El peronismo
Cuando el peronismo llegó al poder, toda la gente que había votado a la Unión Democrática temió
por la educación, por motivos diversos. La oligarquía y la clase media alta tenían miedo de que los
"cabecitas negras" invadieran las aulas de las escuelas, como habían temblado ante los inmigrantes y los
anarquistas a principios de siglo.
En general no sentían simpatías por el nazismo y el fascismo. Había liberales católicos, aunque la
Iglesia Argentina se inclinaba más bien hacia el corporativismo y el franquismo. Los liberales católicos
temían el avance de esas concepciones en la educación pública y junto con los liberales de tendencia
laica identificaron al peronismo con el fascismo.
Los nacionalistas católicos participaron de logias como el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), en
el que se comenzó a gestar el poder de Perón, y luego se volcaron al justicialismo.
Una profunda fractura dividía los discursos políticos pedagógicos de los dos grandes movimientos
nacionales, el radicalismo y el peronismo
Los radicales y los demócratas progresistas formaban un bloque con mucha influencia en la
docencia, que defendía la educación estatal, laica, obligatoria y gratuita y la reforma universitaria.
Los educadores escolanovistas que eran socialistas se alinearon en la defensa de los principios
educativos liberales contra el avance del nacionalismo, identificando peronismo con fascismo, sin
comprender su estabilidad popular y sus posibilidades democráticas. El gobierno peronista no intentó
atraerlos sino que se dedicó a perseguirlos.
El peronismo heredó del régimen instalado en 1943, funcionarios ultra nacionalistas que querían
imprimir a la escuela el carácter de un regimiento; por eso chocó con la irreductible oposición del
fantasma liberal.
Pero las demandas que provenían de un espacio mucho más amplio que las Fuerzas políticas
organizadas, mucha gente quería aprender oficios, capacitarse como operaria o empleada y cursar
carreras técnicas, las mujeres querían estudiar, los empresarios reclamaban personal más capacitado, los
inmigrantes del interior que llegaban a Buenos Aires necesitaban atención educacional. EL sistema
educativo argentino vivía una crisis de crecimiento.
Enfrentado el peronismo con los liberales y con la izquierda, en el poder educativo avanzó el
nacionalismo católico.
Algunos normalistas formados en las ideas de la Escuela Nueva coincidieron también en la
postura antirracionalista y anti positivista del peronismo. Los cargos políticos del sistema fueron
cubiertos por funcionarios vinculados con el régimen de 1943.
El primer ministro de Educación fue Piran, quien consideraba que la justicia social se debía
ejercer mediante la educación humanística, desde una doctrina antimaterialista, antitotalitaria y
antirracionalista dirigida al hombre concreto.
Era enemigo del positivismo y proponía que la educación estimulara el espíritu de iniciativa, la
capacidad creadora y el sentido de justicia social.
El segundo ministro fue Ivanissevich quien impulsó tanto desde la UBA como desde el
Ministerio una política oscurantista, con contenidos enciclopédicos y elitistas.
El tercer Ministro de Educación del peronismo fue Méndez San Martín, quien se ubicaba más en
el centro del espíritu político y acompañó el proceso de ruptura de relaciones entre Perón y la Iglesia
Católica, en los últimos años del segundo gobierno.
Funcionarios que se destacaron: Arizaga fue Secretario de Educación durante la gestión de Gaché
Piran quien diseñó una reforma del sistema escolar que introducía criterios nacionalistas democráticos y
daba mucha importancia a la educación práctica. Arizaga relacionaba la enseñanza con el medio social y
con el desarrollo económico, aunque destacaba particularmente la educación humanística.
Cassani y Calzetti fueron los pedagogos del régimen. Cassani tenía una larga carrera en la
docencia secundaria y universitaria. Fundó el Instituto de Didáctica de la Facultad de Filosofía y Letras
de la UBA y Calzetti, era el principal colaborador de Cassani y autor del texto de didáctica en el cual se
han formado las docentes argentinos durante muchas décadas
Eran anti positivista y preferían el método global a la vez que rechazaban la organización
liberal de las escuelas nuevas; sostenía que la función del maestro es transmitir un orden y una moral.
Las relaciones con la docencia
Al comenzar la década peronista, la docencia estaba cargada de demandas insatisfechas y requería
un ordenamiento del campo técnico profesional que aclarara las reglas del juego entre los docentes y el
Estado.
Se necesitaba una reglamentación del ejercicio profesional que incluyera el régimen de ingreso a
la docencia y la promoción por concurso.
Hacía falta legitimar una relación estable y reglamentada entre funciones, status, remuneraciones
y cargos en el sistema educativo, capacitaciones adquiridas y antigüedad.
Se reclamaba la re valorización, recalificación y reubicación de educadores y educandos que estaban en
lugares marginales del sistema estatal o fuera de él.
Las demandas de los docentes abarcaban también aspectos pedagógicos y político- educacionales, como
la educación de la población en zonas de fronteras, de los discapacitados y la capacitación laboral.
La suspensión de la aplicación de la Ley 1420 y la posición antilaicista militante del Ministerio de
Educación fue una de las cuestiones que más enervaron la relación de los docentes con el peronismo.
A comienzos de la década de 1950 muchos reaccionaron contra la creciente demanda de
adhesión partidaria por parte del justicialismo. Se incrementaron las cesantías por razones políticas y el
enfrentamiento de los maestros y profesores con el gobierno tuvo un ritmo creciente.
El gobierno mantuvo la posición anti normalista casi hasta el final y organizó un sindicato
oficialista, la Unión de Docentes Argentinos (UDA).
En 1954 se promulgó el Estatuto del Docente Argentino del General Perón, que alcanzó a todos
los docentes nacionales. El nuevo estatuto cayó bastante mal entre muchos maestros y profesores porque
si bien recogía demandas históricas, cometía el error de darle al cuerpo legal un tono partidario.
El asunto contribuyó a empeorar las ya deterioradas relaciones entre los docentes y el gobierno.
Un plan nacionalista popular
Las reformas más importantes al sistema educativo fueron realizadas durante el primer gobierno
peronista y se fundamentaron en los principios del Primer Plan Quinquenal.
El Plan destaca la búsqueda de una filosofía educacional que equilibre materialismo e idealismo y
que haga compatible el principio de democratización de la enseñanza, entendiéndola como un patrimonio
igual para todos, con la creación de una modalidad de compensación para quienes no han tenido las
oportunidades de educación que otros poseen. Establece que debe haber enseñanza práctica y profesional
en el nivel medio.
Arizaga intentaba condensar en una propuesta pedagógica la educación del espíritu, la instrucción
para el trabajo, la vinculación con la realidad circundante y la formación del hombre para la Nación.
Quería el equilibrio entre materialismo e idealismo y la equidistancia entre los extremos,
apoyándose en los principios del Plan y en las palabras de Perón, intentaba alejarse del nacionalismo
católico y del liberalismo normalizador.
Pretendía formar en el niño la inteligencia práctica, sin dejar de enseñarle el dominio de las
normas, los sentimientos y la voluntad de superación moral, dentro de una concepción argentina del
mundo y de la vida; los planes y programas tendrían como principio básico organizador el idioma y la
historia nacionales.
Arizaga incluía la educación moral y religiosa, porque consideraba que el hombre no puede vivir
de la razón y que los niños necesitan sentir la religión por contagio, por la emoción sugerente, por la
incitación a la imaginación.
Se trataba de vitalizar la escuela dándole activa participación en la vida social. El factor
considerado más eficiente para lograrlo era el trabajo, entendido integralmente y no sólo como
adiestramiento.
El nuevo Plan contemplaba una enseñanza primaria formada por un primer ciclo optativo
preescolar de 2 años (4 y 5 años de edad); un segundo ciclo obligatorio de cinco años (6 a 11 años de
edad); un tercer ciclo también obligatorio de dos años (12 a 14 años de edad) llamado de pre aprendizaje
general con cultura general. Ese último ciclo se componía de cursos mixtos y cursos separados para
varones y niñas.
El pre-aprendizaje atendía a la urgencia de formar obreros con nivel de oficiales para todas las
especialidades, incluyendo el manejo de herramientas para oficios y prácticas de huertas y granjas
experimentales, manufactureras y comerciales.
La reforma mantenía también bachilleratos clásicos, con un ciclo mínimo de 5 años, 3 de
conocimientos generales y luego dos de capacitación en artes y oficios.
El ciclo era gratuito solamente para quienes demostrasen su imposibilidad de pagarlo. Después de
cinco años de especialización los maestros de primaria podían optar por ingresar a dos modalidades de
enseñanza superior no universitaria: el magisterio primario y el profesorado secundario, ambas de dos
años y con acceso a la universidad.
Otra modalidad introducida por Arizaga eran las escuelas técnicas de capacitación (1 año de
estudios), las de perfeccionamiento (2 años) y las de especialización (3 años), que constituían niveles
sucesivos que a su vez proporcionaban títulos habilitantes de creciente grado de capacitación.
Para el ingreso a las escuelas de capacitación era necesario poseer certificado de estudios
primarios y para los otros dos ciclos, de estudios secundarios.
Los certificados podían sustituirse presentándose a una prueba especial. Esta última posibilidad
implicaba un principio democrático fundamental porque posibilitaba la equiparación de gente
proveniente de niveles sociales distintos, eliminada por el sistema o que no había tenido la oportunidad
de cursar estudios regulares con anterioridad, y legitimaba los conocimientos obtenidos por otras vías,
especialmente la práctica laboral.
La educación técnica era gratuita para todo obrero, artesano o empleado que viviera de su trabajo.
Los profesores debían poseer títulos que acreditasen su competencia y además debían haber
ejercido su trabajo en alguna de las tres funciones mencionadas.
Todas las empresas estaban en obligación de cooperar con becas para los tres grados de la
enseñanza técnica.
La separación entre enseñanza media y técnica ubicaba finalmente a la educación laboral, después
de tantos intentos fallidos durante décadas, dentro de las responsabilidades del sistema educativo oficial.
Pero la reforma de Arizaga tuvo corta vida. El sistema del bachillerato clásico, fundado por Mitre,
resistió y continuó intacto, sin que el trabajo, como concepto y como elemento curricular, fuera
introducido en su impenetrable trama. Una brecha entre distintas concepciones del sujeto de la
educación argentina atravesaría el cuerpo de la educación media peronista, de punta a punta. El tronco
central, la primaria y media clásicas, seguirían regidas por una concepción oscilante entre el practicismo
didáctico escolanovista y el espiritualismo teoricista.
Si bien el sistema creció sin que se modificara la estructura tradicional, hubo algunos cambios
importantes.
La reforma del primer gobierno peronista pretendía erradicar la discriminación. Por un lado, se
daba una respuesta sin precedentes por su magnitud a la demanda de educación de los sectores populares.
Pero por otro, se les diseñaba una zona especial del sistema, separada del tronco clásico mitrista
(bachillerato-universidad) por reglamentaciones y requerimientos.
Respecto a la educación superior universitaria, el Plan Quinquenal establecía que sería gratuita y
exigía calificaciones suficientes en el secundario para acceder a ella.
La universidad dependería de un organismo del Ministerio y estaría gobernada por un Consejo
Universitario.
En cuanto al cuerpo docente, habría profesores extraordinarios plenos, extraordinarios y titulares.
Los alumnos serían regulares o libres. Se formaría un fondo de becas para estudiantes necesitados
mediante aportes del Estado y un impuesto del 0,5% sobre sueldos y salarios.
Entre las primeras observaciones que surgen frente a esta primera reforma del sistema hecha por
el peronismo, se destacan:
-La orientación práctica y/o la educación técnica y profesional consiguen un lugar importante
dentro de la estructura del Ministerio, aunque no afectan el circuito clásico.
-Llama la atención que no se incluya la gratuidad en el nivel secundario, en tanto se lo hace en el
primario y la universidad. Al respecto pueden arriesgarse varias hipótesis, tales como que se
consideraba que el nivel medio debía ser selectivo y que a la Universidad debían llegar los mejores
estudiantes del país, valorizándose la responsabilidad del Estado en la formación de los intelectuales y
profesionales altamente capacitados, para dirigir el despegue hacía el progreso de la Nación. También
es posible que se diera especial importancia al aporte empresarial para sostener el nivel medio técnico.
Es posible que la gratuidad de la Universidad haya sido una medida tomada con el objetivo de calmar
los ánimos ante la decisión de quitarle la autonomía.
-Parece haber contradicción entre la concepción elitista del interventor Ivanissevich y la gratuidad
de la educación universitaria enunciada como una medida tendiente a la democratización.
El Primer Plan Quinquenal consideraba problema de Estado la promoción y el enriquecimiento de
la cultura nacional. Preveía dos vías principales para la acción cultural: por la enseñanza y por la
tradición.
La primera se desarrollaría a través de las escuelas, los colegios, las universidades, los
conservatorios, las escuelas de arte, los centros científicos y los centros de perfeccionamiento técnico.
La segunda mediante el folklore, la danza, las efemérides patrias, la religión, la poesía popular, la
familia, la historia y los idiomas.
Fomentaría el Estado centros de difusión de las bellas artes y las ciencias, conferencias, teatro,
letras, publicaciones, radio; centros de investigación científica, literaria, histórica, filosófica, filológica,
artística, etnológica; academias de ciencias, de artes, de letras, de lengua y de historia; centros de estudios
en folklore, lenguas autóctonas, danzas nativas, creencias religiosas, literatura popular y tradicionales
familiares regionales. Se daba relevancia también al Instituto de Estudios Hispánicos.
La derecha contraataca
Los sectores más reaccionarios, con Ivanissevich a la cabeza, consiguieron la renuncia de Arizaga
y la interrupción de su reforma. En 1949 no solamente se retrocedió respecto de las propuestas del
Primer Plan Quinquenal sino que se dio por tierra con los acuerdos que la sociedad había logrado en
1884.
En la reforma constitucional de 1949 fueron incluidas la obligatoriedad y gratuidad de la
enseñanza primaria elemental en las escuelas del Estado. Pero la enseñanza media y superior sólo
estaría oficialmente garantizadas para los alumnos más capaces y meritorios, mediante becas que se
entregarían a sus familias.
Las diferencias ideológicas entre el Plan y la reforma constitucional de 1949 se notan también en
las distintas metas que se proponen.
El nuevo texto constitucional ubica como primera prioridad el desarrollo del vigor físico de los
jóvenes. Le interesa incrementar su potencia y sus virtudes. En segundo lugar quiere el
perfeccionamiento de sus facultades intelectuales y sociales y luego su capacitación profesional.
La Constitución de 1949 interrumpió la gestión de un modelo pedagógico nacionalista popular
parecido al que bahía soñado Taborda y que hubiera tenido una magnífica oportunidad de ser
probado.
De la reforma Arizaga subsistió en términos generales el circuito paralelo de educación
laboral, con sus tres ciclos.
En los años siguientes, la reforma de esta modalidad de la educación tendió a volver uniformes
a nivel nacional el currículo y a adaptarlos a las necesidades del desarrollo industrial.
Detrás de la reforma de la educación peronista estaba la valorización de la educación laboral
como parte de la planificación centralizada del desarrollo nacional, lo cual es radicalmente distinto de la
concepción neoliberal del peronismo de los años 90.
Además de la considerable expansión de la educación técnica dependiente de la Secretaría de
Educación, existió una innovación de enorme significación en la estructura del sistema: la tendencia,
desde 1943, a vincular la educación con el trabajo desde otros organismos, en particular la Secretaría
de Trabajo y Previsión.
En 1944 se había creado la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, dentro
de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
La Universidad Obrera Nacional fue creada en 1948.
El sistema educativo privado había decrecido al término del segundo gobierno peronista. Pero la
Ley 13.047 de 1947 había establecido el subsidio oficial a las escuelas privadas.
Perón iniciaba un doble juego de poder con la Iglesia. Por un lado favorecía al liberalismo
católico que quería desarrollar un sistema escolar propio y ratificaba la enseñanza religiosa en las
escuelas públicas (ley 12.978/47). Por otro incorporaba formas de control de la acción eclesiástica dentro
de la educación.
Para ello organizó en el mismo año 1947 la Dirección General de Instrucción Religiosa, que
incorporaba el control estatal sobre los programas de religión de las escuelas públicas.
El Congreso aprobó el Estatuto para el Personal Docente de los Establecimientos de Enseñanza
Privada y el Consejo Gremial de Enseñanza Privada (ley 13.047/47) y se ordenaron los establecimientos
particulares en varias categorías; adscrito, oficial, libre y de enseñanza general.
La jerarquía eclesiástica manifestó su disconformidad por estas nuevas formas de control.
La disputa por la educación social
La política de asistencia social de la Fundación Eva Perón estuvo vinculada a la
Incorporación de la mujer a la vida política y puso en serio peligro el poder que la Iglesia Católica
sostenía mediante la beneficencia y las obras de caridad. Organizaciones como la Unión de Estudiantes
Secundarios, los Campeonatos Deportivos Evita o la atractiva Ciudad Infantil que se construyó en el
camino entre Buenos Aires y La Plata, abrían circuitos de penetración del peronismo en la niñez y la
juventud.
El conflicto entre el peronismo y la Iglesia Católica no tardó en estallar y se manifestó con fuerza en el
tema educacional.
En 1954 se dictaron la Ley del Divorcio y la Ley de Profilaxis, se decretó la supresión de
festividades religiosas y se suprimió la enseñanza de la religión en las escuelas públicas la conquista más
preciada que la Iglesia Católica había logrado en el transcurso del peronismo.
La Ley de Supresión de la Enseñanza Religiosa fue acompañada por la Ley de Derogación de la
Exención de Impuestos que beneficiaba a la Iglesia.
El problema de la enseñanza religiosa fue debatido por el Congreso de la Nación en dos
oportunidades: 1947 y 1955. Los partidos políticos trocaron sus posiciones, que fueron en este año
exactamente opuestas a las que habían sostenido en la primera oportunidad y constituyen una pieza
maestra de la hipocresía nacional.