Libro: Orientación educativa: fundamentos teóricos, modelos institucionales y
nuevas perspectivas. (2008)
Autores: AUTORES Antonia Parras Laguna, Ana María Madrigal Martínez, Sara
Redondo Duarte, Patricia Vale Vasconcelos, Enrique Navarro Asencio.
GOBIERNO DE ESPAÑA. CIDE
DEFINICIÓN DE ORIENTACIÓN
Actualmente existen muchas definiciones de Orientación Educativa. Las diferencias
entre ellas residen más en su grado de concreción que en cuestiones sustantivas, puesto
que los principios que las sustentan y las funciones que las caracterizan son comunes a
todas las conceptualizaciones. Algunas definiciones de orientación realizadas por
autores españoles son las siguientes:
• Bisquerra (1996:152) ha definido la Orientación Psicopedagógica como “un proceso
de ayuda continuo a todas las personas, en todos sus aspectos, con objeto de potenciar la
prevención y el desarrollo humano a lo largo de toda la vida. Esta ayuda se realiza
mediante programas de intervención psicopedagógica, basados en principios científicos
y filosóficos”.
• Según Vélaz de Medrano (1998:37-38), la Orientación Educativa es un “conjunto de
conocimientos, metodologías y principios teóricos que fundamentan la planificación,
diseño, aplicación y evaluación de la intervención psicopedagógica preventiva,
comprensiva, sistémica y continuada que se dirige a las personas, las instituciones y el
contexto comunitario, con el objetivo de facilitar y promover el desarrollo integral de
los sujetos a lo largo de las distintas etapas de su vida, con la implicación de los
diferentes agentes educativos (orientadores, tutores, profesores, familia) y sociales”.
• Para Boza y otros (2001:20) la Orientación Psicopedagógica se concibe como “un
proceso de ayuda continuo y sistemático, dirigido a todas las personas, en todos sus
aspectos, poniendo un énfasis especial en la prevención y el desarrollo (personal, social
y de la carrera), que se realiza a lo largo de toda la vida, con la implicación de los
diferentes agentes educativos (tutores, orientadores, profesores) y sociales (familia,
profesionales y para profesionales)”
Estas definiciones, junto con otras realizadas por otros autores (Rodríguez Espinar y
otros, 1993; Repetto y otros, 1994; Echeverría, 1993; Rodríguez Moreno, 1995; Alonso
Tapia, 1995; Álvarez y Bisquerra, 1996), ejemplifican las tendencias actuales
nacionales e internacionales en el terreno de la Orientación. En todas las definiciones,
aunque expresado de distinta forma, se aprecian algunos elementos comunes:
• La consideración de la Orientación como una ciencia de la intervención
psicopedagógica que tiene distintas fuentes disciplinares.
• La concepción de la intervención orientadora como un proceso de ayuda que debe
llegar a todas las personas y que no se encuentra delimitado en el espacio ni en el
tiempo.
• Tiene una finalidad común: el desarrollo personal, social y profesional del individuo
en su contexto.
• La Orientación es un proceso que se desarrolla dentro y junto con el propio proceso
educativo, profesional y vital del sujeto, y no como una intervención aislada.
• La Orientación no es trabajo sólo del orientador u orientadora, sino que la totalidad de
agentes educativos y sociales deben estar implicados.
• Predomina un modelo sistémico de intervención psicopedagógica, es decir, la
intervención por programas comprensivos e integrados en el currículo o, en su caso, en
el programa de desarrollo comunitario.
• Los principios de prevención, desarrollo e intervención social son los que caracterizan
al proceso de Orientación.
FUNCIONES DE LA ORIENTACIÓN
Delimitar cuáles son las funciones de la orientación es una tarea compleja debido a que
muchos autores han abordado el tema desde puntos de vista muy dispares. No sólo el
concepto de función varía según distintos autores sino que, en ocasiones, al realizar una
clasificación de funciones no se sigue una línea sistemática, ya que suelen incluirse
entre las funciones objetivos, tareas o actividades del profesional de la orientación, con
lo que la confusión es mayor. Con el fin de arrojar un poco de luz sobre el tema, parece
oportuno tomar como punto de partida el tradicional y aún vigente modelo de
conceptualización de Morril, Oetting y Hurst (1974), denominado “El cubo de las 36
caras”. A continuación se expone este cubo, que recoge las posibles situaciones de
intervención orientadora, así como el análisis más detallado que de ellas hace Vélaz de
Medrano (1998).
a) Destinatarios/as de la intervención:
– Individuo
– Grupos primarios
– Grupos asociativos
– Comunidad o instituciones
b) Propósito o finalidad:
– Terapéutica o correctiva
– Preventiva
– De desarrollo
c) Método:
– Intervención directa
– Intervención indirecta: consulta y formación
– Utilización de medios tecnológicos
a) Los destinatarios de la intervención orientadora
Tradicionalmente el destinatario de la orientación ha sido el individuo, aunque la
intervención se ha circunscrito al ámbito escolar. No obstante, la concepción moderna
de la orientación (preventiva, orientada al desarrollo y de enfoque ecológico-sistémico)
señala la importancia de intervenir en diferentes contextos sociales en los que el
individuo se desenvuelve. En este sentido, es necesario intervenir en los grupos
primarios (como la familia, la pareja o los círculos íntimos), en el grupo asociativo
(como la clase, el grupo de amigos, los clubes y asociaciones de alumnos y alumnas o
de padres y madres, o el Claustro) y, finalmente, en el marco institucional o comunitario
(el centro educativo en sí, la entidad titular del centro, la empresa, el barrio o la ciudad).
b) El propósito o finalidad de la intervención
La finalidad de la intervención debe ser triple (Bisquerra, 1998): terapéutica
(intervención en las dificultades en la relación interpersonal y social, desde una
perspectiva remedial o correctiva), preventiva (intervención con objeto de evitar
problemas futuros) y de desarrollo (intervención para optimizar el crecimiento personal
en todos los aspectos). La intervención psicopedagógica debería ser proactiva, es decir,
tener una finalidad preventiva y de desarrollo, y no sólo reactiva o terapéutica. Así, son
muchos los tipos de intervención proactiva que dan verdadero sentido a la orientación:
Facilitar la entrada a la escuela o la transición al mundo laboral
Hacer más funcionales las normas institucionales
Crear hábitos y habilidades de trabajo en equipo
Mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje para hacerlos más activos,
significativos, personalizados y gratificantes
Diseñar un currículo que promueva verdaderamente el desarrollo integral de
capacidades (relativas a conocimientos, procedimientos y actitudes)
Favorecer los procesos de socialización a través de la dinámica de grupos y del
funcionamiento democrático y solidario de los grupos sociales de referencia
c) El método de intervención
Pueden considerarse tres tipos de intervención: directa, indirecta (consulta y formación)
y utilización de métodos tecnológicos. La intervención directa ha sido la metodología
más utilizada por la orientación tradicional, quizá por ello es la más demandada por la
familia y cierto tipo de profesorado. No obstante, tiene algunos inconvenientes, pues
impide que la orientación llegue a todos los sujetos, sólo permite llevar a cabo algunas
de las funciones de la orientación y apenas tiene en cuenta al resto de los agentes
(profesores y tutores esencialmente). La intervención indirecta del orientador, llevada a
cabo a través de procesos de consulta y formación, puede suplir alguna de estas
deficiencias, ya que la acción orientadora llega también al alumnado, pero esta vez a
través de los profesores, tutores y padres y madres debidamente asesorados y/o
formados por el especialista en Orientación educativa.
Por último, otro método de intervención es aquél que se apoya en el uso de las Nuevas
Tecnologías de la Información y la Comunicación (la informática, el vídeo, la
televisión, las redes telemáticas, etc.). Estos medios permiten mejorar y extender la
influencia de la Orientación. En este sentido, Vélaz de Medrano señala lo siguiente
(1998:51-52):
Los mensajes emitidos con calidad de imagen y sonido pueden enfatizar y motivar hacia
ciertos aprendizajes. Por otra parte, la versatilidad de los Programas de Enseñanza
Asistida por Ordenador ha puesto ya de manifiesto su eficacia en el campo de la
orientación vocacional o para el desarrollo de la carrera. Partiendo del modelo de
Morril, Oetting y Hurst, cuyas dimensiones acaban de analizarse, en 1983 Drapela
define otro modelo tridimensional que parte de tres funciones básicas de la orientación:
el asesoramiento, la consulta y la supervisión. A estas dimensiones el autor añade las
siguientes:
• Destinatarios de la intervención: individuos, grupos, organizaciones y la comunidad.
• Problemática o temas en los que se interviene: intra o interpersonal, ocupacionales y
morales, de tercera persona o grupo, y de estructura y metas de la organización.
• Estrategias de la intervención: orientada a la persona, al tema y a la conducta.
A pesar de su complejidad, los dos modelos presentados obvian el elemento contextual.
Tratando de solventar este problema, Álvarez Rojo (1994) define las siguientes
dimensiones de la orientación:
a) Los contextos: institucionales educativos, institucionales no educativos, no
institucionales.
b) Los modelos de intervención: modelos de servicios, modelo de programas y modelo
de consulta.
c) Los destinatarios: individuos, grupos primarios, grupos en asociación, instituciones o
comunidades.
d) Los métodos o estrategias de intervención: intervención directa e intervención
indirecta.
e) Las funciones asignadas para cuya determinación es preciso tener en cuenta dos
factores: externos (la Administración educativa y la Orientación como disciplina
pedagógica constituida y contextualizada), e internos (las prácticas profesionales tal y
como se ejecutan en los diferentes contextos).
En relación a las funciones, Bisquerra (1998: 48) propone las siguientes:
• Organización y planificación de la orientación: programas de intervención, sesiones de
orientación grupal, material disponible.
• Diagnóstico psicopedagógico: análisis del desarrollo del alumno o la alumna,
conocimiento e identificación.
• Programas de intervención: en el proceso de enseñanza-aprendizaje, de orientación
vocacional y de prevención.
• Consulta: en relación con el alumnado, con el profesorado, con el centro y con la
familia.
• Evaluación: de la acción orientadora e intervenciones concretas, de los programas y
autoevaluación.
• Investigación sobre los estudios realizados y generación de investigaciones propias.
Por su parte, Rodríguez Moreno (1995:16-17) incluye dos nuevas funciones:
• Función de ayuda, encaminada a la consecución de la adaptación para prevenir
desigualdades y adoptar medidas correctivas, en su caso.
• Función educativa y evolutiva, dirigida a trabajar estrategias y procedimientos de
resolución de problemas y desarrollo de potencialidades.
Finalmente, Riart Vendrell (1996) añade las siguientes funciones a las mencionadas
anteriormente:
• Función de coordinación, o de gestión colaborativa y participativa.
• Función de mediación, con actividades encaminadas a intervenir entre dos extremos
para contribuir al acuerdo.
• Función de detección de necesidades y análisis.
• Función de organización, planificación o estructuración.
• Función de programación, o acciones sistemáticas, planificadas y orientadas a unas
metas.
Como conclusión, y considerando las clasificaciones de las funciones de la Orientación,
es necesario señalar la importancia de una serie de funciones básicas que debe cumplir
la intervención educativa: diagnóstica, de información, de organización y planificación
de la intervención orientadora, así como de consulta, consejo, evaluación e
investigación. Estas funciones son las que confieren entidad y sentido a la intervención
psicopedagógica, siendo algunas de ellas tan amplias y con un número tan diverso de
tareas que se han convertido en modelos de Orientación, como se estudiará de forma
detallada en el capítulo siguiente.
ÁREAS DE INTERVENCIÓN
Al contrario que las fases del modelo –que se recogen más adelante– las áreas de
intervención no gozan de una consideración unánime por parte de los autores, quienes
las delimitan en función de diferentes criterios como los tipos de intervención, los
niveles de desempeño o los contextos de actuación.
Para ilustrar aquí las diferencias de perspectivas en la clasificación de las áreas de
intervención reflejamos la propuesta de dos autoras:
Repetto (2002), haciendo referencia a los contextos escolar, familiar y comunitario y de
las organizaciones, establece cuatro áreas temáticas: desarrollo académico, desarrollo
personal y social, desarrollo cognitivo y metacognitivo y desarrollo comprensivo o
integrador.
Hervás Avilés (2006), citando a Agut Nieto (2000), establece áreas de necesidades en
función de niveles de desempeño, de implementación, mejora o innovación. Para esta
autora las áreas de necesidades pueden ser individuales, grupales o de organizaciones, lo
que se encuentra en clara superposición con los destinatarios de la intervención. Debido
a que no siempre es posible definir claramente las fronteras entre los diferentes ámbitos
de intervención, se prefiere en ocasiones hacer referencia a marcos amplios de
intervención. Así, también puede considerarse que la intervención a través del modelo
de programas puede ser preventiva, de desarrollo personal o de educación para la
carrera.
El hecho de que las áreas se encuentren parcialmente desdibujadas quizá pueda ser
explicado por la versatilidad del modelo y por su relativa juventud. Se puede concluir,
que en ese intento por englobar todas las perspectivas bajo las que puede observarse el
hecho educativo, la intervención se dirige a todos los contenidos susceptibles de
aparecer en el desarrollo de las personas y las organizaciones.
FUNDAMENTOS SEGÚN EL SISTEMA NACIONAL DE ORIENTACIÓN
(2009) (P.7-8)
Filosóficos
Para el Sistema Nacional de Orientación se asume una visión de la persona como un ser
de naturaleza bondadosa, positiva, interpersonal, relacional, contextual, comunal y con
capacidad innata para entenderse a sí mismo y talentos suficientes para asumir los retos
de la vida familiar, laboral y social en su continuo humano. Por lo tanto, es una persona
tendente a la actuación ética y responsable para la construcción de la excelencia, la
autorrealización, la autogestión intencional, la autonomía e independencia cognitiva,
emocional y de actuación. Bajo esta inspiración, la persona es concebida como el ser
productivo en proceso permanente de convertirse en actor y creador de sí mismo y de
sus circunstancias ecológicas, ambientales y socio-comunitarias.
Pedagógicos
El Sistema Nacional de Orientación se sustenta en una visión pedagógica para todas sus
acciones, traducidas en los programas, planes y servicios dirigidos a atender las
necesidades y requerimientos del desarrollo de las personas durante la evolución de su
ciclo vital. Para ello, se requiere un abordaje orientador de las personas y sus talentos,
desde una visión pedagógica liberadora y constructivista. Bajo este enfoque, se entiende
que las personas son creadoras de saberes, a los cuales le otorgan significado y lo hacen
suyo de acuerdo con su realidad, lo personalizan y son capaces de entender el cómo esos
saberes son aplicados para generar cambios en sí mismos y en su contexto socio-
comunitario. Esta visión pedagógica considera que los seres humanos pueden hacer
contacto con sus capacidades para ser personas en pleno funcionamiento, de generar
acciones concretadas en su hacer diario, convivir y servir en una eco-sociedad que
demanda solidaridad y co-responsabilidad ciudadana.
Complejidad Humana
Desde el Sistema Nacional de Orientación se asume una visión compleja integrada por
varias dimensiones: la ecología, la antropología, la espiritualidad y lo planetario. Esta
visión integral se sustenta en los aportes de Morin (1998). Es necesario aprender a estar-
ahí en el Planeta; es decir, aprender a vivir, a compartir, a comunicarse, a comulgar: es
todo aquello que sólo se aprende en y por las culturas singulares y también como
humanos del Planeta Tierra. No solamente ser de una cultura sino también ser habitantes
de la Tierra. Dedicarse no sólo a dominar sino a acondicionar, mejorar y comprender.
Debemos inscribir en nosotros la conciencia antropológica, que reconoce nuestra unidad
en nuestra diversidad. La conciencia ecológica, es decir, la conciencia de habitar con
todos los seres mortales una misma esfera viviente (biósfera); reconocer nuestro lazo
consustancial con la biósfera nos conduce a abandonar el sueño prometeico del dominio
del universo para alimentar la aspiración a la convivencia sobre la Tierra. La conciencia
cívica terrenal, es decir, de la responsabilidad y de la solidaridad para los hijos de la
Tierra. La conciencia espiritual de la humana condición que viene del ejercicio
complejo del pensamiento y que nos permite a la vez criticarnos mutuamente, auto-
criticarnos y comprendernos entre sí.