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La misión suicida de Andrés en Putumayo

Andrés era un campesino que fue reclutado por una guerrilla. Vivió malos tratos y decidió escapar después de varios días caminando por la selva. Se entregó a las autoridades y empezó un proceso de desmovilización. Ahora vive con su familia de forma normal.

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La misión suicida de Andrés en Putumayo

Andrés era un campesino que fue reclutado por una guerrilla. Vivió malos tratos y decidió escapar después de varios días caminando por la selva. Se entregó a las autoridades y empezó un proceso de desmovilización. Ahora vive con su familia de forma normal.

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Eran las 7 de la mañana, como todos los días Andrés se preparaba para una jornada más, que

consistía en desarmar su cambuche, empacar sus pocas pertenecías y formar con los demás
guerrilleros, cuenta que eran más de 30, todos a la espera de órdenes, la formación la hacían
cerca del campamento en mitad de un cultivo de coca, este se ubicaba en las selvas del
Putumayo en medio de la nada, como los que suelen verse en las películas de Rambo, pero en
esta historia no existen héroes, todo es un infierno. Eran casi las 8 de la mañana, en la
formación había un rumor, se hablaba de una toma a un campamento de unos soldados que se
encontraban en el área, después de un rato hizo presencia el comandante del bloque, su cara
llena de cicatrices, tal vez por los enfrentamientos o las huidas que hacía entre la espesa selva
cuando se sentía acorralado por el Ejército, era un hombre de unos 37 años, en su mirada se
notaba autoridad e imponía respeto, así lo describe Andrés que cada vez que habla de el en su
voz se nota un tono de odio y rabia, el trato por parte del comandante hacia sus sub alternos
era cruel, con violencia sin ningún respeto, se paró al frente del pelotón, y con una voz
intimidante rápidamente empezó a llamar a algunos guerrilleros, había incertidumbre, solo 15
de los más de 30 guerrilleros fueron escogidos entre ellos Andrés, la incertidumbre cada vez
crecía mas, los rumores fueron confirmados, la misión consistía en tomarse el campamento del
ejército que se encontraba a los alrededores, el comandante les explico en qué consistía la
operación, tenían que tomarse el campamento enemigo y apropiarse de todo el armamento y
comida, sin dejar a nadie vivo, la operación iniciaría al otro día entre las diez y once de la
mañana, ya estaba todo claro, el comandante se retiró sin antes, llevarse una de las compañeras
de Andrés, de aproximadamente de unos 17 años no se sabe qué pasaría con ella, tal vez
cumpliría algunos de sus deseos más obscenos, es algo incierto.

Andrés no quería ser partícipe de esta operación, en su mente corría la idea de escaparse, de
dejar ese infierno atrás, eran ya las 10 de la mañana, después de la reunión que tuvieron con el
comandante, todos volvieron a su lugar de descanso a la espera de más ordenes, llegaron
rumores a oídos del comandante de que Andrés estaba en desacuerdo que lo hubieran escogido
para tal misión, él sabía que era una misión suicida, se había enterado por el radioperador del
bloque, que los soldados del campamento al que iban a emboscar, estaban bien armados que
eran más de 30 y estaban muy bien entrenados, el comandante al enterarse de esto mando a la
mujer que se había llevado minutos antes para que le avisara a Andrés que se presentara ante él
la mujer asustada con llanto en sus ojos se dirigió hasta el cambuche de Andrés pidiéndole un
poco de agua, Andrés sin pensarlo se la dio, después de beberla le hablo un poco agitada y le
dijo : camarada … Camarada, que fue lo que usted hizo? Andrés le contesto: como así de que
me habla? si el comandante lo quiere ver pero ya, esta emputado por algo que usted hizo, vaya
rápido. La mujer salió como alma que lleva el diablo, Andrés tomo su fusil y se dirigió al
cambuche donde se encontraba el comandante, este estaba afuera y apenas lo vio, puso su
mirada fijamente en él, le pidió que le entregara el fusil, el dudo pero no tenía otra opción,
pensó que lo iba a matar con el mismo, pero al recibirlo le dijo: y usted quien putas se cree que
es para desobedecer una orden mía, cogió el fusil y le pego en su rostro, cayó al suelo y en
repetidas ocasiones lo golpeo con insultos incluidos, le decía que lo iba a mandar a consejo de
guerra lo amenazó con hacerlo matar en el mismo, Andrés se levantó cogió su fusil y se paró al
frente del comandante, él le repitió que si tenía alguna objeción a la orden que le había
impartido unas horas antes de la operación que llevarían a cabo, Andrés le respondió con voz
fuerte, sin demostrarle temor : si mi comandante… como usted ordene, se dirigió a su
cambuche, lleno de ira, esta situación haría que Andrés tomara la decisión de fugarse,
transcurrió la tarde y el empezó a planear como seria su escape.

Por fin llegaría la hora, eran las cuatro de la mañana del 23 de mayo del 2001, todos en el
campamento dormían, uno de sus compañeros estaba prestando su servicio como centinela, no
sospechaba nada, estaban en una selva muy espesa difícil de acceder, aprovecho que todos
dormían para darse a la fuga. Estaba cansado, agotado, pensaba en su familia, los malos tratos y
las desigualdades lo llevaron a tomar esa decisión, ya casi eran las cinco de la mañana, se dirigió
a su cambuche buscando algunas cosas que pensó que eran importantes para aquella
expedición, empaco comida, cosas de aseo y agua tenía mucho miedo, solo le pedía a Dios que
le fuera bien, avanzo por entre los matorrales, aún era oscuro, no encendió ninguna linterna no
quería llamar la atención, llegó a unos 200 metros del campamento sin ser notado, corrió como
nunca había corrido, no sé de donde saco fuerzas, se alejó lo bastante, sin mirar atrás, el ruido
de los pájaros carpinteros golpeando con su pico los árboles, le hacían pensar que lo habían
“pillado” y le estaban disparando, no miro hacia atrás solo siguió corriendo. Llevaba un mapa
que horas antes dibujo en un pedazo de papel, donde ubicaba sitios estratégicos como árboles y
quebradas, en su mente solo quería salir de esa selva, de ese infierno… esto parece sacado de la
película “El Gran Escape” un campo de prisioneros, un Stalag Luft III, parecía imposible…

Después de caminar por más de tres días, y pasar por situaciones difíciles llego a un carretera,
cerca de allí había un caserío, se acercó y pidió ayuda, la gente le temía, rápidamente les
comento la situación por la que estaba pasando, los campesino lo ayudaron el solo les pedía
que lo sacaran de ahí, temía que lo estuvieran buscando, lo llevaron al batallón más cercano allí
se entregó voluntariamente ante las unidades militares del Putumayo y hay empezó el proceso
de desmovilización
Andrés Crespo un campesino que fue rehén de una ideología que con el tiempo no tenía ningún
sentido, nadie se imagina lo que se vive dentro de las filas guerrilleras, nadie entiende lo que
significa vivir bajo amenazas, malos tratos y desigualdades. Pasando por noches frías,
padeciendo hambre y pensando que algún día se perderá la vida en enfrentamientos con el
ejército.
Ahora después de ya casi 13 años de haber pasado por ese infierno como él lo llama, está bajo
la protección del programa de desmovilizados, junto a su familia superando todo eso por lo que
el paso, tiene su propio negocio es comerciante tiene una hija de 7 años a quien ama y daría la
vida por ella, a pesar de todo lo que vivió es una persona alegre, en su cara ya no se le nota las
cicatrices de esa guerra, tuve la oportunidad de compartir con él, me invito un café en su casa,
su mujer muy atenta, tuve la sensación de ver una familia normal, llena de amor y de
comprensión me ayudó mucho para realizar esta crónica, antes de irme me pidió
encarecidamente que citara esta frase en la crónica, no tuve ningún problema en hacerlo, es la
siguiente:
“Nunca podemos juzgar la vida de los demás, porque cada uno sabe de su propio dolor y de su
propia renuncia. Una cosa es suponer que uno está en el camino cierto; otra es suponer que ese
camino en el único”
Asignatura:

Teorías del periodismo.

Crónica

Presenta:

Oscar Fabián Duran Muñoz.

Docente:

Ricardo Arrubla

Bogotá D.C Colombia Mayo, 11, 2015

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