PEDIATRIA Y GERIATRIA.
INSTITUTO SUPERIOR ESPACIOS.
CARRERA: Tecnicatura Superior en Terapia Ocupacional.
CICLO LECTIVO: 2021.
PROFESOR: RAFFO, GUILLERMO.
ALUMNO: GALLARDO, MARIA BELEN
DISCAPACIDAD INTELECTUAL:
PEDIATRIA Y GERIATRIA.
La discapacidad intelectual es una condición que acompaña a la persona y que se
caracteriza por tres situaciones: Un bajo cociente intelectual, habilidades adaptativas
significativamente limitadas y una necesidad de un acompañamiento con apoyo
intermitente o generalizado durante toda la vida del individuo.
La discapacidad intelectual esta englobada dentro de lo que se conoce como
discapacidades del desarrollo, llamadas así porque se originan en el tiempo del
desarrollo, es decir, entre el nacimiento y los 18 años de edad, junto con los trastornos
del espectro del autismo, la parálisis cerebral y otras condiciones de discapacidad
estrechamente relacionadas con la discapacidad intelectual que requieren un proceso de
apoyo similar.
La discapacidad intelectual es multifactorial, puede deberse a problemas genéticos
como la presencia de algún síndrome, el más común es el síndrome de Down, a
problemas perinatales, es decir, los que pueden presentarse al momento del parto, como
falta de oxigenación, problemas relacionados con una malnutrición de la madre, las
madres que cursan con anemia son mucho más vulnerables a tener niños con algún
problema a nivel cognitivo, por algún hipotiroidismo no detectado, por infecciones del
sistema nervioso como la meningitis o neumococo, por problemas con adicciones o
alcoholismo.
¿Cómo se diagnostica la discapacidad intelectual? Observando dos cosas:
La habilidad del cerebro para aprender, pensar, resolver problemas, lo que se llama
“funcionamiento intelectual” y por otro lado si la persona tiene las destrezas para vivir
independientemente de acuerdo a su edad, que se conoce como “conducta adaptativa”
El funcionamiento intelectual es conocido como coeficiente intelectual y es medido por
la prueba de coeficiente de inteligencia en la que una medida promedio es de 100 y que
considera que una persona que arroje un resultado por debajo de los 70 o 75 tiene
discapacidad intelectual.
En cuanto a la conducta adaptativa se observa lo que el niño puede hacer en
comparación de otros niños de su edad, si puede vestirse, ir al baño, comer,
comunicarse, comprender lo que se le dice.
Hay muchos signos que los niños con discapacidad intelectual presentan:
Sentarse, gatear o caminar más tarde.
No comprender las reglas sociales.
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Dificultades de reconocer las consecuencias de sus acciones.
Dificultades para resolver problemas.
Dificultades al pensar lógicamente.
Dificultades al comunicarse y relacionarse con sus pares.
Como el 87% de los niños con discapacidad intelectual solo serán un poco más lentos
que el promedio para adquirir información y destrezas nuevas, es muy probable que sus
limitaciones no sean aparentes durante la niñez y no sean diagnosticadas hasta que
llegar a la edad escolar.
El 13% restante marcan menos de 50 en pruebas de IQ y son personas que van a tener
más dificultad para desenvolverse en la sociedad, en la escuela, en la casa.
CLASIFICACION.
Discapacidad intelectual leve CI 50-55 a 70.
Se denomina así a las personas que transitan la “etapa educable”. Son alrededor del 85%
de las personas afectadas por el trastorno. Suelen desarrollar habilidades sociales y de
comunicación durante los años preescolares (0-5 años de edad), tienen insuficiencias
mínimas en las áreas sensorio motoras y con frecuencia no se diferencian de otros niños
sin discapacidad cognitiva hasta edades posteriores. Adquieren habilidades sociales y
laborales adecuadas para una autonomía mínima, pero pueden necesitar supervisión,
orientación y asistencia, especialmente en situaciones de estrés social o económico
desusado. Contando con apoyos adecuados, los sujetos con discapacidad cognitiva leve
viven sin inconvenientes en la comunidad, sea independientemente, sea en
establecimientos supervisados.
Discapacidad intelectual moderada CI 35-40 a 50-55.
La discapacidad cognitiva moderada equivale aproximadamente a la categoría
pedagógica de “adiestrable”. Este grupo constituye alrededor del 10 % de toda la
población con discapacidad cognitiva. Adquieren habilidades de comunicación durante
los primeros años de la niñez. Adquieren una formación laboral y, con supervisión
moderada, pueden adquirir destrezas para su propio cuidado personal. También pueden
beneficiarse de adiestramiento en habilidades sociales y laborales, pero es improbable
que progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden aprender a
trasladarse independientemente por lugares que les son familiares. En su mayoría son
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capaces de realizar trabajos no cualificados o semicualificados, siempre con
supervisión, en talleres protegidos o en el mercado general del trabajo. Se adaptan bien
a la vida en comunidad, usualmente en instituciones con supervisión.
Discapacidad intelectual grave CI 20-25 a 35-40.
Incluye el 3-4 % de los individuos con discapacidad cognitiva. Durante los primeros
años de la niñez la adquisición de un lenguaje comunicativo es escasa o nula. Durante la
edad escolar pueden aprender a hablar y pueden ser adiestrados en habilidades
elementales de cuidado personal. Se benefician solo limitadamente de la enseñanza de
materias pre académicas como la familiaridad con el alfabeto y el cálculo simple, pero
pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de la lectura global de algunas
palabras imprescindibles para su autonomía e independencia. Los adultos pueden ser
capaces de realizar tareas simples estrechamente supervisadas en instituciones. En su
mayoría se adaptan bien a la vida en la comunidad a no ser que sufran alguna
discapacidad asociada que requiera cuidados especializados o cualquier otro tipo de
asistencia.
Discapacidad intelectual profunda CI 20-25.
Incluye aproximadamente en el 1%-2% de las personas con discapacidad cognitiva. La
mayoría de los individuos con este diagnóstico presentan una enfermedad neurológica
identificada que explica su discapacidad intelectual. Durante los primeros años
desarrollan considerables alteraciones del funcionamiento sensorio motor. Puede
predecirse un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con ayudas y
supervisión constantes, así como con una relación individualizada con el educador. El
desarrollo motor y las habilidades para la comunicación y el cuidado personal pueden
mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado. Algunos de ellos llegan a
realizar tareas simples en instituciones protegidas y estrechamente supervisados.
Discapacidad intelectual de gravedad no especificada.
Se utiliza cuando existe claridad sobre la discapacidad, pero no es posible verificar
mediante los test.
Dependiendo del nivel de gravedad de la discapacidad cognitiva, el sujeto se puede
educar y capacitar para que aprenda a vivir en la sociedad; puede dominar ciertas
habilidades de lectura global (señalizaciones de tránsito, por ejemplo: "PARE"), puede
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trasladarse a lugares desconocidos o familiares, puede aprender un oficio y trabajar en
él, siempre y cuando la sociedad le dé la oportunidad de hacerlo.
Tratamiento:
Programa de intervención temprana
Apoyo de un equipo multidisciplinario
El tratamiento y las necesidades de apoyo dependen de la competencia social y la
función cognitiva. La derivación a un programa de intervención temprana durante la
lactancia puede prevenir o disminuir la gravedad de la discapacidad resultante de una
lesión perinatal. Deben establecerse métodos realistas para el cuidado de los niños
afectados.
El apoyo y el asesoramiento de la familia son cruciales. En cuanto se confirma o se
sospecha firmemente la discapacidad intelectual, debe informarse a los padres y dedicar
mucho tiempo a discutir las causas, los efectos, el pronóstico, la educación y el
entrenamiento del niño, y la importancia de equilibrar los riesgos pronósticos conocidos
con las profecías autocumplidas negativas, pues la reducción de las expectativas
determina malos resultados funcionales en etapas ulteriores de la vida. Para la
adaptación de la familia, es esencial el asesoramiento sensible y continuo. Si el médico
de la familia no puede encargarse de la coordinación y el asesoramiento, el niño y la
familia deben ser derivados a un centro con un equipo multidisciplinario que evalúe y
asista a niños con discapacidad intelectual; de todos modos, el médico de familia debe
proporcionar atención y asesoramiento médicos continuos.
Se desarrolla un programa integral, individualizado, con la ayuda de especialistas
apropiados, incluidos educadores.
Un equipo multidisciplinario incluye:
Neurólogos o pediatras especializados en desarrollo y conducta
Ortopedistas
Terapeutas físicos y terapeutas ocupacionales (que ayudan a tratar enfermedades
concomitantes en niños con déficits motores)
Especialistas en lenguaje y otólogos (que ayudan con los retrasos del lenguaje o
con presuntas hipoacusias)
Nutricionistas (que ayudan con el tratamiento de la desnutrición)
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Asistentes sociales (que ayudan a reducir la privación ambiental e identificar
recursos clave)
Psicólogos (que supervisan la planificación de las intervenciones conductuales)
Los niños afectados con trastornos de salud mental concomitantes, por ejemplo
depresión, deben recibir fármacos psicoactivos adecuados en dosificaciones similares a
los usados en niños sin discapacidad intelectual. La administración de fármacos
psicoactivos sin terapia conductista ni cambios ambientales rara vez es de utilidad.
Deben hacerse todos los esfuerzos para que los niños vivan en su hogar o en residencias
comunitarias. Vivir en el hogar con la familia suele ser mejor para el niño que las
ubicaciones alternativas, a menos que las dificultades de comportamiento marcadas
requieran un mayor nivel de supervisión que el que puede proporcionar la familia. La
familia puede beneficiarse con el apoyo psicológico y la colaboración con atención
diaria provista por centros de día y servicios de ayuda doméstica y de relevo. El entorno
debe estimular la independencia y reforzar el aprendizaje de las habilidades necesarias
para lograr este objetivo.
Cuando las personas con discapacidad intelectual llegan a la adultez, hay muchas
instituciones de apoyo para residencia y trabajo disponibles. Las instituciones
residenciales grandes están reemplazándose por residencias para grupos pequeños o
individuales adaptadas que se ajustan a las capacidades y necesidades funcionales del
individuo.
Las principales áreas de ejecución en Terapia Ocupacional con personas con
discapacidad intelectual son:
Competencia personal: Interviniendo en la formación de habilidades, los apoyos,
las ayudas técnicas y las oportunidades de elección. La T.O es una disciplina
óptima para intervenir en todos estos aspectos.
Autonomía Personal: Promocionando lo apoyos necesarios para alcanzar una
óptima realización de las actividades de la vida diaria, y con ello contribuir a la
máxima independencia y lograr la máxima calidad de vida para la persona con
discapacidad intelectual y su familia.
Capacitación laboral: Facilitando actividades ocupacionales que les permita
desarrollar habilidades, hábitos y destrezas laborales, así como que le capacite
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para poder alcanzar el necesario equilibrio entre el individuo y su puesto de
trabajo.
Adaptación de entornos: Con el objetivo de facilitación de las actividades de la
vida diaria, interviniendo sobre los espacios físicos y elementos del entorno,
valiéndose de ayudas técnicas, señales visuales, auditivas, simplificación de las
tareas, ergonomía, etc.
Estilos de vida: Con el fin de obtener beneficios significativos en la satisfacción
en la vida, calidad en la interacción social, percepción global, funcionamiento
físico, vitalidad, etc.
Ocio inclusivo y significativo: La Terapia Ocupacional tiene mucho que hacer a
favor de un ocio que permita la inclusión social real, con apoyos y ayudas
técnicas al servicio de un ocio significativo que contrarreste la falta de
accesibilidad de la oferta de ocio ordinario.