Said. Cultura e imperialismo.
Introduccion.
Said ve la construcción de los relatos occidentales africanistas o indianista, como parte del esfuerzo general de los
europeos por gobernar tierras lejanas y por lo tanto en relación con las descripciones orientalistas del mundo islámico y
con los modos espaciales de representación de las islas del caribe, Irlanda y el lejano oriente por parte de los europeos.
Responde a la representación de otro diferente al nosotros que debe ser dominado. Pero hubo resistencias culturales,
junto con afirmaciones de identidad nacional y en el plano político con la creación de asociaciones y partidos cuya meta
era la autodeterminación y la independencia nacional.
Pone énfasis en la cultura y la define de dos modos. En primer lugar como todas aquellas practicas como las artes de la
descripción, la comunicación y la representación, que poseen relativa autonomía dentro de las esferas de los económico,
lo social y lo político, que muchas veces existen en forma estética y cuyo principal objetivo es el placer. Incluye las
vsiones populares de otras partes del mundo como las definiciones científicas. Estudia novelas y destaca la inmensa
importancia de esta en la formación de actitudes, referencias y experiencias imperiales. Los relatos se encuentran en el
centro mismo de aquello que los exploradores y los novelistas afirman acerca de las regiones extrañas del mundo y
también que se convierten en el método que los colonizados utilizan para afirmar su propia identidad y la existencia de
su propia historia. El poder para narrar, o para impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar, es muy
importante para la cultura y para el imperialismo, y constituye uno de los principales vínculos entre ambos. En segundo
lugar, la cultura es un concepto que incluye un elemento de refinada elevación consistente en el archivo de lo mejor que
cada sociedad ha conocido y pensado, según lo formulara Mathew Arnold en 1860. Con el tiempo la cultura llega a
asociarse, a veces de manera agresiva, con la nacion o el Estado. En este sentido la cultura es una fuente de identidad,
bien beligerante siendo una especie de teatro donde se enfrentan distintas causas políticas e ideológicas. La cultura
puede ser un autentico campo de batalla. El problema de esta idea de cultura es que supone no solo la veneración de lo
propio sino también que eso propio se vea en su cualidad trascendente, como separado de lo cotidiano. Asi muchos de
los humanistas profesionales se ven incapaces de establecer conexiones entre la crueldad prolongada y sórdida de
practicas como la esclavitud o la opresión racial y colonialista, o la la sujeción imperial en el seno de una sociedad por un
lado, y por otro la poesía, la ficción y la filosofía de esa misma sociedad. De este modo la cultura puede convertirse en un
envase protector, del que el autor se despoja para vincularlo con producciones literarias.
Grandes esperanzas de Dickens de 1861 es ante todo una novela acerca del autoengaño, acerca de los intentos vanos de
Pip por convertirse en un caballero sin esforzarse o disponer de las fuentes de ingreso aristocráticas. En su niñes Pip
ayuda a un convicto condenado, Abel Magwitch quien luego de ser trasladado a Australia compensa a su joven
benefactor con fuertes sumas de dinero. Puesto que el abogado sirve de intermediario guarda silencio ante Pip acerca
del origen del dinero, piensa que una dama fue la del dinero. Despues Magwitch reaparece ilegalmente en Londres
donde Pip lo recibe de mala gana porque todo en el huele a vulgaridad y delincuencia. Finalmente sin embargo se
reconcilian y Pip con su realidad, reconociendo a Magwitch como su padre putativo, no alguien rechazable, a pesar de
que el convicto es de hecho inaceptable, porque viene de Australia, una colonia penal proyectada para la rehabilitación
pero no para la repatriación de los criminales ingleses allí transportados. Aquí vemos que Australia fue fundada como
colonial penal a finales del siglo XVIII, sobre todo para que Inglaterra pudiese transportar su exceso de población de
delincuentes irredimibles o indeseables. Originalmente explorada por el capitán Cook, también debía funcionar como
colonia de reemplazo de las perdidas en America. La búsqueda de beneficio, la construcción del imperio y lo que Hughes
llama apartheid social produjeron en conjunto la Australia moderna, que hacia 1840, cuando Dickens se interesa por
ella, había progresado de alguna manera hacia una especie de sistema libre y de alta rentabilidad en el cual los
trabajadores podían progresar cuando el poder se lo permitia. Pero Dickens expreso el pensamiento de la época
respecto a la exclusión real que tenían. Lo que imagina para Pip es equivalente a lo que la benevolencia inflesa diseño
para autralia, un espacio social que autoriza otro. No se permite el retorno al espacio metropolitano reservado para una
jerarquía de sus personajes. Pip luego de reconciliarse emprende una nueva carrera con Pocket, su amigo de la infancia,
esta vez no como frívolo caballero sino como comerciante esforzado en Oriente, donde las otras coloniales británicas
ofrecen una suerte de normalidad imposible para Australia. Lo que sucede es que solo desde hace pocos años estas
relaciones han adquirido importancia desde el punto de vista de la interpretación, y han descubierto en esos grandes
textos de la literatura un permanente interés por lo que se consideraba como mundo inferior, poblado por gente de
color, retratada siempre en actitud receptiva ante la intervención de mucho Robissones Crusoes.
A finales del siglo XIX el imperio es un área central de preocupación en las obras de Conrad como Nostromo de 1904.
Transcurre en una republica independiente de America Central dominada por intereses foráneos por su inmensa mina
de plata. Para un contemporáneo norteamerica esto reflejaba la inestabilidad y desgobierno de las republicas
latinoamericanas y describió maniobras norteamericanas de influencia. Holroyd, el financiero de San Francisco que
respalda a Gould, propietario ingles de la mina de Santo Tomé, refleja la idea de necesidad de conquista. Ningun
norteamericano es inmune a este tipo de sentimientos, y sin embargo, la amenaza implícita contenida en los retratos de
Holroyd y Gould, raramente es perceptible dentro de la retorica del poder, porque cuando este se despliega en un
decorado imperial, el decorado produce con mucha facilidad una ilusión de benevolencia. Pero Conrad es también
precursor de otra visión del Tercer mundo encontrada en muchos autores cuya especialidad es poner el mundo no
europeo a disposición tanto de las tareas de análisis y valoración como para satisfacción de audiencias europeas y
norteamericanas con gustos exóticos. Conrad puede ver un mundo totalmente dominado por el Atlantico occidental,
pero no una alternativa. No podía entender que India, Africa o Sudamerica poseían vidad y culturas con ámbitos no
totalmente controlados por los imperialistas gringos y los reformadores de este mundo, no podía permitirse pensar que
no todos los movimientos antiimperialistas y de independencia eran corruptos y pagados por los hombres de paja de
Londres o Washington. La novela de conrad encarna esa misma arrogancia paternalista propia del imperialismo de la
cual se burla en sus propios personajes. Es en efecto los que los norteamericanos piensan de los vecinos del Sur: su
independencia es deseable siempre que sea la que los norteamericanos aprueban. Conrad es asi antiimperialista e
imperialista a la vez, pero consigue que se entienda que el imperialismo es un sistema. En cada nucleo de experiencia, la
vida soporta la impronta de las ficciones y fantasias del nucleo superior. Pero también a la inversa porque la experiencia
en la sociedad dominante pasa a depender, de modo acrítico, de los nativos y de sus territorios vistos como carentes y
necesitados de la misión civilizadora.
Existen otras obras que usan la ironia antiimperialistas pero todas afirman que la fuente de la vida y de la acción con
sentido reside en Occidente, cuyos representantes parecen siempre tener la libertad de volcar sus fantasias y
sentimientos filantrópicos sobre un Tercer Mundo medio agonizante. Desde este punto de vista las regiones sumergidas
del mundo carecen de vida, de historia, de cultura, de independencia o de integridad, de algo que valga la pena
representar sin occidente. Cuando algo de ese mundo aparece es corrupto, degenerado e irredimible.
El mundo desde Conrad y Dickens ha cambiado, los occidentales ahora se enfrentan con vasta poblaciones no europeas
en su propio medio y con un impresionante desfile de nuevas y potentes voces, que exigen que sus relatos sean
escuchados. Por primera vez, la historia del imperialismo y de su cultura no puede ser estudiada como monolítica o
compartimentada de manera reductiva como separada y distinta. Un estudio rico es aquel que analiza todas las
perspectivas. La cultura del imperialismo no era invisible ni ocultaba sus afinidades e intereses. El autor resalta que uno
de los logros del imperialismo fue unir mas al mundo y aunque en ese proceso la separación entre europeos y nativos
fue injusta, muchos de nosotros debemos ahora considerar la experiencia histórica del imperio como algo común a
ambos lados. No cree que los escritores estén mecánicamente determinados por la ideología, la clase o la historia
ecnomica, pero si cree que pertenecen en gran medida a la historia de sus sociedades y son modelados y moldean tal
historia y experiencia social en diferente grados. Tanto la cultura como las formas estéticas que esta contienen derivan
de la experiencia histórica. Afirma que la experiencia imperial de los británicos, franceses y norteamericanos poseyó una
centralidad cultural especial y una coherencia única. Estas tres culturas tuvieron en lugar privilegiado a la idea de
dominio de ultramar. Said rechaza la idea de identidad como algo estatico, que fue el pensamiento de la era imperial, y
de los recortes de tradiciones que hacen a las identidades sin relación con otras sociedades. En parte a causa de la
existencia de los imperios, todas las culturas están en relación unas con otras, ninguna es única y pura, todas son
hibridas, heterogéneas, diferenciadas y no monolíticas.
Capitulo 1. Territorios superpuestos, historias entrecruzadas.
Imperio, geografía y cultura.
Entre las estrategias mas corrientes de interpretación del presente se encuentra la invocación del pasado. No existe un
modo suficiente en que el pasado pueda ser aislado del presente. Retoma una idea central de Eliot de que el modo en
que formulamos o nos representamos el pasado, moldea nuestra compresión y perspectiva del presente. Por ejemplo en
la guerra del golfo de 1990 estadosunidos choca con irak tambien en sus historias, en la que cada parte tenia una
justificación para la beligerancia. El termino imperial es de hecho discutido hoy en dia en tanto si adjudicárselo a estados
unidos, pero se discute en términos económicos y políticos y no tanto culturales. Y poco se ve la sombra que aun
proyecta el imperialismo europeo del siglo XIX, y la emergencia hace tiempo de Estados Unidos, dando un mundo
completamente global.
Para analizar las obras literarias debemos tener en cuenta que lo que esta en juego es el problema de los territorios y las
posesiones, de la geografía y del poder. En un plano muy primario, imperialismo supone pensar en establecerse y
controlar tierras que no se poseer, que son lejanas, que están habitadas y que pertenecen a otros. Ninguno de nosotros
se encuentra completamente libre del combate con la geografía. Ese combate es complejo e interesante porque no solo
se trata de soldados y cañones sino tambien de ideas, formas, imágenes e imaginarios. Lo que Hobsbawn denomino la
era del imperio tiene una considerable influencia cultural hasta hoy en dia. En Europa misma, a finales del siglo XIX, casi
ningún aspecto de la vida quedo fuera de las influencias imperiales. Las economías estaban hambrientas de mercados
ultramarinos, materias primas, mano de obra y tierras productivas, de modo que la defensa y consolidación de las
políticas exteriores se comprometieron cada vez mas en el mantenimiento de los territorios y pueblos sometidos. Los
estadounidenses se construyeron pensando en lo mismo, pero tan influyente había sido el discurso que insistia en la
idiosincrasia norteamericana, en su acierto y altruismo, que el imperialismo como palabra o ideología, se convirtió en
algo raro en los textos de la cultura estadounidense, en su política o historia. Pero la relación entre la política
imperialista y la cultura es asombrosamente directa. Las actitudes norteamericanas hacia su propia grandeza, hacia
jerarquías raciales, hacia los peligros de otras revoluciones han sido constantes, han oscurecido y tambien dictado las
realidades imperiales, mientras que los apologistas de los intereses norteamericanos en el exterior insistían en el bien
hacer en la la lucha por la libertad, en su inocencia. En cambio para los ciudadanos de la Gran Bretaña y Francia del siglo
XIX el imperio era un asunto principal que atraía una atención cultural completamente desenfadada.
El autor usara el termino imperialismo como definición d ela practica, teorica y actitudes de un centro metropolitano
dominante que rige un territorio distantes: colonialismo casi siempre consecuencia del imperialismo, como la
implantación de asentamiento en esos territorios distantes. El imperialismo es sencillamente el proceso o política de
establecer o mantener un imperio. En nuestra época el colonialismo directo esta perimido, en cambio, el imperialismo
persiste en uno de sus ámbitos de siempre, en una suerte de esfera cultural asi como en practicas sociales especificas,
políticas, ideológicas y económicas. Ni el imperialismo ni el colonialismo son simples actuaciones de acumulación y
adquisición. Ambos se encuentran soportados y a veces apoyados por impresionantes formaciones ideológicas que
incluyen la convicción de que ciertos territorios y pueblos necesitan y ruegan ser dominados, asi como nociones que son
formas de conocimiento ligadas a tal dominación: el vocabulario de la cultura imperialista clásica esta cuajada de
palabra y conceptos como inferior, razas sometidas, pueblos subordinados, dependencia, expansión y autoridad. En la
expansión, el beneficio y la esperanza de acrecentarlo eran importantes junto con la inercia, tradicion y trapicheo de las
fuerzas institucionales para que marchara la empresa, pero se necesita mas para que funcionen el imperialismo y el
colonialismo. Existia un compromiso mas alla del beneficio, un compromiso en constante circulación y recirculación, lo
cual, por un lado permitia que hombres y mujeres decentes aceptaran la idea de que territorios distantes con sus
pueblos nativos debían ser subyugados, y por el otro, alimentaban las energías metropolitanas de modo que esa misma
gente decente pudiese pensar en el imperio como una prolongada y casi metafísica obligación de gobernar pueblos
subordinados, inferiores o menos avanzados. Esa actitud era tambien la razón de la dominación de un grupo siempre
reducido de europeos sobre miles de nativos. Porque la empresa del imperio depende de la idea de tener un imperio
como muestra conrad, y dentro de una cultura toda clase de mecanismos han de funcionar para que esto suceda.
Erraremos en la compresión tanto de la importancia de la cultura como de su resonancia en el imperio, entonces y
ahora, a menos que podamos comprender de que modo la gran novela realista europea cumplio uno de sus principales
propósitos: el casi imperceptible reforzamiento del consenso de sus sociedades en torno a la expansión de ultramar. No
se trata de condenar universalmente el arte y cultura occidentales sino de examinar de que manera los procesos del
imperialismo se producen mas alla de las leyes económicas y las decisiones políticas. Y cocmo se manifiestan en otro
plano muy significativo, el de la cultura nacional, que hemos tendido a purificar al considerarlo reducto de monumentos
intelectuales inmutables, exentos de contubernios mundanos.
Imágenes del pasado, puras e impuras.
Las culturas son estructuras de autoridad y participación a la vez benevolentes con lo que incluyen y no tanto con lo que
no. Existe, en todas las culturas que se definen nacionalmente, una aspiración a la soberanía, a la absorción, a la
dominación. Lejos de constituir entes unitarios, las culturas en realidad adoptan mas elemento foráneos de las que
excluyen. La cultura británica no se entiende sin la india ni viceversa. De hecho parís tiene gran cantidad de inmigrantes
provenientes de antiguas colonias. La idea de la imagen de la Antigüedad clásica o de la tradicion determinantes de la
identidad nacional responden a imágenes puras de un pasado privilegiado, genealógicamente útil, que excluye
elementos, relatos o vestigios incomodos. Asi se llega a describir a la cultura griega como aria cuando tiene raíces en el
su y este. Asi, todos los amblemas de la autoridad europea fueron moldeados y reforzados durante el siglo XIX. Con el
imperialismo y su expansión, las elites dirigentes vieron la necesidad de proyectar su poder hacia atrás en el tiempo,
otorgándoles esa historia y esa legitimidad que solo tradicion y longevidad pueden dispensar. Del otro lado los nativos
insurgente tambien debieron construir su pasado como en Argelia durante la guerra de la independencia entre 1954 y
1962 cuando la descolonización impulso a argelinos y musulmanes a crear imágenes de lo que supuestamente ellos
habían sido antes de la colonización francesa.
Capitulo 2. Una visión consolidada.
Casi en todas partes y a lo largo de los siglos XIX y XX econtraremos en las culturas británica y francesa alusiones a los
hechos imperiales, pero quizás en ninguna parte con mas regularidad y frecuencia que en la novela inglesa. Son una
estructura de actitud y referencia. En Francia la situación era diferente, en la medida en que la vocación política imperial
francesa durante el siglo XIX fue distinta a la de Inglaterra, reforzada como estaba por la continuidad y la estabilidad de
la misma política británica. Los reveses políticos, la perdida de colonia, La inseguridad de la posesión y los cambios
filosóficos, que Francia experimento durante la revolución y la era napoleónica, hicieron que su carácter imperial gozase
de una identidad menos segura y su presencia en la cultura francesa fuese menor.
En las obras literarias, los hechos del imperio se asocian con sustanciosas posesiones, con espacios vastos y a veces
desconocidos, con seres humanos exentricos o inaceptables, con incrementos de fortuna y actividades fantaseadas
como la emigración, hacer dinero y aventuras sexuales. Los descarriados hijos menores eran enviados a las colonias, los
parientes mayores e impresentables marchaban para tratar de recuperar patrimonios perdidos y jóvenes y
emprendedores viajeros se iban a reparar los excesos de juventud y a coleccionar toda clase de cosas exóticas. Los
territorios coloniales han sido esferas de posibilidad y han estado siempre asociados con la novela realista. Robinson
Crusoe es virtualmente impensable sin la misión colonizadora que le permite crear un nuevo mundo a partir del propio
en las distantes inmensidades africanas, pacificas o atlánticas. El autor propone la lectura en contrapunto que registre
los procesos del imperialismo y la resistencia conjuntamente. A esto se le debe sumar comprender el posicionamiento
de los autores con sus inclusiones y exclusiones, y detectar sobre que ideologías o narrativas se bas. Conrad por ejemplo
no describe a los africanos por su apreciación directa sino de una basta biblioteca de africanismo. Su obra lejos de ser la
novela y su imagen de africa solo literatura, forma parte del reparto de africa, contemporáneo a ella. Conrad a través de
Marlow compara alos imperialistas con los romanos y belgas defendiendo a los primeros con una especie de salvación o
redención.
Fundamentalmente ligada a la sociedad burguesa, la novela, según la frase de Charles Moraze, acompaña y de hecho
forma parte de la conquista de la sociedad occidental por parte de los que el denomina les bougeois conquerans. No
menos significativo es que en Inglaterra la novela sea inaugurada por robinso Crusoe, cuya protagonista es el fundador
de un nuevo mundo que domina y al que reclama para Inglaterra y la cristiandad. No es que la novela o cultura fuesen la
causa del imperialismo sino que el imperialismo y la novela son impensables el uno sin el otro. De todas las grandes
formas literarias, la novela es la mas reciente, su ámbito el mas occidental, su esquema normativo de la autoridad social
el mas estructurado. La novela es una forma que procede por incorporación y es cuasienciclopedica. Para un escritor
ingles el extranjero era algo que se sentía vaga e ineptamente afuera, exótico, extraño y hasta cierto punto nuestro,
susceptible de ser controlado para comerciar libremente con el o para suprimirlo si los nativos despertaban la
resistencia militar o política. La novela contribuyo significativamente a forjar esos sentimientos, actitudes y referencias y
se convirtió en uno de los principales elementos de la visión consolidada o cultural departamental de la tierra. Si se
observa como se desarrollaron las actitudes oficiales en materia de créditos al extranjero o protección de fondos de
garantía y promoción de contratos se vera que existía una perspectiva departamental, una suerte de consenso acerca
del tipo de gente que debía ser responsable de los asuntos del imperio.
Dentro de la historia literaria, se puede ver una poco corriente continuidad entre la narrativa temprana, normalmente
no considerada en relación con el imperio y la tardia que trata explícitamente sobre el. En segundo termino, la
estructura de actitud y referencia suscita toda cuestión del poder. Un critico actual no puede y no debe otorgar de
repente a una novela una autoridad legislativa y política directa. La novela participa, contribuye a una política
extremadamente lenta y microscópica que aclara, refuerza y a veces adelante percepciones y actitudes determinadas
acerca de Inglaterra y del mundo y además forma parte de esa política. Es sorprendente que nunca en la novela ese
mundo sea visto de otra manera que como subordinado y dominado, mientras que la presencia inglesa es reguladora y
normativa. No puede existir conciencia de que una novela subraye y acepte la disparidad de los poderes a menos que los
lectores en verdad registren los signos de esta disparidad en obras individuales y que se atribuya a la historia de la
novela el carácter de una empresa marcada por la continuidad. A lo largo del siglo XIX en términos literarios la
apropiación estética y por lo tanto cultural de las tieeras de ultramar formmo parte, a veces incidental y otras
importante, de la novela. Que esto tuviera lugar dentro de los términos de cada medio o discurso y tambien desde
fuera, sugiere que hubo conformidad, colaboración y disposición para ello, pero no necesaria o abiertamente una
estrategia política al menos hasta finales del siglo XIX, cuando el programa imperialista se hizo mas explicito y se volvió
materia de propaganda popular directa. Las novelas que no hablan explícitamente de ello, no dejan fuera el vasto
alcance del poder británico de ultramar. La cuarta consecuencia de la estructura de actitud y referencia, es que la
estructura que conecta las novelas unas con otras no tiene existencia fuera de las mismas. De la misma manera,
únicamente cada obra en particular es capaz de animar, articular y encarnar la relación por ejemplo entre Inglaterra y
africa.
El aspecto crucial de consolidación de autoridad de la novela no se conecta simpremente con el funcionamiento del
gobierno y del poder social, sino que esta hecho de manera tal que aparece a la vez como normativo y soberano. Es
decir, se autovalida en el curso narrativo. Esto es paradójico solo si olvidamos que la constitución de un sujeto narrativo,
incluso inusual o anormal, sigue siendo un acto social par excellence, y como tal lleva detrás o dentro, la autoridad de la
historia y de la sociedad. En primer lugar la autoridad del autor, luego la del narrador y por ultimo la de la comunidad. El
autor escribre procesos sociales de manera institucionalizada y aceptable, el narrador liga la narración a circunstancia
reconocibles y la comunidad cuya representante es siempre la familia pero tambien la nacion. Asi, la novela se convierte
en una narración histórica concreta, moldeada por la historia real de la naciones reales. La apropiación de la Historia, la
historizacion del pasado y la narrativizacion de la sociedad, que otorgan sus energías a la novela, incluyen la acumulación
y diferenciación del espacio social, del espacio utilizado con propósitos sociales. Subyacentes al espacio social están los
territorios, las tierras, los dominios geográficos, los asentamientos geográficos reales del imperio y tambien la contienda
cultural. Pensar acerca de lugares lejanos, colonizarlos o poblarlos y despoblarlos ocurre a causa de la tierra, en ella y de
ella trata. En ultima instancia el imperialismo trata de la posesión real y geográfica de la tierra. La lucha abierta del
imperio comienza cuando conciden, por un lado, el control real con el poder y por otro, un lugar real con la idea de lo
que ese lugar determinado era. El imperialismo y la cultura a aquel asociada afirman a la vez la primacia de la geografía y
la de la determinada ideología acerca del control del territorio. Ese sentimiento de lo geográfico fabrica proyecciones
imaginaria, cartográficas, militares, económicas, históricas o en general culturales. Hace posible tambien la construcción
de varios tipos de saberes, todos ellos de una manera u otra dependientes del carácter y destino, asi percibidos de cada
geografía. La novela sanciona un orden espacial moral y al impartir en su conclusión una jerarquía subyacente de familia
propiedad y nacion confarma un fuerte sentimiento escénico de espacio compartido. Por ultimo la narrativa de ficción y
la historia son tareas domesticas de la cultura basadas en la potencia del registro, la ordenación y la observación
provenientes de un sujeto central y capaz de autorizar su discurso, el yo. Y no cualquier miembro de la sociedad tiene el
poder de representar y describir.