El pingüino y el canguro
Había una vez un canguro que era un auténtico campeón de las carreras, pero
al que el éxito había vuelto vanidoso, burlón y antipático. La principal
víctima de sus burlas era un pequeño pingüino, al que su andar lento y
torpón impedía siquiera acabar las carreras.
Un día el zorro, el encargado de organizarlas, publicó en todas partes que su
favorito para la siguiente carrera era el pobre pingüino. Todos pensaban que
era una broma, pero aún así el vanidoso canguro se enfadó muchísimo, y sus
burlas contra el pingüino se intensificaron. Este no quería participar, pero era
costumbre que todos lo hicieran, así que el día de la carrera se unió al
grupo que siguió al zorro hasta el lugar de inicio. El zorro los guió montaña
arriba durante un buen rato, siempre con las mofas sobre el pingüino, sobre
que si bajaría rondando o resbalando sobre su barriga...
Pero cuando llegaron a la cima, todos callaron. La cima de la montaña era
un cráter que había rellenado un gran lago. Entonces el zorro dio la señal de
salida diciendo: "La carrera es cruzar hasta el otro lado". El pingüino,
emocionado, corrió torpemente a la orilla, pero una vez en el agua, su
velocidad era insuperable, y ganó con una gran diferencia, mientras el canguro
apenas consiguió llegar a la otra orilla, lloroso, humillado y medio ahogado. Y
aunque parecía que el pingüino le esperaba para devolverle las burlas,
este había aprendido de su sufrimiento, y en lugar de devolvérselas, se ofreció
a enseñarle a nadar.
Aquel día todos se divirtieron de lo lindo jugando en el lago. Pero el que más
lo hizo fue el zorro, que con su ingenio había conseguido bajarle los humos al
vanidoso canguro.