PROCESO NO. 12371 Aprobado Acta No.
113
FECHA DE LA PROVIDENCIA: Santafé de Bogotá D.C., veintinueve (29) de
julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).
MAGISTRADO PONENTE: Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO
TRIBUNAL QUE LA PROFIRIO: CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE
CASACION PENAL
JUZGADO PRIMERA INSTANCIA: Juzgado regional de Cali
FALLADOR DE SEGUNDA INSTANCIA: Tribunal Nacional
IDENTIFICACION DE LOS DELITOS: de REBELION y SECUESTRO
EXTORSIVO.
OBJETO DE JUZGAMIENTO Y DE LOSPRINCIPALES ASPECTOS O
TEMAS PROSESALES Y SUSTANCIALES QUE PLANTEA LA SENTENCIA:
Decide la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto por el
defensor de GILBERTO OSPINA ZAMBRANO contra la sentencia de marzo 13
de 1.996, mediante la cual el Tribunal Nacional condenó a dicho procesado a
25 años de prisión por los delitos de REBELION y SECUESTRO EXTORSIVO
CUESTION FACTICA RESUMEN DE LOS HECHOS QUE GENERAN LA
INVESTIGACION:
1.- En la noche del 6 de agosto de 1.992 Mauricio Arciniegas Vera se
encontraba con unos amigos en el corregimiento de Pance, jurisdicción de
Santiago de Cali, cuando arribaron varios miembros del 8° Frente de las FARC
y secuestraron al mencionado comerciante, exigiendo luego 400.000 dólares
por su liberación. El 29 de dicho mes Arciniegas fue rescatado por una patrulla
del Ejército Nacional y se fue para su residencia en Manizales, adonde
siguieron llamando los subversivos, concretamente el segundo comandante de
ese Frente, conocido como "Marcial" y que resultó ser Gilberto Ospina
Zambrano, quien justamente fue capturado por la Policía el 8 de septiembre del
citado año, cuando desde la ciudad de Cali llamaba por teléfono a la referida
residencia de Arciniegas Vera. En el momento de dicha aprehensión se
incautaron videos donde se daban muestras de supervivencia del secuestrado
y unas casetes correspondientes a conversaciones que conciernen a tal delito.
2.- En versión dada ante el Jefe de la Unidad Investigativa de la Policía Judicial
(fl. 18 cdno. No. 1), el imputado Ospina Zambrano contó el recorrido que desde
muy joven ha tenido en las filas subversivas, reconociéndose ahora como
segundo comandante del 8° Frente de las llamadas Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), y haber realizado el secuestro que se le
atribuye por órdenes de "Alfonso Cano".
ACTUACION PROSESAL, HACER EL RECUENTOI DE LAS DIFERENTES
ACTUACIONES PROSESALES HASTA LLEGAR A LA CASACION
3.- Abierta la investigación, la Fiscalía indagó al imputado, quien repitió todos
esos antecedentes en las filas revolucionarias, pero afirmó que desde que
perteneció al M-19 y fue amnistiado, no ha ejecutado conducta alguna contra
las leyes y que, por tanto, nada tiene que ver con el referido secuestro.
Al enterársele de lo que aparece diciendo en la versión policial, respondió que
fue presionado y amenazado por la Policía para que aceptara en esos términos
la responsabilidad en el secuestro (fl. 30).
- Decidida la detención preventiva por los delitos de rebelión y secuestro (fl.
36), se practicaron varias pruebas y, cerrada la investigación, ésta se calificó
con resolución acusatoria de abril 23 de 1.994, proferida por la Fiscalía
Regional de Cali (fl. 349. cdno. No. 2) y se le reprocharon a Ospina Zambrano
los delitos de rebelión, secuestro extorsivo y extorsión tentada (C.P. arts.
125, 268 -6° dto. 2790/90 y 355).
Apelada por el defensor, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal por medio de
resolución de agosto 2 de 1.994, (fl. 398) confirmó la acusación por rebelión
y secuestro, decretando la nulidad parcial con respecto al delito de
extorsión, al considerar que a su respecto se había sorprendido al procesado
y se imponía la expedición de copias y la ruptura de la unidad procesal.
4.- Un Juzgado Regional de Cali citó para audiencia (fl. 570) y, en armonía
con la acusación, dictó sentencia de septiembre 20 de 1.996, mediante la
cual condenó al procesado a 25 años de prisión, fallo que, apelado por el
defensor de Ospina Zambrano, recibió entera confirmación del Tribunal
por medio del suyo que es objeto del recurso extraordinario (fl. 19 cdno.
Tribunal).
CARGOS DE LA DEMANDA
Primer cargo
Con base en el artículo 220-3 del Código de Procedimiento Penal se aduce
la nulidad sobre la base de que el fallador de segundo grado "desconoció
prueba documental glosadas (sic) a la sumaria en cuestión" (fl. 70 cdno.
Tribunal), en la cual constaba que (sic)" "me alzé en rebeldía contra la
decisión que negó la libertad provisional al procesado, apelación que fue
concedida en el efecto suspensivo, a pesar de lo cual el juzgador de primera
instancia dictó sentencia, cosa que estima irregular y no advertida por el
Tribunal, por lo que señala violados "el debido proceso y el derecho de
defensa", aparte de que, al estar suspendida, el fallador de primer grado
carecía de competencia.
Pide entonces la nulidad de lo actuado a partir del pronunciamiento "cuando la
competencia estaba suspendida" (fl. 71 infra).
Segundo cargo
Al amparo del artículo 220 citado alega la violación indirecta de la ley, la cual
hace consistir en que en la averiguación preliminar el imputado fue oído en
versión libre sin la presencia de un defensor, versión que se tuvo en cuenta
para condenar, "y la grabación (sic) que se hizo bajo tortura física, como se
desprende del análisis que se realice (sic) a la transcripción del casete que se
encuentra relacionado a fls..." (fl. 72), y que parcialmente transcribe el censor.
Insiste en la vulneración del "principio de legalidad de la prueba" y pide que
se case el fallo.
Tercer cargo
Aduce la violación directa de la ley (art. 220-1 cit. cuerpo 1°.), por "exclusión"
del artículo 268 del Código Penal, ya que el secuestro se cometió en persona
no cualificada y sin ánimos terroristas, y anota que la conducta se llevó a cabo
"antes de la vigencia de la 40 de 1.993" (fl. 76).
Solicita que se case el fallo "en cuanto a la redosificación de la pena" (fl. 77).
CONCEPTO DE LA PROCURADURIA
Primer cargo
Conceptúa el señor Procurador Primero Delegado en lo Penal que si bien el
juzgador de primer grado erró al conceder en el efecto suspensivo la apelación
interpuesta contra el auto que negó la libertad provisional, de todos modos el
proceso continuó, como era lo legal, pues la competencia realmente no
debía suspenderse, como lo prevé el artículo 204 del Código de
Procedimiento Penal al consagrar el efecto devolutivo, a más de que la
ejecutoria de esa clase de decisiones es meramente formal.
Conceptúa entonces que el cargo de nulidad no prospera.
Segundo cargo.
Con respecto a la ausencia de abogado en la versión libre que rindió el
acusado, opina que esa prueba resulta inválida frente al artículo 29 de la
Carta Política y no puede, por lo tanto, ser tenida en cuenta, mas si se
observa el fallo impugnado dicha versión "no fue fundamento único" del
mismo (fl. 11 infra. cdno. Corte), pues también se consideraron las
declaraciones de los policiales Bilver Aimel Astorquiza, Lenis Bonilla Gersaín y
Oscar Espinosa Quiñonez, "quienes al decir del Tribunal 'dan cuenta de la
situación de flagrancia en que fue aprehendido el procesado, cuando
telefónicamente insistía en las mencionadas exigencias económicas a nombre
de las Farc'".
Añade que, además, los cargos fueron ratificados por la propia víctima y de tres
declarantes que afirman haber recibido llamadas telefónicas del acusado.
Con relación a que la referida versión libre fue obtenida mediante torturas
y amenazas, dice la Delegada, que esa afirmación no está respaldada en
prueba alguna y no es creíble, dado que a dicha diligencia acudió como
garantía un representante del Ministerio Público, quien no dejó
constancia sobre el vicio argüido.
Indica que, de todos modos, ya se dijo que la sentencia atacada no dependió
de esa prueba, pero que como se han denunciado dichas torturas y éstas "no
fueron dilucidadas en el proceso", sugiere que se expidan las respectivas
copias con destino a la Justicia Penal Militar.
Considera entonces que el cargo no sale avante.
Tercer cargo.
Sobre la falta de aplicación del artículo 268 del Código Penal, anota para la
época de los hechos estaba vigente el artículo 6° del decreto 2790 de 1.990
tipificador del secuestro extorsivo antes previsto en los artículos 22 del
decreto 180 de 1.988 y 268 del Código Penal, no consagrando dicho artículo
6° la calificación del sujeto pasivo ni la gravedad de ese delito.
Concluye entonces que la norma a aplicar "era el artículo 268 del Código
Penal, modificado en cuanto a la pena por el artículo 6° del decreto 2790 de
1.990, convertido en legislación permanente por el artículo 11 del decreto
2266 de 1.991", por lo cual el cargo no debe prosperar. Pide, pues, que la
sentencia no se case y reitera la referida expedición de copias.
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
Cargo primero
Es cierto que la apelación interpuesta contra el auto mediante el cual el
Juzgado Regional de Santiago de Cali negó la libertad provisional al
procesado, fue concedida en el efecto suspensivo (fl. 627), pero también lo
es que tal cosa debió hacerse en el efecto devolutivo, como lo enseña, por
exclusión, el literal c) del artículo 204-5 del Código de Procedimiento Penal.
Es decir que no obstante ese yerro formal, realmente la competencia del Juez
Regional no se suspendió (art. 203 id.) y entonces no comporta ninguna
trascendencia que, concedido así el recurso, se haya entrado a dictar el fallo
de primera instancia (fl. 628), de ahí que el Tribunal, cuando revisó la
misma, tampoco haya incurrido en la omisión que le censura el
demandante, al no pronunciarse sobre tal defecto en la concesión del
recurso, máxime que tal tema no era objeto de impugnación ni constituía
violación de las garantías al acusado, condiciones en las cuales resulta
insólita la afirmación del censor de que por la alegada "suspensión de
competencia" el Tribunal no la había adquirido para proferir el fallo.
No prospera el cargo.
Segundo cargo.
Si bien el censor invoca la violación indirecta de la ley, no precisa, como es la
obligación de todo casacionista, si el error es de hecho o de derecho, y si se
trata de este último (por ausencia de un requisito para la validez de la prueba),
cuál es su especie, si por falso juicio de legalidad o de convicción.
Ha repetido esta Sala que la casación es recurso extraordinario
precisamente porque, a diferencia de las instancias, el sustento del
mismo (es decir la demanda) debe cumplir con las rigurosas exigencias
de fondo y forma previstas en los artículos 225 y siguientes del Código de
Procedimiento Penal.
Sin perjuicio de lo anterior, de todos modos se pasa a examinar el
reproche:
Es evidente la razón que asiste al casacionista cuando aduce que la versión
libre que el procesado Ospina Zambrano rindió en la Policía (fl. 18 cdno. Nro. 1)
se torna inexistente por la no presencia allí de un apoderado (C.P.P. art. 322 y
art. 29 C.N.), pero también deviene ostensible que, a pesar de la invalidez de
esa diligencia, no demuestra el demandante, ni la Sala lo ve, que la sentencia
atacada vaya siquiera a tambalear por su ausencia, ya que otros varios medios
de convicción se tuvieron en cuenta para fundamentar dicho fallo condenatorio.
En efecto, los sentenciadores de instancia recordaron la situación de flagrancia
en que fue aprehendido el procesado, cuando llamaba por teléfono a la víctima
del secuestro, como ratificaron los policiales testigos Bilmer Amiel Astorquiza,
Lenis Bonilla Gersaín, Oscar Espinosa Quiñonez, Oscar Martínez Toro y José
Fernando Valencia Ortiz. También se apoyaron en los testimonios de Luz
Adriana Carmona Montoya, Margarita Malva de Navarro y Elsa Giraldo López,
quienes recibieron en Manizales las llamadas extorsivas de "Marcial".
Finalmente los juzgadores consideraron que cuando la víctima habló por
teléfono con "Marcial", por la voz reconoció a la misma persona que le hablaba
cuando estaba secuestrado (fl. 24 cdno. Tribunal).
Desde luego que los censores en casación deben impugnar toda la prueba en
que se basó el sentenciador para decidir, pues si, como en este caso, se
limitan a controvertir una mínima parte de la masa probatoria de cargo, éste
deviene del todo inane y no tiene éxito.
Con respecto a la petición de la Delegada consistente en que se expidan
copias con destino a la Justicia Penal Militar para efectos de las torturas que
afirma el procesado y repite el casacionista, la Sala no encuentra que dicha
compulsa proceda, ya que, por una parte, el representante de la Personería
Municipal, doctor Luis Enrique Ladinez, "deja constancia de que el aquí
presente Gilberto Ospina Zambrano, no presenta huellas de maltrato físico o
moral, lo cual es corroborado por el mismo al ser preguntado sobre el mismo",
según se puede ver a folio 18, en diligencia que desde luego también suscribió
el referido Ministerio Público.
El "buen trato" que se le dio a dicho imputado es también corroborado por los
policiales que intervinieron en su captura (fls. 70, 75, 76, 79 y 110).
Por otra parte es bien diciente en orden a desechar esas "torturas" alegadas
posteriormente, que la versión y la injurada de Ospina Zambrano coinciden en
cuanto a los antecedentes que contó sobre su pertenencia a diversos
movimientos subversivos, difiriendo únicamente por lo que atañe a este
concreto delito de secuestro que se le imputó, del cual se infiere que buscó
evadir responsabilidad con la aducción en su indagatoria de las referidas
amenazas y coacciones, las cuales, como se dijo, están huérfanas de todo
respaldo procesal.
De ahí que no se accederá a la petición nombrada.
Tercer cargo.
Recuérdese que el delito de secuestro del señor Mauricio Arciniégas Vera tuvo
ocurrencia entre el 6 y el 29 de agosto de 1.992, cuando ya estaba vigente
el artículo 6° del decreto 2790 de 1.990, (adoptado como legislación
permanente, art. 11 dto. 2266/91), según el cual la pena es de 20 a 25 años
de prisión cuando, entre otros eventos, el delito de secuestro -entre otras
cosas- persiga los objetivos enunciados en el artículo 268 del Código
Penal", fines extorsivos que se reprocharon al acusado por la exigencia
de dinero a la víctima y/o a su familia.
La equivocación del casacionista consiste en entender que el aumento de pena
que trajo el referido artículo 6°, se aplica únicamente al secuestro que se lleve
a cabo en persona cualificada o con fines terroristas, pero ya se vio que
también procede la agravante si se dan los mencionados propósitos del artículo
268.
Como en esa norma, pues, ancló el Tribunal la conducta del acusado, no hubo
error en su elección y por lo tanto el reparo no sale avante.
La sentencia entonces no se casará.
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de Casación
Penal, parcialmente de acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
RESUELVE
1.- NO CASAR el fallo recurrido.
2.- No expedir las copias referidas en el concepto de la Delegada.
En firme esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal de origen.
PROCESO NO. 13381 Aprobado Acta No.092.
FECHA DE LA PROVIDENCIA: Santa Fe de Bogotá, D.C., junio veintidós
(22) de dos mil (2000)
MAGISTRADO PONENTE: Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO
TRIBUNAL QUE LA PROFIRIO: CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE
CASACION PENAL
JUZGADO PRIMERA INSTANCIA: Juzgado Regional de Barranquilla
FALLADOR DE SEGUNDA INSTANCIA: Tribunal Nacional
IDENTIFICACION DE LOS DELITOS: HOMICIDIO CON FINES
TERRORISTAS Y CONSERVACIÓN ILEGAL DE ARMAS DE USO
PRIVATIVO DE LAS FUERZAS ARMADAS.
OBJETO DE JUZGAMIENTO Y DE LOSPRINCIPALES ASPECTOS O
TEMAS PROSESALES Y SUSTANCIALES QUE PLANTEA LA SENTENCIA
ideas centrales de la sentencia:
Decide la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto por el
defensor de LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ contra la sentencia de
diciembre 4 de 1996, mediante la cual el entonces Tribunal Nacional condenó a
dicho procesado a 42 años de prisión por los delitos de homicidio con fines
terroristas y conservación ilegal de armas de uso privativo de las Fuerzas
Armadas.
CUESTION FACTICA RESUMEN DE LOS HECHOS QUE GENERAN LA
INVESTIGACION:
1.- El 23 de enero de 1993 los agentes de la Policía Nacional Luis Alfonso
Sánchez Ortegón y José Vicente Sánchez Moscoso compartían con el Cabo
Segundo de la misma institución Abelardo Zabala Zabala, en el “Asadero Las
Pampas” de Aguachica, Departamento del Cesar. Aproximadamente a las 9 y
media de la noche abandonaron dicho sitio y se dirigieron hacia un vehículo
marca Renault 4. Se disponían a abordar el mismo cuando irrumpieron LUIS
ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ y otros dos individuos y comenzaron a
disparar pistolas calibre 9 mm, causando así la muerte de Sánchez Ortegón y
lesiones en los otros dos policiales. Los agresores huyeron.
Por informaciones anónimas se supo que uno de los agresores se encontraba
en la residencia de la calle 8a, número 3-50 de dicho municipio. Al día
siguiente -24 de enero- la Policía allanó este inmueble y capturó al referido
GUERRERO JIMENEZ, quien portaba una pistola marca Browing 9 mm y una
granada de fragmentación.
ACTUACION PROSESAL, HACER EL RECUENTOI DE LAS DIFERENTES
ACTUACIONES PROSESALES HASTA LLEGAR A LA CASACION
2.- La Fiscalía 21 de Aguachica abrió investigación (fl. 5), indagó al
aprehendido, quien negó totalmente su participación en los hechos, afirmando
que durante toda la noche del 23 se dedicó a ver televisión (fl. 53).
Practicadas otras pruebas y decidida la detención preventiva del sindicado, se
cerró investigación y mediante resolución de julio 13 de 1994 (fl. 244)
GUERRERO JIMENEZ fue acusado por homicidios y lesiones personales con
fines terroristas (arts. 29 y 31 dto. 180 de 1988) y conservación de armas de
uso privativo de las Fuerzas Armadas (art. 2o. dto. 3664 de 1986), proveído
que, apelado por el defensor de aquél (el mismo que cumple de casacionista
aquí), fue aprobado enteramente por resolución de junio 2 de 1995 (fl. 4 cdno.
No. 2).
3.- Un Juzgado Regional de Barranquilla asumió el juicio y, entre otras
pruebas, oyó en ampliación de indagatoria al acusado (fl. 369), quien dijo
pertenecer a la Unión Camilista del Ejército de Liberación Nacional -UCELN-,
“Frente Camilo Torres Restrepo”, y que a él y a sus dos acompañantes les
encomendaron la tarea de hablar “con un señor” que estaba en el “Asadero Las
Pampas” y que presumiblemente financiaba grupos paramilitares. Dice que ya
se iban acercando a donde dicho señor estaba, cuando les comenzaron a
disparar, viéndose ellos obligados a responder también con sus armas de
fuego. Afirma que resultó levemente herido en el hombro, que no le encontró la
Policía nada (ni pistola ni granada), y que no supieron finalmente si quienes
abrieron fuego contra ellos eran policías o paramilitares.
4.- Se concedió la libertad provisional al procesado de conformidad con el
artículo 415-2 del Código de Procedimiento Penal, la cual no pudo hacerse
efectiva por el tiempo que tomó notificar dicha providencia y consignar el dinero
fijado como caución, y porque, luego de citar para sentencia, el revocando la
libertad Juzgado Regional, mediante sentencia de julio 31 de 1996 (fl. 479),
en armonía con la acusación, condenó al procesado a 18 años de prisión,
provisional concedida y ordenando la expedición de copias para
investigar el delito de rebelión en que probablemente estaba incurso
GUERRERO JIMENEZ.
5.- Al revisar por apelación dicho fallo, el Tribunal, por medio del que
ahora es objeto de la impugnación extraordinaria (fl. 3 cdno. Trib.),
decidió:
a.- Las heridas que sufrieron los policiales Sánchez Moscoso y Zabala Zabala
no constituyen lesiones personales sino tentativa de homicidio, por lo
cual declaró la nulidad parcial de lo actuado por errónea calificación.
b.- Cuando sucedieron los hechos ya estaba vigente la ley 40 de 1993, cuyos
artículos 29 y 30 (mod. arts. 323 y 324 C.P.), tipificaban el delito de
homicidio agravado con fines terroristas, de manera idéntica a sus
homólogos del decreto 180 de 1998, diferenciándose únicamente en cuanto
a la pena, mayor en aquéllos y que lo llevó a modificar el fallo para imponer al
acusado 42 años de prisión por los referidos delitos de homicidio y
conservación ilegal de armas, considerando que al proceder agravando la
pena como lo hizo, estaba facultado porque, no obstante ser el defensor del
procesado apelante único, la sentencia era consultable.
c.- Para que se investigara la posible mora que se dio en el proceso y que
condujo a liberar provisionalmente al acusado, por vencimiento de los términos,
ordenó el Tribunal expedir las respectivas copias con destino al Consejo
Seccional de la Judicatura.
d.- Confirmó en lo demás el fallo, el cual fue recurrido en casación por el
acusado y su defensor (fls. 35 y ss.).
6.- La Fiscalía, basándose en una documentación aportada por la Penitenciaría
La Picota, informó al Tribunal que el procesado GUERRERO JIMENEZ, fue
“rescatado” por un “comando del ELN”, cuando el 24 de abril de 1997 cumplía
una cita médica en la “Clínica Pro familia”, ubicada en la calle 23 con Avenida
Caracas de esta capital (fls. 82 y ss. cdno. Tribunal).
El Tribunal no se pronunció al respecto.
2.- La Fiscalía 21 de Aguachica abrió investigación (fl. 5), indagó al
aprehendido, quien negó totalmente su participación en los hechos, afirmando
que durante toda la noche del 23 se dedicó a ver televisión (fl. 53).
Practicadas otras pruebas y decidida la detención preventiva del sindicado, se
cerró investigación y mediante resolución de julio 13 de 1994 (fl. 244)
GUERRERO JIMENEZ fue acusado por homicidios y lesiones personales
con fines terroristas (arts. 29 y 31 dto. 180 de 1988) y conservación de
armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas (art. 2o. dto. 3664 de
1986), proveído que, apelado por el defensor de aquél (el mismo que
cumple de casacionista aquí), fue aprobado enteramente por resolución
de junio 2 de 1995 (fl. 4 cdno. No. 2).
3.- Un Juzgado Regional de Barranquilla asumió el juicio y, entre otras
pruebas, oyó en ampliación de indagatoria al acusado (fl. 369), quien dijo
pertenecer a la Unión Camilista del Ejército de Liberación Nacional -UCELN-,
“Frente Camilo Torres Restrepo”, y que a él y a sus dos acompañantes les
encomendaron la tarea de hablar “con un señor” que estaba en el “Asadero Las
Pampas” y que presumiblemente financiaba grupos paramilitares. Dice que ya
se iban acercando a donde dicho señor estaba, cuando les comenzaron a
disparar, viéndose ellos obligados a responder también con sus armas de
fuego. Afirma que resultó levemente herido en el hombro, que no le encontró la
Policía nada (ni pistola ni granada), y que no supieron finalmente si quienes
abrieron fuego contra ellos eran policías o paramilitares.
4.- Se concedió la libertad provisional al procesado de conformidad con el
artículo 415-2 del Código de Procedimiento Penal, la cual no pudo hacerse
efectiva por el tiempo que tomó notificar dicha providencia y consignar el dinero
fijado como caución, y porque, luego de citar para sentencia, el Juzgado
Regional, mediante sentencia de julio 31 de 1996 (fl. 479), en armonía con la
acusación, condenó al procesado a 18 años de prisión, revocando la
libertad provisional concedida y ordenando la expedición de copias para
investigar el delito de rebelión en que probablemente estaba incurso
GUERRERO JIMENEZ.
5.- Al revisar por apelación dicho fallo, el Tribunal, por medio del que ahora es
objeto de la impugnación extraordinaria (fl. 3 cdno. Trib.), decidió:
a.- Las heridas que sufrieron los policiales Sánchez Moscoso y Zabala
Zabala no constituyen lesiones personales sino tentativa de homicidio,
por lo cual declaró la nulidad parcial de lo actuado por errónea
calificación.
b.- Cuando sucedieron los hechos ya estaba vigente la ley 40 de 1993, cuyos
artículos 29 y 30 (mod. arts. 323 y 324 C.P.), tipificaban el delito de
homicidio agravado con fines terroristas, de manera idéntica a sus
homólogos del decreto 180 de 1998, diferenciándose únicamente en cuanto
a la pena, mayor en aquéllos y que lo llevó a modificar el fallo para
imponer al acusado 42 años de prisión por los referidos delitos de
homicidio y conservación ilegal de armas, considerando que al proceder
agravando la pena como lo hizo, estaba facultado porque, no obstante ser
el defensor del procesado apelante único, la sentencia era consultable.
c.- Para que se investigara la posible mora que se dio en el proceso y que
condujo a liberar provisionalmente al acusado, por vencimiento de los términos,
ordenó el Tribunal expedir las respectivas copias con destino al Consejo
Seccional de la Judicatura.
d.- Confirmó en lo demás el fallo, el cual fue recurrido en casación por el
acusado y su defensor (fls. 35 y ss.).
6.- La Fiscalía, basándose en una documentación aportada por la Penitenciaría
La Picota, informó al Tribunal que el procesado GUERRERO JIMENEZ, fue
“rescatado” por un “comando del ELN”, cuando el 24 de abril de 1997 cumplía
una cita médica en la “Clínica Pro familia”, ubicada en la calle 23 con Avenida
Caracas de esta capital (fls. 82 y ss. cdno. Tribunal).
El Tribunal no se pronunció al respecto.
CARGOS
Primer cargo
Al amparo del artículo 220-1 se aduce la violación directa de la ley, error
cometido “sobre la EXISTENCIA, en la medida en que el juzgado NO
APLICO EL PRECEPTO QUE CORRESPONDIA APLICAR” (fl. 51 infra.
mayúsculas del original), que era el artículo 125 del Código Penal, en
concordancia con el artículo 127 ibídem (delito de rebelión), aplicando
erróneamente los artículos 29 y 31 del decreto 180 de 1988: homicidio con
fines terroristas.
Hace unas referencias a la violación directa de la ley, cita la sentencia de
casación proferida por esta Sala el 20 de febrero de 1985 y recuerda que el
proceso “Aceptó el delito de rebelión en la fase final del proceso”, y que
dicha confesión la hizo “porque se tenía la intención de explicar los móviles
eminentemente políticos que determinaron y caracterizaron la acción armada
de aquel entonces. No se tenía la intención de justificar un hecho, porque
como nos pudimos dar cuenta con la ampliación de indagatoria, mi defendido
LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ asumió la responsabilidad en los
hechos al confesar su participación en los mismos. Lo único que el quería, y
fue lo que se hizo, era explicar las razones de dicha acción, para que no se
viera con el simplismo que hasta ahora se ha observado el hecho: como una
ACCION TERRORISTA, en la que desafortunadamente resultaron, muerto un
policía, y herido otro” (fl. 52).
Le critica al sentenciador haber incurrido en el “simplismo” de considerar que
como en la conducta imputada se dispararon armas, la misma “constituye
TERRORISMO”, y agrega (fls. 53 y 54):
“Lo anterior nos pone de presente que para que un rebelde no sea juzgado y
condenado por TERRORISMO, debe estar desprovisto de toda arma dirigida
contra las instituciones del Estado y contra sus funcionarios pertenecientes a
las instituciones armadas. Es decir, para que sea juzgado y condenado por
rebelión, las armas deben permanecer INACTIVAS desde el punto de vista de
los ataques que realizarían contra las instituciones del gobierno, o el Estado
que pretenden derrocar, suprimir, modificar. Como quien dice, la conducta de
rebelión solo se entiende en la actualidad sin armas disparadas contra el
régimen que se ataca o se quiere sustituir por otro. Entonces valdría la pena
que como quiera que el delito o conducta rebelde ya no se entiende, sino solo
sin armas disparadas contra las instituciones armadas del Estado, tendría que
crearse un nuevo tipo de rebelión, o modificarse la actual norma del artículo
125 del Código Penal, en donde desapareciera la parte que dice “mediante
el empleo de las armas” para que entonces sí pudiera entenderse y
comprender que los rebeldes son todos aquellos que pretenden derrocar,
suprimir o modificar el Estado. Entonces la norma ya no diría “Los que
mediante el empleo...condenarla”.
Estima que se desconocieron los móviles políticos, “nobles y altruistas”,
predicables del comportamiento del procesado, y que no puede desconocerse
que “en la zona donde ocurrieron los hechos”, al lado de las organizaciones
armadas “con carácter netamente político operan otras carentes de tales
móviles, comamilitares” (fl. 55), acciones unas y otras que “no podemos
confundir”. Hace unas consideraciones al respecto y concluye a folio 57:
“No nos queda entonces, sino entender, que como quiera que la acción militar
de LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ la realizó en el marco de la
confrontación armada de su organización (UC-ELN) contra la institucionalidad
oficial, se conciba que su conducta se enmarca en el punible de REBELION y
no en otra como erróneamente lo consideraron desde la Fiscalía Regional de
Barranquilla, hasta el Honorable Tribunal Nacional al desatar el recurso de
apelación interpuesto contra la sentencia condenatoria”.
Dice que también se dejó de aplicar el artículo 127 del Código Penal,
refiriéndose luego a consideraciones doctrinales y jurisprudenciales, como
también a la Academia de la Lengua, sobre los términos “ferocidad, barbarie
y terrorismo” que trae dicha norma como excepción de la impunidad “para los
hechos cometidos en combate” por los rebeldes (fls. 58 a 65).
Se queja, pues, de que el Tribunal “confirma la sentencia condenatoria
respecto de los delitos de Homicidio con fines Terroristas y porte ilegal
de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas, con lo cual desconoció
la acción guerrillera, configurada en el ataque armado a los policiales en el
marco del conflicto armado que se desarrolla en Colombia, y por ende siguen
aplicando una norma que no corresponde con la realidad de los hechos. Es
decir no da aplicación a la norma de rebelión (Art. 125 del C.P.) y 127 del
mismo estatuto, sino que desconoce intencionalmente, para el caso de los
hechos concretos dicha conducta, y la enmarca en una norma que, además de
no corresponder con lo que realmente se perseguía por los insurgentes, y
particularmente por LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ, lo perjudica
ostensiblemente al momento de confirmar la sentencia condenatoria,
modificándola solo en la parte cuantitativa al imponer una pena de cuarenta y
dos (42) años y seis (6) meses” (fl. 66).
Efectúa el casacionista unas consideraciones “respecto del delito de homicidio
con fines terroristas”, alude a la “definición del delito de terrorismo” hecha
por el Defensor del Pueblo en comunicación enviada al presidente del
Senado el 8 de junio de 1993 (fls. 69 infra. y 70), y precisa que, así, “Para
el Defensor del Pueblo es claro que el artículo 1o. del decreto 180 de 1.988
abre las puertas a interpretaciones equivocadas, caprichosas y aun arbitrarias,
ya que carece de los elementos necesarios para concretar acertadamente los
alcances de la figura delictiva en él creada” (fl. 72 supra.).
Considera en seguida el demandante.
“El acto terrorista es un acto de violencia planeado y realizado con la
deliberada intención de empavorecer a las víctimas, a los testigos y a los
miembros de la población por él afectada. No todo lo violento es
terrorista. No todo lo que aterra es terrorismo. Para que haya terrorismo
es preciso que la violencia se aplique con la finalidad primordial de
infundir un sentimiento de pavor respecto de un mal amenazante o un
peligro temido. El secuestro y el asesinato de un niño por un delincuente
sexual es un acto de violencia que a muchos aterra, pero mal puede
considerarse como terrorista a su autor. Las operaciones bélicas dirigidas
contra un objetivo legítimo situado en las vecindades de una zona residencial,
causan terror en los civiles, pero no constituyen actos de terrorismo. El
terrorismo es el empleo de la violencia con el propósito específico de
causar terror, conducta que no puede ser confundida con otras cuya
realización afecta el régimen constitucional, la tranquilidad pública, la
libertad de trabajo o el patrimonio económico”.
Habla sobre la situación de permanente violencia que vive este país y anota
que la misma obliga a que “todos los miembros de las instituciones armadas,
sobre todo en Colombia, deben estar alerta, porque de una u otra manera ellos
hacen parte de la confrontación armada, sobre todo si están armados, tal como
se demostró que sí estaban los policiales que fueron atacados por los rebeldes
en el caso que nos ocupa” (fl. 75), y recuerda a continuación las reflexiones
que al respecto hace el tratadista doctor LUIS CARLOS PEREZ.
Termina este reproche sin hacer ninguna petición concreta.
Segundo cargo
Lo enuncia así el censor: “VIOLACIÓN DIRECTA DE LA LEY
SUSTANCIAL: VIOLACION DEL ARTICULO 29 DE LA CONSTITUCION
POLITICA (FAVORABILIDAD Y NO REFORMATIO IN PEJUS: Artículos 10 y
17 del C.P.P.)”, fl. 78 y 79, y agrega en seguida:
“Considero que el H. Tribunal nacional al darle aplicación al artículo 206 del
C.P.P., modificado por el artículo 29 de la ley 81 del 2 de Noviembre de 1.993
(Providencias Consultables), violó de manera directa una norma constitucional
y de procedimiento penal con carácter sustantivo, en la medida en que no
seleccionó de todas las normas procedimentales que regularon el instituto de la
consulta -desde la comisión del ilícito a su juzgamiento- la más favorable al
justiciable, sino que aplicó la más lesiva, la introducida por la ley 81 del 2 de
noviembre de 1.993, regla que se aplicó por parte del Honorable Tribunal
Nacional para agravar la situación sancionatoria de LUIS ENRIQUE
GUERRERO JIMENEZ”.
Estima que en este caso la consulta del fallo condenatorio no procedía, “por la
sencilla razón de que si bien para la fecha en el (sic) que el expediente llegó al
tribunal, la consulta era procedente porque así lo admitía el C. de P.P. (art. 204,
217, etc.), no se puede olvidar que ello fue gracias a la ley 81 de 1993, que
entró a regir el 2 de noviembre de 1993, porque antes, con la norma sobre
consultas contenido en el primigenio del Decreto 2700 de 1991, la consulta no
era procedente para casos como el de GUERRERO JIMENEZ, ya que esa
figura o grado jurisdiccional de consulta sólo se admitía para las sentencias
absolutorias y no para las condenatorias”.
Reitera “la favorabilidad” que debió reconocer el sentenciador, “razón por la
cual debía dar aplicación al aplicación (sic) no reformatio in pejus”, y afirma
que, en tales condiciones, se violó “la norma constitucional que lo obligaba a
respetar el principio de favorabilidad” (fl. 80).
“Por todo lo anterior -culmina-, solicito a este honorable cuerpo de Magistrados,
se sirva Casar la providencia de fecha Diciembre 4 de 1.996, mediante la cual
el honorable Tribunal Nacional confirmó y modificó la sentencia condenatoria,
agravando la pena contra LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ,
reconociendo que es aplicable el principio de favorabilidad en cuanto a que la
norma aplicable es el primigenio artículo 206 del Decreto 2700, razón por la
cual la sentencia de primer grado por ser condenatoria no era consultable,
hecho por el cual al desatar la apelación se debía respetar el principio
constitucional de la no reformatio in pejus”.
CONCEPTO DE LA PROCURADURIA
“A) Inaplicación de una norma”
El señor Procurador Segundo Delegado en lo Penal observa que, no obstante
haber aducido el censor la falta de aplicación de la norma sustancial, por vía
directa, lo que hizo al desarrollar el cargo fue “la personal y subjetiva
apreciación de la prueba, poniendo de relieve a tal fin apartes de las
manifestaciones hechas por el procesado en la ampliación de indagatoria, para
posteriormente, y a partir de allí, entrar a discutir en el ámbito de la valoración
probatoria el alcance y contenido que debe dársele al móvil que guio la
conducta de portar un arma de fuego y quitar la vida a un agente de la policía
(fls. 46 infra. y 47 cdno. Corte), falencia técnica que apoya en la sentencia de
casación de diciembre 4 de 1994, con ponencia del Honorable Magistrado
doctor Nilson Pinilla Pinilla (fl. 48), anotando luego:
“La Rebelión jamás puede proponerse al margen de cómo sucedieron los
hechos, ni mucho menos propender a su tipificación de manera forzada, como
la casacionista lo hace” (fl. 49), y advierte que el homicidio del policial “tampoco
fue resultado de un enfrentamiento armado”, citando en su apoyo la manera
cómo ocurrieron los hechos y parte de la versión que al respecto dio el
procesado (fl. 50).
“B) Errónea selección de la norma”
Dice la Delegada (fls. 51 y 52 cdno. Corte):
“Cotejada la sentencia de segunda instancia de cara a la acusación formulada
por la parte actora se encuentra que no fue acudiendo a la viabilidad de la
consulta, como se produjo el aumento de la pena, sino a consecuencia de un
acto de readecuación típica o selección de la ley aplicable al caso que se
investigó y juzgó.
“Natural resulta que si el tribunal, so pretexto de ajustes de legalidad (aunque
violando el debido proceso, y de lo cual se hará precisión más adelante) hizo el
ajuste de una ley no acoplable a otra aplicable, en razón a su vigencia al
momento de ocurrir el ilícito (23 de enero de 1993), y en la primera aparece
una determinada cantidad de pena, mientras que en la seleccionada con
posterioridad existe una mayor cifra, el resultado fuera el aumento de la pena.
“Indiscutiblemente el aumento se produjo a consecuencia de la readecuación
en el proceso de selección normativa. Es decir, como resultado de la inserción
del acto imputado en el nuevo supuesto tipificador penal.
“Pareciera un contrasentido de nuestra parte, el plantear que la corrección que
se hiciera a efectos de ajustes de legalidad de la adecuación típica vigente y
por ende de la pena, se tornó en una violación al debido proceso, en tanto, en
cuanto se podrá replicar con sólidos argumentos y por ende respetables, que
en manera alguna el efectuar correcciones - ajustes de legalidad tipificante y de
penalidad legal aplicable, antes que violar el debido proceso, implica es ser fiel
al mismo, y que para dicho evento no opera, ni ha lugar a la violación de la
limitante constitucional de la reformatio in pejus, como jurisprudencialmente se
ha afirmado”.
Empero, dice no compartir tal criterio jurisprudencial, y advierte que lo
procedente era “haber declarado la nulidad a partir de la resolución de
acusación, por ilegalidad en la misma, al haberse imputado efectuando una
imputación jurídica con base en una normativa que para la fecha de la comisión
del ilícito ya no estaba en vigencia; procedimiento con el que a criterio de la
delegada, no hubo repítase violación a la reformatio en pejus, más si violación
al debido proceso” (fl. 53).
Sin perjuicio de lo dicho, estima que, así el fallo impugnado estuviera sometido
a consulta, como el defensor fue el apelante único del mismo, no se podía
agravar la pena, ya que al respecto el artículo 31 de la Carta Política es
imperativo y no admite excepción alguna a la prohibición de en tal caso
modificar en lo peor la sentencia (fls. 54 y 55), y sin que pueda admitirse la
tesis de esta Sala (por ej. en sent. de octubre 28 de 1.997 M.P. Dr. Carlos E.
Mejía E.) de que en estos eventos de ilegalidad de la pena impuesta en el fallo,
la operación de la segunda instancia no es agravatoria sino que “obedece al
postulado de la legalidad de la pena” (fl. 55).
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
Nulidad sugerida por la Delegada
Con fundamento en el principio de prioridad la Sala examinará en primer
término dicha nulidad (C.P.P. art. 220-3), pues de prosperar la misma resultaría
superfluo el examen de los dos cargos de violación directa que hace el
demandante.
Como se vio en su oportunidad la Procuraduría conceptúa que el Tribunal
Nacional incurrió en “vía de hecho” cuando, con el argumento de aplicar
el principio de legalidad de la pena, modificó el fallo que condenó al
procesado por homicidio con fines terroristas previsto en el artículo 29
del decreto 180 de 1988, considerando, en cambio, que eran aplicables los
artículos 29 y 30-8 de la ley 40 de 1993, vigente para el momento de los
hechos. Considera que, en esas condiciones, la sentencia no es congruente
con la acusación y que “se modificó la adecuación típica” precisada en ésta.
Opina la Delegada, pues, que la vía legal a tomar por el Tribunal era la
declaratoria de nulidad a partir del proveído calificatorio, más no la
“corrección” que en dichos términos hizo.
Pues bien: para sustentar la criticada “corrección” el Tribunal comparó las
mencionadas disposiciones y dedujo a folio 11:
“Como no existe ninguna variación en la adecuación típica y el error consiste
en la cita de la norma y solo tiene incidencia frente a la pena, no se presenta
ninguna irregularidad sustancial que pueda afectar de nulidad lo actuado, esto
es, que puede válidamente esta instancia aplicar la norma vigente para la fecha
de los hechos, en acatamiento al principio de la legalidad de la pena, que
impone la aplicación de las normas preexistentes al hecho que se imputa”.
Luego de establecer que el homicidio en el agente ORTEGON SANCHEZ se
cometió con fines terroristas, dijo a folio 15:
“Como puede observarse, los hechos se adecúan perfectamente tanto en la
norma derogada citada en el pliego de cargos y en la sentencia, como en las
vigentes para la fecha de los hechos, razón para corregir el yerro en esta
instancia sin que se incurra en variación de la adecuación típica o
inconsonancia entre la acusación y el fallo, tal como se desprende de la
comparación de los dos textos, el derogado y el vigente”.
Luego, para sustentar la dosificación punitiva el Tribunal insistió en que con la
acusación y el fallo de primera instancia “se vulneró el principio de legalidad
que se detectó” (fl. 20), y que:
“La imposición de la pena conforme a la norma en cita, tal como se explicó con
antelación, no comporta ninguna irregularidad que pueda invalidar la sentencia.
En sustento de esta afirmación, cabe como anillo al dedo transcribir apartes de
la sentencia proferida por la H. Corte Suprema de Justicia el 6 de Octubre de
1,994, con ponencia del Doctor Ricardo Calvete Rangel)”.
Pues bien: a LUIS ENRIQUE GUERRERO JIMENEZ se le acusó y condenó en
primera instancia por haber tipificado su accionar en el artículo 29 del decreto
180 de 1988 (acogido como legislación permanente en el decreto 2266 de
1991, art. 4o.), que tipificaba el “homicidio con fines terroristas” en miembros de
la Policía Nacional, y que traería como pena prisión de 15 a 25 años. Por su
parte el Tribunal Nacional, al revisar por apelación y consulta dicho fallo, estimó
que como el policial Luis Alfonso Sánchez Ortegón fue objeto de dicho delito el
23 de enero de 1993, la ley preexistencia y, por tanto aplicable, era la 40 de
1993, vigente a partir del 20 de enero de tal año y que en su artículo 29
sanciona el referido delito con pena de prisión de 25 a 40 años, en este caso
con el agravante previsto en el artículo 30-8 ibídem, esto es cuando el
homicidio se cometa “con fines terroristas” o en miembro de la Fuerza Pública,
caso en el cual la pena será de 40 a 60 años de prisión.
El Ministerio Público, pues, en su concepto omite precisamente la expresada
salvedad: que la sentencia se haya dictado con base en el referido acuerdo,
omisión que cambia sustancialmente la situación procesal a estudiar.
Y más recientemente esta Sala, en sentencia de casación de marzo 25 de
1999 (rad. 12.683), en la que fue ponente de nuevo el Honorable Magistrado
doctor Córdoba Poveda, se ratificó el criterio inicialmente anunciado, así:
“Por consiguiente, y como quiera que en el presente caso se desconoció el
principio de legalidad de la sanción, al aplicar una menor a la vigente en la
época en que se cometió el hecho, al tenor de lo dispuesto por los artículos 228
y 229-1 del Código de Procedimiento Penal, procederá la Corte a corregir
oficiosamente el anotado desatino.
“En efecto, en lo que concierne con el punible de secuestro, realizado con el
propósito de obtener un provecho económico, la preceptiva aplicable, como se
analizó, no era la del Decreto 180/88, sino los artículos 268 y 270 del Código
Penal, con la modificación introducida por el artículo 6o. del Decreto 2790/90,
que consagró una pena mayor.
“Ahora bien, podría pensarse, como lo estimaron las instancias, que si al
procesado se le imputó en la resolución de acusación la infracción del Decreto
180 de 1988, al condenarlo conforme a la segunda preceptiva citada, se
desconocerían las garantías de la favorabilidad y la defensa, lo que obliga a la
Sala a hacer algunas precisiones.
“En primer lugar, no se afecta la favorabilidad, la que opera cuando hay
conflicto de leyes en el tiempo, que aquí no se presenta, ya que la conducta se
cometió bajo la vigencia del Decreto 2790 de 1990.
“En segundo lugar, tampoco se vulnera el derecho de defensa del procesado,
pues los cargos que le fueron imputados y de los cuales se defendió, son
idénticos a los atribuidos al tenor de la nueva preceptiva.
“Por otra parte, si la consonancia se refiere a la armonía que debe existir entre
los cargos contenidos en la resolución de acusación y los resueltos en la
sentencia, pero no a la sanción que corresponda, tendremos que concluir que
al adecuar el comportamiento a la normatividad vigente cuando se cometió el
hecho, no se vulnera, pues no se están introduciendo hechos no comprendidos
en ella, ni agregando agravantes, ni suprimiendo atenuantes, salvo
aumentando la pena, en obedecimiento al principio constitucional de legalidad
de la sanción, que ordena imponer la que se encuentre establecida en la norma
vigente (art. 29 de la C.P. y 1o. del C.P.), ni cambiando la denominación
jurídica, manteniéndose incólume el género delictivo (secuestro), siendo
preciso observar que la figura básica estaba prevista en el art. 22 del Decreto
180/88 y las agravantes en los literales “C”, “F” y “G” del artículo 23 ibídem, y
en el Código Penal, en el artículo 268, con la modificación introducida en
cuanto a punibilidad por el artículo 6o. del Decreto 2790/90, y en los numerales
3o. y 6o. del 270.
“Por lo tanto, la Sala casará, oficiosamente y de manera parcial, la sentencia
impugnada para ajustar el quantum punitivo al previsto en la ley”.
Justamente dicho “ajuste”, al que arribó la Sala fue el que oportunamente
realizó el Tribunal Nacional en este caso, como se vio al comienzo de este
cargo que se aborda, procedimiento que, por todo lo dicho en precedencia, no
constituye irregularidad de ninguna clase.
En consecuencia, no se accederá a la petición de nulidad que hace la
Delegada.
RESUMEN DE LAS CONSIDERACIONES DE LA CORTE CON RESPECTO A
LA SOLUCION DE CADA CARGO.
Primer cargo
1.- Alega el actor la violación directa de la ley porque el sentenciador “no
aplicó el precepto que correspondía aplicar” (fl. 51 infra. cdno. Trib.), e
error “de existencia” que arguye con respecto a los artículos 125 y 127 del
Código Penal (delito de rebelión en donde los hechos punibles cometidos en
combate quedan excluidos de pena, salvo que los mismos no constituyan actos
de ferocidad, barbarie o terrorismo), pero debe anotarse, en primer término,
que el sentido de la violación no sería la falta de aplicación de dicha
normatividad, sino la aplicación indebida de los artículos 29 y 30-8 de la ley 40
de 1993, en los cuales se ancló por el Tribunal la conducta homicida
desarrollada por el acusado, con su correlativa falta de aplicación de los
mencionados artículos del Código Penal. La falta de aplicación o exclusión
evidente se da, en cambio, cuando por vía directa, el sentenciador admite un
hecho y omite aplicar la norma que contempla el mismo, como cuando, por
ejemplo, se reconoce que el procesado a condenar por una pena que no
exceda los tres años de prisión no requiere tratamiento penitenciario, y, no
obstante, se le deja de otorgar el subrogado penal de la condena de
ejecución condicional (art. 68 C.P,), o cuando un procesado confiesa y tal
admisión de responsabilidad es fundamento del fallo, omitiéndose concederle
la rebaja para tal efecto prevista en el artículo 299 del Código de Procedimiento
Penal (mod. art. 38 ley 81 de 1993).
2.- En segundo lugar, aparece claro que para sustentar la existencia de dicho
delito de rebelión el casacionista se aplica a reiterar que se debe aceptar la
“confesión” que hizo el acusado y, en consecuencia, admitir “los móviles
eminentemente políticos” de su conducta homicida (fl. 52), reprochándole al
Tribunal “el simplismo” de considerar la misma como “acción terrorista”, pues
así “se pone de presente que para que un rebelde no sea juzgado y condenado
por TERRORISMO, debe estar desprovisto de toda arma dirigida contra las
instituciones del Estado y contra sus funcionarios pertenecientes a las
instituciones armadas” (fl. 53).
Opina, igualmente, que en el delito de rebelión no puede exigirse “que las
armas deben permanecer INACTIVAS”, y reitera que desde el comienzo del
proceso “se desconocieron los reales móviles de la acción insurgente” (fl. 55),
móviles que trata de sustentar en seguida, como también hace con los términos
“ferocidad, barbarie o terrorismo”, previstos en el artículo 127 del Código Penal
y para hacer ver que éstos se encuentran ausentes en la acción reprochada a
GUERRERO JIMENEZ, afirmando que, en cambio, la “sorpresa” es inherente a
la confrontación armada, y que si aquí la misma fue utilizada por el procesado y
sus acompañantes en la acción contra los policiales, ello, por tanto, no excluye
que ésta se enmarque dentro del término “combate”.
Afirma que no se ha podido precisar con exactitud “lo que es el terrorismo” (fl.
69) y, por ende, existe semejante imprecisión sobre el homicidio con fines
terroristas, como también sostiene que para que pueda predicarse dicho
“combate” no es necesario que “las tropas armadas se encuentren dentro de un
operativo” ni que “se encuentren vestidas con uniformes” (fls. 76 y 77).
El Tribunal inadmitió en los siguientes términos la propuesta del defensor de
tipificar el comportamiento del acusado como rebelión:
“En primer lugar, las condiciones en que se encontraban los policías y su
acompañante no eran siquiera las de por lo menos un operativo; al contrario el
desenvolvimiento de los hechos se encarga de desvirtuar el alegado combate.
Recuérdese que se encontraban de civil, acababan de cenar y se disponían a
marcharse para lo cual iban a abordar el vehículo Renault, cuando fueron
sorprendidos por los disparos de los insurgentes. Lo que se presentó fue una
aleve emboscada fríamente calculada, en tanto desde que llegaron al
establecimiento buscaron ocupar una mesa contigua a la de los agentes y
cuando éstos se retiraron, los mismos fingieron marcharse para disparar contra
los desprevenidos agentes, lo que implica, reforzando el testimonio del señor
Henry Núñez Quintero la ausencia de un combate y la existencia de una
emboscada.
“Además de lo anterior, el hecho que los policiales portaran armas tampoco se
ajusta a la tesis del profesional del derecho, ya que éstas no se encontraban en
sus manos sino en las correspondientes cartucheras, y como si lo anterior fuera
poco, el que hubieran repelido el ataque es una acción de defensa sin que ello
implique un combate entre subversivos y fuerzas armadas. Vale la pena anotar
como referencia al tema, que la H. Corte Constitucional al momento de
pronunciarse sobre la exequibilidad de las normas que regulan la rebelión,
sedición, asonada, conspiración y seducción, usurpación y retención ilegal de
mando, señaló: “En aras del orden no puede introducirse su antinomia: el
desorden. En aras de la paz no puede legitimarse la violencia, porque el fin
siempre exige medios proporcionados a él”. (Sentencia C-009 de Enero 17/5
(sic). M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.). Es por ello que, volviendo al caso motivo
de debate, mal puede justificarse, mediante la subsunción, un atentado en las
condiciones de tiempo, modo y lugar anotadas, simplemente por ser miembro
de una organización guerrillera, ya que si bien es cierto la lucha subversiva
tiene como fundamento el ataque contra todo lo que represente el Estado, el
hecho cometido, por cierto aleve, no se enmarca dentro del reato de rebelión.
Por consiguiente, las figuras jurídicas que se ajustan a la responsabilidad del
procesado no son otras que las fundamentadas en la resolución acusatoria que
antecedió el fallo impugnado” (fls. 17 y 18).
3.- Pues bien: como se acaba de ver, el casacionista insiste en que, en los
términos del artículo 125 del Código Penal (mod. dto. leg. 1857/88), el
procesado GUERRERO JIMENEZ es un rebelde y que pertenece al
autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN). Para que se investigue
tal cosa precisamente el sentenciador ordenó lo pertinente. Tal aserto no es,
pues, en rigor, el objeto de discusión en este proceso, sino si, rebelde o no, el
homicidio cometido por él en el agente de la Policía Nacional, LUIS ALFONSO
SANCHEZ ORTEGON, ocurrió “en combate”, como lo decía el artículo 127 de
dicho Código, el cual fue posteriormente declarado inconstitucional por la Corte
Constitucional, según sentencia C-456 de septiembre 1997.
Se afirma lo anterior porque no todos los hechos punibles realizados por un
rebelde siguen fatalmente esta condición, sino que los mismos debían darse
“en combate” y no ser predicables la ferocidad, la barbarie o el terrorismo,
según dicho artículo 127.
En el presente caso, según transcripción hecha párrafos atrás, el Tribunal
argumentó por qué la muerte del citado policial no ocurrió “en combate”, y, sin
controvertir los hechos en que se sustenta tal afirmación, el casacionista extrae
de los mismos conclusión diversa (que sí es predicable el “combate”), por lo
cual por este aspecto aparece correcto que haya acudido a la violación directa
de la ley.
Segundo cargo
Aquí la violación directa se aduce por dos motivos: “violación al artículo 29 de
la Constitución Política (favorabilidad) y no reformatio in pejus (arts. 10 y 17 del
C.P.P.)” - fl. 78.
Es cierto lo que afirma el casacionista en cuanto a que, antes de la ley 81 de
1993 sólo se consultaban las sentencias que fueran de carácter absolutorio
(art. 206 C.P.P., dto. 2700 de 1991, Nov. 30), pero el artículo 29 de la ley 81 de
1993 (vigente cuando se dictó el fallo impugnado) dispuso la consulta para “las
sentencias que no sean anticipadas”, dentro de las cuales está la que revisó el
Tribunal Nacional. Dicho mecanismo procesal, pues, era de aplicación
inmediata y sin consideración a la época de los hechos materia del proceso, no
cabiendo, pues, aquí, el argumento de “favorabilidad” que esgrime el actor,
quien, en consecuencia, advierte que como únicamente apeló el defensor, ante
la ausencia de tal grado jurisdiccional de consulta el ad quem no podía agravar
la sanción impuesta en primera instancia, como efectivamente lo hizo.
Repítese que la procedencia de la consulta debe establecerse en la fecha en
que se emita la respectiva providencia, y aquí como el fallo lo fue el 31 de julio
de 1996, es evidente que sí procedía la misma, de donde no es cierta la
afirmación del demandante de que se violó la “no reformatio in pejus” (fl. 80).
No prospera entonces el cargo.
Finalmente, y como la Delegada retoma el criterio de la Procuraduría en el
sentido de que, aún estando de por medio la consulta, cuando el defensor es
apelante único el superior no puede, constitucional ni legalmente, agravar la
pena, es dable reiterar el criterio que al respecto e invariablemente ha tenido y
sigue teniendo esta Sala.
En efecto es el mismo artículo 31 de la Carta Política el que deslinda
primeramente la apelación y la consulta, expresando en su inciso 2o. que
cuando el condenado sea apelante único el superior no puede agravar la pena,
veto que, por tanto, se refiere con exclusividad a la apelación, como lo repite el
Código de Preocedimiento Penal en su artículo 17.
Además, dicho Código relaciona las providencias consultables (art. 206) y dice
en su artículo 217 (mod. Art. 34 Ley 81 de 1.993) que “la consulta permite al
superior decidir sin limitación sobre la providencia”, consagrando a renglón
seguido, PARA LA APELACION, la vista prohibición o “reformatio in
pejus” que consagra la Carta Política y la norma rectora del
Procedimiento Penal.
Son nítidas entonces las diferentes regulaciones constitucionales y legales que
exhiben las referidas vías de apelación y consulta, por lo cual las
jurisprudencias constitucionales y legales no han hecho sino ratificar las
mismas, sin que en esa tarea estén creando o inventando, como se queja el
aquí accionante.
En dicho sentido pueden consultarse las sentencias de la Corte Constitucional
T-289 de junio 21 de 1.994 y C-055 de 1.993 (M.P. Drs. Hernando Herrera
Vergara y José Gregorio Hernández G.), como las proferidas por esta Sala de
Casación Penal en agosto 2 de 1.994, noviembre 5 de 1.996 y octubre 22 de
1.997 (M.P. Drs. Saavedra Rojas, Arboleda Ripoll y Calvete Rangel).
Por último, vale la pena recordar: el legislador consideró que la gravedad de
determinados delitos, hacía necesario siempre, que el juzgador de segundo
grado revisara ciertas decisiones tomadas por su inferior jerárquico, y,
repitiese, que debido a la trascendencia de las mismas, para esa revisión
“ilimitada”, es desde luego indiferente que el procesado sea el apelante único, y
resulta cierto que a veces las razones que dé este apelante pueden servir para
que el juzgador de segunda instancia pueda hacer más legal y justa su referida
revisión “plena”.
Y, por ejemplo, en sentencia de casación de octubre 21 de 1.998 se precisó
con ponencia del Honorable Magistrado doctor Fernando Arboleda Ripoll:
“Repetidamente ha sido sostenido que el instituto procesal de la consulta no es
medio de impugnación o recurso, sino un mecanismo de revisión de la
legalidad de ciertas decisiones judiciales, que opera por ministerio de la ley,
que debe cumplir el superior jerárquico de quien la ha proferido.
A diferencia de los recursos, que son potestativos de los sujetos procesales y
se fundan en razones de interés particular, la consulta opera por mandato legal,
se apoya en razones de interés general, y es de carácter imperativo,
particularidades que hacen que su cumplimiento no pueda dejarse al arbitrio de
las partes, ni siquiera de la voluntad del funcionario judicial que ha proferido la
decisión.
A estas diferencias habría que agregar las no menos importantes que en el
ámbito de la competencia funcional del superior se presentan, acorde con la
naturaleza de cada uno de estos institutos. Mientras en la apelación, la
competencia del superior tiene carácter limitado, en cuanto solo puede revisar
aquellos aspectos que son objeto de impugnación, en la consulta la
competencia es de plena justicia e ilimitada.
De plena justicia, porque está facultado para examinar la decisión consultada
en sus distintos aspectos; ilimitada porque puede revocarla o modificarla en
cualquier sentido, sin condicionamientos de índole alguna, aún en disfavor del
procesado, según lo establece el artículo 34 de la ley 81 de 1993, modificatorio
del 217 del estatuto procesal, y ha sido declarado en pronunciamientos de
exequibilidad por la Corte Constitucional (Cfr. C-583/97, Mg. Pte. Doctor Carlos
Gaviria Díaz, entre otras).
Frente a estas premisas, mal puede compartirse la postura de la abogada
demandante, en el sentido de que la simple interposición del recurso de
apelación contra una decisión consultable, cualquiera sea el aspecto
impugnado, enerva la posibilidad de que el superior pueda entrar a considerar
los aspectos que no han sido objeto de tacha por el apelante.
No se discute que el artículo 206 del Código de Procedimiento Penal,
modificado por el 29 de la ley 81 de 1993, adolece de graves falencias en su
redacción, y que si el exégeta aprehende literalmente su texto,
necesariamente, habría de concluir que cuando se interpone algún recurso
contra la decisión consultable, trátese de reposición o apelación -la norma no
hace distinciones-, no habría lugar a este grado jurisdiccional. Recuérdese el
texto de la disposición:
“Providencias consultables. En los delitos de conocimiento de los fiscales y
jueces regionales, son consultables cuando no se interponga recurso alguno, la
providencia mediante la cual se ordena la cesación de procedimiento, la
preclusión de la investigación, la providencia que ordena la devolución a
particulares de bienes del imputado o sindicado presuntamente provenientes
de la ejecución del hecho punible o que sea objeto material del mismo y las
sentencias que no sean anticipadas” (negrilla fuera de texto)”.
Lógicamente el aspecto puramente literal no puede ser el único norte en el
proceso de interpretación de una norma. También ha de auscultarse la
teleología del precepto y el sistema al cual se integra, y en esta medida es
claro que la interpretación propuesta por la actora contraviene la naturaleza y
razón de ser del instituto de la consulta.
Ya ha sido dicho, en doctrina reiterada, que este nivel de revisión opera por
mandato legal, y que su operancia no puede depender de la voluntad de las
partes, de suerte que baste la interposición del recurso de alzada para que el
superior deba inhibirse de revisar los aspectos no atacados, quedando
circunscrita su competencia funcional al examen de los que lo fueron. Admitirlo,
sería entronizar un mecanismo de burla a la ley, y permitir que el interés
general que fundamenta la consulta ceda paso al particular de los sujetos
procesales (Cfr. oct.22/97) Pte. Dr. Ricardo Calvete Rangel).
La expresión “son consultables cuando contra ellas no se hubiere interpuesto el
recurso de apelación”, utilizada en normatividades anteriores (ley 17 de 1975,
art. 1º. Y Decreto 050 de 1987, art.210), e incorporada hoy con algunas
variantes en el texto del artículo 29 de la ley 81 de 1993, tenía entonces razón
de ser porque el recurso de apelación otorgaba competencia al ad quem para
conocer sin limitaciones de la providencia impugnada (Ley 17 de 1975, art. 3º y
Decreto 050 de 1987, art. 538), tornando por contera innecesaria la consulta, e
imprimiéndole a ésta un verdadero carácter subsidiario.
Por este aspecto, entonces, tampoco es dable casar el fallo, como, por el
contrario, lo consideró la Delegada.
Como en fin, ni la demanda ni lo pedido por la Procuraduría prospera, el fallo
no se casará.
Como el Tribunal a quo no hizo pronunciamiento ninguno sobre la denuncia
que la Fiscalía le hizo por la fuga del procesado, la Corte ordenará al respecto
la expedición de copias pertinente para que se investigue tal hecho.
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación
Penal, de acuerdo con el concepto del Ministerio Público, administrando justicia
en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,
RESUELVE
1.- NO CASAR el fallo impugnado.
2.- Con destino a la Fiscalía Seccional de esta ciudad expídanse las copias a
las cuales se hace referencia al finalizar la parte considerativa de esta
providencia. Por Secretaría de la Sala provéase al respecto.
PROCESO No 25931. Aprobado Acta No. 245.
FECHA DE LA PROVIDENCIA: Santafé de Bogotá D.C.., diciembre cinco
(5) de dos mil siete (2007).
MAGISTRADA PONENTE: Dra. MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE
LEMOS
TRIBUNAL QUE LA PROFIRIO: CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE
CASACION PENAL
JUZGADO PRIMERA INSTANCIA: Juzgado Penal del Circuito
Especializado de Yopal.
FALLADOR DE SEGUNDA INSTANCIA: Tribunal Superior de Yopal
IDENTIFICACION DE LOS DELITOS: autor penalmente responsable del delito
de concierto para delinquir agravado por pertenecer a grupos armados ilegales
y actuar como uno de sus cabecillas.
OBJETO DE JUZGAMIENTO Y DE LOSPRINCIPALES ASPECTOS O
TEMAS PROSESALES Y SUSTANCIALES QUE PLANTEA LA SENTENCIA.
La Sala se pronuncia de fondo sobre la demanda de casación presentada por
el defensor del procesado CARLOS NOEL BUITRAGO VEGA, contra el fallo de
segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Yopal el 3 de febrero de
2006, mediante el cual lo condenó como autor penalmente responsable del
delito de concierto para delinquir agravado por pertenecer a grupos armados
ilegales y actuar como uno de sus cabecillas, decisión que revocó la sentencia
dictada el 18 de julio de 2005 por el Juzgado Penal del Circuito Especializado
de la misma ciudad, que lo había absuelto de los cargos por la referida
conducta punible.
CUESTION FACTICA RESUMEN DE LOS HECHOS QUE GENERAN LA
INVESTIGACION
Con fundamento en la denuncia presentada por Víctor Francisco Feliciano
Chávez ante el Grupo Gaula de Yopal el 26 de abril de 2004 y el testimonio de
Gustavo Ramírez Ibáñez, quienes señalaron a NOEL BUITRAGO alias
“Porremacho” como directivo de las Autodefensas Campesinas del Casanare
(ACC), en cuya condición secuestraba y reclutaba personas entre los doce (12)
y cuarenta (40) años de edad, dicho grupo organizó un operativo que culminó
con la aprehensión del sindicado en la Finca Los Moriches, vereda Caño Rico,
municipio de Monterrey, hallando en su poder pistolas, munición, teléfonos
celulares y un radio de comunicaciones.
ACTUACION PROSESAL, HACER EL RECUENTO DE LAS DIFERENTES
ACTUACIONES PROSESALES HASTA LLEGAR A LA CASACION
La Fiscalía Especializada de Yopal declaró abierta la instrucción, en desarrollo
de la cual vinculó mediante indagatoria a CARLOS NOEL BUITRAGO VEGA,
definiéndole su situación jurídica con medida de aseguramiento de detención
preventiva sin derecho a libertad provisional como posible autor del delito de
concierto para delinquir (inciso 2º del artículo 340 del estatuto penal).
Cerrada la fase instructiva, el mérito del sumario fue calificado el 24 de
diciembre de 2004 con resolución de acusación en contra del procesado como
presunto autor del concurso de delitos de concierto para delinquir agravado
(numeral 3º del artículo 340 del Código Penal) y cohecho por ofrecer.
La etapa del juicio fue adelantada por el Juzgado Penal del Circuito
Especializado de Yopal, despacho que una vez surtido el rito dispuesto por el
legislador profirió fallo el 28 de julio de 2005, a través del cual absolvió a
CARLOS NOEL BUITRAGO VEGA de los cargos por los que se lo acusó,
decisión que al ser impugnada por la Fiscalía, fue revocada mediante sentencia
del 3 de febrero de 2006 proferida por el Tribunal Superior de Yopal, para en su
lugar, condenar al mencionado ciudadano a la pena principal de nueve (9) años
de prisión y multa de tres mil (3000) salarios mínimos legales mensuales
vigentes y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y
funciones públicas por el mismo término de la sanción privativa de libertad,
como autor penalmente responsable del delito de concierto para delinquir
agravado por pertenecer a grupos armados ilegales y actuar como uno de sus
jefes.
En la misma providencia le fue negada tanto la condena de ejecución
condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.
Contra el fallo del ad quem la defensa interpuso oportunamente recurso
extraordinario de casación, allegó la correspondiente demanda, la cual fue
admitida, y se ha recibido concepto del Ministerio Público sobre la misma.
EL LIBELO
Al amparo de la causal primera de casación, cuerpo primero, el defensor
formula un cargo contra el fallo de segundo grado por violación directa de la ley
sustancial, derivada de la falta de aplicación del artículo 71 de la Ley 975 de
2005 y la aplicación indebida de los incisos 2º y 3º del artículo 340 de la Ley
599 de 2000.
En la fundamentación del reproche aduce que el Tribunal no tuvo en cuenta
que entre el fallo de primera instancia proferido el 18 de julio de 2005 y la
sentencia de segundo grado dictada el 3 de febrero de 2006 se produjo un
cambio legislativo, pues el 25 de julio de 2005 entró en vigencia la Ley 975, la
cual establece en su artículo 71 que incurren en el delito de sedición quienes
conformen o hagan parte de grupos guerrilleros o de autodefensa cuyo
accionar interfiera con el normal funcionamiento constitucional o legal.
Agrega que si los precedentes de esta Colegiatura son vinculantes, según lo ha
señalado la Corte Constitucional, el Tribunal desconoció decisiones de esta
Sala (autos del 28 de marzo de 2006. Rad. 25058 y 24990, 22 de noviembre de
2005. Rad. 24441, 19 de enero de 2006. Rad. 24417 y 12 de diciembre de
2005. Rad. 24261), mediante las cuales se precisó que “cualquiera fuera la
denominación de los ilícitos en que incurran los miembros de las autodefensas,
si el implicado actúa movido por aquellas finalidades y cumple la labor
asignada dentro del colectivo criminal, con sujeción a las órdenes y directrices
del mando responsable, será sedición y no concierto para delinquir el delito
imputable por el solo hecho de la pertenencia a la agrupación, por supuesto en
concurso con los delitos específicos que haya podido cometer, que serán
catalogados como comunes” (radicado 24435).
También dice que si el referido artículo 71 de la Ley 975 de 2005 fue declarado
inexequible mediante sentencia C-370 de 2006 por la Corte Constitucional, sin
que se hubiera concedido efecto retroactivo a tal decisión, es claro que la
norma en cita debe producir efectos desde su promulgación hasta la
declaración de inexequibilidad, época dentro de la cual se encuentra el asunto
que motivó esta actuación, circunstancia que condujo a la falta de aplicación
del artículo 71 de la Ley 975 de 2005 y la aplicación indebida de los incisos 2º y
3º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000.
Precisa que el mencionado yerro privó a su representado de ser considerado
un actor político y acceder a los beneficios de la Ley 418 de 1997, reformada
por las Leyes 548 de 1999 y 782 de 2002, así como a los beneficios de que
trata el artículo 13 del Decreto 128 de 2003.
A partir de lo anterior, el defensor solicita a la Sala casar el fallo atacado, para
en su lugar, proferir la respectiva sentencia de reemplazo.
CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO
Afirma el Delegado que si bien el artículo 71 de la Ley 975 de 2005 estuvo
vigente entre en 25 de julio de 2005 y el 18 de mayo de 2006 y que esta Sala
señaló en varios pronunciamientos que de conformidad con dicha legislación
cometían el delito de sedición quienes conformaran o hicieran parte de grupos
guerrilleros o de autodefensa, cuyo accionar interfiriera con el normal
funcionamiento del orden constitucional y legal, circunstancias que darían
razón al recurrente en su planteamiento, lo cierto es que mediante sentencia
del pasado 11 de julio la Sala varió su criterio sobre el particular.
En efecto, resalta que en la referida decisión la Sala precisó que existe una
clara diferencia entre la sedición en cuanto delito político y el concierto para
delinquir agravado, pues aquella atenta contra el orden constitucional y legal en
búsqueda de un nuevo orden, circunstancia en la que no se encuentran los
miembros de los grupos de autodefensa, para concluir que “aceptar que en
lugar de concierto para delinquir el delito ejecutado por los miembros de los
grupos paramilitares constituye la infracción punible denominada sedición, no
sólo equivale a suponer que los mismos actuaron con fines altruistas y en
busca del bienestar colectivo sino, y también, burlar el derecho de las víctimas
y de la sociedad a que se haga justicia y que se conozca la verdad, pues
finalmente los hechos podrían quedar cobijados con la impunidad absoluta”.
Puntualiza que la Sala señaló cuatro motivos para considerar que los
miembros de las autodefensas no pueden ser tenidos como sediciosos: 1) La
Constitución señala criterios básicos para establecer el delito político. 2) La
teoría del delito permite distinguir un antagonismo entre delito político y
concierto para delinquir. 3) Aceptar que el concierto para delinquir es un delito
político desconoce el derecho de las víctimas. 4) La declaratoria de
inexequibilidad del citado artículo 71 impide que tenga
efectos hacia el futuro y podría aplicarse la excepción de inconstitucionalidad
para evitar su vigencia temporal antes de ser declarado contrario a la
Constitución.
Con fundamento en lo anotado, el Procurador Delegado considera que de
acuerdo con la decisión adoptada por esta Sala el 11 de julio de 2007, no
resulta viable aplicar al procesado el artículo 71 de la Ley 975 de 2005 en
sustituto de los numerales 2º y 3º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000 y, en
consecuencia, el cargo no está llamado a prosperar.
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
Con el propósito de adoptar la decisión que corresponda, la Sala estima
pertinente recordar inicialmente lo expuesto sobre el artículo 71 de la Ley 975
de 2005 con posterioridad a su expedición, para luego ocuparse de la variación
jurisprudencial introducida sobre el particular y, finalmente, abordar dentro de
su función unificadora, el alcance del delito político y sus conexos.
1. Alcance del artículo 71 de la Ley 975 de 2005.
Sobre el mencionado precepto señaló la Sala lo siguiente:
“Mediante esta norma el legislador reformó directamente el Código Penal en el
sentido de tipificar bajo el nomen juris de „sedición‟ la conducta de „quienes
conformen o hagan parte de grupos guerrilleros o de autodefensa cuyo
accionar interfiera con el normal funcionamiento del orden constitucional y
legal‟, de donde deviene indudable que no empece las precisiones sobre el
ámbito de aplicación de la codificación en cita, su artículo 71 está llamado a
producir efectos generales, como quiera que a partir de su vigencia todas las
hipótesis en que la imputación fáctica contra un sindicado se haga consistir en
„pertenecer o conformar‟ uno de los mencionados grupos armados con las
consecuencias allí señaladas – interferir en el funcionamiento del orden
constitucional y legal vigente – resulta inequívocamente típica de esta especial
modalidad de sedición”1 (subrayas fuera de texto).
Como viene de verse, a partir de la vigencia de la Ley 975 de 2004, entendió la
Sala que la conducta consistente en pertenecer a los denominados grupos de
“autodefensa” cuyo accionar interfiere el normal
funcionamiento del régimen constitucional y legal vigente, pasó a ser típica del
delito de sedición, precisando que ello no comportaba que a través del artículo
71 de dicha legislación se hubieran derogado los incisos 2° y 3° del artículo 340
del Código Penal, ni que todo actuar de una persona que conformara o hiciera
parte de uno de aquellos grupos de “autodefensa” constituyera
automáticamente delito de sedición, motivo por el cual se establecieron como
criterios para diferenciar una hipótesis delictiva de la otra, los siguientes2:
(a) Se trataba de un delito de sedición, cuando la conducta imputable al
procesado consistía en militar o pertenecer a un grupo armado al margen de la
ley, bajo órdenes de un mando responsable, grupo del cual se pudiera predicar
que ejercía sobre una parte del territorio operaciones militares sostenidas y
concertadas, dirigidas bien contra las fuerzas regulares, ora entre los grupos
armados irregulares entre sí, con la consecuencia inmediata de impedir el
normal funcionamiento del régimen constitucional y legal.
(b) También se tipificaba el delito de sedición cuando las conductas específicas
ejecutadas por miembros de esos grupos armados irregulares, estaban
razonablemente vinculadas a la realización de los objetivos perseguidos por
dicha agrupación y, en tal contexto, resultaba predicable su relación de medio a
fin en el marco de la confrontación armada con las autoridades legítimamente
constituidas o con los grupos guerrilleros.
(c) En cambio, se tipificaba el delito de concierto para delinquir cuando el
acuerdo para la comisión de delitos indeterminados tenía un fin puramente
individual, desligado de las directrices genéricas o específicas impartidas por el
mando responsable en el escenario del conflicto armado, esto es, de las
finalidades perseguidas por la organización armada ilegal.
Por ello se dijo que estaban incluidos en esta categoría, no en la sediciosa,
quienes hacían parte de bandas o pandillas, o conformaban grupos de justicia
privada o de sicarios, pues no obstante que ellos acudían a la utilización de las
armas, podían llegar a ejercer cierto control territorial y asumir la forma de una
organización con mandos definidos, sus acciones no se enmarcaban en la
lucha que pretende el derrocamiento del régimen (guerrilla), ni tampoco se
encaminaba a la eliminación de dicha disidencia por vía de las armas
(autodefensas), de suerte que la sola pertenencia a ellos seguía siendo típica
del delito de concierto para delinquir agravado.
(d) Igualmente, se señaló que la nueva modalidad de sedición podía concursar
con el delito de concierto para delinquir, cuando no sólo se hacía parte de un
grupo de “autodefensa” con el compromiso previo expreso o tácito de realizar
conductas al margen de la ley en el marco de la confrontación armada, sino
que se desarrollaban acuerdos privados para la realización de delitos
indeterminados desligados del grupo armado ilegal al que se pertenecía.
3.1. Teorías sobre la noción de delito político
Acerca de la noción de delito político existen varias teorías, son ellas, la
objetiva, la subjetiva y la ecléctica4.
En virtud de la primera, que corresponde a los denominados delitos políticos
puros, el delito político supone la lesión o puesta en peligro de la organización
política, constitucional o legal del Estado, es decir, pondera exclusivamente el
bien jurídico contra el cual se dirigen las conductas, como puede ocurrir en
nuestro medio con los delitos de rebelión, sedición, asonada y conspiración,
entre otros.
De acuerdo con la teoría subjetiva, que trata de los llamados delitos políticos
relativos o concurrentes, lo que identifica la índole del referido delito es el móvil
político que determina su realización, esto es, que tenga una pretensión
contraestatal – no paraestatal – en el sentido de subvertir la organización
política, constitucional o legal del Estado en procura de conseguir el beneficio
común,
contando para ello con propósitos sociales y, en suma, que se trate de un
proceder altruista, con independencia del bien jurídico lesionado o puesto en
peligro, caso en el cual, podrían tener tal connotación política delitos comunes
por antonomasia como el homicidio, el hurto, el incendio, el daño, etc.
A su vez, la teoría ecléctica refunde en una sola fórmula las anteriores, pero en
cuanto da preponderancia al criterio objetivo o al subjetivo, se subdivide en
extensiva y estricta o restringida.
En la teoría ecléctica extensiva son delitos políticos tanto las conductas que
atentan contra la organización política o constitucional del Estado (delitos
políticos puros), como aquellas que sin dirigirse contra dichos bienes jurídicos
tienen una finalidad política (delitos políticos relativos o concurrentes).
Para los partidarios de la teoría ecléctica estricta o restrictiva sólo tiene el
carácter de delitos políticos aquellos actos que comportan un atentado a la
organización política, constitucional o legal del Estado, siempre que se
encuentren motivados por razones políticas (delitos políticos puros).
Por tanto, en las teorías eclécticas sucintamente expuestas se encuentran
excluidas de la noción de delito político las conductas que atenten contra el
Estado en sus ámbitos organizacionales, constitucionales o legales, cuando
sean producto de pretensiones no políticas, como el ánimo de lucro, el
exclusivo beneficio personal o de un grupúsculo de individuos. Igualmente
carecen de tal condición los delitos comunes realizados con finalidades
diversas a la política. Sobre el particular ha señalado la Corte Constitucional:
“El delito político es aquél que, inspirado en un ideal de justicia, lleva a sus
autores y copartícipes a actitudes proscritas del orden constitucional y legal,
como medio para realizar el fin que se persigue. Si bien es cierto el fin no
justifica los medios, no puede darse el mismo trato a quienes actúan movidos
por el bien común, así escojan unos mecanismos errados o
desproporcionados, y a quienes promueven el desorden con fines
intrínsecamente perversos y egoístas. Debe, pues, hacerse una distinción legal
con fundamento en el acto de justicia, que otorga a cada cual lo que merece,
según su acto y su intención”5.
Dentro de los denominados delitos políticos relativos o concurrentes se
encuentran los complejos y los conexos.
El delito complejo – a diferencia del delito simple caracterizado porque la lesión
es única, como ocurre en el homicidio – supone la fusión de dos o más
conductas punibles que configuran un comportamiento más grave que aquellas
tomadas independientemente. Tal ocurre, por ejemplo, con el hurto simple
(artículo 239 de la Ley 599 de 2000) y la violación de habitación ajena (artículo
189 ejusdem), los cuales se encuentran refundidos en una sola fórmula en el
hurto calificado por la penetración arbitraria, engañosa o clandestina en lugar
habitado (artículo 240-3 ídem).
Los delitos conexos son aquellos que se encuentran estrechamente
entrelazados, como ocurre cuando un punible se comete como medio para
alcanzar un fin delictivo (conexidad teleológica), por ejemplo, cometer un
homicidio para realizar un hurto. También, cuando una conducta punible se
comete para asegurar el producto de otra, v.g. Cuando se lavan los activos
procedentes de un delito de extorsión (conexidad paratática).
Finalmente, en aquellos casos en los que el segundo delito se comete para
ocultar uno anterior, por ejemplo, cuando se causa la muerte al testigo de un
acceso carnal violento (conexidad hipotática).
No es lo mismo delito complejo que concurso de delitos o delitos conexos. En
el delito complejo la misma ley en un tipo crea el compuesto como delito único,
pero en el tipo intervienen dos o más delitos que pueden figurar por separado;
en cambio, en el concurso y en los delitos conexos, las infracciones no existen
como una sola, sino separadamente, pero es un mismo sujeto quien las
ejecuta.
3.2. Delito político y conexos
Efectuadas las anteriores precisiones encuentra la Sala que es bastante
frecuente que el delito político resulte conexo, en alguna de las hipótesis
señaladas, con otros comportamientos, y a la postre concurse con estos,
circunstancia que en sí misma no permite otorgar, sin más, la condición de
delito político a tales conductas estrechamente enlazadas, como que simple y
llanamente darán lugar a un concurso material efectivo de delitos y,
entonces, corresponderá aplicar las reglas punitivas que se establecen en el
artículo 31 de la Ley 599 de 2000. Asunto diverso será, que a dichos actos, en
razón de su conexidad con delitos políticos, se haga extensivo el tratamiento
especial dispuesto para estos dentro de especiales condiciones.
Tampoco es viable asumir que ciertos comportamientos, como por ejemplo el
homicidio en combate, tienen la condición de hechos copenados con el delito
político, pues en tal caso se trata también de un concurso material de delitos,
frente al cual sólo el legislador, acatando la Carta Política y la normativa
internacional, podrá ampliar el carácter de delito político por conexidad a dicho
atentado contra la vida.
3.3. Beneficios derivados del delito político
En la Carta Política se establecen especiales prerrogativas en el tratamiento
de los delitos políticos, así:
“Artículo 35.- Se prohíbe la extradición de colombianos por nacimiento. No se
concederá la extradición de extranjeros por delitos políticos o de opinión”.
CASACIÓN 25931 CARLOS NOEL BUITRAGO VEGA
“Artículo 150.- Corresponde al Congreso hacer las leyes. Por medio de ellas
ejerce las siguientes funciones:
“17. Conceder, por mayoría de los dos tercios de los votos de los miembros de
una y otra Cámara y por graves motivos de conveniencia pública, amnistías o
indultos generales por delitos políticos. En caso de que los favorecidos fueren
eximidos de la responsabilidad civil respecto de particulares, el Estado quedará
obligado indemnizaciones a que hubiere lugar”.
“Artículo 179.- No podrán ser congresistas:
“1º.- Quienes hayan sido condenados en cualquier época por sentencia
judicial, a pena privativa de la libertad, excepto por delitos políticos o culposos”.
“Artículo 201.- Corresponde al Gobierno, en relación con la Rama Judicial.
“2.- Conceder indultos por delitos políticos, con arreglo a la ley, e informar al
Congreso sobre el ejercicio de esta facultad. En ningún caso estos indultos
podrán comprender la responsabilidad que tengan los favorecidos respecto de
los particulares”.
“Artículo 232. Para ser Magistrado de la Corte Constitucional, de la Corte
Suprema de Justicia y del Consejo de Estado se requiere:
“3. No haber sido condenado por sentencia judicial a pena privativa de la
libertad, excepto por delitos políticos o culposos”.
“Artículo 299.- En cada departamento habrá una corporación administrativa de
elección popular que se denominará Asamblea Departamental, la cual estará
integrada por no menos de once miembros ni más de treinta y uno.
“Para ser elegido diputado se requiere ser ciudadano en ejercicio, tener más de
veintiún años de edad, no haber sido condenado a pena privativa de la libertad,
con excepción de los delitos políticos o culposos y haber residido en la
respectiva circunscripción electoral durante el año inmediatamente anterior a la
fecha de la elección”.
“Artículo Transitorio 30. Autorizase al Gobierno
Nacional para conceder indultos o amnistías por delitos políticos y conexos,
cometidos con anterioridad a la promulgación del presente Acto Constituyente,
a miembros de grupos guerrilleros que se reincorporen a la vida civil en los
términos de la política de reconciliación. Para tal efecto el Gobierno Nacional
expedirá las reglamentaciones correspondientes. Este beneficio no podrá
extenderse a delitos atroces ni a homicidios cometidos fuera de combate o
aprovechándose del estado de indefensión de la víctima” (subrayas fuera de
3.4. El delito político en los procesos transicionales
Es cierto que los procesos transicionales de los Estados conllevan tensiones
entre los derechos de las víctimas que exigen la obligación estatal de
investigar, acusar y condenar a los responsables de violaciones de derechos
humanos, y el imperativo de tomar decisiones propias de tal circunstancia
coyuntural, tales como otorgar amnistías o indultos. Una tal situación se
encuentra en principio recogida en el artículo 6-5 del Protocolo Adicional a los
Convenios de Ginebra de 1949, el cual establece que al cesar las hostilidades
de un conflicto armado interno “las autoridades en el poder procurarán
conceder la amnistía más amplia posible a las personas que hayan tomado
parte en el conflicto o que se encuentren privadas de la libertad, internadas o
detenidas por motivos relacionados con el conflicto”.
Sobre la misma temática se establece en el Estatuto de la Corte Penal
Internacional que la competencia de dicho tribunal se constituye:
“Afirmando que los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad
internacional en su conjunto no deben quedar sin castigo y que, a tal fin, hay
que adoptar medidas en el plano nacional e intensificar la cooperación
internacional para asegurar que sean efectivamente sometidos a la acción de la
justicia (…); Decididos a poner fin a la impunidad de los autores de esos
crímenes y a contribuir así a la prevención de nuevos crímenes; (...)
Recordando que es deber de todo Estado ejercer su jurisdicción penal contra
los responsables de crímenes internacionales...”.
Adicionalmente, es clara la presencia de tal limitación en el carácter humanista
plasmado en la Constitución Política, pues en su artículo 30 transitorio dispuso:
“Artículo Transitorio 30. Autorizase al Gobierno Nacional para conceder
indultos o amnistías por delitos políticos y conexos, cometidos con anterioridad
a la promulgación del presente Acto Constituyente, a miembros de grupos
guerrilleros que se reincorporen a la vida civil en los términos de la política de
reconciliación. Para tal efecto el Gobierno Nacional expedirá las
reglamentaciones correspondientes. Este beneficio no podrá extenderse a
delitos atroces ni a homicidios cometidos fuera de combate o aprovechándose
del estado de indefensión de la víctima” (subrayas fuera de texto).
Entonces, es procedente concluir que el legislador no puede, so pena de
contrariar la Carta Política y la normativa internacional, denominar o tratar
como delitos políticos a:
(a) Conductas que comporten un atentado contra el Estado en sus ámbitos
organizacionales, constitucionales o legales, cuando sean producto de
pretensiones no políticas, como el ánimo de lucro y el exclusivo beneficio
personal, así como los delitos comunes realizados con finalidades diversas
a la política.
b. Comportamientos que por quebrantar el derecho internacional tienen la
connotación de delitos internacionales y, por tanto, carecen de la condición de
delitos políticos, en cuanto no pueden beneficiarse con indultos o amnistías17.
De lo expuesto se colige sin dificultad, de una parte, que si ya la Sala ha
puntualizado recientemente en la providencia cuyos apartes fueron transcritos,
que ni aún por disposición del legislador es viable equiparar el delito de
concierto para delinquir con el de sedición y, de otra, que una tal equivalencia
es contraria al ámbito de aplicación del delito político de acuerdo con la Carta
Política y la normativa internacional, resulta evidente que la queja del
recurrente está llamada al fracaso, toda vez que se fundamenta, precisamente,
en la tesis contraria, esto es, que CARLOS NOEL BUITRAGO VEGA quien fue
condenado por el delito de concierto para delinquir agravado, debe serlo por el
punible de sedición, a partir de la aplicación ultraactiva del artículo 71 de la Ley
975 de 2005, el cual, como lo ha puntualizado la Sala, es contrario a la Carta
Política, en cuanto asimila indebidamente un delito común a un delito político.
Lo dicho en precedencia constituye razón suficiente para concluir que el cargo
postulado y desarrollado por el recurrente no está llamado a prosperar, lo que
conlleva a anunciar que no se dispondrá la casación del fallo atacado.
Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA
DE JUSTICIA, administrando justicia en nombre de la República y por
autoridad de la ley,
RESUELVE
NO CASAR la sentencia impugnada.
Contra esta providencia no procede recurso alguno.
LA CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS
CASO GARCÍA CRUZ Y SÁNCHEZ SILVESTRE
VS. ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
SENTENCIA DE 26 DE NOVIEMBRE DE 2013
(FONDO, REPARACIONES Y COSTAS)
En el caso García Cruz y Sánchez Silvestre,
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante “la Corte
Interamericana”, “la Corte”, o “el Tribunal”), integrada por los siguientes
jueces:
Diego García-Sayán, Presidente;
Manuel E. Ventura Robles, Vicepresidente;
Alberto Pérez Pérez, Juez;
Eduardo Vio Grossi, Juez;
Roberto F. Caldas, Juez; y
Humberto Antonio Sierra Porto, Juez,
Presentes además,
Pablo Saavedra Alessandri, Secretario, y
Emilia Segares Rodríguez, Secretaria Adjunta,
de conformidad con los artículos 62.3 y 63.1 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos (en adelante “la Convención” o “la Convención
Americana”) y con los artículos 31, 32, 62, 63, 64, 65 y 67 del Reglamento de la
Corte (en adelante “el Reglamento”), dicta la presente Sentencia que se
estructura en el siguiente orden:
INTRODUCCIÓN DE LA CAUSA
1. El sometimiento del caso a la Corte. - El 17 de marzo de 2013, de
conformidad con lo dispuesto en los artículos 51 y 61 de la Convención
Americana y el artículo 35 del Reglamento de la Corte, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (en adelante “la Comisión
Interamericana” o “la Comisión”) sometió a la jurisdicción de la Corte
Interamericana el caso 12.288 “Juan García Cruz y Santiago Sánchez
Silvestre” en contra de los Estados Unidos Mexicanos (en adelante, “el Estado”
o “México”). La Comisión indicó que el caso se refería a la alegada “detención
ilegal y tortura de Juan García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre [en junio de
1997], así como [a] sus posteriores condenas a 3 años y 40 años de prisión,
como consecuencia de dos juicios penales en los que [presuntamente] no se
observaron las garantías del debido proceso, en particular por la [alegada]
utilización de sus confesiones obtenidas bajo tortura y por la [supuesta] falta de
investigación y sanción de los hechos denunciados”. La Comisión se refirió a
las conclusiones a las que arribó en su Informe de Fondo No. 138/11 de 31 de
octubre de 2011 respecto de la responsabilidad internacional de México en este
caso1 e indicó que la Corte tenía competencia “para pronunciarse sobre los
hechos [incluidos en dicho Informe] relativos a la falta de investigación de los
hechos de tortura a partir del 16 de diciembre 1998, así como las
consecuencias que dicha falta de investigación tuvo en los procesos contra [los
señores García Cruz y Sánchez Silvestre]”. La Comisión expresó que sometía
el caso [ante la falta de información sustancial en el cumplimiento de las
recomendaciones”2 y “la necesidad de obtención de justicia para las víctimas”.
La Comisión Interamericana designó como delegados a los señores Rodrigo
Escobar Gil, Comisionado, Emilio Álvarez Icaza L., Secretario Ejecutivo, y
como asesoras legales a las señoras Elizabeth Abi-Mershed, Secretaria
Ejecutiva Adjunta, Silvia Serrano Guzmán e Isabel Madariaga, abogadas de la
Secretaría Ejecutiva de la Comisión.
2. Trámite ante la Comisión Interamericana. – La petición inicial fue presentada
ante la Comisión el 10 de mayo de 2000 por las organizaciones Servicios
Legales e Investigación y Estudios Jurídicos (SLIEJ) y el Centro por la Justicia
y el Derecho Internacional (CEJIL)3. La Comisión aprobó el Informe de
Admisibilidad No. 80/03 el 22 de octubre de 20034 y el 31 de octubre de 2011,
de conformidad con el artículo 50 de la Convención, emitió el Informe de Fondo
No. 138/11 (en adelante también “el Informe de Fondo” o “el Informe No.
138/11”), en el cual llegó a una serie de conclusiones y formuló varias
recomendaciones a México5. Este último informe fue notificado a México el 17
de noviembre de 2011 y se le otorgó un plazo de dos meses para que
informara sobre el cumplimiento de las recomendaciones. Al someter el caso
ante la Corte el 17 de marzo de 2013, la Comisión explicó que el Estado
“solicitó una serie de prórrogas, las cuales [fueron] otorgadas […] con la
finalidad de obtener información sobre el avance en el cumplimiento de la
totalidad de las recomendaciones del informe de fondo”, con excepción de la
última prórroga solicitada el 11 de ese mes, la cual no le fue otorgada.
PROCEDIMIENTO ANTE LA CORTE
3. Designación de un interviniente común de los representantes.- El 29 de abril
de 2013, siguiendo instrucciones del Presidente de la Corte, se solicitó a
CEJIL, SLIEJ y Abogadas y Abogados para la Justicia y los Derechos
Humanos (AJDH), representantes de las presuntas víctimas, que de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 25.2 del Reglamento del Tribunal
designaran un interviniente común de los representantes. El 14 de mayo de
2013 los representantes “manifestaron que CEJIL actuaría como interviniente
común en el proceso”.
4. Información presentada por la Comisión con posterioridad al sometimiento
del caso. - El 10 de mayo de 2013 la Comisión presentó un escrito
comunicando que, después de sometido el caso a la Corte, el Estado le informó
que había sido concedida una acción de amparo interpuesta por las víctimas,
había sido revocada una sentencia penal condenatoria y que el 18 de abril de
2013 los señores García Cruz y Sánchez Silvestre fueron puestos en libertad
(infra párr. 49 a 51 y 59 a 61).
5. Notificación al Estado y al interviniente común. – El sometimiento del caso a
la Corte por parte de la Comisión fue notificado al Estado y al interviniente
común mediante notas de la Secretaría del Tribunal de 18 de junio de 20137.
6. Escrito de solicitudes, argumentos y pruebas.- El 19 de agosto de 2013 los
representantes de las presuntas víctimas presentaron su escrito de solicitudes,
argumentos y pruebas. Los representantes coincidieron sustancialmente con la
Comisión al solicitar a la Corte que declarara la responsabilidad internacional
del Estado por la violación de los mismos derechos alegados por la Comisión
en perjuicio de los señores García Cruz y Sánchez Silvestre.
7. Acuerdo de solución amistosa y reconocimiento de responsabilidad del
Estado.- Los días 7 y 8 de noviembre de 2013 el Estado y los representantes,
respectivamente, comunicaron haber llegado a un acuerdo de solución
amistosa y solicitaron, inter alia, que se les permitiera firmarlo en la sede de la
Corte. México también solicitó al Tribunal que emitiera una Sentencia y “diera
por concluido este caso”. El 18 de noviembre de 2013 se llevó a cabo el acto
formal de la firma del “acuerdo de solución amistosa y reconocimiento de
responsabilidad del Estado” en el presente caso (infra párr. 10).
8. Escrito del interviniente común.- El 19 de noviembre de 2013 el interviniente
común de los representantes presentó “algunas observaciones sobre dos
puntos del acuerdo de solución amistosa”8.
9. Observaciones de la Comisión Interamericana.- El 20 de noviembre de 2013
la Comisión Interamericana presentó sus observaciones al “acuerdo de
solicitud amistosa y reconocimiento de responsabilidad del Estado” en el
presente caso.
ACUERDO DE SOLUCIÓN AMISTOSA Y RECONOCIMIENTO DE
RESPONSABILIDAD DEL ESTADO
A) Acuerdo de solución amistosa y reconocimiento de responsabilidad del
Estado
10. El 18 de noviembre de 2013 las partes se reunieron en San José, Costa
Rica, con el fin de llevar a cabo el acto formal de firma del “Acuerdo de solución
amistosa y reconocimiento de responsabilidad del Estado”9. Dicho acto tuvo
lugar en la sede del Tribunal y contó con la presencia del Presidente del
mismo, así como de una de las víctimas, el señor Santiago Sánchez Silvestre,
de los representantes de éstas y de representantes del Estado10. Las partes
sometieron dicho acuerdo ante el Tribunal y le solicitaron que emitiera una
Sentencia en la cual homologara el acuerdo, definiera su procedencia y
supervisara el cumplimiento del mismo11.
11. El referido acuerdo contempla una “solución amistosa” de la controversia en
el presente caso, a la cual arribaron las partes “a partir del reconocimiento [de
responsabilidad internacional]”
12 efectuado por el Estado en dicho acuerdo. Las partes expresaron en el
acuerdo que es “su voluntad solucionar por la vía amistosa el Caso Juan
García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre, conforme a lo estipulado en el
[mismo…], omitiendo la celebración de la audiencia pública”.
12. En dicho acuerdo el Estado expresó “su más amplio y absoluto compromiso
con el cumplimiento, respeto, promoción y protección de los derechos
humanos”. En el acápite V del acuerdo, titulado “Base jurídica del
reconocimiento de responsabilidad del Estado mexicano”, este reconoció su
responsabilidad internacional en el presente caso respecto de los hechos y sus
consecuencias jurídicas, en los siguientes términos:
13. En el acuerdo las partes también pactaron que México deberá cumplir con
diversas medidas de “reparación integral” de las violaciones perpetradas en el
presente caso en perjuicio de Juan García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre
(infra párr. 63 a 102) y con dos medidas otorgadas “de buena fe” a favor de la
hija y esposa del señor Sánchez Silvestre. Asimismo, se acordó “su forma de
cumplimiento y supervisión”. Al respecto, el Estado manifestó que “se
comprometió a acatar el […] Acuerdo […] mediante un esquema que propicie el
diálogo e involucramiento de los beneficiarios del caso en las acciones
emprendidas para tales efectos”.
14. Por su parte, en el referido acuerdo “[l]as víctimas y sus representantes
valoraron el esfuerzo institucional y la voluntad que el Estado mexicano ha
tenido para resolver por la vía amistosa el presente caso, mostrada
especialmente al reconocer [los] hechos y sus consecuencias jurídicas
acontecidos antes de la fecha de reconocimiento de la jurisdicción contenciosa
de la Corte”. Adicionalmente, durante el acto formal de firma del acuerdo,
CEJIL sostuvo que éste reflejaba el objeto del sistema interamericano, en el
cual lo central es lograr la protección de los derechos humanos de las víctimas
y la reparación de las violaciones en su perjuicio.
15. Adicionalmente, en el referido acuerdo las partes realizaron una “solicitud
conjunta” para que este Tribunal “desarrollara los estándares internacionales”
sobre dos temas de fondo.
B) Observaciones de la Comisión
16. En sus observaciones (supra párr. 9), la Comisión manifestó “su
satisfacción por el acuerdo […] firmado por las partes”, y “valoró muy
positivamente el reconocimiento de responsabilidad efectuado por el Estado
con base en las determinaciones fácticas y jurídicas del informe de fondo”.
Asimismo, observó que “las medidas de reparación acordadas por las partes
incorporan los distintos componentes de una reparación integral en los
términos de la jurisprudencia de la Corte Interamericana”. Además, “expresó su
satisfacción por la solicitud conjunta de las partes a fin de que la Corte se
pronuncie sobre [los] puntos de derecho” solicitados (supra párr. 15), y se
“adhirió a dicha solicitud” debido al “impacto que puede tener este
pronunciamiento en el orden público interamericano”.
C) Consideraciones de la Corte
17. De conformidad con el artículo 63 (Solución amistosa) del Reglamento de la
Corte14, el Tribunal deberá determinar la procedencia y efectos jurídicos del
acuerdo de solución amistosa a que arribaron las partes y del reconocimiento
de responsabilidad internacional formulado por el Estado en el mismo.
18. La Corte ha constatado que dicho acuerdo contempla una solución entre
las partes de la controversia planteada en este caso en cuanto a los hechos,
violación de derechos humanos y determinación de medidas de reparación.
Asimismo, incluye un reconocimiento de responsabilidad internacional por el
Estado respecto de todos los hechos y las violaciones a derechos humanos
determinados por la Comisión Interamericana en el Informe de Fondo, incluso
aquellos hechos anteriores a la fecha de aceptación de la competencia
contenciosa de este Tribunal por parte de México. La Corte entiende que, por la
manera en que el Estado formuló su reconocimiento de responsabilidad por las
violaciones declaradas por la Comisión Interamericana (supra párr. 12), el
mismo comprende también las consideraciones de derecho que llevaron a
dicho órgano a concluir que se produjeron esas violaciones en perjuicio de las
víctimas de este caso.
19. La Corte destaca la voluntad de las víctimas, sus representantes y el
Estado para alcanzar una solución a la controversia del presente caso y
particularmente resalta el momento procesal en que lo hicieron. Este caso se
diferencia de otros en que el acuerdo de solución amistosa alcanzado por las
partes y el reconocimiento total de responsabilidad internacional efectuado por
el Estado se producen en una etapa temprana del litigio ante esta Corte, previo
a que venciera el plazo para que el Estado presentara su contestación y en el
mismo se solicitó que la Corte prescindiera de la realización de una eventual
audiencia pública.
Ello permite a este Tribunal arribar a una sentencia sobre el fondo, las
reparaciones y costas de forma más pronta que si se hubiere llevado a término
el proceso internacional, con la consecuente obtención de justicia y reparación
para las víctimas del caso. De esta forma la controversia en el proceso
concluyó sin necesidad de efectuar una audiencia pública, ni de recibir prueba
pericial, testimonial ni declaraciones de las víctimas, y sin que se llevará a cabo
la etapa del procedimiento final escrito.
20. Asimismo, el Tribunal destaca la trascendencia del reconocimiento de
responsabilidad efectuado por el Estado, puesto que este reconoció la totalidad
de los hechos presentados por la Comisión en su Informe de Fondo, incluso
aquellos acontecidos antes del reconocimiento de México de la competencia
contenciosa de la Corte, así como las pretensiones de derecho contenidas en
dicho Informe respecto de las violaciones a los derechos humanos de las
víctimas.
21. En razón de lo anterior, de conformidad con los términos en que fue
suscrito el acuerdo entre las partes y formulado el reconocimiento de
responsabilidad internacional en el caso, la Corte considera que ha cesado la
controversia sobre los hechos así como los argumentos relativos a las
violaciones “de los siguientes derechos contenidos en la Convención
Americana: libertad personal (artículo 7), integridad personal (artículo 5),
garantías judiciales y protección judicial (artículos 8 y 25), todo lo anterior en
relación con el deber general de respetar los derechos (artículo 1.1); por la
violación de las disposiciones 1, 8 y 10 de la Convención Interamericana para
Prevenir y Sancionar la Tortura y; por la violación de la obligación de adoptar
disposiciones de derecho interno (artículo 2 de la CADH, en conexión al
artículo 6 de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la
Tortura), todas estas violaciones en perjuicio de [los señores Juan García Cruz
y Santiago Sánchez Silvestre]”16.
22. Además, el Tribunal valora positivamente la voluntad y esfuerzo de las
partes por alcanzar un acuerdo de solución amistosa, que también refleja la
voluntad de México de reparar de manera integral los daños ocasionados a las
víctimas por las violaciones producidas en el presente caso y evitar que se
repitan tales violaciones. La Corte estima, además, que alcanzar acuerdos
entre las partes contribuye con los fines del sistema interamericano de
protección de los derechos humanos, especialmente con el propósito de
encontrar soluciones justas a los problemas particulares y estructurales del
caso17. Ello también permite que las violaciones en perjuicio de las víctimas
del presente caso sean reparadas de forma más pronta que si se hubiera
continuado el curso normal del litigio ante este Tribunal hasta su finalización.
Para contribuir a lograr ese propósito la Corte emite la presente Sentencia en el
menor tiempo que le fue posible, prestando particular atención a que en el
acuerdo al que llegaron las partes se estipuló que todas las reparaciones
deberán ser cumplidas por México dentro de plazos que comienzan a contarse
a partir de la notificación de la Sentencia que adoptara esta Corte.
23. El Tribunal estima que dicho reconocimiento de responsabilidad constituye
una contribución positiva al presente proceso y a la vigencia de los principios
que inspiran la Convención Americana. Asimismo, la Corte considera, como en
otros casos19, que tal acuerdo de solución amistosa y reconocimiento de
responsabilidad producen plenos efectos jurídicos en el presente caso.
24. Respecto de las medidas de reparación descritas en el acuerdo convenido
por el Estado, las víctimas y sus representantes, la Corte las homologa en los
términos descritos en la presente Sentencia (infra párr. 63 a 102) por contribuir
al objeto y fin de la Convención Americana. La Corte analizará dichas medidas
en el Capítulo VII, con el fin de determinar su alcance y formas de ejecución.
COMPETENCIA DE LA CORTE
25. La Corte Interamericana es competente para conocer del presente caso, en
los términos del artículo 62.3 de la Convención Americana, en razón de que
México es Estado Parte de la Convención desde el 24 de marzo de 1981 y
reconoció la competencia contenciosa de este Tribunal el 16 de diciembre de
1998. El 2 de noviembre de 1987 México ratificó la Convención Interamericana
para Prevenir y Sancionar la Tortura.
26. La Corte recuerda que tiene competencia temporal, como regla general, a
partir de la fecha de ratificación de los instrumentos respectivos y del
reconocimiento de su competencia contenciosa, de acuerdo a los términos en
que se hayan formulado dichas ratificaciones y reconocimiento20. Si bien la
declaración de reconocimiento de competencia de la Corte Interamericana
incluye una limitación temporal21, en el presente caso el Estado aceptó todos
los hechos contenidos en el Informe de Fondo de la Comisión, “incluso aquellos
anteriores a la aceptación de la competencia contenciosa de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos” (supra párr. 12). Es decir, existe una
clara manifestación de voluntad del Estado de reconocer todos los hechos
incluidos por la Comisión en dicho informe, así como las violaciones que se
configuren en este caso y sus consecuencias jurídicas, otorgando así su
consentimiento para que el Tribunal homologue en su entera dimensión el
Acuerdo firmado por las partes en el presente caso, de modo tal que México ha
desistido expresamente de cualquier limitación temporal al ejercicio de la
competencia de la Corte. Este Tribunal valora positivamente dicha aceptación
hecha por el Estado para este caso específico.
SOLICITUD SOBRE CONFIDENCIALIDAD DE IDENTIDAD DE LAS
VÍCTIMAS
27. Durante el proceso ante la Corte, los representantes comunicaron que
habían sido informados por sus representados que las víctimas tienen otros
nombres distintos a los que han utilizado en los procesos penales internos
seguidos en su contra y en este proceso internacional y explicaron que habían
ocultado su verdadera identidad por el temor de que sus familiares sufrieran
represalias22. Al respecto, en el Acuerdo de solución amistosa las partes
solicitaron que en el trámite ante la Corte y en esta Sentencia “se sigan
utilizando los nombres que ostentaron las víctimas durante [dichos]
procesos”23, así como también se obligaron a “guardar estricta
confidencialidad […] de los datos personales de las víctimas” 24. El 19 de
noviembre de 2013 el interviniente común de los representantes reiteró dicha
solicitud argumentando que “no se puede garantizar la seguridad de las
víctimas hasta la conclusión de [la averiguación previa penal iniciada por el
delito de tortura] y de cualquier otro proceso penal que de él derive”.
28. La Corte accede a la solicitud fundada de reserva de identidad de las
víctimas en aras de proteger su integridad y seguridad personal y la de sus
familiares, la cual deberá ser respetada, tanto en el marco del trámite del
presente caso ante la Corte como respecto de las declaraciones o información
que cualquiera de las partes haga pública sobre el caso. La Comisión y las
partes deberán garantizar la confidencialidad de la identidad de las víctimas,
absteniéndose de entregar información al respecto a terceros no involucrados
en este caso.
RESUMEN SOBRE LOS HECHOS DEL CASO Y LAS VIOLACIONES A LOS
DERECHOS HUMANOS
INTRODUCCIÓN
29. La comprensión de todos los aspectos jurídicos en acuerdo de solución
amistosa y el reconocimiento de responsabilidad efectuado por México, así
como el momento procesal en que se presentan para ser valorados y el
acuerdo homologado, hacen que no sea pertinente que esta Corte realice en el
presente caso una determinación propia de hechos y consecuencias jurídicas
con base en el análisis y valoración de la prueba aportada hasta este momento
procesal. No obstante, en aras de asegurar una mejor comprensión de la
responsabilidad internacional estatal en el presente caso y de que esta
Sentencia constituya también una forma de reparación para las víctimas y
contribuya a evitar que se repitan violaciones similares, la Corte encuentra
necesario efectuar un resumen de los hechos del caso (infra párr. 32 a 51) y de
las violaciones a los derechos humanos que se encuentran abarcadas por el
reconocimiento de responsabilidad del Estado (infra párr. 52 a 62).
30. Teniendo en cuenta lo anterior, así como que “ha cesado la controversia
sobre los hechos del caso y la responsabilidad internacional del Estado
mexicano” (supra párr. 11, 15 y 22), la Corte encuentra innecesario acceder al
pedido de las partes, al cual se adhirió la Comisión, de que “desarrolle los
estándares internacionales sobre las garantías que deben respetarse para
otorgar valor probatorio a una confesión, y adicionalmente la aplicación del
principio de inmediatez a la luz de las garantías previstas en la Convención
Americana sobre Derechos Humanos” (supra párr. 15 y 16), pedido que
además está formulado de modo particularmente general y abstracto.
31. Adicionalmente, la Corte nota que respecto de la alegada interpretación “del
principio de inmediatez dentro del ordenamiento jurídico mexicano” que, según
la Comisión, ha dado la Corte Suprema de Justicia y otros tribunales
colegiados mexicanos25, no se hizo referencia expresa a dichos precedentes
en las sentencias penales y de amparo del presente caso examinado en el
Informe de Fondo.
VI.B) RESUMEN DE LOS HECHOS DEL CASO
32. Debido a que el Estado reconoció su responsabilidad internacional respecto
de “todos los hechos contenidos en el Informe No. 138/11” de la Comisión, la
Corte efectuará un resumen de los mismos tomando en cuenta que están
descritos en el capítulo “V. Hechos Probados” de dicho informe (párrafos 42 a
120), así como que otras determinaciones fácticas fueron efectuadas en el
capítulo “VI. Análisis de Derecho” (párrafos 121 a 249 del Informe) en aspectos
que involucraban una fundamentación más detallada sobre el análisis y
valoración de la prueba. Asimismo, el Tribunal expondrá brevemente algunos
hechos relevantes ocurridos con posterioridad a la adopción de dicho Informe
(infra VI.B.4).
33. Los señores Juan García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre fueron
procesados penalmente en dos causas:
a) por los delitos de “portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército,
Armada y Fuerza Aérea; Asociación delictuosa y Rebelión” (causa penal No.
66/97); y
b) por “los delitos de homicidio, lesiones, robo con violencia, delincuencia
organizada y daño en los bienes” (causa penal No. 172/97)26.
B.1) Detención, sometimiento a tortura y primeras declaraciones en fase de
averiguación previa
34. El 6 de junio de 1997 los señores Juan García Cruz y Santiago Sánchez
Silvestre fueron detenidos, sin orden judicial, por agentes de la Policía Judicial
del Distrito Federal. Tenían, respectivamente, 20 y 37 años de edad y
trabajaban como albañiles en el Distrito Federal. “Fueron objeto de tortura
mientras se encontraron bajo la custodia de los agentes policiales que
realizaron su detención” “con el fin de doblegar su resistencia psíquica y
obligarlos a auto inculparse o a confesar determinadas conductas delictivas”.
“La tortura proyectó sus efectos en las primeras declaraciones rendidas ante el
Ministerio Público, así como en la primera declaración judicial que ambos
rindieron el día 8 de junio de 1997”. El 6 de junio de 1997 día rindieron
“declaraciones” ante la Policía Judicial, durante lo cual “no contaron con la
asistencia de un abogado defensor”.
35. El 6 de junio de 1997 también “rindieron su primer declaración ante el
Ministerio Público” del Distrito Federal. “La tortura a la que fueron sometidos los
compelieron a declararse culpable[s] de los delitos y hechos imputados en
relación con la portación de armas de fuego de uso privativo del Ejército,
homicidios, lesiones, entre otros”. En las actas de esas declaraciones la
autoridad ministerial hizo constar que ambos presentaban “huellas externas de
lesiones recientes” y que ambos manifestaron que los agentes de la Policía
Judicial les produjeron esas lesiones. El agente del Ministerio Público
interviniente solicitó al Director General de Servicios Periciales que se designe
a un perito en medicina para que dictaminara sobre el estado psicofísico y de
lesiones de los señores García Cruz y Sánchez Silvestre antes de prestar su
primera declaración ministerial. Los primeros certificados médicos, emitidos por
la Unidad Departamental de Medicina Forense de la Procuraduría General de
Justicia del Distrito Federal el 6 de junio de 1997 en la tarde, se refirieron a que
cada una de las víctimas “presentaba Huellas Externas de Lesiones Recientes[,
que por su naturaleza tardan menos de 15 días en sanar”. Después de haber
rendido sus primeras declaraciones, el 7 de junio de 1997, los peritos médicos
forenses de la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría General de
Justicia del Distrito Federal emitieron un segundo certificado médico que se
refirió a que ambos “presentaban lesiones que por su naturaleza no ponen en
peligro la vida y tardan en sanar menos de quince días”. Un tercer certificado
médico fue emitido ese mismo día en la noche que concluyó lo mismo y
agregó, inter alia, que se “requería valoración radiográfica” respecto de las
“lesiones en hombros y brazos que presentan [las víctimas], [y que] presentan
también aumento de volumen de la región afectada que se acompaña con
limitación de movimientos”. El 8 de junio de 1997 los señores García Cruz y
Sánchez Silvestre rindieron declaraciones ante el Ministerio Público de la
Federación, en las cuales se encontraron asistidos por una persona que era
“estudiante de derecho” como “persona de confianza”31.
36. El artículo 287 del Código Federal de Procedimientos Penales de México
establece, inter alia, que “[l]a confesión ante el Ministerio Público y ante el juez
deberá […] se[r] hecha […] sin coacción, ni violencia física o moral”, “con la
asistencia de su defensor o persona de su confianza”32.
37. “Juan García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre fueron investigados y
procesados judicialmente en dos causas penales tramitadas sobre la base de
las mismas declaraciones ministeriales, en las cuales manifestaron que la
detención no se realizó en el lugar indicado por los policías judiciales que la
practicaron[,] y que fueron lesionados y torturados por aquellos”. “Desde las
primeras diligencias de investigación” y “en repetidas ocasiones” los señores
García Cruz y Sánchez Silvestre y sus representantes legales denunciaron o
pusieron en conocimiento de las autoridades judiciales dichos hechos de
agresión y tortura. “Las autoridades judiciales [y] ministeriales no procedieron a
iniciar una investigación” para obtener información relacionada directamente
con los alegatos de tortura y lesiones de los señores García Cruz y Sánchez
Silvestre33.
B.2) Proceso penal por los delitos de “portación de arma de fuego de uso
exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea; Asociación delictuosa y
Rebelión”
38. El 8 de junio de 1997 “el Ministerio Público Federal ejercitó la acción penal”
contra los señores García Cruz y Sánchez Silvestre, “colocándolos a
disposición del Juzgado Séptimo de Distrito en Materia Penal en el Distrito
Federal]”. Ese mismo día “tuvo lugar una audiencia pública […] en la cual
ambos rindieron su declaración preparatoria”. El 11 de ese mes “el Juez Sétimo
resolvió decretar auto formal de prisión en contra de [ambos]” 34.
39. El 24 de julio de 1997 los señores García Cruz y Sánchez Silvestre
“revocaron el nombramiento de la defensa de oficio” y nombraron defensores
particulares35.
40. El 28 de agosto de 1998 el Juzgado Séptimo de Distrito en Materia Penal
en el Distrito Federal “emitió la sentencia de primera instancia, mediante la cual
[los] declaró […] penalmente responsables de la comisión del delito de
‘portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza
Aérea’; imponiéndoles una condena de tres años de prisión y multa de doce
días”. La defensa de ambos condenados y el agente del Ministerio Público de
la Federación interpusieron recursos de apelación36.
41. El 21 de enero de 1999 el Primer Tribunal Unitario del Primer Circuito en
México emitió sentencia, en la cual “confirmó la condena de privación de
libertad de la primera instancia y rebajó la multa impuesta”. Respecto del valor
probatorio de las declaraciones de los señores García Cruz y Sánchez Silvestre
ese tribunal indicó, inter alia, que “si bien es cierto en el sumario obran los
certificados médicos de lesiones de los hoy sentenciados, de los cuales se
advierte que efectivamente presentaron huellas de lesiones[, …] también lo es
que tales certificados no demuestran que efectivamente las lesiones […] les
hubieren sido inferidas por sus captores para emitir declaraciones inculpatorias;
pues no se aportó medio de prueba alguno para demostrar tal situación; por
ende no puede decirse que sus declaraciones carezcan de validez alguna
[…]”37.
42. Los señores García Cruz y Sánchez Silvestre “presentaron un recurso de
amparo en contra de la referida sentencia del Primer Tribunal Unitario del
Primer Circuito”38. El 18 de octubre de 1999 el Tercer Tribunal Colegiado del
Primer Circuito en Materia Penal emitió sentencia para resolver el amparo, en
la cual dejó “subsistente la sentencia reclamada, salvo en lo referido a la
cuantificación del monto de la multa”. Con respecto a los alegatos de tortura
resolvió en el mismo sentido que la sentencia del Primer Tribunal. Respecto a
la alegada deficiencia en la defensa de oficio sostuvo, inter alia, que “si el
defensor no cumplió con su obligación, no es un hecho atribuible al Juzgador,
de acuerdo con el criterio sustentado en la tesis de jurisprudencia número 119
de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”. Sobre las
circunstancias de la detención, “estableció que no existían elementos de
prueba para demostrar que la detención se había realizado en la vivienda de
Juan García Cruz y Santiago Sánchez Silvestre”.
57. La Corte considera relevante destacar que el incumplimiento de la
obligación de investigar los hechos de tortura en el presente caso proviene,
fundamentalmente, de la omisión de las autoridades estatales de iniciar una
investigación penal para investigar esos hechos de forma independiente de los
procesos penales seguidos contra las víctimas69. La Corte considera
indispensable resaltar que el proceso penal llevado contra los señores García
Cruz y Sánchez Silvestre por portación de arma de fuego de uso privativo del
Ejército poseía un objeto distinto al de investigar los hechos de tortura
cometidos en su perjuicio70. Ante las alegaciones de los señores García Cruz y
Sánchez Silvestre de haber sido torturados y las constancias en las actas de
sus declaraciones y certificados de sus exámenes médicos de que presentaban
lesiones físicas (supra párrs. 34 y 35)71, correspondía al Estado iniciar de
oficio e inmediatamente una investigación efectiva de dichos alegatos de
tortura conforme a los protocolos y estándares específicos72. Si los hechos
eran constitutivos de un delito de tortura o de otros delitos, como lesiones, no
era una determinación que correspondiera realizar a los jueces a cargo de los
procesos penales contra los señores García Cruz y Sánchez Silvestre.
58. Adicionalmente, el Tribunal reitera su jurisprudencia sobre la regla de
exclusión de pruebas obtenidas mediante tortura, tratos crueles e inhumanos y
coacción capaz de quebrantar la expresión espontánea de la voluntad de la
persona73. Asimismo, la Corte ha indicado que aceptar o dar valor probatorio a
declaraciones o confesiones obtenidas mediante coacción, que afecten a la
persona que la rinde o a un tercero, constituye a su vez una infracción a un
juicio justo74. En vista de lo que fue sostenido en la sentencia penal de 12 de
febrero de 2002 (supra párr. 47), la Corte estima pertinente reiterar que los
actos de tortura que pudieran haber ocurrido anteriormente a que el imputado
efectúe su declaración pueden tener incidencia en el momento en que la
rinde75.
59. Por otra parte, ha sido puesto en conocimiento de la Corte que en el 2013,
con posterioridad a la emisión del Informe de Fondo por la Comisión y al
sometimiento del presente caso a la Corte, se emitieron dos sentencias
particularmente importantes por su contenido y por estar dirigidas a proteger
los derechos humanos de las víctimas de este caso efectuando un “control de
convencionalidad”76: una de amparo y otra posterior en materia penal (supra
párrs.
51). De esta manera, las referidas sentencias resultaron particularmente
relevantes para ‘‘cesar la controversia’’ y para alcanzar un acuerdo de solución
amistosa. En este sentido, en dicho acuerdo se afirmó que “[c]on [dicha
sentencia penal de 18 de abril de 2013] se dio cumplimiento a la
Recomendación Tercera del Informe de Fondo”77. El Tribunal resalta que las
mencionadas sentencias invocaron normas de la Convención Americana, así
como estándares internacionales contenidos en la jurisprudencia de la Corte en
materia de garantías judiciales en el proceso penal, particularmente en lo que
toca al derecho de defensa, a la prueba en que se puede basar el juez para
emitir sentencia, el carácter absoluto de la regla de la exclusión de pruebas
obtenidas mediante tortura o tratos crueles e inhumanos, la invalidez de la
confesión obtenida bajo cualquier tipo de coacción y los elementos del acto
constitutivo de tortura.
REPARACIONES
(Aplicación del artículo 63.1 de la Convención Americana en el marco de
la homologación del acuerdo de solución amistosa)
63. Sobre la base de lo dispuesto en el artículo 63.1 de la Convención
Americana83, la Corte ha indicado que toda violación de una obligación
internacional que haya producido daño comporta el deber de repararlo
adecuadamente84 y que esa disposición recoge una norma consuetudinaria
que constituye uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional
contemporáneo sobre responsabilidad de un Estado85.
64. Este Tribunal ha establecido que las reparaciones deben tener un nexo
causal con los hechos del caso, las violaciones declaradas, los daños
acreditados, así como las medidas solicitadas para reparar los daños
respectivos. Por lo tanto, la Corte debe observar dicha concurrencia para
pronunciarse debidamente y conforme a derecho86.
65. La reparación del daño ocasionado por la infracción de una obligación
internacional requiere, siempre que sea posible, la plena restitución (restitutio in
integrum), que consiste en el restablecimiento de la situación anterior87. De no
ser esto factible, como ocurre en la mayoría de los casos de violaciones a los
derechos humanos, el Tribunal determinará medidas para garantizar los
derechos conculcados y reparar las consecuencias que las infracciones
produjeron. Por tanto, la Corte ha considerado la necesidad de otorgar diversas
medidas de reparación, a fin de resarcir los daños de manera integral, por lo
que además de las indemnizaciones compensatorias, la obligación de
investigar, las medidas de restitución, rehabilitación, satisfacción y las garantías
de no repetición tienen especial relevancia por los daños ocasionados.
66. En consideración del acuerdo de solución amistosa alcanzado entre las
partes para reparar a las víctimas en el presente caso, el cual ha sido
previamente homologado por este Tribunal (supra párrs. 23 y 24), y tomando
en cuenta la relevancia y magnitud de las violaciones reconocidas por el
Estado, la Corte analizará las medidas acordadas con el fin de determinar su
alcance y formas de ejecución, a la luz de los criterios fijados en su
jurisprudencia y en relación con la naturaleza, objeto y fin de la obligación de
reparar integralmente los daños ocasionados a las víctimas.
Parte lesionada y otros beneficiarios del acuerdo de solución amistosa
67. La Corte considera como “parte lesionada” a los señores Juan García
Cruz y Santiago Sánchez Silvestre, por tratarse de las personas indicadas
como víctimas en el Informe de Fondo de la Comisión, de conformidad con lo
establecido en el artículo 35.1.b del Reglamento del Tribunal90, y declaradas
como tales en la presente Sentencia con base en el acuerdo a que arribaron
las partes y el reconocimiento de responsabilidad de México (supra párrs. 12 y
22). Por lo tanto, los señores García Cruz y Sánchez Silvestre serán
considerados beneficiarios de las reparaciones que ordene el Tribunal91.
68. Sin perjuicio de lo anterior, la Corte nota que en la acápite “X. Otras
reparaciones otorgadas de buena fe” del acuerdo de solución amistosa, el
Estado acordó otorgar “de buena fe” dos medidas en beneficio de la “hija y
esposa de Santiago Sánchez Silvestre” (infra párrs. 77 y 82)92. En virtud del
amplio reconocimiento de responsabilidad del Estado y del espíritu y alcance
del acuerdo a favor de las familiares de la referida víctima, el Tribunal
homologa el acuerdo en este aspecto y considerará a la hija y la esposa del
señor Santiago Sánchez Silvestre como beneficiarias de las medidas de
reparación dispuestas en el acuerdo de solución amistosa.
B) Obligación de investigar los hechos de tortura
69. En el acuerdo de solución amistosa, bajo el acápite de “garantías de no
repetición”, se incluyó la obligación estatal de investigar “los hechos
constituyentes de tortura en perjuicio de las víctimas”. Al respecto, se realizaron
las siguientes precisiones en el acuerdo:
i) en lo relativo al “deber del Estado de investigar y sancionar”, el Estado se
comprometió “a través de la Procuraduría General de la República […] a
realizar y proseguir de modo diligente todas las investigaciones y actuaciones
necesarias para deslindar responsabilidades y en su caso, sancionar la
comisión del delito de tortura”, lo cual “incluye las acciones y omisiones que se
realizaron en perjuicio de las víctimas y que generaron la responsabilidad
internacional del Estado mexicano”. Asimismo, el Estado “[e]n cumplimiento de
esta obligación […] debe remover todos los obstáculos, de facto y de jure, que
mantengan la impunidad”;
ii) en cuanto al “acceso a la investigación y la participación de las víctimas […]
en el proceso ministerial, el Estado reconoció su derecho irrestricto para
acceder y consultar, por sí o por sus representantes, el expediente de la
investigación que se siga por el delito de tortura, para coadyuvar con el
Ministerio Público Federal”. Asimismo, se señaló que “[e]ste derecho podrá ser
ejercido en otros procesos penales que se inicien en función de la investigación
de la totalidad de los hechos del caso”. Para ello, las partes “se reunirán
cuantas veces sean necesarias con el Ministerio Público de la Federación a fin
de plantear inquietudes y observaciones inherentes a la investigación del caso”;
iii) sobre los “hechos en materia de la investigación penal” se indicó que “[p]ara
continuar con la investigación de los hechos del caso, sin prejuzgar sobre la
probable responsabilidad de las personas que son investigadas, de las que
resultaren involucradas, así como de aquellas que fueren sancionadas penal o
administrativamente por los hechos relacionados con los delitos cometidos en
perjuicio de las víctimas, el Estado mexicano reconoce que el Ministerio Público
Federal debe tener en consideración la base fáctica reconocida en e[l]
Acuerdo”,
iv) en relación con la “obligación de investigar oficiosamente”, el Estado
“reconoc[ió] que las investigaciones se deben llevar a cabo de acuerdo con
todas las obligaciones establecidas en la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos […] y en los tratados internacionales de los que el Estado
mexicano es parte”.
70. La Corte valora positivamente que el Estado haya reconocido
expresamente en el acuerdo la importancia de dar cumplimiento a su obligación
de investigar los hechos, identificar, juzgar y, eventualmente, sancionar con
debida diligencia y asegurando el acceso y la participación de las víctimas en el
proceso penal. Asimismo, la Corte destaca la relevancia de que se haya
precisado la necesidad de tomar en cuenta los hechos reconocidos por el
Estado en el presente caso, así como que la investigación se realice de
acuerdo con las obligaciones establecidas tanto en su Constitución Política
como en los tratados internacionales de los cuales México es Parte. Este
Tribunal destaca la particular relevancia de la Convención Americana y la
Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura al respecto.
71. La referida obligación de investigar los hechos, identificar, juzgar y, en su
caso, sancionar a los responsables debe ser cumplida en un plazo razonable.
En el presente caso el Estado omitió cumplir con esta obligación de oficio por
aproximadamente catorce años (supra párr. 49).
C) Medida de restitución: eliminación de antecedentes
72. En el acuerdo de solución amistosa, bajo el acápite de “Reparación por
daño inmaterial y medidas de satisfacción”, el Estado “se comprometió a
eliminar los antecedentes penales que pudiesen existir en contra de las
víctimas de este caso, siempre que los mismos se refieran a los hechos que
conforman la base de[l] Acuerdo [de solución amistosa]”. Asimismo, se estipuló
que esta medida “será coordinada por la Unidad para la Defensa de los
Derechos Humanos, de la Secretaría de Gobernación, y deberá cumplirse en el
plazo de un año a partir de la notificación de la [presente] sentencia”.
73. La Corte recuerda que los antecedentes penales que pueden existir de las
víctimas por los hechos de este caso se refieren tanto a la sentencia penal
condenatoria por el delito de portación de arma de fuego de uso exclusivo del
Ejército, Armada y Fuerza Aérea, como a la sentencia condenatoria por los
delitos de homicidio, lesiones, robo con violencia, delincuencia organizada y
daño en los bienes (supra párrs. 40 a 42 y 46 a 48). Ha sido probado ante este
Tribunal que esta última sentencia fue revocada y los señores García Cruz y
Sánchez Silvestre fueron absueltos de esos delitos. Aun cuando no han sido
allegados elementos a esta Corte relativos a la revocación de la sentencia
penal condenatoria por el referido delito de portación de arma, el Tribunal
entiende que el compromiso asumido por el Estado de eliminar los
antecedentes penales que puedan existir en perjuicio de las víctimas por los
hechos del presente caso comprende ambas sentencias penales
condenatorias, por lo cual homologa esta medida en los términos acordados
por las partes. De acuerdo con lo ordenado en ocasiones anteriores93, la Corte
recuerda que la ejecución de esta medida implica que deben suprimirse todos
los antecedentes judiciales, administrativos, penales o policiales que existan en
contra de los señores García Cruz y Sánchez Silvestre en relación con los
hechos del presente caso.
D) Medida de rehabilitación: atención médica y psicológica
74. En el acuerdo de solución amistosa, bajo el acápite de “Reparación por
daño inmaterial y medidas de satisfacción”, el Estado se “comprometió a
otorgar a las víctimas atención médica preferencial y gratuita a través del
Programa de Acceso Gratuito a los Servicios Médicos y Medicamentos a las
Personas Residentes en el Distrito Federal que Carecen de Seguridad Social
Laboral proporcionado por la Secretaría de Salud del Distrito Federal”. Se
dispuso que ello involucra “tres niveles de atención en los términos del
Programa referido […], teniendo acceso [las víctimas] a todas las
intervenciones y atención de enfermedades y padecimientos, incluidos los de
índole psiquiátrica”. Asimismo, “tendrán acceso a los servicios y bienes
farmacéuticos establecidos en la cobertura médica del seguro popular”.
También se estipuló que “[e]n caso de que el servicio médico que requieran se
brinde en instalaciones fuera de su lugar de residencia, tendrán derecho a que
los gastos de traslado y viáticos respectivos los erogue el Estado mexicano”.
“En caso del tercer nivel de atención, se brindará la atención médica
especializada adecuada incluso a través de los Institutos Nacionales de Salud,
los Hospitales Federales de Referencia y los Hospitales Regionales de Alta
especialidad, según se requiera”.
75. Asimismo, se acordó que “[s]i las víctimas cambian de domicilio a otra
entidad federativa de la República mexicana, la atención médica se brindará en
su nuevo lugar de residencia a través del Seguro Popular o programa afín que
otorgue el mismo nivel de atención establecido en el Programa señalado”. Se
dispuso también que “[l]a Unidad para la Defensa de los Derechos Humanos de
la Secretaría de Gobernación y la Coordinación General de Asuntos Jurídicos y
Derechos Humanos de la Secretaría de Salud federal, gestionarán lo
relacionado con esta medida de reparación”, la cual “se comenzará a brindar a
los seis meses a partir de la notificación de la [presente] sentencia”..
PUNTOS RESOLUTIVOS
Por tanto,
LA CORTE
DECIDE,
Por unanimidad,
1. Homologar el “Acuerdo de solución amistosa y reconocimiento de
responsabilidad del Estado”, suscrito por las víctimas, sus representantes y
México.
2. Aceptar el reconocimiento total de responsabilidad internacional efectuado
por el Estado en dicho acuerdo.
3. Valorar positivamente el referido “Acuerdo de solución amistosa y
reconocimiento de responsabilidad del Estado”, por su trascendencia para
alcanzar una solución a la controversia del caso en este proceso internacional.
DECLARA,
Por unanimidad, que:
4. El Estado, tal como lo reconoció en el acuerdo de solución amistosa, es
responsable por “la violación de los siguientes derechos contenidos en la
Convención Americana]: libertad personal (artículo 7), integridad personal
(artículo 5), garantías judiciales y protección judicial (artículos 8 y 25), todo lo
anterior en relación con el deber general de respetar los derechos (artículo 1.1);
por la violación de las disposiciones 1, 8 y 10 de la Convención Interamericana
para Prevenir y Sancionar la Tortura y; por la violación de la obligación de
adoptar disposiciones de derecho interno (artículo 2 de la Convención
Americana], en conexión al artículo 6 de la Convención Interamericana para
Prevenir y Sancionar la Tortura)”, en perjuicio de Juan García Cruz y Santiago
Sánchez Silvestre.
Y DISPONE
Por unanimidad, que:
5. Esta Sentencia constituye per se una forma de reparación.
6. De conformidad con lo dispuesto en el acuerdo de solución amistosa, el
Estado debe:
a) “realizar y proseguir de modo diligente todas las investigaciones y
actuaciones necesarias para deslindar responsabilidades y en su caso,
sancionar la comisión del delito de tortura”, en perjuicio de los señores García
Cruz y Sánchez Silvestre, en los términos de los párrafos 69 a 71 de la
presente Sentencia;
b) “eliminar los antecedentes penales que pudiesen existir en contra de [los
señores García Cruz y Sánchez Silvestre]”, en relación con los hechos del
presente caso, en los términos de los párrafos 72 y 73 de la presente
Sentencia;
c) “otorgar a las víctimas atención médica preferencial y gratuita a través del
Programa de Acceso Gratuito a los Servicios Médicos y Medicamentos a las
Personas Residentes en el Distrito Federal que Carecen de Seguridad Social
Laboral” y brindarles atención psicológica a través de “[l]a Procuraduría Social
de Atención a las Víctimas de Delitos[, …] en sus domicilios o en las
instalaciones del Centro de Atención a Víctimas y Ofendidos más cercana al
mismo, a elección de las víctimas”, en los términos de los párrafos 74 a 78 de
la presente Sentencia;
d) “otorgar a [… la esposa del señor Santiago Sánchez Silvestre,] atención
médica gratuita a través del Programa de Acceso Gratuito a los Servicios
Médicos y Medicamentos a las Personas Residentes en el Distrito Federal que
Carecen de Seguridad Social Laboral”, en los términos de los párrafos 74 a 78
de la presente Sentencia;
e) realizar “un acto público de reconocimiento de responsabilidad [internacional]
y disculpa pública” por los hechos del presente caso, en los términos de los
párrafos 84 y 85 de la presente Sentencia;
f) realizar las publicaciones indicadas en los párrafos 86 y 87 de la Sentencia;
g) “garantizar la educación de las víctimas hasta la conclusión de sus estudios
universitarios o técnicos, según sea su interés a través del] pago de becas
educativas”, en los términos de los párrafos 81 a 83 de la presente Sentencia;
h) “garantizar la educación de [… la hija del señor Santiago Sánchez Silvestre,]
hasta la conclusión de sus estudios universitarios o técnicos, según sea el
interés que en su momento tenga la misma” a través de una “beca escolar”, en
los términos de los párrafos 82 y 83 de la presente Sentencia;
i) “entregar en propiedad una vivienda en el Distrito Federal a cada víctima” a
través del “Programa de Vivienda Nueva en Conjunto a cargo del Instituto de
Vivienda del Distrito Federal”, en los términos de los párrafos 79 y 80 de la
presente Sentencia;
j) “realizar un seminario con expertos para debatir la aplicación de la doctrina
de la inmediatez procesal utilizada por la Suprema Corte de Justicia de la
Nación y a hacer llegar las conclusiones de dicho evento a diversos servidores
públicos encargados de la defensoría de oficio, así como de la procuración e
impartición de justicia”, en los términos de los párrafos 88 y 89 de la presente
Sentencia;
k) realizar “la publicación en el Diario Oficial de la Federación y en otro diario
de amplia circulación nacional, por una sola vez, de un resumen de [la
sentencia del juicio de amparo 778/2012], previamente acordado con las
víctimas y sus representantes”, en los términos de los párrafos 90 y 91 de la
presente Sentencia;
l) efectuar un “Programa para operadores de justicia” para “continuar otorgando
capacitación a los servidores públicos encargados de la defensoría de oficio,
así como de la procuración, e impartición de justicia bajo los estándares
internacionales más altos, para que puedan identificar, reaccionar, prevenir,
denunciar y sancionar, el uso de técnicas de tortura”, en los términos de los
párrafos 92 y 93 de la presente Sentencia;
m) pagar a cada una de las víctimas las cantidades acordadas por concepto de
indemnizaciones del daño material y del daño inmaterial, en los términos de los
párrafos 94, 96, 97, 99 y 100 de la presente Sentencia, y
n) pagar las cantidades acordadas por concepto de reintegro de costas y
gastos a la abogada María del Pilar Noriega García y a CEJIL, en los términos
de los párrafos 95, 96, 98, 99 y 100 de la presente Sentencia.
7. El Estado debe, dentro del plazo de un año contado a partir de la notificación
de esta Sentencia, rendir al Tribunal un informe sobre las medidas adoptadas
para cumplir con la misma.
8. La Corte supervisará el cumplimiento íntegro de esta Sentencia, en ejercicio
de sus atribuciones y en cumplimiento de sus deberes conforme a la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, y dará por concluido el
presente caso una vez que el Estado haya dado cabal cumplimiento a lo
dispuesto en la misma.