarios. Kongpob echó un vistazo
alrededor del restaurante y descubrió que la veterana estaba sentada en el
centro de una mesa en el fondo.

–¡Hola, P'Sang! – Kongpob cruzó las manos en un saludo formal a su mayor que
se veía tan hermosa como la última vez que la vio, cuando le llevó libros y
regalos. Junto a ella había otra chica linda y un tipo alto, a quien el novato no
conocía.

–N'Kongpob, permíteme presentarte a P'Num, una veterana de tercer año y a


P'Phak, uno de cuarto año.

–Mucho gusto ¿Han estado esperando mucho tiempo?

Después de las presentaciones, el novato se apresuró a disculparse,


avergonzado por el retraso. El que un estudiante más joven hiciera esperar a los
mayores, era una situación vergonzosa que iba en contra de las costumbres,
pero Num no protestó, en su lugar, lo invitó a sentarse con una mirada
amistosa.

–Está bien, aún faltan por llegar, el restaurante estaba lleno así que nos
apresuramos a buscar cualquier mesa disponible, si no, ¡no habríamos podido
conseguir lugar!

–¿Alguien más nos acompañará? – Kongpob reflexionó y frunció el ceño.


Pensaba que todos los mayores ya estaban ahí ¿o habían invitado a otras
personas que estudiaron con ellos? Entonces Num se dirigió a él, para la
sorpresa del novato.

–¿P'Pern no te lo dijo? Nuestros veteranos más viejos se graduaron de la


universidad el año pasado, P'Fon y P 'Thum que se van a casar pronto. Imagino
que no sabes que se estableció una tradición que dice que, si dos mayores se
casan, entonces deben organizar reuniones con sus estudiantes compañeros
de código más jóvenes, ¡Es por lo que estamos aquí hoy!

Kongpob asintió con una sonrisa, aunque en realidad era la primera vez que
escuchaba sobre esa tradición. La idea le pareció agradable, algo que les daba
a los estudiantes más jóvenes la oportunidad de conocerse mejor.
–¿Y de qué código es el segundo grupo de estudiantes?

–¡0206! Y espera escuchar esto, si reorganizas los dígitos ¡Obtienes 0062! ¡Se
puede decir que P'Fon y P 'Thum están incluso destinados! – P'Num dijo con la
risa de los estudiantes de cuarto y tercer año de fondo.6

Los estudiantes mayores le dieron una palmada en el hombro a Kongpob. Poco


después apareció un grupo de personas en la entrada del restaurante.

–¡Ahí están!

Aparentemente, los estudiantes bajo el número 0206 acordaron reunirse afuera


del restaurante y una vez que fueron un equipo completo habían decidido
entrar. El más viejo del grupo, P'Thum, era de origen chino con ojos tan
estrechos que incluso sus lentes para la miopía no los hacían más grandes. Pero
P'Fon, por el contrario, era una tailandesa con ojos grandes y mestizos, tan
espectacular que muchos clientes voltearon la cabeza para poder mirarla.

Los mayores se dirigieron hacía Kongpob.

–¡Kongpob, el chico luna de este año! Vi tus fotos en Facebook, ¡y te ves aún
mejor en vivo!

Kongpob sonrió. Luego comenzaron las presentaciones.

–Ella es la novata del número 0206, Lin. Él es un estudiante de segundo año,


P'Touch y él es P'Phit, estudiante de cuarto año. Y nuestro estudiante de tercer
año ahora está ocupado ¡pero pronto llegará!2

Lin era una chica de cabello corto que parecía intrépida que junto con los otros
estudiantes se unieron a la conversación del grupo de estudiantes con el
número 0062. Pronto comenzaron a hablar sobre el gran evento al que irían
como compañeros de códigos de una pareja que estaba por casarse.
Una vez que todos comenzaron a cenar, se organizaron de acuerdo con el
principio del buffet, todos podían comer lo que quisieran, sin sentir pena. Ya
que había muchos de ellos, colocaron dos platos en la mesa, uno para los
mayores y otro para los más jóvenes. Los novatos comieron en un ambiente
relajado y gradualmente se acostumbraron a hablar sin sentirse presionados
con la presencia de los alumnos mayores. Inesperadamente alguien se levantó
de su asiento, saludando con la mano para atraer la atención de la persona que
había llegado al restaurante.

–¡Oye! ¡Oon! ¡Estamos aquí!5

Kongpob recordó que faltaba el estudiante de tercer año que se vio obligado a
llegar tarde debido a sus asuntos personales. A juzgar por el apodo creyó que
debía tratarse una chica. Por inercia, él volteó a ver de quien se trataba y se llevó
una verdadera su sorpresa al ver a una figura familiar con la camisa del
departamento de ingeniería. Cuando él llegó a la mesa, el estudiante de tercer
año juntó sus manos y saludó con respeto a todos.

–¡Hola a todos! P'Thum te dije que no me llamaras Oon, me gusta que me


llamen Arthit.

El líder de las novatadas parecía un poco preocupado por el apodo por el cual
su amigo lo llamaba.

–¡Vamos, desde que estabas en primer año te he llamado Oon! ¡No es mi culpa
que este tan acostumbrado!

–¡Pero ahora estoy en tercer año y soy el líder de las novatadas! – Arthit trató de
enfatizar la importancia de su posición del líder porque estaba consciente de
que había estudiantes de primer año presentes en la mesa y no podía perder su
postura. En particular, Arthit estaba preocupado por el novato que estaba
sentado al borde de la mesa y cuyo rostro era fácil de leer en ese momento, se
notaba que estaba sorprendido y peligrosamente, alegre.

Arthit sabía que se encontraría con el novato 0062, recordaba el código de ese
niño insolente. En cambio, Kongpob no tenía como saber cuál era su número
de estudiante y en ese momento fue cuando se reveló que él era un miembro
del grupo 0206. Había planeado estar presente desde temprano en la reunión
para obligar a Kongpob a mostrarle respeto, pero desafortunadamente, por la
práctica de laboratorio se vio obligado a llegar tarde. Además de tener sus
planes arruinados, tenía que lidiar con un compañero que lo saludó con su
antiguo apodo, estropeando su imagen desde el principio de la noche.1

–De acuerdo, olvidé que ahora eres el líder de las novatadas. Pero si las
reuniones con los novatos ya han terminado, deberías relajarte ¿no lo crees?

–No del todo, todavía falta la iniciación de los novatos y la distribución de los
engranajes.3

Esos dos eventos eran la razón por la que Arthit todavía tenía que comportarse
como el líder cruel que debía ser. Aunque estaba impaciente por deshacerse de
su bigote, cortarse el cabello y despedirse de su imagen actual y Arthit no podía
hacer eso aún porque, de lo contrario, los estudiantes de primer año no le
tendrían miedo sin su imagen de veterano aterrador ya preestablecida.42

–¿Y cómo va a ser la iniciación de los estudiantes este año?

Kongpob dejó de comer, alguien se tomó la molestia de hacer la pregunta más


importante de la noche. Se dedicó a escuchar atentamente para recopilar la
información que luego les transmitiría a sus amigos. Pero terminó teniendo una
gran decepción.

–No lo puedo decir ¡Pero créeme cuando te digo que la iniciación será aún más
áspera en comparación a la que hiciste para nosotros!
El tema fue cerrado por una doble amenaza y Kongpob había perdido la
esperanza de descubrir algo más. Con esa respuesta, su misión terminó sin ni
siquiera haber comenzado. Arthit sonrió victorioso, luego volvió a poner un
rostro serio cuando escuchó la respuesta de Fon.

–¡Lo recuerdo! Obligamos a los novatos a correr por la universidad y cantar el


himno de la universidad. A un grupo de ellos los hicimos cantar canciones bajo
las ventanas del dormitorio de las mujeres ¡a las cuatro de la mañana! ¡Y Arthit
era uno de ellos! Justo como imaginamos, los descubrieron, fue lo mejor verlos
huir para no ser atrapados.15

Fon no tuvo piedad con destrozar la imagen que tanto se esforzaba Arthit en
mantener, y fingiendo no estar consciente de la situación hizo que los
estudiantes de primer año presentes en la mesa explotaran en carcajadas.

Arthit quiso ocultar su rostro de la vergüenza causada por las declaraciones


inapropiadas de Thum. Quien, en lugar de ayudarlo, lo había expuesto como
una burla. Continuar la conversación para él fue difícil, no sólo por ser el centro
de atención, sino porque los compañeros mayores podían revelar cualquier
detalle de su pasado. Así que Arthit decidió interrumpir la incómoda situación
y levantarse.

–Creo que iré por un poco de carne.

El estudiante de tercer año se apresuró a levantarse y abandonar la mesa, luego


fue hacia el buffet de comida, sin estar particularmente interesado en lo que
hablarían y chismorrearían a sus espaldas, en cualquier caso, era mejor irse que
presenciar la risa de los estudiantes de primer año dirigidas a él.

En realidad, Arthit no estaba enojado con P'Fon. Eran amigos muy cercanos y
sabía que ella era alguien a quien le gustaba sacar risas para alivianar el
ambiente. El problema era que hacía bromas sin tener en cuenta el contexto de
la situación. Arthit aún no había completado sus deberes como líder, él no era
una persona que podía jugar y reír, especialmente no con 0062 presente.

0062, el niño bonito. ¿Por qué aparecía ese miserable sabelotodo en los lugares
más inapropiados?7

En ese momento Arthit no tenía otra forma de mitigar su indignación, excepto


comer. Colocó una gran cantidad de carne de cerdo en el plato en sus manos,
el mismo que ya estaba sobrepasando los bordes. Para no volver, Arthit tomó
un segundo plato y lo llenó con verduras. Tomó tanta comida como pudo. Sin
estar satisfecho, tomó un tercer plato.1

Justo cuando planeaba como sostenerlo sin tirar el contenido de los otros dos,
alguien tomó el plato y dijo en voz baja.

–¿Puedo ayudarte?

No era otro más que el famoso chico que llegaba siempre en un momento
inoportuno.

Kongpob le sonrió.4

–Sin quererlo descubrí tu apodo, Oon.

–¿Quién te permitió llamarme así? – Arthit gruñó. ¡Él sabía que sería ridiculizado
por ese tonto apodo! Y así sucedió, no pasaron ni cinco minutos para que el
estudiante de primer año abandonara la mesa y lo siguiera para burlarse de él.

Sólo sus amigos cercanos conocían su antiguo apodo y aun así lo llamaban
Arthit. El dulce nombre de Oon estaba en desacuerdo con su situación actual.

–¿Por qué no puedo llamarte Oon? Es un bonito nombre.

–¡Si me vuelves a llamar por ese nombre, te pediré que te hagas sentadillas,
aquí y ahora, en el piso del restaurante! ¡Y te prohíbo que le cuentes a los demás
sobre mi viejo apodo! –su petición fue hecha en un tono riguroso y severo,
Kongpob se vio obligado a obedecer.

–Lo entiendo, P'Arthit.

El líder de las novatadas asintió con aprobación. Un estudiante de primer año


debe entender quién es el más joven y quién el más viejo. Arthit no podía
permitir que los novatos fueran irrespetuosos, así que cuando se convenció de
que Kongpob obedecería, él tomó los platos en sus manos para ir de vuelta a la
mesa. A su espalda escuchó una pregunta.

–¿Y cómo están tus piernas, ya no te duelen?

–No, están bien ahora.1

–Qué alivio, he estado preocupado.3

Esas palabras obligaron al veterano a detenerse y mirar a Kongpob. Frente a él,


estaba el estudiante de primer año con una leve sonrisa en su rostro, no era una
sonrisa burlona, sino una sincera que daba a entender su alivio. Los
pensamientos de Arthit volvieron al día en que Kongpob fue a cuidarlo cuando
estuvo enfermo. Y a juzgar por las emociones reflejadas en el rostro del
estudiante de primer año, sus pensamientos estaban conectados.

Él sonreía, aunque no del todo, con una mirada penetrante. El rostro de


Kongpob estaba lleno de sinceridad. Arthit no dijo nada, aun sintiéndose
extraño se dio la vuelta y se dirigió a la mesa. Se sentó en un puesto vacío junto
a P'Fon mientras ella abría un nuevo tema de conversación, esta vez eligiendo
a los estudiantes de primer año como víctimas.

–Dime Lin ¿por qué decidiste convertirte en un estudiante de la Facultad de


Ingeniería?
–¡Porque la facultad está más cerca de mi casa P'Fon! – La respuesta de Lin
sorprendió a las personas sentadas en la mesa, los mayores fruncieron el ceño,
no queriendo creer lo que acababan de escuchar. Lin comenzó a asegurarles
que esa era la verdad real y esta vez todos simplemente se echaron a reír,
coincidiendo en que esa era una motivación muy poco factible y poco
comprensible para elegir. Así que le hicieron la misma pregunta a Kongpob.

–¡Y no me digas que vives cerca también!

Kongpob negó con la cabeza.

–No, en mi caso fue distinto. A mí en realidad me gusta la economía, pero mi


madre quería que estudiara ingeniería, así que vine a hacer el examen de
admisión aquí.8

Todos los ojos se volvieron hacia Kongpob. La mano de Arthit se congeló


sosteniendo los palillos con los que estaba tomando un pedazo de cerdo.
Finalmente, P'Fon rompió el silencio.3

–¿Por qué no aplicaste en la carrera que realmente querías estar? ¡Estudiar algo
que no te gusta durante cuatro años es difícil! Siento decirte esto Kongpob,
pero creo que es una pérdida de tiempo. Tal vez necesitas hablar con tu madre
otra vez, y decirle que es tu vida.

–Yo también pensé hacerlo– admitió Kongpob, quien realmente había


discutido ese tema más de una vez en sus pensamientos. Estaba realmente
interesado en los mercados de valores, la economía en general y estaba
entusiasmado en trabajar en esa área, pero eso no significaba que podía ir en
contra de la voluntad de su madre quien había puesto todas sus esperanzas en
su hijo. A veces era como si dos partes de él estuvieran luchando en su interior,
la parte de su alama que no podía renunciar a su sueño y aquella que le decía
que tenía que complacer a sus padres que siempre le habían dado todo.5
–Si después de terminar el primer año sigues sin querer estar en ingeniería,
intenta aprobar presentar los exámenes de admisión el próximo año en
economía. Aunque, mientras tanto, este año eres un estudiante novato de
ingeniería para nosotros, así que, te cuidaremos. – dijo P'Thum, tratando de
animar a Kongpob.

El estudiante de primer año sonrió por su simpatía y comprensión. Al menos


tenía buenos veteranos y por ello estaba feliz de ser un estudiante de la facultad
de ingeniería. Había aprendido que en esa facultad las generaciones de
mayores y menores estaban ligadas por el espíritu de camaradería y unidad.

La cena continuó, la comida fue fragante y deliciosa, las conversaciones


divertidas y alegres. Cuando la manecilla del reloj llegó a las ocho de la noche,
tuvieron que terminar la reunión. Los invitados agradecieron a los mayores y
todos en general les dieron sus primeras felicitaciones a los futuros novios. La
siguiente reunión se programó para el día de la boda, una que se realizaría al
estilo chino.

Los invitados comenzaron a dispersarse, los que no tenían automóvil, se


subieron al de P'Tam, quien se ofreció a llevarlos a sus hogares. Kongpob llegó
en motocicleta y planeaba regresar directamente a su dormitorio antes de que
viera a Arthit solo en la calle fuera del restaurante. Y Kongpob, que vivía en el
edificio opuesto, no pudo resistir a acercarse a él para preguntarle cómo se las
arreglaría para regresar.

–¡No es de tu incumbencia! – Arthit protestó con un tono furioso. Esta vez


Kongpob sintió en su voz un enojo y una frustración especial que no había
notado antes.

–P'Arthit ¿estás enojado conmigo?

El líder levantó la cabeza y ahora su mirada era particularmente dura.


–¿Por qué debería estar enojado contigo? ¿Quién eres tú para mí para que
afectes mi humor? Ni siquiera has sido aceptado como un novato, es más ¡ni
siquiera sabes si quieres estudiar en nuestra facultad! – la voz sarcástica de
Arthit hizo que Kongpob diera un paso atrás.3

El estudiante de primer año trató de insistir.

–¡Pero ahora soy uno de los estudiantes de primer año de Ingeniería!

–Eso dices, pero ¿Estás seguro de que realmente quieres serlo? Si no quisiste
ser ingeniero desde el principio ¿por qué le estás quitando el puesto a otro?
¿Sabes cuántas personas sueñan con ingresar a nuestra facultad? Y tú viniste
solamente a jugar ¿Sabes lo que eres? ¡un maldito egoísta! – La última frase de
Arthit estuvo llena de desprecio. Kongpob se quedó en silencio y todo su cuerpo
se entumeció. Sus pensamientos estaban confusos, no entendía por qué Arthit
dudaba de su honestidad.6

–Tengo mis razones P'Arthit, y no vine a jugar. Asisto a todas las actividades de
la facultad de ingeniería y tengo la intención de pasar la iniciación a los
estudiantes también.

Pero las explicaciones de Kongpob fueron inútiles. Arthit seguía igual de


furioso.

–¡No eres más que un engreído! ¡La iniciación no es un juego!

–¡Puedo lidiar con ello, te lo seguro! – Kongpob dijo con confianza frente a Arthit
con la mirada de un hombre que no consideraba la posibilidad de una derrota.

El jefe de los veteranos se irritó aún más.

¿Arthit no tomaba en cuenta su esfuerzo? Él sabía que Kongpob asistía a todas


las actividades de la facultad. Él lo hacía. Pero lo que Kongpob no sabía era que
por eso mismo Arthit creía que Kongpob realmente deseaba estar en la facultad
de ingeniería, algo que fue totalmente lo contrario.
Y, a pesar de ser un farsante, este estudiante de primer año se atrevía a decirle
que definitivamente pasaría la iniciación como si fuera cualquier cosa. 0062
nunca entendería el orgullo de pertenecer a la facultad de ingeniería. No
cuando él tomaba la dignidad de un estudiante de ingeniería a la ligera.

Arthit se estaba preparando para continuar con su discurso, pero antes de que
tuviera algo inteligente que decir un motociclista se detuvo frente a ellos. Arthit
sin dudarlo se subió a la motocicleta.

–¡Te tardaste Knot! Te he estado esperando. ¡vamos, vamos!

–Espera, ¿cómo llegarás a tu casa, novato? – Knot miró a Kongpob, quien cruzó
las manos en un saludo formal.

–¡Ya es un niño grande! ¡Puede irse solo! – intervino Arthit rápidamente.8

Sorprendido, Knot siguió en su motocicleta una vez que Kongpob asintió,


dejando lo atrás. Sin embargo, el amigo del líder pudo leer en el ambiente que
antes de su llegada había algo tenso entre ambos, esto se podía asegurar por la
mirada irritada de Arthit y desespero por salir del restaurante.

–¡Nos vamos a reunir mañana! ¡El plan para la iniciación de los estudiantes ha
cambiado! Lo haremos muy difícil.

–Ya veo ¿Ese novato de nuevo te molestó? – preguntó Knot. La maldad de Arthit
debería tener alguna causa y esta era probablemente, el conocido por todos,
estudiante de primer año de Arthit.

–¿Puedes creer que 0062 dijo que en realidad quería estudiar economía y que
sólo está en ingeniería porque su madre se lo pidió? –

–Entiendo ¿Y qué?1
–¡Incluso tal vez se cambiará de facultad!

–¿Entonces qué? Si eso quiere está en todo su derecho de hacerlo, si a él no le


gusta es libre de irse ¿Recuerdas a Vin? ¡Él se cambió a la facultad de artes! –
Knot mencionó el nombre de un amigo que era muy cercano a ellos cuando
eran estudiantes de primer año. Ese hecho de alguna manera hizo que Arthit se
desconcertara.

Aquello era cierto. Cuando estuvieron en su primer año, muchos de sus amigos
decidieron dejar el departamento de ingeniería. Para algunos la razón fue que
no les gustaba estudiar, a otros les costaba aprender o adaptarse al ritmo de las
clases. En ese entonces Arthit no le tomó importancia a su decisión de dimitir,
tal vez porque se preocupaba por la felicidad de quienes eran sus amigos.

–Ahora dime ¿por qué estás tan molesto? ¡Y no me lo digas que es por eso!

Arthit se quedó en silencio. No podía entender por qué él estaba tan nervioso
cuando supo que el novato quería cambiarse de facultad ni la razón de que esa
noticia le causara tanto conflicto.29

Por supuesto, por un lado, se aseguró de defender su imagen como líder de las
novatadas y hacerles ver a los estudiantes de primer año que debían apreciar el
honor que tenían de poder estudiar en la facultad de ingeniería. Entonces,
cuando se enteró de que a ese estudiante de primer año al parecer no le
gustaba la ingeniería, al mismo que le había causado tantos problemas, ¿cómo
podía simplemente permanecer indiferente en esta situación?

–No es nada, es sólo que tenía mucha hambre y la comida no fue buena– Arthit
respondió en voz baja, su nerviosismo disminuyó gradualmente, pero una
sensación extraña surgió en su pecho.

No había mentido del todo.


En realidad, la comida no fue buena, no después de escuchar las palabras de
cierta persona. El hecho de saber que Kongpob no estaba seguro de la elección
que hizo ocasionó que la comida dejara de bajar por su garganta.+

No sabía cómo sentirse respecto a la noticia de que, tal vez, al final del año él se
iría.
Capítulo 15

Regla número quince para el estudiante de primer año: "Debes ser el


ganador de la prueba impuesta por los veteranos".

El día de iniciación dedicado a los estudiantes de la facultad de ingeniería


industrial fue celebrado cinco días después de la ceremonia de clausura de las
reuniones de la novatada.

La fuerza de los estudiantes de primer año aún no se recuperaba, sus voces


roncas recién comenzaban a normalizarse después de las pruebas exhaustivas,
y a pesar de ello, tuvieron que prepararse para la siguiente prueba. Viéndose
obligados a asistir a la reunión programada. Después de todo, la iniciación era
algo importante. Esta amenazaba con ser un desafío aún más difícil. Las
condiciones que podrían asegurar el triunfo a los estudiantes no eran las
mismas. En muchos aspectos dependían de la naturaleza y el estado de ánimo
de los veteranos.

El sábado a las siete de la mañana, los estudiantes de primer año llenaron el


estadio. Y para su sorpresa, no había nada fuera de lo común. Sí los novatos
estaban preocupados antes, en ese momento estaban aún más intrigados, tal
vez incluso más que el día en que se anunciaron los resultados de los exámenes
de admisión ya que ninguno de ellos sabía el nivel de dificultad de la tarea
encargada por los veteranos. Aunque era fácil adivinar que esta no sería nada
sencilla.

Algunos novatos trataron de obtener información de sus conocidos mayores,


pero ellos, para su sorpresa, mantuvieron la boca cerrada. Esto sólo hizo que
los menos motivados entraran en un silencioso pánico.
Kongpob, como una especie de espía, fue designado por sus compañeros para
obtener información sobre la iniciación que organizaban los veteranos en la
reunión a la que iría, una que también contó con la presencia del líder de las
novatadas y con ello, la confianza que tenía de obtener respuestas se vio
aplastada de inmediato. Y, aunque él no lo supiera, tal vez fue Kongpob
incentivo de la ira de Arthit. Debió imaginar que decirle con una voz altiva llena
de confianza que iba a pasar la prueba que los veteranos les asignaran no iba a
ponerlo de buen humor. Su confrontación no podía llamarse en realidad una
pelea, pero en el fondo Kongpob tenía una sensación desagradable al no saber
cuál era la razón específica de la molestia de Arthit.

De algo si estaba seguro. Ese día Kongpob se aseguraría de demostrarle a Arthit


que no habló audazmente sólo para molestarlo o ser obstinado. Le haría ver al
líder de las novatadas que tanto él como sus compañeros estaban plenamente
dispuestos a afrontar cualquier prueba para ser un estudiante de ingeniería.
Independientemente de lo difíciles que fueran los obstáculos en el camino,
ellos pasarán las pruebas y demostrarían que eran los futuros ingenieros que
pondrían el alto el orgullo de la facultad.

Kongpob había esperado con impaciencia a que aparecieran los veteranos


hasta que sus ojos finalmente se encontraron con el líder de ellos en el estadio,
quien no tardó en comenzar a hablarles a los estudiantes de primer año con su
habitual voz severa.

–¡Novatos, escuchen con atención! Como deben saber, hoy es un día


importante para ustedes. Tienen la obligación de demostrarnos que son dignos
de convertirse en nuestra generación más joven de ingenieros.

Cuando Arthit terminó de dar su demanda se dignó a mirar a los estudiantes de


primer año, todos ellos bien vestidos alrededor del estadio. Habían muchos
porque al parecer se corrió el rumor de que era de gran importancia un evento
como la iniciación para vivir la experiencia de ser un estudiante de ingeniería.
Eso le alegró, el número de personas reunidas era importante para poder
cumplir con la tarea que habían preparado ese día.

–¡Pongan atención a la bandera de la generación!

Todos los ojos se dirigieron a la bandera roja con un engranaje bordado en ella
además del símbolo del departamento de ingeniería y el nombre de la facultad.
Esta ondeaba en la plataforma más alta del estadio. Debajo de ella los
escalones que conducían al podio estaban cubiertos por piezas de tela de
diferentes colores.

–¡Su tarea es tomar la bandera! ¡No se les explicara cómo hacerlo! Para
obtenerla deben utilizar los conocimientos y las habilidades que enseñamos a
lo largo de las novatadas. Su tiempo límite para hacerlo es a las siete en punto
del día de hoy.–Aquellas indicaciones sonaban como algo simple de cumplir.
Pero el trasfondo era todo lo contrario, las palabras del veterano podrían ser
llamadas como engañosas.

Ya que el jefe de los veteranos no pretendía dar más información, era fácil llegar
a una conclusión evidente. Ése, seguramente, sería un juego sucio. A los
novatos no les quedó más opción que esperar, desconcertados. Cuando el líder
de las novatadas volvió a hablar algunos rostros brillaron con esperanza. Una
que no tardó en ser aplastada por los veteranos.

–¡Espero que estén listos! ¡Damos inicio a la prueba!¡Novatos, los invito a luchar
por la bandera!– Arthit terminó su discurso y dio dos pasos atrás, como dejara
el camino libre hacia la bandera para que los estudiantes de primer año la
tomaran.

Los novatos se miraron unos a otros, sorprendidos, no esperaban ese cambió


de actitud. De todos los modos, algunos continuaban aturdidos, nadie se
atrevía a dar un paso adelante, y si la respuesta era tan fácil como la plantearon
era cuestión de que un valiente se ofreciera a ir por la bandera. Pero nadie lo
hizo, y por más simple que fuera, nunca la alcanzarían sí continuaban siendo
cobardes.

Al final, uno de los estudiantes de primer año que estaba en la primera fila fue
elegido por sus compañeros, enviándolo al frente para afrontar una muerte
segura. Según la indicación, tenía que subir los escalones y tomar la bandera
pero, al dar el primer paso sobre el escalón, uno de los miembros del equipo de
veteranos a cargo de las novatadas, llamado Knot le bloqueó el camino.

–¿Qué haces aquí? Explícate, novato.

El novato se detuvo como una piedra. Él miró hacia la bandera y después


reunió el coraje de responder.
–He venido a conseguir la bandera.

–¡Denegado! ¡Regresa a tu lugar!

Un desagradable rechazo obligó al representante de los novatos a girar la


cabeza hacia su sitio, pidiendo con una mirada suplicante a sus compañeros
por un poco de ayuda. Su rostro lleno de horror, vio que muchos de los novatos
esperaban de antemano ese resultado. Pero, justo como lo que eran, debían
intentarlo. Intentar no era un pecado.

–¿Y puedes decirnos cómo conseguir la bandera?

–¡No es mi deber explicárselos! ¡Pongan de su parte y piensen! – exclamó el


veterano, dando a entender que el camino a obtener la bandera sería, por no
decir menos, espinoso.

Ninguna pista, ninguna clave. ¿Cómo iban a adivinar qué era lo que quería el
grupo de veteranos?
En sencillas palabras, ese era un rompecabezas imposible.

Preocupados por el tiempo que tenían para obtener la bandera, y el miedo a no


ser capaces de cumplir con las exigencias físicas e intelectuales que iban a
necesitarse para ello comenzaron a alzar la voz. Todos alegaban entre ellos que
el camino hacia la bandera era estar de pie a ciegas, sin un rayo de luz surgiendo
al final del túnel.

Y aunque el reto aún no estaba claro, tenían claro que doscientas personas eran
mejores que una. Por ello, los estudiantes de primer año decidieron armar un
consejo general, sentándose en el estadio para formar un gran círculo y discutir
un plan de acción. El primer novato que comenzó a hablar fue quien
recientemente había sido empujado en busca de la bandera.

–Chicos ¿alguien tiene alguna idea?

–¿Una idea? ¡Qué idea podríamos tener si nadie nos da siquiera una pista!–
exclamó con enojo un estudiante de primer año llamado Oak.

Los demás asintieron a la queja, mostrando su simpatía y uniéndose a él en su


posición molesta. Y su enojo era defendible. Después de todo, estaban
estudiando ciencias de la ingeniería, no magia negra.4

–¿Alguna vez los mayores nos dieron alguna pista pero no nos dimos
cuenta?– alguien levantó la mano con una posible respuesta. Un estudiante
sentado a su lado con el cabello corto compartió su observación.

–¿Qué piensan que significan los colores?

Esa pregunta hizo que Kongpob girara la cabeza hacia las gradas. En ellas los
veteranos estaban en silencio, junto a ellos el escalón estaba revestido con un
paño amarillo, mientras que el segundo estaba cubierto con un paño azul, y
luego verde, rosa, rojo y, en la cima, la bandera.
Primero había pensado que fue sólo una decoración visual para enfatizar la
importancia y el significado de la bandera del departamento de Ingeniería
Industrial pero al mismo tiempo, los escalones de colores parecían algo más.

–¡Niveles de juego!– gritó Em junto a Kongpob. Él era un empedernido jugador


y por supuesto, rápidamente encontró la similitud. Em vio la cara incrédula de
Kongpob, así que se aclaró la garganta para explicarle.–Ve las piezas de colores,
esos serían los indicadores de que los jugadores han pasado de nivel. Los cinco
colores significan una prueba a superar.

La primera parte del discurso de Em les dio una luz de esperanza a los novatos.
Aun así el problema principal seguía sin resolverse.

¿Cuáles eran esos niveles? ¿Y cuáles las condiciones para avanzar?

Kongpob frunció el ceño, pensando en ello. Sus compañeros estaban igual de


serios.

Si ese novato tenía algo de razón, se estaban olvidando de algo... ¿Acaso dijeron
los veteranos algo significativo? Posiblemente la clave estaba ahí, escondida
entre palabras simples.

Kongpob recordó las palabras de Arthit: "Para obtenerla deben utilizar los
conocimientos y las habilidades que enseñamos a lo largo de las novatadas".

El conocimiento y las habilidades que los veteranos les enseñaron a los


estudiantes de primer año...La palabra se escapó de sus labios.

–SOTUS.– Kongpob susurró en voz baja.

–¿Qué dijiste?–preguntó Em.

–Tal vez se refirieron a SOTUS, en pocas palabras es lo que nos enseñaron todo
este tiempo–, dijo Kongpob con duda, pero sus palabras hicieron que se
regocijara, como si acabara de encontrar la pieza que faltaba para completar
un rompecabezas.

–¡Kong eres un genio! Si, debe ser SOTUS, ¡Son cinco escalones de colores, una
para cada letra que compone la palabra!– Em dio un apretón en el hombro de
su amigo y luego se dirigió a otros estudiantes de primer año para explicarles.
Por supuesto, no había ninguna garantía de que Kongpob estuviera realmente
en lo correcto, pero en ese momento, arriesgarse era una solución mejor que
sólo perder el tiempo.

Así que los estudiantes de primer año comenzaron a desentrañar el significado


del primer nivel, eso significaba, la primera letra: S de seniority que significaba
antigüedad.

La antigüedad era en resumen, el respeto que se le debía a los mayores.

–¿Y cómo vamos a superar este nivel? ¿Nos levantamos y mostramos


respeto?– dijo uno de los novatos.2

En Tailandia se sabía que el signo más básico y simple de respeto era el saludo
tradicional ya que este era antiguo. Los mayores les enseñaban a inclinarse con
sus palmas pegadas al frente cada vez que se estuviera en presencia de alguien
con más antigüedad. Una muestra de buenos modales y respeto hacia las
tradiciones, algo que también se implementaba en la facultad. Pero sí
doscientos estudiantes de primer año se alinean y pasaban uno a uno a mostrar
su respeto al equipo de las novatadas nunca pasarían de la primera prueba.

Debía haber algo especial en su significado. Una forma de mostrar respeto de


forma más simple.

–¡Recuerden cuando los estudiantes del cuarto año asistieron a la reunión, los
de tercero estaban asustados!
Todos grabaron ese día en sus memorias. Cuando en una de las reuniones
aparecieron los estudiantes de cuatro año y les ordenaron a los estudiantes de
tercer año cambiar su comportamiento. Entonces, si alguien mayor les daba la
orden de realizar una tarea, debían obedecer. Tal y como ellos estaban
obligados a acatar las órdenes de los estudiantes de tercer año.

–¿Alguien tiene el número de teléfono de algún estudiante de cuarto año? ¡Ellos


podrían ayudar!

–¡Hay que llamar a todos los que podamos!

–¡Yo tengo el del anterior líder de las novatadas!–exclamó un novato y todos se


giraron como si hubiesen escuchado una respuesta milagrosa.

La espera causó emoción en las filas de los estudiantes de primer año.


Finalmente, representantes de la generación mayor fueron convocados para
ayudar. Y en su gran parte no estaban muy satisfechos con la agitación iniciada
por los novatos. Varios estudiantes de primer año tuvieron que ir a los
dormitorios para recoger y llevar a los estudiantes mayores al estadio. Algunos
estudiantes ya estaban ahí porque sabían que ese día era la iniciación de los
estudiantes del departamento de ingeniería industrial.

Al final, el líder de los veteranos del cuarto año, Dear, llegó a la escena. Fue él
mismo quien le ordenó a los estudiantes del tercer año que tuvieran los castigos
crueles. Dear salió de su automóvil y caminó directo al estadio. Después de que
un novato le explicara la situación, él se rio. No tardó en comentar que el ritual
de iniciación solía ser así de severo. Orgulloso de confesar que, en su tiempo, la
clave estuvo en jugar con sus mentes.2

Cuando todos los estudiantes de cuarto año se reunieron, los novatos tuvieron
que mostrar respeto hacia ellos. Una vez con las cabezas arriba, los estudiantes
del primer año tuvieron el mismo acuerdo, habían decidido pedir el permiso de
la generación más vieja para lograr su objetivo.

–¡Estudiantes de cuarto año, queremos su permiso para convertirnos en sus


menores!

–¡Los aceptamos! ¡Han demostrado estar a la altura!–Dear, como


representante de la voz de la generación más vieja, asintió y sonrió
mostrándose relajado. Dear levantó la vista hacia los estudiantes de tercer año,
con el rostro divertido.–¿Y nuestro equipo de novatadas?

Mantener la misma expresión de indiferencia en su rostro frente a los


estudiantes del primer año fue una tarea difícil para Arthit, aun así, su rostro fue
una piedra en todo momento.

–¡Estudiantes de tercer año! ¿Podemos obtener la bandera?– exclamó el


representante de los alumnos de primer año. Todos en el estadio se congelaron
anticipando la respuesta.

Sus corazones parecieron dejar de latir, especialmente el de Kongpob, porque


había sido su idea. Los estudiantes de primer año perdieron más de dos horas
en planearlo todo y si fue un error, tendrían que comenzar desde el principio.
Por ello sólo podían rezar por que no estuvieran equivocados.

Kongpob se tensó por el silencio. El tiempo avanzaba más rápido.

–¡Pasen!– Knot anunció y dio un paso atrás, dejando un nivel menos en el


camino a conseguir la bandera.

Los estudiantes de primer año dieron un suspiro de alivio. Estaban


emocionados y aliviados por el hecho de que la primera etapa de la prueba
fuera victoriosa. Kongpob chocó las palmas con Em, sonriendo ampliamente.
Aún faltaban cuatro más para alcanzar la bandera, pero al menos ya estaban en
el camino correcto. Y eso era suficiente incentivo para continuar.

En el segundo escalón los esperaba otro miembro del equipo, con una nueva
asignación correspondiente a la siguiente letra de la palabra SOTUS: Orden.

¿Qué significaba el orden para un ingeniero? El cumplimiento de las reglas y la


disciplina.

Los estudiantes ya estaban listos para imitar una de las rutinas, pero, por
supuesto, esto no fue suficiente, por lo que fueron rechazados. Debían mostrar
algo más importante que los castigos impuestos en las reuniones.

–Construyan una fila.

Kongpob recordó algunos de los castigos que no realizaron correctamente por


su falta de orden. Y aunque no estuviese en lo correcto le era imposible pensar
correctamente con el sol sobre sus cabezas y la amenaza del tiempo
persiguiéndolos.

Los estudiantes del primer año, comenzaron a recorrer el campo. Los más
resistentes ayudaban a quienes se resegaban, o a aquellos que ya estaban
agotados. Finalmente, a nada de rendirse escucharon una aprobación.

–¡Bien hecho, pasaron la prueba!

Gritos de alegría y suspiros de alivio fueron escuchados en el estadio.

Algunos se dieron un descanso para comer. Se sentaron en un círculo en el


césped para consultar la próxima estrategia mientras devoraban sus aperitivos.
Tenían que apresurarse en desarrollar un plan de acción para las siguientes tres
letras.

–¿Y cómo desciframos la siguiente letra?


–Es tradición, podríamos comenzar con seguir las costumbres y las tradiciones.
Pero ¿Cómo deberíamos hacerlo? Ni siquiera conozco nuestras tradiciones.–
Kongpob escuchó a Em murmurar mientras masticaba arroz.

Por supuesto que estaban perdidos. Los novatos prácticamente acababan de


entrar a la facultad y ninguno de ellos conocía la historia de esta con suficiente
profundidad. Por lo que decidieron acercarse a Dear que todavía estaba en el
estadio en busca de respuestas.

–No hay tradiciones especiales.

–¿No hay ninguna tradición importante?– Praepailin volvió a preguntar,


algunos esperaban que ella, al ser la chica más bonita del primer año,
ablandara el corazón de Dear, sin embargo él sólo dio respuestas vagas.

–Bien, no sé si esto es relevante pero cerca de año nuevo usualmente hay una
competencia de fútbol entre los más jóvenes y la generación más vieja, al final
de la competencia limpiamos el campo y nos sentamos todos juntos para
cenar.

Los estudiantes de primer año se miraron unos a otros. Organizar una


competencia de fútbol no era exactamente una opción. ¿No era en si
extraordinario ver doscientas personas organizadas el estadio? Unas que
estaban listas para demostrar sus habilidades. Entonces se decidieron por la
otra alternativa.

Los estudiantes de primer año se dividieron en grupos, se distribuyeron por


zonas y fueron a limpiar el estadio. Los novatos en realidad no sabían si esa era
una tradición, pero los veteranos de cuarto año consideraron que limpiar el
campo beneficiaría a la universidad. Así que confiaron en ellos.

En ese punto, la manecilla corta del reloj señalaba las cuatro en el punto, por la
que se apresuraron para pasar al cuarto nivel, que era la "unidad" y por
supuesto, para demostrar la solidaridad y hermandad nada era mejor que
cantar juntos.
Los estudiantes de primer año se reunieron con espíritu en alto, listos para
cantar el himno de la universidad y el lema de la facultad.

La noche estaba llegando cuando los estudiantes de primer año terminaron de


recitar la última ronda del himno de la universidad, después de que pasaron el
cuarto nivel de prueba los novatos ya no tenían fuerzas. Habían trabajado muy
duro desde temprano, aun así, sólo faltaba un nivel.

Estaban a un paso más. Y esa letra era la S de spirit, que significaba espíritu.

Y por supuesto, nadie podía ser más digno de proteger ese escalón que el líder
de las novatadas, Arthit.

Él era el último obstáculo y su color era el rojo. En Arthit recaía el destino de la


generación más joven de estudiantes. Por encima de él estaba la bandera de la
facultad, viéndose poderosa mientras ondeaba por el viento. En ese momento
ya sólo faltaba una hora para el término de la prueba.

–¿Y qué haremos ahora? ¿Y si corremos por el estadio de nuevo?

–Olvídalo ¡No tengo la fuerza para hacer eso!

Kongpob escuchó las voces de sus compañeros discutir. En realidad él mismo


no tenía fuerzas para correr por el estadio. Kongpob miró al hombre que estaba
de pie, en silencio, arriba de los escalones de las gradas. Su expresión, su
mirada enfocada, él no iba a dar su brazo a un torcer, como tampoco lo hizo el
día en que corrió cincuenta y cuatro vueltas bajo una lluvia torrencial.

Para Kongpob, Arthit era la definición de espíritu. Así que tenía que pensar.
Esforzarse sólo un poco hasta que la respuesta brilló en su cerebro enseñándole
la respuesta. Luego se giró hacia sus compañeros.
–¡Oigan, chicos, escúchenme!

Todos los ojos se volvieron hacia Kongpob y él se detuvo en el centro del círculo
donde estaban los novatos.+

El estudiante de primer año respiró hondo, miró de nuevo hacia la parte


superior, en donde se encontraba Arthit, antes de hablar.

–Tengo un plan.
Capítulo 16
Regla número dieciséis para el estudiante de primer año: "Demuéstrale la
fuerza de tu espíritu a los veteranos".

El reloj marca las seis con quince. El sol estaba empezando poco a poco a ir más
allá del horizonte, mientras que el otro sol permanecía en las gradas del
estadio. Este era el último obstáculo en la lucha por la bandera de la nueva
generación de estudiantes del departamento industrial de la facultad de
ingeniería.8

Desde el lugar alto en donde estaba el líder de las novatadas, este observó a los
alumnos de primer año sentarse en un circulo y reunirse. Gradualmente, más y
más estudiantes mayores de la facultad se reunieron en el estadio, queriendo
ver a los novatos luchar por la bandera. Los rumores habían llegado a
demasiados oídos, habladurías de los estudiantes de diferentes grados sobre el
nivel extra de dificultad que el actual jefe de los veteranos, Arthit había
impuesto para la captura de la bandera de ese año.

En realidad, para los novatos, lo más difícil había sido el inicio de la prueba.
Estando en una situación de ignorancia sobre cómo deberían ganar la bandera
cuando la única pista eran las telas de cinco colores, tendidas sobre cada
escalón de las gradas y salvaguardadas por cinco de los integrantes de la
novatada. Pero si Arthit era sincero, el significado del escenario podía ser
descifrado de un millón de maneras.
Inicialmente, Arthit creía que los novatos necesitarían por lo menos medio día
para resolver el enigma y, en el peor de los casos, podrían no adivinar cuál era
la idea del juego. Así que, estaba sorprendido cuando antes de que se
cumplieran treinta minutos los alumnos del primer año entendieron el
significado detrás de los escalones era la palabra "SOTUS", así como el
significado de cada sigla la llave para pasar de nivel.
Aunque, tal vez los novatos hubiesen tenido suerte y, al mismo tiempo, los
veteranos subestimado sus habilidades. En cualquier caso, Arthit se dijo que no
podía permitir que obtuvieran la bandera unos novatos que ni siquiera supieran
el significado de SOTUS, cuando aquel era el concepto básico más enseñado
por ellos durante las reuniones de la novatada.

Pero además de que el sistema SOTUS era la base para las reuniones pasadas,
los novatos también debían comprender que su significado podía ayudarles a
demostrar que asistir a la facultad de ingeniería era más que sólo estudiar una
carrera profesional.
Cada año, en la lucha por la captura de la bandera, en la mayoría de los casos,
los debían demostrar mostrar solidaridad, y no sólo eso, sino también otras
características importantes que era el respeto a los mayores, la unión, el
compromiso y la empatía por ayudar a sus compañeros.
El proceso de lucha por la bandera tenía también motivos ocultos. Durante la
lucha por la bandera, los alumnos de primer año tuvieron que esforzarse en
recordar los principios y significado del sistema para poder superar los
obstáculos establecidos, sólo sí, por supuesto, los veteranos consideraban que
habían ejecutado sus tareas con compromiso.

La última etapa, es decir, la letra S del espíritu, no era un obstáculo simple y


fácil, por lo que una simple ovación no funcionaria.
Especialmente considerando que esa vez la decisión de si los novatos
triunfaban o no, sería tomada por un líder tan duro como Arthit, quien se
levantó y los observó de arriba abajo, como si él mismo fuera la cima de una
montaña. Los estudiantes de primer año estaban trabajando duro para
demostrar sus habilidades a ese juez riguroso, a pesar de que el tiempo era cada
vez menor. Los rostros de los novatos se volvieron cada vez más tensos
mientras discutían posibles métodos para vencer el último nivel, tratando de
encontrar el camino hacia la victoria, hasta que Arthit, finalmente, los vio
comenzar a levantarse como si hubiesen encontrado una solución.

El líder de las novatadas observó cómo los novatos empezaron a meterse en el


área de las gradas. En aquel momento, él no supo adivinar qué era lo que
habían planeado, pero si exactamente quién era el responsable de dicha idea.
Debía ser el mismo novato que lideraba a todo el primer año, aquel que atrajo
los ojos del jefe de los veteranos como si su molesto rostro fuera un imán. Ese
hombre se apartó de la fila para comenzar a subir los escalones de las gradas,
uno a uno hasta que estuvo cara a cara con él, y entonces, silenciosamente, lo
miró a los ojos. Arthit estaba congelado.
Los veteranos observaron sorprendidos como su líder estaba cara a cara con un
estudiante del primer año. El mismo que lo retaba en las reuniones, el número
0062, el novato llamado Kongpob.2

–¿Qué es lo qué quieres?–exclamó Arthit con firmeza.6

–Estoy aquí como representante del primer año y me gustaría invitarlo a bajar
al estadio.

Kongpob fue directo, algo que hizo que Arthit se sintiera inquieto por un
momento, entrando en un pequeño momento de silencio y confusión. Uno que
duró poco. Arthit frunció los labios, indignado. No podía creer que aquel novato
se había atrevido a pedirle que bajara de su posición, como si vencer su nivel
fuera así de simple. Aun cuando, en las etapas anteriores, los novatos habían
luchado para demostrar sus habilidades. Entonces llegaba Kongpob, con la
misma aura de confianza que tanto odiaba pidiéndole que fuera al estadio sin
que los novatos intentan probar nada para impresionarlo. ¿Realmente creían
que Arthit retrocedería tan fácilmente y permitiría que consiguieran la bandera
de manera tan simple? ¡Esos estudiantes de primer año estaban ignorando
completamente el nivel de dignidad y prestigio que representaba el papel del
líder de las novatadas!

La insatisfacción de la guardia del último paso se hizo más y más, pero se


esforzaba por contener su ira, se mantuvo una cara indiferente y respondió con
moderación:

–No veo una razón por lo que deba bajar las escaleras.

–Mis amigos y yo queremos mostrarte la fuerza de nuestro espíritu–después de


que Kongpob se explicara, Arthit comenzó a entender las intenciones de los
novatos, quienes probablemente querían mostrarle algo y por ello él necesita
bajar. Eso estaba bien pero, aunque ya no se sentía tan ofendido por creer que
no estaba siendo valorado como un obstáculo, no lo haría tan simple, además,
los novatos habían cometido el error de escoger como su representante a una
persona con la que el líder de las novatadas tenía constantes disputas.

¿Cuántas veces ellos conversaron sin que su comunicación se viese


interrumpida por algún problemas? Arthit recordó la última vez que hablaron
en la cena organizada por veteranos que compartían número de código,
cuando Arthit se enteró de que Kongpob en realidad quería estudiar economía
en lugar de ingeniería. Así que no entendía la razón de que pareciera tan
decidido en participar en las actividades de la facultad si de todas formas
pretendía cambiar de carrera. ¿De qué le serviría conseguir el título de miembro
de la generación más joven del departamento de ingeniería industrial?

Sin embargo, pese a que ese día confesó que no le gustaba la carrera de
ingeniería, Kongpob insistía en querer obtener la bandera. Y, en ese momento,
él estaba frente a Arthit con el mismo rostro confiado que tanto lo irritaba.
Arthit se propuso en no hacerles las cosas fáciles a los novatos, y por tratarse
de Kongpob, aún menos.
–¿Demostrar la fuerza de tu espíritu? ¡Pregúntate primero si tienes lo que se
necesita para ser un ingeniero! Yo te advertí que si no actúas de corazón, no
eres digno de ser un estudiante de la generación más joven de nuestro
departamento.–Arthit bufó con una sonrisa irónica en el rostro y por supuesto,
para Kongpob fue doloroso escuchar esas palabras.

Pero, lo que Arthit no sabía, era que Kongpob esperaba tal respuesta. Él estaba
consciente de que Arthit todavía estaba furioso por su declaración de aquella
noche. Pero él mismo asumió el riesgo y se ofreció a representar a los novatos
para ir a hablar con el líder de las novatadas. Kongpob fue impulsado gracias a
la calidad del momento y al ánimo de sus compañeros, pero sabía que la lengua
de Arthit era cruel, cargada de eufemismos y sin embargo, se resistió a usar su
usual método de devolverle las palabras con el mismo filo con el que él las
enviaba no funcionaría en esa conversación. Sí Kongpob lo retaba, Arthit sólo
sería más estricto. Además de que tenían poco tiempo y necesitaba transmitir
a Arthit su punto de vista de lo que significaba espíritu sin ningún malentendido
de por medio.

–P'Arthit –llamó el novato con una voz suave, pidiéndole al líder de las
novatadas, por un momento, su atención.

Arthit miró sin ganas a Kongpob, quien estaba un escalón abajo de él. Fue
entonces, cuando sus miradas se encontraron que Kongpob comenzó a
explicarse, en un tono suave, su punto de vista:

–Debo admitir que en un inicio, en realidad, no pretendía estudiar ingeniería,


pero eso no quiere decir que en este momento me arrepienta de hacerlo. Estoy
feliz y orgulloso de haber tenido la oportunidad de estudiar aquí, de conocer a
compañeros de clase tan maravillosos y compañeros igual de entusiasmados
que yo, quienes no se sienten como si estuvieran enfrentando una prueba de
muerte día con día. Dando todo su esfuerzo para probarles a ustedes, una de
las generaciones más viejas, que somos dignos. Si no estás seguro de mis
palabras, por favor, ven con nosotros, quiero demostrártelo.

El largo discurso de Kongpob fue terminado con una ovación de empatía de


parte de los novatos al pie de las gradas. Arthit ya había escuchado ese tipo de
ovaciones, en específico, cuando expulsó a Kongpob de las reuniones. Y por
más extraño que parezca, las palabras de Kongpob ayudaron al líder de las
novatadas a calmarse. Arthit se dijo que no le respondió sólo porque no tenía
ningún deseo de comenzar una pelea con un novato frente a sus compañeros
veteranos y todo el primer año.1

Arthit permaneció en silencio, mirando a las filas de alumnos de primer año,


mientras ellos lo veían con la esperanza en sus ojos, esperando por su decisión.
El líder de las novatadas tuvo la oportunidad de prolongar el tiempo de espera
hasta minutos antes del final de la prueba, pero él quería ver cómo los novatos
querían demostrarle la fuerza de su espíritu. Y, después de todo, el derecho de
tomar la decisión de si ellos pasaban o no la prueba, seguía en sus manos.

–Está bien, bajaré– el jefe de los veteranos anunció y Arthit vislumbró en ese
instante aparecer una sonrisa de alivio en la cara de Kongpob. El pobre novato
se alejó con entusiasmo hacia el pie de las gradas, abriendo el camino hacia el
estadio. Una vez en ahí, delante de los estudiantes de primer año, Arthit se giró
a ver el rostro de Kongpob y desafiarlo.– Ya estoy aquí, entonces, ¿cómo
demostrarás la fuerza de tu espíritu?

Kongpob, quien tomó su lugar delante de los compañeros de su departamento


respondió a la pregunta de Arthit en voz alta:

–La fuerza del espíritu que poseemos ha sido adquirida gracias a nuestros
respetados compañeros, los veteranos y a usted. Sí no nos hubiese enseñado lo
que es un espíritu fuerte usted mismo, hoy no tendríamos un ejemplo el cual
seguir. Por lo tanto, queremos agradecerle todo su tiempo y esfuerzo, también
a nuestros veteranos quienes nos muestran lo que es la fuerza del espíritu de
un ingeniero.–mientras que la voz fuerte de Kongpob resonaba en el estadio,
los novatos comenzaron a alinearse en un círculo, dejando en el centro al jefe
de los veteranos. Eran cerca de doscientas personas por lo que formaron un
círculo bastante grande, encerrando en este a un Arthit verdaderamente
confuso.10

¿Qué significaba todo aquello? ¿Cuál era el plan de ese novato? Y sobre todo, ¿A
qué se refería cuando decía que la fuerza del espíritu la habían adquirido
gracias a los veteranos? ¿Pensaban que las adulaciones funcionarían de algo?
Arthit no tuvo que esperar mucho, sus preguntas fueron respondidas por
Kongpob, quien también pertenecía al círculo formado por alumnos del primer
año que lo rodeaban.

Kongpob dio un paso al frente y ordenó a los novatos en voz clara:

–¡Alumnos del primer año de la facultad de ingeniería, prepárese para una


demostración de la fuerza de su espíritu! ¡Comiencen!6

Y en ese momento Arthit escuchó de todas partes la demostración de la fuerza


espiritual de los novatos, una que esperaban representar a través de una simple
palabra.

–¡Gracias, P'Arthit, por tus enseñanzas!–exclamaron todos juntos.

–¡Gracias, P'Arthit, desde el fondo de mi corazón te lo agradezco!–fue la voz de


Kongpob la que llamó la atención de Arthit, con los agradecimientos de los
estudiantes de la generación más joven en el fondo resonando en su cabeza.

Los novatos estaban alineados en círculo, alanzando sus voces mientras cada
uno de ellos pronunciaba su muestra de gratitud al líder de las novatadas.
Al final, fue el esfuerzo de los estudiantes del primer año que habían llegado
desde varios lugares a estudiar a esa universidad, todos unidos en un único
objetivo.
Todos le agradecían, a él, quien no ahorró esfuerzos ni tiempo para celebrar las
reuniones sin importarle el sol abrazador sobre sus cabezas o el dolor de su
garganta. A aquel que poseía la mayor fuerza de espíritu y enseñó cada día los
novatos el significado de la última letra de la palabra SOTUS.

La palabra espíritu no significaba sólo fuerza mental, sino también el deseo de


compartir el espíritu a sus compañeros.
Esa gratitud también se convirtió en una especie de meta en luchar por
demostrar que era autentica. Después de unos minutos, Kongpob dio la última
orden:

–¡Novatos! ¡Canten el himno de la facultad y de la universidad para que


nuestros veteranos puedan escucharlos!

Todos los alumnos de primer año se abrazaron por los hombros y comenzaron
a cantar los himnos que los representaban. Tenía muy poca fuerza después de
pasar las pruebas anteriores, y sus voces estaban cansadas por gritar su
agradecimiento al líder de las novatadas, pero aun así, su espíritu no se vio
tentado a recaer. El resto de los veteranos que seguían en las gradas se
sorprendieron de lo que estaba sucediendo. Era difícil de creer que los alumnos
del primer año se atrevieron a enfrentar al líder de las novatadas, algo que
nunca había sucedido. En cualquier caso, los veteranos admiraron el coraje de
los novatos y la imagen misma de doscientos alumnos cantando a una sola voz
era una imagen llena de espíritu y pasión.
Pero esos sentimientos, aparentemente, no conmovieron al líder de las
novatadas, Arthit.
Después de que los gritos de los alumnos de primer año terminaron, Arthit no
dijo una sola palabra, él simplemente cerró los puños de sus manos con fuerza
mientras su cuerpo se estremecía, como si estuviese furioso.9

Después de unos segundos eternos, él gritó fuertemente:

–¿Ustedes creen que esta presentación poco organizada les ayudará a pasar la
prueba más importante? Déjenme decirles que están equivocados, yo no les
doy mi aprobación.– dijo Arthit dejando apresuradamente el círculo de
alumnos de primer año, gritándoles a aquellos que estorbaban en su camino de
regreso a su lugar en la cima de las gradas.

–Él ha dicho que no da su aprobación...–Kongpob sintió que su espíritu de lucha


cesaba al ver a Arthit alejarse.

Habían fallado, él les falló. Después de todo fue Kongpob el autor del plan. Esa
idea surgió cuando Em mencionó el día en que Arthit corrió por el estadio y se
negó en recibir ayuda. El líder de las novatadas demostró un espíritu tan fuerte
que pudo terminar la tarea, algo que todos reconocieron como un gran logro.
Por lo tanto, Kongpob sugirió a sus amigos la idea de demostrar su gratitud y
admiración hacia Arthit, con la esperanza de que él entendiera sus sentimientos
de obtener la bandera.

Pero al final, su plan falló. Arthit no sólo se negó a cederles el camino hacia la
bandera, además de su esto, él parecía estar furioso.

Por lo visto, Kongpob sólo logró llevar a sus amigos al fracaso. Lo único que le
quedaba era pedirles perdón a sus amigos, quienes, por supuesto, no sentían
que fuese su culpa el no haber pasado la prueba. Además, la idea no sólo fue de
Kongpob, más de uno de los novatos había decidido arriesgarse en seguir el
plan, incluso se hizo una votación. Pero, en ese momento, ya no quedaba nada
que hacer además de pensar en un nuevo plan.
Uno de los veteranos miró su reloj de muñeca, y al verlo, los alumnos se
horrorizaron, adivinando la razón de su acción. El puntero corto apuntaba a las
siete de la tarde y en ese mismo momento, Knot subió al escalón más alto de
las gradas y anunció su mandato con una voz de trueno, fuerte y estruendosa:

–¡Alumnos de primer año!–llamó Knot y los rostros en el estadio se giraron a su


dirección–¡Formen filas, su tiempo se ha terminado!

Los novatos, quienes no tenían otra opción además de obedecer, corrieron de


vuelta a sus lugares y se alinearon en filas de acuerdo con el orden establecido.
Muchos de los alumnos miraban a la bandera con esperanza.

Kongpob, a diferencia de algunos de sus compañeros, estaba desanimado ya


que todos sus esfuerzos parecían haber sido en vano.

–¿Quién les permitió mirar a la bandera? ¡No tienen el derecho de hacerlo!


¡Bajen la cabeza!–esas palabras hirieron a más de uno de los novatos y, de
todos modos, aunque las dura palabras hicieron por si solas que la mayoría
agachara la cabeza, la orden les obligaba a hacerlo.

Algunos se rindieron y aflojaron sus hombros esperando mantener a raya las


lágrimas.

El sol había desaparecido hacía mucho tiempo atrás en el horizonte y en ese


momento el estadio estaba cubierto por la oscuridad. De repente, las luces de
los proyectores también estaban apagadas, y al igual que en una obra, indicaba
que el evento había llegado a su fin. Todos los presentes se quedaron en
silencio, una atmósfera extremadamente tensa se extendió sobre en el estadio.

Inesperadamente, de un punto cercano unas voces bajas empezaron a sonar.1


Los ojos de los estudiantes de primer año buscaron el punto de dónde venían
las voces, aquellos cantos que subían de volumen con forme pasaban los
segundos. Pero lo más sorprendente fue ver la fuente de las voces.

Veteranos y miembros del grupo de animación marchaban hacia los ellos,


sosteniendo en sus manos un enorme arreglo floral tailandés y en las manos de
otros, algunas pequeñas velas. Los estudiantes de niveles superiores con sus
velas disiparon la oscuridad en los corazones de los novatos, mientras que el
estadio se llenaba de los sonidos de la música. Y cuando el último verso
terminó, muchos de los novatos seguían sintiéndose confundidos así como
algunos habían comenzado a entender el significado de lo que estaba
ocurriendo. Aun así, el silencio permaneció ya que ninguno sabía realmente
como debía reaccionar o comportarse.

Finalmente, para alegría de los novatos, la voz de Knot volvió a hacerse


presente en el estadio.

–¡Novatos, escojan un representante y envíelo aquí!

Los estudiantes empujaron hacia adelante a su representante, Tew. Él caminó


hacia las gradas con timidez, temiendo que lo estuviesen llamando para
rechazarlo nuevamente, esta vez, a la cara. Knot todavía estaba en la primera
etapa de las gradas, bloqueando el camino hacia la bandera. El novato se
detuvo frente a él, y el veterano lo estudió por unos segundos antes de hacerse
a un lado y señalarle el camino con la palma.

–Puedes subir y tomar la bandera para tu curso–la última frase pronunciada por
Knot fue recibida por felices suspiros de alivio de los novatos.3

En ese instante, todos los ojos estuvieron fijos en Tew, quien subió hasta el
último escalón de las gradas para recoger la bandera. El momento en que el
representante de los estudiantes de primer año tomó la bandera y la levantó en
el aire, convirtiendo el acto en una declaración de victoria para los novatos y
una confirmación de que eran finalmente reconocidos como la próxima
generación de la facultad de ingeniería hizo que el estadio ardiera en vítores.1

Después de eso, una importante ceremonia de admisión a los estudiantes


comenzó. Aquel ritual en donde los veteranos ataban brazaletes en la muñecas
de los alumnos del primer año, reconociéndolos oficialmente como los más
jóvenes de la facultad, y los invitaban a unirse a la familia estudiantil que todos
formaban.
Cada alumno mayor tomaba un hilo blanco en sus manos y pasaban uno a uno
a atarlo en las muñecas de los recién aceptados alumnos más jóvenes. Sobre
todo, los encargados de las novatadas, quienes fueron los que lideraron las filas
y dieron buenos deseos a todos aquellos alumnos a quienes les ataban una
pulsera de hilo en sus muñecas. Los mismos que usaban máscaras crueles y
exigentes, revelaron sus rostros tranquilos y amigables logrando que la
atmósfera en el estadio dejara de ser tensa.

Todos fueron uno, mayores y menores compartiendo un momento especial. A


excepción de una persona, quien parecía no estar dispuesta a participar en el
ritual.

Kongpob miró con anhelo los ojos de Arthit en todo momento, hasta que,
eventualmente él desapareció de su vista. Kongpob estaba preocupado de que
algo pudiese estar mal, se dijo que era porque quería saber la razón del por qué
Arthit les negó la victoria en primer lugar, pero luego Knot les dijo que podían
recoger la bandera del curso. Aquello no le quedó completamente claro.
Así que Kongpob creyó que posiblemente la negativa había sido a causa de
haber irritado al líder de las novatadas, por lo que, lo primero que pensó fue
que debía disculparse.
Y eso haría. Kongpob no se unió a sus amigos que formaron filas para obtener
más pulseras, en lugar de eso se escabulló en el área aun oscura del estadio
para salir en silencio y comenzar a buscar a la persona que ocupaba todos sus
pensamientos. Sin embargo, en el camino, Kongpob se encontró con Fang.

–¡Kongpob, espera, déjame atar una pulsera en tu brazo!–Kongpob se detuvo y


extendió su mano derecha a Fang.

Con una sonrisa, Fang ató una cuerda de hilo blanco en la muñeca de Kongpob
y después le dio las ya esperadas felicitaciones.6

–¡Deseo que pases cuatro felices años estudiando en la universidad, dando tu


máximo! Y que sólo buenas oportunidades se te presenten en todo momento,
tanto en el estudio y como en el amor!–dijo animada, Kongpob no se perdió el
hecho de que le guiñara un ojo al decir la última palabra.2

–¡Gracias! –Kongpob le dio un sincero agradecimiento.

Se sintió feliz de que en realidad sus compañeros de años superiores fueran


maravillosos. Estaba emocionado de ser un estudiante de ingeniería, lo
agradecía desde el fondo de su corazón y quería que una persona en específico
lo supiera. Pero, en ese instante, dicha persona no estaba cerca. Y le sería
imposible demostrárselo si no lograba encontrarlo.

Sin muchas más opciones, Kongpob decidió arriesgarse y preguntarle a Fang.

–¿Fang, sabes donde esta P'Arthit?

–¿Arthit? Sí, me parece haberlo visto detrás de las gradas. – Fang respondió con
una expresión risueña en el rostro, al parecer, ella trató de contener la risa.9

Sin decir nada, antes de que Kongpob le agradeciera por la información, ella le
tomó la mano y le puso un hilo blanco. Kongpob la miró confundido.
–Espero que lo encuentres.– Fang le sonrió antes de girarse y seguir su camino,
dejando a Kongpob con la mano tendida y un sólo con un cordón sobre su
palma.10

El novato, sin pensarlo, fue directo hacia las gradas en donde parecía reinar una
oscuridad cómoda. La única fuente de luz, la cual era débil, le permitió a
Kongpob ver la sombra familiar de un hombre de espaldas.

–¡P'Arthit!–exclamó Kongpob con una emoción que ni él mismo se esperaba.

El dueño del nombre hizo una mueca de sorpresa y se dio la vuelta. Kongpob se
estremeció cuando vio el rostro del líder de las novatadas. No había ningún
rastro de rabia o furia en él, pero había marcas húmedas sobre sus mejillas. Los
ojos de Arthit estaban rojos.17

Kongpob sintió un nudo en su garganta y no pudo evitar preguntarle con


ansiedad que era lo que le ocurría.

–P'Arthit, ¿Te ha pasado algo malo?

–No, hace calor sólo me lavé la cara ¿Qué es lo que quieres?¿Hay algún
problema?–Arthit se apresuró regresar la máscara seria a su rostro junto con
habitual impaciencia que derrochaba cuando hablaba con él. Pero Kongpob ya
conocía sus hábitos y esa reacción habitual en Arthit llevó a Kongpob a
proseguir en su meta principal.

–No, no hay problemas.

–Bien, si no es así, vuelve al estadio. No deberías perderte el ritual de iniciación–


el líder de las novatadas dijo y se pasó la palma por los ojos antes de comenzar
a caminar, dándole la espalda a Kongpob.

Arthit estaba por comenzar a caminar más rápido hasta que las palabras de
Kongpob le hicieron detenerse.
–¡Espera, P'Arthit! ¿Podrías atarme la pulsera?– Kongpob le mostró el cordón
blanco a Arthit quien permaneció en silencio cuando vio el hilo en la mano de
Kongpob.

El líder de las novatadas no sabía de dónde el alumno de primer año había


conseguido una pulsera sin atar, pero según la tradición, siendo compañero
mayor, él tenía que atar el cordón en la muñeca de su compañero más joven.
Kongpob le entregó a Arthit el cordón y le tendió la mano derecha, en donde ya
tenía una pulsera atada, pero inmediatamente cambió de idea.

–Mejor este lado.–Kongpob se quitó el reloj de su muñeca izquierda y le ofreció


su brazo a Arthit.

–¿Por qué todo tienes que hacerlo tan complicado?–murmuró Arthit.

A pesar de su descontento, Arthit ató el hilo en la muñeca Kongpob antes de


decirle en voz baja, unas palabras importantes.

–¡Cuida la bandera del curso por mí!–fue una frase corta, pero el significado en
detrás de esta era muy profundo. También, al decirlo Arthit confirmaba que
Kongpob era uno de los miembros de la comunidad de estudiantes de
ingeniería.

–Yo la protegeré con toda la fuerza de mi espíritu.–Kongpob aseguró,


sonriendo. Arthit nuevamente, recuperando su carácter, comenzó a enfadarse.

–Bien, lo que sea.

–¡Gracias, P'Arthit!

–De nada–el líder de las novatadas respondió sin ánimo. Él estaba a punto irse
cuando Kongpob volvió a impedírselo.

–¡P'Arthit, espera!
–Y ahora ¿qué más quieres?–Arthit estaba molesto con el hecho de haber sido
detenido por segunda vez.

Arthit miró al novato frente a él, cuyo rostro era el de hombre que tenía una idea
en mente.

Las palabras de Kongpob hicieron que Arthit abriera los ojos con incredulidad.

–La próxima vez que quieras llorar, no te escondas. Yo puedo ayudarte a secar
tus lágrimas.27

–¡Kongpob!–exclamó Arthit furioso.

El novato no escuchó las maldiciones que venían de detrás de su nombre


porque se echó a correr rápidamente hacia el estadio.
Arthit estaba con justa razón muy enojado con él, pero esta vez, Kongpob
quería enfurecer intencionalmente al líder de las novatadas, sólo para que
dejara de lado su tristeza.13

No importaba lo extrañas que pudieran ser sus intenciones, porque no había


una sensación pesada en su corazón como la última vez que ellos pelearon.

Y posiblemente la razón de eso, fue que Kongpob sentía a su corazón cada vez
más cerca de Arthit, aunque sólo avanzara un paso.
Capítulo 17
Regla número diecisiete para el estudiante de primer año: "La actitud de
un integrante de la novatada no es su verdadera naturaleza"2

Eran tiempos difíciles para los estudiantes de primer año.

En esos días sólo existía un evento importante en la mente de los estudiantes


de ingeniería, un enemigo duro de vencer cuyo nombre era: los exámenes del
final de semestre.1

Y lo peor era que faltaba una semana para ese importante evento.

Para los novatos parecía que el semestre acababa de comenzar, estaban aún
recientes las novatadas, aunque incluso ya habían participado en la reunión de
despedida en donde fueron reconocidos por su esfuerzo al conseguir la
bandera de la facultad, algo que, por supuesto, les dio mucho orgullo. Por ello,
en ese momento lo único que pensaban era en querer relajarse y divertirse un
poco.

Pero ser estudiante no era un trabajo fácil, por lo que la realidad no tardó en
golpearlos duramente.

Para algunos, aquello no podía ser llamado una vida estudiantil, ya que el estrés
los hacía sentir como si la facultad de ingeniería fuese el mismo infierno. Los
veteranos tenían que ser más comprensivos con sus estudiantes menores,
porque ellos entendían que los exámenes de la universidad no eran nada en
comparación con los de la preparatoria. Un reto mayor en toda regla. Además
de que si no obtenían la cantidad correcta de puntos en los exámenes, los
números no mentían, y de esa forma, ni el profesor podría ayudarlos.3

Sin mencionar que corrían el riesgo de suspender una materia importante que
podría afectar su plan estudiantil, retazarse y cursar con los alumnos menores
una materia de grado inferior, algo que, por supuesto, era un golpe para el
orgullo de un ingeniero.5

Algunos alumnos de cuarto aún no se graduaban por aquel problema.


Recursadores eran los que cursaban clases que no iban de acuerdo a su año y
mientras sus compañeros de generación ya habían egresado, ellos continuaban
lidiando con la universidad.5

Uno de los mayores causantes de la creación de los llamados recursadores, era


el temido examen de Cálculo I, en donde la mayoría de los estudiantes de la
facultad de ingeniería conseguían una calificación insatisfactoria.25

Y lo peor era que dicho enemigo era una materia de primer año.

Los profesores de cálculo en especial eran famosos por su severidad, los


estudiantes que lograban aprobar la materia no le daban el crédito a sus
propios conocimientos ya que un acontecimiento así sólo podía deberse a la
gracia divina. La meta era aprobar, ya que obtener una clasificación excelente
era un verdadero milagro, algo prácticamente imposible.

Por lo tanto, muchos estudiantes se dirigieron a los templos a rezar,


pidiéndoles a los espíritus que los escucharan ayuda para pasar los exámenes.5

Aunque en el interior sabían que, al fin y al cabo, sólo podían confiar en sus
conocimientos. Y, posiblemente, en los estudiantes mayores, ellos quienes ya
habían pasado por la misma situación.

No importaba lo buenos que fueran los profesores, el análisis matemático


fácilmente causaba migrañas en cualquiera, así fuera o no un novato. Entonces
no había nada de qué preocuparse si estudiar era una tarea difícil.

Em estaba sentado a un lado de Kongpob, calculando la derivada de una


función, la tableta con las formulas básicas junto a él. Una de las operaciones
simples que se resolvía con la regla de la cadena. Él volteó a ver la hoja de
Kongpob, y sintiéndose envidioso gimió antes de dar un largo suspiro.9

– ¡Ellos dijeron que los exámenes de admisión eran lo más complicado! ¡Y mira
esto! He pasado diez problemas esperando que alguno me salga y nada,
¡Quiero volver a la primaria!15

–Tranquilo, se un poco paciente. Después de que terminen los exámenes vamos


a viajar. – el estudiante mayor elegido como tutor dirigió palabras de aliento a
los menores sentados alrededor de él.

La última frase les hizo fruncir el entrecejo y preguntar:

–No entiendo, ¿viajar, a dónde?

– ¿Ustedes aun no lo saben? Después de los exámenes los veteranos llevan a los
de primer año a un viaje de encuentro con la naturaleza.

Al oír la respuesta del tutor que les habían asignado, Kongpob se distrajo,
olvidando el procedimiento. Él miró hacia arriba.

El viaje escolar en conjunto con los estudiantes mayores era una tradición de la
facultad de ingeniería, una que se realizaba cada año. Este evento contaba con
la participación de los estudiantes de todos los años, y también de algunos
profesores encargados de vigilar la seguridad. Y, por supuesto, aquel viaje no
era algo terrible como las reuniones de los veteranos a los que estuvieron
obligados a asistir por ser novatos.

– ¿Sabes a dónde iremos?– Kongpob se metió en la conversación, pero el tutor


se limitó a sacudir la cabeza en una negativa.

–No sé, no estoy seguro a qué lugar en específico, pero uno de nuestros
profesores dijo que esta vez sería cerca del mar. Una playa, posiblemente.
La playa más cercana de la universidad era Rayong, después de esta las otras
dos opciones eran Hua Hin o Cha-am. Pero, en realidad, Kongpob estaba
dispuesto a ir a cualquier lugar con tal de distraerse. Tenía tiempo que no sentía
la arena de la playa en los pies, menos aún, meterse al mar. Pensar en una fiesta
en la paya era una propuesta verdaderamente atractiva.

Kongpob volvió a salir de sus pensamientos gracias a la voz de Em.

– ¿Estás seguro de que los veteranos realmente nos llevarán de paseo? Yo no lo


sé...ellos todavía no nos dan los engranajes así que tengo mis dudas.7

Para ser claros, se suponía que ya eran considerados como alumnos del
departamento industrial, pero aun así los veteranos no les habían entregado
sus engranajes. E imaginaban que había una prueba sorpresa para que
lucharan por los engranajes, y si pensaban en la prueba pasada, no querían ni
imaginarse lo difícil que sería esta. Si la hubiese.

Y como si sólo por pensar en ellos los hubiesen invocado, los veteranos
encargados de la novatada aparecieron de repente en el pasillo principal. Para
mala suerte de los novatos, ellos se dirigieron hacia su mesa.

Algunas alumnas mayores, de segundo año, pensó Kongpob, dieron pequeños


gritos emocionados cuando los vieron. Los veteranos acababan de salir del
gimnasio, posiblemente de un entrenamiento nocturno. Por educación, los
novatos en la mesa de Kongpob se levantaron de sus asientos para saludarlos.
Inclinando la cabeza levemente en señal de respeto.6

Arthit, el líder de las novatadas iba con el grupo de veteranos que se acercó a la
mesa. Pero lejos de responder el saludo de forma cordial, él los ignoró para
dirigirse directamente al tutor asignado junto a ellos, quien continuaba
sentado en la mesa.

–Tim, ¿qué estás haciendo?


–Estoy dándoles asesoría sobre cálculo, –respondió Tim, y Kongpob pudo ver
que dudó antes de volver a hablar. –Arthit, ya que estas aquí ¿Sabes que viene
en el examen de Cálculo I?

Tim trató de aprovechar la oportunidad para pedirle a su compañero que se


solidarizara y les diera unos consejos útiles para aprobar el examen, pero como
era de esperarse el líder de las novatadas simplemente hizo una mueca
aburrida y se limitó a decir algo sin sentido.

– Ya pasaron dos años ¿Cómo se supone que voy saberlo?–Arthit se quejó. – Lo


único que recuerdo es que en nuestro curso sólo cinco personas aprobaron, y
más de la mitad tuvo que recursar la materia.

Cómo era típico para el líder de las novatadas, no sólo no ayudó en nada, él los
dejó completamente intimidados. Pero como si el bajón a sus ánimos no fuese
suficiente, Knot decidió unirse a la conversación.2

–Recuerdo que el tiempo se estaba acabando, y yo no sabía qué hacer, así que
escribí un par de plegarias detrás de la hoja y al final aprobé.13

Los alumnos del tercer año comenzaron a reírse mientras que los novatos no
sabían si reír y tomarlo como una broma, o creérselo. En medio de las risas, un
veterano habló.

– ¡Amigo eso no es nada en comparación con lo que yo hice! Como no me sabía


nada y tenía la hoja en blanco, dibujé un retrato de la maestra, he de decir que
me esforcé, era malditamente bueno, tan detallado, y sabía que ella recordaba
mi cara porque usualmente me veía estudiando en el aula. Así que supuse que
me iría bien.

El orgullo en la voz del veterano hizo que aquellos que no se habían reído lo
hicieran. Arthit levantó una ceja en su dirección, sin darle crédito a su historia.
– ¿Y entonces qué? ¿Pasaste o no?

– ¡No! Desgraciadamente todo mi esfuerzo para dibujarla se fue a la basura, ¡La


vida no es justa!– exclamó y eso causó una explosión de risas en todo el grupo
de veteranos.1

En su lugar, los alumnos de primer año estaban decepcionados aunque era de


esperarse que un dibujo en lugar de las respuestas correctas no fuese
apreciado. Algunos se permitieron reírse suavemente de las bromas de los
mayores, pero sonaban fosados. Entre risas, el líder de las novatadas se apoyó
en la mesa, interrumpiendo las risas.

–Bien, nos vamos, ustedes sigan estudiando y esfuércense al máximo, si no


logran aprobar no se preocupen, siempre pueden recusar la materia el próximo
año.6

– ¡Arthit! ¿Por qué eres tan duro con los estudiantes de primer año? ¡Deséales
buena suerte!– el veterano tutor se precipitó en intervenir.

– ¡Bien!– se quejó Arthit y alguien a su espalda lo interrumpió.

– ¡Escuchen atentamente!

Sorprendidos, la mesa entera observó a un estudiante de aspecto chino unir sus


manos a la altura de su pecho. Cuando el comenzó a rezar algunas cejas en el
rostro de los presentes se levantaron.2

– ¿Eso es una bendición o estas maldiciendo a alguien?–Arthit se cruzó de


brazos mirándolo con los labios fruncidos. –No puedes pasar el examen, así
¿cómo esperas bendecir a alguien?

– ¡Bien, señor perfecto! Es tu turno Arthit, diles algo bueno.


A pedido de sus amigos, Arthit Rojnapat dio un paso atrás, más lejos de los
novatos, él se cruzó de brazos, dándoles a todos una mirada severa antes de
hablar con una voz profunda.

– ¡Si fallan este insignificante examen, entonces no tienen absolutamente


ninguna habilidad para la ingeniería, y si no sirven para estar en esta facultad
significa que no tienen futuro!25

Aquello no fue una bendición, sino una mofa de parte del líder de las novatadas.
Algunos estudiantes de primer año se sintieron tristes y sin ningún entusiasmo
al ver sus hojas llenas de problemas sin resolver, pero para desgracia de los
novatos, Arthit no había terminado su cruel discurso.

– ¿Siendo unos perdedores, quién va a querer contratarlos algún un día? Por ser
unos vagos las mujeres van a rechazarlos, quedándoles la única opción de
ahogar su pena en el alcohol, siendo miserables y sin dinero para pagar una
habitación, viéndose obligados a quedarse en alguna aula o en la calle, después
el profesor notará su patético aspecto y los reprenderá por presentarse así en
la universidad. Van a pedir dinero prestado a sus amigos, deudas aquí y allá, la
suma subirá tanto que no podrán pagarla, teniendo que buscar oportunidades
de trabajo dudosas, y con suerte comerán al menos una vez al día, eso sí tienen
amigos, porque con ese futuro ¿Quién va a querer serlo?30

La última frase del líder de las novatadas sonaba absolutamente extraña, como
si no fuese dirigida a ellos, y después de callarse, el veterano de apariencia
china intervino.

–Un segundo Arthit, ¿Estás insinuando algo?

Entonces el grupo de veteranos no aguantaron y comenzaron a reír. Ellos


fueron sorprendieron nuevamente a los novatos que estaban horrorizados.
Entonces Arthit suavizó su expresión y se despidió.
–No se preocupen, las preguntas no son tan complicadas, pueden aprobar, yo
creo en ustedes.16

Fue amable, Arthit había hablado con sinceridad, algo que hasta entonces no
era una característica del líder de las novatadas. Y, probablemente, por la grata
sorpresa, el rostro de los veteranos se iluminó con esperanza.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de un hombre que generalmente


mostraba indiferencia, a juego con su mirada que no era ni la mitad de severa
como solía ser. Y aquello le dio un encanto a su rostro que a Kongpob le pareció
especial e inexplicable.8

–Vamos, ya tengo hambre. – Knot, y el grupo de estudiantes de tercero se dirigió


a la cafetería, dejando a los novatos estudiando. Algunos comenzaron a discutir
lo que había sucedido, especialmente como el líder de las novatadas había
actuado diferente.

Tim pareció confundido.

– ¡Hoy conocimos la verdadera cara de los veteranos!

– ¡Sí, desde que las reuniones terminaron, se convirtieron en personas


diferentes! ¡Hasta son agradables! ¿Tú que opinas, Kongpob?– Em opinó e
inmediatamente pidió la aprobación de su mejor amigo.

–Si– respondió Kongpob con brevedad, sus ojos aún estaban siguiendo la
silueta de Arthit quien caminaba a lo lejos, en el pasillo. Frente a Kongpob, las
chicas, comenzaron a hablar en voz alta.

– ¿Lo vieron reír? ¡Fue adorable! Hasta podría olvidar que me daba miedo.10

– ¡Habla por ti! ¿Escuchaste lo que dijo? Él está un poco loco.


– ¡Si, pero eso no lo hace menos interesante! A mí me gusta más cuando mira
con su mirada de acero, se ve tan rudo, es fascinante.18

– ¡Chicas! ¡Basta de hablar, tenemos que seguir estudiando! Ahora, todos a la


página veintidós del libro, lean la definición de derivada de una función–ordenó
el tutor.

Los novatos se quedaron en silencio y volvieron su atención hacia el libro de


problemas. Kongpob también tuvo que volver su atención al tema.

Los números en el la hoja se resistieron en entrar en su cerebro. Tal vez porque


los problemas eran realmente muy complicados, como Em se había quejado, o
quizás por alguna otra razón que Kongpob sabia y no quería admitir.5

Kongpob oyó las explicaciones del tutor, pero fue algo que no terminó de
entender del todo. En cualquier caso, Kongpob permaneció hasta el final de la
tutoría, una que terminó casi a las ocho de la noche.

Kongpob se despidió de sus amigos, montó su motocicleta y se dirigió hacia su


dormitorio. Antes de ingresar al edificio para ir a su habitación, decidió ir a
comprar algo para comer, quería llenar su estómago ya que se había pasado
toda la tarde intentando hacer lo mismo con su cerebro, más porque
probablemente esa noche se sentaría hasta tarde a repasar todo lo que el tutor
les explicó. Kongpob decidió no ir a la tienda de comida frente a su
apartamento, en cambio se encaminó a la tienda de conveniencia cerca de su
calle, un Seven Eleven. Quería comprar vaso de café y arroz instantáneo.

La puerta automática se abrió y Kongpob entró en la tienda, se dirigió a la


expendedora en una esquina en donde, para su sorpresa, en ese mismo lugar
vio a un hombre distraído eligiendo té verde... Era el mismo hombre al que no
había podido dejar de ver unas horas antes. Kongpob no podía negarse a sí
mismo que deseaba hablarle, por lo que no se resistió en hacerlo.1
– ¿No vas a tomar leche de rosa hoy, P'Arthit?11

El líder de las novatadas estaba sosteniendo un vaso de té y casi se quema la


mano cuando se estremeció por la sorpresa. La mirada irritada en su rostro no
tardó en aparecer. Sin embargo, él logró recomponerse para responder.

–La tienda está cerrada.

Kongpob asintió, hizo una pausa, y luego se atrevió a preguntar.

– ¿Alguien más sabe que te gusta beber leche rosa?

El líder de las novatadas frunció la nariz, sus labios se arrugaron y si hubiese


apretado más fuerte el vaso en sus manos, el líquido se hubiese derramado
sobre él. Arthit miró con enojo al novato, su voz siendo una amenaza.

– ¿Por qué estás tan curioso? ¿Quieres contarles a tus amigos?

Kongpob negó con la cabeza antes de comenzar a explicarse.

–No, por nada, sólo quería saber, ¿Así que no le cuentas a nadie que amas la
leche rosa?

– ¡Por supuesto que no!– gritó Arthit. Era evidente que algunos de sus amigos
lo sabían, pero ¿por qué el líder de las novatadas andaría por la vida diciéndole
a todos que le gustaba tomar leche rosa? ¿Y por qué 0062, estaba tan interesado
en saber sobre el tema? Le gustaba y ya. ¿Cuál era el misterio?4

Arthit llegó a una conclusión. Kongpob sólo quería burlarse de él.

Estuvo convencido de ello cuando el novato volvió a hablar.

– ¿Alguien sabe que te escondiste detrás de las gradas para llorar?15

La pregunta hizo hervir la cabeza de Arthit, una ola de desagradable vergüenza


se apoderó de su estómago, él se sonrojó y rápidamente protestó.
– ¡Nadie lo sabe y ni se te ocurra contarlo!

– ¿Alguien sabe que tu apodo es Oon?3

Arthit apretó los dientes. Estaba enojándose de verdad.

– ¡Kongpob, si vas por ahí contando cosas sobre mí que me avergüencen, te las
vas a ver conmigo!

Arthit habló tan alto que atrajo la atención de todos los clientes de la tienda de
conveniencia. Pero él no se dio cuenta de ello, sus ojos estaban fijos en
Kongpob, y si las miradas pudiesen matar, el novato no sería más que una
mancha en el suelo.

–No le voy a contar a nadie.

Kongpob esperó a ver si sus palabras lo tranquilizaban, pero Arthit no dijo nada.
El líder de la novatada se dio la vuelta directo hacia la caja, como si no estuviera
interesado en responder. Kongpob, a pesar de ser ignorado, lo siguió,
empezando a sentirse culpable por estar tan curioso y hasta celoso por las
respuestas a sus preguntas.

–P'Arthit, yo...

– ¿Cuándo es tu examen de cálculo?

La pregunta lo atrapó desprevenido, Kongpob no tuvo tiempo de disculparse.

–El miércoles– contestó Kongpob. Arthit se quedó en silencio por un tiempo,


tanto que Kongpob pensó que quizá no sabía cómo darle su bendición. Pero no
fueron palabras de aliento las que salieron de la boca de Arthit.

–A tu profesor le gusta poner varios problemas de derivadas compuestas.


Estudia ese tema.14
Fue todo. No hubo burlas ni amenazas. Había obtenido un consejo para su
examen. Kongpob sonrió sin darse cuenta.

–Entendido, gracias P'Arthit.1

Después de que Kongpob respondió, Arthit se apresuró hacia la salida.


Kongpob sintió el impuso de impedirlo, pero sus pies no se movieron. Su
corazón latía emocionado y su cabeza estaba confundida.

Sintió una especie de alivio porque Arthit no estaba molesto. Y se arrepintió de


no haber podido hacer las preguntas a las que de verdad deseaba respuesta.
Pero estas eran tan personales que ni él mismo se atrevía a pronunciarlas en
voz alta.

Todo lo que Kongpob quería saber era si...

¿Alguien sabia lo maravilloso que era Arthit?32

¿Alguien había notado su naturaleza amable?

¿Sólo él veía lo perfecto que era?13

Y, sobre todo, deseaba tanto asegurarse que Arthit se convenciera de que no


quería que nadie excepto él lo supiera.
Capítulo 18
Regla número dieciocho para el estudiante de primer año: "No debes
preocupar a los veteranos"

–Kongpob y Em, su color será el naranja, tomen sus fichas y siéntense en el


autobús número tres.

Kongpob y su mejor amigo Em, estaban esperando a Fang en el patio exterior


de la Facultad de Ingeniería, donde los novatos se reunieron a las seis de la
mañana, para que ella les diera a ambos sus fichas de identificación.

Pero, aunque la hora de reunión oficial era cuando el cielo comenzaba a


aclararse, ellos llegaron con el manto oscuro aun cubriéndolo. A las cinco de la
mañana, los estudiantes de primer año estaban esparcidos por el campo sólo
porque los veteranos los amenazaron con dejarlos en la facultad si no llegaban
a una hora temprana. Aunque ni ellos mismos cumplieron con lo prometido.

Los novatos estuvieron solos hasta las seis de la mañana, emocionados por
bañarse en el mar de la provincia de Rayong, un el viaje a la playa que duraría
dos días y una noche.

Algunos estaban especialmente felices por el hecho de que no tendrían que


gastar en nada ya que los veteranos les prometieron que serían ellos quienes
pagarían todos los gastos involucrados en el viaje. Por lo tanto, todo con lo que
tenían que cargar era sólo una maleta con dos o tres cambios de ropa, y su
entusiasmo.

Pero, en el fondo, algunos también dudaban que los veteranos fueran tan
generosos. Después de todo, nada en la vida se conseguía de forma gratuita, y
ese viaje al mar no parecía del todo normal. O al menos, no como un viaje
turístico de alegría y gente despreocupada. Todo en este gritaba que tenía un
propósito especial.

–P'Fang, ¿sabes si la próxima prueba de los veteranos es muy difícil? –Kongpob


escuchó a Em, peguntar a su compañera un año mayor en un tono asustado.

En realidad, el propósito escondido en aquel viaje al mar era evaluar la


organización de los estudiantes de primer año en un ambiente tranquilo, pero
sin estar informados de que era lo que se les avecinaba. Y era de esperarse que
los novatos estuvieran un poco tensos si lo único que tenían en sus cabezas era
tratar de adivinar qué tan severos serian esta vez los veteranos con ellos antes
de que los dejaran disfrutar del viaje. O si al menos, lo harían.

Kongpob, al igual que sus compañeros, estaba lleno de sospechas. Entonces la


voz alegre de Fang se hizo escuchar junto a la entrada del autobús.

–¡Novatos, disfruten el viaje! Y ¡No, no habrá más pruebas difíciles! Esto es sólo
una excusa de sus estresados veteranos para poder ir al mar. ¡No estén
nerviosos, todos vamos a divertirnos!

Después de escuchar los ánimos de Fang, Kongpob y Em miraron a su alrededor


y los murmullos crecientes de sus compañeros indicaban que ellos comenzaron
a creer en las palabras que ella había dicho. La atmósfera de esa mañana fue
bastante relajada, como si hubiese una reunión de acampar justo ahí.

En la pantalla LED delantera del autobús apareció una leyenda que los llenó de
entusiasmo, esta iluminaba con focos rojos el destino: "Rayong".

Pero el fantasma de aquella sensación que les advertía de que tenía que haber
algún tipo de truco sucio involucrado volvió a asaltarlos.

La administración del departamento admitió que todos los novatos


participaran, porque fue considerado como un gran evento para toda la
facultad de la ingeniería. Representantes de todos los departamentos, varios
veteranos y profesores que cuidarían de los alumnos de primer año, dirigieron
al mar para disfrutar de unos días junto a la playa.

Como resultado, fueron cerca de trescientas personas repartidas en cinco


autobuses. Algunos de los chicos del grupo de animación se colaron en los
autobuses de los novatos para participar en el evento. Además de los autobuses
de alumnos, había dos automóviles extras conducidos por dos maestros para
que en caso de emergencia estos podrían servir para viajar a un hospital.

Los novatos fueron divididos en grupos, asignándoseles un determinado color


y también indicado en las fichas de papel en sus pechos los nombres de cada
uno además de su grupo. La primera parada no fue directamente la playa.
Bajaron de sus autobuses para apreciar una reserva natural y escuchar la charla
del especialista sobre las plantas medicinales que ahí se cultivaban y después
les dieron un momento para admirar a los pájaros y los árboles que los
rodeaban. La mayoría de los novatos se divirtieron tomando tantas fotografías
como pudieran, ya fuera de los pájaros o con sus amigos, unas que más tarde
postearían en sus redes sociales.

La voz de una de las chicas llamó la atención de Kongpob.

–P'Arthit ¿Podemos tomarnos una foto contigo?4

–Claro, me encantaría–Arthit sonrió encantadoramente al grupo de chicas que


lo rodó para tomarse una fotografía con él.7

Kongpob no se sabía por qué los estudiantes querían ser fotografiados con los
veteranos, posiblemente por recuerdo a los días de las novatadas o a lo mejor
sólo porque en esa ocasión ellos cambiaron sus uniformes usuales, aquellas
playeras negras por camisetas de colores. La mayoría iba vestida con colores
playeros, pantalones vaqueros, sandalias, sombreros paja y gafas de sol, algo
que gritaba el humor de un día de fiesta junto al mar.

Y los miembros del grupo encargado de las novatadas crearon una atmósfera
alegre a su alrededor. La actitud de piedra que solían mantener en sus rostros
fríos llenos de indiferencia durante las reuniones había desaparecido, algo que
causó interés en los novatos quienes, curiosos los seguían a todas partes como
si ellos fueran alguna clase de súper estrellas.2

Por supuesto, los estudiantes de años, quienes no eran miembros de la


novatada, no tardaron en hacer comentarios envidiosos. Los novatos tampoco
fueron la excepción.

–¡Mira a las chicas! hace unos minutos hablaban con tanto miedo de los
veteranos y ahora no dejan de saltar a su alrededor.

–Lo que sea, no me importa ¡Espera a que lleguemos al mar, voy a quitarme la
camiseta y ellas van a quedar impresionadas al ver mis abdominales!

–¿Abdominales o una bola de grasa? Lo único que sobresale de tu camiseta es


lo dotada que está tu panza, nadie quiere que te la quites ¡Vas a asustar a las
chicas si te ven!

–¿Tú que dices Kongpob? Apuesto a que a ti si van a querer verte.11

Kongpob se sentó en silencio, escuchando las conversaciones de sus


compañeros del grupo naranja, observando al grupo de veteranos que estaba
siendo fotografiado con otro grupo de estudiantes, hasta que escuchó su
nombre. Kongpob ladeó la cabeza.

–No lo sé, no me gusta nadar en el mar.2

Kongpob se encogió de hombros a las preguntas de sus compañeros, él había


dicho la verdad. Algunos alegaron que ir a la playa era sinónimo de nadar en el
mar, pero para él eran dos cosas totalmente diferentes. No había entrado en el
mar desde la escuela primaria, cuando la sensación viscosa en su cuerpo y el
sabor salado del agua no se despegaron de él por horas. Así que cuando
llegaran a la playa Kongpob sólo se sentaría cerca de la orilla del mar para
relajarse, dispuesto a disfrutar de la brisa del mar junto con la hermosa vista.8

–Reconsidéralo Kongpob ¡Ya casi estamos ahí, para eso vinimos! ¡Necesitas
sumergirte en el mar!

–¡Y tenemos que robarles la atención de las chicas a los veteranos!2

Los compañeros del grupo naranja comenzaron a convencer a Kongpob quien


no entendía la insistencia de sus compañeros, ignorando que la razón era más
que evidente. Al final, él era el dueño del título de luna de la universidad, algo
que elevaba las esperanzas de sus compañeros para que la atención de las
chicas fuera dirigida a ellos. Después de todo, en el departo de ingeniería
industrial había muy pocas alumnas, y por ello había sido fácil para los
veteranos capturar la atención de todas.

–Imaginen a las chicas en el mar ¡Deben verse sumamente atractivas!

–¡Kongpob no puedes permitir que los veteranos se lleven toda la atención de


ellas justo en nuestras narices! Ve esto en tu cabeza, tú, las chicas, nosotros, y
en la arena a los veteranos llenos de envidia.5

Los chicos empezaron a reírse de lo emocionado que parecía uno de sus


compañeros, y de su fantasiosa forma de tratar de convencer a Kongpob para
que aceptara entrar en el agua.

El novato no tuvo tiempo de responder cuando una voz familiar se escuchó


detrás de ellos.

–Entiendo, ustedes no pueden esperar a sumergirse en el mar, ¿Cierto?


Los chicos se quedaron petrificados cuando se voltearon a ver el rostro severo
del hombre detrás de ellos. La armonía que transmitía su camisa azul brillante
acentuaba la oscuridad y enojo de sus expresiones. Era el líder de las novatadas
completamente furioso.8

Kongpob no sabía cuánto tiempo Arthit había estado allí, pero estaba claro que
fue el tiempo suficiente para que él escuchara las burlas.

Arthit se cruzó de brazos antes de sonreír con hostilidad.

–Y no se preocupen, yo mismo me encargaré de organizar todo de acuerdo con


sus exigencias–dijo Arthit con fingida benevolencia, horrorizándolos al
instante.

En realidad, todos estaban esperando a escuchar algún castigo, rendidos a


recibir un veredicto doloroso por parte del líder de las novatadas, pero aquello
nunca pasó. Al menos no en ese momento. Arthit dio media vuelta de regreso a
su grupo, yéndose en cuanto anunció su amenaza implícita. Aparentemente, él
los había dejado a manos del destino.

–¡Es tu culpa! ¡Todo esto pasó porque puedes mantener la boca cerrada!
– exclamó Em al novato que quería nadar en el mar.

Kongpob suspiro en rendición, imaginando que él también tendría que ir al


nadar, algo que absolutamente, él no quería. Seguramente Arthit idearía un
plan que involucrara nadar en el mar, tal y como había prometidos, además,
conociéndolo, este no sería agradable. Estaba molesto, un sentimiento extraño
de rabia que ni el mismo entendía.

Kongpob sacudió la cabeza, estaba pensándolo demasiado. Para deshacerse


de la confusión volvió al autobús que estaba a punto de partir al su siguiente
destino. Pasaron muchas horas en la carretera hasta que dio el medio día y los
rayos del sol por la tarde comenzaron a incomodar a aquellos que iban junto a
la ventana. Finalmente, el autobús se estaciono junto a un complejo tranquilo
junto a la playa. El aire olía a una agradable combinación de mar y arena.

Kongpob bajó del autobús, tomó su maleta y miró con curiosidad el complejo
que consistía en pequeñas cabañas estilo bungaló. Además de las habitaciones,
había un campo de juegos y una sala de conferencias. Las palmeras y los otros
árboles daban una sombra agradable, el sonido de las olas era suave y
tranquilizante.

Cuando todos estuvieron fuera de los autobuses, a los alumnos de primer año
se les pidió reunirse en el auditorio del complejo para ser informados sobre las
reglas de conducta que tendrían que seguir durante su estadía. Porque, así
estuvieran fuera de la universidad, no significaba que pudieran o tuvieran
libertad de hacer lo que ellos quisieran.

Además de reglas, los veteranos y maestros estarían ahí, siguiéndolos de cerca


para asegurarse de que todo estuviera en orden.

Después de recibir las instrucciones que, de alguna forma, sonaron a


advertencias, se formaron varios grupos de veinte personas para compartir una
sola cabaña. Las llaves del lugar se asignaron a un representante de grupo y
todos, en grupos más pequeños de amigos, se dirigieron a la cabaña con el
número correspondiente a las llaves asignadas.

Una vez que reunieron fuerzas, fueron llamados para crear ocho grupos de
colores distintos y pasar diferentes pruebas impuestas por los veteranos.
Sorprendentemente, estas no fueron nada complejas. En realidad, eran juegos
conocidos por la mayoría: Ojos vendados y una caja con un objeto misterioso,
arrojar globos con pintura, carreras sobre un pie, y todo lo que se jugaba en el
jardín de niños. Nadie fue obligado a cumplir castigos terribles si perdía en
alguna prueba, tal y como Fang les había prometido.
Algo que dejó confundidos a los novatos fue cuando los veteranos se
establecieron cerca del mar, al parecer, dando fin a las pruebas. El grupo de
Arthit, que también era el encargado de las novatadas, se sentó debajo de la
sombra de una palma. Arthit parecía estar de un humor especialmente alegre,
tanto que comenzó a cantar una canción mientras que Knot tocaba la guitarra.

En ese momento, bajo la mirada curiosa de todos, Arthit se levantó y sacudió su


brazo sobre su cabeza. Su invitación parecía ir directamente a un grupo
específico de novatos. Las chicas.

–¡Señoritas, por favor, vengan y siéntense en la sombra, tocaremos algo de


música para ustedes! – Arthit amablemente se acercó a un grupo de chicas,
haciendo más evidente su exclusión a los demás novatos.3

Y aunque especificó en su preferencia, varios novatos se agacharon en la


sombra alrededor de ellos, satisfechos por tener un momento de descanso y no
tener que quedarse bajo el sol.

Después de que Arthit apreció la vista de los novatos sentados en la arena. El


líder de las novatadas se dirigió en específico al grupo de novatos con los que
había hablado esa misma mañana.

–¿Ustedes que hacen aquí? ¿No estaban ansiosos de nadar en el mar? Bien, yo
no los voy a obligar a estar aquí, así que pónganse de pie. ¡Vayan a nadar, dejen
sus playeras en la arena! – dijo Arthit y él, siendo el líder de las novatadas, tenía
el derecho de ordenarles lo que quisiera sólo porque su palabra era
prácticamente la ley.

Arthit no habló en tono intimidante, para nada. Pero su venganza estaba ahí,
sus ojos transmitían toda su ira reprimida.

Una vez que el líder de las novatadas dio la orden regresó a su lugar en el centro
de los novatos, se sentándose junto a un grupo de chicas y comenzó a cantar
alegremente para ellas. Los otros novatos no tardaron en darse cuenta de que
fueron engañados. Nadie les estaba prestando atención.

–Por supuesto, nos quita del camino sólo para quedarse con la atención de las
chicas para él y su grupo. Ese cretino no puede estar un segundo sin hacer una
demostración de su poder sobre nosotros por ser un veterano.

Kongpob escuchó como su compañero se quejó. El novato miró la escena en la


playa, vio a Arthit cantando con una sonrisa marcada en sus labios, las chicas
aplaudiendo a su alrededor y él no pudo evitar enfadarse cada vez más.
Después de un tiempo de tratar de lidiar con ello no pudo aguantar estar
observando y sin pensarlo, se encaminó de regreso a la playa.19

–Soy 0062 ¡Pido permiso para hablar!

Todos los ojos se giraron de inmediato al escuchar la voz fuerte del novato y
Arthit también dejó de cantar. La atención de Arthit cambió de las chicas a
Kongpob en ese segundo. Pero para él no fue una sorpresa que el ya familiar
héroe de los novatos interviniera para ser la voz de los inconformes. Lo único
inusual era el humor del novato, Arthit vio a Kongpob muy molesto, a punto de
perder la paciencia.13

Arthit resopló, sus ojos aburridos le dieron una mirada despreciativa.

–¿Qué es lo qué quieres?

–Creo que es injusto estar bajo el sol mientras ustedes se quedan aquí cantando
en un lugar fresco y con sombra.

Al oír las reclamaciones, Arthit abrió los ojos sin tener que fingir estar
sorprendido. 0062 anteriormente se molestaba con el líder de las novatadas y
levantaba la voz para dar a conocer su descontento, pero nunca su voz había
sido tan furiosa. Sin embargo, Arthit no podía quedarse atrás así que levantó la
voz severa que usaba en las reuniones y se hizo paso hasta llegar a él.16

–Si no puedes soportar algo tan simple, ¿Cómo vas a aguantar trabajar en el
futuro? No todos los empleos son en una oficina acondicionada 0062.1

–¡Yo puedo hacer cualquier cosa! ¡Sé que algunas tareas que das son útiles,
estoy de acuerdo con eso! Pero esta tarea no tiene ningún propósito, sólo estas
siendo injusto con nosotros.

La respuesta del líder de las novatadas alcanzó a Kongpob como un golpe en el


rostro, dándose cuenta de que con sus palabras había despertado en Arthit un
instinto de autodefensa que se basaba en ser irracional y malvado.

–Ya veo, ¿Puedes hacer cualquier cosa? Entonces ve al mar tú solo a enfriar esa
cabeza tuya hasta que se te bajen los humos de grandeza. ¿Mi enseñanza es
suficientemente útil para ti?7

La orden de Arthit fue dada con tanta fuerza que todos en la playa se quedaron
en silencio, sus ojos mirando alternadamente entre la persona quien dio la
orden y al novato al que fue asignada. Kongpob permaneció por algunos
momentos en silencio, antes de dar media vuelta y dirigirse al mar para ejecutar
la orden.

El novato se sumergió en el mar hasta la cabeza. Su cuerpo y corazón se


sintieron pesados.

Kongpob no sabía la razón por la que quiso comenzar una pelea con Arthit,
reclamarle cuando él ni siquiera estaba consciente de ellos. Se había molestado
gradualmente con los comentarios de sus compañeros, tomando toda la
envidia que sentían como un sentimiento de molestia propio. Era injusto, sí,
pero Kongpob se enfureció sin pensarlo al verlo reír y lo único que hizo fue ir a
hacerle frente para gritarle toda su frustración.7
Y por supuesto, el resultado no fue bueno.

Kongpob sólo logro irritar a Arthit y recibir un castigo. Y si lo pensaba bien, ese
viaje era su oportunidad para hablar de forma amigable con el líder de las
novatadas ya que Arthit parecía estar especialmente benevolente con todos a
su alrededor. Pero, el hecho de que esa oportunidad se fuera a la basura no era
culpa de nadie más que de él.

¿Arthit estaba muy molesto? Kongpob se pasó una mano por la cara
recordando el odio en la mirada de Arthit.

Kongpob pensó que tal vez si debía enfriar su cabeza, tal y como Arthit le había
dicho. Cerró los ojos y se hundió en la frialdad del mar para sofocar sus
emociones. Él sabía nadar perfectamente así que no tuvo problema en
sumergirse. Estuvo debajo del agua tanto tiempo que comenzó a sentir que le
faltaba oxígeno, y cuando estuvo a punto de salir del agua sintió una fuerza
desconcertante tirando de él hacia atrás. En el momento siguiente, escuchó
grito a centímetros de sus oídos.

–¡Kongpob, respira! ¡Por favor abre los ojos!20

La primera cosa que Kongpob vio fueron los ojos asustados de Arthit. No sabía
exactamente qué era lo que estaba pasando, él abrió la boca para hacer una
pregunta y recordó que fue lo que había pasado. Sintió su cuerpo ser arrastrado
lejos del mar y por ello comenzó a tragar agua. Por ello cuando trato de hablar
en su lugar Kongpob escupió el agua salada del mar, causando la preocupación
de Arthit se relajará. Kongpob se dio cuenta de que Arthit estaba sosteniéndolo
cautelosamente entre sus brazos.8

–Gracias al cielo que estas bien Kongpob. No te preocupes ya llamamos a las


enfermeras, ellas no tardaran en llegar, dime ¿Tuviste un calambre? ¿Te picó
una medusa?12
Arthit, quien seguía horrorizado, empezó a exigirles a sus amigos que
apresuraran a los encargados de emergencias médicas. Entre sus gritos la voz
de Kongpob fue suave y baja.

–No es necesario P'Arthit, estoy bien.

El novato se levantó, pero no se alejó de los brazos de Arthit.4

–¿Cómo vas a estar bien? ¡Te estabas ahogando!

–Simplemente estaba nadando.

–¿Y por qué te has sumergido por tanto tiempo?

–Tú dijiste que debía enfriar mi cabeza y yo sólo seguí tus órdenes.12

Las explicaciones de Kongpob congelaron a los espectadores. Algunos


sorprendidos y otros, horrorizados.

Arthit miró a su alrededor y luego al chico en sus brazos y el pánico se


transformó en culpa. ¿Entonces el novato estaba diciéndole que era culpa
suya? ¿Decirle a Kongpob que entrar en el agua para enfriar su cabeza era la
razón por la que él casi se ahogaba? Eso era una tontería. ¿Quién habría
pensado que realmente lo haría? Ese novato estaba demente.

La ansiedad de Arthit creció con frenesí, su cuerpo estaba temblando. El líder


de las novatadas apretó los puños.

–¿Eres estúpido? Si te ordeno que vayas a morir, ¿Lo harás? ¡Usa la cabeza!21

En la voz de Arthit había una amplia gama de sentimientos entremezclados,


pero la rabia que era la más distinguible fue de un tono diferente. Arthit había
comenzado a hablar rápido y en voz baja, maldiciendo para sí mismo hasta que
fue interrumpido por una enfermera. Ella se acercó a ellos en compañía de
Fang.
–¿Qué fue lo que pasó?

–¡Nada! ¡Fuera de aquí novatos! ¡Las actividades de hoy se cancelan!

Arthit dio la orden para ahuyentar a todos de la playa y cuando los novatos de
alejaron en grupos para retirarse, el grupo de veteranos hizo lo mismo. Em se
acercó a Kongpob para ayudarlo a ponerse de pie.

–¿Qué pasó? ¿Estás bien?

– Si, está todo bien.

–¿Sabes cuánto me preocupé? Pensé que te estabas ahogando, le dije a los


demás que llevabas mucho tiempo en el agua y Arthit fue el primero en correr
al mar.

Las explicaciones de Em hicieron que Kongpob viera la situación con mejor


claridad.

Pensó en la actitud de Arthit después de haberlo sacado del mar, su voz y


expresión asustada, y entendió que Arthit estaba realmente preocupado por él.
Capítulo 19
Regla número diecinueve para el estudiante de primer año: "El engranaje
tiene un significado importante"16

–Entonces ¿Qué opinas Kongpob? ¿Kongpob? ¿Me estás escuchando?

Kongpob regresó su atención a la conversación en la que estaban sumergidos


sus amigos. Se encontraban en una de las cabañas bungalows junto a la playa,
planeando el tema de su presentación para esa noche. Fragmentos de la
conversación llegaron a él, incompletos y sin sentido, en donde sus amigos lo
incluían en los planes y Kongpob sólo asentía sin saber que era lo que en
realidad decían. Entonces, en algún momento alguien le hizo una pregunta de
la que no se enteró y todos los rostros se giraron en su dirección a la espera de
su respuesta.

–Sí, te escuché–Kongpob respondió con una sonrisa, tratando de despejarse. –


Estoy de acuerdo.

Después de escuchar su consentimiento, May se encargó de hacer correr la voz


sin saber que Kongpob no entendía del todo que era con lo que había estado
de acuerdo. La mente de Kongpob había hecho a un lado todo lo ajeno a los
eventos de ese día. Unos que dejaron una huella profunda no sólo en su corazón
y en la de los novatos, sino también en esa persona. En quien no podía dejar de
pensar.

Arthit estaba enojado con él.

No como usualmente lo estaba porque siendo honesto consigo mismo, Arthit


vivía enojado con él.7

Esa vez la rabia era distinta.


Y su enojo no era una sorpresa. Kongpob pensó tanto sobre los
acontecimientos de ese día que quería golpearse a sí mismo con fuerza. Había
actuado de forma estúpida e impulsiva, y no pensó en las consecuencias a las
que sus acciones podían llevarlo. Kongpob había querido simplemente
extinguir el calor de sus emociones en el agua fría, algo que provocó que
muchas personas se preocuparan. Sobre todo, la misma persona que le dio la
orden de ir al mar. El mismo que fue el primero en correr a ayudarlo por pensar
que estaba en problemas.

Kongpob recordaba el rostro severo de Arthit, su voz llena de ansiedad y sus


ojos asustados a pocos centímetros de su rostro, algo que Kongpob interpreto
como genuina preocupación.

Arthit había estado muy asustado de que algo le sucediera a Kongpob. Pero,
cuando Arthit se dio cuenta de que ese incidente ocurrió sólo por la estupidez
e imprudencia de Kongpob, se sintió como si hubiese sido golpeado justo en la
cara. Sus intenciones fueron desechadas a la basura como una burla, y toda su
preocupación se transformó en ira.

Kongpob quería disculpase con Arthit, pero no sabía que era lo que le diría. No
tenía ninguna excusa para justificarse. Y aunque no tenía idea de que era lo que
sucedería, Kongpob salió a dar una vuelta alrededor del recinto esperando
encontrarlo. Pero Arthit no estaba en ninguna parte.

Finalmente, después de una hora de estar caminando sin un rumbo especifico,


fue arrastrado por sus amigos. Se rindió de tener un momento a solas con Arthit
para disculparse, y siguió a los demás novatos al comedor, con la culpa aun
palpable en su corazón.
Kongpob sentía que tenía demasiados pensamientos en su cabeza,
torturándolo mientras daban vueltas y vueltas en su mente. Así que suspiró y
exhaló con fuerza, como si tratara de deshacerse de su tensión emocional.

Esa noche iba a haber una presentación de parte de los novatos, y después de
todos los eventos estaban organizados por los veteranos, y ya que Arthit era el
líder de las novatadas, estaba obligado a asistir. Kongpob sabía que lo que fuera
que tendrían que hacer esa noche los novatos, iba a ser difícil, después de todo,
era la última batalla que tendrían que lidiar. Y él estaba decidido a hacer todo
lo posible para probarle al líder de las novatadas que merecía ser llamado un
estudiante de la facultad de ingeniería.

Y también, esperaba que al ver su esfuerzo, Arthit accediera a escucharlo.

Después de que los novatos cenaran, recibieron la indicación de reunirse en el


auditorio de conferencias, en donde todos los años se realizaba una ceremonia
con estudiantes de todas las generaciones, desde el primer año hasta el
cuarto.4

Era un evento abierto, iniciado por el discurso de un estudiante de cuarto año,


cuyo encargado fue Dear. Después, un grupo de estudiantes de cuarto tocó
canciones acompañadas con guitarra que provocaron la admiración y ovación
de los novatos. Tampoco faltaron los gritos emocionados de algunos de ellos,
quienes en su mayoría, fueron chicas.

Seguido de unas cuantas canciones populares, el grupo de animación


conformado por estudiantes de segundo año dio una presentación
humorística, contando chistes que representaban con una actuación sobre
actuada. Ellos adelantaron su acto debido a que los estudiantes de tercer año
dijeron no estar listos, así que cuando su turno terminó se esperaba que el
grupo de estudiantes de tercero a cargo de las novatadas subiera al escenario.
Algo que no pasó. Aun no estaban listos. Algo que obligó a los novatos a
adelantar su presentación.

Kongpob entró en escena, subiendo al escenario para comenzar a desempeñar


su papel. Algo que no le fue particularmente difícil. La trama de la obra que
presentarían fue inventada por May, una en donde representaron el primer día
de un novato en la universidad. El hacer nuevos amigos o reencontrarse con
antiguos, la primera reunión, y decir algunos de los consejos que aprendieron
de sus mayores.

Kongpob no fue el personaje principal, en realidad, no tuvo más de tres líneas.


Tampoco se quedó mucho tiempo en el escenario. Serian dos apariciones, y
cuando bajó después de la primera, se alejó hacia un espacio solitario en lo que
el tiempo de su siguiente aparición llegara. Algo que le dio la oportunidad de
observar a su alrededor. Pronto su mirada se fijó en un grupo de estudiantes de
tercer año contemplando la presentación de los novatos. Entre ellos, Kongpob
identificó el rostro de la persona a la que había estado buscando durante todo
el día.

Un par de novatos estaba ayudando a acercar al escenario lo necesario para la


presentación de los de tercer año. Así que Kongpob se acercó a ofrecer su
ayuda. Estaba aliviado de ver a Arthit ahí, justo como esperaba que sucediera,
ya que él era el líder de las novatadas.

Ver a Arthit hizo que Kongpob sintiera una especie de alivio a sus pensamientos
persistentes, así que se dijo a si mismo que definitivamente no iba a perder la
oportunidad de pedirle disculpas al líder de las novatadas. Decidiendo que ese
era su objetivo de la noche se dirigió hacia él.
Pero, de repente Kongpob se encogió con un escalofrió recorriéndole la
espalda, y deteniendo sus pasos al instante en que escuchó las palabras de un
novato resonar en el escenario.

– ¿Ves este engranaje? Esta insignia es el símbolo del orgullo de un estudiante


de ingeniería. Así que dime, si no te lo doy ¿Qué es lo que harás?

– ¡Voy a quitártelo!20

Kongpob giró la cabeza hacia el escenario, viendo con absoluto horror la escena
en representación a la primera pelea que habían tenido él y el líder de las
novatadas. Aquella frase que usó para molestar a Arthit, yendo en contra del
respeto que debían tenerle a las generaciones mayores.

Kongpob no tenía ni idea del qué era lo que estaba pasando. Así que corrió de
vuelta al pie del escenario en donde estaba May, la organizadora de la
presentación.

–May, ¿Por qué agregaron esa escena a la obra?

Ella lució sorprendida.

– ¿Lo olvidaste? Te pregunté si no había algún inconveniente en agregarla y tú


estuviste de acuerdo en hacerlo.

Kongpob se quedó mudo, y forzó a su cerebro a recordar en que momento


había dado su autorización para algo tan desastroso como eso. Y la respuesta
llegó como agua fría a su cabeza, seguramente discutieron sobre ello cuando él
estaba distraído y dio su consentimiento sin saberlo. Y lo peor de todo... ¡Arthit
estaba en el auditorio e iba a escucharlo todo!

La escena no se detuvo. El pánico de Kongpob no hizo más que aumentar.1

– ¿Cómo piensas quitármelo?


–Voy a convertirte en mi esposa, después de todo, dicen que los amantes lo
comparten todo. Si te hago mío, tu engranaje también lo será.10

Aplausos ruidosos y alegres llenaron el auditorio. Ese dialogo estaba


firmemente grabado en la memoria de los novatos. Pero, con respecto al
auténtico autor de esa frase, sus sentimientos no eran de todo eufóricos, al
contrario, Kongpob se sentía avergonzado.2

Kongpob se dio cuenta que, desde el primer encuentro, se había esforzado


constantemente en irritar a Arthit. Si él hubiese hablado de esa forma con otro
mayor, probablemente ese día hubiese conseguido una paliza, siendo
acorralado por algún grupo de veteranos molestos por una falta de respeto de
esa magnitud. Además de que Kongpob ni siquiera recordaba que sus palabras
hubiesen sido tan sugerentes, en un tono sucio e irrespetuoso.3

Lo había humillado frente a todos los novatos y el grupo de novatadas y Arthit


no tomó represalias. Si, el líder de las novatadas le dio un castigo difícil como
una pequeña venganza a sus palabras, pero al final, todo lo que Arthit hacia
tenía un trasfondo lleno de buenas intenciones. Algo que hizo que Kongpob
deseara estar más cerca de él.

Kongpob quería saberlo todo sobre Arthit. Más que cualquier otra persona. E
incluso, cuando se daba cuenta de que su realidad era totalmente diferente,
Kongpob sentía celos de esas pequeñas cosas que no sabía sobre él, celos de la
amabilidad de Arthit para con los demás.16

Todas las veces en que Kongpob vio a Arthit ser amigable con alguien él sentía
una inexplicable sensación de envidia, dejándole un mal humor que perduraba
durante la mayor parte de su día. Sólo porque él y Arthit nunca habían tenido
una conversación verdadera.
Kongpob quería comenzar de nuevo con Arthit. Pero ¿No era demasiado tarde
para alejar el sentimiento negativo de Arthit cada vez que hablaban? Esperaba
que no. Kongpob necesitaba disculparse, hacerlo y que Arthit aceptara su
arrepentimiento.

Y después, posiblemente, algún un día, ellos podrían volverse cercanos.1

Pero esa idea se desvaneció en ese instante, con los ojos de Kongpob mirando
simultáneamente al escenario y a Arthit que no dudo en correr lleno de ira a
interrumpir la obra. Él se subió a la tarima y les gritó a todos en el auditorio tal
y como lo hacía en la sala de reuniones de la facultad.

– ¿Qué es tan divertido novatos? Yo no estoy riéndome. Son muy valientes para
hacer esta actuación, ¿Creen que después de esto merecen recibir el
engranaje?– Arthit se dirigió a los novatos que minutos antes estaban
actuando, y les heló la sangre con su mirada furiosa. – ¡Ustedes, largo del
escenario!

Los novatos sobre el escenario bajaron tímidamente tan rápido como pudieron,
siguiendo la orden al pie de la letra. Todos en el auditorio estaban aterrados,
aunque May, quien había sido la guionista de la obra, era probablemente la más
asustada. Se suponía en realidad, que la obra terminaría con los alumnos
rebeldes entendiendo la motivación de los castigos dados por los veteranos y
estos se sentirían agradecidos con sus mayores por intentar corregir sus
acciones. Pero el objetivo final de la obra se fue abajo cuando el líder de las
novatadas les impidió terminar la presentación, siendo malinterpretados.1

– ¡Todos, cierren los ojos! ¡Cabezas abajo! ¡Ahora!

Los novatos agacharon la cabeza tan bajo que sus frentes prácticamente
tocaron el suelo, fue entonces cuando las luces en el auditorio se apagaron
súbitamente la oscuridad cubrió la habitación haciendo la situación más
siniestra.

Todos los estudiantes de primer año en la sala estaban temerosos de ser


castigados con no recibir los codiciados engranajes, o en caso totalmente
opuesto, de estar a punto de someterse a otra de esas pruebas que requerían
un gran esfuerzo justo como el día de la lucha por la bandera.

El silencio invadió el auditorio por varios minutos, provocando que el miedo se


instalara en los corazones de los novatos, sintiendo la presión del momento
sobre sus hombros. Y de repente, se escuchó una cuenta regresiva. Esa voz no
provenía de un lugar lejano, estaba saliendo de las bocinas frente al escenario.
Una proyección comenzó a reproducirse.

En la pantalla se mostró una película con los alumnos de tercer año lidiando
con ejercicios similares a los de la novatada, después, fue turno de los de
segundo año, el grupo de animación cantando los himnos de la universidad y
facultad además del grupo médico, corriendo de un lado a otro para
proporcionarle soporte a los estudiantes en las actividades físicas. Por último,
vídeos de los alumnos de primer año, situaciones que los novatos recordaban
bien. Aquellas donde obtuvieron la bandera y cuando obtuvieron pulseras
blancas atadas por sus veteranos para tener buena suerte en los estudios.

Cada escena de la película resaltaba memorias de los momentos que habían


pasado juntos. Transmitiendo un mensaje sobre la amistad, sacrificio y espíritu
de unidad. La película apenas y duró diez minutos, pero estos fueron suficientes
para producir una impresión tan fuerte en los novatos que no lograron poner
sus sentimientos en palabras.

Entonces, cuando la película terminó y la pantalla duró unos segundos en


negro, una imagen de los integrantes de la novatada apareció. Ellos estaban
sentados en una banca hecha de piedra cerca del edificio principal de la
facultad de ingeniería. El líder de las novatadas, Arthit, tenía una expresión
confundida, igual a alguien que no sabía cómo actuar exactamente. Entonces
él le habla a la cámara, o en realidad, a quien la sostiene.

– ¡Oye! ¿Ya está grabando?

– ¡Está grabando! ¡Habla!

– ¿Qué? ¿Por qué yo?

– ¡Tú eres el líder! Vamos ¡Di lo que quieras!

El hombre en la pantalla seguía inseguro y perdido, pero al final, después de


hacer mala cara a la pantalla se aclaró la garganta y comenzó a hablar. La
misma voz firme que usaba al ser el líder de las novatadas.

–Alumnos de primer año, posiblemente estén al tanto que todas las pruebas y
actividades que afrontaron antes de estar aquí fueron preparadas por nosotros,
los alumnos de tercer año. Hemos estado observando su desempeño a lo largo
de tres meses, y el propósito de las novatadas, que es y siempre ha sido, que los
estudiantes del primer año aprendan lo que es la unidad, esta logrado. Por lo
tanto, si en algún momento lastimamos o herimos sus sentimientos, les
pedimos una disculpa. Así que, por último, quiero decirles que así como ustedes
debían pedirnos permiso cada vez que querían hacer algo, ahora, nosotros,
queremos pedir el de ustedes–los ojos de Arthit vieron directamente a la
cámara, como si estuviera mirando a los ojos de todos los novatos, y ellos, a su
vez, escucharon atentamente. –Novatos, ¿Nos dejan ser sus veteranos?25

La última frase hizo que la habitación entera quedara en silencio. En aquel


momento, los novatos comenzaron a comprender que la relación entre un
estudiante mayor y menor, o incluso entre los alumnos de distintos
departamentos, no se basaban en amenazas y órdenes, ni en competencias
sobre quienes eran más privilegiados por el principio de la antigüedad. Las
relaciones entre compañeros de facultad se construían sobre la base de
aceptación a los demás, en igualdad de dirección. Ya fuera de los alumnos
mayores a los novatos, o de los de menor grado a los de grados superiores.

– ¡Si la respuesta es positiva, los estaremos esperando en la playa!1

Las palabras resonaron en las bocinas y la pantalla del proyector se apagó. Por
supuesto, los novatos no podían rechazar a los veteranos, menos con ese tipo
de solicitud, así que rápidamente se levantaron de sus asientos para ir a la
playa.

¿Cuál fue su sorpresa cuando vieron que la playa estaba inundada con la luz
mágica de muchas velas dentro de pequeñas copas, todas ellas colocadas en
dos filas paralelas? Los estudiantes mayores de todos los años estaban de pie a
lo largo del camino, mientras esperaban por los novatos. Y sólo una persona era
la que estaba un paso al frente de ellos, bloqueando el sendero iluminado por
la luz de las velas.4

El líder de las novatadas estaba en una posición relajada, pero confiada. Él les
dirigió una mirada sincera y calurosa a los estudiantes de primer año antes de
hablar en alto.

– ¡Novatos! ¡Detrás de mi están los engranajes, justo al final del camino! ¡Ahora,
es tiempo de que cumplir mi último deber como líder de las novatadas y
guiarlos hacia ellos!14

Después de terminar su discurso, Arthit se sentó en la arena junto al grupo de


las novatadas, y alumnos del grupo de animación. Entonces, estando frente a
frente unos de los otros, se tomaron de los codos formando una especie de
puente con sus brazos.
A aquello se le llamaba un puente vivo, a través del cual los alumnos de primer
año pasarían hacia el título de verdaderos estudiantes, adquiriendo el orgullo
sumado de todas las piezas que lo conformaban.

Durante toda la ceremonia se escuchó el himno de la facultad de ingeniería,


algo que hizo la atmósfera aún más solemne y al mismo tiempo, armoniosa. Los
alumnos de primer año caminaron de la mano de un par de veteranos que los
ayudaron a atravesar el puente vivo, uno que tenía cinco metros de largo. Y
aunque la longitud del puente era pequeña, los novatos se sintieron culpables
de dejar caer el peso de sus cuerpos sobre los brazos unidos de sus alumnos
mayores. Sobre todo de la primera persona en esa cadena quien asumió el
mayor esfuerzo de sostener el primer paso. Pero todos los novatos estaban
conscientes de la simbología detrás de aquel acto.

–Perdóname, P'Arthit. –dijo Kongpob en voz demasiado baja.

Arthit, por un momento, levantó la mirada hacia el novato que estaba por subir
al puente. Y en cuanto lo vio, él bajó los ojos con indiferencia, como si no
estuviera interesado en Kongpob. Las disculpas desaparecieron en el aire, y
Kongpob decidió quedarse con el sentimiento de culpa para sí mismo. Kongpob
no sólo se disculpaba por hacer que Arthit soportara su peso en sus brazos, él
quería hablar y proponerle al líder de la novatadas comenzar de nuevo, pero al
parecer, el tiempo para ello todavía no había llegado.

Por lo tanto Kongpob decidió que lo mejor que podía hacer en ese momento
era atravesar el puente vivo, construido por el esfuerzo unido de sus mayores,
y guiado por sus veteranos avanzó hacia el hombre al final del camino quien
estaba listo para darles los engranajes. Esa persona era el representante de la
generación mayor, el mismo que fue el líder de las novatadas el año anterior.5
En las manos de Dear estaban los engranajes, sobre los cuales se gravó el
departamento y el número de la generación a la que pertenecían. Al ver al
novato acercarse, Dear tomó uno de ellos del resto de colgantes y lo puso en
alto.

–Novato, ¿Cuál es tu nombre?

–Kongpob.

–Escuché que fuiste tú quien tuvo la idea de agradecerle a Arthit el día de


capturar la bandera, ¿Es cierto?

Kongpob estaba un poco desconcertado del porqué Dear le estaba


preguntando eso justo en ese momento, pero aun así, se sacudió la confusión y
respondió.

–Sí.

– ¡Esa fue una gran idea!–exclamó Dear, entonces su palma tomó el hombro de
Kongpob. –Escucha, ¿Quieres convertirte en el próximo líder de las novatadas?

La proposición hizo que Kongpob, además de estar ya sorprendido y extrañado,


se sorprendiera.

– ¿Yo?

– ¡Si, tú! Tienes tiempo de pensarlo, al menos hasta que termines el segundo
año, pero por ahora vamos a suponer que el lugar ya está reservado para ti,
¿Qué dices?

Dear habló tranquilamente, con una sonrisa agradable sobre los labios.
Kongpob no entendió por qué fue invitado a ser el próximo líder de las
novatadas, pero no tuvo tiempo de hacer preguntas al respecto, ni de dar una
respuesta a la propuesta.
Dear dejó caer en su mano el engranaje.

–Ten, toma. Este es el símbolo de la facultad de ingeniería. El engranaje tiene


muchos significados, así que cuida de él.

El novato escuchó atentamente a la historia que el veterano comenzó a


contarle sobre el verdadero valor y significado del engranaje, algo que al mismo
tiempo, era una enseñanza de parte de la generación más vieja a la más joven.
Entonces Kongpob, cuando Dear terminó con su pequeño discurso, se despidió
con respeto y se dirigió hacia sus compañeros, dándole la oportunidad al
siguiente novato de obtener su engranaje.

Después de que todos los novatos tuvieron sus engranajes, ellos al igual que los
estudiantes de grados mayores. En conjunto, todos comenzaron a cantar los
himnos de la facultad y de la universidad, algo que también era parte de la
ceremonia, y última parte de una tradición que se llevaba a cabo año con año,
la novatada.

Y cuando la ceremonia terminó, la celebración de aceptación a la nueva


generación dio inicio. Una fiesta hilarante preparada por los alumnos de tercer
año para sus nuevos compañeros de primer año, con alcohol y karaoke.

Por supuesto que los amigos de Kongpob iban a tratar de arrastrarlo a beber
con ellos a pesar de que él intentó escapar de sus insistencias. Tenía una tarea
importante que realizar aún pendiente, y ansiaba poder llevarlo a cabo lo antes
posible. Llegar a un entendimiento mutuo con Arthit.

Pero él no estaba por ninguna parte.

A lo largo de la ceremonia de la entrega de los engranajes, Kongpob se encontró


con la mirada de Arthit unas cuantas veces. Pero, cuando el evento llegó a su
fin, y todos comenzaron a retirarse en diferentes direcciones, Arthit logró
escaparse de los ojos insistentes de Kongpob. Él fue a buscar a Arthit a la mesa
de los veteranos sin tener éxito en encontrarlo.

Kongpob comenzaba a ponerse nervioso. Pensó que era una lástima que él no
tuviera en su poder el teléfono de Arthit, para así llamarle y preguntarle en
donde estaba. Mientras se lamentaba Kongpob tuvo una idea de donde
conseguir su número telefónico y con eso en mente regresó al lugar en donde
todos estaban celebrando. En ese momento, a pasos de la mesa de los
veteranos, la atención de Kongpob fue capturada por la sombra de un hombre
que caminaba por la playa hacia los bungalows e inmediatamente lo reconoció.

Kongpob notó un detalle en el brazo izquierdo de Arthit estaba vendado. El


mismo que utilizó como puente para que los alumnos de primer año pisaran.
Por supuesto que estaba herido, y Kongpob se sintió culpable que fuera tan
grave que hubiese necesitado asistencia médica. Y aunque Arthit no mostró
sufrimiento y permaneció impasible durante la ceremonia, en ese momento no
dejaba de sobar su brazo.

Kongpob apresuró el paso para alcanzar al líder de las novatadas por la


espalda, esperando no asustarlo.

– ¡P'Arthit, necesito hablar contigo!

Arthit se detuvo a medio escalón, pero no reaccionó a la llamada de Kongpob,


él simplemente se quedó quieto y en silencio. Dejando que el novato
comenzara la charla. Por ello, Kongpob fue directamente al grano.

–Quiero disculparme.

Las palabras que Kongpob dijo venían desde su corazón. Él realmente deseaba
hacerle entender a Arthit que estaba arrepentido y tener la oportunidad de
enmendarlo. Así que sin darse cuenta, Kongpob miró a Arthit con ojos llenos de
esperanza. Algo que Arthit ignoró y respondió en su tono usualmente frío.2
– ¿Disculparte? ¿Por qué?

–Por todas las veces en que te hice enojar.

–Si sabías que iba a enojarme, ¿Por qué lo hiciste de todas formas?

Aquella fue una breve y cierta observación que lastimó el corazón de Kongpob.

El novato se mantuvo en silencio, incapaz de encontrar una respuesta. Después


de todo, ni él mismo podía darse una razón válida del porqué lo hizo. Del porqué
nunca pensó en las consecuencias.

Kongpob se hizo esa misma pregunta muchas veces en su cabeza. ¿Por qué
hacía enojar a Arthit? ¿Por qué le gustaba irritarlo? ¿Por qué justo en ese
momento buscaba disculparse?3

–Bueno, yo...–tartamudeó confuso.

Kongpob intentó encontrar las palabras correctas, pero Arthit sólo suspiró igual
a un hombre al que se le estaba agotando la paciencia.

–Déjalo ya, estoy harto de pelear contigo.3

Arthit cortó el momento y negó con la cabeza, huyendo de ahí hacia la mesa de
los veteranos, dejando a Kongpob en la playa a oscuras y con una sensación
pesada en su corazón.

Eso era todo. Había perdido la última oportunidad de hablar con Arthit.

Era lo justo. ¿Cuantas veces molestó a Arthit por simple diversión? ¡Por
supuesto que el líder de las novatadas estaba cansado de él!

Kongpob fue ignorado. Dejado de lado por una persona que había
desempeñado un papel importante en su vida. Un hombre al que apenas había
conocido tres meses atrás pero que, sin darse cuenta, podía recordarlo todo de
él. Cada instante, cada pelea.
El mismo hombre que se había convertido en una motivación para lograr lo que
se propusiera.2

Un hombre por el que Kongpob comenzó a sonreír y alegrarse de las pequeñas


cosas.15

Alguien único a quien Kongpob había conocido en un momento incierto de su


vida, al que quería conocer a fondo, hasta saberlo absolutamente todo sobre
él.1

Kongpob nunca había conocido a nadie así. Y esa persona estuvo ahí frente a él
todo el tiempo. Arthit.

Pero con la novatada terminada, Kongpob no tendría más formas de hablar con
Arthit si él no quería lidiar más con él. Incluso si todavía podía buscarlo en la
facultad, Kongpob no se atrevería a molestarlo.

Kongpob encerró sus sentimientos en el fondo de su corazón, girándose en


dirección opuesta de camino a la playa. Pero no tuvo tiempo de dar un paso
cuando algo frío le tocó el cuello. El novato se encogió por la sensación, y se
giró hacia el objeto causante de su irritación. Entonces sus ojos se abrieron,
porque delante de él estaba el mismo hombre que segundos antes le dijo que
no quería volver a hablar con él. Arthit le entregó una lata de cerveza, su rostro
aburrido mientras sostenía el objeto en alto.22

– ¿Quieres?–preguntó.

Sorprendido, Kongpob aceptó la cerveza helada. Seguía mirando al hombre


que creyó no volvería encontrarse, al menos, por el resto de la noche. Arthit se
sentó en la arena, abriendo la lata de cerveza mientras en su rostro se deslizaba
una expresión satisfecha.

Kongpob no pudo resistirse a decir justo lo que estaba en su cabeza:


–Pensé que ya no querías hablar conmigo.

–Yo no dije eso. Dije que no quiero pelear contigo, y si tú quieres hablar,
hagámoslo, siéntate–respondió Arthit antes de dar su primer trago. – ¿O ya no
quieres hablar?

– ¡No! Si, si quiero. –Kongpob se apresuró en responder, feliz de que Arthit le


diera otra oportunidad.17

El novato se sentó en la arena a unos centímetros de Arthit, sin saber que era lo
que Arthit estaba pensando, ni tener idea de la razón de su comportamiento.
Aunque, a juzgar por su actitud relajada, Kongpob se planteó la posibilidad de
que el líder de las novatadas dejó su rivalidad de lado y ya no estaba enojado
con él. Incluso le había llevado una cerveza.

Algo que podía ser considerado como un acto de camaradería, una ofrenda de
paz.

Kongpob abrió la lata de cerveza y miró las estrellas brillando en el cielo, más
bellas de lo usual. Una leve brisa paseaba por la playa, y el sonido de las olas
era relajante. La atmósfera tenía un aura de término, algo relajante. Kongpob
inició la conversación con una pregunta, una a la que había estado deseando
su respuesta por un tiempo.1

– ¿Por qué te convertiste en el líder de las novatadas, P'Arthit?

–Me obligaron.

La respuesta fue simple y sincera, lo que sorprendió a Kongpob de sobre


manera, tanto que casi escupió su trago de cerveza. Arthit continuó explicando.

–P'Tum fue el líder de las novatadas cuando yo era un novato, así que fue él
quien me eligió para que siguiera sus pasos.
Kongpob se acordó de aquella reunión, cuando los miembros mayores del
código 0062 y 0206 los invitaron a cenar.

–En realidad yo no quería este puesto, el líder de las novatadas tiene muchas
obligaciones, y yo no estaba listo para ellas, principalmente porque soy un
hombre temperamental. Cuando agarré el cuello de tu camiseta el primer día
de las reuniones casi estuve a punto de perder mi posición como líder por
romper las reglas. Debí haberte regañado pero no tocarte. Mis amigos me
defendieron, se echaron la culpa por no haberme detenido a tiempo. Así que,
de acuerdo a la costumbre, si un miembro se equivoca, la culpa se divide entre
todos. Por ello, P'Dear lo dejó pasar al ser el primer descuido de mi parte. El
castigo, porque debía haber uno, sólo fue correr veinte vueltas por el estadio.

Aquello que ocurrió entre bastidores de las reuniones de los encargados de la


novatada era algo que Kongpob no sabía. Pero incluso así, él recordaba que ese
fue el único día en que vio la verdadera naturaleza de Arthit, porque después de
ese accidente siempre buscó darle explicaciones razonables a sus actos. Y si
Kongpob lo pensaba a fondo, la única razón por la que Arthit había perdido la
paciencia en esa reunión, era por culpa suya.

El novato se dio cuenta de su error, e inevitablemente las palabras se deslizaron


por sus labios.

–Lo siento.

–Como sea, eso ya está en el pasado. Además, te di un castigo por tu insolencia.

Arthit se encogió de hombros y bebió de su cerveza, mirando hacia el frente


como si no hubiese nada más que decir. Sus ojos fijos más allá del filo del mar,
mientras que el novato a su lado formulaba su próxima pregunta.

– ¿Recuerdas cuando apostamos en la competencia de luna y estrella de la


universidad?
Aquello era algo que Arthit casi había olvidado, pero al escucharlo por supuesto
que regresó a su memoria. Y él, como un verdadero hombre de palabra, no
desvió el tema. Arthit asintió en respuesta.

–Sí, lo recuerdo ¿Ya te decidiste?

–Sí, respecto a eso, ¿Estas libre el próximo sábado?10

–Lo estoy.

–Perfecto. Quiero ir a comprar algunas cosas, así que ¿Vendrías conmigo?4

– ¿Eso es todo?

–Sí.

En dos meses que el ganador de la apuesta había ocultado su deseo, y en los


cuales Arthit pensó que su contrincante había pensado en algo grande y
desarrollado que lo humillaría, Kongpob al final le pidió algo tan simple.

–Está bien.

Al oír la respuesta Kongpob sonrió ampliamente.

–Entonces dame tu número de teléfono, te daré el mío también.15

Kongpob se apresuró en tomar su celular para teclear el número de Arthit


cuando él hizo una cara amarga.

– ¿Cuándo vas a quitarte eso?

Kongpob se sorprendió al escuchar esa pregunta, entonces sus ojos subieron


de su pantalla a los ojos de Arthit, después al lugar al que estos veían.

–Eso–apuntó Arthit, señalando la mano izquierda del novato.

La pulsera blanca atada en su muñeca.


– ¿Qué tiene de malo usarla? Me gusta–respondió Kongpob, sonriendo con
suavidad. Él miró directamente a los ojos de Arthit, con sus ojos brillando en
emoción, algo que Arthit no entendió. Pero, al tener los ojos insistentes de
Kongpob queriendo transmitirle algo que él no entendía lo puso lo
suficientemente nervioso para desviar la mirada.9

Antes de cualquiera de los dos continuara la conversación, alguien a sus


espaldas los interrumpió.

– ¡Arthit! ¡Arthit, maldita sea! ¿Dónde demonios estas? ¡Ven aquí, ahora!2

Los amigos de Arthit le exigieron que volviera. Así que él se levantó de un salto.

– ¡Ya voy!–respondió sacudiéndose la arena.

– ¡Espera P'Arthit!

El líder de las novatadas no tuvo tiempo de irse porque Kongpob se levantó


igual de rápido para detenerlo.

–Tengo algo para ti.

– ¿Qué cosa?

–Ven, dame tu mano.8

Arthit miró al novato con una expresión clara que expresaba su molestia al
hecho de que Kongpob fuera siempre tan complicado. Y aun así, cedió a tender
su palma. Cuando Arthit vio a Kongpob meter su mano en su bolsillo y sacar un
objeto que coloco en su mano, Arthit frunció las cejas. Era una cosa pequeña, la
misma que acababan de entregar a cientos de estudiantes de primer año.

El engranaje de generación.20

– ¿Por qué me lo devuelves?–gritó Arthit mientras seguía parpadeando, atónito.


Debía adivinarlo. Ese novato normalmente hablaba sin pensarlo, y no era
sorpresa que Kongpob estuviera buscando nuevas razones para buscar
conflictos. ¿Devolver el engranaje dado por sus veteranos? ¡Eso era un
comportamiento verdaderamente ofensivo! Más para él quien era el líder de las
novatadas.

Pero no le dio tiempo de enojarse. Él novato fue rápido en explicarse.

–No, no te lo estoy devolviendo. Sólo quiero que lo cuides en mi lugar.

– ¿Yo? ¿Por qué?5

En lugar de responder, Kongpob hizo una mueca sorprendida.

–Tú... ¿No sabes sobre su significado? Pensé que sabías lo que representaba.
Bien, si quieres saberlo creo que deberías preguntarle a P'Dear sobre ello.

Esa respuesta absolutamente no era lo que Arthit esperaba. Aquello sólo lo dejó
aún más confuso. ¿Cuál era el significado del engranaje? Y ¿Por qué debía
preguntarle a P'Dear sobre este? Además, siendo él el líder de la novatada, ¿No
debería saberlo?1

Arthit iba a abrir la boca para maldecir a Kongpob pero los gritos de uno de sus
amigos lo distrajeron.

– ¡Arthit, apresúrate! ¡La mesa entera te está esperando, ven ya!

Arthit miró a Kongpob una última vez antes de dar media vuelta hacia la mesa
de los veteranos. Kongpob no quiso añadir más y sólo lo observó partir, viendo
aun una expresión de molestia en el rostro de Arthit mientras aceptaba el
engranaje y lo guardaba en su bolsillo.4
Mientras Arthit trataba de beber y divertirse, observó a P'Dear sentado en la
misma mesa que sus amigos. Él, el mismo guardián del misterioso secreto del
que hablaba Kongpob. Uno que Arthit quería descubrir.1

–P'Dear ¿Cuál es el significado de los engranajes?

El anterior líder de las novatadas miró al actual con una ceja levantada. Dear
acercó el cuerpo hacia Arthit.

–Esa es una pregunta extraña. ¿Tan rápido y ya estas borracho Arthit?–dijo con
una carcajada. –El engranaje es una señal de unidad para nosotros, algo
representativo para la facultad de ingeniería, por lo que no es fácil de conseguir.

Después de escuchar la respuesta, Arthit se sintió aún más enojado. Él mismo


había dicho eso a los novatos, lo explico cientos de veces, y aun así había caído
en el juego de 0062. Estaba cansado de desperdiciar su fuerza para tratar de
entender a ese novato insolente.

Arthit tomó la lata de cerveza, bebiendo su contenido de un solo trago. Dear no


había terminado su discurso, había algo importante que no mencionó.

–El engranaje es nuestro corazón, el corazón funciona como un engranaje. Si le


das tu engranaje a alguien más, es lo mismo que darle tu corazón.56

La cerveza en la boca de Arthit fue casi derramada de sus labios,


atragantándose cuanto intentó retenerla. Dear le dio una palmada en la
espalda para aliviar su tos.2

–Bebe poco a poco, no hasta ahogarte. Ve, estas totalmente rojo. En serio, con
tan poco ¿Ya estas borracho?

Dear bromeó, pero Arthit no se río. El líder de las novatadas ni siquiera discutió.
Él simplemente asintió y se limpió los labios con el dorso de la mano.
–Sí, estoy un poco borracho.

Sí, eso debía ser. Aquella tenía que ser la razón de la extraña sensación
esparciéndose en su corazón. Además, su rostro debía estar rojo contra su
voluntad, debido a la cerveza y la brisa del mar. Todo por tomar tanta cerveza
y mirar constantemente al cielo, contemplando el cielo estrellado.22

Así que eso era lo que significaba un engranaje.

El engranaje que había recibido de Kongpob.


Capítulo 20
Regla número veinte para el estudiante de primer año: "Se claro con los
veteranos"

— ¡Novatos, asegúrense de que ninguno de sus amigos se aleje! Si olvidamos a


alguien ¡No volveremos por él!—gritó una de las integrantes del grupo de
animación.13

Kongpob estaba en el autobús número tres, uno que partiría hacia la provincia
de Rayong ya que las celebraciones dedicadas a los estudiantes de primer año
se dieron por terminadas.

En ese momento eran casi las once de la mañana, la hora en que había más
movimiento aunque los estudiantes dando vueltas por el lugar estuvieran un
poco inconscientes, aun sufriendo los efectos de la resaca. Por ello, los
estudiantes de grados mayores les pidieron a los novatos que se abstuvieron de
beber que ayudaran a sus amigos adormilados a no quedarse sin un lugar en el
autobús que les correspondiera. Todo con el fin de que cada miembro de la
facultad de ingeniería llegara a salvo a la universidad.

Em estaba sentado en el asiento a un lado de Kongpob, igual a la primera parte


del viaje. Ambos en silencio esperando a que los novatos que aún no salían de
sus camas se les unieran.

Después de su conversación con Arthit, Kongpob fue a su bungalow, donde él y


sus amigos tuvieron una reunión privada para conversar, la cual se llenó de
risas. Por ello, Kongpob no podía decir que durmió exactamente bien, ni que
tenía la fuerza necesaria para participar en las actividades que el grupo de
animación imponía en el autobús. Su garganta estaba algo seca para cantar, y
le dolía el cuerpo para bailar.2
Cuando el autobús se puso en marcha su siguiente parada fue un pequeño
descanso para comprar recuerdos locales, antes de volver a sumergirse un par
de horas más en el camino restante a la universidad. Todos los alumnos del
primer año estaban encantados con el viaje, había sido un recuerdo único que
se quedaría grabado en sus mentes.

Hasta que algo inesperado sucedió.

—Oye, Kongpob ¿Hueles ese olor a quemado?—Kongpob se quitó los


auriculares en sus oídos al escuchar a Em. Él asomó la cabeza sobre los
asientos, después sus ojos fueron hasta el sistema de aire acondicionado.
Kongpob frunció la nariz al aspirar el olor desagradable.

— ¿De dónde viene ese olor?—preguntaron algunos, justo en el momento en


que Kongpob entendió la situación.

Pero, para mala suerte de sus compañeros novatos, no todos comprendieron


que era lo que estaba pasando, asustándose de muerte cuando el autobús
comenzó a atracarse, obligando al chófer a detenerse en la esquina de la
carretera. El motor estaba quemándose.

El personal docente y los chicos del grupo de animación estaban preocupados,


después de todo era su obligación cuidar de sus compañeros de primer año. Por
lo que se bajaron del autobús para cuestionar al chófer sobre el estado del
motor. Este les dijo que estaba sobrecalentado y que continuar el viaje con un
motor en ese estado era imposible. Además de que ese era sólo su diagnóstico,
por lo que él no sabía a ciencia cierta cuál era el verdadero problema.2

Los novatos salieron del autobús para curiosear además de que el interior era
completamente insoportable. El aire acondicionado no funcionaba, por lo que
el ambiente sofocante daba la sensación de no haber aire suficiente para
respirar.4
Aun así, los novatos tuvieron la suerte de que el autobús se detuviera en un
lugar cubierto por la copa de algunos árboles altos, dándoles la oportunidad de
esconderse del sol abrasador sobre sus cabezas. Pero, al mismo tiempo, el
colapso del motor ocurrió en un lugar desolado, lejos de cualquier taller, y si el
autobús estaba descompuesto iban a tener que esperar mucho más tiempo
para poder regresar a casa.

Y al parecer, el destino fue hostil con los novatos, porque apenas el chófer abrió
el compartimento trasero del autobús, el motor dejó salir todo el humo y vapor.
Eliminando cualquier duda. Estaba claro que el motor realmente había
colapsado.

—Por lo visto tendremos que esperar a que el motor se enfríe, y buscar un nuevo
autobús. —dijo el chófer luciendo cansado, el hombre parecía tener poco más
de cuarenta años.

El motor se había sobrecalentado por la falta de agua, y no había nadie a quien


culpar por ese incidente. Posiblemente este necesitaba un poco de
mantenimiento, nada grave, pero por el poco camino recorrido y la gran
cantidad de horas faltantes para llegar a la universidad, era muy probable que
el autobús no resistiría.

La solución al problema no se encontró, pero la ayuda sí que lo hizo. Un


segundo autobús se estacionó detrás del que llevaba a los novatos. Era el
número cuatro, en donde iban los alumnos de tercer año. Y, por supuesto, la
persona a cargo que debía ser el líder de las novatadas, fue quien salió a
preguntar sobre la situación.

— ¿Qué sucedió?

—Se sobrecalentó el motor—los miembros del grupo de animación repitieron


el mismo diagnosticó que dio el chófer. Y Arthit inmediatamente fue hacia el
compartidor del motor para verlo por sí mismo. Él negó con la cabeza al ver el
desastre y después de tomar una decisión se giró hacia sus compañeros.

—Fang, llama al autobús uno y al dos, diles que disminuyan la velocidad. Hay
que procurar que la distancia entre nosotros no aumente.

Fang inmediatamente asintió, ella se encargó de hacer las llamadas. Primero al


autobús uno en donde iban los alumnos de segundo año, después al dos, en
donde estaba el resto de los novatos. Y por último al cinco, aunque Arthit no se
lo dijo, después de todo ahí iban los alumnos de cuarto año, algunos egresados
y profesores.

Cuando el autobús cinco llegó, uno de los chicos del grupo de animación se
apresuró a contárselo al jefe de carrera de ingeniería industrial. El profesor se
acercó a inspeccionar y en unos pocos minutos determinó la causa del
colapso.2

—Al parecer es el cilindro de refrigeración del motor, una pieza se rompió y


hubo una fuga lo que ocasionó que se sobrecalentara. No se puede reparar sin
desmantelarlo por completo, o al menos el área afectada. Y a lo que veo, se
necesita cambiar la pieza y manguera adjunta...—algunos estudiantes dejaron
de escuchar las explicaciones del profesor, dándose cuenta que el problema
que ellos creían que se arreglaría con sólo esperar, terminó siendo algo serio. Y
aún no había una solución a la mayor preocupación de los novatos.

El camino de regreso aún era muy largo.

—Profesor, ¿Qué debo hacer con los alumnos de primero?—preguntó Arthit un


poco preocupado. Y lo estaba. Se suponía que la parte más importante del viaje
de iniciación, o la que imponía mayor reto, era regresar a los novatos sanos y
salvos a la universidad.
El profesor también lo sabía por lo que frunció la nariz antes de finalmente
sugerir una solución.

—Distribuyan a los chicos entre los dos autobuses, si el espacio no es suficiente,


veré que puedo hacer para conseguir otro autobús.

Arthit asintió. Si, al por lo visto esa era la única solución rápida. Así que siguió
el consejo del profesor y comenzó a pedirles a todos que se acercaran a un
autobús, repartiendo en cantidades similares a los novatos y sus equipajes.

Por defecto, eran cincuenta los pasajeros para los que un autobús estaba
diseñado, y ya que estaban añadiendo otros veinticinco más, prácticamente el
espacio libre en el autobús dejó de existir. Estaba lleno de maletas, cajas del
grupo de animación, botellas de agua, y chucherías. Tan poco era el espacio
que algunos novatos tuvieron que continuar el camino de pie, sosteniéndose
de los otros asientos para no caerse.

Una regla implícita de cortesía en tal situación era que los hombres debían
comportarse como caballeros, y esto también aplicaba para los veteranos,
quienes abandonaron sus asientos para cedérselos a algunas chicas, quienes,
la mayoría, se sentaron de tres en tres.

Arthit siendo el líder de las novatadas se ofreció a cargar con su equipaje en los
hombros, quedándose en la parte trasera del autobús, sosteniendo su mochila
al frente como si se tratase de un morral de bebe. Estar de pie era difícil, más
cuando el camino se volvía complicado y las vueltas cerradas o subidas altas le
hacían perder el equilibrio. Pero entonces la voz de un novato llamó a Arthit,
alguien cerca de donde estaba él.

— ¿Me dejas ayudarte con tu equipaje?—Arthit se estremeció al escuchar su


cercanía y ver a Kongpob dirigiéndose a él. El novato estaba sentado junto a
otro estudiante de primer año, ambos en el suelo. Estaban en un lugar reducido
junto con cajas de agua y bolsas de otros estudiantes, pero aun así, Kongpob se
las arregló para hacer un pequeño espacio extra. Y a vistas que Arthit no
pensaba contestarle, Kongpob prefirió cambiar de estrategia. —P'Arthit
siéntate aquí.

— ¡No, no! Estoy bien, puedo manejarlo—Arthit se negó rotundamente y


Kongpob tuvo que desistir de su persuasión. Una vez que el novato le dio una
sonrisa insatisfecha, Arthit desvió su mirada.

Como el autobús estaba lleno de estudiantes, no era posible exceder la


velocidad de cierto límite, por lo que el camino se hizo más largo. Los pies de
los pasajeros estaban adoloridos al igual que sus brazos, y cuando, finalmente,
después de una hora de viaje, el autobús se detuvo, todos se sintieron felices
de tener un descanso para estirar las piernas.

— ¡Hemos conseguido otro autobús! ¡Estudiantes de primer año, si alguno de


ustedes quiere cambiar de autobús pueden tomar sus cosas y bajar! ¡No olviden
informarles a sus responsables en que autobús se quedaran!—Fang exclamó
desde el frente del autobús, bajándose apresuradamente para pasar el mensaje
al siguiente.

— ¿Qué hacemos? Nuestros profesores están en el autobús dos, ¿Nos


quedamos aquí?—preguntó Kongpob.

Em se pensó la respuesta, y cuando él mencionó algunos de los nombres de sus


amigos, quienes estaban en otro autobús, Kongpob pareció interesado.
Además, su amigo hizo énfasis en que sería más agradable ir bromeando y
riendo con amigos que rodeado de veteranos. Kongpob asintió pensativo, pero
no tuvo tiempo de tomar una decisión y responder, cuando una voz los
interrumpió.
—Bajen de una vez, tomen sus cosas si van a cambiarse de autobús, y si van a
comprar comida no se alejen demasiado—Arthit dio la orden de desalojar el
autobús, llevaba paquetes de comida en sus manos, una de ellas la dejó en los
brazos de Kongpob e mediatamente se alejó hacia la puerta delantera.

En resumen, la situación terminó desarrollándose de forma en que los novatos


no tuvieran otra elección además de bajar del autobús. Kongpob tomó su
maleta y siguió a Em a la salida. Cuando el autobús estuvo desalojado, Arthit
dejó las bolsas que había estado cargando en unos asientos y se dejó caer en
los asientos traseros con vista al exterior, soltando un largo suspiro de
agotamiento.

Arthit había estado demasiado cansado por tener que soportar el peso extra en
sus hombros, y estaba deseoso por sentarse a descansar. En ese momento se
sentía sin fuerza para salir y comprar bebidas o aperitivos. No había dormido la
noche pasada por convivir hasta el amanecer con sus amigos. Así que pretendía
dormir todo el camino de regreso, pero el destino se interpuso para hacerle la
vida miserable. No sólo llenó su autobús climatizado con novatos sudorosos,
sino que puso al hombre que pensaba evitar justo a su lado.

Ese novato, el dueño del engranaje que pesaba tanto en su bolsillo y el cual
habían aceptado sin saber su significado oculto.

Arthit con cuidado había puesto el engranaje en su mochila, pensando en que


se lo devolvería a su dueño en la siguiente oportunidad posible, pero cuando se
encontró con Kongpob, fue en un ambiente demasiado agitado, por lo que no
supo que decirle al respecto.

Esa mañana mientras se bañaba antes de salir, Arthit quería gritar de


frustración. Estaba molesto porque ese novato seguía burlándose de él. Y se
juró que iba a defender su posición como líder de las novatadas y poner a
Kongpob en su lugar en cuanto lo viera. Pero, apenas lo tuvo frente a él, todo
ese resentimiento se esfumó y simplemente lo dejó ir.8

Ya no quería más enfrentamientos innecesarios. Las novatadas habían


terminado y él podía volver a su vida tranquila. Además, si evitaba a Kongpob
¿Cómo iba a devolverle su engranaje?

Arthit frotó su cabello con frustración, cuanto más pensaba en ello, su cabeza
dolía aún más. No estaba en su naturaleza luchar contra situaciones de ese
estilo, y como resultado de ello, el líder de las novatadas decidió sólo cerrar con
fuerza los ojos, esperando ahuyentar esas preocupaciones innecesarias de su
mente y poder dormir para aliviar su estrés. Pero, antes de que tuviera tiempo
de conciliar el sueño, alguien le habló.

— ¿Estás dormido, P'Arthit?—cuando el líder de las novatadas escuchó la


pregunta se vio obligado a abrir los ojos con molestia. Y entonces, cuando una
mano tocó su hombro, su somnolencia se esfumó por completo, haciendo que
se levantara rápidamente del asiento. Kongpob estaba frente a él con su maleta
al hombro y una pequeña bolsa del Seven Eleven en la mano.

El novato lo miró como si esperara a que Arthit se sentara para tomar el asiento
a su lado.

— ¿Por qué regresaste? ¿Olvidaste algo?

—No, voy a quedarme en este autobús.

La respuesta confundió a Arthit, él mismo los había visto a Kongpob y a su


amigo abordar el autobús dos. Entonces ¿Por qué el novato estaba ahí de
regreso?

— ¿Dónde está tu amigo?


—Em se fue en el otro autobús, el profesor nos dijo que debíamos dividirnos
equitativamente, así que preferí volver aquí, y ¿Puedo sentarme a tu lado
P'Arthit?—preguntó el novato, Arthit miró hacia el lugar en donde Kongpob
tenía puestos sus ojos, el asiento a su lado con su mochila. Arthit con vacilación
tartamudeó sin lograr pensar en cómo ahuyentarlo.

¿Cuál era la mejor forma de hacerlo sin que pareciera que estaba tratando de
evitarlo? Podía dejarlo sentarse con él y simplemente irse al final del autobús
con sus amigos.

Cuando estuvo a punto de dar una respuesta Knot entró en el autobús, y Arthit
vio a su amigo como una oportunidad de salir de aquella incómoda situación.
Pero cuando estuvo a punto de abrir la boca, su amigo interfirió con sus planes.

— ¡Arthit, baja tu mochila al suelo y deja que se siente el novato! ¿No ves que
está estorbando? Les está bloqueando el camino a los demás.23

Arthit y Kongpob voltearon para confirmar lo que acababa de decir Knot, y


efectivamente la fila detrás de Kongpob, eran novatos esperando a que se
quitara de en medio. Al final Arthit se vio obligado a bajar su mochila del
asiento. Él se giró hacia la ventana con indiferencia, mientras que Kongpob
guardaba su maleta en el compartimento superior, para después sentarse a su
lado.

El novato comenzó a hurgar en la bolsa sobre sus piernas. Arthit evitó mirarlo.

—P'Arthit ¿Quieres?—Arthit vio el paquete abierto de algas secas frente a él,


eran dos tipos, como si Kongpob le diera a elegir.

En realidad sí que tenía hambre, pero el orgullo no le permitió aceptar los


aperitivos que Kongpob le ofrecía.

—No—respondió Arthit, pero el novato no desistió.


—Entonces, tal vez quieras esto...Estaban vendiéndola fuera del Seven Eleven y
la compre para ti—Arthit, al escuchar que Kongpob había comprado algo
pensando en él se vio obligado a voltear. Sus ojos se agrandaron cuando vio lo
que el novato sostenía en su mano.

Un vaso con leche rosa.

—Ya veo, ¿La compraste especialmente para burlarte de mí?—Arthit exclamó


con enojo. Era evidente que el novato había comprado esa bebida para
avergonzarlo. Haciendo énfasis en que conocía su secreto y que podía utilizarlo
para provocarlo.3

Kongpob, en vista en que su amabilidad había sido malinterpretada, él negó


con la cabeza antes de comenzar a explicarse.5

—No es así P'Arthit, vi que estabas cansado, por lo que te compre una bebida y
bocadillos. No sé qué tipo de botanas te gustan, así que compre de varias. Pero
vi que vendían leche rosa, y sé que te gusta, y la compré. Pero si no la quieres
también tengo té verde. Vamos, tómalo, no has comido nada y aún faltan unas
horas para llegar—su respuesta tan detallada dejó a Arthit sin palabras.13

El líder de las novatadas miro a Kongpob directamente a los ojos, y nuevamente


vio sólo sinceridad, sin una pizca aparente de burla. Además, si Kongpob se
estaba preocupado por el, seria ingrato de su parte rechazarlo.

Arthit dudó mientras veía las manos tendidas de Kongpob hacia él, y sin ganas
tomó la leche rosa. Como si el malentendido no hubiese ocurrido, Arthit tomó
la pajilla del vaso y comenzó a mezclar su contenido, inclinándose en el asiento
antes de beberla. Él regresó su atención a la ventana.2

El dulce sabor de la leche de fresca realmente le ayudó a despejarse, pero eso


no hizo que el pensamiento insistente en su cabeza se fuera, al contrario, este
estaba ahí con más fuerza. Tenía cada vez más dudas.
Arthit no podía entender por qué Kongpob era tan amable con él. ¿Acaso estaba
tan metido en su papel de héroe que quería cuidar de todos a su alrededor? ¿O
era sólo un abito ser tan atento?20

Y tampoco podía entender por qué en ocasiones Kongpob parecía hacer las
cosas sólo para burlarse de él, aunque en otras fuera absolutamente sincero.
¿Cómo se suponía que entendiera bien el mensaje?

También había otra cuestión de importancia. ¿Kongpob se comportaba así con


todos, o su actitud con él era especial?3

Arthit intentó no prestar atención al novato a su lado, pero no pudo comenzar


a pensar que quizá Kongpob no lo había hecho sólo por cortesía. Él era suave,
tierno hasta cierto punto con él. Algo que ponía a pensar a Arthit cada vez
más.12

Algo similar ocurría con la historia del engranaje. Arthit no sabía que significado
tenia para Kongpob. Pero si recordaba que él enfatizó en que debía saberlo si
era un veterano. Arthit era distraído y no notó de inmediato que Kongpob
escondía algo. Antes, el novato había ido a disculparse con él por todas las
molestias que le había dado y Arthit no le preguntó la verdadera razón del por
qué lo hacía. Pero en ese momento, hacer esa pregunta no parecía muy
adecuado.

Por lo tanto, Arthit intentó ignorar sus irritantes preguntas mentales, y se


concentró en bebe hasta el final su leche rosada, sin despegar la vista de la
ventana. Sin embargo, la persona a su lado estaba luchando contra los latidos
de su corazón, callando todas las preguntas que quería hacerle al veterano
junto a él.

Kongpob no encontró el coraje para preguntarle a Arthit si ya había preguntado


por el significado del engranaje. Él suponía que aún no debía saberlo, por qué
de lo contrario, él seguramente se hubiese ido a otro asiento, ignorándolo. Pero
ahí estaba él, sentado en la misma pareja de asientos, algo que le daba cierta
esperanza al novato. En ocasiones, Arthit hacia expresiones graciosas, pero
Kongpob trató de no reírse, simplemente lo observó a escondidas.14

Kongpob imaginó que, Arthit, al ser un hombre y recibir el corazón de un


hombre, como lo era el engranaje, debía ofender al líder de las novatadas. Por
lo que no quería sacar el tema a flote, ya bastante osado fue darle el engranaje.
Aunque, ni él mismo sabía que esperaba con hacerlo.

No sabía por qué lo hizo, o si fue la atmósfera de la playa lo que lo animó a


hacerlo. Tal vez por lo significativo que era que Arthit y él tuvieran su primera
charla amigable. Pero Kongpob sabía que no podía culpar a la agradable
atmósfera de ese día por todo. En realidad, cuando lo hizo se sintió bien,
satisfecho de darle su corazón a Arthit.7

Le gustaba mirar a Arthit de lejos, o cerca. Quería estar con él, cuidarlo o
ayudarlo. Saberlo todo sobre sus gustos o inseguridades.4

Kongpob no podía darle nombre a sus sentimientos. Su cabeza se drenó de


pensamientos cuando un peso cayó sobre su hombro. De inmediato se dio
cuenta de que era la cabeza durmiente de Arthit, quien involuntariamente se
quedó dormido y por el movimiento del autobús terminó así.

Kongpob sonrió.

Dejó de cuestionar sus sentimientos por el momento, porque la respuesta clave


llegó a él. Para Kongpob, Arthit era la persona más importante.9

Y eso era suficiente.

El autobús siguió durante varias horas más hasta que finalmente se detuvo
frente a la universidad. Los alumnos comenzaron a moverse, cargando sus
cosas y avanzando a la salida. Pero, una persona aún seguía durmiendo.
Kongpob tuvo que aceptar que era momento de despertar a Arthit, aunque él
no quisiera hacerlo.

—P'Arthit, despierta, ya llegamos.5

Arthit se frotó los ojos. Se acurrucó hacia la almohada a su lado, era suave y
cómoda. Pero, era caliente y se movía, algo que una almohada en definitiva no
hacía. El líder de las novatadas retrocedió al darse cuenta de que estaba
acurrucándose en el hombro del chico a su lado. No sabía cuánto tiempo había
pasado en esa situación, y estaba profundamente apenado, incluso enojado
consigo mismo por ridiculizarse hasta ese punto.10

Por suerte Kongpob no se rio de su reacción.

Arthit se dio un par de palmadas en sus mejillas para obligarse a despertar,


fingió que no había ocurrido nada y se puso de pie. El autobús debía haber
llegado a las seis, pero estaban retrasados por dos horas. Así que todos estaban
ansiosos por llegar para poder irse a sus casas a descansar. Por lo que cuando
comenzaron a descargar el equipaje, rápidamente salieron al exterior.

Arthit agarró su mochila además de dos paquetes de agua embotellada bajo el


asiento. Pero con ambas manos ocupadas no pudo tomar uno de ellos.

—Te ayudaré con eso P'Arthit—Kongpob se ofreció en ayudarle, y Arthit asintió,


dejándolo que cargara con uno de los paquetes. — ¿A dónde lo llevo?

—Aquí, sigueme—Arthit guío a Kongpob hacia el resto de las cosas de los


alumnos de segundo año.

Una vez que Kongpob y él dejaron los paquetes de agua, el novato estaba listo
para irse con sus amigos, cuando una voz lo detuvo.

—Espera.
— ¿Si?—Kongpob se giró hacia Arthit quien tenía el rostro lleno de dudas. Algo
que duró poco, porque de inmediato la máscara fría del líder de las novatadas
apareció.

—Nada, yo sólo te iba a agradecer, ya sabes, por ayudarme.

—No hay nada que agradecer P'Arthit, me hace feliz ayudarte. —Respondió
Kongpob con una sonrisa, viendo a Arthit con esos ojos sinceros que tanto lo
confundían. Entonces él dio media vuelta y se dirigió a su grupo de amigos que
habían comenzado a llamarlo.2

Y con eso, Arthit perdió su oportunidad de hacer la pregunta que tanto


consternaba su corazón.

Preguntarle a Kongpob si sentía algo por él. Si lo veía de forma diferente.13

Pero principalmente sabía que no hizo la pregunta por una razón. No temía
escuchar la respuesta, en realidad, era porque no sabía que era lo que él quería
escuchar.

Si Kongpob le respondía que sí, ¿Qué iba a hacer Arthit? ¿Cómo debía
responder?

Y si Kongpob respondía que no. Entonces Arthit definitivamente tendría que


poner un alto. Decirle que ya no fuera tan amable con él.
Capítulo 21
Regla número veintiuno para el estudiante de primer año: "Los novatos
tienen derecho a elegir"

Kongpob creía firmemente que estaba actuando como normalmente lo haría.


Se puso una camiseta ajustada, una chamarra oscura, pantalones negros y
unos zapatos hasta el tobillo. Vio su aspecto en el espejo para acomodar su
cabello, y se repitió que no era por algo en especial. Al final se aplicó un poco
de colonia Armani Acqua di Gio, sólo porque le gustaba ese olor. Únicamente
por esa razón.41

Ese era un día cualquiera.

Nuevamente, nada especial.3

Kongpob se miró una vez más, y su sonrisa nerviosa le hizo admitir lo que había
estado negándose toda la mañana.

Para él, ese no era un día común.13

Kongpob se propuso ser especialmente cuidadoso, no sólo en su elección de


palabras, sino en mantener la paciencia y buscar una forma de averiguar cuáles
eran sus sentimientos. En realidad estaba un poco avergonzado mientras
esperaba a Arthit frente al establecimiento en que acordaron encontrarse. Eran
unos cuantos minutos antes de la hora acordada, y aun le quedaba tiempo para
relajarse, pero aquello parecía una tarea imposible a pesar de que se suponía
que esa era sólo una reunión amistosa para comprar un par de cosas.

Kongpob sacudió la cabeza, él estaba confundido por su nerviosismo. Estaba


experimentando la misma sensación nerviosa de estar a punto de encontrarse
con alguien con quien quedó para una cita. Y la situación era totalmente
opuesta a eso.8
Aunque, posiblemente había una explicación para su ansiedad. Esa era la
primera vez que él y Arthit estarían solos de verdad, y en definitiva, el novato
quería hacerlo todo bien para no hacer enojar a Arthit. Pero, antes siquiera de
empezar, su plan pareció estar destinado al fracaso, porque tan pronto como
Arthit llegó al lugar de encuentro él hizo una cara molesta, frunciendo las cejas
apenas verlo.6

—Lo siento si esperaste mucho tiempo, pero es culpa tuya por sugerir una hora
tan temprana—, Arthit se quejó. Ni siquiera dándole al novato un saludo cordial
antes de ello.4

Kongpob miró a Arthit que había llegado con un aspecto agitado. Las once de
la mañana no era para nada una hora temprana. Eso era casi medio día.19

Arthit seguía con la cabeza agachada, recuperando el aliento. Cuando levantó


la vista para ver a Kongpob frente a él, su boca se abrió y cerró al instante,
arrugando los labios con molestia al ver la diferencia en la vestimenta entre él
y el novato.

Arthit llevaba una camisa con la cara de Che Guevara, pantalones vaqueros y
unos zapatos sencillos de lona. Kongpob pensó que Arthit vestía muy casual,
con un aspecto relajado y cómodo. Y que en definitiva, se veía muy bien, tanto
que no podía apartar sus ojos de él. Hasta que la voz de esa misma persona
volvió a hablarle.14

—Bien, ¿Y qué es lo que necesitabas comprar?—preguntó Arthit y Kongpob tuvo


que volver en sí mismo para evitar tartamudear al hablar.

—Algo, pero quiero que me ayudes a elegir. —No había terminado de decirlo
cuando una sonrisa boba se plasmó en su rostro. Kongpob estaba sonriendo,
ante la idea de guardarlo en secreto. Así que sin muchas explicaciones llevó a
Arthit con él a la tienda que tenía pensada.
El líder de las novatadas siguió al novato con cierto desconcierto en el rostro.
En primer lugar seguía irritado por el comportamiento sospechoso y misterioso
de Kongpob, en segundo, le molestaba el aura que 0062 emitía ese día. Una
especie de sensación hipnotizaste al verlo.12

Arthit sabía que Kongpob era atractivo, pero verlo vestido así, como modelo de
portada de revista, le molestaba sólo porque los hacia ver como un príncipe
acompañado de su esclavo. El líder de las novatadas frunció la nariz a la idea de
que la gente pensara que el novato sólo iba con él para que le cargara las
bolsas.24

Aunque Arthit estaba irritado por sus pensamientos, estaba consciente que su
apariencia no era una razón válida para juzgar a una persona, menos por su
forma de vestir. Así que simplemente siguió a Kongpob por los pasillos del
centro comercial hacia las escaleras para ir después al área de juguetes de una
de las tiendas. Vio al novato detenerse en algunos juegos educativos para niños,
de esos que nadie quería y eran utilizados como regalos. Pero fue sólo un
instante antes de que Kongpob los descartara y fuera directamente a las
muñecas y peluches. Arthit se detuvo a unos metros mientras Kongpob tomaba
un oso de peluche café con un vestido rosa y un oso polar con un traje azul. Él
se giró hacia Arthit con una sonrisa en el rostro, enseñándole ambos peluches.

— ¿Cuál te gusta más? No me puedo decidir.

Arthit parpadeó sorprendido, observando al novato, la luna de la universidad,


sosteniendo dos osos de peluche en sus manos, agitándolos frente a su rostro.
El líder de las novatadas intentó mantener la calma, pero aun así no pudo
resistir reírse a medias mientras trataba de no burlarse.

—No lo sé, no creí que tuvieras esos gustos.4


Kongpob, que acababa de ser malinterpretado, abrió los ojos con sorpresa
antes de comenzar a negar con la cabeza y explicarse apresuradamente.

— ¡No, no! ¡Es para mi sobrina! Mañana es su cumpleaños y quiero comprarle


un regalo.

Arthit asintió comprendiendo la verdadera situación.

—Entiendo, y ¿Qué edad tiene?

—Cumple tres años, es la hija de mi hermana mayor.

— ¿Tienes una hermana mayor?

—Sí, aunque en realidad son dos, la diferencia de edad entre nosotros es de casi
diez años. Yo soy el más joven de la familia. Y tú, P'Arthit ¿Tienes hermanos o
hermanas?1

—No, soy hijo único.3

Kongpob pareció un poco sorprendido al escuchar la respuesta, pero para él


tenía sentido. Posiblemente esa era la razón de que Arthit estuviese
acostumbrado a asumir la responsabilidad del grupo y a liderar, algo que en
situaciones, Kongpob no hacía, ya que estaba acostumbrado a dejarse llevar
por los deseos de los demás, después de todo era el menor de su familia.4

Arthit pensó en lo que Kongpob acababa de decirle, descubrir que el novato


tenía una hermana mucho mayor que él era una señal de que había crecido en
una familia experimentada, siendo el bebé de todos y cumpliendo sus
caprichos por ser joven. Algo por lo que posiblemente era tan obstinado y hacia
todo lo que quería sin pensar en las consecuencias. Como por ejemplo en ese
momento, que invitó al líder de las novatadas a escoger el regalo de su sobrina,
sin preguntarle si él sabía algo sobre juguetes para niños.
Arthit suspiró con pesadez antes de mirar a su alrededor, buscando en otros
aparadores en donde había juguetes más modernos y costosos. Después se
aclaró la garganta para intentar dar algún consejo.

— ¿Qué es realmente lo que quieres darle a tu sobrina? ¿Algo para que juegue o
prefieres que sea más educativo? Ahora venden muchos juegos diferentes,
algunos dicen que ayudan al desarrollo del cerebro de los niños. He visto en
Internet que hay una masa especial para hacer figuras moldeables para hacer
otras figuras, así como los Lego. Cuando era pequeño, los juguetes más
llamativos para los niños eran las pistolas láser, pero tú no sabes de eso,
seguramente debiste usar juguetes más modernos.6

Kongpob no dijo nada, pero era gracioso escuchar a un tipo de veintiún años
quejándose como un viejo sobre su descontento por las generaciones más
jóvenes. Pero aquello era porque Arthit creía firmemente en que los estudiantes
de primer año actuaban completamente diferente a su generación, y eso se
debía a que los profesores y el ambiente para ellos eran más accesibles. Los
novatos se sentían intimidados por todo, no tenían carácter, y Arthit estaba
cansado de todos esos niños llorones. Y tal como sospechó, el novato frente a
él, no estuvo de acuerdo en lo que dijo.

—P'Arthit, tenemos una diferencia de edad de sólo dos años.

Arthit percibió la burla en la voz del novato, dándole a entender que creía que
la diferencia de dos años era pequeña, y que prácticamente pertenecían a la
misma generación. Por lo que sus quejas estaban mal aplicadas y que sólo
serían validas si tuvieran al menos diez años de diferencia. En resumen, el líder
de las novatadas se sintió incomodo por lo que acababa de decir, sin embargo,
se las arregló para ocultar su vergüenza bajo una cara fría y una respuesta
arrogante.
— ¿Y eso qué importa? Yo nací primero que tú, y por ello soy más viejo y sabio.
¿Vas a discutir eso también?15

—No, no lo discuto—, respondió Kongpob con las manos y peluches en alto,


reconociendo su derrota. Pero la sonrisa en sus labios y la diversión en sus ojos
fue más que suficiente para que Arthit se diera cuenta de que, en parte, acababa
de decir una estupidez. Aun así, le había ganado. Kongpob admitió su derrota.

Arthit, satisfecho por haber tenido la última palabra decidió cambiar de tema y
volver a la pregunta inicial.

— ¡Dame esos peluches y ve a ver que más hay!—Arthit tomó ambos osos de
peluche de las manos de Kongpob, y el novato se limitó a obedecer y se fue a
mirar otros estantes de juguetes. Mirando disimuladamente al líder de las
novatadas concentrado mientras evaluaba ambos osos de peluche: El blanco y
el café.

Aunque la imagen de Arthit, un hombre de expresión cruel, con dos peluches de


aspecto tierno se contradecía a sí misma, había definitivamente algo hermoso
en observar esa escena. Tal vez el hecho de que Arthit se estuviese esforzando
tanto en ayudarle a decidir la elección correcta, era lo que hacía que Kongpob
se sintiera feliz al verlo.6

Además, Arthit siempre tomaba la elección correcta, sin importar la situación.3

Aunque Kongpob usualmente contradecía a Arthit, en la mayoría de los casos


era porque trataba con su faceta de líder de las novatadas con el que solía estar
en desacuerdo en muchas cosas. Pero ese personaje no era Arthit en su
totalidad. Y él quería conocerlo de verdad, no sólo como el líder de las
novatadas. Sino ha Arthit siendo él mismo.

Kongpob quería saber cómo pensaba Arthit y la forma en la que él miraba al


mundo. A veces tenía pequeños vistazos de ello. Incluso, en ocasiones, a
Kongpob le parecían divertidas algunas opiniones de Arthit, o acciones que ni
él mismo se daba cuenta que hacía.

Arthit era más viejo que Kongpob, y claramente había pasado por más
experiencias que él, pero Kongpob no veía al líder de las novatadas como otro
de sus muchos veteranos, en él veía su personalidad única. Tanto que en el
pasado había actuado sin antes tener en la mente que él era el más joven de los
dos. Y que le debía respeto a Arthit. Algo que constantemente creo problemas
entre los dos. Principalmente porque Arthit resultaba ofendido.

Pero, pese al pasado, Kongpob en el fondo sabía que Arthit no era una persona
rencorosa, y que sus malas acciones no traerían malos resultados para su futura
amistad.18

Arthit interrumpió el flujo de sus pensamientos, cuando puso uno de los osos
de peluche, el café, frente a su cara. Al parecer, él ya había hecho una elección.

—Creo que este es mejor, además, el blanco podría ensuciarse fácilmente ¿No
lo crees?

—Perfecto, entonces creo que voy a comprar ese—, Kongpob respondió al


instante, pero el hacerlo enojó a Arthit.

— ¿Simplemente vas a aceptar lo que te diga? ¡Piénsalo bien Kongpob, es un


regalo para tu sobrina!

El duro regaño de Arthit hizo que Kongpob se quedara en silencio. En realidad,


la elección de un regalo había sido sólo un pretexto para invitar a Arthit a dar
un paseo ellos dos solos, pero al parecer, Arthit se había tomado eso como una
tarea seria. Y si era así, Kongpob tenía que cambiar de estrategia y adoptar una
actitud más seria sobre la elección.
— ¡Pero opino igual P'Arthit! Creo que vale la pena el café, incluso pensé que el
vestido rosa podría gustarle más a mi sobrina, pero el blanco es más grande.
Aunque, con lo que acabas de decir, ya me he decidido.

Al escuchar la respuesta, y darse cuenta que había más argumentos que


apoyaban su decisión, Arthit asintió con aprobación. Porque, después de todo,
la elección debía ser tomada por el tío de la niña que iba a recibir el regalo.5

—Bien, voy a pagarlo.

Kongpob fue a la caja registradora más cercana, y mientras el juguete era


envuelto en papel de regalo, Arthit tuvo la oportunidad de caminar por la tienda
en donde la mayor parte de los artículos que vendían eran juguetes para niños
y algunos otros pocos para todas las edades. También había un pequeño
aparador con tarjetas de cumpleaños, graduación, bodas, y otras ocasiones
importantes.

La semana entrante era la boda de Thum y Fon, y Arthit no había siquiera


pensado en que iba a comprar para llevar como regalo. Pensó en poner un par
de billetes en un sobre, pero la idea fue descartada en cuanto sus amigos
dijeron que eso era algo muy trivial. Arthit quería darles algo que valoraran, ya
que Thum había gastado mucha energía cuidándolos cuando eran novatos.
Pero, en ese momento, no se lo ocurría ninguna idea sobre un posible regalo.

El líder de las novatadas estaba inmerso en su mente, pensando mientras


caminaba por los pasillos de la tienda, levantando y bajando la vista de los
aparadores, examinando la mercancía. Pero por más vueltas que dio no pudo
tomar una decisión. Entonces Kongpob, quien ya había pagado su compra, se
acercó a él, sosteniendo un pequeño paquete en las manos con un oso impreso
en la caja.

—P'Arthit, ¿Estás buscando algo?


—Un regalo para la boda de P'Thum. Quería comprarle algo—, explicó Arthit y
tomó un marco de boda en la parte inferior del anaquel de tarjetas. Pensó que
tal vez, durante la fiesta, se tomarían muchas fotos, y posiblemente iban a
querer enmarcar una. Algo útil y significativo.

Pero, si iban a tomarse muchas fotos ¿No sería mejor un álbum en donde
pudieran guardarlas todas?

—Creo que regalarle una tarjeta es suficiente—, respondió Kongpob


ofreciéndole una de ellas.

— ¿Una tarjeta? ¿No crees que es muy simple?—Arthit miró al novato con duda,
llegando a la conclusión, de que al parecer, Kongpob estaba decidido a tomar
decisiones simples ese día.

Pero Kongpob negó con la cabeza, explicándole a Arthit por qué lo creía.

—Por supuesto que no, porque el regalo no es la tarjeta en sí, sino las palabras
que escribirás dentro. Creo que a P'Thum le gustará. Además es romántico—,
argumentó Kongpob pensando en que su explicación convencería a Arthit.

Pero, claramente no fue así. Arthit enseguida protestó.

—Es la boda de P'Thum, ¿Por qué demonios querría ser romántico? No es una
estúpida carta de amor.

—Si ese es el caso, entonces no se la des a P'Thum, y escribe una carta de amor
para mí.46

Arthit sabía que para Kongpob esa era solamente una broma, pero aun así, se
quedó callado.8

¿Realmente entre amigos se jugaban ese tipo de bromas? Él no lo sabía.26


Pero, de lo que Arthit podía estar seguro era que esa chispa de esperanza con
la que Kongpob lo veía en ese momento, en definitiva, no existía entre dos
amigos.27

Una vez más, Arthit pensó en la pregunta que había querido hacerle al novato
desde que habían vuelto del viaje.

Esa pregunta incomoda a la que no encontraba respuesta por sí mismo...Si


Kongpob se sentía como Arthit pensaba que él lo hacía. Arthit sabía que un día
tendría que hacerla, tarde o temprano le preguntaría a Kongpob para darle fin
a sus dudas. Entonces, ¿Por qué no hacerlo en ese momento? Y dependiendo a
la respuesta él podría entender la situación y darle una respuesta adecuada en
lugar de sentirse incómodo y pensar en que era mejor responder.

Arthit respiró profundo, reuniendo todo el aire que sus pulmones pudieron
soportar antes de armarse de valor y abrir la boca para preguntarle al novato
qué era lo que sentía por él, cuando una voz femenina a su espalda lo llamó.

— ¿Ai'Oon, eres tú?1

Arthit se giró hacia la voz antes de exclamar con sorpresa el nombre de la


persona frente a él.

— ¡Namtan!—dijo Arthit y ella sonrió de forma encantadora.2

— ¡Así que realmente eres tú, Ai'Oon! ¡Te ves completamente diferente! Te
dejaste crecer la barba y el cabello, incluso creí que no eras tú ¡Estoy
sorprendida! Dime ¿Qué estás haciendo aquí?45

—Vine a ayudar a uno de los novatos de mi departamento a comprar algo—,


explicó Arthit, dándose cuenta de la presencia de Kongpob junto a él. Así que
los presentó. —Este es mi amigo, su nombre es Kongpob. Ella es Namtan y
estudia en la facultad de Ciencias.2
Kongpob saludó formalmente a la chica, mientras que ella también se inclinó,
sonriendo de forma amigable. Namtan no podía ser llamada una belleza, pero
si era una chica que daba una sensación agradable, algo que la hacía ver muy
bonita. Más cuando ella sonrió y sus mejillas se colorearon en un rubor suave,
aumentando su encanto. Después de las presentaciones los veteranos se
sumergieron en una conversación mientras que el novato simplemente se
quedó observándolos.2

— ¿Y tú, Namtan, qué haces aquí?

—Estaba dando una vuelta, pensé en buscar un regalo para Jay por nuestro
aniversario.

—Ya veo. Son tres años, toda una vida. Estoy celoso.

— ¡Vamos, no te burles de mi Ai'Oon! Y tú, ¿Por qué no te atreves a abrirle a


alguien tu corazón?1

—Lo he intentado, pero no puedo olvidar a mi bella amiga Namtan.12

— ¡Todavía eres un adulador adorable! Deberíamos vernos más seguido Ai'Oon,


tal vez cuando tengas tiempo libre podrías llamarme. Hace mucho que no
pasamos tiempo los dos juntos.

—Mejor no, Jay podría enterarse y tratar de golpearme.

— ¡Estás loco! ¿Por qué él haría eso? ¡Qué intente golpearte y que se atenga a
las consecuencias!

— ¿Qué consecuencias? ¿Vas a dejar a Jay por mí?

—Me doy por vencida ¡Es imposible hablar contigo! Tú nunca te quedas sin
respuestas, siempre quieres salir victorioso, Ai'Oon. Bien, no te molesto más
tiempo. Termina tus compras, yo tengo que irme, Jay y yo quedamos de vernos
en el cine, y ya es bastante tarde.

Ella se fue y, Arthit y Kongpob volvieron a quedarse solos. Sumidos en el


silencio.

— ¿Era tu amiga?

Arthit asintió. Él acababa de decirle a Namtan que Kongpob era su amigo


cuando lo presentó. Aunque en realidad, aun no sabía lo que eran.4

—Sí, estuvimos juntos en la preparatoria—, explicó el líder de las novatadas


mirando de nuevo el aparador con las tarjetas de felicitación. Y se dispuso a
retomar el tema. Pero Kongpob no lo dejó. Las preguntas del novato no habían
terminado.3

— ¿Se conocen desde hace mucho tiempo?

—Sí, desde la secundaria, nos conocimos hace siete u ocho años.

—Ella tiene una sonrisa encantadora.

—Bueno, ella es muy bonita, así que sí, estoy de acuerdo.

— ¿Te gusta?

La mano con la que Arthit sostenía el marco de bodas, tembló. Él levantó la


mirada hacia Kongpob, quien aguardaba una respuesta. No sabía si el novato
hacia la pregunta porque había escuchado su conversación anterior o por
alguna otra razón. De todas formas, Arthit permaneció en silencio durante unos
minutos, hasta que, al final, decidió decir la verdad.

—Sí.16

Fue una sola palabra. Simple y concreta, pero que aun así, atravesó el corazón
de quien había preguntado. Kongpob se quedó mudo, mirando a Arthit. El líder
de las novatadas suspiró suavemente como si se rindiera de cualquier cosa con
la que estuviese lidiando en su cabeza, y comenzó a contarle los detalles a
Kongpob.11

—Lo hacía, antes la quería, pero ahora todo está en el pasado. En realidad,
cuando éramos cercanos, uno de mis amigos estaba enamorado de ella, y Nam
lo prefirió a él. Así que eso fue todo. Y, por lo visto, ella tomó una buena decisión,
siguen juntos después de tres años.

Con el pasado aun en su memoria, Arthit sonrió a sus recuerdos. De niños, hasta
antes de iniciar la universidad, ellos fueron cercanos. Los tres, Namtan, Jay y él.
Estaban juntos siempre, eran compañeros de clase después de todo. Cenaban
juntos y hacían la tarea en equipo. Pero Arthit no se dio cuenta en qué momento
la relación de amistad entre los tres cambió, ni cuando Jay comenzó a cortejar
a Namtan. Lo notó hasta que, en la graduación, ambos se sostenían de las
manos. Además, el hecho de que ambos estuvieran en la misma universidad
que él, hacia las cosas más incomodas y desagradables para Arthit.

—Aunque, posiblemente, fue mi culpa, fui yo quien que no le dijo que ella me
gustaba. Y en realidad no sé porque no lo hice.

En aquel entonces era una costumbre pasar tiempo con ella, él sólo bromeaba
con Namtan, dando indirectas, mientras que ella creía que Arthit la molestaba
por mero habito. Pero Namtan nunca supo lo que se escondía detrás de sus
palabras, y solamente porque Arthit no tuvo el coraje de decirle sus
sentimientos. Y entonces alguien más apareció e hizo lo que Arthit no se atrevió
a hacer.2

—Entiendo—, dijo Kongpob de repente, forzando a Arthit a fruncir los labios y


la frente con recelo.

— ¿Qué es lo que entiendes?


—Entiendo porque no te atreviste a decírselo. —No hubo más explicaciones,
pero Kongpob fue lo suficientemente transparente para dar a entender a lo que
se refería.8

Y, aunque fuera extraño, Arthit perdió todo el valor que tenía al comienzo y
dudó en preguntarle al novato. Después ese momento no parecía el indicado.

—Estas diciendo cosas sin sentido.

Arthit decidió terminar la conversación, prefiriendo no seguir con el tema. El


líder de las novatas tomó una tarjeta y se dirigió a la caja registradora a pagarla,
dejando a Kongpob solo.

El novato lo siguió con la mirada, después suspiró.

En la tarjeta elegida por Arthit estaba el dibujo de una novia y un novio, algo
que estrujó de cierta forma el corazón de Kongpob. Él había dicho que
entendía. 1

Kongpob entendía bien la razón por la que Arthit no había tenido el coraje de
dar un paso en su relación con Namtan y acercase a ella de forma diferente a un
amigo.

Esa misma razón por la que Kongpob no se atrevía a acercarse a Arthit. El mismo
sentimiento de temor a dar el paso siguiente, como si una barrera invisible y
pesada se interpusiera en su camino.5

Y esa barrera era el temor a perder la naciente amistad entre los dos.
Capítulo 22
Regla número veintidós para el estudiante de primer año: "No mirar
directamente a los ojos a tus veteranos"6

— ¡0062! ¡0062!

Arthit arqueó las cejas con disgusto antes de golpear ligeramente la espalda de
Kongpob con tres palmadas y gritar su nombre cerca de su oído.1

— ¡Kongpob!

Sorprendido, Kongpob dio un pequeño salto antes de volver a la realidad. Sus


ojos confundidos se dirigieron a Arthit, quien tenía una mirada seria y hasta
molesta, sobre él.

— ¿Sucede algo, P'Arthit?

Arthit sólo necesitó mirarlo para saber que Kongpob ni siquiera lo había
escuchado. Había sido así desde que Arthit compró la tarjeta de boda para
Thum, Kongpob no volvió a decir ninguna palabra. En cambio, el novato se
dedicó a caminar silenciosamente al lado de Arthit con el rostro tan tenso como
si el peso del mundo estuviese sobre sus hombros. Arthit lo llamó varias veces,
siendo ignorado por completo. El hecho de que Kongpob tuviera una especie
de nube negra sobre su cabeza, con una atmósfera terrible de tristeza, comenzó
a irritarlo. Por ello, él decidió ser más rudo, estaba cansado de no obtener una
respuesta.

—Si ya terminaste de buscar lo que querías, entonces vete. Tu aspecto


exageradamente miserable está colmando mi paciencia—. Arthit estaba
furioso, tanto que habló y dijo todo lo que estaba en su cabeza, expresando sus
pensamientos sobre la actitud del novato.
Kongpob se quedó callado, obligado a admitir que había estado
profundamente perdido en los problemas dando vueltas en su cabeza. En
particular, pensando en la situación en la que acababa de estar. La reunión con
Namtan, la chica que le gustaba a Arthit. Qué, aunque él había dicho que fue
tiempo atrás, Kongpob seguía sin creerlo. Aquello había hecho muchos
pensamientos contradictorios en su mente, sintiéndose extrañamente
incómodo y confundido.

Kongpob sabía que de expresar sus pensamientos a Arthit en ese momento, lo


más probable seria que el veterano terminaría molesto, igual a como había
sucedido muchas veces antes. Así que, se mantuvo callado, tratando de evitar
dar lugar a una pelea. Pero, lo que no se aseguró de evitar, fue que, con su
silencio, se pudiera volver incomoda su compañía.

— ¡No, no es eso P'Arthit! No quiero volver todavía, es sólo que tengo hambre.
Sí, es eso, ¡estoy hambriento!—Arthit se detuvo, miró la hora en el reloj
alrededor de su muñeca, viendo que las manecillas marcaban unos minutos
más de las doce y media.1

Arthit asintió conforme, determinando que 0062 no le estaba mintiendo,


después de todo, ya era medio día. En realidad, él también tenía hambre, y por
supuesto que cuando no comía se sentía de mal humor. Justo como él novato
en ese momento. Así que Arthit suavizó su voz, sintiendo empatía por Kongpob.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Qué te gustaría comer?

—Cualquier cosa, y a ti, ¿qué te gustaría comer?—Su pregunta fue devuelta, y


Arthit echó un vistazo a la zona de restaurantes cerca de donde estaban. Había
un par de locales de comida japonesa, varias cafeterías, y sobre todo, comida
rápida. En general, nada especialmente bueno, sobre todo porque la
comparación de precios y calidad dejaba mucho que desear. Algo distinto a los
restaurantes de la ciudad que eran realmente buenos, en opinión de Arthit.1

—Conozco un restaurante donde venden unos fideos excelentes. Pero para


llegar allí tendremos que tomar un autobús.

— ¿Nosotros...?—Kongpob dejó de hablar, sin perder el tiempo en preguntar


algo que no necesitaba ninguna explicación. Y la única razón era que, en
realidad, él estaría de acuerdo con cualquier restaurante, porque no tenía
hambre.

Pero era Arthit quien lo había invitado, así que cualquier restaurante que dijera
Arthit, él estaba listo para ir, aunque este estuviera al otro lado de la ciudad.
Además, los restaurantes de los centros comerciales usualmente estaban
llenos. Y a él no le gustaban los lugares concurridos.1

Kongpob, con su paquete de regalo en la mano, siguió a Arthit hacia la calle en


donde él tomaba el autobús. Este no tardó en aparecer, y cuando se subieron,
Kongpob imitó a Arthit sentándose en los asientos traseros.

El restaurante, elegido por Arthit, estaba situado cerca de un callejón, y a pesar


del pequeño tamaño del establecimiento, había muchos clientes, lo que era
una garantía de lo deliciosa que era la comida. Por suerte, ambos lograron
encontrar una mesa libre.

Kongpob vio el menú con precios los precios en este, y su elección fue de
inmediato una sopa de fideos chinos sin especias. El mesero fue hacia ellos y
Arthit fue el primero en pedir su orden.

—Voy a pedir unos fideos chinos con carne de cerdo cocido en la guarnición
especia. Y tú, ¿qué vas a querer?
—Pediré unos fideos chinos sin especias con albóndigas de carne—,
posiblemente fue la imaginación de Kongpob, pero le pareció ver a Arthit
fruncir las cejas al escuchar su pedido, como si hubiese dicho algo gracioso.

El mesero les llevó sus bebidas mientras ellos esperaban a que sus pedidos
estuviesen listos.

Cuando ambos llegaron, Kongpob ni siquiera pudo darle un sorbo a sus fideos.

— ¡Oye, oye, espera! Ten, aquí está tu plato—. Y después de decirlo, Arthit
extendió la mano e intercambió los tazones de fideos, el olor a la carne de cerdo
enseguida llegó a la nariz de Kongpob. Él protestó.

— ¡P'Arthit! ¿Estas intentando molestarme de nuevo?

¿Por qué Arthit volvía a comportase como antes? Kongpob aun recordaba el día
en que el líder de las novatadas había sustituido su arroz con huevos revueltos
con carne picada por un arroz frito con pollo y huevos fritos, acompañado con
albahaca y pimienta roja. Y que Arthit le hacía ordenado comerse el platillo
entero.

Por lo tanto, esa vez, Kongpob tenía sospechas de las intenciones de Arthit.

— ¿Quien está tratando de molestarte? Sólo quiero que pruebes este platillo,
¡los fideos con carne de cerdo son muy sabrosos! ¿No me crees?—con voz
desafiante, Arthit no dejó de mirar a Kongpob a los ojos, complacido de que el
novato no volviera a protestar.

El novato examinó el caldo de los fideos con trozos de pimienta roja flotando
en la superficie. Kongpob volvió a mirar a Arthit, él era inteligente, sabía que
Arthit tenía otras intenciones. Pero, ¿cuáles eran?

Al final, Kongpob accedió a cumplir el pedido de Arthit y comenzó a probar la


sopa, saboreando lentamente el sabor picante y preparándose para tratar de
resistirlo. Y por más increíble que pareciera para Kongpob, el sabor de la sopa
de fideos en su paladar sabía muy diferente, no tan picante y sabroso. Los
grandes trozos de carne de cerdo le daban un sabor mejor.1

La sorpresa se pudo leer en el rostro de Kongpob y Arthit, quien seguía


observándolo a la expectativa de su respuesta, no perdió la oportunidad de
fanfarronear.

—Es delicioso, ¿cierto?1

— ¡Sí! ¿Por qué no me dijiste que lo pidiera desde el principio, P'Arthit?

—Quería saber qué es lo que sueles pedir. Pero nunca pensé que ibas a pedir
tus fideos con un caldo tan simple... ¿cómo puedes comer algo tan insípido?

La risa divertida de Arthit hizo que Kongpob hiciera una expresión avergonzada.
Al parecer la escena había terminado igual, con Arthit burlándose de él, y
disfrutado de tener la razón mientras observaba la reacción del novato. Pero él
había pedido esos fideos en un caldo tan simple, porque, en primer lugar,
adoraba ese sabor y en segundo, quería comprobar si ese restaurante era
realmente bueno, y para ello, debía pedir un platillo que le gustara mucho.

Pero, si comenzaba a explicárselo todo a Arthit, no tenía la certeza de que el


veterano le creyera. Después de todo, Arthit siempre actuaba como si Kongpob
acabase de salir de la guardería, igual a un niño inmaduro. Así que Kongpob
simplemente devolvió el tazón a su dueño original y habló con voz cansada.

—Bueno, entonces lo mejor sería que te devuelva tu comida.

— ¿Te ofendí? Vamos, es tuyo, quiero que pruebes algo más sabroso—. Arthit
rio y empujó el plato de comida hacia Kongpob, sin dejar de verlo con cierta
diversión, —Además, pedí ese plato especialmente para ti.10
La sonrisa usualmente malvada de Arthit no fue una sorpresa para Kongpob, lo
que hizo que su corazón de detuviera fue la impresión que tuvo al escuchar la
última oración dicha por el líder de las novatadas.

"Además, pedí ese plato especialmente para ti."1

Eso bastó para que Kongpob comenzara a comer los fideos, escogiendo incluso
un pedazo grande de carne de cerdo cocida. El caldo era casi incoloro, pero se
notaba su presencia por las especias flotando en todo el interior del plato.

Arthit siempre se comportaba de esa manera. Parecía ser cruel pero en el fondo
era blando.3

El novato había descifrado la naturaleza de Arthit, el líder de las novatadas solía


decir palabras duras, pero su alma era la de alguien gentil. Fue difícil para
Kongpob el entender la razón del porque Arthit no demostraba su verdadero
ser a los demás.

¿Él se daba cuenta de lo aterrador que pensaba que era? ¿Arthit estaba bien con
ello? Kongpob incluso también lo creía. Pero en algún momento logró ver más
allá del exterior, y contemplar su verdadera esencia. Y no quería hacerse
ilusiones, pero Kongpob intuía que incluso Arthit actuaba diferente con él.
Kongpob se preguntó si Arthit lo sabía, si era intencional...Si sabía que era
distinto con él que con los demás novatos. Si Kongpob de cierta forma, también
era especial.2

Pero lo más confuso era el hecho de que Kongpob ya se había resignado a


desilusionarse, e incluso disfrutaba de las sutiles atenciones que Arthit tenía
con él de vez en cuando. Y, aunque no había querido pensar mucho en ello,
Kongpob tenía miedo de lo inmerso que se sentía en esa extraña relación que
había surgido entre ambos, porque entre más pasaba el tiempo, más se sentía
incapaz de poder volver atrás.
A pesar de sus preocupaciones, el novato hizo un esfuerzo por complacer al
líder de las novatadas, y así, asegurarse de que su relación, aunque fuera
lentamente, avanzara.

Kongpob se estaba poniendo a sí mismo en una situación difícil. Cada momento


que pasaba con Arthit en donde se daba cuenta de la ausencia cada vez mayor
de las paredes que el líder de las novatadas ponía entre ellos, Kongpob sentía
como parte de él caía gradualmente, agravando sus sentimientos confusos.

—0062. Oye, 0062—llamó Arthit, pero no hubo respuesta de parte del novato.

El líder de las novatadas hizo mala cara, él golpeó los palillos suavemente en el
plato de Kongpob esperando que el novato saliera de su trance.

—Kongpob, ¿en qué estás pensando? ¿Estás bien? ¿Te duele el estómago?1

Kongpob dejó sus pensamientos y regresó su atención a Arthit quien acababa


de robar un poco de caldo de sus fideos. Él lo miraba con la frente fruncida,
juzgándolo con cierto desagrado. Entonces Kongpob fingió que nada pasaba y
comenzó a comer los fideos de su plato. El sabroso sabor pareció ayudarle a
disipar sus complicados pensamientos.

Arthit lo observó unos segundos más hasta que se convenció de que Kongpob
era sólo un bicho raro distraído. Ambos comieron y pagaron sus platillos poco
después de terminar.3

Ya era tarde cuando salieron del restaurante, pero el sol aun quemaba
despiadadamente la piel de las personas que caminaran debajo de él. Arthit
entrecerró los ojos mirando hacia su alrededor.

—P'Arthit, ¿vas a ir a alguna otra parte?

— ¿A dónde voy a ir con este horrible calor?


—Tal vez podríamos ir al cine. Estaría bien sentarnos y relajarnos en un lugar
con aire acondicionado—sugirió Kongpob. El centro comercial estaba a tres
paradas del autobús, el mismo camino que siguieron para llegar, y no tenían
que caminar y sudar bajo el sol.

Arthit asintió con la cabeza.

—Bien, vamos.6

Ambos dejaron el callejón y esperaron el autobús. Esa vez tomaron otra


entrada, una que daba a las escaleras para el piso superior del centro comercial
en donde estaba el cine. Este era tan grande que acaparaba casi una tercera
parte de ese piso.

—P'Arthit, ¿qué película quieres ver?

—No lo sé...No estoy al tanto de las novedades—Arthit se encogió de hombros


y dijo la verdad. Desde que había comenzado sus deberes como líder de las
novatadas, no tuvo tiempo de ver las novedades en la cartelera.

Y en ese momento, cuando al fin dieron termino las novatadas, era medio
término de semestre, así que no tenía tiempo de descansar. Aunque, siendo
honesto, Arthit no podía llamar al cine como su lugar habitual para ver
películas. Si una era realmente popular, él prefería verla en su computadora. Y
la mayor parte de su tiempo libre lo usaba en leer cómics o jugar juegos en
línea.3

Pero al parecer, Kongpob tenía un punto de vista completamente diferente. El


novato le dijo confiadamente sus argumentos para elegir la película mostrada
en uno de los carteles.

—Entonces creo que deberíamos ver esta película. Leí que su presupuesto fue
de varios millones de dólares, y la han calificado de muy buena forma en esta
semana de estreno. La película es de Estados Unidos, y tiene buenos
comentarios de personas de todo el mundo—Arthit miró a Kongpob que
apuntaba al cartel. El novato estaba emocionado, y él, sinceramente, no tenía
ni idea de que fuera popular. Arthit ni siquiera había escuchado el título de la
película.

Pero el rostro emocionado de Kongpob fue suficiente para que aceptara.2

— Bien, veamos esa.

— ¡Genial! Espera aquí, iré a comprar las entradas—Kongpob fue directo a la fila
en la taquilla, dejando a Arthit vagar sin rumbo mientras observaba a los demás
clientes.

La mayoría de las personas en el cine iban en parejas, y los pocos que estaban
solos era porque básicamente estaban esperando a alguien en un punto de
encuentro conocido. Arthit siguió con la mirada a algunas parejas tomadas de
la mano, y aunque no lo admitiría, sentía envidia de ellas. Él quería estar en su
lugar.11

Al mismo tiempo, Arthit llegó a pensar y admitir que salir con Kongpob no era
tan malo como esperaba. Al principio el líder de las novatadas sospechó que el
novato quería usar como excusa el regalo que quería comprar para dejarlo
plantado, o hacerle alguna broma. Pero en realidad descubrió que no mentía, y
pasar tiempo junto fue agradable. Habían paseado por el centro comercial,
compraron el regalo de su sobrina, y en ese momento estaban por ver una
película. En general, estaban haciendo todo lo que las parejas normales hacían
en una... ¿cita?16

Arthit se detuvo. ¿En qué demonios estaba pensando?7


El líder de las novatadas sintió su corazón palpitar con la idea. ¡Por supuesto
que no! Arthit estaba ahí para cumplir el castigo de la apuesta, no estaban de
ninguna manera en una cita. ¿Qué clase de mierda estaba él pensando?13

Arthit sacudió la cabeza intentando apartar esos pensamientos desagradables


de su cabeza. Era todo culpa de Kongpob, él y su forma confusa de tratarlo.

Pero, de algo se dio cuenta Arthit. No estaba del todo seguro de que tipo de
relación tenían él y Kongpob.

Arthit supo desde el primer momento en que conoció a Kongpob que ese
novato era demasiado osado, y que al mismo tiempo, era un hombre que
cumplía sus responsabilidades. Dear incluso le dijo que Kongpob sería un líder
de las novatadas muy bueno para su generación. Él también lo percibió, Arthit
sabía que Kongpob tenía potencial. Si el novato mantenía sus modales y
hablaba en un buen tono, podía llegar a ser muy convincente. Y aunque no
quisiera decírselo, tenía altas expectativas en él.

Al mismo tiempo, con forme pasaba más tiempo con él, Arthit se daba cuenta
de los cambios en la actitud de Kongpob. E incluso le parecía que su relación se
había transformado en algo más que un novato y un veterano.

Arthit había querido hablar con Kongpob acerca de sus sentimientos, saber que
intenciones tenía y aclarar la situación. Pero cada vez que veía la oportunidad,
algo se lo impedía. Y terminaba actuando como si nada hubiese pasado.

No podía dejar las cosas como estaban. Era necesario aclarar la situación antes
de que avanzara o se quedara como estaba...porque hacerse el desentendido
podía ser peligroso.

Arthit tuvo que detener el flujo de sus pensamientos cuando vio a Kongpob
regresando con las entradas y un par de botanas.
Ambos se dirigieron a la sala en donde pasaron las siguientes dos horas y media
viendo la película que Kongpob escogió. Cuando salieron, Arthit comenzó a dar
su opinión con entusiasmo. La película había superado sus especificativas.

— ¡La escena de la explosión fue alucinante!, ¿piensas que murió? Debe tener
una secuela, ¿o que piensas? ¡No me quedó clara esa parte!4

—Creo que no murió. No sé si notaste que al inicio de la película el director dio


alusión a que todo el filme era en escena retrospectiva. Además, leí que está en
planes una continuación. La explosión fue increíble, la banda sonora fue
grandiosa, en realidad, creo que eso es lo que merece un Oscar.

Arthit veía las películas sólo por el contenido, nunca pensó más allá de las
imágenes vistas en la pantalla. Contrario a Kongpob que estaba elogiando la
ejecución y la música.

—Sabes mucho de películas.

—Me apasionan un poco. ¿Y a ti, hay algo que te guste hacer P'Arthit?

—No lo sé, creo que nada. No tengo un pasatiempo en específico. —Arthit dijo
pensando en su forma de vida tan... ¿Normal? Era un tipo simple con una
apariencia común.

Arthit siguió caminando, viendo su reflejo en las vitrinas de los locales vacíos,
comparando su apariencia con la del chico que caminaba a su lado. Y fue fácil
llegar a una conclusión, la balanza no se inclinaba a su favor si se comparaba
con Kongpob. Pero eso tenía sentido, después de todo estaba caminando con
la luna de la universidad.5

Arthit se sintió molesto consigo mismo. ¿Desde cuándo había comenzado a


compararse? ¿Y por qué de esa forma tan negativa?

— ¿Estas aburrido?—Kongpob se giró hacia Arthit con el rostro sorprendido.


—No—, respondió el novato. — ¿Por qué lo preguntas? ¿Ya quieres irte a casa
P'Arthit?

—No, necesito cortarme el cabello. Pero tú puedes irte, no necesitas esperarme.

Kongpob suspiró después de escuchar la explicación del líder de las novatadas,


en realidad él quería pasar más tiempo con Arthit. Pero si ya estaba aburrido,
Kongpob no podía hacer nada para evitar que Arthit se deshiciera de él.

Kongpob vio su reloj de muñeca, eran más de las cuatro de la tarde, pero el
corte de cabello de Arthit seguramente no duraría más de una hora.

—Puedo esperarte. Además, creo que hay un establecimiento en el piso de


arriba—lo que dijo Kongpob hizo a Arthit dudar. Los precios de un corte de
cabello en un centro comercial eran más costosos que en un establecimiento
convencional. Pero, por otro lado, no tenía el ánimo de buscar otro lugar donde
cortarlo. Y realmente quería deshacerse de esos cabellos sueltos ya que las
novatadas habían terminado, también por la boda de Thum.

Segundos después, Arthit cedió al consejo de Kongpob. Al parecer había dos


establecimientos para cortarse el cabello, y decidió elegir el de más confianza,
basándose por supuesto en el número de clientes sentados en las sillas de
espera.2

Arthit fue recibido en un salón agradable, fue guiado a una silla en la fila, y le
dieron un catálogo con opciones de corte de cabello masculino. El líder de las
novatadas hojeo el catálogo con interés sin encontrar nada que le llamara la
atención. Entonces sin pensarlo se giró hacia Kongpob para pedirle su opinión.

— ¿Cual crees que se me vería bien? Nada me convence, ¿qué tal un corte
militar? Estoy cansado del cabello largo, lo quiero muy corto.
Kongpob miró a Arthit sin opinar, porque en realidad él se había a si mismo
dado la respuesta que necesitaba, y parecía muy seguro de sus deseos. Así que
el novato sólo asintió a lo que Arthit quería, aunque pensara que ese corte no
encajaba bien con su imagen. Cuando Kongpob se pensó mejor el decir o no su
opinión, un empleado del salón se acercó a ellos.

— ¿Ya elegirte un corte?—dijo con una sonrisa. Arthit asintió. —Ven, sígueme.

—Ve a dar una vuelta por las tiendas, no tienes que esperarme aquí sentado—
dijo Arthit y se levantó para seguir al empleado hacia las sillas para lavado de
cabello.

Kongpob no obedeció sus órdenes, él permaneció en el mismo lugar. Sabía que


no tenía nada más que comprar, y tampoco quería buscar nada en especial.

Entonces el novato tomó una revista y comenzó a leerla para matar el tiempo.
En menos de una hora, oyó que alguien lo llamaba en voz baja.

—Kongpob.

Esa vez fue su nombre con el que Arthit se dirigió a él, en lugar de su número de
estudiante como lo había hecho Arthit en todo el día. Entonces Kongpob
levantó la mirada en dirección a la voz, y dejó de respirar.

El cabello largo de Arthit fue recortado hasta su cuello, y sus orejas ya podían
ser vistas. El flequillo que le cubría las cejas fue recortado, y los ojos
penetrantes de Arthit ya eran especialmente visibles. Y lo más evidente en el
rostro de Arthit, aquello que le daba el porte cruel y mayor de un líder de las
novatadas, su barba y bigote también había sido afeitado. El rostro libre de
vello de Arthit lo hacía lucir más joven, en incluso, imposible de creer que fuera
parte de la segunda generación más vieja de la facultad.20
El líder de las novatadas parecía un poco inseguro del corte de cabello. Arthit
se acarició el cabello y le preguntó a Kongpob su opinión.

— ¿Crees que está muy largo? Yo lo quería más corto, pero el peluquero dijo que
no me quedaría. —Arthit hizo una señal hacia una persona con vestido pero que
claramente era un hombre, y al escucharlo él se giró en su dirección.

— ¡Oye, oye! ¡No toques mi obra maestra! He intentado darle forma a ese
horrible corte que tenías, y ve el resultado, un lindo corte estilo coreano. ¡Es la
última tendencia! Te ves el doble de apuesto, si no me crees a mi pregúntale a
tu novio—la última frase hizo que Arthit se estremeciera, sus labios se
separaron con sorpresa e inmediatamente comenzó a corregir el
malentendido.14

— ¡No, no! Él es un amigo de la universidad.

— ¿En serio? Vaya, lo siento. Pensé que eran una pareja porque ha estado
sentado esperándote todo el tiempo, y te mira como un chico enamorado. Ve
su sonrisa. —la disculpa del peluquero fue peor que su comentario inicial, y en
lugar de disipar la tensión, sólo hizo las cosas más extrañas.23

Arthit vio a Kongpob que efectivamente estaba sonriendo, y tuvo que desviar la
mirada. Ninguno de los dos tuvo tiempo de decir nada cuando escucharon la
voz de alguien más llamando al peluquero.

— ¡Nenny, hay clientes esperando!

— ¡Si, si, lo sé!—gritó de vuelta. —Tengan, esta es mi tarjeta personal. La


próxima vez que vengan pidan que yo les corte el cabello, les aseguro un estilo
glamuroso, quedarán el doble de apuestos. —Nenny les extendió la tarjeta a
Arthit y Kongpob, dándoles a entender que esa era su frase popular. Y se giró
hacia los demás clientes.
Ambos salieron del local y Arthit no pudo evitar tocarse de nuevo el cabello.

En realidad, Arthit sabía que cualquier corte iría bien con él. Pero la sensación
de que no habían cortado lo suficiente seguía persiguiéndolo. Al parecer había
pagado por un corte que él no pidió. Aunque el hecho de haberse quitado la
barba y el bigote le agradaba.

—Sigo sintiéndolo largo... ¿Qué piensas tú, es mi estilo?—Arthit no pudo evitar


quejarse de nuevo. Pero el novato no hizo más que repetir las palabras de
Nenny.

—Te ves muy apuesto.

— ¡Dime la verdad, Kongpob! Deja de jugar. —Arthit dejó de caminar, su voz fue
severa. Kongpob también se detuvo, él miró a Arthit con una expresión
meticulosa, como si lo estudiara a fondo, y suspiró antes de decir en voz baja.

—Tienes razón, es malo.

— ¿Realmente se ve mal? ¿Tan malo es?—preguntó apresuradamente Arthit con


horror. A él no le preocupaba especialmente su cabello, pero la idea de que se
viera espantoso también le preocupaba. Se había visto en el espejo, no estaba
tan mal.

Kongpob negó con la cabeza, al parecer no había terminado de hablar. Y


cuando lo hizo, de sus ojos saltaban las mismas chispas de determinación que
solía tener cuando enfrentaba a Arthit frente a todos los novatos.

—No, no... Me refiero a que...es malo...malo para mi corazón.49

En ese segundo Arthit entendió la razón de que el peluquero creyera que


creyeran que era una pareja. Le bastó con ver la mirada con la que Kongpob
estaba observándolo. Así que Arthit rápidamente bajó la mano que estaba
pasando por su cabello y se comenzó a caminar sin atreverse a volver a hablar
sobre el tema. Él bajó la cabeza, mirando al suelo al sentir una extraña
sensación en su pecho. Su corazón había comenzado a latir con fuerza.1

Arthit sabía que las palabras eran peligrosas, y que podían cambiar fácilmente
la relación entre dos personas.

Pero acababa de aprender que algunas miradas también podían ser peligrosas,
tanto para él como para su corazón.
Capítulo 23
Regla número veintitrés para el estudiante de primer año: "Confiesa tus
verdaderos sentimientos al veterano"18

—P'Arthit, ¿quieres hacer algo más?

La persona a quien se le hizo la pregunta giró la cabeza hacia su costado


mirándolo con una expresión confundida. Al ver a Kongpob a la cara, Arthit no
pudo evitar arrugar el rostro, casi pareciendo como si acabase de darle un dolor
de estómago terrible.

Arthit no pudo contestar, posiblemente a causa de sus pensamientos tan


confusos, así que negó con la cabeza y volvió a su camino, avanzando más
rápido, a nada de echarse a correr. Se detuvo cuando llegó a la parada del
autobús, no le quedó otra opción que esperar, y dejar que el novato lo
alcanzara.

En general, estaba confundido. No sabía que estaba pasando con él. Había
tomado bien los elogios del peluquero Nanny, e incluso mostrado indiferencia
al malentendido, fue sólo cuando sus ojos se encontraron con los de Kongpob
que sintió una sensación extraña en el estómago.14

Y, aunque las palabras de Kongpob fuera un elogio indirecto, seguían siendo


demasiado profundas para no significar nada. Arthit sentía que Kongpob
comenzaba a tener más y más influencia sobre él. Además de que la atmósfera
de ese día era muy parecida a una cita. Así que, en cuanto más permanecía ahí,
con él, Arthit se sentía cada vez más confundido.2

Tenía que irse, y debía hacerlo rápido.

—Me voy. —Habían terminado de comprar y comer, entonces ya no quedaban


más actividades por cumplir, además de que el reloj marcaba cerca de las siete
de la tarde. Arthit estaba ansioso por irse y tomar caminos separados, pero
Kongpob se apresuró en hacerle otra oferta antes de que él se fuera.

—Vamos juntos.

Arthit se dio cuenta de que no podía escapar, principalmente porque él y el


novato iban hacia el mismo lugar.

Arthit esperó pacientemente en uno de los asientos del autobús, mientras este
trataba de esquivar el tráfico. Cuando los ojos del veterano vieron la
universidad en la ventana, sus piernas reaccionaron. Arthit se levantó sin
molestarse en avisarle a su compañero de viaje que habían llegado al su
destino. Caminó hacia el dormitorio, sintiendo que alguien lo seguía como una
sombra, hasta que la sensación fue tan molesta que Arthit tuvo que detenerse
y darse la vuelta.

—Deja de seguirme, no tienes que acompañarme hasta mi dormitorio, puedo


llegar yo solo. Deja de preocuparte tanto, no soy una chica.3

—Lo sé P'Arthit, no te estoy siguiendo, mi dormitorio es por este camino, vivo


en Chayaprang—. La respuesta de Kongpob sorprendió al líder de las
novatadas, al parecer el edificio Chayaprang estaba justo a un lado de Ron
Randy, en donde vivía Arthit. Y al parecer esa era la razón de que siempre se
encontrara con el novato en los establecimientos adjuntos. Pero, entonces,
¿por qué no le dijo Kongpob que vivía ahí?2

Mientras Arthit analizaba los malos entendidos, el novato estaba observándolo


con una sonrisa, como si el líder de la novatadas hubiese dicho algo divertido.
Entonces él habló con un tono desafiante y burlón que hizo que Arthit abriera
la boca de la sorpresa.

—¿Creías que estaba acompañándote?


—¡Por supuesto que no!

—Si quieres que te acompañe hasta tu dormitorio P'Arthit, lo haré encantado.20

No solo la apariencia del novato eran un problema, la forma en la que hablaba,


sus expresiones, y todo en él eran el mayor de los problemas. Cada cosa que
provenía de Kongpob tenía un significado oculto, pero, aunque Arthit lo sabía
bien, en ese momento, no estaba listo para querer averiguar exactamente qué
significaba lo que acababa de decir. Así que el líder de las novatadas prefirió
terminar la conversación, girándose y caminando rápido hacia su dormitorio.1

Si Kongpob estaba mintiendo y él quería seguirlo, bien, iba a dejarlo. De


cualquier manera, el novato no podía seguirlo hasta su habitación. Cuando
Arthit abriera la puerta y entrara, esa estúpida persecución iba a terminar, al
igual que su salida. Así que Arthit apresuró el paso hacia su habitación,
negándose a voltear de nuevo. Pero antes de que pudiera relajarse, escuchó la
voz de una mujer asomándose por el balcón de su departamento.

—¡Arthit, que bueno que llegaste! He estado tratando de llamarte.

—¿Ocurrió algo señora Phon? —Arthit preguntó a la mujer. Ella era la dueña del
edificio, tenía cerca de cincuenta años, era muy amable y cuidaba a cualquiera
de los inquilinos como si fueran sus propios hijos. Y era justo, así como lucia en
ese momento. Ella comenzó a explicarse.

—Hijo, me dijeron que el sexto piso está inundado, y que el agua provenía de la
habitación 618, ¿esa no es tu habitación?, apresúrate, creo que la tuviera se ha
roto.1

—¿Qué? ¿Se ha inundado mi habitación? —Arthit gritó con los ojos abiertos. Él
corrió hacia el ascensor y apretó el botón del sexto piso. Las puertas se abrieron
frente al pasillo, e inmediatamente él corrió hacia la habitación 618. Y tal como
le había dicho la señora Phon, el piso que mojaba todo el pasillo provenía de su
puerta.2

El dueño de la habitación 618 comenzó a buscar rápidamente la llave en el


interior de su bolsillo, abrió la puerta y al entrar, el agua estaba tan alta que
alcanzaba sus tobillos. El suelo de la habitación estaba completamente
inundado, y el agua seguía saliendo. Aparentemente, la fuga provenía del baño.

Como resultado, no fue difícil descubrir la causa del desastre, el tubo de la


regadera estaba roto. Arthit se apresuró a cerrar la válvula de oleoducto y
comenzó a evaluar la magnitud del daño. Y al poco tiempo descubrió que no
era posible reparar nada. Tenía que comprar todas las piezas para poder
restaurarlo.

—Señora Phon, ¿podría llamar a un plomero, por favor? —pidió Arthit a la


señora quien lo había seguido al sexto piso, ella asintió y habló con voz
frustrada.

—¡Si, ya le he llamado, pero está ocupado justo ahora! ¡Además, es demasiado


tarde, las ferreterías están cerradas! Esperemos a mañana, N'Arthit, duerme en
la habitación de uno de tus amigos. Yo me encargaré de eso. —Después de
escuchar la última frase, Arthit asintió. Él echó un vistazo a todo el piso mojado,
y al hacerlo el líder de las novatadas se dio cuenta de que Kongpob lo había
seguido hasta su habitación. El novato estaba ahí, observándolo todo a unos
metros de distancia. Arthit pensó que quizá había escuchado su conversación
con la señora Phon desde el balcón. Y que, debido a su naturaleza intrusiva,
había ido a averiguar si era necesaria su ayuda.6

—P'Arthit, yo vivo cerca de aquí, puedes quedarte conmigo esta noche, y


regresar a primera hora de la mañana.
Arthit escuchó y asintió. En esa situación estaba dispuesto a aceptar cualquier
propuesta, no tenía fuerza necesaria para inventar excusas, menos cuando
estaba contemplando la catástrofe en la que su habitación se había convertido.

Usualmente su habitación no era el lugar más ordenado y pulcro que pudiese


existir, pero aquel diluvio ocurrido sólo en su habitación había terminado de
llevarla a la ruina. Alguna de sus cosas estaba estropeadas, totalmente
irreparables incluso si se les llevaba a un lugar seco.

Sus cuadernos y libros que tenía en el suelo cerca de su cama nadaban sobre
esa alberca de agua, todos ellos alquilados en la biblioteca. Arthit observó el
cargador de su teléfono y el de su computadora portátil completamente
mojados y seguramente, inservibles. Y agradeció que al menos no hubiesen
estado conectados. Un incendio era peor que una inundación. Sus zapatos,
mochila, cesta de ropa, y otras de sus cosas, todas empapadas.

Arthit recogió unas cuantas cosas y la puso sobre la superficie seca de la mesa,
después comenzó a vaciar el agua de la habitación con una cubeta hacia el
balcón. El líder de las novatadas pidió disculpas a sus vecinos por los
inconvenientes, algo que nadie le recriminó porque era evidente que todo se
debió a un accidente.

Kongpob se mantuvo cerca de Arthit, ayudándolo a escurrir los paños


empapados con los que comenzaron a limpiar el suelo.

—P'Arthit, ¿qué hago con la ropa? ¿Vas a lavarla de nuevo?

—No es necesario, siguen limpias, si están mojadas ponlas a secar. Si huelen


mal las lavaré de nuevo mañana.

—Tienes razón. Bien, voy a ponerlas a secar—después de decirlo, Kongpob


cargó el cesto de ropa y comenzó a colgar la ropa en el balcón, e
inmediatamente, una vez que terminó, comenzó a reunir la que estaba
esparcida por toda la habitación de Arthit.

El líder de las novatadas permitió que el novato hiciera lo que quisiera mientras
él se disponía a recoger sus libros empapados. Pero, cuando se dio cuenta de
que la hojas incluso se deshacían por la cantidad de agua que habían
soportado, Arthit sintió que iba a perder la cabeza.

Sus cuadernos podían ser remplazados con fotocopias de los apuntes de sus
amigos, sus cómics totalmente estropeados podría comprarlos de nuevo, pero
¿cómo iba a reponer los libros que alquiló en la biblioteca? Definitivamente iba
a tener que escuchar un gran sermón del bibliotecario y pagar una gran multa.
Y ¿de quién era la culpa? Arthit no podía culpar a nadie más que a sí mismo. Así
que, al final, simplemente dejó olvidada de lado la pila de libros y comenzó a
recoger sus envoltorios de comida, y algunas otras cosas sin importancia. En
conclusión, su tendencia a ser una persona desordenada le causó muchos
problemas, justo como su madre le había dicho antes.4

Arthit suspiró pesadamente, pensando en la lección que el destino le había


dado. El líder de las novatadas estaba concentrado pensando en cómo le
explicaría su situación al bibliotecario, cuando una sugerencia hecha por
Kongpob, quien acababa de terminar de reunir su ropa y estaba secando el
suelo del armario, habló.

—Escuché de alguien que, si se meten a refrigerador los libros empapados, se


secarán en el interior y las paginas no se arrugaran por el frio.

A Arthit le pareció absurdo, pero estaba tan desesperado que, aun así, la idea
llamó su atención.

—¿De verdad funciona? —la pregunta de Arthit fue ansiosa, surgiendo en él un


inevitable rayo de esperanza. Kongpob asintió con una sonrisa.
Arthit se dirigió a su pequeño refrigerador y al abrir la puerta, la esperanza en
su pecho desapareció. Este era diminuto, no habría forma de que pudiera
encontrarle lugar a los libros de texto de la biblioteca que prácticamente eran
ladrillos.

—P'Arthit, puedes poner tus libros en mi refrigerador. Deberíamos irnos ya para


que descanses, mañana te ayudaré a ordenar tus cosas.

Esa era una afirmación, el novato había dado por hecho que su invitación había
sido aceptada. Y en realidad, sólo en ese momento, Arthit se dio cuenta de que,
en realidad, ya había acordado aceptar la ayuda de Kongpob y eso incluía ir a
su casa. Arthit se sintió un poco incómodo, pero ya era demasiado tarde para
negarse. Rechazar a Kongpob y comenzar a llamar a sus amigos en a esa hora
de la noche no sería tarea fácil. Además, su mejor amigo, Knot, escribió en su
Facebook que iría a visitar la casa de sus padres, y el dormitorio de Prem, estaba
prácticamente al otro lado de la ciudad.

Al final, Arthit se forzó a asentir y meter algunas cosas en su mochila que


necesitaría durante la noche, y Kongpob, a su vez, tomó los libros mojados para
llevárselos. Ambos se dirigieron hacia el sexto piso del edificio de junto y
entraron en la habitación 609.3

El tamaño de la habitación del estudiante de primer año no era muy diferente


a la del veterano respecto al tamaño, pero la organización del espacio era
distinta, como si se comparara el cielo y la tierra. La habitación de Kongpob era
un orden absoluto, agradable a los ojos y un reflejo al carácter diligente del
dueño. Kongpob encendió el aire acondicionado, provocando que el silencio
entre ellos fuera más notorio.
—Siéntete en como en casa P'Arthit, vengo en un minuto. —Después de decirlo,
Kongpob salió de su departamento, cerrando la puerta detrás de él, dejando a
su invitado un tanto confuso en ese lugar desconocido.

Y tal como el dueño de ese departamento le indicó, Arthit tomó sus libros
mojados y echó un vistazo al departamento, pensando aun en lo extraño que
era el consejo de Kongpob de meterlos en la nevera.

Arthit vio el refrigerador de Kongpob en una esquina, y su tamaño era


considerablemente mayor al de su pequeño refrigerador. Pero, esa no era una
diferencia notable. Cuando Arthit abrió la puerta vio que estaba
completamente vacío a excepción de tres solitarias botellas de agua. ¿En serio,
el novato gastaba energía eléctrica sólo para enfriar tres botellas?

Arthit se dio cuenta que no sólo sus estilos de vida eran diferentes, sus hábitos
y costumbres también. Quizá podrían decirle tacaño, pero el líder de las
novatadas no desperdiciaría energía eléctrica sin ser necesario. Pero, también
había más cosas que no habría hecho si Kongpob no le hubiese abierto los ojos
a la posibilidad.

Incluso era sorprendente pensar que su objetivo inicial era distanciarse de


Kongpob, y que, de un momento a otro, se diera cuenta que el novato estaba
más cerca de él que nadie más.

Arthit trató de alejar esos pensamientos molestos de su mente, no quería estar


nervioso o preocupado por la forma en la que Kongpob había disminuido la
distancia entre ellos. Así que se dedicó a colocar sus libros dentro de la nevera.
En ese momento, casi por terminar, Arthit escuchó el ruido de la puerta abrirse,
viendo a Kongpob con una bolsa de comida. Entonces Arthit entendió porque
prácticamente Kongpob había salido corriendo apenas entraron.
—Compré algo de comida para ti, P'Arthit—Kongpob levantó la bolsa,
enseñándosela a Arthit. Él acomodó su contenido en una bandeja, dejando a la
vista el arroz caliente que emitía un delicioso olor. Algo que comenzó a llamar
al estómago de Arthit que no se había dado cuenta de cuanta hambre tenía.

—No sé qué es lo que te gusta comer, así que he comprado algo que me gusta a
mí. —Kongpob puso la bandeja en sobre la mesa, con ambos platos servidos. El
líder de las novatadas frunció la nariz cuando se sentó y descubrió que había
dentro de los platos. Una tortilla de huevo con arroz.

—¿Arroz con tortilla de huevo y carne de cerdo? Pudiste haber pedido algo más
elavorado...Esto lo puedes cocinar tú mismo.

—Vamos, P'Arthit. No podría cocinarlo igual de delicioso que en el restaurante.


Siempre que intento hacer huevos se quema.15

—¡Por supuesto, todo un adulto que no sabe hacer ni siquiera una tortilla de
huevo! Eres como un príncipe—, se burló Arthit.1

Arthit supo la razón de que el refrigerador de Kongpob estuviese vacío, y eso


era, claramente, porque no sabía cocinar. Pero el novato no se quejó de las
burlas de Arthit, él simplemente se agachó y levantó algo que no le había
mostrado a Arthit.

—Pero estoy seguro de que esto te gustará.

Un vaso de leche rosa, la bebida favorita de Arthit.

Antes, Arthit habría pensado que Kongpob la hubiese comprado sólo para
burlarse de él. Pero, en ese momento, no pensó de esa forma, y posiblemente
se debía a que el novato había demostrado ya muchas veces que cuidaba de
Arthit con sinceridad.12
Esa misma tarde, por ejemplo. Arthit no sabía que hacer ni como resolvería el
problema de su habitación inundada, y hubiese sido un duro trabajo si no fuera
por la ayuda de Kongpob. Incluso tenía un plan sobre qué hacer al día siguiente,
y los problemas parecían haber quedado en segundo plano por el momento,
permitiéndole reírse sin pensar en lo que había pasado en su habitación.

—Gracias. —Arthit murmuró cuando aceptó el vaso con leche rosa.

El líder de las novatadas comenzó a comer mientras Kongpob buscaba en la


televisión un buen programa. Finalmente, Kongpob dejó una serie al azar y se
giró para comer al igual que él.

Las voces en el televisor era lo único que se escuchaba en la habitación, ya que


Kongpob ni Arthit hicieron el esfuerzo de iniciar una conversación. La razón de
que Arthit se mantuviera callado fue la vergüenza que tenia de haber devorado
el arroz en su plato en unas cuantas cucharadas. Terminando su cena mucho
antes que Kongpob.

—¿Donde está la basura?

—En el balcón.2

Arthit asintió, se levantó y caminó hacia el balcón. Él hizo a un lado las cortinas
que cubría la ventana del balcón y observó el exterior. Estaba oscuro, con sólo
la luz al interior de la habitación del edificio de junto. El edificio donde Arthit
vivía. La distancia entre ambas construcciones era muy pequeña, tanto que
podía ver claramente la ropa colgada en el balcón de en frente.

Arthit frunció los labios al darse cuenta de que Kongpob también vivía en el
sexto piso. Entonces...esa ropa...
—¿Kongpob, sabes en donde está mi dormitorio? —Arthit entró rápidamente a
la habitación, viendo al novato sentado en la cama. Kongpob abrió los ojos de
la sorpresa de verlo tan agitado.

—¿Cómo podría no saberlo, P'Arthit?, esta tarde fui a tu habitación.1

—¡No me refiero a eso! ¿Sabes que mi departamento se ve desde tu balcón?

La mano de Kongpob que sostenía la cuchara que iba hacia su boca se detuvo,
temblando ligeramente. El novato la dejó sobre su plato antes de levantar la
vista y enfrentar la mirada de Arthit.8

Kongpob temía que eso pasara, del momento en que su gran secreto se
revelara. Pero, por supuesto, no pudo mentir. Kongpob sabía que no había
nada peor al comienzo de una amistad que mentir. Y que, de todas formas, ese
secreto algún día se sabría. Por ello asintió y contestó con la verdad.

—Si, lo sabía.1

—¿Desde hace cuánto?

—Al comienzo del semestre, la segunda semana de clases.

—¿Cómo te diste cuenta?

—Te vi colgando tu ropa en el balcón, en realidad, fueron varias veces. —Al


escuchar la respuesta Arthit sintió un impulso de rabia nacer dentro de él.

Por casi tres meses ese novato lo observó hacer el ridículo. Seguramente
burlándose de su imagen de tipo duro en la universidad mientras que ahí, era
un hombre diferente. ¿Con que objetivo lo había guardado como un secreto?
Arthit tenía una idea de la razón.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No quería que lo supieras.


—¿Y por qué no querías que me enterara? ¡Olvídalo, no lo digas! ¡Ya lo sé! ¿Para
burlarte de mí con tus estúpidos amigos?

—No, P'Arthit. No le conté a nadie.

—¿No? ¿Por qué no?

—Porque no quiero que nadie sepa más cosas de ti de las que yo sé.43

El silencio reinó en la habitación.

La furia de Arthit se transformó en confusión. Incluso Kongpob estaba perplejo


por las palabras que habían salido de su boca. Pero, aunque habló sin pensar,
lo que dijo fue un reflejo de sus sentimientos. De todo lo que sentía en su
corazón.1

Esas palabras le recordaron a Arthit una pregunta a la que no había encontrado


una respuesta que lo dejara tranquilo, y que se había negado a hacer por su
cobardía. Pero en ese momento se dio cuenta de que, si no definían su relación,
todo se volverá más confuso.
Así que Arthit respiró profundamente, intentando pensar en la forma de hacer
la pregunta de la forma más correcta y entendible posible.

—Kongpob, te lo preguntaré directamente. ¿Todas las veces que me has


ayudado fue porque sientes algo diferente? ¿Piensas en mí de otra forma?12

Fue sólo una pregunta, pero fue suficiente para que el corazón de Kongpob se
estremeciera, y aquella pared que parecía estar siempre entre ellos se rompiera
en miles de fragmentos.

La atmosfera era tan pesada que Kongpob sintió que iba a dejar de poder
respirar. El silencio era todo lo que sus oídos escuchaban, y la respuesta no
pudo salir de sus labios. Ambos continuaron mirándose el uno al otro, tratando
de encontrar una respuesta en los ojos del otro.1
Al final, el primero en hablar fue Kongpob, quien apartó la mirada y por lo bajo
hizo otra pregunta.

—¿A qué te refieres, P'Arthit?5

Lo que salió de la boca del novato no fue una respuesta, sino un intento de
evitar darle una a la pregunta de Arthit. Ya que, por lo visto, Kongpob quería
desviar la conversación.

Y tuvo éxito.1

—Olvídalo. Tomaré un baño. —Arthit cedió. Era inútil obligar a Kongpob a


hablar, y él no insistiría. Así que buscó en su mochila su cambio de ropa y se
dirigió al baño, dejando a Kongpob solo.

Kongpob, alguien que había destruido la oportunidad que Arthit le dio de


confesar sus sentimientos.9

El novato suspiró. Él abrió el cajón de la mesita junto a su cama y sacó una


cajetilla de cigarros junto con un encendedor. Con la mente aun ocupada en esa
pregunta que lo había tomado por sorpresa, fue hacia el balcón y encendió un
cigarrillo. Kongpob comenzó a fumar, dejando que el estrés saliera de su cuerpo
al igual que el humo en su boca.9

Kongpob se sentía terrible por dejar que Arthit se diera cuenta de sus
sentimientos. Se suponía que intentó ocultarlos, pero incluso, aun así, su
mirada y sus palabras lo traicionaron, demostrándole a Arthit que él era
especial. Pero para el líder de las novatadas, eso, seguramente, era sólo una
molestia. Porque, era evidente que Arthit había hecho la pregunta para marcar
una línea entre ambos, así que Kongpob entró en pánico y decidió fingir no
entender a que se refería.20
Había sido un cobarde, un hombre poco digno, pero ya había dado un paso
atrás, y no iba a dar otro hacia adelante sólo para remediarlo. Había sido débil.
Pero prefería mantenerse callado a escuchar el rechazo de Arthit. Pero ¿cómo
podría no sentir miedo de perder a la persona más importante para él?3

El sonido de la puerta del baño abriéndose le indicó que Arthit acababa de


terminar su ducha. Kongpob no tenía ni idea de cómo se sentía Arthit, pero
imaginaba que debía estar enojado por no haber obtenido una respuesta. Pero,
en cuestión de segundos, Arthit pareció a su lado en el balcón, con su toalla aun
en los hombros.

—¿Qué es eso? ¿Estas fumando?

—Un cigarro, y si—Kongpob asintió. Al parecer Arthit había olido el humo del
cigarro. El novato estaba listo para tomar un cigarrillo de la caja y tendérselo a
Arthit, ya que creyó que, posiblemente, el líder de las novatadas también quería
fumar.

No podía estar más equivocado. Ya que, en lugar de pedirle un cigarrillo, Arthit


arrugó la nariz y dijo de forma despreciativa lo que pensaba al respecto.

—No seas un malagradecido. Piensa en tus padres, ellos te dan dinero para
estudiar, no para comprar cigarrillos que lo único que harán será estropear tus
pulmones.

Kongpob bajó la mirada hacia la cajetilla en sus manos. Le estaba hablando el


líder de las novatadas. El viejo Arthit. Ese que no estaba realmente enojado,
aunque hablara severamente y que tenía un alma gentil que sólo buscaba
ayudar a los demás. Así que Kongpob asintió, imitando a Arthit, como si la
tensión entre ellos por la pregunta que le hizo nunca hubiese sucedido.

—Está bien, dejaré de fumar—prometió Kongpob, y tiró la caja de cigarrillos casi


llena a la basura. Tomó su ropa, una toalla y caminó directamente hacia el baño
para tomar una dicha. Esperando que el agua lavara también todos sus
pensamientos y sentimientos confusos rondando su corazón y su mente.1

Kongpob frotó su cabello por al menos diez minutos, pero perder el tiempo en
su baño no iba a evitar que tuviera que salir en algún momento. Así que
finalmente se armó de valor y abrió la puerta. Lo primero que encontró fue a
Arthit vistiendo ropa casual, una camiseta y un pantalón corto, con el control
de la televisión en las manos, cambiando repetidamente los canales. Así que,
cuando el veterano determinó que no había nada que llamara su atención, él
apagó la televisión.

—P'Arthit, ¿te dormirás? —, preguntó Kongpob.

—Si.

Afortunadamente, su cama era lo suficientemente amplia para dos personas.


Tenía un montón de cojines y almohadas también. Así que Arthit se adueñó de
un par, y se acostó cerca del borde de una de las esquinas. Kongpob apagó las
luces y también fue a acostarse en medio de ese silencio lleno de tensión.2

Era tan increíble que físicamente estuviera a menos de un metro de distancia,


pero que, sentimentalmente, hubiera kilómetros separándolos.7

Después de unas horas, Kongpob se dio cuenta de que no podía dormir, a pesar
de que el hombre a su lado estaba profundamente dormido.

—P'Arthit, ¿estas dormido?

No hubo respuesta, tal y como esperaba. Sólo el sonido de la suave respiración


de Arthit. Kongpob lo observó dormir, inmerso en una serie de pensamientos
confusos de los que no podía escapar. Entonces, viendo el pecho de Arthit subir
y bajar, Kongpob vio hacia el techo y comenzó a hablar en voz baja.
—P'Arthit, sé que no respondí adecuadamente a tu pregunta, pero fue porque
no estaba seguro a que te referías...si estábamos pensando en lo mismo...—
Kongpob suspiró, reacomodándose en la cama y mirando de nuevo el perfil de
Arthit, quien seguía durmiendo junto a él.

—Si, si pienso en ti de esa forma. Pienso mucho en ti.25

Kongpob susurró sus palabras, compartiendo los sentimientos que se había


esforzado en esconder. Esperando que Arthit no las escuchara, pero queriendo
deshacerse de esa pesada carga en su corazón al confesarlos. Después de al fin
decirlo, Kongpob rodó en la cama hacia el otro extremo y cerró los ojos con
fuerza. Y, al mismo tiempo en que él trataba de dormir, Arthit abrió los ojos en
la oscuridad.9

Arthit había fingido dormir, tampoco pudo conciliar el sueño y escuchó todas
las palabras de Kongpob, principalmente, la respuesta a su pregunta. Y en esa
ocasión fue él quien no se atrevió a hablar y prefirió fingir seguir durmiendo.

Aunque era imposible.

Arthit no iba a lograr conciliar el sueño esa noche. Porque, aunque la habitación
se había quedado en silencio nuevamente, él no lograba detener los furiosos
latidos de su corazón.
Capítulo 24
Regla número veinticuatro para el estudiante de primer año: "Tomar una
decisión difícil conlleva tiempo"4

Cuando Arthit se despertó y abrió los ojos lo primero que vio fue el techo de una
habitación desconocida. Y el primer sonido que escuchó fue el sonido del agua
cayendo como si alguien se estuviese bañando.

Arthit se levantó y se sentó en la cama. Se sentía mareado, y sus ojos seguían


casi cerrados. La luz había atravesado las cortinas de la habitación, lo que
significaba que la mañana había llegado. Y, aun así, el cerebro de Arthit parecía
estar todavía apagado, sin estar listo para enfrentar el inicio de un nuevo día. Él
sólo quería cerrar los ojos nuevamente y volver a dormir. Pero cuando Arthit
dejó de pensar y comenzó a cerrar los ojos, la puerta del baño se abrió y fue
Kongpob quien salió de ahí.

—P'Arthit, ¿ya despertaste?—Kongpob preguntó en cuanto vio a Arthit


somnoliento y bostezando.

—Si, ¿qué hora es?

—Las ocho y media.

Arthit frunció las cejas, él generalmente los domingos no despertaba hasta


después de mediodía, pero ese día lo había hecho a causa del sonido del agua.
Una suerte.

—¿Las ocho y media? Es malditamente temprano, ¿a dónde vas a esta hora? —


gruñó Arthit molesto.

—Hoy es el cumpleaños de mi sobrina—, explicó Kongpob.


Arthit comenzó lentamente a recuperar los sentidos y a recordar la secuencia
de acontecimientos recién ocurridos el día anterior.

Todo cobró sentido. El día anterior había ido a comprar un regalo con Kongpob
para su sobrina, y cuando volvió a su departamento se encontró con su piso
inundado. Entonces pasó la noche en el departamento de Kongpob, descubrió
que sus balcones estaban uno enfrente del otro, y fue cuando reunió el valor
para hacerle al fin la pregunta a Kongpob que tanto había evitado. Y aunque fue
unas horas después, Arthit escuchó la respuesta.

Una respuesta cuyas palabras hicieron temblar su corazón.

Después de escucharlo, a pesar de todos sus esfuerzos, no pudo cerrar los ojos
y dormir hasta que dio la mañana. Entonces, cuando estuvo completamente
despierto comenzó a recuperar la conciencia y junto con esta, el nerviosismo
regresó.

Una sensación extraña en su corazón al saber que Kongpob estaba enamorado


de él.10

La confusa situación hizo que Arthit se sintiera extraño. Se sentó torpemente en


la cama y no se atrevió a encontrar su mirada con la de Kongpob.

Kongpob, en cambio, creyó que Arthit se comportaba así porque aún quería
seguir durmiendo.

—P'Arthit no tienes que levantarte. Te dejaré mi llave de repuesto, así que


puedes seguir durmiendo.

Arthit se estremeció ante la amabilidad del novato, e inmediatamente se


apresuró en rechazarlo.4

—No, está bien. Tomaré un baño y regresaré a mi dormitorio. —Arthit se levantó


rápidamente, tomó una toalla y entró en el baño. Ya estando ahí abrió la
corriente de agua y enjuagó su cara un par de veces. El espejo le mostró el rostro
de un hombre cansado y con signos evidentes de no haber dormido. Arthit se
dio unas palmadas en la cara, tratando de avivar el color en sus mejillas.5

Nada terrible podría pasar si lograba comportarse con naturalidad. Tomar un


baño y volver a la habitación. Contratar un plomero, arreglar su departamento
y todo volvería a la normalidad.

Arthit respiró profundamente y comenzó a bañarse. Cuando salió del baño,


vestido con su misma ropa, Kongpob se levantó de la mesa y se acercó a él.

—P'Arthit, ¿tienes hambre? Compré brochetas de pescado frito y leche de soja


para que comas un poco.6

Arthit vio la leche de soja y las brochetas de pescado colocadas sobre la mesa.
Aparentemente, Kongpob los compró mientras que Arthit estaba en la ducha, o
posiblemente el novato se había despertado aún más temprano y había ido al
mercado a comprar el desayuno mientras que Arthit dormía. En el caso que
fuera, Arthit tenía demasiada prisa de volver a casa, pero tampoco iba a ser
grosero y rechazaría la oferta de Kongpob, menos cuando él le había dejado
pasar la noche en su departamento. Además, estaba hambriento y el desayuno
parecía muy atractivo a la vista.1

Arthit lo pensó unos segundos antes de asentir. Sería sólo comer, nada malo iba
a pasar. Y con ello en mente, Arthit se acercó a la mesa y comenzó a curiosear
la bolsa de comida que emitía un olor agradable.

—¿Dónde guardas los vasos?

—Están junto al refrigerador, debajo de la estantería. Espera, yo me encargo—


Kongpob le ofreció su ayuda, y enseguida fue hacia el lugar donde le había
indicado, y se lo tendió a Arthit.
—Aquí esta, P'Arthit.

Cuando los dedos de Arthit tocaron el cristal, los dedos de Kongpob tocaron su
piel, y accidentalmente se rozaron.

Fue sólo un poco, pero sentir su piel contra la suya hizo que Arthit se pusiera
nervioso, e inmediatamente retiró su mano en el mismo tiempo en que
Kongpob lo hizo. El vaso cayó al suelo, a pesar de que Kongpob intentó evitar
que lo hiciera la soja se derramó sobre los trozos de cristal ya en el suelo.

—¡Lo siento! Voy a limpiarlo ahora—Arthit se apresuró en disculparse.


Afortunadamente, la leche de soja no manchó la camisa de Kongpob, pero sus
zapatos estaban cubiertos de soja. Y, sin embargo, Kongpob sólo sacudió la
cabeza y habló con naturalidad.

—No pasa nada, P'Arthit. Toma el otro paquete—El dueño del departamento
tomó un paño seco y comenzó a limpiar el suelo, dejando a Arthit de pie,
observándolo silenciosamente. Pero el veterano en su interior estaba
sumamente nervioso y se sentía tan culpable que no podía moverse. Se había
dado cuenta de que no importaba lo mucho que lo intentara. Su relación con
Kongpob nunca seria la misma.9

En ese momento una melodía rompió el silencio. Kongpob soltó el paño y sacó
su teléfono del bolsillo trasero de su pantalón.

—Hola mamá, sí, ya voy para allá, tan pronto llegue te devuelvo la llamada.

Arthit se acercó a la salida, dirigiéndose a Kongpob antes de irse.

—Me voy.

Kongpob no tuvo tiempo de terminar la llamada, antes de que Arthit se colgara


al hombro su mochila y saliera de la habitación, cerrando la puerta detrás de él,
y sin dejarle ninguna oportunidad a Kongpob para que se despidiera. Y, aun así,
cuando Kongpob terminó la conversación con su madre, él salió rápidamente
al pasillo, viéndolo vacío. Arthit ya se había ido.

Kongpob volvió a la sala, viendo el paquete de leche de soja y su desayuno


recién comprado abandonado sobre la mesa. Algo que había comprado por la
mañana para comer junto a Arthit. Pero sus planes se habían arruinado.19

En realidad, casi no durmió aquella noche. Sus pensamientos continuaron


dando vueltas, y las dudas no dejaron de martillar su conciencia. Pensamientos
sobre esa pregunta, aquella que él no le pudo responder a Arthit, sólo porque
tenía miedo de perder esa conexión que había nacido recientemente entre
ellos.1

Dejó de pensar en la cercanía entre ellos, alejándose voluntariamente de la


respiración cálida de Arthit, y dejando de observar su rostro durmiente. Pero
por la mañana, al despertarse a su lado, todo aquel autocontrol cayó por
completo. Sus sentimientos estaban creciendo exponencialmente, tan fuertes
que debía mantenerlos en secreto, sólo para que sus verdaderas intenciones
detrás de toda su amabilidad no se vieran reflejadas.3

Una verdad innegable era que Arthit se convirtió en una persona muy especial
en la vida de Kongpob. Aunque, en esos momentos Kongpob no supiera que era
lo que Arthit estaba pensando, ni cual era la razón que le hizo irse tan rápido sin
siquiera probar la comida. Aunque Kongpob se imaginaba que posiblemente
había hecho algo que disgustó a Arthit de alguna u otra forma.

Kongpob suspiró por lo bajo, teniendo aun muchas preguntas sin resolver en su
cabeza, tomó la bolsa de leche de soja y la bolsa con el desayuno para meterlos
a su refrigerador y comerlos más tarde, viendo la pequeña pila de libros
olvidados de Arthit en el interior. Algo que le resultó...Perfecto.2
Si Arthit no había sacado sus libros del refrigerador, tenía una excusa para
llamarlo, incluso para verlo. Así que, sin pensarlo dos veces, Kongpob comenzó
a llamar a Arthit, teniendo el numero ya registrado en sus contactos. Pero,
aunque escuchó que la línea estaba sonando al otro lado, no hubo ninguna
respuesta. El novato frunció los labios e intentó llamarlo de nuevo, obteniendo
el mismo resultado.

Kongpob colgó, dándose por vencido, y creyendo que posiblemente en el lugar


en donde estaba había mala recepción o que posiblemente Arthit no había
escuchado el timbre de su teléfono. Quería ir a buscarlo en ese momento, verlo
para asegurarse de que todo estaba bien, pero su deseo tendría que esperar
porque debía apresurarse en estar listo e ir al cumpleaños de su sobrina, por lo
que devolverle sus libros a Arthit, y verlo de nuevo, tendría que esperar hasta el
lunes.

Kongpob sacó del refrigerador los libros de Arthit y los dejó sobre la mesa para
que adquirieran la temperatura del medio ambiente y volvieran a su estado
original. Se acercó hacia la caja de regalo, y mientras la observaba, sonrió
recordando el rostro de la persona que lo había acompañado a escoger el
pequeño osito de peluche.5

Al fin había podido decir lo que sentía por Arthit en voz alta, logró reunir el valor
suficiente para darle nombre a sus sentimientos, y estos incluso fueron
pronunciados frente a la persona que amaba.2

Y si pensaba en que inició ese día despertando junto a Arthit, no había ninguna
duda en que ese era un hermoso día.9

Lastimosamente, el destino arruinó de nuevo los planes de Kongpob cuando


trató de llamarle a Arthit a primera hora de la mañana del lunes. Lo hizo al
menos diez veces, pero en todas ellas siempre recibía la respuesta rebotica del
buzón de voz.

¿Qué estaba pasando con Arthit? ¿Por qué lo ignoraba? Quizá si estaba enojado
de nuevo con él, pero ¿cuál era la razón esa vez? Posiblemente porque Kongpob
no le dijo sobre la cercanía de sus balcones, pero ¿en serio, sólo por eso?

O, tal vez, fue el no haber respondido a su pregunta...

Kongpob se estremeció cuando escuchó el timbre de su teléfono sonar. Lo sacó


rápido de su bolsillo esperando a que fuera Arthit quien estuviera al otro lado
de la línea, para devolverle la llamada. Pero en la pantalla de su celular apareció
una llamada perdida de alguien distinto y un mensaje de Line de su mejor
amigo Em.

Un simple: "Kong ¿Dónde estás?".1

Kongpob suspiró con decepción, leyendo el mensaje y abriendo la aplicación


para responder.

Estoy en el primer piso, en el edificio dos de la facultad.

Kongpob rara vez usaba la aplicación de Line, pero su atención fue capturada
cuando vio la lista de sus contactos en ella, y un nombre conocido resaltó entre
los demás. No tenía idea con qué frecuencia Arthit usaba Line, pero ya que
descubrió otro medio por el cual poder contactarlo Kongpob presionó su
nombre, lo agregó a sus amigos, e inmediatamente le escribió un mensaje.

Hola, P'Arthit, soy Kongpob, te mando este mensaje porque se te olvidaron tus
libros en mi habitación...Cuando estés libre llámame para devolvértelos, por
favor.

Kongpob presionó el botón de enviar y no pudo evitar quedársele viendo a la


pantalla de su teléfono por unos segundos, posiblemente con la esperanza de
obtener una respuesta, hasta que alguien le dio una palmada en la espalda, y
dejó caer su peso sobre su hombro. Kongpob supo de inmediato que era Em.

—Oye, Kong, ¿de qué te escondes? He estado buscándote desde hace horas,
¿me dejas copiar tu tarea? No tuve tiempo de terminarla, me la pasé jugando
Dota toda la noche—después de decirlo, Em comenzó a contar los detalles de
su partida, como generalmente lo hacían los jugadores empedernidos,
definiendo sus estrategias de juego, y armas más útiles. Kongpob que ya estaba
acostumbrado a las largas platicas unilaterales de Em, se zafó del hombro su
mochila y sacó su tarea de química, poniéndolo frente a los ojos de su mejor
amigo para que dé una vez, Em cerrara la boca.5

Funcionó. Em agarró gustoso la libreta de Kongpob, guardándola rápidamente


en su mochila por si su mejor amigo llegaba a arrepentirse.

Kongpob pensó en ir y dar una vuelta por la facultad antes de que sus clases
iniciaran, con la esperanza de encontrarse a Arthit. Cuando lo que dijo Em lo
detuvo. Esta vez, su amigo, sí que dijo algo que le interesaba.2

—Por cierto, acabo de ver a P'Arthit, al principio ni siquiera lo reconocí, se cortó


el cabello, y las chicas no paran de decir lo guapo que se ve. Las amigas de May
no dejaban de suspirar, verlas babeando por él fue toda una pesadilla.2

La mano de Kongpob tembló. Él levantó la cabeza y preguntó lo primero que se


le vino a la mente.

—¿Dónde lo viste?

—Frente al edificio de la universidad en el estacionamiento de estudiantes.

—Ya vuelvo. — Kongpob dijo, e inmediatamente se echó a correr hacia ese lugar
sin siquiera decirle algo a Em quien sólo se quedó mirando su espalda con
confusión.
Una vez ahí, Kongpob miró alrededor del estacionamiento, pero lo único que
encontró fue a un pequeño grupo de chicas que discutían algo. Sólo eso. No
había rastro alguno de Arthit ni de sus amigos. Una de las chicas, May, se acercó
a él en cuanto lo vio mientras que Kongpob trataba de recuperar el aliento y de
limpiarse el sudor de su frente.

—Hola, Kongpob, ¿por qué ibas con tanta prisa?, respira un poco, estas muy
agitado.

—May, ¿dónde está P'Arthit?

—¿P'Arthit?, él ya se fue a clase. Lo acabo de ver subir las escaleras.

De nuevo llegaba tarde. Aunque aún existía la posibilidad de poder encontrarlo


si se apresuraba a subir las escaleras e interceptaba a Arthit antes de que
entrara a su clase. Pero Kongpob no tenía idea de a cuál piso se dirigía, ni el
número del salón en donde tomaría su clase. Así que decidió insistir y llamarle
de nuevo a Arthit por teléfono.

Nadie atendió después de tres llamadas. De nuevo. Kongpob intentó con la


aplicación de Line, esperando que, en la conversación de ambos, hubiera rastro
de él.1

Lo hubo. Los mensajes fueron marcados como leídos. Y eso fue todo.15

Kongpob apretó el teléfono en su mano. Cerrando los ojos con frustración, y


temblando por el exceso de sentimientos consumiéndolo.

¿Por qué Arthit lo ignoraba? Era más que evidente que estaba evitándolo.
Kongpob no sabía la razón, como siempre que Arthit se enojaba con él. Pero por
primera vez prefirió dejar las cosas como estaban y no insistir. Al menos por el
momento porque le mataba no saber la razón del porque Arthit ignoraba sus
llamadas, y no contestaba a sus mensajes.
A la hora del almuerzo el comedor estaba lleno de estudiantes novatos, la
mayoría del departamento de ingeniería civil, menos un pequeño grupo de
veteranos de ingeniería industrial en una mesa cerca del centro. Casi todos
animados por tomarse unos minutos para el almuerzo, menos uno de ellos, el
líder de las novatadas que no había comido ni una sola porción de su plato, y
quien no tardó en convertirse en el blanco de preguntas de sus compañeros.
Arthit no era un alborotador, pero tampoco era el más callado del grupo.

—Arthit, ¿te pasa algo? Tienes una expresión lamentable en el rostro.

—¿Y a ti en que te molesta mi cara? —Arthit respondió con tono ausente hacia
su amigo Knot, quien frunció el ceño por su contestación grosera.5

—¿Cuál es tu problema? Has estado desanimado desde la mañana. —En


realidad, Knot quería hacerle esa pregunta a Arthit desde la mañana hasta que
se dio cuenta de que el teléfono de su amigo estaba sonando y Arthit
simplemente apagó la pantalla y volvió a guardarlo en su bolsillo.

Knot dejó que Arthit continuara así, distraído y aburrido durante toda la
mañana y parte de la tarde, incluso en clases. Era suficiente con ver su rostro
para asegurarse de que algo malo pasaba con él, como si tuviese un gran
problema atormentando su mente. Pero Arthit no era de las personas que
compartían sus pensamientos, ni que hablaran abiertamente sobre sus
sentimientos. Era todo lo contrario. Justo del tipo que se distanciaba y daba
excusas vagas como tener sueño o estar cansado para sacudirse las preguntas
de sus amigos.9

—Estoy cansado, quiero dormir hasta mañana. Ayer me quede viendo un


partido de fútbol hasta tarde.

Knot sonrió al escucharlo.


—¿Fútbol? Ayer ni siquiera hubo juegos, ¿qué estaba viendo? ¿Una porno? —
Knot encontró una excusa para hacer otra serie de preguntas a Arthit, pero él ni
siquiera intentó defenderse, en cambió se levantó de su asiento con su comida
ya fría.

—No me pasa nada, tengo hambre, iré a calentar esto—Arthit caminó con su
comida hacia los microondas comunales en el extremo de la cafetería, tratando
de actuar normal para esconder bien su mentira.1

Al haber dicho que tenía sueño, no era una de ellas. Pero no porque se hubiese
quedado hasta tarde viendo fútbol, ni pornografía, en realidad, fue porque no
había logrado conciliar el sueño en dos noches continuas.4

Esa noche Arthit no pudo dormir en su habitación, el plomero había ido a


arreglar la tubería por la mañana de ese lunes, y el domingo no durmió por el
agua y su mente atrapada en ese bucle infinito en donde Kongpob le confesaba
sus sentimientos.

Incluso, su mala suerte era tan grande que había olvidado sus libros en la
habitación del novato. Otra razón para encontrarse con él al menos una vez
más. Y agregándole a eso el hecho de que Kongpob no se cansaba de llamarle,
a pesar de que Arthit no atendía el teléfono. Creyó que ignorar sus mensajes
sería una señal suficientemente clara para el novato de que no quería verlo ni
hablar con él. O al menos de que no estaba listo para encontrarse cara a cara
con Kongpob.

Arthit suspiró por milésima vez ese día. Había intentado sacar esos
pensamientos de su cabeza todo el fin de semana. Y justo cuando levantó la
cabeza, una ola de nuevas dudas y nervios fue arrojada a él como un balde de
agua fría cuando vio a Kongpob desde lejos acercándose a la cafetería.2
Kongpob había visto al grupo de estudiantes de tercer año en el comedor y
enseguida imaginó que Arthit podría estar con ellos. Ni siquiera estaba seguro
de ello, pero aun así decidió acercarse al grupo de veteranos, pasando por la
multitud de estudiantes comiendo en sus mesas antes de llegar a donde
estaban ellos. Cuando lo hizo, Kongpob le preguntó al primer veterano que se
giró a verlo.

—Hola, P'Knot, ¿has visto a P'Arthit?

—Sí, está aquí—Knot señaló con la cabeza su costado, y cuando lo vio vacío, sus
labios se arrugaron en una mueca confundida. —¿A dónde se fue? Estaba aquí
hace un minuto, oigan, ustedes ¿vieron a donde se fue Arthit? — Knot miró
alrededor, confuso, al igual que los demás en la mesa.

Kongpob no se sorprendió de su ausencia porque, aparentemente, Arthit tenía


un don para esconderse de él.

—P'Knot, ¿tienen más clases hoy?

—Sí, un laboratorio, posiblemente estemos libres hasta las seis.

—Está bien, gracias.

Kongpob termino la conversación y salió de la cafetería al segundo después.


Aun así, Knot no pudo evitar pensar en el raro comportamiento de Arthit, y
ligarlo con la expresión preocupada de ese novato. Knot no iba a decir nada, era
un buen amigo, y si no conociera de años a su mejor amigo, hubiese pasado por
alto la idea de que Kongpob tenía algo que ver con el problema que
atormentaba a Arthit.1

~~

—Bien, estudiantes, por hoy, terminamos.


Finalmente, el profesor dijo la frase que todos los alumnos estaban esperando
desde que la clase había comenzado. Arthit enseguida comenzó a recoger sus
cosas, guardándolas en su mochila mientras escuchaba a uno de sus amigos
haciendo planes para esa noche.1

—Estoy exhausto, ¡deberíamos ir a un bar! ¿Qué tal si vamos después de comer


algo?

—No cuenten conmigo, me iré directamente a mi habitación, estoy muy


cansado— Arthit dijo brevemente a Knot, dejando que sus amigos planearan y
lo dejaran de lado.

Arthit había permanecido sentado en el aula y no había entendido el tema


hablado en esa sesión. Sus ojos se estaban cerrando, además, ya que era libre
de sus clases, no se encontraba de humor para sentarse en una mesa reducida
con sus ruidosos amigos. Quería relajarse y lidiar con sus sentimientos
confusos. Estar preocupado en silencio y dormir hasta que fuera el día
siguiente.
Knot vio el estado en el que se encontraba su mejor amigo, pero no insistió,
buscó otra forma de subirle el ánimo. Knot simplemente asintió y siguió a los
demás fuera del salón, deteniéndose en la entrada para decirle a Arthit algo que
posiblemente iba a interesarle.

—Arthit, olvidé decirte que el novato estaba buscándote.

Y justo como si con sólo decir su nombre Kongpob apareciera, el novato llegó
corriendo al laboratorio, entrando sin pedir permiso y deteniéndose a ver a
Arthit con el rostro contrariado. El rostro de la persona a la que había querido
ver toda la mañana.3

—P'Arthit... — Kongpob dijo el nombre del estudiante de tercer año en un tono


educado y reservado. Arthit no sabía por qué Kongpob era siempre tan educado
con él, pero no podía negar que eso le gustaba. Además de que siempre que
hablaba con él su sinceridad era evidente, como si sus ojos fueran una ventana
hacia su interior, especialmente por la forma en la que Kongpob miraba
directamente a Arthit, llenando su mirada de emociones. Pero Arthit pretendió
que no notaba todo aquello en el novato, siendo indiferente a él, y hablándole
como si no fuera importante para él.8

—¿Qué quieres?5

—Te traje tus libros. — Kongpob le extendió a Arthit sus libros, cuadernos y
cómics ya secos y casi intactos. El alumno del tercer año extendió la mano para
tomarlos, esperando terminar la conversación. Pero así Arthit trató de
agarrarlos, Kongpob se burló de él, y no los soltó. Arthit se molestó.

— ¡Suéltalos!6

— Los soltare, pero primero quiero hablar contigo.

— No tengo nada de qué hablar contigo.

No sólo fueron las palabras de Arthit, sino toda su postura la que demostró su
molestia hacia el novato. Incluso actuó como si verle la cara a Kongpob fue un
tormento. Y aun con su rostro furioso, Kongpob insistió, ignorando la pequeña
duda que la actitud de Arthit generó en él. El novato era obstinado, así que
volvió a pedírselo en voz aún más suave.

— Por favor, P'Arthit. Sólo quiero hablar contigo.

— Si no vas a soltarlos, quédatelos.5

Arthit había perdido la paciencia, y puso fin a la conversación. Él soltó los libros
y se volteó hacia la salida, yendo directamente con sus amigos que estaban
esperando por él al final del pasillo. Al parecer Knot no les dio su mensaje. Y
Arthit agradeció por ello.
— ¿Qué quería hablar contigo el novato?

Knot echó un vistazo al laboratorio de donde habían salido, viendo al novato de


pie, observándolos, y con el par de libros aun en sus manos.

— Nada. — La respuesta rápida y negativa de Arthit era totalmente opuesta a su


semblante nervioso. Knot suspiró con cansancio.

— La situación es esta, Arthit. No te creo. Primero el novato fue a buscarte al


comedor luciendo desesperado, ahora viene a buscarte y tú lo evitas. Además
de tu rara actitud durante todo el día. Es más que evidente que no es sólo
casualidad.

Knot aparentemente había dado en el blanco y eso sorprendió a Arthit. Pero


justo cuando quiso comenzar a protestar, su garganta se cerró. Las excusas no
pudieron salir de su boca. Porque su amigo estaba en lo cierto. Cada vez que se
encontraba con Kongpob, no podía mantener la compostura y actuar como
usualmente lo hacía. Arthit se sentía nervioso, y tenso, e inclusive, su
respiración se cortaba. Esa una de las razones por las que trató de evitar al
novato, distanciándose lo máximo posible. Aunque, si lo pensaba mejor, era
sólo él y su egoísta deseo de mantener controlado el terremoto de emociones
que asaltaba su corazón siempre que lo veía.18

— Knot, iré a comer con ustedes.

Arthit repentinamente cambió sus planes. Su amigo le dio una mirada


sorprendida, pero no creyó que fuera necesario añadir nada más. Así que
siguieron desde cerca al grupo liderado por Prem hacia un puesto de comida
cercano, en donde Arthit no bebió alcohol, sino un gran vaso de leche rosa. La
cena no duró mucho, en cuanto todos estuvieron llenos, la lluvia comenzó a
caer, y los planes de beber fueron dejados para otro día.
Arthit estaba terriblemente aburrido cuando volvió a su habitación en su
bicicleta, cerca de las nueve de la noche. Cansado y empapado, yendo
directamente a la ducha para evitar contraer un resfriado. Abrió la puerta de
cristal de su balcón techado para guardar su ropa limpia y un par de toallas,
quedándose congelado cuando sus ojos vieron el balcón frente al suyo.

En este había una persona de pie, justo bajo la lluvia, y mirando hacia el cielo
nocturno. Kongpob parecía perdido en sus pensamientos. Arthit se escondió
tras las cortinas para echar un vistazo más detallado. Al principio creyó que
Kongpob posiblemente estaba fumando, pero su imagen era más lamentable
que eso. Y al verlo, su corazón se estremeció, sintiéndose obsesivo, y extraño.
Como si se quedara sin aire.7

~~

Arthit debía haber regresado. Kongpob no se movió, sólo se quedó de pie,


observando la luz de la habitación opuesta a la suya. Se sentía terriblemente
mal, sin saber que hacer, sin opciones. Todos sus pensamientos giraban en
torno a un sentimiento tan fuerte en su interior y que, al mismo tiempo, era el
que lo había metido en esa situación de que no encontraba salida.

Algo a lo que temía. Y no quería admitir que estaba sucediendo. Iba a perder a
Arthit. Y tenía tanto miedo de que eso sucediera, que no sabía qué hacer para
arreglarlo.4

¿Como no se dio cuenta de que Arthit estaba molesto? Debió haberlo notado
desde esa mañana en el domingo, o el sábado por la noche, desde el momento
en que Arthit hizo la pregunta. Esa pregunta que debió haber respondido mejor.

O tal vez había una respuesta especifica que Arthit quería escuchar, una para
que no le hiciera ignorarlo. Pero, si le hubiese dicho la verdad, ¿no estarían
pasando por lo mismo? ¿Arthit entendería sus sentimientos? ¿Los aceptaría?
Pero si Arthit ya estaba molesto con él, ¿no valía la pena el riesgo? Ya no tenía
nada que perder. Después de todo, Arthit parecía ya no querer saber nada de
él. Y quizá, sólo quizá, él le podría confesar la razón de su enojo.

La tensión emocional lo empujó a querer fumar un cigarrillo, pero recordó que


los había tirado todos cuando le prometió a Arthit que iba a dejar de fumar.
Entonces el único escape emocional, y como todo romántico, fue la lluvia.
Enfriarse la cabeza con ella debía ser una buena salida, una distracción
momentánea antes de tener que ir y tomar una ducha. Entonces, cuando salió
y dejó que las gotas lo empaparan, vio hacia el balcón vecino. Ese que estaba a
quince metros de distancia, pero que parecía tan lejos como si se tratara de un
kilómetro.3

Kongpob suspiró y desvió la mirada hacia el cielo. Necesitaba dejar de sentir


pena por sí mismo, tomar un baño e irse a dormir. Y esperaba que eso, tal vez,
le hiciera sentirse más tranquilo.1

Kongpob entró a su habitación, se quitó la camiseta empapada, y justo cuando


estaba por dirigirse al cuarto de baño, escuchó su teléfono sonar sobre su cama.
Abrió los ojos con sorpresa cuando vio el nombre en la pantalla, como si fuera
una ilusión difícil de creer.

Era él.

—P'Arthit.

—Regresa los libros a la biblioteca, puedes quedarte con los cómics, yo pagare
la multa después por los días de retraso. —dijo Arthit rápidamente desde el otro
lado de la línea. Y entonces, cuando parecía que iba a colgar, Kongpob se
apresuró en hablar.

—¡Espera, P'Arthit! ¿Estas molesto conmigo?


—No.

— Si no estás molesto, ¿por qué no quieres hablar conmigo? ¿Es por no


responder a tu pregunta ese día? — Kongpob preguntó sin rodeos.

No se escuchó nada del otro lado de la línea, además del insistente sonido de
la lluvia. Una nueva ola de tensión cubrió a Kongpob justo antes de que
decidiera hablar de nuevo. Sabía que estaba tomando un riesgo demasiado alto
al confesarse directamente, y que si lo hacía podría perder su relación con
Arthit. Y seria para siempre.1

Pero, en ese momento, ya no le importaba nada.9

— Si realmente quieres saber la respuesta, te la diré. — Kongpob dirigió su


mirada hacia el balcón de enfrente, caminando hacia él nuevamente,
esperando que sus palabras llegarán hasta Arthit. — No sé cuándo comenzó,
tampoco sé cómo sucedió. Se que soy un hombre y que tú también lo eres, pero
por más que lo intente, no puedo mentirle a mi corazón, — todo a su alrededor
se detuvo, al igual que el corazón de la persona del otro lado de la línea. Ambos
sabían que se avecinaba, y el contexto predecible de lo que Kongpob estaba por
decirle a Arthit. — P'Arthit. Hace mucho tiempo quería decirte que yo...18

La llamada terminó antes de que sus palabras estuvieran dichas. Kongpob miró
el teléfono en sus manos, y comenzó a marcar nuevamente el número de Arthit,
pero fue lo mismo de las veces anteriores. Nada. Sólo una respuesta
automática.18

Eso era un claro rechazo. Uno que llegó incluso antes de que confesara
apropiadamente sus sentimientos.5

Entonces, ¿ese era el final? ¿Todo se había terminado entre él y Arthit?


Kongpob levantó la cabeza y miró a través del velo de lluvia hacia el balcón en
frente, sintiendo el vacío en su corazón consumirlo.
El miedo que lo asechaba todo ese tiempo se había convertido en una realidad.

Había perdido a Arthit.12

Lo que Kongpob no sabía era que las gotas de lluvia que caían y se resbalaban
por el suelo, rompiendo su forma perfecta, eran igual a las emociones dentro
del corazón de Arthit. Roto por todos esos sentimientos que no entendía.13

Él, en su habitación, cansado y sin saber cómo reaccionar se deslizó por la pared
hasta el suelo, soltando el teléfono en su mano. Arthit sabía perfectamente lo
que Kongpob estaba tratando de decirle. Pero él simplemente no estaba listo
para escucharlo. Aun no estaba listo para escuchar esas palabras de su boca, y
tampoco lo estaba para responder a la pregunta que él mismo le hizo a
Kongpob.

Porque sabía que después de confesarse, Kongpob le preguntaría de vuelta.


¿Qué era lo que él sentía por Kongpob?
Capítulo 25
Regla número veinticinco para el estudiante de primer año: "Mantente
alejado del líder de las novatadas"16

— ¡Kongpob, tu teléfono!

Todos los ojos presentes se giraron hacia Kongpob, el sonido de una llamada
entrante desde su teléfono rompió el silencio que reinaba en la biblioteca. Pero,
aunque todos estaban pendientes de la interrupción, Kongpob parecía perdido
en sus pensamientos. La llamada terminó sin ser atendida, y Kongpob regresó
a la realidad hasta que Em le tocó el hombro.

Kongpob reaccionó tarde, buscando su teléfono sobre la mesa, a pesar de que


la persona al otro lado de la línea ya había colgado. El novato suspiró con
pesadez antes de levantarse, dando una excusa vaga a sus amigos mirándolo
con curiosidad.4

—Ahora regreso. Tengo que hacer una llamada.

—Por supuesto, amigo. Pero, Kongpob, oye, ¿estás bien? —Em se atrevió a
preguntar con cierta inquietud en sus palabras. Era evidente que su mejor
amigo no se veía en las mejores condiciones, ni podía decir a ciencia cierta que
se debía, quizá a una mala noche. Aunque, posiblemente, se debía a que
Kongpob estaba tan concentrado en ser un buen líder que perdió la noción del
tiempo mientras hacia la presentación grupal. A pesar de que había otras siete
personas en el equipo a las cuales pedir ayuda. Em vio a Kongpob asentir con
aquellas terribles ojeras debajo de sus ojos. —Vamos, amigo, es mejor que
descanses. Has las llamadas que necesites hacer, y ve por un café. Estaremos
bien si ti.2
—Em tiene razón, hemos trabajado demasiado. Creo que yo también iré por un
café...

—¿Qué? ¡No! ¡De ninguna manera Ai'Tew! Primero termina tu parte del
trabajo—. Más de un miembro del equipo le negó a Tew irse. Em también giró
la cabeza hacia el alboroto, uno que Kongpob utilizó para escapar.2

Kongpob se levantó y dejó la mesa llena de libros que él y sus amigos había
llevado para estudiar el tema que se les había asignado. Llevaban ya dos horas
trabajando, exactamente desde las cinco de la tarde.

No tenía tiempo para tomar un café y relajarse. Estaba muy ocupado.


Necesitaba estar ocupado.1

Quería dejar de pensar en los últimos días. Kongpob se sentía ausente desde el
día en que Arthit se propuso evitar cualquier relación entre ellos, sintiendo que
esos tres días habían sido tres meses. Y la insistencia de Arthit por alejarse de él
sólo debía significar una cosa. Arthit no sentía lo mismo por él.12

Y no podía culparlo. Porque Kongpob lo entendía. Comprendía a Arthit, aunque


eso le doliera. Ambos eran hombres, y no era fácil cambiar sus preferencias sólo
porque alguien de su mismo sexo estuviera repentinamente enamorado de él.
Kongpob también dudaría.3

Pero, tampoco podía evitar tener ese pequeño rayo de esperanza. Desde que
conoció a Arthit, un extraño sentimiento se fue alojando en su corazón,
complicándolo todo. Su relación con Arthit, y con ello, su vida. Ese sentimiento
se había hecho aún más fuerte cuando descubrió que había dejado de ver a
Arthit sólo como un veterano común. Cuando supo que veía a Arthit de otra
manera.

A los ojos de cualquiera era imposible que vieran algo más entre ellos. Un
sentimiento que no había experimentado con nadie más antes de Arthit.11
Kongpob quería estar cerca de él. Cuidarlo. Amaba su sonrisa, y le dolía
profundamente la indiferencia que Arthit mostraba hacia él.8

Aunque, principalmente, no había pasado algo terrible entre ellos, además de


haberle confesado sus sentimientos a Arthit. Algo por lo que no tenía que
disculparse. Así que Kongpob terminó aceptando su error, no podía
descuidarse sólo por no tener apetito, ni desgastar sus valiosas horas de sueño
sólo por pensar en que hubiese sido mejor mantener en secreto sus
sentimientos.

Y, a pesar del buen razonamiento al que había llegado, aun así, le era imposible
abstenerse de pensar en él. De buscarlo en el balcón frente al suyo con la
mirada. Así que el primer paso fue alejarse de su habitación. Esperar una
llamada de Arthit fue un martirio, así que también se deshizo de esa tentación,
manteniendo su teléfono lejos de su vista.

Con desgane Kongpob revisó la lista de llamadas perdidas en su teléfono sin


salir de la biblioteca, optando por esconderse entre las estanterías en el fondo,
junto a las escaleras que conducían al piso superior. Su decepción al no ver el
nombre ni número que instintivamente sus ojos buscaron se vio interrumpida
cuando el nombre de Per, su compañera de código apareció en la pantalla.

— ¡Hola P'Per! Lamento no haber respondido tu llamada.

— ¡No te preocupes por eso, Nong! Sólo te llamaba para hacerte una pequeña
pregunta. Es sobre el domingo. Iré a la boda de P'Fone y P'Thum en mi
automóvil, y quería saber si te gustaría ir conmigo. Pasaré por la universidad,
también llevare a Numnun, Phak, So y Lin. A menos de que ya tengas otros
planes.

Kongpob dudaba que hubiese lugar para todos en el automóvil de Per, pero
realmente quería ir a la boda con alguien más, llegar solo a un lugar que no
conocía no era del todo atractivo. Así que rápidamente aceptó la propuesta de
Per.

— Si es conveniente para ti, te agradecería que me apartaras un lugar en tu


auto.

— Entonces te recogeré a las cinco de la tarde, ¿en qué edificio vives?

— Chayaprang.

— ¡Muy bien, hasta el domingo!

Kongpob colgó después de despedirse de Per. Tenía ganas de ir a la boda, pero


no estaba seguro de estar siendo lo suficientemente consciente con todos sus
pendientes. Estaba demasiado ocupado en el proyecto de su clase. Aunque, por
otro lado, estaba agradecido de que ese proyecto de último minuto le ayudara
a mantener su mente ocupada, a pesar de que había consumido la mayoría de
su energía.

Kongpob palmeó con fuerza su rostro, tratando de eliminar el sueño


haciéndose paso en sus sentidos. Pensando en que, tal vez, su mejor amigo
tenía razón, y debía ir por un vaso de café bien cargado.

No tuvo oportunidad de llegar a la cafetería, porque en cuanto paso por las


escaleras del de la biblioteca, se encontró de frente con una persona familiar.
Knot, uno de los veteranos de la novatada. Así que el novato se apresuró en
darle un saludo formal, inclinándose más de lo que planeó.

— Hola, P'Knot.

— Hola, novato. Oye, no tienes que inclinarte.

Y a pesar de darle permiso a Kongpob de que fuera casual con él, Knot también
unió sus manos en un saludo formal. Más por costumbre que por otra cosa.
Estaba distraído, buscando un lugar tranquilo donde estudiar sus apuntes de
literatura.

Cuando Kongpob finalmente levantó la mirada, Knot tenía la intención de


seguir en sus asuntos. Pero fue detenido con una petición inusual.

— Espera, P'Knot. Necesito darte algo, ¿puedes esperar aquí un minuto? — Knot
no tuvo tiempo de darle una respuesta, ya que el novato de primer año salió
corriendo. Y tan pronto como se fue, regresó con una pila de libros y papeles.

— P'Knot, ¿podrías entregarle estos libros a P'Arthit? — Knot miró los libros que
le estaban siendo entregados. Estos parecían manuales de mecánica, justo los
que estaban utilizando los de su semestre actual. Y sobre uno de ellos, en la
pasta vieja de papel, había un par de garabatos en una letra tan fea como la de
su mejor amigo. Lo que llevó a Knot a preguntarse la razón de que el novato los
tuviera consigo. Sin llegar a completamente la situación, Knot prometió
cumplir con la solicitud de Kongpob, dándole un asentimiento lento al novato.6

— Muy bien, se los daré.

— Gracias.

Kongpob observó a Knot alejarse con los cuadernos bajo el brazo, esperando
hasta que lo perdió de vista para dar media vuelta y regresar a la mesa grupal
sin su café. Ellos le recibieron con una sonrisa que él devolvió de buena gana.

Si Arthit no quería encontrarse con él, evitando incluso sus mensajes de texto,
entonces quizá lo mejor era darle algo de espacio. Quizá era lo mejor para
Arthit, y para él.1

Posiblemente estar un tiempo separados le ayudaría también a sofocar el dolor


de su corazón.

O eso era lo que el novato esperaba.5


~~

—¡Oye, oye, Arthit! ¿Cuánto dinero pondrás en el sobre? ¿Podemos


compartirlo? ¡Estoy en quiebra! No deberían hacer una fiesta a final de mes.

—Ya compré un regalo.

—¡Vaya! ¡Compraste un regalo! No podía esperar menos del esclavo de


P'Thum—Arthit hizo oídos sordos a las risas escandalosas de sus amigos.
Estaban en el primer piso de la biblioteca, y aunque era un lugar principalmente
de máquinas expendedoras y una pequeña cafetería, se suponía que debía ser
un lugar silencioso.1

Habían llegado ahí con la intención de estudiar para el examen de química, pero
no duraron demasiado tiempo en la mesa más grande del área de descanso
antes de que dejaran de lado los libros y comenzaran a parlotear.

Arthit abrió el libro frente a él, pero casi inmediatamente su cabeza se


tambaleó. Tenía muchas ganas de dormir. Era difícil estudiar cuando había
demasiadas cosas en su cabeza, además de que la boda de Thum era al día
siguiente.

Se culpó incansablemente por no haber dormido la noche anterior. Pero sabía


que la razón de su insomnio estaba lejos de desaparecer. Más cuando no podía
distraerse sin que los mismos pensamientos regresaran a su mente, y le
hicieran angustiarse.

Se sentía sumamente culpable desde que interrumpió a Kongpob y terminó la


conversación por teléfono. Sabía que pudo haber herido los sentimientos del
novato, ¿qué más podía haber hecho en esa situación.9

Después de todo, él aún no estaba listo para decidir que sentía por Kongpob.
Menos aún, para decírselo.
Se conocían desde sólo tres meses atrás. Era muy poco tiempo para estar
enamorado.16

Pero, aunque no sabía realmente que sentía por Kongpob, Arthit estaba
consciente de que ese novato no era para él como lo eran los demás de su curso.
Le gustaba ser mandón con él, por supuesto, igual que con los demás, y sobre
todo por la extraña habilidad de Kongpob por irritarlo. Pero era diferente, algo
en la satisfacción por hacerle entender al novato que estaba equivocado, en
tener su atención, era diferente.

Arthit se pasó los dedos por la cabeza, cuanto más pensaba en Kongpob, más
estresado se sentía. Al final se recostó sobre la mesa, esperando poder
quedarse dormido, y descansar su cerebro. Pero la paz duró segundos antes de
que alguien le tocara suavemente uno de sus hombros, como si esperara
averiguar si estaba o no consciente.

— Hola Arthit, me pidieron que te diera esto. — Arthit vio ante él una pila de
libros, entre los que se reconoció su manual de mecánica, el mismo que se mojó
en la pequeña inundación en su habitación. Arthit recordó el refrigerador de
Kongpob, donde se suponía que estaban e inmediatamente sus ojos se
abrieron, enderezando su postura.

—¿Quién te los dio? — Preguntó Arthit, sintiéndose estúpido por haber hecho
una pregunta que tenía una respuesta realmente evidente. Él negó con la
cabeza, desistiendo de su pregunta y extendió las manos para recoger los
libros. Estos lucían impecables, tal y como estaban antes de que se mojaran.

— Me los dio un novato, ¿Kongpob?

— Bien, gracias. Lo que sea. No importa. — Arthit murmuró con fingido


desinterés, mirando distraídamente el cuaderno en sus manos.2
En realidad, no le importaba tener los libros de vuelta. Ni siquiera se acordaba
de ellos hasta ese momento. No, no estaba preocupado por los libros, sino por
el novato.

Aunque Kongpob a menudo le causaba dolor de cabeza, había algunas


actitudes específicas de Kongpob que no le golpeaban el ego, sino el corazón.
Especialmente la amabilidad del novato sin pedirle nada a cambio.13

Un ejemplo de ello era el haber pagado las multas por los libros de la biblioteca,
los cuales fue con intención de pagar el extravío y los días en los que estuvieron
fuera, sólo para llevarse la sorpresa de que alguien más ya los había entregado
y pagado.

No importaba el método que usara para mantener su mente ocupada, Kongpob


siempre regresaba a sus pensamientos. Era como una constante dolorosa y
culpable que no dejaba que su día a día marchara como usualmente lo hacía.

No importaba cuanto le prohibiera a su mente pensar en Kongpob, porque su


corazón no hacía más que sentir el vacío que lo recodaba. Aquella que trataba
de negar que extrañaba a Kongpob.14

~~

Exactamente a las siete en punto, Kongpob y sus amigos se levantaron de sus


sillas, y cerraron sus libros, dando por terminada la sesión de estudio. Lo único
que faltaba del proyecto era prepararse a sí mismos para presentarlo y
aprenderse bien el texto que leerían frente a la clase. Y gracias a que Kongpob
se había ofrecido voluntariamente a dar los ajustes finales, además de ser quien
explicaría la mayor parte del proyecto, los demás tenían un peso menos sobre
los hombros. Algo que no iba a dejarle mucho tiempo para dormir a Kongpob
esa noche.
Antes de regresar a su habitación, Kongpob aparcó su motocicleta rente al
restaurante de comida casera en la misma acera que su edificio, teniendo la
esperanza de poder, al menos, comer algo delicioso que le hiciera recuperar las
fuerzas que creía perdidas.

Al acercarse al área de bebidas titubeó ante la cantidad de personas formadas,


haciendo fila para ordenar algo refrescante con lo que acompañar sus
alimentos. Fue en ese mismo momento cuando la única vendedora encargada
de servir las bebidas se dirigió a todos los clientes, hablando tan alto que
incluso Kongpob pudo escucharla.1

— ¡Escriban sus pedidos y vuelvan más tarde!

Kongpob imitó a la persona frente a él, se acercó al mostrador en donde había


una pequeña libreta además de una pluma. En cuanto fue su turno, Kongpob
pensó en escribir en el papel el café frío que había deseado en todo el día, pero
mientras su mano terminaba de escribir, se le ocurrió algo más que podría
preferir tomar.

Probablemente se arrepentiría, pero se dijo que necesitaba toda esa azúcar


para soportar trabajar toda la noche, o hasta donde le fuera posible resistir
despierto. Así que ensartó el papel en la aguja de pedidos y le cedió su lugar a
la persona detrás de él.

Minutos después de que Kongpob se alejara y paseara sus ojos por el menú en
busca de algo que le llenara el estómago, en la fila llegó un estudiante
malhumorado. Quien, al ver la fila, desistió de ordenar una bebida de la forma
convencional y abusó de su antigüedad como cliente yendo directamente con
la vendedora, haciendo su pedido como un favor, no como un simple cliente.

Y en realidad, Arthit era una especie de cliente VIP que siempre pedía la misma
bebida, por lo que la mujer sólo asintió en respuesta y aceptación de su pedido.
Pero no importaba si era un cliente frecuente, Arthit estaba consciente que su
pedido iría hasta el final de todos los demás. Así que se permitió ir a ojear el
menú antes de que su leche rosa estuviese lista. Necesitaba esa azúcar y tener
su estómago lleno si quería poder concentrarse y estudiar, ya que en la
biblioteca no había prestado nada de atención a sus apuntes. Su cerebro estaba
prácticamente vacío de información.

Arthit ordenó un plato de Arroz con brochetas de cerdo, y chile curtido. Con
ambas manos ocupadas regresó al puesto de licuados y jugos, aprovechando
que la mujer estaba repartiendo bebidas recién salidas, se acercó a preguntar
por su pedido.

— Disculpe, ¿mi leche rosa ya está...? — no terminó la oración. Sus ojos se


encontraron con la persona a su lado, un estudiante que se acercó a la barra
justo al mismo tiempo que él. Fue un encuentro inesperado. Uno que
especialmente él había tratado de evitar en toda la mañana, y los últimos dos
días. Por lo que, en definitiva, Arthit no se sentía listo para ese encuentro.1

Kongpob se estremeció cuando sus ojos se encontraron, confundido, y


nervioso. Sin embargo, logró recomponerse rápidamente, desviando la mirada
de los ojos abiertos e igualmente sorprendidos de Arthit hacia la vendedora.

Arthit se sentía hecho de piedra. Había tensión en el ambiente, uno que le


suprimió la garganta, quedándose sin la capacidad de hablar por largos
segundos. Estar en esa situación era sumamente desagradable, tanto que
quería salir corriendo de ahí. Y posiblemente lo hubiese hecho de no ser porque
la vendedora habló.

— ¡Leche rosa, lista! — Arthit rápidamente extendió la mano para tomar su


pedido, e irse tan rápido como le fuera posible. Pero la incomodidad sólo
aumentó cuando la vendedora apartó el vaso y meneó la cabeza.
— ¡Arthit, esta no es tuya! Este joven llegó antes que tú. Te estuve buscando
para decirte que ya se terminó la leche rosa, ¿quieres alguna otra bebida?

Arthit no separó sus labios. Se quedó mirando el vaso en las manos de la


vendedora y asintió en comprensión. Pero no pudo evitar que sus ojos se
desviaran hacia Kongpob. Quien, para su sorpresa, no se molestó en mirarlo de
vuelta.

— Está bien, no tengo problema con que se queden con mi pedido. — Kongpob
cedió su bebida con educada cortesía. Disculpándose con la vendedora, y
dándose la vuelta hacia la salida sin ver a la persona a la que le dejó su bebida.10

Arthit se quedó en silencio, confundido. Kongpob era una persona amable,


estaba en su naturaleza, pero, por alguna razón, Arthit había creído que él era
un caso especial. Que a él lo trataba diferente. Con un significad detrás.

Pero ese Kongpob ni siquiera mostró una sola reacción al verlo, fue indiferente
y distante. Tan frío que a Arthit le pareció que era otra persona.29

— ¡Estas de suerte, Arthit! ¡Son 15 baht! — la voz de la vendedora hizo que Arthit
regresara a la realidad. Asintió y sacó el dinero de su bolsillo para pagar,
regresando directamente a su dormitorio.1

Y aunque había conseguido la cena que quería, cada paso hacia su edificio fue
haciéndose más pesado y difícil al igual que los pensamientos en su cabeza.

¿Por qué se sentía tan decepcionado? ¿No había querido el mismo que su
relación fuera así?2

¿No había querido mantener a Kongpob lejos de él?

Se suponía que lo ideal era que Kongpob mantuviera cierta distancia de él, la
suficiente como para que no lo confundiera. La necesaria para mantener una
relación de Phi-Nong.2
Arthit sorbió su leche rosa. El líquido permaneció en su boca, pero la bebida fría
no le refrescó al tragarla. Sabia amarga, no la sensación agradable y dulce de
costumbre.

No se dio cuenta cuando el sabor cambió de amargo a dulce, hasta convertirse


de alguna forma en salado.

¿Pero como no podía saber salado? Si las lágrimas tenían ese sabor tan
particular.13

En ese momento Arthit se dio cuenta de que el sabor de la leche rosa mezclado
con lágrimas no era para nada agradable.
Capítulo 26
Regla número veintiséis para el estudiante de primer año: "Permitele al
lider de las novatadas tomar una decisión"18

Arthit se miró en el espejo. Llevaba un pantalón negro ajustado y una camisa


blanca. Un atuendo que se veía ordinario, incluso como si fuera de primer
ingreso y estuviera por ir a la universidad. Pero la corbata roja alrededor de su
cuello demostraba que ese era un día inusual.

Arthit había elegido una corbata roja para el tema de la boda de Fone y Thum,
el cual era "rojo", justo de esa forma indicado en la invitación. Una boda a la
que debía asistir, no solo porque consideraba a ambos veteranos como buenos
amigos, también porque ellos lo ayudaron mucho en su vida universitaria, y les
tenia bastante respeto.

Pero a juzgar por la expresión oscura de su rostro reflejado en el espejo, no


podía decir a ciencia cierta que ese día estaba de ánimos para asistir a una
ceremonia tan especial y feliz como lo era una boda.

Todo el sábado había pasado buscando algo rojo en su armario, sin suerte, por
lo que tuvo que ir en busca de una corbata roja, el único elemento rojo en su
atuendo. Pero eso era mejor que nada.

Arthit se convenció en que su estilo era elegante, y sencillo. Sin lucir demasiado
cargado de color rojo. Y, aun así, los círculos oscuros de cansancio debajo de
sus ojos, además del insoportable dolor de cabeza que tenía, le impedía
levantar sus ánimos.

Especialmente, debido a que el dolor de cabeza tenia una razón. Una que no
dejaba de atormentar a su cerebro, y oprimir su corazón.
Su teléfono comenzó a sonar, rompiendo el silencio cómodo de su habitación,
y obligándolo a volver a la realidad. Arthit superó a su reflejo y miró hacia la
pantalla de su celular sobre la repisa. La llamada era de su amigo Knot.

—¿Ya estas listo? Te estoy esperando fuera de edificio.

—Si, estoy por bajar—contestó Arthit justo antes de colgar. Volvió a suspirar,
esa vez en un intento por aliviar la carga que atormentaba su cabeza.

Ese era un día de fiesta, y por lo tanto debía animarse, o al menos fingir que se
sentía feliz de estar en la boda de sus veteranos. Sobre todo, por respeto a ellos
y a los invitados de los recién casados.

Arthit se puso un saco color negro y volvió a darse un ultimo vistazo al espejo,
sin olvidar que debía tomar el regalo para sus amigos. Una vez que se sintió listo
se encaminó a la puerta y cerró con llave su habitación. Knot estaba recostado
en su Toyota Camry, e inmediatamente al verlo bajando por las escaleras él
levantó su mano como saludo. El automóvil se abrió enseguida, con alguien
saliendo de este desde la puerta delantera. La sonrisa irónica en el rostro del
segundo hombre que saludó a Arthit casi le hizo sentirse de mejor humor.

—¡Al fin llega, su excelencia! Por favor suba al auto. ¡Demonios, te ves tan guapo
que incluso pensé que eras el protagonista de algún drama coreano!2

—¿Yo, un actor coreano? Tiene sentido. Y tu Prem, ¿por qué te vestiste como un
viejo de película china? ¿O ahora trabajaras en un restaurante sirviendo fideos?
¿En que estabas pensando cuando te pusiste eso? —Arthit dijo con un tono
burlesco y mordaz a su amigo Prem, quien se reía con otro par de compañeros
veteranos en el interior del automóvil de Knot.

Todos ellos habían sido invitados por Thum, incluyendo Prem, quien, a pesar
de ser de otra carrera, conocía a Thum de las reuniones de bebida a las que él
los invitaba después de las novatadas. Además de que Prem tenia el papel de
ser el encargado de tomar fotografías del evento, y como todo invitado, debía
ir de rojo. Aunque su elección de vestuario no fuera muy agradable del todo.5

—¡Cállate, Arthit! Está bien, no tuve tiempo de encontrar un atuendo mejor. Me


tuve que poner el único traje que me quedaba, y resultó ser este. Además, tiene
poco del año nuevo chino, sigue de moda. —Arthit levantó ambas cejas con una
mirada sarcástica a Prem. Claramente su amigo no tenia ni una pisca de origen
chino en su ADN. Y se hubiera burlado de él si no fuera porque el hombre detrás
del volante los interrumpió.

—¿Cuánto tiempo esperan discutir? ¡Arthit, sube ahora o llegaremos tarde!

Knot se había metido a su automóvil en algún momento de su discusión, y había


sido él el que encendió el automóvil sólo para que Arthit se apresurara en abrir
la puerta e ingresar. Arthit se sentó en el asiento trasero detrás del conductor,
y segundos después el automóvil comenzó a moverse.

Después de un rato el automóvil de Knot llegó al estacionamiento de un


elegante hotel cerca del puente Rama 8 que cruzaba el rio Chaopraya. En ese
punto del día el sol comenzaba a esconderse hacia el horizonte. Combinando
con el escenario del evento que había sido decorado con rojo. Pétalos de rosa
estaban esparcido por todas partes, y la mayoría de los invitados eran
estudiantes y graduados de la facultad de ingeniería. Tanto que incluso se
podía creer que eso no era una boda, sino una reunión de estudiantes de
diferentes generaciones de la facultad de ingeniería.2

Los recién casados estaban dándole la bienvenida a los invitados en el arco de


flores justo en la entrada. Por lo que apenas pasar, Arthit y sus amigos se
dirigieron a ellos, comenzando la serie de saludos y felicitaciones.

En el cuello del novio había una mariposa color rojo brillante la cual era la que
llamaba principalmente la atención en todo su atuendo. La novia estaba
hermosa, irradiaba una luz especial de encanto, obligando a todos los invitados
a mirarla con admiración. Pero los recién casados seguían siendo buenos
anfitriones a pesar de ser la pareja protagonista de la noche.

—P'Thum, P'Fone ¡Estoy muy feliz por ambos!

La primera en voltear para recibir a Arthit fue Fone, con una sonrisa que la hizo
ver más que hermosa.

—¡Ai'Oon! ¡Estás aquí! Ven, vengan todos ¡Tomemos una foto! —Fone tiró de la
manga de Thum y los acercó a todos al área donde el arco se apreciaba de mejor
forma para una fotografía.

Poco después de que todos se conglomeraron en ese pequeño espacio, el grupo


de las novatas comenzó a posar para la cámara, haciendo un par de poses
graciosas como si ellos fueran el centro de la fiesta. Prem tuvo que tomar más
de una foto, sólo porque sus amigos no dejaban de moverse en diferentes poses
un tanto ridículas que hicieron reír a los invitados y a los recién casados.

Cuando otro grupo de invitados llegó, los veteranos se vieron obligados a


abandonar su lugar en el arco de flores, y ceder la atención de los recién
casados.

—¡P'Thum, P'Fone! Muchas felicidades.

Los recién casados voltearon al mismo tiempo, emocionados por recibir a más
de sus invitados. Por lo que se despidieron momentáneamente de sus menores,
y corrieron hacia los nuevos recién llegados.

En ese nuevo grupo estaba Apple, una hermosa chica de vestido floreado, Phak,
un estudiante de cuarto año, y dos novatos. Aunque, realidad, había uno de
cada año. Ple quien estaba en segundo, una chica de tercero, Phak de cuarto, y
detrás de ellos, los novatos, Kongpob y Lin. Todos ellos compañeros de código
de Fone, a excepción de Lin, que era la novata del mismo código de Thum.

La sonrisa en el rostro de la novia no se hizo esperar. En ese instante corrió hacia


ellos con evidente emoción.

—¡Al fin llegaron! ¡Vengan, vengan, tenemos que tomarnos una foto toda la
familia 0062! —Fone exclamó mientras guiaba a sus menores hacia el arreglo
floral. Por un minuto vaciló al ver más gente reunida en el punto de la fotografía.
—¡Tú, Thum, fuera de aquí! Es una foto especial con mis compañeros de
código.13

Thum fue echado como un perro de la escena, teniendo que ver desde un punto
alejado al de la cámara a su futura esposa siendo fotografiada con sus menores
y compañeros de código además de estar bajo el escrutinio y burlas de los
ahora miembros de la novatada, los Hazers de tercer año.

Finalmente, después de una basta sesión de fotos, Thum fue invitado por la
misma mujer que lo echó sin contemplaciones, a ser parte de un par de
fotografías.

El rostro de Fone fue el que arruinó la ultima fotografía. Sus labios se abrieron
en sorpresa cuando una realidad llegó a su mente de forma inesperada.

—¡No nos hemos tomado nunca una fotografía los 0062 y 0206! ¡Vamos,
júntense, vengan los 0206!

En ese momento Thum se aseguró de que sus compañeros de código se


enteraran de que estaban por tomar una fotografía, por decirse, que uniría a
ambas familias 0062 y 0206. Era de esperarse que tardaran en reunirse y
acomodarse, incluso Arthit no sabía bien donde pararse. Eran cerca de diez
personas bajo un modesto arco de flores, por lo que todos tuvieron que
apretarse para salir en el marco de la cámara. Aquello siendo orden del
fotógrafo, Prem, que parecía no encontrar un angulo que le agradara, y que
cumpliera con las expectativas de retratar a la gran familia de ambos códigos.

—¡Juntense más! —exigió nuevamente Prem.

Arthit se dejó empujar por algunos chicos, ocupando un espacio libre y


haciendo caso de las indicaciones de Prem. La distancia entre todos era tan
mínima que no tardó en llegar a sus sentidos la delicada fragancia en el hombre
a su lado. Olía tan bien que fue inevitable que girara la cabeza hacia él. Y en
cuanto lo hizo, se congeló. Arthit se sintió incapaz de hacer algún movimiento
al descubrir que el brazo que se apretaba al suyo era el de Kongpob.15

Y él también se dio cuenta de la presencia de Arthit, y aquello no sólo fue por la


evidente sorpresa del hombre junto a él. Por ello, Kongpob miró hacia abajo
antes de que sus miradas se encontraran, y se concentró en el fotógrafo,
especialmente en sonreír a la cámara.

Prem levantó una mano y contó iniciando de forma regresiva desde el número
tres, antes de oprimir el botón.

—Hagámoslo de nuevo, ¡tomaré un par más! ¿Listos? ¡Tres, dos, uno!

Arthit intentó sonreír a la cámara, pero sus esfuerzos no lograron más que
plasmar en ella una mueca agotadora y extraña. Prem continuó tomando
fotografías, y Arthit se esforzó cada vez más en levantar las comisuras de sus
labios, mostrando una versión feliz de su rostro que posiblemente nadie
creería. Pero, aunque realimente se esforzó en ello, se sentía todo lo opuesto a
feliz. Sus emociones se habían conglomerado en su pecho, haciéndolo latir
demasiado fuerte. Tanto que resultaba doloroso.

Y todo porque Kongpob se sentía tan lejos a pesar de esta a su lado, hombro
con hombro.9
—¡Eso es todo! Terminamos.

La sesión de fotos terminó, e inmediatamente todos comenzaron a dispersarse.


Y con ello, el agradable olor de Kongpob, desapareciendo la agradable
sensación en la nariz de Arthit, y dejando un vacío en su corazón.10

Era inesperado que doliera tanto. Arthit había supuesto que su encuentro serio
difícil, pero no que eso le afectaría tanto. A tal grado de comenzar a sentir que
no podría seguir soportando tanto dolor.2

Arthit no pudo controlarse cuando levantó la vista y vio a Kongpob aun cerca
de él. Extendió la mano y lo sujetó de la manga de su saco, haciendo que se
detuviera.

—Kongpob—dijo en voz baja a saludo, quebrándose su voz cuando se dio


cuenta de lo que estaba haciendo, y apresurándose a bajar la mano con
torpeza, escondiéndola en su espalda. Una reacción que fue muy lenta.
Kongpob se dio la vuelta con una sonrisa a medias en sus labios,
respondiéndole con sutil diversión.

—¿Pasa algo?12

Demasiado pronto, fue lo que pensó Arthit. Él claramente no estaba listo para
esa conversación. Pero no era el tipo de persona que se echaba atrás justo en
el momento decisivo, por lo que se obligó a hablar y decir lo primero que llegó
a su cabeza, aunque su voz tartamudeara.1

—¿Cómo estás? —soltó, y aunque podría decirse que era una pregunta casual,
poco apropiada en ese momento, dicha por su boca, se escuchó realmente
estúpida.9
Esa simple pregunta fue todo lo que pudieron balbucear sus labios, quedándole
sólo esperar una respuesta. Kongpob también notó que Arthit no agregaría
nada más así que se limitó a encogerse de hombros y dar una respuesta breve.

—Estoy bien.

—Eso es bueno...La fiesta es hermosa, ¿cierto?

—Lo es.

—Si, tienes razón...Por cierto, esta moda de temas es graciosa. ¿Rojo? ¿En que
estaban pensando P'Fone y P'Thum?, ¡fue muy difícil conseguir algo de ese
color! Sabes, es gracioso que justo hoy conseguí esta corbata roja—Arthit dejó
salir de su garganta una risa rara y antinatural, tan ronca que pudo haber
pasado por tos.11

Fue lamentable. Tanto que Kongpob se apiadó de él e interrumpió el recién


creado silencio incomodo, aclarándose la garganta antes de hablar.

—P'Arthit se que esto es incómodo para ti, lo es para ambos. Asi que mejor no
intentes forzar entablar una conversación conmigo —. Las palabras de Kongpob
hicieron que Arthit, desconcertado, al fin se atreviera a levantar el rostro y
mirarlo a los ojos. Él, el estudiante de primer año, también lo miró fijamente,
sosteniéndole la mirada, haciendo sentir a Arthit como si desapareciera bajo
sus penetrantes ojos.11

No era una mirada fría e indiferente que él esperaría después de todo lo que
había herido a Kongpob, en lugar de eso, fue la de un hombre cansado, rendido
al rumbo que habían tomado las circunstancias, quizá hasta sin energías para
esconder el evidente dolor que le causaba hablar con él.12

Y eso mismo sintió Arthit cuando Kongpob continuó hablando. Dolor. Sólo
dolor.
—Cuanto más lo intentes, más esperanza me das.14

Fueron dos frases las que dijo Kongpob antes de volver a su camino, dejando a
Arthit sin fuerzas para detenerlo.

No porque en realidad no quisiera detenerlo, sino porque esas simples palabras


le hicieron darse cuenta de lo egoísta que estaba siendo. No entendía la razón
de esa sensación ansiosa y constante en el pecho, del dolor y la necesidad de
hablar con Kongpob, de arreglar las cosas.

Pero incluso él sabia que algo como aquello no seria posible sin antes aclarar
su relación.

Knot llegó justo a tiempo para salvarlo de sus pensamientos confusos. A unos
metros, acercándose, su amigo lo llamó con una mano medio levantada,
indicándole con la otra que era hora de ir al salon donde seria todo el evento.
Arthit asintió en comprensión, no sin mirar a sus costados, en busca de
Kongpob, quien, al parecer, había desaparecido.

Un paso detrás de otro, lentos y sin ganas, hicieron que Arthit llegara a la fila
reservada para él y sus amigos. Sus lugares eran cerca del pequeño foro de
apenas unos centímetros de alto en donde ya se encontraba el casamentero, y
los amigos más cercanos del novio y la novia. Minutos después, la música
cambió y Fone junto con Thum hicieron acto de presencia en el camino hacia el
frente. Arthit observó a los novios avanzar, P'Fone luciendo esplendida, y Thum
con un aura segura y confiada, ambos transmitiendo la felicidad que sentían. Al
llegar, sus padres les pusieron una corona de flores tradicionales en sus
cabezas, una forma de desearles una vida larga y feliz. La segunda parte fue un
par de preguntas a los novios.

—Me han dicho que al principio ni siquiera eran amigos, ¿cierto? ¿Entonces,
como fue que se enamoraron?
Ambos novios voltearon a verse de manera cómplice, siendo Thum quien se
apoderó del micrófono, sin abandonar la sonrisa burlona en su rostro, para
contestar.

—En aquel entonces yo era el líder de las novatadas, y Fone la jefa del equipo
de enfermería. Recuerdo que estábamos en medio de una de las actividades
usuales para los novatos, una que resultó algo ruda para algunos de ellos, tanto
que unos cuantos se enfermaron. Fue entonces cuando Fone me enfrentó,
alegando que no podía ser asi de estricto con los novatos, solo porque el equipo
de enfermería no tenia tiempo para ayudarlos a todos. Me amenazó con
acusarme con el director si seguía siguiendo duro con ellos. Después, cuando
se dio cuenta que enfrentarme en las juntas privadas no surtía efecto, comenzó
a interrumpir las actividades de los novatos. Pero ¿cómo iba a estar de acuerdo
con ella? El deber de los veteranos es ser duros con los novatos. Es una regla.
Por lo que, al no estar de acuerdo, comenzamos a pelear mucho.

La veracidad de la historia contada por Thum podía ser confirmada por varios
testigos que asintieron con diversión al relato. Y Arthit era uno de ellos. Cuando
era un novato, Thum fue el líder de las novatadas, y recordaba lo duro que fue
con ellos. Pero la parte en que las actividades eran tan duras que varios
enfermaron, no fue del todo cierta. Arthit recordaba que Thum en realidad si les
daba unos cuantos minutos de descanso, y que no todo eran peleas, sino un
enfrentamiento de miradas silencioso entre el líder de las novatadas, y la
hermosa jefa de enfermeros Fone, que siempre estaba lista para ayudarlos.

—No tenia idea de lo que estaba pasando entre los dos hasta que fue inevitable
darme cuenta de que nos iba a ser imposible separarnos. —Thum terminó su
discurso, cediendo el micrófono y dándole un beso suave en el dorso de la
mano a Fone. Era evidente su felicidad, y agradecimiento hacia el público,
alegres de convertirse en compañeros de vida frente a sus seres más queridos.8
Arthit no pudo evitar compararse con ellos. Aunque su relación era
completamente diferente a la suya y Kongpob. Así que se limitó a mirar la
escena de ambos novios con el corazón hundiéndose en su pecho.

Él también era el líder de las novatadas, un estudiante de tercer año, y Kongpob


un estudiante de primer año, un novato. Incluso si Arthit le propusiera a
Kongpob volver a ser sólo Nong-Phi, sería una relación muy difícil de recuperar.

Y probablemente ya era demasiado tarde para eso.

—¡Todos los invitados, levanten sus copas en honor a los recién casados! —la
voz del presentador regreso a Arthit a la realidad, centrando su atención
nuevamente en la boda. Se levantó al igual que los demás, con su copa en alto,
y escuchó el discurso de felicitación a los novios. Después de tomar el liquido
en su copa, Arthit recordó un vergonzoso detalle. No le había dado aun la tarjeta
a Thum. Pero al ver el alboroto, decidió que lo haría cuando la multitud se
despejara.

La fiesta duró hasta las diez de la noche, fue hasta entonces que los invitados
comenzaron a dispersarse. Varios eran estudiantes de ingeniería, por lo que
Arthit no dejaba de ver caras conocidas esperando su turno para despedirse de
los recién casados. Fue entonces cuando Arthit se hizo camino hasta la novia,
que estaba recientemente sola.7

—P'Fone, ¿sabes dónde está P'Thum?

Fone asintió.

—Fue al baño.

Arthit fue hacia el lugar que ella le indicó, y apenas entrar encontró a Thum
lavándose las manos. Él, por su parte, reconoció de inmediato a Arthit.

—¡Ai'Oon! Que coincidencia, ¿estas por irte?


—No, yo...P'Thum, tengo un regalo para ti—dijo Arthit con algo de vergüenza
mientras le tendía la tarjeta en un sobre rosa a Thum.

Por unos segundos, Thum miró con confusión el sobre, pensando en que era
dinero en efectivo como un presente, pero de todos modos lo abrió. En el
interior había una bonita tarjeta de felicitación, con unas cuantas palabras de
agradecimiento por toda la ayuda que le había brindado a Arthit desde que era
un novato. Cada palabra Arthit la había escrito de corazón, por lo que Thum
asintió igualmente agradecido.

—Muchas gracias, Ai'Oon. Aunque, honestamente, nunca esperé recibir una


tarjeta de tu parte—, dijo Thum con tono burlón, dando a entender que una
tarjeta no iba con la personalidad de Arthit. Y tenia razón, por lo que Arthit
admitió al instante la verdad.

—No sabia que regalarte, así que seguí el consejo de una persona, esta dijo que
una tarjeta era un regalo agradable...y un tanto romántico.

Thum no pudo evitar reír con fuerza.

—¿Romántico? ¡Tuvo que haber sido una chica la que te dijo eso! ¿Conseguiste
una novia? ¡Muy bien hecho Ai'Oon, estas progresando!

—¡No, no! En realidad, todavía no estoy seguro del qué tipo de relación hay
entre esa persona y yo—Arthit confesó sin darse cuenta, de forma distraída.
Algo que hizo que Thum se diera cuenta de lo mucho que eso ocupaba la mente
de Arthit. Pero incluso antes de que Thum hiciera alguna pregunta al respecto,
Arthit continuó hablando. —P'Thum, cuando estas con P'Fone, ¿eres feliz?

—¿Feliz a su lado? Si, hombre, por supuesto que lo soy. ¿Por qué lo preguntas?1
—He escuchado que cuando estas cerca de quien estas enamorado, sientes
sólo alegría y felicidad, que no hay sufrimiento ni angustia, y que si la hay,
entonces esa no es la persona correcta...¿Es eso cierto, P'Thum?

Al escuchar la pregunta mal formulada de Arthit, Thum entendió lo que estaba


pasando por la cabeza de su amigo. Fue entonces cuando respiró
profundamente, sujetó a Arthit del hombro y habló con voz seria, mirándolo
con ojos fijos, de la misma forma en que lo hacia cuando era el líder de las
novatadas y estaba por regañar a un novato. Sólo que, en ese momento, estaba
por aconsejarlo basándose en su experiencia personal.

—Escucha bien Ai'Oon, lo que voy a decir. Cuando estoy con Fone, no siempre
soy feliz. Sabes, incluso discutimos a menudo. Esta mañana lo hicimos, ¿Quién
en su sano juicio quiere cambiar el diseño del pastel de bodas justo el día en
que se casará? ¡Aun no lo entiendo! Pero, cuando estoy con ella siempre es así,
hay muchos sentimientos involucrados. A veces estoy molesto, furioso, otras
inexplicablemente feliz. En ocasiones triste, y desanimado. Muchos de esos
sentimientos agradables y desagradables que seguiré teniendo en el futuro.
Pero, a pesar de que no todo es felicidad en nuestra relación, no estoy
arrepentido de mi decisión de querer pasar la vida a su lado. ¿Y sabes por qué?
—Arthit negó con la cabeza, a lo que Thum sonrió y dijo las palabras que
acabaron con el corazón de Arthit, unas que lo apuñalaron tan profundo hasta
atravesarlo. —Porque cuando estoy cerca de ella me siento como nunca me he
sentido con nadie. Fone es la persona que me hace querer ser la mejor versión
de mí...10

..."La persona que me hace sentir sentimientos que nunca creí que tendría."

"La persona que me enseñó que era capaz de cosas que antes no pensé en
intentar."
"La persona que es feliz cuidando de mí, y que me hace querer cuidar."

"La persona que hace que mi corazón se acelere."

"La persona a la que no puedo serle indiferente."

"La persona en la que no puedo siquiera pensar en perder sin sentirme


profundamente destrozado."2

Eso fue suficiente para que Arthit entendiera, para que la respuesta llegara a su
cabeza...y a su corazón.1

Esa persona para él era Kongpob.28

Y fue más fácil de aceptar de lo que había temido. Todo porque una nueva
preocupación resaltó en medio del descubrimiento.

—Pero ¿y si nuestra relación no funciona? ¿Y si esa persona se vuelve distante?

—¿Y su relación es la misma que antes? —la respuesta de Thum hizo que Arthit
se quedara en silencio.

La respuesta le hizo sentir realmente triste y desanimado. No. Su relación ya no


era la misma que antes. Y estaba claro que no importaba cuanto quisiera Arthit
regresar al pasado, su relación con Kongpob nunca seria la misma.

No fue necesario que hablara, su expresión triste fue suficiente respuesta para
Thum.

—Ai'Oon, cuando dos personas comienzan a sentir sentimientos una por la otra,
ya no hay vuelta atrás. Sólo debemos confiar en el tiempo, dejar que todo
marche como debería. Pero si, el tiempo se vuelve en tu contra, no dejes que te
venza. Puedes hacerle caso a tu corazón y seguir avanzando, o dejárselo al
tiempo y esperar lo mejor. Tu decides. —Thum le dio unas palmaditas en el
hombro a Arthit, deseándole silenciosamente buena suerte.
Justo cuando Thum estaba por irse, Arthit volvió a llamarlo.

—¡P'Thum, espera!

Thum se detuvo a pesar de tener prisa en regresar con su esposa para despedir
a los invitados.

—¿Qué ocurre, Ai'Oon?

—Entonces, ¿qué crees que debería hacer?

—¿Por qué me preguntas eso a mí? ¡Piénsalo tu mismo! ¡Y asegúrate de que no


sea sólo con la cabeza, pregúntaselo también a tu corazón! Recuerda lo que te
dije, tienes dos opciones, y si su relación ya no es la misma, entonces relájate.
No pierdes nada en intentarlo. Vamos Arthit, eres el líder de las novatadas ¡se
más valiente! ¡Hazle justicia al título!20

Fue todo lo que Thum dijo antes de irse, dejando a Arthit solo en esa habitación
silenciosa.

Un silencio que hacia notables los latidos acelerados de su corazón.

Arthit apretó los puños y salió del baño, avanzando cada vez más rápido hacia
su grupo de amigos. El primero en verlo fue Prem, quien enseguida se acercó a
él.

— ¡Oye! Arthit, ¿a dónde te fuiste? ¡Te estamos esperando para irnos!

— ¿Dónde están los estudiantes de primer año?

— ¿Quienes? ¿Los novatos? —Prem frunció el ceño, no entendía del todo la


inesperada pregunta de Arthit, menos aún su tono ansioso. Pero, aunque la
pregunta de Arthit fue inicialmente para Prem, fue Knoth quien respondió.

— Kongpob acaba de salir, está esperando un taxi frente a la entrada.29


— ¡Gracias! — Arthit agradeció brevemente antes de correr hacia la entrada.
Mientras que Prem, quien aún no entendía lo que estaba sucediendo, le gritó a
sus espaldas.

— ¡Oye! ¿Entonces vas a volver con nosotros o no?

— ¡Regresen sin mí!— Arthit alcanzó a decir, prestándole poca atención a su


amigo.

En ese momento lo único que quería era correr. Correr y alcanzarlo.

Había tomado una decisión.

A partir de ese momento, iba a escuchar a su corazón.


Capítulo 27
Regla número veintisiete para el estudiante de primer año : "El líder de las
novatadas permanecerá a tu lado". 22

Arthit no recordaba cuando fue la ultima vez que corrió con todas sus fuerzas.
Aunque debió haber sido dos meses atrás, cuando corrió cincuenta y cuatro
vueltas bajo la lluvia alrededor de la cancha, aquel castigo que le había sido
dado por los veteranos de cuarto año.

En aquel momento había dado todo su esfuerzo para proteger su honor como
el líder de las novatadas, aun más estando frente a los estudiantes de primer
año. Pero en ese momento corría con toda la fuerza que tenia en sus piernas
para recuperar a uno de esos mismos estudiantes de primer año.3

Arthit desistió de tomar al ascensor hacia el vestíbulo, bajando rápidamente las


escaleras de dos en dos escalones, directo hacia la puerta de vidrio en donde
estaba un guardia de seguridad vigilando la entrada del hotel.2

Eran casi las once de la noche, por lo que la oscuridad de la calle le dificultó a
Arthit encontrar su objetivo. Aun así, se obligó a enfocar los rostros de las
personas cerca para poder reconocer al novato que estaba buscando. Arthit
demoró unos cuantos minutos en comenzar a sospechar que quizá Kongpob ya
se hubiese ido.

Arthit trató de no desanimarse. Iban a verse al día siguiente, en la universidad.


Y de alguna manera será capas de resolver su situación con Kongpob, además,
tenia su número de teléfono.

Y, aun así, Arthit siguió sintiendo un vacío en su pecho. Algunas situaciones eran
imposibles de resolver después de cierto tiempo, así este fuera minúsculo.
Posiblemente había arruinado todo, y sería muy difícil arreglar su relación con
Kongpob si dejaba pasar, aunque fueran unos minutos más.2

Todos aquellos pensamientos comenzaron a amontonarse en su mente, cada


uno más desagradable que el anterior, y todos directos a clavarle una estaca en
el corazón.

Arthit paseó distraídamente por el estacionamiento del frente del hotel, con las
piernas agotadas, y con deseos de sentarse para recuperar la fuerza perdida.
No tenía motivación alguna de regresar con sus amigos, y sus pensamientos no
hacían más que desanimarlo al pensar en Kongpob.

Incluso era probable que Knot y los demás estuviesen aun en el vestíbulo, le
seria fácil alcanzarlos para irse con ellos en el automóvil de Knot en lugar de
tomar un taxi para después tomar el ultimo autobús que lo llevaría a su
departamento.

Teniendo aquello como única opción viable, Arthit metió la mano en su bolsillo,
dispuesto a llamar por teléfono a Knot cuando escuchó una voz familiar a su
espalda. Una voz que fue capaz de detener su corazón.

— P'Arthit, ¿qué haces aquí?4

El estudiante de tercer año se dio la vuelta abriendo en grande los ojos cuando
se dio cuenta a quien pertenecía dicha voz. No esperaba volver a verlo esa
noche, e incluso se permitió sentirse tan desanimado por ello.2

— Kongpob, ¿por qué todavía no te has ido? — gruñó Arthit. Kongpob hizo una
mueca frustrada al creer que una vez más había hecho algo que molestara a
Arthit, aunque no tuviera nada que ver con él si seguía o no ahí. Por ello,
Kongpob optó por simplemente responder con la verdad.1
— Todavía no quiero irme. — El corazón de Kongpob seguía sintiéndose cálido
por la felicidad de sus amigos recién casados, pero, al ver el rostro y la actitud
de Arthit, no pudo evitar que los pensamientos amargos de los últimos días
volvieran a atormentarlo, haciéndole sentir una dolorosa sensación en el
pecho.

Kongpob sabía que sus sentimientos serian difíciles de aceptar, especialmente


por la opinión de la sociedad. Aun así, él prefirió seguir siendo fiel a sus
sentimientos, confiando en que no estaba mal amar a Arthit. Y sus sentimientos
eran tan profundos que incluso podía asegurar que estaba sintiendo con el
alma. Pero, a pesar de ser sincero, Kongpob estaba consciente de que no podía
exigirle a Arthit que le correspondiera. Por eso mismo, Kongpob consideraba
que Arthit no tenia el derecho de prohibirle tener esos mismos sentimientos.5

Por lo tanto, Kongpob prefirió no regresar temprano con Apple, sólo porque no
quería llegar a su habitación, ver al balcón vecino, y encontrar un departamento
oscuro y vacío. Sería mejor si se tomaba su tiempo en caminar a su
departamento y aprovechar el aire que corría por la noche para despejar sus
pensamientos.

Había tomado esa decisión incluso antes de ver a Arthit salir a prisa del hotel,
mirando hacia todas partes en busca de alguien. Al principio Kongpob pensó
que Arthit estaba apurado buscando a sus amigos, pero cuando el automóvil de
Knot salió hacia la calle, a espaldas de Arthit y él siguió sin hacer nada, Kongpob
finalmente no pudo soportar más el suspenso y decidió ir hacia él.

Kongpob pensó que Arthit estaba incomodo con su presencia en el momento


en que se encontraron al inicio de la ceremonia. Después de todo, él había
actuado de manera extraña cuando sus ojos se encontraron. Kongpob no
estaba del todo seguro de la razón, pero no quería obligar a Arthit a hablar con
él, así que simplemente le hizo las cosas más fáciles.
Por ello, pensó cuidadosamente antes de tomar la decisión de acercarse a
Arthit. Y cuando lo hizo, le dolió la rección estática de Arthit al verlo. Por lo que
Kongpob enseguida pensó que había cometido de nuevo el mismo error.

Kongpob suspiró con amargura, a punto de darse la vuelta sin decir adiós, antes
de que el hombre a su lado le hiciera una pregunta inusual.

—¿Tienes hambre?8

Kongpob levantó las cejas, dándose vuelta con una expresión sorprendida.

En realidad, sí. Tenía un poco de hambre. La comida de la recepción fue comida


oriental china, pero no había comido lo suficiente como para estar satisfecho.
Pero aquello no era importante de resaltar, lo que hizo que Kongpob se
confundiera el propósito de Arthit al hacerle esa pregunta. ¿Era esa la manera
de Arthit de lidiar con la incomodidad palpable entre ellos? ¿Por qué
simplemente no se detenía? Para Kongpob cualquier intento de Arthit por
arreglar lo que fuera que había entre ellos le daba esperanza.

Kongpob sabía que debía poner un alto, distancia entre ellos por el bien de su
corazón. Por ello, una vez más le diría a Arthit que no lo esperanzara en vano. Y
cuando estuvo a punto de dejar salir la difícil frase por sus labios, fue
interrumpido.

— Lo que sea, tengo hambre. Busquemos un lugar donde cenar, acompáñame.

¿Eso era todo?

Al parecer sí. Arthit comenzó a caminar hacia la salida del estacionamiento,


dejando rápidamente a Kongpob atrás, confundido, y sin parar de preguntarse
a si mismo que significaba aquella conversación. Aunque la respuesta era clara.
Aparentemente, Arthit lo acababa de invitar a cenar.11
Kongpob seguía sin comprender la situación. Pero no se prohibió a si mismo su
impulso por seguir a Arthit antes de perderlo de vista.

Ambos salieron del estacionamiento hacia la avenida principal, caminaron un


par de cuadras hasta que llegaron a una calle con varios restaurantes. Arthit se
detuvo en uno de ello, con las sillas al aire libre, en donde había otros dos
clientes comiendo.

Kongpob lo siguió hasta la mesa que Arthit escogió, sentándose frente a él sin
la posibilidad de preguntar sus intenciones antes de que el mesero apareciera
para pedir su orden. Arthit enseguida miró el menú sobre la mesa, sin prestarle
la más mínima atención a la presente confusión de Kongpob.

— Pediré una sopa Tom Ñame de pollo picante.

— Para mí serán fideos con albóndigas blancas. — Kongpob ordenó sin ver el
menú. Su usual platillo de siempre.

El novato creyó por un momento que Arthit haría algún comentario burlón
respecto a su pedido. Pero, contrario a todas las veces anteriores, Arthit no dijo
nada. Él sólo aflojó su corbata, haciendo el nudo menos firme para que su cuello
se liberara. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba sentado en un
puesto junto a la avenida vestido de traje. Los ojos de los demás clientes iban
hacia ellos de forma sospechosa, viéndolos como si fueran dos bichos raros
salidos de la nada. Kongpob observó la expresión de Arthit, descubriendo que
él no parecía haberse dado cuenta de las miradas de los extraños sobre ellos.

Kongpob estaba aún confundido, sin saber si era prudente iniciar una
conversación. Ni como hacerlo sin que esta se desarrollara de forma forzada.
Así que continuó en silencio, al igual que Arthit hasta que dos platos de fideos
aparecieron frente a ellos, puestos sobre la mesa.
Los platos contenían sopa de Tom Ñame de pollo picante y unos fideos con
albóndigas blancas. Ver las diferencias de colores en los caldos hizo que
Kongpob recordara la primera vez que compartió mesa con Arthit. Aquel
momento en el que Arthit cambió sus platos, alegando que Kongpob debía
probar algo diferente a su usual platillo.

Un recuerdo simple, pero qué, por alguna razón, causaba cierta sensación
agradable en él.1

Pero esa vez el déjà vu, fue sólo eso. Arthit comenzó a engullir el platillo que
pidió para si mismo. Le agregó pimienta, y sorbió la cuchara con caldo como si
estuviera realmente hambriento. Posiblemente esa era la razón, pensó
Kongpob, quizá Arthit sólo quería alguien que lo acompañara a cenar.

Kongpob se vio obligado a prestarle atención a su propia comida y dejar de lado


sus constantes interrogantes sobre las intenciones de Arthit. Así que atrapó una
de las albóndigas con los palillós y se dispuso a comerla. Algunas personas
preferían dejar la mejor parte para él final, o disfrutarlas lentamente, pero
Kongpob no. El prefería comer las albóndigas primero.2

Kongpob no se había dado cuenta que los ojos de Arthit lo observaban con
disimulo, viéndose sorprendidos ante su rara elección de comenzar a comer su
platillo.

— ¿Te gustan mucho las albóndigas?2

— Sí — Kongpob asintió e inclinó su cabeza hacia el frente para sorber un par de


fideos, cuando una albóndiga cayó inesperadamente en su caldo

— Ten, cómelas.9
Ahí iba de nuevo. ¿Por qué Arthit hacia eso todo el tiempo? Ser indiferente para
después demostrar todo lo contrario. Fingía que no le importaban sus
sentimientos, y segundos más tarde no hacia más quedarle esperanzas.1

¿Por qué Arthit tenia el hábito de ser cruel, justo antes de comportase de forma
agradable? Algo que hacia que Kongpob malinterpretara, fuera un idiota, y
terminara pensándose demasiad las cosas, sufriendo por el más mínimo
detalle.

— ¿Por qué me haces esto, P'Arthit?

— ¿Hacer qué?

— ¡P'Arthit!¡Como si no supieras! ¿No te das cuenta, o sólo finges no hacerlo?6

La mano del veterano tembló un poco, pero de inmediato recobró la


compostura, volviendo a tomar una porción de su caldo picante antes de
contestar.1

— ¿Por qué no te apresuras en terminar con tu comida? Tus fideos se enfriarán.

Kongpob miró atentamente a Arthit, quien parecía estar muy ocupado con su
comida y no estaba interesado en nada más. Aun así, la respuesta evasiva de
Arthit le dio a entender a Kongpob que él efectivamente lo sabía.

Arthit sabía lo que sus acciones significaban para Kongpob. Y, aun así, seguía
confundiéndolo. Le permitía estar a su lado, acercarse a él para luego obligarlo
a retroceder. Kongpob no tenia idea de cuando Arthit volvería a despreciarlo, ni
la razón de que le permitiera acercarse de nuevo. Una respuesta que sólo podría
obtener del mismo Arthit.

Y Kongpob la necesitaba. Debía saber que era lo que Arthit pensaba sobre él.

Pero ¿qué sentido tenía preguntárselo si Arthit no hacía más que evadirlo?
Kongpob se rindió y comenzó a comer de nuevo. Pagaron la cuenta, e
inmediatamente Arthit se levantó de su asiento, dispuesto a abandonar el
restaurante. En un principio Kongpob creyó que Arthit se detendría en la
esquina y tomaría un taxi, pero el veterano no hizo más que avanzar,
caminando en línea recta y paralela a la avenida principal. Y lo único que pudo
hacer Kongpob fue seguirlo de cerca.3

El estudiante de primer año no se dio cuenta de cuanto tramo caminaron hasta


que estuvieron en el puente Rama 8, un lugar bellamente iluminado por las
farolas nocturnas.11

Arthit no dejó de caminar, avanzando sin mirar atrás. A la izquierda de ellos


estaba el rio Chao Phraya, a la derecha la avenida en donde los automóviles
pasaban. El viento frio se colaba entre sus ropas, pero sin causar verdadera
molestia. Caminaron en silencio al menos una cuarta parte de la longitud del
puente. Dejando que ambos se centraran en sus sentimientos, mientras
estaban conscientes de la presencia el uno del otro.

El primero en romper el silencio fue Arthit. Se detuvo y giró en dirección a


Kongpob quien seguía caminando a unos pasos de él, siendo constante, sin ir a
ningún otra parte.

Arthit suspiró bajo antes de hablar brevemente.

—¿No estas cansado?

Kongpob se detuvo, confundido nuevamente por la aparente preocupación de


Arthit. El estudiante de primer año sacudió la cabeza.

— No.

Pero, en lugar de asentir a su vaga respuesta, Arthit sólo miró a Kongpob a los
ojos, y aclaró sus palabras.
— No estoy burlándome de ti, te lo estoy preguntando seriamente, ¿no estás
cansado? ¿Cansado de seguirme? ¿De caminar sin rumbo, sin saber a dónde voy
o cuándo voy a detenerme?12

Fue hasta ese momento en que Kongpob comprendió que Arthit no hizo esa
pregunta por estar preocupado por él. En realidad, todo ese paseo tenía un
significado más profundo, uno que estaba oculto en su pregunta. Una que él
mismo se había hecho repetidas veces.

¿Estaba Kongpob realmente comprometido a elegir ese camino? ¿El camino


que llevaba a una relación que no estaba clara, sin saber si terminaría
demasiado pronto? Él sabia que una vez que cruzaran esa línea no habría vuelta
áreas. Algo que seguramente seria muy doloroso. ¿Valia el riesgo? Si no
funcionaba, ¿sería difícil aceptar que era el final?, y si todo cambiaba,
¿aceptaría que él y Arthit nunca volverían a ser los mismos?1

No eran respuestas fáciles de obtener. Pero Kongpob no se echó atrás, estaba


seguro de sus sentimientos, de lo que deseaba su corazón.

Así que, con eso en mente, Kongpob levantó la mirada del suelo, y miró a Arthit
a los ojos, seguro de su respuesta.

— Aunque no se cuánto tiempo permaneceré siguiéndote, ni a donde nos


llevará. Aun así quiero permanecer a tu lado, P'Arthit. — Kongpob finalmente
dijo con claridad las palabras que había querido decir. Sólo le quedaba esperar
la reacción de la persona que estaba frente a él. De quien, por un momento, se
encerró en sus pensamientos, con la vista fija en el río.2

Hasta que, después de unos segundos, finalmente, Arthit habló.

— ¿Estas consciente de que ambos somos hombres?

— Sí.
— ¿Estas consciente de que soy el líder de las novatadas, y tú un novato?

— Sí.

Ambos habían pensado en la posición en la que estaban al ser un veterano y un


estudiante de primer año. Además de que él era el líder de las novatadas, titulo
del que Arthit había demostrado, estar muy orgulloso de defender. Algo que se
vio puesto en duda cuando la idea de justicia de Kongpob fue oprimida por los
castigos de los veteranos. Incluso, al inicio, Arthit llegó a despreciarlo por esa
misma razón. Obligando a Kongpob a agachar la cabeza y aceptar. Y aquellas
dos preguntas parecían ir a un solo lugar. Resultándole insoportable a Kongpob
la idea de que Arthit estuviera por romper toda relación entre ambos.

Pero, para sorpresa del novato, Arthit continuó.

— ¿Sabes que me gusta la leche rosa? — Aquella fue una pregunta tan fuera de
contexto que hizo que Kongpob levantara la mirada.

Arthit también estaba mirándolo, pero menos serio de lo que su voz


aparentaba, como si tratara de romper la tensión con esa pregunta boba.

—¿Sabes que soy insoportable, y que actúo sin pensar? ¿Qué tengo un pésimo
temperamento? ¿Qué duermo hasta medio día? ¿Qué soy estúpidamente
orgulloso? Dime, aun conociendo todos mis defectos, aun así ¿los aceptas?29

Kongpob se había quedado sin habla. No había pensado en los defectos de


Arthit, ni si estos le molestaban. Y, aun así, cuando él se los dijo seguía sin haber
dudas en su corazón.

—Si, puedo aceptarlos. Y tú, P'Arthit, ¿me aceptarías a mí? —Kongpob preguntó
lleno de esperanza. Aunque las palabras dadas por Arthit como respuesta
hicieron que su corazón cayera de lleno sobre el suelo.

—Realmente no te conozco, Kongpob.16


Kongpob apretó los puños, tratando de mantener a raya su decepción, y
tristeza. Entendiendo que no podía culpar a Arthit por tener dudas. Se conocían
sólo desde tres meses atrás, un tiempo demasiado corto para enamorarse de
una persona. Para conocerla del todo.

Y cuando Kongpob creyó que todo había acabado ahí, Arthit volvió a elevar su
corazón.

—Pero quiero conocerte.28

Sus palabras fueron sencillas. Una oración corta, y tan poderosa que dejó a
Kongpob con los labios y ojos abiertos. Sin creerlo.

—¿Qué quieres decir, P'Arthit? —balbuceó Kongpob siendo interrumpido de


repente por un tirón brusco en su corbata. 13

Sin entender que era lo que estaba pasando sus labios se tocaron en un beso
ligero que dejó una sensación dulce en sus corazones mucho más tiempo de lo
que el contacto había durado, ya que, literalmente, después de unos segundos,
Arthit se hizo a un lado.33

—Esa es la respuesta.

Arthit retomó la caminata por el puente de inmediato, dejando a Kongpob


confundido y con una sonrisa en los labios.

El estudiante de primer año apresuró el paso para alcanzar al líder de las


novatadas, llamándolo por su nombre.

—¡Espera, P'Arthit! ¡No entendí tu respuesta! ¿Puedes hacerlo de nuevo?26

—¡No! —Arthit gruñó con ferocidad al mismo tiempo en el que Kongpob se


echaba a reír.10
Nuevamente se mantuvieron caminando en silencio, un silencio lleno de
complicidad. Uniéndolos sin necesidad de palabras. Sin dudas porque ambos
sabían bien cuál era su relación.

Eran personas que caminarían lado a lado.

Y saber eso, era más que suficiente.


Capítulo 28

Regla número veintiocho para el estudiante de primer año: "El corazón del
veterano le pertenece al novato".29

Los días y las noches avanzaron sin problemas.

Había pasado una semana desde la boda de Thum y Fone, y las vidas de ambos
volvieron a la normalidad.

Para Kongpob aquello significó una serie de exámenes, presentaciones en


clase, y proyectos finales, sólo porque el final de semestre estaba a una semana
de distancia.

Apenas terminar su almuerzo, Kongpob se apresuró en volver a la biblioteca


para regresar los libros que había tomado prestados para preparar su
presentación de mecánica, con intenciones de regresar a su dormitorio lo antes
posible para poder terminar sus tareas pendientes. Kongpob se levantó de la
mesa con su planto y mochila en hombros, pero fue detenido por su amigo Em
quien acababa de colgar la llamada en su teléfono.

—¡Kongpob, Wad dijo que los resultados de cálculo ya están publicados en la


pizarra junto al elevador! ¿Vamos?8

Calculo, la materia llamada Análisis Matemático I, fue en definitiva la materia


más difícil en el año. Los resultados del examen final eran una constante
preocupación en los corazones de los estudiantes de primer año. Incluido
Kongpob, quien, a pesar de estar casi cien por ciento seguro de al menos la
mitad de sus respuestas, no podía dejar de preocuparse. En realidad, tenía que
hacerlo. Su calificación dependía de la mitad de su calificación en el primer
examen de medio termino, y de que estaba aun nervioso por aprobar. Un
sistema justo de ponderación que dejaba a los estudiantes de primer año en la
cuerda floja para aprobar.

Así que no fue una sorpresa que Kongpob cambiara de planes en ese mismo
instante y siguiera a su amigo Em hacia el piso inferior junto con otros colegas
del departamento. Lo vieron apenas llegar, el tablón de anuncios junto al
ascensor, rodeado de estudiantes curiosos. Por supuesto que estaba
aglomerado, tanto que era casi imposible acercarse a la pizarra. De inmediato,
Em fue quien sugirió escabullirse entre los espacios para llegar al frente, dado
que era de menor estatura que Kongpob, y le sería más fácil avanzar sin ser
detenido. Kongpob observó a su amigo llegar al frente con algo de esfuerzo
mientras él permaneció paciente a unos pasos de la multitud.

Eran tantos los estudiantes que inclusive obstruyeron la entrada al ascensor.


No tuvo que pasar mucho tiempo para que un grupo de veteranos expresara su
descontento.

—¿Qué hacen todos aquí?

Los novatos se estremecieron al escuchar la voz furiosa del veterano que


encabezaba al grupo. Huyendo de él cuando se dieron cuenta que se trataba
del líder de las novatadas. Y aunque ya no portaba su barba y cabello largo en
una coleta, su presencia seguía siendo causa de estremecimiento para los
estudiantes de primer año. Quienes posiblemente recordaban al verlo las
reuniones de las novatadas. No sólo lo observaban con respeto, también había
parte de aquel miedo que siempre le tuvieron a Arthit los novatos.6

Todos, menos uno.

—Estamos aquí por los resultados de calculo.

Por supuesto que Arthit supo su identidad en segundos. No era otro que el
famoso héroe de primer año, el alumno de número 0062, y el mismo que dio un
paso al frente para hacerse notar en la multitud. Sin embargo, su vaga
explicación no ayudó a relajar la atmósfera, al contrario, provocó, como
usualmente lo hacía, que Arthit fuera aún más severo.

—¿Por qué no se forman en fila tal y como se los enseñamos? ¿No aprendieron
diciplina? ¡Al parecer ya olvidaron lo que aprendieron en las novatadas y
necesitan que se los recuerde! ¡Perfecto! ¡Formen en fila, novatos!

Los estudiantes de primer año escucharon en silencio muerto la orden, sin


saber en realidad qué era lo que estaba pasando.

Los novatos del departamento industrial conocían bien la metodología de


aquella orden para formar una fila, pero el resto de los estudiantes estuvieron
realmente confundidos con el comportamiento de Arthit. Pronto, todos
voltearon a verse unos a otros con asombro, intrigados por la situación, pero
aun dispuestos a obedecer. Y lo hubiesen hecho si los amigos de Arthit no
hubiesen golpeado la cabeza del líder de las novatadas, sólo para después
comenzar a burlarse de él.

—¡Oye, oye! Parece que el espíritu duro del líder de las novatadas se ha
arraigado en ti. Ya puedes ser un poco más amble. Míralos, acabas de
asustarlos.

—¡Ya lo sé! Bien, lo siento. Fue la costumbre. Además, no tengo ni la menor idea
de como debo tratarlos —se quejó Arthit con sus amigos. Él, en realidad,
simplemente quería que los novatos que bloqueaban su camino se apartaran,
pero como ya estaba acostumbrado a su posición de líder de las novatadas,
había elegido sin darse cuenta sus viejos métodos de persuasión.

Los estudiantes de primer año respiraron aliviados al darse cuenta de que se


trataba de una broma de los estudiantes de tercero. Pero, de todas formas, el
regaño de Arthit sirvió de algo. Los novatos se alejaron lo suficiente como para
despejar el camino y la entrada al ascensor.

Antes de que los veteranos continuaran con su camino, uno de los novatos se
alejó del tablón de anuncios, cambiando atención a ellos.

—¡P'Arthit, realmente me asustaste! Mis piernas estaban listas para hacer la


formación en fila.

El comentario de Kongpob provocó la risa de los amigos de Arthit, quienes no


tardaron en volver a burlarse de él.

Seguía siendo curioso que al comienzo del año los estudiantes de primero
estaban aterrados de hablar con los de tercero, y en ese momento, incluso
podían bromear y reírse juntos. Teniendo, por supuesto, aun presente el
respeto entre veteranos y novatos.

—¿Y bien, que tal los resultados? —preguntó Arthit cambiando el tema.

—En nuestro departamento la mayoría ha aprobado. Los puntajes más altos


fueron también de nuestra carrera. —Respondió Em incluyéndose en la
conversación justo después de echar un vistazo a la pizarra de anuncios.

Y su respuesta fue bien recibida por asentimientos de los veteranos.

—Un resultado digno del departamento de ingeniería industrial. Y a juzgar por


lo duro que fuiste, Arthit, estoy seguro de que la mayoría no tendrá problemas
en pasar el año.

El comentario de uno de los amigos de Arthit obligó al veterano a girarse en su


dirección y preguntar con sorpresa a que se refería.

—¿Qué relación tiene mi novatada con los resultados?


—¡Es evidente! Después de haber vivido tu novatada, pueden atravesar el fuego
y caminar sobre agua. ¡Lo pueden resistir todo! Estoy seguro de que nada es
más aterrador que tus castigos.9

Arthit no dijo nada, sólo porque no pudo identificar de inmediato si se trataban


de elogios o criticas lo que sus oídos estaban escuchando. Pero, en cualquiera
de los casos, abrió la boca para responder algo inteligente. Lastimosamente,
una voz interrumpió su ingenioso comentario.

—P'Arthit hizo un gran trabajo. Me gustaría también ser el líder de las novatadas
en mi tercer año.

No sólo los veteranos, también sus compañeros de clase miraron a Kongpob


con asombro. Incrédulos que alguien como él quisiera ocupar ese cargo. Por
ello, el líder de las novatadas actual se vio obligado a preguntar sus intenciones
con un tono más serio.

—¿Hablas en serio?

—Si, ya he pensado en ello —confirmó Kongpob con confianza, y una sutil


emoción.

La sinceridad en sus palabras fue evidente para todos, tanto que un colega de
tercer año se atrevió a poner su mano sobre el hombro de Arthit justo después
de sonreírle a Kongpob.

—Felicidades Arthit, ya tienes a tu sucesor.

Y aunque las palabras de su amigo sonaron iguales a una broma, Arthit no se


quejó al respecto. En realidad, estaba listo para pasar el cargo a una nueva
generación, al igual que sus conocimientos y experiencia, y si algún día
Kongpob se convertía en el líder de las novatadas, al menos, tendría la
seguridad de que las tradiciones de la facultad de ingeniería se transmitirían a
generación entrante.

El agradable ambiente armonioso y de unidad que ambos estudiantes de


diferentes años habían creado fue perturbado por Knot, el mejor amigo de
Arthit, y también, estudiante de tercer año.

—¡Oigan, la maestra acaba de tomar el ascensor!

La atención de todos enseguida cambió hacia las puertas de metal cerrándose.


Y los rostros de los veteranos se encendieron en pánico.

—¡Si llegamos tarde la maestra cerrara la puerta!¡Dense prisa!1

Los estudiantes de tercer año corrieron sin pensarlo hacia las escaleras, con la
esperanza de ser lo suficientemente rápidos para entrar antes al aula que su
profesora.

Arthit también estaba listo para poner toda su fuerza en sus piernas cuando
alguien tiró de su manga, deteniéndolo.

—Espera, P'Arthit —. Kongpob se acercó aún más a Arthit, dejando un espacio


cerrado entre ellos, suficiente para que fuera visible el brillo en sus ojos, y la
sonrisa coqueta en sus labios. Después, Kongpob habló suave y bajo para que
lo que estaba a punto de decir sólo fuera audible para ambos —, espero que
tengas un buen día.11

Fueron palabras simples, pero que causaron en el corazón de Arthit una extraña
emoción. Sintió el sutil apretón de Kongpob en su mano, segundos después de
que Kongpob lo soltara para que él pudiera correr igual que sus compañeros
escaleras arriba.

Él y Kongpob seguían manteniendo la distancia entre un veterano y un novato,


y preferían no interferir demasiado en la vida del otro. Era también difícil verse
con regularidad ya que sus horarios no eran ni siquiera un poco parecidos, y en
esas semanas estaban más que inmersos en sus estudios.

Parecía a simple vista que su relación volvía a ser como en el pasado. Pero en lo
profundo del corazón de Arthit, él estaba consciente que poco a poco su
relación con Kongpob estaba cambiando, volviéndose más estrecha sin
necesidad de demostración publica. Una cercanía que no necesitaba
explicación.

Porque, en ocasiones, las relaciones más hermosas se forman con el paso del
tiempo, reforzadas con eventos cotidianos entre dos personas que se
consideran especiales la una para la otra.

Pronto, otro día en la universidad llegó a su fin, dejando a Arthit demasiado


exhausto después de tener su ultimo examen a las seis de la tarde.

En ese instante lo único que él quería y que su cuerpo exigía era hundirse en su
cama y no despertar hasta el inicio del nuevo semestre. Pero antes de rendirse
al placer de dormir como una roca, necesitaba comprar algo para calmar su
estómago, y por supuesto, no podía faltar su bebida favorita.

El estudiante de tercer año fue al restaurante donde solía ir, viendo la fila de
pocas personas en el puesto de jugos. Pero, él, al ser un cliente VIP, se acercó
sin preocupación a la barra para ser atendido. La señora a cargo lo reconoció
de inmediato, sonriéndole antes de hacerle la misma pregunta de siempre.

—¡Hola, Arthit! ¿Leche rosa, cierto?

— Creo que hoy voy a tomar un café helado. — Él tampoco supo qué tipo de
fuerza lo llevó a cambiar su pedido habitual, pero no se arrepintió de hacerlo.
Tal vez porque su cuerpo estaba demasiado agotado, y necesitaba algo que lo
despertara. O tal vez porque era la favorita de aquella persona que no podía
sacar de su mente.3

Después de pensarlo un poco, Arthit sacudió la cabeza para despejar sus


pensamientos. Estaba soñando despierto como una colegiala enamorada. Y
Kongpob tenía la culpa de ello.1

Arthit fue directo hacia la tienda en donde vendían su platillo favorito con arroz
y esperó cerca de diez minutos en la fila, comprando al final un plato de arroz
con huevo frito y carne de cerdo picante. En seguida, con su comida ya
envuelta, regresó al puesto de jugos.

La fila era considerablemente más corta, y Arthit aprovechó la oportunidad


para acercarse y preguntar si su bebida estaba lista.

—¡Disculpe!, ¿estará listo mi...? —Arthit se detuvo en cuando vio al hombre a su


lado, quien también estaba esperando por su pedido. —¡Kongpob!5

El estudiante de primer año sonrió cuando escuchó la voz de Arthit llamándolo,


volteando hacia él con absoluta emoción. Era la segunda vez que tenía la suerte
de encontrarse con él en ese mismo lugar.

—¡Hola, P'Arthit! ¿Has venido a comprar tu cena?

—Si —dijo Arthit sacudiendo ligeramente la cabeza. Al poco tiempo Arthit notó
la bolsa en la mano de Kongpob con comida. Era evidente que ambos estaban
ahí por la misma razón. Así que no preguntó nada más al respecto. —¿Qué tal
tu resultado en el examen de calculo?

—Fue bastante bueno —contestó Kongpob con modestia. Evitando presumir


que, en realidad, había obtenido el segundo mejor resultado.2
Sin embargo, el éxito del estudiante de primer año había sido en gran parte
gracias a los consejos de Arthit, los cuales también les dio a sus amigos. Y, aun
así, Arthit le respondió de forma inesperada.

—Escucha, si no estas satisfecho con ingeniería, puedes dejarlo. Se que querías


estudiar economía, así que, si realmente esa es tu vocación, entonces no tienes
nada que hacer en ingeniería industrial. Y no tienes porqué sentirte mal por ello.

Aquel consejo salió de la boca de Arthit sin habérselo esperado, contradiciendo


completamente a su opinión de semanas pasadas.

Arthit había pensado en ello, dándose cuenta de que era injusto prohibirle a
Kongpob seguir sus sueños. Y que, si él quería estudiar en otra facultad, Arthit
no tenía el derecho de detenerlo. Así fuera en otra universidad, Kongpob debía
estudiar lo que él deseaba, y Arthit como su veterano, tenía la obligación moral
de apoyarlo en su decisión.

Pero, pese a sus palabras empáticas, Kongpob sacudió la cabeza con negación.

—Puedo estudiar en la facultad de economía un posgrado justo después de


graduarme de ingeniería. Y no abandonaré la facultad, estoy feliz de estudiar
aquí.

Lo que quedó oculto detrás de las palabras de Kongpob era simple: "Me gusta
estudiar aquí, contigo", pero aquello Arthit no lo sabría. Ni siquiera pudo pensar
en ello porque la mirada de Kongpob le había hecho avergonzarse y apartar su
rostro. Después de todo, los ojos de Kongpob provocaban que sus latidos se
aceleraran.1

Por fortuna, el ambiente se relajo con la inoportuna voz de la señora a cargo del
puesto de jugos.

—¡Leche rosa para Arthit!


Ella le entregó el baso con liquido rosa, a lo que Arthit tuvo que negarse.

—Esta vez ordené un café helado.

La vendedora quedó un poco confundida con la afirmación de Arthit,


verificando de nuevo el papel del pedido donde claramente se especificaba que
él ordenó una leche rosa. Aun así, ignorando la nota, se giró hacia los demás
clientes y preguntó en voz alta quien era el dueño de esa bebida.

—¿Quién ordenó una leche rosa?

—¡Yo la pedí! —Kongpob levantó la mano con sorpresa, a lo que la mujer le


entregó su pedido sintiéndose un poco más tranquila.

—¡Lo siento mucho Arthit! Fue mi error, siempre pides lo mismo, así que me
confundí —ella le sonrió.

Arthit esperó unos minutos hasta que le entregaron el pedido correcto, y el café
helado que había ordenado pronto estuvo en sus manos.

Kongpob y Arthit voltearon a verse riendo también cuando vieron sus pedidos
en sus manos. Al parecer, ambos habían decidido probar algo nuevo esa noche.
Ya que, por lo visto, no sólo Kongpob había influenciado a Arthit para que él
probara aquello que a él le gustaba, Kongpob también estaba curioso por las
preferencias y gustos de Arthit. Después de esa extraña coincidencia ambos
comenzaron a caminar juntos, de regreso hacia sus dormitorios.6

Ambos caminaban por la acera del campus, de camino a sus edificios, con sus
pasos siendo iluminados por las linternas recién encendidas cuando Arthit
recordó algo.

—Oye, tengo algo que darte —dijo mirando hacia sus bolsillos, pero con las
manos ocupadas. —Espera, detenme esto.
Kongpob tomó el café helado de Arthit y la bolsa con su comida, observando a
Arthit sacar su billetera y buscar en su interior un objeto que escondió
rápidamente en su puño. Ni siquiera le dio tiempo a Kongpob de hacer alguna
pregunta cuando Arthit tomó su café de vuelta.

—Extiende tu mano.5

Kongpob no entendió lo que estaba pasando, pero, aun así, él obedeció la


petición de Arthit. Y levantó la palma de su mano.

El corazón de Kongpob cayó con rudeza al suelo cuando el pensamiento más


aterrador cruzo su mente en el momento en que vio el collar de engranaje en la
mano de Arthit, creyendo por unos segundos que él se lo estaba devolviendo.
Pero, mirando un poco más de cerca y con detenimiento, se dio cuenta de que
no era el engranaje de su generación, el cual se suponía, era plateado, mientras
que ese, que estaba descansando en su mano, era de bronce, además de que el
numero de la generación no coincidía con la suya por dos años de diferencia.12

La respuesta llegó rápido a la mente del novato. Aquel era el engranaje de


Arthit.2

Kongpob levantó la vista, encontrándose con la mirada fija y seria de Arthit.

—Cuídalo por mi.20

Kongpob había escuchado de Arthit esas mismas palabras con anterioridad.


Aquel día cuando fue la entrega de la bandera de la generación. Pero en ese
instante, aquella frase tuvo un impacto totalmente diferente, siendo tan
importantes que su corazón se llenó de emoción. Una que fue demostrada por
la amplia sonrisa en sus labios.

—Lo cuidaré con todo mi corazón.7


Tiempo atrás, y hasta ese mismo día, ninguno de los dos tenia una respuesta
clara a cómo sería el futuro. Pero aquello parecía tan lejano que no debía ser
algo de lo cual preocuparse.

Tampoco habían decidido cual era el nombre de su relación, ni cómo llegó a ser
lo que era. Ambos simplemente estaban conscientes de que eran realmente
importantes el uno para el otro. Y eso era más que suficiente. 6

Pero, si alguna vez alguien quisiera una explicación sobre su relación, la más
acertada probablemente seria...+

Una historia de amor entre un veterano y un estudiante de primer año. 14

FIN
Libro 1.5 SOTUS- Novela corta, especiales y extras.

1. Capítulos extras en SOTUS- El malvado veterano y el estudiante de


primer año.

1.1 Capítulo 1: Diez aspectos en la vida de Arthit que cambiaron cuando se


convirtió en el líder de las novatadas.

1.2 Capítulo 2: Un día común en la vida de Kongpob.

2. Capítulos especiales de SOTUS- El malvado veterano y el estudiante de


primer año incluidos en la novela corta.

2.1 Capítulo 1: Especial "Te extraño" parte 1.

2.2 Capítulo 2: Especial "Te extraño" parte 2.

2.3 Capítulo 3: Especial "Te extraño" parte 3.

3. SOTUS- El malvado veterano y el estudiante de primer año- Novela Corta.

3.1 Capítulo único: Un día en la memoria.


Diez aspectos en la vida de Arthit que cambiaron cuando se convirtió en el
líder de las novatadas.

1. Despertador.

Arthit amaba dormir hasta tarde.

Más en aquellos días en los que no tenía clase por la mañana, Arthit se daba la
libertad de dormir hasta la hora del almuerzo, e incluso se molestaba cuando
alguien interrumpía esas valiosas horas de sueño.

Pero, desde que se unió al equipo de las novatadas, había tenido que aprender
a levantarse temprano por la mañana para las reuniones con los novatos. E
incluso si esas reuniones eran a primera hora de la mañana, Arthit debía
levantarse antes del que sol iluminara el cielo para adelantarse. Por ello tuvo
que programar varias alarmas en diferentes intervalos. Preferentemente, cada
cinco minutos para evitar quedarse dormido.7

Aunque todas esas precauciones no sirvieron de mucho. Al final, sus amigos


tenían que recurrir a bombardear su teléfono con llamadas telefónicas. Por ello,
cada mañana Arthit se sentía cansado por no dormir lo suficiente, además de
estar de un terrible humor. Y no podía simplemente dormir temprano para
nivelar sus horas de sueño, porqué Arthit no lograba conciliar el sueño.1

Así que no fue una sorpresa para ninguno de sus amigos que, en las reuniones
con los novatos, el líder de las novatadas tuviera un aspecto terrible y su humor
fuera tres veces peor de lo que usualmente era.

Arthit quizá pudo haber sido menos aterrador si sus horas de sueño nunca se
hubiesen visto afectadas.

Por ello, su mal humor era sólo culpa de su despertador.5

2. Leche rosa.
Arthit amaba la leche rosa.

Aquella bebida terriblemente dulce y helada siempre había sido su favorita. Por
desgracia, esta no se ajustaba a la imagen de un duro líder de las novatadas.
Una persona tan importante como el jefe de los veteranos, así como cruel y
firme, seria usual que gustara de tomar café amargo.

Arthit comprendió de mala forma que no luciría aterrador si lo sorprendían


bebiendo leche rosa. Pero eso no impidió que se escabullera al restaurante
cerca de su edificio por un vaso de ese refrescante liquido rosado cuando
estaba realmente cansado.

Era para él una sorpresa qué su usual bebida favorita le diera más energía que
cualquier bebida energética.3

De cualquier forma, al convertirse en el líder de las novatadas se convenció a si


mismo que tenía prohibido ser visto bebiendo leche rosa. Incluso aunque, a
menudo, los meseros de sus sitios habituales le recordaran que era ese su
pedido de siempre en el pasado, él se veía obligado a explicar que aquellos
gustos eran cosa del pasado. Agregando excusas sobre su salud y lo bueno que
resultaría para él si comenzaba a cambiar sus viejos hábitos por agua.

Arthit estaba realmente comprometido. Tanto que se prometió a si mismo que


cuando terminara su tiempo como líder de las novatadas bebería leche rosa en
cada comida del día. Desayuno, almuerzo y cena, esto para poder recuperar el
tiempo perdido.1

3. Caramelos mentolados.

Arthit odiaba el sabor a menta en su boca.1

Dado que era una persona de gustos dulces, detestaba cualquier variación
amarga. Incluyendo aquellas mentas para aliviar el dolor de garganta.
Aun así, siendo el líder de las novatadas, usualmente tenía que usar al máximo
su voz para reprender a los novatos, viéndose obligado a forzar su garganta.
Algo que había comenzado a afectarle.1

Por ello, y para que el líder de las novatadas no anduviera por ahí dando
órdenes con voz ronca, Arthit había comenzado a comprar más y más mentas
como remedio de emergencia.

Pronto, los bolsillos de su camisa de taller estuvieron siempre llenos de


envolturas vacías de estas mentas poco deliciosas. Por supuesto, no las
chupaba frente a los novatos.

Su imagen era antes que su garganta.2

4. Ejercicio.

Arthit odiaba la mayoría de los deportes.1

O al menos, practicarlos.1

Él usualmente evitaba hacer ejercicio. En realidad, Arthit prefería acostarse en


un banco al aire libre, para quizá, leer uno que otro cómic, en lugar de jugar
baloncesto. Incluso, a pesar de ser capaz de jugar cualquier deporte, seguía
eligiendo estar en un salón aclimatado que sudar bajo el sol.

Y la razón no era tan superficial como tener miedo a un bronceado. Para nada.
Arthit simplemente creía que no sería del todo agradable correr bajo un sol de
cuarenta grados, ardiendo como si fuese una brocheta de cerdo frito.6

Por desgracias, una vez dentro de la novatada, tuvo que acostumbrarse.

Correr bajo el sol al mediodía debía ser cosa de nada para los veteranos,
principalmente porque fueron ellos quienes crearon aquellas actividades para
los novatos. Eso incluía, dar saltos, correr de un extremo de la cancha al otro,
lagartijas y sentadillas, además de todo aquello que formara parte de las
actividades de la novatada.

Todo aquel esfuerzo físico resultó en una pérdida de cinco kilos, y aumento de
musculatura en sus brazos. Algo de lo que Arthit, por supuesto, no pudo
quejarse.

Aunque, si le estuviese en sus manos eliminar todo aquel ejercicio que debía
hacer a diario. Sin duda, él respondería que sí.

5. Barba y bigote.

Arthit odiaba todo aquel vello extra en su rostro.3

No le gustaba en lo más mínimo la desagradable sensación punzante al tocar


su barbilla. Inclusive, el exceso sobre sus labios también era incomodo cuando
comía.

Aun así, sus compañeros lograron persuadirlo para mantenerlo. Alegando que
le hacía ver más duro, ocultando sus mejillas regordetas que llegaban a hacerle
parecer lindo, e incluso, demasiado joven.

Porque, sin duda, si se deshacía del bigote o la barba, los novatos se


confundirían y llegarían a querer tratarlo como un compañero más.

Este añadía rigidez a su rostro, ayudando a su expresión dura. Aunque Arthit


estuvo a punto de afeitarse en miles de ocasiones, principalmente, cuando el
calor hacía que el sudor humedeciera aquella zona.

Pero todas esas veces, Arthit cedió a las negativas de sus amigos, que
aseguraban que una barba era un extra varonil que todo líder de las novatadas
necesitaba.
Y tenían razón. Por ello, Arthit escondió su afeitadora, evitando que incluso él,
pudiese encontrarla.1

6. Largas sesiones de estudio.

Arthit odiaba estudiar hasta tarde.

Pero, aquella afirmación no significaba que él fuese un mal estudiante.

Él estudiaba rara vez, pero se esforzaba al máximo cuando lo meritaba.

Aunque tampoco era un estudiante perfecto.

Arthit pudo haberse saltado un par de clases por el aburrimiento como la


mayoría.

Sin embargo, existía una ley silenciosa entre todos los estudiantes de
ingeniería, que profesaba una importante lección.

"Participa en todas las actividades que puedas permitirte, siempre y cuando,


no descuides los estudios".

Y, si aquello llegase a ser incumplido, los profesores eran libres de incluir su


nombre en una lista negra, que impediría que cualquiera pudiese inscribirse a
algún club, deporte, o actividad recreativa.

Por lo que, ser el líder de las novatadas, era un reto. Arthit tuvo que encontrar
la forma de lograr tener la energía para arrastrar a sus pies de una clase a otra,
y esforzarse al máximo para cumplir con sus dos responsabilidades.

Eso incluía, sesiones de estudio por la noche.

Aunque, tampoco se ha de decir que Arthit pasaba sus noches en vela


estudiando, y tomaba apuntes específicos para evitarse molestias. En realidad,
las clases se convirtieron en su área de descanso, tomando su pupitre como
segunda cama. Por lo que sus amigos tuvieron que darle tutorías, y prestarles
sus apuntes para que Arthit no terminara atrayéndoos.

Así que, ya que tenía la imagen de un hombre duro. Pudo darse el lujo de
rechazar a cualquiera que tratara de preguntarle alguna duda sobre alguna
materia.

7. Bicicleta.

Arthit amaba su bicicleta.

Su amada bicicleta no podía ser llamada, un transporte simple. Era ligera, de


color negro, y de un modelo clásico. En palabras de Arthit, una bicicleta
elegante.

En sus primeros años, Arthit daba largos recorridos al campus de la universidad


en su bicicleta. Sintiendo el aire fresco sobre su rostro, y llenando sus pulmones
del olor a naturaleza dado por las áreas verdes de la universidad. Le gustaba
también la vista, y los pocos pájaros que rondaban en los espacios más
solitarios.

Aquella era su mejor forma de relajarse.

Pero, si los novatos lo vieran sonreír mientras pedaleaba a máxima velocidad,


eso, claramente, arruinaría su imagen.

Esa fue la razón de que Arthit comenzara a frecuentar el asiento extra en las
motocicletas de sus amigos. Llegando a pensar en ahorrar un poco de dinero
para comprarse una él mismo.

Aunque su única motivación fuera dejar de ser una carga.

8. Lágrimas de una chica.

Arthit odiaba ver a una chica llorar.


Las lágrimas de las chicas hacían que el corazón de Arthit se oprimiera, y se
sintiera, realmente mal.

Pero, durante las reuniones de la novatada, Arthit debía soportar ver a las
chicas llorar, siendo él el culpable de todos aquellos rostros tristes. Por
supuesto, Arthit evitaba mirarlas demasiado para no sentirse culpable. Aunque
quisiera ir hacia cualquiera de ellas y darle un fuerte abrazo para consolarla.3

Aun así, él se mantuvo inexpresivo, ignorándolas con rostro indiferente.

¿Realmente era tan duro? Se preguntó alguna vez, temiendo que incluso su
mala fama le impidiera salir con cualquier chica a lo largo de la facultad.3

Aunque ser un chico duro, en experiencia de otros veteranos, resultaba


ciertamente atractivo con las chicas.1

Y de alguna forma, con él, resultó todo lo contrario. Las chicas no mostraban ni
el mínimo interés por él, evitándolo en los pasillos.3

Por lo que Arthit dedujo que, aquella teoría del chico duro realmente no era
muy popular con las chicas.

9. Amigos.

Arthit amaba hacer nuevos amigos.

Por naturaleza, Arthit era una persona sociable que disfrutaba tener muchos
amigos. Algunos los conocía en fiestas, otros eran sus compañeros de clase.

Pero, ser amigable, al parecer, era una característica impensable para el líder
de las novatadas.1

El problema radicaba en que, a la vista de los novatos, él debía lucir ciertamente


como una persona difícil. Por ello, no podía andar por ahí relacionándose, o
siendo graciosos con sus amigos.
Ellos, por desgracia, no fueron de ayuda en ese aspecto. Disfrutando de
molestar a Arthit principalmente cuando estaba en su papel de líder de las
novatadas, intimidando a los novatos. Le fue muy difícil contener su risa a sus
chistes, y mantenerse serio hasta que podía esconderse en algún lugar para
reírse a carcajadas.4

Arthit trató de reprenderlos en varias ocasiones sin tener éxito. Al parecer,


además de ser duro con los novatos, debía serlo también con sus incorregibles
amigos.

10. Novato 0062.

Arthit odiaba la actitud del novato 0062.8

Desde el primer día, él se esforzó en ser un líder ejemplar. Estaba consciente de


las desventajas de ser el líder de las novatadas, y que, de cierta forma, era un
tanto perjudicial.

Aun así, hizo todo lo que pudo en mantener la calma. En ser duro, pero controlar
sus emociones, planificó las actividades con un propósito y enseñanza, e
incluso, se preocupó realmente por lo que llegasen a pensar los novatos sobre
la novatada.

Pero todos sus planes se derrumbaron cuando ese novato revoltoso apareció.

0062.

Aquel novato no sólo se atrevió a desafiarlo en la primera reunión, incluso fue


capaz de hacerle perder la paciencia.

Arthit detestaba la forma tan fácil en la que Kongpob malinterpretaba sus


acciones y le daba mala fama a su imagen frente a los demás novatos. Incluso,
cuando le aplicó un castigo, Kongpob ni siquiera lució arrepentido.
Sus compañeros incluso le cuestionaron su dureza, viéndose inferior frente a
ese estudiante de primer año.

Por culpa de Kongpob, la mayoría de los novatos parecía odiarlo.1

Arthit sabía que Kongpob tenía una intensión oculta, principalmente porque su
mirada cuando sus ojos se encontraban era demasiado profunda. Aun así,
Arthit puso todo su esfuerzo en no caer en sus provocaciones, sólo porque un
novato no iba a ser más hábil que un estudiante de tercer año.

Y con eso en mente, en cada reunión Arthit intentó concentrarse al máximo en


seguir el curso planeado, aunque sus ojos lo traicionaran y buscara a Kongpob
entre las filas. Por supuesto, sólo para asegurarse de que este no estaba a punto
de levantar la mano y oponerse a sus órdenes.3

Arthit nunca admitiría que, de alguna forma, la presencia del estudiante de


primer año, 0062, fue quizá la única parte emocionante que se agregó a su vida
después de comenzar a ser el líder de las novatadas.
Un día común en la vida de Kongpob
06:00 a.m.2

Kongpob se despertó.

Por naturaleza, Kongpob era una persona madrugadora.

Despertaba por si mismo a las seis de la mañana, siendo esta su hora usual de
comenzar su día. Un habito arraigado desde su infancia gracias a su madre
quien lo despertaba a primera hora del día para darles una ofrenda a los
monjes. Pero no tardó en acostumbrarse y abrir los ojos justo a las seis en
punto, sin poder volver a ser capaz de conciliar el sueño de nuevo.1

Todas las mañanas Kongpob se montaba sobre su motocicleta para ir al


mercado cerca de su casa, y comprar el desayuno que les daría a los monjes
como ofrenda. Se había convertido en un cliente regular de los puestos de
comida, y por supuesto, en el orgullo de su madre.

Después, al volver, Kongpob optaba por sólo una taza de café para si mismo,
prefiriendo llenar de energía su cuerpo con la cafeína, que su estomago. Al
parecer, una consecuencia de su cerebro madrugador era tener un estomago
que habituaba ayunar.

07:00 a.m.

Kongpob se dio un baño antes de prepararse para la universidad.

Él preparaba su uniforme la noche anterior, por lo que, en la mañana siguiente,


después de su baño rutinario, comenzaba a descolgar su uniforme de las
perchas. Atando el nudo de su corbata frente al espejo mientras las noticias del
día se transmitían en la TV a su espalda. Siguiendo su rutina sin apresurarse
debido al tiempo, y dándose la libertad de prepararse sin preocupación alguna.
Y, aunque Kongpob no era un fanático de las corbatas apretando su cuello, se
aseguró de que el nudo estuviese bien hecho, y procuraba no tirar de esta más
de lo necesario. Aquello fue algo en lo que tuvo que poner especial empeño.

Kongpob siempre creyó que una persona no podía ser juzgada por su
vestimenta, pero ir a la universidad era un asunto diferente. Y si las normas
indicaban que debía vestir corbata, él, como un buen estudiante de la facultad,
cumpliría con aquella regla. Odiase usar corbata o no.

Aunque eso no impidió que esperara con ansias el día en que dejara de ser un
novato, y pudiera ir a la universidad con la aparentemente cómoda camiseta de
taller.

08:00 a.m.

Kongpob se dirigió a la universidad.

Ese día, a primera hora, Kongpob estaba inscrito en clases extracurriculares de


ingles. Algo que se llevaba acabo en el edificio de idiomas, alejado de la facultad
de ingeniería, y en donde acudían universitarios de diferentes facultades y
especialidades. Por lo que Kongpob había conocido a estudiantes de otras
facultades, más a chicas que se acercaban a él para pregúntale su nombre y su
teléfono. Aunque prefirió no decirles que usualmente abandonaba sus redes
sociales por algunos días, y no era muy constante.

Aquello no significaba que Kongpob estuviera incomunicado, o que no le


gustase compartir sus aficiones. En realidad tenia la mayoría de las redes
sociales, entre estas, Line, Facebook, Twitter, e incluso una de sus amigas le
había hecho una cuenta en Instagram. Pero la mayoría estaban abandonados,
y sólo entraba en su tiempo libre entre clases.

Además, Kongpob era un persona un poco ansiosa. Si necesitaba discutir algún


asunto importante prefería recurrir a una llamada rápida en lugar de mandar
un mensaje y esperar horas por una respuesta. Algo contradictorio, dado que
sus amigos solían quejarse de que él leía los mensajes y no los contestaba. Algo
a lo que Kongpob no pudo dar una respuesta clara aceptando incluso las burlas
de sus amigos sobre la elección de su celular, un IPhone que le sugirieron
cambiar por un Nokia 3310. Una loca idea que Kongpob podría, quizá,
plantearse.2

08:30 a.m.

Kongpob fue a su primera clase de la mañana.

Después de salir del curso, Kongpob fue directamente a su facultad, sentándose


en a parte trasera del salón con sus amigos quienes se apresuraron en contarle
los nuevos chismes. Uno de ellos, Em, su mejor y más cercano amigo sacó a
colación la sonada petición de los veteranos de escoger a un presidente de
grupo.

Por supuesto, Kongpob se molestó cuando sus compañeros trataron de


persuadido para tomar esa responsabilidad, algo a lo que se negó de
inmediato. No quería responsabilidades extras, él prefería sólo pasar
desapercibido lo que restaba de su estadía en la facultad. Así que recurrió a su
ultimo recurso para que sus amigos desistieran, amenazarlos con una mala
candidatura.1

10:25 a.m.

Kongpob se reunió con Apple, su compañera de código.2

En cuanto su primera clase terminó, Kongpob se apresuró por las escaleras del
primer edificio para reunirse con Apple frente a la biblioteca. Aunque se suponía
que aquel intercambio solía realizarse el primer día de clase pero su compañera
de código había regresado de un viaje en el extranjero justo una semana
después. Algo que obligó a Kongpob a pedirles prestado a sus amigos los
ejemplos que sus veteranos les habían proporcionado en su material ya usado.

Kongpob llegó al área verde frente a las puertas de la biblioteca mirando hacia
todas partes en busca de su compañera de código, Apple, a quien no conocía
en persona. Sorprendiéndose cuando una veterana, no muy lejos de él, senada
en una banca de piedra se levantó animada para saludarlo por su nombre.

Apple, o Ple, era una chica bajita de apariencia alegre, con visible herencia
china. Kongpob había escuchado antes de ella. Ya que a decir verdad, Ple era
una de las estudiantes más populares de la facultad. Aunque, a pesar de su
fama, ella no lucia engreída, ni arrogante. Así que Kongpob trató de saludarla
con la misma naturalidad, y agradecerle por la pequeña caja adornada de papel
a puntos, con los libros viejos de su veterana.

No era libros sólo de ella, Ple había incluido aquel material de sus mayores,
libros heredados como reliquias de generación en generación. Algo que ella no
dudo en hacer énfasis, y pedirle a Kongpob que siguiera sus pasos con su
próximo menor, cuando él se convirtiera en un veterano.

Apple se despidió apresurada no sin antes darle una pequeña bolsa de dulces
como disculpa, a lo que Kongpob agradeció con respeto, y se despidió de ella
con la caja llena de libros con el código 0062 sobre las pastas desgastadas.
Incluso uno que él mismo había comprado la primera semana. Y el que tenía la
intención de remplazar por el de sus manos.

10:45 a.m.

Kongpob asistió a la sesión fotográfica para la Luna y Estrella de la universidad.

El día anterior a ese, Minnie, la coordinadora del evento se había encargado de


avisar a Kongpob y Praepailin sobre la sesión que se llevaría acabo detrás de las
gradas del auditorio principal.
Cuando Kongpob llegó vio un pequeño set montado, y un par de personas
dando vueltas para arreglarlo todo. A simple vista lucia un escenario
apresurado justo como la selección de Luna y Estrella.

Las demás facultades de la universidad habían elegido sus representantes


mediante votos de como mínimo mil estudiantes, algo diferente a la selección
llevada a cabo en la facultad de inferencia en donde estuvo a cargo de los
veteranos elegir a sus representantes. Todo debido a que estaban cortos de
tiempo.

Después de ser elegido Kongpob dio una breve entrevista sobre su experiencia
siendo un novato para que esta fuera publicada junto con su fotografía en un
álbum con todos los demás concursantes a Luna en Facebook.

En realidad, Kongpob no estaba interesado en obtener el titulo de Luna de la


universidad, pero Minnie y todos sus compañeros habían puesto sus
esperanzas en él. No faltaba alguien que le recordara lo capacitado que estaba
para ganar la competencia. Aunque Kongpob sólo pensaba en qué tipo de
habilidad debía demostrar para el concurso de talentos y no decepcionar a
nadie. Y, si no fuese por las expectativas de sus amigos, y el gran trabajo de
Minnie y el equipo de fotografía, Kongpob, quizá, hubiese preferido retirarse.

12:00 p.m.

Kongpob se dirigió al comedor para almorzar.

Él siempre comía con el mismo grupo de amigos, con quienes también


compartan la misma carrera en común además de el almuerzo. Un grupo nada
pequeño de cerca de diez personas compartiendo dos mesas, y charlando tan
alto que incluso algunos estudiantes habían comenzado a decirles
"alborotadores", pero fuera de sus voces ruidosas, todos sus amigos eran
bastante amigables y carismáticos.
Pero, aunque si era cierto que uno que otro estudiante prefería irse de la
cafetería al verlos, o pasaban al instante de ellos, no podían compararse con los
estudiantes de tercer año. Aquel grupo portando la camiseta roja de taller que
atravesaba la entrada con impotencia antes de establecerse en dos mesas, sin
preocuparse en lo más mínimo de todas las miradas rodeándolos. Quizá el
tamaño de su grupo era el mismo, pero la diferencia entre el prestigio de cada
integrante estaba a una demencial distancia.1

Cuando los alumnos de tercer año, entre ellos los integrantes de la novatada,
pasaron junto a sus mesas, ellos, los alumnos de primer año se levantaron de
sus asientos para saludarlos con el respeto que se merecían. Recibiendo de
algunos un asentimiento de cabeza como respuesta, y de otros pocos, una
expresión helada indiferente.

Y esa ultima fue la repuesta que Kongpob recibió después de saludar


específicamente al líder, Arthit, quien no se molestó en devolverle el saludo,
pasando de largo e ignorando su existencia.

Claro estaba que el saludo era mera cortesía, ya que en cuanto los veteranos
estuvieron fuera de vista, los amigos de Kongpob comenzaron a parlotear sobre
ellos. Criticando su actitud, y apariencia. Algo que no le hizo demasiada gracia
a Kongpob. Pero, en lugar de mostrarse inconforme con la forma en que ellos
se expresaban de sus mayores, Kongpob prefirió quedarse callado. Porque,
después de todo, no había ninguna razón para defenderos.

01:00 p.m.

Kongpob regresó a clase.

Ocupó su lugar en el aula de clase, en donde antes de llegar el profesor, el ruido


de risas y voces fuertes era poco soportable para mantener una conversación
tranquila. Pero que permitía, si se lo proponía, escuchar una que otra
conversación ajena.1

Y eso fue lo que hizo Kongpob mientras fingía buscar el libro de la materia que
el profesor impartía. Estaba consciente de los susurros no tan silenciosos a su
espalda, y de las sonrisas furtivas que recibía cuando Kongpob atrapaba a
alguien hablando de él. Algo que le hizo sospechar sobre una posible traición
de parte de sus compañeros e ignorar su renuencia a nombrarse a si mismo
candidato a presidente de grupo.

Pero quizá todo estaba en su imaginación, y su amenaza seguía presente en sus


mentes porque en cuanto se sentó en su asiento y dio una mirada completa al
interior del aula, los susurros que había creído escuchar se silenciaron. Y
aunque este suceso resultó inquietante, Kongpob pudo respirar al fin
profundamente y recostarse en la paleta de su mesa, esperando poder
relajarse. Ya que el día parecía estar durando demasiado.

03:30 p.m.

Kongpob fue elegido presidente de grupo.

Él aprendió ese día que la universidad es una época difícil, en donde, al parecer,
sobresalir causaba problemas.

En cuanto la profesora dio por terminada su clase, dándoles el permiso a los


estudiantes de abandonar el aula, algo que Kongpob había deseado hacer
desde que esta había comenzado, el novato tomó sus cosas con rapidez, y
avanzó a paso rápido hacia la salida, esperando que con ello, la posibilidad de
ser traicionado y elegido, se redujera.

Pero las esperanzas de Kongpob de salir librado de ese problema fueron


aplastadas con fuerza cuando fue detenido justo con un pie sobre el pasillo,
llevándose una sorpresa al darse cuenta que no fue elegido precisamente por
sus compañeros de departamento, sino por los otros representantes, quienes,
al no tener un candidato en el grupo conformado por estudiantes del
departamento industrial que quisiera asumir esa responsabilidad, eligieron a
azar el rostro más conocido. A pesar de que claramente, no sabían si Kongpob
estaba dispuesto a portar ese titulo.

Por suerte, las explicaciones y constantes negativas de Kongpob fueron


bastante elocuentes, y convincentes que después de unos minutos sus
compañeros aceptaron escoger a otra persona. Comenzando de nuevo las
votaciones, y nominaciones de posibles prospectos. Una oportunidad que
Kongpob aprovechó para escapar y dejarlos a todos discutiendo en el aula de
clase sobre el futuro representante.

Kongpob no se detuvo hasta que sus pies lo llevaron al pasillo que daba a la sala
de reuniones. El lugar en donde los integrantes de la novatada los habían citado
justo a las cuatro en punto.

04:10 p.m.

Kongpob entró a la sala de reuniones.

Diez minutos de retraso no fue nada comparado con los treinta minutos que
demoraron sus demás compañeros después de la elección del presidente de
grupo. Algo que molestó visiblemente a los veteranos, quienes ni siquiera
permitieron a los novatos dar explicaciones. Además de lo sospechoso que
resultó que dichos veteranos ya tuviesen un castigo preparado.

Los veteranos les ordenaron a los estudiantes de primer año formar filas,
pasando sus manos sobre los cuellos de sus compañeros, y coordinarse para
lograr diez sentadillas por cada estudiante que llegaba después de la mayoría.

Al final, los novatos se sometieron a cerca de doscientas sentadillas, siendo


detenidos por el mismo líder de las novatadas, sólo para que fueran aturdidos
por un sermón pesado, y repetitivo sobre la importancia del sistema SOTUS.
Enfatizando en la disciplina, y el respeto a los mayores.1

Si Kongpob era honesto, al comienzo de la facultad él mismo era un firme


oponente del sistema SOTUS. Creía con certeza que para ganar el respeto de
una persona no era necesario recurrir a la intimidación. Algo que los integrantes
de la novatada, encargados de enseñar el sistema SOTUS, usaban contra los
novatos. Los sometían a ejercicios físicos pesados, iguales a un entrenamiento
militar, además de usar voz fuerte para impartir ordenes, y fanfarronear de su
poder. Sintiéndose orgullosos de su posición como veteranos del
departamento de ingeniería.

Pero, además de darse cuenta de todo aquello que parecía realmente injusto
en el sistema, las virtudes fueron dándose a conocer poco después. Al final,
gracias al sistema SOTUS, los novatos aprendieron sobre la unidad, y el espíritu
estudiantil. Probaron sus habilidades, y reafirmaron lo orgullosos que estaban
de pertenecer a la facultad de ingeniería.

Y conforme fue aprendiendo sobre ello, Kongpob dejó de querer faltar a las
reuniones, aunque no perderse ninguna le había enseñado también que debía
estar siempre preparado para un trato particularmente severo. Una de las
razones por las que aquel día se levantó en contra del líder de las novatadas,
dispuesto a desafiarlo, y enseñarle una lección. Aunque todo aquello terminó
con un castigo más severo para los novatos de lo que inicialmente trató de
defender.

Sus palabras habían quedado grabadas en las mentes de todos, incluso en la


suya. Un recuerdo del que aun estaba un poco avergonzado. Kongpob
recordaba ese día cada vez que el líder miraba en su dirección, con la quijada
apretada como si estuviese pensando en una razón para regañarle, aunque
Kongpob no hubiese cometido ningún error. Y, aunque se sentía culpable por
haber ridiculizado a Arthit frente a toda la generación, Kongpob no apartaba la
mirada cuando sus ojos se encontraban con Arthit, algo que muchas veces
causó que el líder lo amonestara, y le impusiera un castigo injusto sólo para
librarse de su fija mirada.

Y a pesar de que Kongpob sabia que aquello irritaba a Arthit, y no haberle


importado, su naturaleza le hacia protestar. Principalmente porque no
terminaba de entender el comportamiento del líder. Kongpob era incapaz de
bajar la cabeza y obedecer sin saber cual era su error sin importar cuantas veces
Arthit le dijera lo contrario.

06:00 p.m.

Kongpob salió de la reunión con los veteranos.

Fue arrastrado por sus amigos al campo de fútbol justo después de todas
aquellas sentadillas. Su cuerpo estaba cansado por el castigo, y no dejaba de
pensar en tomar una ducha para después caer como peso muerto sobre las
sabanas. Pero terminó aceptando.

Pronto, lo que prometía ser un juego rápido, se convirtió en todo un partido.


Kongpob sudaba a mares, con el rostro cubierto por gotas furtivas de sudor, y
la playera empapada como si hubiese tomado su deseado baño con las prendas
puestas. Pero la energía del juego le distrajo lo suficiente como para que ni
siquiera le importara. Al parecer el constante esfuerzo físico de las reuniones le
habían hecho más duro en cuanto a ejercicio, y las condiciones del sol ardiente
sobre sus cabezas, le dieron bastante resistencia.

Un tiempo después, cuando al fin todos estuvieron más que exhaustos,


Kongpob se despidió de sus amigos y se montó en su motocicleta para dirigirse
a su departamento. Donde, al poco tiempo de llegar, lavó la playera de la
novatada antes de dirigirse con prisa al cuarto de baño y dejar que el agua
caliente relajara sus músculos.

Al terminar, Kongpob se vistió con una camiseta simple y un par de pantalones


cortos para salir a comprar algo que saciara a su estomago hambriento.

07:30 p.m.

Kongpob compró algo para cenar.

Su restaurante usual estaba cerca de su dormitorio. La comida era sabrosa y


bastante barata, por lo que iba con frecuencia. Un pensamiento que compartía
con todos los clientes que abarrotaban a diario el lugar, principalmente
universitarios que terminaban por la noche sus clases. Él se adentró en el lugar,
buscando una mesa disponible antes de decidirse por el platillo que pediría.

Unos minutos después, justo cuando estaba a punto de llevarse una cucharada
de su cerdo con arroz blanco a la boca, Kongpob escuchó una voz tan particular
cerca suyo que se detuvo a escuchar.

ꟷTía, ¿hay algo diferente hoy en el menú?

Esa voz fue tan familiar que hizo que Kongpob dejara la cuchara sobre su plato
y levantara la cabeza para encontrar a la persona a quien esta le pertenecía. Su
sorpresa fue tanta que Kongpob volvió a su asiento tratando de perderse entre
los clientes cuando sus ojos vieron al feroz líder de las novatadas a unas cuantas
mesas.

Pero, a diferencia de Kongpob, Arthit siguió luciendo tranquilo, algo que relajó
al novato y le hizo despejar su anterior preocupación de ser descubierto, por
curiosidad. Por ello, mientras Arthit seguía distraído, hablando con la mujer
sobre el menú, Kongpob se dispuso a escuchar.

ꟷ¿Tienes algo en mente, hijo?


ꟷNo en realidad. Entonces cualquier cosa esta bien, usted cocina delicioso. Así
que escoja por mi esta vez.

ꟷMuy bien,¿qué tal fideos?

ꟷ¿Puede agregarle arroz frito? Y esta vez comeré en mi dormitorio, así que
envuélvalo por favor, Tía. La bebida será lo mismo de siempre.

Pocos minutos después Kongpob vio a la distancia a la mujer que había


atendido a Arthit llegar a su mesa con su pedido de comida, y un gran vaso de
leche rosa, la cual Arthit miró con interés antes de comenzar a beberla.

ꟷ¿Cuánto es, Tía? Treinta y cinco, ¿cierto?ꟷ, dijo Arthit dándole a la mujer el
pago antes de volver a hurgar en su billetera, como si, repentinamente, hubiese
recordado algo ꟷ, ¡espere! Tenga cuarenta, recuerde que la ocasión anterior no
pagué el precio completo.

La voz alegre de Arthit contrastaba mucho con la imagen que Kongpob tenia
del líder de las novatadas, pero su actitud confiada hacia evidente que era él de
quien se trataba. Y cuando Arthit se quedó solo y echó un vistazo a su alrededor,
Kongpob se agachó cuanto pudo para esconderse, esperando hasta que el
veterano salió con su comida y bebida del restaurante.

Aliviado por haberse librado de un castigo al pasar desapercibido, Kongpob


suspiró satisfecho, relajándose sobre su mesa. Pensando en que había
descubierto algo nuevo sobre el líder de las novatadas. Ya que por lo visto,
podía ser dulce con otras personas, incluso amable, una persona
completamente distinta al soldado que sólo gritaba ordenes en la sala de
reuniones.

Otro dato importante fue que Kongpob nunca hubiese creído que Arthit tomara
leche rosa.
08:45 p.m.

Kongpob terminó su tarea pendiente.

Dado que tenia un momento libre, Kongpob eligió gastar el tiempo en ver una
película. Y aunque en la actualidad era más común descargarlas de Internet, él
seguía optando por el material original, rentando o adquiriendo los DVD'S de
las películas que lograban llamar su atención.

Al terminar, Kongpob llegó a la conclusión de que le había gustado, agregando


el DVD a su colección bajo la repisa, en donde también tenia otras cuantas
películas de colección difíciles de encontrar.

Kongpob disfrutaba mucho del cine, o en general de una buena película. No le


importaba si era en la pantalla de su portátil o en su televisor, pero nada era
mejor que el cine. Había asistido a algunos estrenos con sus amigos, o en
ocasiones solo. Ese no era un problema ya que, cuando Kongpob estaba frente
a la pantalla, dirigía toda su atención en comprender la trama a fondo,
olvidando todo lo demás a su alrededor. Para él nadie más existía durante la
duración de la cinta, sumergiéndose completamente en la película que hubiese
elegido ver.

09:30 p.m.

Kongpob pagó el televisor al terminar de ver la película.2

Él se reincorporó, estirando los músculos de su espalda, levantando sus brazos


sobre la cabeza antes de saltar de su cama para ir a cepillarse los dientes y darse
un remojón justo antes de entrar a la cama. Pero, en el instante en que salió al
balcón para tomar una toalla seca, sus ojos se abrieron con sorpresa cuando la
puerta corrediza de la habitación vecina se abrió en par rebelando al líder de
las novatadas saliendo de esta.
En un abrir y cerrar de ojos, Kongpob volvió a su propia habitación con el
corazón latiendo a gran velocidad, asustado y sorprendido de que Arthit fuera
inesperadamente su vecino. Al segundo siguiente, intrigado por la curiosidad,
Kongpob abrió un pequeño espacio entre sus cortinas para echar un vistazo al
hombre que al parecer vivía frente a él.

Aunque aquello no debía ser del todo una sorpresa. Kongpob sabía que Arthit
vivía en ese edificio con anterioridad, pero no que su habitación estaba justo en
el sexto piso, ni que sus balcones quedaban a quince metros de distancia uno
del otro.

Recordaba también haber visto a su vecino tendiendo su ropa en el balcón


alguna vez, pero no se percató exactamente de la identidad de esa persona.
Hasta ese día que pudo mirar más atentamente y darse cuenta que, en
definitiva, se trataba de él, era Arthit, el líder de las novatadas.

Kongpob quiso cerrar las cortinas porque estaba aterrado de que Arthit pudiera
atraparlo espiándolo desde su balcón, y que él creyera que era un acosador sólo
por tener curiosidad de todas las diferentes facetas sorpresa que, al parecer,
tenía.

Un ejemplo claro era ese momento, ¿quien lavaba su ropa a las nueve de la
noche, y la colgaba fuera sin ningún rayo de sol en el cielo? Y aquello no era
todo. Arthit parecía estar complicándose demasiado una tarea tan simple como
aquella, sacudiéndose los mechones de cabello que le cubrían los ojos cada vez
que se agachaba a tomar una prenda más del cesto de ropa. Tanta fue su
molestia, que arrojó la prenda en su mano de vuelta en el cesto antes de
adentrarse en su habitación, y volver poco después con una coleta baja antes
de continuar. Pero, su tortura no terminó ahí. Kongpob ahogo una carcajada
cuando Arthit volvió a agacharse, y algo volvió a molestar su vista,
posiblemente su cabello, algo que solucionó con una pinza para ropa.
Al terminar, Arthit trató de deshacerse de la pinza en su cabello, llevándose una
desagradable sorpresa cuando esta no cedió en el primer intento. Kongpob
había encontrado inusual utilizar una pinza de ropa para sostener los
mechones traviesos que escapaban de la cabeza de Arthit, ya que esas cosas
apretaban realmente fuerte la ropa. Una conclusión a la que no pareció llegar
Arthit cuando logró librarse de esta, luciendo triunfal de su hazaña.

Y por alguna razón, sin saberlo, Kongpob había observado todo aquel
espectáculo con una gran sonrisa.1

11:30 p.m.

Kongpob fue a la cama.

Y aunque su cabeza estaba ya descansando sobre la almohada, sus ojos no


pudieron cerrarse.

Giraba de un lado a otro, pero no lograba conciliar el sueño. Tal vez como efecto
secundario del café de unas horas antes. O quizá alguna otra razón, no estaba
seguro de ello.

Kongpob miró el reloj sobre su mesita marcando las once con treinta,
suspirando antes de decidir levantarse de la cama. Abrió con pereza el cajón de
su cómoda y tomó de su interior una cajetilla de cigarros junto con un
encendedor antes de salir al balcón para encenderlo.1

Sus pulmones recibieron el humo de una sola inhalación, que al salir por su
boca permitió que su alrededor de llenara de una muy suave nube
imperceptible de humo flotando en el aire.

Había aprendido a fumar por la misma razón por la que se emborrachó por
primera vez. Para socializar. Pero ese fue el único hábito que mantenía y que
reservaba para ocasiones en las que realmente necesitara relajarse. Sabía que
era dañino para su cuerpo, pero le ayudaba a su mente a deshacerse de algunas
distracciones innecesarias.

Kongpob se recargó sobre el filo del balcón, observando la habitación frente a


él. A la luz aun encendida indicando que su propietario seguía sin irse a dormir,
entretenido quizá en cualquier cosa. Arthit podría estar terminando su tarea,
viendo la televisión, jugando por Internet, o hablando con su novia...1

Aquella última idea abandonó su cerebro de una extraña manera, dejando una
sensación un tanto incomoda en su pecho. Un minuto después, Kongpob
simplemente negó con la cabeza, dando otra fumada a su cigarrillo. ¿Qué le
importaba a él en que gastaba Arthit su tiempo?, Además, ¿por qué tendría él
curiosidad por su vida amorosa? Quizá había pasado ya bastante tiempo
soltero como para preguntarse por las relaciones de otras personas. Una
explicación bastante lógica.1

Kongpob no tuvo tiempo de seguir contrariado con ese tonto asunto ya que el
sonido de la puerta vecina abriéndose irrumpió en su mente. Logrando
esconderse justo al tiempo en que una figura agachada, con una toalla sobre la
cabeza, saliera. No pudo ver más allá de Arthit tendiendo la toalla a la ligera,
dado que estaba demasiado oscuro, pero Kongpob pudo escuchar un poco de
música saliendo de la habitación a espaldas de Arthit, llegando hasta él como
una melodía suave mezclada con el viento. Una que desapareció cuando Arthit
cerró la ventana y volvió a su habitación. Apagando las luces del interior unos
minutos después.

Al ver que todo se había vuelto relativamente tranquilo, Kongpob se atrevió a


salir de nuevo para ver con más claridad el balcón opuesto. ¿Querer ver a Arthit
siendo él mismo era razón suficiente para no decirle al líder de las novatadas
que sus balcones estaban uno frente al otro?
Aunque quizá esa fue la razón por la que dejó de temerle al líder de las
novatadas, viendo más allá de sus acciones cuestionables y aparentemente
injustas.

La curiosidad hizo que Kongpob se prometiera a si mismo mantener esa verdad


para si mismo, jurando que no se lo contaría a nadie. Y convenciéndose así, de
esconderlo también del mismo Arthit.

Kongpob apagó su cigarrillo antes de volver a la cama, con sus parpados


sintiéndose realmente pesados. Pero, aunque el sueño estaba dominándolo,
sus pensamientos parecían no tener descanso. Yendo de nuevo a todo lo que
había presenciado.

Posiblemente Arthit ya estaba durmiendo, pero Kongpob seguía manteniendo


su recuerdo dando vueltas en sus pensamientos. Sonriendo a su más reciente
descubrimiento, y con un mensaje para él rondando su mente.

12:00 a.m.1

...Buenas noches, P'Arthit.


Te extraño

Parte uno

Arthit estaba ocupado.

Kongpob lo entendía. Él estaba consciente de que Arthit era un estudiante de


cuarto año y la carga de trabajo sobre su espalda había aumentado
considerablemente entre sus deberes escolares, proyectos finales y sus
prácticas. Razón por la cual ya no se encontraban tan a menudo en la facultad
e incluso solían verse poco fuera de esta, aunque sus balcones estaban
relativamente cerca.

Todavía existía la opción de hacerle a Arthit una llamada, pero Kongpob no


quería llegar a incomodarlo, o ser tan molesto como un niño ansioso por
atención. Además, su único pretexto era su deseo de escuchar su voz, algo
demasiado egoísta como para interrumpir la ajetreada agenda de Arthit.

Incluso había recibido un consejo de su mejor amigo: "Es normal, Kongpob.


Cuanto más ames a una persona, más tiempo quieres pasar junto a esta". Pero
aquella era la primera vez que se sentía ligeramente desplazado por su pareja.
Dejado de lado mientras él no hacía más que anhelar su compañía. Pero todos
esos sentimientos eran infantiles, Kongpob sabía que su novio era una persona
madura, y debía mantener su autoestima alta al igual que su seguridad para
estar al mismo nivel que Arthit,y así, su novio pudiese sentir, al igual que él, que
tenía lo suficientemente maduro en el cual confiar.2

Así que durante todo aquel mes en que no se vieron, Kongpob se aseguró de
continuar su vida con toda normalidad, evitando que sus preocupaciones
ocuparan su mente. Asistió a todas sus clases, tomó el almuerzo con sus
compañeros mientras intercambiaba mensajes con Arthit, y por la noche
rentaba algunas películas para pasar el tiempo. Y cuando la habitación vecina,
a la que veía desde su balcón apagaba sus luces, Kongpob se sentía lo
suficientemente tranquilo como para cerrar los ojos y dormir.

Por desgracia, con forme se acercaba el final del semestre, Arthit comenzó a
pasar la noche en el departamento de Knot, trabajando ambos hasta tarde en
uno de sus proyectos finales. Uno de los tantos a los que Arthit le dedicaba cada
segundo de su tiempo libre.

Arthit también había comenzado a quejarse de todo cada vez que hablaban por
teléfono, siendo Kongpob su única salida de desahogo respecto a todo el
trabajo que tenía acumulado, y las constantes exigencias de los maestros.
Contándole a Kongpob que incluso uno de ellos les había pedido como
requisito visitar Amphawa, lugar donde se encontraba su tema de investigación
en su reporte, incluyendo fotografías de su visita. Aquella llamada terminó con
un un par de lamentaciones de parte de Knot por no lograr encontrar un libro.

Arthit estaba muy ocupado. Kongpob lo sabía. Y más que nadie, trató de
entenderlo.

Y aunque no era realmente su favorito, Konpob cambió su menú usual por un


vaso de leche rosa, para acompañar su arroz con carne de cerdo y tortilla de
huevo. El platillo favorito de Arthit. Dejando que el olor usual lo transportara a
aquellos días cuando Arthit iba de visita a su dormitorio. Kongpob encendió el
televisor poco después de instalarse en su mesita junto al balcón, disipando
con el ruido el silencio pesado en el ambiente, y dando bocado a bocado a su
comida mientras su mirada inevitablemente abandonaba los coloridos colores
en la pantalla para echarle un vistazo al balcón vecino a través de su ventana.

Casi de inmediato el olor a tierra comenzó a levantarse, y las gotas pesadas del
cielo a caer.
Cada vez que llovía Kongpob hacia una carrera apresurada hacia el balcón para
asegurarse de que Arthit no tuviese ropa secando, y si la tenía, él rápidamente
llamaba a Arthit por teléfono para avisarle y que él pudiera recogerla a tiempo.
Y cada vez que lo hacía, él le amonestaba por no avisarle antes que el clima sería
malo esa noche, escuchando también sus negativas hacia el clima poco usual
de Bangkok. Soleado en el día, y tormentoso de noche. Algo que a Kongpob le
parecía sumamente entretenido. Causándole un par de risas divertidas que casi
inmediatamente eran cesadas por más regaños de parte de Arthit, por,
aparentemente, burlarse de su desgracia.

Kongpob permaneció recordando aquellos momentos mientras la lluvia caía,


observando con lejanía aquel balcón a oscuras en donde no había más que un
espacio vacío. Sin ninguna razón que le sirviera de excusa para llamar a Arthit y
escuchar sus reclamos que tanto le alegraban el día.1

Aquella habitación parecía tan lejana, y sin vida.

Algo en el interior de Kongpob se apretó dolorosamente, tanto que obligó a sus


ojos a apartar la mirada de su ventana y a cerrar las cortinas después de apagar
las luces del balcón. Dio un leve vistazo a su mesita de noche donde sus llaves
seguían descansando, antes de que sus pies tomaran una decisión impulsiva y
se dirigiera a tómalas.

La puerta se cerró a su espalda mientras uno de sus puños se apretó en torno a


las llaves en su palma, sosteniendo con su mano sobrante un paraguas. No lo
pensó mucho tampoco cuando salió de su edificio y caminó hacia el opuesto,
entrando y prácticamente corriendo hacia el ascensor antes de perder el valor
espontaneo que lo había consumido.

Eran las nueve de la noche, estaba ligeramente empapado, y había corrido sin
una razón clara al piso seis frente a la habitación número dieciocho.
Afortunadamente el pasillo y el ascensor habían estado por completo vacíos, y
Kongpob no tuvo que inventarse excusas para explicar su prisa por sólo pararse
frente a una puerta cerrada.

Como esperaba, la habitación parecía vacía.

Entonces, ¿qué hacía ahí fuera? ¿Qué pensaría Arthit de él si lo viese frente a su
puerta? Quizá el habría pensado que Kongpob actuaba igual a un niño, siendo
impulsivo e irracional al dejarse guiar por tonterías. Pero, ¿era realmente tan
inmaduro de su parte haber ido allí sólo con la esperanza de poder ver a Arthit
aunque fuese unos minutos?

—¿Kongpob?

Kongpob se giró con brusquedad a su espalda en cuanto escuchó a alguien


exclamar su nombre. Y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver a la persona en
medio del pasillo observándolo con similar aturdimiento.

—¡P'Arthit!

—¿Qué haces aquí?

Pero en lugar de responder, Kongpob hizo otra pregunta.

—P'Arthit, ¿regresaste de Amphawa?

—Si, justo hace unos minutos, pero fui a dejar un par de cosas al departamento
de Knot. Gracias a él tuvimos que regresar, al parecer rentó un libro en la
biblioteca de la facultad que expiraba hoy, y si no lo entregaba iban a multarlo.
Con suerte mañana volveremos para terminar el proyecto. —Arthit se quejó con
el rostro visiblemente molesto. Mientras que Kongpob escuchaba aquello como
si el contratiempo de Knot hubiese sido un pequeño rayo de luz proveniente del
cielo, algo que, aunque fuese desafortunado para su novio, le había permitido
a él volver a verlo. Pero, por supuesto, el enojo de Arthit se transformó en
sospecha tan pronto terminó de quejarse. —Bien, lo que sea, ya no tiene
importancia, y ¿tú que haces aquí?

La sensación agradable en el pecho de Kongpob pronto comenzó a asfixiarle,


doblando a formular una excusa ridícula que salió como espuma por su boca ya
abierta.

—¿Yo? Es que tengo un amigo en este edificio, y bueno, vine a verlo.


5

Después de arreglárselas para terminar su oración, Kongpob finalmente pudo


cerrar la boca y esbozar una pequeña sonrisa. Dejando su explicación sin
detalles. Porque incluso él sabía que, si se esforzaba en hacer su excusa más
creíble, sería más probable que Arthit sospechara.

Pero Arthit lo escuchó con aburrimiento, levantando una ceja y frunciendo los
labios con molestia justo antes de acercarse y empujarlo a un lado.

—Genial. Ahora muévete, que necesito entrar.


5

Kongpob dio un paso fuera del camino de Arthit hacia el interior de su


dormitorio, esperando en silencio a que él abriese la puerta y entrara por su
cuenta. Arthit no lo invitó a entrar, tal y como Kongpob esperaba, así que
después de unos segundos de duda se armó de valor y le siguió con paso
dudoso al interior.

La habitación 618 en la que no había estado en mucho tiempo, no había


cambiado. Fue como ver la misma imagen de esta en su memoria. Quizá lo
único destacable era el olor a polvo en el aire, consecuencia de haber estado
vacía por un tiempo, y por supuesto, a su naturaleza desordenada debido a su
dueño.

Arthit, a diferencia de Kongpob, no le prestó ni la más mínima atención al


aspecto de su habitación. Se quitó los zapatos y encendió el aire
acondicionado, dirigiéndose hacia su escritorio donde vació el contenido de su
mochila. Entre esas cosas, su computadora portátil, la cual colocó sobre la
mesa antes de encenderla.

Los ojos curiosos de Kongpob siguieron observando a Arthit hasta que sus
labios no pudieron evitar moverse y preguntar:

—¿Continuaras trabajando?

—Si, aún queda mucho por hacer—, Arthit gruñó con desgane sin apartar la
vista de su computadora. Ignorando la presencia de Kongpob, algo que le hizo
sentir a él que estorbaba.

—Entiendo, bueno, entonces será mejor que yo me vaya.

En realidad, Kongpob sabía que no era necesario que se anunciara. Obviamente


lo mejor era que se fuera, y así, evitar distraer a Arthit. Pero, aunque se las
arregló para poder hablar a pesar del nudo en su garganta, sus pies se negaron
a avanzar. Quedándose ahí en silencio como una estatua hasta que Arthit
respiró hondo y tendido, levantándose de su silla para ir hacia su armario y
sacar de ahí un par de toallas que después le aventó a Kongpob.

—Antes date un baño. Estas todo empapado por la lluvia.


Kongpob miró la toalla que acababa de atrapar, centrando sus ojos enseguida
en la camisa y pantalones de pijama que Arthit estaba tendiéndole, y fue sólo
hasta ese momento que sus huesos resintieron el estado helado de sus ropas
por la lluvia.

Pero, aunque Kongpob apreciaba que la amabilidad de Arthit fuese la misma a


pesar de estar siendo una molestia para él, Kongpob realmente no quería
estorbar. Así que se planteó por escasos segundos la opción de rechazar su
oferta. Algo que no pudo hacer. Después de todo, Kongpob seguía teniendo un
serio problema en negarse a la amabilidad de Arthit.

Así que después de darse un baño y salir con una camiseta y pantalones limpios,
Kongpob planeó irse y dejar a Arthit terminar tranquilamente su tarea. Sin
contar con que Arthit, por supuesto, era un buen anfitrión, y no dudó en
ofrecerle algo más y hacer flaquear con ello su poca resistencia.

—Puedes encender la televisión si quieres.

—Gracias, P'Arthit. Pero no creo que sea buena idea, no quiero interferir con tu
concentración—protestó Kongpob apresuradamente, con el rostro
visiblemente avergonzado.

Y aunque el ofrecimiento de Arthit fue bastante inocente, su siguiente


sugerencia le hizo estremecerse.

—Bien, si ya quieres dormirte, sólo sacude la cama.

—P'Arthit, ¿me estas invitado a pasar la noche en tu habitación?—Kongpob no


pudo evitar preguntar con sorpresa al ofrecimiento de algo tan bueno como
para creérselo de primera. Y fue posiblemente su incredulidad lo que hizo que
Arthit al fin despegara sus ojos de la pantalla de su computadora para mirarlo
con molesta confusión.

—¿Qué, no era eso lo que querías?

Kongpob enseguida se regañó mentalmente por si quiera poner en duda la


amable invitación de Arthit. Y se apresuró a sacudir en aceptación la cabeza con
enérgico entusiasmo.

—¡Por supuesto que sí, P'Arthit! Si quiero pasar la noche aquí.


1

Su voz salió por su garganta bastante agitada, como un niño emocionado, algo
que pronto le hizo sentirse avergonzado. Consciente de que su emoción estaba
un poco fuera de lugar. Sin embargo, Arthit sólo mantuvo la calma, asintiendo
con condescendencia antes de girarse de nuevo hacia sus deberes.

—Bien.

Aquello fue todo lo que él dijo antes de volver completamente a su trabajo,


dándole a Kongpob la oportunidad de curiosear todo a su alrededor, incluido a
él mismo.

Kongpob se permitió llenar sus ojos del perfil concentrado de Arthit, notando
el cabello de Arthit un poco más largo, llegando a su cuello como aquellos días
en los que fue el líder de las novatadas.

Un año pasó desde aquel entonces. El mismo tiempo de su relación. Kongpob


trataba de no afligirse por no pasar tiempo juntos a pesar de que su relación
estaba muy cerca de su aniversario. Se conformaba con tener la oportunidad
de estar en su presencia, y compartir espacio con él. Y mientras sus ojos
curioseaban el desorden común en la habitación, Kongpob le pidió a Arthit
prestado un tomo de sus cómics. Aunque este fuera sólo un pretexto para
observar a Arthit en silencio.

Fue hasta pasada la medianoche que Arthit hizo rechinar la silla de su escritorio
al echarse atrás para estirar su cuerpo que Kongpob abrió por completo los
ojos, sintiéndose ligeramente adormilado.

—¿Sigues despierto?

—Si, aun no tengo sueño, ¿terminaste ya tu trabajo?

—No, pero ya no puedo más. Mañana continuaré—, explicó Arthit bostezando,


luciendo y sonando bastante cansado. Después de todo había pasado largas
horas viajando de Amphawa de regreso a Bangkok, además del agotamiento de
escribir tanto tiempo frente a la computada. No era de extrañarse que Arthit se
escuchase tan decaído.

—Puedo darte un masaje en los hombros—ofreció Kongpob sin ningún motivo


oculto, lleno de buenas intenciones, pero, aun así, Arthit se negó
abruptamente.
8

—¡De ninguna manera! Voy a ducharme y después dormiré, ya es bastante


tarde.

Kongpob no dijo nada más al respecto, dejando la negativa final de Arthit en el


aire cuando lo observó tomar una toalla y dirigirse al baño. Luciendo
malhumorado y cansado. Y aunque él mismo dejó en claro que no necesitaba
ayuda, Kongpob se sintió un poco triste de que él rechazara su ofrecimiento de
aligerar un poco su carga. Kongpob no tenía los conocimientos necesarios para
poder echarle una mano en su proyecto, incluso intentándolo, Arthit terminaría
explicándole un sinfín de cosas para que él lograse entender los temas que
Arthit estaba tratando. Algo que, inevitablemente, le hizo darse cuenta de la
brecha de edad entre ellos.1

Porque, así se esforzará al máximo en ser la persona en la que Arthit pudiera


buscar apoyo, siempre habría un aspecto que no podría cubrir.

La puerta del cuarto de baño se abrió, y Arthit pronto estuvo en la habitación


con su ropa de dormir que se limitaba a una camiseta vieja y un par de
pantalones cortos. Su cabello aun húmedo que seguía secando con la toalla con
descuido, la cual salió al balcón a tender antes de regresar dentro.

Arthit se detuvo frente a la cama, observando el cómic aun abierto en las manos
de Kongpob.

—¿Quieres seguir leyendo? Puedo dejar la luz encendida.

—No, no, ya leí suficiente. Apaga las luces P'Arthit.

Kongpob rápidamente dejó el cómic sobre la repisa de la mesa, regresando a la


cama tan pronto lo hizo. Lo menos que quería era causarle más molestias a
Arthit, así que se metió bajo las sabanas, moviendo su cuerpo casi hasta el
borde para dejarle bastante espacio a Arthit y esperó a que él apagara las luces.
La cama era bastante estrecha y cuando eran dos hombres adultos durmiendo
sobre una de ese tamaño usualmente Kongpob era capaz de oler aroma del
champú de Arthit aun emanando de su cabello húmedo.

En ese momento, compartiendo ambos la misma cama, Kongpob no pudo


evitar recordar el pasado. Aquel día cuando la habitación de Arthit se inundó y
él pasó la noche en la habitación de Kongpob. Cuando Arthit le hizo aquella
pregunta que los había llevado a ese momento, y la cual Kongpob tuvo el valor
de responder sólo cuando Arthit se quedó dormido.

¿Algún día Arthit le hablaría tal y como él lo hizo? ¿Con el corazón sobre sus
manos, expresándole los sentimientos que había en el fondo de su alma?5

—¿Kongpob?

Y por primera vez, Kongpob no tuvo que decir algo para romper el silencio ya
que Arthit fue quien dio inicio a la conversación.1

—¿Qué pasa, P'Arthit?

—¿Por qué estabas frente a mi habitación?

Kongpob se sorprendió de que algo como eso aun ocupara la mente de Arthit.
Siendo la segunda vez que preguntaba cuando él definitivamente nunca
insistía. Así que Kongpob se acomodó en la almohada, quedando frente a la
espalda de Arthit antes de decirle la verdad sin pensar esa vez en darle otra
excusa.

—Compré un vaso de leche rosa y algo para cenar, pero cuando estaba
comiéndolo en mi habitación, comenzó a llover. Eso me hizo recordar que
usualmente dejas la ropa tendida en la noche, así que salí al balcón, pero no
había nada. Después sólo corrí hacia tu habitación—Kongpob lo dijo con total
naturalidad, diciendo los eventos en el orden en que sucedieron.

Aun así, Arthit frunció los labios y cejas en la oscuridad sin creérselo.
—¿Eso es todo?

—No, no lo es.

Kongpob extendió sus brazos hacia Arthit, desapareciendo el espacio entre


ellos, y rodeándolo por la espalda antes de susurrarle al oído la razón principal
de su presencia desesperada frente a su habitación.6

—Te extrañé, P'Arthit.

Por sorpresa, en lugar de alejarse, o quejarse por la cercanía de Kongpob sin


que él lo 'pidiera, Arthit sólo susurró una simple pregunta.

—¿Por qué no me llamaste?

—Creí que si te llamaba probablemente te molestarías.

—¿Por qué siempre sacas tus propias conclusiones, y te haces ideas raras en la
cabeza? Siempre te contesto las llamadas, ¿no es así?

—Pero, aunque lo haga querré más. Sólo escuchar tu voz no es suficiente.


Comer tu comida favorita mientras bebo leche rosa tampoco es suficiente. Ver
todas las noches tu balcón vació tampoco lo es.
1

—Estás loco. Piensas igual a un niño.


Kongpob escuchó lo que tanto temía de los labios de Arthit, siendo más que
usual que él enfatizara lo joven que era a su lado, como si eso fuese
proporcional a la madurez.

...Y Arthit estaba en lo cierto.

Todo lo que Kongpob había dicho era inmaduro y carente de sentido. Algo que
irritó a Arthit con justa razón. Y justo en ese momento en el que su mente se
concentró en meditar aquellas dolorosa en inquietante verdad, Arthit comenzó
a moverse para intentar liberarse de sus brazos.

—Es incomodo—se excusó Arthit antes de que Kongpob se rindiera en apartar


sus manos, avergonzado de haber estado apretando a Arthit contra su cuerpo.
Cuando el estudiante de cuarto año fue libre, Kongpob fue demasiado
consciente de la rapidez en que Arthit se apartó de él.

—Iba a ir a tu habitación en cuanto regresé de Amphawa, por eso fui a dejarlo


todo al lugar de Knot. Entonces vine aquí y te encontré frente a mi puerta, y mi
plan se echó a perder. Y ahora lo dijiste antes que yo.

La última frase que dijo Arthit le causo curiosidad a Kongpob.

—¿Qué dije?

Arthit se giró de improvisto, encontrándose cara a cara con Kongpob.

La habitación estaba a oscuras, pero aun así Kongpob fue capaz de distinguir
ligeramente el rostro de Arthit.

Y lo entendió. Entendió aquello que Arthit no supo explicar.


—Te extrañé mucho P'Arthit.

Aunque Arthit pidiese café helado en lugar de leche rosa, o comiera arroz con
tortilla de huevo, o mirase por un largo tiempo el engranaje de Kongpob, nada
de aquello se comparaba a la sensación de ver la sonrisa de la persona que
amaba. Justo como en ese momento.4

Especialmente cuando estaba claro que no era el único añorando la compañía


del otro.+

—Yo también te extrañé.


Te extraño

Parte dos

El lugar de reunión fue la habitación 609.

Aquella tarde caía del cielo una lluvia ligera, levantando un fresco olor a tierra
húmeda que lograba respirarse hasta su habitación gracias a las puertas del
balcón abiertas en par. Aroma que creó una agradable y relajante atmósfera.

Kongpob decidió bajar el nivel de sonido de su televisor cuando se percató de


que su invitado había dejado de prestarle atención a la película aun
reproduciéndose en la pantalla.

El rostro tranquilo y durmiente de Arthit parecía incluso más joven para su


edad, lucia completamente diferente cuando sus ojos permanecían cerrados
acompañados de su respiración tranquila, en contraste a su mirada severa y
porte firme. Kongpob solía recordar la anterior apariencia de Arthit, una aún
más ruda que la actual, cuando él aún tenía su cabello sobre los hombros, el
mismo que desapareció cuando terminó sus días como líder de la novatada. En
la actualidad, justo en ese momento, el cabello de Arthit era tan corto que
dejaba a plena vista la piel sobre sus clavículas ahí donde su camiseta negra
usual dejaba ver.

La respiración de Arthit, pausada y tranquila, también fue clara señal que


indicaba que estaba profundamente dormido. Y aquello, Kongpob pensó, era
bueno. Sintiéndose feliz de que su habitación fuese un lugar donde Arthit
pudiese relajarse hasta tal punto.

Habían pasado ya dos años desde que él y Arthit comenzaron a salir, y por
supuesto, algunas cosas en sus vidas cambiaron. Kongpob era un estudiante de
tercer año, y el nuevo líder de las novatadas, y Arthit por su parte, había
comenzado a trabajar en una empresa lejos de la universidad. Por ello, cada vez
sus encuentros duraban menos tiempo, estando ambos ocupados en sus
nuevas responsabilidades, logrando, con un poco de suerte, reunirse no más de
tres veces al mes.

Ese día era su primera cita desde la última vez que se vieron, dos semanas atrás,
y quien propuso la cita había sido Arthit para sorpresa de Kongpob. Él le llamó
con la excusa de que tenía un par de regalos de su viaje a Chiang Mai, lugar a
donde la empresa en la que trabajaba lo envió por cinco días.

A la una de la tarde llamaron a la puerta de la habitación de Kongpob, donde


apareció Arthit con dos grandes bolsas olorosas a cerdo preparado con salsa,
bollos rellenos, y fideos con rodajas de carne y pimientos.

Arthit entró arrastrando dentro de la habitación su pequeña maleta, con el


rostro cansado y una mueca descontenta marcada en su rostro. Lamentándose
enseguida en voz alta que el equipaje hubiese tardado tanto en aparecer en el
aeropuerto, haciéndole esperar casi una eternidad. Sólo para que después los
taxistas se negaran a subirlo sin ninguna razón aparente. Y cuando logró
encontrar a alguno que no tuviese problema con llevarlo, se desviara a una ruta
aparentemente más rápida, y terminaran en un embotellamiento justo cuando
la lluvia comenzó a caer más fuerte.

Kongpob le preguntó por qué no fue primero a su habitación, ya que el


departamento al que se había mudado Arthit estaba más cerca del aeropuerto,
pero la cara de Arthit se arrugó aún más, respondiendo de forma molesta e
irritada.

—¿Y si la comida se echaba a perder?

Kongpob pudo ver que en la bolsa de fideos que Arthit le tendió había una
etiqueta que aparentemente indicaba que caducaban ese mismo día, algo que
le hizo suponer que Arthit había comprado aquel platillo, a diferencia de lo
demás, la noche anterior a su viaje. Por ello, y por la expresión bastante
cansada de Arthit en el rostro, no discutió. Kongpob simplemente comenzó a
servir la comida en platos, calentado aquello que lo necesitaba, y ofreciéndole
a Arthit relajarse.

Era evidente que Arthit estaba más que hambriento, y que quizá ni siquiera
había almorzado. Algo que se hizo evidente cuando después de media hora,
toda aquella comida que Arthit llevó desde el norte de Tailandia desapareció
de los platos para pasar a estar dentro de sus estómagos.

La lluvia no dejó de caer hasta después de unas horas, pero Arthit no quería
tomar otro taxi y volver a atascarse en el tráfico, así que aceptó sin dudar la
invitación de Kongpob a quedarse en su departamento. Aunque algo le hizo
creer a Arthit que quizá lo tenía ya planeado. Su forma de matar el tiempo
usualmente era una película, por lo que no se sorprendió cuando Kongpob le
ofreció ver una antes de irse a dormir. Esa vez su sugerencia fue una película de
acción que él conocía bien, porque en realidad, era una cinta que Arthit había
querido ver desde hacía mucho tiempo atrás. Por ello, después de darse un
baño y vestirse con ropa de cama, ambos se sentaron a disfrutar de la película,
aunque después de que transcurriera menos de un tercio de esta, Arthit, sin
darse cuenta, se quedó profundamente dormido.

Kongpob tomó el control remoto y pausó la película antes de apagar el


televisor. Se acostó con cuidado sobre la cama, tratando de no molestar a la
persona ya dormida a su lado, y apagó la luz de la habitación.

Sabía que Arthit estaba muy cansado por todo el camino de regreso, y que aun
así había hecho un gran esfuerzo por ir primero a verle, así que lo menos que
podía él hacer era ser lo menos egoísta posible.
Pero la tentación era demasiado grande. Más cuando la persona a la que amaba
estaba frente a él, tan cerca.

Kongpob se inclinó con cuidado, poniendo sus labios sobre los de Arthit,
despegandolos apenas unos segundos después para ver el rostro aun tranquilo
y profundamente dormido de Arthit. Como si no se hubiese dado ni cuenta que
acababan de robarle un beso. La nula reacción le animó a acercarse una vez
más, pero los sonidos de protesta de Arthit finalmente se hicieron presentes.
Aunque sus ojos no se abrieron para detenerlo.5

Entonces Kongpob cambió de táctica y comenzó a acariciar su cuello, pasando


su pulgar por la piel de las orejas de Arthit hasta que el camino recorrido llegó
al filo de su camiseta negra levantada, sintiendo la agradable sensación de
tocar la piel de aquella zona. La mano de Kongpob fue dirigiéndose hacia el sur
inconscientemente cuando fue interceptada por la mano de Arthit, y su voz
severa.

—¿Qué estás haciendo?

—Quiero más regalos...

—Ya te di muchos.

—Pero no fueron suficientes.

—¿Desde cuando eres tan codicioso?

Kongpob miró a Arthit con ojos serios y ligeramente depredadores antes de que
sus labios comenzaran a confesar sus verdaderos sentimientos.

—Desde la primera vez que te conocí. Ni un día se detuvo la necesitad de querer


hacerte experimentar todo tipo de sentimiento nuevos, de conocer todo sobre
ti. Y ese deseo se fortalece día con día—. Kongpob terminó su confesión con la
misma intensidad en sus ojos que antes, pero a pesar de su sinceridad, Arthit
de todas formas se apartó de él.5

—Pospondremos tus deseos más tarde.

—Quizá podríamos intentar mitigarlos—se arriesgó Kongpob a sugerir. A lo que


Arthit gruñó antes de taparse la cabeza con la almohada.

—Como quieras.

Después de obtener el permiso que deseaba escuchar, Kongpob se acercó,


iniciando algo que Arthit no resistió. Se acariciaron mutuamente durante las
dos horas siguientes, ambos sobre la cama, aunque no llegaron a la etapa final.
Estaban exhaustos, y aquello había sido suficiente para satisfacer la necesidad
de cercanía que habían tenido el uno del otro.13

Por la mañana la lluvia había desaparecido, el cielo oscuro comenzó a aclarar,


y comenzó a ser hora de que el invitado de Kongpob regresara a su
departamento. Y aunque él, por supuesto, quisiera extender un poco más el
tiempo juntos, no pudo hacer más que invitar a comer a Arthit un platillo de
arroz con fideos cerca de su dormitorio, antes de ayúdale a buscar un taxi para
que regresase.

—Escríbeme cuando estés en casa.

—Si—respondió Arthit secamente antes de cerrar con fuerza la puerta del


automóvil e indicarle al taxista a donde se dirigiría.

No hubo más despedidas, y Kongpob no luchó tampoco por una. Él


simplemente observó como el automóvil en el que Arthit se había subido se
alejaba poco a poco hasta desaparecer de su vista. Y cuando lo hizo, tomó su
teléfono y buscó el primer número de su lista de contactos.
Dos timbrados pasaron antes de que Arthit respondiera el teléfono.
Sorprendido por la llamada, y siendo él quien habló primero.

—¿Qué pasa?

—Nada, sólo te extraño.

—¡Kongpob! ¿estás loco? No han pasado ni dos minutos, ¡no puedes ya


extrañarme!9

—Pero te extraño mucho. Quiero pasar hoy también la noche contigo. —pidió
Kongpob con voz suplicante, listo para buscar un taxi que lo llevase al
departamento de Arthit. Pero antes de que su reacción impulsiva pudiese
darse, Arthit habló al otro extremo de la linea para detenerlo con voz estricta.

—¿Qué demonios te pasa? ¡Ni lo pienses! Tienes que ir mañana a la universidad,


y yo tengo que trabajar.

—Pero...

—No puedes seguir guiándote por tus emociones, Kongpob.

Aquella frase dicha con firmesa por Arthit hizo que Kongpob regresara a sus
sentidos, recordando que no era un simple estudiante de primer año, y que
Arthit ya no era más su vecino de edificio.

—Lo siento—murmuró Kongpob reconociendo la poca madurez de sus


palabras. Habiendo perdido momentáneamente el control de sus acciones al
ver que Arthit se alejaba una vez más de él.

Kongpob escuchó un suspiro proveniente del otro lado de la linea, antes de que
Arthit se quedara en silencio por un largo rato. Algo que le hizo creer a Kongpob
que quizá Arthit estaba molesto.

—Nos vemos la semana que viene.


¿Por qué las palabras poco claras de Arthit siempre causaban un gran efecto de
esperanza en él? Kongpob inmediatamente demostró su emoción al entender
que Arthit estaba invitándolo a pasar el fin de semana próximo juntos. Y aquello
le devolvió la energía que su espíritu había perdido.

—P'Arthit, yo...—Kongpob no pudo terminar su oración. Seguía sintiendo que


su mayor deseo era estar cerca el uno del otro. Un anhelo por la persona que
amaba aun más fuerte en su pecho que su amor mismo. Pero sabia que estaba
siendo muy codicioso y egoísta. Algo que solía suceder cada vez más desde que
habían comenzado a conocerse más. Y aquello le asustaba. No quería que Arthit
lo odiara.

Pero Arthit llenó el vacío de la llamada.

—Kongpob fui directamente a tu habitación desde el aeropuerto no sólo


porque temía que la comida se echase a perder. Cuando estaba en el avión
estuve pensando mucho en ti. En qué estabas haciendo, si ya habías cenado, si
tenías listo tu uniforme, o si habías salido a dar tu caminata nocturna. Y no pude
hacer que mi cabeza dejara de pensar en verte, así que en lugar de ir a mi
dormitorio fui al tuyo. Yo también me siento como tú.

Arthit se interrumpió a sí mismo, riendo con un ligero tono burlón antes de


seguir hablando.

—La semana que viene. Mañana no es posible, tenemos que esperar.

—Lo haré, lo prometo—, y su promesa realmente salió de su corazón.

Kongpob sabía que volverían a estar juntos en el futuro. Quizá no la semana


entrante, ya que podría interponerse algo como siempre sucedía. Incluso
podría ser el mes entrante, o el año siguiente a ese.
Pero no debía sentirse abandonado, ni buscar explicaciones al por qué no
estaban juntos. Porque ambos sabían que se extrañaban mutuamente, y que
siempre estaban en la mente del otro. 9
Te extraño

Parte tres

Buscando en Facebook, sin esperar llegar a nada interesante, Kongpob


encontró una foto de un estudiante vistiendo su uniforme de preparatoria.
Aunque en realidad, la persona quien había subido dicha fotografía no era la
misma que estaba siendo retratada. El personaje principal de la publicación
parecía molesto, tratando de ocultar su rostro de la escena sin éxito.

Pero a pesar de todo, Kongpob creyó que la foto había salido realmente natural,
sin contar lo inusual que fue para él reconocer de quien se trataba. Y la fecha no
tan vieja de la publicación.

Le fue imposible no comparar el recuerdo de ese estudiante de preparatoria


con el hombre de veinte años que hace años conoció vestido con su uniforme
de taller de la facultad de ingeniería, con su barba dura, y su coleta de caballo.
Así que, sin dudarlo, Kongpob guardó con emoción la fotografía, sintiendo que
había encontrado un pequeño tesoro.

Y tan rápido como lo hizo, Kongpob se dirigió a su aplicación de Line, buscando


la persona registrada con el apodo mi sol, acompañado de la fotografía en
miniatura de Arthit, y comenzó a escribirle, enviándole su reciente hallazgo,
acompañado de un merecido cumplido.6

—Qué buen porte.

En menos de un minuto su último mensaje fue marcado como leído, y la


persona al otro lado de la conversación comenzó a escribir su respuesta.

—¡Eliminala!
Fue sólo un mensaje escrito, aunque Kongpob en su mente pudo escuchar a
Arthit quejándose con voz molesta y rostro disgustado. Algo que le hizo sonreír
a la pantalla.

—¿Fiesta temática?—Kongpob escribió su corazonada, continuando con las


demás fotos en el álbum en donde aparecían más hombres vestidos con
corbatas y pantalones azules.

Arthit comenzó a escribir de nuevo, demorándose esa vez un poco más. Señal
de que su mensaje sería más largo.

—Si, el tema fue "regreso a la escuela", así que tuve que ponerme el uniforme
de preparatoria. Me las arreglé para entrar en la camisa, pero los pantalones
fueron una misión imposible. Engordé. Maldita sea—Arthit escribió a toda
prisa, enojado de la cruda realidad. Aunque él mismo estaba cociente de que
el crecimiento de su cuerpo era inevitable.

Pero Kongpob sólo sintió más curiosidad por el tema.

—¿Me envías una foto de cuando estabas en la preparatoria? Por favor.

—No.

La respuesta de Arthit fue breve, y predecible. Pero Kongpob era lo bastante


obstinado como para dejar de insistir tan rápido sin lograr antes lo que
realmente quería.

—Sólo una foto, por favor P'Arthit.


—No. Estaba obligado a ir a esa fiesta porque era de los miembros de la
novatada. Y en la preparatoria tuve que ir al ejército, me rapé y parecía un
idiota.

—No es justo, tú si me viste a mí con el uniforme de la preparatoria.

—¿Yo? ¿Cuándo?

—Cuando fui a la facultad para la entrevista de admisión.

En aquel año, cuando Kongpob aun dudaba sobre la carrera que quería elegir,
indeciso entre escuchar a su corazón y elegir aquello que le apasionaba, u
obedecer a su cerebro e inscribirse en aquello que ayudaría a su futuro. Y en
medio de su indecisión, uno de los estudiantes de segundo se le acercó,
saludándolo con naturalidad, y siendo muy hablador para tratarse de un
extraño, contándole de la nada su experiencia al ir a la entrevista de admisión.

Aquel estudiante de segundo año fue alegre, dándole a Kongpob una sonrisa
amistosa, y buenos deseos, además de alentarlo a inscribirse. Su amabilidad
fue una de las razones por las que Kongpob hizo su elección.

Pero, para mala suerte de Kongpob, la segunda vez que se encontró con aquel
estudiante este era todo lo contrario a su primera impresión.1

Cuando Kongpob volvió a encontrarse con Arthit él ya no era el estudiante


amable de segundo año que le había dado la bienvenida, sino el feroz líder de
las novatadas que ni siquiera guardaba un sólo recuerdo de aquel día.
—Ya recordé que lo mencionaste, y yo te dije que no lo recuerdo.
4

—Si, pero no importa si no lo recuerdas P'Arthit. Es suficiente para mí si yo lo


recuerdo, es sólo qué...—respondió Kongpob sin ofenderse, en lugar de ello,
Kongpob guardaba el recuerdo como algo íntimo, y sólo de su pertenencia.

—Sabes, tuviste suerte de que fuera yo con quien te encontraste ese día. Si
otro estudiante te hubiese visto dudando te habría dicho lo que fuera para
asustarte y que no te presentaras a la entrevista.

No hubo respuesta rápida de parte de Kongpob. Y pronto una llamada entrante


le hizo dejar de pensar en qué escribir.

—¿Hola, P'Arthit?

—¡Oye, Kongpob! ¿Qué estabas tratando de decir? ¿Realmente estas bien con
ello o estás hablando con doble sentido? Habías dicho que no tenías problema
con que yo no lo recordara—interrogó Arthit con tono molesto, igual a cuando
lo reñía en su posición de líder de las novatadas.

Kongpob inmediatamente negó la acusación. Aunque en su interior no pudo


evitar sentir ternura por la preocupación y tono malhumorado de Arthit.

—No es nada de eso P'Arthit, quiero decir, es especial para mí, pero...—Kongpob
no terminó la frase, recordando una vez más ese día, y las palabras que había
dicho Arthit que habían quedado grabadas en su memoria. Tan especiales para
él que aun continuaban en su corazón.
"Me gusta estar aquí".

Pero eso Arthit ya lo sabía, él mismo ya le había aclarado que le gustaba estar
en la facultad de ingeniería.

Ese ya no solo era el lugar donde se conocieron, ni la facultad que su madre


había querido para él, también era el lugar donde comenzó la relación más
importante para Kongpob, y donde aprendió miles de lecciones de vida junto a
personas importantes para él.

—¿Estás seguro?

Kongpob sabía que así lo dijera un centenar de veces más, Arthit no lo aceptaría
del todo. Y si cambiaba el tema quizá él se molestaría. Así que decidió confesar
algo que había en su corazón en lugar de repetir aquel trillado tema.

—Es sólo que, así como dijiste que pude encontrarme con otro veterano, tú
también pudiste encontrarte con otro estudiante, y no me gustó imaginar que
fueras así de lindo y amable con alguien más.
4

Y por supuesto, después de decir aquello los oídos de Kongpob se llenaron de


quejas y suspiros condescendientes de Arthit. Algo que hizo a Kongpob reír a
carcajadas sin poder contenerse.

~~

Aclaraciones:

1. En el párrafo donde se nos dice que Kongpob tiene a Arthit registrado como
"mi sol", la versión original vendría siendo sunshine, que puede ser traducido
simplemente como sol, o utilizarse como una referencia cariñosa parecida
a honey. Por ello lo complementé con "mi", dando la referencia a un apodo más
cariñoso como este originalmente sería.
Un día en la memoria

Kongpob tenía una motocicleta. Era una motocicleta modesta, mediana, y con
la pintura negra un poco gastada dado que ya no era nueva. Esta era la misma
que había estado usando desde el comienzo de la secundaria.

Su madre le sugirió cientos de veces que lo mejor era que condujera su


automóvil en lugar de dejarlo en casa de sus padres. Pero Kongpob prefirió su
motocicleta vieja, creyendo que esa era la opción más cómoda y conveniente.
Así no tendría que perder minutos valiosos buscando un espacio donde
estacionarse, tendría más flexibilidad para llegar a diferentes lugares que en
automóvil le serian imposibles, y como punto más fuerte, era el medio de
transporte que usaba todos los días.

Él realmente apreciaba su motocicleta. Y ese día también la usaría para ir a la


universidad.

En realidad, ese era ya su segundo viaje de ida y vuelta desde su edificio al


campus universitario, todo por haber olvidado parte de su trabajo final sobre el
escritorio de su habitación. Viéndose obligado a regresar a buscarlo.

El tiempo estaba agotándose, y la única solución que Kongpob encontró fue


acelerar la velocidad a la que iba, esperando con ello no llegar tan retrasado a
la entrega. Pero como el destino al parecer ese día estaba en su contra, tuvo
que detenerse de nuevo gracias a un atasco.

La fila de automóviles era larga, tanto que Kongpob redujo casi por completo
su velocidad, pasando lento junto al accidente en el carril adjunto. Viendo con
frustración los pequeños espacios entre los carriles de la avenida,
suficientemente grandes para que él y su motocicleta se hicieran camino entre
los automóviles detenidos.
Una solución que hubiese tomado si no temiera ser detenido por los oficiales
rondando el accidente. Lo menos que Kongpob quería en ese momento era ser
detenido, y obtener una multa, además de que tendría que olvidarse por
completo de la posibilidad de llegar a tiempo a la facultad. Así que su cabeza
comenzó a pensar con rapidez, contemplando todas sus opciones para que
aquellos documentos estuvieran justo a la hora correcta frente al profesor de
su clase.

La respuesta llegó a él un poco después, a la altura de una desviación. Un atajo


que lo llevaría hasta el lado contrario del campus, pero qué, gracias a su
motocicleta, seguramente podría atravesar aquella distancia en cinco minutos.

Kongpob se sentía nervioso. Sus manos habían comenzado a sudar, y su


corazón a latir con fuerza, ya no sólo estaba yendo contra las reglas buscando
cada espacio libre para avanzar, el tempo tampoco se detenía. Y para su mayor
desgracia, justo cuando redujo la velocidad para doblar hacia la entrada del
campus, su llanta detentara tuvo que pasar justamente sobre un clavo suelto.
Kongpob se vio obligado a detener por completo su avance, desmontando su
motocicleta para ver el daño, y maldiciendo en voz baja al ver el desperfecto.

Había sido demasiado descuidado. Pero el pasado ya no importaba. Entonces,


¿qué opciones tenia? ¿Dejar ahí su motocicleta y comenzar a correr hasta la
facultad de ingeniería?

No. Aquello no era opción. Incluso si Kongpob se esforzara en correr aquella


distancia no podría ser capaz de entregar su trabajo. Y por lo tanto,
seguramente reprobaría.

Kongpob suspiró ante su desgracia.

Podía también darse por vencido, y tratar otro día de convencer al maestro de
recibirle el proyecto, ir a comprar un nuevo neumático, y conseguir un lugar
donde cambiarlo. Una opción bastante desalentadora, pero que sonaba más
razonable que cualquier otra.

—¿Cual es el problema?

Aquella pregunta hizo que Kongpob levantara la mirada, abriendo sus ojos con
asombro al ver a la persona frente a él, dándose la grata sorpresa de que fuera
Arthit sobre su bicicleta.

Sus ojos pasaron de observar con resignación el neumático de su motocicleta y


el causante de su posible nota arruinada, a la persona que podía esclarecer su
día más gris. E inclusive, sintiéndose afortunado de haber estado justo ahí para
encontrarse con él.

—Mi neumático tiene una fuga.

Arthit asintió en entendimiento antes de inclinarse para curiosear el estado del


neumático al que Kongpob había dejado de prestarle atención. Y casi al
instante, sin saber que más decir, Arthit ofreció su ayuda con la voz más amable,
y reconfortante para Kongpob, que pudo darle.

—¿Te puedo ayudar en algo?

—No creo que se pueda hacer mucho. Tendré que llevarlo a alguna parte para
que lo reemplacen.

—¿No tienes clases?

—Si, las tengo.


No iba a dejar su motocicleta ahí tirada, aunque fuese ese el estacionamiento
de la facultad en donde antes quiso aplicar, esta seguía estando bastante lejos
de su facultad. Aunque, si lo quisiera, existía la opción de fácilmente dejarla ahí
para volver más tarde. Una opción arriesgada dado que no era un estudiante de
economía.1

Pero la razón más importante por la que Kongpob había desechado la idea, y
ciertamente la que más lamentaba, era que el tiempo de todos modos no le
permitiría entregar su proyecto así dejara ahí su motocicleta y se echara a
correr en ese mismo instante.

Y aun así, Kongpob no quiso ser demasiado pesimista frente a Arthit, quien
seguramente también tenia clases y estaba perdiendo el tiempo ahí con él. Por
lo que se dijo a si mismo como consuelo que aun quedaban más trabajos por
entregar, y que posiblemente los puntos que estos valdrían podrían ayudarle a
no reprobar. Además de que aun tenia más materias ese día, y que la opción de
faltar a clase para llevar a arreglar su neumático no era del todo la correcta.
Justo como Kongpob sospechaba, Arthit le diría.

Así que después de unos segundos de reflexión Kongpob se despidió


mentalmente de su motocicleta y comenzó a ponerse en marcha,
despidiéndose y disculpándose con Arthit justo antes de echarse a correr.

Kongpob no se dio cuenta qué, a su espalda, la persona que había dejado atrás
fruncía los labios antes de acelerar la fuerza en los pedales de su bicicleta hasta
alcanzarlo.

—¿Qué demonios estas haciendo? Anda, sube, te llevo.


Kongpob se detuvo sin ocultar su sorpresa. Contemplando ligeramente la
opción antes de desecharla debido a lo difícil que le seria a Arthit cargar con
alguien de su altura.

—¿Estas seguro de que es buena idea?

—¿Vas a subir o tengo que ordenarte hacer unas flexiones antes de que
obedezcas?
1

La amenaza fue dada en voz fuerte sin ninguna contemplación, igual a la dureza
que empleaba el ex-lider de las novatadas. Y Kongpob como obediente ex-
novato se limitó a resignarse y acercare al asiento trasero de la bicicleta clásica
de Arthit.

Era un pequeño asiento de rejilla donde pudo acomodarse sin caerse, pero al
ver la espalda de Arthit tan cerca de su alcance Kongpob no pudo evitar
preguntar:

—¿Puedo sujetarme de tu cintura P'Arthit?

A Arthit le sorprendió la pregunta, pero no tardó en recomponerse para


responder breve y con fuerza.

—Si eso quieres, entonces bájate. —Arthit rechazó la petición de Kongpob sin
ninguna duda o preocupación, antes de girar la vista al frente y esperar a que
Kongpob se acomodara.1

Cuando Arthit sintió el peso del cuerpo de Kongpob sobre la bicicleta empujó
con todas sus fuerzas los pedales para hacerla avanzar. Y aunque le costó
aumentar la velocidad al inicio, Arthit logró acelerar gradualmente. Por
supuesto, aquella velocidad no podía ser comparada a la de una motocicleta.
Pero extrañamente, y a pesar del retraso, Kongpob sintió aquella lentitud
agradable. Algo difícil de sentir en una motocicleta.1

Al conducir, Kongpob no tenía la oportunidad de mirar el paisaje a su izquierda


y derecha, concentrándose únicamente en el frente. Pero en ese momento
pudo ser capaz de mirar por si mismo la frescura de los arboles a su alrededor.
De no solo escuchar la risa de los estudiantes saliendo de sus clases
mezclándose con el aire revoloteando su cabello. Pero aunque el paisaje fuese
relajante, lo que hizo sentir mejor a Kongpob fue la figura de Arthit frente a él.
Sólo con estar cerca Kongpob se llenaba de ternura, y felicidad. De todos
aquellos sentimientos que el amor florecía en él.

—P'Arthit, ¿te gusta hacer ciclismo?

—No en realidad, pero una bicicleta no necesita gasolina, y puedo hacer


ejercicio.

—Entonces si te pido que me lleves más seguido, ¿estaría bien?

—¡No!—Arthit volvió a negarse sin contemplar la petición de Kongpob. Y él, ante


la resistencia de Arthit se echó a reír.

Quizá, pensó Kongpob, sería buena idea que él se comprase una bicicleta. Y
podría ser Arthit quien le ayudara a decidirse por una. O hacer ciclismo juntos.

Entre pensamientos Kongpob no se dio cuenta cuando un edificio familiar


comenzó a cernirse frete a ellos, y claramente, tampoco se había preocupado
demasiado por verificar la hora.
Faltaban justos unos minutos para el comienzo, y Kongpob se sentía
verdaderamente agradecido por haber llegado a tiempo y sin problemas
gracias a Arthit.

—Gracias P'Arthit—gritó alegre antes de apresurarse en bajar de la bicicleta y


comenzar a correr hacia el edificio de ingeniería, no sin antes girarse y
despedirse enérgicamente de Arthit con una palma agitándose sobre su
cabeza. Viendo como el rostro molesto, pero amable de Arthit le sonreía a
medias.

Arthit podía lucir cruel, y malhumorado, también su boca era bastante


malhablada, pero Kongpob conocía muy bien su corazón dulce. Quiso
mantener aquel momento en su memoria unos segundos antes de girarse de
nuevo y correr con mas fuerza.

Justo cuando sus pies estaban por acelerar Kongpob escuchó al Arthit
hablarle.

—¿A que hora terminan tus clases?

Kongpob se detuvo confundido, haciendo rápidamente memoria para


contestar con exactitud.

—A las cuatro.

—Bien, vendré a recogerte.


Con sólo decirlo, Arthit volvió a montar su bicicleta poniéndose en marcha en
la dirección en la que habían llegado, dejando a Kongpob ahí de pie, mirándolo
mientras se alejaba con una sonrisa en los labios.

Kongpob dudaba que fuera necesario que comprara una bicicleta para él
mismo. Ya que al parecer podía contar con alguien que lo dejara montar en el
asiento trasero siempre que lo necesitara. Y estar junto a esa persona toda su
vida era todo lo que él quería.

~~

¡Aquí se termina todo aquello referente a SOTUS (Libro 1)!


Traducción: Hana Kei (@ImHanaKei en Wattpad)

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