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Dibujo de Pliegues y Fallas Tectónicas

Este documento describe diferentes tipos de fallas geológicas, incluyendo fallas normales causadas por tensión, fallas inversas causadas por compresión, y fallas de desgarre. También discute valles de fractura formados por grandes fosas tectónicas delimitadas por fallas, y cómo las fallas pueden originarse a través de movimientos discontinuos que ocurren a lo largo de períodos geológicos extensos.
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Dibujo de Pliegues y Fallas Tectónicas

Este documento describe diferentes tipos de fallas geológicas, incluyendo fallas normales causadas por tensión, fallas inversas causadas por compresión, y fallas de desgarre. También discute valles de fractura formados por grandes fosas tectónicas delimitadas por fallas, y cómo las fallas pueden originarse a través de movimientos discontinuos que ocurren a lo largo de períodos geológicos extensos.
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SESIÓN 9 (semana 5)

JUEVES 27 DE MAYO DEL 2021

FALLAS Y LAS ESTRUCTURAS FALLADAS.-

Los materiales se fracturan cuando sobre ellos actúan unos esfuerzos que
superan el límite del valor crítico de ruptura. Una falla es una ruptura o accidente
tectónico acompañado de un movimiento relativo de los dos compartimientos que
determina en los materiales afectados. Son pues, superficies de discontinuidad
afectadas por un desplazamiento cuya componente principal es paralela a su
superficie. La presente figura expresa las principales características de la
geometría de una falla en función del movimiento o desplazamiento relativo de los
dos bloques:

Esquema de las principales características de una falla

 Labio hundido o blaque hundido (foza tectonica) Es e bloque fallado o


desplasado con respecto al bloque hobs

- Plano de falla (P). Definido por su dirección y buzamiento.


- Salto de falla. Corresponde al desplazamiento relativo de los dos bloques.
El salto verdadero AB se descompone en:
Es el des nivel tectónico cunado la falla es vertical o oblicua
 Un salto de buzamiento (AD)
 Un salto de dirección o longitudinal (AC)

- El salto de buzamiento puede descomponerse a su vez en:

 Un salto vertical (AE) que da la dirección de altura entre los dos


bloques.
 Un salto transversal (ED) o "salto horizontal" que da la magnitud del
alargamiento o del acercamiento entre los bloques.
- Las estrías impresas en la superficie de la falla indican la dirección del
desplazamiento, aunque también son útiles para determinar el
desplazamiento, la flexión de los labios conocida como gancho o arrastre
de falla.

Las fallas pueden originarse por tensión o por compresión. El primer caso produce
por lo general, fallas normales: el esfuerzo hace descender el bloque situado al
techo, es decir, que hay desplazamiento vertical y horizontal de las rocas. Es
cuando la fractura o plano de falla tiene una inclinación comprendida entre 45 y 90
grados, presenta principalmente el resalto de falla o escape de falla (distancia
horizontal comprendida entre dos bloques desplazados). (figura (a) por tensión)

Las fallas originadas por compresión dan lugar a las fallas inversas,(son
originadas por compresión o convergencia) que es cuando el plano de falla es
inclinado, como la falla normal, pero en sentido invertido, donde el bloque de
hundimiento se introduce por debajo del bloque levantado, es el tipo de falla
opuesta a la falla normal; la inclinación común del plano de falla varía entre 45 y
60°. Cuando este valor es superior a los 45 grados se llama falla de cobijadura,
cuando son comprendidos entre los 15 y 45° se denomina falla de cabalgamiento,
y cuando son comprendidos entre los 0 y 15° se le conoce como mantos de
corrimiento. En estas fallas, la componente vertical del desplazamiento (salto de
falla) es dominante.

En una falla de desgarre o horizontal, llamada también de cizalladora el


desplazamiento es, sobre todo, lateral u horizontal, no presenta salto de falla,
pero si el resalto de falla. Este tipo de falla es dextra cuando el comportamiento
más alejado del observador se desplaza hacia la derecha, y siniestra, cuando se
desplaza hacia la izquierda.

Existen otros tipos de fallas como la falla rotacional, que es cuando los bloques se
abren vertical y horizontalmente alrededor de un punto fijo y falla en escalera, que
son más complejas, en donde comprenden varios bloques fallados en forma de
gradas o escalera.

Por lo general, las superficies de las fallas suelen ser alabeadas (superficie que
puede contener líneas rectas sólo en cierta dirección), independientemente de si
es lisa o pulida (espejo de falla), o si están constituidas por conjuntos de fracturas
menores. En tales superficies, el movimiento de los compartimientos determina
unos sectores de extensión y otros de compresión. Los primeros suelen
presentarse a modo de pequeños rectángulos o lentillas de fibras alargadas y
paralelas a la superficie de la falla. El aspecto que ofrecen los sectores de
compresión depende de los mecanismos desencadenados. Si la deformación es
frágil, la fracturación y trituración de las rocas dan origen a brechas y micro
brechas constituidas por fragmentos rocosos angulosos y de tamaño variable,
más o menos cementados por minerales precipitados.

Con frecuencia, las fallas se asocian en sistemas conjugados. Se distinguen así


sistemas de extensión, en acortamiento y en punzón. En el caso más general, en
que el sistema de esfuerzos tenga una orientación cualquiera en un territorio, los
sistemas de fallas lo configuran a modo de "damero" con bloques hundidos y
otros levantados.

Cuando las fallas limitan una zona hundida, se dice que forman una fosa tectónica
o "graben"; las fallas que la limitan miran hacia ella. En el caso que las fallas
limiten una zona levantada, se dice que configuran un pilar tectónico u "horst"; las
fallas que lo limitan miran a uno y otro lado del bloque levantado, es decir se
orientan dándose la escapada.

Entre el sistema de fallas conjugadas tenemos: a). Fallas normales conjugadas


que configuran "una fosa" o "graben"; b). Fallas inversas que configuran un
"horst"; c); Desgarre diestro y siniestro conjugado o en "punzón".

Valles de fractura o “rift valleys”.-

Uno de los rasgos más extensos y destacados en la superficie terrestre,


originados por movimientos a lo largo de líneas de falla, son los valles de fractura
o rift valleys formado por grandes surcos o fosas tectónicas flanqueados por
escarpes de fallas que delimitan bloques montañosos o horst. Con frecuencia, las
laderas de los valles de rift suelen estar constituidas por múltiples escalones o
graderías de fallas.

Es generalmente aceptado que los rift valley se han originado por alguna de las
siguientes maneras:

a) Por compresión.
b) Por Tensión.
c) Por combadura o inflexión de la superficie rocosa dentro de un imaginario arco
que se eleva más enérgica y rápidamente por los flancos que por el centro.
Las manifestaciones de la tectónica de fractura.-

Se incluyen dentro de ésta conceptos distintos, que es necesario aclarar. Todos


ellos tienen incidencia en el relieve, aunque con desigual importancia. Como tales
hay que distinguir cuatro:

 Fractura.- Es una simple ruptura sin desnivelación. Aparece como una hienda
de mayor anchura y de dirección indiferente a la red de diaclasas. Son
claramente perceptibles en los cejos de calizas macizas de los elementos de
relieve plegado. Están jalonadas por una cierta tectonización: una serie de
diaclasas, igualmente diferentes a la estructura general, en una distancia de
centímetros aparece en torno a ellas. Es una estrecha zona enteramente
triturada. Indica que, el sector al que afectan ha experimentado fuertes
tensiones que han originado un resquebrajamiento en mayor o menor
profundidad que se manifiesta en superficie.

Las fracturas constituyen así líneas de debilidad, que muy frecuentemente en


las penillanuras de los zócalos paleozoicos han sido explotados por los ríos.
En su trazado se manifiestan en acodamientos; y también en que a veces la
red hidrográfica presenta una disposición ortogonal de los cursos fluviales
secundarios con respecto a su colector.

 Flexión.- Es una acusada desnivelación, que puede llegar a varios centenares


de metros, sin aparente ruptura de los materiales a los que afecta. Se produce
principalmente en las deformaciones de los macizos antiguos. Se considera
dentro de la tectónica de fractura, porque se ha comprobado que las diaclasas
se hunden a escala multimétrica/centimétrica progresivamente, y en una
longitud relativamente grande originan un accidente de gran desnivelación
estructural. También, porque en muchos casos longitudinal o transversalmente
van unidas a fallas; y en otros las fallas tienen su límite en una flexión.

 Falla.- Se define tradicionalmente como una ruptura en la corteza terrestre que


lleva consigo una desnivelación estratigráfica, de tal modo que las litofacies
más antiguas están encima de las más modernas.

 Desgarre.- Es una ruptura principalmente en la horizontal; aunque


frecuentemente, pero no siempre lleva consigo una desnivelación en la
vertical, en general de poca altura. Los desgarres son casi tan frecuentes
como las fallas. Sin embargo, sólo en una época reciente han merecido una
mayor atención; pero como simples accidentes tectónicos. En cambio, no ha
habido preocupación apenas por su morfología, que es muy compleja por el
tipo de desplazamiento que origina.

De estos cuatro accidentes tectónicos el más importante en geomorfología


estructural está constituido por las fallas. Son las que adunadas entre sí, y de
modo diverso, han creado elementos del relieve por medio de distintas
estructuras. Los otros accidentes tienen menor valor morfológico; aunque muy
frecuentemente aparecen relacionados con ellas.

Las fallas como accidente tectónico y morfológico .-

Ya se ha dicho, que una falla puede ser conceptuada como una ruptura de la
corteza terrestre que lleva consigo una desnivelación de mayor o menor cuantía.
Sin embargo, semejante desnivelación no se origina por un movimiento brusco;
de una vez para siempre. Sino de un modo discontinuo; mediante sacudidas de
pequeña diferencia en la vertical. Varían mucho en altura y en tiempo. Pueden
acontecer una o dos veces en un siglo como mucho; y aún tardar hasta un
milenio. En cada una de estas sacudidas a la luz de lo ocurre en la actualidad o
en un pasado reciente a la escala de la historia reciente de la historia de la Tierra,
el pleistoceno es del orden métrico o decamétrico.

Así una falla que ha dado origen a un desplazamiento en la vertical de 2000


metros con una media de 3 metros por centuria ha exigido de más de sesenta mil
años. En realidad mucho más; porque entre sacudida y sacudida ha transcurrido
mucho tiempo en el que ha actuado la erosión y ha destruido en parte lo
construido anteriormente en el bloque levantado y acumulación en el hundido. El
desmantelamiento además ha estado facilitado porque cada movimiento sísmico,
que ha contribuido al cuarteamiento de las litofacies a las que ha afectado. Una
gran falla ha requerido, por tanto, algunos millones de años. Las que tienen
movilidad actualmente –fallas activas- se han ido configurando a lo largo de todo
el Cuaternario, y aún en épocas más pretéritas.

De este modo el accidente tectónico no coincide ni en la vertical, ni en la


horizontal con el que aparecen en la realidad, el morfo gráfico. Es el concepto de
escarpe de falla; es el que adquiere verdadero valor morfológico. Sin embargo,
para comprender este último es necesario analizar teóricamente la geometría de
las fallas como accidentes tectónicos. En este aspecto constan de cuatro
elementos: el plano de falla, su orientación-dirección, la desnivelación estructural,
y la disposición de los bloques involucrados en el accidente, de ello algo se ha
referido en páginas anteriores, que sin embargo es necesario precisar.

El plano y espejo de falla.-

El plano de falla puede ser considerado como la superficie, que queda entre el
bloque enhestado y el afondado. Ofrece particularidades lo mismo en la vertical,
que analizado longitudinalmente.

En el primer aspecto es siempre superficie inclinada; y nunca enteramente vertical


(90°). Generalmente unos 45° y como mucho 75°. Puede ser de menor
inclinación; pero nunca mayor de la máxima indicada. A los bordes de los bloques
levantados y hundidos en el contacto con el plano de falla se les da nombre de
labios de falla

Como al deslizarse un bloque sobre otro se requiere una gran energía, la fricción
entre ambos se manifiesta en una superficie pulida, así teóricamente el plano de
falla se convierte en un espejo de falla. Este presenta aspectos muy significativos.
La superficie pulida es a la vez una superficie endurecida; que frecuentemente en
las litofacies sedimentarias aparece arrebolada. El roce entre los dos bloques ha
originado alta temperatura, que ha movilizado los óxidos de hierro que le
confieren semejante coloración. Igualmente ha recristalizado en delgadas placas
del orden del centímetro fragmentos aislados que se denominan escamas.

Pero, además el espejo de falla no se reduce a esta superficie pulida y


endurecida. Detrás de ella las litofacies están enteramente trituradas de modo
paralelo al plano de falla. Una serie de diaclasas de orden centimétrico/milimétrico
en ambas direcciones, forman unas zonas de unos metros de espesor
completamente tectonizada con la roca más o menos intacta. Se denomina zona
de milonitización o milonito de falla. Es mejor por su escala emplear la expresión
línea de trituración. Por el contrario hacia el exterior del espejo propiamente dicho
se encuentra un conglomerado, igualmente endurecido de cantos angulosos
(clastos), y aún de bloques de la misma forma, soldados por una matriz rojiza es
la brecha tectónica, que cabe denominarla mejor brecha de falla

Pero la brecha de falla tiene también otro significado. Al originarse el movimiento


de desnivelación, indudablemente con fricción han dejado su imprenta en el
espejo en el sentido estricto. Se manifiestan en estrías (simples arañazos de un
milímetro) o en acanaladuras, que pueden llegar hasta una anchura de varios
centímetros. Unas u otras tienen un valor decisivo para averiguar cuál ha sido el
movimiento que ha experimentado la falla. Siempre presentan un ángulo con la
horizontal. Si este es cerca de los 90° indica, que el plano de falla se ha realizado
enteramente en la vertical. Por encima de los 45° es manifestación, que
igualmente ha experimentado un cierto basculamiento. En cambio, por debajo de
45° se considera que el movimiento se ha realizado principalmente en la
horizontal, es un desgarre con más o menos desnivelación. Todos estos
aspectos, que constituyen el espejo de falla son el documento, que de modo
incuestionable autentican una falla.

Diaclasas.-
Son estructuras que se presentan a modo de aberturas o grietas en las rocas,
pero sin producir desplazamientos o no registra movimiento alguno entre los
bloques rocosos. Estas estructuras pueden alcanzar desde centímetros hasta
cientos de metros o kilómetros. Se puede presentar aisladas, o bien conformando
un conjunto de fracturas con una alineación predominante en un paquete de rocas
o formando varios sistemas.

Determinar el origen de las diaclasas es difícil, no es siempre posible distinguir


diaclasas de tensión, que se forman perpendicular a fuerzas que tienden a
separar las rocas, de diaclasas de cizalla que se deben a fuerzas que tienden a
deslizar una parte de la roca contra la otra adyacente.
Las diaclasas de tensión debido a una disminución de volumen son uno de los
tipos más fáciles de reconocer: la disyunción columnar en basalto es de este
origen y se debe a la pérdida de volumen de lava al solidificarse, también es el
origen de las grietas de desecación que es debido a la pérdida de agua por
evaporación en el material arcilloso o fangoso, las diaclasas de relajación similar a
las que se forman perpendicularmente al eje de compresión cuando se retira la
carga.

Las diaclasas de cizalla son difíciles de reconocer, si una diaclasa presenta


espejos de fricción, es obvio que las paredes opuestas se han deslizado la una
contra la otra. Estas diaclasas pueden ser el resultado de fuerzas de forma de
cupla.

LOS PLIEGUES Y LAS ESTRUCTURAS PLEGADAS.-


Concaba es caundo la superficie de deprime hacia abajo(sinclinal)
Convexa es caundo la sueficie sufri un abonbamiento hacie el exterior(anticlinal)
Se dice que un conjunto de estratos se pliega cuando una superficie de referencia
antes del esfuerzo como plana, se transforma en una superficie curva. Los
pliegues, pues, se expresan por el curvamiento de una superficie de referencia y
constituyen las manifestaciones más importantes de las deformaciones
heterogéneas continuas.

Gracias a la deformación de estas superficies de referencia puede observarse el


plegamiento de rocas sedimentarias y metamórficas. Por otro lado, el carácter
comúnmente bandeado o estratificado de estos materiales facilita, durante la
deformación, la aparición de centros inestables que generan la inmensa mayoría
de los pliegues.

Concepto y elementos de los pliegues.-


Al fruncirse las coberteras por la acción tectónica se producen ondulaciones más
o menos simétricas y con una desnivelación relativamente grande. En su forma
más elemental constituyen en la superficie una doble ondulación: una convexa y
otra cóncava con respecto al cielo.

A la primera se le denomina anticlinal –de anti y clinos-, porque las litofacies que
lo integran se inclinan en sentido contrario; la segunda es el sinclinal ya que sin
indica inclinación en el mismo sentido.

Anticlinal y sinclinal son la estructura geológica elemental; y siempre aparecen


como par: a uno sucede otro y viceversa en una longitud de cierta dimensión. Es
el concepto primario de pliegue, hecho que hay que destacar, porque hay una
tendencia arraigada a considerarlos como dos pliegues, y un vicio inveterado a
considerar en sus características casi exclusivamente las de los anticlinales.

Se trata siempre de elementos, que en la superficie aparecen a escala


kilométrica; y con una desnivelación entre sí del orden de un centenar de metros
en el menor de los casos. No solo son un perfil, como generalmente se les
presenta, sino un volumen; tienen dimensión tridimensional. Estos son los
pliegues que tienen valor en el relieve; y por tanto son objetivo principal de la
geomorfología estructural, aunque sean estructuras geológicas.

Precisamente por esto es necesario hacer algunas precisiones, porque en


geología el concepto de anticlinal-sinclinal tiene un sentido más amplio, y se han
introducido otros que pueden inducir a confusión, cuando se utilizan de un modo
impreciso.

Se aplican a las ondulaciones semejantes, que se originan en las zonas


profundas del metamorfismo. Difieren de los pliegues de cobertura lo mismo por
su escala que por sus características. Son pliegues de escala métrica y hasta
centimétrica. No tienen así incidencia en superficie para determinar el relieve; ya
que aparecen muy apretadas. Además, las litofacies que los integran tienden a
ensancharse en sus extremos –charnelas- y a adelgazarse en sus lados –flancos.
Por último, cuando son visibles se presentan en estructuras muy complejas:
montando unos sobre otros sin discontinuidad alguna y con las más variadas
disposiciones. Por el contrario, en los pliegues de cobertura, aparte de su mayor
escala, las capas de las litofacies que las integran conservan su espesor de modo
regular, y siempre hay una clara distinción entre los anticlinales y los sinclinales,
porque su longitud de onda es de mucha mayor escala, ya que el fruncido está en
relación con su competencia –plasticidad- y no como efecto de flujo de calor
propio del metamorfismo.

Los elementos de los pliegues.-


En este aspecto es necesario distinguir los siguientes: la superficie de referencia,
la charnela, los flancos, el eje y el plano axial y el núcleo.

Elementos teóricos de un pliegue.

La superficie de referencia.-

Corresponde en la realidad a la capa dura más externa, que simbra un pliegue.


En ella se distingue el intradós y el trasdós como en cualquier arco. Entre ellos
teóricamente esta capa dura conserva el mismo espesor. Sin embargo, tal como
aparecen los pliegues en cualquier territorio esta capa más externa no es la más
moderna de la serie estratigráfica que ha sido involucrada en el plegamiento. En
el decurso de la formación de los pliegues los anticlinales han experimentado un
desmantelamiento; mientras que muy frecuentemente los sinclinales este ha sido
menor y han recibido sedimentos que puedan estar en desarmonía o en
discordancia con la capa externa que la cimbra. De ahí que las superficies de
referencia sean distintas. En los anticlinales la capa externa y dura es más
antigua; y en los sinclinales más moderna. En ambos casos se designa por la
litofacies que están en concordancia por la situación que ocupan en la serie
estratigráfica plegada.

La Charnela.-

Se define a la charnela como el punto más elevado de un pliegue, cuando éste en


muchos anticlinales está en uno de sus lados; o es el punto más elevado de las
litofacies más antiguas que afloran en un anticlinal. Lo que aparte de ser una
transposición de su representación cartográfica, hace entera omisión de la
charnela sinclinal.

Conceptuaciones todas ellas parciales; cuando es mucho más sencillo definir la


charnela como el tramo de un pliegue en el que cambia de inclinación. Condice lo
mismo para la charnela de un sinclinal que para la de un anticlinal.

Los flancos de los pliegues.-

Son las superficies de referencia o capas inclinadas que unen la charnela


anticlinal con el sinclinal, su inclinación forma un ángulo con una línea imaginaria
en la horizontal, que se mide en grados en el trasdós de las litofacies que integran
los flancos; en lo que se denomina el buzamiento. Por lo general es del orden de
20-45°; rara vez menor y con mayor frecuencia en torno a los 60-70°, lo que en
ambos casos suele ocurrir en uno de los flancos.
Cuando predominan los buzamientos menores de 12° no se considera propio de
los pliegues de cobertera: puede ser en estructuras monoclinales, y todo lo más
en estructuras onduladas, que generalmente corresponden a las deformaciones
del zócalo de tegumento o algunos de los elementos de relieve fallado en
sectores de espesa cobertera sedimentaria.

Los flancos si son siempre superficies inclinadas, en la clase de pliegues que


estamos considerando el buzamiento nunca llegan a los 90° o en torno a este
ángulo. Por eso, no hay flancos en un conjunto de pliegues que sean paralelos en
la vertical. Semejante disposición es propia de los pliegues del metamorfismo en
los zócalos, denominados “isoclinales”.

El problema que plantean los flancos es cuando dejan de formar parte del
anticlinal y pasan a configurar el sinclinal. Se elige un punto teórico, allí donde
parece que es el tránsito entre ambos, que se denomina punto de inflexión. En la
realidad, salvo que sea en litofacies homogéneas se puede escoger la capa más
externa del pliegue, que ya indudable pertenece al sinclinal. Esta es su verdadera
superficie de referencia.

El punto de inflexión es teórico; pero también algo imprescindible; puesto que


permite precisar la anchura de los pliegues; y para un conjunto de ellos la longitud
de onda del plegamiento. Cuando ésta es grande se denomina pliegues laxos, y
cuando la cuerda de la curvatura es pequeña se considera una estructura
apretada. Son denominaciones tradicionales; pero hoy por los nombres de
“pliegues abiertos” y “pliegues cerrados”. Lo que no deja de ser un contrasentido,
porque todos los pliegues, como estructuras, son cerrados: los anticlinales hacia
abajo y los sinclinales hacia arriba, si hay anticlinales “abiertos” no es como
estructura, sino como elementos del relieve; y para ellas hay términos que tienen
mucho abalorio.
Amplitud de los pliegues. a) Laxos; b) Apretados

El eje y el plano axial de los pliegues.-

Son dos conceptos teóricos; pero imprescindibles para conocer las diversas
características que presentan los pliegues y los distintos tipos que aparecen más
frecuentemente en la realidad.

El eje es una línea vertical trazada desde la culminación de la charnela o desde


su centro a otra línea horizontal a la superficie, ya que tiene por referencia el
afloramiento visible del pliegue. Con esta forma un ángulo que es muy variable.
Oscila entre los 90° y algo menos de los 45°. Rara vez en los pliegues de
cobertera es menor a este ángulo. Es de este modo la bisectriz de un pliegue. Su
significado principal es dar idea de la simetría o disimetría de los pliegues; y uno
de los criterios para distinguir sus distintos tipos.

El plano axial es la prolongación del eje a lo largo de toda la longitud del pliegue.
Es lo que da sentido a su carácter tridimensional. Tiene un doble significado en la
horizontal y en la vertical.

Eje y plano axial de los pliegues: 1 y 2 respectivamente

En este último aspecto es lo que permite saber en cada sector de un pliegue su


desnivelación en la realidad. Esta se mide en la diferencia de altura, que hay entre
dos tangentes trazadas a las superficies de referencia o capas que cimbran el
anticlinal y el sinclinal. Es la desnivelación estructural, la que interesa en
geomorfología, y que suele ser superior a uno o varios centenares de metros.

El núcleo de los pliegues.-

Se viene considerando el núcleo como el sector más interno, y por tanto, el más
antiguo de un pliegue; y se toma como referencia la parte visible de los mismos.
Pero semejante conceptuación no deja de plantear equívocos. El problema parte
del prejuicio que es el de alzaprimar los anticlinales, sin duda, porque es en donde
es más perceptible, y condice con la definición, pero no es así en los sinclinales
en los que las litofacies más profundas y antiguas están por debajo de la
superficie, y en consecuencia quedan ocultas. Esta antinomia se ha resuelto al
considerar que en estos es a la inversa, y el núcleo está constituido por el sector
más moderno de las litofacies involucradas en el plegamiento.

Tal conceptuación puede tener su lógica en geología, pero no en geomorfología


estructural. En muchos de los elementos del relieve, que derivan de los sinclinales
–los sinclinales colgados-, son precisamente los más antiguos, los que tienen más
valor morfográfico, e incluso los decisivos en su génesis. Incluso estas litofacies
más modernas han desaparecido, y los que le confieren su forma son de la misma
cronología que las que aparecen constituyendo los anticlinales como formas de
relieve –bóvedas anticlinales-, que longitudinalmente pertenecen a la misma
estructura elemental.

De este modo hay una dificultad de expresión, y al mismo tiempo se contradice lo


real con la definición. Esta debe ser la misma para ambos casos. Se puede
enunciar como el sector más antiguo de un pliegue que está cimbrado por las
superficies o litofacies más externas que lo configuran. Naturalmente no se aviene
esta conceptuación con la geología. Pero hay casos, depende de los tipos de
relieve, en que aparece que es esta última la que condice con la realidad. La
contradicción sigue existiendo. Por eso, para estos casos es conveniente
introducir un nuevo concepto, el de cuenco sinclinal para el sector que está
encima estratigráficamente de esta superficie de referencia. De ahí que se puede
definir como el tramo en la vertical, que entre la capa de referencia y la superficie
en el que las litofacies involucradas en el sinclinal son cada vez más modernas.
Solo hay que iterar aquellas que normalmente no aparecen en los anticlinales.
Ahora bien, sea el núcleo de los anticlinales o el cuenco de los sinclinales es el
sector de los pliegues, que en su configuración en el tiempo han experimentado
una mayor presión. De tal modo que tal y como aparecen en la actualidad
presentan unos mismos efectos. Estos han sido muy variados, lo que hace que se
haya de distinguir distintos tipos de núcleos.

Lo normal es que se haya presentado el núcleo de los pliegues de cobertera


siguiendo los esquemas teóricos, como concéntricos, disponiéndose las litofacies
con la misma curvatura, aunque a medida con una cuerda de arco cada vez
menor en su serie visible desde la superficie. En estos casos al núcleo se le
califica de armónico. Igualmente ocurre en los sinclinales, cuando una red
hidrográfica relativamente densa los ha hendido en varios centenares de metros,
hasta las litofacies que sirve de referencia, y permite apreciarlo.

Sin embargo, tan frecuentes como estos núcleos-cuencos, son aquellos en los su
capas presentan una curvatura muy distinta a de las litofacies que los cimbran,
son los núcleos disarmónicos, porque tal disposición se considera como una
disonancia con respeto al modelo teórico.

Los diversos tipos de pliegues.-

La diversidad de tipos de pliegues es grande. Sin embargo, hay bastantes, que en


la coberteras sedimentarias, se encuentran con mucho mayor frecuencia; son los
que han merecido siempre la atención preferente. Son los pliegues que se pueden
denominar generales. Pero también hay otros que aparecen menos a menudo, y
difieren por su forma; a estos se les puede clasificar como singulares.

Los generales están en relación con la mayor o menor inclinación del eje,
considerado en la transversal de los pliegues; y dentro de este criterio se pueden
distinguir los pliegues simétricos o rectos, y los disimétricos, que representan una
mayor variedad; así como los tumbados.

En los singulares el eje o bien se combina con la longitud del pliegue; o bien
pierde significado por relación a otras características morfológicas.

Los pliegues rectos.-

Son aquellos en los que el eje forma un ángulo de 90° con la superficie visible.
Una línea secante imaginaria desde la culminación de la charnela hasta la base
que coincide con el eje. El pliegue queda dividido en dos mitades iguales. El
buzamiento de ambos flancos es del mismo valor.

Dentro de los pliegues rectos se pueden incluir aquellos en los que el eje sin
formar un ángulo de 90°, su inclinación es feble. Únicamente varia el valor del
buzamiento de los flancos, pero en escasa cuantía (unos 10°); y que la línea
secante desde la culminación ya no coincide con el eje, pero está muy próxima a
él.

Un detalle morfológico de importancia de ambas estructuras es característico de


estos rectos. Por ser la charnela el ramo de mayor tensión hace que por la
tracción de la máxima curvatura las diaclasas de ser hiendas virtuales pase a ser
“abiertas”; es decir, de unos milímetros o hasta el orden centimétrico en la
superficie de referencia. Pero de un modo diferente: en los anticlinales del trasdós
hacia abajo; y en los sinclinales del intradós hacia arriba.
Los pliegues disimétricos y sus características.-

Los pliegues disimétricos son aquellos en los que su eje forma un ángulo con la
horizontal del orden de los 45° o aún menor. La simetría que presentan los rectos
se elide por completo –de ahí su nombre-. Los flancos representan un buzamiento
muy dispar. Uno de ellos entre 20-35°, cuando no menos. En el otro es mucho
más variable entre los 60 y 45°. Al primero se le denomina flanco conforme, y al
segundo se le conoce como flanco vergente.

Su vergencia, expresada según los puntos cardinales, determina el tipo de


pliegues disimétricos. Sin está próximo a la vertical es un pliegue de rodilla; en el
caso de presentar un buzamiento de unos 45° es un pliegue inclinado y si es
menor a los 45° se trata de un pliegue volcado.

En cualquiera de estos tipos de pliegues una línea imaginaria que en la vertical


llega desde la culminación del anticlinal hasta la horizontal queda fuera del
pliegue o en el mejor de los casos en su flanco vergente. La tangente horizontal a
las superficies de referencia que cimbran el pliegue origina ángulos muy distintos.

Ahora bien, semejante disimetría no es algo exclusivo de los anticlinales, sino que
también aparece en los sinclinales. La diferencia es que la vergencia es de
orientación opuesta; y si en el flanco correspondiente a ésta es difícil precisar
donde comienza y acaba una y otra estructura; en el conforme su prolongación es
paralela y con igual buzamiento al mismo flanco del anticlinal.

Todos los aspectos de la geometría de estos pliegues es necesario tenerlos en


cuenta, porque tal como se han expuesto en los modelos teóricos presentan
tramos que están en contra de las leyes de la gravedad. Por eso, se distancian
mucho de tal y como aparecen en la realidad. Tal hecho se ha expresado al
considerar que mientras los pliegues rectos son estables, los disimétricos son
inestables. Si los primeros son perceptibles siempre que haya litofacies duras que
los cimbren, los segundos requieren una reconstrucción mucho más cuidadosa.

Tal antinomia entre la realidad y la teoría se explica por la mecánica de estos


pliegues. Suponen una deformación de las coberteras mucho mayor que en los
pliegues rectos. En su deformación las litofacies involucradas han experimentado
direcciones contrarias.

Características morfológicas de los pliegues disimétricos.-

Esta mecánica de tal tipo de pliegues se manifiesta en tres aspectos:


 En la charnela sector de máxima tensión las litofacies duras que cimbran el
pliegue no pueden seguir la curvatura tan acusada y se fragmentan. En su
lugar afloran las litofacies blandas, que pronto la erosión transforma en un
surco flanqueado por la capa subvertical de la superficie de referencia. Si se
trata de un pliegue volcado las litofacies del flanco invertido con escaso
buzamiento forman un relleno coronado por el talud de las litofacies leznes
suprayacentes. El anticlinal pierde así su estructura, y se convierte en un
combe de flanco. Únicamente es reconocible si la erosión ha hendido mucho
en el pliegue hasta poner en afloramiento el núcleo en la capaz más profundas
y competentes de la estructura original.

En las series estratificadas de mucho espesor las litofacies competentes más


profundas reproducen su prístina disposición; pero tampoco en las capas más
externas existe charnela, sustituida por un escarpe más o menos inclinado. El
descharnelamiento –valga la expresión- es el primer aspecto que modifica la
estructura teórica de los anticlinales en los pliegues disimétricos.

 El flanco convergente igualmente experimenta los efectos de su acentuada


torsión. El estiramiento hace que se individualicen muchos de los planos de
sedimentación, y la litofacies que en el flanco conforme es maciza en el
contrario aparece enteramente tableada. Se ha producido su laminación. Es
una de sus características más patentes. Pero no la única. Las capas en su
acusada torcedura ha resbalado una sobre otras. Al ludir han pulido en
sectores su trasdós, que presentan todos los apatuscos de los espejos de
falla, aunque en menor extensión. Son los espejos de laminación. Pero
además, los efectos de las fuerzas contrarias han producido una manifiesta
tectonización. Una nueva serie de diaclasas distanciadas en poco de más de
1,5 metros haciendo todo el flanco vergente es la vertical.

 Tampoco el flanco vergente longitudinalmente es inconsútil; sino que presenta


esconces distanciados por centenares de metros. Se debe a que la litofacie
infrayacente a la superficie de referencia o bien el núcleo son incompetentes
(arcillas, margas, o arena), que se han comportado como un colchón de agua,
y los esfuerzos de la torsión han sido distintos de unos sectores a otros. La
consecuencia es que tales litofacies han presionado de modo desigual,
rompiendo el flanco y desplazándolo en la horizontal por pequeños desgarres
de muy distinto desplazamiento. Unos tienen carácter levógiro y otros
destrógiro con respecto al teórico ele de pliegue. De este modo el flanco
vergente se encuentra generalmente fragmentado.
El descharnelamiento, la laminación y la tectonización hacen que en realidad los
pliegues disimétricos sean poco avinientes con su esquema teórico. Exigen una
reconstrucción que no siempre es fácil con la precisión debida, ya que estas
características condicionan su evolución posterior; pero inmediata. Tal evolución
es muy diferente para el flanco vergente y para el conforme. Este último retrocede
poco.

Por su escaso buzamiento protege a las litofacies leznes infrayentes, y aparece


una simple estructura monoclinal, una cresta. En cambio, el vergente evoluciona
de un modo más acusado. Su disposición tendente a la vertical proporciona poca
defensa para las litofacies blandas, que lo flanquean, que son fácilmente
descombradas por la erosión. Destaca de este modo como una enérgica crestada
dada su fuerte buzamiento. Pero tampoco introduce un desnivel estructural
grande, coincide con el inicial del pliegue. Por su tectonización es en gran parte
destruida y pierde altura se encuentra generalmente a un nivel mucho más bajo
en altitud que el frente del flanco conforme.

Las características de los pliegues varían con la naturaleza de los materiales y las
particularidades de las contracciones y esfuerzos que han registrado, de ahí que
resulten diferentes tipos de pliegues:
a) En función de la posición del plano axial, se definen los pliegues
verticales, recto o normal si la superficie axial es vertical y con flancos de la
misma inclinación; inclinado si el flanco más levantado no rebasa la vertical
y presentan empujes laterales por las fuerzas compresivas; tumbado, si el
flanco más levantado si la supera, es decir, presenta un plano axial
colocado casi horizontalmente y unos de los flancos totalmente invertidos.

b) En función de la laminación de las capas se definen pliegues estirados,


laminados, cabalgantes.
c) La forma de los pliegues adoptada por una capa de espesor dado, asi
como la mecánica del plegamiento puesto en juego dependen mucho del
contraste de viscosidad entre la capa considerada y su encaje. Los dos
casos extremos son: 1. pliegue isopacos que corresponden a un contraste
de viscosidad importante y en los que la capa conserva su espesor en
cualquier punto. A este conjunto pertenecen los pliegues concéntricos,
cuando las charnelas tienen un perfil en arco y los pliegues encofrados
están caracterizados por las superficies axiales conjugadas. 2. Pliegues
similares que corresponden a un contraste de viscosidad nulo y en los que
la distancia entre las dos superficies de la capa considerada permanece
constante en cualquier punto, o sea que las curvas de las superficies
plegadas sucesivas son idénticas entre ellas.

Asociación de pliegues en anticlinorio y sinclinorio.


Pliegues isoclinales.

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