Pensemos en las siguientes situaciones:
Todas estas situaciones tienen un común denominador: apelan a las
habilidades específicas del aprendizaje. La lectura, escritura y cálculo son
habilidades que se aprenden en los primeros años de la escolaridad, sin
embargo, un adulto también las requiere para su vida cotidiana: realizar una
compra, comunicarse con otros a través de mensajes, dejar detallado una lista
de tareas, entre muchos ejemplos más.
De esta manera, las Dificultades Específicas del Aprendizaje no afectan sólo a
los niños en su etapa escolar, sino que acompañan a la persona en muchas
áreas de su vida, de aquí la importancia de destacarlas, informarnos y aprender
a como compensarlas.
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Se considera al cálculo, la escritura y la lectura como las habilidades
específicas del aprendizaje. De esta manera, las Dificultades Específicas del
Aprendizaje (DEA) o también denominadas Trastornos Específicos del
Aprendizaje (TEA) se presentan en dichas habilidades.
A su vez, podemos encontrar dificultades no específicas en el aprendizaje
como son las problemáticas en la comprensión lectora, la organización en la
escritura o la numeración, entre otras que pueden ser multicausales. Existen
otras “Dis”, pertenecientes a otras áreas como motricidad y lenguaje, pero en
este apartado solo ahondamos en las específicas del aprendizaje.
En el DSM –V, el cual es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales más actual, las DEA se definen como la dificultad en la utilización de
aptitudes que evidencian al menos uno de los siguientes problemas:
Lectura imprecisa.
Dificultades para comprender lo que se lee.
Dificultades ortográficas.
Dificultades en la expresión escrita.
Dificultades para denominar el sentido numérico o el cálculo.
Dificultades para el razonamiento matemático.
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LAS DEA COMPARTEN LAS SIGUIENTES
CARACTERÍSTICAS:
Dificultades que poseen los niños donde no está afectado el nivel
cognitivo, es decir, su inteligencia esta en un rango dentro de lo
esperable para su edad.
Se dan en un área del aprendizaje (lectura, escritura y/o cálculo)
Las habilidades académicas esperables para la edad cronológica del
niño se encuentran por debajo del rango: está uno o dos años
disminuido. Esto se mide con test estandarizados.
Defior Citoler, investigadora argentina de las DEA, propone tres criterios de
para definir las dificultades específicas de aprendizaje: criterio de exclusión, de
discrepancia y de especificidad.
Veamos un cuadro resumen para comprender los criterios para detectarlas:
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Como mencionamos, las DEA afectan una habilidad específica: lectura,
escritura o cálculo. El DSM pide que se especifique en cada habilidad/aptitud,
el área afectada y su nivel de gravedad. Los niveles de gravedad pueden ser
leves, moderados o graves.
TRASTORNO LEVE cuando afecta uno o dos áreas académicas,
pero el individuo puede compensar o funcionar bien si se le brindan
adaptaciones en el ámbito escolar.
TRASTORNO MODERADO cuando la persona tiene dificultad en una
o más áreas y necesita de intervención intensiva, tanto del apoyo de las
adaptaciones escolares en la escuela y en la casa para que rinda cada
grado de acuerdo a sus posibilidades.
TRASTORNO GRAVE cuando afecta varias áreas académicas, lo
que implica que la persona debe recibir ayuda intensiva durante toda la
escolaridad, con adecuaciones académicas y apoyo en casa, incluso
muchas veces, sin lograr compensar sus dificultades.
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Veamos ahora, de manera introductoria cada DEA en particular:
En la Dislexia, podemos encontrar muchas definiciones de dislexia, pero para
comprender de manera global, la Dislexia es una dificultad que afecta a la
habilidad de la lectura. Cuando hablamos de lectura nos referimos en el
sentido amplio de la misma, es decir, en todos sus componentes:
decodificación, fluidez, la precisión y la comprensión.
Natalio Fejerman, neurólogo infantil argentino, define a la Dislexia como un
retraso de dos o más años en la adquisición de la lectoescritura en ausencia de
déficits sensoriales, defecto neurológico evidente, retraso mental y trastornos
psíquicos, y habiéndose dado una adecuada exposición a la instrucción.
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Rufina Pearson, psicopedagoga e investigadora argentina, especialista en
DEA, afirma que la Dislexia es una condición determinada neurobiológicamente
que impacta la zona del cerebro vinculada a los procesos fonológicos y de
memoria verbal, en la cual no se activan las zonas de lectura visual que se
asocian a la lectura fluida. Estos procesos cognitivos afectan el aprendizaje de
la fluidez en la lectura, es decir, la persona no lee en forma automática, lo cual
le genera fatiga y muchas veces termina afectando la comprensión del
contenido del texto.
Se observa dificultad en el inicio del proceso lector, es decir, en los primeros
grados dado que el niño no empieza a leer al ritmo de los demás. Luego no
avanza de la misma manera que el resto y ello empieza a afectar el éxito en los
aprendizajes.
Los niños con dislexia suelen necesitar ayuda para leer textos, tienen errores
en la escritura y rinden por debajo de lo esperado en materias básicas como
lengua, matemática e inglés. Pueden presentar mala ortografía y tienen
dificultad para tareas que implican la memoria verbal, por lo cual se dificulta el
aprendizaje de las tablas de multiplicar, de los nombres de los números (en los
primeros grados), los meses del año, y de destrezas como el cálculo mental.
Ahora bien, la dislexia implica no sólo una dificultad, sino un desarrollo
diferente del cerebro que también se asocia a áreas de fortaleza que otras
personas no desarrollan y que las hacen únicas y capaz de destacarse frente a
los demás.
Entonces, una persona con dislexia tiene una dificultad en la lectura que se da
por un funcionamiento diferente del cerebro, y ese juego de palabras hace
recordar una de las características de las DEA anteriormente mencionadas: la
persona con dislexia no tiene una discapacidad, es decir, no tiene dañada un
área que resulta irrecuperable, ni tampoco tiene una enfermedad que empieza
en un momento determinado y se agrava o mejora y luego termina. La dislexia
es una condición. La persona nace por determinación genética con ella y los
estudios de neuroimagen muestran cómo el cerebro se desarrolla y funciona
diferente en el acto lector en personas con esta información genética. El
funcionamiento diferente determina que desarrollen áreas que otras personas
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no activan y ello es un gran potencial que luego se ve volcado en destrezas
como la alta creatividad. La dislexia no se cura porque no es una enfermedad:
se “compensa” y se aprende a convivir con ella.
Es importante que la persona con dislexia sepa, ante todo, cuáles son sus
fortalezas, porque las necesitará para compensar su dificultad natural para
tareas de lectoescritura, y también para entender que todos tenemos facilidad
para unas cosas y menos en otras, lo cual favorecerá a su autoestima.
La Discalculia es una DEA de alta comorbilidad con Dislexia, esto quiere decir
que muchas personas con Dislexia también presenten síntomas de Discalculia.
De esta manera, el profesional que evalúa a la persona por Dislexia debe
determinar si cumple criterios de Discalculia o simplemente presenta algunas
dificultades en las matemáticas asociadas a su cuadro de base.
La existencia de base de una Dislexia predispone a tener algún tipo de
dificultad en el desarrollo de las matemáticas, pero no al revés, es decir,
cuando hay dificultades matemáticas, estas no repercuten en las habilidades
lectoras.
Rufina Person nos indica que la Discalculia es una de las dificultades
específicas del aprendizaje de origen neurobiológico que afecta la capacidad
para lograr el cálculo mental eficiente, automatizar los procedimientos y
combinaciones numéricas. Otros síntomas son que estas personas tienen
dificultades para comprender conceptos cuantitativos, para manejar con
flexibilidad la línea numérica mental, y en muchos casos involucra la capacidad
para comprender razonamientos matemáticos.
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Tal como en Dislexia, la Discalculia es una dificultad heterogénea, es decir que
se presenta en forma diferente de acuerdo a cada caso en particular, aunque
hay ciertas características que comparten la mayoría de ellos.
Hay distintos tipos de Discalculia, lo cual ampliaremos en otro módulo, pero
para mencionar algunos de los síntomas más recurrentes son: no recordar el
procedimiento de la operación, utilizar estrategias de conteo inadecuadas e
inmaduras, realizar un pobre control metacognitivo sobre su tarea. Confundir
los signos de más y menos, mostrar dificultad para detectar un error en una
operación escrita.
Defior Citoler utiliza este término para indicar los problemas de escritura,
adquiridos o evolutivos, aunque más específicamente se refiere a las
dificultades en los procesos léxicos. La disgrafía no sólo hace referencia a la
forma de la letra, sino en el sentido amplio de la expresión escrita, por lo que
afecta el uso gramatical, la puntuación, organización de párrafos e ideas.
La disgrafía es una dificultad en el control del trazado que da por resultado una
tipografía poco clara o no tan legible. Son niños que desde pequeños le cuesta
el dibujo, el manejo del tamaño en la hoja y el control inhibitorio del lápiz. Otros
síntomas comunes en disgrafía son: errores de sustitución y de omisión,
uniones y fragmentaciones incorrectas, mal uso de la mayúscula, escritos
cortos, pobremente organizados, con una puntuación inadecuada, limitados en
ideas.
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Una evaluación de Disgrafía debe ser amplia desde lo cognitivo y también
desde lo motor fino y grueso, por lo que, los especialistas en estas áreas fueran
psicopedagogos y terapistas ocupacionales.
Un diagnostico de DEA lleva tiempo de observación y análisis de parte de la
familia y la escuela, evaluaciones de parte de un psicopedagogo y en
ocasiones de fonoaudiólogo y terapista ocupacional. También, en muchos
casos se realiza además la consulta a neurología.
Si bien cada DEA tiene síntomas y señales que podemos identificar en la
cotidianeidad escolar de un niño, es necesario la consulta al profesional
especializado para arribar al diagnostico, porque no hay ningún niño con estos
diagnósticos igual a otro, cada uno es único y lo manifiesta de manera distinta.
Cada niño tiene sus fortalezas y debilidades, y ese es el punto de partida para
un plan terapéutico acorde a sus necesidades.
El aprendizaje de la lectura, escritura y cálculo es un proceso que comienza
desde mucho antes de la escolaridad primaria. Como todo proceso lleva
tiempo y posee prerrequisitos básicos para que estos aprendizajes se
consoliden y automaticen.
Es importante detectar síntomas y falencias cuando los niños son pequeños,
sin embargo, el diagnostico de DEA (sea dislexia, discalculia o disgrafía) se
cierra en tercer grado o más específico luego de los 7 años de edad del
niño.
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Entonces, ¿un niño de primer grado no puede tener el
diagnóstico de dislexia? Se pueden encontrar signos de alerta, los
cuales se detectan y acompañan para estimular y compensar, sin embargo, su
diagnostico será “cerrado” cuando el alumno este cursando su tercer grado o
haya cumplido los 7 años.
Esto se debe a lo anteriormente manifestado, el niño se encuentra en proceso
de aprendizaje de la habilidad lectora. Hay errores que son propios y evolutivos
en el proceso de aprendizaje, sin embargo, se deben presentar suma atención
a que no persistan.
De esta manera, cuando nos encontramos con un niño que presenta señales
de alerta de dislexia previo a tercer grado, su diagnóstico correcto fuera
“síntomas o signos disléxicos”, se trabaja en tratamiento psicopedagógico y con
adaptaciones si así lo requiere para compensar y acompañar el proceso de
aprendizaje de la lectura, se reevalúa a los 7 años y se cierra su diagnostico.
Previo a la escolaridad primaria ya se pueden detectar señales de alerta de
posible DEA, y se observan grandes diferencias en personas identificadas
entre los 4 y 7 años en relación a aquellos que son identificados luego de los 8
ó 9 años.
La capacidad de compensación es mayor cuanto antes se detecte, así como la
desafectación o afectación de la estima. Si un niño cursa su escolaridad con
sensación de fracaso, lo más probable es que desarrolle una baja autoestima y
que esta lo acompañe el resto de su vida.
En cambio, si se detecta en forma temprana, se recibe la ayuda necesaria, y el
niño aprende a entender sus fortalezas y a suplir sus dificultades aprendiendo
estrategias o destrezas que le son brindadas en el tratamiento, entonces no
tiene por qué afectar la autoestima.
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