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Historia del TDA en Niños

El documento resume brevemente la historia del trastorno por déficit de atención (TDA) desde las primeras descripciones en el siglo XVIII hasta la actualidad. Los primeros escritos datan de 1798 y describían síntomas de "inquietud mental", mientras que en 1902 George Still realizó la primera descripción científica del trastorno. En la actualidad, el DSM-5 reconoce el TDA como un trastorno común en la niñez que se caracteriza por problemas de atención, hiperactividad e impulsividad.
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Historia del TDA en Niños

El documento resume brevemente la historia del trastorno por déficit de atención (TDA) desde las primeras descripciones en el siglo XVIII hasta la actualidad. Los primeros escritos datan de 1798 y describían síntomas de "inquietud mental", mientras que en 1902 George Still realizó la primera descripción científica del trastorno. En la actualidad, el DSM-5 reconoce el TDA como un trastorno común en la niñez que se caracteriza por problemas de atención, hiperactividad e impulsividad.
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Breve Historia del TDA

El autor Rafael Guerrero (2016) relata una breve historia sobre cómo se comenzaron a
relacionar los síntomas del trastorno del déficit de atención con las dificultades en el aprendizaje. Él
explica que las alusiones a cuadros similares a lo que hoy se conoce como TDA se remontan a hace,
por lo menos, dos siglos. No se referían a él con el nombre que utilizamos en la actualidad, aunque
sí que hacían descripciones de comportamientos de niños que tenían unos síntomas muy parecidos a
lo que hoy conocemos como TDA.
Históricamente hablando, encontramos los primeros escritos sobre el TDA en una obra del
médico escocés Sir Alexander Crichton que data del año 1798. En dicha obra, que tenía por título
“Una investigación sobre la naturaleza y el origen de la enajenación mental”, Crichton describía los
síntomas de lo que hoy conocemos como TDA. A esta manifestación le dió el nombre de mental
restlessness (inquietud mental), y ponía el acento en la dificultad de los chicos que la padecían para
poder prestar atención de manera correcta.
En 1845, el alemán Heinrich Hoffman, médico psiquiatra, escritor e ilustrador de cuentos,
publica la obra “Der Struwwelpeter 40 TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON
HIPERACTIVIDAD” (Pedro Melenas), una recopilación de diez cuentos sobre diferentes
problemas y patologías en la infancia. Uno de estos relatos se titula Felipe el nervioso y en él se
describen los problemas de atención e hiperactividad de este niño.
En 1899, Clouston sostenía que este trastorno de hiperexcitabilidad se debía a una
disfunción en el córtex cerebral. Unos años más tarde, en 1902, George Still, médico inglés, publica
un artículo en la prestigiosa revista Lancet donde describe a un grupo de niños con una serie de
síntomas muy parecidos a lo que hoy denominamos TDA con presentación combinada, es decir,
niños con inatención, muy movidos, que no tenían en cuenta a sus compañeros, insensibles a las
consecuencias de sus acciones, etc. Es la primera descripción científica sobre el TDA. Este pediatra
inglés ya anticipaba que la etiología de estos síntomas no estaba basada en la educación que recibía
el niño de sus padres, sino que era un trastorno neurológico en el que la herencia jugaba un papel
muy importante. Según Still, estos niños tenían dificultades para organizarse, para realizar
conductas que suponían un esfuerzo voluntario, y tenían graves problemas para inhibir sus
impulsos.
En 1937, el psiquiatra estadounidense Charles Bradley descubre por casualidad los efectos
que tiene la administración de una anfetamina (benzedrina) a un grupo de jóvenes indisciplinados
de un internado. Estos chicos manifestaban problemas de conducta y obediencia. Pocos días
después, Bradley pudo comprobar que la anfetamina administrada había mejorado la conducta de
los jóvenes y su rendimiento académico también mejoró considerablemente. En los años cuarenta se
comprobó que algunas sustancias y medicamentos presentaban en ocasiones reacciones paradójicas:
por ejemplo, se había visto que los estimulantes tipo anfetamina, que en población general
producían inquietud y activación, hacían que los niños con hiperactividad se relajaran. En cambio,
los calmantes como el fenobarbital, que en la población general provocan relajación y disminución
de la ansiedad, en estos chicos tenían un efecto estimulante. Con estos hallazgos se empezó a
administrar psicoestimulantes a niños con TDA.
Es concretamente en 1945 cuando se sintetiza por primera vez el metilfenidato, el principio
activo de estos psicoestimulantes. Hasta los años cincuenta se concebía que estos síntomas eran
producto de un claro daño cerebral. Aun así, se vio que había niños que manifestaban esos mismos
síntomas, pero no habían sufrido ningún daño cerebral evidente. Por esta razón se pensó que los
síntomas de falta de atención, impulsividad, inquietud motora y problemas de memoria eran
consecuencia de un daño cerebral ligero, difícilmente perceptible, o de una disfunción general. A
este conjunto de síntomas de causas aún desconocidas se lo pasó a denominar «daño cerebral
mínimo», para posteriormente pasar a llamarse «disfunción cerebral mínima».
Con este concepto pretendían hacer ver que la causa de los síntomas tenía que ver con un
daño cerebral, pero difícilmente perceptible. Este diagnóstico se convirtió en un cajón de sastre para
todos los casos que no encajaban en otros diagnósticos. La comercialización del metilfenidato se
produce por primera vez en 1954, con el nombre comercial de Ritalín.
A partir de los años cincuenta se otorga a este conjunto de síntomas el nombre de
«síndrome hipercinético». En esta época aún dominan las concepciones conductistas, lo que implica
que todos los trastornos y dificultades son concebidos como un problema exclusivamente de
conducta y por tanto no se atiende a los aspectos cognitivos del niño (distracción, nerviosismo, falta
de atención, problemas en la memoria, etc.). En 1952 se publica la primera edición del DSM
(Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, traducido al castellano como Manual
diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). En esta primera edición no se hace mención de
este trastorno. En el año 1968 aparece por primera vez recogido el TDA en el DSM-II con el
nombre de «trastorno hipercinético impulsivo» («hyperkinetic impulse disorder»). El psiquiatra
Leon Eisenberg fue clave para que se incluyera este trastorno en el DSM-II, y colaboró activamente
para que el metilfenidato se administrase a los pacientes que presentaban estos síntomas.
Es a partir de la década de los setenta cuando los aspectos cognitivos y no observables
comienzan a adquirir relevancia en la concepción de esta patología. En esta década hay un creciente
interés por los aspectos cognitivos, en contraposición a la etapa conductista que dominó la primera
mitad del siglo xx.
En este trastorno, gracias al predominio de la escuela cognitiva, se pone el acento en los
procesos básicos y superiores afectados: dificultad para mantener la atención, pobre memoria
operativa, baja motivación, déficit en el control de impulsos, etc. La corriente cognitiva viene a
poner el acento en los procesos no observables (atención, memoria, razonamiento, emociones, etc.),
aspectos que no habían sido tenidos en cuenta en la etapa conductista. Virginia Douglas encontró en
1972 que la presentación del síndrome inatento podía ir acompañada o no de hiperactividad. Sus
trabajos tuvieron gran influencia en el DSM-III (1980), que permitía distinguir entre estos dos
subtipos del síndrome y ponía el foco en las dificultades de atención del niño como la parte
definitoria del trastorno, siendo el problema de conducta algo accesorio o secundario. Tanto fue así
que en el DSM-III, la categoría diagnóstica que aparece es el trastorno por déficit de atención
(TDA).
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA) era una subcategoría del
TDA. Sin embargo, la aparición del DSM-III-R en 1987 elimina esta distinción, quedando recogido
el cuadro como trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA). En los años ochenta,
además, se desarrolla una mayor conciencia del trastorno en población general y surgen las
primeras asociaciones de padres y madres de niños afectados con TDA.
En España, el metilfenidato comienza a comercializase en el año 1981 con el nombre
comercial de Rubifén. Uno de los aspectos positivos de este medicamento es su liberación
inmediata, lo que implica que sus beneficios se aprecian en el niño al poco tiempo de que éste lo
tome.
En 1992, la OMS (Organización Mundial de la Salud) publica la «Clasificación
internacional de enfermedades» (CIE), en su décima versión, CIE-10, donde se recoge el TDA
como una entidad diagnóstica y con el nombre de «trastorno hipercinético».
En 1994, la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) publica el DSM-IV, donde aparece
el TDA como categoría diagnóstica dentro de los trastornos de inicio en la infancia, la niñez y la
adolescencia. También, junto al TDA, se encuentran el trastorno disocial y el trastorno negativista
desafiante. Además del diagnóstico de TDA, el clínico debe especificar cuál de los tres subtipos
predomina en el paciente: predominantemente inatento, hiperactivo-impulsivo o combinado.
Russell Barkley, uno de los científicos y estudiosos sobre el TDA de mayor prestigio a nivel
mundial, señala que dicha patología no se limita a los síntomas de inatención, impulsividad e
hiperactividad. Los niños que son diagnosticados de TDA tienen una dificultad importante en las
funciones ejecutivas, localizadas en el lóbulo frontal. Las funciones ejecutivas son las habilidades
de tipo cognitivo que nos permiten alcanzar una determinada meta.
Barkley propone otra denominación alternativa al TDA y es la de «trastorno por déficit de
autorregulación» (Self-Regulation Deficit Disorder). En mayo del 2013 aparece el DSM-5 en su
versión inglesa y un año después aparece traducido al castellano. Las diferencias entre el DSM-5 y
el DSM-IV no son muy significativas en cuanto al TDA se refiere, pero se explican de una manera
detallada en su capítulo dedicado al diagnóstico de este trastorno.
Trastorno de déficit de atención e hiperactividad
Según el DSM-5 el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDA) es uno de los
trastornos más comunes en la niñez y puede continuar hasta la adolescencia y la edad adulta. Los
síntomas incluyen dificultad para concentrarse y prestar atención, dificultad para controlar la
conducta e hiperactividad (actividad excesiva).
Señales para identificar el TDA
Hay tres principales señales o síntomas de TDA/H. Estas son:
-Problemas para poner atención.
-El ser muy activo (llamado hiperactividad).
-Actuar antes de pensar (llamado impulsividad).
Se puede encontrar mayor información sobre estos síntomas en un libro titulado Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales-IV-TR (DSM-IV-texto revisado), el cual es
publicado por la American Psychiatric Association (2000). Basándose en aquellos síntomas, se han
encontrado tres tipos de TDA/H.
Tipos de TDA
Existen tres tipos de TDA:
Predominantemente hiperactivo-impulsivo
–La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de hiperactividad-
impulsividad.
–Se presentan menos de seis síntomas de inatención, aunque que la inatención aún puede estar
presente hasta cierto grado.
Predominantemente inatento
–La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de la inatención y se
presentan menos de seis síntomas de hiperactividad-impulsividad, aunque la hiperactividad-
impulsividad aún puede estar presente hasta cierto grado. – los niños que padecen este tipo son
menos propensos a demostrarlo o tienen dificultades para llevarse bien con otros niños. Puede que
estén tranquilos, pero no quiere decir que están prestando atención a lo que están haciendo. Por lo
tanto, la conducta del niño puede ser pasada por alto y los padres y los maestros puede que no noten
que el niño padece del TDA.
Combinación de hiperactivo-impulsivo e inatento
–Están presentes seis o más síntomas de inatención y seis o más síntomas de hiperactividad-
impulsividad.
–La mayoría de los niños padecen el tipo combinado del TDA.
Los tratamientos pueden aliviar muchos de los síntomas del trastorno, pero no existe cura. Con
tratamiento, la mayoría de las personas que padecen del TDA pueden tener éxito en la escuela y
vivir vidas productivas. Los investigadores están desarrollando tratamientos e intervenciones más
eficaces y usando nuevas herramientas como imágenes cerebrales, para comprender mejor el TDA y
encontrar maneras más eficaces de tratarlo y prevenirlo.
Síntomas del TDA
La inatención, la hiperactividad y la impulsividad son los comportamientos clave del TDA.
Es normal que los niños a veces no presten atención o sean hiperactivos o impulsivos, pero en los
niños con el TDA, estas conductas son más severas y ocurren con más frecuencia. Para recibir un
diagnóstico de este trastorno, un niño debe tener síntomas durante seis meses o más y en un grado
mayor del que presentan otros niños de la misma edad.
Los niños que tienen síntomas de inatención pueden:
-Distraerse fácilmente, no percibir detalles, olvidarse de las cosas y con frecuencia cambiar de una
actividad a otra.
-Tener dificultad para concentrarse en una sola cosa.
-Aburrirse con una tarea después de tan solo unos minutos, excepto que estén realizando una
actividad placentera.
-Tener dificultad para concentrarse en organizar y completar una tarea o en aprender algo nuevo.
-Tener problemas para completar o entregar tareas; con frecuencia, pierden las cosas (p. ej., lápices,
juguetes, asignaciones) que se necesitan para completar las tareas o actividades.
-Parecen no escuchar cuando se les habla.
-Sueñan despiertos, se confunden fácilmente y se mueven lentamente.
-Tienen dificultad para procesar información de forma rápida y precisa como los demás.
-Tienen dificultad para seguir instrucciones.
Los niños que tienen síntomas de hiperactividad pueden:
-Estar inquietos y movedizos en sus asientos.
-Hablar sin parar
-Ir de un lado a otro, tocando o jugando con todo lo que está a la vista.
-Tener problemas para sentarse y estar quietos durante las comidas, la escuela y cuando se les lee
cuentos.
-Estar en constante movimiento.
-Tener dificultad para realizar tareas o actividades que requieran tranquilidad.
Los niños que tienen síntomas de impulsividad pueden:
-Ser muy impacientes.
-Hacer comentarios inapropiados, mostrar sus emociones sin reparos y actuar sin tener en cuenta las
consecuencias.
-Tienen dificultad para esperar por cosas que quieren o para esperar su turno en los juegos.
-Interrumpen con frecuencia conversaciones o las actividades de los demás.
Causas del TDA
Los científicos no están seguros cuales son las causas del TDA, aunque muchos estudios
sugieren que los genes tienen un rol importante. Como sucede con otras enfermedades, el TDA es
probablemente el resultado de una combinación de factores. Además de la genética, los
investigadores están tratando de encontrar posibles factores medioambientales y están estudiando de
qué manera las lesiones cerebrales, la nutrición y el entorno social podrían contribuir al desarrollo
del TDA.
Los genes. Los genes son los “planos” de nuestro organismo que heredamos de nuestros
padres. Varios estudios internacionales de gemelos demuestran en sus resultados que el TDA
frecuentemente se transmite en las familias. Los investigadores están buscando varios genes que
podrían hacer que la gente sea más vulnerable a padecer el trastorno. Si algún día se conocieran los
genes responsables de dicho trastorno, los investigadores podrían evitarlo antes de que se
desarrollen los síntomas. Aprender sobre los genes específicos podría también conducir a mejores
tratamientos.
Los niños que padecen del TDA quienes tienen una versión particular de cierto gen, tienen un tejido
cerebral más delgado en las áreas del cerebro asociadas con la atención. Esta investigación del
NIMH demostró que la diferencia no era permanente, sin embargo, y a medida que los niños que
tienen este gen crecían, el cerebro llegaba a alcanzar un nivel normal de grosor. Al igual que
síntomas del TDA también mejoraron.
Los factores ambientales. Los estudios sugieren que existe un vínculo potencial entre el consumo de
tabaco y alcohol durante el embarazo y en el TDA en los niños. Asimismo, los niños en edad
preescolar que están expuestos a altos niveles de plomo, que se encuentra a veces en cañerías o en
la pintura en edificios viejos, pueden tener un mayor riesgo de desarrollar el TDA.
Las lesiones cerebrales. Los niños que han sufrido una lesión cerebral pueden mostrar algunas
conductas similares a las de quienes padecen del TDA. Sin embargo, solo un porcentaje pequeño de
niños con TDA han sufrido una lesión cerebral traumática.
El azúcar. La idea de que la azúcar refinada causa el TDA o empeora los síntomas es común, pero
la investigación descarta esta teoría en lugar de sustentarla. en un estudio, los investigadores les
dieron a dos grupos de niños alimentos que contenían azúcar o un sustituto del azúcar un día sí y un
día no. Los niños que recibieron azúcar no demostraron tener una conducta o capacidades de
aprendizaje diferentes de quienes recibieron el sustituto de azúcar. Otro estudio en el que los niños
recibieron cantidades mayores que el promedio de azúcar o sustitutos de azúcar mostró resultados
similares.
En otro estudio, los niños cuyas madres creían que sus hijos eran sensibles al azúcar recibieron el
sustituto del azúcar llamado aspartamo. Aunque a todos los niños se les dio aspartamo, a la mitad de
sus madres se les dijo que a sus hijos se les había dado azúcar, y a la otra mitad se les dijo que a sus
hijos se les había dado aspartamo. Las madres que pensaban que sus hijos habían recibido azúcar
los describieron como más hiperactivos que los otros niños y fueron más severas al criticar su
conducta, en comparación con las madres que pensaban que sus hijos habían recibido aspartamo.
Los aditivos alimentarios. Una reciente investigación británica indica que puede existir un vínculo
entre el consumo de ciertos aditivos alimentarios, como colorantes artificiales o conservantes, y un
aumento en la actividad. Se están realizando investigaciones para confirmar estos hallazgos y para
aprender más sobre como los aditivos alimentarios pueden afectar la hiperactividad.
Como diagnosticar el TDA
Los niños maduran a ritmos diferentes y tienen personalidades, temperamentos y niveles de
energía diferentes. La mayoría de los niños se distraen, actúan impulsivamente y se esfuerzan para
concentrarse en un momento u otro. A veces, estos factores normales pueden confundirse con el
TDA. Los síntomas del TDA generalmente aparecen a una temprana edad, generalmente entre los 3
y 6 años, y dado que los síntomas varían de una persona a otra, el trastorno puede ser difícil de
diagnosticar. Primero, los padres pueden notar que su hijo pierde el interés en ciertas cosas antes
que otros niños o parece estar constantemente “fuera de control”. Con frecuencia, los maestros son
los primeros en notar los síntomas, cuando un niño tiene dificultades para seguir normas, o con
frecuencia “se aísla” en el salón de clases o el patio de recreo.
No existe una sola prueba que pueda diagnosticar que un niño padece del TDA. Por lo
contrario, un profesional de la salud con licencia necesita reunir información sobre el niño, su
conducta y su entorno. La familia puede que quiera hablar con el pediatra del niño primero.
Algunos pediatras pueden evaluar al niño ellos mismos, pero muchos derivarán a la familia a un
especialista de la salud mental con experiencia en trastornos mentales de la niñez, como el TDA.
Primero el pediatra o especialista de la salud mental intentará descartar otras razones para los
síntomas. Por ejemplo, ciertas situaciones, eventos o afecciones de la salud pueden causar
conductas pasajeras en un niño que parece tener el TDA. Entre ellos, el pediatra y el especialista
determinarán si un niño:
-Está sufriendo convulsiones aún no diagnosticadas que podrían asociarse con otras afecciones
médicas.
-Padece una infección del oído medio que está causando problemas de audición.
-Tiene algún problema de visión o audición aun no diagnosticado.
-Tiene algún problema médico que afecta su pensamiento y su conducta.
-Tiene algún problema de aprendizaje.
-Padece de ansiedad o depresión u otros problemas psiquiátricos que podrían causar síntomas
similares al TDA.
-Ha sido afectado por un cambio significativo y repentino, como la muerte de un miembro de la
familia, un divorcio o la pérdida de empleo de la madre o el padre.
Un especialista también verificará los registros escolares y médicos para obtener indicios,
ver si el hogar o la escuela del niño parecen ser inusualmente estresantes o perjudiciales y reunir
información de los padres y docentes del niño. Se puede hablar con entrenadores, niñeras y otros
adultos que conozcan bien al niño. El especialista también preguntará lo siguiente:
-¿Son las conductas excesivas y de largo plazo? ¿Afectan todos los aspectos de la vida del niño?
-¿Suceden con más frecuencia en este niño en comparación con sus compañeros?
-¿Son las conductas un problema continuo o la reacción a una situación pasajera?
-¿Ocurren las conductas en diferentes ámbitos o solo en un lugar, como el patio de juegos, el salón
de clase o el hogar?
El especialista presta mucha atención a la conducta del niño durante diferentes situaciones.
Algunas situaciones son muy estructuradas, otras menos. Algunas requieren que el niño siga
prestando atención. La mayoría de los niños con el TDA pueden controlar mejor sus conductas en
situaciones en las que están recibiendo atención individual y cuando tienen la libertad de
concentrarse en actividades placenteras. Estos tipos de situaciones son de menos importancia en la
evaluación. Un niño también puede ser evaluado para ver cómo actúa en situaciones sociales y
puede ser sometido a pruebas de habilidad intelectual y logros académicos para ver si padece un
problema de aprendizaje.
Finalmente, si después de recolectar toda esta información el niño cumple con los criterios
para el diagnóstico del TDA, se le diagnosticará el trastorno.
Cómo tratar el TDA
Los tratamientos disponibles en la actualidad se centran en reducir los síntomas del TDA y
mejorar el funcionamiento. Los tratamientos incluyen medicamentos, diferentes tipos de
psicoterapia, educación o capacitación, o una combinación de tratamientos.
Medicamentos
El tipo más común de medicamento que se usa para tratar el TDA se denomina
“estimulante”. A pesar de que puede parecer poco inusual tratar el TDA con un medicamento que se
considera un estimulante, en realidad, tiene un efecto calmante en los niños con el TDA. Muchos
tipos de medicamentos estimulantes están disponibles. Algunos otros medicamentos para el TDA
no son estimulantes y funcionan de manera diferente que los estimulantes. Para muchos niños, los
medicamentos para el TDA reducen la hiperactividad y la impulsividad y mejoran la capacidad para
concentrarse, trabajar y aprender. Los medicamentos también pueden mejorar la coordinación
física.
Sin embargo, no puede usarse un enfoque “uniforme” para todos los niños con el TDA. Lo
que funciona para un niño puede no funcionar para otro. Un niño puede tener efectos secundarios
con cierto medicamento, mientras que otro niño puede no tenerlos. A veces, se deben probar varios
medicamentos o dosis diferentes antes de encontrar uno que funcione para un niño en particular.
Los cuidadores y médicos deben monitorear de cerca y cuidadosamente a todo niño que esté
tomando medicamentos. Con el tiempo, la lista de medicamentos crecerá, a medida que los
investigadores continúan desarrollando nuevos medicamentos para el TDA.
Los efectos secundarios más comúnmente reportados son pérdida de apetito, problemas
para dormir, ansiedad, e irritabilidad. Algunos niños también reportan dolores de estómago o
dolores de cabeza leves. La mayoría de los efectos secundarios son leves y desaparecen con el
tiempo o si el nivel de la dosis se reduce.
-Disminución del apetito. Asegúrese de que su niño coma alimentos saludables. Si este efecto
secundario no desaparece, consulte con el médico de su hijo. También hable con el médico si está
preocupado por el crecimiento o aumento de peso, mientras que este está tomando este
medicamento.
-Problemas para dormir. Si un niño no puede conciliar el sueño, el médico puede prescribir una
dosis más baja de este medicamento o una variedad de acción corta. El médico puede también
sugerir darle el medicamento más temprano en el día o abandonar la dosis de la tarde o la noche. A
veces, si se presentan problemas para dormir, puede ser útil agregar una dosis baja de un
antidepresivo o un medicamento para la presión sanguínea llamado clonidina. También puede ser
útil mantener una rutina de sueño consistente que incluya elementos de relajación, como leche tibia,
música suave o actividades tranquilas con luz tenue.
-Efectos secundarios menos comunes. Algunos niños desarrollan movimientos o sonidos repentinos
y repetitivos llamados tics. Estos tics, pueden o no ser notorios. Cambiar la dosis del medicamento
puede hacer que los tics desaparezcan. Algunos niños también pueden manifestar un cambio de
personalidad, como parecer “apáticos” o sin emociones. Hable con el médico de su hijo si observa
alguno de estos efectos secundarios.
Los medicamentos actuales no curan el TDA, más bien, controlan los síntomas durante el
período en el que se toman. Los medicamentos pueden ayudar a un niño a prestar atención y
completar las tareas de la escuela. No está claro, si los medicamentos pueden ayudar a los niños a
aprender o a mejorar sus habilidades académicas. Agregar una terapia conductual, consejería y
apoyo práctico, puede ayudar a los niños con el TDA y a sus familias a afrontar mejor los
problemas cotidianos. Las investigaciones financiadas por el instituto nacional de la Salud mental
(NIMH, por sus siglas en inglés) han demostrado que los medicamentos funcionan mejor cuando el
tratamiento se controla periódicamente por el médico que los receta y la dosis se ajusta en función a
las necesidades del niño.
Educación, Crianza y Psicoterapia
Se usan diferentes tipos de psicoterapia para tratar el TDA. La terapia conductual tiene
como objetivo ayudar a un niño a cambiar su conducta. Puede implicar ayuda práctica, como ayudar
a organizar tareas o completar el trabajo escolar, o superar eventos emocionalmente difíciles. La
terapia conductual también le enseña al niño cómo monitorear su propia conducta. Aprender a darse
elogios o premios por actuar de una manera deseada, como controlar la ira o el pensar antes de
actuar, es otro de los objetivos de la terapia conductual. Los padres y maestros también pueden
expresar comentarios positivos o negativos para ciertas conductas.
Asimismo, normas claras, listas de tareas y otras rutinas estructuradas pueden ayudar que
un niño controle su conducta. Los terapistas pueden enseñarles a los niños habilidades para
socializar, como de qué manera esperar su turno, compartir juguetes, pedir ayuda o responder a
burlas. Aprender a leer las expresiones faciales, el tono de voz en otras personas y cómo responder
de manera adecuada puede ser parte también de la capacitación de habilidades para socializar.
Los niños que padecen del TDA necesitan guía y comprensión por parte de sus padres y
maestros para alcanzar todo su potencial y tener éxito en la escuela. Antes de que se diagnostique el
trastorno, frustración, culpa e ira puede haberse acumulado en la familia. Tanto los niños como los
padres puede que necesiten ayuda especial para superar esos sentimientos adversos. Los
profesionales de la salud mental pueden educar a los padres acerca del TDA y de qué manera afecta
a una familia. También ayudarán al niño y sus padres a desarrollar nuevas habilidades, actitudes y
formas para relacionarse entre sí.
La capacitación para el desarrollo de habilidades de crianza de los hijos ayuda a los padres a
aprender a usar un sistema de recompensas y consecuencias para cambiar la conducta del niño. Se
les enseña a los padres que brinden comentarios positivos inmediatos para conductas que desean
alentar e ignorar o reorientar conductas que desean desalentar. En algunos casos, se pueden usar el
“tiempo fuera” cuando la conducta del niño se descontrola. En un “tiempo fuera”, el niño es retirado
de la situación que desencadena la ira y se le sienta solo por un breve periodo de tiempo para que se
calme.
También se les anima a los padres a compartir una actividad placentera o relajante con el
niño, a fin de observar y señalar lo que el niño hace bien y elogiar las fortalezas y habilidades del
niño. Pueden también aprender a estructurar situaciones de maneras más positivas. Por ejemplo,
pueden restringir la cantidad de compañeros de juego a uno o dos, de manera que el niño no se
sobre estimule. O bien, si el niño tiene dificultades para completar tareas, los padres pueden
ayudarlo a dividir las tareas grandes en pasos más pequeños y más manejables. Además, los padres
pueden utilizar técnicas para aprender a controlar el estrés y así mejorar su habilidad para afrontar
las frustraciones, de manera que puedan responder con calma ante la conducta de su hijo.
A veces, toda la familia puede necesitar terapia. Los terapistas pueden ayudar a los
miembros de la familia a encontrar mejores formas de controlar las conductas perjudiciales y
fomentar cambios conductuales. Finalmente, los grupos de apoyo ayudan a los padres y familias a
conectarse con otras familias que padecen problemas y preocupaciones similares. Los grupos se
reúnen regularmente para compartir frustraciones y logros, intercambiar información sobre
especialistas y estrategias recomendadas y para hablar con expertos.
Comorbilidad
Algunos niños con el TDA padecen también de otras enfermedades o afecciones. Por
ejemplo, pueden padecer de uno o más de la lista a continuación:
-Un problema de aprendizaje. Un niño en edad preescolar con un problema de aprendizaje puede
tener problemas para entender ciertos sonidos o palabras o tener problemas para expresarse con
palabras. Un niño en edad escolar puede tener dificultad para leer, deletrear, escribir y para las
matemáticas.
-Trastorno de oposición desafiante. Los niños que padecen esta afección, en la cual un niño es
excesivamente terco o rebelde, con frecuencia discuten con los adultos y se niegan a obedecer las
normas.
-Trastorno de conducta. Esta afección incluye conductas en las cuales el niño puede mentir, robar,
pelear o intimidar a los demás. Puede llegar a destruir la propiedad, ingresar ilegalmente a casas o
portar o usar armas. Estos niños o adolescentes tienen también un mayor riesgo de usar sustancias
ilegales. Los niños con un trastorno de conducta están en riesgo de meterse en problemas en la
escuela o con la policía.
-Ansiedad y depresión. Tratar el TDA puede ayudar a disminuir la ansiedad o algunas formas de
depresión.
-Trastorno bipolar. Algunos niños que padecen el TDA pueden también sufrir este trastorno, en el
cual se presentan cambios de estado ánimo extremos, que van desde la manía (un estado de ánimo
excesivamente exaltado) a la depresión en breves periodos de tiempo.
-Síndrome de Tourette. Muy pocos niños padecen este trastorno cerebral, pero muchos de quienes
lo padecen, también padecen el TDA. Algunas personas con el síndrome de Tourette tienen tics
nerviosos y gestos repetitivos, como parpadeos de los ojos, tics faciales o muecas. Otros carraspean,
resoplan o aspiran frecuentemente o gritan palabras inadecuadas. Estas conductas pueden
controlarse con medicamentos.
-El TDA también puede coexistir con un trastorno del sueño, enuresis nocturna, abuso de sustancias
u otros trastornos o enfermedades.
Recomendaciones
Consejos para ayudar a los niños a mantenerse organizados y seguir instrucciones:
-Horario. Mantener la misma rutina todos los días, desde el momento de levantarse hasta el
momento de acostarse. Incluya tiempo para las tareas escolares, juegos al aire libre y actividades en
lugares cerrados. Mantener el horario en el refrigerador o en un tablero de anuncios en la cocina.
Escribir cualquier cambio en el horario con la mayor anticipación posible.
-Organizar las tareas diarias. Tener un lugar para todo y mantenga cada cosa en su lugar. Esto
incluye la ropa, las mochilas y los juguetes.
-Usar tareas y cuadernos organizadores. Usar organizadores para el material de la escuela y los
suministros. Acentuar la importancia de anotar las tareas y traer a casa los libros necesarios.
-Ser claro y consistente. Los niños con el TDA necesitan reglas consistentes que puedan entender y
seguir. Ofrecer elogios o recompensas cuando se obedecen las normas. Los niños con el TDA
frecuentemente reciben y esperan ser criticados. Observe las buenas conductas y elógielas.
Consejos para padres
-Aprenda más acerca de TDA/H. Mientras más sabe, más puede ayudarse a sí mismo y a su niño.
Vea la lista de recursos y organizaciones al final de esta publicación.
-Elogie a su niño cuando haga bien su trabajo. Refuerce las habilidades de su niño. Hable sobre y
fomente sus potencialidades y talentos.
-Sea claro, consistente, y positivo. Establezca reglas claras para su niño. Dígale lo que debe hacer,
no solamente lo que no debe hacer. Sea claro acerca de lo que ocurrirá si su niño no sigue las reglas.
Tenga un programa de recompensa para la buena conducta. Elogie a su niño cuando demuestre las
conductas que a usted le gustan.
-Aprenda acerca de estrategias para manejar la conducta de su niño. Estas incluyen valiosas técnicas
tales como: hacer una carta gráfica, tener un programa de recompensa, ignorar conductas,
consecuencias naturales, consecuencias lógicas, y tiempo de descanso (“time-out”). El uso de estas
estrategias resultará en conductas más positivas y una reducción de conductas problemáticas. Usted
puede leer más acerca de estas técnicas en muchos libros. Vea “Recursos” al final de esta
publicación.
-Hable con su médico para ver si acaso los medicamentos pueden ayudar a su niño.
-Ponga atención a la salud mental de su niño (¡y a la suya!). Sea abierto a la idea de asesoramiento.
Esto podría ayudarle con los desafíos de criar un niño con TDA/H. Podría ayudar a su niño a tratar
con la frustración, a sentirse mejor acerca de sí mismo, y a aprender más sobre las destrezas
sociales.
-Hable con otros padres cuyos niños tienen TDA/H. Los padres pueden compartir consejos
prácticos y apoyo emocional. Encontrar grupos de padres cerca de usted.
-Reúnase con la escuela y desarrolle un plan educacional para tratar las necesidades de su niño.
Tanto usted como los maestros de su niño deben obtener una copia escrita de este plan.
-Manténgase en contacto con el maestro de su niño.
Consejos para maestros
-Aprenda más acerca de TDA/H. Los recursos que aparecen al final de esta publicación le ayudarán
a identificar estrategias para el apoyo de la conducta y maneras efectivas de apoyar al alumno
educacionalmente. Más abajo hemos incluido algunas estrategias.
-Averigüe cuáles cosas específicas son difíciles para el alumno. Por ejemplo, un alumno con
TDA/H podría tener dificultades al comenzar una tarea, mientras que otro podría tener dificultades
al terminar una tarea y comenzar la siguiente. Cada alumno necesita ayuda diferente.
-Reglas y rutinas claras ayudan a los alumnos con TDA/H. Fije las reglas, horarios, y asignaciones.
Establezca horas para desempeñar tareas específicas. Llame atención a cualquier cambio en el
horario.
-Enséñele al alumno cómo usar un libro de asignaciones y un horario diario. Enséñele además
destrezas de estudio y estrategias para aprender, y refuerce éstas regularmente.
-Ayude al alumno a conducir sus actividades físicas (por ejemplo, deje que el alumno haga su
trabajo de pie o en el pizarrón). Proporcione descansos regulares.
-Asegúrese de que las instrucciones sean dadas paso por paso, y que el alumno siga las
instrucciones. Proporcione instrucciones tanto verbales como escritas. Muchos alumnos con TDA/
H también se benefician de realizar los pasos como tareas separadas.
-Trabaje junto con los padres del alumno para crear e implementar un plan educacional preparado
especialmente de acuerdo a las necesidades del alumno. Comparta regularmente información sobre
cómo le está yendo al alumno en el hogar y escuela.
-Tenga altas expectaciones para el alumno, pero esté dispuesto a probar nuevas maneras de hacer
las cosas. Tenga paciencia. Maximice las oportunidades del alumno para lograr el éxito.
Actividades de rehabilitación cognitiva

Cuando hablamos de TDA (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) nos estamos


refiriendo a un trastorno de tipo neurobiológico que tiene su origen en la infancia y que conlleva la
aparición de déficit de atención, hiperactividad y en ocasiones impulsividad. En concreto si nos
centramos en la etapa infantil podemos encontrar varias dificultades, muchas de ellas centradas en
el ámbito escolar. A continuación presentamos algunas actividades que colaboran al tratamiento de
niños diagnosticados con TDA.

1. Las siete diferencias

Una actividad muy común dentro de los pasatiempos clásicos y que podemos encontrar en multitud
de cuadernos y de actividades e incluso en periódicos y revistas. Consiste en encontrar las
diferencias existentes entre dos dibujos prácticamente idénticos. Se puede ir variando el nivel de
dificultad y con él se puede trabajar la atención a los detalles y la memoria de trabajo.

2. Sopas de letras

Continuamos por las actividades clásicas y conocidas por todos. En esta actividad tendremos que
localizar determinadas palabras dentro de unos paneles con letras al azar. Tendremos que
discriminar esas palabras del resto de letras. En otras variantes tendremos que buscar letras
concretas, descubrir un mensaje con las letras que no se han usado e incluso responder a preguntas
para saber qué palabras buscar. Podemos complicarlo tanto como queramos.

Esta actividad resulta útil para que los niños con TDA trabajen aspectos tan relevantes como la
atención selectiva, la capacidad de planificación y también la inhibición del comportamiento.

3. Moverse a cámara lenta

Otra manera que se puede utilizar para trabajar la atención, la inhibición y también la gestión del
comportamiento del niño es realizar determinadas acciones concretas a cámara lenta. Esto se puede
plantear como una actividad tanto en grupo como de forma individual. En un primer momento se
puede hacer con conductas aisladas, después con acciones que estén relacionadas e incluso se puede
crear una historia a partir de esto. Por ejemplo, se les puede decir a los niños que son astronautas
que están en la luna y que deben hacer algunas tareas, después dejarles actuar como ellos quieran.

4. La técnica de la tortuga

Esta es una técnica que, aunque simple, ayuda al niño a aprender a regular su conducta y como
consecuencia de ello también, en la medida de lo posible, a controlar su impulsividad. El juego es
sencillo, se trata de que el pequeño aprenda a transformarse en una tortuga. Las tortugas se mueven
lentamente y actúan poco a poco y cuando hay alguna amenaza se esconden en su caparazón y de
esta manera pueden tranquilizarse.

5. Los juegos de parejas

Volvemos a otro juego clásico que nos puede ser muy útil para trabajar memoria y atención con
nuestro hijo. En este juego, normalmente de cartas, aunque puede jugarse con otros elementos,
tendremos que encontrar las parejas entre un grupo de cartas que se encuentran boca abajo.
Tendremos que levantarlas solo de dos en dos y si no se acierta hay que volverlas a dejarlas tapadas.

6. Los juegos de construcción

Los juegos de bloques o los mecanos, son elementos que fomentan la creatividad del niño y que
además requieren atención a los detalles, capacidad de planificación, regulación de conducta y
psicomotricidad. Son actividades muy versátiles que pueden adaptarse fácilmente a los gustos,
preferencias y destrezas del pequeño.

7. Jugar al eco

Con esta actividad vamos a trabajar la atención y la memoria de trabajo verbal, además nos
proporciona la ventaja de que se realiza el grupo, de manera que también nos permite trabajar
aspectos de interacción social. En este juego un niño dice una palabra cualquiera y el resto tiene que
repetir las últimas sílabas como si fueran el eco. También puede hacerse más complejo de forma
que el eco no lo hagan todos los niños a la vez, sino que tendrían que hacerlo de forma escalonada.

8. Juguemos a las palabras

En este juego trabajaremos la atención sostenida. Como casi todos los juegos que hemos estado
exponiendo, tiene diversas formas de hacerlo. Nosotros iremos diciendo letras al azar y el niño
tendrá que hacernos una señal cuando escuche aquella letra por la que empiece su nombre. La señal
puede ser cualquiera, una palmada, levantar la mano…
Otra variante de este juego sería hacerlo con palabras, en la que lo que digamos al azar sean
palabras y que el niño deba indicarnos cuando aparezca una en concreto.

9. ¿Qué objeto es el que falta?

En este juego se le presentan al niño un número de objetos y este tiene un tiempo para fijarse en
ellos y memorizarlos. Después se le pide que cierre los ojos y en ese momento se retira uno. El niño
tendrá que decirnos cuál se ha sacado del conjunto. Este juego puede complicarse de diversas
maneras: Añadiendo más objetos, dejando menos tiempo para memorizar o retirando más de un
objeto.

10. El juego del ahorcado

Otro juego clásico, fácil y que se puede jugar en cualquier momento y lugar. Consiste en adivinar
una palabra secreta de la que solo conocemos el número de letras que tiene. Iremos diciendo letras y
si acertamos estas se sitúan en la palabra si cometemos un número determinado de fallo de fallos
habremos perdido. Con este juego trabajaremos la capacidad de organización, la atención sostenida,
la inhibición de la conducta y la planificación.

11. Palabras encadenadas

Continuamos con los juegos clásicos y también con aquellos que tienen que ver con las palabras. En
esta actividad tendremos que crear una cadena de palabras, para conseguir esto los jugadores
deberán, por turnos, decir una palabra que empiece por la última sílaba de la palabra anterior. Con
este juego trabajaremos atención y también un aspecto muy relevante por su relación directa con el
juego que es el hecho de esperar el turno.

12. Las imitaciones

En este juego una persona realiza una acción o un conjunto de acciones y el resto de los jugadores
tienen que intentar repetir esa acción de la forma más parecida posible al modelo. Con este ejercicio
estamos trabajando atención y memoria.

13. Inventarnos un idioma

La idea con este ejercicio es que nos inventemos un símbolo para cada una de las letras del alfabeto.
Con esta clave podremos escribir todos los mensajes los que queramos y el niño tendrá que
descifrarlos. Esta técnica puede combinarse con otros juegos como puedes ser las pistas, un
gymkana o incluso un Escape Room.
14. Los puzles

No podemos olvidar este clásico de los juegos con los que podremos entrenar la atención. Son
muchas las variantes disponibles y también los niveles de dificultad. En este sentido podremos
elegir el tipo de puzle, la temática del mismo e incluso el número de piezas.

15. Simón dice

Con este juego se puede trabajar la habilidad de concentración y también la de recibir y asimilar
instrucciones. Uno de los jugadores asume el rol de Simón y es el que va enumerando lo que hay
que hacer. Los jugadores solo tienen que seguir las instrucciones que comiencen con la frase
“Simón dice”. Se eliminan a aquellos jugadores que no sigan las instrucciones precedidas de la frase
anterior y también aquellos que realicen la acción que no va precedida de la frase clave.

 Es conveniente señalar que, sobre todo en aquellos juegos que necesiten gran cantidad de atención,
sería conveniente que estuvieran divididos en pequeñas sesiones de manera que el niño pueda
descansar entre juego y juego. De esta manera evitaremos el agotamiento y también la posible
frustración que pueda surgir.
Bibliografía

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2. DSM-IV-TR workgroup. The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders,
Fourth Edition, Text Revision. Washington, DC: American Psychiatric Association.
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Drugs/DrugSafety/postmarketDrugSafetyinformationforpatientsandproviders/
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