Criminología Dominicana
En la República Dominicana la criminología no es una profesión, sino una disciplina
que se ha invocado, casi siempre, para apellidar a otras ramas de las ciencias
penales, que en el particular medio judicial sirve de talón a quienes se ufanan cuando
de derechos humanos y de justicia penal se trata. Todos estamos informados en
cuanto a la criminología, pero de lo que se trata es de estar formado, de poseer una
acreditación universitaria.
Aunque, ella ha sido la fuente donde han abrevado todos los grandes del derecho
penal del país, y eso incluye a la nueva generación de verdaderos abogados con que
contamos hoy.
El auge alcanzado por la criminología profesional en otros países, se ha logrado
gracias a una verdadera síntesis metodológica, aplicable al conjunto de los
problemas llamados "criminales", y a cada uno de los fenómenos de la violencia
social y común, siendo decisivo en la búsqueda de soluciones al problema del delito
y de la delincuencia; en la República Dominicana, se le ha dado un trato de un saber
fragmentado y parcial, siendo considerada como "glosas" de las manifestaciones
violentas en todos sus aspectos que hemos señalado, de por sí fundamentales.
Es una ciencia tardía entre nosotros: Un nuevo movimiento científico está
permitiendo su resurrección en cuanto a los nuevos bríos del estudio formal de la
criminología como ciencia que no se soporta ya como doctrina, y que se prepara
para la acción. El acento ha sido puesto, ahora, en completar la obra de los
fundadores de la criminología y orientarse a la institucionalización de las actividades
criminológicas.
En el año de 1940, con la celebración del Primer Congreso de Procuradores llevado
a efecto en Santo Domingo, Ciudad Trujillo, los días 15, 16 y 17 de agosto, marcando
así el nacimiento de la criminología en nuestro país. Allí surgieron las primeras voces
que alertaron sobre las incipientes teorías criminológicas europeas. Pero dos
egregias figuras se dieron cita en aquel evento, interesan: Don Constancio Bernaldo
de Quirós, que asistió como único invitado de honor y extranjero y don Freddy
Prestol Castillo, al presentar su informe sobre la criminalidad en la región del Este.
Era, en realidad, el primer documento de criminología dominicana. Más tarde,
surgirían los aportes de un catedrático lúcido, un autodidacta singular, consagrado a
la enseñanza universitaria de la criminología, al derecho penal; él compendiaría las
ideas más actualizadas del momento criminológico y el nivel alcanzado en sus
trabajos lo colocan como el más destacado de todos los autores nacionales; nos
referimos a la figura egregia de Don Leoncio Ramos Jerez (Cotuí, 1894-1971), quien
con sus notas eruditas de la criminología positivista, debería ostentar entre nosotros
la paternidad de la criminología dominicana.
Esta distinción se ha señalado, en más de una vez, aunque no de manera oficial.
Debemos aquí y ahora, poner las cosas en claro: El precursor de la criminología
dominicana es, sin dudas, don Constancio Bernaldo de Quirós, por haber traído la
criminología a nuestro país, poco antes de 1939. Fue el catedrático auténtico que
nos iluminó con su aura de maestro y erudito.
El lugar de pionero o de los precursores de la criminología nacional corresponde al
abogado distinguido que fue Don Freddy Prestol Castillo, por haber publicado su
archiconocida monografía ya citada; y finalmente espero es a don Leoncio Ramos –a
quienes sus discípulos consideran el más eminente criminólogo del país–; a quien
debemos adjudicar la dignidad de fundador de la criminología: el padre de la
criminología dominicana.
Pero sobre ese particular, Leoncio Ramos no ha sido reconocido como el padre
legítimo de la criminología dominicana; era él, el "jinete armado de la ley" que
consagró toda su vida a la criminología: "un terco Quijote cuyos frutos criminológicos,
hoy celebramos".
Sin embargo, es escaso el conocimiento de las obras de estos tres maestros y casi
desconocida por las generaciones de hoy. Y es lamentable, porque, tocó a ellos ser
los precursores de introducir al país no sólo las modernas teorías de la criminología y
el derecho penal, junto a figuras como Lombroso, Garraud, Luis Jiménez de Asúa,
Mariano Ruiz Funes, entre otros, sino aquellas ideas que sobresalieron gran parte
del pensamiento europeo, dentro de los cuales llegaban a nuestro medio los autores
y las teorías que se estaban desarrollando ultramar.
En sus estudios de criminología era lógico que se aceptaran las ideas de César
Lombroso, Edmundo Mezger y Ernst Exner, pero paulatinamente los estudios legado
por estas tres figuras, en sus diferentes contextos, estuvieron influenciadas por un
contexto intelectual más amplio.
Además de estos tres evangelistas de nuestra criminología, las publicaciones de
literatura criminológica dominicana cada vez más se engrandecen y ganan vigencia;
eso se ha echado de ver en la labor de los investigadores abogados. Muchos son los
nombres, porque muchos de ellos fueron sus alumnos y sus discípulos. Tales son los
juristas de los grandes casos penales, Artagnan Pérez Méndez, Ramón Pina
Acevedo e hijo, Marino Vinicio Castillo; en la docencia, Héctor Dotel Matos y Cabral
Ortega, entre otros. Pero la lista es extensa.
Actualmente ha surgido un interés mayor, todo un movimiento teórico científico
denominado Pensamiento Criminológico Dominicano, que ha tenido el acierto de
completar el esfuerzo científico iniciado por estos tres clásicos maestros de la
criminología criolla, continuando con la publicación de las obras legadas por ellos; y
en el interés emergente de ver, en primer lugar, el problema criminal en función de la
criminología profesional, urge de convocar a todos los autores que se están
animando a escribir sobres estos asuntos, a que puedan publicar sus trabajos a
través de este movimiento.
Este es el momento de la criminología. Una mayor acción profesional se está
demandando de los criminólogos cualificados; en estos tiempos, en que hay que
adecuar un modelo de Ministerio Público. En cuanto a que los fines teóricos que ha
perseguido históricamente la criminología, pues, deben considerarse nuevamente la
necesidad de ejercitarlos en las aulas de las universidades, en los institutos de
investigaciones criminales, en los departamentos de criminología (aún no los hay), y
con ellos ir logrando una mayor toma de conciencia de la cuota de compromisos
profesionales de los implicados en esta área del sable judicial.
Aunque no hemos sido educados para luchar contra la cultura de violencia que nos
agobia –a través los vicios de la ciudad y los factores corruptores– , no podemos
negar la evolución que se ha estado suscitando en nuestra criminología. Pero la
iniciativa que conviene a la sociedad dominicana es la que va a emanar del Estado,
que no ha podido satisfacer las necesidades del problema, mediante la creación de
un órgano público de estudio de la criminalidad que centralice todas las actuaciones
que puedan ser más o menos eficaces en materia de la llamada política criminal (en
la que actúan dos elementos necesarios e imprescindibles: la estadística y la
legislación penal científica).
En la lucha frente a la criminalidad nos ha hecho falta la coordinación y la
organización de la investigación criminológica, ahora bien, es claro que dicha
competencia debe recaer en la apertura de un Instituto Nacional de Criminología, tal
como fuera fundado en el año de 1942 en Santo Domingo, siguiendo los
lineamientos de la época de estudiar al delincuente según los postulados del
positivismo europeo; aunque en el año de 1987, varias décadas después surge una
institución parecida, adscrita a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Sería de más valor si eso lo hubiera llevado a cabo el Ministerio Público. Porque es
al gobierno central a quien toca organizar dicho Instituto.