Relato de Víctimas en Delitos Sexuales
Relato de Víctimas en Delitos Sexuales
I. INTRODUCCIÓN
B) JURISPRUDENCIA RECIENTE
En las líneas que siguen, citaremos algunos párrafos de sentencias que compartimos in
totum:
El Tribunal de Apelaciones en lo Penal de 1° turno sostuvo:
“No es razonable descartar la revictimización secundaria que provocaría una nueva pericia
psicológica, solo porque la víctima haya sido examinada por otros profesionales en el
curso de la investigación del abuso al que la sometiera su abuelastro: “los conceptos de
“victimización secundaria” y “revictimización” abarcan una serie de acciones, omisiones y
actitudes tanto institucionales como individuales, públicas y privadas, que producen un
incremento en la aflicción y en el daño producto de la victimización primaria” (*6)
En otro caso, el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de 1° turno expresó:
“En ese marco se advierte sin dificultad que confirmar la decisión de volver a periciarla con
miras a pretender demostrar la existencia de una supuesta conjura urdida por la madre en
contra del imputado sería claramente un desacierto, en tanto infringe en toda la línea la
proscripción de victimización secundaria que con carácter absoluto consagra la Ley No.
19.580 (cuyas disposiciones han sido declaradas de orden público e interés general) en
sus Arts. 2º, 3º in fine, 9º lit. b), 45 y 46.
Ciertamente pretender someter una vez más a una niña que ya ha sido objeto de una
proliferación de entrevistas y pericias a una experiencia de este tipo -que, seamos claros,
a lo que aspira es a arribar a fuerza de nuevos estudios a una conclusión favorable al
interés de quien la requiere- es cuestión que a todas luces vulnera su derecho a no
experimentar nuevamente el trauma padecido.-”(*7) (los destacados nos pertenecen).
III. A MODO DE COLOFÓN
De las sentencias referidas ut supra, en lo que concerniente al trabajo que nos ocupa, es
dable apreciar:
* Especial énfasis en lo detalles del relato de la víctima en el marco de la credibilidad
integral de la situación denunciada.
* Una elaboración y exposición fecunda del concepto de revictimización, en pos de evitar
una nueva vulneración de los derechos de la víctima que incrementen su aflicción.
(*2) Sentencia T.A. Penal No. 442/019-3i, de 22/08/2019; disponible en Base de Datos
CADE - Módulo Jurídico.
(*3) Sentencia T.A. Penal No. 413/019-1i, de 06/08/2019; disponible en Base de Datos
CADE Módulo Jurídico.
(*6) Sentencia T.A. Penal No. 366/019-1, de 23/12/2019; disponible en Base de Datos
CADE - Módulo Jurídico.
(*7) Sentencia T.A. Penal No. 22/020-1i, de 14/02/2020; disponible en Base de Datos
CADE - Módulo Jurídico.
EL INTERROGATORIO DE TESTIGOS: TÉCNICAS DE INTERROGATORIO,
PREGUNTAS ADMITIDAS Y NO ADMITIDAS. SU CONTROL.
I) INTRODUCCIÓN
La prueba testimonial resulta ser una prueba a la que los profesionales del área jurídica
recurren muy a menudo, en gran cantidad de procesos jurisdiccionales.
Día tras días se reciben cientos de declaraciones testimoniales, sin embargo, es una
prueba sobre la cual mucho ignora el jurista. Se transcurre normalmente en la superficie,
sin reflexionar acerca de lo que la prueba testimonial puede brindar realmente, y muchos
problemas se pasan por alto, quizás con el afán de exponer como simple algo que en
realidad es complejo.
Resulta más que justificado ahondar en algunos de los desafíos teóricos y prácticos que
impone el estudio de la prueba testimonial.
En ese sentido, el interrogatorio de los testigos se presenta como un momento clave en lo
que concierne al estudio de la prueba testimonial o testifical; así como en lo que atañe a la
actuación práctica de diversos sujetos y operadores jurídicos.
Conforme se desarrollará en el presente artículo, existen diversas técnicas para el
interrogatorio y para la formulación de preguntas a los testigos.
Lo habitual es que muchas de las preguntas que se realizan a los testigos se admitan; sin
embargo, existen ciertas categorías, modalidades o tipos de preguntas que deberían ser
rechazadas en el transcurso de un interrogatorio. Se prestará especial atención, pues, a
esos tipos o modalidades de preguntas que no se admiten o que se desaconseja realizar
en los interrogatorios.
Se estudiará, luego, el control que se puede ejercer respecto de la formulación de
preguntas durante el interrogatorio y, posteriormente, se realizarán algunas reflexiones
finales, a modo de cierre.
Conforme espero se pueda apreciar, el enfoque utilizado procura proporcionar algunas
simientes para la reflexión y el debate en torno al interrogatorio y las preguntas, como uno
de los puntos neurálgicos de la prueba testimonial.
Ingresando en algunas de las limitantes del interrogatorio, tal como lo explicita Picó i Junoy
-en obra que analiza las distintas aristas y manifestaciones de la buena fe procesal- se
“exige al litigante que solicita esta prueba realizar sus preguntas en sentido afirmativo y
con la debida claridad y precisión, sin incluir valoraciones ni calificaciones (Art. 368.1 LEC),
pues, de lo contrario, puede maliciosamente inducirse a error al testigo.”. (*12)
Se arriba, así, a un terreno práctico muchas veces delicado(*13): aquello que no se puede
hacer en el interrogatorio.
En ese sentido, vale comenzar reseñando, a modo ilustrativo, algunos ejemplos del
Derecho comparado.
La comparación normativa permite apreciar, según se verá, algunos puntos en común (en
particular, para excluir del interrogatorio aquello que no es propio de la esencia de la
testimonial: como las preguntas que buscan opiniones como respuesta) y otros en los que
existen diferencias (por ejemplo, admisibilidad de preguntas sugestivas, alcance de las
preguntas al testigo técnico, etc.).
En Argentina, el CPCCN preceptúa en su Art. 443 que: “Las preguntas no contendrán más
de UN (1) hecho; serán claras y concretas; no se formularán las que estén concebidas en
términos afirmativos, sugieran la respuesta o sean ofensivas o vejatorias. No podrán
contener referencias de carácter técnico, salvo si fueren dirigidas a personas
especializadas.”.
En Colombia, el Art. 220 de su CGP refiere a las formalidades del interrogatorio,
estableciendo, en lo pertinente, lo siguiente: “El juez rechazará las preguntas
inconducentes, las manifiestamente impertinentes y las superfluas por ser repetición de
una ya respondida, a menos que sean útiles para precisar la razón del conocimiento del
testigo sobre el hecho. Rechazará también las preguntas que tiendan a provocar
conceptos del declarante que no sean necesarios para precisar o aclarar sus
percepciones, excepto cuando se trate de una persona especialmente calificada por sus
conocimientos técnicos, científicos o artísticos sobre la materia. Las partes podrán objetar
preguntas por las mismas causas de exclusión a que se refiere el inciso precedente, y
cuando fueren sugestivas. En este evento, el objetante se limitará a indicar la causal y el
juez resolverá de plano y sin necesidad de motivar, mediante decisión no susceptible de
recurso. Cuando la pregunta insinúe la respuesta deberá ser rechazada, sin perjuicio de
que una vez realizado el interrogatorio, el juez la formule eliminando la insinuación, si la
considera necesaria.”.
En México, a nivel del Código Nacional de Procedimientos Penales, se incluyen
referencias interesantes al tema tanto en su Art. 373: “Reglas para formular preguntas en
juicio.- Toda pregunta deberá formularse de manera oral y versará sobre un hecho
específico. En ningún caso se permitirán preguntas ambiguas o poco claras, conclusivas,
impertinentes o irrelevantes o argumentativas, que tiendan a ofender al testigo o peritos o
que pretendan coaccionarlos. Las preguntas sugestivas solo se permitirán a la contraparte
de quien ofreció al testigo, en contrainterrogatorio.”; como en su Art. 375: “Testigo hostil.-
El Tribunal de enjuiciamiento permitirá al oferente de la prueba realizar preguntas
sugestivas cuando advierta que el testigo se está conduciendo de manera hostil.”.(*14)
En Uruguay, véase, en especial, el Art. 161 n° 3 del CGP: “Terminado el interrogatorio por
el tribunal, las partes podrán interrogar libremente al testigo por intermedio de sus
abogados bajo la dirección del tribunal que en todo momento podrá hacer nuevas
preguntas, rechazar cualquier pregunta que juzgare inconducente, innecesaria, dilatoria,
perjudicial o agraviante para el testigo, así como dar por terminado el interrogatorio.”, y el
Art. 158.4 del CPP: “El juez podrá rechazar cualquier pregunta que juzgue inconducente,
innecesaria, dilatoria, sugestiva, perjudicial o agraviante para el testigo, así como dar por
terminado el interrogatorio cuando lo considere del caso.”.
Para terminar de desarrollar todo lo anterior, y a modo de resumen, con una categorización
no taxativa, véase lo siguientes tipos, categorías o modalidades de preguntas.
i) Las preguntas impertinentes, innecesarias o sobre cuestiones ajenas al objeto del
interrogatorio. El interrogatorio dilatorio
El interrogatorio no puede versar sobre hechos o cuestiones que escapan al objeto del
proceso o de la prueba.(*15) Un interrogatorio de ese tenor sería, además, innecesario,
puesto que referiría a cuestiones que no hay que probar ni juzgar.
Respecto del objeto del interrogatorio, también allí se podrían encontrar límites. Puede que
se encuentren reglas que limiten la cantidad de testigos por cada hecho a probar (por
ejemplo, el Art. 159 inciso segundo del CGP en Uruguay: “Sobre cada hecho a probar no
podrá proponerse más de cinco testigos, salvo que exista motivo fundado a juicio del
tribunal.”), por lo que individualizar correctamente ese objeto permitiría citar más testigos.
Simplemente agregar que el objeto del interrogatorio -que puede ser más acotado que el
objeto del proceso y de la prueba- también podrá ser útil para admitir o rechazar
preguntas. Su delimitación corresponde, a priori, a la parte que ofrece la prueba -por lo
cual se pude vincular a los principios dispositivos y de aportación de la prueba-; sin
perjuicio que luego resulte modificado en la oportunidad en la que la prueba se admite.
Klett et alii refieren a un problema interesante, el del testigo que declara sobre hechos para
los cuales su testimonio no ha sido ofrecido (resultando espontáneo en su declaración a
ese respecto). Esas declaraciones, señalan los autores, deben ser admitidas. Ponen como
ejemplo, el testigo que citado para declarar sobre un determinado rubro reclamado en un
proceso judicial derivado de un accidente de tránsito (por ejemplo, daño moral), luego
presta declaración sobre las causas del mismo (ya que emerge de su declaración que
había sido testigo presencial del accidente).(*16)
Ahora bien, considero que las declaraciones espontáneas de un testigo (esto es,
declaraciones que exceden el objeto de su interrogatorio), no se deben admitir per se
(salvo que exista acuerdo de partes o se recurra a algún tipo de justificación en base a la
iniciativa probatoria del tribunal).(*17) Lo anterior no se contradice con sostener, como
considero correcto, que para admitir o rechazar preguntas -y sin perjuicio de no eludir las
reglas que hacen a los límites en la cantidad de testigos por hechos a probar- haya que
propiciar una interpretación del objeto del interrogatorio que sea la suficientemente dúctil o
elástica como para no afectar la narración o el relato del testigo (y así proporcionar la
mayor cantidad de información relevante al proceso).(*18) El objeto del interrogatorio no
debería ser ni muy detallado ni muy genérico.(*19)
Finalmente, una variante del interrogatorio innecesario es el que se realiza con preguntas
que tienden a dilatarlo. Un interrogatorio que se dilata con preguntas que ya fueron objeto
de respuesta, no es necesario, solo importa un menoscabo a la duración de la audiencia.
Las preguntas no pueden afectar la dignidad personal del testigo ni menoscabar derechos
fundamentales de las personas interrogadas.
A modo de ejemplo, en el Estatuto de la víctima del delito de España (Ley 4/2015, de 27
de abril) se dispone que se pueden adoptar medidas de protección para evitar que se
formulen preguntas relativas a la vida privada de la víctima que no tengan relevancia con
el hecho delictivo enjuiciado, salvo que el Juez o Tribunal consideren excepcionalmente
que deben ser contestadas para valorar adecuadamente los hechos o la credibilidad de la
declaración de la víctima (Art. 25.2 lit. c).
Señala Contreras Rojas que, en ocasiones, estas preguntas se utilizan para generar
nerviosismo en el testigo, confundirlo, desconcentrarlo, provocarle reacciones, etc.(*26)
Considero se trata de una de las temáticas más complejas con relación a la declaración, el
objeto del interrogatorio, etc. No obstante ameritar un análisis particular, aquí quisiera dejar
consignado que no se le pueden solicitar opiniones o reflexiones al testigo (ni siquiera,
cuando se trata de un testigo técnico).
En algunos casos, lo anterior se extrae de la esencia misma de la prueba testimonial y de
la regulación de su objeto, mientras que en otros casos ello surge de prohibiciones
normativas expresas (por ejemplo, en el Art. 213 del CPP brasileño se señala que el juez
no permitirá que el testigo manifieste sus apreciaciones personales, salvo cuando resulten
inseparables de lo que es la propia narración del hecho).
El testigo no es citado para opinar ni para hacer deducciones ni juicios hipotéticos (por
ejemplo, planteando alguna alternativa que no aconteció); es citado para narrar, relatar
hechos que, en su momento, pudo observar y percibir. (*27)
Igualmente, muchas situaciones se pueden presentar dudosas o difíciles de demarcar en
la práctica. Para esos casos, considero que la directriz debe ser rechazar las preguntas
dirigidas a obtener opiniones o valoraciones de los testigos que no son imprescindibles
para el relato fáctico. Ello se impone también en el caso del testigo técnico -y quizás con
mayor razón allí- por la necesidad de distinguir al testigo del perito o experto que elabora
su informe, dictamen o declaración en base a un encargo (ya sea de la parte y/o del
órgano jurisdiccional, según la regulación que se considere), y que es objeto de otro tipo
de garantías y de control procesal.
Ahora bien, qué se podrá hacer en todos esos casos ante un interrogatorio en el que se
realizan preguntas como las que se acaban de analizar, las que no deberían ser, a priori,
admitidas.
Ello dependerá de los sistemas de control y/o impugnación que haya previsto cada
ordenamiento. En algunos ordenamientos se permite objetar u oponerse a la pregunta,
mientras que en otros podría dar lugar, conjuntamente o en sustitución de lo anterior, a
algún tipo de impugnación ante quien dirige o preside la audiencia.
Lo que en cualquier caso considero que debería de existir es algún tipo de mecanismo
idóneo para alertar a quien dirige el interrogatorio o debe tomar decisiones sobre el mismo,
acerca de la desviación en las preguntas.
En ese sentido, resulta esencial la inmediación del órgano jurisdiccional, así como el
ejercicio activo de la autoridad (no arbitrariedad) por parte del director del proceso y,
concretamente, de quien dirige y preside la audiencia o el acto del interrogatorio.
El CPC chileno dispone, en el inciso segundo de su Art. 366 que: “En caso de desacuerdo
entre las partes sobre la conducencia de las preguntas resolverá el tribunal y su fallo será
apelable sólo en lo devolutivo.”
En España, por su parte, el Art. 369 de la Ley de Enjuiciamiento Civil refiere a la
impugnación de la admisión de las preguntas y protesta contra su inadmisión: “1. En el
acto mismo del interrogatorio, las partes distintas de quien haya formulado la pregunta
podrán impugnar su admisión y hacer notar las valoraciones y calificaciones que estimen
improcedentes y que, a su juicio, debieran tenerse por no realizadas. 2. La parte que se
muestre disconforme con la inadmisión de preguntas, podrá manifestarlo así y pedir que
conste en acta su protesta.”.
Finalmente, en el caso uruguayo, siguiendo a Klett et alii se puede señalar que: “... las
partes podrán impugnar, e incluso el oficio rechazar por inadmisibles, las preguntas que
versen sobre cuestiones que no refieran exclusivamente a hechos; sin perjuicio que, si por
inadvertencia las mismas se introducen al proceso, sean descartadas al momento de dictar
sentencia.”. (*28)
En la práctica forense se suele permitir a las partes que, a continuación de las preguntas,
estas formulen oposiciones a las mismas. Oposición que puede dar lugar a una breve
sustanciación y a una eventual reformulación de la pregunta.
Se entiende que no corresponde interponer recursos en tanto se cuestiona una pregunta y
no se ataca una decisión judicial concreta.(*29)
A su vez, si la pregunta se mantiene por quien pretende formularla, el juez podrá
rechazarla o admitirla a través de una resolución interlocutoria. Respecto de lo decidido se
podrán, de regla, interponer los recursos de reposición y apelación (la apelación, en ese
caso, tendrá efecto diferido por tratarse de una cuestión atinente a la prueba y de existir
norma expresa en ese sentido).(*30)
Sobre lo anterior, véase para finalizar lo dispuesto con acierto por el TAC 2° en una
sentencia de interés, en la cual se analizan varios yerros del abogado que quiso oponerse
a una pregunta (y a su respuesta): “Sucede que () la pretensora recurre pregunta y
respuesta (dentro del interrogatorio a la testigo Sra. XX) afirmando que ambas se hallan
fuera del asunto en debate y por tanto son impertinentes. Frente a tal actividad la a quo por
providencia () dispone tener por mal interpuestas la reposición y la apelación porque no se
ataca providencia alguna. Si bien sobre esta cuestión en concreto asiste razón a la
decisora del grado anterior, lo más relevante es la preclusión de la facultad impugnativa.
Porque la oposición de la pretensora se deduce posteriormente a que la testigo (Sra. XX)
respondiera a la pregunta que se entiende por parte de aquélla fuera del objeto de debate.
Si se efectuó la pregunta a la testigo y nadie expresó nada una vez culminada la
formulación de la misma mal puede decirse posteriormente, una vez consumada la
posibilidad procesal de oponerse a la pregunta, que la misma es impertinente. Y menos
aun puede impugnar una respuesta pues tal posibilidad no se encuentra prevista en el
ordenamiento procesal vigente. La actora debió oponerse a la pregunta fundando su
oposición anteriormente a que la testigo responda. Si calló es porque se presume que en
su momento entendió que la pregunta no era impertinente. Oponerse en el mismo
momento en que se culmina la formulación de la pregunta era el medio idóneo de lograr
una providencia judicial que admita la oposición o, en su caso, que la deniegue para luego
recurrir tal denegatoria. No fue esa la actividad procesal de la reclamante en la audiencia
por ello se estima que le asiste razón a la a quo. Aun más. En tal providencia (...) la
decisora del grado anterior canjea los recursos de reposición y apelación por oposición a la
pregunta formulada (dando así oportunidad de abrir la alzada), pero la accionante en lugar
de recurrir la denegatoria de la oposición (mediante reposición y apelación) impugna por
queja. Nótese que la Sra. Jueza nunca denegó la apelación porque, de hecho, no se la
interpuso por parte de la interesada. No se puede denegar lo que no existe”.(*31)
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(*1) A ello refiere Muñoz Sabaté para explicar el posible impacto emocional que pueden
tener las circunstancias del proceso en el testigo o en la parte interrogada en el proceso.
Cfr., MUÑOZ SABATÉ, L., Curso de probática judicial, La Ley, Madrid, 2009, pp. 106-107.
Micheli, por su parte, señala que el formalismo del interrogatorio del testigo es uno de los
elementos estructurales contrarios a la utilización racional del saber del testigo (MICHELI,
G. A., Curso de Derecho procesal civil, Vol. II, “El proceso contencioso de cognición”,
Ediciones Jurídicas Europa-América, Buenos Aires, 1970, p. 177). Podrían influir en la
declaración factores tales como la ubicación del testigo en la sala de audiencia, las
condiciones edilicias, la luminosidad, la proximidad o cercanía con los abogados o el juez,
etc. Esto surge más bien de la intuición y de la experiencia profesional, ya que no he
encontrado estudios o relevamientos que analicen la cuestión de modo más técnico.
(*3) Destaco, a modo meramente ilustrativo, lo planteado por Atienza en el prólogo al libro
El arte de la duda de Carofiglio. Según Atienza: “La primera condición para interrogar bien
es prepararse bien” (cfr., CAROFIGLIO, A., El arte de la duda, Marcial Pons, Madrid, 2010,
p. 13). Las bondades y la nobleza de las recomendaciones de Atienza han sido resaltadas
también por otros autores, como, por ejemplo: AVENDAÑO VALDEZ, J. L., La Testimonial
en las Reglas de la IBA: Arbitraje y proceso civil, Estudio Mario Castillo Freyre - Pontificia
Universidad Católica del Perú - Universidad Católica San Pablo, Lima, 2018, pp. 123-126.
(*4) NIEVA FENOLL, J., La ciencia jurisdiccional: novedad y tradición, Marcial Pons,
Madrid, 2016, p. 309 (en capítulo titulado “Oralidad e inmediación en la prueba: luces y
sombras”). Agrega el autor, en otra parte de su obra, que los jueces deberían poseer
preparación en psicología del testimonio si desean que se practiquen las pruebas de
declaraciones de personas debidamente. De esa forma, no se recurriría solamente a la
mera intuición en la preparación de los interrogatorios (ob. cit., capítulo titulado: “
Inmediación y valoración de la prueba: el retorno de la irracionalidad”, p. 329).
(*5) Todas las preguntas presentan riesgos. Las concretas también. Como bien da cuenta
Atienza, no hay que hacer preguntas que pueden ser arriesgadas (y las concretas, agrego,
muchas veces lo son), porque pueden llevar a respuestas perjudiciales. Agrega el citado
autor: “No formule nunca preguntas de importancia crucial cuya respuesta no conozca o no
puede prever por pura lógica.”. Cfr., CAROFIGLIO, A., El arte de la duda, Marcial Pons,
Madrid, 2010, p. 14. Por supuesto que hay ocasiones en las que hay que concretar el
interrogatorio, afinar las preguntas; pero ello no quiere decir que no se pueda alertar
acerca de la incertidumbre o riesgos en esos interrogatorios.
(*6) CARRANZA, J., ROSENBERG, M., Oralidad y litigación civil. Herramientas desde la
experiencia de Canadá, CEJA, Santiago, 2018, p. 48.
(*7) En cuanto a las ventajas y desventajas de las preguntas abiertas, menciona Lorenzo
como positivo la posibilidad que brinda de generar credibilidad en el testigo (un testigo que
desarrolla información). La desventaja es que puede generar en el litigante una pérdida de
control sobre la información que el testigo proporciona, lo que dificulta luego retomar las
líneas importantes de información que se buscan producir con el testigo (por el contrario,
en las preguntas cerradas se permite focalizar la información). Cfr., LORENZO, L., Manual
de litigación civil, Santiago, CEJA-JSCA, 2017, p. 130.
(*8) CARRANZA, J., ROSENBERG, M., Oralidad y litigación civil. Herramientas desde la
experiencia de Canadá, CEJA, Santiago, 2018, pp. 49-50.
(*11) Cfr., CORUJO GUARDIA, W., “Los testigos especiales”, en ABAL OLIÚ, A.
(Coordinador), Curso sobre el nuevo Código del Proceso Penal, Volumen 1, Instituto
Uruguayo de Derecho Procesal - FCU, Montevideo, 2018, p. 592.
(*12) PICÓ I JUNOY, J., El principio de la buena fe procesal, segunda edición, Bosch
Editor, España, 2013, p. 188.
(*13) Se dice delicado ya que hay que cuidar especialmente que, por la vía de rechazar o
impedir preguntas al abogado, no se termine afectando el derecho a probar que tiene la
parte. Por supuesto, tampoco se debe admitir que la prueba se termine desnaturalizando.
De ahí que la cuestión aquí planteada se pueda emparentar con el estudio de los criterios
de rechazo de la prueba. Con relación a la exclusión o el rechazo de la prueba la
bibliografía es abundantísima, por lo que simplemente me permito evocar un trabajo
previo, escrito en coautoría junto a Gaiero Guadagna, en el que se sostuvo que un criterio
amplio de admisión de la prueba se perfila como un derivado del debido proceso. La óptica
de las garantías se impone en la aproximación al tema probatorio, por lo que la exclusión
de la prueba debe ser realizada con criterio restrictivo y de forma adecuadamente
motivada, preservando el derecho de defensa, sin descuidar, por supuesto, otros derechos
fundamentales (que impiden el ingreso al proceso, por ejemplo, de la prueba ilícita) o los
criterios legales de rechazo de la prueba por manifiestamente impertinente, inconducente,
innecesaria u otros terminológica y conceptualmente afines. Cfr., GAIERO GUADAGNA, B.
J., SOBA BRACESCO, I. M., “La etapa de control de la prueba en la audiencia preliminar:
sistematización luego de la reforma del CGP”, en XVII Jornadas Nacionales de Derecho
Procesal (Rivera-2015), FCU, Montevideo, 2015, pp. 61-72.
(*14) La figura del testigo hostil no aparece recogida en todas las legislaciones, sin
embargo, razones de prudencia en el ejercicio forense aconsejan, en cualquier caso,
conducirse con precaución en su interrogatorio o (principalmente) contrainterrogatorio,
evitando, por ejemplo, preguntas muy directas o concretas (en particular, aquellas cuya
eventual respuesta se desconoce por completo).
(*16) KLETT, S. (Coordinadora), ÁLVAREZ, F., BALUGA, C., CASTILLO, J.C., GIUFFRA,
C., GONZÁLEZ, M., MARQUISA, P., MORALES, D., MUÑOZ, G., PESCADERE, D.,
SAPELLI, R., WEISZ, F., “Aspectos prácticos en materia de prueba”, en X Jornadas
Nacionales de Derecho Procesal (Colonia-1999), Surcos, Montevideo, 1999, p. 317.
(*17) Comparto lo dicho por Micheli en su tiempo, en cuanto a que se podría sobrepasar el
límite que impone el objeto del interrogatorio, cuando no existe afectación del derecho de
defensa (en el caso, por el mencionado acuerdo entre las partes): “El juez puede dirigir
preguntas al testigo también sobre hechos diferentes de los articulados, con el acuerdo de
las partes, dado que la norma del art. 244 está establecida en interés de la defensa de las
partes y, si éstas renuncian a ella, el juez puede muy bien ampliar el objeto de la prueba
testimonial, siempre que considere relevante la prueba sobre los hechos nuevos.”.
MICHELI, G. A., Curso de Derecho procesal civil, Vol. II, “El proceso contencioso de
cognición”, Ediciones Jurídicas Europa-América, Buenos Aires, 1970, p. 183.
(*19) En ese sentido, en comentario al Art. 212 del CGP colombiano, y citando la posición
de Azula Camacho, véase: MAZUERA, A., AGUDELO MEJÍA, D., PABÓN GIRALDO, L.
D., TORO GARZÓN, L. O., BUSTAMANTE RÚA, M. M., VARGAS VÉLEZ, O., “Prueba
testifical: protocolos de actuación, medidas de protección, técnicas de interrogatorio y
cuestiones específicas de valoración - Colombia”, en BUJOSA VADELL, L. M. (Director),
BUENO DE MATA, F. (Coordinador), La prueba en el proceso. Perspectivas nacionales,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2018, p. 465.
(*20) Cfr., REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la lengua española, edición del
tricentenario, 2018, [[Link]
(*21) DÖHRING, E., La investigación del estado de los hechos en el proceso. La prueba.
Su práctica y apreciación, Ediciones jurídicas Europa - América, Buenos Aires, 1972, pp.
52-57.
(*22) CARRANZA, J., ROSENBERG, M., Oralidad y litigación civil. Herramientas desde la
experiencia de Canadá, CEJA, Santiago, 2018, p. 52. Vale precisar que para los autores,
las preguntas sugerentes se admiten en el contra examen del testigo ofrecido por la parte
contraria (ob. cit., p. 62-63). Admitiendo en algunos supuestos las preguntas dirigidas y/o
sugeridas (como por ejemplo las preguntas dirigidas a hacer recordar al interrogado los
hechos sobre los que está respondiendo): AVENDAÑO VALDEZ, J. L., La Testimonial en
las Reglas de la IBA: Arbitraje y proceso civil, Estudio Mario Castillo Freyre - Pontificia
Universidad Católica del Perú - Universidad Católica San Pablo, Lima, 2018, pp. 154-159.
(*23) En similar sentido, CARRANZA, J., ROSENBERG, M., Oralidad y litigación civil.
Herramientas desde la experiencia de Canadá, CEJA, Santiago, 2018, p. 53.
(*24) La sugestividad es uno de los mayores vicios de los interrogatorios; sin embargo, un
mínimo de sugestividad es inevitable, pues sin ella no podría ni siquiera comenzar el
interrogatorio, para situar al testigo en el terreno de los hechos que son de interés para el
proceso concreto. En ese sentido: COUTURE, E. J., Estudios de Derecho Procesal Civil,
tomo II, Depalma, Buenos Aires, 2003, p. 144. Allí Couture (ob. cit., pp. 144-145) refirió a
subtipos de preguntas sugestivas, siguiendo a Stern: las preguntas determinativas (por
ejemplo: ¿cuál es el color del perro?), las preguntas disyuntivas incompletas (por ejemplo,
¿había un perro en el lugar?, que da la alternativa al testigo de contestar sí o no), pregunta
disyuntiva completa (por ejemplo, ¿el perro que estaba en el lugar era blanco o marrón?, la
cual parece excluir hasta la posibilidad de distinto color), pregunta expectativa (por
ejemplo, ¿no había un perro en el lugar?), pregunta implificativa (por ejemplo, ¿cuál es el
color del perro?, no habiendo ningún perro en el lugar, no pone en duda la existencia del
mismo y compromete al testigo a admitirlo implícitamente, son preguntas de fuerte
sugestión), pregunta consecutiva (por ejemplo, ¿el hombre alcanzó un trozo de carne al
perro blanco?, se vincula a una sugestión anterior para complementarla). También Döhring
admite la pregunta sugestiva para situar el interrogatorio en su comienzo: DÖHRING, E.,
La investigación del estado de los hechos en el proceso. La prueba. Su práctica y
apreciación, Ediciones jurídicas Europa - América, Buenos Aires, 1972, p. 56. Véase,
también, sobre el problema de las preguntas sugestivas o sugerentes: DEVIS ECHANDÍA,
H., Teoría general de la prueba judicial, Tomo II, quinta edición, Víctor P. de Zavalía-Editor,
Buenos Aires, 1981, pp. 241-244.
(*25) Véase, en los siguientes ejemplos, como se incrementa la sugestividad: ¿Te dijo algo
ese hombre o no te dijo nada? (en donde habría mayor equilibrio), ¿Te dijo algo ese
hombre?, ¿Qué te dijo ese hombre?, Te dijo ese hombre que fueras con él a su
habitación?, ¿No te dijo ese hombre que fueras con él a su habitación?. Cfr., DÖHRING,
E., La investigación del estado de los hechos en el proceso. La prueba. Su práctica y
apreciación, Ediciones jurídicas Europa - América, Buenos Aires, 1972, p. 55.
(*30) El Art. 147 del CGP dispone: “Recurribilidad de las resoluciones judiciales relativas a
la prueba.- Las resoluciones dictadas por el tribunal sobre producción, denegación y
diligenciamiento de la prueba, serán apelables con efecto diferido.”. El citado artículo ha
dado lugar a diferentes interpretaciones -cuyo desarrollo excede el objeto de la presente
obra- acerca del alcance de algunos de sus términos; en particular, si al referir a
“denegación” se excluye la admisión de la prueba (o si la admisión también es apelable
con efecto diferido, por englobar el artículo, todo lo relativo a la recurribilidad de las
decisiones en materia probatoria). El efecto diferido se define, por su parte, en el Art. 251
n° 3 del CGP, se encuentra limitado, básicamente, a la simple interposición del recurso,
por lo que no impide el cumplimiento de la resolución impugnada. La fundamentación del
recurso se reserva para oportunidades futuras (junto con la apelación de la sentencia
definitiva, u otros supuestos).
(*31) TAC 2°, Sentencia T.A. Civil No. 6/014-2, de 19 de Febrero de 2014.
(*32) SOBA BRACESCO, I. M., Estudios sobre la prueba testimonial y pericial, en vías de
publicación.









