Sierra
Cantuña y su pacto con el diablo
Iglesia de San Francisco de Quito, 1868
Cantuña era un respetado indígena en los tiempos coloniales al que le fue encomendada la construcción
del atrio de la Iglesia de San Francisco en Quito.
La paga por dicha labor era muy buena, pero la condición era que debía realizarse en el menor tiempo
posible. Cantuña entonces decidió vender su alma al diablo con la condición que todas las piedras del
atrio estuvieran allí puestas antes de que salieran los primeros rayos del sol.
Éste grabó en una piedra que cualquier persona que la tocara reconocería únicamente a Dios. Tres
pequeños demonios que trabajaban esa noche no pudieron tocar la piedra y dejaron incompleta la
construcción.
Cuando el diablo llegó para llevarse el alma de Cantuña, éste reclamó que la obra no había sido
completada y que por tanto no se podía cumplir el trato, ganando su alma de vuelta.
2- La doncella de Pumapungo
Ruinas de Pumapungo
Pumapungo, localizado en Cuenca, era el destino de descanso preferido por los emperadores incas. Este
lugar estaba impresionantemente decorado y hoy en día es posible visitar sus ruinas. El lugar contaba
con una fuente sagrada que era usada exclusivamente por el emperador.
También se encontraba atendido por unas doncellas conocidas como las Vírgenes del Sol. Estas mujeres
eran criadas desde pequeñas en distintas artes y habilidades que usaban para entretener a los
emperadores.
Nina era una de las Vírgenes del Sol residentes en Pumapungo y aunque estaba prohibido, se enamoró
de uno de los sacerdotes del templo. Este par solía reunirse en las noches de luna llena en los jardines
del lugar. Cuando el Emperador se enteró de este hecho mandó a matar al sacerdote, pero prohibió que
se informara a Nina de esto. La doncella al ver que su amante no acudía a sus encuentros finalmente
murió de pena moral. Se dice que hoy en día en las mismas noches de luna llena se puede oír su
lamento entre las ruinas del lugar.
3- El Guagua Auca
Se dice que el Guagua Auca es un demonio creado por el alma de un niño que nació y murió sin llegar a
ser bautizado. Éste aterra a borrachines en los caminos a altas horas de la noche. Se manifiesta con un
chillido incesante que desespera a cualquiera.
Los incautos sin saberlo buscan el origen del chillido hasta que encuentran lo que parece ser un niño
envuelto en una manta. Más tarde las personas descubren como la fisionomía del supuesto niño cambia
y se dan cuenta de que en realidad estaban cargando a un demonio.
Cuentan que muchos han sido encontrado muertos y con espuma en la boca como resultado del
encuentro con el Guagua Auca.
4- Los orígenes de los Cañaris
Festividad cañari
Los cañaris eran una etnia que estuvieron asentadas a lo largo de las provincias de Azuay y de Cañar. El
término cañari viene a ser descendientes de la culebra y la guacamaya, lo que da una pista sobre la
leyenda que se ha formado acerca de sus orígenes.
Según cuenta, en aquellas tierras Pachamama mandó un diluvio que cubrió hasta la cima de la montaña
más alta. Todo se destruyó y solo dos hermanos sobrevivieron, los cuales estuvieron viviendo en la cima
esperando a que el nivel del agua bajara.
A punto de morir por hambre, los hermanos descubrieron una cueva en la que había comida. Al día
siguiente volvieron y de nuevo apareció comida. No entendían como llegaba hasta allí, hasta que un día
se percataron que dos mujeres con forma de guacamaya eran las que dejaban allí el alimento cada día.
Los hermanos y las guacamayas se enamoraron y tuvieron muchos hijos, siendo los primeros pobladores
del Cañar moderno.
5- La veleta de la catedral de Quito
La veleta de la catedral de Quito
Durante la etapa colonial de Quito vivía en la ciudad un poderoso caballero lleno de riquezas, pero
también de orgullo y prepotencia. No dudaba en insultar o despreciar a todo aquel que se cruzase por
su camino, ya que se sentía el hombre más importante del mundo.
Tanto era su desprecio por todo, que un día volviendo borracho a su casa se detuvo frente a la
majestuosa veleta en forma de gallo de la catedral de Quito. La observó y de sus palabras solo salieron
barbaridades como “¡ese gallo es patético!”, “¡Menuda broma de gallo!” o “Es más bien un gallito en vez
de gallo”.
Para sorpresa del caballero, el gallo tomó vida y se descolgó de la veleta, atacándole ferozmente. Le hizo
heridas por todas partes y luego volvió a su posición original.
A la mañana siguiente, el hombre despertó con todas las marcas de picotazos y sangre por el cuerpo. No
supo si fue verdad o producto de su imaginación por los efectos del alcohol, pero desde entonces no
volvió a pasar por delante de la catedral ni abrió el pico para humillar a nadie más.
6- Umiña, la diosa manteña
Atahuallpa, Inca XIIII. Fuente: AnonymousUnknown author from the Cusco School /
Public domain
Atahualpa es uno de los emperadores incas más conocidos de la historia. Por un lado por ser el último
antes de la llegada de los españoles y por otro por sus salvajes y sangrientos actos de batalla.
Fue su padre el que le enseñó a ser tan sanguinario, enseñándole desde joven el arte de la guerra y
técnicas de caza.
Precisamente, durante su infancia, Atahualpa merodeaba los bosques de Cuzco en busca de poder cazar
algún animal. Al rato se cruzó en su camino un hermoso guacamayo que se posó tranquilamente en un
árbol. Atahualpa pensó que sería una buena pieza y no paró hasta que lo mató.
Orgulloso, volvió a casa para mostrarle el trofeo a su padre, a sabiendas que era una especie difícil de
conseguir. Pero justo antes, Atahualpa se encontró con su madre, la reina Pacha, la cual le dio una
hermosa lección: “Al enemigo solo se le ataca en la guerra, ya que posee armas para poder defenderse”.
Luego, tomó el loro y le hizo un tocado a su hijo para que siempre recordara aquellas palabras.
Costeras
7- La princesa triste de Santa Ana
En el área de lo que hoy se conoce como Guayaquil, se encontraba un rey que amasaba una gran
riqueza en sus fortalezas. La hija del Rey cayó enferma y no se encontraba cura para su mal.
Un día apareció un hechicero ante el Rey y ofreció curar la salud de la princesa a cambio de toda la
fortuna que poseía. Ante la negativa de éste, un hechizo cayó sobre las tierras que habitaba este
regente, condenando a su pueblo a la desaparición.
Siglos después, cuando uno de los expedicionarios españoles escalaba uno de los cerros de la zona, éste
se encontró con una hermosa princesa que le dio dos opciones: le ofreció una hermosa ciudad llena de
oro o ser una esposa devota y fiel para él.
El español decidió optar por la ciudad de oro y ante esto la princesa decidió conjurar una maldición
sobre él. Éste comenzó a rezarle a la Virgen de Santa Ana que lo salvara y esta efectivamente lo rescató.
Es por esto que el cerro donde fue fundada la ciudad de Guayaquil fue bautizado con el nombre de
Santa Ana.
8- El demonio del barranco
Se dice que hay un demonio que vive en los barrancos cerca de los ríos. Éste siempre está en busca de
casas construidas en los bordes para halarlas hacia el río.
Una noche, el demonio se disfrazó de un hombre apuesto y encantador y en su intento por tumbar la
casa con sus habitantes que había dentro, hechizó a la familia para que fueran a dormirse en el
momento.
Uno de los niños logró ocultarse debajo de una silla y huyó en la búsqueda de un sacerdote. Éste, con
sus rezos, logró salvar a la casa y a la familia entera.
9- El duende
El duende es una criatura mítica de distintas regiones del Ecuador que habita los bosques y las junglas
del país. Éste suele reposar sobre grandes rocas en los ríos y se le describe usando un gran sombrero y
ropas oscuras.
Este personaje se suele enamorar de jóvenes hermosas a las que comienza a seguir. Llama su atención al
arrojar piedras o con silbidos y se muestra celoso cuando las parejas de éstas aparecen.
Algunos piensan que no se trata de duendes aislados, sino de toda una comunidad que se distribuye a lo
largo de cuevas, desfiladeros y ríos.
10- La dama de Guayaquil
Esta leyenda se extendió a principios del siglo XVIII y sigue teniendo protagonismo en la cultura popular
ecuatoriana.
Cuenta la historia de como una mujer elegante, con vestido negro y velo en la cara, se aparecía a los
hombres que a medianoche rondaban las calles estando borrachos. La mujer, misteriosa y atractiva,
llamaba la atención de los hombres por su dulce fragancia.
Ellos caminaban tras ella, pero nunca conseguían alcanzarla. Callejeaban hasta que ella se detenía a
escasos metros del cementerio general. En ese momento, la mujer se daba la vuelta y, al quitarse el
velo, la fragancia se convertía en un olor nauseabundo y su bella imagen de su cara tomaba forma de
calavera.
Los ebrios hombres entraban en shock y empezaban a convulsionar en el suelo hasta que fallecían. Era
su castigo por ser tunantes, borrachos e infieles a sus esposas.
11- Umiña, la diosa manteña
Ilustración de la diosa Umiña
Umiña era la hija de una sacerdotisa y un sabio cacique de una región costera de Manta. La joven era
muy reconocida en el pueblo por sus increíbles ojos verdes esmeralda, nada comúnes entre los nativos
de la zona.
Por desgracia, Umiña vio como su madre era asesinada y su padre también moría en condiciones un
tanto extrañas. Posteriormente, ella misma fue asesinada cruelmente, contando la historia que fue una
orden de su madrasta, una bruja que le extrajo su corazón. Se dice que quizás también asesinó al padre
de Umiña.
La leyenda nace cuando el corazón de Umiña se transforma en una hermosa y grande esmeralda roja. Al
enterarse el pueblo del milagro, veneraron a la piedra y construyeron templos en su honor. Aseguran
que aquellos que tocaron la piedra sanaron todas sus dolencias.
Amazonas
12- Kuartam el sapo
Este mito cuenta la historia de un cazador de la cultura Shuar que se internó en el bosque. Su esposa le
había advertido que no hiciera burla del sonido que emitiera un sapo de llegárselo a encontrar.
Efectivamente el cazador en su rutina se topó con el particular sonido y no reparó en comenzar a
imitarlo en tono de burla. El sapo molesto se transformó en un puma y se comió parte del cuerpo del
hombre.
La esposa de éste, al enterarse de lo que sucedió, decidió tomar venganza y encontrar al sapo. Una vez
que lo halló, tumbó el árbol en el que se encontraba causando la muerte del animal. En su interior la
mujer pudo encontrar los restos de su marido.
13- Etsa y el demonio Iwia
Iwia era un demonio que solía atormentar a la comunidad Shuar en la selva. Un día devoró a todos los
miembros de una familia con excepción de un pequeño niño (Etsa). Éste lo llevó a su guarida en donde
lo crió y le hizo creer que era su padre.
Etsa, creció y su tarea era la de proveer pájaros a Iwia como postre. Un día se percató de que ya no
quedaban más aves en el bosque y se hizo amigo de una paloma llamada Yapankam.
Ésta le contó lo que había sucedido con sus padres y le dijo que la manera de devolver las aves a la selva
era la de introducir las plumas en la cerbatana y soplar. Así hizo Etsa y decidió matar al demonio para
liberar a las aves de su yugo.
14- Nunkui y la yuca
Los shuar habían consumido todos los recursos de las llanuras que habitaban. Un día Nunkui, la madre
tierra, le ofreció al pueblo a su hija como regalo. Les advirtió que, si cuidaban de ella, les proveería de
alimentos de toda clase pero que si la llegaban a maltratar sufrirían de nuevo de hambre.
Los shuar aceptaron y pudieron encontrar una cantidad de alimentos a su disposición. Un día los niños
de la comunidad maltrataron a la niña y, en castigo, la tierra se tragó a los alimentos. Es por esto que
hoy, elementos como la yuca tienen que ser buscados por debajo de la tierra.
Galápagos
15- El muro de las lágrimas de la isla Isabela
Foto recuperada de Galapagos Islands Cruises
A 5 kilómetros de Puerto Villamil en la isla Isabela de las Islas Galápagos se encuentra un sitio histórico
conocido como el muro de las lágrimas. Éste fue construido entre 1945 y 1959 por prisioneros que eran
enviados a pagar sus penas en la isla.
La pared tiene cerca de 25 metros de altura y se dice que causó la muerte de muchos durante su
construcción.
Las personas que habitan la isla dicen que cuando la niebla se sienta sobre el lugar, durante el
crepúsculo o la noche, pueden ser oídos débiles lamentos. Otros dicen que los fantasmas de algunos
prisioneros se pueden ver en el camino que conduce al sitio.