BASlLIDES Y LOS BASILIDIANOS
2003,Gracía Bazán, Francisco (compilador), La Gnosis eterna. Antología de textos gnósticos griegos y coptos I, Trotta, Madrid
El Himno de la Perla7
(Los Hechos de Tomás, el gemelo de Cristo, no sólo presentan al
discípulo como el receptor y mediador de las revelaciones secretas
de Jesús [cap. 46], sino asimismo como el apóstol de Siria y la India
7. Texto griego en Acta Apostolorum Apocrypha (R. A. Lipsius y M. Bonnet),
III, 218-224; ver igualmente, para nuestra versión, A. A. Bevan, The Hymn of the
Soul, The University Press, Cambridge, 1897, y las siguientes versiones mejoradas y
trabajos: R. M. Grant, Gnosticism, An Anthology, Collins, London, 1961, 116-122;
G. Bornkamm, en E. Hennecke (ed.), New Testament Apocrypha II, 425ss; Foerster,
Gnosis I, 337ss.; A. F. J. Klijn, TheActs of Thomas, Introduction, Text, Commentary,
Brill, Leiden, 1962; H. Leisegang, La Gnose, Payot, Paris, 1951, 247-250; H. Jonas,
Gnosis und spätantiker Geist I, 320-328; el artículo de G. Widengren «Der iranische
Hintergrund der Gnosis»: Zeitschriftfür Religions- und Geistes geschickte 4 (1952),
pp. 27-114; y, asimismo, A. F. J. Klijn, «Early Syriac Christianity-Gnostic?» en U.
Bianchi (ed.), Le Origine dello Gnosticismo, Brill, Leiden, 1967, 575ss., y G. Quis-
pel, «Makarius und das Lied von der Perle», en O.d.G., 625ss., presentación menor
del gran tema que el mismo autor desarrolla en Makarius, das Thomasevangelium
und das Lied von der Perle, Brill, Leiden, 1967. J. E. Ménard, «Le Chant de la Perle»:
Revue de Sciences Religieuses 4 (1968), pp. 289-325, F. García Bazán, Gnosis2, 307-
314, y P. H. Poirier, L’hymne de la Perle des Actes de Thomas. Introduction, texte,
traduction, commentaire, Centre d’Histoire des Religions, Louvaine, 1981. Sobre el
simbolismo de la perla cf. Hechos de Pedro y los doce apóstoles (NHC VI, 1) 2,3 Oss. y
4,lss., en Textos gnósticos II, 223-239.
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EL HIMNO DE LA PERLA
[cap. 39]. Estos Hechos de características novelescas han tenido una
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gran difusión entre los cristianos primitivos: gnósticos, maniqueos,
priscilianistas y católicos. Los últimos con una connatural tenden
cia a limpiar estos ágiles cuadros narrativos de las enseñanzas gnós-
ticas de fondo. La doctrina gnóstica, salvadas las disidencias de los
intérpretes, se hace predominantemente visible en la concepción de
la aventura salvífica de la figura del Salvador que se torna invisible
a las potencias del mundo para poder cumplir su obra, en el carácter
de «extranjero» en tierra extraña del Apóstol y en la marginalidad de
los destinatarios del mensaje. La noción de la imagen perfecta o
mismidad del creyente como el reflejo espiritual del Salvador, como
el «otro yo» que Maní adopta y propaga, las referencias al camino
que el Redentor abre como el viaje de ascenso liberador del espíritu,
etc., igualmente ratifican la atmósfera gnóstica del relato. Los ele
mentos señalados esparcidos por la narración concentran su poder
ilustrativo en los diversos himnos que se insertan en la historia y en
particular en el canto más extenso que hacia el final del escrito
entona Tomás en la cárcel ante otros prisioneros, después de haber
sido castigado. La profundidad de las imágenes gnósticas que el
himno encierra alcanzan en este escrito la plenitud de la exégesis
pneumática, al punto de que esta circunstancia le permite una uni
versalidad de transmisión que superando los límites del cristianismo
ortodoxo, occidental y oriental, el judaismo, el hermetismo egipcio
y la mitología y filosofía griegas, le permite internarse con comodi
dad en el área religiosa y metafísica de la cultura de los persas y de
los indios, como lo admiten los más dispares estudiosos.
La forma más antigua del canto redactada probablemente en
siríaco ya existía a comienzos del siglo III, y mediante el cotejo de
sus versiones griega y siríaca posteriores, expresa lo siguiente:)
108 Cuando era niño
vivía en mi reino en la casa de mi Padre,
2y en la opulencia y abundancia
de mis educadores encontraba mi placer,
3cuando mis padres me equiparon y
enviaron desde el Oriente, mi patria.
4De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño,
5pero valioso y liviano
para que yo mismo lo transportara.
6Oro de la casa de los dioses,
plata de los grandes tesoros,
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7rubíes de la India,
ágatas del reino de Kushán.
8Me ciñeron un diamante
que puede tallar el hierro.
9Me quitaron el vestido brillante
que ellos amorosamente habían confeccionado para mí,
10y la toga purpúrea
que había sido hecha para mi talla.
11Hicieron un pacto conmigo
y escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara, esto:
12«Si desciendes a Egipto
y te apoderas de la perla única
13que se encuentra en el fondo del mar
en la morada de la serpiente que hace espuma,
14(entonces) vestirás de nuevo el vestido resplandeciente
y la toga que descansa sobre él
15y serás heredero de nuestro reino
con tu hermano, el más próximo a nuestro rango».
109 16Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías,
17pues el camino era peligroso y difícil
y era muy joven para viajar.
18Atravesé la región de Mesena,
el lugar de cita de los mercaderes de Oriente,
19y alcancé la tierra de Babel
y penetré en el recinto de Sarbuj.
20Llegué a Egipto
y mis compañeros me abandonaron.
21Me dirigí directamente a la serpiente
y moré cerca de su albergue
22esperando que la tomara el sueño y durmiera
y así poder conseguir la perla.
23Y cuando estaba absolutamente solo,
extranjero en aquel país extraño,
24vi a uno de mi raza, un hombre libre,
un oriental,
25joven, hermoso y favorecido,
26un hijo de nobles,
y llegó y se relacionó conmigo
27y lo hice mi amigo íntimo,
un compañero a quien confiar mi secreto.
28Le advertí contra los egipcios
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EL HIMNO DE LA PERLA
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y contra la sociedad de los impuros.
29Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos
30para quitarles la perla
e impedir que excitaran a la serpiente contra mí.
31Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era un compatriota;
32me tendieron una trampa
y me hicieron comer de sus alimentos.
33Olvidé que era hijo de reyes
y serví a su rey;
34olvidé la perla
por la que mis padres me habían enviado
35y a causa de la pesadez de sus alimentos
caí en un sueño profundo.
110 36Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis padres y se apenaron de mí
37y salió un decreto de nuestro reino,
ordenando a todos venir ante nuestro trono,
38a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles del Oriente.
39Y determinaron sobre mí
que no debía permanecer en Egipto,
40y me escribieron una carta
que cada noble firmó con su nombre:
41«De tu Padre, el Rey de los reyes,
y de tu Madre, la soberana de Oriente,
42y de tu hermano, nuestro más cercano en rango,
para ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡salud!
43Despierta y levántate de tu sueño,
y oye las palabras de nuestra carta.
44¡Recuerda que eres hijo de reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!
45¡Recuerda la perla
por la que has sido enviado a Egipto!
46Piensa en tu vestido resplandeciente
y recuerda tu toga gloriosa
47que vestirás y te adornará
cuando tu nombre sea leído en el libro de los valientes
48y que con tu hermano, nuestro sucesor,
serás el heredero de nuestro reino».
111 49Y mi carta era una carta
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que el Rey selló con su mano derecha,
50para preservarla de los males, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbuj.
51(La carta) voló como un águila,
el rey de los pájaros;
52voló y descendió sobre mí
y llegó a ser toda palabra.
53A su voz y alboroto
me desperté y salí de mi sueño.
54La tomé, la besé,
rompí su sello y la leí:
55y estaban de acuerdo con lo escrito en mi corazón,
las palabras escritas en la carta.
56Recordé que era hijo de reyes,
y libre por propia naturaleza.
57Recordé la perla,
por la que había sido enviado a Egipto,
58y comencé a encantar
a la terrible serpiente que produce espuma.
59Comencé a encantarla y la dormí
después de pronunciar sobre ella el nombre de mi Padre,
60y el nombre de mi hermano
y el de mi madre, la reina de Oriente;
61y capturé la perla
y volví hacia la casa de mis padres.
62Me quité el vestido manchado e impuro
y lo abandoné sobre la arena del país,
63y tomé el camino derecho hacia
la luz de nuestro país, el Oriente.
64Y mi carta, la que me despertó,
la encontraba ante mí, durante el camino,
65y lo mismo que me había despertado con su voz
me guiaba con su luz.
66Pues la (carta) real de seda
brillaba ante mí con su forma
67y con su voz y su dirección
68me animaba y atraía amorosamente.
69Continué mi camino, pasé Sarbuj,
dejé Babel a mi lado izquierdo.
70Y alcancé la gran Mesena,
el puerto de los mercaderes,
71que está sobre el borde del mar.
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EL HIMNO DE LA PERLA
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72Y mi vestido de luz, que había abandonado,
y la toga plegada junto a él,
73de las alturas de Hircania
mis padres me los enviaban,
74por medio de sus tesoreros,
a cuya fidelidad se los habían confiado,
112 75y puesto que yo no recordaba su dignidad
ya que en mi infancia había abandonado la casa de mi padre,
76de improviso, como los enfrentara,
el vestido me pareció como un espejo de mí mismo.
77Lo vi todo entero en mí mismo,
y a mí mismo entero en él,
78puesto que nosotros éramos dos diferentes
y, no obstante, nuevamente uno en una sola forma.
79Y a los tesoreros igualmente,
quienes me lo traían, los vi de semejante manera,
80ya que ellos eran dos, aunque igual que uno,
puesto que sobre ellos estaba grabado un único sello del Rey,
81quien me restituía por medio de ellos
mi tesoro y mi riqueza,
82mi luminoso vestido bordado,
que estaba ornado con gloriosos colores,
83con oro y con berilos,
con rubíes y ágatas
84y sardónices de variados colores,
también había sido confeccionado en la mansión de lo alto
85y con diamantes
habían sido festoneadas sus costuras.
86Y la imagen del Rey de los reyes
estaba pintada en él entero,
87y también como los zafiros
rutilaban sus colores.
113 88Y nuevamente vi que todo él
se agitaba por el movimiento de mi conocimiento,
89y como si se preparase a hablar
lo vi.
90Oí el sonido del canto
que musitaba al descender,
91diciendo: «Soy el más dedicado de los servidores
que se han puesto al servicio de mi Padre,
92y también percibí en mí
que mi estatura crecía conforme a sus trabajos».
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93Y en sus movimientos reales
se extendió hasta mí,
94y de las manos de sus portadores
me incitó a tomarlo.
95Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro y lo tomara.
96Y así lo recibí
y con la belleza de sus colores me adorné.
97Y mi toga de colores brillantes
me envolvió por completo,
98y me vestí y ascendí
hacia la puerta del saludo y del homenaje;
99incliné la cabeza y rendí adoración
a la Majestad de mi Padre que lo había enviado hacia mí,
100porque había cumplido sus mandamientos
y él también había cumplido su promesa,
101y a la puerta de sus príncipes
me mezclé con sus nobles;
102pues se regocijó por mí y me recibió,
y fui con él en su reino.
103Y con la voz de la oración
todos sus siervos le glorifican.
104Y me prometió que también hacia la puerta
del Rey de los reyes iría con él,
105y llevando mi obsequio y mi perla
aparecía con él ante nuestro Rey.
Fin del himno que cantó en prisión el apóstol
Judas Tomás.
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