Modelo de acción comunicativa
Jürgen Habermas (n. 1929) es un filósofo alemán preocupado por integrar la filosofía y las ciencias
sociales en una teoría crítica de la sociedad. En su obra Teoría de la acción comunicativa (1981)
propone un modelo de “acción comunicativa”, que concibe el entendimiento lingüístico como un
mecanismo de coordinador de la acción.
Tres modelos de lenguaje
Para llegar a la concepción del lenguaje como parte de una acción comunicativa, Habermas recoge
críticamente las aportaciones de tres modelos del lenguaje:
1. Modelo teleológico de acción. Concibe el lenguaje como un medio más a través del cual los
hablantes, que se orientan hacia su propio éxito, pueden influir los unos sobre los otros con el
fin de mover al oponente a formarse las opiniones o a concebir las intenciones que les
convienen para sus propios propósitos. La “semántica intencional” es un ejemplo de esta
concepción de lenguaje.
2. Modelo normativo de acción. Concibe el lengua je como un medio que transmite valores
culturales y que es portador de un consenso que simplemente queda ratificado con cada
nuevo acto de entendimiento. Este concepto culturalista de lenguaje es el más difundido en la
Antropología Cultural.
3. Modelo de acción dramatúrgica. Presupone el lenguaje como medio en que tiene lugar la
autoescenificación; el significado cognitivo de los enunciados y el significado interpersonal de
los componentes ilocucionarios cede su importancia en favor de sus funciones expresivas. El
lenguaje es asimilado a formas estilísticas y estéticas de expresión.
¿Cuál es el problema con estos tres modelos? Habermas considera que los tres son limitados,
privilegian sólo un tipo de comunicación:
El modelo teleológico de acción sólo toma en cuenta que los hablantes buscan la realización
de sus propios fines (provocación de efectos perlocucionarios);
El modelo normativo de acción considera que los hablantes se limitan a actualizar un acuerdo
normativo ya existente (establecimiento de relaciones interpersonales); y
El modelo de acción dramatúrgica ve el habla como autoescenificación destinada a
espectadores (expresión de vivencias).
En cada uno de estos tres casos sólo se tematiza una función del lenguaje. El peligro radica aquí en
que la acción social se vea reducida a las operaciones interpretativas de los participantes en la
interacción, en que actuar se asimile a hablar e interacción a «conversación».
Habermas busca con su modelo comunicativo de acción que se tomen en cuenta todas las
funciones del lenguaje. Insiste en que los actos de habla son complejos, en el sentido de que
simultáneamente expresan un contenido proposicional, la oferta de una relación interpersonal y
una intención del hablante.
Diferencia entre lenguaje y comunicación
Distinguimos los movimientos corporales de aquellos movimientos con que un sujeto produce un
significado y se comunica. Sólo estas manifestaciones simbólicas cuentan como acciones: el
movimiento corporal es elemento de una acción, pero no una acción en sí misma. Asimismo, las
operaciones de pensamiento y de habla no son accesibles, como las acciones, a una crítica desde
el punto de vista de la verdad, de la eficacia, de la rectitud o de la veracidad. Sólo como
infraestructura de otras acciones guardan una relación con el mundo.
Estas consideraciones tienen por objeto aclarar por qué los actos de entendimiento constitutivos
de la acción comunicativa no pueden ser analizados de la misma forma que las oraciones
gramaticales con cuya ayuda se realizan. Para el modelo comunicativo de acción, el lenguaje es
relevante sólo cuando el uso de oraciones orienta el entendimiento y nos relacionan con el mundo
(y no sólo directamente, como en la acción teleológica, en la acción regida por normas o en la
acción dramatúrgica, sino de un modo reflexivo). Así, el entendimiento lingüístico es sólo el
mecanismo de coordinación de la acción, que ajusta los planes de acción y las actividades
teleológicas de los participantes para que puedan constituir una interacción.
El concepto de acción comunicativa de Habermas asume que el lenguaje es un medio de
entendimiento entre hablantes y oyentes que se refieren simultáneamente a algo en el mundo
objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para negociar definiciones de la situación
que puedan ser compartidas por todos.
Tres pretensiones de validez
En el modelo de acción comunicativa los hablantes integran en un sistema los tres conceptos de
mundo que en los otros tipos de acción aparecen aislados: el mundo objetivo, en el mundo social y
en el mundo subjetivo; pero relativiza su manifestación a la posibilidad de que la validez de ésta
pueda ser puesta en tela de juicio por otros actores. Que el entendimiento funcione como
mecanismo coordinador de la acción sólo puede significar que los participantes en la interacción
se ponen de acuerdo acerca de la validez que pretenden para sus emisiones o manifestaciones, es
decir, que reconocen intersubjetivamente las pretensiones de validez con que se presentan unos
frente a otros.
Un hablante hace valer la pretensión de validez de sus expresiones mostrando que está abierto a
al enjuiciamiento objetivo por su oponente. El concepto de acción comunicativa presupone el
lenguaje como un medio dentro del cual tiene lugar un tipo de procesos de entendimiento en cuyo
transcurso los participantes, al relacionarse con un mundo, se presentan unos frente a otros con
pretensiones de validez que pueden ser reconocidas o puestas en cuestión.
El actor que en el sentido indicado se oriente al entendimiento tiene que plantear explícitamente
con su manifestación tres pretensiones de validez, a saber:
- La pretensión de verdad: el enunciado que hace es verdadero (o de que en efecto se
cumplen las condiciones de existencia del contenido proposicional cuando éste no se
afirma sino sólo se «menciona»);
- La pretensión de rectitud normativa: el acto de habla es correcto en relación con el
contexto normativo vigente (o de que el propio contexto normativo en cumplimiento del
cual ese acto se ejecuta, es legítimo), y
- La pretensión de veracidad: la intención expresada por el hablante coincide realmente con
lo que éste piensa.
El hablante pretende, pues, (1) verdad para los enunciados o para las presuposiciones de
existencia, (2) rectitud para las acciones legítimamente reguladas y para el contexto normativo de
éstas, y (3) veracidad para la manifestación de sus vivencias subjetivas. Son los propios actores los
que buscan un consenso y lo someten a criterios de verdad, de rectitud y de veracidad, es decir, a
criterios de ajuste o desajuste entre los actos de habla, por un lado, y los tres mundos con que el
actor contrae relaciones con su manifestación, por el otro. Esas relaciones son las que se dan entre
la manifestación y
- el mundo objetivo (como conjunto de todas las entidades sobre las que son posibles
enunciados verdaderos);
- el mundo social (como conjunto de todas las relaciones interpersonales legítimamente
reguladas), y
- el mundo subjetivo (como totalidad de las vivencias del hablante, a las que éste tiene un
acceso privilegiado).
Concluyendo, podemos decir que la acción comunicativa no se agota en el acto de entendimiento
efectuado en términos de interpretación; ésta no equipara acción y comunicación. El lenguaje,
para Habermas, es un medio de comunicación que sirve al entendimiento, mientras que los
actores al entenderse entre sí para coordinar sus acciones persiguen, cada uno, determinadas
metas. Y para lograrlo, hacen valer determinadas pretensiones de validez.
FUENTE: Jürgen HABERMAS, Teoría de la acción comunicativa, 2 vols. Taurus, Madrid, 1987.